La Ley Y La Muerte

Los Milagros de Jesus El Sermon de la Montaña Parabolas de Cristo

Los Milagros de Jesús

LOS MILAGROS:  Jesús dio, a quienes tuvieron ojos para ver y oídos para oír, señales claras de su misión: las profecías y los milagros. Éstos fueron hechos sobrenaturales, superiores a cualquier explicación humana. Cierto día que andaba por la orilla del lago de Genezaret, le rodeó una muchedumbre de galileos, ávidos de oír su predicación. Dos barcas estaban amarradas cerca de la orilla. Jesús subió a una de ellas, que pertenecía a Simón, rogándole que la apartase un poco y desde allí comenzó a instruir a la muchedumbre.

Terminada su predicación, dijo a Simón: «Vete más lejos y echa tus redes para pescar.» «Maestro: hemos trabajado toda la noche y no hemos cogido nada; mas porque tú me lo dices, echaré la red.» La red fue lanzada, y recogió tal cantidad de peces que se rompía y pudieron llenar las dos barcas. En vista de tal milagro, Simón se postró delante de Jesús, diciéndole: «Alejaos de mí, Señor, que soy pecador.» «No temas -respondió Jesús-, en adelante serás pescador de hombres.» Después, dirigiéndose también a Andrés, hermano de Simón, y a los dos hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, repitió estas palabras: «Seguidme y os haré pescadores de hombres.» Apenas había vuelto el Salvador a Cafarnaum cuando la muchedumbre invadió la casa en que habitaba, hasta el punto de obstruir la puerta de entrada.

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Jesús aprovechó la ocasión para enseñar al pueblo, que le amaba y admiraba. La palabra del Salvador arrastraba muchedumbres, ávidas de escuchar la nueva doctrina. Este movimiento popular inquietaba a los fariseos, hombres apegados a la letra de la ley, pero fríos y muertos interiormente. Allí estaban para hallar a Cristo en falta, en pecado de herejía, no para aprender la verdad. Entretanto, cuatro hombres llevaban en una camilla a un paralítico para presentarlo a Jesús. Al acercarse a la puerta de la casa y ver que les era imposible entrar por ella, subieron por la escalera exterior hasta la terraza, y por medio de sogas, bajaron la camilla con el enfermo hasta ponerlo junto al Señor.

Este acto de viva fe conmovió al Salvador, que dijo al paralítico: «Ten confianza, hijo mío, tus pecados te son perdonados.» Su enfermedad había sido, sin duda, un castigo divino, de ahí la expresión de Jesucristo. Los fariseos se escandalizaron y dijeron entre sí: «¡Este hombre blasfema! ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?» Y Jesús les preguntó: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico tus pecados te son perdonados, o decirle: levántate, toma tu camilla y anda? Pues para que veáis que el Hijo del Hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados, yo te lo mando – dijo al paralítico-, levántate, toma tu camilla y anda; vete a tu casa.»

El enfermo se levantó, tomó su camilla sobre sus hombros y se fue a su casa glorificando a Dios, mientras que los testigos del prodigio decían: «Hoy hemos visto cosas maravillosas.» En otra ocasión, Jesús curó a un paralítico en sábado. Los judíos, y especialmente los fariseos, eran muy rígidos en la interpretación de la Ley relativa al descanso del sábado. En tal día, Jesús entró en una sinagoga. Había allí un mendigo con la mano derecha paralizada. Los fariseos preguntaron maliciosamente a Jesús si era lícito curar en sábado. El Señor, preguntó: «¿Está permitido en día de sábado hacer bien o hacer mal, salvar la vida o quitarla?» No se atrevieron a responderle, pues se habrían condenado ellos mismos.

Jesús, entonces, dijo: «¿Quién hay entre vosotros que teniendo una oveja que cae en un hoyo el sábado, no trate de salvarla?; pues ¿no vale un hombre más que una oveja? Es lícito, por tanto, hacer bien en día de sábado.» A continuación dijo al enfermo: «Extiende tu mano.» Él la extendió y le fue curada en el acto. El tetrarca Antipas había establecido un cuartel en Cafarnaum y en él estaba un centurión que había oído hablar de los milagros de Jesús, y como tuviese en peligro de muerte a un esclavo muy fiel, a quien quería mucho, envió al Salvador una comisión para pedirle viniese a curar al enfermo. Jesús le contestó: «Iré y le curaré»; y se dirigió a casa del centurión.

Mas cuando ya se acercaba, el oficial le envió a decir: «Señor, no soy digno de que entréis en mi casa, pero decid solamente una palabra y mi criado será curado. Pues yo, que soy hombre sometido a otros jefes, tengo bajo mando soldados y digo a éste: ve y va y al otro: ven, y viene; y a mi criado: haz esto, y lo hace.» Al oír este lenguaje lleno de fe y de humildad, Nuestro Señor dijo a los que le rodeaban: «En verdad que no he encontrado en Israel una fe tan grande.» Volviendo a Cafarnaum, una gran muchedumbre acudió a Jesús. Y he aquí que un jefe de la sinagoga, llamado Jairo, vino a arrojarse a sus pies, diciéndole: «Señor, mi hija se muere: ¡venid a poner vuestras manos sobre ella para que se cure y viva!» Jesús siguió a aquel padre afligido para consolarle y los apóstoles y la muchedumbre le seguían.

En esto vinieron a anunciar a Jairo que su hija había muerto. El Salvador le animó, diciéndole: «No temas; cree solamente y tu hija será salvada.» Cuando llegaron a casa de Jairo se encontraron que reinaba ya en ella el tumulto propio de las defunciones. Las plañideras pagadas hacían aparatosas manifestaciones de dolor y los tocadores de flauta hacían oír sus sones lúgubres. Jesús les dijo: «¿Por qué lloráis? La joven no está muerta; duerme.» Pero aquella gente protestaba, persuadida de que la muerte no podía ser más real. Jesús entró en la habitación donde descansaba el inanimado cuerpo de la joven y tomando la mano de la difunta, le dijo: «Niña, ¡levántate!» Ella se levantó y empezó a andar. Estaban en otra ocasión en una región solitaria, situada al nordeste del lago de Genezaret, rodeados por muchedumbres numerosas.

Llegada la tarde, los apóstoles dijeron a Jesús: «Este lugar está desierto, y ya se hace tarde. Despachad, pues, a esta gente para que marchen a las ciudades y aldeas y compren lo que necesiten para comer.» Jesús les contestó: «No es necesario que se marchen; dadles de comer vosotros mismos.» Felipe dijo entonces: «Doscientos denarios de pan no bastarían para dar un pedazo a cada persona.» Andrés vio a decir a Jesús: «Aquí hay un joven que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero, ¿qué es esto para tanta gente?» «Traédmelos aquí -respondió el Salvador-, y mandad sentar a toda la multitud por grupos.» Tomando después los panes y los peces, levantó los ojos al cielo, los bendijo con la oración de costumbre y los empezó a partir en pedazos, que se iban multiplicando entre sus manos mientras los daba a los apóstoles para distribuirlos entre la muchedumbre. Los convidados de Jesús eran 5.000, sin contar las mujeres y los niños. Después que cada uno se hubo hartado, llenaron los apóstoles doce cestos con lo que quedó de los panes y los peces. «Éste es verdaderamente el Profeta que debe venir al mundo», decían entre sí los testigos de este gran milagro.

Y era tal su entusiasmo, que proponían tomar a Jesús y conducirle a Jerusalén, para proclamarle allí Rey-Mesías. Porque eran muchos los que veían en Jesús al hombre anunciado, capaz de sacudir el yugo de los romanos y convertirse en soberano de un Israel independiente. Los milagros de Jesús fueron numerosos, constantes y sorprendentes: la curación de los ciegos de nacimiento, del paralítico de la piscina, la resurrección de Lázaro, etc. Sin embargo, a pesar de su grandeza, no consiguieron abrir los ojos a los fariseos y escribas que por la dureza de sus corazones no pudieron compartir esta fe con el pueblo sencillo.

PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE CRISTO

La trágica muerte de Jesús fue precedida por una jornada de triunfo y de gloria: su entrada en Jerusalén repleta de gente con motivo de Pascua. El pueblo le recibió con palmas y exclamaciones de alegría. «Hosanna -gritaban-, bienvenido el que viene en nombre del Señor.» Envidiosos de aquel homenaje los fariseos dijeron a Jesús: «Maestro; amonesta a tus discípulos.» Jesús les respondió: «Si ellos callasen, las piedras gritarían.» Pero, pensando en el trance final que le aguardaba a la ciudad prevaricadora, lloró por ella y dijo: «Jerusalén, Jerusalén: que matas a los profetas y apedreas a los que a ti son enviados.

Vendrán días en que te rodearán con trincheras tus enemigos, te cercarán y te estrecharán y no dejarán en ti piedra sobre piedra.» Los fariseos insistieron en proponerle una dificultad, esperando comprometerle: «Maestro, dinos lo que te parece: ¿Está permitido pagar el tributo al César?» Bajo esta pregunta, tan sencilla, se ocultaba un lazo, pues si Jesús respondía negativamente, le entregarían a Pilato como a rebelde, y si lo hacía en sentido afirmativo lo denunciarían al pueblo como amigo de los romanos, a quienes odiaban. Pero Jesús supo evitar la emboscada. «Enseñadme -les dijo- la moneda con la que se paga el tributo.» Después que le presentaron un denario romano, Jesús pregunto: «¿De quién es esta imagen y esta inscripción?» «Del César», le contestaron. «Pues dad a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César.»

Y luego condenó a los hipócritas con aquellas lapidarias palabras: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, porque sois semejantes a los sepulcros blanqueados, que por fuera parecen hermosos a la vista, pero por dentro están llenos de podredumbre!» En la tarde del martes santo, Jesús dijo a sus discípulos: «Ya sabéis que la Pascua se celebrará dentro de dos días y que el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado.« En este mismo día, los príncipes de los sacerdotes, los escribas o doctores de la Ley y los ancianos o jefes del pueblo, que formaban las tres clases representativas en el Sanedrín, se reunieron en casa de Caifás para deliberar sobre la manera de apoderarse de Jesús y darle muerte: «No conviene hacer esto durante las fiestas por miedo de que el pueblo se alborote.» Aquel mismo día fue Judas a hablar con los príncipes de los sacerdotes y les propuso: «¿Qué queréis darme y yo os lo entregaré?»

Los sacerdotes prometieron al traidor 30 siclos de plata, es decir, unas 85 pesetas. Desde este instante, Judas andaba al acecho, buscando ocasión favorable para entregarle. El jueves santo, por la mañana, los apóstoles Pedro y Juan preguntaron a Jesús: «¿Dónde quieres que dispongamos la cena pascual?» Jesús les indicó lo que debían hacer, y después de la puesta del sol fue a juntarse con ellos, en compañía de los otros diez apóstoles en una gran sala. Cuando cada uno ocupó su sitio, Jesús les dio una admirable prueba de humildad: se levantó, ciñóse con una toalla, echó agua en una vasija y se puso a lavar los pies de sus discípulos.

Al terminar la cena pascual, Jesús tomó en sus manos uno de los panes ázimos, delgados y anchos, que estaban sobre la mesa, lo bendijo, lo partió y lo distribuyó en trozos a los doce, diciendo: «Éste es mi Cuerpo que es entregado por vosotros.» Tomó a continuación el cáliz, lo llenó de vino, al cual había añadido un poco de agua, e hizo que todos bebieran de él, después de haberlo consagrado, diciendo: «Ésta es mi Sangre, la sangre del Nuevo Testamento, que será derramada por muchos para perdón de los pecados.»

Al terminar estas palabras, ya no era pan o vino lo que daba a sus apóstoles, sino realmente su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad, ocultos bajo las especies sacramentales. El misterio de la Eucaristía se habla hecho realidad. Luego los hechos se precipitaron. La traición de Judas, la promesa de Pedro de seguirle y confesarle siempre, promesa que no cumplió al negarle más tarde por tres veces, la oración en el huerto de los Olivos, la prisión del Maestro y su juicio, lleno de cobardías, ante Anás, Caifás y Pilato, que terminó con la condena a muerte en cruz. Judas, atormentado por los remordimientos, fue a devolver a los príncipes de los sacerdotes las treinta monedas de plata que había recibido: «He pecado -les dijo- entregando sangre inocente.»

Ellos contestaron: «¿Y a nosotros qué nos importa? ¡Allá te las arregles!» Judas salió de allí y fue a arrojar el dinero maldito en el templo, y para quitarse la vida se colgó de un árbol. La crucifixión era un género de suplicio calculado para aumentar las torturas y retardar la muerte. Antes del suplicio le ofrecieron a Jesús, según costumbre judía, una bebida compuesta de hiel y vinagre, que tenía por objeto adormecer los sentidos del paciente, disminuyendo así el sufrimiento. Jesús rehusó probarla, y mientras introducían los clavos en las carnes de sus manos, dirigió a Dios esta generosa petición: «padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.» Los verdugos se repartieron entre sí los vestidos de la víctima, y se fijó en la parte superior de la cruz una inscripción en tres lenguas (latín, griego y hebreo), en la que se leían estas palabras: «Jesús Nazareno, Rey de los judíos.» En la cima del Gólgota, donde tuvo lugar el suplicio, se produjo la conversión de Dimas, el buen ladrón, la presentación de María, Madre de dios como protectora de todos los hombres y, finalmente, la muerte del Redentor.

Cuando Jesús estaba pendiente de la cruz, la misma Naturaleza tomó parte del luto; el sol se oscureció y las tinieblas cubrieron a Jerusalén y a toda la comarca; tembló la tierra, se resquebrajaron las peñas, y el espeso velo que separaba las dos partes del templo se desgarró. Estos hechos impresionaron vívamente al centurión romano que presidía la crucifixión, el cual exclamó: «Verdaderamente, este hombre era el Hijo de Dios!» Jesús fue enterrado en un sepulcro de piedra. Al tercer día, la piedra que cerraba la entrada basculó, y Cristo resucitó. Durante un período de 40 días se apareció a diversas personas, a sus discípulos, a su madre, y al cabo de este tiempo, por su propio poder dejó esta morada terrestre en el acto de la Ascensión. La existencia terrenal del Salvador había terminado.

TREINTA AÑOS DESPUÉS

Al cumplirse el tiempo, Jesús empezó a manifestarse en una fiesta, las bodas de Caná. La ceremonia del matrimonio era sin duda la más solemne en la vida de Israel para la gente de la clase media y baja, y podía durar incluso varios días. La esposa salía de manos de las amigas y parientes pomposamente engalanada. El esposo iba a recogerla y la conducía a su casa donde se celebraba el banquete nupcial, en el transcurso del cual se libaban vinos guardados cuidadosamente desde mucho tiempo atrás para tal ocasión. El primer milagro (la conversión del agua en vino) obrado en las bodas de Caná, a instancias de su Madre, revela por una aparte el valor de María como intercesora, y de otra la santificación del matrimonio por la presencia de Jesús.

Después de la fiesta y el milagro, Jesús se encaminó a Cafarnaum, y desde entonces esta población le sirvió como morada habitual en Galilea, convirtiéndose en su patria adoptiva en sustitución de Nazareth. Ya se había separado de su familia y ahora se separaba también de su pueblo de origen trasladándose al lugar más adecuado para la misión que iniciaba. Si la primera manifestación de la vida pública de Jesús fue de suma amabilidad, poco tiempo después y por única vez en el Evangelio, Jesús dio muestras de irritación y enfado. Había partido de Cafarnaum camino de Jerusalén, y llegado a la capital se dirigió al Templo.

El atrio exterior apestaba por el olor del estiércol y resonaba el mugido de los bueyes, los balidos de las ovejas, el arrullar de palomas, y sobre todo, el vocerío de los mercaderes y cambistas instalados por doquier. Desde aquel atrio sólo se podía oír un débil eco de los cantos litúrgicos que se celebraban en el interior. El recinto sagrado más parecía una feria de ganado que la mansión del Dios de Israel. Reuniendo Jesús un haz de cuerdas en forma de látigo comenzó a golpear a bestias y hombres, derribó mesas de cambistas y expulsó a todos del sagrado templo: «¡Fuera de aquí! ¡No hagáis de la mansión de mi Padre, casa de tráfico!» (Juan, II, 16).

La violenta actitud del que era para todos desconocido, asombró y alarmó a los judíos, los cuales se le acercaron y le preguntaron: «¿Qué señal nos muestras de que haces esto legítimamente?» Respondió Jesús y les dijo: «Demoled este santuario, y en tres días lo volveré a levantar.» En cada frase del Hijo del Hombre revela un mundo de significados y en esta respuesta brevísima, Jesús prefiguró su muerte y resurrección. El «santuario» era su propio cuerpo.

Limitaciones del Dominio: Usufructo Hipotecas Contratos y alquileres

Limitaciones del Dominio: Usufructo, Hipotecas
Contratos y Alquileres

Limitaciones al dominio No siempre el propietario de una cosa usa y disfruta de ella, sino que se dan participaciones del derecho de propiedad en vista al bien mutuo de los que de ella se benefician sin ser propietarios. La vida impone necesidades económicas que han dado lugar a los usufructos, creación de censos, hipotecas, etc.

