Biografia Leonado Da Vinci

Biografia de Filippo Lippi Artista Florentino

Resumen de la Biografía de Filippo Lippi

En el círculo de los grandes pintores cuatrocentistas florentinos que enriquecía la corte de Lorenzo el Magnífico, destaca por la riqueza, variedad y animación de sus composiciones pictóricas la figura de Filippo Lippi.

Se trata de un artista predispuesto para la pintura, cualidad que heredó de su padre fra Filippo Lippi, el maestro de las ternuras románticas y del pujante colorido. Filippo nació en Prato en 1457.

Biografia de Filippo Lippi
Juliano de Médici fue un político italiano del Renacimiento. Hermano del estadista Lorenzo de Médici, murió durante la conjura de los Pazzi.
Fecha de nacimiento: 25 de marzo de 1453, Florencia, Italia
Fallecimiento: 26 de abril de 1478, Catedral de Santa María del Fiore, Florencia, Italia
Entierro: Capilla de Los Médici, Florencia, Italia
Hijos: Clemente VII
Padres: Pedro de Cosme de Médici, Lucrecia Tornabuoni
Hermanos: Lorenzo de Médici, Blanca de Médici, Nannina de Médici

Era hijo natural de fra Filippo, el cual, encargado de pintar unos frescos en el coro de la catedral de Prato, empleó parte de su tiempo en la ejecución de una pintura para el convento de Santa Margarita y en la conquista de la florentina Lucrecia Buti, que vivía bajo la custodia de las monjas del convento.

Muerto su padre sin grandes bienes de fortuna en 1469, el joven Filipino fué confiado a los cuidados de fra Diamante.

Revelando excepcionales condiciones para el dibujo y la pintura, estudió bajo Alejandro Botticelli, y en 1480, a los veintitrés años, demostró públicamente su valía en la pintura con la Visión de San Bernardo en el templo florentino de Badía.

En esta obra se observan las mismas cualidades que hicieron famosas las pinturas de su padre, aunque aun más exageradas : romanticismo en la composición y movimiento, fuerza y vigor del dibujo y del colorido.

El éxito alcanzado en la Visión de San Bernardo le valió el encargo de continuar la decoración de la capilla Brancaccio del Carmine, que Masolino y Masaccio habían empezado años antes.

Con gran sumisión a la obra de sus precursores, Filipino se adaptó al estilo del Masaccio, hasta el extremo de que a veces es difícil distinguir su parte personal. Completó la Resurrección del hijo del rey y pintó por completo cuatro grandes y maravillosos frescos. De esta misma época son varias de sus obras maestras, como la Virgen y los Santos (1485).

Ya famoso en las grandes ciudades italianas, Filipino se trasladó a Roma en 1489 para pintar en la iglesia de Minerva, en cuya ocupación pasó algunos años. En 1496 culminaba en su arte con la magnífica realización de la Adoración de los Magos.

En los últimos años de su vida trabajó casi siempre en Florencia, revelando un estilo cada vez más exuberante y fantástico, como excitado. Murió en Florencia el 18 de abril de 1504.

fuente

OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia de Francisco I Sforza
Biografia de Cosme de Medicis
Biografia de Federico de Montefeltro
Biografia de Fra Angelico
Biografia de Ludovico Sforza
Biografia Andrea del Verrocchio
Biografia della Pico de la Mirandola
Biografia de Filippo Lippi

Biografia de Botero Fernando Artista Colombiano Obra

Biografia de Botero Fernando Artista Colombiano
Obra Artística

Artista colombiano (Medellín 1932). Maestro del dibujo y del color, se recrea en conferir un volumen caricatural y exageradamente obeso a sus personajes.

Se dio a conocer en 1957 con su primera serie titulada El festín de Baltasar.

En 1983 ilustró la novela de García Márquez Crónica de una muerte anunciada.

Inicia su actividad artística en 1948 como ilustrador del periódico El Colombiano, al tiempo que participa en su primera exposición conjunta —Exposición de Pintores Antioqueños— Medellín 1948.

Tres años más tarde se traslada a Bogotá y celebra su primera exposición individual (Mujer llorando, 1949).

Es celebre por sus personajes obesos con los que hace una crítica irónica a la sociedad actual.

En 1951 realiza su primera exposición individual en la Galería Leo Matiz y al año siguiente recibe el segundo premio en el IX Salón Anual de Artistas Colombianos.

Con el dinero del premio viaja a Europa, allí estudia a los grandes maestros, sobre todo, del Renacimiento italiano. En 1957 expone por primera vez en Nueva York.

Botero Fernando Artista Colombiano

Fernando Botero (1932- ), pintor, dibujante y escultor colombiano, en el que la monumentalidad, el humor, la ironía y la ingenuidad se combinan con un admirable dominio del oficio y gran talento.

Para Botero no existen fechas de descanso, ni días feriados ni fines de semana. En Navidad está pintando. En su cumpleaños está pintando. En Año Nuevo está pintando.

A su regreso a Colombia gana nuevamente el segundo premio del X Salón Anual de Artistas Colombianos y al año siguiente consigue el primer premio con su obra Cámara nupcial.

Ese mismo año es nombrado profesor de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia.

En 1961 vende su obrA LaMonaLisa a losdoceaños al Museo de Arte Moderno de Nueva York. Realiza sus primeras esculturas en 1973 y llega a exponer en lugares céntricos de varias ciudades, como los Campos Elíseos de París y la Park Avenue de Nueva York.

En 1983 ilustra la novela Crónica de una muerte anunciada de García Márquez. Sus obras más destacadas son: La familia Pinzón, Niños ricos, Amantes, Tres músicos y la familia presidencial, entre otras. Botero ha donado muchas de sus obras a museos de todo el mundo.

Botero ha centrado gran parte de su trayectoria pictórica en escenificar de manera monumental La corrida -serie compuesta por más de 200 cuadros-, de la que es un gran entusiasta: «Desde niño estoy loco por los toros.

Yo quería ser matador… pero, cuando un banderillero me puso delante de un toro de 300 kilos, me dio tal susto que a los dos pases decidí dejarlo».

En el campo de la escultura, sus características mujeres gordas han sido expuestas, en formato monumental, en lugares céntricos de varias ciudades: en Park Avenue de Nueva York, los Campos Elíseos de París o en el Paseo de Recoletos de Madrid.

Fernando Botero es una de las personas más disciplinadas que se puedan conocer. Sus amigos y familiares afirman que él trabaja todos los días de todos los años.

Para Botero no existen fechas de descanso, ni días feriados ni fines de semana. En Navidad está pintando.

En su cumpleaños está pintando. En Año Nuevo está pintando.

El concepto de unas vacaciones, en el sentido de hacer un alto en el trabajo y no hacer nada para reposar durante unos días o unas semanas, para él es inconcebible.

Sin excepción alguna, salvo cuando está de viaje organizando una muestra o exposición, este artista se despierta temprano cada mañana y se dirige a su estudio, en cualquier lugar del mundo, y labora sin pausa hasta las ocho de la noche.

Su vocación es desaforada, y la pasión que siente por su oficio es tan honda que para él no existe mayor felicidad ni mejor forma de pasar el tiempo que trabajando.

Esta escultura figurativa de Fernando Botero se incluye dentro del movimiento posmodernista de finales del siglo XX.

En su etapa de madurez, la pintura y la escultura del artista colombiano se caracterizan por sus formas redondas y amplios volúmenes, como los que se aprecian en esta escultura en bronce.

Importancia de Fernando Botero Como Artista:

El éxito de este colombiano es, en verdad, inmenso. Sus exposiciones más importantes carecen de precedentes en la historia del arte.

En 1992, Fernando Botero exhibió sus esculturas monumentales en los Campos Elíseos de París, con una de las figuras, Torso masculino, ubicada en el centro de la célebre avenida, entre la Plaza de la Concordia y el Arco del Triunfo.

Antes ya lo había hecho en Florencia, en el Forte Belvedere, y también en los bellos jardines de la ciudad de Montecarlo.

Luego vino la exposición en Park Avenue de Nueva York.

En seguida, en el Paseo de la Castellana de Madrid. Después en Chicago, Tokio, Washington, Jerusalén, Sao Paulo y Santiago de Chile.

Más adelante, en la Piazza della Signoria de Florencia (una hazaña sin antecedentes, dicho sea de paso, pues era la primera vez que la ciudad invitaba a un artista a presentar sus obras en ese espacio histórico, al lado de las esculturas inmortales de Cellini, Giambologna y Miguel Ángel).

También  sus piezas gigantescas se exhibieron a lo largo del Gran Canal de Venecia, así como en las plazas y avenidas más concurridas de la capital de Singapur.

En total, Fernando Botero ha expuesto sus famosas esculturas en tres continentes distintos y en más de 20 ciudades principales.

Y en cada ocasión la reacción del público, de los medios y de la crítica ha sido fenomenal.

Cada una de estas muestras ha generado la asistencia de multitudes, y se puede decir que pocos escultores han logrado en vida una difusión de este alcance o una notoriedad comparable.

Así mismo, varios de los museos más Importantes del mundo han expuesto su obra pictórica.

El Grand Palals, de París. El Hermitage, de San Petersburgo.

El Reina Sofía, de Madrid. El Pushkin, de Moscú. El Hirshhorn, de Washington. El Arken, de Dinamarca. El Tamayo, de México.

El Palacio de los Papas, en Aviñón. Al menos seis museos en Japón. Ocho en Alemania.

En años recientes este maestro inauguró exposiciones en Tokio, Singapur, París y Atenas, y también en Roma, Alemania, Zuhch y Corea del Sur.

Fernando Botero ha presentado su trabajo pictórico en todas las capitales de Europa Occidental.

El Museo de Arte Moderno, de Nueva York, compró uno de sus cuadros más famosos.

El Metropolitan Museum tambiér Igual el Vaticano.

Su retrospectiva en el Antiguo Colegio de Sar Ildefonso, en la Ciudad de México, registró más de 218.001 visitantes.

Su exposición en el Musée Maillol, de París, recib’: más de 115.000 espectadores.

A su muestra en Estocolmo con una población de poco más de un millón de habitantes asistieron 110.000 personas: el 10 por ciento de la cliudad.

Es probable que de todos los artistas del momento, Fernando Botero sea el que más exposiciones ha realizado en museos, y de cuya obra se han escrito más libros (aparte de catálogos).

En octubre de 2006 la editorial Taschen, de Alemania, publicó un libro sobre su trabajo en cinco idiomas con un tiraje inicial de 50.000 ejemplares (algo excepcional para ur libro de arte).

Y en noviembre de 2003 la prestigiosa editoria Rizzoli presentó uno de los libros más costosos de producir en su historia, La mujer en el arte de Botero.

En resumen, ningún otro artista vivo cuenta con un curriculum o una trayectoria semejantes.

MUESTRA DE ALGUNAS OBRAS DE BOTERO:

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/obras-botero.jpg

Ampliar Esta Imagen

Fuente Consultada:
Revista de Arte Mundo Botero Un Territorio Vasto y Original
ARISTO Diccionario de Biografías Universales Editorial Visor
Enciclopedia Temática Ilustrada – Biografías – Editorla GL

Biografía de Canova Antonio y Su Obra Escultor Italiano

Biografía de Canova Antonio y Su Obra Artística
Escultor Italiano

Antonio Canova ocupó el primer lugar entre los escultores de su época. Trabajó durante veinte años en un estado total de pobreza, al margen de cualquier rivalidad y poniendo siempre su arte por encima de todo. El estilo neoclásico, basado en el arte antiguo de Grecia y Roma, alcanzó su apogeo máximo a finales del siglo XVIII. Antonio Canova, de la Venus, está considerado como el mejor escultor de este estilo artístico.

Canova Antonia escultor italiano

Antonio Canova nació en Pessagno, cerca de Bassano (Italia) en el año 1757. Su arte alcanzó la plenitud siendo él muy joven. Niño aún, trabajaba en una cantera en compañía de su abuelo. Complacíase en manipular la piedra y trataba de darle diferentes formas, revelando ya su inclinación. El abuelo trabajaba también como jardinero en la mansión del senador Faliero. Fue allí donde el joven Antonio esculpió sus primeras estatuillas en mármol.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/canova4.jpg

La Venus, una de sus grandes obras artísticas, Canova está considerado como el mejor escultor de este estilo neoclásico.

El duro y frío mármol puede reflejar vida, acción y sentimiento sólo cuando un gran artista consigue modelar en él las formas perfectas de un ser viviente y dotarlas de expresión. Pero pocos son los que logran ese milagro, ya que las obras de los grandes escultores representan un gigantesco esfuerzo creador.

Antonio Canova fue uno de esos grandes artistas incomparables, capaces de animar la materia inerte. Nada, en sus años mozos, pudo hacer presentir que llegaría hasta la cúspide del arte. Sin embargo, sabemos que le gustaba trabajar la piedra, y a ella —como a una amiga— confiaba sus sueños infantiles.

Antonio Canova nació en Pessagno, cerca de Bassano (Italia), el 10 de noviembre de 1757. A los tres años de edad perdió a su padre. Al poco tiempo la madre contrajo nuevas nupcias y fue a vivir a otra ciudad, dejando al pequeño Antonio al cuidado del abuelo. La familia Canova, otrora rica, estaba ahora arruinada a causa de ciertas especulaciones infortunadas. Por lo tanto, el abuelo viose en la necesidad de hacerle aprender un oficio al niño y eligió el de cantero (el que labra las piedras).

A pesar del trabajo penoso, el joven aprendiz nunca se quejó. Por el contrario, gustábale manejar el mármol y sus pequeñas manos, aún inexpertas, lo acariciaban y hasta se esforzaban en darle forma. El oficio de cantero, en el siglo XVIII, era duro y difícil; el trabajo se hacía con cincel y martillo.
Pero Antonio no se desanimó, trabajó con tesón y, a ios pocos años, llegó a esculpir estatuillas llenas de expresiva gracia.

Mientras tanto el abuelo, en la mansión del senador Faliero, en Pedfazzi d’Asolo, desempeñábase como albañil y jardinero. Allí vivía un nieto del senador, mancebo de familia noble y acaudalada, quien demostró su simpatía y afecto por el adolescente modelador que ofrecía a su nuevo amigo todas las estatuillas que esculpía con tanto entusiasmo.

Y un día llegó la oportunidad decisiva para la vida de Canova. Se daba una gran fiesta en el palacio senatorial. El cocinero quería destacarse en la presentación de los manjares y buscaba ideas originales. Encontró al nieta del jardinero, lo llevó a las cocinas y, mostrándole un enorme trozo de manteca, le dijo: «¿Ves esa manteca? Debí ir a la mesa del senador, y yo quisiera darle un aspect: artístico. .. Me agradaría que representara algo…»

Antonio tenía tan sólo diez años de edad, pero puso manos a la obra y lo que realizó con la manteca colmó al máximo los deseos del maestro de cocina.

En la mesa, magníficamente preparada, apareció el león alado de San Marcos. ¡Era el trozo de manteza que, en las manos del joven Antonio, había adquirido esa forma original!. Es fácil imaginar la sorpresa, el asombro y la admiración de los convidados. Pidieron conocer al autor de esa maravilla y lo felicitaron efusivamente.

Al final de la cena, el dueño de casa, presintiendo el futuro del niño, decidió enviarlo a Venecia y hacerlo ingresar en los talleres del escultor José Torretti.

En Venecia los temas de estudio no le faltaron: allí todo embelesaba su alma de artista, todo le brindaba belleza en sus aspectos más delicados. Trabajó mucho hasta llegar a sus dieciséis años de edad. Entonces se produjo el fallecimiento de su maestro Torretti. Pero el joven escultor ya no necesitaba enseñanzas.

Su protector lo comprendió tan bien, que no titubeó en confiarle la ejecución de dos grandes estatuas en tamaño natural. Se trataba de Orfeo y Eurídice. La tarea podía parecer demasiado ardua para un escultor tan joven, mas Canova no se desanimó y esas estatuas, por el candor y la espontaneidad de su expresión y la armonía de su línea, figuran entre sus grandes obras.

En los años que siguieron esculpió numerosos trabajos: estelas funerarias, una estatua de Esculapio y un grupo de Dédalo e Icaro. Los expuso en Venecia, en el año 1779, el día de la Ascensión. El triunfo fue tal que hubiera despertado el orgullo del más grande artista. Canova experimentó, es cierto, una gran alegría, pero, en lugar de envanecerse, decidió esforzarse y perfeccionar aún más su producción. Venecia ya no le ofrecía un campo de acción suficientemente amplio. Decidió instalarse en Roma donde el papa había inaugurado un Museo de Antigüedades.

Después de Roma volvió a Venecia y luego visitó Ñapóles. Nada disminuía su fiebre de trabajo y de saber. En la Ciudad Eterna esculpió el mausoleo de Clemente XIV y Teseo vencedor del Minotauro.

Los encargos afluían. El príncipe Rezzónico y sus dos hermanos, ambos cardenales, le encargaron un monumento funerario destinado a la basílica de San Pedro, para el papa Clemente XIII.

Durante cuatro años Canova se consagró, sin descanso, a ese trabajo, haciendo caso omiso de las dificultades propias de la tarea, de la lucha de los envidiosos y del estado deplorable de sus finanzas. Al terminar el mausoleo, todo su cuerpo llevaba las huellas del esfuerzo cumplido y de los sufrimientos soportados. La presión del trépano sobre el esternón, durante largos días, le había provocado una deformación del hueso que, al apoyarse sobre el estómago, le ocasionaba grandes molestias y dolores.

Observando la finura de los detalles, el maravilloso relieve de los encajes que adornan las vestimentas de la estatua de Clemente XIII, admiramos en Canova, además de su arte, la «artesanía» que lo obligaba a extremar la minuciosidad y la precisión hasta lograr un trabajo perfecto. En ciertas obras suyas, la piedra resucita la mirada de los que ya no existen, y hasta su alma parece aflorar en la expresión humana y vivida.

El viernes santo del año 1792, día de la inauguración del monumento, fue, para Canova, un día de triunfo. Pero las fuerzas del artista estaban muy resentidas por el exceso de trabajo. Tomó un corto descanso en Venecia y luego volvió a Roma donde ejecutó un monumento para el almirante Ángel Emo, destinado al palacio ducal de Venecia. La pasión que experimentaba hacia los temas mitológicos le permitió ejecutar dos grupos: Venus y Adonis y El Amor y Psique.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/canova1.jpg

Canova fue llamado varias veces por Bonaparte. Entre sus obras se destaca una admirable Venus victoriosa que tenía los rasgos de Paulina Borghese (Paulina Bonaparte), y una Polimnia representando a Elisa Bonaparte. Canova fue elegido miembro extranjero del Instituto de Francia.

Su fama iba creciendo. El duque Caetani le encargó un grupo representando a Hércules y Licas. Canova ejecutó un monumento colosal que,a causa de la poderosa musculatura de Hércules, produce una imprecisión de fuerza que no era generalmente buscada por el artista.

Ya en la cumbre de la celebridad y de la fortuna, fue llamado por Bonaparte, a París, para ejecutar el busto del Gran Corso. Poco después le fue encargado el Mausoleo de Victorio Alfieri. Luego afluyeron pedidos de soberanos y viajó a Napóles. Roma. Viena y París.

escultura de Canova cabeza de Perseo

Cabeza de Perseo, escultura de Canova Antonio

Escultura de Napoleón de Canova

Busto de Napoleón Bonaparte, escultura de Canova Antonio

Los amplísimos talleres donde trabajaba ya no podían contener sus obras. Entre éstas se encontraba una estatua colosal de Napoleón, que actualmente se exhibe en el palacio Brera de Milán.

Canova: fue encargado de reproducir otros miembros de la familia Bonaparte, y es así como le fue dado representar a la hermosa princesa Paulina Borghese bajo el aspecto de Venus victoriosa.

Luego del destierro de Napoleón en Santa Elena, Canova fue enviado especialmente a París por el papa para pedir la devolución de los monumentos quitados a Italia. De regreso a su patria, esculpió otras obras notables: Las tres Gracias, el monumento de La Guerra y la Paz, y la estatua de Washington que le había sido encomendada por el Senado de Carolina (Estados Unidos).

El 21 de setiembre de 1821 regresó a Pessagno, su ciudad natal, con el propósito de reponer su quebrantada salud. Pero no pudo resignarse a la inactividad.

Quiso volver a Roma, pero durante el viaje se detuvo en Venecia donde expiró el 13 de octubre de 1821. Canova no fue solamente un artista de primer orden, sjno también un hombre amado por su desinterés, su bondad y su afabilidad. Siempre se mostró generoso y nadie pidió en vano su ayuda.

El arte fue su única razón de vivir. En su juventud habíase enamorado de una hija del grabador veneciano Volpato, la que durante un corto tiempo fue su novia. Luego, no se sabe por qué causa, rompió el compromiso, y la delicada sensibilidad del artista no se curó jamás de esa herida.

Cultivó también la pintura, aunque sin alcanzar en ella la misma perfección que en la escultura. Sin embargo, su genio maravilloso realizó también el milagro de su autorretrato.

Biografia de Giuseppe Verdi Compositor de Opera Obra Artistica

Biografía de Verdi Giuseppe y su Obra Artística
Compositor de Ópera

Giuseppe Verdi. —Gran compositor italiano. Nació en Roncóle el 10 de octubre de 1813 y murió en Milán el 27 de enero de 1901. Desde muy pequeño fue aficionado a la música, sin que pudiese alimentar sus inclinaciones con otro pasto mejor que el proporcionado por las melodías que escuchaba a desafinados organillos ambulantes.

Protegido por unos amigos de la familia, recibió lecciones del organista de la iglesia de su pueblo natal, revelándose entonces como un niño prodigio, ya que al año de educación musical declaró su maestro que ya nada tenía que enseñarle. Escribió bastantes óperas que se popularizaron prontamente; entre ellas El Trovador, Rigoleto y La Traviata. Su conocida y gran ópera Aida la compuso por encargo del virrey de Egipto Ismail Bajá para inaugurar con su estreno el Teatro de la Ópera de El Cairo.

Se puso en escena el 24 de diciembre de 1871, obteniendo un éxito clamoroso que se repitió en cuantas representaciones posteriores de ella se dieron en todos los teatros de ópera del mundo. Después escribió Ótelo y Falstaff, esta última, ópera cómica. En toda su producción desde Aida, se nota la influencia wagneriana y de la moderna escuela musical y se consideran más avanzadas técnicamente que sus primeras producciones.

En 1872 le fue conferida la dignidad de senador, y en la última parte de su vida gozó de posición opulenta. Como nota curiosa consignaremos que al intentar el ingreso en el Conservatorio de Milán para perfeccionar sus estudios musicales, sostenido por una pensión becaria que se le había concedido, el tribunal examinador dictó, en 1829, un fallo reprobatorio, fundándose en que los ejercicios presentados por el opositor no mostraban especiales aptitudes para la música.

Lo llamaban el «cisne de Busseto», puesto que Busseto era el pueblo cercano a Róncole donde nació Giuseppe Verdi un día de octubre de 1813. Las raíces musicales de esa zona de Italia son muy antiguas y sus habitantes tienen una sensibilidad musical innata, muy especialmente para la voz humana, con la que Verdi expresó todos los sentimientos del alma humana: odio, amor, celos, dolor, tristeza y alegría, alcanzando la voz en sus dramas la belleza altiva que tienen los cisnes.

 

Giuseppe Verdi compositor


José Verdi fue el intérperte del alma italiana anhelante de libertad. De su genio surgieron los acentos patéticos que habrían de conmover a todo un pueblo.Nació el 10 de octubre de 1813 en Roncole, h
ijo de campesinos analfabetos, estudió música en la vecina ciudad de Busseto donde encontró unos protectores en los esposos Barezzi. Cuando en 1832 fue rechazado por el conservatorio de Milán a causa de su juventud y de que «sus ejercicios no mostraban especiales aptitudes para la música», entró como discípulo del compositor milanés Vincenzo Lavigna.

BIOGRAFÍA:

En una modesta vivienda de la aldea de Roncóle, cerca de Busseto, provincia de Parma, nació el 10 de octubre de 1813 un niño, hijo de Carlos Verdi y de Luisa Ullini, que recibió el nombre de José.

Aquellos humildes aldeanos, cuyo único bien consistía en un despacho de vino y de tabaco, estaban muy lejos de sospechar que el pequeño José sería el más grande genio musical del siglo.

El niño se crió en el modesto negocio paterno donde entraba de vez en cuando un violinista ambulante. Entonces, el pequeño José interrumpía sus juegos y escuchaba con profunda admiración los monótonos estribillos del vagabundo. Uno de estos músicos, al advertir la manera como el chiquillo se extasiaba, dijo a los padres de éste: «Haced estudiar música a vuestro niño: triunfara; lo digo porque entiendo de esto.»

Cuéntase que el pequeño José, grave y tranquilo, desempeñaba las funciones de monaguillo en la iglesia local, atraído, sobre todo, por las ejecuciones del organista Baistrocchi. Un día, recriminado por el cura que lo había sorprendido en completa abstracción escuchando el órgano de la iglesia y ajeno por completo a cuanto ocurría a su alrededor, huyó buscando refugio en los brazos maternos e implorando: «Madre, madre, hacedme estudiar música.»

A los ocho años de edad el padre le regaló una vieja espineta. De sus dedos inseguros brotó un acorde: en vano quiso repetirlo. Entonces fue tan grande su desesperación, que con sus puños y un martillo destrozó casi por completo el viejo instrumento.

Un amigo de la familia, Esteban Cavallette, acudió en su auxilio y reparó la espineta sin pedir por ello ninguna recompensa, pues él también había observado la disposicion para la música del pequeño José.

A los doce años de edad, José Verdi reemplazaba al anciano Baistrocchi en el órgano de la iglesia.

La inspiración del adolescente comentaba a despertarse y, para él, ese órgano era lo más interesante de la aldea. En ese momento se afirma su vocación.

Su música lo llena de agitación y exalta su fantasía; oyéndole se siente embargado por una fuerza irresistible. Todos los sonidos lo atraen; la madre, humilde hilandera, cariñosa e inteligente, sorprende a menudo al jovencito atento al rumor del agua que corre o escuchando el viento que se introduce en la chimenea.

José tiene siempre una canción a flor de labios y, cuando va a Busseto para hacer las compras habituales, se detiene frente a la casa del señor Antonio Bareggi, para escuchar las melodías que allí se ejecutan en el piano.

—¿Qué haremos con este hombrecito? —pregunta la madre al párroco—. ¿Cura, como dice su padre, u organista, como sueña él?
—Hay tiempo para decidir. . .
—Es verdad —dice la mujer—; además, si José se porta bien, para Navidad tendrá un hermoso regalo.

Con la Navidad llegó el regalo: la suerte quiso que en Busseto hallara la persona y el ambiente que le convenían. Antonio Barezzi, comerciante activo y sagaz, le dio un empleo en su negocio y lo animó para que estudiara música. Pudo entonces ejercitarse en un buen piano, el de la suave e inteligente Margarita, hija de Barezzi y que veía en Verdi, no a un dependiente de tienda, sino a un joven excepcional.

—El pequeño Verdi, decía Barezzi, es en verdad un buen chico. Lleno de dignidad y amor propio, es inteligente y leal. A veces un poco testarudo, pero pronto se hace perdonar. ¡Y qué voluntad! Trabaja de día como un negro; al atardecer toca el órgano en Roncóle y el domingo estudia latín con el canónigo Seletti.

Fueron sus rápidos progresos en latín los que incitaron al canónigo de Busseto a sugerir a los afortunados padres la conveniencia de encaminar hacia el sacerdocio a ese niño excepcional.

Mas fue el mismo Seletti quien los disuadió poco después, cuando, por falta del organista, durante la misa mayor del domingo siguiente, alguien aconsejó que se hiciera tocar «al hijo de don Carlos, de Roncóle».

—¿De quién es ese trozo que nos ejecutaste, José? —le preguntó el buen canónigo al terminar la misa.
—De nadie —contestó el jovencito—, he seguido mi inspiración.
—Comprendo —concluyó dom Seletti—; creo que deberás seguirla de verdad.

Se consultó al organista Fernando Provesi, director de la sociedad filarmónica, e inmediatamente, entre el niño y el anciano maestro, se estableció un vínculo de profunda y tierna amistad. Provesi le enseñó cuanto él sabía, y estos estudios no tardaron en dar sus frutos: a los dieciséis años, Verdi recibe, por sus primeras composiciones para banda, grandes elogios.

Su solicitud para desempañar el cargo de organista de la iglesia de San Santiago de Soragna fue rechazada. Pero, en cambio, dos instituciones benéficas de Busseto le concedieron una beca, cuya cantidad fue generosamente aumentada por Barezzi, para que pudiera estudiar en Milán. A los diecinueve años, Verdi pidió su admisión en el Conservatorio de esa ciudad.

Durante el examen ejecutó en el piano el Capricho en la, de Herg, ante una comisión formada por Basili, Piantanida, Angelen y Rolla.

Esperaba el fallo con ansia, mas transcurría el tiempo sin que recibiera ninguna comunicación oficial. Hasta el momento en que Rolla le aconsejó que continuara estudiando sin pensar en el Conservatorio.

Esto afectó profundamente a Verdi, pero tenía una inquebrantable voluntad y, como Anteo, que recuperaba nuevas fuerzas cada vez que tocaba tierra, «el chico de Roncóle» se erguía con mayor brío después de cada desilusión.

Buscó entonces un maestro capaz, y halló a Lavigna, quien le enseñó armonía y contrapunto y lo familiarizó con la música de Palestrina.

Otra experiencia aún más triste y amarga lo esperaba cuando regresó a Busseto con la esperanza de suceder a Provesi que había fallecido: la envidia v las intrigas de sus conciudadanos malograron sus propósitos. Tan sólo le fue dado conseguir la dirección de la banda de música de su aldea. Retomó su antiguo puesto de dependiente y, en secreto, reanudó los estudios interrumpidos.

Verdi tenía poco más de diez años de edad cuando ya tocaba el órgano de la iglesia de su aldea natal. Sobre ese instrumento improvisó sus primeras melodías. Animado por parientes y amigos, Verdi solicitó su admisión en el Conservatorio de Milán. Tenía diecinueve años de edad y fue rechazado por la comisión examinadora.

En 1835 se casó con la hija de su protector, Margarita Barezzi, con quien tuvo dos hijos: Virginia e Icilio. Pero ambos fallecieron antes de los dos años. Profundamente dolorido, Verdi buscó consuelo en la música, creando sinfonías, marchas, trozos vocales, misas y vísperas, serenatas, cantatas, arias, dúos, conciertos y variaciones para piano.

Su primera ópera: Oberto, conde de San Bonifacio, traduce su profundo deseo de paz, de armonía, de amor. Representada el 17 de noviembre de 1839 en La Scala de Milán, obtuvo un éxito completo facilitado por el mérito de la joven y bien conocida cantante Josefina Strepponi, quien, sin dudar del talento del autor, había preparado la opinión del público y de los críticos. La música de Oberto ha recibido la influencia de los grandes maestros de esa época: Bellini y Donizetti.

Cuando tenía 22 años compuesa una ópera melodramática «Oberto con de Bonifacio», que quiso hacer representar en un gran teatro italiano. Verdi tuvo la certeza de haber compuesto buena música y deseó que el público la conociese. ¿Qué gran teatro llevaría a escena la ópera de un músico desconocido?. . . Por fin, después de muchas gestiones, algu nos amigos suyos lograron que aquélla fuera aceptada nada menos que por la «Scala» de Milán, el teatro lírico más importante del mundo. El 17 de noviembre de 1839 la ópera subió a escena, la música gustó muchísimo. El nombre de Verdi dejó de ser desconocido. El público italiano esperaba del novel músico otras óperas y José Verdi no defraudó tales esperanzas: el 9 de marzo de 1842 fue representada una nueva y gran ópera suya: «Nabuco».El éxito esta vez fue terminante; José Verdi era considera do ya un gran músico y un ardiente patriota. En aquellos días los italianos estaban luchando para liberarse de la domina ción austríaca, y, precisamente, Verdi había resuelto conpo ner una ópera que interpretara el sentimiento patriótico de todo el pueblo italiano.

El empresario Bartolomé Merelli, intuyendo las posibilidades del joven compositor, le encargó tres óperas: dos dramáticas y una cómica, que Verdi debía entregar en el transcurso de dos años con los honorarios de 4.000 libras austríacas por partitura.

Mientras estaba trabajando en el Fingido Estanislao, rebautizado como Un día de verano, ocurrió la muerte de su esposa, Margarita, de 25 años de edad, en junio de 1840. Verdi, para no faltar a su compromiso, terminó la segunda ópera, sumido en honda tristeza, sin entusiasmo y sin convicción.

El público recibió esa composición con frialdad y los críticos la juzgaron falta de estilo y de originalidad. Pero, de nuevo, el fracaso actuó como un estímulo. Vencido el primer desconcierto y animado por las insistencias de Merelli y de la cantante Josefina Strepponi, retornó al trabajo con la vehemencia de quien recomienza su vida.

La nueva ópera Nahucodonosor, presentada en Milán el 9 de marzo de 1842, fue un triunfo. El coro «Sobre las alas doradas» conquistó al público.
Los nombres de Josefina Strepponi y de José Verdi unidos en los mismos programas exaltaban el alma italiana.

«Nabucodonosor» refleja la angustia del pueblo judío reducido a la esclavitud y su esperanza en una futura libe ración. ¿Acaso no eran éstos los sentimientos que animaban a los italianos?. Y, un año más tarde, compuso otra ópera patriótica: «Los lombardos en la primera Cruzada». A sus compatriotas no escapó el mensaje de esta nueva creación: Verdi incitaba al pueblo italiano a preparar una cruzada contra el opresor extranjero.

El entusiasmo siempre creciente del público estimulaba al artista. Así compuso, en 1843, la ópera Los lombardos en la primera Cruzada, y, en 1844, Ernani.

El éxito de esta última ópera consolidó de tal manera la fama del maestro, que se llegó a considerarlo el sucesor de Bellini y Donizetti. Meyerbeer, el más encarnizado opositor de la música italiana, temido hasta por el gran Rossini, acalló sus ataques frente a las protestas generales.

La música verdiana adquiría un valor simbólico; las notas viriles o nostálgicas que el público repetía en un frenético delirio, eran la misma voz de Italia anhelante de libertad.

Basta recordar el profético canto de Atila: «¡Amada patria, madre y reina de magníficos hijos poderosos, volverás a vivir más altiva y hermosa!«, para comprender la excitación de un pueblo que estaba preparando su propia independencia.

