Batallas Argentinas

Asesinato de Quiroga Muerte del Caudillo Riojano Los Reinafé (301)

Asesinato de Quiroga Muerte del Caudillo Riojano

Asesinato de Quiroga: Juan Facundo Quiroga se había radicado nuevamente en Buenos Aires luego de la victoriade la Ciudadela, en noviembre de 1831. En noviembre de 1834 se produjo un conflicto entre los gobernadores federales de Salta y Tucumán, Pablo Latorre y Alejandro Heredia, respectivamente.

Quiroga fue presionado por Rosas y por el gobernador bonaerense Maza para que fuera a reconciliarlos, con plenos poderes. Quiroga partió de Buenos Aires el 16 de diciembre de 1834. Pero, al llegar a Santiago del Estero se enteró que Latorre había sido derrocado y muerto, el 29 de diciembre de 1834.

Desde el 3 al 6 de enero de 1835 se reunió con Juan Felipe (barra, gobernador santiagueño, y el tucumano Heredia, para reconocer al nuevo gobierno salteño.

Y asimismo firmó con ellos un tratado efe alianza y amistad que debía extenderse a las demás provincias argentinas. Era una liga que significaba el comienzo de la organización nacional y respondía exclusivamente a Quiroga.

Luego de la firma de tal pacto, emprendió Quiroga el regreso en compañía de su secretario José Santos Ortiz.

En el trayecto le advirtieron que el capitán José Santos Pérez lo esperaba con una partida para matarlo. Quiroga aseguró con soberbia que «a una orden mía se pondrán a mi servicio».

El 15 de febrero de 1835 entraron en la provincia de Córdoba e hicieron noche en la posta de Intihuasi. Al amanecer prosiguieron viaje y a las once de la mañana del 16 de febrero de 1835, en el recodo solitario de Barranca Yaco, una partida armada detuvo el carruaje. «¡Alto!» gritó el jefe del grupo. Quiroga asomó la cabeza por la ventanilla de la diligencia y gritó colérico: «¿Qué significa esto, quién manda esta partida?».

Adivinó la situación y trató de tomar una de sus pistolas pero un disparo le penetró por el ojo izquierdo y le atravesó la cabeza. De inmediato otro de los gauchos de la partida le enterró un cuchillo en la garganta. Sus últimas palabras fueron: «¡No maten a un general!».

Todos fueron exterminados pues no debía haber testigos. Pero e correo Agustín Marín y el ordenanza de José Santos Pérez, que viajaban detrás de la diligencia retrasados en sus cabalgaduras, advirtieron a lo lejos lo que pasaba y se ocultaron en unos matorrales.

La noticia del asesinato de Quiroga llegó a Buenos Aires e 3 de marzo y el acontecimiento impresionó a la opinión pública. Rosas, ante este hecho, escribió: «¡Miserables, ya lo verán ahora!. El sacudimiento será espantoso y la sangre argentina correrá en porciones».

El asesinato se atribuyó en un principio a una conspiración unitaria. Pero luego de una investigación, se llegó a la conclusión que el suceso estaba íntimamente ligado a las diferencias en el campo federal. Los autores materiales del asesinato y sus cómplices más directos fueron procesados.

El 25 de octubre de 1837 fueron fusilados en la Plaza de Mayo, Santos Pérez (jefe de la partida) y los hermanos José Vicente y Guillermo Reinafé, caudillos cordobeses distanciados con Quiroga y protegidos de Estanislao López.

EL ORDEN PROVINCIAL: Si se estudia la organización política de La Rioja durante la actuación de Quiroga, se observará que se destaca la vigencia de un ordenamiento legal mucho más establecido de lo que suele suponerse.

El análisis de ciertos aspectos sustanciales de las relaciones entre los poderes provinciales riojanos (el gobierno y la Sala de Representantes) y Quiroga, que se iniciaron en 1820, sugiere la necesidad de matizar esa imagen del caudillo que, seguido por sus huestes, dominaba a su antojo una tierra de nadie.

Por una parte, se observa que, junto al poder de Quiroga, se mantenía una estructura política/legal, a veces de origen colonial; por otra, se advierte que el desarrollo de instituciones estatales en la provincia no era una simple formalidad.

Por el contrario, estas instituciones, aunque rudimentarias, traducen el surgimiento de nuevas condiciones políticas, que se inscribían dentro de los esfuerzos por consolidar soberanías provinciales autónomas en el Río de la Plata, durante la primera mitad del siglo XIX.

Lo cierto es que el poder particular del caudillo estaba basado sobre relaciones informales (familiares, amistosas, comerciales) y formales, y se amparaba en una legalidad que. estaba presente tanto en sus relaciones políticas como en sus actividades privadas. Así, el poder de Quiroga se asentaba, también, en su condición de ganadero, comerciante y prestamista de grandes sumas de dinero.

En su carácter de hombre de negocios, se sometía a ciertas normas prácticas que regulaban las relaciones comerciales de la época, como la escrituración de la compra de tierras o el pago de derechos de exportación a su provincia.

La Guerra Gaucha Los Gauchos de Martin de Guemes en Jujuy

La Guerra Gaucha
Los Gauchos de Martín de Guemes en Jujuy

LA GUERRA GAUCHA: Durante nueve años, entre 1812 y 181, la caballería gaucha, vence sucesivamente, en una desgastadora guerra, ocho invasiones llevadas a cabo por las tropas realistas, procedentes del Alto Perú y el Perú. Aquellos singulares jinetes, sin otras armas que tacuaras con un cuchillo en la punta a manera de lanzas, machetes, boleadoras, lazos y alguna que otra tercerola, montados en ágiles y pequeños caballos serranos, acostumbrados a moverse entre montes de vinales, quebradas pedregosas o sendas impracticables, se organizaron en partidas regulares aprovechando el exhaustivo conocimiento del terreno y atacaron, tanto de día como de noche, a las columnas enemigas.

guerra gaucha

“He jurado defender la independencia de América y sellarla con mi sangre. Estamos dispuestos a morir primero que sufrir por segunda vez una dominación odiosa, tiránica y execrable”

Con estas palabras, Martín Güemes pone de manifiesto su voluntad libertadora como continuador del espíritu revolucionario surgido el 25 de Mayo de 1810, cuando el pueblo salió a la calle a exigir un gobierno criollo contra el enemigo colonialista que nos azotó siempre, llevándose nuestras riquezas.

¿Qué fue la resistencia sino una colosal batalla con centro en Humahuaca, un ala en la Quebrada del Toro y la otra en la frontera del Chaco? Diez veces entraron los realistas a Salta y Jujuy; diez veces fueron expulsados. A cada nueva invasión, los partidarios de la resistencia crecían.

Güemes tuvo por aliado al pueblo, a la peonada, a todos los hombres, mujeres y niños que querían una patria libre y colaboraron dando todo lo que poseían, peleando codo a codo con piedras, hondas y armas robadas, alzados contra el invasor.

Un domingo llega la avanzada realista al pueblito de Chicoana, y después de la misa un gaucho dice:

-Tendríamos que alzarnos contra esta canallada! con qué armas? – le observan.

– Con las que les quitemos, pues!

Y estalla entonces la asonada; el vecino Luis Burda es su jefe; y así desarman y corren a la guardia realista. En otro lugar, por los Cerillos, el estanciero Pedro Zabala sale a pelear, seguido de sus peones que llevan chuzos de cuchillos atados con tientos en palos del monte.

Martin de guemesEn Sauce Redondo el Capitán Saravia con sólo 30 paisanos armados de garrotes y fusiles, ayudados del inerme paisanaje, atropellan por sobre un fuego vivo, asaltando y venciendo al enemigo que advierte que los hombres que los han atacado desean ser libres de corazón.

“A este pueblo no lo conquistaremos jamás exclamó el General Valdés del Ejército español, cuando al acercarse a un rancho pobre, ve que un changuito de tan solo cuatro años monta en pelo a un caballo y corre al monte para prevenir de la invasión a las montoneras del Comandante Martín Miguel de Güemes.

Sobresale el ejemplo de nuestra Juana Azurduy, que luego del desastre de Ayohuma, decide incorporarse definitivamente a las milicias de la liberación.

Participando en numerosas batallas junto a su marido Manuel Padilla, y otras como capitana de su propia columna de un puñado de gauchos, con los cuales logró defender Chuquisaca y constituirla en territorio liberado del imperio.

Petrona Arias, vestida de hombre, cabalgaba de chasqui por las quebradas. Loreto Sánchez, disfrazada de panadera, entraba a espiar a los cuarteles; y a Juana Moro los realistas la emparedaron en su casa por sospechosa de espionaje.

Y, esa valiente, “la regalada”, que salió de su rancho totalmente desnuda y fingiéndose loca, para distraer y atajar a una partida de invasores, mientras los patriotas preparaban la emboscada.

Hombres de Don Martín Miguel hoy desocupados. Mujeres que reciben de pago hambre y miseria de quienes jamás dieron nada, de los que nunca supieron del valor y del sacrificio. Niños… desnutridos y analfabetos. Triste laurel de vergüenza pata el triunfo de este pueblo que no sabe de cobardías ni entregas. Todavía hoy sigue impaga la deuda, todavía hoy dura la agonía hecha piedra de todo el pueblo norteño.

Por eso es que debemos rescatar al héroe gaucho de las manos de los que los mataron, debemos rescatarlo como bandera de un pueblo que en cualquier momento repite la historia. Porque la Guerra Gaucha sigue viva en las quebradas. Viva en los trabajadores que entre cerros y soledades repite hazañas y sacrificios, viva en las sombras que callan muertes en selvas y hondonadas. Viva en cada hombre, mujer y niño de esta tierra que no se resigna al hambre y la dominación; en cada humilde que trabaja y que sueña con una Argentina para todos.

El general español Andrés García Camba, entonces comandante del escuadrón de Dragones del Perú, los define con exactitud: «Los gauchos eran hombres de campo, bien montados, todos de machete y rifle, de los que se servían alternativamente, sobre sus caballos, con sorprendente habilidad, acercándose a las tropas
con tal confianza, soltura y sangre fría que admiraban los militares europeos que por primera vez observaban a esos hombres extraordinarios a caballo, cuyas excelentes disposiciones para la guerra de guerrillas y de sorpresa tuvieron repetidas ocasiones de comprobar».

La Muerte de Martín de Güemes:

La muerte ¿el Héroe Gaucho Don Martín Miguel fue planificada por el General Olañeta, jefe del Ejército Realista del Alto Perú y ejecutada por el Teniente coronel José Maria Valdéz, alias el Barbarucho. Pero no debemos olvidar las incidencias que tuvieron las sublevaciones, resistencias, desobediencias y traiciones ¿e los enemigos internos.

En aquella época la sociedad salto-jujeña estaba dividida entre los partidarios de Güemes (Patria Vieja) y sus opositores (Patria Nueva), planteándose una lucha de clases, Tal vez Güemes era odiado por señores como él, pero que se sentían españoles y otros muchos, con la independencia verían en riesgo sus intereses económicos. Además, el material de la guerra era el soldado, y el soldado salía del gaucho, y el gaucho salía del peón. Cada soldado que ganaba el Ejército de la Independencia era un peón que perdía el señor feudal y el gaucho prefería la condición social del soldado a la servidumbre rural a la que estaba sometido.

Algunas de las reformas sociales durante la Guerra Gaucha fueron: la creación ¿el Fuero Gaucho, que otorgaba los mismos privilegios, prerrogativas y derechos que tenía el fuero militar; la excepción del pago de deudas mientras estaban en servicio a la Patria, ya que no tenían sueldo ni recompensa alguna en el Ejercito Guerrillero (hasta peleaban desnudos); la liberación del pago de arriendo: la liberación de la servidumbre y ¿e la explotación del peón rural; la protección a los mulatos que ejercían los oficios de albañiles, pintores, zapateros talabarteros y otros, que hieren los que formaban el batallón de los llamados “Cívicos’. No obstante que la Asamblea del año 1813 había abolido la esclavitud aún existían esclavos en la región, a los que Güemes les otorgó la libertad.

Era tanto su calor humano, que llegaron a darte el nombre de Padre de los pobres. En una de sus arengas decíales: “Esos que veis de frac, son vuestros enemigos, por consiguiente mis enemigos Mientras os conservéis unidos, os asegure que vivirán garantidos vuestros derechos y nuestra libertad, a despecho de esos miserables oye nos odian: a mi, porque les tomo cuatro reales para defender su propia libertad, luchando y dando la vida por Libre Patria; y a vosotros, porque os ven resueltos a no ser más humillados ni esclavizados por ellos. Todos somos libres y todos tenemos iguales derechos, porque todos somos hijos de la misma patria que hemos arrancado de la servidumbre, quebrando con nuestros esfuerzos el yugo español. Ha llegado el momento en que seáis hombres libres y de que caigan para siempre vuestros opresores.

Esta exaltación y defensa de los gauchos y la imposición forzada de contribuciones, crearen el enemigo interno. Los poderosos se resentían y se sentían ofendidos porque tenían que desembolsar sus fortunas para e. sostenimiento ¿e la guerra. Por ello odiaban y combatían a Güemes, tildándolo de “tirano, feroz, abominable” otros epítetos. Pero Güemes no adoptó la violencia del azote, la tortura, el degüello la horca o el fusilamiento como lo hacía Artigas, Quiroga, López, Aldao, Ibarra, Lavalle, Lamadrid, Urquiza, Rosas y las dictaduras que bañaren de sangre el país. No, Güemes no hizo matar a ningún opositor. Se había limitado a aplicar penas pecuniarias, o cuando más la prisión, la expulsión o la deportación, predominando las multas que contribuían al sostenimiento de la India por la Independencia.

A solamente 13 días de la muerte del Prócer sus opositores designan como Gobernador a Don José Antonio Fernández Cornejo, y firman un armisticio con Olañeta para suspender las hostilidades Armisticio considerado indigno por San Martín en una carta a O’Higgins, en el que se acuerda la disolución del Ejército de Expedición al Perú con el que Güemes apoyaría a San Martín.

El impacto en los gauchos por la muerte de su adorado jefe, los mantuvo atónitos y neutrales de los acontecimientos políticos de esos días, pero la firma del armisticio y la designación de Cornejo fueren la chispa que encendió el levantamiento popular del 22 de Setiembre de 1821 para recuperar el poder. Como consecuencia se firma un pacto de paz con la designación José Ignacio Gorriti, en reemplazo de Cornejo.

Al cumplirse si mandato, a Gorriti se le ofreció ser reelegido, no aceptando con aquellas famosas palabras: “El mayor agravio que se le puede hacer a un pueblo libre, es perpetuar en el poder a sus gobernantes”. Para evitar nuevos enfrentamientos se aceptó por parte de los güemistas, la designación por la Junta ¿e Representantes del General Alvarez de Arenales, para sucederlo.

La Sociedad en la Epoca de Rosas La Cultura y Actividades

La Sociedad en la Época de Rosas
El Ambiente Cultural:

El ambiente social  y cultural: La sociedad conservó las características del período hispánico. A los jefes militares y a los altos funcionarios resistas, así como también a los hacendados, comerciantes, sacerdotes, profesionales y las demás personas sometidas con mayor o menor sinceridad al régimen se los llamaba «gente decente». (Vermas abajo: La Sociedad Rosista)

Se mantuvieron los tradicionales bailes, tertulias y saraos, en los cuales descollaba Manuelita, la hija de Rosas, la cual con su gentileza y generosidad atenuó más de una vez la severidad de su padre.

La muerte de la esposa de Rosas, doña Encarnación, en octubre de 1838, motivó largas manifestaciones de pesar; la Mazorca llevó luto durante dos años, el mismo lapso que el gobernador.

Los adictos de Rosas eran reclutados entre la clase humilde, cuyas quejas y pedidos atendía con diligencia, ya fuera en persona o por intermedio de sus parientes.

Casi todos los plateros, tornilleros y herreros tenían sus talleres en el barrio de la Concepción.

La «clase decente» organizaba por turno fiestas parroquiales en honor de Rosas, y el retrato de éste era paseado por las calles con gran escolta de honor.

Los negros, admiradores fanáticos de Rosas, ocupaban en su mayor parte la parroquia de Montserrat, conocida como «barrio del tambor, del mondongo y de la fidelidad».

Los indios eran objeto de atenciones cuando concurrían a la cuidad para trocar cueros, piedras, plumas de avestruz y otros elementos por aguardiente, tabaco, adornos y telas de vistosos colores; el gobierno les hacía llegar, por intermedio de los pulperos de la campaña, ropa, azúcar, sal y reses, para lo cual invertía anualmente la apreciable suma de dos millones de pesos, aproximadamente.

En 1830 fue clausurado el Colegio de Ciencias Morales, «por no corresponder sus ventajas a las erogaciones causadas»; en su lugar funcionó años más tarde el Colegio Republicano Federal, de carácter privado, cuyo director fue el jesuíta Majesté.

En 1838 se suprimió del presupuesto la partida destinada a la Universidad, la cual en adelante se sostuvo con recursos propios.

También se suprimieron en el mismo año, los sueldos de los maestros de la ciudad y de la campaña; en el decreto se aducía como causa la grave situación de las finanzas, afectadas por el bloqueo francés.

La Casa de Expósitos y el Asilo de Huérfanos quedaron a cargo de la beneficencia privada.

Tanto la entrada de libros como su publicación fueron sometidos a la censura. Sin embargo, el Colegio de Montserrat y la Universidad de Córdoba, en la misma época, siguieron en funciones alcanzando gran esplendor.

Además, Francisco Javier Muñiz realizó trabajos importantes sobre fósiles y enfermedades infecciosas y el escritor italiano Pedro de Ángelis, traído a nuestro país por Rivadavia, ordenó y publicó diversos documentos históricos.

El número de periódicos, que en 1833 alcanzaba a cuarenta y tres, en 1842 bajó a sólo tres: La Gaceta Mercantil, Diario de la Tarde y British Packet, este último escrito en inglés.

En las letras floreció la poesía tendenciosa, anónima en gran parte, escrita para ensalzar a Rosas, su mujer y su hija, así como a los principales jefes y a la Federación.

IMAGENES DE LA ÉPOCA

cultura epoca de rosas

La Sociedad en la Epoca de Rosas

cultura rosista

La Sociedad Rosista

cultura rosista

La Vida de Salón en la Época de Rosas

LA SOCIEDAD ROSISTA

Uniformación de la sociedad.  La ascensión de Rosas al gobierno de la provincia de Buenos Aires, en 1829, hizo pensar en la iniciación de un período de orden y de conciliación, porque al asumir el poder había prometido el imperio de la ley, de la paz y de la tranquilidad.

«El camino de la ley se ha abierto —-anunció el 8 de diciembre—; los representantes de la provincia me han nombrado gobernador y capitán general: procuraré serlo sin olvidar un solo momento que son hombres los que voy a presidir, que la provincia tiene leyes, y que algún día debo descender. No se recuerde el tiempo funesto que ya pasó, sino para reproducir los juramentos de ser fieles a las instituciones patrias, y de que no vuelva a sentirse entre nosotros el soplo maléfico de la discordia. La salud de la provincia es mi única aspiración, y el bien, el reposo y la seguridad de todos mi principal desvelo».

Sin embargo, las promesas pronto fueron olvidadas y su gobierno fue preparando su perpetuación en el poder, por medio del halago de los instintos de la plebe, el fomento del odio contra sus adversarios políticos y la utilización del terror. Y al asumir el gobierno por segunda vez, en 1835, no vaciló en proclamar el programa de la tiranía, que cumpliría implacablemente.

Tal programa de permanencia en el poder tuvo dos puntos de apoyo: el endiosamiento de Rosas, a quien se le rindió un culto idólatra que tuvo su exteriorización en las «fiestas parroquiales», y la uniformación que impuso al pueblo.

Para lograr la más completa uniformidad de la sociedad, Rosas se preocupó por intensificar el control del gobierno sobre las actividades educacionales, comenzando por imponer la unificación ideológica de los educadores.

En la escuela elemental se exigió, para ser designado maestro, adjuntar una nota especificando las cualidades del candidato respecto a su adhesión a la causa federal y un certificado comprobatorio de que satisfacía las condiciones exigidas.

En la Universidad no cabía tal exigencia; por eso se adoptó el procedimiento más rápido de destituir a todos los profesores que no tuvieran la calidad de federales probados.

Segundo paso tendiente a la uniformación, fué la imposición del distintivo punzó —divisa que «llevan al pecho los amigos del orden y restauradores de las leyes»— para todos los empleados públicos.

Y continuando tal política, se prohibió la expedición de los títulos de abogado y doctor si los candidatos no acreditaban ser «notoriamente adictos a la causa nacional de la federación» y se determinó que al egresar de la Universidad debían prestar juramento de ser constantemente adictos y fieles a la santa causa federal y sostenerla y defenderla en todo tiempo y circunstancia.

LA EDUCACIÓN

Pocas líneas bastan para referir la acción educadora impulsada durante la tiranía de Rosas. En el orden de la enseñanza primaria, sucesivos reajustes del presupuesto escolar determinaron que se fueran clausurando escuelas y que las pocas que pudieron seguir funcionando llevaran una existencia lamentable.

Esta situación se agravó en virtud de la disposición gubernativa, del 28 de abril de 1838, que borró del presupuesto los sueldos de los educadores y condenó a vegetar en la ignorancia a todos aquellos niños cuyos padres no pudieran contribuir al sostenimiento de la escuela.

En el orden de la educación superior, la Universidad entró en un período de decadencia. «Nada se crea, nada se intenta crear durante este período —han escrito Norberto Pinero y Eduardo L. Bidau—, y hasta el anhelo, la aspiración a lo mejor, que en la época precedente condujo a mediciende, desciende siempre, a tal punto que en algunos momen-das tan diversas, desaparece enteramente.

La Universidad  existe poco menos que como una expresión, como un nombre; tan pobre es su enseñanza y tan escasos sus recursos».

Y sintetizando la política universitaria de Rosas, los autores de la «Historia de la Universidad de Buenos Aires» dicen: «Destituciones, represiones humillantes, supresiones inconducentes, cambios sin importancia alguna en el régimen administrativo y en la enseñanza, o cuya bondad no fué aquilatada en la práctica, formalidades vejatorias, el retiro de toda protección oficial: he ahí el cuadro sintético de la Universidad durante este período, desde el punto de vista de la acción gubernativa».

No es de extrañar, pues, que vencida la tiranía, los hombres que reorganizaron la Nación tuvieran que comenzar por restituir las instituciones educativas al estado en que se encontraban antes de que Rosas asumiera el poder.

