Carlos VII de Francia

Historia de los Francos Formacion, Desarrollo y Caida del Reino

Historia de los Francos Formacion, Desarrollo y Caída del Reino

FORMACIÓN DEL REINO DE LOS FRANCOS: Cuando Clodoveo (481 a.C.) llega al trono, la Galia estaba dividida entre varios pueblos.

Al norte, el territorio que hoy forman Bélgica y la provincia del Rhin, estaba dividido entre cuatro pequeños reyes francos establecidos en Tournai, en Cambrai y en Colonia.

Entre Bélgica y el Sena, el país estaba ocupado por la banda de Siagrio.

Entre el Sena el Loire ya no había ejército. Los pueblos de estas comarcas se llamaban romanos y reconocían ser subditos del emperador, pero ya no sabían exactamente a quién tenían que obedecer.

Toda la comarca al sur del Loire, hasta los Pirineos, y toda la costa del Mediterráneo, hasta los Alpes, habían sido ocupadas por los visigodos.

Los burgundos tenían un reino que se extendía por los valles del Saona y del Ródano hasta el Durance.

mapa del reino franco año 480
Mapa de Europa Medieval Año 480

En veinticinco años, Clodoveo se hizo dueño de todo, excepto del territorio burgundo y de la costa del Mediterráneo. El rey de los ostrogodos de Italia conquistó la Provenza.

El Languedoc siguió siendo de los visigodos; pero fueron a establecer éstos su capital en Toledo, en el centro de España.

Todos los habitantes de los territorios sometidos por Clodoveo vinieron a ser subditos suyos.

La mayoría eran romanos,es decir, hablaban latín. Pero como fueran ya subditos del rey de los francos, se llamaban también francos, como las gentes de Clodoveo.

El país que se había llamado Galia comenzó a llamarse Francia, quiere decir, «país de los francos».

Clodoveo extendió su reino por el lado del país de los romanos hasta los Pirineos, y lo ensanchó por la parte de los pueblos germánicos del Norte.

Reunió todos los reinos habitados por los francos y aprovechó su triunfo sobre los alamanes para aumentar el territorio de los francos.

Los alamanes habían pasado el Rhin, ocupado la Alsacia y avanzado hacia la Lorena. Empezaban a tener un gran reino. Después de la primera guerra en que habían sido vencidos, atacaron de nuevo a Clodoveo.

En la batalla, el rey y la mayor parte de los nobles fueron muertos. Los que quedaban se refugiaron en las montañas de Suiza y en la comarca llamada más tarde Suabia (Wurtemberg).

Todo el resto del territorio que habían conquistado en Alsacia y en la orilla derecha del Rhin fue ocupado por los francos. Este territorio se hallaba entonces casi desierto; pero los francos lo poblaron poco a poco, y en esta forma duplicaron el terreno que poseían.

Después de haber formado este gran reino, Clodoveo ordenó a los obispos, que eran sus subditos, reunirse en Concilio en Orleáns (511 a.C). Acudieron 52 obispos, sobre todo los del centro de la Galia.

mapa de los francos merovingios
Avance de los francos dirigidos por su rey Clodoveo. Conquistaron el territorio entre el Somme y el Loira al duque galorromano Siagrio (487), duplicando la extensión de su reino. En el 493 el ostrogodo Teodorico conquistó Italia y Panonia al hérulo Odoacro.

DESARROLLO Y CRECIMIENTO DEL REINO

Al morir Clodoveo (511 a.C.) dejaba cuatro hijos; el mayor, Thierri, nacido de una esposa pagana que el rey había tenido antes que Clotilde, y los otros tres hijos de Clotilde.

Según costumbre de los germanos, se repartieron su tesoro y su reino. Al mayor le tocó la mayor parte, el territorio ocupado por los francos en Bélgica, y se estableció en Metz, Los otros tres recibieron cada uno su pedazo de territorio al norte del Loire y se establecieron uno en Orleáns, otro en París y el tercero en Soissons.

Se distribuyeron también el país romano al sur del Loire arrebatado a los visigodos, tomando cada uno unas cuantas ciudades.

Pero el reino Seguía siendo posesión común de los merovingios, y cuando uno de estos reyes moría sin dejar heredero, los otros recogían la herencia.

Como en el año 558 a.C. tres de los hijos de Clodoveo habían muerto, lo mismo que sus familias, el último superviviente. Gotario, reunió en sus manos todo el reino.

Los hijos de Clodoveo siguieron haciendo la guerra y acreciendo el reino de los francos. Los tres hijos de Clotilde —los reyes de Orieáns, de París y de Soissons— se pusieron de acuerdo para atacar el reinó de los burgundos.

clodoveo francos
Rey Clodoveo

El nuevo rey de los burgundos, Segismundo, se había hecho católico, pero ello no le salvó. Sus guerreros, no satisfechos, le apresaron y le entregaron o los francos junto con su mujer y su hijo.

Permanecieron prisioneros en Orleáns, juego fueron muertos y arrojados a un pozo. Los tres reyes francos se repartieron su reino (524 a.C).

Su hermano Godomar se defendió y conservó parte del territorio. Pero fue vencido en una segunda guerra, y en lo sucesivo todo el reino de los burgundos formó parte del reino de los francos (532 a.C).

El rey de los francos (Thierri) hizo la guerra a los turingios que habitaban el centro de Alemania hasta las montañas de Bohemia. Los francos se aliaron con los sajones, vecinos y enemigos de los turingios, e invadieron el país. Fue una guerra cruel, acerca de la cual sólo se contaban leyendas.

Los francos profesaban de antiguo rencor a los turingios. Decían que más de un siglo antes, como los turingios hubieran penetrado en el reino de los francos, habían obligado a éstos a que les diesen rehenes y los habían pasado a cuchillo.

Tras lo cual, invadiendo el país de los francos, colgaron a los jóvenes de los árboles por los tendones de las piernas, ataron 200 doncellas al cuello de caballos sin domar y los hicieron salir desbocados por el campo. Tendieron otras muchachas con el cuerpo estirado en el suelo e hicieron pasar por encima carros cargados.

El rey Thierri reunió a sus guerreros, les recordó aquellas matanzas y los llevó contra los turingios. Hubo gran batalla y tantos guerreros turingios muertos, que el río estaba lleno con sus cadáveres. Los francos pasaron por encima de ellos como por un puente.

El rey de los turingios fue muerto. Los francos se llevaron cautiva a su hija Radegunda, que casó con el rey Clotario y fue más tarde Santa.

