Peste en Atenas

Biografia de Aristides Estadista Griego

Biografia de Arístides

La vida de Arístides abarca un momento supremo de la historia de Atenas, que se puede juzgar considerando que en él se pasa del régimen oligárquico al democrático y de la simple política ática al imperialismo en el Egéo.

Este momento corresponde, asimismo, al choque de los bárbaros contra los reductos del espíritu occidental, de los persas contra Grecia.

arisitdes

Arístides fue un estadista ateniense del siglo V a. C. que vivió entre el año 530 a. C. y el 468 a. C., arconte y estratego durante las Guerras Médicas. Obtuvo el sobrenombre de «el Justo».

Contemporáneo de esta transformación social y política, personaje destacado del mundo ateniense en los días de Maratón, Salamina y Platea, la figura de Arístides ha ofrecido ancho margen a la crítica histórica, quien ha visto en él al conservador obstinado que vacila antes de recoger las enseñanzas dictadas por el devenir histórico; pero, al mismo tiempo, al patriota inquebrantable y al varón probo, prudente y honrado.

Estas últimas condiciones le valieron, ya en los mismos días de su vida, el aprecio y la admiración de los atenienses, los cuales le distinguieron con el calificativo de «el Justo».

Nació entre 540 y 535 en la localidad de Alopeke, situada en el Ática. Su padre, Lisímacos, era de clase caballeresca; pero no muy acomodada. Y si legó a su hijo intachables cualidades de virtud y honor, en cambio dejóle muy escasa hacienda.

Intransigente con toda vulneración del orden legal, combatió al lado de Clístenes contra la tiranía de los Pisistrátidas.

Restablecida la libertad, Arístides militó en los rangos de la aristocracia, aunque con tanta independencia que algunos historiadores modernos lo tildan de miembro de la democracia.

En 490, ante la agresión de los persas, figuró como estratega al lado de Milcíades en el famoso triunfo de Maratón. Pero, opuesto a la política imperialista de aquel caudillo, lo combatió vivamente.

Por último, apoyado por el elemento moderado y algunos aristócratas, fue elegido arconte en 489-488. En este alto cargo se distinguió por su oposición a los planes de Temístocles, colega suyo en Maratón, demócrata decidido y partidario de la construcción de una flota para precaver el próximo e inevitable ataque de los persas.

Arístides combatió tales proyectos, quizá porque temía que al recaer la defensa de Atenas en los marineros (proletarios), quedarían lesionados los intereses de los hoplitas (propietarios).

La pugna política duró bastante tiempo, hasta que el pueblo la resolvió a favor de Temístocles condenando a Arístides al ostracismo en 483.

Virtud suprema es en los hombres someter sus rencillas personales al supremo interés de la patria. De este excepcional temple fue Arístides cuando, al sobrevenir la agresión de Jerjes, pasó a prestar sus servicios a Atenas, sirviendo a las órdenes de Temístocles.

Al mando de un contingente de hoplitas luchó con singular bravura en la batalla de Salamina (480), y al año siguiente, en calidad de estratega, acaudilló a los hoplitas atenienses en Platea.

Actitud tan elevada y servicios tan relevantes merecieron el aplauso de todos los atenienses. Por esta causa, a Arístides correspondió, junto con Temístocles, la ardua misión de levantar a Atenas de sus ruinas.

Ya en el camino del imperialismo, que Arístides había por último aceptado, supo desempernar con gran acierto y prudencia importantes misiones políticas, las cuales contribuyeron a derribar la hegemonía espartana y establecer la ateniense en el mundo helénico.

En 478, con motivo de participar en una empresa común contra Bizancio, fortaleza persa, Arístides logró poner de relieve la dureza y altanería de Esparta, encarnadas en Pausanias, el vencedor de Platea.

Luego, a consecuencia de este suceso y con la aquiescencia, de su patria, Arístides echó las bases de la Liga de Délos (476), en la que fijó la suma global que habían de aportar los confederados.

No hay que decir que con este motivo recibió los plácemes más calurosos por su probidad.

A partir de este momento, las noticias que poseemos de la vida de Arístides son ya muy inciertas. Sabemos que influyó decisivamente en la carrera de Cimón, a quien opuso a Temístocles al objeto de proseguir la lucha contra los persas y evitar el choque de Atenas y Esparta por la hegemonía en el mundo helénico.

También es posible que fomentara la actitud de la mayoría ateniense, opuesta a los planes de democracia radical que propugnaba Temístocles. En todo caso debió morir cinco o diez años antes del levantamiento democrático de Pericles (462).

La fecha de 468 es tradicional Arístides murió pobre, tan pobre como siempre había vivido, pese a los cargos que había desempeñado en el Estado.

Atenas atendió a los gastos de sus funerales y acudió en auxilio de sus descendientes, con lo que pagó una mínima parte de la deuda que había contraído con tan ilustre hijo.

fuente

Funcionamiento del Hígado Organos de Aparato Digestivo

Resumen Funcionamiento del Hígado
Explicación Simple

La anatomía (del griego «anatomé», disección) es aquella parte de la ciencia que estudia la forma y la estructura de los órganos de un organismo, en tanto que de su funcionamiento se ocupa la fisiología. Cuando estudia los órganos o elementos del cuerpo humano, como en este caso, se llama anatomía humana.

BOCA: en ella se encuentran:
La lengua, que es órgano muscular, revestido de muchos salientes (papilas), en los cuales terminan filetes nerviosos, ligados a los sentidos del gusto y del tacto.
Los dientes, en número de 32, divididos así: 8 incisivos, 4 caninos, 8 premolares y 12 molares.
Las glándulas salivales, que segregan la saliva; existen 3 pares: parótida, submaxilar y  sublingual.

FARINGE: es una cavidad en forma de embudo: continuación por detrás y hacia abajo de la cavidad bucal.

ESÓFAGO: es un tubo elástico-muscular, de un largo de 20 a 25 cm, que, atravesando una membrana muscular llamada diafragma, penetra en la cavidad abdominal. Las paredes del esófago están constituidas por capas musculares, tapizadas interiormente por una mucosa. Los músculos, con sus contracciones llamadas peristálticas, hacen avanzar el bolo  alimenticio.

CARDIAS: es un orificio que comunica el esófago con el estómago.

ESTÓMAGO: es un ensanchamiento, en forma de saco, del tubo digestivo. Tiene la forma de una gaita, irregular, y una capacidad de cerca de 1.200 cm.3 Está formado por varias capas de fibras musculares que, contrayéndose enérgicamente, movilizan el alimento en el interiar del estómago. La capa más interna es una mucosa rica en pequeñas glándulas que segregan el jugo gástrico.

PÍLORO: es una especie de anillo muscular que pone en comunicación el estómago con el intestino.

INTESTINO DELGADO: es la primera parte del tubo intestinal, en la cual entra el bolo alimenticio, al salir del estómago. Tiene un largo de 7-8 m. y un diámetro de 3 cm.; se divide en tres partes: duodeno, tiene un largo de cerca de 30 cm. y recibe la desembocadura del hígado y el páncreas, importantes glándulas digestivas; el yeyuno es la .segunda porción del intestino delgado. Se llama así, porque después de la muerte no se encuentra alimento en su interior; el íleon es la porción más larga y enrollada del intestino; su pared interna posee muchísimas vellosidades intestinales, semejantes a pelos, encargadas de la absorción de las sustancias nutritivas.

HÍGADO: es la más grande de las glándulas del organismo, y pesa cerca de 1.500 gr. Segrega la bilis, líquido verdoso y amargo, que sirve para emulsionar (o sea dividir en pequeñas gotitas) las grasas y excitar las contracciones del páncreas y el tubo intestinal en su conjunto. La bilis es almacenada primeramente en un pequeño sacó, llamado vesícula biliar, y volcada luego en el intestino.

PÁNCREAS: es una glándula encargada de segregar el jugo pancreático, elemento importante en la transformación química de los alimentos.   Su secreción está vinculada a la digestión estomacal.

INTESTINO GRUESO: mide cerca de 1,50 m. de largo y tiene un diámetro de 8 cm. La válvula ileocecal es un orificio con un repliegue valvular, que permite el tránsito de las sustancias del intestino delgado al grueso y no a la inversa; el ciego es la primera parte del intestino grueso; en él nace el apéndice, pequeño tubo de unos 10 cm., cuya inflamación provoca la apendicitis; colon: es la parte del intestino donde se absorbe el agua de los alimentos, reducidos ahora a quilo; el recto es la última porción del intestino. Se ensancha en la ampolla rectal y desemboca al exterior por un orificio, llamado ano, cuya abertura se regula por medio de un anillo muscular llamado esfínter.

Órganos del Aparato Digestivo

DESCRIPCIÓN DEL FUNCIONAMIENTO DEL HÍGADO:

Ubicación del hígado

El hígado es la glándula mayor de todo el organismo humano, ya que pesa 5 kilos cuando está lleno de sangre, y 1,5 kilos cuando está vacío. Para la función de la digestión, existen numerosas glándulas de tamaño muy pequeño en la pared misma del tubo digestivo, pero las dos grandes glándulas que constituyen el hígado y el páncreas, desempeñan, además, otro tipo de funciones.

El hígado tiene un color rojo caoba, y una consistencia bastante mayor que la del resto de las glándulas. No obstante, es bastante plástico, de tal manera que se amolda a la forma de los órganos, que dejan marcada su huella en él. Está colocado en la parte superior del abdomen, bajo la cúpula formada por el diafragma o tabique musculoso que divide transversalmente el tronco. Su porción derecha es muy voluminosa, pero va reduciéndose hacia el lado izquierdo, terminando en una especie de lengüeta que amolda entre el diafragma y el estómago.

La parte superior es convexa y lisa, estando dividida en dos partes por un ligamento que la une al diafragma. La parte inferior es cóncava, y lleva adosada en un surco la vesícula biliar, llamada vulgarmente «hiél». Este órgano que desempeña un papel importante en la fisiología del hígado, tiene unos 8 cm. de longitud, y forma una especie de saco cuyas paredes contienen fibras musculares.

