Aarón Castellanos y Las Colonias

La Educacion en Santa Fe Colonial Primer Maestro Santafesino

La Educación en Santa Fe Colonial
Primer Maestro Santafesino

Sobre preocupaciones y carencias de la educación en Santa Fe colonial. La primer referencia que denota la preocupación de las autoridades del cabildo santafesino por asegurar la mínima educación para las nuevas generaciones data del 13 de mayo de 1577, apenas cinco años después de la fundación de la ciudad; ese día el Procurador General se dirige al cabildo solicitando la prohibición de salida de varios pobladores, los que, abrumados por las difíciles condiciones en que se encuentra la nueva ciudad, buscan tierras más al sur o sueñan con pasar al Perú deslumbrados por la riqueza de la que tanto se habla.

Juan de Garay Fundador de Santa Fe, 15 de noviembre de 1573

Destaca el Procurador que reportaría un grave perjuicio a la población la salida, en particular, del maestro Pedro de Vega “por la falta que haría para la doctrina de los hijos de los dichos vecinos como porque no aprenderían a leer y escribir faltando el dicho Vega, que les enseña”.

El Cabildo resuelve el pedido favorablemente, obligando a permanecer en la ciudad a quien se ha denominado como el primer maestro santafesino, al menos hasta tanto se encuentre un reemplazante satisfactorio. Los problemas por la falta de docentes se reiteran periódicamente, así como también los nombres de aquellos que el Cabildo contrata para solucionarlos: Martín de Angulo en 1617, al que no se puede impedir que emigre a Buenos Aires, el Clérigo Muñoz Holguín, dos años después; Luis Martínez en 1626.

Al trasladarse la ciudad desde el año 1650 destaca el historiador Andrés Roverano que el Cabildo comisiona a los alcaldes ordinarios para que “cuiden como deben de la educación de los menores”. A juzgar por las carencias y omisiones de la autoridad civil en la materia, es evidente que en estos primeros años los problemas de la educación sólo podían resolverse mediante el aporte de la iglesia, que se encontraba en mejor posición en cuanto a la preparación y nivel pedagógico de muchos de sus miembros, en particular los jesuitas, franciscanos y dominicos.

En la medida en que las autoridades eclesiásticas se fueron afianzando, lo fue haciendo también la provisión de maestros y escuelas. Al crearse la diócesis del Río de la Plata y pasar Santa Fe a depender del obispo en Buenos Aires, el mismo visitó la ciudad en 1621 y, ante la extrema carencia observada, dispuso la creación de una escuela encargándola al padre Juan de Salas, Rector de la Compañía de Jesús. Los jesuitas, ya asentados en Santa Fe desde comienzos del siglo XVII, gozaron tempranamente de un bien ganado prestigio pedagógico. Establecieron su templo y colegio sobre el lado este de la plaza, lo que acrecentaron luego en el nuevo sitio.

Al ser expulsada la Compañía en 1716 por efectos de la política regalista de los borbones, el colegio y las demás propiedades entre las que se encontraba una biblioteca de más de 4000 volúmenes pasaron a la administración de una Junta de Temporalidades y luego a los mercedarios; no pudo evitarse el temporario cierre del colegio debido a la carencia de educadores. Pese a la crisis provocada en la educación -y en la economía- por la expulsión jesuita, la segunda mitad del siglo XVIII ya encuentra a Santa Fe con algunas alternativas en la enseñanza.

La orden franciscana también posee junto a su templo una escuela, la que llegará a contar entre sus alumnos a Estanislao López el futuro caudillo y gobernador de la Provincia. Pero si la política borbónica recortaba atribuciones a la Iglesia y disminuía su participación en la educación, por otra parte, aumentaba la del Estado según la influencia de la ilustración, que sostenía la necesidad de la educación de la sociedad.

Esta cierta modernización que en realidad tuvo importancia sólo en Buenos Aires, la capital virreynal  puede rastrearse al menos en algunos indicios locales. A. Roverano recuerda que a partir de 1774 el poder civil asegura en Santa Fe el desempeño permanente de maestros, recordándose como uno de ellos a Pedro Tuella, poeta y primer historiador rosarino que se desempeñara en varias funciones hasta comienzos del siglo XIX.

No debe pensarse en que estos estudios capacitaban para un nivel superior; en la mayor parte de los casos se trataba de la enseñanza de “doctrina” y “primeras letras’, lo suficiente como para integrarse a la vida de la comunidad. Si bien es probable que en ocasiones se profundizara alguna capacitación, era imprescindible que -si un santafesino deseaba continuar sus estudios hasta el nivel universitario- debiera trasladarse a Córdoba o Buenos Aires.

A fines del siglo XVIII se llegan a disponer algunas becas para que “hijos patricios” puedan trasladarse a esas ciudades.

Aarón Castellanos: Fundación de Colonias en Argentina

Primera Fundacion de Santa Fe Juan de Garay Historia de Santa Fe

Primera Fundación de Santa Fe
Juan de Garay Historia de Santa Fe

PROVINCIA DE SANTA FE
INFORMACIÓN GEOGRÁFICA

Capital: Santa Fe.
Fecha de fundación: 15 de noviembre de 1573.
Fundador: Juan de Garay.
Superficie: 133.007 km2.
Población: 2.782.809 hab. (Censo 1991). M.: 1.424.293; V.: 1.358.516.
Población urbana: 82%. Población rural: 18%. Densidad: 18,5 hab/km2.
Límites: Norte, con la provincia del Chaco; Este, con las provincias de Corrientes y Entre Ríos; Sur, con la de Buenos Aires; Oeste, con las de Córdoba y Santiago del Estero.
Mapa con Departamentos y Capitales: ver mapa

GEOGRAFÍA FÍSICA
Es una vasta llanura que presenta diversos aspectos: las subregiones del Chaco Oriental y de la Diagonal Fluvial de la Región Chaqueña (en la mitad septentrional), y las subregiones de la Pampa del Norteo de la Colonia y de la Pampa Ondulada de la Región Pampeana (en la mitad sur y sudeste, respectivamente). En el norte, la llanura conocida con el nombre de chaqueña y por tanto, continuación de la llanura pampeana, se extiende horizontalmente con una suave pendiente hacia el SE, donde la falta de drenaje, causa de la formación de cañadas, lagunas y zonas anegadizas, más la ausencia total de cerros, sierras o montañas, confirman la uniformidad del suelo horizontal y levemente inclinado.