Atila se representó en el teatro La Fenice, de Venecia, en el año 1846.

Luego de la tercera función el autor fue llevado en andas, seguido por un cortejo de antorchas y calurosamente vitoreado.

Después de Macbeth (1847), Verdi fue llamado a París y Londres: Josefina Strepponi, la compañera fiel de toda la vida, lo acompañó, no ya como intérprete, sino como esposa.

En París, Verdi compuso El Corsario, La Batalla de Legnano, Luisa Miller y Stiffelio.

Los años que siguieron fueron particularmente fecundos: Rigoletto (1851), Il Trovatore (1853), La Traviata (1853), brotan como perlas milagrosamente perfectas del cofre inagotable de su arte.

Es música capaz de hacer vibrar todas las cuerdas de la sensibilidad humana y conduce a su autor a la cúspide de la popularidad, en Italia y en el extranjero.

En el compositor de treinta y ocho años de edad, que tan sólo había abandonado su traje de aldeano diez años atrás, palpitaba todo un universo de secretas e infinitas armonías. El mundo lo contemplaba asombrado y emocionado.

En 1855, invitado por el gobierno imperial francés para que escribiera una ópera con motivo de la Exposición de París, compuso: Las vísperas sicilianas. La ópera agradó, y, como se había procedido con Rossini, el autor fue invitado a establecerse definitivamente en Francia.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/verdi2.jpg

Con su ópera «Los lombardos en la primera Cruzada»,
José Verdi invitaba a los italianos a preparar una cruzada contra el opresor
extranjero.

La fuerza del destino. Don Alvaro está enamorado de Leonor, hija del marqués de Calatrava. La convence para que se fugue con él, pero, involuntariamente, don Alvaro mata al padre de Leonor. Ésta se recluye en un convento y don Alvaro busca la muerte en el campo de batalla. Verdadero juguete del destino mata al hermano de Leonor que lo había reconocido. Leonor acude y ella también es apuñaleada por error. Don Alvaro, desesperado, se arroja a un precipicio.

El maestro rechazó la invitación y, vuelto a Milán, escribió Simón Boccanegra. Esa ópera, que no gustó mucho en Venecia, halló gran favor en Nápoles. El 17 de enero de 1859 fue representada en Roma otra gran obra: Un baile de máscaras, que despertó entusiasmo indescriptible.

Durante esa velada, en vísperas de la guerra contra Austria, se gritó por vez primera: «¡Viva Verdi!». Era una ovación al maestro y un desafío al adversario, pues la sigla del apellido indicaba: «Víctor Emmanuel rey de Italia».

Con La fuerza del destino, representada el 11 de noviembre de 1861 en el teatro imperial de San Petersburgo, y con Don Carlos, puesta en escena el 11 de marzo de 1867, Verdi se encaminó hacia nuevas afirmaciones de su personalidad artística.

Era, aunque maduro en años, un genio siempre joven. Ya había abandonado el camino señalado por sus predecesores, para emprender nuevos rumbos. Aída, con su «Marcha triunfal», representada en El Cairo el 24 de diciembre de 1871, consagró una gloria que desafiará a los siglos.

El fallecimiento de Alejandro Manzoni,  con quien estaba ligado por profunda amistad, le inspiró en 1873 la Misa de réquiem, que aún hoy es imposible escuchar sin conmoverse.

En el último período de su creación, vuelve a asombrar al mundo con su incesante renovarse. Otelo 1887) y Falstaff (1893), compuestas respectivamente a la edad de setenta y cuatro y ochenta años son, indudablemente, la mejor expresión de su arte.

Otelo, el Moro de Venecia, ama a Desdémona, hija de Bradancio. Después de casarse, ambos parten para Chipre. Yago odia a Otelo y le hace creer que Desdémona lo engaña con Cassio. El  vil intrigante roba un pañuelo a Desdémona y convence al esposo de que ésta se lo entregó a Cassio como prueba de amor. Convencido de la infidelidad de Desdémona, el moro estrangula a su inocente esposa.

Rigoletto. En la corte del duque de Mantua liay un bufón llamado Rigoletto. La estúpida crueldad de los cortesanos se ensaña contra ese desdichado, quien, mientras tanto, se entera de que el duque fingiéndose estudiante, sedujo a su hija Gilda abandonándola luego. Rigoletto prepara su venganza, pero Gilda, que conoce los propósitos paternos, ocupa el lugar del duque y muere.


RlGOLETTO: Ópera melodramática en tres actos de Giuseppe Verdi (1813-1901).
Fue estrenada el 11 de marzo de 1851 en el teatro La Fenice de Venecia.

La Historia: El duque de Mantua y su bufón, Rigoletto, que era jorobado, son insultados por Monterone, a cuya hija ha seducido el duque. El insaciable duque también desea a Gilda, sin saber que es hija de Rigoletto. Los cortesanos que sentían celos de Rigoletto por su proximidad al duque lo engañan de forma tal que el duque pueda raptar a Gilda. Ella se entrega al noble pero Rigoletto trama su venganza y contrata los servicios de un asesino profesional, Sparafucile, cuya hermana Maddalena lo convence de que perdone la vida del duque si antes de medianoche entra en su posada alguien a quien pudiese matar en su lugar. Gilda oye la conversación y sacrifica su propia vida para salvar la de su amante. Rigoletto va en busca del cadáver del duque, pero lo oye en el piso de arriba cantando la famosa aria La Donna é Mobile. Extrañado abre el saco y para su terror, encuentra a su hija.

En las postrimerías del siglo y de su vida alcanzó el umbral de la música moderna, indicando el camino futuro. Corresponde a Arrigo Boito el mérito de haber escrito los libretos de Ótelo y Falstaff y de haber animado al maestro en la composición de las dos óperas.

Josefina Strepponi, su inspiradora, intérprete, colaboradora y compañera amante, decía de Verdi que la bondad de su alma era superior a su talento. El maestro lo corroboró cerrando su vida con un acto noble y profundamente humano: ofreció su fortuna a un hogar de descanso para músicos. Próximas a esta casa están las tumbas de José Verdi y Josefina Strepponi.

Al día siguiente del 27 de enero de 1901, día del fallecimiento de Verdi a la edad de ochenta y ocho años, el cuerpo del maestro era acompañado hasta su última morada por una multitud acongojada que acudía de todas partes, siguiendo el féretro ‘»pobre y desnudo» según lo estableciera la voluntad del extinto.

Renato Simoni, en su sentida crónica, escribió: «Una vez más el maestro daba algo de sí a ese pueblo al que había enseñado el consuelo del canto y, en éste, las ansias de superación y el sentido de lo infinito

ASI ERA VERDI…

Los comentarios críticos después del estreno del Réquiem por Manzoni -observaciones en el sentido de que la música era ostentosa, sensacional, barata, antirreligiosa, irreligiosa, melodramática- venían a representar la actitud crítica que Verdi tuvo que afrontar la mayor parte de su vida. Sus óperas soportaron críticas sin precedentes, especialmente en Inglaterra y Estados Unidos. Muchos críticos sencillamente no podían tomar en serio a Verdi como compositor. Cuanto más admiraba el público la música de Verdi, más los críticos protestaban y sermoneaban acerca del carácter «obvio» de su composición, su carácter «antivocal», su orquestación «primitiva». Se decían unos a otros, y decían al público, que esa música ejercía a lo sumo una atracción provisional y no podía perdurar.

El crítico del Telegraph de Londres debió tener en cuenta la tremenda recepción que el Réquiem tuvo cuando se lo estrenó en Milán. La ovación llegó porque Verdi era amado como hombre, y también por Manzoni, y porque los italianos se sentían orgullosos de la fama de Verdi. «Ahora que la Península es un Estado, todos los habitantes, incluso los que pertenecen a los distritos más remotos, asumen orgullosos su parte del honor dispensado a todas las celebridades italianas.» Por la cabeza del crítico del Telegraph no pasaba la idea de que la música del Réquiem tuviese nada que ver en el asunto.

Verdi no se inquietaba ante la reacción negativa de algunos críticos. Aparentemente, fue un compositor que no se preocupaba mucho por lo que decía la crítica. Afrontaba con ecuanimidad el éxito y el fracaso. «Se equivoca», escribió a un amigo, «si intenta defender Un Bailo in Maschera de los ataques de la prensa. Debería hacer como yo siempre hago: abstenerse de leerlos y dejar que bailen al son que más les plazca…

Por lo demás, la cuestión es ésta: ¿La ópera es buena o mala? Si es buena, y ellos no lo creen así a causa de sus prejuicios, etc., uno debe dejar que hablen como les parezca, y no tomarlo demasiado a pecho.» Y en otro pasaje: «Con respecto a los periódicos, ¿alguien le obliga a leerlos?… Llegará el día de la justicia, y para el artista es un gran placer, un placer supremo, poder decirles: «¡Imbéciles, estaban equivocados!»

ALGO MAS…

¿Cómo fue su vida?: Aunque nació en una familia humilde, pudo estudiar y cultivar su vocación gracias a la figura de un mecenas de provincias, un droguero que amaba el «bel canto». El estudio, el trabajo y el éxito, cuando llegó, no lograron cambiar la forma de vida del músico, firmemente vinculada a sus orígenes, en su casa de Busseto. A los 30 años, el destino le deparó una tremenda tragedia familiar: la muerte de sus dos hijos y, poco más tarde, de su esposa. Pero él se rehizo y volvió a casarse con una de las mejores intérpretes de sus óperas, Guiseppina Strepponi.

¿Alcanzó pronto el éxito?: Su presentación en el teatro de la Scala de Milán, en 1840, fue un auténtico fracaso y coincidió con los años de la tragedia familiar. Le pareció que todo había acabado para él, pero un sagaz empresario de la Scala, que intuyó su valía, le convenció para que empezara a trabajar de nuevo.

¿Qué hizo este empresario?: Le dio a leer un manuscrito titulado Nabucco, para que pusiera música al texto. El drama hablaba de amor y de la esclavitud del pueblo judío. Verdi se sintió conquistado por el texto.

¿Tuvo éxito Nabucco?: El mismo teatro que había visto cómo pateaban su obra, asistió a su clamoroso éxito. Una de las arias más famosas de la ópera (Vapensiero sull’ali dórate…), traspasó como pieza aislada las fronteras de Italia y se hizo famosa en toda Europa.

¿Qué óperas compuso más tarde?: A partir de este éxito, trabajó febrilmente. En pocos años escribió El trovador, Rigoletto y La Traviata, que, aunque aún no eran trabajos perfectos, tenían ya la capacidad de todas las obras de Verdi de inflamar el corazón de su público. Con el éxito recuperó el ánimo. En sus años de madurez, compuso La fuerza del destino y Aída, y en la vejez, su gusto por el melodrama lo llevó a crear Otelo, seguramente su obra más conseguida, y Falstaff. Finalmente, pudo retirarse a su tranquila residencia de Busseto, después de crear óperas durante medio siglo. Murió serenamente a principios de nuestro siglo.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo V Editorial Larousse – Biografías: Verdi y Sus Óperas –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Biografía de Pushkin Aleksandr Obra Literaria Resumen

Biografía de Pushkin Aleksandr
Vida y Obra del Escritor Ruso

El escritor ruso del siglo XIX Aleksandr Pushkin fue una de las primeras figuras de la literatura rusa. Maestro  versátil, escribió poesías, relatos, novelas y obras teatrales. Entre sus escritos más conocidos se encuentran el drama Borís Godunov (1825) y el poema épico Eugene Onegin (1823-1831).

Contribuyó a crear una larga tradición literaria en su país, y su obra influyó en muchos autores posteriores. En el mundo de la poesía rusa, la figura de Pushkin domina incontrastada por la grandeza, la potencia y la sensibilidad de su expresión artística. Nació en Moscú en el año 1799 y pertenecía a una familia de antiguo y noble origen.

pushkin alejandro escritor ruso

«Todo aquello que Aleksandr Pushkin dice en sus versos o en sus prosas lamas pudo ser dicho de otro modo más que como él lo dijo.» Así se expresó el famoso escritor León Tolstoi al referirse al más grande poeta ruso del siglo XIX, quien legó a la inmortalidad la célebre tragedia histórica Boris Godunov y la no menos conocida novela Eugenio Oneguin.

Aleksandr Pushkin nació en Moscú, de una familia de la antigua nobleza, en el año 1799. Su infancia transcurrió en un ambiente mundano y despreocupado que ejerció en el muchacho doble influencia: por un lado lo arrastró hacia una vida de holganza y placeres, y por el otro lo empujó a desarrollar su innata vocación literaria.

El tío de Aleksandr, que fue un discreto poeta, y su padre, que también sentía fuerte afición por la poesía, tuvieron amistad con los más grandes literatos de la época, entre los que se encontraban Karamzin y Zukovsky, quienes influyeron, asimismo, en la formación artística del joven Pushkin.

De espíritu apasionado y de fuerte inclinación hacia todas las formas de la cultura literaria, pudo Aleksandr Pushkin satisfacer fácilmente su sed de aprender en la nutrida biblioteca paterna, adonde por primera vez tomó contacto con los más conocidos escritores clásicos franceses. Vivió así en un clima en un todo de acuerdo con sus gustos y preferencias.

En el año 1811 se inscribió en el liceo de Tsarskoe Selo, en el que cursó estudios durante seis años y estuvo nuevamente rodeado de una atmósfera literaria caracterizada por la presencia de muchos estudiantes que, al pasar los años, se convirtieron en famosos pensadores y poetas.

Durante el tiempo transcurrido en el liceo se fueron operando algunos cambios en el espíritu de Pushkin. Allí, el diario y continuo contacto con profesores de tendencias liberales hizo que fuera asimilando lentamente los ideales de una escuela no del todo conforme con la política imperialista que regía en Rusia. Por otra parte tuvo ocasión de enterarse de los problemas que agitaban al pueblo, oprimido por el gobierno del zar.

De aquella época estudiantil datan dos composiciones líricas: Los recuerdos de Tsarskoe Selo y la oda Por el retorno a París del emperador. Estas poesías no sólo revelan ya los nacientes caracteres literarios de Pushkin, sino que además indican su estilo futuro. Se notan en ellas gran habilidad para transmitir sus sentimientos, como también capacidad para utilizar argumentos diversos.

Terminados sus estudios, le fue ofrecido, en 1817, un empleo de secretario en el Ministerio de Asuntos Exteriores, en Moscú. Una vez en esa ciudad se introdujo rápidamente en la vida mundana e ingresó a la sociedad de la Lámpara Verde, en la cual se agrupaban los poetas, escritores y músicos más conocidos de Rusia.

Pushkin compone en Moscú dos famosas odas: A la libertad y El campo, en los que manifiesta claramente sus ideas políticas adversas al imperialismo, y el no menos conocido poema Ruslan y Ludmila, una violenta sátira ridiculizando a la sociedad de la época.

El zar Alejandro I, al enterarse del contenido de las obras de Pushkin, se siente ofendido y lo envía exilado a Ekaterinoslav. Se inicia así para el poeta un triste peregrinaje sin término.

Después de un período transcurrido en el Cáucaso y en Crimea, parte para Kisínev en Besarabia. Su producción no se interrumpe en este ir y venir sino que, por el contrario, necesita desahogar en la poesía su temperamento apasionado y escribe asi el poema Los Gitanos y numerosas otras obras líricas, algunas de las cuales probablemente fueron inspiradas en el amor que sintió por María Raevskaja. Estando en Kisinev, Pushkin esbozó la novela Eugenio Oneguin, que compuso definitivamente en el año 1831.

En 1823 Pushkin recibe la orden de dirigirse a Odesa adonde debe presentarse al general Voroncov, quien le impone un duro régimen de vida y lo somete a trabajos humillantes. No obstante la triste condición en que se encuentra, conserva aún el ánimo como para escribir; de su pluma salen entonces: la famosa poesía Al mar, los poemas Los hermanos soldados, que no terminó, y El prisionero del Cáucaso, que había iniciado con anterioridad, en el año 1821.

Acusado de ateísmo, a causa de expresiones vertidas en una carta que se le secuestró, el poeta fue condenado a permanecer en Mijailovskoe, en donde poseía una propiedad heredada de su padre. Allí, rodeado de las bellezas que le brindaba la naturaleza del lugar e inundado su espíritu de paz, se dedicó a estudiar y meditar, completando su formación artística. En realidad fue éste un período feliz para Pushkin. Nacieron así de su genio otras muchas poesías, entre las que se cuentan Tarde de invierno y Recuerdo el divino momento.

También de esta época es Boris Godunov, tragedia histórica inspirada en la proclamación del personaje como zar. Este famoso drama inspirará más tarde a un gran músico ruso, Mussorgski, quien compuso una ópera que tituló del mismo modo.

Pushkin, ya en el apogeo de su vida literaria, se desvincula definitivamente de la influencia de los clásicos franceses y del poeta inglés Byron, para adquirir un estilo personal propio e inconfundible, potente y conciso, vivaz y sobrio. Presenta sus personajes con verdadera maestría, bastándole pocas palabras para animarlos y referir sus caracteres psicológicos.

No ajeno a su madurez artística fue su profundo conocimiento de Shakespeare, quien le facilitó los elementos de realismo que caracterizaron la tragedia Boris Godunov y también Eugenio Oneguin.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/pushkin1.jpg

La tragedia histórica Boris Godunov es una de las mejores obras de Aleksandr Pushkin. Este drama narra la ascensión al trono imperial ruso de Godunov, el ministro que asesinó al joven zar Dimitri, Pero el remordimiento perseguirá siempre a Boris durante toda su vida inquieta y obsesionada por el delito cometido. Este drama sirvió de libreto a la ópera compuesta por Mussorgski.

En 1826, inmediatamente después de la muerte de Alejandro I, obtiene la gracia del nuevo zar Nicolás I y regresa a Moscú, donde en seguida toma contacto con el mundo literario y se interesa por los problemas del pueblo ruso.

Sus composiciones de aquellos años, La plebe, Poltava y El poeta, revelan un dejo de melancolía más profundo que el de sus primeras obras. El recuerdo de su triste exilio le atormenta, al punto de llevar por mucho tiempo una existencia de misántropo (huye del trato con personas)

En 1831 casa con Natalia Goncharova, de quien se había enamorado en 1829. Publica, seguidamente, algunos poemas: El caballero avaro, Mozart y Salieñ, El convidado de piedra y Cuentos de Belkin.

En el mismo año de su casamiento se traslada a San Petersburgo, donde recibe el encargo de escribir la biografía de Pedro el Grande, que le absorbe mucho tiempo.

De los apuntes compilados en los archivos de la gran ciudad, Pushkin reúne material para la Historia de la revuelta de Pugachev, escribiendo al mismo tiempo otra obra cumbre, en prosa, publicada en el año 1836: La hija del capitán, novela de amor ambientada en los sucesos históricos de la famosa revuelta de Pugachev, ocurrida en la época de Catalina la Grande.

Su argumento no es una simple invención del autor sino que los personajes que la componen vivieron y actuaron en el tiempo en que se desarrolla. No fue, tampoco, una novela psicológica: se trataba de una epopeya de la vida rusa.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/pushkin2.jpg

Enamorado de Natalia Goncharova, Pushkin la desposó en el año 1831; pero a causa de la vida lujosa y mundana que los dos jóvenes llevaban, sobre todo por voluntad de la mujer, Aleksandr no pudo sostener su hogar solamente con su actividad poética. En seguida obtuvo algunos encargos de la corte que le ayudaron a restablecer el presupuesto familiar. Durante su estada en San Petersburgo el matrimonio frecuentó la corte imperial.

Bien pronto la reputación de Pushkin disminuye, debido a varias causas: los celos y rivalidades suscitados en su contra por los favoritos del zar y las intrigas palaciegas que le rodeaban. No bastó para consolarlo la estima y amistad que le demostraron los más grandes escritores rusos de la época, tales como Zukovsky y Gogol.

A fin de defenderse de los ataques de que era objeto por parte de la prensa de Moscú, fundó un diario, «El Contemporáneo«, que tuvo una vasta resonancia debido a su posición de vanguardia.

La situación se agrava y se precipita a causa de los comentarios provocados por el comportamiento de su joven esposa.Habiendo recibido una ofensa de su cuñado Dantés, Pushkin, a fin de salvar su honor, lo desafía a duelo. En el lance es herido gravemente.

Después de dos días de agonía fallece, el 29 de enero de 1837, en la plenitud de su genio. Aleksandr Pushkin fue poeta en cada una de sus fibras. En él se unían y se integraban la pureza y la perfección. Poseía una particular justeza en la expresión, que lo hizo ser un verdadero maestro en la literatura universal.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Biografía de Alejandro Pushkin –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

 

Biografía de Twain Mark Su Vida y Obra Literaria Resumen

Biografía de Twain Mark y su Obra Literaria

Samuel Langhorne Clemens (1835-1910), fue un escritor y humorista estadounidense, cuyo seudónimo era Mark Twain. Ha trascendido por unas obras en que la ironía y el humor se entremezclan con gracia y oportunidad. Aventuras de Tom Sawyer, Aventuras de Huckleberry Finn y Un yanqui en la corte del rey Arturo son sus principales obras. Nació en 1835 y falleció en  1915.

Sus mejores obras se caracterizan por un franco y a veces irreverente sentido del humor rayano en la sátira social, además de por un acentuado realismo en cuanto al lugar en que se desarrollan sus historias y al lenguaje utilizado por sus memorables personajes, y por un profundo odio a la hipocresía y la opresión.

Twain Mark

Twain obtuvo un gran éxito de librería con sus obras, sacando, además, grandes beneficios, pero los invirtió todos en una audaz empresa en la que también comprometió el fruto de sus futuros libros. Cuando tenía 58 años reemprendió sus viajes, por cuenta de los diarios, yendo a Australia, Asia y Europa.

Entre los grandes escritores americanos cuya prosa y estilo fueron personales y pertenecen a la literatura de todos los tiempos hay que citar a Mark Twain, cuyas obras son todavía, en gran parte, traducidas a todos los idiomas.

Mark Twain, cuyo verdadero nombre era Samuel Langhorne Clemens, había nacido el 30 de noviembre de 1835 en Florida, una aldea del Estado de Misurí. Algún tiempo después la familia se estableció en Hannibal, ciudad importante situada a orillas del Misisipí.

Samuel era un niño cuando muño su padre, perdida dolorosamente sufrida por toda la familia y en particular por el hijo, pues desde su más tierna infancia demostró dones muy definidos para el estudio sin que, desgraciadamente, la madre dispusiera de los medios suficientes para enviarlo a la escuela.

Ya en sus primeros años se interesó por la literatura   y   consagró   largas   horas   a   la   lectura   de novelas. Además, aunque permanecía aislado de las clases y de sus compañeros, adquirió, por sí mismo, cierta formación literaria.

Sin duda debemos a estos primeros sufrimientos y sacrificios la sensibilidad delicada del joven Samuel, condición que fue en aumento a través de las penosas experiencias que tuvo en su vida.

Después de haber trabajado como dependiente en una imprenta, Samuel, a quien le gustaban el mar y la vida de aventuras, se embarcó como piloto en uno de esos navios que aseguraban el servicio postal en las aguas del Misisipí.

Este género de vida apasionó al jovencito, hasta el punto de que más tarde, durante su plena actividad de escritor, se inspiró en aquellos lejanos recuerdos —las aguas claras y los valles verdes del gran río— para pintar los ambientes en los cuales se desarrollaban sus novelas.

En la Vida sobre el Misisipí, publicada en 1883, Hannibal, pequeña ciudad silenciosa y tranquila del borde del Misisipí, conocía un solo momento de animación: el de la llegada del barco cargado de pasajeros y de mercaderías.

En esta atmósfera creció Samuel Langhorne Clemens, que ahora conocemos bajo el seudónimo de Mark Twain.

relata las peripecias de la navegación. Al recordar algunos episodios de su juventud, el autor cuenta cómo, en un determinado momento, eligió el seudónimo de Mark Twain. Fue en el curso de un viaje, mientras estaba en el timón, mirando siempre frente a él a un marino, provisto de una sonda, que le comunicaba, en forma intermitente, la profundidad exacta del agua, gritando mark twain, es decir, «faltan dos brazadas». Este grito que tantas veces oyó repetir gustó mucho a nuestro piloto y cambió su nombre por el de Mark Twain.

Pero, de naturaleza inconstante, el futuro escritor dejó pronto la navegación. En 1859 abandonó el pilotaje para seguir a esos equipos de buscadores de oro que penetraban en el oeste en búsqueda de fortuna.

Fue expedicionario algunos años, y en 1867 reunió en un libro las aventuras más notables de los buscadores de oro, entre las que, posiblemente, El célebre sapo saltarín del condado de Calaveras sea la mejor y la que ha influido más en la rápida y segura fama del escritor.

Las primeras novelas de aventuras, en efecto, lo hicieron conocer en todas partes; un grupo de diarios le confió la misión de corresponsal en algunos países mediterráneos, tarea que aceptó con entusiasmo. En esta nueva experiencia se inspiró para la realización de otra novela: Los ingenuos en el extranjero, que suscitó una cálida aceptación por parte de los lectores.

Mark Twain tenía auténtico sentido del humor y consecuentemente los episodios que relataba eran ágiles y divertidos. Por otra parte, no falseaba nunca la realidad de las cosas y no permitía que los hombres empañasen sus acciones con imperdonable hipocresía, ni con el mínimo deseo de deformar los acontecimientos, por más insignificantes que fueran. Este rasgo fundamental que como hombre y como escritor tenía el novelista se nota en varias de sus obras.

En vista de los triunfos logrados en el año 1870 se casó con Olivia Langdon, y se estableció primero en Hartford, estado de Connectieut, y más tarde en Redding, pero debido a su fama viajó incansablemente dando conferencias y escribiendo con una actividad y constancia asombrosas.

Su popularidad, tanto en los Estados Unidos como en Inglaterra, fue increíble y sus entradas llegaron a ser tan abundantes que no sólo le permitieron cubrir las pérdidas ocasionadas por sus malas inversiones comerciales, sino que aún tuvo suficiente para vivir con holgura en los últimos años de su vida.

El autor logró un triunfo superior y más inmediato todavía con sus novelas para niños, algunos de cuyos episodios son autobiográficos. Los personajes de sus cuentos son chicos descriptos con marcada agudeza psicológica y en forma muy colorida y amena.

Las aventuras de Tom Sawyer, aparecida en 1876, y Las aventuras de Huckleberry Finn, editada en 1885, se desarrollan en una atmósfera exclusivamente infantil. La vida de esos dos protagonistas transcurre en lugares muy queridos por el autor en las regiones verdes y prósperas bañadas por las aguas del Misisipí. En esos relatos Mark Twain revive las horas felices e ingenuas de su infancia y resucita los acontecimientos que más le impresionaron y agradaron en su niñez.

En Las aventuras de Huckleberry Finn cuenta con estilo fantástico el viaje realizado por un niño, Huck Finn, quien, acompañado por un negro muy simpático, Jim, parte desde las orillas del Illinois y llega hasta Nueva Orleáns. El negro acompañante había logrado escapar de los malos tratos de su dueño, y luego, con Huck, vive maravillosas aventuras, muchas de ellas a bordo de una pequeña embarcación.

En Las aventuras de Tom Sawyer relata las experiencias verdaderas que todo niño ha realizado. La naturaleza impulsiva y el temperamento generoso de este niño presentan ciertas similitudes, y, por otra parte, la confesión del autor lo confirma, con el espíritu aventurero del novelista.

En la creación del personaje Tom Sawyer el autor reunió, por así decirlo, los diferentes caracteres infantiles que había estudiado, logrando un solo tipo muy original. La vida de Tom transcurre en el ambiente familiar, en la escuela y con los amigos. A pesar de que el libro comienza con un episodio

completamente infantil, los acontecimientos relatados más adelante exaltan la naturaleza de un niño simple pero heroico. Tom y su primer amigo, Huck, van una noche al cementerio para enterrar dignamente a su gatito muerto. Escondidos entre las tumbas se ven obligados a presenciar un crimen. Al día siguiente se acusa del hecho a un pobre borracho, Muff Potter; la intervención de Tom permite salvar al inocente de una condena infamante.

Tom Sawyer en el extranjero, relato que es muy imaginativo y se asemeja mucho a un cuento de hadas, narra las aventuras ocurridas en el viaje en aeróstato emprendido por el protagonista, su inseparable Huck, el esclavo negro Jim y el sabio constructor del aparato, un loco, que se precipitó al océano dejando librados a los otros tres ocupantes a su suerte e inexperiencia. Los diálogos entre Tom y sus dos compañeros son muy divertidos, pero bajo esa alegre apariencia se descubren la seriedad y la tristeza que son base de la magnífica sátira humorística de Mark Twain.

En efecto, Tom había visto que el asesino era un hindú, y decide revelar toda la verdad. El criminal huye por el bosque para evitar el castigo, y cuando Tom, mientras lo busca, se pierde en las cercanías de una gruta, intenta vengarse cruelmente de él, pero Tom logra escapar, y el libro termina con la muerte del hindú y la victoria del niño.

El autor publicó a continuación de este libro otros relatos que aparecieron en 1878. Los personajes principales siguen siendo Tom y Huck: se trata de Tom Sawyer policía y Tom Sawyer en el extranjero, que es muy imaginativo y se asemeja mucho a un cuento de hadas.

Completamente distinto es El príncipe y el mendigo, cuya fama se extendió tanto, que se lo tradujo a casi todos los idiomas. Los acontecimientos se desarrollan en los ambientes más diversos y opuestos del Londres del siglo XIX.

En 1885 Mark Twain publica otra novela, Las aventuras de Huckleberry Finn, en la que se cuentan los viajes de Huck Finn y del esclavo negro Jim a través de la América de los buscadores de oro. Gran parte de la epopeya de esos niños se desarrolla en el Misisipí, a bordo de un bote y de una balsa.

Está descripta la profunda miseria de los bajos fondos de la ciudad, que contrasta con la riqueza y el lujo de las clases acomodadas. Tom es uno de esos niños que viven en los barrios pobres de la ciudad. Un día, paseando, se aleja de su casa y se halla en la otra parte de Londres, bajo las verjas del espléndido palacio real. Inconscientemente comienza a recorrer el hermoso parque, y allí se encuentra con un niño muy semejante a él, de la misma edad y parecido que sólo se distinguen por la ropa.

Tom viste pobremente y el otro con suntuosidad, de terciopelo bordado con oro. El niño así vestido es el príncipe heredero, quien ha logrado esquivar la vigilancia de los guardias y comienza a jugar alegremente con Tom. Durante el juego el pequeño noble decide cambiar de ropa con Tom, y le entrega sus espléndidos atavíos. Pero surge un criado en su busca, y a pesar de las explicaciones de ambos niños echa al príncipe del palacio y lleva en su lugar a Tom, que comienza así una vida llena de imprevistos muy felices.

Sin embargo, pronto comienza a sentir nostalgias de su verdadero hogar y de los juegos con sus amiguitos, y mediante gran paciencia logra convencer a la gente de palacio de su identidad. Rápidamente se dispone la búsqueda del príncipe, y al cabo de un tiempo los dos niños se encuentran y vuelven nuevamente a su existencia anterior, pero con experiencias que les serán necesarias para comprender y resolver problemas sociales.

Mark Twain se había planteado también esas cuestiones; su vida nunca fue fácil ni feliz, ya que siempre se había encontrado frente a problemas económicos. Buscando cierta vez solución a esa existencia precaria, emprendió un largo viaje por todos los continentes; esto le permitió conocer ambientes y gente muy distintos y de costumbres dispares.

Viajaba como hombre de letras y daba conferencias y charlas literarias. A su regreso juntó las impresiones que había acumulado en su libro A lo largo del Ecuador, que apareció en 1897. Con la venta de éste logró juntar el dinero suficiente para pagar a sus acreedores.

Sus obras gustaron siempre, pues el tono de sus relatos es humorístico y cordial. Pero el optimismo de Mark Twain resulta ser refugio y distracción para las amarguras de la vida. Indudablemente tal contraste entre vida real y sueño engendró en él un conflicto espiritual que dio   origen a  su humor.De ahí el extraordinario desarrollo de su fina ironía, que le llevaba incluso a descubrir el ridículo en los mínimos aspectos de la existencia.

La última de sus obras fue una autobiografía, que apareció en 1924, a los catorce años de su muerte, ocurrida en Redding, Connecticut, el 21 de abril de 1910.

Gracias a sus obras, reportajes y conferencias sobre viajes, Twain logró pagar a sus acreedores y volver a América. Tero, cansado, enfermo y literalmente deshecho por las penas, sólo deseó pasar los años que le quedaban de vida en un lugar tranquilo, donde se había hecho construir una casa. Eligió Connecticut, y allí permaneció, salvo breves excursiones a las Bermudas, hasta su muerte, ocurrida el 21 de abril de 1910.

Su personalidad literaria es muy discutida y se lo juzga de diferentes maneras; en efecto, para algunos es un narrador eficaz de aventuras para niños; para otros, en cambio, esconde bajo esa forma literaria un pensamiento filosófico y moral perceptible en todas sus obras.

A pesar de que los juicios no concuerden, es sin embargo evidente que, narrador o filósofo, Mark Twain fue, ante todo, un humorista fino y capaz de argumentar sutilmente. El libro titulado Relatos americanos es una verdadera obra de arte del humor. Comprende Las costumbres periodísticas del Tennessee y Cómo cesé de ser secretario.
Alrededor de 1873 Mark Twain montó una de sus comedias, La edad de oro, que fue favorablemente acogida por el público.

Además de los viajes recordados, Mark Twain fue encargado de transcribir en 1873 los detalles del viaje del sha de Persia por Londres y París.

La vida de Mark Twain es rica en anécdotas, entre las que merece citarse la siguiente: estando en Viena en la época de los tumultos provocados por los alemanes, llegó a Nueva York la noticia de su muerte. Mark Twain, al enterarse, decidió mandar sin tardanza un telegrama, redactado en estos términos: «Noticia de mi muerte muy exagerada. Mark Twain.»

