Tabla de los Adelantados

Francisco Hermógenes Ramos Mejía Evangelización de Indios

LABOR EVANGELIZADORA DE RAMOS MEJÍA

LOS INDIOS DE MIRAFLORES: En 1811 Francismo Hermógenes Ramos Mejía, hijo de un acaudalado  comerciante  porteño,  cruzó el río Salado —límite en ese entonces del  mundo civilizado— y portando  una  Biblia como  única arma se internó en territorio de los indios, protagonizando una experiencia inédita en lo que hace a la relación  del  hombre  blanco  con los aborígenes.

Francisco Ramos Mejía

Nacido en Buenos Aires  en  1773,  Francisco Ramos Mejía parece haberse sentido muy poco inclinado a la vida mundana y preferir, en cambio, la vasta soledad  del   desierto.   Sentimientos que empujaron a su padre a encargarle   la   administración   de   una pulpería y panadería sita en Los Tapiales.

Fue allí que estableció contacto literario con Manuel Lacunza, un jesuíta chileno autor, bajo el seudónimo de Josefat Ben Ezra, de un tratado sobre religión publicado  bajo  el título  «La venida del Mesías en Gloria y Santidad». Según  han  establecido  sus  biógrafos,  la particular interpretación del cristianismo hecha por el religioso impresionó de tal manera al improvisado pulpero que no tardó en experimentar la imperiosa necesidad de llevarlo a la práctica.

Nació así la idea de internarse en tierras dominadas por los pampas para intentar una acción evangelizadora. Fundó, entonces, en Diez Lomas, o Marilhuincul, un lugar cercano a Kaquelhuincul, la estancia «Miraflores».

Lo acompañaban su mujer, María Antonia Seguróla, y su  hijo Matías. Tenía 38 años. Pero ganarse la confianza de los indios no fue tarea simple y a su primera actitud —pagar las tierras que  ocupó— debió  agregar una alta dosis de paciencia, hasta que, convencidos de la honestidad de sus intenciones, los propios pampas se encargaron de difundir su fama hasta más allá de la cordillera.

A partir de ese  momento la estancia «Miraflores» se convirtió en refugio obligado de un considerable número de naturales y gauchos —criollos alzados, huidos de la autoridad— que todos los sábados por la tarde se congregaban para escuchar sus  sermones.

Y no sólo palabras ofrecía Francisco Ramos Mejía. Comida, techo y un trato sorpresivamente humano estaban a disposición de indios y perseguidos. Claro que, también, tenía sus exigencias y había impuesto una forma de vida que no resultaba nada fácil de observar: nadie dentro de los límites de «Miraflores» podía beber, jugar, vivir en concubinato ni mantener relaciones con más de una mujer.

Lo  cierto es que si  para sorpresa de muchos la estancia prosperaba sin pausa, resultaba más asombrosa,  todavía,  la  armonía que reinaba en la comunidad. Pero la experiencia debió disgustar a algunos porque  mientras Francisco de Paula Castañeda, sacerdote que había adquirido enorme prestigio como periodista, lo criticaba en sus artículos, Bernardino Rivadavia, ministro del gobernador Martín Rodríguez, lo intimó a que se abstuviera de «…promover prácticas contrarias a las de la religión   del   país».

Finalmente   su propiedad fue allanada y el experimento interrumpido definitiva mente. Con su  muerte, acaecida en 1825 a los 52 años, dio fin uno de los escasos  intentos de integración pacífica de los indios realizados en el territorio argentino.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la República Argentina Editorial Abril

Historia de los Quilmes Genocidio y Deportacion Destierro Castigo

Historia de los Quilmes – Genocidio y Deportación

El caso de los indios quilmes constituye un paradigmático ejemplo de la variedad y alcance de algunos mecanismos instrumentados por los conquistadores para garantizar el dominio y explotación del territorio americano.

LOS PRIMEROS HABITANTES DE TUCUMÁN. Antes de que llegasen los conquistadores españoles, el actual territorio de Tucumán estaba habitado por (distintos pueblos indígenas. Los diaguitas-calchaquíes, influidos fuertemente por la cultura inca, sobresalían por su desarrollo. Asentados en :oda el área montañosa del oeste tucumano, eran hábiles tejedores y alfareros, y expertos agricultores. Se dedicaban al cultivo del maíz, el zapallo la quinua, con un complejo sistema de andenes y terrazas a las que dotaban de un avanzado sistema de irrigación.

Guanacos, llamas y vicuñas les brindaban carie y leche, además de lana, indispensable materia prima para sus telares. Una incipiente actividad minera les proveía de diversos metales para la fabricación de armas y utensilios. Estaban bien organizados, bajo la dirección de un cacique, y aunque esencialmente pacíficos, sabían hacer uso de la fuerza bélica cuando sus propiedades o territorios estaban en peligro.
Más hacia el este de la actual provincia de Tuumán vivían otros pueblos indígenas, menos evolucionados, como los lules y vilelas, que eran cazadores y recolectores.

Quilmes es el nombre de una de las más célebres parcialidades de  los diaguitas. Habitaban el oeste de la actual provincia de Tucumán (Argentina). En su lengua, el cacán, kilme significa ‘entre cerros’.

Sobre la base de estudios etnohistóricos, se ha señalado que hasta la llegada de los españoles, los quilmesconstituían una comunidad numerosa y organizada que dominaba un amplio espacio geográfico -que se estima en 400 Km. cuadrados- y disponía de una gama de estrategias tecnológicas que le permitía explotar variados y abundantes recursos naturales. Poseían además un complejo patrimonio cultural que ordenaba y organizaba todos los aspectos de la vida comunal.

El trabajo, las prácticas religiosas y la guerra eran partes integrantes de un conjunto organizado y el territorio, más allá de sus connotaciones económicas, era considerado «un espacio sagrado».

Ruinas de los Quilmes: Se puede decir que “Diaguitas” es la determinación general de pueblos de diferentes lenguas y tradiciones que habitan Valles Calchaquíes. Uno de estos fueron los Quilmes.

Nunca aceptaron ser vasallos de nadie y se rebelaban frente a la exploración de los españoles, que luego de vencidos en 1665 por Alonso Mercado y Villacorta, los quilmes fueron obligados a caminar desde Tucumán hasta la localidad que hoy lleva su nombre en la provincia de Buenos Aires.

Unas 200 familias se establecieron en 1666 en el primer asentamiento al sur del Riachuelo, conocido como la Reducción de la Santa Cruz de los Indios Quilmes, bajo régimen de encomienda. En el siglo siguiente la población se redujo a sólo 200 habitantes. El Primer Triunvirato decidió en 1812 la creación del pueblo de Quilmes sobre los terrenos que pertenecieron a la Reducción.

El historiador Horacio Difrieri señala que su gran desarrollo, permitió a los quilmes destacarse dentro del conjunto de comunidades calchaquíes, y también explica su último gran levantamiento y «su pertinacia para preseverar en el ser de sus antepasados, frente al terrible embate que a tantos pueblos había ya liquidado».

También contribuye a explicar el daño irreparable que significó para ellos su deportación, al producir «la desconexión de los circuitos activos de todo el sistema». En Buenos Aires, «su tecnología múltiple era inoperante y no contaban con la protección de sus dioses de la tierra a los cuales habían abandonado en los valles perdidos.

La ineptitud tecnológica supuso entonces su desaparición como grupo social, a pesar de que los indios, como tales, no fueron motivo de castigo físico ni individual. Pero los había fulminado la muerte cultural y social, en virtud de que el conquistador había cortado con su espada los ligamentos circuitales del sistema tan laboriosamente construido en tiempos prehispánicos».

El genocidio de los Quilmes fue un trasladado a un escenario geográfico completamente diferente al que estaban acostumbrados. Durante el viaje, varios indios se fugaron y varios maltratados, que murieron en el camino. Una vez radicados, tanto los Alcalianos como los Quilmes, son sometidos a trabajos estatales, como mitayos coloniales. Igualmente siguieron con sus costumbres y tradiciones étnicas; como cambiar de vivienda cuando se moría un pariente. Aunque la iglesia les prohibía ciertas costumbres. Su adaptación al nuevo medio ambiente fue mayor del que se creía. Hablaban su lengua Kakana, y entendían el Quechua pero no lo hablaban. Por parte de la iglesia se les obligaba el español. Vivían en rancho de paja, criaban pocas ovejas y muchos caballos, sembraban trigo como lo solían hacer en sus valles, hacían trabajos ganaderos y mercado entre deudores y acredores. Todos estos datos dan a saber que se acriollaron al modo de vida pampeano.

Fuente Consultada:
Historia Argentina Tomo I Desde La Prehistoria Hasta 1829  Nota de María Cristina San Román

CAUSAS DE LA CREACIÓN DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA BORBONES

CAUSAS DE LA CREACIÓN DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA

CAUSAS DE LA FORMACIÓN DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA (puedes ampliar este tema)

Las causas de su creación fueron:

a) El peligro lusitano derivado de las cuestiones originadas por la posesión de la Colonia del Sacramento y la conveniencia de tener en estas regiones una autoridad fuerte que pudiese terminar con la amenaza portuguesa.

b) La necesidad de establecer una Audiencia separada de la de Charcas, pues las grandes distancias dificultaban y dilataban los asuntos en trámite. Por otra parte Cuyo, que dependía de la Audiencia de Chile, estaba incomunicada con ésta durante el invierno, debido a las nieves. Tomás Álvarez de Acevedo, fiscal de la Audiencia de Charcas, en 1771 elevó un informe destacando la necesidad de crear un nuevo virreinato.

c) El peligro de que expediciones inglesas y francesas ocupasen las 1771 elevó un informe destacando la necesidad de crear un nuevo costas patagónicas y las Malvinas.

d) El aumento de la población blanca y negra que se dedicaba a la agricultura y ganadería, a las industrias y al contrabando determinaron la necesidad de reorganizar la administración.

Virreinato provisional — A fines de agosto de 1776 salió de España Don Pedro de Cevallos. Venían al Río de la Plata con la misión de afianzar el poder español en detrimento de los portugueses; primero se le concedió el título de jefe de la expedición y dos días después se le confirió el mando de las Provincias del Río de la Plata y de los territorios que comprendía la Audiencia de Charcas, como virrey, gobernador y capitán general. En la resolución se especificaba que terminada la expedición y conseguido el objeto que se proponía, dejara el mando militar y político en la forma que lo había hallado y regresara a España.

El virreinato era, pues, una organización provisoria. La Real Cédula de creación del Virreinato fue fechada y firmada el 1º de agosto de 1776; éste comprendía las provincias de Buenos Aires, Paraguay, Tucumán, Potosí, Santa Cruz de la Sierra. Charcas y los corregimientos, pueblos y territorios que dependían de esta Audiencia además de la región de Cuyo.

En 1777 murió el rey José 1 de Portugal y quedó al frente del gobierno su esposa María Victoria, hermana de Carlos III de España. Inmediatamente se inició una política de acercamiento entre España y Portugal con el consiguiente cese de hostilidades en América.

Firmada la paz entre España y Portugal, Cevallos tomó posesión efectiva del cargo de virrey en octubre de 1777 y gobernó hasta 1778 cuando le sucedió en el gobierno Juan José de Vértiz. Esto significaba que el virreinato quedaba establecido definitivamente, pues se nombraba virrey pese a que ya no existía el peligro lusitano, causa de la creación provisoria del virreinato del Río de la Plata.

mapa virreinatos en america

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

El virreinato del Rio de la Plata y sus virreyes Fundacion de Ciudades

El virreinato del Río de la Plata y sus virreyes

Durante largos años, los productos venidos de España llegaban al nuevo mundo por el Atlántico, se concentraban en Panamá, y tras cruzar el istmo, iban por el Pacífico hasta Perú. De Lima partían después las lentas caravanas de mulas que transportaban las mercaderías hasta las restantes ciudades del virreinato, a lo largo de un viaje de millares de kilómetros, cuya meta final era la ciudad de Buenos Aires.

