Biografía de Ana Frank

Biografia de Cecilia Grierson Primera Medica Argentina Mujeres

Cecilia Grierson:
La Medicina en Tiempos de Hombres

LA MUJER EN LA HISTORIA: VIDA DE GRANDES MUJERES DE LA HISTORIA

MEDICA argetina Cecilia Grierson

CECILA GRIERSON: Al hablar de la historia de la medicina argentina surge, ineludible, el nombre de Cecilia Grierson (1859-1934), la primera mujer que se graduó como médica en Sudamérica. Antes de eso fue docente y, según manifestó, comenzó estudios de medicina para ayudar a una-amiga enferma. Para hacerlo tuvo que obtener un permiso especial, pero cuando estaba en tercer año fue nombrada ayudante de la cátedra de Histología. Se recibió en 1889 y comenzó una carrera de logros, aunque no debidamente reconocidos.

En la historia del país, existen algunos nombres que quedarán para siempre ligados al forjamiento de la nación, ya que de alguna u otra manera han logrado cambiar por completo a la sociedad. Tal es el caso de Cecilia Grierson, un nombre que seguramente nos resultará familiar, ya que hoy existen calles, escuelas y fundaciones que llevan su nombre.

No obstante, quizás muchos desconozcan la historia de esta mujer, que luchó contra una sociedad machista para lograr alcanzar su sueño. Es que desde muy pequeña ansiaba poder ayudar a sus semejantes, y atraída por las ciencias relacionadas a la medicina, el 2 de julio de 1889 se graduó en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires, convirtiéndose de esta manera en la primera médica argentina.

Biografia de Cecilia Grierson Primera Medica Argentina

Nacida en Buenos Aires el 22 de noviembre de 1859, en un principio creyó que la docencia era su destino, por lo que se recibió de Maestra en la Escuela Normal Nº 1. Pero por aquellos mismos años, la tragedia y la enfermedad llagaron a su vida.

El padecimiento de su mejor amiga Amelia Kenig la instaron a realizar los estudios en medicina, con la esperanza de poder ayudarla, y al mismo tiempo se dio cuenta que las ciencias naturales eran su verdadera pasión.

Lo cierto es que la noticia no fue precisamente recibida con alegría entre sus familiares, ya que hasta ese momento ninguna mujer argentina había osado ingresar a la facultad de medicina.

No obstante, Cecilia Grierson se enfrentó a esa sociedad que pretendía despojarla de sus sueños y ambiciones, repudiándola por ir en contra de lo establecido, para finalmente graduarse en 1889. Mientras estudiaba, precisamente en 1886, fundó la Escuela de Enfermeras del Círculo Médico Argentino, desafiando otra vez a aquellos que la juzgaban por sus decisiones.

Su labor como médica comenzó en el área de ginecología y obstetricia del Hospital San Roque, conocido actualmente como Ramos Mejia. Allí comenzaba la actividad profesional de la doctora Cecilia Grierson, que fue realmente intensa e ininterrumpida hasta su fallecimiento.

Se convirtió en miembro fundador de la Asociación Médica Argentina, y en 1892 participó en la realización de la primera cesárea que se llevó a cabo en el país. Intentó brindar sus servicios como docente, en la Cátedra de Obstetricia para Parteras, pero no fue posible, ya que en aquella época las mujeres no tenían permitido cubrir cargos docentes en la universidad.

Innovadora en todos los terrenos, en 1897 publicó el libro “Masaje Práctico”, un compendio que explicaba y profundizaba acerca de la técnica kinesiológica, hoy considerado uno de los ensayos más precursores en este ámbito. Le siguieron a este las publicaciones de “Educación Técnica para la Mujer” y “La educación del ciego y Cuidado del enfermo”.

Su sed por capacitarse cada vez más en su profesión, la llevaron a viajar a Europa, y allí, precisamente en Londres, se desempeñó como Vicepresidencia del Congreso Internacional de Mujeres.

Inspirada en la pasión que había despertado con la realización de su último libro, dedicado a los no videntes, en 1905 inició el Instituto Argentino para Ciegos. Luego, dos años después fundó la Asociación de Obstetricia Argentina y el Liceo de Señoritas, en el que también se desenvolvió como profesora.

En su lucha por la igualdad de géneros, realizó un extenso estudio sobre el Código Civil, pero debió esperar más de una década para poder observar algunos cambios con la reformulación de ciertas normas.

Su actitud frente a la vida y su constante lucha por los derechos de las mujeres, si bien le reservaron un lugar en la historia argentina, lo cierto es que la enfrentó a una sociedad que no estaba preparada para afrontar los cambios radicales que planteaba. Por eso, fue injustamente repudiada.

No obstante, su talento fue galardonado y homenajeado tanto en vida como después de su muerte, reconociendo de esta forma su intensa labor en favor de la educación y la medicina Argentina.

Paradójicamente, el final de su vida Cecilia Grierson sufrió la pobreza y debió sobrevivir con una magra jubilación, hasta que el 10 de abril de 1934 su implacable voz de luchadora fue acallada por la muerte.

Ver: Grandes Mujeres Cientificas de la Historia

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Julieta Lanteri

Biografia de Golda Meir Primer Ministro de Israel Ejemplo de Vida

Biografía de Golda Meir Primer Ministro de Israel

Golda Meir: A principios de siglo era una pequeña emigrada rusa que refugiaba su pobreza en los Estados Unidos. Cincuenta años después ocupaba, por su propio esfuerzo, el más alto cargo en el gobierno del Estado de Israel, un país que había contribuido a crear y defender. Golda Meir culminaba así una larga lucha en la que había empeñado el esfuerzo de toda su vida.GOLDA MEIR Primer Ministro de Israel

Si alguna palabra puede de finiría es pionera, ha dicho uno de sus biógrafos. Pionera entre las mujeres que llegaron por sus propios méritos a los puestos más encumbrados de la política y el gobierno y también de lo que sería a partir de 1948 el Estado de Israel, cuya existencia, a la vez consolidada y amenazada, pocos como ella han contribuido a afirmar.

Es más: en algún momento de la década de 1971-1980 una difundida publicación europea se expresó en estos términos: «El futuro del mundo, la paz o la guerra, está en manos de dos mujeres: Indira Gandhi y Golda Meir.»

Esta mujer, cuya trayectoria parece abrir caminos nuevos para su sexo y aun para su pueblo, eligió bien su campo de acción: un país nuevo y joven que ella ayudó a nacer, donde no hay lugar ni tiempo que perder discutiendo prejuicios o tradiciones anacrónicas de discriminación entre los sexos. Golda Meir triunfó donde solo podían triunfar el talento, la capacidad la pasión y la voluntad.

La vida de Golda Mabovitch -su nombre de soltera- comenzó el 3 de mayo de 1898 en Kiev, capital ucrania de Rusia sudoccidental. Su familia era muy pobre: el padre trabajaba como ebanista, aunque, según una ironía de Golda, «los comunistas dirían, por mi origen, que pertenezco a la alta aristocracia proletaria». De sus siete hermanos solo sobrevivieron Shana, la mayor, y Zipora, menor que Golda. Desde temprano su carácter resuelto reveló que no solo de nombre se parecía a su bisabuela, Buba Golda, una distinguida matrona que vivió 94 años.

PRIMERA EMIGRACIÓN
En 1906 la familia Mabovitch se incorporó a la corriente de judíos rusos que emigraban a Estados Unidos en busca de horizontes más promisorios, libres de las persecuciones religiosas (pogroms) de la Rusia zarista. Establecidos en la ciudad norcentral de Milwaukee (estado de Wisconsin), el padre trabajó en una carpintería ferroviaria mientras la madre atendía una tienda de comestibles. La pobreza, sin embargo, no dejó de pesar sobre la familia.

Ello no impidió que el desempeño escolar de Golda fuese brillante, y ya a los 10 años demostró su espíritu de iniciativa al organizar una sociedad juvenil de ayuda, cuyo objetivo era proveer de libros a los niños necesitados. A los catorce años escapó de la casa paterna y se fue a Denver (estado de Colorado) a vivir con su hermana Shana, de ardiente ideario socialista, que influyó mucho sobre Golda. Allí encontró trabajo en una lavandería.

Hacia 1916 se hallaba de regreso en Milwaukee preparándose para seguir la carrera docente. Por entonces ya dedicaba gran parte de su tiempo a toda clase de actividades sociales de la comunidad judía: actuó así en el seno de organizaciones tales como el Poalei Zion -Partido Sionista Socialista-, la Asistencia a los Judíos de Europa Oriental, el Congreso Judío Norteamericano, y los establecimientos escolares Yiddische Folk Shulen. Estos últimos eran escuelas judías de tendencia socialista donde ella dictaba clases de yiddish. Sus vibrantes discursos en este idioma y en inglés despertaban ya la atención de algunos dirigentes.

Pero su paso por Denver había traído otras relaciones. Allí conoció, en un sanatorio para tuberculosos donde trabajaba Shana, a Morris Meirson, otro judío ruso inmigrado. «Teníamos en común -dice Golda- la pobreza, la tuberculosis y el socialismo.»

Según ella, debió a Morris su formación cultural. Juntos leían poesía y filosofía, y, como no tenían dinero, iban a los conciertos gratuitos y escuchaban a las orquestas que tocaban en algunas plazas públicas.

Pero hubo algo que los separó desde un principio: Morris no era sionista, y consideraba que los nacionalismos de los distintos países del mundo eran escollos interpuestos en el camino del internacionalismo socialista. Golda, que ya sentía las ansias de emigrar a la tierra prometida a su pueblo miles de años atrás, le respondía con vehemencia que el internacionalismo no significaba el fin de las naciones, así como las orquestas no acaban con los violines.

LA VOZ QUE LLAMA AL DESIERTO
Golda siguió trabajando para su pequeña organización política sionista, que bregaba por la construcción de una patria en Palestina, basada en un orden social sin desigualdades económicas. En 1917 decidió viajar a Palestina y trabajar en una colonia colectiva como jalutzá, es decir pionera.

Morris se oponía a la idea, pero era más fuerte su deseo de casarse con Golda. Así que acabó por aceptar la condición de que partieran juntos que ella le impuso. «Si él no me hubiera acompañado -dice Golda- habría partido igual, pero descorazonada.»

Durante tres años recorrió Estados Unidos recolectando dinero para su grupo y su periódico. Finalmente, en 1921, ella y su esposo se embarcaron rumbo a Palestina.

Los Meirson se instalaron en un kibbutz (típico establecimiento agrícola comunitario israelí) del valle del Esdraelón. En los primeros tiempos Golda trabajó en el desecamiento de pantanos y luego se especializó en la cría de gallinas. No había pasado un año cuando ya la habían designado delegada del kibbutz al consejo de la Histadrut, la Confederación General de Trabajadores Sionistas.

Morris, sin embargo, no pudo adaptarse a la vida del kibbutz: Golda deseaba hijos, y él no quería tenerlos en la colonia. En 1923 la pareja se fue de Merja-via. «Esos dos años -^recuerda Golda con nostalgia- fueron maravillosos: construir, construir, construir. Abandonar el kibbutz fue la mayor frustración de mi existencia, y aunque no podría haber actuado de otra manera, si pudiera reiniciar mi vida no lo volvería a hacer.»

Durante un año vivieron en Tel Aviv, hasta que en 1924 se trasladaron a Jerusalén. El sueldo de Morris era miserable y la pareja vivía en la estrechez. Cuando les alcanzaba para comprar un poco de pan y queso, ellos lo celebraban como si fuese todo un banquete. Mientras, Golda trabajaba de lavandera; y en ese tiempo nacieron sus dos hijos.

UNA PASCUA SIN DINERO
Para la Pascua, los Meirson se trasladaron a Hertzelia, donde había venido a instalarse el padre de Golda con parte de la familia. Los Mabovitch no estaban en mejor situación económica, sin embargo, y hubo un año en que no les alcanzó el dinero ni siquiera para comprar el pan de pascua judío (que se prepara sin levadura) y una botella de vino para bendecir la fiesta.

«El corazón se me encogió -relata Golda-. Faltaban pocos días para Pascua y yo no podía dormir pensando en lo que podría estar tentado de hacer en esa situación un judío orgulloso como mi padre.»

Golda decidió ir a Tel Aviv. Allí recorrió todos los bancos solicitando un préstamo, pero, por supuesto, nadie quería darle crédito. Finalmente, después de mucho trajinar, le concedieron una pequeñísima suma. Regresó feliz a Hertzelia y se la entregó a su padre. «Cuando vi la expresión de sus ojos… Bueno, no quiero que nadie vea a la primera ministra soltando una lágrima… Pero fue tremendo.»

A pesar de sus dificultades económicas, Golda no olvidaba su pasión por la causa. En 1928 ocupó el cargo de secretaria del
Consejo Laboral Femenino y se lanzó a la carrera pública, que en lo sucesivo habría de obligarla a viajar y alejarse con frecuencia de su hogar. Fue uno de los miembros fundadores del Mapai —el Partido Laborista de Israel- y estuvo vinculada a casi todos los aspectos del esfuerzo constructivo sionista.

UN LABORIOSO ASCENSO
Desde entonces se sucedieron ininterrumpidamente cargos y las responsabilidades cada vez más pesadas: secretaria general de la Histradut, jefa del departamento político de la Agencia Judía, embajadora en Moscú, encargada de diversas negociaciones internacionales -inclusive entrevistando a jeques árabes en una atmósfera de gran peligro físico para ella-, ministra de trabajo, ministra de Relaciones Exteriores y, finalmente, desde 1969, presidenta del consejo de ministros.

