Tolerancia e Intolerancia

La Libertad de Culto en los Estados Modernos Tolerancia Religiosa

Historia de la Libertad de Culto en los Países – La Tolerancia Religiosa

LA LIBERTAD RELIGIOSA

IGLESIAS OFICIALES: Desde la edad media en cada Estado, el gobierno reconocía oficialmente una religión.

Por ejmplo en los países católicos, el Papa, jefe de la Iglesia universal, se entendía con el príncipe que, en calidad de católico, estaba sometido a la Iglesia.

El príncipe reconocía al clero el derecho de mando sobre los fieles en materia de fe y de conducta.

Pero, sobre todo en los grandes Estados, en España, en Francia, en Austria, el gobierno, sintiéndose fuerte, trataba de hacer de la Iglesia del país una Iglesia nacional.

Aspiraba a nombrar los obispos, a vigilar sus actos y sus relaciones con el Papa.

En los Estados protestantes, Inglaterra, Escocia, los países escandinavos, los pequeños Estados alemanes, y en el Imperio ortodoxo de Rusia, el príncipe era a la vez jefe del Estado y de la Iglesia.

Nombraba los altos dignatarios y dirigía al clero. Los eclesiásticos eran funcionarios y no tenían ninguna autoridad independiente, la Iglesia se confundía con el Estado.

Cada Estado tenía una religión obligatoria, que imponía a sus subditos. Los obispos y los sacerdotes, en los países protestantes los pastores, no tenían solamente una autoridad religiosa moral, tenían el poder material de obligar a los fieles a practicar su religión.

En todos los Estados, el gobierno se entendía con el clero para imponer a los subditos la práctica de la religión del país.

Algunos Estados católicos, en Italia y en España conservaban la Inquisición, un tribunal especial, creado para buscar y condenar a los malos católicos.

En todos los países, cualquiera que fuese la religión las autoridades eclesiásticas podían denunciar al gobierno a los fieles culpables de desobediencia.

Como el clero no disponía de fuerza para obligar, el gobiern prestaba el brazo secular, es decir, la policía, las cárceles y el verdugo.

Se seguía condenando a multas con prisión a los que no asistían a las funciones religiosas o hurlaban sin respeto de las ceremonias, en los países católicos, a los que se olvidaban de confesar, de comulgar o de ayunar.

El gobierno intervenía para obligar a los eclesiásticos a obedecer a sus superiores, para impedir que los frailes o las religiosas salieran de los conventos y que los sacerdotes volvieran a la vida secular.

El gobierno reconocía al clero el derecho de inspeccionar la enseñanza en las escuelas, de no permitir la publicación de ningún libro sino con licencia de la autoridad eclesiástica.

LA TOLERANCIA:

Este régimen se conservaba en el siglo XVIII en los Estados católicos del Mediodía, y en los Estados protestantes del Norte, Escocia, los países escandinavos. Luis XIV lo había restablecido revocando el edicto de Nantes.

Había sido quebrantado en varios países, sobre todo en Alemania, en Suiza, en los Países Bajos, en Hungría, donde el gobierno, no siendo bastante fuerte para acabar con sus subditos de otra religión, se había visto obligado a tolerarlos.

Leon XIII La Libertad de Culto
León XIII, recordado papa progresista, cuya honda preocupación por las cuestiones sociales significaron un valioso aporte al mejoramiento de los proletarios.

Pero esta tolerancia no se había concedido sino por excepción y parecía una concesión enojosa. Se consideraba preferible no tener en un mismo Estado mas que súbditos de una misma religión, era lo que se llamaba la unidad religiosa.

Es una idea natural —general en los pueblos antiguos y común a casi todos los pueblos civilizados— que la sociedad tiene interés en imponer a sus miembros la religión que le parece mejor.

Es natural creer que los sectarios de otra religión ofenden a la Divinidad, y temer que la Divinidad ofendida haga a toda la sociedad responsable de la ofensa que ha dejado cometer.

Si los miembros de una misma sociedad son responsables solidariamente para con Dios, tienen interés evidente en mantener la unidad religiosa.

Se había comenzado desde el siglo XVII, en Holanda y en Inglaterra, a pensar que todas las formas de religión cristiana, sin ser exactamente del mismo valor, bastan todas para lograr la salvación.

Es la doctrina condenada por la Inglesia con el nombre de indiferentismo. Tuvo por consecuencia la idea de que el Estado no tiene necesidad de obligar a sus subditos a practicar la misma religión.

voltaire

Fue lo que se llamó la tolerancia religiosa. Voltaire la puso de moda entre la gente culta. «Es preciso, decía, que se permita rezar a Dios a su modo, como comer a su gusto».

Los soberanos y los gobernantes del siglo XVIII, que practicaron el despotismo ilustrado, fueron partidarios de la tolerancia.

Federico II la encontró establecida en Prusia, pero restringida a los cristianos, y la extendió a todas las religiones. José II la introdujo en Austria.

La tolerancia se estableció en dos formas distintas: la libertad de culto (libertad externa) era el derecho de reunirse para celebrar su culto; la libertad de conciencia (libertad interna) era solamente el derecho de no ser condenado por la religión que se profesase.

La tolerancia no era todavía la libertad religiosa completa. En primer lugar, no se concedía a todas las creencias, sólo a los cristianos, a veces a los judíos, y ni siquiera a todas las sectas cristianas.

En todas partes era negada a los unitarianos porque no creían en la Trinidad. No se reconocía el derecho de no practicar ninguna religión, no había tolerancia para los librepensadores, a los que se llamaba en Francia «espíritus fuertes».

Además, la tolerancia no era reconocida como un derecho, no era más que una concesión hecha por el soberano, que tenía el derecho de dejarla sin efecto. Finalmente, la religión tolerada seguía siendo inferior a la del Estado.

Aun cuando tenían el derecho de practicar su religión, los disidentes estaban obligados a sostener a los ministros de su culto y no se les dispensaba de contribuir al pago del clero oficial.

No podían dar a los lugares en que se reunían la apariencia de iglesia, ni tocar las campanas, ni hacer una ceremonia al exterior. No había igualdad entre los cultos.