LAS CIENCIAS NATURALES

Estudios científicos de Francisco J. Muñiz. — En el dominio de las ciencias naturales, y en particular en el terreno paleontológico, fue donde adquirió sus contornos más nítidos la figura de Francisco Javier Muñiz (1795-1871), ilustre médico, destacado profesor universitario y primer hombre de ciencia — verdaderamente digno de este nombre — que contó la República Argentina.

Precedió a su época en medio siglo, al decir de Ameghino, y en el campo científico su personalidad fue la única que se destacó del fondo de las mediocridades de su tiempo, a pesar de que careció de estímulos, tuvo que luchar frecuentemente con la incomprensión del medio y —como lo confesara— debió formarse «sin maestros; sin tener con quien consultar mil dudas; falto de libros, y aun de los medios de tenerlos», librados a los exclusivos recursos de su capacidad.

Ver: Historia de su Vida y Trabajos Científicos

EL TEATRO

Las actividades teatrales durante la época de Rosas revelan en forma inequívoca el predominio de la plebe, masa anónima que impone el auge de los circos, saínetes, pantomimas y, finalmente, de los dramas románticos.

La ascensión de Rosas al poder —1829— coincide con la instalación de los primeros circos importantes, comenzando por el de José Chearini que, después de actuar en el Parque Argentino, pasó al escenario del Coliseo. En 1834 el circo ya está estabilizado como espectáculo.

Y cuando Rosas asume el poder por segunda vez, su primera visita oficial la realiza al «Circo Olímpico», que varios años antes había instalado la Compañía Laforest-Smith. El favor que el público prestaba a estos espectáculos se evidencia en el hecho de que llegaron a funcionar al mismo tiempo dos y tres empresas.
El auge de los espectáculos circenses repercutió en el teatro, pues pasaron a la escena y se asentaron en ella las principales atracciones de los circos: atletas, prestidigitadores, excéntricos, ilusionistas, etc.

Una razón fundamental explica que el circo se convirtiera en la diversión favorita del público: los espectáculos primitivos que brindaba, a los cuales, como a todo lo que tenía carácter plebeyo, apoyó en todo momento la tiranía.

Por eso, señalando el relajamiento que sufrieron las actividades teatrales con la entronización de la dictadura, se ha señalado que la historia de los espectáculos públicos en la época de Rosas no es más que la historia de los circos.

Los saínetes, piezas breves representadas con objeto de provocar hilaridad por medio del ridículo, completaron los programas teatrales en la época de Rosas. Pero, junto al saínete de origen español, fueron surgiendo sainetes criollos que, haciendo concesiones al mal gusto, cayeron a menudo en lo inmoral y lo procaz. Otros sainetes fueron utilizados con fines exclusivamente políticos, como el titulado «Entierro del loco traidor, salvaje unitario Urquiza».

En abril de 1830 se presentó en el Coliseo —el teatro preferido por la masa federal— un nuevo género de espectáculo —el baile-pantomima— que, aunque constituyó de inmediato un éxito popular, implicó desde el punto de vista del arte dramático una regresión.

El relajamiento del teatro, revelado por la popularidad de que gozaron los nuevos espectáculos, se agravó con la penetración de la política en las actividades teatrales.

Esta penetración asumió varias formas: la iniciación de los espectáculos con loas al gobierno; la representación de obras teatrales adaptadas con el fin de demostrar adhesión al gobierno (tal, por ejemplo, «El buen gobernador o el defensor de las leyes»), y la organización de continuas funciones extraordinarias en honor de Rosas.

Por estos medios el teatro se convirtió en un lugar de diversión exclusivamente federal, en el cual tenía inmediata resonancia todo hecho vinculado con el gobierno.

«En él — dice Raúl H. Castagnino— se festejan cada uno de los episodios favorables de la guerra civil, de las guerras de Oribe y Pacheco con Lavalle y Lamadrid, los aniversarios del advenimiento al poder, el 5 de octubre, fecha clásica del federalismo; hasta se celebra, el 3 de noviembre de 1841, la muerte de Lavalle».

Fué natural, en consecuencia, que el pronunciamiento de Urquiza contra la dictadura diera ocasión a que el teatro, por medio de obras adaptadas al caso, se hiciera eco de la agitación del partido rosista.

A la representación de la obra «Juan sin Pena», a la que se agregó el subtítulo «El fin de todo traidor», se refiere Adolfo Saldías, en su «Historia de la Confederación Argentina», con las siguientes palabras: «El actor Jiménez, un criollo mestizo, desempeñaba el protagonista que debía ser ahorcado. Fuese casual, o lo que es más posible, intencional, Jiménez tenía esa noche grande semejanza con el general Urquiza.

El público notó el parecido, y preparado ya por canciones, himnos y proclamas guerreras, prorrumpió en aclamaciones de «¡que lo ahorquen al loco!, ¡que lo ahorquen!» Algunos jóvenes elegantes de los que después han figurado en la política argentina, treparon al proscenio.

La soga tentadora estaba ahí; y entonces parecía que ya no quedaba nada más que verificar en la inofensiva persona del artista un realismo contra el cual éste protestaba, gritándoles con ademanes descompuestos que él era Jiménez y ni por pienso quería ser Urquiza».

LA OPERA

Representaciones líricas. Las representaciones de óperas completas que comenzaron a efectuarse en Buenos Aires en 1825, se interrumpieron tres años más tarde por disolución de la compañía dirigida por Pablo Rosquellas.

Sin embargo, como los integrantes del conjunto permanecieron en la ciudad, pronto comenzaron a organizarse intermedios de canto, que se intercalaban en las representaciones dramáticas, en base a fragmentos de óperas.

Desde 1832 no se efectuaron más representaciones líricas. Dos causas incidieron en la desaparición de la ópera: la falta de buenos cantantes y el bajo precio de las localidades, que no permitía el sostenimiento de una compañía lírica.

Una circunstancia casual, derivada de la presencia del violinista italiano Agustín Robbio, permitió resolver la dificultad financiera. Robbio, pese a los precios exhorbitantes que fijó para su concierto, obtuvo un éxito tan extraordinario que hubo de repetirlo, pues muchas personas no habían podido conseguir localidades.

El favor dispensado por el público decidió al empresario Antonio Pestalardo a organizar una temporada lírica, aprovechando la venida al país de la cantante Nina Barbieri.

En octubre de 1848 se presentó la compañía con el estreno de «Lucía de Lamermoor», de Donizetti.

El éxito rotundo, que señaló el resurgimiento de la ópera italiana, se reveló en las siete representaciones consecutivas de la misma obra y la renovación del cartel con la presentación de «El furioso» y «L’elixir d’amore», también de Donizetti, y «El barbero de Sevilla».

La nueva temporada de 1849 desarrollada también en el Teatro de la Victoria, que era el preferido por la sociedad federal, brindó varias novedades: la incorporación a la compañía de Carolina Berea, que pronto se convirtió en el ídolo de los espectadores; la presentación de un coro más organizado y la confección de decorados y vestimentas adecuadas.

En cuanto al repertorio, es de señalar los estrenos de las óperas «Norma», de Bellini, y «Ernani», de Verdi.

En la temporada siguiente se dieron a conocer nuevas obras, entre otras «Linda de Chamounix», ‘Beatrice di Tendi», «La sonámbula», «I due foscari», «Nabucodonosor», «I puritani’, etc. También se presentaron nuevos intérpretes líricos: el tenor Mugnal, el bajo Ramonde, la soprano Teresa Questa, el tenor Miguel Liguori, y en 1851 Ida Edelvira.

Hasta 1852 se brindaron regularmente representaciones de óperas y, en general, a través de buenas interpretaciones. Esto trajo como consecuencia un resurgimiento de la institución teatral, pues la ópera italiana atrajo al público selecto que se había alejado desde que el teatro había sido invadido por el populacho.

Ver: La Pintura en la Epoca Rosista

Batalla de Sedán Prusia ataca Francia Guerra Franco Prusiana

Guerra Franco Prusiana-Batalla de Sedán
Prusia ataca Francia

Batalla de Sedán (1870): En agosto de 1870, después de que el ejército francés, bajo el mando del mariscalBazaine, fue obligado a meterse en la poderosa fortaleza de Metz y sitiado por los prusianos, se le ordenó al mariscal MacMahon hacer el relevo. Este, a quien Napoleón le había dicho que la caída de Metz era una derrota inaceptable, marchó apurado a lo largo de la frontera belga hacia la plaza fuerte.

batalla de sedan

El comandante prusiano pudo a duras penas creer en su buena suerte. Abandonó su marcha a París e hizo dar vueltas a su fuerza hacia el norte para interceptarlo, planeando exterminar al desafortunado ejército francés contra la frontera belga.

Los dos enemigos chocaron en el norte del bosque de Argonne y los prusianos detuvieron el avance francés. Más tarde ellos fueron sorprendidos en Beaumoni, MacMahon se vio obligado a hacer retroceder a sus hombres que llegaban en más de 100.000 a la ciudad fuerte de Sedán.

Mientras tanto, Von Moltke había continuado cercando a los franceses y la situación se estaba aproximando velozmente a un estado crítico.

Antes de que MacMahon hubiera podido decidir un nuevo rumbo de acción, fue herido y en tanto su sucesor, el general Wimpffen, deliberaba sobre las alternativas, 250.000 prusianos pusieron sitio a Sedán y los franceses perdieron toda posibilidad de escape.

La artillería prusiana, que había dominado las alturas de la ciudad, bombardeó a los franceses atrapados.

El corajudo general Margueritte dirigió repetidas cargas de caballería intentando valientemente abrirse paso, pero todas fracasaron. Al final una bandera de tregua fue enviada desde el fuerte.

Los franceses se rindieron a las 4.15 de la tarde del 1° de septiembre; para sorpresa de los alemanes, ellos descubrieron que el mismo Napoleón III estaba en Sedán.

Con una pérdida de 9.000 hombres, los prusianos lograron un triunfo total; tomaron 100.000 prisioneros y mataron 17.000 irán ceses. Las tácticas superiores y la dirección prusianas hicieron temblar al 2.° imperio. La guerra ardió por otros 6 meses, pero Sedán fue la victoria crucial.

Fuente Consultada: Almanaque de los Insólito Tomo 3 Wallace-Wallechinsky

El ultimo soldado de San Martin Anecdotas Argentinas Historia

el ultimo soldado de san martín (Eufrasio Videla)

EL ULTIMO SOLDADO DE SAN MARTÍN

Eufrasio Videla

Don Eufrasio Videla, fotografiado en 1910 por «Caras y Caretas» (Número 607 del 21-05-10)

– «yo había llegado con los que salimos de San Juan..».

– ¿Peleó usted?

– ¡Y como no! Ahí en el «zanjón» de Maipo, cuando ya no quisieron pelear más.

– ¿Y como empezó la cosa?

– … nosotros estábamos en la parte de aquí – prosigue don Eufrasio y al hacerlo sale al descanso de la escalera poniendo cara a los Andes – y como en la parte de allí enfrente, en un cerrito blanco, estaban los godos.

– Flojazos ¿verdad?

– Hum… ¡fieros habían sido!; Peleamos y peleamos y no aflojaban… Después no quisieron pelear más cuando vieron que nosotros tampoco aflojábamos  (Del reportaje al último soldado de San Martín, hecho por Caras y Caretas en Mendoza, el 22 de marzo de 1910)

¡No nos mire, don Eufrasio! … estamos llenos de vergüenza. ¿Que hicimos con lo que usted nos dejó? ¿Que quedó de todo eso?. Cuando lo fotografiaron los Argentinos éramos ricos ¿todos?…. ¿Y a usted como le  agradecieron nuestros abuelos?. Ahora ya no peleamos …. aflojamos hace mucho tiempo; aflojamos don  Eufrasio. Pero su mirada cansada, que nos llega de tan lejos puede volvernos a despertar. ¡No afloje, don  Eufrasio!

LA PATRIA AÚN VIVE EN LA MEMORIA DE SUS HIJOS

Por:Eduardo Rosa

Provincias Unidas del Rio de la Plata Mapa

Provincias Unidas del Río de la Plata – Mapa

Las Provincias Unidas del Río de la Plata. Esta denominación se usó desde fines de 1811,  y es el nombre utilizado por el estado surgido en la Revolución de Mayo de 1810 en Buenos Aires para suplantar al virreinato del Río de la Plata, aunque la Independencia se proclamó en nombre de las Provincias Unidas de Sud América.

En 1816, había enfrentamientos entre algunas provincias, y el territorio de nuestro país era bastante diferente al actual.

Diferencias: Los diputados comenzaron a llegar a Tucumán en diciembre de 1815, con instrucciones de los cabildos de sus ciudades y representando intereses muy variados, porque en las Provincias Unidas había diferentes proyectos políticos. Buenos Aires se consideraba «la hermana mayor» de las otras ciudades y quería el proceso independentista. Esto generaba oposición en el Interior.

El Territorio: Como vemos en el mapa de esta página, el territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata no coincidía totalmente con el del país actual. Las provincias eran menos, pero más extensas, e incluían a las tres del Alto Perú-actual Bolivia-, aunque se hallaban en poder de los realistas. Gran parte de la Pampa, toda la Patagonia y la región del Gran Chaco eran tierras de los aborígenes.

Aunque el nombre Provincias Unidas del Río de la Plata fue utilizado en todo el período de su existencia, otras denominaciones fueron también utilizadas en algunos documentos oficiales:

Provincias del Río de la Plata, por la Primera Junta en 1810
Provincias Unidas en Sudamérica, por el Congreso de Tucumán en 1816
Provincias Unidas del Río de la Plata en Sudamérica, por el Congreso de 1824 a 1825
República Argentina, por la constitución de 1826

Tucumán, 9 de julio de 1816: En la benemérita y muy digna Ciudad de San Miguel del Tucumán a nueve días del mes de julio de mil ochocientos dieciséis: terminada la sesión ordinaria, el Congreso de las Provincias Unidas continuó sus anteriores discusiones sobre el grande, augusto y sagrado, objeto de la independencia de los Pueblos que lo forman.

Era universal, constante y decidido el clamor del territorio entero por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España; los Representantes sin embargo consagraron a tan arduo asunto toda la profundidad de sus talentos, la rectitud de sus intenciones e interés que demanda la sanción de la suerte suya, Pueblos representados y posteridad; a su término fueron preguntados:

¡Si querían que las Provincias de la Unión fuesen una Nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli?

Aclamaron primero llenos del santo ardor de la justicia, y uno a uno reiteraron sucesivamente su unánime y espontáneo decidido voto por la independencia del País, fijando en su virtud la determinación siguiente:

Nos los Representantes de las Provincias Unidas en Sud América reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside al universo, en el nombre y por la autoridad de los Pueblos que representamos, protestando al Cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia que regla nuestros votos: declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los Reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando Vil, sus sucesores y metrópoli. Quedan en consecuencia de hecho y derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia, e impere el cúmulo de sus actuales circunstancias. Todas y cada una de ellas así lo publican, declaran y ratifican, comprometiéndose por nuestro medio al cumplimiento y sostén de esta su voluntad, bajo del seguro y garantía de sus vidas, haberes y fama.

Comuniqúese a quienes corresponda para su publicación y en obsequio del respeto que se debe a las naciones, detállense en un Manifiesto los gravísimos fundamentos impulsivos de esta solemne declaración.

Preparativos de San Martin Para El Cruce de los Andes Organizacion

PREPARATIVOS PARA EL CRUCE DE LOS ANDES:
PLAN CONTINENTAL DE DON JOSÉ DE SAN MARTÍN PARA LIBERTAR CHILE Y PERÚ

En el Río de la Plata la liberación no fue un proyecto de inspiración meramente local sino que pretendió, desde sus orígenes, la independencia de toda la América hispana. Ese proyecto continental tuvo al general José de San Martín como figura decisiva que no sólo concibió el plan de la guerra de emancipación sino que junto con el venezolano Simón Bolívar lo llevó a cabo. En 1814 tras haber obtenido su relevo del comando del Ejército del Norte, San Martín pasó una temporada en Córdoba para restablecer su maltrecha salud. Durante ese descanso serrano trazó el camino hacia la victoria.

Los preparativos:
Como primera medida logró que se lo designara gobernador intendente de Cuyo. Pronto, mediante el recurso de exponer llanamente los peligros que amenazaban la causa de la libertad, consiguió la adhesión incondicional de la población. La gente de las actuales provincias de Mendoza, San Juan y San Luis -castigadas en su economía porque el comercio con Chile, que era una de sus mayores fuentes de ingresos, estaba suspendido- protagonizó tiempos de enorme esfuerzo y dura prueba.

Más allá de la anécdota que inmortalizó la donación de alhajas por parte de las damas mendocinas, todos dieron todo: humildes y encumbrados ofrecieron su persona y sus bienes al Ejército de los Andes. Se crearon nuevos impuestos y cada familia tuvo que declarar el valor de sus posesiones, bajo pena de pagar el doble si se falseaban los datos. Se confiscaron propiedades de enemigos de la independencia. Parte de lo recaudado se destinó a la formación de un fondo para reforzar los sueldos de la tropa.

Jóvenes y viejos se alistaban a diario para adiestrarse en el campamento de El Plumerillo, que se instaló lejos de la ciudad para que los soldados no se distrajeran con las tentaciones propias de un centro urbano. En las dos principales escuelas de varones, los chicos de siete a quince años se agruparon en batallones y compañías. Mendoza se transformó en una fábrica de material bélico.

Se fundían cañones, se producían municiones y pólvora «tan buena como la superfina de Inglaterra a la cuarta parte del costo» (según se enorgullecía el propio San Martín), se tejían paños y se cosían prendas. Gracias a que no fue necesario escatimar tiros durante la instrucción, los reclutas mejoraron su puntería y, al familiarizarse con el estruendo de disparos y cañonazos, ganaron en serenidad.

Energía inagotable
San Martín, por su parte, desplegaba una actividad prodigiosa; no dejaba librado al azar ni el más insignificante de los detalles. Ascendido a coronel en enero de 1815, su popularidad aumentó. Estaba en contacto permanente con vecinos de la más diversa condición. Supervisaba incluso la preparación de la comida y, al compartir la mesa con oficiales y soldados, aprovechaba para enseñarles normas de urbanidad. Participaba en los ejercicios matinales y explicaba a veces como instructor, otras como partenaire- el manejo de la espada. El ejército crecía bajo su metódica dirección.

Para desalentar a espías y traidores, San Martín se valía de métodos tan duros como ingeniosos. Dictó numerosas ordenanzas que penaban faltas y delitos cometidos por sus subordinados. Disfrazado de paisano se presentaba de noche ante los centinelas y les proponía que le vendiesen las armas y desertasen; más de una vez la lealtad de sus hombres lo puso en un aprieto y sólo dándose a conocer se salvó del degüello. Los que pasaban información a Chile eran condenados a servir en las obras públicas «con un rótulo en la frente que diga: infieles a la patria».

Cuando el Congreso nacional se instaló en Tucumán, en marzo de 1816, San Martín presionó para que se declarara la independencia. También presentó enérgicos reclamos ante la burocracia porteña, que no atendía con la necesaria prontitud sus pedidos de dinero y equipamiento

Para completar la cantidad prevista de cuatro mil efectivos en incorporar a los esclavos negros que los religiosos de San Agustín y las familias pudientes tenían a su servicio. Como encontró resistencia a la iniciativa, hizo difundir la noticia (inexacta) de que había acordado con el Director Supremo la abolición de la esclavitud, y sugirió que era preferible un rasgo de generosidad por parte de los amos antes de que una ley los obligara a ceder. Con esta estratagema logró que quedaran en libertad las dos terceras partes de los aptos para las armas.

Victorias del ingenio
Muchos historiadores confieren a las tretas ideadas por San Martín para desorientar al enemigo tanto valor como a su capacidad netamente militar. En su mayoría tenían por finalidad hacer creer al  presidente de la Real Audiencia de Chile, Francisco Marcó, que la invasión se produciría por el sur, para debilitarlo obligándolo a desplegar sus fuerzas sobre un frente de casi ochocientos kilómetros.

El Libertador invitó a los indios pehuenches a conferenciar, seguro de que lo que se dijese llegaría a oídos de los españoles. El parlamento se concretó en septiembre de 1816 y duró ocho días.

Después de entregar a los indígenas licor y otros regalos, San Martín les habló de la patria, de la unión entre hermanos, y les pidió permiso para cruzar a Chile a través de sus territorios. Los pehuenches no tardaron en revelar a los españoles lo que acababan de escuchar. « Un gran mal me habrían hecho esos miserables si hubieran sido fieles en esta vez», dijo después San Martín. Para reforzar el embuste, hizo circular la versión de que había contratado a un ingeniero francés para construir un puente sobre el río Diamante, al sur de Mendoza, y anunció que los pehuenches se sumarían al ejército; esto alarmó a los españoles, temerosos de que San Martín intentara ganarse también a los indómitos araucanos del sur chileno.

El Cruce
San Martín, dando nuevas muestras de su agudeza reflexiva, decidió fraccionar lis tropas para evitar la congestión en los desfiladeros cordilleranos, y organizar el avance por jornadas para vencer gradualmente los obstáculos que la geografía se empecinaba en oponerle.

Cruce de los andes Plan Continental

En el acarreo de este equipo pesado colaboró un grupo de mineros púntanos, que además se encargaba de despedazar los peñascos que obstruían las sendas.
Mientras tanto, San Martín avanzaba por el camino de Los Patos con el grueso del ejército. Estaba enfermo, pero eso no disminuía su audacia.

El cruce de los Andes insumió veinticuatro días. Viajeros que se aventuraron por el mismo rumbo en esa época coinciden en relatar que se transitaba por huellas donde apenas cabían las patas de las cabalgaduras, al borde de profundísimos precipicios y sobrefaldas tan estrechas y derechas que daban miedo. Antes de llegar a los contrafuertes montañosos el trayecto era sofocante, porque el salitre suspendido en el aire provocaba una sed abrasadora que el agua no conseguía aplacar. Después, lo peor era la crudeza de la temperatura.

Héroes de carne y hueso
La base de la alimentación era un plato regional llamado valdiviano, que se hacía con charqui machacado, grasa, rodajas de cebolla cruda y agua hirviente. También se llevaba ganado en pie para la provisión de carne fresca y hasta un poco de queso de Holanda y ron, que estaban reservados a los oficiales.

Los soldados usaban zapatones confeccionados con el cuero sobrante de las reses que se faenaban para el consumo y forrados con trapos de lana. Para cubrirse tenían ponchos y frazadas traídos desde San Luis.