Después se dividieron el territorio de los turingios con los sajones y ocuparon el país, que se llamó Franconia. Lo que quedaba del pueblo turingio se sometió, comprometiéndose a pagar tributo al rey de los francos.

Quedaban otros dos pueblos germanos todavía independientes: los alamanes en las montañas de Suiza y del Wurtemberg, los bávaros en la llanura del Danubio.

Ambos se reconocieron subditos del rey de los francos, sin dejar de mantener su jefe y sus costumbres. El reino de los francos se extendió entonces por toda la Galia y la mayor parte de Alemania.

COSTUMBRES DE LA ÉPOCA MEROVINGIA

Los reyes francos tenían dos clases de subditos:

1º) Los bárbaros, es decir, los francos, los burgundos y los otros pueblos que habían quedado del otro lado del Rhin: alamanes, bávaros y turingios, que conservaban su lengua, usos y costumbres.

2º) Los otros habitantes de la Galia, que se llamaban romanos y que hablaban latín.

Los romanos habitaban casi solos las ciudades, en las que continuaban agrupados alrededor de sus obispos, porque todos eran católicos.

Estas ciudades, frecuentemente destruidas por las guerras, no eran más que miserables poblados, con calles estrechas, en las que no vivían más que los servidores del obispo y los obreros que trabajaban para las iglesias, población poco numerosa, pobre e ignorante.

El consejero del rey Dagoberto, el célebre San Eloy, fue considerado gran artista porque había sabido hacer un trono de oro.

No obstante, los romanos y sus obispos eran los únicos que conservaban algo de la antigua civilización.

Como los caminos romanos no habían sido destruidos, los obispos se servían de ellos para comunicar unos con otros y reunirse a veces en concilio.

En cambio, los francos seguían siendo guerreros bárbaros. Llevaban el pelo en trenzas y largos bigotes.

Usaban pieles para cubrirse y vivían en el campo. Cada familia habitaba una casa de madera, sin ninguna división interior.

Los ricos habían adoptado la espada larga, la coraza provista de rodajas metálicas, las grebras y el casco; lujo que solamente podían permitirse los grandes propietarios.

Una coraza valía doce sueldos de oro, un casco seis, la espada siete, mientras que una vaca no valía más que un sueldo. Casi todos conservaban, por tanto, las antiguas armas: el arco, la lanza, la francisco y el puñal. No disponían más que de escudo de madera y combatían a pie.

Los reyes y los principales francos establecidos en la Galia habían llegado a ser propietarios de grandes dominios romanos y empezaban a cambiar de género de vida. No les gustaba vivir en las ciudades que eran pequeñas y estrechas.

Preferían hacerlo en el campo y la villa, que era una especie de pueblo.

En un edificio grande, por lo común de madera, llamado palacio y rodeado de un pórtico de columnas, habitaba el dueño.

Al lado estaban los alojamientos de los guerreros, sus compañeros. Más lejos, en casitas pequeñas, se alojaban los esclavos domésticos. Las mujeres, encerradas en un taller, hacían tejidos de hilo, cáñamo y telas de lana y los obreros fabricaban las armas y las alhajas.

Los campesinos eran quienes labraban las tierras y los pastores, guardaban el ganado.

COSTUMBRES DE LOS REYES

Los reyes se habían hecho poderosos y ricos, pero seguían conduciéndose como bárbaros.

Los cuatro hijos de Clotario, hijo de Clotilde, que se habían repartido su reino, pasaron la vida haciéndose la guerra unos a otros.

Chilperico repudió a su primera mujer y estranguló a la segunda, que era hija del rey de los visigodos, para casarse con una camarera de palacio, la famosa Fredegunda.

Tenía pretensiones literarias, Hacía versos latinos, había inventado cuatro letras del alfabeto y mandaba raspar los pergaminos para sustituir las letras antiguas por los caracteres de su invención. Pero seguía siendo bárbaro.

Había tratado, para proporcionarse dinero, de aum entar los impuestos, y había ordenado la formación de nuevos registros. Poco tiempo después sus dos hijos cayeron enfermos y murieron.

Fredegunda creyó que Dios hacía perecer a sus hijos para castigarlos por haber aumentado los impuestos.

Arrojó al fuego los registros de contribucines de las ciudades que le había dado su esposo. «Haz lo que yo —le decía— para que, si perdemos a nuestros hijos, nos libremos al menos de las penas eternas».

Y Chilperico renunció al cobro de los impuestos.
Dos reyes, nietos de Clodoveo, fueron asesinados.

Al tercero, el rey Gontran, un guerrero le dijo: «Sabemos dónde está el hacha bien afilada que ha cortado la cabeza de tus hermanos; pronto hará saltar la tuya».

Gontran, asustado, habló a los fieles reunidos en la iglesia: «Os conjuro —dijo—, hombres y mujeres; no me matéis como habéis matado a mis hermanos».

DESMEMBRACIÓN DEL REINO DE LOS FRANCOS

El reino de los francos, se dividió por primera vez entre los hijos de Clodoveo (511 a.C), y por segunda entre los hijos de Clotario (560 a.C), fue reunido de nuevo en una sola mano por Clotario II (613 a.C.) y poco a poco los subditos de los reyes francos se acostumbraban a no obedecerles.

Los pueblos de Alemania, bávaros, turingios, ala-manes, dejaron de pagar tributo. Cada uno tuvo su jefe (herzog) que se conducía como soberano independiente.

La antigua Galia se desmembró por los repartos entre los hijos del rey. Les grandes propietarios guerreros se habituaron a considerar a cada comarca como un reino distinto, y aunque no hubiera más que un rey, le pedían que enviase a su hijo o a su hermano, para que cada reino fuese independiente. De esta suerte se formaron cuatro reinos.

La Burgundia (antiguo reino de los burgundos) comprendía los valles del Saona y del Ródano.

La comarca situada al norte del Lore se dividió en dos reinos. La región colocada al este de la selva de las Ardenas, habitada por francos que conservaban su lengua, fue la Austrasia (país del Este).

La península, que avanza hacia el noroeste de la Galia había quedado despoblada por las invasiones.

Los celtas, procedentes de la Gran Bretaña, se habían establecido en aquel país, desierto entonces y que desde ese momento se llamó Bretaña.

Allí se hablaba, y se habla todavía, una lengua céltica. Los jefes bretones tomaron el título de reyes.

El país del sur del Loire, habitado por la población romana, de lengua latina, se llamaba Aquitania.

Un pequeño pueblo de guerreros, los vascos, que hablaban la antigua lengua de los iberos, descendió de los Pirineos en el siglo VII, se estableció en la comarca de Tolosa y avanzó poco a poco al norte hasta el Loire.