Estas circunstancias explican la modestia de las ciudades cercanas al Plata, que debían esperar durante largos meses la llegada de las mercaderías esenciales para su actividad comercial.

La situación de Lima, en cambio, era mucho más favorable, no sólo por su proximidad al Pacífico, sino por su condición de ciudad capital del virreinato.

Avanzado ya el siglo XVIII, se hizo evidente la necesidad instalar un nuevo virreinato que atrajese la actividad mercantil hacia las poblaciones más cercanas al Atlántico y que, además, afianzara la autoridad española en la zona del Plata, constantemente amenazada por las incursiones de los portugueses.

Largos años habían pasado desde la llegada del primer adelantado, don Pedro de Mendoza. Para ocupar el cargo fue designado, al correr del tiempo, segundo adelantado del Río de la Plata, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, quien llegó a Brasil en 1540 y se trasladó por tierra con sus hombres hasta la Asunción del Paraguay.

Alvar Núñez descubrió las cataratas del Iguazú, y admiró esa caída del río, que forma uno de los saltos de agua más portentosos del mundo. En marzo de 1542 Alvar Núñez llegó a Asunción del Paraguay y se hizo cargo del territorio. No fue feliz su tarea de gobernante. Dos años después de su llegada fue destituido, encarcelado por los vecinos de Asunción, y desterrado a España.

El tercer adelantado del Río de la Plata fue don Juan de Sanabria, quien falleció en España antes de ocupar su cargo; su hijo Diego, designado para reemplazarlo, marchó hacia el Perú en lugar de dirigirse a la Asunción; Irala tomó entonces el mando, hasta 1556, fecha de su muerte. Tras un largo intervalo, el quinto adelantado, Juan Ortiz de Zárate, llegó a la Asunción, luego de un viaje penosísimo. Permaneció en el cargo hasta su muerte, ocurrida en 1576.

Juan de Garay -sin duda la figura señera de este período-, tomó el gobierno. Asesinado por los indios en 1583, el mando de la Asunción pasó a manos del sexto y ultimo adelantado del Río de la Plata, Juan Torres de Vera y Aragón, yerno de su antecesor Ortiz de Zárate. El adelantado fundó en 1588 la ciudad de Corrientes, y marchó después a España, donde renunció a su cargo.

A los adelantados sucedieron los gobernadores, que actuaron entre 1591 y 1776. El primer gobernador del Río de la Plata, asunceño de origen, fue Hernando Arias de Saavedra, Hernandarias, quien desempeñó el cargo durante varios-períodos. En 1617 el rey de España dividió la vasta región del Plata en dos gobernaciones: la del Paraguay, con capital en Asunción, y la del Río de la Plata, con capital en Buenos Aires. Se destacaron como gobernadores de Buenos Aires, entre otros, José de Garro, que desalojó a los portugueses de la Banda Oriental; Bruno Mauricio de Zavala, que fundó en el año 1724 la ciudad de Montevideo; Pedro de Cevallos y Juan José de Vértiz y Salcedo a quienes correspondería actuar después como virreyes.

mapa virreinatos español en america

Corrientes Fundadoras

Durante la época de los adelantados y de los gobernadores se fundó la mayor parte de las ciudades capitales de nuestro país. Las corrientes fundadoras fueron tres:

Corriente del este: Integrada por los hombres que, venidos directamente del viejo mundo por el camino del Atlántico, fundaron las ciudades cercanas al Plata y sus principales afluentes:

Santa Fe, fundada por Juan de Garay en 1573.

Buenos Aires, fundada por Juan de Garay en 1580.

Corrientes, fundada por Juan Torres de Vera y Aragón en 1588.

Corriente del norte: Integrada por los hombres, que procedentes del Perú, fundaron las ciudades del centro y del norte del país Santiago del Estero, fundada por Francisco de Aguirre en 1553.

San Miguel de Tucumán, fundada por Diego de Villarroel en 1565.

Córdoba, fundada por Jerónimo Luis de Cabrera en 1573.

Salta, funda por Hernando de Lerma en 1582. La Rioja, fundada por Juan Ramírez de Velasco en 1591.

San Salvador de Jujuy, fundada por Francisco Argañaraz en 1593.

Catamarca, fundada por Fernando de Mendoza y Mate de Luna en 1683.

Corrientes del oeste: Integrada por los hombres que, procedentes de Chile, funda. ron las ciudades de Cuyo, al oeste de nuestro país.

Mendoza, fundada por Pedro del Castillo en 1561.

San Juan, fundada por Juan Jufré en 1562. San Luis, fundada por Luis Jofré de Loaisa en 1594.

Por Real Cédula del 6 de agosto de 1776, se creó provisionalmente el Virreinato del Río de la Plata, con capital en Buenos Aires y, en 1782, su extenso territorio se dividió en ocho intendencias: Buenos Aires, Córdoba, Salta, Paraguay, Potosí, Charcas, Cochabamba y La Paz. El virreinato comprendía, además, varias zonas militarizadas situadas en los límites con el Brasil: las provincias de Moxos, Chiquitas y Misiones, y la Banda Oriental.

LOS VIRREYES PROGRESISTAS: CEVALLOS Y VERTIZ: Once fueron en total los virreyes del Río de la Plata, sistema de gobierno que se prolongó durante treinta y cuatro años. Entre todos ellos, han de señalarse por su acción progresista, Pedro de Cevallos y Juan José de Vértiz y Salcedo. Cevallos que gobernó dos años, logró la definitiva expulsión, de los portugueses de la Banda Oriental, asegurando así el dominio español en ambas márgenes del Plata.

Vértiz, su sucesor, desempeñó el cargo durante seis años, en cuyo transcurso completó muchas de las obras iniciadas por él mismo cuando fue gobernador. Se ocupó activamente de todo cuanto se relacionara con el bienestar y con el progreso de la colonia.

En 1779 fundó la Casa de Expósitos, para hogar y asilo de los niños desamparados. En 1780 adquirió la impresora y tipos que había funcionado en el Colegio Montserrat de Córdoba y la hizo trasladar a Buenos Aires, que tuvo así su primera imprenta, instalada en la Casa de Expósitas. A partir de 1780 dispuso que hubiera alumbrado público las calles, lo que le valió entre el pueblo el apodo de Virrey de las luminarias. En 1783 creó el Real Colegio de San Carlos, primer  instituto de enseñanza superior que hubo en Buenos Aires. Fue, además, un propulsor sincero de cuanta actividad cultural se insinuase en la colonia; por esta razón, anticipándose a su época y superando recelos y prejuicios, amparó el teatro.

Choque Cultural Españoles y Aborigenes en la Sociedad Colonial

 Choque Cultural Españoles y Aborígenes en la Sociedad Colonial

Luego de la conquista, los españoles intentaron establecer una nueva sociedad en América, pero su organización les presentó una serie de dilemas. El más importante era qué hacer con los habitantes originarios de las tierras conquistadas, a quienes llamaron indios. Este dilema tenía su origen en la discusión acerca de la naturaleza de los indios: si eran humanos o no. Luego de una larga y acalorada polémica entre sabios españoles, entre quienes se destacó Bartolomé de las Casas, se llegó a la conclusión de que los indígenas eran humanos.

Por lo tanto, serían considerados legalmente como personas. Sin embargo, como se los equiparaba con los menores de edad, debían ser tutelados por los adultos (en este caso, los españoles).

Además, desde un primer momento, los reyes de España intentaron separar a los indios de los españoles, legal y físicamente. Las dos “repúblicas” o comunidades —la de los españoles y la de los indígenas— tenían existencia legal como entidades separadas entre sí. Esta separación nunca fue efectiva y, desde un comienzo, ambas comunidades se relacionaron e, incluso, se mezclaron.

Para los indígenas americanos, la conquista significó un verdadero trauma. Eran los vencidos en un choque violento que se desarrolló en varios frentes. Tanto su existencia física como social y cultural estaba amenazada por la sola presencia de los españoles. Con respecto a la existencia física, los españoles habían traído de Europa enfermedades totalmente desconocidas en América, a causa del aislamiento de este continente.

La gripe, el sarampión y las paperas eran inofensivas para los españoles. pero resultaron trágicas para los indígenas. Este “choque biológico” causó, en toda América, un drástico descenso de la población indígena a lo largo de los siglos XVI y XVII.

El descenso demográfico fue mayor en algunas zonas que en otras, de acuerdo a la intensidad del contacto entre indígenas y españoles. En Nueva España, la zona más poblada del continente, la población indígena pasó de unos veinte millones en 1519 a poco más de un millón alrededor de 1610.

Además de este choque biológico, los indígenas tuvieron que enfrentarse con las demandas de los vencedores. Cuando los españoles fundaban una ciudad, repartían los indígenas entre sus hombres como recompensa por su participación en la empresa de conquista y poblamiento.

Este reparto se llamaba encomienda. De acuerdo con la ley española, los encomenderos recibían los tributos de los indios a su cargo y, a su vez, el encomendero debía darles protección y enseñanza en la fe católica. Cada indio adulto debía pagar el tributo en bienes, en trabajo o en moneda.

Este sistema dio lugar a múltiples abusos por parte de los encomenderos. Además del pago del tributo, los indígenas debían trabajar para los españoles en forma rotativa en diferentes actividades, no sólo en la minería sino también en el mantenimiento de caminos, construcciones públicas y limpieza de canales.

Las presiones impuestas por los españoles causaron efectos muy diversos sobre los indígenas. Algunos cayeron en el agotamiento, la desesperación y el desaliento que los llevaron a la muerte. Esto ocurrió, por ejemplo, en Santo Domingo, donde los indígenas se extinguieron ya en el siglo XVI, agotados por el sobretrabajo exigido por los españoles. Otros huyeron de sus lugares de residencia, para alejarse del encomendero y del tributo.

En estos casos se produjeron grandes migraciones indígenas tanto en Nueva España como en los Andes. Los que se quedaron en sus lugares de origen lograron un acuerdo con el encomendero: podían producir alimentos y venderlos en los mercados de las ciudades, para conseguir dinero y pagar el tributo.

También podían recurrir a la justicia española para proteger sus tierras y bienes en caso de tener que enfrentar los abusos de un encomendero. Así lo hicieron los indígenas de toda América, sobre todo los de Nueva España y Perú. Como último recurso frente a las imposiciones españolas, los indígenas se rebelaron, como ocurrió en varias ocasiones durante los siglos XVI, XVII y XVIII.

El choque entre los indígenas y los españoles también fue social y cultural. La pérdida de la autonomía de las sociedades indígenas significó un trauma para ellos, sobre todo para los jefes indígenas, que fueron perdiendo su poder. Las creencias indígenas fueron duramente atacadas por los españoles, quienes buscaban lograr, como misión civilizadora, la incorporación de esos infieles a la religión católica. El proceso de evangelización que comenzó con la conquista ocasionó la “muerte” de los dioses indígenas. Esto no implicó la absoluta e inmediata aceptación del catolicismo por los indígenas, sino que fue un proceso gradual y nunca del todo concluido.

En el otro extremo de la sociedad se encontraban los vencedores, los españoles. La sociedad española en América no era uniforme. Si bien todos eran blancos, y esto los diferenciaba muchísimo del resto, existían profundas diferencias entre ellos. Principalmente, por su lugar de nacimiento: España (peninsulares) o América (criollos).

También por la fortuna. En el siglo XVI, los encomenderos se encontraban en la cúspide de la sociedad. Estos, además de beneficiarse con el trabajo de los indios, fueron controlando cada vez más tierras. La encomienda fue declinando su importancia a fines del siglo XVI y los dueños de la tierras —los hacendados— tomaron el lugar de los encomederos como grupo más poderoso económicamente. Religiosos, comerciantes y altos funcionarios estaban un poco más abajo en la escala social.