Hacia el sur de los 300S, la provincia se extiende en la región de la Pampa del Norteo Gringa, y cuenta con un suelo naturalmente fértil, clima templado y un gran desarrollo agrícola-ganadero y poblacional. La Pampa Ondulada se halla al SE del Río Carcarañá, es una franja litoral que presenta barrancas, ondulaciones suaves y valles fluviales. El río más importante es el Paraná que recorre el límite interprovincial este; otros de importancia son: Río Carcarañá, Río Salado, Río Coronda, San Javier, etc.

GEOGRAFÍA ECONÓMICA
Agricultura, ganadería y minería. 24%: Industria, 37%; Servicios, 39%. Uso del suelo: Pastoreo natural y cultivado, 50% Cultivos anuales y permanentes 285%; Montes y bosques naturales, 13 5% otros usos, 8%.

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LA PRIMERA FUNDACIÓN DE SANTA FE
Fuente Consultada: www.pampagringa.com.ar
La actual Cayastá, está asentada casi en el sitio donde en 1573, Juan de Garay fundó por vez primera la ciudad de Santa Fe. Escasos 1000 metros separan a Cayastá de ese sitio al que se lo denomina a menudo como Santa Fe la Vieja, que allí permaneció hasta la década de 1660, cuando se decidió su traslado a un lugar más conveniente desde el punto de vista económico, estratégico y de seguridad, es decir, al actual lugar de la ciudad capital de la provincia.

Cayastá está ubicada en el kilómetro 71 de la Ruta Provincial Nº 1, al norte de la actual Santa Fe de la Vera Cruz, y aproximadamente a 1 Km. antes de llegar a a esta localidad, se encuentran las famosas ruinas de la primitiva Santa Fe, descubiertas por el lúcido historiador e investigador Agustín Zapata Gollán (1895-1986), que inició las excavaciones en la zona cuando corría el año 1949, basándose en previos estudios que determinaron su exacta localización. Digamos de paso que Agustín Zapata Gollán, fue un erudito y a la vez excelente empleado público que prestigió su cargo de funcionario del Departamento de Estudios Etnográficos y Coloniales de Santa Fe.

El sitio fue declarado mediante decreto 112.765/42 como Lugar Histórico Nacional, pero luego de las excavaciones dirigidas y exhumadas por Zapata Gollán, en 1957 esta declaración fue ampliada a la de Monumento Histórico Nacional, en razón de que los estudios y descubrimientos hechos permitieron ubicar tres templos: Santo Domingo, San Francisco y La Merced; además en el templo franciscano, fueron hallados los restos del primer gobernador criollo del Río de la Plata, Hernandarias de Saavedra, junto a los de su esposa, que era hija del fundador de la ciudad. Digamos también, que el voto unánime de los miembros de la Academia Nacional de la Historia avaló que las ruinas encontradas pertenecían a la primitiva Santa Fe.

La fundación de la ciudad de Santa Fe, siguió las pautas que eran norma en esa época, una cuadrícula de aproximadamente 100 has. cuya parte central se destinó a plaza de armas, a cuyo alrededor se ubicaron las despendencias administrativas, religiosas y para vivienda de los personajes principales, entre ellos el mismo Don Juan de Garay, guiándose por otros ejemplos de fundaciones como las de Lima en 1535. Fue sin duda una ciudad que respondió a una estudiada planificación previa. Si bien en el acta se hace referencia a un plano o traza que sirvió de base para el reparto de solares confeccionado por el propio Garay, este documento se extravió en la época colonial, perdiéndose con ello los datos de la distribución física de las partes adjudicadas a cada vecino, no obstante conocerse el nombre de cada uno de ellos.

Fue Garay quien repartió personalmente los solares, determinándose los espacios para chacras y suertes de estancias. Cada solar equivalía a un cuarto de manzana divididas a su vez por estrechas calles en cruz, sin duda bien hecho con criterio tanto económico como estratégico. A los hombres que gozaban de su mayor confianza les adjudicó los terrenos vecinos a lo que reservó para sí. Ya se sabe que el que parte y reparte se queda con la mejor parte.

Debe recordarse que Juan de Garay partió desde Asunción un 14 de abril de 1573 con el exclusivo propósito de fundar una ciudad que sirviera como escala y apoyo logístico al tránsito fluvial entre el Río de la Plata y Asunción, expedición que comenzó con nueve españoles peninsulares, setenta mestizos y aborígenes guaraníes traidos del área paraguaya.

Fundada que fue la ciudad a orillas del río Quiloazas (hoy San Javier), brazo del Paraná, un 15 de noviembre de 1573, transcurridos siete meses desde la partida de Asunción, en un trayecto que no estuvo exento de dificultades, se agregaron a estos audaces primigenios pobladores, otros aborígenes locales, (calchines y mocoretás) y esclavos negros africanos destinados al más rudo trabajo de las tierras que dieron origen a las primeras plantaciones de frutales y viñedos, el cultivo de cereales y la cría de ganado, escontrando esto último un excelente medio para su desarrollo que con el tiempo se volvió incontrolable y librado sólo a los avatares naturales.

El trayecto se cumplió tanto por vía terrestre, con 50 caballos, como por vía fluvial, con un bergantín, unas cuantas canoas, armas y municiones.

