Los Inicios de la Música de Opera

Historia del Músico de Sarajevo Ejecuta Su Chelo en la Guerra

HISTORIA DEL MÚSICO DE SARAJEVO

ejecuta su chelo en medio de la una guerra

Durante 22 días de guerra, a las 4 de la tarde, Smailovic se ponía su traje de gala, tomaba su chelo y caminaba en medio de la  batalla que se peleaba en torno de él. Colocando una silla de plástico junto al cráter dejado por el proyectil, tocaba en recuerdo de los muertos el Adagio en sol menor de Albinoni.

En 1918 al finalizar la Primera Guerra Mundial, el mapa político de Europa cambió, y el imperio austrohúngaro se desmembró, naciendo: Letonia, Hungría, Checoslovaquia, Austria, Lituania, Estonia, Rumania, Polonia y Yugoslavia.

De esta manera nació la Primera República de Yugoslavia, tratando de integrar a todas las naciones que rodeaban a Serbia, una cuestión bastante complicada por las diferencia de etnia, religiones, culturas, tradiciones, etc.

Se mantuvo bajo un gobierno monárquico (con muchos descontentos) encabezado por el rey Alejandro I, pero cuando en 1941 durante la segunda guerra mundial la zona es ocupada por nazi cae la monarquía y queda bajo el control alemán por poco tiempo.

Al finalizar la guerra, luego del reparto de las potencias ganadoras, estos países quedan bajo la órbita socialista y el mariscal  Josep Tito toma el poder y asume el gobierno hasta su fallecimiento en 1980.

Cuando se pierde esta personalidad que lograba unir a todas esa nacionalidades, nace en cada uno de esos pueblos el sentimiento nacionalista e intentan cada una lograr su independencia, pero Milosevic quien fuera el máximo representante servio inicia una campaña agresiva y bélica sobre las demás naciones que buscaban su libertad política y de esta manera comienza la famosa Guerra de los Balcanes a partir de 1992.

En medio de estos trágicos sucesos de violencia y horror de la guerra, nace nuestra historia de Vedran Smailovic un músico de Sarajevo, que dolido y atormentado decide dar un toque humano a aquel paisaje desolador, con su noble música.

LA HISTORIA DE SMAILOVIC: El 27 de mayo de 1992, una de las pocas panaderías de Sarajevo que aún tenían harina seguía repartiendo pan entre la gente hambrienta y abatida por la guerra.

A las 4 de la tarde había una larga fila en la calle.

De repente,un  proyectil de mortero cayó en pleno centro de la misma y, con una explosión de carne, sangre, huesos y escombros, mató a 22 personas.

No lejos de allí vivía Vedran Smailovic, que hasta antes de la guerra había tocado el chelo en la Ópera de Sarajevo, profesión distinguida a la que anhelaba volver.

Sin embargo, al ver por la ventana aquella carnicería ya no pudo seguir aguantando en silencio tantas atrocidades. Lleno de angustia, decidió dedicarse a lo que mejor hacía: la música; una música pública, audaz, en el campo de batalla.

Todos los días durante los 22 que siguieron, a las 4 de la tarde, Smailovic se ponía su traje de gala, tomaba su chelo y caminaba en medio de la batalla que se peleaba en torno de él.

Colocando una silla de plástico junto al cráter dejado por el proyectil, tocaba en recuerdo de los muertos el Adagio en sol menor de Albinoni, una de las piezas más tristes e inquietantes del repertorio clásico.

Tocó ante las calles desiertas, los autos destrozados y los edificios incendiados, y ante las personas aterradas que se escondían en los sótanos mientras caían las bombas y silbaban las balas.

Entre edificios que volaban en pedazos, con una valentía asombrosa, Smailovic se manifestó así en defensa de la dignidad humana, los muertos de la guerra, la civilización, la compasión y la paz. Aunque los bombardeos persistieron, él salió ileso.

Cuando la prensa recogió la historia de este hombre extraordinario, el compositor inglés David Wilde quedó tan conmovido que también decidió hacer música.

Compuso la obra para chelo solo El chelista de Sarajevo, en la que vertió los sentimientos de indignación, amor y fraternidad que compartía con Vedran Smailovic.

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UN ENCUENTRO Y HOMENAJE EMOTIVO

En la imagen de la izquierda  vemos a Yo-Yo Ma músico chelista, de fama mundial quien ejecutó la obra de Wilde.

Solo, sentado humildemente junto a su instrumento, frente a un numeroso y distinguido público que cada dos años se dan cita en el Festival Internacional de Chelo, en Manchester, Inglaterra.

Luego de su cordial y elegante saludo a la audiencia, inició su ejecución con la calidad que solo los grandes pueden hacerlo, y su música se adueñó de todos los oyentes que parecían ver o vivir los desastres y masacres de esa guerra genocida.

Era un silencio maravilloso y a la vez con un profundo dolor por todas esas víctimas inocentes que perdieron la vida por crueldad de un megalómano. Nadie en la sala se movía, ni hacían el menor ruido durante todo ese tiempo hasta que Yo-Yo Ma se detiene, se apoya como descansando sobre su chelo, mira al público y le indica a alguien del público que se acerque al escenario….cuando se levanta nadie lo podía creer, pues era Vedran Smailovic, con su típico bigote, su larga cabellera, y vestido con una vieja campera de cuero.

Ello se funde en un fuerte abrazo, llorando sin reservas, frente a un público que no paraba de  aplaudir y lagrimear, estupefacto por lo que les tocó presenciar esa noche.

Tenían a su lado, a uno de los mas grande chelista del mundo y un hombre que con su música había desafiado las bombas, un régimen sádico y la muerte.

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EL MÚSICO DE VENEZUELA

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LA MÚSICA PARA DE EVANGELIZAR A LOS GUARANÍES

Tras el fallecimiento, como mártires, de algunos religiosos jesuitas, el Padre Gabriel  encabezará la labor pastoral en solitario acompañado de una Biblia y un oboe, junto a las cataratas del Iguazú, donde los misioneros jesuitas intentan atraer a la fe y la civilización a los indios guaraníes, que vivían en la selva.

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Breve Historia de los Instrumentos Musicales Con Imágenes

 Resumen de la Historia de los Instrumentos Musicales

Instrumentos musicales, objetos utilizados para aumentar el limitado campo de los sonidos musicales —tales como palmadas, patadas, silbidos, zumbidos y canto— que puede producir el cuerpo humano. En las diferentes latitudes los instrumentos varían mucho en propósito y diseño, desde los objetos naturales no elaborados, como las caracolas, a los complicados productos de la tecnología industrial.

El dios Tot, de quien se dice que su voz creó el universo, paseábase un día a orillas del Nilo cuando oyó una extraña modulación procedente de un cañaveral agitado por la brisa. Trató de conocer la fuente de esa melodía y, al acercarse, halló un caparazón vacío de tortuga, al cual se adherían aún nervios y tendones secos. El viento, al acariciarlos, producía esas notas armoniosas.

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Entusiasmado, creó el dios con su hallazgo un instrumento que, modificado a través del tiempo, se transformó en la lira. Esto, que no es más que una levenda, tiende, sin embargo, a destacar el hecho cierto de que fue la naturaleza quien se encargó de sugerir los primeros instrumentos musicales.

En efecto, la flauta nació de los sonidos que el viento producía al penetrar en las cañas. Las manos, que se golpeaban acompasadamente para acompañar el canto, originaron el primer instrumento de percusión: el tambor, y los metales que vibraban bajo los golpes del martillo que les daba forma, sugirieron la idea de los címbalos o platillos.

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Desde la antigüedad los instrumentos se clasificaron en: instrumentos de percusión, de cuerda y de viento. Como la danza y el canto, la música instrumental sedujo al hombre desde los tiempos más remotos.

Los griegos atribuyeron el invento de la lira ya a Hérmes, ya a Apolo, de quien también se dice que otorgó el arpa a los primeros hombres. Se conserva en el Louvre un bajorrelieve sumerio que se remonta a 4.000 años antes de la era cristiana, en el que aparece una cítara muy bien construida y una flauta tañida por un pastor. (ver: Música en Grecia Antigua)

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Los asirios y caldeos dejaron numerosos documentos que atestiguan la importancia que, en esa época, tuvieron los instrumentos musicales tales como arpas, sistros, salterios, dobles flautas, trompetas, tamboriles.

