Teología de Liberación

Historia del Peronismo Nacimiento, Desarrollo Político y Caída

Historia del Peronismo

TEMAS TRATADOS:

1-Origen del Peronismo

2-La Batalla Política

3-La Gran Movilización del 17 de Octubre

4- Perón es elegido presidente de la Nación Argentina

5- Plan Quinquenal

6- Políticas de Gobierno

7- El Voto Femenino

8- Segunda Presidencia

9- La Revolución Libertadora

10-Operativo Retorno

11- Muerte de Juan Perón

12- Gobierno de «Isabelita»

En  junio de 1943, un régimen autoritario —ensayado ya en 1930 por el general José F. Uriburu—volvía a instalarse en el gobierno nacional, a través de un nuevo golpe de estado. Mientras tanto, en Europa, se expandían los regímenes fascistas: habían, triunfado primero en España; luego con Hitler y Mussolini a la cabeza se habían lanzado a la conquista del mundo. Y aparentemente iban lográndola.

Los nacionalistas argentinos estaban influidos, sin duda, por estas victorias alcanzadas sobre el viejo liberalismo europeo; muchos militares, de espíritu antiliberal y antibritánico, seguían muy de cerca esos acontecimientos.

El proceso les interesaba en un doble sentido: militarmente, porque el despliegue bélico de las potencias del Eje parecía imparable; políticamente, porque de ganar Alemania la guerra —como todo hacía pensar— estaba reservado para la Argentina un papel protagónico en América latina. Por eso era necesario establecer un gobierno fuerte y decidido, un Estado militar rigurosamente organizado.

ETAPA I DEL PERONISMO:

El Nacimiento:

El GOU (Grupo Obra de Unificación del Ejército), una logia de oficiales nacionalistas, había sido el artífice del pronunciamiento militar del 4 de junio de 1943. La materia gris de ese cerebro conspirativo, -quien más había trabajado para otorgarle un contenido ideológico, era el coronel Juan D. Perón.

Pero de todo su plan original, lo único que el GOU cumplió con eficacia fue el derrocamiento del presidente Ramón S. Castillo. El general Arturo Rawson, cabeza visible del movimiento, no llegó a asumir- la presidencia. Juró en su lugar el general Pedro P. Ramírez, quien nombró ministro de Guerra al general Edelmiro J. Farrell. Fue a través de este último que Perón lograría entonces acceder al cargo de jefe eñ la Secretaría del Ministerio de Guerra, el 5 de junio de 1943. La actividad desplegada por Perón en ese cargo fue inusitada, eficazmente secundado por su amigo personal, el teniente coronel Domingo A. Mercante.

En agosto del 43 estalló un conflicto en el gremio de la carne, cuyo líder máximo y militante del Partido Comunista, José Peter, fue encarcelado. El coronel Perón intervino directamente en el diferendo y logró negociar, tratando en forma personal con los dirigentes gremiales el levantamiento del paro.

De esta manera, Perón comenzó sus contactos con los gremios, un terreno hasta entonces inexplorado por los militares. A fines de octubre, pocos días después de que el general Farrell asumiera la vicepresidencia de la Nación, Perón reclamó y obtuvo para sí la presidencia del llamado Departamento Nacional del Trabajo, íntimamente vinculado con los problemas sindicales. Fue esa institución revitalizada la que se transformaría tiempo después en la Secretaría de Trabajo y Previsión y lo convertiría a él en eje de los. acontecimientos políticos futuros.

El 25 de febrero de 1944, Farrell accedía a la presidencia. Al mismo tiempo desde la flamante secretaría,, la popularidad de Perón iba en aumento. Su táctica —de acuerdo con sus propias afirmaciones— apuntaba al corazón de los obreros. Pero también deseaba alcanzar un equilibrio de fuerzas que le permitiera retener el poder político en sus manos. Hábilmente, especulaba con el peligro comunista para convencer a los industriales de la necesidad de apoyarlo, al tiempo que favorecía el ascenso de los dirigentes sindicales que estaban dispuestos a respaldar su labor en la secretaría y a favorecer su eventual candidatura política.

Por su parte, los partidos tradicionales, que se habían unido contra el régimen militar —de marcados rasgos corporativistas en sus comienzos— temían que Perón encarnara un brote fascista en momentos en que esta ideología acababa de ser derrotada en la guerra por los aliados. Pero esta actitud los enfrentó a los sindicalistas, quienes veían en Perón al hombre que los comprendía, y puso a los partidos en la misma trinchera en la que estaban las fuerzas empresarias: el antiperonismo.

Fue así que se produjo la reacción sindical en favor de la Secretaría de Trabajo, dividiéndose los gremios y alcanzando Perón el apoyo de la gran mayoría de las bases obreras. El coronel recibía a los líderes sindicales y les hablaba en un lenguaje claro, con un tono muy dif érente al de los funcionarios públicos. Los decretos y convenios de trabajo —que él mismo redactaba ante sus ojos— se convertían en una realidad palpable, que asombraba a sus interlocutores. Desde los partidos tradicionalmente obreros comenzó el éxodo hacia el peronismo.

Los dirigentes sindicales Ángel G. Borlenghi y Luis F. Gay fueron los más notorios adherentes a la nueva corriente política que se fue conformando alrededor del hábil coronel. El 7 de julio de 1944, éste fue nombrado vicepresidente de la Nación, sin resignar por ello sus cargos de secretario de Trabajo y de ministro de Guerra, que había obtenido de manos de Farrell. El poder que concentraba en ese momento, no era para nada despreciable. Había llegado el momento de lanzar la gran batalla.

Juan Domingo Perón

La batalla política

El primer movimiento lo realizaron los más poderosos comerciantes e industriales del país, quienes el 16 de junio de 1945 en un manifiesto exigieron al gobierno que rectificara su política social. En 1944 se habían firmado 127 convenios con intervención de las asociaciones patronales y 421 con intervención de los sindicatos. Los millares de obreros que se reunieron el 12 de julio frente a la Secretaría de Trabajo fueron la respuesta más categórica al manifiesto de los empresarios. Estaban convocados por una causa popular, tenían un líder cuya candidatura proclamaban indirectamente y la clase patronal los empujaba a la lucha. Estaban dadas las condiciones para una gesta.

Los partidos políticos, que seguían viendo en Perón un peligro nazifascista azuzaban contra él a los estudiantes de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA). Ello aparejaba protestas estudiantiles y represión, policial. Estimulados por el embajador norteamericano Spruille Braden, —tras la victoria aliada—, las fuerzas antifascistas organizaron lo que se llamó Marcha de la Constitución y la Libertad.

Antiperonistas de todos los colores y de todas las clases sociales engrosaron sus multitudinarias columnas. El gobierno contestó reimplantando el Estado de sitio y modificando el Estatuto de los Partidos Políticos, a cuyas autoridades se prohibía reelegir. Fue entonces que los estudiantes ocuparon las facultades. Y la represión policial los desalojó.

A esa altura, Perón ya era el eje de la situación política. El país, a su influjo, se había dividido en dos partes bien definidas y no quedaba espacio para los indiferentes. De un lado, con Perón: la clase obrera, tanto industrial como agraria, representada por los nuevos sindicatos segregacionistas; también el Ejército y la Iglesia, apoyados por la cadena de Radio del estado y por todos los resortes del gobierno.

Del otro lado: casi toda la clase media y alta, representadas por las entidades estudiantiles y empresarias y por los partidos tradicionales; también la Marina y los intelectuales; apoyados por la mayor parte del periodismo escrito. Todo esto sucedía a fines de setiembre y en los primeros días del mes de octubre de 1945.

La aparente derrota

La unidad del gobierno, ante todas estas situaciones, por las que se atravesaba, se iba deteriorando. A raíz de la designación de Oscar Nicolini como director de Correos y Telecomunicaciones (se decía que la actriz Evita Duarte, amiga de Perón, había influido en ella), se desató la crisis. El jefe de la guarnición de Campo de Mayo, general Eduardo J. Avalos, retiró entonces su apoyo a Perón y le pidió la renuncia. Los sectores castrenses más poderosos le dieron la espalda. Perón aceptó: «No quiero sangre«, dijo por medio de un discurso que se retransmitiría a todo el país y que pronunció desde la Secretaría de Trabajo y se despidió de sus seguidores, concentrados allí multitudinariamente.

El diario La Época reprodujo sus palabras y el texto de un decreto que dejaba preparado, por medio del cual se implantaba un sistema de aumentos de salarios «móvil, vital y básico«. Pero nadie lo firmaría si él se alejaba de la secretaría. Su clásica frase «de casa al trabajo y del trabajo a casa«, con la que siempre cerraba sus discursos, sonó muy amarga ese día a los oídos de los trabajadores. Sus ánimos estaban exacerbados y algunas palabras duras del líder, los incitaban a la resistencia.

El 11 de octubre, Perón se alejó de la Capital. Su «despedida» de los obreros, sin embargo, había molestado profundamente a ciertos sectores del Ejército. Grupos de oficiales propiciaban la destitución de Farrell. Los políticos consultados propusieron la entrega delgobierno a la Suprema Corte. Finalmente, los sectores castrenses impusieron al presidente un cambio total de gabinete.

Pero a esa altura de los acontecimientos tal medida ya no era solución. Porque, en el momento en que —el 12 de octubre— la multitud antiperonista se reunía en plaza San Martín exigiendo la entrega del gobierno a la Suprema Corte, muchos oficiales del Ejército advertían que el antiguo antimilitarismo liberal estaba resucitando y que se había cerrado el paso a un enemigo pero se lo había abierto a otro, que ni siquiera pertenecía a sus filas. Mientras se encontraban sumergidos en tales reflexiones, la policía, incómoda por el estribillo de «Gestapo» con que la muchedumbre reunida frente al Círculo Militar la zahería, reprimió a los antiperonistas; fue allí que el médico Eugenio Ottolenghi se desplomó, sin vida, junto a una gran cantidad de heridos.

La crisis era total. El doctor Juan Alvarez, Procurador General de la Nación, estaba encargado de la formación de un nuevo gabinete. Pero el 13 de octubre, los únicos ministros del Ejecutivo eran el general Avalos, el almirante Héctor Vernengo Lima y el civil Juan Fentanes, cuyas palabras como flamante secretario de Trabajo y Previsión fueron muy poco prometedoras para la expectante clase obrera.

Ese mismo día, el presidente Farrell, sometido a múltiples presiones jardenó cue se detuviera al coronel Perón, quien habia vuelto a Buenos Aires. Allí fue sustraído de la jurisdicción del Ejército y trasladado a la de la Marina, la que lo interna en el buque Independencia y desde allí lo transfiere a la isla Martín García. En el trayecto al puerto, Perón sólo abrió la boca para pedirle al coronel Mercante, quien lo acompañaba, que cuidara de Evita.

La movilización

La detención del coronel, conmocionó a los gremios. Encabezó su movilización el Sindicato Autónomo de Obreros de la Carne, dirigido por Cipriano Reyes (enemigo de José Peter). El día 15, los obreros copaban prácticamente Berisso y Ensenada. Sus esfuerzos recrudecerían al enterarse de que Perón había sido trasladado a Buenos Aires nuevamente y que se hallaba en el Hospital Militar.

Se intentó organizar una marcha obrera que llegara allí, pero esos intentos fueron muy desorganizados y fue fácil disolver las pequeñas manifestaciones que se iniciaban. Los pocos peronistas que lograron recorrer el centro de la ciudad, le hicieron juntos con los militantes de la Alianza Libertadora Nacionalista. Mientras algunos de ellos eran conducidos a las comisarías, los sindicatos antiperonistas condenaban la movilización y lo mismo hacían los partidos políticos: : «son bandas armadas dirigidas por Cipriano Reyes», dijo por ejemplo el Partido Comunista. Algo parecido opinaron los socialistas y los radicales.

El 17 de octubre de 1945

El día 17 se reeditaría la marcha intentada en la víspera. Pero ahora, mucho mejor organizada. El objetivo de los dirigentes era concentrar el mayor número posible de personas frente al Hospital Militar y la Casa de Gobierno, como una forma de presión que respaldara la reposición del líder en todos sus cargos. Desde Lanús, Berisso, Ensenada, La Plata, partieron los contingentes más nutridos.

La coordinación entre unos y otros era excelente. Avanzaron sobre la capital realizando mítines en las esquinas, atacando los locales de los partidos políticos y portando cartelones, retratos del coronel y banderas argentinas. A las puertas de Avellaneda, el personal de la Dirección General de Navegación y Puertos les permitió atravesar los puentes en lugar de cumplir enseguida la orden de levantarlos que había dado el gobierno.

Camiones, autos, bicicletas y caminantes logran pasar del otro lado y los que llegaban tarde al ver los puentes levantados cruzaron en lanchones y hasta nadando. Toda la zona sur del Gran Buenos Aires quedó aislada: se levantaron los rieles tranviarios y los obreros ferroviarios decretaron el paro general. No había ni un comercio abierto.

A las 5 de la tarde de aquel 17 de octubre todo el mundo sabía que los peronistas estaban reunidos frente a la Casa de Gobierno, y que la policía no los reprimía. Desde todos los barrios de la capital empezó a acercarse gente, incluso los más dubitativos seguidores. Mientras esperaban en la plaza, se enteraron de que un grupo de sindicalistas había hablado con Perón en el Hospital Militar y que éste opinaba que era frente a la Casa de Gobierno donde debía presionarse

Los últimos momentos del gobierno

Mientras la multitud se refrescaba del intenso calor sumergiéndose a medias en la vieja fuente de la Plaza de Mayo, una CGT muy dividida, que la noche anterior apenas si había logrado decidir el paro general para el día 18 (con el voto conseguido a último momento de Libertario Ferrari) entrevistaba al presidente Farrell. En la plataforma que le exponían se habla de elecciones democráticas, de la consulta a la clase trabajadora, de la firma del último decreto de aumentos de salarios que Perón había dejado preparado.

Pero para nada se mendonaba la libertad del coronel, Farrell no obstante todas las presiones a las que estaba sometido, se mantenía impasible. Esa sería su constante actitud. El ministro Avalos no parecía tampoco demasiado definido y optaba por permanecer fiel al texto de un comunicado que llevaba su firma: «El Ejército no intervendrá contra el pueblo en ninguna circunstancia«, decía en su parte medular. «Hay que dejarlos que se dasaho-guen, total no pueden hacer nada», repetía el confiado procurador Alvarez.

Sólo el almirante Vernengo Lima era partidario de la represión. Cuando Farrell y Avalos se entrevistaron con el general Juan Pistarini y el coronel Mercante —ambos peronistas— para negociar una salida pacífica, el almirante decidió sublevar la Marir na^ Esperaba que la guarnición militar de Campo de Mayo secundara su acción, pero como esto no sucedió, quedó aislado políticamente y el día 18 se presentó detenido en el Ministerio de Marina.

Dos modalidades diferentes

En todo el proceso de cabildeos y maniobras políticas que se desarrolló a partir de la entrevista de Pistarini y Mercante con Avalos y Farrell, la que culminó a las once de la noche del 17, cuando Perón dirigió la palabra a sus adictos concentrados en la Plaza, dos estilos opuestos se mostraron en pugna. El peronismo, audaz y agresivo, con objetivos políticos concretos, empleaba recursos y estrategias ganadoras, a pesar de ser un movimiento de reciente formación. Sus opositores, en cambio eran excesivamente indecisos y se movían en base a esquemas políticos que empezaban a sonar arcaicos.

Las imposiciones de Perón fueron todas aceptadas: renuncias de Avalos y de Vernengo Lima, y formación de un gabinete peronista. Farrell aceptó, incluso, hablar esa noche al pueblo desde el balcón, como mero segundo, dejando el discurso final a Perón. Posteriormente, fueron liquidados los sectores adversos dentro del Ejército y la militancia peronista ganó la calle.

Los mismos que la noche del 17 agitaron —a pedido del coronel— sus pañuelos blancos durante 15 minutos debajo del balcón de la Casa Rosada, coparon el terreno libre que el antiperonismo, desmoralizado, les dejaba. «Hay que aprovechar el entusiasmo obrero para organizarse bien» afirmó entonces Cipriano Reyes (el «héroe de la marcha del 17 de octubre», como lo calificaba el líder).

Esto quería decir, en otras palabras, que había que organizar un partido político. Y fue el propio Reyes quien dio el puntapié inicial para la formación del Partido Laborista, con la idea de crear una agrupación semejante al Labour Party, de Gran Bretaña, cuya base de sustentación habían sido los sindicatos. Sólo que en esta caso se trataría de los flamantes sindicatos peronistas exclusivamente. La candidatura de Perón a la presidencia de la República era ya un hecho irreversible.

ETAPA II DEL PERONISMO:

Afines de octubre de 1945, Cipriano Reyes, encargado de la organización de un partido político que capitalizara la efervescencia popular adicta a Perón, cumplió eficazmente su cometido. En pocos días, secundado por otros dirigentes gremiales, fundó el Partido Laborista, a semejanza —según él— del Labour Party, que en Gran Bretaña acababa de desalojar del gobierno a los conservadores.

De ahí surgiría la candidatura de Perón a las elecciones nacionales programadas para el 24 de febrero de 1946. Las conocidas injerencias del embajador norteamericano Spruille Braden en favor de los sectores antiperonistas surtieron el efecto contrario y abonaron el terreno al flamante candidato. «Braden o Perón» fue el slogan del laborismo con lo que se establecía una disyuntiva aparentemente patriótica.

Luego de los gigantescos mítines y de los grandes discursos, en medio de una movilización preelectoral caracterizada por algunos desbordes de violencia, llegó la hora de las urnas. Se trató de una correctísima elección, según afirmaciones de un bando y otro. Cuando terminó el recuento de los votos, la fórmula Perón-Quijano había obtenido 1.527.231 sufragios contra 1.207.155 del binomio Tamborini-Mosca, candidatos de una coalición denominada Unión Democrática y que nucleaba a radicales, demócratas progresistas, socialistas y comunistas.

El Plan Quinquenal

Perón comenzó su tarea de gobierno tras su flamante ascenso a general de brigada. Una vez establecido su equipo de ministros y secretarios (en donde figuraban entre otros Ramón Cereijo, Juan Pistarini, Juan Atilio Bramuglia, Ángel Borlenghi y Ramón Carrillo), puso manos a la obra.

El llamado Plan Quinquenal de Gobierno 1947-1951 aparecía como la base programática de su accionar, aunque, en verdad, se trataba de una importante recopilación de datos de todas las áreas ministeriales sobre el estado del país, en donde también se hacían algunas sugerencias importantes, como: establecer la necesidad de materias primas y combustibles, verificar la eficiencia de los sistemas de producción y explotación de los mismos y completar las obras e inversiones necesarias para el desarrollo industrial y agrícola, que ya estaban proyectadas por las administraciones anteriores.

En materia educacional se planificó la construcción de escuelas rurales, pero se mantuvieron los viejos planes de estudio, a los que se añadió —por compromisos electorales previos— la enseñanza religiosa en los colegios estatales. Hubo en cambio mayor preocupación por los programas de salubridad y por la construcción de modernos hospitales (a los que se denominó policlínicos) y por la edificación de barrios obreros en distintos puntos del país. Resultaría muy importante la organización del Censo Nacional, que estaba sumamente atrasado, en donde trabajó el mismo recopilador que preparó el Plan Quinquenal, Francisco José Figuerola un antiguo y eficaz funcionario del Departamento de Trabajo a quien Perón llevó a la Casa de Gobierno como secretario Técnico de la Presidencia.

Las nacionalizaciones

La compra de los ferrocarriles ingleses fue el paso más espectacular del gobierno peronista en materia de servicios públicos. Se concretó así una antigua aspiración de las compañías ferroviarias, deseosas de venderle los viejos talleres, ramales y convoyes para quedarse solamente con el servicio de manutención, que era la parte más interesante del negocio.

Los ferrocarriles fueron entregados, además, como parte de pago de la gran deuda en libras esterlinas que el gobierno inglés tenía con la Argentina (por la compra de alimentos durante la Segunda Guerra Mundial) y que se negaba a saldar en efectivo. El gobierno peronista, sin embargo, exhibió la operación como un gran triunfo nacional sobre el imperialismo británico.

A partir de allí, paulatinamente la explotación de los servicios públicos fue pasando a manos del Estado, hasta eliminar totalmente la injerencia de las empresas extranjeras. Pero con una excepción: la Compañía Argentina de Electricidad (CADE), que había apoyado económicamente la candidatura de Perón.

La Compañía Primitiva de Gas (de capitales ingleses) fue reemplazada por un ente estatal y la construcción de un gasoducto, que en su momento fue el más largo del mundo, permitió aprovechar el gas que hasta ese momento se desperdiciaba en Comodoro Rivada-via. En otra operación similar, la empresa telefónica norteamericana United River Plate Telephone Company Limited, de la ITT, pasó a poder del Estado.

La política energética

La flamante empresa autárquica Agua y Energía Eléctrica fue la-encargada de continuar la política energética que ya se había iniciado en el país. Fueron así terminados los diques Escaba y Nihuil, con sus centrales hidroeléctricas, y otras obras semejantes se concluyeron en todo el país, el que alcanzó una producción de potencia de 350.000 kilovatios.

Paralelamente a esté aprovechamiento de los recursos hídricos, se intensificó ei aprovechamiento del yacimiento carbonífero de Río Turbio. Los proyectos de explotación petrolera, por su parte, obligaron a una renovación de la flota de buques tanques: 18 barcos, con un porte bruto de 234 mil toneladas, fueron incorporados al servicio durante este primer período de gobierno. En agosto de 1950 se creó un nuevo ente estatal que agrupó a todas las empresas —cinco en total— que administraban todas las fuentes energéticas. Se lo denominó ENDE y fue el encargado de digitar los futur«^pasos a dar en ese sentido.

La política económica

La economía del país, al menos durante los tres primeros años de administración peronista, danzaría al compás que le marcaba Miguel Miranda, a quien llamaban «el mago de las finanzas». Sus armas fundamentales fueron la nacionalización del Banco Central (de cuyo directorio era el presidente) y la creación del IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio). Desde allí controlaba el comercio exterior y centralizaba la comercialización de las cosechas. La política de Miranda, además, despertó un afán industrializador en el país, lo que permitió que se eliminaran de la importación muchos productos. Pero esa política fue tan caótica en su aplicación y produjo tantos errores que la estrella de Miranda comenzó a languidecer y fue reemplazado por el Consejo Económico Social.

En abril de 1951, tras un conflicto con Gran Bretaña, en cuyo transcurso se suspendieron las exportaciones de carne a ese país, el gobierno obtuvo el precio récord de 150 libras por tonelada. Esto tranquilizó a los grandes terratenientes, quienes atravesaron incólumes el período peronista, y al que habían recibido con la guardia en alto, temerosos de los revolucionarios planes de reforma agraria a los que se hacía mención en los discursos preelectorales. En ese sentido, más allá de las leyes de arrendamientos congelados y de los precios fijados por el IAPI, sus intereses y sus hectáreas permanecieron intactos.

El plan de obras públicas, en cambio, sí fue voluntariosamente impulsado. Las prioridades se centralizaron en un rubro de impostergable necesidad: la vivienda. El remozado Banco Hipotecario Nacional fue un elemento básico alrededor del cual giró la política edilicia. Surgieron así gran cantidad de monobloques en diversos barrios; proliferaron las «casitas obreras»; la Ciudad Evita —un gigantesco complejo de 10.000 viviendas— llegó a edificarse en un 45 por ciento y se completó el llamado Barrio Presidente Perón, en Saavedra.

En cinco años una gran cantidad de viviendas fue entregada a sus flamantes dueños, aunque como trasfondo de esas realizaciones menudearan las denuncias de todo tipo de irregularidades administrativas y de adjudicaciones acomodaticias. El aeropuerto de Ezeiza, vastos complejos edili-dos del interior del país, escuelas, colegios secundarios, edificios universitarios, fomento de la infraestructura hotelera, fueron otros tantos aportes del gobierno en lo que al rubro de las obras públicas se refiere.

El incremento de la producción industrial, la construcción de oleoductos y gasoductos, el descubrimiento de algunos yacimientos minerales, el aprovechamiento del carbón, la positiva modificación de las importaciones y el aumento del promedio de consumo, quedarían registrados como los más importantes logros de la primera presidencia del peronismo.

Como contrapartida, la exagerada prisa por la industrialización en detrimento directo de la agricultura (en momentos en que eran altos los precios de los cereales, por influjo de la posguerra) y una fría actitud con respecto a la tan mentada reforma agraria, aparecen como sus puntos mas débiles. Pero el formidable aparato propagandístico que se monto en ese lapso —cadenas de diarios y radios estatales— influyó notoriamente para que muy pocos advirtieran los defectos principales del régimen peronista. Así se fortificó el slogan «Perón cumple, Evita dignifica», con el que se llegó a 1951.

La segunda presidencia

El resultado de las elecciones del 11 de noviembre de 1951 tuvo las características de un verdadero plebiscito popular. El binomio Perón-Quijano sumó 4.744.803 votos contra 2.416.712 de la fórmula radical Balbín-Frondizi. El resto de los partidos1; incluyendo los votos en blanco, apenas sobrepasó los 400.000 sufragios.

El voto femenino y la reelección presidencial —incorporada a la Constitución por la reforma de 1949— jugaron un importante papel en esos resultados. El 4 de junio de 1952, cuando Perón reasumió el gobierno, era Evita quien debía acompañarlo como vicepresidenta de la Nación, pero su postulación aparentemente jaqueada por el Ejército (con la complicidad del presidente), no tuvo «él respaldo de su marido y ella se vio precisada a renunciar dramáticamente a la candidatura el 22 de agosto, tras el famoso Cabildo Abierto del Justicialismo.

De todas formas, poco le quedaba ya de vida, pues minada por una dura enfermedad dejaría de existir el 26 de julio de 1952. Perón autorizó entonces el embalsamamiento de su cuerpo y un velatorio de 15 días, con funerales de Jefe de Estado. Largas e imponentes filas de mujeres y hombres desfilarían por su capilla ardiente.

Como si la muerte de Evita hubiera sido un preaviso de las crisis que se avecinaba, en 1952 se alcanzó el récord de inflación y se produjeron tremendas sequías. Se manifestaron notorios fracasos en los planes de desarrollo y comenzaron a producirse graves desequilibrios entre los precios y los salarios.

El Segundo Plan Quinquenal hablaba pomposamente de la «soberanía política», pero fue entonces que comenzaron las tratativas con empresas norteamericanas para la explotación del petróleo nacional. Ciertos escándalos, además, iban empañando la imagen del líder, como por ejemplo sus relaciones con la rama femenina de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios) y ei controvertido suicidio de Juan Duarte, hermano de Evita (vinculado con turbios negociados). También se cuestionaban las maniobras financieras de Jorge Antonio dueño de un poder económico privado —pero con todas las ventajas de la protección oficial a su favor— que adquirió Radio Belgrano, Canal 7, la agencia noticiosa Télam; importó 50.000 televisores y gran cantidad de automóviles y colectivos.

El incesante aumento del costo de vida era la contrapartida de ese proceso aparentemente tan exitoso, y un incipiente malestar popular era ya innegable.ÍLos sectores más duros de la oposición tuvieron entonces mayor basamento para lanzarse a la acción. El 15 de abril de 1953, mientras Perón hablaba en una gran concentración en la Plaza de Mayo, estallaron varias bombas (que ocasionaron cinco muertos) y come respuesta, se atacó al edificio del Jockey Club, a la Casa del Pueblo, a la Casa Radica, y a otras sedes partidarias, los que fueron saqueados e incendiados.

Los éxitos deportivos de la Argentina, que en ese momento se sucedían en fútbol, en automovilismo y en boxeo, no lograban disimular el desgaste político que el gobierno sufría a diario. Las cárceles albergaban ya a centenares de presos políticos y había también numerosos exiliados en el Uruguay.

El conflicto con la Iglesia

En julio de 1954, al mismo tiempo que debió enfrentar la huelga metalúrgica, el gobierno comenzó a experimentar sus primeros rozamientos con la Iglesia. Mientras un grupo de católicos fundaba el opositor Partido Demócrata Cristiano, desde el pulpito algunos sacerdotes iniciaron una campaña que apuntó, en un principio, a ciertos aspectos de la moral gubernamental. Perón los calificó de «curas perturbadores». Pero cuando un cierto número de ellos fue detenido, se produjo un claro distanciamiento entre el presidente y el cardenal Copello, su aliado de 1945.

El bloque peronista de la Cámara de Diputados comenzó entonces a barajar proyectos tales como la separación de la Iglesia y el Estado, la implantación del divorcio y la ley de profilaxis, mientras que el Ejecutivo decidía suprimir la enseñanza religiosa en los colegios estatales, establecida en 1946. Arreciaron manifestaciones de católicos armados y de pronto el vicario general, Manuel Tato, fue deportado a Roma el 15 de junio de 1955. Veinticuatro horas más tarde, un movimiento cívico-militar intentaba derrocar al presidente. Miguel Ángel Zavala Ortiz, Raúl Lamuraglia, Pedro E. Aramburu y Samuel Toranzo Calderón eran las cabezas más visibles del complot. Ya el 28 de diciembre de 1951 se había producido una intentona semejante, acaudillada por el general»Benjamín Menéndez, pero había fracasado.

Ahora, aprovechando un supuesto homenaje que se le tributaría al presidente, los aviones navales volaron al mediodía a escasa altura y bombardearon la Casa Rosada, ametrallando también las inmediaciones. El movimiento fracasó, fundamentalmente por que las fuerzas de tierra retacearon a último momento su participación. Al caer la tarde, media docena de camiones transportaban centenares de cadáveres de transeúntes que habían sido alcanzados por la metralla y de pasajeros de un trolebús deshecho por una bomba.

Mientras el almirante Benjamín Gargiulo se disparaba un tiro en la sien dentro del Ministerio de Marina, prefiriendo la muerte al fracaso, bandas armadas del oficialismo se tomaban revancha saqueando y quemando la mayoría de las iglesias de la zona céntrica. La Curia, San Ignacio, el Convento de San Francisco, Santo Domingo, La Merced, La Piedad, Nuestra Señora del Socorro, San Juan y San Nicolás fueron lamidas por las llamas.