El jefe, llamado al principio duque de los vascos (o gascones), se hizo llamar duque de Aquitania.

Los visigodos conservaban todavía el territorio comprendido entre el Ródano y los Pirineos (llamado entonces Septimania).

El reino de los francos en la Galia estaba desmembrado entre seis pueblos.

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Biografia de Carlos IX de Francia

Biografia de Carlos IX de Francia

Su figura histórica queda desdibujada por su muerte prematura. Como los últimos Valois, sus hermanos Francisco y Enrique, Carlos IX fue un joven de refinada cultura, en contacto con Ronsard y los poetas de la Pléyade; pero, también, un monarca débil de espíritu y sin voluntad para imponerse a los demás y a sí mismo.

Carlos IX de Francia

Este hecho explica su sujeción a Catalina de Médicis y a Coligny, sus vacilaciones antes de la noche de San Bartolomé, y su ruina física, consumada por la violencia de sus ejercicios corporales y el desenfreno de su vida amorosa.

Tercer hijo de Enrique II y Catalina de Médicis, nacido en San Germán de Laye el 27 de junio de 1550, acababa de cumplir diez años cuando la muerte de Francisco II le dio la corona de Francia, una Francia amenazada por las luchas entre católicos y calvinistas.

Ejerció la regencia su madre, hasta el 17 de agosto de 1563, fecha en que fué proclamado mayor de edad; pero, de hecho, continuó llevando la dirección del gobierno Catalina de Médicis.

En 1562-1563 se habían desarrollado las escenas sangrientas de la primera guerra de religión. Después de la paz de Amboise transcurrió un período de relativa tolerancia, hasta que Conde pretendió apoderarse por la fuerza de la persona del monarca (1567).

Descubiertos sus planes, se reanudó la lucha, en la que llevaron la mejor parte las armas católicas (segunda y tercera guerra de religión).

Pero con gran sorpresa de todos, Carlos IX confió el gobierno (1570) al almirante Coligny, jefe de los hugonotes, el cual le había entusiasmado con sus atractivos proyectos de hundir el poder de Felipe II en Europa. Coligny gobernó muy poco tiempo.

El excesivo predominio otorgado a los calvinistas provocó una reacción de los católicos. Catalina de Médicis, Enrique de Guisa y Enrique de Anjou arrancaron del rey el permiso de proceder a la eliminación de los jefes hugonotes más destacados, reunidos en París para asistir a las bodas de Enrique de Navarra y Margarita de Valois.

El 24 de agosto de 1572 se registraron las trágicas escenas de la noche de San Bartolomé.

Una víctima directa de aquella jornada fué el propio Carlos IX. Devorado por la fiebre y el remordimiento, impresionado por la sangre derramada, fué extinguiéndose poco a poco.

Murió en Vincennes el 31 de mayo de 1574.

Biografia de Thiers Louis Adolphe Ministro de Francia

Biografia de Thiers Louis Adolphe

LUIS ADOLFO THIERS (1797-1877): El hombre de la Tercera República Francesa, cuyo nacimiento y consolidación hizo posible por su actuación conservadora y, a la vez, por su sentido liberal de la vida, nació en Marsella el 15 de abril de 1797.

Después de estudiar en el liceo de Marsella y Je licenciarse en derecho en la universidad de Aix, partió para París con el propósito de labrarse un porvenir literario y político en la capital.

Thiers Louis Adolphe

Louis Adolphe Thiers fue un historiador y político francés. Fue repetidas veces primer ministro bajo el reinado de Luis-Felipe de Francia. Después de la caída del Segundo Imperio, se convirtió en presidente provisional de la Tercera República Francesa, ordenando la supresión de la Comuna de París en 1871.

Su único viático era una carta de recomendación para el diputado Manuel, el cual le introdujo en los salones liberales y le proporcionó trabajo en la redacción de El Constitucional (1821).

Muy pronto el joven provenzal destacó en el campo del periodismo, por su espíritu crítico y su cultura vasta, aunque superficial. Sus crónicas artísticas le hicieron famoso, así como su Historia de la Revolución francesa (1823-1827), escrita con un leve asomo de apología.

Partidario de la legalidad de la Carta otorgada, se opuso al régimen de Carlos X, por considerarlo reaccionario. Participó en forma destacada en la entronización del duque de Orleáns después de la revolución de julio de 1830. Esto le abrió las puertas de su carrera política.

Diputado por Aix y secretario general del ministerio de Hacienda, se afilió primero al partido del ((movimiento». Pero luego, considerando perjudicial esta política para la consolidación de la nueva dinastía, pasó a ser miembro del partido conservador o de la «resistencia».

En junio de 1832 fué nombrado ministro del Interior, en cuya cartera demostró condiciones de gran energía, reprimiendo tanto las conjuraciones borbónicas como los alzamientos republicanos. La represión de 1834 abrió entre él y los demócratas un foso que sólo se colmó cuarenta años más tarde.

Ministro del Interior por segunda vez, en 1835 no vaciló en decretar fá reducción de la libertad de imprenta, en cuyo nombre se había levantado contra Carlos X cinco años antes.

Formó un ministerio en 1836; pero éste fué de escasa duración, pues no pudo sobrevivir a los ataques parlamentarios contra su política de intervenir en España a favor de los cristinos (22 de marzo a 25 de agosto de 1836).

Viajó algún tiempo por Italia. En 1838 reanudó sus tareas parlamentarias y el 1° de marzo de 1840 fué designado por segunda vez presidente del consejo de ministros y ministro de Negocios Extranjeros.

Su política patriótica estuvo a punto de provocar una guerra con Inglaterra y Alemania a propósito de la cuestión de Oriente. El régimen burgués de Luis Felipe no gustaba de tales desplantes. Thiers fue reemplazado por Guizot (29 de octubre), contra cuyo gobierno desencadenó una campaña sistemática de 1840 a 1848. Simultáneamente, redactó una Historia del Consulado y del Imperio, cuyo primer volumen apareció en 1845.

Ante el movimiento revolucionario de febrero de 1848, Luis Felipe confió la presidencia del gobierno a Thiers. Pero ni los republicanos ni los socialistas quisieron saber de él. El régimen se hundió.

Durante la segunda República, Thiers dirigió con gran éxito la oposición conservadora en la Asamblea Nacional. Poco partidario de Luis Napoleón, a quien consideraba un soñador utópico, fué detenido con motivo del golpe de estado de diciembre de 1851 y expulsado de Francia.

