La Guerra de los 30 Años

Biografia de Gustavo II Adolfo de Suecia Historia de su Reinado

Biografia de Gustavo II Adolfo de Suecia-Historia de su Reinado

Gustavo II Adolfo (1594-1632), rey de Suecia (1611-1632), apodado el León del Norte por su liderazgo de las fuerzas protestantes en la Guerra de los Treinta Años.

Representa el momento culminante de Suecia en la historia de Europa. En efecto, gracias a sus excepcionales cualidades de estadista y caudillo militar, estableció la hegemonía de Suecia en el Báltico, en lucha contra Rusia, Polonia y Dinamarca.

Asimismo, organizó el Estado sueco, dio coherencia a su administración, a base de un sistema de absolutismo, moderado por el juego del Riksrad (Senado) y de la Dieta, y fomentó la economía nacional.

Biografia de Gustavo II Adolfo de Suecia
Era hijo del rey sueco Carlos IX y nació el 9 de diciembre de 1594 en Estocolmo. Cuando accedió al trono en 1611, tras el fallecimiento de su padre, su reino se encontraba en guerra con Dinamarca y Rusia.

En el gran problema que se ventilaba en Europa entre el protestantismo y el catolicismo, fue campeón de las ideas luteranas, a las que salvó en los campos de batalla de Alemania.

Como militar, es uno de los grandes generales de la Historia.

Fue el primero que dio importancia a la cohesión nacional de las tropas, a la disciplina de las mismas (evidenciada en la uniformidad del atavío) y al uso de los elementos ligeros, en particular de la caballería, en las operaciones estratégicas.

Subió al trono a los quince años, el 8 de noviembre de 1611, a la muerte de su padre Carlos IX, antiguo duque de Sudermania.

Su madre, Cristina de Holstein, le puso al mundo el 9 de diciembre de 1594.

Después de una niñez dedicada en su mayor parte a los ejercicios de armas, apenas ceñida la corona tuvo que luchar contra Dinamarca en la guerra llamada de Calmar, heredada de su padre.

Su iniciación militar no fue muy brillante, pues tuvo que aceptar la humillante paz de Knárod (1613), por la que el rey danés Cristian IV conservó cerrado el acceso de Suecia al Mar del Norte. Pero pronto logró desquitarse de esta derrota.

Aprovechando la «época de las turbaciones» rusas, arrancó del primer zar Románov el tratado de Stolbova (1617), que daba a Suecia la posesión de la Carelia y la Ingria, formando un corredor continental entre Finlandia y la Estonia, las dos antiguas dependencias suecas en el litoral oriental del Báltico.

Desde este momento concentró sus fuerzas contra Segismundo III de Polonia, quien estaba en guerra con Suecia desde la época de Carlos IX, no sólo por cuestiones dinásticas, sino por rivalidad política y religiosa.

En el curso de doce años, Gustavo Adolfo dilucidó a su favor el problema de la hegemonía en el Báltico y el del protestantismo en el Norte de Europa.

En 1621 conquistó Riga, su primer éxito militar de importancia, y en 1621 avanzó por el litoral de Curlandia.

Después de una tregua eventual, el ejército sueco invadió (1625) Curlandia, Livonia y la Prusia oriental.

Los éxitos militares de Gustavo Adolfo, apoyados por la hábil diplomacia de Richelieu, indujeron a Segismundo III a aceptar la tregua de Altmark (1629), por la que Polonia reconocía la monarquía sueca y le cedía Livonia y los puertos prusianos de Elbmg, Pilíau y Memel, y los derechos de aduana de Danzig.

Después de Altmark, Richelieu logró lanzar el ejército de Suecia al campo de batalla de Alemania.

Gustavo Adolfo secundó los planes del ministro de Francia porque veía en ellos un elemento importante para consolidar la hegemonía de su país en el Báltico y el triunfo del protestantismo en el Reich.

Antes de firmarse el tratado francosueco de Bárwald (enero de 1631), Gustavo Adolfo pasó de la isla de Usedom, en la costa de la Pomerania, al continente, iniciando de este modo la fase sueca de la guerra de los Treinta Años (4 de julio de 1630).

Auxiliado por los electores de Sajonia y Brandeburgo, decididos a su favor a causa del saqueo de Magdeburgo por el ejército imperial, Gustavo Adolfo obtuvo sobre el general Tilly el resonante triunfo de Breitenfeld (17 de septiembre de 1631), el cual estableció la supremacía militar sueca en el Norte de Europa por una centuria.

Después de Breitenfeld, y sin cumplir los compromisos contraídos con Richelieu, Gustavo Adolfo recorrió triunfalmente Renania y Franconia.

En estos días pretendió constituir una especie de estado federal protestante alemán, o por lo menos reunir todas las fuerzas de los protestantes en un Corpus evangelicorum.

Estos brillantes proyectos quedaron inutilizados por su muerte, acaecida en el campo de batalla de Lützen (16 de noviembre de 1632), cuando la victoria se inclinaba de nuevo a favor de sus armas.

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Biografia de Wallenstein Albrecht Von

Biografia de Wallenstein Albrecht Von

Wallenstein Albrecht Eusebius Von (1583-1634), general bohemio que mandó ejércitos imperiales durante las fases danesa y sueca de la guerra de los Treinta Años.

La figura que domina en la historia de Alemania durante la Guerra de los Treinta Años por la vastedad de sus proyectos políticos y la decisión de sus campañas militares es, sin disputa, la de Albrecht Wenceslao Eusebio Wallenstein.

La figura que domina en la historia de Alemania durante la Guerra de los Treinta Años por la vastedad de sus proyectos políticos y la decisión de sus campañas militares es, sin disputa, la de Albrercht Eusebio Wallenstein.

Fue el único que se dio cuenta de la importancia de consolidar la autoridad del emperador para llevar a buen puerto la reorganización nacional ante la invasión extranjera.

Biografia de Wallenstein  Albrecht  Von

Pero Wallenstein, por otra parte, no fue un hombre que se sacrificara a un ideal.

Aventurero y ambicioso, esquematizaba los planes que convenían a su persona, y en este aspecto íntimo es uno de tantos exponentes—aunque sea el más brillante — de los soldados de fortuna que, ora en el campo de la Liga católica ora en el de la Unión evangélica, lucharon más por medrar que por defender uno u otro de los dos credos religiosos en pugna.

Hijo de una familia de estirpe germánica, Wallenstein nació en Herrmanic, población de Bohemia, el 15 de septiembre de 1583.

Sus padres profesaban el luteranismo, por cuya causa él fue educado en el colegio de los Hermanos de la Vida Común en Koschumberg.

Pero al quedar huérfano, uno de sus tíos le mandó al colegio de los jesuítas de Olmütz, donde Wellenstein abjuró la herejía y abrazó el catolicismo.

Su conversión no fue, sin embargo, sincera; en la intimidad Wallenstein era escéptico en materia de religión.

A los dieciséis años ingresó en la universidad de Altdorf.

Luego estudió en Bolonia y en Padua y visitó Francia e Inglaterra; pero nunca obtuvo ninguna licenciatura universitaria.

Dotado de una aguda inteligencia puesta al servicio de una ambición sin límites, creyó satisfacer sus propósitos alistándose en el ejército del emperador Rodolfo II.

Combatió valerosamente en Gran, siendo recompensado con el mando de una compañía.

Pero no le placía subir grado por grado en la jerarquía militar.

De regreso a Bohemia (1606), contrajo matrimonio con la rica heredera Lucrecia Nicosia von Landeck, la cual, al morir (1614), le legó su cuantiosa fortuna.

Entonces auxilió al archiduque Fernando en la llamada guerra de Venecia (1617) con doscientas lanzas equipadas personalmente.

Este hecho y su segundo matrimonio, ahora con Isabel Catalina de Harrach (1624), cuya familia tenía mucha influencia en la corte de Viena, le abrieron un brillante porvenir.

Al estallar la guerra de Treinta Años, Wallenstein se puso al lado del emperador Fernando II.

Fue una jugada de gran visión política, porque después de la gran derrota de los checos en la batalla de la Montaña Blanca (1620).

Wallenstein se benefició del triunfo de su bando político con el rescate de los bienes de su madre y la recuperación de las tierras que le habían sido confiscadas en Moravia.

Al mismo tiempo, se acreditaba de excelente general combatiendo a los
húngaros de Bethlen Gabor que habían amenazado seriamente la ciudad de Viena (1625).

El flamante duque de Friedland (1625) dió nuevas pruebas de su oportunismo político al ofrecer al emperador, al año siguiente, un ejército que combatiría contra los daneses y los protestantes del Norte de Alemania no por la Liga católica, sino exclusivamente por la causa de Fernando II.

Este aceptó tal proyecto.

Después de la victoria alcanzada sobre Mansfeld en la batalla de Dessau (26 de abril de 1626), Wallenstein aniquiló el ejército de Bethlen en Hungría y le obligó a firmar la paz (1627).

Luego se dirigió hacia el Norte, se apoderó del ducado de Mecklemburgo y amenazó Stralsund.

En este momento, propuso a Fernando II la conquista de las ciudades hanseáticas y la creación de una flota capaz de contrarrestar la amenaza sueca.

Y no sólo no fue escuchado, sino que el emperador le destituyó de su cargo de generalísimo (1630).

Durante algún tiempo vjvió fastuosamente en Gitschin, centro de los estados de Friedland, y en Praga.