En el desarrollo del embrión, el hígado comienza a formarse a partir de un repliegue en forma de bolsa del tubo digestivo, por lo que es de esperar que sus funciones, en los primeros vertebrados, se limitase a la producción de enzimas digestivas.

Vista del Hígado Humano

A pesar de que conserva, en parte, algo de su primitiva actividad, de hecho sus funciones se han ampliado enormemente,  desempeñando el papel de glándula de secreción externa, al verter la bilis en el intestino, y comportándose también, en otras actividades, como una glándula de secreción interna.

Al irse desarrollando en el embrión, va sufriendo una serie de transformaciones, que ponen de manifiesto los cambios por los que ha pasado durante la evolución. Pasa, primero, por la fase de una glándula digestiva de secreción externa, y más adelante se modifica de tal forma que sus células se ponen en contacto con los capilares sanguíneos, de manera que su disposición resulta muy favorable para los intercambios sanguíneos, adaptándose, por lo tanto, a la función endocrina (o de secreción interna). Como en muchos otros procesos del desarrollo del embrión humano, se considera que estos pasos se han presentado en el curso de la evolución en distintos mamíferos primitivos.

Las células que forman el hígado están en contacto inmediato con la sangre de los vasos sanguíneos que penetran en la glándula, e incluso, en muchos casos, carecen de paredes, efectuándose la secreción, directamente, de la célula a la sangre.

En el caso de la secreción externa, las células contiguas presentan dos canales que, en conjunto, constituyen un tubo muy fino. En estos tubos tiene lugar la secreción de los productos que no van a la sangre y que hacen que se pueda considerar la glándula como de secreción externa.

Sin embargo, con el microscopio sólo puede distinguirse un tipo o clase de células hepáticas (células que forman el hígado). Tienen una forma poliédrica más o menos regular, con 6 ó 7 caras, y unas 25 milésimas de milímetro de diámetro.

Aparte de su función digestiva, consistente en la producción de la bilis, las funciones del hígado se refieren, primordialmente, a su acción sobre los alimentos   (grasas, hidratos de carbono y proteínas) para almacenarlos o convertirlos en las moléculas que los tejidos , necesitan.  El  exceso  de proteínas, respecto a las necesidades del organismo sufre un proceso, destruyéndose y convirtiéndose en urea que el organismo conduce por la sangre a los ríñones. Las moléculas sobrantes se «queman» para producir energía.

Otras funciones son la descomposición de las sustancias dañinas o tóxicas, como el alcohol; el metabolismo y la acumulación del cobre y del hierro, y la producción de vitamina A. A causa de esta actividad, son tan ricos en esa vitamina los hígados frescos de los peces, como el hígado de bacalao. También produce calor, contribuyendo a mantener la temperatura del cuerpo.

Existen zonas del hígado donde se lleva a cabo la separación de las bacterias muertas y de otros cuerpos similares que puedan encontrarse en la sangre. Recientemente, se ha descubierto el papel que desempeña en el almacenamiento de la vitamina B12, que es una sustancia necesaria para la correcta formación de los glóbulos rojos de la sangre. La falta de esta vitamina produce una anemia perniciosa. Se cree que el hígado deja en libertad esta vitamina, cuando su concentración en los alimentos consumidos es demasiado pequeña.

La vitamina B12 circula con la sangre, y llega a los sitios donde hace falta para la formación de los glóbulos rojos. En cuanto a su estructura interna, es el resultado de profundas modificaciones de esta glándula, que comienza sus estados embrionarios como glándula en tubo.

En el adulto, el hígado está formado por la reunión de una gran cantidad de corpúsculos, llamados lóbulos hepáticos, que son visibles, incluso a simple vista, en la superficie del órgano. Son prismas pentagonales o hexagonales, y los polígonos que forman sus bases resaltan en la superficie, dándole un aspecto granuloso.

Estos prismas tienen de 1 a 2 mm. de ancho y están formados por cadenas de células (trabéculas), que irradian del centro. Entre las trabéculas, hay espacios llenos de sangre (sinusoides), y otros «espacios» en los que es segregada la bilis (canalículos). Por el centro de cada lóbulo, pasa un vaso sanguíneo. Este vaso recoge sangre de los sinusoides, que son irrigados por las ramas de la vena porta hepática cerca del borde del lóbulo. Las venas centrales se reúnen para formar la vena hepática, que devuelve la sangre al corazón.

Cada lóbulo forma, en cierto modo, una unidad, estando el conjunto de ellos reunidos en forma de racimo en las extremidades de las ramificaciones de la vena hepática. La sangre llega al lóbulo por la arteria hepática, y sale por la vena porta. Al mismo tiempo que este haz de vasos recorre los lóbulos, existe sobre sus superficies una red de canalículos biliares que desembocan en los canales biliares, que acaban reuniéndose en el canal hepático a la salida del hígado.

El hígado posee una situación estratégica respecto al intestino y la sangre que recibe procede de éste.  El intestino recibe también un abundante suministro de sangre para absorber los productos de la digestión de los alimentos. La sangre cargada de sustancias alimenticias llega al hígado por la vena  porta, antes de unirse a la circulación general.

Por medio de una gran diversidad de procesos químicos, el hígado puede actuar sobre los alimentos, antes de ceder a los tejidos las sustancias que éstos necesitan. Los procesos mediante los cuales se regula la composición de la sangre, son también parte de la actividad del hígado.

Las sustancias alimenticias que llegan al hígado a partir del intestino, varían mucho,  naturalmente,  de composición, de un día a otro y en las distintas horas del día, lo que depende de la naturaleza de los alimentos que se hayan ingerido. Por consiguiente, las actividades del hígado varían también, pero no solamente a causa de las diferencias de comida, sino debido asimismo a que las necesidades de los tejidos varían igualmente con el tiempo.

Los músculos necesitan muy poco «combustible» cuando el organismo descansa, mientras que, si está sometido a un gran esfuerzo a causa de un trabajo rápido, requieren grandes cantidades de este «combustible». Una de las actividades principales del hígado a este respecto consiste en el almacenamiento de glucógeno, que es una sustancia parecida al almidón, cuyas moléculas están formadas por numerosas moléculas de glucosa.

Cuando la sangre contiene más glucosa de la que los tejidos necesitan, las células hepáticas juntan las moléculas de glucosa para constituir las grandes moléculas de glucógeno, y se almacenan en esa forma.

El hígado puede realizar esta operación, rápidamente, por la influencia de la insulina producida  por el   páncreas.   Cuando los tejidos necesitan mayor suministro de glucosa, las moléculas de glucógeno se descomponen y la glucosa se libera en el torrente circulatorio.

Las moléculas de azúcar van del intestino al hígado por la vena porta hepática. El exceso de azúcar se almacena en el hígado en forma de grandes moléculas de glucógeno y queda libre cuando los   tejidos   la   necesitan.   Cada   molécula   de   glucógeno   contiene   muchísimas   moléculas   de   azúcar.

El hígado también almacena grasa. Ésta puede descomponerse, liberando la energía necesaria para reacciones químicas o para producir calor. Las moléculas más pequeñas que se producen pueden ser reunidas para formar glucógeno.

Por lo tanto, las grasas pueden convertirse en hidratos de carbono. De manera parecida, las células hepáticas pueden descomponer aminoácidos y convertirlos en hidratos de carbono. No pueden, sin embargo, formar aminoácidos a partir de unidades inferiores. Por eso, la mayoría de los aminoácidos que el organismo necesita debe ser ingerida con los alimentos.

Los grupos amino (-NH2) que quedan se incorporan, dando moléculas de urea, y este producto de desecho pasa al torrente circulatorio, de donde va a los ríñones y a la vejiga para ser eliminado.

El hígado sólo descompone los aminoácidos que sobran para las necesidades del organismo respecto a la síntesis de proteínas y de otras moléculas que los contienen. Generalmente, cede a los tejidos que los necesitan los aminoácidos que recibe del intestino.

El canal hepático donde, como hemos visto, van a reunirse los canales y los canalículos biliares, desemboca en la vesícula biliar. De ésta sale la bilis, que va por el colédoco al intestino. La bilis es un líquido viscoso, de color amarillo dorado, que contiene ciertas sales orgánicas (sales biliares), los pigmentos biliares, y unas sustancias como el colesterol y la lecitina.

El papel de las sales de la bilis es el de reducir la tensión superficial de las grasas de los alimentos, haciendo que formen una emulsión de gotas muy finas. Esto hace .que su superficie aumente grandemente, de manera que las enzimas del jugo digestivo del páncreas puedan actuar sobre ellas. Los pigmentos biliares son productos de la descomposición de la hemoglobina, que es la sustancia que colorea la sangre de rojo. El característico color amarillo de la piel que se presenta en diversas ictericias, se debe a la retención de los pigmentos biliares por la sangre y los tejidos.

Esto ocurre, a menudo, a causa de una obturación del conducto biliar. Estos mismos pigmentos colorean las heces. Es interesante observar que la bilis no contiene enzimas digestivas, siendo su acción (formación de emulsiones) puramente física. Por otra parte, la bilis es alcalina y hace bajar la acidez del contenido intestinal a la salida del estómago. De esta manera, pueden actuar las enzimas del páncreas, que necesitan un medio alcalino.

Se ha comprobado también que contribuye a reforzar los movimientos del intestino, sobre los que produce un efecto estimulante, y a modificar el contenido de bacterias presentes en el tubo digestivo Hay algunas especies de microbios que son eliminadas por ella, mientras que a otras no las afecta. La acción de las sales biliares junto con la de los ácidos grasos liberados en la digestión del alimento, permite que se forme una emulsión (gotas de grasa suspendidas en el líquido) tan fina, que algunos glóbulos de grasa de 0,5 micrones de diámetro pueden atravesar directamente la mucosa del intestino, siendo así absorbidos. Las sales biliares se encuentran sólo en. cantidades pequeñísimas en las heces.

