Batalla de Agincourt en la Guerra de los Cien Años



Batalla de Agincourt en la Guerra de los Cien Años

La famosa Batalla de Agincourt o Batalla de Azincourt, fue un importante encuentro bélico-militar  durante la guerra de los Cien Años, el 25 de octubre 1415, entre un ejército inglés bajo el mando del rey Enrique V y otro francés bajo las órdenes de Carlos D’Albret, Condestable de Francia.

Batalla de Agincourt en la Guerra de Los 100 Años.En el momento del encuentro, el ejército de Enrique V, debilitado por la enfermedad y por el hambre, retrocedía hacia Calais, donde el rey planeaba embarcarse para Inglaterra. El ejército inglés, formado por unos 6.000 hombres, la mayor parte de los cuales eran arqueros ligeramente equipados, fue interceptado por D’Albret, cuyo ejército de unos 25.000 soldados constaba principalmente de caballería pesada y de infantería.

Durante la Guerra de los Cien Años, ,luego del Tratado de Brétigny, que casi no se cumplió en 1374 los franceses recuperaron sus territorios perdidos, aunque la propia Francia continuó siendo asolada por «compañías libres» de mercenarios quienes, al no ser ya pagados por los ingleses, sencillamente se dedicaron al pillaje y a pedir rescates.

Sin embargo, a medida que transcurría el tiempo, parecía que la guerra llegaba a su fin, sobre todo cuando, en 1396, se negoció una tregua de veinte años. Sin embargo, en 1415 el rey inglés Enrique V (1413-1422) reinició la guerra.

En la Batalla de Agincourt (1415), los franceses sufrieron una desastrosa derrota y 1500 nobles franceses murieron cuando los caballeros franceses con sus pesadas armaduras metálicas trataron de embestir a través de un terreno convertido en lodazal a causa de una tupida lluvia. Enrique reconquistó Normandía y forjó una alianza con el duque de Burgundia, que convertía a los ingleses en dueños del norte de Francia.

La aparente causa perdida francesa pasó a manos de Carlos el delfín (título dado al heredero del trono francés), que gobernaba las dos terceras partes sureñas de las tierras francesas desde Bourges. Carlos era débil y tímido, e incapaz de azuzar a los franceses contra los ingleses, los cuales, en 1428, se habían desplazado hacia el sur y estaban sitiando la ciudad de Orleáns, para ganar acceso al valle del Loira. El monarca francés fue salvado inexplicablemente por una campesina francesa, Juana de Arco.

ANTECEDENTES DE LA BATALLA: Inglaterra iba a lanzarse a la conquista del reino de Francia. Ricardo II, llamado Ricardo de Burdeos, hijo del Príncipe Negro, había sucedido a su abuelo Eduardo III. A pesar del valor y la inteligencia del muchacho, su edad le impediría reinar en persona durante largos años. Después, había de dejarse ganar por su propensión al despotismo; abandonado de todos, arrojado en prisión, el rey veía cómo le sucedía su primo, Enrique de Lancaster, coronado con el nombre de Enrique IV.

El segundo soberano de esta dinastía será Enrique V, quien, con el deseo de ocupar en una guerra los ánimos turbulentos de sus compatriotas, reanudará la lucha contra Francia. El contraste entre el desgraciado Carlos VI y Enrique de Inglaterra es grande; éste era no sólo hombre de cuerpo sano y robusto, sino de «voluntad altiva», de espíritu realista y alma de soldado avezado a los combates desde su más tierna edad. A la anarquía, a la arrogancia francesa, el rey respondió: «Si los franceses han dormido demasiado, yo iré a despertarlos de madrugada».

El 2 de agosto de 1415, embarcaba en el «Trinity». Como su bisabuelo Eduardo, Enrique desembarcó en Normandía. Se apoderó de Honfleur, el gran arsenal, a pesar de la resistencia heroica de la ciudad. Los Armañacs habían llegado a reunir cerca de Ruán un ejército más numeroso que el de los invasores, a pesar de la ausencia de los elementos adictos a los borgoñones. Los ingleses, deseando evitar el mal tiempo en suelo enemigo, se retiraron hacia el norte, y el ejército francés partió, alocada y alegremente, en su persecución.

Enrique lo esperó a pie firme; escogiendo el lugar de combate y la hora del ataque, forzó a los caballeros franceses, encerrados en un espacio demasiado estrecho, a echar pie a tierra. Esta masa de hombres, embutida en sus armaduras, deslumbrada por el sol, fue acribillada por los lanceros y los arqueros británicos. La caballería armañac perdió diez mil de los suyos.

Sólidamente protegidos por sus armaduras, los caballeros franceses ponían su pundonor en combatir a caballo, dejando generalmente a la «gente de a pie» el cuidado de desembarazar un poco el campo. Arrojado a tierra, el caballero estaba considerado como perdido; sin la ayuda de uno o varios escuderos, le era imposible, teniendo en cuenta el peso de su armadura, volverse a colocar en su montura. Un contemporáneo podía decir que un «caballero en tierra se parecía mucho a un cangrejo

Las tropas francesas estaban en desventaja a causa de sus pesadas armaduras, lo estrecho del campo de batalla, el terreno embarrado debido a una fuerte lluvia y las fallidas tácticas de sus oficiales, especialmente al usar formaciones cerradas contra un enemigo móvil. Esta batalla se contará entre las más sangrientas de la Edad Media.



Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

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