DERECHOS DE PREFERENCIA

Cuando se pone a la venta algo, surgen ciertos derechos llamados de prelación o de preferencia. En el tanteo esta preferencia se manifiesta antes de que la operación se consume, mientras que en el retracto tiene lugar una vez consumada. En el tanteo la acción se dirige contra el vendedor de la finca, mientras que en el retracto, la acción se encamina contra el que la adquiere. El derecho de tanteo puede dilatar la ejecución de una venta pero una vez realizada, ésta queda firme, sin perturbación alguna en las relaciones jurídicas de los interesados; en cambio, el derecho de retracto deja sin efecto la venta efectuada, la anula.

El retracto convencional tiene lugar cuando el vendedor se reserva el derecho de recuperar la cosa vendida, mediante la entrega del precio, gastos del contrato y otros, cumpliendo lo que se hubiese pactado. El retracto legal consiste en el derecho que, por ministerio de la ley, tienen ciertas personas y en determinadas situaciones, para adquirir la cosa que fue objeto de un contrato compraventa, subrogándose en el lugar del comprador.

EL USUFRUCTO

Es un derecho de carácter temporal que autoriza a su titular a disfrutar todas las utilidades que resultan del normal aprovechamiento de una cosa ajena, pero se le impone la obligación de restituirla en el momento señalado, o bien su equivalente. Por ejemplo, el que administra y cultiva un viñedo que no es suyo, pero que dispone de los frutos (usufructo) de él obtenidos, o los bienes de los hijos no emancipados, que son usufructuados por el padre , y en su defecto, por la madre. Con frecuencia, el usufructo tiene su origen en un testamento porque es un medio cómodo y bueno de asegurar recursos vitalicios a una persona, sin privar definitivamente de los bienes a los herederos.

El padre al morir deja una casa a sus hijos, pero con el usufructo de la misma para la madre mientras viva, a fin de que pueda beneficiarse de los alquileres. Pero no puede venderla porque no es suya; sólo puede usar sus frutos. El usufructo da derecho a disfrutar los bienes, pero con la obligación de conservar su forma y sustancia. Este derecho también puede originarse por contrato. Así, un propietario da el usufructo de una casa de vecinos y se reserva él la propiedad. O al revés: vende la propiedad, pero se queda el usufructo que, en este caso, será el importe de los alquileres. En muchos testamentos se otorga la propiedad a una persona, pero el usufructo a otra, mientras ésta viva.

Durante el usufructo, el titular del derecho, el usufructuario, debe cuidar los bienes recibidos como un buen padre de familia y, si diera en arrendamiento su derecho de usufructo, es responsable de los perjuicios que sufran las cosas. Debe efectuar las reparaciones ordinarias para su conservación, y las extraordinarias cuando fuesen indispensables para la subsistencia de la cosa, las cuales correrán a cuenta del propietario. Si el propietario se negara a satisfacer su importe, el usufructuario tendrá derecho a retener la cosa hasta reintegrarse con sus productos. Por ejemplo, si en una casa, a consecuencia de una inundación se ha venido abajo una pared, esta reparación corre de cuenta del propietario, pero no el arreglo de un portón estropeado por el uso.

El llamado derecho de uso es una especie de usufructo limitado a las necesidades del usuario y de su familia.

El uso da derecho a percibir de los frutos de la cosa ajena, los que basten a las necesidades del usuario y de su familia, aunque ésta aumente. El derecho de habitación concede a su titular la facultad de ocupar en una casa ajena las piezas necesarias para el que tiene el derecho y para las personas de su familia. Estos derechos son intransmisibles, es decir, no se pueden arrendar ni traspasar a otro por ninguna clase de título. Es el caso de una persona a quien se encarga la portería de una casa con derecho a habitación.

LA SERVIDUMBRE

LA SERVIDUMBRE. Es otra limitación del dominio y consiste en una carga impuesta sobre un inmueble, en favor de otro inmueble, y que obliga al propietario del primero a sufrir ciertos actos de uso, o abstenerse, por su parte, de ejercer ciertos derechos inherentes a la propiedad. Las servidumbres de aguas son numerosas. Así, por ejemplo, los campos inferiores están sujetos a recibir las aguas que naturalmente, y sin obra del hombre, descienden de los campos superiores, así como la piedra o tierra que arrastran en su curso.

Ninguno de los dos dueños puede hacer obras que impidan esta servidumbre. Las riberas de los ríos, aun cuando sean de dominio privado, están sujetas en una zona de 3 m, en sus márgenes, a la servidumbre de uso público, en interés general de la navegación, la flotación, la pesca y el salvamento. Los campos contiguos a las riberas de los ríos navegables están sujetos a la servidumbre de camino de sirga, para el servicio exclusivo de la navegación y flotación fluvial.

Cuando para la derivación o toma de aguas de un río o arroyo fuere necesario establecer una presa cuyos estribos se apoyaran en predio ajeno, podrá hacerse, indemnizando al propietario. Otra servidumbre es la llamada saca de agua y abrevadero y tiene carácter forzoso; consiste en la obligación de dar paso a personas y ganados, hasta el punto donde hayan de utilizar el agua. La llamada servidumbre de acueducto consiste en el derecho que tiene el propietario que quiere servirse del agua de que puede disponer para una finca suya, de hacerla pasar por los predios inmediatos, con obligación de indemnizar a sus dueños, como también a los de los predios inferiores, sobre los que se filtren o caigan las aguas.

La servidumbre de paso es el derecho que se concede al propietario de una finca enclavada entre otras ajenas, y sin salida a camino público, para exigir paso por las heredades vecinas, previa la correspondiente indemnización. La servidumbre de luces es el derecho de abrir huecos en ciertas condiciones para tomar luz del predio ajeno. Las de vistas es el derecho de abrir huecos o ventanas para gozar de vistas a través de una propiedad ajena, y de poder impedir toda obra que las dificulte.

Los huecos para luces se caracterizan por la altura a que se construyen y tener vidriera fija que impida sacar la cabeza, mientras que los huecos para vistas tienen vidrieras movibles que permiten asomarse y mirar hacia afuera. Existen otras clases de servidumbres, como son las de desagüe de los edificios, las de distancias y alturas en las edificaciones y las relativas a las plantaciones.

Si las ramas de algunos árboles se extendieren sobre una heredad, jardines o patios vecinos, el dueño de éstos tendrá derecho a reclamar que se corten en cuanto se extiendan sobre su propiedad, y si fueran las raíces de los árboles vecinos las que se extendiesen en el suelo de otro, el dueño de este suelo podrá cortarlas por sí mismos dentro de su heredad. Los árboles existentes en un seto vivo medianero, y se presumen también medianeros, cualquiera de los dueños tiene derecho a exigir su derribo, exceptuándose los árboles que sirvan de mojones, los cuales no podrán arrancarse sino de común acuerdo entre los colindantes.

LAS HIPOTECAS

Así como las prendas son de carácter mueble, la hipoteca es de carácter inmobiliario porque recae sobre bienes inmuebles y se constituye para asegurar el cumplimiento de una obligación principal. Una persona posee una fábrica, pero necesita dinero. El que se lo presta lo hace sobre la garantía de dicha fábrica. Ésta, pues, se halla hipotecada y de tal hecho se da una publicidad especial, puesto que requiere la inscripción como solemnidad constitutiva, de tal modo, que la hipoteca no inscrita no es válida. La hipoteca no puede darse más que sobre bienes especialmente indicados, y por suma o cantidad también indicada y las inscripciones han de expresar el importe de la obligación garantida y el de los intereses, si se hubiesen estipulado.

Cuando se hipotequen varias fincas a la vez por un solo crédito se determinará la cantidad de que cada una deba responder. Una nota característica de la hipoteca es la «indivisibilidad», consistente en que la garantía hipotecaria, mientras no se cancele, subsiste íntegra y afecta a todas y cada una de las partes del inmueble, asegurando así todo el crédito. La hipoteca es un derecho transmisible, y se puede volver a hipotecar a un tercero.

El derecho de hipoteca no priva de la propiedad al dueño del inmueble hipotecado, que sigue teniendo sus derechos normales, es decir, puede poseer la finca, usar de ella y disfrutarla, aunque siempre con el gravamen de la hipoteca, que es inseparable de la cosa. También puede gravarla con una segunda hipoteca. El acreedor puede poner en conocimiento del juez los actos dañosos y abusivos del propietario que deteriore maliciosamente la finca. Si el propietario insistiese en seguir abusando, el juez podrá poner el inmueble en administración judicial.

Si el acreedor no percibe los intereses de la hipoteca puede pedir la venta o subasta del inmueble. A su vez puede ceder a un tercero sus derechos. Si el dueño de la cosa hipotecada no puede pagar, los acreedores se hacen cargo del inmueble y las hipotecas, pero el primer acreedor tiene derecho de preferencia sobre los demás en caso de compra. Supongamos que un edificio tiene tres hipotecas y el dueño no puede pagarlas y aún necesita dinero.

Se pone a subasta la casa y uno de los tres acreedores la adquiere, paga las hipotecas restantes y da lo sobrante al dueño. En la vida real sucede con frecuencia que tras una primera hipoteca viene una segunda, una tercera y… el dueño acaba por perder la finca. Recientemente ha sido regulada la hipoteca mobiliaria en el sentido de que sólo podrán ser hipotecadas las fincas, los establecimientos mercantiles, automóviles y otros vehículos de motor, así como los camiones y vagones de ferrocarril de propiedad particular, las aeronaves, la maquinaria industrial y la propiedad intelectual e industrial.

Una forma intermedia de hipoteca y prenda es la anticresis. Se diferencia de la prenda por el hecho de constituirse sobre bienes inmuebles, y de la hipoteca, por otorgar derecho al percibo de los frutos. El acreedor anticrético tiene derecho a hacer suyos los frutos del inmueble, aplicándolos al pago de los intereses, primero, y después, del capital.

El acreedor que ha prestado anteriormente un capital al propietario, por ejemplo, no adquiere la propiedad del inmueble por falta de pago de la deuda dentro del plazo convenido, pero puede solicitar la venta del inmueble si no se le paga la deuda. El acreedor está obligado a pagar las contribuciones y cargas que pesen sobre la finca, y al efectuar los gastos necesarios para su conservación y reparación. Si tiene la posesión de la finca, le incumbe además, la obligación de cuidar de ella como un buen padre de familia y restituirla, una vez cumplida la deuda principal. El dueño de la finca o deudor puede constituir hipotecas, pero atendiendo a la anticresis primeramente constituida, y no puede volver a adquirir el goce del inmueble sin haber pagado antes lo que debe a su acreedor.

LOS ALQUILERES

Según los Códigos Civiles de cualquier país, se constituye alquiler cuando se sujetan algunos bienes inmuebles al pago de un rédito anual, en retribución de un capital que se suele recibir en dinero. Es un derecho real, inmobiliario, ya que recae necesariamente sobre bienes inmuebles y su plazo por tiempo de locación se establece de común acuerdo o es cancelable por el locador. Un capitalista quiere edificar una casa en un solar, pero el dueño del mismo no se lo vende, sino que le cede a cambio de un alquiler anual determinado. El capitalista deberá pagar indefinidamente este monto, a menos que por una suma de dinero acuerden la redención o extinción del alquiler.

Llámase «locador» la persona que tiene derecho a cobrar la pensión, y «locatario» o «arrendador» la que tiene obligación de pagarla. Cuando se ha de realizar un pacto, un negocio, una venta, etc., se da una garantía llamada prenda. Ésta sale de la posesión material del dueño y pasa a manos de un tercero o del acreedor, y éste puede utilizarla a su gusto si la obligación pactada no se lleva a debido cumplimiento. El contrato de prenda da derecho al acreedor para retener la cosa en su poder hasta que se le pague el crédito. Igualmente tiene derecho el acreedor al abono de los gastos hechos para la conservación de la cosa.

Supongamos que se diese, como prenda de un pacto, un perro que luego se ha de devolver. Los gastos de manutención deben abonarse. Quien vende un coche puede exigir una cantidad en prenda antes de su entrega y por tanto antes del cobro de su valor total. En el caso de que no sea satisfecho el crédito, el acreedor puede reclamar judicialmente el pago de éste y la venta de la prenda, o bien proceder a la enajenación de la misma por medio de subasta pública ante notario. Podrán constituir prenda sin desplazamiento de la posesión, los titulares legítimos de explotaciones agrícolas, forestales y pecuarias, sobre los siguientes bienes: los frutos pendientes y las cosechas esperadas dentro del año agrícola en que se celebre el contrato; los animales, así como sus crías y productos; las máquinas, aperos y demás bienes muebles identificables por características propias, como marca y número de fabricación, modelo y otras análogas, que no concurran a satisfacer necesidades de explotación de una industria; mercaderías y materias primas almacenadas; colecciones de objetos de valor artístico o histórico, como cuadros, esculturas, porcelanas, libros, bien en su totalidad o en parte y aunque no formen parte de una colección.

LOS CONTRATOS

Anteriormente se ha dicho que persona es todo ser capaz de derechos y de obligaciones. Efectivamente, no sólo tenemos derechos que ejercer, sino también y con mucha frecuencia, obligaciones que cumplir. Dentro de la esfera familiar se han visto los múltiples derechos que los padres tienen con respecto a sus hijos y obligaciones que sobre ellos pesan. Cada derecho tiene como contrapartida una obligación que cumplir. Sucede a menudo que las personas se obligan voluntariamente a dar, hacer o no hacer algo, es decir, contraen una obligación, y pueden ser objeto de contrato todas las cosas que no atenten a las buenas costumbres. Por tanto, las materias y formas de contrato son infinitas.

Para que un contrato exista son necesarios los siguientes requisitos: El consentimiento, que significa acuerdo de voluntades entre dos o varias personas. El objeto del contrato es la obligación de dar, hacer o no hacer algo. La causa del contrato es el móvil o fin inmediato. No hay que confundir la causa con los motivos. Así, en un contrato de compraventa, la causa es, con respecto al vendedor, la adquisición del precio, la posesión del dinero, y con respecto al comprador, la adquisición de la cosa. Los motivos que les impulsan a efectuar la compraventa son variables hasta el infinito. Los contratos pueden concertarse: verbalmente, en documentos privados y en documentos públicos. Los contratos son obligatorios, es decir, tienen fuerza de ley entre las partes que libremente contratan, y son irrevocables. Sólo pueden modificarlos o revocarlos las partes contratantes, de común acuerdo y sin perjuicio de terceros, excepto casos extraordinarios, en caso de ingratitud, supervivencia o superveniencia de hijos en las donaciones, el engaño, etc.

Uno de los contratos más importantes es el de compraventa, por el cual uno de los contratantes se obliga a entregar una cosa, y el otro a pagar por ella un precio en dinero o en algo que lo represente. Una prohibición legal impide a los cónyuges venderse bienes recíprocamente. El cambio o trueque de dos cosas es la forma más simple de compraventa. Otro contrato importante es el llamado de arrendamiento. En su virtud, una de las partes se compromete, mediante un precio que la otra se obliga a pagarle, a procurar a ésta el uso temporal de una cosa, o a prestarle temporalmente sus servicios o hacer por cuenta de ella, una obra determinada. El primero, «arrendador», tiene la obligación de entregar al arrendatario, la cosa objeto del contrato; efectuar durante el arrendamiento las reparaciones necesarias; pagar las cargas y tributos que recaigan sobre la propiedad y abonar el arrendatario los gastos necesarios hechos en la cosa. El «arrendatario» tiene la obligación de pagar el precio del arrendamiento en la forma, tiempo y lugar convenidos; usar de la cosa como un buen padre de familia; tolerar las reparaciones urgentes en la finca; pagar los gastos de escritura del contrato y devolver la cosa o finca al concluir el arriendo.

El subarriendo consiste en el arrendamiento de una cosa ya arrendada y hecho por el arrendatario. El realquilado es el tipo más moderno y conocido de subarrendador. La legislación actual es poco propicia a facilitar el contrato de subarriendo. Generalmente, todas las legislaciones latinas no lo permiten en las fincas rústicas y lo señalan como causa de desahucio. En lo que hace referencia a los arrendamientos urbanos, pisos por ejemplo, exigen la autorización expresa y escrita del arrendador. Los efectos del subarriendo son muy complejos. Así, el arrendatario responde de sus actos y de los realizados por el subarrendatario, ante el propietario del inmueble o arrendar. El subarriendo originado por la escasez de viviendas es fuente inagotable de litigios y pendencias. La cesión del derecho de arrendamiento consiste en le traspaso a un tercero de los derechos que emanan del arrendamiento.

Las diferencias que existen entre el subarrendamiento y la cesión del derecho de arrendamiento se originan de que el subarriendo es un nuevo arrendamiento. Hay un dueño, un arrendatario y un arrendatario de este último. En el traspaso hay un cambio de arrendador, que a su vez es único. En el Derecho español no es necesaria la autorización del propietario para el traspaso de local de negocio siempre que se cumplan determinados requisitos, pero no así en el traspaso de un piso o vivienda. El cobro de traspasos abusivos en estos casos es un delito. El contrato de arrendamiento de casas se presta a toda clase de cambios y modificaciones. Una de las formas de rescisión del arrendamiento de inmuebles es el desahucio, que consiste en la acción del arrendador para obligar al arrendatario a desalojar el inmueble. Puede tener lugar por haber expirado el término convencional, por falta de pago en el precio estipulado, por infracción de cualquiera de las condiciones insertas en el contrato, por destinar la cosa a usos y servicios no pactados y que la hagan desmerecer, por venta de la finca, etc.

