Biografía de Carolina Otero

Biografia de Gertrude Stein Escritora y Poetisa

Biografía de Gertrude Stein Escritora y Poetisa Gabriela Mistral

Gertrude Stein
Aunque nació y pasó su juventud en Estados Unidos, fue en Europa donde primero se reconoció su innegable talento. Su profundo aprecio por el arte-especialmente la pintura- y su exquisita intuición le permitieron descubrir talentos ignorados, que luego serían reconocidos mundialmente. Su vasta obra literaria le valió ser considerada una de las grandes escritoras del siglo XX.Gertrude Stein

Su nombre resulta familiar a los amantes de la pintura por el famoso retrato que hizo de ella Picasso (foto). Pero pocos saben que se trata de una escritora norteamericana que contribuyó a renovar la literatura de su país durante el primer tercio del siglo XX.

También son pocos los que conocen el destacadísimo papel que le tocó desempeñar en la historia del arte contemporáneo. La fama de quienes la rodearon y de quienes ella contribuyó a formar o a revelar al mundo oscureció en cierto modo la suya propia.

NIÑEZ Y JUVENTUD NORTEAMERICANAS
La familia Stein residía en Allegheny (Pennsylvania) cuando nació Gertrude, en 1874. Como disfrutaban de un buen pasar, poco después de nacer la niña los Stein se trasladaron con sus tres hijos a Europa, como solían hacerlo en esa época las familias acaudaladas. Visitaron primero Viena, pasaron luego a París y, finalmente, el padre decidió volver a Estados Unidos, para instalarse en California.

Allí Gertrude comenzó a leer hasta convertirse en una lectora voraz por cuyas manos pasó una infinidad de volúmenes. La vida de los Stein transcurrió sin sobresaltos hasta que murió la madre y, un año después, el padre.

Gertrude tenía entonces dieciocho años. Con su hermano y su hermana se trasladaron entonces a Baltimore, en la costa atlántica. Gertrude asistió por entonces a los seminarios del famoso psicólogo y filósofo norteamericano William James, quien la inició en los secretos de la escritura automática –es decir, la que se escribe sin intervención de la voluntad consciente– mucho antes de que los surrealistas la pusieran de moda. Más tarde ella recurrió a ese procedimiento en algunas de sus obras.

Por su parte, William James quedó muy impresionado por la inteligencia de su discípula y la aconsejó que estudiara medicina y se dedicara a la investigación. Gertrude intentó seguir su consejo y cursó esa carrera durante cuatro años, al principio con resultados brillantes, pero a medida que avanzaba en sus estudios advirtió que la medicina no era su vocación y, ya próxima a graduarse, la abandonó para dedicarse a las letras y al arte. Decidió entonces tomarse un descanso y se embarcó con su hermano rumbo a Londres; no sabía que estaba abandonando su patria para siempre.

EUROPA ANTES DE LACRAN GUERRA
Una vez en Londres, Gertrude se pasaba los días leyendo a autores de la época isabelina en el Museo Británico. Comenzó también a escribir y ya nunca dejaría de hacerlo. En 1903, de común acuerdo con su hermano, resuelven trasladarse a París. Gertrude se instala en el número 27 de la rué Fleurus, una dirección que sería pronto famosa entre los artistas.

Durante una estadía en Florencia el hermano de Gertrude oyó hablar de un pintor llamado Cézanne, cuyos cuadros se hallaban arrumbados en la trastienda de un marchand.

Adquirieron primero un pequeño paisaje. Luego se interesaron por los grupos de desnudos del pintor. Entre tanto, merced a la acción desinteresada de Gertrude y su hermano, los cuadros de Cézanne empiezan a ser conocidos y aumentan de valor. Los hermanos llevan también a su casa dos Renoirs, después dos Gauguins, unDaumier, y más tarde un retrato de mujer de Cézanne. Esta última adquisición es importante porque Gertrude se inspiró en ese retrato para escribir una serie de novelas cortas que tituló Tres vidas y que se publicó en 1909.

Los muros de la rué de Fleurus se fueron cubriendo. En la exposición del Salón de Otoño los Stein, con certero ojo crítico, descubren a Matisse, quien había presentado a la muestra un retrato de mujer que fue el hazmerreír de la exposición. Pero a Gertrude le encanta y lo compra: es el retrato, hoy mundialmente famoso de La mujer del sombrero.

Apenas los Stein tocan a un pintor con su varita mágica, este se valoriza. Así sucede con Matisse, que paulatinamente va despertando la curiosidad y el interés del público. Gertrude y él se hacen amigos y, gracias al
pintor, la casa de la calle Fleurus empieza a ser frecuentada por toda la bohemia de París.

Un nuevo descubrimiento se suma a los anteriores: en una oscura galería Gertrude y su hermano tropiezan con un cuadro de un tal Pablo Ruiz Picasso que los fascina. Lo compran en seguida e invitan a la rué de Fleurus al entonces desconocido pintor español, con quien entablan una íntima amistad.

Después de Picasso acuden Braque y Juan Gris, padres del cubismo. Gertrude es el lazo de unión entre todos ellos: aunque no publica, sigue escribiendo y afinando su expresión; los artistas, por su parte, no dejan de apreciar la exactitud de sus observaciones y su juicio equilibrado.

