Biografía Cleopatra de Egipto

Biografia de Tutmosis III Reinado del Faraon Egipcio

Biografia de Tutmosis III Faraón Egipcio

He aquí al héroe más destacado del Egipto de los faraones, al Napoleón de la más remota antigüedad.

Su genio militar, realmente excepcional, y sus prodigiosas dotes de gobierno nos lo señalan como uno de los grandes caudillos de la historia de todos los tiempos.

Estas características no se revelan en los rasgos de las esculturas que nos legaron los artistas de su época, los cuales procuraron ante todo prestar a la efigie del soberano una impresión de majestad de acuerdo con las normas legadas por el Imperio memfita.

Tutmosis III Biografia

Pero, en cambio, aparecen muy claras en su momia, cuyo rostro tiene facciones enérgicamente acusadas. Tutmosis III (Thutmose) fue un individuo asténico, al estilo de Richelieu, gran hombre de acción, movido por poderosos resortes nerviosos.

Durante su juventud nada hizo prever su fulgurante destino. Era hijo de una concubina de Tutmosis I, uno de los monarcas más notables de la XVIII Dinastía (Imperio Nuevo).

Uno de sus hermanastros, Tutmosis II, ocupó el trono de los Dos Egiptos, asociando a su gobierno a su hermana y esposa Hatshsep-sut, la llamada Semíramis egipcia.

Mujer dotada de singular energía, ya preferida por su padre por su talento y capacidad de gobierno, se desembarazó de su esposo — la muerte de Tutmosis II no fué probablemente natural— y reinó como soberana indiscutida de Egipto.

Pero para ello tuvo que contraer nuevo matrimonio. Su segundo esposo fué Tutmosis III, por lo que éste empezó a reinar en Egipto en 1496 antes de Jesucristo.

En realidad, Tutmosis III se limitó a prestar su nombre a los actos oficiales, ya que él estaba relegado a un lugar secundario, sin intervención alguna en los asuntos de gobierno.

Así transcurrieron unos veinte años. Tutmosis veía consumarse lo mejor de su juventud y tascaba el treno en la mas completa impotencia.

Hatshsepsut y su visir Senmut dirigían la gobernación del país con mano diestra y seguros, destinos. Egipto se enriquecía, mientras se relegaban al olvido las expediciones guerreras de Tutmosis I en Asia.

Al morir Hatshsepsut, Tutmosis III cogió las riendas del poder con puño robusto y decidido (1476). Por fin iba a poner en práctica los sueños que había alimentado durante tanto tiempo.

Las riquezas acumuladas bajo el próspero reinado de su consorte — cuyo nombre hizo borrar de todas las inscripciones —prestarían los medios necesarios para emprender las expediciones más atrevidas. Ya no era un mozalbete ni un joven alocado.

Con sus cincuenta años, Tutmosis se lanzaba a la guerra porque en ella veía la manera de prestar el mayor servicio a su país: librarle para siempre de la amenaza de las invasiones asiáticas, gracias a la conquista del corredor de Palestina y del reducto de Siria.

Inició su primera campaña el 19 de abril de 1475, a poco de inaugurar su gobierno propio en Egipto.

Su ejército partió de Zaru, en la frontera, y avanzó hasta la ciudad de Meggido, en cuya llanura derrotó el 14 de mayo siguiente, al ejército coaligado de los príncipes sirios, al mando del señor de Kadesch.

Poco después Meggido se le rendía, dando a los egipcios considerable botín y la posesión de muchos territorios hasta el curso superior del Orontes.

Tal fué el primer ((venablo» que Tutmosis III «hizo penetrar en las gargantas de los asiáticos».

A esta campaña sucedieron otras catorce, que se encadenan hasta fines de su reinado. Su objetivo fué mantener el territorio conquistado y ampliarlo hacia el Norte, hasta englobar la región del Naharín (Siria septentrional), foco de continuas intrigas y sublevaciones.

Durante diecinueve años, de 1475 a 1456, el faraón regresó periódicamente a Siria para dirigir las campañas de conquista. Las tres primeras fueron de consolidación de su dominio en Palestina y de preparación de las expediciones ulteriores.

Conquistados los puertos del litoral y pudiendo recibir por vía marítima los hombres y los abastecimientos, Tutmosis III lanza el golpe decisivo contra la resistencia siria. En 1466 cae la ciudad santa de Kadesch, llave del Orontes y de los pasos entre Palestina y Siria.

