La Lepra

Las Glandulas y Las Hormonas del Ser Humano Funcion

Las Glándulas de Secreción Interna
Función de las Hormonas del Ser Humano

Ver: Historia del escubrimiento de las Vitaminas

El cuerpo de los mamíferos —y por tanto el del hombre— posee ciertas glándulas, que se caracterizan por carecer de conducto excretorio Son las glándulas de secreción interna, es decir, las que vierten directamente sus productos en la sangre. Las materias elaboradas por tales glándulas son las hormonas. La circulación de la sangre se encarga de distribuir éstas por todo el organismo y pueden ejercer su influencia lejos del lugar en que han sido producidas.

No siempre ha resultado fácil identificar una glándula de secreción interna. El gran fisiólogo francés Claudio Bernard (1813-1878) debe ser considerado como el precursor de la endocrinología, especialmente por sus estudios sobre el páncreas, las glándulas del estómago y el hígado.

Los anatomistas de antes, que encontraban detrás del estómago un cuerpo de forma alargada, de 15 a 20 cm. de longitud y de 5 a 6 cm. de ancho, ignoraban, sin embargo, que se trataba de una glándula, y ni remotamente sospechaban su gran importancia. Pensaban que era un órgano compuesto únicamente de carne, y le dieron el nombre de páncreas (del griego pan, todo, total, y kreas, carne) .

corte interno del pancreas

Esta glándula está constituida por pequeños grupos de células glandulares, unidas por una complicada red al duodeno. El páncreas está representado arriba, a la derecha; debajo aparece un corte aumentado. El jugo que segregan las células glandulares desempeña un papel muy importante en la digestión.

El páncreas no está, sin embargo, constituido únicamente por células glandulares que trabajan en beneficio de la digestión. Posee también pequeños grupos de células, no relacionadas con el sistema de evacuación del jugo pancreático, los cuales se encuentran en medio del tejido glandular, como pequeñas islas: han sido denominados «islotes de  Langerhans».

En   contacto  con  numerosos vasos sanguíneos, estos islotes proporcionan a la sangre una secreción que regula el metabolismo de los azúcares. Un desfallecimiento del páncreas puede acarrear un mal funcionamiento de esos islotes y, como consecuencia, el aumento del porcentaje del azúcar en la sangre y su aparición en la orina.

Nos encontramos así en presencia de la diabetes. Luego de numerosas investigaciones, se pudo comprobar que la hormona producida por los islotes de Langerhans hacía disminuir la cantidad de azúcar en la sangre. Cuando se llegó a producir artificialmente la hormona del páncreas, llamada insulina, los diabéticos pudieron ser tratados eficazmente.

Esta hormona actúa en forma extremadamente rápida. La cantidad de azúcar en la sangre del diabético disminuye apenas unos minutos después de haber aplicado la inyección. Cuando la insulina está bien dosificada, los productos nocivos son eliminados de la sangre y de la orina, y gracias a ella hasta es posible salvar a un enfermo que ya ha perdido el conocimiento. Pero la acción de la insulina dura, por desgracia, poco tiempo, por lo cual es necesario administrarla regularmente para normalizar la cantidad de azúcar en la sangre.

Sanger Federico Insulina Premio Nobel

Premio Nobel de Química , doctor Federico Sanger

El 10 de diciembre de 1958, el premio Nobel de Química fue otorgado al doctor Federico Sanger, el cuarto sabio cuyos trabajos sobre la insulina han sido recompensados. A él corresponde el mérito de haber descubierto la composición completa de la molécula de insulina.

De los 24 ácidos animados que se conocen, 17 han sido encontrados en la molécula de la insulina. No es difícil comprender entonces que las combinaciones pueden ser numerosas en el interior de esta molécula. Es de extrema importancia conocer su composición molecular exacta, porque este conocimiento permitirá profundizar la acción de la hormona. El descubrimiento del doctor Sanger abre igualmente el camino a una eventual fabricación sintética de la insulina.

Las Hormonas
Las hormonas son cuerpos muy importantes y la ciencia admite que todavía se sabe muy poco de ellas. El estudio de las hormonas está aún en sus comienzos; pero lo que se ha descubierto ya abre un nuevo horizonte respecto a fenómenos que todavía no han podido ser aclarados. No se han hallado hormonas solamente en el cuerpo humano, sino también en el de los vertebrados y aun en los invertebrados y en las plantas.

Los gigantes y los enanos tienen un gran papel en las leyendas y en los cuentos. La razón no debe ser buscada más que en el hecho de que en todos los tiempos los seres humanos se han distinguido unos de los otros por la talla anormalmente grande o pequeña. El relato más clásico es el de Gulliver y los liliputienses, del inglés Swift. En la actualidad tenemos buenas razones para creer que la actividad exagerada o insuficiente de ciertas glándulas de secreción interna determina alteraciones en la talla de los seres humanos. El misterioso mecanismo que preside esta alquimia no ha podido ser explicado aún.

Se comprueba casi siempre que los hijos son más altos que los padres —esto dicho en forma general—. Tal diferencia se atribuye al mejoramiento constante de las condiciones de vida. Esta evolución ocurre desde hace mucho tiempo y nos damos cuenta de ello al visitar un museo de arte antiguo.Las armaduras de la Edad Media no convienen ya a un hombre de talla mediana de nuestra época; las corazas de los caballeros son demasiado pequeñas para el hombre actual.

En la complexión general de los hombres se distinguen varios tipos bien diferenciados, entre ellos el leptosoma (A), el pícnico (B) y el atlético (C). Se sabe que los factores hereditarios tienen una gran importancia; a pesar de ello no se puede ignorar la acción de las hormonas.

tipos de cuerpos: leptosoma, atletico y picnico

No se sabe gran cosa aún de la función de las hormonas en los invertebrados, aunque no se ignora que la renovación de la piel y la metamorfosis de los insectos están reguladas por ellas, según lo han demostrado experiencias realizadas. Una chinche de los bosques decapitada puede vivir durante muchos meses todavía, pero su piel no se renueva más; en cambio, si se introduce sangre de un ejemplar no decapitado en el cuerpo del primer insecto, el cambio de la piel comienza a efectuarse.

Hay, pues, una hormona determinada que se segrega en la cabeza. Si se oprime el cuerpo de una oruga por medio de un hilo, unos días antes de su metamorfosis en crisálida, cuidando que la sangre de la parte anterior no pueda alcanzar la posterior, observaremos que la metamorfosis es incompleta. Únicamente la parte anterior se ha convertido en crisálida, mientras la posterior sigue siendo oruga.

Una hormona de metamorfosis debe ser segregada, pues, en la cabeza de la oruga. Más aún, se ha descubierto la pequeña glándula hormonal. Si una parte de esta glándula se trasplanta  a la parte posterior de la oruga ésta se metamorfosea, a su vez, a pesar de la ligadura.

Desde 1948 se sabe con certeza que existen fitohormonas u hormonas vegetales, llamadas también substancias de crecimiento. En lugares determinados de la planta se desarrollan estas substancias que influyen sobre la vegetación de ciertas partes de la misma, hacen que se abran las flores y regulan, además, un cierto número de funciones vitales. Esto ha abierto nuevos horizontes a la ciencia. Esas hormonas vegetales han dado, por otra parte, la posibilidad de realizar interesantes experiencias.

Una substancia venenosa, extraída del cólquico o villorita (Colchicum autumnale) ha permitido modificar de tal manera los factores hereditarios de los conejos, que éstos han crecido considerablemente, llegando a ser tres veces más grandes que sus congéneres. Pero es obvio que no se pueden obtener resultados prácticos inmediatos de este descubrimiento. Los conejos gigantes de la experiencia se volvieron estériles.

Las Hormonas en el Ser Humano
Las glándulas de secreción interna forman un sistema separado, que se relaciona con el neuro-vegetativo. Veamos algunas glándulas de secreción interna del hombre y sus respectivas funciones.

La epífisis o glándula pineal (1), se encuentra en la parte-posterior del cerebro y pesa alrededor de 0,15 g. No se conocen todavía todas las particularidades de la hormona de esta glándula. Se supone que ejerce una influencia considerable en el crecimiento y en el desarrollo sexual y se sabe que regula el funcionamiento de las glándulas intersticiales. La hipófisis o glándula pituitaria (2), se halla en la base del cráneo y está unida al cerebro.

Tiene el tamaño de un guisante y pesa alrededor de 0,5 % g. Segrega un producto muy complejo, del cual se conocen una decena de hormonas, y actúa sobre el desarrollo general del individuo. La glándula tiroides (4) se encuentra a la altura de la nuez de Adán, delante de la laringe, y se compone de dos pequeños lóbulos simétricos.

glandulas del ser humano

La hormona de esta glándula, la tiroidina, es muy rica en yodo y desempeña un papel capital en el metabolismo. Si esta hormona es muy abundante, nos encontramos a menudo en presencia de la enfermedad de Basedow (bocio exoftálmico), que se caracteriza por una hipertrofia del tiroides, pulso acelerado, ojos desorbitados, aumento del metabolismo basal, adelgazamiento, caída de los cabellos y transpiración abundante. Si la secreción es insuficiente, el metabolismo basal baja, al igual que la temperatura del cuerpo, el pulso disminuye, la piel se reseca y hay una marcada tendencia a la obesidad.

Un desarreglo congénito de las funciones de la glándula tiroides puede ser causa del enanismo o cretinismo. Las paratiroides son pequeñas glándulas —cuatro comúnmente— que se encuentran a la derecha y a la izquierda por detrás del tiroides (3).

La hormona que segregan regula la calcificación de los huesos y el contenido de fósforo en la sangre. El timo (5) es una glándula situada al nivel de la parte superior del esternón. Existe exclusivamente en los individuos jóvenes, puesto que funciona sólo en el primer período de la vida.

Luego de la adolescencia la glándula es únicamente una simple excrecencia grasosa. No se han podido descubrir todavía las hormonas particulares que segrega el timo; pero es evidente que éste ejerce una poderosa influencia en el crecimiento y en la nutrición general del organismo: asimilación de los hidratos de carbono, calcificación de los huesos.

Una secreción insuficiente puede provocar trastornos del crecimiento y fragilidad de los huesos. Una demasiado abundante puede ser causa de debilidad muscular o de vegetaciones del tejido linfático. El páncreas (6) es de fundamental importancia para la utilización de los azúcares.

Las cápsulas suprarrenales se encuentran a la izquierda y a la derecha del polo superior de los ríñones (7). En un individuo normal, con buena salud, el peso de esas glándulas va de 5 a 10 g. Distinguimos en ellas la medula y la corteza y ambas segregan hormonas. En la actualidad ya han sido descubiertas alrededor de treinta substancias diferentes en la corteza. Químicamente parecen estar relacionadas con las hormonas sexuales. Una secreción muy abundante puede ser la causa de una madurez sexual precoz o de un sistema piloso demasiado extendido.

Una producción insuficiente puede acarrear debilitamiento muscular, baja presión, desecamiento y trastornos graves del estómago y de los intestinos. La medula de las cápsulas suprarrenales segrega la adrenalina, que aumenta la presión sanguínea, actuando sobre los nervios vasodilatadores y vasoconstrictores. Una producción demasiado abundante de adrenalina puede ocasionar presión arterial elevada, pulso acelerado y aumento del metabolismo basal.

La adrenalina condiciona, igualmente, los cambios bruscos de humor. Las glándulas intersticiales, independientes de las glándulas sexuales  segregan hormonas que son responsables de los caracteres sexuales secundarios.

Fuente Consultada:Las Maravillas de la Vida Tomo VI Globerama Edit. CODEX – Las Hormonas-

Causas de Muerte en el Mundo en el Siglo XX

Causas de Muerte en el Mundo en el Siglo XX

ESTADÍSTICAS HASTA EL AÑO 1965

El nivel de vida y las condiciones ambientales influyen decisivamente en la causa de la muerte de los hombres. En un reciente informe epidemiológico de la Organización Mundial de la Salud, que resume la crónica de ésta, se exponen las causas de defunción en los países de alto nivel de vida y en los de desarrollo medio y subdesarrollados.

Respecto al primer grupo, se han recogido datos estadísticos de Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Hungría, Irlanda, Italia, Noruega, Nueva Zelandia, Países Bajos, Portugal, Reino Unido, República Federal Alemana, Suecia y Suiza.

En este grupo de países se encuentra que, en el año 1951, el 73 % de todas las defunciones fue secuela de cinco causas: 1°) cardiopatías; 2°) cáncer; 3°) lesiones vasculares relacionadas con el sistema nervioso central; 49) accidentes, y 5′) gripe y neumonía.

En años posteriores, hasta 1961, se mantienen, con ligeras variaciones, estas causas de defunción. Las enfermedades del corazón, que constituyen el problema más acuciante con que se enfrenta la medicina’ de los países desarrollados, producen unas 300 muertes por cada 100.000 habitantes; por tumores malignos mueren 175 personas; las lesiones vasculares originan unas 140 víctimas; los accidentes, 50; la gripe y la neumonía, 40.

En el grupo de personas con edad de 65 años en adelante son particularmente importantes las cardiopatías, cuya tasa media es 2.084 defunciones por cada 100.000 habitantes. También en este grupo de personas de edad avanzada se agudizan los casos de muerte por cáncer, por lesiones vasculares, por accidentes, y por gripe y neumonía. Sin embargo, si se considera sólo a los niños de 1 a 4 años, la causa principal de muerte la constituyen los accidentes y, a continuación, la gripe y la neumonía.

El panorama es bastante distinto en los países medianamente desarrollados y en los subdesarrollados. En los datos recogidos de Ceilán, Colombia, Costa Rica, Chile, Guatemala, Israel, Japón, Islas Mauricio, México, Panamá, República Árabe Unida y Trinidad – Tobago, se encuentra que las cinco causas principales de defunción son las siguientes: 1°) gastroenteritis; 2°) gripe y neumonía; 3°) cardiopatías; 4°) cáncer, y 5°) accidentes.

Todas estas enfermedades abarcan el 30 %, aproximadamente, de los óbitos, cifra que, al compararla con la de los países desarrollados, señala que en estos últimos las causas de muerte están mucho más definidas. Respecto a las gastroenteritis, el grupo de menos edad y el de más edad son los más afectados por estas enfermedades, que ocasionaron, entre los niños de 1 a 4 años, la mortalidad media más elevada por cualquier causa, y tuvo por consecuencia e! 20 % de todas las defunciones.

Las tasas de mortalidad por cardiopatías aumentaron, desde el año 1954 al de 1960, en Israel, Japón, Islas Mauricio y República Árabe Unida, lo que quizás indique que sus condiciones ambientales van acercándose a las de los países desarrollados y, en consecuencia, que su nivel de vida aumenta.

Aunque la tuberculosis no se encuentra entre las cinco causas primeras de defunción en los países subdesarrollados, hay que destacar todavía su importancia, ya que es, precisamente, la sexta, a continuación de los accidentes; en el grupo de edad de 15-44 años supone un 7 % de todas las defunciones, y arroja una tasa media de mortalidad de 26 por cada 100.000 habitantes.

En resumen, el estudio de los países de América del Norte Europa y Oceanía muestra que las cardiopatías y las neoplasias malignas (cáncer) son las causas principales de defunción. En América Central y del Sur, estas enfermedaces, aunque fueron adquiriendo importancia en 1960, todavía son sobrepasadas por la gastroenteritis.

tabla muerte en el mundo

tabla muertes en el mundo siglo xx

Mapa de las Causas de Muertes en el Mundo en el siglo XX

Muestra cuáles fueron las principales causas de muerte a lo largo del siglo XX y los resultados son sorprendentes.
La principal causa de muerte en el siglo XX fueron las “enfermedades no contagiosas”, es decir, dolencias cardiovasculares (ataques al corazón, ictus…), pulmonares o mentales.

causa muerte en el mundo

Fuente Consultada:
TECNIRAMA – Enciclopedia de la Ciencia y la Tecnología N°88

Fiebre Aviar (Virus H5N1) y La Vaca Loca Gripe Aviar Contagio

Fiebre Aviary La Vaca Loca Gripe Aviar Contagio

Pestes como el sida, la gripe aviar y la tuberculosis, siguen cobrando miles de víctimas en todo el mundo. Pese a los esfuerzos por combatirlas, sus efectos implacables parecen no detenerse.

gripe aviarvaca loca

La cifra de US$60.000 millones, aprobada en junio de 2007 por los países del G-8, para la lucha contra pandemias como el sida, la tuberculosis y el paludismo, que azotan a África, indica que estos flagelos siguen cobrando miles de víctimas y que, pese a los esfuerzos adelantados por las autoridades sanitarias en el mundo, todavía persisten enfermedades que crecen incontroladamente. No hay que olvidar que en los últimos años se ha enfrentado otra amenaza quizá peor: la gripe aviar.

Otros datos no menos alentadores estiman que en el transcurso de la generación (1983-2003), han aparecido por lo menos treinta nuevas enfermedades infecciosas y algunas, que se creían erradicadas, tienden a resurgir. Estudiosos precisan que las grandes aglomeraciones urbanas, la incontrolada deforestación, la convivencia con todo tipo de animalesy los insanos hábitos sexuales, han contribuido a que esto ocurra.

Un 90% de las enfermedades infecciosas que se producen en el tercer mundo (14 millones de muertes al año) son derivadas de la extrema pobreza, la mala nutrición, la falta de higiene y la falta de colaboración y solidaridad, muchas veces, de las naciones ricas. Hace tres años hubo alarma porque investigaciones indicaron que la peste negra, que en la Edad Media mató a 23 millones de personas, podría despertar.

Los científicos anotaron que la pandemia no fue causada por la extinta peste bubónica sino por otro virus. Qlobalmente, la enfermedad aún afecta entre 1.000 y 3.000 personas al año. Factores como la globalización y los movimientos de población hacen inevitable la propagación de este tipo de flagelos, como sucedió con el reciente brote del Síndrome Respiratorio Agudo Severo (Sras).

LA GRIPE AVIAR: La gripe aviar es una enfermedad infecciosa, causada por cepas A (conjunto de individuos de la misma especie en una colonia o cultivo). Altamente patógena, se ha convertido en una de las más graves epidemias fronterizas con repercusiones en la economía de las naciones afectadas. Uno de los países donde más casos se han detectado es Vietnam.

La emergencia por esta epidemia comenzó en diciembre de 2003, cuando fueron atacadas millares de aves de corral en una granja de Seúl, Corea del Sur. La peste se propagó a Camboya, China, Indonesia, Japón, República Democrática de Lao, Tailandia y Vietnam. La alarma se mantiene, ya que el peligro es latente para la humanidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que, de no hallar una solución, este virus podría ocasionar la muerte de 150 millones de personas.

A finales de julio de 2007, un grupo de científicos de la Universidad de Colorado (EE. UU.) creó un chip capaz de identificar una mutación del virus de la gripe aviar en sólo 11 horas, Flu o Chip de la Gripe (tiene 15 subtipos, siendo la H5N1 la más preocupante porque muta rápidamente). El pequeño aparato podrá configurarse para detectar la clase de virus de todas las clases de gripe existentes. Hasta la fecha ha sido probado en tres tipos de gripes como el de la gripe aviar (conocida como cepa H5N1). El chip ha acertado en un 90%. La ¡dea principal es detectar si la gripe aviar muta y comienza a ser contagiosa de humano a humano.

A finales de 2005, tras propagarse en Asia, llegó a Rumania, Turquía, Grecia e Italia. En 2006, se confirmaron casos en Alemania, Austria, Hungría y Francia. Esto hizo que, en 2006, y por primera vez en 30 años, gigantes farmacéuticos como Sanofi, Novartis, Glaxo y Merck, comenzaran a invertir millonadas sumas para el desarrollo de vacunas.

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El mal de las «vacas locas»

Desde mediados de la década de los ochenta del siglo XX, el territorio europeo es escenario de una catástrofe de dimensiones aún por definir, que afecta sobre todo al ganado vacuno. La encefalopatía espongiforme bovina (EEB) se ha propagado vertiginosamente.

En Inglaterra, país más afectado, se han tenido que sacrificar decenas de miles de cabezas. España, Francia y Alemania han dado ya la voz de alarma al detectar nuevos casos en sus territorios. La mayor gravedad radica en que es una enfermedad transmisible al hombre a través de la ingestión de tejidos infectados (óseos o carnicos). En la Unión Europea se está manifestando una situación de creciente preocupación al confirmarse la aparición de casos de la variante humana de la encefalopatía espongiforme bovina, la enfermedad de Creutzfeld-Jacob.

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La Higiene en la Alimentacion El Cuidado de la Salud Personal

La Higiene en la Alimentación
El Cuidado de la Salud Personal

la higiene en el pasado

Imagen de 1870 cuando anciana en Venecia despioja a una joven que vivían a sus anchas en ropas y cabellos.

  Las Pestes en la Historia
  La Medicina en Grecia y Roma
  Vivir en la Edad Media
  Malas Noticias en el Mundo

LA HIGIENE DE LA ALIMENTACIÓN.
Toda persona en condiciones normales suele orientarse por sí misma, sea por el apetito, sea por la costumbre, hacia una dieta conveniente para su salud. De todos modos, hoy se cometen en el campo de la alimentación muchos abusos, los cuales pueden desembocar en diversos trastornos del organismo.

La nutrición de un hombre normal será suficiente si toma al día un litro de leche, una ensalada y dos platos complementarios de verduras tiernas, un plato de carne y dos huevos, a lo cual puede añadirse pan, mantequilla y fruta.

La dieta vegetariana pura contiene únicamente verduras y frutas, y si no se le adicionan otros alimentos, prácticamente no puede proporcionar una nutrición suficiente, puesto que el intestino humano no está acondicionado para contener la cantidad de alimentos que serían necesarios para un régimen a base de verduras solamente. La dieta lactoovo-vegetariana, constituida por leche, huevos y verduras, es más normal y con ella no se sobrecarga el tubo digestivo y, en cambio, se proporcionan al organismo suficientes calorías.

Es importante mantenerse en un término medio, pues la ingestión de carne no envilece, como creen algunas personas, sino que constituye un medio normal de adquirir proteínas y otras sustancias de tipo vitamínico, pero no debe abusarse de comidas muy sobrecargagas de proteínas y grasas, defecto muy extendido entre las clases sociales pudientes, pues ello ocasiona no pocos trastornos, como la arteriesclerosis, la obesidad, lesiones cardíacas, etc. La alimentación será, pues, sencilla, proporcionada, con suficiente, pero no excesiva, cantidad de proteínas y con un claro predominio de alimentos frescos y naturales (frutas, verduras, etc.).

La leche de vaca posee la mayoría de los elementos nutritivos necesarios: proteínas, azúcar, grasas, sales minerales, etc. La calidad de proteínas que contiene es parecida a la de las carnes y muy superior a la de las gramíneas y verduras. El azúcar de la leche se denomina lactosa e interviene activamente en el proceso de la agnación de la leche, pues fermenta y da lugar a ácido láctico.

La grasa de la leche contiene gran cantidad de vitamina A. Entre sus sales, la más abundante es el calcio. También es rica en vitaminas B, E y D. La leche es el alimento más fácilmente digerible, puesto que se aprovecha con suma facilidad todo su contenido. Entre los productos lácteos destacan por su gran poder alimenticio la mantequilla y el queso.

La carne es muy rica en proteínas, mientras que su contenido en grasa varía según su naturaleza. Posee escasas vitaminas, aunque el valor alimenticio de algunos productos animales (hígado, por ejemplo) es bastante elevado. El inconveniente que presenta la ingestión de carnes son sus residuos, ya que a veces cuestan de eliminar y predisponen para diversas enfermedades. En la dieta normal no debe incluirse un plato de carne y pescado en la misma comida.

El pescado no difiere en cuanto a su valor nutritivo de las carnes en general, pero se ha de prestar gran atención a su conservación, pues se deteriora con facilidad.

Los huevos poseen gran valor nutritivo. Sus proteínas son de excepcional calidad y su grasa se asimila por el organismo con suma facilidad. Contienen vitaminas en cantidad apreciable y diversos minerales (calcio, fósforo, hierro). Después de la leche, el huevo es el mejor alimento para un organismo en crecimiento.

El trigo contiene almidón, proteínas, vitaminas y minerales en abundancia. La harina corriente obtenida a partir del mismo, a pesar de habérsele separado gran parte del salvado, retiene muchas de sus sustancias nutritivas. El centeno es parecido en su composición al trigo, pero el pan que se obtiene con él, resulta más oscuro. La cebada suele utilizarse para ser añadida a la sopa, papillas, etc.

El maíz se emplea sobre todo en la nutrición del ganado, pero también constituye un buen alimento para el hombre. Contiene más grasa que otros granos. La avena posee también mucha grasa y se emplea, principalmente, para los desayunos. Es laxante. El arroz es el alimento básico de diversos pueblos orientales.

El contenido en azúcares de las gramíneas es casi constante. Sus proteínas no son de gran calidad y suelen carecer de algún que otro elemento imprescindible para la dieta del hombre.

Entre los azúcares, el que corrientemente se consume es la sacarosa, que se desdobla en el organismo en dos partes: glucosa y levulosa. La primera es la que se asimila. Hay muchas sustancias alimenticias que contienen gran cantidad de azúcar: jarabes, miel, frutas en conserva, mermeladas, compota, jaleas, confituras, etc.

El azúcar se asimila con facilidad y ofrece al organismo los hidratos de carbono en forma pura, produce una rápida recuperación de energías y es conocido el hecho de que muchos individuos sometidos a intensas pruebas físicas (deportistas, etc.) resisten mejor si toman azúcar durante las mismas. Otra gran ventaja de este alimento es la sensación de saciedad que proporciona.

Es útil que las personas sometidas a dietas de adelgazamiento o escasas por cualquier otra razón, tomen siempre un postre azucarado, ya que con ello queda satisfecho su apetito. No hay que abusar, por otra parte, de este alimento, puesto que, ingerido en gran cantidad, puede producir una irritación del tubo digestivo, así como coadyuvar a la obesidad.

Las verduras son muy útiles por su gran contenido en vitaminas, minerales (hierro), pero carecen casi por completo de valor calórico, Sirven, además, para regularizar el régimen intestinal, pues la gran cantidad de residuos (sobre todo celulosa), favorece la marcha de las deposiciones. Su cocción destruye muchas de sus vitaminas.

