Biografia de Hidalgo Castilla

Biografia de Alfonso XI de Castilla

Biografia de Alfonso XI de Castilla

ALFONSO XI, fue un monarca de glorioso reinar, el último de Castilla que llevó laguerra de la Cristiandad contra el Islam en grandes empresas de Reconquista antes del reinado de los Reyes Católicos, Por otra parte, ante la inminencia del desencadenamiento de las apetencias políticas de la nobleza, supo conservar su autoridad por procedimientos justos, rápidos y enérgicos.

Alfonso empezó a reinar el 7 de septiembre de 1312, a causa de la muerte de su padre Fernando IV en Jaén.

Alfonso XI de Castilla
Alfonso XI de Castilla, llamado «el Justiciero», fue rey de Castilla, ​ bisnieto de Alfonso X «el Sabio». Muerto su padre, Fernando IV, en 1312, se desarrollaron multitud de disputas entre varios aspirantes a ostentar la regencia, resueltas en 1313.
Fecha de nacimiento: 13 de agosto de 1311, Salamanca, España
Fallecimiento: 26 de marzo de 1350, Gibraltar
Reinado: 7 de septiembre de 1312-26 de marzo de 1350
Hijos: Pedro I de Castilla, Enrique II de Castilla, MÁS
Cónyuge: María de Portugal (m. 1328–1350), Constanza Manuel de Villena (m. 1325–1327), Leonor de Guzmán (m. ?–1350)

Contaba entonces, exactamente, un año y veintiséis días, pues había nacido en Salamanca el 13 de agosto de 1311. Muy pronto surgieron las primeras luchas para disputarse su regencia: de un lado, la madre, doña Constanza de Portugal, apoyada por el infante don Juan y todos los partidarios de la disminución del poder real; de otro, la abuela, la enérgica doña María de Molina, y el tío, el infante don Pedro, abnegado y esforzado caballero.

Ambos bandos proclamaron sus respectivas regencias, sumiendo a Castilla en un estado caótico.

El acuerdo de Palazuelos de 1314 resolvió provisionalmente la situación. Se concedió la regencia a los infantes don Pedro y don Juan y la custodia del niño a María de Molina.

Aunque no hubo coordinación de miras, las cosas andaron mejor. La muerte de los dos regentes en una empresa contra los granadinos (1319) reavivó las ambiciones de los grandes, ya sólo contenidos por María de Molina.

Cuando ésta a su vez falleció, el 30 de junio de 1321, ya no hubo freno ni coacción. Los príncipes, don Felipe, don Juan Manuel y don Juan el Tuerto, campaban por sus anchas, atrepellando las leves y cometiendo todo género de desafueros. Jamás se había conocido tal anarquía.

Esta fue la herencia que recogió Alfonso XI al ser proclamado mayor de edad el 13 de agosto de 1325, fecha en que cumplía catorce años. Pesada carga para un mayor; cuánta más para un mozuelo como el nuevo
soberano.

Sin embargo, Alfonso no vaciló en el cumplimiento de su deber. Apoyándose en la facción del infante don Felipe, logró el acatamiento de Juan Manuel. No pudo lograr la del artero Juan el Tuerto, a quien tuvo que eliminar, de modo aleve, e 1º de noviembre de 1326, en Toro.

No terminaron aquí las luchas, pues en 1327 rompió con su soberano el infan:c Juan Manuel, a quien se unió el favorito de Alfonso XI, Alvar Núñez de Osorio, caído en desgracia.

Este fue asesinado por orden del rey y aquél se sometió en 1328. Pero algo más tarde, en 1332, Juan Manuel, apoyado por Juan Núñez, representante de los intereses de las poderosas casas de Lara y Haro, renovó sus andanzas, esta vez con el auxilio de los reyes de Aragón y Portugal.

Hubo combates en las fronteras, intentos de pacificación y nuevas intrigas, hasta que en 1338 fue reconocida la autoridad de Alfonso XI por Juan Manuel y firmada la paz con Aragón. Fueron precisos trece años para alcanzar la pacificación efectiva del país.

Durante este lapso de tiempo, Alfonso XI no había olvidado la lucha contra el Islam, a la que se lanzó en 1327, a los dieciséis años de edad. Renovados sus ataques contra el granadino, éste se vio tan amenazado que requirió la ayuda de los benimerines.

Los marroquíes cruzaron el estrecho y expugnaron Gibraltar en 1333, en un momento en que Alfonso se hallaba retenido en el Norte por la tercera insurrección de Juan Manuel.

Continuando las operaciones, con la cooperación de la flota catalana, los castellanos no pudieron evitar el paso del grueso del ejército benimerí, el cual puso sitio a Tarifa (1340).

La fortaleza resistió valerosamente, mientras acudía en su auxilio Alfonso XI, a quien acompañaban la nobleza castellana y cruzados franceses y portugueses.

En la batalla del Salado (30 de octubre de 1340) los musulmanes sufrieron un enorme desastre. Ya no cruzaron más el estrecho de Gibraltar.

Alfonso XI resolvió definitivamente el problema del Estrecho conquistando Algeciras, plaza que se le rindió el 25 de marzo de 1344 después de un porfiado asedio de dos años. Cuando intentaba expugnar Gibraltar, murió de peste en el real ante esta plaza el 27 de marzo de 1350.

Su prematuro fin tuvo consecuencias lamentables para la monarquía, cuya posición política sin duda hubiera consolidado, como lo demostró en la gloriosa ejecutoria de las cortes castellanas durante su reinado y en la magnitud de las reformas sociales y políticas que éstas emprendieron bajo sus altos auspicios. Así su desaparición inaugura la tragedia de Pedro I el Cruel.

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Biografia de Enrique II de Castilla Casa Trastamara

Biografia de Enrique II de Castilla

Encarnación del espíritu de rebeldía contra el gobierno de Pedro I el Cruel, su hermano, Enrique de Trastamara triunfó después de una agotadora guerra civil en que se tambalearon todos los valores de la monarquía castellana.

La contienda inaugurada en tiempos de Alfonso X el Sabio entre el poder real y las ambiciones políticas de la nobleza, remataba, en definitiva, a través de dos minoridades turbulentas, de la reacción monárquica de Alfonso XI y de la furia vesánica de don Pedro, en el éxito de las aspiraciones los nobles.

Enrique II De Castilla
Enrique II de Castilla, también conocido como Enrique de Trastámara, llamado «el Fratricida» fue rey de Castilla, el primero de la Casa de Trastámara.
Fecha de nacimiento: 13 de enero de 1334, Sevilla, España
Fallecimiento: 29 de mayo de 1379, Santo Domingo de la Calzada, España
Casa: Casa de Trastámara
Hijos: Juan I de Castilla, Leonor de Trastámara
Hermanos: Pedro I de Castilla

La Casa de Trastámara fue una rama de la dinastía de origen castellano que reinó en la Corona de Castilla de 1369 a 1555, la Corona de Aragón de 1412 a 1555, el Reino de Navarra de 1425 a 1479 y el Reino de Nápoles de 1458 a 1501 y de 1504 a 155

La ilegitimidad de su elevación a la corona manchaba indeleblemente los orígenes de la Casa de Trastamara, cuya historia fue una perpetuación de los conflictos que había engendrado su fundador.

Nacido entre 1333 y 1334, Enrique de Trastamara era el tercer fruto, junto con su gemelo Fadrique de los ilícitos amores de Alfonso XI y de Leonor de Guzmán.

Adoptado por don Rodrigo Alvarez, señor de Noroña, su infancia transcurrió entre Asturias y la corte alfonsina, hasta que el advenimiento al trono de Pedro I le lanzó de lleno en la vida política.

El asesinato de su madre en 1351 gravó profundamente su espíritu. Después de un corto período de concordia con el monarca, en que fue nombrado adelantado de la frontera de Portugal, entró en la conjuración urdida por don Alfonso de Alburquerque (1354), y muerto éste, fue el caudillo más destacado de los rebeldes.

El triunfo de Pedro I en Toro (1356) motivó su huida a Francia y, luego, su colaboración con Pedro IV de Aragón, con quien combatió en la guerra contra el castellano. Distinguióse en varios hechos de armas por su gran valor y sangre fría. En 1360 se apoderó de Nájera, donde presidió una matanza de judíos, similar a la que había dirigido en Toledo en 1355.

En esta ocasión corrió grave riesgo de caer prisionero en poder de su hermano, pero la indecisión de éste le salvó la vida. En marzo de 1363, por el tratado de Monzón, Pedro IV reconoció sus aspiraciones a la corona castellana, a cambio de la cesión de gran parte de sus futuros Estados al aragonés.

Con el auxilio de las Compañías blancas, Enrique de Trastamara penetró en Castilla a comienzos de 1366, se adueñó de Calahorra y se hizo proclamar rey el 16 de marzo.

