Traiciones y Asesinatos

Biografia de Jesse James:Asaltante de Bancos y Trenes

RESUMEN DE LA VIDA DEL FAMOSO ASALTANTE AMERICANO: JESSE JAMES

El mayor mito de la historia del oeste americano , Jesse W. James (1847-1882), famoso asaltante  de bancos y trenes estadounidense, cuya fama sobrepasó las fronteras americanas para convertirse en uno de los proscripto mas conocidos del mundo.

Murió como vivió, siempre al límite, traicionado por uno de sus hombres. Sentencia: Asesinado por Robert Ford, uno de sus lugartenientes.

Biografia de Jesse James

Jesse James

James nació el 5 de septiembre de 1847 en el condado de Clay (Missouri).

Fue el segundo hijo de Robert y Zerelda. Cuando James era muy pequeño su padre se fue en busca de oro a California y jamas regresó.

Su madre se casó dos veces más y aumentó la familia a siete hermanos. Ya adolescente, en plena Guerra Civil Americana,  se sumó a un grupo ede guerrilleros confederados de Clarke Quantrill.

Se alistó junto a su hermano mayor Frank, y se dedicaron a combatir a los yankee y a robar bancos.

Su aspecto físico era de una figura flaca y desgarbado, jamas podría uno pensar que dentro de ese cuerpo raquítico se escondía una persona valiente de un caracter agresivo y temerario.

Terminada la guerra en 1865, se prometió un perdón a los combatientes del Sur, y su grupo decidió presentarse a solicitarlo, pero era una trampa artera, pues fueron recibidos a balazos, en donde una bala perforó el pulmón de James.

Pronto fue atendido por su prima Zerelda,  quien lo cuidó con tanto cariño, que nació un profundo amor entre ellos, para casarse en 1874.

Jesse dolido por la traición, forma una nueva banda  con los hermanos Thomas, Jim, John y Bob, de apeliido Younger, y de esta manera comenzaba la mítica la trayectoria de la banda de delincuentes más famosa de la historia americana.

Su primera gran proeza fue el asalto el 13 de febreo de 1866 al Commercial Bank de Liberty (Missouri) en el que robaron cincuenta y ocho mil dólares.

A partir de entonces, los asaltos fueron haciéndose más frecuentes y violentos, con el joven Jesse erigido como el auténtico jefe de la banda por su crueldad y su capacidad de mando.

El atraco a trenes se inicia a partir de 1873, cuando observan que debido a vulneralidad en seguridad y a la vez la facilidad para escapar rapidamente por las grandes extensiones del suelo americano.

A corto plazo la compañia de ferrocarill, contrata una agencia de seguridad, para evitar nuevos asaltos y comienza así una guerra particular con la famosa Agencia de Detectives Pinkerton de Chicago.

En el avance de la investigación, la agencia en unos de sus embestidas a la granja de la banda, asesinan al hermano menor de Jesse,  Archie de solo nueve años.

Siempre se recuerda el intento de asalto al banco First National Bank de Northfield (Minnesota) , un 7 de septiembre de 1876, cuando la policía local alcanza a reaccionar con celeridad y se produce un enfrentamiento sangriento en donde a excepción de Jesse y su hermano Frank, son todos los miembros capturados o asesinados, la banda quedó casi desbaratada, al punto que los dos hermanos se retiraron a Tennessee, donde vivieron tres años sin meterse en líos.

Pero a Jesse le aburría la vida «tranquila», por lo que en 1879 volvió a formar una banda y retornó a los atracos a bancos y trenes.

En el año 1881, Frank decide cambiar de vida y retirarse de la vida delictiva, y ascienden a subalternos de Jesse,  los hermanos Ford, Robert y Charles.

La vida del bandido día a día le era mas complicada, pues de había armado toda una red de control policial para capturarlo, poniendo además un precio de 10.000 dólares a su cabeza, cifra que para la época era mucho dinero y mucha gente estaba al tanto de su búsqueda.

A fines de 1881 traslada a su mujer y a sus dos hijos a Saint Joseph (Missouri), donde vivió escondido y recluído pues no se podía fiar de nadie, cualquiera podía traicionarlo, y asi fue, porque en 1883 es asesinado por la espalda, con un tiro en la nuca,  cuando estaba sobre una silla colgando un cuadro en un salon.

El sicario fue su lugarteniente (pariente lejano) Robert Ford, sobornado por el Gobernador de Missouri, Thomas T. Crittenden,

Respecto a su hermano Frank, la opinión pública estadounidense lo trató como a un héroe y fue absuelto en dos ocasiones; murió en 1915 en su granja de Missouri.

Fuente Consultadas:
Mala Gente de Miguel Ángel Linares
Enciclopedia ENCARTA Microsoft

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Los Crímenes de la Familia Puccio:Historia de los Asesinatos

HISTORIA DE LOS ASESINATOS DE LA FAMILIA PUCCIO

La familia Puccio, fue una banda de secuestradores conocido como el «Clan Puccio«, que cometieron una gran acción delicitiva entre 1982 y 1985, que los convirtió en uno de los grupos criminales mas famosos de Argentina.

A tal punto que se ha estrenado un film («El Clan«) para contar esta siniestra historia, que inclusive para muchos allegados a la familia estuvieron años para aceptarla, como por ejemplo, los compañeros de rugby de Alejandro defendieron su inocencia durante muchos tiempo.

Durante la dictadura de 1976-1983, Arquímedes Puccio fue miembro de la SIDE, la Triple A, y proporcionaba «alojamiento y comida» para los desaparecidos secuestrados por los militares.

Cuando los militares en 1983 dejaron el gobierno y comenzó la democracia con el presidente Raúl Alfonsín , Puccio ya no podía gozar de la inmunidad que había disfrutado antes.

Para mantener su espléndido nivel de vida, empezó a «trabajar por su cuenta»,  dirigiendo una banda deliectiva conformada por los integrantes de su familia y otros amigos.