Los éxitos de Gustavo Adolfo de Suecia y la muerte de Tilly lo presentaron como el único posible salvador de la causa católica en Alemania.

gustavo adolfo de suecia

El rey Gustavo II Adolfo de Suecia fue un gran general y un eficaz administrador. Lideró brillantemente a las fuerzas protestantes en la guerra de los Treinta Años, lo que le valió el apodo de León del Norte.

En abril de 1632 reconstituyó su ejército, y con plena autonomía de decisiones se enfrentó con Gustavo Adolfo.

Fue derrotado en Lützen (16 de noviembre de 1632), lo que infligió un grave quebranto a su prestigio militar.

Sus ulteriores y misteriosas vacilaciones militares, atribuidas a unas negociaciones secretas con los protestantes, Suecia y Francia, promovieron las justas sospechas de la corte imperial.

En el momento en que acababa de proclamar abiertamente su rebeldía, fue asesinado en Eger, el 25 de febrero de 1634, en un motín de la soldadesca.

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Enrique IV de Inglaterra Monarquia Lancaster Resumen

Monarquía de Enrique IV de Inglaterra – Lancaster – Resumen

Monarca típico de la gran crisis política inglesa conocida con el nombre de guerra de las Dos Rosas. Eduardo IV fue rey de un bando y no de una nación. Sin embargo, supo granjearse una popularidad notable entre los ciudadanos de Londres por sus modales amables (actitud política) y la protección que en todo momento prestó a los intereses mercantiles de la ciudad. Debido al carácter enconado de la guerra civil, fué severo, aunque no cruel. Como hombre del Renacimiento, implantó en Inglaterra el primer tipo de monarquía despótica que conoció aquel reino y que luego había:: de ampliar los Tudor.

Enrique IV de Inglaterra

Enrique IV (de Inglaterra) (1367-1413), rey de Inglaterra (1399-1413), de la Casa deLancaster.Enrique nació en el castillo de Bolingbroke en abril de 1367; hijo de Juan de Gante, duque de Lancaster. Desde 1387 hasta 1390 fue el jefe de la facción que se oponía a su primo el rey Ricardo

Antecedentes: Gobernaba entonces Inglaterra, Ricardo II, el sucesor de Eduardo III, que pretendía imponer su poder absoluto con eran despliegue. Se había rodeado de una guardia personal de diez mil galeses, y trataba de reducir la influencia del Parlamento. Su reinado acabó violentamente.

Enrique de Lancaster, nieto de Eduardo III, lo obligó a abdicar. El rey usurpador necesitó afirmarse en el trono; como la nobleza se le oponía, buscó apoyo en la clase burguesa, la cual exigió que la Cámara de los Comunes interviniera en forma más decisiva en el gobierno. Ya que Francia apoyaba a sus enemigos tuvo que reanudar la guerra.

ENRIQUE LANCASTER DE INGLATERRA: ENRIQUE IV

Enrique   de   Lancaster transcurrió su juventud en un ambiente de intrigas, aventuras y batallas. Hijo de Ricardo, duque de York, y de Cecilia Neville, nació en Ruán el 28 de abril de 1442, y se educó en la residencia de Ludlow, en Inglaterra, de la que tuvo que fugarse cuando, habiéndose iniciado la guerra de las Dos Rosas entre los partidarios del rey Enrique VI Lancáster y los de su padre, éste fue derrotado en Ludlow el 12 de octubre de 1459.

Compañero   de juegos de Ricardo, era en todo un hombre distinto. Político frío y cínico, será el adversario de todas las causas defendidas por su primo, como la paz de Francia y la disminución del poder parlamentario.

Ricardo, que regresó precipitadamente de Irlanda, se encontró terriblemente aislado. Previendo su pérdida, quiso negociar.

Con la promesa de indultar a los rebeldes y convocar el Parlamento, él creyó que recobraba la suerte; pero, una vez en Londres, fue encerrado en la Torre y retenido como prisionero.

Ante el Parlamento, Enrique esbozó un negro cuadro del mal gobierno del rey. Reivindicó para él la corona, siéndole reconocida por la asamblea en octubre de 1399.

Después de esto, apoyándose en una vieja tradición, pretendió ser el heredero legítimo de Enrique III Plantagenet, haciendo correr la especie de que su hijo mayor había sido apartado del trono porque era jorobado.

Por el mismo motivo, se adornó con el título de rey de Francia, al cual le daba derecho un parentesco lejano y dudoso.

Coronacion de Enrique Lancaster

Ricardo II vacila en reanudar la guerra contra Francia; además, se niega a lanzar una represión feroz contra los lollardos. Esta ausencia permanente de decisiones rebaja el prestigio de la dinastía, ha nobleza se rebela y permite al primo del rey, Enrique de Lancaster, usurpar el trono para derribar «la tiranta de Ricardo I». Este momento es el comienzo de largas querellas dinásticas que van a debilitar a Inglaterra durante varios decenios. Ricardo II entrega su corona y su reino al duque de LancasterMiniatura—París, Biblioteca Nacional.

Esperando poder reivindicar la corona francesa por las armas, necesitaba asentar su situación interior, y para eso eran necesarias grandes precauciones; las asambleas parlamentarías y los consejos de barones eran convocados sin cesar, por lo que el gobierno carecía de libertad de acción.

Para satisfacer al clero, introdujo en Inglaterra la persecución religiosa, dirigida contra los herederos de Wiclef. Sin embargo, hasta el fin de su reinado, Enrique IV tendrá que combatir la rebelión de sus subditos; el rey, privado del poder, contaba aún con numerosos partidarios, y su muerte, por inanición, no impediría la rebelión de la familia de los Percy, en el norte, y después la de Essex.

Más grave todavía fue, en el año 1400, la sublevación del país de Gales, que no se apagaría hasta nueve años después. Seguidamente, las fuerzas reales iban a agotarse luchando contra Escocia.

Después, cuando el rey, a partrr del año 1408, se siente debilitado por la enfermedad, su heredero, el futuro Enrique V, es quien se impone, aliándose con sus tíos en contra de su padre.

Sin embargo, cuando a la muerte de Enrique IV, sube al trono su hijo, se revela como un capitán notable y un hábil administrador, que, gracias a una Inglaterra pacificada, se propone cumplir los designios del primero de los soberanos Lancaster: la conquista de Francia.

De sus subditos ingleses, el rey espera el apoyo necesario para el cumplimiento de sus ambiciones territoriales. Una rebelión fomentada por los últimos partidarios de Ricardo fue sofocada con el advenimiento de Enrique.

Después de lo cual, habiendo sublevado a la opinión pública contra los franceses desleales, el rey obtiene amplios subsidios del Parlamento y consigue reunir ejército y flota.

La muerte de Enrique V, en 1422, después de haber llevado a cabo la mayor parte de su programa, iba a volver a hundir al país en los azares de una minoría de edad, comprometiendo para siempre los sueños de hegemonía francesa alimentados por los Plantagenet.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Ricardo II de Inglaterra Biografia Gobierno Resumen

Ricardo II de Inglaterra – Biografía y Gobierno – Resumen

El esfuerzo exigido de Inglaterra por Eduardo III para llevar a cabo sus proyectos en el continente, el resultado desgraciado de la primera fase de la guerra de los Cien Años, la perturbación social provocada por la invasión de la Peste Negra y, por último, la conmoción religiosa típica de la segunda mitad del siglo XIV en Inglaterra y el resto de Europa, abrieron un grave paréntesis en la historia inglesa, el cual finalizó con la instauración de la dinastía de los Lancásters.

Este período de crisis y convulsiones fue presidido por la figura del último Plantagenet: Ricardo II, nieto de Eduardo III e hijo del Príncipe Negro y de Juana de Kent (nacido el 6 de enero de 1367, en Burdeos).

Desprovisto de apoyo, violento, fantástico y orgulloso, Ricardo no era el hombre apropiado para hacer frente a los acontecimientos. No carecía de energía ni de visión política; pero estas cualidades eran anuladas por su temperamento arrebatado y pasional, ora encendido en el delirio de la ira, ora abatido en el

Después de la muerte de Eduardo III Inglaterra comenzó a experimentar la inestabilidad interna de las facciones aristocráticas, semejantes a las que estaban haciendo naufragar a otros países europeos.

Los primeros años del reinado del nieto de Eduardo, Ricardo II (1377-1399), comenzaron de manera poco propicia con la revuelta campesina que sólo terminó cuando el rey hizo concesiones.

Eduardo III de Inglaterra

Eduardo III (1312-1377), rey de Inglaterra (1327-1377), iniciador de la larga contienda con Francia denominada guerra de los Cien Años. Nació en Windsor el 13 de noviembre de 1312 y era el hijo mayor del rey Eduardo II, de la Casa de Plantagenet.

Ricardo II de Inglaterra

Creado príncipe de Gales el 20 de noviembre de 1376, heredó la corona de Inglaterra a la muerte de su abuelo Eduardo III, acaecida el 21 de junio de 1377. Tenía entonces diez años de edad. La regencia fué ejercida por un consejo nombrado por el Parlamento; pero, en realidad, quienes gobernaron — o desgobernaron — fueron los tíos del joven soberano, con el famoso Juan de Gante, duque de Lancaster, a su cabeza.

El reinado de Ricardo II se vio turbado por grupos de nobles que sólo perseguían sus propios intereses.

