Los Amantes de Teruel

Biografia de Kafka Franz Vida y Obra Literaria Resumen Cronologia

Biografia de Kafka Franz
Vida y Obra Literaria – Los Amores de Kafka

Franz Kafka nació en Praga, que entonces pertenecía al Imperio Austro-Húngaro, el 3 de julio de 1883, en una familia de clase media.Fue un novelista checo,  autor de breves nararciones. Es uno de los novelistas más singulares del siglo XX. Su obra está marcada por un desgarro interior alimentado por su confusa identidad: de origen judío, vivió en el hervidero nacionalista centroeuropeo y escribió en alemán.

Su padre, un comerciante, fue una figura dominante cuya influencia impregnó la obra de su hijo y que, según él mismo, agobió su existencia. En Carta al padre, escrita en 1919, pero publicada, como casi toda su obra, póstumamente, Kafka expresa sus sentimientos de inferioridad y de rechazo paterno.

A pesar de esta grave incompatibilidad, vivió con su familia la mayor parte de su vida y no llegó a casarse, aunque estuvo prometido en dos ocasiones.

En 1912 Kafka conoció a través de Max Brod (amigo de la infancia) a una berlinesa llamada Felice Bauer, mujer alta y no muy agraciada físicamente, pero segura de sí misma y tranquila. Kafka le pidió que se casara con él, pero no estaba seguro y hubo varias rupturas. La excusa que se ponía a sí mismo era: «Si soy feliz por algo no relacionado con la escritura, me siento incapaz de escribir ni una sola palabra», pero el verdadero problema es que quizá no estaba enamorado de Felice y que todavía no había logrado romper sus barreras.

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Se prometieron dos veces, en 1914 y en 1917, después de que él escribiera El procesoque se ha leído como una metáfora de su relación– y saliera fortalecido. En ambas ocasiones él se echó atrás, aunque como hizo con Julie, usó como excusa el agravamiento de la tuberculosis que padecía.

Durante los seis años que duró la relación Franz envió a Felice más de quinientas cartas y postales. Esta difícil relación con Felice Bauer, puede ser analizada en Cartas a Felice (1967).

Se doctoró en Derecho en 1906 en Checoslovaquia, su país natal. Tras un año de práctica ocupó un cargo público hasta 1928, pero su verdadera vocación fue la literatura. Colaborador de la revista Hyperion (1907), en 1909 frecuentó el club Myádich, centro de doctrinas socialistas y revolucionarias.

Franz Kafka

En 1911 se interesó por el sionismo y la literatura judía. Su obra literaria presenta una doble vertiente realista y metafísica. Describe al hombre moderno inmerso en una realidad absurda, la que se ve reflejada en la problemática personal del autor. Su narrativa simbólica y plena de desasosiego escrita en alemán anticipó la opresión y la angustia del siglo XX.

Su estilo lúcido e irónico se manifiesta con una técnica que participa del expresionismo y del surrealismo. Sus obras han dado pie a numerosas interpretaciones.

Uno de sus primeros libros es Un médico rural, serie de relatos que recogen un universo angustiado, entre el sentimiento de la decadencia física y el peso de la obra que aún le queda por escribir. El castillo es ya una obra de plena madurez. En términos generales, a lo largo de toda su obra Kafka se entrega a una exploración de su universo interior. La metamorfosis, El proceso, La colonia penitenciaria, el Diario íntimo y la Correspondencia son sus mejores escritos. Dejó varias obras inacabadas.

En cuanto a la técnica narrativa, en la obra de Kafka el narrador se confunde estrechamente con su criatura, esto es, prácticamente desaparece. El novelista no domina el mundo que describe, sino que lo padece; esto explica la ausencia de una dimensión moral o política en su obra.

En su testamento expresó la voluntad de que fueran destruidas, pero su amigo Max Brod las hizo publicar: La metamorfosis (1915), Cartas a mi padre (1919), En la colonia penitenciaria (1919), El proceso (1925), entre otras.

«Trataba de dormir a la tarde y escribir a la noche. La falta de sueño y el ruido lo alteraban de manera especial. Escribía de corrido, raramente corregía. Escribió La metamorfosis en quince días; La condena está escrita en una noche. Algo parecido a Mozart pero en lenguaje literario. De no morir tan joven, hubiera podido dar una cantidad torrencial de literatura porque -teniendo en cuenta que trabajaba ocho horas diarias para una compañía de seguros—, prácticamente en doce años ha dejado un legado tan importante. En doce años Kafka escribió todo lo que nosotros tenemos.» Jordi Llovet, editor español.

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Kafka es autor de tres grandes novelas (El proceso, El castillo y América), diarios y correspondencia. El proceso apareció por vez primera en Munich, al año siguiente de la muerte de su autor. Una versión dramática de Gide y Barrault fue representada con éxito en París, en 1947. Esta versión tuvo la virtud de llamar la atención de los existencialistas (Camus, especialmente, quien escribió un interesante ensayo sobre la esperanza y lo absurdo en la obra de nuestro autor, luego recogido en El mito de Sísifo).

Esta extraña historia trata de un inocente empleado de banco que es detenido la mañana de su cumpleaños, acusado de algo desconocido. Para sus interrogatorios es citado en domingo, a fin de que no interrumpa su trabajo. Advierte desde su primera comparecencia la imposibilidad de convencer de su inocencia al funcionario judicial: no hace más que provocar grandes risas de los que le escuchan. Jamás logra ver al juez.

Las sesiones del juzgado se celebran en casa de un carpintero. Un día sin sesión le son mostrados por una mujer los supuestos libros de la Ley, que no resultan sino novelas con grabados deshonestos. Los archivos del juzgado están en un granero… Jamás logra ver una acusación escrita de su delito. Pero el proceso sigue inexorablemente. Todo procesado necesita muchos abogados con el objeto de retrasar o activar el proceso. Por medio de su sobrino se pone en contacto con un abogado influyente. El pintor Signorelli, ante quien posa el juez, se niega a ayudarle.

El protagonista —cuyo nombre es K.— va perdiendo capacidad de resistencia física y psíquica. De ahí que no se defienda contra su sentencia de muerte, sobrevenida al año de su primera detención. En el último capítulo de la novela, dos caballeros de levita y sombrero de copa se presentan al anochecer en su casa y lo conducen a las afueras de la ciudad, lo desnudan, hacen que se siente en el suelo, lo cambian muchas y fatigadas veces de postura, le apoyan la cabeza en una piedra y se cambian extrañas cortesías con un cuchillo. .. K. ve asomarse un hombre a una ventana y cómo le adelanta los brazos. K. levanta los suyos, pide justicia, y mientras el cuchillo se hunde en su espalda, dice: «¡ Como un perro!»

El castillo aparece asimismo en Munich, en 1926. Su carácter simbólico es igualmente patente desde las primeras páginas. Se trata de un agrimensor, que llega a un pueblo. El pueblo está presidido y regido por un castillo, algo distante. Pero al agrimensor le es imposible, desde el primer momento, ejercer sus funciones de agrimensor, para las que se le había llamado, porque realmente no hacía falta, y llega al castillo para ver en él a un misterioso funcionario, Klamm.

El único contacto posible con el castillo y su complicada administración es el mantenido a través de Barnabas, el mensajero. Sus primeros intentos por establecer contacto telefónico con el castillo son rechazados con zumbidos, con el silencio o con el rotundo «No» de un funcionario, al otro lado del hilo. Únicamente le es posible llegar hasta un mesón, próximo al castillo, donde enamora y posee a Frieda, amante de Klamm, quien le muestra a éste durmiendo, sentado a su mesa de trabajo, en la habitación contigua, por un agujero de la pared. Con Frieda regresa al pueblo, se instala en una habitación de la escuela y son siempre interrumpidos por la presencia sonriente y misteriosa de los dos ayudantes del agrimensor.

Frieda, que significaba un intento de aproximación al mundo del castillo, se vuelve un día inesperadamente al mismo, pretextando que el agrimensor frecuenta demasiado el trato con una hermana del mensajero, Olga. Una noche es citado para comparecer ante uno de los secretarios del castillo, quienes recibían e interrogaban a los aldeanos por la noche y en cama, a fin de no perder tiempo.

Pero el agrimensor se equivoca de puerta y habla con otro secretario, Bürgel, quien le promete ayuda. Su situación no ha variado sustancialmente desde el día de su llegada. Desconoce incluso con quién ha hablado, pues los secretarios suelen cambiar de aspecto, lo que hace imposible su reconocimiento. Al final de la obra, el misterioso castillo le resulta tan inalcanzable como al principio, e igualmente incomprensible el motivo de su llamada.

América apareció en Munich, en 1927. Es la novela de más alegre atmósfera. Fue comenzada en 1912, con el título Der Verschollene (El desaparecido).

Narra la vida de Karl Rossmann, muchacho que es enviado por su familia a América por haber violado a una muchacha que trae al mundo un niño. Antes de llegar a Nueva York, el fogonero del barco se lamenta del injusto trato de que es objeto por parte del maquinista.

Con ánimo de defender sus derechos, Karl se presenta en el camarote del capitán, y allí se da a conocer un señor, presente casualmente, como el tío americano de Karl, puesto al corriente por la familia de éste del motivo de su viaje. Karl y su tío desembarcan, abandonando al fogonero a su suerte. En una lujosa casa, aislado del mundo, Karl es sometido a una intensa preparación lingüística bajo la vigilancia del tío americano.

Unos compañeros de negocios de su tío le invitan a pasar un día en su casa de campo, cerca de Nueva York. La hija del dueño le conduce a su habitación, y allí luchan, perdiendo Karl. Decide volver a casa. Pero un desconocido lo retiene hasta medianoche.

Entonces le entrega una carta del tío, por la que éste, contrariado por haberle abandonado sin su consentimiento, le ruega que se abstenga de volver. En la calle se une a dos picaros, que le ayudan a buscar trabajo. Karl los abandona al poco tiempo por haber encontrado violentada su maleta. Consigue una colocación de ascensorista en un hotel.

A los pocos días, el gerente encuentra pretexto para despedirle por un momentáneo abandono del servicio. Evita una paliza del portero, huyendo, pero la precipitación le impide recoger una chaqueta en la que guardaba dinero y documentación. El anuncio de un teatro de Oklahoma, donde prometen ocupación a toda clase de hombres, le hace emprender el viaje. Y aquí acaba esta incompleta novela.

FRANZ KAFKA Y LAS MUJERES:

Kafka tenía un elevado concepto del matrimonio: admiraba la familia y sobre todo el orden, su forma patriarcal. Justamente, tal devoción le servía para sentirse incapaz de conformarla. «Ser padre y hablar serenamente con el hijo. Pero para ello se debe tener corazón y no en su lugar un pequeño reloj de juguete», había reclamado alguna vez a su padre.

En 1912 conoció a través de Max Brod a una berlinesa llamada Felice Bauer, la primera mujer que despertó en él la inquietud de casarse. La respuesta de la familia de Felice fue positiva, y cuando todo parecía indicar que no había ningún inconveniente, Kafka decidió que debía pensarlo mejor. El matrimonio se oponía a su trabajo literario. La literatura aparece siempre en sus reflexiones como la trampa en la que la vida corriente se hace imposible: «Si soy feliz por algo no relacionado con la escritura, me siento incapaz de escribir ni una sola palabra».

A pesar de estas dudas sentimentales que lo perturbaron durante cinco años, siguió adelante con sus textos y redactó La metamorfosis, su narración más célebre que tiene ecos autobiográficos en la que se cuenta la experiencia de Gregorio Samsa, convertido en una mañana cualquiera en un monstruoso insecto.

Otra relación de Franz Kafka fue con Milena Jesenzska (1896-1944), su joven traductora al checo, fue sobre todo epistolar. Las veces que se vieron fue por insistencia de ella porque a él, hombre atormentado y descontento con su cuerpo, que le parecía sucio, se le daban mal las relaciones cara a cara.

Milena tampoco lo puso fácil ya que estaba casada y, a pesar de que no era feliz, no quería abandonar a su marido, Ernst Polak, un intelectual diez años mayor que ella que trabajaba como empleado de banca y con el que vivía en Viena. Además, no era judía y no pertenecía a la cultura alemana. Las relaciones de Franz y Milena duraron hasta 1922.

Se empezaron a cartear en 1919, cuando ella le escribió para pedirle permiso para traducirle al checo, y poco a poco se enamoraron. Kafka, aunque lo intentó, no pudo vencer sus miedos. Accedió a que se vieran después de mucha insistencia y muchos pretextos. Para su sorpresa se sintió cómodo hablando con ella.

Kafka dejó por ella a Julie Wohryzek, con la que se prometió a los seis meses de conocerla. De todas formas, la relación estaba destinada al fracaso porque el padre de Kafka se oponía.

En los últimos tiempos de la relación, Kafka volvió a sentirse atormentado: necesitaba las cartas, pero no quería verse más involucrado; quería que ella le escribiera menos, pero luego se arrepentía. «Ayer te aconsejé que no me escribieras todos los días». Aunque añadió: «Pero, por favor, Milena, no me hagas caso y escríbeme igual todos los días, aunque sea una carta muy breve como la de hoy, apenas dos líneas, una sola, una mera palabra; privarme de esa palabra me costaría horribles sufrimientos». (Fuente: 99 Amores de la Historia – Alicia Misrahi – Editorial De Bolsillo)

Un Nuevo Amor y El fin

En 1923, Kafka conoció a Dora Diamant. Tenía diecinueve años y trabajaba como voluntaria en un campamento de vacaciones, en Müritz, al sur del mar Báltico. Dora recuerda que estaba preparando los alimentos en el bar cuando el escritor le dijo con una voz suave: «¡Unas manos tan tiernas obligadas a realizar un trabajo tan sangriento!».

Kafka, que por ese entonces había abrazado la causa vegetariana, había recurrido a su particular estilo para dar una impresión de la realidad y para iniciar su conquista. Al poco tiempo decidieron vivir juntos y lograron en pocos meses construir algo muy similar a lo que Kafka toda su vida había considerado como felicidad o normalidad. Ella había aprendido rápidamente a no alterar sus tiempos de escritura y a su vez ocupaba el lugar de mujer y de enfermera que él estaba necesitando.

La tuberculosis, mientras tanto, siguió su marcha. Kafka pasó las semanas finales en el sanatorio de Kier-ling, cerca de Viena, acompañado de Dora, Max y su tío Siegfried, personaje muy querido por él y que había retratado en su cuento «El médico rural». Falleció el 3 de junio de 1924, cuando tenía 40 años. Sus tres hermanas menores iban a morir unos años mas tarde en el período nazi, en los terribles campos de concentración alemanes.

Unos días después del entierro, Max Brod, revisando los papeles de su amigo, se encontró con la carta donde por última vez Kafka pretendía algo imposible.

CRONOLOGIA DE SU VIDA

1883: Nace Franz Kafka en Praga (Checoslovaquia). 1889-1901: Estudia en la Deutsche Knabenschule.

1901-06: Estudia Derecho en la Universidad de Praga; se recibe de abogado. Entabla amistad con Max Brod.

1904-1905: Escribe el primer texto que se conoce de él, «Descripción de una batalla».

1908: Comienza a trabajar en una compañía de seguros.

1910-1912: Se preocupa intensamente por conocer la cultura hebrea y entabla amistad con Jizchak Lówy, el director de una pequeña compañía de artistas hebreos.

1910: Comienza su Diario.

1911: Comienza la novela El disperso (que queda inconclusa y que más tarde fue publicada por Brod.)

1912: Conoce a Felice Bauer, tal vez la mujer más importante de su vida. Siguen un noviazgo, con una larga interrupción, hasta 1918. Escribe La condena y La metamorfosis.

1913: Se edita su primer libro, Contemplación. Se publica La condena.

1914: Escribe El proceso.

1915: Aparece La metamorfosis.

1916: Escribe «El médico rural», inspirándose en su tío Siegfried.

1918: Los médicos confirman el diagnóstico de tuberculosis. El noviazgo con Felice llega a su fin definitivamente. Se publica La muralla china.

1919: Noviazgo con Julie Wohryzek. Escribe «Carta al padre».

1920: A partir de una estadía en el sanatorio de Merano inicia la correspondencia con la periodista Milena Jesenska, esposa de Ernst Pollak y la primera traductora de los textos de Kafka al checo.

1922: Comienza su tercera novela, El castillo.

1924: Vive con Dora Diamant en Berlín. Muere en un sanatorio cercano a Praga.

Fuente Consultada:
99 Amores de la Historia – Alicia Misrahi – Editorial De Bolsillo
ARISTO Diccionario de Biografías Universales Editorial Visor
Enciclopedia Temática Ilustrada – Biografías – Editorla GL
Cuadernillo «LEGADOS» Nº3 Franz Kafka Editorial Pagina 12 de Liliana Viola

 

Biografía de Emilio Salgari Vida y Obra Literaria Novelas

Biografía de Emilio Salgari y Su Obra Literaria

Emilio Salgari (1862-1911), escritor italiano, autor de una extensísima obra de narrativa de aventuras. Fue uno de los escritores que más suscitaron el entusiasmo de los jóvenes es Emilio Salgan. En contraste con las extraordinarias aventuras que movieron a los fantásticos personajes de sus novelas, tuvo una vida pobre e infeliz a causa de la avaricia de los editores que publicaban sus obras. Una grave crisis sobrevino luego, originada por el enorme trabajo en el que estaba constreñido, hasta el punto de llevarlo al suicidio el 25 de abril de 1911. Su popularidad como escritor de relatos de aventuras se ha extendido por el mundo entero.

Emilio Salgari Escritor

Emilio Salgari: Del período que va desde que abandonó la Escuela de Venecia hasta 1882, en que fue colaborador en un diario de Verona, poco sabemos de Salgari. Este año señaló la iniciación de su carrera periodística y literaria, cuando ingresó como redactor fijo en un diario rival al primero. En 1891 entró a formar parte del grupo de colaboradores de un diario de jóvenes, dedicándose entonces sólo a escribir libros de aventuras. También Salgari, como tantos hombres de talento, tenía sus pequeñas manías: para escribir sus novelas hacía uso de una vieja pluma y se sentaba a una mesa tambaleante.

Estamos en el mes de julio de 1883, y con esta carta, remitida a un diario de la ciudad de Milán (Italia), Emilio Salgan, de 20 años de edad, tentaba suerte como escritas solicitando la publicación de una novela plena de acción y de episodios espectaculares en países exóticos, característica ésta que distingue todos sus escritos y que constituyó el elemento principal de su éxito.

«Yo, joven desconocido en Milán, pero de alguna nombradla en Verana, antiguo cadete de la Marina Mercante, le envío este escrito por mí redactado, a fin de que, si lo juzga digno, lo publique en su diario, de ser ello posible. Se trata de un naufragio ocurrido sobre la costa de Nueva Guinea …»

La lectura de este primer relato, así como la de los que le siguieron, hizo suponer que el escritor,  a más de tener una exuberante imaginación y una vasta experiencia personal, había navegado a lo largo y a lo ancho de todos los rilares del mundo, tocando lejanas tierras y conociendo las costumbres de maravillosos y extraños pueblos.

Mientras Salgari vivió fueron muchos los que creyeron cuanto se decía sobre su aventurera existencia. Todos sus lectores, grandes y pequeños, se hallaban persuadidos, en efecto, de que el autor de sus novelas preferidas no era uno de esos solitarios escritores que envejecen sobre su mesa de trabajo, en el cotidiano esfuerzo de crear páginas y páginas, sino que era el protagonista de las fabulosas aventuras por él relatadas.

Pero la verdadera vida de Salgari era otra, muy distinta de la que se le atribuía. En realidad, el escritor creaba en su imaginación los episodios que narraba. No existieron los fabulosos viajes ni las fantásticas aventuras que se le adjudicaban.

Emilio Salgari nació en Verona el 21 de agosto de 1862. Sus padres fueron Luis Salgari, dedicado al comercio de telas, y Justina Gradara, de origen dálmata. Desde la adolescencia Salgari manifestó su desagrado hacia la modesta y pacífica vida burguesa, al punto de que, al cumplir los 16 años de edad, su padre le permitió trasladarse a Venecia a inscribirse en los cursos de capitán de cabotaje en el Real Instituto Técnico de Marina Mercante.

Se sabe con certeza que el muchacho concurrió a sus aulas durante dos años, distinguiéndose de los otros alumnos, según expresiones de un observador de la época, por una singular propensión al aislamiento y su natural austeridad.

En 1882 obtuvo la licencia de capitán, e inmediatamente se embarcó en un barco mercante, iniciando así su experiencia marina. Luego hallamos muchos puntos oscuros en su biografía.

Nuestro deseo sería poder llenar esta laguna dando crédito a lo que Salgari mismo, ya famoso, contó en Mi aventura, pero esta especie de autobiografía aparece en muchos pasajes de sus novelas, dudándose, en consecuencia, de su autenticidad.

Sin embargo, resulta interesante referir lo que Salgari afirmó haber hecho en aquellos años: licenciado de capitán a los 20 años, entró al servicio de un tal Varak, capitán de un pequeño velero llamado Italia Una, y con él efectuó algunos cortos cruceros a lo largo de las costas adriáticas. Permaneció con Varak sólo unos pocos días, pues no estaba totalmente de acuerdo con el comportamiento de aquel hombre de pocos escrúpulos y por demás avaro; pasó luego al servicio del capitán Giuffré.

Este último era un sujeto más abominable y cínico que el primer patrón, de modo que, habiendo surgido un altercado entre ambos mientras la nave se encontraba surcando las aguas de la India, Salgari fue obligado por Giuffré a desembarcar en Bombay, donde, abandonado, se encontró solo y sin medios para subsistir.

Algunos días después conoció, por simple casualidad, al emisario de un raja de Borneo que, despojado de sus bienes por los ingleses, se había dedicado a la piratería para reconquistar sus propias tierras perdidas. El emisario, que se llamaba Tremal-Naik, propuso al joven marino italiano asumir el mando de una de sus naves corsarias, y Salgari, después de haber conocido a Sandokán, el príncipe despojado, y luego de haberse cerciorado de la veracidad de sus razones y propósitos, aceptó sin tardanza el ofrecimiento.