Existe un mecanismo de absorción para ellas en el intestino delgado, que permite recuperarlas y enviarlas, de nuevo2 al hígado, por la vena porta. Aparte de la producción de bilis y de transformar las sustancias alimenticias, una de las más importantes funciones del hígado es la de desintoxicación, o sea, la transformación de sustancias nocivas (como por ejemplo: el alcohol) en sustancias inofensivas. El amoníaco, sustancia muy tóxica que se forma en el proceso, se convierte en urea que es excretada por el riñon.

El ácido benzoico se combina con un aminoácido, la glicina, para convertirse en ácido hipúrico, que es inofensivo. Otras sustancias son acetiladas, es decir, que les son añadidos grupos -COCH2 a sus moléculas. Así es como el organismo se libra de las sulfamidas. Con estos procesos, está relacionada la eliminación de bacterias muertas y de otros cuerpos extraños. Las células llamadas de Kupffer, son las encargadas especialmente de esta actividad. Se puede considerar que todos estos procesos forman parte de la función protectora del hígado.

Otro papel desempeñado por el hígado es el de la acumulación y regulación del contenido de hierro y cobre. El hierro es un constituyente de las células, pero su importancia se debe, sobre todo, a la presencia en la molécula de la hemoglobina de la sangre.

El hombre elimina hierro con las materias fecales, y este proceso se efectúa incluso cuando se mantiene en ayunas. El hígado almacena el hierro que obtiene de los alimentos, y también es capaz de conservar el que resta después de la descomposición de la hemoglobina. La insuficiencia de hierro en la alimentación es causa de anemias (anemia ferropénica) y ha de contarse con que un 50 % del hierro contenido en los alimentos no es utilizable por el organismo. Para la utilización del hierro en la formación de la molécula de hemoglobina, es necesaria la presencia de cobre, aunque este metal no entra a formar parte de la molécula.

El cobre es almacenado también por el hígado, aunque las cantidades precisas sean mucho menores que en el caso del hierro. Una dieta normal suele ser suficientemente rica en hierro asimilable (presente, sobre todo, en la carne, los nuevos, las espinacas, las arvejas verdes, etc.), pero la leche es muy pobre en este metal.

Por eso, los mamíferos, en el momento de su nacimiento, se hallan provistos de una abundante reserva de hierro en el hígado, donde se va acumulando durante el desarrollo del embrión. Las necesidades de hierro por parte de la mujer embarazada, por ejemplo, son el doble que las que tiene un hombre (treinta miligramos, en lugar de los quince consabidos).

Fuente Consultada:
TECNIRAMA N°82 Enciclopedia de la Ciencia y la Tecnología – Funcionamiento del Hígado
Enciclopedia Ilustrada del Estudiante Tomo IV – Vida de Juan El Bautista –

Origen de la Quimioterapia Historia del Salvasan 606

NACIMIENTO DE LA QUIMIOTERAPIA
HISTORIA SALVASAN 606

Los descubrimientos de Pasteur dejaron pronto bien sentado que les microbios tenían intervención en muchas de las enfermedades que azotaban a la humanidad. Esto se vio confirmado, poco después, por otros descubrimientos, como los de Roberto Koch con el bacilo del ántrax y el de la tuberculosis. No es de extrañar que, en estas condiciones, la sífilis, el gran azote de ia humanidad desde hacía tanto tiempo, fuera objeto de atención, por parte de numerosos investigadores. Lo primero que se imponía era aislar el microorganismo causante de la enfermedad.

Fue en 1905 cuando dos médicos alemanes publicaron el descubrimiento del agente causante. Schaudinn y Hoffmann afirmaron por sus experimentos que el agente causante era un espirilo del tamaño de una milésima, o milésima y media, de milímetro.

Espirilo de la Sifilis

El problema había cambiado completamente de aspecto, porque era posible combatir a un enemigo al que ya se conocía. Se ensayaron vacunas, sueros y otros remedios del campo biológico, pero el resultado fue desalentador en todos los casos. Surgió entonces la idea dé combatir a este enemigo con armas químicas, en vez de las usadas hasta el momento.

Esta idea surgió a la vez, en laboratorios de distintas partes del mundo: en Liverpool y en Alemania empezaron a trabajar activamente en la búsqueda de un compuesto que fuera tóxico para los microorganismos y, a la vez, inocuo para el hombre.

La gloria de este descubrimiento estaba reservada al químico-médico alemán Pablo Ehrlich. Él fue el fundador de la quimioterapia: la curación de las enfermedades con compuestos químicos.

Paul Ehrlich

Ehrlich nació en Breslau, y estudió medicina, sintiéndose atraído por la patología experimental. Poco tiempo después de terminar su carrera, entró a formar parte del profesorado de la Universidad de Berlín, donde pronto se le conoció con el sobrenombre de Doctor Fantasius, a causa de su fantasía y de su humor excepcional. «Debemos aprender a disparar sobre los microbios con balas mágicas«, solía decir.

De Berlín pasó a Francfort del Main, y allí empezó sus estudios sobre los compuestos arsenicales, en los laboratorios químicos  de  Speyer.   Haciendo  gala  de  una  extraordinaria paciencia y constancia, ensayó numerosos compuestos de arsénico sobre conejos infectados por la sífilis. Al llegar al compuesto número seiscientos seis de los ensayos observó actividad frente a las espiroquetas. Había  encontrado  la  bala  mágica.

El principio del tratamiento de Ehrlich era lo que el llamó «terapia sterilisans magna»; esto es, inyectar grandes dosis de compuestos arsenicales, inocuas para el hombre y, en cambio, letales para los gérmenes patógenos, sin que éstos se habituaran a la droga.

El 606 se conoce con el nombre de salvarsán. Ehrlich siguió trabajando en estas investigaciones y descubrió un compuesto de arsénico que superaba la acción del anterior; le dio el nombre de neosalvarsán.

Cuando,  al   fin  de   la  guerra   de   1914-1918,   los   Estados Unidos se apoderaron de las patentes alemanas, se cambió el  nombre de salvarsán  por el  de arsfenamina. Reproducimos  aquí   las  fórmulas  del   salvarsán  y  del   neosalvarsán:

Los descubrimientos de Ehrlich dieron origen a todo una serie de brillantes trabajos, encaminados a encontrar nuevas «balas mágicas» para la guerra contra las enfermedades. Citemos, tan sólo, el hallazgo, al cabo de algunos años, de las sulfamidas, que marcaron un hito en la  lucha contra el dolor.

Fuente Consultada:
Enciclopedia del la Ciencia y la tecnología TECNIRAMA Fasc. N°59

Ronald Ross Su Lucha contra el Paludismo Plasmodio Ciclo

Ronald Ross Su Lucha contra el Paludismo

El paludismo o malaria es un azote de la humanidad desde bs más remotas épocas históricas. El complicado ciclo vital de su parásito impidió descubrir, durante muchos siglos, la forma de propagación.

LOS PRIMEROS DESCUBRIMIENTOS
En 1880 Laveran, médico francés del Hospital de Constantina, realizó el descubrimiento capital del parásito en la sangre de un soldado palúdico. Pero sólo veía uno de los múltiples aspectos de la compleja evolución del hematozoario y le era imposible determinar su naturaleza. Entretanto, el médico británico Manson descubría en China que otro parásito, el de la filariosis, se transmitía al hombre por medio de la picadura de un mosquito.

RONALD ROSS
Ronald Ross, médico británico que trabajaba en la India, descubrió un hematozoario semejante al de Laveran en la sangre de ciertas aves, y consiguió demostrar que eran mosquitos los que lo transmitían. Los mosquitos vectores del parásito son principalmente las hembras del anofeles. El zoólogo italiano Grassi estableció en forma irrefutable que el hematozoario de Laveran era completamente análogo al estudiado por Ross en las aves y que la enfermedad era contagiada por los mosquitos.

ronald ross

LUCHA CONTRA LOS INSECTOS VECTORES
Como el ciclo del microbio es bastante complicado, se procura romper la cadena por su eslabón más débil. Desde hace años se echa en la superficie de lagunas y estanques una delgada capa de petróleo que mata las larvas que ascienden desde el fondo, al concluir su metamorfosis. Pero, desgraciadamente, hay variedades de anofeles que se desarrollan en charcas pequeñísimas. En la décadas de los 60 y 70 el DDT y otros insecticidas colaboraron eficazmente. También se desinfectan los aviones transoceánicos después de cada vuelo.

QUIMIOTERAPIA Y VIGILANCIA DE RESERVORIOS
Muchos ex enfermos conservan en su sangre los gérmenes del paludismo y constituyen una fuente potencial de contagio para las personas sanas. En los países más avanzados, donde son poco numerosos, la policía sanitaria les prohibe desempeñar ciertos trabajos y los vigila estrechamente.

Entretanto, desde hace más de veinte años, la quimioterapia perfeccionó extraordinariamente las drogas capaces de prevenir la infección, de superar el período crítico de la enfermedad y de controlar sus manifestaciones ulteriores. Como, por otra parte, son baratas, de fácil administración y de efectos bastante prolongados, han permitido eliminar la enfermedad de países enteros.

La técnica habitual consiste en suministrarlas periódicamente a los escolares o a la masa de la población en general. Los enfermos de paludismo se aislan con mosquiteros para evitar la entrada de anofeles que luego transmitirían el parásito a otras personas.

CICLO VITAL DEL PLASMODIO
Las transformaciones del parásito son bastante complejas y se detallan en el diagrama. En resumen, el mosquito adquiere el plasmodio de Laveran al picar a una persona enferma. Los microbios se reproducen en su estómago y algunos de ellos llegan a sus glándulas salivales. Cuando el mosquito pica a un individuo sano le inyecta su saliva anticoagulante, que llega a sus vasos sanguíneos con el plasmodio e infecta su sangre.

ciclo del paludismo

Fuente Consultada: Revista TECNIRAMA N°12 Enciclopedia de la Ciencia y la Tecnología

Historia de la Lucha Contra el Tifus, Fiebre Tifoidea y Disentería

Historia de la Lucha Contra el Tifus, Fiebre Tifoidea y Disentería

ENFERMEDADES EPIDÉMICAS EN LA EDAD MODERNA: TIFUS, FIEBRE TIFOIDEA Y GRIPE: Entre las demás enfermedades epidémicas de esta época , el tifus exantemático, descrito y denominado por Boissier de Sauvages en 1760, existía en estado endémico en las regiones pobres donde hacía reinar la miseria y bajo la forma de epidemia durante las guerras. Ataca, en primer lugar, a los soldados en lucha, en malas situaciones físicas, que viven en condiciones de higiene deplorables, y después a las poblaciones civiles. Se asocia con frecuencia a la disentería.