Picasso se ofrece a retratarla y la escritora acepta, complacida. Nace así una de las obras más admiradas del pintor español, donde se reflejan los diversos matices de la personalidad fascinante de Gertrude. El retrato nos la muestra de cuerpo fuerte y macizo, iluminado por su mirada inteligente y tenaz. La expresión de los ojos y la boca trasunta una ternura muy femenina, pero también profunda firmeza.

En 1907 comienza a vivir con Gertrude una mujer callada, fiel e inteligente, Alice B. Toklas, que nunca se separará de ella. En 1933, como homenaje a Alice, Gertrude escribe La autobiografía de Alice B. Toklas, libro que -según la autora- debió de haber escrito Alice, pero que, por pereza, le encomendó escribir a ella. De estilo irónico y conciso, la obra es una magnífica fuente de información para quienes se interesan por el arte de principios de siglo.

La casa y la tertulia de los Stein se van haciendo célebres y también son visitadas por la aristocracia, pero la primera guerra mundial dislocó brutalmente ese clima de esteticismo e ilusorio progreso indefinido.

UN CUARTO DE SIGLO AGITADO: 1914-1939
La guerra sorprendió a Gertrude mientras visitaba en Inglaterra al matemático y filósofo Alfred North Whitehead, uno de los tres genios que ella confiesa haber conocido: el segundo era Picasso y el tercero ella misma. En cuanto pudo, regresó a París para contribuir al esfuerzo bélico. Compró entonces un automóvil y lo transformó en ambulancia, con la que Alice y ella recorrieron el país poniéndose a disposición de las autoridades militares, para auxiliar a los heridos.

Esa actividad no le impide seguir escribiendo: trabaja en Tender buttons (Botones tiernos), una colección de poemas, y en una ambiciosa novela titulada The Making of Americans (La forja de los norteamericanos).

Al finalizar la guerra el gobierno francés la condecora. Su fama, entre tanto, atrae a escritores jóvenes de América y Europa en busca de aliento e indicaciones. Así llega un buen día a lame de Fleurus el joven ErnestHemingway, gran admirador de la escritora, quien mueve todas sus influencias para que Gertrude publique The making… A Hemingway le siguen otros autores de talento, entre ellos Scott Fitzgerald. En 1934 el músico norteamericano Virgil Thomson compone Cuatro santos en tres actos, ópera con libreto de Gertrude. Ese mismo año ella publica Retratos y plegarías, y en 1938 un libro sobre Picasso.

Ya casi es «una inmortal», a pesar de que el gran público aún no la conoce. Su influencia se hace sentir, sin embargo, a través de los mejores escritores de Europa y Estados Unidos, que se declaran discípulos de ella. Los pintores a quienes ayudó a triunfar se han convertido en clásicos. De las paredes de su casa cuelgan varios de los cuadros más importantes de la primera mitad del siglo XX. Entonces, en pleno pináculo de su fama, Gertrude decide retirarse de la sociedad, para terminar su obra.

Cuando estalla la segunda guerra mundial ella sigue trabajando: escribe París, France (1940) y Guerras que he visto, que se publica póstumamente. Al finalizar la contienda, sigue escribiendo porque ante todo es escritora y la palabra es su mundo. Solo deja de escribir cuando muere, en 1946, rodeada del cariño y la admiración de Europa y América. Había legado a su época y a la posteridad lo mejor de sí misma.

Vida de Ernest Hemingway

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Biografia de George Sand Resumen de su Vida Historia de sus Amores

Biografía de George Sand Resumen de su Vida  e Historia de sus Amores

RESUMEN BIOGRAFÍA DE GEORGE SAND: Novelista de reconocido talento y empeñosa militante socialista, George Sand fue también célebre por sus desprejuiciadas costumbres y sus amantes, entre los que se contaron Chopin y Alfred de Musset. El derecho de la mujer a disponer de su cuerpo y de sus sentimientos tuvo en ella a una ardiente defensora.

La figura de George Sand es sumamente representativa de la alteración causada por el romanticismo en la mentalidad europea, incluso en la más tradicionalista y conservadora de las mujeres.

Por esta causa, su personalidad es mucho más interesante como documento de época que no como escritora, aunque siempre conservó un círculo fiel de lectores, cautivado por sus novelas y narraciones. «George Sand» —que éste fué su nombre en las letras — fue la primera mujer que «vivió su vida».

Desde luego, su existencia tiene muy poco de ejemplar, pues se entregó sin recato a los dictados de su temperamento apasionado y caprichoso.

VEAMOS SU BIOGRAFIA: Exaltada o denigrada por sus contemporáneos y por las generaciones que la sucedieron, puede decirse de George Sand que fue «la voz de la mujer en una época en que la mujer callaba», y abogó con su prédica y con su ejemplo por el derecho de la mujer a disponer de su cuerpo y de sus sentimientos.

Socialista por naturaleza más que por formación, intervino activamente en el movimiento revolucionario que sacudió a Francia y a Europa en 1848.

sand george novelista francesa

Novelista francesa, oriunda de la región de Berry. Su verdadero nombre es, Aurore Dupin. Estudia en el campo y en un convento de monjas. En 1821 contrae matrimonio con el barón Dudevant, de quien se divorcia en 1830. Viaja a París decidida a sobrevivir de lo que gana como escritora, y se integra a los círculos literarios románticos. En París tiene una vida libre y extravagante, se viste como hombre, adopta el seudónimo de George Sand y sostiene relaciones sentimentales con Alfred de Musset y Fréderik Chopin. entre otros. Hacia 1838 se declara partidaria de las ideas socialistas de Pierre Leroux, quien propone suprimir los privilegios y liberar a la mujer. Durante la Revolución Francesa de 1848 se hace republicana e intenta desempeñar algunos papeles políticos. En 1849 se retira a su ciudad natal y se aleja por completo de las luchas populares.