LA LIBERTAD RELIGIOSA

La idea de permitir la completa libertad religiosa se había iniciado en América en las colonias inglesas fundadas por los miembros de las sectas más perseguidas, en el Rhode-lsland, fundado por independientes, luego en Pensilvania, fundada por cuáqueros.

Los fundadores habían establecido su Iglesia como una asociación privada, no reclamaban para ella medio alguno de obligar y planteaban el principio de que la religión es independiente del gobierno.

Las otras colonias inglesas de América tenían cada una su Iglesia oficial, y aun habían comenzado por perseguir a las otras sectas.

Pero en el siglo XVIII los americanos se acostumbraron a dejar practicar a todos los cristianos cada uno su religión, excepto a los católicos.

Cuando las colonias se organizaron en Estados, cada uno de éstos conservó su Iglesia.

La Constitución de 1787 prohibió al gobierno federal hacer ley ninguna que favoreciese a prohibiera el ejercicio de una religión.

Los Estados seguían siendo dueños de arreglar estas cuestiones. La mayor parte consignaron en su Constitución la libertad religiosa. La Constitución de Virginia decía: «La religión no puede ser regida sino por la razón y la convicción, no por la fuerza y la violencia.

Todos los hombres tienen igual derecho al ejercicio de su culto». La Constitución de Pensilvania decía: «Todos los hombres tienen un derecho natural e innegable a venerar a Dios según los mandatos de su propia conciencia. Nadie puede ser obligado a seguir un culto».

Este principio, planteado en América, fue adoptado en Francia por la Asamblea constituyente, pero con algunas restricciones.

Los cuaderos de los Estados generales no hablaban de la libertad de culto.

La Declaración de los derechos de 1789, dice solamente (art. 10): «Nadie debe ser inquietado por sus opiniones, incluso religiosas, siempre que su manifestación no perturbe el orden público establecido por la ley».

No se había osado proclamar la libertad de cultos. Un diputado del clero propuso aun en 1790 se declarase que «la religión católica sería siempre la de la nación», y la única con derecho al culto público.

La Asamblea no se atrevió a negarse abiertamente, no concedió la libertad de cultos sino en 1791.

Desde aquella época la libertad completa de religión ha entrado en las costumbres de Francia. Napoleón, al restablecer la Iglesia católica por el Concordato, conservó la libertad de religión.

La Restauración no se atrevió a suprimirla. La Carta de 1814 garantizó «la libertad de cultos y de conciencia», a pesar de las protestas del Papa.

En Inglaterra la Iglesia anglicana había seguido siendo obligatoria; pero la tolerancia concedida a los cultos disidentes había habituado poco a poco a dejar practicar toda clase de cultos protestantes.

Las leyes contra los católicos fueron abolidas en 1829.

La libertad religiosa se introdujo así por la costumbre, sin estar garantido por ninguna ley.

En los restantes Estados de Europa la libertad de conciencia y de culto fue una de las libertades reclamadas por los liberales.

Cuando lograron tener Constituciones, la hicieron consignar con las otras libertades. La libertad religiosa fue también introducida en Prusia y en Cerdeña en 1848, en Italia en 1860, en Austria en 1867.

En los países escandinavos, Suecia, Noruega, Dinamarca, donde era obligatoria la religión luterana, la libertad religiosa se estableció primero por la tolerancia, luego mediante leyes que permitieron a los disidentes fundar comunidades para su cultos.

En Bélgica los católicos hicieron adoptar una fórmula que fue imitada en 1848 por Alemania y Prusia: la Iglesia católica fue declarada asociación enteramente independiente del Estado; pero el clero conservó su sueldo y sus privilegios.

En los territorios españoles, los mismos liberales no se atrevieron en un principio a establecer francamente la libertad religiosa, por miedo a irritar el sentimiento católico.

La Constitución de 1812, restablecida en 1820, reconocía la religión católica como «la única verdadera» y prohibía el ejercicio de ninguna otra; la Constitución de 1837 evitaba hablar de la cuestión.

Solamente después de la Revoluciónde 1868 se proclamó la libertad religiosa. Los carlistas respondieron con un manifiesto en pro de la unidad de la fe y el clero español se declaró contra el gobierno.

Después de la restauración de 1874 no se ha pasado de reconocer «la libertad de las opiniones religiosas» y la tolerancia de los cultos no católicos.

En las Repúblicas españolas de América se empezó por establecer la tolerancia solamente para los extranjeros no católicos.

La libertad de religión fue establecida poco a poco, comúnmente sin declaración formal.

El principio no se estableció francamente sino en los Estados donde el partido federal estableció Constituciones copiadas de las de los Estados Unidos (en Méjico, en Venezuela). En el Brasil la libertad religiosa, establecida de hecho en tiempo del emperador Pedro II, fue proclamada en principio con el establecimiento de la República en 1889.

Los pequeños pueblos cristianos de los Balkanes, de religión ortodoxa, cuando se constituyeron en Estados, admitieron la libertad de religión.

El Imperio ruso no reconoció la libertad de cultos sino en los territorios conquistados a partir del siglo XVIII, donde había encontrado poblaciones de religión distinta. Los habitantes de la antigua Rusia siguen sometidos al régimen de la religión oboigatoria.

Tienen que ser ortodoxos y educar a sus hijos en la religión ortodoxa. Está prohibido, bajo pena de deportación, convertirse a otra fe; la tentativa de convertir a un ortodoxo se considera como un delito.

SUPRESIÓN DE LAS RELIGIONES DE ESTADO

En el régimen antiguo de Europa cada país tenía su religión oficial que era la del jefe del gobierno.

El catolicismo era religión oficial en las naciones del Mediodía (España, Francia, Italia, Austria); el luteranismo en los Estados escandinavos y la mayor parte de los Estados pequeños alemanes; la religión anglicana en Inglaterra; el calvinismo en Holanda, en Escocia y en algunos cantones suizos.

El gobierno reconocía oficialmente la religión del Estado como la única verdadera y, aun cuando no prohibía las otras religiones, las trataba como inferiores.
Este régimen fue abolido en las colonias inglesas de América. Establecieron una manera enteramente nueva de regular las relaciones de la Iglesia con el gobierno, que ha venido a ser el régimen americano.