Es responsable del fracaso de numerosas expediciones militares. Lo encontramos durante la Guerra de los Treinta Años, luego en el sitio de Lovaina (1631), en Praga (1742), en Egra, en el Canadá, donde en 1746 asola las tripulaciones de la flota del duque de Aville. Se observa en Cotinga (1767), en Moscú (1780), en Algeciras. Se dan casos en Rúen, Brest, París (1794), que cura Pinel.

En 1797, ataca a Galicia. Durante las guerras del Imperio respeta relativamente los ejércitos, mientras ataca los ejércitos enemigos en Austerlitz e incluso lo llevan a Borgoña los prisioneros. Durante el sitio de Zaragoza, Reveillé-Parise estudia una epidemia. Pero, a partir de 1812, acomete contra las tropas francesas una ofensiva que en dos años destruirá prácticamente la Grande Armée, provocando pérdidas mucho más elevadas que las debidas al fuego enemigo. Para Destaing, el gran vencedor de Napoleón no fue el frío, sino el «General Typhus».

De Kerckhove nos dice que la epidemia empieza durante la travesía de Polonia. Después, atravesado el Niemen, ataca a las tropas francesas, cansadas por las marchas forzadas y las malas condiciones atmosféricas, sin recibir ninguna distribución de víveres. Cuando llegan a Moscú, sus pérdidas totales se elevan a dos tercios de sus efectivos. Después de una mejora temporal en la ciudad santa, el tifus vuelve a cobrar fuerzas durante la retirada. En Polonia diezma á las débiles unidades que el príncipe Eugenio intenta reconstruir con duros trabajos.

Larrey cae enfermo y se cura. El tifus «hace estragos» en los ejércitos que repliegan, en las guarniciones dejadas por el emperador en Dantzing, en Dresde, en Magdeburgo y en Torgau, cuyo gobernador, el conde de Narbona, sucumbirá y Desgenettes dejó un cuadro escalofriante de la epidemia en esta ciudad. Más adelante, en 1813, entre el Elba y el Rin, más de 40.000 enfermos de tifus llenan los hospitales, desbordados por el número de enfermos: la situación era espantosa. «Miles de carros, cuenta Erckmann-Chatrian, cargados de heridos y sobre todo de enfermos se suceden en una fila ininterrumpida camino del Rin.» Pero el tifus atraviesa el río. Alcanza también, a su vez, a la población (en Alsacia y Lorena se cuentan 60.000 víctimas).

Se llenan pronto los hospitales militares y los hospitales civiles. Se crean los hospitales de auxilio y, en 24 horas, la población de París proporciona más de 6.000 camas. Hecho curioso, en estos hospitales improvisados de Roule, deMenilmantant, de Montmartre, la moralidad es menos importante que en los hospitales bien organizados. Laénnec, en su servicio, intenta reagrupar a los reclutas bretones e intenta luchar con su nostalgia empleando su lengua. 746 miembros del hospital enfermaron del tifus y de ellos 204 murieron. Es imposible calcular el número considerable de víctimas, tanto civiles como militares. El tifus contribuyó enormemente a la derrota francesa y a la caída del Imperio con todas sus consecuencias.

tifus

Durante dos siglos, el tifus no había sido considerado como contagioso. Y sólo se afirma esta idea en 1809, en España, lo hace Reveilla-Parise que habla de «virus». Insiste en el aire contaminado de las ciudades sitiadas y de los hospitales, en la fatiga y la conmoción del sistema nervioso de los jóvenes soldados.

Algunos años más tarde, de Kerckove da como prueba del contagio el hecho de que los judíos polacos no habían sido afectados hasta después del paso de las tropas, y sin sacar conclusiones insiste en la frecuencia de la miseria.

El tratamiento es sólo sintomático: laxantes suaves, vomitivos, sudoríficos, quinina, bebidas estimulantes, baños calientes o fríos, era lo único que se aconsejaba. Reveillé-Parise era hostil a las sangrías.

La fiebre tifoidea, no aislada todavía, se confunde con el tifus y las disenterías. Es posible que las observaciones de Spigel (1604), de Hoffmann (1682) concernieran a casos de fiebre tifoidea. Es probable, según las publicaciones de Strother (1729), de Gilchrist (1735), de Chirac (1725), que las lesiones señaladas por Morgagni tras las picaduras se refieran a esta enfermedad.

Tres epidemias importantes parecen haber sido epidemias de fiebre tifoidea: la primera en Gotinga en 1760 (Rippenhausen, Mayer) se extiende a toda Alemania; la segunda, la de Bretaña, ataca a la mitad de las tripulaciones de la nota del almirante de Orvilliers y le impide desembarcar en Inglaterra. Ésta se une a una epidemia de escorbutoy de tifus; la última, en fin, estudiada por Jacobi y Ecker, se observa en Alemania de 1783 a 1789.

Se llama disentería a todas las afecciones caracterizadas por exoneraciones sangrantes y flemosas, inevitables y múltiples. Se trata de un grupo confuso que reúne diversas enfermedades todavía no individualizadas, es muy probable que muchas de entre ellas sean disenterías bacilares. En 1626, Senne afirma que son contagiosas.
Frecuentemente asociada al tifus, la disentería se observa sobre todo en los ejércitos en lucha.

La señala, ya en 1616, Von Hilden, y después Charles-le-Poix. Entre 1620 y 1625 asola Lyon, Tula y Metz; 1776 Bretaña, en 1736, Holanda. Entre 1744 y 1747 ataca la flota inglesa ante Menorca. Hace estragos durante la Guerra de la Independencia americana.

En 1792, en Valmy, desempeña un papel importante respecto al ejército prusiano, y Goethe nos hace ver el desastre de dicho ejército en retirada, bajo la lluvia, en el barro, con filas de coches cargados de enfermos. Ataca al ejército de Oriente, durante la campaña de Rusia, luego en 1813. Se propaga entonces por toda Europa y en Francia se señalan focos importantes en Versalles y en Turena.

En su etiología, después de haber invocado el calor, el enfriamiento, la humedad, una alimentación defectuosa en los famélicos, el abuso de frutas verdes y carnes saladas, se incriminó el papel de las aguas de bebida. En efecto, Dazillese da cuenta de la desaparición de la disentería en la isla de Bourbon, cuando entre 1734 y 1750, La Bourdonnais hizo recoger convenientemente el caudal de la Grande Riviére. Read, por su parte, observa la frecuencia de la enfermedad en los que beben agua de los pozos situados cerca de las letrinas. Linné insiste en el papel de estas últimas, Bergeron incrimina a un virus que se adhiere a los entarimados y a los muros, y Desgenettes al amontonamiento de los enfermos. Para su tratamiento Helvétius preconiza la ipecacuana.

La. gripe, llamada así en 1742, también denominada: la locuela, la influenza, la coqueta, la fiebre catarral, etc. Y bajo estos nombres se inscriben numerosas afecciones febriles diversas. Se manifiesta por medio de epidemias estacionales, algunas de ellas benignas, otras muy mortales, en 1610, en París, se observa una epidemia grave. Más adelante se suceden otras en Inglaterra en 1658, luego en 1669, y en 1676 gana Francia, Italia y España.

En Londres es muy dura y causa más muertos que la epidemia de peste de 1665. En 1729 se inicia en Europa central una epidemia que alcanza la Europa occidental. En Francia alcanza a 200.000 personas, y debido a sus complicaciones pulmonares es fatal para numerosos ancianos. En 1780, una epidemia particularmente grave vuelve a causar estragos.

Estas epidemias duran varios meses y se ignora completamente la naturaleza de la enfermedad. En 1728, Hoffman considera que la causa es una alteración de la serosidad que depende de las vicisitudes del aire. Para Baille se debe a un miasma, para Cabanis se trata de una enfermedad inflamatoria. Por mortíferas que fueran ciertas epidemias, sus consecuencias eran relativamente limitadas en un plano general, pues los que desaparecían eran sobre todo los ancianos. Señalemos que antaño, la gripe tenía la fama de proteger contra la peste.

Fuente Consultada:
Historia Cultural de la Enfermedad Marcel Sendrail
Grandes Pestes de la Historia – Wikipedia – Enciclopedia Encarta
Por Araceli Boumera

Historia de la Vacuna Contra Poliomielitis

PRINCIPALES EPIDEMIAS DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD Enfermedades

PRINCIPALES EPIDEMIAS DE LA HISTORIA

Una enfermedad infecciosa nueva —a la que no nos habíamos enfrentado nunca antes— que se disemina de manera global y tiene una alta incidencia ae morbilidad (enfermedad) y de mortalidad fue descripta, durante los últimos trescientos años, como una «pandemia». La palabra procede de pan (totalidad) y demos (gente, o población). Una pandemia, entonces, afecta a todos los seres humanos. El virus de la influenza de 1918-1919, por ejemplo, se extendió por todo el planeta, sin distinguir etnias, ubicación geográfica, sistemas de valores culturales ni clases sociales.

Hasta hace muy poco, la medida principal para determinar que estábamos en presencia de una nueva enfermedad de estas características consistía únicamente en monitorear el contagio masivo de síntomas extraños y por lo general molestos. Antes de que se afianzara la teoría microbiana de las enfermedades (entre mediados y fines del siglo XIX), e incluso hasta varios años después, sólo podíamos basarnos en la prevalencia y en la severidad del cuadro clínico.

Hoy en día la situación es completamente distinta: nuestra capacidad para descifrar los secretos de las enfermedades infecciosas, y el avance en las tecnologías de investigación y de diagnóstico llevan ciento cincuenta años de constante evolución. Fueron mejorando de forma gradual más o menos hasta la década de 1980, y luego, durante los últimos treinta años, la revolución de la biología molecular aportó un impulso cada vez más intenso.

