Invasiones Inglesas

Biografia de Canning George Politico Britanico

Biografia de Canning George

La política de la Restauración, sintetizada en el sistema Metternich, tuvo un implacable adversario en el ministro inglés de Negocios Extranjeros, Jorge Canning.

Su nombre se ha hecho popular en los manuales de Historia como defensor del principio de no intervención y del derecho de las naciones a disponer libremente de sus destinos.

George Canning

Pero tras la grandilocuencia de estas fórmulas, que Canning defendió con gran habilidad diplomática, se ocultaban los propósitos del imperialismo británico de poner término, en beneficio propio, a la obra de la revolución y de conquistar para Inglaterra nuevos mercados en América y el Mediterráneo.

Conservador al estilo británico, rehuyó apoyar la política de restauración en el continente y la América hispana, en cuanto aquélla podía mermar las cifras del comercio de exportación de su patria y debilitar la influencia mundial de su corona.

Descendiente de una familia inglesa establecida en el siglo XVII en Carvagh, en el Londonderzry, Irlanda, Canning nació en Londres el 11 de abril de 1770. Un año después perdía a su padre, y al contraer su madre segundas nupcias, pasó bajo la tutela de su tío Stratford Canning, personaje muy relacionado con los prohombres del partido whig.

George se educó en Eton, a partir de 1781, en cuyo centro adquirió una buena cultura humanista y excelentes dotes retóricas.

En 1792 ingresó en la universidad de Oxford, donde fué considerado como un elemento jacobino. Pero, con gran sorpresa de sus amistades, en 1793 entró en el Parlamento como miembro del partido tory y ferviente admirador de Guillermo Pitt.

Obedeció esta metamorfosis, aparte sus deseos de hacer carrera en la política, a la reacción experimentada ante el jacobinismo militar francés, triunfante en los campos de batalla de Europa.

Los jefes del partido tory supieron reconocer las cualidades del que resultó ser el más brillante defensor de su política en los Comunes, y procuraron su ascenso social y oficial.

En 1800 contraía matrimonio con la señorita Juana Scott, heredera de una considerable fortuna. En 1796, Canning recibía el cargo de subsecretario en el ministerio de Asuntos Exteriores. Su política, aunque activa y dinámica, obedeció en este período a las altas indicaciones de Pitt y Grenville.

En 1799 fué nombrado uno de los doce comisarios de la India y en 1800 pagador general de las fuerzas británicas.

Al dimitir Pitt en 1801 por el asunto de la emancipación de los católicos irlandeses, Canning siguió a su jefe político, aunque sin aferrarse por completo a su actitud intransigente.

Volvió con él al poder en 1804, esta vez como tesorero de la Marina; pero la muerte de Pitt, después del desastre de Austerlitz, acabó con el ministerio. Canning se negó a formar parte del gobierno de notabilidades de Fox, que substituyó al anterior.

Después del fracaso de los whigs, el duque de Port-land confió a Canning la cartera del Foreign Office en su ministerio (1807). Durante dos años pudo demostrar su extraordinaria competencia, impulsando con toda energía la política inglesa en la captura de la flota de Dinamarca y en el auxilio prestado a los españoles y portugueses que combatían contra Napoleón.

Sus discrepancias con Castlereagh, ministro de la Guerra, terminaron en un duelo (1809), que eventualmente puso fin a su carrera política, pues se negó varias veces a formar parte de un ministerio en que figurara su rival.

Mientras tanto, fundó la Quaterly Review, órgano de la intelectualidad conservadora, y cultivó los estudios económicos, a lo que le inducía su calidad de diputado de la ciudad de Liverpool (desde 1812).

Reconciliado con Castlereagh, en 1816 aceptó el cargo de presidente del Board of Control, que dirigía la política india de Inglaterra.

Su gestión en este cargo fue muy afortunada, y si presentó la dimisión del mismo fué para no intervenir en la delicada cuestión del divorcio de Jorge IV (1820).

Dos años después, cuando se preparaba a partir para la India para ejercer el gobierno general de aquella colonia, fué nombrado ministro de Asuntos Extranjeros, cargo vacante a consecuencia del suicidio de Castlereagh (septiembre de 1822).

Canning modificó los preceptos seguidos por su predecesor: proclamó el principio de no intervención en Europa; reconoció la independencia de las repúblicas sudamericanas y favoreció a los griegos en su lucha de independencia contra los turcos.

En abril de 1827 murió lord Liverpool, y Canning fué elegido por jorge IV para sucederle como primer ministro. Su programa fué, en el interior, concesión de la igualdad política y social a los católicos, y en el exterior, apoyo a los helénicos.

Logró este último punto por la convención de 27 de abril de 1827; Pero no pudo ver la consecución del primero porque le sorprendió la muerte en Chiswick el 8 de agosto, cuatro meses después de su elevación al supremo puesto político de su patria.

fuente


Biografía de Pantaleón Rivarola Poeta Argentino Obra Literaria

HOMBRES ILUSTRES: VIDA Y OBRA LITERARIA DE PANTALEÓN RIVAROLA

Era Pantaleón Rivarola una respetable y grave figura patricia del Buenos Aires colonial, de esas que forjaron los brillos de la patria naciente. En su carácter de ilustre vecino asistió a los acontecimientos de armas que sacudieron a los rioplatenses en ocasión de;las invasiones inglesas y que los prepararon para luchar más tarde con los veteranos españoles.

Se familiarizó con las letras en las aulas que impartían la enseñanza rígida propia del siglo xvm; er.señó, más tarde, a las jóvenes generaciones que tuvieron participación directa en las jornadas libertadoras; se hizo soldado y actuó, a la manera de los poetas medievales, con singular fiereza, en la reconquista y defensa de Buenos Aires; enarboló luego el estandarte de los revolucionarios, poniendo su dialéctica y su verbo al servicio del ideal democrático.