Un año más tarde se autorizaba su regreso. Bajo el Imperio autoritario continuó en su trabajo histórico sobre el Consulado y el Imperio, pero siempre se mantuvo apartado de Napoleón III.

Cuando el régimen empezó a declinar, en 1863, Thiers se convirtió en el jefe de una oposición implacable, exigiendo el retorno a la política tradicional de Francia y la lucha sistemática contra la unificación de Italia y Alemania.

Por esta causa, cuando sobrevino el hundimiento del Segundo Imperio en Sedán (1870), Thiers fue el hombre designado para salvar el país de las ruinas en que le había sumido una política tan poco clarividente.

Negociador de la paz en Londres, Viena y San Petersburgo, fué elegido jefe del poder ejecutivo de la República francesa el 17 de febrero de 1871.

En calidad de tal firmó el armisticio de Versalles con Bismarck y sofocó vigorosamente la «Commune» de París. Restablecido el orden interior y la paz exterior, Thiers se convenció de que una república conservadora era el régimen que menos separaba a los franceses, y encaminó su política a esta-
blecerla en Francia.

La reacción de los monárquicos le obligó a presentar la dimisión de su cargo en 24 de mayo de 1873. En los cuatro últimos años de su vida apoyó a la coalición republicana con su prestigio de salvador de Francia del desorden y de la anarquía.

Murió en San Germán en Laye, el 3 de septiembre de 1877.

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Biografia de Francois Guizot Politico Frances

Biografia de Francois Guizot

Austero, enérgico, con ideas firmes sobre la historia y la política, dotado de no escasas dotes de generalización, investigador profundo de los acontecimientos de la cultura francesa y europea, Francisco Guizot fue un buen historiador y aun un mejor profesor de Historia.

Pero su intervención en la vida pública de Francia durante la Restauración y la monarquía de Luis Felipe le elevaron a un plano de mayor responsabilidad. Guizot encarna, en efecto, el espíritu de la revolución de 1830 y, asimismo, el régimen burgués y censitario que ésta implantó.

Francois Guizot,un historiador y político francés. Participó en el gobierno durante la monarquía de Luis Felipe de Orleans y fue líder de los doctrinarios.

François Pierre Guillaume Guizot fue un historiador y político francés. Participó en el gobierno durante la monarquía de Luis Felipe de Orleans y fue líder de los doctrinarios.

La evolución de los partidos le situó cada vez más a la derecha, de modo que para los contemporáneos empezó en liberal y terminó en conservador.

En realidad, Guizot se mantuvo siempre fiel a la misma línea de conducta. Sólo los sucesos determinaron la paradoja de que uno de los artífices del alzamiento revolucionario de 1830 cayera en 1848 junto con Metternich, el principal representante del sistema legiti-mista y anturevolucionario en Europa.

Nacido en Nimes el 4 de octubre de 1787, en el seno de una familia calvinista, sufrió desde muy joven las consecuencias de la oleada revolucionaria, pues su padre pereció en el patíbulo durante el Gran Terror (abril de 1794). El muchacho se refugió con su madre en Ginebra.

En 1805, durante el Imperio, regresó a Francia al objeto de estudiar la carrera de Leyes en París. Terminada ésta, publicó algunas obras de carác ter literario e histórico que le valieron la cátedra de Historia Moderna de la Sorbona en 1812.

Afiliado al grupo de los monárquicos liberales de Royer-Collard, ocupó el cargo de secretario general del ministerio del Interior en 1814. Durante los Cien Días volvió a enfrascarse en sus estudios habituales.

Caído el poder napoleónico en Waterloo, Guizot fue nombrado secretario general del ministerio de Justicia en el gobierno Richelieu (1815-1816) y director en el ministerio del Interior en el gobierno Decazes (1819-1820). La reacción de 1820 le enfrentó para siempre con la monarquía borbónica, ya que Guizot consideraba inalterables los términos constitucionales elaborados en 1815.

Miembro del grupo de los «doctrinarios» y uno dé los jefes del partido liberal opuesto al gobierno de Carlos X, fue privado de su cátedra de 1822 a 1828. Durante esta época publicó dos obras que le hicieron famoso: la Historia del gobierno representativo (1821-1822) y la Historia de la civilización en Europa (1828).

En enero de 1830 fué elegido diputado por Lisieux, mandato que había de conservar, renovado periódicamente, hasta 1848. Figuró en el grupo liberal de la Cámara de Diputados.

Disuelta ésta por las famosas Ordenanzas de Julio, Guizot formó parte del Comité moderado que, dirigido por Casimiro Perier y Laffite, logró beneficiarse del movimiento revolucionario que estalló a fines de 1830 en París. Derribada la monarquía de los Borbones, ejerció el ministerio del Interior en el primer gobierno de Luis Felipe (agosto a noviembre de 1830).

Más tarde, en 1832, bajo la presidencia del mariscal Soult, fue ministro de Instrucción Pública. Durante este período, de 1832 a 1836, fomentó grandemente la educación primaria y el desarrollo de las corporaciones eruditas. Por otra parte, cada día se caracteterizaba más como jefe del partido de la resistencia o conservador.

Creía que la evolución histórica había hecho recaer el poder en la burguesía, y que por tanto era utópico hablar de sufragio universal. Frente al movimiento demócrata y republicano se mostraba intransigente. Su lema era «una monarquía limitada por un número limitado de burgueses».

La coherencia del gobierno Soult se rompió en 1836 por la divergencia de criterios entre Guizot y Thiers. Después de formar parte de otros gobiernos de vida efímera, en 1840 aceptó el cargo de embajador de Francia en Londres.

Pero el fracaso de la política oriental de Thiers, le llevó de nuevo al poder. Desde el 29 de octubre de 1840 hasta el 23 de febrero de 1848 fué el verdadero jefe del gobierno, aunque en realidad sólo ocupó la presidencia del consejo desde 1847.

Su pureza y su desinterés personales, su inquebrantable afirmación de los principios de orden, le convirtieron en el símbolo del conservadurismo.

Combatido por la izquierda monárquica y los demócratas, dimitió el 23 de febrero de 1848 cuando ya la revolución era dueña de la capital. Marchó a París al cabo de pocos días, y el 3 de marzo llegaba a Londres.

Después de un año de residencia en Inglaterra, regresó a Francia. Desde este momento vivió alejado de la política. Su principal ocupación fué la literaria, a la que consagró el resto de su existencia. Cooperó al desarrollo del Instituto de Francia, de cuya corporación era miembro.

