Capital del Virreinato del Río de la Plata Buenos Aires Reformas



Buenos Aires, Capital del Virreinato del Río de la Plata

El Crecimiento y Modernización de Buenos Aires

En 1776 se creó el Virreinato del Río de la Plata, se nombróa a Buenos Aires como su capital y se designó como virrey a Pedro de Ceballos.

La idea erá crear un nuevo centro de control y adminitración, para defender el territorio en el sur del continente.

Como era de esperarse, Bs.As. comenzó un período de crecimiento y modernización, por lo que entre los siglos XVII y XVIII, Buenos Aires creció demográfica y económicamente, y se convirtió en un importante centro comercial del Atlántico.

En la región rioplatense se multiplicaba el ganado vacuno y caballar, y la ciudad progresaba al ritmo de sus pares mineras.

La actividad más provechosa de los habitantes del Río de la Plata de ambas márgenes era el comercio de cueros, un producto muy preciado en los mercados ultramarinos, en ocasiones con ganancias a partir del comercio ilegal.

Muchos de los productos que Buenos Aires traficaba en el Interior del Virreinato provenían de Inglaterra, por eso los comerciantes de Buenos Aires comenzaron a reclamar un comercio libre.

Con la creación del Virreinato del Río de la Plata, el crecimiento de Buenos Aires se aceleró.

Buenos Aires fue transformando su aspecto a lo largo del siglo XVIII, especialmente desde que fuera designada capital del Virreinato del Río de la Plata en 1776.

Su población había pasado de 9.000 personas en los inicios de ese siglo, a 44.000, en sus finales.

Sin embargo, siguió siendo una ciudad modesta, comparada con otras capitales virreinales como México o Lima.

Los ranchos desaparecieron del centro para ubicarse en las afueras y las casas fueron edificadas en adobe o ladrillo, con frentes blancos.

Comenzaron a difundirse las terrazas de baldosas con barandas, en reemplazo de los usuales techos de teja.

También aumentaron las construcciones con un primer piso, aunque seguían siendo escasas.

Las viviendas de las familias de la «clase principal» tenían un gran patio, al cual daban la mayoría de las salas y las habitaciones.

Esos patios poseían un aljibe que permitía aprovechar el agua de lluvia, mientras que las familias menos pudientes debían comprar el agua a los aguateros.

La ciudad era pequeña, por lo tanto, se usaban poco los medios de transporte para desplazarse por ella.

La zona edificada se extendía, de sur a norte, desde las actuales calles Humberto I hasta Santa Fe y, de este a oeste, desde las calles Balcarce-25 de Mayo hasta Entre Ríos-Callao.

Ser peatón no era nada sencillo.

Las calles, que eran de tierra, se convertían en verdaderos barriales con las lluvias, estaban llenas de desperdicios, carecían de veredas y, cerca de los mercados, el tránsito de carretas era intenso.

Decisiones de alta política incidieron una vez más en la suerte de la ciudad y su puerto.

El virrey Vértiz buscó remediar la situación.

Prohibió la circulación de carretas en el centro, mandó empedrar algunas calles y creó un servicio para mantenerlas limpias.

Poco a poco los vecinos construyeron veredas aunque, por lo general, cada una tenía un nivel diferente, lo que obligaba a subir y bajar escalones continuamente.

En 1777 el gobernador Juan José de Vértiz ascendía a cargo de virrey y Buenos Aires se convertía en capital de una extensa región ya definitivamente separada de Lima y volcada cada vez más, en lo económico, a la ruta del Atlántico.

Los porteños verían transformarse vertiginosamente la ciudad. Arribaron a estas playas profesionales de alto nivel que aportaron concepciones arquitectónicas traídas de Europa.

El impulso renovador en materia de construcciones se debió, en gran medida, a las órdenes religiosas que comenzaron la reconstrucción o remodelación de sus iglesias y conventos.

Tejedores portugueses y artesanos de las misiones del Paraguay se destacaron en la confección de altares e imaginería.

Virrey Juan José de Vértiz

En 1778 Juan José de Vértiz reemplazó a Cevallos y continuó la línea de su antecesor.

Vértiz había sido gobernador de Buenos Aires entre 1770 y 1776.

El mismo año que ocupó el cargo de virrey, se estableció la Aduana de Buenos Aires y se decretó el Reglamento de Libre Comercio de España e Indias, que habilitaba al puerto para comerciar con la metrópoli.