Una vida tan fecunda pudo recoger, y recogió, diversas experiencias. Una mente clara, unida a la inspiración desbordante y al fervor más puro, tradujo el pensamiento en romances que se consideran valiosos por su utilidad como testimonios históricos.

Las dos composiciones de este noble vate colonial suman alrededor de 2.000 versos, No son verdaderas poesías, sino más bien crónicas rimadas, en las cuales se propuso, con cierta ingenuidad, pintar las jornadas trágicas de las invasiones inglesas, salvando el nombre oscuro de los que ayudaron a defender la ciudad. El relato de Rivarola es en verdad escrupuloso; los detalles, aun aquellos de menor significación, lo convierten en instrumento de orientación histórica; para algunos, el poeta nos ha legado un documento fidedigno; para otros, es el suyo un documento subsidiario.

Resulta significativo que Rivarola dedicara al Cabildo su romance y que fuera en el Cabildo —única institución democrática en el régimen colonial— donde se tratara la disputa de las pasiones que suscitó. Si bien es cierto que la obra del poeta no llevaba en sí la intención de fundar escuela propia, debe reconocerse que obtuvo, en su momento, mucha popularidad.

Esto se explica porque tanto el «Romance histórico» como «La heroica defensa» estaban construídos con elementos populares: el octosílabo tradicional; la rima suelta los nombres de gentes y de lugares que se mencionan a cada momento. Fijó, pues, en verso vugar un testimonio colectivo, un sentimiento común a todos, nacido de las heroícas jornadas de las invasiones inglesas.

A pesar de los ripios, los pasajes de sus romances debieron de impresionar vivamente el alma popular que vibraba con fervores hasta entonces desconocidos.

De estos versos afloran, también, te nombres de quienes carecían hasta enton oes de toda importancia: los negros esclavos del suburbio; los gauchos arribeños y los mestizos ignorados. Con estos  romances, el «negro», tan visible después en el poema gaucho de Hernández, entra por primera vez en la literatura argentina.

BIOGRAFÍA: PANTALEÓN RIVAROLA (1754-1821)
En el Buenos Aires colonial nació Pantaleón Rivarola el 27 de julio de 1754. Aquí cursó  humanidades, aunque su despejada inteligencia buscó superarse en derecho, para lo cual viajó a Chile.

Después de doctorarse en ambos derechos fue catedrático de leyes en la Universidad de San Felipe y notario del Santo Oficio en el reino de Chile, desde donde volvió a su patria. Las juventudes porteñas necesitaban de su erudición y su elocuencia, tan útiles a la causa de la democracia cuyos albores despuntaban sobre las playas rioplatenses.

El novísimo colegio de San Carlos, cuyas aulas reunían a los estudiantes de las mejores familias patricias, le ofreció la cátedra de filosofía. Desde su empinada posición moral, Rivarola impartió enseñanzas inolvidables a quienes, con el correr de los años, tendrían graves responsabilidades en el quehacer cívico argentino: entre sus alumnos de 1779 figuró Juan José Castelli, el que iba a ser en 1810 dialéctico formidable en el Cabildo de mayo y esforzado caudillo en las guerras de la revolución.

De la enseñanza pasó a una capellanía militar, en el batallón del Fijo, como llamaban a uno de los regimientos que guarnecían «de fijo» la ciudad.

Con la misma facilidad con que se había familiarizado con las letras, se fue acostumbrando al manejo de las armas. Tal vez un escondido presentimiento le dictara la conveniencia de saber empuñar un fusil en defensa del país que muy pronto sería invadido. Ambos aprendizajes los coronó con sus romances «La reconquista» y «La defensa», sobre la epopeya que los soldados y paisanos escribieron con sangre heroica, batiéndose contra el enemigo inglés.

Cuando las campanas alertaron a la población, en 1807, Rivarola salió a la calle para luchar hombro con hombro junto a los mártires de la defensa de Buenos Aires. Su lira recogió con veracidad impresionante los capítulos del fervor popular: la viveza, el brío y el denuedo de los hombres, de los niños y las mujeres anónimos; los clamores de los que dejaban todo tras de si, huyendo del saqueo; los rasgos de infinita audacia; la organización precaria, aunque efectiva, de los diversos barrios, que se unieron en la gesta…; todo, sin excepción, fue motivo para que sus versos pudiesen cantar el valor coronado por la victoria.

Consumada en 1810 la revolución democrática, se unió a ella con entusiasmo, a fin de ratificar una vez más sus experiencias de soldado y de maestro. El gobierno revolucionario lo nombró, en 1812, miembro de la junta conservadora de la libertad de imprenta.

Murió el 24 de setiembre de 1821; vale decir, en los umbrales de las luchas internas.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Edición de Lujo Tomo VIII Edit. CODEX

Principales Revoluciones Sociales,Cientificas y Políticas del Mundo

Principales Revoluciones Sociales,Científicas y Políticas

Principales Revoluciones Sociales,Científicas y Políticas

LISTA DE DESTACADAS REVOLUCIONES DE LA HISTORIA

¿Que es una revolución?   Gloriosa Revolución Inglesa   –   Primera Revolución Industrial    –   Revolución Norteamericana   –   Revolución Francesa    –    Revolución Mexicana   –    Revolución Rusa   –  Revolución China   –   Revolución Cubana –   Revolución Tecnológica

LAS REVOLUCIONES: La curiosidad por el pasado, la preocupación por el futuro y el interés por la Historia constituyen algunos de los rasgos más característicos de la especie humana. Desde tiempos remotos el hombre se ha interrogado a sí mismo sobre cómo ha llegado a ser lo que es y acerca de lo que le depara el porvenir. Naturalmente, la respuesta ha sido distinta según las épocas.