Se trataba del último eslabón del enfrentamiento entre el peronismo y la Iglesia, como corolario de los anteriores rozamientos y de los incidentes producidos en la poco pacífica procesión de Corpus Christi de ese año, tras la campaña anticlerical exacerbada por el diario oficialista Democracia.

A partir de ese momento, la crisis interna se agudizó rápidamente. En medio de una ola de rumores y con un gabinete ministerial totalmente recompuesto, el 5 de julio Perón pidió —en un discurso radial— una tregua política. Era un tardío llamado a la pacificación, mientras las conspiraciones golpistas arreciaban por todos lados.

El gobierno se veía obligado a negociar y ofreció por primera vez en diez años las radios. Usaron de ellas Arturo Frondizi (UCR), Luciano Molinas (PDP) y Vicente Solano Lima (PD), pero le fue negado el micrófono a Alfredo L. Palacios (PS), quien exigía la renuncia del presidente. Todos criticaron y aportaron sus soluciones; pero era demasiado tarde para pacificar.

En la última semana de agosto los acontecimientos de precipitaron y Perón ofreció su renuncia. Como rápida respuesta, la CGT organizó para el día 31 una multitudinaria concentración en apoyo a su líder. Frente a ella, Perón recobró sus energías políticas e hizo un discurso de tono violento. Un par de semanas después, el 16 de setiembre, otro levantamiento militar, más importante, lograba derribarlo.

En la lluviosa mañana del lunes 19, el presidente escribió su renuncia de puño y letra y la entregó al general Franklin Lucero, su ministro de Ejército. Se trataba del último acto de gobierno. Faltaban escasas horas para que venciera el plazo impuesto por la Marina de Guerra, dispuesta a cañonear las costas.

ETAPA III DEL PERONISMO:

Cuando a las ocho de la mañana del 20 de setiembre de 1955 Perón entró en la Cancillería de la Embajada del Paraguay, su exilio comenzaba. Desde el exterior, sin embargo, seguiría digitando las futuras jugadas políticas de su movimiento. Mientras tanto, en Buenos Aires, los hechos políticos se precipitaban. Con el general Pedro E. Aramburu en el poder fue disuelto el Partido Peronista y se intervino la CGT.

A las restricciones partidarias se sumaría la angustia económica y las bases gremiales se agitaron. Prolifera-ron los grupos pequeños, sin experiencia, pero liberados de la mediocridad de sus antiguos dirigentes prefabricados. Sin demasiada coordinación entre ellos, la mayoría se inclinaba por la salida insurreccional.

Basándose en esas células, en parte de las estructuras gremiales que subsistían, en amplios sectores de la suboficialidad del Ejército y encabezada por un grupo de oficiales peronistas, se lanzó la contrarrevolución militar del 9 de junio de 1956. Sus líderes eran los generales Juan José Valle y Raúl Tanco, secundados principalmente por el teniente coronel Osear Cogorno. Sus propósitos políticos consistían en «terminar con el régimen y llamar a elecciones», según sus propias afirmaciones de aquellos días.

Pero la falta de coordinación, las infidencias y también la falta de fogueo y de disciplina de los grupos civiles que los apoyaban, se combinaron y el movimiento fracasó. Avellaneda, La Plata, Campo de Mayo, la Escuela de Mecánica del Ejército, fueron los principales escenarios de ese dramático episodio que culminaría con el fusilamiento de 27 personas, algunas de las cuales poco y nada tenían que ver con el movimiento. Ante el fracaso del levantamiento y buscando con su actitud el cese de las ejecuciones, el general Valle optó por entregarse y la Ley Marcial cobró en él su última víctima. El jefe del llamado Movimiento de Recuperació n Nacional enfrento así al pelotón de fusilamiento en la antigua cárcel de la avenida Las Heras.

El pacto con Frondizi

Una verdadera ola de antiperonismo era la tónica de aquellos días, en los que lo^ partidos políticos aumentaban sus presiones sobre el gobierno para que éste implementara la salida electoral. El 23 de febrero de 1958 fue la fecha fijada para las elecciones generales, pero antes —y sorpresivamente — el gobierno militar convocó auna Convención Constituyente.

La Constitución de 1949 ya había sido derogada y quería reformarse la de 1853. Ai mismo tiempo, las dificultades crecientes en el orden sindical motivaron que la intervención convocara a un congreso confederal. Fue allí donde los gremios antiperonistas, que eran 32 se retiraron del plenario. Los que se quedaron, que sumaban 62, constituyeron las «62 Organizaciones Peronistas». Los campos iban definiéndose. En las elecciones de constituyentes, la consigna del voto en blanco —impartida por Perón desde Caracas y retransmitida desde Chile por John W. Cooke— concluyó con el triunfo «blanco», aunque por muy escaso margen, sobre la UCRP.’De todas formas, desgarrada por enfrentamientos internos y defecciones, la Constituyente murió al perder su quorum cuando se retiró la representación de la UCRI. Pero el peronismo; a través de esas elecciones, había hecho una reafirmación de su poderío.

El apoyo de esos votos peronistas era la gran obsesión de Arturo Frondizi. Pero la mayoría de los dirigentes del movimiento estaba a favor del voto en blanco y apoyaba al llamado Comando Táctico, que agrupaba a más de 120 representantes de todas las agrupaciones del peronismo y que seguía aferrándose a la resistencia. Mientras se reunía a menudo en Caracas con Rogelio Frigerio —representante directo de Frondizi—, Perón aseguraba a Jorge Antonio que la orden final sería votar en blanco, pero más tarde, avanzado ya el proceso electoral, se formalizó un pacto y en conferencia de prensa el líder recomendó votar por el candidato presidencial de la UCRI.

Frondizi obtuvo así 3.761.248 sufragios para la UCRI contra 2.229.291 de la UCRP encabezada por Ricardo Balbín, su más cercano seguidor. Mientras Frondizi encabezaba los festejos en Buenos Aires, en su nueva residencia de Ciudad Trujillo (hoy Santo Domingo) comentaba Perón a Andrés Framini: «Ningún pacto se hace de buena fe, todos se hacen con trampa».

El «Operativo Retorno»

El famoso pacto comenzó a hacer agua antes de lo esperado. El inicial apoyo peronista al gobierno de Frondizi se fue convir-ttendo en una fuerte oposición, traducida en huelgas y actos terroristas, desestabilización de ministros y batallas callejeras con la policía. En ese marco se desarrollaron —esta vez sin proscripciones de ninguna índole— las elecciones de 1962 para la renovación parcial de las cámaras y de la gobernación de algunas provincias, la de Buenos Aires entre ellas. Los comentarios más sen-sacionalistas confirmaban a Perón como candidato a gobernador de esta última.

esde su nuevo, y definitivo, refugio de Madrid, hacia donde iban y venían sin cesar dirigentes políticos y gremiales de su movimiento (cuyas fuerzas e influencias manipulaba con gran habilidad), Perón ungió a Andrés Framini, del gremio textil, como real candidato a la gobernación de Buenos Aires y en los comicios del 18 de marzo de 1962 su partido demostró que seguía siendo una mayoría abrumadora en el país.

Al otro día un gobierno examine—y duramente presionado por las Fuerzas Armadas— decretó la intervención de las cinco provincias más importantes en las cuales se había impuesto el justicialismo. El decreto establecía la caducidad de poderes y la invalidez de los comicios, con lo que la gran victoria moría apenas alcanzada. A los pocos días caería también el gobierno de Frondizi.

Tras poco más de un año, agitado por peligrosos enfrentamientos militares, la gestión de José María de Guido —reemplazante de Frondizi— culminó con un nuevo llamado a elecciones. El peronismo, proscripto oficialmente, se unió nuevamente a la UCRI y a algunos otros grupos minoritarios y surgió así el Frente Nacional y Popular. Desde Madrid se señaló como candidato a Vicente Solano Lima, dirigente conservador popular de la provincia de Buenos Aires. Pero esta designación rompió la unidad frentista y sus simpatizantes terminaron votando en blanco con un escaso caudal en una elección ganada por la UCRP.

Arturo Illia accedió a la presidencia y al poco tiempo la CGT, dirigida por el peronista José Alonso, lanzó su «plan de lucha», menudeando las ocupaciones de fábricas y los tiroteos. Comenzaron también las divisiones del campo sindical peronista, donde no todo era rosas, y Augusto Vandor, metalúrgico, se impuso a Andrés Framini en las elecciones internas de la «62 Organizaciones». Aunque los grupos siguieron actuando en conjunto, sus posiciones se alejaban cada vez más. Ni siquiera la noticia de la vuelta de Perón pudo cohesionarlas. El llamado «Operativo Retorno «, no obstante, fue una programación de suspenso político que duró casi un año y que presionó tremendamente a los factores de poder. Finalmente, el avión de línea que traía al líder —detenido en Río— debió volver a España con toda su comitiva a bordo.

Isabelita y Vandor.

La campaña electoral de marzo de 1965 se llevó a efecto —en el campo peronista— en medio de una atmósfera de desaliente por la fallida «Operación Retorno». Ante la falta de reconocimiento del Partido Justicialista, éste optó por la sigla Unión Popular.

Cuando se formó en Córdoba la Confederación de los Partidos y Movimientos Populares y Provinciales, en base a los legisladores neoperonistas, «Las 62» se apresuraron a acusarla de traición al movimiento. Esas divisiones, en el fondo, los ponían en manos de sus adversarios y entonces Perón inició gestiones conciliatorias que terminaron en una orden: unificación con los «neos» y unificación de los bloque: parlamentarios. En medio de esa lucha interna, como la figura de Vandor se agrandaba visiblemente, Perón envió a su mujer. María Estela Martínez (Isabelita) a Buenos Aires, para desautorizarlo. Llegó con el pelo rubio y sospechosamente recogido «a lo Evita».

Luego de tumultuosas giras por el interior, mientras algunos grupos reaccionaban contra su presencia, Isabelita se dirigió a Mendoza, en vísperas de las elecciones para renovar la gobernación, donde la candidatura de Alberto Serú García, líder del Movimiento Popular Mendocino. apoyado por Vandor, parecía asegurarse los votos del peronismo. Justamente para quitarle el apoyo y otorgarle su aval a Ernesto Corvalán Nanclares, señalado por Perón, fue hasta allí Isabel. El resultado de las elecciones fue favorable al Partido Demócrata (conservador), pero en el pleito interno del peronismo ganó Corvalár. Nanclares. Esta derrota política de Vandor no influiría demasiado en su liderazgo sindical, pero demostró que no existía posibilidad de enfrentar a Perón sin riesgo.

El regreso de Perón

Toda la actividad opositora del peronismo hacia el gobierno radical de Illia fue cuidadosamente alimentada por los militares que conspiraban para derrocarlo desde el mismo momento en que le habían entregado el poder. El propio «plan de lucha» de la CGT contaba con el guiño militar en el sentido de que tuvieran la seguridad de que no habría represión de ningún tipo por parte de ellos.

La alianza sindical-militar. alentada por los vandoristas y bendecida luego por Perón, fue públicamente confesada por uno de los principales dirigente: de aquel entonces: Paulino Niembro admitió poco antes de morir (en un reportaje publicado en el libro Sindicalismo, el poder y la crisis) que los sindicalistas habían apoyado a los militares para «desestabilizar la cosa». Esto se comprobó poco después, cuando todos los dirigentes sindicales acudieron a saludar al general Onganía el día de su asunción como nuevo presidente, en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, en junio de 1966, tras el derrocamiento del gobierno constitucional de Illia.

La CGT emitió dos días después una declaración respaldando el golpe militar de Onganía, y el propio Perón dijo desde Madrid que había que «desensillar hasta que aclare». Era la época en que los sindicalistas peronistas habían empezado a convencer a los militares que ellos eran «la única barrera contra el comunismo en la Argentina», debido a la extracción nacionalista y antimarxista de sus principales dirigentes. En esa alianza, los sindicatos peronistas obtuvieron como premio la mayor cantidad de beneficios que pudieron conseguir de un gobierno que no era peronista, como por ejemplo la institu-cionalización de las obras sociales de sus gremios, lo que les permitiría acrecentar sus ingresos y procrear una nueva clase aristocrática en la dirigencia sindical.

Pero a los cinco meses de asumir Onganía ya Perón se decidió a quebrar la alianza. Lo hizo a través de una carta abierta en la que analizaba los perjuicios de la política económica en marcha —acababa de asumir como ministro Adalbert Krieger Vasena— y alentaba a sus partidarios a enfrentar decididamente al régimen militar. De este modo, Perón no solo desbarataba las ambiciones políticas de Vandor sino que también ponía en marcha un plan de estallidos sociales en todo el interior del país, en momentos en que el gobierno alcanzaba rápidamente su impopularidad por las torpezas de sus funcionarios y el fracaso de sus arrogantes enunciados corporativistas.

En ese contexto se fue engendrando la incipiente guerrilla urbana, cuya primera víctima fue el mismo Vandor, asesinado en junio de 1969. Luego le ocurrió lo mismo al sindicalista José Alonso y más tarde al ex presidente Pedro E. Aramburu, secuenstrado y ejecutado por un comando peronista que irrumpió en el escenario político con el nombre de Montoneros.

Este comando, nacido en las huestes nacionalistas de derecha, reciutaría luego a la gran mayoría de la juventud peronista de izquierda y se convertiría en el sector más duro del movimiento. En sus inicios fue alentado por Perón, quien lo calificaba de «juventud maravillosa», y estimulado en sus acciones terroristas por el aval que el líder diera a las llamadas «formaciones especiales». Al producirse el famoso «Cordobazo», que provocó el pánico social en la capital cordobesa, y el asesinato de Aramburu, Onganía fue desalojado del poder y reemplazado en la presidencia por el general Roberto Marcelo Levingston, quien apenas gobernó algunos meses hasta que fue desplazado por el general Alejandro Agustín Lanusse.

Recrudece así el período de violencia, durante el cual Lanusse fue convencido por sus consejeros de que era preciso negociar un pacto con Perón. Esta política fue impulsada también por el delegado del propio Perón, Jorge Daniel Paladino. Nació así el GAN (Gran Acuerdo Nacional). El viaje a Madrid del coronel Francisco Cornicelli, enviado por Lanusse, permitía pensar que la tentativa sería realizable. Fue en ese marco que se verificó la devolución del cadáver de Evita, se le pagaron los sueldos atrasados de general a Perón y se cerraron los numerosos procesos judiciales abiertos contra él.

Sin embargo, el líder advirtió que un pacto de tales características, una especie de bendición a la presunta candidatura de Lanusse, podía ser un colapso para su autoridad dentro del movimiento. Lanusse lo desafió entonces a volver, diciendo que ya no pesaban interdicciones contra él y que si no lo hacía era porque «no le da el cuero para volver». Le puso un plazo para ser candidato; Perón volvió, aunque no como candidato.

Esa vuelta en 1972 y posteriormente el avasallante triunfo en 1973 del FREJULI (un frente popular que amalgamaba al peronismo con otros partidos minoritarios), que impuso a Héctor Cámpora como presidente y a Vicente Solano Lima como vice, fueron los hechos más significativos que marcaron el final de la proscripción del peronismo. Aparentemente, la Argentina se reencontraba así definitivamente con el retorno a la democracia auténtica.

El gobierno y la caída

Tres semanas después de asumido el gobierno por el peronismo, una muchedumbre esperaba en Ezeiza el regreso definitivo de su líder, que estaba otra vez en España. Pero los enfrentamientos internos del peronismo, que podían sintetizarse en dos consignas opuestas («Patria peronista» versus «Patria socialista») estallaron violentamente ese 20 de junio de 1973. Ese claro antagonismo se siguió prolongando. El 13 de julio, Cámpora y su gobierno presentaron la renuncia para permitir la candidatura de Perón. El 23 de setiembre, en los nuevos comicios, la fórmula Perón-Isabeli-ta obtuvo el 62 por ciento del electorado, con casi 7.300.000 sufragios a su favor.

El asesinato de José I. Rucci, secretario general de la CGT, sirvió de inauguración de este tercer gobierno de Perón. Esa sería una de las primeras víctimas de una época marcada a fuego por la violencia. El movimiento peronista se encontraba profundamente dividido. Diversas camarillas rodeaban al anciano presidente y luchaban entre sí. Algunos sectores esperaban una vuelta al desenfrenado nacionalismo del 45, otros eran más cuidadosos con los intereses de los sectores oligárquicos y no faltaban quienes propiciaban un indefinido socialismo. En medio de esa puja interna, Perón —impotente— enfrentaba nuevas situaciones que nada tenían que ver con las de sus presidencias anteriores. Nada era lo mismo.

En 1973 la deuda externa era ya de varios miles de millones de dólares. Entre 1974 y 1975, el Mercado Común Europeo cerró sus puertas a la importación de carnes argentinas y comenzó a regularse interna-cionalmente el precio del petróleo por parte de los países productores. Había desabastecimiento industrial. La producción agropecuaria estaba estancada. El intento de establecer un moderado programa de nacionalismo económico se tradujo en una incipiente inflación, con salarios que, aun aumentando, nunca alcanzaban.

La recaudación impositiva decayó y el contrabando comenzó a hacer estragos. En el campo estrictamente político, la lucha de facciones llegó a su punto álgido con el enfrentamiento entre el gobierno y los sectores de la juventud que en su momento habían impulsado la lucha armada y ahora se sentían desautorizados por las estructuras partidarias. Varios gobernadores fueron destituidos, la Juventud Peronista fue acusada de desviacionismo marxista y el Io de mayo de 1974, Perón la expulsó de la Plaza de Mayo durante un violento discurso, que culminó en un duro enfrentamiento. Dos meses después, exactamente, Perón dejaba de existir sin haber podido frenar la violencia de los grupos parapoliciales y de los extremistas que se habían adueñado del país durante su gobierno.

La influencia del secretario privado de Perón y ministro de Bienestar Social, José López Rega, cobró entonces mayores dimensiones al asumir Isabelita la presidencia. Acusado de organizar y armar un poderoso grupo terrorista de derecha, las «Tres A», su gravitación sobre la presidenta era decisiva. Mientras tanto, la delincuencia económica y administrativa fomentaba la escasez de productos y generaba el mercado negro. El descontrol inflacionario, producía la constante presión de los trabajadores, en pos de nuevos aumentos salariales.

El antagonismo entre los bloques parlamentarios del peronismo auguraba muy pocas posibilidades de solución de la crisis. En un país cada vez más armado, la confusión y la inseguridad se daban la mano. El «Rodrigazo», plan de estabilización del ministro Celestino Rodrigo, acentuó aún más esa crisis y produjo una continua sucesión de ministros de Economía, mientras se multiplicaban los paros obreros, los paros ganaderos y el lock-out de los productores. López Rega elogiaba al nazismo desde la revista Las Bases.

Circulaban acusaciones de todo tipo vinculadas a la corrupción administrativa y un cheque de la Cruzada de la Solidaridad Justicialista, con el cual la presidenta intentó pagar una deuda personal, marcaron el inevitable desmoronamiento del gobierno. Este se produjo en momentos en que ciertos sectores del sindicalismo se apartaban cada vez más de su línea, pues los llamados «antiverticalis-tas» rechazaban las directivas del «verticalismo». No faltaban quienes querían someter a juicio político a la presidenta, mientras el país se colocaba al borde de la cesación de pagos.

En 1982, de acuerdo con los datos más conocidos, algunas de las divisiones que minaron el último gobierno justicialista parecen subsistir. Esa misma división se manifiesta dentro del sector obrero, donde coexisten dos CGT, institución que ha sido siempre uno de los puntales de la organización peronista, y que de esta manera se debilita. En el ámbito de «Las 62» siguió firme la figura de Lorenzo Miguel.

Se siente la carencia de un líder de las características de Perón —imposible de igualar— que amalgame discrepancias e imponga unidad. El peronismo, a ocho años de la muerte de su fundador y conductor, no ha logrado aún convertirse en un partido orgánico y dejar de ser un movimiento multitudinario. Pero esa es su única alternativa de supervivencia y esto lo han comprendido sus dirigentes más lúcidos, quienes están notablemente empeñados en lograr la democratización interna para re emplazar la arbitrariedad de los verticalismos.

BIBLIOGRAFÍA
Carlos S. Fayt. La naturaleza del peronismo. Edit. Viracocha; Bs. As., 1967.
Hugo Gambini. El 17 de octubre de 1945. Edit. Brújula; Bs. As. 1969.
Hugo Gambini. El primer gobierno peronista. Centre Editor de América Latina; Bs. As. 1971. Hugo Gambini. El peronismo y la iglesia. Centro Editor de América Latina; Bs. As. 1971. Historia el Peronismo. En revista Primera Plana (de 1965 a 1969); editada en Buenos Aires. Perón-Cooke, correspondencia. Edit. Granica; Bs. As., 1973.
Robert A. Potash. El ejército y la política en la Argentina. Tomo I (1928-1945, de Yrigoyen a Perón). Edil Sudamericana; Bs. As., 1981. Tomo II (1945-1962, de Perón a Frondizi). Edit. Sudamericana; Bs. As., 1982. Gregorio Selser. El Onganiato. Tomo I (La espada y el hisopo) Edit. Carlos Samonta; Bs. As., 1972. Tomo II (La llamaban Revolución Argentina). Edit. Carlos Samonta; Bs. As., 1973.

Fuente Consultada:
Formación Política Para La Democracia Tomo III – La Historia del Peronismo – Editorial Sanchez Teruelo S.A.

Conflicto Chile con Argentina Por El Canal de Beagle Resumen

Resumen Conflicto Chile con Argentina Por El Canal de Beagle

LA FIESTA DE LA DEMOCRACIA ARGENTINA: Ver a Raúl Alfonsín el 10 de Diciembre de 1983 saludando desde el balcón de la Casa Rosada a un multitud de miles y miles de personas de todas las clases sociales, junto a diversas marchas por la defensa de los derechos humanos, tan humillados por un gobierno autoritario que durante siete años había secuestrado, torturado y asesinado a cuanto «supuesto » opositor apareciera en su camino fue una verdadera fiesta nacional, donde se renovaban las ilusiones y esperanzas de millones de argentinos que aspiraban un país mas justo y organizado.

La  sociedad entera  salió a las calles, feliz y orgullosa de haber podido participado democráticamente para elegir un nuevo presidente, con un Congreso y un Sistema Judicial. En su discurso de ese día, el presidente identificó el fin de la dictadura «con la línea divisoria que separa una etapa de decadencia y disgregación de un porvenir de progreso y bienestar».

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: En las elecciones del 30 de octubre de 1983, la fórmula Raúl Alfonsín-Víctor Martínez se impuso con cerca del 52% de los sufragios a la fórmula Italo Luder-Deolindo Bittel, que alcanzó alrededor del 40%.

El comienzo del gobierno de Alfonsín estuvo signado por un fuerte optimismo. Los problemas del país no habían sido valorados por el conjunto de las fuerzas populares con la debida precisión.

La gravedad de la situación económica, sobre todo, no había sido adecuadamente considerada.

Las prioridades del gobierno democrático incluían la eliminación del autoritarismo, el restablecimiento del valor de la justicia y los derechos individuales, la reinserción del país en el ámbito internacional, la democratización de la actividad sindical y la modernización cultural y educativa.

Los militares y los sindicalistas –protagonistas del «pacto militar-sindical» denunciado por Alfonsín en su campaña electoral– eran los antagonistas de estos objetivos propuestos por el gobierno.

El intento de Alfonsín de democratizar los sindicatos fue derrotado por la oposición peronista, mayoritaria en el Senado, que rechazó la ley de normalización sindical propuesta por el Ejecutivo.

Esta ley incluía el voto secreto y obligatorio, la representación de las minorías, la limitación de las reelecciones y la fiscalización de las elecciones por parte del Estado.

La consolidación de la democracia requería –de acuerdo con la concepción del gobierno– la sanción a los principales responsables de la violencia política en la Argentina, la solución del conflicto limítrofe con Chile y la subordinación efectiva de las Fuerzas Armadas al poder civil.

Otra dificultad para resolver fue la presión militar. El coronel carapintada Aldo Rico volvió a sublevarse y resultó nuevamente encarcelado. En 1988, el coronel Seineldín gestó un nuevo levantamiento reclamando amnistía e indulto a los militares condenados.

Estos amotinados fueron reprimidos y terminaron en prisión. Igual destino tuvo en 1989 un grupo de civiles que intentó tomar el cuartel de la Tablada en la provincia de Buenos Aires.

En el plano cultural y educativo, la recuperación de la democracia implicó el fin de la censura y la discriminación, y el restablecimiento de la libertad de expresión.

Las universidades recuperaron su autonomía y muchos científicos e intelectuales -algunos exiliados, otros marginados en su propio país- retornaron a las aulas.

Respecto de las relaciones internacionales, el gobierno tuvo que resolver un conflicto con el vecino país Chile sobre el canal de Beagle. A fines de 1985, se realizó un referéndum popular no obligatorio acerca de las negociaciones con Chile.

En 1978, en pleno gobierno militar, los dos países se hallaban a punto de entrar en guerra, la que se evitó por intervención del Papa Juan Pablo II.

conflicto beagle papa juan pablo II Alfonsin

La mediación papal -que había contribuido decisivamente a evitar la guerra- produjo un dictamen que no fue aceptado por los militares. Consciente de la necesidad de eliminar las hipótesis de conflicto con países vecinos y de las resistencias que la aceptación del laudo papal encontraba en medios nacionalis tas y militares, el gobierno propuso la realización de una consulta popular no vinculante.

El gobierno radical propuso aceptar el laudo papal, pero organizó un referéndum para votar a favor o en contra; al final el sí tuvo un apoyo abrumador del pueblo.

También durante este gobierno se intentó revertir la imagen del gobierno argentino en las Naciones Unidas en relación con el conflicto de las islas Malvinas. En este aspecto, trabajó en forma favorable el canciller Dante Caputo.

En noviembre de 1984, Alfonsín convocó a un plebiscito para aceptar o rechazar el laudo arbitral del Vaticano por el Canal de Beagle, que mayormente favorecía al país vecinc aunque el «Sí» logró más del 60% de respaldo, el peronismo legislativo votó casi en bloque en contra e intentó agitar el avispero militar con  la idea de que el gobierno estaba resignando soberanía.

La posición de aceptar el laudo papal y terminar con cualquier posibilidad de conflicto con Chile, que era la que sostenía el gobierno, obtuvo una amplia mayoría. Sin embargo, esta contundente demostración no tuvo un correlato semejante en el Congreso, donde solamente consiguió una exigua mayoría en el Senado, ya que buena parte de los senadores peronistas se opuso.

Durante el gobierno militar, el conflicto limítrofe entre Argentina y  Chile acerca de la soberanía sobre tres islas en el Canal de Beagle estaba pendiente de resolución y sometido al Laudo Arbitral de 1977 que ambas partes habían acordado obedecer.

SINTESIS:

  • En 1977 se dictó una sentencia que entregó las tres islas a Chile, pero la junta declaró la sentencia «insanablemente nula», colocando a ambos países al borde de la guerra.
  • El 22 de diciembre de 1978 Videla dio partida a la Operación Soberanía, destinada a ocupar las islas militarmente. Solo la intervención papal en el último minuto hizo desistir a la junta militar de comenzar la guerra.
  • El Papa Juan Pablo II inició una mediación, pero su propuesta fue rechazada por Videla, Viola, Galtieri v Bignone. Las tensiones continuaron hasta el retorno de la democracia a Argentina, tras la Guerra de las Malvinas.
  • El conflicto no se resolvería hasta la firma del Tratado de Paz v Amistad de 1984, que resolvería la soberanía chilena sobre las islas.

PARA SABER MAS…: Como ampliación del tema publicamos una nota en El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo de Marcelo Gullo , politólogo

PAZ Y AMISTAD ENYTRE PUEBLOS HERMANOS: El 29 de noviembre, en la milenaria ciudad de Roma, los ministros de Relaciones Exteriores de la Argentina y Chile sellaron con sus firmas un histórico Tratado de Paz y Amistad que puso punto final al conflicto  limítrofe respecto de la soberanía sobre el canal del Beagle así como sobre tres islas situadas en el ámbito de ese canal marítimo.

El tratado incluye la delimitación marítima, un procedimiento para la solución de controversias, estipula derechos de navegación y precisa los límites en el estrecho de Magallanes. En cada uno de estos puntos reafirma, también, los derechos de ambos países sobre la Antártida y exhorta a ambos pueblos a seguir el camino de la paz y la cooperación.

Chile obtuvo el reconocimiento por parte de la Argentina de la soberanía sobre todas las islas al sur de la Isla Grande de Tierra del Fuego, quedando como argentinas las situadas al lado norte del canal, a cambio de la renuncia chilena de la mayor parte de los derechos marítimos que tales islas otorgan, según el derecho internacional. Además, ambos países intercambiaron derechos de navegación en la zona y la Argentina renunció a sus aspiraciones en el estrecho de Magallanes.

Conviene recordar -para calibrar la importancia histórica de este Tratado Paz y Amistad- que la Argentina y Chile estuvieron al borde de la guerra por esta cuestión, en diciembre de 1978. Tanto la genocida dictadura militar chilena como la genocida dictadura militar argentina veían, en la guerra, la posibilidad de congelar los conflictos internos que sufrían, dada la desastrosa situación económica que atravesaban ambas naciones producto de la aplicación, en ambos países, del modelo liberal de apertura indiscriminada de la economía que diezmó, a ambos lados de la cordillera, las estructuras industriales locales, condenando así a miles de trabajadores al desempleo y la miseria.

La diferencia de postura entre ambas dictaduras estribaba solamente en que el gobierno chileno prefería mantenerse a la defensiva dada la supuesta inferioridad de condiciones. Posición defensiva que, en el seno de los organismos internacionales , le permitía acusar a la Argentina de país agresor.