Una facción, encabezada por Enrique de Lancaster, derrotó a las fuerzas del rey y, luego, lo depuso y lo mató. Enrique de Lancaster se convirtió en el rey Enrique IV (1399-1413). En el siglo XV, este conflicto entre facciones condujo a una devastadora guerra civil, conocida como la Guerra de las Rosas.

RICARDO II DE  INGLATERRA: En 1386, el rey Ricardo II era un joven voluntarioso, pero no aparecía todavía en él una idea política muy clara.

Mientras que en Francia, en la misma época, los príncipes de sangre real disputaban al rey, demasiado débil, la supremacía del país, en Inglaterra los barones se levantaban frente a un soberano todavía indeciso.

La primera fase de la lucha marcará la victoria de los señores sobre Ricardo II, inhábil y mal secundado.

Ricardo II de Inglaterra

Ricardo II (1367-1400), rey de Inglaterra (1377-1399), cuyo reinado estuvo marcado por la desunión del país y la guerra civil. Era el hijo menor de Eduardo, príncipe de Gales (conocido como el Príncipe Negro) y de Juana, llamada la ‘Hermosa Dama de Kent’. Nació el 6 de enero de 1367 en Burdeos (Francia). Fue nombrado príncipe de Gales en el año 1376, a la muerte de su padre, y puesto bajo la custodia de su tío Juan de Gante, duque de Lancaster.

La nobleza, compuesta de prelados, del tío del rey, Tomás de Gloucester y de su primo Enrique de Lancaster, se enfrentará con algunos jóvenes aristócratas, compañeros de juegos del soberano.

El Parlamento, favorable al partido de la nobleza, impondrá al rey la tutela de un comité de señores; habiendo intentado Ricardo resistirse, Gloucester habló de deponerlo.

Un simulacro de guerra civil terminó con el exilio de todos los favoritos, quedando los puestos importantes en manos de los barones.

Ricardo decidió inclinar la cabeza bajo la tormenta, esperando que las discusiones interiores enfrentasen a los aliados.

Con ocasión de las negociaciones de la tregua de Leulinghen, el rey consiguió sacudirse el dominio de los varones; las ambiciones demasiado grandes de éstos amenazaban con hacer fracasar toda reconciliación, y Ricardo II quería la paz a cualquier precio.

Como su esposa, Ana de Bohemia, a la que amaba tiernamente, acababa de fallecer, el rey pedía la mano de la hija de Carlos VI, la pequeña princesa Isabel, que tenía apenas cinco años.

Ricardo dirigió una expedición militar a Irlanda con el fin de restaurar la soberanía inglesa sobre esa isla, en 1394. La reina Ana murió en ese mismo año. En 1396 se firmó la alianza matrimonial entre Ricardo e Isabel, princesa de Francia. Ricardo arrestó al Duque de Gloucester en 1397 y lo mantuvo prisionero en Calais, donde murió, probablemente asesinado.

En el año 1396, al ser prorrogadas las treguas por veintisiete años, tuvo lugar  la entrevista de Carlos y de Ricardo.

Espléndidas fiestas realzaron esta reconciliación, y el rey de Inglaterra se hizo, en toda Europa, el campeón de Francia. Desgraciadamente, en su país nadie aprobaba la política del soberano.

No obstante, la dote de Isabel había llenado los cofres reales y Ricardo podía vislumbrar un espléndido desquite sobre los que le habían humillado tanto algunos años antes.

En julio de 1397, los principales jefes de la nobleza hostil fueron detenidos, exiliados o muertos: entre ellos, Gloucester, que fue asesinado en Calais.

El rey exigió de todos sus subditos un juramento solemne e impuso pesadas multas a los condes que habían sostenido a sus rivales. Sin embargo, cometió el error de castigar duramente a su primo Enrique de Lancaster, exiliándole y apoderándose, al mismo tiempo, de su enorme herencia.

En 1399, partió para castigar a los amotinados irlandeses. Lancaster aprovechó esta ausencia para desembarcar con un puñado de partidarios, proclamando que deseaba únicamente entrar en posesión de su herencia. Todo el mundo se unió a su causa.

La de Ricardo II estaba perdida. Ricardo fue confinado, en secreto, en el castillo de Pontefract, lugar en que murió, en febrero de 1400 de inanición o asesinado.

Durante su gobierno los movimientos sociales perturban también a Inglaterra. La guerra se iba haciendo demasiado larga y costosa. Las clases económicamente débiles no encontraban apoyo en el Parlamento.

Sus miembros representaban a los privilegiados, y sólo sabían aumentar los impuestos.

Un violento estallido se produce al fin: cien mil campesinos avanzan sobre Londres entregados al saqueo. El ejército termina con esta rebelión. Todo fracasa.

movimiento campesino Tyler en Inglaterra

Inglaterra tampoco se libra de las luchas internas. El hijo del Príncipe Negro, Ricardo II, choca desde el comienzo de su reinado con una terrible revuelta, «la rebelión de los Braceros», dirigida en Londres por Wat Tyler. Varios miles de campesinos sublevados ponen sitio a Londres y consiguen, incluso, penetrar por sorpresa en la ciudad. El rey, que había podido huir por el Támesis, tuvo que aceptar verbalmente numerosas concesiones para disolver aquel ejército de rebeldes. La represión fue muy dura. Tyler murió a manos del alcalde de Londres, William Walwath.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Batalla de Agincourt en la Guerra de los Cien Años

Batalla de Agincourt en la Guerra de los Cien Años

La famosa Batalla de Agincourt o Batalla de Azincourt, fue un importante encuentro bélico-militar  durante la guerra de los Cien Años, el 25 de octubre 1415, entre un ejército inglés bajo el mando del rey Enrique V y otro francés bajo las órdenes de Carlos D’Albret, Condestable de Francia.

Batalla de Agincourt en la Guerra de Los 100 Años.En el momento del encuentro, el ejército de Enrique V, debilitado por la enfermedad y por el hambre, retrocedía hacia Calais, donde el rey planeaba embarcarse para Inglaterra. El ejército inglés, formado por unos 6.000 hombres, la mayor parte de los cuales eran arqueros ligeramente equipados, fue interceptado por D’Albret, cuyo ejército de unos 25.000 soldados constaba principalmente de caballería pesada y de infantería.

Durante la Guerra de los Cien Años, ,luego del Tratado de Brétigny, que casi no se cumplió en 1374 los franceses recuperaron sus territorios perdidos, aunque la propia Francia continuó siendo asolada por «compañías libres» de mercenarios quienes, al no ser ya pagados por los ingleses, sencillamente se dedicaron al pillaje y a pedir rescates.

Sin embargo, a medida que transcurría el tiempo, parecía que la guerra llegaba a su fin, sobre todo cuando, en 1396, se negoció una tregua de veinte años. Sin embargo, en 1415 el rey inglés Enrique V (1413-1422) reinició la guerra.

En la Batalla de Agincourt (1415), los franceses sufrieron una desastrosa derrota y 1500 nobles franceses murieron cuando los caballeros franceses con sus pesadas armaduras metálicas trataron de embestir a través de un terreno convertido en lodazal a causa de una tupida lluvia. Enrique reconquistó Normandía y forjó una alianza con el duque de Burgundia, que convertía a los ingleses en dueños del norte de Francia.

La aparente causa perdida francesa pasó a manos de Carlos el delfín (título dado al heredero del trono francés), que gobernaba las dos terceras partes sureñas de las tierras francesas desde Bourges. Carlos era débil y tímido, e incapaz de azuzar a los franceses contra los ingleses, los cuales, en 1428, se habían desplazado hacia el sur y estaban sitiando la ciudad de Orleáns, para ganar acceso al valle del Loira. El monarca francés fue salvado inexplicablemente por una campesina francesa, Juana de Arco.

ANTECEDENTES DE LA BATALLA: Inglaterra iba a lanzarse a la conquista del reino de Francia. Ricardo II, llamado Ricardo de Burdeos, hijo del Príncipe Negro, había sucedido a su abuelo Eduardo III. A pesar del valor y la inteligencia del muchacho, su edad le impediría reinar en persona durante largos años. Después, había de dejarse ganar por su propensión al despotismo; abandonado de todos, arrojado en prisión, el rey veía cómo le sucedía su primo, Enrique de Lancaster, coronado con el nombre de Enrique IV.

El segundo soberano de esta dinastía será Enrique V, quien, con el deseo de ocupar en una guerra los ánimos turbulentos de sus compatriotas, reanudará la lucha contra Francia. El contraste entre el desgraciado Carlos VI y Enrique de Inglaterra es grande; éste era no sólo hombre de cuerpo sano y robusto, sino de «voluntad altiva», de espíritu realista y alma de soldado avezado a los combates desde su más tierna edad. A la anarquía, a la arrogancia francesa, el rey respondió: «Si los franceses han dormido demasiado, yo iré a despertarlos de madrugada».

El 2 de agosto de 1415, embarcaba en el «Trinity». Como su bisabuelo Eduardo, Enrique desembarcó en Normandía. Se apoderó de Honfleur, el gran arsenal, a pesar de la resistencia heroica de la ciudad. Los Armañacs habían llegado a reunir cerca de Ruán un ejército más numeroso que el de los invasores, a pesar de la ausencia de los elementos adictos a los borgoñones. Los ingleses, deseando evitar el mal tiempo en suelo enemigo, se retiraron hacia el norte, y el ejército francés partió, alocada y alegremente, en su persecución.