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/twain_mark2.jpg

El príncipe y el mendigo cuenta la vida de dos niños de la misma edad, uno príncipe heredero y el otro de familia muy pobre. El azar quiere que los dos se encuentren y se hagan amigos. Mientras juegan deciden cambiar de traje. Uno de los servidores del palacio, engañado por el extraordinario parecido físico de los dos niños, y por las ropas, hace entrar en el castillo’ al mendigo, mientras echa al verdadero príncipe. De este modo comienza una nueva vida para ambos. Pero el niño pobre empieza a sentir tristeza por la ausencia de sus padres y la falta de libertad, y logra convencer a los cortesanos de cuál fue la situación equívoca que indujo al sirviente a caer en el error. Al final de la obra todo se arregla: el verdadero príncipe vuelve a su lugar, mientras su amigo, que durante ese tiempo había podido hacerse apreciar por su clara inteligencia, encuentra en la corte un puesto destacado.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Federico II de Prusia –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

 

Biografía de Jack London Vida y Obra Literaria de Escritor

Biografía de Jack London
Vida y Obra Literaria

Jack London (1876-1916), escritor estadounidense que combina en su obra el más profundo realismo con los sentimientos humanitarios y el pesimismo. Las novelas de este escritor estadounidense, aventuras con héroes solitarios, atormentados y profundamente humanos, reflejan su propia vida y han alcanzado un merecido reconocimiento de público y crítica.

Los cuentos de aventuras, cuando además de ser fantásticos contienen una realidad vivida, despiertan siempre gran interés. Esto explica el éxito de las novelas de Jack London, que no sólo son frutos de la imaginación, sino que poseen un valor documental: reflejan la Norteamérica de hace cincuenta años, cuando la búsqueda del oro y de la fortuna se hacían en medio del riesgo y de la aventura.

Jack London escritor americano

El amor al riesgo y a la aventura que se refleja en las novelas de Jack hondón acompañó al escritor durante toda su vida. Incapaz de tolerar un trabajo sedentario, y además humillante según él, buscó librarse haciéndose a la mar, y a los 15 años Jack se unió a un grupo de hombres sin escrúpulos, llamados piratas de las ostras, realizando con ellos redadas en los bancos de estos moluscos, y vendiéndolos en el mercado. Así aprendió a llevar una vida sin norma, entre compañeros disolutos, pendencieros y borrachos.

Jack London fue uno de los autores más prolíficos de la literatura estadounidense. Escribió cuarenta obras, pero la verdadera y convincente novela es quizá la que resultaría de su propia vida, breve e intensa.

Nació en San Francisco el 12 de enerojde 1876. Su madre, Flora Wellman, pertenecía a una rica familia de pioneros; inteligente, pero caprichosa, abandonó muy joven la casa. El padre de Jack era un hombre original: escritor, conferenciante, astrólogo, jamás quiso ocuparse de su hijo. Más tarde Flora se casó con John London, a quien el muchacho se aficionó profundamente, queriéndolo siempre como si fuera su verdadero padre.

Jack London tuvo una infancia demasiado inquieta. Su padrastro, luego de haber intentado varios trabajos, se estableció en una factoría y se dedicó a cultivar hortalizas; pero la mujer no sabía administrar y la familia estaba continuamente al borde de la miseria. Luego, un accidente obligó a John a trabajar en forma irregular, y las condiciones económicas empeoraron.

De chico, Jack concurrió a la escuela alternadamente, debido a las continuas mudanzas de la familia. Cuando apenas contaba once años de edad comenzó a trabajar, repartiendo diarios casa por casa antes de marchar al colegio y vendiéndolos por las calles durante la noche, al regresar de la escuela.

Niño aún, descubrió en sí la pasión más grande y verdadera de su vida: el amor a los libros. Amaba, sobre todo, los libros de aventuras, los de viajes y navegaciones, que ávidamente se procuraba en la biblioteca pública.

Su otra gran pasión era el mar, que lo atraía irresistiblemente. Llegó a ser un habilísimo nadador y un buen piloto de pequeñas embarcaciones. A los 13 años gastó sus primeros ahorros en adquirir un barco para recorrer el estuario de Oakland. No temía al mar ni aun cuando estaba embravecido; al contrario, se sentía lleno de temeridad.

Cuando el padrastro quedó impedido, debió acostumbrarse a trabajar más de diez horas por día en una oficina; pero esta tarea se le antojó humillante, y buscó librarse haciéndose a la mar. Se unió a un grupo de hombres sin escrúpulos, llamados «piratas de las ostras», que se ganaban la vida robando moluscos y vendiéndolos en el mercado. Así aprendió a llevar una vida sin norma, entre compañeros disolutos, pendencieros y borrachos; más tarde, durante un año, formó parte de las patrullas de policía para el control de la pesca.

A los 17 años presentaba no sólo el aspecto y la fuerza de un hombre ya hecho, sino que también tenía una madurez muy superior a su edad. Quería conocer el mundo, y con ese propósito se embarcó como marino en uno de los últimos veleros que zarpaban para Japón y Corea, en busca de focas.

Trabajaba duramente cuando llegaba su turno y se consagraba a la lectura en las horas de reposo. Al regreso, después de cinco meses de dura experiencia sobre el mar, se dedicó a buscar trabajo, pero tuvo que contentarse con entrar en una fábrica de yute.

Una noche su madre le incitó a que escribiera un cuento para participar en el concurso anunciado por un periódico. Recordando sus recientes aventuras, Jack envió la descripción de un tifón que azotara las costas japonesas, y ganó el primer premio. Esta primera tentativa literaria lo animó para seguir escribiendo, pero los editores rechazaron sus originales

Desanimado, abandonó por algún tiempo ef trabajo y se dio a vagabundear por el país, llevado por el deseo de aventuras. Tales experiencias lo pusieron en contacto con hombres de toda clase, muchos de los cuales habían sido víctimas de la injusticia social, por lo que comenzó a sustentar ideas socialistas. Decidido a no seguir viviendo con el trabajo de sus brazos, pero sí con la tarea de su mente, inscribióse en la universidad. Muy pronto, sin embargo, debió interrumpir sus estudios para ayudar a la familia.

Por ese entonces fue descubierto el oro en Klondike, y Jack se vio mezclado con los primeros buscadores que, camino hacia el norte, iban en pos de la fortuna. Sus experiencias como minero no fueron gran cosa, pero le dieron ocasión para participar en la vida de aquellos hombres rudos, simples, primitivos, que todos los días arriesgaban la existencia en los peligros del ártico. Estos aventureros fueron después los héroes típicos de sus novelas.

Atacado por el escorbuto, Jack tuvo que abandonar Alaska y regresar a Oakland. No tenía un centavo ni había conseguido un gramo de oro; pero las experiencias acumuladas en su mente revivían y se transformaban en cuentos, incitándolo a escribir.

El deseo de aventura lo indujo a seguir a los buscadores de oro en las heladas regiones de Alaska. Llegados a las fuentes del Yukón, ]ack y sus compañeros, en tanto los demás decidían regresar, osaron superar con una canoa todas las dificultades. Los otros aventureros, admirados por el coraje y la habilidad de Jack, le ofrecieron una recompensa por cada barca puesta a salvo.

La familia pesaba sobre él, y la necesidad, cada vez más urgente, le obligó a buscar un trabajo cualquiera. Eran años de dura crisis y no lograba encontrar ocupación. Se decidió entonces a narrar su viaje a lo largo del río Yukón y remitirlo a un periódico de San Francisco, con la esperanza de ganar los diez dólares prometidos a los colaboradores. Así tuvo comienzo su prodigiosa carrera literaria.

Dándose cuenta de que le faltaba la preparación cultural necesaria para ser un escritor cabal, quiso educar su mente en los estudios de historia, economía y filosofía: fue un autodidacto. Sus novelas y las primeras colecciones que ilustraban la vida salvaje y dura del norte comenzaron a difundir su nombre.

Percibía agudamente la lucha del hombre contra la naturaleza, y la influencia del ambiente sobre la personalidad humana. La fisonomía salvaje de las regiones por las cuales había viajado le sugirió el ambiente para desarrollar sus escenas. Amaba a la naturaleza por las bellezas que ofrecía, a las cuales era muy sensible, pero la amaba sobre todo por su fuerza terrible.

Su héroe típico es el hombre lleno de energía física, de vigor moral: una especie de superhombre, siempre empeñado en luchas violentas contra el poder de los elementos o la brutalidad organizada de la vida social. En algunos de estos personajes Jack London puso mucho de sí mismo, y en no pocas de sus novelas, como motivo dominante, el triunfo de la naturaleza sobre lo artificial, del primitivo sobre el civilizado.

Inspirado en las ideas socialistas, escribió varias novelas que tienen por argumento la lucha de clases y sus problemas. El talón de acero describe de un modo casi profético el establecimiento de una organización totalitaria que se adueña del poder, denegando todas las instituciones libres, y gobierna al país a través de una policía secreta y una potente organización militar. El valle de la luna describe la lucha de dos jóvenes esposos contra la miseria y la maldad de la vida ciudadana. Los protagonistas, abandonando la ciudad, encuentran la paz y el bienestar cuando regresan a la campaña, estableciéndose en un solitario valle de California.

Jack London estaba decidido a manifestarse abiertamente en contra de la literatura narrativa de aquellos años, que se le antojaba insípida, falta de sentimientos verdaderos y fuertes, encerrada en una visión particular y optimista de la vida, como si deseara ignorar todos los aspectos brutales y dolorosos de la realidad. Reaccionó con todas sus fuerzas, y en sus novelas Jack London reflejó la vida, uniendo el arte a la veracidad.

Durante sus estudios universitarios el escritor se había enamorado de una joven estudiante de buena familia^fueron novios y esperaban casarse apenas Jack hubiese ganado con sus relatos cuanto fuera necesario para mantener a la nueva familia. Pero cuando el sueño parecía hacerse realidad, la madre de Mabel se opuso al matrimonio, y la muchacha no tuvo el coraje de contrariar la voluntad materna. De esta manera la desilusión vino a amargar los éxitos del escritor.

Más tarde Jack London casó con Bessie Modern, que había sido novia de un compañero de estudio suyo, muerto algún tiempo antes. Fue una unión tranquila y razonada, que duró varios años y de la cual nacieron dos hijas.

Durante un viaje a Londres el novelista visitó los miserables barrios obreros de la capital y estudió las condiciones de vida, que luego denunció en sus escritos.

Su primer éxito fue El llamado de la selva, que ha quedado como su obra maestra. La novela se refiere a la historia de Buck, un magnífico perro nacido en la civilización, entre las comodidades de una rica villa, rodeado de cuidados y de caricias. Un ávido sirviente lo vende a un domador embrutecido, quien le hace conocer la violencia y los golpes, y después lo revende.

Atado a un trineo, en las gélidas regiones árticas, Buck conoce el hambre, las fatigas de las corridas, las peleas salvajes con los otros perros. Poco a poco se revela en él un instinto primitivo, el llamado de una voz que lo arrastra lejos del hombre, hacia la soledad salvaje e inviolada. Su último dueño, tal vez el único hombre que amó, es muerto por los nativos. Ya nada retiene a Buck entre los hombres y, obedeciendo al llamado ancestral, se une con las manadas de lobos a los cuales se impone por su superioridad.

A esta primera novela siguió El lobo de mar, donde el autor manifiesta el contraste entre el materialismo y el espiritualismo, representado por dos personajes principales. Uno de ellos, Humphrey Van Weyden, es un crítico literario aficionado; durante la travesía por la bahía de San Francisco cae al mar, a consecuencia de una colisión, y es recogido a bordo del velero Ghost (El Fantasma). El capitán, Lupo Larsen, otro de los protagonistas, representa al hombre dotado de gran fuerza física, despiadado y brutal, absolutamente privado de principios morales.

En las novelas de Jack London campea el concepto de incultura, que se halla en Jas raíces del comportamiento social. Larsen personifica precisamente este contraste entre la inteligencia cultivada y la incivilidad primitiva. La presencia a bordo de una dama, recogida con otros náufragos, acucia el instinto de los protagonistas.

También el refinado gentilhombre tiene que aprender las leyes de la astucia y de la violencia para sobrevivir. Logra escapar con su compañera hacia una isla desierta, a la cual más tarde es arrastrado el velero semi-destruido por una tempestad. Larsen, casi ciego y atacado de una grave enfermedad, está vivo aún a bordo de la nave, pero todos le han abandonado.

Van Weyden y Maud consiguen reparar el velero en la mejor forma posible y retornar así a la vida civilizada, mientras Larsen muere obstinadamente encerrado en su espíritu pagano, que niega todos los valores morales y sociales.

En 1904, al estallar la guerra ruso-japonesa, London aceptó la gananciosa oferta de actuar como corresponsal de guerra. Desembarcado en Japón, su espíritu de aventura lo indujo a comprar una embarcación para hallarse presente en el teatro de las operaciones, sin importársele los obstáculos creados por el gobierno japonés. Vuelto a su patria, continuó escribiendo, alternando el trabajo de novelista con una serie de conferencias sobre el socialismo, que llamaron demasiado la atención, enemistándole con parte de la opinión pública, que ya le era hostil, a consecuencia de su divorcio y su nuevo matrimonio.

En 1906 decidió realizar su gran sueño: navegar hacia los mares del sur y dar la vuelta al mundo. Se hizo construir una embarcación, según sus propios diseños, la cual le costó muchísimo dinero, y luego de innumerables contratiempos, al cabo de un año pudó partir. Durante el viaje escribió su obra Martín Edén.

Es ésta la más autobiográfica de sus novelas. Como el autor, el protagonista es un marino. La curiosidad intelectual, el deseo de elevarse, lo inclinan a instruirse de tal manera, a fin de poder participar en la vida de la rica burguesía, que le parece noble y elevada. En sus esfuerzos se halla sostenido e inspirado por Ruth Morse, una muchacha de la alta sociedad que para él representa el símbolo de su clase y la personificación de la mujer ideal.

Hecho escritor, manifiesta en su obra su modo de concebir la vida; pero la fuerza y la belleza de sus libros no son apreciadas, y sólo un poeta socialista comprende su valor. La novia lo abandona: ella piensa que Martín Edén es un literato fallido cuando ve que sus escritos son rechazados por los editores, y comparte el desprecio que su clase siente por quien no supo obtener el éxito y la riqueza. Pero uno de sus libros le trae fortuna y fama.

Ruth trata de reanudar el noviazgo, pero el amor ha muerto en el hombre. Martín Edén se ha desligado de su clase social y desprecia el ambiente que lo rodea. Nada le atrae ya, no tiene más deseos de vivir. Se embarca hacia los mares del sur, y durante el viaje se arroja de la nave y se ahoga.

También Jack London, como su protagonista, veía crecer el éxito día a día. Tenía 31 años y había publicado ya 21 volúmenes.

Al enfermarse durante un viaje tuvo que regresar a San Francisco, pasados los dos años. Escribió entonces La espléndida aurora, inspirada en sus propias experiencias de buscador de oro.

Decidió después establecerse de manera definitiva, adquiriendo vastas extensiones de tierra y haciéndose   construir   una   mansión   que   le   insumió fuertes cantidades. Era el escritor más célebre y mejor pagado de Norteamérica, pero su tren de vida lo obligaba a una producción literaria apresurada.

La casa, que le era muy querida y que tanto le había costado, se incendió una noche, y fue como si una parte de sí mismo fuese destruida para siempre. Amargado por la indiferencia de sus hijas, y ya sin deseos ni esperanzas, la vida se le antojaba insípida.

El 21 de noviembre de 1916 fue hallado en estado de profunda inconsciencia, del cual no se recuperó; junto a su lecho, el médico encontró dos frascos de morfina y atropina. También para él, como para Martín Edén, «la vida se había vuelto mezquina, insoportable», y había resuelto que no valía la pena continuarla.

Postrado por la tristeza de los últimos años, por la indiferencia de sus hijas, desilusionado por la vida, vuelta como para Martín Edén «una cosa insoportable», Jack, durante la noche del 21 de noviembre de 1916, ingirió una dosis mortal de morfina. La tarde anterior había conversado largo rato, sin revelar siquiera remotamente su horrible propósito.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Federico II de Prusia –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

Biografía Madame de Sevigne Escritora Francesa Marquesa

Biografía Madame de Sevigne

María de Rabutin-Chantal nació en París el 5 de febrero de 1626 y murió de viruela en Grignan el 17 de abril de 1696. Fue la intérprete brillante y fiel del espíritu de Francia del siglo XVII. Ha pasado a la posteridad gracias a las 1.500 Cartas que escribió.

Sevigne Madame Francia

Los primeros salones literarios tuvieron lugar en París y en ellos se reunían regularmente personalidades de la aristocracia, de la política, de las letras y de las artes para charlar sobre temas literarios, morales, mundanos o filosóficos. A partir de 1613, la marquesa de Rambouillet, aristócrata refinada y culta, se alejó de la corte de Enrique IV porque la consideraba vulgar y comenzó a recibir en su casa a las mentes más exquisitas de su tiempo, entre ellos siendo muy joven la marquesa de Sévigné, asistía frecuentemente.

La vida mundana de París y de la corte de Luis XIV, en el siglo XVII, implicaba para la sociedad de la época una existencia brillante pero frivola. De esta sociedad Madame de Sevigné, nos ha transmitido la imagen viva y fiel a través de su correspondencia. Ella misma representa el tipo perfecto de dama de la alta aristocracia. Como escritora pertenece, además, al mejor período del clasicismo francés.

Nació el 5 de febrero de 1626 y su verdadero nombre fue María de Rabutin-Chantal. Cuando tenía cerca de 1 año de edad perdió a su padre, y no había llegado todavía a los 7 cuando su madre también falleció. Fue entonces confiada a un tío materno, el abate Livry, que la educó con esmero. Encargó éste su instrucción a profesores de renombre que cultivaron la clara inteligencia de la joven, dándole sólida cultura. Aprendió el español, el italiano y el latín.

Presentada a la corte de la reina madre Ana de Austria, casó muy joven, en 1644, con el marqués de Sevigné; éste, siete años más tarde, murió en un duelo, dejándole dos hijos: Francisca Margarita y Carlos.

La joven viuda abandonó entonces la vida mundana y se retiró a sus dominios, consagrándose exclusivamente a sus deberes maternos y a la administración de su hacienda con competencia y habilidad. A los 29 años retornó a París y reapareció en la corte, donde brilló en el seno de la sociedad culta, gracias  a su inteligencia y a la distinción de sus modales y conversación.

Aun cuando amaba a sus dos hijos, Madame de Sevigné tuvo, sin embargo, una marcada predilección por su hija, a la que profesaba un cariño que puede parecemos desmedido.

Francisca Margarita casó en 1669 con el conde de Grignan, acompañándolo algunos años más tarde a Provenza, donde fuera nombrado teniente general. La marquesa sintió una inmensa pena a raíz del alejamiento de su adorada hija y fue entonces cuando inició una correspondencia muy frecuente, que habría de durar 25 años, sin más interrupciones que las ocasionadas por los reencuentros.

A partir de esa fecha, en efecto, la marquesa viajó siempre, realizando estadas en sus diferentes propiedades, a las que administraba personalmente, y efectuando visitas a su hijo, en Bretaña, y a su hija, en Provenza. Fue en Grignan en donde Madame de Sevigné murió de viruela el 17 de abril de 1696.

En 1669 su hija casó con el conde de Grignan, acompañándolo a Provenza. Madame de Sevigné inició entonces una correspondencia frecuente que no se interrumpió más que en los momentos en que madre e hija reencontrábanse. La marquesa viajaba frecuentemente, a fin de visitar a su hija, en Provenza, y a su hijo, en Bretaña, y recorrer sus diferentes propiedades, las que administraba personalmente con competencia y habilidad.

Todos los personajes más conocidos del siglo XVII, políticos, escritores, sabios y damas de la aristocracia, nos han dejado cartas, pero sólo la marquesa de Sevigné ha pasado a la posteridad en razón de su correspondencia, sin que aquellas pocas figuras renombradas en este género literario, puedan rivalizar con ella.

Nos han llegado 1.500 cartas, las cuales fueron publicadas en numerosas ocasiones y a través de distintas ediciones. Estas cartas de Madame de Sevigné reflejan admirablemente la vida y la sociedad de su época. La marquesa conoció el ambiente de la corte, pleno de faustos y esplendores, pero también penetrado de infamias.

Así, a través del relato de los hechos históricos o mundanos, vieron la luz los secretos mezquinos o escandalosos, las rivalidades y los odios de la alta sociedad de ese tiempo. La marquesa trataba familiarmente a los personajes más conocidos de Francia, y es por ello que sus cartas refieren, con espíritu de observación  psicológica profundidad, todo lo que concierne a estas figuras y a los acontecimientos de aquel mundo aristocrático.

En una época en que la conversación brillante constituía uno de los pasatiempos más apreciados de la vida mundana, ella escribe en la misma forma que habla. Así, en las cartas a su hija, que constituyen la mayor parte de su correspondencia, y en otras dirigidas a los amigos que vivían lejos de París, relata con soltura todo lo que puede interesar vivamente a sus destinatarios, o lo que puede permitirles estar al tanto de los acontecimientos.

La sólida cultura de Madame de Sevigné se revela en los juicios y citas que aparecen en sus cartas, expresados siempre sin evidenciar pedantería; guarda en todo momento un tono espiritual y alegre. Las Cartas constituyen un testimonio histórico y sincero de su época.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/sevigne1.jpg

En una de sus cartas más espirituales, Madame de Sevigné relata la muerte de Vatel, mayordomo del castillo de Conde. Para celebrar la llegada al castillo de Luis XIV y su séquito se preparó un banquete suntuoso, pero los invitados fueron más numerosos de lo previsto. Todos hicieron honor a las viandas, pero el asado no fue suficiente. Al día siguiente ocurrió lo mismo con el pescado. Vatel creyóse culpable de todas estas vicisitudes, y se suicidó.

Los hechos y los personajes, ya sean presentados bajo un aspecto favorable o desfavorable, son tratados siempre con una indulgencia sonriente, puesto que la marquesa, aun cuando evita la crítica mal intencionada, dista de ser una ingenua.

La crónica mundana, plena de vivacidad, alterna siempre con simples reseñas que tienen por tema la vida familiar o la vida campestre, junto con brillantes observaciones sobre la naturaleza.

En otras cartas se puede apreciar mayor profundidad, una real nobleza de espíritu y su sentido religioso de la vida. Estas cartas son una especie de retrato de la misma marquesa: espiritual y alegre, culta y segura de sus juicios, que mantiene aun cuando sus amigos caigan en desgracia frente al rey. Son bien conocidas las cartas en las que refiere detalladamente el proceso  del ministro Fouquet, acusado y; encarcelado por malversar bienes del Estado. Estos relatos fieles y precisos valieron a Madame de Sevigné la denominación de bella antecesora de los cronistas modernos».

La ilustre escritora no fue, evidentemente, una mujer tierna ni sentimental, y se la ha reprochado asimismo su falta de piedad, porque con la indiferencia propia de su tiempo y ambiente describe, con un desapego que llega al cinismo, las aventuras y sufrimientos de las otras clases. Se le criticó también haber escrito con demasiado preciosismo, es decir, haber complicado su prosa, buscando efectos. Ella controló su estilo, sin lugar a dudas, pero algunos recursos, aun cuando fueron artificiales, no pierden por ello su aparente espontaneidad en el seno del relato.

Todavía en nuestros días, después de transcurrir dos tres siglos, la voz de esta mujer simpática y espiritual parece querer surgir de las páginas de sus cartas con toda alegría y vivacidad, haciendo revivir personajes y acontecimientos que el tiempo, sin ella, habría indudablemente borrado para siempre.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Biografía de Madame de Sevigne

 

Biografía de Van Dyck Obra Artistica La Pintura Flamenca

Biografía de Van Dyck Antonio
La Pintura Flamenca

Antonio Van Dyck, nacido en Amberes en 1599 y fallecido en Londres en 1641, fue uno de los más grandes representantes de la pintura flamenca. Fue uno de los retratistas más importantes y prolíficos del siglo XVII, y uno de los más brillantes en el manejo del color. Nació el 22 de marzo de 1599 en Amberes, hijo de un rico comerciante en sedas. A la edad de 11 años después de mostrar un talento artístico precoz, empezó a trabajar como aprendiz del pintor flamenco de temas históricos Hendrik van Balen.

Ejerció su actividad de pintor en todos los países que visitó, dejando en ellos obras que testimonian su notable talento. Su estada en Inglaterra fue particularmente importante para la influencia que luego ejerció sobre la pintura inglesa del siglo XVII.

Van Dyck Antonio Pintor Flamenco

 Van Dyck nació en Amberes (Bélgica), lugar donde se desarrolló la pintura flamenca, gracias a tres artistas del siglo XVII: Rubens, él y Jordaens. En su juventud, Van Dyck colaboró con Rubens, de quien había sido alumno, en la realización de varias obras importantes. En los cuadros de ese período el joven artista experimentaba aún la influencia de su maestro.

SINTESIS:
Antonio van Dyck. — Este gran artista, perteneciente a la escuela fia. menea, nació en Amberes el 29 de marzo de 1599 y falleció en Londres el 9 de diciembre de 1641. Fue discípulo de Rubens, estudió después en Italia, donde al principio no fue muy estimada su obra, y luego se estableció en Inglaterra, donde pintó el magistral retrato de Carlos I. Después pasó a los Países Bajos, de donde volvió a Inglaterra, y allí permaneció hasta su muerte. Manejó diestramente el claroscuro, siendo también admirable en sus obras las representaciones de las telas y el colorido. Uno de sus cuadros más célebres es la Sagrada Familia, llamado también la Virgen de las Perdices.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/van_dyck3.jpg

En su segundo viaje a Italia, Van Dyck se radicó largo tiempo en Genova. La suavidad del clima y el esplendor de lascostas de Liguria tuvieron una gran influencia sobre el alma del artista. A menudo se detenía al borde del mar para pintar.Durante esa estada ejecutó los retratos de algunos personajes de la aristocracia genovesa.

BIOGRAFÍA: Entre fines del siglo XVI y principios del XVII, durante los años en que los Países Bajos luchaban contra los déspotas españoles, en esas regiones donde los combates se sucedían sin cuartel, nacían numerosos pintores, a quienes podemos contar entre los mejores de su época. Encontramos en sus obras la discordancia política y religiosa que se había establecido entre los países flamencos católicos partidarios de España y la independiente Holanda protestante.

De este modo, mientras que esta última estaba representada brillantemente, en el terreno de las artes decorativas, por Rembrandt van Ryn, más conocido simplemente como Rembrandt, el centro de la pintura en el sur se hallaba constituido por Pedro Pablo Rubens y su escuela.

Un rasgo común a los pintores flamencos y holandeses, derivado de la influencia que el arte italiano ejerció sobre ellos, es la vivacidad de los colores y el sabio contraste de luces y sombras, tan espontáneo en las obras del Ticiano, el Caravaggio o Domenichino.

El pintor holandés Carel van Mander fue el divulgador de los cánones del arte italiano, ya que había sido uno de los primeros en ir a Italia con el propósito de descubrir las eternas obras maestras. Un gran número de artistas de los Países Bajos siguió su ejemplo, y los viajes a Italia volviéronse prácticamente obligatorios. El artista flamenco que permaneció más largo tiempo al otro lado de los Alpes, donde adquirió esa elegancia de las formas que lo tornó justamente célebre, fue Antonio Van Dyck.

Nacido en Amberes el 22 de marzo de 1599, es decir, un año después que Rubens —cuyo alumno sería más tarde— fuera nombrado oficialmente maestro, Van Dyck fue colocado en 1609 como aprendiz en el taller del pintor Enrique van Baelen, pero en 1618 ya era un pintor independiente y consiguió la admisión, con el título de maestro, en la corporación de pintores de Amberes. En aquella época colaboró activamente con Rubens, cuya personalidad ejerció una considerable influencia sobre él.

En 1620 se embarcó para Inglaterra, donde, lo mismo que en Italia, sus cuadros conocerían un éxito notable, pues en ese género era preferido a muchos de los pintores ya célebres de su época, y el rey de Inglaterra le acordó en 1621 una pensión anual. Sin embargo, no permaneció largo tiempo en la corte de Londres, y retornó a Amberes antes de dirigirse a Italia; allí comenzó su peregrinaje artístico, siguiendo las huellas del que había realizado precedentemente su maestro.

Su primera etapa lo condujo a Genova, donde contempló, por vez primera, los grandes retratos decorativos ejecutados por Rubens quince años atrás. Antonio, que había sido durante dos años el colaborador del gran pintor flamenco, adaptándose en ese período a su arte, sabía dar fuerza a sus personajes, mientras que por el empleo de los colores recordaba al Ticiano y al Caravaggio; estas características figuran en las obras de su maestro luego.de sus experiencias italianas.

En Génova tuvo Van Dyck la oportunidad de liberar su personalidad, poniéndose entonces de relieve la calidad más íntima de su temperamento: el sentido de las formas elegantes. Para esto le fue muy favorable el hecho de hallarse en Italia, adonde esta preciosa calidad forma parte de toda la tradición artística.

Oriundo de una ciudad marítima, encontró en Genova el clima humano que le resultaba familiar. Pero ya no eran los ricos comerciantes, inmortalizados en las telas de Rembrandt, quienes le hacían encargos, sino lo mejor de la aristocracia genovesa que acudía a él, plena de admiración. Van Dyck compuso a orillas del mar algunos de sus más bellos cuadros.

Profundamente sensible al medio, depuró su arte peculiar para transmitir a la posteridad los personajes de la nobleza lígurina. Su obra maestra de esa época es el retrato de Andrea Brignole-Sale a caballo, en la que el vigor casi vibrante de la figura, derivado del estilo de Rubens, concuerda en total adhesión con el refinamiento aristocrático de los colores; y en esta feliz combinación, el contenido y la forma se hallan armoniosamente fundidos.

A esta época pertenecen asimismo los retratos de Paola Adorno Brignole-Sale y Geromina Brignole-Sale; en ellos la majestuosidad de Rubens se une a las novedosas tonalidades de su gracia innata.

Llegó a obtener la elegancia formal, con una sobriedad de colores que torna más sugestivas aún sus telas de carácter religioso. A la policromía vigorosa de Rubens prefiere las medias tintas, impregnando sus cuadros de una inefable melancolía. Tal vez por esto sus crucifixiones y sus madonnas nos inspiran tan profunda piedad.

En 1622 Roma habíase convertido en el punto de convergencia de todas las grandes corrientes artísticas: a principios del siglo habíanse encontrado Rubens, el Caravaggio, Carracci, y en 1630 llegaría Velázquez.

Fue en Roma donde Van Dyck pintó el célebre retrato del cardenal Bentivoglio, que por la severidad de sus líneas y la elección de los colores nos recuerda los cuadros del Ticiano; en los otros retratos, el de Francisco Colonna, el de la marquesa Spinola, Van Dyck parece no haber perdido de vista los cánones artísticos que había tenido en Genova, cuando pintaba el retrato del marqués Brignole-Sale.

Emprendió un breve viaje a Venecia y Florencia durante los últimos meses de 1623, luego regresó a Roma, desde donde pasó a Palermo. Allí pintó la Virgen del Rosario, cuadro en el que su delicadeza de toque y la sobriedad de los colores triunfan sobre cualquier clase de realismo.

En 1628, cuando luego de casi siete años de ausencia retornó a Amberes, la elegancia formal, que habíale convertido en el retratista predilecto de la alta sociedad, esfumaríase poco a poco; y esta manera de no conformarse a un estilo preestablecido nos revela, una vez más, la profunda influencia que el ambiente podía ejercer sobre él. Así, en el retrato de Snyders encontramos ese realismo que, introducido en los países flamencos por Rubens, habíase luego afirmado con Jordaens y Teniers.

No es más un realismo violento como el de los holandeses, sino un estilo más sereno, semejante al de Rubens, es decir, el realismo de un hombre que, llevado por el movimiento renacentista, aspira al conocimiento de sí mismo, sin por ello dejar de lado los motivos históricos y las naturalezas muertas.

Sin embargo, si bien su arte se vuelve burgués, cuando pinta Las bodas de Santa Catalina no olvida los valores artísticos que adquiriera durante su permanencia en Italia.

En 1632 se embarcó nuevamente para dirigirse a Inglaterra, siendo ya conocido como el mejor retratista de Europa, y en ese mismo año Carlos I lo nombró pintor de la corte y lo condecoró.

El destino quiso que Van Dyck, que había nacido en un país que luchaba por su independencia, terminara su luminosa carrera en otro país que atravesaba una de las crisis más dramáticas de su historia; pero parece que la agitación y los tumultos populares no franquearon las puertas de su taller. Continuó pintando, con su habitual idealización, a las personas más ilustres de la época, sin que en sus rasgos nada permitiese siquiera suponer la tragedia que se anudaba en torno a Carlos I y su familia.

Sólo le quedaban algunos años de vida, y en este último período su arte, libre de toda influencia, experimentó una evolución definitiva, concretando los valores propios de su espíritu de artista, mientras que los elementos que otros le habían sugerido desaparecieron casi totalmente para dar lugar al extremo refinamiento de las formas.

El cuadro Carlos I de cacería nos muestra un retrato moral del soberano inglés, que pagó con su cabeza su voluntad de mantener la monarquía sobre fundamentos absolutistas, y, notando la seguridad que emana de toda su persona, su porte altivo, su brazo de poderoso relieve, su mano indolentemente apoyada en la cadera; nuestra impresión es aún más viva si pensamos en el triste fin que el destino reservó a este rey que amaba las artes y a quien los escoceses vendieron a sus verdugos.

En los retratos de Carlos I, Van Dyck alcanza la perfección del dibujo y el color. Comenzó luego a pintar. a un ritmo acelerado, como si presintiera lo próximo de su muerte, y se hizo ayudar por sus alumnos para terminar esas telas que cada vez le eran más solicitadas. Todas llevan igualmente la huella del maestro, esos sugestivos y cálidos tonos castaños, y esa finura de toque que es una virtuosidad de su pincel.

En la corte de Carlos I pintó de manera admirable los retratos de los condes de Bristol y de Bedford, del monarca a caballo, del abate Scoglia, y muchos otros aún, siempre con la misma perfección de oficio. Antonio Van Dyck murió el 9 de diciembre de 1641, y el destino le evitó ver al rey Carlos I, que siempre lo había protegido, decapitado en Whitehall.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/van_dyck2.jpg

Carlos I como cazador:El artista flamenco sir Anthony van Dyck realizó en 1635 este retrato de Carlos I de Inglaterra durante su estancia como pintor en la corte inglesa. Su estilo elegante y refinado influyó considerablemente en los retratistas de ese país. Esta obra forma parte de la colección del Museo del Louvre en París (Francia).

 

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/van_dyck1.jpg

Retrato del duque de Richmond.   Museo del Louvre (París).