Mientras tanto, en diciembre de 1978, el general argentino Julio Benjamín Menéndez manifestó -en voz baja- que para Navidad estaría lavándose los pies en el océano Pacífico, mientras el general Augusto Pinochet le manifestó a su círculo de generales más íntimos que albergaba la esperanza de que una exitosa contraofensiva chilena le permitiera derrotar a la Argentina y cumplir así su sueño de ocupar la Patagonia para que Chile pudiese convertirse en un país bioceánico. La situación no podía ser más grave.

En ambos lados de la cordillera, los pueblos, bombardeados por una agresiva propaganda belicista, parecían haber olvidado que habían luchado juntos en la guerra de la independencia, que en 1952 el presidente Perón se había confundido en un abrazo fraternal con el presidente Ibáñez, declarando en la ocasión, delante de una multitud que ovacionaba a ambos mandatarios en Santiago de Chile, que en la Patria Grande las fronteras sólo eran líneas imaginarias que existían en la mente de los políticos y militares retrógrados.

Una vez desconocida la validez del laudo arbitral, encargado por ambos países a la reina de Inglaterra, el gobierno militar argentino movilizó todo su supuesto poderío bélico para cambiar lo establecido. Para ello planificó, con el nombre de Operación Soberanía, un «plan de acción militar» contra Chile con el fin de ocupar las islas Picton, Lenox y Nueva, las tres situadas en carnal de Beagle y que el laudo le había otorgado a Chile.

Las Fuerzas Armadas argentinas desembarcarían en las islas y, en caso de que las tropas de élite chilenas que las protegían opusieran resistencia, se invadiría el territorio continental de Chile buscando el frente que ofreciese menos resistencia para cortar el país en por lo menos un lugar y así obligar a Chile a aceptar las condiciones argentinas.

En la noche del 21 al 22 de diciembre de 1978, tras más de veinte días en alta mar y por lo menos una postergación del inicio de las hostilidades, los buques argentinos con tropas y material de desembarco enfilaron hacia la zona de conflicto para iniciar la operación anfibia que establecería la soberanía argentina sobre las islas. Felizmente para ambos pueblos hermanos, una fuerte tormenta demoró el inicio de las operaciones militares argentinas, lo que dio tiempo a la llegada a Buenos Aires de la noticia de que el papa Juan Pablo II había ofrecido mediar en el conflicto. Tras una hora de discusión, la junta militar argentina aceptó la mediación papal y dio la orden de contramarcha a las tropas y a la flota.

El Papa nombró al cardenal Antonio Samoré, de 73 años, como responsable de sus buenos oficios, fruto de los cuales la Argentina y Chile firmaron este Tratado de Paz y Amistad que pone fin al litigio austral pero, sobre todo, se reconocieron nuevamente, como en los tiempos de San Martín y O’Higgins, como pueblos hermanos. (Fuente: El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo de Marcelo Gullo , politólogo)


Fuentes Consulatadas:
Historia Argentina Luchilo-Romano-Paz Santillana
Ciencias Sociales 9°EGB Editorial Stella
Historia de la Argentina 1955-2010 Marcos Novaro

Los Montoneros en Argentina El Terrorismo de Estado en Argentina

Los Montoneros en Argentina
El Terrorismo de Estado en Argentina

LOS MONTONEROS EN ARGENTINA:  La generalización de la violencia y la creciente desconfianza en el régimen institucional redujeron el espacio de la política en favor de la lucha armada terrorismo. A fines de la década del ’60 se produjo una generalización de la violencia política; así fueron apareciendo diversos grupos que consideraron que la lucha armada era la vía legítima para alcanzar o defender el poder. (ver: Secuestro de Aramburu)

La debilidad del sistema de partidos, la proscripción del peronismo y el exilio de Domingo Perón, y el cierre por parte de los militares de todos los canales instituciones de participación y protesta favorecieron estas prácticas.

Por otra parte, también influyeron factores internacionales, en especial la difusión de las ideas y prácticas de Revolución Cubana (1959) y de las campañas de Ernesto Che Guevara, muerto en Bolivia en 1967. Las agrupaciones «guerrilleras» El aumento de la violencia generó organizaciones del tipo «guerrilleras».

Sus acciones consistían en atacar a miembros de las fuerzas de seguridad y empresarios, con secuestros, atentados o asesinatos. También pedían rescates a los dueños de las fábricas para repartir alimentos en las «villas miseria».

Excepto pocas excepciones, sus fundadores y dirigentes eran personas jóvenes de la clase media o alta, en genera universitarios, a los que se unían algunos obreros. A veces mantenían conexiones con otros grupos extranjeros o recibían entrenamiento militar en el exterior.

Los primeros grupos guerrilleros en la Argentina surgieron estimulados por los éxitos de la guerrilla en Cuba, y se propusieron la creación de focos revolucionarios en zonas rurales de nuestro país. Los primeros grupos que surgieron en los años sesenta Rieron los Uturuncos (de tendencia peronista, que operó en Tucumán y Santiago del Bastero), el Ejército Guerrillero del Pueblo (ERP, de tendencia castro-guevarista, a principios de 1970) y el Destacamento 17 de Octubre (peronista, que actuó en Taco Ralo, Tucumán, entre 1967 y 1968).

ALGUNOS ANTECEDENTES DE LA GUERRILLA EN ARGENTINA:

123
Años de Proscripción del Peronismo y exilio del líder.Gobiernos civiles de baja legitimidad, con partidos débilesImplantación de gobiernos militares, sin canales de participación política
45
Revolución Cubana, actuación y muerte del Che en BoliviaRuptura de Chica,
con la URSS. Fidel Castro en Cuba.

El Grupo Montoneros, fundado en 1967 por activistas provenientes del nacionalismo católico, que más tarde adoptaron postulados del socialismo y finalmente se incorporaron al peronismo. Mantenían vínculos con la Juventud Peronista (la «JP»). Recién aparecidos lograron gran repercusión con el secuestro y asesinato del expresidente de la Revolución Libertadora, Pedro E. Aramburu. Sus líderes, Mario Firmenich y Roberto Quieto, buscaron una política de unidad con otras agrupaciones.

En el interior del movimiento peronista comenzaron a diferenciarse grupos que formaron el ala izquierda del movimiento. Desde este sector se comenzó a pensar al peronismo como movimiento revolucionario, una variante nacional del socialismo.

La radicalización de un importante sector del peronismo había aportado un componente nuevo. Al discurso tradicional de Perón se sumaba la reinterpretación antiimperialista y social de su doctrina. Se pensaba la acción de Perón dentro de las tendencias que luchaban para alcanzar el socialismo.

Esta relectura del peronismo permitió que se acercaran al movimiento nuevos sectores de la juventud, entre ellos el Movimiento Nacionalista Revolucionario Montoneros. Montoneros fue la organización más importante de la izquierda peronista.

Esta fue creada en 1967 por un grupo de miembros de la Acción Católica, algunos de los cuales eran alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires. Algunos de ellos habían sido integrantes de Tacuara, una agrupación estudiantil de tendencia nacionalista-católica.

Los fundadores de la organización Montoneros fueron Fernando Abal Medina (izq.), Carlos Gustavo Ramus y Mario Eduardo Firmenich (der.), todos ellos militantes de la Acción Católica Argentina, y relacionados con el grupo de sacerdotes del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo (leer abajo en verde).

En 1962, el Papa Juan XXIII convocó al Concilio Vaticano II y a través de sus encíclicas propuso acercar a la Iglesia los problemas sociales y económicos que vivía la población mundial. La Iglesia Latinoamericana lile una de las que impulsaron con mayor fuerza esta transformación. En 1968, la Conferencia Episcopal Latinoamericana se reunió en Medellín, Colombia, con la presencia del Papa Pablo VI. En los Documentos de Medellín denunciaron que los signos de los tiempos eran la pobreza y el desamparo en que vivía la mayoría de la población, y que Dios hablaba a través de los hermanos más pobres. En este contexto proclamaron su opción por los pobres. Estas transformaciones también se produjeron en Argentina. En 1968 un numeroso grupo de sacerdotes organizó el Movimiento de Sacerdotes puní d Tercer Mundo, realizaron un trabajo social en barrios carenciados y villas miseria. Entre ellos, los más destacados fueron el sacerdore Juan Carlos Mugica y el obispo de La Rioja, Enrique Angelelli.

Inicialmente Montoneros incorporó a jóvenes provenientes del nacionalismo católico, pero también a algunos que habían militado en grupos de izquierda, como Norma Arrostito (abajo-izq). Dentro de Montoneros existían diferentes tendencias.

Por un lado, algunos consideraban que el objetivo era la construcción de una variante nacional del socialismo; otros veían en el peronismo una forma socialista de la revolución nacional. Pero los aglutinaba la convicción de que la contradicción fundamental de la Argentina era imperialismo versus nacionalismo.

Montoneros impulsó la formación de un frente de liberación nacional y se comprometió a luchar en dos ámbitos a la vez: contra los militares y contra la burocracia sindical conciliadora. Su primera aparición pública fue con el secuestro y posterior asesinato de Pedro Eugenio Aramburu, en mayo de 1970.

El hecho más resonante, sin duda, es el secuestro y asesinato del general Pedro Eugenio Aramburu, a quien un grupo de Montoneros saca de su hogar el 29 de mayo. Los guerrilleros usan uniformes militares y llevan a Aramburu hasta una casa de la localidad bonaerense de Timote, donde es asesinado. Su cadáver fue encontrado un mes más tarde. El episodio desgasta totalmente a Onganía, que el 8 de julio es destituido por las propias Fuerzas Armadas y reemplazado por una figura militar casi desconocida: el general Roberto M. Levingston.

Dentro del peronismo, también surgieron otras agrupaciones específicas para el trabajo político en diferentes frentes. Algunas fueron la Juventud Peronista (JP), que operó en el trabajo barrial; la Juventud Universitaria Peronista (JUP), para leí trabajo con los estudiantes universitarios; la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), en los colegios; la Juventud Trabajadora Peronista (JTP), en el frente sindical; y el Movimiento Villero Peronista.

Otra agrupación guerrillera la constituyeron las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), identificadas con las ideas de John W. Cooke. Cooke había sido delegado personal de Perón en el país luego del golpe de 1955, tenía una visión del peronismo como equivalente al socialismo nacional y realizó una fuerte propaganda a favor de la lucha armada. Otra organización era la de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), grupo foquista liderado por Roberto Quieto. Tanto las FAP como las FAR se fusionaron con Montoneros entre 1973 y 1974.

Fuera del peronismo, existían las Fuerzas Armadas de Liberación (FAL), rama armada del Partido Comunista Leninista, y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), creado por Enrique Gorriarán Merlo y Mario Santucho, de orientación trotskista, que desarrolló su acción en zonas rurales.

A partir de los gobiernos militares se inició una guerra abierta, donde las organizaciones guerrilleras promovieron una gran cantidad de acciones armadas en aras de demostrar la debilidad del estado. Estas acciones no recibieron el respaldo esperado de la población y, en muchos casos, provocaron el alejamiento de antiguos colaboradores.

El gobierno optó por la represión ilegal y las agrupaciones guerrilleras fueron rápidamente vencidas. A comienzos de 1977, los propios militares reconocieron que la actividad guerrillera ya no representaba una amenaza. Pero este informe no fue difundido al público. El gobierno quería alimentar la creencia de que la guerrilla seguía operando, lo que le permitía continuar e incluso extender la represión sobre grupos más amplios de la población.

Lo cierto era que a doce meses del golpe, el ERP prácticamente había desaparecido y la actividad ofensiva de los Montoneros era casi nula. A lo largo de 1977, algunas células cometieron atentados con bombas y causaron alrededor de cuarenta bajas a las Fuerzas Armadas y de seguridad. Pero los secuestros y las muertes en enfrentamientos fraguados se contaban por miles.

En 1977, informes de Montoneros reconocían haber sufrido 2.000 bajas desde el golpe, mientras que para agosto de 1978 ya se hablaba de 4.500, incluyendo en ese número personas escasamente o no vinculadas con la organización. El derrumbe guerrillero evidencia, no solo la eficacia de la estrategia antisubversiva, sino la debilidad política de sus organizaciones. Desde principios de 1976, sus vínculos con el movimiento de masas eran endebles y sus cuadros estaban diezmados, desorientados y aislados de su conducción.

La persistencia e intensificación de la represión ilegal aun después de derrotada la guerrilla demuestra que el Estado Terrorista tenía otro objetivo: controlar al conjunto de la población por medio del temor. Tras sucesivas derrotas militares, los Montoneros cambiaron de estrategia.

Para lograr la adhesión de los trabajadores, articularon las demandas obreras con ataques armados a militares y miembros clave del gobierno. Con el propósito de contribuir a este proceso, fundaron en 1977 el Movimiento Peronista Montonero, realizaron actos de sabotaje en huelgas obreras, atentaron contra varias figuras del gobierno y lanzaron un llamado a la pacificación y al diálogo. Pero el resultado fue una gran cantidad de dirigentes y militantes asesinados por las Fuerzas Armadas.

Los obreros no se identificaron con las acciones guerrilleras, pues consideraban muy riesgoso unirse con los montoneros y disentían en cuanto a la metodología de acción. Los principales dirigentes montoneros seguían sosteniendo que la estrategia había sido oportuna y acertada. Esta distorsionada imagen de la realidad provocó el alejamiento de la organización de muchos miembros, como por ejemplo R. Galimberti y M. Bonasso. La actividad guerrillera perdió adeptos y quedó definitivamente aislada del resto de la población.

«La entonces incipiente organización Montoneros descubrió el sincretismo entre cristianismo y revolución a través de dos personas de gran influencia en sus comienzos: el padre Carlos Mugica, miembro de los Jesuitas y del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y el intelectual y periodista Juan García Elorrio, más tarde director de una revista que llevó ese nombre: Cristianismo y Revolución.

Señala Gillespie que «en 1964 Mugica entró en contacto con los ex tacuaristas Fernando Abal Medina, Mario Eduardo Firmenich y Carlos Gustavo Ramus, en ese entonces todos alumnos del Nacional Buenos Aires y militantes de la Juventud Estudiantil Católica (JEC). Según dijo Firmenich años después a la revista El Peronista, «Mugica nos enseñó que el cristianismo era imposible sin el amor a los pobres y a los perseguidos por su defensa de la justicia y su lucha contra la injusticia». Pero algunos de los pensamientos del sacerdote cayeron en saco roto: el mismo Mugica dijo, también, «estoy dispuesto a que me maten, pero no a matar».

Argentinos Jorga Lanata Tomo II

CARTA DE LOS MONTONEROS A PERÓN

PERÓN VUELVE
Argentina, 9 de febrero de 1971 Al Gral. J. D. Perón

Como hemos hecho en oportunidades anteriores, aprovechamos la comunicación que con Usted tienen los compañeros del Movimiento para hacerle llegar nuestras inquietudes con respecto al proceso revolucionario del pueblo argentino.

Es nuestra intención y deseo poder comunicarnos personalmente con Usted y lo haremos tan pronto como sea posible. Hasta tanto, nos vemos obligados a recurrir a la colaboración de los compañeros a quienes estamos profundamente agradecidos.

Deseamos hacerle conocer algunas consideraciones nuestras sobre hechos claves que determinan los pasos a dar por el Movimiento tanto en el futuro inmediato, es decir tácticamente, como en el futuro a largo plazo, es decir dentro de la concepción estratégica.

1) En primer lugar, creemos necesario explicar las serias y coherentes razones que nos movieron a detener, juzgar y ejecutar a PEA (Pedro Eugenio Aramburu). Es innecesario explayarse sobre los cargos históricos que pesaban sobre él: traición a la Patria y a su Pueblo. Esto sólo basta para ejecutar una sentencia que el pueblo ya ha dictaminado. Pero además había otras razones que hacfan necesaria esta ejecución. La razón fundamental era el rol de válvula de escape que este señor pretendía jugar como carta de recambio del sistema. […]

Nos preocupan algunas versiones que hemos recogido, según las cuales nosotros con este hecho estropeamos sus planes políticos inmediatos. Demás está decir que no está en nuestros propósitos entorpecer la conducción de conjunto que Usted realiza para la mejor marcha del Movimiento en su totalidad. […] Creemos que no sólo para nosotros, sino para el movimiento entero, es necesaria su palabra esclarecedora acerca de estas hipotéticas contradicciones entre sus planes y nuestro accionar. […]

4) Otra aparente opción para la hora del pueblo argentino es la salida electoral. Esta perspectiva se ve alimentada por el triunfo de Salvador Allende en Chile. […]

Ahora bien, para llevar adelante ese paso táctico, el compañero Paladino plantea como opciones estratégicas equivalentes, el camino electoral y el camino revolucionario por la vía armada. Esto, como hemos visto, es en sí incorrecto. Lo que en realidad parece suceder es que se utiliza la opción revolucionaria armada, es decir, nosotros, como factor de presión para reforzar el golpe táctico, o sea las elecciones. Esto puede ser tácticamente útil, aunque abrigamos algunas dudas. Sobre lo que no abrigamos dudas es sobre la necesidad de mantenernos como opción estratégica, y por lo tanto la absoluta imposibilidad de subordinar nuestro accionar a una opción táctica. En síntesis, no interferiremos al ala política del movimiento en tanto la Hora del Pueblo es una maniobra útil, y por lo tanto tácticamente acertada, pero nos mantendremos en la actividad señalando la vía armada como único método estratégicamente correcto para tomar el poder, y creemos que sería conveniente, en consecuencia, que los distintos frentes del movimiento no interfieran la presentación de la vía armada como una opción estratégica.

5) Bien, hemos visto la eficacia de nuestro método de lucha para golpear al régimen con la ejecución de Aramburu, el descreimiento popular sobre el sindicalismo como herramienta capaz de conducir un proceso revolucionario, la imposibilidad que el ejército pueda generar un proceso de liberación nacional, y la insuficiencia del camino electoral para tomar el poder. En fin hemos querido expresarle en estas consideraciones, dichas aquí un poco a vuelo de pájaro, lo que en realidad constituye nuestra teoría, es decir, un análisis tempo-espacial de la realidad argentina hecho a la luz de la doctrina justicialista.

Tenemos clara una doctrina y clara una teoría de la cual extraemos como conclusión una estrategia también clara: el único camino posible para que el pueblo tome el poder e Instaure el socialismo nacional es la guerra revolucionaria, nacional y prolongada, que tiene como eje fundamental al peronismo.

El método a seguir es la guerra de guerrillas urbana y rural. Lo cierto es que no somos un tiro al aire. No somos tantos ni tan pocos, pero no estamos para hacer mucho ruido y ofrecer pocas nueces. La concepción es clara y la decisión total, como lo prueban nuestros compañeros muertos. […]

Es para nosotros de fundamental importancia conocer sus opiniones acerca de estas consideraciones. [.,,] General, sus muchachos peronistas […] no lo defraudaremos. (El resaltado es nuestro).

GRANDES CRÓNICAS
ASESINATO DE ARAMBURU:
EL CONTEXTO EN EL CUAL LOS MONTONEROS PUBLICARON LOS DETALLES DEL ASESINATO DEL GENERAL ARAMBURU

El ala extremista del peronismo ha generado los hechos más espectaculares y a través de ellos se puede ratificar una vieja reflexión; su capacidad de acción política pareciera agotarse en el manejo de la metralleta. Más allá de ese límite encuentran enormes dificultades para encauzar sus propias definiciones, a las cuales, por lo demás, no encuentran tampoco una forma neta de diferenciarlas.

La Juventud Peronista había aceptado hace poco ser una simple prolongación del grupo Montoneros y, antes, el pequeño y deficientemente organizado grupo Montoneros, encabezado ahora por Firmenich, había declarado su fusión con la organización FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), mejor preparada y dirigida por Quieto. Firmenich y sus amigos provienen del nacionalismo católico. Quieto, desde sus tiempos de dirigente universitario, viene de una izquierda inspirada por el castrismo.

Las puntualizaciones anteriores no son desdeñables para preguntarse hasta qué punto la ruptura declarada por los Montoneros es fruto no sólo de su incapacidad para actuar en un marco partidario tan elástico como el que le ofrecía el peronismo, sino para resolver con coherencia sus propias contradicciones internas. Esto último tiene mucho más peso si es exacto, como se afirma en el propio peronismo, que en la fusión más arriba mencionada Firmenich se quedó con el nombre y Quieto se quedó con al organización.

El día en que circuló el periódico en el cual dos de los coautores del asesinato del teniente general Aramburu efectuaron una minuciosa y siniestra descripción de todas las circunstancias en que se cometió el crimen, el asco hacia la bajeza moral no impidió una generalizada interrogación: cuáles serían los motivos por los cuales se efectuaba esa publicación. Quizás no pueda decirse, simplemente, que las declaraciones y decisiones posteriores a aquel día dieron una respuesta a tal interrogante. En rigor, cabe inferir que la difusión por un medio periodístico adicto a las confesiones frías y de los detalles escalofriantes formó parte de una cadena de decisiones.

En primer término, tal vez se quisiera saber hasta dónde podía seguir estirándose la cuerda. Cuando ésta se cortó, se resolvió el enfrentamiento neto con el Gobierno, no ya como una parte opositora, sino como un enemigo visualizado con óptica militar. Pero no resultará superfluo que se inserte en todo el juego de sucesos a algo que aconteció antes del indignante episodio al cual sirvió de vehículo el número 9 de La Causa Peronista. En efecto, el prólogo político de esa provocación y del posterior ingreso en la clandestinidad de los Montoneros y todas las organizaciones colaterales fue la constitución de la llamada Agrupación del Peronismo Auténtico.

La mayoría de los hombres que se han colocado tras Andrés Framini presenta una filiación homogénea dentro del peronismo. No extraña pues, que la declaración haya dicho que el Movimiento «carece de una conducción representativa». La Juventud Peronista, los Montoneros y todo lo que corporiza a la Tendencia, como genéricamente se la denomina, necesitaba una pierna adulta -ligada al peronismo tradicional- para echarse a caminar. Ya la tiene.

Fuente Consultada:
Cuatro Décadas de Historia Argetina – Proyecto Editorial – P. Dobaño y M. Lewkowicz
La Nación 135 Años Testimonios de Tres Siglos
Argentinos Jorga Lanata Tomo II
La Enciclopedia del Estudiante Tomo 20 Historia Argentina

Los Llaman… «Jóvenes Idealistas» Victoria Villarruel
La Nación 135 Años Testimonios de Tres Siglos

 

Teología de la Liberación Compromiso de la Iglesia con los Pobres

LA TEOLOGÍA DE LIBERACIÓN EN AMÉRICA LATINA

La teología de la liberación, que ha tenido en Iberoamérica sus principales exponentes y fue muy activa entre los años 1970 y 1990, defiende que la iglesia católica ha de concentrarse de modo preferencia! en ayudar a los pobres. De esta manera la iglesia de América Latina intenta buscar soluciones a la opresión y el subdesarrollo de la población. Los ideólogos más importantes de la teología de la liberación son Gustavo Gutiérrez y Leonardo Boff. Esta teología es una reflexión que comenzó después del concilio Vaticano II y la conferencia de Medellín en 1968.

Los prelados que asistieron al a Segunda Conferencia de Obispos Latinoamericanos, realizada en Medellín, inspirados por las reformas del Concilio Vaticano II, examinaron el papel social de la Iglesia en sus países. Tras muchas discusiones, los obispos publicaron un documento.

Denunciaron la opresión sistemática de los pobres, criticaron la explotación del Tercer Mundo por las naciones industrializadas y exigieron reformas políticas y sociales. No se detuvieron ahí: los obispos declararon que la Iglesia de Latinoamérica contenía una misión distinta a la de la Iglesia de Europa (que en realidad era una Iglesia distinta) y le otorgaban una función política activa. Esta aplicación práctica de la fe se conoció como Teología de la liberación, una de las ramas más importantes dentro de la Iglesia católica moderna y una influencia política importante en América Central y del Sur.

En 1971, el padre Gustavo Gutiérrez, un teólogo peruano, publicó la doctrina central del movimiento, Una teología de la liberación, que establecía que la Iglesia debía ayudar a los pobres y no imponerse sobre ellos. El libro inspiró la fundación de la Iglesia de los Pobres, una organización popular que combina la enseñanza religiosa con el activismo social.

El movimiento fue más allá con el teólogo brasileño Leonardo Boff, que en sus libros criticó a la Iglesia histórica que había permitido las injusticias en Latinoamérica, e incluso había contribuido a ellas, y defendió con firmeza la moralidad de la lucha de clases.

Los obispos reunidos, no se detuvieron sólo en esos reclamos, sino que también declararon que la Iglesia Latinoamericana contenía una misión distinta de la de Europa. Por lo tanto, en esta región, la Iglesia debía tener un alto compromiso con la realidad social de su contexto y una praxis transformadora. Esta práctica de la fe cristiana se conoció como la “teología de la liberación” y tuvo durante décadas una importante influencia dentro de la Iglesia Católica.

Los máximos exponentes de esta teología, Monseñor Romero, arzobispo de El Salvador y el jesuita Ellacuría, fueron asesinados a sangre fría, así como otros muchos catequistas, sacerdotes y agentes de pastoral que practicaban y aceptaban sus supuestos, en varios países de América Latina.

Ni a Roma ni a los regímenes conservadores latinoamericanos les gustó el cariz marxista de la teología de la liberación: los dirigentes del movimiento no fueron invitados a la conferencia de obispos de 1979. El papa Juan Pablo II sustituyó a los teólogos de la liberación por clérigos dóciles y, en 1984, el Vaticano condenó a Boff a un año de silencio.

Las represalias laicas, en forma de asesinatos cometidos por escuadrones de la muerte o en forma de encarcelamientos con torturas, se incrementaron y clérigos como el arzobispo de El Salvador, Oscar Romero, y el padre Antonio Pereira Neto, de Brasil, y el obispo de La Rioja, monseñor Enrique Angelelli, se convirtieron en mártires del movimiento.

En El Salvador en 1989 fueron asesinados Ignacio Ellacuría, que era jesuita y rector de la Universidad Centroamericana de El Salvador, y cinco profesores más. También Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, fue asesinado en 1980 mientras celebraba misa en la catedral.

Estos religiosos defendían una tendencia ideológica llamada teología de la liberación, basada en la necesidad de la liberación de la miseria de las poblaciones oprimidas y en particular de los indígenas. Estas muertes fueron la respuesta de algunos grupos violentos a la forma de entender el catolicismo que proponían muchos religiosos en todo el continente. La causa de estos asesinatos pudo estar en que algunos pensaron que, matando, dejaría de escucharse su mensaje, la voz de estos hombres de paz.

Aunque Juan Pablo II criticó duramente a los teólogos de la liberación, anteriormente, en marzo de 1967, el papa Pablo VI ofreció al mundo su encíclica Populorum Progressio que planteaba la «necesidad de promover el desarrollo de los pueblos». Como consecuencia directa del concilio Vaticano II, la encíclica aludía a la situación marginal del tercer mundo, y a la situación desigual de desarrollo.

Su idea del hombre era la cristiana, pero con aspiraciones radicalmente distintas de las mantenidas hasta entonces por los textos de los papas: «verse libre de la miseria, […] participar todavía más en las responsabilidades, fuera de toda opresión y al abrigo de situaciones que ofenden su dignidad de hombres».

La encíclica finalmente subrayaba la necesidad de la solidaridad con los más necesitados y pedía una conformación mundial para ayudar a los países pobres: «Pedimos la constitución de un fondo mundial alimentado con una parte de los gastos militares, a fin de ayudar a los más desheredados. Solo una colaboración mundial, de la cual un fondo común sería al mismo tiempo símbolo e instrumento, permitiría superar las rivalidades estériles y suscitar un diálogo pacífico y fecundo entre todos las pueblos».

Encíclica Pacem Interris

Revolución Libertadora 1955 Caida Gobierno de Peron Argentina

Revolución Libertadora – Caída Gobierno de Peron

LA REVOLUCIÓN LIBERTADORA: A pesar de triunfar en las elecciones de 1952 con el 60% de los votos, el gobierno peronista comenzaba ya a mostrar signos de debilidad, que se agudizaron con la muerte de Eva Perón. Además, el deterioro de la situación económica fue acompañado por un endurecimiento del régimen, que intensificó la persecución de los opositores.

En 1955, la escena política estaba dominada por el conflicto del gobierno con la Iglesia, iniciado un año antes, y con la oposición. En medio de ese clima se comenzó a delinear un golpe de estado. En septiembre, finalmente, una revolución encabezada por el general Lonardi derrocó a Perón.

ANTECEDENTE HISTÓRICOS: Uno de los componentes del clima de enfrentamiento político en los últimos meses del gobierno de Perón fue el uso por parte del presidente de virulentas apelaciones a la violencia. El punto culminante de esta escalada de violencia verbal se manifestó en el discurso del 31 de agosto, frente a una concentración popular en su apoyo.

ROBERT POTASH, en su libro «El ejército y la política en la Argentina»  escribía sobre la escalada de violencia en la última etapa del gobierno de Perón, en el año 1955. Allí Perón dijo:

«Con nuestra tolerancia exagerada, nos hemos ganado el derecho a reprimirlos violentamente. Y desde ya establecemos como una conducta permanente para nuestro movimiento: aquel que en cualquier lugar intente alterar el orden en contra de las autoridades constituidas, o en contra de la ley o de la Constitución, puede ser muerto por cualquier argentino. […] La consigna para todo peronista, esté aislado o dentro de una organización, es contestar a una acción violenta con otra más violenta. Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de los de ellos».

Este discurso -que, en cierta medida,  implicaba un reconocimiento de las críticas que los opositores hacían a su régimen- fue empañado de la autorización para que los líderes opositores hablaran por radio. Más allá de sus diferencias, la oposición política reaccionó con desconfianza y reclamó, como condición mínima para una tregua política, el restablecimiento de las garantías jurídicas, comenzando por el levantamiento del estado de guerra interno -una figura similar a la del estado de sitio, que permitía a Poder Ejecutivo suspender las garantías constitucionales y arrestar a individuos sir orden judicial-, vigente desde 1951. El gobierno consideró inaceptables estas demandas y mantuvo una línea de enfrentamiento que llegó a su apogeo retórico con el discurso de Perón del 31 de agosto de 1955.

