Mitología Griega

Biografía de Homero y Su Legado a Los Griegos

VIDA Y OBRA DEL POETA GRIEGO HOMERO Y SU LEGADO

El más antiguo, célebre y admirado de los poetas griegos. Fue llamado «el Padre de la Poesía». Uno de los más espléndidos luminares de la Humanidad y manantial inagotable de temas poéticos.

Se supone que nació unos 900 años antes de Cristo. Siete ciudades se disputan el honor de ser su tierra nativa: Smyrna, Chíos, Colophon, Salamis, Rodas, Argos, Atenas.

Todos los griegos aprendieron a leer en la Ilíada y la Odisea epopeyas atribuidas a un poeta ciego, Homero, pero varias preguntas siguen sin respuesta: ¿Quién era!?, ¿Existió realmente!?, ¿Cuál es el mundo descrito en sus poemas?.

Nada se sabe de su persona, y de hecho algunos ponen en duda que sean de él estas dos obras.

Sin embargo, los datos lingüísticos e históricos de que se dispone, permiten suponer que los poemas fueron escritos en los asentamientos griegos de la costa oeste de Asia Menor, hacia el siglo IX a.C.

homero grecia antigua

 El mérito de la obra de Homero es inmenso. Mérito poético, histórico y cultural.

Se ha llegado a la afirmación categórica siguiente: si desapareciesen todos los vestigios de la antigua Grecia, con sólo las obras de Homero podrían rehacerse a la perfección.

Pero… ¿vivió, en efecto, Homero? ¿Cuándo, dónde? Cierto que son contadísimas las noticias contundentes que conservamos de él.

Pero ellas se han bastado para que ya nadie ponga en duda la personalidad real de Homero.

¿Cuándo vivió? Si hemos de creer a Herodoto, Homero fue coetáneo de Hesíodo, y éste y aquél le precedieron en cuatrocientos años (Herodoto vivió en el siglo v antes de Cristo).

Tucídides afirmó que, Homero vivió mucho después de la guerra de Troya, acaecida ochenta años antes de la invasión dórica en el Peloponeso (siglo XII antes de Cristo).

Aristóteles y Aristarco le supusieron contemporáneo de la emigración jónica (1140 antes de Cristo).

Pero de las referencias del propio Homero acerca de cuantos intervinieron en la guerra de Troya, a quienes se refiere como a personajes idealizados ya, muy distantes de quien los idealizaba, puede deducirse que Homero vivió hacia el año 900 a. de J. C.

busto de homero

Busto de Homero. Museo Británico de Londres. — De autor anónimo y de época incierta. Las onduladas barbas y los cabellos ondulados nos hacen pensar en un arte decadente.

Pero el artista supo recoger todo el patetismo que los siglos han acumulado sobre el poeta de la Ilíada.

Ojos ciegos que, seguramente, han dejado de serlo en un mundo maravilloso en el que las imágenes tienen colores nunca vistos sin ceguera genial, y en el que los hechos se producen sólo ante una videncia anormal e inexplicable.

Sólo a título de curiosidad es posible mencionar algunas de las afirmaciones consignadas en la biografía de Homero atribuída a Herodoto, en la cual se suceden noticias que siguen estando «en cuarentena» a exigencia de los más reputados críticos, investigadores y exegetas homéricos.

En dicha biografía se escribe que el genial Homero fue hijo de Creteis, la cual, enviada por su tutor a Esmirna, le dio a luz en la ribera del Meles.

Creteis contrajo matrimonio con el noble Femio, quien sintió siempre gran afecto por Homero, inclinándole desde muy niño hacia el estudio de la poesía, de tal modo que, cuando aún era adolescente, ya tenía gran fama en toda la Eólida. Muerto Femio,

Homero le sucedió en la dirección de la escuela poética por aquél fundada. Dejó esta dirección para realizar un largo viaje por mar en compañía de un rico comerciante llamado Mentes.

Estando en Itaca sufrió una aguda oftalmía, que le obligó a interrumpir sus viajes y a quedarse en la casa de Mentes, en la Leucadia.

Y aquí fue conociendo las leyendas relativas a Odiseo y concibió el plan de la Odisea.

Pero aún tuvo ánimo, antes de cegar por completo, de acompañar a Mentes recorriendo las costas del Peloponeso, hasta Colofón, ciudad en la que su ceguera se hizo noche perpetua.

Pero la mala fortuna hizo que, careciendo de medios para vivir, pues su gran protector Mentes murió, tuviese que viajar de nuevo, a merced de distintos lazarillos, para cantar sus poemas por distintas ciudades y tierras.

Y así estuvo en Esmirna, en Neontico… Y conviene consignar que fue en esta ciudad donde empezaron a conocerle como Homero (el ciego), pues su nombre era el de Melesígenes. Algo después, en la Fócida, cierto rapsoda malhechor, de nombre Testórida, le robó sus poemas para hacerlos pasar por propios.

¿Cuáles eran estos poemas? La Tebaida y los Himnos, compuestos en Esmirna y recitados con gran fortuna en Neontico (lengua). Persiguiendo al ladrón, Homero desembarcó en Boliso, donde hizo amistad con el cabrero Glauco.

Asombrado éste por el mucho saber y la gran bondad de aquel ciego, le llevó a casa de su amo, quien, igualmente impresionado, le encomendó la educación de sus hijos. Ya tranquilo y «con la casa y la comida aseguradas» —el primum vivere latino— Homero pudo componer nuevos poemas que causaron «general admiración» y pusieron de manifiesto la superchería del cantor ladrón Testórida, el cual hubo de huir.

Los nuevos poemas homéricos fueron: los Cércopes, el Canto del mirlo, la Batracomiomaquia, la Cabra siete veces trasquilada.

Ya plenamente feliz, ¿qué otra cosa pudo hacer Homero, sino casarse, tener dos bellas hijas, y escribir sus portentosos poemas la Ilíada y la Odisea? Y ya cuando tuvo tales felicidades sólo le quedó por desear una: que su fama fuera confirmada en Atenas.

Para lo cual se puso en camino, haciendo escala en Samos, donde escribió El Horno y la Canción del mendigo vagabundo. De nuevo en camino, falleció en cualquier parte, próximo a su meta ansiada, cuando ya la primavera había convertido las tierras en un sospechado paraíso.

Hasta aquí, todo lo contado corresponde a la biografía atribuida a Herodoto. Que no es mucho, pero que está bien contada.

OBRA LITERARIA: Las dos obras de Homero tienen relación con la conocida como guerra de Troya, episodio bélico, de carácter mítico-histórico, que enfrentó a los micenios con una ciudad de Asia Menor, Troya, allá por el siglo XIII a. de C.

La Ilíada se centra en el último de los diez años que se supone que duró esta guerra que, según el mito, se produjo cuando el príncipe troyano Paris raptó a la griega Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta. Reproduce sobre todo un episodio, el de la cólera de Aquiles, el principal héroe griego, que abandonó la lucha al verse despojado de una bella esclava, Briseida.

La Odisea cuenta el largo viaje de regreso de otro héroe griego, Ulises u Odiseo, a su patria de Itaca, tras la caída de Troya en poder de los griegos. El viaje estuvo lleno de dificultades y duró cerca de diez años.

Con estas dos obras Homero creó el modelo de la poesía épica que luego seguirían poetas griegos y latinos. Lo más importante de su obra es la división de los personajes en dos grupos: dioses y héroes. Los dioses intervienen a menudo en la acción. Se les representa con aspecto humano, con los mismos vicios de estos, sólo que son inmortales. Los héroes, que suelen ser hijos o descendientes de dioses, están dotados de gran fuerza y valor y son mortales.

EL POETA CIEGO

Como decíamos antes, se atribuye a Homero, un anciano ciego el mérito de haber recopilado las leyendas aqueas, de haber devuelto la vida a los héroes, y de haber creado un humanismo en el que todos los griegos iban a coincidir.

Desde antiguo, hay quien ha negado su existencia real: se dudaba que un solo hombre hubiera podido componer la litada y la Odisea. Cada uno de estos poemas reúne veinticuatro cantos de seiscientos a setecientos versos.

Se ha planteado, pues, un problema Homero, como se ha suscitado un problema Shakespeare. Hoy, nadie piensa en arrebatar a un mismo poeta la gloria de haber escrito lo esencial de los dos poemas.

Sin duda, él recogió un conjunto de tradiciones orales, compuestas por cortos fragmentos, recitados en alta voz, que después fueron desarrollándose, debido a las aportaciones sucesivas de los aedos, los trovadores de la época.

Con todo ello, Homero hizo una obra definitiva.

¿Qué nos cuenta la llíada? No se trata sólo de la guerra de Troya: la toma de esta ciudad sirve de telón de fondo.

El mismo autor lo dice: el tema es la historia de la cólera humana, de sus causas, de sus consecuencias, de su apaciguamiento. Aquiles, uno de los más valerosos jefes griegos, ultrajado por Agamenón, el «rey de los reyes», se ha retirado del combate.

La victoria sonríe a los troyanos, que invaden el campo griego.

El buen Patroclo, amigo de Aquiles, suplica a éste que le preste sus armas. Pero muere víctima de Héctor, jefe troyano, hijo del rey Príamo.

Entonces, Aquiles, que había desoído la llamada de su pueblo, sufre por la muerte del hombre a quien más quería, y decide vengarlo.

Vuelve al combate, desafía a Héctor, lo mata y se ensaña arrastrando su cadáver, ignominiosamente, alrededor de los muros de la ciudad.

Su cólera no se aplaca más que ante las súplicas del viejo rey Príamo, que ha venido a reclamar el cuerpo de su hijo. Aquiles cae en brazos de Príamo, y la epopeya termina con una tregua y cn funerales del valiente Héctor.

LEGADO, HOMERO EDUCADOR DE GRECIA: Dondequiera que estuvieran los griegos, y cualquiera que fuese su fortuna o su grado de instrucción, amaron y conservaron lo escencial de los poemas homéricos.

Alejandro el Grande llevó su Homero, como libro de cabecera, hasta los confines del mundo.

Leído en todas partes y por todos, Homero fue el educador de Grecia. Su obra tuvo, en el mundo griego, la importancia de la Biblia o del Corán.

Sacando a escena a unos héroes que posteriormente serían considerados como modelos de virtud, Homero asentó, en cierto modo, las bases de un código moral.

Y si los dioses intervienen, los hombres no dejan de ser el centro y la medida de todas las cosas de toda acción. Homero fue, sin duda, el primer humanista.

No pretende negar el poder de los dioses ni la existencia del castigo; pero en ese mundo duro y hostil, el hombre, al menos, puede conquistar su dignidad.

El valor de Aquiles, mil veces admirado e imitado, explica, en parte, las hazañas de Maratón y de las Termópilas.

Pero también se ofrecen a la admiración de los griegos otros héroes, otras formas del valor; Ayax es obstinadamente valiente; Diodemes, más joven, se distingue por su entusiasmo: siempre animoso, se conduce impulsado por una gran vitalidad. «Mi lanza enloquece entre mis manos», dice.

Pero no deja de ser caballeroso: a punto de matar a un adversario, se entera de que éste es nieto de un huésped de su abuelo; entonces, «clavando su lanza en la nutricia tierra, dirigió a su noble adversario palabras llenas de amistad».

¡Así es como se comporta un protegido y un adorador de Atenea!.

La fidelidad de Patroclo, la generosidad de Héctor y la inteligencia de Ulises completan este asombroso compendio de las cualidades helénicas. Los antiguos griegos encontraban en esos poemas una imagen de su vida caballeresca y ruda, basada en la agricultura y en los inmensos rebaños, en los combates singulares y en los decisivos golpes de la espada.

La aventura de Troya, que unió por una vez a reyezuelos y señores, contribuyó a difundir el sentimiento de que, a pesar de las rivalidades, formaban, bajo la égida de una religión, una comunidad, un conjunto, una civilización distinta de la de los bárbaros.

Homero, pues, junto con Hesíodo, ha fijado para los griegos una imagen de sus dioses.

DIOSES SEMEJANTES A LOS HOMBRES

Es difícil precisar su génesis. Sin duda, los invasores consiguieron, adoptando ciertos dioses de los vencidos, imponer sus propias divinidades, pero humanizándolas, reduciendo las formas animales bajo las cuales eran representadas al simple papel de atributos.

En todo caso, los dioses de Homero son semejantes a los hombres, y no se imponen ya por el pavor que inspiran.

En principio, eran el Cielo (Urano) y la Tierra (Gea). Sus hijos, los Titanes, engendraron, a su vez, a los dioses. Pero uno de los Titanes, Cronos, temiendo que sus hijos lo suplantasen, devoró a uno tras otro.

Así perecieron todos, hasta que la astucia de su madre, Rea, salvó al joven Zeus: Rea, en efecto, sustituyó al recién nacido por una piedra envuelta en pañales, y Cronos se la tragó sin sospechar el engaño. Zeus, llegado a la edad adulta, combatió a su padre y lo destronó.

Reinando sobre el cielo y el rayo, Zeus compartió el poder con sus hermanos: Poseidón dominó el mar, mientras que Hades reinaba sobre los mundos subterráneos y sobre los muertos.

Zeus, como los demás dioses, tampoco se sentía obligado a una moral.

Su mujer, Hera, tenía motivos para quejarse de sus liviandades: si Ares, dios de la guerra, y Hefaistos, dios de la forja, fueron fruto de su unión con Hera, Artemisa y Apolo—la luna y el sol—, fueron, por el contrario, hijos de una mortal.

En cuanto a Atenea, salió completamente armada del cerebro de Zeus, reuniendo así la sabiduría y la fuerza. Alrededor de estos dioses principales, hay innumerables divinidades inferiores: ninfas, Erinnias, ríos y fuentes.

Homero, más que cualquier otro, ha unificado culturalmente a los griegos, dando a todo un pueblo un panteón común: todos reconocen a los aqueos como a sus antepasados. Los héroes homéricos ilustran la imagen que los griegos se han formado de la virtud y del valor del hombre.

Ver: Mitología Griega

CRONOLOGÍA APROXIMADA:

hacia -900 Inicio de la cerámica de estilo geométrico en Grecia.
hacia -814 Fundación de Cartago.
hacia -800 Composición de la llíada y la Odisea. asentamiento de los etruscos en laToscana.
-776 Creación de los Juegos Olímpicos.
-775 Inicio de la cerámica  y Geométrica reciente.
-753 Fundación de Roma.
hacia -750   Fundación de Cumas en la Campania. Los griegos adoptan el alfabeto fenicio.
hacia -740   Nacimiento del poeta Hesíodo.
hacia -735   Los espartanos invaden Mesenia.
– 734   Fundación de Siracusa.
-730    Inicio del arte orientalizante en Grecia.
hacia -700 Colonización de la península Calcídica por los griegos.
hacia -687 Giges funda la dinastía de los Mermnada en Lidia.
hacia -675 Constitución de Licurgo en Esparta.
hacia -660 Fundación de Bizancio.
hacia -621 Legislación de Dracón en Atenas.
hacia -600 El tirano Clístenes de Sición veta el recitado de poemas homéricos.

¿Ocurrió realmente la guerra de Troya?
A fines del siglo XIX, Heinrich Schliemann, rico comerciante alemán fascinado con la epopeya homérica.decidió comprobar su veracidad histórica. En 1870 comenzó las excavaciones en la colina de Hissarlik, en Turquía, donde según ciertas fuentes antiguas habría estado Troya. Descubrió ricas sepulturas, que pensó correspondían al rey Príamo y su familia, pero éstas databan de los años 2300 a 2200 a.C, es decir, un milenio antes de la supuesta fecha de la guerra de Troya. Algunos años más tarde, Schliemann descubrió en Micenas ricas tumbas en las que estaban guardadas máscaras mortuorias de oro. Pensó que había descubierto la sepultura de Agamenón, pero debió admitir que eran también anteriores a la guerra de Troya.

Fuentes Consultadas:
HISTORMA La Gran Aventura del Hombre Tomo I Edit. CODEX Los Griegos
HICIERON HISTORIA Tomo I Biografias Edit. Larousse
GRANDES FIGURAS DE LA HUMANIDAD Enciclopedia Temática Familiar Edic. Cadyc

Leyenda de Esculapio en la Mitologia Griega: Historia Medicina

Leyenda de Esculapio en la Mitologia Griega: Historia Medicina

SOBRE Esculapio, la leyenda dice:

En una montaña situada cerca de Epidauro, ciudad de Argólida, un pastor poco solícito había perdido el perro y una de sus cabras.

Después de haber recorrido la montaña entera llamando y silbando a los animales que creía perdidos, acabó por encontrar la cabra y el perro: la primera amamantaba a un niño; el perro guardaba a éste y a su nodriza.https://historiaybiografias.com/archivos_varios6/esculapio.jpg

El pastor los recogió a los tres, dejó la cabra otra vez en el rebaño, recomendó al perro una rigurosa vigilancia y confió al niño, que no era otro que Esculapio (1), hijo de Apolo y de la ninfa Coronis, al centauro Quirón, el más célebre de todos para formar excelentes discípulos.

(1) Los comienzos de esta narración están inspirados en el Viaje de Anacarsis. Quirón cumplió su misión, dirigiendo a Esculapio, a causa de sus aptitudes, hacia el campo de las ciencias médicas.

Le enseñó a conocer el valor de las plantas y a distinguir las buenas de las malas, las venenosas de las medicinales, indicándole, además, la época favorable para la cosecha y la aplicación de cada una de ellas al organismo.

No se olvidó tampoco de inculcar a su alumno los principios elementales de la cirugía, complemento inseparable de la medicina.

Y lo mejor, tal vez, de sus lecciones fue el conocimiento que supo llevar al ánimo de Esculapio de que los cuidados prestados a los enfermos o a los heridos habían de completarse con la dulzura del trato y con una constante solicitud.

Pues los que sufren sienten tanto alivio con la ayuda moral como con los remedios y las curas.

Esculapio, cuya habilidad era tan grande como excelente su corazón, hizo honor al centauro, logrando una celebridad que pronto cundió por toda Grecia y entró en Italia.

A la sazón, una peste cruel había corrompido el aire de este hermoso país, favorecido por la Naturaleza.

Las gentes morían como moscas; las víctimas eran cada vez más numerosas, y los esfuerzos humanos resultaban materialmente impotentes para conjurar el peligro.

Los pueblos, desesperados, enviaron delegados a Delfos para implorar el socorro de Apolo.—No es a mí a quien habéis de dirigiros —respondió el padre de Esculapio—, sino a mi hijo.

Él es el único que puede aliviar vuestras miserias.

Los delegados latinos se dirigen a Epidauro, donde los Asclepíades(1) , sacerdotes de «aquel que cura», guardan el templo construido en su honor.

Los solicitantes les ruegan que les cedan aquel dios que sabía remediar sus males. Los magistrados griegos deliberan.

Esculapio

Hay división de opiniones: los unos votan por acceder a la súplica; los otros, en cambio, combaten esta idea para no dejar la ciudad sin la protección de Esculapio.

Durante estos conciliábulos llega la noche, propicia a los sueños.

El jefe de la embajada romana ve, mientras duerme, la imagen de Esculapio que le dice estas palabras: Consuélate, hijo mío.

Iré a tu país, pero bajo otra forma. Fíjate bien en esta serpiente enrollada en mi cayado, porque me parece que a ella, aunque será mas grande aún, como corresponde a una divinidad. Ve y anima a tus pueblos

El sueño se realizó exactamente.

Los latinos entran de nuevo en la península. La majestuosa serpiente habíales precedidos curando en seguida todos los males con su sola presencia.

Los latinos, agradecidos al ilustre médico le dedicaron un templo, en testimonio eterno de sus buenas obras.

(1) El nombre griego de Esculapio es Asclepio.

Fuente Consultada: Relatos de la Antigüedad – Lo Se Todo Tomo III – Figuras y Leyendas Mitológicas

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Historia de los Griegos:Vida de los Griegos, Breve Resumen

Historia de los Griegos – Resumen

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INTRODUCCIÓN: UN BREVE PASEO POR LA HISTORIA DE LOS GRIEGOS

Los inicios de la Grecia clásica

La era conocida como el Periodo Clásico dio comienzo tras la desaparición de la civilización micénica en torno al 900 a. C.

La afluencia a partir del 1200 a. C. de otros grupos, como los dorios del norte y los pueblos del mar del sur, provocó un declive de la cultura palaciega y dio paso a la llamada Edad Oscura.

Durante esta época, la población de Grecia se multiplicó y dio comienzo la colonización de la costa jónica.

El paisaje rocoso fue la causa de que los primeros asentamientos florecieran en las llanuras fértiles entre las montañas y próximas al litoral.

Hacia el 750 a. C., muchos de estos asentamientos se habían convertido en grandes ciudades-estado, funcionaban de forma independiente y con frecuencia libraban guerras entre sí.

El periodo entre los años 750 y 500 a. C. recibe el nombre de Arcaico.

La situación geográfica de Grecia en el Mediterráneo la convertía en el punto de partida natural para los viajes y la exploración de ultramar.

Los griegos eran marinos excelentes, capaces de fundar colonias en puntos tan remotos como Ampurias en el norte de España y Phasis en el mar Negro.

Comerciaban sobre todo con los etruscos en Italia y los fenicios en Oriente, regiones en las que instalaron importantes puestos de avanzada.

El comercio estimuló el desarrollo económico y político.

Se estableció una élite y, a medida que aumentó su riqueza, los estados construyeron ciudades cada vez más impresionantes.

La mayor y más rica de ellas era Atenas, que devendría el centro de la cultura griega. Entre los años 500 y 336 a. C. tuvo lugar la Edad Clásica.

Historia de los Griegos:Vida de los Griegos, Breve Resumen

Ciudadanos, extranjeros, esclavos

En ella, son ciudadanos, y no súbditos, quienes tienen la conciencia de pertenece!’ a la ciudad.

Son ellos, en efecto, los que ejercen la soberanía, pero solamente ellos.

Y lo decimos porque la ciudad tiene también sus excluidos, hombres que viven en ella privados de derechos públicos, y cuyo trabajo permite a los ciudadanos consagrarse a la vida política.

Se trata, en primer lugar, de los esclavos, pero también de los metecos en Atenas, o de los periecos en Esparta.

Violentos conflictos entre las grandes familias, o entre los nobles y el pueblo, jalonan la evolución de Grecia, de la ciudad arcaica aristocrática a la ciudad democrática» en plena expansión que es la Atenas del s. V, o a la ciudad oligárquica rápidamente esclerotizada en que se convierte Esparta.

El nacimiento de la democracia

En Atenas se pasa rápidamente del reino de los aristócratas hacendados, los eupátridas, que poco a poco habían suplantado al rey, a la democracia, y ello gracias fundamentalmente a Clistenes que divide el Ática en demos, hacienda saltar de tal manera las estructuras del clan, y que da a Atenas su constitución definitiva.

En el intermedio, Dracón, en la segunda mitad del siglo VII a.C. promulga rigurosas leyes que tienden a proteger a los humildes, e instituye una justicia de Estado.

Solón, en el s. VI, favorece la fragmentación de los dominios, suprime el monopolio de las magistraturas del que se beneficiaban los eupátridas, concede el derecho de voto y la igualdad a las cuatro clases (según la riqueza) en la asamblea del pueblo, crea el Consejo de los 400 y alivia la miseria de los campesinos asociados de deudas y de hipotecas.

Después de él, el tirano Pisístrato da trabajo a los pobres, emprendiendo la construcción de templos y de bibliotecas, y estimula la agricultura y Ja ganadería. Intenta igualmente, mediante múltiples fiestas, reforzar entre los atenienses el sentimiento de pertenencia a la ciudad.

El urbanismo al servicio del pueblo

La preocupación de cada cual por participar en la «cosa pública» se expresa, en la mayor parte de las ciudades griegas, en un lugar privilegiado el agora.

Lugar de reunión, está concebido para permitir a los ciudadanos encontrarse, no contribuyendo las transacciones comerciales más qué como una de sus múltiples actividades, de tal modo, en el agora de los griegos, los edificios religiosos se mezclan con los establecimientos de los comerciantes, y el campesino se rodea con el filósofo.

La actividad política encuentra en ella su lugar de manera natural. los principales centros de deliberación se hallan en el agora misma o en sus proximidades.

De hecho, hay una preocupación, claramente afirmada, de realizar la verdadera democracia, que precisa de la participación directa del ciudadano en los asuntos de la ciudad.

Dos grandes rivales: Atenas y Esparta

La historia de Grecia hasta mediados del s. IV es la de una constante rivalidad entre Atenas y Esparta, y está salpicada por las alianzas más o menos precarias entre las distintas ciudades.

Después de haber desarrollado un imperialismo poderoso, y a fines del s. VI, Esparta renuncia a la expansión territorial directa. Uniéndose, en la Liga del Peloponeso, a las ciudades inquietas por la ascensión de Atenas, consigue adquirir una fuerza militar considerable.

A principios del s. V, las guerras médicas constituyen una tregua en esta rivalidad. Pero Atenas sale reforzada de la prueba.

El fin de Grecia

Atenas crea en torno suyo la Liga de Délos.

Simple alianza, en sus comienzos, de ciudades frente a un posible retorno ofensivo de los persas, dicha liga se transforma en un verdadero imperio ateniense, con una flota poderosa y recursos financieros abundantes.

Esparta ve con malos ojos la hegemonía de Atenas; las demás ciudades soportan mal su dominación.

La guerra estalla por fin, y la paz de Treinta Años (446), que señala el final del primer conflicto entre Atenas y Esparta, no constituirá más que una tregua de corta duración, puesto que en el 431 se reanudan los combates, implicando en esta ocasión a toda Grecia.

En el 405, Esparta triunfa en Aigos Potamos, e impone a su rival una paz leonina: la priva, en efecto, de su imperio y de una parte de su flota.

Y si bien Atenas logra recuperarse rápidamente de dicha derrota, el equilibrio de Grecia queda trastornado, y las ciudades habrán de hacer frente a Filipo de Macedonia de una manera desperdigada.

¿Qué es la ciudad griega?

La palabra polis (ciudad) tiene en Hornero tres significados distintos. Designa tanto la aglomeración urbana, como la unidad política que representa, como a los ciudadanos que la componen.

Estas tres significaciones se unen, en realidad, para designar a las pequeñas naciones independientes que fragmentan Grecia desde el s. VIII a. C.

Compuestas de un territorio rural, de algunas aldeas y de un centro urbano al que deben su nombre, las ciudades resultan a menudo minúsculas. No más de 5.0ÜO habitantes la más pequeña, y 260.000 la más grande, Atenas en el s.V.

¿Hubo una unidad griega?

El nombre de griegos fue impuesto a los pueblos de la península balcánica por los romanos, pero desde mucho antes, éstos se conocían a sí mismos bajo la denominación de helenos.

En efecto, por encima de sus querellas, los griegos no dejaban de considerar que existía entre ellos una unidad que les diferenciaba de los demás pueblos.

Un mito del s.VIII a. C. atribuía a Helena tres hijos: Doro, Eolo y Xuto, padre este último de Aqueo y de Ion. Dorios, eolios, aqueos y jonios se sentían, pues, hermanos a través de un antepasado común.

¿Sobre qué se fundaba?

Para Herodoto, «el cuerpo helénico es de una misma sangre, habla la misma lengua y tiene los mismos dioses, los mismos templos y los mismos sacrificios».

El idioma y la religión, en efecto, unifican a los griegos, cuyo panheleriismose manifiesta, por ejemplo, mediante los juegos de Olimpia.

Pero ser griego significa, también, ser miembro de la ciudad, ser ciudadano. Incluso los regímenes más tiránicos permiten al hombre libre participar en los asuntos públicos.

Es tal sentimiento de libertad lo que unifica a este pueblo, y constituye, a su manera de ver, el fundamento de su superioridad.

¿A qué se llamaba aristocracia?

La época homérica fue la de las monarquías. La ciudad estaba entonces dirigida por el rey (basileus), que compartía el poder con un consejo compuesto por los jefes de los clanes.

Estos y sus descendientes constituyeron una nobleza de grandes propietarios que, en el s. VIII, desplazaría al rey, al que no se reconocería en adelante más que una función religiosa.

Proclamándose arístoi (los mejores, o las gentes de bien), estas familias nobles confiscaron todos los poderes en su propio beneficio, pasando a monopolizar las tierras y las riquezas.

La aristocracia era, pues, el ejercicio del poder por los «mejores», es decir, por la nobleza.

Los acontecimientos del siglo VII a.C.

En el s. vil, las desigualdades sociales llegaron a ser extremas. Las malas cosechas obligaron a los pequeños propietarios a pedir prestado a los nobles con intereses de usura.

No pudiendo devolver lo conseguido, se vieron forzados a alquilarse o venderse como esclavos, mientras que sus tierras pasaron a engrosar las propiedades de los aristócratas.

