Proverbios Populares

Lenguaje Oral y Escrito Vocales y Consonantes Sonidos y Letras

Lenguaje Oral y Escrito – Vocales y Consonantes Sonidos- Fonética

EL PODER DE LA PALABRA:
EL LENGUAJE: ORAL Y ESCRITO

El lenguaje humano es un medio de comunicación en el que las señales se perciben por el oído y se emiten por la voz; es, pues, en principio oral. El ser humano, aprovechando el aire que sale de los pulmones y con la ayuda de los órganos de la cavidad bucal, produce sonidos diferentes que se suceden unos a otros. Agrupando estos sonidos en palabras y oraciones se comunica con los demás.

Los órganos que intervienen en la fonación o emisión de sonidos son: los pulmones, las cuerdas vocales, el velo del paladar, la lengua y los labios. Según sea la posición y el movimiento de cada uno de estos órganos, el resultado será uno u otro sonido.

Los sonidos emitidos por el hablante se transmiten a través de un medio físico, el aire, y son percibidos por el aparato auditivo del interlocutor. Sin embargo, el ser humano necesitó siempre que sus palabras no «se las llevara el viento» y, como desde la más remota antigüedad había practicado las artes graneas con fines mágicos y religiosos, como sucede con las pinturas rupestres, se sirvió de ellas para reproducir su pensamiento.

Así fue evolucionando la expresión escrita desde los jeroglíficos egipcios hasta la creación de un alfabeto, en nuestro caso el latino, que podemos definir como conjunto de signos gráficos que reproducen por escrito los sonidos de una lengua.

LOS SONIDOS: VOCALES Y CONSONANTES

Los sonidos se distinguen entre sí por la forma en que interviene cada uno de los órganos del aparato fonador humano.
La primera diferencia y la más importante es la que distingue a las vocales de las consonantes.

• Las vocales se caracterizan porque en su pronunciación el aire que sale de los pulmones no encuentra obstáculos en la cavidad oral; por eso, no necesitan apoyarse en las consonantes. Según el grado de apertura de la cavidad bucal pueden ser abiertas: /a/; semiabiertas: /e/ /o/ y cerradas: /i/ /u/. El rasgo de apertura de las vocales interviene en la formación de los diptongos.

• Las consonantes se pronuncian cuando el aire que sale de los pulmones encuentra obstáculos producidos por alguno de los órganos articulatorios. La clasificación de las consonantes es mucho más compleja porque en su pronunciación intervienen cuatro factores:

-El punto de articulación. Se refiere al lugar donde se sitúa el obstáculo que se opone a la salida del aire: en los labios, sobre el paladar, en los alvéolos, etc.

-La acción del velo del paladar. Se considera la posición del velo del paladar en el momento de la articulación, permitiendo que el aire salga por la cavidad oral o impidiéndolo de manera que salga a través de la nariz.

-El modo de articulación. Se atiende a la forma como el aire espirado supera los obstáculos que se oponen a su salida: si sale de golpe, en forma de roce, o por los laterales de la lengua.

-La intervención de las cuerdas vocales. Según vibren o no las cuerdas vocales durante la articulación de una consonante. Si las cuerdas vocales vibran, decimos que la consonante es sonora; si no vibran, es sorda.

En el habla las consonantes siempre van acompañadas de las vocales, formando las sílabas con ellas. Sólo se pronuncian sin el apoyo de las vocales para relacionar sonidos y letras en el aprendizaje de la lectura. La pronunciación de los diferentes sonidos se aprende en la infancia por imitación de las personas con las que se convive, sin que para ello sea necesario conocer los rasgos que caracterizan a cada uno de ellos. Sin embargo, hay sonidos que encierran mayor dificultad y otros que por relajación se pronuncian en el habla rústica y vulgar de forma descuidada.

En estos casos el conocimiento de los rasgos puede ayudar a corregir los defectos de pronunciación. A veces se precisa de la ayuda de la logopedia, tratamiento que relacionado con la psicología v la medicina tiene un gran prestigio en la actualidad para corregir las disfunciones o malos usos de la voz, de la articulación de sonidos y de su correspondencia con las letras.

Los sonidos del español son cinco vocálicos y diecinueve consonánticos, que suman veinticuatro frente a las letras, que son veintisiete porque no hay coincidencia perfecta entre sonidos y letras.

EL ALFABETO: LAS LETRAS

El alfabeto español, constituido por veintisiete letras, representa de forma visual los sonidos de nuestra lengua, pero no lo hace de forma perfecta, a pesar de que la correspondencia entre sonidos y letras es más precisa que en la mayoría de las restantes lenguas.

La falta de coincidencia entre sonidos y letras se debe a la evolución que ha sufrido nuestra lengua a lo largo de su historia. Los fonemas no han sido siempre los mismos y, como durante los primeros tiempos no se escribía en castellano sino en latín, el habla fue evolucionando con absoluta libertad porque no existían normas escritas.

La lengua se va transformando con el paso del tiempo, aunque de manera lenta, y con ello unos fonemas se confunden con otros, alguno desaparece y, de una forma inconsciente para los hablantes, una letra que representaba un fonema determinado representa otro distinto, o bien una letra representa un fonema que ahora no se pronuncia.

En la actualidad estamos asistiendo a la desaparición progresiva del fonema que representa la letra ll (doble ele) , porque se confunde con el sonido y. La mayor parte de los americanos de habla hispana y también los niños españoles ya no son capaces de articular este fonema y, aunque en la lengua escrita es incorrecta la confusión y el contexto ayuda a no confundir las palabras con una u otra letra (callado/cayado, hulla/huya, halla/haya), podría suceder, y es previsible que así sea, que con el tiempo se neutralizara la diferencia y se confundieran en un solo fonema.

