Las Siete Ciudades de Cibola Leyenda Alvar Nuñez Cabeza de Vaca



Las Siete Ciudades de Cibola
Leyenda Alvar Nuñez Cabeza de Vaca

SIETE CIUDADES: Para los conquistadores era la tierra de las maravillas. Todo parecía posible en aquel nuevo mundo descubierto por Cristóbal Colón ríos tan anchos que parecían conducir a las puertas del paraíso, selvas exuberantes que escondían a bestias fantásticas, hombres que vivían semidesnudos pero se adornaban con ricas piezas de oro, grandes y sofisticados imperios.

Así fue cuando en 1530 llegan rumores a la Nueva España sobre la existencia de un magnífico reino llamado Cíbola a tan solo 40 días de viaje hacia el norte, los castellanos se ponen en marcha sin dudar, dispuestos a adentrarse otra vez por tierras desconocidas.

Álvar Núñez Cabeza de Vaca (1507-1564) fue un navegante y explorador español que, durante una expedición a la Florida en 1528, naufragó en una isla cercana a la actual Texas y fue tomado prisionero por los habitantes aborígenes. Al cabo de un tiempo, logró escapar y recorrió el sudoeste del territorio norteamericano para llegar finalmente a México en 1536.

En su informe relató con detalle su encuentro con los pueblos indios y de sus relatos surgió la leyenda de las Siete Ciudades de Cibola que el español supuestamente visitó en sus ratos de delirio desértico. Lo cierto fue que a partir de aquellas historias, otros desparramaron la leyenda y agregaron más fantasía a lo escrito.

Alvar Nuñez Cabeza de Vaca contó además historias fabulosas que pasaron a engrosar el cuerpo de leyendas referidas al Nuevo Continente. Así, su narración sobre la existencia de las Siete Ciudades Doradas de Cíbola, colmadas de oro y piedras preciosas, alentó la expedición de Alvarado en 1540.

Washington Irving (1783-1859), en su obra Cuentos de la Alhambra de 1832, describe La Isla de las Siete Ciudades o Mayda, a 46° de latitud norte y longitud desconocida, al nordeste de las Azores. Descubierta en 734, según cuenta, por el obispo de Oporto y otros seis obispos portugueses que huyeron de su país cuando la invasión de los moros. Muchos años después, en 1447, el capitán Antonio Leone, italiano al servicio de Portugal, visitó la isla y encontró que los habitantes hablaban portugués y preguntaban ansiosos si los moros aún permanecían en la Península. La isla estaba dividida en siete comunidades, cada una con su catedral.

Vaughan Wilkins escribió en Londres en 1950, La ciudad del fuego congelado o Quivera, cuya capital se llamaba precisamente Cibola, la ciudad del fuego congelado. Famosa por sus rubíes y sus volcanes, llamados de la Santa Corona. Helechos gigantescos crecen a todo lo largo y monstruos marinos blancos de enormes dientes rojos se esconden en la cuevas que rodean las costas. La isla de Quivera se hallaba en América del Sur y había sido colonizada por Madoc, hijo de Owen, príncipe de Gwyneth, que dejó su Gales natal en 1169.

Las tierras sudamericanas ejercieron extraordinaria influencia en autores y visitantes, que tropezaban con vegetación y animales absolutamente desconocidos y seres humanos que eran idénticos a ellos, aunque diferían en conductas lenguas y apariencia. Estas presencias provocaron grandes dudas religiosas como, por ejemplo, cómo habían llegado hasta allí si no habían sido navegantes del Arca de Noé.

Cíbolo con acento es en español un bisonte, bóvido salvaje parecido al toro, con la parte anterior del cuerpo muy abultada y cuernos poco desarrollados, Se conocen dos especies: una americana y otra europea. De hecho bisonte viene del griego y del latín, significando toro salvaje. Cíbola es simplemente la hembra del bisonte.

Pedro de Alvarado (1486-1541) fue uno de los asistentes de Hernán Cortes (1485-1547) en la conquista de México y luego conquistador de Guatemala, donde fue gobernador hasta su muerte. Fundó ciudades y ejerciendo un poder absoluto pasó gran parte de su vida buscando las fabulosas Siete Ciudades de Cibola. Francisco Vásquez de Coronado (1510-1554) navegante español, buscando las Siete Ciudades fue el primero en internarse por la actual Arizona y Nuevo México.



No cumplió su objetivo pero sí tropezó con indígenas norteamericanos que ocupaban una larga franja de tierra con ochenta comunidades que vivían en casas de adobe y eran descendientes de la cultura Anasazi. Llamó a estos grupos Pueblo Indio. Vivían en barrancas y estaban organizados en grupos comunitarios y disponían de sistemas de riego y agricultura. Se remontan probablemente a 2.000 años antes de la era cristiana y se los conoce como la cultura Cochiso. Fueron sus descendientes los primeros en fabricar arcos y flechas, desarrollar la alfarería y hacer canastos de mimbre aunque vivieran en cuevas.

En 1630 comenzaron las conversiones practicadas por los misioneros y en 1680 una revuelta de proporciones echó a los españoles. Sus descendientes actuales son los Hopi, Acoma y Zuñi y, siendo agricultores sedentarios, han logrado mantener su cultura y lenguas tradicionales en grado asombroso. Las mujeres ocupan lugar prominente en las comunidades y adoran a Kachina, el espíritu de las fuerzas vivas. Al iniciarse el año, personajes disfrazados de Kachina visitan los pueblos, cantan, danzan y hacen regalos a los niños. Las muñecas vestidas como los bailarines también se llaman Kachinas. Nadie encontró la auténtica Cibola, si alguna vez existió. Y si alguien hubiese encontrado Cibola, ninguna de estas historias hubiesen sido creadas.

Fuente Consultada: Abuelo es Verdad? de Luis Melnik –  Sitio Web Oficial del Gobierno de Venezuela

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