Por otra parte, con el desarrollo de una economía comercial, apareció una clase de comerciantes y de armadores que se enriquecieron lo suficiente como para soportar mal el yugo de la todopoderosa nobleza terrateniente.

La mayor parte de las ciudades vieron crecer en su seno la discordia que desembocó a veces en guerras civiles que los legisladores no consiguieron aplacar.

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El Sabio y el Rey Polyidos Salva la Vida del Hijo del Rey:Leyenda

Leyenda: El Sabio y el Rey Polyidos salva la vida del hijo del Rey

POLYIDOS Y GLAUCO:

En la isla de Creta vivían antiguamente el rey Minos y su esposa Pasifae, una pareja con numerosos hijos.

Poseían un gigantesco palacio en la ciudad de Cnosos, decorado con valiosos objetos y todos los lujos imaginables.

Las paredes aparecían adornadas con cuadros de múltiples colores, y los pasillos eran tan grandes que era relativamente fácil perderse por ellos.

Entre los muchos hijos de la familia real, también había un niño al que sus padres habían dado el nombre de Glauco.

Como todos los niños, Glauco saltaba, brincaba y canturreaba por todos los rincones del palacio, y también jugaba con una pelota.

En cierta ocasión, el niño descubrió por casualidad un ratoncillo que con sus pequeñas patitas correteaba rápidamente por todos los pasillos y salones del palacio paterno; el niño dejó caer la pelota y se dedicó, loco de alegría, a perseguir al animalito de piel grisácea.

rey polyidos

Y como todos los niños traviesos sin pensárselo dos veces, corrió casi a ciegas por el gigantesco palacio de su padre hasta llegar a una estancia donde había varios barriles, todos bien alineados y llenos de dulce miel.

El chiquillo, alegre y confiado, gozando de la vida, siguió persiguiendo al ratón y, ¡plumps!, sin ser consciente de lo que le sucedía, se cayó, con la cabeza por delante, en uno de aquellos barriles lleno hasta el borde de pegajosa miel.

Aquel lugar era solitario, nadie podía ayudarle, y el niño fue hundiéndose más y más en aquella dulce papilla; cuantos más esfuerzos hacía para salvarse tanto más se hundía en aquel barril lleno hasta el borde del dulce jugo de las abejas.

Y al final desapareció por completo, inmerso y aprisionado en las reservas que su padre había almacenado para los meses invernales.

Al poco tiempo, los padres comenzaron a echar en falta los gritos, las carreras y los juegos de su amado hijo.

El palacio permanecía silencioso.

Empezaron a buscar por todos los rincones y salones del palacio, por los intrincados pasillos, pero su querido hijito no aparecía por ninguna parte.

El palacio estaba triste, habían enmudecido sus risas y alegrías en el juego.

Los padres, en su desesperación, se dirigieron a Delfos, un lugar, apartado de su isla en la lejana Grecia, donde la sagrada Cithia anunciaba sus augurios por boca del dios Apolo. la adivinadora les aconsejaría, pero primero tenían que responder correctamente a una adivinanza.

En vuestra boda, les dijo, nació recientemente un ser que diariamente cambia tres veces su color: primero es blanco, luego gris y, finalmente, negro.

Si lográis descubrir el nombre de este ser, vuestro hijo será salvado.

Aquí radicaba la dificultad.

Los padres, profundamente desesperados, indagaron por todo el país; intentaban averiguar qué hombre sabio podría facilitar una respuesta satisfactoria a tan compleja adivinanza.

Después de intensa búsqueda, los emisarios del rey descubrieron, finalmente, a un sabio, de nombre Polyidos, que en nuestro idioma significa “el que mucho sabe”.

Polyidos, un vidente divino, preguntó por toda la isla de Greta hasta que descubrió la solución: en el rebaño del rey Minos había nacido un ternerillo que diariamente cambiaba tres veces su color.

La solución del acertijo consistía en saber que este ternero significaba una mora: que primero es blanca, más tarde roja y, al final, una vez madura, es negra.

Polyidos inició entonces la búsqueda del niño y cuando llegó al sótano, donde el rey almacenaba sus barriles, observó que una lechuza alejaba a las abejas que se habían congregado alrededor de los barriles con miel, atraídas, seguramente, por el dulce aroma que despedían.

Polyidos examinó un barril tras otro y encontró, por fin, al niño llamado Glauco, que se había sumergido de cabeza y ahogado en la miel.

El rey fue inmediatamente informado de la muerte de su amado hijo.

Minos ordenó entonces, obedeciendo el consejo de los sacerdotes, que le fuese devuelta la vida al cuerpo muerto de su hijo.

¿Qué podía hacer ahora Polyidos?.

¿Era él quizás el dios de la medicina, capaz de devolver la vida a quien había muerto?

Pero el rey era inexorable y, obedeciendo sus órdenes, Polyidos debía permanecer encerrado en el sótano, todo el tiempo que fuese necesario, hasta que Glauco hubiese renacido a una nueva vida.

Esta era su orden.

Encerrado en aquel abovedado sótano, Polyidos esperaba día tras día, no sabía qué hacer ni por dónde empezar.

Devolver la vida a un cuerno muerto era una tarea más propia de un dios.

Pero cierto día descubrió, inesperadamente, que una serpiente se aproximaba cautelosa y silenciosamente al cadáver de Glauco.

Atemorizado, Polyidos desenvainó su espada y de un golpe le cercenó la cabeza; pero descubrió inmediatamente que también una segunda serpiente, reptando silenciosamente, se aproximaba al cadáver del niño.

Pero cuando esta descubrió que su compañera había muerto, dio media vuelta y se alejó, aunque regresó al poco tiempo llevando una planta medicinal en su boca.

Depositó la planta sobre el cuerpo de su compañera muerta y ésta, Inmediatamente, recobró la vida.

Polyidos había observado todo lo que sucedía, fue entonces consciente de de que una deidad deseaba ayudarle.

Le sustrajo aquella misma planta a la serpiente y la depositó sobre el cadáver del niño.

En aquel mismo instante empezó a circular unai nueva vida por las venas y el cuerpo de Glauco.

Sus delicados miembros comenzaron a moverse, la vida había regresado a su cuerpo.

Todo habitante del palacio creyó escuchar, de repente las voces de aquel chiquillo.

El rey Minos recibió con gran alegría aquella buena nueva.

Colmó a Polyidos de regalos, pero deseaba saber cómo había conseguido despertar a su hijo muerto a una nueva vida.

Si no lo averiguaba no le concedería la libertad.

Pero aquel dios le había comunicado a Polyidos que no debía revelar jamás su secreto.

Polyidos se dirigió entonces al niño que había salvado, rogándole que escupiese en su boca.

Tan pronto como el niño lo hubo hecho, perdió todo recuerdo en la salvación y Polyidos pudo llevarse el secreto a la tumba: ningún mortal debía poder averiguarlo jamás.

Fuente Consultada: Relatos de la Antigüedad – Lo Se Todo Tomo III – Figuras y Leyendas Mitológicas

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Que es la Poesia Epica Caracteristicas y personajes heroes

Que es la Poesía Epica: Caracteristicas y Personajes Héroes

El sol lanza sus implacables dardos en el cielo azul de Grecia. Es mediodía: en el gran silencio del calor estival no se oye ningún sonido, excepto una voz conmovida, pero clara y fuerte.

A la sombra de un árbol secular está sentado un viejo rodeado por un grupo de chiquillos; es él quien canta, y los niños lo escuchan, extasiados.

El viejo se enardece con su canto:

…Como el sonido de la trompeta se alza vibrante cuando un ejército asedia una ciudad, lanzando gritos de guerra, así se oye el grito de Aquiles. Lo escuchan los troyanos, y sus corazones tiemblan en el pecho.

También el corazón de los chiquillos tiembla, pero de orgullo.

El canto del viejo rapsoda los arrastra y todos ven, con los ojos de la fantasía, al mayor héroe de la patria en la cumbre de su fuerza y de su gloria.

Cuando sean hombres y deban combatir por la libertad de Grecia, encontrarán el coraje para luchar y morir valientemente recordando este canto, pensando en Aquiles, que constituye para los griegos el símbolo del valor guerrero.

poesia epica

¿QUÉ ES LA ÉPICA?:

«Épica» deriva de «epos«, vocablo griego que significa «lo que se cuenta» (porque merece ser recordado). En otras palabras, es el relato poético de todos los acontecimientos históricos o legendarios sucedidos en tiempos en los que los diferentes pueblos vivían en el alba de su historia.

Tiene tres caracteres fundamentales:

— es nacional, porque cada pueblo tiene su épica, que glorifica las gestas de sus antepasados.

— es, generalmente, poética, porque la poesía (entendida en el sentido de «canto») es la forma más adecuada para celebrar y glorificar los grandes y maravillosos sucesos que constituyen el tema de la épica, Y también porque ésta ha nacido en tiempos muy lejanos, cuando el hombre encontraba en la poesía la expresión más espontánea y natural de sus sentimientos.

— es apasionada e imaginativa, pues los poemas épicos estaban destinados a un público de gente sencilla, que pedía, sobre todo, que satisficiese su imaginación y su natural tendencia a considerar que sus héroes tenían siempre razón. Por ello los juicios son siempre tajantes, como tajante es la división entre «buenos» y «malos».

►VERDAD HISTÓRICA Y VERDAD POÉTICA

La poesía épica nació antes que la escritura; desde que se formaron las primeras civilizaciones, los pueblos sintieron la necesidad espontánea de celebrar las empresas con las que su estirpe había conquistado un puesto en el mundo.

Y cantaron todo esto con palabras sencillas, que eran transmitidas oralmente de una generación a otra.

Naturalmente, la verdad histórica no era muy respetada, porque el relato se basaba solamente sobre recuerdos, a menudo confusos.

Además, cada cantor enriquecía los hechos con su fantasía. Pero éste es un detalle de escasa importancia: la poesía tiene una verdad propia, que no reside en los hechos, sino en los sentimientos expresados.

► LOS HÉROES

Los protagonistas de las empresas narradas en los poemas épicos no son nunca simples mortales.

Como hemos dicho a propósito de Aquiles, se han convertido casi en símbolos y como tales son considerados.

Se trata de «héroes»; personajes extraordinarios que afrontan las más difíciles empresas y salen de ellas siempre vencedores.

Los poeta» épicos han dado vida a sus figuras por dos razones: ante todo, porque en las sociedades primitivas eran los fuertes los que prevalecían, ,v todos los demás se limitaban a admirarlos y seguirlos; además, porque la fantasía tiene formalmente tendencia a «personificar» los sentimientos y las virtudes.

Es decir, que los héroes son una especie de «arquetipos»; se comprendía esto observando que, en la literatura ¿pira de todos los pueblos, aunque hay centonaros héroes, éstos pueden reducirse a unos pocos «tipos» fundamentales.

Cada uno représenla uno determinada virtud, como la fuerza, la astucia, la sabiduría o el sentido de la justicia; facultades todas, en suma, que podían hacer hacer a un hombre merecedor de la fama.

► LOS POETAS Y LA TRADICIÓN

Durante siglos, las gestas de los héroes continuaron alimentando la imaginación popular, que los recordó en los versos de los cantores.

El más famoso de éstos fue Homero, que narró la historia del sitio de Troya y las largas peregrinaciones del héroe Ulises.

Sin embargo, hoy no sabríamos nada de todos estos poemas épicos si no se hubiera comenzado, a partir de cierto período (aproximadamente desde el año 1000 a. C.), a recogerlos por escrito.

Éste es un hecho de gran importancia cultural: confiados sólo a la tradición oral (es decir, transmitidos de viva voz), poemas como «La epopeya de Gilgamesh» (el héroe nacional babilonio) o «La expedición de Rama» (legendario príncipe indio), probablemente se habrían perdido.

Los primeros poemas épicos escritos fueron obra de desconocidos, y sólo posteriormente aparecieron verdaderos poetas, que no se limitaron a una simple transcripción de las leyendas populares más conocidas, sino que las reelaboraron con un estilo personal, fundiendo los distintos episodios históricos y épicos primitivos

► LAS OBRAS MAESTRAS DE LA POESÍA ÉPICA

aquilesgilmaseh
Aquiles
Gilgamesh
sigfridorey lear
Sigfrido
Rey Lear


Hace muchos siglos que ya no se escriben poemas épicos. Las obras de este género que se han escrito a partir del siglo XVI no pueden ser consideradas «poemas épicos» más que en un sentido muy amplio.

Por ejemplo, en el «Orlando furioso» o en la «Jerusalén libertada», poemas épicos del siglo XVI, los hechos epopéyicos que se narran son sólo un pretexto para la poesía.

De los más famosos poemas épicos primitivos, citaremos:

La Ilíada, de Homero (hacia el siglo IX a. C.), que narra, en 15.696 versos, el sitio de la ciudad de Troya por los griegos, que duró diez años. En las innumerables aventuras de guerra acaecidas en este largo período, aparecen los más famosos héroes de ‘ la gran literatura épica griega.

La Odisea, de Homero, que narra, en 12.007 versos, las peripecias de Ulises, el astuto rey de Ítaca, el último de los héroes participantes en la guerra de Troya que volvió a su patria.

La epopeya de Gilgamesh, poema nacional asirio-babilónico, que narra las empresas del héroe Gilgamesh, en la búsqueda de la inmortalidad.

La historia de Zarer, obra persa del siglo v después de Cristo, en la cual se recuerdan las luchas a través de las cuales se difundió la religión de Zoroastro.

Mahabharala, poema indio de enorme extensión (110.000 estrofas!), que fue compuesto por varios autores, entre los años 400 a. C. y el 400 de nuestra era. Es una verdadera enciclopedia de la civilización india.

El Poema del Cid, obra maestra de la épica española. Su protagonista es el Cid Campeador.

El poema de los Nibelungos, donde se narran antiguas leyendas paganas del Norte. Su héroe se llama Sigfrido.

La Canción de Roldan, la más famosa de las canciones de gesta. Fue compuesta en 1100, y narra la muerte de Roldan, paladín de Carlomagno.

Romance de Bruto, una novela en verso compuesta en Inglaterra en el siglo XII. Narra las gestas del rey Arturo y de sus paladines, así como otras leyendas; entre ellas la del rey Lear, inmortalizada por Shakespeare.

Fuente Consultada: Enciclopedia Superior del Estudiante Fasc. N°47

Ver: Biografía de André Marie de Chénier

Resumen de la Historia de Grecia Antigua-Origen de la Civilizacion

Resumen de la Historia de Grecia Antigua

LISTA DE TEMAS TRATADO EN LA HISTORIA DE GRECIA ANTIGUA
bullet grecia Introducción
bullet grecia Etapas de Grecia Antigua
bullet grecia Economía Griega
bullet grecia Los Genos Griegos
bullet grecia Esparta y Atenas
bullet grecia Gobiernos de Esparta y Atenas
bullet grecia Estados en Guerra: Las Guerras Medicas
bullet grecia El Siglo de Pericles
bullet grecia Guerras del Peloponeso
bullet grecia Predominio Espartano
bullet grecia Nuevas Alianzas
bullet grecia Alejandro Magno y sus Conquistas
bullet grecia Dominación Romana
bullet grecia La Vida de los Griegos
bullet grecia Descargar «La Vida de los Griegos»

La Civilización Griega

Los egeos, como ya se ha visto, desarrollaron en el Mediterráneo oriental la primera gran civilización histórica europea.

Los griegos, en la península helénica y en las islas y costas que antes poblaron aquéllos con sus gentes y sus obras, la segunda.

Los protagonistas de esta nueva hazaña cultural no sólo heredaron de los egeos el ámbito geográfico para su vida histórica, sino también no pocos de sus muchos saberes, técnicas y obras.

Pero, en este caso, los herederos así beneficiados no se limitaron a vivir de lo recibido; lo incrementaron de modo notable y alcanzaron, en todos los órdenes de la vida y el quehacer humanos, logros que sus antepasados no llegaron siquiera a vislumbrar.

En la historia de los griegos advenidos al viejo ámbito de la civilización egea, pueden distinguirse, por lo menos, cuatro períodos característicos.

El primero se extendería desde los orígenes hasta fines del siglo IX a. de J. C., tiempos de formación y consolidación en el nuevo hogar conquistado.

El segundo, caracterizado por un vigoroso proceso de expansión colonial, abarcaría desde fines del siglo IX a. de J. C. hasta las postrimerías del VII; el tercero, entre los años 600 y 400 a. de J. C., marca una época de plenitud en el desarrollo de las instituciones sociales, políticas y económicas helénicas, e incluso de culminación en no pocos aspectos de las creaciones artísticas y literarias.

Por último, a partir del año 400, comienza la decadencia política de Grecia; en la segunda mitad del siglo IV a. de J. C., las ciudades-Estado helénicas pierden su independencia ante el imperialismo macedónico que acaudilla Alejandro Magno, y dos centurias más tarde son absorbidas por la expansión imperial de Roma.

La investigación científica y filosófica, la literatura y otros aspectos culturales helénicos no decayeron al mismo tiempo que se desquiciaban y caían las instituciones y formas políticas tradicionales.

El Origen de la Civilización Griega

Cuando las primeras estirpes indoeuropeas de habla griega llegaron a la Hélade, hacia el último tercio del tercer milenio a. de J. C., encontraron las pequeñas llanuras fértiles del Este de la península ocupadas por agricultores de cultura neolítica que, dedicados al cultivo de la tierra y a la cría de algunas especies domésticas, sobre todo de cabras, residían allí desde el cuarto milenio a. de J. C.

Respecto al probable origen de esos pueblos, la total independencia que su patrimonio cultural manifiesta con relación al Neolítico cretense, así como la falta de yacimientos similares en las islas del mar Egeo y en las costas del Adriático, señalan que habían entrado por el Norte y que estaban, por lo tanto, vinculados al Neolítico europeo.

Pelasgos y Carios. Las tradiciones helénicas recuerdan a los hombres neolíticos con la denominación de pelasgos, e incluso en ciertas regiones, como el Ática y la Arcadia, quizá para fundamentar un pretendido autoctonismo, se los consideraba antepasados de los griegos, atribuyéndoseles también el haber civilizado parte de Italia.

Además, la arqueología moderna ha señalado, en Tesalia meridional, la existencia de comunidades no ya neolíticas, sino eneolíticas.

Se trata, sin lugar a dudas, de aquellos pueblos a los que las tradiciones helénicas denominaron carios y lélegos, llegados seguramente por vía marítima desde las costas de Asia Menor, pues su patrimonio lingüístico cultural es de claro origen anatólico.

Asimismo, un poco más al Norte, en Tesalia septentrional, se han encontrado recientemente yacimientos arqueológicos, también eneolíticos, pero pertenecientes a hombres que por múltiples aspectos de su cultura, no pueden identificarse con los pobladores eneolíticos de Tesalia meridional.

Dichos yacimientos —cuya antigüedad puede datar de los comienzos del primer tercio del tercer milenio a. de J. C.— constituirían, según hoy se piensa, el testimonio de una especie de avanzada de los pueblos indoeuropeos.

Quienes construyeron esas tumbas y fabricaron tal cerámica serían, pues, los legítimos antepasados de los griegos y no aquellos a los que la tradición llamó pelasgos, carios y lélegos, pertenecientes a grupos lingüístico-culturales muy distantes del indoeuropeo.

Los Aqueos.

A través de estas poblaciones, englobadas con la denominación de prehelénicas, comenzaron a abrirse paso los primeros invasores indoeuropeos históricamente identíficables, los aqueos.

Acabaron estableciéndose en lugares fáciles de defender, y allí construyeron sus castillos fortificados y sus tumbas reales.

Tales reductos les sirvieron, al propio tiempo, para vigilar a los pobladores de las tierras circundantes, de cuyo trabajo supieron hacer una fuente estable de recursos, sea exigiéndoles tributos en especies, o bien obligándoles a cultivar sus tierras y apacentar sus rebaños.

A cambio tal vez les ofrecieran la protección de las murallas exteriores de los palacios, en caso de peligro.

El panorama de un número relativamente pequeño de indoeuropeos que vivían del trabajo de la gran población preexistente justificaría la supervivencia de instituciones, técnicas, tradiciones, cultos —especialmente agrarios—, nombres de lugares, etc., que no son indoeuropeos ni cretenses, sino prehelénicos como también explicaría, entre otros factores, el cambio físico existente entre los héroes de Hornero y los griegos históricos.

Pero ello no es suficiente para explicar el comienzo de la brillante civilización que los aqueos llegaron a poner de manifiesto hacia el año 1400 a. de J. C. en las grandes construcciones palaciegas de Micenas y Tirinto.

De Creta, con la que los aqueos se pusieron en contacto mediante varias expediciones bélicas, provinieron aportes fundamentales que integrarían el patrimonio cultural micénico, por obra de los mismos aqueos, o a través de los cientos de esclavos, artesanos, técnicos y artistas procedentes de la gran isla mediterránea.

No hay que pensar por ello que los aqueos fueron meros repetidores de lo hecho por los minoicos; por el contrario, en todos los órdenes, más o menos marcadamente, quedó impreso el sello de su vigorosa personalidad, del espíritu guerrero e individualista, tan característico de los indoeuropeos.

Ello se advierte sobre todo en la estructura político-social que impusieron en sus dominios.

Jamás llegaron a constituir un gran reino unificado, sino una serie de pequeños reinos o principados independientes, dirigidos por reyes que vivían rodeados por sus compañeros de armas, los secuaces, quienes constituían una especie de aristocracia de sangre.

En ellos recayeron seguramente el ejercicio de la administración, y en especial las funciones militares.

Si, eventualmente, estos pequeños reinos llegaron a unirse para realizar guerras como la de Troya (hacia los siglos XIV-XIII), lo efectuaron así en esos casos porque ninguno se sentía con fuerzas para llevar a buen término una tarea vital como la de abrir el acceso a los estrechos del mar de Mármara.

Los aqueos, una vez dueños del Egeo, se transformaron lentamente, de conquistadores o piratas, en comerciantes, e incluso en industriales, pues en torno de sus palacios se comenzó a industrializar los productos agrícola-ganaderos.

Así, se tejió lana, se fabricaron ánforas para envasar la miel y el vino, y, además, se multiplicaron paulatinamente los talleres de donde salían armas de bronce, joyas de oro y plata, etcétera.

Buena parte de esa riqueza fue empleada en construcciones, tanto privadas como públicas, aspecto en el que los aqueos se mostraron realmente originales.

Sus tumbas de pozo, y posteriormente sus tumbas de cámara y de cúpula, demuestran que, si en materia religiosa habían adoptado parcialmente los cultos agrarios prehelénicos y ciertas divinidades cretenses, en cambio mantendrían una estricta originalidad en el culto a los muertos, como en lo que respecta a construcciones civiles, ya que estabilizaron definitivamente el megarón, del que más tarde habría de derivar la planta del templo griego.

Otro tanto ocurrió con la pintura, pues, aunque los artistas que pintaron los frescos en los palacios micénicos fueran cretenses, o discípulos fieles a la técnica de sus maestros, los aqueos les impusieron su gusto por temas en los que predominaban el valor, la fuerza y la destreza en el manejo de las armas.

En dicho aspecto se pone de manifiesto el mismo espíritu que los impulsó a construir las grandes murallas ciclópeas, cuyas ruinas habrían de admirar los griegos de la época clásica.

Los Dorios.

Las inscripciones micénicas confirman las medidas defensivas que entre los años 1200 y 1100 a. de J. C. se adoptaron en los reinos aqueos, algunos de los cuales organizaron un complejo sistema de guarniciones y vigilancia, basado en los secuaces del príncipe, a disposición de los cuales se hallaban los carros de guerra.

Pero todas estas precauciones y la desesperada resistencia atestiguada por las murallas arrasadas y los edificios destruidos por el incendio que siguió al saqueo, fueron inútiles ante la inexorable presión de nuevos invasores, también indoeuropeos, pero provistos de armas de hierro: los dorios.

Éstos se fueron abriendo un camino de destrucción y muerte a través de la Argólida, Laconia y Mesenia, pasando luego a Creta, Rodas, Cos y Cnido, mientras que, posteriormente, otros grupos se instalaron en Locrida, Fócida, Etolia y Acarnania.

Aquellos aqueos que no sucumbieron en defensa de sus reinos o que no lograron resistir en regiones de fácil defensa, emigraron a las costas de Asia Menor, donde fueron muy bien recibidos, e iniciaron allí el proceso de engrandecimiento de una de las regiones más fecundas, desde el punto de vista cultural, del mundo griego: Jonia.

GRANDES HOMBRES DE GRECIA

 pericles  general griego
Demóstenes
Su talento de orador y sus advertencias no pudieron impedir que Atenas cayese bajo dominio macedónico.
Pericles
Reelegido estratega de Atenas a lo largo de 30 años, perfecciona la democracia preparada por Solón y Clístenes, y desarrolla el imperialismo ateniense
Alcibíades
Rico ateniense y buen estratega, se convierte en consejero de Esparta, y, más tarde, de los persas. Después de un nuevo cambio de frente, regresa triunfal a Atenas en el 407
Epaminondas
Habilidoso táctico, impone un período de hegemonía
tebana, batiendo a
Esparta en
Leuctras en el 37
1
grandes hombres de grecia antigua licurgograndes hombres de grecia antiguagrandes hombres de grecia antigua
Leónidas
Rey de Esparta, se sacrifica junto a 300 hoplitas para defender el desfiladero de las Termópilas frentes a los persas.
Licurgo
Al igual que Demóstenes exhorta, sin éxito, a los atenienses contra Filipo de Macedonia
Tucidides
Separado de la política relata los enfrentamientos de los griegos en la Guerra del Peloponeso
Temístocle
Gran estratera de Atenas, dirige la resistencia contra los persas y consigue la victoria marítima de Salamina en el año 480

Fuente Consultada: La Aventura del Hombre en la Historia Tomo 1

La Sociedad de Grecia Antigua y Educacion en Esparta y Atenas

La Sociedad de Grecia Antigua y Educacion en Esparta y Atenas

Ver También: La Educación en la Antigua Grecia

HISTORIA DE GRECIA ANTIGUA: SOCIEDAD, CLASES Y EDUCACIÓN EN ESPARTA Y ATENAS:

Tradicionalmente existe una división social característica en el mundo griego entre las dos polis principales y rivales entre sí: Atenas y Esparta.

SOCIEDAD ESPARTANA:

La sociedad espartana está caracterizada por su rigidez. En todo el territorio espartano la sociedad estaba dividida en tres categorías:

La Sociedad de Grecia Antigua y Educacion en Esparta y Atenas

• Los iguales:

Los ciudadanos, llamados los iguales, tenían plenos derechos y siempre constituyeron una minoría privilegiada dentro de la población. Eran los propietarios de las tierras. Participaban de los órganos de gobierno e integraban el ejército. Aunque teóricamente todos tenían los mismos bienes y derechos, en la realidad una minoría poseía las mayores riquezas y ejercía el poder político.

• Los periecos:

Eran una parte de la antigua población conquistada por los espartanos, y los llamaban así porque vivían, en general, fuera de la ciudad, en los alrededores (peri, en griego, significa alrededor).

Conservaban su libertad personal y su propia organización comunitaria, pero no podían participar del ejército (salvo excepciones).

Realizaban las actividades comerciales y las producciones artesanales y proveían a todas las necesidades de los espartanos. También debían pagar impuestos al Estado.

• Los ilotas:

Estaban reducidos a un estado de semiesclavitud. Eran asignados a las tierras de los espartanos, trabajaban en ellas y recibían una pequeña parte del producto. En la antigüedad, cuando se esclavizaba a los habitantes de una región, en general se los vendía o se los dispersaba.

Los espartanos, en cambio, habían decidido conservarlos, dominados pero en sus tierras de origen.

Las consecuencias de esta decisión fueron las constantes revueltas de ilotas que los espartanos tuvieron que sofocar.

Esta situación de constante amenaza explica por qué los ciudadanos de Esparta recibían entrenamiento militar desde la infancia.

Los espartanos eran educados para formar parte del ejército. Los niños con buena salud eran entregados a la madre, pero discapacitados eran arrojados al barranco del Taigeto.

A los siete años, niños y niñas iniciaban su adiestramiento físico a cargo del Estado mediante carreras, saltos, manejo de las armas o lanzamiento de jabalina.

La música formaba parte del adiestramiento ya que consideraban que los ejércitos entonando una canción marcial asustaban al enemigo.

Las adolescentes abandonaban el adiestramiento para ser educadas como madres de soldados.

Durante trece años los muchachos se preparaban, teniendo que vivir una temporada en solitario en el campo y matar al menos a un ilota.

Entre los 20 y 30 años se integraban en el ejército donde continuaban su perfeccionamiento militar.

A los 30 años alcanzaban la edad adulta y pasaban a desempeñar cargos públicos hasta los 60.

Los ciudadanos espartanos se regían por una constitución en la que se reflejan las instituciones que forman el poder en la polis.