El ejemplo fue dado por las colonias que habían establecido la libertad religiosa, el Rhode-lsland y Pensilvania; las demás le siguieron poco a poco.

Todos los Estados adoptaron el principio de no reconocer carácter oficial a ninguna Iglesia. Se las trata a todas como asociaciones privadas creadas por particulares, gracias a la libertad de asociación.

Es hoy principio den todos los Estados Unidos que la organización de la Iglesia no atañe al gobierno, todas las religiones son libres, todas iguales, el Estado no reconoce a ninguna.

Es lo que se llama la separación de la Iglesia y del Estado.

El mismo régimen ha sido introducido en algunos Estados de la América latina, en Méjico, en Venezuela, en el Brasil.

En Argentina se estableció la libertad de culto pero la Constitución Nacional (art, 2) sostiene la Católica Apostólica Romana (1853).

En Francia, la Convención, careciendo de dinero para pagar a los sacerdotes, hubo de establecer el mismo principio: «Nadie puede ser obligado a contribuir a los gastos de ningún culto.

La República no costea ninguno» (1794). Este régimen no duró. Napoleón I, por el Concordato, restableció el culto católico, pero en condiciones nuevas.

El Concordato reconoció que «la religión católica es la de la gran mayoría de los franceses»; pero no devolvió al clero ningún poder, ningún privilegio, ninguna renta independiente, y dio al gobierno el derecho de nombrar los obispos.

Concedió sueldo, honores y la excención del servicio de las armas a los obispos y a los curas; pero constituyó otras iglesias, luterana, calvinista, más tarde israelita, a las cuales dio exactamente los mismos derechos. Hubo en Francia varias religiones reconocidas, pero ninguna «religión oficial». Este régimen ha subsistido durante todo el siglo XIX.

El régimen establecido en Francia consiste en reconocer ciertos cultos como instituciones públicas y en dar sueldo a los miembros del clero como funcionarios encargados de un servicio público, pero sin atribuirles ningún poder para obligar. Era ya practicado por varios Estados protestantes.

Fue imitado en el siglo XIX por casi todos los Estados de Europa, excepto Inglaterra, donde la Iglesia anglicana ha persistido con el carácter de oficial.

Fue introducido en los Estados católicos con la libertad de religión. Ya no queda religión del Estado superior a los demás cultos más que en Inglaterra, en los países escandinavos, en España y en los Estados ortodoxos de los Balkanes. Ya no queda Iglesia del Estado obligatoria más que en Rusia.

EL LAICISMO
Bajo el régimen de las religiones de Estado el clero ejercía algunos de los poderes públicos, tenía la inspección de la enseñanza y la ejercía en las escuelas primarias; a su cargo estaban los registros bautismales, de matrimonios y de fallecimientos, que eran entonces los únicos documentos públicos en que constaba la situación de las personas. Casi todos los socorros a los indigentes y los hospitales estaban dirigidos por sacerdotes o religiosos.

El clero tenía el derecho de imponer, para el sostenimiento del culto y de los sacerdotes, una tasa obligatoria, de ordinario en forma de diezmo. Los miembros del clero gozaban de privilegios, sobre todo estaban exentos del servicio de las armas.

Figuraban en las ceremonias oficiales con preeminencia sobre los seglares. Los actos oficiales del gobierno tenían un carácter religioso.

Las operaciones de las asambleas y de los tribunales empezaban con una ceremonia religiosa, una misa o una oración.

Los edificios públicos ostentaban emblemas religiosos, sobre todo cruces. Los testigos ante los tribunales y muchos funcionarios, al tomar posesión del cargo, debían jurar con la mano puesta en un crucifijo o en la Biblia. Las ofensas a la religión eran castigadas como delitos.

En 1825 se aprobó en Francia una ley del sacrilegio, que condenaba a muerte al que hubiera profanado una hostia.

Este régimen se conservó en parte en casi todos los Estados de Europa hasta el siglo XIX. Pero en los países que tenían varias religiones se empezó a protestar contra estas muestras de superioridad concedidas a un culto, como contrarias a la igualdad religiosa.

Se pidió que el Estado fuera neutro. Cuando los partidarios de la neutralidad subieron al poder, empezaron a suprimir una por una las formas religiosas que habían subsistido en la vida oficial. Fue lo que se llamó laicizar.

Esta labor se inició en los Estados Unidos, pero solamente para establecer la igualdad entre los diferentes cultos cristianos: el Estado ha conservado carácter cristiano, el Congreso abre sus sesiones con una oración pública.

En Francia, en tiempo de la Revolución, las Asambleas, a causa de la resistencia del clero, se les quitaron los registros de nacimientos, casamientos y defunciones, entregándoselos a los municipios (1792).

Se creó el sistema de los registros civiles, que fue imitado poco a poco por casi todos los Estados de Europa.

La laicización ha continuado durante todo el siglo XIX, de una manera intermitente e incompleta, y ha sido pedida sobre todo en los países católicos. Francia ha dado también el ejemplo de suprimir los emblemas y las ceremonias religiosas oficiales, y a quitar al clero la dirección de las escuelas y de la beneficencia pública.

Sobre todo en los países católicos se ha llegado a admitir que la libertad religiosa supone incluso el derecho de no practicar ninguna religión. En los países católicos es donde hay más librepensadores.

En ellos también se ha empezado a prescindir sistemáticamente de las ceremonias religiosas y a adoptar la costumbre del «matrimonio civil» y del «entierro civil».

El movimiento de laicización se ha producido sobre todo en los países franceses, italianos y españoles, es mucho menor en los países alemanes e ingleses.

La religion como instrumento para gobernar y enfrentar pueblos

La religión como instrumento para gobernar y enfrentar pueblos

En el pasado se han producido enfrentamientos, conflictos y guerras que parecían tener la religión como causa principal. Pero también ha habido muchos momentos en los que la diversidad religiosa ha propiciado una convivencia pacífica, en armonía y de mutuo enriquecimiento.