OTRAS OBRAS ARTISTICAS DE VAN DICK

OBRAS ARTISTICAS DE VAN DICK

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo II Editorial CODEX – Biografía de Van Dyck –

 

Biografía de André Marie de Chénier Su Obra Literaria

Biografía de André Marie de Chénier

André Marie de Chénier (Galata 1762- París 1794), considerado uno de los más notables poetas clásicos franceses y precursor de los poetas románticos en su idioma. Nació en Constantinopla (actual Estambul), donde su padre era el cónsul francés, y estudió en Francia. Aunque apoyó los objetivos de la Revolución Francesa, se alarmó ante los excesos del reinado del Terror. Sus escritos le enfrentaron al dirigente revolucionario Maximilien de Robespierre, y Chénier fue detenido y guillotinado.

Chenier Andres Poeta

Interrumpida su carrera militar, Andrés empezó a frecuentar los círculos intelectuales de Paris, conociendo al editor Brunck y al poeta Lebrun, de quien se hizo íntimo amigo; fue justamente Lebrun quien lo entusiasmó para publicar sus obras. En 1787 Andrés Chénier partió para Londres, en donde permanecería tres años en calidad de secretario de embajada; fue para el poeta un período muy triste; lejos de sus amigos, se paseaba por las calles para observar los aspectos más típicos.

La crítica moderna parece ser más favorable a Andrés Chénier que la de su siglo y período siguiente; en el presente se está de acuerdo en estimarlo como el mejor poeta del siglo XVIII; su poesía, de acentos delicados y melancólicos, aparece como el fruto de una inspiración profunda y vital, expresada en un lenguaje desprovisto de artificios, que tuvo una considerable influencia sobre los poetas románticos del siglo.

Andrés Chénier nació en Galata, un pequeño barrio de Estambul, el 20 de octubre de 1762; su padre era negociante en Constantinopla, y su madre, Isabel de Santi Lomaca, de origen griego, mujer culta, amante de las artes, tuvo influencia directa sobre la primera infancia del joven, desarrollando en él sus aptitudes para el estudio del griego y gusto por la poesía.

En 1775 la familia se trasladó a Francia y posteriormente a Inglaterra; cursó sus primeros estudios en el Colegio de Navarra de París y, de acuerdo con la voluntad de su padre, a los 20 años entró en la academia militar con el grado de subteniente, pero seis meses después dejó el regimiento, pues no podía aguantar los esfuerzos físicos y la rígida disciplina militar.

Habiéndose establecido en París, se consagró por entero al estudio, frecuentando asiduamente los círculos de eminentes escritores y artistas franceses; entre sus amigos preferidos se contaban el editor Brunk, el pintor David y el poeta Lebrun, quienes lo exhortaron para la lectura de los autores clásicos, siendo los  primeros  en  animarlo  a escribir versos.

Debilitado por un fuerte surmenage, el joven Chénier emprendió viaje a Suiza e Italia. En 1787 conoció a Víctor Alfieri y quedó impresionado por la fuerte personalidad del poeta italiano, quien combatía, entonces, las desgracias que afligían a Italia y la esclavitud del pueblo; durante esa época Chénier escribió sus primeras poesías, agrupándolas bajo el título de Bucólicas y Elegías.

Las Bucólicas son composiciones cortas que extrajo de los poemas idílicos y líricos clásicos, conservando en sus versos, conjuntamente con la expresión de.su corazón, la originalidad y el espíritu típicos del siglo XVIII; algunos de ellos son característicos: en uno describe al viejo Homero como personaje, quien relata a jóvenes pastores maravillosas leyendas de la antigüedad; en otro titulado El enfermo, presenta a un joven triste que confía a su madre los tormentos de su alma, ocasionados por su amor a una joven; en un tercer poema resume las diversas aventuras del héroe griego Ulises hasta su arribo a la isla de los feacios.

Las Bucólicas tienen su habitual marco en un mundo delicado y agreste, haciendo recordar, en parte, las composiciones de poetas de la antigüedad, como Teócrito o Virgilio, y de otros más cercanos, como el alemán Gessner y Juan Mathías. De estos paisajes creados recopilando trozos, Chénier ha extraído su culto a la naturaleza y su amor por la vida campesina.

Las Elegías tienen un tema muy distinto; reflejan el ambiente frivolo y mundano y cantan el amor por Camila, una mujer joven que es posible identificar, tal vez, con Madame de Bonneuil, y aluden también a otros amores menos profundos, despertados por algunas beldades italianas. En esas poesías vemos un Chénier epicúreo, amigo de grupos bullangueros y de farsas juveniles; sabía por lo tanto conciliar la vida frívola y elegante del París de su época con el estudio profundo y concienzudo de los poetas elegiacos latinos.

En 1787 Chénier fue a Londres en calidad de secretario de embajada, cargo que desempeñó durante tres años; admiraba mucho a los ingleses por su literatura y por la Constitución que habían sabido darse, pero su vida transcurrió solitaria y triste, llena de nostalgia por los amigos dejados en Francia.

Retornó a París en 1790 y trajo consigo el esbozo de una ópera, Hermes, con la intención de componerla a la manera del De rerum natura (la naturaleza de las cosas), es decir, explicando el origen del mundo y la formación de la sociedad humana; en resumen, Chénier quería escribir una obra enciclopédica, mientras que en La Invención, que es anterior, y no fue concluida, había tratado simplemente de ofrecer un cuadro completo de las conquistas humanas a través del tiempo, jalonando este fresco con las grandes figuras de Torricelli, Newton y Galileo.

En Hermes intentaba llegar más lejos: la afirmación de la civilización, el triunfo absoluto de los «astros» de la humanidad, son los motivos fundamentales, pero moviéndose todos los hombres en un sentido de tolerancia y comprensión, en una suprema aspiración de bienestar social. «Los hombres reunidos en sociedad son ante todo gobernados por leyes simples», dice Chénier en Hermes.

Durante ese tiempo la Revolución degeneraba en una forma de demagogia y el movimiento antijacobino trataba de evitar a Francia muchos duelos y lamentables ruinas. Andrés Chénier fundó en esa época el «Journal de París» y escribía artículos inflamados que defendían la idea de libertad y justicia, contra los abusos y excesos de los jacobinos; se opuso así a las ideas políticas de su hermano María José, a pesar de tenerle un profundo cariño.

El poeta había depositado toda su confianza en la Revolución, considerándola como necesaria al progreso de los pueblos; cuando más tarde advirtió que los revolucionarios, en quienes él había creído, no planeaban para Francia una monarquía constitucional adaptada a las nuevas circunstancias, como él soñaba, sino que trataban de trastornar todo el orden social en una tarea de vindicta sin piedad, su reacción fue violenta.

Andrés Chénier debía fundar el «Journal de París», netamente conservador y antijacobino. El poeta pertenecía a la pequeña nobleza y había esperado, inútilmente, en el período revolucionario, algún mejoramiento de su situación financiera; por tal motivo se convirtió en enemigo declarado del gobierno revolucionario.

En la oda A Carlota Corday expresa su amor a la patria y da, con ironía vehemente y apasionada, un significado a la muerte de Marat: Carlota Corday era una mujer y, sin embargo, tuvo el coraje de oponerse a la tiranía sanguinaria; sólo ella surgió de la masa de cobardes y de incapaces de defender su ideal aun al precio de su sangre. La oda se inflama con acentos cada vez más violentos; Chénier no se preocupaba de las consecuencias, colocándose abiertamente del lado de los contrarrevolucionarios.

Después, cuando Luis XVI fue arrestado y encerrado en la prisión del Temple, se dedicó a escribir numerosos artículos para la defensa del rey de Francia; nada ni nadie pudo, por otra parte, apaciguar el furor de los descamisados que condenaron a la guillotina al monarca, con algunos miembros de su corte.

Chénier pinta un cuadro sucinto pero profundamente humano; a Luís XVI lo llama el último Luis, sin ocultar sus defectos y condenando la fuga del soberano a Varennes; se diría que el poeta lo considera como una de las innumerables víctimas inocentes de la Revolución. Luis XVI se había esforzado en corregir los errores de la economía francesa, descuidada por sus predecesores, promulgando buenas leyes; fue severo con él mismo, pero por desgracia no había tenido bastante firmeza de carácter para evitar ser subordinado de sus propios ministros.

El poeta, por último, acusa abiertamente a los revolucionarios que fabricaron un proceso contra Luis XVI mientras la monarquía había sido garantizada como inviolable por la Constitución, tratando de darle apariencia de legalidad a la violencia y a la injusticia.

En la oda La joven prisionera, uno de los modelos de la moderna poesía y que compuso en la prisión, el poeta Chénier expresa los dolorosos lamentos de la duquesa de Fleury, destinada a morir en los albores de la vida, y el desamparo de todos aquellos que cotidianamente eran sacrificados por el odio de los jacobinos.

Caído en desgracia por sus ideas políticas, el poeta debió alejarse de París para refugiarse primero en Normandía y después en Versalles, en donde durante algún tiempo pudo consagrarse a sus obras con mayor serenidad. A este período pertenecen las poesías líricas amorosas, que cantan el amor por Fanny; sus producciones en verso y prosa se presentan como fragmentos o esquemas de una obra inconclusa, pero siempre de dialéctica sutil y estilo elegante.

El 7 de marzo de 1794, Chénier fue arrestado en Passy, en el domicilio del marqués de Pastoret, quien era a su vez sospechoso para los revolucionarios. Su hermano María José, que era diputado, trató en vano de obtener su libertad y no se pudo evitar que fuera encarcelado en la prisión de San Lázaro, de París.

Fue allí donde compuso su famosa oda La joven prisionera, especialmente valorada por los poetas románticos del siglo XIX; en ella canta, con tono suave y melancólico, la desgracia de la duquesa de Fleury que llora su suerte atroz y pide gracia por su vida con acentos desgarrantes. En realidad, en el período anterior a su condena, el poeta ha sentido más que nunca su apego a la vida y la emoción profunda de aquel que ve escapar su juventud.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/chenier1.jpg

El 7 de marzo de 1794 Andrés Chénier fue arrestado en Vassy, en él domicilio del marqués de Pastoret, quien ya estaba catalogado por sus sentimientos reaccionarios; después de la aparición del «Journal de Paris», en 1792, Chénier había perseverado en su posición contraria a la Revolución y la República. Su hermano María José, que era diputado, trató en vano de obtener su libertad.

Comprometido a continuación en un complot de prisioneros políticos, fue condenado a muerte y guillotinado el 25 de julio de 1794.

Los Yambos son sus últimas composiciones de carácter político, en las cuales con sátira e invectivas de las más audaces, mezcla acusaciones implacables contra los conductores políticos, a quienes llega a calificar de verdugos sangrientos; esos versos expresan también la dolorosa resignación del poeta que, viendo acercarse la hora de la muerte, teme ser olvidado por sus amigos más íntimos.

Analiza después profundamente a sus compañeros de cautiverio y siente por ellos una piedad con algo de desprecio, al verlos débiles frente al sufrimiento y encerrados en su egoísmo. Leyendo esos versos ya no se encuentra al autor de las Bucólicas, al cantor que descubre la vida pastoril; él ha olvidado ya los idilios de la juventud y el epicureismo de un Chénier inclinado a los placeres; ya no aprovecha las satisfacciones de un instante fugaz de gozo; ahora no es más que un hombre demasiado joven para morir y que no se conforma.

Las Bucólicas, como las otras obras de Chénier, fueron publicadas en 1819. Son una colección de poemas de inspiración pastoril, llenos de gracia y de belleza; en uno de esos poemas un joven triste y enfermo confía a su madre sus penas de amor; en otro, un grupo de pastores rodean a Homero ciego, quien canta los mitos de los pueblos antiguos; hay también reminiscencias de idilios inspirados en Teócrito, Calimaco y Bíon, siguiendo las tendencias neoclásicas de la literatura de las últimas décadas del siglo XVIII.

«Hoy es mi turno», exclama en uno de sus más violentos poemas. Los amigos lejanos no pueden hacer nada más por él; que ellos vengan a acompañarlo es el deseo del poeta, mientras se resigna con su suerte, como lo hicieron antes aquellos que franquearon las puertas de San Lázaro.

Cuando se entera de que los restos de Marat han sido trasladados al Panteón, su pluma se vuelve terrible e implacable: «Marat es un sediento de sangre y de crímenes … la guillotina espera a quienes en el presente son los mejores; mañana serán ellos, posiblemente, los que salvarán a Francia…»

Contra los verdugos que se libran a orgías desenfrenadas, frente a todos aquellos que dominan por el terror, se desencadena la pluma de Chénier. Temiendo que el descubrimiento de sus Yambos comprometa a sus padres, el poeta, que domina el griego antiguo como un experto, disfraza hábilmente ciertas palabras, usando esta lengua para crear nuevos vocablos; otras veces usa abreviaturas personales que hacen sus versos muy difíciles, casi imposibles de interpretar.

Sin duda, en los Yambos se encuentra su verdadera personalidad y ella se pone más en evidencia a través del juicio hecho por el poeta italiano Carducci: «Los Yambos de Andrés Chénier son una expresión del individuo, un grito de indignación del solitario que, encerrado y aislado en una prisión, resuena como el rugido de una fiera, al contemplar el sitio donde se levantará la guillotina siniestra; el sol de Termidor se convierte así en una elegía.»

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial CODEX – Biografía de Andrés Chénier-

 

Biografía de Murillo Bartolome Esteban Obra Artística

Biografía de Murillo Bartolomé Esteban

Bartolomé Esteban Murillo. — Nació en Sevilla el 31 de diciembre de 1617 y murió en la misma ciudad el 3 de abril de 1682.

Fue un pintor que supo idealizar los asuntos que representaba. Se distinguió por la naturalidad de expresión de sus figuras y por la delicada belleza cromática de que estaban revestidos sus lienzos.

Su producción fue muy copiosa, siendo conocidísimos por haber alcanzado gran difusión sus reproducciones, sus famosos San Antonio de Tadua y la  Concepción.

Murillo es el artista que mejor ha definido el tema de la Inmaculada Concepción, del que nos ofrece numerosas versiones que destacan por la gracia juvenil y el rostro amoroso de la Virgen y el vuelo de los ángeles que la rodean.

En el Museo del Prado se pueden contemplar algunos lienzos que tratan este tema.

Murillo Bartolome Esteban

A los 10 años Murillo demostraba una fuerte inclinación hacia la pintura; se entretenía a menudo dibujando con un trozo de carbón sobre las paredes, mientras que su tío, que presentía su genio, lo contemplaba con placer.Y a los 22 años, Bartolomé Esteban Murillo había adquirido un cierto renombre, siendo sus cuadros muy solicitados por los aficionados y comerciantes en telas, que disputábanselos, ofreciéndole grandes sumas.

En el siglo XVII, siglo de oro para las artes y las letras de España, Andalucía se convirtió en el centro comercial de la península ibérica, y gracias a su prosperidad, en poco tiempo desarrolló una tradición pictórica que habría de distinguir, en el campo artístico, a la bella tierra andaluza de las otras regiones españolas.

Surgieron así en Sevilla, en el espacio de algunos años, numerosas escuelas de artistas, que crearon un estilo «sevillano». Esta modalidad recibió, sin embargo, cierta influencia de la pintura flamenca e italiana.

En 1617 nació, precisamente en Sevilla, Bartolomé Esteban, que fue luego conocido bajo el nombre de Murillo, pintor que con el tiempo habría de convertirse en uno de los más célebres artistas de España.

Pronto agregó al nombre de Esteban, que era el de su padre, el de Murillo, ya que habiendo quedado huérfano a los 10 años fue criado por su tía Ana Murillo, mujer del cirujano Juan Lagares, que se preciaba de querer al pequeño Bartolomé como a un hijo propio.

El niño manifestó pronto sus aptitudes artísticas, y fue en razón de las mismas que ingresó al estudio de Juan Castillo, uno de los más grandes maestros de la pintura sevillana.

Fue allí donde el joven tuvo oportunidad de admirar las obras de Juan dé las Boelas, de Francisco Pacheco, profesor de Velázquez, y de Francisco Herrera. En 1639 su maestro abandonó Sevilla para establecerse en Cádiz, y Murillo pintó entonces para la célebre feria de su ciudad, cuadros de un arte tal que los compradores llegaron a disputárselos.

En un siglo en que para muchos pintores, tales como Velázquez, Bibera, Juan de las Boelas, Rubens, constituía un imperativo el atravesar Europa y dirigirse a Italia para estudiar allí los secretos de la pintura del Tintoretto, Caravaggio y Ticiano, Murillo permaneció en España.

Parece ser que tampoco se alejó de su Sevilla natal más que para efectuar, entre 1642 y 1644, un viaje a Madrid, adonde créese conoció a Velázquez.

Algunos ponen en duda dicha estada suya en la capital, pero fue allí verdaderamente donde conoció las obras de Ticiano, Rubens y Van Dyck; recorriendo, pues, y con un éxito similar, la ruta que le señalara Juan de las Boelas, el iniciador de la fusión de los dos caracteres principales de la pintura sevillana:  el misticismo y el naturalismo.

En Sevilla, en realidad, su formación artística no se realizó exclusivamente en la escuela de Castillo, sino también al contacto de la pintura italiana: el artista habría de dar más tarde prueba de su amplio conocimiento de la escuela florentina del siglo XVI.

Vuelto a su ciudad natal entre 1645 y 1646 desarrolló su estilo, como lo prueban las numerosas telas que pintó para el convento de San Francisco, que contienen escenas de la vida de San Diego.

Sus imágenes de ángeles y santos, tratadas con una expresiva dulzura, conquistaron para el pintor el favor del público, puesto que él haciase a través de las mismas, intérprete de los sentimientos religiosos de los españoles, suprimiendo en sus obras todo academismo sin significación y todo motivo hostil a una fe pura y sincera.

Francisco Pacheco, el maestro de Velázquez, escribió en su Tratado «que el arte del pintor debe ser puesto al servicio de la Iglesia, ya que a menudo el arte ha obrado con mejores resultados en la conversión de las almas, que la palabra de los sacerdotes».

Es por ello que esta misma fe que hacía de Murillo un católico ferviente, dio una significación a su pintura, que tiene como temas la vida de los santos, sus éxtasis, visiones y milagros.

En las telas del convento de San Francisco, su expresión artística obtiene un clarobscuro esfumado que Murillo llega a equilibrar mediante una paleta cromática muy rica, de donde emergían los personajes como modelados con una dulzura extrema.

En 1652 pinta para el arzobispo de Sevilla la Concepción, y más tarde, en 1655, recibe del archidiácono de Carmona, Juan Federighi, un encargo de dos cuadros que representaran a San Isidoro y San Leandro para la sacristía de la catedral de la ciudad.

Abandonando su técnica habitual de presentar a los personajes mediante formas modestas y quietas, Murillo utilizó, para obtener recursos esculturales pujantes, todas las vibrantes manifestaciones del movimiento.

Durante esta época creció su renombre, y con el trabajo realizado en la catedral de Sevilla, su gloria quedó definitivamente consagrada. En su estudio numerosos alumnos comenzaron a copiar las obras del maestro.

Para honrar a San Antonio de Padua, el artista pintó en 1656 un cuadro de mayores dimensiones, donde el Niño Jesús se ve representado en el momento en que se aparece al santo.

El Divino Infante está rodeado por un halo de luz resplandeciente, que nos prueba la existencia de una pujante armonía cromática en el estilo del artista, y en la que parecen confirmarse las palabras de D’Annunzio: «El color es el esfuerzo de la materia por transformarse en luz.»

Las formas se relacionan más íntimamente con el tema, notándose una evolución en su estilo, al que confiere una dulzura que recuerda al Correggio.

Es durante este período cuando trabaja para las iglesias y conventos de su ciudad: para la Catedral, los Capuchinos, la Cofradía de Venerables religiosos, y de su pincel surgen numerosas obras, que constituyen actualmente el orgullo de los museos de toda Europa, tales como La adoración de los pastores, El éxtasis de San Francisco y La Virgen del Rosario, actualmente en el Louvre, siendo, sin lugar a dudas, uno de los mejores trabajos de estos años de fresca inspiración, el que representa a Jesús Niño y San Juan Bautista, tema predilecto del gran Leonardo.

La multiplicación de los panes, El sueño del patricio y Moisés golpeando la roca, son los testimonios más salientes de la serenidad del artista durante este período de su existencia, así como de la intensidad de su labor.

En 1670 Murillo recibió la visita de un enviado de Carlos II, que venía a comunicarle el deseo real de verlo instalado en la corte de Madrid; Bartolomé rehusó la invitación, y continuó trabajando en la ciudad de Sevilla, pintando telas para la capilla del Hospital de la Caridad.

 Murillo recurría también a veces a los elementos realistas que constituyeron una característica distintiva del arte español, los mismos elementos que en literatura produjeron él romance picaresco (género literario que refleja la vida y el ambiente popular de España). En estas pinturas encontramos una expresividad más vigorosa y un contraste más acentuado entre luces y sombras.

Este llamado al realismo ya había sido lanzado antes por Velázquez, que era un observador atento de las gentes de condición humilde; y por Caravaggio, que había contribuido poderosamente a la formación pictórica de Murillo: el maestro sevillano se incorporó así a la gran tradición del arte español, inspirado en El Greco, Zurbarán y Ribera.

En 1665 prosigue incansablemente su actividad, y compone para la iglesia de Santa María la Blanca, una Virgen Dolorosa, un San Juan Bautista y cuatro lunetas que se refieren a la fundación de Santa María la Mayor de Roma, las que se encuentran actualmente en el Prado de Madrid.

Allí, los personajes están fijados sobre la tela con una tonalidad más clara y plateada, que se adapta bien a la dulzura del modelo. Su estilo entra entonces en una etapa más madura, que los españoles definen de una manera expresiva con el término «cálida», en oposición a la pintura «fría» de su juventud, entonces sobrecargada con medias tintas esfumadas, que contrasta con la técnica vaporosa que adopta en su madurez. Este es el estilo que emplea cuando pinta uno de sus temas favoritos: la Virgen Inmaculada.

En 1680 se le encargó a Murillo decorar con frescos el convento de los Capuchinos en Cádiz; pero un día, atacado por enfermedad repentina, cayó de un andamiaje. Llevado inmediatamente a Sevilla recibió los primeros cuidados, pero en adelante su salud no volvió a restablecerse, y la vida del artista se extinguió lentamente.

En 1614, Felipe III colocó a España bajo la protección de la Purísima, y Murillo, pintor católico, reprodujo a menudo su figura, a la que viste con manto blanco y azul, coloca una luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas, situándola en medio de ángeles que resplandecen como visiones paradisíacas. La dulzura y la discreción son las características del artista, pero resulta vano buscar en su obra el lenguaje místico. En su fe representa a la Inmaculada Concepción con los rasgos de una bellísima gitana, y los ángeles que la rodean parécense a niños que retozan en las calles de la capital de Andalucía, llenos de vida y de salud.

Aun cuando llegó a disfrutar de una próspera situación, Murillo continuó consagrando su existencia al arte, su mujer y sus cuatro hijos.

En 1660 murió su gran compatriota Diego Velázquez, y Murillo tomó entonces el glorioso título de «primer pintor de España», convirtiéndose, en el mismo año, en presidente de la Academia de Pintura. Sin embargo, declinó inmediatamente ese honor. Cuando en 1670 Carlos II lo llamó a palacio para suceder a Velázquez, rechazó la invitación, prefiriendo permanecer en su Sevilla natal, entregado a la pintura de santos y vírgenes, en la nueva capilla del Hospital de la Caridad.

Entre tanto, había trabajado en la decoración de la catedral para las festividades de la canonización de San Fernando III, rey de Castilla. Entre sus últimas obras, aun cuando resulta imposible establecer orden cronológico, citaremos dos cuadros que representan a San Agustín, encontrándose uno en el Museo de Sevilla y otro en el Prado de Madrid; diferentes telas suyas hay en la iglesia del Hospital de los Padres Peregrinos y un retrato del canónigo Justino Nevé.

En 1680, mientras se hallaba pintando en el convento de los Capuchinos de Cádiz su obra El desposorio místico de Santa Catalina, Bartolomé cayó de un andamiaje, atacado por una repentina enfermedad, muriendo en el mismo año.

La producción artística de Murillo fue prodigiosa: 481 cuadros, sin contar las copias. La mayor parte de sus obras se encuentra en el Museo del Prado de Madrid (43 telas), pero ellas enriquecen también el museo de Sevilla, el Louvre de París, el museo de Leningrado. y en Italia la galería Pítti de Florencia, y el palacio Bianco de Genova, sin contar los decorados de las iglesias de Sevilla Cádiz.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/murillo2.jpg

Bartolomé Esteban Murillo:  El desposorio místico de Santa Catalina. Pinacoteca del Vaticano (Roma).

Obra de Murillo Santa Rosa de Lima

Este lienzo, representa a santa Rosa de Lima, patrona de Perú, la primera religiosa latinoamericana canonizada. La santa aparece de rodillas ante el Niño Jesús con los brazos ligeramente abiertos en actitud de tierna admiración muy alejada de la teatralidad de otros artistas del barroco.

obra de murillo pintor español
El lienzo titulado La Sagrada Familia del pajarito (c. 1650, Museo del Prado, Madrid).Aún con una fuerte influencia tenebrista, en este cuadro se aprecia la dulzura y la sensibilidad en el tratamiento de los personajes y las situaciones característicos de este autor, especializado en temas religiosos.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial CODEX – Biografía de Murillo Bartolomé Esteban

Biografia de Baruch Spinoza Resumen de su Vida

Biografía de Baruch Spinoza

Los contemporáneos consideraron con odio y aversión la doctrina panteísta de Baruch Spinoza. Después de un período de silencio, el idealismo alemán revalorizó la obra de este pensador de fines del siglo XVIII.

Desde entonces, combatido o defendido, Spinoza ocupa un lugar de primera fila entre los filósofos de la Edad Moderna.

Se ha dicho, y con mucha razón, que no se puede ignorarlo, porque su solo pensamiento representa un perfil del pensamiento humano; perfil unilateral a ultranza, desde luego, pero expresión máxima de una orientación filosófica.

Spinoza, en efecto, encarna el ápice de la filosofía racionalista del siglo XVII, apoyándose en la plataforma de Descartes y llevando a las consecuencias últimas las deducciones naturalmecanicistas que este pensador había creado.

En su Etica, construye un sistema filosófico de modo rigurosamente matemático, con sus definiciones, axiomas, corolarios y escolios (método geométrico). Esta concepción matematicista se halla, asimismo, en el fondo de su pensamiento.

El punto de arranque de su sistema metafísico descansa en la «substancia», causa inmanente de todas las cosas, Dios o Naturaleza, que posee infinitos atributos, de los cuales sólo se pueden conocer dos: el pensamiento y la extensión, lo anímico y lo corpóreo.

Entre uno y otro no existe intercambio, sino paralelismo, y en esta premisa, que resuelve el dualismo cartesiano, se basa el panteísmo de Spinoza.

En su estructura mental geometrizante, éste excluye de su moral toda mística, toda entrega a un Dios que, para él, sólo es pensamiento puro.

Baruch de Spinoza

Nació en Amsterdam el 24 de noviembre de 1632. Sus padres eran judíos emigrados de España (su apellido Spinoza deriva del original español de su familia, Espinosa) a Portugal y, más tarde, a las Provincias Unidas.

Recibió una formación basada en el estudio de las fuentes clásicas judías, especialmente presentes en el Talmud.

Más tarde, sin embargo, se apartó del judaísmo como consecuencia de haber iniciado sus estudios acerca de las ciencias físicas, así como por el efecto que tuvieron en su pensamiento los escritos del filósofo inglés Thomas Hobbes y los del científico y filósofo francés René Descartes.

Baruch de Espinoza

Ver: Baruch Spinoza y su pensamiento sobre las mujeres

Miembro de la escuela racionalista de filosofía, Baruch Spinoza buscaba el conocimiento a través de la razón deductiva más que por la inducción a partir de la experiencia sensorial. Spinoza aplicó el método teórico de las matemáticas a otras esferas de investigación. Siguiendo el modelo de los Elementos de geometría de Euclides, la Ética (1677) de Spinoza desarrollaba un análisis de la moral y la religión en definiciones, axiomas y postulados.

Benito Espinosa. — Este filósofo holandés nació en Amsterdam el 24 de noviembre de 1632 y murió en La Haya el 21 de febrero de 1677. De religión hebraica su familia, debía de proceder de los judíos españoles o portugueses que fueron expulsados de la península ibérica.

Sus padres le destinaban a la profesión de rabino y en este sentido se encaminaron sus primeros estudios. Muy pronto la profundidad de su pensamiento, su gran sentido crítico y la independencia de sus juicios, le indispusieron con sus compañeros de religión, por la libertad con que examinaba las doctrinas aceptadas de teología y moral.

Adquirió entonces amistad con los cristianos y recibió lecciones de latín del humanista y médico librepensador Van der Endem.

Siguió la escuela cartesiana, escribiendo un tratado de filosofía, y además escribió la Ética, libro de filosofía moral en el que expone un sistema propio sobre la materia, basado en el método de la geometría euclidiana. Los rabinos le persiguieron y hasta se intentó su asesinato.

En 1655 fue desterrado de Amsterdam, y vivió en el campo, ganando su subsistencia como pulidor de lentes.

En este destierro escribió su obra De Dios y del hombre, y se presume que bosquejó el Tratado teológico-político. Espinosa hubo de variar dos veces de residencia para gozar de calma y tranquilidad que le eran muy necesarias física y espiritualmente, volviendo después a La Haya.

Al aparecer la última parte de su Ética, circuló la especie de que preparaba otra en la que negaba la existencia de Dios.

Los teólogos propagaron la noticia, y tanto por el efecto que en su ánimo produjeran estas injustificadas inculpaciones como por los trabajos y privaciones por que pasaba, se agravó la dolencia de tuberculosis que le aquejaba, y falleció en la indigencia.

CRONOLOGÍA DE SU OBRA LITERARIA

1663Renati des Cartes Principiorum philosophiae (Principios de la filosofía de René Descartes)
1663Cogitata metaphysica (Pensamientos metafísicos)
1670Tractatus theologico-politicus (Tratado teológico-político)
1677 (póstuma)Tractatus de intellectus emendatione (Tratado sobre la reforma del entendimiento)
1677 (póstuma)Tractatus politicus (Tratado político)
1677 (póstuma)Ethica ordine geometrico demonstrata (Ética demostrada según el orden geométrico)

Fuente Consultada:
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Resumen de las Etapas del Arte en Europa desde el Renacimiento

Etapas del Arte en Europa Desde el Renacimiento

La siguiente descripción es una somera sintesis de los mas destacados artistas de Europa a partir del siglo XV, desde esta misma pagina puedes acceder a conocer la vida y obra de casi todos los artistas nombrados en dicha descripción.

A comienzos del siglo XV, Europa occidental estaba dominada artísticamente por una concepción medieval que, al servicio de grandes príncipes, se expresaba mediante fantasías. Los pintores flamencos Campin, Van Eyck y luego Van der Weyden, emprendieron el regreso a la realidad mediante la reproducción fiel de las apariencias externas.

//historiaybiografias.com/archivos_varios4/obra_vanweyden.jpg

Rogier van der Weyden (c. 1399-1464), pintor flamenco de mediados del siglo XV, destacado por el carácter innovador de sus composiciones religiosas dentro de la pintura de su época. Por lo general, las obras del pintor flamenco Rogier van der Weyden tratan sobre temas religiosos. En esta obra de 1435 aproximadamente, (actualmente en el Museo del Prado-Madrid) Conocido por el carácter innovador y dinámico de sus composiciones, en El descendimiento de la cruz.

Al mismo tiempo, artistas florentinos planteaban la cuestión artística centrándola en el hombre y, por tanto, dando a su obra una dimensión definida y real en espacio y tiempo. Brunelleschi, Donatello y Masaccio iniciaron así, en sus respectivas artes, la corriente renacentista, aplicando los principios de la anatomía y la perspectiva.

//historiaybiografias.com/archivos_varios4/masaccio_obra.jpg

Masaccio (1401-1428), el primer gran pintor del renacimiento italiano cuyas innovaciones en el empleo de la perspectiva científica abrieron el periodo de la pintura moderna. La expulsión del Paraíso (c. 1427) es uno de los seis frescos que Masaccio pintó en la capilla Brancacci de Santa Maria del Carmine, Florencia. El carácter innovador de estas obras reside en sus figuras de aspecto casi escultórico y en su fuerza dramática y emocional.

En torno a 1500, las preocupaciones humanistas de los artistas florentinos recibieron nuevos impulsos que hicieron llegar a sus últimas consecuencias el espíritu del Renacimiento: Leonardo, a partir de la experiencia; Rafael, por la relación de afectos y el pensamiento eclesiológico, y Miguel Ángel, por su lucha atormentada con la materia en razón de su fe religiosa, son las figuras señeras de esta etapa.

Los humanistas eran intelectuales, eruditos de formación universitaria, que comenzaron a resucitar obras filosóficas, históricas o literarias de la antigüedad grecorromana.Sus ideas se vinculaban con las aspiraciones de los sectores burgueses, que adquirieron mayor poder en la sociedad.

Entre tanto, algunos pintores germánicos Durero y Holbein, comomás destacados- difundían en el área centroeuropea y anglosajona los principios renacentistas que, asentados en la tradición medieval, daban sus mejores frutos en el ámbito del retrato y del grabado.

Alberto Durero (1471-1528), artista alemán, una de las figuras más importantes del renacimiento, conocido en todo el mundo por sus pinturas, dibujos, grabados y escritos teóricos sobre arte, que ejercieron una profunda influencia en los artistas del siglo XVI de su propio país y de los Países Bajos.

A lo largo del siglo XVI, los pintores venecianos opusieron a los florentinos una preocupación esencial por el color, interpretado por Tiziano con equilibrio clásico, en la fábula mitológica; por Tintoretto, a través del lenguaje manierista en fantasmagorías religiosas, y por Veronés, como cronista de fastos decorativos.

Jacopo Robusti, Il Tintoretto

Jacopo Robusti, Il Tintoretto (1518-1594), pintor manierista veneciano, fue uno de los artistas más destacados del último tercio del siglo XVI. Su obra sirvió de inspiración para el desarrollo del arte barroco.  El baño de Susana (c. 1550, Museo del Louvre, París), está basado en la historia del citado personaje bíblico acusado falsamente de adulterio por dos ancianos. Durante el siglo XVI, este tema sirvió de pretexto a los pintores de la época para representar la figura femenina desnuda.