El desahucio ha sido siempre motivo de tristes lamentaciones cuando la víctima del mismo es la vivienda de una familia humilde; pero este caso se halla hoy muy restringido, ya que el patrimonio familiar es inembargable y se tiende a evitar los desahucios por miseria. En cambio, son frecuentes por otras razones independientes de la estrechez económica. En la mayoría de países, la casi totalidad de territorio cultivado, lo es por arrendamiento. En España este porcentaje supera el 80% de la extensión del país. Este tipo de arrendamiento rústico se halla reglamentado atendiendo a su especial naturaleza. Así, las normas que regulan el régimen de transición entre dos arrendatarios señalan que el saliente debe permitir al entrante el uso del local y demás medios necesarios para las labores preparatorias del año siguiente; y recíprocamente, el entrante tiene obligación de permitir al colono saliente lo necesario para la recolección y aprovechamiento de los frutos, con arreglo a la costumbre del lugar.

La cuestión relativa a si el arrendatario ha de sufrir el riesgo de la pérdida de cosechas por caso fortuito, o sus consecuencias han de alcanzar al arrendador, imponiéndole una reducción de la renta, ha sido muy discutida por los economistas. Las legislaciones siguen en esta materia el criterio general sustentado por el Derecho romano, que consiste en hacer una distinción de los casos fortuitos ordinarios, de los extraordinarios. Así, la sequía sería un caso ordinario, y una grave inundación insólita, un caso extraordinario. Sólo en estos últimos, el arrendatario tendría derecho a obtener rebaja de renta, quizá porque los primeros han de ser ya racionalmente previstos al hacer el contrato. El mejor medio de defender al cultivador contra los riesgos fortuitos ordinarios, consiste en estimularle a la práctica del seguro, por mediación de mutualidades agrícolas. La aparcería significa «ir a la parte de un negocio» y se trata de un contrato en virtud del cual una persona se obliga a ceder a otra el disfrute de ciertos bienes o ciertos elementos de una explotación, a cambio de obtener una parte de los frutos o utilidades que aquellos produzcan. La aparcería agrícola es un contrato por el cual el propietario de una tierra cultivable, a cambio de ceder a otro su explotación y de coadyuvar con algunos elementos a su cultivo, se reserva el derecho a percibir una parte alícuota de los frutos que se obtengan. Se presta a muchas modalidades, entre las que destacan la «mediería» y la «masovería». En la primera se dividen por mitad los frutos entre el dueño de la finca y el aparcero (que en este caso se llama mediero). La masovería tiene como rasgo peculiar que el aparcero (masover) vive con su familia en la casa de campo o hacienda que cultiva, y no suele dividir por mitad, sino siguiendo los pactos, usos y costumbres locales o comerciales, y en su defecto, por la Ley de Arrendamientos rústicos.

El contrato de trabajo es el concertado entre un obrero y una empresa. El primero se compromete a realizar un trabajo manual bajo la autoridad, vigilancia y dirección del jefe de empresa, y éste, a su vez, se obliga a satisfacer a aquél la remuneración convenida. Se hallan incluidos en este concepto legal, las obras y los servicios, sea cualquiera la clase de éstos (manuales, intelectuales, domésticos), con la sola excepción de los prestados por los funcionarios públicos. En España, por Decreto de 7 de marzo de 1938, se promulgó el «Fuego del Trabajo» que exalta la significación del trabajo, por ser esencialmente personal y humano; sienta el principio de que no puede reducirse a un concepto material de simple mercancía, reconociendo su contenido social y ético y afirmando el recíproco deber de lealtad, asistencia y protección en los empresarios, y la fidelidad y subordinación en el personal. Se suele hablar de dos formas de contrato de trabajo: la individual y la colectiva.

El contrato individual se celebra entre un patrono y un obrero. El colectivo, llamado también contrato de tarifa, se celebra por un grupo obrero con un patrono o grupo patronal. El contrato individual o contrato de trabajo propiamente dicho admite varias subclasificaciones. Por razón del objeto puede ser: industrial, agrícola, comercial y doméstico. Por el lugar donde el trabajo se efectúa puede ser a domicilio (en la propia morada del obrero) o fuera del domicilio. Por la duración del contrato puede ser: por tiempo indefinido, por cierto tiempo, o para obra y servicio determinado. Por el modo de la prestación, en relación con la remuneración pactada, existen contratos retribuidos por unidad de tiempo, por unidad de obra, por unidad de tiempo combinado con prima según las obras, etc.

 

Son obligaciones del trabajador la debida diligencia en su cometido; la de indemnizar al empresario por los perjuicios ocasionados culpablemente, y la guarda de fidelidad. Son obligaciones del patrono proporcionar ocupación efectiva de acuerdo con lo estipulado; abonar la retribución convenida e indemnizar en caso de demora; conceder permisos para los casos de fallecimiento de familiares, enfermedades y cumplimiento de obligaciones de carácter público; vacaciones retribuidas y expedición de certificado al término del contrato. En el campo suele perdurar la forma de contrato verbal en la que el aparcero y el amo cierran el pacto con un fuerte apretón de manos y beben un buen vaso de vino tinto.

En las grandes ciudades, sobre todo en los núcleos industriales, los contratos colectivos o individuales son objeto de cuidadoso estudio y rígido cumplimiento. Como índice del progreso en los últimos cien años, más que las maravillas de la Ciencia y de la técnica, impresiona el trato que hoy recibe en los países civilizados el obrero. A mediados del siglo pasado trabajan en las minas de carbón de Europa niños de seis y siete años de edad. Hoy el obrero se siente protegido ante el peligro del paro, de la enfermedad, de la vejez y de la muerte. Por esta razón las huelgas que aún se producen en los países que podríamos llamar ricos tienen una razón de tipo político más que social, y los Sindicatos una fuerza decisiva en la marcha del Estado.

El Derecho de Propiedad Los Derechos Reales Propiedad Privada

El Derecho de Propiedad – Los Derechos Reales

Las cosas y la propiedad La persona humana se encuentra rodeada por la naturaleza, campos, montes cubiertos de árboles, ríos, costas, etc. En los tiempos primitivos, cuando el hombre andaba errante, dedicado a la caza y a la pesca para proveer a su sustento y al de su familia, podía apropiarse de cuanto le apetecía. Hoy, en los Estados modernos, todo está parcelado, distribuido y controlado. No se concibe que un hombre salga al campo provisto de un hacha para derribar un árbol por minúsculo que sea. Si tal hiciera, pronto se vería envuelto en responsabilidades; denuncia, juicio, cárcel o multa. Ello es debido a que por necesidad pública, el Derecho ha tenido que regular de manera conveniente todo lo relativo a las cosas que nos rodean, es decir, a los bienes.

Temas Tratados:

1-Derechos Reales

2-Atribuciones y Limitaciones

3-El Derecho a la Propiedad Privada

4-La Copropiedad

5-La Propiedad

6-La Ocupación

LOS DERECHOS REALES

Las relaciones que existen entre las personas y las cosas son estudiadas en Derecho, bajo la denominación de derechos reales. Por ejemplo, las que existen entre una casa y su dueño. En cambio, las relaciones existentes entre dos personas, por ejemplo, entre el acreedor y el deudor, quedan comprendidas bajo el nombre de derechos de obligación. El objeto del derecho real es una cosa material y externa con existencia real.

El objeto del derecho de obligaciones es una prestación de algo genérico y futuro.

Los elementos constitutivos del derecho real son dos:

a) La relación del sujeto con la cosa, que le permite recabar las utilidades de que ésta sea susceptible, correspondiéndole por consiguiente, un poder autónomo. El propietario de la viña tiene derecho a las uvas y al vino (contenido interno, económico y estático).

b) La obligación (de carácter negativo) que tienen otras personas de no invadir aquella relación autónoma y directa, entre el sujeto y la cosa (elemento externo o dinámico). En su virtud, derecho real «es un derecho privado que atribuye al sujeto un poder de inmediata dominación sobre una cosa, frente a cualquiera».

Todos los derechos, y entre ellos los llamados derechos reales, se adquieren por virtud de ciertos actos jurídicos, a los que la ley ha reconocido validez. Son variadísimos y pueden revestir la forma de simples hechos naturales (como el aluvión que ensancha un campo después de la crecida de un río), de actos estatales o de autoridad (la expropiación, que obliga a vender terreno para construir una carretera), de actos privados o de negocios jurídicos en sentido estricto (compraventa de un coche). Si Luis entrega una corbata a Juan por celebrar éste su onomástico realiza un acto jurídico regulado por el derecho, llamado tradición.

Ésta puede consistir en la entrega material de la cosa o de objetos que la representen (llaves, títulos, etc.). Es preciso señalar las diferencias de matriz que encierran los términos «dominio» y «propiedad». El dominio tiene sentido subjetivo; es la potestad que sobre la cosa tiene el titular. En cambio, la propiedad posee sentido objetivo y acentúa la relación de pertenencia de la cosa a la persona. La prescripción adquisitiva es un modo de adquirir el dominio por la posesión, a título de dueño, continuada por el tiempo señalado en la ley.

Si un agricultor cultiva una heredad por espacio de 30 años, en la creencia de que se trata de un predio propio, adquiere el dominio, es decir, la plena propiedad sobre la mencionada finca, en virtud de prescripción adquisitiva. Para ello se requiere capacidad en el sujeto adquirente, buena fe, es decir, la creencia de ser el dueño de la cosa, y la posesión pacífica y pública de la misma, continuada sin interrupción durante el tiempo señalado en la ley.

ATRIBUCIONES Y LIMITACIONES

justicia, propiedad privadaHoy el titular de un derecho de dominio o propiedad tiene facilidades de libre disposición, y por tanto puede enajenar (transmitir su derecho a otro), gravar o limitar su derecho, transformar e incluso destruir la cosa. En virtud del libre aprovechamiento puede usar y disfrutar del objeto sobre el que recae su derecho de propiedad y éste le da derecho por accesión a todo lo que produce, se le une o incorpora, artificial o naturalmente.

Así, el propietario de un manzano tiene derecho de propiedad sobre los frutos del árbol. Igualmente tendrá propiedad sobre un nido que ciertas aves hayan construido entre el ramaje de dicho árbol. Si las aguas de un río, arrastrando lentamente tierras, acrecientan una heredad, el aumento pertenece al propietario de dicha finca. El suelo se considera como cosa principal y su propiedad absorbe todo lo que a él se incorpore.

En tal sentido, lo edificado, plantado o sembrado en predio ajeno y las reparaciones y mejoras hechas en él, pertenecen al dueño del terreno. Sin embargo existen limitaciones genéricas al derecho de dominio.

Todo aquello que no beneficia al propietario y perjudica a un tercero, cae dentro de lo que se han llamado «actos de emulación» o de «abuso del derecho de propiedad». Entre ellos pueden mencionarse los siguientes: levantar falsa chimenea para quitar vistas al vecino; agotar, a bomba, el agua de un pozo; producir ruidos en casa durante la noche; producir ruidos en un terreno contiguo a un coto de caza; almacenar y remover estiércol en finca contigua a un hotel o restaurante, etcétera.

Otras limitaciones al derecho de propiedad o dominio son específicas y se hallan reglamentadas, una veces en consideración a la salubridad y ornamentos públicos (Ordenanzas Municipales sobre arreglo de fachadas, cercas, altura de las casas, aleros, etc.), otras veces en interés de la defensa nacional (prohibiciones de edificar y plantar en las proximidades de plazas, fuertes y fortalezas), o en interés de la economía nacional (limitaciones en la tala de bosques, laboreo forzoso de fincas, etc.).

En cambio, el derecho protege y tutela la propiedad por medios diversos. Establece una serie de acciones o medios para hacer valer el derecho, en juicio, cuando sea desconocido o perturbado por alguien. Así, por ejemplo, la llamada acción reivindicatoria tiende a reconocer el derecho de dominio y a la restitución de la propiedad lesionada. La acción llamada de denuncia de obra nueva tiene por objeto conseguir la suspensión de una obra en construcción que perjudique la propiedad del vecino.

La acción de denuncia de daño temido tiende a la adopción de medidas urgentes de precaución para evitar los riesgos que puedan ocasionar el mal estado de edificios, columnas, árboles, obras ruinosas, etc. Pueden ejercitar dicha acción, no sólo quienes tengan propiedades contiguas a la amenazada, sino que también los que tengan necesidad de pasar por las inmediaciones. El que pretende instalar una fábrica de jabones entre casas de vecinos, el que produce un ruido insoportable, etc., ha de responder ante el juez porque su propiedad lesiona intereses ajenos.

EL DERECHO DE LA PROPIEDAD

De un modo instintivo, ya en la niñez, vemos que le hombre desea poseer algo como suyo y propio. Los abusos de este derecho a la propiedad han llevado hasta la total negación del mismo. Cabe preguntarse: ¿Cuál es el fundamento del derecho de propiedad? La mayoría de los Códigos dice que: Propiedad es el derecho de gozar y disponer de una cosa, sin más limitaciones que las establecidas en las leyes.

La idea filosófica, política y social que se sustenta acerca de la propiedad ha de repercutir en la organización de la sociedad. Entre el concepto feudal de la propiedad privada como algo inviolable, intangible y respecto a la cual el dueño tenía incluso el derecho de aniquilación, y la negación total de la propiedad privada sustentada por la filosofía marxista, existen innumerables matices. La teoría de la ocupación sustenta el criterio de que antiguamente las cosas eran nullius, es decir, no pertenecían a nadie y alguien las ocupó en forma pasajera y transitoria, que con el tiempo se fue convirtiendo en definitiva y permanente (Grocio, Puffendorf).

Adam Smith y Bastiat son los propugnadores de la teoría del trabajo, por la cual el hombre transforma la Naturaleza e imprime en las cosas el sello de su personalidad por el trabajo y éste origina la propiedad. Estas teorías, que tratan de justificar la propiedad por un acto individual, no aclaran la cuestión, ya que exponen solamente los «modos» de adquirir la propiedad, pero no los fundamentos de ésta. La teoría de la convención expuesta por Kant, Rousseau y Fichte dice que la ocupación y el trabajo no pueden constituir el derecho de propiedad, porque éste lleva consigo la obligación de respetarlo por parte de los demás, y las obligaciones personales deben ser resultado de una convención, de un acuerdo colectivo, pero tampoco estos autores explican el fundamento del derecho. Mirebeau y Montesquieu, al sostener que la propiedad es obra exclusiva de la Ley, porque sólo el poder público puede sancionar la renuncia de todos y servir de título al goce de uno solo, no solucionan tampoco el problema, ya que la Ley garantiza, defiende, condiciona y regula el dominio, pero no lo crea.

Las teorías modernas buscan los fundamentos del derecho de propiedad, basándose o bien en la personalidad humana o en la libertad individual. Unas atienden al derecho a la vida y a las necesidades humanas, y otras a la utilidad o servicio que prestan a la sociedad, y limitan por tanto el poder excesivo del propietario en bien de la comunidad. La propiedad ha de ser un bien para el individuo, para la familia y también en vista al bien común, a la sociedad. El propietario no puede hacer lo que quiera con su propiedad si lesiona el bien público. La intervención cada vez más acentuada del Estado tiende a limitar el poder excesivo del propietario en bien de la sociedad. Se está rectificando el sentido individualista y absoluto del derecho de propiedad, y para limitarlo han surgido dos grandes instrumentos de socialización de la riqueza: la expropiación y el impuesto. La tendencia solidarista moderna hará que la propiedad pase a ser un derecho creador de obligaciones, en atención a la utilidad general. De este modo, la propiedad será más repartida.

El llamado «capitalismo popular» tan extendido en Alemania (fábricas de automóviles Volkswagen, p. ej.) inicia una forma más cristiana y racional de propiedad en oposición a la tendencia estatal del comunismo. Es lógico preguntarse cuál de estos dos conceptos -propiedad particular para todos o propiedad sólo para el Estado- triunfará a la larga. Lo que parece evidente es la decadencia del concepto de «propiedad privada a ultranza», a estilo del capitalismo cerrado que inspiró a Carlos Marx su teoría socialista. Un justo término medio entre el capitalismo y el comunismo es la forma de gobierno de la economía hacia la cual parecen encaminarse la mayoría de los países desarrollados del mundo actual.

LAS AGUAS

¿Las aguas son susceptibles de propiedad? Y en caso de serlo, ¿se trata de propiedad particular, privada o pública? Resulta claro que el agua recogida en un objeto mueble puede ser objeto de propiedad privada. Así, quien guarde agua de lluvia en un recipiente, aparece como propietario de la misma, pero como regla general, las aguas son de dominio público. Sin embargo, el derecho establece una clasificación atendiendo a su dominio y aprovechamiento. Las aguas comunes son las marítimas (excepto el mar litoral o aguas jurisdiccionales). Las aguas de ríos, manantiales, arroyos, las nacidas o que discurran por predios de dominio público, las que salen de campos particulares (desde el instante de su salida) y las alumbradas cuyos dueños las dejaren abandonadas a su curso natural, son aguas de dominio público.