He aquí a Salgari transformado en pirata, vestido como los hindúes, con sucinta indumentaria que le dejaba el pecho al descubierto, y con el clásico turbante. En la primera expedición realizada contra los ingleses y sus aliados, los holandeses, fue completamente derrotado.

Los hombres de Sandokán —los tigres de Mompracem— fueron sitiados en un islote en el que se habían atrincherado, sus naves fueron destruidas y sus jefes dispersos. Salgari estuvo a punto de caer prisionero de los holandeses cuando, lanzándose al mar, fue recogido por una nave francesa. Sus salvadores, luego de escuchar sus aventuras y una vez asegurada su identidad, le ofrecieron la permanencia a bordo. Después de dos años de navegar con sus salvadores, desembarcó en el puerto de Marsella (Francia).

Esta historia, como dijimos, es demasiado fantástica para ser tomada por cierta. Contentémonos entonces con emprender la narración de la vida de Salgari a partir de 1882, año en que lo volvemos a encontrar en Verona colaborando en un diario, cuyo suplemento publica sus primeras novelas: Tay See (editada luego bajo el título de La Rosa de Dong Giang), El tigre de la Malasia y La favorita del Mahdi.

Su éxito como novelista es inmediato; Salgari se lanza entonces a la carrera que se le ofrece, abandonando para siempre una secreta y juvenil aspiración: la de ser poeta. En efecto, adolescente aún, había escrito en sus cuadernos escolares algunos versos ingeniosos y, en verdad, de mucho valor.

Gracias a las novelas de Salgari, el diario que las publica aumenta inmediatamente la venta de sus ejemplares y el nombre del autor es pronto conocido no sólo en Verona sino también en Venecia, Genova y Milán. Otro diario de Verona intentó atraerlo ofreciéndole un puesto de redactor con un elevado y tentador sueldo. Sin embargo, Salgari, ya seguro de su propio éxito, prefirió renunciar a cualquier tipo de obligación con los diarios y dedicarse libremente a la profesión de escritor. Es de destacar, tiempo después, precisamente en 1891, la publicación de su novela La cimitarra de Buda en un periódico para jóvenes.

Los críticos, algunos años más tarde, comenzaron a ocuparse de la actividad de Salgari, manifestando, en este sentido, juicios’ opuestos. Se dijo, entre otras cosas que aún conservan actualidad, que el estilo literario de Salgari era, sin duda, nítido y capaz de dar al lector una sensación visual de las escenas descriptas, pero que carecía de la brillantez que distingue a un verdadero escritor.

Por otra parte, se le objetó que la estructura de sus novelas no era muy cuidada, notándose que los episodios se sucedían con ritmo demasiado confuso y el desenlace ocurría muy inesperadamente. No obstante, todos los críticos reconocieron su capacidad para transportar al lector a los lugares de acción, cualidad ésta que, para un escritor de novelas de aventuras, es, por cierto, de importancia principal. Se decía también que sus personajes eran tratados y descriptos con cierta superficialidad y de un modo demasiado convencional; sin embargo, todo aquello que Salgari refería en cada una de sus novelas tiene un notable valor instructivo.

Cuando, en 1892, Salgari contrajo matrimonio con Ida Peruzzi, el escritor gozaba ya de gran fama. Miles de lectores preferían sus obras. Muchachos aventureros, sugestionados por sus cuentos del mar, se fugaban de sus casas para enrolarse en la Marina. Periodistas y escritores extranjeros frecuentaban la casa de Salgari, deseosos de descubrir los secretos de su éxito y difundirlos entre sus lectores. Sin embargo, la vida de éste no era tan alegre como se puede imaginar. En primer lugar le faltaba, como siempre le faltó, la seguridad económica. Sus necesidades se hacen mayores, más tarde, con los sucesivos nacimientos de sus cuatro hijos: Fátima, Nadir, Ornar y Romero.

Su vocación de escritor se transforma entonces en pesada y penosa actividad, transformando su vida en un monótono quehacer. Su trabajo era intenso: al tiempo que terminaba de redactar una novela ya tenía otra para iniciar y, mientras, empezaba a pensar en una tercera. Las novelas de Salgari superan el centenar.

Considerando la popularidad lograda por Salgari uno se pregunta cómo entonces el escritor vivía en condiciones económicas tan modestas, al punto de tener que recurrir a los auxilios de la reina Elena, gran admiradora de su obra. La respuesta es simple y se encuentra en las exigencias de los editores que siempre lo ligaron con contratos desfavorables, fijándole honorarios que eran, en la mayoría de los casos, irrisorios.

Salgari trabajaba, pues, muchas horas al día, tratando de vencer la fatiga y el sueño. El novelista no podía escribir más que con una tinta especial, liviana, que él mismo preparaba, y con la pluma que adoptó para escribir sus primeras novelas, ya deteriorada y sujeta con hilo de coser. Tampoco podía trabajar si no era sentado a una mesita tambaleante que había empleado cuando se inició como escritor, porque —solía afirmar sonriendo— no sólo eso era encantador sino que también su inestabilidad le daba la impresión de encontrarse navegando sobre la cubierta de una nave.

Tenía Salgari conciencia y responsabilidad de su trabajo: le ayudaba una memoria prodigiosa que le permitía desarrollar sus novelas sin tener que recurrir a la ayuda de los manuales de historia o geografía. Muchas veces, terminada la novela, diseñaba, con bastante habilidad por cierto, las ilustraciones principales y las cartas geográficas.

En los años en que sus hijos eran pequeños, la vida de Salgari no fue siempre triste y monótona; por el contrario, estuvo matizada con pequeños y felices episodios. Le gustaba, por ejemplo, ensayar con los niños las escenas de batalla que tenía que describir en una novela, y, en aquellas ocasiones, el bosque vecino a su casa o su jardín se transformaban, a los ojos de los muchachos y a los suyos propios (Salgari era una más entre las criaturas), en enmarañada selva erizada de peligros; o bien, si él tenía que describir una tempestad, improvisaba en el piano tenantes y tumultuosas composiciones.

El escritor pone fin a su vida suicidándose, el 25 de abril de 1911, en el bosque de «la Virgen del Pilar», cerca de Turín, donde solía pasear en compañía de su familia. Fueron varios los motivos que lo indujeron a tomar esa fatal decisión: la repentina enfermedad de su mujer, las preocupaciones económicas, el exceso de trabajo y el temor de perder, con la vejez, su fecunda imaginación. Fue este último y trágico acto de violencia contra sí mismo lo que hizo finalmente conocer a sus lectores la verdad de su vida, nada envidiable por cierto.

Aunque faltas de un verdadero lazo de continuidad entre un libro y otro, las novelas de Salgari, por afinidad de argumentos, de ambientes y de personajes, pueden ser agrupadas así: relatos de la jungla, cuya acción se desarrolla en la India o en la Malasia (Los Tigres de Mompracem, Los piratas de la Malasia, La reconquista de Mompracem, El rey del mar, La última aventura de Sandokán, etc.); las que tratan de piratería (El Corsario Negro, Yolanda, la hija del Corsario Negro, Los últimos filibusteros, Los corsarios de Bermuda); referentes a pieles rojas (En las fronteras del Far West, La selva ardiente, etc.); las que tienen como tema exploraciones polares (Los pescadores de ballenas, El país del hielo, Los cazadores de focas, etc.); las inspiradas en los progresos científicos de la época y del futuro (A través del Atlántico en globo, El tren volante, Las maravillas del año dos mil, etc.).

Muchas novelas, por otra parte, se basan, con mayor o menor fidelidad, en acontecimientos históricos, entre las que se recuerda, por ejemplo, El tesoro del presidente del Paraguay, en la que el episodio imaginado tiene como fondo la guerra entre el Paraguay, Uruguay, Brasil y la República Argentina; y El subterráneo de la muerte, ambientada en la China en la época de los boxers.

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En la novela Al polo norte se narra las peripecias de dos jóvenes que se aventuran a través de mares y océanos para cazar focas. Gran estupor les causa la imprevista aparición de un gran aparato de hierro. Se trataba de un sumergible desde el cual sus tripulantes invitan a los dos cazadores a unirse a ellos en el viaje de exploración al polo. Llegan así a una gran montaña de forma cónica y el jefe de la expedición coloca la bandera sobre la pendiente cubierta de nieve, mientras gritos de entusiasmo se elevan de la tripulación jubilosa. En esta novela, Salgari, atendiendo las ansias y aspiraciones de sus contemporáneos, imprime una personalísima visión del polo norte, aún inexplorado,  en realidad, en aquella época.

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Al grupo de los corsarios pertenece la novela de Salgari El Corsario Negro, una de las mejores de su vasta producción. ha acción se desarrolla en el siglo XVII durante la lucha de los filibusteros contra los colonos españoles. El protagonista es un noble italiano que se hace corsario por el odio que siente hacia los españoles, uno de los cuales dio muerte a un hermano suyo. Su único deseo es vengar ese crimen, matando a su vez al asesino y a su familia. Pero se enamora de una joven que viaja en una nave por él capturada. Cuando el Corsario Negro se entera de que ella es la hija del matador de su hermano, el odio supera el amor, y, con profundo dolor, abandona a la muchacha sola en una chalupa en medio del océano.

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En él libro Mi aventura, Emilio Salgari describe su propia vida juvenil. Comienza la narración cuando, muchacho aún, sentábase en los bancos de la escuela. Pasa luego al relato de una maravillosa aventura con la descripción de fantásticas y peligrosas peripecias vividas sobre el mar. Particularmente interesante es su arribo a la India y la extraña amistad con Sandokán y Janez dos de los más extraordinarios personajes de sus novelas. En la lámina vemos a Salgari, vestido de joven hindú, mientras socorre a un amigo herido. Se distinguen, en el fondo, los soldados holandeses perseguidores. Esta narración es muy fantástica para ser tenida por real. Si bien no es atendible como autobiografía, la novela se lee con placer.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Biografías: Emilio Salgari –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

 

Concepto de Romanticismo Origen y Características de su Espiritu

Concepto de Romanticismo Origen y Características de su Espíritu

El romanticismo surgió en Alemania, a fines del siglo XVIII, pero pronto se extendió por el resto de Europa y en las nuevas repúblicas del continente americano, imponiéndose durante gran parte del siglo XIX. El nuevo movimiento proponía basarse en la imaginación, los sentimientos y las emociones por sobre lo racional, además de rescatar a la Edad Media, que durante muchísimo tiempo había sido considerada como una edad oscura para el saber y el arte.

También, al estar vinculado a la emoción más que a la razón, el romanticismo tuvo como inspiración lo misterioso, lo épico y también lo pintoresco y el aspecto majestuoso de la naturaleza.

A medida que el movimiento de la Ilustración del siglo XVIII, con su exaltación de la razón y el intelecto, iba debilitándose paulatinamente, se fue desarrollando una nueva actitud romántica que se prolonga durante la primera mitad del siglo XIX, con manifestaciones posteriores que llegan hasta el XX.

El romanticismo es un movimiento difuso con varias características diferentes, entre las que se distingue cierta tendencia en las diversas artes, como la pintura y la música. Si la tradición artística clásica se preocupaba por lo universal, los románticos se interesaron en lo individual y particular. Mientras el clasicismo hace hincapié en la racionalidad, el romanticismo exalta la libertad.

Goethe da comienzo al clasicismo alemán. El poeta, dramaturgo, novelista y científico alemán fue el iniciador del periodo clásico de la literatura alemana. Es autor de Fausto, un drama en dos actos en el que reelaboró la leyenda del erudito mago medieval Johann Faust.

Estas nociones no se limitan al arte, sino que inspiran el enfoque de todo un período. El contraste entre el antiguo régimen y la revolución francesa que lo destruyó es un aspecto político de esta misma evolución. Asimismo, el nuevo desarrollo del nacionalismo, una faceta política del romanticismo, contrasta con el enfoque universal del pasado.

En líneas generales, el desarrollo histórico puede resumirse en una fórmula: en la época medieval los hombres creían en Dios; el Renacimiento les enseñó a creer en sí mismos; durante la Ilustración creían en la razón y en la nueva era romántica creían en la libertad.

El hombre medieval nacía siervo de Dios, el hombre del Renacimiento se consideraba su propio dueño, los pensadores de la Ilustración concebían al hombre como un ser esencialmente razonable y los románticos lo imaginaron esencialmente libre.

Los románticos amaban la naturaleza frente a la civilización como símbolo de todo lo verdadero y genuino. También, en contraste con el carácter universalista del neoclasicismo, el romanticismo era individualista: había un gran aprecio por la individualidad y laí diferencias que esta establecía entre las diversas personas. Por eso, el romanticismo valoraba al «distinto», sus héroes eran siempre rebeldes que quebraban las reglas establecidas, fueran estas éticas o sociales.

En esa búsqueda de lo diferente, el romanticismo concentró su atención en lo exótico (países, lenguas y civilizaciones lejanas o perdidas), lo sobrenatural (nació la novela gótica, con monstruos, vampiros y fantasmas) y lo profundamente nacional (se rescataron tradiciones y lenguas regionales como el catalán, el vasco, el gaélico y el bretón), algo que también fomentó la aparición de un nuevo género literario: la novela histórica.

El Romanticismo impuso:

• Predominio de la imaginación y de la sensibilidad sobre la razón.

• Independencia trente a las reglas clásicas, a las políticas antiguas y a los paradigmas consagrados.

• Exaltación del individualismo.

• Ostentación del egocentrismo: el yo a través de la obra literaria.

• Democratización en los temas artísticos.

• Revalorización de la Edad Media y el arte ojival.

• Admiración del pasado nacional.

• Apertura del campo de la historia científica.

• Aparición del drama literario.

Jean J. Rousseau: El período romántico por excelencia, la era generalmente conocida como época romántica, es la de la revolución francesa y los cincuenta años siguientes. Su gran precursor fue el escritor francés Jean Jacques Rousseau (1712-78). Reaccionó contra la tendencia racionalista de la Ilustración y abogó por un retorno a la naturaleza.

Rosseau

Declaró que las excesivas formalidades y normas de la civilización moderna son influencias corruptoras y afirmó que los hombres deberían volver a la vida simple y saludable de la tierra. La hipótesis que encierra esta concepción es que los hombres han sido desviados de su condición original, «natural», en la que habían sido buenos y libres.

El «noble salvaje» de Rousseau no había sido contaminado por los valores inferiores de la vida civilizada y se había mantenido independiente en su estado.Tal concepción es, por supuesto, tan simplista como la creencia exagerada en el poder de la razón.

En cuanto a la educación, Rousseau condenó los métodos tradicionales basados en el formalismo y la disciplina y en su lugar quería simplemente fomentar la curiosidad natural y espontánea del joven. La práctica actual de la enseñanza desprovista de formalidades es una noción romántica directamente inspirada en Rousseau.

En el ámbito político, consideraba a todo gobierno como opresivo, a no ser que la autoridad permaneciera en manos de los gobernados. Tal concepción está recogida en forma vivida en la Declaración de Independencia Americana y en la frase de Lincoln: «gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo».

El espíritu nacionalista: Cuando en 1789 estalló la Revolución francesa, los escritores y filósofos de muchos países se inspiraron en los nuevos ideales de libertad. Prometía la liberación del antiguo orden político, lo mismo que en el terreno artístico el romanticismo constituía una ruptura con los hinchados convencionalismos del pasado.

Si bien la escultura romántica conserva bastantes aspectos estéticos del neoclasicismo, le suma cierto realismo histórico y el espíritu romántico, particularmente a la hora de elegir los temas. Aunque la escultura romántica no fue tan prolífica en su producción como la pintura o la literatura, sí manifestó mucha energía y dinamismo.

Los franceses fueron sus mejores representantes, particularmente Francois Rude (1784-1855) -considerado el escultor francés más importante de este período-, Pierre Jean David d’Angers (1788-1856), Jean-Baptiste Carpeaux (1827-1875) y Antoine Louis Barye (1796-1875), considerado el mejor escultor de animales desde la Antigüedad.

El mal es real
El movimiento romántico del siglo XIX fue una reacción contra la excesiva simplicidad de las soluciones aportadas por los pensadores de la Ilustración. Esta idea está perfectamente expresada en la advertencia de Goethe de que no podemos captar el universo simplemente realizando cálculos.

En definitiva, quizás es un recordatorio general de que el mundo es más complejo y a la vez más simple de lo que nuestra nueva y predominantemente científica civilización es capaz de permitir: más complejo, porque los hombres suponen fácilmente que sus racionalizaciones científicas hacen justicia a la situación humana; más simple, porque todos los hombres poseen una penetración natural que les permite comprender a su prójimo.

Por otra parte, el enfoque romántico contiene un fallo inherente. Si lo único importante son los sentimientos y emociones, ello supone que no existe ningún criterio independiente para juzgar las cosas. Todas las normas universales son eliminadas. No sólo existe el peligro de ver la naturaleza a la luz de nuestras emociones, sino, lo que es aún más grave, en la esfera social y política, queda el campo abierto para medidas arbitrarias sancionadas por autoridades tan vagas como el instinto nacional o la voluntad general (ésta última noción es de Rousseau).

Nuestra época ha presenciado una despiadada represión en nombre de estas entidades míticas. En la medida en que el romanticismo invita a los hombres a no actuar razonablemente, su influencia es perniciosa. Los hombres no sólo sienten, sino que también piensan. Si pierden sus facultades de pensamiento racional, lo que queda es menos que un hombre, es algo inhumano.

LOS ROMÁNTICOS:
UN PECULIAR ESTILO DE VIDA.

[Al romántico] Le gusta hacerse notar por cualquier rareza en su aspecto, sus gustos y su carácter. Su modo de vestir, admite Théophile Gautier, está «profundamente meditado».

León Gozlan lo dibuja así: «un traje negro, abotonado desde el epigastrio hasta las carótidas maxilares, un cuello flojo»; además: «la tez pálida, escuálida y opalina…», una tez que debe revelar la angustia de una muerte próxima.  Debe vivir intensamente o desaparecer.

De hecho Byron, lord desengañado, a la vez amargo e insolente, muestra el tipo narcisista que no espera nada de los hombres antes del sacrificio altivo en Missolonghi; Sandor Petofi caerá en el campo de batalla de Segesvar en 1849; los duelos abrevian la vida de un Puchkin a los 37 años, de un Lerrriontov a los 27; de un Galois a los 21; Kleist mata a su amante, y luego se pega un tiro sobre el cadáver; Gérard de Nerval se cuelga en una callejuela; el actor Nourrit se precipita por una ventana, y, si algunos como Lenau, Schumann, Poe, se hundían en la locura 0 el alcoholismo, otros, Novalis, Shelley, Keats, Leopardi, Schubert, Chopin, Delacroix, Abel, son arrebatados por la enfermedad, las privaciones y las decepciones. ¡Cuántos desequilibras entre los príncipes de la época: un Carlos Alberto, un Federico Guillermo IV, un Luis I de Baviera, mientras que Luis Napoleón, sonámbulo, vive en su sueño y cree en su estrella!.

Cada uno es su propia ley y la rebelión le levanta contra las costumbres corrientes.

Robert Schnerb. El siglo XIX… [En Historia General de las Civilizaciones, dirigida por M. Crouzet.

Ver: El Romanticismo en la Literatura

Ver: El Romanticismo en la Música

Fuente Consultada: La Llave del Saber Tomo II La Evolución Social – El Romanticismo – Ediciones Cisplatina S.A.

Biografía de Luis IX El Santo Rey de Francia Obra Política

VIDA Y OBRA POLÍTICA DE LUIS IX EL SANTO DE FRANCIA – LAS CRUZADAS –

El rey Luis IX de Francia, uno de los santos de la Iglesia Católica, dirigió las dos últimas cruzadas y es uno de los personajes más notables de esa época turbulenta. Nació el 25 de abril de 1215, hijo del rey Luis El León.

Recibió una educación muy esmerada, en particular de su madre, Blanca de Castilla, quien según una difundida biografía solía decir: «Hijo, prefiero verte muerto antes que en desgracia de Dios por el pecado mortal».

VEAMOS SU BIOGRAFIA

Luis IX el Santo, llamado San Luis (Poissy, 1215 – Túnez, 1270) , rey de Francia (1226-1270), hijo y sucesor de Luis VIII el León.

Su madre, Blanca de Castilla, hija del rey de Castilla, Alfonso VIII, actuó como regente durante su minoría de edad y desde 1248 hasta la muerte de ella, ocurrida en el año 1252.

Durante sus últimos años de vida estuvo en Tierra Santa, participando en la séptima Cruzada, donde murió cuando estaba en Túnez.

Luis ix el santo de Francia

Dada su corta edad, la Regencia recayó en la reina madre, en cuyas manos dejó luego Luis la gobernación del reino, desde que fuera declarado mayor de edad en 1234 hasta 1242.

De esta forma, Blanca de Castilla gozo, durante su regencia, de un papel que ninguna reina iba a desempeñar en lo sucesivo, hasta llegar a Catalina de Médicis, tres siglos después.

Sin embargo, necesitó de toda su energía y toda su inteligencia pare imponerse, pues los barones de Francia, a la muerte de Luis VIII, padre de Luis IX,  habían declarado noblemente que el reino era «algo demasiado grande para ser gobernado por una mujer».

También  se rebelaron Felipe Hurepel, hijo legitimado de Felipe Augusto, aliado con el rey de Inglaterra Enrique III, con el conde de la Marca, Hugo de Lusignan, y con el duque de Bretaña, Pedro Mauclerc.

La monarquía vivió momentos dramáticos; los conjurados estuvieron a punto, en 1228, de raptar al joven rey, y,dos años después, Enrique III desembarcaba en Saint-Malo. Pero los barones de Bretaña se unieron en Ancenis al campo de Blanca, a donde acudió también Teobaldo de Champaña con trescientos caballeros. Enrique tuvo que volverse a Inglaterra.

De esta manera, frente a los intereses particulares de los grandes señores, la nueva sociedad, desligada poco a poco de la tutela feudal, tendía a reunirse bajo la poderosa protección de la corona.

Cuando Luis IX alcanzó su mayoría de edad, en 1235, la regente continuó, durante algunos años, desempeñando el papel de gran animadora de la política francesa.

El primer acto del rey fue, sin embargo, la guerra, porque Enrique III, a quien el conde de la Marca había vuelto a convocar, estaba en el continente. Victorioso en Taillebourg, el 22 de julio de 1241, Luis persiguió al inglés, pero fue detenido por la disentería y aceptó una tregua que devolvió al rey de Inglaterra a su isla.