 ► EDUCACIÓN EN ESPARTA:

La educación dura desde los siete a los veinte años.

Es obligatoria, y sometida al control del estado, y colectiva; es un adiestramiento que tiene por objeto formar ciudadanos sumisos y soldados que muestren constantemente su espíritu de disciplina y su destreza en el combate.

El niño forma parte de brigadas con otros muchachos de su edad, es decir, bandas o «rebaños», dirigidos por los más aventajados del grupo bajo la vigilancia de adolescentes de más de veinte años.

La disciplina se hace cada vez más severa; a los doce años el niño deja definitivamente la casa familiar por el internado o más bien dicho, el cuartel. Todo en la educación tiende a endurecer el cuerpo, a formar el carácter.

En materia de cultura intelectual el niño recita los poemas de Tirteo que exaltan la bravura y el sometimiento al estado; se ejercita en el canto coral que desarrolla el espíritu de cuerpo y aprende a expresarse por sentencias breves.

Durante trece años, el futuro hoplita está obligado a un entrenamiento continuo: deportes, manejo de armas, marchas.

Vive duramente y mal vestido, mal nutrido, debe merodear para subsistir; pero si se deja prender lo azotan.

El robo, la astucia, la mentira son virtudes cuando el servicio del estado lo exige.

¿El futuro soldado no debe aprender a valerse por sí mismo? Al terminar su adolescencia lo espera una última prueba: debe vivir solo, un cierto tiempo, en el campo.

De día se esconde, de noche puede robar y le es permitido matar a los ilotas que encuentre.

En esta prueba sobrevive un viejo rito de iniciación: antes de ser admitido en el grupo de los guerreros, el joven debía hacer un retiro y derramar sangre.

Los soldados han de ser recios y resistentes a todas las privaciones.

El ejército espartano estaba formado sólo por infantería pesada, los hoplitas, que avanzaban »en forma acompasada y en compactas filas en los combates.

Esparta nunca tuvo cuerpo de jinetes.

► De Fuente de la Época:

• Sobre La Educación en Esparta:

“Quiero mostrar cómo se practica la educación en Esparta y en otros lugares.» Los griegos que pretenden educar mejor a sus hijos, tan pronto como los niños comprenden el sentido de las palabras, los colocan al cuidado de pedagogos que son esclavos y bien pronto los envían a las escuelas para aprender las letras y fa música.

Pero Licurgo, en lugar de dejar que cada uno dé a sus hijos esclavos como pedagogos, encargó la educación de los hijos de todos a uno de los ciudadanos, al que se lo reviste de la más alta magistratura: se llama el pedonomo.

Le ha dado todo el poder para reunir a los niños, vigilarlos y, si el caso lo exige, castigar severamente sus negligencias.

Al pedonomo lo acompañan jóvenes portadores de látigos, para aplicar los castigos necesarios. Así se ve en Esparto mucho respeto unido a mucha obediencia.

A fin de que aun en ausencia del pedonomo los niños no permanezcan sin dirección, Licurgo ha dado a cualquier ciudadano que se encontrara presente, pleno poder para indicarles lo que considere bueno y para castigarlos en caso de falta.

Ha conseguido, as,, volver a los niñas más respetuosos.

En Esparta, en efecto, no hay nada que respeten tanto los niños y los hombres como a sus jefes.”

►Licurgo:

Fue un personaje de la época que vivió en el siglo IX a.C. y obtuvo la promesa de su pueblo que sus leyes servirían para siempre

► SOCIEDAD ATENIENSE:

La sociedad ateniense de la época clásica viene determinada por la división entre hombres libres y esclavos, a pesar del sistema democrático vigente.

La población de Atenas estaba compuesta por hombres que tenían tres diferentes condiciones legales.

La sociedad, en la época de Pericles, se basaba, como todas las sociedades de la antigüedad, en la distinción entre hombres libres y esclavos.

El Siglo de Pericles Esplendor de Atenas y Biografia y Gobierno

En un total de medio millón de personas que vivían en el Ática, solamente las dos quintas partes eran libres.

Había unos 40.000 ciudadanos y 60.000 metecos; exceptuando las mujeres y los niños, la población esclava ascendía a 300.000 o más.

Pero los hombres que poseían derechos políticos y participaban en el gobierno de la ciudad no eran más que una minoría.

Esta desproporción entre los ciudadanos y el resto de la población privada de los derechos de la ciudadanía, es un elemento para tener en cuenta cuando se habla de la democracia griega, pues constituye una de las limitaciones más importantes del régimen.

•  Los ciudadanos

Se consideraba ciudadanos a todos los hombres libres, hijos de padre y madre atenienses, mayores de edad.

La mayoría de edad se alcanzaba a los 18 años, pero como debían hacer dos años de servicio militar obligatorio, no tenían acceso a la Asamblea antes de los 20.

Los ciudadanos se reservaban la actividad política y la propiedad territorial.

A pesar que la ley no hacía distinción entre los ciudadanos —vivieran en la ciudad, el campo o en cualquiercleruquía—, en la práctica los únicos que podían ejercer realmente sus derechos cívicos eran los habitantes de Atenas. Las distinciones entre los ciudadanos se daban por la fortuna y la ocupación.

El dedicarse a una actividad remuneradora no era bien visto; solamente el propietario que dirigía personalmente la explotación de sus fincas escapaba a ese descrédito.

A la mayor parte de los ciudadanos les parecía mejor tomar parte en la función del Estado que dedicarse a actividades particulares.

Para ello, se contentaban para vivir con lo que les correspondía por la indemnización — misthos- que se les pagaba por participar en funciones de gobierno.

Las obligaciones de los ciudadanos para con la ciudad variaban según su fortuna personal.

Las clases más humildes servían como remeros en la flota y no pagaban impuestos.

Los propietarios medianos servían como hoplitas en la infantería, debiéndose proveer de equipo para la guerra y pagar impuestos.

Las clases más altas, por su parte, servían como caballeros, pagaban impuestos y, además, debían ciertas prestaciones especiales. Estos impuestos especiales se llamaban liturgias.

Había dos: uno era la coreiga, o sea, el encargarse de ofrecer una representación teatral a expensas propias; el otro, la tierarquía, consistía en armar un barco de guerra, etc. Cualquier ciudadano podía ser electo por votación o por sorteo para ejercer una magistratura o algún cargo en el Consejo o tribunales.

•  Los ciudadanos:

En una población de alrededor de 250.000 habitantes, algunos historiadores han calculado en 40.000 el número de ciudadanos, incluidos las esposas y los hijos, que no tenían representación política.

Los ciudadanos eran los únicos habitantes que tenían derecho a adquirir una finca y poseer tierras en el Ática. Aunque entre ellos había un grupo importante de hombres ricos, la mayoría eran pequeños y medianos propietarios de tierras.

•  Los metecos:

Era un grupo muy activo constituido por hombres libres, extranjeros, griegos nacidos en otras polis y no griegos. Se dedicaban al comercio y a las artesanías. Era muy difícil que pudieran acceder a la propiedad de la tierra, y vivían sobre todo cerca de los puertos y en Atenas.

Durante el siglo V a.C. su número fue superior a los 70.000, incluidas sus familias.

Eran los grandes importadores de alimentos y productos manufacturados y los dueños de los principales talleres.

También había metecos dedicados a las profesiones liberales o a actividades intelectuales.

Tenían que pagar impuestos, que aunque no eran muy elevados, marcaban su condición de inferioridad respecto de los ciudadanos. No podían votar ni participar en ninguna de las instituciones del Estado.

•  Los esclavos:

El grupo más numeroso era el de los esclavos. Se cree que su número superaba los 140.000 en este período. Carecían de todos los derechos políticos: eran propiedad de sus amos. Tampoco participaban de las guerras.

Podían comprar su libertad con su trabajo y pasar a la categoría de metecos, aunque esta situación no era común. La mayoría de los esclavos no eran griegos, y habían sido comprados por los ciudadanos.

La educación ateniense era diferente a la espartana.

Los niños acudían a la escuela a los siete años, iniciándose en primer lugar en las humanidades y después en los deportes, entre los 12 y los 14 años.

A los 18 eran declarados efebos, siendo desde ese momento el Estado quien se ocupaba de su educación militar, política y administrativa durante tres años. A los 21 eran declarados ciudadanos de pleno derecho.

La democracia ateniense sólo implicaba a los ciudadanos en las tareas de gobierno y en la elaboración de las leyes.

Todos los ciudadanos eran iguales ante la ley, sólo existía diferenciación económica entre ellos.

La elección de cargos públicos se realizaba por sorteo, remunerando a aquellos ciudadanos que no tenían posibles suficientes para dedicarse en exclusiva a la política. De esta manera se impedía que los poderosos coparan los cargos más importantes.

► QUE IMPLICABA SER CIUDADANO?:

En Atenas los ciudadanos podían intervenir en política, ser dueños de propiedades inmobiliarias (suelo y vivienda) que podían comprar y vender y que sus matrimonios fueran legalmente reconocidos.

Por contra, los ciudadanos ricos debían pagar una serie de impuestos como las conocidas liturgias (leitourgíai), por las que pagaban por ejemplo, la preparación de una trirreme —un tipo de barco de guerra con tres filas de remeros— y estaban obligados también a servir en el ejército en caso de guerra.

En Esparta los ciudadanos de pleno derecho eran los espartiatas (llamados también hómoioi, los «iguales» en derechos).

Para éstos su participación política se limitaba normalmente a su intervención en la Apella o Asamblea.

No podían desempeñar ninguna clase de actividad económica, pero eran propietarios de las mejores tierras que trabajaban los ilotas, especie de esclavos de los que ya hemos hablado.

Su principal ocupación era la guerra.

Como curiosidad, digamos que en Esparta solían celebrarse las syssítia o comidas en común en las que participaban todos los ciudadanos, para lo que éstos debían pagar un determinado impuesto.

Quien no podía hacer frente a este pago era pasado a la categoría de los hypomeíones o ciudadanos de inferior categoría, lo cual suponía una pérdida de derechos.

También perdían sus derechos los cobardes en la guerra.

RESUMEN SOBRE LA EDUCACIÓN EN GRECIA ANTIGUA:

En Grecia, los niños comenzaban a ir a la escuela a partir de los siete años. Cuando alcanzaban los 14o 15 años, los griegos comenzaban a estudiar matemáticas, literatura y oratoria, que era el arte de redactar y pronunciar discursos.

Esta formación se completaba con la práctica de diversos deportes en el gimnasio. La educación ateniense y la espartana presentaban algunas diferencias:

• En Esparta, el sistema educativo era muy exigente y daba mucha importancia a la preparación física. A los siete años, los niños ingresaban en academias militares donde aprendían el arte de la guerra. En general, las niñas griegas se educaban en la casa. Sin embargo, las mujeres espartanas recibían la misma preparación física que los hombres, con el fin de que alumbraran hijos sanos y fuertes.

• En Atenas, a los 18 años se iniciaba la preparación militar, que se prolongaba durante dos años, Una vez finalizada, y si la familia podía permitírselo, se continuaban los estudios superiores. Atenas contaba con dos escuelas famosas: la Academia, en la que enseñaba Platón, y el Liceo, donde Aristóteles impartía sus enseñanzas.

Ver También: La Educación en la Antigua Grecia

historia grecia antigua

Fuente Consultada:
Hábitos y Costumbres del Pasado Reader´s Digest
Colección: Como Vivían  – Los Romanos Susaeta
Historia Para Primer Año José María Ramallo
Civilizaciones de Occidente Toma A de Jackson Spielvogel

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Casas y viviendas en Grecia Antigua: Sus Características

Casas y Viviendas en Grecia Antigua historia grecia antigua

► LAS CASAS EN GRECIA ANTIGUA:

El bienestar y la alegría del hogar, llamaban muy poco la atención al griego, porque su mayor parte de tiempo lo pasaba ocupado en sus negocios, ejercicios físicos, política y ceremonias.

Vivía no para su familia, sino para la ciudad, por lo que el lujo de esta (no en todos los caos) era su orgullo.

Se contentaba personalmente con una vida sencilla y modesta, con tal que los monumentos y fiestas a sus dioses provocaran admiración universal.

La disposición de las ciudades griegas está determinada por la geografía del lugar donde se asentaban si bien en la mayoría de ellas encontramos determinados elementos significativos como son la acrópolis, el ágora y las murallas.

La acrópolis era el lugar sagrado, situado generalmente sobre una colina, sirviendo como espacio de reunión de la población en caso de ataque o asedio enemigo.

El ágora era el centro de la vida ciudadana y allí se desarrollaban las actividades políticas y económicas.

Al visitar  una familia pudiente de una población griega del siglo V a.C. llegaba a un estrecho callejón desde la avenida, y las voces lo guiaban hacia el patio, que era el centro de los hogares griegos.

Aquí, ocultos de las miradas de los transeúntes, jugaban los niños, los perros dormían, los esclavos cocinaban en braseros, las mujeres platicaban y lavaban vellocinos, y se ofrecían sacrificios en altares de piedra.

Alrededor del patio, se alzaban las habitaciones, separadas para hombres, mujeres y esclavos, y todas ellas en un solo piso, aunque los hogares con recursos tenían habitaciones en un segundo piso.

En contraste con el esplendor de los templos griegos y los edificios públicos, las viviendas eran modestas, construidas con adobes secados al sol y cimientos de piedra.

• ►Características de las Viviendas

Los techos eran de tejas y el piso era de argamasa o tierra aplanada.

Las casas ordinarias se componían de un piso bajo dividido en dos piezas muy pequeñas, y de un piso alto, al que se subía ordinariamente por una escalera exterior.

La parte inferior estaba abierta en la roca y las paredes eran de madera, de ladrillos o de argamasa.

En vez de forzar las cerraduras, los ladrones se contentaban con perforar el muro.

En el interior, las paredes estaban blanqueadas con cal; no había chimeneas, la familia se calentaba con brasero.

Los techos eran planos y en numerosas ocasiones sirvieron para levantar sobre ellos una segunda planta que sobresalía sobre el eje de la calle, lo que era castigado por la administración pública con tributos. Los suelos de las viviendas eran de barro.

Para evitar incendios el fuego era encendido en la calle, aunque no era muy frecuente la existencia de braseros ni chimeneas debido a la carestía de la leña y la práctica inexistencia de conductos de ventilación en los hogares.

La familia pasaba el día en el patio, pero cuando anochecía o hacía frío entraban en la casa e iluminaban las estancias con lámparas de aceite, de arcilla o bronce.

De las paredes encaladas pendían jarrones, botellas de perfume y otros objetos domésticos.

Los muebles, hechos de madera de ciprés y olivo, incluían elegantes sofás tapizados con colores vivos, sillas formales de respaldos altos, una silla curva, con brazos, llamada klismos, y mesitas de tres patas con incrustaciones de marfil.

Había cajones y arcones de madera para guardar ropa y pequeños bancos portátiles, a veces plegables y con asiento de tela.

Las camas eran marcos de madera con correas de cuero entrelazadas que sostenían un colchón, sobre el que se colocaban cojines, cobijas y colchas.

La estancia más amueblada era el andrón, o comedor, donde los hombres disfrutaban de un simposión, o reunión formal en la cual bebían en compañía de otros hombres invitados.

Los griegos llamaban «escarbamuros» a los ladrones: se debía a que los muros exteriores de las casas del siglo V a.C. no tenían ventanas, por lo que los ladrones sencillamente hacían agujeros en las endebles paredes de adobe.

Aun en esta casa de una familia pudiente, las paredes encaladas tienen ventanas escasas y pequeñas, cerradas con postigos. La torre en la esquina es también un puesto de vigilancia.

En el patio abierto, una mujer guisa en una olla y los niños juegan con un perro. Los tejados, apoyados en vigas de madera, proyectan sombra.

Cerca, una mujer trabaja en un telar colgado de la pared, en el que confecciona la ropa de la familia. Otras mujeres trabajan en telares en la estancia principal, el andrón o comedor.

En la cocina, un esclavo corta verduras frente al horno, y el padre de la casa desayuna antes de salir a inspeccionar las labores que se hacen en sus propiedades.

En la torre, una bodega contiene sacos de tela hilada y vasijas, mientras que en la habitación inferior un esclavo ayuda al joven de la casa a tomar un baño.

Afuera, un asno espera mientras las vasijas se llenan con vino o con miel de los panales que hay bajo el techo de paja junto a la pared.

Cuando el agua del pozo no era suficiente debía acudirse a la fuente pública, trabajo casi siempre reservado a las mujeres.

Las casas ricas se parecían a los palacios homéricos, y comprendían tres partes una entrada que guardaba un portero, el departamento de hombres, cuyas salas y cámaras daban a un patio rodeado de un pórtico, es decir, de una galería cubierta sostenida por columnas, y, por último, el departamento de mujeres o gineceo, que daba a un jardín.

Los muebles principales consistían en butacas, sillas, trípodes, taburetes, lechos de reposo, lechos de mesa —porque se comía tendido — y cofres para las ropas.

Las paredes estaban decoradas de pinturas, y los suelos cubiertos de alfombras y cojines.

• ►Vista de una Vivienda Griega

A pesar de la existencia de un grupo de funcionarios que debían vigilar las vías públicas, el aspecto general de las urbes griegas debía ser bastante deplorable.

La ciudad estaba dividida en barrios diferenciados según las clases sociales o la ocupación artesanal de sus habitantes.

La excepción a este caos urbanístico debió ser la ciudad de Mileto donde el arquitecto Hipodamo desarrolló una traza cuadriculada, que en su memoria se llama también red hipodámica.

Teniendo como ejemplo la ciudad de Mileto se construyeron un buen número de urbes en las colonias y en Asia cuando se produjo la expansión helenística con Alejandro.

Fuente Consultada:
Hábitos y Costumbres del Pasado Reader´s Digest
Colección: Como Vivían  – Los Romanos Susaeta
Historia Para Primer Año José María Ramallo
Civilizaciones de Occidente Toma A de Jackson Spielvogel

Las Diversiones en Grecia Antigua Fiestas y Festejos Religiosos

DIVERSIÓN Y FIESTAS EN GRECIA ANTIGUA
Fiestas y Festejos Religiosos

► El Mundo Antiguo

Sabemos que en todo el mundo antiguo la relación entre fiesta y religión era muy fuerte, este vínculo es aún más claro en el caso de las fiestas atenienses, que mas abajo puedes observar.

Cuando se acercaba la fecha de las fiestas de Dioniso, dios del vino, los autores de comedias y tragedias  presentaban sus obras a los magistrados de la ciudad, los arcontes.

Éstos seleccionaban a tres autores de tragedia y otros tres de comedia, entre los cuales se elegían los dos ganadores finales, uno por cada género, mediante votación de un jurado.

Los encargados de organizar la representación de las obras ganadoras eran los coregás, ciudadanos ricos que corrían con todos los gastos.

También se otorgaban premios al mejor corega y al mejor actor de cada género teatral.

La afición de los griegos al teatro ha sido siempre enorme, de manera que al principio la representación de las tragedias era considerada por los ciudadanos como una especie de purificación religiosa.

Con el tiempo la relación del teatro con el culto a Dioniso fue desapareciendo y pronto se organizaron representaciones con motivo de otras fiestas religiosas y de otros acontecimientos importantes para la ciudad.

En Atenas acuden al teatro tanto hombres como mujeres, sólo los esclavos tienen  prohibida la entrada.

FIESTAS Y FESTEJOS:

Grandes Panateneas en honor a Atenea. En el Mes Hekatombaión (julio) cada 4 años. El ritual era una procesión a la Acrópolis, al templo de la diosa, con las víctimas para el sacrificio y un peplo para ella.

Panateneas , idem al anterior , pero anual.

Grandes Eleusinas, en hornor al dios Apolo. Mes Metageitnión (agosto), cada cuatro años. Grandes competiciones atléticas.

Grandes Misterios de Eleusis, honor a Deméter y su hija Perséfone o Prosérpina. Mes  Boedromión (septiembre). Desde Atenas sale una procesión hacia Eleusis donde se celebraba una serie de rituales en honor a las diosas en los que se admitían personas de cualquier procedencia social y nacionalidad.

Tesmoforias, en honor a Deméter y su hija Mes de Pyanepsión (octubre), del once al trece. Fiestas comunes a toda Grecia y reservadas a las mujeres.

Leneas, en honor a  Dioniso. Mes de Gamelión (enero), del doce al catorce. Representaciones teatrales.

Antesterias en honor a Dioniso. Mes de Anthesterión (febrero), del once al trece. El primer día, el pithoigía, se abren las tinajas que contienen el vino nuevo; el segundo cada invitado recibe una copa de ese vino y se compite para ver quién lo bebe primero.

Grandes Dionisias en honor a Dioniso.Mes de Elapheboüón (marzo). Se representan las grandes tragedias griegas.

Targelias en honor a  Apolo. Mes de Thargelión (mayo). Ceremonia de purificación en que se azota con unas ramas a un hombre y una mujer.

Imporantes en el panorama festivo griego eran las competiciones atléticas, relacionadas también con las festividades religiosas.

Era grande la afición al ejercicio físico en la Grecia clásica y en todas las polis había uno o varios gimnasios en los que los jóvenes hacían ejercicio.

La entrada en tales recintos estaba limitada a los ciudadanos. Además periódicamente había juegos atléticos en los que intervenían atletas de toda Grecia.

Aunque los más conocidos son las Olimpíadas, celebradas cada cuatro años a partir del 776 a. de C. en el santuario de Olimpia.

discobolo de miron en grecia antigua

El famoso Discóbolo de Mirón. Uno de los honores que se concedían a los atletas vencedores en las Olimpiadas era el ver su estatua en algún lugar destacado de su polis.

► DIVERSIONES Y MODO DE VIDA:

El estilo de vida ateniense era en esencia sencillo.

Las casas atenienses estaban amuebladas con los artículos comprados a los artesanos como camas, asientos, mesas, baúles, artículos de cerámica, taburetes, cestas y utensilios de cocina.

Las vestimentas y las frazadas las tejían las mujeres y los esclavos.

La dieta ateniense era más bien simple.

La comida básica consistía en cebada, trigo, mijo, lentejas uvas, higos, aceitunas, almendras, pan horneado en casa, vegetales, huevos, pescado, queso y pollo.

El aceite de oliva se utilizaba de manera generalizada, no sólo en la comida, sino en las lámparas y para untarse el cuerpo después de lavarse y hacer ejercicio.

Aunque en los hogares de los campesinos había animales, éstos no daban solamente carne, por ejemplo: los bueyes eran útiles para arar, la oveja por su lana y las cabras para obtener leche y quesos.

La carne se consumía sólo en ocasiones especiales, como en los festivales; se sacrificaban animales y luego cocinaban su carne para comerse después.

El ocio en Grecia debía ocupar buena parte de la jornada de los ciudadanos ya que en la mayoría de las polis estaba mal considerado el trabajo manual.

Para estos menesteres disponían de numerosos esclavos y de extranjeros, llamados metecos, que constituían un amplio porcentaje de la población.

Acudir a los baños era una actividad frecuente entre los ciudadanos helenos ya que en la mayoría de las casas no había agua corriente, al tiempo que servían como centro de reunión.

Estos baños públicos serán numerosos durante el siglo IV a. C. y pasarán a Roma.

También era habitual dar largos paseos, utilizando las stoas, largos pórticos en ocasiones de dos pisos y dos naves cerrados por un testero, siempre decorados con frescos, mosaicos o cuadros.

Recordemos que una escuela filosófica será denominada estoica por reunirse sus discípulos en una stoa.

La stoa de Eco en Olimpia tenía doscientos metros de longitud.

Pero la actividad favorita por excelencia entre los ciudadanos será la política.

Podemos afirmar que los griegos gozaban de la política, participando activamente en el gobierno de sus polis. No olvidemos que todos los ciudadanos atenienses podían participar en la Asamblea donde se toman las decisiones más relevantes de la ciudad.

La música y el teatro serán dos de las actividades favoritas para disfrutar del ocio.

Existían dos edificios destinados a tal fin, el odeón y el teatro, contando todas las polis con significativos ejemplos, siendo el más importante el teatro de Epidauro por su configuración acústica ya que desde todos los puntos se alcanza una calidad de sonido difícilmente superable.

Al teatro acuden casi todas las clases sociales, recibiendo los ciudadanos más pobres una subvención para poder adquirir las entradas.

Los actores iban cubiertos con máscaras y vestidos con trajes concretos para que el espectador pudiera identificar claramente a quien representaban.

Los griegos daban mucha importancia al ejercicio físico, siendo una de las actividades educativas más importantes.

Los atletas competían en juegos, celebrados en cada una de las polis, aunque existían algunos que tenían carácter supranacional como los Olímpicos o los Píticos, dedicados a Zeus y Apolo respectivamente.

Tenían lugar cada cuatro años y durante el tiempo que duraba la celebración existía una tregua panhelénica.

Los atletas participaban desnudos en la competición, cubiertos con una capa de aceite que resaltaba la belleza de sus cuerpos, y sólo los hombres tenían acceso a contemplar las pruebas.

Durante casi un año se entrenaban en las cercanías del templo de Zeus y los ganadores recibían una rama de olivo como triunfo, aunque obtenían numerosos beneficios a posteriori como exención de impuestos o derecho a manutención gratuita.

Las cenas en grecia eran una actividad de ocio popular

Las cenas eran una actividad de ocio popular. Un hombre invitaba a varios amigos a cenar a su casa. Los invitados eran recibidos en la puerta por esclavos que les lavaban las manos y los pies.

Luego se tumbaban en literas, en una habitación conocida como andron, donde los esclavos les servían comida. Una vez recogida la comida, comenzaban a beber y a conversar.

A este tipo de cenas se las llamaba simposio. Los invitados bebían vino que se había mezclado con agua en una vasija conocida como crátera.

La conversación podía tratar sobre moral o política, pero a menudo las fiestas eran relajadas y los invitados tocaban la lira, recitaban poesía o contaban chistes. Músicos, bailarines o acróbatas contratados podían ofrecer más diversión. Los invitados traían  compañía fenmenina llamnadas hetarias.

A veces iban chicos para que observen como transcurría la fiesta y el comportamiento de los mayores. Había un juego llamado cótabo, en donde los invitados debían arrojar el último trago a un blanco determinado.

Los esclavos servía la comida a los invitados.

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La lucha entre animales se consideraba un deporte. Gallos, codornices o un gato y un perro luchaban a muerte.

La imagen de este vaso muestra a dos guerreros jugando a un juego de mesa que podía haber sido parecido al ajedrez.

Los griegos también disfrutaban del deporte. Esta escultura muestra un juego que se parece al hockey moderno.

Los adultos jugaban a menudo a los dados en su casa o en casas de juegos especiales. Otro juego popular, que conocemos como tabas, consistía en tirar pequeños huesos

Las familias ricas daban a sus hijos muchos juegos y juguetes para divertirse en sus horas libres. Conocían una especies de yo-yo y el juego del aro y el palo.

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En Las nubes, una comedia de Aristófanes, un padre orgulloso habla de la habilidad de su hijo para hacer casas, barcos, carretas y ranas con trozos de cuero.

Había otros juguetes como hondas, cometas, aros con campanas, carretillas, caballitos, trompos y ruedas unidas a varas para dirigirlas. Se han hallado pequeños muebles de plomo, que tal vez iban dentro de casas de muñecas.

Los bebés usaban sonajas de guijarros.

Se han hallado muñecas de arcilla articuladas en las ruinas de los templos, donde fueron dejadas como ofrendas, y en tumbas de niños. Tal vez existieron muñecas de trapo y juguetes de madera, pero no han dejado rastros.

Había un juego similar al hockey, en el que se usaban pelotas hechas de vejiga de cerdo. Un relieve en un museo de Atenas muestra a dos jugadores con bastones curvos, azuzándose.

Las vasijas pintadas, que son una excelente fuente de información acerca de la vida en la antigua Grecia, muestran juegos de saltar al burro, montar en hombros, y la gallinita ciega.

Existe una vasija con una hermosa figurilla de barro donde muestra a dos mujeres jugando a la taba con huesos o pezuñas de animales: se aventaban al aire, uno por vez, cinco huesos, que se tomaban con el revés de la mano.

Los juegos de mesa, que según el historiador Herodoto fueron inventados en el estado de Lidia, en Asia Menor, eran jugados con dados y fichas de vidrio o hueso.

Los griegos disfrutaban de estos pasatiempos cuando descansaban en casa, en compañía de sus amistades.

Sin embargo, cuando salían al agora, podían elegir entre una muy amplia variedad de espectáculos públicos más emocionantes, como funciones de magia al aire libre, tragaespadas, hechiceros y tragafuegos.

► EDUCAR EL ALMA:

Los antiguos griegos gozaban de la música en los actos públicos y privados, religiosos y laicos. El filósofo Platón dijo que la educación se dividía en dos: gimnasia para el cuerpo y música para el alma.

