Biografia de Enrique II de Castilla Casa Trastamara



Biografia de Enrique II de Castilla

Encarnación del espíritu de rebeldía contra el gobierno de Pedro I el Cruel, su hermano, Enrique de Trastamara triunfó después de una agotadora guerra civil en que se tambalearon todos los valores de la monarquía castellana.

La contienda inaugurada en tiempos de Alfonso X el Sabio entre el poder real y las ambiciones políticas de la nobleza, remataba, en definitiva, a través de dos minoridades turbulentas, de la reacción monárquica de Alfonso XI y de la furia vesánica de don Pedro, en el éxito de las aspiraciones los nobles.

Enrique II De Castilla
Enrique II de Castilla, también conocido como Enrique de Trastámara, llamado «el Fratricida» fue rey de Castilla, el primero de la Casa de Trastámara.
Fecha de nacimiento: 13 de enero de 1334, Sevilla, España
Fallecimiento: 29 de mayo de 1379, Santo Domingo de la Calzada, España
Casa: Casa de Trastámara
Hijos: Juan I de Castilla, Leonor de Trastámara
Hermanos: Pedro I de Castilla

La Casa de Trastámara fue una rama de la dinastía de origen castellano que reinó en la Corona de Castilla de 1369 a 1555, la Corona de Aragón de 1412 a 1555, el Reino de Navarra de 1425 a 1479 y el Reino de Nápoles de 1458 a 1501 y de 1504 a 155

La ilegitimidad de su elevación a la corona manchaba indeleblemente los orígenes de la Casa de Trastamara, cuya historia fue una perpetuación de los conflictos que había engendrado su fundador.

Nacido entre 1333 y 1334, Enrique de Trastamara era el tercer fruto, junto con su gemelo Fadrique de los ilícitos amores de Alfonso XI y de Leonor de Guzmán.

Adoptado por don Rodrigo Alvarez, señor de Noroña, su infancia transcurrió entre Asturias y la corte alfonsina, hasta que el advenimiento al trono de Pedro I le lanzó de lleno en la vida política.

El asesinato de su madre en 1351 gravó profundamente su espíritu. Después de un corto período de concordia con el monarca, en que fue nombrado adelantado de la frontera de Portugal, entró en la conjuración urdida por don Alfonso de Alburquerque (1354), y muerto éste, fue el caudillo más destacado de los rebeldes.

El triunfo de Pedro I en Toro (1356) motivó su huida a Francia y, luego, su colaboración con Pedro IV de Aragón, con quien combatió en la guerra contra el castellano. Distinguióse en varios hechos de armas por su gran valor y sangre fría. En 1360 se apoderó de Nájera, donde presidió una matanza de judíos, similar a la que había dirigido en Toledo en 1355.

En esta ocasión corrió grave riesgo de caer prisionero en poder de su hermano, pero la indecisión de éste le salvó la vida. En marzo de 1363, por el tratado de Monzón, Pedro IV reconoció sus aspiraciones a la corona castellana, a cambio de la cesión de gran parte de sus futuros Estados al aragonés.

Con el auxilio de las Compañías blancas, Enrique de Trastamara penetró en Castilla a comienzos de 1366, se adueñó de Calahorra y se hizo proclamar rey el 16 de marzo.



Coronado en el monasterio de las Huelgas, señor de Burgos, de Toledo y de Sevilla, se consideraba vencedor de su rival, cuando éste, con el auxilio del Príncipe Negro, descendió con un ejército por los Pirineos y le derrotó estrepitosamente en Nájera (3 de abril de 1367).

Enrique huyó a uña de caballo y se refugió en Aragón. La improcedencia de las medidas adoptadas por don Pedro, facilitaron el regreso de Enrique a Castilla. El 27 de septiembre de 1367 se apoderaba de nuevo de Calahorra e iniciaba la sistemática conquista del reino, apoyándose en Castilla la Vieja y León.

El asedio de Toledo, establecido el 30 de abril de 1368, duró todo el año. Para disputarse esta ciudad se libró la batalla de Montiel, cuyo resultado fue un gran triunfo para el pretendiente (14 de marzo de 1369). Nueve días después, Du Guesclin le proporcionaba la oportunidad para dar muerte a su hermano.

La desaparición de don Pedro no aseguró la corona a Enrique II. Parte del reino seguía adicto a la memoria del último Borgoña, mientras las potencias peninsulares ayudaban a los rebeldes de Trastamara con la esperanza de obtener ventajas territoriales.

Esta crítica situación se agravó en el exterior con la adhesión de Inglaterra a la causa de las hijas de Pedro el Cruel, Constanza e Isabel. Enrique II enfrentó este temporal recurriendo a todos los procedimientos: a la guerra, en la que demostró no escaso valor; a las mercedes, en las que se reveló muy pródigo, y a una fina actuación política interna, que puso de relieve en las prudentes ordenanzas que votaron las cortes durante su reinado.

Los focos principales de rebeldía, aparte la plaza de Carmona que fue tomada en 1371, eran Zamora, Ciudad Rodrigo y Galicia. Apoyaba a los rebeldes el rey de Portugal Fernando I, quien reclamaba la corona de Castilla por ser bisnieto de Sancho IV.

Con alternativas varias, aunque en general favorables para don Enrique (expedición a Lisboa de 1372), la guerra duró de 1369 a 1373, en que se firmó la paz gracias a la intervención de Guido de Bolonia, legado pontificio. Mientras tanto, se mantenía la lucha en las fronteras del reino lindantes con Granada, Navarra y Aragón, con tan sensibles pérdidas como la de Algeciras, caída en poder del granadino en 1369.

A mayor abundamiento^ las fuerzas castellanas, cumplimentando el tratado de alianza concertado el 8 de junio de 1369 con Francia, intervenían en la guerra de los Cien Años; dos escuadras de Castilla colaboraron eficazmente en 1371 y 1372 a la toma de la Rochela por los franceses.

Como reacción adecuada, en 1374 el duque de Lancáster, Juan de
Gante, pretendió invadir Castilla, haciendo valer los derechos de su esposa Constanza, hija de Pedro I.

La agresión no llegó a realizarse, y en cambio fue Enrique II quien atacó la plaza de Bayona (1375), aunque sin lograr conquistarla. En este mismo año firmóse en Almazán la paz entre Enrique II y Aragón. Nuevas luchas con Navarra, entre 1377 y 1379, relacionadas con la guerra de los Cien Años, acabaron favorablemente para el castellano.



Este obtuvo una paz ventajosa en Burgos, que a poco fue seguida por su muerte, acaecida el 29 de mayo de 1379 en Santo Domingo de la Calzada. Durante los diez años de su reinado había sabido consolidar su dinastía en el trono castellano, aunque a costa de onerosas claudicaciones frente a los nobles.

fuente

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