La oposición, mientras tanto, organizaba el golpe de estado con la decisiva participación de oficiales del Ejército y, principalmente, de la Marina.

Por otro lado el general Pedro Eugenio Aramburu, director de sanidad militar, con mínimo apoyo y  sin tropa a su cargo decidió postergar la Revolución para el año próximo, a pesar de la fuerte expectativa existente y del miedo a represalias que hicieran imposible la sublevación.

Entonces llegó el turno del general Eduardo Lonardi (1896-1956), artillero que había estado preso en 1953. Tenía contactos en la guarnición de Córdoba, cuya oficialidad joven estaba dispuesta a salir antes de que fuera demasiado tarde: finalizado setiembre las municiones debían retirarse y no cabrían posibilidades hasta el año entrante.

Lonardi conversó con los marinos y fijó fecha el 16 de setiembre para tomar la Escuela de Artillería de Córdoba. Supuso y no se equivocó que en la situación crítica que vivía el gobierno bastaría crear un foco revolucionario para que las demás fuerzas se sumaran a los rebeldes. Cumplió su palabra y así comenzó la revolución.

El 16 de septiembre estalló el levantamiento en Córdoba, encabezado por el general Eduardo Lonardi. A pesar de que las tropas leales no pudieron sofocarlo, el levantamiento no consiguió extenderse. La mayoría del Ejército procuraba no intervenir, pero la Marina se movilizó casi totalmente contra Perón. Sus naves bloquearon Buenos Aires y amenazaron con atacar los depósitos de combustible de La Plata y Dock Sud -como ya lo habían hecho con los de Mar del Plata-.

Antes de la hora señalada como ultimátum por la Marina, el ministro de Guerra, el general Lucero, pidió parlamentar y leyó una carta en la que Perón solicitaba al Ejército la negociación de un acuerdo. Esta carta no era una renuncia -Perón describía su actitud como un renunciamiento-, pero la junta de generales, superiores del «Ejército decidió considerarla como tal y negociar con el grupo revolucionario. Ante esta situación, el 20 de septiembre Perón se refugió en la embajada del Paraguay e inició su largo exilio.

Hubo un cambio ideológico (de «sano autoritarismo») que repercutió en la región según la dirección impuesta por la diplomacia norteamericana, determinó que los golpistas -que allí buscaban apoyo político y doctrinario contra Perón, a quien, como dijimos, identificaban con el fascismo europeo- hallaran escasas justificaciones y orientaciones para su acción: la apertura a un mundo signado por la lucha irreconciliable entre capitalismo y comunismo indujo a los adherentes de la Libertadora a tener mayores motivos para disputarse entre sí el poder y el derecho a fijar el curso a seguir una vez eliminado el «fascismo criollo». Ello se refleja en el eco que pronto hallarían -en sectores de las Fuerzas Armadas, la iglesia y el empresariado- las posiciones más ferozmente reaccionarias que por entonces circulaban en los países centrales sobre la seguridad y el papel de los sindicatos y la izquierda.

El 23 de septiembre, una multitud, perteneciente a la clase media, llenó la Plaza de Mayo para escuchar la palabra del nuevo presidente provisional, el general Lonardi.

Ésta se diferenció de los anteriores golpes no sólo porque se inició en una guarnición del interior, sino también porque no tuvo una definición inmediata. Al foco mediterráneo se sumó el de Puerto Belgrano y más tarde la guarnición de Cuyo. Pero el golpe fracasó en Corrientes y ningún general de la guarnición de Buenos Aires se movilizó. El ministro de Guerra a cargo de la represión envió fuerzas a Córdoba donde se libraron combates entre leales y rebeldes. Entre tanto la flota de mar navegaba rumbo a Buenos Aires en actitud amenazadora, dispuesta a bombardear los tanques de petróleo de Mar del Plata, La Plata y la capital.

En tales circunstancias Perón presentó una renuncia que los generales de la guarnición porteña, todos ellos peronistas, optaron por aceptar a pesar de que su texto resultaba poco claro. Al conocerse esta novedad, una multitud se lanzó a festejar el fin del peronismo en las calles, en medio de lluvias torrenciales. Entre tanto la CGT, en actitud pasiva, ni siquiera declaró la huelga general.

Mientras Perón buscaba refugio en una cañonera del Paraguay, país donde tenía buenos amigos, Lonardi se aprontaba a trasladarse a Buenos Aires, en su carácter de jefe de la Revolución que él mismo tituló «Libertadora», para asumir el cargo de presidente provisional.

Después de 9 años de gobierno Perón caía definitiva dejando una situación politica mucho mas compleja de lo que pensaban sus adversarios.

El 23 de septiembre de 1955, el general Lonardi asumió la presidencia provisional de la nación. Pero pronto comenzaron a manifestarse las diferencias entre los golpistas, que condujeron al reemplazo del presidente Lonardi por el general Pedro E. Aramburu (imagen). Con Aramburu en el gobierno se afianzaron los sectores autoritarios que se resistían a aceptar los profundos cambios sociales llevados a cabo por el peronismo: el Partido Peronista fue declarado ilegal y Perón fue proscrito.

En 1957, el radicalismo se dividió en dos partidos: la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), liderada por Arturo Frondizi. y la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP), encabezada por Ricardo Balbín. La división de la UCR complicó los planes del gobierno, que quería encontrar una salida electoral que no implicara el retorno del peronismo.

Frondizi, por su parte, sabía que si lograba arrastrar los votos peronistas ganaría las elecciones. Por eso selló un pacto con Perón, que consistía en el apoyo electoral peronista a su candidatura a cambio del levantamiento de las proscripciones al partido. Gracias al pacto, Frondizi se impuso en las elecciones nacionales del 23 de febrero de 1958.

Una sociedad dividida

En El otro rostro del peronismo (1956), Ernesto Sábato relata cómo recibió la noticia del golpe mientras visitaba a unos amigos en Salta: «Aquella noche de septiembre de 1955, mientras los doctores, hacendados y escritores festejábamos ruidosamente en la sala la caída del tirano, en un rincón de la antecocina ví cómo las dos indias que allí trabajaban tenían los ojos empapados de lágrimas.

Y aunque en todos aquellos años yo había meditado en la trágica dualidad que escindía al pueblo argentino, en ese momento se me apareció en su forma más conmovedora».

Sabato intenta ofrecer una explicación de lo sucedido y de lo que es preciso hacer para «corregir» ese desencuentro, y anticipa el giro en la interpretación del fenómeno peronista que muchos intelectuales (sobre todo de izquierda, que hasta entonces lo habían rechazado) intentarían con los años: «En el movimiento peronista no sólo hubo bajas pasiones y apetitos puramente materiales: hubo un genuino fervor espiritual, una fe pararreligiosa en un conductor que les hablaba como seres humanos y no como a parias […].

Lo demás es detalle […] y no incurramos ahora en los mismos defectos y vicios que hemos recriminado a la tiranía: no pretendamos unanimidad de juicio, no califiquemos a nuestros adversarios de enemigos de la nación […]. Una cosa es, y bien posible, el desmontaje casi físico de las piezas que aseguran al totalitarismo […] y otra cosa es negar esas fuerzas o creerlas únicamente obra de la propaganda. El fervor multitudinario que Perón aprovechó no será liquidado mediante medidas de fuerza… sólo se logrará reforzarlo hasta convertirlo en una tremenda, incontenible y trágica aplanadora».

Fuente Consultada:
Historia Argentina Luchilo-Romano-Paz
Argentina de su país y de su gente María Sáenz Quesada.

Desarrollo Industrial en el Virreinato Los Gremios Obreros

ORGANIZACIÓN ECONÓMICA DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA

El desarrollo industrial Las primeras industrias se desarrollaron intensamente en el Plata durante el siglo XVII como consecuencia del aislamiento provincial. Con las medidas liberales de los Borbones, especialmente con el Reglamento de Comercio Libre, se inició la decadencia de las industrias nacionales que no podían competir con las extranjeras, y por otra parte pagaban fletes excesivos. Cuando se producían guerras las industrias revivían por falta de competencia.

Industrias de diversa índole surgieron en el virreinato del Río de la Plata; así en Tucumán y Mendoza se construyeron carretas, en Corrientes y en el Paraguay, que tenían abundancia de maderas, existían pequeños astilleros. La industria textil tomó incremento en las provincias del norte y del oeste, donde ya había florecido el arte textil incásico, que influyó en los dibujos y en el colorido.

También en las Misiones Jesuíticas prosperó esa industria, que era de carácter doméstico. El cultivo de la vid, planta introducida desde Chile a Santiago del Estero, desde donde pasó a la región de Cuyo, dió lugar a la industria vitivinícola, obstaculizada por el gobierno español para evitar la competencia con los productos españoles. Santa Fe carecía de industrias.

En Buenos Aires había saladeros, graserías, fábricas de velas y de jabón, industrias todas derivadas de su riqueza ganadera y además una fábrica de aceite de ballena. En casi todas las provincias, se fabricaban dulces y objetos de plata, como mates, bombillas, mangos de rebenques, hebillas, etc.

Los gremios — El desarrollo de la industria y el comercio provocó la aparición de una clase numerosa que para defenderse de la inhabilidad o mala voluntad de algunos que practicaban esas actividades, se agremiaron.

Los gremios, que se habían establecido en Europa durante la Edad Media y alcanzado su época de auge durante los siglos XV y XVI, tenían cada uno para su gobierno un grupo de cuatro hombres, que ejercían inspecci6n sobré los miembros del gremio respectivo en cuanto al cumplimiento de la confección del artículo, de las leyes gremiales que establecían salarios, del descanso dominical y de la celebración de reuniones en se trataban asuntos de interés general.

En el Río de la Plata existieron los gremios de hacendados, panaderos, plateros, etc. En las colonias hispano-americanas también se establecieron estas instituciones corporativas del trabajo, fomentadas por las mismas autoridades ya que aquéllas no sólo intentaban la defensa de sus respectivos intereses sino también intensificar el desarrollo de las industrias y las artes.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

Origen Madres Plaza de Mayo Historia de su Creación

Origen Madres Plaza de Mayo
Historia de su Creación y Objetivos

Durante la dictadura militar de 1976-1983 los niños robados como «botín de guerra» fueron inscriptos como hijos propios por los miembros de las fuerzas de represión, dejados en cualquier lugar, vendidos o abandonados en institutos como seres sin nombre N.N. De esa manera los hicieron desaparecer al anular su identidad, privándolos de vivir con su legítima familia, de todos sus derechos y de su libertad.

La Asociación Civil Abuelas de Plaza de Mayo es una organización no-gubernamental que tiene como finalidad localizar y restituir a sus legítimas familias todos los niños secuestrados desaparecidos por la represión política, y crear las condiciones para que nunca más se repita tan terrible violación de los derechos de los niños, exigiendo castigo a todos los responsables.

Historia de Las Madres de Plaza de Mayo

La «loca» aventura de la Guerra de Malvinas, que terminó con un fracaso nacional y la angustia y dolor de miles de familias argentina, también debemos sumar la desesperación de otras miles de familias que lloraban en silencio a las víctimas de la represión ilegal.

A medida que los asesinatos clandestinos se multiplicaban, un grupo de madres comenzó a rondar por los pasillos oficiales en busca de sus hijos.

Dado que no obtenían respuesta, algunas madres, lideradas por Azucena Villaflor, comenzaron a juntarse los jueves en la histórica Plaza de Mayo, en la ciudad de Buenos Aires, para exigir respuestas a los gobernantes.

Desde 1977, las madres de detenidos y desaparecidos, cansadas de reclamar en oficinas y cuarteles por la suerte de sus seres queridos, decidió protestar todos los jueves alrededor de la pirámide de la Plaza de Mayo. Desfilaban dando vueltas en silencio, con la cabeza cubierta por un pañuelo blanco.

Las Madres de Plaza de Mayo se convirtieron en el emblema de los kelpers (ciudadanos de segunda) argentinos privados de sus derechos cívicos.

Por su parte, las Abuelas de Plaza de Mayo centraban su labor en el esclarecimiento de los casos de hijos de desaparecidos nacidos en el cautiverio y entregados en adopción con suAzucena Villaflordocumentación cambiada.

La policía les impidió reunirse, argumentando que un decreto establecía el estado de sitio y estaban prohibidas las reuniones. Les dijeron; «Circulen, circulen», Y ellas circularon: comenzaron a dar vueltas alrededor de la Pirámide de Mayo, en tanto exigían conocer el destino de sus hijos y el castigo para los culpables. A fines de 1977, la Armada secuestró y asesinó a Azucena Villaflor.(imagen izq.)

A ese respecto, cabe consignar que a mediados del año 2000 se encontraban abiertos procesos judiciales por la apropiación de dichos menores, bajo la interpretación de que tales hechos no fueron incluidos en las leyes de Punto Final y Obediencia Debida (1987) ni en los indultos (1990).

El grupo fue creciendo. Fueron a lugares a los que acudían otras madres a pedir por sus hijos, para sumarlas a la organización. Se llegó a ir casa por casa para convocar a otras madres que hubieran perdido hijos, acción riesgosa, ya que quien lo hacía debía resignarse a ser seguido por un auto, a que los dueños de casa llamaran a la policía o a que, simplemente, no le abrieran la puerta. De todas maneras, algunas sí se abrieron.

En ese caso, la Madre que visitaba aconsejaba a los dueños de casa acerca del camino a seguir.

Al advertir la policía que el número de Madres que se reunían en la Plaza llegaba ya a 60 o 70, decidieron terminar con esa situación tan molesta para el gobierno.

Arguyeron el estado de sitio, que no permitía las reuniones públicas de esa cantidad de personas, y a golpes las obligaron a caminar y circular. Así comenzaron las famosas rondas de las Madres.

En la Plaza las cosas no eran fáciles. Las Madres eran golpeadas, les lanzaban los perros, las detenían, les lanzaban gas lacrimógeno. Un día, un policía le exigió a una Madre que le mostrara sus documentos de identidad. La tercera vez que a una le exigieron sus documentos, las Madres -que por razones obvias no deseaban ser identificadas- decidieron mostrarle al policía los documentos de las 300 allí presentes. Fue la última vez que se los pidieron.

Por aquella época las Madres de la Plaza de Mayo eran «las madres de la subversión», «si mataron a sus hijos es porque algo habrán hecho», la puertas se les cerraban y muy poca gente conversaba con ellas.

En esa época, las Madres todavía no usaban el pañuelo blanco y solo se reunían en la Plaza de Mayo, en algún bar o en el atrio de alguna iglesia. En octubre de 1977 decidieron acudir a una marcha convocada por organismo de defensa de los derechos humanos y a otra convocada por la iglesia basílica de Luján, en la provincia de Bs.As.

madres de plaza de mayo

Se les planteó el problema de como identificarse, y decidieron usar un pañuelo blanco en la cabeza.

En esa ocasión el pañuelo fue un pañal de sus hijos, que todas guardaban como recuerdo. La marcha fue la oportunidad para que muchos argentinos descubrieran que en la Argentina había desaparecidos y que sus madres pedían por ellos.

Lcapitán de Marina Alfredo Astiza organización fue infiltrada por agentes del gobierno, entre ellos el capitán de Marina Alfredo Astiz, que se presentó diciendo que tenía un hermano desaparecido. Sus informes provocaron la desapari

Por este último caso, el ángel rubio fue juzgado en ausencia en Francia y condenado a prisión perpetua. (Imagen izq. Alfredo Astiz)

Las Madres decidieron comenzar a publicar solicitudes en los principales diarios del país.

El día de la publicación de la primera, Azucena Villaflor, la fundadora del grupo, se dirigió a comprar el diario. Fue su fin: fue secuestrada y desapareció.

La sede del Campeonato Mundial de Fútbol de 1978 fue la Argentina. El gobierno hizo lo posible para tapar lo que ocurría. Mientras muchos festejaban el acontecimiento deportivo, las Madres sufrían la indiferencia de la mayoría; algunos medios de comunicación las atacaban por antinacionales.

Pero el Mundial también hizo que aumentara la presencia de periodistas extranjeros en el país. Las Madres comenzaron así a tener cierta repercusión mundial. Empezaron a viajar a Europa y a reunirse frente a las embajadas argentinas en algunos países europeos.

Una misión de la OEA visitó la Argentina en 1979. Sus funcionarios no recibieron a una comisión, sino a todas las Madres: unas 150. Sin embargo, la misión no logró los resultados que las Madres esperaban.

Al año siguiente, las Madres editaron su primer boletín. A esa altura ya se habían constituido grupos de apoyo en toda Europa y llegaban aportes económicos externos para sostener la organización.

En 1983, la democracia retornó a la Argentina. Una de las primeras acciones del presidente Raúl Alfonsín fue decretar el procesamiento de los máximos responsables de la represión durante la dictadura, a los que se condenó en 1985.

En 1991, el presidente peronista Carlos Menem decidió indultar a la mayoría de ellos.

Las madres hasta el día de hoy continúan su lucha para conocer lo que hace mas de 30 años ocurrió con sus hijos y nietos, y que tanto atormenta sus vidas.

Conmovedores testimonios de hijos de desaparecidos por la última dictadura militar en Argentina que fueron encontrados gracias a la labor incansable de las Abuelas de Plaza de Mayo, que siguen luchando luego de tanto tiempo por encontrar a todos esos niños (ahora hombres o mujeres) que fueron apropiados durante el período 1976-1983.Fueron En Total 106 Hijos Recuperados

Desaparición forzada:

La palabra «desaparecido» se hizo famosa en el mundo a partir de los hechos que ocurrieron en la Argentina durante la última dictadura militar. La desaparición forzada de personas constituye una ofensa a la dignidad humana y debe ser considerada como grave violación de los propósitos y principios de la Organización de las Naciones Unidas, y de los derechos humanos y libertades fundamentales proclamados en la Declaración Universa! de Derechos Humanos. Su aplicación constituye un crimen de lesa humanidad. Ningún Estado miembro de Naciones Unidas permitirá o tolerará esta práctica; no podrán invocarse circunstancias excepcionales, como existencia o amenaza de conflictos armados internos o internacionales, estados de emergencia, estado de sitio, inestabilidad política interna, disturbios o tensión interna o cualquier emergencia pública como justificación de esta práctica.

Crimen de lesa humanidad:

Delito que por su gravedad o atrocidad lesiona a la humanidad en su conjunto. Traducción del principio medieval que consistía en que el ultraje a la majestad del poder era un crimen (crimen laesae maiestatis). Expresión empleada en 1972 en la IV Comisión de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, por Amílcar Cabral (dirigente del Partido Africano por la Independencia de Guinea Bissau e islas de Cabo Verde) para definir el carácter criminal de colonialismo. Un crimen definido como de lesa humanidad no es prescriptible y su autor no puede quedar amparado por la legislación de ningún Estado.

Genocidio:

Término adoptado en el derecho internacional después de la Segunda Guerra Mundial, empleado por el jurista polaco R. Lemkin. En 1933 Lemkin presentó en la Sociedad de Naciones (antecesora de la Organización de Naciones Unidas) un memorial pidiendo la elaboración de una convención internacional que prohibiera las ejecuciones en masa. En 1948 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas aprobó la Convención para la prevención y la sanción del delito de genocidio. El genocidio cometido en tiempo de paz o en tiempo de guerra es un delito de derecho internacional. Como genocidio deliberado y metódico se entiende «el exterminio de grupos raciales y nacionales de la población civil de ciertos terrenos ocupados, con el fin de aniquilar determinadas razas y partes de naciones y pueblos, grupos raciales y religiosos».

Fuente Consultada:
La Argentina Historia del País y de Su Gente María Saenz Quedada
Escenas Inolvidables del Siglo XX Reader´s Digest
Cuatro Décadas de Historia Argentina de Palmira Dobaño y Mariana Lewkowicz

La represión en las fábricas Dictadura militar contra los obreros

La Represión en las Fábricas – La Dictadura Militar Contra los Obreros

Casi todas las plantas industriales fueron ocupadas por las tropas. (…)

La coordinación “carne” y «uña” entre los militares y la administración de la Ford Motor Company convirtió su planta de General Pacheco en la provincia de Buenos Aires en la apoteosis de la brutalidad contra los trabajadores. “Rodearon Ford con camiones y jeeps, armados hasta los dientes, nos registraban uno por uno y llevaron muchos compañeros detenidos. Nos revisaban los cofres, los vestuarios, hacían requisas permanentes… Se llevaron a los delegados, subdelegados, activistas. Destrozaron el Cuerno de Delegados… hubo cien desaparecidos. Muchos aparecieron después como detenidos y muchos han sido soltados. Otros nunca aparecieron.”

dictadura argentina

Los dirigentes sindicales Adolfo Sánchez y Juan Carlos Amoroso fueron llamados el día antes del golpe a una reunión con los cabecillas del departamento de Relaciones Laborales de la Ford Motor en su planta de estampado. “La empresa reúne al cuerpo de Delegados que se encontraba en la planta de estampado… En esa reunión el señor Galarraga [gerente de Relaciones Laborales] lee un papel que dice le entregó un coronel al cual se negó a identificar porque ‘su palabra bastaba’, para exhortarles a trabajar en sus tareas olvidándose de todo tipo de reclamos y, manifestó, que todo problema se había acabado.”

Como había todavía negociaciones pendientes solicitadas por los delegados sobre una cuestión de cuentas, Amoroso preguntó si esas conversaciones iban todavía a celebrarse. “Usted, señor no entiende”, replicó el jefe de Ford. “Esta reunión ha terminado. Amoroso, déle saludos a Camps.” Cuando los trabajadores preguntaron quién era ese hombre —el coronel Ramón Camps, que más tarde se jactó de ser responsable de unas 5.000 muertes— los jefes de la Ford se echaron a reír “Ya se va a enterar-”, replicaron.

Tres días más tarde, Amoroso, Sánchez y los otros dirigentes fueron secuestrados de sus casas por hombres armados que llevaban tarjetas tomadas de los archivos de la oficina de personal de Ford.

El l 2 de abril la policía y tropas del Ejército rodearon la planta de General Motors de Barracas en una operación espectacular Un ala de la fábrica se había rehusado a trabajar después de haber sido despoja dos de sus beneficios por realizar tareas inseguras. Un capitán del Ejército y unos pocos de sus soldados empezaron ¿interrogar a los trabajadores sobre la causa del paro. Luego hablaron con los jefes de la fábrica. (…) Una vez que la situación quedó “normalizada”, las tropas se retiraron llevándose consigo a tres trabajadores que protestaban.

Obligados a trabajar con rifles apuntando a sus espaldas a un ritmo febril de producción, la disciplina laboral y la represión hicieron las condiciones insoportables para los trabajadores. Situaciones similares a las de Ford y General Motors se dieron en la Argentina en otras grandes plantas automotrices: Fiat, Renault, Peugeot y Mercedes Benz.

Pero no sólo los trabajadores mecánicos sufrieron los efectos de las primeras operaciones militares. Casi todas la fábricas del país fueron sometidas a supervisión. Este cambio se dio especialmente en las compañías consideradas vitales por los militares y en las industrias más importantes de cada sector o actividad.

Martín Andersen
Dossier secreto. El mito de la guerra sucia

Secuestros Clandestinos en la Represion Ilegal en la Dictadura

Secuestros Clandestinos en la Represión Ilegal en la Dictadura Argentina

Este régimen se distingue de gobiernos de facto anteriores porque instrumentó de modo sistemático y masivo secuestros, torturas, detenciones clandestinas y desapariciones.

Adoptó esta estrategia de represión y aniquilación física y destruyó toda prueba que pudiera responsabilizarlo.

Pese a que la Junta Militar estableció la pena de muerte, nunca la aplicó. Todas las ejecuciones fueron ilegales.

Para ello contó con el asesoramiento legal y técnico de los ejércitos francés y norteamericano, y la experiencia de Pinochet en Chile y del Operativo “Independencia” de 1975 en Tucumán.

¿Por qué el gobierno recurrió a la represión ilegal clandestina en vez de aplicar la pena de muerte y los instrumentos de la represión legal?.

El método clandestino presentaba varias ventajas, desde el punto de vista del gobierno.

En primer lugar, forzaba a la población a la inacción por el terror y generaba confusión en las organizaciones guerrilleras y de izquierda directamente afectadas, dificultando la capacidad de emprender acciones defensivas.

La confidencialidad y el secreto del accionar de las Fuerzas Armadas daban ventajas sobre el enemigo. Además, a diferencia de la pena de muerte, no requería pruebas ni elementos jurídicos.

Los operativos se hacían a plena luz del día, pero en especial por la noche. Intervenían las tres Fuerzas Armadas y las de seguridad.

Los operativos se hacían a plena luz del día, pero en especial por la noche.
Intervenían las tres Fuerzas Armadas y las de seguridad.

En segundo lugar, permitía la tortura a los detenidos sin límites, quienes “desaparecían” o, en el mejor de los casos, luego de ser liberados no podían denunciar los vejámenes, pues el Poder Judicial estaba sometido a la Junta Militar.

Además, el método de represión ilegal desalentaba la solidaridad y el reclamo de parte de los familiares y amigos, porque ocultaba a los responsables, evitaba toda posible comunicación con los detenidos y generaba el temor a provocar represalias sobre ellos. Simultáneamente, les facilitaba la obtención de colaboración, dado que los civiles que los apoyaban no corrían el riesgo de ser denunciados.

En tercer lugar, la adopción del método de las desapariciones y del ocultamiento del acto mismo de la represión se explica porque el gobierno militar buscaba evitar la reacción de los organismos internacionales y la critica del Vaticano.

Este método requería la coordinación de las distintas fuerzas represivas y constaba de cuatro momentos: secuestro, tortura, detención y desaparición.

Para iniciar los secuestros, cuando una de las fuerzas iba a “operar” solicitaba “zona liberada” para evitar interferencias. Así, los pedidos de auxilio

En septiembre de 1973, Augusto Pinochet, con el apoyo del gobierno de EE.UU., derrocó y asesinó al presidente socialista Salvador Allende.

Encabezó un gobierno dictatorial hasta 1990. Sobre todo en los primeros años recurrió a los fusilamientos abiertos más que a las desapariciones, lo cual generó el repudio internacional y las denuncias de los familiares o vecinos de los secuestrados no tenían  en las comisarías del lugar y la policía abandonaba el vecindario para evitar confusiones y enfrentamientos con las fuerzas paraestatales.

 A continuación el “grupo de tareas” irrumpía por la fuerza —por lo general durante la noche— en el domicilio o en el lugar de trabajo de los ciudadanos identificados por los grupos de inteligencia (SIDE, etc.) como “izquierdistas”, “guerrilleros” o “activistas sindicales”.

Previo al arribo de la patota se solía cortar  el suministro eléctrico y se interrumpía el tránsito.

El “grupo de tarea?  estaba integrados en general, por individuos fuertemente armados pero vestidos de civil y sin identificación.

Los secuestros incluían otro componente: el robo de las pertenencias de las víctimas.

Sus casas eran saqueadas y con frecuencia sus automóviles e inmuebles eran apropiados por los militares.

Así, la venta de las propiedades y los objetos de valor saqueados proporcionaba un estímulo económico a los integrantes de los grupos de tareas y servía para financiar los «operativos».

Por otro lado, también los hijos de los detenidos fueron considerados como botín de guerra. Algunos ‘fueron secuestrados junto a sus padres y otros nacieron en cautiverio.

Muchos de ellos fueron asesinados; otros fueron entregados a familias de militares. La CONADEP hizo investigaciones posteriores y documentaron alrededor de doscientos casos de este tipo.

El secuestrado era encapuchado y trasladado —vendado y amordazado— al centro clandestino de detención llamado también «chupadero».

En general era una dependencia militar, comisaría o un edificio preparado para tal efecto, donde se lo sometía a torturas para extraerle toda la información posible que les permitiera a los militares realizar futuras detenciones.

La tortura tenía otro propósito: quebrar la resistencia y la dignidad de la víctima.

La «picana”, el “submarino” —mantener sumergida la cabeza en un recipiente con agua”— y las violaciones sexuales eran las formas más comunes de tortura. Esta se combinaba con la tortura psicológica: asistir al suplicio de amigos o familiares, sufrir simulacros de fusilamientos o experimentar el aislamiento total.

Uno de los centros de detención clandestinos mis conocidos funcionaba -en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA); aunque también habla otros, como Campo de Mayo, el Olimpo, el Vesubio y el Pozo de Banfield.

La compleja máquina represora llegó a disponer de trescientos cuarenta centros clandestinos (algunos de ellos habían empezado a operar antes del golpe militar). Cubrían todo el territorio nacional, pero su actividad más intensa se registró en las grandes ciudades como en Capital Federal, Gran Buenos Aires, Rosario y Córdoba.

Muchos detenidos morían en la tortura, mientras que otros permanecían en los campos por varios meses, prestando algún servicio o bien como rehenes potencialmente aprovechables.

Por ejemplo, el almirante Massera utilizó algunos cuadros montoneros cautivos en la ESMA como soporte de su proyecto político, en particular, de su intento de cooptar a las dirigencias y las bases peronistas. Para ello liberó a varios detenidos a cambio de su participación en su plan para conducirlo a la presidencia.

Distribución de desaparecidos por profesión u ocupación según fuente de CONADEP (EN %)

Obreros30.2 %
Estudiantes21
Empleados17
Profesionales10.7
Docentes5.7
Autónomos varios5
Amas de casa3.8
Personal subalterno de las FFAA2.5
Periodistas1.6
Actores, artistas, etc.1.3
Religiosos0.3
  

Algunos de los secuestrados considerados “mínimamente peligrosos” o los que fueron reclamados por organismos internacionales, gobiernos extranjeros o personas influyentes fueron liberados luego de permanecer por un tiempo desaparecidos.

No obstante, la regla general consistía en que el secuestrado era “trasladado”, lo que en la jerga significaba su asesinato y la desaparición del cuerpo.