Preocupación paralela a la de éste mostró el arquitecto véneto Palladio, uniendo arquitectura y naturaleza, mientras Vignola, su contemporáneo, preparaba el barroco en Roma creando la iglesia contrarreformista. Herrera, que completó El Escorial, inició un estilo geométrico y austero de amplia repercusión en el arte castellano durante más de medio siglo (estilo herreriano).

Monasterio Escorial

El Escorial es uno de esos lugares en el mundo que suele atrapar la atención de miles de turistas, que a penas llegados a la región quedan totalmente encandilados por la belleza arquitectónica e histórica, envuelta por la inmensidad de la hermosura natural. 

Antes de que finalice el siglo XVI, Carracci y Caravaggio encarnan una tendencia opuesta al manierismo dominante y a su intelectualismo, volviendo a la naturaleza por vías de belleza idealista o de extremado realismo. Nacía así la pintura barroca, que habría de hallar la máxima expresión de la realidad en el dinamismo y exuberancia del flamenco Rubens, en la transfiguración luminosa y psicológica del holandés Rembrandt y en la sencilla y difícil veracidad del sevillano Velázquez.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

Caravaggio (1573-1610): La actividad de Caravaggio se desarrolló en Roma desde 1591 aproximadamente hasta 1606, en que, después de haber matado a un hombre en una riña, emprendió una huida que solo cesaría con su muerte. A su trágica vida corresponde una pintura de extrema tensión moral y religiosa. Caravaggio busca la verdad y rechaza el arte como actividad intelectual según lo entendía el manierismo.

Así, su obra aparece como realidad en que los temas religiosos no son historia ni alegoría sino hechos presentes y cotidianos. En un caminar incansable, que aparece como revolucionario desde sus primeras obras romanas, su estilo queda definido por composiciones unitarias, brutales contrastes de luz y sombra, atmósferas y personajes reales que atraen al espectador y le impresionan por el drama vivido en cada escena. En las últimas obras, el realismo se hace exacerbado y las figuras se agrupan en una zona del cuadro, golpeadas por los efectos de luz, creando un ambiente de desolación y tragedia.

Carracci (1560-1609): Con su hermano Agostino y su primo Ludovico, Annibale Carracci fundó en Bolonia la «Accademia degli In-camminati»  para  la  formación  de pintores y la enseñanza del estilo de los grandes maestros del siglo xvi; por eso su tendencia se ha calificado de clasicista. El estilo de los Carracci reúne experiencias venecianas, de Correggio, Rafael y Miguel Ángel, entre otros, pero la esencia de su lenguaje no radica en estas influencias sino en el dominio exaltado de la imaginación, extendiendo la experiencia de lo real a lo posible.

Por ello no resulta muy exacto el calificativo de ecléctico (mezcla) que tradicionalmente se ha venido aplicando a su estilo. La capacidad creadora de Carracci permite además obras tempranas de claro realismo popular como La carnicería de Oxford (1585) y otras tardías como la Huida a Egipto de Roma (1603) de espléndido paisaje ideal y lleno de sentimiento. La belleza del ritmo y del color conmueven y captan poderosamente la atención.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

Pasado el primer cuarto de siglo XVII, el barroco penetra en la arquitectura a través de la obra romana de dos arquitectos enfrentados: Bernini, también escultor, de arte teatral, pero equilibrado y apasionadamente cristiano, y Borromini, de formas onduladas y cambiantes, frenético y angustiado; unos años más tarde, Guarini, en Turín, desarrollaría con extrema fantasía las ideas del último.

En el postrer tercio del siglo XVII, los artistas franceses, más racionales y clasicistas, se expresaban con grandeza armónica y proporcionada como homenaje a Luis XIV, el Rey Sol, relacionando en Versalles todas las artes.

Mientras, en España, Churriguera acaba definitivamente con lo herreriano en un estilo opulento y dinámico que dejó larga estela, sobre todo en el retablo castellano.

retablo de san esteban

José B. de Churriguera (1665-1725):Churriguera parece haber sido entre todos ellos el artista más original, creativo e influyente.Sobre lo churrigueresco circulan vulgarmente algunas interpretaciones erróneas y, por lo general, peyorativas. Ni es una la personalidad de los Churriguera, ni los tres artistas más distinguidos de la dinastía -los hermanos Benito (1665-1725), Joaquín (1674-1724) y Alberto (1676-1750), madrileños- son los más característicos representantes del barroco exuberante y recargado que domina en los retablos y edificios castellanos de la primera mitad del siglo XVIII. Por otra parte, la importancia y calidad de su labor en el campo arquitectónico y decorativo del pleno barroco es un hecho indiscutible.

El carácter sustancialmente ornamental del barroco logra su último esplendor por obra del turinés Meissonnier, cuyos hallazgos en torno a la roca marina -la rocalla- y otras formas asimétricas sirven de base al amable estilo rococó, tan acorde con las exigencias de la sociedad francesa del segundo tercio del siglo XVIII.

El redescubrimiento de la antigüedad desplazó definitivamente, en el último tercio del siglo, a lo barroco y rococó, dando lugar al llamado neoclasicismo; fue el escocés Adam quien acertó a aplicar la decoración antigua a la arquitectura y a otras artes suntuarias.

Por encima de lo rococó y lo neoclásico, anunciando impresionismos y expresionismos, el aragonés Goya, a caballo entre los siglos XVIII y XIX, mostró una imaginación y una audacia creadora como pintor y grabador que inaugura espiritualmente el arte moderno. Ya en el siglo XIX, las tendencias pictóricas se suceden en Francia e irradian al resto de Europa. Neoclasicismo y romanticismo dominan la primera mitad del siglo.

Romanticismo: movimiento artístico que se inicia en el segundo decenio del siglo XIX y que supone una reacción contra el academicismo neoclásico. Se caracteriza, en pintura, por el gusto por temas históricos, literarios, y por los paisajes, a través de los cuales se comunica una emoción personal con sensibilidad apasionada.

Despues de 1848, las reivindicaciones sociales y políticas, los avances de la técnica y la ciencia, repercuten de forma importante en la pintura: irrumpe el realismo de Courbet despreciando idealismos y fantasías para poner en primer término los aspectos más prosaicos de la vida cotidiana.

Sobre 1870, una nueva tendencia surge en el panorama francés, representada por Monet como su cultivador más genuino: el impresionismo, con sus estudios del efecto de la luz sobre el color y las formas. Y poco más tarde, Cézanne, al ver en la naturaleza formas geométricas esenciales, comienza a derribar el sistema de representación natural que, en sustancia, permanecía inalterado desde el Renacimiento.

El Renacimiento a partir del siglo XIV, fue una nueva etapa del pensamiento y déla cultura y se la denomina Renacimiento. Fue un período de sorprendentes inventos en el mundo de la ciencia. Se desarrolló la imprenta, se hicieron descubrimientos astronómicos, hombres osados se dedicaron a explorar mares desconocidos y la pintura, la escultura, la arquitectura y la literatura también se transformaron de manera asombrosa.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

Claude Monet (1840-1926): En los años inmediatos a la guerra de 1870 un grupo de pintores -Monet, Pisarro, Sisley y Renoir principalmente- se sitúan el margen de cualquier imitación de tendencias precedentes y realizan una nueva pintura a la que un crítico denominó despectivamente impresionismo inspirándose en el título de una obra de Monet expuesta en 1874, Impresión: sol naciente. Aparece este pintor como el creador más original y principal representante de las conquistas técnicas y estéticas del grupo.

monet

Sin los matices sociales o políticos de los realistas, mediante una concepción estrictamente pictórica -que, sin embargo, hallará la misma oposición entre los conservadores- Monet buscará la realidad cromática y formal bajo los efectos de la luz. En la base de su arte se halla el pintar al aire libre y el colorido claro.

La luz transforma y altera los colores y también las propias formas, de manera que el paisaje y sus elementos surgen como visiones instantáneas no repetibles temporalmente. Preocupación primordial es el estudio de los reflejos de la luz en el agua, que tienen consistencia real semejante a la de los elementos reflejados. Este lenguaje alcanza su mayor pureza en los años en que pinta en Argenteuil (1872-78), a pesar del virtuosismo que revelan sus series sobre un mismo tema –analizando los efectos de la luz a diferentes horas- que constantemente realiza a partir de 1889.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

El cubismo que Picasso inventó hacia 1909 –imágenes mentales, no naturales, representación simultánea y en el mismo plano de los distintos elementos que constituyen una figura o un objeto- inaugura una nueva era artística.

La aportación de Kandinsky -su primera acuarela abstracta es de 1910-, al prescindir de cualquier motivo cognoscible y utilizar solo formas y colores, completaba la revolución.

Solo unos años más tarde, tres arquitectos, Gropius, Mies van der Rohe y Le Corbusier, pioneros de una nueva etapa racionalista y humanista, trataban con sus edificios de mejorar la vida humana a través de la modificación de la vivienda y la ciudad. Hasta su muerte lucharon por conseguir que sus ejemplos no quedaran en meras obras artísticas aisladas, sino que su multiplicación práctica contribuyera al bienestar general del hombre sobre la Tierra.

Fuente Consultada:
Maestros del Arte Editorial SALVAT Colección Temas Claves Aula Abierta

Obra Literaria de George Bernard Shaw Resumen de su Biografia

RESUMEN BIOGRAFÍA DE GEORGE BERNARD SHAW
CRONOLOGÍA DE SU OBRA

George Bernard Shaw nacido en Dublin (Irlanda) en 1856 fue un destacado escritor, considerado el autor teatral más significativo de la literatura británica posterior a Shakespeare. Además de ser un prolífico autor teatral —escribió más de 50 obras—, fue el más incisivo crítico social desde los tiempos del también irlandés Johnathan Swift, y el mejor crítico teatral y musical de su generación. Fue asimismo uno de los más destacados autores de cartas de la literatura universal. Murió en  Ayot St Lawrence (Reino Unido) el 11/02/1950.

George Shaw

Premio Nobel de Literatura en 1925, George Bernard Shaw es un famoso dramaturgo irlandés que también ha ganado una reputación como crítico musical y ensayista. La mayor obra de este genio  fue «Pygmalion», publicada en 1914.  Fue, sucesivamente, crítico teatral, literario y musical, poeta, conferenciante, novelista y comediógrafo. Su agudo sentido del humor lo llevó a burlarse de la sociedad de su época, especialmente de aquello que le parecía hipócrita y convencional.

Tras la separación de sus padres, estudió en Dublin, en escuelas religiosas, tanto católicas como protestantes, y desde muy joven trabajó para poder completar su educación, pues fue un autodidacta. Su pasión por la literatura y la música se inició desde muy joven, y cuando el matrimonio de su padres, él con 20 años, junto a su madre y hermanas se radicaron en Londres.

Allí desplegó su pasión y conocimientos y se destacá muy rápido como crítico de teatro y la música, empezando  a tener éxito a través de sus ensayos y panfletos. También apasionado por la política, se inspira en las ideas de Karl Marx, y se convirtió en un militante socialista en 1882.

Económicamente no la pasó bien inicialmente, pasó por varios trabajos pero sin estabiliad y hasta por momento se habla de una pobreza absoluta. Para las críticas sobre música utilizaba un seudónimo de una amigo suyo, y eso le ayudaba un poco para enfrentar sus gastos.

En cuatro años, entre 1879 y 1883 escribió cinco novelas, pero no tenía los medios para publicarlas, sólo pudo hacerlos con dos , entre ellas, La profesión de Cashel Byron (1882) donde habla de la prostitución como un profesión antisocial y la otra Un socialista asocial (1883) en respuesta al interés que había tenido sobre el pensamiento marxista de la época.

En literatura fue un autor muy prolífico, escribió más de cincuenta piezas. Divertido y comprometido con la realidad, en sus obras se  destacan algunos temas que son muy apreciados por él como es el arte, el pacifismo y la política. Ya en los albores del siglo XX, el éxito de  sus obras, lo transforman en un profesional de este arte.

El humorismo que desarrolló George Bernard Shaw, a través de sus obras, resultó siempre ingenioso; pero, a veces, llegó a ser despiadado y hasta cruel.

Se casó al mismo tiempo, Charlotte Payne-Townshend, una joven que conoció en la Sociedad Fabiana, un club político y artístico al que pertenecía. Inspirado por la historia y la mitología, publicó alternativamente «César y Cleopatra» en 1898, «Androciès y el León» en 1912 y «Pigmalión» en 1914.

 La Sociedad fabiana estaba formada por un grupo de socialistas de clase media que defendía la transformación de la sociedad y el gobierno ingleses mediante la asimilación, en lugar de la revolución.

Sus obras teatrales van precedidas por sustanciosos prólogos, donde enfoca, globalmente, el tema que desarrollará luego. Wagner e Ibsen fueron, durante su juventud, ídolos que defendió acaloradamente y tanto sobre la personalidad del músico germano como sobre la del dramaturgo nqruego dio conferencias y publicó varios trabajos, como «El perfecto wagneriano» (1898) y «La quintaesencia del ibsenismo» (1891).

Shaw defendía con pasión las obras del compositor alemán Richard Wagner, críticas que firmó, entre 1888 y 1890, con el seudónimo de Corno di Bassetto y, más adelante, con sus propias iniciales.

Buscó, primero, una popularidad fácil, leyendo, en alta voz, por las calles, sus comedias o integrando el utópico «partido social fabiano», cuya línea política trató de definir en su obra «Ensayos fabianos».

Su arte, como mencionó uno de sus comentaristas, fue «material de perenne regocijo, pese al doble fondo revolucionario de su producción». Aunque al principio sus obras no tuvieron éxito, logró imponer su modo cáustico de señalar errores y, finalmente, triunfó, siendo considerado uno de los principales escritores teatrales de habla inglesa. Supo sacar provecho material del oficio de escritor; tal es así que, al morir, dejó una cuantiosa fortuna que distribuyó, por resolución testamentaria, entre personas e instituciones meritorias.

Cuando, en el año 1925, le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura, donó el correspondiente importe monetario a una sociedad benéfica, este premio fue el reconocimieto a su obra Santa Juana (1923), en la que convirtió a Juana de Arco en una mezcla de mística pragmática y santa hereje.

Las caricaturas de Bernard Shaw lo muestra desaliñado, flaco, anguloso, con una exagerada barba pelirroja o plateada cumpliendo su función de cubrir las marcas de una viruela que lo asaltó a los 40 años. El asunto de su vestuario fue objeto de comentarios en su época.

La rutina aquella de sus cinco novelas incluía cortarse las hilachas de sus puños del traje y entonces durante sus primeros años de periodista y novelista se paseaba por las redacciones y los mitines políticos con trapos rotos. De este estilo descuidado y harapiento de pronto pasó a modelos brillantes multicolores, de cortes excéntricos.

Lo primero que hizo en cuanto ganó sus primeros dineros fue comprarse ropa. Pero para esta elección no siguió sus conocimientos de arte ni su aguda observación del medio sino, otra vez, el hechizo de los oradores. Admiraba a Andreas Scheu, orador austríaco exilado en Londres a causa de sus ideas políticas y que en ese momento estaba empeñado en fundar en la capital inglesa la compañía Jaeger.

Jaeger se llamaba el médico alemán que quería modificar los males de este mundo haciendo que sus habitantes vistieran trajes saludables, confeccionados completamente con lana. Los princi-pios científicos y filosóficos de esta teoría convencieron al escritor, que en cuanto Scheu cumplió con su cometido y abrió la primera casa de la firma, invirtió allí su dinero.

Con gran asombro de su amigos, el hombre gris se había convertido en technicolor. Chaquetas, pantalones y sacos tenían siempre un tono fuera de lo posible y alguna particularidad. Mientras tanto, la manía del médico diseñador fue aun más lejos, inventó un traje de una sola pieza a base de lana elástica, ajustado al cuerpo.

El cliente fiel, probablemente el único, en cuanto supo de la novedad pidió un traje a medida y dio un paseo por las avenidas más elegantes de Londres. Quedan todavía algunas fotografías.

Vivía en las afueras de Londres, en una amplia casa con jardín, donde hizo que le construyeran un salón de trabajo, rodeado de cristales y montado sobre una plataforma circular, giratoria, para poder disfrutar, siempre que los hubiere, de la luz y el calor del sol.

Allí falleció, el 2 de noviembre de 1950. La vasta obra teatral de G.B.S. (también escribió algunas novelas, ensayos y poesías) se divide en dos categorías: «Comedias agradables» y «Comedias desagradables». Corresponde mencionar, entre ellas, las siguientes: «Pigmalión», «El dilema del doctor», «Cándida», «Santa Juana», «La profesión de la señora Warren», «César y Cleopatra», «Hombre y Superhombre», «Retorno a Matusalén» y «La carreta de las manzanas».

Hasta su muerte a la edad de 94, él seguirá siendo un adicto de la literatura. Defensor del vegetarismo, práctica que llevó la mayor parte de su vida, él también luchó contra la vivisección y juegos crueles con los animales.

Como pocos escritores en la historia de la humanidad, Shaw ganó fortunas escribiendo. Y probablemente —sacando los discursos en los mitines fabianos y socialistas- no haya hecho en su vida otra cosa que escribir.

Uno de sus biógrafos, Michael Holroyd, que se tomó el gran trabajo de recopilar todas las cartas, notas personales, artículos periodísticos y otros escritos, se asombraba porque Shaw escribía más rápido de lo que él podía leer. La crítica de su época lo consideró en vida el mejor escritor de lengua inglesa, el primero después de Shakespeare.

O lo que lo atormentaba, el segundo, empezando por el insuperable. Pygmalion, Major Barbara, Arms and the Man, Candida y Man and Superman, son tal vez las obras más conocidas y representadas. Sin duda, los derechos de la primera, especialmente después de que el cine la convirtiera en My Fair Lady (Mi bella dama) con Audrey Hepburn como protagonista, ha logrado que la herencia de Shaw fuera cada vez más millonada.

Si se objetara su originalidad como dramaturgo aun seguiría siendo una figura interesante en la historia del socialismo. Su elocuencia sobre las injusticias sociales y la responsabilidad social lo han puesto a rivalizar con Dickens y salir renovado. Edmund Wllson dijo una vez alabando su elocuencia: «Impulsa nuevos intereses intelectuales, provoca nuestro sentido hacia los asuntos morales, llevando nuestra atención a nuestro lado en las relaciones sociales en este mundo».

Ninguna alabanza ha sido comparable, de todas formas, con las que el mismo Shaw, que solía citarse «para dar un poco de aire a la conversación», se prodigó a sí mismo. Si hubiera muerto como Keats, a sus 26 años, no nos habríamos enterado de él. Pero vivió más de nueve décadas, un plazo considerable para cometer todas las equivocaciones necesarias y cumplir a la perfección con su propia máxima: «Una vida perdida cometiendo errores es no solamente más honorable sino más útil que una vida dedicada a hacer nada».

Ganancias, impuestos y caridad: «En América gano más de lo que puedo gastar. Acabo de abrir una cuenta corriente en el banco y mi banquero se ríe cada vez que me ve llegar, perpetuamente maravillado por todo lo que traigo. Mi renta profesional está mermando por los impuestos, tanto en los Estados Unidos como en Inglaterra. Cuando, de vez en cuando, gano unas 20 mil libras, por ejemplo, ¿a qué se reducen si están invertidas y los impuestos afectan tanto al capital como a la renta que éste produce?.

Teniendo en cuenta el capital de mi mujer y el mío, puede considerársenos comprendidos en la clase de personas que reciben 5 mil y 10 mil libras al año, y no lo gastamos todo. Soy uno de esos hombres para quienes el dinero significa la seguridad y la liberación de ciertas tiranías mezquinas. Si la sociedad quisiera proporcionarme ambas cosas, arrojaría mi dinero por la ventana, ya que me molesta el tener que cuidarlo y atraer la envidia y el parasitismo. Detesto la caridad, la protección, la munificencia y todo lo demás. Repito que cuando presto dinero a ciertas personas, las odio tan cordialmente como ellas a mí.»

G.B. SHAW

Los prólogos: Tenía el hábito de escribir prefacios a sus obras. No simplemente para aportar datos y cuestiones referentes a la puesta en escena sino para fundamentar ideológicamente sus argumentos. En estos largos prólogos se devela la finalidad esencialmente pedagógica que de todas maneras siempre es evidente en el transcurso de la obra. Fue innovador también en las acotaciones escénicas que no consisten simplemente en indicaciones para actores sino que son explicaciones narrativas de la situación que se está viviendo.

Antes de que se realizara el casting de actores para sus obras, él mismo se encontraba con los postulantes y les leía con la entonación que según él era la correcta para cada rol. El problema de la lengua inglesa y sus arbitrariedades aparece formulado en Pygmalion, donde la alumna de clase baja debe transformarse por completo para poder lograr -casi por vía de un milagro- una pronunciación correcta. En el prólogo de esta obra, Shaw expone su teoría sobre la relación 2ue los hablantes tienen con este loco idioma.

Cronología de Principales Obras de George Shaw

1884 Un socialista poco social (novela)
1886 La profesión de Cashel Byron (novela)
1891 La quintaesencia del ibsenismo (ensayo)
1892 Casas de viudas (teatro)
1893 La profesión de la señora Warren (teatro)
1893 El amante (teatro) 18941 Cándida (teatro)
1894 Héroes (Arms and the Man, teatro)
1896 El hombre del destino (teatro)
1897 Nunca se puede saber (teatro)
1898 El perfecto wagneriano (ensayo)
1898 Ensayo fabiano sobre el socialismo (ensayo)
1901 César y Cleopatra (teatro)
1901 La conversión del capitán Brassbound (teatro)
1901 El discípulo del diablo (teatro)
1903 Hombre y superhombre (teatro)
1904 La otra isla de John Bull (teatro)
1905 La comandante Bárbara (teatro)
1906 El dilema del doctor (teatro)
1910 Matrimonio desigual (teatro)
1911 La primera obra de Fanny (teatro)
1913 Pigmalión (teatro)
1913 Androcles y el león (teatro)
1914 El sentido común en relación con la guerra (ensayo)
1920 La casa de la angustia (teatro)
1921 Vuelta a Matusalén (suite de 5 piezas)
1923 Santa Juana (teatro) 1928 Guía del socialismo para la mujer inteligente (ensayo)
1929 El carro de manzanas (teatro)
1932 Las aventuras de una joven negra en busca de Dios (ensayo)
1936 La millonaria (teatro)
1949 Dieciséis autoesbozos (ensayo autobiográfico)

Cronología de sus obras, fuente Enciclopedia ENCARTA

Biografía de Rubén Dario Vida y Obra Literaria del Poeta

BIOGRAFÍA DE RUBÉN DARÍO
VIDA Y OBRA LITERARIA DEL POETA

Rubén Darío,  seudónimo de Félix Rubén García Sarmiento , nació en 1867 en Metapa, Nicaragua y es considerado un hito en las letras hispanas. Fue un poeta, periodista y diplomático nicaragüense, considerado el fundador del modernismo. Siendo aún niño sus padres se separan y quedó al cuidado de su abuela en Managua.

Sobre su apellido explica Rubén Darío,…»según lo que algunos ancianos de aquella ciudad de mi infancia me han referido, un tatarabuelo mío tenía por nombre Darío. En la población todo el mundo conocíale por don Darío, a sus hijas e hijos por las Daríos y los Daríos.

Fue así desapareciendo el primer apellido, a punto tal, que mi bisabuela paterna firmaba ya Rita Darío; y ello, convertido en patronímico, llegó a adquirir calor legal, pues mi padre, que era comerciante, realizó todos sus negocios con el nombre de Manuel Darío; y en la catedral a que me he referido, en los cuadros donados por mi tía Rita de Alvarado, se ve escrito su nombre de tal manera».

El matrimonio de sus padres fue de conveniencia; de tal manera que cuando Rubén nació, ya estaban separados.

ruben dario escritor nicaraguense

Creador del  modernismo, favoreciendo el encuentro entre las letras de España y Latinoamérica.Cuando en España el género poético decaía, Rubén Darío aporta  una savia que, junto con Bécquer, inició el camino para el florecimiento de eximios poetas.

El coronel Félix Rodríguez Madreguil, casado con Bernarda Sarmiento, hermana de su madre, lo toma bajo su protección. El niño vive en León, donde crece como hijo del coronel y de su tía y según su propios recuerdos, gracias a él aprendió a montar a caballo, conoció el hielo, los cuentos ilustrados infantiles, las manzanas californianas y el champaña de Francia; también va a la escuela donde aprende a leer con sorprendente rapidez, para un niño de cuatro años, de la mano de su primera maestra doña Jacoba Tenería. Pero también sabe muchas otras cosas que no se aprenden en la escuela.

Desde muy joven leía poesías y se destacó como un gran hombre de la literatura. Sabe de historias maravillosas, de mitos y leyendas contados por el indio Goyo y la mulata Serapia, fieles servidores de doña Bernarda Sarmiento. Muerto su tío, tuvo que ir a la escuela pública, donde encuentra la primera persona que toma en serio su vocación de poeta: es don Felipe Ibarra, bajo cuya dirección entró en contacto con los clásicos castellanos (Cervantes, Quevedo), lecturas que fueron mezcladas con las más disímiles obras de otras literaturas (Las mil y una noches, La Biblia, los Oficios de Cicerón, la Corina de Madame Staél y las truculencias de un novelón denominado La Caverna de Strozzi).

A su carácter sanguíneo e imaginativo, a sus lecturas y estudios, hay que agregar la naturaleza lujuriosa del lugar donde crece, con un lago encantado —el Managua, lleno de islas floridas con pájaros de colores y sobre todo el cono imponente del volcán Motobombo—, que tan ardientes recuerdos dejó en la imaginación del poeta, para comprender ese desbordamiento y esa imponencia que después iba a ser la impronta de toda su creación literaria.

De la escuela primaria pasa al colegio de los jesuítas; su educación religiosa, ya tan acendrada en el seno familiar, mezclada con paganas supersticiones y fantasmagóricas iluminaciones, pronto hacen mella en su naturaleza enfermiza y sensible y se resuelven en un misticismo que perduró a través de su vida y de su obra, o en el dionisíaco impulso con que se enamora de Inés, la prima rubia, que evoca como la garza negra en su libro Azul.

Pero en aquel tiempo su poesía se orienta hacia lo religioso, de tal manera que no hay acto litúrgico o festival religioso donde no estén presentes sus epitafios y coplas volanderas; las gentes acuden a él para pedirle una redondilla, una cuarteta o una décima en memoria de sus difuntos. Entonces adquiere una cierta fama dentro de los límites del pueblo, donde ya se le conoce como el poeta-niño.

En su adolescencia, Rubén conoce a Hortensia Buislay, estrella de un circo norteamericano, quien lo deslumhra y lo convence para que se enrole en la farándula y así poder seguir juntos por el mundo. Pero el dueño del circo lo considera un inútil pata cualquier tarea farandulesca y Rubén se ve obligado a quedarse, viendo cómo su adorada Hortensia parte hacia otros rumbos, mientras él la evoca en un poema que titula «El vuelo de Hortensia», adolorido canto de ingenuo poeta adolescente.

Estando en 1888 en Chile publicó  su primer libro, Azul..El libro Azul… considerado la renovación de la letras hispanas a través del modernismo y despertó el interés por el escritor español Juan  Valera. A los 24 años y ya de regreso a Managua se casa con Rafaela Contreras, con quien tiene su primer hijo. Rafaela muerte en 1893.  Publica en 1915 La vida de Rubén Darío y, enfermo,muere al año siguiente. (1916).

El Modernismo es el movimiento que predomina en la poesía de final del siglo XIX y principios del XX. Como reacción al Realismo, busca crear un universo imaginario, habitado por la belleza, el exotismo y la sensualidad.

La literatura modernista se caracteriza por la búsqueda de la belleza, tanto en las formas de expresión como en los contenidos. Para alcanzarla, la estética modernista se caracteriza por tres rasgos esenciales: la sensorialidad, la perfección formal y la ambientación en lugares fantásticos.

HISTORIA DE SU VIDA: A fines del siglo XIX, surgió en América un importante movimiento literario llamado «modernismo», cuya figura preponderante fue el nicaragüense Rubén Darío. Este halló terreno propicio para su obra en lo realizado, poco antes, por algunos poetas y prosistas considerados hoy como sus precursores: entre ellos, el mexicano Manuel Gutiérrez Nájera, el cubano José Martí y el colombiano José Asunción Silva. Los tres tuvieron vida breve: nacieron durante la segunda mitad de esa centuria y fallecieron antes de su terminación.

Se ha dicho que el «modernismo» no tuvo unidad de estilo v que, por lo mismo, comprendió varias escuelas, ajustándose, también, a diversos géneros, como la novela, el teatro, la crítica, el ensayo y, por supuesto, la poesía. Sufrió la influencia del positivismo y compartió tendencias estéticas diferentes y antagónicas: desde las últimas vicisitudes románticas, inspiradas por Heine, Bécquer y Verlaine, hasta el realismo narrativo a la manera de Flaubert y Zola o la desbordante fantasía de D’Annunzio y Alian Poe.

Parnasianos y simbolistas, neoclásicos e intimistas, se dieron cita en la cruzada renovadora del modernismo para cambiar los lineamíentos existentes. La idea del «arte por el arte», es decir el cultivo de la literatura sin otros fines que los estéticos, se impuso por doquier, bregándose por un refinamiento verbal destinado a alcanzar sonoridades de gran belleza. Su ejemplo encontró amplio eco en la voz de graneles escritores posteriores, como Unamuno, Valle Inclán, Manuel y Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez.

En la Argentina su continuador fue Leopoldo Lugones. Rubén Darío nació en la aldea de Metapa (actualmente, Ciudad Darío), en 1867. Su verdadero nombre fue Félix Rubén García Sarmiento, pero lo cambió por el de Darío, que era el de uno de sus bisabuelos, tras una infancia triste. Poco antes de que él naciera, sus padres se separaron y el poeta pasó su infancia en la ciudad de León, donde vivió en casa de unos parientes.

Estudió en un colegio religioso y , adolescente aún, logró emplearse en la Biblioteca Nacional de Managua. Allí cultivó la lectura de los clásicos españoles y franceses. Se trasladó, por un tiempo, a El Salvador, pero dos años más tarde, regresó a Managua donde publicó su libro de versos «Primeras notas». A los diecinueve años de edad, viajó a Chile, donde desempeñó diversos cargos, y publicó dos tomos poéticos de tendencia becqueriana: «Abrojos» y «Rimas». Poco después, en 1888, vio la luz «Azul», libro en el que alternan la prosa y el verso.

poeta Rubén Darío

Contaba muy pocos años cuando sus padres le enviaron a la ciudad de León, de donde marchó a París, conociendo allí a varios grandes poetas líricos franceses. Vuelto a su patria cuando contaba trece años, obtuvo un empleo en la Biblioteca Nacional, donde compartió sus tareas con la lectura y estudio de los clásicos españoles y los grandes poetas extranjeros. A los catorce años quiso casarse en Managua con «una adolescente de ojos verdes». Para disuadirle de este propósito, sus amigos hicieron que se trasladara a la República de El Salvador, donde fue bien recibido y pensionado por el presidente y le fue encargada una oda para ser leída en la velada literaria con que se conmemoraba el centenario de Bolívar; perteneció a la Academia literaria

En efecto, incluye cuentos fantásticos, líricos y realistas, con descripciones, impresiones personales, cuatro poemas inspirados en las estaciones del año y otras poesías de logrado acento. Darío envió un ejemplar de este libro al famoso escritor y crítico español Juan Valera, a quien no conocía y la respuesta fueron dos cartas muy elogiosas que el autor incluyó, como Prólogo, en ediciones futuras.

En 1889 regresó a Nicaragua y, desde allí, fue a El Salvador, Guatemala, Costa Rica y otros lugares del Nuevo Mundo. Contrajo enlace con una costarricense y tuvieron un hijo, pero su esposa falleció tres años después, mientras Darío se hallaba en España representando a su patria en las fiestas del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América. Volvió a casarse, pero no fue afortunado en este segundo matrimonio y vivió separado de su mujer. En 1893, Colombia lo designó cónsul en Buenos Aires.

Antes de viajar a la Argentina, visitó Nueva York y París. Residió durante cinco años en Buenos Aires, ciudad donde publicó, en 1896, uno de sus mejores trabajos: «Prosas profanas«, volumen de versos que fue considerado revolucionario y donde rindió tributo» a la antigua galantería, a los mitos griegos y a una Edad Media idealizada. Incluye la célebre «Sonatina», en versos alejandrinos, «Sinfonía en gris mayor» y «La página blanca» (por la cual desfila la caravana de la vida).

También en 1896 publicó «los raros», donde analizó la labor realizada por algunos de sus contemporáneos, poco conocidos. Dos años después, dejó la Argentina —a la que siempre consideró como su segunda patria— y viajó rumbo a España, donde actuó como ministro plenipotenciario de Nicaragua. Tuvo allí por compañera dócil y abnegada a Francisca Sánchez, una joven española a la que conoció en Madrid. En esta ciudad publicó, en 1905, su obra cumbre: «Cantos de vida y esperanza», sobre la cual diría, años después: «Si ‘Azul’ simboliza el comienzo de mi primavera y ‘Prosas profanas‘ su plenitud, ‘Cantos de vida y esperanza‘ encierra las esencias y savias de mi otoño».

Viajó dos veces más a la Argentina; la última, en 1912. Durante estos años, publicó «El canto errante» (1907) y «Poema de otoño» (1910). Cuando estalló la guerra, en 1914, Rubén Darío —que estaba en Europa— volvió a América. Residió en los Estados Unidos, en Guatemala y en Nicaragua, donde falleció el 6 de febrero de 1916.

Portada del Primer Libro de Rubén Darío: Azul (1888)

Origen e influencias del Modernismo:
Tradicionalmente se ha considerado que el Modernismo surgió en Hispanoamérica con la obra de José Martí y con la publicación en 1888 de Azul, del poeta nicaragüense Rubén Darío. Los escritores nacidos en las jóvenes repúblicas americanas que se habían independizado de España en el transcurso del siglo XIX querían apartarse de la tradición española y buscaron sus fuentes en literaturas como la inglesa, la italiana y, sobre todo, la francesa. Se produjo así una profunda renovación formal y temática, y se incorporaron al castellano numerosas palabras procedentes de otras lenguas.

El Modernismo es un movimiento que recibe las influencias francesas del parnasianismo y del simbolismo. El parnasianismo cultiva el arte por el arte (un arte desinteresado), la perfección formal, el gusto por el detalle y lo mitológico y la afición por lo exótico y lo sensorial. El simbolismo, por su parte, quiere ir más allá de lo exterior y de las apariencias a través del uso de los símbolos. El mundo exterior es el reflejo de realidades ocultas que el poeta descubre.