La religión, instrumento de gobernantes

Las religiones han cumplido muchas y variadas funciones a lo largo de los siglos. Han ofrecido explicaciones más o menos imaginarias sobre el nacimiento del universo, el origen del ser humano y de la sociedad. Han contribuido a impulsar distintas filosofías, ideologías o visiones del mundo que han marcado cada una de las culturas donde se han desarrollado, y también han favorecido el nacimiento y desarrollo de fecundos movimientos artísticos y literarios.

Las religiones han servido de consuelo al ser humano afligido ante lo incomprensible, angustiado al enfrentarse a la muerte, la enfermedad y la desdicha. Y también han servido como señas de identidad de las personas y las sociedades.

Pero, por otra parte, la potente influencia que la religión ejerce sobre los creyentes ha propiciado que a menudo haya sido utilizada con fines políticos.

En la antigüedad, reyes y emperadores utilizaron la religión para justificar su posición privilegiada, el lujo de sus vidas y el enorme poder del que gozaban. Se presentaban al pueblo como elegidos de los dioses, como hijos de la divinidad e, incluso en algunos casos, se consideraron ellos mismos dioses, borrando así los límites entre política y religión.

La historia nos demuestra que no hay guerras que se puedan explicar exclusivamente por una simple oposición de creencias religiosas.

Todos los enfrentamientos, incluso los que se ha dado en denominar guerras de religión, tienen como causas principales cuestiones políticas y económicas, pretensiones territoriales y expansión de fronteras, o la simple negativa a aceptar formas de pensar diferentes que puedan hacer perder a algunos dirigentes sus posiciones de poder.

Nuevas formas de afrontar los problemas religiosos

Vivimos en la actualidad innumerables conflictos en cuya base está la religión, pero la historia se sigue repitiendo. La religión se utiliza muchas veces como pretexto para la intolerancia y a violencia, pero la política o la economía son las causas verdaderas de las guerras y conflictos.

Como contrapartida, un rasgo característico del mundo actual es justamente que se ha empezado a tomar conciencia de que las religiones pueden ser elementos de unión y no de separación entre los seres humanos. Con este fin los representantes de las diferentes religiones se reúnen, desde hace más de un siglo, en foros en los que discuten de forma pacífica y constructiva los posibles problemas y retos del futuro.

En la actualidad, el fundamento de la convivencia entre las diversas religiones se recoge en las constituciones de los países democráticos y en tratados internacionales como la Declaración Universal de Derechos Humanos.

En estos documentos se expresa la intención de que las diferentes creencias religiosas, o las convicciones de los no creyentes o ateos, convivan en igualdad de derechos y sobre la base del respeto mutuo.

La religión ha sida esgrimida como pretexto para justificar la violencia en muchos momentos de la historia. En la actualidad algunos grupos justifican el asesinato indiscriminado amparándose en argumentos tomados del Corán.

Los atentados de New York del 11 de septiembre de 2001, los de Madrid del 11 de marzo de 2004 y los de Londres el 7 de julio de 2005, que han causado miles de muertos, han enfrentado a la opinión pública europea y estadounidense con un tipo de violencia que les resultaba desconocida.

Se trata de acciones terroristas que no tienen en cuenta objetivos concretos sino que desatan una violencia indiscriminada que meta en algunos casos también a musulmanes, que circunstancialmente estaban en el lugar de los hecho Ademán, en estos casos actuaron terroristas suicidas, a los que sus líderes les prometieron el paraíso por inmolarse.

Sin el convencimiento que da la religión es muy probable que no hubieran sido capaces de perpetrar acciones tan violentas y con un  desprecio tal, tanto a la vida ajena como a la propia. Algunas personas pueden pensar que la religión musulmana es fanática e intransigente por si pero no hay que olvidad que la inmensa mayoría de los musulmanes están en contra de este tipo de actuaciones y les parece inaceptable que la religión sea usada da como pretexto para justificar los argumentos  del terror.

Fuente Consultada: Enciclopedia del Estudiante Tomo 17 – La Nación.

Conflitos Religiosos Actuales: Ulster-Los Balcanes-Medio Oriente

Conflitos Religiosos Actuales: Ulster-Los Balcanes-Medio Oriente

El Ulster: un conflicto que perdura: A pesar de los foros ecuménicos, que promocionan diálogo entre los cristianos, en plena Europa perdura en la actualidad un conflicto con muchos aspectos religiosos. En el Ulster se enfrentan dos grupos: los católicos, que quieren la unión con Irlanda y son un 40% de la población, y los protestantes, que quieren seguir formando parte del Reino Unido y son el 60%.

Las dos comunidades viven en barrios distintos y no suelen mezclarse. Hay partidos políticos confesionales de ambos bandos, en los que participan sacerdotes católicos pastores protestantes, y se dedican a la política manteniendo el ambiente de enfrentamientos y violencia.

Los protestantes son descendientes de inmigrantes que llegaron tras el dominio inglés de Irlanda a partir de 1609.

El problema del Ulster tiene muchas causas, pero el conflicto territorial es clave. Los irlandeses consideran que e produce una ocupación ilegal de una zona de Irlanda por arte de los británicos, y la opción de unos otros por formas diferentes de cristianismo ha sido en modo de diferenciación muy eficaz, que ha ayudado que las posturas sean más enconadas y las señas le identidad se radicalicen.

A pesar del tiempo transcurrido, ambas comunidades suelen tratarse como extrañas. La religión les sirve para identificarse como diferentes unos de otros, aunque en los últimos años parece que el conflicto ha entrado en vías de solución.

El Ulster es una de las «provincias históricas» de la isla de Irlanda. Hay nueve condados en la provincia, pero seis de sus condados, con una población (2001) de 1.685.267 habitantes, forman Irlanda del Norte, una región administrativa del Reino Unido: Condado de Derry – Condado de Tyrone – Condado de Fermanagh  – Condado de Down  – Condado de Antrim  – Condado de Armagh. Además, los tres condados de Cavan, Donegal y Monaghan están en la República Irlandesa, y tenían 246.571 habitantes (2002). (wikipedia)

Los Balcanes

Desde principios del siglo XIX, el califato otomano fue perdiendo poder y territorios. Era un imperio caracterizado por la diversidad religiosa que se mezclaba con las diferencias étnicas y culturales. Esta diversidad la heredaron los países que surgieron de sus cenizas, pero solo en algunos casos y en ocasiones ha derivado en conflicto. La guerra de los Balcanes dividió a Yugoslavia. Las comunidades étnicas y culturales que habían convivido en paz hasta 1990 se enfrentaron violentamente y la religión sirvió para identificar a los distintos grupos.