El cruce de los Andes sólo es comparable con los que realizaron en los Alpes el cartaginés Aníbal y Napoleón Bonaparte. Pero uno lo hizo guiado por el odio hacia Roma y el otro por su propia ambición. El coraje de los que llegaron a Chile y los que quedaron en el camino tuvo una sola fuente de inspiración: la búsqueda de la independencia.

PARA SABER MAS…
En el verano de 1817 se abrió una nueva etapa de la guerra emancipadora, cuando el ejército de los Andes, comandado por José de San Martín, lanzó su ofensiva a través de la Cordillera, en un amplio frente de alrededor de 800 kilómetros. Se entró así en una instancia que se ha denominado guerra continental. Su objetivo estratégico último era flanquear y alcanzar, por el océano Pacífico y en una etapa posterior, el corazón del poder español en Lima, capital del rico y poderoso virreinato del Perú.

Se superaría así la situación de estancamiento militar creada por los sucesivos avances y retrocesos en el frente Norte, al que San Martín asignaba un rol esencialmente defensivo, después de haber tomado contacto brevemente con el frente alto-peruano y recogido las informaciones que pudieron darle Belgrano y otros mandos del ejército del Norte.

El veterano de las guerras europeas, el hermano legista de los conciliábulos secretos, emprendía así la maniobra decisiva destinada a imponer efectivamente las consignas de Libertad e Independencia que conformaban su ideal político. Las operaciones habían empezado a diseñarse en los meses finales de 1814, cuando San Martín asumió el gobierno de la intendencia de Cuyo mientras, del otro lado de los Andes, los independentistas chilenos eran derrotados en Rancagua y muchos de ellos cruzaban las montañas para buscar refugio y auxilio de este lado del continente. Con el secreto respaldo de la Logia Lautaro y el decisivo apoyo del Directorio (encabezado desde principios de 1816 por el logista Juan M. de Pueyrredón), San Martín preparó minuciosamente al que llegaría a ser el mejor de los ejércitos de que dispusieron las Provincias Unidas en aquellos años.

Alrededor de 5000 hombres de las tres armas (infantería, artillería, caballería) con un razonable sostén logístico y una adecuada preparación, abordaron los difíciles pasos: cordilleranos. Ésas fuerzas., incluían un importante contingente de chilenos, liderados por Bernardo O’Higgins, también integrante de la logia secreta.

Despistando sobre sus puntos de ataque a través de una astuta «guerra de zapa» (hoy se hablaría de una hábil labor de «contrainteligencia»), y del avance en un frente amplio de fuerzas secundarias que inquietaran al adversario y lo obligaran a dispersar sus cuidados, San Martín lanzó y encabezó personalmente sus dos columnas principales por los pasos de Uspallata y Los Patos, desembocando en los valles chilenos y logrando el decisivo triunfo de Chacabuco (12 de febrero) que puso a Santiago de Chile en manos de los independentistas.

La campaña chilena se prolongó varios años, pero quedó definida en lo esencial con la categórica victoria de Maipú, lograda por San Martín sobre- el general español Mariano Osorio el 5 de abril de 1818.

Comenzaron luego los preparativos para el ataque al Perú, mientras en el extremo norte del continente sudamericano Simón Bolívar (otro afiliado a la Gran Reunión Americana) controlaba la situación en Venezuela y Colombia y, en el Plata, la crisis de 1820 derribaba al Directorio poniendo en grave peligro los planes continentales. No obstante, a fines de ese año la expedición de San Martín al Perú se ponía en marcha por mar -como se había planeado hacía tiempo-, sumando la audacia política al golpe de vista militar…

Ver: Historia de las Bóvedas de San Mantín

Cruce de los Andes Plan Continental del General San Martin

CRUCE DE LOS ANDES: PLAN CONTINENTAL

ANTECEDENTES, PORQUE CRUZAR LOS ANDES: La creación del Ejército de los Andes, y todas sus consecuencias, constituyó un hecho único e inédito en la historia militar argentina.

José de San Martín, que había regresado a su patria en 1812, fue encargado por el gobierno argentino (Primer Triunvirato) de la formación del Regimiento de Granaderos a Caballo. Con esta fuerza dio una acabada prueba de idoneidad y competencia con la victoria obtenida en la batalla de San Lorenzo el 3 de febrero de 1813 (véase San Lorenzo). Con ella se detuvo las incursiones españolas en los ríos interiores y posteriormente el Directorio se convenció de la necesidad de crear una escuadra argentina que mantuviera el dominio de aquéllos.

General José de San Martin

Al fracasar la segunda expedición al Alto Perú, al mando del general Manuel Belgrano, con la derrota de Ayohuma (véase) del 14 de noviembre de 1813, el gobierno de Buenos Aires decidió enviar a San Martín en refuerzo de aquélla, y poco tiempo después el Director Supremo Posadas lo nombró jefe titular del Ejército Auxiliar del Perú.

Al hacerse cargo de esta misión y mientras reorganizaba a las deshechas fuerzas del norte en Tucumán, San Martín comprendió, con claridad meridiana, la verdadera situación existente con respecto a la causa de la independencia. El principio revolucionario de Mayo había tratado solamente de rescatar los territorios que hasta entonces habían pertenecido al Virreinato del Río de la Plata y que habían sido ocupados por los españoles (Chile, Alto Perú, Montevideo). Pero el baluarte principal de la dominación realista se hallaba en Lima y allí se debía llegar, cuanto antes, para garantizar la independencia de las Provincias Unidas.

Pero, ¿cómo llegar al corazón del Virreinato de Perú?. Sólo habían dos caminos para eso: el del Alto Perú, que había sido utilizado desde 1810 hasta la fecha en forma estéril; el otro, el de Chile, a través de cruce de la Cordillera de los Andes, liberando primero a este para seguir luego por el Pacífico hacia Lima y tomarla.

DIRECTORIO DE PUEYRREDÓN
Cruce de los andes Plan Continental pueyrredon
El período de gobierno de este distinguido patriota, fue uno de los más agitados de la historia patria. Los caudillos del litoral a quienes se unió el chileno Carrera, se habían rebelado.

Los portugueses invadieron la Banda Oriental. Güemes mantenía una autonomía recelosa en el norte. Los federalistas porteños combatían tenazmente al gobierno. Pueyrredón descendió apresuradamente desde Tucumán, y entró en Buenos Aires el 29 de julio.

A su paso por Córdoba acordó con el gran capitán la preparación de la campaña de los Andes. En la Capital la oposición le hacía una guerra encarnizada que no se paraba ni en calumnias ni en conspiraciones. Pueyrredón alcanzó a mandar a su jefe, el general Soler, al ejército de San Martín.

Como el coronel Dorrego continuara en la lucha, lo detuvo y lo embarcó hacia las Antillas. Ante la amenaza de un complot, el director expulsó del país, enviándolos a los Estados Unidos, a los demás exaltados revolucionarios. Estas terminantes medidas y las derrotas sufridas por Artigas, al mismo tiempo que San Martín vencía en Chile, desbarataron a los opositores y consolidaron la posición del gobierno.

EL EJERCITO LIBERTADOR. – EL PLAN DE SAN MARTÍN
San martin
La experiencia había demostrado con toda su crudeza, la imposibilidad de decidir la guerra de independencia por el Alto Perú. Cuando los españoles avanzaban y se apartaban de sus bases de aprovisionamiento eran derrotados (Suipacha, Tucumán, Salta) y cuando los patriotas se alejaban de las suyas, sufrían los mismos desastres (Huaqui, Vilcapugio, Ayohuma, Sipe-Sipe..).

El genio concreto de San Martín lo vio y lo afirmó categóricamente, y señaló el único medio de llegar a una definición en la interminable guerra. A Godoy Cruz le decía: «La patria no hará camino por este lado del norte… ya le he dicho a usted mi secreto: un pequeño ejército y bien disciplinado en Mendoza para pasar a Chile y acabar allí con los godos… Aliando las fuerzas pasaremos por el mar para llegar a Lima. Ese es el camino y no este». San Martín en Cuyo. – Después de retirarse del ejército del Norte, San Martín fue nombrado (10 de agosto de 1814) gobernador intendente de Cuyo.

Es admirable la compenetración de ideales entre el gran capitán y el generoso pueblo cuyano. Sobre la base del cuerpo auxiliar de Chile y de los batallones cívicos de la provincia, San Martín comenzó a levantar su aguerrido ejército. Pidió por bando la incorporación de voluntarios de Buenos Aires.

El director Pueyrredón le fue remitiendo nuevos cuerpos reclutados, se reorganizaron los batallones de chilenos emigrados, se libertaron esclavos para servicios auxiliares. El ingeniero Álvarez Condarco intensificó la extracción de los materiales necesarios para la fabricación de municiones.

Fray Luis Beltrán organizó la maestranza y el parque del ejército. Pueyrredón y la provincia de Cuyo proveyeron los equipos, transportes y vituallas. El 19 de agosto de 1815 el ejército de los Andes con sus 5.400 soldados disciplinados y aguerridos, fue oficialmente constituido por el director del Estado, nombrándose general en jefe al general San Martín. Como preparación de la campaña San Martín organizó una hábil red de espionaje, de informaciones desorientadoras y de falsas alarmas, que llamó guerra de zapa.

El ejército realista. – Gobernaba la capitanía general de Chile, el mariscal don Francisco Casimiro Marcó del Pont. Su ejército había sido debilitado por el envío de 1.400 hombres al Alto Perú. Además la campaña de corso realizada por Brown en el Pacífico, había cortado sus comunicaciones con el Perú y alarmado y desorientado sus costas. Ante la proximidad de una invasión por la cordillera, que ya veía venir, se apresuró a organizar un ejército reclutando nativos de su capitanía. Llegó así a reunir unos 5.020 hombres con 33 piezas de artillería.

EL PASO DE LOS ANDES
Antes de partir San Martín declaró a la Virgen del Carmen patrona del ejército y dirigió una despedida agradecida y afectuosa al pueblo de Cuyo, patriota y generoso. A fines de enero de 1817, San Martín se dispuso ya para atravesar la cordillera andina. Seis fueron los pasos por los que decidió franquearla.

Cruce de los andes Plan Continental

El grueso del ejército se dirigió por la ruta de Los Patos bajo su mando y el de O’Higgins y Soler; y por la ruta de Uspallata a las órdenes del coronel Las Heras. «Sin que fallara una sola de las previsiones de San Martin, tanto en lo que respecta a la simultaneidad de la invasión en un frente de 800 kilómetros, como en la precisión de todos los movimientos y en la reunión final de las fuerzas principales, fue franqueada en 20 días la gigantesca mole de los Andes». Chacabuco. – Esta victoria fue el fruto de la genial preparación estratégica y de la realización del paso de los Andes.

Cuando San Martín estaba a las puertas de Santiago, Marcó del Pont empezaba a concentrar sus tropas sin atinar aún con el sitio por el que seria atacado. Pretendió defender la entrada del valle de Aconcagua, pero el día 12 de febrero fue desalojado por un ataque de sorpresa. Se retiró entonces al norte de la hacienda de Chacabuco para defender el camino a la Capital.

El mando del ejército fue entregado al brigadier Rafael Maroto. La hacienda de Chacabuco, está situada en una hondonada a la que se llega por dos sendas viniendo del Aconcagua: la de la cuesta vieja y la de la nueva. La senda de la cuesta vieja va a dar directamente en el frente de la hacienda, y la de la nueva se desprende de la anterior y bordeando por el oeste los cerros termina detrás de esa misma estancia. Maroto se situó al norte de la estancia de Chacabuco, protegiendo el camino principal de la cuesta vieja, pero sin reparar (inexplicablemente), que el enemigo podía rodearlo y atacarlo por su retaguardia.

O'HigginsEste es el error que aprovechó San Martín y que le dio la victoria. Mandó a O’Higgins (imagen) cargar sobre el enemigo por el frente pero sin emplearse, solamente para entretenerlo y aferrarlo. Entre tanto Soler, marchando por la cuesta nueva, llegaría sobre la retaguardia realista y Maroto sería tomado entre dos fuegos.

O’Higgins dejándose llevar por su enardecimiento, atacó a fondo sin esperar a Soler y estuvo a punto de comprometer la victoria. Rechazado en un primer impetuoso intento, volvió a cargar cuando Soler aparecía por el sudoeste (urgido por San Martin). Los realistas resistieron en ese flanco izquierdo durante una hora, encarnizadamente.

Pero fueron completamente batidos y se desbandaron perdiendo más de 1.200 hombres y dejando su artillería, parque y almacenes en el campo de batalla. Maroto que intentaba huir fue tomado prisionero, y San Martín dos días después de la victoria (14 de febrero) entró en la Capital, modestamente y sin ninguna pompa.

Al día siguiente fue convocado un Cabildo abierto. Nombrado San Martín director supremo del Estado de Chile, rechazó ese alto honor y en un nuevo Cabildo fue entonces designado don Bernardo O’Higgins. El libertador mantuvo el mando en jefe del ejército argentino-chileno.

CAMPAÑA DEL SUR DE CHILE
El cansancio de las tropas impidió a San Martín perseguir a los realistas hasta su aniquilamiento. Pudieron estos rehacerse en el sur, donde contaban con numerosos partidarios, recibieron refuerzos desde el Perú y afirmándose en sus montañosas regiones, prolongaron su resistencia por un año más. Pareció en un principio esta resistencia, consecuencia lamentable de un descuido o de una falta de previsión de San Martín, pero el tiempo le dio la razón. A los pocos días de ocupar a Santiago, el general San Martín dio orden para que una división marchará hacia el sur a completar la victoria con la persecución del enemigo. La dificultad de aprovisionarla la retardó hasta el de 3 de marzo. En esas serranías la marcha fue lenta y difícil.

coronel Las HerasEl coronel Las Heras (imagen) que la mandaba partió con sus 1.300 hombres casi sin caballos. Irritado O’Higgins por la lentitud de esa marcha, llegó a acusar al jefe argentino de negligencia y abandono y hasta pretendió juzgarlo militarmente. Finalmente se decidió a ir él mismo a dirigir la campaña. Sin embargo Las Heras se había comportado valientemente. A principios de abril había acampado en la hacienda de Curapaligue, a 20 kilómetros de Concepción.

El jefe de la plaza de Talcahuano, Ordoñez, le atacó en la noche del 5, sabiendo que O’Higgins acudía con nuevas tropas. Las Heras le rechazó con graves pérdidas y luego siguió avanzando. Ocupó a Concepción y puso sitio a Talcahuano, fortificándose en el cerro Gavilán. El 5 de mayo el tenaz Ordóñez volvió a atacar a los patriotas . Cuando la victoria estaba ya decidida apareció la vanguardia de O’Higgins que la completó. El director chileno asumió el mando de todas las fuerzas sitiadoras.

Había tardado en llegar más tiempo aún que Las Heras. Sitio de Talcahuano. – O’Higgins fue conquistando poco a poco los fuertes que defendían la zona de Talcahuano. En el mes de julio intentó un asalto a la plaza pero se retiró sin empeñarse. El tiempo pasaba frente a la plaza fuerte. O’Higgins impaciente se determinó a tomarla por asalto el 6 de diciembre. Siguieron el plan del oficial francés Brayer, que se había agregado al estado mayor. Este impuso un ataque frontal en el punto más fuerte de la defensa. Ordoñez tenía unos 1.700 hombres y 130 cañones, y algunas naves en la bahía.

El asalto comenzó cerca de las 3 de la mañana. Las Heras alcanzó a apoderarse del Morro de la izquierda. Pero los patriotas que se habían embarcado para apoderarse de unas naves en la bahía de San Vicente y envolver al enemigo, debieron volver diezmados. No le cupo mejor suerte a las fuerzas que atacaron en el flanco derecho.

O’Higgins viendo la inutilidad del sacrificio de Las Heras que continuaba en su posición, dio la orden de retirada. La acción les había costado a los patriotas cerca de 500 hombres, entre muertos y heridos. Cancha Rayada. – San Martín había ido a Buenos Aires para tratar con el director Pueyrredón la continuación de la campaña hasta Lima. Volvió en el mes de mayo y con todo su empeño se dio a la preparación del ejército libertador, estableciendo en las Tablas un campamento semejante al del Plumerillo.

A fines de 1817 contaba con 9.000 hombres perfectamente disciplinados y armados. El virrey Pezuela decidido a no perder la capitanía de Chile y a anular así la expedición de San Martín, que ya preveía, mandó a este territorio un fuerte ejército de 3.300 hombres al mando del general Osorio. Estas fuerzas desembarcaron en Talcahuano a mediados de enero de 1818 y unidas a las de Ordóñez formaron un ejército de 5.000 hombres. San Martín dio orden a O’Higgins de replegarse y al ejército del norte de descender.

Osorio emprendió muy tarde la persecución de O’Higgins y en vez de hacerlo con rapidez por mar, utilizando la escuadra, eligió el largo y penoso camino terrestre. Los dos cuerpos del ejército patriota se encontraron el 12 de marzo en Chimborango. Desde ese momento la superioridad volvía a estar de su parte. San Martín fue en busca del enemigo, pero este retrocedió evitando el encuentro. Perseguido de cerca, Osorio se vio obligado a aceptar el combate. Formado en batalla acampó en las proximidades de Talca.

Su situación era desesperada pues tenía a sus espaldas el río Maule. El coronel Ordoñez impuso su decisión de atacar a los patriotas esa misma noche por sorpresa (19 de marzo). El ejército de San Martín había acampado al pie de los cerros de Baeza. A las 21 las tropas de Ordóñez avanzaron sigilosamente en tres columnas. San Martín había sido avisado por un espía del próximo ataque y estaba efectuando un cambio de frente. El ejército patriota fue sorprendido en plena maniobra y dispersado sangrientamente.

Sin embargo Las Heras tomó el mando del ala derecha patriota que como ya había efectuado el cambio previsto quedó intacta, y pasando por entre los mismos realistas, que en la confusión no lo advirtieron, se dirigió hacia el norte. Al llegar al río Lircay, pudo comunicar a San Martín que se retiraba con 3.500 hombres. Osorio no persiguió a los patriotas y les permitió alejarse y rehacerse. Este error le costó la derrota de Maipú.

BATALLA DE MAIPU
San Martín y O’Higgins entraron en Santiago y reanimaron a los patriotas. Pocos días después habían rehecho un ejercito de 4.900 hombres. San Martín impuso su determinación de atacar al enemigo, en una junta de guerra. Osorio siguió avanzando y el 4 de abril acampó a 4 kilómetros de las fuerzas patriotas en la hacienda Lo Espejo. Los dos ejércitos se encontraron en los llanos de Maipú. La batalla comenzó a mediodía del 5 de abril.

Batalla - Cruce de los andes

San Martín alcanzó a dividir el ala izquierda de los realistas y flanquearla. Ordóñez había logrado imponerse en su derecha. Pero las reservas patriotas lo detuvieron y ante la amenaza de ser envuelto empezó a retirarse con orden. Un nuevo ataque deshizo su formación y sus soldados huyeron hacia la hacienda Lo Espejo. Ordónez intentó todavía resistir allí, pero acorralado y diezmado debió entregarse.

En el campo de batalla quedaron 2.000 realistas y se tomaron 3.000 prisioneros con todo su armamento. Importancia de Maypú en la emancipación continental. Por esta memorable victoria, Chile aseguró definitivamente su independencia. El ejército realista del Alto Perú debió retirarse para acudir en defensa del Perú amenazado. La primera etapa de la gesta sanmartiniana quedaba espléndidamente cumplida. El libertador pudo preparar el último golpe a la dominación española en América del Sur, dando a su campaña una amplitud y una gloria continental.

EXPEDICIÓN AL PERÚ
La victoria de Maipú al hacer posible la expedición libertadora del gran capitán dio a los aislados movimientos de emancipación la trascendencia de un plan continental, que tuvo su punto de convergencia en Guayaquil. La empresa era obra de romanos. Se debía crear una escuadra. Organizar y equipar un ejército poderoso y preparar armamentos para levantar otros en el Perú.

Y se debían, además, reducir los últimos focos realistas subsistentes en Chile que resistían aún con tenacidad española. El director O’Higgins se encargó de la preparación de la escuadra y de la pacificación de su territorio. Con la ayuda de Buenos Aires y las presas que el almirante Blanco Encalada abordó en varios cruceros, la escuadra fue una realidad.

El ejército surgía más lentamente. Pero la constancia y la sagacidad de San Martín llevó a los gobiernos hermanos de Chile y la Argentina, a firmar un acuerdo en febrero de 1819 que decidió en firme su preparación. Entretanto el almirante Cochrane había realizado un crucero por el Pacífico en el que conquistó varias naves y pertrechos, y sobre todo, afirmó su dominio en el mar por el que debía cruzar la expedición.

La guerra civil del otro lado de la cordillera complicó la labor bélica del gran capitán. El gobierno para sostenerse (como representante de una tendencia), requirió la ayuda de las tropas del ejército libertador.

Lo exigió primeramente Pueyrredón y a su caída, Rondeau. San Martín mantuvo a sus tropas en el destino de su alto ideal de la independencia americana y no quiso convertirse en montonero. Por el acta de Rancagua, toda la oficialidad le confirmó el mando, y el Senado y el pueblo chileno le nombraron generalísimo. El 20 de agosto de 1820 el convoy del ejército libertador del Perú se hizo a la vela, conduciendo 4.300 hombres de desembarco.

En septiembre ancló en la bahía de Paracas. Después de desembarcar, el general Las Heras ocupó el pueblo de Pisco. Los esclavos negros declarados libres acudieron a formar en las filas independientes. El virrey Pezuela mandó un comisionado para tratar, pero no se llegó a ningún acuerdo. San Martín reembarcó su ejército para operar en el norte y envió al general Arenales a incursionar y sublevar las sierras.

Este cuerpo obtuvo brillantes éxitos (principalmente en Paseo), y se mantuvo hasta fines del 1820. Una orden mal transmitida le hizo abandonar la sierra, cuando sus victorias hubieran cerrado el cerco sobre Lima e impedido el retiro de los españoles a esas alturas. San Martín desembarcó en Ancón, a 37 kilómetros de Lima, y luego se dirigió nuevamente por mar a Huacho (150 kilómetros). Desde allí ocupó el valle de Jauja. Las defecciones comenzaron a diezmar al ejército realista.

La capitanía de Quito se sublevó. El sitio de Lima se hizo más estrecho, mientras Cochrane dominaba e incursionaba por el Pacífico. La venida de un comisionado real estableció una tregua y se entablaron nuevas tratativas. San Martín se entrevistó personalmente con el virrey La Serna, en Punchauca. No se llegó a ninguna conclusión y a principios de julio de 1821, San Martín reinició las operaciones. El almirante Cochrane y el general Miller fueron mandados para realizar un crucero y alarmar las guarniciones costeras.