Fumaba y vestía ropas masculinas, para llamar la atención, por espíritu de cambio o porque le gustaba; romántica y realista a la vez, escribió por vocación y por necesidad algunas novelas notables, otras ilegibles, y dejó el testimonio de sus diarios íntimos y sus cartas, valioso por su autenticidad y su estilo.

Nació en París el 1° de julio de 1804, hija del teniente Maurice Dupin, de noble estirpe, y de Antoinette – Sophie– Victoire Delaborde, una bailarina alegre y tempestuosa. La abuela paterna se hizo cargo de la niña en 1808, año en que murió el padre.

Aurore era rebelde, sencilla y valiente; gustaba de cabalgar vestida de levita y pantalón. Rica y hermosa, en busca de respuesta a sus inquietudes, se empapó de las ideas filosóficas de su tiempo, así como de literatura y religión.

También tocaba el arpa y el piano, dibujaba, bailaba, escribía versos y prosa y sentía auténtico fervor por las artes. Pero los candidatos que se le ofrecían no eran jóvenes ni apetecibles. El 25 de diciembre de 1821 muere la abuela y Aurore se traslada a París para vivir junto a una madre resentida que la hostiga y esclaviza.

En la primavera de 1822, en casa de unos amigos de Sophie, conoce a un joven alegre y elegante, hijo natural y heredero del barón Dudevant. Casimir Dudevant era bondadoso, honesto y desinteresado.

Se casaron el 10 de septiembre de 1822 y se radicaron en Nohant, la heredad de Aurore. Pronto comenzaron sus desengaños: había anhelado un amor absoluto y casi místico, al que mal podía encarnar ese marido bonachón y algo torpe, que solo se interesaba por la caza, la bebida y la administración de sus bienes. El 30 de junio de 1828 nace el primer hijo: Maurice. GEORGE SAND

En 1825 Aurore comprende que ese hombre al que se esfuerza por satisfacer no concede valor alguno a sus riquezas interiores.

Se siente enferma, pero en realidad solo necesita otra clase de amor.

Lo encontró durante unas breves vacaciones en la persona de Aurélien de Séze, joven magistrado de Burdeos.

Fue un amor puramente espiritual, alimentado solo por las cartas que intercambiaron durante largo tiempo. A esta relación platónica sucedió otra, más completa, con Stéphane de Grandsagne, médico y sabio, «mitad tísico, mitad loco», a quien ella escoltaba de Nohant a París.

El 13 de septiembre de 1828 nace una niña, Solange, concebida en París, mientras Casimir se hallaba en Nohant consolándose con otros amoríos. Aurore y Casimir se acuerdan mutua tolerancia y libertad, para evitar engaños.

El 30 de julio de 1830 Aurore conoce en un castillo vecino a un joven de diecinueve años, rubio, frágil, tímido y «rizado como un pequeño San Juan», que estudiaba abogacía en París.

Confía sus hijos a un preceptor y se marcha con aquel iniciando una vida de deliciosa bohemia. Jules Sandeau y Aurore Dupin comparten gustos e inclinaciones. Ella consigue colaborar en un periódico satírico, Le Fígaro, y arrastra en la empresa a Sandeau, cuyo apellido corta convirtiéndolo en Sand para firmar sus trabajos literarios.

Al comienzo de su carrera literaria experimenta el influjo de la obra de Jean Jacques Rousseau y desarrolla la tesis de que una pasión tiene derecho a todo si es sincera,planteamiento que expone en novelas como Indiana (1831), Lelia (1833) y Mauprat (1837), cuyos personajes centrales deciden vivir su vida pese a las convenciones sociales que los oprimen. Bajo la influencia del socialismo, publica relatos sentimentales en los que defiende las reivindicaciones republicanas y populistas, en Consuelo (1841), El molinero de Angibault (1845) y El pecado del señor Antonio (1847).

Nacía así George Sand. Publica Indiana, su primera novela, con éxito rotundo, y los editores le ofrecen un adelanto por otra novela, Valentine, ya comenzada. Sandeau se siente disminuido en el plano físico y en el creador, mientras que George Sand, por su parte, ha comenzado a cansarse de ese joven perezoso y débil.

La pareja se deshace a comienzos de 1833 y él se marcha a Italia con el corazón destrozado. Ella vuelca en Lélia la causa de sus fracasos: el amor sentido «como una delirante avidez que ningún abrazo puede saciar»

En la primavera de 1833 conoce a un poeta de veintitrés años, tan bello como licencioso, entregado al champán, al opio y a las mujeres de vida fácil, pero un príncipe por su talento, que brillaba en el París mundano.

Alfred de Musset empezó divirtiéndola con su ingenio burlón, para luego enternecerla confesándole que la ama «como un niño». Termina por instalarse en el departamento de ella.

Bebe, inventa locuras y farsas, hace retratos y caricaturas, pero una noche tiene visiones que alarman a la saludable escritora.