Vértiz impulsó un gobierno ilustrado que profundizó el enfrentamiento entre sectores progresistas y conservadores.

En lo económico, estos últimos vieron amenazado su monopolio comercial.

En lo cultural, observaron con desconfianza las iniciativas del «virrey de las Luminarias» que fundó un museo, una biblioteca y el Colegio de San Carlos, además de estimular la instalación de la primera imprenta.

También instauró el Tribunal del Protomedicato, que prohibía la práctica de la medicina sin su aprobación.

En 1779 -cinco años después de la construcción del Hospital de Mujeres– creó la Casa de Niños Expósitos, y en 1783, el Hospicio de Mendigos.

En lo urbanístico hizo empedrar las los calles centrales, construir veredas, colocar pasos de piedra en las esquinas de las calles no empedradas e iluminar con faroles de aceite las vías más transitadas.

En 1782 se reestructuró el virreinato en ocho intendencias: Buenos Aires, Córdoba del Tucumán (que comprendía Cuyo), Salta del Tucumán, Charcas, Potosí, La Paz, » ochabamba y Paraguay.

Cuatro gobernaciones militares quedaron afuera de ese esquema: Moxos, Chiquitos, Misiones y Montevideo.

Los arquitectos jesuitas Andrés Blanqui y Juan Bautista Prímoli proyectaron los principales edificios religiosos y de gobierno.

Vértiz también estableció la primera iluminación con faroles de velas de sebo, sistema que se utilizó hasta 1855, año en que se inauguró la iluminación a gas.

De todas maneras, los transeúntes nocturnos no abundaban y era habitual que las familias adineradas se hicieran acompañar por esclavos provistos con faroles.

La Plaza Mayor (hoy Plaza de Mayo) era el corazón de la ciudad y en ella se ubicaban el fuerte, los edificios de los organismos gubernamentales como el cabildo, el mercado principal, la catedral, y tenían lugar las ceremonias oficiales.

A principios del siglo XIX se construyó la antigua Recova, que dividió la plaza en dos sectores.

Los barrios populares eran San Telmo y Monserrat, mientras que la zona de tiendas se ubicaba en las actuales calles Perú y Bolívar.

El actual barrio de Barracas era el área de quintas, frecuentada para realizar paseos, cabalgatas y almuerzos campestres.

No faltaban las diversiones y las fiestas populares como los desfiles de muñecos y máscaras, las riñas de gallos, las carreras a caballo y las corridas de toros, que se celebraban en la zona de Retiro.

Abundaban las tertulias en las casas, principal actividad social de las mujeres de familias pudientes, en tanto los hombres se reunían en las pulperías de las afueras, o en los cafés y los clubes que aparecieron hacia fines del siglo XVIII.

Otro lugar de encuentro de la llamada clase principal era el teatro.

Allí hombres y mujeres, sentados por separado, conocieron las novedades artísticas europeas y las primeras obras de Lavardén, el precursor del teatro local.

Como el primer teatro fue incendiado por un cohete que cayó en su techo, se creó uno provisional que sólo funcionó dos años, pues fue muy dañado durante las invasiones inglesas.

Pese a las transformaciones de los últimos años del período colonial, Buenos Aires creció siguiendo el plano que Garay había imaginado.

En 1783, un marino español la definió muy bien como una ciudad donde «no se ve lo magnífico, pero tampoco lo miserable».

Levantaron sus edificios actuales la Merced, Nuestra Sra. del Pilar en la Recoleta; Santa Catalina de Siena en Viamonte y San Martín; Nuestra Sra. de Belén o San Pedro Telmo, en Humberto I y Defensa.

Sobre esta última calle se establecieron finalmente los dominicos en la esquina de la actual avenida Belgrano, y los franciscanos con la iglesia y la capilla de San Roque a la altura de Alsina.

La Catedral Metropolitana tuvo varias construcciones. Los planos de la actual fueron realizados por el arquitecto Antonio Masella.

Por razones técnicas y económicas el edificio quedó inconcluso y la fachada actual de estilo neoclásico fue construida durante el siglo pasado.

Tampoco se conservaron las fachadas originales de las iglesias de San Francisco y de Santo Domingo que debieron re hacerse después de sucesivos derrumbes.

A esta etapa pertenece el edificio del Cabildo que hoy se conoce.

Es el último de una serie de construcciones previas y comenzó a construirse sobre la base de un plano del arquitecto Prímoli para la planta baja, reformulado por el ingeniero militar Domingo Petrarca en su planta alta.