Su vida pública y sus continuos viajes le han significado, entre otros sacrificios, perder la compañía de su marido.
En 1974, una grave crisis política la obliga a abandonar su alto cargo. Prácticamente retirada de la vida pública le resta entonces tiempo para hacer algunas reflexiones sobre su vida y hasta irónicas alusiones a su carrera.«Toda mi vida adulta -ha dicho-he trabajado entre hombres, y ellos me trataron de acuerdo con mis méritos. Nunca conocí a un hombre que rechazara una opinión mía porque fuese mujer… excepto uno: mi marido.»
 

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Biografia de Gertrude Stein Escritora y Poetisa Gabriela Mistral

Biografía de Gertrude Stein Escritora y Poetisa Gabriela Mistral

Gertrude Stein
Aunque nació y pasó su juventud en Estados Unidos, fue en Europa donde primero se reconoció su innegable talento. Su profundo aprecio por el arte-especialmente la pintura- y su exquisita intuición le permitieron descubrir talentos ignorados, que luego serían reconocidos mundialmente. Su vasta obra literaria le valió ser considerada una de las grandes escritoras del siglo XX.Gertrude Stein

Su nombre resulta familiar a los amantes de la pintura por el famoso retrato que hizo de ella Picasso (foto). Pero pocos saben que se trata de una escritora norteamericana que contribuyó a renovar la literatura de su país durante el primer tercio del siglo XX.

También son pocos los que conocen el destacadísimo papel que le tocó desempeñar en la historia del arte contemporáneo. La fama de quienes la rodearon y de quienes ella contribuyó a formar o a revelar al mundo oscureció en cierto modo la suya propia.

NIÑEZ Y JUVENTUD NORTEAMERICANAS
La familia Stein residía en Allegheny (Pennsylvania) cuando nació Gertrude, en 1874. Como disfrutaban de un buen pasar, poco después de nacer la niña los Stein se trasladaron con sus tres hijos a Europa, como solían hacerlo en esa época las familias acaudaladas. Visitaron primero Viena, pasaron luego a París y, finalmente, el padre decidió volver a Estados Unidos, para instalarse en California.

Allí Gertrude comenzó a leer hasta convertirse en una lectora voraz por cuyas manos pasó una infinidad de volúmenes. La vida de los Stein transcurrió sin sobresaltos hasta que murió la madre y, un año después, el padre.

Gertrude tenía entonces dieciocho años. Con su hermano y su hermana se trasladaron entonces a Baltimore, en la costa atlántica. Gertrude asistió por entonces a los seminarios del famoso psicólogo y filósofo norteamericano William James, quien la inició en los secretos de la escritura automática –es decir, la que se escribe sin intervención de la voluntad consciente– mucho antes de que los surrealistas la pusieran de moda. Más tarde ella recurrió a ese procedimiento en algunas de sus obras.

Por su parte, William James quedó muy impresionado por la inteligencia de su discípula y la aconsejó que estudiara medicina y se dedicara a la investigación. Gertrude intentó seguir su consejo y cursó esa carrera durante cuatro años, al principio con resultados brillantes, pero a medida que avanzaba en sus estudios advirtió que la medicina no era su vocación y, ya próxima a graduarse, la abandonó para dedicarse a las letras y al arte. Decidió entonces tomarse un descanso y se embarcó con su hermano rumbo a Londres; no sabía que estaba abandonando su patria para siempre.

EUROPA ANTES DE LACRAN GUERRA
Una vez en Londres, Gertrude se pasaba los días leyendo a autores de la época isabelina en el Museo Británico. Comenzó también a escribir y ya nunca dejaría de hacerlo. En 1903, de común acuerdo con su hermano, resuelven trasladarse a París. Gertrude se instala en el número 27 de la rué Fleurus, una dirección que sería pronto famosa entre los artistas.

Durante una estadía en Florencia el hermano de Gertrude oyó hablar de un pintor llamado Cézanne, cuyos cuadros se hallaban arrumbados en la trastienda de un marchand.

Adquirieron primero un pequeño paisaje. Luego se interesaron por los grupos de desnudos del pintor. Entre tanto, merced a la acción desinteresada de Gertrude y su hermano, los cuadros de Cézanne empiezan a ser conocidos y aumentan de valor. Los hermanos llevan también a su casa dos Renoirs, después dos Gauguins, unDaumier, y más tarde un retrato de mujer de Cézanne. Esta última adquisición es importante porque Gertrude se inspiró en ese retrato para escribir una serie de novelas cortas que tituló Tres vidas y que se publicó en 1909.

Los muros de la rué de Fleurus se fueron cubriendo. En la exposición del Salón de Otoño los Stein, con certero ojo crítico, descubren a Matisse, quien había presentado a la muestra un retrato de mujer que fue el hazmerreír de la exposición. Pero a Gertrude le encanta y lo compra: es el retrato, hoy mundialmente famoso de La mujer del sombrero.

Apenas los Stein tocan a un pintor con su varita mágica, este se valoriza. Así sucede con Matisse, que paulatinamente va despertando la curiosidad y el interés del público. Gertrude y él se hacen amigos y, gracias al
pintor, la casa de la calle Fleurus empieza a ser frecuentada por toda la bohemia de París.

Un nuevo descubrimiento se suma a los anteriores: en una oscura galería Gertrude y su hermano tropiezan con un cuadro de un tal Pablo Ruiz Picasso que los fascina. Lo compran en seguida e invitan a la rué de Fleurus al entonces desconocido pintor español, con quien entablan una íntima amistad.

Después de Picasso acuden Braque y Juan Gris, padres del cubismo. Gertrude es el lazo de unión entre todos ellos: aunque no publica, sigue escribiendo y afinando su expresión; los artistas, por su parte, no dejan de apreciar la exactitud de sus observaciones y su juicio equilibrado.

Picasso se ofrece a retratarla y la escritora acepta, complacida. Nace así una de las obras más admiradas del pintor español, donde se reflejan los diversos matices de la personalidad fascinante de Gertrude. El retrato nos la muestra de cuerpo fuerte y macizo, iluminado por su mirada inteligente y tenaz. La expresión de los ojos y la boca trasunta una ternura muy femenina, pero también profunda firmeza.

En 1907 comienza a vivir con Gertrude una mujer callada, fiel e inteligente, Alice B. Toklas, que nunca se separará de ella. En 1933, como homenaje a Alice, Gertrude escribe La autobiografía de Alice B. Toklas, libro que -según la autora- debió de haber escrito Alice, pero que, por pereza, le encomendó escribir a ella. De estilo irónico y conciso, la obra es una magnífica fuente de información para quienes se interesan por el arte de principios de siglo.

La casa y la tertulia de los Stein se van haciendo célebres y también son visitadas por la aristocracia, pero la primera guerra mundial dislocó brutalmente ese clima de esteticismo e ilusorio progreso indefinido.

UN CUARTO DE SIGLO AGITADO: 1914-1939
La guerra sorprendió a Gertrude mientras visitaba en Inglaterra al matemático y filósofo Alfred North Whitehead, uno de los tres genios que ella confiesa haber conocido: el segundo era Picasso y el tercero ella misma. En cuanto pudo, regresó a París para contribuir al esfuerzo bélico. Compró entonces un automóvil y lo transformó en ambulancia, con la que Alice y ella recorrieron el país poniéndose a disposición de las autoridades militares, para auxiliar a los heridos.

Esa actividad no le impide seguir escribiendo: trabaja en Tender buttons (Botones tiernos), una colección de poemas, y en una ambiciosa novela titulada The Making of Americans (La forja de los norteamericanos).

Al finalizar la guerra el gobierno francés la condecora. Su fama, entre tanto, atrae a escritores jóvenes de América y Europa en busca de aliento e indicaciones. Así llega un buen día a lame de Fleurus el joven ErnestHemingway, gran admirador de la escritora, quien mueve todas sus influencias para que Gertrude publique The making… A Hemingway le siguen otros autores de talento, entre ellos Scott Fitzgerald. En 1934 el músico norteamericano Virgil Thomson compone Cuatro santos en tres actos, ópera con libreto de Gertrude. Ese mismo año ella publica Retratos y plegarías, y en 1938 un libro sobre Picasso.

Ya casi es «una inmortal», a pesar de que el gran público aún no la conoce. Su influencia se hace sentir, sin embargo, a través de los mejores escritores de Europa y Estados Unidos, que se declaran discípulos de ella. Los pintores a quienes ayudó a triunfar se han convertido en clásicos. De las paredes de su casa cuelgan varios de los cuadros más importantes de la primera mitad del siglo XX. Entonces, en pleno pináculo de su fama, Gertrude decide retirarse de la sociedad, para terminar su obra.

Cuando estalla la segunda guerra mundial ella sigue trabajando: escribe París, France (1940) y Guerras que he visto, que se publica póstumamente. Al finalizar la contienda, sigue escribiendo porque ante todo es escritora y la palabra es su mundo. Solo deja de escribir cuando muere, en 1946, rodeada del cariño y la admiración de Europa y América. Había legado a su época y a la posteridad lo mejor de sí misma.

Vida de Ernest Hemingway

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Biografia de George Sand Resumen de su Vida Historia de sus Amores

Biografía de George Sand Resumen de su Vida  e Historia de sus Amores

RESUMEN BIOGRAFÍA DE GEORGE SAND: Novelista de reconocido talento y empeñosa militante socialista, George Sand fue también célebre por sus desprejuiciadas costumbres y sus amantes, entre los que se contaron Chopin y Alfred de Musset. El derecho de la mujer a disponer de su cuerpo y de sus sentimientos tuvo en ella a una ardiente defensora.

La figura de George Sand es sumamente representativa de la alteración causada por el romanticismo en la mentalidad europea, incluso en la más tradicionalista y conservadora de las mujeres.

Por esta causa, su personalidad es mucho más interesante como documento de época que no como escritora, aunque siempre conservó un círculo fiel de lectores, cautivado por sus novelas y narraciones. «George Sand» —que éste fué su nombre en las letras — fue la primera mujer que «vivió su vida».

Desde luego, su existencia tiene muy poco de ejemplar, pues se entregó sin recato a los dictados de su temperamento apasionado y caprichoso.

VEAMOS SU BIOGRAFIA: Exaltada o denigrada por sus contemporáneos y por las generaciones que la sucedieron, puede decirse de George Sand que fue «la voz de la mujer en una época en que la mujer callaba», y abogó con su prédica y con su ejemplo por el derecho de la mujer a disponer de su cuerpo y de sus sentimientos.

Socialista por naturaleza más que por formación, intervino activamente en el movimiento revolucionario que sacudió a Francia y a Europa en 1848.

sand george novelista francesa

Novelista francesa, oriunda de la región de Berry. Su verdadero nombre es, Aurore Dupin. Estudia en el campo y en un convento de monjas. En 1821 contrae matrimonio con el barón Dudevant, de quien se divorcia en 1830. Viaja a París decidida a sobrevivir de lo que gana como escritora, y se integra a los círculos literarios románticos. En París tiene una vida libre y extravagante, se viste como hombre, adopta el seudónimo de George Sand y sostiene relaciones sentimentales con Alfred de Musset y Fréderik Chopin. entre otros. Hacia 1838 se declara partidaria de las ideas socialistas de Pierre Leroux, quien propone suprimir los privilegios y liberar a la mujer. Durante la Revolución Francesa de 1848 se hace republicana e intenta desempeñar algunos papeles políticos. En 1849 se retira a su ciudad natal y se aleja por completo de las luchas populares.

Fumaba y vestía ropas masculinas, para llamar la atención, por espíritu de cambio o porque le gustaba; romántica y realista a la vez, escribió por vocación y por necesidad algunas novelas notables, otras ilegibles, y dejó el testimonio de sus diarios íntimos y sus cartas, valioso por su autenticidad y su estilo.

Nació en París el 1° de julio de 1804, hija del teniente Maurice Dupin, de noble estirpe, y de Antoinette – Sophie– Victoire Delaborde, una bailarina alegre y tempestuosa. La abuela paterna se hizo cargo de la niña en 1808, año en que murió el padre.

Aurore era rebelde, sencilla y valiente; gustaba de cabalgar vestida de levita y pantalón. Rica y hermosa, en busca de respuesta a sus inquietudes, se empapó de las ideas filosóficas de su tiempo, así como de literatura y religión.

También tocaba el arpa y el piano, dibujaba, bailaba, escribía versos y prosa y sentía auténtico fervor por las artes. Pero los candidatos que se le ofrecían no eran jóvenes ni apetecibles. El 25 de diciembre de 1821 muere la abuela y Aurore se traslada a París para vivir junto a una madre resentida que la hostiga y esclaviza.

En la primavera de 1822, en casa de unos amigos de Sophie, conoce a un joven alegre y elegante, hijo natural y heredero del barón Dudevant. Casimir Dudevant era bondadoso, honesto y desinteresado.

Se casaron el 10 de septiembre de 1822 y se radicaron en Nohant, la heredad de Aurore. Pronto comenzaron sus desengaños: había anhelado un amor absoluto y casi místico, al que mal podía encarnar ese marido bonachón y algo torpe, que solo se interesaba por la caza, la bebida y la administración de sus bienes. El 30 de junio de 1828 nace el primer hijo: Maurice. GEORGE SAND

En 1825 Aurore comprende que ese hombre al que se esfuerza por satisfacer no concede valor alguno a sus riquezas interiores.

Se siente enferma, pero en realidad solo necesita otra clase de amor.

Lo encontró durante unas breves vacaciones en la persona de Aurélien de Séze, joven magistrado de Burdeos.