Solamente a partir de 1254, cuando hubo de regresar de Tierra Santa a causa de la muerte de su madre, Luis IX se impuso por sus cualidades, que le inmortalizarían en el espíritu de los pueblos  con  el nombre de  San  Luis.

San Luís puso el máximo empeño en realizar su ideal de paz y de justicia. Aunque  multiplicaba los actos de devoción personal (ayunos,  penitencias,  servicio a los pobres y enfermos), desempeñó sin debilidad su oficio real, muy imbuido de las prerrogativas de la corona, y no dudando en hacerlas respetar incluso por el clero y el Papado. El esplendor de Francia en el siglo XIII es debido, en gran parte, a su personalidad.

El rey de Francia cuenta entonces cuarenta años. Alto y esbelto, de tez clara, ojos azules y cabellos rubios, es un hermoso  caballero,   cuya  agradable  fisonomía y voluntarioso mentón logran, a la vez, atraer e imponer respeto.

Parece haber recibido en herencia las mayores virtudes de su tiempo: el orgullo castellano y la inteligencia de su madre, el valor de su padre, a quien habían apodado el León, la sabiduría política de su abuelo Felipe Agusto. Posee igualmente la gracia, la rectitud y la alegría.

Por ello, la Edad Media ha encontrado en él su símbolo, y la cristiandad preferirá su personalidad dulce y sencilla, aunque noble y enérgica, a la de los grandes papas dominantes.

Autoritario e independiente, se rodeó de consejeros y amigos, pero nunca de ministros influyentes. A su hermano Carlos, que prendió injustamente a un vasallo, le declaró que «no hay más que un solo rey en Francia», y, en otra ocasión, dijo al Emperador: «la corona de Francia no ha caldo tan bajo que se cuelgue de vuestras espuelas». 

El, tan generoso, una vez que se había pronunciado una sentencia justa, no concedía gracia más que en casos excepcionales.

Pero el milagro de la santidad de Luis consiste en que toda esta energía estaba dirigida muy lejos de toda ambición personal, hacia el bien común.

Desde luego, las circunstancias le resultaron favorables; fue una suerte para el rey haber subido al trono después de la Cruzada contra los albi-genses, y no tener que mancharse con las matanzas de aquella sangrienta expedición. Fue también otra gran suerte el haber heredado de su padre y de su abuelo un reino poderoso y respetado.

Reinó sobre un país sin herejes y al que le fue dado ennoblecer, afirmar, y completar en la paz lo que había hecho la espada de sus precursores.

LA PAZ DEL REINO DE FRANCIA
«Después que el rey Luis volvió de ultramar a Francia, miró y pensó que era muy hermosa cosa, y muy huena, mejorar el reino de Francia», nos dice Joinville. En efecto, la obra interna de San Luis proseguía la de Felipe Augusto, dando al reino de Francia una estructura sólida, y el país, durante su reinado, conoció un período de prosperidad innegable.

Hasta entonces,   la   administración   monárquica   había servido, sobre todo, para salvaguardar los derechos de la corona, para favorecer su jurisdicción y desarrollar sus finanzas. Ahora, tiende a asegurar el orden público, a mejorar las condiciones del pueblo.

Los bailes, los senescales, creados por Felipe, tendrán tareas más «complejas por la preocupación cada vez más viva del rey por penetrar en todos los engranajes de la vida y de la sociedad; agentes especializados auxiliarán al baile en sus funciones.

Ciertos cargos militares se confiarán, a expensas de los bailes, a capitanes que vigilan las fortalezas reales, mientras que en el Mediodía, un juez-mayor suplantará al senescal en sus atribuciones judiciales.

Esta administración múltiple necesitará cuerpos constituidos, actuando cerca del rey, encargados de vigilarla. Así, los especialistas de la justicia reforzarán el Parlamento, los de las finanzas harán lo mismo, y, de esta forma, nacerá el Tribunal de Cuentas.

El Parlamento somete los tribunales judiciales de provincia a su intervención, y su acción contribuyó a la unificación del derecho y a la supresión de antiguas costumbres pasadas, como el duelo judicial.

En la administración corriente, el francés ocupó el lugar del latín. Por primera vez, el pueblo sentía que el gobierno no era una máquina para oprimirlo; por primera vez:, el funcionario cesaba de aparecérsele como un dueño y señor.

La fuerza de la realeza se aliaba con la justicia, y el rey, cesde lejos, velaba por su pueblo y se compadecía de sus miserias. La realeza se hacía popular, arraigaba en las provincias, se atraía la opinión pública y se convertía en indispensable, porque también era bienhechora.

Luis IX de Francia

Probablemente fue también la influencia de su madre la que le hizo profundamente religioso, consagrándose a la tarea de reinar con firme apego a los principios cristianos, pero su dulzura no impedía al rey de Francia recurrir, cuando la necesidad. así lo exigía, a una severidad implacable en la que se revelaba el orgullo de los Capetos. La justicia  de San  Luis—Manuscrito  francés—París, Biblioteca Nacional.

EL ÚLTIMO CRUZADO
La paz y la justicia que el rey quiso hacer reinar entre sus subditos fueron también la regla constante de la política internacional de Luis IX. Habría podido, sin duda, arrancar al rey de Inglaterra los últimos jirones de sus posesiones continentales, y al rey de Aragón los feudos que poseía en el Languedoc.

Sin embargo, ofreció a ambos, pese a la opinión de sus consejeros, arreglos amistosos. El tratado de Corbeil, en 1258, sancionaba los esponsales de Isabel de Aragón con el heredero de Francia, Felipe.

El rey renunciaba a una soberanía poco efectiva sobre el Rosellón y el condado de Barcelona, mientras que Jaime de Aragón abandonaba definitivamente sus pretensiones sobre el condado de Toulouse.

En diciembre de 1259, iba a ser firmado el tratado de París, que ponía fin a un siglo de guerra entre Francia e Inglaterra. Muy criticado por sus contemporáneos, sin duda es una medida política discutible, pero San Luis deseaba: «poner amor entre nuestros hijos y los de Inglaterra, que son primos hermanos».

Enrique reconocía el abandono de Normandía, del Maine, de Anjou, de la Turena y de Poitiers, mientras conservaba la Guyena y sus dependencias, por las que se declaraba feudatario del rey de Francia.

Desde entonces, la justicia, las monedas, las ordenanzas francesas iban a invadir el ducado de Guyena, como los otros feudos, y, en caso de felonía de su vasallo, la monarquía francesa se apoderaría legalmente de la tierra. Luis IX no podía pensar que el germen de la Guerra de los Cien Años se encontraba en este tratado.

Sin embargo, la confianza que inspiraba su equidad le valió un prestigio que hizo que lo tomaran por arbitro en diversas circunstancias. San Luis partirá, por segunda vez, para la más loca y la más anacrónica de las empresas: la Cruzada, cuyo peligro, inutilidad y fracaso le vaticinaban todos.

El entusiasmo de los primeros cruzados revivía en este rey, a quien sería concedido morir tal como había soñado siempre, combatiendo por la fe, el 25 de agosto de 1270, en Túnez.

ALGO MAS…
SAN LUIS EN SIRIA
En 1244, gravemente enfermo, hizo voto de participar en la Cruzada si se restablecía. Cuatro años después, se embarcó en Aigues-Mortes, acompañado de sus tres hermanos y de la flor de la caballería francesa. Las galeras, con los bellos nombres de: la Reine, la Demoiselle, la Montjoie, anclaron en Chipre, donde el rey Enrique I de Lusignan los recibió con una fastuosa hospitalidad.

Después, el rey decidió atacar a los musulmanes en el corazón de su poderío, es decir, en Egipto.

La ciudad de Damieta fue  elegida como objetivo, y,  el 6 de junio de 1249, los barones de Francia, rivalizando en ardor con los de Siria, se apoderaron de la ciudad.

El temor a la crecida del Nilo impidió a los francos sa car provecho de su ventaja para march;n sobre El Cairo, y esa demora de cinco meses permitió al enérgico sultán de Egipto Es-Salih-Ayub, recobrarse.

Reincidiendo en el error de Pelayo, Luis IX, mal acón sejado por su hermano Roberto de Artois, rechazó la proposición del sultán, que ofrecía Jerusalén a cambio de Damieta, y, el 20 de noviembre, se precipitó hacia la ca pital.

Ante la fortaleza de Mansurah, los francos fueron detenidos de nuevo. La temeridad de Roberto de Artois, lanzándose alocadamente a las calles de la ciudad, supuso, con su propia muerte, el aniquilamiento de la vanguardia.

El rey, estimando que el honor le prohibía batirse en retirada, hizo frente a los egipcios, a pesar de que el tifus diezmaba al ejército franco.

Ni el valor del soberano (del que Joinville ha conservado la visión inolvidable «del héroe, por sí solo, más grande que la batalla»), ni el heroísmo de sus soldados fueron suficientes para salvar al ejército franco, que capituló el 6 de abril de 1250.

Mientras tanto, el sultán de Egipto fue asesinado por los mercenarios turcos de la guardia, los mamelucos, que estuvieron a punto de degollar a Luis IX en su prisión.

Sin embargo, aceptaron por el rescate de éste y el de su ejército la rendición de Damieta y la entrega de 500.000 libras, tornesas. El 8 de mayo, el rey embarcó para Siria. Allí permaneció  cuatro  años,  reorganizando el país, con el fin de preservalos contra el atque del Islam.

LA REORGANIZACIÓN DE TIERRA SANTA
Desde hacía más de veinte años, las colonias francas eran los territorios más anárquicos. Luis IX quiso restablecer en ellas la noción del Estado.

Su sentido del deber, su lealtad absoluta, su cortés entereza hicieron que sus medidas autoritarias fueran aceptadas de buen grado por los barones de Acre y de Tiro. Y el rey de Francia, por anacrónico que pudiera parecer en su afecto a la vieja idea de la liberación de los Santos Lugares, se mostró notablemente audaz en su juego diplomático.

Cuando toda Europa temblaba ante el despliegue de los mongoles, Luis, sabiendo que eran en parte cristianos nestorianos, envió al gran Khan de Tartaria un emisario, el franciscano Guillermo de Rubruquis.

Esperaba hacer coincidir su ataque contra el sultán de Egipto con la invasión con que los mongoles amenazaban a éste. Pero la lentitud de los intercambios no permitió una sincronización eficaz de las operaciones. Por otra parte, el rey, yendo contra el Islam oficial, no dudó en concluir una alianza con el «Viejo de la Montaña», jefe de los temibles «asesinos». Se trataba de una secta disidente creada en el siglo XI, cuyos adeptos llevaban oficialmente el nombre de ismaelitas.

En   el  término   de   «asesinos», puede observarse la deformación de hash-shashin, consumidoras de hashish, porque los pertenecientes a la secta se embriagaban con esta planta antes de cometer sus fechorías. Eran, en efecto, fanáticos, especializados en atentados terroristas.

Esperando intimidar a Luis IX, lo habían amenazado con asesinarle. Después, comprendiendo que tal amenaza no tenía posibilidad de éxito, su jefe envió al rey, en prueba de amistad, «su camisa y su anillo», además de un elefante de cristal, un soberbio juego de ajedrez y perfumes maravillosos.

Luis respondió a estas amabilidades con el regalo de «joyas, tela color escarlata, copas y frenos de plata para los caballos». Cuando el soberano, llamado a Francia tras la muerte de su madre, la regente Blanca de Castilla, dejó el país, había introducido en la Siria franca notables mejoras, tanto por lo que se refiere a la organización interior como a la situación diplomática.

EL FIN DE LA EPOPEYA DE LAS CRUZADAS
La unidad que la presencia de San Luis  había dado a Tierra Santa, no sobrevivió, a su marcha. El reino entero se dividió, y la guerra civil enfrentó a los partidarios de las dos ciudades italianas.

El mongol Hulagú, nieto de Gengis-Khan, se apoderó de Bagdad, y después, de Alepo y de Damasco.

Un mameluco de origen mongol, Baibars, llegado al trono de Egipto mediante una serie de asesinatos, se reveló como uno de los primeros estadistas de su tiempo, feroz y desleal, pero soldado de genio e incomparable administrador. Los francos tuvieron por adversario a este personaje sin igual.

En principio, arrebató Siria a los lugartenientes de Hugalú, y después se volvió contra la cristiandad. Cesárea, Arsuf, Jafa, Beaufort y Antioquía cayeron en sus manos, entre 1265 y 1268.

En Francia, el rey Luis decidió volver a partir, a pesar de los consejos de todos los que le sugerían que deje esa guerra. Inició la octava la Cruazada, que se dirigió a Túnez con la idea de convertir al cristianismo al sultán de ese país, pero debido al gran calor en esa región , el cólera enseguida se difundió y contagió a gran parte del ejército francés y entre ellos al Rey también, quien murió en 1270.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La GRan Aventura del Hombre Tomo III Vida de Luis IX de Francia Edit. CODEX

Biografia de Marqués de La Fayette Héroe de Francia y EE.UU.

RESUMEN BIOGRAFÍA Y VIDA POLÍTICA DEL MARQUES DE LAFAYETTE

Marie Joseph Motier, conocido como marqués de La Fayette (1757-1834), fue un militar y político francés, que defendió  los principios democráticos y tuvo una actuación destacada en la independencia de las colonias británicas en América.

Mas y tarde  fue miembro de la Asamblea Nacional en los orígenes de la  Revolución Francesa de 1789, donde promulgó una Declaración de Derechos basada en la Declaración de Independencia estadounidense.

Recibió el mando de la Guardia Nacional de París; y creó un sociedad de políticos moderados que defendía la instauración de una monarquía constitucional.

Se lo considera un héroe de la independencia estadounidense y luego de la Revolución francesa, La Fayette contribuyó a la caída de la monarquía. Por tanto, en dos ocasiones impuso a un rey el emblema tricolor que se había convertido en el símbolo de la República.

En EE.UU. conoció a George Washington, con quien mantuvo muy buena amistad. Su intervención en la campaña de Virginia provocó la rendición de los británicos en Yorktown.

La Fayette, héroe de la revolución francesa

Nacido el 6 de septiembre de 1757 en el castillo de Chavaniac, en Auvernia, Marie-Joseph du Motier Paul nació en una familia noble.

Su padre murió en Minden (Alemania) en 1759, y su madre y su abuelo, murieron en 1770.

A los 16 años, se casó con Marie Francoise Adrienne de Noailles († 1807), hija del duque de Ayen y nieta del duque de Noailles, una de las familias más influyentes del reino.

 A los 17 años, después de su matrimonio se negó a aceptar un lugar en la corte, lo  que le habría asegurado una vida cómoda y prefiere dirigir su destino hacia una carrera militar.

Entró en la casa militar del rey en 1772. Era un joven capitán de dragones a la edad de 19 años cuando las colonias inglesas en América declararon su independencia.

Consciente de esta importante cuestión política, donde las colonias luchaban por su libertad , siente que su corazón se inflama por sumarse a esa causa y en abril de 1777, desafiando la prohibición del Rey, se embarca a América. Después de un viaje de dos meses, que atracó en Filadelfia, la sede del gobierno de las colonias, ofrece sus servicios al Congreso.

La Fayette aún no liene veinte años, y, a pesar de las prohibiciones de su padre y del rey, se alista.  «La felicidad de América está íntimamente ligada a la felicidad de la humanidad: ella se convertirá en el respetable y seguro
asilo de la honradez, de la tolerancia, de la igualdad y de una tranquila libertad».

« Desde el primer momento que escuch pronunciar el nombre de América, lo he amado; desde el instante en que supe que combatía por la libertad, deseé con vehemencia derramar mi sangre por ella». Con estas palabras, el marqués de La Fayette justificó su compromiso en favor de los insurgentes norteamericanos en su lucha contra la corona de Inglaterra.

El marqués de La Fayette, fue un ejemplo célebre de compromiso ciego por la causa de las colonias inglesas, pues con apenas diecinueve años de edad, deja su cómoda vida en Francia para embarcarse en la dura y peligrosa taera de luchar contra la potencia militar mas grande de esa época. Silas Deane, impresionado por  tan importante actitud y ciraje, le prometió el grado de mayor general.

Los oficiales franceses se sentían, a menudo, decepcionados por la acogida bastante fría de los americanos, que no aceptaban con gusto  el   ser mandados  por unos  extranjeros que ni siquiera hablaban su idioma.

En compañía del vizconde de Noailles y del conde de Segur, La Fayette llegó a América en  junio  de 1777.

En   Filadelfía fue, al principio, mal recibido: se lo tomaba como un aventurero. Orgullosamente, La Fayette exigió servir sin estipendio, como simple soldadodo.

Una carta de Franklin aclara los malentendidos y La Fayette se convierte en mayor general del ejército americano.

Fue herido en la toma Pennsylvania en la batalla de Brandywine Creek, y, en el curso del invierno siguiente, entabló amistad con Washington en los penosos cuarteles de invierno de Valley Forge: el aristócrata francés y el burgués de Virginia parecen haber nacidos para entenderse.

Se incorporó con cierta dificultad en el Ejército de Estados Unidos con el rango de general de división. Su papel militar es interrumpido por un período de seis meses cuando George Washington se encargó de convencer al rey de Francia para que enviara una fuerza expedicionaria.

Francia y Estados Unidos sellaron una alianza contra Gran Bretaña en 1778, razón por la cual esta última declaró la guerra a los franceses.

La Fayette regresó a su país y permaneció allí durante seis meses a fin de conseguir ayuda económica y militar para los rebeldes de las colonias. De vuelta en los EE.UU. en 1780 a bordo de la Hermione, recibe una petición de Washington, para comandar las tropas de Virginia.

Participó en 1780 en la decisiva batalla de Yorktown, que conduce a la rendición de Cornwallis, fue un 18 de octubre de 1781. Regresó a Canadá en 1782 donde fue ascendido a mariscal de campo.

Regresa a Francia en 1785 y convencido de los ideales de la Constitución estadounidense, La Fayette quiso que la monarquía adoptase algunos de sus principios.

Luego de participar en la Asamblea de los notables de 1787, fue elegido como representante de su orden ante los estados generales de 1789.

Muy pronto se declaró partidario del tercer estado, lo que le valió una gran popularidad, que culminó cuando redactó, junto con otros, la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, inspirada en la Constitución estadounidense.

Presenta un proyecto de Declaración sobre los Derechos Humanos en la Asamblea Constituyente. Fue nombrado comandante de la Guardia Nacional en julio de 1789.

Su papel en esta posición durante la Revolución todavía sigue siendo un poco enigmática, pues el 5 de octubre de 1789, cuando los parisinos van hasta Versalles para pedir pan a Luis XVI, la Guardia Nacional dirigida por La Fayette llega a tiempo para defender al rey y la reina, frente a una multitud enardecida que invadia las habitaciones reales, cansada de hacer colas interminables por un poco de alimento.

Responsable de la seguridad del castillo, le resultará incapaz de evitar nuevas invasiones de gente descontenta con las medidas de la familia real.

En 1791 fue él quien trajo a París al rey, sorprendido en Varennes cuando intentaba huir de Francia; pero fue también él quien ordenó disparar sobre las masas de manifestantes que, como consecuencia, pedían su destronamiento (matanza del Campo de Marte). Tras la formación del régimen republicano de la Convención (1792), La Fayette dio la razón a quienes dudaban de su lealtad, al huir de Francia después de haber fracasado en el intento de sublevar a sus tropas en favor del rey.

En diciembre de 1791, Lafayette toma el mando de uno de los tres ejércitos formados para luchar contra los austríacos, pero viendo que la vida de la pareja real era cada días mas amenazada, se opuso el partido jacobino, y se opuso a utilizar su ejército para restaurar una monarquía constitucional.

El 19 de agosto de 1792, se lo declara un traidor a la partia francesa. Obligado a refugiarse en Lieja, será capturado por los prusianos y los austriacos, y se le mantuvo arrestado en prisiones de Prusia y Austria desde 1792 hasta 1797.

A la sazón más prudente, La Fayette asistió de lejos a la entronización de Napoleón y renunció a desempeñar un papel en el escenario político, a sabiendas que no tenía cupo. Oportunista, esperó la noticia de la derrota de Waterloo para oponerse a un emperador caído.

El retorno de los Borbones al trono de Francia no hizo que su situación se tornase más propicia, y no pudo contar con el favor de los hermanos de Luis XVI, al que defendió tan mal.

Finalmente volvió en 1799; pero apenas participó en la vida política porque desaprobaba el programa de Napoleón I Bonaparte. En 1802 se opuso bajo el gobierno de Napoleón cónsul vitalicio; y en 1804, votó contra el título de emperador.

Fue electo diputado de Sarthe y de  Seine-et-Marne durante los cien días, le pide la abdicación de Napoleón primero. Adjunto de la Sarthe en octubre de 1818 y de nuevo en Seine et Marne en septiembre de 1819, se opone resueltamente a la Restauración y se adhiere a los carbonarios en 1821.

Reelegido diputado en noviembre de 1822, en Meaux, fue derrotado en las elecciones 1823.

En 1824 a septiembre de 1825 regresó a Estados Unidos donde realiza  una gira triunfal en 182 ciudades. Fue recibido con honores por el pueblo americano, quien le entrega $ 200.000 y 12.000 ha en Florida.

De regreso a Francia, fue reelegido diputado en junio 1827.

En tres días, 27,28 y 29 de julio de 1830, que pasaron a la historia con el nombre de las «Tres jornadas gloriosas», el pueblo parisiense puso fin al reinado de Carlos X, donde muchos partidarios le piden su apoyo, pero tal vez debido a sus 73 años, él apoya la causa de Luis Felipe, a quien le da la tricolor.

Lafayette sigue al mando de la Guardia Nacional durante unos meses, pero renuncia finalmente.

Lafayette muere en París el 20 de mayo de 1834. Está enterrado en el cementerio de Picpus en París.