Enrique lo esperó a pie firme; escogiendo el lugar de combate y la hora del ataque, forzó a los caballeros franceses, encerrados en un espacio demasiado estrecho, a echar pie a tierra. Esta masa de hombres, embutida en sus armaduras, deslumbrada por el sol, fue acribillada por los lanceros y los arqueros británicos. La caballería armañac perdió diez mil de los suyos.

Sólidamente protegidos por sus armaduras, los caballeros franceses ponían su pundonor en combatir a caballo, dejando generalmente a la «gente de a pie» el cuidado de desembarazar un poco el campo. Arrojado a tierra, el caballero estaba considerado como perdido; sin la ayuda de uno o varios escuderos, le era imposible, teniendo en cuenta el peso de su armadura, volverse a colocar en su montura. Un contemporáneo podía decir que un «caballero en tierra se parecía mucho a un cangrejo

Las tropas francesas estaban en desventaja a causa de sus pesadas armaduras, lo estrecho del campo de batalla, el terreno embarrado debido a una fuerte lluvia y las fallidas tácticas de sus oficiales, especialmente al usar formaciones cerradas contra un enemigo móvil. Esta batalla se contará entre las más sangrientas de la Edad Media.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Tratado de Bretigny PrimerAcuerdo de Paz en la Guerra

PRIMER TRATADO DE PAZ EN LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS

El primer Tratado de Paz en la Guerra de los Cien Años, se puso en marcha a partir de la Paz de Brétigny, en 1360. Inglaterra logró ciertas ventajas, pues quedó con poseción de importantes zonas de Francia. Debido a la ausencia (estava cautivo) de Juan II de Francia, Carlos V, hijo de Juan toma la regenciay en 1369 reinicia la guerra.Una fuerza naval de laCorona de Castilla, aliada ésta con Francia, destruyó en 1372 una flota inglesa en elgolfo de Vizcaya. Las tropas francesas, que, bajo las órdenes del condestable Bertrand du Guesclin, evitaron enfrentarse a campo abierto con los ingleses, se dedicaron a hostigarles y a cortar sus suministros.

ANTECEDENTES DEL TRATADO: Había que pensar entonces en negociar con el rey de Inglaterra, El 8 de mayo de 1360,   el  delfín  y  el   Príncipe  Negro   se reunían en Brétigny, pueblecito de la Beauce, y decidían los preliminares de paz. El Ducado de Aquitania, Calais y el Ponthieu quedarían bajo la soberanía del rey de Inglaterra, el cual no estaría sometido en lo sucesivo a ningún vínculo de vasallaje.

El rescate de Juan el Bueno se fijaba en tres millones de escudos de oro. El rey sería liberado, a la entrega del primer plazo, y. los otros rehenes, cuando se hicieran efectivas las seis anualidades restantes. A cambio de ello, el rey de Inglaterra renunciaba a sus pretensiones sobre Francia.

A finales de octubre, el rey de Francia, liberado, desembarcaba en Calais, donde se habían ratificado solemnemente los preliminares de Brétigny. En apariencia, la paz de Calais, ponía fin a la guerra. Pero, una pequeña cláusula que había hecho insertar el hábil delfín Carlos, la cual estipulaba que la renuncia del rey de Inglaterra al reino de Francia y del rey de Francia a la soberanía de Aquitania serían objeto de un acuerdo especial que se firmaría después de la entrega de los territorios (Poi-tou, Saintonge, Périgord, Limousin), había de tener repercusiones considerables.

En el otoño de 1362, cansados de su exilio dorado, los dos hijos menores de Juan el Bueno, Luis de Anjou y Juan de Berry, concertaron con Eduardo III el desastroso tratado de los Rehenes, en el cual prometían doscientos mil escudos y la entrega de los principales castillos del Berry a cambio de su libertad. Eduardo los dejó llegar hasta Calais, pero se negó a liberarlos antes de que los Estados franceses hubieran ratificado este tratado; mas bajo la influencia del delfín, la asamblea de Amiens rechazó el tratado.

Entonces, el joven Luis de Anjou, se dio a la fuga. Juan el Bueno, considerándose deshonrado por tal acto, fue a constituirse prisionero del rey de Inglaterra. Su exilio fue de corta duración, ya que murió en Londres el 8 de abril de 1364. El delfín Carlos se convertía en rey, con el nombre de Carlos V.

Coronación de Carlos V

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Batalla de las Espuelas de Oro Causas y Consecuencias

Batalla de las Espuelas de Oro – Causas y Consecuencias

La Batalla de las Espuelas de Oro tuvo lugar el 11 de julio de 1302 cerca de Kortrijk, y enfrentó a las ciudades rebeldes de Flandes y al ejército de Felipe IV de Francia. Los franceses fueron derrotados y las espuelas de los caídos fueron el trofeo que dio nombre a esta batalla. Esta batalla fue la expresión militar de la rebelión contra la voluntad de Francia de anexionarse Flandes. En 1300, Felipe IV nombró gobernador a Jacques de Chatillon y el conde de Flandes Van Dampierre fue hecho prisionero junto con sus hijos.

Imagen de la Batalla Espuelas de Oro

Los ingleses tenían aún la Guyena; en 1293, estalló la guerra con Eduardo I. Como éste se había aliado con el conde de Flandes, peligroso obstáculo para las intenciones del rey de Francia, los franceses  ocuparon  aquella  región.  Flandes  era, con Italia, el país más rico de la Edad Media.
Dueño del territorio, Felipe se dispuso a conservar el país. Pero Flandes obtenía su riqueza de la industria textil y utilizaba las lanas importadas de Inglaterra. Un violento patriotismo levantó al país, amenazado en sus intereses.
En 1302, los residentes franceses fueron ahorcados en Brujas. Para castigar a aquellos «mendigos», el rey reunió a su ejército. Presuntuosos, seguros de su fuerza, los caballeros franceses cargaron contra la infantería burguesa. Ante sus espléndidos galopes, los flamencos aparentaron huir. Los franceses sólo vieron la trampa cuando el suelo desapareció bajo las patas de los caballos, que fueron tragados por un enorme foso. Los que querían frenar a sus caballos resultaban impelidos por quienes, inconscientes del peligro, llegaban detrás.
Los infantes flamencos pudieron regresar entonces y rematar a los caballeros, trabados e impotentes. Varios millares de espuelas de oro fueron recogidas sobre el campo de batalla de Courtrai (1302). Dos años después, Felipe IV consiguió recobrar la ventaja en Mons-en-Pevéle, pero esta ventaja no era decisiva. Prefirió firmar la paz, conservando sólo Lille y Douai. Los problemas de Flandes y de Guyena no estaban, por lo tanto, arreglados, y fueron el origen de la Guerra de los Cien Años.
A la muerte de Felipe IV, en 1314, la monarquía francesa estaba sólidamente establecida. El poder del rey era incontestable en el interior del reino. Quince años iban a arruinar los esfuerzos de un siglo. Ya, viviendo Felipe, el escándalo había estallado en la Corte de Francia. Las tres nueras del rey fueron acusadas de adulterio.
El rey fue implacable: tras haber sido peladas, Margarita y Juana de Borgoña fueron arrojadas a un calabozo para el resto de sus días. Pero, de los tres hijos y sucesores de Felipe, es decir, Luis X, Felipe V y Carlos IV, ninguno dejó hijo varón. Por primera vez, desde Hugo Capeto, el cielo negaba su ayuda a esta monarquía, a esta dinastía triunfante: no había heredero. Los candidatos al trono se presentaron en tropel. Esta situación daría origen a la Guerra de los Cien Años.
Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

La Guerra de Los 100 Años Causas Francia Contra Inglaterra

Causas de la Guerra de Los 100 Años:Francia Contra Inglaterra

INTRODUCCION: La famosa «Guerra de los Cien Años» que enfrentó a Francia y a Inglaterra en la Edad Media, duró exactamente ciento dieciséis años, desde 1337 a 1453. El conflicto estuvo frecuentemente interrumpido por largos períodos de inactividad, debidos al cansancio de los combatientes o a treguas.

En medio de las desgracias de esta guerra, en Francia se produjeron profundas transformaciones, que favorecieron el paso de la antigua sociedad feudal a una forma de Estado más moderno, en el que la autoridad monárquica se hallaba considerablemente reforzada.

Incluso conservando la cronología clásica, no hay que olvidar que, en realidad, el conflicto franco-inglés comenzó en el siglo precedente por el matrimonio de Enrique II Plantagenet y Leonor de Aquitania.

Para los soldados de la época, el año 1337 no señalaba el comienzo de una nueva guerra, sino la continuación de las luchas que anteriormente habían enfrentado ya a Enrique II y Ricardo Corazón de León con Luis VII y Felipe Augusto.

La principal riqueza de Inglaterra en los tiempos medios radicaba en la exportación de lanas a las ciudades flamencas. Entre el rey de Francia y el conde de Flandes reinaba excelente armonía, mal vista por los ingleses, temerosos de perder sus mercados.

Una disputa dinástica estimuló la ambición del monarca inglés Eduardo III (1327-1377) el cual hizo valer sus derechos a la corona de Francia, por ser hijo de Isabel, hermana del último monarca francés Carlos IV el Hermoso, fallecido sin dejar descendencia.

Los franceses eligieron rey a Felipe de Valois (1328-1350) y ello fue causa del estallido del conflicto. Flandes se vio invadido por Felipe VI de Francia, mientras Eduardo desembarcó en las costas de Normandía con un ejército de 30.000 hombres.