Se considera que fueron los asirios quienes hicieron conocer a los egipcios muchos de los instrumentos nombrados. La música ocupó un lugar más importante aún entre los judíos. Cuéntase que el rey David, muy aficionado al canto, organizó un coro de 4.000 voces dirigidas por 288 directores.

Los chinos y los hindúes emplearon una cantidad tan grande de instrumentos que ningún pueblo llegó a igualarlos en ese campo. Uno de los más antiguos es el pienking formado con dieciséis placas de piedra que se golpeaban con un mazo.

Fueron, sin duda, los hindúes los primeros que utilizaron instrumentos de arco en que las cuerdas, ni golpeadas ni pellizcadas, eran acariciadas con un arco que producía sonidos prolongados. Es probable que haya nacido en las Indias el lejano precursor del violín: el ravanastron, uno de los numerosos instrumentos de cuerda usados en ese inmenso país.

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La cultura de los griegos los llevó muy lejos en los conocimientos musicales. En sus ceremonias, especialmente en las fiestas de Dionisio (Baco), se oían trompas, cuernos, tambores y címbalos. Prestaron, además, particular atención al perfeccionamiento de la lira y de la flauta. En un principio la lira tuvo cuatro cuerdas, luego doce y hasta dieciocho. Tañíase con un plectro (pequeña hoja de escamas, marfil, madera o metal que los mandolinistas emplean aún hoy).

La caja de resonancia de la lira tenía el dorso encorvado, mientras que la de la cítara —el más importante de los instrumentos de la Grecia antigua— tenía el dorso chato.

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Cítara

El megadis tenía veinte cuerdas sobre las cuales se tocaba en octavas. El pectis, el simikion y el espinonia eran otros instrumentos de cuerdas muy numerosas y análogos al arpa. Aunque se atribuyó a la poetisa Safo el invento del megadis, parece más verosímil que haya sido importado de Asia.

La pandora y la nahla pertenecían a la familia de los laúdes. En cuanto a las flautas, los griegos tenían varios tipos: la siringa o flauta de Pan era el instrumento de los pastores y el preferido de las divinidades de los bosques.

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La flauta de Pan era el instrumento de los pastores. Estaba formada por varios tubos de distinta longitud. Los poetas la hicieron símbolo de la vida pastoril. Ciertas leyendas griegas atribuyen a Hermes el invento de la lira. Otros la atribuyen a Apolo, divinidad que hizo a los hombres el don del arpa. En ese instrumento se puede descubrir la idea de los futuros órganos por la cantidad de tubos que se insertaban en una caja en la que se introducía el aire por medio de un fuelle.

Los romanos, al conquistar Grecia, se apropiaron muchos instrumentos de esa nación, particularmente losde viento, que parecían gozar de preferencia en aquellos tiempos. Entre ellos, los cuernos en forma de círculo que se colocaban alrededor de la cintura, y las tubas, trompetas derechas de boca ancha. En la campiña romana los pastores acostumbraban tañer el caramillo, instrumento de doble lengüeta que originó la gaita y más tarde el oboe.

La música de acompañamiento se reducía a un redoblamiento de la melodía, ya fuese al unísono o en octava. Los instrumentos de cobre se empleaban especialmente en los cortejos y sacrificios.

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Los sonidos de los instrumentos musicales son producidos y modificados por tres componentes: 1) la materia que vibra (como la cuerda del violín), que entra en movimiento por el frotamiento, el soplado, el golpeado o cualquier otro método; 2) el cuerpo resonador, amplificador o reflector (caja de resonancia o tubo); y 3) mecanismos asociados para la variación del sonido como llaves, válvulas, trastes y sordinas.

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Numerosos instrumentos antiguos perduraron hasta la Edad Media; otros se transformaron, y algunos aparecieron por primera vez. En la época de los troveros que iban de castillo en castillo para cantar las hazañas de los héroes y de los personajes legendarios, se tocaba un instrumento de la familia del arpa: la rotta.

Junto a esos troveros o trovadores, que eran de origen noble, estaban los ministriles, quienes acompañaban los cantos de sus amos con la viola o la gaita.

Esos ministriles se transformaron luego en cantores populares. En esa época aparecieron el rabel, la guzla y la viola. El rabel era un instrumento de arco de origen oriental, sin mango independiente. La caja sonora que se adelgazaba hasta el clavijero estaba cubierta con una tablilla cuya parte inferior constituía la tabla de armonía destinada a reforzar la sonoridad de las cuerdas. En los bajorrelieves romanos se observó un instrumento intermedio entre la lira y el rabel.

historia de los instrumentos musicales

De izquierada a derecga: Guzla con caja de resonancia de tres o cuatro cuerdas, rabel del siglo XI, otro del siglo XVI.
Viola antigua. Viola del siglo XVI.

La guzla se asemejaba a las violas, pero su caja de resonancia era redondeada como la de los mandolines. Las cuerdas eran frotadas con un arco. Las violas de forma chata se distinguían de las guzlas por su mango independiente. Su fabricación era más esmerada, y bajo el mismo nombre se incluían muchos instrumentos de esa clase pero más perfeccionados.

Su origen se hacía remontar a la vídula de los romanos. Se poseen composiciones musicales del siglo XIII escritas para tres violas.

Hasta el siglo XIV, los vocablos guzla y viola fueron empleados, a menudo, indistintamente. Pero a partir de esa época se aplicó la palabra guzla tan sólo a una viola con rueda que se tocaba girando una manivela a la que estaba fijado un hilo que al pasar sobre las cuerdas desempeñaba la función de arco.

En los siglos XV y XVI se produjo un gran cambio en la afinación y dimensión de las violas. Fueron las principales: la viola propiamente dicha que se colocaba sobre las rodillas y tenía cinco cuerdas.

El «bajo de viola», llamado por los italianos viola da gamba, tenía de tres a seis cuerdas. El violone tenía siete cuerdas y el accordo llevaba de doce a quince cuerdas. Varias de esas cuerdas no se rozaban con el arco y sólo vibraban por resonancia.

Entre otras variedades de viola mencionaremos la «viola bastarda», algo más grande que la viola da gamba, y la «viola de amor», de dimensión algo mayor que un violín moderno, con cuatro o siete cuerdas principales y de cinco a quince secundarias cuya afinación podía variarse.

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Viola con Manivela que hace vibrar las cuerdas

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Desde el siglo XVI hasta el XVIII los maestros de baile usaron para sus clases un instrumento tan pequeño que podía caber en un bolsillo; se lo llamó «bolsillito» y era un pequeño violín.

En esas transformaciones de las violas debemos buscar el origen del violín. Parece que el tipo de viola llamada lira de braccio estaba muy cerca del nuevo instrumento que aparecería decididamente alrededor del año 1520, el cual se diferenciaba de las violas por la caja de resonancia rebajada, por el fondo abombado, por la voluta y por la cantidad de cuerdas (fijada en cuatro) afinadas en quintas.

El laúd fue el instrumento que gozó de mayor favor en la Edad Media. Su origen se considera muy antiguo, pues se ve reproducido en bajorrelieves de tumbas egipcias donde nacieron al arquilaúd, la tiorba, la bandola y la mandolina. El laúd es también el antepasado de la guitarra. Al principio, las dimensiones del laúd fueron pequeñas, pero paulatinamente se agrandaron y la cantidad de cuerdas llegó a once.

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Trovadores ejecutando el laúd

Alrededor del año 1400 se consideró un instrumento perfecto y no hubo compositor que no escribiera música para laúd, ya fuese en el género profano o en el sagrado.

Desde el siglo XV al XVIII el laúd desempeñó un papel muy importante en las reuniones sociales, y las transcripciones de composiciones vocales para ese instrumento desempeñaron el mismo papel que, en la vida musical moderna, desempeñan obras vocales u orquestales en las adaptaciones para piano. Es así como, en la música de conjunto, el laúd habría de ocupar un lugar cada vez más importante.