Coronado en el monasterio de las Huelgas, señor de Burgos, de Toledo y de Sevilla, se consideraba vencedor de su rival, cuando éste, con el auxilio del Príncipe Negro, descendió con un ejército por los Pirineos y le derrotó estrepitosamente en Nájera (3 de abril de 1367).

Enrique huyó a uña de caballo y se refugió en Aragón. La improcedencia de las medidas adoptadas por don Pedro, facilitaron el regreso de Enrique a Castilla. El 27 de septiembre de 1367 se apoderaba de nuevo de Calahorra e iniciaba la sistemática conquista del reino, apoyándose en Castilla la Vieja y León.

El asedio de Toledo, establecido el 30 de abril de 1368, duró todo el año. Para disputarse esta ciudad se libró la batalla de Montiel, cuyo resultado fue un gran triunfo para el pretendiente (14 de marzo de 1369). Nueve días después, Du Guesclin le proporcionaba la oportunidad para dar muerte a su hermano.

La desaparición de don Pedro no aseguró la corona a Enrique II. Parte del reino seguía adicto a la memoria del último Borgoña, mientras las potencias peninsulares ayudaban a los rebeldes de Trastamara con la esperanza de obtener ventajas territoriales.

Esta crítica situación se agravó en el exterior con la adhesión de Inglaterra a la causa de las hijas de Pedro el Cruel, Constanza e Isabel. Enrique II enfrentó este temporal recurriendo a todos los procedimientos: a la guerra, en la que demostró no escaso valor; a las mercedes, en las que se reveló muy pródigo, y a una fina actuación política interna, que puso de relieve en las prudentes ordenanzas que votaron las cortes durante su reinado.

Los focos principales de rebeldía, aparte la plaza de Carmona que fue tomada en 1371, eran Zamora, Ciudad Rodrigo y Galicia. Apoyaba a los rebeldes el rey de Portugal Fernando I, quien reclamaba la corona de Castilla por ser bisnieto de Sancho IV.

Con alternativas varias, aunque en general favorables para don Enrique (expedición a Lisboa de 1372), la guerra duró de 1369 a 1373, en que se firmó la paz gracias a la intervención de Guido de Bolonia, legado pontificio. Mientras tanto, se mantenía la lucha en las fronteras del reino lindantes con Granada, Navarra y Aragón, con tan sensibles pérdidas como la de Algeciras, caída en poder del granadino en 1369.

A mayor abundamiento^ las fuerzas castellanas, cumplimentando el tratado de alianza concertado el 8 de junio de 1369 con Francia, intervenían en la guerra de los Cien Años; dos escuadras de Castilla colaboraron eficazmente en 1371 y 1372 a la toma de la Rochela por los franceses.

Como reacción adecuada, en 1374 el duque de Lancáster, Juan de
Gante, pretendió invadir Castilla, haciendo valer los derechos de su esposa Constanza, hija de Pedro I.

La agresión no llegó a realizarse, y en cambio fue Enrique II quien atacó la plaza de Bayona (1375), aunque sin lograr conquistarla. En este mismo año firmóse en Almazán la paz entre Enrique II y Aragón. Nuevas luchas con Navarra, entre 1377 y 1379, relacionadas con la guerra de los Cien Años, acabaron favorablemente para el castellano.

Este obtuvo una paz ventajosa en Burgos, que a poco fue seguida por su muerte, acaecida el 29 de mayo de 1379 en Santo Domingo de la Calzada. Durante los diez años de su reinado había sabido consolidar su dinastía en el trono castellano, aunque a costa de onerosas claudicaciones frente a los nobles.

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Quemó en la llama de la generosidad y en la del amor hacia sus subditos, y este perfil peculiar e inédito en la historia de los Trastamara, junto a la tenacidad administrativa de su padre Enrique II, formaron luego las joyas con que se fornaron los mejores de la dinastía, tanto en Castilla como en Aragón.

La Casa de Trastámara fue una rama de la dinastía de origen castellano que reinó en la Corona de Castilla de 1369 a 1555

Aquellos rasgos explican la fecundidad del gobierno interior de Juan I, caracterizado por una íntima fusión y compromiso entre el rey y el país, y, asimismo, la tenacidad del afecto popular que rodeó al monarca y que le permitió superar las más adversas y dolorosas peripecias de su reinado.

Puede decirse que Juan I consolidó la obra de su padre e hincó fuertemente la dinastía Trastamara en Castilla más con el corazón que con la espada.

Siempre evitó la fortuna de las armas, y si, aprendió la vida con la bondad de su espíritu.

Juan I de Castilla
Juan I de Castilla fue rey de Castilla​ desde el 29 de mayo de 1379 hasta el 9 de octubre de 1390. Fue hijo de Enrique II de Castilla y de Juana Manuel de Villena, hija de Don Juan Manuel
Fecha de nacimiento: 24 de agosto de 1358, Épila, España
Fallecimiento: 9 de octubre de 1390, Alcalá de Henares, España
Lugar de sepelio: Santa Iglesia Catedral Primada de Toledo, Toledo, España
Hijos: Enrique III de Castilla, Fernando I de Aragón, Miguel de Castilla y León
Padres: Enrique II de Castilla, Juana Manuel de Villena
Cónyuge: Beatriz de Portugal (m. 1383), Leonor de Aragón (m. 1375–1382

La muerte de Enrique II en Santo Domingo de la Calzada el 29 de mayo de 1379 dio la corona de Castilla a su primogénito Juan, habido de doña Juana Manuel, nacido en Epila (Aragón) el 24 de agosto de 1358, y a la sazón de unos veinte años de edad.

El nuevo monarca, cuya adscripción al mecanismo de las cortes castellanas se puso muy pronto de relieve, siguió en su política exterior los precedentes establecidos por su padre, e incluso estrechó la alianza con Francia.

A tal fin en el problema del Cisma de Occidente, ante el cual su padre había practicado una política de neutralidad, se declaró Juan I partidario de la causa del antipapa de Aviñón, Clemente VII, al que reconoció en 1381.

Al mismo tiempo, continuó prestando auxilio a Carlos V en la guerra de los Cien Años, de modo que en 1380 una escuadra castellana realizó la proeza de remontar el Támesis hasta las inmediaciones de Londres.

Sin embargo, esta política antiinglesa resultó en definitiva perjudicial para la causa de Tuan I, pues buena parte de los conflictos con Portugal durante esta época fueron suscitados o avivados por la corte de Inglaterra.

Fernando I de Portugal, que ya en tiempos de Enrique II había reclamado la corona de Castilla, renovó sus pretensiones al subir al trono Juan I.

Contenido por las treguas de 1380, buscó luego la alianza con Inglaterra, y habiéndola obtenido, se lanzó a la lucha, a la que Juan I hizo frente desde 1381 con singular acierto.

En 1382 la flota real castellana atacó Lisboa, y el 9 de agosto del mismo año don Fernando se inclinó a firmar las paces con Castilla. Después de un nuevo convenio en marzo de 1383, Juan I casó con doña Beatriz, hija y heredera del monarca de Portugal, con determinadas estipulaciones para evitar que este reino fuera anexionado al castellano.

La muerte de don Fernando, el 22 de octubre de 1383, indujo a Juan I a proclamarse rey de Portugal. Pero los portugueses no se mostraron partidarios del rey castellano, sino que aclamaron a Juan de Avís, hijo bastardo de Pedro I.

El de Avís organizó la resistencia nacional contra Juan I de Castilla, a quien la reina gobernadora, doña Leonor, entregó el gobierno el 12 de enero de 1384 en Santarem.

Aquel mismo año los castellanos sufrían dos graves descalabros: una derrota campal en Atoleiros y el levantamiento del sitio de Lisboa a causa de la peste que diezmó las filas de las huestes de Juan I.

Este no cejó en sus propósitos, a pesar de que la voluntad de Portugal se afirmó con la coronación del bastardo de Avís el 6 de abril de 1385.

Con un lucido ejército penetró en tierras portuguesas por la frontera extremeña, pero sufrió un irreparable desastre en Aljubarrota el 15 de agosto de 1385.

Inglaterra aprovechó la oportunidad para desembarcar en las costas gallegas al duque de Lancáster, Juan de Gante, otro de los que reclamaban los derechos al trono de Castilla, esta vez para su esposa doña Constanza, hija de Pedro I el Cruel.

Juan de Gante se apoderó de Santiago y concertó una alianza con el de Avís (1386). Al año siguiente quiso pasar a la Meseta. Rechazado en Benavente, cobró Valderas, Villalpando y otros lugares.

Pero no hallando ambiente para su causa, concertó con Juan I el tratado de Troncoso (1387), que ponía fin a la cuestión dinástica con el enlace del heredero de Castilla con la infanta Catalina, hija del duque de Lancáster y depositaría de los derechos de Pedro el Cruel.

Poco después se firmaba una tregua de seis años con Portugal. Las cortes castellanas ratificaron estas decisiones.