Los asunceños buscaron afanosamente «abrir puertas a la tierra», para combatir su forzoso aislamiento de otros grandes centros poblados y de difícil acceso en esos años en que los caminos tenían que abrirse a golpe de machete. Esta fundación, por lo menos les facilitó la entrada y salida por el «mar dulce» como lo denominó Solís.

La necesaria convivencia de este heterogéneo conglomerado humano, diverso en lo étnico y en lo cultural, sin duda conformó una sociedad de características especiales donde cada grupo hizo aportes de su cultura originaria.

Abandonado que fue el lugar tras el traslado al nuevo emplazamiento, el río Quiloazas con la paciencia que los años pusieron a su disposición fue carcomiendo las costas y modificando su cauce sin apuro pero sin pausa lo que dio como resultado que de las 100 hectáreas originales hoy queden sólo unas 69, proceso facilitado por la arenosa y poco consistente compactación de los suelos que surca, arrastrando el material aguas abajo y cavando un nuevo curso que dejó bajo sus aguas el sector próximo a la Plaza de Armas, donde se encontraban la Iglesia Matriz, la de la Compañía de Jesús, la de San Roque y la propia casa de Juan de Garay. En el sector que no fue afectado, está el remanente de la Plaza, las Iglesias conventuales de San Francisco, Santo Domingo y La Merced; el Cabildo y un gran número de viviendas que pertenecieron entre otros a un nieto del fundador, Cristóbal Garay; a Francisco de Paez, a Juan González de Ataide, a Alonso Fernández Montiel, a Manuel Ravelo y a un escribano Juan de Cifuentes.

Las excavaciones pusieron al descubierto gran cantidad de objetos que dan indicios de la vida de la ciudad que existió un poco más allá de la mitad del siglo XVII. Vieron la luz, monedas, medallas, amuletos de plomo, rosarios, cuentas de collares, útiles de labranza, porcelana oriental, ladrillos, tejas (algunas con dibujos e inscripciones), herramientas, cerámicas españolas e indígenas.

Dentro de los recintos de los templos las excavaciones mostraron los restos de más de 200 pobladores enterrados en el lugar, y Zapata Gollán logró identificar a varios entre los que se encontraron los de Hernandarias y su esposa.

monumento historico cayasta

Resuelta por las autoridades coloniales la mudanza, poco a poco los habitantes iniciaron el abandono de la primitiva ciudad en las márgenes del Cayastá, y en 1651, después de casi ochenta años de permanencia en aquel lugar, se trasladaron a su actual emplazamiento, a unos setenta kilómetros más al Sur. La fundación en la desembocadura del rio Salado tuvo lugar el 20 de febrero de 1653, dándosele el nombre de Santa Fe de la Vera Cruz. Las tierras en que fue refundada la ciudad pertenecieron en su origen a Juan de Garay, quien partió de allí en 1580 para fundar Buenos Aires. Por herencia pasaron más tarde a Hernando Arias de Saavedra. El primitivo emplazamiento de Santa Fe fue declarado Lugar Histórico por Decreto N« 112.765 del 4 de febrero de 1942.

PARA SABER MAS…
LOS RETOS DE SANTA FE LA VIEJA

La primera fundación de Santa Fe se había llevado a cabo en Gayaste, sobre la margen derecha del río San Javier (afluente del río Paraná), a poco más de 70 kilómetros al norte de la actual capital provincial. Si bien existen diversas hipótesis con respecto a los motivos que llevaron a que su población comenzara a emigrar a mediados del siglo XVII -en pocos años más sería definitivamente abandonada-, todo parece indicar que la razón principal del éxodo fueron los periódicos desbordes del río y los daños materiales que esto provocaba. Durante casi tres siglos no se tuvieron noticias de la ciudad que Caray había fundado en 1573, pero en el año 1949, un magnífico hallazgo arqueológico puso al descubierto parte de la historia de una de las primeras ciudades rioplatenses.

Guiado por una extraordinaria intuición, el Dr. Agustín Zapata Gollán -que con pobres recursos trabajó en el lugar hasta su muerte, ocurrida en 1986- logró ubicar el emplazamiento del antiguo asentamiento de 66 manzanas, de las cuales 18 se encuentran en la actualidad bajo las aguas del río. A poco de comenzar con los trabajos de excavación, halló numerosos restos de vida material, como distintos tipos de vajilla, monedas, collares y herramientas. Pero el descubrimiento más asombroso lo esperaba en lo que luego reconocería como los cimientos de la iglesia de San Francisco, a 1,20 metros por debajo del piso del recinto, encontró numerosos sepulcros, algunos de ellos con restos humanos en magnífico estado de conservación.

Los esqueletos de los conquistadores con «las yertas manos en cruz», ofrecen un espectáculo sobrecogedor, y traen a la memoria algunos versos de Lope de Vega (autor español, 1562-1635): «Mirando estoy los sepulcros,/cuyos mármoles eternos/ están diciendo sin lengua/ que no lo fueron sus dueños./ ¡Oh, bien haya quien los hizo/ porque solamente en ellos/ de los poderosos grandes/ se vengaron los pequeños!»

Historia de la Facultad de Veterinaria y Agronomia de Esperanza FAVE

Historia de la Facultad de Veterinaria y Agronomia de Esperanza FAVE

Con el traspaso al Estado Nacional de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de Esperanza que desde su fundación dependía de la Universidad Católica de Santa Fe, se cierra una instancia critica en la historia de la Casa de altos estudios en la que estuvo en juego el mantenimiento de sus actividades por los motivos de público conocimiento.

Las intensas gestiones que se venían realizando con apoyo de las fuerzas vivas de la ciudad y autoridades de la población toda, y naturalmente de los estudiantes y con el valioso aporte del gobierno provincial, culminaron exitosamente ayer -jueves 17- en las últimas horas de la tarde con la firma del Presidente de la Nación, Teniente Gral.