El almirante comenzó a levantar cabeza, y a pretender dirigir la campaña enemistándose con el jefe. Miller consiguió notables éxitos en Pisco y Anca y Taena, y Arenales volvió a la sierra. Entretanto la situación de los realistas en la Capital se hizo imposible y el nuevo virrey La Serna, decidió evacuaría y retirarse a la sierra, de más saludable clima y de mejores recursos. Arenales bajó a la costa y San Martín ocupó la Capital.

El 14 de julio reunió un Cabildo abierto que declaró la independencia, y el 28, el libertador la proclamó solemnemente desplegando la bandera que él creara para el Perú. La prosecución de la campaña y el orden y tranquilidad del nuevo Estado, movieron a San Martín a aceptar la petición unánime de que asumiera el gobierno. Tomó así, el título de protector del Perú.

bolivarEl virrey La Serna, más activo que Pezuela, envió sobre Lima un poderoso ejército al mando del general Canterac. San Martín no tenía fuerzas con que oponérsele eficazmente, pero con una hábil maniobra logró dirigir a los realistas al Callao.

Los sitiados de la fortaleza se opusieron a las instrucciones que traía Canterac de derruir sus murallas y trasladar su armamento a la sierra. Los pocos víveres con que contaban se consumieron prontamente.

El general español debió volver otra vez a reunirse con sus tropas y el Callao se rindió en septiembre de 1821. El virrey contaba en la sierra con un ejército numeroso y aguerrido y con grandes recursos. El libertador no podía concluir la campaña con sus solas fuerzas. Decidió, por lo tanto combinar sus planes con Bolívar que descendía victorioso desde el norte.

San Martín le había enviado anteriormente algunas tropas, que fueron parte muy principal en la victoria de Pichincha. La entrevista entre los dos grandes próceres tuvo lugar el 26 y el 27 de julio de 1822, en Guayaquil.

En las dos conferencias trataron los dos libertadores el problema de la terminación de la guerra sudamericana. San Martín advirtió en seguida la ambición de su émulo a la gloria de coronar la independencia del continente sur. Esta persuasión, el regateo intrigante de los recursos prometidos, la defección del almirante Cochrane que se había declarado en rebeldía, la desacertada política de su ministro Monteagudo y la impopularidad que comenzaba a producirle, y hasta algún complot descubierto en el ejercito, indujeron al gran capitán a retirarse.

Solo hubiera podido mantenerse apartándose del recto ideal de su glorioso destino, para descender a la mezquindad de las intrigas ambiciosas. El gran capitán, para su gloria y la de su patria, eligió las alturas.

El 20 de septiembre instaló solemnemente el primer Congreso Constitucional del Perú y ante él se despojó indeclinablemente de la banda bicolor de protector. En el ocaso de su poder, el libertador nació para la inmortalidad de la nacionalidad argentina.

Reformas y Conflictos de la Asamblea del Año 1813 Carlos de Alvear

REFORMAS Y CONFLICTOS DE LA ASAMBLEA DEL AÑO 1813

A fines de 1812 llegaron de las provincias los primeros diputados y el 31 de enero de 1813 se inauguró solemnemente el congreso con la denominación de Soberana Asamblea General Constituyente. Comúnmente se la conoce como Asamblea del año XIII. Fue designado presidente Carlos de Alvear (imagen abajo),lo que prueba la influencia preponderante que ejercía este joven jefe militar.

La obra de la Asamblea del año XIII fue memorable. Suprimió los títulos de nobleza, anulando las diferencias de nacimiento. Abolió el sistema de encomiendas, que permitía la inicua explotación del indígena. Declaró libres a los negros, hijos de esclavos, que nacieran después del 31 de enero de 1813, y prohibió la introducción de nuevos esclavos. Abolió los instrumentos de tortura que utilizaban la policía y los jueces. Dictó diversas leyes para organizar la Administración General, el Tesoro y el Ejército. Era el triunfo póstumo de Mariano Moreno.

Entre las resoluciones o reformas de la Asamblea que demuestran el propósito de lograr la independencia del país figuran tres muy importantes; suprimió el nombre de Fernando VII de los documentos oficiales; aprobó el sello que constituiría luego el Escudo Nacional y adoptó la Marcha Patriótica de Vicente López y Planes como Himno Nacional, al que puso música el maestro Blas Parera. Sin embargo, la Asamblea no se decidió a declarar la independencia; la mayoría de los diputados consideró que era aún prematuro romper abierta mente los vínculos que nos sometían a la poderosa metrópoli.

Carlos María de AlvearCarlos María de Alvear, sobrino de Posadas, no tiene buena imagen en la historiografía argentina. Signado por un marcado autoritarismo, su estilo intrigante y su enfrentamiento con San Martín han dejado una imagen negativa de él, que posiblemente sea por demás exagerada.

Bartolomé Mitre fue uno de los que iniciaron esta tradición. En uno de sus escritos, Mitre señaló que “San Martín y Alvear, auxiliados por la habilidad de Monteagudo, fueron por mucho tiempo los árbitros de la Logia; pero esta buena inteligencia no podía ser de larga duración. Los amigos se convirtieron muy luego en dos irreconciliables enemigos. Diversas causas produjeron este rompimiento. La petulancia juvenil de Alvear no podía sobrellevar con paciencia el ademán imperioso, la palabra incisiva y la voluntad de hierro de San Martín, convencido de su superioridad militar y que apenas notaba los pueriles celos de su competidor”.

Desde la Revolución de Mayo se iban popularizando dos colores como distintivos de los patriotas del Río de la Plata; el celeste y el blanco. En febrero de 1812 el Primer Triunvirato aprobó como distintivo de nuestros soldados una escarapela compuesta con aquellos colores.

El general Belgrano, creador de la idea de distinguir su causa con el celeste y el blanco, a su vez lo combinó para formar una bandera nacional. La enarboló por primera vez junto a las baterías del Rosario, en febrero de 1812. Pero el Primer Triunvirato no aprobó el acto de Belgrano, ordenándosele guardar la enseña para usarla más adelante. Sabemos que aquella bandera tenía los colores celeste y blanco, pero no conocemos la distribución de sus franjas.

El 25 de mayo de 1812 Belgrano se hallaba en la ciudad de Salta, ocupado en reorganizar el ejército derrotado en Huaqui. Allí exhibió ese día la bandera celeste y blanca por segunda vez, y la hizo bendecir por el sacerdote don Juan Ignacio de Gorriti. El Primer Triunvirato volvió a desaprobar la actitud de Belgrano.

El 13 de febrero de 1813, después de la victoria de Tucumán, el ejército patriota que perseguía a los realistas se detuvo junto al río Pasaje, en la provincia de Salta. Belgrano enarboló nuevamente la bandera de su creación, al tiempo que tomaba a sus soldados juramento de fidelidad a la Asamblea Constituyente del año XIII. Esta vez tampoco su gesto mereció la aprobación del gobierno, desempeñado por el Segundo Triunvirato.

Cuando la Asamblea General Constituyente de 1813 suprimió en los documentos públicos el nombre del rey Fernando VII, también eliminó su efigie de los sellos y monedas de uso oficial. La imagen del rey fue sustituida por un nuevo sello distintivo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Por otro decreto, dictado como el anterior en febrero de 1813, la Asamblea creó con dicho emblema el Escudo Nacional, que es el que hoy poseemos como símbolo patrio.

A comienzos de 1813 el poeta Vicente López y Planes (1785-1856), compuso los versos de una canción patria. Estos versos fueron presentados a la Asamblea General Constituyente, que los aprobó el 11 de mayo de 1813 como única marcha nacional. Tal es el origen de nuestro Himno Nacional, al que puso música el maestro Blas Parera (1776-1840), un español residente en Buenos Aires, director de orquesta del teatro.

En 1813 contábamos, pues, con tres símbolos ya oficializados: la Escarapela, el Escudo y el Himno. La Bandera no tenía aún sanción oficial; ésta se obtuvo en 1816, como veremos más adelante.

En los primeros meses de su gestión, el Segundo Triunvirato y la Asamblea actuaron con los mejores auspicios. Por ese tiempo las armas argentinas triunfaban en Tucumán y Salta, y también habían obtenido el triunfo de Cerrito, en la Banda Oriental. A fines de 1813, en cambio, el cuadro era completamente diferente. Belgrano, con el ejército del Norte, era derrotado en Vilcapugio y Ayohuma, y la Plaza Fuerte de Montevideo resistía el
ataque de las armas patriotas.

La situación era grave en general. La Asamblea resolvió que se modificara la forma del Poder Ejecutivo, la responsabilidad del gobierno debía concentrarse, para hacer más eficaz su gestión, en una sola persona, que llevaría el título de Supremo Director del Estado. La Asamblea aprobó la petición y creó el Directorio, el 22 de enero de 1814.

Los problemas internos y la creación del Directorio: La Asamblea no sólo tenía que enfrentar aquellos problemas derivados de la nueva situación europea, también tenía serias dificultades locales. En efecto, su instalación había profundizado el conflicto entre las tendencias centralizadoras de Buenos Aires y las confederacionistas, que exigían el reconocimiento de las soberanías provinciales.

La Asamblea rechazó a los enviados artiguistas argumentando que los diputados no podían tener mandatos imperativos, como era el caso de estos diputados. Estas instrucciones exigían la declaración de la independencia y la organización de un estado confederal en el que cada provincia conservaba su autonomía. Esto provocó la ruptura entre el caudillo oriental y el gobierno central porteño, que lo declaró su enemigo.

INSTRUCCIONES DADAS A LOS DIPUTADOS ORIENTALES PARA LA ASAMBLEA DE 1813

Artículo 1 Primeramente pedirá la declaración de la independencia absoluta de estas Colonias, que ellas estén absueltas de toda obligación de fidelidad a la Corona de España y familia de los Borbones y que toda conexión política entre ellas y el Estado de la España es y debe ser totalmente disuelta.

Articulo 2 No admitirá otro sistema que el de confederación para el pacto recíproco con las provincias que forman nuestro Estado.

Artículo 3 Promoverá la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable.

Artículo 4 Como el objeto y fin del Gobierno debe ser conservar la igualdad, libertad y seguridad de los Ciudadanos y los Pueblos, cada provincia formará su gobierno bajo esas bases, a más del Gobierno Supremo de la Nación.

Artículo 5 Así éste como aquel se dividirán en poder legislativo, ejecutivo y judicial.

Artículo 6 Estos tres resortes jamás podrán estar unidos entre sí, y serán independientes en sus facultades.

Artículo 7 El Gobierno Supremo entenderá solamente en los negocios generales del Estado. El resto es peculiar al Gobierno de cada Provincia.

Artículo 8 El territorio que ocupan estos Pueblos desde la costa oriental del Uruguay hasta la fortaleza de Santa Teresa forman una sola Provincia, denominante la Provincia Oriental.

Articulo 11 Que esta Provincia retiene su soberanía, libertad e independencia, todo poder, jurisdicción y derecho que no es delegado expresamente por la confederación a las Provincias Unidas juntas en Congreso.

Artículo 16 Que esta Provincia tendrá su Constitución territorial; y que ella tiene el derecho de sancionar la general de las Provincias Unidas, que forma la Asamblea Constituyente.

Artículo 17 Que esta Provincia tiene derecho para levantar los Regimientos que necesite, nombrar los oficiales de Compañía, reglar la Milicia de ella para seguridad de su libertad por lo que no podrá violarse el derecho de los Pueblos para guardar y tener armas.

Artículo 19 Que precisa e indispensable sea fuera de Buenos Aires, donde reside el sitio del Gobierno de las Provincias Unidas.

José Gervasio Artigas, delante de Montevideo, 13 de abril de 1813.

PUNTOS SOBRESALIENTES DE LAS REFORMAS A DE LA ASAMBLEA DEL AÑO XIII
En lo político:
-Crea un nuevo Poder Ejecutivo, esta vez unipersonal, bajo la denominación de Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, a quien acompañará un Consejo de Estado.
-Sanción de una amnistía general, excepto para Saavedra y Campana quienes seguirían desterrados.
-Sanciona la inviolabilidad de los diputados.
-Establece el 25 de Mayo como fecha patria, aprueba el Himno Nacional compuesto por Vicente López y Planes y Blas Parera, y crea el Escudo Nacional.

-En lo social:
-Establece la libertad de vientres, esto es, la libertad de todos los hijos de esclavos nacidos desde el 31 de enero de 1813.
-Abolición de la encomienda, mita y yanaconazgo.
-Abolición de los títulos de nobleza.
-Prohibición de castigos corporales en las escuelas.

-En lo económico:
-Ordena la acuñación de moneda en oro y plata (ver recuadro).
-Exención impositiva a la actividad minera.
-Autorización para la libre exportación de harinas y cereales.
-Apoyó las actividades comerciales, agropecuarias e industriales.

-En lo religioso:
-Establece la subordinación de las autoridades eclesiásticas a las civiles.
-A partir de entonces, la religión católica apostólica romana sería considerada como culto oficial del Estado.
-Abolición del Tribunal de la Inquisición.

-En lo militar:
-Instituye la pena de muerte para el delito de deserción.
-Crea el Instituto Médico Militar presidido por el prestigioso médico Cosme Argerich.
-Establece como grado máximo del ejército el de brigadier.

-En lo judicial:
-Abolición de los tormentos.
-Crea Cámaras de Apelaciones para reemplazar a las audiencias de Charcas y Buenos Aires, organismos provenientes de la administración de justicia española.

 

El Directorio de Gobierno Argentino Gervasio Posadas Primer Director

El Directorio de Gobierno Argentino – Gervasio Posadas

La Asamblea del año XIII creó un poder ejecutivo unipersonal, el Director Supremo de las Provincias Unidas. Sin embargo, en 1815, el Directorio no pudo con la suma de dificultades y colapsó, dejando como herederas a un conjunto de provincias autónomas.

HISTORIA ARGENTINA: 1814, CREACIÓN DEL DIRECTORIO GERVASIO POSADAS STRABFORD RODEAU El Directorio (1814-20): El primer Director Supremo fue don Gervasio Antonio de Posadas (imagen izq.) , tío de Alvear, el joven jefe militar que dirigía la Logia Lautaro y dominaba la Asamblea.

Posadas inició su gobierno el 22 de enero de 1814. Actuó con serenidad y eficacia. Durante su administración se creó la escuadrilla de Brown, con la que se logró dominar el Río de la Plata y preparar la rendición de Montevideo. Esta plaza fue tomada el 20 de junio de 1814 por un ejército comandado por Alvear. El 10 de agosto del mismo año se nombraba gobernador intendente de Cuyo al General San Martín.

Posadas, que había actuado con mesura desde el comienzo de su gobierno, se encontró en situación difícil a fines del año 1814. Había nombrado al general Rondeau (imagen derecha) jefe del ejército del Norte, después del relevo solicitado por San Martín.

Pero poco después que Rondeau asumió el mando se supo que Posadas había designado a Alvear para reemplazarlo. Entonces sus jefes y oficiales se sublevaron contra el Director negándose a aceptar el cambio; Rondeau continuó en el mando del ejército. Posadas resolvió entonces renunciar, y así lo hizo el 9 de enero de 1815.

HISTORIA ARGENTINA: 1814, CREACIÓN DEL DIRECTORIO GERVASIO POSADAS STRABFORD RODEAUEn la Asamblea dominaba Alvear, que fue designado para reemplazar a Posadas como Director Supremo. En verdad, todo estaba preparado para llevar al gobierno al reciente triunfador de Montevideo.

Alvear, el nuevo Director Supremo, joven e inexperto, tuvo que afrontar problemas muy difíciles. La situación militar se agravaba en el Norte, donde los realistas amenazaban con una nueva invasión desde el Alto Perú. En el interior del país, los gobernadores provinciales, disgustados porque no tenían participación directa en el gobierno se oponían al nuevo Director Supremo.

El descrédito de Alvear, por su errónea política exterior y su oposición a los caudillos gobernadores provinciales, determiné su rápida caída. El 2 de abril de 1815, es decir, menos de tres meses después de haber asumido el poder, se sublevó en la posta de Fontezuelas, situada cerca de Buenos Aires, el ejército que Alvear había enviado a Santa Fe para actuar contra los gobernadores del litoral, especialmente contra Artigas, virtual jefe de la Banda Oriental.

Dirigió la sublevación el comandante Ignacio Alvarez Thomas, quien regresó a Buenos Aires con las tropas para proteger la ciudad. En Buenos Aires el Cabildo asumió una vez más la representación popular y pidió la renuncia al Director Supremo. Alvear tuvo que salir del país. La Asamblea Constituyente, reunida desde 1813, se disolvió inmediatamente.

El Cabildo designó provisionalmente Director Supremo al general José Rondeau;HISTORIA ARGENTINA: 1814, CREACIÓN DEL DIRECTORIO GERVASIO POSADAS STRABFORD RODEAU pero como éste se hallaba al frente del ejército del Norte, actuó como Director Sustituto, Alvarez Thomas, el jefe de la sublevación de Fontezuelas.

En aquel momento los hombres más representativos del país pensaron realizar gestiones diplomáticas en el extranjero para resolver el problema de nuestra independencia. Sabíase que en España se estaba preparando un poderoso ejército para recuperar el Río de la Plata; entre nosotros no se confiaba en el éxito del ejército patriota y se esperaba, en cambio, que el apoyo de Portugal y Gran Bretaña decidiera al gobierno español a reconocer nuestros derechos a la soberanía.

Cuatro representantes del gobierno nacional actuaron en el extranjero: Manuel José García en Río de Janeiro, donde inició gestiones ante el ministro inglés lord Strangford (imagen derecha); Manuel Belgrano y Bernardino Rivadavia, en la corte española y en Londres, donde debían proceder de conformidad con Manuel de Sarratea, que ya se hallaba en la capital de Inglaterra preparando el terreno para las negociaciones.

Alvear (imagen abajo) dio a los representantes argentinos instrucciones secretas que insinuaban la posibilidad de someter el país al protectorado de Gran Bretaña, si fracasaban las gestiones para asegurar la independencia.

Estas provincias desean pertenecer a la Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer a su gobierno y vivir bajo su influjo poderoso. Ellas se abandonan sin condición alguna a la generosidad y buena fe del, pueblo inglés.”)

HISTORIA ARGENTINA: 1814, CREACIÓN DEL DIRECTORIO GERVASIO POSADAS STRABFORD RODEAUCarlos María de Alvear, sobrino de Posadas, no tiene buena imagen en la historiografía argentina. Signado por un marcado autoritarismo, su estilo intrigante y su enfrentamiento con San Martín han dejado una imagen negativa de él, que posiblemente sea por demás exagerada. Bartolomé Mitre fue uno de los que iniciaron esta tradición.

En uno de sus escritos, Mitre señaló que “San Martín y Alvear, auxiliados por la habilidad de Monteagudo, fueron por mucho tiempo los árbitros de la Logia; pero esta buena inteligencia no podía ser de larga duración.

Los amigos se convirtieron muy luego en dos irreconciliables enemigos. Diversas causas produjeron este rompimiento. La petulancia juvenil de Alvear no podía sobrellevar con paciencia el ademán imperioso, la palabra incisiva y la voluntad de hierro de San Martín, convencido de su superioridad militar y que apenas notaba los pueriles celos de su competidor”.

Disuelta la Asamblea del año XIII, el Cabildo de Buenos Aires creó una Junta de Observación, que dictó el Estatuto Provisional de 1815, por cuyas disposiciones quedaba supeditada la autoridad del Director Sustituto a dicha Junta y al Cabildo. El Cabildo envió a las provincias una circular en la cual expresaba que Buenos Aires no se proponía establecer una dominación prepotente sobre ellas; que respetaba sus opiniones y estaba pronto para modificar lo hecho, si ello era conveniente, en cuanto la voz de los pueblos lo indicara. Por entonces la división no era entre morenistas y saavedristas; empezaba a surgir una división mucho más grave y profunda que desembocaría en unitarios y federales.

Los primeros, reclutados entre los sectores más ilustrados en la ideología revolucionaria liberal europea, eran partidarios de la concentración del poder, que según su visión facilitaría la unidad política del país; no reconocían las autonomías provinciales y consideraban que el gobierno debía ser ejercido por los estratos más aristocráticos.

Los segundos, con mayor arraigo en el interior (aunque Buenos Aires constituirá un Partido Federal muy fuerte, así como el interior generara destacados unitarios) eran defensores de la capacidad de cada provincia para autogobernarse, sin que ello implicara desconocer su pertenencia a una misma nación, pero reconociendo en un gobierno central (que en todo caso debía estar fuera de Buenos Aires) solamente a un representante, en especial en el desempeño de las Relaciones Exteriores.

La revolución contra Alvear fue preparada por los federales. Como consecuencia, Álvarez Thomas, Director Sustituto, cumplió las promesas del Cabildo. En abril de 1815 convocó a un Congreso Nacional Constituyente, para resolver la situación del país. Como la mayoría de las autoridades provinciales resistían la centralización del gobierno en Buenos Aires, se estableció que el Congreso se reuniría en San Miguel de Tucumán.
Ya vimos que a fines de 1815, durante el mandato de Álvarez Thomas como Director interino, el ejército del Norte, al mando de Rondeau, fue completamente destrozado en Sipe Sipe. Como principal consecuencia de este desastre, todo el Alto Perú quedó definitivamente aislado de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

La gestión de Álvarez Thomas no fue muy afortunada en otros aspectos; por ejemplo, persiguió con intolerancia a sus adversarios políticos. Se vio obligado a renunciar el 16 de abril de 1816. Lo sustituyó por breve tiempo en el Directorio el general Antonio González Balcarce, también interinamente, hasta el 3 de mayo de 1816.

Segundo Triunvirato Logia Lautaro Revolucion 1812 San Martin Obras

REVOLUCIÓN DEL 8 DE OCTUBRE DE 1812:
EL SEGUNDO TRIUNVIRATO

A mediados de 1812 el desprestigio del Triunvirato era público. La activa oposición —encabezada por la Logia Lautaro y la Sociedad Patriótica— censuraba el marcado centralismo del gobierno y lo acusaba de querer perpetuarse en el mando al demorar la convocatoria de un congreso general.

A las dificultades de orden político se sumaba la grave situación del ejército del Norte asediado por el enemigo. Gran descontento produjo la orden enviada desde Buenos Aires al general Belgrano, para que se retirara con sus tropas sin librar combate.