En sus composiciones, las ideas o los sentimientos se expresan a través de elementos físicos como los objetos o los colores. Así, en el simbolismo se procede a la expresión de lo subjetivo mediante elementos sensoriales. El Modernismo español tiene una mayor influencia simbolista: predomina en él el intimismo (que enlaza con la poesía posromántica de Bécquer o de Rosalía de Castro) y es menos frecuente la presencia de elementos exóticos. De esta forma, aunque la sensualidad aparece reflejada en las composiciones españolas, se aprecia con frecuencia la expresión de sentimientos como la melancolía y la angustia a través de diversos símbolos.

Darío fue el verdadero artífice de la estética modernista y de la renovación de la literatura castellana. Tras su llegada a España en 1892, se convirtió en un punto de referencia para los poetas españoles de su tiempo, con los que estableció también relaciones personales muy estrechas.

Fuente:
La Enciclopedia del Estudiante La Nación Tomo N°15 Literatura Española y Hipanoaméricana Edit. Santillana

Fragmento de “Estival”, de Azul…
De Rubén Darío

La tigre de Bengala,
con su lustrosa piel manchada a trechos
está alegre y gentil, está de gala.
Salta de los repechos
de un ribazo al tupido
carrizal de un bambú; luego a la roca
que se yergue a la entrada de su gruta.
Allí lanza un rugido,
se agita como loca
y eriza de placer su piel hirsuta.

La fiera virgen ama.
Es el mes del ardor. Parece el suelo
rescoldo; y en el cielo
el sol, inmensa llama.
Por el ramaje obscuro
salta huyendo el canguro.
El boa se infla, duerme, se calienta
a la tórrida lumbre;
el pájaro se sienta
a reposar sobre la verde cumbre.

Siéntense vahos de horno;
y la selva indiana
en alas del bochorno,
lanza, bajo el sereno
cielo, un soplo de sí. La tigre ufana
respira a pulmón lleno,
y al verse hermosa, altiva, soberana,
le late el corazón, se le hinche el seno.

Contempla su gran zarpa, en ella la uña
de marfil; luego toca
el filo de una roca,
y prueba y lo rasguña.
Mírase luego el flanco
que azota con el rabo puntiagudo
de color negro y blanco,
y móvil y felpudo;
luego el vientre. En seguida
abre las anchas fauces, altanera
como reina que exige vasallaje;
después husmea, busca, va. La fiera
exhala algo a manera
de un suspiro salvaje.

Un rugido callado
escuchó. Con presteza
volvió la vista de uno y otro lado.
Y chispeó su ojo verde y dilatado
cuando miró de un tigre la cabeza
surgir sobre la cima de un collado.
El tigre se acercaba.

UNA AMPLIACIÓN SOBRE SU VIDA:

Contaba muy pocos años cuando sus padres le enviaron a la ciudad de León, de donde marchó a París, conociendo allí a varios grandes poetas líricos franceses. Vuelto a su patria cuando contaba trece años, obtuvo un empleo en la Biblioteca Nacional, donde compartió sus tareas con la lectura y estudio de los clásicos españoles y los grandes poetas extranjeros.

A los catorce años quiso casarse en Managua con «una adolescente de ojos verdes». Para disuadirle de este propósito, sus amigos hicieron que se trasladara a la República de El Salvador, donde fue bien recibido y pensionado por el presidente y le fue encargada una oda para ser leída en la velada literaria con que se conmemoraba el centenario de Bolívar; perteneció a la Academia literaria La Juventud y colaboró en una importante revista.

Vuelto a su patria, obtuvo una plaza en la secretaría del presidente Zabala. Pasó después a Chile a causa (según él mismo explica) de una contrariedad amorosa, residiendo en este país desde 1886 a 1889. Allí fue redactor de La Época, corresponsal de La Nación, de Buenos Aires, y de El Diario Nicaragüense y El imparcial, de su patria.

En este tiempo escribió Abrojos y Rimas, dos libros de versos románticos; Emelina, novela folletinesca (en colaboración con Eduardo Porier); Canto a las glorias de Chile, premiado en el certamen Várela; Azul, libro de admirables cuentos, publicado en Valparaíso en 1888. Ya aureolado de prestigio pasó a la América Central en 1889, dirigiendo los periódicos La Unión Centroamericana, en El Salvador, y El Correo de la tarde, en Guatemala.

En 1890 se concertó la boda del poeta con Rafaelita Contreras, hija de don Alvaro Contreras, orador hondureno, presentando este enlace la particularidad de celebrarse por separado las ceremonias civil y religiosa, por recientes disposiciones del poder establecido por un golpe de estado. Suspendida la publicación de El Correo de la tarde, de cuyo periódico obtenía los ingresos para su subsistencia, se .trasladó con los suyos a Costa Rica, donde su esposa tenía allegados, viviendo estrechamente en San José, de  colaboraciones en periódicos, hasta que nació su primer hijo Rubén Darío Contreras.

Pasó a Guatemala intentando mejorar de fortuna y estando allí fue nombrado por el Gobierno de su patria miembro de le Delegación que había de representar a Nicaragua en las fiestas del centenario de Colón. Personado en Madrid entró en relaciones con Valera, Núñez de Arce, Campoamor, Menéndez y Pelayo, Cánovas del Castillo, José Zorrilla, y frecuentó el salón literario de doña Emilia Pardo Bazán. A su regreso a América aprovechando la estancia del vapor en Cartagena de Colombia, logró del expresidente Rafael Núñez la promesa de obtener para él el consulado de Colombia en Buenos Aires.

Hallábase en León cuando supo el fallecimiento de su esposa, cuyo triste suceso le produjo tal sacudida espiritual que, según propias aseveraciones, le llevó a la afición a las bebidas alcohólicas. Poco después se casó en Managua, contra su voluntad, con Rosario Murillo (la «adolescente de los ojos verdes»), de la que tuvo un hijo que murió a poco de nacer.

En posesión ya de la credencial de cónsul de Colombia en Buenos Aires, decidió volver a París antes de establecerse en la ciudad de su destino. Allí tuvo por guías y mentores a Enrique Gómez Carrillo y Alejandro Sawa. Con su ídolo, Verlaine, no pudo hablar por impedirlo el estado de embriaguez en que el poeta francés habitualmente se encontraba. Por fin, agotados su recursos, pasó a Buenos Aires, tomó posesión de su cargo, llevó una vida fastuosa y escribió Los raros y Trosas profanas.

Llegó el año 1898, y con él la ruina del imperio colonial de España. El periódico La Nación, de Buenos Aires, deseó informar con objetividad y amplitud a sus lectores, y Rubén Darío, cuyo sino parece ser el de no hacer asiento en parte alguna, fue nombrado corresponsal de aquel gran diario en Madrid. Entró de nuevo en contacto con la intelectualidad española de la época, y escribió el libro España contemporánea. A principios de 1900, conoció a Francisca Sánchez, aquella mujer que según el poeta era «ajena al dolor y al sentir artero», que había de ser su abnegada compañera el resto de sus días.

En abril de 1900, La Nación le envió de corresponsal a la capital de Francia, con motivo de la Exposición Universal. En este mismo año, acometido por súbitos ardores místicos, hizo una excursión a Italia, donde, en Roma, fraternizó con Vargas Vila. Ültimamente en París había intimado con Amado Nervo y conocido a Oscar Wilde.

El período de 1900 a 1905 fue uno de los más activos de su vida; su residencia básica era París, pero fue la época en que viajó más que nunca. Visitó Londres, Brujas, Bruselas; asistió en Dunquerque a la llegada del zar Nicolás II; pasó una corta temporada en Dieppe; volvió a España, visitando Barcelona, Málaga, Granada, Sevilla, Córdoba y Gibraltar. Viajó luego por Bélgica, donde visitó el campo de batalla de Waterloo y luego por Alemania, Italia, Austria y Hungría. Estuvo en Colonia, Maguncia, Francfort, Hamburgo y Berlín; en Venecia (por segunda vez), Florencia, Viena y Budapest.

En 1904 fue nombrado cónsul general de Nicaragua en París y publicó Tierras solares. En 1905 visitó Oviedo, veraneó en Arenas, pueblecillo del norte de España, y publicó en Madrid Cantos de vida y esperanza, quizá el mejor de sus libros y el que más fama le ha dado.

En 1906, nombrado secretario de la delegación de Nicaragua en la Conferencia Panamericana de Rio de Janeiro, regresó a América, de la que había estado ausente ocho años. El viaje fue triunfal y también, cuando poco después, enfermo, pasó a Buenos Aires, fue calurosamente festejado. En 1907, buscando alivio a sus dolencias, se dirigió a Palma de Mallorca, donde pasó el invierno de aquel año.

Nombrado a poco, en unión de Vargas Vila, por el Gobierno de Nicaragua, miembro de la Comisión de límites con Honduras, litigio sometido al arbitraje del rey de España, hubo de soportar, así como su compañero Vargas Vila, la vejación de no ser presentado oficialmente. Por otra parte, Rosario Murillo, cansada del abandono en que la tenía, se presentó en París para hacer valer sus derechos de esposa. Temiendo alguna asechanza, el vate marchó a Nicaragua, donde sus compatriotas le dispensaron una entusiasta acogida.

Volvió a París en 1908 y de allí pasó a España con el cargo de ministro de Nicaragua, pero pronto fue nombrado Ministro Plenipotenciario de su país en las fiestas del Centenario de México, donde fue muy agasajado, y visitó Jalapa y Teccelo. Pasó luego a La Habana, donde permaneció tres meses, y regresó a Europa. En París dirigió las revistas Mundial y Elegancias. En propaganda, realizó con otros escritores una jira de conferencias por España, Uruguay, Argentina y Chile.

Rubén, enfermo de anemia mental, aceptó la invitación de su amigo don Juan Sureda, y se trasladó de París a Mallorca, donde hizo estancia en Vall-demosa, y gracias a los cuidados de su amigo, mejoró mucho. Es fama que en la antigua Cartuja, famosa por la estancia de Chopin y Jorge Sand, hizo Rubén vida de anacoreta, vistiendo el hábito de los Cartujos. Más tarde, en Barcelona, pasó una temporada frecuentando el trato de sus amigos Pompeyo Gener, Rusiñol, Miguel de los Santos Oliver y Eugenio d’Ors (Xenius). Vivió en Barcelona con Francisca, su hijo y su hermana María.

En 1914, seducido por la idea de dar conferencias en los Estados Unidos, México y América Central, partió para Nueva York, donde pronunció dos conferencias; pero cayó enfermo de pulmonía doble y le abandonó su secretario, dejándolo sin recursos. Algo repuesto, marchó a Guatemala, donde fue generosamente atendido por el presidente Estrada Cabrera.

Mas, sintiendo la nostalgia de su patria, se trasladó a Nicaragua, falleciendo en su casa de León el día 6 de febrero de 1916. Nicaragua rindió un solemne homenaje a su ilustre hijo declarando su pérdida duelo nacional. Ante el cadáver de Rubén desfilaron imponentes multitudes formadas por gentes de todos los estamentos sociales.

Fuente Consultadas:
Ciencia Joven Diccionario Encicloédico Tomo V – Vida de Rubén Darío
Enciclopedia Electrónica ENCARTA
La Enciclopedia del Estudiante La Nación Tomo N°15 -La Nación-
Historia Universal de la Civilización Tomo II – Del Renacimiento a la Era Atómica – Editorial SOPENA

Van Eyck Vida y Obra Artística Arte Flamenco Biografía

BIOGRAFIA Y OBRAS DE ARTE DE JAN VAN EYCK, PINTOR FLAMENCO

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: Al mismo tiempo que se afirma el Humanismo italiano, un arte nuevo nace también en Flandes, favorecido por el bienestar y la prosperidad de la comarca, una de las más adelantadas de Europa en lo social y económico. Podemos afirmar que el verdadero Renacimiento flamenco nace con la pintura de Juan van Eyck, nueva sin ser revolucionaria, e impregnada de un humanismo distinto pero tan convincente como el italiano.

FLANDES Y BRABANTE: En 1419, Felipe el Bueno, Duque de Borgoña, traslada su sede de Dijón a Brujas, en el corazón de Flandes. Y es así como esta región, ya floreciente, viene a hallarse en el centro de uno de los Estados más prósperos y poderosos de Europa. El panorama que ofrecen las ciudades flamencas durante este período es el de una actividad alegre y serena que abarca los campos del comercio, la artesanía y la edificación, desenvolviéndose bajo el signo de la paz y la seguridad confiada en el mañana.

Igualmente florecientes son las condiciones en Brabante, cuyos centros de Bruselas y Lovaina comienzan a renovarse en su aspecto arquitectónico como consecuencia del incremento de las actividades ciudadanas. En efecto, los Países Bajos son, en el siglo XV, un hervidero social y económico. Y éste es el terreno donde se desarrolla una vida cultural y artística que se expresa en la obra de algunos grandes pintores, entre los que descuella netamente la figura de Juan van Eyck.

Jan (Juan) van Eyck (1390-1441), pintor flamenco que trabajó en Brujas, se cree que  fuera oriundo de Maaseik, provincia de Limburgo. En 1422 trabajó en La Haya para Juan de Baviera, príncipe-obispo de Lieja. En los años de su juventud Van Eyck trabajó en Tournai, capital de la escultura, junto a un pintor de misteriosa personalidad, llamado el Maestro de Flémalle, identificado mas tarde como Robert Campin, fue fundador del Ars nova, estilo pictórico del gótico tardío en el siglo XV, que anuncia el renacimiento en el norte de Europa.

autoretrato de van eyck

El hombre del turbante
Se cree que El hombre del turbante (1433, National Gallery, Londres) es un autorretrato de Jan van Eyck.
Su obra era de un gran realismo para la época.

Lo poco que se sabe de su primera época hace que se centre la atención en la relación artística que mantenía con su hermano Hubert. La oscuridad que rodea a la figura de éste ha provocado especulaciones y debates interminables entre los historiadores del arte, y hasta se ha llegado a sostener que tal hermano nunca existió.

El arte de esta etapa flamenca se identifica  por el naturalismo de vívidos colores al óleo, la meticulosidad de los detalles, la precisión de las texturas y la búsqueda de nuevos sistemas de representación del espacio tridimensional o perspectiva. En 1425 Felipe III el Bueno, duque de Borgoña, le nombró pintor de la corte, cargo que conservó hasta su muerte. La relación que mantenía con el duque era tan buena que éste le encargó algunas misiones diplomáticas secretas.

La Región Flamenca , o simplemente Flandes , es una de las tres regiones que componen Bélgica, junto con la Región Valona y la Región de Bruselas-Capital. Flandes limita al suroeste con Francia, al noroeste con el mar del Norte, al norte y este con los Países Bajos, y al sur con Valonia.

Se puede decir que la posición artística de Juan van Eyck, quien fue co-autor del políptico (ver imagen abajo) , comienza en las premisas del arte de aquél se hallan ya presentes en las mejores expresiones de la miniatura franco-flamenca del siglo XVI, en los diáfanos cielos abiertos de los Libros de Horas de los hermanos de Limburgo, en el minucioso ajuste a la realidad de las cosas, y en ese naturalismo analítico, que constituía la más fascinante característica de aquellas hojas miniadas.

Y parece haberse comprobado que el mismo van Eyck inició sus actividades artísticas como miniaturista. Es así como la crítica le atribuye, concordemente, algunas hojas de las «Horas» conservadas en el Museo de Turín, que estilísticamente entroncan con la tradición representada por los mencionados hermanos de Limburgo. Pero, con el Cordero Místico, la experiencia miniaturista es superada por una concepción pictórica de mucho más vasto empeño, en la que van Eyck se revela no solamente hábil en la composición y el dibujo, o en su conocimiento de la perspectiva y la anatomía, sino, sobre todo, por las infinitas posibilidades expresivas que hace nacer de la fusión de la luz y del color.

Su lento y meditado descubrimiento de la realidad alcanza, así, una esfera de solemne contemplación y de transfiguración. Humanista es el ideal de van Eyck por su afectuoso y apasionado interés hacia el hombre, pero no descubre la dignidad de éste a través del estudio de los clásicos, sino captándolo en su verdad cotidiana y acercándose a su vida más íntima y secreta.

Pintor de corte de Felipe el Bueno, Juan van Eyck gozó de gran favor por parte de sus contemporáneos, que le hacían numerosos encargos.  Así nacen sus obras más conocidas, desde la Virgen del Canónigo van der Paele hasta la Virgen del Canciller Rolin y el Retrato de los esposos Arnolfini. En todas sus obras se percibe extraordinaria afición por el detalle.

Cada pormenor es un cuadro dentro del cuadro, y es, a veces, un trozo pictórico y poético de sorprendente realismo una naturaleza muerta en la penumbra de un armario, un florero al pie de la Virgen, el precioso vestido de un donante que tiende como a fraccionar la atención del que mira. Pero, sobre todo, es el mágico efecto de la luz, que parece brotar casi de la misma materia pictórica, el que confiere unidad y coherencia al conjunto.

Y tanto el nítido paisaje urbano, como la rica morada burguesa de sus pinturas, son signo de una sólida solvencia, de una fe en las cosas de este mundo, que testimonian el logrado equilibrio de una sociedad en la que el arte de van Eyck y de los pintores que lo siguieron ha encontrado una de sus más valiosas condiciones de existencia. Juan van Eyck murió en el año 1440, honrado por todos y, en especial, por Felipe el Bueno,  duque  de Borgoña,  su protector.

EL   MAESTRO   DE   FLEMALLE: En los años de la juventud de van Eyck trabajaba en Tournai, capital de la escultura, un pintor de misteriosa personalidad, llamado el Maestro de Flémalle. Durante cierto período se ha creído que sus obras debían atribuirse a la juventud de Rogelio de la Pasture (van der Weyden), mientras que ahora, casi uniformemente, se lo identifica con Roberto Campin, nacido en Valenciennes, que actuó en varias ciudades de los Países Bajos.

La educación de este maestro, como se desprende de las obras que han quedado de él, presenta aspectos profundamente distintos de los típicos en la concepción de van Eyck. Es evidente, sin duda, que se ha formado en contacto con las grandes escuelas de escultura, y que ha tenido oportunidad de conocer y asimilar la enseñanza del gran escultor borgoñón Claus (Nicolás) Sluter.

Derivan de ese precedente el fuerte plas-ticismo de sus pinturas, la abierta vena expresionista de carácter aún medieval y la tendencia a poner en primer plano las figuras, sin ninguna conexión con la escena del fondo. Estamos lejos de la sensibilidad pictórica de van Eyck, que resolvía el problema de la representación de formas y volúmenes mediante matices de luz y de color. Sólo en sus últimas obras el Maestro de Flémalle muestra haber experimentado la influencia de su más joven y famoso colega, dulcificando los contornos con una luminosidad más suave y difusa, y creando una atmósfera de tiernas vibraciones.

Políptico del Cordero Místico; detalle del panel central celos Apóstoles y los Eclesiásticos (1426, aprox. -1432)
– Iglesia de San Bavón – Gante.

Detalle del Políptico del Cordero Místico

 La renovación substancial que en vano se buscaría en la arquitectura o en la escultura flamencas del siglo XV, se encuentra, en cambio, en el campo de la pintura. Con las grandes personalidades de Juan van Eyck, de Rogelio van der Weyden (de la Pasture), de Diderico Bouts y de Hugo van der Goes, se asiste al surgimiento de un tipo de pintura que, si bien tiene sus orígenes en el naturalismo del arte gótico, se afirma como un movimiento completamente nuevo, distinto pero no menos importante que la pintura del siglo XV italiano. El gran políptico de Gante es como el triunfal anuncio de este mundo nuevo: comenzado alrededor de 1426 e inaugurado en 1432, fue parcialmente pintado por Huberto van Eyck, el misterioso hermano de Juan, cuya existencia misma ha sido controvertida por muchos críticos modernos y considerada una leyenda.

JUAN VAN  EYCK (1390, aprox. – 1441): Retrato   de  Arnolfini y de su mujer (1434) – Galería Nacional. Londres.
Retrato, escena de ambiente y estudio de costumbres, como ha sido justamente definida, la tabla que representa a los cónyuges Arnolfini es una de las más grandes obras de Juan van Eyck y una de las que mejor manifiestan la manera de pintar y el estilo del artista. Cada detalle del ambiente ha sido estudiado con gran cuidado, como si se lo mirase a través de una lente de aumentó; así sucede con los muéblesela araña, las paredes, los detalles de los vestidos y el pequeño espejo del fondo en el que se reflejan todos los pormenores de la pequeña cámara. Pero tal examen nada quita al rigor equilibrado con que ha sido representado el ambiente en su conjunto, debido a que las más sutiles exactitudes del dibujo están acompañadas por la vibración de la luz que unifica los detalles, acaricia la superficie de las cosas y define toda la atmósfera. La atención del pintor a los datos ambientales es, por otra parte, característica de toda la pintura flamenca del siglo XV: el revivido interés por el hombre se convierte, en los flamencos, en búsqueda de la ubicación del personaje en el mundo real   en   que   vive.

JUAN VAN EYCK (1390, aprox. – 1441): La Virgen del Canciller Rolin.  (1425, aprox.) – Museo del Louvre. París.
Detrás de la vigorosa imagen del Canciller Rolin se despliega un diáfano paisaje fluvial, y cada elemento del panorama, hasta el más pequeño y lejano, es puesto de relieve con sutilísimo análisis descriptivo.

Virgen de la Fuente de Van Eyck

JUAN VAN EYCK (1390, aprox. – 1441): La Virgen de la Fuente Museo Real de Bellas Artes.   Amberes.
El fondo del cual surge la imagen es precioso y florido, según La concepción pictórica y el gusto típicos del mundo gótico tardío. En cambio la figura misma de la Virgen, solemne en su amplio manto drapeado posee un relieve y una plasticidad absolutamente ignorados por los delicados y refinadísimos pintores del ya arcaico gótico internacional.

Van Eyck Retrato del Cardenal

JUAN VAN EYCK (1390, aprox. –  1441) Retrato del Cardenal Albergan (1434, aprox.) -Museo de Historia del Arte.  Viena.
El brillantísimo análisis de los datos de la realidad, que ya se ha notado en las escenas de ambiente o en los fondos naturales de la pintura flamenca, triunfa sobre todo en la serie de hermosísimos retratos que Juan van Eyck ejecutó de los hombres más famosos de su época: eclesiásticos, ricos burgueses, conocidos comerciantes, influyentes banqueros. Ninguna característica del rostro escapa al implacable análisis del pintor: cada arruga, cada cabello, cada detalle mínimo es precisado y descripto con grandísimo cuidado. Sin embargo, esta concepción microscópica de la realidad no es un fin en sí, sino que luego se transforma, por efecto de la luz y del color, en una potente síntesis; y de la observación de los mínimos detalles de un rostro nace un retrato vigoroso que revela todo un mundo interior.

Fuente Consultada:
Enciclopedia del Arte Fasc. N°59 ARTERAMA Editorial CODEX

Los Acolitos Una Relacion Con Teatro Itinerante

Los Acólitos Una Relación Con Teatro Itinerante

Los acólitos Una relación con el teatro itinerante El arte debe ser vivido por todos, no como un espectáculo experimentado pasivamente, sino como un juego en el que se arriesga la vida .En las organizaciones libertarias hemos visto en los cuadros filodramáticos, especialmente en los surgidos en las escuelas del movimiento, un esfuerzo colectivo de sacralización que exige del participante una apertura del espíritu y ofrece a cambio el control de sus propios medios de expresión El teatro, aún didáctico, conserva un aspecto de fiesta, pero ésta se convierte pronto en la fiesta de la Revolución.

En la experiencia que ellos intentan… actores y espectadores son los coautores del drama y en estamos en presencia de un verdadero teatro comunitario. La idea de este teatro aleatorio es favorecer la creación de la “comuna” y reconocer el hecho de que existe un artista creador en cada individuo. Y aunque el teatro no es más que un evento, conduce a la acción .

Por un breve instante, el arte, la vida, la política, forman una unidad. Las técnicas aleatorias garantizan que no haya un itinerario preestablecido, que no se establezca ninguna teleología social, que no se imponga, pues, una performatividad. La estética marxista se presenta como guardián de la tradición realista. La estética anarquista es el guardián del espíritu de ruptura. Y puesto que tiene la mirada fija en el porvenir, interpreta tal vez mejor la aspiración del artista de hoy a la libre expresión de su fe de herético .

Los libertarios rioplatenses desplegaron así un fuerte sentido de lo comunitario que conjugó la lucha económica con una decidida militancia de integración cultural alternativa a la del Estado.

Integración desigual, discontinúa, muchas veces efímera, contradictoria en sus apropiaciones. En este contexto de crecimiento de los centros portuarios el movimiento libertario adquiere gran relevancia en la organización de la lucha sindical. La necesidad de mano de obra barata por la expansión de la economía generó situaciones de esclavitud fogoneadas por las patronales, que respondían al modelo hegemónico oligárquico.

Con gran rapidez crecieron locales anarcosindicalistas , junto a centros, círculos y escuelas de orientación ácrata.

La creación artística de estos núcleos es remarcable y se convierten en el sistema de producción más dinámico de la época.

La reacción de los sectores que detentaban el poder político y económico no se hizo esperar y no sólo se dedicó a la represión de huelgas o foquismos puntuales sino que apuntó a toda la actividad del anarquismo en general. Se clausuraron sus diarios e imprentas, se ningunearon y luego quemaron sus centros y escuelas racionalistas.

Era un vano intento por frenar la ola de concientización de la clase proletaria. No faltaron recursos al libertario para seguir expresando sus ideas apelando a dos figuras que simbolizaban por su estilo de vida la existencia sin ataduras, los acólitos y los crotos. Los acólitos utilizaron también las viadas para la enseñanza de las ideas anarcosindicalistas y nunca promovieron foquismos, a pesar de trabajar en solitaria durante meses.

Las bases de la perspectiva anarquista – tanto en términos generales, como en lo específicamente referido a lo artístico – no derivan de un modelo teórico que, una vez establecido por algún “maestro pensador”, quedaron determinados para siempre.

Se trata aquí de un cuerpo conceptual dinámico, cuyos creadores y seguidores han rehusado convertir en canon de obligatoria obediencia, pues siendo su esencia la libertad y el cambio mal podría avenirse con ello. Por tal motivo, no es sencillo – y hasta resultaría inaceptable para algunos – pretender enumerar los principios estéticos libertarios, más aún cuando ello significa suponer coincidencias plenas entre posturas ideológicas que han puntualizado sus diferencias tanto en la explicación y valoración del hecho artístico como en otros aspectos (por ejemplo, el Anarcosindicalismo, el Anarquismo Individualista, el Anarquismo Cristiano y el Municipalismo Libertario).

No obstante, es posible intentar una presentación que subraye los elementos que unifican a las diversas teorías estéticas libertarias, ámbito donde quizás lo más difícil sea conciliar lo que sostiene el Anarquismo Individualista con lo que afirman las tendencias en pro de lo que cabe llamar el Anarquismo Social.

Explicar estas diferencias excede los objetivos de este trabajo. Sin embargo para avanzar en la actividad de los acólitos como vehículos del ideal libertario es necesario precisar si es posible descubrir una genuina estética del movimiento por encima de sus múltiples interpretaciones doctrinarias. La estética anarquista parte de considerar al arte como expresión indispensable en la vida de los pueblos y los individuos, en tanto se trata de una praxis que fusiona la imaginación con el trabajo – la actividad humana y humanizante por excelencia.

Es en su horizontalidad de criterios y en su multiplicidad de propuestas, que encontramos un rico y destacado material dramatúrgico.

Voy a desarrollar la tarea de dos acólitos que, fieles a esa falta de dogmatismo, se desplazaron por zonas casi despobladas del territorio argentino.

Isaac Berman, un joven maestro partió hacia el norte de Santa Fe y desde allí se internó en la selva chaqueña. Nos cuenta:”Mi familia era alemana y supe del socialismo desde la cuna.

Mi abuelo había participado de las revueltas de 1848 y dos tíos militaron con fervor en el primitivo comunismo marxista. Yo nací en estas tierras, a poco de comenzar el siglo. Viví desde pequeño la agitación obrero por la vinculación de mi padre con los sindicalistas que seguían las ideas reformistas de Justo.

Pero un hecho inesperado cambió mi vida para siempre. La traición de los dirigentes ante una huelga dejó a mi familia sin sustento, por lo que debimos mudarnos a una pequeña finca cerca de Luján. Allí ingresé a la escuela libertaria y aprendí un nuevo camino y la verdad de un ideal puesto al servicio del hombre y que nace del propio hombre.

Quería ser escritor, pero la lucha me llevó a dedicarme a la docencia, llevando a lugares muy lejanos el amor por los principios anarquistas. Para no olvidar mi amor por la escritura, comencé a redactar poemas y pequeños monólogos que utilizaba didácticamente con mis alumnos.

Recuerdo uno especialmente, en mi primera experiencia con los hacheros. Los compañeros locales habían reunido un pequeño grupo y decidí presentarme arremetiendo con “No desesperen”, un breve texto de mi producción. Allí un delegado ácrata se dirigía a los que compartían sus dolores y a aquellos que los explotaban. RAMON: Estoy aquí para debatir los pasos a seguir en la huelga. Tuve muchas presiones. Los dueños de los campos, los capitalistas terratenientes, atentaron contra mi vida y sus esbirros de la policía mataron al pobre Juan. No se puede razonar con el que blande el látigo y nos cree sus esclavos.

Ellos hablan de la civilización que traen, de los adelantos que su presencia significa. Y sólo crean almacenes rústicas, en las que los obreros del hacha, debemos comprar con vales y a precios inalcanzables. Si el turco, que les hace de intermediario, quiso cambiar pieles valiosas por un kilo de yerba. Se dan cuenta, compañeros.

Un engaño tras otro. Pero claro son letrados, tienen la ley del dueño de su lado y se aprovechan de la ignorancia del pobre. Por eso les pido que se acerquen al círculo anarquista, allí aprenderán a leer o a profundizar lo que saben. Y el combate será también en otros campos. No le regalemos el territorio de la razón. El conocimiento es un proceso que se identifica con sus fines: libertad y amor. Para realizar el deseo irresistible de libertad es necesario conocer, y para conocer es necesario amar. El conocimiento, la libertad y el amor no pueden ser concebidos sino en una relación recíproca.

Estos tres términos son el lado de un triángulo que no podría existir sin los otros dos. Y como el amor es a un tiempo instrumento de conocimiento y de liberación, la poesía es amor e iluminación.

La lectura los hará libres; aunque sean dependientes sus cuerpos, su espíritu no tendrá patrón. No renuncien a la belleza. Por más loco que me crean, aún en medio de la selva y perseguidos podemos conectarnos con esa belleza que nos rodea y con la crece en nuestro interior. Pertenecemos a un movimiento social contestatario y somos una opción de rebeldía ante el Estado y las instituciones jerarquizadas y despóticas inherentes al capitalismo.

Se puede constituirse un modelo de organización asentado en prácticas colectivas e igualitarias y en relaciones de solidaridad y cooperación voluntaria, en resumen autogestionario, configurado por grupos auto-administrados, cooperantes y donde no tuviesen cabida el autoritarismo y la dominación.

Ciertamente que esa organización voluntaria y no jerarquizada exige empeño personal, participación y conciencia, al contrario de las instituciones autoritarias que recurren a chantajes, propinas y fraudes. Por esa razón es más difícil y más tardía la creación y desarrollo de formas de organización cooperativas, incluso porque la resistencia a los cambios, la huella de los valores dominantes y la rutina tiende a apartarnos de modos de organización que implican un trabajo arduo y permanente de renovación y compromiso solidario.

No aflojen, podemos y debemos dar una repuesta rotunda y ella será la organización en torno al ideal. Y no responderemos con violencia, porque eso esperan, para exterminarnos y adocenar a los que sobrevivan. Lo haremos con el amor que surge de nuestra comunión de intereses, de nuestra humanidad plena, de nuestra libertad sin rejas teóricas.” Vincenzo Matiori, discípulo de Malatesta, decidió abandonar la ortodoxia del movimiento y lanzarse a una labor educativa en la actual provincia de Misiones. Recuerda:”Después de muchos desencuentros, me di cuenta que las posiciones irreductibles eran contrarias a nuestra doctrina. Para evitar caer en disputas de bando, me alejé de los centros urbanos y me trasladé por el Litoral, llegando a Misiones.

El movimiento contaba con una incipiente organización en la región y en muchos lados ni rastros había de él. Conocedor del valor del teatro como vehículo de ideas, escribí seis monólogos y junto a tres cartillas, (también de mi producción), inicié la complicada, casi utópica gesta de llevar socialismo a quien apenas leía castellano.

Acompañaba mis improvisadas piezas con el acordeón, que aprendí a tocar de niño. Además me gustaba mucho la sonoridad del guaraní, lo fui conociendo en sus matices y hasta compuse alguna polka. Ante las represiones en el cercano Paraguay, contra anarcosindicalistas y obreros en general, organicé una reunión de boteros, hacheros, pequeños campesinos de los yerbatales simpatizantes de las ideas ácratas y lanzamos un documento.

Ese día estrené un breve monólogo llamado “Gritos de los pobres”. Javier, el obrero libertario esclarecido se dirigía a las autoridades oligarcas, los grandes usurpadores de la tierra y la vil policía. JAVIER: No tengo miedo, ni siquiera inquietud. Me pregunto si sus argumentos serán siempre el maltrato, el abuso y el asesinato a escondidas. Nunca enfrentaron con ideas, no las tienen.

Son indignos de la condición humana. Dado que quiero sinceramente acabar con toda dominación y explotación y empezar a abrir las posibilidades para crear un mundo donde no haya ni explotados ni explotadores, ni esclavos ni amos, elijo aprovechar toda mi inteligencia apasionadamente, usando toda arma mental -junto con las físicas- para atacar al presente orden social.

No pido disculpas por esto, ni me dirigiré a aquellos que por pereza o por la concepción ideológica de los límites intelectuales de las clases explotadas rechazan usar su inteligencia. No es sólo un proyecto anarquista revolucionario lo que está en juego en esta lucha; es mi realización como individuo y la plenitud de la vida que deseo. Y no la voy a construir solo, ya que la salvación es colectiva. Y por eso les hablo, poderosos a la cara. Carecen del concepto de moral y se inclinan frente a un Dios, sin creer en El. No aplican ni siquiera su misericordia, sólo llaman a los curas para que bendigan sus atrocidades.

