Amenofis IV Akenaton y La Religion del Sol en Egipto Dios Amon



Amenofis IV Akenaton Tutankamon – Religión del Sol

Aparentemente, los dioses egipcios son muy numerosos. En realidad, cada una de las grandes divinidades tuvo su época de plenitud, de acuerdo con las investigaciones realizadas por los teólogos de los grandes santuarios que, más allá de los rostros móviles del cielo, buscan la unidad de la Creación.

Lo que Egipto busca a través de sus cultos y sus liturgias es el descubrimiento de un principio único que sea el organizador del mundo y el inspirador de toda forma de vida, del dios del que proceden todos los demás dioses.

INTRODUCCIÓN: EL «FARAÓN  HEREJE»
En el año 1380 antes de Cristo, Amenofis IV, de la XVIII dinastía, se había convertido en faraón de Egipto.

A diferencia de los faraones que le precedieran, este soberano no se preocupó por extender su reino, pero hizo todo lo posible por imponer sus convicciones religiosas.

Los antiguos egipcios adoraban entonces a muchos dioses, a la cabeza de los cuales estaba el dios Amón.

Amenofis IV había repudiado la religión tradicional para seguir creencias monoteístas, tal vez provenientes de Siria.

Según esta sustancial reforma religiosa, la única divinidad a la que se debía adorar era Atón, que representaba la energía radiante del Sol.

En homenaje a la nueva divinidad, el faraón decidió cambiarse el nombre: se hizo llamar Aknatón, que quiere decir «brillante servidor de Atón».

Después impartió órdenes para que fueran destruidos todos los templos dedicados a las divinidades hasta entonces adoradas, y trató de hacerse considerar representante de Atón en la Tierra.

Dado que Tebas era la ciudad en la que se profesaba en mayor grado el culto al dios Amón, Amenofis IV trasfirió la capital del reino a Tell el-Amarna.



Los primeros en rebelarse contra las ideas religiosas del rey fueron los sacerdotes del dios Amón, quienes no dudaron en acusar de herejía al faraón. Amenofis IV hizo que fueran perseguidos; pero la mayoría del pueblo egipcio se puso de parte de los sacerdotes.

Iba a estallar una lucha sangrienta entre los secuaces del faraón y los que permanecían fieles a la religión tradicional, cuando en el año 1362 antes de Cristo murió imprevistamente Amenofis IV.

LA HISTORIA

Amón y Atón: dos dioses opuestos Sobre la naturaleza de este dios primero surgirán violentos conflictos que anuncian el final del esplendor egipcio.

En el s. XIV antes de nuestra Era sube al trono de Tebas un joven soberano, Amenofis IV, que desde el principio se enfrenta con el clero, a causa, precisamente, de esta imagen de la divinidad suprema.

Amón era el dios que en ese momento predominaba en la liturgia. (imagen: Dios Amón)

Había ido ocupando el lugar de los demás dioses poco a poco y representaba la forma evolucionada del pensamiento egipcio: era la energía original que se encontraba fuera de todo conocimiento humano.

«Forma única que ha creado todo lo que existe; Uno, que es único, creador de todos los seres; los hombres proceden de sus ojos, y los dioses de su boca», nos dice un himno que glorifica a Amón.

Este dios incognoscible desempeñará un papel importante en la teología judeocristiana y en el Islam.

A Amón, dios de lo lejano e inaccesible, Amenofis IV opone Atén, dios de la luz, identificada con el disco solar.



Al cambiar de capital para huir de Tebas, donde el culto de Amón había conocido su máximo esplendor, Amenofis IV adopta el nombre de Akhenatón.

El fracaso de Akhenatón En esta ciudad, llamada Akhetatón, Akhenatón establece una liturgia totalmente nueva, y alrededor del culto de Atén se desarrolla una corriente de pensamiento de la que saldrán algunos de los himnos religiosos más hermosos que nos ha legado Egipto.

En realidad, la revolución de Akhenatón sólo profundiza, bajo formas distintas, el pensamiento monoteísta que aparece en el culto de Amén. Pero este rey revolucionario es más poeta y filósofo que político.

En el semirretiro que comparte con la reina Nefertiti en Akhetatón, se ocupa, sobre todo, en componer al dios solar poemas y cantos que representan el aspecto más refinado de la sensibilidad egipcia.

Está indefenso contra un doble peligro: el pueblo, que le sigue a duras penas en su itinerario religioso, se rebela, y los hititas invaden las tierras de Siria.