Fue un amor puramente espiritual, alimentado solo por las cartas que intercambiaron durante largo tiempo. A esta relación platónica sucedió otra, más completa, con Stéphane de Grandsagne, médico y sabio, «mitad tísico, mitad loco», a quien ella escoltaba de Nohant a París.

El 13 de septiembre de 1828 nace una niña, Solange, concebida en París, mientras Casimir se hallaba en Nohant consolándose con otros amoríos. Aurore y Casimir se acuerdan mutua tolerancia y libertad, para evitar engaños.

El 30 de julio de 1830 Aurore conoce en un castillo vecino a un joven de diecinueve años, rubio, frágil, tímido y «rizado como un pequeño San Juan», que estudiaba abogacía en París.

Confía sus hijos a un preceptor y se marcha con aquel iniciando una vida de deliciosa bohemia. Jules Sandeau y Aurore Dupin comparten gustos e inclinaciones. Ella consigue colaborar en un periódico satírico, Le Fígaro, y arrastra en la empresa a Sandeau, cuyo apellido corta convirtiéndolo en Sand para firmar sus trabajos literarios.

Al comienzo de su carrera literaria experimenta el influjo de la obra de Jean Jacques Rousseau y desarrolla la tesis de que una pasión tiene derecho a todo si es sincera,planteamiento que expone en novelas como Indiana (1831), Lelia (1833) y Mauprat (1837), cuyos personajes centrales deciden vivir su vida pese a las convenciones sociales que los oprimen. Bajo la influencia del socialismo, publica relatos sentimentales en los que defiende las reivindicaciones republicanas y populistas, en Consuelo (1841), El molinero de Angibault (1845) y El pecado del señor Antonio (1847).

Nacía así George Sand. Publica Indiana, su primera novela, con éxito rotundo, y los editores le ofrecen un adelanto por otra novela, Valentine, ya comenzada. Sandeau se siente disminuido en el plano físico y en el creador, mientras que George Sand, por su parte, ha comenzado a cansarse de ese joven perezoso y débil.

La pareja se deshace a comienzos de 1833 y él se marcha a Italia con el corazón destrozado. Ella vuelca en Lélia la causa de sus fracasos: el amor sentido «como una delirante avidez que ningún abrazo puede saciar»

En la primavera de 1833 conoce a un poeta de veintitrés años, tan bello como licencioso, entregado al champán, al opio y a las mujeres de vida fácil, pero un príncipe por su talento, que brillaba en el París mundano.

Alfred de Musset empezó divirtiéndola con su ingenio burlón, para luego enternecerla confesándole que la ama «como un niño». Termina por instalarse en el departamento de ella.

Bebe, inventa locuras y farsas, hace retratos y caricaturas, pero una noche tiene visiones que alarman a la saludable escritora.

En diciembre viajan a Venecia y empieza cada uno a ver los defectos del otro. Sin embargo, de regreso en París unos meses después «los amantes inmortales», Sand y Musset, vuelven a soldar sus románticas cadenas, pero los vaivenes de los celos, las rupturas y las reconciliaciones, tienen algo de agonía.

El 6 de marzo de 1835 Sand escapa definitivamente de ese infierno. Afirma que ha terminado con todos los tipos de amor: «el tierno y durable, el ciego y violento».

No obstante, vuelve a experimentar este último en la persona del abogado Michel de Bourges un activo republicano con quien mantuvo una tempestuosa relación que concluyó dos años después.

George Sand buscó consuelo escribiendo una de sus mejores novelas, Les Maitres Mosaistes, escrita en dos meses.

Hacía tiempo que una figura masculina rondaba su espíritu; un genio sensible y delicado, rebosante de espiritualidad: el músico polaco Federico Chopin. Se habían conocido en una velada musical donde el compositor comentó: «¡Qué antipática esa Sand! ¿Es verdaderamente una mujer? Lo dudo.» Ella decidió demostrárselo.

La amistad común de Liszt y su amante, Marie d’Agoult, facilita sus propósitos, y va a buscarlo a París en octubre de 1837. El había roto con Constancia Gladowska, su novia polaca y no rechazaría un amor protector y recatado, propio de su naturaleza exquisita.

La alarmante tos del pianista los impulsa a cambiar de clima y se trasladan a Palma de Mallorca con los dos hijos de ella. Alquilan una casa inadecuada donde recrudece la dolencia de Chopin.

Se mudan entonces a un convento en ruinas. El músico languidece, empeora y se siente perseguido por las sombras. Lo que Sand denomina su «catarro» es tuberculosis de la laringe. Se embarcan para Marsella, donde Chopin ya casi no tose«y vuelve a estar alegre como un jilguero cuando no sopla el mistral»

El 19 de junio de 1839 George Sand y «sus tres hijos» llegan de regreso a Nohant. Comienza una nueva etapa en la vida de la escritora: la fragilidad de su amante impone serenidad.

En Nohant se trabaja, pero Chopin desea volver a sus discípulos; también George Sand quiere vivir en París para hacer economías. Se instalan en un palacete frente a la Place d’Orléans y los veranos se trasladan a Nohant.

Pasan varios años de cuidados solícitos por parte de ella, y de intensa labor creadora por parte de Chopin, hasta que con una carta digna y amarga dirigida a Chopin, en 1847 George Sand sella la separación que marca asimismo el final de su vida amorosa.

Le quedan aún muchos años vitales, en los que escribe, entre otras, su mejor novela, Consuelo, y sigue redactando sus diarios íntimos y los densos volúmenes en que vuelca la historia de su vida.

En 1848, después de la caída del «rey burgués», Luís Felipe, se convierte en la musa republicana y brega por la instauración de un gobierno más liberal. Se declara socialista, pero el triunfo de los moderados en la Asamblea termina con su idealista intervención en la política francesa.

El 17 de octubre de 1849, muere Chopin. Ella sigue escribiendo sus veinte páginas reglamentarias cada noche. Tenía en Nohant su refugio permanente, animado por los jóvenes artistas a quienes protegía, por los allegados que se cobijaban bajo sus alas, por las representaciones teatrales que se organizaban en el teatro que había hecho construir en su castillo.

Compone ahí las piezas teatrales, teje, borda tapices, recibe a los visitantes ilustres y ejerce su magnetismo fascinante sobre todos quienes la rodean. La pasión ha madurado en bondad, y el capricho, en sensatez. Se perdona a sí misma sus errores y los juzga con ojos tolerantes de anciana matrona.

 Agrega prefacios inéditos a sus tumultuosas novelas diluyendo o compensando con conceptos equilibrados y tibios sus antiguas audacias, donde otrora había inmortalizado a sus amantes. Uno de los más brillantes, Mus-set, muere en 1857.

Más le duelen las muertes de sus nietos Niní-hijade Solange, con quien se ha reconciliado hace ya tiempo- y Marc-Antoine, hijo de Maurice, en 1865. En 1870 y 1871 presencia la caída del Segundo Imperio y la Comuna, sin reconocerse en los comuneros como vieja socialista del 48. Ya solo la esperan las sombras y recuerdos de su vida tempestuosa y de los 106 nutridos tomos de sus obras completas cuando fallece en Nohant el 8 de junio de 1876.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

Elisa Brown y Francisco Drummond Amor de la Hija de Brown

Amor: Elisa Brown y Francisco Drummond

AMOR ETERNO: Francisco Drummond, nació en Dundee, una ciudad de Escocia en el año 1803. Fue hijo del Capitán Francis Drummond y Chatarine Young. Su familia pertenecía a la elite de Forfar, sus antepasados habían servido a la causa de la Casa de Bruce y también a la de Stuart.

Elisa Brown y Francisco Drummond Además, tenían una tradición militar, tanto es así que su padre y sus cuatro hermanos habían muerto en combate. En su juventud viajó a América, una vez allí, se incorporó voluntariamente a las fuerzas del almirante Guillermo Brown . Aunque era muy apuesto y hacia suspirar a varias mujeres, Drummond tenía ojos solamente para la hija del almirante Elisa, que tenía 17 años. (imagen izq.)

A medida que las visitas de Drummond se incrementaron, el Almirante consintió que los jóvenes mantengan el romance. Así, Francisco y Elisa solían pasear por los álamos que adornaban el jardín de la casa de Brown. El amor que sentían uno por el otro era tan transparente que con sólo mirarse se comunicaban. Apenas se miraban. Él, orgulloso pero retraído en su respeto; ella, ansiosa aunque tímida y recatada.

Brown los miraba desde lejos y sonreía al verlos. Sin embargo, el tiempo de paz se terminó y ambos militares debieron continuar con su carrera, partiendo hacia la guerra con el Brasil. El capitán Drummond sería el comandante de una de las tres naves argentinas que enfrentarían a dieciséis buques brasileños.

Su barco era el Independencia. El saldo de la guerra que Argentina entablo con Brasil fue desfavorable, la tensión entre ambos países había quedado latente en episodios como la batalla de Ituzaingó.

Los brasileros esperaban tener una revancha y se encarnizaron con este nuevo enfrentamiento bélico. De esta manera, las tres naves patriotas se defendían como podían, rodeadas por las dieciséis enemigas que vomitaban plomo y muerte.

Franciso Drummond se destaca en batalla, era un verdadero león sobre la cubierta de su buque. Cuando en medio de un bombardeo se quedaron sin municiones, Franciso ordenó cargar los cañones con eslabones de cadena, todo menos rendirse, pensó.

A pesar que los brasileros iban ganando, Drummond nunca dejo de dar batalla, con un humo que enturbiaba el sitio y el futuro, una esquirla le arrancó una oreja de cuajo a Francisco Drummond. Malherido no dejaba de dar órdenes. Al presenciar que la vida de Drummond corria peligro, el almirante Brown, desde otra nave, la Sarandí, le ordena mediante señales con banderas que abandone el buque de inmediato, quemando antes su casco para que no cayera en manos del enemigo.

Sin embargo, Francisco continuó peleando, tomó un bote y, en medio del fragor de la lucha, se abrió paso hasta el Sarandí para pedirle a su almirante más municiones y su autorización para no abandonar la contienda. Al verlos las naves enemigas descargan contra el pequeño bote todas las municiones, volando en pedazos la embarcación.

Drummond herido de muerte es rescatado por sus compatriotas, llevándolo a bordo del tercer navío argentino, el República. Allí es acostado en la litera de Juan Coe, el joven capitán de ese buque. Drummond comprende que va a morir y, con la mayor premura, cumple sus deberes heroicos. Pronuncia unas palabras que evitan cuidadosamente la queja; entrega a su amigo, el capitán Coe, el anillo nupcial para Elisa y alcanza a mantenerse vivo hasta la llegada del propio almirante, en cuyos brazos muere.

Al regreso, en febrero de 1827, el Almirante se encarga de dar la fatídica noticia a la joven Elisa, la cual apretando con fuerza el anillo que su prometido le dejó antes de morir, lo besará y se marchará en silencio, algunos dicen que sufrió desde ese momentos una leve demencia. A Francisco lo velaron en la comandancia de marina y lo enterraron con honores en el cementerio protestante.

Diez meses después, Elisa decidió vestirse con el traje de novia que había bordado para su casamiento con Drummond, y se adentró en el río, quitándose la vida. Después de este hecho fatídico, el Almirante Brown no pudo reponerse, de tal manera que Guillermo Enrique Hudson lo vio muchos años después, vestido de negro y parado en la puerta de su casa, mirando fijamente a la distancia.

Le pareció un fantasma. El jardín de la casa del almirante fue suplantado por la plazoleta Elisa Brown, un modesto homenaje municipal.

Fuente Consultada: Crónica Loca de Víctor Suerio y Espadas y Corazones de Balmaceda

Biografia de Maria Antonieta Mujer de Luis XV Rey Francia (301)

Biografía de María Antonieta Mujer de Luis XVI

Carlota CordayFlorence Nightingale
Ana FrankMaría Antonieta

Resumen Biografía de María Antonieta: Nacida para reina, gozó hasta el fin la vida despreocupada y frívola de la corte. Sin embargo, amargos sinsabores y un desenlace trágico la aguardaban luego del 14 de julio de 1789: al descrédito sucedió el encarcelamiento hasta culminar en la guillotina.Biografia de Maria Antonieta Mujer de Luis XV

«Celebrada por unos y vilipendiada por otros hasta la calumnia, la encantadora y frívola María Antonieta tuvo un destino tan brillante en sus primeros tramos como trágico en su desenlace. Nacida en Viena el 2 de noviembre de 1755, hija de los emperadores austríacos Francisco de Lorena y María Teresa, la pequeña archiduquesa fue destinada desde niña a cimentar la alianza entre dos coronas.

Prometida desde los doce años al Delfín de Francia, el futuro Luis XVI, se trató de educarla de acuerdo con las conveniencias de su futura misión, sin demasiado éxito.

Caprichosa y mimada, su espíritu solo admitía los conocimientos que le llegaban a través de la diversión. Indiferente a las lecciones de la historia, hablaba incorrectamente el francés, era una mediocre ejecutante de clavicordio y su ortografía resultaba desesperante.

Los rasgos armoniosos, la cabellera rubia con matices rojizos, la piel sonrosada y perfecta y el rápido fulgor de sus ojos azules, así como su finísimo talle, la vivaz ingenuidad de la expresión y el encanto de sus movimientos sedujeron a los franceses desde que hizo su entrada triunfal en el país de su prometido, el 8 de mayo de 1770, cuando aún no había cumplido quince años.