En diciembre viajan a Venecia y empieza cada uno a ver los defectos del otro. Sin embargo, de regreso en París unos meses después «los amantes inmortales», Sand y Musset, vuelven a soldar sus románticas cadenas, pero los vaivenes de los celos, las rupturas y las reconciliaciones, tienen algo de agonía.

El 6 de marzo de 1835 Sand escapa definitivamente de ese infierno. Afirma que ha terminado con todos los tipos de amor: «el tierno y durable, el ciego y violento».

No obstante, vuelve a experimentar este último en la persona del abogado Michel de Bourges un activo republicano con quien mantuvo una tempestuosa relación que concluyó dos años después.

George Sand buscó consuelo escribiendo una de sus mejores novelas, Les Maitres Mosaistes, escrita en dos meses.

Hacía tiempo que una figura masculina rondaba su espíritu; un genio sensible y delicado, rebosante de espiritualidad: el músico polaco Federico Chopin. Se habían conocido en una velada musical donde el compositor comentó: «¡Qué antipática esa Sand! ¿Es verdaderamente una mujer? Lo dudo.» Ella decidió demostrárselo.

La amistad común de Liszt y su amante, Marie d’Agoult, facilita sus propósitos, y va a buscarlo a París en octubre de 1837. El había roto con Constancia Gladowska, su novia polaca y no rechazaría un amor protector y recatado, propio de su naturaleza exquisita.

La alarmante tos del pianista los impulsa a cambiar de clima y se trasladan a Palma de Mallorca con los dos hijos de ella. Alquilan una casa inadecuada donde recrudece la dolencia de Chopin.

Se mudan entonces a un convento en ruinas. El músico languidece, empeora y se siente perseguido por las sombras. Lo que Sand denomina su «catarro» es tuberculosis de la laringe. Se embarcan para Marsella, donde Chopin ya casi no tose«y vuelve a estar alegre como un jilguero cuando no sopla el mistral»

El 19 de junio de 1839 George Sand y «sus tres hijos» llegan de regreso a Nohant. Comienza una nueva etapa en la vida de la escritora: la fragilidad de su amante impone serenidad.

En Nohant se trabaja, pero Chopin desea volver a sus discípulos; también George Sand quiere vivir en París para hacer economías. Se instalan en un palacete frente a la Place d’Orléans y los veranos se trasladan a Nohant.

Pasan varios años de cuidados solícitos por parte de ella, y de intensa labor creadora por parte de Chopin, hasta que con una carta digna y amarga dirigida a Chopin, en 1847 George Sand sella la separación que marca asimismo el final de su vida amorosa.

Le quedan aún muchos años vitales, en los que escribe, entre otras, su mejor novela, Consuelo, y sigue redactando sus diarios íntimos y los densos volúmenes en que vuelca la historia de su vida.

En 1848, después de la caída del «rey burgués», Luís Felipe, se convierte en la musa republicana y brega por la instauración de un gobierno más liberal. Se declara socialista, pero el triunfo de los moderados en la Asamblea termina con su idealista intervención en la política francesa.

El 17 de octubre de 1849, muere Chopin. Ella sigue escribiendo sus veinte páginas reglamentarias cada noche. Tenía en Nohant su refugio permanente, animado por los jóvenes artistas a quienes protegía, por los allegados que se cobijaban bajo sus alas, por las representaciones teatrales que se organizaban en el teatro que había hecho construir en su castillo.

Compone ahí las piezas teatrales, teje, borda tapices, recibe a los visitantes ilustres y ejerce su magnetismo fascinante sobre todos quienes la rodean. La pasión ha madurado en bondad, y el capricho, en sensatez. Se perdona a sí misma sus errores y los juzga con ojos tolerantes de anciana matrona.

 Agrega prefacios inéditos a sus tumultuosas novelas diluyendo o compensando con conceptos equilibrados y tibios sus antiguas audacias, donde otrora había inmortalizado a sus amantes. Uno de los más brillantes, Mus-set, muere en 1857.

Más le duelen las muertes de sus nietos Niní-hijade Solange, con quien se ha reconciliado hace ya tiempo- y Marc-Antoine, hijo de Maurice, en 1865. En 1870 y 1871 presencia la caída del Segundo Imperio y la Comuna, sin reconocerse en los comuneros como vieja socialista del 48. Ya solo la esperan las sombras y recuerdos de su vida tempestuosa y de los 106 nutridos tomos de sus obras completas cuando fallece en Nohant el 8 de junio de 1876.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

Biografia de Frida Kahlo Resumida Vida y Obra Pintora Mexicana

 VIDA Y OBRA DE FRIDA KAHLO – DIEGO RIVERA

RESUMEN DE SU BIOGRAFÍA: Frida nació en 1907 en México, pero como le gustaba proclamarse una hija de la revolución, decía  que había nacido en 1910.

Su padre fue Guillermo Kahlo, descendiente de judíos húngaros; nació en Alemania.

A los 19 años viaja y se instala en México, casándose en segundas nupcias con Matilde Calderón.

La tercera de las hijas es Frida, será “la preferida” de su padre. Sus dos hermanas mayores fueron Matilde y Adriana; después de ellas nació el único hijo varón de la familia, el cual sobrevivió apenas unos días

FRIDA KAHLO

Su vida ha estado marcada por una gran tragedia, contrajo la polio a los seis años, esta primera enfermedad le dejó una secuela permanente: la pierna derecha mucho más delgada que la izquierda.