Akhenatón no quiere enviar a los egipcios a morir para defender unas colonias cuya posesión puede considerar injusta Atón.

A partir de ahora, el trono lo ocupa un santo, no un mv. El poder egipcio, cuya riqueza procedía en parte de los tributos que recibía del extranjero, se hunde en poco tiempo.

El último gran faraón Akhenatón:  muere a los treinta años. Dos años después sube al trono su heredero, con el nombre de Tutankhamón (imagen izq.) , que restaura él culto a los antiguos dioses y devuelve al país parte de su prosperidad.

Después de él gobierna el último de los grandes faraones, Ramsés II, que es indudablemente el faraón que menciona la Biblia. Lleva a cabo numerosas expediciones a Nubia y Palestina tratando de encontrar los recursos necesarios para la nueva expansión del Imperio.

Prospera nuevamente el comercio y la arquitectura alcanza un auge excepcional (los templos de Abú Simbel son testimonios de esta época). Pero pronto surge un poder que se muestra tan fuerte como el suyo: el del clero.



La decadencia de Egipto Después de Ramsés II, que tiene a los sacerdotes como aliados, el poder religioso se alianza sobre la monarquía.

El sumo sacerdote se apodera del trono y se inicia la decadencia. Ante la expansión de Libia en el s. X, de Etiopía en el s. VIII , de Asiria en el s. VII y de Persia en el s. VI, Egipto cae poco a poco en una decadencia total, hasta que en el 332 a. C., Alejandro lo convierte en una provincia del Imperio macedonio.

¿Por qué se rechaza el culto a Amón? Los faraones del Imperio Nuevo, amán un lugar privilegiado: no es solamamente uno de los dioses más venerados, al que han dedicado un inmenso templo en Tebas Sin: que, según la leyenda, era el padre de todos los faraones, puesto que sustituye al faraon en a fecundación de la reina y otorga al heredein real un origen divino.

Según un egiptologo contemporáneo, Amenofis IV no puede vanagloriarse de esta filiación pues como su madre era de origen plebeyo, el dios Amon no la consideró digna de recibirlo. Entonces el jpven príncipe tuvo que justificar su poder real de otro modo. (imagen: Templo Abú Simbel)

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¿Cuál es el origen del nombre Akhenatón? Al rechazar la primacía de Amón Amenofis IV resalta a Alón, el globo solar, representante del demiurgo.

A diferencia de Amón, este dios no sustituye al rey en la concepción del hijo, sino que da vida a la pareja para que a cambio, el rey y la reina propaguen su culto y sus principios. Amenofis cambia su nombre por el de Akhenatón, «el que es útil al globo solar» y construye un templo dedicado a Atón, al este del de Amón.

¿Quién fue Tutankhamón? Mucho tiempo después de que naciera Akhenatón, Amenofis III tuvo otros hijos, el último de los cuales fue Tutankhamón.

Cuando murieron sus padres se hizo cargo de él Nefertiti, la esposa de Akhenatón, que vivía retirada al norte de la capital. Y allí fueron, después de la tan esperada desaparición del herético soberano, los sacerdotes de Amán a ofrecerle el trono real.

El nuevo faraón, que subió al trono a los once años de edad, tomó el nombre de Tutankhamón, afirmando con ello la vuelta al culto de Amón.

¿Cómo fue su reinado? Demasiado joven para ejercer él solo el poder, le rodeaban dos consejeros: un visir,Av. y un general, Horemheb. Hizo construir numerosos edificios, pero cuando murió, a la edad de veinte años, aún no estaba acabado su templo funerario.

Después de las ceremonias de embalsamamiento y purificación, había que encontrar una tumba; aquella en la que estaba inhumado no parecía una tumba real, al menos por sus dimensiones.

Y quizá por esta rezón nadie la violó a lo largo de más de tres mil arios, hasta un día de noviembre de 1922. en que el arqueólogo americano Howard Carter y el mecenas inglés lord Carnavon entraron ero ella.

¿Por qué es tan célebre Ramsés II? La duración de su reinado ya es de por si excepcional, pero, sobre todo, a lo largo de estos sesenta y siete años se reveló como un gran jefe guerrero y diplomático.

Firmó, por ejemplo, con el imperio hitita, el otro «Grande», de la época, un tratado de reparto de Siria que mantuvo la paz en la región durante cuarenta años. En el aspecto económico estimuló la explotación de Nubia, al sur del país que aportaba oro, madera y ganado, y mandó también construir allí los dos templos de Abu Simbel.

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