Presionado por sus adversarios, el Triunvirato debió convocar a los cabildos del interior —3 de junio— para que enviaran representantes ante una nueva Asamblea, que reemplazaría a la disuelta en los primeros días de abril.

Los diputados provinciales debían concurrir a Buenos Aires para «fijar el tiempo y lugar de la reunión del Congreso», que significaba —en otras palabras— integrar una Asamblea electora para sancionar una ley con el fin de reunir, más tarde, una Asamblea constituyente. De tal manera se pretendía reemplazar a la última —que todos  anhelaban—  por una  simple  asamblea de  carácter electoral.

El Triunvirato dispuso que el Cabildo de Buenos Aires debía elegir los diputados por la capital y, también, examinar los poderes de los representantes del interior; en este último caso, el ayuntamiento estaba facultado para rechazar a cualquiera de eílos y nombrar el suplente.

Mendoza eligió diputado a Monteagudo —residente en Buenos Aires y candidato de la Logia— pero su designación no fue aceptada por el gobjemo, quien lo comunicó al Cabildo para que éste nombrara un reemplazante;1 también fueron rechazados los representantes de Salta y Jujuy.

General Jose de San Martin

Los esfuerzos puestos por San Martín en crear una formidable unidad de combate no encontraban respuesta en la acción política del Triunvirato. Dentro del gobierno surgían disputas entre el secretario Rivadavia y otras figuras destacadas, como Pueyrredón o Juan José Paso. La orientación impuesta por Rivadavia parecía inclinada a acordar con el Consejo de Regencia español y quitar a Buenos Aires de la lucha emancipadora americana. La labor de la Logia Lautaro encontró un clima propicio para difundir sus ideas, en medio del creciente descontento de muchos porteños. Cuando a fines de setiembre de 1812 llegó a Buenos Aires la noticia de la victoria alcanzada por Belgrano en Tucumán, en abierta desobediencia a las órdenes recibidas, el clima opositor llegó a un punto culminante.

EL SEGUNDO TRIUNVIRATO: La Sociedad Patriótica y la Logia Lautaro organizaron una revolución militar que estalló el 8 de octubre de 1812. El 6 de abril del año anterior los saavedristas habían expulsado del gobierno, por la violencia, a los morenistas; ahora los revolucionarios destituían al Triunvirato para poder concretar sus objetivos de independencia.

En la mañana de ese día se reunieron en la Plaza de Mayo algunos regimientos, entre ellos el de los Granaderos a Caballo, bajo las órdenes de San Martín y Alvear, y los batallones de cívicos mandados por Ortiz de Ocampo. El pueblo, movilizado por la Sociedad Patriótica, llenaba también la plaza, exigiendo inmediatamente un Cabildo Abierto y haciendo oír sus gritos hostiles al gobierno.

Reunidos en el Cabildo los representantes del pueblo de Buenos Aires aceptaron íntegramente todo el petitorio de la revolución, que quedó triunfante. Resolvieron destituir a los miembros del Poder Ejecutivo y designar nuevos triunviros.

Así se constituyó el Segundo Triunvirato (8 de octubre de 1812 al 22 de enero de 1814) integrado por Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña y Antonio Alvarez Jonte. Detrás del nuevo gobierno actuaban la “Logia Lautaro” y su organismo visible, la “Sociedad Patriótica”.

Juan José PasoAntonio Alvarez JonteNicolás Rodríguez Peña
Juan José PasoAntonio Alvarez JonteNicolás Rodríguez Peña

El Segundo Triunvirato encaró con energía la campaña contra los realistas en el Norte y en la Banda Oriental. Apoyó a Belgrano, que había triunfado en setiembre de 1812 en Tucumán, para que continuara su ofensiva; esto dio por resultado el triunfo de Salta, ocurrido el 20 de febrero de 1813.

El Primer Triunvirato había celebrado un armisticio con Elío, jefe militar de Montevideo. A fines de 1812, el Segundo Triunvirato resolvió reanudar el ataque contra ese baluarte realista, enviando la segunda expedición a la Banda Oriental, al mando de don Manuel de Sarratea; su segundo jefe era el coronel Rondeau, que obtuvo la victoria de Cerrito el 31 de diciembre de 1812.

Transcurrido más de un mes, el 3 de febrero de 1813, San Martín triunfaba en San Lorenzo. Estos éxitos dieron inmediato prestigio al nuevo gobierno.

El Segundo Triunvirato cumplió lealmente el programa de la revolución del 8 de octubre y condujo con acierto los destinos de las Provincias Unidas.

Se había obligado a convocar e instalar en el término de tres meses el Congreso General de diputados de todas las provincias, proyectado el 25 de mayo de 1810. Apenas constituido dio un decreto, con fecha 24 de octubre de 1812, por el que convocaba al pueblo a elecciones de diputados para integrar el Congreso General.

Este debía decidir el destino y la organización de las Provincias Unidas del Río de la Plata, nombre que llevaba en ese momento nuestro país.

En la primera década revolucionaria, el gobierno central contribuyó a fomentar las autonomías al crear nuevas provincias. En 1813, un decreto del Segundo Triunvirato separó Cuyo (Mendoza, San Juan y San Luis) de la Intendencia de Córdoba.

En 1814, el director Posadas creó las provincias de Entre Ríos y Corrientes, separándolas de la Intendencia de Buenos Aires, y las de Salta y Tucumán, al dividir la Intendencia de Salta del Tucumán. Posteriormente, se formaron otras provincias por decisión propia: Santa Fe, en 1818 (separada de Buenos Aires); Santiago del Estero, en 1820, y Catamarca, en 1821 (ambas separadas de Tucumán); La Rioja, en 1820 (separada de Córdoba), y Jujuy, en 1834 (separada de Salta).

Entre 1819 y 1821 se formaron algunos agrupamientos regionales (semejantes a la Liga de los Pueblos Libres, organizada entre 1815 y 1820) que se disolvieron al poco tiempo: por ejemplo, la República del Tucumán -que, bajo la presidencia de Bernabé Aráoz, entre 1819 y 1821 reunió las provincias de Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca- y la República de Entre Ríos -que, bajo la dirección de Ramírez, entre 1820 y 1821 agrupó a Entre Ríos, Corrientes y Misiones-.

Otras provincias establecieron entre sí pactos de comercio y unión, como las provincias de Cuyo, después de su disgregación en 1820, o las del Litoral y Buenos Aires, después de la crisis que siguió a la firma del Tratado del Pilar.

Primer Triunvirato Creación, Integrantes, Obras y Objetivos

LA CREACIÓN DEL PRIMER TRIUNVIRATO
Integrantes, Obras, Objetivos y Atribuciones

ANTECEDENTES: A fines de junio la delicada situación de la Junta Grande se tornó más crítica. Comenzaron a circular en Buenos Aires noticias alarmantes, según las cuales el ejército destacado en el Alto Perú se había sublevado como protesta por la entrega de estos territorios a la dominación de la Princesa Carlota.

La tensión se agravó el 20 de julio cuando se conoció en la capital la noticia del desastre de Huaqui, que dejaba todo el Norte en poder de los enemigos. Debido al contraste la Junta Grande se vio forzada a levantar el sitio de Montevideo y, como réplica, naves realistas a las órdenes de Juan Ángel Michelena bloqueaban y cañoneaban el puerto de Buenos Aires. Fue necesario pactar con el enemigo y se envió a Montevideo una comisión integrada por Gregorio Funes, Julián Pérez y José Paso.

La Junta Grande dispuso a fines de agosto que Cornelio Saavedra se trasladara al Norte del territorio para reorganizar el ejército recientemente derrotado. Trascendió en la capital que el alejamiento del presidente obedecía al propósito de eludir la delicada situación.

Aunque disuelta la Sociedad Patriótica, los opositores porteños no cesaban en su actividad y hacían responsable al gobierno de todos los fracasos. Argumentaban que la mayoría provinciana integrante de la Junta carecía de prestigio y eficacia por su excesivo número; además, se decía que estaban bajo la influencia de elementos «carlotistas».

La oposición porteña sostenía la necesidad de elegir cuanto antes los dos diputados por Buenos Aires, para que el Congreso pudiera convocarse a la brevedad. La Junta accedió al requerimiento, pero dispuso una serie de reformas al sistema de elección, lo que motivó su rechazo por el Cabildo, que desde esos momentos apoyaba a la facción morenista «como defensor de los derechos de la capital».

Debido a la agitación pública y ante exigencias del Cabildo, el 16 de setiembre fue separado de su cargo el secretario de la Junta Grande, doctor Joaquín Campana; éste debió partir a corto plazo rumbo a San Antonio de Areco.
El curso de los acontecimientos determinó que la Junta convocara el 19 de setiembre un Cabildo abierto para elegir los dos diputados por Buenos Aires y «un apoderado del pueblo».

Practicado el escrutinio resultaron electos diputados Chiclana y Paso, y representante del pueblo Sarratea.

Primer Triunvirato (23 de setiembre de 1811 al 12 de octubre de 1812): El 23 de setiembre de 1811 quedó constituido el nuevo gobierno creado por la Junta Grande. Tres triunviros y tres secretarios formaban el Poder Ejecutivo. Los miembros de la Junta Grande constituyeron el Poder Legislativo de la nueva administración, con el título de Junta Conservadora, en representación directa del pueblo. Este cuerpo dictaría las leyes que el Triunvirato debía aplicar. El poder judicial quedaba integrado por varios tribunales.

El Primer Triunvirato (23 de setiembre de 1811 al 12 de octubre de 1812), estaba integrado por Feliciano Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan José Paso. Bernardino Rivadavia, Vicente López y Planes y José Julián Pérez fueron los tres secretarios.

Juan José PasoFeliciano ChiclanaManuel de Sarratea
Juan José PasoFeliciano ChiclanaManuel de Sarratea

Rivadavia fue el alma del nuevo gobierno e imprimió a la acción del Primer Triunvirato el sello de su fuerte personalidad. Contribuyeron a vulnerar su obra las circunstancias adversas de la lucha por la liberación del país y las pasiones políticas desatadas.

El Primer Triunvirato inicial-mente actuó con energía contra la reacción española en Buenos Aires. Sofocó una contrarrevolución realista inspirada y dirigida por Martín de Alzaga, que debía estallar a fines de junio de 1812. con el apoyo de los portugueses.

Descubierta la conspiración, Alzaga y los demás conjurados fueron condenados a muerte en juicios sumarios. Alzaga fue fusilado el 5 de julio en la prisión y después colgado en la Plaza Mayor. Beruti relata en sus Memorias que cuando murió, el público vitoreó a la Patria y las bandas militares ejecutaron la Canción Patriótica.

Igualmente violentas fueron algunas medidas de orden interno. Al poco tiempo de asumir el poder, los triunviros destituyeron a Saavedra del cargo que se le habla confiado en el ejército del Norte; después fue procesado y desterrado. Así terminó la carrera política del presidente de las Juntas revolucionarias; Saavedra concluyó siendo la víctima principal del golpe del 6 de abril de 1811, efectuado sin su intervención.

El 22 de octubre de 1811 la Junta Conservadora aprobó el Reglamento Provisorio, redactado por el deán Funes, por el cual el Triunvirato quedaba completamente sometido a la Junta. Por instigación de Rivadavia, los triunviros fueron sorprendidos por esta resolución que los despojaba de sus principales atribuciones, sometieron entonces el Reglamento a la consideración del Cabildo, cuerpo que por su carácter local no tenía autoridad para oponerse a la resolución de la Junta Conservadora.

El Cabildo, no obstante, aconsejó el rechazo del Reglamento, y el Triunvirato así lo hizo inmediatamente. Como la Junta Conservadora desconoció tal actitud y publicó el Reglamento, el Triunvirato la disolvió el 7 de noviembre de 1811.

Poco tiempo después, en el mes de diciembre, se produjo en el Regimiento de Patricios un motín llamado El motín de las trenzas y la opinión pública acusó a los miembros de la disuelta Junta Conservadora de haberlo provocado. El Triunvirato tomó entonces una decisión radical ordenando a los diputados provinciales el inmediato retorno a sus localidades. Este hecho tuvo honda repercusión posterior e inició el dramático conflicto entre Buenos Aires y las provincias, que debía durar más de medio siglo.

Es necesario considerar que el Primer Triunvirato, como los gobiernos anteriores, tendría carácter provisional. El país no era aún independiente; y aunque todos los patriotas luchaban con el firme propósito de separarse de España se continuaba usando en los documentos oficiales el nombre de Fernando VII, el monarca español. Sin embargo el Triunvirato tomó una decisión que revelaba cierta tendencia separatista, estableciendo que los soldados debían usar la escarapela celeste y blanca como distintivo, aunque no aprobó la bandera.

Como hemos podido apreciar al estudiar las campañas militares de la Revolución, el Primer Triunvirato no tuvo éxito en la defensa militar de la causa revolucionaria. Rechazado nuestro ejército en el Alto Perú y fracasada la primera campaña contra Montevideo, centro realista, el país se vio seriamente amenazado por las tropas de España. Además, en tan adversas circunstancias, el Primer Triunvirato adoptó medidas inoportunas; celebró un armisticio con el gobernador de Montevideo y ordenó a Belgrano retroceder con el ejército del Norte hasta Córdoba, orden que Belgrano no acató. Integraban el Primer Triunvirato hombres cuya posición política era intermedia entre los saavedristas y los morenistas más definidos.

Estos últimos no formaban parte del gobierno; carentes de un jefe desde la muerte en alta mar de Mariano Moreno, se habían agrupado. en una nueva Sociedad Patriótica.

Nuevamente también era el café de Marco la sede de las reuniones que, por cierto, eran públicas. Dirigía a sus antiguos miembros, casi todos jóvenes y entusiastas defensores de la independencia, don Bernardo de Monteagudo, conocido revolucionario que había actuado en el movimiento de Chuquisaca, en 1809. Monteagudo era un orador brillante y de un espíritu inquieto y batallador. En los primeros meses de 1812 llegaron procedentes de Europa varios distinguidos oficiales criollos que habían iniciado su carrera militar en el ejército español, combatiendo en la Península contra los ejércitos franceses de Napoleón.

Lograron pasar secretamente a Inglaterra, desde donde vinieron a Buenos Aires para ofrecer sus servicios a las armas patriotas; los principales era San Martín y Alvear. Estos oficiales compartían con los morenistas el anhelo de proceder con energía, organizando el país como Estado soberano, sin vínculos con España; poco después de su llegada estos militares organizaron una sociedad secreta, llamada Logia Lautaro, cuyo objeto era lograr que los países sudamericanos se emanciparan de España.

Ver:Inestabilidad Política Argentina 

DESARROLLO Y ATRIBUCIONES DEL PRIMER TRIUNVIRATO:

— A mediados de 1811 la situación era difícil. El Ejército del Norte había experimentado el desastre de Huaqui. Las naves españolas con asiento en Montevideo bloqueaban y cañoneaban al puerto de Buenos Aires.

Los patriotas estaban divididos en grupos antagónicos: saavedristas, morenistas y provincianos.

La Junta Grande dispuso que Saavedra se trasladase al norte a reorganizar el ejército derrotado.

En medio de tensiones la Junta dispuso convocar el 19 de septiembre un Cabildo Abierto para que el pueblo de Buenos Aires eligiera dos diputados y un apoderado del pueblo. Fueron electos Chiclana, Paso y Sarratea.

— Dada la necesidad de un gobierno capaz de hacer frente a la situación se decidió la creación de un ejecutivo, cuyas funciones quedarían sometidas a disposiciones que dictaría la Junta.

Se estableció un ‘TRIUNVIRATO integrado por Chiclana, Sarratea y Paso, diputados por Buenos Aires al Congreso General. Se nombró secretarios a Rivadavia, Julián Pérez y Vicente López.

Por decreto del 23 de septiembre la Junta Grande se convirtió en JUNTA CONSERVADORA, que retenía las atribuciones legislativas.

No tardaron en surgir diferencias entre la Junta y el Triunvirato; una representaba el sentir provinciano encarnado en el Deán Funes; otra, el centralismo porteño, encarnado en Rivadavia. Ambos aspiraban al predominio político. El gobierno se intitulaba oficialmente: «Gobierno Superior de las Provincias del Río de la Plata a nombre del Señor don Fernando VII».

La Junta Conservadora elaboró un REGLAMENTO ORGÁNICO a que debía atenerse el Triunvirato, liste Reglamento, que nunca se aplicó, fue la primera Constitución argentina. Establecía la separación de poderes. La Junta conservaba el poder de nombrar a los miembros del Triunvirato que durarían un año y medio en sus funciones, siendo responsables ante la misma Junta.

El Triunvirato no vio con agrado el Reglamento, por cuanto la Junta reservaba para sí muchas atribuciones. Lo envió al Cabildo pidiendo su opinión. El Cabildo estableció que dicho Reglamento carecía de valor por cuanto había sido aprobado sin la presencia de los diputados de Buenos Aires. ■ La Junta Conservadora publicó el Reglamento y lo envió a las provincias. Rivadavia disolvió la Junta, derogó el Reglamento y expulsó de Buenos Aires a los diputados provinciales. Fue el comienzo de la anarquía argentina.

— El 22 de noviembre el Triunvirato publicó el ESTATUTO PROVISIONAL redactado por Rivadavia. En él se establecían facultades discrecionales para el ejecutivo que podía «adoptar cuantas medidas crea necesarias para la defensa y salvación de la patria según lo exija el imperio de la necesidad y las circunstancias del momento». El Triunvirato tomaba una actitud claramente dictatorial.El estatuto contemplaba la reunión de una Asamblea General, compuesta por el Cabildo, diputados de los pueblos y vecinos de Buenos Aires, que «acordaría con el gobierno las medidas a tomar».Asimismo obligaba al gobierno a reunir un CONGRESO DE LAS PROVINCIAS UNIDAS para establecer una constitución.

— La Asamblea General quedó constituida el 4 de abril de 1812. Era legislativa, no constituyente. La formaban diez miembros del Cabildo de Buenos Aires, treinta y tres representantes porteños y once provincianos.La primera resolución de la Asamblea fue nombrar al coronel Pueyrredón en lugar de Paso, cuyo mandato había terminado. Estando Pueyrredón en el Ejército del Norte nombró como substituto a Díaz Vélez.
Este nombramiento disgustó a Rivadavia que ocupaba el cargo vacante y esperaba ser su titular. Se pusieron reparos a la facultad de la Asamblea para nombrar substitutos. Respondió la Asamblea que si tenía facultad para nombrar-titulares, también la tenía para nombrar substitutos.

— El 6 de abril la Asamblea se declaró a sí misma soberana. Estableció con evidente exceso en sus atribuciones que «constituía la autoridad suprema sobre todas las demás en las provincias del Río de la Plata».Rivadavia como respuesta disolvió la Asamblea y suspendió al Cabildo «hasta nueva providencia». El Triunvirato convocó a una nueva Asamblea que debía reunirse el 6 de octubre, cuyos miembros fueron elegidos sin intervención del vecindario. El Triunvirato había creado una asamblea con sus propios partidarios.

— El disgusto popular iba en aumento. El 8 de octubre las tropas al mando de San Martín y Alvear ocuparon la plaza de la Victoria, mientras grupos de civiles pedían la reunión de un Cabildo Abierto y constitución de un nuevo gobierno. Se reunió Cabildo Abierto, se destituyó a los miembros del Primer Triunvirato formulándoles graves cargos y se eligió un nuevo Triunvirato formado por Paso, Rodríguez Peña y Alvarez Jonte.

— Una de las primeras medidas tomadas por el nuevo Triunvirato, el 24 de octubre, fue convocar una ASAMBLEA GENERAL CONSTITUYENTE.

Fuente Consultada:
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición- Editorial Guadalupe

La Conspiracion de Alzaga Traiciones en la Historia Argentina Motín

La Conspiración de Álzaga
Traiciones en la Historia Argentina

La Conspiracion de Alzaga Traiciones en la Historia ArgentinaCONJURACIÓN DE ALZAGA: Los portugueses con el pretexto de auxiliar a los españoles de Montevideo y de salvar sus haciendas fronterizas contra la acción del caudillo oriental José G. Artigas. pero con el real propósito de adueñarse de la Banda Oriental, introdujeron en esta región un ejército de 5.000 hombres al mando de Diego de Souza.

Este jefe, de común acuerdo con Gaspar Vigodet gobernador realista de la plaza de Montevideo, y con el beneplácito del ministro portugués Linhares había prometido su ayuda a Martín de Álzaga quien desde tiempo atrás venía preparando un levantamiento armado de los españoles residentes en Buenos Aires. Éstos se habían visto desplazados por la Revolución y bajo su aparente resignación buscaban el momento oportuno para reconquistar lo perdido.

En el sector conjurado se hallaban fray José de las Ánimas, de la orden franciscana de los betlemitas, el ingeniero Felipe Sentenach, Matías Cámara, Francisco Tellechea y otros más.

La conspiración fue pospuesta en distintas oportunidades; finalmente se fijó como fecha del golpe el 5 de julio. aniversario de la Defensa (de 1807).

Mientras tanto, lord Strangford, representante inglés en Río de Janeiro, había exigido a Portugal el retiro de las tropas de la Banda Oriental. El príncipe regente destacó entonces al teniente coronel Juan Rademaker, corno embajador ante Buenos Aires.

Se firmó así el armisticio, que establecía en una de sus cláusulas, la evacuación del ejército portugués. Souza, al parecer informado de los acontecimientos que se preparaban en Buenos Aires, no acató esa disposición e insinuó a sus superiores la necesidad de aguardar un cambio favorable a los españoles  hecho que creía inminente.Parece ser que Rademaker, que quedaba en una posición desairada ante la actitud de Souza, confía a Pueyrredón la posibilidad de un alzamiento. Otras denuncias alertaron a las autoridades porteñas.

El peligro era grave: la intentona tenia amplias ramificaciones y el Triunvirato no disponía de muchas tropas en la capital. Ante ello, la propia oposición al gobierno se nucleó en torno al mismo para superar la situación.

Los tribunales, organizados e integrados por Chiclana, Agrelo, Monteagudo, Vieytes y Miguel de Irigoyen, impartieron una justicia sumaria e implacable. Apresados los cabecillas del movimiento, varios de ellos fueron fusilados; Álzaga y Tellechea se contaron entre éstos. La salvación de la Revolución había exigido tan drásticas medidas.

La ejecución de Alzaga
Luego de encabezar un complot frustrado, don Martín de Alzaga, héroe de la Defensa de Buenos Aires en 1807, fue fusilado el 6 de julio de 1812. Son disímiles y vanadas las interpretaciones sobre este complot. Domingo Matheu dijo: «(…) en obsequio de la historia debo decir que a nadie se le tomó con las armas en la mano (…)».