CAUSAS DEL CONFLICTO

Felipe el Hermoso dejó tres hijos que fueron reyes uno tras otro: Luis X, Felipe V y Carlos IV. Pero ninguno tuvo hijo que le sucediera, y así acabó la dinastía de los Capetos, que reinaba desde el año 987.

felipe el hermoso

Felipe el Hermoso

Se acababa de adoptar la regla (denominada ley sálica) de que UNICAMENTE sólo los varones pudieran heredar el reino de Francia.

Como Felipe de Valois, hijo de un hermano de Felipe el Hermoso, fuera el pariente más próximo por la línea masculina, fue elegido rey en 1328  y es el primero de la rama de los Valois, como Felipe VI. Fue un rey caballero y aficionado a los torneos, en que los señores luchaban para divertirse.

felipe vi de francia

Felipe VI de Francia

Por la otra parte el rey de Inglaterra Eduardo III, era joven y también aficionado a la guerra. Había ido a Francia (1329) y había prestado a Felipe el juramento de homenaje debido por su ducado de Guyena, que formaba parte del reino de Francia.

eduardo iii de inglaterra

Eduardo III de Inglaterra

Pocos años despúes este mismo rey, que era hijo de la hija de Felipe el Hermoso reclamó el reino de Francia como herencia de su madre.

Tomó entonces el título de rey de Francia y de Inglaterra y se alió con varios príncipes de los Países Bajos y con los burgueses de las ciudades de Flandes.

Luego, según costumbre de los caballeros, envió una carta de desafío a Felipe VI (1339).

Así entonces empezó esta  guerra que, con intervalos, iba a durar hasta 1453 y que se ha denominado la Guerra de Cien Años.

DESARROLLO

Los franceses fueron vencidos en la batalla de Crecy (1346), que tuvo una gran significación militar, ya que en ella fueron empleadas por primera vez las armas de fuego.

Poco después los ingleses tomaron la plaza de Calais. Muerto el rey francés, le sucedió su hijo Juan el Bueno, y la guerra volvió a reanudarse, viéndose Francia nuevamente invadida.

El príncipe de Gales, llamado también el Príncipe Negro (por el color de su armadura), derrotó a un numeroso ejército francés en la batalla de Poitiers, en la que Juan el Bueno, extenuado, chorreando sangre y sudor, fue hecho prisionero y conducido a Inglaterra.

Varios años después fue puesto en libertad después de haberse comprometido a pagar un fuerte rescate.

No obstante, la batalla de Crécy no fue decisiva. Los ingleses sencillamente no contaban con los recursos para subyugar a Francia. Las treguas, las hostilidades a pequeña escala y algunas batallas importantes se combinaron en una orgía de —al parecer— interminable lucha. Eduardo III y su hijo Eduardo, el príncipe de Gales —conocido como el Príncipe Negro—, libraron las campañas inglesas. Las campañas que el Príncipe Negro realizó en Francia fueron devastadoras. Evitando las batallas campales, sus fuerzas arrasaron deliberadamente las tierras y quemaron las cosechas, así como ciudades y villas completas no fortificadas, además de saquear cualquier cosa que fuera de valor. Para los ingleses, tales campañas fueron fructíferas; para los franceses significaron hambre, privaciones y muerte. Cuando al ejército del Príncipe Negro se le forzó a presentar batalla (bajo el mando del rey Juan II) fueron derrotados y el rey capturado. Con esta batalla de Poitiers concluyó la primera fase de la Guerra de los Cien Años.

Al llegar a Francia, encontró a su país empobrecido y sumido en la anarquía. Los vasallos, aldeanos y burgueses se habían sublevado contra los nobles a quienes culpaban de los reveses guerreros y de la derrota de Poitiers, y los caminos se encontraban infestados de salteadores.

Juan el Bueno no pudo pagar el rescate equivalente a unos cuarenta millones de francos y regresó a Londres donde vivió prisionero aunque esta condición no le impedía divertirse en continuas fiestas. Por la paz de Brétigny, Inglaterra adquirió la cuarta parte del territorio francés.

batalla de CrecyCarlos V el Sabio (1364-1380), hijo de Juan el Bueno, fue quien sacó a Francia de su lamentable estado, gracias a los méritos personales de un joven caballero bretón llamado Beltrán Du Guesclín (1320-1380).

Reorganizó el Ejército y libró al país de la terrible plaga de las «Compañías» constituidas por bandas de mercenarios dedicados al pillaje y que sembraban el terror. Debido a dichas bandas, comarcas y pueblos enteros quedaron deshabitados. En Picardía, los aldeanos llegaron a vivir escondidos en cuevas.

Du Guesclín, nombrado condestable, expulsó a los ingleses de casi todas las plazas que ocupaban, con la sola excepción de una estrecha faja de litoral (Calais, Cherburgo, Brest, Burdeos, Bayona).

Después pudo dar un gran impulso a la prosperidad del país. Muerto Carlos V, y durante la minoridad de su hijo Carlos VI, Francia se vio ensangrentada por una guerra civil ocasionada por el asesinato de Felipe de Orleans.

En ella lucharon dos bandos rivales: los Borgoñeses y los Armagnacs. El país se cubrió de ruinas y de sangre. Unos y otros, con tal de exterminar a los contrarios, llegaron a ofrecer a los ingleses la mitad del reino.

El rey de Inglaterra, Enrique V, se declaró en contra de los Armagnacs, derrotándoles en Azincourt.

Tras apoderarse de Caen y Rouen, logró la firma del Tratado de Troyes, en virtud del cual resultaba el rey inglés heredero de la corona francesa.

Al fallecer en 1442 los monarcas Enrique V de Inglaterra y Carlos VI de Francia, se intentó proclamar rey de este país al niño Enrique VI de Inglaterra, de acuerdo con una de las cláusulas del famoso Tratado de Troyes.

Un movimiento nacionalista se colocó al lado del Delfín desposeído, verdadero heredero de la corona, que fue proclamado rey de Francia con el nombre de Carlos VII.

Solamente las provincias centrales guardaron fidelidad al monarca. Muchos nobles y ciudades francesas, entre ellas París, se habían pasado al bando inglés, mientras la guerra se recrudecía ante la indiferencia e ineptitud del rey francés al ver que los ingleses sitiaban a Orleans, la única ciudad que les cerraba el paso hacia el Sur de Francia.

ESTADO DE FRANCIA E INGLATERRA AL INICIO DE LA GUERRA:

En las primeras décads del siglo XIV el reino de Francia era, indiscutiblemente el mas poderoso de Europa. Felipe el Hermoso había sabido mantener la paz de Francia. cuyas fronetras se habían ensanchado por la anexión de Borgoña, aportada en dote al futuro Felipe V; por otra parte, alcanzó un gran impulso demográfico, y contaba alrededor de quince millones de habitantes al comienzo de la guerra.

Este desarrollo permitió emprender grandes roturaciones y desecamientos, emigrando el excedente de la población rural hacia las ciudades, que conocieron en esta época una intensa actividad comercial y artesana. París, con sus 200.000 habitantes, estallaba dentro del recinto construido por Felipe Augusto.

La industria pañera, la primera del reino, estaba concentrada en las ciudades de Flandes, tales como Arras, Douai, Ypres, Brujas, Gante, Lille, Toutnai. Las Ferias de Champaña, a pesar de cierta decadencia, seguían siendo un lugar de cita internacional.

Este desarrollo económico general se traducía en un importante tráfico marítimo; el rápido desenvolvimiento de puertos como Calais y La Rochelle, lo testimonia.

Paz y prosperidad son siempre signos de un Estado fuerte; la autoridad monárquica aumentaba, apoyándose en consejos y resortes administrativos cada vez más perfeccionados, como aquellos bailes y senescales enteramente entregados a la causa monárquica, cuyo espíritu hacían triunfar en las provincias; el clero, sometido al rey, le proporcionaba el dinero que necesitaba y había renunciado, en parte, a su fuero,, puesto que los acusados de los tribunales eclesiásticos podían siempre apelar al del rey.

Pero lo que aureoló de un prestigio moral particular al reino de Francia, fue la presencia, durante cerca de un siglo, de papas franceses en Aviñón (1309-1378), los cuales mostraron sus simpatías, quizá demasiado frecuentemente, hacia su país de origen.

En fin, la nobleza era impotente ante esta realeza que consiguió imponerle un edicto que prohibía las guerras entre vasallos, y que, por medio de arma tan eficaz y potente como la apelación al Parlamento, pudo inmiscuirse en los tribunales señoriales y en la administración de los grandes feudos.

La nobleza francesa, batalladora y revoltosa, había quedado reducida a los torneos y a las fiestas.

DEBILIDAD DEL EJERCITO

Pero dos cosas faltaban a la monarquía: un ejército regular y finanzas estables, debilidades que habían de serle fatales durante la Guerra de los Cien Años. En caso de guerra, el rey de Francia convocaba la hueste de los vasallos, que comprendía, de una parte, a la nobleza, que debía armar por su cuenta a cierto contingente de caballeros, y, de otra, a las «gentes de a pie» enviadas por las comunidades rurales y las ciudades.

Pero los grandes vasallos no llevaban con ellos más que un número reducido de caballeros, y la hueste llegaba a reunir con dificultad un ejército mayor de 10.000 hombres, de los cuales los dos tercios eran jinetes, y el tercio restante, soldados de a pie.