En el mundo clásico greco-romano la Historia era vista como un círculo, un eterno retorno, un volver a repetirse continuamente los mismos hechos fundamentales. Durante la Edad Media, en cambio, el historiador concebía1 la Humanidad como algo estático: Dios hizo el mundo de una determinada forma, e inalterable permanecerá hasta el día del Juicio. Pero ¿cómo ve el pasado el estudioso de nuestros días?

El historiador de hoy advierte que la Humanidad ha venido estando sometida a una continua evolución y que ésta no siempre se ha desarrollado a un mismo ritmo. Acontece a veces que, de forma en apariencia repentina, esa evolución se acelera de modo vertiginoso y en pocos años se producen cambios profundos de todo tipo: políticos, sociales, económicos y culturales; dicho de otro modo: surge entonces una sociedad radicalmente distinta a la precedente. A ese brusco cambio, que supone una alteración profunda de la situación anterior, es a lo que llamamos revolución.

Ahora bien, ¿por qué se produce el’. estallido de la revolución? Una posible teoría sería la siguiente: el fenómeno se origina, fundamentalmente, cuando en una determinada época se llega a una situación de ruptura con el tiempo pasado; la comunidad ha ido cambiando en sus clases sociales, en su estructura económica y en su ideología -cambio que se ha ido produciendo lentamente con el correr de los años mientras que el Estado, la estructura política y la clase social dominante permanecen inalterables.

Ello lleva entonces a que el grupo que ostenta el poder sea visto como un obstáculo para el desenvolvimiento normal de la comunidad y a que la parte más activa de esa comunidad se lance, rompiendo la legalidad vigente, a la conquista del Estado, se apodere de él y establezca un sistema político y/o unas leyes distintos a los anteriores.

Pero cabe también otra interpretación del hecho y del origen de las revoluciones; una interpretación que podríamos denominar «espiritualista». De acuerdo con ella, serían los cambios intelectuales los que llevan a una nueva manera de ver y concebir el mundo, y ésta, a su vez, la que conduce a la revolución política. Dicho de otra forma: los filósofos, los pensadores y los hombres de fe influyen de forma decisiva sobre la sociedad y la obligan a cambiar.

En cualquier caso, sí parece claro que cada revolución que triunfa produce cambios en la clase dominante. Veremos entonces cómo a lo largo del Mundo Moderno, y a través de revoluciones sucesivas, la nobleza es desplazada por la burguesía y cómo ésta, a su vez, sufre los embates del proletariado. Este proceso, al mismo tiempo, va a acarrear que del absolutismo se pase al liberalismo y de éste a la democracia.

Junto a ello, conviene resaltar una especie de esquema o secuencia que, a modo de falsilla, se repite en las grandes revoluciones políticas y que se aprecia con una especial nitidez en los casos de Inglaterra (siglo XVII), Francia (1789) y Rusia (1917).

El movimiento revolucionario comienza aparentemente con unos objetivos moderados: más que cambiar se pretende reformar. Pronto los reformistas son desplazados y llega la hora del radicalismo, que busca crear un Estado y una sociedad nuevos, objetivo que exige la organización de un poder fuerte y concentrado; por último, consolidadas las conquistas revolucionarias, se puede hablar ya de la entrada de una nueva forma de organización política, haciéndose desde entonces innecesaria la dictadura.

Pero por revolución no debe entenderse sólo el asalto al poder por una nueva clase social. Revolución es también un cambio rápido en las estructuras clave de la sociedad.

Pueden distinguirse así en el Mundo Moderno una revolución intelectual y científica, una revolución técnica o industrial, otra educativa, y también la demográfica. Lo que ocurre es que cualquiera de ellas, y más todas en conjunto o interrelacionadas, producen necesariamente alteraciones políticas profundas, de tal manera que, por ejemplo, sin la industrialización es imposible comprender el triunfo del Estado liberal, y, sin el cambio intelectual y educativo, no habría sido viable el establecimiento del Estado democrático.

Muchos filósofos y pensadores contribuyen a crear en la sociedad un clima de opinión que abre el camino a las revoluciones. Aquí aparece Voltaire junto a otros filósofos franceses del siglo XVIII (Biblioteca Nacional, París).

Fuente Consultada: Revoluciones del Mundo Moderno Alfonso Lazo Cuadernillo 4 Salvat.

Breve Biografía de Guillermo Brown Sitio a Montevideo Procer Argentino

Biografía de Guillermo Brown – Prócer Argentino

BROWN GUILLERMO: Guillermo Brown nació en Foxford, Irlanda, el 22 de junio de 1777. Su nombre está íntimamente vinculado a las luchas por la independencia argentina, a la guerra contra el Imperio del Brasil, a las luchas; civiles del período de Rosas. Emigró con sus padres a los Estados Unidos siendo todavía un niño. Quedé huérfano a corta edad y entra como grumete en un barco de guerra inglés.

Años después se le encuentra al mando de una nave de pabellón británico que fue apresado por los franceses y conducida a Metz con su comandante. 

Brown consigue fugarse y llegar a Inglaterra tras no pocas peripecias. Contrajo allí matrimonio en 1809 y emigró hacia él Río de la Plata, a donde llega el mismo año. Después de una breve permanencia en Montevideo se traslada a Buenos Aires y se compra una Goleta llamada «Industria» para realizar un servicio regular entre Buenos Aires y Montevideo.

Al producirse la Revolución de Mayo se adhiere al movimiento y en 1814 acepta el mando de una escuadrilla para hacer frente a las interferencias de los buques españoles.

El gobierno de Buenos Aires compra y arma la fragata Hércules, los bergantines Zephoys y Nancy y la goleta Juliet. Se les reúnen después. las goletas Julieta y Fortunata, la cañonera Tortuga y el falucho San Luis, con los que el 10 de marzo hace rumbo a Martín García, isla en la que desembarca.

Luego se dirigió a Montevideo y el 17 de mayo tuvo una gran victoria sobre los buques realistas, superiores en número y armamento. Cooperó positivamente en el sitio a Montevideo, plaza que bombardeó y cuya rendición, ocurrida en junio, debiose en gran parte al asedio marítimo.