Las aguas vivas nacidas en fincas privadas y mientras discurran por ellas, las lagunas y lagos naturales formados en ellas, así como sus aguas subterráneas, las pluviales que caigan en predios particulares y no traspasen su lindero, las aguas alumbradas por medio de pozos, galerías, etc., son aguas de dominio privado. Nadie puede penetrar en propiedad ajena, sin licencia, para buscar o usar aguas. El dueño de un predio en que nace un manantial o arroyo puede usar sus aguas, mientras discurran por él, pero si las aguas salen del mismo, adquieren la condición de públicas.

El dueño de un terreno puede construir depósitos para conservar las aguas pluviales, pero no puede variar el curso de las aguas, ni destruir obras, depósitos o presas, en perjuicio de terceros. Es más, tiene la obligación de efectuar las obras de reparación necesarias para el continuado y normal curso de las aguas y, en este caso, los demás propietarios beneficiados están obligados a contribuir en proporción a su interés. La propiedad particular de las aguas está sujeta a expropiación por causa de utilidad pública. Por ejemplo, en el caso de la construcción de un pantano.

LA COPROPIEDAD

Hasta ahora se ha tratado de la propiedad o del dominio ejercidos por una sola persona, pero con frecuencia ocurre que los propietarios de una cosa o un bien son varios. Por ejemplo, cinco amigos compran una barca de pesca y la alquilan o la usan en común. Esta situación da lugar a lo que se denomina condominio o copropiedad. El objeto es único y, por tanto, el derecho de cada propietario interfiere y roza el derecho de los demás propietarios. No cabe confundir la copropiedad con la sociedad. La sociedad presupone siempre un contrato previo; en cambio, la copropiedad puede existir, y existe ordinariamente, sin contrato. El objeto de la sociedad es la obtención de lucro; el de la copropiedad, mantener y conservar la cosa común.

Los derechos de los propietarios en relación con la cosa común son los siguientes: el uso simultáneo, pero recíprocamente limitado, de todos los condueños, con respecto a la cosa. El de participar en los beneficios y contribuir a las cargas, en cantidad proporcional de sus respectivas cuotas de copropiedad. La administración de la cosa común y, como consecuencia, el respeto a un acuerdo de la mayoría. Si el acuerdo, tomado o acordado por mayoría, perjudica gravemente la cosa, cualquier copropietario puede recurrir al juez. En cuanto a los derechos de los propietarios en relación con su porción o cuota, su principal característica es la libertad o autonomía de cada partícipe, en el sentido de que cada uno de ellos tiene la plena propiedad de su parte y la de los frutos y utilidades que le correspondan, pudiendo venderla, cederla y hipotecarla, y aun sustituir a otro en su aprovechamiento. En el caso de enajenarse a un extraño la parte de un condueño, los demás pueden ejercitar el llamado derecho de rechazo, del que se tratará más adelante. La extinción de la copropiedad puede tener lugar por renuncia de todos los propietarios, por pérdida de la cosa (hundimiento de la barca en el ejemplo anterior), o por reunión de todas las partes en un solo propietario.

Cada copropietario puede pedir en cualquier momento la división de la cosa común, que puede efectuarse de común acuerdo, por medio de árbitros o amigables componedores o por vía judicial. Si la cosa es indivisible, se vende o subasta y se reparte el importe. Actualmente, y en relación estrecha con la escasez de viviendas, va adquiriendo importancia preponderante una faceta de copropiedad llamada propiedad horizontal o de casas por pisos. Implica un caso de coordinación de varios derechos de propiedad y que son, jurídicamente, de una delicadeza extrema y, a veces, de una rara complejidad. Si los diferentes pisos de un edificio pertenecen a distintos propietarios, cada uno de éstos tendrá un derecho exclusivo de propiedad sobre un piso y, además, un derecho conjunto de copropiedad sobre los elementos comunes del edificio, tales como el suelo, fundaciones, sótanos, muros, fosos, patios, pozos, escaleras, ascensores, pasos, corredores, cubiertas, canalizaciones, desagües, servidumbre, etc.

Los derechos y obligaciones de los propietarios en relación con las partes comunes son los siguientes: los gastos de reparación y conservación de dichos elementos del edificio serán satisfechos, salvo pacto, a prorrata por los interesados, según el valor de su parte privativa. Esta misma norma regirá para la adopción, por mayoría de los acuerdos. Los derechos y obligaciones de cada propietario con relación a su piso son los siguientes: Ningún propietario podrá variar esencialmente el destino o la estructura del piso, sin previo acuerdo de la mayoría de otros interesados. Si el propietario de un piso tratare de venderlo deberá comunicarlo, con expresión del precio, a los demás propietarios del edificio, los cuales tendrán preferencia para su adquisición, si dentro de los diez días siguientes al de la notificación formal del aviso comunicasen al vendedor su voluntad de adquirirlo. En el caso de concurrencia de ofertas distintas, la venta se efectuará con el que haya ofrecido mayor precio, y si aquéllas fuesen iguales, será preferido el propietario del piso horizontalmente inmediato al objeto de la venta.

En identidad de condiciones será potestativo del vendedor realizar la venta con cualquiera de los oferentes. Está reconocido a favor del propietario del piso, no solamente estando ya construido, sino también cuando su construcción esté comenzada o meramente proyectada, el derecho de inscribirlo en el Registro como finca independiente, haciendo constar en la inscripción el condominio que, como anejo inseparable, corresponde a cada titular sobre los elementos comunes del edificio. Es evidente que esta extensión horizontal de la propiedad ha dado lugar a numerosos conflictos y pleitos, pero también ha contribuido a que la propiedad inmobiliaria alcanzara a mayor número de personas.

LA OCUPACIÓN

Es la aprehensión de una cosa que no tiene dueño, con ánimo de adquirir su propiedad. El hombre que con escopeta al hombro, provisto del zurrón y acompañado de su perro sale a cazar, o bien el que a la vera del mar arroja el anzuelo enmascarado con el cebo, no hacen más que intentar atrapar animales o peces que no tienen dueño, con ánimo de adquirir propiedad sobre ellos. Es muy probable que muchos de ellos ignoren que el Derecho regula en forma muy detallada cuanto se refiere a sus aficiones. La ocupación de semovientes (animales terrestres, aves y peces) está regulada por las leyes especiales de caza y pesca, las cuales fijan las condiciones y época de la veda o tiempo de prohibición.

Los animales salvajes, es decir, los que vagan libremente y no pueden ser cogidos sino por la fuerza, son susceptibles de ocupación, con las limitaciones propias de carácter civil (respeto de la propiedad privada en el caso de los cotos o vedados), o bien de carácter administrativo (seguridad personal, conservación de las especies). Algunos Estados han creado reservas para proteger determinados animales que, de otro modo, se habrían extinguido. Los amansados o domesticados son aquellos animales que, pese a su naturaleza fiera o salvaje, son susceptibles de ser reducidos por el hombre y acostumbrados a vivir en su compañía. Pertenecen a quien los ha amansado, pero si recobran la libertad, se hacen de nuevo susceptibles de ocupación. Las palomas, conejos o peces recluidos en un criadero y que pasen a otro, serán propiedad del dueño del criadero al que hayan ido. Esta regla general tiene sus excepciones relativas a las palomas mensajeras.

En cuanto a las abejas, el propietario del criadero tiene dos días de plazo para reclamarlas, si han pasado a feudo ajeno. Los mansos o domésticos, son los que nacen y se crían ordinariamente bajo el poder del hombre, el cual conserva siempre su dominio. No son susceptibles de ocupación más que en caso de abandono, y aunque recobren la libertad, el primer propietario puede reclamarlos de quien los posea, abonando los gastos de alimentación que éste haya sufragado. Por ejemplo, una vaca escapada de una granja. La ocupación de los bienes muebles se refiere a los objetos perdidos o abandonados. La regla general es que quien encuentre una cosa abandonada por su propietario puede hacerla suya por ocupación.

En cambio, quien encuentre una cosa perdida, debe restituirla a su anterior poseedor, para lo cual se dan las siguientes normas: 1ª, entrega de la cosa hallada al alcalde de la localidad; 2ª, publicación del hallazgo durante dos domingos consecutivos; 3ª, venta del objeto y depósito del precio, si o se puede conservar sin deterioro. El inventor, es decir, la persona que realizó el hallazgo, tiene los siguientes derechos: 1º, a la cosa o a su valor, si el dueño no se presentare en el término de dos años; 2º, a una décima parte del valor de la cosa, si no excede de 2.000 pesetas; 3º, a una veinteava parte del valor de la cosa, si ésta excediera de 2.000 pesetas, pero sólo en cuanto a este exceso. Por ejemplo, si la cosa vale 100 pesetas tiene derecho a 10 pesetas de participación, pero si vale 160.000 puede reclamar 7.900 pesetas (veinteava parte de 160.000 menos 2.000). El hallazgo de un tesoro oculto está sujeto a la siguiente reglamentación: 1º, entiéndese por tesoro oculto -para los efectos de la ley- el depósito oculto e ignorado de dinero, alhajas u otros objetos preciosos, cuya legítima procedencia no conste; 2º, si el que realiza el hallazgo es el propio dueño de la finca, éste adquiere la propiedad; 3º, si el que realiza el hallazgo es un extraño, el valor del tesoro se divide en dos partes iguales; la mitad corresponde al dueño de la finca, y la otra mitad al descubridor, siempre que el hallazgo se haga por casualidad.

Si los objetos tienen valor artístico o arqueológico, el Estado podrá adquirirlos por su justo precio, que se distribuirá conforme a lo dicho. En cuanto a los objetos arrojados al mar y luego a la playa por las olas, es preciso efectuar una distinción: los productos del mar como conchas, plantas, mariscos, etc., arrojados a las playas, son del primer ocupante, pero los objetos que no sean del mar, como un barco, unas balas de algodón, troncos, etc., pertenecen al Estado, íntegramente.

LA PROPIEDAD

Hoy todo está parcelado, distribuido y apropiado. Todo tiene dueño. Si pensamos un momento en que los propietarios actuales de casas, campos, fincas, etc., morirán y que dichos bienes pasarán a manos de su sucesores, se comprenderá la necesidad de una institución que tienda a evitar litigios, confusiones, pleitos y disputas. Esta institución es el Registro de la Propiedad Inmobiliaria, que tiene por objeto la inscripción y anotación de los actos y contratos relativos al dominio y demás derechos reales sobre bienes inmuebles. Requisito necesario para la inscripción de un bien es la presentación del documento público en que la persona funda su derecho y que se conoce con el nombre de título. Éste debe estar consignado en escritura pública autorizada por notario, o en documento auténtico, expedido por la autoridad judicial, por el Gobierno o por sus agentes.

Los funcionarios encargados del Registro de la Propiedad, utilizan diversas clases de libros para efectuar en ellos las debidas anotaciones, denominados de inscripciones, de incapacitados, índice de fincas (rústicas y urbanas), de honorarios, de estadística, inventarios, embargos y suspensiones, etc. Muy importante, es el llamado «Libro Diario», en el que se anotan los títulos en el instante de su presentación. En sus páginas se efectúa un breve asiento resumiendo el contenido del documento y se hace constar además, el nombre y apellidos de la persona que lo presenta, la fecha y hora de su presentación, el nombre y apellidos de la persona a cuyo favor se efectúa la inscripción, etc.

Para determinar la preferencia entre dos o más inscripciones de una misma fecha, relativas a una finca, se atenderá a la hora de presentación. Uno de los principios fundamentales del derecho inmobiliario es el de la publicidad del registro, es decir, que cuantas personas tengan interés en averiguar el estado de los inmuebles o derechos reales inscritos, pueden solicitar información sobre los mismos. Otro principio es el llamado «tracto sucesivo» y consiste en que cada acto o disposición debe aparecer derivado de la voluntad del titular inscrito. Por ejemplo: si en el registro figura una finca urbana inscrita a nombre del señor X, no puede aparecer luego a nombre del señor Y, sin que conste, de manera fehaciente, que dicho señor X transmitió la posesión o propiedad de la mencionada finca al señor Y.

LAS MINAS

Cuestión muy debatida ha sido la que hace referencia a la propiedad de las minas. Una teoría sostiene que el dueño del suelo lo es también del subsuelo. Otro criterio es el de atribuir al Estado el derecho de propiedad de las minas, que se funda en el principio de la función social de la riqueza. Una tercera opinión atribuye al descubridor el derecho de propiedad de la mina. No es otra cosa que la aplicación romana del ius usus inocui, o de la teoría de la ocupación.

En las legislaciones modernas se recogen las tres soluciones indicadas. La prospección de yacimientos de minerales radiactivos ha impulsado a todos los Estados a premiar con largueza a los descubridores, pero dado el gran valor de estos minerales, todos los gobiernos quieren mantener el control y explotación de los mismos.

Es evidente que la legislación encaminada a ordenar la propiedad de una mina de sal, debe ser de distinta a la que ha de regular una veta de uranio. La legislación argentina adopta en principio la teoría del dominio eminente del Estado. Establece la distinción entre el suelo y subsuelo y señala que, si bien el suelo puede ser propiedad particular o de dominio público, el subsuelo es de dominio del Estado. Divide a las minas en dos clases: A y B. Pertenecen a la clase A las tierras materiales y de construcción cuando pueden explotarse a cielo abierto. En terrenos de dominio público, el aprovechamiento es común con permiso de la autoridad. En cambio, en terrenos de dominio particular, el aprovechamiento es particular. Pertenecen a la clase B las sustancias minerales, cuando su explotación requiera la ejecución de obras o labores subterráneas. En los hidrocarburos (petróleo y gas), son propiedad del Estado en cualquier propiedad que se localicen. Éste, en determinados casos, puede contratar la extracción con empresas particulares.

LOS BIENES

Pero, ¿qué es cosa y qué son bienes? Un puñado de arena en el desierto es una cosa, pero no es un bien, porque bien es toda cosa capaz de satisfacer una necesidad. Derecho, cosas y bienes, son palabras casi sinónimas. Llámase cosa a toda entidad material o inmaterial que tenga una existencia autónoma y pueda ser sometida al poder de las personas como medio para satisfacer una utilidad generalmente económica. Para que un ente sea cosa, debe reunir los siguientes requisitos: La utilidad. Estriba en que la cosa o el bien pueda servir de medio para satisfacer necesidades humanas. En consecuencia, y atendiendo a esta cualidad es cosa un árbol, una oveja, una piedra preciosa, una partitura musical, una carta, etc.

La sustantividad e individualización exige que la cosa tenga existencia separada y autónoma de todo cuanto le rodea. La apropiabilidad, por la que una cosa es susceptible de sumisión jurídica al titular. No tienen esa cualidad las cosas comunes, ni las que se sustraen al señorío del hombre (el sol, las estrellas, los océanos, el aire, etc.). En cuanto a las energías naturales, como el viento, el oleaje de los mares, el rayo, etc., no son consideradas cosas por algunas legislaciones, pero modernamente se opina que son aquellas fuerzas o energías de la Naturaleza que pueden ser apropiadas por partes (el calor solar). Las cosas que pueden clasificar según sus cualidades: Reciben el nombre de cosas o bienes inmuebles las que tienen una situación fija y no pueden ser desplazadas sin deterioro (tierras, bosques, minas, edificios, diques, etc.). Mención especial merece el concepto de finca o trozo de superficie terrestre que aparece individualmente separado de las contiguas, y sobre el que un sujeto ejerce dominio.

Se reputan bienes muebles los susceptibles de apropiación y que se pueden transportar de un punto a otro, sin menoscabo de la cosa inmueble a que estuvieren unidos (dinero, vajilla, herramientas, máquinas). Son también bienes muebles los animales (semovientes), el fluido eléctrico, los minerales separados de sus yacimientos y los signos o marcas de fábrica. Cosas fungibles son aquellas que pueden ser sustituidas por otras y en ellas se puede determinar número, medida y peso (monedas, papel moneda, etcétera). Cosas no fungibles son las que no pueden ser sustituidas por otras (una moneda única, rara y antigua). Son cosas consumibles las que se destruyen por el uso, ya de una manera inmediata (alimentos), o gradual (vestidos).

Contrariamente, las que no se destruyen por el uso reciben el nombre de no consumibles (una casa). Ya hemos dicho que están fuera del comercio de los hombres ciertas cosas carentes de apropiabilidad (el aire, el mar, el sol, etc.).

También se hallan «extra-comercium» las cosas públicas (calles, plazas, fuentes), las sagradas y las religiosas (reliquias de santos, cementerios, etc.). Otras especies de cosas son de tráfico prohibido o restringido (armas, venenos, explosivos, objetos de arte, primeras materias que interesan a la industria, etc.). Atendiendo a su propiedad encontramos bienes que pertenecen al Estado o corporaciones públicas, y bienes pertenecientes a los particulares. Según el fin de esta propiedad, las cosas o bienes pueden ser de dominio público o de dominio privado. Son bienes de dominio público los del Estado destinados al uso o servicio público (caminos, ríos, fortalezas) y también los bienes de uso público, pertenecientes a provincias o pueblos. Son bienes de propiedad privada los que son de particulares, y los que perteneciendo al Estado, provincias o pueblos, no estén destinados al uso público. Ahora bien: las cosas producen rendimientos o utilidades. Todo cuanto la cosa produce periódicamente sin disminución de su sustancia, recibe el nombre de fruto. En cambio se denomina producto, lo que la cosa da sin periodicidad y con disminución de su sustancia. Por ejemplo, un campo de maíz da frutos, pero una fábrica de bicicletas da producto.