En 1922 entró en la Escuela Nacional Preparatoria de Ciudad de México y fue precisamente en esta escuela donde entraría en contacto con su futuro marido, el conocido muralista mexicano Diego Rivera, a quien le había sido encargado pintar un mural en el auditorio de la escuela.

Ya habiendo superado esta deficiencia y cuando tenía unos 18 años de edad, fue cuando el autobús en el que viajaba se estrelló contra un tranvía.

 Sufrió fracturas múltiples y una barra de hierro atravesada por entrar en la cintura y sale por la vagina.

Debido a este último hecho tuvo que ser intervenida quirúrgicamente varias veces y pasó gran parte de su tiempo pintando en la cama. Durante su tiempo de convalecencia,  la madre le colgaba un espejo sobre la cama y Frida siempre se pintaba a si misma: «Me pinto porque estoy a menudo sola y porque soy el tema que mejor conozco.»

Tras su recuperación, que le devolvió la capacidad de caminar, una amiga íntima la introdujo en los ambientes artísticos de México donde se encontraban, entre otros, la conocida fotógrafa, artista y comunista Tina Modotti y Diego Rivera.

Frida admiraba a ambos, al artista y al hombre y quería su opinión acerca de su arte. Rivera estaba muy impresionado y la animó a continuar con su trabajo.

En agosto de 1929, cuando Diego tenía 42 años y Frida veinte menos, deciden unirse en matrimonio, la madre de Frida se horroriza y se niega a asistir a la boda, pues para ella su hija iba a casarse con un gordo comunista y ateo, varias veces divorciado y que le doblaba la edad.

Pero él, que ya es rico, logra neutralizar esa oposición pagando la hipotea que pesa sobre la casa de la familia en Coyoacán. Además, organiza una bulliciosa e inolvidable fiesta en la que no falta nada: el escándalo armado por su ex-mujer, llantos, borracheras y hasta tiros.

Frida escribiría más adelante: «Sufrí dos grandes accidentes durante mi vida. Uno en el cual un vehículo me atropelló. El otro accidente es Diego». 

Esposos, camaradas y amantes, pintores de contraste, juntos y opuestos, ella sobre la silla de ruedas, él desde el andamio con, fueron desde ese momento dos espacios contrapuestos del arte mexicano: la introspectiva y el extrovertido, «la paloma y el elefante», como los llamaron sus contemporáneos.

El clima político del país se tornaba progresivamente más inhóspito para los simpatizantes de la izquierda y el programa de pinturas murales que exaltaban la Revolución fue suspendido.

Pero la fama de Rivera en los Estados Unidos crecía y la pareja fue a Nueva York para participar en una retrospectiva de su pintura, 6rganizada por el Museo de Arte Moderno.

En esta etapa Frida era considerada sólo como su encantadora y algo exótica que acompañaba al famoso muralista El Museo de Detroit encargó una serie de murales y allí Frida sufrió un aborto.

Se trasladaron después a Nueva York  porque Diego fue contratado para realizar un mural paraa el Rockefeller Center. La obra, aún sin terminar originó un enorme escándalo por la insistencia del pintor en incluir un retrato de Lenín y finalmente fue destruida.

Retornan a México en 1935. La convivencia entre los dos artistas no es para nada plácida. Ambos se aman y se apoyan mutuamente, pero, autodefinidos como librepensadores, huyen de cualquier convencionalismo.

Frida acepta los romances más o menos públicos de Diego, hasta que éste entabla uno con Cristina, la hermana menor de ella. La pintora se enfurece.

Es entonces cuando inicia una larga secuencia de amores con hombres y mujeres famosos.

Se dice que Rivera toleraba mejor sus relaciones homosexuales y que los hombres que se acercaban a Frida lo ponían violentamente celoso.

Frida con su misterio y su belleza ambigua, era una las s más seductoras del momento.

Tenia una mirada penetrante, boca carnosa y ojos inesperadamente dulces bajo unas cejas agresivas.

Cuidaba con esmero su aspecto: se vestía con los trajes típicos de las indias tehuanas, de faldas largas y enaguas ribeteadas n puntillas. Para adornarse usaba collares, anillos y aretes de diseño precolombino y trenzaba sus cabellos sujetándolos con plumas y todo lo que tuviera a mano.

Había diseñado su propio personaje.

En vez de ocultar sus imperfecciones, las destacaba, desafiante. Por eso, en sus autorretratos el bozo que cubría su labio superior aparece exagerado.

Su vida con su marido siempre ha sido muy tumultuosa. Diego y Frida tenía muchos amantes no volver, las traiciones compensado el marido con los amantes de ambos sexos. El dolor más grande de Frida fue la imposibilidad de no tener hijos (aunque más de una vez embarazadas, las secuelas del accidente hizo imposible llevar un embarazo a término), lo que puso de manifiesto en muchas de sus pinturas.

El líder revolucionario ruso León Trotsky, asilado en México en 1937, fue uno de sus más controvertidos amores. A su llegada, Trotsky y su mujer se alojarol2en casa de los Rivera, y allí surgió un breve romance entre la pintora y el viejo y aún gallardo revolucionario.