Las anomalías entre letras y fonemas del español son las siguientes:
• Fonemas que se representan con dos letras diferentes: /c/, zapato/cine/ceniza; /k/, casa/queso/kilo; Ib I, beso/vaso.
• Letras dobles que representan un solo fonema: /ll/, lleno; /ch/, chocolate; /rr/, torre; /qu/, queso; /gu/, guerra.
• Una sola letra representa gráficamente dos fonemas: /x/, examen.

Palabras En Inglés Usadas en el Español

Lenguas Germanicas Lenguas Eslavas Lenguas Romanicas Dichos Populares

Lenguas Germánicas , Eslava y Románicas

La familia de lenguas germánicas se formó a partir del indoeuropeo. Si bien resulta todavía, incierta la localización geográfica de las tribus indoeuropeas, sí se tiene constancia, en cambio, del lugar de donde proceden los pueblos germánicos” 

El antepasado común de esta familia lingüística es el protogermánico, una lengua que se hablaba desde el año 2000 a. C. en el sur este y noreste de las áreas geográficas que hoy corresponden a la península Escandinava y Alemania, respectivamente.

De este idioma primitivo descienden otros muchos que se suelen agrupar en tres ramas: el germánico occidental, que comprende alemán, inglés, frisón y neerlandés; el germánico septentrional, que comprende las hablas escandinavas (sueco, danés, noruego e islandés); y el germánico oriental, un conjunto de lenguas primitivas habladas por pueblos’ que, originales de la región del Vístula, se dispersaron luego por el Imperio romano (visigodos, ostrogodos, burgundios, vándalos y góticos).

Si bien carecemos de datos suficientes como para determinar la localización exacta de los indoeuropeos, se conoce sin embargo dónde habitaban los germánicos en los primeros siglos de la era cristiana: sur de Escandinavia y desembocaduras de los ríos Elba, Oder y Vístula. Las migraciones masivas que desde estos lugares protagonizaron entre los siglos y IV d. C. explican la actual diversidad de las lenguas germánicas, puesto que ya entonces aquel protogermánico se había fragmentado en dialectos, a menudo por el contacto con el latín (algo de lo que dejan constancia las palabras germánicas latinizadas que se encuentran en las obras de escritores como Julio César, Tácito o Plinio).

Los testimonios escritos más antiguos que se conservan (sobre todo de la rama septentrional) son inscripciones que datan del siglo III d. C., aproximadamente. Del siglo IV nos ha llegado una traducción de la Biblia hecha por Ulfila, el único documento del grupo germánico oriental (está en gótico, con grafías basadas en el alfabeto griego —aunque con influencias del latín— y se ha preservado en manuscritos que en su mayoría se remontan al siglo VI). Los textos germánicos más tardíos aparecen ya con caracteres latinos, aunque con algunos signos adicionales para representar sonidos que no existían en latín. 

Principales rasgos fonológicos

En términos generales, Lo más destacado en el plano fonológico es el hecho de que los sistemas vocálicos y consonánticos no se apartan tanto del indoeuropeo cuanto de otras familias que también derivan de él, así como el característico acento de intensidad sobre la primera sílaba de la palabra y la pronunciación relajada de las demás (este principio subsiste en gran parte de las lenguas germánicas modernas). 

Vocalismo

El germánico heredó del indoeuropeo la alternancia vocálica en los lexemas, la mantuvo y sistematizó incluso convirtiéndola en la base de la conjugación fuerte (nimmt, nahm, genommen).

El fonema e del indoeuropeo desarrolló los alófonos [I] y [e]: el primero (anteo nasal + consonante) desapareció, junto con el fonema i; el segundo permaneció.

Los fonemas, a  o del indoeuropeo se confundieron en a; á y ó pasaron a ó.

La única vocal velar que permaneció (u) generó un alófono [o].

La secuencia de vocal breve + n + h, mediante la pérdida de n y el consecuente alargamiento compensatorio derivó en vocal larga + h. Las vocales largas resultantes ~. O, originalmente nasalizadas, perdieron la nasalización y se confundieron con los fonemas ~. O; y en este contexto fonético, la ocurrencia de i llegó a ser extraña, hasta el punto de que en el germánico septentrional y en el occidental se confundió con ae larga. 

Sólo han permanecido los diptongos en que el primer elemento vocálico es breve (ei, eu, ai, au) y en todos los dialectos germánicos el acabó monoptongando en ¡. 

Consonantismo

El cambio más sobresaliente que significó el germánico con respecto al protoindoeuropeo es conocido como la ley de Grimm y consiste en el paso de un sistema rico en consonantes sordas (el del indoeuropeo tardío) a otro rico en consonantes aspiradas (el del germánico común).

Las oclusivas sordas del tipo p, t, k se transformaron en fricativas sordas del tipo f, p (th sorda inglesa), x (ch alemana) o h (por ejemplo, latín piscis, inglés fish). Y las oclusivas sonoras del tipo b, d, g cambiaron a oclusivas sordas del tipo p, t, k (por ejemplo, latín id, inglés it).

Solamente se ha mantenido el rasgo de sonoridad en las denominadas aspiradas del indoeuropeo (escritas bh, dh y gh en germánico). Se representan con sonoras oclusivas o fricativas, según la posición. Posteriormente, ubicadas en un entorno sonoro, se sonorizaron en b, d, g, que no se distinguen de las sonoras antiguas b, d, g. El proceso de sonorización no era factible si las fricativas sordas seguían inmediatamente a la sílaba tónica (ley de Verner). La sibilante indoeuropea s pasó a su correspondiente sonora z en idénticas condiciones y luego se confundió con r.

En el germánico occidental, el grupo consonante + j o consonante + r en la frontera intersilábica, dio lugar a consonantes geminadas. 

La gramática

Morfología  

Las lenguas germánicas más antiguas muestran distintas formas para los casos nominativo, acusativo, genitivo y dativo, con vestigios del instrumental y del vocativo. Estos casos son el resultado de la simplificación de los indoeuropeos (prueba del sincretismo es la aglutinación en el dativo germánico del dativo, locativo e instrumental indoeuropeos).