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De izquierda a derecha: una de las primeras violas; viola del siglo XVI; viola bastarda; viola de amor.

Se lo halla con el clavicordio y el órgano en ciertas piezas instrumentales de forma libre, imitaciones del motete polifónico; en las fantasías de estilo en fuga, cortadas con intermedios; en las canciones para tocar con trombones y violas y en muchas piezas en las que ya se vislumbra lo que habrán de ser las futuras sonatas.

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Al clavicordio sucedió el clavicímbalo cuyas cuerdas vibraban estimuladas por regletas provistas de plumas de cuervo.
Se lo llamó: «el instrumento emplumado». Tenía dos teclados. Estuvo muy de moda en el siglo XVIII.

Las tocatas, escritas para instrumentos de teclado, derivan sin duda de piezas para laúd.

En un comienzo fueron preludios libres, especie de introducciones que se improvisaban, con laúd, al iniciarse el concierto. Los laúdes están hoy en los museos, y la guitarra es la que ha sobrevivido como instrumento popular.

La diferencia entre el laúd y la guitarra consiste en la forma abombada de la caja de resonancia de esta última. La cantidad de cuerdas ha variado mucho. Los moros introdujeron la guitarra en España de donde pasó a Italia y al sur de Francia inspirando una abundante literatura.

Desde el siglo XVII la evolución de la música ha sido determinada por la transformación de los instrumentos ya existentes y el nacimiento de otros. Empezaremos por el violín. Su origen debe buscarse en las sucesivas transformaciones de la viola.

En Francia la primera mención del violín se halla en el Epítome musical de tonos y acordes, publicación aparecida en el año 1523. En esa fecha, aproximadamente, los fabricantes italianos de instrumentos de cuerdas llevaron la construcción del violín a su más alta perfección.

Con Gasparo Bertolotti de Saló, nacido en el año 1542, se inició la era gloriosa de los instrumentistas de cuerdas con la famosa «escuela bresciana». Casi al mismo tiempo se creó, en Cremona, otro centro donde constructores como Amati, Guarneri y Estradivario (Stradivarius) produjeron verdaderas obras maestras.

El más célebre entre todos, Antonio Estradivario (Stradivarius), nació en el año 1644, en Cremona, de ilustre familia. Fabricó más de 1.200 violines y otros instrumentos de cuerdas. Modificó las curvas de los instrumentos, estudió las cualidades de las diferentes maderas, solucionó delicados problemas de acústica y buscó los barnices más convenientes.

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El más famoso constructor de instrumentos de cuerda fue Antonio Estradivario (Stradivarius) nacido en Cremona, en el año 1644, de familia ilustre. Además de violines construyó: violoncelos, laúdes, guitarras y violas.

Sin embargo, esos violines que hoy alcanzan precios fabulosos, fueron vendidos por el mismo fabracante a precios muy bajos.

El violín lleva un mango o mástil generalmente de madera de acacia. El cuerpo del instrumento se compone de dos tablas, una superior, la tabla armónica, la otra, inferior, el fondo. Las fajas son unas hojas de madera que reúnen la tabla armónica y el fondo. Un trozo de madera ligeramente encorvado y de poco espesor es el puente sobre el que pasan las 4 cuerdas fijadas al cordal por un lado y a las clavijas por el otro.

Las clavijas sirven además para estirar y afinar las cuerdas. Sobre el mango o mástil está fijado el diapasón. El alma es una varita de madera ubicada debajo del puente, entre la tabla armónica y el fondo. Su misión es muy importante: hace vibrar todas las partes del instrumento y mantiene la tabla armónica bajo la presión de las cuerdas.

No tardó el violín en ser considerado como un instrumento insustituible y capaz de permitir al ejecutante la más alta virtuosidad.

Entre los grandes virtuosos citaremos a uno de los más célebres, Arcángelo Coreli (1653-1713), apodado el príncipe del violín. Corelli fue,asimismo,gran compositor. Pero quien llegó a ser el más grande violinista de todos los tiempos fue Nicolás Paganini, nacido en el año 1782, en Génova. Paganini nunca concurrió a escuelas y no quiso comunicar a nadie los secretos de su técnica.

El violoncelo, instrumento de sonoridad grave, construido teniendo por modelo el violín, ocupó al principio un lugar secundario. Pero desde el siglo XVII se transformó en el compañero del violín. La viola, semejante a un violín de gran tamaño, desempeña el papel que, en la música vocal, corresponde al barítono.

El arpa sufrió, desde la antigüedad, numerosas transformaciones, sobre todo por obra de Hochbrucker (1720), Cousineau (1782) y Erard (1801). El instrumento más completo es sin duda alguna el piano, cuyo origen se hace remontar al monocordio utilizado en los tiempos antiguos. En las escuelas pitagóricas se conoció y usó el monocordio.

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El piano comprende una caja que contiene la tabla armónica sobre la que están estiradas las cuerdas, un teclado, y dos pedales que sirven para aumentar o apagar la sonoridad.

A ese instrumento de una sola cuerda se fueron añadiendo otras, pero se continuó con el viejo sistema de pulsar las cuerdas para extraer los sonidos
Así nació el helicón y, mucho más tarde, en el siglo XIV, otro instrumento de 19 cuerdas. Se cree que la palabra monocordio formó el nombre manichordión con el cual se designó el clavicordio. Es éste un instrumento provisto de una cantidad de teclas doble o triple de la de las cuerdas. Unas lengüetas de metal fijadas en la extremidad de las teclas golpeaban las cuerdas haciéndolas vibrar.

Una nueva etapa se inició con la creación del clavicímbalo que tuvo por cada tecla una cuerda afinada al sonido que le correspondía. Fue el primer instrumento de teclado cuyas cuerdas vibraban por la simple caída de las teclas. Éstas, al bajar, ponían en movimiento los mácillos (pequeñas regletas de madera) provistos de plumas de cuervo. Por eso el clavicímbalo fue llamado «el instrumento emplumado».

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Clavicímbalo fue llamado «el instrumento emplumado».

La gloria del invento del piano se debe a Bartolomé Cristófori, de Padua, clavicordista de la corte de los Médicis en Florencia. Este instrumento permitió tocar piano y forte,y de ahí surgió el pianoforte o piano.

Luego el piano fue perfeccionado por los hermanos Erard, en Francia, y por el vienes Streicher quien imaginó un nuevo mecanismo gracias al cual habría de surgir el primer piano vertical.

Considerado en sus partes esenciales, el piano está constituido por una caja que contiene la tabla armónica destinada a reforzar la sonoridad de las cuerdas, y cuya disposición varía según se trate de piano vertical o de cola.

Comprende además las teclas, el disparador (que levanta el maculo cuya cabeza hiere las cuerdas), los apagadores, que forman una especie de teclado paralelo al teclado visible, los pedales (el de la derecha levanta los apagadores y deja vibrar las cuerdas hasta extinguirse las vibraciones; el de la izquierda, llamado sordina, disminuye la intensidad del sonido). La historia del piano, con los grandes músicos que compusieron especialmente para ese instrumento y los ejecutantes que interpretaron esas obras, es verdaderamente grandiosa.

Entre los concertistas célebres de clavicordio, precursores de la escuela pianística actual, recordaremos a Chambonniéres (1602-1672), fundador de la escuela francesa del teclado, a Francisco Couperin, el Grande (1668-1733), y a Rameau. Entre los italianos a Domingo Scarlatti (1658-1695), y en Alemania a Juan Sebastián Bach (1685-1750), cuyo Clave tempéralo es bien conocido por profesionales y aficionados del mundo musical.

El fundador de la escuela de piano en Italia fue Muzio Clementi (1752-1832); la escuela alemana, por su parte, se enorgullece con J. Haydn (1732-1809), W. A. Mozart (1761-1791), y Beethoven (1770-1827), maestro excelso en el arte de la sonata.

A todos esos nombres debemos añadir los de Mendelssohn, Schubert, Schumann, Brahms, Liszt y Chopin (1810-1849), llamado el «poeta del piano». Más tarde Debussy fue honrado con el mismo título. Si puede considerarse el piano como un instrumento relativamente moderno, el órgano es en cambio muy antiguo. Se atribuyó a Clesibius (200 años antes de J. C.) el empleo de la presión del agua para accionar los fuelles. De ahí el nombre de hydraulis (literalmente flauta de agua) con que se designó este instrumento.