Estos cuatro grupos —hacendados, religiosos, comerciantes y altos funcionarios— eran la “gente sana” de la población y la capa más alta de la sociedad, suficientemente integrada mediante matrimonios y parentescos.

Más abajo en la pirámide social, había una masa mucho más mezclada, tanto en las ciudades como en el campo. Esta capa era una mezcla de colores y sangres, fruto de los encuentros sexuales de las diferentes razas. Era el mundo del mestizaje: artesanos, trabajadores, sirvientes, peones.

Por debajo de ellos estaban los negros, traídos de África en contra de su voluntad: eran esclavos domésticos de las familias blancas ricas de las ciudades o eran esclavos rurales de las haciendas y plantaciones, sobre todo, del Caribe y del Brasil.

La religión y la Iglesia lo abarcaban todo: estaban presentes en todos los eventos importantes, en las festividades y en la vida cotidiana de las personas, desde el nacimiento hasta la muerte.

GRUPOS RACIALES:
a) Blanco + Negro: Mulato
b) Blanco + Indio: Mestizo
c) Negro + Indio: Zambo

Había otras subcastas producto entre zambos, mestizos y mulatos

LA SOCIEDAD COLONIAL

Los blancos eran la clase privilegiada, «gente decente». Pero sólo los españoles tenían todos los derechos.
Los Indios no tenían ningún derecho y se los despreciaba. No podían tener empleos ni andar a caballo. Intercambiaban sus productos en las pulperías.
A los criollos les estaba prohibido hacer política. Como máximo podían ser empleados de tienda por supuesto, los que podían Iban a las universidades).
En el Río de la Plata los negros eran, en su mayoría esclavos. Algunos compraban su llbertad al amo: se los llamaba libertos. Vendían productos por su cuenta o de los patrones. También trabajaban en las chacras y el campo. Los negritos llevaban almohadones para que sus amas se sentaran en la iglesia.
La sociedad colonial estaba dirigida por los blancos. Los españoles se consideraban a si mismos como los más Inteligentes.
Pensaban que los criollos no tenían mucha capacidad, Los mestizos y mulatos se desempeñaban como sirvientes.
También se dedicaban al comercio ambulante.
Había una enorme cantidad de vendedores ambulantes. Ofrecían: escobas, pasteles, pescado, fruta, agua, carne, sogas yartículos de contrabando.
Además de recorrer las calles con su mercancías y pregones se establecían por las mañanas en la Recova de la Plaza Mayor.
En las afueras de la ciudad estaban las pulperías, almacenes de campo donde la gente también Jugaba a las cartas y bebía aguardiente.

Contaba Mariquita Sánchez de Thompson: Había mucha escasez de muebles, que eran muy ordinarios. Es cierto que había mucha plata labrada, pero ésta era Indispensable. La loza era muy cara y muy escasa: de modo que era una economía tener una docena de platos, unas fuentes y lo demás no con gran profusión. No se mudaba cubierto a cada plato y algunas veces comían dos cosas en el mismo plato. Y para beber agua había un jarro de plata que circulaba en la mesa. Los más pobres tenían peltre en lugar de plata. La gente del campo vivía en la mayor miseria, los salarios no les permitían vestirse. Andaban con un poncho, un sombrero bajito y un pañuelo para atarse la cabeza. En casa de Mariquita Sánchez de Thompson se entonó por primera vez el Himno Nacional. En época de Sarmiento fue directora general de escuelas. Escribió amenos relatos sobre su tiempo.

Tertulia Colonial:La tertulia era una reunión que tenía lugar todas las noches. A las casas se entraba sin llamar. Durante la velada se tocaba música, bailaban, charlaban y comían. Duraba hasta pasadas las doce de la noche. Los hombres iban a las tertulias vecinas. Así todos se conocían.

Cena Colonial en el Virreinato:Las clases altas, también llamadas «gente decente» almorzaban a las catorce horas. El menú diarlo era de 20 platos: Sopa de pan, vermicheli, varios guisos, puchero, ternera asada, ensaladas. Al terminar una esclava negra rezaba y la familia se persignaba. Después venían los postres que eran exclusivamente frutas. Sólo tomaban agua, luego del postre, otra esclava pasaba un recipiente donde todos se lavaban las manos. Posteriormente se retiraban a dormir la siesta.

Fuente Consultada:
Historia Argentina (Secundaria) Santillana –
Pensar La Historia 8º Año Esc. Media

Evangelizacion de los Aborigenes Ordenes Religiosas en el Virreinato

Evangelización de los Aborígenes

Con la entrada de las primeras expediciones exploradoras llegaron a comienzos del siglo XVI miembros de las órdenes mercedaria y dominica. Durante los primeros tiempos el número de religiosos resultó insuficiente para atender los requerimientos que la región demandaba. Los informes elevados por las autoridades locales abundan en comentarlos acerca de la falta de una adecuada atención espiritual en estos primeros asentamientos españoles.

A fines de siglo, el obispo del Tucumán Fray Francisco Victoria promovió la entrada de la Compañía de Jesús para superar esta situación. El escaso número de padres misioneros acentuó las dificultades para la tarea pastoral, en un territorio poblado por culturas heterogéneas y poco dispuestas a someterse a la autoridad del europeo y aceptar su religión.

Las tribus del Chaco Gualamba y los pueblos calchaquíes sostuvieron prolongadas guerras de enconada resistencia. En forma conjunta a la labor de los padres misioneros, la Iglesia inició la organización de la diócesis de la extensa provincia del Tucumán, con sede en Santiago del Estero y la del Río de la Plata, con sede primero en Asunción y desde principios del siglo XVII, en Buenos Aires.

Frailes, sacerdotes y legos aunaron esfuerzos en el proyecto evangelizador: se fundaron parroquias para la práctica religiosa de españoles y criollos; doctrinas, para la conversión de los aborígenes en las encomiendas; hospicios y seminarios para la formación teológica de frailes y padres misioneros. Ardua y diversificada fue la tarea: empadronar a los feligreses, llevar los libros de bautismos, matrimonios y difuntos, bautizar, recorrer en cuaresma los pueblos para proveer a la confesión.

Era necesario también desarraigar abusos y restablecer la disciplina de la población española.

Métodos misionales usado por los franciscanos

En este sentido no fueron pocos los conflictos que se generaron entre los conquistadores y encomenderos, defensores de sus intereses y los frailes que asumían la responsabilidad de velar por el buen trato hacia el aborigen.

 Mercedarios, dominicos y franciscanos comenzaron la evangelización sistemática. En un principio se trató de organizar misiones volantes, unos pocos hombres acudían donde era necesario. Luego se adoptó la política de promover las reducciones de los naturales para aislarlos del español y tender a una formación que contemplara la vida en comunidad.

El misionero fue apóstol, maestro, artesano, consejero, agricultor, arquitecto, juez…, su misión fue influir en todos los momentos y aspectos de la vida de los aborígenes convertidos a la fe cristiana. Por la sencillez de sus padres misioneros y la fiel observancia del voto de pobreza, la orden franciscana tuvo un importante ascendiente entre los naturales. Predicar en sus mismas lenguas fue un aspecto Importante que favoreció el acercamiento.

A diferencia de los jesuítas, crearon comunidades abiertas y tuvieron una actitud mediadora frente a los intereses de los encomenderos. Creyeron en la posibilidad de crear una nueva sociedad conformada por la unión de aborígenes y españoles. Abrieron el camino de las reducciones en el Río de la Plata desde Asunción hacia el Atlántico.

San José de Areco y Santiago de Baradero en la actual provincia de Buenos Aires; San Lorenzo de los Mocoretá es junto al Paraná en la provincia de Santa Fe; Nuestra Señora de Itatí y Santa Lucía en la provincia de Corrientes y Concepción del Bermejo en el Chaco, fueron reducciones de los padres franciscanos.

El catecismo del fray Luis Bolaños traducido al guaraní fue modelo a seguir por los misioneros deL litoral. Se debe al empeño de fray Martín Ignacio de Loyola la celebración del primer Sínodo de obispos en Asunción.

En el Tucumán fueron encomiables las actuaciones de fray Francisco Solano santificado y venerado aún hoy en todo el noroeste; y de Fray Fernando de Trejo y Sanabria, quien como obispo a cargo de la diócesis trabajó de común acuerdo con su hermanastro, el gobernador del Río de la Plata, Hernando Arias e Saavedra para la extensión de la obra evangelizadora mediante la creación de reducciones y doctrinas.

A fines del siglo XVIII contaba la orden con 434 integrantes en todo el virreinato, conventos en las principales ciudades y dos noviciados en Buenos Aires y Córdoba. Por su parte los dominicos también abarcaron todo el territorio a través de sus fundaciones y ordenaron un importante número de misioneros nacidos en América. Fue relevante labor de esta orden en el noroeste, en tierras de los lules, y en San Miguel de Tucumán donde, luego de la expulsión, tomaron a su cargo el colegio jesuita.

Los mercedarios estuvieron presentes también con fundaciones en las principales ciudades del interior y a cargo de algunas misiones jesuíticas del litoral hacia fines del XVIII. En el Río de la Píata fundaron un curato de indios en el actual partido de Merlo. Un párrafo aparte merece la labor de las órdenes hospitalarias de los Hermanos de San Juan y de los padres Betlemitas. Cumplieron una función social meritoria y necesaria como fue la asistencia de los enfermos, convalecientes y desvalidos a través de la administración y mantenimiento hospitalario. A diferencia de las otras órdenes, los betlemitas fueron siempre en su mayoría europeos.

Se establecieron a mediados del XVIII en Buenos Aires a pedido del cabildo y practicaron tanto la labor hospitalaria como la monástica. Se hicieron cargo del antiguo Hospital San Martín que luego trasladaron al edificio de la Residencia y Casa de tos Jesuitas en San Pedro Telmo. Fundaron además el convento y hospicio de Santa Cartalina y extendieron su presencia a la ciudad de Mendoza donde se mantuvieron hasta la segunda década del siglo XIX.

Finalmente ya en el siglo XVIII, las órdenes femeninas de las hermanas catalinas de clausura llegadas a Buenos Aires desde Córdoba se establecieron en su actual convento de las calles Viamonte y San Martín, y las monjas capuchinas venidas de Santiago de Chile, en la parroquia de San Juan Bautista, antiguo curato de indios, sita en las actuales Alsina y Piedras. Ambas tuvieron un papel importante dado que sus conventos fueron centros educativos de las hijas de las familias españolas y criollas.

Las órdenes religiosas prolongaron de esta forma su labor evangélica a través de la enseñanza de la educación elemental, lectura, escritura, aritmética y doctrina cristiana, impartida tanto en las escuelas sostenidas por los cabildos como en las conventuales creadas directamente por ellas como prolongación de la tarea pastoral.

Fuente Consultada:
Historia Argentina Tomo I Desde La Prehistoria Hasta 1829  Nota de María Cristina San Román

Inestabilidad Politica Argentina Guerras de la Independencia

Inestabilidad Política Argentina
Las Guerras de la Independencia

La etapa revolucionaria (1810-1820): Entre 1810 y 1820 se vive un clima de gran inestabilidad política. Se suceden los gobiernos (Primera Junta (1810), Junta Grande (1811), Triunviratos (1811-1814) y el Directorio (1814-1820) que no pueden consolidar su poder y deben hacer frente a la guerra contra España. En esta lucha se destacarán Manuel Belgrano, José de San Martín, llegado al país en 1812, y Martín Miguel de Güemes.

Las campañas sanmartinianas terminarán, tras liberar a Chile, con el centro del poder español de Lima. El 9 de julio de 1816 un congreso de diputados de las Provincias Unidas proclamó la independencia y en 1819 dictó una constitución centralista que despertó el enojo de las provincias, celosas de su autonomía.