En ellas, además, se distinguía entre singular y plural, y en la declinación de algunos pronombres sobrevivía el dual.

Aparecieron dos tipos de flexión en la declinación de los adjetivos: la fuerte, con una mezcla de terminaciones nominales y pronominales, y la débil (originalmente sustantivos de tema en -n que se usaron primero en aposición a otros nombres y se individualizaron posteriormente como adjetivos).

El verbo del germánico común tenía formas para tos tiempos presente y pretérito; contenía información modal (indicativo, optativo —que funcionaba también como subjuntivo— e imperativo); y parece ser que existió un sistema aspectual basado en un aspecto perfectivo que se expresaba mediante el prefijo ga- (este sistema fue muy productivo en gótico, pero no en otros dialectos; de hecho, hoy no se conserva en ninguna lengua germánica). La mayor innovación del germánico, en lo que se refiere al verbo, es el desarrollo de dos tipos de conjugaciones: la fuerte sistematizó las distinciones heredadas del indoeuropeo en seis conjugaciones, y la débil, con adición de la dental -d a la forma del presente para obtener el pretérito y el participio.

 lenguas germánicas

cuadro sobre las lenguas germánicas

Sintaxis

El protogermánico. era predominantemente una lengua sintética, pero con el tiempo mostró una clara tendencia a las construcciones analíticas (en parte como consecuencia del debilitamiento de las sílabas finales). De este modo, la información contenida en los casos de la declinación pasó a expresar la categoría de persona mediante el sujeto.

En cuanto al orden sintáctico, no es fácil reconstruir el del protogermánico de acuerdo con los textos que se conservan de los dialectos más antiguos, puesto que en su mayoría son traducciones del latín o del griego y muestran una clara influencia de esos modelos. En particular, el problema radica en averiguar si el orden neutral de las palabras situaba al verbo en la primera o en la última posición del enunciado. 

El léxico

El vocabulario del germánico es básicamente indoeuropeo y se compone de palabras heredadas tal cual de la lengua madre, otras construidas sobre raíces o afijos indoeuropeos, préstamos de familias vecinas (como la céltica, que aportó términos relacionados con instituciones políticas y sociales: Reich, Geisel, Amt, Eisen…) y, finalmente, voces no indoeuropeas o de origen desconocido (elementos de sustrato no indoeuropeo, que se suelen atribuir a una civilización báltica: Weib, Segel, Steuer…).

El mayor porcentaje de palabras extranjeras que contiene el germánico procede del latín, a través de contactos con el Imperio romano y, más tarde, por la influencia de la Iglesia católica y por la posición privilegiada de que gozaba el latín —como lengua de cultura— en toda Europa. Los préstamos más antiguos del latín que se conservan no son muy numerosos, y se refieren a aspectos de la vida cotidiana.

FUENTE CONSULTADA: GRAN ENCICLOPEDIA UNIVERSAL-ESPASA CALPE.

Lenguas eslavas y romanicas El Latin Lengua y lenguaje Origen del

Lenguas Eslavas y Románicas – El Latín

Las lenguas eslavas tienen su origen en el indoeuropeo y constituyen un grupo lingüístico muy coherente que se extiende por el este y centro de Europa y el noreste de Asia; además, existen comunidades eslavas en Europa occidental y Norteamérica. 

Hoy día todavía no está muy claro el lugar de origen de los pueblos eslavos, aunque se puede afirmar que una parte de ellos está relacionada con la civilización lusaciana, afincada en las proximidades de Gniezno algunos siglos antes de la era cristiana.

Ya en el siglo d. C., Plinio el Viejo, y Tácito hacen referencia a los veneti («vénetos»), los vecinos orientales de los germanos. Y una centuria más tarde, Claudio Tolomeo utiliza por primera vez el término suoveno  raíz del gentilicio eslavo.

Según estos documentos, el área geográfica que ocupaban aquellas comunidades eslavas primitivas se situaría al norte de los Cárpatos, entre el curso medio del Vístula y del Dniéper, al norte y sur de Kiev. A partir de ahí, comenzó una rápida expansión que las llevó hasta las orillas del Danubio (siglo vi d. C.). En este punto, aunque los eslavos estaban repartidos en distintos grupos, la lengua que manejaban era la misma, con variaciones dialectales de escasa importancia.

Entre los siglos ix y xii, cuando empezaron a crearse los estados eslavos, las diferencias diatópicas se agudizaron: el resultado de la reestructuración del sistema vocálico no fue igual en todas las regiones y dio lugar al desarrollo de lenguas diversas que, grosso modo, se corresponden con la división actual. Pero aparte de ese fenómeno lingüístico, otras circunstancias —de orden histórico y cultural (influencia extranjera)— intervinieron en la progresiva fragmentación que separó, por un lado, a los eslavos del Sur y del Oeste y, por otro, a los del Sur y el Este.

La Iglesia eslavona, instaurada en el siglo IX por obra de los apóstoles griegos Cirilo y Metodio (a requerimiento de Rotislao), dotó a los eslavos de alfabeto (el glagolltico, base del cirílico) y de una lengua litúrgica (el eslavón). En la misma época, tanto los búlgaros como los serbios se convirtieron también a la ortodoxia griega, y en el siglo X, los croatas y los polacos abrazaron el cristianismo pero adoptaron el rito de Roma.

Unos cien años después, la Iglesia ortodoxa se apartó de la romana, cisma que tuvo como consecuencia la separación de eslavos ortodoxos (de alfabeto cirílico) y eslavos católicos (de alfabeto latino). Actualmente, el rasgo que establece más diferencias entre las lenguas eslavas es de la representación gráfica: los pueblos de tradición ortodoxa (ruso, bielorruso, ucraniano, macedonica y serbio) utilizan la escritura cirílica; los de tradición católica o protestante (polaco, checo, eslovaco, esloveno y croata), la latina (a la que algunas lenguas añaden diagramas y signos diacríticos); la glagolítica ha caído en desuso y solamente tiene un interés histórico.