El órgano neumático es mucho más reciente, y el primero que apareció en Francia fue uno que el emperador Constantino V, Coprónimo envió, en 757, a Pipino el Breve, quien dispuso su colocación en la iglesia de San Cornelio de Compiegne.

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Antiguo Órgano

Actualmente tenemos el órgano eléctrico o electrónico. Las principales partes de un órgano son: Los teclados superiores que se tocan con las manos y que pueden llegar a ser 5, con 58 teclas cada uno; el teclado de pedal que se toca con los pies y que lleva de 27 a 30 pedales (a veces, en los órganos monumentales hay dos teclados de pedal); la mancha, los fuelles, el bocarón, la entonadera y los tubos.

Los fuelles pueden ser 7 u 8, accionados a mano o a motor. Los tubos, casi siempre metálicos, tienen distintas dimensiones. Cuanto más largo es el tubo, más grave es la nota que emite. El armazón que contiene al órgano de iglesia se llama caja.

Los registros son reglas móviles de madera perforadas de modo tal que la distancia entre los agujeros es la misma que la que media entre los agujeros del distribuidor de aire; sirven para abrir o cerrar los diferentes juegos o series de tubos.

Los registros se accionan por medio de varillas que el organista tira o empuja según el juego que desea obtener. Algunos de esos juegos se llaman de «boca», otros de «lengüeta».

El acordeón, inventado en el año 1829 por Danciaus, de Viena, tiene lengüetas libres dispuestas en las extremidades de un doble fuelle. Unas responden cuando el fuelle se abre, otras cuando se contrae.

Entre los instrumentos de importancia primordial en las orquestas modernas recordaremos la flauta (antes construida con madera de boj, ahora con metal), el oboe, el cuerno inglés, el clarinete, el contrabajo, y el fagot así llamado por el nombre de su inventor, el canónigo Phagotus, de Ferrara, que vivió en el siglo XVI. En las orquestas sinfónicas modernas se emplean asimismo varios instrumentos de percusión como: xilófonos, timbales, triángulos, címbalos, tambores, tamboriles y castañuelas.

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El saxófono, que debe su nombre a su inventor, Adolfo Sax, conquistó el favor del público aficionado al jazz. Hoy ocupa un lugar aun en las orquestas sinfónicas.

Terminemos nuestro post recordando el trombón, inventado en Alemania. Este instrumento tiene su origen en la antigua bocina romana. Por su forma actual, el trombón de varas recuerda el sacabuches de la Edad Media.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo V Editorial Larousse – Historia:La Evolución de los Instrumentos Musicales –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Biografia de Wagner Richard Resumen Vida del Compositor Aleman

BIOGRAFÍA  DE RICHARD WAGNER (1813-1883)

Este gran compositor, verdadero revolucionario de ópera en el siglo XIX, nació en Leipzig el 22 de mayo de 1813 y murió en Venecia el 13 de febrero de 1883. Él mismo escribió sus poemas, tomados muchas veces de las leyendas germánicas.

Enemigo del virtuosismo, se afana en dar a la ópera un carácter más artístico, procurando su perfección considerándola como unión de la música, poesía y representación dramática en un todo en el que no prive sobre los demás ninguno de sus elementos.

Muchas censuras y objeciones provocó su obra en un principio, pero la crítica moderna reconoce como logrado magistralmente aquel elevado propósito.

Sus primeras óperas fueron Rienzi y Der Fliegende Holldnder (El holandés errante), estrenadas con gran éxito.

Durante algunos años fue director de la Ópera Real de Dresde, en cuya temporada escribió sus conocidas obras Tannhauser y Lohengrin, la primera de las cuales fue silbada en París en 1861.

Protegido por el rey Luis II de Baviera estrenó en Munich, con éxito brillante. Tristón e Isolda y Los Maestros Cantores.

Residió durante diez años en Bayreuth y allí, por la decidida protección de Luis II pudo, en 1873, estrenar su tetralogía El anillo de los Nibelungos (cuatro óperas relacionadas entre sí, a saber: El oro del Rin, La Vallaría, Sigírido y El ocaso de los dioses, y entre 1878 y 1879, escribió la partitura de su grandiosa obra Parsifal, estrenada en Bayreuth en 1882.

Esta ópera es la obra cumbre del insigne músico. Wagner, como todos los hombres geniales, tuvo que sufrir las acometidas de la incomprensión y de la envidia, triunfando al fin su gran genio, pero no sin que dejaran de hacer mella en su espíritu los manejos de sus detractores.

Respecto a su obra musical, la originalidad de Ricardo Wagner es total. Rompe con todas las tradiciones e introduce una innovación en su técnica: el leitmotiv.

Es una especie de motivo conductor o guía que se puede oír a través de la obra para caracterizar a un personaje y a las ideas o sentimientos básicos de la trama dramática.

Los leitmotiv son melodías o acordes que reaparecen cada vez que el personaje, la idea o el sentimiento desean ser evocados.

Este motivo conductor permitió a Wagner transformar la ópera, de un mosaico de números «desligados», en un drama musical en que todas las partes se unen armoniosamente gracias a las melodías recurrentes.

En el drama musical wagneriano, la música no desempeña el papel preponderante que ocupa en la ópera tradicional.

Son composiciones de «arte integral». La función de la música consiste en expresar lo más claramente posible los estados anímicos de los personajes y en crear para el auditorio un clima espiritual que se extienda a lo largo de toda la obra.

La orquesta no sirve solamente para acompañar el canto, es un elemento dentro de la estructura total.

Puede ver la cronología de su vida al final de este post

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BIOGRAFÍA DE RICHARD WAGNER

(Leipzig, actual Alemania, 1813-Venecia, Italia, 1883) Compositor, director de orquesta, poeta y teórico musical alemán.

Si Beethoven fue la figura dominante de la música durante la primera mitad del siglo XIX, Richard Wagner gravitó sobre la segunda mitad. No fue sólo que la ópera wagneriana cambiara el curso de la música.

También había algo mesiánico en el hombre mismo, cierto grado de megalomanía que se acercaba al desequilibrio mismo, y esa condición elevaba a una altura sin precedentes el concepto del «Artista como héroe».

Era un hombre de corta estatura –medía alrededor de un metro sesenta y cinco– pero irradiaba fuerza, confianza en sí mismo, rudeza y genio.

Como ser humano era temible. Amoral, hedonista, egoísta, agriamente racista, arrogante, saturado de evangelios del superhombre (por supuesto, el superhombre era Wagner) y de la superioridad de la raza alemana… en una palabra, representaba todos los aspectos desagradables del carácter humano.

Este gran maestro del teatro musical nació en la ciudad alemana de Leipzig, en 1813.

Su doble talento poético y musical lo llevó al campo de la ópera (que necesita ambas cosas) pero lo hizo rebelarse contra los argumentos superficiales o inútilmente sangrientos de los que gustaban especialmente los músicos italianos.

Las obras de Wagner —con la insignificante excepción de algunos ensayos juveniles— se mantienen hoy todas en los grandes teatros líricos del mundo entero, como caso único en la historia.

La primera obra de importancia es «El buque fantasma«, que narra la historia de un navegante condenado a errar por los mares, y su redención por el fiel amor de una muchacha.

«Tannhauser» fue la obra siguiente, y después «Lohengrin», tratando episodios de la remota historia germana y mezclándolos con figuras fantásticas.

Hasta ese momento la vida de Wagner es la común a los jóvenes músicos que buscan empleo en los teatros escalando posiciones.

Pero Wagner abandona esta carrera huyendo de Riga a París, donde lo esperan amargos años. Finalmente es contratado como director de orquesta en la Opera de Dresde.

De allí ha de huir otra vez —esta vez por razones políticas— en 1849, con la partitura del «Lohengrin» recién terminada; se dirige a Weimar donde reside Liszt, le entrega la obra (que Liszt en 1850 estrena sin que Wagner pueda asistir) y recibe ayuda para refugiarse en Suiza.

Allí reside luego largos años. Las obras que siguen son: «Tristán e Isolda«, «Los maestros cantores de Nuremberg» y el ciclo «El anillo de los Nibelungos«, que consta de cuatro dramas: «El oro del Rin«, «La Walquiria«, «Sigfrido» y «El ocaso de los dioses».

Federico Nietzsche había conocido a Wagner en 1868, y prácticamente se había zambullido en la veneración dispensada al hombre y a su música (especialmente a Trístán e Isolda).

En 1872 publicó El nacimiento de la tragedia a partir del Espíritu de la Música, una obra en la cual se interpretaba la tragedia griega de acuerdo con los conceptos wagnerianos.

El concepto nietzscheano de lo apolíneo (puro, clásico), y lo dionisíaco (salvaje, romántico), como los contrarios delineados en su libro, impresionó profundamente el pensamiento estético contemporáneo.

Más tarde, Nietzsche habría de reconsiderar su adoración de Wagner, y con el tiempo se apartaría de esa órbita y afirmaría que Carmen, de Bizet, era la ópera perfecta. Pero durante mucho tiempo Wagner contó con el apoyo del filósofo alemán más leído.

La vida de Wagner sigue en dramáticos altibajos. Regresa a la patria pero los teatros no acogen sus obras porque las juzdosas.

Hasta que un día el joven rey de Baviera, Luis II, romántico él mismo como los dramas de Wagner, invita a éste a residir a su lado y a estrenar sus nuevas obras en el teatro de la corte de Munich.

Hacia el final de su vida, Wagner, ahora celebrado e importantísimo, construye en la ciudad de Bayreuth su propio teatro, que hasta el día de hoy no ofrece sino sus obras.

Para este Teatro de los Festivales compone su última obra, «Parsifal». Y en Bayreuth fue sepultado como un rey, después de haber muerto en Venecia, en 1883.

No hubo otro compositor que exigiera tanto de la sociedad, y Wagner ciertamente no se mostraba vergonzoso cuando se trataba de sus necesidades. «No soy como otras personas. Necesito brillo, y belleza y luz.

El mundo me debe lo que necesito. No puedo vivir con la miserable pitanza de un organista, como vuestro maestro Bach.» Su egoísmo frisaba en la locura.

No tenía ningún empacho en escribir a un joven a quien apenas conocía para pedirle dinero. «Para usted será bastante difícil suministrarme esta suma, pero podrá hacerlo si lo desea, y no retrocede ante el sacrificio.

En todo caso, es lo que yo deseo… ¡Ahora, veamos si usted es el hombre que tiene que ser!»

Después hay un intento de seducción: «La ayuda que usted me preste lo acercará mucho a mí, y el verano próximo usted tendrá el placer de recibirme durante tres meses en una de sus propiedades, preferiblemente la que se encuentra en Renania.»

El joven, que era Robert von Horstein, rehusó dar el dinero a Wagner, quien en realidad se sorprendió.

¿Cómo era posible que una nulidad tal rehusara subsidiar a un hombre como él? Envió una nota a Horstein, desechándolo definitivamente: «Probablemente nunca volverá a repetirse que un hombre como yo acuda a Ud.»

EL PROYECTO BEYREUTH: Ya en 1870 Wagner contemplaba seriamente la posibilidad de contar con un teatro para festivales, que se consagraría en forma exclusiva a las obras que él había creado.

Halló el asiento ideal en la tranquila y pequeña localidad bávara de Bayreuth.

Al principio el rey Luis recibió fríamente la idea. Se constituyeron sociedades en Alemania entera, y los amigos de Wagner realizaron los mayores esfuerzos con el fin de recaudar fondos.

Wagner envió una circular, fechada el 12 de noviembre de 1871, para anunciar que El Anillo de los Nibelungos inauguraría Bayreuth en 1873.«Quienes donen dinero recibirán la denominación y los derechos que corresponden a los patrocinadores de las representaciones de Bayreuth, y la ejecución de la empresa estará exclusivamente a cargo de mi saber y mis esfuerzos.

La propiedad raíz que resulte de esta empresa común será puesta a mi disposición, y estará sujeta a los arreglos futuros que yo considere más convenientes para el sentido y el carácter ideal de la empresa.»

Wagner salió de Triebschen, ordenó construir una villa cerca del teatro destinado al festival de Bayreuth, y supervisó los trabajos.

En Viena, Hanslick se mostró sorprendido: «Wagner», escribió, «es afortunado en todo. Al principio reniega contra todos los monarcas, y un rey magnánimo lo recibe con halagador afecto y le permite llevar una existencia liberada de preocupaciones e incluso lujosa.

Después escribe un folleto contra los judíos, y toda la judería, en el ámbito de la música y al margen de ella, le rinde el homenaje más celoso, a través de las críticas periodísticas y la compra de pagarés en beneficio de Bayreuth»

El proyecto de Bayreuth gozó de publicidad mundial, pero el dinero afluía lentamente. Wagner tuvo que cancelar sus planes para una temporada en 1873.

Se contaba con menos de la mitad de los fondos necesarios. Wagner depositó todas sus esperanzas en el rey Luis, y no sufrió una decepción.

En 1874 el rey adelantó dinero suficiente para reanudar los trabajos del proyecto. Este suscitaba mucha oposición en Bavaria. Se lo atacaba como un absurdo, como una prueba de la locura del rey.

Cuando se agotaron los fondos del monarca, Wagner comenzó a realizar giras como director de orquesta con el fin de reunir dinero.

Durante un tiempo se dudó del destino de Bayreuth. De todos modos, se completó la construcción del edificio y en 1876 se celebró el primer Festival de Bayreuth.

El Anillo de los Nibelungos, con la dirección de Richter, fue representada tres veces. La primera temporada reveló un enorme déficit, y nuevamente se dudó del futuro de Bayreuth. Antes de 1882 no fue posible considerar la posibilidad de un segundo festival.

La primera temporada de Bayreuth fue el acontecimiento musical de la década. Unos 4.000 visitantes, incluidos sesenta periodistas de todo el mundo, invadieron la minúscula aldea.

Asistieron el emperador de Alemania, el emperador y la emperatriz de Brasil, el rey de Bavaria, el príncipe Jorge de Prusia, uno de los príncipes Hohenzollern, el príncipe Wilhelm de Hesse, el gran duque Vladimir de Rusia, el gran duque de Mecklenburgo, el duque de Anhalt-Dessau, y otro miembro de la nobleza.

Tan intenso fue el interés despertado por el festival que los dos críticos llegados de Nueva York – tanto elTimes como el Tríbune enviaron cronistas- obtuvieron autorización para usar el nuevo cable transatlántico y enviar instantáneamente sus despachos.

Entre las cosas que informaron cabe mencionar el desagrado provocado por la falta de comodidades.

«La gran distancia desde el pueblo, a lo largo de un camino sucio, sin sombra ni restaurantes, provoca mucho descontento. Este descontento se agrava diariamente», decía el Times.

El público escuchaba la música con cierto asombro, pero también con sincero entusiasmo. Al fin de cada ópera hubo una ovación, pero no se permitió que los cantantes salieran a escena para saludar.»

La razón de esta actitud fue explicada por Herr Wagner y los principales artistas, que señalaron que las apariciones antes de que descienda el telón tenderían a quebrar la unidad de la representación.

 «Al termino del festival se ofreció una gran fiesta para más de 500 personas. Wagner pronunció un largo discurso, fue ovacionado y rindió tributo a Liszt; dijo que le debía todo, y después Liszt se puso dé pie para pronunciar su discurso.

«Otros países», dijo, «saludan a Dante y a Shakespeare. Por lo tanto», volviéndose hacia Wagner, «soy vuestro más obediente servidor.»

Desde el punto de vista musical, la temporada de Bayreuth fue el punió crucial en el destino europeo de Wagner.

No sólo el público estaba formado principalmente por admiradores de Wagner, sino que los críticos (incluidos los de Nueva York) eran casi todos defensores del compositor.