La caballería había sido considerada en Francia, en todo tiempo, como la única fuerza válida, porque este cuerpo agrupaba a toda la flor y nata de la nobleza francesa, famosa por su valor, su temeridad y sus hazañas, mientras que la gente de a pie, constituida por villanos y burgueses, no era más que una fuerza secundaria, considera incapaz de hazañas caballerescas.

La Guerra de los Cien Años había de revelar el error de tal apreciación.

La hueste, convocada en el último momento, se reunía muy lentamente, hacia la mitad del verano; como los caballeros no prestaban servicio más que 40 días al año, y tres meses la infantería, no podía acometerse ninguna acción de envergadura, ya que el ejército se deshacía al cumplir el tiempo de servicio y con la llegada de los primeros fríos.

Este hecho explica la escasez de grandes batallas campales en la Guerra de los Cien Años, cuya historia queda reducida a breves incursiones devastadoras en terreno enemigo.

La imposibilidad de constituir un ejército permanente y numeroso se debía, sobre todo, a la debilidad de los recursos financieros del reino. No existía ninguna legislación fiscal permanente y, fuera de las rentas de su dominio, el rey no disponía más que del producto de impuestos excepcionales, decretados cuando estallaba una guerra, los cuales no eran concedidos por los tribunales soberanos más que después de largas discusiones y a cambio de beneficios sustanciales, y que la población pagaba a regañadientes.

CINCO MILLONES DE INGLESES

¡Cuánto más fácil y menos próspero aparecía en la misma época el reino de Inglaterra! El país era pobre y poco poblado,puesto que contaba alrededor de cinco millones de habitantes. El suelo estaba mal explotado, y los recursos agrícolas eran mediocres.

La única riqueza consistía en la cría extensiva de ovinos, cuya lana era exportada en bruto a las ciudades pañeras de Flandes. Londres parecía un burgo, en comparación con París.

En cuanto al poder real, si bien se apoyaba en un administración y en órganos de gobierno más numerosos y más especializados que en Francia, porque estaban constituidos desde la época del Conquistador, tenía que hacer frente continuamente a las revueltas de los barones, que trataban de acrecentar su independencia y someter la monarquía.

Eduardo I supo contenerlos, arrastrándolos a la conquista del país de Gales y de Escocia, pero su hijo, Eduardo II, luchó toda su vida contra ellos, antes de acabar asesinado, víctima de una conjura de la que formaba parte su propia mujer, Isabel, así como el amante de ésta, Mortimer, y los barones cansados de la tiranía real.

El 20 de enero de 1327, el joven Eduardo III, que contaba entonces 16 años, subía al trono de Inglaterra. Pero, demasiado inexperto, dejó dirigir el reino, durante tres años, a Mortimer. Este impuso tal terror que se atrajo muy rápidamente la hostilidad de la nobleza.

Cuando, en el año 1330, Eduardo quiso reinar solo, mandó asesinar a este aventurero que le estorbaba, inaugurando solemnemente su reinado, que había de ser uno de los más largos de la historia (1327-1377). Elegante, muy cultivado, Eduardo era también un rey hábil, tenaz en sus propósitos, gran diplomático y. sobre todo, notable estratega.

CRONOLOGÍA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS

1337Comienzo de Hostilidades
1346Batalla de Crecy
1356Batalla de Poitiers
1359Paz de Bretigny
1377Muerte de Eduardo III
1396Tregua de 20 años
1415Enrique V reinicia la guerra (1413-1922)
1415Batalla de Agincourt
1429-1431Recuperación Francesa Bajo Juana de Arco
1453Fin de la Guerra

LA GUERRA SEGÚN UN CRONISTA DE LA ÉPOCA: En su narración de la Guerra de los Cien Años, el cronista del siglo XIV Jean Froissart describió el saqueo de la ciudad fortificada francesa de Limoges perpetrado por elPríncipe Negro (Eduardo, príncipe de Gales). Proporciona un vivido ejemplo de cómo eran tratados los no combatientes durante la guerra.

Jean Froissart, Crónicas
Por aproximadamente un mes, ciertamente no más, el Príncipe de Gales permaneció a las puertas de Limoges. Durante ese tiempo no permitió que se llevaran a cabo asaltos o escaramuzas, sino que avanzó de manera constante y laboriosa en la tarea de zapa. Los caballeros y la gente de la ciudad que estaban dentro —que sabían lo que estaba pasando— comenzaron a cavar por su parte, con la esperanza de matar a los mineros ingleses, pero resultó un fracaso.

Cuando los zapadores del rey, quienes conforme cavaban apuntalaban constantemente el túnel completaron su trabajo, le dijeron al príncipe: «Mi señor, cuando os plazca, podemos ya derribar una gran parte del muro en el foso, de manera que entréis a la ciudad de la manera más fácil y segura».

El príncipe estuvo muy complacido de oír esto. «Excelente», comentó. «Mañana, a las seis en punto del día, enseñadme lo que podéis hacer».

Cuando supieron que era la hora señalada, los mineros comenzaron un fuego en la mina. En la mañana, justo a la hora que el príncipe había especificado, una gran sección de la muralla se desplomó, atascando el pozo en el lugar donde cayó.

Para los ingleses —que estaban armados y a la espera— fue un signo placentero. Los soldados de infantería pudieron entrar a sus anchas, y así lo hicieron. Corrieron hacia la puerta, cortaron las barras que la sostenían y la derribaron. Hicieron lo mismo con las barreras exteriores sin que enfrentaran resistencia alguna.

Todo se hizo tan rápido, que a la gente de la ciudad la tomaron desprevenida. Enseguida el príncipe, el duque de Lancaster, el conde de Cambridge, Sir Guichard d’Angle, junto con todos los demás y sus respectivos hombres irrumpieron en la ciudad, seguidos por los saqueadores de a pie, y todos con un humor como para dar rienda suelta a la devastación y para cometer asesinatos de manera indiscriminada, pues ésas eran sus órdenes. Se dieron escenas lamentables. Hombres, mujeres y niños se arrojaron de rodillas ante el príncipe suplicando: «¡Tened piedad de nosotros, gentil señor!» Pero estaba tan encolerizado que no escuchó. A ningún hombre ni mujer se les hizo caso, sino que a todos los que pudieron encontrar fueron pasados por las armas, incluyendo a muchos que, por ningún motivo, podían ser culpables.

No entiendo cómo pudieron ser inmisericordes con gente que era tan insignificante para cometer traición. Pero incluso ellos pagaron por eso, y pagaron más caro que los jefes que sí cometieron traición.

No hay hombre tan insensible que, si hubiese estado en Limoges ese día, y recordara a Dios, no hubiera llorado amargamente ante la espantosa carnicería que aconteció allí. Más de tres mil personas —hombres, mujeres y niños— fueron sacadas a rastras para cortarles la garganta. Que Dios haya recibido sus almas, porque fueron verdaderos mártires.

batalla de crecy

Batalla de Crécy. En esta ilustración de un manuscrito del siglo xv se muestra la batalla de Crécy, el primero de varios desastres militares sufridos por los franceses en la Guerra de los Cien Años; además, se ilustra la razón de por qué los ingleses preferían los arcos largos sobre las ballestas. A la izquierda, los ballesteros franceses dejan de disparar y aprestan sus armas dándole vuelta a la manivela, mientras que los arqueros ingleses siguen disparando sus arcos (un arquero diestro podía disparar diez flechas por minuto).

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PARA SABER MAS…

A PESAR DE SU NOMBRE, la guerra de los Cien Años no fue una larga contienda, sino una serie de cortos conflictos interrumpidos por largas treguas. La guerra, que persistió durante 116 años, de 1337 a 1453, giraba alrededor de la legitimidad del trono de Francia.

LUCHA POR EL TRONO En 1328, el rey francés Carlos IV (1294-1328) murió sin heredero. Los nobles coronaron a su primo, Felipe de Valois (1293-1350). En 1337, Eduardo III (1312-77), rey de Inglaterra, reclamó sus derechos al trono francés, debido a que su madre, Isabel, era hermana de Carlos IV. En 1337, el rey de Francia confiscó los terrenos de Eduardo III en el país, lo cual motivó el estallido de la guerra.

LA PRIMERA INVASIÓN La flota inglesa derrotó a la francesa en la batalla de Sluis (1340), lo que otorgó a Eduardo III el control del canal de la Mancha, el estrecho marítimo que separa Francia de Inglaterra. Desde sus bases en la costa norte de Francia, los soldados asediaban y destruían pueblos franceses.

VICTORIAS INGLESAS: Al comienzo, los ingleses obtuvieron grandes victorias. En 1346 los arqueros ganaron frente a la caballería francesa la importante batalla de Crécy, en el norte de Francia. En 1355, los ingleses, encabezados por el hijo mayor de Eduardo III, el príncipe de Gales (1336-76), vencen nuevamente a sus enemigos. Eduardo era conocido también como el Príncipe Negro debido al color de su armadura. En 1356, en la batalla de Poitiers, en Francia central, el príncipe de Gales obtuvo otra gran victoria. El rey francés Juan II (1319-64) fue capturado durante la batalla y se pidió por él un rescate de 4 millones de coronas de oro.

EL TRATADO DE BRETAÑA Tras una serie de derrotas, los franceses terminaron por aceptar la devolución a Eduardo III de sus territorios en Francia por medio del tratado de Bretaña. El rey inglés desistió de sus pretensiones al trono y rebajó el rescate por el rey francés de 4 a 3 millones de coronas de oro.