Recién después de cuarenta años se terminó la torre diseñada por el portugués José Custodio de Sa y Faría.

Durante el siglo pasado sufrió nuevas modificaciones, tal que lo que hoy se puede visitar es sólo un aspecto bastante parcial de lo que fuera en tiempos del virreinato.

También el Fuerte pasó por una sucesión de proyectos y remodelaciones.

A pesar de que se lo había dotado de importantes baluartes hacia el río y rodeado de una gruesa muralla, fue perdiendo su carácter de fortaleza defensiva y se conservó como residencia del gobernador y centro administrativo.

En la actual Manzana de las Luces, la iglesia de San Ignacio se comenzó a principios de siglo y estuvo a cargo de los hermanos jesuitas Juan Kraus y Juan Wolff.

Su fachada es el único ejemplo auténtico de arquitectura barroca que se conserva en la ciudad.

Al lado del templo se construyó, entre 1714y 1729, el Colegio Máximo en el solar que hoy ocupa el Colegio Nacional de Buenos Aires, y la Procuraduría de las Misiones en la esquina de las calles Perú y Alsina.

Una creciente concentración demográfica en el casco céntrico núcleo comercial, administrativo y religioso, obligó a la subdivisión de los primeros solares.

Las viviendas fueron perdiendo sus huertas y adquirieron un perfil definidamente urbano.

Las principales familias tendieron a reunirse hacia el costado sur de la Plaza Mayor.

Ladrillones cocidos y tejas de cerámica se incorporaron de a poco al estilo arquitectónico y se generalizó el uso de la planta mediterránea.

Un primer patio reunía la sala y aposentos de la familia y un segundo patio se reservaba para la servidumbre.

Un zaguán comunicaba la vivienda con el exterior.

La teja permitió recoger el agua de lluvia y aparecieron los aljibes.

Amplias ventanas se cubrieron con rejas de hierro.

Buenos Aires adoptó entonces un vistoso juego de colores rojos en los tejados, blanco en los frentes encalados, verdes en los detalles de maderas.

El nuevo estilo que las memorias de los viajeros definieron como de aspecto andaluz y que sirvió de escenografía a los hechos de la Revolución.

El uso de los nuevos materiales permitió también la construcción de viviendas de dos plantas, o de altos como se las conoció entre el vecindario.

Fueron famosos los altos de Riglos sobre la cuadra del Cabildo, en el solar que hoy ocupa el Palacio Municipal.

Se llevaron a cabo reformas de orden edilicio como el empedrado de las calles céntricas y el alumbrado de faroles con velas de sebo.

Para esparcimiento de los porteños se abrieron cafés y el primer teatro, «de la Ranchería», en la esquina de las actuales Perú y Alsina.

A lo largo de cuatro cuadras debajo de la barranca al norte del Fuerte y bordeando el río se abrió el Paseo de la Alameda.

Los arrabales se fueron integrando al núcleo original.

Hacia el norte, en el Barrio Recio, actual plaza San Martín, se levantó la Plaza de Toros con capacidad para unos 8000 espectadores.

La actúa calle Maipú se abrió para facilitar el acceso de los porteños al ruedo. Hacia el sur, a orillas del Riachuelo, los galpones para depósito de esclavos dieron origen al actual barrio de Barracas.

Al oeste, la ciudad creció siguiendo la cuadrícula trazada por Garay, Para superar las dificultades de abastecimiento de la población más alejada de la Plaza Mayor se crearon la Plaza Nueva o de Amarita, en el solar que hoy ocupa el antiguo Mercado del Plata transformado en dependencias del Gobierno de la Ciudad; y la Plaza de Monserrat, hoy cubierta por las Avda. 9 de Julio, entre las calles Belgrano, Moreno, Lima y Bernardo de Irigoyen.

A doscientos años de su refundación, Buenos Aires se ubicaba ye entre las ciudades más importantes de América hispana.

Lejos habían quedado las penurias de los primeros porteños por sobrevivir.

Para Ampliar: Arquitectura Colonial en el Rio de la Plata

Trabajo Enviado por Colaboradores
Fuente Consultada:
Sociedad, Espacio y Cultura América y la Argentina de Prislei-Tobio-Geli Kapelusz
Historia Argentina Tomo I Desde La Prehistoria Hasta 1829 – Nota de María Cristina San Román

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