Alejandro Agustín Lanusse, del decreto N° 4526. El mismo en sustancia aprueba la oportuna resolución del Consejo de Rectores de Universidades Nacionales que aconsejaba la estatización de la FAVE. Ésta, en consecuencia, pasará desde ahora de la Universidad nacional del Litoral.

Se encontraban en Buenos Aires al momento de la firma del decreto citado, el Ministro de Agricultura y Ganadería de la Provincia, Dr. Horacio C. Cursack, que había entrevistado por ese motivo a su colega de Cultura y Educación de la Nación, Dr. Gustavo Malek; y el Prof. y Secretario de la FAVE, Sr. Francisco Rosciani, quien también había viajado con similar objetivo.

La noticia del importante hecho fue comunicada al Gobernador de la Provincia, Sánchez Almeyda por el Ministro Cursack. Inmediatamente el Primer Mandatario Provincial puso en conocimiento de lo mismo a la esposa del Dr. Gursack la que a su vez informó a El Colono del acontecimiento. De inmediato dimos cabida en nuestra pizarra al anuncio que concitó por largo tiempo la atención del público. Al mismo tiempo, los estudiantes daban rienda suelta a su alegría por el logro de la trascendente medida del gobierno nacional.

SUBSIDIO
Según buenas fuentes, se recibió un subsidio de 50 millones viejos para posibilitar la inmediata reactivación de las actividades en la Facultad.

REGRESO DE LOS ALUMNOS
Los cinco colectivos con alumnos de distintos cursos arribaron a la ciudad tras permanecer en Buenos Aires tres días.

CARAVANA
Por la ciudad, acompañados por Bomberos Voluntarios, los estudiantes y vecinos exteriorizaron su satisfacción por la medida. Recorrieron caites, se detuvieron frente a la redacción de El Colono, desconcentrándose en forma pacífica.

UN POCO DE HISTORIA
La Facultad de Agronomía y Veterinaria de Esperanza vino a llenar una necesidad fundamental no sólo de la ciudad y zona sino del país todo, visto la necesidad de contar con los recursos humanos capaces de promover e! avance tecnológico nacional en las áreas específicas.

Surgen posteriormente una serie de problemas que colocan a la Facultad en trances de cerrar sus puertas lo que de inmediato concita la movilización de alumnos, profesores y de las propias autoridades de la Casa en procura de soluciones que salven para Esperanza y para los intereses del país, este importante establecimiento educativo. Y a esa lucha incesante se sumó plenamente la ciudad que no quiere ver perderse una conquista que por sobre todos sus valores técnicos, didácticos y humanos, se suman motivaciones espirituales que troncan con los antecedentes de orden históricos que hacemos referencia en la presente exposición.

A propósito de valores, es dable destacar las comisiones que se han formado a través de las distintas organizaciones locales para entrevistar a las más altas autoridades nacionales para concretar el definitivo traspaso de la FAVE a la UNL y la aprobación de ampliación de presupuesto de la misma para la inmediata reapertura de la casa de altos estudios.

El lunes viajó a Capital Federal una delegación encabezada por el intendente de Esperanza, Arq. Jorge Zurbriggen, y el Sr. Rafael Pilatti, vice presidente a cargo de la presidencia del Cicae, para agregarse a otra comisión integrada por los profesores Bayo y Rosciani de la FAVE, que arribaron en la mañana del martes 15, junto a 230 alumnos que ocupaban cinco colectivos, dispuestos a llevar su inquietud al Presidente de la Nación sobre los motivos de este viaje que tuvo resonancia en todos los niveles. A esa presencia se sumaron las gestiones realizadas por el General Sánchez Almeyda y el Ministro Cursack.

Así comienza lo que podríamos calificar como una verdadera odisea en pro de una conquista que aparecía como improbable.

Siguiendo e! orden cronológico de lo realizado, la comisión de Prensa y Propaganda de la FAVE cumplió una ardua tarea en distintos medios periodísticos de Buenos Aires logrando entrevistas en canales de televisión y radios, además de notas gráficas para los medios porteños.

Frente a la Casa Rosada, la manifestación realizada por los alumnos despertó la atención de los transeúntes, que inquirían sobre los motivos de la concentración recogiendo volantes con diversas leyendas de! reclamo. Las comisiones se dirigieron luego al Ministerio de Hacienda de la Nación, tratando de entrevistar al titular de esa cartera, Dr. Jorge Wehbe, gestión que no prosperó tras varias horas de espera. No obstante, se pudo conocer una nota del Ministro donde no autoriza reajuste presupuestario para la UNL. Allí culminaba la primera parte de las muchas gestiones realizadas.

En tanto, se aguardaba una entrevista con el Gral. Panullo, Secretario Privado de la Presidencia de la Nación informándose cerca del mediodía que la misma no tendría efecto. La comisión se trasladaba luego de agotadas las tratativas de entrevistarse con e! Dr. Wehbe, al Ministerio de Educación y Cultura en la esperanza de conseguir la estatización.

Conocida la situación, distintos Subsecretarios de la repartición se abocaron rápidamente a buscar un principio de solución al problema. Al llegar la delegación esperancina al despacho del Dr. Rodríguez, que estuvo en julio del 72 en nuestra ciudad y visitó la FAVE, el gobernador Sánchez Almeyda y el Ministro Horacio Cursack mantenían una importante conversación telefónica con los Ministros Wehbe y Malek, titulares de Hacienda y Educación y Cultura respectivamente, tratando de lograr un acuerdo concreto respecto a! problema de la Facultad de Esperanza.

Luego de esta conversación, la delegación esperancina fue informada por el Cont. Hugo Ale siendo éstas sus palabras: «En primer término, expresó que el Ministro Wehbe ha reiterado por nota y por segunda vez consecutiva, que no existe posibilidad alguna para ampliar el presupuesto para la UNL».