Clasificación de las lenguas eslavas

Los idiomas eslavos no descienden directamente del indoeuropeo, sino del protoeslavo, más próximo a la lengua madre (de la que se segregó tardíamente, entre los siglos V y VIII d. C.). El protoeslavo ha sido reconstruido gracias a la lingüística comparada. Nos podemos hacer una idea aproximada de él a través del eslavo antiguo (o macedonio antiguo de Tesalónica), conocido por las traducciones de los Evangelios y de los textos litúrgicos griegos que llevaron a cabo los antes mencionados Cirilo y Metodío. Esta lengua sagrada ha continuado utilizándose en las iglesias ortodoxas, si bien ha experimentado algunos cambios para adaptarse a los tiempos.

En esencia, el protoeslavo no se distinguía de la rama báltica y, de hecho, algunos estudiosos han hablado de un antepasado común al que denominan baltoeslayo. A partir de ese antepasado, se formaron tres subgrupos fundamentales: 

  • Las lenguas eslavas del Sur, que incluyen: el serbocroata y esloveno en Eslovenia, Croacia, Serbia y regiones adyacentes; el búlgaro en Bulgaria y zonas colindantes; y el macedonio en Macedonia, Yugoslavia y lugares vecinos de Grecia.
  • El eslavo occidental, que comprende el checo y el eslovaco en Checoslovaquia, el lusaciano en Alemania y el polaco.
  • El eslavo oriental, que abarca el ruso, el ucraniano y el bielorruso. 

Esta clasificación tripartita no contempla las variedades en el seno de cada lengua. De ellas, los llamados dialectos de transición o dialectos híbridos muestran ciertas semejanzas entre los múltiples idiomas eslavos (que no se manifiestan, sin embargo, en los respectivos textos literarios), las cuales explican que la comunicación entre los eslavos de diversas nacionalidades sea difícil pero no imposible. Tomadas aisladamente, existe una diferencia de grado entre las lenguas según el panorama dialectal que presentan: desde el ruso —bastante homogéneo—, hasta el esloveno —muy diversificado—. En la actualidad, los medios de comunicación de masas contribuyen a minimizar la variedad en todas las lenguas eslavas. 

Lenguas eslavas y romanicas El Latin

Características generales de las lenguas eslavas 

Fonología

En lo que se refiere al plano fonológico, es característica de las lenguas eslavas la tendencia a ordenar los segmentos fónicos en la sílaba de menor a mayor sonoridad. En la evolución del protoeslavo desde el indoeuropeo esto se manifiesta en la pérdida de consonantes finales, la sustitución de las vocales nasales por secuencias tautosilábas de vocal + consonante nasal, la monoptongación de los diptongos, y la formación de secuencias tautosilábicas de e, o + consonante líquida.

Asimismo, fue muy significativo el proceso de palatalización que se originó en el protoeslavo y que sirve para discriminar categorías morfológicas de una misma palabra <por ejemplo, en ruso múka es ‘tormento’, en tanto que múdt —con la consonante palatal — significa ‘atormentar’). Este fenómeno se vio favorecido por los siguientes entornos fonéticos: 

  1. a)     k, g y x ante vocales palatales.
  2. b)     Delante de vocales palatales derivadas de una monoptongación, k cambia a c, g cambia a z, y x cambia a s.
  3. c)     Tras vocales palatales.
  4. d)     Las secuencias de dental + j se reducen para dar lugar a un único fonema palatal.

 Morfología

En el plano morfológico, las lenguas eslavas se muestran muy conservadoras.

En cuanto al género, la diferenciación entre masculino, femenino y neutro se mantiene en singular, aunque muchas lenguas han practicado cierta reestructuración en el plural.

Con respecto a la declinación, excepto el búlgaro y el macedonio, que la han perdido, -en general el resto de las lenguas eslavas conservan los siguientes casos: nominativo, acusativo, genitivo (resultado de la confusión del genitivo y el ablativo indoeuropeos), dativo, instrumental y locativo. Además, el número dual desapareció en la mayoría de las lenguas (salvo en esloveno), pero ha dejado no pocos vestigios en la forma de plurales irregulares.

Una innovación significativa de la flexión nominal fue la que introdujo el rasgo semántico de la animación: ciertos sustantivos animados presentan un acusativo igual que el genitivo <y no que el nominativo>.

Los adjetivos determinados de forma larga doblan muchos adjetivos normales llamados indeterminados, de forma corta.

La morfología verbal sufrió más cambios que la nominal. Todas las lenguas eslavas han perpetuado la concordancia persona/número en las formas finitas del verbo; no obstante, algunas formas no finitas han adoptado la correspondencia género/número.

La conjugación está dominada por la categoría del aspecto (el perfectivo, que expresa una acción terminada, y el imperfectivo, que indica una acción sin completar). Por otra parte, existen formas del imperativo derivadas del modo optativo indoeuropeo.

En estas lenguas se da un uso muy extendido de formas nominales (no finitas) del verbo: hay dos formas para el infinitivo (tradicionalmente conocidas como infinitivo y supino) y cinco participios (presente activo, presente pasivo, pasado activo, pasado pasivo y perfecto activo).

La mayoría son lenguas sintéticas (es decir, expresan contenidos gramaticales por medio de las terminaciones de las palabras). El búlgaro y el macedonio son más analíticos (transmiten esta información mediante el orden sintáctico). 