La ciencia del presente nos ofrece diversos tests y pruebas de laboratorio que nos permiten identificar el organismo causante de cualquier enfermedad, de manera rápida y conclusiva.

El incremento de la población y de los viajes ha creado las condiciones ideales para la propagación de enfermedades, nuevas y existentes. Algunas han sido contenidas, pero otras amenazan con convertirse en epidemias globales, o pandemias.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) vigila numerosas enfermedades que causan importantes pérdidas de vidas o que amenazan con hacerlo si no se mantienen bajo control. Algunas, como la malaria y la tuberculosis, son viejas enemigas de la humanidad. Otras son más recientes y proceden de virus que han cruzado la barrera entre especies de animales a humanos.

El síndrome de inmunodeficiencia adquirida, o sida, es causado por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Se cree que este evolucionó a partir del virus de inmunodeficiencia en simios (VIS), que existe entre los primates no humanos africanos desde hace millones de años. Parece ser que, a principios del s. XX, este virus saltó de un chimpancé infectado a un huésped humano y mutó en VIH, una forma que puede transmitirse entre las personas.

El VIH se propagó sin ser detectado durante décadas hasta que, al inicio de la década de 1980, se dio una serie de casos de sida en EE UU. Desde ese momento se ha propagado por todo el mundo y ha causado la muerte de más de dos millones de personas. Fue finalmente desenmascarado como agente causante del sida en 1983 por el virólogo francés Luc Montaigner.

Epidemias emergentes

Una vez declarado el brote epidémico, hay muchos factores que pueden afectar su curso. A veces, el organismo causante es tan mortífero que de hecho se controla por sí mismo matando a su huésped antes de extenderse más. Este es el caso del virus hemorrágico Ébola, de Zaire, uno de los agentes patógenos más letales conocidos. Identificado en la década de 1970, está restringido casi por completo al África tropical, donde se producen brotes cada pocos años.

Las enfermedades respiratorias, como la gripe y el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS), presentan una situación distinta. Estas enfermedades se propagan a través de gotitas de moco suspendidas en el aire, y dado que sus sintomas iniciales no son tan incapacitantes como para recluir a la gente en su casa, puede extenderse con suma rapidez.

La pandemia de 2009 de gripe H1N1 se originó en México y desde ese momento los viajeros aéreos la llevaron al resto del mundo en cuestión de días.

A diferencia de los virus gripales, el VIH puede existir en el organismo durante años sin producir síntomas visibles. Es más, durante su período latente se replica a una velocidad increíble: las células infectadas pueden liberar a la sangre 10.000 millones de virus en 24 horas. Sólo se transmite a través del contacto con fluidos corporales.

Lucha contra enfermedades virales

A pesar de este sombrío panorama, las vacunas han logrado algunos éxitos notables. Un ejemplo es la viruela, que fue erradicada en 1979 , y los casos de poliomielitis han descendido un 99% en las últimas dos décadas. La fiebre amarilla puede prevenirse, y en los próximos diez años se espera una vacuna contra la malaria.

En el caso de la gripe, los programas de vacunación basados en las variantes ya conocidas ayudan a controlar las epidemias invernales, pero no es posible almacenar reservas contra las variantes nuevas. Los antivirales pueden inhibir el desarrollo del virus, pero no lo destruyen.

El retrovirus VIH continúa siendo un adversario sin vacuna a la vista. Es más, apunta a células del sistema inmunitario (en particular las T4), el arma que el organismo utiliza para defenderse. Sin embargo, a finales de la década de 1980 se obtuvieron antirretrovirales que previenen la replicación del VIH en las células vivas.

Hoy, estos fármacos se administran en combinaciones de tres o cuatro tipos. Este tratamiento se dirige a distintas fases del ciclo de replicación, reduciendo de este modo la resistencia a cualquier otro fármaco concreto, que es uno de los mayores inconvenientes en la lucha contra la enfermedad.

PRINCIPALES EPIDEMIAS  Y PANDEMIAS

La peste es el prototipo de la enfermedad mortal, millones de personas han muerto víctimas de ella. Entre 1860 y 1930 todavía perecieron por su causa unas 12.000.000 de personas enfermas, actualmente según datos de la OMS (Organización Mundial de la Salud) la contraen cerca de 2000 personas por año y dicha cifra va en aumento.

Un agente infeccioso fácilmente detectable que —como en el caso del virus de la gripe porcina de 2009— tienda a provocar una enfermedad por lo general leve en la mayoría de la gente, pero que se disemina con rapidez por todo el planeta, será descripto, según los criterios actuales, como causa de pandemia.

Y es aquí donde pueden surgir ciertas confusiones: la sensación general indica que «pandemia» es sinónimo de catástrofe. Cuando tanto los medios de comunicación como el público en general se dieron cuenta de que en definitiva la pandemia de gripe porcina de 2009 no resultaba más peligrosa que, digamos, la epidemia de influenza «estacional» común de todos los años, muchos sintieron que las autoridades, sobre todo las de salud pública, habían exagerado en exceso el grado de peligro.

Las pandemias infecciosas son, por definición, problemas globales a los que ningún Estado-nación puede enfrentar solo. Los encargados de declarar si hay una pandemia en curso son los epidemiólogos, los técnicos estadísticos y otros profesionales que trabajan para la Organización Mundial de la Salud (OMS), con sede central en Ginebra, Suiza.

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Epidemia en Atenas Epidemia en Roma Epidemia en Bizancio Epidemia Negra
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Viruela América Gripe Española Gripe AsiáticaEnfermedades

Epidemia: La epidemia se define como una enfermedad que se propaga durante algún tiempo por un país, acometiendo simultáneamente a gran número de personas.

Pandemia: La pandemia se define como una enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región.

Antiguamente se conocía como pestilencia casi todo tipo de mortandad generalizada. Hasta que en 1546 el médico italiano Cirolamo Fracastoro (1448-1553) pudo demostrar que realmente hay enfermedades contagiosas (de persona a persona, por portadores y por el aire), se pensaba que los responsables de la propagación de enfermedades eran el aire apestado y las emanaciones nocivas (miasma). Pero el modo exacto en que se propagan las enfermedades se conoce gracias a los microbiólogos Louis Pastear (1822-1895)y Robert Koch (1843-1510).

El agente patógeno de la peste se descubrió a partir de las investigaciones que el médico y bacteriólogo suizo-francés Alexander Yersins (1863-1943) realizó en Hong Kong en 1894 junto con el japonés Shibasaburo Kitasatos (1853-1931).

Primeras muertes en masa
En la Biblia ya se menciona la peste como castigo de Dios. El poeta griego Hornero describió plásticamente la rapidísima transmisión de la enfermedad (en griego loímos, nosos): «Apolo y Artemisa disparan a los hijos de Niobe con flechas apestadas» (Ilíada XXIV). Los médicos de la Antigüedad se daban a la fuga cuando se desencadenaban las epidemias, pues sabían que no podían hacer nada.

La primera epidemia de peste documentada tuvo lugar en Constantinopla bajo el dominio del emperador Justiniano (527-565). Posiblemente la introdujeron los barcos de Egipto en el año 542, y luego se extendió y costó la vida a miles de víctimas en muchos países. Gregorio de Tours (538/539-594), obispo e historiador, describió sus terribles consecuencias en Francia.

Los médicos se protegían con gabanes encerados y máscaras en forma de pico que estaban llenas de vinagre o hierbas. Al parecer, también el agua de colonia Kólnisch Wasser 4711 que los hermanos Fariña vendían en Colonia se consideraba un agua contra la peste.

En Oberammergau, en 1634, se formuló una promesa: si la población se libraba de la enfermedad, se comprometía a representar la pasión de Jesús cada diez años. Y así se sigue haciendo hasta hoy  en día.

Desde este menú podrás acceder a diversas paginas que tratan este tema específicamente.

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El virus Ébola

El virus Ébola es uno de los virus recientes que ha alcanzado más fama mundial. Dos primeras cepas de este virus fueron identificadas por primera vez en el año 1976, al producirse epidemias de fiebre hemorrá-gica, en el Zaire y en Sudán, donde conjuntamente se registraron más de 550 casos y 430 muertes. Desde este primer episodio hubo otros casos en Costa de Marfil, Liberia y Gabón.

Durante el verano de 1995 se produjo en el Zaire una nueva epidemia importante de la primera cepa que afectó a 315 personas, de las cuales fallecieron 242. Diecinueve años después del episodio de 1976, y con una distancia de 500 kilómetros, las cepas de virus aislados resultaban casi idénticas.

En 1989 se identificó una tercera cepa del virus Ébola en Reston, Arizona, donde cientos de monos importados de Filipinas fallecieron. El virus Ébola/Reston parecía no provocar la enfermedad en el hombre, y aunque cuatro técnicos de laboratorio fueron infectados, ninguno de ellos desarrolló la enfermedad.

En 1994 se produjo un caso aislado de fiebre hemo-rrágica de Ébola, no mortal, en Costa de Marfil. Un zoólogo europeo estaba realizando una autopsia a un chimpancé y resultó infectado por el virus que se identificó como la cuarta cepa, llamada Ébola/Tai Forest, que recibe el nombre del bosque de Tai en Costa de Marfil.

De todos los virus humanos causantes de enfermedades, el Ébola y su pariente, el virus Marburg, que también produce fiebre hemorrágica, son los únicos de los cuales se desconoce el hospedador y el ciclo biológico de transmisión. Podrían estar involucrados otros mamíferos, aves, reptiles, insectos o garrapatas. Las últimas investigaciones apuntarían a especies de monos colobos o a chimpancés.

A partir del primer caso registrado se sabe que la infección en el hombre se transmite por contacto directo, como el que se realiza entre médico, pacien-
te y enfermera; y también se sabe que las condiciones hospitalarias poco higiénicas favorecen la propagación del virus, además de la tala de bosques y del comercio de monos para experimentación.

