Traición en San Julián

Las Siete Ciudades de Cibola Leyenda Alvar Nuñez Cabeza de Vaca

SIETE CIUDADES: Para los conquistadores era la tierra de las maravillas. Todo parecía posible en aquel nuevo mundo descubierto por Cristóbal Colón ríos tan anchos que parecían conducir a las puertas del paraíso, selvas exuberantes que escondían a bestias fantásticas, hombres que vivían semidesnudos pero se adornaban con ricas piezas de oro, grandes y sofisticados imperios.

Así fue cuando en 1530 llegan rumores a la Nueva España sobre la existencia de un magnífico reino llamado Cíbola a tan solo 40 días de viaje hacia el norte, los castellanos se ponen en marcha sin dudar, dispuestos a adentrarse otra vez por tierras desconocidas.

Álvar Núñez Cabeza de Vaca (1507-1564) fue un navegante y explorador español que, durante una expedición a la Florida en 1528, naufragó en una isla cercana a la actual Texas y fue tomado prisionero por los habitantes aborígenes. Al cabo de un tiempo, logró escapar y recorrió el sudoeste del territorio norteamericano para llegar finalmente a México en 1536.

En su informe relató con detalle su encuentro con los pueblos indios y de sus relatos surgió la leyenda de las Siete Ciudades de Cibola que el español supuestamente visitó en sus ratos de delirio desértico. Lo cierto fue que a partir de aquellas historias, otros desparramaron la leyenda y agregaron más fantasía a lo escrito.

Alvar Nuñez Cabeza de Vaca contó además historias fabulosas que pasaron a engrosar el cuerpo de leyendas referidas al Nuevo Continente. Así, su narración sobre la existencia de las Siete Ciudades Doradas de Cíbola, colmadas de oro y piedras preciosas, alentó la expedición de Alvarado en 1540.

Washington Irving (1783-1859), en su obra Cuentos de la Alhambra de 1832, describe La Isla de las Siete Ciudades o Mayda, a 46° de latitud norte y longitud desconocida, al nordeste de las Azores. Descubierta en 734, según cuenta, por el obispo de Oporto y otros seis obispos portugueses que huyeron de su país cuando la invasión de los moros. Muchos años después, en 1447, el capitán Antonio Leone, italiano al servicio de Portugal, visitó la isla y encontró que los habitantes hablaban portugués y preguntaban ansiosos si los moros aún permanecían en la Península. La isla estaba dividida en siete comunidades, cada una con su catedral.

Vaughan Wilkins escribió en Londres en 1950, La ciudad del fuego congelado o Quivera, cuya capital se llamaba precisamente Cibola, la ciudad del fuego congelado. Famosa por sus rubíes y sus volcanes, llamados de la Santa Corona. Helechos gigantescos crecen a todo lo largo y monstruos marinos blancos de enormes dientes rojos se esconden en la cuevas que rodean las costas. La isla de Quivera se hallaba en América del Sur y había sido colonizada por Madoc, hijo de Owen, príncipe de Gwyneth, que dejó su Gales natal en 1169.

Las tierras sudamericanas ejercieron extraordinaria influencia en autores y visitantes, que tropezaban con vegetación y animales absolutamente desconocidos y seres humanos que eran idénticos a ellos, aunque diferían en conductas lenguas y apariencia. Estas presencias provocaron grandes dudas religiosas como, por ejemplo, cómo habían llegado hasta allí si no habían sido navegantes del Arca de Noé.

Cíbolo con acento es en español un bisonte, bóvido salvaje parecido al toro, con la parte anterior del cuerpo muy abultada y cuernos poco desarrollados, Se conocen dos especies: una americana y otra europea. De hecho bisonte viene del griego y del latín, significando toro salvaje. Cíbola es simplemente la hembra del bisonte.

Pedro de Alvarado (1486-1541) fue uno de los asistentes de Hernán Cortes (1485-1547) en la conquista de México y luego conquistador de Guatemala, donde fue gobernador hasta su muerte. Fundó ciudades y ejerciendo un poder absoluto pasó gran parte de su vida buscando las fabulosas Siete Ciudades de Cibola. Francisco Vásquez de Coronado (1510-1554) navegante español, buscando las Siete Ciudades fue el primero en internarse por la actual Arizona y Nuevo México.

No cumplió su objetivo pero sí tropezó con indígenas norteamericanos que ocupaban una larga franja de tierra con ochenta comunidades que vivían en casas de adobe y eran descendientes de la cultura Anasazi. Llamó a estos grupos Pueblo Indio. Vivían en barrancas y estaban organizados en grupos comunitarios y disponían de sistemas de riego y agricultura. Se remontan probablemente a 2.000 años antes de la era cristiana y se los conoce como la cultura Cochiso. Fueron sus descendientes los primeros en fabricar arcos y flechas, desarrollar la alfarería y hacer canastos de mimbre aunque vivieran en cuevas.

En 1630 comenzaron las conversiones practicadas por los misioneros y en 1680 una revuelta de proporciones echó a los españoles. Sus descendientes actuales son los Hopi, Acoma y Zuñi y, siendo agricultores sedentarios, han logrado mantener su cultura y lenguas tradicionales en grado asombroso. Las mujeres ocupan lugar prominente en las comunidades y adoran a Kachina, el espíritu de las fuerzas vivas. Al iniciarse el año, personajes disfrazados de Kachina visitan los pueblos, cantan, danzan y hacen regalos a los niños. Las muñecas vestidas como los bailarines también se llaman Kachinas. Nadie encontró la auténtica Cibola, si alguna vez existió. Y si alguien hubiese encontrado Cibola, ninguna de estas historias hubiesen sido creadas.

Fuente Consultada: Abuelo es Verdad? de Luis Melnik –  Sitio Web Oficial del Gobierno de Venezuela

Primeras Travesia a Pie por la Patagonia Historia de las Exploraciones

Desde los primeros tiempos del descubrimiento se conocen algunos relatos más o menos documentados unos, y fantásticos otros, sobre dramáticas caminatas realizadas por la entonces misteriosa Patagonia.

El vasco de la carretilla
La última gran caminata patagónica o raid cuya calificación oscila entre lo anecdótico y lo deportivo, fue protagonizada en el año 1937 por un pintoresco individuo llamado Guillermo Isidoro Larregui, quien unió, caminando y empujando una carretilla, la localidad de Comandante Luis Piedra Buena —entonces Paso Ibañez— situada a orillas del río Santa Cruz, con la Capital Federal.

Relieve de la Patagonia

Relieve de la Patagonia

Esta hazaña, considerada por algunos como netamente deportiva, ya que su protagonista no aspiraba a conquistar premio o recompensa alguna, alcanzó en aquellos tiempos extraordinaria resonancia en todo el país, pues sobre la marcha de Larregui, que de inmediato fue rebautizado con el apodo de el vasco de la carretilla informaban constantemente los medios de difusión de la época.

Este raid patagónico, a diferencia de lo ocurrido en siglos anteriores, nada tuvo de dramático o histórico, pues el mismo se inició a raíz de una apuesta. El vasco, tras beber unas copas, comenzó a jactarse en rueda de amigos reunidos en un boliche de Laguna Grande, que era capaz de unir caminando ese paraje, situado a unos 120 kilómetros al noroeste de Comandante Luis Piedra Buena con la localidad de Puerto Deseado.

Un poblador que asistía a la reunión puso en chula que Larregui fuera capaz de realizar semejante  hazaña diciéndole, además, que no tenía ida de lo que era caminar mas de 400 Km. por aquellos secos y ventosos eriales. Esta observación , como es de imaginar dado el lugar donde estaban reunidos, provocó  acaloradas discusiones. Las mismas finalizaron al formalizarse la apuesta que, tal como se acostumbraba por allí, fue sellada con un apretón de manos ante más de una docena de parroquianos que oficiaron de testigos. Pocos días después, el vasco se puso en marcha y, empujando una carretilla en la cual llevaba agua, ropa, comida y una lona, se dirigió hacia Paso Ibañez. Como era época de trabajo, de inmediato se difundió la novedad de esta singular apuesta; y era mucha la gente que se acercaba a la huella para ofrecerle ayuda, comida, cigarrillos o simplemente para estimularlo o acompañarlo un trecho conversando con él.

Pero poco antes de llegar a Paso Ibañez, el estanciero con el cual había formalizado la apuesta comenzó a preocuparse por la aventura que había emprendido su paisano y de la cual todo el mundo allí se hacía eco. Tomando conciencia de que por su culpa algo grave pudiera sucederle andando solo por aquellos desiertos, tortuosos y polvorientos caminos, salió en su coche a fin de alcanzarlo, pagarle la apuesta, reintegrarlo a su trabajo junto con la carretilla y dar por terminada la caminata. Pero el vasco, al oír esa propuesta, se sintió herido en su amor propio y rechazó indignado la sugerencia de dar por finalizada su aventura. Tras sostener una agria discusión, se negó a cobrar el importe de la apuesta —quinientos pesos de aquellos tiempos— y agregó que, a partir de ese momento, su meta ya no sería Puerto Deseado sino la Capital Federal.

En Paso Ibañez fue ayudado por sus amigos que, según dijeron, no tomaban muy en serio sus proyectos, más como vieron que sería inútil disuadirlo, le ayudaron para acondicionar debidamente su carretilla, y tras proveerse de lo más indispensable, se despidió agradecido de sus colaboradores y se puso en marcha hacia su meta.
Tan solitaria y extraordinaria caminata, si bien finalizó exitosamente, estuvo matizada por algunos inconvenientes, entre ellos la salud que lo demoró en ciertos tramos, pero logró reponerse y proseguir viaje.

Finalmente, el 25 de Mayo de 1937, luego de recorrer paso a paso más de 2000 kilómetros, se le brindó en Buenos Aires, en la Avenida de Mayo, frente al local de un importante diario vespertino de entonces, un extraordinario recibimiento popular.