Al finalizar las de Guadalajara, Juan I halló la muerte en Alcalá de Henares, a raíz de una caída de caballo, el 9 de octubre de 1390.

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Historia de Mexico Resumen De Su Independencia Antecedentes

Historia de México
Resumen De Su Independencia- Antecedentes y Desarrollo

A la historia de México la podemos dividir en dos partes: la primera corresponde al período que precedió a la llegada de los españoles; es decir, la historia de los toltecas, de los mayas y de los aztecas y la segunda se entiende desde la conquista española hasta nuestros días, que es la que explicaremos en esta página.  México fue conquistado por Hernán Cortés en menos de dos años.

La capital del imperio de los aztecas cayó en manos de los españoles en 1521. Al año siguiente, el emperador Carlos V, rey de España, nombró a Cortés gobernador, capitán general y justicia mayor de todo el territorio recientemente conquistado, que tomó el nombre de Nueva España.

Apenas finalizada la conquista, Cortés fue autorizado a conceder a sus camaradas en la empresa la propiedad de vastas tierras, y «encomiendas», es decir, el derecho de tener indígenas a su servicio. Los «encomenderos», o sea los colonizadores españoles así favorecidos, debían convertir, educar y proteger a los indígenas a cambio de síí trabajo o tributo.

En 1542 se dictaron las «Leyes Nuevas», prohibiéndose los repartimientos de indios y los malos tratos. A partir de 1595 la corona autorizó, por el sistema de «asientos», la introducción de esclavos negros, en mayar cantidad que hasta entonces. Hacia 1570 se habían fundado en México 35 pueblos españoles. Había unos 30.000 colonos de raza blanca, 25.000 negros y mulatos y tres millones y medio de nativos, de los cuales unos 800.000 estaban sujetos a tributo.

HISTORIA DESDE LA CONQUISTA DE ESPAÑOLA: Después que los españoles, bajo el mando de Hernán Cortés, se hubieron hecho dueños del imperio azteca, México se convirtió en el centro de un vasto imperio colonial al que pertenecían igualmente Venezuela y la actual América central. Este imperio colonial se llamó Nueva España. La dominación española en México duró exactamente tres siglos, desde la conquista de Cortés (1521) hasta la proclamación de la independencia (1821).

Luego del gobierno de Cortés, al año siguiente el gobierno fue confiado a un tribunal de 5 miembros llamado «Real Audiencia». La primera Real Audiencia presidida por Nuño de Guzmán, despojó de sus patrimonios a muchos compañeros del conquistador. En 1530 fue nombrada una nueva Audiencia, presidida por el obispo Ramírez del Fuenleal. Éste actuó con general beneplácito y permaneció en el poder hasta 1535 en que el gobierno de México fue encargado a un virrey.

El primero fue don Antonio de Mendoza, que permaneció en el cargo durante 15 años, poniendo de relieve su discreción y prudencia. Antonio de Mendoza es digno de figurar, junto con Cortés, como fundador de Nueva España. Desde 1535 hasta la proclamación de la independencia, México tuvo 63 virreyes, de los cuales Juan O’Donojú fue el último: con él llegó a su fin la dominación española.

Los colonizadores no sólo inculcaron en Nueva España la religión católica, la lengua castellana, las leyes y su propio estilo de vida europeo; también introdujeron nuevos productos, como el trigo y el ganado equino, nuevas técnicas e industrias. El comercio, sujeto al monopolio español, traficaba con la metrópoli por el puerto de Veracruz.

Los indios, que vivían en la mayor miseria, carecían de recursos, lo que no era el caso de los criollos. Muchos de éstos eran ricos y gozaban de una sólida instrucción. Ésta es la razón por la que la lucha por la independencia mexicana fue, en gran parte, obra suya.

Órdenes religiosas procedentes de España continuaron en el Nuevo Mundo su labor misionera y cultural; se importaron e imprimieron muchos libros; la enseñanza se llevó a cabo bajo la vigilancia de la Inquisición, instalada en la capital en 1571. En 1535 se estableció en México la primera imprenta americana. El primer libro impreso se llamaba «La escala espiritual para llegar al Cielo«; y a partir de 1537 empezaron a publicarse trabajos en lengua azteca.

Fray Juan de Zumárraga promovió la fundación del colegio de Tlaxcoco (1529). A su tiempo los jesuítas fundaron más de 30 colegios secundarios, entre los cuales fueron famosos el de Santa Cruz, de Tlatelcoco, y el de San Juan Evangelista, de Puebla.

Por Real Cédula de 1551 se fundó la Universidad de México, inaugurada dos años después, donde se enseñó teología, artes, leyes, retórica, gramática y lenguas indígenas. Notable desarrollo alcanzaron en Nueva España las bellas artes, de las cuales es un ejemplo la catedral de México, que constituye el más alto exponente del barroco americano.También fueron cultivadas las letras, destacándose entre otros el famoso dramaturgo Juan Ruiz de Alarcón y la poetisa sor Juana Inés de la Cruz.

En 1722, a iniciativa del obispo Urzúa, del Yucatán, apareció «La Gaceta de México y Noticias de Nueva España«, ilustre antecedente del periodismo mexicano. El protomedicato, las escuelas y academias de artes y ciencias diversas desarrollaron otros aspectos de la cultura, que alcanzó alto grado de esplendor en el siglo XVIII.

Fueron  los criollos quienes, en el siglo XVIII, entraron en contacto con las ideas que se habían desplegado como velas en Europa, y quienes se vieron enfrentados a los resultados de las revoluciones americana y francesa.

Sería erróneo, sin embargo, pensar que los indios no tuvieron parte alguna en esta lucha por la libertad. El impulso salió incluso de una revuelta india que estalló en 1810, en un momento en que la madre patria española vivía bajo el yugo de la dinastía Bonaparte.

Los jefes de la revuelta de los indios eran dos curas: Hidalgo y Morelos. Aunque ambos perdieron la vida, aquello fue algo que produjo resultados tangibles. No solamente la lucha por la independencia fue llevada a buen fin, sino que los indios tomaron parte activa en ella.

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En el período napoleónico, cuando España fue invadida por los franceses, sus posesiones se negaron a obedecer al nuevo rey José Bonaparte, hermano de Napoleón. También en México se produjeron desórdenes. El 15 de septiembre de 1810, Miguel Hidalgo, párroco de Dolores, reunió a sus indígenas y al grito de «¡Muera el mal gobierno!» dio comienzo a la revolución («Grito de Dolores»). Bien pronto se halló a la cabeza de 80 mil indígenas, a los cuales prometió restituir sus derechos; y abolió la esclavitud. Pero la revuelta fue finalmente sofocada y 10 meses después Miguel Hidalgo fue fusilado.

La revolución iniciada por Miguel Hidalgo, fue continuada por otro sacerdote, José María Morelos, quien después de tomar a Acapulco reunió el Congreso de Chilpancingo, que declaró la independencia de México el 6 de noviembre de 1813. Pero fue vencido en Valladolid  por Iturbide, y fusilado en San Cristóbal Ecatépec el 22 de diciembre de 1815.

La revolución prosiguió encabezada por otros jefes, entre los cuales se destacó, en el sur, Vicente Guerrero. Para pacificarlo, el virrey envió a Agustín de Iturbide. Pero éste propuso y acordó con los insurgentes el «Plan de Iguala», por el cual se disponía implantar una monarquía independiente constitucional (1821). Admitida esta determinación por el último virrey, quedó reconocida la independencia. El 27 de septiembre de 1821, las fuerzas revolucionarias ocuparon la capital.

Ciertas tribus como la de los yaquis, originarios de la región del golfo de California, llegaron incluso a representar un gran papel en esa lucha. Ésta, emprendida en la época napoleónica, iba a durar varios años. Las últimas tropas españolas no abandonaron el país hasta 1825.

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LAS REFORMA BORBÓNICAS:
Españoles, Criollos , Indios y Negros

Después de las reformas borbónicas del rey Carlos III de España (1759-1788), déspota ilustrado, las Indias Occidentales tienen, a finales del siglo XVIII, el aspecto de un imperio próspero. No ha habido otras mejor administradas que ellas, gracias a la introducción de novedosos sistemas administrativos que mejoraba los controles, disminuía la corrupción y agilizaba la burocracia.

Carlos III de España

Carlos III de España

Además, la renovación de la extracción de plata en México, el desarrollo de las plantaciones trabajadas por esclavos en las costas, una intensa ganadería en las llanuras del interior («gauchos» de la Pampa, «llaneros» del Orinoco), los cultivos y la recolección forestal (mate, quina, maderas preciosas) mantienen un activo comercio exterior.

Tan favorable incremento monopolio comercial y marítimo en provecho de la metrópoli, la acción de Carlos III contribuye a un renacimiento de intercambios entre España y sus colonias. Sin embargo, esta tendencia no sobrevivirá a la desaparición del rey reformador, y, después de 1790, el contrabando extranjero, inglés en primer lugar y norteamericano, ocupan un lugar preponderante en el comercio marítimo de las Indias.