Para detectar material viral Ébola en la sangre o en los tejidos de los pacientes se utiliza una técnica denominada reacción en cadena de la polimera-sa, que duplica el material genético para su estudio.

Cuando se sospecha la infección por este virus se solicita, en forma inmediata, la colaboración de los expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de los centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) y de otros centros especializados para establecer las medidas de control epidémico.

El virus Ébola ha sido clasificado como de nivel cuatro de bioseguridad, el cual requiere establecer las medidas de máxima seguridad. En la actualidad, se están realizando estudios detallados para comparar secuencias de ARN entre las distintas cepas de virus, y se espera obtener información adecuada que proporcione las claves sobre la historia natural y los hospedado-res de estos virus.

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PARA SABER MAS…

Enfermedades infectocontagiosas o transmisibles: Son aquellas enfermedades producidas por un agente etiológico, caracterizadas por tener un período de infección, contagio e incubación. La infección es la entrada de la noxa al organismo.

El contagio es la transmisión de la enfermedad de un individuo enfermo a uno sano, y esto puede ser en forma directa, por ejemplo a través de la microgota de flügge o indirecto por medio de utensilios, ropas o mediante un portador sano (alguien que aloja al agente pero no padece la enfermedad).

El período ¿e incubación tiene una duración variable y se extiende desde el momento del contagio hasta la aparición de los síntomas propios de la enfermedad. Este grupo de enfermedades no se estudia sólo en lo individual, ya que importa, mucho su transmisión a nivel de la comunidad (función de la epidemiología.

Enfermedades degenerativas: No son transmisibles, están causadas por trastornos funcionales metabólicos o nutricios que producen alteraciones morfológicas en los tejidos. Son de lenta evolución, por ello el diagnóstico precoz es de suma importancia en este grupo de enfermedades. Ejemplos: arterioesclerosis, hipertensión arterial, cataratas, ciertos tipos de cáncer.

Otros tipos de enfermedades son:
— enf. metabólicas, ej.: diabetes mellitus, hipotiroidismo.
— enf. neoplásicas, ej.: tumores benignos o malignos (cáncer).
— enf. alérgicas, ej.: asma bronquial.
— enf. por intoxicación, ej.: botulismo, saturnismo.
— enf. mentales, ej.: neurosis, esquizofrenia.

Definamos algunos términos:
Epidemia: aparición repentina de una enfermedad que se propaga rápidamente, hace un ciclo y desaparece. El número de casos supera ampliamente el promedio esperado para esa enfermedad.

Pandemia: es cuando la epidemia se propaga a otras naciones.

Endemia: es una enfermedad que se da permanentemente en determinadas regiones, porque en ellas se dan las condiciones ecológicas necesarias para el desarrollo de la noxa; las endemias pueden en cualquier momento convertirse en epidemias.

Zoonosis: son enfermedades que pueden padecer tanto los seres humanos como los animales.

Epizootia: se produce cuando los agentes patógenos atacan a los animales; en algunos casos puede preceder a las epidemias, ya que los animales son víctimas de las mismas noxas que atacan al hombre.

Vectores: Se llaman así a los portadores o transmisores de agentes patógenos; en su mayoría son artrópodos, especialmente insectos; por ejemplo las vinchucas transmisoras del mal de Chagas-Mazza; la hembra del mosquito anopheles que transmite el paludismo.

Peste Negra en la Edad Media

Peste Negra en la Edad Media

Las enfermedades epidémicas: La Peste Bubónica
La más temible seguía siendo la peste, que continuaba aterrorizando las poblaciones. Repugnaba a la gente llamarla por su nombre y la llamaban «el contagio». Se había propagado desde Oriente donde era endémica, como consecuencia de los grandes peregrinajes como el de la Meca.

Las epidemias son numerosas: en Francia se cuentan 76 entre 1600 y 1786. En 1605, una de ellas obliga a Enrique IV a abandonar París y refugiarse en Fontainebleau. En 1623, y después de 1629 a 1631 diezma Inglaterra, luego Holanda, Venecia en 1630, Nimega, donde la describe Diemerbroeck, Rotterdam, de donde pasa a Londres a finales de 1664.

Entre el 8 de agosto y el 10 de noviembre de 1665 se registran alrededor de unos 50.000 muertos y la epidemia no se acaba hasta después del gran incendio que, en 1666, destruye la ciudad. En 1709 la peste ataca a Austria, luego a Prusia, después, en 1763, Ucrania, Sicilia, Provenza y Marsella.

El desastre sufrido por esta provincia sigue siendo tristemente célebre. Entre 1756 y 1763 diezma los ejércitos de Federico II. Se encarniza con Moscú, Polonia, entre 1789 y 1801, y un viejo dicho decía «cuando la peste asola un país un tercio de la población muere, otro está enfermo y el tercero queda indemne, entierra los muertos y asegura la continuidad del país».

Reaparece en Egipto en 1799, ataca el ejército francés de Oriente y mata en el Cairo a más de 100.000 habitantes. Se la vuelve a encontrar en Crimea: en 1812 impide al duque de Richelieu, gobernador de la provincia, reunirse con el emperador Alejandro durante la campaña. Se manifiesta en este caso «no sólo mejor que los demás, sino, si fuera posible, mejor que sí mismo» (Joseph de Maistre).

Después prácticamente la peste desaparece de nuestras regiones, y para explicar este hecho se invoca hoy a las medidas colectivas de higiene puestas en práctica y sobre todo a la desaparición de las ratas negras, familiares en las viviendas, expulsadas por las ratas marrones que temían la proximidad de los hombres y vivían en las alcantarillas.

«Mahoma legó este azote a sus prosélitos y entre los musulmanes la peste no muere. Si no planea sobre los turbantes de Constantinopla, se encuentra en los bonetes de lana de Chiraz y Chezar, si no destruye los campamentos de los tártaros en las orillas del Baikal, lleva a cabo sus estragos en los harenes de Marruecos. Si no se encuentra en Marruecos, está en El Cairo, si no está en El Cairo, fuerza la paz de los bárbaros rivales de Túnez y Trípoli diezmando sus poblaciones, pero sobrevive, está siempre activa…

Cada viento que sopla puede llevarla en una balandra del Mediterráneo, que lleva de todo, con un capitán de Levante, que jurará todo lo que se le pida, un buhonero judío que compra todo lo que le quieran vender. De este modo la peste puede insuflar la mortalidad en todo momento, empezando por el campesino en su cabaña o por el Papa desde Loreto a Civitá-Vecchia hasta el Vaticano.» Estas líneas demuestran la persistencia de la plaga en Asia, su ubicuidad y el peligro permanente que hace correr a Occidente.

Se sabía que las epidemias se iniciaban en los puertos la mayoría de las veces y desde allí se propagaban siguiendo los ríos y los caminos. El modo en que alcanzó Marsella es característico.

Es interesante conocer las reacciones de los individuos sobre este azote18. Veremos un ejemplo en ocasión de la gran peste de Londres de 1665, remitiéndonos a la sobrecogedora descripción que dejó Defoe inspirada por Sydenham.

El gobierno ha abandonado la ciudad. Los habitantes que no han podido huir por falta de caballos, afectados de una auténtica psicosis, se precipitan sobre los charlatanes, echadores de cartas que les venden a precio de oro amuletos, talismanes, remedios protectores (tales como brazales de cangrejos putrefactos, cuyo olor debía de alejar el mal). Otros circulan por las calles, evitando todo contacto con los demás; otros acumulan provisiones y se encierran en sus casas, otros, finalmente, cargados con sus trastos, intentan abandonar la ciudad a pie o embarcarse en barcos anclados en el Támesis, si bien lo más frecuente es que fueran rechazados sin piedad.

Las falsas noticias corren de boca en boca. En determinados momentos un auténtico estupor ataca a la multitud y en otros ésta sufre un auténtico delirio de persecución. Se recoge en los templos y las iglesias para rogar a Dios que la salve. Se producen escenas horribles. Los enfermeros abrevian los días de aquellos que tienen que cuidar. Las casas abandonadas son víctimas del pillaje. Las comadronas o bien se han marchado o han sucumbido y uno puede figurarse la angustia de las mujeres que se encuentran de parto desprovistas de toda asistencia. Los actos más cobardes y los más sublimes tienen lugar.

El problema de las inhumaciones es trágico. Los enterradores, llamados «cuervos», se llevan los cuerpos de las 4.000 personas que mueren por semana, sin ataúd, en unos carros especiales y los depositan en unas grandes fosas que podían contener unos sesenta cadáveres. La mortalidad considerable era de un 70 a un 80 %. Los mismos problemas se encuentran en Marsella en 1720.

A parte de los dramas familiares hay que imaginarse el trastorno económico. En Londres la vida se detiene, el puerto se cierra, las escuelas, los lugares de espectáculos, los comercios se cierran. No hay trabajo, no hay comercio; la situación económica se vuelve muy grave, en particular en lo que concierne al abastecimiento, y el hambre amenaza.

Numerosas memorias describen la epidemia que azotó al ejército francés de Oriente en 1799. Destacaremos solamente la visita a los apestados del hospital de Jaffa realizada por Bonaparte, el valor de Desgenettes que, ante todo el ejército, se inoculó con una lanceta, que acababa de abrir el bubón de un apestado convaleciente, y su atrevida respuesta a Bonaparte que le pedía acabara los días de algunos enfermos intrasportables dándoles opio a grandes dosis: «Mi deber es conservarlos», le declaró.

En un plano general hasta este punto, las consecuencias mortíferas de estas epidemias son catastróficas: desintegración de relaciones sociales, detención de la economía, desaparición de numerosos elementos activos de la población, resultados demográficos muy graves por los cuales determinados pueblos cruelmente afectados jamás pudieron recuperar su estado anterior. La mano de obra ya no existe, los salarios se elevan.

Los campos, aunque menos afectados que las ciudades, se despueblan en beneficio de estas últimas. La producción agrícola disminuye, de ahí las hambres. Pero se dan también otras consecuencias morales y sociales. Durante las epidemias la lujuria y la embriaguez hacen estragos. La degradación de las costumbres y de la disciplina social son considerables. Después, una vez terminada la epidemia, se observa un frenesí de Vivir que se manifiesta por medio de la multiplicación de las bodas.