Caminó hacia el Delfín entre músicas y perfumes, uniformes de gala, arcos de flores y guirnaldas, aplausos y aclamaciones, compitiendo ventajosamente con la risueña primavera francesa.

El 16 de mayo, en medio de un entusiasmo desbordante, se celebró la boda en Versalles. El Delfín, modesto, inteligente, sin ser brillante, indeciso y tímido ante las responsabilidades, escribe en su diario al día siguiente: «Nada». Y «nada» fue durante varios años, hasta que aceptó someterse a la pequeña operación.

Por su parte, María Antonieta se entrega inmediatamente al vértigo de las distracciones-bailes, mascaradas, juegos y representaciones teatrales- y también al juego. Su comportamiento resulta imprudente en medio de una corte donde la apariencia es más importante que la honradez y donde la adulación encubre intrigas y calumnias. Honesta y espontánea por naturaleza, la Delfina no advierte el peligro. No es respetuosa de las formas, que son a veces la aparente salvaguardia del honor, y da a Madame de Noailles, encargada de instruirla al respecto, el mote de Madama Etiqueta.

Indisciplinada, bromista, irrespetuosa, se divierte transgrediendo sus indicaciones y las del conde de Mercy-Argenteau, a quien María Teresa, temerosa del comportamiento de su hija, ha encomendado su vigilancia y custodia. El Delfín, confiado y benevolente, tolera todos los caprichos de su consorte, absorbido a su vez por los placeres de la caza y su afición a la cerrajería y los relojes.

Cuando el 10 de mayo de 1774 muere el rey Luis XV, la pareja se abraza llorando, espantada por la responsabilidad que la aguarda. Son demasiado jóvenes, demasiado inexpertos y no se sienten preparados para reinar. Ella carece de sentido social y político, y sus impulsos, cuyas consecuencias no sabe medir, hacen del poder una cuestión de amor propio. El es recto, consciente y magnánimo, pero su indulgente inseguridad frente a las exigencias ajenas, más la sumisión que demuestra ante su mujer, harán de su reinado una función sin autoridad. El 11 de junio de 1775 se efectúa la emocionante ceremonia de la coronación en la catedral de Reims. Pero la corona pesará tanto sobre esas dos cabezas que acabará por hacerlas caer.

La reina se sustrae a esa carga con sus ligerezas: bailes, paseos a caballo, ostentosas fiestas campestres. Rousseau y otros filósofos han puesto de moda la naturaleza y la reina obedece esos principios que quieren ser virtuosos. En el Trianón, casa de campo que le ha cedido Luis XVI, juega a las pastoras refinadas con sus amigas la princesa deLamballe y la duquesa de Polignac.

Estos ingenuos placeres alimentan la malicia de la corte y las sospechas del pueblo. Como no son ajenos a esas reuniones varios galantes caballeros-entre ellos el conde de Artois, hermano del rey-, se tejen al respecto historias y cantitos malignos o picarescos.

El prestigio de la reina decae día a día y sus buenas acciones y sus obras caritativas no bastan para apuntalarlo. Las calumnias y los cuchicheos van y vienen, como la marea, de los barrios populares a Versalles y de la corte al pueblo. La contemplación de una puesta de sol o de un amanecer se convierte en orgía para la maledicencia, y las prebendas que otorga a sus favoritos se exageran hasta cifras siderales. Se asegura que el Trianón tiene paredes tapizadas de diamantes y que se han invertido millones en su reparación.

El hambre, la falta de trabajo y de harina hacen el resto: la popularidad se va trocando en odio, y la admiración en rencoroso desprecio. Comienza a ser «la Austríaca», la enemiga, «Madame Déficit». Aunque el rey ha dejado constancia en su diario de sus relaciones matrimoniales, y en 1778 nace su primera hija, María Teresa, se pone en duda su capacidad y se lanzan sospechas sobre esa paternidad y las posteriores, que traen al mundo a Luis José en 1781, a Luis Carlos en 1785 y a María Sofía en 1786. María Sofía morirá en 1787 y Luis José en 1789.

En 1785 se produce el llamado «affaire del collar de la reina», que termina de minar el ya deteriorado prestigio de la soberana y que tal vez apresura la caída de la monarquía. Los hechos, a grandes rasgos, son los siguientes: el cardenal de Rohán, que se ha ganado la antipatía de María Antonieta, recibe de una aventurera apellidada Lamotte Valois el encargo de adquirir para la reina y por mandato de esta un collar de diamantes de seiscientas mil libras, en una operación respaldada por documentos privados y que debe quedar en absoluto secreto.

El cardenal, deseoso de recuperar el favor de la soberana, se presta al trámite y entrega la joya a la falsa intermediaria. La falta de pago provoca rumores y estalla el escándalo. Se comprueba la inocencia de María Antonieta en toda esta fraudulenta intriga, en la que se ha jugado su nombre.

La caída de la Bastilla el 14 de julio de 1789 no es más que el signo exterior de un largo proceso de descontento, amasado por la miseria y el hambre e impulsado por las ideas revolucionarias. Pero el rey sigue siendo un símbolo casi sagrado y aún cabe pensar en una conciliación entre la monarquía y el pueblo. El violento traslado de los soberanos de Versalles a las Tullerías puede dar lugar a un contacto más estrecho entre el poder real y el pueblo, pero la indecisión de Luis XVI y la fuerza creciente de la Revolución lo torna un imposible.

La huida de la familia real a Montmédy en la noche del 20 de junio de 1791, y el forzado y humillante retorno al ser reconocidos en Varennes, en franca calidad de prisioneros, son jalones de una parábola que se precipita hasta el encarcelamiento en la torre del Temple, el 16 de agosto de 1792.

Desde su celda central María Antonieta, «espiada hasta en el sueño», oye los cantos hostiles de la muchedumbre, las aclamaciones con que saluda las ejecuciones y los alaridos con que exige que la decapiten. El 3 de setiembre pasa bajo su ventana el cadáver mutilado de su amiga la princesa de Lamballe, cuya cabeza se exhibe en una pica y el corazón en otra.

El 21 de enero de 1793 el clamor de la multitud le anuncia que el rey ha sido ejecutado.

«La loba austríaca», «la tigresa sedienta de sangre», «la fiera salvaje», «la viuda Capeto«, «la bribona», envejece y se consume a causa de los tremendos padecimientos.

El 15 de octubre de 1793 comienza el proceso, en el que actúa como acusador público el feroz Fouquier-Tinville.

Ha habido interrogatorios preliminares en los que el Delfín, de apenas ocho años, ha confesado, bajo amenazas previas, que su madre y su tía Élisabeth le han enseñado a masturbarse y lo han sometido a contactos incestuosos. Estas y otras atrocidades, más la acusación de haber dilapidado los bienes de Francia y conspirado contra el país con potencias extranjeras, fueron el nudo del proceso.

La reina mantuvo en todo momento su dignidad y su presencia de ánimo, sorteando las trampas y respondiendo con habilidad a los innobles ataques. No obstante, fue declarada culpable y condenada a muerte por unanimidad.
El 18 de octubre de 1793 salió de la Conciergerie en una carreta, en dirección a la plaza de la Revolución. La cabeza de la última reina absoluta de Francia fue tronchada y mostrada a la muchedumbre por el verdugoSamson. «Así murió -escribiría luego Alfonso de Lamartine- la reina ligera en la prosperidad, sublime en el infortunio, intrépida en el cadalso.»


Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Biografia Gabriela Mistral Resumen Vida de la Poetisa Chilena Obras

Biografía Gabriela Mistral
Resumen Vida de la Poetisa Chilena

Biografía de Gabriela Mistral: Poetisa chilena de excelsa calidad, la primera figura literaria de Hispanoamérica, tras haber obtenido el premio Nobel de Literatura correspondiente al año 1945. Nació en Vicuña (valle de Elqui), Chile, el 7 de abril de 1889, y sus padres, unos campesinos, Godoy y Alcayaga de apellido respectivamente, la pusieron por nombre Lucila.

La bondad, ternura y ansia maternal de su corazón dispusiéronla admirablemente para la enseñanza que ejerció durante once años en liceos de Antofagasta, Los Andes, Punta Arenas, Temuco y Santiago. Quizás fuera el abandono y la tristeza que signaron su infancia lo que la hizo bregar a lo largo de toda su vida por los desposeídos, los niños y los indígenas.

Pero esta circunstancia también despertó en ella una necesidad de expresarse a través de la poesía que le valió, en 1945, el Premio Nobel de Literatura, por primera vez concedido a un escritor latinoamericano. Gabriela Mistral

A su padre le debió la vocación poética y la tristeza que marcó en forma indeleble su infancia, transcurrida enteramente en la ciudad chilena de Vicuña -en el valle de Elqui- donde nació el 7 de abril de 1889.

Es que, siendo apenas una niña, Lucila Godoy Alcayaga, conocida mundialmente con el seudónimo de Gabriela Mistral, sufrió el impacto del abandono paterno. Jerónimo Godoy, en efecto, se marchó un día para siempre, aunque no sin antes haber cultivado en la pequeña el gusto por la poesía y el amor por los campesinos, la tierra, y sus frutos primarios.

En la infancia de Gabriela reinaron desde entonces su tía Emelina y su abuela, que por las noches leía la Biblia en voz alta y la iba familiarizando con la poética sensualidad de los versículos del Cantar de los Cantares.

Antes dé terminar la escuela primaria escribe sus primeros versos y traba amistad con algunas compañeras que comparten sus lecturas y juegos. El recuerdo de esos días la acompañará siempre, a tal punto que en su madurez evocó a sus amiguitas con calidez y ternura: Todas íbamos a ser reinas / de cuatro reinos sobre el mar. /Rosalía con Ifigenia y Lucila con Soledad. / Iban las cuatro con las trenzas de los siete años, / y batas claras de percal / persiguiendo tordos huidos / en la sombra del higueral.

A la edad de quince años Gabriela ya publica en un periódico y firma con seudónimos enigmáticos y melancólicos: «Alguien», «Soledad», «Alma». En 1906 comienza a trabajar en una escuela primaria de La Cantera; allí conoce a Romelio Ureta, un empleado de ferrocarril con quien inicia un noviazgo de largas charlas en una sala de pensión provinciana, de paseos y confidencias por los senderos de campaña.

Nada en Gabriela revelaba que estuviera viviendo una intensa pasión, pero ese opaco idilio que el tiempo desgastó lentamente dio origen a una de sus obras más importantes, directamente inspirada por el prematuro fin de Romelio que, en 1909, sustrae una modesta suma de la estación de ferrocarriles de La Cantera y cuando es descubierto, se suicida. Impresionada por la tragedia, ese mismo año Gabriela escribe sus célebres Sonetos de la muerte, con los que gana en 1914 los Juegos Florales de la Sociedad de Artistas y Escritores. Es el momento en que comienza la leyenda.

Los lectores de Chile y del extranjero advierten la presencia gallarda e imponente de esa mujer volcada hacia la tierra, los desposeídos y el dolor. Se trata de alguien que habla de materias y texturas simples: pan, harina, miel; del reflejo de una llama de pinos en el rostro de los seres queridos. Poco a poco los versos de Gabriela cobran trascendencia, pero no abandona el magisterio. Hasta 1921 recorre toda su patria enseñando y escribiendo.

Es profesora en Traiguén, Antofagasta y Los Andes; directora de liceo en Punta Arenas, Temuco, y Santiago. Su nombre cruza la frontera, atraviesa América, se carga de resonancias misteriosas; es discutido, defendido y vituperado.

Paralelamente, el fervor religioso de Gabriela busca un cauce en forma impetuosa y desordenada: primero se aferra al catolicismo, después a la teosofía y también –por breve lapso- al espiritismo. Se vuelca luego al budismo por influencia de las suaves poesías de Rabindranath Tagore, pero de ese Oriente que predica amor y paz entre los hombres retorna años después al catolicismo completando así un accidentado ciclo.

Entre tanto, los dorados salones de la aristocracia chilena se abren para ella. Las señoras de linaje admiran el carácter indomable pero tierno de Gabriela, ya una luchadora que enarbola la bandera del feminismo. La poetisa, a quien poco le importa su propio aspecto exterior, sabe apreciar en otras las sutilezas del arreglo femenino ye s cautivada por esas damas elegantes y refinadas, aunque su asiduidad con la clase alta no tarda en inspirar nuevas críticas; es tildada de «arribista».

A esa altura de su trayectoria, su fama ha llegado a otras tierras y en 1922 el ministro de educación de México, José Vasconcelos, la invita a viajar a ese país para colaborar en la organización de la enseñanza rural. México la deslumbra por el color del cielo y la riqueza de su pasado indígena, pero sobre todo por el amor de la gente, que la ayuda a sobrellevar una soledad mitigada tan solo por su secretaria, compañera y amiga íntima, Laura Rodig.

En 1922 se publica en Estados Unidos la primera edición de Desolación; al año siguiente sus poesías se difunden en España. Los seis meses que Gabriela debía pasar en México transcurren como una exhalación y la invitación se extiende a dos años. Finalmente en 1924 el gobierno mexicano le ofrece un viaje a Europa y Gabriela acepta.

A partir de ese momento las giras de trabajo, de estudio o de exploración se sucederán ininterrumpidamente. En 1925 regresa a Chile y se jubila como profesora; el gobierno la nombra representante en el Instituto de Cooperación Intelectual de la Sociedad de las Naciones, en Ginebra, y comienza así su carrera diplomática.