La Ley y el Derecho Persona Juridica Nacionalidad Mayoria de Edad

La Ley y el Derecho Persona Jurídica
Nacionalidad Mayoría de Edad

La Ley y el Derecho La sociabilidad es una virtud inherente a la naturaleza humana. El hombre aislado sufre y tiende a vivir en compañía, porque se ve impotente para satisfacer sus múltiples necesidades. «No es bueno que el hombre esté solo», leemos en el Génesis y, ya en las épocas más remotas, encontramos agrupaciones humanas de las cuales han surgido las formas gregarias más civilizadas de nuestros días.

La propagación de la especie humana requiere la constitución de la familia, y la reunión de las familias de origen común dio lugar a las tribus y a los clanes. Éstos sintieron la necesidad de estrechar vínculos con otros semejantes y originaron los pueblos, naciones, Estados y agrupaciones de Estados que hoy conocemos. La familia y el pueblo son, pues, la base de la sociedad.

EL DERECHO

El hombre, al igual que los demás seres del Universo, está sujeto a normas que presiden y regulan su existencia: las leyes físicas y biológicas.

Pero además, debido a su naturaleza racional, tiene conciencia del bien y del mal y está sometido a normas particulares que gobiernan su voluntad y sus acciones, las cuales, al regular la convivencia humana, dan lugar al Derecho.

El propio Kant admitía la dificultad de dar una definición exacta de esta disciplina, y los juristas no se han puesto de acuerdo en la actualidad acerca del significado exacto de la palabra Derecho. El famoso jurisconsulto español don José Castán Tobeñas, propone la siguiente definición: Derecho es el sistema de normas fundadas en principios éticos, susceptibles de sanción coercitiva, que regulan la organización de la sociedad y las relaciones de los individuos y agrupaciones que viven dentro de ella, para asegurar en la misma el conseguimiento armónico de los fines individuales y colectivos.

Este conjunto de normas está fundado en principios éticos, es decir, en una Moral. Generalmente, lo que el Derecho prescribe, lo prescribe también la moral (no robar, no matar, no mentir, respetar a los padres y superiores, etc.). Sin embargo, no todos los preceptos de la Moral son normas de Derecho, puesto que aquélla gobierna todos los actos internos y externos del hombre; en cambio, el Derecho se dirige principalmente a los actos externos. Así, cruzar la calle cuando la luz está roja será un pequeño delito, pero no un pecado. Un pensamiento deshonesto, en cambio, será pecado, pero no un delito. Cuando una norma jurídica es contraria a la Moral, está condenada a desaparecer. Así ha ocurrido a lo largo de la Historia con muchas instituciones jurídicas que se han abolido al hallarse en pugna con culturas más avanzadas (la esclavitud, la segregación, etc.). Una de las características más relevantes de las normas jurídicas es la imperatividad.

El Derecho no aconseja como un buen padre de familia, sino que ordena o prohíbe en forma tajante. Las normas jurídicas de la antigüedad se redactaban siempre en forma imperativa: «Tú estás obligado a hacer esto.» …»Quiero que esto tenga efecto de la manera siguiente», etc. Aunque hoy algunas formas jurídicas aparecen redactadas en forma lógica o didáctica, no por ello han perdido su carácter imperativo o de mandato. Otro rasgo de la norma jurídica es la coercibilidad, que consiste en la posibilidad de obtener forzadamente su cumplimiento, o de castigar con una sanción las violaciones a lo establecido. El hombre que vive en sociedad experimenta sentimientos de aprobación o desaprobación acerca de actos realizados por sus semejantes. Siente pena y tiende a rebelarse cuando ve a un inocente castigado o cuando triunfan la ilegalidad o la maldad, y experimenta íntima satisfacción al ver premiada la virtud y al triunfar el mérito. El hombre posee un instinto de naturaleza elevada que le impulsa a desear el orden, la armonía, la belleza y la justicia.

En el capítulo LX de la segunda parte de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, puede leerse la exclamación que lanza Sancho Panza, tras presenciar el equitativo reparto del botín entre los bandoleros de Roque Guinart: «Según lo que aquí he visto, es tan buena la justicia, que es necesario que se use aun entre los mismos ladrones.» La justicia, por la cual se da a cada uno lo que le corresponde, es un principio superior y anterior al Derecho, y éste no es sino una ordenación de la justicia.

Las normas jurídicas pueden considerarse bajo dos aspectos: Como regla de conducta (Derecho objetivo), y como poder o facultad de obrar (Derecho subjetivo). Si se considera, por ejemplo, el artículo 446 del Código civil, se comprenderá mejor la cuestión. Dice así: «Todo poseedor tiene derecho a ser respetado en su posesión; y, si fuere inquietado en ella, deberá ser amparado o restituido en dicha posesión, por los medios que las leyes de procedimientos establecen.» Esta norma jurídica dice que el poseedor tiene derecho a que sea respetada su posesión, y en caso contrario solicitará la restitución y reparación de daños. Dicha norma exige al resto de la sociedad el máximo respeto a la posesión. En el Derecho se dan, pues, deberes y privilegios recíprocos. Todo deber para mí, supone un derecho para mi prójimo.

LA EDAD Y EL SEXO

La edad influye en el goce y en el ejercicio de los derechos. Así, un niño es incapaz para efectuar contratos, y repugna al sentido común que un infante contraiga matrimonio. En consecuencia, todas las legislaciones establecen la llamada mayoría de edad, a partir de la cual, una persona puede ejercitar de manera plena los derechos propios de la personalidad humana. En Argentina se adquiere a los 21 años cumplidos. Sin embargo, en el Código civil de nuestra patria se da un número muy variado de plazos y de edades especiales.

Por ejemplo, las mujeres pueden contraer matrimonio a partir de los 14 años. Para otorgar testamento e intervenir como testigo en actos entre vivos, se requieren 14 años. Las hijas mayores de edad, pero menores de 21 años, no pueden dejar la casa del padre o de la madre, en cuya compañía vivan, sino con licencia de los mismos, salvo cuando sea para contraer matrimonio o para ingresar en un Instituto aprobado por la Iglesia, o también cuando el padre o la madre hayan contraído ulteriores nupcias, o concurra alguna otra causa que justifique la separación. La emancipación es una institución que implica un estado intermedio entre la mayor y la menor edad, es decir, entre la incapacidad y la plena capacidad.

Derechos Humanos

En virtud de la emancipación, el menor puede regir su persona y bienes, pero hasta que llegue a la mayor edad no podrá tomar dinero a préstamo, gravar ni vender bienes inmuebles sin consentimiento de su padre y en defecto de éste, sin el de su madre, y por falta de ambos, sin el de un tutor. O sea, que el menor emancipado goza sólo de ciertos derechos. La emancipación tiene lugar por el matrimonio del menor, por concesión del padre o de la madre que ejerza la patria potestad y por concesión del Estado. ¿El hombre y la mujer son legalmente iguales? La igualdad de sexos ante la Ley no se da en casi ningún país del mundo.

En Suiza, por ejemplo, la mujer carece de voto. Pero el Derecho moderno tiende a suavizar las desigualdades existentes, en el sentido de dar mayor libertad a las mujeres y equiparar sus derechos con los de los hombres. La condición de la mujer ha evolucionado en un sentido favorable para ella desde la antigüedad, si bien en ciertos países aún se halla totalmente sometida al hombre. En Argentina, puede ser tutora, protutora y vocal del consejo de familia y actuar de testigo en los testamentos.

La mujer que se proponga demandar el divorcio, la separación o nulidad de su matrimonio, puede pedir que le confíen con igual carácter los hijos menores de 7 años, se le señale un domicilio, y si es menor de edad, la persona bajo cuya custodia haya de quedar, así como los auxilios económicos necesarios a cargo de su cónyuge. Antes de la actual modificación de la ley, el adulterio de la mujer era causa de divorcio en todo caso y el del marido sólo cuando resultare escándalo público o menosprecio de la mujer. A partir de la citada Ley es causa legítima de divorcio el adulterio de cualquiera de los cónyuges. La madre que se casaba en segundas nupcias, perdía la patria potestad sobre sus hijos. Hoy el Código civil preceptúa que las ulteriores nupcias del padre o de la madre no afectarán a la patria potestad.

En la actualidad, la madre puede nombrar tutor para sus hijos menores o mayores incapacitados, legítimos o ilegítimos, y en la constitución del consejo de familia son preferidos para desempeñar los cargos de vocal los parientes de más edad, sin discriminación ni preferencias de ninguna clase por cuestión de sexo. Los derechos del marido para comprar y vender bienes del patrimonio común, por ejemplo, se han limitado mucho, aunque persiste, naturalmente, la idea de que el marido es el representante no sólo de su familia sino de su mujer. Pese a ello, ésta, en la actualidad, puede comparecer en juicio, hacer contratos y transacciones y, por supuesto, defenderse en juicios criminales. Actualmente, la ley argentina permite a la mujer adquirir bienes y enajenarlos, excepto en los casos y con las limitaciones establecidas por la Ley. Todos los actos que la mujer ejecute contra lo dispuesto serán nulos, pero sólo en el caso de que su marido o sus herederos reclamen tal nulidad. La mujer puede ejercer los derechos y cumplir los deberes que le corresponden respecto a los hijos legítimos o naturales reconocidos que hubiese tenido de otro, y consiguientemente también respecto a los bienes de los mismos.

LA NACIONALIDAD

Cada persona humana está ligada con firmes vínculos al Estado a que pertenece. Por una parte, se trata de lazos naturales que ligan al individuo con el Estado en cuyo seno nace. Por otra parte, el hombre goza de libertad para cambiar de nacionalidad. Hoy existen numerosos «apátridas» debido a los grandes movimientos políticos ocurridos después de la última guerra, pero lo normal es que toda persona tenga una nacionalidad y la ame. La adquisición de esta nacionalidad puede tener lugar por diversas circunstancias.

En virtud de relación de sangre o filiación serán argentinos, por ejemplo, los hijos de padre y madre de nacionalidad argentina, aunque nazcan en país extranjero. En algunos países el lugar de nacimiento determina la nacionalidad, pero en otros se exige un nuevo requisito cual es la elección que, al llegar a la mayoría de edad, debe efectuar el interesado. La nacionalidad también puede adquirirse en virtud de matrimonio. Así ocurre con la extranjera que se casa con un español, la cual conservará la nacionalidad aun después de muerto su marido. Sin embargo, la mujer que hubiere perdido su nacionalidad por razón de matrimonio, podrá recobrarla, una vez disuelto o declarada la separación a perpetuidad.

La adquisición de la nacionalidad por concesión administrativa tiene lugar tras un número de años de residencia y el cumplimiento de ciertas formalidades. La nacionalidad también puede perderse. Las leyes de cada país enumeran las causas por las que se pierde la nacionalidad. En España está establecido que por el hecho de adquirir naturaleza en país extranjero, por admitir empleo de otro Gobierno o entrar al servicio de las armas en una potencia extranjera sin licencia del Estado español, se pierde la nacionalidad española.

LA PERSONA

A lo largo de una vida, es más, antes del nacimiento y más allá de la muerte, el hombre es sujeto a derechos y obligaciones. Es tan amplio y diverso el campo del Derecho que, para exponer sus puntos fundamentales en forma ordenada y lógica, seguiremos la vida natural de un hombre desde el nacimiento hasta la muerte para considerar así los problemas jurídicos que van apareciendo a lo largo de la vida. Si todo hombre es persona jurídica, no todas las personas son siempre hombres aislados.

Parece razonable que una persona natural comience a existir desde el instante del nacimiento; pero mucho más razonable es considerar su existencia desde el momento de su concepción. Éstas son las dos tesis más importantes que recogen los códigos modernos. En Francia no es suficiente el nacimiento fisiológico para determinar la existencia de la persona; se precisa que el nacido tenga aptitud para seguir viviendo fuera del claustro materno. En Argentina, el nacimiento determina la personalidad y al concebido se le tiene por nacido, para todos los efectos que le sean favorables, siempre que tuviere figura humana y viva 24 horas enteramente desprendido del seno materno. La ley argentina atribuye personalidad al concebido, aun antes de nacer. La partición de la herencia, por ejemplo, se suspende hasta que tenga lugar el parto o el aborto, o resulte demostrado (por el transcurso del tiempo) que la viuda no estaba encinta. Por la misma razón, el nacimiento de un hijo póstumo puede anular la institución de heredero hecha en favor de otra persona. Las leyes que prohíben el aborto constituyen una protección a la persona antes de su nacimiento.

La declaración del recién nacido debe efectuarse dentro del plazo de 3 días, a contar desde el nacimiento, y su inscripción en el «Registro Civil» es obligatorio que se realice por el siguiente orden: el padre, la madre, un pariente próximo, el médico, la partera o cualquier persona mayor de edad que haya presenciado el parto. Con esta inscripción, de la que se extiende el Acta de nacimiento, empieza la existencia jurídica de la persona. Todo hombre goza de unos derechos inherentes a su naturaleza que se denominan derechos de la personalidad. El derecho a la inviolabilidad corporal es el más importante. Los códigos lo regulan implícitamente al castigar el aborto, el homicidio, el asesinato y todos los delitos que atentan a la integridad física.

El hombre no puede disponer con libertad absoluta de su vida y de su cuerpo. Por ello, el Código penal castiga al que se mutilare con ánimo de librarse del servicio militar. Incluso partes separadas del hombre, como cabellos, dientes, etc., pueden ser objetos de derechos de compraventa, etc. En la actualidad se dan casos altruistas de cesión de ojos y otros órganos del cuerpo en favor de inválidos y enfermos, pero siempre respetando la libertad individual. Por ello no se puede disponer del cuerpo de un difunto sin su consentimiento expreso, antes del fallecimiento, o de su familia después. Otro derecho innato es el de la libertad personal, que consiste en el derecho a la libre actividad, para que el hombre pueda satisfacer sus necesidades.

Sin embargo, y por conveniencias de orden público y buenas costumbres, existen limitaciones a esta libertad. Por ejemplo, se halla prohibido el arrendamiento de servicios o la estipulación de contratos de trabajo para toda la vida. Llámase honor a la conformidad de nuestros actos con las normas morales, y el concepto que los demás tienen de nosotros se denomina honra. El hombre tiene el derecho a la honra, que se protege castigando la calumnia, la injuria y la difamación. La persona humana tiene también derecho al nombre, que es un signo estable de individualización, pues sirve para distinguir a una persona de las demás. Son sus elementos el nombre patronímico y los apellidos. El nombre patronímico se adquiere por la atribución del padre, de la madre, o de la persona que efectúa la declaración ante el oficial del Registro civil.

Los apellidos, por filiación, matrimonio, designación administrativa o concesión del Estado. Los hijos legítimos y los legitimados por subsiguiente matrimonio, llevan los primeros apellidos del padre y de la madre. Los hijos de padre desconocido, llevan los apellidos de la madre. Si bien la mujer, al contraer matrimonio, no pierde sus apellidos, puede usar además el apellido de su marido. La viuda lo conserva si no contrae nuevas nupcias. Por designación administrativa adquieren apellido los hijos de padres desconocidos. Antiguamente se les denominaba Expósito, pero hoy se les dan nombres comunes. Una persona poseedora de apellidos deshonrosos, humillantes o que provoquen hilaridad, puede solicitar su cambio por otros de uso corriente, lo cual se realiza por concesión del Estado. La usurpación del nombre es un delito grave.

LA PERSONA JURIDICA

Cuando las riquezas y actividades de un hombre son insuficientes para dar cima a una empresa de carácter duradero, suelen reunirse varios para conseguir el fin deseado. Entonces se origina un ente, un nuevo ser que se denomina persona jurídica, la cual no es una reunión de personas o bienes destinados a un fin, sino una entidad orgánica, con individualidad propia, reconocida por el Estado y distinta de las personas que la componen. Estas personas jurídicas, se denominan corporaciones, asociaciones y fundaciones, cuando son de interés público. Civiles, mercantiles e industriales, cuando son de interés particular. Por lo tanto, son personas jurídicas el Automóvil Club Argentino, el Club Atlético Independiente, Yacimientos Petrolíferos Fiscales, la Empresa de Ferrocarriles Argentinos, etc. Las personas jurídicas tienen la capacidad correspondiente a la de las personas físicas, salvo ciertas excepciones muy lógicas.

Así, no pueden contraer matrimonio ni otorgar testamento, pero gozan de nacionalidad (la Compañía Norteamericana X, por ejemplo, se dice que está realizando sondeos petrolíferos en el Sahara), poseen domicilio, nombre y derechos honoríficos, igual que las personas naturales. Pueden comprar, vender, usufructuar, tomar y dejar dinero a préstamo, contraer y cumplir obligaciones y hasta recibir bienes en virtud de testamento. Del mismo modo son responsables por la realización de actos ilícitos. De igual modo que la muerte termina con la persona natural, la persona jurídica también puede extinguirse y desaparecer.

Las causas de disolución son varias: expiración del plazo dentro del cual funcionaban, realización del fin para el que fueron creadas, imposibilidad de llevar a término tal fin, decisión administrativa o gubernativa, etc. Así, una sociedad se disuelve por falta de fondos, otra por la decisión de la mayoría de su socios, etcétera.