El faraón ya no halla obstáculo alguno para sus ambiciosos planes. Poco a poco progresa hacia el Norte el ejército egipcio, y en 1463 Tutmosis III derrota al rey de los mitanis entre Aleppo y Karkhemisch, llega al arco del Eufrates, atraviesa este río y restablece la estela que su padre, Tutmosis I, mandó levantar en aquellos lugares con motivo de una expedición afortunada y pasajera.

Pero su hijo no abandona lo conquistado, antes bien quiere asimilarlo a Egipto. Los hijos de los príncipes sirios son deportados a Tebas para que se instruyan en las costumbres de la corte de sus vencedores.

Y cuando fracasa este procedimiento pacífico y los sirios se sublevan apoyados por los mitanis, Tutmosis acude, como el rayo, con su ejército y restablece la hegemonía de sus armas.

Así, en 1456, derrota en la llanura de Kadesch al ejército de los sublevados sirios y de sus auxiliares los mitanis, después de un movimiento de flanco que ilustraría a cualquier buen general de nuestros tiempos. Esta batalla estabiliza definitivamente sus conquistas en Palestina y Siria.

De esta manera Egipto cobra el primer rango en el concierto de las grandes potencias del Próximo Oriente. Los monarcas de Babilonia, Asiría y Khatti ofrecen regalos a Tutmosis III para captarse su amistad.

En el Sur, los nubios se muestran fieles a Egipto, y el faraón puede vanagloriarse de dominar los pueblos de más allá de la cuarta catarata. Las conquistas han enriquecido el país; la prosperidad es general y en la corte se desarrolla una vida fastuosa y refinada.

Se levantan los primeros templos en Karnak… Tutmosis III, ya septuagenario, preside los negocios de los pueblos uni-
dos a su vasto imperio, desde el «cuerno de la Tierra», en el Sudán, hasta la «fértil media luna», en el Eufrates.

Murió el 17 de marzo de 1442. Su visir Rekhmire grabó en su tumba unas palabras de elogio al difunto soberano, que resumen cabalmente la impresión causada en todos sus subditos por su excepcional personalidad.

«Su majestad sabía lo que iba a suceder. No existía nada que no pudiera hacer. Era dios en todas las cosas: no había palabra que no llenara y cumpliera.»

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Amenofis IV Akenaton y La Religion del Sol en Egipto Dios Amon

Amenofis IV Akenaton Tutankamon – Religión del Sol

Aparentemente, los dioses egipcios son muy numerosos. En realidad, cada una de las grandes divinidades tuvo su época de plenitud, de acuerdo con las investigaciones realizadas por los teólogos de los grandes santuarios que, más allá de los rostros móviles del cielo, buscan la unidad de la Creación.

Lo que Egipto busca a través de sus cultos y sus liturgias es el descubrimiento de un principio único que sea el organizador del mundo y el inspirador de toda forma de vida, del dios del que proceden todos los demás dioses.

INTRODUCCIÓN: EL «FARAÓN  HEREJE»
En el año 1380 antes de Cristo, Amenofis IV, de la XVIII dinastía, se había convertido en faraón de Egipto.

A diferencia de los faraones que le precedieran, este soberano no se preocupó por extender su reino, pero hizo todo lo posible por imponer sus convicciones religiosas.

Los antiguos egipcios adoraban entonces a muchos dioses, a la cabeza de los cuales estaba el dios Amón.

Amenofis IV había repudiado la religión tradicional para seguir creencias monoteístas, tal vez provenientes de Siria.

Según esta sustancial reforma religiosa, la única divinidad a la que se debía adorar era Atón, que representaba la energía radiante del Sol.

En homenaje a la nueva divinidad, el faraón decidió cambiarse el nombre: se hizo llamar Aknatón, que quiere decir «brillante servidor de Atón».

Después impartió órdenes para que fueran destruidos todos los templos dedicados a las divinidades hasta entonces adoradas, y trató de hacerse considerar representante de Atón en la Tierra.

Dado que Tebas era la ciudad en la que se profesaba en mayor grado el culto al dios Amón, Amenofis IV trasfirió la capital del reino a Tell el-Amarna.

Los primeros en rebelarse contra las ideas religiosas del rey fueron los sacerdotes del dios Amón, quienes no dudaron en acusar de herejía al faraón. Amenofis IV hizo que fueran perseguidos; pero la mayoría del pueblo egipcio se puso de parte de los sacerdotes.