En 1932 es nombrada cónsul en Genova, pero no llega a ejercer sus funciones porque se declara antifascista. La trasladan a Madrid, pero también allí tiene dificultades: en una comida, un grupo de intelectuales, entre los que se contaba Miguel de Unamuno, ,se burla de las razas indígenas latinoamericanas. Esa actitud hace nacer en Gabriela una amargura y un resentimiento que, durante años, restó ardor a su cariño por España.

En 1935 el Congreso chileno la designa cónsul vitalicio con la prerrogativa de designar ella misma el lugar donde desempeñará sus funciones. A medida que pasan los años y que el nombre de Gabriela se agiganta, su lucha contra cualquier tipo de opresión se profundiza. Recibe en su consulado madrileño a Pablo Neruda, prófugo de Chile, actitud que le vale el desagrado del gobierno de su país.

En la batalla contra la injusticia y el despotismo surgen otras compañeras: en 1938 la editorial argentina Sur, que dirige la escritora Victoria Ocampo, publica Tala a beneficio de los niños vascos víctimas de la guerra civil española. La causa de la mujer y de la solidaridad humana une así a dos mujeres de orígenes tan distintos como la chilena y la argentina.

Gabriela es un personaje en el mundo de la diplomacia y actúa como tal, pero solo la intimidad le pertenece. Esa intimidad la comparte con su secretaria y con su sobrino Yin-Yin, a quien ha adoptado. Ese hijo del espíritu es su amor más intenso en la madurez pero será también su dolor más profundo.

En 1943, mientras Gabriela se desempeña como cónsul en Brasil, el muchacho de diecisiete años se suicida. Nunca se aclararon las razones. Se habló de enredos amorosos, pero la poeta urdió historias fabulosas, conjeturó persecuciones, atribuyó el suceso a bandas de malvados «que me lo mataron porque era blanco y tenía ojos azules». Esa muerte fue a unirse con aquella que la había sacudido en su juventud y a partir de ese instante la razón de Gabriela comenzó a vacilar. Años antes había dicho: los huesos de los muertos pueden más que la carne de los vivos. Aun desgajados hacen eslabones fuertes, donde nos tienen sumisos y cautivos.

En 1945 gana el Premio Nobel, pero la noticia apenas la arranca de su sopor. Está cansada, sueña con afincarse definitivamente. El dinero del premio le permite comprar una casa en Santa Bárbara, en Estados Unidos. Pero Gabriela no se pertenece, los honores le indican itinerarios: es nombrada cónsul en Veracruz, gana el Premio Serra de las Américas. Vuelve a Italia se entrevista con el papa Pío XII. le habla de los niños pobres de América, de los indígenas. Poco tiempo después, se entera con orgullo de que el Sumo Pontífice propicia una campaña en favor de los indios.

El sol de Italia le depara momentos de felicidad. Se instala en Bapallo, donde las colinas que enfrentan el Adriático le recuerdan las costas de su Pacífico natal. Pero es apenas un momento de descanso. En 1954 aparece su libro Lagar y decide viajar a Chile: será su último viaje. Su tierra natal la recibe pletórica de agradecimiento y amor. Se dirige al pueblo desde los balcones de la Casa de la Moneda en Santiago. Allí pregona cambios, paz, un mundo distinto, y es ovacionada. Luego parte nuevamente a Estados Unidos.

El 10 de enero de 1957 muere de un cáncer al páncreas en el hospital de Hampstead, Long Island. Esa misma mañana había charlado durante dos horas con Jacques Maritain, el célebre filósofo católico. Hablaron del futuro del mundo, de los niños y callaron sobre ese tema que ninguno de los dos quería tocar.

SUS ULTIMOS AÑOS: Físicamente Gabriela aparecía como una mujer recia, con una frente donde se evidenciaba la raigambre india en el nacimiento de su pelo y, como contraste, los ojos verdes que dimanaban esa desolación que siempre llevó a cuestas en su vida, pero que al mismo tiempo miraban con ternura. Su risa era franca, abierta, «una risa de diosa», como alguien dijo, risa deslumbrante, de niña.

Sus manos finas, largas, de lento movimiento, eran manos de sembradora espiritual. En su entorno siempre parecía acompañarla el resplandor mágico que irradia la luz del genio que ella convertía en algo cotidiano, en algo común, gracias a su trato sencillo, a su naturalidad, al aspecto de maestra rural que conservó toda la vida.Sus últimos años los pasa en los Estados Unidos. Nueva York, Washington, Miami, Monrovia o Santa Bárbara.

Al final ya en Rosslyn Harbor. El 10 de enero de 1957 muere en el hospital de Hampstead, pequeña ciudad industrial del estado de Nueva York. Sus restos son trasladados a Chile por vía aérea. En Santiago se realizan en su honor unas exequias monumentales. De acuerdo con su voluntad, sus restos mortales descansan en la pequeña población de Monte Grande, donde pasó los mejores años de su infancia.

La personalidad de Gabriela Mistral está escindida, como en casi todos los grandes artistas y literatos latinoamericanos, en la dualidad América-España. Se ha escrito y hablado bastante sobre una posible ascendencia vasca de Gabriela. Su padre y su madre eran chilenos de cepa española, posiblemente un tanto vasca, mezclada con sangre indígena procedente de alguna subdita de los incas. Tal «vasconidad» no tiene como prueba documentos, sino elucubraciones que surgen alrededor de los apellidos de sus progenitores.

Pero sea como sea, en Gabriela se unen los rasgos típicos y esenciales de la raza hispanoamericana: el espíritu rebelde e individualista heredado del español y esa actitud hierática de ídolo de piedra, esos silencios como abismos tan característicos de los indios. Se ha dicho que Gabriela no sentía simpatía por los españoles, lo cual no es cierto. «De su contradictorio amor a España —escribe Margot Arce— tendríamos mucho que decir.

El recuerdo de la conquista y la colonización de América y el maltrato de los indios por los encomenderos españoles, la encolerizaba hasta hacerle perder la ecuanimidad. Varias veces disputó con sus amigos sobre esta cuestión apasionadamente.

Solíamos decirle que su antagonismo nacía de una gran semejanza de temperamento y que, por mucha sangre india que tuviese, lo español era el factor dominante en ella.» Pero de su trato con españoles ilustres, entre ellos el gran poeta catalán Caries Ribas, Gabriela extrajo enormes satisfacciones, hasta el punto que llegó a afirmar: «Cuando los españoles son finos, no cabe duda de que son la aristocracia del mundo.»

SU POESÍA: Gabriela aparece en el mundo de la poesía cuando ya el modernismo había dado todo de sí. Su obra comienza apoyándose un tanto en aquel estilo. Pero los diferentes acontecimientos que marcan su vida van modelando en ella un estilo personal, un acento diferente.

La ausencia de la protección paternal y la falta de confianza en los hombres determinaron que Gabriela se viese obligada a refugiarse en sí misma, a confiar sólo en sus propias fuerzas. Y si en un comienzo la poetisa vuelve sus ojos a Rubén Darío, con el paso del tiempo, cuando en su pluma se torna ya palabra su voz, esta voz sería sólo la suya, la de Chile, un país que hasta su advenimiento no había dado casi nada importante en poesía.

El marco histórico donde Gabriela se forma como poeta es aquel en que México, con su revolución social, abre un nuevo ciclo político en la historia hispanoamericana. En la Argentina triunfaron sobre la oligarquía nuevas fuerzas sociales: las democráticas. Se vivía aún bajo los efectos de la primera guerra mundial. Pasada la euforia del modernismo, los escritores hispanoamericanos se volvieron hacia una expresión humana más sencilla, más americana. Y su perso-nera más destacada en este tiempo es Gabriela Mistral.

Como Neruda, sus versos rezuman cierta inspiración geográfica que se torna canto a las extensiones planetarias de Hispanoamérica en general y de Chile en particular. Gabriela maneja un idioma cuya faz es la piedra desgastada por el paso del tiempo, que ella recoge en su raigambre y lo hace explotar con sus impulsos telúricos. La pasión, la fuerza, la mezcla extraña de ternura y tosquedad, imprimen en esta voz acento inconfundible.

Y aunque su poesía ha tenido seguidores e imitadores, en todo el ámbito hispanoamericano nadie alcanzó ese tono trágico, esa tierna profundidad, ese hondo dolor que palpita en los diferentes planos en que se mueve su poesía: el que canta a los niños, el que se dirige a los mudos físicos y el que exclama, suspira o llora con sus más íntimas sensaciones.

PARA SABER MAS…

El descubrimiento de Lucila como poetisa vino como consecuencia de los Juegos Florales de Santiago de Chile del año 1915. Su libro Los sonetos de la muerte ganó la flor natural, pero la timidez de la esforzada maestra prefirió una suplantación amistosa a la hora de recoger el galardón y los aplausos del público. Hasta 1922 no aparece su primer libro impreso, Lectura para mujeres, que, al igual que Desolación, del año siguiente, recoge las vivencias de un corazón entregado al recuerdo de un primer y único amor, que malogróse fatalmente con la muerte del amado.

En efecto, Romelio Ureta, el joven empleado de Ferrocarriles que había hecho estremecer su vida de angustia y esperanza, se suicidó por culpa de un mal amigo, que no cumplió la promesa de restituir los fondos que Romelio retiró de la empresa para auxiliarle.

El título de ese libro, que recoge todo el proceso emocional de Lucila, entre el arrebato amoroso y el desconsuelo, es suficientemente expresivo. La intensidad de sus sentimientos la empujaron a no renunciar al recuerdo de aquel hombre por espacio de muchos años. Así transcurrió la juventud de la poetisa y se marchitaron otras oportunidades para su corazón.

A partir de los treinta años, «la mitad de mis días», según frase de ella misma. «Gabriela Mistral» (que fue el seudónimo adoptado en homenaje de admiración hacia el gran poeta provenzal, tan identificado con la campesina que Lucila llevaba siempre dentro de sí), enriqueció su mundo poético, proyectándose definitivamente en pos del amor a la humanidad, al universo y a Dios.

Su Ternura (título de un libro que en 1924 publicara en Madrid) se vuelca maternalmente sobre los pequeños, los débiles, los ofendidos. Con su actividad consular coincide la aparición de las últimas obras, Nubes blancas (1934), Toema de las madres y Tala (1938), si exceptuamos Lagar, que apareció en 1954, cuando era ya víctima del mal, una terrible enfermedad que encadenó durante los últimos años las energías de Gabriela y que, al fin, habría de hurtar de este mundo una de las almas más nobles y caritativas que hayan existido.

Fuente Consultada:
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Biografia de Frida Kahlo Resumida Vida y Obra Pintora Mexicana

 VIDA Y OBRA DE FRIDA KAHLO – DIEGO RIVERA

RESUMEN DE SU BIOGRAFÍA: Frida nació en 1907 en México, pero como le gustaba proclamarse una hija de la revolución, decía  que había nacido en 1910.

Su padre fue Guillermo Kahlo, descendiente de judíos húngaros; nació en Alemania.

A los 19 años viaja y se instala en México, casándose en segundas nupcias con Matilde Calderón.

La tercera de las hijas es Frida, será “la preferida” de su padre. Sus dos hermanas mayores fueron Matilde y Adriana; después de ellas nació el único hijo varón de la familia, el cual sobrevivió apenas unos días

FRIDA KAHLO

Su vida ha estado marcada por una gran tragedia, contrajo la polio a los seis años, esta primera enfermedad le dejó una secuela permanente: la pierna derecha mucho más delgada que la izquierda.

En 1922 entró en la Escuela Nacional Preparatoria de Ciudad de México y fue precisamente en esta escuela donde entraría en contacto con su futuro marido, el conocido muralista mexicano Diego Rivera, a quien le había sido encargado pintar un mural en el auditorio de la escuela.

Ya habiendo superado esta deficiencia y cuando tenía unos 18 años de edad, fue cuando el autobús en el que viajaba se estrelló contra un tranvía.

 Sufrió fracturas múltiples y una barra de hierro atravesada por entrar en la cintura y sale por la vagina.

Debido a este último hecho tuvo que ser intervenida quirúrgicamente varias veces y pasó gran parte de su tiempo pintando en la cama. Durante su tiempo de convalecencia,  la madre le colgaba un espejo sobre la cama y Frida siempre se pintaba a si misma: «Me pinto porque estoy a menudo sola y porque soy el tema que mejor conozco.»

Tras su recuperación, que le devolvió la capacidad de caminar, una amiga íntima la introdujo en los ambientes artísticos de México donde se encontraban, entre otros, la conocida fotógrafa, artista y comunista Tina Modotti y Diego Rivera.

Frida admiraba a ambos, al artista y al hombre y quería su opinión acerca de su arte. Rivera estaba muy impresionado y la animó a continuar con su trabajo.

En agosto de 1929, cuando Diego tenía 42 años y Frida veinte menos, deciden unirse en matrimonio, la madre de Frida se horroriza y se niega a asistir a la boda, pues para ella su hija iba a casarse con un gordo comunista y ateo, varias veces divorciado y que le doblaba la edad.

Pero él, que ya es rico, logra neutralizar esa oposición pagando la hipotea que pesa sobre la casa de la familia en Coyoacán. Además, organiza una bulliciosa e inolvidable fiesta en la que no falta nada: el escándalo armado por su ex-mujer, llantos, borracheras y hasta tiros.

Frida escribiría más adelante: «Sufrí dos grandes accidentes durante mi vida. Uno en el cual un vehículo me atropelló. El otro accidente es Diego». 

Esposos, camaradas y amantes, pintores de contraste, juntos y opuestos, ella sobre la silla de ruedas, él desde el andamio con, fueron desde ese momento dos espacios contrapuestos del arte mexicano: la introspectiva y el extrovertido, «la paloma y el elefante», como los llamaron sus contemporáneos.