Es probable que a Frida la moviese más la admiración que la atracción erótica; y también, en el afán de darle celos a Rivera con el hombre que en ese momento él más respetaba.

La aventura no sólo creó fuertes tensiones en la convivencia de las dos parejas, sino que inquietó sobremanera a todos los colaboradores cercanos de Trotsky.

Cualquier escándalo podía poner en juego su prestigio internacional. Pero el ruso, enamorado como un adolescente, no escuchaba a nadie; y fue Frida la que finalmente se cansó de la relación.

Él le siguió escribiendo apasionadas cartas, que ella nunca contestó, y todo terminó con la mudanza de los huéspedes y el violento alejamiento de Rivera y su esposa del trotskismo.

Pero ese amante célebre no fue el único, ni mucho menos: antes y después de Trotsky el nombre de Frida aparece ligado a actrices como Maria Félix, Dolores del Río, Paulette Goddard, pintoras como Georgia O’Keeffe y Emmy Lou Packard, asistente de Diego; además del fotógrafo Nickolas Muray, el gran escultor Isamu Noguehi, el joven galerista Julien Levy y otros.

Algunas amantes lo fueron también de Diego Rivera, a veces simultáneamente. Los escandalizados mexicanos murmuraban que Frida le quitaba las mujeres a su marido.

Ella no se preocupaba demasiado por lo que dijeran de sus amores. Seguía viviendo; y sobre todo, seguía trabajando.

En Enero de 1939 Frida viajó sola a París para una exposición de su trabajo, patrocinada por André Breton. A pesar de su limitado éxito en París, recibió comentarios favorables de los críticos. Una pintura de su exposición en París, “Autorretrato – El Marco ” se convirtió en la primera obra de un artista mexicano del siglo XX adquirida por el Museo del Louvre.

FRIDA KAHLO

UNA VIDA MARCADA POR LA ENFERMEDAD: A partir de 1946, la salud de Kahlo empeoró a pasos agigantados. En 1946 la operaron para quitarle un hueso de la pelvis y ponérselo en la columna vertebral. No dejaba de perder peso.

En 1949 su pie derecho, afectado por la poliomielitis que sufrió de pequeña, se puso peor. Diego estaba allí para apoyarla. Le prepararon una exposición individual en 1953 y ella asistió, aunque tumbada en una gran cama que llevaron a la galería.

También fue el año en que le amputaron la pierna por debajo de la rodilla. Trató de suicidarse al año siguiente. «Ahora quiero a Diego más que nunca, el día que Diego se muera, yo también me moriré con él, no pienso vivir sin él porque Diego es todo para mí», escribió.

Las últimas palabras de Frida escritas en su diario fueron «espero que la ausencia sea alegre y espero nunca regresar».

Él volvió a casarse al año de la muerte de ella con la marchante Emma Hurtado. Murió en 1957 de una crisis cardíaca. (Fuente Consultada: 99 Amores de la Historia de Alicia Misrahi)

La relación con Diego es cada día más tormentosa. A comienzos de 1940, la pareja se divorcia, aunque continúa apareciendo juntos en público.

En mayo, cuando se produce el primer intento de asesinato de Trotsky, Rivera se refugia en San Francisco, Estados Unidos, huyendo de los rumores que lo implican: se dice que prestó el camión en el que se trasladaron los agresores, pero nunca fue probado; más tarde se atribuyó esta colaboración a su amigo, el muralista David Siqueiros.

Lo que es sabido es que a las diferencias personales entre él y el ruso ahora suman otras mas hondas, de tipo político.

En una tarde de verano Trosky finalmente muere asesinado por el estalinista Ramón Mercader, que pasaría veinte años en una cárcel de México antes de regresar a su país y ser condecorado por sus servicios.

Frida es interrogada por la policía y decide reunirse con su marido en EE.UU., donde dos meses después se casan de nuevo, bajos las siguiente condiciones: 1) Ella se mantendría financieramente independiente con la venta de sus cuadros 2) Ella pagaría la mitad de los gastos de la casa y 3) no mantendrían relaciones sexuales.

Diego la echaba a faltar terriblemente y aceptó voluntariamente los términos. Se casaron de nuevo el 8 de Diciembre de 1940, el día del cumpleaños de Diego.

La relación con Diego es cada día más tormentosa. A comienzos de 1940, la pareja se divorcia, aunque continúa apareciendo juntos en público.

En mayo, cuando se produce el primer intento de asesinato de Trotsky, Rivera se refugia en San Francisco, Estados Unidos, huyendo de los rumores que lo implican: se dice que prestó el camión en el que se trasladaron los agresores, pero nunca fue probado; más tarde se atribuyó esta colaboración a su amigo, el muralista David Siqueiros.

Lo que es sabido es que a las diferencias personales entre él y el ruso ahora suman otras mas hondas, de tipo político.

Durante 1940 Frida participó en muchas exposiciones colectivas en México y USA.En la primavera de 1953 la Galería de Arte Contemporáneo de esta misma ciudad le organizó, por primera vez, una importante exposición.

La salud de Frida era muy mala por entonces y los médicos le prohibieron el asistir a la misma. Minutos después de que todos los invitados se encontraran en el interior de la galería se empezaron a oír sirenas desde el exterior.