La tuberculosis en Argentina Historia de las Epidemia en Buenos Aires

Historia de La Tuberculosis en Argentina

HISTORIA DE LA TUBERCULOSIS EN ARGENTINA:  Desde fines del siglo XIX hasta la terminación de la Segunda Guerra Mundial, a medida que se esfumaban en el recuerdo las aterradoras epidemias de fiebre amarilla, cólera y viruela, pasaron al centro de la escena sanitarias otras enfermedades. No aparecían por espectaculares estallidos. Eran endémicas. Esto significa que estaban uno y otro mes y año tras año presentes. Sin dar tregua. Segaron cientos de miles de vidas jóvenes. En forma solapada, sin hecatombes catastróficas.

Por esto mismo no provocaban terror, sino un definido temor. Un blanco temor, valga la expresión, si se piensa que la más difundida de entre ellas, la tuberculosis, fue conocida mucho tiempo como la muerte blanca. Puede afirmarse con poco margen de error que ninguna otra enfermedad ha matado tantos seres en la historia de la humanidad, como la tuberculosis.

Es producida por el bacilo de Koch, microbio del que existen dos variedades, la humana y la bovina. La variedad humana ataca generalmente los pulmones, en tanto el bacilo vacuno se localiza en huesos, articulaciones y ganglios.

control de tuberculosisEl bacilo bovino está en la leche cruda de vacas tuberculosas. En nuestro país la tuberculosis bovina es frecuente. Hay dos procedimientos para terminar con las invalideces (deformaciones de columna, rengueras) provocadas por esta forma de tuberculosis. Sacrificar al ganado tuberculoso, método caro.

O bien hervir la leche de vaca, alternativa barata. Hasta 1950 la tuberculosis ocupaba el primer o segundo lugar como causa de muerte en prácticamente todos los países del mundo. Su solo nombre inspiraba profundo temor. Ni hablar de su siniestro seudónimo, tisis, que etimológicamente significa consunción.

Uno y otro, nombre y seudónimo, tenían además connotaciones peyorativas de implicancias clasistas. Tuberculoso y tísico, como sustantivos genéricos, se usaban como insultos. Porque tanto el pueblo como sesudos tratadistas asociaban —y asocian aun— la tuberculosis con la miseria. Este hecho psicosocial, así como la inevitable segregación que imponían las características de la enfermedad, hacían de la tuberculosis una enfermedad inconfesable, o poco menos.

Tiene capital importancia desvirtuar el equívoco. En ninguna época las clases acomodadas fueron inmunes a la tuberculosis. Esta es, antes que nada y mal que les pese a muchos sociólogos candorosos, una enfermedad transmisible. Ocasionada por un microbio para el que es susceptible todo el género humano, sin excepciones.

Que antes o ahora el número de enfermos observado entre el pobrerío fuera treinta o veinte veces mayor que el encontrado en estratos sociales más altos, no demuestra nada. Es decir, demuestra algo totalmente distinto a lo que siempre se dio por demostrado.

Traduce con elocuencia que el estrato social que disfruta de la mitad o más del producto nacional constituye numéricamente, según los tiempos, de un 3 a un 5 % del total de la población.

Las diferencias selectivas entre las clases sociales se daban en un campo distinto al de la susceptibilidad al bacilo.

Se observaba en lo que hacía a la difusión de la enfermedad y las posibilidades de un diagnóstico y un tratamiento oportunos. La probabilidad de contagió, dada la forma en que la afección se transmite, es mucho mayor cuando una familia de ocho miembros vive en uno o dos cuartuchos. Es altamente probable que se contagien todos, sin excepción.

Lo contrario ocurre si en un núcleo familiar se cuenta con dos cuartos, término medio —o uno— por cada conviviente.

La medicina de buena calidad ha sido y es un lujo. Estuvo y está reservada para quienes tengan no solo medios materiales sirio también un nivel de instrucción que les permita obtenerla. En el marco de los precarios recursos terapéuticos de la época, las posibilidades de supervivencia dependían más del diagnóstico temprano que de ninguna otra variable. El tratamiento, por !o demás, tenía por base el reposo.

Es obviamente claro que los menesterosos, los obreros no calificados con corto salario y larga prole, carecían de conocimientos y recursos para salir en busca del diagnóstico oportuno y no podían permitirse otro reposo que el de la muerte. De manera que ahí radicaba la real diferencia.

Con iguales posibilidades de enfermar, la mortalidad era más alta en los sectores de menores ingresos. La explicación radica en las diferentes condiciones de vivienda, instrucción, alimentación e ingresos. Piénsese en las consecuencias negativas de las actitudes más arriba expuestas.

Desde el punto de vista de la educación sanitaria la lucha antituberculosa en las primeras décadas de este siglo se centró en: «la tuberculosis puede ser curable si se diagnostica a tiempo». Mal podrían requerir ese diagnóstico oportuno los convencidos que esa enfermedad no acaecía a «gente como uno».

Y menos aun aquellos para quienes la tuberculosis era un baldón que hacía más negra su miseria. El tratamiento en los albores del siglo XX se asentaba en el trípode que constituían reposo, aumentación y clima.

El reposo era absoluto. En cama, al principio. En raposeras si se advertía mejoría. En los enfermos que curaban, el retorno a la actividad anterior a la enfermedad se hacía muy gradualmente. En ocasiones, en granjas y talleres para convalecientes se les readaptaba para tareas más, livianas que su ocupación anterior.

La alimentación tendía más a eventuales engordes que a cubrir racionalmente las necesidades vitales. Se sobrealimentaba, se cebaba a los enfermos en procura de aumentos de peso. Se preconizaban «alimentos» de mágicas propiedades reconstituyentes, como el jugo de carne. Este, en rigor, carece prácticamente de proteínas y su valor en calorías es ínfimo.

En materia de curas climáticas, se daba preferencia a la alta montaña y al mar para la atención de las tuberculosis de huesos, articulaciones y ganglios. Estas formas, ocasionadas por el bacilo bovino, curaban a costa de algún grado de invalidez motora —si estaban afectadas cadera o rodilla— y antiestéticas cicatrices cutáneas que sucedían a las supuraciones ganglionares. los fundamentos científicos eran: aire libre de polvos e impurezas e irradiación solar rica en rayos ultravioletas.

Para las localizaciones pulmonares se consideraban más indicados los aires mas serrano o de llanura. Funcionan todavía hoy el complejo senatorial oficial del Valle de Punilla, en Córdoba, y el sanatorio de Llanura Vicente López y Planes en Gral. Rodríguez, provincia de Buenos Aires. Los hospitales y sanatorios de cualquier tipo y ubicación geográfica perseguían, amén del tratamiento del enfermo, un objetivo epidemiológico.

Proveían la necesaria separación del enfermo de su medio familiar y laboral, para impedir que sembrase el contagio a su alrededor. Durante muchos años la meta inalcanzable de salud pública era habilitar el número de camas que permitiese tratar a todos los tuberculosos hospitalizándolos.

En el rubro medicamentos, se utilizaba una extensa variedad, de entre la que no había uno solo que tuviese real acción sobre el bacilo. La mortalidad era elevadísima. Morían niños, adolescentes y jóvenes, sobre todo. Algunas formas clínicas —la bronconeumónica, por ejemplo— y alguna localización —la meníngea— eran invariablemente mortales. Hasta las vecindades de 1950 no se conocía en el mundo un solo caso de meningitis .tuberculosa que hubiese curado o, meramente, sobrevivido.
Muchas mujeres jóvenes con tuberculosis a veces no muy avanzadas morían como consecuencia de la agravación que sufrían por efectos del embarazo y del parto. Una acción de la medicina de ayer era que la tuberculosa no debía casarse.

Si lo hacía, no debía embarazarse. Y si se embarazaba, debía interrumpirse ese embarazo. Si la infortunada daba a luz, el niño era separado de inmediato de la madre. Lo corriente era que la separación temprana ocasionase la muerte de la criatura, en tanto la madre también sucumbía.
Se moría por consunción o hemorragia, alternativamente. La tisis afilaba siniestramente los rasgos faciales del enfermo y reducía su tronco y miembros a una osamenta cubierta por un fláccido pellejo blanco amarillento.

Los vómitos de sangre, que a veces empeoraban un enfermo y otras terminaban con él, creaban en los sanatorios una angustiosa expectativa en cuanto la primavera sé reanunciaba. Era cosa sabida, todo tuberculoso hospitalizado lo sabía, que las temibles hemoptisis —término médico que designa al vómito de sangre proveniente del aparato respiratorio— arreciaban en primavera,

E! enfermo ingresaba al hospital convencido de tener muy pocas posibilidades de salir con vida. El pesimismo fatalista, la decepción y el descontento con respecto a la terapéutica, creaban un clima propicio para anhelar soluciones mágicas. Periódicamente surgía algún charlatán que pregonaba las excelencias de tal o cual recurso curativo milagroso. De inmediato se suscitaban verdaderos motines hospitalarios para exigir ser tratados con la panacea de turno.

El derecho a la esperanza era defendido fieramente, tanto más cuanto que los autoungidos genios se exhibían invariablemente en un papel de perseguidos por la camarilla académica y .de esforzados cruzados en lucha contra el statu quo. El último de estos falsos profetas en nuestro país, fue un tal Jesús Pueyo, que en los primeros años de la década del 40 anunció haber encontrado una vacuna curativa de la tuberculosis.

La circunstancia de haberse desempeñado durante años como peón en la cátedra de Bacteriología de la Facultad de Medicina de Buenos Aires, le dio —en la mentalidad popular— aires de verosimilitud a su afirmación.

Medió, además, una formidable campaña de promoción periodística, realizada por un vespertino muy popular entonces.

El resultado puede imaginarse. Los hospitales fisiológicos se convirtieron en verdaderos pandemonios. El clima de rebelión y la enloquecida euforia iban de la mano, en un crescendo alimentado por las presuntas curaciones que el diario —en cuyo local se inyectaba la vacuna— publicaba día por día. Después, muchos meses después, llegaron la decepción y el rencoroso silencio. La pretendida vacuna no había sido sino un espejismo más.

tuberculosis en argentina

Tuberculosis: Una Enfermedad Curable

Fuente Consultada: La Salud Pública – Historia Popular Cuaderno N°:82 Antonio Bellore

Tuberculosis Causas, Prevencion y Tratamiento de la Tuberculosis

Tuberculosis Causas, Prevención y Tratamiento de la Tuberculosis

La tuberculosis es una enfermedad infecciosa producida por una microbacteria del complejo Mycobacterium: M. tuberculosis (conocido con el nombre de bacilo de Koch, en honor a su descubridor, Roberto Koch). La tuberculosis afecta por lo general a los pulmones, pero de ahí puede diseminarse por la vía hemática o linfática a otras partes del organismo, como el sistema nervioso central, los riñones o la columna vertebral. Las personas infectadas por el VIH están en mayor riesgo de sufrir una reactivación de la infección latente, debido a la depresión de su sistema inmunitario.

En 1996, una serie de informes publicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y por el Worldwatch Institute dio a conocer una triste noticia: varias enfermedades que parecían erradicadas, o cuando menos bajo control, habían reaparecido con mayor virulencia. Entre éstas, una de las más preocupantes es la tuberculosis (TBC), una enfermedad infecciosa producida por el bacilo Mycobacterium tuberculosis.

En 1882, el microbiólogo alemán Robert Koch (1843-1910) descubrió el agente causal, por lo que también se lo conoce como bacilo de Koch.

La TBC constituyó un grave problema para la salud mundial. Se estima que en Europa, durante el siglo XIX, una de cada diez muertes eran provocadas por esta afección.

Actualmente, la tuberculosis (TBC) es una enfermedad que afecta a más de la tercera parte de la población del mundo y, de acuerdo con estudios realizados por la OMS (Organización Mundial de la Salud), lamentablemente se previó que en esta última década del siglo XX ha quitado la vida a alrededor de 30 millones de personas en los países en vías de desarrollo.

Robert Koch identificó el bacilo causante de la tuberculosis, lo que le valió el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1905.

Para tener en cuenta: el bacilo de la tuberculosis es de fácil transmisión por el aire. En promedio, una persona contagiada puede infectar entre diez y quince individuos.

Las principales manifestaciones de la tuberculosis son la debilidad general, cansancio rápido y fácil, disminución o falta absoluta de apetito, adelgazamiento, palidez y, sobre todo, pequeñas elevaciones de la temperatura, las temidas décimas de fiebre que se presentan a última hora de la tarde.

También la tos pone sobre aviso. Ante catarros muy frecuentes o cualquier infección respiratoria «leve» que se prolongue en demasía, sobre todo en los casos en que no se alivie del todo la tos, es necesario practicar un examen de los pulmones por rayos X, para descartar la posibilidad de que se trate de una tuberculosis.

La expulsión de sangre con el esputo, es decir, la hemoptisis, exigirá un examen inmediato. Para averiguar si un enfermo padece tuberculosis pulmonar, disponemos de diversos medios muy eficaces. Uno es el examen del esputo por el microscopio para descubrir, en ocasiones, la presencia de los bacilos de Koch.

Otro se practica inyectando en la piel una cantidad pequeñísima de un producto que se obtiene de los bacilos (llamado tuberculina). Al cabo de una hora se observa un enrojecimiento en el lugar de dicha inyección, es decir, una especie de inflamación que nos indica si el individuo estudiado dispone de defensas movilizadas durante infecciones previas y tiene el organismo preparado para el ataque por dicho bacilo.

A veces, por el contrario, dicho enrojecimiento no se presenta, de los cual deducimos que la persona en cuestión todavía no ha sido puesta en contacto con el bacilo, o bien que está desprovista de defensas contra él. Finalmente, la reacción cutánea puede ser muy exagerada, lo cual denota que el individuo posee una sensibilidad excesiva frente al microbio. (este método no es muy seguro)

El diagnóstico más seguro se realiza hoy mediante el examen por rayos X. Los territorios inflamados originan una serie de sombras en los lugares donde normalmente tendría que observarse una claridad muy intensa, debida al contenido de gran cantidad de aire en el interior de los alvéolos que apenas resaltan en la imagen radiográfica. La presencia de estas sombras anormales orienta hacia la existencia de una alteración pulmonar localizada en dicho lugar.

MODO DE TRANSMISIÓN
La tuberculosis se transmite por la exposición al bacilo tuberculoso, normalmente al entrar en contacto con las secreciones respiratorias que despiden las personas con tuberculosis pulmonar o de otras partes del árbol respiratorio, cuando tosen, cantan o estornudan.

Una persona que respira el aire en que se encuentran suspendidas secreciones respiratorias infectadas puede contagiarse, pero para ello es necesario que la exposición a un caso infeccioso sea cercana y prolongada, o repetida. En algunos casos, el bacilo infectante puede invadir las mucosas o penetrar por heridas en la piel. (imagen: gentileza www.juntadeandalucia.es)

Ciclo de la tuberculosis
Los bacilos de Koch presentan una alta tolerancia al ácido y al alcohol, por lo que se conocen como bacilos ácido-alcohol resistentes (BAAIR). Penetran por las vías respiratorias y se alojan rápidamente en los tejidos pulmonares, donde producen las primeras lesiones (primoinfección).

Después forman las cavernas tuberculosas, sobre todo en los lóbulos superiores de los pulmones; asimismo producen lesiones pleurales, como la pleuritis o pleuresía pulmonar, su cuadro se agrava en la forma miliar, en la que se observan muchos focos en los pulmones y en casi cualquier otro órgano del cuerpo: elMycobacterium se disemina por las vías sanguínea o linfática, y así se localiza en distintos órganos.

En el caso de los enfermos de sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida), quienes no cuentan con las defensas adecuadas, la TBC es especialmente grave y frecuente.

Si la infección prospera, se manifiestan los primeros síntomas: fatiga, fiebre, pérdida de peso y tos acompañada de esputos sanguinolentos.

Los esputos que eliminan los enfermos son la principal fuente de contagio, porque los bacilos se propagan en gotitas suspendidas en el aire o por partículas de polvo. El bacilo puede permanecer latente en el organismo durante un largo período hasta que una disminución de las defensas del cuerpo permita el desarrollo de la enfermedad. Por esta razón. la tuberculosis se manifiesta especialmente en regiones superpobladas, de bajos recursos y con altos índices de desnutrición.


bacilo Mycobacterium tuberculosis
«Los bacilos de la tuberculosis infectan a una persona cada segundo en todo el mundo.»

Cuando se determina (mediante examen con microscopio de la presencia de bacilos en una muestra de esputo) que una persona tiene tuberculosis infecciosa, debe iniciarse un tratamiento completo con la dosis correcta de medicamentos antituberculosos, con el apoyo de personal de los servicios de salud o comunitarios o de voluntarios capacitados. Los medicamentos antituberculosos más comunes son isoniazid, rifampicina, pirazinamida y etambutol. (O.M.S)

Profilaxis y tratamiento de la tuberculosis

El Programa Nacional de Control de la Tuberculosis, que tiene como propósito disminuir el riesgo de infección y muerte por TBC en nuestro país, se basa fundamentalmente en:

a) búsqueda de casos: se detecta a los pacientes que son fuente de infección y pueden contagiar a las personas sanas

b) determinación de los grupos de riesgo: incluye a quienes conviven con el enfermo, a los diabéticos, los desnutridos y los enfermos de sida;

c) tratamiento antituberculoso: debe realizarse simultáneamente con la búsqueda de casos, ya que una vez diagnosticada la enfermedad debe indicarse el tratamiento con un antibiótico específico. Las posibilidades de curación son del 95 por ciento;

d) vacunación: en 1924, los bacteriólogos franceses Albert-Léon Calmette (1863-1933) y Alphonse E M. Guérin(1816-1895) desarrollaron la vacuna denominada BCG, la cual confiere un 80% de inmunidad contra la enfermedad durante un período de diez años. Al ser el medio de mayor eficacia preventiva, su aplicación es obligatoria en diferentes etapas de la vida del ser humano; de hecho, es la primera vacuna que recibimos: al mes de edad.

El primer agente quimio-terapéutico específico para la TBC fue la estreptomicina, descubierta por el microbiólogo estadounidense Selman Abraham Waksman (1888-1973) en 1944. A este hallazgo siguieron, en 1948, el del PAS (ácido para-amino salicílico) y, más tarde, la isoniazida y otros fármacos que revolucionaron el tratamiento.

Actualmente se dispone de antibióticos eficaces contra el bacilo tuberculoso. La duración del tratamiento varía, según su localización (pulmonar o en otros órganos), entre ocho meses a un año. Se realiza mediante la combinación de tres o cuatro antibióticos diferentes y en forma ambulatoria; son pocos los pacientes que requieren internación (por ejemplo, los que presentan hemoptisis severas). Sin embargo, algunos bacilos se han vuelto resistentes al tratamiento farmacológico corriente.

PARA SABER MAS…
Una enfermedad que aun preocupa

Pero lo progresos han sido sumamente lentos; en la mayoría de los países en desarrollo o subdesarrollados la situación epidemiológica de la tuberculosis, ha mejorado muy poco o casi nada. En el mundo se registran cada año de 4 a 5 millones de casos nuevos de tuberculosis, altamente contaminantes y la misma lleva a la muerte a TRES MILLONES de personas por año. Aun en los países que cuentan con servicios de salud bien desarrollados, la tuberculosis sigue representando un riesgo considerable de salud para los grupos humanos más desfavorecidos por sus condiciones socio-económicas.

Como se podrá apreciar en la conmemoración del centenario del descubrimiento del bacilo de Koch, deberemos evaluar nuestras estrategias en la lucha contra la tuberculosis y para ello la realización de la Conferencia Mundial de Tuberculosis, a celebrarse en nuestro país, será una destacada oportunidad para que los expertos de todo el mundo realicen un profundo examen de esas técnicas y de esas estrategias con un enfoque común, cuya meta será obtener la erradicación de la tuberculosis, de aquí al año 2000. Debemos tener el valor de reconocer que en el pasado se han cometido errores graves y comprometernos a eliminar la enfermedad, de aquí al año 2000.

Este objetivo es plenamente alcanzable, pero para llegar a él, se requiere una mayor comprensión de las verdaderas causas de la génesis y de la propagación de esta enfermedad. Sabemos que la tuberculosis es la resultante de la asociación de una serie de factores tanto socio-económicos como biológicos, tales como la desnutrición, las viviendas Insalubres, la carencia de higiene y de agua, los efectos debilitantes de las infecciones y de los tóxicos, además de la falta de conocimiento por el propio ser humano sobre su estado de salud.

En consecuencia, es necesario tomar medidas coordinadas en :caos esos sectores a fin de permitir al organismo sacar el mejor partido posible de los mecanismos de defensa que le son propios. Es en este contexto que las medidas específicas de prevención y tratamiento podrán resultar efectivas y así se podrán estudiar y experimentar nuevas técnicas para la erradicación de la enfermedad.

Revista «Quid», Tomo 1 N° 8.

UN POCO DE HISTORIA…

Homero menciona la tuberculosis en sus poemas y es de suponer, por lo tanto, que la enfermedad no era tampoco desconocida para los médicos del mundo antiguo. Hipócrates fue, en efecto, el primero en describirla y, sustantivando un verbo griego que significa «desecar», le llamó tisis, nombre con el cual fue exclusivamente conocida hasta el siglo XIX. Galeno, otro de los «padres de la medicina», que vivió hacia los años 130-200, prescribió ciertos remedios contra la dolencia, y Avicena (980-1034 de nuestra era), el llamado «príncipe de los médicos» y autor del «Canon de la Medicina», definió la evolución de la enfermedad en tres fases. Ferrari de Pavía escribió un «Tratado de la tisis».

Simonetta Catanea Vespucci, ¡oven florentina de peregrina belleza, modelo preferida del pintor Sandro Botticelli, murió tísica, a los 16 años. Los aficionados a la pintura pueden admirar todavía hoy el impresionante retrato de Simonetta enferma, con su belleza pálida, caídos los hombros, alargado el cuello como el tallo de un lirio. Un artista romántico, digno de este nombre, tenía que saber morir a los 30 años, escupiendo sangre, demacrado el rostro y el cuerpo enflaquecido hasta los huesos.

Eran los tiempos en que la escritora George Sand y Chopin huyeron de Mallorca a Barcelona, y, en esta ciudad, un hotelero pidió al músico indemnización, porque lo policía le obligó a quemar la cama en que durmiera un «tísico». La enfermedad inspiró a Lord Byron, hasta el punto de declarar éste su deseo de morir tísico, a fin de que todas las mujeres se enternecieran, al imaginarle moribundo de tan romántica enfermedad.

Edgar Poe vivió largos años atormentado por el recuerdo de Virginia, la joven esposa que la tisis le había arrebatado cuando acababa de cumplir 24 años. Dumas, padre, siempre irónico, habla, en su memoria de la tisis, en términos poco respetuosos. La exquisita artista María Bashkirtsef escribe, en su carnet de recuerdos: «no hago más que toser, pero por milagro la enfermedad no me afea.

Al contrario, me da un aire lánguido que me sienta admirablemente». Cuando empezó la revolución industrial, la enfermedad hacía estragos en toda Europa. Hacia mediados del siglo XIX, la mortalidad anual por tuberculosis llegó a ser, en algunos lugares, de 500 por 100.000 habitantes. La tuberculosis era una enfermedad social, y tal estado de cosas no sufrió variación, hasta que empezó a mejorar la condición social y económica de las masas.

La Sifilis de Enrique VIII Rey de Inglaterra Enfermedad Tudor

La Sifilis de Enrique VIII Rey de Inglaterra

Las seis esposas y las muchas enfermedades de Enrique VIII: Así como hay constancia de que Iván era sifilítico, no hay ninguna seguridad de que su contemporáneo, Enrique VIII de Inglaterra, también lo fuera. Muchos escritores de la época lo negaron, aunque todo el mundo coincidía en que, además de las importantes heridas sufridas en los torneos, padecía varias enfermedades: gota, várices, osteomielitis del fémur y escorbuto, sin hacer especial mención a su obesidad; todas ellas han sido sugeridas como probables causantes del cambio de carácter que evidenció alrededor de los cuarenta años.

En razón de la diferencia de opiniones, es razonable reexaminar evidencia porque, cualquiera haya sido la causa, ha ejercido una notable influencia en el destino del naciente Imperio británico.

Digamos que no había una razón específica por la cual Enrique tuviera que padecer esas discapacidades. Alguien del siglo XVI que viviera hasta los cincuenta y seis años tendría que haberse considerado afortunado si sólo sufría una enfermedad crónica, ya que la mayoría no tenía tratamiento. Enrique intervino en los deportes más violentos de su época, y comía y bebía en exceso; en los últimos años fue monstruosamente obeso, por lo que nada pueden sorprender sus várices. La gota y el escorbuto, desórdenes asociados a la dieta, eran comunes para el estilo de vida que llevaba. Ninguno de estos síntomas puede ser tomado como prueba para aseverar que la sífilis era la causante “oculta” de esos males.

Enrique nació en 1491, al menos dos años antes de que la sífilis apareciera en Europa. Por lo tanto, no es necesario indagar entre sus antepasados, aunque sí entre sus descendientes. La primera de sus esposas, Catalina de Aragón, madre de la reina María, tuvo un hijo varón que murió a los pocos días de nacer, y le siguieron al menos tres abortos en el séptimo u octavo mes de embarazo.

Ana Bolena, la madre de Isabel I, sufrió un aborto a los seis meses y otro a los tres meses y medio. Jane Seymour tuvo a Eduardo Vl, nacido en 1537, y es muy poco probable que haya concebido nuevamente en los diecisiete meses que duró su vida marital. El cuarto casamiento con Ana de Cléves no fue consumado. Tampoco hay antecedente de embarazos de Catalina Howard, casada con Enrique entre 1542 y 1544, o de Catalina Parr, su viuda en 1547, después de cuatro años de matrimonio.

Enrique tuvo, al menos, cuatro hijos. El único varón ilegítimo conocido fue Henry Fitz Roy, conde de Richmond, quien murió a los diecisiete años por una infección pulmonar, quizá tuberculosis. Isabel I falleció a los sesenta y nueve años; se dice que era corta de vista y pudo haber tenido razón en creer que no podía dar a luz. María Tudor murió a los cuarenta y dos años, era corta de vista, hablaba en voz alta —un rasgo típico de los sordos— y su nariz era ancha y chata, de la que manaba un pus maloliente que provocaba permanentes quejas de su esposo Felipe II.