El Supremo Director Posadas, lo ascendió a Coronel, como premio a su comportamiento. Tuvo prisionero a borde del Hércules al Gral. Vigodet que regresó a España al cabo de 14 días.

Brown tuvo que regresar a Buenos Aires a consecuencia de una herida que habla recibido en combate y el gobierno lo designa Comandante General de la Marina. Por los efectos de esa herida queda cojo para toda la vida. Posteriormente, se retira a su quinta de Barracas, donde permanece alejado de la vida pública hasta que en 1826 lo llama a servicio el presidente Rivadavia.

Ese año combate en el puerto de la Colonia contra la escuadra brasileña, resultándose adversa la suerte, hasta que con once embarcaciones mal pertrechadas y con una tripulación pobre derrota a los brasileños que mandaban 31 unidades.

Este fue el histórico combate naval de Los Pozos, realizado el 11 de junio de 1826. Al ario siguiente el 9 de febrero, volvió a derrotarlos en Juncal. Obtiene una nueva victoria en Monte Santiago, pero en. ese combate pierde la vida el capitán Francisco Drummond, novio de su hija Elisa Brown, la cual al enterarse de la noticia se suicida.

Este hecho marca en la vida psíquica del marino una de las etapas decisivas de la neurosis que llegó a dominarlo. En 1829, vuelve a la vida privada y en 1837 hace un viaje a su país natal.

A principios de 1841, Rosas le confía la misión de crear una escuadra para hacer frente a Jadel Gral. Riveraya los buques extranjeros que tanto le molestaban con sus agresiones.

El 27 de febrero hacía flamear su insignia de Almirante en el bergantín Belgrano. En mayo derrotó a los riveristas frente a Montevideo y en 1842 venció a la escuadra adversaria mandada por Garibaldi.

En 1843 Rosas encargó al Almirante Brown que estableciera el bloqueo del puerto de Montevideo, al iniciarse el siíio terrestre de esta plaza por el ejército del general Oribe. Brown izó su insignia en el «BELGRANO», (capitán Thorne) constituyendo el resto de su escuadra: el «25 DE MAYO», el «SAN MARTIN» y el «9 DE JULIO».

El bloqueo de Montevideo por mar empezó a comienzos de febrero de 1843, pero la intervención del comodoro inglés Purvis aflojó completamente la influencia de aquél, desconociéndolo y prácticamente imposibilitándolo en toda forma. Grandes sinsabores cosió a Brown este bloqueo y después de numerosos inconvenientes por la intromisión británica, el Almirante regresó a Buenos Aires, el 16 de mayo.

El 29 y 30 de este mes prestó eficaz auxilio a numerosas embarcaciones arrojadas sobre la costa del puerto por el violento temporal que se desencadenó en estos días. El 19 de junio volvió a zarpar para Montevideo, aunque no en son de escuad’a bloqueadora. El 6 de septiembre Brown recibía en aquellas aguas orden del ministro Arana de extender el bloqueo de víveres hasta el puerto de Maldonado, y finalmente, a comienzos de octubre se restablece con todo rigor desde el último punto hasta Montevideo.

En 1843 bloquea Montevideo por orden de Rosas, bloqueo que la intervención británica hizo fracasar. En 1845, se vió forzado a regresar a Buenos Aires obligándolo las escuadras europeas a firmar un documento por el que se comprometía, dada su calidad de británico a no intervenir más en aquella contienda.

Con intermitencias producidas por la intervención de las marina anglo-francesa, el almirante Brown prosiguió ejerciendo el bloqueo frente a Montevideo y Maldonado hasta el 2 7 de junio de 1844, en que llegó a Buenos Aires a bordo del «BELGRANO» y se desembarcó después de una ausencia de más de un año, pues no había regresado desde su partida el 1 9 de junio del año anterior.

El coronel Toll fue su relevo en el mando de la escuadra, frente a Montevideo. No obstante esto, el año sigu’ente volvió Brown a tener bajo su mando las fuerzas bloqueadoras de Montevideo, pues había continuado al mando de la marina rosista. El 31 de julio de 1845, ante la presión de las escuadras anglo – francesa, se vio obligado a regresar a Buenos Aires y entregar antes de llegar a este puerto (no lejos de Montevideo), el «SAN MARTIN», «25 DE MAYO» y la «9 DE JULIO» después de haber recibido el buque insignia de Brown un impacto a la altura de la cámara del Almirante.

En los 3 barcos izaron el pabellón extranjero. A Brown y demás oficiales de nacionalidad británica, les obligaron a firmar un compromiso de que no volverían a intervenir más en aquella contienda Brown llegó a Buenos Aires el día 7 de agosto de 1845. Fue su último acto de vida marítima.

A mediados de 1847 estuvo en la plaza sitiada de Montevideo, en viaje de paseo a Inglaterra. En aquella plaza «fue perfectamente recibido», según expresa De María, y permaneció varios días. Había salido de Buenos Aires el 23 de julio de aquel año. Regresó de Irlanda al poco tiempo.

En 1853 fue miembro de la «Junta de Marina» cuyo objeto principal era reformar la armada del Estado de Buenos Aires. En 1854, se embarcó para los Estados Unidos a fin de acompañar los restos del general Alvear. los que fueron depositados en el Cementerio de la Recoleta, el 26 de julio de aquel año.
El 3 de marzo de 1857 falleció en esta capital.

Fallece en Buenos Aires el 3 de marzo de 1857. 

Brown simboliza toda la historia naval argentina, dice Bartolomé Mitre «No teníamos astilleros, ni maderas, ni marineros, ni nuestro carácter nos arrastraba a las aventuras del mar, ni nadie se imaginaba que sin esos elementos pudiéramos competir algún día sobre las aguas con potencias marítimas que enarbolaban en bosques de mástiles centenares de gallardetes. Este prodigio lo realizó el Almirante Brown en los momentos de mayor conflicto en las dos guerras nacionales que ha sostenido la Argentina».