En tanto, el funcionario de Educación y Cultura aseguró que traspasada la FAVE a la Universidad Nacional del Litoral, el rectorado está obligado a reabrir en forma inmediata la misma y lograr soluciones a los problemas económicos planteados.

Finalmente, con la firma del decreto n° 4526 se abre un nuevo panorama de expectativas favorables en una situación que había creado inquietud.

Al crearse las carreras de Agronomía y Veterinaria en la UNL, el estudiantado volvió a las aulas el 28 de mayo de 1973, tras participar de un acto institucional.

En la ocasión se descubrió una placa que simboliza el hecho: «La Facultad se estatizó por el Movimiento Estudiantil». Asimismo se entregaron medallas a los que acompañaron activamente, en calidad de reconocimiento, a las personas cuya actuación fueron acompañando el proceso de estatización de la FAVE: el ex intendente municipal, Arq. Jorge Zurbriggen; los profesores Rosciani y Bayo; y el señor-Miguel Barco.

Finalmente se dio lectura al acta de constitución de la Junta -que se hizo cargo de la FAVE- integrada por persona! docente (Victorino Bayo), no docente (Francisco Rosciani) y los estudiantes Bellezze y Debona, por Agronomía, y Churruarin y Senn por Veterinaria.

Fuente Consultada: Diario Local El Colono Del Oeste Edición de: 17-05-2013

Historia de la Facultad de Veterinaria y Agronomia de Esperanza FAVE

Historia de las Colonias en Argentina Inmigrantes en Esperanza

Historia de las Colonias en Argentina Inmigrantes en Esperanza Santa Fe

El 15 de junio de 1853, apenas seis semanas después de proclamada la Constitución, se firma el contrato de colonización que dará nacimiento a la primera colonia agrícola argentina. En 1º de junio de 1854 el gobierno de la Confederación lo ratifica. Aquellos buenos auspicios no eran suficientes para que todo fuera un lecho de rosas sin espinas. Pronto, éstas fueron más que aquéllas.

Su proyecto del ferrocarril Rosario Córdoba encuentra resistencias y trabas legales. Protestaba contra esa red tejida por los intereses empresarios de Wheelwright y los del Estado donde, a cargo de funciones importantes, aparecían los socios de Wheelwright.

¿Por qué motivo las provincias del interior debían seguir pagando con su esfuerzo las distancias que las separaban del puerto de Buenos Aires? ¿Por qué, cuarenta años después, los altos costos del transporte por ferrocarril seguían abrumándolas como los de las lentas carretas? De ese modo ellas jamás saldrán de pobres y seguirán condenadas a trabajar para asegurar su elemental subsistencia, protestaba Castellanos.

Cerrada esa primera etapa de negociaciones, decide dejar Paraná para retornar a Europa donde lo esperaba su numerosa familia que regresará a la Argentina recién en 1857, luego de ocho años de residir en París. Le aguarda también un intenso trabajo, negociando y tratando de convencer a banqueros, sociedades y especuladores.

No era fácil la misión toda vez que la inmigración y los capitales eran atraídos por los Estados Unidos y por las malas noticias que llegaban desde el Río de la Plata donde la prolongación de las luchas facciosas no otorgaba la mínima seguridad jurídica a inversores y colonos.

La letra del contrato de colonización firmado por el gobernador Crespo aparecía escrita en el agua a los ojos de su sucesor Cullen que decidió desconocerlo por tratarse de «un contrato leonino». A lo que se sumaba la campaña de desprestigio de la Argentina lanzada en Europa por los agentes de inmigración y los enviados allí por el gobierno del Brasil.

Los pasquines contra la Argentina aparecían en las iglesias y en otros sitios públicos metiendo miedo a las familias que habían acepta se en Santa Fe, muchas de las cuales, aterrorizadas, rompían sus contratos. Según esos pasquines, Castellanos era un aventurero a la pesca de familias incautas.

La Argentina era un país salvaje, fragmentado en comarcas gobernadas por bandidos sin ley ni moral, que mandaban a degollar hombres y mujeres, eran enemigos de los extranjeros, protegían a sus secuaces y amasaban fortunas. A ese sombrío cuadro se añadía un clima malsano, pestes de todo tipo, inundaciones, invasión de langostas, «insectos venenosos, ser pientes y bestias feroces». Castellanos no se dejó intimidar por semejante campaña.

Nadie creía que yo lograría traer colonos, dice. Pero yo había dado mi palabra y ella «tenía más valor para mí que el contrato mismo», añade. Casi solo e incomprendido, con más apoyo de los señores Vanderest de Dunkerque, Textor de Francfort y Beck y Hersog, de Suiza, que del bifronte gobierno argentino, Castellanos comienza a revertir esa imagen.

Es entonces cuando redacta y manda a imprimir su folleto de presentación de las ventajas de la Argentina titulado «Légeres noticies sur le Río de la Plata» («Ligeros apuntes sobre el Río de la Plata») que, traducido a tres idiomas, distribuye en Francia, Holanda, Bélgica y Suiza. Aquel folleto «fue el golpe de gracia» para quienes propagandizaban la imagen esperpéntica de la Argentina. Pronto, la casa de Castellanos en París «fue asediada» por una multitud interesada en adquirir el folleto.

Tal era el gentío que rodeaba la residencia que la policía comenzó a averiguar el motivo de aquella concentración. Los elogios que Castellanos prodigaba a la Argentina no se correspondían, sin embargo, con la suerte corrida por las primeras 1.487 personas (1.112 adultos; 320 menores y 54 lactantes) que llegaron a Santa Fe atraídas por las promesas de tierra y trabajo.

El mismo sabía que esos colonos habían sido abandonados a su suerte: carecían de techo, estaban sin trabajo, no se les entregaban las tierras, se intentaba convertirlos en mano de obra barata olvidando la promesa de hacerlos propietarios y comenzaba a asomar el fantasma de las enfermedades y las hambrunas. «Sufrimientos», «calamidades», «desgracias», «atrocidades» y «desesperación» son palabras que utiliza Castellanos para describir la situación de los colonos que refutaba parte de su folleto amenazando la suerte de su proyecto colonizador.