MUERTE DE EDUARDO III: La muerte de Eduardo III (1377) determina una tregua. Como los ingleses no disponían de hombres suficientes para controlar sus territorios en Francia, los franceses recuperaron muchas tierras.

ENRIQUE V: Al cabo de 38 años, la guerra se reinició. Enrique V (1387-1422), el hijo mayor de Eduardo III, vuelve a reivindicar los derechos al trono francés. En la batalla de Azincourt (1415), las reducidas fuerzas de Enrique logran vencer a un gran ejército francés. Como el Príncipe Negro, Enrique V utilizó a la perfección a los arqueros. Bajo su mando, los ingleses ganaron muchas batallas.

EL MATRIMONIO DE ENRIQUE V Enrique V ocupó gran parte del norte de Francia, forzó al rey francés Carlos VI (1368-1422) a desheredar a su único hijo, el Delfín, y a nombrar a Enrique como heredero del trono francés. Enrique V se casó con la hija del rey de Francia, Catalina de Valois y, según lo estipulado en el tratado de Troves, se reconoció que el hijo de ambos debía ser rey de Francia e Inglaterra. Sin embargo, Enrique V murió tan sólo 15 meses después de su boda. Dejaba un hijo, quien se convertiría en Enrique VI de Inglaterra (1421-71). Cuando el rey francés Carlos VI murió, ese mismo año, el infante Enrique VI de Inglaterra no heredó el trono de Francia.

JUANA DE ARCO: Una joven campesina francesa conocida como Juana de Arco (1412-31) dominó la última etapa de la guerra de los Cien Años. Decía haber tenido visiones y escuchado voces que le ordenaban salvar a Francia de sus enemigos. Juana acudió en ayuda del hijo desheredado de Carlos VI, el Delfín (heredero al trono francés). Al mando de las fuerzas de éste, Juana de Arco condujo a los franceses a la victoria.

EL SITIO DE ORLEANS: En 1429, Juana de Arco levantó el sitio de Orleans y logró que Carlos VII (1403-61) fuera coronado rey de Francia. Pero Juana fue capturada por los borgoñones, aliados de los ingleses, quienes la vendieron a Inglaterra. Juana de Arco fue sometida a un juicio por brujería y quemada en la hoguera como hereje en 1431, a la edad de 18 años, en la ciudad francesa de Rúan.

FIN DE LA GUERRA Las ludias continuaron intermitentemente durante algunos años. Alrededor de 1453, los ingleses sólo conservaban en Francia el puerto de Calais. La guerra de los Cien Años había terminando. A pesar de ello, los reyes de Inglaterra continuaron llamándose a sí mismos «reyes de Francia e Inglaterra» hasta 1801.

Fuente Consultada:
Civilizaciones de Occidente Tomo A y B Jackson Spielvogel
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo 1
Historia del Mundo Grupo Z Multimedia DK
Atlas de la Historia del Mundo Kate Santon y Liz McKay
Gran Enciclopedia de la Historia Todolibro

Ver: Juana de Arco y El Final de La Guerra de los 100 Años

La guerra de los Treinta Años Guerras de Religion Paz de Westfalia

La Guerra de los Treinta Años – Guerras de Religión

Este conflicto religioso y político internacional asoló Alemania en la primera mitad del siglo XVII. Un nuevo equilibrio surgió con el fin de las aspiraciones universales de los Habsburgo y el ascenso de otras potencias

Orígenes rey gustavoEn esta larga guerra se combinaron una serie de factores diversos. La división religiosa del Imperio, ratificada en la paz de Augsburgo (1555), era todavía fuerte de tensiones. El elector palatino Federico IV fundó la Unión Evangélica (protestante) en 1608, y Maximiliano I de Baviera respondió con la Santa Liga al año siguiente.

La situación se complicaba con la pugna entre el emperador y los príncipes por el dominio en el Imperio. Por otro lado, los esfuerzos de los Habsburgo vieneses por introducir la contrarreforma católica y germanizar sus dominios patrimoniales encontraron gran oposición, particularmente en Bohemia. (imagen: El rey Gustavo II Adolfo de Suecia, líder de la Europa protestante murió en la batalla de Lutzen en 1632 frente a los católicos)

 Habría que añadir la tradicional pugna franco-española por la hegemonía europea, resuelta en el siglo anterior a favor de España al precio de la secesión de las provincias protestantes de los Países Bajos (Holanda).
Por su parte, Inglaterra, Dinamarca y Suecia esperaban sacar partido de la inestabilidad centroeuropea. Por último, la crisis general del siglo VII, con el enfrentamiento entre las estructuras socioeconómicas del feudalismo y el capitalismo emergente, añadió la crispación social a la política y la religiosa.

Los primeros éxitos de los Habsburgo

En estas circunstancias, el Habsburgo Fernando de Estiria, elegido rey de Bohemia (1617), trató de implantar por la fuerza el catolicismo en sus dominios. Los protestantes bohemios se rebelaron y, tras defenestrar a los consejeros imperiales en Praga (23 de mayo de 1618), eligieron como nuevo soberano a Federico y del Palatinado, destituyendo a Fernando II, emperador desde 1619.

Este contó con el apoyo de sus parientes españoles y de la Santa Liga, mientras la Unión Evangélica era neutralizada en un primer momento por el tratado de Ulm, impuesto por Francia e Inglaterra. Sólo Gábor Bethlen de Transilvania apoyó a Federico y los bohemios, cuyas fuerzas fueron aplastadas por el general Tilly en la Montaña Blanca, cerca de Praga (noviembre de 1620), mientras los españoles invadían el Palatinado.

Hacia 1624, Bohemia había sido sometida al absolutismo habsbúrgico, Maximiliano de Baviera se había adueñado del alto Palatinado y del título de elector, y las tropas españolas controlaban Renania.

Francia, ante estos éxitos de su rival, intentó infructuosamente cortar las comunicaciones entre la Italia española y el Imperio (ocupación de la Valtelina, 1625) y recurrió entonces a la guerra interpuesta, animando las aspiraciones de Cristián IV de Dinamarca. Este, interesado en extender sus dominios a costa del Imperio, y temeroso del avance católico en el norte, se alió con Inglaterra, Holanda y Federico y, refugiado en este último país (1625). Pero su ofensiva fue rápidamente desbaratada en Dessau (abril de 1626) y Lutter (agosto) por los imperiales Wallenstein y Tilly, respectivamente. Cristián IV vio invadidos sus propios territorios y tuvo que firmar la paz de Lübeck (mayo de 1629). Al mismo tiempo, España lograba vencer a holandeses e ingleses.

La victoria parecía completa para las fuerzas católico-imperiales, pero Fernando II desaprovechó la ocasión de pacificar el Imperio, con la anulación de las secularizaciones de bienes eclesiásticos tras la Reforma (Edicto de Restitución, 1529) y el intento de imponer la sucesión hereditaria en el trono imperial (dieta de Ratisbona, 1630). Esto enconó la oposición de los príncipes alemanes y prolongó el conflicto.

Suecia y Francia entran en el conflicto

La derrota danesa propició la entrada en la guerra de Suecia, cuyo rey, Gustavo II Adolfo, luterano convencido, deseaba tanto apoyar a sus correligionarios alemanes como afianzar su dominio en el Báltico, disputado por Dinamarca y Polonia. El cardenal Richelieu, valido de Luis XIII de Francia, favoreció la firma de una tregua entre Suecia y Polonia (1629) y concedió subsidios de guerra al soberano sueco. este organizó un ejército popular, bien armado y lleno de entusiasmo por su rey y su religión.

Con el apoyo de los príncipes protestantes tras el saqueo de Magdeburgo por Tilly (mayo de 1631), Gustavo Adolfo venció a éste en Breitenfeld (septiembre). Dueño del norte de Alemania, ocupó Renania y avanzó sobre Baviera (1632). Fernando II tuvo que llamar de nuevo a Wallenstein, caído en desgracia en 1630, que logró expulsar a los sajones de Bohemia y contener a los suecos en el sur de Alemania, aunque fue derrotado por Gustavo Adolfo en Lützen (noviembre de 1632); el soberano

La momentánea desorganización sueca permitió a los imperiales rehacer sus fuerzas, a pesar del asesinato de Wallenstein (febrero de 1634), sospechoso de conspirar contra el emperador. El regente sueco Oxentiern logró organizar la liga protestante de Heilbronn (abril de 1633), pero fue finalmente derrotada en Nórdlingen por los hispano imperiales (septiembre de 1634>, que lograron acceder al Báltico. Los suecos tuvieron que retirarse al este y Sajonia firmó con el emperador el tratado de Praga (mayo de 1635), que preveía la disolución de las ligas.

Esta nueva oportunidad de paz fue frustrada por la intervención directa de Francia en el conflicto, temerosa de la supremacía de los Habsburgo. Se alió con los suecos, Holanda, Saboya y Sajonia en contra del Imperio y desarrolló también su particular guerra contra España (1635).

de En un principio, los hispano imperiales llevaron la mejor parte en esta nueva fase las hostilidades, con la toma de Corbie y la amenaza sobre París del cardenal-infante Fernando de Habsburgo (1636). Pero la ofensiva francosaboyana logró cortar el paso de la Valtelina entre Italia y el Imperio (1637) y la victoria en Rheinfelden permitió a Bernardo de Sajonia-Weimar tomar Breisach (1638), interrumpiendo las comunicaciones entre Italia y los Países Bajos. El aislamiento entre las fuerzas habsbúrgicas se complicó con las victorias francesas en los Países Bajos y holandesas en las Dunas (1639) y las colonias (1640). Por otra parte, España sufrió en 1640 las rebeliones de Portugal y Cataluña, que abrieron nuevos frentes bélicos en el centro de sus dominios.