Brown era casado con doña Isabel Chitty, natural de Inglaterra, y los hijos del matrimonio fueron: Guillermo, Juan Benito, Eduardo, Martina, Rosa y Natividad Brown. Al Almirante le sobrevivió su esposa. El cadáver de Brown permaneció diez años en el sepulcro del general Paz, hasta que su familia le erigió el mausoleo donde reposa .

El hermano del Almirante, MIGUEL BROWN, llegó a Buenos Aires tiempo después de su hermano Guillermo. Por un convenio que celebró este último el 1º de septiembre de 1815 con el Gobierno de las Provincia Unidas, Miguel Brown fue nombrado comandante de la fragata «HERCULES» cuando se resolvió que Guillermo quedase en Buenos Aires.

El cuñado del almirante Brown, Watel Dawes Chitty, fue designado para mandar la «TRINIDAD1». Pero como se ha dicho en la biografía del Almirante, este último zarpó a cargo de los dos buques, contrariando las órdenes del Gobierno, el 15 de septiembre del mismo año. Al día siguiente el último envió una nota a Brown invitándolo a regresar a lo que no dio cumplimiento, y continuó su viaje relatado más arriba.

Hemos visto la actuación de Miguel Brown en la empresa contra Guayaquil. Este último realizó todo el crucero por el Pacífico y de regreso a las aguas del Atlántico Sur, llegó hasta Río Grande (Brasil), donde fue desembarcado por hallarse atacado de fiebre, y la falta de médico a bordo no le permitía proseguir la expedición con su hermano. Regresó a Inglaterra una vez curado.

En abril de 1828, Miguel Brown volvió al Río de la Plata, precisamente cuando aún su hermano ejercía las funciones de gobernador delegado del general Lavalle que se hallaba en campaña.

PARA SABER MAS…
LAS PRIMERAS FUERZAS NAVALES ARGENTINAS

Al triunfar la revolución de Mayo e instalarse el gobierno provisional, la situación naval apareció como claramente desfavorable: los leales a. España conservaron en su poder la plaza rival de Montevideo y disponían allí de una. considerable flotilla integrada por unas treinta naves de mediano y pequeño porte que hostigaron a la ciudad de Buenos Aires e incursionaron por los ríos litorales en los primeros meses de la guerra por la Independencia.

El gobierno revolucionario, por su parte, contaba con pequeñas embarcaciones de escaso valor real. Entre fines de 1810 y principios de 1811 se trató de subsanar esa situación encomendando la tarea al vocal de la Junta Grande Francisco de Gurruchaga (ex combatiente en Trafalgar bajo el mando de Cisneros). Acondicionó embarcaciones precarias y recurrió principalmente a marinos de origen extranjero, y así logró armar una pequeña escuadrilla: la goleta «Invencible», el bergantín «25 de Mayo» y la balandra «Americana». Los comandaba el maltes Juan B. Azopardo y entre sus jefes se hallaba el francés Hipólito Bouchard. En conjunto sumaban 200 tripulantes y 33 piezas de artillería. Pero fueron derrotados por una fuerza española más potente en San Nicolás (marzo de 1811).

Mejor suerte le correspondió a la fuerza naval organizada en 1814 con destino al segundo sitio de Montevideo: conducida por el irlandés Guillermo Brown, la flamante marina argentina logró el dominio del estuario y batió exitosamente a los realistas en el combate de El Buceo (14 al 17 de mayo de 1814). En su parte al gobierno, Brown -tras reseñar los accidentes de la lucha y las bajas causadas al enemigo- afirmó; «Creo que de este modo las armas de la Patria han alcanzado completa victoria sobre una fuerza muy superior…». Esa «completa victoria» hizo así posible la captura de Montevideo, que fue estimada por José de San Martín como la mayor victoria obtenida hasta entonces por las armas emancipadoras. El factor naval fue también decisivo en la posterior expedición libertadora de San Martín al Perú.

La guerra de corso, recurso habitual en la época, fue también empleada contra la navegación realista. Las acciones más destacadas en este sentido fueron obra de los ya citados Brown y Bouchard. Este último, al mando de la fragata «La Argentina», realizó un viaje en torno del globo hostilizando el tráfico enemigo en el Pacífico. El gobierno concedió también patentes de corsario a marinos extranjeros que llevaron la guerra a España bajo pabellón celeste y blanco, sin haber tocado siquiera el puerto de Buenos Aires (fue el caso de los norteamericanos que operaron, por ejemplo, desde Baltimore).

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FRENTE A JOSÉ GARIBALDI: El 15 de agosto de 1842 el Almirante Brown en aguas del Río Paraná en Costa Brava, derrota a una fuerza naval riverista que era comandada nada menos que por el héroe italiano José Garibaldi «Déjenlo escapar, ese gringo es un valiente» es la orden que Brown le imparte a sus subordinados cuando pretendían perseguirlo para ultimarlo.

Producida la caida del régimen que encabezaba Rosas, muchos marinos fueron eliminados del escalafón activo de la Armada, pero no el Comandante de la Escuadra de la Confederación. Por el contrario, el Ministro de Guerra y Marina le cursa al Almirante Brown una comunicación manifestando: «El Gobierno con esa medida ha consultado la decidida predilección a que VE. tiene títulos por sus viejos y leales servicios a la República Argentina en las más solemnes épocas de su carrera».

Retirado en su quinta de Barracas fue visitado por Grenfell que había sido su adversario en la guerra contra el Brasil Al manifestarle aquél cuan ingratas eran las Repúblicas con sus buenos servidores, contestó el anciano Almirante: «Señor Grenfell no me pesa haber sido útil a la patria de mis hijos: considero supérfluos los honores y las riquezas cuando bastan seis píes de tierra para descansar de tantas fatigas y dolores».