Iba a estallar una lucha sangrienta entre los secuaces del faraón y los que permanecían fieles a la religión tradicional, cuando en el año 1362 antes de Cristo murió imprevistamente Amenofis IV.

LA HISTORIA

Amón y Atón: dos dioses opuestos Sobre la naturaleza de este dios primero surgirán violentos conflictos que anuncian el final del esplendor egipcio.

En el s. XIV antes de nuestra Era sube al trono de Tebas un joven soberano, Amenofis IV, que desde el principio se enfrenta con el clero, a causa, precisamente, de esta imagen de la divinidad suprema.

Amón era el dios que en ese momento predominaba en la liturgia. (imagen: Dios Amón)

Había ido ocupando el lugar de los demás dioses poco a poco y representaba la forma evolucionada del pensamiento egipcio: era la energía original que se encontraba fuera de todo conocimiento humano.

«Forma única que ha creado todo lo que existe; Uno, que es único, creador de todos los seres; los hombres proceden de sus ojos, y los dioses de su boca», nos dice un himno que glorifica a Amón.

Este dios incognoscible desempeñará un papel importante en la teología judeocristiana y en el Islam.

A Amón, dios de lo lejano e inaccesible, Amenofis IV opone Atén, dios de la luz, identificada con el disco solar.

Al cambiar de capital para huir de Tebas, donde el culto de Amón había conocido su máximo esplendor, Amenofis IV adopta el nombre de Akhenatón.

El fracaso de Akhenatón En esta ciudad, llamada Akhetatón, Akhenatón establece una liturgia totalmente nueva, y alrededor del culto de Atén se desarrolla una corriente de pensamiento de la que saldrán algunos de los himnos religiosos más hermosos que nos ha legado Egipto.

En realidad, la revolución de Akhenatón sólo profundiza, bajo formas distintas, el pensamiento monoteísta que aparece en el culto de Amén. Pero este rey revolucionario es más poeta y filósofo que político.

En el semirretiro que comparte con la reina Nefertiti en Akhetatón, se ocupa, sobre todo, en componer al dios solar poemas y cantos que representan el aspecto más refinado de la sensibilidad egipcia.

Está indefenso contra un doble peligro: el pueblo, que le sigue a duras penas en su itinerario religioso, se rebela, y los hititas invaden las tierras de Siria.

Akhenatón no quiere enviar a los egipcios a morir para defender unas colonias cuya posesión puede considerar injusta Atón.

A partir de ahora, el trono lo ocupa un santo, no un mv. El poder egipcio, cuya riqueza procedía en parte de los tributos que recibía del extranjero, se hunde en poco tiempo.

El último gran faraón Akhenatón:  muere a los treinta años. Dos años después sube al trono su heredero, con el nombre de Tutankhamón (imagen izq.) , que restaura él culto a los antiguos dioses y devuelve al país parte de su prosperidad.

Después de él gobierna el último de los grandes faraones, Ramsés II, que es indudablemente el faraón que menciona la Biblia. Lleva a cabo numerosas expediciones a Nubia y Palestina tratando de encontrar los recursos necesarios para la nueva expansión del Imperio.

Prospera nuevamente el comercio y la arquitectura alcanza un auge excepcional (los templos de Abú Simbel son testimonios de esta época). Pero pronto surge un poder que se muestra tan fuerte como el suyo: el del clero.

La decadencia de Egipto Después de Ramsés II, que tiene a los sacerdotes como aliados, el poder religioso se alianza sobre la monarquía.

El sumo sacerdote se apodera del trono y se inicia la decadencia. Ante la expansión de Libia en el s. X, de Etiopía en el s. VIII , de Asiria en el s. VII y de Persia en el s. VI, Egipto cae poco a poco en una decadencia total, hasta que en el 332 a. C., Alejandro lo convierte en una provincia del Imperio macedonio.

¿Por qué se rechaza el culto a Amón? Los faraones del Imperio Nuevo, amán un lugar privilegiado: no es solamamente uno de los dioses más venerados, al que han dedicado un inmenso templo en Tebas Sin: que, según la leyenda, era el padre de todos los faraones, puesto que sustituye al faraon en a fecundación de la reina y otorga al heredein real un origen divino.