El negocio era el secuestro extorsivo, y la serie de sus víctimas (una por año) fueron cuatro en total, primero el jugador de rugby Ricardo Manoukian, le seguiría el ingeniero Eduardo Aulet, luego el empresario Emilio Naum (que se resistió y fue asesinado) , y finalmente la empresaria Nélida Bollini de Prado, única mujer y  sobreviviente de esta obra macabra.

Arquimedes Puccio Jefe de una banda de secuestradores

Arquímedes Puccio jefe del clan. De profesión contador, siempre vinculado a la política, durante el 1° gobierno de Perón , en 1950 había sido diplomático de Perón, quien lo condecoró.

También según sus declaraciones había estado en Montoneros, pero había pruebas de su vinculación con la Triple A como espía. La política la utilizaba para su propio provecho, inclusive trató de contrabandear armas a España, pero fue descubierto.

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La familia vivía en San Isidro (en Martín y Omar al 500), Arquímedes era muy conocido y un respetado profesional en ciencias económicas.

También ejerció como subsecretario de Deportes de la Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires.

Su señora  Epifanía era profesora de contabilidad y matemática en un colegio al frente de su casa.

En la planta baja de su vivienda tenían un negocio deportivo, y un bar en el edificio de al lado. Don Arquímedes , se pasaba barriendo la vereda a cualquier hora, contaban los vecinos.

Tenían cuatro hijos Alejandro, un gran jugador de rugby en el Club Atlético de San Isidro (CASI), que llegó a jugar en los Pumas, seguía Daniel , alias «Maguila», también deportista del rugby, pero no las condiciones de su hermano mayor.

Silvia, una de sus hijas mujeres, estudiaba artes plásticas, y dos niños adolescentes en esa época llamados Guillermo y Adriana que nada tuvieron que ver en este drama.

Nadie jamás pudo imaginar que esta familia haya tenido una vida criminal paralela, pues su imagen social era muy bien vista, desde donde se la mirara.

Aquímedes un hombre carismático y excelente profesional, su señora una destacada docente, junto a sus hijos estudiantes y buenos deportistas.

Quien se imaginaría la atrocidades que ocurría en ese tétrico sotáno disimulado, o en el baño de la planta alta, donde dejaban a sus vítimas atadas, encapuchadas y con muy poco alimentación durante varios días.

Esta banda secuestradora se organizó según planes de Arquímedes Puccio, quien convocó (y obligó) a sus hijos Daniel y Alejandro a seguir las reglas y órdenes para lograr de su objetivo.

Nadie podía negarse o desobedecer las leyes de su autoritario padre. Además se apoyaron en la complicidad del militar retirado Rodolfo Franco, y los amigos de la familia Guillermo Fernández Laborda y Roberto Oscar Díaz, entre otros colaboradores.

En sus planes contaba en utilizar la fama y amistad que tenía Alejandro, y usarlo como carnada para atraer a sus víctimas, por lo que el clan se dedicó a secuestrar empresarios o amigos ricos, cercanos al círculo familiar, a quienes encerraba en el sótano de la casa.

Paso seguido era un contacto telefónico y el pedido de un cuantioso rescate, a pesar, que nunca tuvieron la intención de liberar a ninguna sus víctimas, pues eran conocidas y serían descubiertos.

Orden Cronológico de las Capturas

22/07/1982: El joven empresario Ricardo Manoukian, amigo de Alejandro Puccio, fue hallado a los pocos dias, sumergido hasta la cintura en una laguna,  con tres tiros en la nuca. La familia pagó 250.000 dólares como rescate.

05/05/1983: Otro conocido de Alejandro por el rugby , un ingeniero, llamado Eduardo Aulet. También  secuestrado y asesinado. Pago del rescate 100.000 dólares. Su cadáver fue desenterrado recién en 1987, en un campo de General Rodríguez.

22/06/1984: Emilio Naum es asesinado al resistirse a ser secuestrado por Arquímedes Puccio.

23/08/1985: Fue el último caso. Nélida Bollini de Prado, por quien el «clan» pedía 500 mil dólares. Estuvo 32 días encerrada en el sótano de los Puccio, hasta que la policía pudo rescatarla.

Luego de la detención de la banda, por los secuestros de Manoukian, Aulet, Naum y Bollini de Prado, también fueron investigadas Epifanía y Silvia, pero la justicia no encontró pruebas suficientes para encerrarlas.

Todo el mundo se preguntaba como era posible que ellas hayan convivido con el resto de la familia y no hayan sabido nada.

Fue todo muy confuso, y todo el país estaba espantado con los acontecimientos.

La familia se separa de forma definitiva, y algunos de sus integrantes no ven mas a su padre en la vida.

La hija mayor Silvia, muere de cáncer a los 52 años, la mas chica Adriana fue criada por un tío, y parece que hoy vive con Epifanía, su longeva madre de 90 años.

El hermano menor Guilermo fue a vivir a Nueva Zelanda, jamás regresó.

Arquímedes cumplió 23 años de prisión, donde estudió para abogado. Salió libre en 2008 y un pastor evangélico lo acogió en General Pico, La Pampa.

Según cuenta los pobladores, siempre andaba caminando por el barrio y se divertía preguntando si lo conocían, también Rodolfo Palacios en su libro «El Clan Puccio» contó que Puccio tuvo problemas con los vecinos del inquilinato.

Entre otras cuestiones, porque barría a cualquier hora y molestaba.

También presumía del sexo que tuvo con decenas de mujeres, que admiraba a Adolf Hitler y de los importantes cargos que ocupaba, pero jamas reconoció lo único fehacientemente comprobado, el secuestro de cuatro víctimas , de las cuales ters fueron asesinadas.

Al clan Puccio se le adjudican el secuestro y muerte de Ricardo Manoukie, de Eduardo Aulet (capturado el 5 de mayo de 1983); el homicidio de Emilio Naum, que se resistió a ser llevado el 22 de junio de 1984; y el secuestro de Nélida Bollini. Además de los Pucio, lo integraban cuatro tipos más.

Algunos fueron condenados a reclusión perpetua.