Inestabilidad Politica Argentina Guerras de la Independencia

A comienzos de 1817, el Congreso inició su traslado a Buenos Aires, donde comenzó a sesionar en mayo.

Luego de muchas discusiones, el 22 de abril de 1819 proclamó la Constitución. Aunque de apariencia republicana, sus artículos podían ser fácilmente modificados para convertir al Estado en una monarquía.

En efecto: establecía la figura de un Director Supremo que debía gobernar junto con un Consejo de Estado.

El Poder Legislativo era bicameral: una Cámara de Representantes, dirigida por el pueblo de la nación, era acompañada por un Senado, donde se encontrarían representadas las grandes corporaciones: Iglesia, Ejército, provincias y universidades.

Aunque la Constitución fue formalmente jurada por las provincias, la resistencia contra su carácter centralista y pro-monárquico no tardó en aparecer.

En pocos meses, caería junto con el Congreso y el Directorio que le habían dado vida.

En el período 1816-1820 las Provincias Unidas alcanzaron un importante objetivo: la independencia política, proclamada por medio de sus representantes en el Congreso y en un momento de gran peligro por el triunfo de la reacción española.

Los acuerdos entre los dirigentes de Buenos Aires, Cuyo y el Norte hicieron posible la independencia y la campaña de San Martín a Chile. Asegurada la emancipación, las disidencias se acentuaron. La anarquía se hizo presente. No fue posible establecer las bases para la organización del Estado. Los proyectos analizados: centralismo o federación, monarquía constitucional o república, no lograron el consenso necesario para imponerse. La Constitución promulgada en 1819 intentó una fórmula mixta, pero no tuvo en cuenta la realidad del país.

Las autoridades nacionales perdieron poder, agotadas en la lucha por la independencia y en los enfrentamientos internos contra los pueblos partidarios de la federación.

El proceso de disgregación territorial se acentuó: el Alto Perú quedó en manos de los españoles; el Paraguay siguió su política independiente y se negó a participar en el Congreso Nacional; la Banda Oriental fue anexada por los portugueses.

Fuente Consultada: La Argentina Una Historia Para Pensar 1776-1996 Rins-Winter

Crisis del Imperio Español en America y Sus Consecuencias

Crisis del Imperio Español en América: La Primera Junta

La revolución de Mayo de 1810: En 1806 y 1807 se produjeron dos invasiones inglesas, que fueron rechazadas por el pueblo de Buenos Aires, alistado en milicias de criollos y españoles. En cada milicia, los jefes y oficiales fueron elegidos democráticamente por sus integrantes. Las milicias se transformaron en centros de discusión política.

Estas  invasiones inglesas demostraron que España estaba seriamente debilitada y que no podía ni abastecer correctamente ni defender a sus colonias.  La ocupación francesa de España por Napoleón, la captura de del Rey Carlos IV y su hijo Fernando VII y la caída de la Junta Central de Sevilla decidieron a los criollos a actuar.

En estas circunstancias, Cornelio Saavedra (jefe del Regimiento de Patricios), Manuel Belgrano y Juan José Castelli actuaron en representación de los grupos criollos ante el Cabildo y el Virrey, mientras las milicias y los activistas revolucionarios presionaban desde los cuarteles y las calles. Belgrano, Saavedra y Castelli reclamaron a los miembros del Cabildo de Buenos Aires la convocatoria de una asamblea de vecinos, de carácter excepcional, denominada “Cabildo abierto”.

El 25 de mayo de 1810 se formó la Primera Junta de gobierno presidida por Cornelio Saavedra, que puso fin al período virreinal. Mariano Moreno, secretario de la Junta, llevará adelante una política revolucionaria tendiente a fomentar el libre comercio y a sentar las bases para una futura independencia.

La etapa inicial de la revolución se caracterizó por la inestabilidad, la guerra originada por la reacción de los funcionarios españoles y los enfrentamientos entre los grupos revolucionarios que trataban de imponer sus soluciones a los graves problemas planteados.
Los objetivos no estuvieron claramente expuestos. Se hablaba de independencia y constitución pero no llegaba el momento de encarar esas decisiones. La suerte adversa de las armas y la restitución de Fernando VII en el trono llevaron a una posición negociadora que no dio resultados. Sin embargo, se proclamó la soberanía, se conformaron los símbolos nacionales y se generalizó la idea de independencia.

Desde el punto de vista territorial se produjeron importantes pérdidas: el Alto Perú quedó en manos de los españoles y el Paraguay inició una vida autónoma. La Banda Oriental, y el litoral, liderados por Artigas, optaron por la federación, rechazada totalmente por los hombres cíe Buenos Aires.

La revolución quedó dividida en dos grandes sectores: las Provincias Unidas del Río de la Plata, lideradas por los hombres de Buenos Aires, y la Liga de los Pueblos Libres bajo la autoridad de Artigas. Ninguno de los dos grupos pudo conformar un sistema político sólido que permitiese organizar el país.

Todo estaba por hacer: la independencia, la organización y la definición de la guerra, pero se había logrado contener la reacción española y los ideales de libertad se habían difundido en los pueblos. La revolución federal de 1815 abría una esperanza.

Conquista y Colonizacion Española en America España Conquista America

Periodo Colonial en America Sociedad, Costumbres y Cultura

Período Colonial en América
La Vida, Sociedad, Costumbres y Cultura

1-Creación del Virreinato del Río de la Plata
2-La Cultura Colonial
3-Las Ciudades Coloniales – Arquitectura
4-Vida y Costumbres Coloniales
5-Estructura Social  Colonial

La etapa colonial: Virreinato del Perú y Luego el del Río de la Plata: Carlos III rey de la dinastía Borbón, fue el que emprendió el intento de reforma más ambicioso. Apremiado por la creciente competencia de otras potencias coloniales, y ante numerosas dificultades para hacerse obedecer en América, decidió modificar drásticamente el sistema de administración. Para ello, creó el Virreinato del Río de la Plata en 1776, con capital en Buenos Aires, hasta ese momento Argentina perteneció al virreinato del Perú. El primer virrey fue Pedro de Ceballos.

El establecimiento del virreinato del Río de la Plata respondió al intento del gobierno español  de consolidar las fronteras con el Brasil meridional y frenar los avances de los portugueses, que alcanzaban ya las costas del Río de La Plata, así como de acabar con la presencia permanente de embarcaciones británicas en las aguas del Atlántico sur y del Pacífico, atraídas por el contrabando, la riqueza pesquera de estos mares y la revalorización de la ruta del cabo de Hornos.

Se organizó una gran expedición destinada a zanjar el viejo litigio de límites entre las posesiones españolas y portuguesas, y se puso al frente de ella a Pedro Antonio de Cevallos, quien además recibió provisionalmente, el 1 de agosto de 1776, el título de virrey. La campaña fue suspendida por la firma del Tratado de San Ildefonso (1º de octubre de 1777), por el que España aceptaba la soberanía portuguesa en la franja sur de Brasil, pero, a cambio, se le reconocían sus derechos en el Río de la Plata, el Uruguay, el Paraná y el Paraguay, así como en sus territorios adyacentes. Ese mismo año, acabada la contienda y consolidada la demarcación, Cevallos fue sustituido en el cargo.

historia argentina

LA CULTURA COLONIAL:

Establecimientos educativos. Durante el período colonial, la enseñanza, reflejo de la sociedad, conservó el carácter aristocrático. La enseñanza de las primeras letras era costeada por la Corona (escuelas del rey), los cabildos (escuelas municipales) o las órdenes religiosas (escuelas conventuales). De acuerdo con las nuevas características de la monarquía borbónica se manifestó el interés por elevar culturalmente a la población, dedicándose los bienes de los jesuítas expulsos a la erección de establecimientos educativos.

Buenos Aires, centro político, económico y administrativo, cortó su dependencia cultural de Córdoba con la creación del Real Colegio Convictorio Carolino (1783) sobre las bases del Colegio de San Carlos. Los centros de enseñanza superior estaban en Córdoba y Chuquisaca, con sus respectivas universidades.

Periódicos de la época. La instalación de la Imprenta de los Niños Expósitos data del año 1 780, por obra del virrey Vértiz que tramitó su compra al Colegio de Montserrat. Si bien antes de su instalación circulaban páginas manuscritas con noticias referentes al panorama europeo (1760-64), el periodismo colonial propiamente dicho, nació con la edición del Telégrafo Mercantil, Rural, Político. Literario e Historiográfico del Río de la Plata (1801-1802) dirigido por Cabello y Mesa, siguiéndole el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio (1802-1807). dirigido por Vieytes y el Correo de Comercio (1810-11), fundado por Belgrano.

Arquitectura. En el período colonial, laS regiones del Río de la Plata recibieron el influjo de diversas corrientes arquitectónicas europeas. Sin embargo, el medio local no fue propicio al desarrollo intensivo de esta actividad: se carecía de una base indígena (como la que proporcionaron incas y aztecas en Perú y México), los recursos económicos eran escasos, y en ciertas zonas también se careció de materiales adecuados para construcciones de gran envergadura. Los primeros colonos de la margen occidental del Plata levantaron sus habitaciones de adobe a falta de piedra, y sólo más adelante se fabricaron los ladrillos para la edificación.

En el orden de la arquitectura oficial o religiosa es en el que encontramos las muestras más importantes, destacándose, además, algunas residencias particulares levantadas sobre todo en el siglo XVIII.

Los estilos renacentista, neoclásico y barroco, penetraron en estos países matizados con aportes peruanos, españoles, lusitanos, etc.. surgiendo del conjunto un arte hispanocriollo colonial de tonalidades propias.

Dentro de un panorama total sumamente precario, resaltaron las iglesias, fruto lógico de una época en que los valores religiosos eran predominantes.
En la arquitectura civil son característicos los cabildos, sede de los poderes municipales, con sus pórticos superpuestos y balcones de reja.

Las casas particulares eran, en general, de una sola planta con entrada a través de un zaguán y varios patios en torno a los cuales se instalaban las habitaciones.

El aspecto general de las ciudades rioplatenses. trazadas sobre el esquema típico de damero, era pobre. Buenos Aires, capital del Virreinato desde 1776. mereció para las generaciones posteriores el calificativo modesto de gran aldea.

LAS CIUDADES Y SUS VIVIENDAS

Las ciudades coloniales se fundaron según un plano más o menos uniforme: parecían un papel cuadriculado. Este trazado en «damero», facilitó la distribución de los solares entre ¡os habitantes. En el centro y alrededor déla Plaza Mayor se levantaban los edificios principales: el Cabildo, el Fuerte y la Catedral.En los primeros tiempos Buenos Aires fue una aldea de pocas manzanas: las casas se aglutinaban en torno al Fuerte y escaseaban a medida que se alejaban de él.

En cambio, algunas ciudades del interior, como Córdoba, habían crecida más y contaban con importantes edificios de piedra.  Con las libertades de  comercio, la Buenos Aires de «cuatrocientas casas» (siglo XVII) se convirtió en una ciudad de más de 25.000 habitantes (1779). Además, desde 1776 era la capital del Virreinato del Río de la Plata y empezaba a disfrutar de las ventajas que tal jerarquía le daba.

Si antes no se notaban las deficiencias de la ciudad, se hicieron evidentes a medida que se desarrollaba el comercio y otras actividades. Tadeo Haenke escribió, al visitar Buenos Aires, que su planta era una de las más hermosas y alegres y que «por la parte este y por otras direcciones se salía a hermosas campiñas cubiertas de verde y a las huertas y quintas de las cercanías», pero de las calles. . . su opinión fue muy distinta. Le parecieron terriblemente sucias y abandonadas, sobre todo en tiempos de lluvia.