Los criollos, que eran los hijos de españoles nacidos en tierra americana apenas representaban más que un 20% de la población total, estimada, hacia 1800, entre 15 y 16 millones (cerca de un 50% de aborígenes, 800.000 esclavos negros y una importante fracción mestiza) constituían el elemento socialmente dominante. Eran grandes terratenientes, con instrucción académica, que contaban con importantes partidas de esclavos, y se destacaban en los negocios. Esta clase social no soportaban verse excluídos de una parte del poder político y eliminados de la administración por 300.000 españoles de la metrópoli, funcionarios, soldados, miembros del clero regular o secular.

Conscientes de su poderío económico, orgullosos de ser americanos, están fascinados por el ejemplo con la independencia de las trece colonias inglesas del Norteamérica a partir de 1776.

Nutridos de la lectura de Montesquieu , de Rousseau, de los enciclopedistas franceses, del abate Reynal, los criollos radicales se afilian a las Logias Masónicas; que venían trabajando secretamente en busca de la enmancipación de las colonias españolas en América.

Así como los criollos gozaban de derechos políticos «recortados» frente a los peninsulares o españoles, los indígeneas y campesinos mas pobres muchas veces no podían obtener su parcela de tierra para el cultivo de subsistencia, porque los criollos eran dueños de grandes extensiones de tierras que imponían sus leyes y restringían el acceso a los campesinos mas pobres o a las comunidades de aborígenes.

México era la frontera española con los Estados Unidos y el Caribe, una región poblada y rica. La plata mexicana representaba el 67% de la producida en toda América. España obtenía de México los dos tercios de las rentas del imperio. Todo esto lo convertía en un punto estratégico para el poder español. La propiedad agraria se concentraba exclusivamente en manos de criollos poderosos; esto dejaba sin posesiones a los campesinos y las comunidades indígenas que dependían de conseguir trabajo en las haciendas. Entre 1720 y 1810 se produjeron varias crisis en el campo. El maíz, principal alimento de la población, escaseó por las sequías. El precio del maíz subió a 56 reales la bolsa, mientras el salario diario era de 2 reales. El hambre, la miseria y las enfermedades abatieron a la población campesina.

También los criollos como grandes terratenientes que se dedicaban a la cría de ganado o a la agricultura, tanbién poseían grandes silos para almacenar los granos y especular con el precio, para ofertarlos en los mejores momentos y que los favorecía económicamente, en cambio, los mas humildes (la gran mayoría de la población) se veían obligados vender sus cosechas en cualquier momento por que sus necesidades no podían esperar.

A partir de mediados del siglo XVIII se produjo en México un importante aumento demográfico. A principios del siglo XIX, la población se duplicó.

Ese crecimiento generó una mayor demanda de cereales, por lo que las haciendas comenzaron a aumentar su producción agrícola, desplazando cada vez más a los productores indígenas de sus tierras.

Los indios estaban sometidos al pago de tributos especiales, y los negros, a la esclavitud. Al mismo tiempo, por encima de todos los grupos sociales se hallaba la propia Corona española. La población de México estaba dividida en dos sectores bien polarizados: los que tenían todo (españoles y criollos), y los que no tenían nada. En consecuencia, los problemas políticos de la independencia estuvieron atravesados por reivindicaciones de tipo social mucho más amplias.

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DEL IMPERIO A LA REPÚBLICA:

Un movimiento revolucionario del 18 de mayo de 1822 obligó al Congreso a proclamar emperador a Iturbide, con el nombre de Agustín I. El general Antonio López de Santa Anna se sublevó en Veracruz contra Iturbide, quien debió abdicar y fue desterrado. No obstante, Iturbide volvió al país, motivo por el cual se lo fusiló en 1824.

Aquel mismo año se reunió un congreso constituyente y el 4 de octubre de 1824 sancionó una constitución federal de tipo norteamericano. El primer presidente de los Estados Unidos Mexicanos fue Guadalupe Victoria, a quien le sucedió Vicente Guerrero, que terminó trágicamente su mandato.

Desde entonces hubo ásperas luchas interiores entre los federalistas liberales y los centralistas conservadores, en las cuales descuella el general López de Santa Anna, de relevante acción pública durante varias décadas de la política mexicana.

En ese período se produjo la guerra de Texas. Los plantadores texanos se habían negado a obedecer una ley (1835) que concedía la libertad a los negros. En 1836 declararon su independencia y en 1845 pidieron la anexión de su territorio a los Estados Unidos. De este hecho derivó una guerra entre México y los Estados Unidos (13 de mayo de 1846), que finalizó con el tratado de Guadalupe Hidalgo (2 de febrero de 1848), por el cual México debió ceder a los Estados Unidos Texas, Nuevo México, Arizona y Alta California (o sea 1.338.000 kilómetros cuadrados de territorio).

Otros 116.000 kilómetros cuadrados de tierras mexicanas (territorio de la Mesilla) fueron cedidos a los Estados Unidos por 10 millones de dólares. Los límites que se trazaron entonces son los que aún hoy separan a ambos Estados.

En 1855 el coronel Villarreal se sublevó contra la dictadura de Santa Anna y proclamó el Plan de Ayutla, movimiento liberal que culminó con las reformas propugnadas por Miguel Lerdo y Benito Juárez, con la abolición de los privilegios eclesiásticos y militares y con la constitución de 1857. Ante la reacción conservadora del presidente Comonfort, Benito Juárez emprendió una nueva guerra, al término de la cual venció al frente de los liberales en Galpulalpan y entró en la capital el 11 de enero de 1861, iniciando un plan de reformas.

La independencia no trajo consigo la paz y, principalmente durante la primera mitad del siglo XIX, México se convirtió en un foco de revoluciones.

Entre 1821 y 1857 se registraron 250 guerras civiles y golpes de Estado. También después hubo muchos otros. Hay muchas razones que pueden explicar este estado de cosas.

En primer lugar, México no presentaba ni presenta todavía una unidad lingüística; aproximadamente diez por ciento de la población habla aún una lengua diferente del español. Esto no ayuda en nada a la eclosión de un sentimiento nacional.

El medio natural es también una traba para este sentimiento nacional. Altas cordilleras dividen a México en varias regiones, que en el siglo XIX estaban difícilmente en contacto. Por otra parte, vastas extensiones del sur del país están cubiertas de selvas vírgenes que constituyen una traba a las comunicaciones normales.

La división reina igualmente entre los individuos: blancos, mestizos e indios pensaron siempre en sus propios intereses antes que en los de toda la comunidad, lo cual se veía agravado durante el siglo pasado por el bajo nivel de cultura de la población. Añadamos a esto que los varios millares de letrados estaban divididos en dos campos.

Los conservadores ofrecieron su apoyo y fueron ayudados por las autoridades religiosas. Estaban en favor de una Administración fuertemente centralizada. Los liberales, por el contrario, a menudo muy anticlericales, se inclinaban por una organización federal.

Ambos grupos buscaban el apoyo del pueblo. No debe sorprendernos, pues, que México haya parecido presa fácil a las potencias extranjeras. Y México se vio obligado a ceder a Estados Unidos, hacia la mitad del siglo pasado, un territorio de una superficie de 1.650.000 kilómetros cuadrados.

Poco después, Benito Juárez, candidato del grupo liberal, llegó a la presidencia de la República. Juárez era de origen indio. La política del presidente Juárez contrarió en sus intereses a algunos Estados europeos, provocando la intervención de éstos y especialmente de Francia, cuyas fuerzas invadieron y dominaron el país.

Francia, cuyos destinos  regía  Napoleón  III,   creyó llegado el momento de derribar el régimen de Juárez y reemplazarlo por un imperio situado bajo la tutela francesa. Un ejército expedicionario francés, en cuyas filas militaban voluntarios belgas, se apoderó, el 5 de junio de 1863, de la ciudad de México, capital del país.Ofrecieron la corona a Maximiliano de Austria, quien, con el consentimiento de Francia, fue proclamado emperador de México; algunos conservadores locales le prestaron su apoyo

El 7 de junio de 1863 las tropas francesas ocuparon la capital. Con su apoyo, una junta de monarquistas restableció el imperio y ofreció la corona a Maximiliano de Habsburgo, archiduque de Austria, quien la asumió el 12 de junio de 1864. Juárez, que se había retirado a las montañas, emprendió entonces una guerra de guerrillas y además contaba con la ayuda de Estados Unidos, donde, entretanto, en 1865, había terminado la Guerra de Secesión. En cuanto Napoleón III retiró sus tropas de México, los republicanos, encabezados por Benito Juárez, capturaron al emperador Maximiliano en Querétaro, donde lo fusilaron el 19 de junio de 1867.

