Biografia Carlos VII de Francia -Bien Servido-



Biografia Carlos VII de Francia El Bien Servido

En octubre de 1422 se reunieron en Mehún del Yevre algunos prelados y varios servidores fieles de los Valois y proclamaron rey de Francia a Carlos VII quinto hijo de Carlos VI e Isabel de Baviera.

Nacido en París el 22 de febrero de 1403, conde de Ponthieu en sus primeros años y duque de Turena en 1416, fue elevado a la categoría de delfín de Francia en 1417, después de la muerte de su hermano mayor Juan.

Carlos VII de Francia
Carlos VII de Francia

Carlos VII de Francia, llamado el Victorioso o el Bien Servido, fue el quinto hijo del rey Carlos VI y de Isabel de Baviera, descendiente de la dinastía Valois.
Fecha de nacimiento: 22 de febrero de 1403, París, Francia
Fallecimiento: 22 de julio de 1461, Mehun-sur-Yèvre, Francia
Coronación: 17 de julio de 1429, en la Catedral de Reims
Cónyuge: María de Anjou (m. 1422–1461)
Sucesor: Luis XI de Francia
Hijos: Luis XI de Francia, Carlos de Valois, duque de Berry

Al mismo tiempo recibió la lugartenencia del reino, a causa de la incapacidad mental de su padre. Corrían entonces los terribles días que sucedieron a Azincourt, y el muchacho de catorce años, entregado a la voluntad de Bernardo de Armagnac, contribuyó a acentuar la anarquía y la debilidad de Francia.

Jefe del partido adverso a los borgoñones, fué el delfín quien, al armar los brazos de los asesinos de Montereau (1419), precipitó a la casa de Borgoña en la alianza inglesa, cuyo resultado inmediato fué el tratado de Troyes (1420), entre Enrique V y Carlos VI, que lo desposeía de la corona de Francia.

Así, pues, cuando sobrevino la muerte de su padre, Carlos VII fué sólo reconocido como monarca en algunos territorios del centro y del Sur del país. Lo restante obedecía al duque de Bedford, hermano de Enrique V y lugarteniente de Enrique VI, en quien recaían los tronos de Francia e Inglaterra. Carlos VII era puramente el «rey de Bourges».

No era Carlos VII el hombre indicado para hacer frente a la ardua tarea de aquel momento: restablecer la autoridad real y expulsar a los ingleses del suelo francés. Enfermizo, despreocupado, de espíritu pacífico y poco voluntarioso, vagaba de castillo en castillo.

Por un momento, en 1425, supo congraciarse la amistad de un hombre enérgico, Arturo de Richemont, hermano del duque de Bretaña, quien, con el título de condestable, procuró disipar los antagonismos que existían entre la corona de Francia y los Borgoñas.

Pero muy pronto fue substituido en el favor real por La Tremouille, un aventurero sin escrúpulos. Este perdió las últimas posibilidades diplomáticas y fue incapaz de organizar un ejército que pudiera oponerse a las huestes inglesas que asediaban Orleáns.

Es en este momento decisivo que Francia halla la salvación en la persona de la santa de Domremy. Juana de Arco libera Orleáns el 8 de mayo de 1429, rechaza a los ingleses de los países ribereños del Loira, y, en un rapto de fe, corona, a Cavíos VII de modo solemne en Reims.



Estos actos determinan el curso futuro de la guerra de los Cien Años y la suerte de la casa de los Valois. Pero Carlos VII no sabe aprovechar el ímpetu del entusiasmo nacional despertado por juana, ni intenta tan sólo librar a la doncella de la hoguera de Ruán (1431).

De nuevo se entrega a Le Tremouille y a las luchas civiles. No obstante, la obra de Juana de Arco se consuma.

En 21 de septiembre de 1435 la monarquía y la casa de Borgoña se reconcilian por el tratado de Arras. Un año más tarde, París recibe a los Valois después de haber expulsado a los ingleses.

Se acercan los últimos días de la guerra de los Cien Años. Los ingleses retroceden en todas partes. Pero el apático Carlos VII es incapaz de conducir una ofensiva a fondo, quizá también porque el país está cansado y arruinado y porque los grandes nobles no cesan de perturbar el orden.

En 1440 estalla la revuelta denominada (da praguería», en la que, al lado de los duques de Borbón, Alenzón y Armagnac, participa el propio delfín, el futuro Luis XI.

El rey sólo puede conjurarla a base de otorgar grandes concesiones a los rebeldes. Sin embargo, la reconquista prosigue metódicamente, pues también la realeza inglesa sufre una grave crisis.

En 1442 cae Pontoise; en 1450, después de la batalla de Formigny, es liberada la Normandía; en 1451, la Guyena, definitivamente conquistada en 1453 después de la victoria de Castillón.

En esta fecha, sólo quedaba a los ingleses la plaza de Calais. La monarquía inglesa había sido derrotada en Francia.

Los últimos años del reinado de Carlos VII representan el encauzamiento de las energías de Francia para la recuperación del país. El monarca confía el gobierno, quizá bajo la presión de su favorita Ana Sorel (muerta en 1450), a los burgueses, como Jaime Coeur, el gran banquero de la época.

Su administración potencia los recursos morales y materiales de Francia. Sin embargo, Carlos VII tuvo que vivir siempre bajo el temor de los grandes señores feudales (Borgoña, Borbón, Alenzón, etcétera), y aun en el de su propio hijo.



Murió en el mismo Mehún .de su proclamación real el 22 de julio de 1461.

fuente

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