Léxico

Un importante fondo léxico en las lenguas eslavas procede directamente del indoeuropeo. Con todo, se pueden reconocer préstamos muy antiguos del iranio y el germánico. Hoy, el vocabulario de cada uno de los idiomas eslavos refleja influencias locales más recientes (sobre todo del alemán, en el Oeste, y del turco, en los Balcanes).

En cuanto a la nueva terminología, se ha formado sobre la base de voces griegas y latinas, así como también a través del mecanismo morfológico de la derivación (incremento de palabras con prefijos y sufijos).

FUENTE CONSULTADA: GRAN ENCICLOPEDIA UNIVERSAL-ESPASA CALPE.

Las lenguas románicas o romances Proverbios Populares

Las Lenguas Románicas o Romances

También llamadas romances o neolatinas, las lenguas románicas son el resultado de la diferente evolución que experimentó el latín vulgar en las diversas regiones de la Romania (que en la actualidad abarca España, Francia, Italia, Portugal y Rumania).

El latín es una de las lenguas que, junto con el osco, el umbro y el falisco, configura la rama itálica del indoeuropeo, una lengua que se hablaba hace seis mil o siete mil años en una zona de Europa o de Asia que no ha sido posible precisar, puesto que no ha llegado hasta nosotros documento alguno (entonces no existían sistemas gráficos de escritura).

A finales del siglo XVIII, la incipiente lingüística comparada identificó ese tronco común con el sánscrito (hoy sabemos que éste no es sino otro descendiente del indoeuropeo). Ya en los siglos XIX y XX, la reconstrucción del árbol genealógico de esta vasta familia arrojó nueva luz sobre el nexo de unión entre sus distintos componentes, y permitió descubrir que el latín —hermano del osco, el umbro y el falisco— formaba parte de la rama itálica. 

La romanización

Original de Roma, una pequeña aldea del Lacio que más tarde se convertirla en cabeza del imperio, el latín fue extendiendo sus dominios progresivamente, a menudo a través de conflictos bélicos. Así, las guerras púnicas o fenicias decidieron la supremacía de Roma sobre el Mediterráneo y ya la primera (264-241 a. C.) concluyó con la incorporación de Sicilia, Córcega y Cerdeña.

A partir de la segunda (218-201 a. C.), cuando Aníbal fue derrotado por Escipión en África, el poder romano se extendió por toda la cuenca occidental del Mare Nostrum y, a partir de ese momento, el avance será imparable: Hispania (197 a. C.); lllyricum (167 a. C.); Africa yAchaía (Grecia>, en el 146 a. C.; Asia (129 a. C.); GaIIia Narbonensis (la antigua Provenza), en el 118 a. C.; Gaula Cisalpina (81 a. C.); Gaula Transalpina (51 a. C.); Aegyptus (30 a. C.>; Rhaetía y Noricum (15 a. C.>; Pannonia (lCd. C.); Cappadocia (17 d. C.); Britannia (43 d. Ci; Dacia (107 d. C.). Una enorme extensión del globo quedó bajo el control de Roma.

La romanización (es decir, la asimilación espiritual y cultural de los diversos pueblos sometidos) no se efectuó de la misma manera en todas partes: en Italia, el proceso fue rápido (gracias a la afinidad de sus habitantes); en Hispania y las Galias se desarrollaron centros romanos florecientes; en las provincias periféricas, por el contrario, la romanización fue más débil y acabaron perdiéndose para el mundo latino (sobre todo desde la invasión de tribus nórdicas).

El apelativo romani sirvió desde antiguo para designar a todos los ciudadanos del imperio, por oposición a los bárbaros y extranjeros. Con el nombre de Rumania y de rumano se ha perpetuado en la zona más oriental de las posesiones romanas, y también se ha conservado en el término romanche (o retorromance, en el este de Suiza y al noreste de Italia), así como en la forma Romagna (en la actualidad, una provincia italiana).

Además de Romanus, existía la palabra romanicus (testimoniada desde el siglo y), aplicada al mundo romano (Romania) en contraposición con Barbaria; y de ahí deriva el adverbio romanice (‘en lengua vulgar’) que hoy identifica a las lenguas que han resultado de la evolución del latín. 

Del latín vulgar al románico común

El latín que hablaba el pueblo no era el mismo que el que manifestaban los escritores. El primero era un latín vulgar, sujeto al cambio; el segundo, un latín culto reacio a las innovaciones. Con todo, se aprecia un descenso en el nivel literario y gramatical de los escritos que se conservan del periodo comprendido entre el siglo VI y el VIII: obras históricas y didácticas, textos del derecho y la administración están redactados en un latín más o menos bárbaro.

La reforma carolingia (patrimonio de la Iglesia y de los doctos) viene a coincidir con el nacimiento de un nuevo idioma (eL romance), diferente de la lengua litúrgica y de la literaria. Una centuria después, la expresión rustíca Romana lingua que figura en uno de los cánones del concilio de Tours (año 813) confirma la transformación: recomienda a los presbíteros que prediquen en lengua románica, con el fin de que los fieles puedan entenderles:

Los lingüistas hablan de románico común para referirse a esta fase de diferenciación, pero no les resulta sencillo determinar de qué lengua se trata (pues no se conserva ningún texto auténtico e íntegro que refleje tal estadio lingüístico). Raynouard, en el siglo XIX, aseguró que esa lingua romanica no era otra que el provenzal antiguo. Desde Friedrich Diez, se ha formulado sucesivas hipótesis en torno a la delimitación y clasificación de los idiomas neolatinos, sobre la base de criterios históricos, lingüísticos, políticos o literarios que han hecho variar el número de lenguas.

