Periodo Colonial en America Sociedad, Costumbres y Cultura



Período Colonial en América
La Vida, Sociedad, Costumbres y Cultura

1-Creación del Virreinato del Río de la Plata
2-La Cultura Colonial
3-Las Ciudades Coloniales – Arquitectura
4-Vida y Costumbres Coloniales
5-Estructura Social  Colonial

La etapa colonial: Virreinato del Perú y Luego el del Río de la Plata: Carlos III rey de la dinastía Borbón, fue el que emprendió el intento de reforma más ambicioso. Apremiado por la creciente competencia de otras potencias coloniales, y ante numerosas dificultades para hacerse obedecer en América, decidió modificar drásticamente el sistema de administración. Para ello, creó el Virreinato del Río de la Plata en 1776, con capital en Buenos Aires, hasta ese momento Argentina perteneció al virreinato del Perú. El primer virrey fue Pedro de Ceballos.

El establecimiento del virreinato del Río de la Plata respondió al intento del gobierno español  de consolidar las fronteras con el Brasil meridional y frenar los avances de los portugueses, que alcanzaban ya las costas del Río de La Plata, así como de acabar con la presencia permanente de embarcaciones británicas en las aguas del Atlántico sur y del Pacífico, atraídas por el contrabando, la riqueza pesquera de estos mares y la revalorización de la ruta del cabo de Hornos.

Se organizó una gran expedición destinada a zanjar el viejo litigio de límites entre las posesiones españolas y portuguesas, y se puso al frente de ella a Pedro Antonio de Cevallos, quien además recibió provisionalmente, el 1 de agosto de 1776, el título de virrey. La campaña fue suspendida por la firma del Tratado de San Ildefonso (1º de octubre de 1777), por el que España aceptaba la soberanía portuguesa en la franja sur de Brasil, pero, a cambio, se le reconocían sus derechos en el Río de la Plata, el Uruguay, el Paraná y el Paraguay, así como en sus territorios adyacentes. Ese mismo año, acabada la contienda y consolidada la demarcación, Cevallos fue sustituido en el cargo.

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LA CULTURA COLONIAL:

Establecimientos educativos. Durante el período colonial, la enseñanza, reflejo de la sociedad, conservó el carácter aristocrático. La enseñanza de las primeras letras era costeada por la Corona (escuelas del rey), los cabildos (escuelas municipales) o las órdenes religiosas (escuelas conventuales). De acuerdo con las nuevas características de la monarquía borbónica se manifestó el interés por elevar culturalmente a la población, dedicándose los bienes de los jesuítas expulsos a la erección de establecimientos educativos.

Buenos Aires, centro político, económico y administrativo, cortó su dependencia cultural de Córdoba con la creación del Real Colegio Convictorio Carolino (1783) sobre las bases del Colegio de San Carlos. Los centros de enseñanza superior estaban en Córdoba y Chuquisaca, con sus respectivas universidades.

Periódicos de la época. La instalación de la Imprenta de los Niños Expósitos data del año 1 780, por obra del virrey Vértiz que tramitó su compra al Colegio de Montserrat. Si bien antes de su instalación circulaban páginas manuscritas con noticias referentes al panorama europeo (1760-64), el periodismo colonial propiamente dicho, nació con la edición del Telégrafo Mercantil, Rural, Político. Literario e Historiográfico del Río de la Plata (1801-1802) dirigido por Cabello y Mesa, siguiéndole el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio (1802-1807). dirigido por Vieytes y el Correo de Comercio (1810-11), fundado por Belgrano.

Arquitectura. En el período colonial, laS regiones del Río de la Plata recibieron el influjo de diversas corrientes arquitectónicas europeas. Sin embargo, el medio local no fue propicio al desarrollo intensivo de esta actividad: se carecía de una base indígena (como la que proporcionaron incas y aztecas en Perú y México), los recursos económicos eran escasos, y en ciertas zonas también se careció de materiales adecuados para construcciones de gran envergadura. Los primeros colonos de la margen occidental del Plata levantaron sus habitaciones de adobe a falta de piedra, y sólo más adelante se fabricaron los ladrillos para la edificación.

En el orden de la arquitectura oficial o religiosa es en el que encontramos las muestras más importantes, destacándose, además, algunas residencias particulares levantadas sobre todo en el siglo XVIII.

Los estilos renacentista, neoclásico y barroco, penetraron en estos países matizados con aportes peruanos, españoles, lusitanos, etc.. surgiendo del conjunto un arte hispanocriollo colonial de tonalidades propias.



Dentro de un panorama total sumamente precario, resaltaron las iglesias, fruto lógico de una época en que los valores religiosos eran predominantes.
En la arquitectura civil son característicos los cabildos, sede de los poderes municipales, con sus pórticos superpuestos y balcones de reja.

Las casas particulares eran, en general, de una sola planta con entrada a través de un zaguán y varios patios en torno a los cuales se instalaban las habitaciones.

El aspecto general de las ciudades rioplatenses. trazadas sobre el esquema típico de damero, era pobre. Buenos Aires, capital del Virreinato desde 1776. mereció para las generaciones posteriores el calificativo modesto de gran aldea.