A la muerte de Benito Juárez (1872) asumió el gobierno Sebastián Lerdo, derrocado en 1876 por un movimiento que sostenía el plan de Tuxtepec. Lo encabezaba el general Porfirio Díaz, bajo cuya dictadura estuvo México desde entonces, durante 34 años. En esta época experimentó México amplio desarrollo económico.

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Benito Juarez: Cuando Juárez, forzado por los acontecimientos, decidió no redimir la deuda exterior de México, Inglaterra, Francia y España quisieron forzarla a ello por las armas. Cuando, al año siguiente, Juárez propuso amortizar la deuda mediante pagos anuales, ingleses y españoles renunciaron a su proyecto.

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En 1872, Porfirio Díaz se hizo cargo de las riendas del Gobierno desde 1876 hasta 1911. Las enérgicas medidas que tomó le permitieron elevar el nivel de vida del país.

En 1910, sin embargo, estalló una nueva revolución instigada principalmente por la gente del campo, que se sentía oprimida y explotada por los grandes terratenientes. Díaz se vio obligado a huir. México pasó entonces por un período de confusión, pues quienes tomaron en sus manos las riendas del poder se vieron incapaces de gobernar el país de una manera eficiente.

Por otra parte, la influencia de Estados Unidos en México fue en aumento, especialmente después que empezó la explotación del petróleo. Durante la primera guerra mundial Estados Unidos llegó incluso a intervenir militarmente en México. Bien es verdad que el pueblo, pobre y hambriento, amenazaba la tranquilidad interior.

La Constitución de Querétaro, promulgada en 1917, intentó instaurar reformas radicales, y el Estado confiscó los bienes de la Iglesia, suprimió las concesiones extranjeras y concedió la autonomía a algunas comunidades indias. No llegaron a aplicarse todas las disposiciones de esta Constitución, aunque esto no impidió que en México soplaran fuertes vientos anticlericales después de la primera guerra mundial.

México no puso fin definitivamente a las persecuciones religiosas ni se aprestó a construirse un porvenir mejor hasta el comienzo de la segunda guerra mundial.

En 1910 estalló una nueva revolución popular guiada por Francisco I. Madero. Se proponía restaurar el sufragio popular y una justa distribución de las tierras, y contaba con el apoyo de dos ardientes revolucionarios, casi legendarios: Pancho Villa y Emiliano Zapata. El triunfo revolucionario dio el gobierno a Madero (1911); pero el general Victoriano Huerta lo depuso a principios de 1913. Poco después, Venustiano Carranza emprendió nuevamente la revolución liberal y agraria, con el apoyo de Pancho Villa y Emiliano Zapata; movimiento que culminó con la sanción de la avanzada Constitución de Querétaro, el 5 de febrero de 1917, base que fue de una profunda reforma social y económica.

Para Ampliar Ver: Revolución Mexicana

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Ver: Emiliano Zapata

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AMPLIACIÓN DEL TEMA: EN BUSCA DE LA INDEPENDENCIA

Los primeros movimientos a favor de la independencia, liderados por los grupos criollos, desataron la lucha de los campesinos y mestizos pobres. Así, los criollos perdieron el control y la independencia se transformó en una revolución social, es decir, un movimiento violento de indígenas y campesinos enfrentados con criollos y españoles poderosos, en busca de un cambie radical en la sociedad.

Miguel Hidalgo y Castillo

Miguel Hidalgo y Castillo

En septiembre de 1810, el cura del pueblo de Dolores, Miguel Hidalgo y Castillo convocó a los indios y mestizos de su parroquia a combatir por la independencia y la igualdad en el llamado Grito de Dolores que se extendió a otras ciudades. El movimiento buscaba la abolición del tributo indígena y la esclavitud, y la devolución de las tierras a las comunidades indígenas. Después de duros enfrentamientos con los criollos y los españoles, Hidalgo fue hecho prisionero y ejecutado. Su recuerdo quedó asociado a la independencia y a la lucha de los campesinos e indígenas.

LOS SUCESOS REVOLUCIONARIOS: Estamos en 1810, en el momento de la gran llamarada secesionista que sacude el continente sudamericano. Paralelamente, en el viejo mundo, producto de las guerras de España contra Inglaterra, la Corona española presionó a la colonia con un aumento de la proporción de la riqueza mexicana que se destinaba a España aumentando los impuestos, disposición que fue rechazada por todos los sectores sociales de la época.

Se produce entonces un acontecimiento extraordinario: las masas indias se ponen en movimiento. Una desesperada oposición a la rápida expansión de los grandes dominios en detrimento de las tierras colectivas de los pueblos, es su motivo más profundo. La primera sublevación se produce en la provincia de Guanajuato, al norte.

Está dirigida por el criollo Miguel Hidalgo y Costilla, un sacerdote que exigió una serie de medidas que incluían la supresión de los tributos indígenas, la distribución de tierras para los campesinos (que implicaba quitársela a sus nuevos dueños), y la libertad de los esclavos. Así, pudo reunir entre sus seguidores a indios, mestizos y mulatos. Sin embargo, no pudo atraer muchos criollos.

Condenado por la Iglesia, propietaria de tierras, y abandonado por los criollos propietarios, Hidalgo fue derrotado y ejecutado en mayo de 1811. Derrotado, Hidalgo es hecho prisionero el 17 de enero, y fusilado en el siguiente mes de julio. Tres meses después, en octubre de 1811, se produce una nueva sublevación, esta vez en el sur, donde la población india es más densa, bajo la dirección de un cura mestizo, llamado Morelos.

Morelo tenía un discurso más religioso y moderado. Apoyaba el pago del diezmo a la Iglesia y el respeto a la propiedad. Además, decía que la revolución la hacía «por la religión y la patria», bajo la figura de la Virgen de Guadalupe.

Los insurrectos dominan el país durante dos años, y, en abril de 1813, se apoderan del puerto de Acapulco, en el Pacífico. En septiembre de 1813, Morelos convoca una Junta en Chilpancingo. Se proclama la independencia, se forma un gobierno insurrecto y se redactan las bases de un programa: abolición de la esclavitud, reforma fiscal, igualdad ante la ley.

Morelo tras obtener algunas victorias militares, convocó a un Congreso, que en 1813  proclamó la independencia de México.

Sin embargo, bajo el impulso de Iturbide, oficial mexicano de origen vasco, se organiza el ejército leal. En el otoño de 1814, Iturbide recibe un refuerzo de 8.000 hombres de España. Mal equipadas, las milicias campesinas de Morelos son vencidas. El propio Morelos es hecho prisionero, y fusilado el 22 de diciembre de 1815. No obstante, algunos de sus partidarios continuaron peleando en las montañas.

En la frontera meridional de Nueva España, la Capitanía General de Guatemala había entrado en efervescencia, a partir de 1812. Todo vuelve al orden en 1814, con la noticia de restauración de Fernando VII en España.

Después de algunos años en 1820, la situación cambia cuando en la misma España los liberales tomaron el poder. Los liberales españoles anunciaron medidas similares a las propuestas por el cura Morelos en tierra mexicana y se declararon dispuestos a buscar un arreglo con las revoluciones hispanoamericanas. Ese acuerdo consistiría en otorgar el poder local a los revolucionarios a cambio de que estos reconocieran la soberanía española en América.

Esa situación incidió para que los sectores más influyentes de México intentaran nuevas estrategias. El bloque conservador, integrado por los estratos más poderosos de españoles, criollos y de la iglesia, apoyó a Agustín Iturbide, un oficial criollo de las tropas reales que había combatido contra Morelos, y decidieron realizar un acuerdo con los revolucionarios al mando de Vicente Guerrero.

Los conservadores creían que de esta manera se ponían a salvo de las medidas propiciadas por los liberales que tenían el poder en España. En tanto, los revolucionarios mexicanos pensaron que podrían salir de su aislamiento y acceder al poder. De este modo, el 24 de febrero de 1821 se acordó el Plan de Iguala, llamado también trigarante porque se proponía garantizar: la independencia, la igualdad entre españoles y criollos y la unidad en la fe católica.

Desde el punto de vista ideológico, los países del continente repartirán sus tendencias políticas entre dos opciones: la conservadora y la liberal. La primera, formada por propietarios de latifundios, miembros de la alta jerarquía eclesiástica y militar y la burguesía tradicional, defenderá el principio de la autoridad y el orden, las libertades controladas y el sufragio censitario. Los partidos liberales, por su parte, integran a profesionales, intelectuales, comerciantes, pequeños hacendados y funcionarios; son partidarios de las libertades individuales, el sufragio universal, la democracia y el estado laico. En este último punto estriban los antagonismos más exacerbados de todo el período, hasta el punto de que los intereses entre conservadores y eclesiásticos llegan a identificarse plenamente.