Acallados los ecos de su hazaña, se dirigió a Lujan siempre empujando su ya por entonces famosa carretilla, y la depositó en el museo donde se halla actualmente.

Ya familiarizado con la fama y el éxito, este vasco tan simple y sencillo como fuerte, porfiado y aventurero, inició otro raid hasta Santiago de Chile empujando siempre un artefacto similar. Luego de dar por finalizada su travesía trasandina, se dirigió con otra carretilla hasta Misiones, pues tenía proyectado radicarse definitivamente cerca de las cataratas del Iguazú, donde, cautivado por el sortilegio de aquellas tierras tan ricas en flores y pájaros, según declaró al periodismo, quería dar por satisfecha su sed de aventuras como empedernido trotacaminos.

Larregui, a quien se considera como el más extraordinario y famoso de los raidistas patagónicos, había nacido en Pamplona, España, y vino muy joven al país. Comenzó a trabajar como peón en los establecimientos rurales de sus paisanos en la Patagonia, aunque también realizó otras tareas. Falleció en Misiones en el mes de junio del año 1964, días antes de cumplir los ochenta años de edad.

Parte I

Primeras Exploraciones de la Patagonia Largas Caminatas Exploradores

Desde los primeros tiempos del descubrimiento se conocen algunos relatos más o menos documentados unos, y fantásticos otros, sobre dramáticas caminatas realizadas por la entonces misteriosa Patagonia.

La primera caminata
Los protagonistas de la primer marcha de que se tiene noticia fueron dos tripulantes de la carabela Santiago, de la flota de Magallanes, quienes unieron caminando Puerto Santa Cruz con Puerto San Julián. Esta nave, luego de descubrir el río Santa Cruz, naufragó a poco de salir de la bahía, pero toda la tripulación logró salvarse, excepto un negro que pereció ahogado. Su capitán, Juan Rodríguez Serrano, tras recuperar todo cuanto fue posible de la echazón, despachó por tierra dos tripulantes hacia Puerto San Julián en busca de ayuda, pues allí continuaban invernando las demás naves de la flota.

Replica Nao Victoria que llegó a la Patagonia

Esta primera caminata patagónica, que superó largamente los 100 kilómetros, fue realizada en pleno invierno a través de tierras áridas, frías, ventosas, desoladas y totalmente cubiertas de cascajo. Estos dos hombres que marcharon en condiciones sumamente precarias, arribaron a destino completamente agotados. Salvaron la vida porque sus compañeros, según explica el cronista Pigafetta, desde días atrás venían observando el humo de las hoguerras que encendían, y un grupo fue comisionado para investigar lo que ocurría.

Así fue como hallaron a los dos náufragos, ya completamente postrados, a cierta distancia del puerto al cual nunca hubieran podido llegar por sus propios medios. A raíz de este naufragio, Magallanes despachó también por tierra una partida en auxilio de la gente de la Santiago y, al decir de los historiadores, todos regresaron caminando a San Julián sin mayores inconvenientes. (En general, todas las crónicas aportan escasos detalles sobre este suceso).

Los náufragos de León Pancaldo
En el año 1538 naufragó en la barra del río Gallegos una de las naves de la flota que mandaba León Pancaldo, un genovés que en 1520 había participado, como tripulante, de la flota de Magallanes y del descubrimiento de la Patagonia. Algunos autores han dicho que la tripulación de esta nave, siniestrada en tan remotas latitudes, realizó la extraordinaria hazaña de recorrer caminando desde la desembocadura de aquel río hasta Buenos Aires, ciudad que dos años antes había fundado don Pedro de Mendoza.

Varios son los autores y comentaristas que en diversos medios de difusión se han hecho eco de este suceso, más lo cierto es que los documentos históricos que relatan pormenores de esta fracasada expedición, que tenía finalidades puramente comerciales, no aportan noticia alguna que permita avalar tan aventurada hipótesis.

Se hace notar, además, que resulta llamativamente extraño que una hazaña de esta naturaleza, y de características tan extraordinarias como espectaculares, no haya sido comentada ni citada por ninguno de los cronistas de aquellos tiempos. No se conoce ningún documento que acuse a León Pancaldo de desalmado por haber abandonado a su suerte a tanta gente en tan desolado y remoto lugar, y tampoco se conoce queja alguna de tan sacrificados caminantes que, de ser cierta su hazaña, debieron superar las peligrosas contingencias de por lo menos tres largos y gélidos inviernos, y otros tantos ventosos y secos veranos patagónicos. A todo esto debería añadirse la suerte realmente extraordinaria de no haber encontrado, a lo largo de tan extensa caminata, ningún grupo de indios hostiles.

En consecuencia, el raid de este grupo de náufragos, debido a la falta de documentos, hasta ahora no logra superar los límites de lo puramente imaginario, pese a que han corrido ya casi cuatro siglos y medio.

Expediciones del padre Mascardi
En las últimas décadas del siglo XVI, las crónicas históricas de las misiones jesuitas establecidas en la isla de Chiloé, registran los viajes —en realidad interminables caminatas-realizados por el padre Nicolás Mascardi, entregado por entero a su apostolado de catequizar infieles y obtener información que le permitiera ubicar la famosa y legendaria Ciudad de los Césares. Dichas crónicas atribuyen a este religioso el haber emprendido varias expediciones desde la misión del lago Nahuel Huapi.

Durante una de ellas, dicen que descubrió los actuales lagos Musters y Colime Huapi, y en otra se dice, con lujo de detalles, que tras alcanzar la costa atlántica, viajó a lo largo del litoral patagónico desde Puerto Deseado hasta la costa meridional del Estrecho de Magallanes, donde pudo constatar que por allí no existía vestigio alguno de la famosa y misteriosa ciudad que venía buscando.

Estas caminatas patagónicas, realmente fantásticas, del padre Mascardi, superan largamente la que algunos atribuyen a los náufragos de León Pancaldo, y las mismas están respaldadas
por gran acopio de documentos, tal como puede comprobarse en las páginas del libro Entre los tehuelches de la Patagonia, del padre Guillermo Furlong.

Tapary: 19 meses caminando

En 1753, los anales patagónicos registran otra caminata que alcanza ribetes extraordinarios, pues su protagonista, Hilario Tapary, un indio paraguayo, solo y librado a sus propios medios, unió caminando Puerto San Julián con el río Negro. La aventura de este indio guaraní duró algo más de 21 meses, de los cuales se calcula que durante 19 caminó constantemente a lo largo de la costa atlántica.

Desde el río Negro fue traído a Buenos Aires por unos indios, pues su patrón, al enterarse que los salvajes habían saqueado las instalaciones levantadas en Puerto San Julián donde éste había quedado en compañía de otras dos personas contratadas para preparar bolsas de sal, encomendó a los indios que solían visitar Buenos Aires y entre los cuales había algunos patagones, que averiguaran lo ocurrido en aquel lejano puerto y trajeran a su casa a los sobrevivientes, si los había, pues prometió recompensarlos generosamente.

Al reintegrarse a la civilización, Tapary narró a su patrón, don Domingo Basavilbaso, todo cuanto había ocurrido en aquel lejano lugar a partir del momento en que se alejó el buque que los había llevado. Este tomó por escrito su declaración, de la cual fueron incluidas cinco páginas en la Colección de viajes y expediciones a los campos de Buenos Aires y a las costas de la Patagonia, cuya primera edición data del año 1837, y es la primera que relata esta extraordinaria aventura.

Walampa: 400 kilómetros a los 80 años
En agosto de 1883, cuando las fuerzas del general Lorenzo Vintter apresaron en Puerto Deseado a la tribu de Orkeke, la hermana mayor del viejo caudillo tehuelche, llamada Walampa, fue abandonada a su suerte por considerar que, debido a su edad y estado, no resistiría el viaje hasta Buenos Aires, hacinada en las bodegas del transporte Villarino.

Sin embargo, esta anciana, al quedar sola, abandonada, desprotegida y desprovista de todo, emprendió viaje hacia el sur, y varios meses después, tras andar más de 400 kilómetros, alcanzó la margen norte de la bahía de Puerto Santa Cruz. Los integrantes de la Subdelegación Marítima, que entonces se había instalado en cañadón de los Misioneros, intrigados por las señales de humo que venían observando en la ribera opuesta, cruzaron la bahía con el bote, y prestaron socorro a esta infeliz mujer, a la que hallaron en un estado de total postración, siendo necesario llevarla en brazos hasta el bote.

Quienes la conocieron en la época en que finalizó esta tremenda caminata, decían que debía rondar los ochenta años. Pese a todo, logró reponerse de las contingencias de tan largo y agotador viaje, pues durante varios meses vivió en Cañadón de los Misioneros, y cuando un grupo de indios visitó el lugar, se marchó con ellos a los paraderos de la zona del estrecho, montando por sus propios medios el caballo que le prestaron.

Parte II

El Marco Polo de la Patagonia Muster Historias de la Patagonia

Musters: El Marco Polo de la Patagonia

Luego de leer el libro de Carlos Darwin en el que narra sus experiencias en la Patagonia, George Chaworth Musters, marino de 27 años al servicio de la Armada real inglesa, siente el “fuerte deseo de penetrar, si era posible, en el poco conocido interior… de esa región. Para ello, se dispuso a integrar una caravana tehuelche partiendo desde Punta Arenas en dirección al norte patagónico. Informaciones acerca del ‘carácter tehuelche y sobre la deleitosa diversión de la caza del guanaco —explica Musters— me hicieron ansiar más que nunca la realización de ese plan”.

Y así emprendió la tarea preparatoria para lo cual le ayudaba el conocimiento del español, lengua que los indios también conocían. Estaba convencido que era posible atravesar sin peligro el país en compañía de algunas de las partidas errantes de indígenas. A su paso por las Malvinas un conocido suyo, Mr. H. Dean, le dio una carta de presentación para el capitán Luis Piedrabuena, …. inteligente argentino muy conocido en Stanley. propietario de una goleta con la que explotaba las pesquerías de lobos de la costa, y dueño también de una factoría establecida en la Isla del Medio (Pavón) sobre el río Santa Cruz”.