Una de las propuestas es la de Tagliavini, que las divide en el grupo del Este, por un lado, y el grupo del Oeste, por el otro, según una línea que atraviesa el noreste de Italia. Los dialectos situados al noroeste de esta línea imaginaria serían más innovadores, en tanto que los otros serían más conservadores. De Este a Oeste localiza los siguientes subgrupos: balcanorrománico (rumano, dálmata) e italorrománico (italiano, sardo, retorrománico), en el Este; galorrománico (francés, francoprovenzal, provenzal, catalán) e iberorrománico (español, gallego, portugués), en el Oeste. El italiano constituiría la transición entre el balcanorrománico y el italorrománico, mientras que el catalán sería el puente entre el galorrománíco y el iberorrománico.

Esta fragmentación en el seno del romance común posiblemente se empezó a fraguar entre la caída del Imperio romano de Occidente (476 d. C.) y los primeros testimonios escritos en románico que se conservan en varios lugares de Europa. Se inició entonces y de forma paulatina se fue acelerando debido a dos factores: la tendencia general de las lenguas a evolucionar con el tiempo y la diferente dirección que tomó cada una de ellas dadas las divergencias entre las comunidades que hablaban aquella rustica lengua.

Los árboles genealógicos que se han venido trazando para ilustrar las relaciones genéticas en el interior del romance común a menudo se establecen sobre criterios históricos —antes que lingüísticos— y enfatizan las ramificaciones progresivas pero no dan cuenta de las coincidencias lógicas entre variedades que han estado en contacto durante muchos siglos. Además, tampoco pueden explicar por qué en el centro un mismo concepto se expresó con un derivado de X étimo latino y en la periferia con el derivado del étimo latino Y cuando es general la aceptación del principio que confirma la transmisión de rasgos innovadores desde el centro a las provincias.

Estas y otras cuestiones son todavía en la actualidad objeto de estudio de la lingüística románica, cuyo fundador fue curiosamente un alemán (Friedrich Diez), a quien debemos la primera Gramática románica (1836), así como el primer Diccionario etimológico de las lenguas románicas (1854). A continuación llegarían innumerables contribuciones en este terreno: las de W. Meyer-Lübke, Bourciez, Tagliavini, Rohlfs, Menéndez Pidal, etc. En la segunda década del siglo XX, los romanistas crearon una asociación internacional que celebra congresos periódicos desde 1928 y publica desde 1925 la Revue de linguistique romane. 

cuadro lengua romances

Tendencias en la evolución de los distintos romances

Por lo que se refiere al vocalismo, fue generalizada la pérdida de las vocales finales átonas del latín (colpahu español, golpe; francés, coup), así como la desaparición del rasgo fonológico de la cantidad vocálica (largas y breves convergieron en una sola vocal) y la diptongación de las vocales medias tónicas. Las vocales nasales se encuentran sólo en francés y en portugués, y las redondeadas únicamente en francés y algunas variedades del retorromance y del noreste de Italia.

Los más importantes procesos fonológicos que afectaron al consonantismo fueron: la lenición de consonantes intervocálicas (las sordas se sonorizan y las sonoras desaparecen) y la palatalización de consonantes velares y dentales, a menudo con una africación posterior (lactuca > gallego, leituga; español, lechuga; catalán, lletuga). Ambos procesos tuvieron mayor incidencia en el Oeste (de las lenguas occidentales, el sardo fue la única que no palatalizó). Otra característica es la reducción de las geminadas latinas, que solamente preservó el italiano.

Ya en el ámbito de la gramática, habría que destacar los siguientes fenómenos: en el sistema verbal, la creación de formas compuestas (normalmente mediante la combinación de habere con el participio pasado de otro verbo), paralelas al paradigma sintético ya existente; y la construcción de la pasiva con el auxiliar ser y el participio del verbo que se conjuga (el francés y el italiano también emplean ser como auxiliar en los tiempos compuestos de verbos de «estado» y «movimiento»).

Los seis casos de la declinación latina se redujeron y posteriormente fueron reemplazados por frases prepositivas (con todo, el rumano moderno mantiene un sistema de tres casos, probablemente a causa de la influencia del eslavo). Si en latín no había artículos, los romances los desarrollaron a partir de los determinantes; son siempre proclíticos, menos en rumano, lengua en la que van pospuestos al sustantivo. En cuanto a los demostrativos, la mayoría de las lenguas románicas cuenta con tres deícticos que expresan «cercanía» (este), «distancia media» (ese) y «lejanía» (aquel» sin embargo, el francés, el catalán y el rumano distinguen sólo dos términos (uno para «proximidad» y otro para «lejanía»).

El género neutro desapareció en todas partes menos en Rumania. El orden sintáctico responde a la libre disposición de los elementos en la oración propia del latín; aun así domina ordenación sintagmática de sujeto + verbo + objeto (aunque las lenguas del sureste permiten mayor flexibilidad en la ubicación del sujeto).

FUENTE CONSULTADA: GRAN ENCICLOPEDIA UNIVERSAL-ESPASA CALPE.

Las Lenguas: El Latin – Germánicas – Romances o Románicas Proverbios

Las Lenguas: El Latín – Germánicas – Romances

El latín es una lengua indoeuropea que se extendió a lo largo de un vasto territorio. Ello derivó en una evolución diferente según la zona en que se hablase y tuvo como consecuencia su fragmentación en los idiomas romances. ¿Pero significa eso que el latín ha muerto? 

Lacio, una pequeña comarca de la Italia Central, situada a la orilla izquierda del río Tíbet, fue el lugar preciso en donde se gestó el latín. Extendiéndose por toda Europa y por algunos puntos de Asia, esta lengua junto con el osco y el umbro, integraban la rama itálica de la gran familia indoeuropea, de la cual formaban parte el griego, el eslavo, el celta, el germánico, entre otros.

Pero sin lugar a dudas, de ser una pequeña aldea de agricultores en el siglo VIII a.C., la ciudad de Roma vertiginosamente se convirtió en capital del Lacio, que aumento su poder a través del dominio en otros territorios. Su autoridad fue sobre el mediterráneo occidental, España, norte de África y costas meridionales de Francia, hecho que se consiguió tras las guerras de Cartago. Posteriormente, incorporó a su imperio como provincias romanas, a los países del Mediterráneo oriental tras su conquista. 