El único hijo legítimo, Eduardo VI, murió en 1553, a los quince años. Nunca fue un niño sano y la causa de su muerte permanece en el misterio. Justo un año antes, en abril de 1552, se enfermó de sarampión y viruela y se pensó que era “una manifestación, para purificar su cuerno de insalubres humores, que ocasionan largas enfermedades y la muerte”. Hay casi certeza de que, desde comienzos de 1553, su salud se agravó por una tuberculosis pulmonar. Una erupción en la piel apareció en las últimas dos semanas de su vida, las uñas se le cayeron y los extremos de los dedos y pies se necrosaron. Se cree, según diferentes opiniones, que fue envenenado.

Cualquier incidente aislado en esta historia bien podría ser debido a otra enfermedad, no obstante, la incidencia es acumulativa. Los tres hijos de Catalina de Aragón murieron antes de nacer y todos después del cuarto mes de embarazo, y Ana Bolena tuvo un aborto a los seis meses. Eduardo murió en 1552, luego de una erupción en la piel que parecía tuberculosis sifilítica congénita. En resumen, tenemos la miopía de Isabel y María, más la presumible sordera de esta última y la base de su nariz achatada con una continua y maloliente secreción nasal; cualquiera de estos síntomas podría ser resultado de una sífilis congénita. Por último, tenemos la evidencia de los dos últimos casamientos de Enrique: si, como aseguran los historiadores, su política en este sentido era dictada por un profundo deseo de crear una rama fuerte de los Tudor, entonces se infiere que Enrique se volvió estéril o impotente cerca de los cuarenta años, lo que constituye un fuerte argumento a favor de la sífilis.

En su juventud Enrique fue descrito por el veneciano Pasquiligo como “el más elegante potentado que yo haya visto, con una altura mayor que la común y piernas y pantorrillas extremadamente finas, de tez blanca y brillante, cabello castaño rojizo, peinado corto y lacio y una cara redonda tan bella que le sentaría a una hermosa mujer’. El muchacho, de diecinueve años, lo tenía todo: belleza física, una magnífica presencia, encanto e inteligencia. Disfrutaba de todos los deportes, el baile y la música, y su consejero, el cardenal Thomas Wolsey, aclara que era sólido en sus ideas, de opiniones firmes, difícil de disuadir.

En febrero de 15 14, cuando tenía veintitrés años, se enfermó de viruela, aunque sin pústulas, y se recuperó por completo. Quizás estemos justificados al cuestionar ese diagnóstico, así como cuestionamos la naturaleza de la erupción de su hijo en 1552.

En 1521 Enrique sufrió el primer ataque de paludismo, una enfermedad muy común en el siglo XVI en Inglaterra, que, con intermitencias, aparecerá durante el resto de su vida. Tres años después, en 1524, tuvo un accidente mientras sostenía una justa con el duque de Suffolk, aunque no fue herido de gravedad. Enrique comenzó a padecer dolores de cabeza en 1527 y a lo largo de ese año y el siguiente desarrolló una úlcera notable en uno de sus muslos (tal vez, en los dos), que lo molestó hasta su muerte.

En el crucial año de 1527 tenía treinta y seis años; hasta entonces había reinado con buen juicio y moderación. Más de un peligroso motín había sido reprimido firmemente aunque sin crueldad para las prácticas habituales de la época. Durante esos años Enrique instauró la administración naval, construyó barcos, fundó la Casa Trinidad, mejoró puertos, levantó astilleros y almacenes. En 1521, secundado por “todos los eruditos de Inglaterra”, escribió una respuesta agresiva a Martin Lutero, que le valió el título de Defensor de la Fe, otorgado por el papa León X y empleado por sus sucesores hasta la actualidad. También fomentó el empeño de Tomás Moro para proveer una reserva de agua limpia y cloacas. Desde la muerte negra la medicina había dejado de ser una prerrogativa de la Iglesia, con el consiguiente florecimiento de charlatanes e iletrados.

Parte del cambio del carácter de Enrique, sin duda, se debió a las preocupaciones que le causaba su divorcio de Catalina, ya que las discusiones se prolongaron seis años. La primera señal de desequilibrio apareció en 1531, cuando Enrique permitió que se promulgara una ley que castigaba al reo hirviéndolo hasta la muerte. Al menos tres personas fueron ejecutadas de esa manera, y el acta en cuestión fue abolida a los pocos meses de la muerte del soberano, por recomendación de los consejeros de Eduardo VI. En 1533 dictó la primera “acta de traición”, por la cual cualquier persona que difamara su casamiento con Ana Bolena, o que tratara de perjudicar la sucesión, sería considerada culpable de traición, condenada a la horca o a ser descuartizada en vida.

El reinado del terror comenzó en 1534, con una indiscriminada matanza de luteranos, anabaptistas católicos y lollars. Esto fue seguido por una cruel ejecución del prior de Chaterhouse y todos sus monjes, y la decapitación de Tomás Moro y el obispo John Fisher.

El 17 de enero de 1536 Enrique sufrió una profunda herida durante una justa y estuvo inconsciente por más de dos horas, logrando una recuperación definitiva el 4 de febrero. Por entonces, su conducta hacia Ana Bolena era salvaje. Como cabeza de la Iglesia de Inglaterra habría podido divorciar-se de ella, pero prefirió condenarla a muerte y declarar bastarda a su hija. La represión en las abadías en 1538-1540 se caracterizó por la condena a la horca de cualquier abad o monje que se resistiera a mostrar sumisión. El vandalismo desatado, que provocó la destrucción de la mayor parte de las obras de arte, no habría sido tolerado por el brillante y culto joven estudiante que subió al trono en 1509.

Durante los años de represión Enrique sufrió continuamente de dolores de cabeza y garganta, insomnio y úlcera en la pierna. En mayo de 1538, a los cuarenta y siete años, se dice que estuvo un tiempo sin hablar con muy mal semblante, y su vida en gran peligro”. El embajador francés Castillon asoció ese ataque con la cicatrización de la fístula en su pierna. Por esta razón se ha sugerido que Enrique sufrió una embolia pulmonar por un coágulo de una vena varicosa. La pérdida del habla, sin embargo, está más asociada con un posible ataque de apoplejía.

En 1539 apareció el Estatuto de los Seis Artículos, una notable pieza de legislación dirigida contra cualquiera que atentara contra la posición de Enrique como cabeza de la Iglesia en Inglaterra; los protestantes eran quemados como herejes y los católicos romanos, colgados como traidores.

La vacilante política del rey respecto de la extensión de la reforma religiosa probablemente reflejaba la influencia de sus esposas. No hay duda de que Enrique se avergonzaba de la fealdad de Ana de Cléves, presentada a él por el partido reformista que condujo a la caída de Thomas Cromwell, poniendo en peligro al mejor amigo de Enrique, el arzobispo de Cranmer, para terminar en una renovada persecución de los protestantes. La impresión que queda es que Enrique comenzó con la intención de reformar lo que era su propia iglesia y luego retrocedió, frente a las posibles consecuencias que podía acarrearle esa medida en el día del Juicio Final. En este punto se sugiere la evidencia de una mente dividida: una tratando de mostrarse a sí mismo como hijo leal a la Santa Madre iglesia; la otra, intentando manejar a la Iglesia según su propio deseo.

Enrique nunca perdió el control de los asuntos de Estado. De hecho, después de la caída y muerte de Wolsey en 1529, se inclinó por una monarquía absoluta más que constitucional. Tres años antes de su muerte dirigió en persona al ejército durante la guerra contra Francia y supervisó las medidas de combate. Aunque prematuramente avejentado, con el pelo blanco y muy obeso, conservó la capacidad mental y física hasta el final. Tampoco murió como Iván, aterrorizado y sin sentido. Los relatos sobre su muerte varían y la verdadera causa permanece oscura, aunque murió pacíficamente, dándole la mano al arzobispo Cranmer, el único amigo que lo acompañó hasta el fin de sus días.

No existe un diagnóstico indiscutible en el caso histórico de la sífilis de Enrique VIII, pero ciertos indicios despiertan sospechas. Un estudiante de medicina moderno está entrenado en buscar las cosas simples antes que lo complicado. Si examinamos un niño de quince años que sufre temperatura alta, dolor abdominal y sensibilidad en el flanco derecho con cierta rigidez muscular, pensaremos en no excluir una apendicitis o peritonitis antes de considerar un tipo raro de enfermedad. A continuación, el estudiante debería hacer coincidir signos y síntomas en una entidad clínica, antes de decidir si el paciente sufre de dos o más afecciones. De igual manera debe ser considerada la historia de Enrique VIII.

El rey, sin duda, sufrió de varias dolencias menores, pero la historia médica, la historia obstétrica de sus reinas, la sospechosa muerte de su hijo Eduardo, las incapacidades de su hija María, aun la leve miopía de Isabel, deben ser tenidas en cuenta en el diagnóstico. Todas pueden ser separadas describiendo distintas formas de dolencias que, al agruparse, proporcionan una evidencia más que sugerente. La sífilis fue una infección muy común a principios del siglo XV1 y no existe una buena razón para descartar que Enrique se haya librado de ella. Sea cual fuere la naturaleza de sus dolencias, o la combinación de ellas, ejercieron un profundo efecto sobre el futuro de Inglaterra. La incapacidad para producir una línea sana de varones fue el comienzo del fin de la dinastía Tudor, teniendo en cuenta que no hubo nietos legítimos o ilegítimos. La firme y eficiente autoridad de los Tudor dio paso al débil intento de los Estuardo, sumiendo al país en una guerra civil.

Después de la muerte de Enrique, Eduardo, de nueve años, accedió al trono bajo la tutela de la familia de su madre, los Seyrnour. Con su patrocinio, Eduardo lideró mejor que nadie a los protestantes. La expoliación de las propiedades monásticas continuó y la mayor parte de las tierras, tesoros y rentas fueron arrebatados por los ansiosos nobles. Había todavía un considerable afecto por la vieja fe. Los fanáticos iconoclastas del reinado de Enrique no eran queridos por el sucesor y su media hermana María procedió, con moderación, a restaurar a la Iglesia católica romana, quizá no con su antiguo poder pero sí como la religión oficial.

No hay duda de que María persistió en su política a pesar de las advertencias de su esposo, el católico Felipe II de España, y de que podría haber sido una honorable defensora de la fe pura contra la herejía. Pero, mentalmente insana, no escuchaba razones. Causó la muerte en la estaca de trescientos hombres y mujeres del pueblo en un período de tres años, con lo cual aseguró que la mayoría de sus súbditos considerara más diabólico al catolicismo romano que el paganismo. El ascenso al poder de Isabel I se produjo muy tarde y la llegada de la tolerancia religiosa fue impensable durante muchos años.

El efecto de la persecución de María es evidente aun en la actualidad. Todavía es difícil desentrañar muchos sucesos del siglo XVI porque la explicación dada por los escritores protestantes a menudo difiere de la versión de los católicos. Todavía hoy tenemos esos distantes fuegos, como brasas encendidas, en Irlanda del Norte.

La sifilis de Iván El Terrible sus efectos Historia del Imperio Ruso

La Sífilis de Iván El Terrible

Introducción Histórica: Los pueblos eslavos desde su unión bajo el reinado de Rurik (862), rey de los vikingos, eran llamados «Rus». Bajo Vladimiro I el Santo (980-1015), los rusos se convirtieron al cristianismo en su versión ortodoxa griega y adoptaron los ritos de la Iglesia bizantina. El centro de la cultura rusa era Kiev.

A partir de 1223, Gengis Kan, el mongol expansionista, ataca a los rusos, y en 1242 Rusia se convierte en una parte del Imperio mongol de la Horda de Oro. Aunque controlados por los mongoles, los grandes príncipes siguieron gobernando de forma relativamente independiente. Iván 1 (1323-1340) convierte a Moscú en la capital de los rusos.

En 1472, Iván III libera a Rusia del dominio mongol, se proclama gran príncipe de todos los rusos y los símbolos de su ejército dicen claramente que se considera a sí mismo el sucesor del imperio bizantino, caído en 1453.

Por eso su hijo Basilio III se nombró zar (emperador) e hizo que arquitectos italianos levantaran la ciudadela de Moscú, el Kremlin.

Su hijo Iván IV (1533-1584) se ganó el mote de «el Terrible», porque aplastó brutalmente a todos cuantos se resistieron a su poder autocrático; pero al mismo tiempo modernizó el Imperio y creó la guardia imperial.

zar de rusiaLos efectos históricos de la sífilis han sido devastadores. Magníficos seres como los isleños de las islas del Pacífico Sur fueron destruidos en masa.

Brillantes hombres de Estado en posiciones de poder se transformaron en idiotas jocosos; artistas, pintores y poetas se convirtieron en verdaderos estropajos.

Francisco I de Francia, el papa Alejandro Borgia, Benvenuto Cellini, Toulouse-Lautrec, Randolph Churchill —padre de Winston Churchill— son algunos de los muchos nombres que han salido a la luz.

Millones más sufrieron las consecuencias de esas transformaciones, como Iván el Terrible, de quien no hay duda de que fue sifilítico, ya que, durante el régimen soviético, sus restos, exhumados en el Kremlin, mostraban las típicas lesiones óseas producidas por la enfermedad.

Iván, gran duque de Moscú y primer zar de todas las Rusias, nació el 25 de agosto de 1 530 y ascendió al trono como gran duque cuando tenía tres años de edad, tras la muerte de su padre Vassili III.

En apariencia, el muchacho era el típico príncipe ruso de la época, pasó su juventud cazando, entre mujeres, bebiendo, robando a mercaderes y aterrorizando a infortunados aldeanos.

Pero había algo más en él; bajo la superficie prevalecía el noble estudioso, que prefería la compañía de los humildes y educados clérigos. Así, eligió a uno de ellos, Alexei Ardatchev, como su íntimo amigo y más estrecho colaborador.

El 16 de enero de 1547 Iván fue coronado zar, basando su derecho al trono como descendiente de Vladimiro y del césar bizantino Constantino Monomakh. Dos semanas después se casó con una mujer piadosa y bondadosa, Anastasia Zakharina Koshkina.

Ese año el fuego destruyó parte de Moscú y el arzobispo Makary aprovechó la catástrofe para endilgar a las mentiras pecaminosas de la juventud del zar la razón de tanta desgracia, con la esperanza de que Iván se reformara y edificara un reino que prometía ser uno de los más ilustres de la historia de Rusia.

El zar sancionó un Código por el cual desterró a los nobles más opresores, reformó parcialmente todo el poder de la Iglesia y fundó escuelas en Moscú y en las grandes ciudades. Inspiró a sus tropas con una cruzada espiritual, rescatando a Kazán de la horda tártara, y extendió su imperio más allá del Volga, hasta Astracán. En 1558 fue hacia el oeste contra los caballeros teutones y, para el verano de 1560, había llegado a Riga, en la frontera de Prusia.

Según los parámetros actuales, Iván fue un déspota cruel, aun durante sus años juveniles, pero para la Rusia de entonces, e incluso para las costumbres europeas, las reglas que estableció fueron sabias y humanitarias.

Desde 1551 hasta 1560 jugó un papel muy importante en las deliberaciones de su consejo, permitiendo la libertad de palabra y de opinión, recibiendo peticiones de todos sus súbditos. La leyenda dice que fue la primera y única vez en la historia de Rusia en que los hombres pobres del país pudieron acceder a su soberano.

En octubre de 1552 Anastasia dio a luz un hijo, Dimitri, que murió a los seis meses. Nueve meses más tarde nació Iván, y Fedor en 1558.

Probablemente el zar se había infectado de sífilis en sus andanzas antes de casarse, por lo que suponemos que el primogénito Dimitri falleció a causa de la sífilis congénita. Giles Fletcher, en The Russe Commonwealth, describe a Fedor, quien sobrevivió a Iván el Terrible, como de mediana estatura, algo bajo y grueso, de una complexión lívida e inclinado a la hidropesía, nariz aguileña, inseguro en su andar, como consecuencia de alguna enfermedad en las piernas, pesado e inactivo, con una sonrisa tonta. Era una persona simple y muy poco ingeniosa.

Aunque a la distancia y con escasas referencias no es posible hacer diagnósticos certeros, es probable que Fedor padeciera sífilis congénita.

Anastasia murió en julio de 1560. El zar, con el ánimo destrozado, volcó todo su pesar en una borrachera prolongada, que comenzó después del funeral. Su mente concibió la fantasía de que su amigo Alexei Ardatchev y su sabio consejero, el monje Silvestre, habían contribuido a la muerte de su esposa mediante embrujos.

Si bien perdonó sus vidas, los destituyó y encarceló, dio muerte al hermano de Alexei y a su hijo de doce años, e hizo lo mismo con su amiga María Magdalena y sus cinco hijos.

El 21 de agosto de 1561 Iván se casó con una acaudalada princesa, aunque esto no impidió que concibiera —tan sólo dos años después— el propósito de casarse con la reina Isabel I de Inglaterra.

En 1563 el zar comandó un gran ejército e invadió Lituania, tomó la importante ciudad comercial de Polotsk y parecía tener el reino a merced de su voluntad. Cuando volvió a Moscú su vida retornó al libertinaje; en ese momento su nueva zarina dio a luz un hijo, Vassili, que sobrevivió cinco semanas.

Hacia fines de 1564 ocurrió el primer incidente que mostró a las claras que Iván sufría de sífilis en la etapa terminal (PCI).

Temprano en la mañana del 3 de diciembre, un grupo de trineos se ubicó en la plaza del Kremlin, cargados por los sirvientes con oro, plata y joyas del palacio. El zar, la zarina y dos de sus hijos partieron en ellos sin rumbo establecido.

Poco después, Iván envió el siguiente mensaje a su casa: «Incapaz de tolerar la traición que me rodeaba, he decidido seguir el camino que Dios me dicte”.

Confundidos, los nobles y obispos salieron en su búsqueda. Lo encontraron en una pequeña aldea de Alexandrov, a ciento cincuenta kilómetros al noroeste de Moscú, y le rogaron que regresara.

Iván accedió, pero impuso ciertas condiciones: tener la libertad de ejecutar a cualquiera que él considerara un traidor, vivir en una residencia en las afueras del Kremlin y contar con una guardia personal —los oprichniki— de cerca de mil hombres.

Volvió a Moscú el 2 de febrero de 1565 y dos días después comenzaron las ejecuciones. Los bandidos oprichnikifueron aumentados hasta agrupar más de 6.000 hombres, y la nueva casa fuera del Kremlin se convirtió en un extraño monasterio, donde Iván era el abate. Trescientos oprichniki servían de monjes, vestidos con casacas negras y ropajes y sables jalonados de oro.

El día comenzaba con los maitines a las cuatro de la mañana y terminaba a las ocho de la noche, con las vísperas. Iván rezaba con tal fervor que su frente siempre estaba magullada por las postraciones. Esos ataques de devoción eran interrumpidos para visitar la cámara de tortura, convenientemente situada en los sótanos de la residencia.

De ahí en más el reinado de Iván constituye un relato tormentoso, plagado de torturas, azotes, gente quemada y hervida en enormes ollas, y toda clase de muertes espeluznantes. Fue atroz la venganza que ejecutó en laciudad de Novgorod en respuesta a una conspiración.

Durante cinco semanas, miles de personas fueron azotadas hasta morir, asadas sobre fuego lento, o abandonadas a la intemperie glacial. Iván el Terrible y su hijo Iván intervinieron en forma directa en las ejecuciones de Moscú del 25 de julio de 1570.

Mientras el príncipe Viskavati era colgado y cortajeado con cuchillos, el zar violaba a su esposa en su presencia y su hijo, a la hija mayor del matrimonio. Episodios de horror semejantes se repitieron durante casi veinte años, entre 1565 y 1584.

La locura del zar culminó en la matanza de su propio hijo y heredero, el zarevich Iván, al que apuñaló en un ataque de furia, el l9de noviembre de 1581.

Desencantado con su idea de casarse con Isabel de Inglaterra, Iván se declaró a su prima Mary Hastings, y cuando ella rechazó su oferta, anunció que estaba dispuesto a casarse con cualquier pariente de la reina. Ignorando el hecho de que ya estaba casado, el zar parecía obsesionado con la fantasía de una unión real con Inglaterra.

Isabel, que especulaba con la riqueza del imperio ruso, le aseguró al mensajero enviado que cualquiera de entre una docena de parientes estaría encantada de casarse con él. Por fortuna para ellas, Iván murió el 15 de marzo de 1584, antes de que ese proyecto se materializara.

Sus últimos días fueron tormentosos: no podía dormir, sentía terror, padecía alucinaciones y permanecía rodeado de adivinos. Su único momento de relajación consistía en mirar y acariciar sus joyas, hablando de sus poderes curativos. Murió a causa de un ataque de apoplejía.

Millones de sus súbditos perecieron porque Iván sufría de sífilis. Su reinado podría haberse desarrollado en forma ejemplar en tanto modelo político si no hubiera sido por su locura y despotismo cruel.

El asesinato de su hijo salvó a Rusia de un reinado sangriento, ya que había sido educado en la codicia y la crueldad. Su muerte dejó el trono en manos de Fedor, un idiota congénito, incapaz de reinar, quien estuvo, al inicio de su reinado, bajo el tutelaje de Boris Godunov.

La muerte de este último, en abril de 1605, sumió a Rusia en el caos, y no hubo atisbo de unidad hasta la elección, en 1613, del primer Romanov, la dinastía que reinaría hasta principios del Siglo XX.

Ver También: Iván El Terrible Un Ser Cruel y Siniestro

Efectos de la sifilis, la evolucion de esta enfermedad

Efectos de la sífilis – La evolución de la enfermedad

Uno de los problemas más controvertidos en la historia de la medicina es cómo y por qué la infección bacteriana conocida como sífilis brotó súbitamente en Europa a fines del siglo XV.

La sífilis es una enfermedad venérea que puede transmitirse de una persona a otra por contacto sexual, a través de la placenta, de una persona que tenga alguna lesión abierta en la boca al compartir un vaso con un sifilítico, por el uso de agujas hipodérmicas en común, al asistir a infectados sin guantes protectores y ante algún descuido de un patólogo cuando efectúa una autopsia.

Producido el contagio, sigue un período de incubación que puede variar entre diez y noventa días, aunque es frecuente que la enfermedad se desencadene entre la segunda y la cuarta semana antes de la aparición del primer signo o «chancro”, una reacción tisular localizada en la zona de contacto.

El chancro se desarrolla en los órganos genitales o cerca de esa zona, así como en labios y dedos. Se cree, por ejemplo, que la protuberancia a un costado de la nariz de Enrique VIII, del cuadro pintado por Hans Holbein, es un chancro. Luego, sintomática y espontáneamente desaparece, entre la tercera y la octava semana, dejando una leve e imperceptible cicatriz. Su tamaño puede ser grande o tan pequeño como un grano; por eso la primera etapa de la sífilis es tan peligrosa, ya que el enfermo es capaz de infectar a otras personas sin darse cuenta, pues la pequeña úlcera inicial muchas veces pasa inadvertida. Cerca de un cuarto de los pacientes atendidos en las clínicas aseguran no haberse percatado de la lesión.

Entre seis y ocho semanas después de la aparición del chancro el paciente entra en la etapa secundaria, aunque los síntomas pueden tardar un año o más en aparecer. En esta etapa se produce una reacción tisular relacionada con la infección, más que una invasión bacteriana. Aparecen sensaciones de malestar, dolor de cabeza y también de garganta, febrícula y, en el 75 por ciento de los casos, un “sarpullido” en la piel que es importante porque puede tomar diversas formas.

La sífilis ha sido llamada “la gran imitadora” porque suele ser confundida con otras enfermedades, ya que muchas veces se asemeja al sarpullido del sarampión, la viruela o cualquier otra erupción de la piel. Como regla general, la etapa secundaria no dura mucho; el paciente entra en una fase latente, en la que parece estar completamente libre de signos y síntomas aunque la erupción reaparecerá por una semana o más, para volver a desaparecer. Durante las etapas secundaria y latente temprana el paciente es altamente contagioso. El momento más peligroso transcurre en la etapa latente temprana, durante la cual el paciente puede infectar a otros estando, en apariencia, libre de la enfermedad.

Alrededor de dos años más tarde se desarrolla la etapa latente tardía, cuando no hay signos, ni síntomas, ni contagio posible. No se puede decir que el infectado esté curado, ya que los análisis de sangre revelarán la presencia de la sífilis, pero la enfermedad está latente y puede permanecer así durante un período de tiempo, en que quizá la muerte del enfermo sobrevenga por alguna otra causa.

El estado latente se puede extender durante años sin que ocurra ningún incidente. Mientras, el sifilítico vive bajo el engaño de estar fuera de peligro; en realidad, la enfermedad ha entrado en la prolongada fase crónica.

Entre los tres y los veinte años aparecen los signos de la sífilis terciaria. Hay muchas manifestaciones de ello, ya que la enfermedad afecta casi todos los sistemas del cuerpo. La típica lesión de la sífilis terciaria puede aparecer en cualquier lugar del cuerpo: huesos, corazón, garganta o piel. En esos casos, se pueden apreciar los cambios producidos en los vasos sanguíneos, que presentan debilitamiento e hinchazón de las paredes, llevando al paciente a la muerte por ruptura de la aorta o de alguno de los vasos del cerebro.

El sistema nervioso también puede verse afectado, causando la enfermedad llamada tabes dorsal, que gradualmente produce parálisis e incontinencia. Al afectarse el cerebro, la sífilis producía significativos cambios en la personalidad, y hasta parálisis terminal general e insania (PGI).

En el estadio terminal el enfermo genera ideas o esquemas poco racionales, pero grandiosos o bizarros. Arthur Conan Doyle —el creador del formidable detective Sherlock Holmes— cuenta la historia de un joven granjero que sorprendió a sus vecinos por su optimismo cuando su granja se deterioraba debido a la depresión de la agricultura: propuso reemplazar las cosechas comunes y plantar el área con rododendros’ para saturar el mercado. Su idea habría sido posible… de existir un mercado saturable.

La mayoría de los pacientes no tratados morían dentro de los primeros cinco años luego de la aparición de los signos de PGI, aunque cierto mimero nunca se volvió francamente insano o inútil. El proceso de la enfermedad cerebral cambiaba las conductas pero los enfermos podían llevar una vida más o menos normal, hasta que morían por otras causas, quizás arruinando su propia vida con especulaciones locas o aterrorizando a sus familiares con arrebatos de violencia.