Pero quiero explicarles, que aunque esté atado y vejado, soy el futuro. Ustedes son piezas de museo, que caerán con la rapidez de un rayo sobre el árbol. Son sombras, de las que no quedarán rastros y sus nombres sólo llenarán espacios en la lista de los traidores. Me hablan de patria, y martirizan a sus habitantes. Hipocresía, señores. Y dejo mi capítulo final, para los compañeros policías.

Quiero comprenderlos, lo intento diariamente. Son los perros guardianes de la patronal. Han nacido en las mismas moradas del obrero, comido su alimento, sufrido la falta de escuelas y la instrucción. Y se inclinan por unos miserables pesos. Son la escoria del sistema, los que acuñarán el olvido de los desiertos yermos.” La actividad de los acólitos libertarios se fue diluyendo cualitativa y cuantitativamente desde fines de 1930. Si bien la concepción de libertad experimentada por los maestros normales volantes siguió a lo largo de por lo menos dos décadas relacionándola con el ideario ácrata, esta percepción es errónea. Pero sus interminables esfuerzos, más allá de persecuciones y asesinatos, aún registran productos culturales (en especial bibliotecas populares) en muchos parajes del país.

Bibliografía

Arvidsson, Evert. El anarcosindicalismo en la Sociedad del Bienestar, Ediciones CNT, México, 1961

Bakunin, Michel. El estado y la comuna, Zero, Madrid, 1978

_ La libertad, Ediciones del Mediodía, Buenos Aires, 1968

_ Obras completas, P. V. Stock Editeur, París, 1895-1913

Bayer, Osvaldo. Los anarquistas expropiadores. Editorial Galerna, Buenos Aires, 1975

Carr, E. H. Michael Bakunin, Ediciones Grijalbo, Barcelona 1970

Conferencia Anarquista Americana (primera), Comunidad del Sur, Montevideo, 1957

Díaz, Carlos. La tensión politicismo antipoliticismo en el sindicalismo revolucionario, Mañana Editorial, Madrid 1975

_  La primera internacional de los trabajadores, Mañana Editorial, Madrid, 1977

_  Memoria anarquista, Mañana Editorial, Madrid, 1977

Díaz, Paulino. Un anarcosindicalista de acción, Editexto, Caracas, 1976

Fabbri, Luigi. Dictadura y revolución, Editorial Argonauta, Buenos Aires, 1923

Fos, Carlos. Cuadernos proletarios. Ed. Universitarias, México, 1997

García Víctor. La internacional obrera. Júcar, Madrid, 1977

Grela, Plácido: Génesis u origen de la organización sindical de los trabajadores rosarinos (inédito)

Kropotkine, Pierre, El anarquismo, Las prisiones, El salariado, La moral anarquista. Más sobre la moral, Ediciones Vértice, Caracas 1972

López Arango, Emilio. El anarquismo en el movimiento obrero, Ediciones Cosmos, Barcelona, 1925

Malatesta, Errico, L’Anarchia, “La Rivolta”, Ragusa, 1969

Marianetti, Benito, Semblanzas y narraciones. s/f, Buenos Aires, Ediciones Anteo

Mendoza Prado, Marcelo: El periplo oculto de Durruti, diario El País, Madrid, 27-11-1994.

Nettlau, Max: Miguel Bakunin, la Internacional y la Alianza en España (1868-1873), Ed.La Protesta, Buenos Aires, 1927. ——————–: Contribución a la bibliografía anarquista de América Latina hasta 1914, en Certamen Internacional de La Protesta, Ed.La Protesta, Buenos Aires, 1928.

Ortiz, Oscar: “J.D.Gómez Rojas, poeta anarquista del año 20”, Rev. El Canelo Nº47, S Santiago, Septiembre 1993.

Ortiz, Oscar: “La Asamblea de Obreros e Intelectuales de 1925”, Revista Punto Final agosto 1996.

Ortiz Letellier, Fernando: El movimiento obrero en Chile.1891-1919, Ed.Michay, Madrid, 1985., Pavelic Héctor: “Cronología histórica del movimiento obrero y los Anarquistas en la lucha social ”, en “El trabajo en la Pampa Salitrera”, Santiago, 1994.

P Rocker, Rudolf: Johan Most, la vida de un rebelde, Ed.La Protesta, Buenos Aires, 1924.

Santillán, Diego Abad de: La Fora,  Ed. La Protesta, Buenos Aires, 1933.

Santillán, Diego Abad de : El movimiento anarquista en la Argentina, Ed.La Protesta, Bs.As. 1930 Santillán, Diego Abad de : El movimiento anarquista de la América del Sur, en Certamen Internacional de La Protesta, Ed. La Protesta, Buenos Aires, 1928

Santillán, Diego Abad de: La Jornada de seis horas, Ed. La Protesta, Buenos Aires, 1927.

Santillán, Diego Abad de. La FORA. Ideología y Trayectoria, Proyección, Buenos Aires, 1971

Woodcock, George. Anarchism, Meridian Books, Cleveland, 1962

Revistas y periódicos 

El rebelde, colección completa

Boletines obreros FORA regional La Plata, colección completa

Entrevistas a

Isaac Berman, Buenos Aires, 1988

Vincenzo Matiore, Buenos Aires 1990

El teatro y la escuela en el interior de Argentina

El teatro y la escuela, la propuesta racionalista en el interior del país

Dr. Carlos Fos. Investigador senior y docente CIETM

En el seno de la primera provincia argentina que albergó inmigrantes merced a una planificación central, se dieron muestras aisladas de manifestaciones social-libertarias en la segunda mitad del siglo XIX. En el período de efímera vida de la colonia Victoria, ubicada a 42 kilómetros de Paraná, apareció una proclama incitando a la huelga general. Este libelo esgrimía citas de la corriente rusa del pensamiento anarquista liderada por Bakunin. Cinco años más tarde se organizó el centro denominado “Resurgir obrero”, cuyo periódico “Muerte a la tiranía” publica el 15 de abril de 1887 una pequeña pieza teatral que culminaba en el siguiente monólogo rimado: “Bajaron cantando, rodeados de guardias, con el gesto altivo, cual si quemaran. A los armados sayones miraba. ¡ A la prisión!. Gritó el jefe de la cosacada. A la prisión marcharon los ínclitos parias. ¿Qué hicieron?, pregunta, la muchedumbre ignora, esos hombres de dulce, pero soberbia mirada. ¿Qué hicieron?. Querían la libertad sin trabas “.

Un suceso será fundamental para el desarrollo de las ideas ácratas en la región. Dos maestros provenientes de Cataluña se radicaron en la población sureña de La Paz y, siguiendo los criterios pedagógicos de Ferrer y Guarda, fundaron la primera escuela racionalista de Entre Ríos. En aquellos años –1898- los anarquistas clásicos debatían sobre el peso que debía otorgarse a la transmisión de conocimientos y a la espontaneidad. Lejos de aceptar la existencia de una fuerza innata existente en los sectores populares que guiaría la educación, muchos señalaban límites del carácter natural de los procesos de enseñanza-aprendizaje.

La escuela que nos ocupa, bautizada “Dignidad” celebró su apertura con una reunión en la que luego de leerse adhesiones locales y del exterior, se hizo público el manifiesto que regiría sus pasos. Entre otros puntos fijaba: “Debemos diferenciar entre instrucción y educación. Solamente la educación, adquisición de ideas y costumbres en continua modificación, debía inspirarse en la más amplia libertad, en tanto, la instrucción, enseñanza de conocimientos útiles pero áridos, supone un plan y un método que por atractivo no dejaría de ser autoritario. Así podríamos confundir la dirección de nuestro proyecto. Pues la verdadera educación puede ser en alguna medida controlada, para que no resulte en enseñanza de convencionalismos inútiles y de fórmulas aprendidas sistemáticamente, sino en libre desenvolvimiento de las aptitudes en adaptación social y en enderezamiento de las propensiones peligrosas. Estas son legadas por herencia o más bien por derivación, porque hay que advertir que aún los defectos como son: orgullo, avaricia, cólera, pueden orientados de cierto modo volverse en provecho de los individuos y de la sociedad entera”. Un fuerte sentido colectivo se instalaba así en la educación e impregnaba también las actividades instructivas. Sentimientos caros al movimiento ácrata como la solidaridad debían ser inculcados. Para alcanzar estos objetivos el manifiesto propone en uno de sus párrafos la creación de un taller artístico que incluyera diversas expresiones, entre ellas la teatral. Se implementaría formándose un cuadro filodramático, que a su vez escribiera las obras a representar mediante el procedimiento de creación colectiva por acumulación. Este cuadro filodramático hará su presentación en un acto popular diseñado para recordar a los mártires de Chicago el 1º de mayo de 1902. La obra denominada “Huelga negra”, muestra la lucha de Vladimiro, un obrero linotipista, que debe enfrentar no sólo el accionar de rompehuelgas encabezados por su antiguo amigo Benjamín, sino también la represión de la policía brava. La hermana menor de Benjamín, Raquel, ama a Vladimiro y delata la traición del primero. El protagonista esclarecido organiza las masas proletarias, participa activamente en la redacción de panfletos y textos aclaratorios continuando sus acciones con visitas de carácter didáctico a la campaña. En una de ellas, a la vera de un arroyo, cruzando una cuchilla es asesinado por los partidarios de la traición, aprovechando la espesura de las tinieblas. Las banderas de la pelea son ahora recogidas por Germán, amigo del asesinado, con un bagaje teórico mucho mayor. El final nos muestra a los trabajadores reunidos en torno del féretro de Vladimiro, que cubierto por negro estandarte es marco genuino para el discurso vibrante de su amigo. Germán con verba inflamada incita a mantener la huelga a pesar de las amenazas. Raquel acompaña al disertante sin llorar y con gesto decidido. No hay dudas en su mirada y está dispuesta a entregar su vida en aras de la causa. La confrontación continuará. Un fragmento del fragoroso discurso, a manera de enérgico soliloquio, dice: “Y es como para dudar, pues no pareces capaz de hacerlo, camarada. Y, sin embargo, tú, poco a poco forjarás un mundo nuevo para nosotros y nuestra descendencia. A pesar de todo. Por encima de todo, estás en los logros y luchas del futuro. Hay un anuncio de cosas nuevas para el mundo dolorido de los trabajadores. ¡Han muerto las princesas!. Aullad de penas si queréis. Pero los ojos se hunden en las cuencas y jamás te iluminarán, camarada. Cincuenta millones de pesares en las mesas sin pan de los obreros te gritan al oído; ¡no cantes compañero!, argamasa del espíritu. Escucha: bajo los puentes hay un clamor y de los campos llega el torrentoso gemir de los labriegos. ¡Y tú cantas!”.

La estructura profunda de la obra es la siguiente: Sujeto: Vladimiro Gómez. Objeto: la lucha del proletariado que a través de la huelga general propugnan por obtener reivindicaciones sociales concretas. Ayudante: Germán, Raquel, Ismael (delegado tipógrafo). Oponente: Benjamín, los rompehuelgas que él encabeza, la policía y el orden injusto. Destinatario: el proletario y por medio de la concientización, la totalidad del género humano. Destinador: el tejido social injusto.

Vladimiro no alcanza su objeto al ser asesinado. Germán toma su lugar pero con características propias; el líder ocasional pasa de ser un hombre de pura acción, pragmático, a un hombre de sólida formación intelectual, con un nivel de discurso elaborado. Vladimiro rechaza el amor que le ofrenda Raquel, amor a toda prueba, capaz de traicionar su propia sangre. Y este renunciamiento lo hace para cumplimentar la doctrina ácrata que pone el acento en el bien común. El bienestar de la mayoría precede al del individuo. Con sus actos, Raquel se convierte en ayudante al igual que Ismael, un aprendiz tipógrafo, casi un niño. La edad de este personaje es utilizada en esta obra al igual que en las demás del sistema de producción anarquista como símbolo de la esperanza. Porque más allá de caídas y retrocesos parciales la clase obrera alcanzará su destino de bonanza.

En la estructura superficial, en relación con lo expuesto con respecto a los artificios, observamos el encuentro personal, la extraescena realista, la coincidencia abusiva, la causalidad lógico temporal y los niveles de prehistoria en el principio. La falta de recursos originales era buscada así como las continuas reiteraciones de texto. Los elementos señalados aparecen clara pero embrionariamente , debido a lo esquemático de la propuesta.

El personaje esclarecido activo es Vladimiro, mientras que el pasivo es Germán. Como negativo encontramos a Benjamín, traidor al movimiento y asesino de su mejor amigo. Su importancia radica en este hecho puntual, es capaz de matar al personaje positivo, clarificado, embrague. Se intenta convencer al proletariado local, descrito desde el deseo y no desde una reconstrucción social compatible con su real historia. La mayor parte de los formadores son de origen extranjero y es necesario educar a los trabajadores de la zona en su mayoría analfabetos, adocenados y acostumbrados al trato paternalista que esconde la explotación.

Podemos analizar las formaciones discursivas en las que aparecen dos ejes . El anarquista , representado por Vladimiro, Germán y el proletariado entrerriano en orden de jerarquía . En posición antagónica aparece el discurso oficialista encarnado por los diarios burgueses, la policía y los líderes rompehuelgas. Benjamín no puede encuadrarse en ninguno de los dos ejes y queda sin voz.

Como ejemplo del discurso oficial podemos citar a este pasaje representante de la prensa local vinculada a los terratenientes. En el acto III, cuadro I, escena I, Ismael comenta las noticias desarrolladas por el periódico “El Tribuno”, que como voz de la oligarquía detalla:

“La chusma acicateada por los elementos subversivos quiere destruir lo que tantos desvelos nos ha costado. Este grupo minúsculo de agitadores no deben ser escuchados por nuestros paisanos. Exigimos a nuestra policía actúe en consecuencia”.

La policía local se expresa en diferentes pasajes de la obra pero destaco esta expresión de un sargento integrante de una cuadrilla represiva: “Metan balazos, que éstos están más asustados que un casero, que con nosotros se toparon con el horcón del medio”. Este párrafo corresponde al acto I, cuadro I, escena III. En cuanto al lenguaje de los obreros rompehuelgas podemos señalar este momento en el que un asalariado intenta desalentar a sus compañeros diciendo: “No me parece seguir con la huelga. Fijate cómo Lúquez se cagó dormido como los gallos. Yo tengo hambre como todos, pero escuchando a Vladimiro pienso que no ha de ser tan culona la garrapata y los patrones a la final nos van a perdonar si aflojamos”. Podemos encontrar esta cita en el acto II, cuadro I, escena III.

Vladimiro, de acuerdo a lo expuesto por Martha García Negroni en su artículo “La destinación del discurso político, una categoría múltiple”, introduce un nítido discurso político. En el acto I, cuadro III, escena VI dice : “Ante las fuerzas del oprobio sólo podemos oponer la solidaridad obrera. Contamos con armas más poderosas que sus rifles y pistolas: la imprenta, para conmover conciencias, y la huelga general para quebrar regímenes tiránicos.” En el acto II, cuadro I, escena III, en un mitin exclama: “Compañeros, quieren desunirnos con prácticas desleales. Envían falsos obreros que confunden con sus habladurías. Sabemos que si nos mantenemos en cadena como firmes eslabones enviarán sus perros cosacos para agredirnos. Muchos serán heridos y hasta tal vez debamos inmolarnos en aras del triunfo popular. Pero a cada balazo responderemos con decisión y a cada golpe con intransigencia, blandiendo la bandera negra de la libertad cruzada por una soberbia e invencible palabra: ¡HUELGA!”. El destinador de este discurso enunciado, Vladimiro, se está dirigiendo a un destinatario explícito que es el proletariado en huelga, del que es parte. Los actos de habla son de aserción y promesa: “la imprenta y la huelga son nuestras mejores armas para lograr la liberación”. El destinatario encubierto es el régimen imperante que trata de aniquilarlos; hacia él se dirigen actos de habla de advertencia y amenaza. También se aprecia como procedimiento la lucha polifónica por la palabra autorizada ya que en cada alusión a las fuerzas reaccionarias se antepone el discurso ácrata como revelador de la verdad ante las falacias del poder.

En cuanto al discurso de Germán, podemos sentar que a partir de la muerte de su amigo se convierte en el personaje embrague, pasando de una actitud pasiva a una de liderazgo. En un tramo de su alocución frente al cuerpo de Vladimiro dice: ”Quisiera que mis versos semejasen un ejército de hachas y por arte de magia transformadas en tajos mis plumadas. Que tomando por selvas los tiranos los desgajen, los violen y los talen destrozando los tallos milenarios. De aquellos que con sombra nos abaten. ¡Así quieron yo que sean mis palabras!, como hachas, ¡que maten!”. Aquí se asocia a lo político la función emotiva.

Por último debemos considerar el idiolecto entrerriano dentro del discurso del proletario anarquista nativo: “Viste el Gómez, cazó una mosca mi perro. Ese que no es lechuza cascoteada pudo entrever al bandido traidor. Y yo que le dije entrá Cabrera que con vos era, al final tuve que darle la razón”. (Acto II, cuadro III, escena V). Este trabajador intenta ganar la confianza de sus pares despojado de sentencias crípticas e incomprensibles.

La escuela racionalista que analizamos debió combatir en el plano de las ideas con los principios normalistas fuertemente arraigados en la provincia de Entre Ríos, cuna del positivismo educativo vernáculo. Pero en 1904, ante una huelga propiciada desde Rosario, las fuerzas de seguridad arrestaron a los docentes y según informó la prensa paranaense “las fuerzas vivas y esclarecidas de la ciudad quemaron este foco de infamias, verdadera afrenta para la región”. (El Nacional, Nº 784, 15 de agosto de 1904).

Desde las cenizas surgieron a partir de 1910 tres círculos ácratas, uno de los cuales, “Bandera Proletaria”, trabó relaciones con el falansterio de San José. Esta comunidad organizada de acuerdo a los principios del socialismo utópico de Fourier fue la única en su tipo del mundo. Se organizaron numerosos actos que solían culminar con una pieza breve, generalmente leída. Algunas de ellas formaban parte del sistema de producción nacional que circulaba por todo el territorio argentino y otras eran productos locales.

Angel Borda, sobreviviente de este proceso, nos comenta: “Debo recalcar que nuestro sindicato de Diamante siempre apoyó iniciativas de carácter popular, como la ayuda a las entidades de deportes. Con el auspicio de la organización se creó el Club Deportivo Rivera Portuaria, que intervino en una o dos temporadas en el campeonato local de la liga Diamantina. Siempre he creído que la organización gremial no debe ser odiada ni vista con recelo por el pueblo, porque si no está condenada a vivir al margen de la sociedad. También organizamos la biblioteca “Nuevos rumbos”, que fue destruida por el primer gobierno peronista, cuyos bienes, integrados por más de trescientas sillas, gran cantidad de bancos, libros y máquinas de escribir, fue a parar a un colegio de curas. Además hicimos teatro con elenco propio, mediante el cuadro filodramático llamado “Esfuerzo”, cuyo primer director fue Claro Gómez. El grupo realizó una meritoria labor de difusión cultural y artística, en circunstancias en que nuestra actividad sindical estaba muy quebrantada”.

Algunas piezas aparecieron en el periódico “Avance”, órgano oficial de la Federación Comarcal. En la obra “Pena proletaria”, un joven ácrata acomete en soliloquio:” Sube pensamiento. La escala de Jacob pende del cielo. Arroja el ropaje si eres bueno, si eres inocente, si eres niño. Así hablaba el hombre bueno. El pensamiento se elevó pletórico hacia el infinito. Las nubes alabastrinas se tiñeron de un rojo púrpura. ¿De qué os avergonzáis?, preguntó el pensamiento. Las nubes no respondieron. Solo que desflecaba una canción silbante, apagó su música y habló de esta manera: No te extrañe, ¡oh pensamiento!, si las poderosas nubes no te contestan. Dirige tu mirada hacia la tierra por un segundo. ¿Ves aquél titilar de puntitos que brillan?, pues son los ojos de los hombres que miran su pudor en tus desnudeces. ¿Y por qué las nubes?. Porque están desnudo, ¡oh pensamiento!; y el pensamiento desnudo es como los niños, no se dan cuenta de sus desnudeces; pero los grandes pequeños y los pequeños grandes, sí”.

En 1912 abrió sus puertas en la capital entrerriana otra escuela racionalista fundada por alumnos del establecimiento modelo de Luján. En los principios que regirían su obra escribieron: “Los estudios deben ser lo más atractivos posibles y que se continúen insensiblemente en la hora del recreo. Tal propuesta implica la instalación profunda de rituales y denuncia el desarrollo del curriculum en espacios excluidos de él, en su definición clásica. Podemos enseñar la vida de los pueblos en lugar de la historia de reyes, las lenguas vivas en lugar de las muertas; las matemáticas serán enseñadas también insensiblemente en el transcurso de los paseos, la mecánica en el taller con más frecuencia que en las tablas, los ejercicios corporales irán paralelos a los estudios técnicos. Y como culminación se enseñará filosofía experimental, sintetizando todas las ciencias e iluminando a la humanidad en su marcha ininterrumpido hacia el progreso indefinido. Actuar es vivir, todos poseemos teatralidad por lo que favoreceremos la dramatización como práctica pedagógica”.

Ese mismo año un libelo fechado en Puerto Diamante desgranaba con vibrante tono el contenido de una pieza breve en una acto. Un obrero cavilaba en voz alta: “Hoy he insultado al capataz. ¡Por fin soy un hombre y he vencido la cobarde timidez que me aplastaba!. Lo mandé al reverendísimo carajo y le hubiera aplastado la nariz pero huyó acobardado, el gran cabrón. Y yo reí con limpias carcajadas de hombre nuevo, de liberado de espíritu. Aventados están ya los días vergonzosos y sólo tengo límpidas mañanas. ¡Al diablo el cavilar y los rezongos de las pasadas horas humilladas!. Entiendan bien señores ricachones, den gracias a sus dioses cogotudos y rueguen por la salvación de los pescuezos, sus cabezas, sus barrigas y sus millones”. (fragmento perteneciente a la obra “He vencido” de autor anónimo)

En 1916 tenemos noticias otra vez de un renovado cuadro filodramático “Esfuerzo”. Nos cuenta Claro Gómez: “Es cosa sabida que Angel en su primera juventud hizo experiencia teatral (antes de participar en los denominados sucesos de La Forestal como militante obrero bisoño), integrándose como peón de playa a uno de los circos que recorría la provincia de Entre Ríos. Luego intervino en la creación de un elenco amateur llamado “Esfuerzo”. En su época de más vigor dimos funciones en algunas localidades lejanas de Diamante, como Villa Crespo, Viale, Puerto Las Cuevas. Agrego que la parte musical estaba a cargo de Andrés Ballesteros (bandoneón), los hermanos Palma (violín y guitarra) y Arraigada-Del Castillo (dúo folklórico de canto y guitarra); la puesta en escena y decorados eran de Danilo Romero y Juan Manizza”.

En las producciones propias de este grupo se incluían temas musicales con melodías características de la región. Esto lo diferencia de los cuadros filodramáticos clásicos de Buenos Aires. Una canción que perduró en el colectivo popular fue la chamarrita “Del matrero”, que originalmente apareció en la pieza ácrata “Marea negra”, publicada en el periódico libertario “Avance”, el 7 de julio de 1917:

Chamarrita retozona

De barrancas coloradas

Del pago de los matreros

Y las mujeres calladas.

Corazón de chamarrita

Protegelo a José Manuel

Que no muera su leyenda

Ni tu canto alegre y fiel.

Los matreros son poquitos

Y los cantores también

Los destinos parecidos

Al ñandubay de Montiel

Chamarrita protegelo

No me hagas padecer

Chamarrita hacele sombra

Cuando lo aplaste la sed

Por esa senda

De los chañares

Se fue una noche José Manuel

Se fue una noche José Manuel

Huyendo de los milicos

Que lo querían prender.”

El año 1916 fue trascendente para el desarrollo del movimiento ácrata en la provincia de Entre Ríos. La Federación Obrera Marítima (F.O.M.) decidió que ningún conflicto le era ajena, plegándose al criterio de solidaridad en al acción. Así lo señala Sebastián Marotta en su obra “El movimiento sindical argentino”1. Lo cierto es que el cabal significado y alcance del acuerdo fue sintetizado así por el obrero Aparicio, de la sección Cocineros de abordo: “Donde hay un afiliado marítimo, está la organización obrera”. Con ese espíritu combativo y militante, los hombres de la Federación apoyaron el fortalecimiento de la estructura gremial en todo el litoral. Por su esfuerzo surgieron en Entre Ríos setenta y cuatro sindicatos con más de 200 locales y centros. Los personeros de La Forestal tuvieron que reconocer por la fuerza el nuevo derecho obrero a la solidaridad. Barranqueras, Puerto Vilela, Puerto Ocampo, Tirol, Formosa tuvieron círculos de mucha actividad, así como Alto Paraná, Corrientes capital, El Dorado, Posadas, La Paz y Santa Elena. Cuando los barcos tripulados por trabajadores de la F.O.M. tocaban puertos entrerrianos, nunca faltaba algún marinero, pariente o amigo de los peones u obreros de la fábrica o de los estibadores de rollizos, que recibieran provisión de periódicos libertarios, volantes, llamados a la organización . De esta forma circulaba la información de las decisiones tomadas por la F.O.R.A. en Buenos Aires, con sus correspondientes explicaciones para ser sometida a votación por los sectores locales. Tampoco era extraño la aparición de algún misterioso caminante acompañado por algún baquiano. Inmediatamente participaba de secretas entrevistas en las que estimulaba a la participación y disipaba las dudas teóricas. Asimismo colaboraba en la creación de pequeñas bibliotecas circulantes en las que era posible encontrar numerosas piezas breves de teatro. La tarea de los mensajeros o acólitos permitía la difusión de los principios social libertarios y constituía una ingeniosa y aceitada maquinaria de propaganda. En general se trataba de hombres jóvenes con una elemental formación y locuacidad suficiente para convencer al ocasional compañero de charla.

Un panfleto fechada en Rinconada de Burgos el 6 de agosto de 1911 reproduce una obra de títeres pensada para la técnica de guante. El personaje protagónico en el consabido soliloquio dice: “Sangrando estoy. Es de tantas penas, pero no odia mi corazón. No odia porque le hablo a mi corazón. El me escucha y yo le digo: Corazón que tanto sangras, que tanto sufres, ¿sabes tú por ventura a quién odiar?. ¿Al puñal cuyo doble filo te tallará al partirte, a unos labios de virgen, o al lazo cuya pujanza lo armó de ira?. Corazón no odies, le digo: el bien es el supremo. Tú, que tanto sabes el dolor de penar por los caminos, que sabes del bronco gemir de las alcantarillas, no odies. ¿Por qué te desprecian, por qué sufres?. Por eso es que no quiero que aprendas por el odio. El –el odio- gobierno el mundo; si el odio no existiera, todos los hombres serían felices. ¿Qué es eso que guardas en las arcas de tu centro, corazón?. Son llantos, brisas, viajes, maldiciones de hombres que odiaron, besos de mujeres que amaron. Olvida corazón, si odias, que el odio tendría un fin cuando todos los hombres digan: Corazón que tanto sufres, alma que tanto sueñas, no odies. ¿Por qué has de odiar?.”

Este ideal libertario no se circunscribía a un panfletismo mesiánico de los días por venir, sino que un “aquí y ahora”, movido por la realidad que circundaba y dolía, obligaba a actuar. Fue el descrédito de los sectores socialistas dialoguistas los que pusieron el mote de idealistas sin proyecto al movimiento. Los obreros rurales eran con seguridad los más desamparados del país. Juntadores de maíz, peladores de caña, obrajeros de los yerbatales y hacheros de los montes, constituían algunos de los más humildes sectores de la cara macilenta de aquella Argentina que aún navegaba (sin saber las crisis a venir) en la opulencia agrícola. Se trataba del granero del mundo y la división internacional del trabajo nos había asignado ese papel primario de extraordinaria endeblez social.

Angel Borda, destacado luchador libertario, deambuló por la Mesopotamia, recorriendo especialmente el territorio de Pancho López. Gracias a su pasión se fundó la biblioteca popular “Luz del pueblo” en Diamante. Borda no descuidó en momento alguno lo concerniente a la elevación cultural de los trabajadores. Tomó contacto con algunos maestros (como los hermanos Del Castillo), para que organizaran clases elementales de primeras letras en horario nocturno, fuera del circuito oficial. Esta iniciativa, que se llevó a cabo durante una temporada, no tuvo mayor éxito, aunque algunos adultos lograron alcanzar los rudimentos de las letras y los números. La acción represiva neutralizó sus efectos. Fue su interés continuo la selección y enriquecimiento del patrimonio de la citada biblioteca. Gracias a sus esfuerzos, muchos adultos pudieron conocer el pensamiento de Reclús, el lirismo de Gabriel y Galán y el acento humano de Walt Whitman. En un rincón del establecimiento se armó un pequeño escenario, donde diferentes cuadros filodramáticos a lo largo de quince años, representaron obras ácratas.

Pero el golpe institucional de 1930 cambió drásticamente la situación política de la provincia. El gobernador de facto impuesto por La Forestal comenzó una represión despiadada que culminó en secuestros, deportaciones y fusilamientos. Otros obreros sindicalizados, con mayor suerte, fueron encarcelados, sufriendo todo tipo de vejámenes. La biblioteca con su sala, magnífica realización cultural de los trabajadores, terminó asaltada y desvalijada. Sus libros, archivos y documentos, luego de una repartija indignante, fueron a parar al depósito comunal. Después del latrocinio les aguardaba el fuego. En esta marea de destrucción impiadosa se ahogó el movimiento libertario de Entre Ríos y quedaron como epitafio a tan magna empresa estos versos perdidos de la época: “Adoquín de tonalidad bermeja ¿por qué de sangre tienes el color?. Exhalando una postrera queja. ¿Expiró sobre ti un trabajador?”.

La labor de las escuelas racionalistas y el papel del teatro como elemento didáctico fue fundamental a lo largo del país como pudimos constatar en Córdoba. Allí luego de tímidos comienzos en círculos de corta vida su presencia se consolidó a través de la escuela.

Un hecho será fundamental para el desarrollo de las ideas anarquistas en la región. Dos maestros racionalistas catalanes Puyalt y Montalvet fundaron el círculo “Los forjadores del Ideal” y dos años más tarde, en 1898, la primera escuela libertaria, en el barrio popular de Alberdi. Estos pioneros, seguidores de la posición pedagógica del teórico europeo Malato esbozaron un programa que hoy podemos reconstruir. Proponían desarrollar la institución de la siguiente manera:

“1º grado. 1ª. Sección : rudimentos de lectura y escritura, deletrear y silabear, paleografía de las primeras letras; primeras nociones de escritura. 2ª . Sección : las mismas asignaturas en más adelanto.

2º grado. 1ª Sección: lectura corriente, lectura sencilla. Aritmética: rudimentos. Gramática: rudimentos. Principios de dibujo. 2ª Sección: lecturas varias (manuscritas). Escritura (ensayos de dictado). Aritmética, sistema decimal. Gramática en grado intermedio. Creación de cuadros filodramáticos. Normas de ensayo y construcción de piezas dramáticas y de declamación y oratoria. Dibujo lineal. Talleres de carpintería y elementos escénicos.

3ª y 4ª grados: lectura corriente y manuscrita. Caligrafía. Aritmética, sistema decimal y ecuaciones simples. Geometría, dibujo lineal de adorno, de figuras y cuerpos (en copia y moderna). Nociones generales de geología, astronomía, química y física. Sociología, trato social, historia, geografía. Política y economía.

Mañana y tarde. Matrícula por mes adelantado $1 para 1º y 2º grados y de $ 2 para 3º y 4º.”

Esta propuesta es bastante ilustrativa del pensamiento contestatario inicial sobre el curriculum escolar; una suerte de satisfacción de requerimientos destinados a introducir en la formación infantil cuestionamientos al orden imperante. Sin duda, materias como sociología ( es difícil entrever qué objetivos procuraba la cuestión “trato social” ), economía y política eran absolutamente osadas, reservadas con exclusividad para el escenario de las vanguardias.

Muchos son ejemplos a desarrollar de esta aventura del crecimiento humano en el escuela y teatro se dieron la mano, por primera vez desde una propuesta integral en el país.

BIBLIOGRAFIA

Benson, Eduardo. Papeles para una historia del movimiento ácrata en sudamérica. Cuadernos del Sur. Buenos Aires. Edición Labor. 1969

Costas, Enrique. El racionalismo en Argentina. Buenos Aires. Ediciones Cántaro. 1986

Duarte, Mario. En busca del pasado anarquista. Paraná. Ediciones del Copista. 1990

Fos, Carlos. Educación libertaria. Salamanca. Ediciones Universitarias. 1996

Fos, Carlos. Teatro libertario y su acción pedagógica. Salamanca. Ediciones del huerto. 1995

Hilley, Edmundo. Banderas negras. San Pablo. Editorial Libre pensamiento. 1985

Luizzeto, Favio. Cultura y educación libertaria en el inicio del siglo XX en Educación y sociedad. Nº 12, septiembre 1982. México D. F. Ediciones UNICAMP, 1982

Orton, Marcus. El teatro libertario. Nueva York. Editorial Nuevos rumbos. 2001

Ponce, Julio. La escena ácrata. Montevideo. Ediciones dos banderas. 1995

Stirner, Alberto. El orden familiar. Córdoba. Ediciones del autor. 1882

PUBLICACIONES ACRATAS CONSULTADAS

Dignidad obrera. 1898-1905. Colección completa

El primero de mayo. 1904-1908. Colección completa

Lucha proletaria. 1906-1923. Colección completa.

NOTAS

1. Marotta, Sebastián. El movimiento sindical argentino. Editorial Inicial. Buenos Aires. 1949

Se consideraron las entrevistas realizadas por el que suscribe a los sres. Angel Borda y Ernesto Lurdes.