Por lo menos, durante el proceso que se le siguió a Alzaga y al resto de los treinta y un completados y ajusticiados, no se reunieron las pruebas suficientes para decir que ellos intervenían en los planes realistas de recuperar el control de la situación en Buenos Aires. Pero, pese a todo, dentro de las circunstancias de aguda crisis política, financiera, social y militar, por la que atravesaba el Triunvirato, se utilizó este complot para demostrar que todo tipo de conspiración iba a ser aplastado.

Juan Manuel Beruti, testigo presencial de la ejecución nos dice sobre la misma: «(…) salió al suplicio de la cárcel pública con su propia ropa, sin grillos y sin sombrero, advirtiéndosele mucha serenidad, que no parecía iba a morir (…) Fue su muerte tan aplaudida que, cuando murió, se gritó por el público espectador ¡Viva la Patria!, repetidas veces, y ¡muera el tirano! (…) Fue tal el odio que con este hecho le tonto el pueblo al referido Alzaga, que aun en la horca lo apedrearon y le proferían insultos (…) No ha recibido hombre ninguno de esta capital, después de Liniers, mayor honor por sus hechos que éste yero tampoco se le ha quitado, en los 300 años de su fundación, la vida a otro alguno, con mayor de su calidad que a él (…)»

PARA SABER MAS…

A Los doce años llegó a Buenos Aires para iniciarse como comerciante, posibilidad que le brindó, generosamente, don Gaspar de Santa Coloma. Martín de Alzaga, tan vasco como todos sus antepasados, había nacido en el valle de Aramayona en 1755. A los 24 años, se independizó con 24.000 pesos que su dedicación le habían permitido acumular. De pronto, se había convertido en uno de los comerciantes de mayor fortuna del micromundo rioplatense. Pero los negocios no le impidieron dedicarse, también, a la política. Fue durante largo tiempo alcalde de 1° voto del Cabildo.

En ese puesto cobró protagonismo en ocasión de las invasiones inglesas, en cuyo transcurso Alzaga proyectó, junto con un grupo de criollos, catalanes y vascos, concretar la independencia del Virreinato. Precisamente, convenció a Francisco Javier de Elío, gobernador de Montevideo, para que organizara una junta en dicha ciudad. Era la oposición a Liniers, que en enero de 1809 produjo, finalmente, el alzamiento contra la autoridad del virrey. Fracasada la conspiración, Alzaga y varios de sus compañeros fueron procesados y enviados a Carmen de Patagones.

Lograron huir, sin embargo, ayudados por Elío que envió una fragata desde Montevideo. Vuelto a Buenos Aires, cayó preso nuevamente, circunstancia que lo mantuvo ausente de los episodios de mayo de 1810. La fortuna que siempre lo acompañó en los negocios casi nunca estuvo de su lado en la política. En tiempos del triunvirato, volvió a prisión por orden de Rivadavia y, por fin, acabó sus días colgado en la Plaza de Mayo, pocos antes de la «revolución del 8 de octubre de 1812».

De entre su correspondencia de 1806, una carta de! 26 de septiembre, a su primo don Clemente de Zavaleta, residente en Tucumán, muestra tiempos más felices para don Martín de Alzaga, cuando le sonreía la política mientras algún pícaro intentaba enredarle los negocios, a los que como se verá no les perdía pisada:

«Contestando a su favorecida del 9 de corriente, digo: Que la reconquista de esta célebre capital, acaecida el 12 del pasado agosto, es un portento tan maravilloso que sólo puede atribuirse a la Alta Providencia del Dios de los Ejércitos que dirigió nuestras huestes al punto de que causaran la admiración de las Naciones, y aún harán menos asombrosas las hazañas de Bonaparte.

Ahora sólo resta conservar el epíteto que los mismos enemigos nos han dado de terribles combatientes; y para esto se está tratando el reglamento de Milicias Uniformadas, separando por naciones, para que así se excite la emulación. (…) No es preciso más para deducir el entusiasmo de estos habitantes, dispuestos a rechazar millares de enemigos que tengan la tenacidad de quererles invadir de nuevo sus hogares.

(…) Enterado de que e! carretero don Marcos Ibiri, contratante de conducirme a esta 534 tercios, pidió a Ud. y le satisfizo 600 pesos suponiendo que se le restaban por razón de fletes, lo que no hay tal cosa, pues como verá Ud. del adjunto papel (…), en Jujuy (…), recibió íntegramente de don Félix Echevarría el flete de los expresados 534 tercios (…); es necesario trate Ud. de cobrarle allí (…).

Los últimos quesos de Ud. llegaron días pasados y se vendieron a tres pesos, cuyo importe aún no está cobrado; pero de éste como lo que está pendiente de Lausas y de Toro, creo darle noticia en el siguiente correo de hallarse todo en mi poder.

Y no ofreciéndome otra cosa mande con confianza a éste su afectísimo.

Fuente Consultada:
Historia Argentina Tomo I Desde La Prehistoria Hasta 1829  Nota de María Cristina San Román

La Sociedad Patriotica Club Marco Monteagudo Espiritu Independencia

La Sociedad Patriótica – Club Marco Monteagudo

Simultáneamente con la fundación de la Logia Lautaro volvió a actuar la Sociedad Patriótica a mediados de 1812. Lo mismo que la Logia, tenía por lema Independencia y Constitución.

Su presidente, Bernardo de Monteagudo (1789-1825), dirigió sucesivamente los periódicos El Grito del Sur y Mártir o Libre, órgano de difusión de sus ideas.

Entre la Sociedad Patriótica y la Logia Lautaro había comunidad de ideales en muchos puntos. Tan es así que algunos miembros de la primera, como Monteagudo integraban también la segunda. La acción de ambas agrupaciones coincido en su lucha contra el triunvirato.

La Sociedad Patriotica Club Marco Monteagudo Espiritu IndependenciaSOCIEDADES SECRETAS Y LOGIAS. Las ideas liberales del siglo XVIII llegaron a las colonias a través del contrabando de libros e ideas, actuando las logias y entidades secretas como importantes agentes trasmisores de estas corrientes ideológicas. La Gran Reunión Americana, creada por Francisco Miranda, fue entidad madre de otras tantas similares en Europa y América, precursoras del movimiento revolucionario.

En el Plata, la existencia de logias data de principios del siglo XIX, intensificándose su establecimiento con la llegada de los ingleses en 1806 (logias de Hijos de Hiram y Estrella del Sur).Después de la revolución de mayo fue notoria la actividad desempeñada por el Club de Marco, estrechamente relacionado con la Logia Masónica de Julián Álvarez, promotores ambos de la formación de la Primera Sociedad Patriótica.

EL CLUB O SOCIEDAD PATRIÓTICA:  La Sociedad Patriótica tenía su origen en el Club de Marco, constituido el primer domingo de marzo de 1811 en el café propiedad de Pedro José Marco, en la actual esquina de Alsina y Bolívar. La  Sociedad Patriótica fue una entidad política y de oposición al gobierno, se creo en marzo de 1810, siendo su lugar de reunión el café de Marco, el mejor de aquella época (un dato curioso , desde 1804 contaba con billares. Estaba ubicado en la esquina actual de Alsina y Bolívar y fue disuelta como consecuencia del movimiento del 5 y 6 de abril.

En el año 1811 arribó a Buenos Aires Bernardo de Monteagudo y reconstruyó esta Sociedad Patriótica. Esta institución adquirió carácter semioficial al contar con el apoyo de personas del gobierno (Paso, Chiclana). Se instaló entonces en el edificio del Consulado de Buenos Aires.

Monteagudo, muy bien recibido por el círculo liberal de Buenos Aires, encontró en la Gazeta de los viernes, el elemento eficaz para expandir su prédica revolucionaria, cambiando la fisonomía de esta publicación. La posición conservadora tradicional, en cambio, fue sostenida por Pazos Silva en sus artículos de los martes. Este antagonismo provocó la supresión de la Gazeta y la aparición de la Gazeta Ministerial.

Monteagudo volcó su doctrina en nuevas páginas periodísticas: Mártir o Libre y El Grito del Sud, exaltando la necesidad urgente de la emancipación. Pazos Silva continuó oponiéndose a esta prédica desde El Censor.

ACCIONAR: La Junta Grande fue combatida por los jóvenes porteños partidarios de los ideales que sustentara Mariano Moreno, a quienes sé temía y vigilaba. Defendían la Revolución y sus principios democráticos. Creían que era necesario agitar el ambiente por medio de un organismo que propagara las ideas del secretario de la Primera Junta y donde pudieran debatirse las cuestiones del momento.

Sus miembros criticaban el desconcierto que notaban en la Junta Grande. Señalaban la tardanza de ésta en la resolución de las cuestiones fundamentales, esto es, la salida política que se pensaba dar al país. La indecisión política de los integrantes del gobierno y su elevado número contribuían a crear esta situación.

La Sociedad Patriótica, en verdad actuaba como manifestación externa de la Logia Lautaro; ésta dirigía la conspiración y tenía el contralor de las Fuerzas Armadas. Finalmente el 8 de octubre de 1812 se produjo la revolución que derrocó al Primer Triunvirato. La activa oposición al gobierno, encabezada por la Logia Lautaro y la Sociedad Patriótica, censuraba el marcado centralismo del gobierno derrocado y la demora en convocar a un congreso general.

Estas declaraciones eran publicadas en la Gazeta por el doctor Agrelo, de orientación morenista. Desde la Sociedad Patriótica, Julián Álvarez, Agustín Donado, Francisco Planes, Salvador Cornet, Hipólito Vieytes, Nicolás Rodríguez Peña, Ignacio Núñez, convertirán el nombre de Moreno en un símbolo.

Parece ser que fue durante estos acontecimientos, cuando comenzó a utilizarse —por parte de los grupos  morenistas— la cinta celeste y blanca como distintivo político.

FINES DE LA SOCIEDAD PATRIÓTICA
DOCUMENTO

Este va a ser el seminario de la ilustración, el plantel de las costumbres, la escuela del espíritu público, la academia del patriotismo y el órgano de comunicación a todas las clases del pueblo.

Las tinieblas de la ignorancia se disiparán insensiblemente, se formarán ideas exactas de los derechos del pueblo, de las prerrogativas del hombre y de las preeminencias del ciudadano; las virtudes públicas preservarán el corazón del pueblo de toda corrupción y no darán lugar al abuso de su restaurada Libertad; todos estos efectos deben esperarse del ardoroso empeño con que la sociedad va a consagrar sus desvelos y tareas a ilustrar la opinión pública y depurarla de los errores y vicios que inspira la esclavitud.

Ciudadanos: agotad vuestra energía y entusiasmo hasta ver la dulce Patria coronada de laureles y a los habitantes de América en pleno goce de su augusta y suspirada independencia.

Oración inaugural pronunciada por Bernardo
de Monteagudo en la apertura de la Sociedad
Patriótica el 13 de enero de 1812.

Asonada del 5 de Abril Revolucion de los Orilleros Apoyo a Saaveedra

Asonada del 5 de Abril-La Revolución de los Orilleros

La fracción saavedrista de la Junta Grande, alarmada por su creciente impopularidad, resolvió dar un golpe de fuerza, que preparó sin darle conocimiento a su jefe, Cornelio de Saavedra. Reunió, en la noche del 5 al 6 de abril de 1811, varios regimientos que le eran adictos y una gran multitud compuesta de gentes de los suburbios, que exigieron la renuncia de los miembros morenistas de la Junta: Vieytes, Rodríguez Peña, Azcuénaga y Larrea. Pidieron además que Belgrano fuera procesado por su derrota en el Paraguay, y el destierro de muchos distinguidos ciudadanos conocidos por su adhesión a las ideas de Moreno.

Creciente actividad opositora de los morenistas
A comienzos de 1811 tres partidos se disputaban el predominio en el mando:

a)   Los morenistas deseaban retomar el poder que habían perdido después de la incorporación de los diputados provinciales a la Junta y del alejamiento de su más destacada figura. Como vimos, su acción opositora se concentró en la Sociedad Patriótica.

b)   Los saavedristas contaban con el apoyo de la casi totalidad de las fuerzas militares y del elemento humilde de los suburbios. Su hostilidad hacia los morenistas se había acentuado luego del «decreto de los honores» (6 de diciembre de 1810) y, aunque tenían el mando, consideraban efímera esta posición de privilegio, hasta tanto no fueran eliminados sus adversarios.

c)   Los provincianos —encabezados por el Deán Funes— sostenían que la Junta Grande estaba sujeta al predominio centralista de Buenos Aires y, en consecuencia, no representaba la voluntad de todos los pobladores de la campaña.

Un nuevo incidente debilitó la opinión del gobierno y acrecentó la influencia de los morenistas. Después de la derrota naval de San Nicolás y, ante la actitud del virrey Elío, la Junta dictó el 21 de marzo de 1811 un decreto por el cual expulsaba de Buenos Aires a todos los españoles solteros, acusados de conspirar en combinación con las autoridades de la Banda Oriental y del Alto Perú.

El Cabildo expresó públicamente su desaprobación e idéntica actitud asumió el partido morenista que, ante lo exagerado de la medida, elevó un petitorio para solicitar la derogación del decreto. La Junta se vio forzada a ceder y debió revocar su anterior resolución.

En la noche del 5 al 6 de abril de 1811 se produjo en Buenos Aires el primer intento de revolución contra las autoridades constituidas —no españolas— que marca el comienzo de nuestras  luchas internas.
El movimiento finalizó con una nueva victoria del bando saavedrista y permitió a la Junta Grande subsistir un tiempo más al frente del gobierno.^ Aunque la asonada dominó aparentemente la tenaz oposición morenista, sus* orígenes no están aclarados y las fuentes históricas se presentan confusas.

ASONADA DEL 5 Y 6 DE ABRIL DE 1811: En abril la oposición había culminado. Para frustrar a estas fuerzas, en la noche del 5 de abril se produjo un verdadero golpe de estado; vecinos de los suburbios y las quintas avanzaron sobre la plaza mayor conducidos por los alcaldes Tomás Grigera y Joaquín Campana.

Se incorporaron a la asonada los regimientos al mando del coronel de húsares Martín Rodríguez y otros militares como los hermanos González Balcarce, Terrada, Álvarez Thomas, cruz.

Bustos, Bernabé San Martín. Un oficio dirigido por los alcaldes de barrio a la Junta exigió el cumplimiento de numerosas peticiones pues, de lo contrario, el “pueblo no se moverá del lugar que ocupa». El movimiento avanzó sin encontrar obstáculo a sus exigencias, notándose el intento de anular al sector morenista.

Las peticiones establecían:
a. Expulsión de los españoles. es decir, el cumplimiento del decreto del 21 de marzo;

b. que las elecciones para miembros de la Junta se hicieran con la intervención del pueblo. Como Vieytes y Rodríguez Peña, que reemplazaban a Moreno y Alberti, no habían sido elegidos por ese procedimiento debían ser separados de la Junta;

c. que Azcuénaga y Larrea, a quienes se consideraban comprometidos en facciones políticas, fueran igualmente separados de la Junta;

d. que en reemplazo de los miembros separados. fueran nombrados Feliciano Chiclana (quien no aceptó el cargo), Atanasio Gutiérrez.; Juan de Aragón y Joaquín Campana;

e. que Cornelio Saavedra fuera restituido en el cargo de comandante general de armas de la capital y provincias;
f. que el general Manuel Belgrano fuera llamado para responder de los cargos que se le formularon por el fracaso de la expedición del Paraguay;

g. que solamente Cornelio Saavedra y Antonio González Balcarce tuvieran honores y grado de brigadier y que todo empleo recayera en el natural de la provincia, debiendo separarse a los que no reunieran estas condiciones, salvo que hubieran acreditado talento o patriotismo.

Otra petición llevó a la creación del Tribunal de Seguridad Pública, integrado por el vocal Atanasio Gutiérrez, coronel Juan B. Bustos y doctor Juan Pedro Aguirre. Su objetivo era destruir la oposición y su antecedente la Comisión de Seguridad Pública. Posteriormente, sé decretó la expatriación de French, Beruti, Donado, Posadas y Vieytes.

Los sucesos de Buenos Aires repercutieron en el interior. Diego Pueyrredón, en Córdoba, y Tomás Allende, en Salta, dejaron sus cargos de presidentes de las juntas principales, después de realizados plebiscitos.

Los opositores acusaron a Saavedra de haber instigado el movimiento; no obstante, éste lo negó terminantemente.

Significado histórico del movimiento: En la asonada del 5 y 6 de abril se produjo el choque de dos elementos sociales en pugna: la minoría culta del centro de la ciudad y los pobladores humildes de las quintas y chacras de los suburbios. Es notable destacar que nadie reconoció ser el cabecilla del movimiento. Saavedra dejó escrito en sus Memorias que la asonada «se hizo sin mi noticia ni conocimiento». Funes, por su parte, dice a través de las páginas de La Gazeta, que todo se debió a «hombres fanáticos» que luchaban por «una furiosa democracia».

El triunfo correspondió a los saavedristas y provincianos y en consecuencia los morenistas fueron desplazados, aunque por poco tiempo, pues no tardará en producirse la reacción porteña, en los meses que corren de abril a octubre.

Desde el mes de enero funcionaba en Buenos Aires una Comisión de Seguridad Pública dependiente de la Junta, pero después del 5 y 6 de abril se creó un organismo con mayores atribuciones, llamado Tribunal de Seguridad Pública. Se ocupó de castigar a los adversarios del gobierno y disponer su confinamiento por medio de sumarios y procesos. Uno de sus miembros fue Juan Bautista Bustos, futuro caudillo y gobernador de Córdoba.

Creación de la Junta Grande de Gobierno de 1810 Causas

Creación de la Junta Grande de Gobierno de 1810

A las Juntas Revolucionarias (Primera Junta, mayo a diciembre de 1810 y Segunda Junta o Junta Grande, diciembre 1810 a setiembre 1811), sucedieron dos Triunviratos, los que se extendieron respectivamente desde 1811 a 1812 y desde 1812 hasta 1814, en que se inició el Directorio que finalizó en 1820. Ya hemos dicho que, instalada la Junta, comenzó a surgir antagonismo entre sus miembros, siendo líderes de los grupos Moreno y Saavedra.

Cornelio SaavedraLas dos tendencias (conservadores y radicales) se enfrentaron por primera vez con motivo de la orden de los fusilamientos en Córdoba; aquí Moreno hizo prevalecer la doctrina de la inflexibilidad del castigo como garantía de la salvación pública. Pero la profundidad de la brecha creada hizo crisis con motivo de la cumplimentación, por parte de los cabildos del interior, de la circular del 27 de mayo.

Como la Primera Junta era provisional, una de sus primeras disposiciones fue solicitar a los cabildos del interior el envío de diputados a Buenos Aires para adoptar resoluciones decisivas.

A fines de junio comenzaron a llegar a Buenos Aires los diputados electos por los Cabildos del interior, con documentos relativosa sus poderes y la misión que les era encomendada.

Los poderes de los diputados permiten apreciar la opinión de los pueblos del interior en esos momentos. En general los textos están redactados con vaguedad y carecen de una orientación definida. La mayoría de los representantes partieron con la certeza de que debían reunirse en un Congreso, y estaban advertidos para impedir cualquier intento  de centralismo   avasallante  por   parte  de   Buenos  Aires.

El plan concebido por los adversarios de Moreno consistía en incorporar esos representantes a la Junta con carácter de vocales, para dar satisfacción a Saavedra —desprestigiando al secretario— y aplazar la reunión del Congreso. La fracción conservadora deseaba que el movimiento revolucionario continuara sin definirse, a la espera de los sucesos que agitaban la península. Al no reunirse el Congreso no podía dictarse una Constitución, ni tampoco cortar definitivamente los vínculos políticos con España.

A mediados de diciembre ya se conocía el nombramiento de catorce diputados, nueve de los cuales ya estaban en Buenos Aires, entre ellos el Deán Gregorio Funes —representante de Córdoba— quien se solidarizó con Saavedra pues ambos coincidían en que Moreno se adelantaba a los sucesos en una actitud que podría perjudicar a la Revolución. Con motivo del decreto del 6 de diciembre —que fue muy censurado por la opinión opositora— el Deán propuso a Saavedra la incorporación de los diputados.

En la sesión del 18 de diciembre, la Junta en pleno recibió a nueve diputados y en nombre de ellos habló el Deán Funes. Argumentó que Buenos Aires «no tenía títulos legítimos para elegir por sola gobernadores» y que a la Junta «no se le presentaba otro remedio más legal, seguro y equitativo, que la asociación de los diputados a los vocales».

Mariano Moreno

Los diputados provinciales apoyaban a Saavedra y resistían el enérgico plan de Moreno; como eran doce, la mayoría de la Junta iba a ser saavedrista. Moreno se opuso a la incorporación de los diputados provincianos, pero su moción no fue atendida, por lo cual presentó su renuncia; se le encomendó entonces una misión diplomática en Gran Bretaña. No pudo cumplir tampoco esta importante tarea por que falleció en alta mar el 4 de marzo de 1811.

Funes sostuvo que el gobierno no contaba con la confianza pública y entonces «era necesario reparar esta quiebra con la incorporación de los diputados que los mismos descontentos reclamaban».

La mayoría de los vocales se mostraron contrarios a la incorporación de los representantes del interior. Su oposición se basó en los fundamentos siguientes:

a) el propósito de los diputados era integrar un congreso;

b) no debían incorporarse a la Junta porque ésta era un organismo provisorio; y

c) la invitación que figuraba en la circular del 27 de mayo «había sido rasgo de inexperiencia, que el tiempo había acreditado después enteramente  impracticable».

Para solucionar el problema se dispuso efectuar una votación conjunta, es decir, «reunidos los vocales con los diputados presentes». Catorce lo hicieron en favor y sólo dos —Moreno y Paso—se opusieron.

Con la incorporación de los diputados provinciales quedó constituido un nuevo organismo provisorio de gobierno que se llamó Junta Grande. A partir de ese momento —dice el historiador Ravígnani— «surge un nuevo elemento político: el factor provincia. Comienza por tener la consistencia de una facción para convertirse en partido, que gravitará de una manera singular en la contextura del Estado argentino».

 lord StrangfordEn mayo la Junta envió una nota a lord Strangford (imagen izq.) , representante británico ante la corte de Río de Janeiro, explicándole los motivos de su instalación y asegurándole su propósito de conservar el Río de la Plata para Fernando VII, contra las ambiciones de Napoleón. El diplomático inglés contestó en forma cordial, y desde entonces fue por varios años un interesado consejero y colaborador de la incipiente diplomacia argentina.