El 3 de marzo de 1857 fallece el Almirante Brown y el gobierno decretó honras al ilustre marino que, como decían los considerandos de la resolución oficial «simboliza las glorias navales de la República Argentina y cuya vida ha estado consagrada constantemente al servicio público en las guerras nacionales que ha sostenido nuestra patria desde la época de la independencia».

El General Mitre en ocasión de despedir los despojos mortales, dijo de Brown: «Brown en la vida, de pie sobre la popa de su bajel, valía para nosotros por toda una flota»

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Persecuciones del Virrey Cisnero y Ceballos Auto de Buen Gobierno

Persecuciones del Virrey Cisnero y Ceballos: Auto de Buen Gobierno

Auto de buen gobierno: «las persecuciones del Virrey Cisneros «

Durante el lapso en que se extendió el mandato del virrey Cisneros, una gran cantidad de la población que residía en el país vivió momentos desagradables y tensos, ante la constante persecución que debían enfrentar de manos de la autoridad.

Fue precisamente en esa época, que el virrey estableció una especie de código de convivencia, que él mismo llamó “auto de buen gobierno”, mediante el cual quedaba prohibido que los ciudadanos del país cantaran en sitios públicos y algunos espacios privados “canciones torpes y deshonestas” cuyas líricas pudieran ofender a la religión.

Asimismo, las reglas contenidas en el documento prohibían la pegatina de pasquines y papeles anónimos en las calles, y realizar partidas de juegos en los cafés, fondas, posadas y pulperías. Por otra parte, quien deseaba abrir un nuevo boliche o incluso galopar con su caballo en la ciudad, debía previamente pedir autorización a la autoridad competente.

Dentro de su política, el virrey Ceballos mandó a perseguir a todos aquellos a quienes detestaba por su condición. Así fue que fueron perseguidos los desempleados, los mendigos, e incluso estableció nuevas normas dentro del ámbito militar, con el fin de minimizar la presencia de criollos.

El “auto de buen gobierno” y el pertinente control policíaco que requería fue llevado a cabo gracias a la fundación de la llamada Junta de Vigilancia, que utilizaba como órgano de cumplimiento la Real Audiencia, que actualmente es considerada un antecedente directo de lo que en la actualidad conocemos como Corte adicta.

Con la creación de este nuevo ente, Antonio Caspe y Gutiérrez fue nombrado como fiscal del crimen, hombre que respondía incondicionalmente al régimen de Cisneros, por lo que las directivas enviadas por el virrey eran llevadas adelante sin considerar previamente su legitimidad.

Todo terminó durante el período de la Revolución de Mayo, momento en que la Junta de Vigilancia quedó disuelta, y el ex virrey Cisneros, junto con los miembros de la Real Audiencia fueron expulsados del territorio argentino, y enviados a España.

Deán Funes en la Revolución La Iglesia se Separa del Estado

Deán Funes y la Revolución de Mayo: La Iglesia se Separa del Estado

Funes y su revolución contra los viejos dogmas cristianos

dean funesDurante largas décadas, y al igual que sucedía en todo el mundo, en el territorio argentino la Iglesia gozaba de un poder especial sobre la sociedad, incluso decidiendo el destino de los ciudadanos en relación a diversos ámbitos, como era el caso de la educación.

Por ello, cualquier surgimiento de ideales revolucionarios en contra de los principios con los que se manejaba la Iglesia, era rápidamente rechazado, no sólo por el dogma religioso y sus representantes, sino también por el Estado, ya que ambos sectores mantenían una relación fuertemente estrecha que se alimentaba recíprocamente.

La Iglesia y sus representantes ofrecían un apoyo constante y sistemático a la corona española, como así también a la preservación de las tradiciones. Fue por ello, que al comenzar el siglo XIX se inició la ruptura inevitable entre el Estado y la institución religiosa, a raíz de la aparición de las corrientes provenientes del constitucionalismo moderno.

A partir de ese momento la Iglesia comenzó a percibir que perdía sus poderes especiales sobre la decisiones relacionadas a la sociedad en diversas áreas, como lo eran la salud, la educación y otros ámbitos.

Con la Revolución de Mayo, los representantes de la Iglesia se vieron desplazados por jóvenes hombres que defendían sus ideales y soñaban con un país mejor, como fue el caso del Deán Gregorio de Funes, un ciudadano que protagonizó un rol fundamental dentro de la Revolución de 1810. Cabe mencionar que el término deán se refiere al canónigo que presidía el Cabildo de la Catedral.

Nacido también un 25 de mayo, pero del año 1749, Funes se desenvolvió como decano de la Catedral de Córdoba, director del Colegio Monserrat, vicerrector de la Universidad Cordobesa y notable figura eclesial e intelectual.

Asimismo, con el paso de los años se convirtió también en una figura esencial de la unidad latinoamericana, precisamente cuando ocupó el cargo de representante de Simón Bolívar.

Funes debió luchar contra la ortodoxia escolástica, con el fin de lograr imponer una educación diferente en el país, que se alejara de los dogmas religiosos.

Incluso el deán comulgaba la introducción de novedosas miradas no dogmáticas en el dictado de Teología de las escuelas, al mismo tiempo que estimulaba a sus alumnos a leer textos de filósofos iluministas.

El apoyo incondicional que ofreció Funes a la Revolución de Mayo, lo llevó en el año 1816 a convertirse en diputado por Córdoba en el Congreso de Tucumán.

Sin embargo, debieron pasar varios años para que esta fundamental figura de nuestro país fuera considerada como uno de los visionarios que depositaron sus esperanzas en la educación de los ciudadanos, lejos de los poderes religiosos y de la corona española.