Retirado en Val Richer (Calvados), cerca de Lisieux, vio cómo se implantaba el Segundo Imperio y cómo éste caía bajo el peso de la derrota militar. También asistió a los primeros pasos de la Tercera República.

En estos últimos años de su vida su figura se agiganta en el puerto de la serenidad. Murió en Val Richer el 12 de octubre de 1874.

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Biografia de Maria Antonieta Reina de Francia Juicio y Ejecucion

Biografia de María Antonieta de Austria – Su Ejecución Post Revolución

En 1793 , una reina europea es condenada a morir en la guillotina. Procedente de Viena, había llegado más de diez años atrás al palacio de Versalles para casarse con el rey francés. Recibida con grandes honores, nadie se imagina el terrible final que le depara el destino.

La reina de Francia que murió decapitada fue María Antonieta, una joven austríaca obligada a casarse a los catorce años con el delfín de Francia, Luis, que ocupó el trono en 1774 y reinó como Luis XVI.

María Antonieta, que nunca tuvo a su marido en gran estima, fue una mujer frivola, de gustos caros, que pronto ganó fama de reaccionaria y despilfarradora.

Fue una gran aficionada al juego y a las tertulias de la corte, y descuidó con frecuencia sus deberes con el pueblo francés, que la acusaba además de favorecer los Intereses austríacos.

Cuando estalló la Revolución, no tuvo tampoco contemplaciones con las masas hambrientas que se agolpaban frente al palacio de Versalles, enviando sus tropas contra ellas.

A pesar de su condición de reina, el pueblo, que vivía malos tiempos, no le perdonó sus caprichos.

BIOGRAFIA E HISTORIA DE SU REINADO

MARÍA ANTONIETA DE HABSBURGO-LORENA (1755-1793): Hija de la gran María Teresa de Austria, María Antonieta no poseyó las eminentes cualidades políticas de su madre, salvo la tenacidad, más comparable en ella a terca obsesión.

Situada en un ambiente extraño, reina en un país que tradicionalmente era enemigo de su familia e imperio, enfrentada con una violenta conmoción revolucionaria, la desgraciada señora quiso superar ese cúmulo de adversidades y la timidez y debilidad de su marido, dirigiendo a su guisa la corte y la política de Francia.

Biografia de Maria Antonieta Reina de Francia Juicio y Ejecucion

Nacida para reina, gozó hasta el fin la vida despreocupada y frívola de la corte. Sin embargo, amargos sinsabores y un desenlace trágico la aguardaban luego del 14 de julio de 1789: al descrédito sucedió el encarcelamiento hasta culminar en la guillotina

Fracasó en este empeño, e incluso sus actos contribuyeron en no poca cuantía al fatal desenlace de 1793. Sin embargo, la dignidad y entereza con que, en sus últimos días, hizo frente a la adversidad, borran en el aspecto personal las equivocaciones de su actuación.

Nacida en Viena el 5 de noviembre de 1755, hija de Francisco I de Lorena y María Teresa de Habsburgo, fue educada con gran severidad y con el fin de prepararla para el enlace con el delfín de Francia, tal como hacía previsible la alianza concertada en 1756.

El abate Vermond fue su tutor hasta 1769.

Prometida desde los doce años al Delfín de Francia, el futuro Luis XVI, se trató de educarla de acuerdo con las conveniencias de su futura misión, sin demasiado éxito.

Caprichosa y mimada, su espíritu solo admitía los conocimientos que le llegaban a través de la diversión. Indiferente a las lecciones de la historia, hablaba incorrectamente el francés, era una mediocre ejecutante de clavicordio y su ortografía resultaba desesperante.

Los rasgos armoniosos, la cabellera rubia con matices rojizos, la piel sonrosada y perfecta y el rápido fulgor de sus ojos azules, así como su finísimo talle, la vivaz ingenuidad de la expresión y el encanto de sus movimientos sedujeron a los franceses desde que hizo su entrada triunfal en el país de su prometido, el 8 de mayo de 1770, cuando aún no había cumplido quince años.

El 16 de abril de 1770 Luis XV pidió su mano para su nieto, y el enlace matrimonial se efectuó en Versalles el 16 de mayo. Cuatro años más tarde, el 10 de mayo de 1774, la muerte de Luis XV la hacía reina de Francia. Tenía entonces dieciocho años y medio.

El 16 de mayo, en medio de un entusiasmo desbordante, se celebró la boda en Versalles.

El Delfín, modesto, inteligente, sin ser brillante, indeciso y tímido ante las responsabilidades, escribe en su diario al día siguiente: «Nada». Y «nada» fue durante varios años, hasta que aceptó someterse a la pequeña operación.

Por su parte, María Antonieta se entrega inmediatamente al vértigo de las distracciones-bailes, mascaradas, juegos y representaciones teatrales- y también al juego. Su comportamiento resulta imprudente en medio de una corte donde la apariencia es más importante que la honradez y donde la adulación encubre intrigas y calumnias.

Honesta y espontánea por naturaleza, la Delfina no advierte el peligro. No es respetuosa de las formas, que son a veces la aparente salvaguardia del honor, y da a Madame de Noailles, encargada de instruirla al respecto, el mote de Madama Etiqueta.

María Antonieta había causado una buena impresión en la corte francesa. Pero muy pronto este sentimiento se desvaneció.

Existía en Versalles un poderoso partido antiaustríaco, que no perdonaba ocasión para criticar a la nueva soberana.

Por su parte, María Antonieta daba alas a ese grupo con sus extravagancias y su pasión por el lujo, el juego y las intrigas. Su entrega a la camarilla de los condes de Polignac y su interferencia en los asuntos políticos — como en la destitución de Turgot (1776)—, provocaron una viva agitación.

Su hermano, José II, aprovechó su estancia en París en este año para recomendarle mayor cordura.

Cuando el 10 de mayo de 1774 muere el rey Luis XV, la pareja se espanta por la responsabilidad que la aguarda. Son demasiado jóvenes, demasiado inexpertos y no se sienten preparados para reinar.

Ella carece de sentido social y político, y sus impulsos, cuyas consecuencias no sabe medir, hacen del poder una cuestión de amor propio.

El es recto, consciente y magnánimo, pero su indulgente inseguridad frente a las exigencias ajenas, más la sumisión que demuestra ante su mujer, harán de su reinado una función sin autoridad.

El 11 de junio de 1775 se efectúa la emocionante ceremonia de la coronación en la catedral de Reims. Pero la corona pesará tanto sobre esas dos cabezas que acabará por hacerlas caer.

