Proyecto Manhattan

Historia de Los Álamos Laboratorio Atómico Militar en México

Historia de Los Álamos Laboratorio Atómico Militar en México

La fundación en Nuevo México del centro atómico de Los Álamos, en 1942, se sumó a las particularidades y contrastes de las regiones desérticas del sudoeste de los Estados Unidos.

Este centro atómico, el primero que poseyó Norteamérica, se instaló en medio de un vasto territorio en el que los indios intentaban preservar las tradiciones vigentes en los pueblos, y donde se conservan también las reliquias procedentes de las más viejas comunidades humanas de América del Norte, como ocurre en Santa Fe.

Los Álamos había sido hasta entonces un terreno de camping.

El lugar fue elegido por su situación, que era ideal para la instalación de un centro de investigaciones nucleares y para la fabricación de armas atómicas.

En efecto, Los Álamos se encuentra sobre una meseta a una altura de 2.200 m, al noroeste de Santa Fe.

vista aerea del laboratorio atomico de Los Alamos en Mexico

El suelo es pedregoso y estéril, y el clima muy seco.

El secreto de las experiencias atómicas se ve favorecido por la inhóspita naturaleza y el alejamiento de los centros habitados.

Por otra parte, Nuevo México y los estados vecinos poseen las riquezas minerales indispensables, principalmente en metales no ferrosos.

Los primeros sabios y técnicos que trabajaron en Los Álamos tuvieron que contentarse con barracas de madera y tiendas, pero esta situación duró muy poco, porque el personal científico gozó rápidamente de todas las comodidades que puede ofrecer una gran ciudad: se construyeron barrios residenciales, centros comerciales, terrenos de juego y cines.

Se ha afirmado que Los Álamos era la «ciudad más sabia» del mundo debido al gran número de hombres de ciencia reunidos en ella.

Sin embargo, la vida de estos sabios  no  era  nada  envidiable,pues estaban continuamente bajo la vigilancia más o menos discreta de agentes de los servicios secretos.

Esta vigilancia se reforzó todavía más después de la traición de Klaus Fuchs, sabio inglés de origen alemán.

Había llegado a Los Álamos en 1943, como miembro de la comisión atómica británica. Sabio joven —había nacido en 1911—, Klaus Fuchs tomó parte en investigaciones secretas.

Cuando hubo adquirido los conocimientos necesarios y reunido las informaciones que deseaba, volvió a Gran Bretaña, donde continuó sus trabajos en el «Atomic Research Center» de Harwell.

En 1950 fue detenido acusado de espionaje a favor de la Unión Soviética.

Condenado a 14 años de cárcel, fue puesto en libertad en 1959 antes de haber cumplido la condena, e inmediatamente se trasladó a Alemania oriental, donde obtuvo la nacionalidad y le fue confiada la dirección del centro de investigaciones atómicas de Alemania del Este.

Las investigaciones científicas realizadas en Los Álamos estaban confiadas al «Nuclear Research and Atomic Weapons Labóratery», que depende de la universidad de California.

En la ciudad se procedió muy pronto al montaje de bombas atómicas cuyos elementos se fabricaban en otros sitios: el plutonio venía de Hanford (Washington) y el uranio 235 de Oak Ridge, enTennessee.

La primera bomba atómica hizo explosión el 16 de julio de 1945, a las 5’30 de la mañana, en el desierto de Nuevo México, exactamente en Trinity, cerca de Alamogordo, a unos centenares de kilómetros al sur de Los Álamos.

Nadie sospechaba que acababa de empezar un nuevo capítulo de la historia de la humanidad. Ni siquiera los habitantes de las localidades de los alrededores, aunque es indudable que algunos vieron el famoso resplandor verde de la explosión.

El 6 de agosto de 1945 se destruía la ciudad japonesa de Hiroshima. Tres días más tarde, Nagasaki. La segunda Guerra Mundial finalizó poco después, pero esto no impidió que en Los Álamos se prosiguieran febrilmente las investigaciones.

Los norteamericanos excavaron unos formidables refugios subterráneos en el flanco de un cañón, pues el radio de los medios de destrucción de un enemigo potencial era también mayor cada día.

La guerra fría incitó a los Estados Unidos a buscar y fabricar ingenios cada vez más poderosos. Se trasladó el lugar de las experiencias, y las explosiones experimentales se efectuaron en islas del Pacífico y en Nevada, la región más desértica de los Estados Unidos.

Cuando las explosiones fueron observadas desde Los Ángeles, a 250 km de distancia, la Comisión norteamericana de Energía Atómica decidió, en 1951, proceder a explosiones subterráneas.

De este modo Los Álamos perdió su importancia.

En 1962, el Gobierno norteamericano decidió incluso poner a la venta ciertas instalaciones de la ciudad atómica.

Sin embargo, el valor estratégico de los desiertos norteamericanos no deja de ser muy grande.

Los aviadores de la Marina reciben todo su entrenamiento en El Centro, a pocos kilómetros de la frontera mexicana, donde está instalada la Naval Auxiliary Air Station.

El sitio es ideal para los ejercicios aéreos: un cielo eternamente azul, lejos de todo lugar habitado.

En esta misma región se experimentaron las posibilidades de aterrizaje de la cápsula Mercury.

White Sands, en Nuevo México, es también desde hace mucho tiempo una importante base militar.

En ella se procede a la experimentación de los cohetes.

El célebre cohete Atlas, enviado al espacio desde Cabo Kennedy, fue fabricado cerca de San Diego y probado en los cañones del sur de California.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil Tomo I A Zeta Editorial Credsa

Biografia de John Nash Matematico Premio Nobel Teoría de Juegos

Biografia de John Nash Matemático Premio Nobel

John Forbes Nash: Matemático, Premio NobelLa verdadera vida de John Forbes Nash, Jr.: John Forbes Nash (Virginia Occidental, 13 de junio de 1928 – Monroe, Nueva Jersey, 23 de mayo de 2015)​ fue un matemático estadounidense, especialista en teoría de juegos,​ geometría diferencial​ y ecuaciones en derivadas parciales,​ que recibió el Premio Nobel de Economía en 19945​ por sus aportes a la teoría de juegos y los procesos de negociación, junto a Reinhard Selten y John Harsanyi,6​ y el Premio Abel en 2015.

 «Una mente maravillosa», «A beautiful Mind» es un magnífico producto de Hollywood inspirado en la vida de John Nash pero que no pretende ser su biografía. En realidad son muy pocos los hechos o situaciones de la vida real de Nash que son contados en la película.

El padre se llamaba también John Forbes Nash por lo que distinguiremos al padre del hijo al estilo americano, añadiéndoles el calificativo «Senior» o «Junior» (Jr.).

Nash Senior nació en Texas en 1892 y estudió ingeniería eléctrica. Después de luchar en Francia en la primera guerra mundial, fue durante un año profesor de ingeniería eléctrica en la Universidad de Texas tras lo que se incorporó a la empresa Appalachian Power Company en Bluefield, West Virginia.

La madre de Nash Jr., Margaret Virginia Martin, estudió idiomas en las universidades Martha Washington College y West Virginia University.

Fue profesora durante diez años antes de casarse con Nash Senior, el 6 de septiembre de 1924.

Johnny Nash, así le llamaba su familia, nació en Bluefield Sanatorium el 13 de junio de 1928 y fue bautizado en la iglesia Episcopaliana. Sus biógrafos dicen que fue un niño solitario e introvertido aunque estaba rodeado de una familia cariñosa y atenta.

Parece que le gustaban mucho los libros y muy poco jugar con otros niños. Su madre le estimuló en los estudios enseñándole directamente y  llevándole a buenos colegios.

Sin embargo, no destacó por su brillantez en el colegio. Por el contrario, debido a su torpeza en las relaciones sociales, era considerado como un poco atrasado. Sin embargo, a los doce años dedicaba mucho tiempo en su casa a hacer experimentos científicos en su habitación.

Su hermana Martha, dos años más joven que él, era una chica muy normal. Dice de su hermano:

«Johnny era siempre diferente. Mis padres sabían que era diferente y también sabían que era brillante. Él siempre quería hacer las cosas a su manera. Mamá insistía en que yo le ayudase, que lo introdujera entre mis amistades… pero a mí no me entusiasmaba lucir a un hermano tan raro».

A los catorce años Nash empezó a mostrar interés por las matemáticas. Parece ser que influyó la lectura del libro de Eric Temple Bell,  «Men of Mathematics» (1937). Entró en el Bluefield College en 1941. Comenzó a mostrarse hábil en matemáticas, pero su interés principal era la química. Se suponía que iba a seguir la misma carrera de su padre,  ingeniería eléctrica, pero continuaba con sus experimentos químicos. Parece ser que tuvo alguna relación con la fabricación de unos explosivos que produjeron la muerte a uno de sus compañeros de colegio.

Nash ganó una beca en el concurso George Westinghouse y entró en junio de 1945 en el Carnegie Institute of Technology (hoy llamado Carnegie-Mellon University) para estudiar ingeniería química. Sin embargo empezó a destacar en matemáticas cuyo departamento estaba dirigido entonces por John Synge, que reconoció el especial talento de Nash y le convenció para que se especializara en matemáticas.

Se licenció en matemáticas en 1948. Lo aceptaron para estudios de postgrado en las universidades de Harvard, Princeton, Chicago y Michigan. Nash consideraba que la mejor era Harvard, pero Princeton le ofreció una beca mejor por lo que decidió estudiar allí, donde entró en septiembre de 1948.

En 1949, mientras se preparaba para el doctorado, escribió el artículo por el que sería premiado cinco décadas después con el Premio Nobel. En 1950 obtiene el grado de doctor con una tesis llamada «Juegos No-Cooperativos«. Obsérvese que el libro inicial de la teoría de juegos, «Theory of Games and Economic Behavior» de von Neumann y Oskar Morgenstern,  había sido publicado muy poco antes, en 1944.

En 1950 empieza a trabajar para la RAND Corporation, una institución que canalizaba fondos del gobierno de los Estados Unidos para estudios científicos relacionados con la guerra fría y en la que se estaba intentando aplicar los recientes avances en la teoría de juegos para el análisis de estrategias diplomáticas y militares. Simultáneamente seguía trabajando en Princeton.

En 1952 entró como profesor en el Massachusetts Institute of Technology. Parece que sus clases eran muy poco ortodoxas y no fue un profesor popular entre los alumnos, que también se quejaban de sus métodos de examen.

En este tiempo empezó a tener problemas personales graves que añadidos a las dificultades que seguía experimentando en sus relaciones sociales. Conoció a Eleanor Stier con la que tuvo un hijo, John David Stier, nacido el 19 de junio de 1953. A pesar de que ella trató de convencerlo, Nash no quiso casarse con ella. Sus padres solo se enteraron de este asunto en 1956. Nash Senior murió poco después de enterarse del escándalo y parece que John Nash, Jr. se sintió culpable de ello.

En el verano de 1954, John Nash fue arrestado en una redada de  la policía para cazar homosexuales. Como consecuencia de ello fue expulsado de la RAND Corporation.

Una de las alumnas de Nash en el MIT, Alicia Larde, entabló una fuerte amistad con él. Había nacido en El Salvador, pero su familia había emigrado a USA cuando ella era pequeña y habían obtenido la nacionalidad hacía tiempo. El padre de Alicia era médico en un hopital federal en Maryland. En el verano de 1955 John Nash y Alicia salían juntos. En febrero de 1957 se casaron.

En el otoño de 1958 Alicia quedó embarazada, pero antes de que naciera su hijo, la grave enfermedad de Nash ya era muy manifiesta y había sido detectada. Alicia se divorció de él más adelante, pero siempre le ayudó mucho. En el discurso de aceptación del Nobel, en 1994, John Nash tuvo palabras de agradecimiento para ella.

En 1959, tras estar internado durante 50 días en el McLean Hospital, viaja a Europa donde intentó conseguir el estatus de refugiado político. Creía que era perseguido por criptocomunistas. En los años siguientes estaría hospitalizado en varias ocasiones por períodos de cinco a ocho meses en centros psiquiátricos de New Jersey. Unos años después, Nash escribió un artículo para una revista de psiquiatría en el que describió sus pensamientos de aquella época:

«.. el personal de mi universidad, el Massachusetts Institute of Technology, y más tarde todo Boston, se comportaba conmigo de una forma muy extraña.  (…) Empecé a ver criptocomunistas por todas partes (…) Empecé a pensar que yo era una persona de gran importancia religiosa y a oir voces continuamente. Empecé a oir algo así como llamadas telefónicas que sonaban en mi cerebro, de gente opuesta a mis ideas.  (…) El delirio era como un sueño del que parecía que no me despertaba.»

A finales de los sesenta tuvo una nueva recaída, de la que finalmente comenzó a recuperarse. En su discurso de aceptación del Premio Nobel describe su recuperación así:

«Pasó más tiempo. Después, gradualmente, comencé a rechazar intelectualmente algunas de las delirantes líneas de pensamiento que habían sido características de mi orientación. Esto comenzó, de forma más clara, con el rechazo del pensamiento orientado políticamente como una pérdida inútil de esfuerzo intelectual».

En la actualidad sigue trabajando en el Departamento de Matemáticas de la Universidad de Princeton.

Su página web oficial es: http://www.math.princeton.edu/jfnj/

Su dirección electrónica: [email protected]  (hasta el 05-10-2002)

La Bomba de Hiroshima Historia del Lanzamiento Bomba Atomica

Historia De La Bomba de Hiroshima
Consecuencias del Lanzamiento Bomba Atómica

El 16 de julio de 1945, una gran bola de fuego se elevó en el cielo sobre el campo de pruebas de Alamogordo, en el desierto de Nuevo México (EE UU), Con la prueba «Trinity» culminaban décadas de estudio de la estructura atómica y la naturaleza de la radiactividad. Con una energía equivalente a 16.000 toneladas de TNT, fue la primera explosión nuclear artificial, anuncio de una tecnología que cambiaría el mundo, para bien o para mal.

La era nuclear pudo haber nacido en Alemania nazi si Hitler hubiera prestado mas atención al trabajo de sus científicos. En diciembre de 1938, en el Instituto de Química Kaiser Guillermo , de Berlín, Otto Hahn y Fritz Strassman , despues de seis años  de experimentos, lograban escindir el átomo de uranio, proceso hasta entonces considerado contrario a la ley natural. Su trabajo implicaba la posibilidad de una reacción en cadena controlada y la liberación de inmensas cantidades de energía.

bomba de hiroshima

Por el mundo científico se extendió rápidamente la noticia de este hallazgo: el gran físico danés Niels Bohr se enteró por dos colegas que habían huído de los nazis. A principios de 1939, Bohr marchó a los Estados Unidos y comunicó sus conocimientos a los científicos americanos. Los más notables eran dos físicos refugiados, el italiano Enrico Fermi y el húngaro Leo Szilard.

Pero los esfuerzos para convencer al gobierno estadounidense de las posibilidades militares del átomo rindieron escaso fruto, hasta que Szilard logró persuadir a Albert Einstein, el científico más famoso de América y también judío alemán refugiado, para que firmara una carta dirigida al presidente Franklin D. Roosevelt en el mes de octubre de 1939.

Aunque Roosevelt estaba en teoría convencido, durante los dos años siguientes el avance de la investigación atómica patrocinada por el gobierno fue lenta e irregular. Aun así, el proceso había comenzado y en 1939 la cuestión a la que se enfrentaban los científicos no era la de construir armas atómicas, sino cómo conseguirlas antes de los nazis.

Por fin, el 6 de diciembre de 1941 —un día antes del ataque japonés a Pearl Harbor—, Vannevar Bush, jefe del Departamento de Investigación y Desarrollo Científico de los EE. UU., lograba la aprobación presidencial de un plan de acción total en el ámbito de la investigación atómica.

El programa científico-militar-industrial que siguió fue característico de Estados Unidos, con su relativa invulnerabilidad ante un ataque, su enorme capacidad industrial y su fe en la ciencia y la tecnología.

Los físicos nucleares sabían, al menos en teoría, que podían someterse a una rápida fisión, o reacción en cadena, cantidades suficientes de dos derivados del uranio, el U-235 y el elemento plutonio, fabricado por el hombre.

El 17 de septiembre de 1942, el general Groves fue nombrado jefe del supersecreto y superprioritario Proyecto Manhattan,para iniciar la construcción de una bomba atómica.

Groves reclutó a dirigentes industriales y a científicos galardonados con el premio Nobel, obtuvo del Tesoro 2.000 millones de dólares en fondos secretos, impuso secreto total a los miles de operarios empleados en el proyecto y seleccionó los parajes aislados donde se realizaría el trabajo.

En la primavera de 1943, en Los Alamos (Nuevo México), donde el trabajo era más peligroso y las medidas de seguridad más estrictas, un equipo dirigido por Oppenheimer emprendió el diseño de una bomba viable que cupiese en el nuevo bombardero de largo alcance B-29, al poco tiempo y bajo un hermetismo total la bomba estaba lista para ser probada.

El 16 de julio de 1945, en un escondido paraje de la base aérea de Alamogordo, en Nuevo México —lugar al que Oppenheimer hacía llamar «Trinity»—, se probó la primera bomba de plutonio.

Conocida en clave como «Fat Man» (Gordo) porque su perfil rechoncho recordaba al de Churchill, la bomba superó todas las previsiones. (La bomba de U-235 no se probó nunca porque los científicos confiaban que funcionaría bien.)

La última etapa de la Segunda Guerra Mundial, conocida como guerra  en el Pacífico, fue encarnizada y la reconquista de las islas y posiciones continentales en poder de los japoneses costó miles de víctimas.

Aunque en retroceso, las tropas japonesas se defendían con furor suicida y ello llevó a suponer que la conquista del archipiélago nipón tendría un alto coste en vidas de soldados norteamericanos.

Esta fue una de las razones que adujo el presidente norteamericano, Harry S. Traman para ordenar el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima, el 6 de agosto de 1945, y Nagasaki, tres días después; el tremendo poder destructivo de aquellos ingenios nucleares produjo en cada una de estas dos ciudades cerca de 250.000 muertos, aunque propició que el 14 de agosto cesaran las hostilidades y a que, el 2 de septiembre, a bordo del acorazado norteamericano Missouri, surto en la rada de Tokio, los emisarios del emperador Hiro-Hito firmaran la capitulación «sin condiciones» de Japón.

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Convencidos los Estados Unidos de que la lucha con el Japón podría prolongarse demasiado, se decidió probar la fuerza disuasoria de las bombas atómicas, y primero Hiroshima y después Nagasaki sufrieron las consecuencias de la explosión nuclear, lo que provocó la inmediata rendición de los japoneses. En la fotografía, la llamada «cúpula atómica «, que se conserva en Hiroshima como recuerdo de la tragedia.

HISTORIA DEL  LANZAMIENTO DE LA BOMBA

La Bomba de Hiroshima Lazamiento Bomba Atomica Bomba Nuclear Carta HistóricaH I R O S H I  M A: El día 5 de agosto de 1945, en la base de Tiniaii, una isla de las Marianas a 200 km. de Guam, una tripulación de B-29 –la famosa superfortaleza volante– integrante del  509. Grupo Mixto y preparada desde muchos meses antes en la base secreta de Wendover, en Utah, para una misión espacialísima, esperaba llena de ansiedad la llegada de una orden. 

El entrenamiento había sido durísimo y realizado en el más absoluto aislamiento. 

La tripulación la encabezaba el coronel Paul Tibbets, veterano jefe de grupo de B-17 con múltiples misiones en Europa y el norte de África y que había sido elegido por sus excepcionales cualidades técnicas y personales.

Él había escogido como hombre de la más absoluta confianza, para acompañarle en la misión, al oficial bombardero Tom Ferebee, experto en el bombardeo por medios visuales, y al oficial de derrota Ted van Kirk, llamado «Dutch», navegante peritísimo.

Durante meses habían hecho prácticas de lanzamiento de una rara bomba a la que se llamaba familiarmente «La Cosa«, un enorme cilindro dotado de cola, cuyo contenido explosivo era un arcano para casi todos.

Sólo Tibbets estaba en el secreto de su carga nuclear y, llegado el momento del lanzamiento, la pregunta que le obsesionaba era: ¿la deflagración alcanzaría a volatilizar el avión portador de la bomba? «No obstante confesaría después el propio Tibbets yo confiaba plenamente en los científicos y sabía que sus cálculos eran de una precisión total. 

Ellos me habían explicado que, en el instante de la explosión, mi avión se habría alejado 17 kilómetros del punto cero en relación con la trayectoria de la bomba. 

Por otra parte, en cuanto al problema de la onda provocada por la bomba, los ingenieros aeronáuticas me aseguraron que mi superfortaleza soportaría un choque de 2 g, es decir, el doble de su propio peso.»

Aquel día 5 se llegaba a la fecha de la gran decisión, porque los meteorológicos habían pronosticado que el período entre el 6 y el 9 de agosto ,cría el más favorable para realizar el bombardeo desde el cielo japonés. 

Robert J. Oppenheimer Robert J. Oppenheimernació en  1904, en Nueva York, siendo hijo de un emigrante alemán llegado a América a los 14 años y que posteriormente haría fortuna en negocios textiles.

Desde su más temprana infancia, Oppenheimer demostró poseer una inteligencia privilegiada. 

Sus estudios superiores los cursó en Harvard, simultaneando las humanidades con la física y la química.  Dotado de una gran ansia de saber, y con una extraordinaria capacidad para asimilar conocimientos, se interesó por el  pensamiento oriental, estudió el hinduismo y llegó a dominar el sánscrito, aparte de numerosas lenguas vivas. 

En 1925 se diplomó cum laude en Harvard.  Posteriormente, amplió estudios de física en Cambridge con Rutherford, en Gotinga con Born y Dirac y más, en Zurich Leyde.

Su brillantez intelectual y la profundidad de sus estudios le hicieron perfilarse como un científico de gran porvenir, que había encontrado su camino en la más fascinante empresa que en la década de 1930 se le podía proponer a un físico: la investigación atómica. 

En 1929 empezó a dar clases de física en la Universidad de Berkeley, donde dispuso de un importante laboratorio de investigación.

Alineado entre los intelectuales americanos de ideas socialmente progresivas, Oppenheimer no hizo un secreto de su antifascismo ni de su filomarxismo, aunque no llegara a militar en el partido comunista. 

En el período anterior a la Segunda Guerra Mundial, mantuvo una relación íntima con una doctora, conocida militante del comunismo.

En 1942 -a los 38 años- le ofrecieron la supervisión y el control global del proyecto Manhattan y la dirección del super laboratorio de Los Alamos.

  La oportunidad de tener a su alcance la construcción del ingenio más poderoso de todos los tiempos fue tentación que venció todos los escrúpulos morales de Oppenheimer. 

Durante el proceso de fabricación de la bomba volvió a tener contacto con su antigua amiga, la militante comunista, hecho que no escapó al conocimiento del general Groves, responsable máximo de la seguridad. 

El general, tras una conversación afondo con Oppenheimer, se aseguró de que éste había roto sus relaciones con la extrema izquierda y, valorando la importancia proyecto lo confirmó en el cargo. 

El éxito alcanzado con la fabricación de bomba y sus efectos sobre Japón hicieron que Oppenheimer fuera exalta do por la prensa y la opinión pública americana como el hombre que había hecho posible el victorioso final de guerra.