En abril de 1869 Musters está en Punta Arenas y no advierte ninguna partida indígena, por lo cual se incorpora a una patrulla militar que se dirige a Santa Cruz, con el propósito de capturar desertores. Un par de semanas después está en la isla Pavón donde es recibido por Mr. Clarke, encargado del establecimiento de Luis Piedrabuena en ausencia de éste.

Casualmente, acampaban en la vecindad los célebres caciques Orkeke y Casimiro, al frente de una caravana que se dirige al norte; en el lapso en que transcurre el invierno, Musters, hábil diplomático, entabla cordiales relaciones con los tehuelches; los acompaña en travesías y cacerías cortas lo que les permite a los nativos evaluar su progresivo adiestramiento. Por último, Casimiro acepta su incorporación a la caravana e influye sobre Orkeke que se oponía al acompañamiento de Musters, argumentando que un hombre de su rango debía merecer un trato preferencial, lo que les haría perder tiempo y entorpecería la marcha. Sin embargo, el tenaz y astuto Musters demostraba a diario que no sólo podía

hacerse cargo de él mismo y de su caballo, sino también que había adquirido las costumbres indias participando en todo lo que hacían: dormir a la intemperie bajo una manta de piel de guanaco, comer con ellos y ser aguantador para los esfuerzos. Finalmente fue aceptado y partió con la caravana. Viajaban alrededor de cincuenta nativos de todas las edades: mujeres, niños, jóvenes y hombres.

El itinerario se hacía con previsión de los paraderos (aiken) en los que hallarían agua, pasturas, leña y carne. De Pavón, arriban al aike del río Chico y desde aquí, en un largo trayecto, hasta Geylum; luego continuaron hasta el río Negro (Patagones). En el largo y accidentado viaje Musters conoció y alternó con varios caciques importantes y se adentró como pocos en el conocimiento de la idiosincrasia tehuelche y su divulgación constituyó una novedad para los propios argentinos. Volcó toda esa rica experiencia en el libro At home with the Patagonians, editado en español con el título Vida entre Los Patagones. En el libro, por primera vez, se realizó una descripción objetiva y amplia del interior de la Patagonia.

A lo largo de su marcha presenció tristes y lamentables episodios: la epidemia que hizo estragos matando adultos y niños, quienes gemían lastimosamente mientras las mujeres emitían desgarradores lamentos; y también las disputas que terminaron con la vida de la mitad de los hombres, que caían atravesados por lanzas o acuchillados. Exploradores de la talla de Moyano, Lista, Del Castillo y Moreno valoraron positivamente los aportes de Musters quien, según Moreno, fue un gran “consejero”.

Afectivas referencias de Musters fueron expresadas por los nativos que integraron la caravana, con quienes tuvo un respetuoso y ejemplarizador trato. Recuerda Moreno que al leerles algunos párrafos del libro de Musters a un grupo de indios, la conocida india tehuelche llamada María, comenté: “Musters mucho frío tenía; muy bueno pobre Musters”.

Ramón Lista y Fontana también escucharon referencias elogiosas sobre Musters a varios indígenas que pronunciaban claramente su nombre. Cuando se despidieron, en Patagones, hubo muestras de efusividad y los tehuelches invitaron a Musters a regresar a la “pampa” lo mas pronto posible”. El inglés obsequié a la señora Orkeke una olla de hierro y un chal, lo que la conmovió mucho. Los chicos se alegraron cuando les regaló pasas de uva, pan y golosinas y también el hijo del indio Hinchel cuando fue obsequiado con barajas.

Cuenta Musters: “A la mujer y a la hija ele Jackechan, que se habían mostrado siempre muy bondadosas con migo, las llevé al almacén y les dije que eligieran lo que más le gustaba: y en el acto, sin vacilar, las dos señalaron dos frasquitos de perfumes para los cabellos. Tengo que advertir, de paso, que toda esa familia era excepcionalmente limpia en sus ropas y personas, y prometí viajar en el toldo de ellas si volvía a la Patagonia, porque tenía entonces la vaga intención de ir por la costa del mar hasta el Chubut y. tal vez, hasta Santa Cruz. El hijo de Jackechan, el muchacho de pelo y tez claros, se ofreció para venir a Inglaterra y consentí en tomarlo a mi cargo, pero cuando supo que no había avestruces ni guanacos en el país adonde íbamos, cambió de parecer “.

Desde su partida de Punta Arenas hasta la conclusión de su travesía en Patagones, Musters, en poco más de un año, recorrió unos 2.750 kilómetros. Tal hazaña le valió una honrosa comparación: fue llamado “El Marco Polo de la Patagonia.”

 Fuente Consultada:  Patagonia El Territorio de la Aventura de Roberto Hosne

El Rey de la Patagonia Auracania Chile Historias de la Patagonia

Orllie Antoine de Tounens era el sexto hijo de una familia de buena posición, sin título de nobleza, que habitaba en Francia. Nació en mayo de 1820, se recibió de abogado siendo joven y actuó en los tribunales galos. En 1858 decidió ser rey. Viajó a Panamá, cruzó por tierra hasta el Pacífico y se embarcó rumbo a Chile. Aprendió castellano, escribió un libro sobre los animales domésticos, se hizo llamar Príncipe de Tounens, tejió relaciones en Valparaíso y tomó contacto con los jefes de las tribus araucanas y mapuches.

Su Historia: Orlli Antoine de Tounens, nació en mayo de 1820, sexto hijo de una familia pudiente, pero sin posesión de algún título de nobleza, residente en Francia. De muy joven hizo ejercicio de su profesión: abogado, en donde actuó en los tribunales galos; para posteriormente en 1858, tomar la decisión de ser rey.

Este, se hizo llamar Príncipe de Tounens, y con un aprendizaje del castellano, viajó a Panamá, en donde cruzó por tierra hasta el Pacífico y se embarcó finalmente hacia Chile. Aquí es donde tejió relaciones en Valparaíso, porque estableció contactos de gran importancia con los jefes de las tribus araucanas y mapuches. Además este príncipe escribió un libro en que relataba sobre los animales domésticos.

Así es como se puede afirmar, que este protagonista mantuvo negociaciones con los caciques. A tal punto, que con una tupida barba, abundante cabellera, vestido de levita, a cuestas un poncho mapuche, junto a un sable corvo en la cintura; sirvió como carta de presentación en la primera cita que asistió con los nativos. Con un discurso muy análogo en todos los territorios aborígenes, fue recorriendo poblaciones y entablando amistad son sus jefes.

Su propósito siempre fue asegurarles una protección, en este caso era la del rey francés Napoleón III, ya que tenían como objetivo en común vencer al gobierno chileno o argentino, según cual fuere el caso. Sus encuentros se destacaban por se plenamente divertidos, ya que el candidato a rey proveía alcohol como agua de manantial. Sin embargo, en un primer momento este no tomó contacto con la República Argentina, cuestión que si lo hizo tempranamente con el gobierno Chileno, al cual le planteaba que su misión era pacificar a la indiada y para ello solicitaba ayuda logística, incluyendo en ella dinero. Es decir que este francés charlatán comenzaba una gira diplomática, la cual con el correr de los años lograría sus frutos. Pero para ello, en un primer momento debió establecer un sólido acuerdo, porque sino de nada le serviría el palabrerío, con el impetuoso Quilipán; el gran cacique de los territorios chilenos. Esto fue posible recién en la primavera de 1860, cuando ambos se reunieron en una cumbre.

Tal como ya era costumbre, los festejos se hicieron presentes y en ella el vino era el motivo de entusiasmo de la indiada, y hasta los hijos del cacique Quilipán. Uno de ellos, fue Kolüpan el cual se caracterizaba por su bravo carácter y por marchar por la vida con un grado de descontrol. Este galopaba su caballo preferido hasta un peñasco. Su destreza era justamente que este pingo frenara de golpe y quedara finalmente con sus manos, es decir sus patas delanteras alzadas al precipicio. A tal punto que ello mismo lo llevo a su deceso. Sí, las causas y motivos de este accidente no se saben, pueden haber sido tantas; desde que esa tarde le fallaron los frenos o si el diestro Kolüpan padecía de un estado de ebriedad, pero lo que si se sabe es que el caballo de este hijo cacique, no solo dejó las manos en el aire, sino que junto a ellas las dos patas traseras, resultando la caída inmediata de esta dupla al fondo del precipicio. Así la celebración continúo, solamente que hubo un cambio de motivo, en donde reinaba una sensación de pésame junto al ofrecimiento de incansables regalos al afligido Quilipán, por parte de los integrantes de su tribu.

A la fila de obsequios se sumó el francés Orllie, quien comprendió de que se trataba ese angustioso hecho. Por ello regaló su caballo, el cual se diferenciaba enormemente de los otros que pastaban en el corral de la tribu, ya que era un ejemplar joven, de buen porte y por sobre todo bien cuidado. Tal es así, que Orllie gracias a este obsequio inicia su cuenta regresiva hacia la corono patagónica, tras ganar la gratitud del gran cacique.

No obstante, el 10 de noviembre de 1860 se da origen a la monarquía constitucional del terruño, ya que Orllie denomina el territorio Araucania, para la cual este le redacta un preámbulo y una posterior Constitución que lo avala como tal. El entusiasmo fue notable por parte de los constituyentes encargados por el hecho de la sumisión de los nativos, que queda reflejado en el documento según las firmas. Pero ello, desató una organización temprana con el propósito de atacar a los poblados chilenos. Sin embargo, ello no fue efectivizado debido a que el traductor al mapuche se les hizo saber mediante un aviso a las autoridades chilenas.