Debido al desarrollo de la terapia antibiótica, la sífilis terciaria se ha diferenciado de las etapas primaria y secundaria y se ha convertido en una rareza en el mundo occidental desde fines del siglo XIX.

ENFERMOS DE SÍFILIS: «La intelectualidad también contrajo sífilis, entre los más conocidos está el cuentista francés Guy de Maupassant, Stendhal, Lord Byron el poeta inglés, el novelista irlandés James Joyce, el poeta francés Arturo Rimbaud, el bardo francés Paul verlaine, el gran poeta galo Charles Baudelaire, el filósofo germano Federico Nietszche, el bardo alemán Enrique Heine, el genial poeta gay irlandés Oscar Wilde, los pintores Vicente Van Gogh y Paul Gauguin, además del gran pintor español Francisco de Goya y el gran fabricante de armas Samuel Colt, padre del revólver.

Benito Mussolini, dictador italiano cuyas locuras espeluznaban a muchos, también padeció de sífilis, pero no se ha podido confirmar si efectivamente Cristóbal Colón la padecía. Pedro I de Rusia contrajo su sífilis de Catalina, quien antes de ser su consorte y luego emperatriz, fue una prostituta llamada Martha Skavronskaya. La nobleza menor también se vio azotada por sífilis.

El Marqués de Sade contrajo sífilis tras un romance tempestuoso con Laura de Lauris. Lord Randolph Churchill padre del gran Sir Winston Churchill la adquirió en sus correrías de burdeles antes de casarse con Jennie Jerome. La bailarina y cortesana Lola Montez se dio el lujo de infectar al pianista y compositor húngaro Franz Liszt, pero ella misma murió loca, pobre y en desgracia en Nueva York.

No sería Franz Liszt el único músico en verse afligido por la sífilis, ya que Franz Schubert (que además tenía fama de no lavarse nunca) la contrajo con la meretriz cuyas caricias le inspiraron la Sinfonía Inconclusa. El hermano de Francisco José I-Maximiliano- contrajo la sífilis en un crucero sexual que hizo en un yate por el Brasil, y luego llevó esta enfermedad a su adoradora esposa Carlota de Bélgica. Ambos estaban destinados a ser los emperadores artificiales de México. Tras la ejecución del emperador Maximiliano, Carlota enloqueció y fue recluida.»

La sifilis en la historia Zar Ivan Enrique VIII y Pedro de Mendoza

La Sífilis en la Historia:

sifilis en la historia

La Enfermedad                  Iván El Terrible                 Enrique VIII                Pedro de Mendoza

El contagio microbiano

En el siglo XVI, hace su la aparición una enfermedad nueva, tan temible como temida: la «gran viruela», a la que el médico poeta italiano Fracastor dará en el año 1530 el nombre que lleva desde entonces, la «sífilis».

¿Esta enfermedad llegó en la tripulación, cuando Cristóbal Colón llegó de regreso de la Española por primera vez a Palos, el 15 de marzo de 1493, o la segunda vez a Cádiz, el 11 de junio de 1496? Esto parece hoy poco probable, tan rápida fue la difusión de la sífilis en el último decenio del siglo XV y el primero del XVI. Veamos como autores de finales del siglo XV y de principios del xvi describen las primeras manifestaciones.

El primer texto que hace alusión a la sífilis es un corto poema de 124 versos, De scorra pestilentiali, compuesto antes de 1496 por un profesor de derecho de Estrasburgo, Maria Sebastian Brandt, y publicado en 1498 en sus Carmina.

El segundo es igualmente un poema, de Joseph Grümbeck (o Grümpeck), nacido en Burhausen (Baviera), secretario del emperador Maximiliano de Austria: De la Mentulagre, enfermedad pestilente desconocida durante los siglos precedentes, escrito entre 1496 y 1506 (Mentulagre es una palabra formada por el autor partiendo de méntula = miembro viril y del griego agreó =yo tomo).

Grümbeck escribió también en la misma época un Tratado de la scorre prestilentiae o mal francés, conteniendo su origen y tratamiento (aquí adopta el término scorre, partiendo del griego Skb = impureza, basura). Hallándose en Augsburgo le llama poderosamente la atención el poema de Brandt y decide reunir a su vez todo lo que se sabe sobre esta extraña enfermedad y los remedios que conviene utilizar.

 En realidad la astrología tiene un papel importante en las concepciones nosológicas de Grümbeck (como en las de Brandt, por otra parte). Y, como es de esperar, el mejor auxilio llega todavía Je Dios.

Sin embargo, la primera afirmación del posible origen americano de la sífilis se encuentra en una obra de un médico sevillano, Rodrigo Díaz de la Isla, escrito entre 1504 y 1506: Tratado llamado Fruto de todos los santos, contra la enfermedad serpentina, venida de la isla Española. Asegura que a lo largo del viaje de regreso de la Española, uno de los hermanos Pinzón, piloto de Cristóbal Colón, habría sufrido una extraña enfermedad de la piel; él mismo habría curado en Barcelona a marineros afectados por esta enfermedad.

En 1497, Nicola Neoniceno publica en Venecia un libelo titulado Libellus de epidemia quam vulgo morbum gallicum vocant (Libro sobre la epidemia llamada comúnmente mal francés).

En fin, en 1498, el español Francisco López de Villalobos (nacido en 1474 en Villalobos, en la diócesis de León) publica en Salamanca un poema titulado Sumario de la Medicina, en romance trovado, con un tratado sobre las pestíferas bubas. Todavía, en este caso, se trata de un poema. En 76 estrofas de 10 versos, el autor expone todo el saber de su época concerniente a la sífilis, muy reciente puesto que había aparecido cinco años antes en el Viejo Continente.

López Villalobos observó la sífilis con un espíritu muy médico, y la describió perfectamente. Se trata sin duda de una enfermedad cutánea nueva. Es contagiosa y comienza siempre en el órgano con el cual se comete el pecado de lujuria: es una pequeña llaga dura, indolora, negruzca, a la que acompañan ganglios inguinales. Algún tiempo después aparecen síntomas generales: fatiga, abatimiento, dolores de cabeza, trastornos del sueño; después erupciones cutáneas: manchas, pápulas, vesículas, tubérculos, escamas; dolores articulares; en fin, lesiones óseas, sobre todo en la cresta de las tibias; y úlceras gomosas. Se trata, pues, de una enfermedad general, rebelde a todas las medicaciones.

Hay que citar todavía un autor, el caballero Ulrich von Hutten, que publica en 1519 un opúsculo titulado De guaiaci medicina et morbo gálico, que alcanza en su momento un gran éxito. El autor no es médico, ya que se trata de un truculento hombre de guerra, por suerte humanista. Pero conoce bien la sífilis, pues ha sido cruelmente atacado por ella. Escribe su obra para divulgar mejor el tratamiento por medio de madera de Guayaco, que al parecer a él le dio buen resultado.

Señalemos también los pasajes dedicados a esta enfermedad en la Practica in arte chirurgica, de Juan de Vigo (1460-después de 1517), médico del papa Julio II, aparecida en 1514. Las páginas que consagra a la sífilis figuran entre las más interesantes de su tratado (constituyen el libro V):

«En el mes de diciembre del año 1494 (año en que el rey Carlos Vil pasó los Alpes con el ejército francés para reconquistar el reino de Nápoles), se extendió por casi toda Italia una enfermedad de naturaleza hasta entonces desconocida. Los franceses le llamaron entonces mal de Ñapóles, pues pretendían haberla contraído en Ñapóles y llevado a su país. Los napolitanos, por su parte, le dieron el nombre de mal francés, porque se había manifestado y extendido por primera vez en Italia en la época de la expedición francesa.

Los genoveses la llamaron por su parte lo male de le tavelle, los toscanos lo male de le bulle, los lombardos lo male de le brosule y los españoles las búas. Cada pueblo, en una palabra, le asignaba una denominación según su conveniencia. Poco importa, por lo demás, tal o cual denominación, lo esencial, para nosotros, es saber tratar y curar esta enfermedad.

«El contagio del que ella deriva se realiza sobre todo por el coito,es decir, por el comercio sexual de un hombre sano con una mujer

enferma o inversamente de un hombre enfermo con una mujer sana.» Los primeros síntomas de esta enfermedad se daban casi invariablemente en los órganos genitales, es decir, en la verga o en la bulva. Consistían en pequeños granos ulcerosos, de una coloración marronácea y lívida, a veces incluso negra, otras ligeramente blanquinosa. Estos granos estaban delimitados por un anillo de una dureza callosa.

»Por más que se combatieran estos primeros granos con toda suerte de remedios interiores, raramente se lograba impedir que su veneno se extendiera por todo el organismo. Se producían entonces sobre las partes genitales nuevas ulceraciones, tan difíciles de curar como prontas a reproducirse después de su curación. Después la piel se cubría de granos encostrados y de pápulas salientes parecidas a pequeñas verrugas. Estas erupciones llenaban sobre todo la frente, el cráneo, el cuello, el rostro, los brazos, las piernas y a veces incluso se extendían por toda la superficie del cuerpo…»

El primer autor francés que escribió sobre la sífilis fue el médico de Rouen Jacques de Béthencourt, autor de una Nueva cuaresma de penitencia y purgatorio de expiación para uso de los enfermos afectados del mal francés, o mal venéreo…, aparecida en 1527. Él es el primero en haber sustituido por el nombre de «mal venéreo» (morbus venereus) las expresiones utilizadas hasta el momento para designar la enfermedad:

«Se hace la injuria a algunos santos de atribuirles esta enfermedad. De ahí que se le llame «mal de San Sementé», o «mal del santo varón Job», etc. Es una indignidad, es una profanación imputar a tales santos un mal vergonzoso que deriva de las pasiones culpables, y que tiene su origen primero en un coito impuro… Rechacemos, pues, estas denominaciones sacrilegas y, considerándolo todo bien, demos a este mal el nombre que mejor le conviene, el de «mal venéreo».

Pero será sobre todo el gran poema de Girolamo Fracastoro (nacido en Verona en 1478 y muerto en 1553) Syphilis, sive morbus gallicus, el que alcanzará un gran éxito incluso cuando no aporta gran cosa nueva respecto al conocimiento semiológico de la enfermedad.

Girolamo Fracastoro nació en Verona en 1478 en el seno de una familia donde se hallan médicos ilustres. Su infancia ya fue objeto de leyendas. Se dice que había nacido con la boca cerrada y que fue necesaria una operación para abrírsela. Algunos meses más tarde su madre es herida por el rayo con el niño en brazos y el bebé resulta indemne. Dotado de una memoria prodigiosa se aplica al estudio de la filosofía, luego de las ciencias, lo que le merece una distinción por parte del cardenal Bembo, uno de los más célebres humanistas del siglo XVI.

Fuente Consultada: Historia Cultural de la Enfermedad Marcel Sendrail El Siglo de la Enfermedad Contagiosa

Peste en Bizancio o Imperio Romano de Oriente Plagas

Peste en el Imperio Romano de Oriente

Bizancio y Justiniano I

El imperio Romano atravesó una fase de división, el Imperio Romano del Oeste y el Imperio Romano del Este. En los territorios pertenecientes a Asia Menor (anexada en el siglo I a.C) en el año 330 d.C. Constantino el Grande fundó la capital del Este en Bizancio: Constantinopla (actualmente la ciudad de Estambul).

La combinación de los dos imperios del Este y el Oeste se prolongó por cincuenta años. Luego, el imperio romano del Oeste entró en una fase de declive, sin embargo el imperio bizantino sobrevivió hasta 1204, cuando las fuerzas latinas de la Cuarta Cruzada, en la plenitud del sistema feudal, conquistaron los territorios, dando fin al Imperio Bizantino.

Justiniano, uno de los emperadores más poderosos de Bizancio, bajo las pretensiones de devolver al Imperio su forma originaria y resucitar Roma, en el 532 dirigió un ataque hacia el oeste. La expedición dio como resultado la reconquista de Cartago, la mayor parte de la costa norte de Africa, Sicilia. Sin embargo, las tropas bizantinas no se detuvieron, cruzaron a Italia donde el general Belisario ocupó Nápoles, mientras Roma, la parte central y el sur eran recapturadas por el ejército imperial.

Peste en Bizancio

Peste en Bizancio

Hacia el año 540 la resistencia Germánica parecía debilitarse mientras que las fuerzas de Justiniano se fortalecían: habían tomado parte de España, siguiendo un plan audaz que pretendía extender sus conquistas a la Galia y hasta Gran Bretaña.

Sin embargo pronto se demostraría la fragilidad de las conquistas: los moros expulsaron a los bizantinos de los territorios africanos. Hacia el año 541, el jefe godo, Totila, recuperó la mayor parte de Italia. Fracasados los intentos de Totila de lograr un acuerdo con Justiniano, la península atravesó once años de lucha cruenta, durante los cuales Roma fue sitiada cinco veces.

En una de las ocasiones, para lograr la rendición, los godos cortaron los acueductos. De este episodio se elaboran ciertas especulaciones respecto al origen de la pobreza y la suciedad medieval. Probablemente, provienen de esta acción, porque Roma, con sus edificios magníficos y su prestigio histórico, nunca dejó de tener influencia en el estilo de vida europeo. Si Roma hubiera conservado una reserva importante de agua limpia, otras ciudades europeas podrían haber seguido su ejemplo.

El gobierno de Justiniano pudiese haber sido una época de gran esplendor para el Imperio. Entre sus logros, se destacan la construcción de una cadena defensiva de castillos y fuertes, edificios como la Catedral de Santa Sofía, y la producción legislativa donde se completó la codificación del Derecho Romano (más conocido como el Código de Justiniano) que constituyó el legado más importante para la Justicia europea. Además, poseía un ejército muy bien entrenado, comandado por generales exitosos, como Belisario y Narsés.

Sin embargo, durante su largo reinado, sufrieron ataques constantes de los hunos, eslavos y los persas: los hunos casi logran apoderarse de la capital; los eslavos coparon Andreanópolis e infiltraron los Balcanes, y los persas saquearon Antioquía. Su gobierno, que comenzó con un resplandor de gloria, poco a poco fue declinando.

Después de la muerte de Justiniano en el año 565 a la edad de 83 años, el Imperio atravesó un periodo de decadencia, sumido en la pobreza y debilitado. Las razones se encuentran en las penurias y los sucesivos ataques del exterior: en el 540, el momento de sus mayores éxitos, un enemigo más temible que los godos o los vándalos los sorprendió. A su vez, debió enfrentar una plaga considerada la más letal que haya azotado al mundo.

En este sentido, los alcances de la misma se pueden observar en las descripciones de Procopius, secretario o archivista del reino. Los primeros casos se registraron en el año 540, en la ciudad de Pelusium, en el Bajo Egipto, y de allí se extendieron por todo el país y a Palestina, que parece haber sido el centro de difusión al resto del mundo conocido.

En un principio, la mortandad no fue considerable, sin embargo, a medida que avanzaba el verano los casos aumentaban hasta llegar a 10.000 muertes por día. Como no alcanzaba el tiempo para cavar las sepulturas decidieron sacar los techos de las torres y fuertes, depositando allí los cadáveres y luego colocarlos en su lugar. También fueron cargados en barcos para llevarlos hasta el mar y allí abandonarlos.

Debido a las catastróficas consecuencias que causó se la concibió como una “plaga”, sin dudas se trató de peste bubónica. Las víctimas eran atacadas súbitamente por una fiebre muy alta, y durante el primero o segundo día, los típicos bubones —ganglios linfáticos hinchados— aparecían en la ingle y las axilas.

El progreso de esta enfermedad tomaba cauces muy diversos, mientras que algunos enfermos entraban en coma, otros padecían delirios violentos (alucinaban con fantasmas, escuchaban voces que les hablaban de su posible muerte). Frecuentemente, los bubones derivaban en heridas gangrenosas y el paciente moría con gran sufrimiento. Por lo general, la muerte sobrevenía en el quinto día, o incluso antes, aunque otras veces se demoraba hasta una o dos semanas. Los médicos no podían pronosticar cuáles casos serían leves y cuáles fatales, se veían totalmente impotentes pues no se conocía un remedio para el mal. Al final la plaga habia abatido un 40% de la población de Constatinopla.

Con respecto a ello, Procopius señala dos puntos de observación: primero, la plaga siempre comenzaba en la costa y después se expandía tierra adentro, segundo, notaba que los médicos, que estaban en contacto directo con los enfermos, no se contagiaban mucho más que el resto. Este tipo de plaga fue un fenómeno recurrente hasta el año 590 afectando a la mayoría de los pueblos y regiones. En este sentido, se estima que ningún tipo de asentamiento humano estuvo a salvo de su influjo.

Incluso, como en la plaga de Cipriano, se establecían ciclos de auge y declive estacionales. A diferencia de la peste del primero (que encontraba su pico máximo en invierno), la de Justiniano causaba la mayor cantidad de muertes durante los últimos meses de verano. Muchos pueblos y ciudades sufrieron el abandono, la tierra se dejó de cultivar y el pánico colocó al imperio en un estado de gran confusión. Gibbon opina que muchos países nunca volvieron a tener la misma densidad de población. Procopius observa —un hecho que se registra también en otras crónicas de plagas—, que la depravación y la vida licenciosa durante y después de la epidemia sugieren que sólo los más perversos sobrevivían.

A su vez, la incidencia de estas plagas en la caída de Roma y el fracaso de las ambiciones de poder de Justiniano, no está determinada. En todo caso cabria dejarla como una pregunta abierta. Las infecciones incurables no respetan a nadie, son imparciales, atacan tanto a los más civilizados como a los menos. El ciudadano siempre está en un riesgo mucho mayor que el campesino, pues, en una epidemia mortal, una comunidad cerrada sucumbirá más rápido.

Es importante señalar también que la caída de la moral es más frecuente entre aquellos que han tenido una vida fácil, a diferencia de quienes han sufrido privaciones. Por eso, aunque la peste haya afectado el espíritu guerrero de las tribus salvajes, el impacto sobre Roma y la vida bizantina fue mucho mayor.

El examen de la terrible seguidilla de pestes que afligieron al Imperio durante la época de su decadencia, no necesita buscar una razón más poderosa capaz de producir ese desastre. Entre las consecuencias podemos encontrar inmediatas y mediatas. En este sentido, la inmediata estaría dada por el debilitamiento del Imperio. Mientras que en las mediatas se establecerían dos situaciones: en primer lugar, la cristiandad no habría tenido éxito en establecerse como fuerza mundial y tampoco habría evolucionado como lo hizo si el Imperio romano no hubiera sido devastado por las enfermedades que siguieron a la muerte de Cristo.

En segundo lugar: los mil años de historia de la medicina, desde el siglo IV al XIV, habrían sido muy diferentes si la medicina no hubiera caído bajo el dominio de la Iglesia cristiana. En todo caso, cabria analizar la noción de “medico” teniendo en cuenta los significados propios de la época en la cual se emplazaba y obtenía sentido: medico y sacerdote eran la misma cosa.

Fuente Consultada: Grandes Pestes de la Historia de Frederick F. Cartwright y Michael Biddiss
Enciclopedia Encarta – Enciclopedia Cosmos Vol. 7
Por Araceli Boumera

Historia del Descubrimiento del Mosquito Que Transmite La Malaria

Historia del Descubrimiento del Mosquito Que Transmite La Malaria y Fiebre Amarilla

Ciertas especies de mosquitos transmiten al hombre terribles enfermedades. Viven preferentemente en regiones cálidas y pantanosas. Actualmente se los combate en forma encarnizada, gracias a lo cual se han transformado en habitables muchas zonas hasta hace poco insalubres.

Hace más o menos un siglo, el viajero que cruzaba ciertas regiones pantanosas de Europa quedaba asombrado ante el espectáculo desolador que ofrecían.

Los hombres y los animales domésticos eran escasos; sólo se advertía algún búfalo hundido en el agua hasta las rodillas, unos pocos caballos que erraban a lo largo de las riberas, chozas miserables habitadas por hombres toscos, y en todas partes la misma atmósfera pesada y la misma humedad malsana emanando de las aguas estancadas y fangosas.

Una terrible enfermedad, que se caracteriza por accesos de fiebre acompañados de fuertes dolores de cabeza y, a veces, con delirio, asolaba esas regiones; era la malaria.

Durante siglos, la malaria —conocida también por paludismo, fiebre intermitente, fiebre de los pantanos, fiebre climática y chucho— azotó el delta del Danubio, Grecia e Italia, despoblando a pesar de su fertilidad, vastas comarcas destinadas a ser inagotables fuentes de riqueza.

No se conformó con sentar sus reales en Europa, sino que llegó a todos los continentes: en Asia, la zona palúdica toma parte de Asia Menor, Arabia, Turquestán, Persia, Indochina, Siam, China, Japón e Islas Filipinas. África está totalmente infectada.

En América, la enfermedad se propaga en México, Venezuela, las Antillas, las Guayanas, Brasil, Bolivia, Paraguay y norte de la República Argentina.

No se conocían las causas de la enfermedad; algunos la atribuían al aire pernicioso.

De ahí su nombre de malaria (del italiano: malo, malo y aria, aire).

Los mosquito La Malaria Fiebre Amarilla En 1895, el médico italiano Bautista Grassi logró identificar al solapado enemigo transmisor del terrible mal.

Era un mosquito que todas las tardes se elevaba sobre las marismas formando con sus congéneres compactas nubes.

Su nombre científico es Anofeles o Anopheles. (imagen).

Este insecto, al absorber la sangre de un ser humano o de un animal atacados de malaria, absorbe también los parásitos de la sangre llamados hematozoarios (del género Plasmodium), que son los causantes de la enfermedad y fueron descubiertos por el investigador francés Laverán.

Luego, cuando el Anofeles pica, los inocula al individuo sano.

Grassi, que muchas veces vio flotar en los pantanos los huevos de los Anofeles, como si fueran pequeñas balsas, aprendió pronto a distinguir a estos mosquitos de otros menos peligrosos.

De los huevos de esos insectos nacen las larvas, que viven y crecen en el fondo del agua, pero suben a la superficie para llenar de aire los tubos o tráqueas por medio, de los cuales respiran.

Esos descubrimientos permitieron acabar con la malaria.

Se comenzó por cubrir de petróleo la superficie de las lagunas peligrosas para privar así a las larvas del aire necesario a su existencia. En otros lugares se criaron ciertos peces (ciprinos) que se alimentan con larvas de mosquitos.

Además se desecaron las regiones pantanosas y se cavaron canales para hacer correr el agua estancada. De este modo la enfermedad disminuyó considerablemente.

En la actualidad se emplea el DDT (diclorodifeniltricloretano), uno de los insecticidas más poderosos que se conocen.

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La fiebre amarilla hacía estragos entre los obreros que trabajaban en las esclusas del canal de Panamá.

Hay fiebre amarilla en 47 países endémicos de África, América Central y Sudamérica. Cerca del 90% de los casos notificados cada año corresponden al África subsahariana.

El médico cubano Carlos Finlay (imagen) sostuvo que el mal era trasmitido por un mosquito llamado Estegomia calopus, cuya hembra deposita los huevos en cualquier sitio donde haya agua estancada.

Cuando los norteamericanos intervinieron en la guerra de Cuba, el médico militar Walter Reed pudo comprobar que Finlay tenía razón.

La fiebre amarilla o vómito negro es originaria de las costas del golfo de México y de las Antillas. En 1871 la terrible enfermedad llegó a Buenos Aires y la epidemia dejó un saldo de catorce mil muertos.

Ahora se le hace en casi todas partes una guerra sin cuartel. En Río de Janeiro, por ejemplo, cuando se presenta un caso de fiebre amarilla, acude en el acto un pequeño ejército de guardias sanitarios que dispone serias medidas de prevención y profilaxis.

La especie Culex, inofensiva en los países de clima templado, en las zonas tórridas puede inocular, a hombres y animales, unos parásitos del género leishmania que producen una grave enfermedad conocida con el nombre de muerte negra o kalaazar. (imagen izquierda abajo: mosquito de la malaria)

Los viajeros afectados exportan la enfermedad a otros países en los que no hay fiebre amarilla, pero la enfermedad también se puede propagar fácilmente si en el país hay especies de mosquitos capaces de transmitirla, condiciones climáticas específicas y el reservorio animal necesario para mantenerla.

¿Cómo se transmite? El virus de la fiebre amarilla se transmite por mosquitos infectados, generalmente del género Aedes (los mismos que transmiten los virus de Zika, de la fiebre chikungunya y del dengue). También la transmiten los mosquitos Haemogogus, que se encuentran sobre todo en la selva.

Los mosquitos se infectan cuando pican a personas o monos infectados. La enfermedad no se transmite por contacto entre personas.

¿Cómo pican los mosquitos? Entre las antenas está situada la trompa, constituida por una pieza hueca, contra la cual se apoya la lengua.

La trompa se completa con las mandíbulas y con los estiletes terminados, unos con puntas perforantes, y otros con una sierra destinada a ensanchar las heridas alrededor de la picadura.

A veces, la trompa presenta una verdadera bomba aspirante-impelente, que inyecta en la presa los líquidos salivares tóxicos y absorbe, al mismo tiempo, la sangre de la víctima.

Con su característico zumbido, los mosquitos inician lo que bien podríamos llamar la caza del hombre, a quien acosan con sus dolorosas picaduras y su inquietante concierto. Es curioso saber que sólo la hembra pica y que lo hace únicamente de noche.

En desacuerdo con sus colegas, el médico estadounidense Walter Reed (1851-1902), que conocía la teoría de Finlay, sostenía que el mosquito Estegomia calopus causaba la fiebre amarilla.

Para convencerlos, Reed los reunió y les presentó un recipiente lleno de Estegomias. Cuando lo destapó, los incrédulos colegas levantaron para salir  precipitadamente la sesión

Los mosquitos son insectos que se reproducen enormemente. La hembra pone varios centenares de huevos en las aguas estancadas, de los cuales saldrán igual número de larvas que miden, al nacer, un milímetro escaso.

Son ápodas (sin patas), como todas las larvas de los dípteros (insectos con dos alas). Del estado de larva pasarán al de ninfa.

En lugar del tubo respiratorio, las. ninfas poseen dos pequeños cuernos cefálicos.

Son muy móviles, y suben a respirar a la superficie del agua, volviendo a descender en seguida sin tomar alimento. Una actividad semejante, unida a un ayuno tan severo, no podría continuar mucho tiempo. Por eso, al cabo de tres días, la ninfa sube a la superficie, donde pierde su piel y se transforma en insecto perfecto.