LAS CIUDADES Y SUS VIVIENDAS

Las ciudades coloniales se fundaron según un plano más o menos uniforme: parecían un papel cuadriculado. Este trazado en «damero», facilitó la distribución de los solares entre ¡os habitantes. En el centro y alrededor déla Plaza Mayor se levantaban los edificios principales: el Cabildo, el Fuerte y la Catedral.En los primeros tiempos Buenos Aires fue una aldea de pocas manzanas: las casas se aglutinaban en torno al Fuerte y escaseaban a medida que se alejaban de él.

En cambio, algunas ciudades del interior, como Córdoba, habían crecida más y contaban con importantes edificios de piedra.  Con las libertades de  comercio, la Buenos Aires de «cuatrocientas casas» (siglo XVII) se convirtió en una ciudad de más de 25.000 habitantes (1779). Además, desde 1776 era la capital del Virreinato del Río de la Plata y empezaba a disfrutar de las ventajas que tal jerarquía le daba.

Si antes no se notaban las deficiencias de la ciudad, se hicieron evidentes a medida que se desarrollaba el comercio y otras actividades. Tadeo Haenke escribió, al visitar Buenos Aires, que su planta era una de las más hermosas y alegres y que «por la parte este y por otras direcciones se salía a hermosas campiñas cubiertas de verde y a las huertas y quintas de las cercanías», pero de las calles. . . su opinión fue muy distinta. Le parecieron terriblemente sucias y abandonadas, sobre todo en tiempos de lluvia.

Bueno, las quejas por el mal estado de las ron durante mucho, mucho tiempo. En el Litoral no era fácil empedrar, porque no había piedras. Pero, además, la gente le tenía miedo al empedrado: creían que haría peligrar la estabilidad de los edificios al debilitar sus cimientos. En fin, se dice que las autoridades fomentaban esas ideas para no hacer las obras. Eso, hasta que el virrey Vértiz se puso firme a impulsar los primeros rudimentos de una acción municipal en cuanto a empedrado, alumbrado público y limpieza de las calles. Afortunadamente, otros virreyes siguieron su ejemplo.

Buenos Aires estaba dividida por entonces en cinco jurisdicciones basadas en la presencia de una iglesia: Concepción, Monserrat, el Socorro, San Nicolás y La Piedad. Las iglesias eran los más sólidos edificios que había, aunque sus fachadas eran sencillas y no podían competir con otras de América. En cuanto a la Catedral, como estuvo mucho tiempo a medio construir,fue para los vecinos el símbolo de la obra inconclusa; por eso cuando se referían a algo que no terminaba nunca exclamaban ¡Bah, esa es la obra de la Catedral!

A partir del siglo XVII, las casas aumentaron y mejoraron su aspecto. Los pudientes las hacían construir según los modelo del sur de España. Las viviendas constaban de dos y hasta tres patios, olorosos de naranjos; pero, contrariamente a lo que muchos creen, muy pocos tenían un aljibe. Por entonces éste eran un lujo que pocas familias podían permitirse. Los Basabilbasso fueron los primeros en instalar uno.  Porque disponer de agua en su propia casa era una comodidad desusada en la colonia. La mayoría de los vecinos no tenían más remedio que comprar el agua extraída del río.

La Plaza de Toros: Desde los comienzos del Virreinato, las corridas de toros fueron una de las diversiones populares típicas. Las primeras corridas no se hicieron en lugares especialmente construidos para este fin, sino en la Plaza Mayor. En efecto, como estos espectáculos solo se ofrecían en algunas ocasiones (cumpleaños del Renacimiento de un príncipe], en esos días se levantaban empalizadas de madera, que delimitaban la arena, y alrededor de ellas se disponían asientos para el público. La improvisada plaza ubicaba frente al Cabildo, pues las autoridades presenciaban corrida desde sus balcones.



Aunque no faltaban las ventanas a la calle, se tendía a volcar la vida familiar hacia el interior. El mobiliario y los adornos variaban según las posibilidades de los dueños. Algunos viajeros opinaban que las casas ricas tenían muebles muy finos, pero que la mezcla de estilos producía un efecto de mal gusto. También se criticaban las rejas porteñas.

Esas rejas «voladas» que demostraban la habilidad de los herreros y su poca imaginación… pues el modelo casi no variaba. En realidad, la crítica no era por esto, sino porque las rejas, que amparaban las ventanas de la calle, sobresalían del marco y, como las veredas eran estrechísimas, más de uno se las llevaba por delante en la oscuridad de la noche. Pero, además, no eran buenas defensas, al menos en verano. Como las ventanas estaban entonces abiertas, los ladrones, ayudados por una caña, «pescaban» sin problemas los objetos más cercanos.

Hablando de estaciones: los inviernos eran una tortura. El frío entraba por todas partes y no había cómo combatirlo. Solo podía la gente entibiarse encendiendo el brasero, alrededor del cual se reunían todos para recibir un poco de calor. Pero éste no templaba todas las habitaciones y, además, como se temía un enrarecimiento del aire, a la hora de dormir se sacaban los braseros al patio.