SOBRE LA VIDA DE DEÁN FUNES
GREGORIO FUNES (1749-1829)
Gregorio Funes, el renombrado «deán Funes» de la epopeya patria, es el último de los prosistas coloniales. Nació en el «imperio jesuítico» —la provincia de Córdoba— el 25 de mayo de 1749, en un hogar cristiano hidalgo, formado por don Juan José Funes y Ludueña y doña María Josefa de Bustos de Lara.

La educación del que seria figura descollante de la libertad argentina se confió a los jesuitas. Después de estudiar en el Colegio de Monserrat, pasó a la Universidad a fin de continuar su formación escolástica. «Es preciso confesar que estos estudios se hallaban corrompidos por todos los vicios de su siglo», escribió, recordando aquellos años. Sin embargo, a lo largo de su vida se mostró leal y sumiso, defendiendo a los jesuitas con ardor.

Muy pronto perdió a su padre. Era todavía un niño cuando quedó en manos de su piadosa madre y del padre Juárez, confesor de ésta. Con intenso amor abrazó Gregorio el estado eclesiástico, y, cuando los jesuitas fueron expulsados de Córdoba (hecho que suscitó un verdadero escándalo), se contó entre los jóvenes dispuestos a seguirlos al exilio. Los franciscanos lo prohijaron y le hicieron terminar sus cursos. Descolló por su inteligencia, tenacidad y por sus dotes oratorias.

Cuando estalló la Revolución de 1810, Liniers trató de oponerse a los altos principios de los criollos y se fortificó en Córdoba, con la anuencia del gobernador Concha y del obispo Orellana. Funes, sexagenario, demasiado cansado para oponerse a las ideas tradicionales, pensó apoyar la contrarrevolución. Los hechos se precipitaron y le hicieron cambiar de parecer cuando, fusilados Liniers y los cabecillas de la conspiración, el ejército de Ocampo y la misión de Castelli impusieron los mandatos de la Junta. Se hizo revolucionario, y fue elegido diputado por Córdoba.

Como patriota desplegó energía y entusiasmo; como miembro de la Iglesia se mostró disciplinado, y cuando ¡a Junta le pidió su parecer con respecto al patronato real y al derecho del gobierno de intervenir en la Iglesia, emitió una opinión ambigua. Debía actuar con tacto y para ello desplegó recursos muy sagaces.

Moreno, por lo contrario, obraba por impulso; su carrera política, breve y fecunda, arrasó prácticamente con los obstáculos que se oponían a la Revolución. Se comprende, así, que ambos discrepasen y que Funes estuviese de parte de Saavedra, moderado y conservador.

En 1820 terminó su actuación como diputado al Congreso derrocado en esa fecha, y como oficioso corresponsal de Bolívar. Murió en Buenos Aires en 1829.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Tomo IV CODEX

Posiciones Politicas en la Junta de Gobierno de Mayo de 1810

Posiciones Políticas en la Junta de Gobierno de Mayo de 1810

Los diferentes proyectos políticos: Morenistas y Saavedristas

El apoyo de los cuerpos milicianos de Buenos Aires había asegurado el triunfo de los criollos frente al virrey, el cabildo y la audiencia. Por esto, sus jefes tuvieron una importante presencia en el gobierno revolucionario: el presidente de la Junta, el coronel Saavedra, era el más influyente de esos oficiales milicianos. Pero el conjunto de los integrantes de la Junta no representaba el poder de las milicias.

Los miembros del nuevo gobierno eran, en su mayoría, profesionales de formación universitaria que estaban de acuerdo con muchas de las ideas de la Ilustración. Eran conocidas, a través de escritos y publicaciones periódicas, las ideas de Belgrano y Moreno a favor del liberalismo económico.

Y como director de la “Gaceta de Buenos Aires” —que apareció en junio de 1810—, Moreno hizo pública su adhesión a los principios de la democracia representativa y la forma republicana de gobierno. El grupo de los ilustrados de la ciudad de Buenos Aires vio en la Junta de Gobierno un medio para poner en práctica las nuevas ideas.

«Era un choque de ideas y de personalidades. Saavedra, un rico hacendado y líder militar nacido en Potosí, creía que las cosas debían hacerse paso a paso. Moreno, joven abogado que reivindicaba los ideales de la Revolución Francesa, pensaba que los enemigos del movimiento de mayo de 1810 debían ser eliminados.Cree que es legítimo construir una república independiente de España, fundada en una constitución, con los principios de igualdad y libertades públicas.»

Los diferentes objetivos e ideas de los miembros de la Junta no fueron un problema en los primeros tiempos. Durante los primeros seis meses de gobierno, el secretario Moreno fue quien fijó el rumbo de la acción revolucionaria. Pero sus políticas fueron generando oposición. Los jefes milicianos estaban descontentos porque no encontraban en el nuevo régimen de gobierno el grado de participación que esperaban. Y el descontento aumentó cuando Moreno tomó medidas concretas para debilitar el poder de los milicianos. Impulsaron a Saavedra para que enfrentara al secretario y finalmente, en diciembre de 1810, Moreno renunció a su cargo.

Morenistas fue el nombre con el que desde entonces se identificó a los partidarios de avanzar en el camino de las reformas liberales más radicalizadas para lograr un orden social democrático; y fueron llamados saavedristas los que proponían políticas moderadas y aquellos grupos para los que un gobierno criollo significaba la transferencia de los privilegios de funcionarios y comerciantes peninsulares a funcionarios y hacendados criollos.

Posturas Politicas Cabildo Abierto de 1810 – Saavedra y Castelli

Posturas Políticas: Cabildo Abierto de 1810  Saavedra, Castelli y Huidobro

POSTURAS POLÍTICAS DURANTE EL DEBATE EN EL CABILDO ABIERTO

Las posiciones en debate El debate y la votación del cabildo abierto se desarrollaron alrededor de una cuestión central: si el virrey tenía o no que cesar en sus funciones y, en caso afirmativo, quién lo reemplazaría. Las posiciones extremas no obtuvieron muchos votos.