La reina se sustrae a esa carga con sus ligerezas: bailes, paseos a caballo, ostentosas fiestas campestres. Rousseau y otros filósofos han puesto de moda la naturaleza y la reina obedece esos principios que quieren ser virtuosos.

En el Trianón, casa de campo que le ha cedido Luis XVI, juega a las pastoras refinadas con sus amigas la princesa deLamballe y la duquesa de Polignac.

Estos ingenuos placeres alimentan la malicia de la corte y las sospechas del pueblo. Como no son ajenos a esas reuniones varios galantes caballeros-entre ellos el conde de Artois, hermano del rey-, se tejen al respecto historias y cantitos malignos o picarescos.

Estos actos le valieron nuevas insidias de sus enemigos, las cuales, divulgadas entre el pueblo, determinaron que éste considerara a la «austríaca» como causa de la inestabilidad del gobierno y de la ruina de la hacienda pública.

El prestigio de la reina decae día a día y sus buenas acciones y sus obras caritativas no bastan para apuntalarlo. Las calumnias y los cuchicheos van y vienen, como la marea, de los barrios populares a Versalles y de la corte al pueblo.

La contemplación de una puesta de sol o de un amanecer se convierte en orgía para la maledicencia, y las prebendas que otorga a sus favoritos se exageran hasta cifras siderales. Se asegura que el Trianón tiene paredes tapizadas de diamantes y que se han invertido millones en su reparación.

El hambre, la falta de trabajo y de harina hacen el resto: la popularidad se va trocando en odio, y la admiración en rencoroso desprecio. Comienza a ser «la Austríaca», la enemiga, «Madame Déficit».

Aunque el rey ha dejado constancia en su diario de sus relaciones matrimoniales, y en 1778 nace su primera hija, María Teresa, se pone en duda su capacidad y se lanzan sospechas sobre esa paternidad y las posteriores, que traen al mundo a Luis José en 1781, a Luis Carlos en 1785 y a María Sofía en 1786. María Sofía morirá en 1787 y Luis José en 1789.

El asunto del «collar de diamantes» (1785-1786), que fue resultado de una falsificación de la condesa de la Motte, alimentó el fuego de las calumnias de sus adversarios.

Al abrirse los Estados Generales en 1789, María Antonieta no era, en general, bien vista por el pueblo francés. Antirrevolucionaria como su marido, aunque más resuelta que éste, asumió en grado considerable la responsabilidad de sacar la monarquía francesa del atolladero en que se hallaba.

Sin embargo, sólo aceptó la ayuda de los revolucionarios con manifiesta repugnancia. En realidad, ponía su confianza en las potencias extranjeras y en la acción de los emigrados.

Mantenía una correspondencia muy seguida con Mercy-Argentau, el ex embajador de Austria en París, y con el conde Axel Fersen.

Gracias al auxilio de éste, se planeó la fuga real al extranjero, que fracasó en Varennes (21 de junio de 1791). De regreso a París, creciendo su temor por la vida de su esposo, negoció secretamente con Austria, a pesar de que parecía prestar confianza al grupo de los feuillants (Barnave).

En esta correspondencia, cuyo tono a partir de la declaración de guerra en 1792 no sólo fue antirrevolucionario sino contrario a los intereses militares del Estado, María Antonieta se comprometió irremediablemente.

Después de la jornada del 20 de junio, inspiró el manifiesto de Brunswick, que fue de tan fatal resultado para la monarquía.

Prisionera en el Temple a causa de la revolución demagógica del 10 de agosto, aguardaron a la infeliz soberana las más rudas pruebas: la ejecución de su esposo (21 de enero de 1793), la separación de sus hijos, su encierro en la Conciergerie bajo el más repugnante espionaje, y, por último, el juicio ante un tribunal de desalmados (14 de octubre de 1793) y la muerte en la guillotina dos días más tarde (16 de octubre).

Durante estos terribles y agotadores meses, María Antonieta dio pruebas más que sobradas de cómo la majestad real superaba el vilipendio y los malos tratos de los sansculotes.

maria antonieta

UNA ANÉCDOTA : En vísperas de la Revolución Francesa la monarquías se encontraba una situación bastante delicada. Su actitud luchadora y su autoritarismo habían minado la popularidad casa real hasta limites insospechados.

A ello había contribuido especialmente María Antonieta, la esposa del rey Luis que, quizás por el hecho de ser austriaca (su madre archiduquesa María Teresa), era la que gozaba de peor prestigio.

Precisamente en una época en que el pueblo llano sufría importantes carencias, un ministro se dirigió a la reina para informarle de la delicada situación que atravesaba la humilde población y le explicó que muchas familias ni siquiera tenían un poco de pan que llevarse a la boca.

La soberana, sin dudarlo un momento, le aconsejó: «Y si no tienen pan, ¿por que no comen pasteles?».

EL ASUNTO DEL COLLAR: En 1785 estalló el asunto del collar, que sería, según Goethe, el prefacio de la Revolución.

En un principio se trataba de una estafa: un gran señor, el cardenal de Roñan, distanciado de la reina, se dejó convencer por cierta Hádame de la Motte-Valois que María Antonieta ya no estaba resentida con él, y que ella necesitaba comprar, por su intermedio, un suntuoso collar de diamantes, cuyo valor era de 1.600.000 libras.

Desde luego, el collar no llegó nunca a manos de la reina, y los joyeros nunca recibieron su pago.

Este caso selló definitivamente la imagen de la reina ante la opinión pública, y la caracterizó por el desenfreno con que dilapidaba el dinero de la realeza para satisfacer sus placeres.

María Antonieta demostró una gran imprudencia al ordenar el arresto de Rohan y un proceso público que aumentó el descrédito de la monarquía.

Desde luego, el collar no llegó nunca a manos de la reina, y los joyeros nunca recibieron su pago.

Este caso selló definitivamente la imagen de la reina ante la opinión pública, y la caracterizó por el desenfreno con que dilapidaba el dinero de la realeza para satisfacer sus placeres.

María Antonieta demostró una gran imprudencia al ordenar el arresto de Rohan y un proceso público que aumentó el descrédito de la monarquía.

Así rezaba un panfleto de la época:

Ávida, derrochadora, manipuladora, extranjera, corrupta, la reina ocupó un lugar entre las grandes malhechoras de la historia: «Más malvada que Agripina, cuyos crímenes fueron inauditos, / más lujuriosa que Mesalina, / más cruel que los Médicis» rezaban los panfletos que circulaban sobre «la Austríaca». Aunque a veces sufría a causa de ellos, se negó a tomar en cuenta las críticas: su deseo sincero de ser una mujer y no sólo una reina minaba los valores monárquicos. Pretendía hacer de rey, pero era incapaz de hacer de reina.