Bueno, las quejas por el mal estado de las ron durante mucho, mucho tiempo. En el Litoral no era fácil empedrar, porque no había piedras. Pero, además, la gente le tenía miedo al empedrado: creían que haría peligrar la estabilidad de los edificios al debilitar sus cimientos. En fin, se dice que las autoridades fomentaban esas ideas para no hacer las obras. Eso, hasta que el virrey Vértiz se puso firme a impulsar los primeros rudimentos de una acción municipal en cuanto a empedrado, alumbrado público y limpieza de las calles. Afortunadamente, otros virreyes siguieron su ejemplo.

Buenos Aires estaba dividida por entonces en cinco jurisdicciones basadas en la presencia de una iglesia: Concepción, Monserrat, el Socorro, San Nicolás y La Piedad. Las iglesias eran los más sólidos edificios que había, aunque sus fachadas eran sencillas y no podían competir con otras de América. En cuanto a la Catedral, como estuvo mucho tiempo a medio construir,fue para los vecinos el símbolo de la obra inconclusa; por eso cuando se referían a algo que no terminaba nunca exclamaban ¡Bah, esa es la obra de la Catedral!

A partir del siglo XVII, las casas aumentaron y mejoraron su aspecto. Los pudientes las hacían construir según los modelo del sur de España. Las viviendas constaban de dos y hasta tres patios, olorosos de naranjos; pero, contrariamente a lo que muchos creen, muy pocos tenían un aljibe. Por entonces éste eran un lujo que pocas familias podían permitirse. Los Basabilbasso fueron los primeros en instalar uno.  Porque disponer de agua en su propia casa era una comodidad desusada en la colonia. La mayoría de los vecinos no tenían más remedio que comprar el agua extraída del río.

La Plaza de Toros: Desde los comienzos del Virreinato, las corridas de toros fueron una de las diversiones populares típicas. Las primeras corridas no se hicieron en lugares especialmente construidos para este fin, sino en la Plaza Mayor. En efecto, como estos espectáculos solo se ofrecían en algunas ocasiones (cumpleaños del Renacimiento de un príncipe], en esos días se levantaban empalizadas de madera, que delimitaban la arena, y alrededor de ellas se disponían asientos para el público. La improvisada plaza ubicaba frente al Cabildo, pues las autoridades presenciaban corrida desde sus balcones.

Aunque no faltaban las ventanas a la calle, se tendía a volcar la vida familiar hacia el interior. El mobiliario y los adornos variaban según las posibilidades de los dueños. Algunos viajeros opinaban que las casas ricas tenían muebles muy finos, pero que la mezcla de estilos producía un efecto de mal gusto. También se criticaban las rejas porteñas.

Esas rejas «voladas» que demostraban la habilidad de los herreros y su poca imaginación… pues el modelo casi no variaba. En realidad, la crítica no era por esto, sino porque las rejas, que amparaban las ventanas de la calle, sobresalían del marco y, como las veredas eran estrechísimas, más de uno se las llevaba por delante en la oscuridad de la noche. Pero, además, no eran buenas defensas, al menos en verano. Como las ventanas estaban entonces abiertas, los ladrones, ayudados por una caña, «pescaban» sin problemas los objetos más cercanos.

Hablando de estaciones: los inviernos eran una tortura. El frío entraba por todas partes y no había cómo combatirlo. Solo podía la gente entibiarse encendiendo el brasero, alrededor del cual se reunían todos para recibir un poco de calor. Pero éste no templaba todas las habitaciones y, además, como se temía un enrarecimiento del aire, a la hora de dormir se sacaban los braseros al patio.

En Buenos Aires no había edificios llamativos, salvo la cárcel, que llamaba la atención, pero por su fealdad. Los había, en cambio, en la ciudad de Córdoba, con su bella casa del virrey Sobremonte, o la Catedral, o la Iglesia de la Compañía de Jesús. En todas las ciudades del Virreinato, aunque las casas tenían una sala con buenos muebles, damascos y alfombras importadas, solo las usaban en grandes ocasiones. Lo común era recibir en otras salitas, amuebladas con sillas de paja, chuses y una mesa. A la hora de las comidas la familia se reunía en torno a la gran mesa del comedor: sobre ella, o sobre otra —que hacía las veces de aparador—, y en las alacenas de vidrio había muchos objetos de plata que no costaban demasiado. En cambio, la loza era carísima.

A veces, los porteños salían a comer afuera. La elección era fácil, pues había una sola fonda —la de los Tres Reyes—. También se daban comidas en la casa de un tal Monsieur Ramón, pero para «llevar a domicilio». Muchos señores enviaban a sus esclavos a la casa de ese señor para que aprendieran a cocinar. Para tomar algo lo mejor era la confitería francesa, famosa por preparar buen café, tostadas y pastelitos.

Respecto a la moda, las mujeres vestían a la moda, pero sus trajes eran menos lujosos que los de las peruanas. Por otra parte, la gente común y tambien las señoras principales cortaban, cosían y aderezaban sus batas: eran «ingeniosas y delicadas costureras». Y las mujeres más pobres no solo hacían sus vestidos «sino los de sus maridos, hijos y hermanos», cuenta Concolorcorvo.

El vestido de calle era ancho, con el pliegue recogido atrás, generalmente adornado con flecos o una red de borlitas. Había zapatos finos pero costaban una onza de oro el par. La cabritilla no se conocía. Los pobres iban descalzos o embutidos en zapatos hechos de un cuero duro, llamado cordobán. El betún no se conocía.

Si dejamos Buenos Aires y miramos hacia el interior, veremos que los señores cordobeses visten con gran elegancia, pero siusmujeres no. En cambio, las cordobesas son excelentes amas de casa: en general son gentes muy laboriosas. Además, tienene dos colegios importantes —el real y el de Monserrat— y se enorgullecen por tener la primera Universidad del Plata.

Los jóvenes no tenían muchas carreras para elegir en la ciudad: se dedicaban a los oficios mecánicos o entraban como dependientes. Los mozos de tiendas debían hacer su trabajo específico y, además, barrer las veredas, fregar los candeleros, tender su cama —sobre el mostrador— y la de su patrón y limpiar los platos. Todo gratuitamente hasta que adquirían experiencia. . . Entonces les pagaban un sueldo de miseria. Más afortunados eran los hijos de las familias adineradas, pues frecuentemente eran enviados a completar sus estudios a las universidades españolas, a la de Charcas o a la .de Córdoba. Poca gente sabía leer y escribir y los libros no eran abundantes ni mucho menos. Había pocas bibliotecas, una sola imprenta, y la entrada de libros a las colonias era controlada por organismos especiales: se prohibía toda obra que fuera considerada inmoral (muchísimas novelas) o que pudieran alterar el orden. A los criollos, por supuesto, siempre les quedaba el recurso del contrabando, y de esta manera entraban los libros prohibidos.

ESTRUCTURA SOCIAL COLONIAL:

Blancos. El colonizador español que llegó a América pertenecía socialmente al elemento popular que, desplazado en la metrópoli, buscaba en las colonias reivindicar sus derechos, formando la aristocracia de conquista que reunirá en su persona privilegios y cargos, desplazando al criollo. Impedimentos de orden jurisdiccional y religioso restringieron la llegada de extranjeros, pero con la unificación de las Coronas española y portuguesa (1580-1640) y la llegada de los Borbones al trono español (1700), se favoreció la inmigración portuguesa y francesa, formándose en Buenos Aires una importante colectividad extranjera ingresada por medios legales (licencias, afincamiento, naturalización) o clandestinos.

Indígenas. La desigual evolución de las sociedades indígenas fue el factor determinante de las diferencias socioeconómicas en las distintas regiones del Virreinato. Donde los conquistadores hallaron mano de obra abundante se estableció el régimen de la servidumbre (N.O. y Cuyo), en tanto que en otras regiones, ante la escasez de poblaciones indígenas, la economía tuvo su fundamento en la explotación ganadera y el comercio (litoral).

Negros. La falta de brazos para la explotación agrícola fue la causa de la incorporación de esclavos negros procedentes de África o Brasil, mediante licencias reales y asientos negreros. El comercio, monopolizado sucesivamente por portugueses, franceses e ingleses, posteriormente fue declarado libre (1789). Esta disposición se aplicó en el Río de la Plata en 1795. El mestizo, intermediario entre el indio y la ciudad, se estableció en la campaña y formó parte del proletariado rural.

Primeros Aborigenes que Habitaron Territorio Argentino Indigenas

Aborígenes que Habitaron Territorio Argentino

Primeros Pobladores: Los Aborígenes: Los españoles encontraron una gran diversidad de culturas aborígenes que habitaban distintos ambientes: algunas se dedicaban a la caza, la pesca y a la recolección de frutos y plantas silvestres. La población del actual territorio argentino a la llegada de los españoles a principios del siglo XVI sumaba unas 330.000 personas agrupadas en una veintena de grupos étnicos.

Los habitantes del Noroeste, las Sierras Centrales y la Mesopotámica practicaban la agricultura, mientras que el resto del territorio estaba ocupado por grupos de cazadores-recolectores. Las culturas más extendidas fueron los diaguitas al Noroeste, los guaraníes, los tupíes, los tobas y los guaycurúes en el Noreste, los pampas en el centro y los tehuelches, mapuches y onas en el Sur.

La arqueología y las fuentes coloniales nos permiten atisbar dos grandes grupos de culturas: los de la llanura chaqueña y los de la estepa patagónica.

Los pobladores más antiguos, que datan de hace unos 12.000 años, vivían en cuevas que decoraban con pinturas y cazaban animales ya extinguidos, como el mylodon —un perezoso gigante—, o el gliptodonte —una mulita gigante—. Estos grupos se adaptaron pronto al uso de las especies introducidas por los españoles, como el caballo.

Algunos de los pueblos que integraban este grupo son los wichis, los matacos, los abipones, los chorotes, los chulupíes, los pilagaes, los mocovíes, los tobas; y otros, tempranamente extinguidos, como los mocorotaes, los calchines, los quiloazas y los chanátimbúes.

Los matacos habitaban al oeste de la actual provincia de Formosa y en el Chaco salteño. Practicaban la pesca en los ríos y cultivaban, en forma rudimentaria, el zapallo y el maíz. Sus chozas circulares estaban hechas de ramas y paja. Se vestían con prendas de cuero y lucían collares, pinturas corporales, tatuajes, tobilleras de plumas y vinchas. Eran monógamos, aunque los jefes podían tener más de una mujer. Los caciques compartían su autoridad con los médicos hechiceros. Creían en espíritus malos (ohots) que controlaban ciertos ritos y fiestas.

Los abipones, tobas y pilagaes se extendieron en parte de las actuales provincias de Formosa, Chaco y Santa Fe. Pescaban con amones y redes, y cazaban venados y ñandúes. También recogían frutos y miel. Vivían en chozas de ramas y, en épocas de frío, vestían el manto de piel de nutria (quillongo); usaban vinchas, mocasines, faldas de piel y se tatuaban el rostro. Su familia monogámica era fácilmente disoluble y la poligamia era común en los jefes. Sus caciques eran hereditarios y tomaban esclavos entre los prisioneros de guerra.
Creían en un ser supremo y en espíritus de la naturaleza.

Un poco más al este y en la Mesopotamia vivían los caingang, pescadores recolectores de miel, piñas de araucaria, tubérculos, frutos, etc. Vestían un delantal pequeño, hecho con cuero para los hombres y con fibras vegetales para las mujeres. Sus chozas eran simples techumbres a dos aguas sin paredes. Sus caciques-hechiceros gobernaban tribus de unas veinte familias. Creían en un dios bueno (Topen) y en uno maligno (Det Korenk); también sostenían que los animales de caza tenían espíritus que los dominaban y protegían, por lo cual permitían su caza para la alimentación, pero castigaban cualquier abuso.