Según un egiptologo contemporáneo, Amenofis IV no puede vanagloriarse de esta filiación pues como su madre era de origen plebeyo, el dios Amon no la consideró digna de recibirlo. Entonces el jpven príncipe tuvo que justificar su poder real de otro modo. (imagen: Templo Abú Simbel)

¿Cuál es el origen del nombre Akhenatón? Al rechazar la primacía de Amón Amenofis IV resalta a Alón, el globo solar, representante del demiurgo.

A diferencia de Amón, este dios no sustituye al rey en la concepción del hijo, sino que da vida a la pareja para que a cambio, el rey y la reina propaguen su culto y sus principios. Amenofis cambia su nombre por el de Akhenatón, «el que es útil al globo solar» y construye un templo dedicado a Atón, al este del de Amón.

¿Quién fue Tutankhamón? Mucho tiempo después de que naciera Akhenatón, Amenofis III tuvo otros hijos, el último de los cuales fue Tutankhamón.

Cuando murieron sus padres se hizo cargo de él Nefertiti, la esposa de Akhenatón, que vivía retirada al norte de la capital. Y allí fueron, después de la tan esperada desaparición del herético soberano, los sacerdotes de Amán a ofrecerle el trono real.

El nuevo faraón, que subió al trono a los once años de edad, tomó el nombre de Tutankhamón, afirmando con ello la vuelta al culto de Amón.

¿Cómo fue su reinado? Demasiado joven para ejercer él solo el poder, le rodeaban dos consejeros: un visir,Av. y un general, Horemheb. Hizo construir numerosos edificios, pero cuando murió, a la edad de veinte años, aún no estaba acabado su templo funerario.

Después de las ceremonias de embalsamamiento y purificación, había que encontrar una tumba; aquella en la que estaba inhumado no parecía una tumba real, al menos por sus dimensiones.

Y quizá por esta rezón nadie la violó a lo largo de más de tres mil arios, hasta un día de noviembre de 1922. en que el arqueólogo americano Howard Carter y el mecenas inglés lord Carnavon entraron ero ella.

¿Por qué es tan célebre Ramsés II? La duración de su reinado ya es de por si excepcional, pero, sobre todo, a lo largo de estos sesenta y siete años se reveló como un gran jefe guerrero y diplomático.

Firmó, por ejemplo, con el imperio hitita, el otro «Grande», de la época, un tratado de reparto de Siria que mantuvo la paz en la región durante cuarenta años. En el aspecto económico estimuló la explotación de Nubia, al sur del país que aportaba oro, madera y ganado, y mandó también construir allí los dos templos de Abu Simbel.

Historia de Mujeres Famosas de Vida Dificil y Sufrida

MUJERES FAMOSAS POR SUS DURAS VIDAS

mujeres sacrificadas y famosas

1-Sharbat Gula es una mujer afgana de la etnia pashtún quien se vio obligada a huir de Afganistán rumbo a Pakistán hacia un campo de refugiados donde fue fotografiada por un fotógrafo de la National Geographic llamado Steve McCurry. La imagen se hizo famosa cuando fue publicada en la portada de la edición de junio de 1985 de la revista.Leer Mas…

2- Phan Thi Kim Phuc nació en 1963 en vietnam. un bombardeo con napalm de la aldea de Kim el cual fue llevado a cabo por sudvietnamitas.  Kim, de nueve años de edad, escapó de la pagoda en la que se había ocultado junto con su familia.  Kim fue fotografiada mientras corría por la carretera gritando a causa de las quemaduras en su piel. Nick Ut, el fotógrafo de la agencia Associated Press, que estaba allí cubriendo el ataque, tomó la fotografía de la joven Kim. Conmovido por su dolor, la llevó a toda prisa a un hospital.Leer Mas…

3- Se llama Qian Hogyan, tiene ocho años y su imagen en 2005 arrastrándose sobre un balón, su único medio de desplazamiento desde que un accidente de coche segara sus dos piernas, estremeció al mundo y le valió el sobrenombre de Basketball girl (La chica del balón de baloncesto, en español). Leer Mas…

4-Amina Lawal Kurami (nacida en 1973) es una mujer nigeriana. En marzo de 2002, un tribunal de la Sharia islámica en Funtua (estado de Katsina, norte de Nigeria) la sentenció a muerte por lapidación por adulterio, por concebir un hijo fuera del matrimonio. El padre del niño no fue procesado por falta de pruebas. Su condena fue anulada y volvió a casarse. Leer Mas…