Arquímedes Puccio, el jefe,  era un contador que había militado en Tacuara. Alejandro, su hijo mayor juraba que no sabía nada de los secuestros e intentó suicidarse tres   veces , la primera en noviembre de 1982, arrojándose al vacío en Tribunales.»Me tocó un padre que no tuve la opción de elegir», escribió en una carta a sus abogados. Alejandro murió en el año 2008.

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Casos de Espionaje Mas Famosos de Historia

Casos de Espionaje Mas Famosos de Historia

Está escrito en la Biblia. Para vengar una afrenta amorosa, el pelilargo Sansón descargó una y otra vez su descomunal fuerza sobre los filisteos.

Estos le tendieron infinidad de trampas para matarlo, pero ninguna dio resultado: siempre podía más la furia del gigante.

Sin embargo, cuando su figura ya adquiría dimensiones de imbatible, alguien propuso una nueva técnica para derrotarlo: averiguar el origen de su fortaleza.

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Leyenda de Sansón y Dalila

En esos días, Sansón acababa de conocer a una hermosa nativa del valle de Soré: Dalila.

Sagaz, el autor del plan la tentó para que entrara en el complot: le hizo saber que 1.100 monedas de plata serían suyas si le arrancaba al forzudo el secreto de su poderío y la convenció.

Al principio, el gigante eludió con mentiras las astutas preguntas de la cortesana.

Pero al final, la inteligencia de la seductora pudo más.

«Soy un nazareno —le dijo— y son mis cabellos los que me hacen fuerte; si me los cortaran, me volvería débil como los demás hombres».

Con suprema picardía, Dalila lo hizo dormir sobre sus rodillas y, tras rasurarlo, lo entregó a ios filisteos, manso y vulnerable.

El contrato se había cumplido.

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Para muchos historiadores, la mercenaria actitud de Dalila de cambiar por dinero el secreto de la fuerza de Sansón inauguró el tráfico clandestino de información, por eso consideran a este dramático pasaje bíblico como el antecedente más remoto del espionaje.

Sin embargo, otros sostienen que los primeros «agentes secretos» datan de mucho antes y que su jefe fue Moisés.

Según la Biblia, envió —por orden de Jehová— a los representantes más destacados de las doce tribus que conducía rumbo a Canaán (la Tierra Prometida), para que averiguaran todo cuanto pudieran de ella y de sus habitantes.

Más allá de las referencias bíblicas, los arqueólogos encontraron en Egipto, China, Grecia y Roma testimonios elocuentes de que los espías existieron mucho antes de la Era Cristiana.

• La primera policía secreta

El espionaje siempre ocupó en Oriente el rango de «ciencia preferida».

«El espía es el ojo del rey; quien no lo tiene está ciego«, dice uno de los Proverbios para destacar su importancia.

Hace 2.500 años, los espartanos ya tenían su policía secreta.

Se llamaba «Crypteia» y los jóvenes que la formaban eran famosos por sus sistemas de represión.

Iban a las poblaciones de esclavos y mezclados entre ellos trabajaban a brazo partido para enterarse de cualquier intento de rebelión.

Entre los atenienses también había un «James Bond«.

Su nombre era Anaxilas y pese a su astucia fue descubierto por Demóstenes, quien lo mandó asesinar.

Emperador Julio César

Julio Cesar

Por relatos de la época se sabe que Epaminondas también era afecto a esta actividad, aunque no en carácter activo.

El famoso general contaba con un ejército de agentes que le proporcionaba datos sobre las filas enemigas.

Era tan aficionado a esta materia que jamás planificó un combate sin antes conocer el informe de sus allegados.

¡Hasta la fecha de sus batallas dependía de esos mensajes!.

Pero, según surge de prolijos trabajos, fue Alejandro Magno quien hizo un «oficio» del espionaje.

Para desorientar a las fuerzas rivales, enviaba al campo enemigo personal entrenado para hacer circular noticias falsas.

Con ese método, más de una vez consiguió que el adversario gastara sus fuerzas atacando ejércitos fantasmas.

¿Qué sistemas se utilizaban para trasmitir los mensajes?.

Hasta la época de Julio César, macabros.

Ninguno fue tan cruel como el empleado por un griego que, a punto de ser sorprendido, grabó a fuego palabras claves en el cráneo de un rapado esclavo.

Las técnicas sutiles llegaron con Julio César.

El fue quien inventó los «mensajes cifrados». Mediante la trasposición de letras, armó un insólito alfabeto imposible de entender para quienes no estaban «en el tema».

César, que heredó su predilección por el espionaje de Escipión, revolucionó el «arte» del acecho.

• La red de los venecianos

En el medioevo, junto con la intriga palaciega, el espionaje alcanzó formas refinadas y hasta un rey de Inglaterra llegó a practicarlo: Alfredo el Grande, quien en el siglo IX incursionó campamentos daneses.

Disfrazado de bardo y arpa en mano, convivió con la soldadesca enemiga y rescató toda la información que se le ocurrió.

Poco después, desatada la guerra entre ambos países, Inglaterra se alzó con fácil victoria.

Siglos más adelante fue la República de Venecia la que marcó el rumbo. Su red de espionaje fue la mejor concebida hasta entonces. Integrada por multitud de agentes, su eficacia era asombrosa.

Allí estaban enrolados personajes famosos —como Marco Polo— y desconocidos científicos, panaderos, turistas, tenderos, niños y mujeres.

La Iglesia también conoció el espionaje.

Carlos V estuvo empapado de todo cuanto ocurrió en las altas esferas eclesiásticas gracias al «brazo derecho» del papa Adriano IV.

Volviendo a Venecia, era curioso el sistema empleado por el Consejo de los Diez, encargado de guardar el orden en la República.

Diariamente trataba decenas de denuncias por «traición a la patria» o por «servir a potencias extranjeras».

Tras cuidadas investigaciones, juzgaba.

Si se confirmaba la denuncia, todos ios bienes del acusado pasaban a manos del acusador.

• Las ideologías también cuentan

Durante la época de la Reforma el espionaje se hizo más por ideología que por cuestiones materiales.