MARÍA ANTONIETA CONTRA LA REVOLUCIÓN

Desde el principio, la reina fue hostil a todo compromiso con las causas revolucionarias.

Ante la constitución de los diputados del tercer estado en la Asamblea nacional, el 17 de junio de 1789, preconizó el envío de tropas.

Multiplicó las maniobras ante el rey para que él optara por la firmeza, y por ello naturalmente fue acusada de estar en el centro del complot aristocrático y austríaco.

En el fondo, se opuso a toda reforma de la monarquía, escogió actuar como si nada hubiese cambiado y despreció a la multitud y a Mirabeau, con quien se reunía en secreto.

Con la ayuda del sueco Axel de Fersen, con el que indudablemente sostuvo una relación amorosa, María Antonieta preparó la huida de la familia real, que fracasó con el arresto en Varennes.

Sin embargo, en el período agitado que siguió, reveló cierta grandeza de reina, acorde con la idea que ella tenía de la monarquía.

Por último, reconciliada con su función, desplegó todos los rasgos del heroísmo familiar y cristiano al replicar el espíritu de sacrificio de Luis XVI.

En su proceso, del 14 al 16 de octubre de 1793, surgieron las acusaciones habituales, además de otras de incesto completamente montadas.

Fue guillotinada el 16 de octubre, fecha a partir de la cual su leyenda se puso en marcha.

Biografia de Luis XIV
Biografia de Luis XV
Biografia de Luis XVI
Revolución Francesa
Carlota Corday
Florence Nightingale
Ana Frank

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Biografia de Carlos V de Francia

Biografia de Carlos V de Francia

Después de Poitiers (19 de septiembre de 1356) Francia se hallaba sin rey, sin ejército, sin gobierno y sin recursos, entregada a la voluntad de la monarquía inglesa y sometida a las más violentas conmociones internas.

Este fue el momento más crítico con que se enfrentó la casa de los Valois. ¿Y quién tenía la responsabilidad de salvar la nave del Estado?. Un joven de unos veinte años, enfermizo y prematuramente envejecido; un joven que nunca había demostrado veleidades belicistas ni deseado triunfos y aparatosos éxitos, como sus predecesores, sino que amaba la vida sedentaria de los palacios, el rincón agradable de la biblioteca y la oración en la capilla.

Carlos V de Francia
Carlos V, llamado el Sabio, fue un monarca de la dinastía Valois, que gobernó como rey de Francia desde 1364 hasta su muerte. Era el hijo primogénito del rey Juan el Bueno y de Bona de Luxemburgo.
Fecha de nacimiento: 21 de enero de 1338, Vincennes, Francia
Fallecimiento: 16 de septiembre de 1380, Castillo de Beauté-sur-Marne
Reinado: 8 de abril de 1364 – 16 de septiembre de 1380
Carlos VI de Francia

Este joven, llamado Carlos, iba a ser el salvador de Francia, el restaurador de la nación empobrecida, el humillador de la monarquía inglesa.

Había nacido en el castillo de Vincennes, el 21 de enero de 1337, primogénito de Juan II y de Bona de Luxemburgo. Su primera juventud había transcurrido alejada de los asuntos de gobierno.

Sólo poco antes de Poitiers había recibido, con el título, la administración del ducado de Normandía. Pequeño aprendizaje para hacer frente a la carga que echaba sobre sus hombros la captura de su padre por los ingleses en Poitiers.

Para acudir a lo más perentorio, el delfín, como lugarteniente del reino, convocó los Estados Generales de los países de Lengua de Oil en París. En las reuniones celebradas por esta asamblea en 1356 y 1357 se puso de relieve el espíritu agresivo de los mercaderes de París, acaudillados por Esteban Marcel y auxiliados por los partidarios de Carlos de Navarra.

La oposición se transformó en sublevación. Marcel fue el verdadero señor de París: dio libertad a Carlos de Navarra y sus hombres asesinaron a destacados servidores del regente en la propia cámara de Carlos V.

A mediados de 1358 la situación parecía desesperada: en París imperaba el terror de los marcelistas; en el campo corrían las bandas de la jacquerie; en las fronteras se aprestaban las tropas de Inglaterra y de Navarra.

Pero la constancia de Carlos V logró superar esta dura prueba: Marcel fue eliminado; la jacquerie, sofocada; los ingleses y los navarros no pudieron lograr ningún éxito positivo.

Por otra parte, gracias a su habilidad diplomática, el regente obtenía de Eduardo III el tratado de Bretigny, ratificado por el de Calais (1360), desde luego ventajoso para Inglaterra, pero no humillante como el firmado por su padre erí Londres el año precedente.

Después de una segunda etapa de gobierno de Juan el Bueno, siempre tan fantástico — pensaba en la Cruzada y no en reparar las ruinas de Francia —, Carlos recibió la corona en Reims el 19 de mayo de 1364.

Desde aquel momento empleó todos sus esfuerzos en restaurar la potencialidad de Francia. Para ello se valió de dos condiciones innegables que poseía: su talento para descubrir servidores aptos y fieles y su habilidad y astucia diplomáticas.

Los hombres de su reinado fueron legistas y capitanes afortunados: un Bureau de la Riviére o un Bertrán du Guesclin, sinceramente afectos a la monarquía y trabajadores honestos e incansables.

Con su ayuda puso orden en la hacienda pública, en particular en el aspecto monetario, y mantuvo a raya al turbulento Carlos el Malo de Navarra y a sus propios hermanos, Felipe, Luis y Juan, que le dieron más de un disgusto.

A la pacificación del reino contribuyó la expulsión de las Compañías blancas, las cuales en 1368 hallaron nuevo campo de actuación en la guerra civil castellana entre Pedro I y Enrique de Trastamara.

Llegaba el momento de tomarse el desquite de Inglaterra. Carlos V dispuso lo oportuno para llegar a la ruptura citando al príncipe de Gales ante el parlamento de París. En mayo de 1369 se iniciaron las hostilidades.

Pese a sus incursiones en 1369, 1370 y 1373, los ingleses no lograron ningún éxito positivo. Por eí contrario, respaldado con el auxilio de Flandes y de Castilla, Carlos V se apoderaba de Ponthieu, Roerga, el Lemosino, Poitou, Santonja, etc.