Los eslovenos y los croatas, ambos mayoritariamente católicos, se escindieron de los serbios ortodoxos, crearon estados propios y expulsaron de su territorio a la mayoría de los que eran diferentes a ellos. Las familias se separaron y mucha gente perdió sus hogares.

Pero los conflictos más terribles se produjeron en Kosovo y en Bosnia. En Bosnia convivían bosnio-croatas católicos, bosnios musulmanes y serbo-bosnios ortodoxos. En Kosovo compartían territorio musulmanes de origen albanés y serbios ortodoxos.

La violencia, los asesinatos y la llamada «limpieza étnica» fueron tan terribles en estas zonas que fue necesaria la intervención armada de las Naciones Unidas y de la OTAN para detener el conflicto. Todavía hay soldados de diferentes nacionalidades en la zona y el odio entre aquellas comunidades perdura.

Los conflictos en Oriente Medio

En Líbano, hasta la guerra civil de 1975, no existía ningún conflicto y convivían musulmanes sunitas y chiitas, católicos maronitas, cristianos ortodoxos y otras minorías religiosas.

Durante la guerra civil, se crearon alianzas más o menos duraderas entre grupos de distinta religión. Esto ilustra sobre cómo la religión era solo un ingrediente más en este conflicto, y no fue el motivo en sí ni del comienzo de la guerra ni de su resolución.

Tras el alto el fuego de 1990, el balance del enfrentamiento fue que una parte importante de la población del país había emigrado. Líbano es una nación que no ha normalizado aún la convivencia aunque haya abandonado la violencia.

Por otra parte, hoy en día algunos pretenden plantear como una guerra de religión las hostilidades que enfrentan a palestinos e israelíes.

Tras varias guerras, en 1948,1967 y 1973, y a pesar de acuerdos puntuales, la situación todavía es muy grave. Además hay que añadir el fenómeno del integrismo, tanto de judíos radicales como de grupos terroristas musulmanes como Yihad Islámica, Hamas o Hezbolá. En 1995, un joven fanático judío asesinó al primer ministro de Israel, Isaac Rabin (foto). Este estaba dispuesto a pactar con los palestinos y entregarles unas tierras que, según los judíos más radicales, Yahvé les prometió hace miles de años. También se producen atentados terroristas, de forma sistemática y muchos de ellos suicidas, por parte de grupos islámicos que matan indiscriminadamente tanto a militares israelíes como a la población civil.

El ejército israelí responde a estas acciones realizando ataques selectivos contra miembros de estos grupos y sellando los territorios palestinos ocupados. Con esto se causa un grave perjuicio, tanto personal como social y económico.

Los conflictos en el subcontinente indio

Al finalizar el dominio botánico, el territorio del subcontinente indio fue dividido en dos: una parte se llamó Pakistán y contaba con mayoría musulmana; la otra era la India, con mayoría hinduista, pero con una notable minoría islámica.

Pakistán constaba de dos territorios sin conexión terrestre y muy separados entre sí. Esta situación provocó que, con el tiempo, la zona del este se separase y se convirtiera, en 1971, en Bangladesh.

En la actualidad, esta zona es la más poblada del planeta. Si sumamos los habitantes de India, Pakistán y Bangladesh, superan a los de China. Inmediatamente después de la independencia de los británicos, India y Pakistán iniciaron un conflicto que perdura hasta hoy. El centro de esta lucha está en Jammu y Cachemira, una región de la India de mayoría musulmana que Pakistán reclama como suya y que está situada entre los dos países.

El nacionalismo religioso sij

Los sijs son un buen ejemplo de nacionalismo religioso y, a pesar de ser una minoría en la India, su fuerte implantación en el Punjab les ha llevado a exigir por la fuerza un estado independiente, como el que tuvieron en el siglo xix hasta que los ingleses los conquistaron tras largas y sangrientas guerras.

En 1984 las autoridades indias mandaron al ejército para que exterminara a los radicales sijs, hecho que determinó unos meses después el asesinato de Indira Gandhi, como venganza de su guardia personal, formada por sijs. La religión es en el caso de los sijs una seña de identidad para una población localizada en los márgenes del mundo indio, un territorio extremadamente conflictivo, que se debate entre mayorías musulmanas e hinduistas.

El Tíbet: un conflicto latente

A partir de 1950, la República Popular de China ocupó militarmente el Tíbet progresivamente se produjo una fuerte emigración de población desde China a esta zona, a la vez que muchos tibetanos, como el Dalai Lama (foto), optaron por salir del país debido a la persecución a la que fueron sometidos.

Esta situación ha provocado que la identidad tibetana, que estaba basada en el budismo, vaya transformándose tanto por la política antirreligiosa de las autoridades chinas como por la inmigración de población no tibetana desde China al Tíbet. Frente a esto, muchos budistas tibetanos han sostenido una resistencia no violenta que ha sido reconocida internacionalmente, con la concesión del Premio Nobel de la Paz al Dalai Lama en 1989.

Fuente Consultada: Enciclopedia del Estudiante Tomo 17 – La Nación.

La religion y los conflictos politicos y economicos

La religión y los conflictos politicos y economicos

La religión constituye un elemento esencial de la identidad cultural de muchos pueblos, pero en ocasiones determina la exclusión de los otros, lo que puede provocar conflictos.

La religión, identidad cultural de los pueblos

En muchas culturas, la religión es un elemento clave en la educación y, a la vez que niños y niñas aprenden a leer y también se les enseña las creencias básicas. Así la religión se utiliza como un medio más para explicar el mundo a los más pequeños.