A la incuria gubernamental y las pestes, se añadía un coro de voces que, de este lado del Atlántico, establecían un contrapunto con los promotores de la campaña de desprestigio de la Argentina. Algunos periódicos, gobernantes y legisladores comenzaron a elevar el tono de sus quejas contra los inmigrantes, afirmando «que la aglomeración de extranjeros no convenía, porque se corría el riesgo de que ellos se apoderasen del país, y que era preciso desparramarlos».

Había miedo a las colonias en la mayoría del Congreso y en el gobierno, con la sola excepción de Derqui, anota Castellanos. Años después de aquellas dificultades Nicasio Oroño, siendo gobernador de Santa Fe, explicó a Castellanos que el incumplimiento del contrato de colonización tuvo como una de sus causas «una grita» que se levantó «entre el paisanaje», que se quejaba de las «tantas cosas» que se entregarían a los colonos, negadas a ellos «que habían servido a la patria tantos años». Los contratiempos, las intrigas y la maldad humanas son menos llevaderas con los años.

Archivados sus proyectos ferroviarios, postergadas sine die la entrega de las tierras que establecía el primer contrato colonizador, demorado 47 años el pago del préstamo en efectivo otorgado al gobierno de Salta, desconocido como pionero de iniciativas atribuidas a otros, Castellanos siente que esos años de lucha no han sido placenteros. Tres años antes de su muerte, aunque reconoce estar abatido, toma la pluma para refutar a sus críticos. He sido, dice, «el macho cabrío que los antiguos israelitas, inquietos por sus prevaricaciones e idolatrías, cargaban con sus pecados y lo echaban al desierto».

Al final de sus días, más justo con la historia y con su propia vida, siente que no sólo cosechó espinas o bebió del cáliz de la amargura. Veinte años después de fundada, contra viento y marea, la colonia Esperanza no sólo está de pie sino que ya justifica su nombre. «Después de tantos desastres, algo de desmoralizaron por el dilatado tiempo de vagancia y ser relegados ; tierra adentro, todas las familias tienen, sin embargo, su bienestar, con sus casas de azotea, millares de árboles de diversas clases, don de no había uno solo, molinos a vapor y demás, que ‘ es la admiración de los que las miran».

En 1877 la imprenta «El Comercio de Rosario» termina de imprimir su libro Colonización en Santa Fe y Entre RÍOS y el ferrocarril del Rosario a Córdoba. Tres años después, el 1 de abril de 1880, muere en Rosario de Santa Fe, ciudad de la que había sido jefe político  en 1868 y desde la que libró sus más importantes ; combates en su lucha por lograr un país mejor que aquél que conoció durante casi toda su intensa y agita da vida.

Ver Parte I

Fuente Consultada: Todo Es Historia Aarón Castellanos y las Colonias en la Argentina

Biografia de Aaron Castellanos Historia Fundacion de Esperanza

Biografía de Aaron Castellanos Historia Fundación de Esperanza Santa Fe

Para Pedro Goyena, profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, los salteños son:  «Los ingleses de la República» y Aarón Castellanos era salteño. Según todas sus semblanzas biográficas, Castellanos nació en Salta el 8 de agosto de 1800 y bautizado en esa ciudad el 11 de noviembre de 1799.

Sobre sus estudios no hay información y todas las semblanzas  lo hacen saltar de la cuna al caballo formando parte del escuadrón «Los Infernales de Güemes», donde revistó siendo adolescente obteniendo el grado de teniente. Muerto Güemes por una partida del ejército realista a mediados de 1821 y reabiertas las puertas del Perú tras el armisticio con Olañeta, el joven Aarón dejó las armas y abrazó los negocios.

En 1822 viaja a Perú dispuesto a abrirse paso como comerciante minero en Cerro de Pasco. Aquella prematura tentativa fue corta, tal vez por no resultar exitosa. Dos años más tarde Castellanos se encuentra de regreso en Salta dispuesto a reemprender actividades comerciales.

Sus veinticuatro años no son un obstáculo para que Victoriano Sola y Pablo Soria aceptaran integrarlo a la Compañía de Navegación del Bermejo. Soria, comerciante jujeño y tenaz opositor a Güemes, se disponía a realizar el primer intento del siglo XIX de remontar el Bermejo, siguiendo las huellas de las expediciones de fray Francisco Murillo y Adrián Fernández Cornejo a finales del siglo XVIII.

Anciano, casi octogenario, Castellanos recordará algunos detalles de esa empresa que situaba como una de las tantas promovidas durante la gestión de Bernardino Rivadavia, a quien definió como el primer hombre de Estado de la Argentina y de cuya obra se sentía orgulloso continuador. «Fui uno de sus apasionados», dice Aarón; «con tanta más razón cuanto que nadie antes que él había mirado más lejos del Arroyo del Medio.

Fue hasta los Andes, Bermejo, Pilcomayo y Magallanes». Navegar el Bermejo no era el único objetivo de la empresa de Sola y Soria. Su propósito más ambicioso «era colonizar los extremos más importantes del Chaco». En Oran, punto de partida de la expedición, se construyeron «tres embarcacio nes de diferente porte».

Las tres partieron a mediados de 1826 y, días después, al llegar a Nambucu, donde el dictador Francia había colocado un cerrojo a la entrada del Paraguay, los expedicionarios fueron obligados a bajar a tierra donde los detuvieron y les secuestraron las embaraciones, los planos, los apuntes y las armas que llevaban. Según todas las reseñas biográficas, al igual que Soria y el resto de la tripulación, Castellanos permaneció cinco años preso en el Paraguay.

Este dato no parece verosímil ya que él mismo no recuerda haber estado en prisión, cuando alude a aquel suceso. Las dudas se acrecientan toda vez que la documentación aportada por Ibarguren (h) demuestra que el 17 de junio de 1826, en los días de la partida de la expedición, Aarón Castellanos se casó en Buenos Aires con Secundina de la Iglesia y Castro, con quien, entre 1827 y 1848, tuvo quince hijos. Con lo cual, Castellanos habría participado de los preparativos de la expedición pero no de su realización. Esta impresión parece reforzada por el hecho de que en 1829 Castellanos aparece prestando, con la garantía del gobierno de Buenos Aires, 50 mil pesos en metálico al gobierno de Salta a cuyo frente estaba el canónigo Juan Ignacio Gorriti.

En 1876, al momento de escribir su folleto sobre la colonización, esa deuda permanecía impaga. Soria y los demás prisioneros fueron puestos en libertad en agosto de 1831. Meses más tarde Soria «publicó y repartió entre los accionistas un folleto dando cuenta del resultado de su viaje adjuntando un plano del Bermejo», añade Castellanos. Entre 1830 y 1840 aparece radicado en Buenos Aires donde funda establecimientos ganaderos sobre las líneas de frontera que separan las tierras controladas por ese gobierno de las controladas por los indios. Años después, antes de la caída de Rosas, vende sus campos a Simón Pereyra y José Iraola.

Veintitantos años después de Caseros, Castellanos dirá que con Rosas había caído sobre el país «una larga noche de veinticuatro años en cuyas tinieblas desaparecieron todas las empresas ya mencionadas (de la época de Rivadavia) y el aspecto grandioso que había asumido el país». Rosas era a la Argentina lo que Francia al Paraguay. «Así vino el país a criar vacas y nada más», escribe Aarón. Vendidos sus campos se embarca a Francia. «Yo de mi parte, sin esperanza alguna de ver empezado en el país lo que a gritos pedía —ferrocarril e inmigración—, me trasladé a Europa con toda mi familia, con el doble objeto de educar a mis hijos (…) Allí me encontraba cuando cayó Rosas».

Conocida la noticia, Castellanos cree que ha llegado el momento de desplegar sus proyectos. Aarón formaba parte de esa numerosa colonia de sudamericanos en París compuesta, al decir de Mayer, «de ricos estancieros y políticos en disponibilidad». Astuto, intuitivo y conocedor del terreno, Castellanos se dirige a Londres donde busca y consigue una entrevista con el barón James de Rothschild al que interesa en sus proyectos ferroviarios para Córdoba con el puerto de Rosario, sobre el que convergería el comercio de diez provincias, y de colonización de tierras en la Patagonia, las márgenes del Bermejo o Santa Fe.

En aquellos días estaba intacto el optimismo que infundía el progreso mate rial que alumbraba un nuevo mundo fundado «en el ferrocarril, en la banca y en el predominio de los industriales», al decir de un biógrafo de los Rothschild. Castellanos sabe el terreno que pisa y no suple con fantasías provincianas la debilidad de su país donde está todo por hacer. «Aunque allí nadie oye ni presta atención a lo que no es de presente, obtuve sin embargo la deferencia de ser escuchado».

Esa cautelosa evaluación dará paso a cierto optimismo: obtenido «todo lo que deseaba y no con poca satisfacción me embarqué para Buenos Aires, decidido a colocarme en la huella que había trazado Rivadavia, tantos años abandonada y que tanto alegaba (sic) mis instintos». Quería colonizar «para poblar nuestros desiertos, que es el peor enemigo del país», estableciendo «pueblos modelos» que moralizaran y prometieran un mejor porvenir a las generaciones futuras. Los colonos debían venir del norte de Europa, elegidos por «sus condiciones de inteligencia, moralidad, robustez y trabajo».

También por ser «más pacíficos» que los temperamentales pobladores del Mediodía que habían tomado armas en nuestras guerras civiles, explicó. La comprensión que encontró en Londres la perdió en Buenos Aires frente a un gobierno que ni siquiera consideró sus ideas respecto a la colonización de Río Negro hasta los Andes, y del Río Chubut hasta Magallanes.

Recordando los sucesivos incumplimientos de pago de la deuda que ese gobierno tenía con él desde 1829, pidió se le otorgara en propiedad la península de San José donde se proponía fundar un establecimiento ganadero y establecer allí un cuartel contra los indios. Frustradas sus expectativas decide instalarse en Santa Fe donde expuso su proyecto al gobernador Domingo Crespo. Castellanos se comprometía a traer mil familias de agricultores del norte de Europa, a los que pagaría el pasaje y entregaría 125 arados norteamericanos, 200 palas y abundante ropa.

A cambio, los colonos debían entregarle un tercio de sus cosechas durante cinco años. Las familias debían llegar en el transcurso de los diez años siguientes, en grupos de 200 familias que se embarcarían cada dos años. El gobierno santafesino se comprometía a entregarles 32 hectáreas en propiedad; ranchos para viviendas; doce cabezas de ganado; harina y semillas. La buena acogida del gobernador Crespo no era suficiente para alejar las suspicacias: «no faltaban quienes mirasen con sospecha» su proyecto.

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Fuente Consultada: Todo Es Historia Aarón Castellanos y las Colonias en la Argentina

Historia del Correo Argentino Creación Primera Estafeta Postal

Historia del Correo – Primera Estafeta Postal Argentina

Al producirse la expansión de la Corona Española hacia el continente Americano, y con el fin de asegurar las comunicaciones con los nuevos dominios, se creó por Real Cédula del 14 de mayo de 1514 el oficio de «Correo Mayor de las Indias, Islas y Tierra Firme de la Mar Océano Descubiertos y por Descubrir».