Ante el problema moral suscitad por la carrera atómica, Oppenheime descubrió el personaje hamletiano qu llevaba dentro, manifestándose pes a sus reparos íntimos en pro de continuidad de las investigaciones Por eso constituyó una gran sorpresa el saberse, en octubre de 1945, que abandonaba la dirección de Los Alamos y volvía a la enseñanza.  

En 1947 fue designado director del Instituto Estudios Superiores de Princeton y entró a formar parte de la Comisión de Energía Atómica.

Cuando en 1950 el presidente Truman ordenó la construcción de la bomba de hidrógeno, Oppenheimer, una vez más, se mantuvo en una duda atormentada por el alcance de la carrera nuclear, pero sin alinearse entre los opositores.

En 1954, al llegar el período de la «caza de brujas», Oppenheimer fue acusado de «actividades antiamericanas» por haber mantenido relaciones con elementos comunistas.  Con arreglo a las prácticas utilizadas por la Comisión de Encuesta, se le declaró «indeseable para toda función que supusiese un acceso a secretos militares». 

Pese a la protesta de gran número de científicos, Oppenheimer hubo de sufrir años de ostracismo oficial Durante ellos, no obstante, continuó trabajando en la Universidad y dando conferencias.  En 1958 viajó a París, fue recibido en la Sorbona y el Gobierno francés le otorgó la Legión de Honor, todo lo cual e una especie de desagravio al que se asociaron los científicos europeos.

En 1963 fue rehabilitado y se le otorgó el premio Fermi, el más alto galardón que se concede a los destacados en la investigación nuclear.Falleció en 1967, en Princeton.

Su vida fue una demostración del enfrentamiento del hombre de ciencia con unos problemas éticos y morales que le desbordan.  El mito del «aprendiz de brujo» tuvo en el patético destino de Oppenheimer su más patente manifestación.

En el verano de 1939, la energía nuclear había desvelado ya sus inmensas posibilidades destructivas.  La fisión del uranio, llevada a cabo por primera vez por Enrico Fermi, iba acompañada por un desprendimiento enorme de energía. 

Pero esto no era todo: si la fisión del primer núcleo podía emitir varios neutrones, cada uno de éstos podía provocar la fisión de otro núcleo, que a su vez al fisionarse emitía… Era la reacción en cadena prevista por Joliot y Szilard.

La idea de estar ante una fuente de energía inimaginable, la posibilidad de tener al alcance la preparación de una mítica fuerza explosiva, sobrecogió a los físicos que habían llegado a abarcar teóricamente los efectos de la fisión en cadena. 

Pero se estaba en 1939.  Muchos físicos, investigadores del átomo, habían abandonado Alemania por su condición de judíos. Otros, como el italiano Fermi, habían emigrado en desacuerdo con el fascismo que imperaba en su país.  Y todos ellos se habían refugiado en Estados Unidos. 

La idea de que los sabios alemanes que habían quedado en su tierra pudieran preparar el arma atómica era una suposición que podía hacer de Hitler el amo del mundo.

EINSTEIN AlbertAnte esta temible eventualidad, Leo Szilard, un científico atómico húngaro refugiado en Norteamérica, pidió a Albert Einstein que llamase la atención del Gobierno americano sobre el peligro que amenazaba, si los nazis conseguían preparar una bomba atómica.  Entre dudas y reticencias, el tiempo pasó. 

Entre tanto, los ensayos y las investigaciones nucleares habían proseguido en Princeton, en Berkeley, en Columbia… En 1941, los japoneses atacaron Pearl Harbor. 

Estados Unidos era ya un país beligerante. Ello precipitó la decisión. 

En agosto de 1942 se llegó a un acuerdo para unir esfuerzos entre el Gobierno americano y el británico a fin de comunicarse sus investigaciones, y el Ejército americano recibió el encargo de dar prioridad absoluta, acelerando, coordinando y recabando cuantos recursos fueran necesarios para realizar un proyecto al que se le puso el nombre clave de « Manhattan».  Su objetivo era fabricar la primera bomba atómica.

En el otoño de 1942, el general Leslie Groves, que había sido designado responsable del proyecto, se entrevistó secretamente con el físico Robert J. Oppenheimer, un brillante investigador cuyas cualidades personales de animador, capacidades de coordinador y poder de captación le hacían especialmente idóneo para dirigir en lo técnico la suma de esfuerzos que iba a representar el proyecto.

El lugar elegido para situar la planta de acabado fue Los Alamos, en Nuevo México, lejos de cualquier centro habitado. 

En la bomba se puso a trabajar un ejército de científicos, de técnicos, de militares: directa o indirectamente, más de cien mil personas, la mayoría ignorantes de la finalidad real de su trabajo. La movilización fue total.  Todos los recursos disponibles se pusieron al servicio de la gigantesca empresa. 

Cientos de millones de dólares se gastaron en un esfuerzo tecnológico que abarcó una colosal Planta construida en Tennessee, un grandioso laboratorio en la Universidad de Columbia, una enorme instalación en Oak Ridge, otra en Hanford. 

Y en Los Alamos, junto a la planta atómica, surgió una ciudad habitada por los científicos y sus familias. Era difícil que aquella dispersión no traicionara el secreto exigido.  Pero los severísimos controles y la más estricta vigilancia evitaron cualquier filtración.

Al principio se creyó que la bomba estaría lista en un año, pero se llegó a 1944, con el proceso muy avanzado. La evidencia de que Alemania no podría ya obtener la bomba y el sesgo favorable de la guerra contra Japón decidieron al científico danés Niels Bohr, premio Nobel de Física, a dirigir un memorándum al presidente Roosevelt previniéndole contra «la terrorífica perspectiva de una competencia futura entre las naciones por un arma tan formidable». 

Pero el mecanismo infernal no podía ya detenerse. La posesión de la bomba era un objetivo demasiado codiciado.

En julio de 1945, todo estaba listo para la gran prueba.  En Los Alamos se hallaban Oppenheimer, Bohr, Fermi, Bethe, Lawrence, Frisch… toda la plana mayor de los sabios nucleares.

El día 16, a las dos de la madrugada, las personas que debían intervenir en la primera prueba estaban en sus puestos a varios kilómetros del punto cero.  Se fijó la hora H para las 5 de la madrugada. 

A las 5.30, una luz blanca, radiante, mucho más brillante que el sol del mediodía, iluminó el desierto, las montañas en la lejanía…

La superfortaleza volante B-29, fabricado por Boeing, fue el mayor avión construido durante la  Guerra Mundial. Proyectado en 1939 y tras un período de prueba en el que tuvieron que superarse múltiples deficiencias técnicas, las primeras entregas a ultramar se hicieron en marzo de 1944.  Intervino, decisivamente en las operaciones aéreas contra Japón y Alemania. 

Fue el primer gran bombardero construido en serie dotado de compartimentos presurizados.  También fue el primero que dispuso de un sistema centralizado y sincronizado de tiro de las ametralladoras. 

Sus dimensiones eran gigantescas: longitud, 30 metros; envergadura, 43 metros.  Iba equipado :con cuatro motores Wright de 2.200 HP de potencia, que le daban una velocidad máxima de 585 kilómetros por hora a 7.600 metros de altitud.  La ,velocidad de crucero de gran alcance era de 350 kilómetros a la hora, siendo su radio de acción de más de 8. 000 kilómetros y su techo de servicio de 9.700 metros. Su tripulación estaba integrada por 11  hombres.

Su armamento constaba de 10 ó 12 ametralladoras y un cañón de 20 Mm. y su carga explosiva podía ser de cuatro bombas de 1.800 kilos u ocho de 900 kilos.  Para cargar la bomba de uranio, el Enola Gay hubo de acomodar su bodega, dado que las dimensiones del ingenio superaban los 70 cm. y ,de diámetro los 3 m de longitud.

La acción más espectacular y destructiva en la que participaron los B-29 fue el bombardeo realizado en la ,noche del 9 al 10 de marzo de 1945, Por 279 aparatos de este tipo sobre: Tokio. 

En una sola noche, las superfortalezas destruyeron casi 25 kilómetros cuadrados del centro de la capital japonesas arrasaron el 25 % de los edificios de la: ciudad.  Cerca de 85.000 personas perdieron la vida y otras tantas ,resultaron heridas, mientras que un millón de habitantes ,de Tokio quedaron sin hogar.

El día de la rendición de Japón, las fuerzas aéreas norteamericanas tenían en servicio 3.700 bombarderos del tipo B-29.Las superfortalezas todavía tuvieron una importante participación en la guerra de Corea; pero en 1955, con la puesta en servicio de los grandes bombarderos a reacción B-47 y B-52 y la del B-36 mixto, los B-29  fueron retirados definitivamente.

En esencia, la bomba atómica es un reactor o pila nuclear que no utiliza moderador (es decir, ninguna sustancia que frene las partículas emitidas por el elemento radiactivo) y en la que se origina una reacción en cadena.

Dos trozos de material radiactivo (uranio 235 en la Little Boy que se lanzó sobre Hiroshima y que aparece en la fotografía inferior,- plutonio 239 en la Fat Man que se lanzó sobre Nagasaki), de masa inferior a la crítica (es decir, a la masa a la que la reacción en cadena se produce de forma espontánea) y separados por un espacio vacío, son impelidos a chocar entre sí mediante la explosión de dos cargas convencionales, de forma que la nueva masa resultante es superior a la crítica, produciéndose la reacción nuclear.

Efectos a partir del centro: Dependiendo de su tamaño, los efectos de una deflagración nuclear, se expanden en círculos concéntricos a partir del punto de impacto, que normalmente se encuentra situado a cierta altura sobre el terreno.

El círculo más exterior es, lógicamente, el de menor destrucción y la causa principal de ésta es la radiación térmica, que produce una «tempestad de fuego», quemaduras e incendio.

En el círculo intermedio, donde la causa principal de destrucción es la onda de la explosión (expansión y choque), se producen derrumbamientos, roturas de conducciones de gas y agua, proyección de cascotes y cristales, etc.

Finalmente, en el círculo interior, la destrucción es total a calísa de las enormes temperaturas (en Hiroshima, 17.000 personas «desaparecieron» carbonizadas y pulverizadas) y la radiación mortal.

Los diámetros de estos círculos varían; por el . ejemplo, en una bomba de cien kilotones (unas siete-cinco veces la de Hiroshima) son de dentro a fuera:2,5 km., 8 km. y 16 km. 

Plan de vuelo

El vuelo tenía prevista la hora de despegue para las 2.45 de la madrugada del día 6, esperándose alcanzar el objetivo -que podía ser Hiroshima, objetivo prioritario, o bien Kokura o Nagasaki- seis horas después, es decir a las 8.15, hora exacta que se había precisado en función de las previsiones de la meteorología.  Tres superfortalezas acompañarían en el despegue al Enola Gay. 

Una de ellas tendría como misión el dar los datos meteorológicos en el último momento y ya sobre el espacio aéreo japonés, designando en función de este factor la ciudad que quedaría marcada por el fatal destino de sufrir el comienzo de la era atómica.  En los otros dos aviones viajarían los científicos encargados de observar y registrar los efectos de la bomba.

ENOLA GAY

Al término de la exposición del plan de vuelo, Tibbets anunció con voz grave que le era necesario dar una información adicional del más alto interés.  Y habló de que se trataba de lanzar una bomba cuyos efectos significarían muy probablemente la derrota de Japón y el fin de la guerra. 

Tibbets, sin embargo, se abstuvo de mencionar el calificativo de «atómica» aplicado ala bomba, pero precisó que la potencia del infernal ingenio equivaldría a la de 20.000 toneladas de trilita. 

Sus palabras causaron una impresión profunda en la tripulación, a la que se había incorporado el copiloto Bob Lewis, el ametrallador de cola Bob Caron y de la que formarían parte tres personas más: el capitán Parsons -ya citado- y su ayudante el teniente Morris Jeppson, quienes tendrían a su cargo el activado de la bomba una vez en vuelo; y a ellos se añadiría el teniente Beser, especialista en electrónica.

 El despegue hacia un objetivo desconocido

Y llegó el momento decisivo.  A la 1.45 de la madrugada despegó el B-29 destinado a la misión meteorológica.  Los otros despegarían después. 

A las 2.15, el B-29 modificado para que en su bodega cupiera la bomba de uranio 235, a la que se había bautizado con el nombre de Little Boy («Muchachito»)

Entre una hilera de cámaras , iluminado por potentes  estaba en la cabecera de la pista probando a plena potencia sus cuatro motores Wright de 2.200 caballos de por que querían registrar el histórico acon proyectores, el Enola Gay arrancó de la pista con los cuatro mil kilos de la bomba en sus entrañas. 

Eran las 2.45 de la madrugada del 6 de agosto de 1945.

Alcanzada la cota de vuelo y con el rumbo puesto hacia el archipiélago japonés, Parsons y su ayudante pusieron manos a la obra en la bodega del bombardero para activar el arma nuclear. 

Veinte minutos después, habían dado fin a su tarea.  Fue entonces cuando el coronel Tibbets, tras conectar el piloto automático, reunió a la tripulación y les explicó la naturaleza exacta del explosivo que llevaba a bordo. 

Para aquellos hombres, hechos al cumplimiento de unas misiones bélicas destructivas, cualquier reparo moral estaba en aquel momento fuera de lugar.  Aún más, la idea de que con aquel explosivo podían acortar la guerra y ahorrar millares de vidas norteamericanas ahuyentaba cualquier escrúpulo de conciencia.

Entre tanto, el Enola Gay proseguía su vuelo sin novedad sobre la capa de nubes por encima de la zona de turbulencia.  Poco a poco se iban percibiendo las tenues luces del amanecer.  Se acercaba la hora del alba. 

Al llegar el avión a la altura de lwo Jima, según el horario previsto, dos aparatos de escolta esperaban describiendo círculos la llegada del bombardero para, una vez avistado, ponerse a la altura de] Enola Gay y seguir el vuelo juntos, hacia el objetivo.

El nuevo día empezaba a despuntar.  Un nuevo día que millares de seres humanos de una ciudad todavía ignorada no verían llegar a su crepúsculo, víctimas de una horrible muerte.

 La meteorología sella el destino de Hiroshima

A las 7.09 se recibió en el Enola Gay el esperado mensaje.  Era del comandante EatherIy del Straight Flush, el avión meteorológico que les había precedido en el despegue y que en aquellos momentos volaba a 10.000 metros sobre Hiroshima. 

En él se confirmaba el objetivo principal como destino de la bomba.  La ciudad, en medio de un anillo de nubes, aparecía a través de un hueco de 15 kilómetros en el que la visibilidad era perfecta.

  El mensaje del Straight Flush selló el destino de la ciudad.  El navegante Van Kirk marcó el rumbo preciso para situarse en la vertical del objetivo.

Sobre Hiroshima se había despertado también el sol de la mañana de un nuevo día que -fatalmente- se anunciaba magnífico, sin nubes. 

Era una ciudad con más de 300.000 habitantes, famosa por sus bellísimos sauces y que hasta aquel día, pese al sesgo desfavorable que la guerra había tomado para el Japón, no había experimentado más conmoción que el estallido de 12 bombas enemigas.

  Aquella mañana despejada, sus habitantes se disponían a hacer su vida habitual. 

El puerto, antes animado por los embarques de tropas, aparecía desierto, porque la siembra de minas realizada por los aviones americanos hacía que casi ningún barco fondease ahora en Hiroshima. 

Fábricas, almacenes y enlaces ferroviarios trabajaban a pleno rendimiento para aprovisionar y equipar a un ejército que, muy pronto, tendría que afrontar el desembarco de los americanos en sus propias islas.

Afanada en sus quehaceres diarios, la gente prestó escasa atención a las sirenas que sonaron anunciando la presencia de un avión enemigo, un B-29 que volaba a gran altura y que, después de cruzar por dos veces el cielo de la ciudad, desapareció. 

El fin de la alarma sonó a las 7.30. Era el B-29 del comandante Eatherly, que había cumplido su misión de guía del Enola Gay. 

Al cese de la alarma, la gente dio un suspiro de alivio.  Los hombres inútiles para el servicio y los estudiantes que trabajaban en la defensa pasiva creyeron que, una vez más, el azote de las bombas iba a pasar sobre Hiroshima sin dejar rastro.

  Las gentes procedentes de zonas bombardeadas celebraron una vez más su buena fortuna en la elección de la ciudad que les había dado acogida.

De los hombres que participaron en los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, no todos salieron incólumes de esa siembra de destrucción.  Veinte años después, el mayor Claude Eatherly era víctima de fuertes trastornos emocionales. 

Era el hombre que, desde el avión meteorológico Straight Flush, había marcado el destino de Hiroshima señalándola como el objetivo del Enola Gay.

Eatherly, el servicio durante un   de finalizada la guerra, una vez desmovilizado empezó a experimentar  trastornos psiconerviosos influido por un claro complejo , de culpabilidad.

Su atormentado estado de ánimo se hizo público cuando fue detenido por provocar un gran alboroto y producir destrozos en un lugar público.  Tratado como héroe de guerra en el juicio que se le siguió, rechazó toda consideración y , pidió ser condenado, ya que se: sentía profundamente culpable. 

Aquel fue el inicio de todo un proceso de autopunición, que le llevó de los tratamientos psiquiátricos a sucesivas detenciones cada vez que su conducta buscaba un motivo para ser castigado. Su plan, como él mismo confesó, era acumular actos.

La protesta contra la sociedad que, según él, le había convertido en un asesino.  Su calvario se prolongó durante años y su figura fue esgrimida por grupos pacifistas y contrarios al uso de la energía atómica, mientras que la sociedad contra la que él se alzaba le tildaba de «loco».

Para otro aviador, la contemplación de la explosión? nuclear y la idea de las muertes producidas significó también un profundo cambio en su destino.  Fue el coronel inglés Leonard Cheshire, el piloto de bombardero más condecorado de la RAF, invitado a volar como observador en el avión meteorológico que escoltó al que bombardeó Nagasaki. 

Cheshire, superviviente de más de cien misiones sobre Alemania y los países ocupados, curtido en la destrucción por las «bombas terremoto» usadas por la RAF, quedó traumatizado por los efectos de la bomba nuclear.

 Y de su mente no pudo apartarse la imagen de hasta dónde puede llegar el poder destructivo que el hombre, movido por el odio de la guerra, es capaz de el ejercer contra la propia humanidad.

Terminada la guerra, pidió el retiro de la aviación, se convirtió al cristianismo y creó una fundación destinada a atender enfermos.

La hora H: 8h 15’17» del día 6

A las 7.50 hora de Tokio, el Enola Gay volaba sobre las inmediaciones de la isla de Shikoku.  A las 8.09 se divisó desde el avión el contorno de Hiroshima. Tibbets ordenó a los dos aviones de escolta que se retirasen y, por el interfono, indicó a su tripulación que se pusiera los anteojos que habían de protegerles contra el resplandor de la explosión. 

A las 8.1 1, Tibbets accionó el mecanismo preparatorio para soltar a Little Boy.  Faltaban menos de cinco minutos.  Debajo del Enola Gay, la ciudad de Hiroshima se veía cada vez más cerca.  El apuntador Ferebee se sabía de memoria la planimetría de la ciudad. 

Rápidamente encuadró su punto de mira en el lugar elegido: un gran puente sobre el río Ota.  Cuando tuvo, puso en marcha la sincronización automática para el minuto final del lanzamiento. 

El plan preestablecido era lanzar la bomba a las 8.15, hora local.  Las favorables condiciones atmosféricas y la pericia de Tibbets permitieron que el avión coincidiera con el objetivo exactamente a las 8 horas, 15 minutos y 17 segundos. 

En aquella hora fatídica se abrieron las compuertas del pañol y, desde una altura de 10.000 metros, el ingenio atómico inició su trayectoria genocida.

Aligerado de un peso de más de 4.000 kilos, el bombardero dio un gran brinco hacia arriba.

  Tibbets marcó un picado hacia estribor y a continuación hizo un viraje cerrado de 158′, a fin de alejarse al máximo del punto de explosión.  Al mismo tiempo, desde el instante del lanzamiento, Tibbets se puso a contar mentalmente los segundos calculados hasta que la bomba estallara. 

Transcurridos 43 segundos, cuando el avión se encontraba a 15 kilómetros del punto del impacto, la bomba hizo explosión, accionada por una espoleta automática a unos 550 metros por encima del punto de caída y a 200 metros escasos del blanco elegido. 

Una enorme bola de fuego se iba transformando en nubes purpúreas…

Repentinamente, el espacio se había convertido en una bola de fuego cuya temperatura interior era de decenas de miles de grados. 

Una luz, como desprendida por mil soles, deslumbró a pesar de los lentes a Bob Caron, el ametrallador de cola, que, por su posición en el aparato, quedó encarado al punto de explosión. 

Una doble onda de choque sacudió fuertemente al avión, mientras abajo la inmensa bola de fuego se iba transformando en una masa de nubes purpúreas que empezó a elevarse hacia las alturas, coronándose en una nube de humo blanco densísimo que llegó a alcanzar 12 kilómetros de altura y que adoptó la forma de un gigantesco hongo. «Entonces nos dimos cuenta -explicaría Tibbets- de que la explosión había liberado una asombrosa cantidad de energía.»

El Enola Gay, superada la prueba de la onda de choque, viró hacia el sur y voló sobre las afueras de Hiroshima, a fin de fotografiar los resultados del histórico bombardeo.  Y entonces fue cuando la tripulación pudo comprobar la espantosa destrucción que habían sembrado. 

Iniciado el vuelo de regreso, a 600 km de distancia todavía era visible el hongo que daba fe de la aparición del arma que abría una nueva y dramática era en la historia de la humanidad.

Una sensación impresionante dominaba a toda la tripulación, como si la tensión nerviosa liberada hubiera dado paso a la obsesionante idea de haber provocado una destrucción sin precedentes. 

Parsons y Tibbets lanzaron entonces el mensaje que iba a conmover al mundo: «Resultados obtenidos superan todas las previsiones.»

El fin de la Segunda Guerra Mundial A las 2 de la tarde, el Enola Gay tomaba tierra en Tinian.  La noticia del éxito de la operación «Bandeja de Plata» había circulado ya por el Pacífico.  En el aeródromo estaban esperando los generales Le May y Arnold, venidos especialmente de Guam.  El presidente Truman recibió el mensaje a bordo del crucero Augusta.  En su entorno, todo era exaltación y entusiasmo. 

Sólo el general Eisenhower condenó espontáneamente el uso de la terrible bomba contra un núcleo habitado, considerando que tal demostración no era necesaria para derrotar a Japón.  Pero la inmensa mayoría -como dijo Raymond Cartier- «no vio en la aparición del arma nuclear otra cosa que el fin rápido de la guerra y la economía de sangre americana que ello reportaba. »

No obstante, había algo más: ante la configuración del mundo de la posguerra y la emergencia de la Unión Soviética como gran potencia, la horrible demostración de Hiroshima perseguía el evidente fin de intimidar a Stalin y hacerle más razonable. 

Yalta y Potsdarn estaban perfilando una posguerra en la que los ocasionales aliados de ayer iban a dividir el mundo en dos bloques antagónicos.

Sin embargo, como era de esperar, las previsiones en cuanto a lo resolutivo de la bomba se cumplieron: el día 7, Japón se dirigió a la Unión Soviética para que mediara ante Estados Unidos en busca de un armisticio. 