El papel del marqués de Lafayette en la historia de la independencia americana está consagrado desde hace mucho tiempo en un plaza en Washington que lleva su nombre y hay levantada una  estatua ecuestre en el centro, frente a la Casa Blanca. El 8 de agosto de 2002, fue elevado a título póstumo, como  ciudadano honorario de los Estados Unidos de América, un raro privilegio que se ha concedido sólo cuatro veces antes en la historia estadounidense.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1757 Nacimiento de Gilbert Motier, marqués de La Fayette, en el castillo de Chavaniac, el 6 de septiembre.

1773 Es oficial en un regimiento de mosqueteros.

1776 Proclamación de la Independencia  de Estados Unidos de América.

1777 La Fayette se embarca hacia  América del Norte.

1781 Victoria de Yorktown sobre los ingleses.

1787 La Fayette es elegido para la Asamblea   de los notables.

1789 Es representante de la nobleza en los estados generales. Nombrado comandante de la Guardia Nacional después de la toma de la Bastilla, le impone a Luis XVI la escarapela tricolor.

1791 La Fayette ordena a la Guardia   Nacional abrir fuego sobre los partidarios de la monarquía constitucional que
asisten a una manifestación en el Campo de Marte. Creación del Club des Feuillants.

1792 La Fayette comanda el ejército del   I Norte y luego, después del 10 de agosto, es detenido por los austríacos.
La Fayette retorna a Francia tras el golpe de Estado de Bonaparte, el 18 de brumario.

1818-1824 Elegido diputado de Sarthe.

1827 Diputado de Seine-et-Marne.

1830 La revolución de julio.

1834 La Fayette muere en París, el 20 de mayo.

HITOS DE LA HISTORIA DE FRANCIA EN LA ÉPOCA DE LAFAYETTE

    • Etapa absolutista hasta la revolución francesa en 1789 cuando Luis XVI es destituído y luego condenado a la guillotina.
    • Nace la primera república bajo los principios de «fraternida, libertad e igualdad»
    • Continua una Convención, el Directorio y luego Napoleón se proclama Cónsul y en 1804 es Emperador del imperio francés.
    • 1814 es derrotado Napoleón, y en 1815 en el Congreso de Viena se restituyen las monarquías en todo Europa.
    • Nace la Santa Alianza para enfrentar contra todo nuevo levantamiento a las monarquías.
    • LLega al trono Luis XVIII en Francia y luego le sigue Carlos X
    • Las ideas liberales de Napoleón tuvieron su arraigo y evolución, generando distintas revoluciones en Europa, contra el poder absolutista. Una de ellas en 1830 , destrona a Carlos X , quien es reemplazado por Luis Felipe I de Orleans, quien apoya estas nuevas ideas de la ilustración francesa, difundidas durante la etapa napoleónica.
    • En 1848 sectores marginados, como los obreros, estudiantes, comerciantes, maestros, profesionales, provocan otra revolución, reemplazado a Luis Felipe por Napoleón II, sobrino del emperador. Nace la 2° república.
    • Napoleón III , hijo de anterior Napoleón destituído dá un golpe de estado, dando origen al 2° Imperio que durará hasta 1870, cuando Francia pierde la guerra contra Prusia y pierde algunos territorios.
  • 1871, nace la 3°república francesa con Thiers como presidente.

Amores Prohibidos y Tragicos Violeta y Alfredo Historia de Amores

Amores Prohibidos y Trágicos Violeta y Alfredo

LA TRAVIATA:

Opera melodramática en tres actos de Giuseppe Verdi, basada en la obra de teatro La dama de las camelias de Alejandro Dumas, hijo. Alfredo se enamora de Violetta, una cortesana parisina, sin saber que ella padece tuberculosis.  Violetta corresponde a ese amor y van a vivir juntos al campo.

El padre de Alfredo la visita para rogarle deje a su hijo antes de que el escándalo afecte a la familia y la boda de la hermana de Alfredo.

Violetta renuncia a su verdadero amor y para ahogar su pena, ella se consume aún más profundamente en su libertinaje. Alfredo la confronta en una fiesta y la deshonra tirándole dinero  el cual el siente que le debe por los servicios prestados mientras vivieron juntos.

Violeta se desmaya abrumada por la enfermedad y la pena. Alfredo es desafiado a un duelo por el varón Duophal, el acompañante de Violeta, en el momento en que esta recupera sus fuerzas y confiesa su amor por Alfredo.

Un tiempo después de la fiesta, Violeta agonizante por la tuberculosis avanzada recibe una carta señalando que Alfredo había sido informado del sacrificio hecho por ella para él y su hermana. Alfredo (vivo después de herir al varón Duophal en el duelo) se apresura a llegar a su lado, comprendiendo al fin que Violeta se había sacrificado a sí misma por él y le suplica que lo perdone. Ella muere en sus brazos.

Lugar: Paris en el siglo XVIII

Crisis Del Antiguo Regimen Hitos y Hechos Mas Importantes

Crisis Del Antiguo Regimen Hitos y Hechos Mas Importantes

¿QUE ES UNA CRISIS?

Puede analizar la crisis del antiguo regimen feudal mas abajo, pero antes creo que es importante aclarar a que llamamos CRISIS en la historia.

En el lenguaje cotidiano se utiliza frecuentemente la palabra crisis para referirse a que «algo no funciona bien» o a un «momento dramático». Se habla de crisis económica, crisis de la educación, crisis de valores, crisis de autoridad, crisis mundial, crisis emocional, crisis cultural.

La palabra crisis se originó en la Grecia clásica. Para los médicos griegos, krisis era el cambio que sufría el estado de un enfermo. Fuera del campo de la mediana, los griegos también llamaban krisis a un momento de decisión.

Desde su origen hasta la actualidad, la palabra fue usada de maneras diferentes y fue cambiando su significado, hasta tal punto que nosotros, en la actualidad, asociamos crisis con momento de indecisión o de incertidumbre.

Los historiadores también utilizaron el concepto de crisis de maneras muy diversas.

Algunos lo aplicaron al estudio de la economía, y hablaron de crisis financieras o crisis económicas. Otros relacionaron las crisis con las revoluciones o con los cambios violentos.

También se empleó el concepto de crisis para intentar explicar el paso de un tipo de sociedad a otro, cuando se transformaba una sociedad en su conjunto: entonces aparecieron expresiones tales como crisis del feudalismo o crisis del capitalismo.

Ante un panorama tan diverso es casi imposible intentar una explicación del concepto de crisis que abarque todos los usos que le dieron y le dan los historiadores.

Sin embargo, hay una idea que está presente en todos los usos: una época de crisis es una época de cambios en la que se quebró el orden, el equilibrio o la estabilidad que existía en la época anterior. Tanto en las épocas de crisis como en las épocas de estabilidad existen tensiones y contradicciones.

La diferencia está en que durante las épocas de estabilidad las tensiones pueden ser resueltas, sin que lleguen a producirse grandes conflictos. En las épocas de crisis, por el contrario, las tensiones acumuladas estallan porque los hombres no encuentran la forma de resolverlas.

En las crisis, los conflictos son más visibles, salen a la superficie, y los cambios se precipitan.

En la época que estudiamos en esta unidad se produjeron diferentes tipos de crisis. Hubo una crisis del imperialismo cuando las potencias colonialistas se enfrentaron entre sí en las dos guerras mundiales; no pudieron resolver las tensiones que la misma expansión había provocado, y el conflicto estalló.

Hubo una crisis política de las democracias liberales cuando en algunos países se impusieron Estados autoritarios como el fascista y el nacionalsocialista. Hubo una crisis económica cuando se produjo el crack de Wall Street en 1929. Hubo una crisis de los postulados científicos cuando Einstein elaboró su teoría de la relatividad y puso en duda las bases del pensamiento científico moderno.

También hubo una crisis de las ideas cuando muchos hombres dejaron de creer que el progreso era indefinido y de confiar en que todos los avances científicos eran positivos para la humanidad.

Para algunos historiadores, todas estas crisis, ocurridas en una misma época y relacionadas entre sí, indican que entre 1914 y 1945 hubo una crisis general del sistema capitalista, ¿Esto significa que el sistema capitalista estaba a punto de desintegrarse, que se acercaba hacia su crisis final? Para muchos hombres que vivieron a principios de siglo, el éxito de la revolución socialista en Rusia anunciaba el derrumbe del capitalismo; sin embargo, la revolución no se extendió rápidamente a otros países.

En 1929, ante una crisis económica nunca antes conocida, hubo quienes pensaron que el fin del capitalismo era inmediato; pero la economía capitalista logró reorganizarse y llegar a un nuevo equilibrio.

En 1939, otros creyeron que una segunda guerra mundial anunciaba el final inevitable del sistema; a pesar de ello, las potencias vencedoras se repartieron las zonas de influencia y establecieron un nuevo orden político-militar internacional y el mundo quedó dividido en dos bloques.

En 1960, ante la desaparición casi total de los imperios coloniales, algunos creyeron que los países del Tercer Mundo podrían quebrar ese orden mundial y salir de la pobreza y el estancamiento; sin embargo, no lograron formar un bloque sólido ni resolver sus problemas económicos más graves.

Como se ve, no es sencillo determinar que, aun cuando se producen muchas crisis simultáneamente, estamos frente a la crisis final de una forma de organización social. Para realizar una afirmación tan contundente es necesario tener una mayor perspectiva histórica, es decir, poder analizar los hechos luego de transcurrido más tiempo.

¿Se puede predecir o anticipar una crisis? Éste es un problema aún más difícil. Como vimos, muchos pensadores sostuvieron que se estaba por producir una crisis final del capitalismo y que esta crisis era inevitable. Sin embargo, hasta hoy, el capitalismo ha encontrado formas de resolver sus crisis. Un caso opuesto es el ocurrido en la Unión Soviética.

El primer Estado socialista del mundo se desintegró en poco tiempo. Casi nadie, antes de 1990, supuso que el sistema que tan sólidamente se había establecido en la URSS podía caer de ese modo.

La crisis que llevó a la rápida disolución de la URSS y a su desaparición como Estado hizo que, a partir de entonces, muchos hablaran de la crisis final del socialismo. ¿Habrá sido su crisis final o la crisis de! socialismo estalinista? .

Es difícil contestar hoy con certeza preguntas como ésta. También en este caso es necesario que el paso del tiempo nos permita analizar los hechos con una mayor perspectiva histórica.

CRISIS DEL ANTIGUO RÉGIMEN:

cuadro criris antiguo regimen

En el siglo XVIII finalizó el proceso de transición del feudalismo al capitalismo en Europa occidental. Se produjeron cambios sociales, económicos, políticos e ideológicos que transformaron profundamente la organización social europea e iniciaron los tiempos del capitalismo.

La crisis del siglo XVII, la última crisis de la sociedad feudal, fue seguida por importantes reformas políticas —la monarquía parlamentaria inglesa— y por la difusión de nuevas ideas —la Ilustración y el liberalismo—, que rompieron definitivamente con la mentalidad feudal La clase social que impulsó estas transformaciones fue la burguesía.

Sus deseos de desarrollo económico y de participación la hicieron protagonista de una doble revolución.

Una revolución económica (Revolución Industrial) que se inició en Inglaterra y que fue tal vez el proceso transformador más Importante desde los lejanos tiempos neolítico.

Una revolución política (Revolución Francesa) que señaló la primera gran derrota de la nobleza y del absolutismo monárquico. Ambas revoluciones permitieron la consolidación de una nueva sociedad capitalista.

Su forma de organización económico-social —basada en el trabajo de obreros y asalariados— y las ideas que la sustentaban —-el liberalismo— se difundieron rápidamente por todos los continentes. La difusión del capitalismo permitió superar muchos de los límites que imponía el orden feudal y, a la vez, dio origen a nuevos problemas, crisis y conflictos.

Hitos técnicos y económicos en la crisis del Antiguo Régimen

1716 El financiero escocés John Law funda la Banque Genérale de Francia.

1719 Law obtiene el derecho de fabricación de moneda.

1720 Law, controlador general de las finanzas en Francia. Dimisión y huida del financiero John Law. Desarrollo de la especulación en Inglaterra («Bubbles»).

1721 Encuesta sobre las operaciones de Law.

1733 John Kay inventa la «lanzadera volante».

1735 Abraham Darby inventa la metalurgía al carbón.

1747 Charles-Daniel Trudaine funda la Escuela de Minas de París.

1749 Benjamín Huntsman inventa la fabricación del acero fundido.

1758 Francois Quesnay: «Tabla económica».

1764 james Hargreaves inventa la «Spinning Jenny».

1766 Turgot: «Formación y distribución de las riquezas».

1767 James Watt acaba de construir su máquina de Joseph Priestley: «Historia de la electricidad».

1768 Francois Quesnay: «Fisiocracia».

1771 Richard Arkwright inventa la «water-frame».

1774 Ascenso de Turgot.

1775 John Wilkinson adquiere la máquina de vapor de Watt.

1776 Adam Smith: «Ensayo sobre la riqueza de las naciones». Construcción del ferrocarril.El marqués de Jouffroy hace navegar un buque de vapor sobre el Doubs. Caída de Turgot.

1779 Invención de la «mulé» o hiladora mecánica de Samuel Crompton.

1785 Claude-Louis Berthollet realiza el análisis del amoníaco. Invención del ingenio mecánico de Edmund Cartwright. Creación de la primera hilatura a vapor en Nottingham. Jean-Pierre-Francois Blanchard atraviesa el canal de la Mancha en globo, jacques Necker: «Tratado de la administración de las finanzas».

1788 Caspard Monge: «Tratado de estadística».

Hitos sociopolíticos y culturales en la crisis del Antiguo Régimen

1721 Primera generación «¡lustrada», típica en Francia. Montesquieu publica sus «Cartas Persas». Se funda la primera logia masónica de Francia.

1748 Segunda generación «ilustrada» en Francia: «los enciclopedistas» propiamente dichos. Montesquieu publica su «Espíritu de las Leyes»; 1750-1753, Voltaire, en Berlín; 1750, Rousseau: «Discurso sobre las ciencias y las artes»; 1751 Aparición del primer volumen de la «Enciclopedia». David Hume: «Ensayos filosóficos». En 1751, Voltaire: «El siglo de Luis XIV».

1775 Petición de Massachusetts (1768). Convención de Boston (1768). Reunión de la Convención de Nueva York. Declaración de Derechos de Virginia (1775). Reunión de la Convención norteamericana y voto de la constitución de los Estados Unidos (1787). Generación prerrevolucionaria europea. Máximas manifestaciones de los enciclopedistas y análogos: Rousseau: «Emilio», «El contrato social» (1762); Voltaire: «Tratado de la tolerancia» (1763); Beccaria: «De los delitos y las penas» (1763-1764); Voltaire: «Diccionario filosófico»; Holbach: «El cristianismo desvelado» (1765), «Sistema de la Naturaleza» (1770), «La Moral Universal» (1776); Mably: «Principio de las leyes» (1776), «De la forma de escribir la historia» (1782); Kant: «Crítica de la razón pura» (1781), «Prolegómenos» (1783), «Fundamento de la metafísica de las costumbres» (1785), «Crítica de la razón práctica» (1788); Bentham: «Introducción a los principios de la moral» (1789). Publicación del «Federaliste» (1788).

1789 Comienza la Revolución burguesa en Francia.

Fue Inglaterra el único país europeo en el que durante el siglo XVII, se produjeron los cambios económicos, sociales y políticos que transformaron la organización feudal de la sociedad.

La producción agrícola se vendía en el mercado, no existían trabas para la libertad de comercio, y la monarquía parlamentaria aseguraba a los burgueses el impulso y la protección de las nuevas actividades económicas y de la acumulación del capital que formaba la nueva riqueza.

En cambio, en el resto de Europa, durante los siglos XVII y XVIII, la organización tradicional de las sociedades no se modificó. Bajo la protección de las monarquías absolutas, la nobleza, propietaria de una gran parte de las tierras, mantuvo su posición de grupo privilegiado.

La agricultura continuó siendo la principal actividad económica y en ella se empleaba más del 80 por ciento del total de la población europea. Las monarquías absolutas europeas se propusieron controlar las actividades económicas y las relaciones sociales, lo que también contribuyó a frenar los cambios.

Mientras Inglaterra avanzaba hacia una nueva forma de organización social, el resto de Europa mantenía las bases del antiguo régimen. Pero en el curso de dos siglos, en algunas regiones antes que en otras, se fueron consolidando los grupos sociales que impulsaron los cambios que, finalmente, destruyeron el antiguo régimen.

La Revolución Francesa de 1789 originó cambios tan profundos que sus protagonistas fueron conscientes de que ellos estaban iniciando una nueva época para la humanidad, construyendo un mundo distinto. Por eso, comenzaron a utilizar la expresión antiguo régimen para referirse a la sociedad que existía antes de la Revolución. Con ella querían marcar que el antiguo régimen precedía al nuevo, y también condenar al conjunto de principios e instituciones en que se basaba la sociedad que habían destruido. En la actualidad, la mayoría de los historiadores utiliza el concepto antiguo régimen para referirse al orden social que existía con anterioridad al triunfo de la burguesía y del sistema liberal.

Fuente Consultada: Historia Europa Moderna y América Colonial Alonso-Elisalde-Vazquez

Amores Tragicos: Romeo y Julieta Bajar Libros Shakespeare

Amores Tragicos: Romeo y Julieta

Amores Tragicos: Romeo y JulietaTragedia de William Shakespeare sobre las desventuras e una pareja de enamorados que sufre la terrible enemistad de sus familias: Montague  and Capulet, Montescos y Capuletos, en la ciudad de Verona, ltalIa.

La muerte de ambos cierra la historia de amor más conocida de la Tierra.

En una de las líneas más sentidas, Julieta dice: ‘Romeo, Romeo, ¿por qué eres Romeo» haciendo referencia al nombre que obligaba a la separación de ambos.

Las líneas siguientes de respuesta se han convertido en uno de los clásicos de la lengua: ¿Acaso lo que llamamos rosa, tendría un aroma tan dulce si lo llamáramos por cualquier otro nombre?».

Todo indica que Shakespeare basó su obra en un largo poema narrativo de un autor inglés que murió en 1563, Arthur Broke o Brooke, quien, a su vez, se había apoyado en la traducción francesa de un cuento del italiano Matteo Bandello (1485-1561).

Shakespeare reformuló la historia.  La sitúa en Verona durante el mes de julio.  En un baile de máscaras se conocen Romeo Montesco y Julieta Capuleto, quienes se sienten inmediatamente atraídos.  Romeo le declara su amor cuando la visita en el balcón de la casa familiar.

Pero siendo conscientes del odio que separa a las dos familias nobles, eligen casarse en secreto ante el sacerdote Lorenzo.  Luego, en una lucha personal, uno de los Capuletos mata a un amigo de Romeo y éste a su vez, da muerte al matador.  Romeo es obligado por su familia a ocultarse en Mantua.  El padre de Julieta, que desconoce la boda secreta, quiere obligar a su hija a casarse con el conde Paris. Julieta visita al sacerdote pidiéndole consejo, pues ni quiere ni puede romper su voto matrimonial.

El religioso le da entonces una poción que produce en las personas la apariencia de la muerte secándolas profundamente.  De tal forma, piensa el sacerdote, Romeo vendrá en su rescate.

Ella toma el engendro.  Romeo regresa a Verona al tener noticias de la muerte de Julieta y, lleno de odio, mata a Paris.  Luego encuentra a Julieta ‘muerta».  Incapaz de soportar tanto dolor, Romeo le da un último beso y toma él sí un veneno real.  Cuando Julieta se recupera del letargo y comprueba la muerte de Romeo, ella también se suicida.

Tras la terrible tragedia de muertes y odios rodeando el amor imposible y eterno, las familias superan las distancias y se reconcilian.  Romeo y Julieta ha sido llevado al cine, al teatro, a la danza, se han compuesto sinfonías, conciertos, poemas sinfónicos, ballets y se han producido centenas de pinturas y esculturas.

Amores Trágicos de la Historia 

Famosos Amantes de la Historia de Seductores Biografias

GRANDES AMANTES DE LA HISTORIA

Durante milenios, la historia de la mitad de la humanidad transcurrió más en el secreto que a la luz pública.

Las mujeres no eran consideradas por su propio peso social, sino por el que agregaban a la vida de los hombres: maridos, hijos o amantes disponían absolutamente de sus hembras, mientras se dedicaban a cosas importantes que a ellas les estaban vedadas.

Así, el gobierno, las artes y la libertad amorosa eran cuestiones del ámbito masculino, como la guerra, el comercio y hasta la carrera delictiva…

Generalmente, la mujer que lograba asomarse al reconocimiento social lo hacía a través del escándalo, aunque éste no fuera el objetivo buscado; pero tanto si quería ser escritora en el siglo XVIII, médica en el XIX o gobernante en cualquier tiempo, ése solía ser el precio que debía pagar.

Hasta nosotros han llegado los nombres de muchas que, a lo largo de la historia humana, han brillado y siguen brillando con luz propia.

En numerosas ocasiones en lo que conocemos de sus vidas, la leyenda se entremezcla con los hechos verdaderos y es imposible separar una de otros.

Pero Jean Cocteau decía preferir el mito a la historia, porque la historia está hecha de verdades que terminan convirtiéndose ert mentiras, mientras que el mi teres tá hecho de ficciones que a la larga se revelan verdaderas.

grandes amantes

famosos amantes de la historia

Así, desde grandes cortesanas hasta reinas, pasando por las imprescindibles artistas, las mujeres componen un mosaico muy colorido, pues nos han llegado los nombres de tantas que, a lo largo de la historia humana, han brillado y siguen brillando con luz propia.

Muchas veces, en lo que conocemos de sus vidas, la leyenda se entremezcla con los hechos verdaderos y es imposible separar una de otros.

Pero Jean Cocteau decía preferir el mito a la historia, porque la historia está hecha de verdades que terminan convirtiéndose en mentiras, mientras que el mito está hecho de ficciones que a la larga se revelan verdaderas.

Pasó la Antigüedad, con su contradictoria valoración de la mujer; la Edad Media, donde tantas fueron quemadas y otras convertidas en esclavas, en relación muy superior a los hombres; pasó la Revolución Francesa, con sus ideales igualitarios que aún siguen pendientes; la incorporación masiva al mundo del trabajo en la Revolución Industrial…

También el siglo XX pasó, con todo tipo de acontecimientos movidos, entre ellos, las grandes conquistas femeninas, y el «sexo débil» sigue ganando territorio, a tal punto que ya nadie lo llama así.