Poco se sabe acerca de cómo sonaba la música griega. Se conservan muy pocos ejemplos de partituras, y éstas no indican la afinación que se usaba.

Pero es seguro que no tenían la complejidad de los arreglos orquestales y vocales modernos: se cantaba al unísono y los instrumentos seguían la misma línea melódica.

Dado que la música griega estaba estrechamente relacionada con la poesía y la danza, el ritmo debió ser muy importante.

La música definía los pasos de danza, y en ella intervenía un poeta que declamaba estrofas.

La poesía no se leía en privado: los versos eran escritos para ser cantados o repetidos ante un público, generalmente acompañados de música y danza.

Los griegos tenían cantos para toda ocasión: canciones de amor y estribillos para las bodas y nacimientos, para lamentar una muerte o para acompañar trabajos mecánicos como la molienda de grano.

Incluso se cantaba para curar enfermos.

Las mujeres gustaban de bailar juntas en la casa y el campo, quizá como un ritual de fertilidad: nunca se les muestra bailando con sus maridos.

Fuente Consultada:
Hábitos y Costumbres del Pasado Reader´s Digest
Colección: Como Vivían  – Los Romanos Susaeta
Historia Para Primer Año José María Ramallo
Civilizaciones de Occidente Toma A de Jackson Spielvogel

historia grecia antigua

Las Mujeres Griegas Historia de La Familia Griega

Las Mujeres Griegas – Historia de La Familia Griega

► LA FAMILIA GRIEGA:

La familia era una institución básica en la antigua Atenas.

Estaba formada por el esposo, la esposa y los hijos (una familia nuclear), aunque también consideraban como parte de la familia a otros parientes dependientes y a los esclavos, por razón de su unidad económica.

La función principal de la familia era la de engendrar nuevos ciudadanos.

Las estrictas leyes del siglo y estipulaban que un ciudadano debería ser producto de un matrimonio, reconocido legalmente, entre dos ciudadanos atenienses, cuyos padres también fueran ciudadanos.

Por ley, la propiedad se dividía al azar entre los hijos sobrevivientes; como resultado, se buscaba que los matrimonios se realizaran entre un círculo cerrado de parientes, con el fin de preservar la propiedad familiar.

► Las Mujeres

La familia también ejercía la función de proteger y enclaustrar a las mujeres.

Las mujeres eran ciudadanas que podían participar en la mayor parte de los cultos y festividades religiosos, pero que eran excluidas de otros actos públicos.

No podían tener propiedades, excepto sus artículos personales, y siempre tenían un guardián varón: si era soltera, su padre o un pariente varón; si estaba casada, su marido; si era viuda, alguno de sus hijos o un pariente varón.

La función de la mujer ateniense como esposa, estaba bien definida.

Su principal obligación era mantener a los niños, sobre todo varones, que preservarían el linaje familiar.

La fórmula del matrimonio que los atenienses utilizaban, para expresarlo de manera sucinta: «Te entrego  esta mujer para la procreación de hijos legítimos» .

En segundo lugar, una mujer debería cuidar a su familia y su casa, ya sea que hiciera ella el trabajo doméstico, o que supervisara a los esclavos, que realmente hacían el trabajo.

A las mujeres se las tenía bajo un estricto control. Debido a que se casaban a los catorce o quince años, se les enseñaban sus responsabilidades desde temprana edad.

Aunque muchas de ellas se las arreglaban para aprender a leer y a tocar instrumentos musicales, a menudo se las excluía de la educación formal.

Se esperaba que una mujer permaneciera en su casa, lejos de la vista, con excepción de su presencia en los funerales o en los festivales, como el festival de las mujeres de Tesmoforia.

Sí se quedaban en casa, debían estar acompañadas.

Una mujer que trabajara sola en público o era indigente, y no era ciudadana.

La dependencia del marido era tal que podía amonestarla, repudiarla o matarla en caso de adulterio, siempre que éste estuviera probado.

Las mujeres de menor rango social tenían una vida más agradable ya que podían salir de sus casas sin ningún inconveniente, acudir al mercado o a las fuentes públicas e incluso regentar algún negocio.

Al no existir presiones económicas ni sociales, los matrimonios apenas estaban concertados, siendo difícil la existencia de dotes. Si es cierto que numerosas niñas eran abandonadas por sus padres ya que se consideraban auténticas cargas para la familia.

Mujeres en grecia antigua

En Atenas, las mujeres casadas de familias no solían salir mucho de casa. Sólo acudían a festividades religiosas y celebraciones familiares o iban a hacer pequeñas compras.

Cuando salían, les acompañaba un esclavo. A veces, podían visitar a sus amigas.

Esta estatua de terracota muestra a dos señoras conversando. Las mujeres solían también hacer cenas para amigas.

Hombres y mujeres sólo se mezclaban en fiestas estrictamente familiares.

En general, cuanto más rica era una familia, menos libertad tenía la mujer.

En las familias pobres, las mujeres hacían las tareas del hogar ellas mismas.

Esto implicaba ir a hacer la compra y buscar agua a la fuente, dos buenas ocasiones para encontrarse con las amigas.

► LAS MUJERES EN GRECIA:

En Atenas, las mujeres servían a los hombres de otras formas.

La prostitución (tanto masculina como femenina) floreció en la Atenas clásica.

La mayor parte de las prostitutas eran esclavas en los burdeles administrados como un negocio o un comercio por ciudadanos atenienses.

Así las prostitutas se maquillaban de manera ligeramente escandalosa con vistosos coloretes, utilizaban zapatos que elevasen su altura, se teñían el cabello de rubio y se depilaban, utilizando navajas de afeitar, cremas u otros útiles.

Utilizaban todo tipo de postizos y pelucas. Estas modas serán rápidamente adaptadas por las mujeres decentes, provocando continuas equivocaciones según nos cuentan algunos cronistas.

Otra clase de prostitutas ocupaba una posición más favorable en la sociedad ateniense; estas cortesanas más refinadas eran conocidas con el nombre de hetairai, que literalmente quiere decir acompañantes femeninas”.

Estas mujeres, que solían ser ex-esclavas procedentes extranjeras, eran más refinadas que las prostitutas habituales y eran famosas por sus logros musicales e intelectuales, así como por sus atributos físicos.

Los atenienses varones conservaban aristocrática costumbre de los simposios —las fiestas refinadas donde se bebía— en las cuales solían estar presentes las hetairas. Los simposios se llevaban a cabo en comedores exclusivos para hombres, en los que no estaban presentes las esposas.

Las hetairas bailaban, tocaban instrumentos musicales y brindaban entretenimiento, incluidas las relaciones sexuales.

El precio solía rondar el óbolo, la sexta parte de la dracma de plata.

Estos establecimientos incluían en sus servicios masajes, baños y comida, la mayoría de carácter afrodisiaco e incluso algunas para estimular la virilidad como los testículos de asno salvaje.

Para atraer al público, las mujeres solían vestir atuendos llamativos y llevar el cabello más largo que las atenienses, incluso algunas caminaban con un seno descubierto.

Algunas hetairas llegaron a amasar fortunas considerables y a tener un considerable renombre. Aspasia fue ciertamente la más famosa. Amiga de Sócrates y afamada por sus conocimientos, fue cortesana de Pendes y a la larga se convirtió en su esposa legítima.

Los más importantes políticos, artistas y filósofos gozaban de su compañía. El escultor Praxíteles estuvo locamente enamorado de Friné quien sirvió de modelo para algunas estatuas.

La encantadora Friné vivía con cierta discreción, acudiendo a tertulias literarias y artísticas, aunque fue acusada de impiedad y condenada a muerte, salvándose al mostrarse desnuda al tribunal por indicación de su abogado.

En un momento de su vida, Friné acumuló tal fortuna que decidió reconstruir las murallas de su ciudad natal, Tebas.

Aspasia fue la amante y esposa de Pericles, siendo también acusada de impiedad y salvada tras las lágrimas derramadas por su marido. Aspasia colaboraba estrechamente con Pericles según nos cuentan los poetas cómicos, quienes la acusan de ser la promotora de la mayoría de las guerras que vivió Atenas en aquellos momentos.

La homosexualidad masculina también fue una característica sobresaliente de la Atenas clásica.

Se practicaba de manera generalizada y, ciertamente, era tolerada.

La ley ateniense privaba de sus derechos ciudadanos a un ateniense que hubiese prostituido su cuerpo con otro hombre; pero no se molestaba en absoluto a los hombres que sostenían una relación homosexual con proxenetas o con otros hombres adultos, fuera ésta amorosa o por placer. La ley no eliminaba la prostitución masculina, pero, al actuar así, aseguraba que los proxenetas fueran extranjeros, y no ciudadanos atenienses.

El ideal de la homosexualidad griega consistía en una relación entre un hombre maduro y un joven.

Es muy probable que éste fuese un ideal aristócrata.

Si bien la relación solía ser física, los griegos también la consideraban educativa.

El hombre mayor (el “amante”) se ganaba el amor de su “amado” gracias a su valía como maestro y por la devoción que demostraba en la educación de su pupilo.

En cierto sentido, esta relación amorosa se concebía como una forma de iniciación de los jóvenes al mundo masculino de la dominación política y militar.

Los griegos no juzgaban que la coexistencia de las preferencias heterosexuales y homosexuales creara problemas especiales a los individuos o a la sociedad.

► PARA SABER MAS…

• El papel de la mujer:

En la mayoría de los estados de la antigua Grecia, la mujer vivía una vida muy protegida y no podía jugar un papel activo en la sociedad. No podía heredar o se propietaria, ni acudir a los tribunales de justicia.

No podía ni tan siquiera comprar algo que costara más de determinado importe.

Estaba siempre bajo la tutela de un pariente masculino: primero del padre, luego de marido, hermano o hijo.

• La Ceremonia del matrimonio:

Las muchachas se casaban con 15 años, pero el novio solía ser mayor.

Un escritor afirmó que la mejor edad para que un hombre se casara era entre los 30 y 35 años.

El padre elegía al marido de su hija y le daba bienes dinero, lo que se conocía como dote. La dote se devolvía  al padre en caso de divorcio o muerte del marido.

la muer en grecia antiguaLa víspera de la boda, la novia se bañaba en agua de una fuente sagrada traída en una vasija especial llamada lutróforo.

El día de la boda la novia iba vestida de blanco. Ambas familias hacían sacrificios y lo celebraban.

Por la noche, el novio iba a casa de la novia.

Los novios llegaban a casa del novio en una carreta o carro si eran ricos. Personas con antorchas y músicos encabezaban la procesión.

La madre del novio salía a recibir la procesión. Luego se llevaba a la novia al hogar para que se uniera a la vida religiosa de su nueva familia.

Los novios compartían comida delante del hogar.

Los invitados les tiraban nueces, frutos y dulces para desearles suerte y prosperidad.

Al día siguiente se celebraba una fiesta en la casa del marido y los invitados daban regalos a la pareja para el inicio de su vida en común.

• Las obligaciones de una esposa

En una casa rica, una esposa tenía muchas obligaciones. Controlaba los almacenes y se aseguraba de que la casa estuviera limpia y la comida lista a tiempo. Cuidaba de los hijos y de los enfermos de la casa y gestionaba la economía de la familia.

Las mujeres de la casa producían todas las telas necesarias para la ropa, el mobiliario y la decoración. Es una reconstrucción, basada en una pintura de una vasija del s. VI a.C, muestra a una esposa supervisando las distintas fases de la producción de un tejido.

• El Divorcio

Aunque los hombres podían hacer más o menos lo que querían, las mujeres tenían que comportarse según unas normas muy estrictas: ante cualquier sospecha de escándalo, podían enfrentarse a un divorcio, para divorciarse de su esposa, un hombre hacía una declaración formal de divorcio ante testigos.

Era mucho más difícil para una mujer poner fin a su matrimonio, va que no podía ejercer acciones legales por sí misma.

Debía presentarse ante un dirigente llamado arconte  y convencerle de que actuara en su nombre.

El esposo se quedaba con los hijos y la mujer iba de un pariente masculino.

Las señoras dedicaban mucho tiempo esfuerzo y dinero a embellecerse. Tomar un baño diario se convirtió en una costumbre.

Tras el baño, se friccionaban la piel con aceite perfumado para hidratarla y mantenerla suave y flexible.

 Esta pintura de un vaso muestra a una mujer lavándose el pelo.

También se utilizaba aceite para darle brillo y algunas mujeres se lo teñían o usaban pelucas.

Otras empleaban rellenos para mejorar su figura o se ponían sandalias con gruesas suelas para parecer más altas.

Muchas mujeres se daban colorete para tener mejillas sonrosadas y se pintaban las cejas de oscuro.

La piel pálida estaba de moda y se utilizaba maquillaje para aclarar el cutis. La imagen de este vaso muestra a una mujer contemplándose ante el espejo.

Fuente Consultada:
Hábitos y Costumbres del Pasado Reader´s Digest
Colección: Como Vivían  – Los Romanos Susaeta
Historia Para Primer Año José María Ramallo
Civilizaciones de Occidente Toma A de Jackson Spielvogel

historia grecia antigua

La Religion Griega: Características

La Religion Griega: Características

historia grecia antigua

LA RELIGIÓN GRIEGA:

La religión griega estaba estrechamente vinculada con cada aspecto de la vida cotidiana; era, a la vez, práctica y social.

Los festivales públicos —que se originaron de ciertas prácticas religiosas— tenían funciones específicas: los varones se preparaban para ser guerreros; las niñas, para ser madres.

En vista de que la religión estaba relacionada con todos los aspectos de la vida, los ciudadanos deberían asumir una actitud apropiada frente a los dioses.

La religión era un culto civil necesario para el bienestar del estado.

Los templos dedicados a un dios, o a una diosa, eran los principales edificios de la sociedad griega.Homero dio una explicación de los dioses que proporcionó una estructura definida a la religión griega.

En una época todos los griegos aceptaron una religión común basada en doce dioses principales que supuestamente vivían en el monte Olimpo, la montaña más grande de Grecia.

Entre estos doce dioses estaban Zeus, la principal deidad y padre de todos los dioses, Atenea, diosa de la sabiduría y de los oficios; Apolo, dios del sol y de la poesía; Afrodita, diosa del amor; y Poseidón, hermano de Zeus y dios de los mares y los terremotos.

Gioses Griegos

Haz clic, y puedes conocer todo sobre cada unos de los dioses griegos

Los doce dioses olímpicos eran comunes a todos los griegos,. quienes, consecuentemente, compartían una religión politeísta básica.

Cada polis asignaba a uno de los doce dioses olímpicos como la divinidad guardiana de su comunidad.

Por ejemplo, Atenea era la diosa patona de Atenas.

Pero cada pólis también tenía sus propias deidades locales, las cuales seguían teniendo importancia para la comunidad en su conjunto; además, cada familia también tenía sus dioses patrones.

Resultando conveniente contar con el favor de los dioses para todas las actividades de uno, el ritual tenía enorme importancia en la religión griega.

Las oraciones solían combinarse con los obsequios a los dioses, lo cual se basaba en el principio de <‘les ofrezco esto para que (los dioses) me lo retribuyan”.

Algunas oraciones reflejaban de manera directa este beneficio mutuo: Protege nuestra ciudad. Creo que lo que estoy pidiendo es de interés común. Ya que una ciudad floreciente honra a los dioses”.

El ritual significa sacrificios, ya sea en forma de animales o de productos agrícolas. Los animales expiatorios se quemaban en el altar que estaba enfrente del templo, o en un pequeño altar frente a la casa.

Los festivales también se celebraban a manera a los dioses y a las diosas. Algunos de éstos (las celebraciones Panhelénicas) fueron importantes para los griegos y se celebraban en locaciones especiales, como las dedicadas a la adoración de Zeus en Olimpia; a Poseidón, en el istmo de Corinto; y a Apolo, en Delfo Los grandes festivales incorporaban muchas actividades en honor de los dioses, incluidas las competencias atléticas a las que se invitaba a todos los griegos.

El primero de estos juegos se celebró en el festival olímpico del año 776 a. de C., y después se llevaron a cabo cada cuatro años para honrar a Zeus.

Al principio, las competencias olímpicas consistían sólo en carreras pedestres y luchas; pero, más tarde, también se incluyó el boxeo, el lanzamiento de jabalina y diversas especialidades más.

Las competencias siempre eran entre individuos, no entre grupos.

Como ejemplo de otro aspecto práctico de la religión griega, los griegos querían conocer los designios de los dioses.

Había videntes que recibían augurios por medio de los sueños, del vuelo de los pájaros o de las entrañas de los animales sacrificados.

Pero tal vez el método más popular para adivinar la voluntad de los dioses era el Oráculo, recinto consagrado a un dios, o a una diosa, que revelaba el futuro.

El oráculo más famoso era el de Apolo, en Delfos, instalado a un lado del monte Parnaso, dominando el golfo de Corinto.

En Delfos, una sacerdotisa escuchaba las preguntas en un estado de éxtasis el cual se creía que era inducido por Apolo.

Sus respuestas las Interpretaban los sacerdotes y se las daban en verso a la persona que había hecho las preguntas.

Representantes de estado y particulares viajaban hasta Délfos para consultar al oráculo.

Los estados tal vez preguntaran si deberían llevar a cabo una expedición militar; los particulares quizá plantearan preguntas del tipo: “Heracleídas pregunta al dios si tendrá un retoño de su esposa actual”.

Las respuestas a menudo eran enigmáticas y podían interpretarse en más  de una forma.

Creso, rey de Lidia de Asia Menor, famoso por su increíble riqueza, mandó mensajeros al oráculo de Delfos, preguntando si debería entablar la guerra en contra de los persas”.

El oráculo le respondió que, si atacaba a los persas, destruiría un poderoso imperio lleno de júbilo por escuchar esa noticia, Creso les declaró la guerra a los persas, pero fue aplastado por el enemigo.

Un poderoso imperio el de Creso— fue destruído.

La religión griega —centrada en el ritual y en las relaciones formales con los dioses— tendía a carecer de un componente emocional intenso.

Asimismo, ofrecía a la mayoría de las personas una vaga esperanza, o ninguna, de que hubiera vida después de la muerte.

Como resultado de esto, a veces los griegos se convertían a religiones mistéricas, que incluían un proceso de iniciación en ritos secretos que prometían un involucrarniento más emocional con las fuerzas espirituales, así como una mayor esperanza de alcanzar la inmortalidad.

Los misterios mas importantes fueron los Eleusinos, que se relacionaban con el mito de la diosa Démeter.

Era un culto de fertilidad en el que los participantes sentían que renacían y obtenían cierta esperanza de tener vida después de la muerte.

Los cultores órficos, seguidores del legendario trovador Orfeo, creían en los ciclos de reencarnación, pues el alma humana estaba atrapada en el cuerpo físico.

Su propósito era liberar el alma de su confinamiento.

Fuente Consultada: Civilizaciones de Occidente Toma A de Jackson Spialvogel

Enlace Externo: Religión en Grecia

La Filosofia Griega:Filosofos y Sofistas en Grecia Antigua

La Filosofia Griega

historia grecia antigua

• FILOSOFÍA GRIEGA:

Etimológicamente, la palabra filosofía procede de los términos griegos philein (amar, aspirar) ysophia (sabiduría) por lo que su significado sería amor o aspiración a la sabiduría.

Numerosos autores antiguos consideran a Pitágoras como el inventor del término ya que en su viaje por Grecia fue interrogado por el tirano Leonte de Fliunte sobre su profesión a lo que él respondió que no era sabio sino amante o buscador de la sabiduría (filósofo).

El objetivo de la filosofía es, por lo tanto, saber, conocer, dar respuesta a las preguntas que todos nos planteamos relacionadas con la naturaleza y su creación, abandonando los mitos para dar protagonismo al logos.

La Filosofia Griega
La Filosofia Griega

Gran parte de la filosofía antigua griega se centraba en el intento de explicar el universo sobre la base de principios unificados.

Tales de Mileto, griego jónico que vivió alrededor del año 600 a. de C., postuló la unidad del universo.

Todas las cosas estaban relacionadas por el agua, una sustancia básica.

Otro griego jónico, Pitágoras (580. 490 a. de C.), pensó que la esencia del universo podía encontrarse en la música y en los números.

Estos primeros filósofos griegos tal vez eliminaran el concepto de los mitos griegos, pero no prescindieron de la divinidad misma del mundo lugar suyo, se inclinaron por identificarla con las fuerzas profundas e inamovibles que gobiernan el universo.

Sin embargo, muchos griegos simplemente no estaban interesados en las especulaciones sobre la naturaleza del universo.

Los sofistas conformaban un grupo de maestros filósofos del siglo rechazaban dichas especulaciones calificándolas de insensateses, argumentaban que la comprensión del universo estaba sencillamente más allá del alcance del intelecto humano.

Para los individuos lo importante era ser cada vez mejores; así el único objeto de estudio que valía la pena esa la conducta humana.

Los sofistas eran maestros errantes que ofrecían sus servicios como maestros profesionales a los hombres jóvenes de Grecia, sobre todo, a los de Atenas.

Para los sofistas no existía un bien o un mal absolutos: lo que era correcto para un individuo, podría ser incorrecto para otro.

En consecuencia, la verdadera sabiduría consistía en poder percibir el bien propio y lograr obtenerlo.

No obstante, muchas personas consideraban a los sofistas peligrosos para los valores tradicionales de la sociedad y, en especial. para los valores de los jóvenes.

En la Grecia clásica, Atenas se convirtió en el centro intelectual y artístico más importante. Tal vez su reputación sea mayor en ámbito de la filosofía.

Después de todo, Sócrates, Platón y Aristóteles plantearon cuestiones básicas que se han debatido por más de dos mil años; éstas son, en gran medida, las mismas preguntas filosóficas con las que lidiamos hoy día.

 Sócrates (469-399 a. de C.) no dejó obra escrita, pero sabemos le él gracias a sus discípulos, sobre todo mediante el más famoso: Platón.

Sócrates tenía el oficio de albañil, pero su verdadera vocación era la filosofía.

Enseñó a numerosos alumnos, pero sin recibir salario, ya que creía que el propósito de la educación sólo era mejorar al individuo.

Se valió de un método de enseñanza que todavía se conoce por su nombre.

El «método socrático” emplea una técnica de preguntas-respuestas para conducir a los discípulos a ver las cosas por sí mismos, utilizando su propio razonamiento.

Sócrates creía que todo verdadero conocimiento reside en el interior de la persona; sólo ¿necesita un examen crítico para que surja, esta era la verdadera tarea de a filosofía, puesto que «la vida sin examinarse, no vale la pena vivirla».

El cuestionamiento por parte de Sócrates de la autoridad, junto con la publica prueba de la ignorancia de otras personas, le causaron dificultades.

Atenas gozaba una tradición de libertad de pensamiento de investigación, pero la derrota de la guerra del Peloponeso había propiciado un ambiente de intolerancia al debate abierto y la investigación del alma. Se le acusó a Sócrates—y se hallo  culpable— de corromper con sus enseñanzas a los jóvenes de Atenas.

Un jurado ateniense lo sentenció a morir.

Uno de los discípulos de Sócrates fue Platón (c. 429-347 a.C.) de a quienes muchos consideran el más grande filósofo de la civilización occidental.

A diferencia de su maestro Sócrates, que no escribió nada, Platón escribió mucho.

En sus diálogos, utilizó a Sócrates como el principal contrincante filosófico.

El pensamiento filosófico de Platón se centró en la esencia de la realidad y en el concepto de las ideas o de las formas ideales.

De acuerdocon Platón, siempre había existido un mundo más noble al que pertenecían las ideas o formas inmutables.

Conocer esas formas es conocer la verdad.

Estas formas ideales constituyen la realidad sólo puede ser aprendida por una mente instruida, la cual y—por supuesto es la meta de la filosofía.

Los objetos que percibidos a través de nuestros sentidos son simples reflejos de las formas ideales.

Por consiguiente, son sombras, en tanto que la realidad, se encuentra en las formas mismas.

Las ideas de Platón respecto al gobierno se expresaron en su diálogo titulado La república.

Basado en su experiencia ateniense, Platón había llegado a desconfiar del funcionamiento de la democracia.

Resultaba obvio para Platón que los individuos no podían conseguir

Una forma de vida ética, a menos que vivieran en un estado justo y racional.

La búsqueda de Platón del estado justo lo condujo a construir un estado ideal en el que la población se divide en tres grupos básicos.

Biografia de Platon Pensamiento filosofico Filosofo griego

En la cima está la clase más encumbrada, una élite gobernante, los famosos filósofos-reyes:

«A menos que los filósofos se conviertan en reyes en sus países, o que aquellos a los que ahora se llama reyes y gobernantes lleguen a tener la suficiente inspirad para tener un genuino deseo de adquirir sabiduría; a menos digamos, el poder político y la filosofía se entrelacen.., los problemas no darán tregua… ni a los estados, ni —como yo creo— a toda la humanidad”.

El segundo grupo son los que muestran valor serían los guerreros que protegerían a la sociedad.

El resto de la sociedad son masas, compuestas por personas que esencialmente se dejan guiar no por la sabiduría o el valor, sino por el deseo de cosas materiales.

Serían los productores de la sociedad: artesanos, comerciantes y campesinos.

En el estado ideal de Platón, cada grupo cumple con el papel q se le ha asignado, creando, así, una sociedad que funciona de manera mas armoniosa.

La preocupación de Platón se dirigía más a las necesidades de la comunidad, que a la felicidad del individuo, por lo que concentró, sobre todo, en la necesidad de que los guardianes o gobernantes no tuvieran preocupación alguna respecto de la riqueza o prestigio, y procuraran lo mejor para la comunidad, con el fin apartar a los guardianes de estos deseos, Platón insistió en que vivirán en comunidad, renunciando a la propiedad privada y a la vida familiar.

Platón pensaba que también las mujeres podían ser gobernantes; en este aspecto se apartó de manera radical de las prácticas contemporáneas de los estados griegos.

Platón estableció una escuela en Atenas, conocida como la Academia.

Uno de sus discípulos, que estudió ahí por veinte años, fue Aristóteles (384-322 a. de C.), quien más tarde llegaría a ser el tutor de Alejandro Magno.

Aristóteles difería de manera significativa de su maestro, y no aceptaba la teoría de Platón de las formas ideales.

El, al igual que Platón, creía en principios universales o formas, aunque sostenía que la forma y la materia eran inseparables.

Al exarminar los objetos individuales, podemos percibir su forma y llegar principios universales, pero éstos no existen en un mundo ideal, separado de la realidad de las cosas materiales, sino que son parte de la cosas mismas.

Así, los objetivos de Aristóteles consisten en analizar clasificar las cosas mediante una minuciosa investigación y búsqueda.

Sus intereses fueron vastos, lo que lo llevó a escribir tratados sobre una gran cantidad de materias: ética, lógica, política, poesía, astronomía, geología, biología y física.

Al igual que Platón, Aristóteles postulaba un sistema eficaz de gobierno que dirigiera de forma racional los asuntos humanos.

A diferencia de Platón, no buscaba un estado ideal basado en la encarnación de una forma ideal de justicia, sino que trataba de encontrar la mejor forma de gobierno, mediante un examen racional de los gobiernos existentes.

Biografia de Aristoteles Pensamiento aristotelico Filosofia Medieval

Para su obra La política , examinó las constituciones de ciento cincuenta y ocho estados, de las que obtuvo categorías generales para la organización de gobiernos. Identificó tres buenas formas de gobierno: la monarquía, la aristocracia y el gobierno constitucional.

Pero, fundado en su análisis, advirtió que la monarquía podía convertirse fácilmente en tiranía; la aristocracia en oligarquía, y el gobierno constitucional en democracia radical o anarquía.

Apoyó al gobierno constitucional como la forma óptima para la mayoría de la gente.

Las ideas filosóficas y políticas de Aristóteles desempeñaron un papel importante en el desarrollo del pensamiento occidental durante La Edad Media.

Lo mismo sucedió con sus ideas acerca de las mujeres. Aristóteles creía que el matrimonio tenía como finalidad que el hombre y la mujer tuvieran mutuo confort y que contribuía a la felicidad total de una comunidad:

“La comunidad necesita que mujeres y varones sean excelentes, de lo contrario la bendición sería a medias”.

No obstante, Aristóteles sostenía que las mujeres eran biológicamente inferiores a los hombres: «Una mujer es, como silo fuera, un varón infértil.Ella es hembra a causa de una insuficiencia”.

Por lo tanto, según Aristóteles las mujeres deben estar subordinadas a los varones no sólo en la comunidad sino en el matrimonio:

“La asociación entre marido y mujer es una aristocracia. El varón gobierna por merito propio, y en la esfera que por derecho le pertenece; pero le cede tales asuntos a su esposa en la medida que son adecuados para ella”.

Ver:¿Quiene Eran Los Sofistas Griegos?