En julio de 1380 los ingleses quedaban reducidos a Calais, el Bordelesado y unos pocos territorios más. Dos años antes, en 1378, habían caído en poder de Francia, por sorpresa, los dominios normandos de Carlos el Malo, acusado de traición a la causa de su monarca.

El gran rey, llamado el Prudente por la Historia, murió prematuramente, en el castillo de Beauté, en el Marne, cerca del bosque de Vincennes, a la edad de 43 años, el 16 de septiembre de 1380, cuando muchos proyectos ambiciosos anidaban en su corazón.

Había establecido en Francia un rudimento de administración coherente, había dado rudos golpes a la nobleza y había favorecido la prosperidad del país. Distinguióse como erudito en astrología, medicina, leyes y filosofía.

Su palacio fue frecuentado por distinguidos escritores, como Felipe de Meziéres y Nicolás Oresme, algunas de cuyas ideas llevó él a la práctica. Sólo le cabe achacar en culpa en el aspecto religioso de su vida —- por lo demás modélica—, la protección dispensada al antipapa Clemente VII con lo que fomentó el Cisma de Occidente , nocivo para los intereses políticos de Francia.

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Biografia Carlos VII de Francia -Bien Servido-

Biografia Carlos VII de Francia El Bien Servido

En octubre de 1422 se reunieron en Mehún del Yevre algunos prelados y varios servidores fieles de los Valois y proclamaron rey de Francia a Carlos VII quinto hijo de Carlos VI e Isabel de Baviera.

Nacido en París el 22 de febrero de 1403, conde de Ponthieu en sus primeros años y duque de Turena en 1416, fue elevado a la categoría de delfín de Francia en 1417, después de la muerte de su hermano mayor Juan.

Carlos VII de Francia
Carlos VII de Francia

Carlos VII de Francia, llamado el Victorioso o el Bien Servido, fue el quinto hijo del rey Carlos VI y de Isabel de Baviera, descendiente de la dinastía Valois.
Fecha de nacimiento: 22 de febrero de 1403, París, Francia
Fallecimiento: 22 de julio de 1461, Mehun-sur-Yèvre, Francia
Coronación: 17 de julio de 1429, en la Catedral de Reims
Cónyuge: María de Anjou (m. 1422–1461)
Sucesor: Luis XI de Francia
Hijos: Luis XI de Francia, Carlos de Valois, duque de Berry

Al mismo tiempo recibió la lugartenencia del reino, a causa de la incapacidad mental de su padre. Corrían entonces los terribles días que sucedieron a Azincourt, y el muchacho de catorce años, entregado a la voluntad de Bernardo de Armagnac, contribuyó a acentuar la anarquía y la debilidad de Francia.

Jefe del partido adverso a los borgoñones, fué el delfín quien, al armar los brazos de los asesinos de Montereau (1419), precipitó a la casa de Borgoña en la alianza inglesa, cuyo resultado inmediato fué el tratado de Troyes (1420), entre Enrique V y Carlos VI, que lo desposeía de la corona de Francia.

Así, pues, cuando sobrevino la muerte de su padre, Carlos VII fué sólo reconocido como monarca en algunos territorios del centro y del Sur del país. Lo restante obedecía al duque de Bedford, hermano de Enrique V y lugarteniente de Enrique VI, en quien recaían los tronos de Francia e Inglaterra. Carlos VII era puramente el «rey de Bourges».

No era Carlos VII el hombre indicado para hacer frente a la ardua tarea de aquel momento: restablecer la autoridad real y expulsar a los ingleses del suelo francés. Enfermizo, despreocupado, de espíritu pacífico y poco voluntarioso, vagaba de castillo en castillo.

Por un momento, en 1425, supo congraciarse la amistad de un hombre enérgico, Arturo de Richemont, hermano del duque de Bretaña, quien, con el título de condestable, procuró disipar los antagonismos que existían entre la corona de Francia y los Borgoñas.

Pero muy pronto fue substituido en el favor real por La Tremouille, un aventurero sin escrúpulos. Este perdió las últimas posibilidades diplomáticas y fue incapaz de organizar un ejército que pudiera oponerse a las huestes inglesas que asediaban Orleáns.

Es en este momento decisivo que Francia halla la salvación en la persona de la santa de Domremy. Juana de Arco libera Orleáns el 8 de mayo de 1429, rechaza a los ingleses de los países ribereños del Loira, y, en un rapto de fe, corona, a Cavíos VII de modo solemne en Reims.

Estos actos determinan el curso futuro de la guerra de los Cien Años y la suerte de la casa de los Valois. Pero Carlos VII no sabe aprovechar el ímpetu del entusiasmo nacional despertado por juana, ni intenta tan sólo librar a la doncella de la hoguera de Ruán (1431).

De nuevo se entrega a Le Tremouille y a las luchas civiles. No obstante, la obra de Juana de Arco se consuma.

En 21 de septiembre de 1435 la monarquía y la casa de Borgoña se reconcilian por el tratado de Arras. Un año más tarde, París recibe a los Valois después de haber expulsado a los ingleses.

Se acercan los últimos días de la guerra de los Cien Años. Los ingleses retroceden en todas partes. Pero el apático Carlos VII es incapaz de conducir una ofensiva a fondo, quizá también porque el país está cansado y arruinado y porque los grandes nobles no cesan de perturbar el orden.

En 1440 estalla la revuelta denominada (da praguería», en la que, al lado de los duques de Borbón, Alenzón y Armagnac, participa el propio delfín, el futuro Luis XI.

El rey sólo puede conjurarla a base de otorgar grandes concesiones a los rebeldes. Sin embargo, la reconquista prosigue metódicamente, pues también la realeza inglesa sufre una grave crisis.

En 1442 cae Pontoise; en 1450, después de la batalla de Formigny, es liberada la Normandía; en 1451, la Guyena, definitivamente conquistada en 1453 después de la victoria de Castillón.

En esta fecha, sólo quedaba a los ingleses la plaza de Calais. La monarquía inglesa había sido derrotada en Francia.

Los últimos años del reinado de Carlos VII representan el encauzamiento de las energías de Francia para la recuperación del país. El monarca confía el gobierno, quizá bajo la presión de su favorita Ana Sorel (muerta en 1450), a los burgueses, como Jaime Coeur, el gran banquero de la época.

Su administración potencia los recursos morales y materiales de Francia. Sin embargo, Carlos VII tuvo que vivir siempre bajo el temor de los grandes señores feudales (Borgoña, Borbón, Alenzón, etcétera), y aun en el de su propio hijo.

Murió en el mismo Mehún .de su proclamación real el 22 de julio de 1461.

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