Los rusos contestaron declarando la guerra a Japón y desencadenando de inmediato una gran ofensiva en Manchuria.  El día 9, otro B-2 l Bockscar, pilotado por el mayor Sweeney, lanza otra bomba nuclear -ésta de plutonio- sobre Nagasaki.  La «implosión» – pues éste fue el sistema practicado para provocar la reacción en cadena del plutonio activado- estuvo a punto de desintegrar la superfortaleza que efectuó el lanzamiento.  Los efectos, debido a la topografía de Nagasaki, no fueron tan espantosos como los del ataque precedente. 

Pero fueron suficientes para que, a las 2 de la madrugada del día 10, el Consejo Supremo de Guerra japonés, presidido insólitamente por el emperador Hiro Hito -que, ante lo gravísimo de los momentos, había decidido descender de sus divinas alturas -, se dirigiera a Estados Unidos pidiéndole el cese de las hostilidades y aceptando la rendición incondicional exigida por los aliados.

La capitulación se firmaría el 2 de septiembre de aquel mismo año: la Segunda Guerra Mundial había terminado, tras 6 años y 1 día de duración.  Pero queda por reseñar lo sucedido en la ciudad mártir, tras de recibir su bautismo de fuego atómico.

 Una explosión de 20 kilotones

La bomba lanzada en Hiroshima tenía una potencia equivalente a 20 kilotones, es decir, a veinte veces la explosión de mil toneladas de TNT.  Los efectos mortales de esta bomba podían proceder de tres causas distintas: la acción mecánica de la onda expansivo, la temperatura desencadenada y la radiactividad.

El calor generado por la energía liberada se elevó a temperaturas capaces de fundir la arcilla, alcanzando decenas de miles de grados.  Este colosal desprendimiento provocó una columna de aire huracanado y a continuación, para llenar el descomunal vacío, se produjo otra onda en sentido contrario cuya velocidad superó los 1.500 kilómetros por hora.  El terrible soplo produjo presiones de hasta 10 toneladas por metro cuadrado.

El detalle de estos efectos sobre la ciudad llega a lo indescriptible: trenes que vuelcan como golpeados por un gigante, tranvías que vuelan con una carga de cadáveres hechos pavesas, automóviles que se derriten, edificios que se desintegran y se convierten en polvo incandescente, manzanas de viviendas que desaparecen por un ciclón de fuego.

Toda una zona de 2 km. de radio se transformó en un crisol, que la dejó arrasada como si un fuego infernal y un viento cósmico se hubieran asociado apocalípticamente.  Y en kilómetros a la redonda, incendios y más incendios atizados dramáticamente por un vendaval de muerte.  Por los restos de lo que fueron calles, empezaron a verse supervivientes desollados, con la piel a tiras, unos desnudos, otros con la ropa hecha jirones.  Los que murieron en el acto, sorprendidos en el punto de la explosión, se volatilizaron sin dejar rastro. 

Tan sólo alguno, situado junto a un muro que resistió la onda expansiva, dejó una huella en la pared, una silueta difuminada de apariencia humana, como una sombra fantasmagórica, que fue en lo que vino a quedar el inmolado. 

Otros se vieron lanzados, arrastrados por un rebufo arrollador, y se encontraron volando por el aire, como peleles de una falla sacudida por un vendaval.  Alguno fue a parar milagrosamente a la copa de un árbol, a muchos metros de distancia de su lugar de arranque.

En los alrededores de] punto cero, todo quedó carbonizado. 

A 800 metros, ardían las ropas.  A dos kilómetros, ardían también los árboles, los matorrales, los postes del tendido eléctrico, cualquier objeto combustible.  Tal era la fuerza del contagio ígneo.

bomba en hiroshima

La bomba sobre Hiroshima. En la mañana del 6 de agosto de
1945 el mundo entró en la era «atómica». Un avión bombardero norteamericano —el «Enola Gay»- dejó caer sobre la ciudad japonesa de Hiroshima una bomba de alto poder destructivo que dejó un saldo de 99 mil muertos y un número similar de heridos. Tres días después Nagasaki corrió igual suerte, aunque el saldo trágico fue levemente menor: 70 mil muertos y 40 mil heridos. Ambas ciudades fueron un horno; cerca del núcleo de la explosión se registraron temperaturas que treparon hasta los 10 mil grados centígrados y vientos que avanzaban a más de 500 kilómetros por hora y que arrasaron todo a su paso.

La explicación oficial de los Aliados fue que con el lanzamiento de las bombas se anticipó la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial y se evitó, así, la muerte de un número superior a los dos millones de personas entre norteamericanos y japoneses. De todas formas las secuelas fueron horrendas: durante los meses siguientes morirían otras 20 mil personas por las radiaciones y miles más nacerían con malformaciones.

 El sol de la muerte

Pero quedaba el tercer y más traicionero efecto: el «sol de la muerte», como llamaron los japoneses al efecto radiactivo que provocó la acción de los rayos gamma, delta y alfa.  Las personas, según su cercanía al punto de caída de la bomba atómica, aparecían llagados, llenos de terribles ampollas.  Todos los supervivientes, en un radio de 1 km a partir del epicentro, murieron posteriormente de resultas de las radiaciones. 

Los muertos por estos insidiosos efectos lo fueron a millares y se fueron escalonando a lo largo del tiempo, según el grado de su contaminación.  Veinte años después de la explosión, seguían muriendo personas a consecuencia de los efectos radiactivos.

Junto a los millares de muertos instantáneamente y de los que con posterioridad fallecieron de resultas de las quemaduras o de la radiación, se registraron hechos singulares.

  Por ejemplo, algunos habitantes se salvaron por haberles sorprendido los efectos de la explosión con vestimenta clara; en cambio, los que vestían de oscuro murieron rápidamente, por la capacidad del color negro de absorber el calor. 

Esta misma capacidad de absorción de las ondas calóricas por los cuerpos opacos ocasionó otro sorprendente fenómeno: la fotografía atómica.  Hombres desintegrados, así como objetos diversos, dejaron su sombra grabada sobre los muros de las paredes en cuya cercanía se encontraban en el momento de la explosión, como hemos mencionado antes. 

La onda calórica siguió exactamente los contornos de una silueta y la grabó, para siempre, sobre la piedra.

 El holocausto

Y cuando los supervivientes se recuperaron del horror y los servicios de socorro empezaron a prodigar sus cuidados a los heridos y a los quemados, se produjo la caída de una lluvia viscosa, menuda y pertinaz, que hizo a todos volver los ojos al cielo: el aire devolvía a la tierra, hecho toneladas de polvo y ceniza, todo lo que había ardido en aquel horno personas y cosas – y que las corrientes ascendentes habían succionado hasta las nubes.

Al día siguiente del bombardeo, un testigo presencial que recorrió la ciudad explicó el espeluznante panorama de desolación que constituía la visión de una población arrasada, sembrada de restos humanos que estaban en espantosa fase de descomposición, entre un olor nauseabundo a carne quemada. 

Una zona de 12 kilómetros cuadrados, en los que la densidad de población era de 13.500 habitantes por kilómetro cuadrado, había sido devastada. 

La llegada de un grupo de científicos confirmó que el explosivo lanzado era una bomba de uranio.  La energía atómica había entrado en la historia por la puerta del holocausto.

Según los datos más fiables, el número de víctimas sacrificadas en Hiroshima fue de 130.000, de las que 80.000 murieron.  Unos 48.000 edificios fueron destruidos completamente y 176.000 personas quedaron sin hogar


Oppenheimer Robert
La Bomba «Litle Boy»

masacres humanas

Openheimer Robert Resumen Proyecto Manhattan Bomba Nuclear

Openheimer Robert
Resumen Proyecto Manhattan Bomba Nuclear

ROpenheimer Robert Oppenheimer obert Oppenheimer y el Proyecto Manhattan: Cuando recibió la inquietante carta de su amigo Haakon Chevalier, hacía apenas meses que el doctor J. Robert Oppenheimer había comenzado a recuperarse.

Llevaba casi una década expulsado del poder, convertido en una víctima emblemática de la histeria macartista. Por fin el gobierno de los Estados Unidos lo labia reivindicado al premiarlo con la Medalla Enrico Ferrni.

Y entonces, apenas meses después, Oppenheimer recibió la escueta página deChevalier. Con fecha del 23 de julio de 1964, el escritor y ex profesor le literatura en Berkeley le contaba que sentía la urgencia le publicar la verdad sobre la relación que los había unido:

«El motivo por el cual te escribo es que una parte importante de la historia concierne a nuestra participación en la misma unidad del PC desde 1938 a 1942. Me gustaría tratar el tema en la perspectiva correcta, contando los hechos tal como los recuerdo. Dado que se trata de una de las cosas de tu vida que, en mi opinión, te hacen sentir como mínimo avergonzado; y dado que tu compromiso, testimoniado entre otros elementos por tus Informes para nuestros colegas, cuya lectura impresiona incluso hoy, fue profundo ¿y genuino, considero que sería una grave omisión negarle su debida prominencia”.

La furia y el miedo paralizaron a Oppenheimer. En 1954, sacándole al sol su red de afectos de izquierda —esposa, hermano, cuñada, discípulos, amigos y hasta ex novia—, había reconocido sus mentiras en un interrogatorio por supuesto espionaje. Lo había hecho para proteger a Chevalier.

«Querido Haakon —le contestó el 7 de agosto—: Me alegra que me hayas escrito. Me preguntas si tengo alguna objeción. Claro que sí. Me sorprende lo que dices acerca de ti.Y lo que dices acerca de mí no es cierto en un punto. Nunca fui miembro del Partido Comunista y en consecuencia nunca integré una unidad del Partido Comunista. Yo, por cierto, siempre lo supe. Creí que tú también lo sabías.”

Oppenheimer había perdido el acceso al trabajo en proyectos oficiales —lo cual implicó alejarlo de las investigaciones atómicas—, pero nadie le había probado que pasara secretos a los científicos rusos, o que perteneciera al Partido Comunista (PC).

Su temor a otra persecución no terminó sino con su muerte, de cáncer de garganta, en 1967. Chevalier nunca dio a conocer el asunto de la célula comunista y en su libro sobre los buenos viejos tiempos en Berkeley (Oppenheimer: la historia de una amistad) hizo apenas una elíptica referencia a un grupo de discusión política.

Gregg Herken, historiador de The Smithonian Jnstítution, exhumó la carta y publicó en los Estados Unidos Brotherhoodof the Bomb (La hermandad de la bomba), donde afirma que Oppenheimer perteneció al PC en un grupo secreto que funcionaba en la Universidad de California, destinado a fijar políticas de acción y escribir panfletos.

Según Herken, Oppenheimer fue leal a su país y nunca espió para la Unión Soviética, pero ocultó sus simpatías políticas por ambición —la suya y sobre todo la de su mujer, Kitty, quien impulsó su carrera con más fuerza que él mismo—, ya que un pasado rojo podría haberle vetado la dirección del laboratorio de Los Alamos, Nuevo México, donde se desarrolló el proyecto Manhattan que terminó la Segunda Guerra Mundial con las bombas de Hiroshima y Nagasaki.

El objetivo era el Puente Aioi —“el mejor blanco que vi en esta maldita guerra”, según Paul Tibbets, comandante del avión B29 Enola Gay, por su forma de T—, pero la bomba atómica de uranio llamada Little Boy explotó a 250 metros de allí, evaporando el hospital Shima, sus enfermos y sus profesionales para iniciar una cuenta que llegaría a los 75.000 muertos y los 163.000 heridos.

Era el 6 de agosto de 1945 y el presidente norteamericano Harry  Trumancomía a bordo del Augusta cuando le llegó el mensaje cifrado con la noticia.

“Capitán, esto es lo más grande de la historia”, le dijo a Franklin H. Graham, uno de los oficiales de la Casa Blanca que lo acompañaban, cuando el teniente George M. Elsey le alcanzó un segundo cable: “Evito completo en todos los aspectos”.

Cuenta John Hersey en su crónica Hiroshima los días siguientes a la tragedia lanzada desde el avión de Tibbets:

“Los científicos pululaban en la ciudad. Algunos de ellos midieron la fuerza que había sido necesaria para quebrar las lápidas de mármol de los cementerios, para destruir 22 de los 47 vagones de ferrocarril en los depósitos de la estación de Hiroshima, para elevar y mover el piso de concreto de uno de los puentes, y para llevar a cabo otros notables actos de fuerza; concluyeron que la presión ejercida por la explosión variaba de las 5,3 a las 8 toneladas por metro cuadrado.

Otros descubrieron que la mica, cuyo punto de fusión es de 9000C, se había derretido en las lápidas de granito a 380 metros del centro; que los polos telefónicos, cuya temperatura de carbonización son los

2400 °C, se habían quemado a 4.000 metros del centro; y que la superficie de las tejas grises de tipo usado en Hiroshima, cuyo punto de fusión es de 1.3000C, se habían derretido a 600 metros. Después de examinar otras cenizas y objetos fundidos significativos, decidieron que el calor de la bomba sobre la tierra, en el centro, debía de haber sido de 6.000 °C”.

El 9 de agosto, otra bomba atómica, llamada Fat Man y hecha con plutonio, destruyó el 44 por ciento de la ciudad de Nagasaki. Luego de varios días de censura a la prensa, el mismísimo emperador Hirohito —quien por primera vez en su vida habló a sus “buenos y fieles súbditos” en un mensaje emitido por radio— contó: “El enemigo ha comenzado a emplear una bomba nueva y muy cruel, cuyo poder para producir daño es incalculable, que ha cobrado demasiadas vidas inocentes”. Anunció, también, que Japón se rendía.

Tiempo después Oppenheimer declaró palabras instantáneamente famosas: “Los físicos hemos conocido el pecado”. En 1983, luego de aplaudir el anuncio de la Iniciativa de Defensa Estratégica (la Guerra de las Galaxias de Ronald Reagan), su colega Edward Teller le mejoró la frase: “Los físicos hemos conocido el poder”.

Desde que los alemanes observaron la fisión por primera vez, en 1938, los físicos de las grandes naciones se lanzaron a la búsqueda del poder que podía residir en la energía que liberaba ese proceso. Un poder sobre la naturaleza pero también un poder político, en particular ante la inminente guerra. El escenario principal fue la Universidad de California en Berkeley, donde trabajaba Ernest Lawrence, inventor de una máquina capaz de generar la energía necesaria para romper el átomo, el ciclotrón. Oppenheimer llegó a Berkeley convocado por este Premio Nobel y al tiempo le arrebató la dirección científica del proyecto atómico.

La insistencia del ingeniero Vannevar Bush, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, convenció a Roosevelt sobre la necesidad de formar un Comité de Investigación para la Defensa Nacional. Por supuesto, Bush presidió esa institución. A él entregó Roosevelt en 1942 el informe de la Academia Nacional de Ciencias que abrió la puerta a la financiación de la bomba.

Bush buscó en el ejército al hombre que coordinaría el proyecto: un graduado de West Point, de 46 años, por entonces coronel. Leslie Groves había supervisado la construcción del edificio del Pentágono y ostentaba —escribe Adrian Weale en Hiroshima según testigos— “el ego más impresionante después del de Napoleón”. Su primer gesto fue comprar los carísimos minerales que se necesitaban para investigar reacciones nucleares controladas en cadena. Como no era un científico, eligió a Oppenheimer para coordinar los diferentes trabajos dispersos en numerosas universidades. No sólo era un brillante asesor del gobierno sobre la bomba: también el físico teórico más impresionante de Berkeley.

Oppenheimer llevó adelante el laboratorio secreto de Los Alamos hasta que pudo gritar “Funcionó!” cuando el 16 de julio de 1945 tuvo éxito la prueba Trinity y estalló la primera bomba atómica. En el medio, superó la difícil conducción de los equipos que separaban los componentes fisionables de uranio y plutonio mientras otros pensaban qué clase de arma sería capaz de hacerlos eficazmente destructivos; también las grandes dudas sobre cuánta de esa materia prima haría falta (cien kilos, calculaban algunos; otros, dos y medio) y si acaso no sería mejor la bomba de hidrógeno que teorizaba Teller.

Del otro lado, los nazis desarrollaron un programa nuclear, donde trabajaron el químico que descubrió la fisión, Otto Hahn, y otro Premio Nobel, Werner Heisenberg. En su novela sobre la fallida bomba de Hitler, En busca de Klingsor, el mexicano Jorge Volpi recreó el momento en que Hahn, detenido junto a sus colegas en la casa de campo de Farm Hall, Inglaterra, recibió la noticia de la explosión en Hiroshima. “Si los norteamericanos tienen una bomba de uranio, todos ustedes son científicos de segunda categoría”, murmuró.

No resultó mucho mejor el esfuerzo de los japoneses en el Laboratorio de Investigación Nuclear, que Yoshio Nishina fundó en 1935 dentro del Instituto Riken. Amigo de Lawrence y discípulo del célebre Niels Bohr en Copenhague, Nishina aceptó, un año después del ataque a Pearl Harbor, la imposible tarea de investigar el uranio en un país sin uranio bajo la presión del ejército japonés.

También los aliados corrían la carrera con-a los norteamericanos: la Unión Soviética buscaba su propia bomba. Su principal fuente e información fue el espionaje del físico Klaus Fuchs, un comunista que abandonó Alemania apenas después de que una patota nazi lo golpeara y arrojara a un río.

En 1941 comenzó a investigar bajo la protección de Rudolf Peierls, profesor de la Universidad de Kirmingham. Para la señora Peierls, quien le ponía los botones y se preocupaba por la escasa vida social del muchacho, fue una sorpresa saber que conocía mucha gente en la Agregaduría Militar Soviética en Londres. Fiel a sus convicciones, Fuchs se encontró cuatro veces con el titular de esa dependencia, Simon Davidovich Kremer, para entregarle informes detallados sobre los avances del proyecto atómico del Reino Unido.

En noviembre de 1943 Fuchs partió a los Estados Unidos, donde continuó su trabajo de investigador y espía hasta que desapareció de los lugares que solía frecuentar. En 1945 hizo saber a la embajada de Stalin que estaba en Los Alamos. Según la documentación del FBI, hubo tres espías en el laboratorio: Fuchs, Ted Hall y un tercero que, hasta hoy, no fue identificado. Por eso sonaron las alarmas cuando Oppenheimer miente en un interrogatorio sobre el tema.

Con una larga carta en la que le reprochaba el Incidente Chevalier, entre otras cosas, el responsable de la Comisión de Energía Atómica, K.D. Nichols, le arruinó a Oppenheimer la Navidad de 1953 al anunciarle el 23 de diciembre que suspendía su acreditación de seguridad. Dos meses más tarde, en una larga respuesta donde solicitaba una audiencia ante la Comisión de Energía Atómica para limpiar su nombre, el físico le escribió a Nichols: “Mi amigo Haakon Chevalier y su esposa vinieron a mi casa de Eagle Hill, probablemente a comienzos de 1943. Durante la visita, él entró a la cocina y me dijo que George Eltenton le había hablado sobre la posibilidad de transmitir información técnica a los científicos soviéticos. Con una observación enfática, le señalé que eso me sonaba terriblemente mal. Allí terminó la discusión”.

No fue eso lo que contó al día siguiente de la conversación, en 1943. Oppenheimer dijo al teniente Lyall Johnson, contrainteligencia del proyecto Manhattan, que si la seguridad  era su tema debía prestarle atención a George Eltenton. Nacido en Inglaterra, el químico Eltenton había pasado una temporada en la Unión Soviética trabajando con los físicos Yuri Khariton y Nicholai Semenov. Llegó a California convertido en un ferviente comunista y participó en el sindicato de docentes de Berkeley, donde Oppenheimer lo conoció. Johnson llamó al teniente coronel Boris Pash —el mismo que detendría a los científicos de la bomba nazi—, quien citó al físico para entrevistarlo. Y fue en ese encuentro del 26 de agosto de 1943 donde Oppenheimer mintió al FBI y selló su caída en la era macartista.

En su relato ante Pash no hubo esposas que charlaban en el living mientras su amigo lo miraba preparar en la cocina su famoso martini ultra seco de vodka helada. No hubo Chevalier, ni nombre alguno salvo el de Eltenton, ya manchado. Herken reconstruyó:

«Algunos meses atrás, dijo Oppenheimer, había sido contactado por ‘intermediarios’ vinculados con un oficial no identificado del Consulado Soviético. Uno de esos individuos le había hablado de pasar información sobre el proyecto de Berkeley. Su respuesta había sido que no tenía objeciones a que el presidente comentara la bomba con los soviéticos, pero creía inadecuado hacerlo ‘por la puerta trasera’. Oppie admitió que conocía otros acercamientos posteriores, los cuales ‘fueron siempre a otras personas, para quienes resultó incómodo’. Como creía que los contactados habían sido elegidos al azar, no quería dar nombres. Dos de los tres hombres que él sabía que habían sido contactados estaban en Los Alamos, dijo Oppie, y un tercero llegaría en breve a Oak Ridge”. En su mentira, Eltenton había sido uno de los intermediarios.

No sólo amigos rojos tuvo el hombre que definió la Segunda Guerra Mundial a favor de los Estados Unidos. “Una novia comunista, Jean Tadock, con la que estuvo a punto de casarse, lo introdujo al marxismo”, sostiene Weale en Hiroshima según testigos. La conoció en la primavera de 1936 en una fiesta a beneficio de los españoles republicanos en la Guerra Civil. Estudiaba psicología en la Universidad de Stanford y sus actividades políticas la condujeron al PC. En una relación intermitente, compartió con Qppenheimer la pasión por la poesía de John Donne y un círculo de amistades de izquierda entre los que estaban Chevalier y Thomas Addis, un médico de Stanford que se dedicaba al reclutamiento de camaradas. La vio por última vez en junio de 1943, cuando la visitó respondiendo a sus ruegos desesperados. Diez años más tarde lamentaría el uso que el macartismo daría a esa noche.

Kitty Oppenheimer, nacida Kathryn Puening, no interesó menos al FBI. Viuda de Joe Dallet —un comunista de Youngstown, Ohio, quien cayó combatiendo en la Brigada Abraham Lincoln por la República Española—, se afilió al PC en 1934 por iniciativa de su marido. Veinte años más tarde, durante las audiencias por la acreditación de seguridad de Oppenheimer, explicó su militancia: “Mimeografiaba panfletos y cartas”. Aportaba diez centavos semanales a la estructura partidaria (no poca cosa para su bolsillo: pagaba cinco dólares mensuales de alquiler) hasta que comenzó a perder interés en las tareas políticas. De regreso en los Estados Unidos, retomó sus estudios de biología en la Universidad de Pennsylvania, de donde partió, recibida, hacia una Junto beca de investigación en California. Allí, casada nuevamente con un físico inglés, Richard Harrison, conoció a Oppenheimer en 1939, se enamoró como loca, dejó a su segundo marido y volvió a casarse, embarazada del primero de sus dos hijos, en 1940.

El cuadro de los íntimos lo completan el hermano Frank Oppenheimer, también físico, y su esposa Jackie, ambos afiliados al PC. De niños creían que iba a ser flautista, pero la influencia de su hermano ocho años mayor fue demasiado fuerte. Hasta que apareció Jacquenette Quann, graduada de economía en Berkeley, muy activa en la Liga de Jóvenes Comunistas, y comenzó a retrasarse en su doctorado por su militancia. “Robert apremió a su hermano para que rompiera el compromiso. Frank, desafiante, se casó con Jackie a fines de 1936”, se lee en La hermandad de la bomba. “La pareja se inscribió en el PC a comienzos de 1937, desafiando una vez más los deseos de Oppie.”