Tema Tratado: La Filosofia Griega Los Griegos y los Filosofos Sofistas

Fuente Consultada: Civilizaciones de Occidente Toma A de Jackson Spialvogel

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Enlace Externo:• Filosofía griega | Qué es, Definición y Concepto.

Resumen del Arte en Grecia:Destacados Artistas Griegos

Resumen del Arte en Grecia:Destacados Artistas Griegos

historia grecia antigua

EL ARTE GRIEGO:

Floreció entre los siglos VII y II antes de C., en Grecia y otros territorios del Mediterráneo habitados por los griegos.

Se caracteriza por su idealismo estético, proporcionalidad, equilibrio de los elementos y su interés por reflejar la expresividad genuina en la figura humana; por ello, desarrollaron una gran perfección en el dibujo.

El atletismo, tan cultivado por estos pueblos, brindó a los artistas sus mejores modelos.

La sencillez, el ritmo, la claridad y la unidad dominan todas sus formas artísticas; así, los griegos alcanzaron sus mayores logros en la cerámica, la escultura y la arquitectura.

El arte griego comienza aproximadamente en los siglos V y IV. Se caracterizó por darle a sus obras el mayor sentido de la proporcionalidad, por expresar armonía y equilibrio de elementos y por reflejar una genuina expresión de humanismo.

Grecia, es una pequeña península situada al sureste de Europa. Pero en este pequeño país nacieron las primeras ideas que dieron forma a la cultura occidental, de tal modo que nuestros conocimientos y modos de pensar son una consecuencia de la filosofía, la ciencia y el arte de los griegos.

ARQUITECTURA:

En la arquitectura griega no se empleó ni el arco ni la bóveda.

El elemento sustentador de sus monumentales obras fueron las columnas.

El sistema de construcción utilizado fue el adintelado.

Se destacan por orden jerárquico, los templos como exponentes principales, luego, los teatros, las acrópolis, los propileos, los estadios, los gimnasios y las palestras, las ágoras y los monumentos funerarios.

Los diferentes tipos y formas de columnas dieron origen a los famosos órdenes arquitectónicos griegos: Dórico, Jónico y Corintio.

MATERIALES UTILIZADOS: Los griegos usaron de manera preferente el mármol, el cual pulían de forma cuidadosa; también emplearon la piedra.

ESCULTURA:

La escultura griega no está sujeta ni a reglas ni a convencionalismos.

El escultor tiene libertad de expresión, sin embargo, toda ella busca y logra la perfección humana, por tanto es una escultura dedicada a exaltar la fuerza física, la perfección de los rasgos, el movimiento y la expresión de la divinidad. Su tema central gira en torno a la figura humana.

La escultura griega pasa por 3 períodos épocas o fases evolutivas, con características propias en cada una de ellas.

Estas son:

– Arcaica:

Se caracterizó por ser una época en donde los escultores buscan un estilo y una técnica propios.

En ella aparece la figura femenina y masculina, al inicio estas figuras eran de tipo hierático, sin movimiento, pero luego surgieron ideas de movimiento, los brazos se despegan del cuerpo y el rostro expresa una curiosa sonrisa.

Las esculturas eran hechas como ofrenda a los deportistas.

Son de esta época: El Kouros de Anavyssos (atleta), la Dama de Auxirre o Xoana (doncella vestida), la cabeza del caballero Rampios, etc.

– Clásica:

esta época significó el período de mayor auge en todas las manifestaciones artísticas y literarias. Los escultores logran la perfección de sus técnicas, así como las mejores piezas escultóricas, en donde se observa la magnificencia de la figura humana.

Esta época tiene 2 períodos: el estilo Sublime, en el que se destacan escultores como Mirón, Fidias y Polícleto, y el estilo Bello, donde se destacan Scopas, Praxiteles y Lisipo, ambos estilos tenían características propias.

– Helenísta:

esta época corresponde al fin del arte griego, las obras de esta época toma modelos de las anteriores, perfeccionándolos, demostrando una gran capacidad de realización, entra la figura del niño como tema.

La escultura adquiere caracteres de monumentalidad, dominando lo pintoresco, lo grotesco, lo episódico, etc.

El retrato pasa a un primer plano. En este período surgen diferentes escuelas, entre las más importantes: las Escuela de Pérgamo, la de Rodas y la de Alejandría.

PINTURA:

Muy poco es lo que se conoce de los pintores griegos, sin embargo, si es de conocimiento la maestría que se manifestaba en los increíbles efectos de realismo que sabían producir por descripciones de algunas pinturas.

Pero su obra se ha perdido casi toda, y lo que ha quedado son copias y fragmentos que no dan una idea clara de cómo era aquella pintura.

Se destacan: Polignoto, Apolodoro de Atenas, Agatarco de Samos, Zeuxis, Parrasio y Apeles.

CERÁMICA:

Esta constituye en las artes menores la mejor y más variada expresión en lo que a decorado y pintura se refiere.

Esta variedad nos da una muy completa evolución de su cultura.

Con un estilo y técnicas propias, se caracteriza por tener formas variadas y originales, predominan los elementos geométricos dispuestos en franjas, las tonalidades del barro, desde el amarillo hasta el gris castaño, presenta figuras en rojo sobre fondo negro o rojo el fondo y figuras negras, predominan formas animales y humanas.

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Literatura y Teatro Griego: Principales Representantes y Cualidades

LA LITERATURA Y TEATRO GRIEGO Y SUS REPRESENTANTES

LAS LETRAS: Los griegos hablaron un idioma común expresado a través de diversos dialectos, de los cuales se se impuso el usado en Atenas.

La lengua griega se integra en el grupo de las lenguas indoeuropeas. Su alfabeto es de origen semítico, concretamente fenicio, aunque desconozcamos la fecha exacta de su utilización.

Cada una de las diferentes polis que integraban la Hélade tenía su propia lengua, si bien podemos agruparlas en cuatro grandes grupos: el dialecto jónico-ático, el dórico, el eólico y el aqueo.

El ático se convertirá en el dialecto más empleado por los grandes literatos y en época de Alejandro se puede considerar como el embrión de la lengua griega.

Homero es el literato más famoso de este momento, considerado el autor de dos de las obras más importantes de la Literatura Universal: la Iliada y la Odisea.

teatro griego

• HOMERO, EL POETA CIEGO:

Todo es confuso al tratar del más grande de los poetas griegos. Siete ciudades se disputan el honor de haber sido su cuna, y aún hoy día hay quien niega su existencia real.

Esmirna le dedicó un templo, y la Ilíada y la Odisea constituyen, con toda seguridad, los poemas más leídos del mundo entero. (Ver Homero y La Guerra de Troya)

En los 24 cantos de que consta la Ilíada, Homero relata las luchas de griegos y troyanos por la ciudad donde se han refugiado la bella Helena y su amante Paris.

Por los troyanos lucha Héctor y por los griegos Aquiles.

La cólera de éste al conocer la muerte de su amigo Patroclo ocasiona la derrota y destruc­ción de Héctor y los troyanos, cuya ciudad es arrasada.

Homero

En la Odisea relata, también en 24 cantos, las peripecias de Ulises, rey de Itaca, que, terminado el sitio de Troya, quiere volver a su patria.

Los remolinos de Scila y Caribdis, los cíclopes y numerosos peligros acechan al héroe que regresa por fin al lado de su esposa Penélope, cuando ésta, asediada por numerosos pretendientes, iba a entregar su mano al que consiguiera manejar el arco de Ulises.

Sólo éste puede tenderlo y disparar las flechas que ahuyentan a los intrusos.

En estos poemas grandiosos, los simples mortales, los héroes y los dioses luchan en un mundo de pasiones exacerbadas y violentas.

La literatura de todos los países comienza siempre con manifestaciones épicas.

Y la griega, como corresponde a su grandeza, debía manifestarse en dos poemas que no han sido jamás superados.

La prosa y la simple narración, lo que hoy llamaríamos novela, son formas literarias de aparición más tardía.

Posteriormente Hesiodo inauguro en el sigo VIII a,C. la poesía didáctica.Esopo sería el continuador de esta escuela moralista, autor de unas 400 fábulas finalizadas con moraleja.

En el siglo V a.C. se desarrollo la poesía lírica , que toma este nombre del hecho de que los poetas recitaban sus composiciones acompañados de una lira o de una flauta.

La lírica toma cada vez más importancia a partir del siglo VII a. C. destacando figuras como el ateniense Solón, de cuya obra elegante y moralizadora nos han quedado algunas muestras.

Entre quienes se destacaron en estas creaciones, debemos mencionar a Tirteo, Safo, Alceo, Anacronte, natural de Jonia, en el Asia Menor, Pindaro, considerado el de mayor envergadura , nacido en Tebas, que cantó los triunfos de los atletas con un vigor que llama la atención, a pesar de que no conservamos muchos ejemplos de su arte, siendo lo más importante los Epicinios.

La fase clásica será la de mayor esplendor, desarrollándose los dos grandes géneros dramáticos: la tragedia y la comedia, de los cuales hablamos mas abajo.

• EL TEATRO GRIEGO:

La palabra drama significa, en su origen, hacer, actuar, moverse.

Las primeras formas teatrales son un drama, es decir, la escenificación, con personajes, voces y movimientos, de un hecho generalmente extraordinario, desgarrador y trágico de la vida humana.

Es curioso que la palabra griega hipócrita significara también actor, es decir, el que finge.

La palabra tragos, raíz de tragedia, es el nombre que se daba al macho cabrío sacrificado en honor de Dionisios.

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Los orígenes del teatro en el mundo occidental se remontan a la antigua Grecia. Se desarrolló a partir de un festival de campo, celebrado en honor del dios Dioniso.

En Atenas, esto se convirtió en un acontecimiento anual, conocido como las Grandes Dionisíacas.

Cada año, se componían canciones especiales que interpretaba, junto con unos bailes, un grupo de hombres denominado coro. El mejor participante recibía un premio.

Al principio, el coro actuaba en la plaza del mercado, pero posteriormente se construyó un enorme auditorio al aire libre en las laderas de la Acrópolis. Luego se edificaron estructuras similares en todo el mundo griego.

La mayoría de ellas tenían una capacidad como mínimo para 18.000 espectadores. las representaciones en Grecia empezaban muy temprano, de aquí que el público se dirigiese al teatro a la salida del sol.

El precio de la entrada era de dos óbolos, pero ya en tiempos de Pericles (siglo V a. de C.) a los pobres se les pagaba la entrada con cargo a los fondos públicos.

Los considerables gastos que suponían las representaciones eran subvencionados por ciudadanos ricos. En un principio las representaciones se llevaban a cabo por un solo actor -a menudo el propio autor- y un coro, dirigidos por el corega.

En la época de Esquilo , los actores pasarían a ser dos: el protagonista y el antagonista.

A veces, el mismo actor se veía obligado a interpretar más de un papel, lo que nos hace suponer que el público griego estaba dotado de un poder de imaginación mucho mayor que el de hoy.

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Al principio era un solo actor, a modo de rapsoda, el que entonaba una lamentación por la fingida muerte del dios, pero luego se añadió a esta simplicísima representación la voz de un oponente que entablara diálogo con el primero.

Los coros, de un modo parecido a los orfeones, pero hablando en tono monocorde, al unísono, se añadieron más tarde y constituyeron un elemento de gran fuerza teatral en las representaciones griegas.

Más adelante, las obras fueron escritas por poetas eminentes, y tuvieron tal duración que las representaciones se prolongaban desde la mañana hasta el anochecer, como ocurre hoy con la Pasión de Oberammergau, por ejemplo, y así como en sus comienzos debían darse en una plaza pública, al aire libre, requirieron, con el tiempo, por la gran afluencia de espectadores, la construcción de unos edificios especialmente acondicionados, pero sin techo, al aire libre, siempre a modo de graderíos que se extendían por la ladera de una colina frente a la escena.

Los graderíos o «auditorium» se desplegaban en forma de abanico, en un ángulo de 180 grados.

La «skene» (escena) era rectangular y constituía una plataforma sobre la que actuaban los actores.

En el semicírculo entre ésta y el graderío quedaba la orquesta, donde se colocaba el coro.

En el centro de la misma se levantaba un altar a Dionisios. 

Uno de los primeros autores de los que se tiene noticia fue Tespis, quien iba con su carro de pueblo en pueblo, y de ahí que aún se conozca a las compañías teatrales con el nombre de «carros de Tespis».

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El festival de teatro de Atenas: En Atenas, las Dionisíacas constituían una de las celebraciones religiosas más importantes de la ciudad. El festival, que duraba cinco días, era una fiesta oficial por lo que todo el mundo podía asistir a él.

El primer día estaba dedicado a procesiones y sacrificios. En los otros cuatro días se realizaban concursos de teatro. Un arconte organizaba las Dionisíacas.

Elegía a algunos ciudadanos ricos, conocidos como coregos, que costeaban la escenificación de las obra; de teatro.

Las obras griegas se dividían en dos tipos: tragedias y comedias. Cada año participaban en el concurso de Atenas tres autores de tragedias y cinco de comedias.

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Los tres grandes trágicos de la Grecia antigua fueron Esquilo, Sófocles y Eurípides.

Los tres vivieron en el siglo V a. J. C. Las obras de Esquilo (525-456) llegaron a constar de cuatro actos y perseguía en ellas un fin moral.

En Los Persas escenifica la guerra contra Jerjes que el autor vivió como soldado.

En Prometeo encadenado narra la leyenda del que robó el fuego del Olimpo y sufrió las iras de Zeus.

Los siete contra Tebas es la historia de Edipo, mientras que en La Orestíada, que consta de tres partes, se describe el destino de Agamenón, asesinado por su esposa, y las vicisitudes de Orestes, que finalmente logra vengar a su padre.

En esta obra, las Furias, Palas, Apolo y numerosos dioses y semidioses intervienen, ya para ayuda, ya para perdición de los mortales.

Las obras de Sófocles (496-406), que obtuvo dieciocho veces el triunfo en los juegos poéticos, aún se representan en la actualidad y su grandeza y fuerza expresiva no han perdido su vigor con el paso de los siglos.

He aquí el nombre de las siete tragedias que se han podido conservar de la obra del ateniense: Ayax, Electra, Antígona, Edipo rey, Edipo en Colona, Las Traquinianas y Filoctetes.

Eurípides (480-406) desarrolló algún tema inspirado en sus antecesores, como el de Electra, basado en el tema de la muerte del esposo a manos de su mujer.

En Medea relata la venganza de la esposa ofendida, mientras en Alcestes describe el amor conyugal llevado hasta el último grado del heroísmo.

Las dos Ifigenias, que son continuación de un mismo relato, describen las vicisitudes de la hija de Agamenon. Muchas de estas obras arrancan de la guerra de Troya, mientras otras están inspiradas en relatos de la Mitología.

La comedia nació más tarde y fue una elaboración más o menos elegante de sátiras y burlas salidas de la entraña popular, y que muchas veces expresaban una acerba crítica contra los gobernantes o las costumbres.

El populacho griego solía entregarse a diversiones groseras en las que corría el vino en abundancia y donde se daba rienda suelta a toda desvergüenza.

A este populacho se le llamaba «comos» y de ahí nació la palabra comedia.

El más famoso y audaz de los comediógrafos griegos fue el ateniense Aristófanes (444-380 a.C.), del que se dice que escribió más de cuarenta obras, de las que sólo se conservan doce.

En ellas se hacia burla de todo, sin respetar al propio Zeus.

Así, en Los caballeros se mofa del Ejército; en Las avispas, de los jueces, y en Las Ranas ataca al propio Eurípides.

Estas obras, agudas e ingeniosas, demuestran hasta qué punto en la democracia griega del siglo y se respetaba el derecho a decir y expresar la propia opinión.

Las tragedias se escribían sobre héroes del pasado. Trataban de grandes temas: la obediencia o el desafío a la voluntad de los dioses, las pasiones y los conflictos humanos o el abuso del poder. Los autores de tragedias más conocidos fueron Esquilo, Sófocles y Eurípides.

En la comedia, los personajes solían ser gente corriente. El diálogo incluía a menudo comentarios sobre política o personalidades del día, junto con payasadas, astracanadas y chistes groseros. El autor de comedias más conocido de la antigua Grecia es Aristófanes. Entre sus obras se incluyen Las aves y Las ranas.

En el concurso de comedia, cada autor presentaba una obra. Pero en la sección de tragedia, cada escritor debía presentar tres tragedias y un drama satírico. Este último era una obra que se burlaba del tema trágico. En el coro se disfrazaban de sátiros: locos seguidores de Dioniso que eran mitad humanos, mitad animales.

representantes del teatro griego

Esquilo (525-455 a. de C):

natural de Eleusis, en la región de Atenas. Es autor de tragedias, genero que renovó profundamente, pues introdujo la técnica de la trilogía, conjunto de tres obras que desarrollaban un mismo tema.

Su obra más importante es la trilogía llamada la Oreslíada sobre el trágico destino de Aga menón, —jefe griego durante la guerra de Troya— y su familia y que está integrada por: Agamenón, Coéforas y Euménides.

• Sófocles (496-406 a. de C):

también ateniense, cambió el género trágico al renunciar a la trilogía. En sus obras trabajó el mito de Edipo. Entre ellas destacan: Edipo Rey y Antigona.

• Eurípides (484-406 a. de C):

también ateniense, introdujo algunas innovaciones en la tragedia como el uso de un prólogo explicativo de la acción y el interés por retratar la psicología de los personajes. Entre sus obras contamos con Medea e Hipólito.

• Aristófanes (445-386 a, de C):

ateniense, sus comedias tratan sobre la guerra del Peloponeso (431-404 a. de C.) y la crítica a los políticos que provocaron aquel conflicto. Su lenguaje es obsceno y se explota continuamente el humor sexual. Entre sus obras tenemos: Lisistrata, Las Ranas y La Paz.

• Menandro (342-292 a. de C):

ateniense, en sus comedias abandonó la temática política sustituyéndola por el tema amoroso. Fue muy imitado luego por los comediógrafos latinos. Entre sus obras tenemos: El Escudo y El Misántropo.

POETAS , HISTORIADORES Y POLÍTICOS:

La poesía pura, no ligada a la descripción épica ni al teatro, tuvo cultivadores muy notables en Grecia. Safo fue la poetisa del amor. Había nacido en la isla de Lesbos y son notables sus poesías a Afrodita y su Oda al Amor.

Anacreonte (563-480) dio vida a la oda anacreóntica, y Píndaro (522-448) a la que lleva también su nombre.

Ambos fueron grandes líricos.

El primero se entregó afanosamente a los placeres de la mesa.

Se cuenta que a los 85 años murió por habérsele atragantado un grano de uva en el transcurso de un banquete. Píndaro murió a los 90 años.

Al hablar de Egipto se ha citado a Herodoto (484-425) cuyos Nueve Libros de Historia relatan, no siempre con excesiva fidelidad, los hechos por él conocidos.

Tucídides (460-400) describió la Guerra del Peloponeso, y Jenofonte relató la aventura que vivió como soldado, la Anabasís o Retirada de los Diez Mil.

El ejercicio de la política y las luchas entre los gobernantes dieron origen a la oratoria, una de las artes literarias más cultivadas en la antigüedad, y que hoy parece haber perdido casi todo su valor.

Así, las luchas de tos griegos contra Alejandro dieron lugar a que se manifestaban dos grandes oradores: Esquines, el aristócrata y Demóstenes, el demócrata.

Este era mas inteligente y se hallaba mejor preparado que el primero, a quien obligó a salir de Atenas y buscar refugio  en Rodas.

De Demóstenes se decía que en su juventud fue tartamudo y la primera vez que intentó hablar en público fue ruidosamente abucheado, pero se encerró en su casa y con gran tenacidad venció su defecto convirtiéndose en el más grande enemigo de Filipo, el padre de Alejandro.

Sus Filípicas, colección de discursos contra el macedonio, le valieron tanta fama que los atenienses querían coronario. Esquines se opuso y pronunció tres discursos denominados

Las tres gracias. Demóstenes contestó con otros tres llamados Pro-corona. El triunfo de éste obligó, como ya se ha dicho, a la expatriación de Esquines.

No quedaría completo el ciclo de la literatura griega si no citáramos a un esclavo deforme, insignificante, que en su cuerpo maltrecho albergaba una inteligencia y una sensibilidad privilegiadas.

Se trata de Esopo, el fabulista

MAS SOBRE EL TEATRO:

Para los antiguos griegos, el teatro era una ocasión festiva que duraba todo el día. Los espectadores presenciaban tres o cuatro tragedias seguidas de un acto cómico.

Los teatros tenían forma de tazón, tallados en laderas. Originalmente, el público se sentaba en laderas con pasto, pero desde el siglo IV a.C. se instalaron asientos. El público llevaba sus propios cojines.

Los jueces, sacerdotes y huéspedes de honor ocupaban las primeras filas. Frente a ellos estaba la orquesta, una arena plana y pavimentada donde los actores, y un coro de 20 cantantes, actuaban y bailaban al son de las flautas.

Al fondo estaba el skene, que originalmente fue el escenario y contenía los vestidores; posteriormente, el skene se convirtió en proscenio.

El drama tuvo un origen religioso, derivado de danzas y cantos realizados en honor de Dionisio, dios de la fertilidad y el vino. Los dramaturgos se inspiraban en leyendas famosas, y el público participaba activamente vitoreando, abucheando e incluso arrojando objetos. Todos los actores eran varones.

Los mejores dramaturgos fueron atenienses: Esquilo, Sófocles y Eurípides, autores de tragedias, y Aristófanes, este escritor de comedias.

En la clausura del festival dramático, los autores y los actores ganadores recibían guirnaldas de hiedra. En Atenas se suspendían las  labores durante el festival, y se liberaba a los presos para que asistieran.

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ORÍGENES

Puede fijarse en el siglo VI a. de C. el nacimiento del teatro griego propiamente dicho. En la representación de la vida de los dioses, bajo forma de cuadros vivos acompañados de cantos y de danzas, es donde encuentra el drama sus elementos originales.

Se atribuyen a Tespis -nacido hacia mediados del siglo VI, llegado a Atenas con un carro en que transportaba sus accesorios y que le servía también de escenario- las primeras formas reales de teatro.

Tespis se hizo tan popular en las ciudades donde actuaba, que su fama abarcó enseguida toda Grecia, y era casi obligado dejarle participar en el programa de festejos, en el que figuraba un concurso de tragedias patrocinado por uno de los tiranos de Atenas: Pisístrato, muerto hacia el 527 a. de C.

Se dice que fue Tespis quien sustituyó al improvisador por un auténtico actor, con un texto previamente preparado; y se le atribuye también la mejora de las máscaras primitivas, al conferirles, en lugar de expresiones monstruosas, un carácter humano y noble, contribuyendo así al tránsito de lo divino a lo humano en el desarrollo del drama.

El carro de Tespis se ha convertido andando el tiempo en una expresión común para referirse al mundo del teatro.

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EL ESCENARIO

En su origen, el escenario (skené) fue una simple cortina fabricada con pieles de animales, detrás de la cual se retiraba el actor para mudar de ropa y caracterizarse.

Posteriormente, se convirtió en un edificio más o menos lujoso, que representaba, a veces, un palacio real, el interior de un establecimiento mercantil, un paisaje campestre o de mar, una habitación o una calle.

Estas variaciones eran posibles no sólo gracias a la fantasía de los espectadores, sino también a las decoraciones pintadas, montadas sobre ruedas o tendidas, a modo de tapiz, sobre el escenario fijo.

Este podía enriquecerse, además, con la presencia, a ambos lados, de losperiactoi: bastidores triangulares y giratorios que tenían las tres caras pintadas, de modo que estuvieran de acuerdo con el tema central de la obra.

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LOS MECANISMOS ESCÉNICOS

Con el propósito de estimular la fantasía del público, los espectáculos que se montaban en Grecia incluyeron cada vez mayor cantidad de mecanismos escénicos. Al principio, se trató, como es lógico, de trucos bastante rudimentarios; pero el perfeccionamiento de la técnica y el aumento de la afición teatral determinaron que cada vez fueran más ingeniosos y sugestivos.

Había, por ejemplo, la ekkíclema, una plataforma móvil que avanzaba hacia los espectadores por una puerta del escenario, para poner ante sus ojos, con extrema evidencia, algún hecho dramático que sucediera en el interior.
La mekhané, por el contrario, servía para hacer volar por el cielo a dioses y héroes ante el pasmo del auditorio.

Gracias al theologhéion podía lograrse que, en los momentos culminantes de la acción, los dioses aparecieran en lugares elevados. (Precisamente, pensando en este mecanismo antiguo, los romanos crearon la expresión «deus ex machina», que significa una aparición repentina y resolutoria)

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historia grecia antigua

Fuente Consultada:
Hábitos y Costumbres del Pasado Reader´s Digest
Colección: Como Vivían  – Los Romanos Susaeta
Historia Para Primer Año José María Ramallo
Civilizaciones de Occidente Toma A de Jackson Spielvogel

Influencia de los Mitos en la Sociedad-Importancia de las Creencias

Influencia de los Mitos en la Sociedad

Para hacernos una idea más exacta, el mito debería entenderse de manera general como una leyenda o un relato que cuenta hechos que, aunque no se pueda demostrar que ocurrieran, la tradición los considera verídicos.

Así, cuando los griegos decían que al hombre lo había creado un personaje llamado Prometeo a partir del barro y a imagen y semejanza de los dioses, nadie podía demostrar que eso hubiese sido así, pero existía el firme convencimiento de que, en efecto, así había ocurrido.

Leyenda de Prometeo: Mito Griego del Titan Que Roba El Fuego – BIOGRAFÍAS e  HISTORIA UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

Normalmente, como les sucede a las leyendas, los mitos se transmitían oralmente, como relatos, de padres a hijos, de generación en generación, y los hechos que contaban solían situarse en una época muy antigua, en muchos casos cercana a los orígenes del mundo.

Normalmente, los protagonistas de estos relatos eran dioses o personajes divinizados, como los héroes.

Estos eran para los antiguos griegos y romanos seres nacidos de un mortal y de un dios, o que alguno de sus antepasado fue un dios; además tenían una fuerza sobrehumana pero a diferencia de los dioses, no eran inmortales.

Por tanto, si el mito debe identificarse en cierta medida con la leyenda, la mitología sería el conjunto de leyendas o mitos.

► SU INFLUENCIA:

A pesar de los miles de años transcurridos desde la aparición del hombre sobre la Tierra, en el mundo contemporáneo casi todas las personas conservan –dentro de su conformación psicocultural– y practican distintas conductas y hábitos que representan la adhesión a mitos antiquísimos.

La persistencia del elemento mítico en las sociedades actuales adopta formas nuevas o modificadas que, en último análisis, responden a los objetos de adoración, o bien fuentes inspiradoras de temor para el hombre, que sustentaban los pueblos de casi todas las latitudes y culturas de la antigüedad.

La literatura infantil, con su serie de personajes clásicos, también manifiesta la supervivencia de tradiciones milenarias: en el cuento de Caperucita Roja, por ejemplo, es fácil identificar la fábula del terrible lobo Fenrir que traga al Sol en la mitología escandinava.

Por otra parte, la superstición expresada en el temor a la rotura de espejos es un recuerdo de la magia simpática, perteneciente a los cazadores prehistóricos, en la cual el espejo roto muestra la figura partida y ésta equivale al original destrozado, vale decir muerto.

►Leyendas Populares

Las leyendas populares conforman un amplio muestrario en el que se repiten figuras y situaciones que evocan antiguos pasajes mitológicos.

De esta manera, la princesa buena y bella simboliza el renacimiento de la vida en primavera; su pareja es el príncipe azul, encarnación del Sol, que la despierta de su sueño mágico, al igual que el astro rey reaviva a la naturaleza después del invierno.

Las hadas protectoras son claras versiones de las divinidades femeninas benéficas; el anciano bondadoso y sabio, padre o rey, es un reflejo del Ser Supremo; el niño ingenioso y valiente, que triunfa en los mayores apuros pese a su debilidad, simboliza al héroe, el ideal de la humanidad que lucha contra las fuerzas hostiles del mundo.

Y tampoco faltan las figuras diabólicas -ogro, bruja o gigante-que representan potencias amenazadoras.

Como una reliquia de la adoración a los árboles –dendolatria– figura en primer lugar la creencia en el Árbol de la Vida, presente en numerosas historias.

También los animales, reales o fantásticos, tienen diversos significados: el dragón, el cielo tempestuoso; la serpiente gigantesca, las fuerzas de la Tierra, y si es marina, las tormentas del océano.

Asimismo, el monstruo de siete cabezas, ya existente en la mitología griega, y el caballo negro, que representa el terror de la noche y del Diablo.

El buceo profundo en el interior de la psiquis humana, en especial a partir del moderno psicoanálisis y sus técnicas de investigación, ha aportado materiales altamente reveladores sobre la estructura de los mitos y la actuación práctica de éstos por parte de los individuos, sobre todo en aquellos enfermos mentales con ciertas características, como los neuróticos agudos, paranoicos y esquizofrénicos.