En algunos casos arrojándolo vivo desde un avión al océano o a ríos, en otros quemándolo o enterrándolo sin identificación —como NN— en fosas comunes que eran cavadas por las propias víctimas antes de ser fusiladas o en terrenos privados.

Aunque algunos cadáveres aparecían en las calles, como muertos en enfrentamientos o intentos de fuga, la mayoría de los cadáveres “desaparecían”.

De este modo, se consumó la “desaparición” de miles de detenidos, borrándose las huellas que pudieran responsabilizar a las Fuerzas Armadas. Legalmente. nunca dejaron de existir por eso se los denominó “desaparecidos”.

Además de los “guerrilleros”. las víctimas del plan represivo, en su mayoría jóvenes de entre veinte y treinta y cinco años, pertenecían en general a los planos sindical y educativo.

VIDEO: EL TERRORISMO DE ESTADO EN ARGENTINA

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Desaparición forzada
La palabra «desaparecido» se hizo famosa en el mundo a partir de los hechos que ocurrieron en la Argentina durante la última dictadura militar.
La desaparición forzada de personas constituye una ofensa a la dignidad humana y debe ser considerada como grave violación de los propósitos y principios de la Organización de las Naciones Unidas, y de los derechos humanos y libertades fundamentales proclamados en la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Su aplicación constituye un crimen de lesa humanidad.
Ningún Estado miembro de Naciones Unidas permitirá o tolerará esta práctica; no podrán invocarse circunstancias excepcionales, como existencia o amenaza de conflictos armados internos o internacionales, estados de emergencia, estado de sitio, inestabilidad política interna, disturbios o tensión interna o cualquier emergencia pública como justificación de esta práctica.
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Crimen de lesa humanidad
Delito que por su gravedad o atrocidad lesiona a la humanidad en su conjunto. Traducción del principio medieval que consistía en que el ultraje a la majestad del poder era un crimen (crimen laesae maiestatis).
Expresión empleada en 1972 en la IV Comisión de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, por Amílcar Cabral (dirigente del Partido Africano por la Independencia de Guinea Bissau e islas de Cabo Verde) para definir el carácter criminal de colonialismo. Un crimen definido como de lesa humanidad no es prescriptible y su autor no puede quedar amparado por la legislación de ningún Estado.
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Genocidio
Término adoptado en el derecho internacional después de la Segunda Guerra Mundial, empleado por el jurista polaco R. Lemkin. En 1933 Lemkin presentó en la Sociedad de Naciones (antecesora de la Organización de Naciones Unidas) un memorial pidiendo la elaboración de una convención internacional que prohibiera las ejecuciones en masa.
En 1948 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas aprobó la Convención para la prevención y la sanción del delito de genocidio.
El genocidio cometido en tiempo de paz o en tiempo de guerra es un delito de derecho internacional.
Como genocidio deliberado y metódico se entiende «el exterminio de grupos raciales y nacionales de la población civil de ciertos terrenos ocupados, con el fin de aniquilar determinadas razas y partes de naciones y pueblos, grupos raciales y religiosos».
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Fuente Consultada: Cuatro Décadas  de Historia Argentina de Palmira Dobaño y Mariana Lewkowicz

Ingreso y Egresos de Dólares a Argentina

Los Golpes Militares en Argentina Caracteristicas y Causas Resumen

Resumen De Los Golpes Militares en Argentina Desde 1930
Características y Causas

Golpe de 1930-Uriburu derroca a Irigoyen

Golpe de 1943-El GOU derroca a Castillo

Golpe de 1955-Revolución Libertadora derroca a Juan Perón

Golpe de 1962-Destitución de Frondizi

Golpe de 1966-Destitución de Illia

Golpe de 1976-Derrocamiento de Estela Martínez de Perón

Desde 1930 —ha escrito el francés Alain Rouquié— la Argentina ha  conocido tres tipos de gobierno: los que se apoyan en las fuerzas armadas, los que gozan de algún tipo de legitimidad propia, que les permite neutralizar al Ejército (como el del general Justo), y los demás, cuyo destino es ser derrocados por los militares.

Efectivamente, desde 1930 las fuerzas armadas han sido las protagonistas centrales  de nuestro sistema político, en 1930 el general Uriburu tomó el poder y lo cedió dos años después, a otro general y caudillo militar, el general Justo. Respaldaron al régimen fraudulento y, cuando éste ya no dio más, retomaron el gobierno en 1943.

Tres años después, lo cedieron a otro caudillo militar, el general Perón, quien aunque cultivó otros apoyos nunca descuidó su respaldo militar. Cuando lo hizo, fue rápidamente derribado, abriéndose un nuevo turno militar de tres años.

En 1958 el poder volvió a los civiles, pero todos los malabarismos intentados por el presidente Frondizi no lograron impedir que cuatro años después los militares lo derribaran y volvieran al gobierno, tras la investidura del presidente Guido. A fines de 1963 se inició un nuevo turno civil, que no duró ni siquiera tres años, seguido de un nuevo y también novedoso turno militar.

Hasta entonces, las revoluciones habían presentado como soluciones transitorias, destinadas a restaurar —una vez corregidos ciertos vicios— el gobierno civil. En 1966 el gobierno de la llamada Revolución Argentina anunció una verdadera refundación de la República, en un proyecto de plazos larguísimos; las resistencias que suscitó hicieron que desde 1970 las fuerzas armadas comenzaron su retirada del poder, recién concretada en 1973, con la asunción legitima de Héctor Campora como presidente de la Nación.

Se depusieron gobiernos, se reprimió a los disidentes y, «pacificado» el país, se convocaron elecciones generales que devolvieron el poder a los civiles.

Esta tendencia se mantuvo hasta los años sesenta, en la que su cometido sufrió un nuevo giro. Entonces, influidos por la Doctrina de la Seguridad Nacional, impulsada por Estados Unidos, los militares fueron llamados a combatir al enemigo interno que, traducido significaba todo colectivo susceptible de no simpatizar con la política estadounidense

Mas tarde, en 1976, se inicia el llamado Proceso de Reorganización Nacional, que también se propuso la refundación de la República, con objetivos y sin plazos; también como en 1970 las resistencias que despertó, unidas a la desarticulación del propio frente militar, lo llevaron a buscar una salida democrática, que hasta hoy permanece inalterada, llevando un período de mas de 30 años de continuidad, único tan extenso en la histori argentina.

La dictadura de 1976-83, no obstante, tuvo una peculiaridad añadida: el intento de parte de algunos sectores castrenses de formar un partido político único con el fin de reconstruir la nación. No en vano este periodo negro de la historia argentina se autodenominó, como dijimos antes: «Proceso de Reorganización Nacional».

La crisis permanente: La posibilidad de imponer un férreo orden —una dictadura— es sin duda la clave para entender la reiterada presencia militar en el poder. Pero hay algo más: la justificación de ese orden, el desarrollo de un discurso que legitime esa presencia y que restaure el consenso que los sectores propietarios no pueden establecer.Siempre se alegaba que se ponía  fin a un gobierno anárquico, tiránico, corrupto, demagógico. Así se hizo en 1930, en 1955, en 1976. Pero la credibilidad en la alternativa militar para establecer gobiernos diferentes disminuyó considerablemente.

Desde la Segunda Guerra Mundial solía apelarse a otro argumento: la necesidad de acelerar el desarrollo nacional, lo que requiere un gobierno de personas eficaces, de técnicos especializados, de hombres preocupados por la grandeza nacional, o sea de militares. La doctrina del desarrollo tuvo y aún tiene mucho peso entre los militares.

Sin embargo, en las últimas dos décadas cedió paso frente a la teoría de la seguridad nacional, donde la presencia militar en el poder es entonces indispensable para evitar que el país caiga en las garras del comunismo —así se decía en la década del 60— o para extirpar a la subversión apatrida, como se repetía en la del 70.

FUERZAS ARMADAS ARGENTINAS: Ante todo es bueno aclarar que la misión del ejército argentino es disponer, en el marco específico y en el de la acción militar conjunta, de una capacidad de disuasión creíble, que posibilite desalentar amenazas que afecten intereses vitales. Subsidiariamente, puede participar en misiones de organizaciones militares de paz; prestar apoyo logístico en la lucha contra el narcoterrorismo; brindar apoyo a la comunidad y contribuir a la preservación del medio ambiente.

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REFLEXIONES SOBRE LAS DICTADURAS:

CARACTERISTICAS:La existencia de dictaduras es un hecho repetido en la historia política de los pueblos. Apenas existen países que hayan escapado a ellas en la época de su organización o en las de profundos cambios sociales.

Las dictaduras no responden únicamente al capricho o a la ambición de un hombre o de un grupo. Existen profundas causas sociales y económicas, también culturales, que posibilitan la aparición del dictador.

Con frecuencia un grupo o una élite, en otro tiempo conductora de una sociedad, no ha sido capaz de introducir las reformas necesarias que exige la evolución histórica. Conserva sus posiciones de privilegio social, económico, político y cultural. La mayoría del pueblo se siente defraudada y resentida. Se considera víctima de la injusticia.

Por un acontecimiento que puede ser de cualquier naturaleza aparece un hombre de brillantes dotes personales que levanta como bandera las reivindicaciones de los que se sienten oprimidos. Las masas han encontrado un líder, lo respaldan con lealtad y entusiasmo. El líder fácilmente se convierte en dictador.

También en las épocas de anarquía, cuando las tensiones sociales estallan o están a punto de estallar, los pueblos, que para poder sobrevivir necesitan orden, se muestran proclives a confiar el poder a un dictador que lo restablezca.

La dictadura parte de la idea de que la urgencia o gravedad de la situación no permite discusiones, ni el libre juego de las opiniones. Supone que la solución que ella aporta es la única que puede salvar la sociedad y considera a sus opositores como enemigos del pueblo.

Consecuentemente robustecen las tendencias y prácticas autoritarias. Multiplica la intervención, el control del poder estatal. Está dispuesta a implantar un orden por la fuerza. Se organiza para defenderse mediante la fuerza. Sólo puede ser cambiada, en último término, por la fuerza.

Las dictaduras tienen una serie de ventajas, sobre todo en su primera época. Pero el precio’pagado por ellas es muy caro a la sociedad. Traen consigo una serie de desventajas que aparecen claramente pasado un tiempo.

Entre las ventajas podemos señalar:

1. capacidad de decisión y acción que le permite enfrentar con éxito situaciones de urgencia;
2. mantiene con facilidad el orden público y logra la adhesión pasiva de la población;
3. puede mejorar a corto plazo la economía y racionalizar la administración;
4. tiene la capacidad de combatir y eliminar intereses inconfesables;
5. puede interpretar las aspiraciones populares y lograr un apoyo masivo.

Entre los males y desventajas propios de la dictadura señalamos:

1. anula el espíritu cívico, deprime la conciencia y la personalidad;
2. estimula el egoísmo y los negocios personales;
3. fomenta el espíritu de adulación, servidumbre y cobardía;
4. con frecuencia, en vez de servir al país, sirve a un grupo;
5. la voluntad dictatorial hace y deshace prestigios. Los hombres con conciencia de dignidad se niegan a colaborar.

Las dictaduras se convierten fácilmente en tiranías. Dictadura es el poder concentrado en unas solas manos y puede ser bien empleado. Tiranía es el poder usado despótica y arbitrariamente para provecho propio o de un grupo.

En la Argentina hemos tenido dos claras experiencias de tiranía. Una en la época de la organización nacional; otra, en la de los grandes cambios sociales. El fenómeno no es nuestro, sino universal.

Junta Militar del Golpe en 1976

Junta Militar del Golpe en 1976

La Constitución Nacional fue sancionada en 1853, y el primer gobierno constitucional comenzó en marzo de 1854. Desde entonces la vida democrática, en lo que hace a los mecanismos constitucionales, funcionó en forma regular hasta 1930. Se trataba de una democracia que mostraba debilidades, pero que funcionaba con todas sus instituciones y que, gracias a la educación, a la experiencia y a la participación de los ciudadanos, permitía una sociedad que vivía en libertad.

En el período que se extiende de 1854 a 1930 no faltaron hombres públicos que en ciertas oportunidades desconfiaran de la pureza de los actos comiciales por los cuales surgían determinados gobiernos, y creyeran que la única manera de lograr esa pureza consistía en impedir que los elegidos en esos comicios tomaran el poder, o que, ejerciéndolos, debían ser desalojados.

Estallaron así en ese período varias revoluciones con fines distintos cada una, siendo las de mayor magnitud, las de 1874, 1880, 1890, 1893, 1905. Ninguna de ellas, sin embargo, obtuvo sus propósitos de romper el orden constitucional, si bien es cierto que ejercieron influencia en los sucesos políticos posteriores a su estallido.

Pero la vigencia constitucional quedó en pie y los hombres públicos de esa época sentían orgullo de que la cordura hubiera impedido la ruptura del orden constitucional.

La democracia es un régimen político que exige hombres virtuosos, llenos de cualidades, y ello hace siempre difícil todo sistema democrático. La historia de nuestro país lo demuestra. Esos movimientos de violencia política no eran sino el aprendizaje necesario de un pueblo a través de los años de vigencia de instituciones difíciles de practicar. Cuando suceden esos acontecimientos múltiples causas concurren que no podemos analizar aquí; pero ellas no siempre son de naturaleza política.

Los estallidos revolucionarios, que no derrumbaron gobiernos ni rompieron la vigencia de la Constitución y que hemos mencionado, se proponían obtener, por medios equivocados, el mejoramiento o perfección del sistema democrático.

Pero aún con los inconvenientes, las debilidades, las contradicciones el país marchaba en busca del perfeccionamiento de su sistema político En 1912 se sanciona la ley electoral que instaura el voto secreto obligatorio y la utilización, en carácter de padrón electoral, del padrón militar. Esa ley establecía, además, que ingresaran las minorías en las cámaras, con lo que se dio un paso hacia la representación de todos los sectores en la vida pública. La ley denominada Ley Sáenz Peña fue instrumento de extraordinaria significación en la vida política del país. mejoró notablemente los procedimientos comiciales.

La primera vez que esa ley se aplicó en elecciones presidenciales fue en el año 1916. Ese comicio consagró como Presidente a Hipólito Yrigoyen, propiciado como candidato por la Unión Cívica Radical, una agrupación política surgida en 1891 y que se mantenía en la abstención por no querer convalidar con su presencia el sistema electoral vigente Producida la nueva ley Sáenz Peña, el radicalismo se presentó en las elecciones y obtuvo el triunfo del partido.

Yrigoyen fue un hombre público y un caudillo singular, que asumió la conducción del partido después de la muerte de Alem en 1896. Su método político, la ausencia de ambiciones personales, su alejamiento de las manifestaciones populares y públicas, le dieron un carácter casi mítico a su figura y un ascendiente muy grande; fue un verdadero caudillo popular. Multitudes enfervorizadas lo acompañaron tanto cuando asumió el poder en 1916 como cuando lo dejó en 1922.

De vida austera, el candidato radical se caracterizó por su probidad en el manejo de los fondos públicos y por su altiva política internacional que no aceptaba intromisiones ni tutelas de naciones extranjeras. La popularidad de su gobierno le permitió, al finalizar su mandato, que el radicalismo volviera a ganar en 1922 con su candidato, que lo era Marcelo T. de Alvear, quien gobernó al país con un estilo distinto del de Yrigoyen y aun con hombres que no se identificaban con el Radicalismo.

El período de Alvear finalizó en 1928 y nuevamente fue postulado para las elecciones Hipólito Yrigoyen. Este resultó triunfante otra vez en elecciones que le dieron un apoyo masivo de la población. Su período debía extenderse de 1928 a 1934.

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LOS GOLPES DE ESTADO MILITARES EN ARGENTINA

Golpe de 1930-Uriburu derroca a Irigoyen

Golpe de 1943-El GOU derroca a Castillo

Golpe de 1955-Revolución Libertadora derroca a Juan Perón

Golpe de 1962-Destitución de Frondizi

Golpe de 1966-Destitución de Illia

Golpe de 1976-Derrocamiento de Estela Martínez de Perón

 junta militar 1976

Primer Junta de Gobierno de 1976, cuando derrocaron a la presidente constitucional Isabel Martínez de Perón

QUE ES UN GOBIERNO DE FACTO?: El gobierno de hecho o de facto al contrario que el gobierno de derecho, proviene de un origen no corriente y por lo tanto no estipulado por las normas legales del estado, expresadas por la Constitución o por las leyes especiales al respecto.

En Argentina existe una gran experiencia en este tipo de gobiernos. Casi 24 años de gobierno de facto y seis golpes de estado militares en siglo XX, más una cantidad imprecisable de asonadas militares y golpes palaciegos que no prosperaron, marcan una realidad que, aparte de la preocupación por la situación política del país, determinó una gran experiencia jurídico-política y filosófico-política, con respecto a las características de los gobiernos de facto.

Existen dos formas conocidas que originan los gobiernos de facto: Una es cuando un gobernante de derecho prolonga su ejercicio del gobierno, más allá del tiempo previsto. La otra, es cuando el gobierno de facto se instala por la fuerza, derrocando a un gobierno legalmente constituido o de derecho, o a otro gobierno de facto.

La doctrina impone tres exigencias para que una persona sea reconocida como gobernanie de facto:

1) Que ocupe un cargo que tenga reconocimiento legal que exista dentro de la colectividad en la cual surge.

2) Que esté en efectiva posesión de las funciones.

3) Que merezca el reconocimiento implícito de su autoridad por parte del grupo social».Las fuerzas armadas surgen en el siglo XIX paralelamente a la creación del Estado argentino. Su cometido original consistía en la salvaguardia de la integridad territorial de Argentina y se mantendrá así hasta la década de los treinta y, en concreto, hasta el golpe de Estado del general José F. Uriburu.

GOLPES DE ESTADO EN ARGENTINA: El problema de los «golpes de Estado» es de fundamental importancia  para los argentinos. Obsérvese que en los 200 años de vida política independiente, sólo se registra una revolución en nuestra historia: la de los días de Mayo de 1810. En cambio, esa historia está jalonada por múltiples golpes de Estado al punto que el propio general José de San Martín, llegado al país el 9 de marzo de 1812, a los 7 meses, el 8 de octubre de ese mismo año, se encontró en la plaza de la Victoria con su flamante y no estrenado Cuerpo de Granaderos a Caballo produciendo la caída del Primer Triunvirato.

A partir de aquel acontecimiento la historia es larga y se considerarán los últimos 80 años, signados por una sucesión ininterrumpida de elecciones-golpe-elecciones-golpe cuya consecuencia ha sido, con la excepción de un solo caso, que ningún gobierno elegido por el pueblo haya podido cumplir integramente su mandato.

Seis presidentes constitucionales derrocados, 6 presidentes de facto destituidos, 72 complots y crisis militares constituyen un balance suficientemente demostrativo de nuestro torturado sistema institucional.

Un rápido repaso de los golpes de Estado triunfantes y de muchos de los complots frustrados nos muestra algunas de sus características esenciales: son de naturaleza militar, pero con anticipos declarativos civiles provenientes de sectores oligárquicos o vinculados con los grandes centros del poder económico (así ha ocurrido, por ejemplo, con las declaraciones del 22-8-1930 y 28 de enero de 1976); han mostrado un aparente apoyo civil en la etapa pre-golpe, que no se continuó en una participación real en la etapa posgolpe; las participaciones civiles, cuando las hubo, provinieron de agolpamientos vinculados al nacionalismo oligárquico (Liga Patriótica, Liga Republicana, Legión de Mayo, Legión Cívica en 1930; Club del Plata en 1943; Unión Federal y Azul y Blanco en 1955, Ateneo de la República y Azul y Blanco en 1966); acusan dos vertientes ideológicas de acción simultánea: una «liberal» —mucho más en lo económico que en lo político— y otra fascistizante, alternándose ambas en la preeminencia: la última es vanguardia en 1930 y 1966, coparticipa en 1943 y 1955, retaguardia en 1976.

Los golpesfde Estado no pueden confundirse con las revoluciones, aunque a menudo sus protagonistas los llamen así. Las revoluciones producen cambios profundos, sustanciales, definitivos, en la organización misma de la sociedad, como los produjeron la Revolución Francesa de 1789 o la soviética en 1917.

Luego de producido un golpe, en cambio, la sociedad sigue funcionando más o menos igual que antes. Sin embargo, los cambios existen, y merecen un análisis más detenido.

Casi siempre, los golpes los dan los militares, que interrumpen gobiernos civiles (a veces, hay golpes dentro de los mismos gobiernos militares). Pero muy frecuentemente lo hacen porque son llamados por civiles. Sería un error limitar el problema de los golpes militares a una supuesta apetencia congénita por el poder de los militares —aunque algo de eso haya— y olvidar que el golpe refleja un problema de la sociedad toda. Y sobre todo de su sistema político.

En nuestro país, hemos tenido golpes de Estado que, aproximadamente, han correspondido a uno y otro tipo. El del 6 de setiembre de 1930, que derribó a Yrigoyen, y el 26 de junio de 1966, que acabó con el gobierno de Illia corresponden a la primera variante. Se trataba de gobiernos que gozaban de un razonable apoyo popular; que tenían sus lógicos problemas de funcionamiento pero que, en lo esencial, eran eficientes (por más que la propaganda golpis-ta tuviera éxito en difundir imágenes de caos,parálisis y corrupción).

Pero eran gobiernos enfrentados con situaciones sociales y económicas nuevas, que exigían —para los sectores dominantes— la ejecución de medidas difícilmente aceptables y que sólo podían ser aplicadas eficazmente por gobiernos autoritarios. De ahí la apelación a las fuerzas armadas.

El golpe del 4 de junio de 1943 parece corresponder al segundo tipo: un régimen político fraudulento y carente de consenso, una pérdida de legitimidad total y un vacío de poder, que es llenado por el Ejército, sin que ningún sector muy representativo (salvo las infaltables corrientes nacionalistas) lo hubiese llamado.

dictaduras militares

La presencia militar en el gobierno generó una nueva relación con los grupos políticos.
Aquí el general Pedro Pablo Ramírez recibe a dirigentes.

Los golpes de 1955 y 1976 tuvieron un poco de ambos casos. Se trataba de gobiernos consensúales pero minados por la lucha facciosa. Sobre todo, gobiernos constitutivamente facciosos ellos mismos, incapaces de integrar a las fuerzas opositoras dentro de un sistema de convivencia y respeto mutuo, por lo que entre ambas fuerzas terminaba por producirse una suerte de empate. Por otra parte, se trataba de gobiernos lo suficientemente populares como para que preocuparan a los sectores socialmente dominantes, necesitados de aplicar políticas económicas restrictivas. Son ellos los que con más entusiasmo apelan a las fuerzas armadas.

En cualquier caso, si bien los golpes los dan los militares, quienes los llaman, incitan y aconsejan son civiles, tan civiles como los despojados. El problema no sólo está en la institución militar. Está, sobre todo, en la sociedad civil.

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LAS DICTADURAS MILITARES ARGENTINAS:

El golpe militar de septiembre de 1955 terminó con casi un decenio de gobierno peronista e inauguró una etapa signada por la inestabilidad política y el estancamiento económico. De los dieciséis presidentes que se sucedieron entre 1955 y 1983, siete eran civiles y nueve, militares. Los problemas económicos que se habían manifestado durante la segunda presidencia de Perón se agudizaron. En estos años hubo períodos de moderada expansión económica, que alternaron con lapsos de muy poco o nulo crecimiento. La alta inflación se convirtió en un dato permanente de la vida nacional.

La Revolución Libertadora -como se denominó el levantamiento que derrocó a Perón- se propuso erradicar de nuestro paila influencia del peronismo. Las Fuerzas Armadas en el poder se convirtieron en un factor político decisivo y se asignaron la misión de impedir el retorno de Perón y de sus seguidores al centro de la escena política argentina. Entre 1955 y 1958 ejercieron el poder en forma directa.

lonardi

Los militares encarnaron ideologías tomadas del espectro político argentino, desde el nacionalismo hasta el conservadurismo.
Aquí el general Lonardi; de clara tendencia nacionalista.

En 1958 lo entregaron al presidente electo Arturo Frondizi, quien, gracias a un pacto con Perón, pudo contar con una parte significativa del voto peronista.

Entre 1958 1966, la intervención de los militares ejercieron una tutela sobre los gobiernos civiles, hasta los derrocamientos de Frondizi, en 1962, de Illia, en 1966. En este último año, las Fuerzas Armadas asumieron directamente las responsabilidades de gobierno.

El nuevo presidente, el general Juan Carlos Onganía prometió terminar con la política -a la que identificaba con el desorden- y con la división de la sociedad, pues conducían -según la concepción de Onganía- al comunismo. La primera fase de la llamada Revolución Argentina desencadenó un proceso de movilización social, que comenzó con el movimiento conocido como el Cordobazo, y que terminó con la salida de Onganía del gobierno.

La década de 1960 mostró cambios importantes tanto en la economía como en la cultura. De la mano de fuertes inversiones extranjeras se desarrollaron industrias de bienes de consumo durables y el perfil industrial argentino se modernizó. La modernización también llegó a la vida cultural, tanto en el plano de la ciencia y la educación superior como en la expansión de las industrias culturales.

En el plano político, después de un intermedio de orientación más nacionalista -la presidencia de Roberto M. Levingston– el general Alejandro A. Lanusse asumió el gobierno con la misión de asegurar la transición a un gobierno constitucional, reservando la integridad de las Fuerzas Armadas. En 1973, el general Lanusse entregó el gobierno a Héctor J. Cámpora, el candidato justicialista, presidente electo en elecciones democráticas.

A los pocos meses, Cámpora renunció. En las elecciones de septiembre de 1973, triunfó la fórmula: Perón-Perón. Después de dieciocho años de exilio, Perón volvía al poder esta su muerte, en julio de 1974, Perón manejó las tensiones sociales y políticas que cruzaban la sociedad argentina y que se expresaban con particular transparencia y conflictividad dentro del propio peronismo. Bajo el gobierno de su esposa, Varía Estela Martínez, los conflictos internos del peronismo estallaron con ferocidad.

En medio de un clima político y social dominado por la violencia, el gobierno perdió legitimidad y el control de la situación política. En marzo de 1976, los militares tomaron nuevamente el poder.

El nuevo gobierno, que se denominó Proceso de Reorganización Nacional, se propuso acabar con los factores que, según la facción gobernante, originaban los problemas sociales y políticos del país. La solución adoptada combinó una represión indiscriminada -fuera de la ley-, la  prohibición de la actividad política y una economía de orientación neoliberal que, sin embargo, consintió una desmesurada expansión de la actividad productiva del Estado y que afectó negativamente a la  producción industrial nacional.

La censura se impuso sobre la libertad de opinión y la vida intelectual apenas sobrevivió. La Argentina se convirtió en un país dominado por el miedo y aislado de la opinión pública internacional, que condenaba las violaciones de los derechos humanos. La dictadura terminó trágicamente.

En 1982, los militares -que ya en 1978 habían llevado al país a un paso de la guerra con Chile, evitada por la mediación del Papa- decidieron recuperar por la fuerza las Islas Malvinas. La guerra con Gran Bretaña culminó con la derrota argentina y con más de 700 jóvenes soldados muertos o desaparecidos y cerca de 1.300 heridos. El  gobierno, atravesado por fuertes conflictos internos, no resistió esta derrota y se vio obligado a llamar a elecciones.

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La crisis de la sociedad: Dilucidar por qué las fuerzas armadas llegaron a ocupar ilegalmente el poder político dentro del estado argentino, es un tema polémico y para analizar, pues no hay para esa pregunta una respuesta clara, ni válida para todos los casos.

En ocasiones, como en 1930, la presencia militar parece ligada con la aguda crisis económica, para otras veces no fue así. No puede decirse que, como en otros países, se trata de una respuesta a una seria amenaza de revolución social, bastante distante en las posibilidades de la sociedad argentina. En la mayoría de los casos, el golpe militar pone fin a gobiernos tibiamente reformistas, y en algunos casos, como en 1943, a regímenes definidamente conservadores.

Algo serio ha pasado, sin embargo, en la sociedad argentina de los últimos ochenta años, que explica la recurrente presencia militar. El desenvolvimiento de su economía ha sido  insatisfactorio. En esa crisis de contracción se ha consolidado el poder de un segmento muy pequeño de los sectores propietarios, que ha concentrado el grueso de la riqueza, en desmedro no solo de los sectores populares o de las clases medias sino, inclusive, de vastos segmentos de los comerciantes, industriales o agricultores.

Hay, pues, una escisión entre un grupo reducido, que controla todas las actividades, y el resto de la sociedad, que se manifiesta desde 1930 y se acentúa en las dos últimas décadas, cuando la economía argentina entra definidamente en la órbita de las grandes empresas multinacionales.

Ese pequeño grupo, la oligarquía económica, se enriquece pero no puede asociar a su prosperidad a otros grupos, como ocurrió en la Argentina anterior a 1930. Y como la prosperidad no se difunde, tampoco puede suscitar adhesiones, ni generar el necesario consenso para que su dominio indiscutido se plasme en un sistema político estable.

He aquí una de las raíces de nuestra crisis política, que explica la recurrente apelación a los militares. Ellos son llamados a restablecer el orden, a zanjar algunas cuestiones, a confirmar la hegemonía de los pequeños grandes grupos y a conformar al resto. Porque a falta de otro tipo de argumentos, los regímenes militares suelen apelar a consignas tales como la «grandeza nacional», la «defensa de nuestros valores occidentales y cristianos», la «restitución del patrimonio nacional» y otras semejantes, los que en alguna medida suplen aquella falta de consenso.

Su intervención no se limita a eso: desde el poder realizan una política activa que facilita aún más el desenvolvimiento de aquellos grupos propietarios, desbrozando el camino y removiendo obstáculos. Tal el sentido último de las «refundaciones»de la República, o de las administraciones de Adalbert Krieger Vasena en 1967 y de José A. Martínez de Hoz en 1976.