SÍNTESIS…
Compositor (1813-1883)

Músico alemán; había nacido en el seno de un humilde hogar y sus comienzos fueron muy difíciles, no sólo por la carencia de protectores sino, también, por su carácter independiente.

Sus primeras obras musicales revelan la influencia de Beethoven y Mozart y no tuvieron mucha aceptación.

En 1849, intervino en un fracasado movimiento revolucionario y debió huir a Zurich; pero cuando ya las penurias económicas y la incomprensión se habían vuelto casi dramáticas, Wagner encontró el apoyo del rey Luis II de Baviera y gracias a él pudo construir el teatro de Bayreuth (1876) donde se representan exclusivamente sus obras.

Su actividad fue desde entonces incansable ya que, sin abandonar la música, se dedicó también a la filosofía, la literatura y la estética.

Escribió los argumentos de algunas de sus óperas, recurriendo a las fuentes de la tradición y la mitología germánicas.

Su obra musical ha merecido los más exaltados elogios, pero también las más duras críticas, pues fue un auténtico renovador, que ejerció una profunda influencia en la música dramática en general y sinfónica en particular, por la brillantez

de sus orquestaciones y su especial concepción de la ópera, en la que prevalece la música sobre el texto. Wagner casó dos veces, pero su gran amor y su compañera fue la hija de Liszt, Cósima, con quien contrajo nupcias en 1870.

Obras musicales: El buque fantasma, Tannhauser, Tristón e Isolda, Lohengrin, Los maestros cantores de Nuremberg, Parsifal, El anillo de los Nibelungos; esta última es una tetralogía que comprende a las tres obras: El oro del Rhin, La Valquiria, Sigfrido y El ocaso de los dioses.

Entre sus libros se destacan: El arte y la revolución, La música del porvenir y El arte del futuro.

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CRONOLOGIA DE SU VIDA:

1813 Nace en Leipzig el 22 de mayo. El padre fallece cuando Ricardo no ha cumplido aún el primer año de vida. Al poco tiempo la madre se casa con Luis Geyer, actor teatral, pintor, poeta y cantante, que ejerce sobre Wagner una gran influencia.

1821 Fallece Geyer y Ricardo es enviado a Eisleben, donde el hermano más joven de Geyer se hace cargo de la educación de Wagner.

1822 Es enviado a la Kreuzschule, donde se siente atraído por la tragedia griega.

1827 Abandona la Kreuzschule y se dirige a Leipzig, ingresando en la escuela de San Nicolás. 1831 Ingresa en la Universidad y estudia armonía y contrapunto con Weinlig, en la Thomasschule.

1834 Ocupa el cargo de director de orquesta de una compañía de ópera que actúa en Magdeburgo. Allí termina la primera ópera titulada Las Hadas y comienza la composición de La prohibición de amar, que estrena en 1836. En el mismo año contrae matrimonio con la actriz Minna Planer, excelente mujer, pero que nunca supo comprender a Wagner. Comienza la existencia inquieta, sorteando siempre obstáculos monetarios y sufriendo incontables decepciones.

1838 Intenta, sin lograrlo, estrenar Rienzi en París, pero consigue hacerlo en Dresde en 1842.

1843 Se desempeña como director de orquesta del teatro real de la ciudad de Dresde, cargo por el que deja de lado sus actividades creadoras. Sin embargo, en 1843 compone El holandés errante; en 1845, Tannhauser, con muy poca fortuna, y posteriormente Lohengrin.

1848 Los movimientos políticos de Europa en este año y la revolución en Francia, dan motivo a intrigas contra Wagner en la corte, pues sus opiniones son interpretadas como revolucionarias y debe huir, dirigiéndose a la casa de Liszt en Weimar.

1850 La pobreza le obliga a volver a París. En Zurich había conocido a Matilde Wesendock, de quien se enamora apasionadamente. De aquel amor, puro y platónico, surgiría más tarde la ópera Tristón e Isolda. Los años siguientes los pasa en Venecia, Lucerna, París, Viena v vuelve a Suiza, otra vez en la más absoluta miseria.

1864 Bajo la amenaza de ser encarcelado por deudas, Wagner debe abandonar la ciudad de Viena, donde vivía por entonces. Pero allí se produce el milagro. El rey Luis II de Baviera lo llama a Munich, ofreciéndole una situación que permitiría a Wagner dedicarse libremente a la composición sin ningún apremio económico.

1865 Estrena la ópera Tristón e Isolda y el mismo año fallece su esposa. La holgada situación en la corte de Luis II no habría de prolongarse mucho tiempo. La envidia y la incomprensión hacen la vida imposible a Wagner y regresa a Lucerna.

1868 Estrena Los maestros cantores de Nuremberg.

1870 Se casa con Cósima, hija de Franz Liszt, mujer en la que halló comprensión y amistad, al brindarle la dicha por la que tanto había suspirado inútilmente. Del matrimonio nacen tres hijos. La liberalidad del rey Luis II le permite estrenar sus óperas con dignidad.

1876 Nunca había abandonado Wagner la idea de construir un teatro monumental, proyecto que se lleva a cabo en la ciudad de Bayreuth, estrenándose el teatro con la representación de El anillo del Nibelungo, tetralogía que comprende: El oro del Rin, La Valquiria, Sigfrido y El ocaso de los dioses.

1882 Escribe la última obra, titulada Parsifál.

1883 Fallece Wagner en Venecia y los restos son trasladados a Bayreuth, recibiendo sepultura en el jardín de la residencia.

¿Que es el Ballet Clásico?

Biografia de Schubert Franz Resumen Biografia del Compositor Aleman

Biografía de Schubert Franz
Compositor Alemán

BIOGRAFIA: Liszt le calificó como el más poeta de todos los músicos. En estas breves palabras se encierra el carácter de la aportación de Schubert al acervo musical de la Humanidad.

Y, en efecto, éste, que como Mozart vivía en un mundo interior impregnado de ideas musicales, es el más rico, espontáneo y fecundo de los líricos de la música.

Sin tener la claridad de un Mozart ni alcanzar las cumbres estructurales de un Beethoven, figura por derecho propio entre las primeras figuras de los compositores por la intensidad de su vena poética. Fue un gran romántico de la música y un incomparable autor de cantos, de una belleza inmarcesible.

BIOGRAFÍA DE FRANZ SCHUBERT: (Viena 31-1-1797 – Viena 19-11-1828)

Biografía de Schubert FranzAl mismo tiempo que Beethoven, otro gran músico camina por las calles de Viena y los alegres suburbios: Franz Schubert.

Pero casi nadie lo conoce, salvo un grupo de fieles amigos que intuyen el genio de su compañero, de «honguito» como lo llaman cariñosamente por ser bajo, barrigón y cabezón.

Día a día los sorprende con nuevas obras, por la facilidad asombrosa para crear melodías; hay días en que escribe no una sino varias composiciones completas.

Hijo de un maestro de escuela, de origen campesino, Franz Schubert nació en Himmelpfortgrund, un barrio de Viena, el 31 de enero de 1797.

Desde sus primeros años reveló fecundas inclinaciones a la música, que su padre, un buen aficionado, cultivó y desarrolló enseñándole a tocar varios instrumentos y confiando su educación musical a Miguel Holzer, director del coro parroquial de Lichtentlial.

En 1808 fuE admitido por Salieri como soprano en el coro de la capilla imperial, en el cual permaneció hasta fines de 1813

Y lo hace no sólo en la intimidad de su pobre vivienda (que muchas veces no es suya siquiera, sino prestaba por algún amigo); no, es capaz de componer «en público», digamos.

Así, por ejemplo, cierto día tiene una inspiración en el humilde restaurante donde cena con los amigos; toma el primer papel que tiene a mano —es la lista de comidas—, traza un pentagrama y comienza a, componer sin distraerse en lo más mínimo por el ruido y las alegres conversaciones en su derredor.

Nace así una de sus composiciones más hermosas y mundialmente difundida: la «Serenata»…

Las canciones —o «Heder» como se las llama con el término alemán— son quizá la, parte más importante entre la obra de Schubert. Creó un nuevo tipo de canción o «lied»: la melodía cantable, el texto poético y la parte pianística, a la que confiere importantes descripciones, forman un todo artístico.