En ellos, más que en el común de las gentes, aparecen con gran intensidad los mitos histórico-culturales básicos de la humanidad, tales como el complejo de Edipo y el de Electra.

La riqueza de elementos contenidos en estas historias ilustra sobre los momentos clave por los que, de cualquier manera, atraviesan todos los hombres en su evolución, y su simbología implica naturalmente la referencia a las fuerzas centrales que animan la vida humana en sociedad: las figuras del padre y la madre que son, también, las de las divinidades supremas masculinas y femeninas, tanto en su versión pagana como vinculadas a los distintos credos religiosos.

►Mecanismos Mitlógicos

Los mecanismos mitológicos operan a nivel del inconsciente colectivo e individual y su forma de realización se representa en los sueños del común de las personas e, incluso, en buena parte de sus actos cotidianos.

Éstos trasuntan la existencia, al interior de la personalidad humana, de un sistema productor de conceptos mitológicos en la mente, hecho que se ha comprobado hasta en sujetos carentes de la más elemental cultura.

El eminente investigador Carl Jung echó luz sobre estas cuestiones y brindó un enfoque renovador al afirmar la existencia de los «arquetipos», es decir, conceptos y símbolos de la humanidad considerada como un conjunto que no muere, aunque sí se renueva, y de la que cada persona recibe ideas y cosmovisiones que son la herencia de los antepasados.

Este legado cultural adquiere la forma y la fuerza de un atavismo, verdadero determinante que llega al presente desde el más obscuro y remoto pasado del hombre.

En la actualidad, y particularmente en el presente siglo, nuevas ideas cargadas de simbologías se han ido introduciendo en la vida y en la mente de los individuos; en tal sentido colaboraron y continúan haciéndolo los modernos medios de comunicación masivos.

Así se convierten en mitos modernos el poder, el dinero, la felicidad, los prejuicios raciales, o personajes como Superman y el agente secreto 007.

Aparatos y máquinas producto de la era tecnológica en que vive el mundo sirven a estos nuevos héroes en los que palpita la aspiración al superhombre, común a las mitologías antiguas en las que, por ejemplo, el hermoso mancebo conductor de caballos de fuego simboliza el deseo humano de dominar el Sol.

Fuente Consultada: Gran Enciclopedia Universal

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LOS MITOS Y LEYENDAS: Como se Crearon los Cielos, Plantas y el Hombre

LOS MITOS Y LEYENDAS SOBRE LA CREACIÓN

Relatos que cuentan cómo se crearon los cielos, de dónde provienen los vientos o cómo nacen los propios dioses, los mitos nos transportan a un tiempo sagrado distinto al nuestro.

Definición: Definir qué es un mito (del griego mythos, «narración») no es, desde luego, tarea fácil.

LOS MITOS Y LEYENDAS

Cualquier acercamiento que pretenda explicarlo en su totalidad se hallará plagado de prejuicios que orientarán su interpretación, imposibilitando toda neutralidad u objetividad.

De manera general, el término mythos se aplica a los relatos más o menos fantásticos que tienen un contenido simbólico para la cultura que los produce.

La mitología es tanto el conjunto de esos relatos como el estudio de los mismos.

A pesar de ello, y como afirmó el estructuralista Claude Lévi-Strauss, «un mito es percibido como tal por cualquier lector en todo el mundo», lo que nos proporciona una primera aproximación: el mito es una clase de relato, caracterizada normalmente por tratar temas fabulosos o ficticios sobre dioses y héroes de un pasado remoto, cuya temporalidad es radicalmente distinta a la de la historia.

En este sentido, el mito se diferenció pronto de ésta, oponiéndose a su veracidad (contrastable empíricamente), y presentándose como una narración artificial y falaz que da cuenta de hechos inverosímiles, orientados al simulacro y la ilusión.

Desde otro punto de vista, y en relación con el fenómeno de la racionalidad, el mito ha sido definido como «una explicación errónea de los fenómenos» (James Frazer), en contraposición a la verdadera explicación de las cosas ofrecida por la ciencia y la filosofía.

Respecto al surgimiento de esta última, numerosos manuales académicos empapados de presupuestos positivistas han caracterizado al mito de «pensamiento prefilosófico» cuya superación, interpretada en términos de un progreso necesario de la humanidad, pondría fin al «estado teológico», en el cual, los hombres tomaban por dioses o fuerzas sobrenaturales las causas últimas de la naturaleza.

La filosofía, según el positivismo de Augusto Comte, encarna el último y más perfecto estado de la humanidad, el «estado positivo».

Desde esta perspectiva, adoptada por numerosas escuelas, el mito representa una época de inmadurez racional, que sería superada en un tránsito al lógos, la razón especulativa filosófica, proveedora de verdades absolutamente indubitables.

Este planteamiento parte de la hipótesis de una historia lineal en la que un único paradigma de razón (la razón positiva, filosófica y científica) evolucionaría progresivamente desde una posición inicial de total imperfección (el mito, la religión) hasta alcanzar su estado óptimo de desarrollo.

Indudablemente, el positivista se encuentra en una posición privilegiada, desde la cual otea todos los obstáculos (errores) que han tenido que sortearse hasta llegar a la cúspide de la racionalidad, lugar que él cómodamente ocupa.

Esta metodología ha sido duramente criticada por Níetzsche, para el cual lo importante no es «ver venir el fenómeno», sino «ponerse a su espalda» para poder observar cómo arranca.

El mito no es un pensamiento prefilosófico e irracional (sin logos: ilógico).

Antes bien, se trata de otro paradigma racional radicalmente distinto a la razón filosófica, verdadera triunfadora en la historia, que inauguró el discurso máximo del subterfugio y de la huida, mediante representaciones embellecedoras del mundo.

Nietzsche entiende la historia de la filosofía no como un progreso, sino como un proceso de decadencia en el transcurso del cual se perdió y deterioró por completo un modo radical de ver el mundo, al cual pertenecía, desde luego, el mito.

Todo esto dificulta aún más, si cabe, la tarea de definir el mito.

Sin embargo, siguiendo a algunos historiadores de las religiones, como Mírcea Eliade —que considera el mito como una forma de literatura religiosa inexplicable fuera de ese contexto—, podemos entresacar algunas características esenciales que, de todas formas, no agotan todo su ámbito.

En primer lugar, los mitos narran la historia de los actos de los seres sobrenaturales.

Esta historia es sagrada (opuesta a lo profano) y se considera absolutamente verdadera.

Su verdad se refiere siempre a una «creación», es decir, explica cómo algo ha venido a la existencia (el cosmos, una isla, una estrella, una especie animal o vegetal, un comportamiento e, incluso, una institución).

Este último punto favorece que el mito se constituya en paradigma o justificación de toda acción humana, así como en modelo de su propia condición.

El mito “se vive”.

Cuando tomamos contacto con un mito somos raptados y dominados por las mismas potencias sagradas que relata.

Actualizamos esas potencias encargadas del «orden del mundo», por ello su conocimiento nos permite dominar la realidad y manipularla a conveniencia.

Teorías sobre el mito

Diversas son las teorías que existen sobre los mitos.

Ya en la Grecia antigua surgen numerosos intentos de explicación.

Teágenes de Regio construyó la primera teoría que concebía el mito como una alegoría, es decir, como un relato que dice otra cosa que lo que a simple vista parece querer decir.

Los mitos encierran cierto significado profundo e incluso gran cantidad de verdades filosóficas (de origen divino) que hay que descifrar y que se hallan ocultas, «para excluir al vulgo del conocimiento de las  cosas divinas que no le conviene de ninguna manera» (Prodo), o para atraer la atención hacia temas demasiado áridos y formales que, sin la envoltura amena y directa del relato, serían desdeñados por su dificultad.

El propio Platón utilizó los mitos (narraciones verosímiles) para explicar ciertas teorías demasiado abstractas y formales que, de otro modo, habrían sido difícilmente comprendidas.

En contra de esta interpretación del mito se halla la lectura histórica y realista de los mitos.

Para Herodoto y Hecateo, historiadores griegos, el mito esconde verdaderos acontecimientos históricos que han sido «embellecidos» por los poetas.

Para Evémero de Mesina (siglo IV a. C.), los dioses no son más que una divinización de aquellos hombres que antiguamente habían tenido a su cargo el poder total de una región (reyes), o el gobierno de una comunidad.

El mito es entendido como una deformación o adulteración de la verdad histórica, sobre la cual el historiador ha de ejercer su labor depurativa, discriminando lo verdadero de lo meramente fantasioso.

Según la interpretación realista, los mitos son narraciones absurdas e inverosímiles que atacan toda evidencia natural o sentido común, por lo que deben ser considerados racionalmente increíbles.

Tales historias son el resultado de una mala interpretación de la realidad o, aún peor, de un engaño ¿.i fraude premeditado. Esta postura fue sostenida por Xenófanes de Colofón (VI a. C.), Palaifatos (IV a. C.), Anéledes de Mantinea (va. C.), Platón (V a. C.) y Epicuro de Samos (341-270 a. C.). Para Platón el mito es una ficción ilusoria y engañosa de la realidad y de la divinidad, por lo que debe ser excluido de la educación de los jóvenes.

El estudio de los mitos

Como se ha indicado, desde la Antigüedad los mitos han sido objeto de atención y estudio, y, a veces, de rechazo.

De manera general, puede afirmarse que los estudios sobre los mitos no experimentaron grandes avances hasta el siglo XVIII, -momento en que el espíritu objetivo de la Ilustración empezó a investigar el origen de estas creaciones culturales, que, no obstante, siguieron siendo rechazadas en determinados ámbitos como meras patrañas.

Los avances de la filología y del espíritu romántico en el siglo XIX subrayaron el carácter emotivo e irracional de los mitos, pero también su relación con la historia (Schelling).

Entre las interpretaciones modernas de los mitos destacan las aportaciones llevadas a cabo por la mitología comparada, según la cual, de la misma manera que el indoeuropeo es la matriz lingüística de numerosas lenguas, ha de haber una base compartida de creencias en determinados sistemas mitológicos emparentados.

Precedido por os estudios de Christian Gottob Heyne, para el que el origen de los mitos se encuentra en una explicación de los fenómenos naturales, Friedrich Max Müller en su obra Mitología comparada, aplicó el estudio etimológico a la mitología y afirmó que el sentimiento de temor y respeto del hombre primitivo frente a los fenómenos de la naturaleza fue el que inspiró su idea de la divinidad, que se expresó en un lenguaje impreciso y ambiguo.

Los mitos son explicados como una enfermedad del lenguaje («die krankheit der sprache«), esto es: los dioses no son más que nombres de las fuerzas de la naturaleza que han sufrido un proceso de antropomorfización debido a una progresiva dramatización de la vida del Universo.

(link para visitar: http://leyendasymitos.iespana.es/leyendasymitos/mito2)

Fuente Consultada: Gran Enciclopedia Universal

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Leyenda del Minotauro, Teseo , Adriana y el Rey Minos de Creta

Leyenda del Minotauro, Teseo , Adriana y el Rey Minos de Creta

En aquella época era costumbre en la isla de Creta convocar a la juventud para que tomara parte en los juegos deportivos, en la lucha, en las carreras y en los torneos de toda clase.

Una vez que se proclamaban los vencedores, se otorgaban los premios con la más sincera imparcialidad.

A uno de estos certámenes olímpicos concurrieron los campeones de Creta y de Atenas.

Andrógeo, hijo de Minos, llevóse el premio de la lucha, disputado entre los ciudadanos de Atenas, Megara y Creta.

Los atenienses no quisieron resignarse a una derrota tan poco honrosa y se vengaron cobardemente asesinando al joven Andrógeo.

El rey de Creta, Minos, reúne a sus guerreros, los embarca, llega a Megara, pone sitio a la ciudad, la toma por asalto y luego se dirige a Atenas con la esperanza de obligarla a capitular sin sacrificar muchos hombres.

La ciudad de Minerva resiste bastante más tiempo, pero sus vituallas empiezan a agotarse.

El pueblo presiente que Atenas sufrirá la misma suerte que Megara, y los jefes atenienses, desesperados, consultan al oráculo de Delfos para conocer el medio de conjurar el inminente peligro que les amenaza. —No os queda otro recurso contesta la pitonisa— que aceptar por anticipado sin restricción de ninguna clase las condiciones de Minos.

Dolorosamente indignado por la muerte de su hijo, el rey de Creta impone como condiciones que, durante un período de treinta años, la ciudad de Atenas envíe, una vez por año, siete jóvenes varones y siete hembras para servir de pasto al Minotauro.

Leyenda del Minotauro Teseo Adriana

El Minotauro en cuestión era un toro gigantesco y de inaudita fuerza, que se alimentaba de carne humana.

Teseo no sabía una palabra del trágico accidente que había costado la capitulación de su patria, porque había estado ausente de ella durante la guerra.

Llegó a Atenas precisamente en el momento en que estaban ya dispuestos los catorce jóvenes que habían de servir de banquete al Minotauro.

Teseo se entera de todo y quiere partir con aquella abnegada juventud.

Su viejo padre, Egeo, le suplica que no lo haga e intenta disuadirlo; las víctimas han sido ya designadas y él no forma parte del grupo.

Pero Teseo no escucha sus lamentos; su voluntad es firme y su deber trazado: defender, ayudar a sus compatriotas y amigos.

Si así no obrara, ¿ sería realmente digno de sentarse un día en el trono de su padre?

—Tranquilizaos, padre mío —le dijo—.

Voy a donde el honor me reclama, pero pronto tendréis la satisfacción de vernos a todos sanos y salvos en nuestra querida patria.

Egeo despide a su hijo, apesarado y triste, y permanece inmóvil en la orilla; el navío, con las velas negras en señal de luto, se aleja llevándose a su idolatrado hijo.

La nave va empequeñeciéndose a medida que se aleja y acaba por convertirse en un punto imperceptible que desaparece en el horizonte…

Curvado por los años y agobiado por profundo dolor, el rey de Atenas regresa penosamente a su palacio. Sólo le queda una esperanza.

Antes de que la nave se hiciera a la vela hizo una suprema recomendación al piloto:

—Cuando regreses con el navío, si llevas a Teseo contigo guarnecerás el barco con velas blancas.

Si no es así, ya comprenderé perfectamente la tragedia.

Significará que no veré más a mi hijo.

El Minotauro habitaba en una profunda caverna, en la extremidad de una extraña morada llamada el Laberinto.

Habíala construido el más hábil y audaz arquitecto de aquellos tiempos, con un plan tan inverosímil como extraordinario.

Esta construcción fantástica estaba hecha a base de corredores entrecruzados, circuitos, vestíbulos y pasadizos complicadísimos, de tal forma que, una vez habíase entrado allí, resultaba imposible encontrar la salida.

Al final, todos los visitantes eran víctimas del voraz habitante de aquel lugar maldito.

Cuando entre los insulares de Creta anuncióse ruidosamente y con enorme expectación la llegada de la nave ateniense, una gran multitud quiso contemplar el desembarque de los viajeros.

Una de las espectadoras que más se impresionaron ante aquel triste desfile de jóvenes que iban hacia la muerte fue la hija de Minos, Ariadna.

La hija del rey descubre entre el grupo de jóvenes la gallarda figura de un mancebo elegante, de porte real.

Interesada, se enteró de que se trataba de Teseo, el propio hijo del rey, quien habíase entregado voluntariamente.

Ariadna le conocía ya por su reputación de hombre valeroso; sabía que era un héroe; contemplaba su fuerte complexión masculina; admiraba su belleza.

Y su corazón palpitó de angustia al solo pensamiento de que la muerte no respetaría a Teseo.

Ariadna le habla y le comunica sus sentimientos.

Incluso se ofrece para salvarle, con peligro de su propia vida; Teseo se siente cautivado por la gracia y el atractivo de la joven princesa.

Tanta abnegación le enternece, y decide formalmente que, si sale indemne del Laberinto, Ariadna será su esposa.

La hija de Minos acepta el agradable augurio y entrega a su futuro e intrépido esposo un ovillo, guardando ella la extremidad del hilo. «La mano del héroe guardaría cuidadosamente el ovillo mientras el hilo se desenrollara.

Para volver a la luz le bastaría a Teseo seguir la dirección del hilo, guía seguro e infalible para no extraviarse.»

El grupo de las víctimas se adelanta, acercándose al Laberinto.

Los atenienses atraviesan la entrada y desaparecen. Emocionada y temblorosa, Ariadna percibe en su mano los movimientos del hilo, que significan los de Teseo en el Laberinto.

En seguida resuenan los terribles mugidos del Minotauro.

El hilo, entonces, se agita violentamente, traduciendo las peripecias del combate.

Avanza, retrocede, se para. Pero súbitamente se produce un gran silencio.

El hilo no se mueve. ¿Qué habrá pasado? El corazón de Ariadna muere de angustia… ¿ Será una ilusión? Diríase que el hilo se ha movido.

Parecen percibirse gritos muy lejanos… ¿Pero cómo son?.

Los ecos pueden modificar los sonidos a través de los numerosos méandros. Esta vez no se ha equivocado: los gritos son de alegría.

El ruido se acerca y cada vez se percibe más claro y preciso. Ya no hay duda: el Minotauro ha sido vencido. El hilo se mueve más rápido y firme. Teseo se ha salvado.

Ariadna cae en sus brazos, palpitante de emoción y de felicidad. Ya están juntos.

Del brazo de Ariadna, Teseo dirígese con sus compatriotas liberados hacia la orilla del mar. Se izan las velas y el navío parte…

El mar, que al principio era de un azul prístino, empieza a murmurar violentamente, presentando un aspecto sombrío y amenazador.

El viento cambia y empieza a soplar con gran fuerza. El cielo es de tormenta; unos negros nubarrones se acercan imperiosamente, eclipsando la luz del día.

La tempestad se desencadena con terrible furia; es preciso plegar las velas y ponerse al abrigo.

La nave anda en la isla de Naxos.

Ariadna, muerta de cansancio, aprovecha aquella forzada escala para descansar; el sueño la vence y se duerme.

Pero la tempestad no tarda en disiparse; la calma renace; el sol reaparece en el cielo puro y sereno.

Los marineros, impacientes, reanudan rápidamente la maniobra, y al cabo de unos instantes el navío se encuentra nuevamente navegando en alta mar.

Por un olvido inexplicable, Teseo abandona a Ariadna dormida en la isla de Naxos.

Cuando despierta, la hija de Minos, la prometida del héroe, abre los ojos con sorpresa.

No ve a nadie en la isla ni ninguna nave en el mar. Ariadna cree que sueña.

Corriendo enloquecida a lo largo de la costa, llora, se lamenta, dirige al cielo emocionantes súplicas y mira, deshecha en lágrimas, la inmensidad de las aguas.

Por un inesperado azar, Baco, que regresa de su expedición a las Indias, oye los gritos de la infortunada doncella.

Corriendo a su lado, intenta consolarla hablándole dulcemente y tratando con amorosa solicitud de calmar su dolor. Ariadna lo escucha sin disgusto.

Ambos maldicen al ingrato fugitivo y, finalmente, la hija de Minos, que ha perdido un prometido, encuentra en Baco su esposo.

Durante este tiempo, la nave de Teseo, navegando con viento favorable, se acerca por momentos al fin de su viaje; ya empiezan a percibirse las costas del Ática.

Para ser el primero en saludar a su padre, Teseo se yergue intrépido en la proa de su navío.

Egeo aparece en la costa. Teseo reconoce en seguida al autor de sus días, pero en cuanto lo ha reconocido ve como Egeo se precipita en el mar y desaparece para siempre.

El piloto, con la alegría de volver a la patria, había olvidado la orden que le había dado el rey de cambiar las velas negras.

Ni la muerte del Minotauro ni el triunfo del regreso alegran el corazón de Teseo. Un profundo dolor le amarga el corazón.

¿No sería tal vez todo aquello el efecto de la Justicia inmanente?.

¿Al herir al hijo en sus sentimientos filiales, habrán querido castigar los dioses la ingratitud y le infidelidad del guerrero triunfante?

Importancia del los Mitos

Fuentes: Figuras y Leyendas Mitológicas

Los Dioses Nórdicos Mitologia Leyendas y Mitos Dios Odín

LOS DIOSES NÓRDICOS-MITOS SOBRE EL ORIGEN DEL MUNDO Y EL HOMBRE

Propia del norte del Europa, la mitología nórdica es una de las más conmovedoras y sabias cosmogonías de la época antigua. Poderosamente iluminadora, es mucho lo que podemos aprender de ella para salir a enfrentar las dudas sobre el origen del mundo y la existencia, especialmente en nuestros frenéticos tiempos modernos.

La búsqueda del origen de las cosas, de su razón de ser, del motivo de la existencia para la naturaleza, el mundo y los hombres es una inquietud común a todos los humanos en todas las épocas históricas. Y si la ciencia moderna mucho puede decirnos sobre la realidad de esta incansable búsqueda, el análisis de antiguas (y hasta olvidadas) mitologías mucho más puede enseñarnos.

Rechazada constantemente por su carácter fantasioso, por sus explicaciones filosóficas o míticas sobre el origen del mundo, la mitología es, sin embargo, una útil herramienta para comprender la existencia. En las verdades que nuestros antepasados descubrieron radican los mismos principios esenciales que hoy dan sustento a la investigación científica; y es en estos fundamentos en común donde podemos, y debemos, centrar nuestra atención a la hora de leer sobre mitologías extrañas, para detectar aquellos que son, también, los fundamentos de la naturaleza humana.

el hombre ha avanzado mucho a la largo de la historia, pero sólo a nivel superficial. Las dudas, las preguntas y el miedo al origen, a la muerte y a la vida están tan vivos hoy como hace miles de años. Entonces, buceando en aquellas respuestas que los antiguos se dieron para calmar sus inquietudes, podemos hallar ciertos elementos tan satisfactorios hoy como en su época.

El ser humano ha tenido siempre el deseo natural de conocer el origen de todas las cosas. Pero como el principio inicial permanece eternamente inalcanzable, el espíritu debe satisfacerse penetrando lo más lejos posible en las formas esenciales de la materia y los medios para mantener la vida.

Desde los Alpes del Tirol hasta el Cabo Norte se desarrolló una mitología poderosa y de una grandiosidad no exenta de tintes oscuros y tenebrosos. Solamente el genio de Wagner pudo, siglos más tarde, darle vida en la magnificencia de sus óperas. Eterna lucha, odios implacables, promesas, persecuciones, amores, héroes grandiosos y dioses envilecidos por deseos de venganza y ambición.

Éstos son los caracteres de la religión nórdica, que se desarrolló bajo las ramas frondosas del fresno de Ygdrazil, cuyas raíces se adentraban en las profundidades de la Tierra, y eran roídas por el dragón Nidhaus. Los vientos helados del Norte al chocar con los cálidos procedentes del Sur dieron origen al gigante Ymir y a la vaca Audhumbt, encargada de nutrir a la Humanidad.

Comiendo las hojas mojadas de escarcha, la vaca dió a luz en tres días al primer dios, Buh, el cual desposó la hija de Ymir, de cuya boda nacieron Odín, Voli y We. Éstos, como en la leyenda griega, dieron muerte a su padre y crearon el cielo y la tierra. Un fresno gigantesco atraviesa la Tierra. Sus ramas sostienen el cielo y sus raíces se hunden hasta el reino de los gigantes. Innumerables dioses poblaban el mundo hasta que apareció el hombre, Adán, nacido de un fresno, y Eva originada por un olmo.
Los bosques, las aguas, los ríos, las montañas, etc., se poblaron de divinidades menores, ninfas, enanos, gnomos, gigantes, etc., dando lugar a una complicadísima familia de dioses. El principal de todos fue Odín, identificado en algunas regiones con Wottan, de carácter eminentemente guerrero. El casco, la lanza y el escudo jugaron un papel importantísimo en la mitología nórdica. Thor era el dios de la tormenta, de la tempestad y del trueno. Sus pasos resonaban en los días nublados y retumbaban por los montes y valles.

Odín, diferenciado de Wottan en otros lugares, era también el dios de los muertos heroicos, único dios que bebía vino ya que los demás sólo probaban la cerveza. Aparecía en algunos lugares como viejo, poderoso y fuerte, faltándole en ocasiones un ojo.

Presidía las batallas y aunque no intervenía directamente, desviaba las flechas y detenía los golpes de lanza si así convenía a sus intereses, a fin de llevarse al paraíso, al Walhalla, a los escogidos. Sus doce hijas preferidas eran las Walkirias cuyos gritos agudos se oían en el fragor de los combates, porque cabalgaban entre las nubes para recibir en sus brazos a los que morían peleando.

dioses nordicos

Esta idea de la victoria en la muerte es un tema grato también a la religión árabe, cuyo mandato de la «guerra santa» tuvo una enorme trascendencia política. Durante las noches de viento, Wottan cruzaba el espacio acompañado de cazadores que habían muerto en una cacería, montado en un fogoso caballo de ocho patas, pero también era el dios de la inteligencia y tenía a un lado el Conocimiento y a otro la Memoria.

Más tarde, su poderosa mano llevó a los vikingos a cruzar los mares y condujo los ejércitos de los llamados bárbaros a la victoria. Los pueblos germánicos no tuvieron templos propiamente dichos sino que recordaron a sus dioses y sacrificaron en su honor, bajo las ramas de una encina, de un fresno o de un roble.

Cuando la siembra, en octubre, celebraban grandes fiestas, así como en enero, dedicadas a los frutos que el sol renacido iba a producir, mientras que en abril recordaban a los muertos. En Upsala existieron algunos templos de piedra y se cuenta que allí se levantaron estatuas en honor de diversos dioses. La muerte vulgar era tenida por despreciable y no tuvo gran consideración en el pensamiento religioso germánico.

Solamente aquellos que recibían la herida mortal, de quienes Odín o Wottan no había desviado la espada y la lanza, eran recogidos por las Walkirias y llevados a la morada de los dioses donde comenzaba una existencia maravillosa, en un lugar donde solamente moraban los hombres valientes y sin tacha. En este paraíso no permanecían en contemplación, sino en plena y constante lucha.

dios odin

Se peleaba por el placer de pelear, sin miedo de morir ni de recibir heridas o ser víctima de sufrimientos. Era la bravura exaltada a la pura delectación. ¡Cuán distinto el Walhalla ruidoso, con su entrechocar de armas, del silencioso país de los muertos de los egipcios, babilonios o griegos! Solamente los que morían de enfermedad o de vejez conocían el reino subterráneo de las sombras, donde la existencia se deslizaba gris y anodina, adonde no llegaban jamás la luz del Sol ni la alegría de una risa.

Desbordando su imaginación, los creadores de la mitología nórdica no se detuvieron en relatar lo que fue o lo que ocurre, sino que se complacieron en descorrer el velo del porvenir: el fin del mundo. Un día, Loki, al frente de los gigantes, de las fuerzas del mal, se concentrarán para asaltar el palacio de los dioses. Heimdalh hará sonar el cuerno anunciando la gran batalla. Será inútil que los dioses corran a las murallas y empuñen sus espadas porque la hora fatal habrá sonado.

El lobo Fenris devorará a Odín, y Thor sucumbirá entre los anillos de una gigantesca serpiente. En esta lucha despiadada sucumbirá el mundo entero. Las aguas cubrirán la tierra, las estrellas caerán del cielo y las montañas arderán. Será el crepúsculo de los dioses, pero no su desaparición total. Ésta no constituirá la muerte definitiva.

Los dioses volverán a nacer más hermosos y fuertes que nunca para ocupar sus sitios en el Walhalla. Entonces aparecerá el Altísimo, aquél cuyo nombre nadie osa pronunciar, el creador de todos los dioses, el que todo lo puede, cuya sustancia y esencia son distintas de toda cosa conocida, y comenzará una nueva existencia de la cual no sabemos nada. Esta última leyenda o mito es posterior a los primeros momentos de la mitología nórdica y parece iniciarse en ella una evolución hacia el monoteísmo, nota distintiva de la mayor parte de las regiones al evolucionar hacia un estadio más perfecto.

LEYENDAS Y MITOS
La primera pregunta

Lo primero que el hombre busca resolver es el misterio de la existencia. ¿Cómo empezó el mundo? ¿Qué había antes de él? ¿Qué había antes de que no hubiera nada? ¿Cómo y por qué la nada se transformó en el mundo? En la mitología escandinava, influenciada fuertemente por la griega, la negativa es la primera concepción: es decir que el espacio existe desde antes de que existiera cualquier cosa dentro de él. Los primeros hombres que se hicieron estas preguntas imaginaban un abismo negro y abierto en el que no había absolutamente nada.

Los antiguos nórdicos afirmaban que al norte de este abismo hacía frío, y que al sur hacía calor; había, entonces una fuerza de contracción y una de expansión en completa inercia. La idea nórdica es que, al estar separadas por un abismo insondable, estas dos fuerzas no pueden penetrar en el espacio vacío y, por lo tanto, quedan inertes.

Esto fue el principio: mucho tiempo antes de que la tierra fuese creada, había dos mundos bien separados. Los nórdicos llamaban al del norte Niflheim (el mundo nebuloso) y al del sur, Muspelheim (el mundo del fuego); mientras tanto, el espacio negro y vacío que los divide es llamado Ginungagap (el abismo abierto). Pero si estas fuerzas originales son totalmente inertes, ¿cómo se dio lugar al origen del mundo y del hombre?.

En el centro de Niflheim se encontraba un manantial llamado Hvergelmer, de donde nacían 12 canales de agua helada: los ríos Elivagar. Cuando éstos fluían lejos de su naciente, el veneno que llevaban con ellos se endurecía, formando así el hielo. Cuando este hielo empezó a reposar y no corrió más, el vapor que se elevaba del veneno se
elevó hasta la superficie y se congeló en forma de escarcha. Así, se formaron sobre el abismo varias capas de vapor congelado, apiladas una sobre la otra.

El norte del Ginungagap se llenó de hielos y escarchas, por lo que en esta zona sólo había brumas y tormentas. La parte meridional del Ginungagap, sin embargo, estaba iluminada por las chispas de fuego que escapaban del Muspelheim. Así fue que las dos fuerzas antagónicas se unieron: al chocarse el aire caliente con el vapor helado en el centro del abismo negro, se crearon gotas que, por acción de «aquel que envía el fuego» (el dios supremo), se animaron y tomaron la forma de un hombre.

Así, aparece en la mitología nórdica un dios supremo, creador y padre de todas las cosas. Éste, al igual que en todas las cosmogonías, no viene de nada ni de nadie: no es un dios del tiempo, sino de la eternidad. Su existencia no tiene origen: como máximo ser supremo, no se ve afectado por el paso del tiempo, que es al fin y al cabo su propia creación. Él es el principio del que no podemos retroceder, como en el ejemplo de la semilla.

El origen del mundo
Este primer ser humano que nació de una gota se llamaba Ymer, y a pesar de ser creación de un dios era malvado. Cuando se durmió, empezó a sudar: de su exila izquierda nacieron un hombre y una mujer, mientras que uno de sus pies engendró con el otro un hijo, del que descienden los gigantes del frío, raza malvada como su antecesor. Ymer vivía de mamar de lache de la vaca Audihumbla, que también procede la unión del frío con el calor. Cuando las escarchas se disolvieron en forma de gotas, el dios la creó, para que los cuatro ríos de leche que brotaban de sus mamas lo alimentaran.

Audihumbla, por su parte, vivía de lamer las piedras de granizo, que eran saladas: el primer día, al lamerla, salió de la piedra una cabellera rubia; al segundo, la cabeza de un hombre; y al tercero, un hombre completo. Se llamaba Bure, tenía un figura bella yera alto y fuerte. Junto con su esposa Bestle (hija del gigante Belthorn), tuvo tres hijos: Odín, Vile y Ve, que dominaban el cielo y la tierra. Éstos tres mataron a Ymer: cuando su cuerpo cayó a tierra, brotó tanta sangre de su heridas que toda la raza de gigantes del frío se ahogó.

Tan sólo se salvó uno, pudiendo escapar junto con su familia: Bergelmer, de quien desciende toda una nueva raza de gigantes del frío. Pero lo importante es que Odín, Vile y Ve arrastraron el cuerpo de Ymer hasta el centro de Ginungagap, y así formaron la tierra. De la sangre de Ymer nacieron los mares y las aguas; de su carne, la tierra; de sus huesos, las montañas; de sus cabellos, los bosques; de sus dientes y mandíbulas, las piedras.

Con su cráneo formaron un bóveda celeste que colocaron encima de la tierra, y pusieron luego un enano en cada una de sus esquinas, llamados Este, Oeste, Norte y Sur. Los hijos de Bor, luego, levantaron en el interior del mundo una muralla contra los gigantes turbulentos, construida de las cejas de Ymer. Después, arrojaron y desparramaron el cerebro de Ymer en el aire, formando las nubes melancólicas.

Entonces, Ymer, la primera masa caótica del mundo, está producido por la unión del frío y el calor en un enorme gigante informe, que debía morir. Es decir que la materia imperfecta debía destrozarse en pedazos antes de poder ser remodelada en las varias formas que la naturaleza ha asumido desde entonces. Esta masa informe, Ymer, produce al morir toda un serie de hielos, piedras y montañas, accidentes con sus mismas características: frío, dureza y tinieblas.

La vaca Audihumbla, nacida de los mismos orígenes que Ymer, fue puesta en el mundo por el dios supremo para cuidar y alimentar este mundo caótico, al mismo tiempo que producía su transformación en otra cosa al dar origen a la estirpe que lo eliminaría. Los tres hermanos que asesinaron a Ymer, Odín, Vile y Ve, aparecen bajo la forma de una trinidad como potencia creadora: espíritu que vivifica, voluntad que dispone y santidad que destierra y vence a la impureza y el mal.

Pero estos tres hermanos se funden en uno solo: Vile y Ve se diluyen en Odín, el espíritu del mundo que todo lo abraza y todo lo invade; es decir que es la ciencia del mundo, el dios todopoderoso.

La edad de oro
En un principio, Odín, padre de todas las cosas, nombró unos gobernantes, los erigió en jueces junto con el destino de los hombres y les encargó administrar el Paraíso. Se reunieron con tal fin en Idavold, que es el centro de la divina estancia, y lo primero que hicieron fue edificar un patio o sala donde ubicar doce sedes para ellos, además de un trono para Odín.

El nombre de esta sala es el Gladsheim («morada de la alegría»). La edad regida por esta justicia es llamada de oro porque los dioses construyeron todo su mobiliario con este material, obteniéndolo del trabajo los metales, la piedra y el oro. Esta edad duró hasta que las mujeres venidas de Jotunheim la corrompieron. Los dioses, ya instalados en su sede, distribuyeron justicia y recordaron como los enanos habían sido engendrados en el molde de la tierra.

Éstos fueron animados de la carne del viejo Ymer, pero por orden de los dioses recibieron la forma e inteligencia de los hombres. Sin embargo, su morada está en las piedras y la tierra. De esta raza de enanos, los más importantes son Mod-sogner y Durin. No existían aún seres humanos sobre la tierra: no nacieron hasta que un día los hijos de Bor (Odín, Hoener y Loder) paseaban por la orilla del mar y, al encontrarse con dos árboles, formaron de ellos al primera hombre y la primera mujer.

Odín les dio vida y espíritu, Hoener razonamientos y movimiento, y Loder sangre, oído, vista y «una bella tez». Después, los dioses llamaron al hombre Ask y a la mujer Embla, y les dieron como morada la zona de Midgrad. De su estirpe desciende toda la raza humana, por lo que son los antepasados universales, como lo son en el imaginario cristiano Adán y Eva. Esta edad de oro representa la infancia de la raza humana, una época viril que trae consigo preocupaciones e inquietudes. Los dioses empezaron jugando distendidamente, pero tuvieron que hacerse cargo de sus obligaciones al crear a los enanos y a los hombres, debiendo cuidar y proteger todo el mundo.

El hombre fue hecho de los árboles, lo que simboliza (casi inconscientemente) una búsqueda de lo divino. Los árboles crecen hacia el cielo, como si buscaran la instancia superior; si los hombres se crearon a partir de ellos, es sólo lógico que busquen lo mismo a lo largo de sus vidas. Así, el ser humano, nacido de la fría piedra, sólo aspira, de forma natural, a alcanzar aquello que es noble.

Este es uno de los elementos más comunes en todas las mitologías del hombre. Tanto los griegos como los tibetanos y los nórdicos veían en el hombre una capacidad de crecimiento y superación personal que no proviene de una duda, de una búsqueda individual o de una necesidad psicológica, sino que el intento de acercamiento a lo divino es parte de nuestra naturaleza misma, es un   carácter   heredado   de aquello mismo que nos dio origen.

Sirenas, alfios y enanos
Cuando la mitología nórdica fue reemplazada popularmente por la religión cristiana, dejó tras de sí una importante descendencia de alfios, enanos y sirenas que, aunque no pertenecen al imaginario católico, fueron incorporados a él en el norte de Europa, donde esta mitología había sido de gran peso.

En la literatura popular nórdica es posible encontrar importantes rastros de esta herencia, especialmente en los cuentos sobre las hazañas y logros de seres imaginarios como los alfios. Éstos se dividen en blancos o negros: los blancos o alfios buenos viven en las hojas de los árboles, danzan sobre la hierba o residen en el aire; y, por su parte, los negros o alfios malvados están considerados como un pueblo subterráneo, que infligen a los hombres enfermedades o heridas (para las que hay una clase especial de doctores en varias partes de Escandinavia).

Aún hoy, en las tradiciones populares se piensa que los alfios habitan en grutas y pequeñas colinas. Se dice también que cuando se dejan ver tiene una hermosa figura humana, y que poseen un profundo sentido de melancolía, como si el paso de los años los hubiera hecho ver y vivir demasiado.

La música que hacen los alfios es igual de venerada en la tradición nórdica: de sonido triste y lúgubre, la llaman «huldreslaat». Los violinistas la tocan a veces: piensan que la han aprendido escuchando al pueblo subterráneo en las colinas y en las rocas. Existe, además, la melodía del rey de los alfios que, si bien los violinistas conocen, jamás se toca: desde que comienza, jóvenes y viejos, e incluso los objetos inanimados, se ven obligados a bailar, y el músico sólo puede detenerse si tiene el viento en contra, o si alguien viene por detrás y le corta las cuerdas a su violín. Los enanos, por su parte, se han convertido en trolls.

Generalmente, no son considerados malos y se afirma que viven en los montes y colinas, tanto en familias aisladas como en sociedades masivas. Se piensa que son muy ricos, puesto que en época de festividades se los ha visto forzando grandes cofres llenos de plata; además, sus moradas están llenas de magnificencia en su interior: están decoradas con oro y cristal. Son amables y bueno vecinos, pero tienen una triste propensión a robar provisiones, e incluso   mujeres   y niños.

Los trolls sienten una gran    aversión por el ruido,  probablemente porque les recuerda el tiempo en que los dioses   lanzaban sobre ellos su martillo; por esta razón, las   campanas que cuelgan en todas  las iglesias de Escandinavia los han ahuyentado a casi todos.

Por último, las sirenas son representadas tanto como buenas, malas y pérfidas. Son muy bellas en el exterior, por lo que a veces los pescadores las distinguen en el brillante sol del verano, cuando una ligera niebla planea sobre el mar, sentadas la superficie del agua, peinando sus cabelleras con un peine de oro. Otras veces, se aparecen como bellas muchachas, esperando seducir así a los pescadores que encuentran. La aparición de una sirena pronostica a la vez tormenta y poco éxito en la pesca. La gente que muere ahogada, y cuyos cuerpos no han sido recuperados, han sido llevados a las moradas de las sirenas.

Todos estos seres, cuenta tradición popular, perdieron hace siglos una batalla con los poderes superiores, y fueron entonces condenados a vivir hasta el día del juicio final en las moradas que les fueron asignadas: los bosques y lo árboles a los alfios, las grutas y las cavernas a los enanos, los mares a las sirenas.

Los   sacerdotes   católicos  y protestantes (las principales religiones en la zona hoy en día) han intentado  desviar  a la  población   de  la creencia en  estos    seres, pero      ellos aún viven en  el  imaginario popular,    demostrando   el
peso    que   la mitología nórdica tiene sobre  diversas concepciones del   mundo moderno.

Fuente Consultada: Revista Vivir en Armonía N°17 – Nota: Dioses Nórdicos –

La religión de los Griegos: Dioses Semidioses y Heroes de Grecia Antigua

La Religión de los Griegos Dioses:  Semidioses y Heroes Grecia Antigua

LA RELIGIÓN DE LOS GRIEGOS: La religión griega no formó una doctrina cristalizada, un sistema fijo. Desde los orígenes, pasando por Homero, hasta la absorción romana, han sido profundas las variaciones experimentadas por esta concepción religiosa.

religion griega

► DIOSES, SEMIDIOSES Y HEROES

Aun en el seno de un mismo pueblo, los individuos no se creían obligados a una interpretación uniforme de la mitología.

Se alteraban las leyendas para satisfacer el orgullo de un aristócrata o para acomodarlas a la fantasía de los artistas o a las elucubraciones de los filósofos.

En una cosa, no obstante, los griegos se mostraban intransigentes, y era en la observancia de los ritos tradicionales.

El que practicaban según la costumbre de los antepasados, era religioso; el que los quería modificar era tachado de impío y sometido a la severidad de las leyes.

En líneas generales, los aspectos más salientes de las principales divinidades de la Grecia histórica eran: Zeus, el dios por excelencia del helenismo, señor del cielo, habitaba en el Éter y desde allí dirigía los fenómenos celestes, la nieve y la lluvia.

Armada su diestra con el rayo que forjaron los cíclopes, desencadenaba las tempestades.

Protegía los nacimientos, el hogar, la familia, las ciudades; era el dios de la amistad, de la hospitalidad y de los triunfos; el dios purificador y vengador, el dios amable, omnipotente y sabio, conocía el porvenir por medio de los oráculos.

Tanta majestad, de la cual era magnífico símbolo a los ojos de los atenienses la estatua de Zeus esculpida por Fidias, estaba, sin embargo, velada por no pocas sombras; había llegado al poder por medio de la violencia y las leyendas populares antiguas le atribuían un gran número de aventuras amorosas. Atenea fue la hija favorita de Zeus.

Brotó cubierta de armadura, de la cabeza del padre de los dioses. Protectora de las ciudades y acrópolis, virgen guerrera, a ella era ofrecido el botín de las empresas victoriosas.

En el interior de la ciudad, velaba por los negocios públicos, el comercio, la industria y las artes.

En Atica, protegía el cultivo del olivo, principal riqueza del país. Pero en Atenas es donde la personalidad de Atenea recibió todo su magnífico desarrollo.

Los marineros, al entrar en el Pireo, regresando de sus expediciones, podían descubrir su colosal estatua dominando la Acrópolis y la saludaban como personificación ideal de su sabia e industriosa ciudad.

Apolo, hijo de Zeus y de Latona, era una de las divinidades más poderosas del mundo griego y reunió en sí multitud de atributos.

En las campiñas solitarias, en Arcadia y Laconia era el dios de los pastores y de los prados.

Los jonios de Delos saludaban en él al dios de la poesía y de las artes, porque presidía el coro de las Musas y de las Gracias.

Aparecía, a veces, como Helios, el dios del Sol y en Delfos era el profeta que comunicaba a los hombres los oráculos dictados por Zeus en persona.

Como Apolo, Artemisa era hija de Latona, recorría los bosques y las montañas vestida de cazadora, y por ser virgen, protegía la castidad y los amores legítimos.

La influencia del Oriente se manifiesta claramente con ocasión del culto de Afrodita, equiparada muchas veces a la Astarté semítica.

Lo mismo sucede con el mito de Adonis (el Tammuz de los babilónicos), el hermoso adolescente amado por Afrodita, que muere y renace cada año como la vegetación en él personificada.

Ares era el dios de la guerra; Hermes, dios de los ganados y de la fecundidad; Hades y Persefona, el dios y la diosa de los muertos.

En el mar reinaba Poseidón.

En plano inferior a estas divinidades se agitaban infinidad de dioses secundarios, terribles como las Furias; graciosas, como las Ninfas de los bosques; las cincuenta Nereidas y las tres mil Oceánidas. Dioses medio hombres, medio animales, como Pan, y los séquitos de Silenos y Sátiros.

En los siglos VII y VI se extendió el culto a los Héroes, engrandecidos e idealizados por las Epopeyas.

El culto de los muertos rendía especial veneración a los antepasados ilustres. De ahí a considerar a los «superhombres» como intermediarios entre la Humanidad y la Divinidad no había sino un paso.

Los acontecimientos políticos favorecieron semejante apoteosis.

Se fundaron colonias en las costas del Asia Menor, en Tracia, en Sicilia, en la Magna Grecia y las nuevas ciudades divinizaron sus antepasados más gloriosos. Diómedes tuvo sus santuarios y sus fiestas en la Magna Grecia; Helena y Menelao, en Esparta; Teseo, en Atica, y Aquiles, en las costas del mar Negro.

El más célebre de todos fue Heracles, el héroe nacional de los dorios.

La religión popular había conservado también el recuerdo de los dioses menores.

Pitios hacía brotar las plantas; Pandrosos enviaba las lluvias primaverales; Smintios cazaba los ratones de los campos; Maleatos hacía madurar las manzanas, etc.

Otros presidían la vida humana: Eros, dios del mar; Kurotrofos prodigaba sus cuidados a los niños de pecho, etc. Semejantes a éstos eran los demonios creados por la imaginación popular: Eunostos, cuya imagen no faltaba en ningún molino; Taraxippos, que espantaba a los caballos, etcétera.

El día trigésimo de cada mes estaba especialmente consagrado a los muertos y en dicho día las tumbas eran rociadas con vino, leche o miel, y después se rogaba solemnemente a los espíritus que se retiraran; era una manifestación de la superstición popular, que los consideraba como seres dañinos.

► LA DECADENCIA Y EL FIN

Con las conquistas de Alejandro Magno, la religión griega penetró en Asia y Egipto, y sus dioses tuvieron favorable acogida especialmente en este país, donde se les añadió el culto de Alejandro y de los Tolomeo, reyes y reinas divinizados, heredando así la dinastía los homenajes tributados en otro tiempo a los faraones. Grecia, a su vez, también abrió las puertas a las influencias extranjeras.

Los dioses egipcios, hasta entonces venerados en los puertos griegos por algunos extranjeros, fueron reclutando secuaces en el mundo helénico.

Los adoradores de Isis y de Serapis se multiplicaron en las islas del mar Egeo, en Grecia, en Sicilia y en Italia.

Pero a medida que la Religión ganó en extensión, perdió en seriedad, aunque subsistía todavía el culto oficial, con sus fiestas a veces magníficas.

Pero ¿cómo podía ejercer su influencia en la vida de los individuos, si el Estado, que personificaba este culto, era impotente?

Cada vez se acentuó más el divorcio entre la vida religiosa y la civil y sólo más tarde la divinización de los emperadores romanos volvió a unirlos estrechamente.

Pero este culto fue el triunfo del más radical antropomorfismo, de la total dependencia de hombre a hombre y, por tanto, la ruina del sentimiento religioso, incompatible con estas apoteosis de los soberanos.

Al par que se iban confundiendo los límites de lo humano y de lo divino desaparecían también las diferencias entre las distintas divinidades.

La mitología griega se alteró, y el culto abstracto de la Fortuna, por ejemplo, alcanzó un desarrollo extraordinario.

Mientras que en Homero, la Moira representaba el destino que señalaba al hombre su puesto en el conocimiento universal, Tyché fue ahora lo caprichoso, el Azar.

La astrología caldea fortaleció estas tendencias fatalistas. Los papiros que lograron escapar a las sistemáticas destrucciones ordenadas por los emperadores, descubren la enorme influencia de la magia.

Finalmente, tomó gran extensión el culto de los demonios. Plutarco fue su principal campeón.

Según él los demonios eran seres invisibles, aéreos, que habitaban en el espacio entre la Tierra y la Luna, inteligentes, pero sujetos a las pasiones y al error.

Unos, eran malos a quienes se dedicaban los ritos y fiestas lúgubres, y otros buenos, entre los que figuraban también almas justas, servidores de los dioses, a quienes era necesario tener propicios con oraciones y dádivas.

Pero la religión griega, convertida en pura mitología literaria fue absorbida por Roma y su Imperio.

► LOS DIOSES DE HESIODO

Después de Homero los poetas épicos se habían dedicado a fijar y ordenar las leyendas heroicas, para presentar a los helenos el ciclo completo de tan maravillosas historias.

La Teogonía responde precisamente a estos deseos y es un ensayo de síntesis de las leyendas divinas.

Puede datarse hacia el año 700 a. de J.C. En ella, el autor clasifica las genealogías de los dioses, desde el principio hasta el actual reinado de Zeus. En los orígenes aparecen cuatro seres:

El Caos, probablemente el espacio vacío; Gaia o la Tierra, el Tártaro, en las profundidades de la Tierra, y finalmente Eros, el amor.

Del Caos salen Erebo (las tinieblas) y Nyx (la noche), de Nyx y Erebo, emera (el día) y Ether (el aire luminoso).

Gaia engendra a Urano (el cielo), las montañas y Ponto (el mar). De su unión con Urano nacen multitud de dioses, los titanes, los cíclopes y los gigantes de cien brazos, hasta que tiene lugar una primera revolución: Urano es destronado por Kronos, por mostrarse cruel con sus hijos, a los cuales sepultaba en las profundidades de la Tierra.

Después de este episodio, el poeta devana de nuevo el ciclo de las generaciones divinas. Aparecen las Parcas, la Muerte, el Sueño, la Vejez y mil otras abstracciones, cuyo número amplía el campo de la mitología griega.

A las graciosas ninfas suceden los monstruos, arpías, quimeras, gorgonas y la esfinge.

En medio de esta muchedumbre abigarrada, dos familias se destacan entre las demás: los titanes y los krónidas, nacidos de Rea y de Kronos, que por un momento se disputan el reino del Olimpo. Zeus, después de derribar a su padre Kronos, ve su reino amenazado por los titanes.

Con la ayuda de los gigantes de cien brazos, precipita a sus enemigos en el Tártaro.

Una posterior victoria sobre el monstruo Tifeo asegura su triunfo, y al poeta no le resta sino dar cuenta del nacimiento de los últimos olímpicos.

Esta Teogonía es un primer ensayo de especulaciones cosmogónicas muy rudimentarias, en las que tiene mayor importancia la imaginación que el razonamiento filosófico. Sin embargo, a través del desarrollo de las genealogías, parece entreverse la idea de un progreso hacia la armonía y la claridad.

La Teogonía tuvo, además, el mérito de ramificar a los ojos de los griegos el árbol genealógico de sus múltiples divinidades, y constituyó para ellos un repertorio muy consultado.

►LOS DIOSES HOMERICOS

La Ilíada y la Odisea no son un tratado didáctico de Mitología, ni tampoco obra de una inteligencia preocupada por coordinar las leyendas y explicarlas metódicamente, pero en ellas encontramos la historia de numerosos dioses.

Los dioses de Homero eran hombres idealizados.

Por sus venas circulaba un fluido misterioso, que los mantenía inmortales.

Eran más poderosos que los héroes, más ligeros que ellos en sus movimientos, podían a su antojo hacerse visibles o invisibles y habitaban en moradas espléndidas donde su existencia se deslizaba en una eterna primavera.

Para vivir necesitaban nutrirse de ambrosia y de néctar, y si bien estaban exentos de la muerte, eran sensibles al dolor, se desesperaban, envidiaban, odiaban, se combatían y entre ellos se daban preferencias, venganzas, enemistades y rencores de índole puramente humana.

Por lo que toca a la moral, su imperfección era todavía más notable.

Estaban sujetos a las pasiones, tenían sus amores y su patriotismo local.

Apolo mató a Patroclo a traición, Atenea lanzó contra Ares los epítetos de «azote de los hombres, asesino y bandido de profesión». Homero nos presentó la residencia de los dioses, el Olimpo, organizado en forma monárquica.

Allí dominaba Zeus como soberano. Inferiores a él iban escalonándose los demás dioses y diosas: Hera, esposa de Zeus; Atenea, su hija predilecta; Ares, el dios de la guerra; Foibos, Hermes, Efestos, el herrero cojo y hábil; Afrodita, la de oro; Poseidón y Hades se repartían la soberanía de los mares y el mundo subterráneo. Al mismo nivel de los dioses, o más bien superior a ellos en poder, mencionó Homero la Moira, la cual era concebida como un poder que fijaba el destino de los seres y en particular el de cada hombre y, sobre todo, la hora y género de su muerte. ¿Cómo explicarse el temor respetuoso de Zeus en presencia de la Moira, inclinándose ante ella y no atreviéndose a arrancar de sus garras a Héctor y a Sardepón, dos hombres por él tan queridos?

Es que los griegos consideraban la Moira como expresión de la Ley que regula la vida de los míseros mortales, y manifestación de una regla superior a los mismos dioses y a su voluntad.

Los griegos de los tiempos homéricos concebían el alma como un principio material, sutil como el aire, unida al cuerpo hasta el momento de la muerte. Acaecida ésta, el alma se separaba conservando la forma del difunto; era su imagen pálida.

Este «fantasma» se encaminaba hacia la morada de los Hades y, efectuado el sepelio, se le abrían las puertas de los Infiernos situados bajo tierra, en el Erebo. La suerte de los muertos era triste.

Nada lo dice tan claro como la queja de Aquiles a Ulises: Yo preferiría ser en la Tierra siervo de un pobre dueño, que ser rey de todos los muertos.

Del ser humano no quedaba sino una sombra vaga, sin memoria, sin razón ni sentimiento, arrastrando una indecisa existencia.

Para que alguna emoción se reflejara todavía en su descolorida faz era preciso que comiera carne fresca o bebiera sangre de animales negros. Hades no reservaba para las almas ni castigos ni recompensas personales, sea cual fuere la vida terrestre que hubiesen llevado.

Sólo tres reos fueron sometidos a suplicios extraordinarios: Titio, Tántalo y Sísifo, los tres por atentar contra los dioses. Una sola vez se mencionó una vida dichosa ultraterrena.

Proteo anunció a Menelao que no moriría sino que sería transportado en cuerpo y alma por los dioses a los Campos Elíseos.

Allí la vida se desliza dulcemente, sin nieves, ni inviernos, sin lluvias. El motivo de una condición tan privilegiada no fue la virtud heroica de Menelao, sino su parentesco divino: Tú te has desposado con Helena y eres yerno de Zeus. El resto de los mortales estaba destinado a la existencia oscura y monótona del Erebo.

►LOS MISTERIOS Y EL ORFISMO

Por último, en el siglo VI, al lado de la religión nacional, nacieron otras religiones secretas, accesibles sólo a los iniciados, los Misterios y el Orfismo, como una satisfacción de esta curiosidad intelectual propia del alma griega.

Los Misterios más célebres fueron los de Eleusis. Tenían lugar todos los años y constaban de dos grupos de fiestas distintas.

Los «pequeños misterios» se celebraban en Agra, un arrabal de Atenas, y eran el preámbulo necesario para ser iniciado en los «grandes misterios». Les precedía una purificación en las orillas del Ilisos.

Después, los candidatos recibían las revelaciones que constituían la iniciación propiamente dicha y desde este momento eran contados entre los mystos o iniciados.

He aquí el orden de las ceremonias sagradas: El 14 Bredomión, los objetos sagrados eran trasladados de Eleusis, en Atenas, al santuario de la Eleusinión.

El 15, dos de los principales dignatarios, el hierofante y el daduco, enumeraban las condiciones para ser admitidos en los misterios, excluyendo a los criminales, sacrílegos, asesinos o bárbaros. Se imponía a los candidatos la obligación del más absoluto secreto.

El día 16, los iniciados se dirigían a la playa y se sumergían en el mar, cuyas aguas tenían la virtud de borrar toda mancha. Cada uno llevaba consigo y lavaba en las aguas un cochinillo, que debía luego inmolar a Demetra. Después de dos días en que se guardaban los ayunos y abstinencias prescritos por los mistagogos, los iniciados se dirigían procesionalmente de Atenas a Eleusis.

En medio de cánticos sagrados y de ensordecedores gritos, eran conducidos en triunfo los objetos sagrados y la estatua de Yacos, joven dios, que se identifica con Dionisio.

La procesión llegaba a Eleusis por la tarde. Después de varias purificaciones y ayunos, los iniciados apuraban el brebaje místico.

Finalmente asistían durante la noche a los espectáculos misteriosos que se desarrollaban en el interior del templo de Demetra.

Ya por la noche se abrían las puertas del santuario, y el hierofante, revestido de magníficos ornamentos, ceñida la frente con diadema real, mostraba a los iniciados reunidos los objetos sagrados sumergidos en un mar de luz.

El efecto de semejantes espectáculos, que se desarrollan en medio de un grandioso aparato escénico, era inspirar a los iniciados la seguridad de una existencia feliz en el mundo subterráneo.

El Orfismo, a la par que una religión, era un sistema filosófico. Su mito principal es la leyenda de Dionisio Zagreus, nacido de Zeus y de su hija Perséfona. Zagreus recibió desde su infancia el imperio del mundo. Hera, celosa, excitó en contra de él a los titanes.

El joven dios, a través de una serie de metamorfosis, se sustrajo a sus persecuciones, hasta que, apresado por ellos bajo la forma de un toro, fue despedazado y devorado. Palas consiguió, sin embargo, arrebatarles el corazón de la víctima, y de este corazón renació el nuevo Dionisio.

Zeus se vengó de los Titanes fulminándolos con sus rayos y de sus cenizas surgió el género humano, en medio del cual el elemento titánico, principio del mal, está en continua guerra con el elemento dionisíaco, principio del bien, derivado de la sangre de Zagreus.

De ahí la necesidad de luchar hasta conseguir el triunfo del elemento divino y poder oír de Perséfona la palabra salvadora: «Bienaventurado y dichoso: tú serás dios y no ya simple mortal».

Sobre esta concepción teológica se formó el culto, con misterios especiales que se celebraban durante la noche en reuniones a puerta cerrada.

►TIEMPOS PREHOMERICOS

Querer remontarse a los tiempos anteriores a Homero habría parecido una quimera hace 50 años.

Se creía, con Fenelón, que la Ilíada y la Odisea representaban la sencillez del mundo naciente.

No obstante, los descubrimientos arqueológicos en Hisarlik, la antigua Ilios, en Micenas y en Tirinto, han revelado gran parte de este misterioso pasado, anterior a Homero.

El jefe de una expedición arqueológica inglesa, míster Arturo Evans, descubrió el Palacio de Cnosos, en Creta, cuyas paredes, adornadas profusamente con dobles hachas (en indio, labyrinto) debía ser el Palacio del Hacha, la fabulosa residencia del rey Minos.

Estos descubrimientos han permitido remontarse, en la historia de la civilización griega, más allá del año 2000 a. de J.C. Empezando por las formas religiosas más elementales, parece señalarse como antiquísimo el culto de las piedras.

Aun en el año 405 a. de J.C., una piedra que se creía caída del cielo fue objeto de veneración por los habitantes del Quersoneso.

En el siglo II d. de J.C., señala todavía Pausanias, en los templos griegos, la existencia de estas piedras sagradas en forma de pirámide o coronadas con cabezas de divinidades.

Los antiguos griegos añadieron al culto de las piedras el de los árboles. Sin hablar de los que se consideraban protegidos por una divinidad (como la encina de Zeus, el olivo de Atenea, el laurel de Apolo, y otros muchos), y eran venerados como residencia de los mismos dioses.

En Laconia, Artemisa vivía en un nogal; en Boia, en un mirto, y en Orcómenos, en un cedro.

Las Hamadríadas fijaban su morada en las encinas; las Melias, en los fresnos. Era creencia común que, hallándose así incorporadas a los árboles, vivían o morían con ellos.

Se ha relacionado este culto con otro mucho más antiguo: el del fuego. Quizás la adoración habría pasado del fuego a los árboles, que proporcionan el combustible para mantenerlo.

Los griegos consideraron como sagrados a algunos animales, y de modo especial a las serpientes.

En la Acrópolis de Atenas se les ofrecían todos los meses panales de miel y estuvieron especialmente asociadas al culto de Esculapio, pues el dios de la Medicina se complacía en tomar su forma para manifestarse a sus adoradores.

También los demás dioses tenían sus animales favoritos: el águila era el ave de Zeus; la paloma estaba dedicada a Afrodita; el mochuelo a Atenea; el delfín a Apolo y a Poseidón, etcétera.

En las imágenes aparecen, generalmente, juntos el dios y el animal a él consagrado, pero las formas humanas y los animales se mezclaron, dando lugar a seres monstruosos, que recuerdan a los Horus e Isis de Egipto (el Minotauro, la diosa-león, la diosa-águila, etcétera). Una manifestación religiosa situada ya en un estadio superior fue el culto de los muertos. Numerosos sepulcros de distinto tipo, con cúpula, y en forma de pozos, o excavados en la roca, se han descubierto en Creta y en varios puntos de la Grecia continental. Los cadáveres aparecen sepultados ordinariamente sin embalsamar, y, contra la costumbre de los tiempos de Homero, sin haber sido quemados.

Los griegos creían en una prolongación de la vida de sus difuntos y los honraban con numerosas ofrendas. Los huesos y cuernos de toros, corderos, cabras, etc., encontrados en la entrada o en el interior de los sepulcros, deben ser restos de holocaustos.

En el vestíbulo de las tumbas rupestres de Micenas se encuentran gran número de huesos humanos.Además de los sacrificios aparece clara la costumbre de los dones que constituían un completo ajuar funerario para el muerto: armas, joyas, vasos de oro y de plata, etc.

Estas ofrendas no se hacían sólo el día del entierro, sino que se renovaban con frecuencia.

En Micenas, las tumbas formaban grupos, en cuyo centro se levantaba un altar formado por gruesas piedras, que servía para los sacrificios.

No sin razón pueden considerarse estos ritos funerarios como el principio del culto a los héroes, que tan grande desarrollo alcanzó a partir del siglo VII a. de J.C.

Más adelante surgieron los dioses antropomorfos que dieron lugar a una religión épica, con su séquito de leyendas, origen de la Mitología.

Estos dioses no nacieron espontáneamente en la imaginación de los poetas, pues lo mismo que las epopeyas, suponen una prolongada elaboración. Ya mucho antes de Homero se rendía culto a dioses de forma humana.

En Creta han sido halladas estatuitas de divinidades femeninas, algunas de las cuales probablemente representan la Tierra, madre de los dioses y de los hombres.

Culto a los Muertos en Egipto Religion y los Dioses Egipcios

Culto a los Muertos en Egipto
Religión y los Dioses Egipcios

La religión de Egipto «Los egipcios son los más religiosos de los hombres», dijo Herodoto.

En efecto, todos los monumentos que nos han legado son templos para el culto de los dioses o sepulcros para el culto de los muertos.

Estas dos ideas, la divinidad y el más allá, dominaron su vida, informaron su literatura y penetraron en todas sus instituciones.

Estatuas de dioses, sarcófagos y momias, muebles funerarios y amuletos, todo nos presenta al hombre adorando y sacrificando.

De las viviendas privadas y palacios de los reyes no resta casi nada, porque los consideraban como lugares de tránsito, posadas donde se descansa unos días.

La piedra se reservaba para los templos y las tumbas. Los textos hallados en las pirámides constituyen uno de los primeros productos religiosos del espíritu humano.

Fueron grabados en espléndidos jeroglíficos y contienen fórmulas litúrgicas y plegarias aplicables a distintas personas con sólo cambiar el nombre propio.

Un caudillo poderoso, Manes, consiguió extender su hegemonía sobre toda la llanura del Nilo, fundó una nueva capital en el delta, Memfis, y reunió al país en un solo reino.

Aunque cada pueblo conservó sus dioses y sus ritos locales, desde Heliópolis, Memfis, Hermópolis y Abydos, las doctrinas unificadoras se extendieron por todo Egipto y al lado del dios local se comenzó a venerar también al faraón.

Entonces los sacerdotes se esforzaron por refundir en un cuerpo de doctrina los diversos elementos preexistentes, asociando las divinidades entre sí y estableciendo una jerarquía de poder y dignidad.

Ra era el dios de Heliópolis; Phtad, de Memfis; Thot, de Hermópolis; Amón, de Tebas, etc.

La religión egipcia, pues, no se presentó cono un cuerpo doctrinal, firme e invariable, sino como una mezcla de creencias y de cultos yuxtapuestos.

DECADENCIA

Al final del Imperio Nuevo, la grandeza de Egipto declinó y las revoluciones que trastornaron el país hasta su incorporación al Imperio Romano, repercutieron en la Religión.

Bajo la XXVI dinastía, la espada victoriosa de Psammético restableció por algún tiempo la unidad política. Fue un corto renacimiento.

Los artistas y los sacerdotes quisieron hacer revivir las antiguas instituciones, pero el nivel de las ideas había bajado y las prácticas religiosas degeneraron e la zoolatría.

Los animales subieron a los altares.

Serpientes, cocodrilos, aves, gatos y carneros sagrados eran más respetados que las estatuas de Amón-Ra o de Osiris.

Culto a los muerto de egipto antiguo

No hay exageración en lo que refiere Herodoto sobre este particular, pues es incalculable el número de animales sagrados hallados en sepulturas tan lujosas, que solamente los más ricos personajes las hubieran podido costear en otros tiempos.

Inmensos cementerios de animales se hallan al lado de las antiguas necrópolis de señores y de reyes; gatos momificados, con la cabeza disecada, familias enteras de cocodrilos, ibis, gavilanes, incluso peces surgen de los cántaros hallados entre los escombros.

Los hombres de aquellas generaciones, víctimas de la más extraña aberración del espíritu, pusieron más solicitud en la sepultura de un gato que en la de sus mismos padres.

Esta decadencia se precipitó bajo los Tolomeo, pues los nuevos soberanos de Egipto comprendieron la fuerza que podían hallar en la religión nacional para afianzar su poder y le concedieron plena libertad.

Respetaron las prerrogativas de la clase sacerdotal, tomaron parte en las procesiones y ritos sagrados, restauraron los templos y los enriquecieron con decoraciones suntuosísimas.

Y, sin embargo, estas manifestaciones no llegaron a renovar una religión que moría falta de la sinceridad que viene de lo íntimo de las almas. Egipto entero se sumergía más y más en el culto zoolátrico.

Por un extraño cambio de papeles, el hombre se había convertido en servidor del animal.

Era mejor dejarse morder por las serpientes o devorar por los cocodrilos, que causarles el menor daño.

Diodoro cuenta de un romano a quien el pueblo condenó a muerte por haber matado a un gato.

Los habitantes del nomo cinopolita del Egipto Medio, se comieron un pez venerado por los habitantes del nomo vecino de Oxyrrinchus.

Éstos les declararon la guerra y como venganza se apoderaron del perro adorado por los cinopolitas y lo degollaron, según cuenta Plutarco.

Estrabón relata los dispendios ocasionados por la alimentación de los cocodrilos en los lagos sagrados.

Tal era la religión del pueblo.

Mas en Alejandría y otras poblaciones, donde dominaba el elemento griego, se desprendieron de las antiguas creencias y los dioses del Olimpo entraron en la sociedad de los dioses egipcios: Zeus tuvo su trono en los templos al lado de Osiris y de Amón; Afrodita, junto a Isis, etcétera.

En el primer siglo de nuestra Era, la religión egipcia era una mezcla incoherente de elementos griegos e indígenas.

En el siglo III, la mayor parte de la población egipcia era ya cristiana.

Los egipcios fueron buenos por temperamento, juiciosos, rectos y muy sufridos, dotados de una imaginación soñadora, incitada por el espectáculo de su cielo siempre azul, y por una vida pacífica y serena.

Se elevaron al conocimiento de Dios y en algún momento se formaron de Él un concepto bastante justo.

Tuvieron conciencia de la existencia del alma y del juicio final ante un juez incorruptible, de otra vida donde merecerían una sanción.

Verdades tan nobles, no supieron reunirlas y encaminarlas a un solo Ser, y cayeron como casi todos los pueblos de la antigüedad, en el politeísmo, y lo que es peor, en la idolatría.

EL CULTO A LOS MUERTOS

Para los egipcios, el hombre era un compuesto de cuerpo, alma y otro elemento que ellos llamaban Ka, el doble.

A éste se le concebía como una especie de genio invisible o sombra que acompañaba a cada persona, que nacía con ella, pero le sobrevivía después de la muerte.

Los egipcios creían en la otra vida y, por consiguiente, en la supervivencia de una parte esencial del hombre.

Caldea, Asiria, Grecia, pueden ufanarse también de sus templos; mas si hay algo único en el mundo, y especial del valle del Nilo, son esas tumbas gigantescas, las pirámides, las mastabas; las cavidades abiertas en la roca a 20 y 25 m de profundidad, como en Saqqarah, hipogeos tallados en la montaña, que penetran hasta 200 m, como en Tebas, y momias tan bien preparadas, que se han conservado durante 4.000 años.

Esfuerzo tan gigantesco sólo tiene una explicación y es la creencia obsesionante en la vida de ultratumba.

Los textos de las pirámides son muy expresivos y nos describen al faraón triunfando con los dioses: ¡Oh, Unas, no; tú no has muerto; lleno de vida has ido a sentarte en el trono de Osiris!.

¡El cetro está en tu mano, y tú das las órdenes a los vivientes!.

El Libro de los Muertos traduce aún mejor esta universal creencia. Éste era tan útil en la otra vida que cada uno quería llevarlo consigo a la tumba y regalar un ejemplar de este libro era prestar al difunto un señalado favor.

Su contenido era una colección de instrucciones para que el alma supiera orientarse en el otro mundo y salvar todos los obstáculos por medio de encantamientos, plegarias y recitaciones de fórmulas ante los dioses y los genios custodios de las moradas subterráneas.

Él les enseñaba la manera de procurarse una barca para atravesar los canales, y los senderos hasta el campo de la felicidad, llevando el plano de los pasajes más difíciles y el retrato de los enemigos.

En fin, era una guía ilustrada del mundo de los espíritus.

Los mastabas de la VI dinastía contienen amenazas contra los violadores de la mansión sagrada del difunto:

Si un hombre entra en esta tumba para robar como un ave de rapiña, será juzgado por el dios grande, señor de Amenti, en el lugar de la justicia, e inmediatamente después, el difunto comienza su propio panegírico, como si estuviera compareciendo ante el juez:

Yo no he mentido ante el tribunal, yo no he pronunciado juramento en falso, etcétera.

En una época remota, el más allá era la tumba misma.

En ella vivía el cuerpo, el espíritu, el alma, el doble, comiendo y bebiendo de las ofrendas que le habían dejado los piadosos supervivientes.

Bajo la influencia de esta idea, se construyeron las magníficas mastabas de Saqqarah.

Más tarde, en la VI dinastía, aparecen concepciones más extensas y elevadas:

Que vaya por buenos caminos, que le acompañen sus dobles, que sea acogido por el dios y guiado por los senderos excelentes por donde marchan los bienaventurados, que llegue, por fin, a reunirse con el gran soberano de Occidente.

Más tarde se creyó que los muertos iban a reunirse ante Osiris y formaban un reino semejante a la sociedad terrestre, y sólo en último lugar apareció la obligación de comparecer ante el tribunal de Osiris.

En el juicio, éste se hallaba sentado en su trono, asistido de 42 jueces. Delante de él había una balanza, en uno de cuyos platillos se hallaba una hoja erecta que simbolizaba la justicia y en el otro estaba el corazón. Thot, el secretario de los dioses, anotaba el resultado de esta pesada.

En un ángulo, un monstruo esperaba para ejecutar la sentencia.

El difunto asistía a la escena, mas no como espectador indiferente, sino con derecho a hablar y a proclamar su inocencia, y entonces tenía lugar, la llamada confesión negativa, es decir, la defensa.

Cuando el faraón, envuelto en mil vendas, perfumado y preparado su cuerpo momificado, había sido depositado en su última morada en el centro de la montaña de piedra, numerosos laberintos y barreras cerraban para siempre su salida al mundo exterior.

Para las ofrendas del pan, de la cerveza y de las víctimas era necesario un templo.

En el Imperio Antiguo se le encuentra adherido a la faz oriental de la pirámide, comunicando con el valle por un largo corredor.

En los mausoleos de los señores, las «mastabas», la momia reposaba en una cavidad profunda, ricamente adornada.

Encima se levantaba el templo, que comprendía varias salas, con paredes revestidas de finos bajo o altorrelieves.

En el Imperio Nuevo en Tebas, los faraones, en vez de pirámides hicieron labrar sus tumbas en la roca viva de las montañas, verdaderos palacios subterráneos, y se aseguraron un servicio religioso por medio de fundaciones análogas a las de los templos.

LA MAGIA

 En los textos de las pirámides es posible leer fórmulas mágicas para evitar la mordedura de las serpientes.

Los sacerdotes y los escribas hacían profesión de la magia, actividad lucrativa que podía llevarles hasta los cargos más elevados porque el faraón gustaba de rodearse de magos.

Cuando éstos le presentaban algún portento, aquél les colmaba de regalos.

En la Biblia, se les describe a su servicio a propósito de Moisés y de las plagas de Egipto.

El secreto del mago consistía en estar en connivencia con un dios, y en conocer las palabras secretas capaces de obrar prodigios. Se cuenta que Satni-Khanois, hijo de Ramsés II, era un mago sin rival en el valle del Nilo.

De él se dice que gracias a la intervención de un anciano misterioso llegó a adquirir el libro de Thot, guardado en un cofre séxtuple y custodiado por terribles monstruos.

El anciano le había dicho:

Dos fórmulas hay allí escritas; si recitas la primera encantarás la tierra, el cielo, el mundo de las sombras, las aguas y las montañas, interpretarás el lenguaje de los pájaros del cielo y sabrás lo que dicen los reptiles; también verás todos los peces, pues una fuerza divina les hará salir a flor de agua.

Si lees la fórmula segunda, aunque estuvieras en el sepulcro volverás a tomar la forma que tenías sobre la tierra.

En el Imperio Medio los magos, para sus hechizos, se valían de varitas, muchas de las cuales han sido halladas en las excavaciones.

Son de marfil, terminadas en una cabeza de chacal o de león.

Entre los efectos de la magia, uno de los más curiosos era el hechizo.

En tiempos de Ramsés III, un funcionario real fue convicto de crimen porque se había procurado un escrito mágico sacado de los libros secretos del rey, y llegó a fascinar a los palaciegos.

La magia de protección estaba al alcance de todos por medio de amuletos, pequeños objetos de tierra barnizada, de vidrio, de metal o de piedra, brazaletes, collares, zarcillos, etc.

El pueblo se entregó de lleno a los oráculos, adivinos y magos, de tal modo que la Religión perdió gran parte de su valor para convertirse en una serie de prácticas supersticiosas.

LOS INNUMERABLES DIOSES

Las representaciones de la divinidad estaban tomadas del escenario maravilloso en que se desenvolvía su vida.

Para ellos, el Sol, tan poderoso como necesario, era la manifestación más espléndida del Creador.

Habituados a viajar sobre la aguas del Nilo, representaban al Sol en una barca.

Con ella atravesaba durante el día el océano celeste, y durante la noche bajaba por un río desconocido y misterioso para visitar el reino de los muertos.

Al amanecer volvía por Oriente.

El Sol era también un halcón que cruzaba el espacio (Horus), un escarabajo y el ojo derecho de algún dios, mientras la Luna era el ojo izquierdo, etc.

Ra (el Sol) fue el dios principal durante el Imperio Antiguo y se le rindió culto en Heliópolis, en el delta.

Su fama se extendió pronto por todo el valle y los reyes de la V dinastía le construyeron un templo espléndido.

Shou era el dios de la atmósfera, que sostiene el firmamento. Thot, dios lunar, recibía culto en el Egipto Medio y era representado con cabeza de ibis.

Se le hizo escriba o secretario de los dioses, inventor de palabras divinas (los jeroglíficos) y, por tanto, el maestro de toda sabiduría. De él derivó el dios griego Hermes. Nout, la soberana del cielo, madre de las estrellas, era esposa del dios terrestre Queb.

Hathor, con cuerpo de vaca, simbolizaba la paz, y era la soberana de todos los dioses. Bastit, con cabeza de gata, presidía el baile, los juegos y la música.

Sokhunit, con cabeza de leona, terminada por un disco, se complacía en los combates y en las guerras. Isis, la más célebre de las diosas egipcias, por la extensión de su culto en el Imperio Romano, fue la esposa de Osiris, el señor de las cosechas.

Cuando el Nilo ha regado las tierras y ha crecido el trigo, es la vida de Osiris que se manifiesta; cuando amarillean las mieses y las aguas se agostan y todo se seca, es Osiris que muere.

También era el rey del mundo inferior, de la mansión de los muertos, y ante su tribunal debía comparecer todo hombre para oír su sentencia. Sobak, con cabeza de cocodrilo, era el señor de las cataratas.

El miedo que causaba aquel temible reptil fue, seguramente, lo que indujo a los habitantes de este país a representarlo con emblemas divinos.

Amón era el gran dios de Tebas, desconocido en la época de las pirámides.

Seth, uno de los dioses más antiguos del Egipto, con cabeza de animal fabuloso, hocico largo y orejas tiesas, era hermano de Horus, el dios solar, y de Osiris.

Con uno y con otro estaba en lucha desde el principio porque Seth era el perverso, el enemigo de la luz.

Éste era el panorama de la Religión en la época antigua, pero aún aparecieron otros dioses llegados de Oriente: Baal, asimilado a Seth, Astarté la siria, Rescheph, el dios de la fuerza, Kadesch, etc.

Sin embargo, lo que caracterizó el Imperio Nuevo fue la preponderancia que adquirió Amón de Tebas, con el nombre de Amón Ra, apelación legítima en su fondo, pues Ra y Amón, bajo dos nombres diferentes y en dos regiones rivales, significaban el mismo ser supremo, creador de todas las cosas.

En el Imperio Nuevo, Tebas, residencia real, fue la primera ciudad de Egipto, y Amón el primer dios.

El valle entero proclamó su grandeza, que fue la del faraón mismo.

El poeta que cantó las empresas asiáticas de Thoutauthmés III atribuía su gloria a Amón Ra.

Heme aquí; yo te doy poder para que aplastes a los príncipes de Fenicia; yo los arrojo para que hollen tus pies a través de sus dominios.

Yo les hago ver tu majestad rodeada de luz, mientras brillas delante de ellos como imagen mía. Ramsés II invocó al dios Amón como a padre suyo en los momentos de peligro en Kadesch, y cuando regresó a Tebas victorioso, le ofreció a los prisioneros y el botín de sus campañas.

A él está dedicado el famoso templo de Karnak. Pero un día el Sol se eclipsó.

Había llegado a ser tan grande la influencia del sumo sacerdote de Amón, que su sombra oscurecía al mismo faraón. Amenofis IV abandonó Tebas con toda su corte y fundó en el Egipto Medio una nueva capital llamada hoy Tell-el-Amarna.

Amón quedó destronado, se borró su nombre en todos los monumentos y en su lugar reinó como dios supremo y único el disco solar Atón.

El rey mismo cambió el nombre y se llamó Khounatón, «luz de Atón».

Pero muerto él, los sacerdotes reconquistaron rápidamente el poder, la corte volvió a Tebas y Amón recuperó su lugar cumbre manteniéndose en él hasta el día en que los predicadores de la «buena nueva», los primeros monjes cristianos, anunciaron al pueblo, cansado de idolatrías y supersticiones, las grandezas del verdadero Dios.

Las estatuas de los reyes llevaban emblemas divinos; no obstante, el faraón, en vida, no recibió culto oficial. Sólo después de su muerte le consagraban un templo, donde se le rendía culto funerario, porque la divinidad de los faraones no era un punto esencial de la religión egipcia.

LOS TEMPLOS

Quizás en ningún pueblo de la antigüedad sea posible hallar templos tan bellos y grandiosos como en Egipto.

Tres elementos se encuentran en todos ellos: un patio rectangular tras un alto pilón, la sala hypóstila y el santuario.

El pilón era la fachada, una construcción maciza, de gruesas paredes que se elevaban en disminución de la base a la cima, como una especie de muralla que dominara el conjunto separando el lugar santo del mundo profano.

El patio, rectangular, estaba cerrado a derecha e izquierda por hileras de columnas formando pórticos.

Enfrente se levantaba la sala hypóstila, separada del patio por una simple columnata y por un muro de la altura de un hombre. Esta sala era la pieza más sorprendente del templo egipcio.

Dispuesta a manera de basílica romana, constaba de una nave central más elevada que las otras, que eran dos o cuatro laterales.

Sus columnas solían representar un tallo de papiro con la yema y la flor.

En la base se distingue hasta la mata de hierba de donde se eleva la planta, ofreciendo así el aspecto de una vegetación gigante, súbitamente petrificada.

Más adentro se hallaba el lugar secreto e inviolable del templo: el santuario, una sala cuadrada de pequeñas dimensiones, sin abertura al exterior, que recibía únicamente una luz discreta por la puerta.

En el centro, sobre su pedestal de piedra, inmóvil y silencioso, se erguía el señor de esta morada sombría, el dios de la localidad, que a veces en lugar de piedra era de madera, para ser llevado más cómodamente en procesión.

Las estatuas tenían ojos incrustados de materias brillantes.

Unicamente en los últimos tiempos y en plena decadencia, los egpicios sustituyeron las estatuas por animales vivientes: gatos, serpientes, cocodrilos…

Cada templo tenía sus servidores y sus bienes propios.

Al frente estaba el gran sacerdote, jefe supremo de las ceremonias y administrador de las propiedades, que no dependía sino del rey y a quien asistían numerosos ministros, un portasellos o lector encargado de recitar las fórmulas sagradas de los papiros, profetas, oráculos, escribas, directores de procesión, etc.

Las dignidades eran, por su naturaleza, hereditarias, de suerte que cada ciudad importante tenía su tribu sacerdotal y los bienes sagrados llegaron a alcanzar proporciones colosales.

Bajo Ramsés III, el templo de Amón, en Tebas, poseía la cuarta parte de Egipto y ésta era una ciudad santa, con un régimen de favor.

Se han encontrado varios decretos reales del Antiguo Imperio, concernientes a estas ciudades, como la de Abydos. Son cartas de inmunidad, eximiendo al dominio sagrado, personas y bienes, de toda clase de impuestos, prestaciones o contribución por cualquier título que fuere.

Las penas más severas amenazaban a los violadores de templos.

El culto se practicaba según un ritual preciso.

El sacerdote entraba solo en el santuario y encendía el fuego, recitando una fórmula, echaba incienso sobre las ascuas y mientras se elevaba el perfume, se acercaba a la «naos», cerrada hasta entonces, la abría rompiendo el sello de arcilla que la víspera le había puesto, e inmediatamente, al aparecer el dios al descubierto, se postraba ante él y le adoraba, levantábase y se postraba nuevamente, con la frente tocando el suelo y, después de haber repetido muchas veces estos movimientos, puesto en pie recitaba himnos: Honor a ti, Amón Ra, dios poderoso, existente desde un principio, dueño de la eternidad, único Señor, autor de los dioses, autor de los hombres.

El holocausto no fue de uso frecuente en Egipto y los alimentos ofrecidos al templo servían para la manutención de los sacerdotes.

La práctica de sacrificios humanos no se ha podido probar con documento alguno claro y auténtico.

Una idea simple de moralidad -necesidad de hacer el bien y evitar el mal para agradar a Dios y llegar a la felicidad- estaba profundamente grabada en el alma egipcia.

El hombre, aunque fuese el faraón, no entraba por derecho propio en el cielo; antes debía cumplir ciertos ritos y purificaciones, lo cual afirmaba su condición de servidor que ha de comparecer ante un juez supremo.

He aquí algunos pasajes de las famosas sentencias de Phtahotep, moralista, ministro de un faraón de la quinta dinastía. Oh rey, mi señor, permite que yo atienda a la educación de mi hijo, que le enseñe la sabiduría de aquellos que han oído los consejos de los ancianos que, a su vez, fueron enseñados por los dioses.

Un hijo obediente es como un servidor de Horus: se encuentra bien después de haber obedecido.

Cuando haya crecido y llegado a la vejez, hablará también a sus hijos para renovar las enseñanzas de su padre.

ZOOLATRÍA

Herodoto y Diodoro de Sicilia describieron a los egipcios como grandes adoradores de animales.

En el Antiguo Imperio sólo tres animales sagrados fueron objeto de culto: el buey Apis, de Memfis; el buey Meenvis, venerado en Heliópolis, y el carnero de Mendes, en el Egipto Inferior.

En Asquarah existía una rica necrópolis subterránea con soberbios sarcófagos de granito donde eran sepultados los bueyes sagrados.

La necesidad de hacer sensible la idea de la divinidad y de sus atributos, introdujo en los himnos y en la poesía comparaciones con los animales más conocidos por los egipcios.

Para algunos, se encontró una característica humana: Anhour con su cuerda, Osiris con su atef, Phtah estrechando el cetro sobre su pecho, pero la imagen tomada del reino animal era más a propósito para satisfacer las exigencias de la devoción popular.

¡Cuánta gente de nuestros campos reconoce a San Roque únicamente por su perro!.

Del símbolo se pasó con facilidad a la adoración del propio animal y nació la zoolatría.

Al visitar hoy las ruinas de esta civilización grandiosa y terrible a la vez, el viajero se siente impresionado.

No pudo ser simplemente la tiranía o una masa de esclavos aterrorizados lo que levantó las majestuosas columnas de Luxor y Karnak, los obeliscos o la esfinge.

Fue la creencia irresistible, una fe capaz de impulsar a los faraones, y también de sugestionar a millares de esclavos, a millones de trabajadores, comerciantes y artistas.

No obstante, exceptuando la tentativa de introducir el culto único a Amón-Ra, la religión egipcia se debatía en una mescolanza de ideas poéticas, verdades trascendentes y supersticiones absurdas.

Ver: Los Dioses Egipcios