A fines del mismo mes, el capitán de navío Matías Irigoyen partió en misión secreta ante el gabinete de Londres, con el objeto de interesarlo en favor de la Revolución; Mariano Moreno debía proseguir las negociaciones; lo suplió su hermano Manuel.

La Junta también procuró estimular los movimientos producidos en otros lugares de América, y a ese efecto envió a Chile a Antonio Alvarez Jonte, que había residido en aquel país. Llevaba la misión de colaborar con los patriotas chilenos en la creación de un gobierno propio y pactar luego una alianza con éste. Al llegar a Santiago ya se había instalado ese gobierno el 18 de setiembre de 1810, y se contrajo al segundo punto, proponiendo un tratado de carácter político y comercial que se denominaría Primera Unión del Sud.

El 18 de diciembre de 1810 con la incorporación de los diputados provinciales quedó formada la Segunda Junta o Junta Grande. Los morenistas quedaban en minoría en el gobierno; sus partidarios, pertenecientes casi todos a la juventud porteña ilustrada, formaron una agrupación política que habría de influir posteriormente en forma decisiva en la marcha de la revolución, la Sociedad Patriótica, que se reunía en un local situado a una cuadra de la Plaza de Mayo, el café de Marcos.

Moreno había sostenido que un gobierno de muchos miembros era inconveniente. Los hechos le dieron la razón; la Junta Grande era demasiado numerosa para gobernar con eficacia. El grupo saavedrista, triunfante en diciembre de 1810, perdió terreno en los meses siguientes. La minoría morenista de la Junta estaba apoyada desde afuera por laSociedad Patriótica, que fomentaba una enérgica campaña de oposición.

La fracción saavedrista de la Junta Grande, alarmada por su creciente impopularidad, resolvió dar un golpe de fuerza, que preparó sin darle conocimiento a su jefe, Cornelio de Saavedra. Reunió, en la noche del 5 al 6 de abril de 1811, varios regimientos que le eran adictos y una gran multitud compuesta de gentes de los suburbios, que exigieron la renuncia de los miembros morenistas de la Junta: Vieytes, Rodríguez Peña, Azcuénaga y Larrea. Pidieron además que Belgrano fuera procesado por su derrota en el Paraguay, y el destierro de muchos distinguidos ciudadanos conocidos por su adhesión a las ideas de Moreno.

Beruti en sus Memorias Curiosas dice que esta contrarrevolución, como llama al golpe de estado del 5 y 6 de abril, fue hecha “por las heces del pueblo agricultor, el indecente pueblo del campo”. Se refiere a la gente de los suburbios, los “orilleros”, movilizados por Tomás Grigera, alcalde de las quintas y el doctor Joaquín Campana, abogado de prestigio en las orillas.

Cuando se supo en la capital que el ejército del Norte había sido completamente derrotado en Huaqui —recordemos que este desastre tuvo lugar el 20 de junio de 1811—, la hostilidad contra los miembros de la Junta Grande adquirió extrema violencia. Los saavedristas, que habían asumido toda la responsabilidad del gobierno y de la conducción de la guerra, comprendieron que debían acceder a las exigencias populares; alejaron a Saavedra de la ciudad, confiándole la inspección del ejército del Norte, y aceptaron la formación de un nuevo gobierno, compuesto de sólo tres miembros, cuya posición política denunciaba claramente el predominio morenista.

Fuente Consultada:
HISTORIA 5 Historia Argentina
José Cosmelli Ibañez
Editorial Troquel

Biografia de Francisco Ramirez Caudillo de Entre Rios Cronología

Biografia de Francisco Ramirez Caudillo de Entre Rios Cronología de su Vida

Francisco «Pancho» Ramírez , nació el 13 de marzo de 1786,  en la localidad de Concepción del Uruguay, hoy perteneciente a la provincia de  Entre Ríos,en aquel momento perteneciente al Virreinato del Río de la Plata y fallece a los 35 años de edad, el día 10 de julio de 1821, al hacer frente a una partida de soldados del Brigadier López que habían secuestrado a su amada Delfina.

Era conocido como el Supremo Entrerriano, fue un caudillo federal argentino, uno de los líderes de la provincia de Entre Ríos durante los años de formación de la República Argentina, creando en 1820  la República de Entre Ríos

Ramírez, tras derrotar a las fuerzas del Directorio y a las de Gervasio Artigas, Ramírez se propuso consolidar su dominio político en el Litoral. En septiembre de 1820 proclamó la República de Entre Ríos y se declaró su Jefe Supremo provisorio. La República incluía las jurisdicciones de Entre Ríos, Corrientes y Misiones, cada una de las cuales se convirtió en un departamento, gobernado por un comandante militar. Entre noviembre y diciembre de ese año, se realizaron elecciones que ratificaron al caudillo como Jefe Supremo.

Ramírez dictó una serie de bandos y reglamentos que, entre otras medidas, establecieron un poder judicial independiente, organizaron las rentas públicas y buscaron fomentar ia producción agropecuaria y la educación pública. Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba se opusieron a esto proyecto de unidad regional, que no excluía ia organización de la Argentina bajo el sistema federal.

El Supremo Entrerriano fue derrotado por las fuerzas conjuntas de esos tres Estados provinciales. Tras su muerte en 1821, la República fue disuelta, Corrientes y Entre Ríos se proclamaron provincias autónomas.

Francisco Ramirez alias Pancho, caudillo entrerriano

Francisco Ramírez (1786-1821). Fue conocido con el nombre de Supremo Entrerriano, aunque sus montoneros lo llamaban Pancho Ramírez. La moderna crítica histórica ha reivindicado su memoria y lo considera un demócrata federal. (Archivo General de la Nación.)

BIOGRAFÍA HISTÓRICO-POLÍTICA: Francisco Ramírez nació el 13 de mayo de 1786 en el Arroyo de la China, lugar lejos de todas partes, a orillas del Uruguay, él fue hijo de gente pro: su padre, don Gregorio Ramírez, paraguayo pariente del marqués de Salinas; su madre, doña Tadea Florentina Jordán, sobrina nieta del virrey don Juan José Antonio Jordán y Vértiz. Por tales razones, figuran entre los principales vecinos de la villa, y se les adjudica el solar número uno, en 1782. (La casa existía hasta no hace mucho.)

El padre de José Francisco Ramírez falleció cuando éste tenía tres años y su madre contrajo nuevas nupcias con D. Lorenzo López, natural de Marchena, en Andalucía, El niño Ramírez recibió esmerada educación que le impartieron fray Mariano Agüero y el Dr. José Bonifacio Redruello, la que trató de los conocimientos elementales que se enseñaban en aquellos tiempos; pues de la urbanidad y trato social se encargó su severa madre, como se practicaba en todos los hogares decentes de antaño.

Francisco Ramírez, a la manera de Alejandro, tuvo una vida breve y fulgurante que atravesó la historia con centelleo trágico, porque trágica fue la época en que le tocó vivir. Como todo hombre grande, alimentó pasiones extremas. Quizá porque  el azar o la providencia sabían que su vida sería breve, lo prepararon para la acción desde temprano. Apenas con diecisiete años, es designado alcalde. Pero su sitio no estará en la calma administración de la justicia, ejercitando virtudes más bien domésticas en tareas sin gloria, dirimiendo conflictos locales, organizando pacíficamente la vida comarcana, como anónimo héroe de olvidados archivos, sino en medio de la contienda desatada para alcanzar y consolidar la libertad de los pueblos.

Tiempos de guerra son los que le toca vivir, de espinosas cuestiones no resueltas. Sin mayores disgustos, es de presumir, abandona alcaldía y destino administrativo y se transforma en guerrero. Hombre de campo es: por tanto, de a caballo. Cumplirá su gesta al galope y desde tierra adentro, aunque varias veces ínfulas de cruzado lugareño lo llevarán a la ciudad, buscando reacomodar la carga de porteños errados en sus metas, según piensa.

Es joven, mozo entusiasta, dicharachero, y las mujeres se alborotan al paso de su pingo, pero él, que cree amar a la hermana de un amigo, elige como novia a Norberta Cálvente Cuando aparece la Delfina cambia amor y destino.

Algunos dicen que la mujer fue envío de brasileños taimados que con ella quisieron poner freno al joven liero; desentenderlo de sueños de grandeza que presumían nocivos para sus intereses. Otros la prefieren porteña; muchos, simplemente, ángel negro surgido de aciago destino. Para él fue regalo de los dioses y como tal la acepta. Con ella marchará hasta el fin, que alcanzará precisamente por su culpa.

Pero no son polleras las que atarán el empuje de Ramírez. Es joven, animoso y valiente: al servicio de la causa de Mayo pone tal capital. Cautivo de esa pasión, mientras muchos siguen viviendo como si nada hubiera sucedido, él entra en la contienda, sirviendo a la Junta de Gobierno con un servicio de chasquero a caballo, entregando cartas o mensajes confidenciales.

Así es: hombre de a caballo como el mejor, sin frío en la pupila, arriesgado y valiente hasta la temeridad, Ramírez jugó su vida en cada correría. Los partes iban y venían. En el camino, las charlas de las postas, esperaban el estímulo y el calor de la palabra cortante del bravo entrerriano que pasaba como una exhalación llevando los hilos revolucionarios de un extremo a otro del solar nativo.

La leyenda empezó a orlar su cabeza; su bravura templada alzó en el paisanaje el prestigio de su nombre familiar.

Ramírez, soberbio, ambicioso y valiente y C¡consciente de su bravura, experiencia y poder en la región alistó todos los partidarios posibles para adueñarse de su provincia natal. .Instaló su cuartel general en el Arroyo de la China, y estableció entre sus tropas una severa disciplina. Los demás comandantes de departamentos, le miraban con recelo, y Artigas, a quien ya los portugueses empezaban a estrechar su territorio oriental, lo respetaba como un aliado poderoso.

Ramírez, por su parte, sin negar el concurso militar a Artigas, se mantenía en los límites de su territorio sin confundir sus armas con las del caudillo uruguayo. Este era de ideas anarquistas antinacionalistas, cuya finalidad era separatista, pretendiendo segregar del resto del Estado a la Banda Oriental y a los territorios argentinos que le obedecían.

Ramírez, por el contrario, aunque federalista, se reconocía miembro de la familia argentina, aspiraba a influir en sus destino y miraba con antipatía al Paraguay. Esta divergencia fundamental de puntos de vista, debía producir, con el correr del tiempo, una honda divergencia entre los dos caudillos.

Respaldado por sus gauchos orientales, Artigas dispuso tomar lo que el gobierno de Buenos Aires no quería entregarle: el mando de su tierra natal. Para sus propósitos separatistas contó con la natural antipatía del gaucho a la disciplina militar y al orden político que aplicaba el gobierno central. Era innato en el interior el sentimiento federalista, no sólo desde el punto de vista político, sino también social, como cierto afán de las clases bajas por eliminar diferencias que se mantenían desde el período hispánico.

En julio de 1816 se produjo la invasión portuguesa a la Banda Oriental y aunque Artigas no fue sorprendido y puso en práctica un plan defensivo concebido con anterioridad, luego de dura resistencia fue vencido en Tacuarembó (enero de 1820) y debió trasladarse a la provincia de Entre Ríos.

Esta política federalista de Artigas culminará con la acción de los caudillos Estanislao López de Santa Fe y Francisco Ramírez de Entre Ríos, quienes vencieron en 1820 a las tropas del gobierno central en la batalla de Cepeda  y provocaron en esta forma la disolución del régimen nacional.

Al día siguiente de Cepeda, los primeros dispersos llevan la noticia de la victoria federal a la ciudad de Buenos Aires. Ramírez y López, al proclamar su victoria, exigen el cese del Directorio y la disolución del Congreso, e invitan al pueblo a elegir a sus propias autoridades provinciales. Como prueba de la honestidad de sus intenciones, mantienen sus fuerzas sobre el Arroyo del Medio durante ocho días, otorgando un armisticio en lugar de invadir de inmediato.

Entre tanto, la anarquía gana a los políticos y militares porteños. Miguel Estanislao Soler reúne tropas en Puente de Márquez mientras Rondeau pretende reasumir el mando, el Cabildo intenta designar autoridades y, desde San Nicolás, Balcarce quiere hacer valer los mil hombres con que cuenta para dominar la situación. El 11 de febrero, por imposición de los hechos e intimados por el Cabildo, Rondeau y los miembros del Congreso renuncian.

Así deja de existir un gobierno central de las Provincias Unidas, que pasan a regirse autónomamente hasta que un nuevo congreso general las reúna.

Vencido el plazo y sin que Buenos Aires haya elegido sus autoridades, Ramírez ordena avanzar en dirección a Pilar. Pese a los temores de los porteños, las montoneras federales marchan lentamente y no cometen saqueos ni desmanes. Ramírez y López, en su campamento, asisten a un ir y venir de delegaciones y personajes que buscan su apoyo para convertirse en los dueños del poder en la provincia.

Finalmente, un reducido número de vecinos de la capital designa como gobernador provisorio a Manuel de Sarratea. El mismo hombre que declaró traidor a Artigas en 1813, es ahora el encargado de negociar con sus lugartenientes, Ramírez y López, la convención que pondrá fin a las hostilidades.

Ramírez, dueño de todo el territorio situado entre las ríos Paraná y Uruguay, tomó posesión de Corrientes y se proclamó Jefe Supremo de las tres provincias, a las que dio la denominación de República del Entre Ríos, apoderándose en Corrientes de la escuadrilla de Campbell, perteneciente a Artigas. Ensoberbecido con sus triunfos, pensó seriamente llevar la guerra al Paraguay, y al efecto, empezó a organizar un ejército expedicionario, escribiéndole al gobernador de Santa Fe, en el sentido de que le prestase avada en la empresa.

Tales eran las preocupaciones del caudillo entrerriano en los momentos en que se afirmaba en Buenos Aires el gobierno del general Martín Rodríguez, después del motín del coronel Pagóla, el 19 de octubre de 1820, al que siguió prontamente el tratado del 24 de noviembre entre López, Rodríguez y los representantes de Bustos, con el cual quedaba terminada definitivamente la guerra entre Buenos Aires y Santa Fe.

Despechado Ramírez y mal aconsejado por los emigrados porteños, que después de los tumultos de octubre se refugiaron en Entre Ríos, abandonó la idea de expedicionar sobre el Paraguay y resolvió dirigir sus miras contra Buenos Aires, reconcentrando al efecto, todas sus armas fluviales y terrestres, en La Bajada. Intimó a López que se le uniera en la empresa, o por lo menos, que le concediese franco paso por su territorio.

A ambas propuestas se negó Estanislao López, lo que decidió a Ramírez a obtener por la fuerza lo que se le negaba por las buenas. A principios de marzo de 1821 lanzó en primer proclama de guerra, con el anuncio de que marchaba contra Buenos Aires. Después dirigió otras dos proclamas, una a los santafecinos y otra a Buenos Aires y su campaña. López contestó proclamando a su provincia abiertamente contra Ramírez y apresurando la concentración de sus milicias.

Ramírez decidió apoderarse de la ciudad de Santa Fe, empleando al efecto un cuerpo de tropas del que puso bajo las órdenes del coronel Lucio Mansilla la artillería y la infantería, que se embarcó en la escuadrilla de Monteverde, tomando el comando de todas las fuerzas el coronel Romualdo García. Los expedicionarios se apoderaron de las baterías que había hecho colocar López en la ribera y después volvieron a embarcarse, regresando a La Bajada.

Buenos Aires había armado dos ejércitos; uno al mando de Gregorio Aráoz de Lamadrid; el otro, del gobernador Martín Rodríguez. López y Bustos también se aprestaron a la lucha. Ramírez intentó unirse al chileno Carrera, que desde el sur convulsionaba Córdoba y Buenos Aires.

A principios de mayo de 1821 el caudillo entrerriano cruzó el Paraná y derrotó a Lamadrid en varios encuentros. Pero las pérdidas en hombres le fueron fatales. Dos días después su cansado ejército se enfrentó con las fuerzas de López y fue totalmente derrotado. Acompañado por su compañera, la Delfina. y por cuatrocientos hombres, huyó hacia Córdoba. Se unió con Carrera y juntos enfrentaron a Bustos en un encuentro indeciso.

Carrera decidió regresar a su patria, Chile, pero fue apresado en Mendoza y fusilado. Ramírez siguió su propio itinerario. El otrora Supremo Entrerriano. al frente de sólo doscientos hombres, se internó en Córdoba. Derrotado en las proximidades de Río Seco, fue perseguido y muerto mientras procuraba salvar la vida de su compañera.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

CRONOLOGÍA DE SU VIDA:

1786: El 13 de marzo nace Francisco Ramírez en Arroyo de la China (actual Concepción del Uruguay).

1789: Fallece su padre, y su madre, Tadea Jordán, se casa con Lorenzo López. De este matrimonio nacerá José Ricardo López Jordán, medio hermano y lugarteniente de Ramírez.

1803: Ramírez es alcalde de Hermandad en Arroyo de la China.

1806-1807: Invasiones inglesas. Ramírez ingresa en la milicia de Cívicos.

1810: Revolución de Mayo. Los cabildos entrerrianos reconocen a la Primera Junta. Las fuerzas realistas ocupan Arroyo de la China, Gualeguay y Gualeguaychú. Ramírez actúa, de correo entre el comandante José Miguel Díaz Vélez y José Rondeau, oficial criollo al servicio de España, que conspira para levantarse contra los realistas. Creación de la Junta Grande.

1811: Levantamiento entrerriano contra los realistas. Inicio de la revolución en la Banda Oriental. Artigas y Rondeau se suman a la causa patriota.Derrota de las expediciones al Paraguay y Alto Perú. Cae la Junta Grande. Primer sitio de Montevideo e invasión portuguesa a la Banda Oriental. El Primer Triunvirato firma un armisticio con los realistas. Éxodo del pueblo oriental al Ayuí. Primera disputa entre Artigas y los gobiernos porteños. Los entrerrianos confraternizan con los artiguistas.

1812: Los realistas rompen el armisticio. Tratado Rademaker-Herrera, por el que los portugueses se retiran de la Banda Oriental. Victoria de Belgrano en Tucumán. Caída del Primer Triunvirato. Manuel de Sarratea se entrevista con Artigas e invaden la Banda Oriental. Divergencias entre porteños y orientales. Segundo sitio de Montevideo por las fuerzas patriotas. Sarratea es separado del mando.

1813: Nuevas incursiones realistas en las riberas del Paraná y del Uruguay. Combate de San Lorenzo. Rechazo a buques españoles en la Bajada y  arroyo del Bellaco La Asamblea General Constituyente rechaza a los diputados de los pueblos orientales. Ruptura entre Artigas y Buenos Aires.

1814: Artigas abandona el sitio de Montevideo y comienza la guerra civil contra el Directorio. Rendición de Montevideo. Entre Ríos se suma a la Liga de los Pueblos Libres. Posadas negocia con los caudillos para separarlos de Artigas. Creación de la provincia de Entre Ríos por el Directorio. Ramírez integra el cabildo «aporteñado» de Arroyo de la China.

1815: Derrota de las fuerzas porteñas en Guayabos. Alvear abandona Montevideo, que es ocupada por los artiguistas. El motín de Fontezuelas depone a Alvear como Director Supremo. Buenos Aires entabla negociaciones con Artigas. Santa Fe y Córdoba se suman al artiguismo. El Congreso de Oriente, reunido en Arroyo de la China, formaliza la Liga de los Pueblos Libres, que proclama a Artigas como su Protector. El Directorio reanuda las hostilidades sobre el Litoral.

1816: Sublevación de Estanislao López y Mariano Vera contra las tropas porteñas que ocupan Santa Fe. Las provincias del Litoral no envían diputados al Congreso de Tucumán. Juan Martín de Pueyrredón es designado Director Supremo. Segunda invasión portuguesa a la Banda Oriental.Francisco Ramírez queda a cargo de la comandancia de Arroyo de la China, nombrado por Artigas.

1812: Victorias de los portugueses, que ocupan Montevideo. Levantamiento de José Eusebio Hereñú, Gregorio Samaniego y Gervasio Correa contra Artigas. Ramírez organiza las milicias artiguistas del sur entrerriano.

1818: Nueva invasión directorial a Entre Ríos. Ramírez derrota al general Marcos Balcarce en Saucecito. Fuerzas portuguesas saquean Arroyo de la China. Ramírez y López Jordán se aseguran el control de su provincia, tras derrotar a Correa y Hereñú. Estanislao López se proclama gobernador de Santa Fe y enfrenta a los ejércitos directoriales.

1819: Fuerzas de Ramírez rechazan una nueva invasión a Santa Fe. Armisticio de San Lorenzo. Jura de la constitución centralista y promonárquica en Buenos Aires. José Rondeau asume como Director Supremo. Ramírez cruza a Santa Fe y junto a López inicia operaciones contra el gobierno de Buenos Aires.

1820: Motín del Ejército del Norte en Arequito. Los portugueses triunfan en Tacuarembó y aseguran su control sobre la Banda Oriental. López y Ramírez vencen a las fuerzas porteñas en Cepeda. Caída del Directorio y firma del Tratado del Pilar. Artigas reúne el Congreso de Ábalos. Ramírez enfrenta al Protector y lo derrota. Se proclama la República de Entre Ríos y Ramírez es su Jefe Supremo. Planifica una invasión al Paraguay y una contraofensiva contra los portugueses en la Banda Oriental, pero no tiene apoyo en las demás provincias.
Pacto de Benegas entre Buenos Aires y Santa Fe.

1821: Ramírez rompe relaciones con Buenos Aires e invade Santa Fe. Estanislao López y el gobernador cordobés Juan Bautista Bustos se unen a los porteños contra los entrerrianos. Tras vencer dos veces a Gregorio Aráoz de Lamadrid, Ramírez es derrotado por López en Coronda. Se dirige a Córdoba, donde se une con José Miguel Carrera. Fracasan en tomar Cruz Alta y se separan. El 10 de julio, el Supremo Entrerriano muere al hacer frente a una partida que lo persigue, cerca de Río Seco (Córdoba).

Dos versiones sobre la muerte de Delfina: «El hombre no pregunta quiénes son ni qué hacen ahí y mucho menos por qué va con ellos esa joven mujer que, no obstante la fatiga y la mugre que la tapa, sigue siendo como una hermosa aparición. Ella va entre los primeros a quienes el balsero ayuda a cruzar el río; por algo que dice se da cuenta de que es extranjera, aunque el hombre no acierta a saber de dónde vendrá. A los 19 días de la muerte de Ramírez, Delfina vuelve a pisar tierra entrerriana para no abandonarla ya nunca más» (Delfina y Pancho Ramírez, de Susana Silvestre).