La crisis de la política
A estas razones de fondo, que explican por qué la oligarquía necesita de los militares, se agregan otras que provienen de un funcionamiento cada vez más vicioso de nuestro sistema político. Por empezar, todo el sistema de instituciones democráticas y partidos políticos está desprestigiado. En los períodos breves en que funciona, nadie creía que las decisiones importantes se tomen realmente allí, y pesan más, por ejemplo, los pactos sociales entre empresarios y sindicalistas, o las negociaciones más disimuladas entre sindicalistas y militares, o las gestiones igualmente subterráneas de la Iglesia, que la discusión abierta de los problemas; en el Parlamento o en la calle. Los grupos de presión y los factores de poder han achicado el campo de las instituciones específicamente políticas.

Esto está agudizado por una exacerbación de las luchas políticas, donde la defensa de los intereses facciosos suele anteponerse a la salvaguarda común del sistema institucional. Alain Rouquié ha puntualizado que en esto nadie es inocente y que, quien más quien menos, todos han acariciado el sueño del «coronel propio», del apoyo militar que revierta una situación de derrota y les entregue el poder. Lo hicieron los conservadores varias veces, desde 1930, pero también los radicales en 1955, y los peronistas en 1966. Golpear las puertas de los cuarteles ha sido el deporte predilecto de desarrollistas, sindicalistas, liberales «gorilas», liberales progresistas y hasta comunistas. Así, los militares nunca se alzaron con el poder contra la voluntad general. Siempre fueron llamados, y este quizá sea el rasgo más perverso de nuestro sistema político.

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DOCUMENTOS: PROCLAMAS GOLPISTAS DE LOS MILITARES EN ARGENTINA AL TOMAR EL PODER

A continuación se publican fragmentos de los manifiestos dados a conocer por las fuerzas armadas en los derrocamientos del 30, 43, 55, 62, 66 y 76.

6 DE SETIEMBRE DE 1930:

Destitución de Hipólito Yrigoyen

«Camaradas: El ejército y la armada de la Patria, respondiendo al clamor unánime del pueblo de la Nación y a los propósitos perentorios que nos impone el deber de argentinos en esta hora solemne para los destinos del país, han resuelto levantar su bandera para intimar a los hombres que han traicionado en el gobierno la confianza del pueblo y de la República, el abandono inmediato de los cargos, que ya no ejercen para el bien común, sino para el logro de sus apetitos personales. (. . .) La misma Constitución obliga a los ciudadanos a armarse en su defensa. Ha llegado el momento ¡A las armas! para salvar la realidad de las instituciones y la dignidad de la Nación.»

4 DE JUNIO DE 1943:

Caída del Dr. Ramón S. Castillo

«Al pueblo de la República: las fuerzas armadas de la Nación, fieles y celosos guardianes del honor y tradiciones de la Patria, como asimismo del bienestar, los derechos y libertades del pueblo argentino, han venido observando silenciosa, pero muy atentamente, las actividades y el desempeño de las autoridades superiores de la Nación (. . .) Se ha defraudado a los argentinos adoptando como sistema la venalidad, el fraude, el peculado y la corrupción (. . ) Dicha fuerza, consciente de la responsabilidad que asume ante la historia y ante su pueblo, cuyo clamor ha llegado hasta los cuarteles, decide cumplir con el deber de esta hora, que impone actuar en defensa de los sagrados intereses de la patria.»

16 DE SETIEMBRE DE 1955:

La revolución contra el Gral. Juan D. Perón

«Al pueblo argentino y a los soldados de la patria: En mi carácter de jefe de la Revolución Libertadora, me dirijo al pueblo, y en especial a mis camaradas de todas las armas, para pedir su colaboración en nuestro movimiento. La Armada, la Aeronáutica y el Ejército de la patria abandonan otra vez sus bases y cuarteles para intervenir en la vida cívica de la Nación. Lo hacemos impulsados por el imperativo del amor a la libertad y al honor de un pueblo sojuzgado que quiere vivir de acuerdo con sus tradiciones y que no se resigna a seguir indefinidamente los caprichos de un dictador que abusa de la fuerza del gobierno para humillar a sus conciudadanos. (…) Ningún escrúpulo deben abrigar los miembros de las Fuerzas Armadas por la supuesta legitimidad del mandato que ostenta el dictador. (. . .) La revolución no se hace en provecho de partidos, clases o tendencias, sino para restablecer el imperio del derecho.»

28 DE MARZO DE 1962:

La destitución de Arturo Frondizi

(Esta destitución es una excepción a la regla golpista, ya que los comandantes de las tres armas —Raúl Poggi, Agustín R. Penas y Cayo Alsina— oficializaron el golpe a través de una acta que sustituyó la tradicional proclama revolucionaria.) «En Buenos Aires, a los 28 días del mes de marzo, en reunión celebrada en la Secretaría de Marina, reunidos los señores comandantes en jefe de las FF. AA., resuelven exigir el alejamiento de sus funciones del señor presidente de la Nación, a fin de agotar los medios para salvar la organización constitucional. Esta decisión se notificara en el día de la fecha por el conducto que cada autoridad militar considere conveniente dentro de su fuerza. Los comandantes en jefe de las tres Fuerzas Armadas dejan constancia expresa de que, en caso de que los acontecimientos lleven a situaciones extremas que hagan ineludible el cambio de gobierno, el nuevo gobierno será civil.»

28 DE JUNIO DE 1966:

El golpe de Estado contra el Dr. Arturo Illia

«Nos dirigimos al pueblo de la República en nombre del Ejército, la Armada Nacional y la Fuerza Aérea con el objeto de informar sobre las causas de la Revolución Argentina. El gobierno que acaba de ser sustituido contó con el anhelo de éxito más fervoroso y con un crédito de confianza ilimitado por parte de todos los sectores de la vida nacional. (. . .) La inflación monetaria que soportaba la Nación fue agravada por un estatismo insaciable e incorporada como sistema y con ello el más terrible flagelo que puede castigar a una sociedad, especialmente en los sectores de menores ingresos, haciendo del salario una estafa y del ahorro una ilusión. (. . .) Las FuerzasArmadas observaron con creciente preocupación este permanente y firme deterioro. No obstante, no sólo no entorpecieron la acción del gobierno, sino por el contrario buscaron todas las formas posibles de colaboración».

24 DE MARZO DE 1976:

Destitución de María Estela Martínez de Perón

Agotadas todas las instancias del mecanismo constitucional, superada la posibilidad de, rectificaciones dentro del marco de las instituciones y demostrada en forma irrefutable la imposibilidad de la recuperación del proceso por sus vías naturales llega a su término una situación que agravia a la Nación y compromete su futuro.

Nuestro pueblo ha sufrido una nueva frustración. Frente a un tremendo vacío de poder, capaz de sumirnos en la disolución y en la anarquía; a la falta de capacidad de convocatoria que ha demostrado el gobierno nacional; a las reiteradas y sucesivas contradicciones evidenciadas en la adopción de medidas de toda índole; a la falta de una estrategia global que, conducida por el poder político, enfrentara la subversión; a la carencia de soluciones para problemas básicos de la Nación, cuya resultante ha sido el incremento permanente de todos los extremismos; a la ausencia total de los ejemplos éticos y morales que deben dar quienes ejercen la conducción del Estado; a la manifiesta irresponsabilidad en el manejo de la economía, que ocasionara el agotamiento del aparato productivo; a la especulación y la corrupción generalizadas, todo lo cual se traduce en una irreparable pérdida del sentido de grandeza y de fe; las Fuerzas Armadas en cumplimiento de una obligación irrefutable, han asumido la conducción del Estado.

Una obligación que surge de serenas meditaciones sobre las consecuencias irreparables que podría tener sobre el destino de la Nación toda, una actitud distinta a la adoptada.

Esta decisión persigue el propósito de terminar con el desgobierno, la corrupción y el flagelo subversivo, y sólo está dirigida contra quienes han delinquido o cometido abusos de poder.
Es una decisión por la Patria y no supone, por lo tanto, discriminaciones contra ninguna militancia cívica ni sector social alguno. Rechaza, por consiguiente, la acción disociadora de todos los extremismos y el efecto corruptor de cualquier demagogia.

Las Fuerzas Armadas desarrollarán durante la etapa que hoy se inicia una acción regida por pautas perfectamente determinadas, por medio del orden, del trabajo, de la observancia plena de los principios éticos y morales, de la justicia, de la organización integral del hombre, del respeto a sus derechos y dignidad; así la República llegará a la unidad de los argentinos y a la total recuperación del ser nacional, metas irrenunciables para cuya obtención se convoca en un esfuerzo común a los hombres y mujeres, sin exclusiones, que habitan este suelo.

Tras esas aspiraciones compartidas, todos los sectores representativos del país deben sentirse claramente identificados y, por ende, comprometidos en la empresa común que conduzca a la grandeza de la Patria.

No será un gobierno patrimonio de sectores ni para sector alguno. Estará imbuido de un profundo sentido nacional y sólo responderá a los más sagrados intereses de la Nación y sus habitantes.

Al contraer las Fuerzas Armadas tan trascendente compromiso, formulan una firme convocatoria a toda la comunidad nacional.

En esta nueva etapa hay un puesto de lucha para cada ciudadano. La tarea es ardua y urgente. No estará exenta de sacrificios, pero se la emprende con el absoluto convencimiento de que el ejemplo se predicará de arriba hacia abajo y con fe en el futuro argentino.

La conducción del proceso se ejercitará con absoluta firmeza y vocación de servicio.

A partir de este momento, la responsabilidad asumida impone el ejercicio severo de la autoridad para erradicar definitivamente los vicios que afectan al país.

Por ello, al par que se continuará combatiendo sin tregua a la delincuencia subversiva, abierta o encubierta, y se desterrará toda demagogia, no se tolerará la corrupción o la venalidad bajo ninguna forma o circunstancia, ni tampoco cualquier trasgre-sión a la ley u oposición al proceso de reparación que se inicia.

Las Fuerzas Armadas han asumido el control de la República. Quiera el país todo comprender el sentido profundo e inequívoco de esta actitud para que la responsabilidad y el esfuerzo colectivos acompañen esta empresa que, persiguiendo el bien común, alcanzará, con la ayuda de Dios, la plena recuperación nacional.

Formación Política Para La Democracia Tomo III – Los Golpes Militares – Editorial Sanchez Teruelo S.A.

Ampliación del Tema: Intervención en la Política Argentina

Origen del Partido Socialista en Argentina Historia Resumida

Origen del Partido Socialista en Argentina

NACE UNA NUEVA FUERZA: EL PARTIDO SOCIALISTA. El 7 de abril de 1894 aparecía el diario La Vanguardia, que se autocalificaba como «periódico socialista científico, defensor de la clase trabajadora». Esta fecha suele considerarse como la iniciadora del partido, pero en realidad el congreso constituyente de la agrupación se reunió los días 28 y 29 de junio de 1896. Actuaron en él Juan B. Justo, su principal organizador y teorizante, José Ingenieros, Nicolás Repetto y otros.

Para el socialismo, la sociedad argentina poseía males que no se originaban en la inmoralidad política sino en la explotación económica que se establecía entre los hombres en el marco del sistema capitalista. Su objetivo último era transformar a la sociedad mediante la destrucción de esas relaciones capitalistas y la construcción de una nueva sociedad, basada en los principios del socialismo marxista. Para alcanzar ese objetivo, el partido proponía la participación electoral. La estrategia era ganar los votos de los obreros para acceder a las cámaras legislativas y promover desde allí la aprobación de leyes que mejoraran la situación de la clase trabajadora.

ANTECEDENTES: Abajo vemos una copia del manifiesto del acto que se realizó el 1° de mayo de 1890, oportunidad en que, por primera vez —y en cumplimiento de una decisión del Congreso Obrero Internacional del año anterior— se celebró el Día del Trabajo en la República Argentina. A partir de ese acto se gestó un amplio movimiento unitario de diferentes agrupaciones obreras que comenzaron la tarea de consolidar una organización obrera de carácter más amplio.manifiesto obrero

Las primeras organizaciones obreras se formaron hacia 1890 y su número creció notablemente en la primera década del siglo XX. Desde 1890, año de una gran crisis económica argentina,  hubo varios intentos para crear una federación obrera que agrupara a los diferentes gremios por actividad que se habían ido formando —de carpinteros, sombrereros, tipógrafos, ferroviarios, por ejemplo—. Pero todos fracasaron rápidamente hasta que en 1901 se fundó la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) de tendencia anarquista. En 1902, los gremios de tendencia socialista se retiraron de la FORA y fundaron la Unión General de Trabajadores (UGT).

juan bautista justo

En 1894, sobre la base de diversas organizaciones obreras de la Capital Federal y del interior, Juan B. Justo (imagen) fundó el Partido Socialista. Este partido se proclamó defensor de los intereses de los proletarios, de acuerdo con los principios fundamentales de la doctrina marxista. Por esta razón, el Partido Socialista se enfrentó con la UCR. Justo señalaba que la UCR, como la oligarquía, no tenía otra preocupación que llegar al poder y que carecía de capacidad para afrontar los problemas económicos y sociales fundamentales.

El Partido Socialista: El Partido Socialista fue fundado en 1894 por Juan B. Justo, quien había abandonado las filas del radicalismo, Juan B. Justo comenzó a difundir las ideas socialistas a través de un diario al que llamó La Vanguardia.

diario la vanguardia socialismo

El Partido Socialista dio a su propaganda una fuerza y una coherencia que pocos partidos de la época pudieron conseguir. Su periódico, «La Vanguardia», se convirtió en lectura corriente de la clase obrera urbana en todo el cono sur latinoamericano y también era muy conocido en España. En 1896, dos años después de fundada La Vanguardia, se realizó el Congreso Constituyente del Partido Socialista.

Para el socialismo, la sociedad argentina poseía males que no se originaban en la inmoralidad política sino en la explotación económica que se establecía entre los hombres en el marco del sistema capitalista. Su objetivo último era transformar a la sociedad mediante la destrucción de esas relaciones capitalistas y la construcción de una nueva sociedad, basada en los principios del socialismo marxista. Para alcanzar ese objetivo, el partido proponía la participación electoral.

La estrategia era ganar los votos de los obreros para acceder a las cámaras legislativas y promover desde allí la aprobación de leyes que mejoraran la situación de la clase trabajadora.

El Partido Socialista se transformó en una estructura mucho más organizada que la de la UCR, promovió la formación de grupos de estudio, el desarrollo de actividades artísticas y la instalación de bibliotecas e instituciones culturales, pero su influencia se vio limitada especialmente a la Capital Federal y algunas otras pocas ciudades del país, como Mar del Plata o Bahía Blanca.

En 1896, dos años después de fundada La Vanguardia, se realizó el Congreso Constituyente del Partido Socialista. En ese momento, el semanario representaba a muchos núcleos obreros del interior del país; los propios afiliados al Partido distribuían los ejemplares entre los suscriptores.

grupo socialista en argentina

Arriba una imagen del primer grupo socialista de Buenos Aires: El primer manifiesto electoral del Partido Socialista afirmaba: «Hasta ahora la clase rica o burguesía ha tenido en sus manos el gobierno del país. Roqnistas, mitristas, yrigoyenistas o alemnistas son todos lo mismo. Si se pelean entre ellos es por apetitos de mando […] no por un programa ni por una idea. […] Todos los partidos de la clase rica argentina son uno solo cuando se trata de aumentar los beneficios del capital a costa del pueblo trabajador, aunque sea estúpidamente, y comprometiendo el desarrollo general del país. El Partido Socialista Obrero no dice luchar por puro patriotismo, sino por sus intereses legítimos; no pretende representar los intereses de todo el mundo, sino los del pueblo trabajador contra la clase capitalista opresora y parásita; no hace creer al pueblo que puede llegar al bienestar y la libertad de un momento a otro, pero le asegura el triunfo si se decide a una lucha perseverante y tenaz; no espera nada del fraude ni de la violencia, pero todo de la inteligencia y de la educación populares.»

El partido socialista:
Fuente: Melo R. Carlos Los partidos Políticos entre 1862-1930

«El partido Socialista apareció en la República como consecuencia de las organizaciones similares europeas y de los inmigrantes afiliados a las mismas (abril de 1894), dándose su carta orgánica en abril de 1895, en la cual marcaba su propósito de favorecer, por todos los medios a su alcance, la organización gremial de la clase trabajadora y estrechar los vínculos de solidaridad y unión entre todos los socialistas del mundo.

Su programa mínimo propiciaba, en lo político, el sufragio universal sin distinción de sexos, el sistema electoral proporcional con representación de las minorías, la autonomía municipal, la justicia gratuita y jurado popular electivo para toda clase de delitos, la separación de la Iglesia del Estado, la abolición de la deuda pública y la supresión del ejército permanente; y en lo económico, la limitación y reglamentación de la jornada de trabajo, el salario mínimo, el descanso obligatorio semanal de treinta y seis horas ininterrumpidas, la responsabilidad patronal en los accidentes del trabajo; la instrucción científica, laica, profesional e integral, gratuita y obligatoria; la abolición de los impuestos indirectos, el impuesto directo y progresivo sobre la renta, la supresión de la herencia en línea colateral e impuestos progresivos sobre las herencias en línea directa. El partido Socialista Argentino se afilió a la Segunda Internacional Socialista.

Carlos Marx había logrado, en 1864, el establecimiento de la Primera Internacional, cuyo objeto era unir los diversos grupos socialistas organizados en los países europeos, organización de vida efímera, pues se disolvió en 1876. La Segunda Internacional, a la cual se afilió el socialismo argentino, surgió en 1889 y se caracterizó por su sentido democrático.

Las discrepancias habían creado en el socialismo dos grupos: uno evolucionista, que sostenía que el programa partidario debía lograrse pacíficamente, por vía evolutiva, y la acción ceñirse a las reformas inmediatas, a la vez que se tenía en cuenta la vida nacional del país al que pertenecían.

El otro grupo, compuesto por los socialistas extremos o revolucionarios, profesaba un internacionalismo absoluto, atacaba al nacionalismo y al patriotismo, reclamaba la dictadura del proletariado y proclamaba la revolución mundial.

Mas adelante , durante la famosa «decada infame» con la afirmación de nuevas agrupaciones obreras, como el sindicalismo, el movimiento socialista estaba de acuerdo en considerar a los sindicatos como la rjrincipal_íorma organizativa de los obreros. Pero también creían —a diferencia de los sindicalistas— que la lucha parlamentaria a través de un partido político era fundamental. El Partido Socialista logró un importante apoyo obrero en la Capital Federal y una amplia adhesión entre los sectores medios urbanos. El socialismo, durante los años ’30, estuvo organizado sin-dicalmente en la Confederación Obrera Argentina (COA).

El Partido Socialista (PS), dirigido por Nicolás Repetto y Alfredo Palacios, se constituyó en la principal oposición parlamentaria —junto con los demócratas progresistas— a los conservadores. El socialismo tuvo un importante número de votos en la Capital Federal y, hasta 1935, se benefició con el abstencionismo radica], consiguiendo un importante apoyo electoral en centros urbanos tradicionalmente radicales.

Los socialistas se manifestaron contrarios al golpe militar del 6 de septiembre pero, en los hechos, respetuosos de las reglas del juego impuestas por los conservadores, cumplieron el papel de oposición democrática en un régimen fraudulento. En el Congreso, propusieron y debatieron numerosos proyectos sobre el divorcio, los derechos de la mujer, interpelaron ministros y protestaron contra el fraude.

Por su labor parlamentaria, los socialistas son considerados como los precursores de un conjunto de medidas de reforma social. Sin embargo, casi ninguna de sus propuestas llegó a implementarse, debido al predominio político de la alianza conservadora.

1880Los trabajadores se organizan ensociedades de resistencia y mutuales

1889Se funda la Segunda Internacional obrera
1890Comienzan los movimientos huelguísticos
1894Fundación de La Vanguardia
1896Primer Congreso del Partido Socialista Obrero Argentino

El Partido Socialista en la Argentina surge como respuesta a la transformación económica que trajo aparejada el desarrollo del modelo agroexportador.

Todos estos cambios produjeron nuevas situaciones para los trabajadores que, amenazados por el desempleo, los bajos salarios y la falta de apoyo estatal, tuvieron que organizarse para hacer frente a las arbitrariedades patronales. En su mayoría, la mano de obra estaba formada por inmigrantes que traían de Europa ideas socialistas y anarquistas.

Las agrupaciones socialistas se diferenciaron del anarquismo por adoptar una postura favorable al parlamentarismo. Influidos por la socialdemocracia europea, para los socialistas los trabajadores debían confiar en la política.

Surgido de diversas agrupaciones con ideas socialistas, para 1900 ya existía el Partido Socialista Argentino, que llevó a Alfredo Palacios, en las elecciones de 1904, a ser el primer diputado socialista de América.

1900El Partido Socialista Argentino adhiere a la Internacional Socialista
1901Palacios se afilia al Partido Socialista
1904Palacios es el  primer diputado socialista en América
1908Octavo Congreso del PSA, se adopta el nombre de
Partido Socialista

Obra de Gobierno de Rivadavia Ley de Enfiteusis Cracion Banco Nacional

Obra de Gobierno de Rivadavia Ley de Enfiteusis

BERNARDINO RIVADAVIA nadó en Buenos Aires el 20 de mayo de 1780. Estudió en el Coléalo de San Carlos, luchó con valor en la segunda invasión inglesa, se pronunció en favor de la Revolución de Mayo, fue secretario de guerra del Primer Triunvirato y, desde entonces, representó al centralismo porteño.

Fue diplomático en Europa representando a las Provincias Unidas en la búsqueda del reconocimiento a nuestra independencia; en 1821 fue llamado a cubrir el cargo de ministro en la gobernación de Martín Rodríguez, realizando una serie de reformas que marcaron notablemente al período histórico entre 1821-1824.

El 8 de febrero de 1826 fue nombrado presidente en momentos difíciles para la nación (Guerra con el Brasil); tuvo que renunciar al año siguiente y se alejó definitivamente de la vida política. Falleció un 2 de septiembre de 1845, en Cádiz, España.

Presidencia de Rivadavia:
gobierno de rivadaviaUna instancia polémica: Bernardino Rivadavia fue una figura polémica de nuestra historia, que generó simpatías y rechazos. Se lo ha visto como un pensador que ideó un plan acertado de renovación estatal, o como el representante de la burguesía comercial agente británico en el Río de la Plata». Más allá de estas interpretaciones, el grupo rivadaviano elaboró un plan concreto para organizar el país, que en su momento era prácticamente único.

El grupo rivadaviano estaba integrado por partidarios de las ideas liberales, la mayoría de formación universitaria europea, que contaban con el respaldo de comerciantes y hacendados de Buenos Aires. Los comerciantes apoyaban la política de librecambio: impuestos bajos para el comercio de importación y exportación.

Los hacendados vieron con buenos ojos la Ley de Enfiteusis que dictó Rivadavia, porque pudieron engrosar sus propiedades. Por otra parte, el presidente favorecía la exportación de cueros. Este apoyo, sin embargo, no sería eterno: terminaría cuando las medidas económicas fueran desfavorables para sus intereses.

• Ley de Capitalización de Buenos Aires
El presidente Rivadavia no hizo esperar el programa de medidas de su mandato. El mismo mes de febrero presentó un proyecto sobre capitalización de Buenos Aires, el cual se sancionó a principios del mes siguiente. La nueva capital estaba comprendida entre Puente Márquez (próximo a Merlo), Tigre y el río Santiago. Este territorio quedaba bajo la dirección de la Legislatura y del presidente nacional; todos sus establecimientos se nacionalizaban junto a las acciones, deberes y empréstitos contraídos por la provincia de Buenos Aires.

Días después se disuelve la Junta de Representantes y cesan las funciones del Poder Ejecutivo y Legislativo de la provincia bonaerense. La provincia de Buenos Aires había desaparecido.

• Ley de consolidación de la deuda pública
La economía de la provincia no era muy ventajosa. Por la situación presentada con el Brasil, el presupuesto estaba destinado en su totalidad a los gastos militares. Existía una importante deuda pública acumulada desde 1810 y el empréstito Baring debía pagarse.

El Congreso trató el proyecto de consolidación de la deuda pública y de la hipoteca de la tierra fiscal de todo el país. Las tierras públicas quedaban afectadas al pago de la deuda y no podían venderse. Las tierras provinciales pasaban de este modo a manos del Estado nacional. Esta ley condujo a la sanción de la Ley de Enfiteusis. La medida provocó descontento en las provincias, porque perdían el control de sus tierras.

La tierra: negocio redondo:

La vocación de Rivadavia sobre inmigración y colonización culminaría bajo.su mandato como presidente, cuando el Congreso Constituyente de las Provincias Unidas sancionó el 20 de mayo de 1826 la Ley de Enfiteusis, que disponía en su art. 1°. la prohibición de enajenar las tierras de propiedad pública, determinando que éstas se darían en enfiteusis durante un periodo no menor de 20 años, a contarse desde el 1° de enero de 1827. El art 2° fijaba dos tipos de canon; 8 por ciento para las tierras de pastoreo y el 4 por ciento, si las tierras eran de «pan llevar», con lo que se pretendía fomentar la agricultura… El objetivo era poder hacerse de recursos (el canon) sin desprenderse de la propiedad de la tierra (enfiteusis) que seguía siendo el resguardo del préstamo con Baring, y de los nuevos préstamos solicitados con motivo de la guerra. Lo que no se esperaba era que los grandes ganaderos se quedaran en forma directa o por testaferros con enormes cantidades de tierra que originaron grandes latifundios; tampoco estaba previsto que el estado de conflicto permanente del próximo cuarto de siglo haría que los colonos sólo llegaran a cuentagotas, por lo que la ley se convirtió en definitiva en una trampa muy costosa, ya que las mejores tierras quedaron inhabilitadas para cualquier colonización futura.(Fuente Consultada: Grandes Debates Nacionales Pagina 12)

• Ley de Enfiteusis
A mediados de 1826 se sanciona la Ley de Enfiteusis, que tuvo por objetivo estimular la colonización y obtener recursos para el tesoro nacional.

Esta ley establecía la concesión de la tierra pública en arrendamiento por veinte años. La tasación sería realizada por una comisión de vecinos que establecerían el monto de alquiler anual, según fuesen tierras para ganadería o agricultura.

Pero la ley no dará los frutos esperados, porque los arrendamientos no se pagaban con frecuencia y las tierras fueron adquiridas mayormente por capitalistas que las tenían como inversión y no para hacerlas trabajar. La idea de favorecer la formación de pequeñas propiedades para otorgar la tierra a los campesinos tampoco pudo cumplirse. Surgieron grandes propiedades o latifundios, en manos de quienes podían pagar más.

• La Constitución de 1826
El Congreso comenzó a tratar el tema constitucional. Como primer paso se acordó establecer una república representativa; la monarquía quedaba descartada. Un tema más espinoso fue decidir la organización estatal: ¿federal o unitaria?

A pesar de la oposición de los federales, el 24 de diciembre de 1826 se aprobó la Constitución que establecía «la forma representativa republicana bajo la unidad de régimen». Los gobiernos provinciales quedaban bajo la total dependencia del presidente de la Nación.

La Constitución fue rechazada en las provincias, al no ver satisfechas las aspiraciones federalistas.

Renuncia de Rivadavia
La situación del presidente Rivadavia se volvió muy delicada:
Las provincias habían rechazado la Constitución de 1826, por lo tanto, su autoridad nacional estaba cuestionada.
El ministro García había firmado un tratado deshonroso, por la cual reconocía a Brasil la posesión de la Banda Oriental, con el objetivo de finalizar la guerra.

Los terratenientes y comerciantes, su grupo de apoyo tradicional, le quitaron el respaldo por el aumento de impuestos y contribuciones destinados a cubrir gastos de la guerra con el Brasil.
Ante estas circunstancias, Rivadavia se vio obligado a renunciar. Se avecinaban tiempos de disgregación nacional.

PARA SABER MAS…
ESTADO Vs. IGLESIA

En el Argos de Bs.As. del sábado 19 de octubre 1822, se publicaba un comentario acerca de la discusión sobre la reforma eclesiástica propuesta por el gobierno , que había tenido lugar en la sala de Representantes:

(…) ha quedado decretada la abolición del fuero personal del clero (…) El público ha quedado prendado del celo y patriotismo con que estos señores eclesiásticos, que han atacado con calor, y con los más vivos coloridos los perjuicios que resultan a La sociedad de esta distinción que les había sido concedida; (…). La representación y el gobierno caminan con pasos de gigante, y Buenos Aires, de día en día va dando pruebas que dentro de breve presentará el modelo de una de las sociedades más bien organizadas, y a donde correrán habitantes de todas naciones a disfrutar en su seno el libre ejercicio de su industria, la abundancia y la seguridad.»

Como parte del plan orgánico concebido por el ministro Bernardino Rivadavia y su grupo, el gobierno se ocupó también de la Iglesia. La revolución de 1810 había alcanzado con su impacto a la jerarquía eclesiástica del Río de la Plata, la había separado de Roma y privado de muchas de  sus autoridades legítimas. Corno resultado de la conmoción social que la afectó, la Iglesia ofrecía un cuadro de desorden interno que acusaba problemas de todo tipo. Rivadavia se propuso poner coto al desquicio de esa situación, pero la reforma se impuso desde el gobierno  que asumió de esta manera, una potestad que subordinaba la Iglesia al poder civil.

Se inventariaron los bienes eclesiásticos, inclusive los de las órdenes religiosas; se suprimió toda autoridad eclesiástica sobre franciscanos y mercedarios, que quedaron sujetos a la del gobierno; se fijaron normas de conducta para los frailes, entre otras medidas que se arbitraron.

La iglesia dividió sus posiciones frente al avance reformista del gobierno y Francisco de Paula Castañeda, un fraile recoleto, se erigió en el más firme y vocinglero contradictor de la reforma y su alma mater. Agitó la opinión a través de una serie de periódicos de vida efímera y nombres estrafalarios que, pese a constituir una campaña de verdadero asedio, no pudieron contener la resolución del gobierno.