En ocasiones esta educación religiosa no va acompañada también de una adecuada formación para respetar la diversidad. Puede entonces que surjan conflictos con personas de otras religiones y con una forma de entender el mundo diferente a la suya.

mapa de religiones del mundo

En muchas sociedades actuales, la religión es un ingrediente importante en la identidad cultural, que sirve para diferenciarse de los demás. Se trata de un elemento esencial que ha marcado el devenir de la historia de muchas naciones y que configura tradiciones y caracteristicas culturales.

Pero si ese valor de identidad se plantea como excluyente entonces podemos hallamos ante una fuente notable de conflictos, ya que la religión puede utilizarse como un medio para amplificar las diferencias que existen entre los grupos humanos, o para justificar las atrocidades de la violencia, la guerra y el terrorismo.

La religión, por sus caracteristicas especiales, puede servir para multiplicar el conflicto y convertirlo en un problema de difícil solución cuando las partes enfrentadas se fanatizan.

El ejemplo de las guerras de religión en Europa en la Edad Moderna.

Las sangrientas guerras de religión, que emprendieron cristianos de diversas confesiones entre los siglos XVI y asolaron Europa y son un ejemplo de cómo la religión puede servir de excusa para otros intereses.

Las causas de los enfrentamientos eran las ambiciones políticas y económicas de los diferentes estados europeo pero el trasfondo religioso permitía justificar las agresión y hacer más violenta y despiadada la guerra.

Por ejemplo, muchos príncipes y reyes alemanes y del norte de Europa vieron en el luteranismo el medio perfecto para librarse del control político del papa y sus aliados, y del pago de impuestos a la iglesia católica, así como un modo de acrecentar

sus propiedades y riquezas al confiscar los bienes y las tierras eclesiásticos. Por su parte, los reyes de países católicos consideraban que luchar contra los protestantes era un medio de mantener sometidos estos territorios.

Hubo muchos reformadores religiosos a lo largo de la Edad Media, pero no tuvieron los seguidores que muy pronto consiguió Lutero. En ese momento la religión sirvió como pretexto para marcar las diferencias, establecer nuevas identidades y justificar el conflicto. A la vez que se producían estas guerras por toda Europa, durante la Edad Moderna intentó eliminarse cualquier tipo de diferencia religiosa dentro de cada reino.

En España, la inquisición persiguió violentamente a todos los no católicos. Pero también los calvinistas fueron intolerantes y emplearon la violencia en Ginebra, los anglicanos en Inglaterra y los luteranos en los principados de Alemania. Polonia se mantuvo como nación católica precisamente para conservar su identidad frente a los pueblos que la rodeaban por el este y el oeste, y que a lo largo de la historia habían ocupado su territorio: en occidente, los alemanes luteranos y en oriente, los rusos ortodoxos. La Edad Moderna en Europa fue un período intolerante y sangriento, en el que se buscó la uniformidad religiosa a costa de perseguir y eliminar todo tipo de diferencia.

La pervivencia de los conflictos religiosos

En ocasiones se defiende la idea de que los grandes conflictos actuales son choques entre civilizaciones, caracterizadas por las opciones religiosas. Hay especialistas en política internacional que creen que las guerras del futuro tendrán como causa principal la religión y, sobre todo, destacará el enfrentamiento entre el islam y el cristianismo.

Esta información no concuerda con la importancia del diálogo interreligioso en el mundo actual, ni con el carácter de pretexto que la religión tiene en los enfrentamientos.

Hoy en día se producen aún conflictos que en un primer análisis parecen tener una causa religiosa. Pero hay que tener en cuenta que la religión sigue siendo un medio muy poderoso de distinguirse de otros, y que puede servir para marcar una frontera, para expulsar al diferente o para matar sin remordimientos.

Fuente Consultada: Enciclopedia del Estudiante Tomo 17 – La Nación.

La Religion en la Mesopotamia Pueblos de Oriente Medio Actualidad

La Religión en la Mesopotamia
Pueblos de Oriente Medio Actualidad

LA RELIGIÓN EN LA ACTUALIDAD

De las numerosas religiones que se han esbozado en esta sección, muchas de ellas, las que podríamos llamar primitivas- históricas, han desaparecido totalmente. Así, no es posible encontrar en el mundo un ferviente adorador de Zeus Olímpico. Perviven cultos fetichistas y totémicos entre los pueblos más atrasados, pero el avance de la civilización coincide con la desaparición de estas creencias sin fundamento filosófico y real. Entre las grandes religiones que agrupan centenares de millones de fieles, es posible establecer una diferencia: las que tienden a extenderse ganando prosélitos, y las que o permanecen estáticas, con tendencia a reducirse, o bien constituyen un círculo cerrado privativo de un pueblo o una raza.

religion en la mesopotamia

Así, a menudo tenemos noticia de que hombres eminentes se convierten al catolicismo, comarcas enteras son evangelizadas por misioneros y a nadie extraña que un senegalés se ordene sacerdote o que el Papa unja obispo a un birmano, por ejemplo. Pero causaría sorpresa saber que un francés se ha convertido al mahometismo o que un indio se ha pasado al judaísmo.

Estas dos religiones son prácticamente exclusivas de una raza y el proselitismo que realizan se limita a sus propios conciudadanos. No hay misioneros musulmanes entre los europeos.

Forzoso es reconocer, también, que los misioneros cristianos encuentran grandes dificultades para evangelizar en tierras musulmanas, no tanto por restricciones políticas como por el fanatismo y cerrazón de los propios creyentes. Es preciso señalar también una gran división en el mundo actual: los creyentes y los no creyentes. La negación total de Dios (ateísmo), va unida a una concepción puramente materialista de la vida, de la historia y del mundo.

El número de ateos conscientes, totalmente convencidos de que más allá de la vida y de nuestras propias fuerzas no existe poder espiritual que nos gobierne y a quien hayamos de rendir cuentas, no es tan crecido como el de los pragmáticos y agnósticos, es decir, los convencidos de que la vida se ha de vivir con la inquietud de cada día, sin preocuparse de problemas profundos cuya solución, dicen, es imposible de hallar. Sobre el futuro, el más allá y la trascendencia de todo lo que existe, según ellos, no sabemos nada.