Frank perdió su empleo en la Universidad de Stanford, primer despido de una serie que terminó con su vida académica y lo convirtió en ganadero. Entre el comienzo y el fin, su hermano pidió a Lawrence que lo empleara —cometiendo el grave error de ocultar el pasado comunista de Frank— en el Laboratorio de Radiación, con el que llegaría a Los Alamos y del que seria echado en 1948.

Casi al mismo tiempo que La hermandad de la bomba aparece la primera reimpresión, luego de treinta años agotada, de las audiencias por la acreditación de seguridad que hundieron a Oppenheimer. Menos atrapante que la narrada investigación de I-Ierren, el texto tiene el ritmo monótono y los grandes destellos de los interrogatorios. Richard Polenberg, editor de El caso de Rabert Oppenheimer, reunió la cuarta parte de las mil páginas originales. El resultado es un compilado con lo mejor del macartismo.

Abre Polenberg su introducción: “El 6 de mayo de 1954, harto y desalentado tras un mes de dura audiencia para probar su ‘lealtad’ y, en consecuencia, merecer su acreditación de seguridad, el doctor J. Robert Oppenheimer dejó Washington DC y regresó a su casa en Princeton, New Jersey. Aunque Oppenheimer había dirigido el programa para construir la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial y había estado a cargo del Comité Asesor General de la Comisión de Energía Atómica entre 1947 y 1952, ni su servicio pasado ni su eminencia lo habían protegido de las sospechas o del fisgoneo que con tanta frecuencia lo acompañaron. Mientras su caso estuvo ante la comisión, su teléfono fue intervenido, su correo revisado y sus paraderos registrados por el FBI”. En realidad, nada nuevo: el organismo había pinchado sus teléfonos, violado su correspondencia y espiado hasta su vida privada desde marzo de 1941. Pero esta vez, además, registraba las estrategias que Oppenheimer discutía con su abogado y se las anticipaba a la comisión.

En cierto modo, Oppenheimer solicitó su crucifixión por confiar en que la audiencia sería preferible a un interrogatorio del senador Joseph McCarthy, quien lo había acusado de trabar la investigación de la bomba de hidrógeno que creó Teller para no aventajar tanto a la Unión Soviética. Teller, por supuesto, lo aplastó con su testimonio —“Oppenheimer se opuso a la bomba termonuclear o a su desarrollo”—, pero no fue el único que le marcó cuánto se había equivocado al ofrecer la cabeza al verdugo.

Primero lo pusieron contra las cuerdas hasta que reconoció que había mentido a Pash en el interrogatorio sobre el Incidente Chevalier:

Pregunta: ¿Le dijo la verdad a Pash?

Oppenheimer: No.

P.: ¿Le mintió?

O.: Si

P: ¿Qué le dijo a Pash que no era cierto?

O.: Que Eltento había intentado contactar a tres miembros del proyecto a través de intermediarios.

P: ¿Por qué lo hizo, doctor?

O.: Porque fui un idiota.

Luego de hacerlo confesar “un tejido de mentiras”, sacaron a relucir sus aportes de dinero a la causa española—“a través de canales comunistas”—, su descuido al emplear a un izquierdista como su hermano —“Qué examen le tomó para establecer su confiabilidad?”—, su falta de apoyo a Teller y, por último, la infidelidad con su ex novia Jean. Delante de su mujer le preguntaron por aquella noche de junio de 1943:

P.: ¿Por qué fue a verla?

O.: Ella había expresado un gran deseo de verme.

P.: ¿Averiguó por qué?

O.: Porque seguía enamorada de mi

P.: ¿Ella era comunista en ese momento?

O.: Ni siquiera hablamos de eso. No lo creo.

P.: Pero no tiene razones para pensar que no era comunista, ¿verdad?

O.: No.

P: Pasó la noche con ella, ¿no es cierto?

O.: Sí

P: ¿Cuando estaba trabajando en un proyecto secreto de guerra?

O.: Sí

P.: ¿Le parece consistente con una buena seguridad?

Las humillaciones duraron cuatro semanas. A fin de junio la comisión confirmó que, por sus asociaciones y sobre todo, por “defectos fundamentales en su carácter”, Oppenheimer no recuperaría su acreditación de seguridad. Mientras esperaba ese dictamen, el físico le dijo por teléfono a un amigo (y al FBI, que también oía): “La comisión decidirá qué hacer en unas semanas. Pero este asunto nunca va a terminar para mí. No creo que las aguas se aquieten. Pienso que todo el mal de estos tiempos está contenido en esta situación”.

Openheimer Robert Oppenheimer

Sólo cuatro años antes de morir de cáncer en la garganta, Oppenheimer fue reivindicado de su desgracia: el 22 de noviembre de 1963, el mismo día en que fue asesinado, el presidente John F. Kennedy anunció que otorgaría el premio Fermi a Oppenheimer; finalmente le fue entregado por el sucesor de Kennedy, Lyndon B. Johnson.

Fuente Consultada: Revista Veintitrés

Los ensayos con bombas nucleares Pruebas Atomicas Atolon Bikini

Atolon Bikini: Los Ensayos Nucleares

Entre 1945 y 1992 se llevaron a cabo en Estados Unidos 1039 ensayos atómicos , la mayoría en el desierto de Nevada, a poca distancia de la ciudad de Las Vegas. Al principio también se realizaron ensayos en el Pacífico Sur pero cuando aumentaron los costes se prefirió permanecer en el propio país. Se destacó a un total de 380.000 personas para observar las bombas y con el efecto de la radiación. Muchísimos de ellos enfermaron de cáncer y se fueron consumiendo.

En 1946, los estadounidenses hicieron detonar la primera de una larga serie de bombas nucleares en las paradisíacas islas del atolón de Bikini, en el Pacífico Sur, con el fin de estudiar su efecto y poder valorar mejor su fuerza destructiva. Antes de ello, se había trasladado a los habitantes a otra isla vecina.

Al contrario de Robert Oppenheimer, padre de la bomba atómica, quien tras los horrores de Hiroshima y Nagasaki había hecho revisión de su postura, el físico Edward Teller (imagen) seguía siendo un entusiasta partidario de la bomba en 1946: su hija, como la consideraba él. Aunque en1945 había afirmado que la bomba podía cambiar de lugar montañas, las dejó a todas en su lugar. Sin embargo con una bomba de hidrógeno consiguió hundir la isla de Elugelab, que formaba parte del atolón de Bikini.

El desierto de Nevada como lugar de ensayo de bombas atómicas

Nevada, en el oeste, es por tamaño el séptimo estado de Estados Unidos. Con unos 3 millones de habitantes, su densidad de población media es de tan sólo 8 personas por km2. La mayoría de la gente vive en ciudades como Las Vegas y Reno, y casi todo el estado, de muy escasa población, está cubierto por el desierto. Desde finales de la década de 1940, Nevada se ha convertido junto con el Pacífico Sur en el emplazamiento más importante para la realización de ensayos atómicos. Aquí, el 16 de julio de 1945, se probó la primera bomba atómica de la historia bajo el nombre de prueba Trinity.

Se trataba de una bomba de plutonio desarrollada en los laboratorios de Los Álamos, de idéntico tipo a la que se lanzó sobre Nagasaki el 9 de agosto de aquel mismo año. Hasta 1992, en Nevada se realizaron más de 900 ensayos tanto en superficie como subterráneos; la zona de las montañas Yucca, a unos 160 Km. al noroeste de Las Vegas, es uno de los mayores depósitos de residuos radioactivos del país.

La bomba de uranio que se lanzó sobre Hiroshima el 6 de agosto, con el nombre de Little boy, no necesitó ningún ensayo, pues al contrario de la bomba de plutonio, los especialistas la consideraban segura. Tampoco se disponía de la suficiente cantidad de uranio como para fabricar una segunda bomba. Por eso, en los círculos militares estadounidenses, el lanzamiento sobre Hiroshima se consideró el segundo ensayo atómico de la historia, que costó casi 250 000 vidas. El director militar del proyecto, el general Leslie Groves, se mostró impresionado con Trinity. «La guerra ha terminado. Una o dos de “esas cosas” y Japón está eliminado», dijo.

Prueba atómica Trinity
La carga explosiva de la primera bomba se montó sobre un andamio de 30 m. de altura para hacerla detonar. Los visitantes y espectadores llevaban gafas de sol y se habían untado con abundante crema solar para protegerse del deslumbrante rayo luminoso que se les había anunciado. El ensayo debía llevarse a cabo a 16:00 horas, pero la bomba no se hizo detonar hasta las 17:29. La explosión entusiasmó sobremanera a los espectadores que se encontraban a una distancia de 15 Km.; vieron un hongo atómico de casi 12 m. de alto y el destello de una explosión que aún se podía apreciar a 300 Km. de distancia.

La bomba, con una fuerza explosiva de unas 20000 t de trinitrotolueno (TNT) fundió el suelo de arena en tomo a la torre convirtiéndolo en una costra cristalina y la propia torre dejó de existir, pues en su lugar se abrió un agujero de 3 m de profundidad y 300 m de anchura. Sin embargo, los resultados de ese primer ensayo permanecieron bajo secreto militar; la opinión pública no se enteró de nada.

«Able» marcó el comienzo de la guerra fría

El nombre de la primera bomba atómica estadounidense que detonó en el Pacífico Sur era «Able». Fue lanzada desde un avión el 30 de junio de 1946 y explotó sobre el atolón de Bikini, que pertenece a las islas Marshall. Able tenía una energía explosiva de 23 kt (kilotoneladas, unidad de masa que se emplea para indicar la dimensión de armas nucleares) e inició una serie de ensayos atómicos que se extendería a lo largo de los siguientes doce años, en el curso de los cuales se hizo explotar un total de 23 bombas atómicas y 67 cargas nucleares.

El Pentágono definió esta primera bomba diciendo que tenía 7000 veces más energía explosiva que la que se lanzó sobre Hiroshima. Aparte de los daños irreparables que produjo en la isla, esta bomba de 1946 inició la guerra fría, haciendo pedazos definitivamente la relación entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Comenzó por ambas partes una carrera armamentística que no concluiría hasta la caída del Muro de Berlín en 1989; mientras perduró, puso al mundo al borde de la catástrofe nuclear en varias ocasiones.

Trinitrotolueno
En relación con la capacidad explosiva de las bombas atómicas se dice siempre que tienen la fuerza de x miles de toneladas de TNT. El TNT es fundamentalmente un explosiva militar con una velocidad de detonación de 6900 m/seg; una bomba como la primera de ensayo que se lanzó en el desierto con 20000 toneladas de TNT tiene por tanto una velocidad de detonación de 13 800 km/seq. Pera el TNT también tiene aplicaciones civiles, ya que se trata de un explosivo relativamente seguro y sólo se puede pro vacar su detonación con fulminante.

Por el bien de la humanidad
Los norteamericanos habían elegido las islas Marshall para sus experimentos porque se encontraban lo suficientemente lejos de Estados Unidos como para no desencadenar protesta alguna entre la población norteamericana. Con todo, la llegada de militares, científicos y expertos se asemejó a una invasión. Se desplazaron hasta allí unos 42.000 estadounidenses que querían estudiar de cerca y con tranquilidad el nuevo juguete, que hasta el momento solo se había empleado dos veces.

En la patria, tanto el gobierno como la prensa exigían una perfecta documentación; y se les iba a proporcionar en torno al atolón se colocaron en posición mas de 600 cámaras. Se hizo volar incluso aviones no tripulados en el interior del hongo atómico. En beneficio de la investigación, durante los doce años se mantuvo a unos 5000 animales, entre cabras, cerdos y ratas, en barcos anclados ante la isla. Se quería ver cómo se pulverizaban, carbonizaban, calcinaban, se partían en pedazos o se consumían con horribles padecimientos, para comprobar el efecto del baby, que el físico Edward Teller (1908-2003) consideraba como propio. El eslogan empleado debía justificarlos eternamente: For the good of mankind («por el bien de la humanidad»).

Las consecuencias de los ensayos
En los años siguientes, los ensayos atómicos fueron documentados de modo desacostumbrado y con un extraordinario detallismo. Sin embargo, siempre se postergaba su realización para cuando el viento soplara hacia el oeste, pues se quería impedir que el polvillo radioactivo fuera impelido hacia Las Vegas o Los Ángeles. No obstante, con el curso de los años, se formaron lo que se llamó hot spots o lugares sobrecargados radiactivamente por todo Estados Unidos, alcanzando incluso Nueva York. Uno de los lugares que más ha sufrido con las explosiones y sus consecuencias es la ciudad mormona de St. George, en el estado de Utah.

Muchos testigos siguen contando que de niños veían rayos y hongos atómicos elevándose en el cielo. También cuentan como muchos de sus compañeros enfermaron de leucemia. Para cuando el gobierno se dio cuenta de que había una relación directa entre las muertes por cáncer y los ensayos atómicos, era ya demasiado tarde. Desde 1988 el gobierno ofrece 50.000 dólares estadounidenses por cada uno de los muertos de cáncer, una suma que muchos ciudadanos rechazan por considerarla un precio de sangre.

Los soldados estacionados en Nevada se encontraban casi siempre a no más de 3 Km. de distancia de los lugares de explosión. Pues aunque la Comisión para la Energía Atómica había prescrito 11 Km., la dirección militar elegía la distancia más corta y también enviaba a los soldados al centro de la explosión al cabo de 45 minutos para endurecerlos de cara a los daños atómicos. 380 000 soldados tuvieron que tomar parte en el ensayo y muchos murieron de cáncer.

Jonathan Parfrey, de la organización Médicos por la Responsabilidad Social de Los Angeles, habló de 11.000 muertos de cáncer a causa de los ensayos atómicos, y entre 100 000 y 150 000 personas que enfermaron gravemente, así como de 120 000 casos de cáncer de tiroides debidos a la liberación de yodo 131 radioactivo.

Ensayos con mini-bombas
Tanto el país como la gente de Estados Unidos siguen sufriendo las consecuencias de la pesadilla nuclear de 1945. Las secuelas tardías de determinados cánceres siguen apareciendo en los cientos de observadores, soldados y cámaras civiles que se prodigaron alrededor de los lugares de las explosiones. Sin embargo, parece ser que pronto habrá de nuevo ensayos.

En 2003, el senado votó una ley para el desarrollo y ensayo de mini-bombas nucleares, como las llama el gobierno de George W. Bush, y con ello dio luz verde a nuevos ensayos nucleares en Nevada.

Pero también Rusia vuelve a trabajar en el desarrollo de armas atómicas, que según el jefe de Estado Vladimir Putin (imagen) son la garantía más importante de una paz duradera mediante el equilibrio estratégico de fuerzas.

Los habitantes del atolón tuvieron que marcharse
Como es natural, hubo que vaciar de habitantes las islas del atolón en las que iban a tener lugar los ensayos. Su población fue trasladada a otras islas, pero aquella gente sigue soñando todavía con que les permitan regresar a su hogar. Eso constituyó y sigue constituyendo la mayor parte de la catástrofe en sí, pues muchos pobladores de aquellas paradisíacas islas murieron y mueren a consecuencia de las secuelas de la radiación. Además, los ensayos con plutonio han contaminado también otras islas y las han convertido en inhabitables durante milenios.

Estados Unidos ha pagado hasta ahora cerca de mil millones de dólares estadounidenses a las islas Marshall en concepto de indemnizaciones.Los insulares afirman resignados que han aprendido a secarse las lágrimas con los billetes. Como es natural, con el paso de los años los habitantes de Bikini se han adaptado a la situación, pues a medida que la atención internacional se ha ido centrando en el atolón, y cuanta mayor sensibilidad general ha despertado el tema, más han aumentado las exigencias de sus pobladores, quienes entre tanto exigen de Estados Unidos indemnizaciones por hipertensión, diabetes o reuma, aunque sólo se puede establecer una relación entre el cáncer de tiroides y los ensayos nucleares.

Obtener otro tipo de desembolsos por parte de Estados Unidos resulta trabajoso, pues han pasado muchos años desde los ensayos. No hace mucho, el congreso norteamericano denegó el pago de 365 millones de dólares estadounidenses necesarios para limpiar el atolón de Bikini, o lo que es lo mismo, para retirar el suelo contaminado.

Cesio: El cesio es un elemento químico cuyo símbolo es Cs y su número atómico 55. De todos los elementos alcalinos del sistema periódico es el más radioactivo. Es el elemento más blando y también es muy dúctil. Su punto de fusión es el más bajo tras el del mercurio y reside en 28,45 °C. Su variante radiactiva,  el cesio-i37, tiene un período medio de desintegración de 30 años. Se acumula en suelos y plantas y especialmente, en determinadas variedades de setas; además es extremadamente cancerígeno.

Estados Unidos no es el único que realiza ensayos atómicos
La zona de ensayos atómicos de Kazajstán es casi tan grande como Bélgica. Entre 1949 y 1989 se hicieron explotar allí 461 bombas, 113 en la superficie y, tras la firma del tratado de prohibición de los ensayos atómicas atmosféricos en 1963,348 subterráneas. El suelo del territorio sigue actualmente contaminado con plutonio. De modo parecido al de Estados Unidos también aquí se quería utilizarlas bombas atómicas con fines pacíficos se creía que se podían aplicar para derretir glaciares o excavar galerías y túneles. De igual modo a como se hacía en Estados Unidos, se registró todo con cámaras y aparatos de medición de diferentes tipos.

También los experimentos con animales fueron como los que se habían llevado a cabo al otro lado del Telón de Acero. Cerdos, caballos, ovejas y perros fueron sometidos al rayo atómica para poder investigar sus consecuencias. La población del territorio de experimentación sigue enfermando de cáncer en la actualidad con el doble de frecuencia que la media de la población de la antigua Unión Soviética.

ESTADO CIFRAS DE ENSAYOS PERIODO DE TIEMPO
Estados Unidos10391945-1992
Unión Soviética7181949-1990
Francia1981960-1996
República Popular China451964-1996
Gran Bretaña451925-1991

Proyecto Manhattan Creacion Bomba Atomica Nuclear de Nagasaki

Proyecto Manhattan
Creación Bomba Atomica Nuclear

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: Al iniciar Hitler la campaña contra Rusia todos se equivocaron respecto al evaluar el resultado final, jamás nadie pensó que este atrasado país pudiera salir triunfante ante semejante avance de la maquinaria bélica alemana. Al mismo tiempo que satisfacía contar con un aliado inopinadamente poderoso en la lucha contra la «voracidad» de Hitler, surgía el temor de lo que supondría una Unión Soviética victoriosa. También este temor fue muy pronto voceado.

Entretanto, Albert Einstein, refugiado en Estados Unidos, había ya señalado a Roosevelt la posibilidad de que los físicos alemanes crearan armas devastadoras basadas en la desintegración del átomo y se había referido a la conveniencia de adelantarse a ellos en este terreno. Fue esta advertencia el origen del proyecto de donde iba a surgir la bomba atómica, del Proyecto Manhattan, a cuyo frente, en setiembre de 1942, se puso al general Lesiie Graves.

Y este mismo general Graves, en las audiencias que se celebraron en 1954, cuando el maccarthysmo y la «guerra fría» lo dominaban todo, para juzgar la conducta de! eminente físico norteamericano  Robert Oppenheimer —quien finalmente seria arrinconado como un «riesgo para la seguridad» de Estados Unidos—, prestó el siguiente testimonio: «Creo que es importante declarar —aunque lo estimo bien sabido— que, en ningún momento a partir de unas dos semanas desde que me hice cargo del proyecto, me hice la menor ilusión y que, al contrario,  en Rusia al enemigo y orienté el proyecto sobre esta base.

No estaba de acuerdo con la actitud de todo el país de que Rusia era un valiente aliado. Siempre tuvo sospechas y dirigí sobre esta base el proyecto».

Esto se pensaba en setiembre de 1942, cuando estaba en pleno desarrollo la terrible batalla de Stalingrado! En agosto de 1945, desde luego, eran ya muchas las mentalidades de tipo Groves en las altas esferas civiles y militares de Estados Unidos. Incluida, según todas las apariencias, la del mismo Truman. A quien correspondió la atroz decisión de destruir sin aviso previo las ciudades de Hiroshima y Nagasaki con las dos únicas bombas «A» entonces disponibles.

EL PROYECTO MANHATTAN: El lanzamiento de las dos bombas atómicas sobre Japón en agosto de 1945 dará lugar a una larga controversia ¿La decisión norteamericana de aniquilar las ciudades de Hiroshima y Nagasaki respondía a un objetivo exclusivamente militar o tenía también aspectos políticos y diplomáticos? Para algunos investigadores se podía alcanzar la rendición japonesa por medio de un bloqueo extremo o por medio de la vía diplomática.

La conducta fanática de los aviadores suicidas japoneses era más bien una manifestación de debilidad e impotencia de la resistencia frente a la superioridad de recursos de los Estados Unidos …los submarinos norteamericanos habían cortado los abastecimientos y en marzo de 1945 un raid aéreo sobre Tokio demostró eficazmente esta superioridad norteamericana.

El punto de inicio del plan  fueron las positivas experiencias que había realizado Enrico Fermi y su equipo. El físico italiano estaba contratado por la Universidad de Chicago, lugar en que continuó con los ensayos sobre la reacción en cadena. Ahora tenía a su favor, luego del descubrimiento del Neptunio y el Plutonio -llamados así por ser los planetas que siguen a Urano en el Sistema Solar- el que a partir del Uranio 235 o del mismo Plutonio, era posible fabricar la bomba.

 Así también, y luego de meses de estudio, se llegó a determinar que con el grafito era posible reemplazar el efecto «amortiguador» que sobre los neutrones en proceso de bombardeo constituía el «agua pesada». El problema era que tanto el uranio como el grafito se necesitaban por toneladas, con el objeto de purificarlos y llegar a obtener una pila atómica, etapa previa a la bomba, pues era la que debía almacenar la energía obtenida, para posteriormente colocarla en el artefacto que haría explosión.

El 2 de diciembre de 1942, la humanidad vivió, sin saberlo en ese momento, un minuto cumbre en su historia, al producirse masivamente la primera reacción atómica en cadena, lo que se logró en una construcción de dimensiones no mayores a los cuatro metros cuadrados, hecha con ladrillos de grafito y uranio. Fueron 17 minutos los que estuvo en actividad esa primera vez, liberando miles de millones de neutrones por segundo, tormenta nuclear que, de no haberse seguido las más estrictas medidas de seguridad y ante el menor error, pudo haber volado un amplio sector de la ciudad.

La pila definitiva, de nueve metros de largo por seis de alto, fue terminada a fines del mismo mes. Estaba constituida por más de cuarenta mil ladrillos de grafito, dentro de los cuales se ponía el uranio en forma metálica en los bloques que conformaban el interior y en estado de óxido hacia el exterior.

La tarea fue coronada por el éxito, al tenerse absolutamente controlada la extraordinaria reacción que se produjo. En el intertanto, ya se había determinado el lugar en que se fabricaría la bomba atómica. El sitio elegido fue Los Álamos, un desolado paraje al interior del estado de Nuevo México, y la dirección científica se entregó a Julius Robert Oppenheimer, un físico norteamericano que contaba con 38 años de edad.