Este lúcido rey fue enviado a que se capture en manos del coronel Cornelio Saavedra (este era nieto del Célebre Cornelio de 1810, encargado de la “campaña del desierto” del otro lado de la cordillera). Finalmente Orllie- Antoine fue detenido en manos de Saavedra, quien lo llevó hasta Valparaíso, lugar en el cual este francés iba a ser juzgado. Desde ese momento estuvo encarcelado hasta siete meses después, momento en el cual los peritos médicos establecen que este hombre no estaba en su sano juicio. Ello implicaba, que no se le pudo realizar un juicio justo y acorde a los hechos, porque no poseía la cordura de una persona sana. Este hecho y tras haber estado internado en un manicomio durante nueve meses, el cónsul francés decide que Orllie regrese a Francia, para ello lo introduce en un marco que marcó el retorno de este rey a casa. Pese a ello, regresar a su reino fue el propósito de su majestad patagónica, quien insistió con este proyecto e inició una campaña que buscara recaudar dinero para este retorno tan ansiado. Finalmente esto se pone de manifiesto en 1869, cual consigue un financista que permite que Orllie se embarque hacia el continente americano, más precisamente con destino último: Buenos Aires. Pero ella fue partícipe de una corta estadía por parte de su majestad, ya que ni bien pudo, partió hacia el sur.

La bahía de San Antonio, en Río Negro fue su punto de desembarco, ya que a partir de allí inició una caminata hacia el oeste, recorriendo todo su reinado. Este monarca no fue reconocido por sus súbditos, cuestión que se refleja tras el encuentro en esta caminata con una tribu poco amigable, en donde Orllie casi termina decapitado. Pese a ello este se las ingenia para hacerles comprender que su principal aliado siempre lo fue Quilipán, y que el era tan mapuche como ellos, porque esa pertenencia se adquiría tanto por nacimiento como por los hechos y sentimientos. Gracias a estos argumentos, este franco mapuche salva su vida nuevamente.

Sosteniendo que era tiempo de emprender la gran guerra, Orllie puso un pie en Chile tratando de localizar al grandioso Quilipán para convencerlo de esta suposición. Sumado a ello, le aseguraba que en un breve lapso de tiempo contarían con armas enviadas desde Francia, por lo que entonces no había porque temer a este hecho.  No obstante, estas promesas quedaron en la nada y lo único que se hico presente fue el descontento de sus seguidores del reino, por lo que resultó en un progresivo abandono de la lucha y consecuentemente Orllie-Antoine I, no le quedó otra cosa más que regresar de donde vino. En un primer momento lo hizo hacia tierra argentina, pero luego culminó a la abierta Buenos Aires de 1871. Sin embargo, lo único que encontró tras su vuelta fue una ciudad vestida de luto, por las consecuencias inmediatas de unas semanas acaecidas por la fiebre amarilla, que arrojaron un saldo de 15.000 personas fallecidas. Esto determinó que al fin de cuentas, su majestad regrese a su país de procedencia.

Orllie de Tounens, fue un ciudadano común que pasó a ser un príncipe, que firmando un documento se convirtió en rey; junto a él un secretario invisible llamado Desfontaines, cuya denominación era coincidente con el barrio donde residía el príncipe cuando todavía no lo era, fueron quienes redactaron la Carta Magna. Sumado a ello, Quilipán fue nombrado ministro de guerra; Quelaoeque era el ministro del Interior; Marioula era ministro de agricultura y ninistro de relaciones Exteriores fue monsieur Mointret. Todos juntos integraron su gabinete. Sin embargo, este último fue el único miembro no nativo, que por su dominio de la lengua castellana y Francesa asume la cancillería.

Se puede afirmar, que nuestra patagonia no integró la comarca de Orllie-Antoine I, cuando se originó la Araucaria. Este reino tenía unos dos millones de habitantes aproximadamente. Y por necesidad y urgencia, recién el 17 de noviembre se decreta al territorio argentino como su nueva anexión. Una vez lograda la constitución, el nuevo rey parte de expedición por sus tierras las cuales eran cuatro veces más extensas que su tierra nativa. En este recorrido las colonias mapuches proclamaron su sumisión, lo que se celebró a partir de magníficas fiestas. Ellas fueron cuatro, en donde lo que abundó fue la bebida como si fuera la última celebración que vivenciarían.

La comunicación de la creación del reino de Nueva Francia, fue el paso posterior de este monarca, que lo hizo desde la escritura de cartas a sus compatriotas franceses. Este reino llevó un nombre que cambiaba muy seguido según el interlocutor que este presente. Orllie decidió renunciar a la ciudadanía francesa, pero era una cuestión que se confesó en diarios chilenos, pero que evitaba hacerlo público en su patria natal. Pero ello se manifestaría mas tarde, cuando en su firma diría: “Orllie-Antoine, rey de Auracania y Patagonia, es decir, Nueva Francia”.

Mientras tanto, el músico alemán Wilheim Frick, fue contratado en Chile para componer el “Himno Real a Antonio Orelie”. Además confeccionó una bandera representativa de su reino que enarbolaba los colores azul, blanca y verde; junto a un juramente por parte de sus vasallos en cada tribu. Su inquietud también se manifestó en Francia, donde planificó toda una estrategia comercial, y nombró un cónsul en Inglaterra. Un gran paso que realizó y que sirvió para facilitar el intercambio mercantil, fue redactar un diccionario francés-mapuche. Sumado a ello, hoy los coleccionistas consideran como tesoros, las monedas de cobre que el mandó a acuñar. Este reino de “La Nouveile France”, facilitado por las campañas mediáticas logró poseer un período, cuya impresión se realizaba en Marsella, lugar de radicación de sus auspiciantes. Finalmente, en 1874 Orllie volvió a cruzar el océano para desembarcar en sus dominios, más precisamente en la capital de la República Argentina. Pero esta vez lo hizo con un nombre diferente: Jean Prat, un hombre con extensa barba, pero con un gran entusiasmo y fuerza de voluntad que lo caracterizaban.

Poco tiempo después se instaló en Bahía Blanca. Pero fue descubierto, encarcelado y deportado. El periódico estadounidense New York Times, al relatar la historia del llamativo personaje, explicaba que el negocio que se escondía detrás de toda la fachada monárquica era la comercialización del guano, que la Argentina no estaba en una situación de calma interna que le permitiera ocupar su tiempo en lidiar con reyes patagónicos y que don Orllie se había equivocado de país, ya que si hubiera ido a los ilusos Estados Unidos, lo habrían hecho participar de comidas, agasajos y muchos otros actos en su honor.

El cuarto viaje del rey de Araucania y Patagonia tuvo lugar en 1876. Se instaló en la isla Choele Choel (Río Negro), aunque no por mucho tiempo. El monarca estaba enfermo y partió de regreso en su último viaje transatlántico. Durante su convalecencia, el presidente del tribunal francés que lo juzgaba, un ex periodista de apellido Planchet, le robó la Constitución para apoderarse del título y viajó a la Patagonia con intenciones de hacerse respetar por los nativos. La falta de respeto de la indiada fue tan evidente que debió regresar a Francia, donde Orlhie, por su honor y el de sus súbditos, lo retó a duelo. Pero a un duelo singular, con lanza y boleadoras. Planchet renunció al combate por la corona. El monarca de los araucanos no quiso dejar su reinado en manos de inescrupulosos y repartió títulos de nobleza entre sus allegados. A uno lo nombró Barón de Belgrano, a Otros les confirió la Orden de la Estrella del Sur.

Orllie Antoine de Iounens murió en Bordeaux, Francia, el 17 de septiembre de 1878. El escultor de su tumba, al no saber cómo era la corona que debía esculpir, decidió imitar la que usa el rey de corazones de la baraja francesa. En sus últimos días, Orllie había dicho: “Sí, he sido un completo chiflado. Pero, ¿quién iba a pensar que Francia podría negarse a anexar tan espléndidas colonias?”. Antes de morir, delegó su reinado. El conde patagónico Gustave Aquiles Leviarde —su primo segundo— heredó el trono, con el nombre de Aquiles I.

Se ocupó de nombrar funcionarios y embajadores, pero nunca viajó a Sudamérica. Cuando sintió que se acercaba su fin, envió a su Primer Ministro, el conde de Bellegarde, a Pittsburgh (en Pensilvania, Estados Unidos) con el fin de negociar con el poderoso industrial del acero Andrew Carnegie —el Bill Gates de hace cien años— la venta del título. En un principio el multimillonario Carnegie se interesó. Las reuniones se extendieron por seis semanas. Incluso viajó un teniente de ingenieros del ejército austríaco, a quien Aquiles nombró Jefe de Topografía, para que dibujara un mapa del reinado en venta. Pero los emisarios no lograron convencerlo y Carnegie se perdió la posibilidad de hacer el negocio que luego entusiasmaría a Ted Turner, Luciano Benetton y Joseph Lewis.

Aquiles I murió el 18 de marzo de 1902, en su pequeño departamento parisino, en la Plaza de las Naciones, víctima de una neumonía. Su canciller que trabajaba de encargado de un bar, explicó a los medios que el rey Aquiles había nombrado un sucesor, pero él no podía anunciarlo hasta que se cumplieran las reglas de etiqueta: primero había que informarles sobre la sucesión la los monarcas europeos y a los presidentes americanos! Bien pensado, lo de las reglas de etiqueta, salvo por el detalle de que todos sabían que el hombre tenía más familiaridad con las etiquetas de las botellas que expendía.

A Aquiles 1 lo sucedió el médico Antonio Hipólito Cross —Antonio II—, quien murió al año siguiente. Sus descendientes intentaron vender el título a algún millonario, pero no aparecieron interesados.

 Fuente Consultada:  Basado en Historias Insólitas de la República Argentina de Daniel Balmaceda

Luis Piedrabuena Explorador de la Patagonia Moreno Lista

Luis Piedrabuena Explorador de la Patagonia

Luis Piedrabuena, el “Centinela del Sur”

Luis Piedrabuena Explorador de la PatagoniaLa indócil y desmesurada extensión patagónica se enfrentó, en ocasiones, a protagonistas de igual temperamento, que la desafiaron revelando un temple y una audacia excepcional. Tal fue el caso de Luis Piedrabuena, llamado el “Centinela del Sur”. Nació en Carmen de Patagones el 23 de agosto de 1833, y desde los primeros años, escuchando relatos sobre corsarios y loberos fue tentado por la vida marinera, imaginando que el mundo estaba más allá de su pequeño pueblo y él debía abordarlo.