La muchedumbre enloquecida se dirigió al exterior, allí estaba una ambulancia acompañada de una escolta en motocicleta. Frida Kahlo había sido llevada a su exposición en una cama de hospital. Los fotógrafos y los periodistas se quedaron impresionados.

Ella fue colocada en el centro de la galería. La multitud fue a saludarla. Frida contó chistes, cantó y bebió la tarde entera. La exhibición había sido un rotundo éxito.

Sus pinturas reflejan los duros momentos que ha pasado en su vida  y  eran  tan  «fuerte», que parecían  surrealista: «Creían que yo era surrealista, pero nunca lo fui. Nunca pinté sueños, sólo pinté mi propia realidad..»

Murió de neumonía en Coyoacán el 13 de julio de 1954. No se realizó ninguna autopsia. Fue velada en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México y su féretro fue cubierto con la bandera del Partido Comunista mexicano, un hecho que fue muy criticado por toda la prensa nacional. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas las alberga la Casa Azul de Coyoacán, lugar que la vio nacer.

En su diario la última frase, porque las dudas: «Espero alegre la salida y espero no volver jamás”.

Diego Rivera amor de Frida Kahlo

Diego Rivera. — Pintor muralista mexicano, nació en Guanajuato en 1886 y murió en México en 1957. Estudió en la capital de México, en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, influido por José Guadaluqe Posada.

Desde 1907 viajó por Europa regresando a su país natal en 1921. Al año siguiente creó junto a Orozco el «Movimiento Mural Mexicano», siendo su principal representante. Su pintura mural es de asuntos sociales y sobre todo la vida popular del pueblo mexicano.

Obras suyas nos las ha dejado patente en la secretaría de Educación pública, en la Escuela de Agricultura de Chapingo y en el anfiteatro de la Escuela preparatoria. A partir del viaje a Rusia (1927) se convirtió en el Creador de la estética revolucionaria mexicana y de exaltación del pueblo azteca. Pintó con este nuevo simbolismo el Palacio de Gobierno de Cuerna-vaca; el Palacio Nacional, en el de Bellas Artes e Instituto de Cardiología. En Moscú la Casa del ejército rojo, en los EE. UU., El Instituí of Artes of Detroit; Worther School de Nueva York, etc.

Ver: Vida de Diego Rivera

Ver: Biografia de David Siqueiros

Fuente Consultada: Amantes y Cortesanas de Cecilia B. Madrazo

grandes amantes

Biografia de FLORENCE NIGHTINGALE Pionera de la Enfermeria Moderna

Biografia de FLORENCE NIGHTINGALE
Pionera de la Enfermeria Moderna

Carlota CordayAna FrankMaría Antonieta

En 1860, una mujer que ha visto los horrores de la guerra de Crimea funda en Londres una escuela para enfermeras. Su inauguración es un aporte fundamental en el campo de la atención sanitaria.

Florence Nightingale, nacida en Florencia de padres ingleses en 1820, fue la primera mujer que ofició de enfermera militar en los campos de batalla.

Aprovechó la experiencia ganada en la guerra de Crimea para crear una escuela de enfermería en Londres.

La Dama de la lámpara: Florence Nightingale era directora del Hospital para Damas Inválidas de Londres, cuando en 1853 estalló la guerra de Crimea entre Rusia y Turquía, en la que participaron Gran Bretaña y Francia.

Florence partió hacia el frente con un contingente de enfermeras. Logró reducir la mortalidad de los heridos, que fueron atendidos por primera vez en el mismo campo de batalla.

La llamaban la Dama de la lámpara porque auxiliaba de noche a los soldados heridos en combate con una lámpara en la mano.

Florence Nightingale estableció las bases de la organización hospitalaria y determinó las funciones de la enfermería. Reunió en varios libros sus experiencias y conocimientos.

De este modo, al mismo tiempo que dignificó la labor de las enfermeras, contribuyó a una mayor eficacia en la atención sanitaria y aportó varios libros sobre reforma hospitalaria. La enfermería pasó a considerarse una profesión médica.

Murió en 1910, colmada de honores.

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Biografía de Florence Nightingale: Criada en la comodidad de un hogar burgués, su férrea vocación y su carácter la llevaron a elegir la dura y abnegada vida de enfermera.

A pesar de su precaria salud y la oposición de los propios médicos, asistió a los heridos en el campo de batalla, dirigió hospitales y renovó el concepto de la enfermería, hasta entonces primitiva y poco eficaz, convirtiéndola en auxiliar de la medicina.Florence Nightingale

Hubiera podido ser monja, pero había nacido en la Inglaterra anglicana y por temperamento se hallaba muy lejos de la sumisión.

Más afinidad tenía tal vez con Juana de Arco, por su sentido de realización, su capacidad de hacer, de ejercer un destino para el que -según confesó alguna vez- se sentía llamada por Dios.

«El 7 de febrero de 1837 Dios me habló y me llamó a su servicio».

No era una revelación interna: había oído «una voz objetiva, exterior, que le hablaba con palabras humanas».

Tenía por entonces 17 años, y volvió a oír voces en otros tres momentos cruciales de su vida: antes de ocupar su puesto en el primer hospital inglés en que prestó servicios; un año después, antes de salir para Crimea, y en 1861, tras la muerte de su gran amigo, Sidney Herbert, secretario de guerra del gabinete británico.

Su padre era propietario de una mina de plomo que le reportaba rentas abundantes y le permitía disfrutar con holgura de la vida, los viajes, el arte y hasta la política.