La ley de reforma eclesiástica se sancionó en noviembre de 1822 después de un prolongado y ardoroso debate. Por ella se dispuso la anulación del diezmo, la secularización de las órdenes monásticas; los bienes de los conventos disueltos se declararon como propiedad del Estado, a cambio de lo cual el gobierno se comprometía a proveer el presupuesto de la iglesia. Así nació, dicen algunos autores, el primer presupuesto de culto y en el predio de los monjes recoletos se estableció el cementerio del Norte o de «la Recoleta» , bajo la administración estatal.

Con el apoyo de algunos eclesiásticos comprometidos con la reforma, en Buenos Aires ésta pudo llevarse adelante. En el resto del país, una sociedad más ligada a las tradiciones hispánicas no podía comprenderla y se hizo inaplicable. El gobierno y, especialmente su ministro, se ganaron una acusación de anticlericalismo que excedió con creces las intenciones de Rivadavia. La reforma tuvo, además, un correlato político de carácter más violento, como fue la revolución encabezada por Gregorio Tagle en 1823, rápidamente sofocada.

EL GRUPO QUE ACOMPAÑABA A RIVADAVIA: Al calificar de grupo a este conjunto de hombres lo hago a sabiendas. Se trata de individuos que tienen, en un momento dado, similitud de ideas, adoptan una actitud pública común y se sienten entre ellos solidarios. Pero no mantienen una unidad permanente desde 1811 hasta 1827. A veces, la relación es puramente amistosa; otras se agregan al grupo algunos colaboradores inmediatos. En ocasiones, el grupo es relativamente numeroso.

Bernardino Rivadavia es quien la vertebra y las etapas en que se divide el plan económico analizado coinciden con las de su actuación pública. Julián Segundo de Agüero, sacerdote, legislador, ministro y político activo, es la otra figura central, tan Importante como Rivadavia en cuanto al manejo de las ideas. Salvador María del Carril es ministro de Hacienda durante la presidencia de Rivadavia y ha sido antes gobernador de San Juan.

Manuel José García merece párrafo aparte. Es colega de Rivadavia en el ministerio del gobernador Martín Rodríguez en la provincia de Buenos Aires y durante ese período (1820-1824) no cabe duda que ambos comparten muchas de las ideas e iniciativas económicas. Resulta difícil y quizá innecesario discriminar quién es el verdadero autor de algunas iniciativas que, muy probablemente, son patrimonio de varios grupos y de decenas de individuos durante el cuatrienio mencionado.

Algunos de los documentos reproducidos en esta obra correspondientes a ese período llevan la firma de García, como se observará. No participa éste, en cambio, de otras iniciativas y, ya en ese período, comienza a tener una actuación que es menester individualizar y que nada presenta en común con el grupo estudiado. Antes de iniciarse la presidencia de Rivadavia, las discrepancias entre García y Agüero y su enemistad son notorias en el medio porteño.

Sin embargo, el 8 de febrero de 1826, después de la ceremonia de toma de posesión del cargo de presidente, Rivadavia dicta un decreto nombrando su ministerio y allí le reserva a García la cartera de Relaciones Exteriores. El 10 de febrero-cuarenta y ocho horas después- otro decreto expresa que, habiendo renunciado García a su ministerio, se nombra a Francisco de la Cruz en su reemplazo. Rivadavia le envía más tarde como jefe de la misión diplomática a Río que en 1827 firma un tratado que aquél desconoce de inmediato.

Sin la menor duda hacía ya algún tiempo que ambos representaban posiciones ideológicas, económicas, políticas e internacionales irreconciliables, como se verá. El 28 de abril de 1834, García, como ministro del gobernador Viamonte, suscribe el decreto por el cual Rivadavia es expulsado de Buenos Aires.

Santiago Wilde, británico, contador de profesión y funcionario del gobierno de Buenos Aires durante varios años, es el autor de la Memoria sobre organización fiscal que se reproduce en el documento número 11. Trabajó durante algún tiempo en colaboración con Rivadavia y es probable que alguna de las iniciativas económicas de éste hayan contado con su asesoramiento. Es redactor de El Argos de Buenos Aires en los primeros números de este periódico.

Los otros miembros del grupo rivadaviano son redactores de cuatro periódicos que apoyan las iniciativas de Rivadavia y Agüero, o bien sostienen las ideas que pueden considerarse comunes al grupo. Esos periódicos sonEl Argos de Buenos Aires, fundado en 1821, del cual Ignacio Núñez es propietario y principal redactor; El Centinela, que aparece durante 1822s y 1823, redactado por Ignacio Núñez y Juan Cruz Várela; El Nacional, cuyos redactores son Valentín Alsina y dos profesores cuyos apellidos son  San Martín y Palacios, y que ocasionalmente recibe la contribución de  Agüero y García, y El Mensajero Argentino, que se inicia en 1825 y cesó en 1827, en cuyas columnas escribieron Juan Cruz Várela, Agustín Delgado, Francisco Pico y Valentín Alsina. (…)

Lo que todos tienen en común es un nivel cultural que puede considerarse elevado para la época y el lugar. Rivadavia y Núñez fueron hombres de recursos propios, obtenidos por herencia. La mayor parte de los bienes privados de Rivadavia estaba invertida en fincas urbanas, (…). Lo que no he hallado son referencias, directas o indirectas, que indiquen que alguno de los miembros de este grupo haya pertenecido a empresas de importancia aunque fuere mediana. No parece, pues, que ninguno de ellos haya tenido comprometidos bienes personales de consideración en las medidas que integran esto que denomino el plan económico del grupo rivadaviano.»

BAGU, SERGIO. El Plan
Económico del Grupo Rivadaviano
(1811-1827). Rosario, Instituto de
Investigaciones Históricas, 1966.

RESPECTO A LA LEY DE ENFITEUSIS: Los proyectos de Rivadavia, que en un primer momento fueron apoyados por la burguesía comercial porteña, pues su concepción unitaria buscaba centralizar al país para crear un extenso mercado nacional, el que se afianzaría con el desarrollo de la agricultura pues se incrementarían los consumidores, no estaba desprovista de, lógica en lo referente a sentar las bases para la formación de una nación capitalista moderna.

Si bien las medidas librecambistas, a las que adhería Rivadavia, en una primera etapa aniquilarían alas rústicas industrias del interior, posteriormente, en base a la propagación de la agricultura y al establecimiento de una multitud de propietarios, que ampliarían el mercado interno, se podría desarrollar una industria nacional competitiva. Sin embargo, en la realidad económica y social de Argentina, en la década de 1820, esto no era más que una teoría de dudosa concreción. Para empezar, no existía una población dispuesta a contraerse a las actividades agrícolas ya que se carecía, casi por completo, de la tradición y cultura necesaria.

Esta dificultad, que no era desconocida por Rivadavia y su grupo, se pretendió superar con planes inmigratorios, pero la escasez de recursos del Estado, la inestabilidad política, que determinaba la sucesión de permanentes guerras civiles, y la población indígena que amenazaba constantemente a las fronteras interiores, desalentaban a los inmigrantes a radicarse en las pampas argentinas.

Estas condiciones objetivas fueron percibidas con claridad por la misma clase comercial, que no sólo se dedicaba al comercio de importación, sino que también exportaba frutos del país, tales como cueros y sebo principalmente. Fueron precisamente la valorización del cuero y el auge del saladero debido a la creciente colocación del primero en Europa, y a la estable demanda del tasajo en Cuba y Brasil, los factores que determinaron el interés de los comerciantes porteños por la posesión de la tierra apta para la ganadería, ya sea con fines especulativos o para destinarla a la cría de vacunos para la exportación de sus subproductos. De esta forma la burguesía comercial, hasta hacía poco la clase más poderosa de Buenos Aires, comenzó a transformarse en burguesía terrateniente y a participar en los negocios ganaderos.

Este hecho implicaba una contradicción para los proyectos de Rivadavia. Es sabido que el fomento de la agricultura y el poblamiento de la campaña iban en contra del interés de los estancieros que buscaban poseer grandes extensiones de tierra para criar el ganado con pasturas naturales.

Las condiciones descriptas determinaron que, en el gobierno de Martín Rodríguez, después del decreto del 1a de julio de 1822 (al que nos referiremos luego), y entre 1826 y 1830, como consecuencia de la ley nacional de enfiteusis, tanto los estancieros como los grandes comerciantes, muchos de los cuales integraban la Junta de Representantes, el Congreso Nacional y otras funciones gubernamentales, canalizaran en su beneficio personal el régimen de enfiteusis y consiguieran que se desvirtuaran sus propósitos iniciales. De esta forma, un proyecto que había tenido por finalidad promover la agricultura y evitar la especulación con la propiedad de la tierra, produjo un resultado totalmente opuesto al buscado

Fuente Consultada:
Historia 2 Serie De la Modernidad a los Tiempos Contemporáneos Serie Horizonte Silvia A. Vázquez de Fernández
Historia Argentina Tomo I Desde La Prehistoria Hasta 1829  Nota de María Cristina San Román

Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –

Operativo Independencia La Lucha Contra La Guerrilla en Tucumán

Operativo Independencia
La Lucha Contra La Guerrilla en Tucumán

LA INTERVENCIÓN MILITAR: Bajo la cobertura legal del decreto 261, se inició en Tucumán el llamado “Operativo Independencia”; su jefe era un antiguo militar peronista, el general Vilas, que admitió que se podían usar con los detenidos métodos prohibidos por las leyes. En febrero de 1975 se creó en Famaillá, provincia de Tucumán, el primer centro clandestino de detención de la Argentina: “La Escuelita”. Según comprobó la justicia, por “La Escuelita’ pasaron más de mil detenidos.    

Todos fueron torturados y un alto porcentaje, ejecutado. En agosto de 1975, asumió como Comandante en jefe del Ejército el general Jorge Rafael Videla. Al poco tiempo, la presidenta Perón pidió Licencia por razones de salud. La reemplazó el presidente del Senado, el doctor Ítalo Argentino Luder.

En octubre comenzaron a circular rumores de golpe de Estado. A los pocos días de reasumir el mando la presidenta, los montoneros lanzaron uno de los operativos más audaces: el ataque a un cuartel de la provincia de Formosa, adonde llegaron con un avión de línea secuestrado para ese efecto, Se produjeron bajas de ambos bandos.

La estrategia de la guerrilla era provocar el golpe de Estado por parte de los militares. Pensaban que con las Fuerzas Armadas en el gobierno, el pueblo tendría más claro quién era el enemigo. Esperaban una represión semejante a las de las dictaduras anteriores.(imagen: Compañía de Monte Ramón Rosas del ERP)

Diciembre de 1975 fue un mes trágico. El día 19, un grupo de oficiales de la Fuerza Aérea se sublevaron contra el gobierno, en un intento de golpe de Estado. Las bases de Morón y Aeroparque estuvieron tomadas por algunas horas. La reacción popular fue nula, pese a lo cual los mandos militares decidieron esperar que la situación del gobierno democrático se deteriorara aun más.

El 23 el ERP atacó el Batallón 601, en Monte Chingolo, en el partido de Quilmes, la provincia de Buenos Aires, pero la operación fue delatada por un oficial de inteligencia infiltrado entre los guerrilleros y la irrupción de los atacantes fue rápidamente repelida por los alertados militares.

Monte Chingolo fue un desastre para el ERP y la última acción de gran despliegue de la guerrilla. El grupo guerrillero estaba destruido, ya había sido derrotado en Tucumán y la gran cantidad de bajas lo había minimizado. Los siguientes atentados demostraron la falta de combatientes. En Navidad, el general Videla pronunció un discurso en Tucumán en el que reclamaba rectificaciones al gobierno, fijándole un plazo de tres meses, justo el tiempo que transcurrió hasta el golpe.

Durante los primeros meses de 1976, la presidenta y su entorno hicieron los últimos intentos para evitar el derrocamiento. Propusieron un gabinete cívico-militar, el ingreso de los militares al gobierno, y adelantaron las elecciones presidenciales para octubre de ese año. En el parlamento se pidió el juicio político a María Estela Martínez, pero este no prosperó.

Todos estos planteos tuvieron escasa repercusión en una opinión pública demasiado influida por las desilusiones permanentes y hábilmente trabajada por la prédica golpista de muchos medios masivos de comunicación. Para la mayoría se hacía difícil identificar un gobierno como el de Isabel con la democracia: había censura, presos políticos, tortura, desaparecidos, aunque perduraba el parlamento, alguna prensa independiente y la posibilidad de cambiar las cosas en las elecciones de octubre.

A las 3 y 10 de la madrugada del 24 de marzo de 1976, las radios cambiaron los tangos por una marcha militar. Un nuevo golpe de Estado se había consumado.

Gobierno de Campora Hector Resumen Anmistia Politica Liberacion Presos

Gobierno de Cámpora Héctor Resumen
Anmistía Política y la Liberación Presos

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA DE CÁMPORA:

El gobierno militar, a cargo de Agustín Lanusse, avanzó en la transición por medio de dos gestos: en septiembre devolvió el cadáver de Evita, que permanecía oculto desde hacía muchos años, y en noviembre de 1972 permitió el regreso del líder justicialista. En realidad, se trató de una visita que duró unos días y en la que selló un acuerdo con Ricardo Balbín.

El Perón que había vuelto del exilio parecía un político dispuesto a negociar con todos con tal de rescatar al país de una inestabilidad de casi dos décadas. Además del apoyo sindical, representado por el secretario general de la CGT José Rucci, también contaba con la adhesión de muchos grupos armados.

El propio Perón reivindicó el uso de la violencia en el contexto de esa época e incorporó a Rodolfo Galimberti, uno de los jefes de Montoneros, al Consejo Superior del peronismo. En ese organismo convivía un extraño elenco que incluía a su esposa «Isabel», al ultraderechista teniente coronel Jorge Manuel Osinde y a Héctor J. Cámpora, que había reemplazado a Paladino como delegado personal de Perón gracias a su legendaria lealtad.

Ese mismo año se formó el Frente Justicialista de Liberación (FREJULI), una coalición integrada por el peronismo y otros partidos menores. Perón intentó conciliar las corrientes renovadoras e históricas que se disputaban la conducción del movimiento y designó en la fórmula presidencial a Cámpora y Vicente Solano Lima. El primero se hallaba cercano a la juventud radicalizada y el segundo era un peronista conservador.

Las acciones terroristas habían proseguido con bombas, sabotajes, asaltos y copamientos. El 10 de abril de 1972 el ERP secuestró y mató a un alto ejecutivo de la fábrica de automóviles Fiat; ese mismo día, el grupo Montoneros asesinó en Rosario a un general del Ejército. La respuesta del gobierno resultó ambivalente. Por un lado, se crearon tribunales especiales para juzgar a los guerrilleros; por el otro, las Fuerzas Armadas ejercieron la represión ilegal mediante el secuestro y la tortura de activistas, y en agosto asesinaron a unos guerrilleros detenidos en la base aeronaval de Trelew.

Sorpresivamente, Perón convocó a Héctor Jorge Cámpora y lo designó su delegado personal en reemplazo de Jorge Daniel Paladino. Cámpora, que había sido presidente de la Cámara de Diputados entre 1948 y 1952, se había mantenido en un segundo plano desde la fuga de la cárcel de Río Gallegos en 1957 junto a John William Cooke, Jorge Antonio, Guillermo Patricio Kelly y José Espejo.

Desde abril de 1971, el presidente Alejandro Lanusse había iniciado la búsqueda de una salida política para la Revolución Argentina, negociando con los partidos reunidosen La Hora del Pueblo, de la que Paladino era un importante animador. La designación de Cámpora indicaba que Perón quería controlar personalmente, y sin intermediarios independientes, la compleja negociación que iniciada. Por lo pronto, Perón acusó a Paladino de ser «agente del dictador Lanusse» y acentuó sus ataques al Gobierno. Además, estimulaba a los grupos juveniles y atacaba a las Fuerzas Armadas desde la revista Las Bases, quo dirigía la hija de su secretario López Rega.

Héctor Cámpora (frejuli)El 11 de marzo de 1973 se realizaron los comicios. El FREJULI obtuvo el 49,6 por ciento de lo votos, seguido muy atrás por Balbín, con el 21,3 por ciento. La UCR reconoció la virtual victoria de Cámpora y decidió no presentarse a la segunda vuelta en el orden nacional.

El acto de asunción de Cámpora, el 25 de mayo, fue acompañado por una gran movilización popular a Plaza de Mayo y manifestaciones en las ciudades más importantes del interior del país. Al finalizar el acto, grandes columnas encabezadas por las organizaciones juveniles se dirigieron a la cárcel de Villa Devoto y exigieron la libertad de los presos políticos.

Luego de varias horas, y para legalizar esa situación «de hecho», el gobierno decretó la libertad de todos los detenidos a través de una ley de amnistía. Esta medida provocó la crítica de diferentes sectores de la opinión pública.

Los acontecimientos de esa jornada marcaron el tono del breve gobierno de Cámpora, que duró menos de dos meses. Fue un gobierno signado por la movilización popular y la expectativa de cambios revolucionarios. Durante ese período dirigentes de la izquierda peronista ocuparon puestos relevantes en el gobierno. Es el caso de las gobernaciones de Buenos Aires, Córdoba , Mendoza, algunos ministerios y banca en la Cámara de Diputados , las universidades y otras instituciones gubernamentales.

De todas maneras siempre se intentó buscar un equilibrio de poder entre la izquierda y derecha peronista. Además Perón buscaba impulsar una estrategia política conciliadora con las restantes fuerza políticas.

Cámpora tenía mejor relación con los sectores de la izquierda peronista, sectores que serán absorbidos por Montoneros, eran los únicos que no cuestionaban su papel como representante del líder, viendo en esa aceptación la posibilidad de integrar espacios del poder. Los sectores tradicionales del sindicalismo y de la derecha peronista, en cambio, ya desde su nombramiento habían trabado su accionar.

La presencia de figuras como los presidentes de Chile, Salvador Allende, y de Cuba, Osvaldo Dorticós, en el acto de asunción de Cámpora, el 25 de mayo de 1973, luego sería usada para acusar al Tío de «agente de la infiltración marxista», aunque las invitaciones habían contado con el aval de Perón.

En el gabinete ministerial no predominaban las figuras ligadas a la denominada «Tendencia Revolucionaria». Salvo la Cancillería, donde fue designado Juan Carlos Puig, hombre vinculado con la Iglesia, y el Ministerio del Interior, ocupado por Esteban Righi, los demás ministerios tuvieron al frente a los mismos funcionarios que luego acompañaron a Raúl Lastiri y a Perón en su tercera presidencia. Entre ellos, se destacaban el secretario privado del líder, José López Rega, en Bienestar Social; el ministro de Trabajo, el sindicalista Ricardo Otero, y el de Hacienda y Finanzas, José Gelbard, dirigente de la CGE.

El 20 de junio Perón regresó de forma definitiva al país y comenzaría una nueva etapa del gobierno peronista, ahora con el líder en su tierra. Ese día fue también uno de los momentos mas triste de la historia política argentina, pues se convirtió en escenario de una sangrienta batalla en la cual la mayoría de los concurrentes se encontró atrapada entre dos fuegos. Nunca se supo con exactitud la cantidad de muertos, porque no hubo interés en realizar una investigación seria del hecho. Algunos reportes hablan de una decena de víctimas fatales y de unos trescientos sesenta heridos. Otros informes sostienen que hubo más de un centenar de muertos. Para evitar el riesgo de un posible atentado, el avión de Perón aterrizó en el aeropuerto militar de Morón.

Como se expresa en el libro «El Libro de los presidentes argentinos»:

La «Masacre de Ezeiza» puso en tela de juicio la capacidad del Presidente para conjurar los enfrentamientos internos. Una intensa campaña contra sus más cercanos colaboradores -Righi y su sobrino Mario-, y el hecho evidente de que el poder no residía en la Casa Rosada sino en la mansión de la calle Gaspar Campos donde se instaló Perón, llevaron a Cámpora a ofrecerle al líder su renuncia.

El 4 de julio, una reunión reservada de la cúpula justicialista, realizada en Gaspar Campos, definió los pasos que seguirían, de los que la ciudadanía sólo tuvo noticias ciertas una semana después. El jueves 12 de julio, Cámpora anunció su dimisión para que, mediante nuevas elecciones, el general Perón pudiese acceder al gobierno. También renunció Solano Lima, y el vicepresidente primero del Senado, Alejandro Díaz Bialet, fue enviado especialmente a la reunión de Países no Alineados. De este modo, la Presidencia provisional de la Nación fue ocupada por Raúl Lastiri, presidente de la Cámara de Diputados y yerno de López Rega. En cuarenta y nueve días había concluido el gobierno constitucional más breve de toda la historia argentina.

El 13 de julio Cámpora renunció y Raúl Lastiri ocupó la presidencia provisional. Lastiri formaba parte del entorno que había convivido con Perón en Madrid hasta su regreso, al igual que Osinde y José López Rega, secretario privado de Perón y ministro de Bienestar Social.

El 23 de septiembre se convocaron a nuevas elecciones y la fórmula Perón-Perón salió vencedora con el 62% de los votos.

Incondicional de Perón
[Cámpora] era un típico peronista […] que había llegado a la política «sin saber por qué»; es decir sin etiquetas ni compromisos del pasado, en ese aluvión que Sanmartino quería relegar a lo zoológico porque no podía admitir un reacomodamiento de las placas sociales que convertía en ciudadanos a todos los que habían estado excluidos y relegados, efectivamente, a la zoología. Cámpora respondía a los agravios al modo de esas flamantes «muchachas peronistas», como Juanita Larrauri, que recogían el salivazo de los niños bien («Juanita, al Bajo, a seguir con tu trabajo») y lo convertían en desafío: «Con bombacha o sin calzón, todas somos de Perón». Si le decían «obsecuente» respondía que sí lo era, «de puro consecuente». A los que lo llamaban «sirviente de Eva» les contestaba orgulloso: «Me honra que me consideren su sirviente porque la sirvo lealmente». Pero el calificativo que más defendía era el de «incondicional», porque su lealtad a Perón no ponía condiciones y se confundía con su sentimiento religioso: el amor al General respondía a la sed oculta de mito, al hondón de las relaciones padre-hijo y debía expresarlo de manera fanática. Curiosa, por otra parte, en un hombre que tendía a evitar los extremos y las confrontaciones. Y así, sería él mismo, con su increíble falta de malicia y su debilidad por la hipérbole, el que alimentaría el estereotipo «contrera» del mucamo idiota.

Miguel Bonasso, El presidente que no fue.

AMNISTÍA POLÍTICAS ARGENTINAS
1973, 25 de Mayo: un indulto masivo impuesto desde la calle:

El principio de la violenta década de los ’70 tuvo entre sus hechos salientes el crecimiento de la violencia guerrillera, su represión legal e ilegal y la apertura electoral. Al finalizar el gobierno de Lanusse, las cárceles estaban pobladas por cientos de presos políticos y sociales cuya «inmensa mayoría, —escribe Bonasso- eran combatientes de las organizaciones guerrilleras».

La tentativa del saliente poder militar de condicionar al nuevo gobierno y evitar la liberación de esos presos vinculados con la subversión guerrillera iba contra la tendencia predominante, y fracasó. El 25 de Mayo, al asumir la presidencia Héctor). Cámpora, la situación de aquellos detenidos, con cuya lucha se identificaban cientos de miles de quienes manifestaban en calles y plazas, aparecía como un tema inmediato e ineludible. («¡El Tío Presidente/ libertad a los combatientes!»era uno de los slogans voceados en la jornada.) La mayoría de la gente parecía compartir esa postura, suponiendo que era uno de los pasos necesarios camino a la democratización.

El nuevo mandatario anunció un proyecto de amnistía en su mensaje al Congreso. Pero los hechos protagonizados por activistas y simpatizantes en torno de la cárcel Villa Devoto (parecía que llegarían al asalto de la prisión) obligaron a la firma apresurada, la misma noche, de un decreto de indulto en el que se disponía la libertad de cientos de detenidos, pues se «…impone el cumplimiento del mandato popular recibido el 11 de marzo último y dadas las características del momento por el cual atraviesa el país… «.

En la confusión, alguna mano aviesa logró incluir en la lista de presos a liberar a un famoso criminal internacional. (En el anecdotario de la época quedaron registradas «oportunas» manifestaciones de solidaridad de los delincuentes comunes encarcelados, con los presos políticos.)

Según Bonasso se trató del «…único preso común que logró evadirse» esa noche. El caso fue «utilizado en la campaña montada por la derecha…».

Fuente Consultada:
Compendio de Historia Argentina Mariana Vicat
Cuatro Décadas de Historia Argentina – P. Dobaño – M. Lewkowicz
El Libro de los Presidentes Argentinos del Siglo XX Deleis-Tito-Arguindeguy
Historia 3 – El Mundo Contemporáneo – Santillana
Fascículo de Grandes Debates Nacionales Pagina/12

Presidencia Julio Roca Segundo Gobierno Ley Ricchieri

Presidencia Julio Roca
Segundo Gobierno La Ley Ricchieri

LA SEGUNDA PRESIDENCIA DE ROCA (1898-1904): Al finalizar la presidencia de Uriburu. el país vivía un estado peligroso a causa de una posible conflagración exterior. Fue éste uno de los argumentos que favorecieron la elección de Roca, quien, por otra parte, manejó hábilmente sus recursos políticos. Para muchos, parecía el hombre necesario para enfrentar una crisis exterior. El 12 de octubre de 1898 fue proclamado presidente de Argentina.

La segunda presidencia de Julio A. Roca (1898 – 1904) tiene caracteres diferentes a los de la primera, pues debe adecuarse a circunstancias muy distintas. El propio PAN (Partido Autonomista Nacional, ensayo de «partido único») va sufriendo crisis decisivas. Las condiciones del mundo y del país no eran las mismas y estos años finiseculares fueron grávidos de acontecimientos que preanunciaban una época plena de inquietudes.

Se había saludado al siglo XX con la euforia propia del siglo precedente, y Roca era hombre de su tiempo. El siglo XX dio en seguida la pauta de que el cambio no era meramente cronológico. Por lo demás se venía preanunciando el sentido de una crisis de estructuras que en Europa se hizo sentir en seguida y cuyos ecos llegarían poco después a nuestra tierra. (Fuente: Galleti Alfredo  La Política y los Partidos)

Julio Argentino Roca Presidente de Argentina

SEGUNDA PRESIDENCIA DE ROCA (1898-1904)
El general Roca, senador por Tucumán, presidente del Senado, y durante algunos meses, de la República, por licencia otorgada al doctor Uriburu (octubre de 1895 a febrero de 1896), gozaba de una gran influencia política. Los grupos dominantes de las provincias (dueños de las denominadas «situaciones»), le respondían; tanto allí como en la capital, la oposición se abstenía de concurrir a los comicios. En ese ambiente de pasividad cívica surgió la candidatura de Roca para un segundo período presidencial.

El doctor Pellegrini la proclamó, en una asamblea de personalidades, reunida en el teatro Odeón de la capital. A los amigos disconformes con su actitud les replicó: «Roca debe ser presidente; sólo él evitará la guerra con Chile, y esa cuestión es más importante que cualquier otro interés del país». Las relaciones con el Estado vecino, en efecto, se habían tornado críticas una vez más.

Las elecciones dieron un fácil triunfo a la fórmula encabezada por Roca, a quien acompañaba como vicepresidente el doctor Norberto Quirno Costa. Tomaron posesión de sus altos cargos el 12 de octubre de 1898.

LA POLÍTICA INTERNACIONAL. Roca desarrolló una hábil política internacional; estrechó la amistad con el Brasil, mediante un cambio de visitas con el presidente de esa nación, Campos Salles. También visitó oficial mente el Uruguay. Con respecto a Chile, Roca y Errásuriz, presidentes de las dos naciones, se entrevistaron a bordo de barcos de las respectivas escuadras, en el estrecho de Magallanes (1899), gestión directa y personal que contribuyó al feliz desenlace del conflicto, pse mismo año fue resuelta la cuestión de la puna de Atacama.

Una junta mixta, integrada por el señor Buchanan, ministro de Estados Unidos de América en Buenos Aires, adoptó una línea convencional,que dividió la zona controvertida, adjudicando a Chile la porción noroeste y a la Argentina la sudeste.

Por los pactos de mayo, firmados en 1902, Chile y la Argentina acordaron la venta de los buques de guerra que habían contratado en Europa, la reducción de sus ejércitos y la resolución inmediata del pleito de límites sobre la base de un fallo arbitral del nuevo rey de Inglaterra, Eduardo VII Una comisión de peritos ingleses marcó una frontera intermedia entre las altas cumbres y la línea divisoria de aguas.

 Por iniciativa de una comisión de damas, en un punto divisorio de la cordillera fue erigida en 1904 una estatua de Cristo, hito simbólico de paz y fraternidad

En materia de derecho internacional, cupo al ministro de Relaciones Exteriores doctor Luis María Drago formular una doctrina en defensa de la soberanía americana. El gobierno venezolano había dejado pendientes ciertas deudas contraídas con banqueros de Alemania y Gran Bretaña. Los gobiernos de esos Estados exigieron su pago inmediato, y al no conseguirlo, enviaron buques de guerra que bombardearon algunos puertos de Venezuela. La «doctrina Drago» sostuvo entonces el principio de que ninguna nación acreedora debe emplear la fuerza para obligar a otra al pago de sus deudas. El conflicto fue arreglado con la intervención amistosa de Estados Unidos de América.

LA GESTIÓN ADMINISTRATIVA Y ECONÓMICA. En 1901, el ministro de Guerra, coronel Pablo Ricchieri, obtuvo la sanción de una ley que implantó el servicio militar obligatorio. El antiguo ejército profesional se transformó en otro de ciudadanos, elevó el nivel de la tropa, hizo de los cuarteles una escuela de democracia, y permitió preparar de una manera eficiente y uniforme las fuerzas armadas de la Nación.

La segunda presidencia de Julio A. Roca (1898 - 1904)Las finanzas sufrieron el efecto de los grandes gastos ocasionados por los preparativos militares y navales: cerca de 80 000 000 de pesos.

Para aliviar la pesada deuda que recaía sobre la economía pública, el gobierno presentó un proyecto de unificación. Un sindicato de banqueros pagaría las deudas existentes, a cambio de una nueva, por el total, al 4 por ciento de interés anual. Los títulos serían colocados al tipo de 75 por ciento.