Su entusiasmo por la navegación fue advertido, cuando solamente tenía nueve años de edad, por el capitán E Lennon quien lo embarcó como grumete. En 1847, el capitán William H. Smiley, veterano lobero norteamericano lo toma en su barco y Piedrabuena se inicia en un verdadero aprendizaje marino. Durante años navega el litoral atlántico, conoce las principales islas y recorre la península antártica, interviniendo en la captura de lobos y ballenas.

El capitán Smiley advierte las singulares dotes de Piedrabuena y patrocina su capacitación, enviándolo a formarse a una escuela náutica de Nueva York. Regresa a los tres años con diploma de piloto y conocimientos generales de mecánica y carpintería náuticas. Luego de navegar un período con el lobero norteamericano se independiza y se desplaza en su propia embarcación a la vez que amplía sus actividades, instalando un almacén de ramos generales en una pequeña isla próxima a la desembocadura del río Santa Cruz.

Fitz Roy la llamó “Islet Reach”. y Piedrabuena la rebautizó Pavón, en recuerdo de la batalla que libró Bartolomé Mitre. En sucesivos viajes fue acopiando materiales para construir una vivienda con varias dependencias y un galpón. Sus clientes serían los indios y eventuales viajeros a quienes vendería alimentos y algunos “vicios” recibiendo a cambio plumas, cueros y quillangos. Como él continuaría navegando deja el negocio al cuidado de sus dependientes. Piedrabuena era ya un avezado conocedor de los mares australes y de sus costas y percibe con alarma la penetración chilena sobre regiones que conceptuaba de exclusiva soberanía argentina.

Sus advertencias al gobierno nacional, en principio, no fueron tomadas en cuenta. En 1864 la Marina de Guerra lo nombré capitán honorario, sin percibir sueldo alguno porque no quería abandonar sus actividades particulares. A su cargo, con instrucciones expresas, envía al marino inglés G. H. Gardener a explorar el río Santa Cruz, bordeándolo a caballo acompañado por dos peones en una travesía que demandó treinta y tres días. Gardener llega al lago donde nace el río, releva el área y presenta su informe a Piedrabuena que, a su vez, lo despacha al ministerio de Relaciones Exteriores.

En 1869 instala otro almacén de ramos generales en Punta Arenas, Chile y seguidamente, con materiales que le cede el gobierno de Buenos Aires construye refugios para náufrag9s en la isla de los Estados y en San Gregorio, en el estrecho, pero debe retirar este último por exigencia de los chilenos.

En Punta Arenas sus movimientos son observados porque se lo considera un agente del gobierno argentino pero su prestigio como marino impide cualquier arbitrariedad. Además, sus servicios siempre son requeridos para acciones de salvatajes, siendo meritorias sus intervenciones ya que rescaté varias naves y puso a salvo a más de doscientas personas, lo que le valió innumerables agradecimientos y simbélicos presentes, entre otros, de la reina de Inglaterra que le obsequié binoculares, o del emperador alemán que le envié un anteojo telescopio.

Sin embargo, las intrigas urdidas por el gobernador de Punta Arenas para desacreditarlo provocaron situaciones ingratas y Félix Frías, embajador argentino en Chile, se hace eco irreflexivamente de los infundíos y sin información fehaciente informa a Buenos Aires que Piedrabuena es económicamente insolvente, que está agobiado por las deudas, que es propietario de una desacreditada taberna y vende a los indios lo que el gobierno argentino le cede para asistirlos, comercializando, además, los materiales que le envíaó para distintas tareas de fomento.

El embajador también objeta la condición de oficial de la Marina de Guerra ostentada por Piedrabuena. Mientras tanto los chilenos establecen una Capitanía en Cañadón Misioneros, sobre la ribera sur del río Santa Cruz, frecuentemente visitada por barcos de guerra. Hay rumores de guerra y el gobierno recurre a Piedrabuena en busca de asesoría porque salvo él, no había nadie que supiera algo del sur patagónico y los mares australes.

Es de tal valor la información que suministra Piedrabuena, que el propio embajador Frías tiene que reconocerlo: <‘ su informe ha venido a prestarme un gran servicio. …Hombres patriotas puros como usted tarde o temprano tienen su recompensa. Las incursiones chilenas incentivan los viajes de reconocimiento a la Patagonia y es Piedrabuena quien asesora y orienta a diversas misiones que integran Carlos María Moyano y el Perito Moreno.

En su goleta Santa Cruz entrena a cadetes y tropa, lo que lo convierte en un instructor de la marina de Guerra. En 1878, por decreto, el presidente Avellaneda lo nombra coronel de la marina de Guerra, pero Piedrabuena sigue navegando por los mares australes sin dejarse atrapar por la burocracia o cargos que se le antojaban cómodos.

El súbdito británico Henry L. Reynard (que introdujo ovejas provenientes de la Malvinas y dio un gran impulso a la cría de ovinos en toda la región, convirtiéndose en su mayor fuente de ingresos) escribió en el periódicoNavy: ‘Don Luis Piedrabuena, cuya noble conducta no tan sólo honra a él sino también en alto grado a la nación que tiene hombres tan intrépidos y humanitarios como el que tratamos… consiguió salvar a tripulantes de una muerte casi inevitable, recoger los despojos del Espora, con una parte de ellos construir un galpón para resguardar a sus marineros de la cruel intemperie de aquella isla (de los Estados) y por fin, con un ingenio poco común construir con esos fragmentos del naufragio el cúter que habría de servirles de tabla de salvación”.

En febrero de 1873 Luis Piedrabuena navegaba con el Espora frente a la isla de los Estados y un temporal provoca el naufragio de la nave en la Bahía de las Nutrias. Luego de varias jornadas de ociosa vigilia advierte que por allí no pasaría nadie y con lo que puede rescatar de la nave construye un cúter (embarcación de un palo) con la ayuda no muy efectiva de cuatro tripulantes porque otros cuatro estaban enfermos. Con dos sierras y un hacha construyeron en dos meses un bote de doce metros que bautizaron Luisito.

Dieciséis días más tarde fondean en Punta Arenas. Su última tarea fue la de conducir la misión del Instituto Geográfico Argentino dirigida por Giacomo Boye, en una expedición que se prolongó durante ocho meses. Desde su lecho de enfermo da instrucciones para la colocación de faros en el estrecho de Le Maire; días después, a los cincuenta y un años, fallece.

La Nación, comentó: “Es un hecho histórico que a los trabajos del comandante Piedrabuena y a su patriótico anhelo se debe en gran parte la reivindicación de los territorios australes de la República Argentina, sobre los cuales él fue el primero en llamar la atención, pudiendo decirse que por mucho tiempo los defendió solo, con un pequeño buque de su propiedad, con el cual navegaba por los canales magallánicos velando por aquellos y estorbando su ocupación por otros Piedrabuena nunca se enriqueció con sus actividades comerciales, al contrario, pero aun agobiado por sus problemas jamás se negó a efectuar salvatajes o acudir en auxilio de alguien en peligro. Se brindaba al servicio como si fuera su verdadera y definitiva causa.”

ALGO MAS SOBRE PIEDRABUENA

La recompensa oficial por la infatigable labor de Piedrabuena consistió en otorgarle en propiedad la Isla de los Estados, donde fundó una estación de salvamento permanentemente habitada. Según la prolija compilación efectuada por Felipe Cárdenas (h.) en un artículo de divulgación histórica, “en 1849 (tenía entonces 16 años) salvó en la Isla de los Estados a 25 náufragos de una fragata alemana.

El mismo año buscó a los misioneros ingleses de la isla Navarino, a los que encontró muertos y les dio cristiana sepultura. En 1857 rescató a 42 náufragos de una ballenera norteamericana, cerca de Bahía Nueva. En 1872 se prestó a viajar expresamente para buscar a los tripulantes de una goleta inglesa, en la bahía Fortescue, los que que ya habían sido asesinado por los indios; en esa oportunidad varó el pailebote que comandaba Piedra Buena y éste debió regresar a Punta Arenas en bote.

Al año siguiente salvó con el célebre cúter Luisito a 6 náufragos de un navio inglés perdido en la Isla de los Estados.” Un año antes de esta última aventura Piedrabuena había cumplido una proeza difícil de igualar, que lo salvó de una muerte segura. Después de dos años de intenso trabajo, el marino recaló en la bravia Isla de los Estados con su goleta Espora, dispuesto a instalar una fábrica  de  aceite  de foca y pingüino. 

Lo acompañaba un  puñado de curtidos marinos, familiarizados como su jefe con el frío y los temporales.   Nadie suponía, sin embargo, que el 10 de marzo un furioso vendaval echaría a pique la nave poniendo al grupo en difícil situación.   Sin barco en que partir, sin poder aguardar el verano porque en pocas semanas morirían de hambre, con escasísimas posibilidades1 de  que alguien  llegara a rescatarlos, las perspectivas eran desalentadoras.  

Piedrabuena mostró nuevamente entonces su talla de hombre excepcional. Con los escasos clavos rescatados del Espora y  los  maderos  del   barco hundido,   sin  planos,   cálculos   ni medidas, a puro ojo, los náufragos se pusieron a construir una embarcación.   Las condiciones distaban de ser propicias, pues a la lucha contra el clima cada vez más frío se unía la diaria necesidad de salir en busca de huevos de pingüinos de mariscos, de cualquier alimento que apareciera.  