5-La Chica de Qatif: fue en el año 2006 cuando se encontró con un ex novio de los  16 años para que le devolviera unas fotos, ya que acababa de contraer matrimonio y no quería tener problemas con su flamante pareja. Mientras estaba en el auto, fue atacada por unos desconocidos, que le robaron y la violaron en un descampado. ella fue condenada a 200 latigazos. Leer Mas…

MUJERES:
CORTAS Y DURAS HISTORIAS

1983, Lima: Támara vuela dos veces
Támara Arze, que desapareció al año y medio de edad, no fue a parar a manos militares. Está en un pueblo suburbano, en casa de la buena gente que la recogió cuando quedó tirada por ahí. A pedido de la madre, las Abuelas de Plaza de Mayo emprendieron la búsqueda. Contaban con unas pocas pistas. Al cabo de un largo y complicado rastreo, la han encontrado.

Cada mañana, Támara vende querosén en un carro tirado por un caballo, pero no se queja de su suerte; y al principio no quiere ni oír hablar de su madre verdadera. Muy de a poco las abuelas le van explicando que ella es hija de Rosa, una obrera boliviana que jamás la abandonó. Que una noche su madre fue capturada a la salida de la fábrica, en Buenos Aires…

Rosa fue torturada, bajo control de un médico que mandaba parar, y violada, y fusilada con balas de fogueo. Pasó ocho años presa, sin proceso ni explicaciones, hasta que el año pasado la expulsaron de la Argentina. Ahora, en el aeropuerto de Lima, espera. Por encima de los Andes, su hija Támara viene volando hacia ella.

Támara viaja acompañada por dos de las abuelas que la encontraron. Devora todo lo que le sirven en el avión, sin dejar una miga de pan ni un grano de azúcar.
En Lima, Rosa y Támara se descubren. Se miran al espejo, juntas, y son idénticas: los mismos ojos, la misma boca, los mismos lunares en los mismos lugares.

Cuando llega la noche, Rosa baña a su hija. Al acostarla, le siente un olor lechoso, dulzón; y vuelve a bañarla. Y otra vez. Y por más jabón que le mete, no hay manera de quitarle ese olor. Es un olor raro… Y de pronto, Rosa recuerda. Éste es el olor de los bebitos cuando acaban de mamar: Támara tiene diez años y esta noche huele a recién nacida.

1976, en una cárcel del Uruguay: Pájaros prohibidos
Los presos políticos uruguayos no pueden hablar sin permiso, silbar, sonreír, cantar, caminar rápido ni saludar a otro preso. Tampoco pueden dibujar ni recibir dibujos de mujeres embarazadas, parejas, mariposas, estrellas ni pájaros.

Didaskó Pérez, maestro de escuela, torturado y preso por tener ideas ideológicas, recibe un domingo la visita de su hija Milay, de cinco años. La hija le trae un dibujo de pájaros. Los censores se lo rompen a la entrada de la cárcel.

Al domingo siguiente, Milay le trae un dibujo de árboles. Los árboles no están prohibidos, y el dibujo pasa. Didaskó le elogia la obra y le pregunta por los circulitos de colores que aparecen en las copas de los árboles, muchos pequeños círculos entre las ramas:

—¿Son naranjas? ¿Qué frutas son? La niña lo hace callar:
—Ssshhhh.

Y en secreto le explica:
—Bobo. ¿No ves que son ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas.

1978, La Paz: Cinco mujeres
El enemigo principal, ¿cuál es? ¿La dictadura militar? ¿La burguesía boliviana? ¿El imperialismo? No, compañeros. Yo quiero decirles estito: nuestro enemigo principal es el miedo. Lo tenemos adentro.

Estito dijo Domitila en la mina de estaño de Cata-vi y entonces se vino a la capital con otras cuatro mujeres y una veintena de hijos. En Navidad empezaron la huelga de hambre. Nadie creyó en ellas. A más de uno le pareció un buen chiste:

—Así que cinco mujeres van a voltear la dictadura.
El sacerdote Luis Espinal es el primero en sumarse. Al rato ya son mil quinientos los que hambrean en toda Bolivia. Las cinco mujeres, acostumbradas al hambre desde que nacieron, llaman al agua pollo o pavo y chuleta a la sal, y la risa las alimenta.