El clima político del país se tornaba progresivamente más inhóspito para los simpatizantes de la izquierda y el programa de pinturas murales que exaltaban la Revolución fue suspendido.

Pero la fama de Rivera en los Estados Unidos crecía y la pareja fue a Nueva York para participar en una retrospectiva de su pintura, 6rganizada por el Museo de Arte Moderno.

En esta etapa Frida era considerada sólo como su encantadora y algo exótica que acompañaba al famoso muralista El Museo de Detroit encargó una serie de murales y allí Frida sufrió un aborto.

Se trasladaron después a Nueva York  porque Diego fue contratado para realizar un mural paraa el Rockefeller Center. La obra, aún sin terminar originó un enorme escándalo por la insistencia del pintor en incluir un retrato de Lenín y finalmente fue destruida.

Retornan a México en 1935. La convivencia entre los dos artistas no es para nada plácida. Ambos se aman y se apoyan mutuamente, pero, autodefinidos como librepensadores, huyen de cualquier convencionalismo.

Frida acepta los romances más o menos públicos de Diego, hasta que éste entabla uno con Cristina, la hermana menor de ella. La pintora se enfurece.

Es entonces cuando inicia una larga secuencia de amores con hombres y mujeres famosos.

Se dice que Rivera toleraba mejor sus relaciones homosexuales y que los hombres que se acercaban a Frida lo ponían violentamente celoso.

Frida con su misterio y su belleza ambigua, era una las s más seductoras del momento.

Tenia una mirada penetrante, boca carnosa y ojos inesperadamente dulces bajo unas cejas agresivas.

Cuidaba con esmero su aspecto: se vestía con los trajes típicos de las indias tehuanas, de faldas largas y enaguas ribeteadas n puntillas. Para adornarse usaba collares, anillos y aretes de diseño precolombino y trenzaba sus cabellos sujetándolos con plumas y todo lo que tuviera a mano.

Había diseñado su propio personaje.

En vez de ocultar sus imperfecciones, las destacaba, desafiante. Por eso, en sus autorretratos el bozo que cubría su labio superior aparece exagerado.

Su vida con su marido siempre ha sido muy tumultuosa. Diego y Frida tenía muchos amantes no volver, las traiciones compensado el marido con los amantes de ambos sexos. El dolor más grande de Frida fue la imposibilidad de no tener hijos (aunque más de una vez embarazadas, las secuelas del accidente hizo imposible llevar un embarazo a término), lo que puso de manifiesto en muchas de sus pinturas.

El líder revolucionario ruso León Trotsky, asilado en México en 1937, fue uno de sus más controvertidos amores. A su llegada, Trotsky y su mujer se alojarol2en casa de los Rivera, y allí surgió un breve romance entre la pintora y el viejo y aún gallardo revolucionario.

Es probable que a Frida la moviese más la admiración que la atracción erótica; y también, en el afán de darle celos a Rivera con el hombre que en ese momento él más respetaba.

La aventura no sólo creó fuertes tensiones en la convivencia de las dos parejas, sino que inquietó sobremanera a todos los colaboradores cercanos de Trotsky.

Cualquier escándalo podía poner en juego su prestigio internacional. Pero el ruso, enamorado como un adolescente, no escuchaba a nadie; y fue Frida la que finalmente se cansó de la relación.

Él le siguió escribiendo apasionadas cartas, que ella nunca contestó, y todo terminó con la mudanza de los huéspedes y el violento alejamiento de Rivera y su esposa del trotskismo.

Pero ese amante célebre no fue el único, ni mucho menos: antes y después de Trotsky el nombre de Frida aparece ligado a actrices como Maria Félix, Dolores del Río, Paulette Goddard, pintoras como Georgia O’Keeffe y Emmy Lou Packard, asistente de Diego; además del fotógrafo Nickolas Muray, el gran escultor Isamu Noguehi, el joven galerista Julien Levy y otros.

Algunas amantes lo fueron también de Diego Rivera, a veces simultáneamente. Los escandalizados mexicanos murmuraban que Frida le quitaba las mujeres a su marido.

Ella no se preocupaba demasiado por lo que dijeran de sus amores. Seguía viviendo; y sobre todo, seguía trabajando.

En Enero de 1939 Frida viajó sola a París para una exposición de su trabajo, patrocinada por André Breton. A pesar de su limitado éxito en París, recibió comentarios favorables de los críticos. Una pintura de su exposición en París, “Autorretrato – El Marco ” se convirtió en la primera obra de un artista mexicano del siglo XX adquirida por el Museo del Louvre.

FRIDA KAHLO

UNA VIDA MARCADA POR LA ENFERMEDAD: A partir de 1946, la salud de Kahlo empeoró a pasos agigantados. En 1946 la operaron para quitarle un hueso de la pelvis y ponérselo en la columna vertebral. No dejaba de perder peso.

En 1949 su pie derecho, afectado por la poliomielitis que sufrió de pequeña, se puso peor. Diego estaba allí para apoyarla. Le prepararon una exposición individual en 1953 y ella asistió, aunque tumbada en una gran cama que llevaron a la galería.

También fue el año en que le amputaron la pierna por debajo de la rodilla. Trató de suicidarse al año siguiente. «Ahora quiero a Diego más que nunca, el día que Diego se muera, yo también me moriré con él, no pienso vivir sin él porque Diego es todo para mí», escribió.

Las últimas palabras de Frida escritas en su diario fueron «espero que la ausencia sea alegre y espero nunca regresar».

Él volvió a casarse al año de la muerte de ella con la marchante Emma Hurtado. Murió en 1957 de una crisis cardíaca. (Fuente Consultada: 99 Amores de la Historia de Alicia Misrahi)

La relación con Diego es cada día más tormentosa. A comienzos de 1940, la pareja se divorcia, aunque continúa apareciendo juntos en público.

En mayo, cuando se produce el primer intento de asesinato de Trotsky, Rivera se refugia en San Francisco, Estados Unidos, huyendo de los rumores que lo implican: se dice que prestó el camión en el que se trasladaron los agresores, pero nunca fue probado; más tarde se atribuyó esta colaboración a su amigo, el muralista David Siqueiros.

Lo que es sabido es que a las diferencias personales entre él y el ruso ahora suman otras mas hondas, de tipo político.

En una tarde de verano Trosky finalmente muere asesinado por el estalinista Ramón Mercader, que pasaría veinte años en una cárcel de México antes de regresar a su país y ser condecorado por sus servicios.

Frida es interrogada por la policía y decide reunirse con su marido en EE.UU., donde dos meses después se casan de nuevo, bajos las siguiente condiciones: 1) Ella se mantendría financieramente independiente con la venta de sus cuadros 2) Ella pagaría la mitad de los gastos de la casa y 3) no mantendrían relaciones sexuales.

Diego la echaba a faltar terriblemente y aceptó voluntariamente los términos. Se casaron de nuevo el 8 de Diciembre de 1940, el día del cumpleaños de Diego.

La relación con Diego es cada día más tormentosa. A comienzos de 1940, la pareja se divorcia, aunque continúa apareciendo juntos en público.

En mayo, cuando se produce el primer intento de asesinato de Trotsky, Rivera se refugia en San Francisco, Estados Unidos, huyendo de los rumores que lo implican: se dice que prestó el camión en el que se trasladaron los agresores, pero nunca fue probado; más tarde se atribuyó esta colaboración a su amigo, el muralista David Siqueiros.

Lo que es sabido es que a las diferencias personales entre él y el ruso ahora suman otras mas hondas, de tipo político.

Durante 1940 Frida participó en muchas exposiciones colectivas en México y USA.En la primavera de 1953 la Galería de Arte Contemporáneo de esta misma ciudad le organizó, por primera vez, una importante exposición.

La salud de Frida era muy mala por entonces y los médicos le prohibieron el asistir a la misma. Minutos después de que todos los invitados se encontraran en el interior de la galería se empezaron a oír sirenas desde el exterior.

La muchedumbre enloquecida se dirigió al exterior, allí estaba una ambulancia acompañada de una escolta en motocicleta. Frida Kahlo había sido llevada a su exposición en una cama de hospital. Los fotógrafos y los periodistas se quedaron impresionados.

Ella fue colocada en el centro de la galería. La multitud fue a saludarla. Frida contó chistes, cantó y bebió la tarde entera. La exhibición había sido un rotundo éxito.

Sus pinturas reflejan los duros momentos que ha pasado en su vida  y  eran  tan  «fuerte», que parecían  surrealista: «Creían que yo era surrealista, pero nunca lo fui. Nunca pinté sueños, sólo pinté mi propia realidad..»

Murió de neumonía en Coyoacán el 13 de julio de 1954. No se realizó ninguna autopsia. Fue velada en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México y su féretro fue cubierto con la bandera del Partido Comunista mexicano, un hecho que fue muy criticado por toda la prensa nacional. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas las alberga la Casa Azul de Coyoacán, lugar que la vio nacer.

En su diario la última frase, porque las dudas: «Espero alegre la salida y espero no volver jamás”.

Diego Rivera amor de Frida Kahlo

Diego Rivera. — Pintor muralista mexicano, nació en Guanajuato en 1886 y murió en México en 1957. Estudió en la capital de México, en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, influido por José Guadaluqe Posada.

Desde 1907 viajó por Europa regresando a su país natal en 1921. Al año siguiente creó junto a Orozco el «Movimiento Mural Mexicano», siendo su principal representante. Su pintura mural es de asuntos sociales y sobre todo la vida popular del pueblo mexicano.

Obras suyas nos las ha dejado patente en la secretaría de Educación pública, en la Escuela de Agricultura de Chapingo y en el anfiteatro de la Escuela preparatoria. A partir del viaje a Rusia (1927) se convirtió en el Creador de la estética revolucionaria mexicana y de exaltación del pueblo azteca. Pintó con este nuevo simbolismo el Palacio de Gobierno de Cuerna-vaca; el Palacio Nacional, en el de Bellas Artes e Instituto de Cardiología. En Moscú la Casa del ejército rojo, en los EE. UU., El Instituí of Artes of Detroit; Worther School de Nueva York, etc.

Ver: Vida de Diego Rivera

Ver: Biografia de David Siqueiros

Fuente Consultada: Amantes y Cortesanas de Cecilia B. Madrazo

grandes amantes

Historia de Ana Frank Joven Judia Atrapada Por los Nazis Resumen

Historia de Ana Frank Joven Judía
Atrapada Por los Nazis

Carlota CordayFlorence NightingaleAna FrankMaría Antonieta

Resumen Biografía de Anna Frank
Forzada a refugiarse en un sórdido escondite para escapar de la muerte a manos de los nazis, y urgida por la necesidad de aliviar su encierro, Anna Frank -una joven judía holandesa- logró plasmar una obra que refleja fielmente el crimen de la guerra. Su inmolación, en un campo de exterminio, convirtió definitivamente a su «Diario» en un testimonio inapelable.Ana Frank Joven Judia Atrapada Por los Nazis

Corría el año 1933 y Hitler acababa de ser designado Canciller del Reich alemán, cuando los Frank, una familia de comerciantes, decidió emigrar a Holanda, porque las primeras medidas de los nazis contra los judíos tornaban insegura su permanencia en Alemania. Anna, Margot y sus padres se instalaron en Amsterdam y llevaron una vida cómoda durante algunos años.

Pero esa prosperidad dura poco. En 1940 Ale manía invade Dinamarca y Noruega, luego Holanda y Bélgica, y consigue la rendición de Francia. Europa entera está convulsionada por la guerra.

Las disposiciones de los nazis contra los judíos se extienden a los territorios ocupados por los alemanes. Se les imponía la obligación de llevar puesta una estrella de David identificatoria; debían ceder sus bicicletas -imprescindibles para movilizarse-; tenían que hacer sus compras en lugares y horarios determinados. Paulatinamente se les prohibió subir a los tranvías; salir de sus casas después de las ocho de la noche; practicar deportes; frecuentar a los gentiles (es decir a los no judíos).

BREVE HISTORIA
Anna Frank, segunda hija de un matrimonio de clase media, había nacido en Francfort el 12 de junio de 1929. Era inteligente y sensible, bonita y vivaz, y cursaba el segundo año del Liceo Judío cuando cumplió trece años. Entre los regalos que recibió en esa oportunidad había chocolates, algunos juegos, unos libros y un cuaderno con tapas de cartón titulado Diario.

Anna tenía padres excelentes, una hermana tres años mayor que ella, muchos camaradas y hasta algunos admiradores. Pero echaba de menos a una Amiga, con mayúscula: alguien a quien confiar sus pensamientos más íntimos. Entonces inventó una: Kitty, y comenzó a escribirle largas y frecuentes cartas en su Diario.

Por entonces -1942- la persecución antisemita arreciaba. Los judíos eran apresados por familias enteras y enviados a los campos de concentración y de exterminio; sus pertenencias pasaban a poder del gobierno alemán. Los Frank tuvieron que optar entre caer en las garras de la Gestapo -la policía secreta alemana-, y esconderse, ya que era imposible huir del país.

Prepararon entonces con todo cuidado un refugio en la trastienda de una vieja casona de comercio, adonde trasladaron solo lo imprescindible para la subsistencia. Y una noche lluviosa se ocultaron allí desapareciendo como imprevistamente de la casa familiar.

Compartían el escondite con cuatro personas más. Debían vivir siempre en él, sin dejarse ver, sin que ninguna señal alertara sobre su presencia a los vecinos o a las patrullas -ni luz, ni ruidos, ni movimiento—. Dos fieles amigos de la familia los proveyeron de alimentos conseguidos en el mercado negro, ya que el racionamiento era muy estricto y de recurrir al aprovisionamiento normal hubieran sido pronto descubiertos.