Por tanto, nada podemos decidir sobre algo tan nebuloso que nunca podrá esclarecerse. El mundo comunista ateo abarca más de un tercio de la Humanidad. Este credo social y político es también un credo religioso. La religión del Estado implica una renuncia a toda otra religión. En los Estados comunistas se realiza una activa campaña contra toda clase de fe en poderes superiores, sean de la clase que sea. «La religión es el opio del pueblo» es un slogan que vale lo mismo para combatir el cristianismo de Hungría que el budismo de China.

La Iglesia católica condenó al comunismo ateo por boca de Pío XII. Sin embargo, en los últimos años se ha observado un estrechamiento en las relaciones de la ex U.R.S.S. con el Vaticano, llegando a la culminación con la entrevista, efectuada en el mes de enero de 1967, entre Su Santidad y el presidente de la Unión Soviética, Podgorny. América es un continente cristiano. Existen aún algunas tribus esquimales o de indios que mantienen sus creencias primitivas, pero la América civilizada es católica o protestante. En Norteamérica predominan ligeramente los protestantes, pero toda la América latina es fundamentalmente católica. Europa es cristiana también exceptuando algunos núcleos musulmanes.

Los países nórdicos, incluida la Gran Bretaña, mantienen el credo protestante. Grecia y la Europa Oriental pertenecen a la Iglesia cismática, mientras la Europa latina, Francia, gran parte de Alemania, Austria, Irlanda, Hungría, Polonia, etc., son primordialmente católicas. El Africa negra está sufriendo una transformación importantísima. Así como se va convirtiendo en una entidad política y económica digna de consideración, grandes comarcas africanas abandonan los cultos fetichistas para convertirse al cristianismo. El nombramiento en 1960 del primer cardenal negro, monseñor Rugamewa, obispo de Tanganica, produjo excelente impresión entre el elemento indígena africano. Las misiones católicas y protestantes del Africa negra son quizás las que más frutos han conseguido en su tenaz labor de apostolado. El trabajo realizado en un sentido ampliamente cristiano por el doctor Schweitzer, no es único en este continente tradicionalmente atrasado.

Casi toda el Africa situada al Norte del Ecuador prácticamente es musulmana exceptuando la isla etiópica donde se mantiene un cristianismo ancestral. El mahometismo se extiende por el Oriente Medio, Persia, Turquestán y Pakistán, llegando hasta Indonesia, que recibió esta fe cuando era visitada por mercaderes musulmanes mucho antes de que llegara allí el cristianismo. En el continente asiático es donde se da una mayor mezcolanza de sentimientos religiosos. La India en este sentido es un gran avispero. Aún existen en ella unos 125.000 parsis, seguidores de las doctrinas de Zoroastro.

La división del país en Pakistán (musulmanes) y la India propiamente dicha (hindúes) obedece a una diferenciación de credo religioso. A raíz de la constitución del Pakistán, se realizó uno de los éxodos de poblaciones más grande que registra la Historia a fin de que la mayor parte de población religiosa se encontrara emplazada en el país de su preferencia. A pesar de los esfuerzos de Nehru y sus seguidores, el hinduismo mantiene en la India formas típicamente retrógradas. Aún pululan las vacas sagradas por las calles de sus principales ciudades y los parias todavía son considerados como intocables.

Más de 60 millones de parias sufren una de las segregaciones más absurdas, a pesar de que el sistema de castas haya sido declarado fuera de la ley por el parlamento de Nueva Delhi. Hasta 1951, por ejemplo, no se modificó el código que regulaba el matrimonio que, en esencia, databa del siglo V a. de J.C. y derivaba del Código del Manú.

La religiosidad es muy intensa. En la ciudad santa de Benarés existen 1.450 templos hindúes. El budismo chino sufre una de las pruebas más duras por la intensa campaña antirreligiosa del gobierno comunista. Las misiones cristianas, que estaban muy extendidas en el inmenso país, fueron dispersadas y en la actualidad no existen centros cristianos en China. Antes de la última guerra mundial el sintoísmo era la religión oficial del Japón. Según ella, el emperador era un dios a quien no se podía mirar cara a cara. Por esta razón, cuando Hiroito se presentaba al pueblo, la multitud inclinaba la cabeza para no cometer la irreverencia de mirarle.

El emperador descendía por generación directa de Amaterasu- Omikanii, la diosa del Sol. El culto de los antepasados, la fe en el Imperio, la devoción al emperador hasta la muerte, la gloria del que cae en el campo de batalla y la obligación de visitar una vez en la vida el templo de Ise, eran los pilares fundamentales de la fe en el Shinto, el emperador. En la actualidad el mismo emperador, al democratizarse, ha hecho que esta fe disminuyera y hoy el Japón es una encrucijada de creencias: sintoísmo, budismo y cristianismo.

Una gran parte del mundo, quizás un 75%, es creyente. Cristianos, mahometanos, budistas, etc., admiten la existencia de un ser Creador omnipotente que rige los destinos del mundo. Una gran parte de los no creyentes, por lo menos en la práctica, son agnósticos y no admiten ni el planteamiento del problema religioso. Un sector muy reducido del resto confiesa su fe atea, si vale la paradoja. Pero muchos millones de seres humanos aún siguen fieles a prácticas supersticiosas primitivas entre los pueblos salvajes. No puede negarse que en la segunda mitad del siglo XX la Religión, la fe en un Dios creador y providente, sigue siendo una de las fuerzas positivas espirituales más fuertes de la Humanidad civilizada.

En nuestro mundo tan revuelto, las posiciones espirituales se han simplificado al escindirse la humanidad en dos campos mentalmente antagónicos: creyentes y ateos. El antagonismo que en el siglo XVI se produjo entre católicos, o «papistas» como se les llamó, y protestantes, no puede existir en la actualidad. En Alemania hay algunos templos en los cuales los cultos católico y protestante turnan para que puedan ser utilizados por los fieles de los dos credos. El movimiento internacional ateo, radicado en Moscú y Pekín, principalmente, dirige sus ataques en forma indistinta contra los mahometanos, budistas, cristianos o cualquier otro grupo de creyentes. Este hecho ha producido un acercamiento, táctico si se quiere, entre los «deístas».