«Consigue arrebatar a Delfina de entre las manos brutales de la partida santafesina y la sube en su caballo. Pero un pistoletazo le atraviesa el corazón. El caudillo se Inclina hada adelante abrazándose al pescuezo de su cabalgadura en el estertor de la agonía. El caballo continúa galopando un trecho con su jinete muerto hasta que lo detienen y Ramírez cae al suelo con la cabeza envuelta en su poncho rojo. Las cabezas de doña Delfina y su compañero cayeron juntas bajo los cuchillos de los soldados (Delfina Ramírez, la leona de Montiel, artículo periodístico de Ricardo Santiago Katz).

PARA SABER MAS…
LÓPEZ Y RAMÍREZ

Vencedores en Cepeda y convertidos por la fuerza de las circunstancias en los líderes locales de las provincias de Santa Fe y de Entre Ríos ganadas a la causa artiguista, habían nacido el mismo año: 1786. Estanislao López en la ciudad de Santa Fe, como hijo natural, luego reconocido, de un capitán de Blandengues con quien hizo sus primeras armas al servicio del rey.

Francisco Ramírez, por el contrario, debió haber tenido, seguramente, un mejor reconocimiento social, como vástago de un comerciante paraguayo, don Juan Gregorio Ramírez, y una dama entrerriana, Teresa Florentina Jordán. Algunos aspectos de su infancia confirman la holgura económica en que se crió, al lado de su madre, quien -luego de enviudar- le daría en un segundo matrimonio un hermanastro: José Ricardo López Jordán, lugarteniente y heredero político del protagonista de Cepeda.

Mientras Estanislao López abandonaba sus primeros estudios a la temprana edad de quince años para alistarse junto a su padre en el cuerpo de Blandengues que operaba en la frontera norte de Santa Fe; el entrerriano, a cargo de las haciendas de la familia, ya contaba con merecido prestigio y según parece habría sido alcalde de Arroyo Grande. Estanislao López se sumó a la Revolución desde los primeros momentos, alistándose en el ejército al mando de Belgrano, con quien tuvo su bautismo de fuego en Campichuelo.

La actitud de Francisco Ramírez es aún hoy objeto de versiones contradictorias y poco claras para los historiadores. Algunos estudiosos lo vinculan a las milicias entrerrianas encargadas de combatir a Artigas, mientras otros lo identifican como participante de la insurrección entrerriana de Arroyo de la China en 1811. Lo que no se discute es la presencia de ambos en el combate de El Espinillo, en febrero de 1814.

El santafesino formaba en las vencidas tropas directoriales; Ramírez en las milicias artiguistas de Eusebio Hereñú. A partir de entonces ambos caerían presos de las inestables lealtades causadas por el enfrentamiento entre el Directorio y Artigas. Las presiones y excesos del primero convencieron a López de la necesidad de buscar la protección de Artigas y unir voluntades con Ramírez, comprometido desde mucho antes con la expansión de la causa artiguista en el litoral. Así las cosas, tomaron juntos la ofensiva contra el Directorio en los campos de Cepeda y juntos ataron sus fletes en las rejas de la Pirámide de Mayo en la Plaza de la Victoria. Los hechos posteriores los enfrentarían definitivamente.

Traiciones y traidores que Ramírez no pudo evitar; desconfianzas y recelos que el santafesino no pudo ignorar. La vida de Ramírez se apagó en lo que sus comprovincianos interpretaron como la causa por la integración del litoral. La de López perduraría en una suerte de federalismo más acorde con los nuevos tiempos que se acercaban.

Bibliografía:

Historia de Caudillos Argentinos Tulio Halperin Donghi
Francisco Ramirez Grandes Protegonistas de la Historia Argentina Editorail Planeta
Biografías Argentinas y Sudamericana de Jacinto R. Yaben Tomo IV «Francisco Ramirez»
La Delfina: (circa 1800-1839) probable hija del virrey portugués en Brasil. Acompañó constantemente y ejerció una gran influencia sobre el caudillo Francisco Ramírez.
Francisco Ramírez: (1786-1821) nació en la actual Concepción del Uruguay. Caudillo entrerriano, uno de los primeros líderes del federalismo. De familia prominente, se incorporó tempranamente (en 1810) a las luchas por la Independencia.

Por: María Rosa Lojo – La Nación Revista.

El Pacto Federal de Juan Manuel de Rosas Contra La Liga Unitaria

El Pacto Federal de Juan Manuel de Rosas

El Pacto Federal de 1831 y las disidencias entre los caudillos federales

El primer objetivo del Pacto Federal que, en enero de 1831, firmaron las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes —esta última adhirió más tarde—, fue responder a la Liga Unitaria que había organizado el general Paz desde Córdoba en agosto de 1830. Por el artículo tercero constituían una alianza ofensiva y defensiva contra toda agresión de cualquiera de las demás provincias integrantes de la República. Pero después de la captura de Paz, la Liga Unitaria nunca se consolidó y, para las provincias federales del Litoral, en los años siguientes la amenaza de un enemigo interior fue más potencial que real.

El Pacto Federal de 1831 era también un primer paso hacia la organización constitucional del país. En su artículo quince establecía el funcionamiento, en la provincia de Santa Fe, de una Comisión Representativa de los Gobiernos de las Provincias Litorales de la República Argentina, compuesta por un diputado de cada una de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y, más tarde, Corrientes.

Entre otras atribuciones esta Comisión debía invitar a todas las demás Provincias de la República cuando estén en plena libertad y tranquilidad, a reunirse en federación con las tres litorales, y a que por medio de un Congreso General federativo se arregle la administración general del país bajo el sistema federal, su comercio interior y exterior, su navegación, el cobro y distribución de las rentas generales y el pago de la deuda de la República, su crédito interior y exterior, y la soberanía, libertad e independencia de cada una de las provincias.”

Sin embargo, Rosas, López y Quiroga —nuevamente jefe regional del interior— no tenían las mismas intenciones sobre la efectiva convocatoria -al Congreso General. Rosas no era partidario de la realización del Congreso y, muy frecuentemente, el diputado por Buenos Aires estuvo en minoría en las discusiones y votaciones de la Comisión Representativa.

El gobernador porteño presionó a López para que abandonara el proyecto de constituir jurídiramente al país. La convocatoria fue reemplazada por una imprecisa invitación a todas las provincias a adherirse al Pacto Federal y cumplir con sus objetivos.

Finalmente, la Comisión Representativa se disolvió a mediados de 1832 cuando Quiroga reveló a Rosas que los diputados por Corrientes y por Córdoba hacían propaganda antiporteña con el objetivo de unir a los gobernadores del Litoral y del interior contra Buenos Aires. Estos representantes sostenían la necesidad de cambiar el régimen de libre comercio que arruinaba las economías provinciales por otro de mayor protección a la producción local. Este fue el último intento de organizar un Estado centralizado para la República Argentina, mientras Rosas mantuvo el poder.

Pero el compromiso de reunión de un Congreso General para dictar una Constitución federal quedó pendiente. Así lo reconoció el Acuerdo de San Nicolás que en mayo de 1852, después de la caída de Rosas, firmaron los gobernadores. Entre otros fines, el acuerdo reconocía al Pacto Federal el carácter de ley fundamental de la República, disponía “observarlo religiosamente” y se proponía “cumplir lo dispuesto en el Pacto Federal sobre la reunión de un Congreso General federativo”.

Fuente Consultada: Historia Argentina y El Mundo Contemporáneo Editorial AIQUE –
La Nación Argentina Historia 3 Editorial Kapelusz

La Historia Oficial Frente a la Revisionista Diferencias de Conceptos

La Historia Oficial Frente a la Revisionista

La crisis de 1930 modificó las convicciones básicas acerca del futuro nacional. Como no podía ser de otra manera, la perspectiva acerca del pasado sufrió también un fuerte impacto. Los dos movimientos principales en el campo historiográfico fueron la consagración de una “historia oficial” y la aparición del revisionismo histórico. La historiografía argentina tuvo su origen con la obra de Bartolomé Mitre, principalmente con la Historia de Belgrano y de la independencia argentina, cuya edición definitiva fue en 1887.

El propósito de Mitre era ofrecer una interpretación de la historia nacional que, bajo la influencia del nacionalismo liberal, sirviera de fundamento a la doble tarea de construcción del Estado y de la nación. Para ello intentó crear las primeras visiones heroicas del pasado nacional, con los personajes y las anécdotas que más tarde utilizarían maestros y políticos.

Mitre dió suma importancia al cumplimiento de los criterios de prueba documental, que eran la base del método histórico a fines del siglo XIX.

A principios del siglo XX se constituyó en nuestro país el primer núcleo de historiadores profesionales, la Nueva Escuela Histórica, que, sin apartarse demasiado del rumbo que había fijado Mitre, desarrolló una importante labor de investigación y de rescate y publicación de un vasto conjunto de documentos sobre la historia argentina.

Las principales instituciones en las que este grupo desarrolló su actividad fueron la junta de Historia y Numismática Americana —fundada por Mitre— y el Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, cuyo inspirador y director fue Emilio Ravignani.

A partir de la. crisis de 1930, y más aún durante la presidencia de Justo, se produjo una vinculación muy estrecha entre la vertiente más conservadora de la Nueva Escuela Histórica —representada por Ricardo Levene, figura principal de la Junta de Historia y Numismática Americana— y el poder político. Esta vinculación se manifestó en un conjunto de iniciativas, muchas de ellas de Levene, que contaron con el apoyo político y financiero del gobierno. Ejemplos de ello fue la transformación de la junta de Historia y Numismática Americana en Academia Nacional de la Historia, por decreto del Poder Ejecutivo de enero de 1938, la decisión de editar —con su consiguiente asignación de fondos— la Historia de la Nación Argentina dirigida por Ricardo Levene y la realización del II Congreso Internacional de Historia Americana.

La Academia se convirtió en un centro de referencia obligada para los poderes públicos: funcionaba como una asesora permanente del Estado y mantenía una estrecha vinculación con el Ministerio de Instrucción Pública. De este modo, en el período de la restauración conservadora se configuró una suerte de ‘historia oficial”, que se refugiaba en una erudición estéril y no respondía a los dilemas que la situación política y social imponía a los intelectuales argentinos.

Para la “historia oficial”, el presente no incitaba a renovar las preguntas sobre el pasado. Sin embargo, la evidencia de la crisis mundial y de sus efectos sobre el país condujeron a un núcleo intelectual importante a modificar su perspectiva sobre la historia nacional.

Si la historiografía del liberalismo nacional vigente —la “historia oficial”— descansaba sobre el optimismo y la confianza en el progreso de la nación, la producción intelectual de los años treinta está teñida de pesimismo. Este tono pesimista no se limitaba a la historiografía, también recorría los primeros grandes ensayos pesimistas sobre la condición nacional: Radiografía de la pampa de Ezequiel Martínez Estrada, El hombre que está solo y espera, de Raúl Scalabrini Ortiz, e Historia de una pasión argentina, de Eduardo Mallea. También llegó a los melancólicos o amargados tangos de la época.

En el campo de la producción histórica, esta tendencia se manifestó en la aparición de lo que más tarde se denominaría “revisionismo histórico”. Los autores y las obras que pueden adscribirse a esta corriente, durante las décadas de 1930 y 1940, formaron parte, por lo general, de las diversas vertientes del nacionalismo. Los más influyentes —Julio Irazusta, Carlos lbarguren, Ernesto Palacio— fueron participantes activos de la experiencia de Uriburu y, en buena medida, el fracaso de esa empresa contribuyó a forjar su concepción de la historia.

Genéricamente antiliberales y elitistas, compartían con sus adversarios en el campo historiográfico algunas premisas importantes. Para ambas corrientes —la liberal y la revisionista—, la historia era una historia política de la nación, los actores principales de esa historia eran los grandes personajes, y la utilidad de la historia radicaba en su función pedagógico-política. Pero se oponían en el contenido de esa ‘pedagogía de la nacionalidad”, que para ambos constituía la historia. Esta disidencia en los contenidos se manifestaba con claridad en la valoración de algunos personajes históricos, en particular Juan Manuel de Rosas.

La primera obra importante del revisionismo fue La Argentina y el imperialismo británico, publicada en 1 934 por los hermanos Rodolfo y Julio Irazustá. El paso a primer plano de la problemática del imperialismo inglés marcó una inflexión en la trayectoria del nacionalismo restaurador, del que provenía Irazusta. Si hasta entonces los motivos tradicionalistas y antidemocráticos habían predominado, el nuevo énfasis en el tema del imperialismo inglés creaba un vínculo con los nacionalistas populares. En este grupo se destacó la obra de Scalabrini Ortiz, que en su Historia de los ferrocarriles argentinos intentaba ofrecer una explicación del funcionamiento de la dominación inglesa a través de la red ferroviaria.

Por lo general, los revisionistas estuvieron más preocupados por reinterpretar la historia sobre premisas ideológicas fuertes que por contribuir al avance de la investigación erudita.

Esta postura se manifestó en una deliberada simplificación de los procesos históricos y en el juicio maniqueo de los actores sociales y políticos. Desde la perspectiva de un historiador profesional de la actualidad —Tulio Halperin Donghi en El revisionismo histórico como visión decadentista del pasado nacional—, el avance del revisionismo histórico iba a constituir así un fenómeno lleno de interés en cuanto reflejaba el impacto progresivo de la crisis [de 1930] en la mentalidad colectiva, pero si sus propuestas son esclarecedoras en cuanto enriquecen la sintomatología de esa crisis, por esa misma razón no podrían orientar ningún esfuerzo de análisis de la crisis misma, y esa limitación es doblemente válida cuando se examinan las producciones de esta tendencia desde una perspectiva propiamente historiográfica: así contemplados, sus aportes, tras de medio siglo de esfuerzos, parecen particularmente modestos”.

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Luchilo-Romano-Paz
Historia 3 Historia de una Nación Miretzky y Otros

La Tragedia Griega Origen de la Tragedia Sofocles Esquilo Eurispides

Los Orígenes  de la Tragedia Griega

LA TRAGEDIA GRIEGA:

En el origen del teatro se ha querido ver su vinculación con el culto’religioso. Así en Grecia el teatro siempre estuvo relacionado con el culto al dios Dioni-so, el dios del vino. Dos son los géneros teatrales fundamentales: la tragedia y la comedia. La tragedia pone en escena los grandes problemas de la condición humana: el destino, el tema de la libertad, el concepto de culpa, etc.

Sus personajes son casi siempre héroes o dioses, personajes relacionados con el mundo del mito. Estos personajes suelen utilizar un lenguaje elevado, difícil. Sus finales son trágicos y violentos, siendo frecuente la muerte o el sufrimiento del héroe.

La comedia, aunque puede llegar a plantear temas elevados, normalmente éstos tienen más que ver con la vida diaria. Sus personajes son seres de la vida cotidiana, siendo menor la importancia del elemento mítico. Puede llegar a emplear un lenguaje bajo e incluso obsceno. Sus finales suelen ser normalmente felices.

En Grecia la época dorada del teatro transcurre desde el siglo v al IV a. C. En la tragedia destacan tres grandes genios: Esquilo (525-455 a. de C); Sófocles (496-406 a. de C.) y Eurípides (480-406 a. de C). En la comedia destacan Aristófanes (445-386 a. de C.) y Menandro (343-292 a. de C).

La creación literaria: Puede decirse que la literatura tal como se la entiende en Occidente obtuvo carta de ciudadanía en la Antigua Grecia. Homero y Hesíodo reelaboraron los antiguos mitos y desplegaron todos los elementos narrativos de la épica.

sofocles, Otros autores, como Arquíloco, Safo, Tirteo, Alceo de Mitilene, Anacreonte o Píndaro, desarrollaron la poesía lírica. La palabra poesía significa “creación”.

Los griegos fueron los creadores de la tragedia. Casi desde su mismo origen, el hombre griego ha realizado «viajes» hacia su interior buscado la verdad de su mundo interior.

Y gracias a esta búsqueda de lo intrínsecamente humano hemos podido disfrutar de grandes producciones artísticas, como las tragedias griegas.

Pues en ellas, se narran las aventuras del hombre, que explora los abismos y vericuetos del alma.

Los tres grandes trágicos de la Grecia antigua fueron Esquilo, Sófocles y Eurípides. Los tres vivieron en el siglo V a. J. C. Las obras de Esquilo (525-456) llegaron a constar de cuatro actos y perseguía en ellas un fin moral.

En Los Persas escenifica la guerra contra Jerjes que el autor vivió como soldado. En Prometeo encadenado narra la leyenda del que robó el fuego del Olimpo y sufrió las iras de Zeus. Los siete contra Tebas es la historia de Edipo, mientras que en La Orestíada, que consta de tres partes, se describe el destino de Agamenón, asesinado por su esposa, y las vicisitudes de Orestes, que finalmente logra vengar a su padre.

En esta obra, las Furias, Palas, Apolo y numerosos dioses y semidioses intervienen, ya para ayuda, ya para perdición de los mortales.

ESQUILO: Nació en Eleusis, hacia 525 a.C., y se lo considera padre de la tragedia. Le atribuyen unas ochenta obras teatrales, de las cuales sólo se conservan siete: “Agamenón’ “Las Coéforas’ ,“Las Euménides» ,“Prometeo encadenado’ “Los siete contra Tebas», “Los persas” y “Las suplicantes’ Murió en 456 a.C., en Gela, ciudad de la isla de Sicilia.

SÓFOCLES: Nació en Colona. en 495 a.C. y fue uno de los grandes poetas trágicos griegos. Era amigo de Herodoto y Pendes, ocupó cargos públicos en Atenas y fue estratega militar en una campaña contra Samos. Sus tragedias abordan el tenso equilibrio entre la belleza del ser humano y el horror de muchos de sus actos. Al parecer, escribió entre 120 y 130 obras de teatro, de las cuales llegaron a nuestros días “Antigona’

EURÍPIDES: Junto con Esquilo y Sófocles, este poeta trágico —nacido en 480 a.C. en Salamina— fue uno de los grandes drama­turgos griegos. Pero lo que en aquéllos era mito viviente, en él fue subjetividad.

Por ejemplo, en Esquilo las erinias que persiguen a Orestes luego deque asesinara a su madre, son monstruos reales: en Eurípides, en cambio, son la culpa. Por su temática individualista, no fue un autor popular.

Ampliar Sobre Estos Poetas Griegos

ALGO MAS SOBRE EL TEATRO GRIEGO:
El teatro, una de las principales aportaciones de Atenas a la cultura universal, se desarrolló a partir de los ritos en honor de los dioses. En tiempos primitivos, el ditirambo, o himno unísono, lo entonaban en torno al altar de Dionisos, el dios del vino, cincuenta hombres, cinco por cada una de las diez tribus del Ática.

El ditirambo, que inicialmente se refería sólo a la vida y culto de Dionisos, más tarde empezó a relatar las hazañas de otros dioses y héroes. Los sentimientos terrenales que se expresaban producían tensiones y conflictos dramáticos. La comedia se desarrolló en torno a las celebraciones del final de la cosecha y a partir de las bufonadas de los sátiros, servidores de Dionisos, mitad hombres, mitad machos cabríos.

Tespis era el jefe de un coro itinerante que se presentó en Atenas. Parece que fue él quien inició el teatro, colocándose aparte del coro para representar a un héroe o un dios, y mantener un diálogo con aquél. De este modo, Tespis se convirtió en el primer actor en el sentido moderno de la palabra, y el primero en ganar un premio1* en el festival dramático de las fiestas dionisíacas urbanas.

Tres eran las fiestas teatrales de la Grecia clásica. Las dionisíacas rurales, en honor de Dionisos, dios de la fertilidad, se celebraban en el solsticio de invierno y en ellas se originó el jefe del coro, que primitivamente era el jefe de un pueblo determinado. La palabra tragedia, derivada de tragos (cabra), procede de este festival, tal vez porque el último día se entregaba como premio una cabra. El festival de Leneas, en enero, se dedicaba principalmente a la comedia (derivada de cornos, divertirse).

Todas las obras que se conservan de los poetas griegos fueron escritas para el tercer festival, las fiestas dionisíacas urbanas, que se celebraban cada año en Atenas en abril, y a las que asistían todos los ciudadanos y también representantes oficiales de los estados aliados. Tenía lugar una competición, en la que cada poeta presentaba cuatro obras, tres tragedias y una comedia. A cada poeta se le asignaba un actor principal y un mecenas, un hombre rico cuyo deber cívico era costear el espectáculo.

Uno de los primeros aspirantes a la guirnalda de hiedra dionisíaca en el festival de abril fue Esquilo (525-456 a.C.) veterano guerrero de las batallas de Maratón y Salamina. En sus primeras obras mantenía el coro de cincuenta hombres, que más tarde redujo a doce. Primero se introdujo un segundo actor, y luego, un tercero.

El poderoso verso de Esquilo ensalza las virtudes del heroísmo y el valor. Sófocles (497-406 a.C.), autor de Edipo Rey, presentaba, a través de complejas tramas y sensibles caracterizaciones, un mensaje de inminentes fatalidades, del trágico destino que esperaba a la humanidad. Quizá el ser humano no fuese conscientemente malo, pero su arrogancia y su egoísmo generaban multitud de males que habrían de afligir a las generaciones posteriores.

Ver: Aristofanes

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria5.jpg

miselaneas de la historia

Miscelánea: según la definición del diccionario de la lengua española, «es una mezcla de cosas de distinto origen o tipo», y justamente este concepto es el que se aplica hoy esta página, en donde podrá encontrar explicaciones de los mas variados e inconexos temas ,pero interesantes como para ampliar nuestra cultura general.

Fuente Consultadas:
Crónica Loca de Víctor Sueiro

Enciclopedia del Estudiantes – Tomos 12 y 20 Santillana
Los Santos Que Nos Protegen Ángel Bornos-Eva Prim
COSMOS – Carl Sagan
El Espacio Asombroso – Ann Jeanette Campbell
20 Grandes Conspiraciones de la Historia – Santiago Camacho
Revista Muy Interesante La Vida en la Edad Media (Edición Especial Nº 5)
Historia del Mundo -Serie Para Dummies
Actual Historia del Mundo Contemporáneo- Vicens Vives
Almanaque Mundial 2008 -Televisa
El Prójimo – Pacho O’Donnell
La Revolución de las Ideas de – Roberto Cook