Durante dos años, los ocho fugitivos convivieron estrecha y penosamente hasta que el 4 de agosto de 1944 la policía irrumpió en la trastienda. Nunca se supo cómo pudo descubrirlos pero los ocho infortunados fueron detenidos y trasladados a campos de concentración.

Solo el padre de Anna sobrevivió a la barbarie nazi. Ella fue recluida en el campo de exterminio de Bergen-Belsen, donde murió en mayo de 1945, después de ocho meses de cautiverio y pocos días antes de la rendición alemana.

UNA CIRCUNSTANCIA CASUAL
Durante el allanamiento del refugio todo lo que había en él fue destruido. Entre los libros y revistas revueltos y diseminados por el piso se encontró, después, intacto, el Diario de Anna y, con excepción de algunos párrafos que no ofrecen interés general, fue publicado íntegramente. Este acontecimiento fortuito permitió conocer la personalidad de una talentosa adolescente, cuyo diario se convirtió en un testimonio inapelable del crimen de la guerra.

Anna leyó mucho en su pequeño mundo de reclusión puesto que, como la lectura era prácticamente la única actividad permitida, su padre había tenido la previsión de reunir una buena cantidad de libros. Y en las horas que no se empleaban en comidas, higiene, estudios o ejercicios físicos -rigurosamente planificados para aprovechar al máximo las escasas posibilidades de movimiento-Anna leía o meditaba. Volcaba luego sus reflexiones en el diario que escribía para sí, sin preocuparse por asombrar, y sin haber previsto nunca que pudiera llegar a ser otra cosa que su desahogo confidencial.

A lo largo de sus páginas impresionan lo certero del juicio y la penetración psicológica de la muchacha. Anna sabe observar y observarse, descubrir sus propias actitudes y las motivaciones ajenas, y las transmite con una mezcla conmovedora de frescura y madurez.

ELLA Y LOS OTROS
Cuando comenzó a escribir, Anna era una chiquilla alegre, sociable, quizás algo frívola. Pero a medida que transcurre el tiempo y que el aislamiento la hace más reflexiva, va cobrando forma su personalidad adulta. Observa paso a paso sus propios cambios: los sentimientos que experimenta por su padre fluctuarán de una admiración infantil e incondicional hasta la tolerancia comprensiva y filial. En cambio, las diferencias de carácter la separan un tanto de su madre y las relaciones con Margot -la hermana- oscilan entre una franca indiferencia y una intimidad muy tierna.

La población de la trastienda la completaban un matrimonio, su hijo Peter -jovencito reservado y solitario- y un viejo dentista amigo de la familia. Anna no siente ninguna afinidad por ellos. La peculiar relación conyugal del matrimonio Van Daan la fastidia: no comprende sus disputas y peleas ni su modo de entrometerse en la vida privada de los Frank.

No obstante, después del primer año de convivencia, la sorda hostilidad que sentía por Peter se fue transfigurando .en curiosidad, interés, solidaridad, hasta que finalmente el Diario refleja el más candoroso enamoramiento.

Una particularidad del Diario consiste en que Anna utiliza las anécdotas de la vida cotidiana para reflexionar sobre problemas trascendentales que indican la vastedad de sus inquietudes: la religión, la amistad, la educación.

LA GUERRA EXTERIOR
A menudo Anna interrumpe en su narración las pequeñas historias del refugio y su gente; así suele hacer cuando algún acontecimiento importante hace presumir que cambiará su suerte. Las especulaciones políticas, la expectativa tensa, la ansiedad de que la vida dependa de decisiones arbitrarias muy lejos de su alcance, le producen temor. Pero la fuerte personalidad de la joven no se permite ni un minuto de desaliento, porque a través de sus palabras está siempre presente la alegría de estar viva. En un momento en que pudo mirar afuera por una ventana abierta exclamó: «Mientras esto exista y yo pueda ser sensible a ello -este sol radiante, este cielo sin nubes-, no puedo estar triste».

Anna se sintió siempre afortunada de poder vivir escondida en aquella trastienda mientras sus amigos y parientes que no habían podido escapar sufrían despiadados vejámenes que solo concluían con la muerte. «Sí, nosotros estamos bien (…) a resguardo y nos permitimos hablar de la posguerra (…) cuando deberíamos economizar cada céntimo para salvar a los afligidos.»

La historia de Anna Frank es hoy muy conocida. Tal vez porque la publicación de su Diario la reveló como a una notable escritora en potencia; porque es el testimonio de la historia de la humanidad.

En realidad, su vida fue la de tantas otras muchachas que vivieron y murieron en Europa entre 1930 y 1945 y su muerte pasó inadvertida hasta que se conoció su Diario. Se la recuerda, no solo por lo que fue sino por lo que pudo haber sido; no únicamente por ella sola sino portados los niños que murieron en esos años terribles.

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Una Página del Libro de Ana Frank: Con fuerza, con esperanza, con dulzura y con pasión, Ana escribe en su diario sobre su familia, sus inquietudes de adolescente y las crueles circunstancias que le tocaron vivir a causa del nazismo.

«Kitty aún no sabe nada sobre mí. Por lo tanto, tendré que explicar brevemente la historia de mi vida. Mi padre tenía ya treinta y seis años cuando se casó con mi madre, que tenía veinticinco. Mi hermana Margot nació en 1926, en Francfort del Main. Y yo, el 12 de junio de 1929.

Puesto que somos cien por cien judíos, emigramos a Holanda en i933, donde mi padre fue nombrado director de la Travies N.V., empresa asociada con Kolen y Cía, de Amsterdam. Ambas sociedades estaban instaladas en la misma casa, y mi padre era uno de sus accionistas.

Debo decir que nuestra vida no estaba marcada de emociones, porque el resto de la familia todavía estaba luchando para hacer frente a las medidas hitlerianas contra los judíos. A consecuencia de las persecuciones de 1938, mis dos tíos maternos huyeron y llegaron sanos y salvos a los Estados Unidos. Mi abuela, que por entonces tenía setenta y tres años, vino con nosotros.

Después de 1940, nuestro bienestar se acabó rápidamente: primero la guerra, después la capitulación y la invasión de los alemanes, que nos dejó en la miseria. Una medida tras otra en contra de los judíos. Los judíos tenían la obligación de llevar la estrella, de ceder sus bicicletas… Tenían prohibido subirá los tranvías, conducir vehículos… Tenían la obligación de hacer sus compras exclusivamente en las tiendas que llevaban la marca de «tienda judía » y, además, sólo de tres a cinco de la tarde. Tenían prohibido salir después de las ocho de la tarde, incluso a su propio jardín, y quedarse en caá de sus amigos.

Tenían prohibido ir al teatro, al cine o cualquier otro lugar de diversión. Tenían prohibido practicar cualquier deporte público: prohibido frecuentar la piscina, las pistas de tenis y hockey u otros lugares de ocio. Tenían prohibido ir a las escuelas judías, y un montón de restricciones como éstas… Así vamos tirando, sin hacer esto, sin hacer aquello… Jopie siempre me dice: «Yo ya no me atrevo a hacer nada, por miedo a que esté prohibido».

De manera que nuestra libertad es muy limitada; pero bueno, la vida aún es soportable. La abuela murió en enero de 1942. Nadie sabe cuánto pienso en ella y cuánto la quiero todavía.

Yo iba a la escuela Montessori desde el jardín de infancia, es decir desde 1934. En el sexto B tuve de profesora a la directora, madame K. Al final de curso, la despedida fue muy dolorosa; lloramos las dos. En 1941, mi hermana Margot y yo entramos en el instituto judío.

De todas formas, nuestra pequeña familia de cuatro personas no puede quejarse mucho; y ya hemos llegado a la fecha de hoy Sábado, 20 de junio de 1942.»

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Biografia de FLORENCE NIGHTINGALE Pionera de la Enfermeria Moderna

Biografia de FLORENCE NIGHTINGALE
Pionera de la Enfermeria Moderna

Carlota CordayAna FrankMaría Antonieta

En 1860, una mujer que ha visto los horrores de la guerra de Crimea funda en Londres una escuela para enfermeras. Su inauguración es un aporte fundamental en el campo de la atención sanitaria.

Florence Nightingale, nacida en Florencia de padres ingleses en 1820, fue la primera mujer que ofició de enfermera militar en los campos de batalla.

Aprovechó la experiencia ganada en la guerra de Crimea para crear una escuela de enfermería en Londres.

La Dama de la lámpara: Florence Nightingale era directora del Hospital para Damas Inválidas de Londres, cuando en 1853 estalló la guerra de Crimea entre Rusia y Turquía, en la que participaron Gran Bretaña y Francia.

Florence partió hacia el frente con un contingente de enfermeras. Logró reducir la mortalidad de los heridos, que fueron atendidos por primera vez en el mismo campo de batalla.

La llamaban la Dama de la lámpara porque auxiliaba de noche a los soldados heridos en combate con una lámpara en la mano.

Florence Nightingale estableció las bases de la organización hospitalaria y determinó las funciones de la enfermería. Reunió en varios libros sus experiencias y conocimientos.

De este modo, al mismo tiempo que dignificó la labor de las enfermeras, contribuyó a una mayor eficacia en la atención sanitaria y aportó varios libros sobre reforma hospitalaria. La enfermería pasó a considerarse una profesión médica.

Murió en 1910, colmada de honores.

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Biografía de Florence Nightingale: Criada en la comodidad de un hogar burgués, su férrea vocación y su carácter la llevaron a elegir la dura y abnegada vida de enfermera.

A pesar de su precaria salud y la oposición de los propios médicos, asistió a los heridos en el campo de batalla, dirigió hospitales y renovó el concepto de la enfermería, hasta entonces primitiva y poco eficaz, convirtiéndola en auxiliar de la medicina.Florence Nightingale

Hubiera podido ser monja, pero había nacido en la Inglaterra anglicana y por temperamento se hallaba muy lejos de la sumisión.

Más afinidad tenía tal vez con Juana de Arco, por su sentido de realización, su capacidad de hacer, de ejercer un destino para el que -según confesó alguna vez- se sentía llamada por Dios.

«El 7 de febrero de 1837 Dios me habló y me llamó a su servicio».

No era una revelación interna: había oído «una voz objetiva, exterior, que le hablaba con palabras humanas».

Tenía por entonces 17 años, y volvió a oír voces en otros tres momentos cruciales de su vida: antes de ocupar su puesto en el primer hospital inglés en que prestó servicios; un año después, antes de salir para Crimea, y en 1861, tras la muerte de su gran amigo, Sidney Herbert, secretario de guerra del gabinete británico.

Su padre era propietario de una mina de plomo que le reportaba rentas abundantes y le permitía disfrutar con holgura de la vida, los viajes, el arte y hasta la política.

Su madre, ocho años mayor que él, era una mujer muy de su tiempo y de su clase.

La hija fue bautizada Florence porque había nacido el 12 de mayo de 1820 en la ciudad de los Mé-dicis, durante un largo viaje de los Nightingale por Europa continental y sobre todo por Italia, donde vivieron tres años.

Pero la familia pronto regresó a Inglaterra, a la vida cómoda y placentera de las recepciones elegantes y las amistades numerosas.

Florence y su hermana compartieron su educación, la vida hogareña, el latín y el griego, pero «Fio», más independiente, más apegada al padre, en aquel ambiente frívolo y romántico escuchaba «el llamado de Dios» o pensaba en estudiar matemáticas. Pero no por eso huía de las reuniones, los encuentros brillantes, los flirts o las conversaciones refinadas.

En uno de los viajes de su familia al continente europeo, Florence conoció en Ginebra a un amigo de su padre: el historiador italiano Sismondi, exiliado en Suiza por la persecución austríaca, hombre excepcional que no podía soportar el sufrimiento ajeno.

Causó una gran impresión en Florence, que sin embargo seguía sin conocer el significado del llamado de Dios que había sentido.

La muchacha detestaba la vida hogareña, pero no podía menos que admitir que muchas cosas del ambiente familiar seguían gustándole.

Hasta que la crisis de 1842 en Inglaterra empezó a mostrarle de cerca los sufrimientos humanos.

Alrededor de la casa de campo en que vivía con su familia pudo ver enfermedades, pobreza y desesperación.

Le pareció falso todo lo que se decía y no fue capaz ya de soportar que se siguiera gozando de tantas cosas «mientras la tierra sigue su camino a través de las estrellas impasibles, en el silencio eterno, como si no ocurriese nada.

La muerte parece menos temible que la vida».

Hacia 1844 empezó a pensar en los hospitales como una misión a la cual dedicar su vida. En otro de los viajes de su familia al continente europeo insistió en visitar el hospital de Kaiserswerth, en Alemania, que ansiaba conocer desde hacía tiempo.

No llegó a atender allí a los enfermos, pero pudo apreciar la obra benéfica que realizaba la institución. Se sintió tan valiente «como si nada pudiera ya volver a acongojarla».

Y en menos de una semana escribió a toda prisa un folleto de más de 30 páginas informando a las mujeres ricas «que viven en Inglaterra en una ociosidad atareada, enloquecidas por no tener algo que hacer», de la labor y la felicidad que les esperaba en Kaiserswerth.

Aunque a su madre todo eso le pareció una vergüenza, una deshonra, en cuanto pudo, Florence regresó a Kaiserswerth.