Schubert creó más de seiscientos de estos «lieder» y muchos se han hecho populares: «El tilo», «Caminar», «La trucha», «¿A dónde?» «El correo», «El curioso», «La ciudad», «Buenas noches», «La muerte y la niña», «Esperanza en la primavera», «Rosa silvestre», y el maravilloso «Ave María».

Franz Schubert nació en Viena, en 1797. Fue niño cantor (como Haydn). Luego quiso ser maestro de escuela, pero era demasiado «distraído»; a cada rato se olvidaba de los discípulos para componer alguna página musical. Llevó una vida humilde y pobre.

Todos los miembros de la familia Schubert eran apasionados por este arte, y para el pequeño Franz era su verdadera razón de vivir. A la edad de cinco años tocaba el clavicordio con tal habilidad que decidió a su padre a favorecer la inclinación del niño.

El mismo le enseñó violín. Ignacio, el hijo mayor, lo inició en la técnica del piano, y Hozer, maestro de capilla de la parroquia, lo instruyó en la teoría musical y lo familiarizó con el órgano.

Fue ese un período sereno para la familia Schubert. De noche, reunidos alrededor de la gran chimenea, mientras el padre y los hijos improvisaban una pequeña orquesta, la madre trabajaba y los observaba, deteniendo la mirada sobre el pequeño Franz, como presintiendo su gloria futura.

En octubre de 1808 se llamó a concurso para llenar el puesto de soprano en la Capilla Imperial. Se aseguraba al ganador: comida, alojamiento e instrucción esmerada, gratuitos. Franz, entonces de once años, se presentó a participar en el concurso.

Con una ropa modesta y deslucido, los rasgos irregulares, bajo de estatura, regordete, con lentes y el tupido cabello invadiendo su frente, el pequeño Schubert tenía en verdad un aspecto ridículo, y los compañeros comenzaron a burlarse de él y a llamarlo «molinero».

Fue necesaria la intervención del maestro Salieri para imponer silencio. Se inició el examen y el pequeño «molinero» empezó a cantar. Todos quedaron embelesados ante esa voz bien mo-‘ dulada y acompañada de excepcional sensibilidad.

En el colegio de la ciudad no se mostró alumno brillante: no amaba el estudio porque lo alejaba de su ocupación predilecta: componer música. Desde entonces, traducir en notas su estado de ánimo fue para él una necesidad vital.

El padre, que deseaba un hijo culto pero no un músico, al principio lo censuró. Luego, como viera que los reproches a nada conducían, lo castigó severamente, prohibiéndole volver a la casa paterna.

Mientras Franz vivía en esa especie de exilio, la madre enfermó gravemente y falleció sin que el hijo la asistiera en el postrer momento. Fue para el joven un dolor inmenso.

La reconciliación con el padre no calmó el tumulto de su alma que, más que nunca, necesitaba refugiarse en la música. Desde entonces la pasión se transformó en frenesí; el tiempo transcurría entre notas.

Franz parecía presentir la brevedad de su vida y necesitaba componer lo más posible para poder expresar cuanto sentía, antes que sobreviniera el gran silencio.

Desde su permanencia en el colegio, empezó a poner en música sonetos y poesías de famosos autores, creando los maravillosos Lieder sobre textos de Goethe, Schiller, y algunos sobre textos italianos.

Entre los más hermosos recordamos: El rey de Thule, El canto de Mignon (opus 62; nº 4), El caminante, El ruiseñor, El lamento, El niño cerca del arroyo, La trucha.

A la edad de diecisiete años compuso su obra Margarita en la rueca y una Misa para el centenario de la parroquia de Lichtenthal, verdadera joya de pureza y suavidad.

A pesar de su negligencia para el estudio, llegó a diplomarse en el año 1814 y fue admitido como asistente en la escuela donde enseñaba su padre.

Para tener una idea de su producción, recordaremos que en un año compuso dos Sinfonías, un Cuarteto, dos Sonatas, muchas piezas cortas para piano, 144 Lieder y otra obra maestra: El rey de los aulnos, sobre texto de Goethe.

Franz Schubert nunca aspiró a una posición económica desahogada. La única ambición de su vida fue dedicar todo su tiempo a la música.

Favorecido por la suerte, gracias a amigos comunes, conoció al conde Esterhazy. El conde tenía dos hijas: María, de trece años de edad, y Carolina, de once, enamorandose de la mas joven, pero su amor no fue correspondido. 

El conde propuso a Franz ser el maestro de sus hijas y lo invitó a su maravillosa villa de Hungría. Fue para Schubert la gran oportunidad y la recibió con entusiasmo.

Durante ese tiempo gozó de bienestar y comodidades en un marco de belleza y de lujo. Podía, además, disponer de muchas horas libres, y en Hungría compuso sus más hermosas obras.

Podemos decir que Schubert casi no conoció el mundo: sus viajes se limitaron a una excursión a la región lacustre y montañosa de su tierra natal.

No conoció el triunfo más que en muy reducida escala cuando alguna composición suya gustó a los amigos o a los vecinos de barrio o, a lo sumo, a un pequeño auditorio. No conoció la riqueza porque en ningún instante tuvo más dinero que el estrictamente indispensable para la existencia, y a veces, ni esto.

Vivió desconocido por los editores, los críticos y la gente «importante» de la vida musical vienesa y del mundo. Pero vivió enteramente entregado a la música como pocos.

Con todo, su vida fue muy alegre, porque alegres eran los buenos amigos que durante la semana se reunían en los locales del barrio y los domingos emprendían paseos a través de los bosques vecinos hacia los idílicos pueblos sobre el Danubio, donde se toma el vino en medio de las vides mismas, con cantos, bailes y música.

Su vida fue corta, cortísima. A los 31 años, en 1828, muere Franz Schubert, legando la misma cantidad de sinfonías que dejó Beethoven —nueve—, además de numerosas óperas, obras para piano y música de cámara, música religiosa y coros, todo lleno de dulzura y de una melancolía muy suya y muy vienesa.

A su pedido fue sepultado cerca de su ídolo, Beethoven en vida no pudo conocer.

En sus treinta y un años de vida Schubert escribió un enorme caudal de música.

Era un compositor veloz, hasta un extremo que parece inverosímil, y si bien algunos estudiosos recientes tienen dudas respecto de algunas versiones que aluden a su rapidez, no hay motivos para descreer de las versiones contemporáneas.

Todas coinciden.

Cuando Schubert trabajaba, parecía que desplegaba la máxima intensidad. Afirmó Schuber: «Si uno lo ve durante el día, dice» ‘Hola, ¿cómo estás? – ¡Bien!’ y continúa trabajando, y entretanto ya uno está alejándose.»

Los asombrados amigos relataban innumerables anécdotas acerca de su rapidez, y estas versiones son esencialmente ciertas, aunque equivoquen los detalles.

Sonnleithner expresa: «Por pedido de Fraulein Frohlich, Franz Grillparzer había escrito para la ocasión el hermoso poema Standchen, y la dama lo entregó a Schubert, y le pidió que le pusiera música, de manera que fuese una serenata para su hermana Josefine (mezzo-soprano) y un coro femenino.

Schubert recibió el poema, se acercó a la ventana de una alcoba, leyó cuidadosamente el texto unas pocas veces y después dijo con una sonrisa: «Ya lo tengo, es cosa hecha, y será muy bueno.» Spaun habla de la composición de El rey de los alisios. El y Mayrhofer visitaron a Schubert y lo hallaron leyendo el poema.

«Se paseó de un extremo al otro varias veces con el libro y de pronto se sentó, y en un abrir y cerrar de ojos (con la misma velocidad con la cual uno puede escribirlo) ahí oslaba la gloriosa balada, terminada, sobre el papel.

Corrimos con ella al Seminario, porque no había piano en casa de Schubert, y allí, esa misma noche, El rey de los alisios fue cantada y recibida entusiastamente.»

Durante muchos años se creyó que Schubert no preparaba bocetos ni siquiera para las grandes composiciones, por ejemplo las sinfonías.