Se multiplican mientras tanto los huelguistas de hambre, tres mil, diez mil, hasta que son incontables los bolivianos que dejan de comer y dejan de trabajar y veintitrés días después del comienzo de la huelga de hambre el pueblo invade las calles y ya no hay manera de parar esto.
Las cinco mujeres han volteado la dictadura militar.

1979, Granada: Las comandantes
A la espalda, un abismo. Por delante y a los costados, el pueblo armado acometiendo. El cuartel La Pólvora, en la ciudad de Granada, último reducto de la dictadura, está al caer.

Cuando el coronel se entera de la fuga de Somoza, manda callar las ametralladoras. Los sandinistas también dejan de disparar.
Al rato se abre el portón de hierro del cuartel y aparece el coronel agitando un trapo blanco.
—¡No disparen!
‘El coronel atraviesa la calle.
—Quiero hablar con el comandante. Cae el pañuelo que cubre la cara:
—La comandante soy yo —dice Mónica Baltodano, una de las mujeres sandinistas con mando de tropa.
—¿Que qué?
Por boca del coronel, macho altivo, habla la institución militar, vencida pero digna, hombría del pantalón, honor del uniforme.
—¡Yo no me mido ante una mujer! —ruge el coronel. Y se rinde.

1980, Uspantán: Rigoberta
Ella es una india maya-quiché, nacida en la aldea de Chimel, que recoge café y corta algodón en las plantaciones de la costa desde que aprendió a caminar. En los algodonales vio caer a dos de sus hermanos, Nicolás y Felipe, los más chiquitos, y a su mejor amiga, todavía a medio crecer, todos sucesivamente fulminados por los pesticidas.

El año pasado, en la aldea de Chajul, Rigoberta Menchú vio cómo el ejército quemaba vivo a su hermano Patrocinio. Poco después, en la embajada de España, también su padre fue quemado vivo junto con otros representantes de las comunidades indias. Ahora, en Uspantán, los soldados han liquidado a su madre muy de a poco, cortándola en pedacitos, después de haberla vestido con ropas de guerrillero.

De la comunidad de Chimel, donde Rigoberta nació, no queda nadie vivo.

A Rigoberta, que es cristiana, le habían enseñado que el verdadero cristiano perdona a sus perseguidores y reza por el alma de sus verdugos. Cuando le golpean una mejilla, le habían enseñado, el verdadero cristiano ofrece la otra.
—Yo y a no tengo mejilla que ofrecer —comprueba Rigoberta.

Fuente Consultada: Mujeres Eduardo Galeano

LA MUJER EN LA HISTORIA

Ver: Vidas Sufridas

El Oro del Antiguo Egipto Los tesoros de Hatshepsut Nubia y el Oro

El Oro del Antiguo Egipto
Los tesoros de Hatshepsut

historia sobre el oro

Ni Salomón ni el propio Yahvé fueron los primeros en utilizar el oro para inspirar reverencia. Probablemente fueron los antiguos egipcios quienes marcaron el estilo emulador de religiones ulteriores, incluida la hebrea. Debido al carácter monoteísta de su religión, los judíos lo tuvieron fácil en comparación con los egipcios, que contaban con más de dos mil deidades, muchas de las cuales guardaban alguna relación con el todopoderoso Sol.

Se hade consumir muchísimo oro para convencer a todo un pueblo del poder y de la omnisciencia de dos mil deidades. Los cristianos, con un solo Dios al que adorar pero vanos miles de santos a quienes venerar, se enfrentaron con una situación similar. El uso del oro constituía en Egipto una prerrogativa real, lejos del alcance de cualquiera que no fuese el faraón. Esa limitación coadyuvó a que éste asumiera un rol divino y respaldó su carácter celestial, capacitado como estaba para adornarse con la misma sustancia que había embellecido a sus dioses.

La orfebrería del oro en Egipto era un arte excelso, al servicio de los monarcas, vivos o muertos. Una demostración impresionante del empleo del oro como proyección del poder  la realizada por un faraón fascinante, en realidad una mujer, descrita por el egiptólogo James Henry Breasted como «la primera gran señora del mundo»: Hatshepsut.