Ejemplar fue el servicio de inteligencia español, que contó en sus filas con el embajador inglés en Francia (Stafford).

Paralelamente al apogeo español, crecía en Inglaterra la figura de uno de los cerebros más grandes del espionaje mundial: Francis Walsingham, fue quien desenmascaró a Stafford, y en otras de sus gestiones, permitió conocer los planes de la famosa Armada Invencible.

Por eso se lo considera  padre del espionaje británico.

Catalina la Grande —después zarina de las Rusias—, comenzó a cambiar paquetes de libras esterlinas por informes y le dio la razón.

El espionaje francés alcanzó buen nivel durante la época de Richelieu, que reclutó ciertos eclesiásticos para su misión.

De Napoleón se dice que desconfiaba de los espías y que los trataba como a traidores.

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Sin embargo, su policía secreta fue una de las más costosas del mundo. Entre sus agentes sobresalieron Joseph Fouché y Karl Schulmeister, dos verdaderos «monstruos» de la información clandestina.

Gracias a Wilhelm Stieber los alemanes tuvieron «su cuarto de hora». Su sistema fue uno de los más perfectos que se organizó en todos los tiempos.

En la guerra franco-prusiana, 36.000 agentes suyos pulularon sin ser advertidos por territorio galo.

En nuestro continente, uno de los más entusiastas aficionados al espionaje fue George Washington, quien recurrió a los más insólitos ardides para difundirlo.

• El triunfo de los contraagentes

El estallido de la Primera Guerra Mundial encontró a las grandes potencias con el «sistema Stieber» listo para ser empleado. Sin embargo, su cometido fue casi nulo. Pese a que durante el conflicto participaron 45.000 espías (20.000, aliados), lo que en realidad funcionó a la perfección fue el contraespionaje.

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En 1939, cuando el gobierno alemán tenía montado uno de los aparatos de informaciones más grandes de la historia, ocurrió casi lo mismo.

Comandado por Walter Canaris, un genio en la especialidad, cosechó más fracasos que éxitos. Funcionó con eficacia en la crisis de Munich y en las conquistas de Noruega, Bélgica, Francia y Holanda.

Por un espía alemán, el capitán Günther Prien concretó una de las maniobras bélicas más audaces (penetrar con un submarino U-47 en la base de Scapa Flow, «un almacigo de minas», para volar el acorazado Royal Oak).

El ataque a Pearl Harbor, inclusive, se desató por la información que le proporcionó a los japoneses Otto Kuehn.

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Pero todo eso resultó demasiado poco para el despliegue efectuado.

En 1941, el contraespionaje norteamericano acabó casi por completo con la red nazi.

Después de la guerra, las tensiones entre Oriente y Occidente se encargaron de alentar al espionaje.

Con una metodología y un instrumental que marchan al compás de los avances tecnológicos, los espías de hoy son casi científiecs Los ejemplos del literario «James Bono»‘ cada vez pertenecen menos a la ficción.

Los artificios tramados por Fleming comienzan a ser realidad y el canje del agente ruso Abel por el aviador norteamencano Powers revela que los espías ya tienen patria y que sus gobiernos «dan la cara» por ellos.

UNA SITUACIÓN REAL DE LA ÉPOCA:

Estaban cenando. La comida parecía de rutina y se desarrollaba con toda normalidad.

El agente era un comensal más.

De pronto, su «olfato» le hizo pensar que algo raro estaba sucediendo.

Pensativo, se puso a «juguetear» con su tenedor en un plato y se encontró con algo sorprendente: el corazón de una aceituna en vez de contener un carozo escondía un… ¡micrófono.

El hecho ocurrió en el país, no hace mucho, y sirve para testimoniar los insólitos recursos a que echan mano los espías para cumplir con su cometido.

Cualquier elemento les resulta eficaz para esconder sus «útiles» de trabajo.

Un alfiler de corbata, un encendedor, un anillo, una flor o un botón.

Detrás del más inofensivo adminiculó puede «latir» una cámara fotográfica, un micrófono, un somnífero y hasta un arma.

Es una especie de arsenal clásico para todo tipo de espía.

Las cartas que juega para obtener con «elegancia» la información que busca.

Cuando no lé queda otra alternativa, recurre a la violencia. Utiliza el rapto o el secuestro de las «cabezas» que le interesan (generalmente, militares o científicas) para someterlas a un variado método de confesión que abarca torturas, drogas, «lavados» de cerebro y el empleo de máquinas «de la verdad».

Otros, en cambio, utilizan sistemas más refinados de persuasión: el soborno o la amenaza, por ejemplo. Una vez que el dato está con ellos, se disponen a superar la etapa más difícil de su oficio: la trasmisión de la información.

Lograr que la película, la cinta grabada o el mensaje escrito traspongan la barrera que tiende el contraespionaje es, sin duda, la tarea más escabrosa.

Por eso quienes practican esta profesión aguzan permanentemente su imaginación, tramando los ardides más raros para obtener el éxito.

Pero los ojos expertos que escrutan los medios habituales que usa el espionaje son tan hábiles que «ven debajo del agua».

En este terreno, ya nadie es «autodidacta».

En escuelas especializadas—de alto nivel universitario— se educan tanto los espías como los contraespías.

Allí aprenden el manejo de potentes y miniaturizados medios de radiotrasmisión, microfotografía y el estudio de la criptografía, disciplina que «arma» y «desarma» los mensajes cifrados.

• Los mensajes en clave

Y es precisamente el andarivel de la criptografía uno de los mayores del espionaje. «Inventada» por los egipcios —más de un investigador moderno se declaró impotente para traducir sus misteriosas tablillas—, también la usaron los romanos.

Julio César fue el primero en advertir lo útil que sería su aplicación en la trasmisión de los informes, incorporándola así oficialmente a las técnicas del espionaje.

Un abate español, Tritemio, a fines del siglo 15 la hizo popular con la edición de su libro Poligrafia.

En el Renacimiento ya gozaba de total aceptación y recurrieron a ella inclusive los Reyes Católicos.

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En la República de Venecia, que según señalamos en la página cuatro contó con perfecta red de espías, crearon cargos de «secretarios de cifras». Sobre su habilidad es bien elocuente esta frase que Felipe II dijo sobre ellos: «Venecia tiene brujos«.

Entre los franceses, Richelieu empleó un código llamado «la gran cifra» para su correspondencia con los ministros y otro, el de «la pequeña cifra», para su carteo con autoridades menores.

Los dos conflictos mundiales le dieron a la criptografía carácter de técnica indispensable, contribuyendo en mucho a su perfeccionamiento.

Su permanente empleo por parte de todos los escalones de mando, ya sea por teléfono, telégrafo o radio, obligaron a ajustaría al máximo para evitar que los mensajes fuesen comprendidos por sus enemigos.

Hoy, en tiempos de paz, el extraño lenguaje «vuela» por todos los cielos del mundo.

Los espías lo cambian de continuo para confundir mas.

Pero los gabinetes especializados igual se las ingenian para traducirlos.

¿En qué se basan para efectuar su tarea?.

Tres son los caminos que se siguen para enviar un mensaje cifrado. Uno altera el orden de las letras que componen el texto.

Otro, las sustituye por otras distintas y hasta por signos o números.

Un tercero mezcla los dos anteriores para hacer todavía más compleja la tarea de los interpretadores.

El cifrado de los mensajes corre por cuenta de máquinas, del tipo de las de escribir, cuyo teclado está especialmente adaptado.

Como cuentan con una infinita gama de símbolos, aseguran la complejidad del trabajo. Paralelamente a la criptografía se mueve la «quimiografía».

Su tarea consiste en detectar las trampas que tienden las tintas invisibles o especiales.

Precisamente, bajo un simple e «inofensivo» punto se escondió no hace mucho un valioso informe.

¿Cómo fue posible hacerlo? Mediante la reducción fotográfica del trabajo, que ocupaba más de una carilla en su tamaño original.

El experto ubicó el nada gramatical punto de pura casualidad.

Creyendo que se trataba de una mancha, raspó el papel con su uña sin otra intención que quitarla. ¡Y se encontró con la sorpresa!

* Los nuevos sondeos

Hoy, la tecnología, la electrónica y la ciencia espacial relegan un tanto a estas mañas clásicas.

Las graneles potencias cuentan con satélites que orbitan día y noche en busca de «grandes noticias» sin desechar las menores.

Sobre su capacidad de captación, es terminante el resultado arrojado por una prueba norteamericana.

No hace mucho, una cápsula fotografió … ¡la pelota de golf! con la que el presidente Nixon jugaba en su casa!.

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Los espías modernos utilizan también el aire y el mar.

Como en el caso del aviador norteamericano Powers, derribado en territorio ruso cuando pilotaba un U-2, aparato supersónico capaz de alcanzar un techo muy elevado y provisto de cámaras fotográficas de formidable alcance y precisión.

O como el caso del buque Pueblo, detenido en aguas coreanas, con particular instrumental. Pero, pese a la nueva ciencia de espiar, de ninguna manera puede decirse que se haya desterrado «la de siempre». ¿El «carozo», de moda?

A TODO O NADA:

SEMANA tras semana se devoraba las últimas entregas de la historieta.

Las aventuras del «agente S-83» lo tenían fascinado.

De Singapur saltaba a Perú; de allí a Brasil o a México.

Siempre acompañado de beldades y frecuentando palacetes, el protagonista se movía como pez en el agua en un mundo peligroso, espectacular, que despertaba la envidia del lector.

Esa es la imagen que la literatura, el cine y la televisión dan en muchos casos del espionaje.

Una imagen que no es real porque la labor de los agentes secretos no es un «reino rosado» y su oficio generalmente se remunera con la muerte o el desprecio.

Para los sicólogos, son «enfermos».

Según ellos, solo fallas anímicas justifican tanto amor por el riesgo y no por los valores habituales.

Acusados de egocentristas, varios son los móviles que impulsan su acción. Pueden ser sentimientos patrióticos o convicciones ideológicas; ambición de fortuna o de poder.

«No hay espía humanista», sentencia un experto del tema al referirse a la metodología que aplican.

Y enfatiza: «No reparan en los medios con tal de conseguir el fin». Pese a esta desolación, muy distinta de la que «pintan» el cine y la literatura, millares de seres se enrolan en esta actividad.

Son hombres y mujeres anónimos.

Solo un número o una clave los distingue las más de las veces.

Astutos, fríos y hasta macabros, cualquier lugar de la Tierra puede ser escenario de su misión.

Expertos en el arte de entregar datos erróneos, echar a correr falsos rumores o robar secretos de Estado, sus trabajos por lo general están rodeados de un profuso manto de silencio.

En épocas de guerra, el menor descuido les es fatal y casi nunca son homenajeados por el país al que prestan servicio, excepto raras excepciones. Ni héroes —como el quimérico «S-83″— ni «padres de la patria».

Solo son engranajes de un ejército de sombras, de fantasmas sin rostros. ¿Nadie es humano entre ellos?.

Algunos, sí. Y hasta hay auténticos genios.

Figuras que escapan del anonimato para ingresar a la galería de agentes famosos. ¿Conocemos a los popes de este oficio? Pero, ¡cuidado con ellos!

Informes de Japón y de Turquía

Uno de ellos es Richard Sorge. Nacido en Bakú (URSS), donde su padre trabajaba como ingeniero petrolero del lugar, peleó en las filas alemanas durante la Primera Guerra Mundial.

Herido, durante su internación fue ávido lector de textos marxistas y se convirtió al comunismo.

En 1933, como miembro del Servicio de Inteligencia ruso fue enviado al Japón.

Para los nipones era un periodista alemán, corresponsal de un diario y de una revista importantes de «su» país.

Excelentes notas le permitieron granjearse amigos y vincularse con personas influyentes.

Sorge Richard

Sorge Richard

Fue así como instaló una formidable red que diariamente engarzaba sus novedades con Moscú.

A fines de 1940 concretó el golpe maestro.

Averiguó… ¡la fecha en que Alemania atacaría el territorio soviético! Sin demoras avisó a Moscú:

«El 20 de junio de 1941, los nazis sobre nosotros», decía el lacónico mensaje.

Cuando le llegó la respuesta, Sorge se quedó asombrado.

¡El Kremlin no le creía! Sin embargo, dos días después de la fecha anunciada por él (22 de junio), 170 divisiones de Hitler se descolgaban sobre Rusia.

Sorge tenia razón.

En 1944 murió ahorcado, víctima de la «Tokko» (policía secreta) nipona.

La URSS, en una demostración sin precedentes, lo honró poniendo su nombre a un barco y a una calle de Bakú.

Hasta emitieron un sello de correos con su figura como homenaje final.

Mientras su nombre se convertía en leyenda, en otro país de Oriente, en Turquía, comenzaba su carrera de espía un diligente yugoslavo: Elyesa Bazna, más conocido como «Cicero».

Trabajando como camarero de la Embajada inglesa, se topó con ultrasecretos documentos sobre el escritorio del diplomático.

Puesto en contacto con un hombre de la SS, ofreció el material a los alemanes a cambio de 20 mil libras esterlinas.

Esa y otras entregas le permitieron acumular una montaña de dinero, pero falso.

Murió en diciembre, al lado de su esposa —otra ex agente— en un modesto refugio monegasco.

Fueron dos casos espectaculares.

Uno, por ideas; el otro, por dinero.

• El hombre que engañó a Hitler

Sin embargo, ni Sorge ni Bazna alcanzaron la dimensión del «pequeño almirante». En 1935 tenía 48 años y una gran foja de espía.

Ese fue el año clave de su carrera, porque le permitió encaramarse en el más alto puesto de la Abwehr (servicio de inteligencia alemán).

Amante de los perros, del violín y de la equitación, Wühelm Canaris se convirtió así en el corazón del espionaje nazi.

Merced a una exitosa campaña de falsos rumores que desató entre los aliados, hizo posible que Hitler entrara triunfante en Checoslovaquia.

Su premio fue el grado de contraalmirante. Sin embargo, su desacuerdo con la crueldad de los SS lo llevó a complotar contra el Führer.

Consiguió una prueba de que Hitler había estado bajo tratamiento siquiátrico en 1918 e inclusive tramó una conspiración para que un tribunal popular lo juzgara como demente.

Decidido a malograr su política, envió agentes para que alertaran a los aliados sobre inminentes ataques a Dinamarca y Noruega.

Lo mismo hizo cuando se preparaban invasiones a Holanda, Bélgica e Inglaterra.

Hasta consiguió que Franco se negara a unirse al Eje, por un mensaje en el que consignaba que la derrota alemana era inevitable.

Su más acérrimo enemigo, Reinhard Heydrich («cabeza» de los SS), sospechó de él y laGes-tapo le colocó micrófonos en su oficina.

En febrero de 1945 Hitler disolvía la Abwehr y lo detenía.

Dos meses después, una dura cuerda asfixiaba al «pequeño almirante» aunque sin darle muerte.

Una argolla de hierro se encargaría de dejarlo de a poco sin aire.

Fue una muerte «oriental» para uno de los más grandes espías de todos los tiempos.

Sorge y Canaris integran un dúo de célebres, ya que fueron dos grandes «tiburones» en el arte de pasar información.

Pero muchos otros también espiaron con perfección.

Como el múltiple —arqueólogo, escritor, militar, aviador— Thomas Lawrence, más conocido por «Lawrence de Arabia«.

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Como Mata-Hari, la sensual bailarina de la «danza de los siete velos».

Físicos como Fuchs y Pontecorvo, que en Inglaterra y Alamogordo recogieron informes sobre las bombas de uranio y plutonio para Rusia.

Marinos como el inglés Montagu, que tras lanzar en el mar el cadáver de un hombre de 30 años con mensajes, hizo entrar en una celada a los nazis.

Como Trepper, que dirigiendo una «orquesta» de 700 «músicos» lienó de informes alemanes a la URSS.

Todos ellos —y muchos más— también ejercieron con maestría este oficio, evidenciando nervios de acero y mentes ideales para la intriga.

Para cerrar, un caso insólito. Según el historiador español Vicens Vives, hasta Américo Vespucio, de quien viene el nombre de nuestro continente, fue espía de los españoles en Lisboa.

Fuente Consultada:
El Espionaje Fantasmas en Clave Historia Viva Fasc. N°191 La Razón

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1:EL CASO CASEMENT:

Casos de Espionaje Político Traiciones en la Historia Caso CasementEl 14 de noviembre de 1913 el periódico «Irish Churchman» comentaba, refiriéndose a la lucha que desde hacia años los patriotas irlandeses libraban en procura de su autonomía de Inglaterra:

«Contamos con la oferta de ayuda de un monarca de una poderosa nación del continente (léase el Kaiser), que se encuentra dispuesto a enviar un ejército lo bastante potente para relevar a Inglaterra de toda preocupación o propósito de Irlanda, coadyuvando para que ésta logre su soberanía». . .

Cuando al año siguiente advino la Primera Guerra Mundial, estas amenazas contra Inglaterra comenzaron a cobrar visos de verosimilitud.

Los voluntarios que luchaban en pro de la independencia irlandesa, entre los que se contaban De Valera, Clarke, MacDermott, Pearse, Connoíly, MacDonagía, Plunkett y otros, decidieron solicitar el apoyo alemán para llevar a cabo él golpe revolucionario que proyectaban en Dublin, dispuestos a alzarse en armas antes de que la guerra concluyera. Por aquel entonces, Sir Roger Casement ofreció a los patriotas sus servicios.

Casement, un protestante de Ulster, era un tipo extraño y quijostesco, de maneras imperiosas, y cabello y barba de un negro azabache.

Los revolucionarios en un principio no deseaban tratar con él a raíz de su filiación no católica —él catolicismo constituía el más alto ideal del movimiento—, pero a causa de su renombre internacional —había pertenecido al servicio consular británico desde 1895 a 1913— optaron en definitiva por no desestimar su colaboración.

Más aún, no tardaron en ver en él al hombre preciso para ser enviado a Alemania en pos de obtener la ansiada ayuda del Kaiser.

En 1916 Casement partió a Alemania con la misión de rescatar allí una brigada de prisioneros de guerra irlandeses, obtener armas para el levantamiento de Dublin y, sobre todo, persuadir al gobierno germano que proclamara la independencia de Irlanda como uno de sus objetivos bélicos. Sin embargo, la misión de Casement no fue todo lo afortunada que se esperaba en razón de sus méritos diplomáticos.

En cuanto a su «brigada», apenas si se unieron 52 prisioneros irlandeses.

Por su parte, el Estado Mayor alemán rehusó discutir cualquier proyecto de transporte de un ejército a Irlanda.

Lo más que Casement (pudo obtener de la Wilhemstrasse, fue que ésta haría una tentativa para desembarcar algunas armas, municiones y explosivos en la costa irlandesa, que se desencadenarían ataques en el frente occidental durante Semana Santafecha prefijada para el alzamiento en Dublin— y que los zepelines iniciarían incursiones de diversión sobre Inglaterra.

En definitiva, los alemanes se atuvieron estrictamente a estos términos.

Como primera providencia, el 9 de abril de 1916 un viejo remolcador, el «Aud», zarpó de Lübeek hacia la costa irlandesa bajo bandera noruega, con 20 mil fusiles camuflados en su Intuyendo claramente que los irlandeses iban a sucumbir en una lucha desigual, Casement decidió retornar a Irlanda antes de que arribara el «Aud» y ejercer presión ante los revolucionarios para que suspendieran el levantamiento.

Para ello consiguió que los alemanes lo enviaran a su país en un submarino, el cual zarpó de Kiel el 12 de abril.

Pero ya el servicio británico de de inteligencia estaba tras los pasos de  Casement, asi cuando éste desembarcó del submarino en un bote de salvamento en Tralee Bay, no tardó en ser aprehendido por la policía.

Enfermo y agotado, Casement fue detenido en unas dunas cercanas a la playa, donde se había echado a dormir.

El alzamiento de Semana Santa, en tanto, constituyó un fracaso, a pesar de que durante siete días los patriotas irlandeses se batieron con bravura en las calles de Dublin.

Arrestados los cabecillas, comenzaron inmediatamente los fusilamientos. Sofocada la revuelta y castigados sus promotores, restaba únicamente Sir Roger Casement por juzgar.

Fue condenado a muerte por la Corte de Old Bailey en julio de 1916, recayendo sobre él una sentencia de alta traición.

Actuó de fiscal el Procurador General F. E. Smith, quien había trabajado con ahínco junto a Sir Edward Carson, líder de la causa unionista de Irlanda, que sustentaba la adhesión a Inglaterra y por tanto, enconado adversario de los separatistas.

Así, pues, desde el principio no hubo ninguna duda en cuanto al resultado del juicio.

El 3 de agosto de 1916 Casement era ahorcado en la prisión de Pentonville.

Años más tarde, en 1937, Eamonn de Valera, el único oficial veterano del levantamiento de Semana Santa de 1916 que se había librado de ser ejecutado, se convirtió en Primer Ministro del Estado Libre de Irlanda e introdujo una nueva constitución que, de hecho, transformó a este país en una república independiente.

El reo de alta traición ante Inglaterra, Sir Roger Casement, pasó entonces a ser oficialmente venerado como uno de los mártires de la independencia irlandesa.

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2:EL CASO DE LA CONDENA DE MINDSZENTY

Conmoción mundial causó en 1948 el arresto y juicio relámpago en Hungría del monseñor Joseph Pehim, obispo titular de Esztergom y cardenal primado de su país, más conocido como el cardenal Mindszenty.

El escenario del caso no dejaba de ser turbulento.

Hungría, ocupada por las fuerzas rusas en la Segunda Guerra Mundial, había caído bajo el telón de acero sovietizante, instaurándose en ella el régimen socialista.

El Partido Comunista había elevado a los cargos supremos del país a Rakoszi y a Geroe, quienes llevaron adelante un gigantesco proceso de depuración que no respetaría ni a las más connotadas figuras de la resistencia húngara, como Nagy, Rajl y el propio Janos Kadar, acusados de «desviacionistas».

Una de las primeras medidas del gobierno de Rakoszi fue promulgar la libertad religiosa en Hungría.

Hasta ese entonces, el único culto oficialmente aceptado era el catolicismo, muy acorde con la tradición ultramontana del país.

Asimismo, esta determinación fue completada con la nacionalización de las escuelas particulares y su consiguiente laicización.

El cardenal Mindszenty, que otrora había sufrido persecuciones y cárcel de parte del gobierno pro hitlerista de Salatchi, no tardó en alzar su voz desde el púlpito y en sus cartas pastorales protestando contra lo que él consideraba «un atropello a la Iglesia».

En esto el cardenal hizo oídos sordos a frecuentes advertencias de civiles y eclesiásticos, que le hicieron ver el peligro que corría, pues a poco andar la «libertad religiosa» se había transformado lisa y llanamente en una persecución anticatólica.

Los Tribunales del Pueblo, nuevo organismo judicial nacido al compás de la instauración del régimen marxista en Hungría, no tardaron en actuar implacablemente.

Y así, el 26 de diciembre de 1948 la A.V.O., Policía Estatal Secreta, detuvo a Mindszenty en su sede primada, trasladándolo poco después a Budapest, bajo la cuádruple acusación de «alta traición, atentado contra la seguridad del Estado, espionaje y tráfico de divisas».

El proceso, de una duración increíblemente rápida, del 3 al 8 de febrero de 1949, basado en una declaración en la que el cardenal admitía todos los cargos en su contra, lo condenó a cadena perpetua.

Pero poco después de su arresto el alto dignatario de la Iglesia había logrado entregar a su secretario un escrito en que decía:

«No he tomado parte en ningún complot. No tengo nada de que acusarme, ni firmaré nada. Si firmara se debería a la debilidad del cuerpo humano y declaro de antemano invalidada mi firma».

El hecho es que la declaración de culpabilidad fue firmada por el cardenal, al parecer tras «lavado de cerebro» y torturas, avaladas por la circunstancia de que tras la sentencia tuvo que ser internado en una clínica antes de sufrir un largo calvario que incluyó reclusión en diversas prisiones.

También un dramático asilo en la Legación de EE. UU. durante la insurrección húngara de 1956, hasta ser puesto en libertad en 1968.

Sin embargo el cardenal había tenido la suficiente entereza para anteponer a la firma del documento de su culpabilidad las iniciales C.F. que en latín significan «Coactus feci» («Lo hice coaccionado«)

Fuente Consultada: Hechos Históricos Revista Nro.21 – Wikipedia – Secretos y Misterios de la Historia – Revista Muy Interesante

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1-Biografia de Adol Hitler
2-Biografia de Josef Stalin
3-Biografia de Pol Pot
4-Los Jóvenes Turcos
5-Junta Militar Agentina

Un dictador es un político cuya mente, enferma de poder, va por un solo carril, y cuyo deseo consiste en imponer su voluntad y sus valores a todos los ciudadanos y eliminar a quienes no los aceptan.

La búsqueda y la conservación del poder se convierten en el único objetivo de su existencia.

¿Cuáles serían los rasgos de la personalidad de los dictadores que contribuyen al desarrollo de esas características?.

Freud explica que las causas de la desintegración de la personalidad deben buscarse en la infancia y que, en algunos casos, la frustración se origina en experiencias prenatales.

La neurosis o la psicosis pueden originarse en una infancia desgraciada.

La infancia y la adolescencia son etapas cruciales en el proceso de formación de un psicópata o un sociópata, algunas de cuyas características aparecen en la mayoría de los dictadores.

Un rasgo distintivo de la vida de los gobernantes autoritarios es, justamente, que han tenido una infancia y una adolescencia con grandes carencias, no sólo en el aspecto material sino también en el familiar.

Hitler, Mussolini y Stalin tuvieron un pasado desgraciado, una madre abnegada y un padre al que detestaban.

La rebeldía juvenil los llevó a tener problemas con las autoridades, que generaron en ellos un fuerte resentimiento.

Sin afecto, inseguros, humillados en la etapa adolescente, incapaces de mantener relaciones sexuales satisfactorias, los dictadores buscaron compensar su baja autoestima mediante el uso y el abuso del poder.

Por supuesto, sería absurdo suponer que todos los niños desgraciados serán más adelante dictadores, delincuentes juveniles o psicópatas.

Sin embargo, en estos casos la semilla del futuro se plantó en un terreno fértil y aguardó el momento en que la inteligencia y la capacidad de los hombres en cuestión propiciaran su germinación.

Más adelante, las cizañas invadieron el sembradío.

Es posible encontrar explicaciones en el plano físico y el psicoanalítico?.

Stalin tenía la cara picada de viruela y era algo deforme.

Mussolini estaba obsesionado con ofrecer una imagen de macho. Hitler tenía una personalidad muy femenina.

Se cree que Mussolini y Hitler tuvieron sífilis, aunque no se sabe con certeza.

El médico del Führer dijo que en 1942 su paciente padeció una encefalitis que se contagió en Vinnitsa.

El tratamiento al que fue sometido le originó una dependencia de las anfetaminas.

Es probable que en los últimos años de la vida de Mussolini su equilibrio mental haya sido afectado por problemas de salud. La mala salud física, como hemos visto, puede ser un elemento importante en el desarrollo de las enfermedades mentales.

La conducta despiadada del dictador turco Kemal Atatürk tiene su origen en el hecho de que sufría de psicosis de Korsakoff, un trastorno cerebral por deficiencia de tiamina que puede atribuirse al alcoholismo y cuyos síntomas son la pérdida de memoria y la tendencia a la fabulación.

En ciertos casos, los problemas de salud han sido un factor que incidió en la mente de los dictadores, pero en sí no son motivo suficiente para dar origen a personalidades tan perturbadas.

Así, la clave para comprender a esos tiranos se encuentra en el desarrollo de sus tendencias, en cómo las circunstancias les permitieron abusar del poder y perder la perspectiva.

Para ellos, el poder se transformó en una obsesión que estaba por encima de todo lo demás y les ofrecía la oportunidad de dar rienda suelta a la expresión de viejos resentimientos, satisfacer ambiciones personales y liberar impulsos inconscientes.

De este modo, los intereses privados se convirtieron en asuntos públicos.

Los resentimientos personales se mostraban como una ideología pensada para perseguir el bienestar del pueblo, y difundida con gran habilidad para ganar la voluntad pública y el entusiasmo por la política instrumentada.

Uno de los aspectos más fascinantes de la psicología de masas es que millones de hombres y mujeres comunes hayan sido embaucados al punto que se comprometieron con una causa no sólo privada sino también descabellada.

Para reforzar su imagen, los dictadores necesitaban hacerla aparecer más imponente de lo que era, entonces buscaban la adulación pública, organizaban ceremonias grandilocuentes y fomentaban la construcción de magníficos monumentos.

Además, necesitaban acabar con la oposición, fuera esta real o imaginaria.

Pero en medio de todas las cortes de sicofantes y la adulación ilimitada, los dictadores estuvieron siempre aislados de la realidad y conservaron su personalidad trastornada, de modo que dentro del autoengaño en que vivían tomaron decisiones que quizás, en última instancia, bien pueden haber sido suicidas o autodestructivas.

Stalin, por ejemplo, falleció en su propia cama, pero, como ocurrió con Tiberio, quizás haya recibido un empujoncito para pasar al más allá.

Hitler se suicidó en el bunker de Berlín.

Mussolini fue ejecutado por partisanos italianos.

Ceausescu y su esposa fueron enjuiciados y fusilados.

Quizá todos ellos no hayan estado locos, pero su personalidad era tan anormal que se tornó peligrosa.

Fuente Consultada: La Locura en el Poder de Vivian Green

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