A pesar de todo, el 11 de mayo, un mes después de iniciada la tarea, los barbudos y extenuados marinos pudieron botar un cúter de 11  metros de es lora, 4 de manga y 18 toneladas de desplazamiento, una construcción   increíble   realizada   casi   sin herramientas  ni  materiales.  Quince días después la pequeña nave, bautizada Luisito, entraba en el puerto   chileno   de  Punta  Arenas. Piedrabuena había cumplido una más de sus hazañas.

 Fuente Consultada:
Patagonia El Territorio de la Aventura  de Roberto Hosne y Historias Insólitas de la República Argentina de Daniel Balmaceda

Darwin en la Patagonia El Secuestro de Aborigenes Fritz Roy Beagle

Darwin en la Patagonia:
Expediciones de Parker King y Fitz Roy

En 1830, el teniente Robert Fitz-Roy, comandante del barco británico HMS Beagle, raptó a Jemmy, de 14 años, y a otros tres niños de Tierra del Fuego. Quería llevarlos a Inglaterra, con el fin de educarlos al estilo de vida europeo. Jemmy se maravilló con el cambio: se cortó el pelo, se vistió de traje y corbata, conoció al Rey Guillermo IV, aprendió inglés y mecánica. Tres años después, Jemmy volvió a Wulaia, su pueblo, cargado de ropa, palos de críquet y juegos de té. Objetos inútiles, que no lograron entusiasmar a otros yaganes y que Button terminó abandonando.

Entre las expediciones más importantes con propósitos de exploración y relevamiento patagónicos, se cuentan las que realizaron los marinos ingleses Phillip Parker King, entre 1826 y 1830, continuada por Roberto Fitz Roy (imagen) en 1832 y 1836.

En el lapso de diez años efectuaron amplias y detalladas investigaciones desde el sur del río de la Plata hasta Tierra del Fuego, siendo registradas en interesantes informes y relatos no exentos de sorprendentes episodios. Los secundó un calificado plantel de científicos y oficiales, sobre todo en la segunda expedición al mando de Fitz Roy, en la que viajó Carlos Darwin.

Las naves de la primera incursión fueron Adventure y Beagle. A comienzos de 1827 fondean en el estrecho de Magallanes, cerca de Port Famine (Puerto Hambre) y realizan un extenso relevamiento en toda la región y descubren el canal que bautizarían Beagle.

Hallándose en las proximidades de la isla Navarino —según relataron los ingleses—, un grupo de yaganes les roban una lancha ballenera. Estos, para escarmentarlos, tomaron cuatro rehenes y los mantuvieron a bordo.

Otras versiones interpretan que los retuvieron en cautiverio para educarlos y formarlos como guías e intérpretes, según una modalidad británica, para influir sobre sus hermanos de raza. Lo cierto es que los nativos viajaron a Inglaterra: una adolescente bautizada Fuegia Basket (Cesta fueguina); y tres jóvenes: Jemmy Button (Jemmy Botón, por él se pagó a sus padres un enorme botón de nacar);Boat Memory, (en recuerdo del bote perdido) y York Minster, (en memoria del cabo que organizó la captura).

Fitz Roy se hizo cargo de todos los gastos que demandarían su educación, mantenimiento y ropas. En Inglaterra se hicieron célebres, siendo recibidos por el rey Guillermo IV y la reina Adelaida, quienes los agasajaron con obsequios y a Fuegia Basket le regalaron un ajuar de boda junto con un gorro de batista de la propia reina.

El inglés Charles Darwin, (1809-1882) en su libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo hay definiciones memorables sobre la Patagonia que tienen asombrosa vigencia.

El segundo viaje en el Beagle (imagen abajo) , al mando de Fitz Roy, se inició en diciembre de 1831 y en esta expedición viajaba Carlos Darwin en razón de que Fitz Roy pretendía incluir a un naturalista y por no disponer de presupuesto se le ocurrió invitar a un estudiante de ciencias naturales que si bien no cobraría honorarios, a cambio viajaría sin desembolso alguno. Carlos Darwin, con 23 años, se alistó como voluntario. En la tripulación se incluía también al Rvdo. Richard Mathews con la misión de catequizar a los aborígenes.

Fitz Roy no había contado con que en sus años de ausencia, la sensibilidad política había ido cambiando. Mientras que los tories eran esclavistas con toda su alma, los whigs (liberales) eran abolicionistas, y habían conseguido en el intertanto que la esclavitud efectivamente se prohibiera en Inglaterra (el Beagle había pasado cerca de cinco años fuera). De inmediato, en las altas esferas políticas se decidió que Jemmy Button, así como sus tres compañeros, que legalmente ya no eran esclavos, fueran por tanto devueltos a Tierra del Fuego, desde donde habían sido sacados contra su voluntad.

De los cuatro yaganes regresaron tres porque Boat Memory había muerto a causa de la viruela no obstante haber sido vacunado y recibido un tratamiento cuidadoso; era el preferido de Fitz Roy porque además de bien parecido era muy inteligente. El marino los había hecho vacunar a todos, preventivamente, por la facilidad de los indígenas para contagiarse al contacto con los blancos. Regresaron con muchos regalos, instruidos, con conocimientos del idioma inglés y de oficios como herrería, carpintería y tareas de labranza.

En cuanto a York Minster que tendría unos veintisiete años cuando lo capturaron no reveló interés en el aprendizaje, pero sí se comprometió con Fuegia Basket.  Empezaron por labrar la tierra y construir las chozas y mientras lo hacían se acercaban los nativos, recelosos, a observar como trabajaban. Cierto día llegaron la madre y los hermanos deJemmy, que casi había olvidado su idioma natal y, según refirió Darwin, sólo se miraron sin evidenciar expresiones de afecto; la madre se fue en seguida a cuidar la canoa.

Entretanto el Beagle había zarpado para continuar con las tareas de relevamiento y cuando regresa, semanas después, Fitz Roy halla al clérigo asustado y deprimido, enterándose que fue atacado y apedreado por los yaganes quienes, además de burlarse le despojaron de sus pertenencias a él, al matrimonio y a Jemmy.

El reverendo, por orden de Fitz Roy abandona Wulaia y regresa con el Beagle, que zarpaba para efectuar exploraciones y reconocimientos en San Julián y en el río Santa Cruz, donde avistan la cordillera aunque no pueden cumplir su propósito de llegar hasta la naciente del río. El relevamiento, empero, fue muy útil y referencias sobre esa esforzada tarea están contenidas en el libro “Diario de un naturalista alrededor del mundo”, que Carlos Darwin publicó en 1839.

“Al revivir imágenes del pasado —escribió Darwin— encuentro que con frecuencia se cruzan ante mis ojos las planicies patagónicas, empero las misma son juzgadas por todos como las más miserables e inútiles. Se caracterizan sólo por cuanto poseen en  negativo: sin habitantes, sin agua ni árboles, sin montañas, sólo poseen plantas enanas. ¿Por qué entonces —y el caso no es peculiar sólo para mí— tienden esas tierras áridas a tomar posesión de mi mente? ¿Por qué la más plana, más verde y fértil pampa, que es útil al ser humano no produce igual impresión? Apenas me lo explico, pero en parte debe ser por el horizonte que aquellas dan a la imaginación”

UNA CURIOSIDAD: En octubre del 83, Charles Darwin, el gran naturalista, visitó Santa Fe. Era entonces gobernador de esa provincia el patriarca de la Federación, general Estanislao López.

Los días 3 y 4 del mes mencionado, afectó a Darwin un violento dolor de cabeza, de tanta magnitud que lo obligó aguardar cama. Y en el diario de su viaje, relata que una generosa anciana que lo cuidaba le aconsejó ensayara para aliviar su dolencia algunos remedios caseros que ella bien conocía. Y dice Darwin: «En la mayor parte de casos parecidos se acostumbraba aplicar a cada sien del enfermo una hoja de naranjo y un trozo de tafetán negro; es aún más usual cortar un haba en dos partes, humedecer estay aplicarlas asimismo a las sienes, donde se adhieren fácilmente.

Pero no se crea que sea conveniente quitar esas medias habas o esos trozos de tafetán; hay que dejarlos donde están hasta que se desprenden por sí solos. Algunas veces, si se pregunta a un hombre que ostenta en la cabeza esos trozos de tafetán qué le ha ocurrido, contesta por ejemplo: “Tuve jaqueca anteayer.

Los habitantes de este país emplean remedios muy extraños, pero demasiado repulsivos para que de ello pueda hablarse. Uno de los menos sucios consiste en dividir en dos unos perritos para amarrar los trozos a uno y otro lado de un miembro fracturado.

A tal fin es muy buscada aquí cierta raza de perros pequeños desprovistos de pelo (…)». Sin dudas que Darwin a quiso refiere a los perros «pila» completamente desprovistos de pelo, muy friolentos, que solían utilizarse como calienta-pies y que también eran útiles para el tratamiento del reuma, brindando su calor permanente, refugiados entre las cobijas de la cama.

Mapa de Ruta del Viaje de Magallanes

Fuente Consultada:
Patagonia El Territorio de la Aventura  de Roberto Hosne y Historias Insólitas de la República Argentina de Daniel Balmaceda

Historias de la Patagonia Primeros Exploradores del Sur Argentino

Nunca fue un territorio fácil ni pródigo. A exploradores conquistadores les exigió esfuerzos supremos cuando pretendían conocerlo y usufructuarlo; hubo que echar a volar la fantasía y apelar al mito y a la ficción para imantado. Célebres navegantes, piratas, expedicionarios e inmigraciones temeraria desembarcaron en sus desoladas e inhóspitas costas.

Y por distintos motivos: hallar un paso al Océano Pacífico, llegar a las Molucas, donde abundaban las codiciadas especias y al Perú para cargar los barcos con oro y plata con destino a España, y los piratas, para abordar y saquear a esos barcos. La leyenda adjudicaba a la Patagonia la existencia de ciudades refulgentes en, oro y espléndidos tesoros y eso alentó la concurrencia de aventureros y corsarios, pero también, como lugar distante, remoto, la llegada de fugitivos de múltiples orígenes. Y las temerarias colonizaciones de gente que buscaba un porvenir promisorio y que en definitiva fue la que construyó lo que existe.