OTRAS CIRCUNSTANCIAS

La salud también limita la capacidad de ejercicio de ciertos derechos. El impotente se halla inhabilitado para contraer matrimonio. La ceguera, la sordera, la mudez, condicionan los testamentos e inhabilitan para actuar de testigo. Las enfermedades mentales graves inhabilitan para el matrimonio, para otorgar testamento, concertar contratos, desempeñar las funciones propias de la llamada patria potestad, para dar testimonio, etc. La prodigalidad, propia del disipador o manirroto, es causa de incapacidad.

En el Derecho romano se equipara el pródigo al loco. En Argentina se circunscriben sus efectos al ámbito económico y se le priva de la administración de sus bienes. Pueden solicitar la declaración de prodigalidad el cónyuge, los herederos y el Ministerio Fiscal, por sí, o a instancia de algún pariente, cuando los herederos forzosos fuesen menores o en el caso de que estuviesen incapacitados.

El concurso de acreedores y el haberse declarado en estado de quiebra son también causas modificativas de la capacidad, inhabilitan para la administración de bienes, así como para desempeñar los cargos de tutor y protutor y también para el ejercicio de comercio. La interdicción es la incapacidad que se atribuye como pena accesoria a los condenados a reclusión mayor, por el tiempo que dure la condena. El condenado pierde la patria potestad, el ejercicio de la tutela, la autoridad marital, la administración de sus bienes y no puede ejercer el comercio ni ostentar cargo alguno en compañías o empresas mercantiles e industriales. El Código civil cita algunos casos de incapacidad especial, como son las prohibiciones para contraer matrimonio entre adúlteros, las de desempeñar el cargo de testigo en el otorgamiento de los testamentos, a los condenados por falsificación o bien por falso testimonio, etc.

RESIDENCIA Y VECINDAD

El hombre vive en un lugar determinado, en un pueblo o ciudad. Si permanece en él habitualmente y por largo tiempo, se dice que este lugar es su residencia. El domicilio es algo íntimamente ligado a la idea de residencia, pero las dos palabras no son sinónimos. Domicilio se deriva del latín domus (casa) y equivale a «hogar que se habita». Para el Código francés, domicilio es el lugar donde se tiene el principal asiento. según el alemán, es el lugar en que una persona permanece en forma estable. Según el suizo, es el lugar en que la persona se encuentra con la intención de morar allí.

En Argentina se comprende bajo la idea de domicilio el lugar donde se ejercitan los derechos y se cumplen las obligaciones, y que constituye la sede jurídica y legal de la persona. Si imaginamos a un comerciante con negocio abierto en Buenos Aires, a cuya capital se traslada diariamente desde su casa situada en la población de La Lucila, observaremos la existencia de dos domicilios. En Buenos Aires radica su domicilio legal y en La Lucila radica el domicilio real o voluntario. El domicilio legal de la mujer casada es el de su esposo; el de los hijos no emancipados, el de sus padres; el de los comerciantes, el lugar donde tienen el centro de sus operaciones comerciales; el de los empleados, el pueblo donde sirvan destino; el de los militares, aquel donde se hallare el Cuerpo en que están encuadrados, etc. Un caso especial es el de los diplomáticos.

Éstos tienen su domicilio legal en el de la última localidad patria en la que hubiesen residido antes de su partida hacia el extranjero. Son vecinos de una localidad las personas emancipadas inscritas como tales en el padrón de habitantes. Los que viven en el término municipal y forman parte de la familia sin estar emancipados, reciben el nombre de «domiciliados». Son «transeúntes» los que se hallan accidentalmente en un término municipal.

Parabolas de Jesucristo Sermón de la Montaña Pasion y Muerte en

Parábolas de Jesucristo Sermón de la Montaña

El cristianismo

La figura de Cristo resulta impresionante por todo concepto. Incluso vista por sus detractores no pueden negársele grandeza ni belleza suma. Al leer el Evangelio, donde se halla contenido su paso por la tierra, sorprende el laconismo del Maestro.

Todas las palabras que pronunció exceptuando, quizá, el sermón de la montaña y las parábolas, podrían reducirse a unas frases breves, lapidarias, de un contenido turbador y muchas de las cuales son aún motivo de controversia y discusión, cuando no de opuestas interpretaciones. El que ama la vida la perderá. El que quiera seguirme, niéguese a sí mismo… Exceptuando una ocasión en que trazó unas palabras sobre la arena, Jesús no escribió nada ni pareció preocuparle que se levantara acta escrita de sus hechos y de sus palabras. Su nacimiento fue misérrimo y su muerte brutal.

Sus discípulos quedaron tan aterrorizados cuando fue enterrado que incluso el más fiel le había negado ya por tres veces. Parecía que de Él no iba a quedar nada porque después de su muerte le rodeó la cobardía, el silencio y la soledad. Sin embargo, dos mil años más tarde, más de 1.000 millones de personas le adoran como verdadero Hijo de Dios. «Una disputa entre judíos sobre un cierto Jesús que murió, y del cual afirmaba Pablo estar vivo». En el año 60, esto es lo que un funcionario romano llamado Porcio Festo escribió sobre la religión cristiana. De entonces acá, muchas han sido las explicaciones que de la «esencia del cristianismo» se han dado, y algunas de ellas se han apartado más de la verdad que la de Porcio Festo.

El cristianismo se funda en un hecho: la figura de Jesús, su vida terrestre y, lo que es más importante, la creencia de que Jesús vive y no ha muerto, porque es Hijo de Dios. Ésta es la nota original de la religión cristiana, pues sin excluir el judaísmo, el cristianismo es la única religión que desborda la Historia por lo trascendental de su contenido y se encarna en una persona que no solamente transmite una doctrina, sino que se presenta ella misma como la verdad y la justicia vivientes. Es cierto que otras religiones tuvieron fundadores a los cuales sus contemporáneos pudieron ver con los ojos y tocar con las manos, pero ninguno de esos predicadores religiosos, Mahoma, Buda, Zoroastro, etc., se propuso a sí mismo como objeto de la fe de sus discípulos. Todos predicaban una doctrina que no atañía a su propia persona; eran simplemente enviados, profetas o siervos de Dios. Jesús es el Maestro que se da a sí mismo como objeto de nuestra fe; no se presenta como un personaje histórico, sino como verdadero Dios.

EL PRECURSOR

Juan Bautista, hijo de Isabel y el anciano Zacarías, era pariente de Jesús, por ser Isabel y María primas hermanas. Juan había salido al desierto para anunciar la llegada del Mesías. Él fue la voz del que clama abriendo los caminos del Señor. Cuando Jesús ejercía su apostolado, su vida pública, Juan le bautizó en las aguas del río Jordán; pero llegó un momento en que Juan se encontraba en las prisiones de Herodes y mandó a dos de sus discípulos para que preguntaran a Jesús si era el que había de venir. Esta pregunta no la hacía Juan Bautista porque a él le hiciera falta, que bien lo sabía, sino por sus discípulos, pues conocía la envidia que en ellos había despertado los triunfos del Señor. «Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído -les dijo-.

Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son curados, los muertos resucitan, se anuncia la buena nueva a los pobres, y bienaventurado el que no se escandaliza de mí.» Cuando los enviados se alejaron, Jesús hizo un hermoso elogio de Juan ante la numerosa concurrencia: «¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Un hombre vestido delicadamente? ¡Los que visten con elegancia viven en las casas de los reyes! Un profeta y más que un profeta. Éste es aquel de quien está escrito: He aquí que envío a mi ángel delante de tu faz, que preparará el camino delante de ti. En verdad os digo: entre los hijos de los hombres no se ha levantado otro mayor que Juan Bautista».

Parábolas de Jesucristo

Parábolas de Jesucristo

EL SERMON DE LA MONTAÑA

El Salvador había subido a una montaña de las riberas del lago para orar, y allí pasó toda la noche en oración rodeado de un grupo de discípulos, de los cuales escogió doce, a los que dio el nombre de apóstoles, es decir, «enviados o delegados». Al verse rodeado por numerosas turbas que no se cansaban de escucharle, Jesús quiso exponer la esencia de su doctrina en el llamado Sermón de la Montaña. «Bienaventurados los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los pacíficos, los que sufren persecución por la justicia. Bienaventurados seréis cuando os maldigan, os persigan y digan falsos testimonios contra vosotros, por causa mía. Alegraos entonces y saltad de júbilo, porque vuestra recompensa será grande.»

Refiriéndose a los apóstoles, y con ellos a todos los sacerdotes de todos los tiempos, dijo: «Vosotros sois la sal de la tierra; y si la sal se desvirtúa, ¿con qué se salará? Vosotros sois la luz del mundo. La ciudad situada sobre una montaña no se puede ocultar; y no se enciende la antorcha para ponerla debajo del celemín. Pues así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.» Y a todos sus seguidores: «Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás y el que matare será juzgado y condenado. Pero yo os digo que cualquiera que se encolerizare contra su hermano, será reo al ser juzgado. Y el que llama a su hermano raca (estúpido) será reo en consejo; y el que dijere impío, será reo del fuego del infierno. Si al presentar tu ofrenda al altar, te acordares allí que tu hermano tiene alguna cosa contra ti, deja allí tu ofrenda y ve a reconciliarte con tu hermano.

Habéis oído decir: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian, y rogad por los que os persiguen y os calumnian, para que seáis hijos de vuestro Padre, que está en los cielos, que hace salir el sol sobre los buenos y los malos, y hace caer la lluvia sobre justos y pecadores; sed, pues, perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.» «Cuando des limosna, no hagas tocar la trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados de los hombres. En verdad os digo que recibieron su galardón. Mas tú, cuando hagas limosna, procura que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que conoce el interior, te preciará. Y cuando recéis, no seáis como los hipócritas, que les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas públicas, para ser vistos de los hombres. Mas tú, cuando reces, entra en tu habitación, y después de haber cerrado la puerta, reza a tu Padre en secreto, y tu Padre, que conoce el interior, te recompensará. Así es como debéis orar: Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea el tu nombre; venga a nos el tu reino; hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.

El pan nuestro de cada día, dánosle hoy, y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación; mas líbranos del mal. Así sea. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial os perdonará también vuestros pecados.» «Cuando ayunéis, no os pongáis tristes, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que recibieron su galardón. Mas tú, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que no sepan los hombres que ayunas, sino tu Padre, que está en lo escondido.» «No andéis afanándoos por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, cómo vestiréis. Mirad a los pájaros del cielo; no siembran, ni siegan, ni amontonan en graneros; y vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No sois vosotros mucho más que ellos? ¿Quién de vosotros, por más que se empeñe, puede añadir un codo a su estatura? Y, respecto del vestido, considerad cómo crecen los lirios del campo; no trabajan ni hilan; sin embargo yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. Pues si Dios viste así al heno de los campos, que hoy existe y mañana será arrojado al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? No os acongojeís, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o con qué nos cubriremos?, pues los paganos son los que se procuran de todas estas cosas, y vuestro Padre sabe muy bien que necesitáis todo esto. Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, que todas las demás cosas se os darán por añadidura.» «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.

Cualquiera que escuche estas mis palabras y las ponga en práctica, será semejante a un hombre prudente que edificó su casa sobre piedra. Y cayeron las lluvias contra aquella casa, mas no fue destruida, porque estaba fundada sobre piedra. Pero cualquiera que oye estas palabras mías y no las pone en práctica, será semejante a un hombre necio que fabricó su casa sobre arena. Y cayó la lluvia y se desbordaron los ríos y soplaron los vientos y dieron contra aquella casa, la cual se desplomó y su ruina fue grande.»

JESÚS NACE

Muerto bajo la acusación de haberse proclamado rey de los judíos, había nacido en el reinado de un rey que no tenía sangre de judío ni de rey, pues Kypros, su madre, era árabe, y Antípatros, su padre, era idumeo, y ninguno de los dos de estirpe regia. San Lucas nos dice que durante este reinado, José, humilde carpintero, y María, su esposa, llegaron a Belén para empadronarse, y cuando quisieron albergue no había lugar para ellos en la hospedería. Esta frase está más meditada de lo que parece a primera vista.

Si San Lucas quisiera decir sólo que aquel recinto no podía contener más gente, le hubiese bastado decir que allí no había lugar. En Israel todo se hacía en común, no había reserva ni secreto alguno. Por eso se comprende que San Lucas especifique que no había lugar «para ellos», ya que, dada la inminencia del parto, lo que María buscaba era solamente reserva y retiro. Y ocurrió que mientras estaban allí se cumplieron los días y dio a luz a su Hijo primogénito, y lo fajó y lo acostó en un pesebre.

Un pesebre implica un establo, y, según los usos de entonces, éste se hallaría en una gruta o pequeña caverna excavada en la ladera de cualquier montículo cerca del poblado. Grutas de este género y destinadas a tal uso se encuentran aún en Palestina en los contornos de los caseríos. Y en este establo nació el Redentor, y allí fue adorado por unos pastores que, a pesar de su pobreza, le llevaron algunos presentes. Todo en la vida de Jesús está perfectamente previsto, todo es simbólico y trascendente ya en sus comienzos. La pobreza del portal de Belén es subrayada por la adoración de los más humildes, los pastores, a quienes los ángeles anunciaron la Buena Nueva, la llegada del Mesías prometido. Luego siguen 30 años de vida oculta sujeto a José y María.

JESÚS Y LA PECADORA

Invitado a comer por un fariseo llamado Simón, Jesús aceptó, y estando en la mesa, una mujer muy conocida en la ciudad por su vida escandalosa entró en el comedor con un vaso de alabastro que contenía un rico perfume. La mujer fue directamente a Jesús y vertió en sus pies el aceite perfumado. Observándolo Simón, se dijo a sí mismo: «Si este hombre fuese profeta, sabría qué clase de mujer es la que le toca.» Jesús, que leía en el fondo del alma del fariseo, exclamó: «Simón: Un acreedor tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios, y el otro, cincuenta. Como no podían devolverlos, el acreedor les perdonó la deuda.

¿Cuál de los dos le amará más?» Simón dijo: «Creo que aquel a quien más perdonó.» Jesús añadió: «Has juzgado bien», y volviéndose, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y no me has dado agua para mis pies; ella los ha regado con lágrimas y los ha enjugado con sus cabellos.

Tú no ungiste mi cabeza con aceite, y ella ha ungido mis pies con perfumes. Por eso yo te digo que muchos pecados le son perdonados, porque ha amado mucho.» Volviéndose hacia la mujer, les dijo: «Tus pecados te son perdonados; tu fe te ha salvado; vete en paz.» Este episodio, que tiene cierto parecido con el de la mujer adúltera a quien iban a lapidar, pone de manifiesto la grandeza de la doctrina de Cristo: el perdón de los pecados por grandes que hayan sido y la sublimidad del amor.

LA PROMESA DE LA EUCARISTÍA Y LA PRIMACÍA DE PEDRO

El Misterio de la Eucaristía es el más sublime y trascendente de los Sacramentos instituidos por el Redentor. «Vuestros padres -dijo Jesús- comieron el maná en el desierto y murieron.

Yo soy el pan vivo. Si alguno come de este pan, vivirá eternamente, y el pan que yo os daré es mi carne, para la vida del mundo. En verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y si no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros.» Estando en los alrededores de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus apóstoles: «¿Quién dicen los hombres que soy yo, el Hijo del Hombre?» Ellos respondieron: «Unos dicen que el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas.» Jesús volvió a preguntar: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Esta vez, Pedro fue el primero en contestar: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Jesús recompensó inmediatamente esta noble profesión de fe, diciendo: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan, porque ni la carne ni la sangre te han revelado esto, sino mi Padre que está en los cielos.

Y yo te digo que tú eres Pedro, y que sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares sobre la tierra será también atado en los cielos, y todo lo que desatares sobre la tierra, será también desatado en los cielos.» Al hablar así, Jesús confería a Simón Pedro la primacía sobre los otros apóstoles, y le establecía como jefe supremo de la Iglesia. Al cabo de unos días, tomando consigo a Pedro, Santiago y Juan, los condujo a la montaña del Tabor, y mientras oraba, se transfiguró. Su rostro se volvió brillante como el sol, y sus vestidos, blancos como la nieve. Moisés y Elías se le aparecieron, enviados por Dios como representantes del Antiguo Testamento, y estuvieron hablando con Él de su próxima muerte.

En el mismo instante una nube bajada del cielo cubrió a Jesús y a sus interlocutores, y una voz pronunció estas palabras: «Éste es mi Hijo muy amado, en quien he puesto mis complacencias; ¡escuchadle!» Asustados los tres apóstoles, se postraron, cubriéndose el rostro con sus manos. La doctrina de Cristo iba perfilándose cada vez en forma más concreta. «Si alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo y lleve su cruz», decía extremando la exigencia que supone la entrega al supremo ideal. Pero, en otra ocasión, les dijo: «En verdad os digo, que si no os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.»

A esta lección añadió otra relativa al escándalo: «Si alguno escandaliza a estos pequeñuelos que creen en mí, mejor le fuera que le colgasen al cuello una piedra de molino y le arrojasen al mar. Si tu mano te escandaliza, córtatela. Si tu ojo te escandaliza, arráncatelo.» Simón Pedro había preguntado a Jesús: «Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano (al próximo) si me ofendiere? ¿Acaso hasta siete veces?» Y obtuvo esta respuesta del Señor: «No te digo que siete veces, sino setenta veces siete.»