¿Qué mejor momento para volver la vista hacia algunas mujeres que escaparon al molde en todas las épocas, mientras las mujeres legendarias del mañana pelean hoy sus vidas?.

Damas que buscaron influir en su mundo y en su tiempo, y consiguieron más que eso: siguen siendo referencia obligada del presente.

En cuanto a su propia intimidad, pretendieron nada más y nada menos que gobernarla ellas; en muchos casos obtuvieron lo que querían con creces, y en otros tuvieron que afrontar terribles consecuencias.

Fuente Consultada:Amantes y Cortesanas Cecilia B. Madrazo

Elisa Brown y Francisco Drummond Amor de la Hija de Brown

Amor: Elisa Brown y Francisco Drummond

AMOR ETERNO: Francisco Drummond, nació en Dundee, una ciudad de Escocia en el año 1803. Fue hijo del Capitán Francis Drummond y Chatarine Young. Su familia pertenecía a la elite de Forfar, sus antepasados habían servido a la causa de la Casa de Bruce y también a la de Stuart.

Elisa Brown y Francisco Drummond Además, tenían una tradición militar, tanto es así que su padre y sus cuatro hermanos habían muerto en combate. En su juventud viajó a América, una vez allí, se incorporó voluntariamente a las fuerzas del almirante Guillermo Brown . Aunque era muy apuesto y hacia suspirar a varias mujeres, Drummond tenía ojos solamente para la hija del almirante Elisa, que tenía 17 años. (imagen izq.)

A medida que las visitas de Drummond se incrementaron, el Almirante consintió que los jóvenes mantengan el romance. Así, Francisco y Elisa solían pasear por los álamos que adornaban el jardín de la casa de Brown. El amor que sentían uno por el otro era tan transparente que con sólo mirarse se comunicaban. Apenas se miraban. Él, orgulloso pero retraído en su respeto; ella, ansiosa aunque tímida y recatada.

Brown los miraba desde lejos y sonreía al verlos. Sin embargo, el tiempo de paz se terminó y ambos militares debieron continuar con su carrera, partiendo hacia la guerra con el Brasil. El capitán Drummond sería el comandante de una de las tres naves argentinas que enfrentarían a dieciséis buques brasileños.

Su barco era el Independencia. El saldo de la guerra que Argentina entablo con Brasil fue desfavorable, la tensión entre ambos países había quedado latente en episodios como la batalla de Ituzaingó.

Los brasileros esperaban tener una revancha y se encarnizaron con este nuevo enfrentamiento bélico. De esta manera, las tres naves patriotas se defendían como podían, rodeadas por las dieciséis enemigas que vomitaban plomo y muerte.

Franciso Drummond se destaca en batalla, era un verdadero león sobre la cubierta de su buque. Cuando en medio de un bombardeo se quedaron sin municiones, Franciso ordenó cargar los cañones con eslabones de cadena, todo menos rendirse, pensó.

A pesar que los brasileros iban ganando, Drummond nunca dejo de dar batalla, con un humo que enturbiaba el sitio y el futuro, una esquirla le arrancó una oreja de cuajo a Francisco Drummond. Malherido no dejaba de dar órdenes. Al presenciar que la vida de Drummond corria peligro, el almirante Brown, desde otra nave, la Sarandí, le ordena mediante señales con banderas que abandone el buque de inmediato, quemando antes su casco para que no cayera en manos del enemigo.

Sin embargo, Francisco continuó peleando, tomó un bote y, en medio del fragor de la lucha, se abrió paso hasta el Sarandí para pedirle a su almirante más municiones y su autorización para no abandonar la contienda. Al verlos las naves enemigas descargan contra el pequeño bote todas las municiones, volando en pedazos la embarcación.

Drummond herido de muerte es rescatado por sus compatriotas, llevándolo a bordo del tercer navío argentino, el República. Allí es acostado en la litera de Juan Coe, el joven capitán de ese buque. Drummond comprende que va a morir y, con la mayor premura, cumple sus deberes heroicos. Pronuncia unas palabras que evitan cuidadosamente la queja; entrega a su amigo, el capitán Coe, el anillo nupcial para Elisa y alcanza a mantenerse vivo hasta la llegada del propio almirante, en cuyos brazos muere.

Al regreso, en febrero de 1827, el Almirante se encarga de dar la fatídica noticia a la joven Elisa, la cual apretando con fuerza el anillo que su prometido le dejó antes de morir, lo besará y se marchará en silencio, algunos dicen que sufrió desde ese momentos una leve demencia. A Francisco lo velaron en la comandancia de marina y lo enterraron con honores en el cementerio protestante.

Diez meses después, Elisa decidió vestirse con el traje de novia que había bordado para su casamiento con Drummond, y se adentró en el río, quitándose la vida. Después de este hecho fatídico, el Almirante Brown no pudo reponerse, de tal manera que Guillermo Enrique Hudson lo vio muchos años después, vestido de negro y parado en la puerta de su casa, mirando fijamente a la distancia.

Le pareció un fantasma. El jardín de la casa del almirante fue suplantado por la plazoleta Elisa Brown, un modesto homenaje municipal.

Fuente Consultada: Crónica Loca de Víctor Suerio y Espadas y Corazones de Balmaceda

Ines de Castro y Pedro de Portugal: Un Amor Trágico

Dª Inés de Castro y D. Pedro I de Portugal

La terrible historia de D. Pedro y Dª Inés, a bela garça, transcurrió en el convulso Portugal de principios del Siglo XIV. Sólo aspiraban a amarse, pero la fatalidad los hizo protagonistas y víctimas de la compleja política ibérica; en aquel tiempo aún más confusa por la implicación de los reinos peninsulares en la guerra de los Cien Años, comenzada en 1337.

En seis siglos, es probable que, con ánimo de embellecerla, la historia haya incorporado alguna escena de dudosa veracidad.

Pero el cuerpo principal del romance está documentado con rigor, resultando tan estremecedor, que no necesitaría adorno alguno para transmitir tal halo de tragedia que la convierte en incomparable.

PRINCIPALES PERSONAJES

Dª Inés de Castro (1320 -1355): La heroína de nuestro relato.

Nacida en la comarca de Limia, en la actual provincia de Orense, tierras de la profunda Galicia. Hija natural de Pedro Fernández de Castro y Aldonza Soares de Valladares; su destino estuvo en gran parte marcado por los orígenes familiares.

Al ser biznieta de Sancho IV de Castilla, resultaba prima segunda de Pedro I.

Sus dos hermanastros, hijos legítimos del padre, participan en numerosas revueltas palaciegas que influyeron en el desenlace fatal.

Queda huérfana de madre siendo muy niña, fue enviada al castillo de Peñafiel (Valladolid), donde creció en compañía de Constanza Manuel, destinada a ser su dama de compañía. En tal desempeño escolta a su señora y amiga a la corte lusitana donde debe reunirse con su marido, el príncipe Pedro.

El Príncipe heredero, D. Pedro (1320 – 1367): ¿Héroe o villano? No es fácil discernir; la Historia lo recuerda con los apelativos de “El Cruel” y también “El Justiciero”.

En 1329 se pactó sus esponsales con la princesa Blanca de Castilla; la unión nunca se consumó, al parece por impedimento físico y mental de la novia y el vínculo fue anulado. En 1334 se acuerda una nueva boda con Dª Constanza Manuel. Nadie podía imaginar el trágico desenlace de la unión.

El Rey de Portugal, D. Alfonso IV, “El Bravo” (1290 – 1357). El malvado del romance. Dueño de vidas y haciendas no vacila en eliminar cuanto se interpone en sus deseos.

Hijo de D. Dinis y la reina Santa Isabel. Casó con la infanta Dª Beatriz, hija del rey Sancho IV de Castilla. De temperamento belicoso, las crónicas lo muestran en continuo enfrentamiento con padre, hermanos y hermanastros; con la vecina Castilla mantuvo innumerables guerras. Según los usos de la época, la consiguiente “paz perpetua” era sellada con bodas reales. Además de la propia, los dos casamientos que concertó para su heredero, fueron con sendas nobles castellanas.

La Princesa Constanza Manuel (1318 – 1349): Víctima inocente de la fatalidad. A pesar de intentarlo, no pudo evitar la infidelidad de su marido.

Segunda esposa de D. Pedro. Cuando sólo contaba cuatro años, su padre, el Infante D. Juan Manuel II, intentó convenir su casamiento con el rey de Castilla, Alfonso XI; fracasado en su ambición, vuelve la mirada hacia el entonces príncipe Pedro de Portugal, esta vez con éxito. La boda se realiza por poderes y cuatro años más tarde marcha a Lisboa a reunirse con su marido, propiciando de manera inocente el drama que nos ocupa.

La historia de amor

El desastre comienza a gestarse alrededor del año 1338, fecha en que la comitiva nupcial de Dª Constanza Manuel hace su entrada en la corte lusitana. La ceremonia religiosa se celebra en la Catedral de Lisboa, oficiada por el propio Arzobispo, con la pompa que exige el rango social de los contrayentes.

Las crónicas narran que, ya en el primer encuentro, D. Pedro quedó prendado de Dª Inés, a quien describen como: “bellísima, de esbelto cuerpo, ojos claros y colo de garça”. No se conoce con exactitud cuando nació la pasión entre ambos jóvenes, pero debió ser con relativa presteza.

Lo confirmaría una anécdota ocurrida en 1343. Constanza urde una estratagema para separar a los enamorados; designa a Inés madrina del recién nacido infante D. Luis, confiando en que el parentesco espiritual así adquirido indujese a los amantes a poner término a la relación.

No se sabe si el artificio surtió efecto, la fortuna, una vez más, se muestra esquiva con la princesa. El infante muere a los pocos meses y el romance continúa.

Ante el giro de los acontecimientos, el rey decide actuar con energía. Destierra a Inés de Portugal, confiando en que la separación física de los amantes mitigue su ardor. La maniobra surte poco efecto. En espera de tiempos mejores, de acuerdo con D. Pedro, la novia busca refugio en el castillo de Albuquerque, pequeña localidad extremeña a la vista de la frontera portuguesa.

En Octubre de 1345, muere la infortunada Constanza al dar a luz al Infante D. Fernando. La viudedad del príncipe elimina gran parte de las razones de escándalo aducidas por los contrarios al idilio, circunstancia que D. Pedro aprovecha de inmediato.

En contra de la voluntad real, rescata a Dª. Inés del exilio; la pareja marcha a vivir lejos de la corte, al norte de Portugal, allí nacieron sus cuatro hijos, los Infantes D. Alfonso (muerto aún niño), D. João, D. Dinis y Dª. Beatriz. Mas adelante, ante la aparente calma de la situación, retornan a Coimbra, yendo a vivir en la vecindad del Convento de Santa Clara, en una finca situada en las laderas del valle que baña el río Mondego.

En recuerdo de los sucesos que narramos, el solar se donde se asentaba es llamado “Quinta das lágrimas” (¿Algún idioma iguala al portugués en poner nombre al hado?)

En esta época feliz el príncipe se alejó de la política, de la corte y de sus obligaciones de heredero. Pero pronto, la apacible vida de los amantes se verá turbada por causas a las que desearían permanecer ajenas. Un sinfín de circunstancias confluyen para sellar el destino fatal de nuestra protagonista.

• En primer lugar se encuentra la cuestión dinástica: Alfonso IV intenta varias veces organizar para su hijo una tercera boda con princesa de sangre real, pero Pedro rechaza tomar otra mujer que no sea Inés. El único hijo legítimo de Pedro, el futuro rey Fernando I de Portugal, se mostraba un niño frágil, mientras que los bastardos de Inés prometían llegar a la edad adulta. Si el infante muriese, sin duda reclamarían derechos a la corona, sumergiendo al reino en nuevas calamidades.

• En segundo término hallamos la complicada situación política: Los reinos peninsulares se han convertido en campo de batalla diplomática, donde Inglaterra y Francia, enfrentados en su interminable guerra, tratan de atraerlos a su bando. Las diputas internacionales entremezcladas con las propias luchas dinásticas, justifican el apelativo de “época turbulenta”. D. Fernando y D. Álvaro Pires de Castro, hermanastros de Dª Inés, aparentan un progresivo ascendiente sobre el príncipe, induciéndolo a inclinar su política hacia Castilla, donde llega a presentar su candidatura al trono.

El Rey aunque preocupado por las implicaciones políticas que conlleva la influencia de la familia Castro, es en particular sensible el riesgo de futuros conflictos civiles enfrentando hijos legítimos con bastardos, moneda de cambio en la época.

La reiterada negativa del príncipe a contraer nuevo matrimonio real no contribuye a ahuyentar los temores. Dª Inés es un obstáculo en apariencia infranqueable. Parecería que sólo la muerte podría separar a los enamorados.

¿La muerte? No es obstáculo insalvable. En consejo celebrado en el palacio de Montemor-o-Velho D. Alfonso presta su conformidad al asesinato de la infortunada enamorada.

La sentencia se ejecutará en la propia residencia de la pareja en Coimbra, aprovechando alguna ausencia de D. Pedro, muy aficionado a la caza.

Llegados a este punto, las versiones discrepan sobre la secuencia de los hechos, la más enternecedora afirma que el rey manda llamar a Dª Inés para comunicarle la sentencia fatal. Ella acude acompañada de sus cuatro hijos. El gran Luis Camões en la estrofa 127 del canto III de “Os Lusíadas” narra así la petición de clemencia de Dª Inés:

Ó tu, que tens de humano o gesto e o peito

(Se de humano é matar hûa donzela,

Fraca e sem força, só por ter sujeito

O coração a quem soube vencê-la), A estas criancinhas tem respeito,

Pois o não tens à morte escura dela;

Mova-te a piedade sua e minha,

Pois te não move a culpa que não tinha.

¿Las súplicas surtieron efecto? En principio así lo parece, el rey autoriza el regreso de Inés a su residencia; pero de inmediato cambia de parecer y ordena a tres cortesanos cumplir la sentencia. Otras crónicas no recogen esta entrevista; el veredicto se ejecuta nada más pronunciado.

Existiese o no la audiencia real, todas las versiones coinciden en la continuación: Pero Coelho, Álvaro Gonçalves y Diego López Pacheco se dirigen al Monasterio de Santa Clara, próximo a la “Quinta das lágrimas”, que alojaba a Inés y sus hijos en la ausencia de D. Pedro.

En el jardín, en presencia de los niños, la degüellan sin piedad. Era el 7 de Enero de 1355.

La Venganza

La desaparición de Inés no propició la esperada tranquilidad. De inmediato D. Pedro culpa a su padre del asesinato.

En unión de los Castro, agrupa en torno suyo una facción de la nobleza y encabeza una revuelta contra el Rey.

Los sublevados llegan a poner sitio a Oporto, pero antes de que las aguas salgan por completo de cauce, la reina Dª Beatriz interviene entre los contendientes, logrando, sino la reconciliación, al menos la paz, que se formaliza el 15 de Agosto del mismo año en Canaveses.

Por este acuerdo, el rey delega una parte importante de sus responsabilidades en el heredero, quien, a cambio, depone las armas, promete olvidar el pasado y perdonar a todos los implicados en la conjura que acabó con la vida de Dª Inés.

El comportamiento de D. Pedro, en contra de la leyenda que trata de mostrarlo desconsolado, es bastante contradictorio.

La revuelta contra el padre, principal responsable del crimen, no parece muy convincente; en tan solo ocho meses aplaca su ira hasta el punto de llegar a un acuerdo favorable para sus aspiraciones de poder.

En 1356, apenas un año después del crimen, Dª Teresa Lourenço le da un nuevo hijo, el futuro João I, vencedor de los castellanos en la batalla de Aljubarrota e instaurador de la dinastía Aviz: es el auténtico superviviente de toda la trama

En 1357 muere Alfonso IV, el heredero pasa a ceñir la corona y da comienzo una venganza, tan cruel, que ha pasado a los anales.

Los asesinos de Inés, por consejo del rey moribundo, buen conocedor de su hijo, se habían exilado a Castilla. D. Pedro negocia con el rey castellano – que por capricho del destino tiene igual nombre y apodo, Pedro I, “El Cruel” o “El Justiciero” y también arrastra una amplia historia de pasiones – intercambiar los tres verdugos por algunos refugiados en Portugal. Como no podía ser menos, los reyes llegan a un acuerdo, Pero Coelho y Álvaro Gonçalves son devueltos a Portugal; Diego Lopes Pacheco, más afortunado, consigue cruzar a tiempo la frontera con Aragón y de allí pasa a Francia, donde se pierde su rastro.

La venganza fue consumada en el palacio de Santarém en presencia de otros cortesanos. D. Pedro mandó preparar un espléndido banquete de ceremonia mientras las víctimas eran amarradas a sendos postes de suplicio y torturados con toda crueldad.

Luego, mientras comía con parsimonia, (e bebe o seu vinho tinto, según las crónicas portuguesas) ordenó al verdugo arrancarles el corazón: a Gonçalves por la espalda y a Coelho por el pecho. Por último, insatisfecho con el tremenda martirio, aún tuvo ira suficiente para morder aquellos corazones, que para él, por siempre serían malditos.El Mito

En 1360, el ya rey Pedro I realizó en presencia de la corte la famosa declaración de Cantanhede, jurando que un año antes de la muerte de Inés ambos habían contraído matrimonio secreto.

De esta forma ella alcanzaba el rango de reina y se legitimaban los hijos habidos en aquella unión.

Los historiadores dudan de que la boda se hubiese podido celebrar; los contrayentes eran primos, para que el matrimonio fuese válido debían solicitar bula papal, documento imprescindible, de cuya existencia no se tiene prueba alguna.

D. Pedro, no muy dado a sutilezas legales, actuó acorde a su juramento. En el Monasterio de Alcobaça, sede de la mayor iglesia portuguesa, ordeno esculpir un túmulo funerario para Inés.

Cuando estuvo finalizado, ordeno el solemne traslado de los restos desde Coimbra hasta la nueva sepultura.

La lúgubre comitiva que trasportaba el cadáver, enlutada con todo rigor, era encabezada por el propio rey acompañado por prelados, cortesanos y burgueses. En el camino, el pueblo llano era obligado a salir a su paso, llorando y rezando por el alma de la fallecida.

Prosigue la leyenda. Una vez llegados a la corte, destino final de la comitiva, el cadáver se engalanó con vestimentas reales y sentado en el trono, todos los nobles fueron obligados a prestarle homenaje como reina de Portugal, besando su mano en señal de fidelidad y vasallaje. Por último, se depositó con enorme protocolo en el bello sepulcro tallado para ella.

La crónica moderna duda que la macabra ceremonia tuviese lugar; entonces ¿Cómo se explica el arraigo de la leyenda?.

Quizá, el dramatismo de la escena es tan intenso, que ha impresionado la imaginación popular hasta el extremo de convertirla en el núcleo central del mito de nuestra heroína, la desgraciada Inés de Castro ¡REINÓ DESPUÉS DE MORIR!

La última escena, en mi opinión la más hermosa, sucede siete años más tarde. Antes de morir el rey encarga tallar para él, otro túmulo funerario en el mismo estilo que el anterior de Inés; ambos tenían que ser colocados pies contra pies para que, el día de juicio, al despertar, lo primero que viese cada amante, con sus miradas cruzadas frente a frente, fuese la figura del otro, Ambas sepulturas, de estilo gótico, pueden admirarse en el Monasterio de Alcobaça. Se consideran los más bellos ejemplares del arte funerario portugués.

La última escena, en mi opinión la más hermosa, sucede siete años más tarde. Antes de morir el rey encarga tallar para él, otro túmulo funerario en el mismo estilo que el anterior de Inés; ambos tenían que ser colocados pies contra pies para que, el día de juicio, al despertar, lo primero que viese cada amante, con sus miradas cruzadas frente a frente, fuese la figura del otro, Ambas sepulturas, de estilo gótico, pueden admirarse en el Monasterio de Alcobaça. Se consideran los más bellos ejemplares del arte funerario portugués.

Biografia Isabel de PortugalJosé Andrés Martínez

Collado Villalba, primavera 2005

Romances Famosos de la Historia Boda Real Grace Kelly Rainiero

Romances de la Historia Grace Kelly Príncipe Rainiero

Bartolomé Mitre
Delfina Vedia
Felicitas Guerrero y
Enrique Ocampo
Hipólito Yrigoyen y
Dominga Campos
Julio A. Roca e
Ignacia Robles

Pocos recuerdan -al verla en las portadas de las revistas- a Grace de Mónaco, a Grace Kelly, la actriz que desde Hollywood saltó a la realeza al enamorar a Rainiero de Mónaco, en una de las páginas de amor más sensacionales del siglo. Por ello, remontémonos a 1955…

boda real grace-raniero

PRIMAVERA EN EL MEDITERRÁNEO
La primavera de 1955 había llegado a Mónaco, el pequeño estado soberano en la costa del Mediterráneo, enclavado en el departamento francés de los Alpes marítimos.

Este principado pertenece desde el año 968 a la casa de Grimaldi, y precisamente, el último de sus descendientes, Albert Alexander Louis Pierre Grimaldi -más conocido como el Príncipe Rainiero III-, iniciaba la temporada primaveral con un cierto sentimiento de desasosiego por causas sentimentales.

Rainiero comprobaba que uno de los aspectos menos afortunados de su reinado consistía en que sus súbditos sentían un gran interés personal hacia él, y experimentaban algo así como un sentimiento de propiedad hacia la mujer que él elegiría para que fuese su esposa.

Este interés se manifestaba principalmente a través de los consejeros del príncipe. Y eran ellos los que habían puesto fin al romance de Rainiero con la actriz francesa Gisele Pascal.

En efecto, Rainiero había vivido durante un tiempo con la actriz e incluso había sugerido en alguna ocasión la posibilidad de casarse con Gisele Pascal. Los consejeros «sugirieron», por su parte, que para Mónaco no era muy aconsejable que su príncipe tomara por esposa a una actriz.

Rainiero alegó que en generaciones anteriores, antepasados suyos tomaron por esposas a mujeres plebeyas, e incluso se llegó a dar la circunstancia de que una de ellas, Juliette Louvet, no sólo fue plebeya, sino además lavandera, lo que quizás podía ser menos aconsejable que una actriz cinematográfica.