«Oppy», como se le llamaba familiarmente, era un superdotado. Su título de físico lo había obtenido en menos tiempo del determinado por la Universidad de Harvard, doctorándose más tarde en la misma Harvard y en la cátedra de filosofía en las universidades de Gottenborg y Zurich. Desde niño había demostrado sus brillantes cualidades, como que cuando tenía 12 años leía a Virgilio, a Julio César y a Horacio ¡en latín! y escribía poemas en francés, demostrando una especial aptitud para aprender idiomas, de los que llegó a dominar nueve, incluido el esperanto.

Muchos años después, en 1959, Oppenheimer, a raíz de la obtención en 1949 de la bomba de hidrógeno por parte de la Unión Soviética proceso en el que se sostuvo que habían tenido participación científicos estadounidenses, mediante la entrega de información secreta- fue destituido de todos sus cargos, poniéndose en duda hasta su condición de patriota. En 1963, el Presidente Lyndon Johnson lo rehabilitaría, al concederle el Premio Enrico Fermi.

Una caravana interminable de científicos, técnicos, auxiliares y personal de seguridad, comenzó a llegar, en marzo de 1943. a Los Alamos. Los hombres de ciencia más insignes del hemisferio occidental, con la excepción de Einstein, vivieron durante dos años en los barracones de lo que anteriormente había sido una escuela.

La actividad que allí se desarrollaba era extenuante. A las siete de la mañana un toque de sirena señalaba el comienzo de la jornada, la que se interrumpía por una hora al mediodía, y continuaba hasta que se apagaban las luces en los laboratorios de ensayo, habitualmente después de doce o catorce horas de labor. Los resultados que iban obteniendo los diferentes equipos eran llevados a Oppenheimer, quien los confrontaba en compañía del General Leslie Groves, responsable administrativo y de la seguridad del Proyecto. Los equipos de investigadores sólo sabían de sus propias experiencias, en una medida destinada a preservar el secreto de los avances globales.

El F.B.I. tenía instalado un servicio de contraespionaje que controlaba cada paso que daban los científicos y la correspondencia estaba bajo censura. Las llamadas telefónicas eran escuchadas por un agente y grabadas para su revisión posterior. Nadie podía aventurarse fuera del campamento sin autorización, ni menos alguien extraño ingresar a las instalaciones.

Se pensaba, no sin razón, que todo estaba absolutamente vigilado. No obstante, pese a todas las precauciones, sólo en 1950 se descubrió una filtración. El físico Klaus Fuchs, varias veces, había tomado contacto con el espía pro soviético Harry Gold, a quien le había pasado información ultra secreta. El juicio a que dio lugar esta traición, involucró al propio Oppenheimer, como vimos anteriormente.

El número de los habitantes de la ex-escuela creció hasta convertirla en un poblado y luego en una pequeña ciudad. Los sesenta iniciales llegaron a dos mil a mediados de año, subiendo a tres mil quinientos al finalizar diciembre. En 1944 la cantidad llegó a 6.000 y, como era obvio, las universidades norteamericanas se vieron despobladas. Todos las mentes científicas de los Estados Unidos estaban trabajando en el proyecto «Manhattan».

En julio de 1945, el General Groves informó al alto mando del ejército que se tenía lista una bomba, y en sus últimos detalles otras dos, por lo que recibió la autorización para someterla a prueba, la que fue fijada para la madrugada del día 16.

Una caravana de camiones enfiló hacia el desierto. En uno de ellos era transportado el artefacto. Los vehículos se detuvieron luego de recorrer 320 kilómetros, en un sitio conocido como Alamogordo. Los ingenieros montaron una torre metálica de seis metros de altura, donde fue colgada la bomba. Los puestos de observación y control se habían colocado a diez, quince y veinte kilómetros del punto cero.

La cuenta regresiva comenzó. Eran dos años de ardua y constante investigación, pero no todos estaban tranquilos. Temían que algún imponderable pudiera derivarse, con consecuencias imprevisibles.

A las 05,29 horas del 16 de julio explosionó. Ninguno de los observadores, de acuerdo a las instrucciones recibidas, miró directamente, pese a que se encontraban con anteojos oscuros. Pasados un par de segundos, los más audaces se atrevieron. Un globo crepitante de fuego ascendía, como si quisiera tragarse el cielo.

El testimonio del periodista William Laurence, destacado por The New York Times, bajo juramento de no revelar el secreto, es sobre-cogedor: «Fue como el gran final de una poderosa sinfonía de los elementos: fascinante y aterradora. Amenazadora, devastadora, plena de grandes promesas y grandes amenazas. En aquel momento comprendimos la eternidad. El tiempo se detuvo. Fue como si la tierra se hubiese abierto y el cielo se hubiera desgarrado.»

El presidente Harry Truman (imagen) justificó el empleo de la mortífera nueva arma como un medio de acortar la guerra y reducir las bajas. El arma nuclear fue desarrollada únicamente para ganar la guerra y con este propósito sumó la terrible resolución de utilizarla. Pero otros investigadores han señalado que tal demostración de poderío norteamericano no era necesario derrotar al Japón.

La “diplomacia atómica” de Truman perseguía la evidente finalidad de intimidar a Stalin aumentar su poder de negociación en los acuerdos de paz de postguerra en relación a la Unión Soviética. Con la bomba atómica, Estados Unidos restaba importancia a la intervención soviética contra Japón.

Litley Boy Lanzada sobre Hiroshima el 6-08-1945
Litley Boy Lanzada sobre Hiroshima el 9-08-1945

Se temía el avance soviético en Manchuria, Corea y otros territorios ocupados por los japoneses durante la guerra. De hecho, Japón estaba negociando la mediación de la U.R.S.S. La “extorsión atómica” tuvo como fin frenar las ambiciones o exigencias post-bélicas soviéticas. Además Estados Unidos tenía que justificar la costosa inversión que significó el desarrollo del Proyecto Manhattan (nombre que recibió el plan secreto de investigación y construcción de la primera bomba, del que participaron físicos, científicos, técnicos y militares, que en la mayoría de los casos ignoraban la finalidad de sus trabajos) y medir los resultados del arma atómica.

El 15 de Agosto de 1945, seis días después del bombardeo de Nagasaki, Japón se rendía de forma incondicional. El anuncio del fin de la guerra lo hizo el propio emperador a través de la radio; era la primera vez en la historia que los japoneses oían la voz de su emperador. Con ese comunicado, el emperador renunciaba a su condición de divinidad.

ALGO MAS…

Por el bando de los aliados, fue realmente una carta la que dio el punto de partida a las experiencias para obtener una bomba atómica. Albert Einstein, -el eminente sabio alemán que había recibido la ciudadanía norteamericana, al llegar a Estados Unidos en 1939, luego de alejarse de Europa al hacerse firme en su patria el régimen nacista-escribió las siguientes impresiones al Presidente Franklin Delano Roosevelt; «El Uranio puede ser utilizado en un futuro próximo como una fuente nueva e importantísima de energía».

Le detallaba a continuación las experiencias que estaba realizando Enrico Fermi, quien había emigrado a Norteamérica en 1938, luego de recibir ese mismo año el Premio Nobel de Física, y le exponía a la vez los temores que lo embargaban, pues tenía conocimiento de que los alemanes, al parecer, también estaban desarrollando proyectos apuntados a la obtención de un arma nuclear. Einstein concluía su carta así: «La bomba atómica que podría ser fabricada y transportada por un buque a un puerto enemigo, no sólo destruiría ese puerto, sino además devastaría todos los terrenos adyacentes».

La misiva le fue entregada personalmente a Roosevelt, por el economista Alexander Sachs, en octubre de 1939, expresándole :

-Señor Presidente, en esta carta hay algunas ideas que pueden cambiar el destino del mundo.

El mandatario estadounidense comprendió la trascendencia de lo que le manifestaba Einstein, y ordenó se le propusiera un plan de acción para materializar la fabricación de la bomba, plan que fue llamado «Proyecto Manhattan».
La carrera tuvo una fecha de inicio casi simultánea en el III Reich, pero allí tuvo diferentes obstáculos que frenaron su desarrollo, no pudiendo, afortunadamente, llegar a tiempo a la meta.

Biografia de Fidel Castro Lider Revolucionario Cubano Gobierno

Biografia de Fidel Castro el Revolucionario Cubano

Castro, Fidel (1927-2016 ), político cubano, principal dirigente de Cuba desde 1959. Castro nació el 13 de agosto de 1927 en Mayarí; era hijo natural de un inmigrante español, plantador de azúcar. Se afilió al Partido del Pueblo Cubano en 1947, y se doctoró en leyes por la Universidad de La Habana en 1950.

biografia de fidel castro

Provenía de una familia acomodada, ya que su padre era un rico propietario español. Lógico pues que estudiara, primero en un colegio de jesuítas en Santiago de Cuba y finalmente accediera a la Universidad de La Habana, cursando estudios de derecho.

En esta etapa universitaria, Fidel  llevaba una vida política agitada conectando con otros estudiantes y discutiendo sobre la situación general en Latinoamérica. En aquellos momentos en que la gendarmería de los Estados Unidos era patente, parecía que en América sólo pudiera existir o dictadura o un régimen de parlamentarismo burgués, que jalonaban de vez en cuando los intermedios entre los diferentes golpes.

Los intereses americanos eran básicamente los que estaban en cada momento detrás de todos estos pronunciamientos. En esta situación, Fidel decidió marchar a Santo Domingo, donde la dictadura de Trujillo era ya trágicamente famosa. Por entonces en Cuba el régimen parlamentario de Prío Socarras era un claro ejemplo de la opinión democrático-liberal en América Latina.

Acusado en Santo Domingo de conspirar contra Trujillo, Fidel marchó a México, para volver finalmente a Cuba, donde reingresó en la universidad.

Afiliado al partido ortodoxo, cuyo lema «vergüenza contra dinero», explica el tipo de moralismo que propugnaba y que de alguna manera influyó en Fidel.

Su imagen empezó a ser conocida en los medios universitarios, donde era frecuente encontrarle rodeado de múltiples compañeros, en los que, el magnetismo de Fidel empezaba a hacer mella.

Sin embargo el elemento detonador de toda esta actividad política fue, sin duda, el golpe de estado de Fulgencio Batista, que ocupaba un alto cargo militar en el régimen de Prío, el 10 de marzo de 1952.

fidel castro y amigos

Fidel Castro, su hermano Raúl y Juan Manuel Márquez en la época en que preparaban desde Méjico una expedición a Cuba.

La consigna fue inmediata: había que ir a la universidad ya que allí se estaba preparando una respuesta. En efecto se organizaron manifestaciones de protesta, que fueron duramente reprimidas, al tiempo que se denunciaba el claro carácter regresivo de la conspiración.

Fidel («en aquella época andaba siempre con un libro de Lenin bajo el brazo») desplegó una gran actividad, ya había abandonado el partido ortodoxo y se dedicó a crear un núcleo de oposición al régimen.

Con él ya estaban Juan Almeida, José Ponce, Ciro Redondo, Pepe Suárez… Consciente de que la única solución eran las medidas radicales, Fidel organizó sesiones de entrenamiento en el manejo de las armas (del par de pistolas que poseían).

Fidel hablaba entonces de la necesidad de que la juventud diese una respuesta. La juventud era para él las fuerzas vivas que no estaban comprometidas con el pasado. Un pasado, el de Prío, que ni mucho menos había satisfecho las mínimas aspiraciones.

Los entrenamientos y las discusiones fraguaban lo que sería la primera gran acción revolucionaria en esta época cubana: el asalto al cuartel de Moneada. El respeto por esta fecha y lo que representó es enorme en Cuba.

El 26 de julio es fiesta nacional, ya que ese día se conmemora el asalto. En efecto el 26 de julio de 1953 se inicia el ataque cuidadosamente planeado, al cuartel de Moneada en Santiago de Cuba. La idea es provocar la chispa que llevará a la insurrección.

Unos cien jóvenes, dirigidos por Fidel atacan el cuartel, divididos en tres columnas, mandadas por Abel Santamaría, Raúl Castro, hermano de Fidel, y él mismo. «Fidel, antes de salir para allá, les habló a los compañeros del momento histórico… Tú sabes cómo es Fidel hablando. Yo no me acuerdo bien; pero sí recuerdo que uno de los párrafos que dijo fue que aquél era un momento histórico que íbamos a vivir, que la historia siempre recordaría a los compañeros, y que nos íbamos a ganar un lugar bien merecido en el libro de la historia» (Juan Almeida).

El asalto fracasó y causó numerosas bajas, no tanto por los enfrentamientos en sí, como por la bárbara represión que las tropas de Batista ejercieron sobre los responsables y sobre la población civil. De todas formas allí había nacido la forma de lucha y todo el movimiento insurreccional.

fidel castro: asalto cuartel de moncada

Después de que Fulgencio Batista se hiciera con el control del gobierno cubano en 1952 y estableciera una dictadura en el país, Castro se convirtió en el líder del grupo Movimiento, facción antigubernamental clandestina cuyas acciones culminaron con el asalto al cuartel de Moncada (en Santiago) el día 26 de junio de 1953, hecho por el cual fue encarcelado.

Fidel fue encarcelado, en el juicio se hizo cargo de su propia defensa, cuyo alegato se convirtió en un discurso (La historia me absolverá), que más tarde se convertiría en una importante consigna política para los revolucionarios.

Condenado a 15 años de prisión, fue amnistiado en 1955, y se exilió sucesivamente en Estados Unidos y México, donde fundó el Movimiento 26 de Julio. En 1956 regresó a Cuba con una fuerza de 82 hombres, de los cuales 70 murieron en combate nada más al desembarcar. Castro, su hermano Raúl y Ernesto Che Guevara, se encontraban entre los 12 supervivientes.

El Movimiento 26 de Julio fue ganando apoyo popular, principalmente en los ámbitos estudiantiles (Directorio 13 de Marzo), y en diciembre de 1958, con respaldo del Partido Popular Socialista, avanzó hacia La Habana, acto que pondría colofón a la Revolución Cubana.

Castro se declaró a sí mismo primer ministro en febrero de 1959, cargo que ostentó hasta 1976, en que asumió la presidencia del Consejo de Estado, que según la reforma constitucional de ese año englobaba la jefatura del Estado y del gobierno.

Fracasado su intento de establecer relaciones diplomáticas o comerciales con Estados Unidos, negoció acuerdos sobre armamento, créditos y alimentos con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y llevó a cabo la depuración de sus rivales políticos.

Nacionalizó los recursos cubanos, afrontó una profunda reforma agraria basada en la colectivización de propiedades y estableció un Estado socialista de partido único (el Partido Unido de la Revolución Socialista, que en 1965 pasaría a denominarse Partido Comunista Cubano y cuya secretaría general asumiría Castro), que llevó a un gran número de cubanos ricos al exilio.

Estados Unidos vio con disgusto cómo el nuevo régimen embargaba las empresas de titularidad estadounidense, y en 1960 anuló los acuerdos comerciales que mantenía, a lo que Castro respondió con la primera Declaración de La Habana, reafirmando la soberanía cubana frente al imperialismo estadounidense.

En 1961 Estados Unidos respaldó a un grupo de exiliados cubanos, en un infructuoso intento por derrocarlo, en el conocido como desembarco de bahía de Cochinos.

Desde ese momento Castro se alineó abiertamente con la URSS, dependiendo cada vez más de su ayuda económica y militar. En 1962 estuvo a punto de producirse una guerra nuclear, cuando la URSS situó en Cuba cabezas nucleares de alcance medio, ante la oposición estadounidense.

La llamada crisis de los misiles de Cuba concluyó tras la celebración de negociaciones entre el presidente estadounidense, John Fitzgerald Kennedy, y el máximo dirigente soviético, Nikita Kruschov.

Durante las siguientes décadas, Castro alcanzó gran reconocimiento en el Tercer Mundo, gracias a su liderazgo del Movimiento de Países No Alineados (que presidió entre 1979 y 1981).

A finales de la década de 1980, cuando la URSS inició sus procesos de glasnost (apertura) y perestroika (reestructuración), Castro mantuvo su régimen.

fidel castro derroca a batista

La noticia de la huida de Batista aparece en las primeras planas de los periódicos de La Habana. Poco después Fidel Castro es recibido triunfalmente en la capital de Cuba.

Sin embargo, con el inicio del proceso de desintegración de la URSS y del COMECON (Consejo de Ayuda Mutua Económica) en 1990, los problemas económicos de Cuba empeoraron.

En 1993, en un intento por alcanzar una economía mixta, Castro aprobó reformas económicas limitadas que legalizaron algunas empresas privadas.

Si por algo ha sobresalido Cuba en los últimos años es por subsistir a la enorme presión internacional, anticomunista y a favor de una clara democracia.

El régimen cubano, junto al gobierno de China, Corea del Norte y Vietnam, son los únicos ejemplos de comunismo vivos en el mundo de hoy. Fidel Castro ha seguido siempre fiel a sus ideas y ha tachado más de una vez al sistema capitalista de otros países de hipócritas y extorsionadores.

También ha declarado reiteradamente que en Cuba sí que existe una democracia aunque esta siga un modelo distinto al convencional.

 La sociedad cubana está permanece en completo silencio político, ya que cualquier disidente es encarcelado por el gobierno de Castro.

Entre este problema de libertad de expresión y pensamiento, otro de los mayores problemas de la sociedad cubana de los últimos años, y que ha sido noticia gracias a la aventura internacional del pequeño niño balsero Elián González, es el problema de la emigración de cubanos anticastristas a las costas de Florida, propiciada por leyes como la llamada ley de Ajuste Cubano que permite a todo emigrante cubano recibir derecho de residencia en estados unidos siempre que alcance tierra estadounidense.

Medidas como estas aumentaron el alcance del éxodo de familias cubanas a Estados Unidos de manera precaria e ilegal.

Dando lugar a mayores discusiones entre los gobiernos de ambos países, y altercados fomentados por la oposición al régimen tanto de dentro como de fuera de la isla los cuales son descritos por castro como instrumentos de la política estadounidense contra el pueblo cubano.

Con respecto a su sucesión presidencial, hoy a casi 80 años de edad cuando se le pregunta por este tema el responde así: “Cuando un carácter rebelde me llevó al arriesgado oficio de luchador revolucionario que nadie me impuso, sabía también que era poco probable que sobreviviera mucho tiempo. No era Jefe de Estado y sí un hombre muy común. No heredé cargo alguno ni soy Rey, no necesito por tanto preparar sucesor, (…) nunca sería para evitar el trauma de una transición caótica. (…) La transición de un sistema social a otro se viene haciendo desde hace más de cuarenta años.”

fidel castro con nikita krushev

Fidel Castro, invitado en Moscú para la fiesta del 1º de mayo de 1963, preside un desfile junto con Jruschov y otras personalidades rusas.

ALGO MAS SOBRE FIDEL CASTRO:

Opositor acérrimo a la hegemonía de Estados Unidos en el continente americano, Fidel Castro impulsó y financió muchos movimientos revolucionarios, por su Cuba natal.

LA LUCHA CONTRA LA DICTADURA DE BATISTA: Desde el comienzo, Fidel Castro fue un abierto opositor a Batista, al punto que abandonó su trabajo y formó un grupo clandestino de resistencia junto con su hermano Raúl y Mario Chanes.

Unidos complotaron para derrocar a Batista, acumulando armas y municiones para iniciar una revuelta popular, comenzando por í asalto al Cuartel Moneada el 26 de julio de 1953.

Sin embargo, la intentona fue un desastre y cerca de 35 de los partidarios de Castro murieron en la incursión. Perseguido como enemigo del Estado, fue capturado por la policía y sometido a juicio por sedición.

Haciendo gala de su oratoria y sus conocimientos jurídicos, Castro articuló su propia defensa ante el tribunal y antes de concluí; sus argumentos dijo: «¡Les advierto cu; recién estoy empezando! Si todavía existe en sus corazones un vestigio de amor a la patria, amor por la humanidad, amor por la justicia, escuchen atentamente… Sé bien que el actual régimen intentará esconder la verdad de todas las maneras posibles (…), pero mi voz no ha sido acallada todavía. Condénenme. No importa. La historia me absolverá». Estas frases pasarían a la posteridad y ayudarían a construir la leyenda de Fidel como un rebelde comprometido con la libertad de su país. Sin embargo, el tribunal lo condenó a quince años de prisión en la penitenciaría de la Isla de Pinos, cercana a la costa sudoccidental de Cuba.

BAHÍA DE COCHINOS Y LA CRISIS DE LOS MISILES
Durante meses, la central de inteligencia estadounidense CIA planificó una invasión a Cuba con cerca de 1.500 cubanos exiliados que habían sido entrenados por el ejército norteamericano en Guatemala, Puerto Rico y Nicaragua. Bajo el mando de José San Román y Ernesto Oliva, el 15 de abril de 1962, mediante una operación anfibia y aérea, fueron bombardeados los aeropuertos militares de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba por aviones norteamericanos camuflados con los colores de la Fuerza Aérea cubana. La invasión comenzó según lo pronosticado, pero la falta de apoyo aéreo por parte de los norteamericanos a las fuerzas de infantería que desembarcaban en la playa, hizo que la invasión fracasara estrepitosamente y permitió que Castro pudiese legitimarse ante la comunidad internacional.

Sin embargo, durante el lapso de ese mismo año, Cuba volvería a estar en la palestra, pero esta vez en medio de una posible conflagración entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. El 16 de octubre de 1962, un avión espía U-2 de la Fuerza Aérea norteamericana identificó una serie de instalaciones militares cubanas que luego resultaron ser plataformas de misiles nucleares soviéticos, instalados en la isla con permiso de Castro.

Frente a una amenaza atómica a 90 kilómetros de la costa estadounidense, el gobierno de John Kennedy decretó un bloqueo marítimo alrededor de la isla, como medida de presión tanto contra los cubanos como los soviéticos.

Durante trece días, el ambiente se tensionó de tal modo que se pensó que en cualquier momento estallaría una guerra nuclear entre Estados Unidos y la U.R.S.S. Sin embargo, el conflicto fue disminuyendo poco a poco y se solucionó mediante el retiro simultáneo de las instalaciones soviéticas en Cuba y las plataformas de misiles de mediano alcance que los norteamericanos tenían en Turquía.

Fuente: Biografía Enviada Como Colaboración a Planeta Sedna (historiaybiografias.com) Por Ruiz Castro

Revoluciones Burguesas Resumen Conquistas de las Burguesia Luchas

Revoluciones Burguesas : Resumen de las Conquistas

La Comuna de ParísRevoluciones LiberalesEl CartismoRevolución de 1830

Después de la Revolución Industrial, que comenzó en Inglaterra a mediados del siglo XVIII, poco a poco la industria se convirtió en la actividad económica más importante no sólo en la sociedad inglesa, sino también en otras regiones de Europa. Este proceso fue la primera fase de la industrialización en el continente europeo, y se extendió hasta aproximadamente 1840, cuando se produjo la primera crisis del capitalismo.