La investigación moderna ha demostrado lo contrario. Pero no cabe duda alguna de que Schubert, como Mozart, fue uno de los compositores más veloces de la historia de la música, un autor que podía concebir una obra entera en su mente y después trasladarla de inmediato al papel.

La primera obra que procuró algún dinero a su autor fue Prometeo; Schubert tenía entonces veinte años de edad. Mucho más adelante, los Lieder impresos, también gracias al producto de una suscripción, fueron interpretados en público por un gran tenor amigo de Schubert. La excepcional facilidad de inspiración del maestro lo llevó hacia la oratoria y el teatro, pero muy pronto dejó ese camino que no era el suyo.

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Franz podía componer aun en medio de la mayor confusión. Así escribió Serenata, una noche de juerga, al dorso de la cuenta de la hostería.
Schubert sintió gran admiración y estima por el inmortal Beethoven, a quien él consideraba su maestro.

Mejores Obras:

Obra orquestal:
Sinfonías Nº 5, Nº 8 («Inconclusa») y Nº 9 («La Grande»)

Obra para piano:
Sonatas para piano D.958, D.959 y D.960
8 Impromptus para piano D.899 y D.935.
6 Momentos Musicales D.780
Fantasía «El caminante»

Música de cámara:
Quinteto para cuerdas D.956.
Cuartetos para cuerdas Nº 13 «Rosamunda» y Nº 14, «La muerte y la doncella».
Quinteto para piano y cuerdas «La trucha».
Tríos para piano, violín y violonchelo, D898 y D929.

Lieder:
Tres ciclos de canciones,»El viaje de invierno», «La bella molinera», y «El canto del cisne».

PARA SABER MAS…
EL DIARIO PERSONAL DEL PADRE

En los cinco años, lo preparé para la escuela elemental, donde ingresó a los seis, consiguiendo ser siempre el primero de la clase. A los ocho años, le di las primeras lecciones de inclín, e inmediatamente hizo tales progresos que pudo tocar dúos con facilidad.

Al mismo tiempo, lo confié al señor Michele Holzer, maestro de los coros de Lichtenthal, quien me dijo más de una vez, con lágrimas en los ojos, que nunca había encontrado un alumno tan brillante.

Cuando quiero enseñarle algo nuevo —decía—, me doy cuenta de que lo sabe ya. Por ello, en lugar de darle clases, me limito a permanecer a su lado y a admirarlo en silencio».

Estas palabras pueden leerse en el diario de Teodoro Schuberí; el portentoso niño al que hace referencia es su hijo Franz.

Inferior sólo al gran Mozart en la asombrosa precocidad de su ingenio, a los diez años había compuesto ya varias canciones, Franz Peter Schubert nació el 31 de enero de 1797,, en un suburbio de Viena llamado Lichtenthal, y en el seno de una familia muy modesta: su padre era maestro de escuela, y su madre, cocinera.

Tanto el padre como sus hermanos, Ignacio, Fernando y Carlos, eran apasionados por la música, y el pequeño Franz se dormía, todas las noches, escuchando los conciertos que sus familiares interpretaban en la habitación contigua.

Este ambiente influyó, sin duda, en la formación de su sensibilidad musical, incluso recibió las primeras lecciones de piano de su hermano Ignacio.

MAESTRO A LA FUERZA:

La vida de Schubert, sencilla y modesta, como su persona, no presenta grandes acontecimientos. En cambio puede decirse que estuvo erizada de dificultades materiales, de sacrificios y, sobre todo, de luchas interiores.

El primer conflicto grave se originó en su propia familia. Aunque el padre de Franz admiraba las extraordinarias cualidades que su hijo tenía para la música, no estimaba prudente permitirle emprender una carrera tan incierta y difícil; prefería la de maestro, más modesta, pero también más segura.

Aquellos fueron años tormentosos para el joven Franz. Por una parte, y a causa de su innata bondad, no tenía valor para negarse rotundamente a cumplir la voluntad paterna; por otra, la llamada del arte sonaba en él cada día con más fuerza, al punto de que el tiempo que pasaba lejos de su piano le parecía perdido.

Consiguió, de todos modos, el diploma de maestro y, a la edad de diecisiete años, empezó a dar clases en la escuela del padre.

La experiencia constituyó un verdadero desastre. Siempre absorto y distraído, siguiendo mentalmente las notas de cualquier melodía, Franz terminaba por olvidarse absolutamente de sus alumnos, que aprovechaban su descuido para convertir la clase en un pandemónium.

Esta situación se prolongó durante dos años. Finalmente, el padre comprendió que era mejor dejarlo seguir su destino; con alegría, Franz abandonó la escuela, para entrar definitivamente en el mundo del arte.

Era más bien bajo de estatura, desgarbado; tenía el vientre voluminoso, la cara ancha y redonda, el pelo rizado, y llevaba los anteojos a caballo de la nariz aplastada. Así lo describe su amigo Spaun: «… no era ni muy feo ni muy guapo, pero le bastaba con hablar, o reír, para que su figura se animase; su mirada, no obstante la miopía y los anteojos, centelleaba, y su inspirada expresión lo hacía parecer casi bello». Schubert no fue, verdaderamente, afortunado. Y, sin embargo, a pesar de las adversidades, de las desilusiones y de la miseria, era comprensivo, estaba siempre sereno y desbordaba amabilidad con todo el mundo.

MUERTO A LOS TREINTA Y UN AÑOS

Desgraciadamente, la vida desordenada, la febril actividad musical, las privaciones debidas a su miseria y cierta inclinación por el alcohol, arruinaron, en poco tiempo, la salud de Schubert, que nunca había sido muy fuerte.

La noche del 31 de octubre de 1828, mientras cenaba, como de costumbre, en la taberna del Cangrejo Rojo, en compañía de algunos amigos, Schubert se sintió repentinamente enfermo.

Los amigos, alarmados, intentaron animarlo, y luego, al comprobar la inutilidad de sus esfuerzos, lo acompañaron a casa. El compositor se metió en la cama con una fiebre altísima.

«Tifus», diagnosticaron los médicos llamados a su cabecera. El miedo al contagio apartó de él a casi todos sus amigos. Sólo los fidelísimos Spaun, Randharteger, Bauernfeld, Hüttenbrenner y su hermano Fernando presenciaron su larga y dolorosa agonía.

En el delirio, le parecía escuchar espléndidas músicas y quería levantarse para transcribirlas. Cuando alguien entraba en la habitación, decía: «Despacio, por favor. Dejadme escuchar».

A las tres de la tarde del 19 de noviembre de 1828, Franz Schubert expiró: tenía treinta y un años.

EL VALOR DE SU MÚSICA:

Schubert, lo mismo en el arte que en la vida, fue directo, sencillo, claro, animado de auténtica poesía. De hecho, sus textos musicales son, a menudo, poemas muy difíciles; pero revestidos de una melodía espontánea, fresca, vital y transida de sentimiento, se tornan fácilmente comprensibles.

Su música, alegre, reflexiva, a medio camino entre la sonrisa y las lágrimas, acusa todavía las formas clásicas, pero presenta ya muchos elementos del nuevo estilo romántico.

Sus 9 sinfonías constituyen auténticas obras maestras, al punto de que algunos vieron en Schubert al heredero del gran maestro Beethoven.

Recordemos, entre las obras instrumentales y de cámara, el magnífico «Cuarteto en re menor», con las estupendas variaciones sobre el «lied» «La muerte y la muchacha», y con el inolvidable «Scherzo», del que Wagner extraería después el tema de «Los Nibelungos». Schubert es uno de los grandes de la música, y cierra gloriosamente el período de la música clásica, abriendo, no menos gloriosamente, el de la música romántica. Gran admirador y estudioso del arte de Beethoven, se muestra casi siempre digno continuador de él.

Decimos «casi siempre», porque —a diferencia del gran maestro, que reelaboraba, corregía y cuidaba hasta la exageración sus composiciones— Schubert, una vez terminado un trabajo, se entregaba inmediatamente a otro, olvidando por completo el anterior.

Por ello, en su inmensa producción se percibe alguna zona oscura, que el autor habría podido evitar, volviendo sobre sus obras.

Ver: Aniversario de la muerte de Schubert

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Biografía de Schubert Franz –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica