Historia del Caso de Roger Casement y la Condena de Mindszenty



Historia del Caso Casement Roger
La Condena del Cardenal Mindszenty

1:EL CASO CASEMENT:

Casos de Espionaje Político Traiciones en la Historia Caso CasementEl 14 de noviembre de 1913 el periódico «Irish Churchman» comentaba, refiriéndose a la lucha que desde hacia años los patriotas irlandeses libraban en procura de su autonomía de Inglaterra: «Contamos con la oferta de ayuda de un monarca de una poderosa nación del continente (léase el Kaiser), que se encuentra dispuesto a enviar un ejército lo bastante potente para relevar a Inglaterra de toda preocupación o propósito de Irlanda, coadyuvando para que ésta logre su soberanía». . .

Cuando al año siguiente advino la Primera Guerra Mundial, estas amenazas contra Inglaterra comenzaron a cobrar visos de verosimilitud. Los voluntarios que luchaban en pro de la independencia irlandesa, entre los que se contaban De Valera, Clarke, MacDermott, Pearse, Connoíly, MacDonagía, Plunkett y otros, decidieron solicitar el apoyo alemán para llevar a cabo él golpe revolucionario que proyectaban en Dublin, dispuestos a alzarse en armas antes de que la guerra concluyera. Por aquel entonces, Sir Roger Casement ofreció a los patriotas sus servicios.

Casement, un protestante de Ulster, era un tipo extraño y quijostesco, de maneras imperiosas, y cabello y barba de un negro azabache. Los revolucionarios en un principio no deseaban tratar con él a raíz de su filiación no católica —él catolicismo constituía el más alto ideal del movimiento—, pero a causa de su renombre internacional —había pertenecido al servicio consular británico desde 1895 a 1913— optaron en definitiva por no desestimar su colaboración. Más aún, no tardaron en ver en él al hombre preciso para ser enviado a Alemania en pos de obtener la ansiada ayuda del Kaiser.

En 1916 Casement partió a Alemania con la misión de rescatar allí una brigada de prisioneros de guerra irlandeses, obtener armas para el levantamiento de Dublin y, sobre todo, persuadir al gobierno germano que proclamara la independencia de Irlanda como uno de sus objetivos bélicos. Sin embargo, la misión de Casement no fue todo lo afortunada que se esperaba en razón de sus méritos diplomáticos.

En cuanto a su «brigada», apenas si se unieron 52 prisioneros irlandeses. Por su parte, el Estado Mayor alemán rehusó discutir cualquier proyecto de transporte de un ejército a Irlanda. Lo más que Casement (pudo obtener de la Wilhemstrasse, fue que ésta haría una tentativa para desembarcar algunas armas, municiones y explosivos en la costa irlandesa, que se desencadenarían ataques en el frente occidental durante Semana Santafecha prefijada para el alzamiento en Dublin— y que los zepelines iniciarían incursiones de diversión sobre Inglaterra. En definitiva, los alemanes se atuvieron estrictamente a estos términos.

Como primera providencia, el 9 de abril de 1916 un viejo remolcador, el «Aud», zarpó de Lübeek hacia la costa irlandesa bajo bandera noruega, con 20 mil fusiles camuflados en su Intuyendo claramente que los irlandeses iban a sucumbir en una lucha desigual, Casement decidió retornar a Irlanda antes de que arribara el «Aud» y ejercer presión ante los revolucionarios para que suspendieran el levantamiento. Para ello consiguió que los alemanes lo enviaran a su país en un submarino, el cual zarpó de Kiel el 12 de abril. Pero ya el servicio británico de de inteligencia estaba tras los pasos de  Casement, asi cuando éste desembarcó del submarino en un bote de salvamento en Tralee Bay, no tardó en ser aprehendido por la policía.

Enfermo y agotado, Casement fue detenido en unas dunas cercanas a la playa, donde se había echado a dormir. El alzamiento de Semana Santa, en tanto, constituyó un fracaso, a pesar de que durante siete días los patriotas irlandeses se batieron con bravura en las calles de Dublin. Arrestados los cabecillas, comenzaron inmediatamente los fusilamientos. Sofocada la revuelta y castigados sus promotores, restaba únicamente Sir Roger Casement por juzgar.

Fue condenado a muerte por la Corte de Old Bailey en julio de 1916, recayendo sobre él una sentencia de alta traición. Actuó de fiscal el Procurador General F. E. Smith, quien había trabajado con ahínco junto a Sir Edward Carson, líder de la causa unionista de Irlanda, que sustentaba la adhesión a Inglaterra y por tanto, enconado adversario de los separatistas. Así, pues, desde el principio no hubo ninguna duda en cuanto al resultado del juicio.

El 3 de agosto de 1916 Casement era ahorcado en la prisión de Pentonville. Años más tarde, en 1937, Eamonn de Valera, el único oficial veterano del levantamiento de Semana Santa de 1916 que se había librado de ser ejecutado, se convirtió en Primer Ministro del Estado Libre de Irlanda e introdujo una nueva constitución que, de hecho, transformó a este país en una república independiente. El reo de alta traición ante Inglaterra, Sir Roger Casement, pasó entonces a ser oficialmente venerado como uno de los mártires de la independencia irlandesa.

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2:EL CASO DE LA CONDENA DE MINDSZENTY

Conmoción mundial causó en 1948 el arresto y juicio relámpago en Hungría del monseñor Joseph Pehim, obispo titular de Esztergom y cardenal primado de su país, más conocido como el cardenal Mindszenty. El escenario del caso no dejaba de ser turbulento. Hungría, ocupada por las fuerzas rusas en la Segunda Guerra Mundial, había caído bajo el telón de acero sovietizante, instaurándose en ella el régimen socialista.

El Partido Comunista había elevado a los cargos supremos del país a Rakoszi y a Geroe, quienes llevaron adelante un gigantesco proceso de depuración que no respetaría ni a las más connotadas figuras de la resistencia húngara, como Nagy, Rajl y el propio Janos Kadar, acusados de «desviacionistas».

Una de las primeras medidas del gobierno de Rakoszi fue promulgar la libertad religiosa en Hungría. Hasta ese entonces, el único culto oficialmente aceptado era el catolicismo, muy acorde con la tradición ultramontana del país. Asimismo, esta determinación fue completada con la nacionalización de las escuelas particulares y su consiguiente laicización.

El cardenal Mindszenty, que otrora había sufrido persecuciones y cárcel de parte del gobierno pro hitlerista de Salatchi, no tardó en alzar su voz desde el púlpito y en sus cartas pastorales protestando contra lo que él consideraba «un atropello a la Iglesia». En esto el cardenal hizo oídos sordos a frecuentes advertencias de civiles y eclesiásticos, que le hicieron ver el peligro que corría, pues a poco andar la «libertad religiosa» se había transformado lisa y llanamente en una persecución anticatólica.

Los Tribunales del Pueblo, nuevo organismo judicial nacido al compás de la instauración del régimen marxista en Hungría, no tardaron en actuar implacablemente. Y así, el 26 de diciembre de 1948 la A.V.O., Policía Estatal Secreta, detuvo a Mindszenty en su sede primada, trasladándolo poco después a Budapest, bajo la cuádruple acusación de «alta traición, atentado contra la seguridad del Estado, espionaje y tráfico de divisas».

El proceso, de una duración increíblemente rápida, del 3 al 8 de febrero de 1949, basado en una declaración en la que el cardenal admitía todos los cargos en su contra, lo condenó a cadena perpetua. Pero poco después de su arresto el alto dignatario de la Iglesia había logrado entregar a su secretario un escrito en que decía: «No he tomado parte en ningún complot. No tengo nada de que acusarme, ni firmaré nada. Si firmara se debería a la debilidad del cuerpo humano y declaro de antemano invalidada mi firma».

El hecho es que la declaración de culpabilidad fue firmada por el cardenal, al parecer tras «lavado de cerebro» y torturas, avaladas por la circunstancia de que tras la sentencia tuvo que ser internado en una clínica antes de sufrir un largo calvario que incluyó reclusión en diversas prisiones.

También un dramático asilo en la Legación de EE. UU. durante la insurrección húngara de 1956, hasta ser puesto en libertad en 1968. Sin embargo el cardenal había tenido la suficiente entereza para anteponer a la firma del documento de su culpabilidad las iniciales C.F. que en latín significan «Coactus feci» («Lo hice coaccionado«)

Fuente Consultada: Hechos Históricos Revista Nro.21 – Wikipedia – Secretos y Misterios de la Historia – Revista Muy Interesante



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