Era hija de Tutmosis I, primer faraón enterrado hacia 1482 a.C. en el Valle de las Tumbas de los Reyes enlebas. Cuando Hatshepsut arrebató el poder a su sobrino-hijastro, hacia 1470 a.C., se proclamé faraén hasta su muerte, sobrevenida hacia 1458 a.C., y era conocida por unos ochenta títulos, entre los que figuraban los de Hijo del Sol y Horus Dorado (el dios egipcio de la luz); aunque prescindió de la oportunidad de añadir el tradicional título real de Toro Potente, quedó sin embargo representada como un varón en la mayoría de las obras de arte de su tiempo. Hatshepsut era, en cualquier orden, una mujer impresionante.

La reina Hatshepsut lleva años descansando en el tercer sótano del Museo Egipcio de El Cairo. Los científicos han tenido que realizar pruebas de ADN y varios escáneres a la momia para determinar que los restos son los de una de las figuras clave del antiguo Egipto, y no de su nodriza, como se pensaba hasta ahora. La clave estaba en una muela.

Consiguió un gran incremento del comercio egipcio con Palestina, Siria y Creta, que había languidecido durante los ciento cincuenta años anteriores mientras Egipto estuvo ocupado por unos invasores asiáticos, los hicsos. Durante su reinado fue incesante la búsqueda del oro, que se extendió cada vez más hacia el sur, probablemente hasta el interior de la actual Zimbabwe. La demanda de oro por parte de Hatshepsut era enorme porque fue una constructora capaz de avergonzar a Luis XIV y su Versalles.

Gustaba también de cubrirse la cara con una mezcla de polvo de oro y plata. Cuando decidió erigir un monumento a Amén Ra, el dios principal de Tebas, su diseño original incluyó dos columnas de oro de unos 30 m. de altura, visibles por encima de las murallas del complejo de Karnak, que cubría una superficie mayot que el Estado Vaticano.

Después de que su canciller la convenciera para que fuese más económica, alzó columnas de granito y sólo cubrió de oro los remates. Pero incluso eso requirió cantidades generosas. Concluida la obra, declaró: «Esas altura horadan el cielo …] sus rayos inundan los Dos Países cuando el sol se alza entre ambas […] Quienes después de muchos años vean estos monumentos dirán: “No sabemos cómo pudieron haber alzado montañas enteras de oro.”»

Buena parte del oro de los tiempos bíblicos y del antiguo Egipto —aproximadamente unos cuatro mil años antes de Cristo— procedía de las tierras yermas e inhóspitas del Egipto meridional y de Nubia; nub era el término egipcio para designar el oro. Nubia siguió proporcionando oro al mundo occidental hasta bien entrado el siglo XVI. Según una autoridad, la producción de las minas de Nubia «superaba con mucho a la cantidad extraída de todas las minas del mundo conocido en épocas subsiguientes hasta el descubrimiento de América».

Los egipcios desarrollaron estas minas a partir de zanjas poco profundas, pero con el tiempo llegaron a abrir en los montes complejas galerías subterráneas. Cuanto más hondas eran las minas, mayor era el dolor humano que costaba su excavación. La mejor descripción de los horrores experimentados por los obreros de esas minas es la brindada por Diodoro, un griego que visitó Egipto hacia la época en que César gobernaba Roma. El aire de las galerías era fétido y enrarecido por las pequeñas velas que apenas iluminaban las opresivas tinieblas. Reinaba un calor insoportable, la tierra cedía con frecuencia y las aguas subterráneas constituían un peligro en todo momento.

Los fuegos empleados para quebrar el cuarzo de las rocas despedían vapores de arsénico que provocaban una muerte atroz a quienes los inhalaban. Los esclavos habían de trabajar tumbados boca arriba o de lado y estaban literalmente condenados a morir ya friese por agotamiento o aplastados por las rocas.12 No es extraño el predominio de la esclavitud, ni que las guerras revistiesen tanta importancia, puesto que las victorias militares aportaban nuevas dotaciones de esclavos para las minas.

Diodoro nos cuenta que los reyes de Egipto no limitaban la población esclava a los delincuentes notorios o a los cautivos conseguidos en las contiendas, sino que también se apoderaban de sus «parientes y conocidos», hombres, mujeres y niños sometidos al imperio del látigo y sin vivienda o asistencia de ninguna clase.13 Conforme a una disposición ingeniosa, los esclavos eran vigilados por mercenarios de naciones muy diferentes. Como ninguno de ellos hablaba su idioma, los esclavos contaban con escasas oportunidades de corromper a sus guardianes o de conspirar con ellos para conseguir escapar.