En Buenos Aires no había edificios llamativos, salvo la cárcel, que llamaba la atención, pero por su fealdad. Los había, en cambio, en la ciudad de Córdoba, con su bella casa del virrey Sobremonte, o la Catedral, o la Iglesia de la Compañía de Jesús. En todas las ciudades del Virreinato, aunque las casas tenían una sala con buenos muebles, damascos y alfombras importadas, solo las usaban en grandes ocasiones. Lo común era recibir en otras salitas, amuebladas con sillas de paja, chuses y una mesa. A la hora de las comidas la familia se reunía en torno a la gran mesa del comedor: sobre ella, o sobre otra —que hacía las veces de aparador—, y en las alacenas de vidrio había muchos objetos de plata que no costaban demasiado. En cambio, la loza era carísima.

A veces, los porteños salían a comer afuera. La elección era fácil, pues había una sola fonda —la de los Tres Reyes—. También se daban comidas en la casa de un tal Monsieur Ramón, pero para «llevar a domicilio». Muchos señores enviaban a sus esclavos a la casa de ese señor para que aprendieran a cocinar. Para tomar algo lo mejor era la confitería francesa, famosa por preparar buen café, tostadas y pastelitos.

Respecto a la moda, las mujeres vestían a la moda, pero sus trajes eran menos lujosos que los de las peruanas. Por otra parte, la gente común y tambien las señoras principales cortaban, cosían y aderezaban sus batas: eran «ingeniosas y delicadas costureras». Y las mujeres más pobres no solo hacían sus vestidos «sino los de sus maridos, hijos y hermanos», cuenta Concolorcorvo.

El vestido de calle era ancho, con el pliegue recogido atrás, generalmente adornado con flecos o una red de borlitas. Había zapatos finos pero costaban una onza de oro el par. La cabritilla no se conocía. Los pobres iban descalzos o embutidos en zapatos hechos de un cuero duro, llamado cordobán. El betún no se conocía.

Si dejamos Buenos Aires y miramos hacia el interior, veremos que los señores cordobeses visten con gran elegancia, pero siusmujeres no. En cambio, las cordobesas son excelentes amas de casa: en general son gentes muy laboriosas. Además, tienene dos colegios importantes —el real y el de Monserrat— y se enorgullecen por tener la primera Universidad del Plata.

Los jóvenes no tenían muchas carreras para elegir en la ciudad: se dedicaban a los oficios mecánicos o entraban como dependientes. Los mozos de tiendas debían hacer su trabajo específico y, además, barrer las veredas, fregar los candeleros, tender su cama —sobre el mostrador— y la de su patrón y limpiar los platos. Todo gratuitamente hasta que adquirían experiencia. . . Entonces les pagaban un sueldo de miseria. Más afortunados eran los hijos de las familias adineradas, pues frecuentemente eran enviados a completar sus estudios a las universidades españolas, a la de Charcas o a la .de Córdoba. Poca gente sabía leer y escribir y los libros no eran abundantes ni mucho menos. Había pocas bibliotecas, una sola imprenta, y la entrada de libros a las colonias era controlada por organismos especiales: se prohibía toda obra que fuera considerada inmoral (muchísimas novelas) o que pudieran alterar el orden. A los criollos, por supuesto, siempre les quedaba el recurso del contrabando, y de esta manera entraban los libros prohibidos.

ESTRUCTURA SOCIAL COLONIAL:

Blancos. El colonizador español que llegó a América pertenecía socialmente al elemento popular que, desplazado en la metrópoli, buscaba en las colonias reivindicar sus derechos, formando la aristocracia de conquista que reunirá en su persona privilegios y cargos, desplazando al criollo. Impedimentos de orden jurisdiccional y religioso restringieron la llegada de extranjeros, pero con la unificación de las Coronas española y portuguesa (1580-1640) y la llegada de los Borbones al trono español (1700), se favoreció la inmigración portuguesa y francesa, formándose en Buenos Aires una importante colectividad extranjera ingresada por medios legales (licencias, afincamiento, naturalización) o clandestinos.



Indígenas. La desigual evolución de las sociedades indígenas fue el factor determinante de las diferencias socioeconómicas en las distintas regiones del Virreinato. Donde los conquistadores hallaron mano de obra abundante se estableció el régimen de la servidumbre (N.O. y Cuyo), en tanto que en otras regiones, ante la escasez de poblaciones indígenas, la economía tuvo su fundamento en la explotación ganadera y el comercio (litoral).

Negros. La falta de brazos para la explotación agrícola fue la causa de la incorporación de esclavos negros procedentes de África o Brasil, mediante licencias reales y asientos negreros. El comercio, monopolizado sucesivamente por portugueses, franceses e ingleses, posteriormente fue declarado libre (1789). Esta disposición se aplicó en el Río de la Plata en 1795. El mestizo, intermediario entre el indio y la ciudad, se estableció en la campaña y formó parte del proletariado rural.

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