Francia aprovechó la ocasión para penetrar en Cataluíca, donde Luis XIII fue proclamado conde de Barcelona (1641), y atacar al debilitado ejército español de Flandes en Rocroi (1643). A partir de ese momento España luchó por mantener sus posesiones, mientras la liga de Heilbronn y los franceses derrotaban a los aliados sajones y bávaros del emperador, que abandonaron la lucha en 1645 y 1647.

En 1644 se habían iniciado conversaciones de paz en Münster (entre Francia y el emperador) y Osnabruck (entre el emperador, Suecia y los príncipes alemanes), simultáneas a los combates, por lo que las propuestas de cada bando cambiaban según los resultados en el campo de batalla. Pero la apurada situación de los Habsburgo aceleró las negociaciones, que resultaron en un conjunto de tratados conocidos como paz de Westfalia (octubre de 1648).

La paz de Westfalia (imagen abajo)

La paz de WestfaliaComo consecuencia de estos tratados, Francia logró importantes ventajas territoriales en Alsacia y la frontera renana, Suecia se quedó con Pomerania occidental y diversos enclaves alemanes del mar del Norte y el Báltico, convirtiéndose en miembro del Imperio.

Brandemburgo se expandió en Pomerania oriental y obtuvo algunos territorios en Alemania occidental, mientras el duque de Baviera retenía el alto Palatinado y la condición de elector, restituida no obstante —junto al bajo Palatinado— a los herederos de Federico y, hecho que se tradujo en el aumento del colegio electoral imperial a ocho miembros. Por su parte, la independencia formal de Suiza fue acatada por el Imperio.

Esta institución fue la más perjudicada, pues el reconocimiento de la soberanía de los príncipes y las ciudades vaciaba de contenido el título imperial. La consagración de la libertad religiosa de los príncipes, que impondrían su fe en sus Estados se extendió al calvinismo y puso fin al ciclo de guerras religiosas que habían ensangrentado Europa desde el siglo XVI.

Los Habsburgo vieneses, a pesar de algunas concesiones, fortalecieron el control sobre sus posesiones patrimoniales, gobernadas desde Austria.  La gran perdedora de este prolongado conflicto fue Alemania en su conjunto, sometida a terribles devastaciones durante tres décadas —especialmente en regiones como Renania, que perdió dos tercios de su población— y afectada por pérdidas materiales que tardaron decenios en ser reparadas. Por su parte, Inglaterra y Holanda se afianzaron como potencias marítimas, condición que posibilitaría un gran desarrollo comercial y colonial futuro. Francia se confirmó como la nueva potencia europea, aunque todavía tenía que dirimir su conflicto con España.

Epílogos

La monarquía española, tras reconocer la independencia de Holanda en Münster (1648), se había retirado de las negociaciones para continuar la guerra con Francia, que mantuvo la ventaja (victoria de Lens, 1648) en un principio. No obstante, el estallido de la Fronda y el fin de la guerra de secesión de Cataluña (1652) permitieron una cierta recuperación española.

Pero los recursos de España estaban exhaustos, y la entrada en el conflicto de Inglaterra al lado de Francia (1657), decidió, tras la segunda batalla de las Dunas (1658), el resultado de esta guerra de desgaste. Por la paz de los Pirineos (1659) España cedió a Francia Rosellón, Cerdaña, Artois y algunas plazas flamencas, además de aceptar la presencia francesa en Alsacia. Con ello se confirmaba el paso de la hegemonía continental a Francia.

En el Báltico, el nuevo rey sueco Carlos X, en una serie de brillantes campañas, venció a polacos, daneses y brandemburgueses en su empeño por dominar esa región (1658). Pero sus éxitos provocaron el recelo de las demás potencias, ante la posibilidad de que Suecia se convirtiera en dueña absoluta de un espacio vital desde el punto de vista del comercio. La intervención de Holanda, Austria, Francia e Inglaterra forzó la firma de la paz de Oliva (1660), que reconocía ventajas a Suecia, pero también salvaguardaba los intereses de Polonia, Brandemburgo y Rusia. Con éste se cerró la serie de tratados que configuraron el nuevo sistema europeo de equilibrio entre las potencias.

La firma de los tratados de Westfalia (1648), en Münster y Osnabrück, señala no sólo el fin de la Guerra de los Treinta Años: marca, al mismo tiempo, la terminación de un largo proceso de desintegración de Alemania y el comienzo de la decadencia de los Habsburgo de Austria.

Había en el Sacro Imperio más de trescientos Estados que existían desde hacía siglos, y que habían afirmado su poder durante la Reforma, alrededor de cien años antes. Por los tratados de Westfalia obtuvieron libertad religiosa y derecho para formar alianzas y actuar como unidades soberanas, aun en el nivel internacional.

Por otra parte, en sus territorios (principalmente Austria y Bohemia), los Habsburgo pudieron extirpar momentáneamente el protestantismo, mientras Baviera anexaba el Alto Palatinado, tornándolo católico. Suiza y las Provincias Unidas confirmaron su independencia. Los limites demarcatorios dieron a las Provincias Unidas el control del estuario del río Escalda, que fue cerrado a los navíos que buscaban el océano. Esto favoreció el progreso del puerto de Amsterdam, pasando el de Amberes a segundo plano.

Suecia recibió el arzobispado de Bremen (no así la ciudad libre), Pomerania occidental y el obispado de Verden, controlando los estuarios del Elba, Wéser y Oder. El Báltico se convirtió, en la práctica, en un lago sueco.
Francia vio confirmada su posesión de los tres Obispados -Metz, Toul y Verdún- y se anexó parte de Alsacia. Los límites fijados fueron, en grandes líneas, conservados hasta la Revolución Francesa.

PARA SABER MAS…

La Guerra de los Treinta Años, en la que se enfrenta toda Europa, provocó una destrucción como el continente no veía desde la caída del Imperio Romano y la peste negra.

Se calcula que aproximadamente un tercio de la población de Europa central murió en ese período, como consecuencia de la guerra. La destrucción en bienes, ciudades y cosechas fue de tal orden que algunos recurrieron al canibalismo.

Inglaterra, que consiguió mantenerse fuera del conflicto continental, se beneficiará por ello, de la misma forma que los Cantones suizos. Entretanto, en la propia Europa, existe un centro donde, a pesar de la intensa destrucción producida por las luchas emancipadoras la economía renace: son los Países Bajos.

El Renacimiento había tenido como escenario inicial a Italia, y en especial a las señorías del Centro. Mas esa península cayó, en su mayor parte bajo el yugo alternado de Francia y España y no comenzó a progresar hasta más tarde. En Praga y en Bohemia los estratos medios y los labradores se irguieron contra los señores feudales. Pero el Sacro Imperio los aplastó y restableció la servidumbre de la gleba.

En los Países Bajos, durante el siglo XVII, las clases medias crearon por primera vez un Estado moderno europeo, en el cual el comercio era la principal actividad y los burgueses el sector más importante.

Se justifica plenamente el llamar al siglo XVII «la edad de los holandeses», porque por todos los mares navega su gigantesca flota, que transporta cerca de 80 por ciento de las mercaderías que se venden en Europa, creando así un imperio diferente, el comercial —no territorial— cuyo antecedente fue el de Portugal. Holanda es el país con más elevado nivel cíe vida y la mayor libertad de expresión. Esa riqueza confiere gran poder a la República, reforzada en su determinación de asegurarse la independencia.

Cuando Luis XIV intenta dominar el país, el pueblo hace saltar los diques e inunda sus tierras, prefiriendo ahogarse a perder sus derechos.

Eso jamás había ocurrido antes y fue harto significativo. Las contiendas entre las naciones jóvenes son muy diversas de las que habían separado a la Iglesia del Imperio. Principalmente España, Francia, Inglaterra y Holanda se disputan en los mares la supremacía comercial y en el continente los mercacados.

Comienza la era del mercantilismo, de los monopolios concedidos por el Estado, de la continua acumulación de dinero por parte de las grandes Compañías de las Indias que, en Inglaterra terminaron produciendo una revolución y la reforma del Estado por la fracción puritana de los calvinistas. La Revolución de 1688 confirmó que Inglaterra nunca más sería una monarquía absoluta.

En América, los puritanos ingleses crearon una sociedad que no conoció el feudalismo. Pronto las colonias norteamericanas de Gran Bretaña se independizaron y la «Revolución Americana» dio un modelo ideal a los estratos medios europeos.

En Francia el ejemplo estadounidense —que abrevara sus ideas en los enciclopedistas franceses—, el espíritu de iluminismo (o la «ilustración») de la libre crítica y del libre pensamiento corroerán las bases del absolutismo. Finalmente, los estratos medios, aliados a los populares, cortarán la cabeza del monarca para establecer un nuevo tipo de Estado, precursor del Estado moderno.

Surgidos entre los dos estamentos hereditarios del Medioevo, estos estratos medios se insertarán entre ellos como cuña y harán cambiar todo el antiguo sistema. Ellos crearán un mundo nuevo, aunque las viejas estructuras hayan perdurado hasta hoy.