Este proceso se denominó romanización, teniendo la característica de fluir de igual manera en cualquiera de las regiones que se hallaran afectadas. Esto se manifestaba en la fundación de los núcleos urbanos que tenían como objetivo ser administrados incluyendo su área circundante, en cada uno de ellos además se respetaban las costumbres religiosas de la población, a los cuales se les imponía  el derecho y la lengua de Roma.

Para ello se crearon escuelas en donde se enseñaba el latín, mercados y centros de diversión; fomentando la comunicación; como actividad económica importante se encontraba la explotación de minas y otros recursos naturales de valor en la época impulsando a la generación de riquezas y cultura para los habitantes.

Por ese entonces, y basándose en líneas fundamentales de figuras como Julio César y su sucesor, Augusto, Roma gobernaba una gigantesca porción de la superficie terrestre. Lo que hoy conocemos como: Italia, España, Portugal, Francia, Gran Bretaña, Bélgica, provincias alemanas del Rhin, Bohemia, Suiza, países danubianos del centro de Europa, península Balcánica, Asia Menor, Siria. Palestina, Egipto y costa mediterránea de África, eran países o regiones que comprendían ese gran imperio universal, del cual Roma era la cabeza y parte imprescindible logrado hasta el momento.

En todas las provincias, regiones de este nuevo imperio se adoptaría como lengua oficial el latín vulgar o coloquial, origen de todas las lenguas románticas. Las peculiaridades de este latín fueron, que en ocasiones convivió con las lenguas propias de las poblaciones indígenas lo que generó un bilingüismo, que con distinta incidencia en cada zona fue desplazándose hasta lograr su total desaparición. Son ejemplos de este hecho, en Italia, la Galia y la península Ibérica, esta última debido a su situación periférica dentro del imperio romano. Pero fue tras las invasiones bárbaras, cuando el latín hablado se perdió por completo en Gran Bretaña y en el centro de Europa.

Por el contrario, en ciertos lugares el latín si se mantuvo, evolucionando y adoptándose a las divergencias léxicas y en menor medida morfológicas propias de cada lugar. Pero puede sostenerse que ante la presión de los pueblos germánicos, es cuando el imperio comienza a agrietarse como el todo que formaba, lo que provocó el quiebre también del latín como lengua oficial, surgiendo así la aparición de un sinnúmero de dialécticos que hoy conocemos con el nombre de lenguas románticas. 

Una inscripción romana en latín

Una inscripción romana en latín

¿Ha muerto el latín?

La respuesta a tal pregunta sería NO, solamente a evolucionado a través del tiempo. Se conserva como uno de las leguas románticas, fruto de una lenta evolución cronológica ya que no desapareció en una fecha exacta u aproximada, como si lo hizo, el 27 de diciembre de 1777, el idioma celta de Cornulles, tras la muerte de la última persona que hablaba mencionada lengua.

La posterior aparición de las lenguas romances, en cualquier caso, no puso fin a la influencia del latín, que mantuvo su estatus de lengua culta en occidente durante toda la edad media e incluso, en campos como la filosofía, hasta los siglos XVII y XVIII.  Sin embargo, el latín, lenguaje de la ciencia europea, sigue siendo el vehículo de comunicación entre los doctos de toda Europa. Pero es la Iglesia, guardiana de la cultura clásica y de la fe católica,  quien se esforzó durante años en mantener se esforzó por mantener su fundamental unidad como elemento identificativo de su comunidad de fieles, por encima de las diferencias nacionales, ya que por ejemplo el Papa, la santidad suprema, la sigue utilizando a esta lengua para redactar sus encíclicas. Por esto, como dice Benturo Terracini (Conflictos de lengua y cultura): «El latín pasa poco a poco al papel de una lengua superliteraria común a todas las vulgares, expresión de un ideal común de cultura, de intereses espirituales, morales, y, sobre todo, religiosos, más bien que norma corriente de expresión».

En síntesis y respondiendo en pocas palabras a la pregunta anterior, el latín lengua milenaria, persiste hoy en día de una forma culta en los textos, tanto eclesiásticos como jurídicos, pero también en las lenguas romances en su etapa más avanzada de desarrollo. La actual autonomía de todos y cada idioma neolatino tiene un mismo origen, el latín. Ya que presentan en sus estructuras fonológicas, gramaticales y léxicas semejanzas provenientes de la parte sur de Europa, que va desde Portugal a Rumania, más precisamente de Romania.  

El alfabeto latino y el plano fónico de la lengua

El alfabeto latino deriva del griego y, en esencia, es igual que el del español. Hacía el siglo í d. C. constaba de 23 signos gráficos: a, 1, c, d, e, f, g, h, j k, l, m, n, o, p, q, s, t, v; x, y; z. 

Las vocales son las mismas que las del castellano, aunque la y la u tenían valor consonántico cuando precedían a otra vocal y formaban sílaba con ella.Un rasgo fonológico singular de las vocales latinas es el de la cantidad, que permitía distinguir las vocales largas de las breves, según el tiempo que se tardara en pronunciarlas (por eso los diptongos siempre eran largos). En consecuencia, también variaba la cantidad de las sílabas: eran largas cuando contenían una vocal larga, un diptongo, o cuando su vocal —a pesar de ser breve— iba seguida de dos consonantes; una sílaba era breve cuando su núcleo vocálico era breve y no iba seguido de dos consonantes.

Otro componente distintivo en el sistema fonológico de las vocales latinas era el del acento prosódico: por lo general, los monosílabos se acentuaban (excepto las preposiciones, las conjunciones y los enclíticos); los bisílabos llevaban el acento en la segunda sílaba; los polisílabos, en la penúltima sílaba si era larga yen la antepenúltima si era breve; cuando una sílaba se veía incrementada por un enclítico, el acento recaía en la sílaba que precedía a la enclítica.

