Deán Funes en la Revolución de Mayo:Separacion de la Iglesia y Estado



Deán Funes y la Revolución de Mayo: La Iglesia se Separa del Estado

Funes y su revolución contra los viejos dogmas cristianos

Durante largas décadas, y al igual que sucedía en todo el mundo, en el territorio argentino la Iglesia gozaba de un poder especial sobre la sociedad, incluso decidiendo el destino de los ciudadanos en relación a diversos ámbitos, como era el caso de la educación.

Por ello, cualquier surgimiento de ideales revolucionarios en contra de los principios con los que se manejaba la Iglesia, era rápidamente rechazado, no sólo por el dogma religioso y sus representantes, sino también por el Estado, ya que ambos sectores mantenían una relación fuertemente estrecha que se alimentaba recíprocamente.

La Iglesia y sus representantes ofrecían un apoyo constante y sistemático a la corona española, como así también a la preservación de las tradiciones.

Fue por ello, que al comenzar el siglo XIX se inició la ruptura inevitable entre el Estado y la institución religiosa, a raíz de la aparición de las corrientes provenientes del constitucionalismo moderno.

A partir de ese momento la Iglesia comenzó a percibir que perdía sus poderes especiales sobre la decisiones relacionadas a la sociedad en diversas áreas, como lo eran la salud, la educación y otros ámbitos.

Con la Revolución de Mayo, los representantes de la Iglesia se vieron desplazados por jóvenes hombres que defendían sus ideales y soñaban con un país mejor, como fue el caso del Deán Gregorio de Funes, un ciudadano que protagonizó un rol fundamental dentro de la Revolución de 1810.

Cabe mencionar que el término deán se refiere al canónigo que presidía el Cabildo de la Catedral.

Nacido también un 25 de mayo, pero del año 1749, Funes se desenvolvió como decano de la Catedral de Córdoba, director del Colegio Monserrat, vicerrector de la Universidad Cordobesa y notable figura eclesial e intelectual.

Asimismo, con el paso de los años se convirtió también en una figura esencial de la unidad latinoamericana, precisamente cuando ocupó el cargo de representante de Simón Bolívar.

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Funes debió luchar contra la ortodoxia escolástica, con el fin de lograr imponer una educación diferente en el país, que se alejara de los dogmas religiosos.

Incluso el deán comulgaba la introducción de novedosas miradas no dogmáticas en el dictado de Teología de las escuelas, al mismo tiempo que estimulaba a sus alumnos a leer textos de filósofos iluministas.

El apoyo incondicional que ofreció Funes a la Revolución de Mayo, lo llevó en el año 1816 a convertirse en diputado por Córdoba en el Congreso de Tucumán.

Sin embargo, debieron pasar varios años para que esta fundamental figura de nuestro país fuera considerada como uno de los visionarios que depositaron sus esperanzas en la educación de los ciudadanos, lejos de los poderes religiosos y de la corona española.

SOBRE LA VIDA DE DEÁN FUNES
GREGORIO FUNES (1749-1829)

Gregorio Funes, el renombrado «deán Funes» de la epopeya patria, es el último de los prosistas coloniales. Nació en el «imperio jesuítico» —la provincia de Córdoba— el 25 de mayo de 1749, en un hogar cristiano hidalgo, formado por don Juan José Funes y Ludueña y doña María Josefa de Bustos de Lara.

La educación del que seria figura descollante de la libertad argentina se confió a los jesuitas.

Después de estudiar en el Colegio de Monserrat, pasó a la Universidad a fin de continuar su formación escolástica.

«Es preciso confesar que estos estudios se hallaban corrompidos por todos los vicios de su siglo», escribió, recordando aquellos años.

Sin embargo, a lo largo de su vida se mostró leal y sumiso, defendiendo a los jesuitas con ardor.

Muy pronto perdió a su padre.

Era todavía un niño cuando quedó en manos de su piadosa madre y del padre Juárez, confesor de ésta.

Con intenso amor abrazó Gregorio el estado eclesiástico, y, cuando los jesuitas fueron expulsados de Córdoba (hecho que suscitó un verdadero escándalo), se contó entre los jóvenes dispuestos a seguirlos al exilio.

Los franciscanos lo prohijaron y le hicieron terminar sus cursos.

Descolló por su inteligencia, tenacidad y por sus dotes oratorias.

Cuando estalló la Revolución de 1810, Liniers trató de oponerse a los altos principios de los criollos y se fortificó en Córdoba, con la anuencia del gobernador Concha y del obispo Orellana.

Funes, sexagenario, demasiado cansado para oponerse a las ideas tradicionales, pensó apoyar la contrarrevolución.

Los hechos se precipitaron y le hicieron cambiar de parecer cuando, fusilados Liniers y los cabecillas de la conspiración, el ejército de Ocampo y la misión de Castelli impusieron los mandatos de la Junta.

Se hizo revolucionario, y fue elegido diputado por Córdoba.

Como patriota desplegó energía y entusiasmo; como miembro de la Iglesia se mostró disciplinado, y cuando la Junta le pidió su parecer con respecto al patronato real y al derecho del gobierno de intervenir en la Iglesia, emitió una opinión ambigua.

Debía actuar con tacto y para ello desplegó recursos muy sagaces.

Moreno, por lo contrario, obraba por impulso; su carrera política, breve y fecunda, arrasó prácticamente con los obstáculos que se oponían a la Revolución.

Se comprende, así, que ambos discrepasen y que Funes estuviese de parte de Saavedra, moderado y conservador.

En 1820 terminó su actuación como diputado al Congreso derrocado en esa fecha, y como oficioso corresponsal de Bolívar.

Murió en Buenos Aires en 1829.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Tomo IV CODEX

Enlace Externo: Vida de Fean Funes

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