LA ORGANIZACIÓN DE LA ECONOMÍA

La actividad industrial durante esta primera fase se caracterizaba lo siguiente:

  • Si bien la máquina a vapor fue un gran invento y avance como energía para el movimiento de las máquinas, su aplicación no fue en forma inmediata en todos los rubros de la industria, y estaba dedicada prácticamente a la actividad textil y justamente por ello en la primera fase de la Revolución Industrial, los viejos sistemas de trabajo a domicilio o la actividad artesanal convivieron con las fábricas.
  • Se estableció una división internacional del trabajo, debido a que distintas regiones del planeta se especializaron en una actividad ad determinada. En el siglo XIX algunos países de América del Sur, Central y África, se especializaron como productores de materias primas , y otros países como Inglaterra y Francia fueron productores de manufacturas, debido a su industria y tecnología.
  • Dentro de Europa, no todos los países evolucionaron y crecieron de la misma manera y tiempo, es decir el desarrollo industrial fue desigual.

Inglaterra fue la pionera en la industrialización, que comenzó aproximadamente a mediados del siglo XVIII, y luego de varios años le siguió Francia (siglo XIX). Otros países como Alemania e Italia debido a que estaban en otros procesos políticos como la unificación, la industrialización tuvo que esperar hasta los primeros años años del siglo XX. España casi no tuvo desarrollo industrial.

LA ORGANIZACIÓN DE LA SOCIEDAD

La sociedad europea —especialmente la inglesa— también cambió notablemente como consecuencia de la Revolución Industrial.

  • Debido al desplazamiento de la gente del campo, la población urbana superó en número a los campesinos, en cambio en donde no hubo industrialización se mantuvo la mayoría de campesinos sobre la urbana.
  • Debido a que la actividad industrial generaba grandes ganancias, muchos propietarios rurales y gente de la aristocracia comenzó a invertir en la industria y comercio. La riqueza de la burguesía hizo que esta clase social se relacionara con la antigua aristocracia y compartieran negocios.
  • La burguesía se consolidó como una nueva clase social, con mucho poder económico y con grandes intensiones de participar en la actividad política. Este proceso fue más rápido sobre todo en Inglaterra, mientras que el desarrollo de la burguesía industrial fue más lento en los otros países europeos.
  • También nació un nuevo tipo de clase social, conocida como proletariado que creció conjuntamente con el crecimiento de la actividad industrial. A medida que su número aumentaba, también aumentaba su importancia en la sociedad y política.

PRIMERA CRISIS DEL CAPITALISMO

Debido al fuerte crecimiento de la producción, llegó un momento , entre 1830 y 1840, en que se produjo mas artículos textiles de lo que se podía vender, es decir había mas oferta que demanda, por lo que se generó una crisis en la economía capitalista y se reflejó rápidamente en una caída del crecimiento económico.

Al disminuir las ventas, y consecuentemente las ganancias de los industriales, estos disminuyeron las horas laborales, se despidieron obreros o directamente cerraron sus puertas. Para peor de los males , en el campo por esa misma época se perdieron cuantiosas cosechas y los precios de los alimentos se elevaron.

Los mas perjudicados fueron los asalariados que veían como sus sueldos no le alcanzaban para vivir , a veces , ni siquiera miserablemente, creándose un descontento popular que se extendió por toda Europa y originó movimientos de protesta y rebeliones.

LA RESTAURACIÓN DEL ABSOLUTISMO

Luego de la derrota definitiva de Napoleón en 1815, en el Congreso de Viena, mediante el Tratado de la Santa Alianza, los líderes políticos de los países mas fuertes, lograron reestablecer las monarquías absolutas en sus tronos, y además el clero y la aristocracia recuperaron alguno de sus privilegios feudales. La burguesía no aceptó para nada perder las ventajas de vivir bajo la defensa de sus derechos naturales como la libertad, igualdad que habían aprendido y conseguido a partir de la Revolución Francesa, y que las campañas de Napoleón habían difundido por todo el continente Europeo.

LA REACCIÓN DE LA BURGUESÍA LIBERAL

Desde su origen las ideas del liberalismo político había unido fuertemente a la burguesía para luchar contra el autoritarismo del absolutismo y en defensa de sus ideales que tan bien se encajaban en su estilo de vida y trabajo.

Su derechos civiles y políticos serian defendidos hasta las últimas consecuencias, que en el plano político una de las ideas mas importantes fue el establecimiento de una ley de leyes o constitución que obligaran por igual a gobernados y gobernantes, y que protegieran los derechos naturales como la propiedad privada, el derecho a la vida y la igualdad ante la ley, y por otro lado que limitara el poder de rey. Y éste fue el principal objetivo de los movimientos revolucionarios que encabezó la burguesía en diferentes países europeos entre 1820 y 1848.

Por la lucha de implantación definitiva de una Constitución que garantizaran las libertades de expresión, de asociación, de reunión, separaran los poderes de gobierno, para evitar la posibilidad de una tiranía, y el derecho al voto para aquellas personas que cumplieran ciertos requisitos, en 1830, burgueses, estudiantes, guardias nacionales y obreros tomaron la ciudad de Paris al grito de «Libertad, Libertad,…».

LA BURGUESÍA FRENTE A LA POBREZA

La alta burguesía europea, cada día más poderosa y rica, con el poder político ya firmemente asido, veía con inquietud cómo alrededor de las ciudades industriales iba surgiendo una masa proletaria , también cada día más espantosamente pobre. Necesitaba, por tanto, una doctrina que explicase este hecho como inevitable y, en consecuencia, sirviese para tranquilizar su propia inquietud.

Tal doctrina la encontró en dos pensadores ingleses, Adam Smith (1723-1790) y Thomas R. Malthus (1766-1834), que pasaron así a ser los pilares ideológicos del liberalismo económico.

Smith pensaba que todo el sistema económico debía estar basado en la ley de la oferta y la demanda. Para que un país prosperase, los gobiernos debían abstenerse de intervenir en el funcionamiento de esa ley: los precios y los salarios se fijarían por sí solos, sin necesidad de intervención alguna del Estado. Y ello, entendía, no podía ser de otro modo, por cuanto si se dejaba una absoluta libertad económica, cada hombre, al actuar buscando su propio beneficio, provocaba el enriquecimiento de la sociedad.

Malthus partía del supuesto de que, mientras el aumento creciente de población seguía una proporción geométrica, la generación de riquezas y alimentos sólo crecía aritméticamente. Resultaba por ello inevitable que, de no ponerse remedio, el mundo se hundiría en la pobreza. Ese remedio no podía ser otro que el control de natalidad en los obreros, y que estos quedasen abandonados a su suerte, para que así su número disminuyese.

En resumen, tanto Malthus como Smith lo que estaban pidiendo era la inhibición de los gobernantes en cuestiones sociales y económicas. Y eso fue lo que ocurrió: el Estado burgués europeo del siglo XIX se limitó a garantizar el orden público en el interior de sus fronteras, renunciando a cualquier tipo de política social, de justicia redistributiva y de intervención en la economía.

Nada mejor para los grandes capitalistas, que quedaron con las manos libres para enriquecerse al máximo. La riqueza se convirtió en una virtud, y los clérigos, desde el púlpito, presentaban la pobreza como una consecuencia del vicio y el pecado, con lo cual estaban justificando de hecho su existencia.

Frente a este Estado liberal y en esta sociedad burguesa, el proletariado se encontró indefenso. Por ello, su lucha por la vida y por los derechos que se les negaban tenía que convertirse necesariamente en una lucha contra el liberalismo económico y la burguesía capitalista.

Sin embargo, en los años que transcurrieron hasta 1848, los trabajadores fueron aliados de la burguesía en la lucha contra el absolutismo restaurado. Los obreros se sumaron a las luchas de los burgueses que reclamaban la plena vigencia de los principios del liberalismo. Por otra parte, un sector de la burguesía liberal alentaba la alianza porque creía que el capitalismo generaba un progreso que iba a mejorar las condiciones de vida de todos los integrantes de la sociedad. Por eso, llevó adelante acciones políticas radicales con el fin de destruir los obstáculos que se oponían al desarrollo del capitalismo.

la revoluciones burguesas

Los movimientos revolucionarios de 1820. En España, Portugal y el Reino de las Dos Sícilias, los revolucionarios lograron la sanción de Constituciones liberales. Pero la intervención militar de Austria y Francia en ayuda de los monarcas absolutos afectados —de acuerdo con lo establecido en el Tratado de la Santa Alianza—, derrotó estas experiencias revolucionarias. Las luchas por el establecimiento de los principios liberales tuvo características especiales en Grecia. A partir de 1821 comenzó la guerra de liberación griega del imperio turco-otomano, en la que fue decisiva la intervención de las fuerzas de la Santa Alianza. Gran Bretaña, Francia y Rusia vencieron a los turcos, declararon la soberanía nacional de Grecia y, luego de derrotar al movimiento liberal griego, favorecieron el establecimiento de una monarquía absoluta. Como consecuencia de las diferencias entre Rusia y Austria sobre esta “cuestión de oriente “, la Santa Alianza se disolvió.

El objetivo político de los revolucionarios de 1820 fue lograr el establecimiento de monarquías constitucionales —como la inglesa—. También se propusieron asegurar el funcionamiento de los parlamentos, ya que, frente al absolutismo monárquico, el parlamento era la institución que permitía la participación de los burgueses en el gobierno, que cada vez tenían mayor poder económico.

Los movimientos revolucionarios de 1830

Los movimientos revolucionarios de 1830. Las revoluciones de 1830, dividieron Europa en dos regiones. Al oeste del río Rhin, los liberales moderados derrotaron a la alianza de los absolutismos. Al este del Rhin, en cambio, todas las revoluciones fueron reprimidas y la situación se mantuvo como antes de 1830. En estos países, la mayor parte de la población estaba compuesta por campesinos que todavía vivían sometidos a una organización económica de tipo feudal.

En Europa occidental, las revoluciones de 1830 significaron la derrota definitiva del absolutismo. Desde entonces, en los distintos países, el gobierno estuvo a cargo de representantes de la alta burguesía de industriales y banqueros, que desplazaron a los miembros de la aristocracia terrateniente.

El régimen de gobierno que se consolidó en Inglaterra, Francia y Bélgica fue una monarquía constitucional que garantizaba la vigencia de las libertades individuales económicas y políticas. La participación política se abría exclusivamente a una parte de la población mediante el sufragio restringido. Sólo aquellos ciudadanos que eran propietarios, tenían determinado nivel de ingresos o determinado grado de instrucción escolar, tuvieron derecho al voto y a ser elegidos representantes parlamentarios.

La revolución Francia julio de 1830

La revolución que estalló en Francia en julio de 1830 contra el absolutismo del rey Borbón Carlos X, inició la oleada revolucionaria que se extendió por toda Europa. En París, burgueses estudiantes, obreros asaltaron armerías, armaron barricadas y pidieron por la abdicación del rey. El ejèrcito se negó a reprimir a los revolucionarios y el rey abandonó el país. Se le entregó la corona a Luis Felipe de Orleans que adhería a los principios liberales.

1848: Hacia la Democracia Liberal: El movimiento revolucionario de 1848 fue el que más se extendió por Europa, pero el de menos éxito: con la única excepción de Francia. En el resto de los países, los antiguos gobiernos recuperaron el poder en muy poco tiempo, y los revolucionarios fueron encarcelados o exiliados. En Francia se proclamó la República, que duró algo más de 2 años. El único cambio irreversible fue la abolición de la Servidumbre en el Imperio de los Habsburgos.

Las fuerzas sociales y políticas en 1848.

La oleada revolucionaria de 1848 comenzó en Francia y el nuevo estallido estuvo relacionado con los resultados de la revolución de 1830. El régimen de gobierno establecido desde entonces favorecía a la Alta Burguesía, pero negaba el Sufragio Universal a la Baja Burguesía, a los intelectuales y sobre todo a los trabajadores.

La situación se agravó cuando, a partir de 1845, se acentuó la crisis económica. Una serie de malas cosechas provocó un fuerte aumento en los precios de los alimentos básicos de los trabajadores: los cereales y las papas. El cierre de fábricas por causa de la crisis de la industria textil había aumentado el desempleo, y el hambre se generalizó motivando a los trabajadores a protestar.

En toda Europa, casi simultáneamente, miembros de la baja burguesía y estudiantes se unieron a las protestas de los obreros. En Francia, el Ejército y la Policía se negaron a reprimir a los aliados revolucionarios: el rey abdicó y se proclamó la República.

La experiencia de la Segunda República Francesa.

La experiencia de la Segunda República Francesa.

Lo significativo de la revolución que se desarrolló en París en febrero de 1848 fue que, por primera vez, los trabajadores tuvieron demandas específicas diferentes de las de los burgueses.

*POLÍTICO: La Baja Burguesía pedía una reforma del sistema electoral y parlamentario para lograr un mayor grado de participación en el gobierno.
*SOCIOECONÓMICO: Los Obreros pedían soluciones al problema de la desocupación y del hambre. Entre 1846 y 1848 el cierre de los talleres de ferrocarriles había dejado sin empleo, en París, a 500.000 obreros.

El Gobierno Provisional que se organizó luego de proclamada la República, y contó con la participación de un obrero y de un representante de los intereses de los obreros como Ministro de Trabajo: el socialista Louis Blanc. Entre febrero y mayo de 1848, este nuevo gobierno —con el apoyo de los pobres de las ciudades y de burgueses republicanos moderados— realizó las siguientes acciones:

*estableció el sufragio universal
*abolió la esclavitud colonial
*abolió la pena de muerte por delitos políticos
*creó los Talleres Nacionales para solucionar el problema del desempleo en la ciudad de París.

La derrota de los trabajadores.

La primera elección que se realizó en Francia con la vigencia del Sufragio Universal dio por resultado una Asamblea Constituyente integrada en su mayoría por partidarios de la Monarquía y de Reformas moderadas.

La mayor parte de la población, que era todavía rural, no había tomado contacto con las nuevas ideas que impulsaban los burgueses radicales y republicanos, ni con las ideas socialistas que defendían los intereses de los obreros. Por esto, en las ciudades del interior de Francia la población masculina votó por aquellos miembros de la sociedad que conocía: los médicos, los abogados, e incluso por los nobles que ocupaban un lugar destacado en su ciudad.

Esta Asamblea se enfrentó con el Gobierno Provisional y, reafirmando los principios del Liberalismo Económico, decidió el cierre de los Talleres Nacionales.

El balance de 1848: la burguesía “conservadora”.

Cuando la burguesía tomó conciencia de la enorme fuerza que tenía el conjunto de los trabajadores pobres, sintió sus intereses amenazados: la Propiedad Privada. Desde entonces, muchos liberales moderados se fueron convirtiendo en conservadores.

A medida que los burgueses moderados se retiraron de la alianza, los Trabajadores y los Burgueses Radicales quedaron solos frente a la unión de las antiguas fuerzas aristocráticas y la burguesía conservadora. Las revoluciones de 1848 fueron derrotadas porque los Partidos del Orden se impusieron sobre la Revolución Social.

Los trabajadores habían luchado no sólo por el Derecho al Voto para todos los ciudadanos, sino también por reformas en la organización de la economía y la sociedad que mejoraran sus condiciones de vida. Ante las demandas de los obreros, la Baja Burguesía Liberal y Moderada consideraron que la propiedad privada estaba en peligro y se aliaron nuevamente con la Alta Burguesía.

Luego de la experiencia vivida, los Gobiernos Conservadores que retomaron el poder se propusieron poner en práctica muchos de los principios del liberalismo económico, jurídico y cultural.

Entre 1848 y 1849, los conservadores habían comprendido que la Revolución era peligrosa y que las demandas más importantes de los radicales y obreros -especialmente las económicas— podían satisfacerse a través de Reformas. De esta manera, las “reformas económicas” reemplazaron a la “revolución”, y la Burguesía dejó de ser una fuerza revolucionaria.

A pesar de que en 1848, en Francia, la Revolución había terminado con la derrota de los obreros, la gran movilización de trabajadores -entre otras razones- impidió la limitación del Sufragio.

En noviembre de 1848, la elección del nuevo presidente de la República Francesa se hizo por Sufragio Universal. Los franceses no eligieron a un candidato moderado, pero tampoco a un radical. El ganador fue Luis Napoleón Bonaparte.

Para los gobiernos europeos, la elección de Luis Napoleón hizo evidente que la “Democracia de sufragio universal” —la institución que se identificaba con la Revolución— era compatible con el mantenimiento del orden social.

La democracia liberal.

Durante la primera mitad del siglo XIX, muchos pensadores y gobernantes de Europa Occidental estaban convencidos de que, en las sociedades de su época, el desarrollo del Capitalismo y el establecimiento de la Democracia de Sufragio Universal eran objetivos incompatibles.

Y en esta afirmación coincidían, por ejemplo, pensadores liberales que representaban el punto de vista de los burgueses —como el francés Alexis de Tocqueville y el inglés John Stuart Mill— y un pensador socialista que representaba el punto de vista de los trabajadores, el alemán Karl Marx.

El desarrollo del Capitalismo había generado una multitud de trabajadores pobres que, paulatinamente, se iban transformando en la mayoría de las poblaciones de las sociedades europeas.

Sobre la base de diferentes argumentos, tanto para Stuart Mill y para Tocqueville como para Marx, el mayor número de los trabajadores pobres era la razón que hacía inconciliables el Capitalismo y la Democracia. Para los liberales, la extensión del Sufragio Universal y al establecer un voto por persona, la política daba lugar al Gobierno de los Trabajadores Pobres que no tenían conocimientos adecuados debido a su falta de Educación formal.

Desde esta percepción de la situación, al carecer de la preparación necesaria para ejercer el gobierno, gobernarían exclusivamente en función de sus intereses, y la democracia dejaría de estar vigente. No obstante, para los socialistas, el gobierno de los trabajadores terminaría destruyendo al Capitalismo.

Sin embargo, el desarrollo del Capitalismo continúa hasta nuestros días aunque desde la segunda mitad del siglo XIX, progresivamente, cada vez fueron más los individuos reconocidos como ciudadanos con derecho a voto.

En la actualidad, en casi todas las sociedades capitalistas son ciudadanos todos los adultos, cualquiera que sea su nivel de riqueza y de instrucción, su ocupación, su raza y su religión.

La Democracia Liberal, fue y es el sistema político que logró e hizo posible la vigencia y la “convivencia pacífica” del Sufragio Universal junto al mantenimiento del Capitalismo como forma de organización de la economía, y de la legitimidad de los reclamos de la sociedad por parte del Estado de los derechos sociales y humanos

Fuente Consultada: Historia Europa Moderna Alonso/Elisalde/Vázquez – Revoluciones del Mundo Moderno de Alonso Lazo
Profesora de Historia: Adriana Beresvil

 

La burguesia Industrial Nacimiento Origen y Evolución Resumen

La Burguesía Industrial: Origen y Evolución

La Comuna de París

Revoluciones Liberales

El Cartismo

Revolución de 1830

Esta clase social, cuyo origen se remonta a la Europa feudal, se convirtió en germen de un nuevo mundo con el desarrollo del capitalismo. Dicha transformación culminó entre los siglos XVII Y XIX, por medio de las revoluciones burguesas.

En el mundo moderno de los siglos XVII y XVIII fue cada vez más evidente la relación entre los cambios en la organización económica de una sociedad y los cambios en su organización política.

A lo largo de su historia, cada sociedad va realizando diferentes actividades económicas y el trabajo de los hombres se va organizando en forma también distinta. Siempre, en las sociedades antiguas y también —aunque por medios distintos— en las del mundo moderno, fue necesario que la autoridad política asegurase la realización de las actividades económicas, la producción de un excedente y la acumulación de una parte de las riquezas producidas.

Por esto mismo, los grupos sociales que tienen el poder económico en cada sociedad se proponen asegurar que la autoridad política garantice sus intereses.

A partir del siglo XVII, con el desarrollo de las nuevas actividades económicas, como el comercio y la industria, los burgueses adquirieron poder económico y acumularon riquezas. Por primera vez, tuvo poder económico un grupo social —los burgueses— diferente del que durante siglos ejerció el poder político: la aristocracia terrateniente. Desde entonces, para los burgueses quedó planteada la necesidad de producir cambios en la organización política de la sociedad para asegurar sus intereses económicos.

ORIGEN , FORMACIÓN Y CONSOLIDACIÓN DE LA BURGUESÍA EN EL SIGLO XIX

Su Formación

Originalmente, el término burguesía calificaba tan sólo a los habitantes de las ciudades (burgos) de la plena Edad Media, derivando más tarde hasta englobar a una clase social caracterizada por su actividad económica no agrícola. Para los marxistas, esta clase social era la dominante en el modo de producción capitalista, poseedora de los medios de producción, gracias a lo cual podía acumular las plusvalías generadas por el trabajo asalariado de los proletarios.

La teoría sociológica, desde M. Weber y W. Sombart, contempla a la burguesía como la clase social que, animada de un espíritu nuevo, donde priman el individualismo, el esfuerzo personal, la innovación y el afán de lucro, transforma el mundo feudal en el que nace, hasta lograr la plena implantación del capitalismo y el estado liberal.

De todas formas, esta clase social no constituye un grupo homogéneo, sino se dan grandes diferencias entre una alta burguesía, compuesta por los capitalismo dueños de los medios de producción, que rigen la vida política y económica en estados liberales, y una pequeña burguesía de profesionales liberales, funciona empleados medios y pequeños propietarios y comerciantes que, aunque como muchos rasgos ideológicos y culturales con la anterior, se encuentra mas cerca proletariado por su renta y su posición social y política.

El hecho es que el cono de burguesía es muy amplio, y ha tenido distintos significados y matices a lo largo de la historia, y según las perspectivas desde las que se ha analizado.

Nacimiento y consolidación de la burguesía

Aunque ya en la Antigüedad existieron hombres de negocios dedicados a las, actividades mercantiles y manufactureras y vinculados al mundo urbano, el importante papel de los aparatos públicos en las actividades económicas no solía mucho margen para la iniciativa privada, por lo que no podemos hablar de burguesía propiamente dicha. En Europa occidental, el crecimiento económico y demográfico experimentado a partir del siglo XI permite el asentamiento de una población cada vez más numerosa en las ciudades, tanto antiguas como de reciente fundación (burgos).

Estos burgueses se especializan en actividades artesanas y, cantiles, que pronto les proporcionan una fuerza económica suficiente para presionar sobre los señores feudales, de los que obtuvieron libertades jurídicas, autonomía administrativa y protección para sus actividades. Sin embargo, no consiguieron distinguirse jurídicamente de la mayoría campesina de la población, y el esquema social feudal, basado en la división en tres órdenes o estamentos (nobles, eclesiásticos y trabajadores o estado llano) se mantuvo inalterado.

Esto no impidió que dentro del mismo grupo burgués se produjera una creciente estratificación, sobre todo Partir del siglo XIII, diferenciándose las oligarquías de grandes comerciantes y banqueros que normalmente controlaban los gobiernos municipales, del «común», integrado por artesanos, sirvientes y pequeños comerciantes.

La oposición de intereses entre ambos grupos dio lugar a la aparición de conflictos durante la baja Edad Media. Además, esa oligarquía burguesa se asimila progresivamente a la nobleza terrateniente, cuyo estilo de vida copia y cuyo estatus social codicia.