Pero las cosas fueron aún más lejos para que Rainiero no pudiera casarse con Gisele Pascal. Sus consejeros señalaron que tras cierta investigación privada, habían descubierto que la señorita Pascal era estéril y que nunca le podría dar a Mónaco un príncipe heredero.

Rainiero dijo estar enamorado. Pero si el deber tiene algo que ver en estos asuntos del corazón, triunfó el deber en la decisión de Rainiero. Gisele Pascal se alejó de su vida, y el palacio de los Grimaldi se sintió más solo que antes.

UN FESTIVAL DE CINE EN LAS CERCANÍAS
Con la llegada de la primavera, llega también el cine a la costa francesa del Mediterráneo, más precisamente al balneario de Cannes, en donde por quince días se celebra el famoso Festival Cinematográfico.

Por años, el paseo de La Croisette y los elegantes hoteles costaneros son testigos de la visita de estrellas, directores y productores del cine mundial.

En 1955, la Metro-Goldwyn-Mayer tenía ciertos problemas con una de sus más atractivas estrellas: Grace Kelly, quien había sido suspendida temporalmente en Hollywood por rechazar una película.

En aquellos años, los actores estaban «amarrados» a las grandes empresas norteamericanas, por años, y debían aceptar lo que sus productores consideraran adecuado para ellos.

La distinguida y hermosa Grace Kelly parecía haberse rebelado. Su carrera cinematográfica iba en ascenso. Había realizado una serie de exitosas películas, que la habían  llevado a lo mas alto de su fama. La presencia de Grace Kelly en Cannes no sólo interesó a los diarios, sino también a las revistas.

Y a las revistas más importantes. «París-Match» vio en la hermosa actriz norteamericana una posibilidad de un atractivo reportaje fotográfico. No en vano, el director de la famosa publicación era Pierre Galant, casado con otra distinguida estrella hollywoodense: Olivia De Havilland.

La producción para la nota en «Paris-Match» requería de un escenario adecuado para la elegancia de Grace Kelly. Y para el efecto no bastó con las terrazas del Hotel «Carlton» en Cannes, o del «Negresco» en Niza. El equipo de «Paris-Match» quería aún más para Grace. Un castillo. Y el mejor castillo de la zona era sin duda el de los Grimaldi en Mónaco.

Rainiero nó tuvo inconvenientes para prestar su residencia por una tarde primaveral, que lo sacaría, probablemente, de la monotonía. Más aún si el equipo lo integraba otra hermosa actriz.

Grace vestía un hermoso vestido floreado, de ancha falda, como correspondía a la moda de mediados de los 50. Los dos fotógrafos de «Paris-Match» trabajaron sin problemas ante la presencia del príncipe y la modelo-actriz, en un clima de formalidad y simpatía que no hacía pensar en ninguna otra consecuencia.

PRIMEROS ACERCAMIENTOS…
El capellán norteamericano de Rainiero, e padre Tucker había sido testigo del fracaso de la relación amorosa de Rainiero con Gisele Pascal y veía cómo el príncipe de 32 años cambiaba en cierta forma su carácter, presionado por la soledad y por la certeza de que no sería fácil encontrar una pareja que le gustara a él y a todos en Monaco.

Con un buen ánimo «casamentero», el padre Tucker observó la mirada de Rainiero hacia la hermosa norteamericana y por ello decidió efectuar algunas investigaciones.

Supo que Grace Kelly provenía de una muy buena -y rica– familia de Filadelfia, que era católica, que tenía un bien ganado prestigio como actriz y que, si bien había tenido algunos romances —el más serio de todos con el diseñador de modas Oleg Cassini-, su vida no tenía nada de escandalosa, como podía suponerse en otras actrices de cine. En definitiva, Grace Kelly a los 26 años, con su saludable belleza y distinción, no era en absoluto una muchacha despreciable.

El objetivo del padre Tucker era conocer algo más del círculo que rodeaba a la joven norteamericana en su patria.

Los Austin, por su parte, repararon de inmediato en el interés del sacerdote por saber algo más de Grace y llegaron rápidamente a una sensacional aunque errónea conclusión. No cabía duda. Rainiero se había enamorado de la bella Grace, y mandaba a su capellán para saber algo más de la familia de la chica.

Un descubrimiento de ese tipo no puede callarse, menos aún cuando, de alguna forma, los involucraba. Y los Austin de Filadelfia no callaron: Había nacido un romance entre Grace, la hija de los Kelly, y el príncipe Rainiero de Mónaco.
Hacia fines del verano de 1955, los rumores acerca de ese romance comenzaron a aparecer en la prensa.

Grace KellyGRACE KELLY: era hija de un millonario de Filadelfia, dedicado al mundo de la construcción- eran un poco más mundanas, y tenían que ver con la actuación.

Su debut teatral sucedió en 1934: con sólo seis años de edad fue elegida para representar a la Virgen María, durante un acto escolar realizado con motivo de la llegada de la Navidad, en el colegio católico al que asistía.

La pequeña niña de cabello rubio y ojos claros se convirtió rápidamente en una jovencita delicada y adorable.

Teniendo en cuenta la rígida moral impuesta por sus padres, es probable que su decisión de actuar se haya encontrado con algo más que una leve resistencia familiar; pero al parecer, la ambición de Grace fue más fuerte.

Fourteen hours («Catorce horas»), con la dirección de Henry Hathaway, marcó en 1951 el inicio de la carrera cinematográfica de la mujer que, un par de años más tarde, encarnaría el ideal femenino de Alfred Hitchcock en sus películas más famosas.

LOS ÉXITOS DE GRACE: Grace sabía lo que quería, y el éxito no se hizo esperar.

En 1952 -tan sólo un año después de su debut en la pantalla grande filmaría una nueva película (esta vez, acompañada por un apuesto caballero llamado Gary Cooper). Solo ante el peligro –así se llamó el filme– fue dirigido por Fred Zinneman, y se convirtió en el primero de una serie de éxitos cinematográficos, que culminarían en 1956, cuando Grace le dio el sí al príncipe Rainiero de Mónaco, jurándole amor hasta el fin de sus días.

A pesar de que su carrera duró pocos años, y actuó en tan sólo once películas, Grace es considerada uno de los mitos de Hollywood.
Entre 1953 y 1956 protagonizó las siguientes películas:
• Mogambo (dirigida, en 1953, por John Ford).
• Crimen perfecto y La ventana indiscreta (dirigidas, en 1954, por Alfred Hitchcock).
• La angustia de vivir (dirigida, en 1954, por George Seaton).
• Los puentes de TokoRi (dirigida, en 1954, por Mark Robson).
• Fuego verde (dirigida, en 1954, por Andrew Morton).
• Atrapa a un ladrón (dirigida, en 1955, por Alfred Hitchcock).
• El cisne (dirigida, en 1956, por Charles Vidor).
• Alta sociedad (dirigida, en 1956, por Charles Walters).

Grace no sólo conquistó Hollywood por su belleza sino por su talento como actriz. Si bien no ganó el Osear al que había sido nominada como mejor actriz secundaria por Mogambo, al año siguiente tuvo su revancha.

Fue en 1954, cuando se llevó la anhelada estatuilla como mejor actriz, por su actuación en La angustia de vivir.

Cuando Grace Kelly filmó Alta sociedad estaba a punto de casarse con Rainiero. La película marca el fin de su carrera artística. Durante el rodaje -como puede advertirse en el filme-Grace ya lucía su anillo de compromiso: una valiosísima alhaja compuesta por una gran esmeralda rodeada de diamantes de 18 kilates.

Luego de una visita del príncipe a EE.UU. vuelve a Mónaco y ella se quedó en Estados Unidos por un tiempo más.

El noviazgo fue corto: ambos sabían que se amarían toda la vicia. Como prenda de amor, Grace atesoraba un conjunto de collar, aros y pulsera hechos con tres hebras de perlas engarzadas con diamantes.

Sin embargo ¿dejaría su carrera? ¿Soportaría abandonar a su familia, sus amigas, en fin, todo su mundo, para viajar a otro continente y someterse a las rígidas normas de la nobleza? ¿Y si lo dejaba todo y después la aventura resultaba un fracaso? ¿Hollywood la aceptaría nuevamente?

Seguramente, en aquellos días teñidos por la mezcla agridulce de felicidad y zozobra, la bella actriz debe haberse hecho éstas y muchas otras preguntas.

La respuesta estaba en ese anillo de compromiso, y en el recuerdo del hombre cuya encantadora sonrisa era la promesa de un futuro feliz.

Ya instalada en Mónaco, Grace fue sometida a una serie de lecciones de protocolo y comportamiento cuyo resultado debía ser sí o sí exitoso: había que fabricar una princesa.

La prensa la perseguía. Las jóvenes de familias nobles, envidiosas, la criticaban sin piedad. Los habitantes de Mónaco, azorados por la elección de su príncipe, dudaban seriamente de que esa jovencita acostumbrada a los flashes y a los decorados de cartón pudiera representarlos con decoro.

LA BODA REAL: Grace triunfó sobre todos y sobre ella misma. Lo logró, pudo vencer la melancolía, y asumió con dignidad y serenidad inesperadas el rol que la corte monegasca le imponía.

El día de la ceremonia religiosa, Mónaco era una fiesta. Periodistas de todo el mundo, fotógrafos y miles de curiosos aguardaban la llegada de la novia a la catedral. Grace, a punto de convertirse en princesa, superó todas las expectativas de los presentes: radiante pero muy seria, dejó que las miradas se posaran en ella y se deleitaran con tanta delicadeza, con tanta fragilidad.

Rainiero, nervioso, la esperaba adentro. Grace permitió que la ayudaran a acomodar su traje de novia, ese vestido estilo Renacimiento hecho con más de 457 metros de encaje, seda, tul y tafetán, con el que recorrió la distancia que la separaba de su príncipe amado. Y dijo «sí, quiero».

Cary Grant y señora le obsequiaron a la pareja un escritorio de mucha antigüedad, que era una verdadera joya.

Los padres de Grace y algunos de sus más acaudalados amigos de Filadelfia les obsequiaron una sala de proyección cinematográfica instalada en el mismo palacio, para los días en que Grace sintiera nostalgia de sus ya lejanos días en Hollywood, para recordar sus mejores momentos en el celuloide, o sencillamente para estar al día en lo que filmarían sus antiguos amigos.

El pueblo de Monaco, por su parte, le regaló a la pareja un flamante Rolls-Royce.

A la ceremonia civil asistieron sólo familiares y amigos íntimos.

No así a la ceremonia religiosa celebrada en la Catedral de San Nicolás, a la cual asistieron numerosos visitantes ilustres, entre los que se contaban el Aga Khan y su esposa la Begum, y el rey Farouk de Egipto, grandes estrellas de Hollywood, las grandes fortunas de Filadelfia, y representantes de la emprobrecida nobleza europea, que sin duda miraban con ilusión esta nueva sangre que removía los esquemas del pequeño principado.

El obispo de Mónaco, Monseñor Gilíes Barthe, los declaró marido y mujer-príncipe y princesa-, mientras los barcos de la Armada norteamericana celebraban con sus cañonazos el triunfo de una chica americana, que era un poco el triunfo de Ios-millones de chicas norteamericanas que se veían reflejadas en Grace.

Después de tantas festividades, la pareja real enfrentaría su luna de miel realmente cansada, por lo que Rainiero tuvo la lúcida ocurrencia de alistar su yate con rumbo desconocido.

El «Deo Juvante II» se detuvo esa misma noche en el solitario puerto de Villefrance, continuando luego hacia la mitad del Mediterráneo, hacia Palma de Mallorca.

Sin embargo, a esas alturas, la prensa internacional ya había logrado dar con el rumbo del yate, por lo que Mallorca no ofrecía ninguna calma. De allí se dirigieron a Córcega, donde la pareja pudo gozar del sol y la privacidad.

LLEGAN LOS HIJOS
Casi inmediatamente después del regreso de Rainiero y Grace a Mónaco comenzaron a circular rumores acerca de que la princesa estaba embarazada. Y cuando Grace viajó a París para comprar ropa maternal con los grandes modistos parisienses, el rumor se vio comprobado.

Mientras esperaba el nacimiento de su primer hijo, Grace redecoró un antiguo departamento que tenía Rainiero en París.

También se dio tiempo para confirmarles a los periodistas que su etapa cinematográfica estaba definitivamente cerrada.
Carolina nació el 23 de enero de 1957, nueve meses y cuatro días después de la boda, un plazo que la gente consideró «ideal» y discreto.

Carolina venía a ser el descendiente 31 de aquel lejano pirata Grimaldi que conquistó Mónaco en el siglo XII. También era la biznieta del primer Kelly que hizo fortuna con su fábrica de ladrillos en los Estados Unidos.

El 14 de marzo de 1958 nació Albert Alexandre Louis Pierre, heredero de la corona del principado, y siete años más tarde nació la tercera y última hija, Stefanie.

El príncipe Alberto tiene varios títulos nobiliarios, entre los que destacan por su singularidad: Duque de Valentinois, Barón de Buis, Señor de Saint-Remy, Sire de Matignon, Barón de Saínt-Lo, Príncipe de Chateau-Porcien, Conde de Thann, Barón D’Altkirch, Señor de Isenheim

Grace demostró, en silencio y con hechos, que podía ser mejor princesa que muchas que lo eran desde su noble cuna. Nunca regresó a Hollywood; y por expreso pedido de su marido, nunca volvió a la actuación. Su vida en Mónaco, como muchos cuentan, tal vez no fue un lecho de rosas pero… ¿qué vida lo es?

Lo cierto es que Grace Kelly supo conducirse con maravillosa discreción, razón por la cual, si alguna vez su matrimonio estuvo a punto de naufragar, fueron pocos los que lo supieron.

A pesar de amar profundamente a su príncipe, debe haber extrañado su vida como actriz, llena de emociones y desafíos.
Sus hijos -Carolina, Alberto y Stefanía- fueron tres luces que la guiaron cuando sentía que había ganado y perdido mucho, en una sola partida.

El resto es historia conocida: La princesa dejó este mundo demasiado pronto: con tan sólo cincuenta y dos años, un accidente automovilístico -al que su hija Stefanía sobrevivió milagrosamente- puso fin a sus días, en 1982.

Rainiero quedó desconsolado. La familia Grimaldi, hasta ese momento acostumbrada a los amoríos de las bellas hijas del matrimonio, atravesó el momento más duro de su historia cuando Grace, la de serena belleza, se alejó para siempre.

Sin embargo, ha dejado una huella de ésas que no borra el tiempo.

Fuente Consultada:
Los Famosos Romances de la Década del 50
HECHOS, Sucesos que estremecieron al siglo Tomo N°5 Romance en Mónaco

Biografia de Carlota Corday Mujeres Que Lucharon Por La Libertad

Biografía de Carlota Corday: Mujeres Que Lucharon Por La Libertad

Resumen Biografía de Carlota Corday
La perspectiva histórica ha hecho de ella una heroína equivocada, pero no pudo dejar de reconocer su temple y su capacidad de sacrificio para la misión que se había impuesto y que cumplió con fervor casi religioso: devolver a Francia la libertad abatiendo a quien juzgaba un demagogo sangriento antes que un revolucionario decidido, inflexible con las vacilaciones de los girondinos.

Biografía de Carlota Corday

Carlota Corday es más el nombre de una leyenda que de un personaje real, si se piensa que a veces los actos heroicos no pueden juzgarse con el criterio de verdad o error histórico. En su vida se aunan la juventud y la belleza con el horror del asesinato que planeó y ejecutó.

María Ana Carlota Corday D’Armont nació en Saint-Saturnin des Lignerets (Normandía) el 27 de julio de 1768. Su padre, Francisco Corday, pertenecía a una familia noble de provincias venida a menos, por lo que educó a sus cinco hijos casi en la pobreza.

Agobiada por la miseria murió la madre, y el padre, después de resistir un tiempo más, decidió internar a sus hijas en el monasterio de Caen, según era habitual en la época.

En los conventos solían hacerse en aquel entonces reuniones mundanas, a las que asiste Carlota, ya de trece años. La joven conoce así a Belzunce, coronel del regimiento de caballería con guarnición en Caen, y pariente de la abadesa. Hay quienes sostienen que Carlota se enamoró de él, pero que al ser asesinado el militar en una revuelta, ella juró vengarlo y esto recaería después sobre Marat.


Como resultado de la nueva situación política que sobrevino con la Revolución de 1789, se cerraron los conventos, Carlota -casi desprovista de medios- se vio obligada a vivir en Caen con una anciana tía, madame de Bretteville.

Tuvo entonces oportunidad de leer algunos libros que influyeron mucho en ella: Rousseau, «un filósofo del amor y un poeta de la política»; Plutarco, el historiador clásico, y otros autores que presentaban el sacrificio personal como una razón de Estado.

INMOLARSE POR LA PATRIA
Republicana por convicción pero monárquica por sentimiento, se interesa por los movimientos que entonces agitaban a Francia; inclusive asiste a los juicios públicos ante las asambleas populares que juzgaban a los acusados de contrarrevolucionarios; a menudo, más que establecer la verdad o hacer justicia, se buscaba simplemente un culpable. Con las mejillas encendidas por el dolor, que realzaban su hermosura, Carlota presenciaba los desfiles hacia el patíbulo.

En esas circunstancias conoció a un muchacho, Franquelin, quien mantuvo con ella una secreta correspondencia; Carlota lo alentó vagamente, como una forma de compartir los infortunios de su amigo.

La partida de un batallón de voluntarios que marcha a París hace que se apodere de Carlota la idea de evitar que se malgasten vidas tan generosas y de liberara Francia de un gobierno que ella juzgaba tiránico, sin necesidad de más lucha fratricida. Juan Pablo Marat, se decía -y de ese médico y líder político jacobino se decían muchas cosas-, va había hecho listas con los nombres de los simpatizantes girondinos cuyas cabezas debían rodar para asegurar el triunfo de los revolucionarios más decididos.

Carlota imaginó que el inminente baño de sangre solo podría detenerse con el sacrificio de la suya propia. Así fue como el 7 de julio de 1793, con el pretexto de partir para Inglaterra, Carlota abandonó a su padre y su hermana para dirigirse a París, adonde llegó el jueves 11.

Ya tenía trazado un plan: pensaba que Marat concurriría al Campo de Marte para la gran ceremonia del 14 de julio, pero la enfermedad de este la obligó a cambiar de táctica. Decidió entonces buscarlo en su propia casa. Le escribió una carta en estos términos: «Vengo de Caen; conociendo su amor por la patria, supongo que se enterará con agrado de los terribles acontecimientos de esta parte de la República. Iré a su casa alrededor de la una. Tenga la bondad de recibirme y concederme un momento de audiencia. Le daré la ocasión de prestar un gran servicio a Francia».

LA MUERTE DE MARAT
Sin embargo, Marat no la recibe. Una segunda esquela, más insistente, refuerza la primera: «Marat, ¿ha recibido mí carta? No puedo creerlo, pues encuentro la puerta cerrada. Espero que mañana me conceda una entrevista. Le repito: vengo de Caen; tengo que revelarle importantes secretos para la salvación de la República. Me persiguen, además, pues saben que la libertad es mi causa; soy desgraciada, y este título es suficiente para tener derecho a su patriotismo.»

A las siete de la tarde del 13 de julio, sin esperar la contestación, va a la casa de Marat. Se arregla con cuidado, para impresionar bien a quienes custodiaban al insobornable jefe republicano. Aunque la portera no quiere dejarla pasar, la muchacha sube decididamente las escaleras.

En los primeros tramos la detiene Simone Evrard, la fiel amiga de Marat, que había oído el cambio de palabras. A su vez, el propio Juan Pablo oye discutir a las dos mujeres y, pensando que se trata de la desconocida que le ha escrito el día anterior, indica que dejen pasar a su visitante. En el aposento a medias iluminado Marat, enfermo, toma un baño, cubierto con una sábana manchada de tinta.

Carlota baja los ojos y espera junto a la bañera el interrogatorio. Responde con serenidad a las preguntas sobre la situación en Normandía. «¿Quiénes son los representantes refugiados en Caen?» Carlota dice sus nombres y Marat, con medio cuerpo y el brazo fuera del agua, los anota; añade: «Antes de ocho días irán todos a la guillotina». Al oírlo, Carlota saca un cuchillo y lo hunde con fuerza en el pecho de Marat, que mientras se desangra pide auxilio. Acuden Simone v un criado.

CAMINO DEL PATÍBULO
Carlota no trata de huir y apenas se oculta tras una cortina, pero el criado la golpea con una silla y ella se desploma. El tumulto y los gritos atraen a los vecinos, que suben las escaleras y se arremolinan, furiosos, en la calle, pidiendo a gritos que les entreguen al asesino para vengar allí mismo la muerte del gran tribuno.

No obstante, un piquete de soldados con bayonetas y el comisario Grillard conducen a Carlota, maniatada, al salón de Marat, donde es interrogada. Ella contesta con calma, orgullosa de su acción, y se dispone su reclusión en una prisión cercana. Ya en la cárcel, entre sus ropas se descubre, una proclama redactada por ella, en la que exhorta a derrocar la tiranía.

El 16, severamente custodiada, comparece ante el presidente del tribunal revolucionario. Conmovido por tanta belleza y tanto fanatismo que casi desdibujan el crimen, este la interroga sugiriendo las respuestas, de modo que el asesinato parezca demencial. Tal suposición irrita a Carlota, que la rechaza.

Trasladada a la Conserjería -la famosa prisión donde pasan sus últimas horas los que morirán en el patíbulo-, a las ocho déla mañana siguiente es conducida ante el tribunal revolucionario, el cual, por no tener ella quien la defienda, le designa como defensor de oficio al joven Chanveau—Lagarde, célebre por su defensa de María Antonieta, tres meses más tarde.

No obstante la elocuencia y valentía de Lagarde, el tribunal vota unánimemente la pena de muerte para la acusada. Al sacerdote que le envían para asistirla, Carlota le explica: «Agradezco a quienes lo han mandado, pero no tengo necesidad de su ministerio; la sangre que he derramado y la mía que va a verterse son los únicos sacrificios que puedo ofrecer al Eterno». Ese mismo 17 de julio marcha al suplicio en una carreta, bajo la lluvia, pero ello no arredra a la multitud congregada para presenciar la ejecución.