ANTIGÜEDAD DE YACIMIENTOS ENCONTRADOS EN ARGENTINA: En lo que respecta al actual territorio argentino, las fechas mencionadas para el sur de Chile corresponderían también para nuestra Patagonia (Los Toldos, 10.600 a.C.).

En el caso de Tierra del Fuego, la cultura más antigua no superaría los 6.000 a. C. Para el noroeste, la más antigua estaría ubicada en la provincia de Catamarca, denominada Ampajango, con una probable datación de 12.000 a. C.. En las Sierras Centrales de Córdoba y San Luis se clasificaron antiguas culturas reunidas bajo el nombre común de Ayampitín. La cueva de Intihuasi, San Luis, reveló que sus restos humanos rondarían los 6.000 a. C..

En la puna argentina se ha localizado otra cultura, conocida como la del Saladillo, llegada allí hacia el 4.000 a.C.. Finalmente, podemos agregar que algunos arqueólogos suponen que gran parte del noreste, Misiones y sus zonas próximas, habrían tenido unos primeros poblamientos entre los 8.000 y 10.000 a. C.

Primeros Humanos en América

Conquista y Colonizacion Española en America España Conquista America

Corregidores Capitanes General Instituciones Españolas de America

Corregidores y Capitanes General
Las Instituciones Españolas de América

INSTITUCIONES DE GOBIERNO LOCALES QUE FUERON CREADAS EN ESPAÑA PARA GOBERNAR EN AMERICA

Cuando se descubrió América ante la necesidad de gobernar a los habitantes del Nuevo Mundo, se trasplantaron las leyes e instituciones de Castilla, porque la corona no nos consideró colonias sino parte integrante de la monarquía, pero debió adaptarlas a las necesidades y características De estas tierras. Las principales autoridades locales fueron:

Capitanes generales — Gobernaban territorios más reducidos que los virreinatos, pero con las mismas atribuciones que los virreyes. También se designaba capitán general al jefe militar superior de un virreinato. En ese carácter, el virrey o gobernador era capitán general y estaba secundado por una junta y un auditor de guerra. Se ocupaban de fortificar el territorio, reclutar tropas, proveer de armas, víveres y municiones. De ellos dependían los almirantes de las flotas que estaban en aguas de su jurisdicción.

Presidentes — Eran los gobernadores que al mismo tiempo se desempeñaban  como presidentes de las Audiencias.
Alcaldes mayores y corregidores Estas magistraturas se implantaron en España en el siglo XIV y posteriormente fueron trasladadas a América. Se nombraban a estos funcionarios para “corregir abusos”, “Castigar delitos”. Su jurisdicción se extendía sobre una ciudad y su distrito, y en algunos lugares se los llamaba alcaldes mayores. Cuando estos funcionarios se desempeñaban en una provincia dilatada recibían el titulo de gobernadores.

Los corregidores tenían obligación de visitar su jurisdicción una vez al año. Se nombraron corregidores especiales para los pueblos de indios;, su finalidad debía ser amparar a los indígenas contra los abusos de los españoles, pero muchas veces fueron ellos mismos los que trataron de enriquecerse mediante la cobranza de tributos. Estaban sujetos al juicio de residencia.

Juicio de residencia — Estaban sometidos a él los virreyes, capitanes. generales, oidores, presidentes de las audiencias, corregidores y alcaldes mayores, alcaldes ordinarios, visitadores de indios, ministros y oficiales  de la Real Hacienda; en general podemos decir que todos aquellos que desempeñaban funciones ejecutivas eran residenciados al terminar su gobierno.

Con ese objeto el Consejo de Indias enviaba un juez que fijaba su residencia en el lugar donde había actuado el funcionario residenciado. Publicaba un bando fijando la duración del proceso. Las denuncias o declaraciones se mantenían en secreto, para no exponer a los testigos a represalias. Los juicios a los virreyes debían terminarse en el plazo de seis meses y en ellos prestaban declaración los habitantes del lugar.

Se eximía de él a los funcionarios que hubieran revelado durante su gobierno condiciones de capacidad y de moral, como ocurrió con el Río de la Plata con Cevallos y Vértiz, otorgándose esto como un premio.

Todas las actuaciones reunidas se enviaban al Consejo de Indias que fallaba. Las penas consistían en multas, inhabilitación o confinamiento.

No debe confundirse el juicio político, que se entablaba contra los que hubiesen cometido falta, con el de residencia, al que se sometían todos los funcionarios y del que generalmente resultaban absueltos.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.

Historia de la Buenos Aires Poblacion Geografia Origen de la Ciudad

Historia de Buenos Aires – Origen de la Ciudad

Buenos Aires (Argentina): La ciudad de Buenos Aires, Ciudad Autónoma de Buenos Aires o Capital Federal; es la capital de la República Argentina. Se encuentra localizada en la región centro- este de este país. Más precisamente sobre las orillas del Río de la Plata, en lo que se conoce como llanura pampeana (una de las regiones más productivas e importantes de Argentina).

Esta ciudad posee aproximadamente 3 millones de habitantes, pero además la misma integra un aglomerado urbano mucho mayor denominado Gran Buenos Aires. Este último tiene un total de 13 millones de personas, y es relevante ya que es un centro artístico e intelectual. Este gran aglomerado limita al sur, oeste y norte con la provincia de Buenos Aires.

La ciudad oficialmente esta dividida en 48 barrios, los cuales están íntimamente relacionadas con las antiguas parroquias establecidas en el siglo XIX.

Por su parte, esta Ciudad Autónoma es uno de los 24 distritos en los que se divide el país. A tal efecto posee sus propias poderes (ya sea legislativo, ejecutivo y judicial), y además su propia policía.

Historia: Esta ciudad, fue fundada por Pedro de Mendoza e 1536 y refundada por Juan de Garay en 1580. Esta fue emplazada aquí porque el área presentaba ciertas condiciones muy favorables, tales como la disponibilidad de agua potable y la combinación de un puerto natural con una barranca elevada, libre de inundaciones.

En 1776, con la creación del Virreinato de la Plata, la Ciudad de Buenos Aires fue convertida en capital. Esta elección tuvo dos motivos: el primero es responder al avance portugués hacia el Río de La Pata a través del sur de Brasil y de Uruguay; y por otro, la mayor importancia de la ruta del cabo de Hornos, por el crecimiento de los espacios americanos sobre el Pacífico.

A fines del Siglo XVIII, con la autorización por el Reglamento de Comercio Libre, se inaugura el puerto de Buenos Aires, convirtiéndose además de la capital política, ahora en el puerto principal de toda esta extensión territorial, la cual llegaba hasta el Alto Perú. Todo esto determinó un

rápido crecimiento de la población y la valoración de la ganadería para la exportación de cueros.

En 1880, la ciudad de Buenos Aires es federalizada (es decir, mediante una ley es declarada capital de la Nación, lo que lleva a abandonar su pertenencia a la provincia del mismo nombre). Esto la afianzó como centro económico, político y social del país. A partir de allí alcanzó un gran desarrollo, lo que lo llevó a sobrepasar sus límites políticos, prolongándose hacia los espacios adyacentes. Constitución que se conoce como el Gran Buenos Aires.

Actualmente, la Ciudad de Buenos Aires es un centro multifuncional, porque desarrolla funciones muy diversificadas y también muy complejas (como las financieras, comercial, educativa, cultural, administrativa, política, entre otras.

Geografía: Buenos Aires, es una ciudad costera, localizada al margen del Río de la Plata y el Riachuelo. Se encuentra en América del Sur, a 34º 36’ latitud sur y 58º 26’ longitud oeste.

Casi la totalidad de esta ciudad, se encuentra sobre la zona geológica pampeana. A excepción de sus áreas orientales, que son terrenos emergidos artificialmente y rellenados por las costas del río de La Plata.

Esta ciudad, se ubica en una zona a-sísmica dentro del territorio de Argentina. Sólo pueden percibirse ligeros movimientos en los edificios más altos de la ciudad, cuyo epicentro se desarrollaría en la zona oeste del país.

Además del río de La Plata y del Riachuelo, el suelo de la ciudad se encuentra naturalmente surcado por una serie de arroyos, lagunas y cañadas.

Clima: Esta ciudad presenta un clima muy benigno durante todo el año. Su temperatura media anual es de 18ºC.

Julio es el mes más frío del año, aunque no se presentan heladas. Es un frío moderado durante el día, pero por la noche baja la temperatura considerablemente.

En cambio, el verano es muy húmedo. Las mañanas y los mediodías son muy calurosos, pero por la noche la temperatura desciende levemente.

En cuanto a las precipitaciones, las más copiosos se desarrollan en otoño (de marzo a junio) y en primavera (de septiembre a diciembre). Por lo general, son en forma de lluvias y lloviznas, lo que no dificulta el accionar cotidiano de su población.

Población: Según el último censo realizado en el país (2001), esta ciudad contaba con casi 3 millones de habitantes. De los cuales el 54% corresponden al sexo femenino. La densidad de población aquí es de 13.679, 6 habitantes por kilómetro cuadrado.

A principios de este siglo, estamos ante la presencia de un proceso demográfico denominado “envejecimiento de la población”. Ello corresponde por la escasa fecundidad de la clase media, la emigración al extranjero, y por la sustitución demográfica (es decir, que el 40% de la población residente no es nativa porteña, ni del Gran Buenos Aires). Sino que la población proviene en su mayoría de las provincias del norte argentino o de otros países.

Economía: Esta ciudad es sede central de muchas empresas importantes del país. Su principal sector económico es el terciario, es decir los servicios. Uno de los sectores más dinámicos es el de la construcción y el financiero.

Y además, es considerada como principal centro educativo de Argentina. Algunas de las instituciones más importantes son Colegio Nacional de Buenos Aires y la Universidad de Buenos Aires, más conocida como UBA.

Fuente Consultada:
Geografía, La Argentina y el Mercosur. A.Z editora
http://es.wikipedia.org/wiki/Buenos_Aires
http://es.wikipedia.org/wiki/Geograf%C3%ADa_de_la_Ciudad_de_Buenos_Aires

La Evangelización en Argentina Historia de las Misiones jesuiticas

La Evangelización en Argentina – Misiones Jesuíticas

Población AborigenSociedad ColonialEl VirreinatoTabla de los Adelantados

A principio del siglo XVII los 300 habitantes del núcleo primitivo habían aumentado a 500 y para mediados de siglo los documentos permiten calcular una población de 4000 almas. Este crecimiento obedeció al hecho de que Buenos Aires se fue integrando en la región. De hecho -aunque no de derecho-, fue la puerta de entrada del comercio ilega! que burlaba la ruta monopólica impuesta por la Corona y conectaba a los comerciantes portugueses con los españoles, súbditos ambos de un mismo monarca, por razones circunstanciales de la política europea.

misiones jesuiticas

Estos condicionantes geográficos y económicos modelaron la población porteña dándole un carácter cosmopolita y abierto. Una sociedad con predominio de! grupo blanco criollo por su origen y un porcentaje importante de portugueses dentro del grupo extranjero la caracterizó hasta bien entrado e! siglo XVII.

Mercaderes y transportistas se afincaron en ella y buscaron lazos de pertenencia a través del matrimonio o adquiriendo la condición de vecinos, a la vez que negociaron, no siempre con éxito, el libre ejercicio de su profesión con autoridades más o menos venales en el desempeño de sus funciones administrativas. Desde temprano, para los porteños el prestigio social y el poder estuvieron unidos a la rápida obtención de ganancias por el ejercicio del comercio.

El desarrollo de Potosí como centro minero dinamizó la economía de la región austral y su influencia se irradió en estas playas. Buenos Aires resultó un atractivo puerto de salida para la plata potosina a cambio de mercaderías europeas adquiridas a precios mucho más bajos que las que proveía Lima con el arancelamiento que pautaba la Corona. Esta situación se vio favorecida más aún por la cercanía de los dominios portugueses que le permitió acceder al comercio esclavista sin que España pudiera impedirlo.