Incubacion y Tratamiento: El periodo de incubación de la fiebre amarilla es de 3 a 6 días y la enfermedad tienes dos fases, la primera, aguda, se caracteriza por fiebre, dolores musculares, sobre todo de espalda, cefaleas, escalofríos, pérdida de apetito y náuseas o vómitos y los afectados pueden recuperarse, pero si pasan a la segunda fase, muy  tóxica, la mitad fallecen en un plazo de 10 a 14 días, mientras que la otra mitad se recupera sin daños orgánicos importantes

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LECTURA COMPLEMENTARIA:
Como el Ejército norteamericano acabó con la fiebre amarilla:

Para impedir las enfermedades del tipo microbiano, o infeccioso, sólo es preciso impedir la entrada en los cuerpos sanos de los microbios que las causan. Para hacer esto es necesario conocer cómo el organismo o su esporo va de la enfermedad a la salud y seguir este camino ha implicado con frecuencia un trabajo de rastreo tan difícil y fascinador como nunca se ha descrito en una novela dramática y, en parte, tan lleno de peligros.

En muchos casos el problema se ofrece al estudio sin mucha dificultad, y los sanitarios expertos aprenden pronto a vigilar el agua y la leche y a sospechar de otros alimentos y bebidas. Se ha comprobado que conducimos la viruela en los vestidos, nuevos o viejos, y este es uno de los peligros de las prenderías.

La gran dificultad para la observación del investigador ha sobrevenido con aquellos gérmenes que no se transmiten directamente de una persona a otra sobre algún vehículo físico, sino que tienen un huésped o huéspedes intermediarios en forma de insecto o gusano.

Cuando las tropas norteamericanas fueron a Cuba, en 1898, el enemigo más temible no eran las tropas españolas, sino la fiebre amarilla que había infectado siempre los trópicos y, ocasionalmente, había llegado a algunas ciudades norteamericanas, sembrando la muerte y el terror. Nadie sabía exactamente cómo se transmitía la enfermedad.

Un cierto número de científicos médicos estaba convencido de que el germen de la infección era transmitido por los mosquitos, pero el público en general consideraba la idea como una mera «teoría», prefiriendo como ocurre con mucha frecuencia, la simple explicación verbal consistente en llamar a la enfermedad «contagiosa».

Después de la terminación de la guerra y de la liberación de Cuba, se recordará que las fuerzas norteamericanas quedaron al frente de los asuntos de la isla, hasta que pudiera organizarse y operar un gobierno estable.

Bajo esta administración se transformaron las condiciones sanitarias, la prevalencia de la malaria se redujo extraordinariamente y la fiebre amarilla se acabó. En 1900, el Dr. Gualterio Reed, del Cuerpo de Sanidad militar, fue colocado al frente de una Comisión destinada a estudiar la fiebre amarilla.

Comprobó resueltamente la «teoría del mosquito» por experimentos con los soldados que se prestaron voluntariamente. Comenzaban por dormir en la casa apestada y con las ropas del paciente que había muerto de la fiebre amarilla. Ninguno de ellos contrajo la enfermedad, demostrando así que ésta no se transmitía por contacto.

Eos sujetos se sometieron después a la picadura de mosquitos, que habían picado, previamente, a pacientes de la fiebre. Sin excepción, desarrollaron casos típicos de la enfermedad, y aunque, como es natural, se les prestó todo el auxilio y la más esmerada asistencia posible, algunos murieron, tan mártires de la causa de la Humanidad como hayan podido ser nunca los hombres.

El resultado de los experimentos probó, de un modo concluyente, que la picadura de un mosquito especial llamado «stegomyia» era el único medio por el cual podía ser contraída la fiebre.

El problema estaba resuelto; para eliminar la fiebre amarilla era necesario eliminar el «stegomyia». Partiendo de este conocimiento adquirido y del hecho previamente establecido por el Dr Ross de que también la malaria es trasmitida por otra variedad de mosquitos, los sanitarios estaban capacitados para suprimir los grandes obstáculos con que tropezaba la vida del hombre blanco en los trópicos.

Estos descubrimientos hicieron posible para los norteamericanos el acceso a Panamá y dar al mundo el canal tanto tiempo esperado.

La prevalencia de la fiebre en los lugares pantanosos, no se atribuyó ya a las emanaciones de ningún «vapor» o «miasmas», sino a la abundancia de los mosquitos conductores de gérmenes. Del mismo modo, los peligros del «aire de la noche» y de los malos olores se reconocen hoy como míticos.

La inmundicia es dañina porque es el vehículo o lugar de cultivo de la infección.

Una conquista reciente semejante y en la cual también han tenido una participación honrosa los médicos americanos, es la victoria sobre el tifus, el temible azote de los ejércitos y de la vida de campaña.

Los doctores que combatieron la epidemia en Servia, en la Guerra Europea, localizaron primero la conducción de la enfermedad en el piojo común, y lo vencieron del modo usual, acentuando la limpieza personal.

Desde el punto de vista de la ciencia pura, estos descubrimientos han sido también de un valor incalculable, aumentando nuestro conocimiento de los fenómenos de la vida tanto como contribuyendo a la comodidad y seguridad de la existencia, y demostrándose una vez más como el interés práctico y el amor al conocimiento por sí mismo, se influyen mutuamente y se completan.

Las historias de la vida de algunos de estos «gérmenes» forman uno de los más admirables capítulos del libro de las maravillas de la Biología moderna.

Ver: La Quinina

Fuente Consultada: Lo Se Todo – Tomo II

La Gripe Española Causas, Virus, Cantidad de Muertes, Propagacion

LA GRIPE ESPAÑOLA DE 1918

malas noticias en el mundo

Un tipo de gripe misteriosa y extremadamente virulenta apareció en la primavera de 1918 y se extendió por el mundo en tres oleadas terribles durante el año siguiente. Luego, de repente, desapareció. La guerra fue un instrumento eficaz para la propagación de la epidemia, que fue conocida como «la gripe española» por la ferocidad de su ataque en ese país.

Aquella plaga, que se desencadenó en la primavera de 1918, llevó a la tumba a cerca de 40 millones de personas. En España, sus repercusiones fueron espantosas: murieron 300.000 personas a pesar de que las cifras oficiales redujeron las víctimas a “sólo” 147.114. Pero el país más castigado fue la India, donde fallecieron 15 millones de los afectados por la epidemia, alcanzando la mortalidad, en ciertas zonas, al 20% de la población.

Desde tres puertos militares distantes (Freetown, en Sierra Leons Brest, en Francia, y Boston, enMassachusetts), la gripe se propagó en todas direcciones transmitida por marinos y soldados a la población civil. Al cabo de poco tiempo, seis continentes estaban infectados y el número de soldados enfermos entorpeció el desarrollo de la guerra San Francisco aprobó ordenanzas que obligaban a utilizar mascarillas quirúrgicas. Los teatros y cines de Chicago, en cooperación con el Ministerio de Sanidad, se negaron a admitir a los clientes que tosían. A pesar de los esfuerzos se estimó que la mitad de la población mundial estuvo afectada por la epidemia en 1918.

En la virulencia de la epidemia gripal de 1918 se aunaron varios factores que provocaron más del doble de víctimas que la Gran Guerra. En primer lugar, la específica mutación del virus gripal de ese año. Existe la teoría de que fue el resultado de una recombinación genética entre un virus animal, concretamente la gripe porcina, y otro humano, ante la cual la memoria inmunológica de la humanidad era inexistente.

Aparte de las complicaciones pulmonares conocidas, esta gripe afectaba especialmente al sistema neurológico, provocando la llamada encefalitis de Von Economo, Segundo,  la Gran Guerra fue decisiva para su expansión: los primeros casos aparecieron en Kansas, el 4 de marzo de 1918, entre soldados del ejército norteamericano que esperaban acuartelados su traslado a Europa.

Más de un millón de ellos llegaron a Francia, por lo que a las pocas semanas el virus gripal ya había invadido los puertos franceses. Es curioso que, a pesar de este claro origen norteamericano –en EE.UU causó unas 600.000 muertes–, la enfermedad fuese conocida como “gripe española”.

DESCUBREN PORQUE FUE MORTAL LA GRIPE ESPAÑOLA

Un estudio explicó por primera vez por qué fue tan letal el virus de la gripe española, que hace 80 años mató a más de 20 millones de personas en  una epidemia mundial.

El trabajo permite esclarecer el secreto de la enfermedad, en vísperas de una expedición a la isla noruega de Longyerbyen, en el Mar Glacial Ártico, para recuperar el virus que «hiberna» bajo los hielos perennes en los cuerpos de siete jóvenes que murieron por la gripe española en 1918.

El descubrimiento, publicado por la revista norteamericana Proceedings of the National Academy of Sciences, no sólo resuelve el misterio médico, sino que, además, proporciona el instrumento para entender cómo virus comunes pueden convertirse en mortales agentes patógenos.

La transformación, según el estudio realizado por Hideo Goto y Yoshihiro Kawaoka, de la Universidad de Wisconsin, otorga al virus de la gripe de tipo A –como era el de la gripe española– la capacidad de infectar no sólo los tejidos del aparato respiratorio sinotambién los de otros órganos, provocando así una peligrosa infección sistemática.

Kawaoka explica, además, que la propiedad de infección del virus de la gripe se vincula normalmente a la presencia de una enzima que permite al microorganismo romper una proteína (hemaglutinina) situada en la membrana de la superficie de una célula, para introducirse en ésta y reproducirse.

La enzima en cuestión está presente normalmente en los tejidos del aparato respiratorio, pero Kawaoka descubrió que también en los tejidos de otros órganos hay enzimas semejantes, capaces de romper la cadena proteica de la hemaglutinina.

En algunos casos, sugiere Kawaoka, basta entonces una variación mínima del virus –o de su membrana externa– para que el microorganismo pueda servirse de otras enzimas para romper la hemaglutinina y hacer brecha en las células de los órganos más diversos.  Los virus son organismos extremadamente variables y se transforman; por eso, las vacunas actuales tienen una eficacia limitada.

Los científicos consideran que el descubrimiento de Kawaoka es muy importante porque abriría el camino a la búsqueda de una curación.

¿Qué es la Gripe?

¿Sabías que la pandemia de la gripe de 1918 mató a más de 20 millones de personas – más de los que murieron en la Primera Guerra Mundial?

¿Sabes cuánta gente se infecta en Estados Unidos ó Australia durante la estación típica del virus de la gripe?

Para conocer más detalles sobre el virus de la gripe y su impacto, sigue leyendo…

  • 1918-1919 ‘Gripe Española’ A (H1N1) causó la muerte de más de 20 millones de personas (más de los que murieron en la Primera Guerra Mundial).
  • 500.000 muertes se produjeron debidas a la gripe española en los EE.UU.
  • 1957-1958 ‘gripe de Asia’ A (H2N2) produjo 70.000 muertes en los EE.UU.
  • 1968-1969 ‘gripe de Hong Kong’ A (H3N2) produjo 3.400 muertes en los EE.UU.
  • Desde la aparición de la gripe de Hong Kong tipo A (H3N2) en 1968 se han producido 400.000 muertes en los Estados Unidos, de éstas un 90 % han sido en ancianos.

ESPAÑA

  • Según datos proporcionados por el Centro Nacional de Epidemiología cada año padecen gripe en España unos 3- 3´5 millones de personas, lo cual significa en torno a 7.800- 8.000 personas por 100.000 habitantes.

AUSTRALIA

  • En una población de 18 millones de habitantes aquellos que presentan riesgo ante la gripe son unos 4´2 millones de habitantes.
  • El número total de vacunados anualmente es de 2,3 millones de personas.
  • El número estimado de muertes cada año es de 800- 2.700 muertes, pero se piensa que son cifras infraestimadas.
  • Se producen unas 18.000- 37.000 hospitalizaciones cada año debidas a la gripe.

ESTADOS UNIDOS

  • El número total de días de actividad reducida debido a la gripe es de 315,4 millones (1994).
  • El número total de camas por día debidas a la gripe es de 170 millones camas x día (1994).
  • El número de días laborales perdidos debidos a la gripe es 69,3 millones días (1994).

PARA SABER MAS…
PANDEMIA DE GRIPE EN 1918

La pandemia se originó en las bases militares norteamericanas. En seis semanas, el 3 % de los reclutas del Campamento de Sherman murieron. Las tropas trajeron la gripe a Europa y desde ahí se expandió hasta llegar a China. Al cabo de un año, habían muerto 25 millones de personas —un numero bastante impresionante, sobre todo al compararlo con los 9 millones que murieron en la Primera Guerra Mundial—.

Los barcos que cruzaban el Atlántico llegaban a su destino con muchos menos pasajeros de los que habían partido.

La pandemia también tuvo sus consecuencias económicas. Aunque ninguno de los remedios para curar la gripe surtía efecto contra el virus, sus ventas se pusieron por las nubes. Al final, resultó que el producto que más beneficios reportó fue Vicks VapoRub, que se introdujo en el mercado en 1905 gracias a Lunsford Richardson, un farmacéutico de Selma, en Carolina del Norte. El principal ingrediente del ungüento era el mentol, un componente que se extraía del aceite de menta.

Richardson no era el primero en darse cuenta del enorme potencial farmacéutico del mentol. Este honor se lo debemos a Jules Bengue, un farmacéutico francés que creó una crema para el dolor muscular llamada Ben-Gay. Bengue había notado que el mentol provocaba calor al aplicarlo sobre la piel. Lo mezcló con un calmante, el metil salicilato, y vendió la composición como tratamiento contra la artritis, la gota y las neuralgias. Algunos consumidores de Ben-Gay manifestaron que, cuando estaban resfriados, inhalar un poco de Ben-Gay les despejaba la nariz. Richardson vendía Ben-Gay y también oyó a sus clientes ensalzar los beneficios del producto.

Así que mezcló el mentol en gelatina de petróleo e inventó la «Cura Sanadora de Neumonía y de Croup de Richardson». Al frotarlo sobre el pecho, el ungüento daba sensación de calor, y el mentol, al evaporarse, reducía la congestión nasal. Sin embargo, el nombre seguía siendo demasiado largo, por eso Richardson buscó otro más corto y con más gancho. Su cuñado era un médico, llamado Joshua Vick, quien le había permitido usar su laboratorio y crear la cura.

En muestra de agradecimiento, Richardson decidió cambiarle el nombre por Vicks VapoRub, y este nombre triunfó.
(Fuente Consultada: Por que los gallas cantan al amanecer? Joe Schwarcz)

La Peste Negra o Peste Bubonica Edad Media Causas de la Epidemia

CAUSAS DE LA PESTE NEGRA EN LA EDAD MEDIA

Peste Negra o Muerte Negra: La gran epidemia de la edad media:

peste negra proteccion

La pandemia más destructiva en la historia de Europa fue la peste bubónica que asoló al Viejo Continente entre los años 1348 y 1361, ya la que se dio el nombre de “muerte negra».

Continuaremos llamando así a esta epidemia, reservando el nombre de plaga para otras pestes, tales como la de Londres de 1665.

Como dijimos, la palabra «bubónica» se refiere al característico bubón o agrandamiento de los ganglios linfáticos.

Esta plaga es propia de los roedores y pasa de rata en rata a través de las pulgas: la pulga pica a una rata infectada y engulle el bacilo junto con la sangre; este bacilo puede quedar en el intestino del animal durante tres semanas y cuando pica a otro animal o a una persona, lo regurgita e infecta.

En el caso de la verdadera peste bubónica, los humanos sólo se contagian por la picadura de la pulga, nunca por contacto directo con un enfermo o a través de la respiración.

El transmisor más común de esta infección es la rata negra (Raltus rattus). Este animal es amigable con el hombre, tiene aspecto agradable y está cubierto de una piel negra y brillante.

A diferencia de la rata marrón que habita en las cloacas o establos, ésta tiende a vivir en casas o barcos.

La cercanía con el hombre favoreció la traslación de las pulgas entre ratas y humanos, y así se propagó la peste.

La enfermedad, ya fuera en el caso de las ratas o de los humanos, tenía una altísima tasa de mortandad, y en algunas epidemias alcanzó el 90 por ciento de los casos, siendo considerado “normal” un índice de fallecimiento promedio del 60 por ciento.

La bacteria infecciosa Pasteurella pestis, conocida ahora como Yersinia, se multiplica rápidamente en la corriente sanguínea, produciendo altas temperaturas y muerte por septicemia. Pero esto no ocurre a menudo en epidemias de verdadera peste bubónica, pues para ello se requiere una altísima transmisión de la infección a través de las pulgas.

Entierro en la edad media

En ciertos casos, por razones desconocidas, la infección puede adquirir la forma de una neumonía, y no necesita de la picadura de pulgas sino que se transmite de persona a persona, por contacto o a través de la respiración.

En una gran pandemia existen ambas; no obstante, la del tipo neumónica se expande más rápido y más extensivamente, con una mayor incidencia de casos y una mortandad superior, puesto que la neumonía, la mayoría de las veces, es letal.

A lo largo de la historia, las plagas de peste bubónica han sido escasas. Se conocen cuatro grandes pandemias: la de Justiniano (540-590 d.C.), que puede haber llegado hasta Inglaterra; la “muerte negra» (1346-1361); la “Gran Plaga” en la década de 1660, y una pandemia que comenzó en Asia en 1855 y causó muchas muertes en Cantón, Hong Kong y Rusia, llegando a Gran Bretaña en 1900, donde produjo decesos en Glasgow, Cardiff y Liverpool.

En la última pandemia, Ogata Masanori notó tal cantidad de ratas muertas que la denominó “la peste de las ratas”.

En China y Rusia prevaleció la epidemia del tipo neumónica, y en Europa se propagó la del contagio por picadura de pulgas a ratas infectadas.

Peste Negra edad mediaLa plaga de Justiniano y la Gran Plaga comenzaron en la costa y se propagaron tierra adentro.

La gente que atendía a los enfermos no corría más riesgo de contagio que aquella que no lo hacía.

En Constantinopla al principio las muertes no fueron muchas, pero al poco tiempo los decesos aumentaron de tal manera que a los cuerpos no se les podía dar adecuada sepultura.

En la plaga de Londres de 1665 se observó el mismo patrón: el 7 de junio Samuel Pepys notó sólo dos o tres casas con la cruz roja pintada en la localidad de Drury Lane; en cambio, desde la primera semana de junio hasta comienzos de julio, la lista de muertes fue aumentando de 100 a 300, y luego a 450 casos.

Finalmente creció hasta llegar a los 2.000 en la última semana de julio, a 6.500 a fines de agosto y a 7.000 casos en la tercera semana de septiembre, el pico más alto.

La población de Londres en 1665 se calculaba en 460 mil personas y rara vez la ciudad estaba completamente libre de la plaga.

El aumento de 200 a 300 casos se puede atribuir al contagio a través de las ratas, pero la mortandad de miles de personas indica un contagio de persona a persona.

En consecuencia, esta plaga, que comenzó como una verdadera peste bubónica, evolucionó hacia el tipo neumónico.

Sucedió algo parecido en la de Justiniano, y debió haber sido igual en el caso de la muerte negra.

Desde Oriente:

La muerte negra, se presume, comenzó en Mongolia. De allí, una horda de tártaros —un pueblo de origen turco que invadió Asia Central— la llevó al istmo de Crimea, donde sitiaron a un grupo de mercaderes italianos en un puesto de trueque llamado Caffa (Teodosia en la actualidad).

De acuerdo con una versión, la plaga apareció en Caffa en el invierno de 1346, sin duda contagiada por las ratas.

Otra versión la atribuye a que los tártaros arrojaron cadáveres infectados por encima de los muros.

En ambos lados hubo muchos muertos y por esa razón el sitio fue levantado.

La horda se dispersó y diseminó la plaga alrededor del mar Caspio y desde allí, por el norte llegó a Rusia y por el este a la India y a China en 1352.

Los italianos supervivientes escaparon por mar hacia Génova y, según el cronista Gabriel de Mussis, durante el viaje no hubo ningún caso.

Después que el barco atracó, al primero o segundo día la plaga se desató de forma devastadora.

Mussis dejó constancia de que se trató de una infección rata-pulga-hombre’, clásica de la peste bubónica.

Desde Génova, la plaga se extendió en semicírculo a través de Italia, Francia, Alemania y Escandinavia, llegando a Moscú en 1352.

Los historiadores calculan que la cantidad de muertos alcanzó los 24 millones alrededor de un cuarto de la población de Europa y Asia.

En la historia escandinava, esta plaga tuvo un impacto mucho mayor que cualquier otro acontecimiento.

Los barcos trasladaron la infección a los asentamientos de Groenlandia, fundados originariamente por Erik el Rojo en el año 936.

Estas colonias se debilitaron de tal manera por la plaga y la falta de abastecimientos provenientes de Noruega que fueron borradas del mapa al sufrir el ataque de los inuits.

Los últimos pobladores vikingos desaparecieron de la zona en el siglo XIV y desde entonces Groenlandia fue una región desconocida, hasta que John Davis la redescubrió en 1585.

Se cree que los pobladores vikingos tenían contacto con Vinland, en las costas de Canadá, de manera que la muerte negra debe haber alterado también la historia del poblamiento de América del Norte.

En Inglaterra:

La muerte negra llegó a Inglaterra alrededor del 24 de junio de 1348 probablemente a bordo de un barco que provenía de Gasconia y atracó en el pequeño puerto de Melcombe, en el condado de Dorset.

flagelanteLa infección allí se mantuvo bajo la forma de peste bubónica hasta principios de agosto.

Desde Melcombe, la plaga viajó por tierra y por mar, en barcos costeros que llevaban la infección a los puertos del sudoeste y a lo largo del canal de Bristol.

Luego se extendió tierra adentro, a través de Dorset y Somerset, llegando al gran puerto de Bristol alrededor del 15 de agosto.

Los habitante de Gloucester, atentos a la situación imperante en Bristol, decidieron protegerse y cortaron toda comunicación con esa ciudad, pero todo fue en vano.

De Gloucester, la plaga pasó a Oxford y a Londres, donde se constató la aparición el 1ro. de noviembre. Hacia el oeste, la epidemia avanzó más lentamente, ya que los condados de Devon y Cornxvall eran poco poblados, y llegó a Bodmin, en el centro de Cornwall, hasta la Navidad.

Para ese entonces las diócesis de Bath y Gales, que cubrían todo Dorset y Somerset, habían sido infectadas.

El 4 de enero de 1349, el obispo escribió acerca de una gran mortandad, observando que muchas parroquias quedaban sin sacerdote para administrar los sacramentos.

Luego, durante los meses de invierno, cuando ratas, pulgas y humanos tienden a ser menos activos, sobrevino un pequeño alivio.

La ciudad de Oxford, que había sido infectada antes de noviembre de 1348, no alcanzó el pico más alto hasta el verano siguiente, en mayo de 1349.

Londres sufrió pocas muertes durante el invierno, pero en marzo aumentaron en gran cantidad, llegando a su punto máximo en abril y mayo, para luego declinar en forma gradual.

Desde Londres partía la ruta principal hacia los condados del este, densamente poblados, que también se contagiaron; en Norwick la plaga apareció en marzo y en York, hacia fines de mayo de 1349.

En ese momento, todo el sur, el este y el interior de Inglaterra habían sido presa de la epidemia.

En los lugares menos poblados, como el norte y el extremo oeste, la expansión fue más lenta. Irlanda se contagió por vía marítima en 1349, y Gales y Escocia un año después.

Escocia podría haber escapado de la plaga, pero quiso aprovechar la difícil situación de los ingleses y los invadió en el otoño de 1349; por entonces, en los condados del norte la mortandad estaba en el nivel más alto.

Así, la infección irrumpió en el ejército escocés cerca de Selkirk y cuando los soldados volvieron a sus hogares se dispersó por todo el país.

Dos años trágicos:

o se sabe cuántos murieron en los terribles años de 1348 a 1349, ya que no hay estadísticas de mortalidad ni censos, como en la plaga de 1665. Nadie en el siglo XIV podía estimar la mortalidad en números, dada la poca confiabilidad de los datos.

La situación se complicó más por el hecho de que la muerte negra no apareció en una sola visita.

Hubo epidemias recurrentes en cuatro o cinco ocasiones antes de fines del siglo XIV.

La peor de ellas infectó en 1361 a Inglaterra, Francia y Polonia, entre otros países.

El nombre de Peslis puerorum dado a esta enfermedad podría ser el primer indicio que sugiere la presencia de un gran porcentaje de niños infectados en 1361, como habría sido el caso si todos los grupos de distintas edades hubieran sufrido una inusual tasa de mortandad trece años antes.

Otro indicio lo proporciona el Poll tax, un impuesto vigente en Inglaterra en 1377, de donde surge que la población era de alrededor de 2,5 a 3 millones de personas.

Las mejores estimaciones de 1347 indican entre 4,5 y 6 millones de habitantes, por lo que el número parece haber decaído súbitamente en 2 millones en esos treinta años.

La población había crecido a ritmo constante entre la conquista normanda y el año 1300, con un incremento continuo a fines del siglo XIV, hasta llegar a 3 millones en Inglaterra y Gales.

ambos casos el aumento sólo pudo haber ocurrido porque el porcentaje de nacimientos fue mayor que el de muertes.

Enfermedades comunes —incluidos los brotes epidémicos— causaron muchas defunciones en el período que va de 1066 a 1550, aunque sin interrupción de los procesos normales de muerte y nacimiento.

La disminución de la población en cerca de 2 millones durante los treinta años que van de la muerte negra al Poll tax señala, en cambio, un altísimo grado de mortandad, que determinó la escasez de individuos en edad de procrear y, consecuentemente, la disminución de los nacimientos. Se estima así que el mayor índice de mortandad ocurrió a comienzos de este último período.

Es necesario enfatizar estos datos aparentemente tediosos, ya que la tendencia actual es considerar a la muerte negra como «cualquier otra epidemia”, que causa en la población al menos la muerte de uno de cada diez individuos.

En sí mismo, este dato no es suficiente para producir un cambio social, pero sí para tomarlo como un patrón específico de la mortalidad que causó un gran cataclismo en el Viejo Continente a fines del siglo XIV.

La evidencia de las estadísticas es poco confiable, sin embargo, la cantidad de muertos fue suficientemente elevada como para generar cambios que produjeron un levantamiento social.

Unos pocos monasterios consignaron los números de sus propios muertos: la Iglesia de Cristo en Canterbury sufrió sólo cuatro muertes de entre ochenta clérigos, relacionadas quizá con otras enfermedades sin vinculación con la plaga.