Con lo que indicaba que debía perdonar siempre. El concepto de prójimo no era bien comprendido por los judíos, de tal modo que un doctor de la Ley le preguntó: «Maestro, ¿quién es mi prójimo?» Jesús le respondió: «Descendía un hombre desde Jerusalén a Jericó y cayó en manos de ladrones, quienes le despojaron, dejándole medio muerto. Sucedió, pues, que bajaba un sacerdote por el mismo camino, y habiéndole visto, pasó adelante. Asimismo, le vio un levita, y pasó. Pero un samaritano que iba de viaje se le acercó, y viéndole, se compadeció de él; le vendó las heridas y derramó sobre ellas aceite y vino, y le llevó a una hostería, donde fue cuidado con esmero. ¿Quién de estos tres hombres fue verdaderamente el prójimo de aquel que cayó en manos de los ladrones?» El doctor respondió: «El que tuvo compasión» «Vete y obra como él», respondió Jesús.

LAS PARÁBOLAS

La mentalidad oriental comprende las cosas por comparaciones tangibles, por metáforas vivas, gracias a un estilo directo. Por esta razón Jesús dio a conocer su doctrina por medio de parábolas. «Un sembrador salió un día a sembrar, y mientras lo hacía, una parte de la simiente cayó a lo largo del camino y los pájaros vinieron y se la comieron. Otra parte cayó en un pedregal, donde apenas había tierra. Brotó, mas los primeros rayos del sol la secaron. Otra parte cayó entre espinas y éstas la sofocaron.

Sólo una pequeña parte cayó en buena tierra, y los granos dieron el ciento por uno.» Después explicó el significado de esta parábola en la cual la semilla es la palabra de Dios. En otra ocasión les contó cómo «El reino de los cielos es semejante a un hombre que había sembrado buen grano en su campo; vino su enemigo mientras los hombres dormían y sembró cizaña en medio del trigo, y se fue. Cuando el trigo creció y produjo fruto, apareció la cizaña. Entonces los criados acudieron al padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembrasteis buen grano en vuestro campo? ¿Cómo es que hay cizaña? Él les contestó: El enemigo es quien ha hecho esto. sus criados añadieron: ¿Queréis que vayamos a arrancarla? Él respondió: No, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer lo uno y lo otro hasta la siega, y entonces diré a los segadores: Arrancad primeramente la cizaña y atadla en gavillas para el fuego. Mas el trigo recogedlo en mi granero.»

Hasta el fin del mundo, en la Iglesia de Cristo, la mala hierba crecerá al lado del trigo y los malos estarán mezclados con los buenos; pero al fin de los días serán separados. En otras palabras, Jesús comparó el reino de los cielos al grano de mostaza, que, a pesar de ser tan pequeño, produce plantas relativamente grandes; a la levadura, que fermenta la masa, al tesoro escondido, por cuya adquisición se sacrifica todo, etc. Jesús dio a sus apóstoles poderes concretos confiriéndoles un Magisterio especialísimo. «Id y predicad, diciendo: El reino de los cielos se acerca. Curad a los enfermos; resucitad a los muertos; limpiad a los leprosos; lanzad los demonios.

Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas. Pero guardaos de los hombres, pues os delatarán ante los tribunales y os azotarán en sus sinagogas, y por mi causa seréis conducidos ante los gobernadores y los reyes. Mas cuando os hicieren comparecer, no os inquietéis pensando cómo habéis de hablar, ni de lo que diréis; porque en aquella misma hora se os dará la palabra que habéis de decir. Pues no seréis vosotros quienes hablaréis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y el que me recibe a mí, recibe a Aquél que me ha enviado.» A veces sus comparaciones eran directas y simples. Dijo Jesús a los fariseos para inculcarles el perdón de los pecados: «¿Quién es el hombre que, teniendo cien ovejas y habiendo perdido una de ellas, no deja las noventa y nueve en el aprisco, y sale en busca de la que se perdió, y no para hasta encontarla? Y cuando al fin la encuentra, la pone muy gozoso sobre sus hombros y llegando a su casa, llama a sus amigos y vecinos, diciéndoles: «Regocijaos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido.

Yo os digo, del mismo modo, habrá en el cielo más fiestas por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de penitencia». La parábola del hijo pródigo, parecida a ésta, es todavía más conmovedora. Su insistencia sobre la caridad fue puesta de relieve en la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro. Y la humildad, en la del fariseo que oraba en el centro del templo, lleno de orgullo, mientras el publicano, en un rincón, no se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que golpeaba su pecho, diciendo: «¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy pecador!» El consejo evangélico de la pobreza fue explicado al joven distinguido que le preguntó: «Maestro, ¿qué haré para conseguir la vida eterna?» Jesús le respondió: «Si quieres conseguir la vida eterna, guarda los Mandamientos.» «Yo he cumplido estas cosas desde mi juventud, ¿qué más debo hacer?» «Si quieres ser perfecto, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres; después ven y sígueme.» A estas palabras, el joven bajó la cabeza y se retiró tristemente. Deseaba las cosas del cielo, pero le faltaba valor para renunciar a las de la tierra. Cuando se marchó, el divino Maestro, entristecido también, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil es para los que tienen riquezas entrar en el reino de Dios!» 

Quiebra de un negocio o empresa Bancos, seguros y documentos

Quiebra de un negocio o empresa Bancos, Seguros y Documentos

LOS BANCOS

En la actualidad, las entidades bancarias participan activamente en el desarrollo mercantil, y con ellas el hombre moderno ha de entrar constantemente en relación contractual. Las relaciones jurídicas entre los Bancos y sus clientes consisten, en su forma más simple, en un contrato de servicios por parte del Banco, dirigido a la conservación, empleo y aumento del capital del cliente. «Abrir cuenta» en un Banco significa haber formalizado un contrato con dicha entidad, dirigido a la concesión de un crédito por alguna o por ambas partes, unida a la gestión de negocios por parte del Banco. El contrato bancario puede estar dirigido a la realización de gestiones y actos en nombre del cliente, tales como: realizar pagos, abono de los cheques que el cliente le remita, abonar intereses por las cantidades depositadas, etc.

Los bancos dan a crédito el dinero que ellos recibieron también a crédito. Por medio de estas operaciones hacen producir en su beneficio los capitales recibidos en caja de ahorro o cuenta corriente. Sus beneficios consisten en las diferencias entre los intereses que perciben por sus operaciones de préstamo, descuento, anticipos, etc,. y los intereses que abonan a sus depositantes o cuenta-correntistas. Las operaciones de crédito de los bancos son de dos clases: activas y pasivas. Las primeras consisten en poner a disposición de sus clientes sumas de dinero.

Las segundas son las que realizan al obtener dinero u otras cosas fungibles, con fines de préstamo o custodia. Otra de las funciones típicas de los bancos consiste en intervenir en los pagos, facilitándolos o evitando el empleo de numerario, por medio de las llamadas transferencias bancarias y giros. La transferencia bancaria consiste en deducir una cantidad de la cuenta corriente de un cliente, y abonarla en la cuenta de otro. El giro consiste en recibir dinero de un cliente en un determinado lugar geográfico, para ponerlo a su disposición en otro lugar distinto. Los bancos realizan también otras funciones como son las de la custodia de efectos y valores, alquiler de cajas de seguridad, etc.

LOS DOCUMENTOS

En la práctica del comercio se utilizan diversos documentos como cartas, facturas, pagarés, letras de cambio, cheques, talones de cuenta corriente, etc., cuyo estudio sería demasiado minucioso, pero interesa hacer referencia a cierta clase de documentos que han adquirido importancia extraordinaria: los títulos-valores. El título-valor es un documento sobre un derecho privado, cuyo ejercicio está condicionado a la posesión del documento. Por ejemplo, si un comerciante vende una lavadora eléctrica y el comprador, para efectuar el pago, extiende un talón de cuenta corriente, el derecho del comerciante a percibir el importe de la venta queda concretado y materializado en el documento. Si la cuenta corriente del firmante del talón estuviese agotada, el comerciante puede exhibir su título y reclamar judicialmente contra quien lo extendió careciendo de fondos. Pero si por cualquier accidente se pierde o destruye el documento, el comprador, no pudiendo exhibir su título, no puede tampoco reclamar el abono de su importe.

La posesión del título es condición mínima para el ejercicio del derecho, pero no siempre es condición suficiente. Pueden considerarse tres tipos de títulos-valores: al portador, a la orden y nominativos. Títulos al portador son los que designan como titular a una persona determinada o a otra que puede cobrar a la orden de la primera. Son, pues, títulos nominativos; pero se diferencian de los títulos nominativos propiamente dichos, en que el título a la orden no limita el derecho en favor de la persona designada, sino que ésta puede pasarlo a otra. Títulos nominativos son los que designan a una persona determinada como titular del derecho. En esta clase de títulos, el poseedor necesita legitimarse demostrando que es la misma persona designada en el título, o bien que es su sucesor o apoderado.

LOS NEGOCIOS MARCHAN MAL

Es frecuente el caso del comerciante que no puede hacer efectivas sus obligaciones y no puede pagar. El Derecho ha previsto estos acontecimientos y regula tales casos por mediación de las llamadas «suspensión de pagos» o «declaración de quiebra». «Estar en quiebra» equivale a no poder pagar íntegramente a todos los acreedores. Es un estado de desequilibrio entre el capital activo (bienes que se poseen) y el capital pasivo (importe de las deudas). La quiebra de un comerciante puede ser de dos clases: no culpable o fortuita, y culpable o bancarrota. La quiebra fortuita es consecuencia de algún grave contratiempo no imputable al quebrado (incendio, guerra, colapso económico, etc.).

Quiebra de un negocioLa quiebra es culpable cuando es debida a ineptitud o culpabilidad del quebrado. Cuando, además, hay intención de defraudar a la masa de acreedores por medio de simulaciones en el activo o pasivo, la quiebra culpable recibe el nombre de fraudulenta. Declarada la quiebra, el Tribunal proveerá el arresto del quebrado, quien quedará inhabilitado para administrar sus bienes, siendo nulos todos los actos de dominio y posesión posteriores de la época a que se retrotraigan los efectos de quiebra. Los acreedores se constituyen en colectividad para borrar la personalidad de cada uno de ellos en beneficio del interés común.

El Tribunal decretará el embargo de los bienes del quebrado, y con todos ellos formará una masa común para el pago de los acreedores. Sin embargo, es preciso tener en cuenta que por prescripción de ley son inembargables: 1º. Las vías férreas abiertas al servicio público, sus estaciones, talleres, almacenes, terrenos, obras y edificaciones que sean necesarios para su uso, ni las locomotoras, carriles, y demás efectos del material fijo y móvil destinados al movimiento de la línea; 2º. El lecho cotidiano del deudor, de su cónyuge e hijos, las ropas del preciso uso de los mismos, los instrumentos necesarios para el arte u oficio a que aquél pueda estar dedicado y el salario, jornal, sueldo, pensión, retribución o su equivalente que no exceda de 20 pesetas diarias. A la quiebra suele preceder una época de desarreglo económico, en la que el deudor procura retrasar la quiebra por medio de operaciones que a veces suelen agravarla. Así, intenta salvar algunos bienes para él y su familia, perjudicando a sus acreedores. Contra estos actos del deudor, la Ley ha dispuesto un sistema de acciones restitutorias, tendientes a reintegrar a la masa del quebrado los bienes indebidamente sustraídos. El juez y el comisario componen los órganos de dirección, vigilancia y jurisdicción de la quiebra y además, intervienen tres síndicos, elegidos por la junta de acreedores. Las operaciones que dichos órganos realizan son las de liquidación del activo (conversión en dinero de los bienes de la masa activa) y las de examinar, graduar y pagar los créditos que componen la masa pasiva. Otra situación delicada para un comerciante es la llamada cesación de pagos.

Ésta tiene lugar cuando se dan los siguientes supuestos: 1º. Imposibilidad de pagar las deudas; 2º. Solvencia del comerciante, es decir, posesión de bienes suficientes para cubrir todas las deudas; 3º. Solicitud del comerciante, fundada en los dos supuestos anteriores. Se comprende que si un determinado comerciante tiene repletos sus almacenes con género cuyo valor es, por ejemplo, de 1 millón de pesetas, y el dinero que posee en Caja, en cuenta corriente bancaria, es de 1.500.000 pesetas, no podrá hacer efectiva una deuda de 3 millones de pesetas. En este caso, claro está que deberá declararse en suspensión de pagos. Efectuada la solicitud por el comerciante deudor dentro de las 48 horas siguientes de haberse producido la falta de pago, el juez dictará auto declarando la suspensión de pagos. Esta insolvencia del deudor puede ser de dos clases: provisional, si el activo es igual o superior al pasivo, y definitiva cuando el activo sea inferior al pasivo. En este caso se concede al deudor un plazo de 15 días para que consigne o afiance la diferencia. De no hacerlo, la masa de acreedores puede concertar un convenio con el suspenso, o bien instar la declaración de quiebra.

LOS SEGUROS

Es de tal intensidad el transporte marítimo, por vía aérea, carretera, ferrocarril y vías fluviales, que con frecuencia ocurren accidentes debidos a fallas humanas o mecánicas. En tales casos, los bienes o personas-objetos de transporte se pierden o sufren daños. Para remediarlos o compensarlos han surgido los seguros. Éstos se extienden también para asegurar toda clase de riesgos que graviten sobre patrimonios. Será mercantil el contrato de seguro, si fuere comerciante el asegurador, y el contrato a prima fija, o sea, cuando el asegurado satisfaga una cuota única o constante como precio y retribución del seguro. «Asegurador» es el que percibe la prima y se obliga a abonar en caso de siniestro, el capital, la renta o la indemnización.

El «asegurado», es la persona a quien corresponde por virtud del contrato un derecho propio y sustantivo para obtener la prestación del asegurador. Son «agentes de seguros» aquellas personas cuya actividad consiste en la mediación en contratos de seguros a favor de una o varias empresas aseguradoras o en la conclusión de contratos de seguro en nombre de ellas, y que además desarrollan una actividad encaminada a la captación de clientes. El documento en que se otorga el seguro recibe el nombre de póliza. Como mínimo debe contener los nombres del asegurador y del asegurado, el concepto en el cual se asegura, designación de objetos asegurados y naturaleza de los riesgos, suma en que dichos objetos se valoran, cuota o prima, forma, modo, lugar y fecha de pago, duración del seguro y día y hora en que comienza. El reaseguro es un nuevo contrato de seguro que se superpone a un contrato de seguro anterior. En virtud del reaseguro se cubre la responsabilidad del asegurador frente al asegurado. El primitivo asegurador es parte en los dos contratos (en el primero era asegurador; en el segundo, asegurado). El seguro y el reaseguro son contratos independientes entre sí.

Por ello, el reasegurador no tiene acción para reclamar del primer asegurado (o contratante) el pago de la prima, ni el asegurado contra el reasegurador para obtener la indemnización o el capital convenido. Existen diferentes tipos de seguros: seguro contra daños, contra robo, contra incendios, agrícolas, seguro de transporte terrestre, seguro de responsabilidad civil, etc. El seguro sobre la vida es un contrato de capitalización y no de indemnización. El riesgo que asume el asegurador descansa en la incertidumbre en cuanto a la duración de la vida humana. Existen dos variedades fundamentales: seguro para caso de muerte y seguro para caso de vida. En el primero el hecho que determina la efectividad de la prestación del asegurador es la muerte del asegurado. Como esto fatalmente ha de ocurrir, el riesgo que corre el asegurador consiste en tener que hacer efectiva la suma asegurada antes de haber percibido el número de primas suficientes para cubrirla.

En el seguro para caso de vida o vitalicio, el hecho que determina la prestación del asegurador es la supervivencia del asegurado a una determinada fecha o acontecimiento. El riesgo está en la longevidad del asegurado. En los seguros sobre la vida, además del asegurador y del asegurado interviene una tercera persona, el beneficiario, que es la persona destinada a percibir en su día el capital o la renta pactados.

Vida Comercial del Hombre Sociedades Mercantiles Cheques

Vida Comercial del Hombre
Sociedades Mercantiles

EL COMERCIO

Toda persona suele desplegar dos clases de actividades: unas de pura complacencia, recreativas, como la del que pasa el tiempo charlando sobre deporte o el médico que se dedica a la pintura, y una actividad económica, que todos desarrollamos al trabajar o al ejercer una profesión que nos permita ganar dinero para poder atender a nuestras necesidades. Los medios de ganarse la vida son innumerables, desde el simple asalariado, peón caminero o productor de una fábrica que aporta simplemente un trabajo manual, hasta el político o el intelectual, pasando por los fabricantes, profesiones liberales, artistas, funcionarios, etc.

Una de las actividades lucrativas más interesantes en Derecho es la del comerciante. Pero debe entenderse como tal, no sólo el tendero que compra al por mayor y vende al detalle, sino el fabricante, el industrial, el que explota una compañía de autobuses, el que posee una mina, etc. Es decir, todo aquel que adquiere bienes, los transforma o los transporta y los vende luego con ánimo de obtener un beneficio.

Vida Comercial del Hombre

Vida Comercial del Hombre

En los tiempos modernos, el comercio ha adquirido tal importancia, que ha surgido una nueva rama de la legislación denominada DERECHO MERCANTIL. Las condiciones para ejercer el comercio son las siguientes: haber cumplido 21 años; no estar sujeto a la potestad del padre o de la madre, ni a la autoridad marital y tener libre disposición de los bienes propios.