El verdugo, para ver mejor el cuello, le arranca la pañoleta que le cubre el pecho. El pudor humillado afecta a Carlota más que la muerte cercana, pero recobra en seguida su serenidad y acerca la cabeza, que la cuchilla troncha y hace rodar. Se cuenta que, al recogerla, uno de los ayudantes del verdugo la abofeteó y que entonces las mejillas de Carlota enrojecieron como si la ofensa les hubiese devuelto la vida. La multitud reprueba el ultraje pero celebra la muerte de quien asesinara al «amigo del pueblo».

Los girondinos encarcelados dijeron, al saber de su suplicio: «Ella nos mata, pero nos enseña a morir». Y Franquelin, su joven enamorado, se retira a una aldea normanda pues no puede soportar la desaparición de su amada. Muere pocos meses después, no sin antes pedir que junto con él entierren el retrato y las cartas de Carlota…

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Camila y Uladislao Gutiérrez Ladislao Amor Prohibido Historia

Camila y Uladislao Gutiérrez o Ladislao: Amor Prohibido – Historia

El régimen rosista empezaba a ser más tolerante con sus opositores. Muchos habían regresado, cansados de esperar el fin del tirano. Mariquita Sánchez, por caso, se entretenía tocando el piano y recibiendo a unos pocos amigos fieles en su casa de la calle Florida.

Camila, amor tragico argentinoUna tediosa monotonía caracterizaba la vida pública y privada. Xavier Marmier, hombre de letras que visitó Buenos Aires en 1850, se aburrió mucho en las tertulias donde no se podía hablar de otra cosa que de modas y banalidades.Ludovico Besi, un prelado italiano que vino como legado papal ese mismo año, se sintió asqueado ante la ostentación de la obsecuencia por parte del clero porteño.

El obispo local había tolerado la supresión de las fiestas religiosas decretada por el gobierno para que la gente trabajara un poco más. El espionaje, la delación y la inmoralidad eran moneda corriente. Los jesuitas, llamados por Rosas de regreso al país, se habían ido de nuevo porque no admitían los actos de sumisión que se les imponían.

Transgredir la ley se pagaba cruelmente. Esto le sucedió a Camila O’Gorman, una jovencita que se enamoró del teniente cura del templo del Socorro, Uladislao (o Ladislao) Gutiérrez.

La pareja escapó a Corrientes para poder vivir sin trabas su amor, no advirtiendo el escándalo que dejaban atrás. Rosas, disgustado porque los emigrados de Montevideo denunciaban el libertinaje de la sociedad federal, decidió dar un escarmiento: ordenó apresar a la pareja y la hizo fusilar aduciendo que ése era el castigo dispuesto por la antigua legislación española para los amores sacrílegos. Esta conmovedora tragedia, que ocurrió en el Campamento Militar de Santos Lugares en 1848, contribuyó a demostrar que el uso arbitrario del poder era la esencia del régimen. (Fuente Consultada: Argentina, Historia del País y De Su Gente – María Saenz Quesada)

Los O’Gorman eran irlandeses, por eso era muy común que visitara la casa de esta familia un curita muy joven que no hacía muchos meses había llegado a la parroquia del Socorro. Había nacido en Tucumán, pertenecía a una familia adinerada, era muy apuesto con su pelo moreno y su sonrisa franca, tenía veinticuatro años y se llamaba Ladislao Gutiérrez.

Una de las hijas de los O’Gorman se llamaba Camila, tenía veinte años y era de una belleza serena pero deslumbrante. Su espíritu era festivo y romántico. Era la niña mimada de la casa. Es imposible saber cómo empezó todo. El caso es que Camila y Ladislao se enamoraron. Sabían lo que significaba aquello y ambos pedían perdón a Dios por lo que no podían y no sabían refrenar. Juzgarlos sería demasiado fácil.

Camila y Ladislao deciden fugarse. En los últimos días de 1847 salen por la noche, él de paisano, ella con un modesto vestido. Pocas horas después, la familia de Camila denuncia la desaparición de la joven y comienza una afiebrada búsqueda. Ellos pertenecen también a una familia socialmente acomodada y con contactos en los mandos, por lo que las autoridades, sin imaginar el escándalo en ciernes, agotan los recursos para encontrarla.

Solo al advertir la desaparición del padre Ladislao e hilar algunos hechos que antes parecían casuales pero ya no, comienzan a entrever la verdad. Crece la desesperación. Ni los familiares de Camila ni las autoridades eclesiásticas saben qué hacer. La noticia toma estado público y se la califica como un «crimen horrendo”. Todo Buenos Aires habla de la pareja y nadie sabe dónde están. Nadie.

La policía de Juan Manuel de Rosas busca afanosamente a los protagonistas del “crimen horrendo”. El gobernador de Tucumán, Celedonio Gutiérrez, tío de Ladislao, se presura a enviar, sin motivo alguno, un regalo valioso al Restaurador: dos sillas talladas a mano que, más que eso, es una manera de decir de que se lava las manos por la actitud de su sobrino y acepta disciplinadamente las decisiones del poderoso Rosas, sean las que fueren.

Camila y Ladislao, mientras tanto, lograron abordar una pequeña embarcación en el Tigre convenciendo al capitán para que los dejara en Goya, Corrientes. El hombre desconoce la identidad de sus casuales pasajeros. Ellos llevan documentos falsos donde él figura como un comerciante jujeño llamado Máximo Brandier y ella como su esposa, Valentina Desán de Brandier, Al poco tiempo, la pareja abre una escuela en Goya y comienzan a dar clases a los habitantes del lugar, que enseguida se encariñan con ambos como si hubieran vivido allí desde siempre. La casa de ellos es pequeña pero limpia y decorosa.

Dedican casi todo su tiempo a la enseñanza y a amarse con mucha ternura. Puede decirse que son felices, tal vez hasta muy felices, pero nada es eterno. Un día hay una fiesta en Goya y ellos asisten.  Allí, un hombre recién llegado de Buenos Aires los reconoce. Se acerca a Ladislao, que por supuesto viste de paisano, y le pregunta a quemarropa con un tono lleno de ironía:

Cómo está Ud., padre Gutierrez? ¿Hace mucho que no va por Buenos Aires?”. De responderle, Ladislao debió decirle que pronto se  cumplirían seis meses desde el día en que huyeron de la ciudad, pero fingió no escuchar nada y se fue para otro lugar la fiesta. El tipo se quedó mirándolo, con una sonrisa maliciosa y sin esperar una respuesta, que ya estaba dada.

Camila y Ladislao decidieron no huir. Tal vez pensaron que el  tiempo había ablandado las opiniones, quizá creyeron que no debían seguir escapando o que ya los habrían olvidado. Pero no era así. Dos días más tarde llegó la orden de Buenos Aires: ellos debían ser detenidos y devueltos a la ciudad. Así se hizo.

Por orden de Rosas se habilitó una celda del Cabildo para encerrar en ella a Ladislao y una habitación especialmente parada en la Casa de Ejercicios que administraban las monjitas de caridad, donde Camila sería recluida. Pero también por orden de Rosas, en mitad de camino llegó un chasque que desvió a los prisioneros al campamento militar de Santos Lugares. Se dice que en Buenos Aires corrían rumores de linchamiento apenas pusieran pie en la ciudad y el gobernador quiso evitar aquello, por eso el cambio.

El 14 de junio de 1848, en una fiesta organizada por el juez de paz, Uladislao fue reconocido por el sacerdote Miguel Ganrton y denunciado a las autoridades. Incomunicados por orden de Rosas, fueron engrillados y remitidos a Buenos Aires en la misma nave que habían empleado para huir. A partir de ese momento, y durante varias semanas, el gobernador debió soportar presiones en favor y en contra de los prisioneros.

En una carta que dirigió a la joven, Manuelita Rosas le anunciaba que había intercedido por ella y su amante ante su padre. La Iglesia, por su parte, se había convertido en implacable acusadora. «Todas las personas primeras del clero me hablaron o escribieron sobre este atrevido crimen, y la urgente necesidad de un ejemplar castigo para prevenir otros escándalos semejantes», confesó Juan Manuel de Rosas a Federico Terrero en el año 1870.

Camila y Ladislao llegaron penosamente encadenados al campamento de Santos Lugares. Un hecho hubo que parecía aliviar la situación pero que, en realidad, no hizo más que empeorarla: ella estaba embarazada.

El comandante del lugar, Antonino Reyes, se hace cargo de la situación lo mejor que puede: ordena que Camila sea tratada con delicadeza y hace que forren con tela suave los eslabones de la cadena que la engrillan. Ella y Ladislao son puestos en celdas separadas pero atendidos con toda corrección, mientras Reyes espera órdenes de Buenos Aires. Estas no tardan en llegar y su contenido es tan inesperado y terrible que el comandante debe leerlas varias veces para convencerse: Camila y Ladislao deben ser fusilados al día siguiente, a las diez de la mañana.

El 18 de junio de 1848 Camila y Ladislao son llevados frente al pelotón de fusilamiento. Camino al paredón, iban separados y con los ojos vendados, pero se percibían.

Ella preguntó al aire mientras caminaba a su muerte: —Estás allí Ladislao?

—Sí —respondió Gutiérrez desde un par de pasos de distancia y también sin poder verla por la venda—. Aquí estoy. Y mi último pensamiento es para ti…

Poco antes se le había permitido mandarle una nota de despedida a su amada en la que terminaba diciéndole: «Ya que no hemos podido vivir unidos en la Tierra, nos uniremos en el Cielo, ante Dios’»

Ambos fueron confesados por el cura del campamento, unos minutos antes del terrible momento. No pidieron clemencia, no lloraron, no se resistieron. La descarga de fusilería fue una sola y tremenda. Luego, el olor a pólvora quemada, una humareda que el viento disipó y el impresionante silencio de los soldados y oficiales que debieron cumplir la orden.

Todo quedó así por varios segundos, quieto, como en una fotografía. Como si el tiempo se hubiera detenido en ese momento para todos los protagonistas de esta historia, como nos ocurre ahora a nosotros al terminar de leerla.

(Fuente Consultada: Crónica Loca de Víctor Suerio)

Biografia de Marco Antonio General y Politico Romano

Biografia de Marco Antonio-General y Politico Romano

Comparándolo con César, el genial estadista, y con Octavio, el político realizador, Marco Antonio es el hombre de la gran oportunidad fracasada.

El asesinato de los idus de marzo del 44 alumbra la figura de aquel hombre de 38 años, de aspecto imponente, dotado de cierta caballerosidad, de palabra fácil y agradable y de alguna sagacidad política.

Entonces era cónsul de Roma, y como lugarteniente de César y militar experimentado, en él convergieron las miradas de todos los que seguían la política del gran caudillo difunto.

general marco antonio

En este momento, Marco Antonio supo obrar con astucia, decisión y energía. Se apoderó del tesoro público y de los papeles de César; contuvo las veleidades tiranicidas del Senado, amenazándole con las tropas del Tíber, e incluso se prestó a una concordia con los asesinos, Bruto y Casio.

Pero poco después, aprovechaba a fondo esta primera victoria para hacerse dueño del poder mediante varios golpes teatrales: lectura del testamento de César y preparación escénica de los funerales del imperator.

El pueblo romano se amotinó contra los republicanos, la Curia fue incendiada y los conjurados se vieron obligados a huir de Roma.

Así llegaba al poder el hijo de Marco Antonio Crético. En su juventud había estudiado en Grecia, y luego había servido en las legiones de Gabino en Egipto y Palestina y de César en las Galias.

Aquí se distinguió por algunos actos de valor, los cuales le valieron el favor del gran caudillo.

Este le utilizó desde entonces como instrumento de sus planes políticos, Cuestor en Roma (52) y luego tribuno de la plebe (50), defendió los intereses de su general contra el partido pompeyano.

Cuando se hizo inevitable la guerra civil, Antonio fué uno de los que cruzaron, el Rubicón. Al mando del ala derecha del ejército de César contribuyó a la victoria de Farsalia (48),

Por sus méritos militares, César le recompensó con la dignidad de magister equitus (dirección política de Italia) y de cónsul de Roma en 44.

Desde este cargo supo aprovechar, según hemos visto, el asesinato de César para entronizar su persona, aclamada por las legiones y el populacho romano.

Pero si Antonio poseía ideas y condiciones políticas, faltábale lo esencial para triunfar: la virtud y la moderación.

Dejóse arrebatar por sus apetitos groseros, por la codicia y la sensualidad.

En un mes, traficando con los cargos, las funciones y las dignidades, recurriendo incluso a la falsificación de los papeles de César, reunió una fortuna escandalosa.

Pero cuando más seguro se creía de su triunfo, apareció en escena el sobrino de César, Octavio, el cual regresaba de Macedonia. Marco Antonio recibió a aquel joven débil y enfermizo con arrogancia.

Pero desde aquel momento ya no dirigiría más la marcha de los acontecimientos, sino que sería arrastrado por ellos a capricho de Octavio.

La rivalidad entre Antonio y Octavio no tardó en estallar, mucho más cuanto el partido senatorial jugaba en Octavio su última carta de salvación.

En 43, de regreso de un viaje a Macedonia para reclutar refuerzos, el primero intenta arrebatar la Cisalpina a Décimo Bruto y muy pronto encierra a su adversario en Módena.

Pero en el curso de dos batallas sucesivas (Forum Gallorum y Módena), es derrotado por las legiones mandadas en auxilio de la ciudad por Roma.

El gran triunfador de la jornada es Octavio. Antonio se refugia en las Galias.

Aquí reúne trece legiones. Pero cuando se disponía a marchar sobre Italia, Octavio, que mientras tanto ha roto con los cesaricidas, le ofrece un arreglo para repartirse el poder. Así se forma el segundo triunvirato, el 29 de octubre de 43.

Triunviro investido del imperio y con poder constituyente, dueño absoluto de las Galias, Antonio dirige los preparativos, bélicos para acabar con el partido republicano, muy fuerte en Oriente.

Es él quien acaudilla la expedición y quien en los momentos decisivos de las dos batallas de Filipos (octubre del 42), obtiene con su valor y su pericia militar la victoria para los triunviros, que se les escapaba a causa de la debilidad del ala del ejército mandado por Octavio.

Triunfador en aquellas memorables jornadas, que aniquilaron al partido republicano, Marco Antonio tiene ante sí, de nuevo, a la fortuna que le sonríe.

Pero por segunda vez la rechaza, y en lugar de pasar a Roma, como Octavio, para deducir los resultados políticos de la victoria militar, se deja llevar por su temperamento pródigo, autoritario y sensual, y se hunde en los placeres de Oriente, al lado de la bellísima Cleopatra, la reina de Egipto.

Mientras Octavio se asegura poco a poco el dominio de Occidente, en la mente de Antonio surge la idea helenística de una monarquía romana a estilo oriental.

La experiencia del pasado le había mostrado que una gran guerra victoriosa era el procedimiento más seguro para escalar el poder. Así pues, quiso abrirse el camino a la monarquía romana por la conquista del reino de los partos.

Pero desde 41 Marco Antonio había hallado en Cleopatra su genio maléfico, que de fracaso en fracaso, de falta en falta, y de locura en locura, arruinó su porvenir político.

Sólo en 36 inició la expedición, cuyo resultado fue desastroso, como también fué estéril la emprendida dos años más tarde, a pesar de haber alardeado de la conquista de Media.

Pero si su política exterior fué desafortunada, su gobierno interior puede considerarse lamentable. Explotó las provincias para sacar de ellas dinero para sus caprichos y sus orgías.

Enajenó parte de los territorios romanos en provecho de Cleopatra y de los hijos que de ella había tenido (Alejandro y Tolomeo Filadelfo).

Reunió provincias, deshizo reinos, removió límites y autoridades para complacer a su amante.

Su actitud fue un constante desafío al patriotismo romano, e incluso sus amigos despreciaron el nombre de quien, reivindicando los sueños de un Mitrídates, quería someter Roma a Oriente.

Por tanto, cuando Octavio marchó contra Antonio con sus legiones, ya no era para dirimir un simple antagonismo personal, sino para defender la misión imperial de Roma.

El espíritu de Occidente le acompañaba. Y el Occidente triunfó en Actium el 2 de septiembre de 31 al obtener una victoria rotunda sobre la flota de Cleopatra y Marco Antonio.

Este se suicidó en agosto del siguiente año, después de la caída de Alejandría en poder de las legiones octavianas.

fuente

Amores de Julio Argentino Roca-Ignacia Robles Romances Argentinos

Amores de Julio Argentino Roca e Ignacia Robles Romances Argentinos

HISTORIA DE LOS ROMANCES ARGENTINOS
Julio Roca e Ignacia Robles

Julio Argentino Roca-Ignacia Robles Romances ArgentinosEn los últimos años, la figura de Julio Argentino Roca ha dado mucho que hablar dentro de la opinión pública argentina, ya que si bien algunos continúan considerándolo un verdadero prócer de nuestra nación, otros en cambio ven en él a un personaje nefasto, incluso genocida.

Es que se lo critica por sus diversas campañas, y al mismo tiempo se lo acusa de por ejemplo haber robado y secuestrado mujeres.

En este sentido, se sabe que es posible que haya adquirido esa actitud desde muy joven, incluso antes de convertirse en un político destacado de nuestro país. Según se cuenta que Roca mantuvo un noviazgo secreto con una hermosa joven llamada Ignacia Robles.

La relación permaneció en secreto debido a que los padres de la muchacha no aprobaban que su hija estuviera de amoríos con Roca, hasta que éste decidió raptarla, dando como resultado el nacimiento de su primera hija.Todo comenzó cuando Roca andaba por los 26 años de edad. Era una época en la que ya había comenzado a ser reconocido por sus méritos militares, y siendo teniente coronel estaba a cargo del mando militar en la ciudad de Tucumán.

En una de las tantas reuniones sociales a las cuales solían asistir frecuentemente, Roca tuvo la oportunidad de conocer al que se convertiría en uno de sus máximos caprichoso: Ignacia Robles, una jovencita diez años menor que él, proveniente de una familia de hacendados.

Al conocerlo, Ignacia también se sintió fuertemente atraída por Roca. No obstante, debía guardar en secreto su amor y pasión, ya que siempre estaba acompañada de su madre, que jamás aprobaría que su hija se relacionara con Roca. Es que la mujer sostenía que las habladurías que indicaban que Roca era un mujeriego eran totalmente ciertas, por lo que en ningún caso era un buen partido para su hija.

De todas maneras, contrariando los deseos de los padres de Ignacia, Julio Roca comenzó a frecuentar la casa de los Robles con intenciones claras, por lo que por supuesto no era demasiado bienvenido.
En principio, Roca mantuvo una actitud serena al respecto, intentando en cada visita y en cada reunión que se topaba con los Robles, lograr conquistar el corazón de su suegra, para que al fin aprobara la relación con su hija, que de todas formas se había concretado de manera secreta.

No obstante, Roca perdió la paciencia. Totalmente enamorado, y ante la realidad de la imposibilidad de llevar su amor al altar, tomó una decisión inesperada por todos. Raptó a la joven durante una semana, con lo que por supuesto se generó un escándalo a gran escala.

El hecho se produjo mientras se llevaba a cabo una fiesta de la alta sociedad. En medio de la reunión, Roca tomó a la joven Ignacia de un brazo y se la llevó consigo delante de toda la concurrencia, protegido por la impunidad que le otorgaba su cargo.

Cabe destacar que días antes, Roca ya había preparado su plan, ya que según se sabe había alquilado una casa para tal fin, en la cual pasó una semana junto a la joven Robles, sin que nadie se atreviera a contradecir su voluntad, ni siquiera los padres de la muchacha.

Transcurrida la semana, Roca puso en libertad a Ignacia, quien a pesar del escándalo regresó a su hogar paterno como si nada hubiera sucedido. Pero el escándalo no se detuvo allí, ya que luego de transcurridos nueve meses, la joven Ignacia daba a luz una hija, la cual fue bautizada como Carmen. Mientras tanto, Roca dejaba Tucumán para viajar a Entre Ríos y sumarse al ejército que lucharía para reinstaurar el orden constitucional luego del asesinato de Justo José de Urquiza.

Por decisión de los Robles, la joven Ignacia contrajo matrimonio con Bibiano Paz, quien tenía un parentesco materno con Roca. Algunos años después, Julio Roca se casó con Clara Funes, con quien tuvo seis hijos: Julio, Elisa, María Marcela, Agustina, Clara y Josefina.

Roca jamás reconoció la paternidad de Carmen, pero tampoco se la negó, y en realidad a pesar de llevar el apellido Robles, la pequeña era conocida por todos como la hija del general Roca. Padre e hija se conocieron finalmente en 1883, cuando Carmen había cumplido los 13 años, y a partir de allí se mantuvieron en contacto. 

Fuente: Graciela Marker Para Planeta Sedna

Amores de Hipólito Yrigoyen y Dominga Campos Historia Romanticas

Amores de Hipólito Yrigoyen y Dominga Campos Historia Románticas

Hipólito Yrigoyen y Dominga Campos

En la historia de la Argentina existe una larga lista de Presidentes que han contradicho en los hechos los principios políticos que sostenían ante la opinión pública. En este sentido, uno de los casos más peculiares ha sido el de Hipólito Yrigoyen, que mientras tuvo voz y voto en el Congreso defendió rotundamente la creación de una plataforma adecuada que sirviera para reivindicar la institución del matrimonio, pero que en realidad aquella prédica no se veía reflejada en su vida privada.

Hipolito IrigoyenLo cierto es que Yrigoyen fue único Presidente soltero de la Argentina, y no precisamente porque le faltaran amoríos, sino porque a lo largo de su vida y en sus diferentes romances, siempre se negó a casarse.

Se sabe que Yrigoyen tuvo tres grandes amores correspondidos, y que cada una de estas mujeres se sometió a la decisión que él había adoptado para su vida de rechazar el matrimonio. Por otra parte, con cada una de ellas tuvo una vida en común y varios hijos, aunque no todos fueron reconocidos legalmente por el mandatario.

Su primera historia de amor data del año 1872, cuando se enamoró de Antonia Pavón, una joven humilde que le dio una hija a quien bautizaron Elena. Y su último amor tuvo lugar en 1897 cuando conoció a Luisa Bacichi, la viuda del escritor Cambaceres, con quien tuvo un hijo llamado Luis Hernán Irigoyen.