Las consonantes se agrupaban sobre la base de tres puntos de articulación (labiales, dentales y guturales) y cuatro modos de articulación (oclusivas, nasales, fricativas y líquidas). La h, que primitivamente se pronunciaba como una fricativa gutural aspirada, perdió pronto su valor en el entramado de la estructura fónica del latín.

La manifestación de estas consonantes en el habla no era idéntica a la que hoy día se registra en español. Así, c y g ante e, se articulaban igual que ante a, o, u; el grupo consonántico II se pronunciaba como dos eles; la v como u consonántica; el dígrafo ch, como c sencilla; después de q y g, la u sonaba siempre; y la z equivalía al sonido ds. 

Gramática

Los tipos de palabras que podían entrar a formar parte de la oración en latín eran ocho: sustantivo, adjetivo, pronombre, verbo, adverbio, preposición, conjunción e interjección. Estas, a su vez, se dividen en variables (sustantivo, adjetivo, pronombre y verbo) e invariables (el resto). Como se observará, no se ha hecho mención del artículo, puesto que el latín no contemplaba esta categoría en su repertorio morfológico (el artículo del castellano procede de un pronombre/adjetivo demostrativo ille, illa, illum).

En cuanto al género, al igual que en griego había en latín masculino, femenino y neutro. En cambio, no existía el dual del griego; solamente los números singular y plural. La flexión nominal se expresaba además por medio de los casos, las formas que presentan los nombres al tomar distintas desinencias. Siendo los casos una categoría morfológica, indicaban no obstante, a través de esas terminaciones, la función que podía desempeñar el sustantivo en la oración (es decir, contenían también información sintáctica). Al conjunto de los seis casos (nominativo, vocativo, acusativo, genitivo dativo y ablativo) en que un nombre era capaz de flexionarse se le denomina declinación, y en latín había cinco tipos de declinación.

La flexión verbal recibe el nombre de conjugación y se refiere a la serie ordenada de formas que presenta un verbo y que indican el número, la persona, el tiempo y la voz. Dentro del sistema verbal latino habría que destacar las siguientes peculiaridades: la existencia de cuatro conjugaciones (y aun de una quinta o mixta, así llamada porque resulta de la mezcla entre la tercera y la cuarta); las voces deponente (la de aquellos verbos que únicamente tienen formas pasivas, pero con sentido activo) y semideponente (los que son deponentes sólo en los tiempos de perfecto, pero no en los de presente); la conjugación perifrástica activa (que se obtiene al unir el participio de futuro activo con las distintas desinencias del verbo sum, «ser», y que expresa la intención del sujeto de realizar una acción) y la pasiva (producto de unir el gerundívo con las distintas formas de sum y que expresa la necesidad o el deber de que una acción sea realizada por el sujeto); la ausencia de tiempos compuestos

FUENTE CONSULTADA: TEXTO BASADO  EN GRAN ENCICLOPEDIA UNIVERSAL-ESPASA CALPE – WIKIPEDIA – ENCARTA

Dichos Populares con Dios Expresiones Diarias con Dios

Dios: Nombre sagrado del Supremo Ser. Es probablemente la palabra más por el idioma español para expresiones populares y dichos tradicionales. Por ejemplo:
• Adiós.
• A Dios rogando y con el mazo dando.
• Alabado sea Dios.
• A la buena de Dios.
• Al que madruga, Dios lo ayuda.
• Anda con Dios.
• ¡Ay, Dios!
• ¡Bendito sea Dios!
• Cada uno es como Dios lo ha hecho.
• Como Dios manda: Como debe ser.
• Como que Dios está en los cielos. Como que hay Dios: Fórmula de un juramento.
• Dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.
• …de Dios: Con gran abundancia, copiosamente (Llueve de Dios).
• De Dios venga el remedio: Cuando la capacidad humana ya no alcanza.
• Deidad es el ser divino o esencia divina. También los falsos dioses. Deicidas, los que mataron a Jesús. Deífico, que pertenece a Dios.

• Deípara, deus;parere, dar a luz, es el título que se otorga únicamente a la Virgen María.

• Dios aprieta, pero no ahorca.
• Dios da ciento por uno: Recompensa por la caridad.
• Dios dirá: Remisión a la voluntad del Señor.
• Dios es mi testigo.
• Dios los cría y ellos se juntan.
• Dios mediante.
• Dios me perdone.
• Dios me perdone, pero…: Cuando se va a emitir un juicio temerario.
• ¡Dios mío!
• Dios proveerá.
• Dios se apiade.
• Dios se lo pague.
• Dios te ayude.
• Dios te bendiga.
• Dios te guarde.
• En el nombre de Dios.
• Hasta mañana… si Dios quiere.
• Líbreme Dios.
• ¡Madre de Dios!
• ¡Milagro de Dios!
Ojalá, también de raíz árabe, wasa Allah, quiera Dios.
• Olé!  la propia españolísima expresión ¡olé! viene del árabe wa-llah, por Dios, que fue deformada hasta convertirse en lo que es: una interjección llena, vida, ánimo y aplauso.
• Pan de Dios: Muy buena persona, de carácter tranquilo y tierno.
• Poner a Dios delante de los ojos: Proceder con rectitud de conciencia.
• Por Dios!
• Pordiosero: Palabra formada con la imploración del que pide una limosna.
• Por el amor de Dios.
• Por la gracia de Dios.
• Quiera Dios.
• ¡Sabe Dios!: Manifestación de inseguridad o ignorancia de lo que se trata.
• Si Dios lo quiere…
• ¡Válgame Dios!
• Vaya con Dios.
• Venga Dios y véalo: Se invoca a Dios frente a una injusticia.

Fuente Consultada: Diccionario Insólito 2 de  Luis Melnik