Mecanismo de la producciòn teatral àcrata en Cordoba

MECANISMO DE LA PRODUCCIÓN TEATRAL ÀCRATA EN CÓRDOBA

A diferencia de los centros portuarios del país que fueron objeto de un explosivo crecimiento demográfico, determinado por la inmigración, la provincia de Córdoba, como otras mediterráneas, sufrieron este fenómeno pero en virtud de un proceso paulativo aunque seguro. En 1882 aparecía una obra teatral de Alberto Stirner, inmigrante alemán, afincado en las cercanías de Villa Allende. Comedia en dos actos que bajo el título de “El orden familiar” nos entregaba una pincelada de la sociedad de la época. Allí en su escena segunda, Alberto, criado de la hacienda decía a su patrón: “Así están las cosas señor; para algunos la opulencia y la holgazanería y para otros la agitación.” A esto respondía el interlocutor: “Me parece adivinar en tus palabras demasiada tendencia al razonamiento y sobre todo a quejarte de tu suerte”. Este lejano antecedente encuentra marco orgánico en la última década del siglo XIX, cuando comienzan a estructurarse los gremios locales en torno a la seccional de Obreros Tipógrafos de la capital provincial. En un periódico de efímera vida perteneciente al círculo ácrata “La antorcha”, aparece una pequeña pieza dramática que culminaba en el siguiente monólogo rimado: “Amemos la lucha compañeros/luchemos que la lucha regenera/la vida de su cauce verdadero/se aparta si el dolor no impera.”

Un hecho será fundamental para el desarrollo de las ideas anarquistas en la región. Dos maestros racionalistas catalanes Puyalt y Montalvet fundaron el círculo “Los forjadores del Ideal” y dos años más tarde, en 1898, la primera escuela libertaria, en el barrio popular de Alberdi. Estos pioneros, seguidores de la posición pedagógica del teórico europeo Malato esbozaron un programa que hoy podemos reconstruir. Proponían desarrollar la institución de la siguiente manera:

“1º grado. 1ª. Sección : rudimentos de lectura y escritura, deletrear y silabear, paleografía de las primeras letras; primeras nociones de escritura. 2ª . Sección : las mismas asignaturas en más adelanto.

2º grado. 1ª Sección: lectura corriente, lectura sencilla. Aritmética: rudimentos. Gramática: rudimentos. Principios de dibujo. 2ª Sección: lecturas varias (manuscritas). Escritura (ensayos de dictado). Aritmética, sistema decimal. Gramática en grado intermedio. Creación de cuadros filodramáticos. Normas de ensayo y construcción de piezas dramáticas y de declamación y oratoria. Dibujo lineal. Talleres de carpintería y elementos escénicos.

3ª y 4ª grados: lectura corriente y manuscrita. Caligrafía. Aritmética, sistema decimal y ecuaciones simples. Geometría, dibujo lineal de adorno, de figuras y cuerpos (en copia y moderna). Nociones generales de geología, astronomía, química y física. Sociología, trato social, historia, geografía. Política y economía.

Mañana y tarde. Matrícula por mes adelantado $1 para 1º y 2º grados y de $ 2 para 3º y 4º.”

Esta propuesta es bastante ilustrativa del pensamiento contestatario inicial sobre el curriculum escolar; una suerte de satisfacción de requerimientos destinados a introducir en la formación infantil cuestionamientos al orden imperante. Sin duda, materias como sociología ( es difícil entrever qué objetivos procuraba la cuestión “trato social” ), economía y política eran absolutamente osadas, reservadas con exclusividad para el escenario de las vanguardias. A pesar de los innumerables problemas que tuvo este establecimiento para desarrollar su tarea debido a las múltiples provocaciones de la burguesía regional el taller de producción dramática dejó algunos monólogos que Julio Chaves, miembro del mismo hoy desempolva para nosotros: “Yo tenía catorce años y trabajaba en un horno de ladrillos quince horas diarias. Los patrones nos explotaban con todo. Para colmo los sectores de la construcción eran muy fuertes y tenían banca en el gobierno. De hecho muchos funcionarios les obedecían ciegamente. Sólo la empecinada voluntad del hombre organizado sindicalmente y el fervor idealista de luchadores por la justicia social logró abrir una brecha en la blindada coraza de los explotadores y la idea de la organización penetró como un fresco mensaje para los peones y los trabajadores de acarreo . Aún en las mujeres contratadas para que con su miserable oficio de prostitutas hicieran olvidar a los esclavos de sus negras horas de tortura laboral y miseria, a la vez que servían de cebo-carnada para que la bebida, el juego y las riñas fueran el obligado espectáculo que diera salida a resentimientos y rivalidades. De esta manera se evitaba el acuerdo de los que sufrían esas condiciones bestiales de trabajo y de vida. Yo, que era bastante caradura y me gustaba declamar integré varios cuadros filodramáticos y organicé bibliotecas populares, todas destruídas por el odio patronal”.

Hemos hallado en registros de la escuela “Negras banderas” la disponibilidad de obras de Gorki, Hauptmann y Suderman, junto con múltiples citas de piezas de elaboración propia con indicación de producción colectiva bajo seudónimo. Algunas de las funciones fueron anunciadas y publicitadas desde las páginas de la prensa ácrata, lo que aseguraba la crítica periodística del espectáculo y estimulaba ciertos estilos escénicos. Apreciamos un especial apego por el monólogo. Este papel de privilegio está claramente explicado porque retiene con facilidad la atención del público, en muchos casos semianalfabetos o analfabetos funcionales, y genera la fuerza didáctica de lo que se muestra o expresa. Empleaban una fraseología cercana a la arenga y permitía presentar causas, denunciar, exponer y convencer, resaltándose el valor pragmático de la palabra pronunciada desde un tablado. Los monólogos observados cumplen con las leyes típicas de este teatro de acción: – la repetición de fraseología, temas, enseñanzas o de la presencia de un personaje esclarecido y esclarecedor encargado de dar una lógica interna proselitista. La originalidad no es buscada, pues la insistencia del discurso es la que garantiza la eficacia publicitaria del mensaje, la economía que permita erradicar del texto lo innecesario o inalcanzable para la puesta en escena. Se utiliza la condensación y la simplificación como maniobras útiles que permiten racionalizar la cantidad de personajes y los signos escénicos. Una muestra de estos monólogos construido en torno de la dialéctica explicaciones – (a través de las cuales se informa e ilustra al público – testigo de los horrores padecidos por el proletariado y el origen de los mismos) – preguntas (interrogaciones que el personaje esclarecido dirige al destinatario interno del texto en quien se proyecta el público), es “Lucha sin tregua”, aparecido en el número 3 del periódico “Brecha obrera” del día 5 de mayo de 1905. En él el autor hizo decir a su personaje concientizado: “Es urgente/que la clase dirigente/retroceda en su demencia/de ser del pueblo tutora/pues lo tiene uncido al yugo de su ambición y su jugo/el trabajo le devora/.¡Pobre pueblo!/El labra tierra/caminos, minas y tosqueras/da vida a las quebraderas/muere por Córdoba en la guerra. Es avaro de la gloria/de la libertad que engrandece/y tan solo ser merece/héroe anónimo de la historia. Se le engaña y se le explota/con un cinismo sin nombre/y en vez de darle renombre/se le trata como a ilota. ¡Inhumanos no agradecen/nada el rico ni el gobierno!. Por el contrario, en eterno/desprecio vil lo escarnecen!”.

En la primera década del siglo numerosos círculos y centros libertarios florecieron en la capital mediterránea y en numerosas localidades de la pampa cordobesa. El cuadro filodramático “Ciencia y progreso” estrenó el 1º de mayo de 1910 la obra “Extraña traición”. En ella queda expuesta la lucha de los obreros del gremio alimenticio que abogan por la reducción de la jornada de trabajo y por la reglamentación de la labor de los niños, mujeres y ancianos. Alberto líder de la insurrección debe organizar a la masa ignorante, adoctrinarla y coordinar con el resto de los sindicatos el boicot y huelga general. Su joven mujer Paula trabaja en la casa de los patrones como doméstica y por momentos parece defeccionar. Alberto, junto a Soto, linotipista, redactan libelos, preparan reuniones y jornadas de acción directa. Asimismo logran la adhesión de Don Goyo, hombre respetado de la campaña que resueltamente incorpórase a la causa. La policía reforzada por elementos de la Liga Patriótica local reprimen el movimiento matando en una emboscada a Don Goyo e hiriendo de gravedad al propio Alberto. Al enterarse de lo acontecido, Paula comprende el sentido último de la confrontación y se suma a las improvisadas trincheras donde es “sableada” por un cosaco. Soto, ahora líder del estallido obrero, intenta convencer a los renuentes a continuar el paro. Los rompehuelgas habían comenzado su accionar disgregador.

– SOTO: Sé lo que es el hambre, ese hambre que se mitiga con el mendrugo de pan que los potentados niegan a los miserables, ese mendrugo que tanto nos cuesta para ganarlo cuando empuñamos la herramienta y que los amos, no contentos con explotarnos en el trabajo, cuando sentimos en nuestros corazones las ideas de la liberación nos niegan el derecho de ganarlos con nuestros esfuerzos. Pero, tú, no debes desesperar; todos los compañeros están dispuestos a ir a la huelga para obligar a la administración que te restituya en tu trabajo.

– HECTOR.: (un rompehuelgas, enmascarado como obrero). Muchos han aprobado continuar la huelga pero pocos lo cumplirán. El movimiento fracasará con el sacrificio de unos pocos. Aún cuando todos fuesen a la huelga, llevarían posibilidades de perder. Los trabajadores tenemos el deber de fijarnos en las consecuencias. La huelga es un arma de dos filos que bien puede herir a los capitalistas como a nosotros mismos. Cuidemos siempre que no nos hiera a nosotros y que nos sirva para asestar golpes mortales al capitalismo. (Acto I, cuadro III, escena IV).

La obra finaliza con el pueblo resistiendo y con un monólogo vibrante de Soto.

– SOTO: “¡Compañeros!. No desmayéis. El yugo burgués será aplastado y de nuestra sangre vertida brotarán retoños de libertad. La huelga general es nuestra herramienta. Rumian los patrones sabedores de su derrota. No abandonemos la esperanza y construyamos un mundo sin dolor, explotación ni odio”. (Acto II, cuadro V, escena III).

En cuanto a la estructura superficial podemos encontrar elementos clásicos de un teatro didáctico simple. En relación con lo expuesto con respecto a los artificios observamos el encuentro personal, la extraescena realista, la coincidencia abusiva, la causalidad lógico-temporal y los niveles de prehistoria en el principio. Con referencia al sistema de personajes aparecen el esclarecido activo, Alberto y el pasivo, Soto. Héctor, falso obrero enviado para quebrar la huelga oficia como personaje negativo. El entrega los datos que permiten asesinar al personaje positivo, clarificador, embrague. Y sin hesitar el personaje al que se intenta convencer es el proletariado local.

La estructura profunda nos entrega a Alberto Muñoz como Sujeto y a la organización de la resistencia proletaria para obtener reinvindicaciones sociales concretas como Objeto. Como oponentes actúan Héctor, la policía del lugar, los miembros de la Liga Patriótica, el clero, los patrones y el orden injusto. El destinatario es el proletariado y a través de él la concientización de la humanidad toda, mientras que el destinador es el tejido social injusto. Alberto no alcanza su objetivo al ser herido de muerte pero Soto, investido como líder continúa la lucha. La aparición del hijo menor de Soto, Javier, apenas un niño, simboliza la esperanza. Este artilugio es una de la características comunes de todas las piezas ácratas.

En las formaciones discursivas aparecen dos ejes: el social – libertario, que representa Alberto, Soto y Don Goyo y el proletariado cordobés en orden de jerarquía. Antagónicamente se introduce el discurso oficialista, expresado en los bandos oficiales , la prensa burguesa, los jefes policiales y la patronal.

Héctor, que oscila entre ambos no puede encuadrarse en ninguno de los dos ejes y queda sin voz. Un ejemplo claro del discurso oficial es que la pieza refleja en el acto II, cuadro IV, escena V, cuando Soto lee las noticias desarrolladas por el diario conservador “La voz del interior”, que como vocero de la reacción comenta: “Esas bestias cuasihumanas, llevadas de la nariz por panfletarios energúmenos, fracasarán en su intento asesino por destruir el orden y la propiedad. Los elementos sanos de la población pronto controlarán junto a nuestra valiente policía los arrebatos de la chusma”.

El discurso de las capas bajas de las fuerzas de seguridad del lugar puede ejemplificarse con este párrafo correspondiente al acto I, cuadro II, escena V. Un cabo grita: “¡ A lonjazos, quiero la cabeza de estos cabrones! ¡Vamos! Que son pura cabeza como ternero de pobre”.

En relación con el discurso de Alberto podemos agregar que una vez herido mortalmente Soto conviértese en el personaje embrague, trocando de una actitud secundaria a un accionar de liderazgo. En un momento reflexiona: “ Desear el combate en cerros y senderos/ no dudar ante el golpe artero/ nuestra existencia en búsqueda de lo verdadero/ se consuma si abandona al compañero”. Finalmente consideramos al idiolecto cordobés inmerso en el discurso de la masa proletaria libertaria. “Está dura la cosa. Pero no puede ser que a mí nomás se me llueve el rancho”.

En otro tramo un obrero dice: “Mirálo al Héctor y Hasta luego dijo Pérez y no volvió nunca”. (Acto III, cuadro IV, escena I).

La segunda década del siglo trajo consigo un importante crecimiento en el número y la actividad de los centros libertarios de la provincia. En 1925 contaban cerca de ciento veinte grupos con una integración aceitada con la red Buenos Aires – Santiago de Chile, que les permitía extenderse hacia el NO siguiendo el tendido de las vías férreas. Estos núcleos produjeron, imprimieron y difundieron folletos, libros, obras de teatro, cancioneros e impulsaron la fundación de escuelas racionalistas, centros de enseñanza independientes, talleres libertarios, ateneos, bibliotecas, comunas libres, círculos de estudios, universidades populares e inmigrantes con el objetivo de promover una propaganda educadora.

En 1919 la Federación Obrera seccional Córdoba apoyó el fortalecimiento de la organización gremial en todo el tendido de la red ferroviaria, incluyendo la zona serrana. Ese mismo año tenemos noticias de un cuadro filodramático denominado “La luz”, que actúa en numerosas jornadas libertarias en centros y círculos ubicados en Traslasierra. Nos cuenta Flavio Spezia: “Mi hermano José hizo experiencia teatral integrándose como peón de playa a uno de los circos que recorrían la provincia. Debo insistir que siempre le advertí la necesidad de que nuestro sindicato apoyara las actividades culturales. Yo mismo participé de los cuadros dramáticos y valiéndome de mi fresca u excelente memoria aprendía la letra de las piezas y comedias que el elenco circense daba en la segunda parte de la función. Por tal motivo más de una vez, ya sea por ausencia o enfermedad del titular subí junto a José al escenario a reemplazarlo. Participé del grupo declamatorio “La agitación”, del cual fui su primer director. Veníamos de una gran derrota sindical luego de la huelga general de mayo y en base a los compañeros que pudimos regresar después del “desparramo” comenzamos la acción. La compañía estaba formada por José Gelogich, Roberto García, Danilo Romero, Desiderio Murúa, Félix Murúa, Pablo Acuña, Simón Arraigada, Lino Galbán, Orlando Herra, Juan Dios, Juan Marizza, Abel Rodríguez y algún otro que se me puede haber ido de la memoria. Las artistas del pueblo más notorias fueron Clara Faíni, Adoración García, Argentina Estévez, Joaquina de Jaime y Catalina Sommer. Nuestro respertorio (aparte de varios “sketchs” cómicos de los que el más reidero resultaba uno caricaturesco de ambiente local titulado “La paga de don Sempronio”, que compusimos con Desiderio Murúa, donde el papel más hilarante estaba a cargo de Danilo personificando a una criolla vieja mandona y autoritaria) tenía como obras de fondo debidamente ensayadas a “Las víboras” de Rodolfo González Pacheco, a la comedia dramática “De frente” y al drama antibélico de Rostand “El hombre que yo maté”. Este elenco funcionó satisfactoriamente entre 1919 y 1925; después de ello una nueva generación de sus componentes lo llevó a la inacción definitiva”.

La provincia fue recorrida por los mensajeros o acólitos, cuya función era la difusión de los principios social – libertarios. En general se trataba de hombres jóvenes con una elemental formación y locuacidad suficiente para convencer al ocasional compañero de charla.

Un panfleto fechado en Villa Dolores el 8 de marzo de 1920 reproduce una obra de títeres pensada para la técnica de guante. En el soliloquio de rigor el protagonista exclamaba: “Oh penas obreras/llanto de los niños vapuleados/gritos callados de las mujeres vejadas/dispersas ante el flamear de la ácrata bandera de la dignidad”. La labor de estos primeros emisarios se complementaría en la década del treinta con el infatigable trajinar de los crotos, verdaderos trashumantes, que viajaban en vagones y chatas del ferrocarril, con su atado al hombro. Recorrían innumerables parajes a veces con el ánimo de hallar fugaces trabajos y a veces sólo por el placer de vagabundear. Aquel mundo de los crotos estaba tejido de silencios y discreciones. Gente con dolores callados y con pasado inquietante compartían las viadas con hombres que se automarginaban de una sociedad sorda a todo lo que no fuesen valores materiales y con jóvenes ansiosos de mundo nuevo. También iban a parar (o a andar ) seres atormentados por problemas psicológicos, los pasados del mono (los que habían enloquecido en la vía). Entre ellos deambulaban muchos , tal vez la mayoría, para quienes estando cerradas las oportunidades laborales en sus diminutos pueblos rurales de origen, sabían buscarlas sin esperanza de arraigar al pie de trabajos estables. Nadie preguntaba en semejante mundo por la historia del otro, ni por las razones de su errabundia. Nadie trababa compañía con otro, sino temporaria, apenas por algunas estaciones. La amistad no exigía otra frecuentación que algún encuentro para “otra vez”, en tal sitio, para un tiempo que fijarían el trabajo, el clima o el azar. Tanta discreción había facilitado la infiltración de los que dejaban otras cuentas pendientes con la justicia. Pero también propiciaba el desplazamiento de los propagandistas ideológicos que compartían con los crotos permanentes la inmunidad derivada de su propia marginalidad. Por eso muchos militantes libertarios eligieron la vida en la vía para llegar por regiones impensadas su ideal libertario en panfletos, folletos y libros, con cuyas ensoñaciones de emancipación social encendían nuevo trasfoguero junto a la ranchada de los crotos.

Ruben Stirk, croto ácrata recuerda : “El sitio preferido que yo recuerde fue Santa Victoria, ferrocarril Pacífico, en tiempos de la administración inglesa, allá por los años 1928 al 32. Era un punto tranquilo, que invitaba al descanso a los caminantes que transitaban bajo el intenso azul cielo de Córdoba. La autoridad, la ley, no figuraban de ningún modo ; la hermosa libertad brillaba en todo su esplendor. Los vagabundos encontrábamos ahí un clima, un ilimitado campo de seguridad y tranquila estancia. En la amplia playa de maniobras, marginando los desvíos, y una larga vía muerta, dos tinglados de abierto alero con mojinetes de norte a sur ofrecían sus “comodidades” a los golondrinas eventuales. La vía muerta, en cuya terminal, junto a los restos derruidos de lo que fuera un embarcadero de vacunos, con bebederos oxidados, había un grifo del que aún manaba un fresco chorro de agua. Sobre aquellos rieles en desuso, destartalado y herrumbroso, yacía un vagón inservible.

Era un armatoste cerrado , de los llamados “hamburgo”. Había quedado allí abandonado por alguna ignorada causa y por milagro conservaba el techo y la estructura lateral casi intactos”.

Stirk nos da un primer escalón para desarrollar un estudio futuro sobre los modismos y lunfardías de los hombres de los rieles en las primeras cuatro décadas del siglo XX.

Córdoba actuó como centró multiplicador del mensaje ácrata a provincias limítrofes como Santiago del Estero y San Luis. El papel del centro “Mártires de Chicago” fue fundamental en este sentido con la labor activa de su comité de propaganda.

Sin embargo las persecuciones constantes, las detenciones y posterior deportaciones de los líderes teóricos más representativos, sumado a partir de la segunda mitad de la década del 20 , a los procesos políticos y sociales de radicalización reaccionaria, decidieron la suerte de esta corriente del pensamiento humano en la región. La característica de ser un campo intelectual circular y las agresiones de la cultura oficial le depararon una doble muerte al sumirlos en las nubes del olvido.

Dr. Carlos Fos, agosto 2004

Bibliografía

Bilsky, Eduardo. Esbozo de historia del movimiento obrero argentino, desde sus orígenes hasta el advenimiento del peronismo. Cuadernos Simón Rodríguez, Nº 3. Buenos Aires. Editorial Biblos. 1987

Costas, Enrique. El racionalismo en Argentina. Buenos Aires. Ediciones Cántaro. 1986

Fos, Carlos. Educación libertaria. Salamanca. Ediciones Real Universidad de Salamanca. 1996

Fos, Carlos. Teatro libertario y su acción pedagógica. Salamanca. Ediciones del huerto. 1995

Hardman, Francisco. Ni patria, ni patrón. San Pablo. Ediciones Brasilienses. 1984

Luizzeto, Flavio. Cultura y educación libertaria en el inicio del siglo XIX en Educación y sociedad. Nº 12, septiembre 1982. México D.F. Ediciones UNICAMP. 1982

Oslak, Oscar. La formación del Estado Argentino. Buenos Aires. Editorial Planeta. 1997

Oved, Iaácov. El Rebelde. Buenos Aires. Ediciones Populares. 1988

Stirner, Alberto. El orden familiar. Córdoba. Ediciones del autor. 1882

Publicaciones ácratas consultadas

La antorcha 1897-1906. Colección completa

Banderas agitadas 1901-1914. Colección completa

Brecha obrera Nº 3, 5/5/1905

Biografía de Botticelli Sandro Artista Renacentista Vida y Obra

Biografía y Obra de Botticelli Sandro – Artista Renacentista

Sandro Botticelli(Florencia 1445-1510). Hijo de un curtidor, nació en Florencia en 1444. A temprana edad abandonó sus estudios académicos para trabajar con un orfebre. Su interés por la pintura y el dibujo se desarrolló en este trabajo y fue aceptado como aprendiz en el taller del pintor florentino Fray Filippo Lippi.

A partir de 1470 tuvo su propio taller, empezó a trabajar para los Médicis y tuvo numerosos encargos. En 1478 ya había alcanzado la madurez que representa un cuadro maravilloso, La primavera. En 1480 llevó a cabo notables pinturas murales en la iglesia de Todos los Santos de Florencia, su ciudad natal. Un año más tarde estuvo en Roma, donde formó parte del equipo encargado de las composiciones murales para la Capilla Sixtina.

En 1482 ya estaba de vuelta en Florencia, donde tuvo numerosos encargos: mártires, Crucificados, Vírgenes, Pietá… Hacia 1485 pintó las cuatro tablas de la Historia de Nastagio degli Onesti (tres de ellas se conservan en el Museo del Prado de Madrid). Hacia 1490 emprendió una serie referente a la Divina comedia de Dante. Sus últimos años se vieron ensombrecidos por las dificultades económicas.

Botticelli es el pintor más notable de la segunda mitad del siglo XV. Era un hombre cultivado y de temperamento artístico apasionado. Vivió de corazón la aparición del humanismo en la corte de Lorenzo de Médicis. Al final de su vida, influido por las prédicas de Savonarola, reformador religioso que propugnaba la austeridad, dejó de tratar temas mitológicos y profanos y renunció a los hallazgos de la perspectiva, volviendo así a una pintura medieval (La natividad mística).

BIOGRAFÍA: Durante el siglo XV, entre los artistas que rodeaban a la familia de los Médicis, en Florencia, se hallaba Sandro Botticelli, el único artista quizás que, por sus dotes y su óríeligencia, había resumido en el arte figurativo la particular actividad intelectual de ese momento histórico.

Nació Sandro en Florencia, alrededor del año 1445. Su padre. Mariano Filipepi, de oficio curtidor, declaró en 1458 ez las oficinas del Registro Civil, entre otras cosas: «mi hijo Sandro, de trece años, es enfermo y se consagra a la lectura».

El hogar paterno, ubicado en un barrio de tintoreros y curtidores, no era el más propicio para la salud del niño, ya endeble de nacimiento. Desde la infancia, se mostró extraño e inquieto: ocupaba su tiempo leyendo o fantaseando, sin querer cumplir estudios regulares. En vista de ello, el padre dispuso que el niño aprendiera el oficio de orfebre, y lo envió a los talleres de un tal Botticello. Cierta versión afirma que el joven adoptó el seudónimo bajo el cual se lo conoce, en memoria de ese su primer maestro.

En aquel tiempo, los orfebres tenían sólidos conocimientos de pintura y de escultura, y muchos famosos pintores y escultores egresaron de esos talleres.

Las condiciones artísticas que hasta entonces dormitaban en su alma cerrada y enigmática, se manifestaron pronto en el joven Sandro. El trato asiduo que, por razón de su oficio, tenía con los grandes artistas florentinos, despertaron en él un interés creciente por la pintura, y un buen día abandonó los talleres del orfebre.

Alrededor de 1472, había establecido un floreciente taller propio y fue hecho miembro de la Cofradía de San Lucas, una importante sociedad de artistas florentinos.

Los artistas que trabajaban en Florencia lo hacían bajo el patrocinio de la Iglesia y opulentas familias locales. Como dijimos antes una de las más ricas y poderosas de estas familias eran los Médicis. Fue para un miembro de esta familia, un primo de Lorenzo el Magnífico, que Botticelli pintó sus obras más importantes, una de las cuales es el Nacimiento de Venus, pintado en la década de 1480.

El Nacimiento de Venus Sandro Botticelli

El Nacimiento de Venus: Fue la época de sus grandes composiciones mitológicas. El nacimiento de Venus (1482), que fue concebido como contraparte de La Primavera, es una alegoría que exalta los ideales formales e intelectuales: lo bello, la perfección del cuerpo femenino, asociado al bien, en una naturaleza armoniosa.

Desde 1475 más o menos, Botticelli, como discípulo de Fra Filippo Lippi e influido también por Verrocchio, había llevado su propio estilo a las mayores posibilidades de elegancia y nitidez cromática. Dentro de esta faceta de su arte, realizó por encargo de Lorenzo di Pier Francesco de Medici (sobrino de Lorenzo el Magnífico) esta tabla y la de la Primavera, así como la de Palas y el centauro, de fecha algo posterior.

Las tres se pintaron para decorar la villa de aquel encumbrado personaje en Castello. La Primavera data de 1477-78 y muestra al artista ya liberado por completo de influencias ajenas, expresándose a través de su lirismo lineal; los otros dos cuadros muestran, en cambio, un propósito de monumentalidad que en el artista aparece poco después de 1480.

El Nacimiento de Venus es, por su concepción, la pintura más clásica de las tres, aunque ciertas asimetrías tienden a romper la firmeza de la composición simétrica. El desnudo cuerpo de la diosa delata poética languidez, en su fluidez extrema, en relativo contraste con el grupo formado por los Céfiros,
que es compacto.

Fueron los años más felices de la hermosa Florencia, enriquecida por el admirable gobierno de Lorenzo el Magnífico, ese hombre tan diverso y completo, que poseía las virtudes más preciadas. Podemos imaginar a Lorenzo y Sandro paseando por las alamedas de los famosos jardines, conversando sobre temas artísticos o cambiando retruécanos. Si damos crédito a las anécdotas que se refieren a la vida de estos personajes, deduciremos que eran hombres ocurrentes y dotados de un gran sentido del humor: siempre estaban dispuestos a los sutiles juegos de ingenio.

La fama de Botticelli se esparció muy pronto y, en 1481, fue convocado a Roma por el Papa Sixto IV, para pintar tres frescos decorativos en la recientemente construida Capilla Sixtina del Vaticano. Cuando finalizó su trabajo, regresó a Florencia donde había gran interés por su obra. Durante este período produjo gran cantidad de cuadros religiosos y mitológicos.

En Florencia, su ciudad dilecta, alcanzó las más altas expresiones, tanto en las composiciones de temas religiosos como  en  las  profanas. Junto con los más famosos artistas de la época, Botticelli fue invitado a presentar proyectos para la fachada de Santa María del Fiore que debía terminarse en el año 1491. Además, para los Medicis, pintó e historió un Dante sobre pergamino, obra maravillosa dé incomparable valor.

Interpretó la Divina Comedia de acuerdo con el gusto de la época y su inspiración personal, que afortunadamente lograron perfecta coincidencia. De la vasta producción de aquel período se destacan La Virgen de la Granada, y La Virgen del Magníficat. En el medallón del Magníficat, Botticelli introdujo curvas dulcísimas y suaves, con las que logró expresar su fuerte sensibilidad y la honda religiosidad que la acompañaba.

Ya con una melancolía más marcada, La Virgen de la Granada representa la máxima realización de aquellos años. Con el pasar del tiempo, el conflicto religioso latente en su alma se acentuó, a tal punto que se alejó de los temas a los que antes había dedicado lo mejor de su arte.

Fueron cada vez más numerosas las obras de carácter religioso. Las que vieron la luz en la última década del siglo XV acentuaron el sentimiento de congoja interior que ya aparecía, más difuso, en la producción pictórica anterior.

Ese aspecto particular del arte de Botticelli debe relacionarse con los trágicos acontecimientos políticos que siguieron a la muerte de Lorenzo de Médicis, acontecimientos que tuvieron por protagonista, y después por mártir, a Jerónimo Savonarola, como veremos a continuación.

En 1489 hubo un levantamiento político en la ciudad, y el fraile dominico Savonarola asumió el gobierno de Florencia. Esto involucró profundamente a los patrocinadores de Botticelli, los Medici, algunos de los cuales fueron conminados a abandonar la ciudad. Savonarola fue quemado en la pira en 1489, y Lorenzo de Medici regresó el mismo año pero no reanudó el patrocinio a Botticelli, quien podría haber simpatizado con las opiniones de Savonarola.

A partir de esta fecha, recibió pocos encargos y no se le mencionó nuevamente en los registros de la Cofradía de San Lucas, desde 1505, excepto por una breve referencia hecha a su muerte, en 1510, cuando fue enterrado en la Iglesia del Año Santo, en su ciudad natal de Florencia.

Botticelli, como la mayoría de los pintores de su tiempo, estuvo profundamente vinculado con el arte, comparativamente nuevo, de la perspectiva. Esto se puede apreciar claramente en la composición de su trabajo; pero, es por el gran sentido de movimiento y vida que sus obras son más notables. Es este sentido del movimiento el que diferenció el trabajo de Botticelli del de sus contemporáneos.

La tendencia que constantemente sintió aquel elegante pintor de transformar en mito y alegoría los temas narrativos pudo manifestarse, en su última época (tras la crisis religiosa que en él produjeron las predicaciones de Savonarola), en los diseños a la punta de plomo que hizo para ilustrar un códice, in folio, de la Divina Comedia, para aquel mismo patrón que le había encargado el grupo de obras de que el Nacimiento de Venus forma parte.

La palabra de Savonarola lo llevó de las alturas de su arte paganizante, hacia una rigurosa observancia de la fe… Su espíritu sufrió una conmoción. El mundo en que hasta entonces había creído, el dogma político con que los Médicis habían gobernado, velando por el bienestar de sus protegidos, la sociedad próspera y orgullosa en que había vivido, ¿eran, pues, impíos?. Tuvo momentos de devoción casi enfermiza y de penoso abandono. Sus ideales experimentaron profundos cambios. El afecto que el artista tuvo por Savonarola fue muy grande y, cuando éste murió en la hoguera como hereje, se sintióhondamente perturbado. Savonarola le había abierto nuevos horizontes, le había despertado la creencia en Dios, y gracias a él pudo sentir, al acercarse el final de su existencia, el consuelo de la fe.

Dar forma a las ideas
El prestigio de Botticelli comenzó con sus primeras obras florentinas: el Díptico de Judith (1472-1473) y La Primavera(1478). Gracias a ello fue llamado a Roma en 1481 para ejecutar los frescos de una parte de la Capilla Sixtina: Hechos de la vida de Moisés, El castigo de los rebeldes y Las tentaciones de Cristo. De regreso en Florencia, los encargos aumentaron.

diptico de judith
Díptico de Judith (1472-1473)

tentaciones de cristo de botticelli

Las tentaciones de Cristo, fresco en la Capilla Sixtina

la primavera de botticelli
La Primavera (1478)

Fue la época de sus grandes composiciones mitológicas. El nacimiento de Venus (1482), que fue concebido como contraparte de La Primavera, es una alegoría que exalta los ideales formales e intelectuales: lo bello, la perfección del cuerpo femenino, asociado al bien, en una naturaleza armoniosa.

Las últimas obras de Botticelli estuvieron marcadas por las ideas de Savonarola. Su arte, influido por la prédica del monje, se tornó sombrío, en concordancia con el nuevo clima cultural de la ciudad, que obligó a huir a los Medici en 1494 y que rechazó los ideales humanistas.

Aunque la edad de oro del neoplatonismo florentino, en las artes como en las letras, llegó a su fin de modo brusco, nunca dejó de fascinar, a la manera de un paraíso perdido. La influencia de las composiciones sabias de Botticelli se observa, por ejemplo, en Filippino Lippi, Lorenzo di Credi y Piero di Cósimo. Pero también mucho después.

Al fundar los prerrafaelistas ingleses su movimiento en el siglo XIX, miraron su obra y ese tiempo en que las artes, la filosofía y las letras exaltaban por igual la grandeza del hombre y la armonía entre lo ideal y lo sensible.

La Adoración de los Magos Botticelli, 1475

La Adoración de los Magos
Botticelli, 1475

La existencia de Botticelli transcurrió entre dos siglos. Pero a los sesenta años, se encontró vencido por la edad. Su arte nada podía expresar al nuevo siglo, fecundo en artistas de mentalidad   y  gustos  muy distintos   a   los  suyos.

Su mundo había desaparecido para dejar paso a una nueva época. Ya podía admirarse el David que Miguel Ángel había hecho colocar en la Plaza de la Señoría de Florencia, y ¡cuan distinta era esta obra de la concepción artística de Botticelli!
Sus más queridos amigos también habían desaparecido. Se aferró entonces, desesperadamente, a su tradición artística, pero sus manos estaban debilitadas y ya no respondían a su inspiración.

Evocó en su memoria los grandes versos de los poetas florentinos, los alegres sonetos de Lorenzo el Magnífico. Sandro había pertenecido a esa época. Ése había sido el tiempo de su juventud. No le quedaba sino esperar el final de una existencia que era sólo recuerdo.

El 17 de mayo de 1510, Sandro Botticelli expiró. Pero la humanidad ha heredado su obra inmortal y hecho justicia a su talento.  

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/botticelli.jpg

Cabeza  de la Virgen del Magnificat, Florencia (Galería de los Oficios)

Fuente Consultada:
Cien Obras Maestras de la Pintura de Marcial Olivar
Pintores Célebres Biblioteca Fundamental Ariel
Historia Visual del Arte Larousse
LO SE TODO Tomo V Biografía de Botticelli