Tienen prohibido ejercer el comercio los condenados a penas que llevan la interdicción civil, los quebrados, los clérigos, los magistrados, los jueces, los jefes gubernativos, canónicos y militares, los recaudadores, los agentes de cambio y bolsa, los corredores de comercio, los socios colectivos, los gerentes de sociedades anónimas, etc.

COMPRAVENTA

Los comerciantes suelen comunicarse entre sí por medio de correspondencia epistolar o telegráfica. Si consideramos el hecho frecuentísimo de que un comerciante se dirija a otro situado en localidad distinta ofreciéndole unos géneros determinados e indicándole su precio, es natural que, en caso de interesarle, el segundo comerciante contestará al primero por medio de una carta-pedido. Entre ambos existirá, pues, una relación contractual. El Código de Comercio de España considera que el contrato existe en el momento en que tiene lugar la contestación aceptando la propuesta o las condiciones con que ésta fuere modificada.

El comerciante vendedor remite al comprador la oferta de una lista de mercancías mencionando sus características, naturaleza, calidad, tipo, precio y cantidad. Esta lista recibe el nombre de factura y es la base de un contrato de compraventa y sirve de aviso de que la ejecución del contrato ha comenzado por parte del vendedor. Si el comprador le devuelve la factura firmada con su conformidad, el documento tiene carácter probatorio y la venta se considera en firme.

Uno de los contratos más generalizados en el comercio es el contrato de compraventa. Para que sea mercantil debe existir el propósito de lucrarse en la reventa, que puede hacerse conservando esta cosa la misma forma u otra distinta, es decir, manufacturándola o transformándola.

Es preciso tener en cuenta que las ventas llevadas a cabo por labradores o ganaderos y relativas a los frutos o productos de sus cosechas o ganados, no se consideran mercantiles. Tampoco lo son las transformaciones de los objetos realizados a mano, en talleres u obradores y por encargo.

La venta está consumada por parte del vendedor en cuanto éste pone la mercancía a disposición del comprador, empezando para éste, desde dicho instante, la obligación de pagar el precio. Cuando la venta se hace de plaza a plaza, no basta con que el vendedor ponga la mercancía a disposición del comprador, sino que debe enviarla al punto convenido.

Los gastos del transporte, salvo pacto en contrario, corren a cargo del comprador. Éste tiene el derecho y la obligación de examinar las mercancías en cuanto a su calidad y cantidad. En caso de vicio o defecto de calidad o cantidad el comprador debe reclamar inmediatamente. Si las mercancías están enfardadas o embaladas, el comprador tiene un plazo de 4 días para efectuar la reclamación (a contar desde el siguiente a su recibo).

Si los vicios o defectos fueran internos, el plazo se amplía hasta los 30 días. En estos casos, el comprador tiene el derecho de rescindir el contrato. En la vida mercantil moderna han adquirido gran relieve los agentes mediadores entre el vendedor y el comprador. Son los comisionistas.

Son obligaciones del comisionista: acatar las instrucciones del comitente; comunicarle con frecuencia las noticias que interesen al buen éxito de la negociación; defender los intereses del comitente; desempeñar los cargos que reciba; rendir cuentas de las cantidades que percibió para la comisión y responder de las mercancías que tenga en su poder. Las obligaciones del comitente son: abonar el precio de la comisión y procurar que el comisionista quede indemne de los perjuicios que este trabajo pueda causarle.

El contrato de comisión se extingue cuando se ha realizado la operación comercial, cuando este objeto haya devenido imposible, por muerte o inhabilitación del comisionista y cuando el comitente, por pérdida de la confianza, revoque el mandato otorgado al comisionista.

EL TRANSPORTE

La vida moderna está caracterizada por un fenómeno de aproximación. Éste se realiza de los bienes de los productores hacia los consumidores, así como los traslados de personas que obedecen a la necesidad de que los productores, consumidores o intermediarios, se pongan en contacto para mejor concertar sus transacciones.

Estas operaciones, en sentido general se denominan transporte. El contrato de transporte, por vías terrestres, fluviales o aéreas, se reputará mercantil cuando tenga por objeto mercaderías o cualesquiera efectos del comercio o el porteador se dedique habitualmente a verificar transportes para el público. Abarca desde el transporte aéreo, hasta el transporte a mano realizado por un mozo de cuerda.

El «porteador» es la persona que asume la obligación y la correspondiente responsabilidad del transporte. En los grandes trayectos, el transporte no es obra de una sola empresa porteadora, sino de varias. Esto supone la existencia de un solo contrato y de una pluralidad de intermediarios que responden de la íntegra ejecución del mismo aunque su intervención en él sea limitada a un trayecto parcial.

La persona que en nombre propio solicita el transporte recibe el nombre de «remitente». «Destinatario» o «consignatario» es la persona a la que deben entregarse las cosas objeto de transporte. El precio del transporte se suele fijar según la distancia a recorrer (tanto por kilómetro) o bien por precio alzado (a forfait). Según el momento en que se paga el precio, hay que distinguir entre «porte pagado» si se hace efectivo en el momento de celebrar el contrato, o «porte debido» si debe satisfacerse en el momento en que el destinatario reciba la mercancía.

En el transporte de viajeros, el viajero paga el precio y recibe el billete. Éste es un título al portador y debe ser presentando cuantas veces lo requiera la empresa.

La falta de plazas no autoriza al viajero para reclamar daños y perjuicios. Sólo tiene derecho a reclamar la devolución de su billete cuando tuvo que ocupar una localidad de clase inferior. La obligación de la empresa consiste en trasladar al viajero de un lugar a otro.

LA CONTABILIDAD

Los comerciantes, bien sean personas individuales naturales, bien sean sociedades, tienen obligaciones determinadas en los códigos de comercio de todos los países. Una de las más importantes es la relativa a la contabilidad y a la conservación de la correspondencia. La costumbre del comerciante de anotar los acontecimientos prósperos o adversos de su negocio y de resumir periódicamente las anotaciones en un «balance» donde se hace constar las entradas, las salidas y su diferencia, influyó en los ordenamientos jurídicos. En la actualidad, los comerciantes deben llevar libros de contabilidad (informáticos) que reflejen fielmente la marcha de sus negocios.

En las legislaciones germanas no incluyen en tal obligación a los pequeños comerciantes, y dejan en amplia libertad a los grandes comerciantes para aplicar la técnica contable que consideren más conveniente.

Los sistemas latinos, situados en polo opuesto, hacen extensiva tal obligación a toda clase de comerciantes. En España, el Código de comercio reglamenta minuciosamente los requisitos tanto extrínsecos como intrínsecos, que hacen referencia a los libros de los comerciantes, los cuales deberán estar encuadernados, foliados, legalizados y sellados por el juez, y sujetos al impuesto del Timbre. Son obligatorios el libro de inventarios y balances, el libro diario, el libro mayor y el libro copiador de cartas y telegramas.

Las sociedades deberán llevar un libro de actas, y los consejos de administración y las sociedades anónimas el libro registro de acciones normativas. Los comerciantes individuales, inscritos en el índice de empresas individuales, deberán llevar los siguientes libros: 1º. Registro de compras; 2º. Registro de ventas y rendimientos normales del negocio; 3º. Registro de gastos normales del negocio; 4º. Registro de rendimientos y quebrantos normales del negocio; y 5º. Registro de ingresos y pagos (Libro de Caja). En el sistema español se sigue el principio del secreto de la contabilidad mercantil y no puede efectuarse pesquisa alguna para averiguar si los comerciantes llevan sus libros con arreglo a las disposiciones del Código.

No sólo no puede efectuarse una investigación o examen general de la contabilidad de un comerciante, sino que éste puede denegar el requerimiento hecho a instancia de parte para comunicar el contenido de sus libros, entregarlos, o dejarlos reconocer. Esta regla general tiene excepciones en el caso de liquidación del negocio, sucesión universal o quiebra, etc. Los libros pueden ser medios de prueba a favor o en contra del comerciante.

LAS SOCIEDADES MERCANTILES

Además de los comerciantes individuales se dedican al comercio las llamadas sociedades mercantiles, constituidas por dos o más personas que se obligan a poner en fondo común ciertos bienes para obtener un lucro. El nacimiento de la sociedad mercantil como persona jurídica está ligado a determinadas formalidades (otorgamiento de escritura pública e inscripción en el Registro Público de Comercio). La sociedad mercantil actúa como una individualidad con nombre propio, tiene capacidad para la contratación, y frente a los socios aparece como un sujeto distinto a cada uno de ellos, con derechos y obligaciones propios.

Existen diferentes tipos de sociedades mercantiles. La sociedad colectiva está formada por dos o más socios con responsabilidad personal. Cuando uno o varios de ellos se limitan a contribuir con su trabajo, sin aportar capital, la sociedad es irregular y estos socios se llaman industriales. Cada socio tiene derecho a participar en las ganancias en proporción al capital aportado, y la participación del socio que no aportó ninguno, es decir, el industrial, se suele reducir a una percepción igual a la del socio capitalista de menor participación.

Las pérdidas se imputan a los socios capitalistas, pero no al industrial, en la misma proporción que las ganancias. En el caso de que las deudas superen al capital activo de la sociedad, los acreedores tienen acceso al patrimonio particular de los socios. Supongamos varias personas que aportan dinero para comprar un autobús, a fin de servir una línea de pasajeros y uno de los socios es el chófer, pero sin aportar capital alguno. La sociedad comanditaria viene a ser cono una subespecie de sociedad colectiva.

En ella es esencial la existencia de dos grupos de socios: los colectivos, que responden ilimitadamente con todos sus bienes, y los socios comanditarios, que responden sólo por una cantidad determinada. En lo referente a la distribución de ganancias y pérdidas, la participación del socio comanditario se rige por el contrato de sociedad, y si no se establece otro pacto, el socio comanditario tiene los mismos derechos que los socios colectivos, participando de las ganancias en proporción al capital aportado.

En la sociedad anónima, el capital está dividido en acciones y se integra por las aportaciones de los socios, quienes no responden personalmente de las deudas sociales. Éstos son fungibles, es decir, sustituibles por otros, sin que por ello se altere la constitución de la sociedad. La participación de los socios en los derechos sociales (administración de la sociedad y distribución de beneficios) está proporcionada a la participación en el capital.

La responsabilidad de cada un es limitada, pues el accionista arriesga, en el peor de los casos, lo que le costó su acción. Las sociedades anónimas se constituyen lanzando al mercado bursátil un número de acciones que son suscritas por particulares, hasta constituir todas ellas un capital fundacional. En este tipo de sociedades es preciso distinguir entre patrimonio y capital social.

El «patrimonio» es el conjunto efectivo de bienes de la sociedad en un momento determinado y su cuantía está sometida a las mismas oscilaciones que el patrimonio de una persona individual: aumenta si la industria es próspera, y disminuye en el caso contrario. El «capital social» es, por el contrario, una cifra permanente de contabilidad, que no necesita responder a un equivalente patrimonial efectivo. Esta cifra indica el patrimonio que debe existir, no el que efectivamente existe. La garantía de los acreedores exige, no sólo que se fije en la escritura de constitución la masa de capital social, sino que además se mantenga durante la vida de la sociedad.

Toda alteración de dicha cifra sería un engaño para los acreedores si no estuviera acompañada de un relativo aumento o disminución en el patrimonio social. Las leyes reglamentan minuciosamente los aumentos y reducciones del capital social. Así, puede verse que determinada sociedad anónima posee 200 millones de capital social, pero compra fincas, adquiere maquinaria, realiza obras, etc., y varía su patrimonio sin que la cifra de 200 millones se altere.

Los accionistas tienen los siguientes derechos: 1º. Derecho de voto en las juntas generales (cuando posean el número de acciones que los estatutos exijan para el ejercicio de este derecho). 2º. Derecho a participar en el reparto de beneficios y en el del patrimonio resultante de la liquidación de la sociedad. 3º. Derecho de información (solicitar aclaraciones de cuestiones relativas a asuntos sometidos a deliberación de la junta general, examinar el balance, etc.). 4º. Derecho preferente de suscripción en la emisión de nuevas acciones. 5º. Derecho de separación. 6º. Derecho a no ser gravado con nuevas obligaciones. 7º. Derecho a impugnar los acuerdos sociales.

La Ley impone con carácter obligatorio la forma anónima a todas aquellas sociedades que, a más de limitar de cualquier forma las responsabilidades de su socios, tengan un capital superior a 5 millones de pesetas.

Del mismo modo la Ley prescribe que si las sociedades anónimas obtienen beneficios líquidos superiores al 6% del importe del capital, deducidos los impuestos, vendrán obligadas a detraer como mínimo, un 10% hasta constituir un fondo de reserva que alcance la quinta parte del capital desembolsado. De esta reserva, sólo podrán disponer para cubrir el saldo deudor de la cuenta de Pérdidas y Ganancias y deberán reponerlo cuando descienda del indicado nivel. La sociedad en comandita es una variante de la sociedad comanditaria simple, producida por el hecho de estar dividido en acciones el capital de los socios comanditarios.

Al igual a lo que sucede en la sociedad en comandita simple, debe haber por lo menos un socio que responda en forma ilimitada (socio colectivo). Los otros socios (comanditarios-accionistas), sólo responden del importe de las acciones suscritas. La reglamentación de este tipo de sociedades se efectúa en forma mixta, ya que para cuanto haga referencia a los socios comanditarios por acciones, regirán las normas de las sociedades anónimas, y para lo relacionado con los socios colectivos, se aplicarán las normas propias de las sociedades colectivas. La sociedad de responsabilidad limitada es una sociedad anónima modesta, con pocos socios.

Tuvo su origen en Inglaterra y se ideó para eludir la reglamentación rigurosa de la sociedad anónima y los cuantiosos gastos que requiere su fundación. En ella el capital social no está dividido en acciones, sino en «participaciones» o «partes de asociado» y por tanto no hay títulos negociables. En este tipo de sociedades existe la posibilidad de imponer al socio prestaciones complementarias y todos ellos son responsables del pago íntegro de las aportaciones prometidas por los demás. Los acreedores sociales sólo podrán dirigirse contra el patrimonio de la sociedad, pero en ningún caso contra el patrimonio particular e individual de los socios.

LETRAS Y CHEQUES

Uno de los documentos que mayor importancia y uso ha alcanzado en la vida mercantil, la letra de cambio, es: «una promesa formal, solemne e incondicionada de pago en dinero, por la cual una persona (librador) manda a otra (librado), pague a la orden de una tercera (tomador) una determinada cantidad en lugar y fecha determinados». La función económica que desempeña la letra de cambio consiste en que puede actuar como sustitutivo de dinero.

Por ejemplo: A, propietario de un comercio al detalle, entrega una letra de 10.000 pesetas, con vencimiento a los 30 días, a B, representativa de la deuda contraída por A al efectuar una compra de géneros. Pero B necesita adquirir primeras materias y para pagarlas, «endosa» o traspasa la letra a C, comerciante importador de algodón. Éste efectúa unas reparaciones en sus almacenes y satisface su importe «endosando» a su vez la letra a D, empresario constructor.

Si al llegar al vencimiento A paga a D, como último endosatario de la letra, se habrán pagado tres deudas de una sola vez y se habrán empleado en el pago 10.000 pesetas en lugar de 30.000, ahorrándose innumerables molestias.

La letra sirve, además, de medio para la concesión de crédito, permite al comprador de una mercancía aplazar el pago por el mismo tiempo que dure el vencimiento de la letra y al propietario de ella puede servirle para obtener dinero, bien dándola en prenda como título-valor, bien negociándola con descuento, es decir, entregándola al Banco para que le adelante su importe previo descuento del interés por la anticipación.

La letra de cambio es un título eminentemente formal, hasta el punto de que toda diferencia o alteración del clisé legal hace perder al documento el carácter de letra. El «endoso» es una cláusula accesoria e inseparable de la letra, por virtud de la cual el acreedor-cambiario pone a otro acreedor en su lugar, extendiendo una anotación al dorso del documento. La letra ha de ser presentada el día de su vencimiento, es decir, en la fecha determinada según la fórmula de giro empleada, y debe ser pagada antes de la puesta del sol.

Si en aquel momento el que la ha de pagar no puede hacerlo, se levanta acta notarial de protesto por falta de aceptación o por falta de pago del librado, a menos que en la letra se consigne la expresión «sin gastos», en cuyo caso no ha lugar al protesto.
Una letra aceptada y no atendida por el librado es título suficiente para proceder al embargo de los bienes de éste. Otro documento de gran importancia y uso en el comercio es el cheque. Se trata de un documento que permite al librador retirar, en su provecho o en el de un tercero, todos o parte de los fondos que tiene disponibles, en poder del librado. Los cheques pueden ser nominativos, a la orden y al portador. Los cheques extendidos a la orden de una determinada persona pueden endosarse.
Al igual que sucede con las letras de cambio, los cheques deben llevar el timbre del Estado que por su cuantía les corresponda. La emisión de un cheque sin provisión de fondos engendra dos clases de acciones en favor del tomador: una acción civil de indemnización y una acción penal de estafa. Es conveniente tener en cuenta que el cheque librado para ser cobrado en la misma plaza, debe presentarse al cobro dentro de los 5 días a contar desde la fecha de su expedición. Los librados para ser cobrados en otra plaza deben presentarse dentro de los 8 días.