1) El obispo Lué sostuvo que, para asegurar la soberanía de Fernando VII en sus dominios americanos, el virrey debía continuar ejerciendo el gobierno con la única novedad de hacerlo junto con un miembro de la audiencia.

 

2) La posición del abogado criollo Juan José Castelli fue radicalmente la opuesta: sostuvo que el poder de España había caducado y que el pueblo debía asumir los derechos de soberanía y constituir un gobierno independiente.

Ninguna de las dos propuestas fue aceptada.

La mayoría de los presentes estaba de acuerdo en que el virrey debía dejar el gobierno. Las diferencias surgían sobre quién debía reemplazarlo. 3) El teniente general Pascual Ruiz Huidobro —comandante de las tropas peninsulares regulares— sostuvo que debía cesar la autoridad del virrey, la que sería reasumida por el cabildo como representante del pueblo, hasta tanto se formara un gobierno provisorio dependiente de la legítima representación del rey Fernando VII instalada en España.

4) Por su parte, Saavedra, el jefe de las milicias criollas, también sostuvo que el virrey debía cesar y que el cabildo debía asumir la autoridad, pero sólo transitoriamente hasta que se formara una junta que reemplazaría al virrey. Y afirmó además que aunque era el cabildo el que elegía a los miembros de la nueva junta de gobierno, era el pueblo el que le otorgaba la autoridad.

En la votación, la propuesta de Saavedra obtuvo la mayor cantidad de votos, seguida por la de Huidobro. En los días siguientes, las posiciones enfrentadas en el debate fueron asumidas por grupos que tenían intereses económicos y proyectos políticos diferentes. Criollos y peninsulares —y sus aliados— se enfrentaron con el objetivo de ocupar los cargos en la nueva junta, encargada provisionalmente del gobierno del Virreinato del Río de la Plata.

Cabildo Abierto del 22 de Mayo de 1810 – Invitacion a los Vecinos

Cabildo Abierto del 22 de Mayo de 1810  Invitacion a los vecinos de Buenos Aires

INVITACIÓN AL CABILDO ABIERTO DEL 22 DE MAYO DE 1810

INVITACIÓN AL CABILDO ABIERTO DEL 22 DE MAYO DE 1810

Facsímil de esquela de invitación al cabildo abierto del 22 de mayo de 1810, enviada a 450 vecinos de Buenos Aires elegidos por el cabildo, de los que sólo se hicieron presentes 251. También hubo otras personas presentadas directamente por los jefes de los criollos. Según el historiador Ricardo Levene, entre los presentes había 60 jefes oficiales de mar y tierra; 93 empleados civiles; 25 sacerdotes y religiosos; 26 representantes de las profesiones liberales, la mayoría abogados; y sumaban 94 personas el grupo de los comerciantes, hacendados y otros vecinos sin ocupación especificada.

Porque las Invasiones Inglesas a Bs. As. Beresford Sobremonte

¿Por qué las Invasiones Inglesas a Bs. As.? Beresford , Sobremonte y Liniers

El Virreinato del Río de la Plata, en donde el dominio español parecía firmemente asentado, sufrió directamente las consecuencias de la expansión de las guerras europeas al espacio atlántico -que, desde la derrota franco-española en la batalla de Trafalgar, en 1805, había quedado bajo el absoluto dominio inglés-. En 1806, una fuerza militar inglesa, que acababa de apoderarse de la colonia holandesa del Cabo de Buena Esperanza (en el sur de África), se dirigió hacia el Río de la Plata.

El 27 de junio, las tropas inglesas bajo el mando de William Carr Beresford tomaron, sin encontrar resistencia, la ciudad de Buenos Aires. El virrey Sobremonte, junto con buena parte de la administración española, abandonó la ciudad, mientras que los representantes de los principales grupos e instituciones locales se apresuraron a mostrar obediencia a las nuevas autoridades.

¿POR QUÉ LOS INGLESES INVADIERON EL VIRREINATO EN 1806?

BERESFORDDesde mediados del siglo XVIII, la debilidad del imperio español era bien conocida por las potencias europeas. Los ingleses buscaron extender su presencia comercial mediante intervenciones armadas en las colonias españolas.

El Virreinato del Río de la Plata sufrió directamente las consecuencias de las guerras europeas. Luego de la derrota naval de Trafalgar (1805), Napoleón le impuso a Gran Bretaña un bloqueo continental que colocó a esta potencia ante la imperiosa necesidad de conseguir nuevos mercados para los productos de sus industrias.

La posibilidad de abrir las regiones americanas al comercio directo con Inglaterra impulsó la intervención militar en las colonias españolas.

Para el predominio español en el Río de la Plata, las invasiones tuvieron consecuencias profundas: la más relevante fue la creación de un nutrido cuerno de milicias. Semejante presencia militar no podía sino alterar completamente el equilibrio social y político de la capital del Virreinato.

A diferencia de lo que sucede en un ejército regular, los jefes milicianos eran elegidos por sus propias tropas.

En 1806, una expedición inglesa a cargo del general Card Beresford partió desde el cabo de Buena Esperanza (en el sur de África) para desembarcar en la Punta de los Quilmes. Desde allí. las tropas comenzaron a marchar hacia Buenos Aires y, sin encontrar resistencia. ocuparon la ciudad.

El virrey Rafael de Sobremonte abandonó rápidamente Buenos Aires para organizar la defensa desde el interior. La primera actitud de las instituciones locales fue mostrar obediencia ¿las nuevas autoridades.

Sin embargo. rápidamente, Juan Martín de Pueyrredón Santiago de Liniers —un oficial francés al servicio de la corona española— organizaron tropas para resistir. Los ingleses se vieron superados y se rindieron el 12 de agosto.

Fuente Consultada Para El Contenido:
100 Historias de la Historia Argentina – Norberto Chab