Entre medio de aquellas relaciones, Yrigoyen conoció a una de las mujeres que sin dudas más lo amó: Dominga Campos. Hija del destacado Coronel Julio Campos, la joven se había criado en medio del ambiente militar, viviendo muchas veces en fortines.

Fue precisamente cuando Yrigoyen tenía 25 años que conoció a esta hermosa jovencita de 17 años y comenzó a tejerse una de las relaciones más escandalosas de la época. Es que el romance comenzó cuando la joven aún vivía en la casa de sus padres, e Hipólito Yrigoyen solía visitarla, no sólo por la tarde, sino también por la noche.

Aquellas frecuentes citas nocturnas dieron como resultado que al poco tiempo de conocerse, Dominga quedara embarazada por primera vez de Yrigoyen. Ante la realidad, el padre de Dominga intimó a la joven y a su amante a contraer matrimonio, a lo que Yrigoyen se negó rotundamente.

Para Dominga aquello no fue ningún desprecio, ya que sabía que jamás se convertiría en su esposa. Por el contrario, la joven estaba feliz viendo crecer su vientre, llevando dentro suyo de fruto de aquel gran amor.

Don Campos, indignado con el proceder de Yrigoyen decidió que su hija debía abandonar la casa paterna y olvidar para siempre que tenía una familia. Al mismo tiempo, los parientes de Yrigoyen no aprobaban su unión con Dominga, ya que preferían que Hipólito se casara con Antonia Pavón.

Finalmente el conflicto se resolvió el 27 de octubre de 1880 cuando Dominga dio a luz a Eduardo Abel, el que sería el primer hijo de la pareja. La joven dejó para siempre el hogar paterno, y se mudó a una casa ubicada en la actual avenida Scalabrini Ortiz esquina Santa Fe, que Yrigoyen había alquilado.

En principio, parecía el hogar de una familia constituida, aunque no precisamente bajo los términos de la ley, pero lo cierto es que allí vivían Dominga y su hijo Eduardito, mientras que Yrigoyen siempre estaba de paso.

A pesar de la opinión de la gente, que no dejaba de criticarlos, ellos continuaron por varios años llevando adelante su vida, y mientras Yrigoyen trabajaba para hacerse un lugar en la política del país, Dominga daba a luz a sus hijos y los criaba, tal como una madre soltera, pero con la diferencia de que la familia era mantenida por Yrigoyen. No faltaba dinero, pero se observaba la ausencia total de un padre.

A lo largo de los años de convivencia, Dominga e Hipólito tuvieron seis hijos, de los cuales tres murieron de pequeños.

Según se cuenta, a la par que mantenía su relación con Dominga, Yrigoyen extrañamente intentó casarse con una joven de la alta sociedad, lo cual jamás sucedió debido a que el padre de la muchacha se negó rotundamente. Sin embargo, aquello nos les impidió que tuvieran un hijo, al cual Yrigoyen jamás reconoció.

Cuando Dominga e Yrigoyen llegaron a cumplir más de doce años juntos, la pareja ya había comenzado a pensar en contraer matrimonio. Sin embargo, en noviembre de 1889 Dominga murió antes de cumplir 29 años, a causa de padecer de tuberculosis.

Los tres pequeños hijos de la pareja fueron criados a partir de allí por Carmen Campos, padeciendo para siempre la ausencia de su padre, que luego de la muerte de Dominga jamás volvió a interesarse en ellos.

Fuente: Graciela Marker Para Planeta Sedna

Felicitas Guerrero y Enrique Ocampo Romances de la Historia Argentina

Felicitas Guerrero y Enrique Ocampo – Romances de la Historia Argentina

HISTORIA DE LOS ROMANCES ARGENTINOS
Felicitas Guerrero y Enrique Ocampo

Felicitas Guerrero Las historias de fantasmas y apariciones habitan desde siempre en el imaginario colectivo, tanto de los pueblos del interior como de las grandes ciudades como la de Buenos Aires. Es en esta urbe donde surgen las historias más atrapantes, cuyos protagonistas son los espectros de figuras conocidas de la historia argentina.

En este sentido, seguramente el fantasma de Felicitas Guerrero es el más popular.

Según cuenta la leyenda que aún hoy circula, todos los días 30 de enero por la noche, quienes se encuentran cerca de la Iglesia de Santa Felicitas, ubicada sobre la calle Isabel La Católica 520, entre las calles Brandsen y Aristóbulo del Valle, frente a la Plaza Colombia en el barrio porteño de Barracas, pueden escuchar el llanto desconsolado de Felicitas, e incluso algunos aseguran haber podido observar su figura espectral detrás de las rejas que encierran la capilla.

Pero la leyenda urbana no se detiene ahí, sino que también existen quienes aseguran que quien osa tocar la estatua de mármol que representa a Felicitas y a su hijo Félix, la cual se emplaza en el predio de la Iglesia sobre la calle Brandsen, son víctimas de grandes tragedias.

Por supuesto que el mito popular que encierra la figura de Felicitas Guerrero tiene su fundamento, y como sucede en casi todas las leyendas de este tipo, ha sido basado en la dramática vida y la trágica muerte que tuvo la mujer.

De joven, Felicitas fue una de las mujeres más cortejadas del mundo aristócrata de Buenos Aires. Esto hizo que el hacendado Martín de Álzaga, un hombre que por ese entonces tenía 60 años, se propusiera como esposo de Felicitas, que sólo contaba con 15 años, ante los padres de la joven.

Álzaga era el hombre más rico de la Argentina, por lo que a pesar de que Felicitas imploró a sus padres no aceptar la propuesta, su progenitor hizo oídos sordos al pedido de su hija, y decidió entregarla a dicho matrimonio, creyendo que la jovencita lograría un excelente futuro plagada de felicidad y sin necesidades.

Pocos meses después se llevaba a cabo la boda entre Felicitas Guerrero y Martín de Álzaga, en medio de una fiesta en la que estaba presente toda la alta sociedad de Buenos Aires, entre los cuales también se encontraba Enrique Ocampo, un joven que desde siempre había amado en secreto a Felicitas.

Felicitas no era feliz con aquel matrimonio, pero aquella tristeza pareció desvanecerse cuando dio a luz a su primer hijo, a quien bautizó Félix de Álzaga. Sin embargo, la alegría resultó efímera, ya que el pequeño murió de fiebre amarilla cuando sólo tenía seis años de edad.

La tristeza nuevamente invadía su vida, hasta que logró quedar embarazada nuevamente, dando a luz en esta oportunidad a Martín, quien lamentablemente también murió pocos días después de haber nacido.

El destino parecía que se había ensañado con la pareja, pero la fortaleza del espíritu de Felicitas la mantuvo con vida. Por el contrario, la muerte del pequeño niño fue una tragedia demasiado grande para el septuagenario Martín de Álzaga, que murió quince días después de la muerte de su hijo, a causa de una profunda depresión.

Con sólo 25 años, Felicitas se convertía en la viuda más rica de la Argentina, pero también en una de las mujeres más tristes. Fue en ese momento que Enrique Ocampo decidió acercarse a ella con el fin de conquistar su corazón, pero sólo halló el rechazo de parte de Felicitas, ya que la joven estaba dispuesta a cumplir con el luto riguroso que se había propuesto.

Pasaron algunos años, y una vez reincorporada a la vida social, Felicitas conoció a Samuel Sáenz Valiente, un joven hacendado que supo enamorar a la mujer y así surgió un romance apasionado, que dio como resultado que a los pocos meses anunciaran públicamente su matrimonio.

Mientras tanto, Enrique Ocampo observaba con despecho cómo su único amor se escapaba nuevamente de su destino, y esta vez no pudo tolerarlo.

Aquella mañana del mes de enero, Enrique Ocampo tomó su arma y partió hacia la casa de Felicitas dispuesto a todo. Luego de una discusión, intempestivamente decidió descargar su furia apretando el gatillo, dirigiendo una bala mortal hacia Felicitas. Segundos después, Ocampo apuntó el arma hacia su corazón y se suicidó. Finalmente, después de tres días de intensa agonía, el 30 de enero de 1872 Felicitas exhalaba su último suspiro.

Cuatro años después, en aquella casona en la que vivió su vida y se encontró con la muerte la bella Felicitas, fue construida la Iglesia que lleva su nombre. Poco tiempo después comenzaron a circular las historias que aseguran que el fantasma de Felicitas aún no ha hallado la paz.

Fuente: Graciela Marker Para Planeta Sedna

Amores de Bartolomé Mitre y Delfina Vedia Grandes Romances Personajes

Amores de Bartolomé Mitre y Delfina Vedia Grandes Romances

HISTORIA DE LOS ROMANCES ARGENTINOS
Bartolomé Mitre y Delfina Vedia

Bartolomé Mitre Si debiéramos crear un ranking que listara a las mujeres de nuestros próceres argentinos en base a lo que han sufrido en su vida, seguramente Delfina Vedia, la esposa de Bartolomé Mitre, sería quien poseería todos los méritos para quedarse con el primer lugar.

Y no es precisamente que no haya conocido la felicidad en su vida, ya que en realidad ella misma confesó estar muy cerca de dicho sentimiento durante el nacimiento de cada uno de sus hijos. Pero lo cierto es que la sombra de la desdicha siempre opacó los pocos momentos de alegría que tuvo su existencia.

Delfina conocía las tretas de la muerte muy de cerca, sobre todo en épocas de guerra, ya que esto había sido el causante de haber perdido para siempre a su madre y a cinco de sus seis hermanos.

Pero la desgracia no acobardó su espíritu, y pensó que en el matrimonio, junto al hombre que amaba profundamente, encontraría la ansiada paz y felicidad. Así fue que el 28 de noviembre de 1840, se casó con su amado Bartolomé Mitre.Delfina Vedia

Poco después debía enfrentarse a una penosa realidad, ya que su marido priorizaba su misión política a su vida en pareja. Es por ello que se cuenta que en los primeros tiempos el matrimonio tenía una extraña relación a distancia, debido a que Delfina vivía aún en Montevideo y Mitre debía viajar frecuentemente a Buenos Aires.

Incluso, en la casa que compartían en escasas oportunidades, la pareja tenía habitaciones separadas, y según relata la historia Delfina tenía prohibida la entrada al cuarto de Mitre, incluso debía pedirle permiso para asear la habitación cuando él se encontraba de viaje.

En medio de este contexto, se produjo el nacimiento de la primera hija de Delfina y Bartolomé, que llegó a este mundo el 14 de abril de 1843, siendo bautizada como Delfina Josefa. Aquel nacimiento que Delfina debió enfrentar sola, fue seguramente el detonante para que decidiera mudarse a Buenos Aires, con la firme intención de estar en permanente contacto con su marido, y poder dejar atrás tanta tristeza.

Allí, mientras su esposo ascendía en su carrera política, Delfina continuó refugiándose en la maternidad, y con el correr de los años tuvo cuatro varones y dos mujeres.

Mientras tanto, Bartolomé Mitre se mantenía distante y alejado de su mujer, abocado a su misión política, que lo condujo a convertirse en el Gobernador de Buenos Aires, lo que al mismo tiempo significó que ganara una enorme popularidad, no sólo entre sus compañeros y amigos, sino también entre las mujeres. Aquello comenzó a sembrar dudas en torno a la fidelidad de su esposo, dudas que disipaba convencida de que Bartolomé era sólo suyo.

Las dudas se disipaban, pero la profunda tristeza de Delfina no, quizás porque esa era la cruz que debía llevar a cuestas en su vida. Aquella tristeza llegó a un nivel realmente intolerable, cuando su hijo Jorge de 18 años se quitó la vida. Delfina no pudo soportar la tragedia, y sobre todo el enfrentarla en soledad, hundiéndose cada vez más profundo en su depresión.

Los años continuaron transcurriendo, y mientras tanto Delfina registraba sus vivencias y sentimiento en su diario íntimo, el cual es considerado como una verdadera joya en el género.
El 6 de octubre de 1882, Delfina moría de peritonitis. Casi una década después, Mitre era derrotado en las elecciones presidenciales. A los 84 años, precisamente el 19 de enero de 1906, Mitre daba su último aliento.

Fuente: Graciela Marker Para Planeta Sedna

Las Mujeres de Sarmiento Romances de la Historia Argentina Amores

Las Mujeres de Sarmiento – Romances de la Historia Argentina 

HISTORIA DE LOS ROMANCES ARGENTINOS
Sarmiento y su historia con las mujeres

Más allá del mito, detrás de la formal figura de Sarmiento se escondía un hombre que gustaba mucho de las mujeres. Según se cuenta, los arrebatos amorosos del prócer lo condujeron a desilusiones constantes y sufrimientos repetidos por amor, ya que si bien era un hombre que poseía un excelente poder de oratoria, algo que atraía a las jovencitas idealistas de la época, lo cierto es que su apariencia no lo ayudaba demasiado.

sarmiento presidente argentinoLa vida amorosa del Padre del Aula se inicia alrededor de 1831, cuando Sarmiento parte exiliado hacia Chile. En su nueva residencia, comienza a trabajar como maestro en San Francisco del Monte, donde conoce a una joven chilena llamada Jesús del Canto. El fugaz amor de la pareja dejó una marca indisoluble en el tiempo, ya que tuvieron una hija, quien fuera bautizada como Faustina.

La pareja no volvió a verse jamás, y la pequeña niña fue criada y educada por Doña Paula Albarracín, la madre de Sarmiento, con la ayuda de sus hermanas en la humilde casa de San Juan. Aquella pequeña se convertiría con el transcurrir de los años en la única compañía de Sarmiento durante sus últimos días de vida en el Paraguay.

Más de una década después de su primer amor, precisamente en 1845, y luego de un largo viaje por Europa, Estados Unidos y África, Sarmiento regresa a Chile, esta vez a Valparaíso, donde comienza una relación clandestina con Benita Martínez de Pastoriza (imagen der.) , una mujer casada.aurelia velez sarfield

Por aquella época, Benita da a luz a su único hijo, del cual siempre se ha dudado la identidad de su padre biológico, ya que muchos aseguran que se trata del hijo legítimo de Sarmiento. Lo cierto es que en 1848 el Padre del Aula regresa a Valparaíso con el objetivo de contraer matrimonio con Benita, además de adoptar al pequeño niño y darle su apellido, quien pasa a llamarse Domingo Fidel Sarmiento.

No obstante, los celos constantes de Benita hacen que la pareja comience a tener problemas, que conducen al matrimonio al fracaso inevitable, por lo Sarmiento decide alejarse durante un tiempo.

Así es que Sarmiento regresa a su patria, y en Buenos Aires encuentra a una joven que había conocido de niña, pero que el paso de los años la habían convertido en una adolescente hermosa, inteligente, y amante de la política: Aurelia Vélez Sársfield, hija de Dalmácio Vélez Sársfield, quien fuera amigo de Sarmiento. Aquella era la mujer ideal para él, pero lamentablemente aún estaba casado, y Aurelia también, ya que había contraído matrimonio con su primo Pedro Ortíz Vélez.

«Te amo con todas las timideces de una niña y con toda ia pasión de que es capaz una mujer. Te amo como no he amado nunca, como no creía que era posible amar. He aceptado tu amor porque estoy segura de merecerlo. Sólo tengo en mi vida una falta y es mi amor a ti. Perdóname encanto mío, pero no puedo vivir sin tu amor. Escríbeme, dime que me amas, que no estás enojado con tu amiga que tanto te quiere».
Aurelia Vélez Sarsfield.

En 1857 Benita cansada de esperar el regreso de su marido, decidió viajar a Buenos Aires, algo que en realidad fue una mala noticia para el Padre del Aula, por lo que su desprecio por Benita crece, de la misma manera que se acrecienta su amor por Aurelia.

Cuando Sarmiento se muda a San Juan para cumplir con su cargo de Gobernador, comienza a escribir cartas a Buenos Aires, para su esposa Benita, para su hijo Dominguito y para su amada Aurelia. Pero el destino que nada perdona, hizo que una de las cartas de amor destinadas a Aurelia cayera en manos de Dominguito, quien inmediatamente se la mostró a su madre.

Aquello que al principio había sido una mala pasada casual se convirtió en el motivo que permitió a Sarmiento separarse definitivamente de Benita, después de 14 años de matrimonio. Cabe destacar que fue en esa época que Sarmiento se entera de que su mujer lo engañaba, y que además estaba esperando un hijo de otro.

Dos años después, parte a Estados Unidos para desenvolverse como Embajador, y a pesar de seguir enamorado de Aurelia, allí mantiene un romance con una joven profesora de ingles llamada Ida Wickersham, quien también estaba casada.

Aquella aventura perdura por mucho tiempo, incluso mantuvieron el contacto a través  de cartas, cuando en 1868 Sarmiento regresa a Argentina siendo elegido Presidente de la República. Mientras tanto, Sarmiento continúa profundamente enamorado de Aurelia Vélez Sársfield.

Los años pasaron, y al cumplir 77 años Sarmiento parte a Paraguay. Una vez allí le escribe a su gran amor para que se reúna con él, a lo que Aurelia, quien también se confesó enamorada del Padre del Aula, responde de manera positiva viajando a Paraguay.

Nuevamente el destino les jugaría una mala pasada, ya que Aurelia no alcanzó a hallarlo con vida a Sarmiento, quien daría su último respiro el 11 de septiembre de 1888.

DALMACIO FUE QUIEN ABRIÓ LAS PUERTAS POLÍTICAS DE BUENOS AIRES AL SANJUANINO, Y TAMBIÉN LE ABRIÓ LA PUERTA DE SU CASA. LA PUERTA DEL DORMITORIO DE SU HIJA ES PROBABLE QUE LA HAYA ABIERTO DOMINGO FAUSTINO, PERO SOBRE ESTOS TEMAS NUNCA SE SABE CON SEGURIDAD CÓMO FUERON LAS COSAS.

ALGO MAS SOBRE AURELIA VELEZ SARSFIELD:
Fuente: Cuadernillo N°11 Aurelia Vélez Sarsfield –
La Hija de Dalmacio, la Amante de Sarmiento
Universidad Nacional del Litroral

La historia de amor empieza cuando Aurelia ya está separada de su marido y Sarmiento ha regresado a Buenos Aires y trabaja en el diario que dirige don Dalmacio.

Aurelia aún no ha cumplido veinte años pero es una mujer inteligente, despierta, que ha vivido experiencias inusuales para una muchacha de su edad y de su clase y que, a pesar de los dolores de cabeza que le ha dado a su padre, es su preferida y su principal colaboradora intelectual.

Los hombres y las mujeres que la conocieron sugieren que no era lo que se dice una mujer hermosa. La palabra «interesante» tal vez sería la más adecuada para caracterizarla. Los retratos que se conservan de ella no permiten decir que fuera fea. Sus ojos, su boca, la expresión un tanto irónica, un tanto burlona, dan cuenta de una mujer que, si el retrato no miente, era algo más que «interesante».

Aurelia, en 1853 se casó con su primo Pedro Ortiz Vélez. El resultado de ese noviazgo y casamiento fue un fracaso total, incluidas las infidelidades, el crimen y el probable aborto. Hay una discusión entre los historiadores sobre la fecha de ese casamiento, porque algunos la ubican en 1858 aunque lo más probable, atendiendo a la documentación disponible, es que haya sido en 1853.

Se dice que fue en la redacción del diario El Nacional que Aurelia conoció al hombre de su vida. Sarmiento ingresó a ese diario de la mano de su amigo Dalmacio en julio de 1855.

Dalmacio fue quien abrió las puertas políticas de Buenos Aires al sanjuanino, y también le abrió la puerta de su casa. La puerta del dormitorio de su hija es probable que la haya abierto Domingo Faustino, pero sobre estos temas nunca se sabe con seguridad cómo fueron las cosas.

No se conoce con certeza qué día se conocieron los futuros amantes, tampoco si quedaron deslumhrados de entrada o si se fueron enamorando a medida que se conocían. De lo que sí hay bastantes certezas es de que ya para entonces Aurelia no sólo había protagonizado el escándalo que todo Buenos Aires comentó en su momento, sino que era también una eficaz colaboradora de su padre, algo así como una secretaria de confianza que le llevaba al día su correspondencia y le ordenaba los papeles.

Digamos que la mujer que Sarmiento conoce en 1855 tiene diecinueve años, pero es una mujer formada políticamente y que ha vivido una experiencia afectiva que la ha marcado de una manera especial.

Vale la pena aclarar esto, porque si no sobrevive el prejuicio de que Domingo Faustino sedujo a una niña inocente y desvalida aprovechándose de la amistad con el padre y de su experiencia como amante.

Para 1855 Aurelia no tenía nada de inocente, y su estilo de vida y sus gustos tenían poco que ver con los de las niñas de su edad. Respecto del abuso de confianza de Sarmiento por haber seducido a la hija de un amigo, habría que decir que Vélez Sarsfield jamás censuró esa relación, que la conoció prácticamente desde sus inicios y que no hay un escrito, una palabra que indique que el viejo estuviese fastidiado por la relación de su amigo con su hija. Por el contrario, hay testimonios de que no sólo aceptaba la relación, sino que, en cierto sentido, estaba satisfecho por que las cosa fueran así.

No deja de sorprender la conducta del padre de Aurelia. Es un hombre mayor, conservador, que acepta que su hija mantenga relaciones con un hombre casado. Es que pareciera que, después del escándalo protagonizado con Pedro Ortiz, don Dalmacio había quedado curado de espanto, y todo lo que hiciera Aurelia le parecía poco o nada comparado con lo que había ocurrido con ese desgraciado matrimonio y lamentable desenlace.

Pero, más allá de las especulaciones, sigue pendiente el interrogante respecto de la comprensión que tuvo Dalmacio por la relación de su hija con su amigo.

En algún momento los historiadores discutieron si la relación entre ellos fue la de amantes o amigos íntimos. Hoy esta discusión está superada, pero en otros tiempos a muchos historiadores les resultaba chocante admitir que el procer Sarmiento hubiera sido un amante fogoso de niñas recién salidas de la adolescencia, porque -vale la pena recordar- María del Canto también era lo que se dice una niña cuando quedó embarazada de su maestro en la escue-lita chilena de Los Andes.