En el plano social, las clases pobres, las más afectadas, son cada vez más hostiles a las clases acomodadas que han podido huir. Todos acusan a los gobiernos. Además se produce en estos momentos una nueva distribución de la fortuna, factor que favorecerá la formación de la sociedad capitalista, exagerando el desequilibrio entre ricos y pobres. En efecto, los bienes de los que han sobrevivido aumentan considerablemente como consecuencia de las herencias. En fin, el patrimonio básico de la Iglesia aumenta como consecuencia de los dones que le ofrecen para recibir protección.

Entre estos millones de muertos se hallaban sin duda hombres que no habían dado todavía prueba de sus talentos y la desaparición de estas esperanzas retrasaron la evolución moral e intelectual de la humanidad.

No hay que olvidar que ante el número de decesos y la falta de personal los registros parroquiales, con frecuencia, no se podían poner al día.

Estas epidemias permiten numerosas observaciones:
— Las medidas de limpieza son eficaces y de este modo en el año 1720, en Marsella, se salva el Monasterio de San Víctor.
Desgenettes insiste en el papel del exceso de gente en locales insalubres.
— Se sabe que la enfermedad ataca preferentemente a ciertas profesiones, en primer lugar aquellas cuyos miembros se solicita acudan a cuidar a los apestados, después los descuartizadores de animales, los carniceros y los molineros. En cambio los marineros consignados en sus barcos son relativamente respetados.
— En 1629, en Montpellier, Ronchin observa, sin sacar ninguna conclusión, la existencia, en el momento de una epidemia, de numerosos cadáveres de ratas.
— Se constata que el haber sufrido una vez de la peste no impedía volverla a sufrir de nuevo.
Pugnet, luego Desgenettes, en el momento de la expedición a Egipto, no ignoran que la inoculación del pus de un bubón en período agudo puede ser mortal, mientras que, en cambio, la del pus de un bubón de convaleciente no lo es.

Era normal buscar la causa de la plaga.

El primer acusado fue la cólera divina. Diembroeck en 1655, Roussel en 1701, Fischer en 1710, luego monseñor de Belzunce la invocan y el papel de Dios es recordado por el poeta:

«Un mal que extiende el terror
mal que el cielo en su furor
inventó por castigar los crímenes de la tierra.»

Se comprende, pues, las invocaciones a ciertos santos: San Roque, San Sebastián, San Nicolás, Santa Úrsula, San Prudencio, San Carlos Borromeo. También se suplicaba a la Virgen del Manto.
Se pedía, pues, a los santos que desviaran la cólera del Señor. Así se explica la representación de la Pasión en Oberammergau (1629), la bravata de Frejus, las procesiones de Ham en Heure (1638), la construcción de capillas, iglesias, etc.

Luego se incrimina al diablo: en Milán se vio al Maligno engrasar las puertas de ciertas casas, y en el Tirol circular el fantasma de la peste, etc.

Se hace desempeñar un papel a los años bisiestos, a los eclipses. En Londres aparece en el cielo una espada llameante con la punta vuelta hacia la tierra, etc.

Pero era natural que se acusara una intervención humana: los maleficios, los aojamientos, «los engrasadores» que señalan las casas que deben ser afectadas y había que encontrar: «Este pelado, este sarnoso, de donde venía todo el mal.»

También se acusó a los leprosos, a los bohemios y sobre todo a los judíos. Numerosos de ellos fueron víctimas inocentes de la cólera popular. Algunos, incluso, en Milán, fueron condenados por los tribunales.

Pero pronto otras causas pasarán a ocupar el primer lugar. En 1626, después en 1669, Jouyce y luego Rainsant defienden la idea de contagio en Reims. En 1608, Nicolás de Lambeling otorga un papel importante al aire contaminado. En 1620, Lempriére, al polvo procedente de los minerales, etc. Pero a principios del siglo XVIII «los contagionistas» y los «no contagionistas» se enfrentan todavía.

Algunos intentan ir aún más lejos. Así, en el siglo XVII, Charles de l’Orme escribe «no es insensato creer que numerosas fiebres agotadoras y mortales se deben a elementos vivos y destructores». En Holanda, Leeuwenhoek obtiene en el microscopio la revelación de «miserables pequeñas bestezuelas», pero no saca de ello ninguna conclusión.

En 1657, el jesuita Athanase Kircher, en Roma, acusa a unos elementos tan pequeños que en el microscopio parecen átomos. Pero estas nociones no eran exclusivas de la peste y, volviendo a esta última, en 1720, Goiffon intuyó su origen creyendo en la existencia de cuerpos invisibles, tan pequeños son, de un virus responsable de la enfermedad y, al mismo tiempo, por primera vez llama la atención sobre los insectos comensales de los enfermos. En el siglo XVIII Reinar y luego Linné acusan a los infusorios.

Aunque se desconoce la causa se intenta tomar medidas para evitar el azote de la propagación.

Durante mucho tiempo no había más que un medio de escapar: la fuga; pero, haciendo esto, los fugitivos propagan la epidemia en el campo y la ciudad. También se llega a interceptar los caminos. Otra solución es encerrarse en su casa y no salir. Para suprimir lo olores acusados de propagar la enfermedad, Diermerbroeck, en Nimega, aconseja el tabaco. Otros recurren a los perfumes: canela, moscada, etc., y es buscando productos más activos como se descubre el agua de colonia. Se emplea mucho el vinagre aromatizado, pero la sustancia que goza de mayor reputación es el ámbar que, en Francia, se reservó para la familia real.

Las medidas colectivas son, en primer término, medidas locales. En caso de epidemia se cierran las puertas de la ciudad, así es como el 11 de enero de 1964 el señor de Coulanges escribe al señor de Lamoignon que hallándose la peste en Nápoles cerraron las puertas de Roma, y sólo autorizaba la entrada a los portadores del boletín de salud.

En Francia se toman las primeras grandes medidas preventivas en Lyon, con motivo de la epidemia de 1628. Se crea un despacho de salud, que dicta una serie de reglas muy estrictas. Además de cerrar las puertas de la ciudad se cierran las casas de los enfermos y todos los que han estado en contacto con ellos son puestos en cuarentena25. Los ropajes y ropa interior de los apestados se queman.

Se desinfecta con grandes fuegos hechos de gavillas de paja rociadas de perfume o de azufre. Ante las puertas, en las calles y las plazas se encienden otros fuegos. Se lavan los suelos con vinagre, se entierran profundamente las basuras y deshechos. Se aísla a los mendigos y se acorrala a los animales domésticos. Se prohíben las reuniones26. El conjunto de estas reglas lo recogió en 1629 Gaspard Chevalier y luego Guibert. A todo esto hay que añadir la vigilancia de las ferias. Estas medidas fueron eficaces, ya que en 1720, a pesar de la llegada a Lyon de numerosos marselleses huidos de su ciudad, no se observó ningún caso de peste.

En 1635, en Nancy, los médicos tenían la obligación de declarar los casos de enfermedad. En Londres se tomaron medidas draconianas en 1665. Estaba prohibido salir de las casas contaminadas, vigiladas por guardias que aseguraban el revituallamiento e impedían toda comunicación con el exterior. Las puertas de estas casas estaban marcadas con una cruz roja sobre la que figuraba la inscripción: «Dios tenga piedad de nosotros.»

En París, en 1607, se había construido el hospital de San Luis para los apestados. Pero debido a su número era imposible acogerlos a todos.

Bajo el reinado de Luis XIII, Charles de l’Orme había imaginado un vestido especial destinado a proteger a los médicos que se ocupaban de las víctimas de la peste27. Las pérdidas en el cuerpo médico fueron muy graves. En Londres secundaron a los médicos los farmacéuticos, con toda abnegación, y en Marsella, sus compadres de Montpellier, llegados espontáneamente en su ayuda, y por los capuchinos, que significaron un auxilio muy eficaz.

Pero pronto se organiza la prevención a nivel internacional, la cuarentena se generaliza. En cada puerto existen oficinas de salud, cuyos poderes son dictatoriales. Cuando llega un barco éste no tiene derecho a acercarse. Su capitán desciende hasta un lugar especial, privado de comunicación con el interior del puerto, con su diario de salud.

Si a bordo tiene enfermos uno de los médicos del lazareto va a examinarlos. Si todo está en regla se da al capitán una patente limpia y se le permite acercarse a tierra y desembarcar sus mercancías. Si hay alguna duda, el navío permanece en su punto de fondeo, a 100 metros de los muelles. Si es sospechoso, o si transporta apestados, se consigna que la tripulación se quede a bordo, o en el lazareto y se colocan cordones sanitarios a lo largo de los caminos. Si el navío viene de un puerto donde hay peste su tripulación y sus pasajeros se ponen en cuarentena28 por un período variable29. Estas medidas se traducen en un gran malestar para el comercio y basta con leer la correspondencia de Stendhal para darse cuenta de ello.

El tratamiento es inexistente. Charles de l’Orme aconseja el empleo de agua hirviendo. «Gracias a estas precauciones he obtenido resultados considerables, que me han valido el agradecimiento de nuestros reyes, durante la peste de París de 1619.» Dower recurría a las sangrías de 120 onzas y hacía beber ácido sulfúrico diluido. De una tripulación de 180 hombres perdió sólo 8 marinos.

A finales del siglo XVIll se limitan a favorecer la supuración de los bubones, punzándolos. Entonces se desinfecta la llaga con ungüentos a base de acetato de cobre o de mercurio. Se prescriben sudoríficos a base de salvia y de ruda. Como antídoto se recurre a la triaca. Desgenettes preconiza las bebidas calientes, los baños y las fricciones con aceite, aconsejadas también por Baldwin y el padre de Luis de Pavía.

Fuente Consultada: Historia Cultural de la Enfermedad Marcel Sendrail

El Dengue Prevencion y Sintomas Transmision y Cuidados

El Dengue Prevención y Síntomas del Dengue
Transmision y Cuidados

INTRODUCCIÓN: El mosquito al que vamos a hacer referencia no es cualquier mosquito, sino el denominado Aedes aegypti, pequeño insecto de color oscuro, con rayas blancas en el dorso y en las patas, de hábitos diurnos, organismo vector no sólo del dengue sino también de la fiebre amarilla.