La Gran Abadía de Crowland también eludió la peste, aunque el mantenimiento de sus propiedades se vio afectado.

En el otro extremo, en Luffield Priory, murieron todos los monjes y novicias, así como en St. Mary Magdalen, en Sandon; y en un convento en Wolthorpe sólo sobrevivió una monja.

Entre estos dos extremos hay once casas, el grupo mayor de una serie que perdió más del 75 por ciento de sus miembros; nueve de ellas con índices cercanos al 50 y 75 por ciento, y dos únicamente que registran un número de víctimas de la plaga menor al 50 por ciento.

Si bien esta evidencia no es, suficiente, se podría suponer que existió una semejanza entre la proporción de muertes en los monasterios y en la población.

Este modelo coincide con el conocido comportamiento y las características de la forma neumónica de esta plaga.

Había una considerable variación en la transmisión de la infección y por lo tanto, de la mortalidad en Inglaterra y Europa.

Los pueblos, abarrotados y cercados, sufrían un riesgo mayor.

La densidad de la población y la facilidad de las comunicaciones ayudaban a propagar la enfermedad.

En los populosos condados del este de Inglaterra.

En Inglaterra, los efectos inmediatos de la peste de 1394 infligieron un duro golpe al mayor negocio del país, la lana; hubo que pagar salarios dobles y hasta triples para esquilar las ovejas, dada la escasez de trabajadores.

Muchas casas y granjas quedaron vacías, lo que abarató absurdamente el precio del ganado, pues los señores trataban por todos los medios de vender los animales que habían adquirido a la muerte de sus arrendatarios.

Ninguno de estos efectos, al menos en sus formas extremas, duró más de un año o dos.

A largo plazo, la «peste negra» repercutió negativamente en el aumento de la población.

Durante todo el siglo XIII, la población había crecido de forma rápida y, aunque cada vez se ponían en cultivo más tierras, pocas dudas había de que, a principios del siglo XIV, con un total de 3,5 a 4,5 millones de habitantes, Inglaterra se hallaba superpoblada, lo que, a la vista de las limitaciones de las técnicas agrícolas medievales, constituía un grave problema.

Por esta época, prácticamente toda la tierra disponible había sido labrada con arado y, en algunas, zonas, las tierras cultivadas eran tan pobres que apenas producían cosechas de algún valor.

Se había llegado a un punto crítico, y los cincuenta años anteriores a la «peste negra» vieron el final del aumento de la tasa de crecimiento de la población, quizás incluso una ligera reducción.

En este sentido, la «peste negra» no hizo otra cosa que exagerar enormemente una tendencia demográfica que ya existía.

Esta tendencia no se invirtió radicalmente una vez pasada la epidemia. Los nuevos brotes de la peste en 1361-1362 redujeron cada vez la población en otro diez por ciento; las epidemias siguientes actuaron, sin duda, como un freno constante a este crecimiento.

La población inglesa, igual que la de otros países, aumentó sólo muy lentamente, y hasta finales del siglo XVI no alcanzó la cifra anterior a 1349.

Efectos sobre las ciudades

Este lento crecimiento demográfico se refleja en la historia de las ciudades.

El siglo XII y, especialmente, el siglo XIII fueron testigos de la fundación de nuevas ciudades, y de la rápida expansión de otras más antiguas.

Este período de desarrollo urbano había finalizado ya una generación antes de la aparición de la «peste negra».

A pesar de no conocerse los efectos exactos de la peste en las ciudades, de lo que no cabe duda es de que para muchas significó tanto una pérdida de población como de comercio.

En Inglaterra, Sudbury, en Suffolk, por ejemplo, tenía 107 puestos de mercado en 1340, pero sólo 62 en 1361.

A primera vista parece que la «peste negra» produjo curiosamente pocos cambios en el campo.

Se tienen noticias de que en los primeros años de la década de 1350-60 se despoblaron numerosas explotaciones agrícolas, pero en seguida fueron ocupadas de nuevo.

Sus dueños ofrecían condiciones particularmente favorables para atraer a nuevos arrendatarios, conservándose, sin embargo, las costumbres tradicionales relativas al pago de impuestos y otras prestaciones a los dueños de las tierras.

Muy pocos pueblos quedaron totalmente desiertos.

La «peste negra» produjo una despoblación más generalizada en aquellas zonas donde la superpoblación había obligado a colonizar tierras pobres.

Las generaciones jóvenes abandonaron sus antiguos hogares para instalarse en tierras mejores, disponibles ahora en todas partes, lo que, como es lógico, llevó a la desaparición de algunas localidades.

En Castilla, por ejemplo, el Becerro de las Behetrías registra el despoblamiento de algunas zonas.

Escasez de mano de obra

¿Quién ocupaba la tierra que la «peste negra'» dejaba libre? Los nuevos arrendatarios procedían de la clase que anteriormente no había tenido acceso a ella, del extenso grupo de braceros sin tierras que habían sido empleados tanto por los agricultores como por los señores en trabajos ocasionales o permanentes.

Esta clase supo aprovechar la oportunidad de alcanzar la condición y la seguridad de los campesinos terratenientes, lo que repercutió en una alarmante disminución de la mano de obra contratada.

Esta fue la auténtica revolución que la «peste negra» produjo en el campo.

Los braceros que no ocuparon tierras libres dictaban sus propias condiciones a quienes quisieran contratarlos; y en un desesperado intento por combatir unos salarios que se disparaban, algunos países dictaron diversas leyes congelándolos.

Tal ocurrió en Inglaterra con el Estatuto de Braceros (1451) y en Castilla con el Ordenamiento de menestrales, del mismo año, dictado por Pedro I.

Estas medidas, que unos jueces especiales se encargaban de hacer cumplir, no evitaron la inevitable alza de los salarios: Tan sólo una generación después de la «peste negra», los salarios se habían incrementado en un cincuenta por ciento.

Si bien esto afectó a los precios de algunos productos, no se produjo una inflación generalizada.

La «peste negra» modificó asi la distribución de la propiedad y los recursos en beneficio de las capas más bajas de la sociedad.

La superpoblación y la escasez de tierras se convirtieron en fenómenos del pasado; las tierras fértiles se hicieron más accesibles y se abrió la vía hacia el declinar de los servicios manuales y la abolición de impedimentos legales, lo que contribuyó a mejorar la situación de los campesinos poseedores de tierras en el transcurso del siglo XV.

El asalariado sin tierras resultó también beneficiado. Al disponer de más dinero, como los productos básicos no costaban más que antes, su nivel de vida mejoró considerablemente.

Pero en aquélla época las cosas no se veían así.

Los agricultores se quejaban de los altos salarios que tenían que pagar a los braceros eventuales, que antes eran los últimos de los últimos, y de los aires de importancia que ahora se daban.

El campesino terrateniente no valoraba los posibles beneficios que la peste le iba a reportar a largo plazo. Sólo que su antecesor disfrutaba de una posición envidiable en el pueblo y podía contratar a trabajadores para que le ayudaran en sus tierras, mientras que ahora su posición social se había deteriorado.

peste bubonica

Esta fórmula del siglo XVII para evitar contraer la peste, revela un conocimiento de su forma de transmisión. La inscripción inferior dice: «COMO COMBATIR LA MUERTE EN ROMA MEDIANTE ROPAS PROTECTORAS, 1656.

Así van ataviados los médicos en Roma cuando acuden a visitar a enfermos de la peste.

Para protegerse de los miasmas contagiosos se cubren con una larga hopalanda, llevan grandes gafas y sobre la nariz un largo pico de materia aromática. Con sus manos enguantadas manejan una larga vara para señalar lo que necesitan.»


La «peste negra» azota China y el Turquestán, y en 1346 llegan las primeras noticias a los principales puertos europeos.

La peste hace su aparición en Crimea en 1347. Desde allí, los barcos mercantes genoveses la difunden por el Mediterráneo occidental. Sicilia resulta afectada en octubre de 1347, unos tres meses antes de que la epidemia azotara el continente.

En 1348, la peste se extiende por el norte de África, Córcega, Italia, Cerdeña, España y Francia, sin que nada pueda detener su avance.

El sur de Alemania, Suiza, el valle del Rin, Austria, Hungría y Holanda fueron afectados en 1349.

Un barco que partía de Calais la llevó a Inglaterra, desde donde se propagó por todo el sudoeste con gran rapidez.

Las consecuencias inmediatas de la peste, como la caída del comercio y el cese de las actividades bélicas, fueron de breve duración.

Entre los efectos económicos a largo plazo cabe citar la reducción de la superficie cultivada, el declive de las rentas, el empobrecimiento de muchos terratenientes y el aumento de los salarios.

malas noticias en el mundo

LA PESTE HOY: La prevención y el tratamiento de la plaga son relativamente éxitos en la actualidad.

El organismo que la causa fue descubierto, casi al mis tiempo, por el japonés Sharamiro Kitasato y el suizo Alexander Yersin, bacilo lleva el nombre de este último y la prevención fue posible gracias la inoculación de una vacuna preparada con organismos muertos o por la inyección de una cepa activa pero no virulenta llamadaYersinia.

Las drogas antibióticas estreptomicina o tetraciclina han demostrado tener éxito en combatir esta enfermedad en las personas infectadas.

Las ratas y las pulgas pueden ser tratadas con pesticidas, pero la plaga, en particular en su forma neumónica, es todavía tan peligrosa que la gente que cuidaba a los enfermos tiene que usar máscaras, trajes protectores y guantes, cual lo hacían —o se aconsejaba hacer— durante la época de la muerte negra o la Gran Plaga de 1665.

Nada nos explica cómo se extinguió la Gran Plaga de Europa a fines siglo XVII. Hay varias sugerencias, una de las cuales, la teoría de las rata es la más conocida.

Ésta supone que la amigable rata negra de las casas barcos fue perseguida por la más feroz rata marrón noruega que, se dice que apareció por primera vez en Europa en 1720.

La rata marrón habitaba en las cloacas y es más comúnmente infectada por una pulga diferente, que rara vez es transmisible a los seres humanos.

No obstante, es necesario precisar un par de cuestiones.

En primer lugar, la teoría de que la rata marrón mat6 la negra es sólo una presunción.

Las dos especies parecen no competir por el espacio ni la comida, y en muchos lugares viven próximas una de la otra respetando cada cual su territorio y alejadas entre sí.

Hasta pueden permanecer acostadas una junto a la otra cuando el lugar es lo suficientemente espacioso como para permitir que cada una se sienta satisfecha con sus codiciones.

En segundo término, no está probado que la rata negra alguna vez haya desaparecido, pero sí que volvió y desde 1910 ha aumentado su presencia en Europa.

Este hecho ha sido confirmado por F. E. Loosjes, quien comentó: “Si la plaga de las epidemias realmente desapareció con la rata negra es imperativo hacer un estudio cuidadoso de la especie actual y de su incremento, y, de ser posible exterminada».

Hay un tipo de plaga animal llamada «campestre” o “selvática” que afecta a los roedores, tales como ratas, conejos, liebres y ardillas.

La transmisión roedor-pulga-roedor podría llevar la infección a otras especies urbanas y amigables, como las ratas negras, los hámsters y los chanchitos de Guinea.

Hay una posibilidad de que éste sea un tipo de plaga que alguna vez fue humana

Y se transmitió a un roedor. Nuestros antepasados eran tan observadores como nosotros y ellos no parecen haber notado ningún incremento en la mortalidad de las ratas, un hecho que ha sido destacado en China, la India y Mongolia. A lo mejor la epidemiología es correcta, pero tratada de otra manera. 

Las grandes plagas pueden haber sido originadas por los seres humanos y luego transmitidas por las pulgas a las ratas.

Cualquiera fuese la respuesta a estos enunciados, el reinado de trescientos años de la plaga en Europa culminó por un proceso natural y no por una medida efectiva por parte del hombre.

No hubo ningún descubrimiento médico ni científico, ningún avance en la higiene social ni mejoramiento en el nivel de vida que pueda explicarnos esta desaparición.

Quien lea estas palabras y crea que el relato de la muerte negra es exagerado, y no está de acuerdo con el conocimiento médico moderno, permítame considerar la evidencia de Francesco Petrarca.

El gran poeta y humanista italiano, que conocía esa época porque sobrevivió a la peste en Italia, cuenta que Laura, su misterioso y platónico amor, murió de la plaga en Aviñón el 6 de abril de 1348.

Describió las casas vacías, los pueblos y los campos abandonados, los terrenos cubiertos por los muertos, el silencio sepulcral y vasto en todos lados. Recordó que los historiadores se quedaban silenciosos cuando alguien les pedía que describieran desastres similares, de médicos que enloquecían, de filósofos que se encogían de hombros, fruncían el entrecejo y colocaban un dedo sobre los labios silenciándolos

Petrarca termina aquel relato con estas palabras sentenciosas: “Es posible que la posteridad pueda creer estas cosas? Porque nosotros, que las hemos vivido casi no podemos creerlas”.

Fuente Consultada: Grandes Pestes de la Historia de Freederick Cartwright

Se sabía que las epidemias se iniciaban en los puertos la mayoría de las veces y desde allí se propagaban siguiendo los ríos y los caminos.

El modo en que alcanzó Marsella es característico.

El 23 de mayo de 1720 un barco cargado de balas de algodón, el Grand Saint-Antoine, llega procedente de Levante.

Durante la travesía han muerto numerosos marineros. Después de la visita obligatoria, los 14 médicos y cirujanos del Lazareto ignoran cuál es la naturaleza de la enfermedad que se los ha llevado. De todos modos el barco es considerado sospechoso y puesto en cuarentena.

Después, tras las protestas del capitán, de los armadores y los aseguradores, se autoriza el desembarco de las mercancías en las mismas dallas del muelle. Los primeros casos de peste se producen en el Lazareto, y un primer acceso tiene lugar en la ciudad desde los primeros días de julio; luego, tras una breve remisión, después de una tormenta diluviana que expulsa las ratas de las cavas y las cloacas, la epidemia vuelve a adquirir virulencia.El problema de las inhumaciones es trágico.

Los enterradores, llamados «cuervos», se llevan los cuerpos de las 4.000 personas que mueren por semana, sin ataúd, en unos carros especiales y los depositan en unas grandes fosas que podían contener unos sesenta cadáveres.

La mortalidad considerable era de un 70 a un 80 %. Los mismos problemas se encuentran en Marsella en 1720.

 

Citemos a Chateaubriand: «De vez en cuando se oía abrir una ventana y caer un cadáver… En un barrio cuyos habitantes habían perecido, los habían emparedado a domicilio como para impedir que la muerte saliera.

De estas avenidas de grandes tumbas familiares se pasaba a las encrucijadas cuyo pavimento estaba cubierto de enfermos y moribundos, extendidos sobre colchones y abandonados sin auxilio. Yacían osamentas medio podridas con viejos harapos mezclados con barro.»

Dos hombres se distinguen: Monseignéur de Belzunce y el caballero Ronze.

Prodigan sus cuidados a los apestados, de los que cada día moría un millar.

Los cuerpos alfombraban las calles. Con dos compañías de policía y equipos de forzados, se encargaban de las inhumacionas. «Un día los condenados a galeras vacilan en cumplir sus funciones fúnebres, el apóstol se sube a una de las carretas y obliga a los forzados a caminar: la muerte y la virtud iban al cementerio conducidas por el crimen y el vicio, aterradas y con admiración» (R. de Chateaubriand, Mémoires d’outre-tombe, V, pág. 429, Garnier).

El Dengue Prevencion y Sintomas Transmision y Cuidados

El Dengue Prevención y Síntomas del Dengue
Transmision y Cuidados

INTRODUCCIÓN: El mosquito al que vamos a hacer referencia no es cualquier mosquito, sino el denominado Aedes aegypti, pequeño insecto de color oscuro, con rayas blancas en el dorso y en las patas, de hábitos diurnos, organismo vector no sólo del dengue sino también de la fiebre amarilla.

Para que el mosquito transmita la enfermedad debe estar infectado con el verdadero agente etiológico: el virus del dengue. La infección se produce cuando el mosquito, luego de picar a una persona enferma, pica a otra sana (hospedador), y le transmite el virus.

mosquito del dengue

Aedes aegypti es un mosquito exclusivamente urbano que actúa como vector en la transmisión de la fiebre amarilla, el dengue y el dengue hemorrágico. La abundancia de A. aegypti depende principalmente de factores ambientales favorables para su desarrollo, como temperaturas y humedad elevadas y la presencia de recipientes con agua, denominados comúnmente criaderos.  El dengue es un problema emergente en América, dada la elevada abundancia de mosquitos, que posibilitan la transmisión del virus. La infección por el virus puede resultar asintómatica en algunas personas o cursar con un estado febril indiferenciado en otras.

¿Qué es el dengue?

El dengue es una enfermedad viral transmitida por un tipo de mosquito (el Aedes Aegypti), que se cría en el agua limpia acumulada en recipientes y objetos en desuso.

¿Cuáles son los síntomas de la enfermedad?

Se caracteriza por fiebre que se puede acompañar de dolor de cabeza, dolores de músculos y articulaciones, náuseas y vómitos, cansancio intenso. También pueden aparecer manchas en la piel, acompañadas de picazón. El cuadro general es el de una falsa gripe:

El paciente no tiene resfrío, no estornuda. Según la intensidad de los síntomas habrá pacientes que deberán guardar reposo por varios días y otros se recuperarán más rápido.

¿Puede el dengue ser mortal?

Existe una forma grave del dengue, llamado dengue hemorrágico, que puede llevar a la muerte si el paciente no es atendido en forma rápida.

Signos de alarma

El dengue no grave (llamado clásico) y el dengue hemorrágico, presentan durante los primeros días los mismos síntomas. Recién entre el cuarto y el sexto día de enfermedad podrán detectarse los signos de alarma, indicativos de un posible dengue hemorrágico: agravamiento de los síntomas, baja de golpe la fiebre, dolor abdominal intenso, sangrado en encías, nariz, piel u otros sitios.

Ante la detección de alguno de estos síntomas, la urgente consulta médica es imprescindible.

¿Cómo se previene su transmisión?

No existe vacuna contra esta enfermedad. La única forma de prevención es impedir la presencia del mosquito transmisor en las viviendas y cerca de ellas. Para ello, deben eliminarse todos los posibles criaderos: los huevos son puestos en superficies en contacto con agua estancada limpia, única forma para que el mosquito pueda nacer.

¿Qué se debe hacer ante la aparición de estos síntomas?

Lo más importante es acudir rápidamente a la consulta médico en el Centro de Salud más cerca. Cuanto antes se tomen las medidas apropiadas, mucho mejor. El enfermo con dengue debe hacer reposo y beber mucho líquido.

¿Cómo es el mosquito transmisor?

El Aedes Aegypti es un mosquito de tamaño pequeño y de color oscuro. Presenta bandas blancas en el cuerpo y las patas, muy visibles sobre un fondo oscuro.

¿Cómo es el mosquito transmisor?

Las rayas blancas en las patas y el cuerpo son características de este mosquito. A. aegypti fue detectado en 1986 en la ciudad de Posadas, en 1989 en la ciudad de San Salvador de Jujuy, en 1991 en la provincia de Buenos Aires y en 1995 en la Capital Federal. Recientemente, en 1998, se registró una epidemia de dengue en Tartagal, Salta, que según cifras oficiales afectó a 400 personas.

QUE HAY QUE HACER PARA PREVENIR EL DENGUE?
LO MAS IMPORTANTE ES IMPEDIR LA
REPRODUCCIÓN DEL MOSQUITO

> Evite tener dentro y fuera de su casa recipientes que contengan agua estancada limpia.

> Renueve el agua de canaletas y recodos, floreros, peceras y bebederos de animales al menos cada tres días.

dengue

> Deseche todos los objetos inservibles que estén al aire libre en los que se pueda acumular agua de lluvia: tatas, botellas, neumáticos, juguetes, etc.

> Mantenga boca abajo los recipientes que no estén en uso: baldes, frascos, tachos, tinajas, cacharros, macetas.

> Tape los recipientes utilizados para almacenar agua como tanques, barriles o toneles.

dengue

Ministerio de Salud
Presidencia de la Nación
Argentina Salud
Visita: www.msal.gov.ar

VIDEO SOBRE LA PREVENCION DEL DENGUE

En la actualidad, el dengue es la principal enfermedad viral transmitida por mosquitos en el mundo, que afecta a todos por igual, sin distinción de edades, credos o culturas, en ciudades tropicales y subtropicales.

Sus síntomas son: estado gripal muy fuerte con erupciones cutáneas, similares a las de la rubéola o el sarampión; fiebre elevada; cefaleas, y fuertes dolores articulares y musculares. El dengue puede ser mortal si no se lo trata a tiempo, ya que deviene en una forma grave, denominada dengue hemorrágico.

“La posibilidad de transmisión del virus del dengue en la Argentina ha cobrado importancia en los últimos años debido a la presencia del vector en gran cantidad de provincias argentinas y a la transmisión activa en los países limítrofes.”

Así comienza el resumen “Mapas de transmisión del virus del dengue por Aecles aegyptien la Argentina presentado en el II Congreso Argentino de Zoonosis y en el  Congreso Argentino y Latinoamericano de Enfermedades Emergentes, llevados a cabo en Buenos Aires, en abril de 1998.

Como se ve, el dengue ya está entre nosotros. Frente a este hecho, es fundamental tomar las medidas necesarias para erradicarlo. En este sentido, la disponibilidad de una vacuna efectiva contra el dengue es aún remota, por lo que el control del vector es la principal acción preventiva que se debe llevar a cabo para combatir la enfermedad.

Y, por sobre todo, brindar una adecuada información a la población, en especial a la de mayor riesgo, así como proveer los medios necesarios para hacer efectiva la lucha.

¿Y cuáles son las principales medidas para controlar el vector?

• Eliminar todos los recipientes que puedan acumular agua de lluvia (latas, botellas vacías, neumáticos, macetas).
• Mantener boca abajo los recipientes vacíos (baldes, frascos, tachos).
• Tapar todos los recipientes que contengan agua (tanques, barriles).
• Cambiar día por medio el agua de los floreros y de los bebederos de animales.
• Despejar canaletas para que no se acumule agua de lluvia.
• Usar repelentes, mosquiteros y ropa para cubrir las zonas expuestas en áreas de alta densidad de mosquitos (tener en cuenta que el mosquito pica durante el día).

PARA SABER MAS…

DENGUE CLÁSICO Y HEMORRAGICO

Esta es una enfermedad viral transmitida por la picadura del mosquito Aedes Aegypti, y se presenta en dos formas: la fiebre de dengue clásica -afecta a los niños mayores y adultos, pero rara vez causa la muerte-, y la fiebre hemorrágica de dengue (es más grave y puede terminar con la vida).

No hay condición social que se salve del dengue, cualquiera lo puede padecer, pero en los niños está demostrado que es menos agresivo que en el adulto», confirma el profesional.

TRANSMISIÓN Y CUIDADOS

«La hembra del mosquito -supuestamente sana- pica a una persona con dengue, convirtiéndose en un insecto infectado que al picar a otra persona sana le transmite el virus. Por eso no hay problema en comer, abrazar o dormir con un enfermo de dengue porque no se transmite de persona a persona. Pero como no hay vacunas para prevenir la enfermedad y tampoco hay manera de saber si un mosquito transporta o no el virus, la única forma de combatirla es evitar que el mosquito se reproduzca, además de impedir toda clase de picaduras.

Debemos tener en cuenta una serie de cuidados, entre los que se destacan evitar la acumulación y el estanca-
miento de agua en recipientes, tanto al sol como a la sombra (cubiertas de auto, tambores, frascos, baldes, floreros, latas de conserva); utilizar espirales fumigantes, repelentes, mosquiteros y telas metálicas, entre otras opciones.

También hay formas masivas de combatir el mosquito, como por ejemplo mediante las fumigaciones, tarea en la cual todos debemos cooperar, ya que para que el insecticida entre en los hogares y los mate es necesario dejar abiertas puertas y ventanas durante el rociamiento.

«Un habitat por excelencia del mosquito es el cementerio, donde los depósitos para flores y otras ofrendas tienen agua estancada. También en algunas ciudades pueden aparecer en los espejos de agua de los parques de esparcimiento.

SÍNTOMAS

«Se presenta como un cuadro seudogripal, con la aparición brusca de fiebre alta, fuerte cefalea frontal, dolor retro-ocular, muscular, náuseas, vómitos, pérdida del sentido del gusto y del apetito, y en algunos casos pueden aparecer manchas en la piel, sobre todo en el pecho y en los miembros inferiores.

Ante la duda deben acudir inmediatamente al médico para el diagnóstico temprano y el tratamiento oportuno. Además es fundamental que la población que presente algún síntoma de estado gripal no ingiera aspirinas, porque si fuera un caso de dengue la aspirina acentuaría y agravaría alguno de los indicios o mecanismos por el cual se está produciendo la enfermedad.

En cuanto al dengue hemorrágico, en las primeras etapas es indistinguible del dengue común. Suelen presentarse también dolores abdominales intensos, náuseas y vómitos. Las complicaciones de esta enfermedad se deben a la sobreinfección bacteriana del aparato respiratorio y a las infecciones derivadas. Las causas de muerte son el shock, las hemorragias masivas y las sobreinfecciones. La principal medida de control del dengue es la eliminación de los potenciales criaderos del mosquito, ya que sin agua acumulada el mosquito no puede multiplicarse. Resultan igualmente importantes los estudios científicos del vector y las campañas educativas y de información a la población.

Funcion de Insulina La Diabetes Para que Usa el Cuerpo la Insulina

Función de Insulina en el Cuerpo – La Diabetes
Para Que Usa el Cuerpo la Insulina

Estos pequeños cambios pueden ayudarle a mantener a raya la diabetes, o protegerlo de sus peores efectos.

Las cifras sobre la incidencia de diabetes en el mundo siguen en aumento: nada menos que 350 millones de personas padecen esta enfermedad hoy día. Esto significa más infartos, más ¿ataques de apoplejía y una menor esperanza de vida, incluso si se goza de salud en todo lo demás. Aliméntese adecuadamente y haga más ejercicio.

Estos consejos son sencillos, pero, a menudo, difíciles de seguir. ¿Qué recomiendan los expertos para prevenir la diabetes?

1) Acompañe el almuerzo con una ensalada. Cuando consuma alimentos ricos en carbohidratos (pastas, papas o arroz), sírvase también una ensalada, y agregue sabor con un aderezo que contenga vinagre. Ingerir una cucharada y media de vinagre puede reducir en un 42 por ciento el nivel de glucosa en la sangre, según un estudio realizado en 2010.

2) Prepare bien la pasta. Mantener las células receptivas a la insulina es la clave para prevenir la diabetes, porque la insulina regula el nivel de glucemia en la sangre. Aquí una manera eficaz y sabrosa de hacerlo: saltee la pasta en aceite de oliva extra virgen (y también coma algunas verduras).

En estudios recientes, hacer esto aumentó sustancialmente la sensibilidad a la insulina en mujeres con sobrepeso. Los investigadores afirman que saltear en aceite de oliva cualquier alimento rico en carbohidratos ayuda a mantener estable la glucosa y sanguínea.

3) Muévase. De acuerdo con estudios recientes, una sola sesión de ejercicio moderado mejora el control de la glucosa, y los esfuerzos breves pero intensos parecen ser tan eficaces como el ejercicio , continuo. Permanecer sentado , mucho tiempo aumenta el riesgo ‘ de contraer diversas enfermedades, incluso si en general ustedes activo, así que trate de moverse al menos entre soy 45 minutos por día. Para alcanzar la meta, puede sumar algunos de esos minutos durante los avisos cuando vea la televisión o durante otras pausas breves, siempre y cuando se mueva con vigor.

4) Duerma en la oscuridad. Si no duerme siete u ocho horas seguidas la mayoría-de las noches, su riesgo de – contraer diabetes —o deque empeore, si ya la padece— aumenta entre un 37y un 88 por ciento, según una investigación reciente. Para dormir más tiempo y mejor, necesita hacerlo en la oscuridad total, ya que incluso una cantidad pequeña de luz a la hora de dormir vuelve lenta la secreción de melatonina, la hormona que nos hace sentir sueño. Instale en su cuarto cortinas opacas, corredizas o enrollables, o póngase anteojos para dormir. Las lámparas de lectura y la televisión encendida estimulan su cerebro. Si quiere leer en la cama, intente usar lentes de color ámbar: bloquean las ondas de luz azul, que afecta ., especialmente la secreción de melatonina.

5) Sustituya las papas con nueces. Según un estudio de largo plazo publicado recientemente, las papas tienen dos efectos dañinos: hacen que aumente el nivel de glucosa en la sangre y, con el paso de los años, es muy probable que lo hagan subir de peso. Las nueces contienen mucha grasa, pero comer un puñado como tentempié, en lugar de papas fritas, ya sea de bolsa o caseras, lo ayudará a perder kilos, afirman los investigadores. Y varios otros estudios han demostrado que los pistachos, las almendras y los maníes resultan sorprendentemente eficaces para mantener estable el nivel de glucosa sanguínea.

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ETAPAS DE LA AZUCAR EN LA SANGRE

insulina buena alimentacion

1-El cuerpo se alimenta, principalmente, de dos substancias:
La primera es el azucar, que dentro del organismo es llamado glucosa y viene en los alimentos!

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oxigeno del aire

La segunda sustancia es el oxígeno. Está en el aire que la gente respira!. El azúcar (glucosa) y el oxígeno son transportados por la sangre y distribuidos para todos los organos y células del cuerpo. Y las células transforman el azúcar y el oxígeno en ENERGIA

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insulina

Energía para qué?…Vivir!!!,Razonar, Pensar y Decidir!
(correcto, equivocado, somos humanos) Caminar, amar, tener hijos,
sentir hambre, estar alegre o triste, trabajar… Necesitamos de energía para todo: comenzar el dia con fuerzas, terminar, y empezar de nuevo al otro día.

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transporte de insulina

Para que todo esto suceda, el azúcar que está en la sangre necesita pasar dentro de las células.Como el azúcar no consigue pasar por si mismo, el organismo utiliza un “transportador” llamado INSULINA.

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formcion de la energia en el cuerpo humano

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insulina en el cuerpo humano

Que es la Insulina?: La insulina es una sustancia producida por el organismo y tiene como fin colocar la glucosa dentro de las células, para que éstas puedan producir la energía necesaria para la vida.

Y qué es la diabetes?: Es una enfermedad que aparece cuando el organismo produce poca o nada de insulina. Y sin la insulina la glucosa no entra en las células. Mientras las células mueren por falta de azúcar y energía, la sangre se transforma en un melado, lleno de glucosa que no puede entrar en las células. Y el cuerpo entero se enferma!

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el pancreas y la insulina

El páncreas es el órgano responsable por la producción de insulina.  La cantidad de insulina producida va a depender de la cantidad de azúcar que se consume. Cuanto más azúcar la gente consume, el páncreas tiene que trabajar mucho más! Cuanto más azúcar la gente consume, el páncreas tiene que trabajar mucho más!

Y NO SE ENGAÑE!!!!!
Dentro del organismo, papas, arroz, pan, bizcocho, harina, pizza, dulces, helados, vino, cerveza,
– todo esto… y mucho más –  es lo mismo que azúcar!

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pancreas cansado agotado

Y por qué el páncreas deja de producir insulina?
PORQUE SE CANSA!!!

Hay que confiar en que la gente haga ejercicio para ayudar a consumir la glucosa! Tener esperanza que la gente no engorde!! Conforme la gente va engordando son necesarias cantidades mayores de insulina para colocar la glucosa dentro de las células. Hasta llegar al momento en que el páncreas no consigue producir ya más tanta insulina!

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enfermo del pancreas

A través de los años y de los errores, la insulina va aumentando en la sangre.
Pero su capacidad de colocar la glucosa dentro de las células va disminuyendo,
hasta que no funciona mas!. En este momento, quien aumenta la sangre es la glucosa.
Y la diabetes, que por largos años nos ha estado acechando.

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La gente va creando un mounstro interior sin darse cuenta!.
Por es muy importante lograr una Buena Alimentación Basada en Verduras Frescas y Deporte Diario!

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La diabetes se está convirtiendo también en una enfermedad en los niños, porque ellos estan sedentarios,
engordando y comiendo muchos alimentos industrializados.

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Ver: Investigador de la Insulina FEDERICO GRANT BANTING

¿Que es la diabetes?: La diabetes es una enfermedad crónica que se caracteriza por el aumento de los niveles de azúcar en la sangre. La mayoría de los alimentos que consumimos se convierte en glucosa o azúcar, que el cuerpo usa como energía.

El páncreas, una glándula localizada debajo del estómago, produce una sustancia llamada insulina, que permite la transformación de glucosa en energía que utiliza nuestro cuerpo.

¿Cómo puede usted saber si tiene diabetes?: Haciendo un análisis de sangre. Para personas menores de 45 años, que tenga sobrepeso, o que no realizan actividad física es aconsejable realizar un estudio.

Síntomas:
Orina frecuente y abundante
Pérdida de peso
Sed excesiva
Falta de energía
Hambre constante
Visión Borrosa
Cambio de ánimo

No todos los síntomas pueden presentarse simultáneamente

Consecuencias de la diabetes
Si la diabetes ha sido mal controlada por un período largo de tiempo, puede presentarse una o
varias de las siguientes complicaciones:
• Ataques al corazón o infartos.
• Hipertensión arterial.
• Enfermedad de los riñones.
• Enfermedad de los ojos como visión borrosa, ceguera, cataratas y glaucoma.
• Hormigueo o falta de sensibilidad en los pies.
• Heridas que curan muy lentamente.
• Úlceras y amputaciones de miembros inferiores

La diabetes es un desorden del metabolismo, el proceso que convierte el alimento que ingerimos en energía. La insulina es el factor más importante en este proceso. Durante la digestión se descomponen los alimentos para crear glucosa, la mayor fuente de combustible para el cuerpo. Esta glucosa pasa a la sangre, donde la insulina le permite entrar en las células. (La insulina es una hormona segregada por el páncreas, una glándula grande que se encuentra detrás del estómago).

En personas con diabetes, una de dos componentes de este sistema falla:
el páncreas no produce, o produce poca insulina (Tipo I);
o las células del cuerpo no responden a la insulina que se produce (Tipo II).

La diabetes es un alto factor de riesgo para la aparición de trastornos renales, enfermedades coronarias y accidentes cerebrovasculares. Existen varios métodos simples para detectar esta enfermedad y de ahí la importancia dé visitar regularmente al médico.

El diagnóstico temprano de la diabetes permite establecer oportunamente el tratamiento adecuado y evitar posibles complicaciones. La experiencia de muchos años demostró que el paciente diabético es capaz de vivir normal y plenamente como cualquier otro individuo. Puede ser un excelente deportista, ejercer su profesión sin problemas, trabajar con toda normalidad y tener hijos sin inconvenientes. Basta para eso que conozca su enfermedad y siga las indicaciones del médico. Pero en la actualidad, el número de diabéticos crece progresivamente al ritmo de las malas dietas y el estrés.

Del total de diabéticos que hay en nuestro país, un diez por ciento es insulinodependiente (es decir que se inyecta insulina periódicamente para controlar su enfermedad). La OMS considera a la insulina como una de las diez sustancias esenciales para la vida y aconseja a los países liberarla de los impuestos correspondientes.

El Ministerio de Salud y Acción Social aprobó el Programa Nacional de Diabetes que contemplará la provisión gratuita de medicamentos y reactivos necesarios para tratar esta enfermedad crónica. El programa tiene como objetivo “mejorar la calidad y esperanza de vida de las personas diabéticas”

Promete distribución gratuita de insulina, que en la Argentina cuesta cuatro veces más que en otros países del mundo, y de otros elementos necesarios para el tratamiento y control de la diabetes.

Hasta ahora, el costo de esta enfermedad corría por cuenta de cada paciente. También asegura que se realizarán campañas de detección precoz y seguimiento epidemiológico de la enfermedad. Para lograr esto, el programa buscará la adhesión de las provincias, para entretejer una verdadera red de control de la diabetes.

sintomas de la diabetes

Ver: Un Folleto Explicativo Sobre la Diabetes

Ver: Un Folleto Explicativo Sobre Tipos Diabetes

PARA SABER MAS…
UN POCO DE HISTORIA

Los enfermos de diabetes, un trastorno caracterizado por los altos niveles de glucosa en la sangre, estuvieron condenados a una muerte lenta pero segura hasta que el médico canadiense Frederick Banting y su ayudante Charles H. Best aislaron la insulina. Esta sustancia, suministrada a las personas por primera vez en 1922, alargó la vida a los diabéticos y les proporcionó una existencia relativamente normal.

Hacía tiempo que la investigación diabética se había concentrado en el páncreas porque, al tratar la glándula en el laboratorio, los animales desarrollaban una enfermedad parecida a la diabetes. Se creía que algunas células del páncreas, conocidas como «islotes de Langerhans» por su descubridor, segregaban una hormona llamada «insulina» (de la palabra latina que significa «isla»). Esta controlaba el metabolismo de las moléculas de glucosa en el cuerpo. Los intentos de aislar la hormona a través del método tradicional de reventar el páncreas habían fallado porque la glándula también contenía enzimas digestivas que destruían las moléculas de insulina de base proteica.

A Banting se le ocurrió una alternativa tras leer un artículo sobre un experimento con perros, según el cual si se bloqueaba el conducto que transportaba las enzimas digestivas a los intestinos, el páncreas se degeneraba. Como los islotes de Langerhans no tenían nada que ver con la digestión, Banting pensó que este proceso podía dejarlos intactos dentro del páncreas, arrugado y sin enzimas. John J. R. MacLeod, profesor de medicina de la Universidad de Toronto, le proporcionó espacio en un laboratorio y un ayudante (Best, que aún era estudiante). Banting repitió el experimento canino y esperó seis semanas para ver si su hipótesis era correcta. Lo era: los islotes de Langerhans seguían sanos y la solución que extrajo de ellos mitigó los síntomas de los perros diabéticos.

La insulina había sido aislada. Al cabo de un año se administró a la personas. Cuarenta y tres años después pudo ser sintetizada en el laboratorio. Banting y MacLeod ganaron el Premio Nobel en 1923. Bantin pensó en rechazarlo: no le paree: bien compartir el premio con alguien que en realidad sólo hab contribuido con el espacio del laboratorio. Luego insistió en repartir el dinero del premio con Best

CONSEJOS PARA EVITAR LA DIABETES: Mas de 175 millones de personas en el mundo padecen diabetes, según la Organización Mundial de la Salud; en la Argentina, la cantidad de diabéticos asciende a casi 3 millones, pero por lo menos un tercio de las personas ignora que está enferma.

El páncreas de una persona sana produce insulina, que ayuda a regular la glucosa en la sangre, pero en los diabéticos la producción de insulina disminuye y la glucosa se dispara. A menudo no hay síntomas hasta pasados diez años con la enfermedad, y el retraso en el tratamiento puede provocar complicaciones graves. «Pero usted puede hacer muchas cosas para prevenir la diabetes», a continuación, medidas de protección para usted y su familia:

Conozca sus propios riesgos: El riesgo aumenta en caso de hipertensión, colesterol alto, si tiene un familiar cercano con diabetes o sufrió la enfermedad durante el embarazo. Aunque se sienta sano, pídale a su médico que le haga la prueba de glucosa.

Muévase un poco: Si vive tirado en el sofá, su cuerpo no producirá insulina adecuadamente. El doctor Caballero recomienda 30 minutos de ejercicio cinco veces por semana. «Puede ser caminar, bailar o cualquier otro ejercicio».

Baje unos cuantos kilos: Con sólo perder de un 5 a un 7 por ciento de su peso (para la mayoría de las personas, entre 4 y 6 kilos) reduce su riesgo hasta en 58 por ciento.

No crea en los mitos: «El estrés no causa diabetes», dice el doctor Caballero. «Y desarrollar la enfermedad no significa, necesariamente, que deba comenzar a inyectarse. Los fármacos orales pueden controlar la diabetes durante mucho tiempo.

Infórmese: Investigue acerca de la prevención y el tratamiento de la diabetes.

PARA SABER MAS…

El mal control de ¡a diabetes acaba con una persona cada seis segundos en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) existen 347 millones de personas con diabetes en el mundo; se calcula que en el año 2012 fallecieron 1,5 millones de personas como consecuencia del exceso de azúcar en la sangre.

Según el Atlas de la Federación Internacional de la Diabetes cada seis segundos una persona muere por causa de esta enfermedad.

Esta enfermedad se ha convertido en una epidemia que crece cada día.

Muchas personas no saben que padecen esta enfermedad. Si se hiciera un estudio serio de diabetes, la cifra aumentaría considerablemente.

Hay tres tipos de diabetes: la tipo 1, causada por una reacción autoinmune, el cuerpo no produce insulina. La tipo 2, cuando el cuerpo deja de producir suficiente insulina. Y la gestacional, ésta se da en mujeres que desarrollan una resistencia a la insulina durante el embarazo.

«La diabetes tipo 2 es la que se ha convertido en epidemia», aclara Byron Cifuentes, presidente de la Federación Ecuatoriana de Diabetes, «ésta es una enfermedad crónica progresiva. Los elevados niveles permanentes de glucosa en la sangre son los que van dañando los órganos».

Pero, la enfermedad por sí sola no causa la muerte de una persona, «la diabetes per se no le mata al paciente. E! mal control de la diabetes, la hiperglucemia crónica y el exceso de azúcar permanente daña los microvasos y produce las complicaciones», asegura Clemente Oreliana.

«El diabético generalmente muere por infarto del miocardio o por derrame cerebral», señala Cifuentes. Por ello es necesario que los pacientes aprenden a convivir con la enfermedad, ya que ésta «no es curable, pero sí previsible y controlable».

Los especialistas consultados recomiendan que las personas que han sido diagnosticadas con esta enfermedad deben autocontrolarse en las comidas, bajar de peso, y llevar un registro permanente de sus niveles de glucosa para detectar a tiempo cualquier alteración que pueda causar complicaciones graves.

«La diabetes no mata a nadie, pero su mal control acaba con miles de vidas en el mundo», insisten los especialistas.

En Argentina existe la Federación Argentina de Diabetes fundada en 1972. Se estiman 2,5 millones de argentinos afectados por la Diabetes. Proyecciones para el año 2030, habrá 438 millones de diabéticos en el mundo. La proyección para el año 2020 es de 4 millones de argentinos, el 9,6% de la población. El 50% de las personas con diabetes desconocen que tienen la enfermedad y, por lo tanto, no reciben tratamiento.

Fuente: Diario El Colono N° 2086 8/2015

 

Ver: Un Folleto Explicativo Sobre la Diabetes

Ver: Un Folleto Explicativo Sobre Tipos Diabetes

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Fiebre Amarilla en Buenos Aires Historia Epidemias en Argentina

Fiebre Amarilla en Buenos Aires
Historia de Epidemias en Argentina

HISTORIA DE LA FIEBRE AMARILLA EN ARGENTINA: Buenos Aires, en 1871, era algo más que una gran aldea. Contaba con unos 200.000 habitantes, comenzaba a ser abastecida de agua corriente, se pavimentaban y barrían sus caites, comenzaba la recolección domiciliaria de basuras, se tendían las primeras líneas tranviarias. Vale decir, comenzaban a darse las condiciones higiénicas que permitieron bajar la mortalidad general de 34 muertes anuales por cada mil habitantes a solo 23 a partir de 1875.

Pero ese incipiente desarrollo sanitario no podía bastar para impedir que la fiebre amarilla estallara y arrasara a 19.000 almas, casi el 10% del total de la población. La rubia asesina, que se manifiesta hoy solo en zonas selváticas5, producía el siglo pasado severas epidemias urbanas.

 En nuestro país, se produjo un brote de fiebre amarilla selvática en Misiones, sobre la frontera con Brasil,
en 1966. Se redujo a un puñado de casos entre hacheros
.

Para que la afección se produzca se requiere inevitablemente la existencia de mosquitos del género llamadoaédes aegypti. Solo este mosquito transmite el virus del sujeto enfermo al sano. Este hecho no se conocía por aquel entonces.

Carlos Finlay, cubano, lo intuyó en 1881. Walter Reed a fines del siglo lo estudió experimentalmente. El comandante Gorgas en 1901 llevó a la práctica en La Habana lo investigado por Reed y logró en tres meses liberar a la capital cubana de la fiebre amarina que la azotaba sin piedad desde 150 años atrás. Viene a cuento recordar el drama de Fernando de Lesseps —ingeniero constructor del canal de Suez— derrotado implacablemente por la fiebre amarilla cuando intentó abrir el Canal de Panamá a fines del siglo XIX.

La tremenda mortandad le obligó a abandonar la empresa y la selva tropical tendió un manto verde sobre las maquinarias herrumbrosas. El descubrimiento de Finlay, la ciencia de Walter Reed y la industriosa practicidad de Gorgas aplicada a la erradicación del mosquito, permitieron a U.S.A. en 1904 construir el Canal de Panamá en el mismo infierno verde en que sucumbieron los sueños de De Lesseps y miles de sus obreros dejaron sus vidas. Durante años Panamá fue conocida, por la fiebre amarilla y el desastroso fin del canal francés, como la «sepultura del hombre blanco».

De vuelta a nuestro Buenos Aires, en 1884 Guillermo Rawson —en uno de sus escritos científicos, «Observaciones sobre Higiene internacional»— se manifestaba asombrado por un hecho cierto. De los 30.000 ‘ habitantes que huyeron despavoridos para radicarse en los alrededores de Buenos Aires, algunos retornaban unas horas, cotidianamente, por asuntos de negocios.

Muchos de entre estos enfermaron y murieron. Ni uno solo de sus familiares se contagió. La explicación que no podía encontrar Rawson es en el siglo XX perfectamente clara. En los alrededores de Buenos Aires no existían los mosquitos capaces de transmitir la enfermedad. La puerta de entrada del flagelo fue el puerto. La fiebre amarilla era un hecho cotidiano en Brasil, favorecida por el clima cálido, propicio al desarrollo del mosquito transmisor. Este se desarrollaba en charcos y en cualquier espejo de aguas quietas y era 1 30.000 es la cifra que da Rawson. Existen apreciaciones que estiman en solo 60.000 las personas que quedaron en Buenos Aires.

una especie de hábitos domésticos, es decir, de las que buscan e! interior de las viviendas. La trágica irrupción de 1871 no fue, por cierto, la primera que la fiebre amarilla hacía en Buenos Aires. La ciudad, cuya parte poblada se extendía desde el río al este hasta Medrano y su prolongación al oeste; y desde el Riachuelo al sur hasta las barrancas de la Recoleta, al norte, supo de su presencia en 1858.

También en 1860, en que un médico recién graduado, Emilio García Wich, relata casos confirmados con el Dr. Salustiano Cuenca, que murió por la enfermedad contraída en ese año. Y de nuevo en 1870, en que mata a más de 200 personas. 1871 encuentra a nuestro país convaleciente de la guerra del Paraguay, terminada el año anterior. Gobierna Sarmiento.

El verano llega con copiosas lluvias que crean charcos y colman cuanto hoyo y vaciadero de basuras rodean a Buenos Aires. Calor y charcos, conviene insistir, eran equivalentes a rápida multiplicación del aédes aegypti. Para desatar el desastre, en los países en que la enfermedad es exótica, hace falta además importar algún sujeto afectado.

El mosquito pica al enfermo y transmite la enfermedad al sujeto sano a quien pique. Mosquitos indemnes pican a nuevos enfermos, se infectan a su vez, etc., etc. Para colmo de males el mosquito se infecta de por vida y suele vivir meses. El o los enfermos que permitieron iniciar la ronda infernal provino o provinieron de Brasil, como ya se dijo. Los primeros casos aparecieron en enero.

Para abril, la epidemia y el terror llegan a su apogeo. Cabe presumir que enfermaron de cuarenta a cincuenta mil personas, es decir, uno de cada cuatro o cinco habitantes de Buenos Aires. Murieron no menos de 14.000 personas (cifra dada por Coni), tal vez 19.000 (cifra que cita Rawson). El principal cementerio, el del Sud, ubicado en la plaza llamada hoy Florentino Ameghino (delimitada por las calles Caseros, Monasterio, Uspallata y Santa Cruz) debió clausurarse por colmado.

Se habilitó el de la Chacarita, al que llegaban las pilas de cadáveres que acarreaba un convoy tirado por la histórica locomotora «La Porteña», que salía diariamente con su macabra carga desde Corrientes y Centro América.

El comercio estaba cerrado casi totalmente, las calles desoladamente desiertas. Quedaban en Buenos Aires pocos de sus habitantes (según algunas fuentes, no más de 60.000) y esos pocos —si no habían enfermado aun— vivían enclaustrados por temor al contagio. Debe recordarse que, según las creencias de la época, el despiadado enemigo inficionaba el aire.

Se constituyó una comisión popular que tomó a su cargo no solo la infructuosa lucha contra la enfermedad, sino asimismo el reordenamiento de la vida cotidiana en una ciudad devastada, en que faltaba todo lo necesario: víveres, mano de obra, camas de hospital, médicos. Médicos, sobre todo. Muchos de los profesionales disponibles habían sido segados por la fiebre aleve.

De la Peña, Bosch, Muñiz, French, Roque Pérez, Señorans, Argerich, Zapiola, Lucena, cayeron inmolados intrépidamente, en medio de la agobiadora tarea cotidiana. Sus nombres perduran en el túmulo erigido en 1889 en la plaza Ameghino, frente a la calle Caseros. Codo con codo con los héroes caídos se batieron otros cuya memoria debe ser honrada. Eduardo Wilde, Leopoldo Montes de Oca, Tomás Perón, Pedro Mattos, Santiago Larrosa, Juan Ángel Golfarini, Luis María Drago y otros debieron a la providencia el haber sobrevivido a la épica y ciega lucha contra el ubicuo enemigo. Solo el frío invernal dominó a la epidemia. El último caso se registró el 12 de junio.

De ahí en más, la difícil recuperación. La moral de la población y el prestigio del gobierno, sobre todo del presidente, estaban por los suelos. La actitud de Sarmiento, que abandonó la ciudad, para volver a ella solo de cuando en cuando en el curso de la epidemia, le valió la repulsa popular. Héctor Várela, por cuya iniciativa se creó la comisión popular —amigo de Sarmiento, por otra parte— escribió en su diario: «…la conducta del presidente solo merece el silencio del desprecio».

Calculo del Indice de Masa Corporal Alimentacion Sana Dietas Riegos

Calculo del Índice de Masa Corporal

UNA ALIMENTACIÓN EQUILIBRADA:
EL organismo usa la materia y la energía que le proporcionamos con las comidas y bebidas. Si le proporcionamos más de lo necesario, el exceso se acumula y aumentamos de peso.

El incremento de peso puede ser resultado del aumento de La masa muscular o puede ser resultado de la acumulación de materias grasas que sirven como reserva. Si es debido a la acumulación de grasas, es posible llegar a ser obeso y tener mayores riesgos de sufrir enfermedades cardíacas o vasculares, tener diabetes o problemas musculares.

Ser obeso o delgado es resultado del balance entre lo que ingerimos y lo que utilizamos en nuestras actividades.
Para perder peso hay que utilizar más de lo que se ingiere. Con ese objetivo hay dos posibilidades: ingerir menos o hacer más actividades físicas. Pero en ambos casos no sólo debe tenerse en cuenta lo que se ingiere, sino también su contenido nutritivo.

La dificultad de controlar el peso aumenta cuando se consumen comidas grasas en exceso. Una hamburguesa con papas fritas provee alrededor de 1.200 calorías, y un litro de gaseosa alrededor de 350 calorías. Con dos hamburguesas con papas fritas y dos gaseosas de medio litro llegamos a un total de 2.750 calorías.

Una mujer requiere una dieta que le aporte 2.000 calorías por día. Si ingiere dos comidas rápidas por día (hamburguesa, papas fritas y gaseosa), provee muchas más calorías que las que se necesita. Con ese tipo de alimentación una mujer puede engordar rápidamente. Además, esas dos comidas le aportarán más cantidad de sodio de la necesaria, con lo que se aumenta el riesgo de futuros problemas de hipertensión.

Si se proporciona al organismo menor cantidad de nutrientes que la necesaria para mantener su funcionamiento básico y realizar las actividades habituales, éste usará sus reservas y luego parte de sus estructuras. Se pierde peso, en primer lugar por la reducción de las reservas grasas y, luego si continua la ausencia de nutrientes, por la degradación de músculos y otros tejidos.

Tabla que relaciona las equivalencia energéticas y el tiempo necesario para consumirlas.

CorrerCaminarReposo

Hamburguesa con Papa Fritas 590 Kcal.

47 m.94 m.282 m.
Una Pata de Pollo
325 Kcal.
22 m.44 m.132 m.
Porción de Pizza Muzzarella
185 Kcal.
18 m.37 m.108 m.
Jugo de Naranja
110 Kcal.
11 m.22 m.66 m.
Manzana
75 Kcal.
9 m.18 m.54 m.

EL ÍNDICE DE MASA CORPORAL: Qué tienen en común Brad Pitt y Russell Crowe con la mayoría de los miembros de los equipos profesionales de rugby y fútbol? Esos cuerpos perfectamente definidos y tonificados, por supuesto. Salvo que uno confíe en la medida de gordura más difundida, el índice de masa corporal (IMC) -que clasifica a este conjunto de individuos que parecen tener un estado físico envidiable como personas, con sobrepeso u obesas—. Algunos investigadores están tan preocupados por estas imprecisiones que reclaman que el IMC sea reemplazado por medidas más precisas del estado de salud.

Creado por el belga Adolphe Quetelet, el IMC se usa para definir el peso desde hace más de cien años. Parte de su atractivo es la simplicidad para calcularlo: el peso en kilos se divide por el cuadrado de la altura en metros —alguien con un IMC de menos de 18,5 está por debajo del peso, entre 18,5 y 24,9 es «normal», entre 25 y 29 hay «sobrepeso» y de 30 o más es clínicamente obeso.

Pero la falla de esta medida es que no toma en cuenta la composición del cuerpo —si el exceso de peso es grasa o músculo—, razón por la cual personas con un buen estado físico a menudo figuran en la categoría de gordos en el sistema de clasificación del IMC.

Entre los que redaman el reemplazo del IMC, está Margaret Ashwell, investigadora de la Universidad Oxford Brookes, Inglaterra, y ex miembro de laComisión Asesora sobre Alimentos del gobierno británico. «Lo importante que se debe tener en cuenta es cómo se distribuye la grasa corporal. Los problemas surgen cuando la grasa se acumula en el centro del abdomen», dice Ashwell.

Ahora, los científicos de la renombrada Clínica Mayo de Rochester cuestionan la precisión y la utilidad del IMC. Al revisar los datos surgidos de 40 estudios practicados sobre 250.000 personas con problemas cardíacos, descubrieron que, si bien los pacientes con obesidad severa presentaban un mayor riesgo de muerte, las personas con sobrepeso tenían menos problemas cardíacos que aquellas con un IMC normal.

Como el músculo pesa más que la grasa, muchas personas con buen estado físico son errónea mente clasificadas como “excedidas en peso», cuando en realidad tienen menos probabilidades de morir jóvenes que un individuo de peso “normal” cuyo exceso de peso se debe a la grasa.

Dice que el IMC no toma e cuenta si el exceso de peso es por la grasa o los músculos

David McCarthy, profesor de nutrición en la Universidad Metropolitana de Londres, eligió el perímetro de cintura como indicador de la obesidad en un estudio con chicos. Descubrió que el perímetro de cintura promedio de las niñas de dos años había aumentado más del 5% en una década, mientras que el de los varones se había elevado un 4%. Estas mediciones representan un aumento mucho mayor del tejido adiposo que el que indicaban los estudios realizados con el IMC.

Pero si el IMC es obsoleto e impreciso, ¿qué otro dato puede usarse en su lugar? Tim Cole, profesor del Instituto de Salud Infantil del Hospital Great Ormond Street, asegura que medir el perímetro de cintura “es más informativo porque es una medida directa de la parte del cuerpo que acumula grasa».

Un perímetro de cintura de más de 88 cm. en la mujer y de más de 102 cm. en el hombre indica el riesgo más alto de enfermedades cardiovasculares y metabólicas.

Ashwell recomienda una proporción de cintura/altura que es aplicable a todos. «Es interesante observar —dice— que cuando se calcula el número de personas que son obesas con el perímetro de cintura o la proporción cintura/altura, hay más hombres que mujeres en situación de riesgo. Esto revela los problemas que presenta el IMC, que sugiere lo contrario”.

Beckie Lang, vocera del Obesity Resource and Information Centre, dice que la medición del espesor del pliegue cutáneo con lipocalibradores, como se hace en los gimnasios, puede dar una medida precisa de la grasa corporal. Las balanzas para medir la grasa corporal son “precisas», agrega. “Funcionan enviando una corriente eléctrica muy baja a través del cuerpo cuando uno se para sobre la balanza —explica Lang—. “Los músculos conducen la electricidad, la grasa la resiste y una computadora convierte esas cifras para determinar el porcentaje de grasa corporal.»”

No alcanza con el dato numérico” : Los nutricionistas dicen que para conocer el diagnóstico de una persona no alcanza con el Indice de Masa Corporal (IMC). Y que habría que tomar unas 25 medidas para determinar masa grasa, masa muscular, masa esquelética, masa visceral y masa residual (retención de agua extracelular).

“Ahora se propone medir la circunferencia de la cintura para estimar la localización de la grasa. Una medida que sirve para detectar síndromes metabólicos y los factores de riesgo cardiovasculares», explica la nutricionista Alicia Witriw, docente de la cátedra “Evaluación Nutricional» de la Universidad de Buenos Aires, y advierte: “No alcanza con el dato numérico que resulte. Hay que analizar caso por caso». –

Ver: Completa Tabla de Calorías y Medir las Porciones

TRADUCCION: Elisa Canwell: Fuente Consultada: Diario Clarín

El Cólera en Argentina Historia Epidemia de Colera en Buenos Aires

El Cólera en Argentina

EL CÓLERA EN ARGENTINA: Un terrible visitante del siglo XIX era el cólera. Enfermedad de origen asiático, ocasionaba una mortalidad altísima entre los afectados. Moría entonces uno de cada dos enfermos, por término medio. En nuestros días no aparece en forma pandémica, es decir, como epidemia que pasa de uno a otro país y de uno a otro continente.

Está sobre todo confinada a algunas regiones de Asia y asume carácter epidémico (gran número de afectados en corto tiempo) y en ocasión de desastres como terremotos, inundaciones, guerras. Una de las más grandes pandemias de cólera fue la que desparramó muerte y pánico en el mundo entero desde 1865 a 1870.

Nuestro país estaba sumergido en la sucia guerra contra Paraguay. Entre las tropas paraguayas —diezmadas por la lucha fratricida y el hambre— apareció el cólera. Corría 1866. No hay datos fidedignos sobre la mortandad que produjo, con más seguridad fue muy severa. En las pandemias pueden sucumbir el 50 % o más de los enfermos y el número de afectados depende de las condiciones higiénicas del lugar.

Lo más adecuado —vacunas aparte— para frenar el avance del cólera cuando éste aparece en una población es el repetido, obsesivo lavado de manos, la ingestión de agua y leche hervidas y la eliminación de las moscas. Dejada a un lado la ignorancia reinante en el siglo XIX acerca de la utilidad de estas medidas higiénicas, piénsese en las condiciones ambientales que se daban en los campos de batalla y los esteros del Paraguay y se tendrá una idea aproximada de lo ocurrido.

Para el otoño de ese mismo año, el cólera hacía pie en Corrientes. Al comenzar 1867 se largó Paraná abajo y asoló Buenos Aires. En 1868 se registró un nuevo brote.

Su última aparición en Buenos Aires fue en 1884. Aunque podría haber llegado a Buenos Aires en cualquiera de los barcos que entraban a puerto, el camino seguido por la epidemia indica con certeza que el papel principal como introductores de tan siniestra embajadora lo tuvieron los soldados que eran evacuados del frente. Cabe señalar, como dato ilustrativo, que la enfermedad se transmite de hombre a hombre.

Las otras cuatro conocidas —peste, fiebre amarilla, tifus exantemático 3 y fiebre recurrente— requieren el concurso de un transmisor, que es la pulga de la rata para la peste, un mosquito para la fiebre amarilla y los piojos de la ropa para las dos últimas.

Cólera en la guerra del Paraguay
Una ilustración de la época da cuenta de cómo el
cólera morbus —la tradicional imagen de la muerte, un esqueleto, vestido con túnica y portando una guadaña— da una reprimenda a Caxias y a Solano López, los jefes militares brasileño y paraguayo, por estar «molestando a medio mundo desde hace tanto tiempo», y amenaza con terminar la guerra a su manera.

En marzo de 1867 se desató una epidemia de cólera que mató a 4.000 soldados sólo entre los brasileños. En mayo alcanzó al ejército paraguayo. Lo que causó el mayor número de muertos en los dos bandos —destaca Francisco Doratiotó, un historiador brasileño— no fueron los combates sino las enfermedades.

«Careciendo de recursos logísticos y de fuerzas militares suficientes —escribe en Maldita guerra—, el coronel Camisáo tuvo que dar marcha atrás en su decisión de llegar hasta Concepción. El 7 de mayo de 1867 ordenó la retirada hacia Nioaque, la cual pasó a ser conocida como La retirada de la Laguna, incorporándose a ella contingentes de indios guaicurú y terena.

La retirada se llevó a cabo bajo constantes ataques de los paraguayos, los cuales le arrebataron el ganado a la columna y la sumieron nuevamente en el hambre. Hambrientos, los soldados brasileños marcharon por terreno pantanoso bajo incesantes tempestades; además de los enemigos, debieron enfrentar los piojos, el cólera y otros problemas de salud derivados del contraste entre el frío glacial nocturno y el sofocante calor diurno.

Las fuerzas paraguayas prendían fuego al monte, cuyos pastos eran altos y secos, acorralando y sofocando a los que estaban en retirada para inducirlos a rendirse, cosa que nunca sucedió. Las mujeres que acompañaban a la columna brasileña estaban exhaustas,’tropezaban, algunas […] en harapos, con los niños a cuestas, escuálidas como cadáveres, ¡mendigando restos de alimentos!’

«[…] La debilidad de los que se retiraban les impedía perseguir a los enemigos, los cuales se dedicaron a abrir las tumbas de los brasileños enterrados en las cercanías para despojar a los cadáveres de sus miserables ropas; por cierto, los indios y los civiles que acompañaban a la columna brasileña también tenían la costumbre de saquear a los enemigos muertos. Los soldados paraguayos se disputaban esas ropas y algunos de ellos las vestían de inmediato, ante la vista de los brasileños, que reaccionaban matando a algunos de los profanadores y poniendo en fuga a los demás con tiros de cañón.

La retirada de la columna se veía limitada por la falta de medios de transporte para los enfermos de cólera, quienes eran cargados por sus compañeros agotados por el hambre y el cansancio. Camisáo tomó la dramática decisión de abandonar a más de 130 soldados enfermos, los cuales aceptaron resignados su destino. Se los dejó en un claro junto con un cartel, destinado al enemigo, en el que se leía la frase ‘¡Compasión con los enfermos de cólera!’, pero fueron muertos por sus perseguidores. Poco después el cólera alcanzó al propio coronel Camisáo e incluso a José Francisco López, guía de la columna, matándolos a los dos y a otros compañeros.»

Fuente Consultada: Grandes Pestes de la Historia Cartwright – Biddiss

PARA SABER MAS…: Como ampliación del tema publicamos una nota en El Bicentenario Fasc. N° 3 período 1850-1869 a cargo María Silvia Li Liscia, historiadora.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA
LA SALUD PÚBLICA EN RIESGO

[…] Buenos Aires no pudo estar indenme ya que, a pesar de su nombre, las pestilencias de los saladeros y mataderos, las calles con barro permanente, que son casi cloacas, el agua maloliente y otros tantos atentados a la higiene la convierten más que en una urbe moderna, en un centro de infecciones.

¿Son las miasmas entonces las causantes del mal? ¿O éste proviene de fuera? No hay aún acuerdo de la ciencia, que divide a unos y otros entre quienes piensan que el clima y el ambiente predisponen al cólera y los que dicen que nada pasaría si fuera posible separar enfermos y sanos, para evitar la extensión del brote.

A principios de 1868, fueron presa de la enfermedad, aunque con menos víctimas, las provincias del Norte y de Cuyo, y sabemos que en San Juan, Santiago del Estero, San Luis y Salta hubo muchos pueblos donde se organizaron para brindar ayuda a los moribundos en lazaretos y sanatorios, porque no fueron suficientes ni los hospitales ya formados ni la buena voluntad de los enfermeros y médicos locales.

En pocos días, el cólera puede terminar con la vida de un hombre sano y fuerte, y no digamos de niños, mujeres y ancianos. La peste empieza con dolores, vómitos, diarreas y fiebres que debilitan completamente al enfermo y muy pronto, se contagia al resto de la familia, no se sabe si a través del aire malsano, o del suelo poco firme y asentado, o incluso del agua de los pozos y aljibes.

Según las autoridades, el avance de la enfermedad se debe a la ignorancia y atraso de la población más pobre, que vive en el descuido y la suciedad. Las novenas, los rezos y las procesiones no han detenido la epidemia, antes bien, la han acelerado, y los únicos que parecen estar resguardados son los que consumen té u otras bebidas calientes.

¿Cuántos han sido los muertos? Contabilizarlos no es fácil, ya que el pánico hace que aun los médicos, barberos, cirujanos y flebótomos no cuiden a los pacientes, y se aparten de los cadáveres. Muy pocos son los valientes que se atreven a enfrentar a la muerte para velar a los suyos y menos aún si no son parientes o son personas sin ningún recurso. Se habla de que entre diciembre de 1867 y 1868, la epidemia se ha llevado ya 8.920 vidas en Buenos Aires y, entre ellos, muchos de los esforzados médicos que lucharon contra el mal con denodado esfuerzo y dedicación.

Y eso no es todo, porque en el resto del país también se ha sentido el azote de la enfermedad. En Córdoba, el cólera provocó el deceso de más de dos mil víctimas y en Rosario la epidemia llevó a la tumba a 420 personas. El médico irlandés Thomas Hutchinson fue uno de los tantos héroes, ya que al frente de un sanatorio fundado y dirigido por él mismo atendió a numerosos afectados de la epidemia con el chloridyne, un medicamento que promete triunfar donde otros no han logrado más que rotundos fracasos.

Las muertes por la epidemia del cólera pueden volver y ser muchas más la próxima vez. Buenos Aires y también otras provincias de la Confederación reciben cada vez más y más pasajeros y productos allende los mares y el progreso puede muy bien darse vuelta cuando llegan con los barcos, las pestes.

Los facultativos no saben por qué se produce el cólera, si bien parece ser fruto de los vapores deletéreos que contaminan la atmósfera, a su vez, fruto de la corrupción y putrefacción del suelo y del agua. Y tampoco hay un remedio no bien empiezan las diarreas y vómitos, que hacen del enfermo un pobre ser tembloroso y deshidratado en muy pocas horas.

Por eso, resultaría interesante escuchar voces que nos hablen desde otros rincones de la ciencia, como los médicos homeópatas. No se trata de curanderos o magos, sino de verdaderos facultativos, que incluso han formado parte de la comisión de médicos que se organizó para luchar contra la epidemia de cólera durante 1868 en Buenos Aires.

Fuente: Colección El Bicentenario Fasc. N° 3 período 1850-1869 a cargo María Silvia Li Liscia, historiadora.

LA HISTORIA DEL CÓLERA La medicina social Tuberculosis Lepra Tifus

LA HISTORIA DEL CÓLERA-MEDICINA SOCIAL

John Snow LA HISTORIA DEL CÓLERA: «En cumplimiento de mis obligaciones oficiales […] he visitado muchos lugares en los que los excrementos se amontonaban en torno a casas, sótanos y patios, y en cantidad tal y hasta tal altura que sólo se podía avanzar con gran esfuerzo», informaba en 1841 un miembro de la Metropolitan Sewers Comission.

«Encontré gente que vivía y dormía en cuartos cuyas paredes y corredores chorreaban porquería. Las consecuencias de los gases malolientes y tóxicos que emanaban de los montones de estiércol se podían apreciar en las caras descompuestas, pálidas e insanas y en los miembros flaqueantes de los habitantes que tenían que vivir en ese lodazal de suciedad y miseria» John Snow (1813-1858)

El cólera es una enfermedad intestinal causada por las bacterias Vibrio cholerae, del serogroup 01 ó el 0139. Aunque la mayoría de las casos de cólera se ven en áreas tales como Asia, África y Suramérica, algunos casos ocurren en los Estados Unidos cada año.

Las personas en riesgo de contraer el cólera son gente que viaja a los países extranjeros en donde los brotes están ocurriendo y la gente que come los mariscos sin procesar ó poco cocinados de las aguas costeras calientes que se pudieron contaminar con las aguas residuales. En ambos casos, el riesgo es absolutamente pequeño.

CÓLERA, UNA ENFERMEDAD MORTAL: El cólera tiene su origen en los deltas pantanosos y densamente poblados de los ríos indios Ganges y Brahmaputra. Desde allí, hace tiempo que se extendió a Asia y África. Es una enfermedad de la mucosa intestinal y una de las peores epidemias de la humanidad; en la primavera de 2006 todavía causó varios miles de víctimas mortales en África y más exactamente en Angola y Sudán.

Después del contagio con la bacteria Vibrío cholerae, que vive en el agua, la enfermedad se suele desencadenar al cabo de dos a cinco días, pero a veces también pasadas unas horas. Se manifiesta con intensos vómitos y diarreas. La bacteria se segrega con las heces. Si no se aplican inmediatamente sueros salinos intravenosos, el cuerpo pierde agua y minerales, bajan la presión arterial y la temperatura y se produce la muerte rápidamente. Si las bacterias entran en contacto con el abastecimiento de agua, aumenta radicalmente la cifra de casos. Incluso objetos contaminados con excrementos, como por ejemplo ropa, pueden producir la infección, lo que aún hace más peligrosa la enfermedad. Sin tratamiento fallecen casi la mitad de los pacientes; entre los niños y ancianos la mortandad llega incluso al 90%.

Religión e higiene El hecho de que el cólera siga actualmente produciendo víctimas en países de Asia y África tiene que ver, entre otras cosas, con las costumbres religiosas. Los hindúes consideran sagrada el agua del Ganges, en la India, y a sus orillas se reúne anualmente una cifra incalculable de personas.

Afirman que el agua les purifica y lava sus pecados, y llevan hasta allí a muchos enfermos y moribundos. Más tarde arrojan al río sagrado sus cenizas, así como los cuerpos, a menudo sólo requemados, de los más pobres. Los peregrinos beben esa agua también contaminada por desagües sin filtrar y se la llevan a casa en botellas. Así se transmite la enfermedad hasta en los lugares más apartados.

La primera gran epidemia de cólera, 1815-1824 Desde el punto de vista histórico, la religión desempeñó durante mucho tiempo un importante papel en la propagación de la enfermedad. En el siglo XVIII, tras la conquista de Bengala (la actual Bangladesh y parte del noreste de la India) por los ingleses, se intensificó el comercio con las costas de la península Arábiga y también el contacto con los lugares de peregrinación de La Meca y Medina. Allí se reunían decenas de miles de peregrinos y las condiciones higiénicas eran miserables. En esas circunstancias la enfermedad se propagó velozmente, de ahí su nombre árabe El hawa («la tempestad») o Hawa asfar («viento amarillo»). Los peregrinos la llevaron consigo hasta Egipto y de allí se expandió por la cuenca del Mediterráneo.

Entre 1815 y 1817, en el Ganges se produjeron enormes inundaciones, malas cosechas y un brote de cólera. Mediante el comercio y los movimientos de tropas, la enfermedad se propagó velozmente hasta las Filipinas, luego desde Bombay hasta Arabia y Persia, y finalmente hasta Rusia. Entre 1823 y 1824 acabó la mortandad masiva, pero no fue, como se creyó, En 1884 se intentó desinfectar con fumigaciones tanto a los viajeros del tren como su equipaje para impediría propagación de la enfermedad. gracias al tratamiento con sangrías o irrigaciones. De hecho fueron las bajas temperaturas las que dificultaron la supervivencia de los bacilos.

1826-1836: Moscú-Varsovia-BerlínLondres-París-Nueva York La segunda epidemia sucedió en 1826. Avanzó de nuevo desde el Ganges hacia Occidente, con especial intensidad a lo largo del Volga. Como allí se seguía manteniendo la idea procedente de la Antigüedad de que la causa de la enfermedad era un miasma, es decir, aire impuro y vapores peligrosos, no se vio relación con el agua contaminada. Era imposible dar sepultura en los cementerios a los casi 200 000 muertos, sobre todo navegantes fluviales y lavanderas, por lo que fueron enterrados en fosas comunes. La enfermedad seguía avanzando en dirección oeste hasta Berlín, pasando por Polonia.

Ya hay una vacuna disponible pero proporciona solamente protección parcial de duración corta y no previene la infección asintomática. El uso de esa vacuna no es recomendado por la Organización Mundial de la Salud y se requiere únicamente para viajeros que necesitan demostrar que recibieron tienen la vacuna para entrar a un país.

Prusia luchaba contra Polonia a las órdenes del mariscal de campo Von Gneisenau (1760-183 1) y su jefe de Estado Mayor Carl Von Clausewitz (1780-1831). Se estaba preparado contra la invasión del cólera, y desde Polonia se limitaron las posibilidades de entrar legalmente a doce puestos fronterizos mediante la cuarentena. Sólo después de una estancia de diez a veinte días se podía seguir viaje; el correo y las mercancías importadas se fumigaban en cajones con tres compartimentos que se llenaban con brasas de carbón, luego con azufre, nitrato y salvado, y finalmente con las cartas. Como en el caso de la peste, los médicos se protegían con gabanes encerados. Pero todas esas medidas no sirvieron de nada: Clausewitz murió en agosto y Gneisenau en noviembre.

El cólera avanzaba hacia Berlín. Se acordonaron las zonas contaminadas. Junto al castillo de Charlottenburg, adonde se había retirado la corte, se instaló una cámara de fumigación para los visitantes. Las fumigaciones, hasta entonces prohibidas policialmente, se permitieron, pues con ellas se esperaba una limpieza del aire nocivo. Perecieron más de 1400 personas, entre ellas, en noviembre de 1831, el filósofo Georg Wilhelm Friedrich Hegel, nacido en 1770.

Las metrópolis de Europa bajo el dominio del cólera A lo largo del Havel y del Spree, el cólera se aproximó a Hamburgo. La aplicación negligente de las normas de cuarentena contribuyó al brote en el puerto, junto al Elba y los canales. Las condiciones higiénicas eran aquí peores que en Berlín, pues ni había un abastecimiento central de agua ni canalización. El transporte de materias fecales sólo se realizaba irregularmente, y de las casas situadas en el interior del lago Alster los excrementos infectados con bacterias caían directamente al agua, que se utilizaba también para beber. De los aproximadamente 145 000 habitantes murieron casi 2000. Siguió Londres, con casi 10.000 víctimas, y .n 1832, París. Heinrich Heme describió las Espantosas condiciones en las calles y en el Hotel-Bieu, hospital cercano a Notre Dame.

Gran parte de París tampoco disponía de canalización. Los colectores de excrementos líquidos sobresaturados se vaciaban en carruajes de barriles que por la noche se descargaban en los depósitos con voiries, los depósitos de materias fecales a las afueras de la ciudad. Cuando éstos rebosaban, las aguas sucias se vertían en el Sena. Enfermaron unos 230.000 franceses, de los cuales 100.000 perecieron, 19.000 de ellos sólo en París en 1832. En toda Europa murieron miles de personas, y aquel 1832 el cólera avanzó hasta Estados Unidos. Probablemente fueron emigrantes irlandeses enfermos los que introdujeron la enfermedad. Hubo muchos muertos, sobre todo entre los nativos norteamericanos

La mayoría de personas expuestas al organismo del cólera no desarrollará ninguna síntomas. El síntoma más común es diarrea líquida leve pero que puede llegar a severa, y a veces vómito. En casos severos sin tratamiento, la muerte puede ocurrir dentro de algunas horas debido a la pérdida de mucho líquido. Con el tratamiento apropiado, muy pocas personas morirán de cólera.

Sin final a la vista Continuamente se sucedieron nuevas epidemias: primero entre los años 1840 y 1861, con más de un millón de víctimas en Rusia; luego entre 1863 y 1875, así como entre 1881 y 1896, y también en 1899 y 1923. En 1936 comenzó la última pandemia, que respetó a toda Europa. Además, entre tanto se había identificado la causa y era posible tomar medidas. Ya en 1854, el médico inglés Snow (1813-1858) se había dado cuenta de la relación entre la alta incidencia de enfermos en el Soho y la utilización de una bomba de agua en la Broad Street. Hizo retirar el brazo de la bomba y la epidemia se extinguió. Sin embargo, nadie quiso publicar su disertación sobre el agua contaminada como origen de la enfermedad; se siguió creyendo en un miasma, en aire contaminado.

El cólera en Paris Heinrich Heine describió muy acertadamente el angustioso ambiente de la capital de Francia: “Un silencio de muerte domina todo París. En las caras se aprecio una gravedad pétrea. Muchas noches apenas se ve gente en los bulevares, y la que hay se apresuro con la mano o un pañuelo ante la boca. Los teatros están como muertos. Lo mayoría de extranjeros, es decir de mis compatriotas, se ha marchado».

En 1854, el catedrático muniqués de bioquímica Max Pettenkofer (1818-1901) intuyó una relación entre la contaminación del suelo a causa de las materias fecales y el cólera, y contribuyó a la construcción de la canalización. Sin embargo siguió negando el papel del agua de beber contaminada. Hasta 1883 Robert Koch (1843-1910) descubridor  del bacilo de la tuberculosis, no consiguió identificar como causante al agente patógeno Vibrio Cholerae en el agua de beber de la ciudad egipcia de Alejandría.

Durante la devastadora epidemia de cólera que en 1892 asoló Hamburgo se obligó finalmente a la población a hervir el agua de consumo. Pero ya entonces los médicos advirtieron una y otra vez que de nada servían los buenos consejos mientras innumerables personas vegetasen en sótanos húmedos, padeciesen hambre y ni siquiera tuvieran suficiente agua para lavarse. Aunque no se puede dejar de apreciar los avances en cuestión de diagnóstico y terapia, hay que reconocer que en muchas enfermedades la pobreza es un factor a tener siempre en cuenta, como actualmente ocurre, por ejemplo, en Angola.

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Fuente Consultada: Grandes Catástrofes de la Historia