LA RELIGIÓN EN LA MESOPOTAMIA

Las cuencas del Éufrates y del Tigris fueron, casi en época contemporánea al esplendor egipcio, cuna de una gran civilización, pero los dioses mesopotámicos y las ideas religiosas desarrolladas en este lugar del Asia se diferenciaron grandemente de las aparecidas en Egipto. La preocupación por la muerte y la otra vida, ideas típicas del valle del Nilo, se transformaron aquí en una adoración temerosa hacia dioses crueles y tiránicos. En el siglo IX a. de J.C. se vivía un politeísmo totémico. La naturaleza y todos los objetos relacionados con el hombre eran tenidos por dioses, de los cuales existían más de 55.000 reconocidos, desde los protectores de cada ciudad a los que eran particulares de cada persona y de los momentos cumbres de la vida. Durante un tiempo hubo una cierta confusión entre la Religión y la Astronomía teñida de Astrología.

El cielo purísimo de Caldea y Asiria permitía la observación del firmamento, y de su conocimiento se llegó a una identificación de dioses y astros. El planeta Venus era Astarté, por ejemplo. Los zigurats fueron, posiblemente, los primeros observatorios astronómicos utilizados por el hombre en aquel tiempo de sacerdotes-astrónomos. Los dioses asirios y caldeos se limitaban a asegurar la felicidad terrena a los hombres que se habían acordado de ellos en vida mediante sacrificios y ofrendas, pero ni a unos ni a otros preocupaba demasiado el futuro. No les inquietaba en exceso lo que podía ocurrir más allá de la muerte, y su religión era concreta, materialista. Los primitivos sumerios fueron sustituidos por una ola de semitas y el reino de Babilonia se encontró en trance de estructurar una verdadera religión con su culto y sus templos. Baal fue el protector de Nipur, y Marduk, de Babilonia; Anu era el cielo; Baal, la tierra; Shamash, el Sol; Sin, la Luna, etcétera. Mas por encima de todos brilló una diosa cruel, hermosa, lasciva y obsesionante: Astarté, de origen sumerio, que había de dar motivo a un entroncamiento con la Afrodita griega y la Venus romana. Era la diosa del amor y de la fecundidad aunque ofreciendo facetas distintas: más guerrera en Nínive, más voluptuosa en Babilonia, más refinada en Fenicia, etcétera.

Astarté se enamoró de Tammuz, quien, durante una cacería fue destrozado por un jabalí y descendió al reino de los muertos. Entonces la diosa fue tras él y suplicó a los custodios del reino de las sombras para que le devolvieran a su amante, consiguiéndolo gracias a sus ruegos y a su belleza.

Al aumentar el esplendor y el poder de Babilonia creció también el número de dioses porque los reyes vencedores arrastraban consigo, además del botín y los prisioneros, a todos los dioses de sus enemigos, que pasaban a engrosar los ya numerosos de sus templos. Hammurabi, el gran legislador, que debía ser un hombre ordenado en extremo, catalogó y numeró los dioses de modo que dio el número 30, por ejemplo, a la Luna, el 20 a Shamash, el Sol, etcétera. La preponderancia de la Astrología ocasionó el incremento de la adivinación. Los sacerdotes se convirtieron en magos. Para augurar, por ejemplo, el ciclo propicio de Astarté, era preciso seguir y conocer el curso de su planeta, Venus.

Esto les obligó a perfeccionar en gran manera sus estudios de Astronomía. Hubo momentos en que interesó más la estrella, la constelación, el astro y sus variaciones en el cielo que la misma estatua o imagen del dios en el templo, y la Ciencia ahogó su Fe. Aunque esto no impidió la creación de una cosmogonía menos consistente que la egipcia. Según ellos, al principio existía el Abismo y el Caos, los cuales dieron origen a dos principios: Lahmou, el macho y Lahamou, la hembra. Más tarde surgieron otras parejas que entablaron tremendas luchas entre sí, intrigas de odios y de violencias en las que el elemento sensual predominaba. Así, cuando lucharon Marduk y Tiamat, el primero consiguió dominar a Tiamat y la destrozó dividiéndola en dos partes.

De una hizo el cielo, de otra la tierra y de la sangre nacieron los hombres. Algún tiempo más tarde, Marduk quiso destruir a los hombres y provocó el diluvio. Ea previno a tiempo a su amigo Uota- Napishtim, el cual construyó un navío en el que se salvó un puñado de hombres. La persistencia del tema del Diluvio en todas las cosmogonías hace pensar profundamente y es necesario admitir que realmente hubo una grandiosa inundación, cuyos efectos destructores quedaron impresos en forma indeleble en el recuerdo y en la tradición de todos los pueblos. Ya se ha dicho el escaso interés que los asirios y caldeos mostraron por el futuro, por el reino de los muertos. La felicidad fue concebida como cosa humana y terrena. Al morir una persona, los familiares y amigos rodeaban el cadáver de provisiones y enseres a fin de asegurarle una existencia soportable. Luego, los demonios subterráneos se hacían cargo del difunto y se lo llevaban a los reinos de la muerte, donde reinaba Nergal.

El muerto era llevado en una barca por las aguas de un río que se encaminaba hacia el Norte, es decir, hacia la ciudad de los muertos rodeada de siete murallas. Nergal salía a veces de las entrañas de la Tierra para recoger almas. Era la Peste que destrozaba las poblaciones. Mientras tanto, su esposa, Beltis-Allat, con cuerpo humano y cabeza de leona, permanecía en los abismos.

En épocas más próximas se creía que ella realizaba un juicio de los muertos quienes se presentaban completamente desnudos ante la diosa. Ésta no les preguntaba, como en Egipto, cuál había sido s conducta moral, sino que se limitaba a averiguar si habían sacrificado a los dioses y cumplido los ritos externos. En caso negativo, eran entregados a los demonios, que los atormentaban. La evolución hacia una moral más elevada se produjo muy lentamente, pero en la cuenca mesopotámica el premio y el castigo eternos siempre estuvieron supeditados a la conducta del hombre respecto de los dioses y no con respecto a sus semejantes, o a unas normas de moral universal.