Cada uno, a su manera vivió su propia aventura, corrió su propios riesgos y superó difíciles obstáculos en un territorio que exige a sus habitantes decisión y un temple especial.

Pocos lugares en el mundo incitan a la fantasía como la Patagonia. Desde el desembarco de Hernando de Magallanes se insinuó como un ámbito propicio para la conquista y la aventura; requirió de protagonistas intrépidos y sagaces para explorar lo que por entonces se consideraba el fin del mundo. Además, debían enfrentar una naturaleza implacable, batida por un intenso y perpetuo viento, mesetas tan áridas como infinitas, costas extensas y desoladas y temperaturas con oscilaciones extremas.

primeros conquistadoresEra un destino signado por la adversidad: las violentas tempestades, las fuertes correntadas provocaron tantos naufragios en el estrecho de Magallanes y sus accesos que lo señalaron como el más grande cementerio náutico de la época.

Eran frecuentes las muertes en acción: ya fuere en los enfrentamientos con los indígenas, por sublevaciones y motines que estallaban dentro de las embarcaciones, combates armados contra adversarios o piratas, o simplemente alguien que caía de lo alto de un mástil o mientras ceñía velas, o desaparecía en el mar arrastrado por el vendaval.

Cada travesía en las naves de entonces, que semejaban “cáscaras de nuez”, significaba un reto a la muerte. Por eso, cuando un marino embarcaba debía hacer testamento y sólo al regresar, ya en tierra, se lo daba nuevamente por vivo.

Por diferentes motivos, entre ellos el excesivo rigor o el maltrato que capitanes u oficiales imponían a las tripulaciones, el trabajo extenuante o demoras inexplicables en el arribo a destino, padeciendo hambre, sed y enfermedades (con frecuencia el escorbuto), llegaron a provocar sangrientos motines. Se contaban los días, las horas, y sólo se ansiaba llegar, ver tierra…

Podía pensarse si la incursión por esos remotos confines tenía resultados tan dramáticos y fatales, ¿para que frecuentarlos? Pero ocurrió que pocos años después que Magallanes descubriera el estrecho, es decir, el acceso al Pacífico inaugurando una nueva ruta hacia las Molucas, las codiciadas islas de la Especiería, conmueve a España y a Europa un nuevo descubrimiento: los valiosos yacimientos de oro y plata en el Perú.

Y para trastornar aún más a conquistadores y aventureros se instalan otros dos mitos de irresistible seducción: Trapalanda y la Encantada Ciudad de los Césares, imaginarias poblaciones radiantes de tesoros, inconmensurables riquezas, naturaleza pródiga y otros dones que hacen a la felicidad definitiva de los hombres. El primer mito, durante la escala de Magallanes en San Julián, surgió del descubrimiento de “gigantes”, según narró Antonio Pigafetta, cronista de la expedición, en su libro Primer viaje en torno del globo.

magallanes

Primeros conquistadores: El 31 de marzo de 1520, fondea en una bahía patagónica la flota que comanda Hernando de Magallanes; el sitio donde desembarcan es bautizado San Julián y, según comunica el almirante a sus subordinados, allí invernarían y llevarían a cabo las tareas de mantenimiento de los barcos, para reanudar luego su derrotero hacia el Oriente. La expedición, integrada por cinco naves y 266 tripulantes había zarpado del puerto español San Lúcar de Barrameda el 20 de setiembre de 1519, con el objetivo de hallar un paso del Atlántico al Mar del Sur (Océano Pacífico) y llegar a las Islas Especieras (Molucas)

AÑO 1586: El corsario inglés Tomás Cavendish llamó “puerto del hambre” a un desventurado fortín del Estrecho de Magallanes, adonde llegó a fines de 1586. Quince hombres y tres mujeres, más bien espectros espantosos de una quimera que colonos famélicos, le tendieron los brazos suplicantes. Cavendish recogió a uno de ellos, desmanteló los cañones y partió, abandonando a los demás a su suerte. Así se extinguió la última esperanza para aquellos sobrevivientes de la más descomunal e infortunada hazaña de la conquista.

COLONOS Y CORSARIOS EN EL AIRADO MAR AUSTRAL
Aquellas costas inhóspitas de la Patagonia, con sus tempestades de nieve y con las increíbles mareas del proceloso mar, nunca habían sido sino mal refugio de náufragos o puntos de recalada donde los corsarios hacían pie para recoger por vitualla algunos lobos marinos y para carenar los barcos.

En vano Simón de Alcazaba había intentado establecerse en la costa patagónica en 1536 y explorado tierra adentro, en muchos días de marcha, por lo que pudiera haber. Fue duro el desengaño y propicio para motines y crímenes que lo desbarataron todo. Y así fue como lo que Alcazaba había llamado “Nueva León”, siguió siendo como la tierra de nadie. En 1578 merodeaba Francisco Drake por la bahía de San Julián, y después de atravesar el Estrecho de Magallanes fue a la rapiña de los puertos del Pacífico. De Lima salió en su persecución Pedro Sarmiento de Gamboa, gallego tenaz, y, aunque no dio con él, fue el primero en cruzar el Estrecho de Magallanes de oeste a este, tejiendo planes a lo don Quijote.

Cuando Sarmiento de Gamboa estuvo en España, con su fama y sus proyectos, fue escuchado. El rey accedió a encomendarle la peligrosa misión de colonizar el Estrecho de Magallanes, para que en adelante no volviera a ser vía libre de piratas y corsarios.

Con el singular cargo de “gobernador del Estrecho” partió Sarmiento de Gamboa a fines de 1581 en la nave generala de una gran expedición. Dieciséis naves lo seguían, con tres mil hombres de guerra y de paz. Iban maestros carpinteros y albañiles, herreros y labradores, mujeres y niños. Llevaban un buen bastimento y herramientas de trabajo, y… muchas esperanzas. Pero también los acompañaba —y ellos no lo sabían— la malaventura, la muerte agazapada en las furias del mar.

Las tempestades diezmaron a aquellos tripulantes, pero no arredraron a Sarmiento de Gamboa. Su decisión era inquebrantable. Al fin entró en el estrecho con 338 almas en dos naves y tres fragatas, y, haciendo caso omiso a la adversidad, fundó, el domingo 11 de febrero de 1584, la ciudad “Nombre de Jesús”, y el 25 de marzo otra que llamó “Rey Don Felipe”.

La Vida de los Primeros Colonos en la Patagonia

Fuente Consultada: Patagonia Territorio de la Aventura Roberto Hosne

Los Patagones Aborigenes Sur Argentino Origen Nombre Patagonia

En el extremo sur del continente americano, además de su imponente geografía, hubo a partir del siglo XVI, entre otras leyendas famosas una que  mencionaba a unos hombres de enormes pies y cuerpo gigantesco, que darían nombre a la zona. Entre la fantasía y la imaginación, el fenómeno sirvió para descubrir las costumbres de los patagones o de los otros indios que estaban cerca, para hablar de los animales del país y del paisaje inmenso, de la experiencia de los humanos que se encuentran de pronto y se temen recíprocamente. (ver el libro arriba)

Antonio Pigafetta acompaño a Magallanes como cronista de a bordo. Llevó consigo quince libros en blanco, futuro asiento de sus crónicas. Aunque muchos de sus escritos se perdieron, han resultado fundamentales para la reconstrucción de la más grande hazaña marina de todos los tiempos.

Allí quedaron documentadas sus notas, análisis y descripciones de caracteres, situaciones, dramas, motines, traiciones, alegrías, hambres y descubrimientos, a lo largo de los tres años en que la flotilla de cinco navíos rodeó el mundo probando para siempre la redondez y rotación de la Tierra y que todos los mares estaban unidos.

Éste es uno de sus relatos más simples, pero dramático, cuando la flotilla esperaba mejores vientos en las costas argentinas del sur. En medio de la calma y el silencio, mirando hacia un horizonte infinito, un atardecer divisaron un hombre en un cerro cercano, bailando y batiendo brazos.

A medida que se acercaba, los marineros quedaron pasmados de la altura del sorpresivo visitante que tenía envuelto su cuerpo en pieles y sus pies en gruesas lonjas, lo que daba la sensación de tenerlos muy grandes. Magallanes ordenó cautela, cordialidad y demostraciones de afecto, mover los brazos, saltar, sonreír, intentando imitar al gigante. La nave insignia cargaba cientos de cascabeles, vidrios, piedras de colores, lazos de tela brillante, tambores, juguetes. Y espejos. Cuando el recién llegado se contempló en uno de los espejos, cayó de bruces, se revolcó, sacudió sus cabellos y dio varios alaridos, porque había duplicado su propio ser.

Según una de las interpretaciones, le debe el nombre la región: Al parecer eran de gran estatura y con un físico muy desarrollado por lo que los primeros españoles que llegaron los llamaron “patagones”, comparándolos con “Patagón”, el nombre de un gigante, personaje muy popular en unas novelas de la época.

Corrió de regreso al monte donde lo esperaban otros hombres y mujeres, todos igualmente prominentes. Nuevamente se acercaron a la nave y entonces fueron convidados con algunos dulces y regalados con campanillas. Magallanes se deleitaba con sus visitantes a quienes llamaría “patagones”. Pero tenía obligación de transportar de vuelta a España tesoros y especias, plantas y animales, además de seres humanos que permitieran estudiar su contextura física, hábitos y determinar si eran tan humanos como ellos.

A medida que iban ganando la confianza de los indígenas y llenado sus manos y brazos de obsequios, les mostraron a los incautos inocentes unos grilletes de hierro brillante que seguramente parecieron anillas o pulseras de maravillas. Sin mediar un instante los atraparon, aquietaron y arrojaron al interior del barco. Los restantes huyeron prontamente porque comprendieron que esos seres sonrientes, barbudos y envueltos en aceros, regaladoes y zalameros, eran traidores, perversos, monstruosos. Vaya a saber de qué infiernos vinieron a dar a sus tierras silenciosas, qué designios malignos los habían inspirado. Sus ojos lloraron con pesar y rabia. Miraban enorme cascarón flotante y comprendieron que sus hermanos habían sido tragados por esa bestia.

En la bodega sucia, los patacos prisioneros e encendieron de furias, se revolcaron heridos en sus carnes y en sus espíritus, y quedaron horrorizados ante la certeza de que habían sido devorados por un monstruo marino ayudado por diablos menores. Los pobrecillos no sabían que ya habían llegado a su destino final. Todos murieron en la travesía. De ahí en más, la tragedia habría de enseñorearse en la flota con motines y otras traiciones, muertes trágicas y castigos.

Habrían de surcar la Bahía Grande, superar Río Gallegos, cabo Vírgenes. Luego divisarían unas extrañas señales ígneas a las que Magallanes llamó Tierra del Fuego, para entonces finalmente ingresar en el laberinto de piedra, acantilados, montañas, vientos helados, tormentas, corrientes traicioneras, vericuetos engañosos que vendría a ser el estrecho de Todos los Santos y más tarde, el estrecho de Magallanes, que una vez superado, los enfrentaría a la todavía más impresionante alfombra, un océano de agua calma, pacífica, azul y brillante que los llevaría a Filipinas y a completar la vuelta al mundo tan soñada.

Magallanes sucumbiría asesinado en una revuelta isleña, traicionado —moneda que el destino devolvía— por un cacique con el que había forjado una supuesta amistad. Cae Magallanes herido de muerte donde menos lo esperaba, donde ni siquiera era importante su presencia, en un punto de tierra en la inmensidad oceánica. La prodigiosa aventura marina sería terminada por el vasco Sebastián Elcáno con un barco deshecho y dieciocho hombres agotados.

La mujer e hijos de Magallanes han muerto en esos tres años de su viaje. No hay descendientes ni hermanos ni primos. Nadie que pudiese recoger su herencia. Sólo la historia le hará un lugar prominente a quien primero imaginara y luego concretara la circunvalación global. Las memorias flacas nada escribieron sobre los desventurados de uno y otro lado, que quedaron sin vida a lo largo del derrotero fantasmal y prodigioso.

Fuente Consultada: Abuelo es Verdad? de Luis Melnik – Sitio Web: Patagonia Argentina y Sitio Web Oficial del Gobierno de Venezuela

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Las Amazonas eran un pueblo de solo mujeres descendientes de Ares, dios de la guerra y de la ninfa Harmonía. Se ubicaban a veces al norte, otras en las llanuras del Cáucaso, y otras en las llanuras de la orilla izquierda del Danubio. En su gobierno no interviene ningún hombre, y como jefe tienen una reina. La presencia de los hombres era permitida siempre que desempeñaran trabajos de servidumbre. Para perpetuar la raza se unían con extranjeros, pero sólo conservaban a las niñas.

MUJERES AMAZONAS MUJERES CON UN SENO MUTILADOEn la mitología griega, una nación de mujeres guerreras con quienes los griegos combatieron a menudo. La historia de las Amazonas probablemente se originó en una variante reiterada en muchas culturas respecto de una tierra tan remota que superaba los conocimientos geográficos griegos. Los cuentos comenzaron a acumularse.

Según quien fuere el relator, vivían al sur de Rusia, cerca del Mar Negro, en África o por muchas otras partes. La palabra estaría formada por el prefijo negativo am, falta de y mastos, senos.

La historia cuenta que a las niñas se les amputaba un seno o se las ataba con cueros muy tensos para impedir el desarrollo de uno de los senos, facilitando así el uso del arco y la flecha. Muchos estudiosos niegan esta idea.

La leyenda de las Amazonas mezcla mitología, tradición e historias muy antiguas. Según los investigadores, estas tribus capturaban hombres para forzarlos a convivir con ellas hasta que quedaban embarazadas. Luego los mataban o expulsaban de sus tierras. Los hijos varones eran muertos o devueltos a sus padres y las mujeres, conservadas para mantener la cohesión del conjunto.

Varios héroes griegos debieron enfrentarse a las Amazonas: Belerofonte, que primero debió matar a la Quimera, un monstruo mitad león mitad dragón con cabeza de cabra que echaba fuego, que en sus ratos de ocios se atragantaba con rebaños enteros de ovejas. Belerofonte montó al maravilloso caballo Pegaso, alado y volador, y enfrentó a la bestia. La mató rápidamente. Famoso por su hazaña se le encargó enfrentar a las Amazonas y nuevamente el héroe hizo estragos.

Estas prodigiosas aventuras despertaron celos entre sus vecinos y se organizaron para matarlo. Pero, otra vez, Belerofonte los pulverizó. Poderoso e invencible (suponía él), montó a Pegaso, batió sus alas y se elevó a la búsqueda del cielo de Zeus. Allí terminaron sus hazañas.

Otro episodio. La novena tarea de Hércules fue quitarle el cinturón a Hipólita, reina de las Amazonas. Tuvo éxito, pero Hipólita murió al enfrentarlo. Teseo, que lo acompañaba, se apoderó de Antíope, la hermana de Hipólita, y la raptó. Sobrevino la furia de las Amazonas que atacaron Atenas aunque perdieron en el intento.

Como aliadas de los troyanos, tomaron parte en la defensa de Troya, donde su reina, Pentesilea, fue muerta por Aquiles luego de que la aguerrida muchacha matara a varios guerreros griegos.

Las Amazonas adoraban a Artemisa (Diana para los romanos), diosa de la caza, hija de Zeus, hermana de Apolo. Se la asociaba con la castidad, la vida salvaje, la independencia de criterio y la guerra.

En 1540, los españoles comandados por Francisco de Orellana (1490-1546), encontraron en las selvas al norte de Brasil, tribus de mujeres guerreras que combatían con fiereza al lado de los hombres. Los conquistadores dieron su nombre al río Amazonas. El infortunado Orellana habría de morir cuando su barco zozobró y él se ahogó abrazado en las aguas de dicho río.

En un mapamundi del siglo XIII, las Amazonas aparecen como guerreras famosas en cuya provincia hay dos castillos y tierras pobladas de extraños animales. En sus bosques abundan los pájaros fosforescentes cuyas alas alumbran la noche.

El cronista de Magallanes, Antonio Pigafetta, que acompañé a su jefe en la extraordinaria hazaña de circunnavegar el globo terráqueo, sostiene que las Amazonas habitaban la isla de Ocoloro, al sur de Java y sólo eran fecundadas por el viento.

El maestro colombiano Germán Arciniegas (1900-1999), transcribe un texto del navegante español Álvar Núñez Cabeza de Vaca (1490-1557):”Hacia el noroeste habitan y tienen muy grandes pueblos, unas mujeres que tienen mucho metal blanco y amarillo. Los asientos y servicios de sus casas son todos de esos metales. Su reina es una mujer. Muy cerca, se encuentra una nación de pigmeos.

El relato parece ubicarlas en alguna parte del Paraguay. Lo cierto es que las Amazonas formaron parte de los tiempos, de las magias y las fantasías.
En el idioma castellano, la palabra amazona define a una mujer alta y fuerte. También la que monta a caballo y un papagayo de América.

El río Amazonas, el segundo más largo del mundo (6300 kilómetros), cruza el norte de América del Sur y desemboca en el océano Atlántico. Se origina en la confluencia de los ríos Ucayili y Marañón al norte de Perú. Es considerado el río más caudaloso de la Tierra.

En su curso no aparecen cascadas ni obstrucciones, lo que facilita su navegabilidad. Entre sus puertos más importantes están Iquitos, en Perú; Belem y Manaos, en Brasil. Amazonas es el área tropical más grande del mundo con una superficie de siete millones de kilómetros cuadrados,. reserva ecológica fundamental del planeta Tierra. Se extiende desde el grado 2 latitud norte al 16 latitud sur y desde el océano Atlántico hasta los Andes.

Relata Carlos Fisas en su libro “Historias de la Historia”

El descubridor del Amazonas fue el capitán Francisco de Orellana, aunque en febrero de 1500 Vicente Yáñez Pinzón hablaba ya de un «Río Grande» que llamó Santa María de la Mar Dulce y que después fue llamado Marañón. Al menos en 1513 Juan de Lepe lo llamó así en el pleito de Colón. Se ha dicho que el nombre proviene del capitán, llamado Marañón, que descubrió su nacimiento en el Perú; sin embargo, esta opinión parece infundada, puesto que en 1513 aún no se había conquistado el Perú. Otros dicen que le llamaron río de Marañas «y por significarlas grandes pasó a llamarse Marañón». Vayan ustedes a saber, porque en esto de las etimologías los eruditos no se han puesto de acuerdo. También se habla de un posible origen indígena.

Pero, a todo esto, ¿dónde quedan las amazonas? El padre Carvajal se refiere a un encuentro que tuvieron los conquistadores con los indios, en cuyo transcurso resultó herido. «Quiero que sepan —escribe— cuál fue la causa por que estos indios se defendían de tal manera. Han de saber que ellos son sujetos tributarios a las amazonas, y sabida nuestra venida vanles a pedir socorro y vinieron hasta diez o doce, que éstas vimos nosotros que andaban peleando delante de todos los indios capitanes, y peleaban ellas tan animosamente que los indios no osaban volver las espaldas, y al que las volvía delante de nosotros le mataban a palos, y ésta es la causa por donde los indios se defendían tanto.»

Así pues, el hecho de encontrarse con tribus en las que las mujeres combatían por lo menos tan heroicamente como los hombres hizo que los conquistadores, recordando el mito griego, las llamasen amazonas, y con este nombre fuese conocido el mayor río del mundo.

Fuente Consultada:
Abuelo es Verdad? de Luis Melnik – Sitio Web: www.Solonosotras.com y Sitio Web Oficial del Gobierno de Venezuela.