Otro nombre de este acuerdo es el de Plan de las Tres Garantías, programa político propuesto por el general Agustín de Iturbide proclamando la independencia de México. Iturbide, que, de oficial realista a las órdenes de los virreyes acababa de convertirse en dirigente de los mexicanos descontentos con el régimen liberal español que había obligado a Fernando VII a acatar la Constitución de 1812, al ser nombrado comandante general, se reunió con Vicente Guerrero, jefe de los guerrilleros del Sur, en la población de Iguala, para concertar el ecuerdo.

Proclamaba tres principios básicos:

1) La independencia de México, que sería gobernado por un príncipe español designado por Fernando VII;

2) El mantenimiento de la religión católica como la única del país y

3) La igualdad de derechos entre todos los habitantes de México (criollos y peninsulares).

Entre 1833 y 1855 México atravesó una de las etapas más convulsivas de su historia contemporánea. Insurrecciones, cuartelazos y gobiernos se sucedieron y protagonizaron una de las más importantes crisis que vivió la república tras su independencia.

El país se hallaba dividido entre conservadores y liberales, al tiempo que una débil situación económica, causada por el descenso de la producción agraria y minera, el hundimiento del comercio exterior e interior y la acentuada disminución de la clase media, favorecieron las revueltas sociales.

El descontento general llegó a un punto tal que, en menos de un año en el gobierno, Iturbide abandonó su sueño imperial en 1823 y abdicó el trono en favor de un ascendente y aún desconocido militar: el general Antonio López de Santa Ana. Pero el autoritarismo de este general, que había derrocado a Agustín de Iturbide , impulsó el malestar de los liberales hasta que aquél fue expulsado del país en 1855. (En 1853 Santa Ana asumió formalmente la dictadura con el título de Alteza Serenísima, reservándose el derecho de nombrar sucesor. )

General Antonio López de Santa Ana

Antonio López de Santa Ana

En cuanto a las relaciones externas, la guerra de Texas (1835-1836) no sólo privó a México de una buena parte de su territorio nacional, ratificado en el tratado de Guadalupe-Hidalgo (1848), sino que fomentó el sentimiento de frustración entre la población. La política seguida por Santa Anna durante su último mandato (1853-1855) colmó la paciencia de los liberales, quienes, alegando los ataques que sufrían las libertades civiles y políticas, acabaron con su presidencia personalista.

Derrotado Santa Ana por el general Ignacio Comonfort en 1855, el gobierno de México cayó muy pronto en manos del grupo conservador, al que los liberales se opusieron con toda firmeza, acaudillados por el célebre Benito Juárez; la Guerra de los Tres Años (1858-1861) terminó con el triunfo rotundo de Juárez, quien ejercía el poder como presidente de la Corte Suprema.

La entrada triunfal de Juárez en México, el 11 de enero de 1861, no aseguró, sin embargo, la tranquilidad. Juárez suspendió el pago de la deuda extranjera con Francia, Inglaterra y España, lo cual determinó que las citadas potencias enviaran fuerzas militares a México; España e Inglaterra aceptaron las explicaciones de Juárez, pero no así Francia, a la que convenía fortalecerse en América confiando en el éxito que tendría su eventual alianza con los confederados de Estados Unidos, para asegurarse prioridades comerciales.

Luis Napoleón jugó hábilmente sus cartas diplomáticas, y logró que una comisión de notables propiciara la coronación en México de Maximiliano de Habsburgo, hermano del emperador de Austria, para lo que Francia prestaría el apoyo militar necesario. Las tropas francesas invadieron México, y Benito Juárez debió trasladar la capital a El Paso, desde donde continuó las operaciones.

Maximiliano llegó a México en 1864, y pese a sus buenas intenciones no supo formar un gobierno propio y fuerte, pues se atuvo exclusivamente a Napoleón, el cual, presionado por Estados Unidos y con graves problemas en Europa, le retiró su ayuda militar y financiera.

El imperio fue destruído por Juárez en Querétaro, el 15 de mayo de 1867. Así la experiencia imperial de Maximiliano tuvo fin con su fusilamiento y el de sus principales generales, Juárez restableció la capital en México, desde donde prosiguió su gobierno de tendencia liberal y popular, propiciando las reformas constitucionales necesarias para llevar adelante sus planes.

En 1871 fue elegido presidente por tercera vez, pero falleció al año siguiente. Precisamente en estas elecciones de 1871, se opuso a Juárez unos de los más importantes generales de su grupo, Porfirio Díaz; el triunfo de aquél, su muerte y las circunstancias que se sucedieron engendraron una nueva guerra civil, terminada con la batalla de Tecoac, en el año 1876.

Ver: Revolución Mexicana

PÉRDIDA DE TEXAS: Los colonos norteamericanos que se habían instalado en Texas con el auspicio del gobierno mexicano se resistieron a aceptar la política de los conservadores. En 1836 el gobierno envió tropas militares al mando de Santa Ana, que logró vencerlas en la batalla de El Álamo. Sin embargo, los norteamericanos se reorganizaron, vencieron a Santa Ana y declararon la independencia de Texas.

Mapa del Territorio Perdido Por México

Mapa del Territorio Perdido Por México

No obstante, el gobierno conservador mexicano no reconocería la independencia de Texas, a pesar de que un sector minoritario del mismo gobierno consideraba que era conveniente establecer en Texas un Estado independiente que fuera protegido por Inglaterra y de ese modo pudiera contener el avance expansivo de los Estados Unidos.

Finalmente, la confrontación entre mexicanos y norteamericanos con la intervención del gobierno de los Estados Unidos se desarrolló entre 1845 y 1848, con la activa participación del general Santa Ana, convocado esta vez por los liberales que se encontraban en el gobierno. Los mexicanos perdieron la guerra y debieron entregar a los Estados Unidos los territorios de Texas, Nuevo México y California, lo que significaba más de la mitad de su territorio.

CONSECUENCIAS DE LA LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA:

La minería resultó afectada por la lucha al ser abandonadas, inundadas y destruidas muchas minas, y sus trabajadores y especialistas dispersados. Los capitales se ahuyentaron y el atraso técnico que se produjo, en comparación con otros países, resultó altamente perjudicial.

El centro y sur del país, en donde la agricultura encontraba sus mejores campos, sufrieron con los movimientos de población, más los cultivos desarrollados en gran escala que las pequeñas siembras dedicadas a la producción de granos indispensables para el sustento popular.

El comercio mexicano resultó lesionado. México cesó de exportar sus productos a las Antillas y su puesto fue ocupado por los norteamericanos. En el país se sustituyó el ingreso de mercaderías a través de España por el comercio yanqui, que empezó a hacer suyos, junto con Gran Bretaña, los mercados hispanoamericanos.

En 1815 llegó el último galeón de Filipinas a Acapulco. La guerra de Independencia puso fin al cambio de plata mexicana por sedas, porcelanas, bronces y especias de Asia, y principalmente a la prosecución de relaciones políticas y culturales con los países asiáticos. El comercio interior se paralizó un tanto con la guerra, pero después se recobró, de acuerdo con las nuevas posibilidades.

La riqueza pública sufrió una merma de más de la mitad; así, los ingresos de la República fueron menores de diez millones de pesos, lo que provocó un estado deficitario que día a día se agravó, por lo que el estado tuvo que recurrir a préstamos forzosos impuestos a nacionales, extranjeros y al clero, así como a empréstitos exteriores. El capital español se fugó hacia los bancos europeos, pero algunos criollos aumentaron su fortuna con el comercio y la actividad industrial.

La guerra de Independencia provocó el aumento de la movilidad social. Un sentimiento vivo de justicia social, que cristalizó en la mente de notables patriotas, comenzando con Hidalgo y Morelos, se mantuvo firme y luchó con brío en contra de viejas ideas e instituciones para lograr transformar al país, esgrimiendo como armas principales la mejor distribución de la tierra y profundas reformas educativas.

Al quedar abolida la esclavitud, los negros esclavos adquirieron mejores posibilidades de vida. Las .clases bajas, si bien no resolvieron del todo sus problemas al malograrse algunos de los principios revolucionarios sí modificaron su situación. Al indígena se le comenzaron a aplicar las ideas individualistas del liberalismo a través de nuevas normas legales.

Las masas populares que militaron en las filas de la insurgencia se sin tieron un tanto defraudadas con los principios fundamentales del régimen político-social instaurado por el grupo criollo, principalmente a partir del plan de Iguala, mediante el cual las clases dirigentes, de clara formación europea, conservaron la hegemonía; y la idea de una mejor repartición de la riqueza, de un cambio de estructura, que a tantos había impulsado a sumarse al movimiento insurgente, quedó así latente entre los grupos más desheredados.

Fuente: HISTORIA UNIVERSAL Tomo 16 Editorial SALVAT El Impacto de la Revolución Francesa

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RESUMEN ETAPAS  DE LA INDEPENDENCIA DE MEXICO

■ El siglo XIX Independencia:

La independencia fue concretada en 1822, dio lugar a tres décadas de guerras civiles y gobiernos frágiles. La desorganización de la nación posibilitó que gran parte del territorio mexicano pasase a manos norteamericanas.