«No existía el cuidado de los enfermos –escribió muchos años después– la higiene era horrible y el hospital lo peor de la ciudad, pero en ninguna parte he conocido un tono más alto, una devoción más pura que allí.» Tuvo que volver a su casa, sin embargo, reclamada por su madre, que seguía siendo dominadora.

Por dos años vivió tironeada por las circunstancias hasta que consiguió incorporarse a las Hermanas de Caridad de París como inspectora a cargo de la reorganización del hospital católico.

Su condición de protestante y de hija de una familia inglesa acomodada no era la mejor recomendación para las señoras de la comisión, pero la insistencia de Florence pudo más.

Por fin en 1853 dejó definitivamente el hogar de sus padres para ocupar un puesto estable en un pequeño hospital londinense, para «Damas en Circunstancias Penosas».

La situación de las enfermeras y de los hospitales no había mejorado en lo más mínimo, y los Nightingale se horrorizaron de la vocación de la hija, pues eran realmente lugares de miseria y degradación. La más absoluta falta de higiene y de instalaciones sanitarias se evidenciaba en un nauseabundo «olor a hospital».

Las enfermas provenían de los estratos más bajos de la sociedad, y las enfermeras llegaban a la promiscuidad total, pues sin lugar para dormir o descansar, recibían y cocinaban en los dormitorios miserables de las enfermas, cuyos lechos a menudo compartían.

Florence se ocupó de reorganizarlo todo: desde reformar el edificio hasta la atención de los pacientes, y eso aun durante una epidemia de cólera.

Pero fue en la guerra de Crimea donde se hizo famosa. Sidney Herbert, miembro del gabinete real, conocía sus méritos y su vocación, admiraba a Florence y era su amigo personal.

Pensó inmediatamente en ella cuando desde la península rusa llegaron las peores noticias sobre la situación de los soldados ingleses heridos en Scutari, privados de toda asistencia hospitalaria, sin camas, ropas ni alimentos.

«¿Por qué no tenemos nosotros hermanas de Caridad?», preguntaba The Times. Y allá fue Florence Nightingale, invitada por el secretario de Guerra, junto con 38 compañeras de labor. Solo catorce de ellas eran enfermeras profesionales; las demás eran de instituciones religiosas.

Los heridos y enfermos -más de cinco mil-, semidesnudos, yacían en largas hileras sobre los pisos sucios de grandes habitaciones en ruinas.

Se cuenta que nadie se había animado a comentar con el comandante en jefe el estado sanitario del ejército.

A su vez, los médicos de Scutari recibieron con disgusto a miss Nightingale y sus compañeras.

No había allí equipo, sala de operaciones, medicamentos, ni nada. Las tazas de estaño servían para todo; para lavarse, comer y beber.

Sin luz, sin apoyo, luchando contra celos y rencores, ella pudo más y cambió todo. Cuando el embajador inglés se negó a pagar los salarios de los obreros turcos contratados para reparar los edificios, fue el dinero de Florence y de las colectas organizadas por The Times el que saldó la deuda.

Los médicos seguían hostigándola -por ser mujer y jefa de enorme eficiencia práctica y técnica a los 34 años-; algunas enfermeras creándole obstáculos; las rivalidades personales y religiosas entorpeciéndolo todo; pero Florence supo imponerse aun a sus propias dolencias físicas.

En Scutari los enfermos besaban su sombra y en Londres el pueblo le rendía fervorosos homenajes. La propia reina Victoria le regaló un broche diseñado por su esposo el príncipe Alberto: una cruz de San Jorge en esmalte rojo, con una corona de diamantes arriba y la palabra Crimea rodeada de la frase «Bienaventurados los misericordiosos».

A su regreso a Inglaterra el ministerio de Guerra la consagró como «la Enfermera del Ejército Británico», y se dijo de ella que era la única persona del Imperio cuyo prestigio se había acrecentado en la guerra.

Un día fue invitada a dar un informe personal a la Reina sobre todo lo ocurrido en Crimea. Victoria y Alberto la recibieron en el palacio de Balmoral y después comió con ellos en varias ocasiones, sin ceremonia alguna.

Llegó a recibir visitas de la propia Reina que a veces la invitaba a acompañarla en calesa.

Para entonces Florence se hallaba ya semi inválida, pero no tanto como para no fundar en 1860, con el dinero de la colecta popular, una escuela de enfermeras en el hospital de Santo Tomás.

Puede decirse que desde esa fecha comienza a practicarse en el mundo la enfermería moderna.

Pero, además, siguió asesorando a los organismos militares –incluso en relación con la guerra de Secesión norteamericana-, y supervisando todo informe sanitario oficial: proyectaba reglamentos, sugería normas, estudiaba planes de cuarteles y hospitales.

A pesar de la fragilidad de su salud, trabajó sin pausa hasta que en 1872 sus males se agravaron.

A partir de entonces se acentuó su interés por el misticismo, aunque sin descuidar sus relaciones personales, especialmente con jóvenes, a quienes infundió su optimismo y sabiduría no obstante haber ido perdiendo gradualmente la vista.
Falleció a los 90 años el 13 de agosto de 1910.

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe

Biografia de Carlota Corday Mujeres Que Lucharon Por La Libertad

Biografía de Carlota Corday: Mujeres Que Lucharon Por La Libertad

Resumen Biografía de Carlota Corday
La perspectiva histórica ha hecho de ella una heroína equivocada, pero no pudo dejar de reconocer su temple y su capacidad de sacrificio para la misión que se había impuesto y que cumplió con fervor casi religioso: devolver a Francia la libertad abatiendo a quien juzgaba un demagogo sangriento antes que un revolucionario decidido, inflexible con las vacilaciones de los girondinos.

Biografía de Carlota Corday

Carlota Corday es más el nombre de una leyenda que de un personaje real, si se piensa que a veces los actos heroicos no pueden juzgarse con el criterio de verdad o error histórico. En su vida se aunan la juventud y la belleza con el horror del asesinato que planeó y ejecutó.

María Ana Carlota Corday D’Armont nació en Saint-Saturnin des Lignerets (Normandía) el 27 de julio de 1768. Su padre, Francisco Corday, pertenecía a una familia noble de provincias venida a menos, por lo que educó a sus cinco hijos casi en la pobreza.

Agobiada por la miseria murió la madre, y el padre, después de resistir un tiempo más, decidió internar a sus hijas en el monasterio de Caen, según era habitual en la época.

En los conventos solían hacerse en aquel entonces reuniones mundanas, a las que asiste Carlota, ya de trece años. La joven conoce así a Belzunce, coronel del regimiento de caballería con guarnición en Caen, y pariente de la abadesa. Hay quienes sostienen que Carlota se enamoró de él, pero que al ser asesinado el militar en una revuelta, ella juró vengarlo y esto recaería después sobre Marat.


Como resultado de la nueva situación política que sobrevino con la Revolución de 1789, se cerraron los conventos, Carlota -casi desprovista de medios- se vio obligada a vivir en Caen con una anciana tía, madame de Bretteville.

Tuvo entonces oportunidad de leer algunos libros que influyeron mucho en ella: Rousseau, «un filósofo del amor y un poeta de la política»; Plutarco, el historiador clásico, y otros autores que presentaban el sacrificio personal como una razón de Estado.

INMOLARSE POR LA PATRIA
Republicana por convicción pero monárquica por sentimiento, se interesa por los movimientos que entonces agitaban a Francia; inclusive asiste a los juicios públicos ante las asambleas populares que juzgaban a los acusados de contrarrevolucionarios; a menudo, más que establecer la verdad o hacer justicia, se buscaba simplemente un culpable. Con las mejillas encendidas por el dolor, que realzaban su hermosura, Carlota presenciaba los desfiles hacia el patíbulo.

En esas circunstancias conoció a un muchacho, Franquelin, quien mantuvo con ella una secreta correspondencia; Carlota lo alentó vagamente, como una forma de compartir los infortunios de su amigo.

La partida de un batallón de voluntarios que marcha a París hace que se apodere de Carlota la idea de evitar que se malgasten vidas tan generosas y de liberara Francia de un gobierno que ella juzgaba tiránico, sin necesidad de más lucha fratricida. Juan Pablo Marat, se decía -y de ese médico y líder político jacobino se decían muchas cosas-, va había hecho listas con los nombres de los simpatizantes girondinos cuyas cabezas debían rodar para asegurar el triunfo de los revolucionarios más decididos.

Carlota imaginó que el inminente baño de sangre solo podría detenerse con el sacrificio de la suya propia. Así fue como el 7 de julio de 1793, con el pretexto de partir para Inglaterra, Carlota abandonó a su padre y su hermana para dirigirse a París, adonde llegó el jueves 11.

Ya tenía trazado un plan: pensaba que Marat concurriría al Campo de Marte para la gran ceremonia del 14 de julio, pero la enfermedad de este la obligó a cambiar de táctica. Decidió entonces buscarlo en su propia casa. Le escribió una carta en estos términos: «Vengo de Caen; conociendo su amor por la patria, supongo que se enterará con agrado de los terribles acontecimientos de esta parte de la República. Iré a su casa alrededor de la una. Tenga la bondad de recibirme y concederme un momento de audiencia. Le daré la ocasión de prestar un gran servicio a Francia».

LA MUERTE DE MARAT
Sin embargo, Marat no la recibe. Una segunda esquela, más insistente, refuerza la primera: «Marat, ¿ha recibido mí carta? No puedo creerlo, pues encuentro la puerta cerrada. Espero que mañana me conceda una entrevista. Le repito: vengo de Caen; tengo que revelarle importantes secretos para la salvación de la República. Me persiguen, además, pues saben que la libertad es mi causa; soy desgraciada, y este título es suficiente para tener derecho a su patriotismo.»

A las siete de la tarde del 13 de julio, sin esperar la contestación, va a la casa de Marat. Se arregla con cuidado, para impresionar bien a quienes custodiaban al insobornable jefe republicano. Aunque la portera no quiere dejarla pasar, la muchacha sube decididamente las escaleras.

En los primeros tramos la detiene Simone Evrard, la fiel amiga de Marat, que había oído el cambio de palabras. A su vez, el propio Juan Pablo oye discutir a las dos mujeres y, pensando que se trata de la desconocida que le ha escrito el día anterior, indica que dejen pasar a su visitante. En el aposento a medias iluminado Marat, enfermo, toma un baño, cubierto con una sábana manchada de tinta.

Carlota baja los ojos y espera junto a la bañera el interrogatorio. Responde con serenidad a las preguntas sobre la situación en Normandía. «¿Quiénes son los representantes refugiados en Caen?» Carlota dice sus nombres y Marat, con medio cuerpo y el brazo fuera del agua, los anota; añade: «Antes de ocho días irán todos a la guillotina». Al oírlo, Carlota saca un cuchillo y lo hunde con fuerza en el pecho de Marat, que mientras se desangra pide auxilio. Acuden Simone v un criado.

CAMINO DEL PATÍBULO
Carlota no trata de huir y apenas se oculta tras una cortina, pero el criado la golpea con una silla y ella se desploma. El tumulto y los gritos atraen a los vecinos, que suben las escaleras y se arremolinan, furiosos, en la calle, pidiendo a gritos que les entreguen al asesino para vengar allí mismo la muerte del gran tribuno.

No obstante, un piquete de soldados con bayonetas y el comisario Grillard conducen a Carlota, maniatada, al salón de Marat, donde es interrogada. Ella contesta con calma, orgullosa de su acción, y se dispone su reclusión en una prisión cercana. Ya en la cárcel, entre sus ropas se descubre, una proclama redactada por ella, en la que exhorta a derrocar la tiranía.

El 16, severamente custodiada, comparece ante el presidente del tribunal revolucionario. Conmovido por tanta belleza y tanto fanatismo que casi desdibujan el crimen, este la interroga sugiriendo las respuestas, de modo que el asesinato parezca demencial. Tal suposición irrita a Carlota, que la rechaza.

Trasladada a la Conserjería -la famosa prisión donde pasan sus últimas horas los que morirán en el patíbulo-, a las ocho déla mañana siguiente es conducida ante el tribunal revolucionario, el cual, por no tener ella quien la defienda, le designa como defensor de oficio al joven Chanveau—Lagarde, célebre por su defensa de María Antonieta, tres meses más tarde.

No obstante la elocuencia y valentía de Lagarde, el tribunal vota unánimemente la pena de muerte para la acusada. Al sacerdote que le envían para asistirla, Carlota le explica: «Agradezco a quienes lo han mandado, pero no tengo necesidad de su ministerio; la sangre que he derramado y la mía que va a verterse son los únicos sacrificios que puedo ofrecer al Eterno». Ese mismo 17 de julio marcha al suplicio en una carreta, bajo la lluvia, pero ello no arredra a la multitud congregada para presenciar la ejecución.

El verdugo, para ver mejor el cuello, le arranca la pañoleta que le cubre el pecho. El pudor humillado afecta a Carlota más que la muerte cercana, pero recobra en seguida su serenidad y acerca la cabeza, que la cuchilla troncha y hace rodar. Se cuenta que, al recogerla, uno de los ayudantes del verdugo la abofeteó y que entonces las mejillas de Carlota enrojecieron como si la ofensa les hubiese devuelto la vida. La multitud reprueba el ultraje pero celebra la muerte de quien asesinara al «amigo del pueblo».

Los girondinos encarcelados dijeron, al saber de su suplicio: «Ella nos mata, pero nos enseña a morir». Y Franquelin, su joven enamorado, se retira a una aldea normanda pues no puede soportar la desaparición de su amada. Muere pocos meses después, no sin antes pedir que junto con él entierren el retrato y las cartas de Carlota…

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia