Pacto de Brest Litovsk Tratado de Paz Rusia Guerra Mundial Final


Pacto de Brest Litovsk – Tratado de Paz 

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La paz de Brest-Litovsk: El tratado de paz firmado en Brest-Litovsk (actualmente en Bielorrusia) entre las potencias centrales y la República de Ucrania (09 de febrero 1918) y la Rusia Soviética (03 de marzo 1918), puso fin a las hostilidades entre dichos países en el contexto de la Primera Guerra Mundial.

Las primeras negociaciones del gobierno bolchevique con los imperios centrales comenzaron el 9 de diciembre. Las reuniones se celebraron en la fortaleza de Brest-Litovsk El problema de la guerra se planteaba para los revolucionarios rusos de la siguiente manera: había que ganar tiempo a toda costa para fortalecer la revolución.

La mirada de los bolcheviques se dirigía a Europa en espera de la crisis revolucionaria que preveían. La primera delegación soviética estuvo representada por Kámenev y Joffé. Los Imperios centrales enviaron a los ministros de relaciones exteriores de Austria-Hungría y Alemania, Csernin y Von Kuhlmann, al jefe del estado mayor del frente oriental, general Hoffmann.

Desde las primeras discusiones, los imperios centrales mostraron sus intenciones: imponer la paz a Rusia y obtener grandes concesiones. El artículo segundo de sus propuestas para la paz decía: “Habiendo reconocido el gobierno ruso, de acuerdo con sus principios, el derecho de todos los pueblos, sin excepción, que forman parte del Estado ruso, a disponer de sus destinos hasta el punto de separarse por completo, se da por enterado de las resoluciones que expresan la voluntad de los pueblos de Polonia, Lituania, Curlandia, una parte de Estonia y de Finlandia, de separarse del Estado ruso y de constituirse en Estados realmente independientes”.

O sea, reclamaban la anexión a Alemania de todos esos territorios. La propuesta era monstruosa y evidenciaba claramente la voracidad imperialista de Alemania. La formulaban, por otra parte, contando con que Rusia ya no estaba en condiciones de combatir. Era la tesis de Ludendorff: imponer la paz o rematar a Rusia “rápida y enérgicamente”. El temor al bolchevismo aterraba al jefe militar: ” Yo sabía que, aún en caso de llegar a la paz, nos serían necesarias numerosas fuerzas contra el bolchevismo”.

El 27 de diciembre se reanudaron las negociaciones. La delegación soviética estaba presidida esta vez por Trotski. Las discusiones se hicieron más tensas. La delegación bolchevique seguía ganando tiempo, mientras dirigía una activa campaña propagandística sobre los soldados alema-nes. La situación se mantuvo casi dos meses. El Estado Mayor alemán estaba exasperado. Ludendorff proponía insistentemente iniciar las operaciones contra Rusia.

El 26 de enero, el gobierno soviético culminaba su ruptura con los aliados: un decreto anulaba todas las deudas exteriores de Rusia. Al mismo tiempo, las negociaciones de Brest-Litovsk llegaban a término. En los primeros días de febrero, Alemania y sus aliados reconocieron a Ucrania como Estado independiente y firmaron, con una “delegación” ucraniana inventada, un acuerdo de paz. La delegación bolchevique rompió la negociación: daban la guerra por terminada, pero sin firmar la paz.

El 18 de febrero, apenas unos días después de la ruptura de las negociaciones, Alemania anunció al gobierno ruso la reanudación de las hostilidades. La ofensiva alemana casi no encontró resistencia. En pocos días, del 18 al 24, Ucrania fue invadida. Las posibilidades de resistencia para el gobierno soviético eran muy escasas. No existían fuerzas para mantener una guerra revolucionaria. Se impuso la necesidad de firmar la paz. El 19 de marzo, llegaba a Brest-Litovsk una nueva delegación soviética.

La Rusia soviética había aprovechado bien el tiempo de las negociaciones. La propaganda tuvo enorme efecto sobre Alemania y los pueblos en general. En primer lugar, se hacía evidente la mentira con que la Entente pretendía engañar a los obreros de Europa: que los bolcheviques eran agentes alemanes.

El gobierno soviético firmaba la paz bajo la imposición de los cañones del ejército alemán. El 3 de marzo se firmó el tratado. Un mensaje del gobierno revolucionario, dirigido a los pueblos del mundo, decía: “La paz que firmamos nos es dictada con las armas en la mano. La Rusia revolucionaria se ve constreñida a aceptarla, apretando los dientes…”



La paz de Brest-Litovsk implicó enormes concesiones territoriales en beneficio de Alemania. Las cláusulas principales del tratado, que estaba redactado en trece artículos eran: compromiso recíproco de cesar en toda clase de propaganda contra el estatuto gubernamental o militar de los países interesados; la desmovilización del ejército ruso, incluso la de las nuevas unidades soviéticas; renuncia, por parte de Rusia, a inmiscuirse en los asuntos de los países situados al oeste de las nuevas fronteras (todos los países bálticos, Lituania y Polonia); evacuación de las regiones de Asia Menor, ocupadas por las tropas rusas; reconocimiento, por parte de los Soviets, de la república popular de Ucrania y del tratado firmado por ésta con la Cuádruple; evacuación de Finlandia y de las islas Aaland por los rusos (lo que equivalía al sacrificio de la revolución finlandesa); renuncia recíproca a toda indemnización de guerra.

Sin embargo, Rusia tendría que indemnizar a los Imperios centrales por el sostenimiento de los prisioneros rusos, por los daños causados por la revolución a los subditos austro-alemanes, etcétera (en total, un pago de más de tres mil millones de rublos oro). Se realizaría inmediatamente el intercambio de prisioneros de guerra (Alemania calculaba de esta manera recuperar material humano); se reanudarían las relaciones comerciales y diplomáticas. Una vez firmada la paz, y al amparo del tratado prosiguió el avance de las tropas alemanas en Ucrania, hasta el Don, hasta Crimea, hasta el Cáucaso”.

La primera paz de la guerra mundial resultaba favorable para Alemania y sus aliados. Empero, el beneficio de la ocupación de Ucrania fue muy inferior al que había calculado el Estado Mayor alemán. El principal aporte lo constituyó el envío a Alemania de 46.000 caballos y 5.000 cabezas de ganado. En cuanto a cereales, obtuvieron una exigua cantidad, que no alcanzaba a paliar el problema del hambre en Alemania y Austria-Hungría. El costo, por otra parte, fue muy elevado. Tuvieron que mantener un ejército de ocupación (22 divisiones), constantemente hostigado por partidas guerrilleras, que pronto se desmoralizó.

Asimismo, la publicación de la paz alemana de Brest-Litovsk contribuyó a afirmar en la Entente su voluntad de no concluir la guerra antes de aniquilar a Alemania. Además, prestó un buen servicio a la propaganda aliada que agitó por el mundo la “rapiña alemana” en Rusia. . . La paz impuesta se volvió contra Alemania.

La Rusia soviética perdió importantes territorios, pero la revolución de octubre se sostuvo. Cuando la revolución alemana derribó la monarquía de los Hohenzollern, los bolcheviques denunciaron la paz de Brest-Litovsk y se lanzaron a recuperar e! terreno perdido. En tanto, habían comenzado a organizar el Ejército Rojo, bajo la dirección de Trotski. Al mismo tiempo, la propaganda realizada hacia Alemania comenzó a dar sus frutos.

Desde una cárcel de Berlín, Liebknecht, hacía en esos días un excelente comentario sobre la paz de Brest-Litovsk:

“El balance de Brest-Litovsk no es igual a cero, aunque de momento haya de traducirse en una paz brutal de imposición y avasallamiento. Gracias a los delegados rusos, Brest-Litovsk se ha convertido en una tribuna revolucionaria de radio amplísimo. Aquellas negociaciones sirvieron para desenmascarar a los imperios centrales, para desenmascarar el instinto de rapiña, la falsedad, la perfidia y la hipocresía de Alemania. Sirvieron para dictar un veredicto aniquilador contra esa política alemana de las ‘mayorías’ a que, según ella, se ha de ajustar la paz, y que tiene más de cinismo que de gazmoñería. Han servido para desencadenar, en varios países, considerables movimientos de masas. Y su trágico acto final —la intervención decretada contra la revolución— ha sacudido todas las fibras socialistas del mundo. Ya llegará el día en que se demuestre, que van a recoger de esta siembra los triunfadores de hoy. Yo les garantizo que no van a disfrutar a gusto.”

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