Formación del Estado: Los liberales dirigidos por Benito Juárez, impulsaron a mediados del siglo un proyecto de modernización y de construcción estatal.

La Constitución de 1857: Fue una constitución de tono liberal, lo cual se manifiesta en el acento que puso en las libertades públicas y de los individuos así como en su empeño por terminar con los restos de la organización colonial que aún subsistía en México. La Iglesia y los conservadores se opusieron a este proyecto y su resultado fue una nueva guerra de 10 años que postergó la organización del Estado.

■ La república organizada

La cohesión territorial y la organización del país fue dirigida finalmente por Porfirio Díaz (1876-1911) quien llevó a México al progreso económico y al orden pero estableciendo un régimen dictatorial que excluyó a las mayorías renegando así de los objetivos expresados por la Constitución de 1857.

■ Revolución mexicana

La Revolución Mexicana, que arrasó México entre 1910 y 1917, se dirigió contra la dictadura de Porfirio Díaz y movilizó amplios sectores del pueblo mexicano en demanda de participación política y reclamos económicos, especialmente en las zonas rurales. «Tierra y libertad» fue la consigna más conocida de este movimiento. Uno de sus resultados fue la Constitución de 1917 que introdujo la cuestión social, la reforma agraria y un mayor protagonismo del Estado.

■ México moderno
En las décadas del veinte y del treinta se reconstruyó el Estado, surgiendo el Estado de la Revolución Mexicana que buscó representar las aspiraciones de las mayorías. Esta obra culminó con el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940), quien llevó adelante una política nacionalista, profundizó la reforma agraria, amplió los beneficios sociales, y organizó el PRI, Partido Revolucionario Institucional, el partido al que se Integraron los sectores que apoyaban la Revolución y que hasta hoy gobierna en México.

En la actualidad, México es una de las más ricas naciones de latinoamérica pero el ritmo de crecimiento ha disminuido mientras sus problemas sociales van en aumento. Aparecen también signos de descontento político. La dirigencia política busca nuevos impulsos para el desarrollo a través de la integración con los Estados Unidos y el Canadá que se ha concretado con el NAFTA (sigla en inglés del Tratado de Libre Comercio). Se espera así un aumento de las inversiones norteamericanas que den lugar a la creación de puestos de trabajo, así como facilitar la venta de productos mexicanos en América del Norte.

■ La Nación Mexicana y el pasado indígena
México fue sede de algunas de las más altas culturas indígenas precolombinas. La reivindicación de ese pasado constituye hoy un elemento principal en la cultura de ese país. Esta reivindicación es tanto más importante si se tiene en cuenta que la mayoría de los mexicanos actuales descienden de poblaciones autóctonas de América.

 

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PARA SABER MAS…
Sobre la Guerra Por Texas
:
Luego del acuerdo con el gobierno mexicano las colonias angloamericanas se multiplicaron, y quince años más tarde la población de Texas, otrora harto escasa, se había incrementado con más de 20.000 colonos, que vivían organizados conforme a cánones para ellos tradicionales, pero violando las leyes mexicanas de colonización, que prohibían a los colonos establecerse en la costa y en la frontera, les exigían que fuesen católicos y que se sujetaran a las leyes mexicanas; exigencias que hasta 1830 no fueron urgidas por el gobierno.

Dicho gobierno mexicano, que había eximido a los colonos de todo impuesto aduanero por siete años, estableció en 1831 dos o tres aduanas para cobrarlos y algunos fortines militares. Esto y la prohibición de ulterior inmigración estadounidense a Texas irritó a los colonos, que instigados por Austin Moses (quien había hecho el acuerdo) se sublevaron.

La reposición de aduanas y fuertes, y, sobre todo, la implantación del sistema centralista en vez del federal en toda la república, en 1835, decidieron a los colonos a hacerse independientes. Y capitaneados por el general Sam Houston se enfrentaron durante un año a las tropas regulares de México; en 1836, Santa Anna se puso a la cabeza del ejército mexicano e invadió Texas para poner fin a la sedición. El 2 de marzo, los texanos declararon la independencia del país, y Houston se aprestó a dar la batalla decisiva.

Para ello necesitaba tiempo, y encomendó al coronel William Barret Travis que detuviera en todo lo posible a las fuerzas de Santa Anna. Travis se atrincheró en una antigua misión conocida por El Álamo, dispuesto a retardar las operaciones de Santa Anna; allí se le reunió el célebre explorador David Crocket, con trece de sus compañeros de Tennessee.

El total de la guarnición de El Álamo era de 188 hombres, para enfrentar a los 2.400 de Santa Anna. La defensa excedió toda previsión, ya que los texanos, sin excepción, resolvieron pelear hasta morir. Santa An-na copó, por cierto, la misión; pero la resistencia le representó la pérdida de setenta hombres, además de trescientos gravemente heridos.

El sacrificio de El Álamo dio a Houston el tiempo que necesitaba, y así pudo batir totalmente a Santa Anna en la batalla de San Jacinto (hoy Houston), el 21 de abril de 1836. Esta victoria permitió el establecimiento de la República de Texas, cuya breve vida de nueve años se desarrolló en la incertidumbre, por falta de posibilidades financieras y por la continua amenaza de México, que no cejaba en su afán de reconquista; a ello se sumaba, además, el incesante peligro representado por los indios.

De ahí que los dirigentes texanos, todos oriundos de hogares estadounidenses, acordaran finalmente acceder a requerimientos cada vez más intensos, y Texas acabara po: ser anexada a Estados Unidos, como 289 Estado de la Unión, el 29 de diciembre de 1845. Con ello, naturalmente, se precipitó la guerra entre México y Estados Unidos.

Fuentes Consultadas:
Historia Universal ESPASA Siglo XXI Independencia de México
SOCIEDADES 8° Año Vicens Vives de M. González y M. Massone
Sociedad, Espacio y Cultura Kapelusz EGB 3° Ciclo Prislei-Tobio-Geli
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo II Editorial ATENEO

Trabajo de Colaboración Alumnos de 4° Año Normal – Escuela J.M.Estrada N°1017

 

 

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Biografia de Miguel Hidalgo Cronologia de su Vida Grito de Dolores

BIOGRAFÍA DE MIGUEL HIDALGO Y COSTILLA

El movimiento de independencia en el virreinato de Nueva España tuvo un cariz distinto del que se registró en las demás posesiones de España en América.

En términos concretos, en México la revolución no fue urbana y criolla, sino que en 1810 el cura Miguel Hidalgo y Costilla, un criollo amestizado, levantó el campo indio contra la ciudad española y el propietario blanco, fuera nacido en la metrópoli o en América.

En este resurgir de los dioses rojos, el cura de Dolores desempeñó el papel de incentivo. Luego, fue desbordado por los acontecimientos. Sin embargo, en todo momento vivió alentado por su amor a la patria libre, y al caer bajo las balas que segaron su vida, su sangre fecundó la semilla de la Independencia mejicana.

Nacido en la hacienda de San Diego Corralejo el 8 de mayo de 1753, cursó sus estudios en el colegio de San Francisco Javier de Valladolid (hoy Morelia).

Después de frecuentar la universidad de México, explicó letras latinas en el colegio de San Nicolás (1779-1782), se ordenó sacerdote y profesó teología en el indicado centro docente.

Nombrado después cura párroco de varias localidades, acabó estableciéndose en Dolores, curato que le proporcionaba una renta anual de 9.000 pesos. Sin dejar de ser católico, y aun fanáticamente religioso, Miguel Hidalgo era en política afrancesado, es decir, partidario de las fórmulas revolucionarias para implantar la independencia de México.

Este era el gran ideal de su vida, que pareció muy próximo a realizarse cuando Fernando VII fue destronado por Napoleón en 1808.

Miguel Hidalgo

El 8 de mayo de 1753 nació en la intendencia de Guanajuato don Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla, conocido como el «Cura de Dolores» por su actuación en el movimiento independentista que allí se iniciara.

El virreinato de la Nueva España, sin duda el más importante de los cuatro que componían el Imperio Español en América, experimentó a fines del siglo XVIII y principios del XIX la influencia renovadora de las ideas y acontecimientos originados en  las colonias  norteamericanas y  en Europa; de allí que, al ocurrir la abdicación de los reyes legítimos de la metrópoli en 1808, a raíz de la política napoleónica, la situación   estuviera madura para intentar sacudir la relación de dependencia

En los tiempos que siguieron los criollos se moverían activamente para el logro de este objetivo, destacándose entre ellos la figura de Don Miguel Hidalgo que el 16 de setiembre de 1810 encabezó un levantamiento popular.