Desde fines de la Edad Media y durante toda la Edad Moderna, muchas familias burguesas entroncan con la nobleza (mediante matrimonios con familias aristocráticas empobrecidas), o acceden a esa condición mediante la compra de cargos o tierras vinculadas a títulos, convirtiéndose en rentistas y asumiendo los valores conservadores de la clase noble.

otra forma de ascender socialmente era mediante el servicio en la creciente burocracia estatal que las monarquías autoritarias de la Edad Moderna estaban desarrollando Los monarcas preferían emplear en su administración a letrados procedentes de la clase media burguesa, en lugar de a los miembros de la alta nobleza, susceptibles de desafiar su poder.

De todas formas, los burgueses no ennoblecidos siguieron perteneciendo estado llano, y normalmente eran ellos los que acaparaban su representación Cortes y otras instituciones representativas de origen medieval, a las que los rey Antiguo Régimen recurrían lo menos posible, sólo cuando estaban necesitados financiación extraordinaria.

La expansión mercantil europea desarrollada a partir del siglo XVI, con el descubrimiento y colonización de nuevos y vastos territorios ultramarinos y la apertura nuevos mercados, proporcionó unas inmensas posibilidades de enriquecimiento burguesía. Pero el mantenimiento de las estructuras tradicionales le impedía un papel social y político acorde con su poder económico.

A partir del siglo XVI sé produjo también un cambio de mentalidad, con la difusión de nuevas ideas: el humanismo, el racionalismo e incluso la ética protestante (especialmente en su versión calvinista), transformaciones ideológicas, filosóficas y culturales que encuentra culminación en la Ilustración, que tuvo en la burguesía a su principal valedora beneficiaria. Se santificó el afán de lucro y el éxito en los negocios, como signo del divino y como contribución a la prosperidad general. El individualismo y la igualdad entre los hombres se elevaron a la categoría de dogmas, contradiciendo el si de privilegios estamentales que impedía a la burguesía desempeñar un pape destacado en la vida pública.

Por último, el apoyo al progreso científico y técnicas a la mentalidad racionalista, también en la economía, se oponían a las viejas estructuras productivas (gremios) y comerciales (mercantilismo), que constituían una para el pleno desarrollo del capitalismo, el nuevo sistema socioeconómico que ido gestando con las actividades de la burguesía.

EL ASCENSO SOCIAL: Uno de los resultados más importantes de la doble revolución de fines del siglo XVIII fue abrir las carreras al talento. Había cuatro caminos (para nada fáciles) para desarrollar estas carreras.

• El estudio universitario permitía iniciar un ascenso en la sociedad de la época. Sin embargo, la educación no era generalizada y, por lo tanto, no estaba al alcance de todos y no generó la sociedad abierta que todos esperaban. Al contrario, surgió una sociedad cerrada en la cual se conformó una élite intelectual y profesional. Pero para aquellos que alcanzaban la educación universitaria -médicos, abogados, ingenieros, arquitectos, profesores, funcionarios de carrera, sacerdotes y pastores religiosos- estaba garantizada cierta reputación social, bienestar económico e incluso la posibilidad de acceder al poder político.

• La carrera de los negocios era el camino de ascenso social por excelencia en una economía abierta y en rápida expansión. Era también la vía más limitada y minoritaria, pues no cualquiera podía acceder al mundo de los negocios: exigía condición mental, sentido de la oportunidad y, por supuesto, recursos económicos, requisitos que la mayoría no poseía. No todos podían seguir el camino de Robert Peel.

• El ejército ofrecía la más vieja de las carreras abiertas al talento. En sus filas habían progresado socialmente muchos hijos de campesinos y pobres urbanos que obtuvieron -cuando sobrevivieron a las guerras- un prestigio social y una posición económica que de otra manera habría sido impensable. Esta vía de ascenso social se había potenciado después de la Revolución Francesa y durante las guerras napoleónicas, pero se redujo sensiblemente durante el período de paz.

• El arte era el cuarto camino de reconocimiento social. Escritores, pintores, actores, músicos y cantantes gozaban -en un mundo de valores burgueses- del prestigio que otorgaba el solo hecho de poseer talento, un atributo que en las sociedades nobiliarias y aristocráticas era escasamente tenido en cuenta.

Las revoluciones burguesas (más en este sitio)

Todas esas estructuras económicas y sociales anticuadas encontraban su mar expresión en el sistema político de las monarquías absolutistas. La burguesía utilizaba, en su beneficio el descontento de gran parte del estado llano, el estamento no privilegiado, que incluía desde los más pobres jornaleros hasta los banqueros o comerciantes más ricos.

La serie de revoluciones iniciada en Inglaterra (1642-48 y 1688) Norteamérica (1773-83) y Francia (1789), y extendida durante el siglo XIX al re Europa, significó la abolición del Antiguo Régimen y la instauración del estado General burgués, la sociedad de clases y el capitalismo industrial.

Esta transformación social, económica y política sirvió especialmente a los intereses de la gran burguesía capitalista, convertida en clase dominante. En efecto, la revolución Industrial iniciada en la segunda mitad del siglo XVIII en Inglaterra había lugar al desarrollo de un nuevo sector económico.

Los capitales acumulados por el comercio fueron invertidos en las nuevas fábricas, donde se empleaba a la mano de obra que una transformación agraria orientada al mercado había dejado sin tierras y si bajo. La nueva economía industrial, cuyos medios de producción están en manos de la burguesía capitalista, se transforma en el motor del desarrollo de los estados occidentales.

El poder económico se convierte en la pauta que marca las divisiones y jerarquías de la nueva sociedad de clases. Se produce entonces la clara separación la burguesía y las clases trabajadoras, que no tienen acceso a los bienes de producción ni al reparto de la riqueza generada por su trabajo. La recompensa que obtiene el proletariado por haber apoyado las revoluciones burguesas es el pago de un salario por su trabajo, privado de voz en los mecanismos económicos y políticos.

El fin de la burguesía revolucionaria

A partir de ese momento, la antigua burguesía revolucionaria se convierte en una clase conservadora. Se priman los valores del orden (además de los de la familia, el trabajo y el ahorro), se defiende a ultranza la propiedad privada, y se intenta restringí acceso de las clases populares al poder político (sufragio censatario).

De vez en cuando, la presión popular en los movimientos revolucionarios (Babeuf en 1797, las revoluciones de 1848, la Comuna de París de 1871), y corrientes como el socialismo intentan despertar la conciencia de clase del proletariado y organizarlo para luchar por mejorar su posición.

Ante esto, la burguesía responde con concesiones que intentan integrar a las clases populares en el sistema, instaurando el sufragio universal, extendiendo su ideología mediante la educación nacional, y creando el mito según el cual, en una sociedad de clases «abierta», cualquier individuo es capaz, por mérito esfuerzo, de mejorar su condición.

En el siglo XX, la evolución económica y social de los países más desarrollados ha dominado la aparición de una amplia clase media o pequeña burguesía, que no está definida tanto por la propiedad de los medios de producción como por su formación cultural y técnica, que le permite desempeñar los puestos intermedios de la administración pública y empresarial. Por otro lado, se ha producido también una elevación del nivel de vida y formación de las clases trabajadoras, cuyos miembros más cualificados se confunden con los estratos inferiores de la clase media («aburguesamiento» de la clase obrera).

Al mismo tiempo, la difusión de unos hábitos culturales y de consumo homogéneos por parte de los medios de comunicación ha propiciado aparición de una «sociedad de masas» o de consumidores, que pretende desdibujar las fronteras entre clases.

El Antiguo Régimen

Crisis del Antiguo Régimen

 

Pacto de Brest Litovsk Tratado de Paz Rusia Guerra Mundial Final

Pacto de Brest Litovsk – Tratado de Paz 

Principales Batallas Gran GuerraBatalla de VerdúnBatalla de MarneLa Guerra en Fotos

La paz de Brest-Litovsk: El tratado de paz firmado en Brest-Litovsk (actualmente en Bielorrusia) entre las potencias centrales y la República de Ucrania (09 de febrero 1918) y la Rusia Soviética (03 de marzo 1918), puso fin a las hostilidades entre dichos países en el contexto de la Primera Guerra Mundial.

Las primeras negociaciones del gobierno bolchevique con los imperios centrales comenzaron el 9 de diciembre. Las reuniones se celebraron en la fortaleza de Brest-Litovsk El problema de la guerra se planteaba para los revolucionarios rusos de la siguiente manera: había que ganar tiempo a toda costa para fortalecer la revolución.

La mirada de los bolcheviques se dirigía a Europa en espera de la crisis revolucionaria que preveían. La primera delegación soviética estuvo representada por Kámenev y Joffé. Los Imperios centrales enviaron a los ministros de relaciones exteriores de Austria-Hungría y Alemania, Csernin y Von Kuhlmann, al jefe del estado mayor del frente oriental, general Hoffmann.

Desde las primeras discusiones, los imperios centrales mostraron sus intenciones: imponer la paz a Rusia y obtener grandes concesiones. El artículo segundo de sus propuestas para la paz decía: «Habiendo reconocido el gobierno ruso, de acuerdo con sus principios, el derecho de todos los pueblos, sin excepción, que forman parte del Estado ruso, a disponer de sus destinos hasta el punto de separarse por completo, se da por enterado de las resoluciones que expresan la voluntad de los pueblos de Polonia, Lituania, Curlandia, una parte de Estonia y de Finlandia, de separarse del Estado ruso y de constituirse en Estados realmente independientes».

O sea, reclamaban la anexión a Alemania de todos esos territorios. La propuesta era monstruosa y evidenciaba claramente la voracidad imperialista de Alemania. La formulaban, por otra parte, contando con que Rusia ya no estaba en condiciones de combatir. Era la tesis de Ludendorff: imponer la paz o rematar a Rusia «rápida y enérgicamente». El temor al bolchevismo aterraba al jefe militar: » Yo sabía que, aún en caso de llegar a la paz, nos serían necesarias numerosas fuerzas contra el bolchevismo».

El 27 de diciembre se reanudaron las negociaciones. La delegación soviética estaba presidida esta vez por Trotski. Las discusiones se hicieron más tensas. La delegación bolchevique seguía ganando tiempo, mientras dirigía una activa campaña propagandística sobre los soldados alema-nes. La situación se mantuvo casi dos meses. El Estado Mayor alemán estaba exasperado. Ludendorff proponía insistentemente iniciar las operaciones contra Rusia.

El 26 de enero, el gobierno soviético culminaba su ruptura con los aliados: un decreto anulaba todas las deudas exteriores de Rusia. Al mismo tiempo, las negociaciones de Brest-Litovsk llegaban a término. En los primeros días de febrero, Alemania y sus aliados reconocieron a Ucrania como Estado independiente y firmaron, con una «delegación» ucraniana inventada, un acuerdo de paz. La delegación bolchevique rompió la negociación: daban la guerra por terminada, pero sin firmar la paz.

El 18 de febrero, apenas unos días después de la ruptura de las negociaciones, Alemania anunció al gobierno ruso la reanudación de las hostilidades. La ofensiva alemana casi no encontró resistencia. En pocos días, del 18 al 24, Ucrania fue invadida. Las posibilidades de resistencia para el gobierno soviético eran muy escasas. No existían fuerzas para mantener una guerra revolucionaria. Se impuso la necesidad de firmar la paz. El 19 de marzo, llegaba a Brest-Litovsk una nueva delegación soviética.

La Rusia soviética había aprovechado bien el tiempo de las negociaciones. La propaganda tuvo enorme efecto sobre Alemania y los pueblos en general. En primer lugar, se hacía evidente la mentira con que la Entente pretendía engañar a los obreros de Europa: que los bolcheviques eran agentes alemanes.

El gobierno soviético firmaba la paz bajo la imposición de los cañones del ejército alemán. El 3 de marzo se firmó el tratado. Un mensaje del gobierno revolucionario, dirigido a los pueblos del mundo, decía: «La paz que firmamos nos es dictada con las armas en la mano. La Rusia revolucionaria se ve constreñida a aceptarla, apretando los dientes…»

La paz de Brest-Litovsk implicó enormes concesiones territoriales en beneficio de Alemania. Las cláusulas principales del tratado, que estaba redactado en trece artículos eran: compromiso recíproco de cesar en toda clase de propaganda contra el estatuto gubernamental o militar de los países interesados; la desmovilización del ejército ruso, incluso la de las nuevas unidades soviéticas; renuncia, por parte de Rusia, a inmiscuirse en los asuntos de los países situados al oeste de las nuevas fronteras (todos los países bálticos, Lituania y Polonia); evacuación de las regiones de Asia Menor, ocupadas por las tropas rusas; reconocimiento, por parte de los Soviets, de la república popular de Ucrania y del tratado firmado por ésta con la Cuádruple; evacuación de Finlandia y de las islas Aaland por los rusos (lo que equivalía al sacrificio de la revolución finlandesa); renuncia recíproca a toda indemnización de guerra.

Sin embargo, Rusia tendría que indemnizar a los Imperios centrales por el sostenimiento de los prisioneros rusos, por los daños causados por la revolución a los subditos austro-alemanes, etcétera (en total, un pago de más de tres mil millones de rublos oro). Se realizaría inmediatamente el intercambio de prisioneros de guerra (Alemania calculaba de esta manera recuperar material humano); se reanudarían las relaciones comerciales y diplomáticas. Una vez firmada la paz, y al amparo del tratado prosiguió el avance de las tropas alemanas en Ucrania, hasta el Don, hasta Crimea, hasta el Cáucaso».

La primera paz de la guerra mundial resultaba favorable para Alemania y sus aliados. Empero, el beneficio de la ocupación de Ucrania fue muy inferior al que había calculado el Estado Mayor alemán. El principal aporte lo constituyó el envío a Alemania de 46.000 caballos y 5.000 cabezas de ganado. En cuanto a cereales, obtuvieron una exigua cantidad, que no alcanzaba a paliar el problema del hambre en Alemania y Austria-Hungría. El costo, por otra parte, fue muy elevado. Tuvieron que mantener un ejército de ocupación (22 divisiones), constantemente hostigado por partidas guerrilleras, que pronto se desmoralizó.

Asimismo, la publicación de la paz alemana de Brest-Litovsk contribuyó a afirmar en la Entente su voluntad de no concluir la guerra antes de aniquilar a Alemania. Además, prestó un buen servicio a la propaganda aliada que agitó por el mundo la «rapiña alemana» en Rusia. . . La paz impuesta se volvió contra Alemania.

La Rusia soviética perdió importantes territorios, pero la revolución de octubre se sostuvo. Cuando la revolución alemana derribó la monarquía de los Hohenzollern, los bolcheviques denunciaron la paz de Brest-Litovsk y se lanzaron a recuperar e! terreno perdido. En tanto, habían comenzado a organizar el Ejército Rojo, bajo la dirección de Trotski. Al mismo tiempo, la propaganda realizada hacia Alemania comenzó a dar sus frutos.

Desde una cárcel de Berlín, Liebknecht, hacía en esos días un excelente comentario sobre la paz de Brest-Litovsk:

«El balance de Brest-Litovsk no es igual a cero, aunque de momento haya de traducirse en una paz brutal de imposición y avasallamiento. Gracias a los delegados rusos, Brest-Litovsk se ha convertido en una tribuna revolucionaria de radio amplísimo. Aquellas negociaciones sirvieron para desenmascarar a los imperios centrales, para desenmascarar el instinto de rapiña, la falsedad, la perfidia y la hipocresía de Alemania. Sirvieron para dictar un veredicto aniquilador contra esa política alemana de las ‘mayorías’ a que, según ella, se ha de ajustar la paz, y que tiene más de cinismo que de gazmoñería. Han servido para desencadenar, en varios países, considerables movimientos de masas. Y su trágico acto final —la intervención decretada contra la revolución— ha sacudido todas las fibras socialistas del mundo. Ya llegará el día en que se demuestre, que van a recoger de esta siembra los triunfadores de hoy. Yo les garantizo que no van a disfrutar a gusto.»

China y la guerra de los boxers Causa de la Rebelion Revolucion Boxers

China y la Guerra de los Boxers – Xenofobia

El siglo XX no pudo haber tenido el peor comienzo en China: en el año 1900, el descontento de la población por la intromisión de los extranjeros en su territorio derivó en un salvaje ataque a las embajadas de los países europeos. La ofensiva fue encabezada por una agrupación denominada «Puños para la Justicia y la Concordia» –o simplemente conocida como los «bóxers» (los boxeadores)– procedente de la sociedad secreta del Loto Blanco.

A pesar de los esfuerzos de los gobernantes manchúes del siglo XIX por aniquilarla, sobrevivió en el norte de China, sobre todo en la provincia de Shantung (Shandong). Los bóxers surgieron después de la derrota china frente a los japoneses en 1895.

guerra boxers

Vestían con el pelo recogido con un paño rojo, llevaban cintas del mismo color en los tobillos y muñecas, y una faja también roja que ajustaba su amplia túnica blanca. Y realizaban demostraciones de un ejercicio gimnástico que les ayudaba a armonizar sus músculos y su mente. Este ejercicio se asemejaba al boxeo y de allí el nombre de «bóxers». En el año 1900 empezaron a matar a todos los misioneros religiosos que se encontraban en China.

Y después siguieron con un ataque feroz contra todos los extranjeros y los diplomáticos. Los funcionarios residentes en Pekín resistieron durante 55 días hasta que soldados de todas las nacionalidades desembarcaron e hicieron frente a la ofensiva, que contaba con el apoyo de la emperatriz china Ci Xi. La derrota de los bóxers adelantó el derrumbe de la dinastía China, que se produciría pocos años después, en 1912, con la fundación de la república y el nombramiento de su primer presidente: Sun Yat-sen.

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HISTORIA: La Rebelión de los boxers (1898-1900) fue el primer estallido del nacionalismo chino y preludio de la revolución posterior. Los boxers constituían una sociedad secreta, cuyo fin era liberar a China del «demonio extranjero». Se exhibían carteles de propaganda en donde las tropas europeas huyen aterradas ante el empuje de los invencibles chinos. Los boxers contaban con el tácito apoyo de la tácito de la emperatriz Dowager Tz’u Hsi En 1911, a los tres años de su muerte, sobrevino la revolución.

China se sentía a merced del apetito imperialista de las potencias extranjeras y sumida en la desesperanza. Ello provocó la rebelión bóxer de 1898 a 1900. Los boxers, constituidos en temible sociedad secreta, desataron una feroz campaña contra los «diablos extranjeros». Mataron a unos 200 misioneros cristianos y a unos 20.000 chinos conversos, asesinaron al embajador japonés en Pekín y cercaron el distrito diplomático de la ciudad. Todo un ejército de tropas inglesas, estadounidenses, alemanas, francesas, rusas y japonesas rompieron el sitio, sometieron a los boxers y les impusieron duras condiciones de paz.

Paulatinamente, los estamentos más emprendedores de la población china comprendieron que su país debía imitar la conducta de Japón y modernizarse al modo occidental para evitar ser de nuevo colonizado económicamente. Los más conspicuos promotores de este resurgir nacional habían estudiado en Inglaterra, Francia, Estados Unidos y, especialmente, en Japón.

Entre sus profetas y portavoces se hallaba el doctor Sun Yat-sen, médico nacido en el sur de China en 1866. Sun tenía 28 años cuando en 1894 creó en Honolulú la Asociación para la Regeneración de China, de signo revolucionario, y al año siguiente promovió en Cantón un levantamiento contra los manchúes que fue abortado.

Los alzamientos sorprendieron a los propios líderes del movimiento revolucionario chino. Hacía mucho tiempo que proclamaban sus objetivos, pero no poseían aún un auténtico programa para el resurgimiento del país. Tampoco tenían un dirigente. Sun Yat-sen, líder idóneo, se hallaba entonces en Estados Unidos. Antes de que Sun desembarcara en China y organizara a los suyos, un ambicioso e intransigente militar, el general Yuan Shih-kai, que mandaba las tropas mejor equipadas del imperio, logró adueñarse de la situación.

Los boxers enfrentan al enemiLos boxers enfrentan al enemigogo

En 1900, la sublevación contra los extranjeros de una secta china llamada Yi He Tuan —«Puños de Justicia y Concordia», o «boxers», como les denominaron los ingleses— culminó en un absoluto desastre para China, lo que perjudicó su precaria soberanía y representó el principio del fin para la dinastía Qing.

China estaba sumergida en una xenofobia profundamente arraigada, resultado de una larga historia de intervenciones extranjeras y, más recientemente, de condiciones sociales y económicas en decadencia.

La sociedad secreta de los boxers reforzaba sus campañas jurando que mataría a todos los extranjeros («hombres peludos primarios») y a sus simpatizantes chinos («hombres peludos secundarios»).

La cruzada fue instigada por Ci Xi, la emperatriz viuda, que ostentaba el poder desde 1898. Siguiendo la iniciativa de la emperatriz, varios gobernadores provinciales apoyaron la violenta resistencia de los boxers en sus jurisdicciones.

Fortalecidos de esta manera, los boxers saquearon el campo, destruyeron las estaciones de ferrocarril y las líneas de telégrafos y, finalmente, mataron a 231 extranjeros y á millares de chinos cristianos. El 21 de junio de 1900, la emperatriz, impulsada por su patriotismo, declaró la guerra a todas las potencias extranjeras que interferían en la vida política china por intereses egoístas. Los boxers iniciaron un asedio de dos meses a las embajadas en Pekín.

Las naciones que sufrieron el ataque, incluyendo Japón, Rusia, Alemania, Gran Bretaña, Estados Unidos, Austria-Hungría e Italia, rápidamente se agruparon en una fuerza internacional con la que llegaron a Pekín el 14 de agosto y vencieron fácilmente a los boxers.

Los términos del protocolo bóxer, el tratado de paz que finalizó con la rebelión, fueron extremadamente duros: China fue condenada a pagar una indemnización de 333 millones de dólares; las tropas extranjeras dejaron guarniciones desde Pekín hasta el mar; los exámenes del servicio civil fueron suspendidos durante cinco años; tres oficiales simpatizantes de los boxers fueron ejecutados, y un cuarto fue empujado al suicidio.

El kaiser Guillermo II, uno de cuyos ministros había sido asesinado por los boxers, proclamó triunfante: «Nunca más, ningún chino se atreverá a mirar con desdén a un alemán».

Internacionalmente el prestigio de China llegó a su punto más bajo. La indemnización consumía la mitad del producto nacional y debilitaba a la dinastía Qing. Además, la ocupación de Manchuria por Rusia había trasladado a miles de soldados a la región durante la rebelión. Tras la firma del protocolo bóxer en 1901, las tropas permanecieron allí. En tres años, su presencia provocó la guerra ruso japonesa.

PARA SABER MAS…

Fuente Consultada: El Gran Libro del Siglo 20 (Clarín)

Guerra Mundial:Japón Bombardea a Califonia Con Globos Aerostáticos

Guerra Mundial: Japón Bombardea Con Globos Aerostáticos

Al desarrollarse el penúltimo año de lucha de la Segunda Guerra Mundial, el 4 de noviembre de 1944, un buque de la Armada de los Estados Unidos halló, flotando en el océano, cerca de las costas americanas del Pacífico, un gran trozo de tela hecha jirones. Cuando se procedió a subirla a bordo se descubrió que llevaba atada una carga de considerable peso. En el momento que ascendían la tela al navío, la misteriosa carga se precipitó hacia el fondo del mar.

Sólo se consiguió la tela que, evidentemente, había pertenecido a un globo. El hecho de que llevara inscripciones en japonés fue suficiente para poner en sobre aviso a los mandos norteamericanos, quienes creyeron que los nipones estarían utilizando nuevas y extrañas formas de agresión. Ese mismo día, el general Wilbur, del ejército de los Estados Unidos, recibió el primer informe sobre el descubrimiento.

Transcurrieron dos semanas hasta que se encontraron, también en el mar, los restos de otro globo. En breve tiempo se descubrió un tercero semi quemado en Montana.

A partir de estos hallazgos, los militares estadounidenses se percataron del peligro que podía representar esta inédita modalidad de guerra puesta en práctica por el enemigo; táctica que consistía en el bombardeo del territorio americano haciendo uso de globos impulsados por el viento. Se calculaba la posibilidad de un ataque japonés a gran escala mediante globos cargados de explosivos. No se equivocaban en sus temores y sospechas los generales norteamericanos.

En breve se encontraron aproximadamente doscientos globos destrozados en el noroeste del Pacífico y en el oeste de Canadá. Trozos de setenta y cinco, fueron hallados en otras regiones o sacados de las aguas del océano. Los fogonazos divisados en el cielo durante la noche evidenciaban que cien, más o menos, habían explotado en el aire.

El viento resultó un inesperado aliado de los nipones pues transportaba los globos desde las islas del archipiélago del Japón hacia Alaska, el oeste americano e, inclusive, a México.

Ante la posibilidad de un ataque de envergadura, el general Wilbur solicitó de inmediato el apoyo de los organismos gubernamentales en su totalidad. Los globos japoneses aún no habían ocasionado ninguna víctima, pues todos los que habían sido arrastrados por los vientos al continente americano habían caído en el mar o en zonas rurales. Sin embargo se pensaba, no sin razón, que tarde o temprano se precipitarían sobre las populosas ciudades.

Se alertó a los guardabosques sobre el peligro y se les requirió que remitiesen a las autoridades militares más cercanas cualquier trozo de globo u otras partes de sus mecanismos que fuesen encontrados.

Antes de continuar, veamos cómo surgió, en el Japón, la idea -tan maquiavélica y a la vez revolucionaria- de cómo agredir a los Estados Unidos, en tiempos en que ningún avión tenía la autonomía suficiente como para volar de Japón al continente americano.

El proyecto en cuestión nació cuando, en 1932, el profesor Nakayama, del Observatorio Meteorológico de Takao, en Formosa, descubrió una corriente atmosférica de gran altitud que circulaba desde las islas del Japón hasta la costa oeste de Canadá y de los Estados Unidos. Nakayama la bautizó: el Jet-Stream.

Una década después, el doctor Fujiwara, que meditaba alguna manera de bombardear a los americanos en su propio suelo, sugirió que se aprovechara la corriente de aire del ]et-Strecim para lanzar globos provistos de bombas.

Luego de estudiar la velocidad del jet-Stream y las características meteorológicas de los Estados Unidos en las diferentes épocas del año, Fujiwara expidió el siguiente memorándum a las autoridades militares: “Durante la estación del verano, en la época en que el jet-Strecim tiene poca intensidad, un globo precisaría entre una semana y diez días para sobrevolar el Pacífico. La cantidad de globos que llegarían a su objetivo no pasarían del 20 por ciento de los lanzados”.

“En el invierno -proseguía el informe- el trayecto no requeriría más que dos o tres días y podría evaluarse en un 60 ó 70 por ciento el número de globos que llegarían a su objetivo. El problema consiste en que durante la estación invernal la nieve no permitiría la propagación de incendios” (…) “Consideramos prácticamente imposible el lanzamiento durante el otoño y la primavera”, finalizaba el informe.

Las sugerencias de Fujiwara tuvieron éxito. El ejército japonés fabricó un modelo de globo que fue denominado “A”, y la Armada otro, llamado “B”. A decir verdad, ambos tipos eran análogos y tan sólo era diferente su fabricación.

Al cabo de poco tiempo comenzó a escasear el hielo y el konnyciku (pasta gelatinosa de la cocina japonesa) en Tokio. Esto sucedía porque dicho elemento culinario se usaba como cola para pegar la envoltura de los globos. En cuanto al hielo, era utilizado para fabricarlos a 55 grados bajo cero, que era la temperatura que soportaría en la alta atmósfera durante su trayecto.

El ejército japonés se interesó por el plan con mucha más decisión que la marina. Cuando finalizó la contienda, el ejército había lanzado 9.000 globos de su tipo “A”, mientras que la Armada Imperial sólo había arrojado 300 de su modelo “B”.

Con un diámetro de diez metros, los globos se desplazaban a una altura que oscilaba entre los 9.000 y los 11 .000 metros, desarrollando una velocidad de 30 a 32 kilómetros por hora. Cada uno llevaba un mecanismo que hacía detonar, de manera automática, una bomba incendiaria y otras de fragmentación.

En diciembre de 1 944, basándose en los escasos restos hallados, los peritos norteamericanos habían diseñado en planos una reconstrucción hipotética del ingenio enviado por los nipones. Se mandaron trozos de globos al Observatorio de Investigaciones Navales, en Washington, como también al Instituto Tecnológico de California.

Los estudios evidenciaron que la envoltura de los globos era fabricada con varias capas de papel pergamino de regular grosor que se pegaban entre sí con cola vegetal. Los técnicos comprobaron que esta aparente fabricación casera resultaba más idónea para retener el hidrógeno en el globo que las mejores telas recauchutadas producidas por la industria en los Estados Unidos.

Los geólogos que estudiaron la arena contenida en las bolsas de lastre señalaron cinco lugares en el Japón, de donde muy probablemente provendría. Se pidió a la Fuerza Aérea que fotografiara dichas áreas. En las fotos de una de estas zonas podía observarse una planta industrial alrededor de la cual se veían esferas de color gris, lo que se interpretó como la presencia de globos. Al poco tiempo se hallaba un globo gris sobrevolando 1 as inmediaciones de una ciudad del oeste de los Estados Unidos.

¡La hipótesis había sido confirmada!

Un piloto norteamericano fue enviado con la misión de capturar ese globo. El aviador decidió empujarlo hacia el campo propulsándolo con las ráfagas de aire que producía su motor a hélice. Los golpes de aire hicieron que el globo perdiera hidrógeno, cayendo lentamente a tierra. Los mecanismos que tenían por fin producir la detonación de los explosivos no funcionaron.

¡Un globo japonés intacto había caído en manos del ejército de los Estados Unidos!

El globo coincidía a grandes rasgos con los diseños que se habían efectuado basándose en deducciones. El ejército descubrió que cada globo estaba provisto de 30 bolsitas que contenían 3 kilogramos de arena cada una. Cumplían la función de lastre. Iban cayendo de a una por un mecanismo guiado por un barómetro, el cual las soltaba cuando el globo volaba por debajo de los 9.300 metros. También estaba provisto de un aparato automático que abría una válvula de escape para el hidrógeno cuando el globo superaba los 11.000 metros.

Cada globo transportaba de 3 a 4 bombas de fragmentación de 15 kilogramos y una incendiaria. Los explosivos estaban controlados por un mecanismo que los arrojaba después de que todas las bolsas de arena hubieran sido lanzadas. Había otro aparato que tenía la función de provocar la explosión del globo, luego de que hubiesen sido arrojadas las cargas mortales. El hecho de que este dispositivo no funcionara en ciertos globos permitió a los americanos incautarse de algunos intactos.

Asimismo, los japoneses lanzaban un globo “guía sin bombas”, provisto de un aparato que emitía señales de radio para indicar a la base en Japón si el itinerario era correcto.

Luego del estudio de los globos capturados y de su contenido, los norteamericanos se dieron cuenta de que eran las bombas incendiarias las que representaban el más grave peligro para la nación. En la época de verano indudablemente producirían incendios forestales. Por consiguiente, se organizaron tropas de paracaidistas para que colaboraran con los guardabosques y bomberos.

Sin embargo, silos ataques hubieran sido en gran escala, esta movilización no hubiera servido de mucho. Además, considerando la posibilidad de que los japoneses lanzaran globos provistos de preparados bacteriológicos con el fin de propagar epidemias, tanto humanas como del ganado o de las cosechas, se tomaron los debidos recaudos movilizando médicos, veterinarios y agrónomos.

Se formaron equipos de descontaminación y se almacenó -en lugares claves- desinfectantes, medicamentos y máscaras antigás. A la vez se requirió a los ganaderos y agricultores que informasen acerca de cualquier síntoma de enfermedades inusuales en el ganado o sembradío.

Para que los japoneses no tuvieran ningún conocimiento de los resultados obtenidos con su ataque mediante globos, los medios de difusión americanos y canadienses fueron persuadidos de que no mencionasen jamás cualquier noticia referente a los globos nipones.

Si bien en el Japón no se enteraban de sus propios éxitos, este silencio de la prensa y la radio impedía que el pueblo americano tomase conocimiento del peligro que lo amenazaba. En cierta oportunidad, un grupo de chicos que iban de excursión encontraron uno de los globos caídos. Sin conocer el mortal peligro al que estaban expuestos, lo arrastraron para llevárselo. Las bombas explotaron muriendo cinco niños y una mujer. La prensa no publicó nada de lo ocurrido. Su silencio fue total.

De pronto -a fines de abril de 1 945- finalizó la caída de globos en Estados Unidos. Transcurrieron días, meses; hasta que por fin terminó la guerra. ¿Por qué razón había cesado el ataque, cuando era evidente que, de continuar, hubiera provocado grandes desastres?

El general Wilbur logró develar el misterio cuando, luego de firmado el armisticio, viajó al Japón. Allí tuvo oportunidad de dialogar con el general Kusabciv quien había estado encargado de dirigir el ataque mediante globos. Kusabciv explicó al militar norteamericano que en total se habían lanzado 9.000 globos, considerando el ejército japonés que al menos el 1 0 por ciento de los mismos llegarían al continente americano. Los primeros globos que atravesaron sin novedad el Pacífico fueron lanzados el 1 de noviembre de 1944. Los mandos japoneses se enteraron del globo que cayó en Montana. Sin embargo constataron con asombro el silencio de los periódicos y de la radio americana.

Al tener noticias únicamente del arribo a los Estados Unidos de un solo globo, el Estado Mayor japonés comenzó a desaprobar el plan de Kusaba. Los superiores le expresaron que la idea había sido buena, pero en la realidad se había revelado un fracaso. El argumento más decisivo que presentaban los mandos consistía en que se estaban despilfarrando las reservas de hidrógeno y de los demás materiales, cuando precisamente el Japón se encontraba exhausto de reservas. Todo este esfuerzo -decían- se desperdiciaba en un ataque que no daba fruto alguno.

Por último, a fines de abril de 1 945, se ordenó al general Kusaba detener definitivamente los lanzamientos. El mando superior le reprochó: “Sus globos no han llegado a los Estados Unidos. Si hubieran llegado, la prensa daría noticias de ello. Los yanquis no pueden estar tanto tiempo callados”.

¡Qué equivocados estaban los altos oficiales del Mikado! Las causas del fracaso no eran atribuibles al general Kusaba sino a que las nevadas de invierno en Norteamérica imposibilitaron el incendio de bosques. Si el ataque con globos hubiera continuado hasta el verano, cuando las zonas boscosas del oeste se encuentran secas, y silos nipones hubieran sostenido la cantidad de 1 00 lanzamientos por día, como lo hicieron en marzo de 1945, quizás hubieran producido una gran catástrofe de destrucción y pánico. Por último, el silencio de la prensa fue la jugada psicológica maestra que cumplió su cometido a la perfección, haciendo fracasar todo el plan japonés.

Fuente Consultada: Los Sucesos Más Insólitos Herry B. Lawfort

Rendición de Japón Guerra Mundial Hirohito Diplomacia Atomica Truman

Rendición de Japón – Guerra Mundial Hirohito – Truman

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: El Japón, ya virtualmente vencido, había iniciado a comienzos de julio de 1945 negociaciones de rendición. En Tokio, se sabía que toda resistencia era ya inútil y que los ejércitos soviéticos se aprestaban, en cumplimiento de lo convenido en Potsdam, a irrumpir en Manchuria.

El 6 de agosto, hubo una terrible conmoción en el mundo: Hiroshima había sido arrasada con todos sus habitantes por la primera bomba A utilizada como arma de guerra. El 8 de agosto, Moscú declaró la guerra al Japón y lanzó sus ejércitos sobre Manchuria. No hubo apenas resistencia; aquello fue virtualmente un paseo militar y los marinos soviéticos no tardaron mucho en izar la bandera de la hoz y el martillo en el histórico Port Arthur, recuerdo de un no muy distante desastre de la Rusia zarista.

El 9 de agosto, Nagasaki fue «borrada del mapa», también con todos sus habitantes, por la segunda bomba A. Y el 2 de setiembre, el general Mac Arthur recibió en la vasta rada de Tokio, a bordo del acorazado «Missouri» —Truman es oriundo del Estado que había dado su nombre a la nave de guerra—, la rendición incondicional del Japón.

firma acta de rendicion de japon en la segunda guerra mundial

NI aun la rapidez con que se sucedían los dramáticos acontecimientos hacía salir al mundo de su asombro y su espanto. Las imágenes de los hongos atómicos y de las arrasadas Hiroshima y Nagasaki encogían todos los ánimos. ¡Trescientas mil víctimas civiles, hombres, mujeres y niños! ¡Otros mucho miles convertidos en desechos humanos, condenados a largas y dolorosas agonías! ¿Por qué se había hecho aquello?

Se alegó como justificación del brutal proceder que cabía temer cualquier cosa de la fanática tenacidad japonesa, que se acortaba la guerra, que se salvaban a la postre muchas vidas. Fue una justificación muy pobre. Sólo la creyeron quienes deseaban creer en ella. Pronto surgió otra explicación de aquella crueldad que pareció a todas luces innecesaria.

Se había querido prevenir a Moscú que debía contenerse, que se disponía de un arma contra la que todos los victoriosos ejércitos soviéticos nada podrían. Se había querido prevenir a Moscú que, si no había podido impedirse la conquista soviética de Berlín, sería Washington quien impondría su ley al vencido Japón. Se había querido prevenir a Moscú que comenzaba una nueva pugna en la que se vería en inferioridad de condiciones.

Pero, con el paso reí tiempo, muchos vieron en los holocaustos de Hiroshima y Nagasaki los primeros actos de la «guerra fría», implacables y feroces. En adelante, el capitalismo y el socialismo tendrían que velar sus armas.

EL ATAQUE A HIROSHIMA Y NAGASAKI

El emperador Hirohito

El ataque a Japón supone que fue previendo una costosa guerra de desgaste material y humano, por lo que el presidente Truman decide arrojar las dos bombas atómicas sobre Japón.

El 6 de Agosto de 1945 la ciudad de Hiroshima (de 300.000 habitantes) quedó reducida a cenizas y tres días más tarde Nagasaki, forzando así la rendición incondicional del Japón.

El emperador Hirohito informa por radio a su pueblo el compromiso de poner las armas, el ministro de guerra japonés se suicida y se firma oficialmente la rendición sobre el acorazado norteamericano Missouri en septiembre de 1945.

Sin embargo, esto puede entenderse de otro modo Japón al borde del colapso, Estados Unidos quiso probo recientemente desarrollado armamento nuclear, y al mismo tiempo el avance soviético que se estaba iniciando sobre territorio disputado con Japón.

Con la bomba atómica, Estados Unidos pasó a ser el Estado más poderoso.

Lanzamiento de las bombas atómicas
El lanzamiento de las dos bombas atómicas sobre Japón en agosto de 1945 dará lugar a una larga controversia. ¿La decisión norteamericana de aniquilar las ciudades de Hiroshima y Nagasaki respondía a un objetivo exclusivamente militar o tenía también aspectos políticos y diplomáticos?

Para algunos investigadores se podía alcanzar la rendición japonesa por medio de un bloqueo extremo o apelando  a la vía diplomática. La conducta fanática de los aviadores suicidas japoneses era más bien una manifestación de debilidad e impotencia de la resistencia frente a la superioridad de recursos de los Estados submarinos norteamericanos habían cortado los abastecimientos y en marzo de 1945 un raid aéreo demostró eficazmente esta superioridad norteamericana.

El presidente Harry Truman justificó el empleo de la mortífera nueva arma como un medio de acortar la guerra  y reducir las bajas. El arma nuclear fue desarrollada únicamente para ganar la guerra y con este propósito se tomó la terrible resolución de utilizarla.

Pero otros investigadores han señalado que tal demostración de poderío norteamericano no era necesario derrotar al Japón. La “diplomacia atómica” de Truman perseguía la evidente finalidad de intimidar a mentar su poder de negociación en los acuerdos de paz de postguerra en relación a la Unión Soviética. Con la bomba atómica, Estados Unidos restaba importancia a la intervención soviética contra Japón.

Se temía el avance soviético en Manchuria, Corea y otros territorios ocupados por los japoneses durante la guerra. De hecho, Japón estaba negociando la mediación de la U.R.S.S. La “extorsión atómica” tuvo como fin frenar las ambiciones o exigencias post-bélicas soviéticas.

Además Estados Unidos tenía que justificar la costosa inversión que significó el desarrollo del Proyecto Manhatan (nombre que recibió el plan secreto de investigación y construcción de la primera bomba, del que ron físicos, científicos, técnicos y militares, que en la mayoría de los casos ignoraban la finalidad de sus trabajos y medir los resultados del arma atómica.

Consecuencias  Políticas de la Bomba Atómica

Bomba Atomica en Alemania NAZI Historia Investigacion Cientifica

Bomba Atómica en Alemania – Historia

LA BOMBA EN EL CAMPO NAZI
Al terminar la primera gran guerra, el mundo buscó desesperadamente retomar la senda de progreso que se había interrumpido dolorosamente. Las universidades y los centros de estudio volvieron a cobrar impulso, y la cofradía de sabios continuó su labor.

Los términos idílicos de la paz obtenida en Versalles les garantizaba que no se cometerían los mismos errores del pasado, por lo que nuevamente las fronteras parecieron no existir para la ciencia. Así, las experiencias en Londres, en Copenhague, en Roma y en Berlín eran conocidas e incluso intercambiadas entre los matemáticos, químicos y físicos.

Sin embargo, las condiciones impuestas al derrotado imperio alemán propiciaron el surgimiento del nacional socialismo, el que poco a poco comenzó a hacerse más y más fuerte. En 1939 el racismo de los nazis salió a las calles e ingresó a las aulas.

Los jóvenes de camisas pardas, alentados por las proclamas de los científicos adeptos al régimen, que denostaban todo lo que fuera de origen judío, incluso la Teoría de la Relatividad de Einstein, expresando que era un patraña colosal, arrinconaron a hombres de la talla del mismo Einstein, Max Born y Leo Szilard, por lo que el éxodo de sabios no se hizo esperar, recibiéndolos Estados Unidos con los brazos abiertos.

Se cuenta que el Ministro del Reich, Hans Stuckhart, a propósito del verdadero desmantelamiento que se había producido en las universidades alemanas, le habría consultado socarronamente al Profesor Hilbert, Director del Instituto de Física de Gottenborg, si el establecimiento había sufrido mucho con la partida de esos científicos. La respuesta deja en claro el colosal error que ello significó, uno mas de los tantos que cometieron Hitler y sus huestes, ál dejarse llevar por su irracional odio antisemita.

En realidad, no se puede decir que haya sufrido. Simplemente dejó de existir.

En 1939, el químico nuclear Fritz Strassman y el físico Otto Han, trabajando en laboratorios alemanes, plantearon una teoría de la fisión del Uranio, la que fue comunicada al Ministerio de Ciencias, y postularon la posibilidad de construir una máquina para obtener energía. No los guiaba la alternativa de utilizarla como bomba, sino que se orientaban hacia el aprovechamiento de ella para mover motores. La iniciativa contó con el respaldo del jefe de investigaciones del ejército, el que escribió en tal sentido al Ministerio, aconsejando que se le diera prioridad.

Los trabajos se iniciaron bajo el mando de Werner Heisenberg, pero luego se optó por abrirlos en tres proyectos, cada uno a cargo de ministerios distintos y con fines también diferentes. Sólo fue en 1942 que Albert Speer, el Ministro de Guerra, comprendió el alcance bélico que tenía la energía nuclear, y ordenó concentrar los esfuerzos en esa dirección.

Parece evidente que las proyecciones exitistas sobre la marcha inicial de la guerra, cuando las divisiones panzerarrollaban cualquier resistencia a su paso, contribuyó para que los estrategas germanos restaran importancia a esta nueva y decisiva arma, la que advirtieron demasiado tarde, perdiendo la iniciativa que habían obtenido con la labor de Strassman y Han.

Por otra parte, el mismo Hitler desconfiaba de los alcances de una bomba atómica, empecinándose en derivar las investigaciones hacia el uso energético para motores convencionales.

A todos los inconvenientes reseñados, habría que agregar, finalmente, que una vez que se decidió construir la bomba atómica, los científicos optaron por seguir el camino que había mostrado en Italia, Enrico Fermi, o sea, obtener una pila nuclear bombardeando elementos por medio de «agua pesada». Esta experiencia, en términos legos, consistía en «amortiguar» la desintegración obtenida por el bombardeo logrado con los neutrones, reemplazando el hidrógeno común del agua por deuterio, que es el mismo elemento pero más pesado.

El sabio italiano, en realidad, había llegado solamente hasta el umbral de un resultado definitivo en los ensayos efectuados en Roma hacía ya algunos años, cuando vislumbró este fenómeno, para el cual había usado kerosén en la tina del baño de su laboratorio, descargando uranio sobre una esfera de plata, estando ambos metales inmersos en el líquido. El físico Emilio Sagré, que formaba parte del equipo de Fermi, a propósito del ensayo en la tina de baño, diría al recibir el Premio Nobel de su especialidad en 1959:

«Dios, con sus decisiones inescrutables, nos dejó a todos ciegos, en aquella oportunidad, frente a la desintegración».

El «agua pesada», entonces, se constituyó en un factor primordial para el esfuerzo nazi. El Mariscal Goering, a fines de 1942, encomendó un programa destinado a obtener tres mil kilos mensuales, pero esta tarea, como asimismo las toneladas de uranio que era necesario obtener, comenzó a tropezar frente a la devastadora acción de la fuerza aérea aliada, la que bombardeó sistemáticamente esos objetivos.

Sin embargo, los aliados no tenían total certeza de que los nazis no fueran a obtener un artefacto nuclear dentro de un plazo breve. El anuncio del Ministro de Propaganda del Reich, Joseph Goebbels -formulado luego del desastre que aconteciera al ejército germano en el frente ruso, tras las derrotas en Stalingrado y Leningrado- proclamando la guerra total y amenazando que en ella utilizarían poderosas y nuevas armas secretas, aceleró al máximo los trabajos que tenían como escenario los Estados Unidos.

Hitler, en tanto, al comprobar en 1944 que sus otrora imbatibles ejércitos, ahora no eran capaces de contener los avances sobre Berlín, había cambiado sustancialmente su pensamiento acerca de la nueva arma secreta.

Día a día preguntaba sobre los avances de su construcción, pero las respuestas no le daban, ni le dieron, la posibilidad que pudo entrever,quizás, de mantener vigentes sus oníricas visiones de una raza aria dueña del mundo.

Fuente Consultada: HECHOS, Sucesos que estremecieron al siglo Tomo N° 15 La Bomba Atómica

Genocidios en la Historia