Como una de las cláusulas acordaba en garantía los ingresos fiscales, incluso los de la aduana, la opinión estime lesionada la soberanía nacional. Se produjeron en la capital algunos desórdenes, Roca, por consejo de Mitre, retiró el proyecto, ya aprobado por el Senado.

En 1899 una nueva ley de Conversión fijó el valor de un peso papel en cuarenta y cuatro centavos oro.El comercio alcanzó un extraordinario desarrollo; de 301 000 000 de pesos oro en 1899, pasó a 451.000.000 en 1904; las exportaciones superaron siempre a las importaciones. Los ferrocarriles aumentaron sus líneas en 4.000 kilómetros. Fueron construido; puertos fluviales, como el de Rosario y Concepción del Uruguay, y en once capitales de provincia comenzaron los servicios de agua potable. Las obras de irrigación favorecieron especialmente a Mendoza, San Juan, San Luis y los valles de los ríos Colorado y Negro.

LA CUESTIÓN SOCIAL. La gran prosperidad económica, sin embargo, sólo beneficiaba a un reducido grupo de personas y de empresas, en su mayoría extranjeras. El nivel de vida de la masa proletaria y campesina era muy bajo, por los salarios escasos y la falta de amparo legal. En Buenos Aires, Rosario y otros puntos las familias obreras se hacinaban en sucios conventillos.

La inquietud tomó auge con la divulgación de las teorías socialistas y anarquistas y el desarrollo de las industrias. Aparecieron los primeros sindicatos, que se confederaron en entidades considerables. Comenzaron a estallar huelgas, y su violencia cada vez mayor impuso la declaración del estado de sitio y provocó choques entre los obreros y la policía.

En 1902 se sancionó, tras un breve debate, la ley de Residencia, que autorizaba al Poder Ejecutivo para expulsar del país a los extranjeros agitadores. El Ministro del Interior  Joaquín V. González presento al Congreso un proyecto de Código de Trabajo, en procura de soluciones amplias y racionales de justicia social.

LAS FUERZAS ARMADAS. El país no estaba preparado para utilizar los instrumentos de guerra adquiridos con premura por el presidente anterior. Faltaban jefes técnicamente capaces, personal especializado, tripulaciones instruidas, arsenales, armamentos, etc.

La creación del ministerio de Marina, a cargo de Martín Rivadavia, permitió el aprovechamiento de la escuadra adquirida con tantos sacrificios. Se iniciaron entonces las obras del Puerto Militar o Puerto Belgrano, que seria la mayor base en su género en América del Sur. y se habilitó el apostadero de Río Santiago. Con el objeto de modernizar el ejército, y con la colaboración del genera) Luis M. Campos, se creó la Escuela Superior de Guerra y la Escuela Normal de Tiro.

El coronel Pablo Ricchieri, segundo ministro de Guerra, inició una nueva era en la organización militar. Convirtió al ejército argentino en un organismo moderno y eficiente, superando el sistema de la Guardia Nacional. En diciembre de 1901 se promulgó una ley sobre la organización de) ejército y el servicio militar obligatorio: la llamada Ley Ricchieri.

ALGO MAS…
La política exterior
Para solucionar el enojoso conflicto limítrofe con el país trasandino, el presidente Roca concertó una entrevista con su colega chileno —señor Errázuriz—, conviniéndose que la reunión se realizara en el estrecho de Magallanes, frente a Punta Arenas.

Roca subió a bordo del acorazado O’Higgins para estrechar la mano de Errázuriz y más tarde el presidente chileno trasbordó al acorazado Belgrano para saludar al presidente argentino.

Ambos mandatarios se ocuparon del problema limítrofe austral, sujeto en esos momentos al  arbitraje de Gran Bretaña.

También trataron la cuestión de la Puna de Atacama, donde las dos naciones sustentaban puntos de vista distintos. Este pleito internacional fue resuelto ese mismo año, por mediación de Guillermo Buchanan, ministro de los Estaaos Unidos en Buenos Aires. Con los 42.000 km2 que correspondieron a nuestro país, se formó el territorio nacional  de los Andes.

El 28 de mayo de 1902, los gobiernos de Argentina y Chile firmaron en la ciudad de Santiago tres convenios —conocidos como Pacto de Mayo—, a fin de facilitar la solución del problema limítrofe en las regiones australes.

Las negociaciones establecieron:
a) la limitación de armamento, es decir, que ambos gobiernos suspendían la adquisición de nuevos barcos de guerra en Europa y disminuían sus unidades en uso, hasta una cierta equivalencia;
b) el arbitraje general o sea someter las diferencias al arbitraje de Gran Bretaña, país que debía designar una comisión técnica para demarcar la frontera.

Poco más tarde, el rey Eduardo VII —por intermedio de una comisión presidida por Mr. Holdich— fijó un límite intermedio y con esto quedó sellada la amistad argentino-chilena.

En cumplimiento de una hábil’ política internacional, el Presidente Roca intercambió visitas con Campos Salles, el primer mandatario brasileño; también estrechó vínculos con Perú y Bolivia.

En diciembre de 1902, las naciones americanas fueron conmovidas cuando naves británicas, alemanas e italianas atacaron y bloquearon la costa de Venezuela, debido a que este país había suspendido los pagos de la deuda exterior.

Ante el incidente, el Dr. Luis María Drago —ministro de Relaciones Exteriores argentino— defendió la soberanía americana y proclamó que ninguna nación acreedora debe emplear las armas sobre otra para saldar deudas. La pacífica intervención de Estados Unidos solucionó el conflicto venezolano.

La nota argentina produjo repercusión en el exterior y fue incorporada, con el nombre de Doctrina Drago, a las normas del Derecho público internacional.

Fuentes Consultadas:
Historia 3 La Nación Argentina Kapeluz
de Miretzky – Mur – Ribas  – Royo
Historia Argentina Santillana Luchilo-Romano-Paz
Historia 3 La Argentina y El Mundo Astolfi José C.
Enciclopedia Historia Argentina Tomo 13
La Argentina Historia del País de y De Su Gente María Sáenz Quesada
HISTORIA 5 Historia Argentina José Cosmelli Ibañez Edit. TROQUEL

Biografia de Galtieri Leopoldo General Presidente de Facto Argentino

Biografía de Galtieri Leopoldo General
Presidente de Facto Argentino

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: LA «GUERRA SUCIA» La historia argentina contemporánea está jalonada de regímenes militares. Después del golpe que en 1976 derrocó a Isabel Perón (nacida 1931), el gobierno militar dio vía libre a la «guerra sucia», campaña de exterminio de los opositores al régimen. Los «escuadrones de la muerte» secuestraron a miles de personas a quienes muy a menudo torturaban hasta la muerte.

El gobierno reconocía a esas víctimas como «desaparecidos». La presión de las madres y abuelas de los «desaparecidos», que se manifestaban en la plaza de Mayo (Buenos Aires) con pañuelos blancos y las fotografías de sus hijos y nietos, ha permitido averiguar el triste destino de muchas de estas víctimas. Un proceso de represión similar se desarrolló en las vecinas repúblicas de Uruguay y Brasil, ya que los dictadores de las tres naciones actuaban en estrecha colaboración.

LA GUERRA DE LAS MALVINAS En plena dictadura militar argentina, en diciembre de 1981, el general Leopoldo Galtieri (nacido en 1926) ocupó la presidencia de la República. Galtieri reivindicó para su país las islas Malvinas (o islas Falkland), situadas en el Atlántico Sur y ocupadas por los británicos. El 2 de abril de 1982, el ejército argentino invadió las islas. La primera ministra británica Margaret Thatcher (nacida en 1925) envió tropas que vencieron a los militares argentinos, que se rindieron el 14 de junio. Esto supuso la dimisión de Galtieri y la convocatoria de elecciones democráticas.

Leopoldo Galtieri: “Las urnas están bien guardadas”

Fue uno de los personajes nefastos de la Argentina, y como tal aunque su desaparición física se produjo hace ya algunos años, su nombre y su imagen no pueden ser borradas del inconsciente colectivo de toda la sociedad, esa sociedad que en vio arrebatar a sus hijos en algunos casos, y en otros a sus padres, de la mano de aquel general Biografia de Galtieri Leopoldo General Presidente de Facto Argentinollamado Leopoldo Galtieri.

Es que fue ese hombre, que se desenvolvió como Presidente de la Nación a través del régimen de facto durante un año, que provocó que el año 1982 quedara para siempre en la memoria de los argentinos.

Fue precisamente en el mes de abril que Galtieri decidió recurrir al proyecto de recuperación de las Islas Malvinas, con el fin de restablecer la firmeza que el régimen estaba perdiendo en un país cada vez más pobre y más endeudado.

En aquella época, las Islas eran territorio administrado por Gran Bretaña, y así fue que comenzó la guerra contra Inglaterra, un 2 de abril, cuando las Fuerzas Armadas desembarcaron en Malvinas.

Aquello generó en un primero momento la explosión de la euforia de los argentinos, quienes no dudaron en reunirse en la Plaza de Mayo para corear a viva voz el apellido de aquel General que había dado lugar a la batalla, y que sólo unos meses después se convertiría para esos mismos argentinos en un verdadero genocida, luego de que miles de jóvenes reclutas mal preparados perdieran la vida en aquel austral territorio.

La Guerra de Malvinas llegó a su culminación rápidamente, el 14 de junio de 1982 con la rendición de las fuerzas argentinas, mientras que en la otra orilla, dentro del continente, un país se derrumbaba y lloraba a sus desaparecidos.

Tres días después de aquella rendición, Galtieri tuvo que renunciar ante el repudio de toda la opinión pública. Aquel hombre denominado monstruo para la mayoría de la sociedad argentina, había nacido el 15 de julio de 1926 en la localidad bonaerense de Caseros, bajo el nombre de Leopoldo Fortunato Galtieri.

Fue a los 17 años que decidió ingresar en el ejército para realizar una carrera militar en el Colegio Militar de la Nación, desde el que egresó como oficial del arma de ingenieros. Allí, dentro del ejército, Galtieri comenzó a dar sus primeros pasos, que luego de 25 años consecutivos de servicio le permitió acceder al nombramiento, y convertirse en comandante del cuerpo de Ingenieros del ejército en el año 1975.

Casualmente, en aquella misma promoción, otro personaje nefasto de la historia argentina, Jorge Rafael Videla, llegó a ocupar la comandancia en jefe de las Fuerzas Armadas. El golpe de estado ocurrido en el país en el año 1976 lo encontró a Galtieri en plena carrera militar en ascenso, por lo que no dudo jamás en ser uno de los activos promotores de aquel golpe. Aquella actitud, sumada a los importantes contactos que había logrado dentro del ejército hasta el momento, hicieron que una año después fuera nombrado General de división, y luego en 1979 Teniente General.

Los años continuaban transcurriendo y el gobierno de facto se había instalado en el país, sin dejar vislumbrar siquiera una pequeña luz de esperanza que permitiera recuperar la democracia.

Mientras tanto, en 1981 Leopoldo Galtieri fue admitido como integrante de la junta militar, lo que le permitió comenzar a desarrollar una ascensión política, que incluso lo llevó a visitar los Estados Unidos en representación de la Argentina.

El 22 de diciembre de 1981, Leopoldo Galtieri fue nombrado Presidente de la Nación, sucediendo a Carlos Alberto Lacoste en el cargo. Pero como venía sucediendo desde que se instauró el gobierno de facto en el país, la situación social y económica de la Argentina se hundía cada vez en mayores profundidades, generando una crisis que aún en la actualidad ha dejado vestigios y secuelas que parecen incurables.

Fue durante su gobierno que el país experimentó una de las más profundas recesiones económicas que llevaron al cierre innumerable de industrias.

La gente no tenía trabajo, y por ende estaba hambrienta, no sólo de alimento sino también de dignidad. Fue en ese momento que Galtieri tuvo su “brillante idea”: comenzar una guerra con Inglaterra para recuperar las Islas Malvinas. Cuando los años pasaron y el pueblo argentino volvió a recuperar su democracia, aquel general que ostentó el cargo de Presidente de la Nación, fue enjuiciado junto con los demás líderes militares, por los crímenes cometidos durante el proceso, lo que lo llevó a ser sentenciado a prisión en 1986.

Pero aquello poco duraría, ya que cinco años más tarde, el entonces Presidente Carlos Menem indultó a aquel hombre sin remordimientos, ante el estupor de la sociedad argentina. En 2002 fue sentenciado nuevamente, y sujeto a arresto domiciliario, el cual culminaría el 12 de enero de 2003 cuando lo alcanzó la implacable muerte.

Un gobierno de facto es aquel que, si bien en la práctica ejerce como tal,
no está reconocido oficialmente por ninguna norma jurídica.

El Fraude Electoral Caudillos Electorales La Elecciones Nacionales

El Fraude Electoral en las Elecciones Políticas

Origen de la OligarquíaLa Semana TrágicaGrito de AlcortaReforma Universitaria

ELECCIONES Y FRAUDES
LOS PARTIDOS POLÍTICOS Y EL PODER

Entendemos por partido político aquella agrupación de personas constituida en torno a un plan o programa común destinado a aplicarse en la vida política, social y económica de un país a través del ejercicio del poder o desde la oposición. Hacia 1890 la vida de las agrupaciones políticas era mucho menos orgánica que en la época actual. Un partido era una simple reunión, no siempre coherente ni duradera, de gente simpatizante con una ideología, con un caudillo o con un, grupo de dirigentes.

LA VIDA POLÍTICA ARGENTINA DURANTE El, SIGLO XIX. De hecho, la vida política estaba regida por minorías que pugnaban por el poder o lo poseían. Como se señaló más de una vez en muchos casos el objetivo supremo de esa lucha fue el poder y. en su beneficio, los principios e ideas fueron dejados de lado.

Esta afirmación explica las frecuentes alianzas entre grupos al parecer irreconciliables, los acuerdos, las uniones electorales, etc. La mayoría de los partidos carecía de principios ideológicos claramente definidos. En general, eran tendencias que variaban con el tiempo, aunque coincidían en ciertos asuntos fundamentales.

ELECCIONES Y FRAUDE. Sólo grupos minoritarios tomaron parte real en la vida pública. En las elecciones legislativas celebradas en la ciudad de Buenos Aires en 1864 —que entonces contaba con 160.000 habitantes— hubo 3.074 votantes inscriptos; de ellos, concurrieron a las urnas 2.882.

La violencia y el fraude —generalmente ejercido con el concurso de la autoridad local— eran una constante de la vida política. Este vicio, arma favorita de los clubes políticos (luego llamados comités) se acentuó en las últimas décadas del siglo XIX, contribuyendo a crear los factores que llevaron al estallido de 1890.

El control de los cargos de gobierno
Uno de los recursos en los que se basó el funcionamiento del sistema de gobierno oligárquico fue el control del acceso a los cargos de gobierno y a  la administración. Eran los miembros de la clase gobernante quienes —a través del Partido Autonomista Nacional elegían a las personas destinadas a ocupar los cargos y a cumplir una especie de carrera: diputado nacional, senador nacional, ministro del poder ejecutivo nacional, gobernador, y presidente o vicepresidente.

El grupo de la clase gobernante que había ocupado todos o el mayor número de estos cargos controlaba la sucesión presidencial. En la práctica, la elección de cada nuevo presidente la realizaba el presidente saliente con el consejo de aquellos que ocupaban los cargos de gobierno más importantes.

Elección de Diputados Nacionales en Capital Federal
Elección de Diputados Nacionales en Capital Federal

Insulsas, desanimadas, soñolientas y aburridas resultaron las elecciones del domingo. Parecía como si la gente, preocupada por las triquiñuelas entre el doctor Yofre y el Intendente, no pensase en otra cosa. Los atrios no olían á pólvora, sino A fastidio. De ellos, como Bullrich cuando ahora se refiere al municipio, podía decirse: »No hay ni una rata».
El fenómeno es digno de tenerse en cuenta: los desocupados que suelen asistir á los remates campestres cuando se les ofrece un almuerzo a la criolla, no quisieron asistirá las elecciones de Flore» donde estaba preparado un respetable y suculento asado con cuero.

En Balvanera. la parroquia batalla dora y bochinchera en otros tiempos, no ocurrid cosa digna de recordarse; por no haber nada no hubo ni votantes siquiera. En San Cristóbal votaron 1617 ciudadanos, batiendo el record de las elecciones, en todos sentidos. Como en los teatros donde hay poca comparsería, entraban por un lado y salían por otro los votantes, siempre los misinos, formando algo así como una serpiente que se muerde la cola. Tal lo aseguran testigos respetables, á quienes hay que creer porque no eran ni volantes ni candidatos.

En San Bernardo, en San Carlos, en la Piedad, en San Juan Evangelista, en San Telmo, en el Socorro, en San Nicolás, en Monserrat, en toda partes ocurrió lo mismo.

Todas y cada una de las parroquias parecían remedo de las sesiones que celebra la comisión encargada del recibimiento de Campos Salles: todo el mundo , bostezaba; la soledad de dos ó más escrutadores en compañía era capaz de aburrir á un cartujo.

A pesar de ello, el fraude fue superior a de años anteriores. Es un progreso que debe tenerse en cuenta: 16618 votantes figuraron é hicieron triunfar á los candidatos del acuerdo. La gente  echaba de menos melancólicamente tos buenos tiempos en que se andaba á balazos, y el que más y el que menos sentíase con vocación de sangrador en los atrios. —Antes había partidos—decían algunos:—partidos políticos antes de las elecciones y partidos por el eje después de ellas. Hoy no queda nada de eso.

El fraude electoral:
El otro recurso en el que se basaba el funcionamiento de este sistema de gobierno fue el fraude electoral. A partir de 1880, la clase gobernante mantuvo las reglas de la democracia política: convocó a elecciones en el orden nacional, provincial y municipal; y, como desde 1863, las sucesivas leyes electorales nunca restringieron el derecho de sufragio de los ciudadanos sobre la base de una determinada capacidad económica o cultural.

Sin embargo, el gobierno controlaba los comicios interviniendo de diferentes formas en el momento de la emisión del voto por parte de los ciudadanos. Intervenía en las comisiones empadronadoras que conformaban el registro electoral y —con las ventajas que le daba el hecho de que el voto era voluntario y no era secreto— organizaba el voto colectivo, el voto doble, la repetición del voto y la compra de sufragios.

Por estos medios, aseguraba que los representantes elegidos para integrar las asambleas legislativas fueran personas que estaban, de acuerdo con el gobierno.

Los caudillos electorales actuaban en todos los distritos, en la campaña y en las ciudades. Eran instrumentos necesarios. Algunos testimonios evocan al caudillo como un arquetipo de lealtad hacia su protector; otros como un hombre de lealtades difusas y cambiantes que combinaba, según la circunstancia, el apoyo con la amenaza.

El caudillo electoral desplegaba su acción ofreciendo servicios, pactando acuerdos cambiantes, haciendo presente su disconformidad mediante la sustracción de sufragios de una lista cuando sobrevenían arreglos previos no del todo satisfactorios. Según testigos de la época, uno de estos caudillos —Cayetano Ganghi, un italiano y comerciante de libretas cívicas que sirvió a los grandes de Buenos Aires— le dijo a Roque Sáenz Peña: «Roca es un poroto a mi lado. Tengo 2.500 libretas.» Según estos testigos, él inventaba la nacionalización de ciertos extranjeros —entre quienes tenía un gran prestigio—, y recogía sus libretas y las catalogaba y acumulaba pacientemente.

Fragmento Tomado de Natalio Botana, historiador argentino contemporáneo, El orden conservador

CRÓNICA DE LA ÉPOCA
EL FRAUDE ELECTORAL DOMINA LA ESCENA POLÍTICA DE LA DÉCADA

Las elecciones complementarias de diputados nacionales se han efectuado ayer en la provincia de Buenos Aires sin que el más fuerte partido opositor se hiciera presente. Comprobada en las del 6 la inutilidad del esfuerzo contra la coacción oficial, el radicalismo desistió de someterse a esta nueva prueba, y dejó que el partido gobernante se adjudicara sin dificultad votos que, de cualquier manera, no alterarán el resultado inevitable de comicios sin garantías.

Ante situaciones exactamente iguales, la oposición de otras provincias -como los mismos radicales en Santa Fe y los liberales en Corrientes- declararon que concurrirían a las elecciones de ayer con el único objeto de documentar el fraude y obligar al oficialismo a poner en juego sus recursos ilegítimos. Esta es la conducta que, en nuestro concepto, se debe seguir, por las razones permanentes que más de una vez hemos expuesto y en las que ha de confiarse para un futuro restablecimiento del orden institucional.

Tal discrepancia, entretanto, no podría significar, en el caso de Buenos Aires, ninguna atenuación del juicio severo que merecen las demasías gubernativas que han puesto a la oposición de esa provincia en la imposibilidad de aproximarse a las urnas. Los métodos de intimidación allí empleados de algunos años a esta parte fueron perfeccionados por la reforma de la ley electoral que suprimió prácticamente el voto secreto -establecido, en principio, por su artículo 1°- al eliminar la cláusula que prohibía a los electores presentarse en el local donde funciona una mesa receptora de votos, exhibiendo su boleta de sufragio.

En las elecciones nacionales no se les puede exigir que las exhiban; pero esa restricción legal no tiene ninguna importancia para lo hombres de acción a quienes se confía la tarea de impedir que la voluntad popular se manifieste libremente. Tanto en el orden local como en el nacional, las elecciones bonaerenses se efectúan bajo el mismo régimen de arbitrariedad implacable.

El grado de crudeza a que llegan esos procedimientos; la falta de disimulo con que, en las puertas mismas de la Capital Federal, se producen actos que hasta hace poco tiempo habrían parecido inauditos, son de una evidencia pública tan definitiva que resultaría ocioso detenerse una vez —as a caracterizarlos.

Se fueron agravando a medida que se comprobaba su impunidad, certificada por el sugerente silencio de las autoridades federales. Hoy ya constituyen un sistema riguroso, cuyos usufructuarios se sienten cada día más satisfechos de sus resultados y más dispuestos a extender su aplicación. Buenos Aires retorna, decididamente, hacia la edad de oro de las unanimidades legislativas y las elecciones canónicas. La oposición abandona los comicios y al Gobierno le falta poco para disponer de la totalidad de las bancas en la Legislatura.

Por mucho que se haya retrogradado durante los últimos seis años en materia de cultura política, parece llegado el momento de preguntar si es admisible que semejante anormalidad se prolongue, convirtiéndose en régimen ordinario lo que al comienzo se pretendió disculpar como transitorio expediente rusticado por las exigencias de una hora de transición. La responsabilidad de esta crisis, que afecta el decoro de nuestro pueblo y nos disminuye moralmente, en una hora tan difícil de la historia del mundo, no podría ser limitada a los ejecutores inmediatos de las irregularidades electorales. Sería imposible rehuirla, sobre todo cuando no se trata sólo de elecciones provinciales, sino de las correspondientes al Congreso de la Nación.

El gobierno federal no puede desentenderse de la forma en que ellas se efectúen, convirtiendo en sus árbitros inapelables a los gobernadores de provincia. Tanto menos cuanto que esa tolerancia sólo se extiende a los gobernadores bienquistos en la Casa Rosada, como bastaría a demostrarlo el ejemplo contrario de San Juan.

La tenaz esperanza popular en el restablecimiento más o menos próximo de la normalidad supuso que el cambio de gobierno determinaría un progreso hacia ese rumbo. Nadie creyó discreto esperar una rectificación brusca que restableciera de la noche a la mañana el imperio de la legalidad.

Pero se confiaba en una reacción moderadora, que empezara por corregir, cuando menos, los alardes de desprecio por las formas. Buenos Aires, Santa Fe, Corrientes y otras provincias acaban de probar que nada ha cambiado. Hay interés por saber si quienes pueden impedirlo admiten que tal sea la suerte definitiva de nuestras instituciones.

Fuente Consultada:
Historia 3 La Nación Argentina e Historia Argentina y Contemporánea Alonso-Elizalde-Vázquez
La Nación 135 Años Testimonios de Tres Siglos

Porque Nació la Izquierda en Argentina? Origen de los Montoneros

¿Por qué Nació la Izquierda en Argentina? Los Montoneros

Nacimiento de la Izquierda en Argentina:

El derrocamiento de Juan Domingo Perón en septiembre de 1955 a manos de la Revolución Libertadora encabezada por el general Pedro Eugenio Aramburu y el almirante Isaac Rojas, dio comienzo a la resistencia peronista que fue el germen de los grupos armados que luego tuvieron un gran protagonismo en los años 70.

Rodolfo Walsh La primera acción de la resistencia peronista se produjo el 9 de junio de 1956 cuando comenzó una insurrección cívico-militar peronista comandada por el General Juan José Valle y otros militares para devolverle el poder a Perón.

Pero la rebelión fue estrangulada y los militares sublevados fusilados junto a un grupo de civiles en la zona de José León Súarez en lo que se constituyó en el primer crimen de lesa humanidad que se producía en la Argenti1na. Juan Carlos Livraga fue el sobreviviente que le permitió a Rodolfo Walsh (imagen) escribir su “Operación Masacre

Durante los 18 años de proscripción en los que estuvo sometido el peronismo fueron infinitas las acciones de la resistencia. Sin embargo hubo un hecho que modificó la sustancialmente realidad latinoamericana. Luego de la victoria de la Revolución Cubana el 1ro. de enero de 1959, el régimen de Fidel Castro confió en lograr una revolución continental marxista estableciendo focos de grupos guerrilleros en zonas rurales. Los Andes serían entonces la Sierra Maestra de Sudamérica, según las palabras del Che Guevara.

El foco guerrillero creado por El Che en Bolivia, en noviembre de 1966, motivó a miles de jóvenes argentinos a repetir esa experiencia a pesar que la misma fracasó rotundamente con la muerte de Guevara en octubre de 1967 a manos del ejército boliviano.

Algunos «tips» para analizar….

  • Durante el gobierno peronista, su líder, les enseñó sobre la independencia económica de un país y su lucha contra el imperialismo. (ver su la doctrina peronista) 
  • Conocieron la “Justicia Social” y el reparto equitativo de la riqueza nacional. 
  • El Gral. Aramburu, sucesor de Lonardi gestor de la “Revolución Libertadora” de 1955, proscribió al partido peronista, los persiguió y prohibió hasta solo nombre. 
  • Luego del golpe los gobierno militares no dieron muestra de su eficiencia y la calidad de vida de las familias obreras decayó. 
  • Frondizi en 1958, promulgó la ley de inversiones extranjeras y les pareció como que se entregaba el país al imperialismo yanki. Ocho compañías resultaron favorecidas. También se privatizó el Frigorifico Lisandro de la Torre. Parecía que se perdía soberanía y corríamos riegos de depender de esta potencia. 
  • Asume Onganía en 1966, mediante un golpe militar, continuando la política de Frondizi. 
  • En julio de ese año, la policía maltrata y desaloja a alumnos y profesores de las universidades utilizando métodos violentos. Se conoce como la “Noche de los Bastones Largos”. Fue un ataque directo a la cultura nacional. 
  • Combatió con dureza las manifestaciones populares, haciendo «gala» de su autoritarismo y poder. No permitió la libertad de expresión, controlando los medios de comunicación. 
  • Se lo asociaba cada vez más al imperialismo norteamericano. 
  • Económicamente el país no funcionaba. Explota en Córdoba una manifestación obrera-estudiantil que se conoce como el Cordobazo, más tarde el Rosariazo. Esto unió aun más los lazos entre el sector trabajador y estudiantil. 
  • Los alumnos políticamente más unidos se acercaron a las organizaciones obreras y también se compenetraron con la realidad de las villas miserias. 
  • Notaron que tanto obreros como alumnos tenían los mismos problemas, como la pobreza, la desocupación, costo de transporte, etc. 
  • Los estudiantes, más formados que los obreros, se sentían capacitados para dirigir movimientos que luchen por una sociedad más justa y digna. 
  • Tenían tiempo y algunas posibilidades económicas. 
  • Siempre tenían en mente aquella sociedad feliz, que vivieron de niños, cuando Perón era presidente. 
  • También había sacerdotes, conocidos como del tercer mundo, que cuestionaban a estos gobiernos dictatoriales, por lo que prestaban sus iglesias para hacer reuniones políticas. 
  • Aparecen los Montoneros, un grupo que existió en toda Latinoamérica, que pensaban que con la lucha armada podían conseguir sus objetivos, y luchar contra la dictadura. 
  • La cúpula estaba dirigida por Firmenich y Vaca Narvaja, que se incorporaron en las filas de la Juventud Peronista para tomar poder. 
  • Radicalizaron la juventud, con los slogan, por ejemplo de: “Perón o Muerte”, e idealizaron a perón como un revolucionario como Mao y Fidel Castro. 
  • Con el tiempo otras agrupaciones revolucionarias Leninistas, Trokystas, etc. como la FAR, FAP y el ERP se unieron en Montoneros. 
  • Perón desde el exilio apoyó hábilmente con discursos ambiguos tanto a la izquierda como a la derecha. El sólo deseaba conservar su poder desde la distancia. 
  • Ambos bandos, definen sus diferencias, cuando se enfrentan en 1973 en Ezeiza, momento en que regresaba de España su líder Juan D. Perón. La derecha ataca violentamente a los Montoneros, que habían logrado mejores posiciones políticas, mientras era presidente “el tío” Campora. 
  • Perón, más tarde, ya siendo presidente los echó de la Plaza de Mayo, tratándolos de “Inútiles e imberbes”. 
  • Lopez Rega forma la Triple AAA, para la lucha contra la izquierda en Argentina, se le adjudica varios atentados, secuestros y golpes sangrientos. 
  • La lucha continuó durante toda la dictadura militar a partir de 1976, dejando un saldo de 30.000 desaparecidos, que aun hoy, después de 25 años se sigue trabajando para tratar de encontrarlos, ya sea vivos o muertos.

Orígenes de los Grupos Guerrilleros