Al frente de su heterogéneo y multitudinario ejercito, realizó una campaña relámpago que estuvo a punto de darle el triunfo definitivo, pero las fuerzas españolas, más disciplinadas y veteranas, y el temor que despertarán en la población ciertos excesos de las tropas revolucionarias contribuyeron a dar por tierra con el intento.

Derrotado el 16 de enero de 1811 por las tropas realistas de Calleja y Cruz en la batalla de Puente de Calderón, Miguel Hidalgo junto con otros líderes marcharon con rumbo al norte pero cayeron en una trampa en Acatita de Bajan el 20 de marzo.

El Cura de Dolores fue conducido a Chihuahua donde fue juzgado, degradado el 29 de julio y fusilado el 30 de ese mismo mes.

BIOGRAFÍA: HIDALGO Y COSTILLA, MIGUEL (1753-1811).
Sacerdote y procer de la independencia mexicana, nacido en Pénjamo.   Sintió desde su juventud la influencia de las ideas liberales de los  enciclopedistas  franceses.

Estudió  en  el colegio de San Nicolás, de la entonces Validolid   (hoy Morelia),  del que llegó a ser rector.   Desempeñó algunos curatos, el último de los  cuales fue el de Dolores,  del actual estado de Guanajuato, donde realizó labor muy constructiva en favor de sus feligreses.

En Dolores, al enterarse de que había sido descubierta la conjuración en que participaban él y otros patriotas, decidió convocar al rueblo, en la madrugada del 16 de septiembre e 1810, para que empuñara las armas en contra del gobierno colonial de España.

Este llagado de Hidalgo se conoce en la historia con el nombre del «Grito de Dolores». Con los hombres que así se reunieron y con la cooperación le Allende, Aldama y Abasólo, compañeros de aspiración, marchó sobre Celaya y después sobre Guanajuato seguido por los campesinos armados que iban uniéndosele.

A fines de septiembre contaba ya con unos 30,000 hombres y se lo había reconocido como ríe del movimiento insurgente. El alto clero lo anatematizó y la Inquisición lo denostó con gravísimos cargos.

De Guanajuato salió el 10 de octubre y el 17 se apoderó de Valladolid, en cuya catedral no se le permitió la entrada cuando pretendió   dar gracias a Dios por la marcha favorable de los acontecimientos.

De Valladolid partió con rumbo a la capital iel país el 19 de dicho mes.   En Acámbaro le fue ratificado su cargo de generalísimo; el 30 de octubre infligieron sus fuerzas una seria derrota al jefe realista Torcuato Trujillo en el Monte de las Cruces, a las puertas de la ciudad de México.

No se atrevió, sin embargo, a atacar la capital, cuya captura habría sido fácil, sino que se retiró con su ejército en dirección a Querétaro.

El virrey ordenó a Calleja, general realista, que marchara a su encuentro. En la batalla que se trabó triunfó éste sin gran esfuerzo. Este revés no enfrió el entusiasmo de los insurgentes, que ya se habían apoderado de las ciudades de San Luis Potosí y Guadalajara.

En esta última se estableció un gobierno patriota. El aludido jefe realista marchó sobre Guadalajara. Contra la opinión de Allende, que era el segundo en jefe, Hidalgo decidió hacerle frente en la ciudad, y sus fuerzas volvieron a ser derrotadas en el Puente de Calderón.

Emprendió entonces Hidalgo la huida en dirección de Aguas Calientes y Zacatecas. Allí se le unió Allende y siguieron la marcha hacia el norte.

En Acatita de Bajan, cerca de Monclova, en el hoy estado de Coahuila, por denuncia del traidor Ignacio Elizondo, fueron sorprendidos Hidalgo y sus acompañantes y hechos prisioneros.

De allí se los condujo a Mon-clova y después a Chihuahua, donde fueron juzgados. Hidalgo fue condenado a la degradación, la que tuvo lugar en el Hospital Real el 29 de junio de 1811.

Entregado después a la justicia secular, fue condenado a muerte y fusilado el 31 de julio de ese año. (Fuente Consultada:Enciclopedia BARSA Consulta Fácil Tomo VIII)

Ver: Independencia de México

Cronología de su vida

1753
El 8 de mayo nace Miguel Gregorio Antonio Ignacio, hijo de doña Ana María Ga-llaga y de don Cristóbal Hidalgo Costilla en la hacienda de Corralejo, de la intendencia de Guanajuato.
1765
Entra al Colegio de San Francisco Javier en Valladolid.
1767
Se realiza el 24-25 de junio la expulsión de los Jesuítas, por lo que su padre decide retirar a Miguel y a José Joaquín del Colegio. Para octubre los inscribe en el Colegio de San Nicolás Obispo de Valladolid.
1770
Presenta examen y obtiene el grado de Bachiller en Artes en la Real Pontificia Universidad de México.
1773
Obtiene el grado de Bachiller en Teología, en México, y gana una «beca de oposición» en el Colegio de San Nicolás.
1774
Se le conceden las primeras órdenes.
1775
Alcanza las órdenes mayores y gana por oposición una cátedra de Filosofía.
1778
Se le otorga el Presbiterado.
1784
Obtiene el premio en un concurso cob su Disertación sobre el verdadero método de estudiar teología escolástica.
1787
Es nombrado tesorero, secretario y vice-rector de San Nicolás.
1788
Obtiene la «sacristía mayor» de Santa Clara del Cobre.
1790
Se le nombra rector del Colegio de San Nicolás.
1792
La mitra lo obliga a renunciar y lo envía al curato de Colima.
1793
Se le envía al curato de San Felipe (Guanajuato), donde su casa se conoce como la «Francia chiquita».
1800
Asiste durante Semana Santa a algunas tertulias en Taximaroa. Su sentido del humor y su espíritu liberal asusta a varios de los concurrentes que lo acusan ante la Inquisición de haber expresado herejías, blasfemias y ofensas al rey.
1803
Al morir su hermano José Joaquín que era cuta de Dolores, don Miguel Hidalgo solicita la plaza y la obtiene.
1808
Los acontecimientos españoles repercutieron en la Nueva España. El cabildo de la ciudad de México pidió que el Virrey fundara su poder en el nombramiento provisional del reirío novohispano.

El virrey íturrigaray decidió reunir una junta representativa para resolver la situación. En Sus sesiones, el Ayuntamiento de México mantuvo la tesis de que se debía reunir una asamblea representativa contando con el apoyo de íturrigaray. El partido español lo depuso entonces violentamente el 15 de septiembre.

1809
Como resultado de los acontecimientos anteriores, en Valladolid se fraguó una conspiración que pretendía formar una junta o asamblea que gobernase el país en nombre de Fernando VII. El levantamiento, que se suponía tendría lugar el 21 de diciembre, no pudo realizarse porque la conspiración fue descubierta.

1810
Se constituyeron varios centros de conspiración en el país, el principal de ello alrededor de la academia literaria de Querétaro. Se había fijado como fecha para realizar un levantamiento el 1° de octubre, pero, descubierta la conspiración, se apresuraron los acontecimientos.

El 16 de septiembre Hidalgo resolvió entrar en acción. Su ejército se formó espontáneamente; de Dolores partió con unos seiscientos hombres que en pocos días se transformaron en varias decenas de millares.

En Atotonilco, el Cura mandó colocar una imagen de la Virgen de Guadalupe en un asta y la convirtió en la enseña de los revolucionarios. No encontraron resistencia en San Miguel el Grande, ni en Celaya, pero el 29 de septiembre tuvo que dar una gran batalla en Guanajuato para tomar la Alhóndiga, donde los españoles se habían refugiado.

Para el 17 de octubre entró Hidalgo en Valladolid, donde abolió la esclavitud y todas las cargas que gravitaban sobre indios y castas. De ahí se dirigió a la capital del Virreinato y después  de  la  victoria  de  Monte  de  las Cruces la ciudad parecía estar en sus manos, a pesar de lo cual decidió retirarse, porque las mejores tropas del reino se movían rumbo a la capital. Desgraciadamente el 7 de noviembre se encontró en Acúleo con las tropas que trataba de evitar y fue vencido.

Se retiró a Valladolid para reponerse y de ahí a Guadalajara, en donde fue recibido con grandes pompas el 26 de noviembre. Empezó a organizar su gobierno, pero pronto empezaron a llegar malas noticias. La revolución se había esparcido como epidemia, pero, constituida por ejércitos espontáneos, la acometida de los ejércitos profesionales era muy efectiva. Las plazas principales fueron cayendo una a una.

1811
Al acercarse a Guadalajara las tropas realistas de Calleja y Cruz, Hidalgo decidió presentarles combate y fue vencido en la batalla de Puente de Calderón, el 16 de enero de 1811. Los principales líderes marcharon con rumbo al norte, pero cayeron en una trampa en Acatita de Bajan el 20 de marzo. Hidalgo fue conducido a Chihuahua donde fue juzgado. El 29 de julio se le degradó y el 30 de julio fue fusilado.