La tolerancia de este comercio ilegal era una forma de incorporar el nuevo puerto a la economía colonial y asegurar de este modo su supervivencia, a la vez que se evitaba dejarla abandonada a su suerte o presa de invasiones de otras potencias. Durante la primera década del siglo y por impulso del gobernador Hernandarias se instalaron en Buenos Aires los primeros hornos para la fabricación de ladrillos y tejas, aunque los cambios en las técnicas de edificación fueron muy lentos.

La Plaza Mayor ganó la manzana comprendida entre las actuales Balcarce, Rivadavia, Defensa e Yrigoyen, hasta entonces propiedad de los padres jesuitas, quienes habían construido su primera capilla y algunos ranchos. En razón de que los edificios obstruían el campo de tiro de la fortaleza, el gobernador resolvió demoler las construcciones. En estas circunstancias la orden fue recompensada con un solar en la actual Manzana de las Luces donde finalmente se estableció.

El Cabildo y la Cárcel pasaron al otro lado de la Plaza y comenzó a construirse la iglesia que se consagraría Catedral. La aduana ocupó un espacio cercano a la actual Vuelta de Rocha. Del barro y el adobe se pasó al ladrillo cocido ligado con barro y luego con argamasa.

Las maderas de urunday y pinotea fueron reemplazando a las primitivas estructuras de cañas. Los viajeros que visitaron Buenos Aires coincidieron en sus comentarios  acerca de la sencillez de la edificación. También destacaron la amplitud de las viviendas particulares en torno de amplios patios y a medida que se afirmaba el uso del ladrillo de numerosas habitaciones y dependencias de servicio.

La extensión del terreno daba además para tener huertos con árboles frutales y verduras. No era por cierto el aspecto externo lo que indicaba la posición social de la familia porteña; sí, en cambio, la cercanía al casco urbano, el mobiliario, la calidad de la vajilla y la cantidad de sirvientes. Además de la Plaza Mayor donde se concentraban las actividades comerciales, políticas, sociales y religiosas de los porteños, la zona del Riachuelo convertido en puerto natural generó a su alrededor uno de los primeros arrabales.

Este pequeño río desaguaba en el Río de la Plata más al norte, a la altura de las actuales Humberto I y Cochabamba. Las embarcaciones debían buscar el canal de entrada a la altura de plaza Retiro y bordear la ciudad hacia el sur para descargar las mercaderías y luego fondear en este tramo. Los barcos de gran calado no tenían acceso a este embarcadero natural y debían permanecer alejados hasta casi una legua de la costa.

Durante el siglo XVIII este curso se fue cegando mientras se abría la salida actual. La calle Defensa comunicaba la zona portuaria con la ciudad y su recorrido dio origen a los Altos de San Pedro, hoy San Telmo, donde la población creció al amparo de las actividades comerciales y de abasto que generaba el puerto.

En este arrabal también se habían concentrado varios hornos de ladrillo y tejas junto a modestas viviendas y galpones para almacenamiento de productos de importación y exportación. Desde 1653 se habilitó un servicio de balsas y canoas para el cruce del Riachuelo. Buenos Aires crecía al amparo de las posibilidades que generaba el puerto y definía su función en la cuenca del Plata.

Fuente Consultada:
Historia Argentina Tomo I Desde La Prehistoria Hasta 1829  Nota de María Cristina San Román

Capital del Virreinato del Río de la Plata Buenos Aires Reformas

Capital del Virreinato del Río de la Plata

El crecimiento y modernización de Buenos Aires
En 1776 se creó el Virreinato del Río de la Plata, se nombróa a Buenos Aires como su capital y se designó como virrey a Pedro de Ceballos. La idea erá crear un nuevo centro de control y adminitración, para defender el territorio en el sur del continente.

Como era de esperarse, Bs.As. comenzó un período de crecimiento y modernización, por lo que entre los siglos XVII y XVIII, Buenos Aires creció demográfica y económicamente, y se convirtió en un importante centro comercial del Atlántico. En la región rioplatense se multiplicaba el ganado vacuno y caballar, y la ciudad progresaba al ritmo de sus pares mineras.

La actividad más provechosa de los habitantes del Río de la Plata de ambas márgenes era el comercio de cueros, un producto muy preciado en los mercados ultramarinos, en ocasiones con ganancias a partir del comercio ilegal.

Muchos de los productos que Buenos Aires traficaba en el Interior del Virreinato provenían de Inglaterra, por eso los comerciantes de Buenos Aires comenzaron a reclamar un comercio libre. Con la creación del Virreinato del Río de la Plata, el crecimiento de Buenos Aires se aceleró.

Buenos Aires fue transformando su aspecto a lo largo del siglo XVIII, especialmente desde que fuera designada capital del Virreinato del Río de la Plata en 1776. Su población había pasado de 9.000 personas en los inicios de ese siglo, a 44.000, en sus finales. Sin embargo, siguió siendo una ciudad modesta, comparada con otras capitales virreinales como México o Lima.

Los ranchos desaparecieron del centro para ubicarse en las afueras y las casas fueron edificadas en adobe o ladrillo, con frentes blancos. Comenzaron a difundirse las terrazas de baldosas con barandas, en reemplazo de los usuales techos de teja. También aumentaron las construcciones con un primer piso, aunque seguían siendo escasas.Las viviendas de las familias de la «clase principal» tenían un gran patio, al cual daban la mayoría de las salas y las habitaciones. Esos patios poseían un aljibe que permitía aprovechar el agua de lluvia, mientras que las familias menos pudientes debían comprar el agua a los aguateros.

La ciudad era pequeña, por lo tanto, se usaban poco los medios de transporte para desplazarse por ella. La zona edificada se extendía, de sur a norte, desde las actuales calles Humberto I hasta Santa Fe y, de este a oeste, desde las calles Balcarce-25 de Mayo hasta Entre Ríos-Callao. Ser peatón no era nada sencillo. Las calles, que eran de tierra, se convertían en verdaderos barriales con las lluvias, estaban llenas de desperdicios, carecían de veredas y, cerca de los mercados, el tránsito de carretas era intenso.

Decisiones de alta política incidieron una vez más en la suerte de la ciudad y su puerto.El virrey Vértiz buscó remediar la situación. Prohibió la circulación de carretas en el centro, mandó empedrar algunas calles y creó un servicio para mantenerlas limpias. Poco a poco los vecinos construyeron veredas aunque, por lo general, cada una tenía un nivel diferente, lo que obligaba a subir y bajar escalones continuamente.

En 1777 el gobernador Juan José de Vértiz ascendía a cargo de virrey y Buenos Aires se convertía en capital de una extensa región ya definitivamente separada de Lima y volcada cada vez más, en lo económico, a la ruta del Atlántico.

Los porteños verían transformarse vertiginosamente la ciudad. Arribaron a estas playas profesionales de alto nivel que aportaron concepciones arquitectónicas traídas de Europa. El impulso renovador en materia de construcciones se debió, en gran medida, a las órdenes religiosas que comenzaron la reconstrucción o remodelación de sus iglesias y conventos. Tejeros portugueses y artesanos de las misiones del Paraguay se destacaron en la confección de altares e imaginería.

Virrey Juan José de Vértiz

En 1778 Juan José de Vértiz reemplazó a Cevallos y continuó la línea de su antecesor. Vértiz había sido gobernador de Buenos Aires entre 1770 y 1776. El mismo año que ocupó el cargo de virrey, se estableció la Aduana de Buenos Aires y se decretó el Reglamento de Libre Comercio de España e Indias, que habilitaba al puerto para comerciar con la metrópoli. Vértiz impulsó un gobierno ilustrado que profundizó el enfrentamiento entre sectores progresistas y conservadores. En lo económico, estos últimos vieron amenazado su monopolio comercial. En lo cultural, observaron con desconfianza las iniciativas del «virrey de las Luminarias» que fundó un museo, una biblioteca y el Colegio de San Carlos, además de estimular la instalación de la primera imprenta. También instauró el Tribunal del Protomedicato, que prohibía la práctica de la medicina sin su aprobación. En 1779 -cinco años después de la construcción del Hospital de Mujeres- creó la Casa de Niños Expósitos, y en 1783, el Hospicio de Mendigos. En lo urbanístico hizo empedrar las los calles centrales, construir veredas, colocar pasos de piedra en las esquinas de las calles no empedradas e iluminar con faroles de aceite las vías más transitadas. En 1782 se reestructuró el virreinato en ocho intendencias: Buenos Aires, Córdoba del Tucumán (que comprendía Cuyo), Salta del Tucumán, Charcas, Potosí, La Paz, » ochabamba y Paraguay. Cuatro gobernaciones militares quedaron afuera de ese esquema: Moxos, Chiquitos, Misiones y Montevideo.

Los arquitectos jesuitas Andrés Blanqui y Juan Bautista Prímoli proyectaron los principales edificios religiosos y de gobierno.Vértiz también estableció la primera iluminación con faroles de velas de sebo, sistema que se utilizó hasta 1855, año en que se inauguró la iluminación a gas. De todas maneras, los transeúntes nocturnos no abundaban y era habitual que las familias adineradas se hicieran acompañar por esclavos provistos con faroles.

La Plaza Mayor (hoy Plaza de Mayo) era el corazón de la ciudad y en ella se ubicaban el fuerte, los edificios de los organismos gubernamentales como el cabildo, el mercado principal, la catedral, y tenían lugar las ceremonias oficiales. A principios del siglo XIX se construyó la antigua Recova, que dividió la plaza en dos sectores.

Los barrios populares eran San Telmo y Monserrat, mientras que la zona de tiendas se ubicaba en las actuales calles Perú y Bolívar. El actual barrio de Barracas era el área de quintas, frecuentada para realizar paseos, cabalgatas y almuerzos campestres.

No faltaban las diversiones y las fiestas populares como los desfiles de muñecos y máscaras, las riñas de gallos, las carreras a caballo y las corridas de toros, que se celebraban en la zona de Retiro. Abundaban las tertulias en las casas, principal actividad social de las mujeres de familias pudientes, en tanto los hombres se reunían en las pulperías de las afueras, o en los cafés y los clubes que aparecieron hacia fines del siglo XVIII.

Otro lugar de encuentro de la llamada clase principal era el teatro. Allí hombres y mujeres, sentados por separado, conocieron las novedades artísticas europeas y las primeras obras de Lavardén, el precursor del teatro local. Como el primer teatro fue incendiado por un cohete que cayó en su techo, se creó uno provisional que sólo funcionó dos años, pues fue muy dañado durante las invasiones inglesas.

Pese a las transformaciones de los últimos años del período colonial, Buenos Aires creció siguiendo el plano que Garay había imaginado. En 1783, un marino español la definió muy bien como una ciudad donde «no se ve lo magnífico, pero tampoco lo miserable».

Levantaron sus edificios actuales la Merced, Nuestra Sra. del Pilar en la Recoleta; Santa Catalina de Siena en Viamonte y San Martín; Nuestra Sra. de Belén o San Pedro Telmo, en Humberto I y Defensa. Sobre esta última calle se establecieron finalmente los dominicos en la esquina de la actual avenida Belgrano, y los franciscanos con la iglesia y la capilla de San Roque a la altura de Alsina.

La Catedral Metropolitana tuvo varias construcciones. Los planos de la actual fueron realizados por el arquitecto Antonio Masella. Por razones técnicas y económicas el edificio quedó inconcluso y la fachada actual de estilo neoclásico fue construida durante el siglo pasado. Tampoco se conservaron las fachadas originales de las iglesias de San Francisco y de Santo Domingo que debieron re hacerse después de sucesivos derrumbes. A esta etapa pertenece el edificio del Cabildo que hoy se conoce.

Es el último de una serie de construcciones previas y comenzó a construirse sobre la base de un plano del arquitecto Prímoli para la planta baja, reformulado por el ingeniero militar Domingo Petrarca en su planta alta. Recién después de cuarenta años se terminó la torre diseñada por el portugués José Custodio de Sa y Faría.

Durante el siglo pasado sufrió nuevas modificaciones, tal que lo que hoy se puede visitar es sólo un aspecto bastante parcial de lo que fuera en tiempos del virreinato.

También el Fuerte pasó por una sucesión de proyectos y remodelaciones. A pesar de que se lo había dotado de importantes baluartes hacia el río y rodeado de una gruesa muralla, fue perdiendo su carácter de fortaleza defensiva y se conservó como residencia del gobernador y centro administrativo.

En la actual Manzana de las Luces, la iglesia de San Ignacio se comenzó a principios de siglo y estuvo a cargo de los hermanos jesuitas Juan Kraus y Juan Wolff. Su fachada es el único ejemplo auténtico de arquitectura barroca que se conserva en la ciudad.

Al lado del templo se construyó, entre 1714y 1729, el Colegio Máximo en el solar que hoy ocupa e! Colegio Nacional de Buenos Aires, y la Procuraduría de las Misiones en la esquina de las calles Perú y Alsina. Una creciente concentración demográfica en el casco céntrico núcleo comercial, administrativo y religioso-, obligó a la subdivisión de los primeros solares. Las viviendas fueron perdiendo sus huertas y adquirieron un perfil definidamente urbano.

Las principales familias tendieron a reunirse hacia el costado sur de la Plaza Mayor. Ladrillones cocidos y tejas de cerámica se incorporaron de a poco al estilo arquitectónico y se generalizó el uso de la planta mediterránea. Un primer patio reunía la sala y aposentos de la familia y un segundo patio se reservaba para la servidumbre. Un zaguán comunicaba la vivienda con el exterior.

La teja permitió recoger el agua de lluvia y aparecieron los aljibes. Amplias ventanas se cubrieron con rejas de hierro. Buenos Aires adoptó entonces un vistoso juego de colores rojos en los tejados, blanco en los frentes encalados, verdes en los detalles de maderas. El nuevo estilo que las memorias de los viajeros definieron como de aspecto andaluz y que sirvió de escenografía a los hechos de la Revolución.

El uso ce los nuevos materiales permitió también la construcción de viviendas de dos plantas, o de altos como se las conoció entre el vecindario. Fueron famosos los altos de Riglos sobre la cuadra del Cabildo, en el solar que hoy ocupa el Palacio Municipal. Se llevaron a cabo reformas de orden edilicio como el empedrado de las calles céntricas y el alumbrado de faroles con velas de sebo.

Para esparcimiento de los porteños se abrieron cafés y el primer teatro, «de la Ranchería», en la esquina de las actuales Perú y Alsina. A lo largo de cuatro cuadras debajo de la barranca al norte del Fuerte y bordeando el río se abrió el Paseo de la Alameda. Los arrabales se fueron integrando al núcleo original. Hacia el norte, en el Barrio Recio, actual plaza San Martín, se levantó la Plaza de Toros con capacidad para unos 8000 espectadores.

La actúa calle Maipú se abrió para facilitar el acceso de los porteños al ruedo. Hacia el sur, a orillas del Riachuelo, los galpones para depósito de esclavos dieron origen al actual barrio de Barracas. Al oeste, la ciudad creció siguiendo la cuadrícula trazada por Garay, Para superar las dificultades de abastecimiento de la población más alejada de la Plaza Mayor se crearon la Plaza Nueva o de Amarita, en el solar que hoy ocupa el antiguo Mercado del Plata transformado en dependencias del Gobierno de la Ciudad; y la Plaza de Monserrat, hoy cubierta por las Avda. 9 de Julio, entre las calles Belgrano, Moreno, Lima y Bernardo de Irigoyen.

A doscientos años de su refundación, Buenos Aires se ubicaba ye entre las ciudades más importantes de América hispana. Lejos habían quedado las penurias de los primeros porteños por sobrevivir.

Trabajo Enviado por Colaboradores
Fuente Consultada:
Sociedad, Espacio y Cultura América y la Argentina de Prislei-Tobio-Geli Kapelusz
Historia Argentina Tomo I Desde La Prehistoria Hasta 1829 – Nota de María Cristina San Román

Adelantados del rio de la Plata Pedro de Mendoza

 Adelantados del Río de la Plata – Pedro de Mendoza – Gobernadores 

La Historia argentina se inicia con los viajes de los adelantados español.. por las costas meridionales de América, la fundación de las primeras ciudades y la formación del Virreinato del Río de la Plata, para llegar a la heroica gesta de la Independencia, abarcar seguidamente el complejo proceso de organización nacional, el afianzamiento de la democracia en lucha contra los intentos absolutistas y los esfuerzos por vencer los escollos del atraso y encarrilar al país por el camino del progreso.

Los primeros gobernantes de las nuevas colonias en las islas y el continente tuvieron a menudo el titulo de Adelantado. Este cargo existía enCastilla desde la época medieval. En tiempos de Alfonso X su beneficiario fue una especie de delegado real. Durante la Reconquista se crearon adelantados de frontera.

El oficio cayó después en desuso, pero el titulo persistió. Con el descubrimiento, resurgió en el Nuevo Mundo: estas regiones de ultramar eran la nueva frontera de Castilla. Se otorgó para América por una o dos generaciones y a veces a perpetuidad.

Al adelantado correspondía el gobierno del territorio sometido; gozaba de ciertos privilegios especiales, como el de recibir determinada suma proveniente de las rentas de la provincia, la asignación de una extensa hacienda dentro del territorio y, a veces, el monopolio de los derecho de tráfico y pesca, y la exención vitalicia de varios impuestos como la alcabala y el almojarifazgo.

El adelantado tenía autoridad para nombrar ciertos funcionarios municipales y eclesiásticos y el privilegio de asignar encomiendas de indios entre sus soldados y colonos. El cargo subsistió durante el siglo XVI. La mayoría sobrevivió sólo unos pocos años a su nombramiento, debido a la peligrosidad de las empresas que debieron encarar.

Juan Ponce de León fue el primero a quien la Corona concedió, en 1512 el título de adelantado como recompensa por su proyectada exploración de la tierra de Bimini (región de La Florida en EE. UU.).

De las setenta y mas persona que en el siglo XVI firmaron contrato para colonizar nuevos territorios, el título fue otorgado a a algo menos de la mitad.

Alcabala y almojarifazgo: El primero era un impuesto a las ventas de bienes de todo tipo: muebles, inmuebles y semovientes, aplicado en Castilla desde tiempo muy antiguo. El segundo era otro impuesto, que se aplicaba sobre el comercio de la metrópoli con el extranjero. incluidas las colonias españolas.

Mendoza y Garay

A pesar de que las expediciones enviadas al Río de la Plata habían tenido resultados poco felices, estas tierras seguían tentando el interés de los conquistadores por su condición de entrada hacia la Sierra de la Plata. En 1534, el rey de España, preocupado por las incursiones de los portugueses, nombró primer adelantado del Río de la Plata a don Pedro de Mendoza, a quien ordenó que, además de conquistar y tomar posesión de las tierras que hallase, fundara tres fortalezas.

Pedro de Mendoza

pedro de mendozaMendoza era un hidalgo nacido en Guadix, Granada, que contaba a la sazón unos treinta y cinco años. Realizados los preparativos del viaje, partió el adelantado en agosto de 1535, con once barcos y unos mil trescientos hombres. Llegado al Río de la Plata a comienzos del año siguiente, levantó en su margen derecha una fortaleza a la que llamó Puerto de Nuestra Señora de Santa María del Buen Aire (3 de febrero de 1536).

Al poco tiempo, los habitantes de aquella modestísima población empezaron a padecer el azote del hambre y los ataques de los indígenas, quienes, tras un comienzo amistoso, se habían vuelto hostiles y se negaban a proporcionarles ayuda y alimentos. Mendoza envió entonces a su hermano Diego hacia la región del Delta al frente de un grupo de trescientos hombres en busca de víveres, pero los aborígenes los atacaron. En el combate que se denomina de Corpus Christi -por la celebración religiosa de ese día, 15 de junio- los españoles lograron imponerse, pero a costa de la vida de varios de sus mejores capitanes, entre ellos el propio Diego Mendoza.

Con anterioridad, y cumpliendo órdenes del adelantado, su segundo, el capitán Juan de Ayolas había partido con trescientos expedicionarios remontando el río Paraná, y había levantado su real (campamento o pequeño poblado) que llamó Corpus Christi, cerca del río Coronda. A su regreso a Buenos Aires, Ayolas invitó a Mendoza a conocer las tierras que él había recorrido.

El adelantado partió hacia ellas y tras una corta residencia en Corpus Christi, se trasladó más al Sur, donde levantó, a fines de setiembre de 1536, el fuerte Nuestra Señora de la Buena Esperanza. Poco después, y mientras Ayolas remontaba el Paraná y el Paraguay, Mendoza, que se sentía muy enfermo, regresó a Buenos Aires y, en vista de que sus dolencias empeoraban, resolvió volver a España. Luego de designar a Ayolas su sucesor en la conquista, el 22 de abril de 1537, se alejó para siempre.

Rio arriba -por el Paraná primero y luego por el Paraguay-, Ayolas había llegado entretanto a un lugar que llamó La Candelaria. Dejó allí parte de sus hombres al mando de Domingo Martínez de Irala, y partió hacia la ambicionada Sierra de la Plata, en busca de riquezas, pero cuando ya regresaba con un espléndido botín, cayó en una emboscada de los indios y fue muerto con todos sus compañeros. Irala emprendió entonces el retorno aguas abajo y se detuvo al llegar al fuerte de la Asunción que Juan de Salazar -otro de los acompañantes de Mendoza- había levantado el 15 de agosto de 1537 en la margen izquierda del río Paraguay. Instalado en Asunción, Irala tomó el mando en reemplazo del infortunado Ayolas.

Transcurridos algunos años, decidió concentrar en dicha población a todos los españoles y, para ello, ordenó el traslado dé los pocos habitantes que aún quedaban en Buenos Aires y mandó quemar la población. Corría el año 1541. El primer intento de conquista y colonización en la región del Río de la Plata había fracasado.

Juan de Garay

juan de garayCuarenta y cuatro años después volvería a alzarse otra Buenos Aires a orillas del estuario. La empresa estuvo a cargo de Juan de Garay, nacido en Villalba de Losa, Burgos. Garay residía en Asunción y había fundado en 1573 la ciudad de Santa Fe.

En los primeros meses de 1580 salió de Asunción con un grupo de poco más de sesenta personas, entre las cuales había una sola mujer, Ana Díaz. Una parte de los expedicionarios descendió por el río, y otra parte lo hizo por tierra. Además de víveres y armas, los fundadores traían herramientas de trabajo, semillas de diversas plantas y unas mil setecientas cabezas de ganado. (ver el caballo en Argentina)

Elegido el lugar de la fundación -un poco más al norte del sitio en que se había emplazado la anterior Buenos Aires- Garay procedió a dividir el terreno en doscientas cincuenta manzanas, separadas por calles que se cortaban en ángulo recto. Señaló los solares destinados a la plaza, a la iglesia, al Cabildo, al hospital y al fuerte; distribuyó las manzanas donde se edificarían las viviendas de los pobladores y, fuera de la parte urbana, dividió la tierra en parcelas más grandes y las destinó a chacras y huertas.

Efectuados es tos trabajos, el 11 de junio de 1580 se realizó la solemne ceremonia de la fundación de ciudad, a la que se llamó de la Santísima Trinidad y puerto de Santa María de los Buenos Aires (Ampliar: La Conquista del Mar Dulce de Solís)