Para que el mosquito transmita la enfermedad debe estar infectado con el verdadero agente etiológico: el virus del dengue. La infección se produce cuando el mosquito, luego de picar a una persona enferma, pica a otra sana (hospedador), y le transmite el virus.

mosquito del dengue

Aedes aegypti es un mosquito exclusivamente urbano que actúa como vector en la transmisión de la fiebre amarilla, el dengue y el dengue hemorrágico. La abundancia de A. aegypti depende principalmente de factores ambientales favorables para su desarrollo, como temperaturas y humedad elevadas y la presencia de recipientes con agua, denominados comúnmente criaderos.  El dengue es un problema emergente en América, dada la elevada abundancia de mosquitos, que posibilitan la transmisión del virus. La infección por el virus puede resultar asintómatica en algunas personas o cursar con un estado febril indiferenciado en otras.

¿Qué es el dengue?

El dengue es una enfermedad viral transmitida por un tipo de mosquito (el Aedes Aegypti), que se cría en el agua limpia acumulada en recipientes y objetos en desuso.

¿Cuáles son los síntomas de la enfermedad?

Se caracteriza por fiebre que se puede acompañar de dolor de cabeza, dolores de músculos y articulaciones, náuseas y vómitos, cansancio intenso. También pueden aparecer manchas en la piel, acompañadas de picazón. El cuadro general es el de una falsa gripe:

El paciente no tiene resfrío, no estornuda. Según la intensidad de los síntomas habrá pacientes que deberán guardar reposo por varios días y otros se recuperarán más rápido.

¿Puede el dengue ser mortal?

Existe una forma grave del dengue, llamado dengue hemorrágico, que puede llevar a la muerte si el paciente no es atendido en forma rápida.

Signos de alarma

El dengue no grave (llamado clásico) y el dengue hemorrágico, presentan durante los primeros días los mismos síntomas. Recién entre el cuarto y el sexto día de enfermedad podrán detectarse los signos de alarma, indicativos de un posible dengue hemorrágico: agravamiento de los síntomas, baja de golpe la fiebre, dolor abdominal intenso, sangrado en encías, nariz, piel u otros sitios.

Ante la detección de alguno de estos síntomas, la urgente consulta médica es imprescindible.

¿Cómo se previene su transmisión?

No existe vacuna contra esta enfermedad. La única forma de prevención es impedir la presencia del mosquito transmisor en las viviendas y cerca de ellas. Para ello, deben eliminarse todos los posibles criaderos: los huevos son puestos en superficies en contacto con agua estancada limpia, única forma para que el mosquito pueda nacer.

¿Qué se debe hacer ante la aparición de estos síntomas?

Lo más importante es acudir rápidamente a la consulta médico en el Centro de Salud más cerca. Cuanto antes se tomen las medidas apropiadas, mucho mejor. El enfermo con dengue debe hacer reposo y beber mucho líquido.

¿Cómo es el mosquito transmisor?

El Aedes Aegypti es un mosquito de tamaño pequeño y de color oscuro. Presenta bandas blancas en el cuerpo y las patas, muy visibles sobre un fondo oscuro.

¿Cómo es el mosquito transmisor?

Las rayas blancas en las patas y el cuerpo son características de este mosquito. A. aegypti fue detectado en 1986 en la ciudad de Posadas, en 1989 en la ciudad de San Salvador de Jujuy, en 1991 en la provincia de Buenos Aires y en 1995 en la Capital Federal. Recientemente, en 1998, se registró una epidemia de dengue en Tartagal, Salta, que según cifras oficiales afectó a 400 personas.

QUE HAY QUE HACER PARA PREVENIR EL DENGUE?
LO MAS IMPORTANTE ES IMPEDIR LA
REPRODUCCIÓN DEL MOSQUITO

> Evite tener dentro y fuera de su casa recipientes que contengan agua estancada limpia.

> Renueve el agua de canaletas y recodos, floreros, peceras y bebederos de animales al menos cada tres días.

dengue

> Deseche todos los objetos inservibles que estén al aire libre en los que se pueda acumular agua de lluvia: tatas, botellas, neumáticos, juguetes, etc.

> Mantenga boca abajo los recipientes que no estén en uso: baldes, frascos, tachos, tinajas, cacharros, macetas.

> Tape los recipientes utilizados para almacenar agua como tanques, barriles o toneles.

dengue

Ministerio de Salud
Presidencia de la Nación
Argentina Salud
Visita: www.msal.gov.ar

VIDEO SOBRE LA PREVENCION DEL DENGUE

En la actualidad, el dengue es la principal enfermedad viral transmitida por mosquitos en el mundo, que afecta a todos por igual, sin distinción de edades, credos o culturas, en ciudades tropicales y subtropicales.

Sus síntomas son: estado gripal muy fuerte con erupciones cutáneas, similares a las de la rubéola o el sarampión; fiebre elevada; cefaleas, y fuertes dolores articulares y musculares. El dengue puede ser mortal si no se lo trata a tiempo, ya que deviene en una forma grave, denominada dengue hemorrágico.

“La posibilidad de transmisión del virus del dengue en la Argentina ha cobrado importancia en los últimos años debido a la presencia del vector en gran cantidad de provincias argentinas y a la transmisión activa en los países limítrofes.”

Así comienza el resumen “Mapas de transmisión del virus del dengue por Aecles aegyptien la Argentina presentado en el II Congreso Argentino de Zoonosis y en el  Congreso Argentino y Latinoamericano de Enfermedades Emergentes, llevados a cabo en Buenos Aires, en abril de 1998.

Como se ve, el dengue ya está entre nosotros. Frente a este hecho, es fundamental tomar las medidas necesarias para erradicarlo. En este sentido, la disponibilidad de una vacuna efectiva contra el dengue es aún remota, por lo que el control del vector es la principal acción preventiva que se debe llevar a cabo para combatir la enfermedad.

Y, por sobre todo, brindar una adecuada información a la población, en especial a la de mayor riesgo, así como proveer los medios necesarios para hacer efectiva la lucha.

¿Y cuáles son las principales medidas para controlar el vector?

• Eliminar todos los recipientes que puedan acumular agua de lluvia (latas, botellas vacías, neumáticos, macetas).
• Mantener boca abajo los recipientes vacíos (baldes, frascos, tachos).
• Tapar todos los recipientes que contengan agua (tanques, barriles).
• Cambiar día por medio el agua de los floreros y de los bebederos de animales.
• Despejar canaletas para que no se acumule agua de lluvia.
• Usar repelentes, mosquiteros y ropa para cubrir las zonas expuestas en áreas de alta densidad de mosquitos (tener en cuenta que el mosquito pica durante el día).

PARA SABER MAS…

DENGUE CLÁSICO Y HEMORRAGICO

Esta es una enfermedad viral transmitida por la picadura del mosquito Aedes Aegypti, y se presenta en dos formas: la fiebre de dengue clásica -afecta a los niños mayores y adultos, pero rara vez causa la muerte-, y la fiebre hemorrágica de dengue (es más grave y puede terminar con la vida).

No hay condición social que se salve del dengue, cualquiera lo puede padecer, pero en los niños está demostrado que es menos agresivo que en el adulto», confirma el profesional.

TRANSMISIÓN Y CUIDADOS

«La hembra del mosquito -supuestamente sana- pica a una persona con dengue, convirtiéndose en un insecto infectado que al picar a otra persona sana le transmite el virus. Por eso no hay problema en comer, abrazar o dormir con un enfermo de dengue porque no se transmite de persona a persona. Pero como no hay vacunas para prevenir la enfermedad y tampoco hay manera de saber si un mosquito transporta o no el virus, la única forma de combatirla es evitar que el mosquito se reproduzca, además de impedir toda clase de picaduras.

Debemos tener en cuenta una serie de cuidados, entre los que se destacan evitar la acumulación y el estanca-
miento de agua en recipientes, tanto al sol como a la sombra (cubiertas de auto, tambores, frascos, baldes, floreros, latas de conserva); utilizar espirales fumigantes, repelentes, mosquiteros y telas metálicas, entre otras opciones.

También hay formas masivas de combatir el mosquito, como por ejemplo mediante las fumigaciones, tarea en la cual todos debemos cooperar, ya que para que el insecticida entre en los hogares y los mate es necesario dejar abiertas puertas y ventanas durante el rociamiento.

«Un habitat por excelencia del mosquito es el cementerio, donde los depósitos para flores y otras ofrendas tienen agua estancada. También en algunas ciudades pueden aparecer en los espejos de agua de los parques de esparcimiento.

SÍNTOMAS

«Se presenta como un cuadro seudogripal, con la aparición brusca de fiebre alta, fuerte cefalea frontal, dolor retro-ocular, muscular, náuseas, vómitos, pérdida del sentido del gusto y del apetito, y en algunos casos pueden aparecer manchas en la piel, sobre todo en el pecho y en los miembros inferiores.

Ante la duda deben acudir inmediatamente al médico para el diagnóstico temprano y el tratamiento oportuno. Además es fundamental que la población que presente algún síntoma de estado gripal no ingiera aspirinas, porque si fuera un caso de dengue la aspirina acentuaría y agravaría alguno de los indicios o mecanismos por el cual se está produciendo la enfermedad.

En cuanto al dengue hemorrágico, en las primeras etapas es indistinguible del dengue común. Suelen presentarse también dolores abdominales intensos, náuseas y vómitos. Las complicaciones de esta enfermedad se deben a la sobreinfección bacteriana del aparato respiratorio y a las infecciones derivadas. Las causas de muerte son el shock, las hemorragias masivas y las sobreinfecciones. La principal medida de control del dengue es la eliminación de los potenciales criaderos del mosquito, ya que sin agua acumulada el mosquito no puede multiplicarse. Resultan igualmente importantes los estudios científicos del vector y las campañas educativas y de información a la población.