Como responsable del oficio se nombró en esa fecha al doctor Lorenzo Galindez de Carvajal. Con él se inició una cadena de transmisión familiar graciosa la cual los Carvajal ostentarían el cargo por más de dos siglos, hasta su novena y última representante: doña Joaquina Ana María Magdalena Nieves Brun de Carvajal y Vargas.

historia del correo argentinoMientras tanto en Europa los cambios políticos se sobrevenían con su consiguiente repercusión en las colonias: a los Reyes Católicos les sucedieron la Casa de Habsburgo y a ésta la Casa de los barbones, surgida en 1700.

Estos últimos, restauradores de la antigua grandeza y gestores de una nueva política liberal en sus posesiones, decidieron, entre otras medidas, crear nuevas formas de vida social, económica y cultural con sistemas y rutas comerciales para las «Provincias o Reinos de Ultramar».

Bajo esta dinastía es cuando se inicia también la reivindicación del sistema de correos, en especial durante el reinado del primer Borbón, Felipe V (1700/1746) cuando, por Real Decreto del 20 de junio de 1707, incorpora a la Corona la «Real Renta de Correos, Postas y Caminos de España».

Esta medida motivó un reordenamiento del sistema de correos de América y se anticipó, sin saberlo, a los problemas gue surgirían en el plano comercial y que afectaron a las Indias, especialmente al Río de la Plata, luego del Tratado de Utrecht (11/4/1713).

En esos tiempos lo correspondencia entre España y las colonias era transportada por tres medios: navios de registro (o mercantes), avisos (o pataches) y navíos de guerra.

Por cualquiera de ellos esa correspondencia circuló desde 1707—pagando un porte de seis reales de plata la onzo— hasta 1720, en que por Real Cédula fue libre de pago. A la fecha se desconoce la existencia de algún registro de las mercaderías transportadas como de lo referido o la correspondencia, pero éste, sin embargo, debió existir en forma sencilla. Se impondría luego, a partir de 1764, cuando son creados los Correos Marítimos.

Por otro lado, todas esos cartas viajaron sin marca postal alguna hasta 1772, fecha en que aparece la primera correspondencia procedente de Cádiz con destino a Buenos Aires con la marca «ESPAÑA».

LA CREACIÓN DE NUESTRO CORREO Pasaron los años y el Correo Mayor de Indias quedó dividido en dos: el de España, a cargo de la familia Thourund Taxis, y el de América a cargo de la familia Carvajal y Vargas, como ya señaláramos. Pero la política iniciada por Felipe V, de considerar al correo como un servicio del es todo, fue continuada a su fallecimiento en 1746 por su sucesor.

Así, por Real Cédula del 17 de junio de 1747, el rey Fernando VI nombra a don José de Carvajal y Lancaster en el cargo de Superintendente General de Postas y Correos, quien centralizó por muchos años el monopolio de la Rento de Correos. Sin embargo pasó el tiempo y poco fue lo que el Correo Mayor de las Indias, a través de sus nueve representantes, realizó en América —en especial en el Río de la Plata, ya que no se encuentra correspondencia alguna que no haya pasado por esa administración—.

La primera noticia que se conoce sobre correos en Buenos Aires es del entonces gobernador coronel don Balíazar García Ros (1715/17) quien publicó un bando para la reglamentación de los chasquis. Otra noticio es del séptimo Correo Mayor, don Diego Gregorio de Carvajal Vargas y Hurtado (1699/ 1731), quien procuró establecer un correo de chasquis entre Lima y Buenos Aires, llamado al que nadie compareció. Años después aparecería el verdadero organizador y fundador del correo en el Río de la Plata.

Nos referimos a don Domingo de Basavilbaso y Lopresa. Vizcaíno, natural de Llodío (Bilbao, España), nació el 1 ° de setiembre de 1709. Llegó y se estableció en Buenos Aires en 1727. Destacado comerciante ocupó importantes cargos públicos, siendo el primero el de Alcalde Ordinario de Primer y Segundo Voto en 1737. Más adelante, el gobernador teniente general don José de Andonaegui (1745/56) lo nombró administrador y tesorero de los «Derechos Impuestos» para controlar los gastos de una expedición contra los «indios infieles».

Fue por esa época que vislumbró lo necesidad de la organización de un correo fijo. El proyecto fue considerado necesario para el comercio y el octavo Correo Mayor de las Indias, don Melchor Malo de Molina y Espinóla, Marqués de Monterrico, solicitó en 1748 el establecimiento de «correos ordinarios». El pedido fue capitalizado por el gobernador Andonaegui, quien por Bando del 17 de junio de 1748 establece el Correo Fijo, nombrando como teniente del Correo Mayor de las Indias a don Juan Vicente de Vetolaza y Luna.

Es pues ésta la fecha iniciadora de nuestro sistema postal organizado. A Vetolaza y Luna le seguirán tres tenientes más hasta 1769, en que es nombrado, con justo reconocimiento, don Domingo de Basavilbaso y Lapresa, pero ahora con el cargo de administrador de la Real Renta de Correos de Buenos Aires. Basavilbaso y Lapresa permaneció en el puesto hasta el 19 de noviembre de 1771, fecha en que renuncia.

El 9 de mayo de 1775 fallece, legándonos las bases de nuestro Correo Argentino actual. Bajo su administración se nombró al primer cartero que tuvo Buenos Aires, en la persona de Bruno Ramírez, el 14 de septiembre de 1771. Finalmente destacamos que su casa, construida en las cercanías del ex Concejo Deliberante, fue la primera de las seis casas de correo de Buenos Aires. Pero eso es otro historia.

Bibliografía -BUNO, CAYETANO, Historia del Correo en América, Editorial Rivadeneira, Madrid, 1920. -CASTRO ESTEVES, RICARDO DE, Historia de Correos y Telégrafos as la República Argentina, Talleres del Correo, Buenos Aires Tomo li, 1938. -BosE, WAITER B.L., Historia del Correo de España e Hispanoamérica, Boletín de la Academia Iberoamericana . Filipina de Historia Postal, Madrid, 1951.