Su madre, ocho años mayor que él, era una mujer muy de su tiempo y de su clase.

La hija fue bautizada Florence porque había nacido el 12 de mayo de 1820 en la ciudad de los Mé-dicis, durante un largo viaje de los Nightingale por Europa continental y sobre todo por Italia, donde vivieron tres años.

Pero la familia pronto regresó a Inglaterra, a la vida cómoda y placentera de las recepciones elegantes y las amistades numerosas.

Florence y su hermana compartieron su educación, la vida hogareña, el latín y el griego, pero «Fio», más independiente, más apegada al padre, en aquel ambiente frívolo y romántico escuchaba «el llamado de Dios» o pensaba en estudiar matemáticas. Pero no por eso huía de las reuniones, los encuentros brillantes, los flirts o las conversaciones refinadas.

En uno de los viajes de su familia al continente europeo, Florence conoció en Ginebra a un amigo de su padre: el historiador italiano Sismondi, exiliado en Suiza por la persecución austríaca, hombre excepcional que no podía soportar el sufrimiento ajeno.

Causó una gran impresión en Florence, que sin embargo seguía sin conocer el significado del llamado de Dios que había sentido.

La muchacha detestaba la vida hogareña, pero no podía menos que admitir que muchas cosas del ambiente familiar seguían gustándole.

Hasta que la crisis de 1842 en Inglaterra empezó a mostrarle de cerca los sufrimientos humanos.

Alrededor de la casa de campo en que vivía con su familia pudo ver enfermedades, pobreza y desesperación.

Le pareció falso todo lo que se decía y no fue capaz ya de soportar que se siguiera gozando de tantas cosas «mientras la tierra sigue su camino a través de las estrellas impasibles, en el silencio eterno, como si no ocurriese nada.

La muerte parece menos temible que la vida».

Hacia 1844 empezó a pensar en los hospitales como una misión a la cual dedicar su vida. En otro de los viajes de su familia al continente europeo insistió en visitar el hospital de Kaiserswerth, en Alemania, que ansiaba conocer desde hacía tiempo.

No llegó a atender allí a los enfermos, pero pudo apreciar la obra benéfica que realizaba la institución. Se sintió tan valiente «como si nada pudiera ya volver a acongojarla».

Y en menos de una semana escribió a toda prisa un folleto de más de 30 páginas informando a las mujeres ricas «que viven en Inglaterra en una ociosidad atareada, enloquecidas por no tener algo que hacer», de la labor y la felicidad que les esperaba en Kaiserswerth.

Aunque a su madre todo eso le pareció una vergüenza, una deshonra, en cuanto pudo, Florence regresó a Kaiserswerth.

«No existía el cuidado de los enfermos –escribió muchos años después– la higiene era horrible y el hospital lo peor de la ciudad, pero en ninguna parte he conocido un tono más alto, una devoción más pura que allí.» Tuvo que volver a su casa, sin embargo, reclamada por su madre, que seguía siendo dominadora.

Por dos años vivió tironeada por las circunstancias hasta que consiguió incorporarse a las Hermanas de Caridad de París como inspectora a cargo de la reorganización del hospital católico.

Su condición de protestante y de hija de una familia inglesa acomodada no era la mejor recomendación para las señoras de la comisión, pero la insistencia de Florence pudo más.

Por fin en 1853 dejó definitivamente el hogar de sus padres para ocupar un puesto estable en un pequeño hospital londinense, para «Damas en Circunstancias Penosas».

La situación de las enfermeras y de los hospitales no había mejorado en lo más mínimo, y los Nightingale se horrorizaron de la vocación de la hija, pues eran realmente lugares de miseria y degradación. La más absoluta falta de higiene y de instalaciones sanitarias se evidenciaba en un nauseabundo «olor a hospital».

Las enfermas provenían de los estratos más bajos de la sociedad, y las enfermeras llegaban a la promiscuidad total, pues sin lugar para dormir o descansar, recibían y cocinaban en los dormitorios miserables de las enfermas, cuyos lechos a menudo compartían.

Florence se ocupó de reorganizarlo todo: desde reformar el edificio hasta la atención de los pacientes, y eso aun durante una epidemia de cólera.

Pero fue en la guerra de Crimea donde se hizo famosa. Sidney Herbert, miembro del gabinete real, conocía sus méritos y su vocación, admiraba a Florence y era su amigo personal.

Pensó inmediatamente en ella cuando desde la península rusa llegaron las peores noticias sobre la situación de los soldados ingleses heridos en Scutari, privados de toda asistencia hospitalaria, sin camas, ropas ni alimentos.

«¿Por qué no tenemos nosotros hermanas de Caridad?», preguntaba The Times. Y allá fue Florence Nightingale, invitada por el secretario de Guerra, junto con 38 compañeras de labor. Solo catorce de ellas eran enfermeras profesionales; las demás eran de instituciones religiosas.

Los heridos y enfermos -más de cinco mil-, semidesnudos, yacían en largas hileras sobre los pisos sucios de grandes habitaciones en ruinas.

Se cuenta que nadie se había animado a comentar con el comandante en jefe el estado sanitario del ejército.

A su vez, los médicos de Scutari recibieron con disgusto a miss Nightingale y sus compañeras.

No había allí equipo, sala de operaciones, medicamentos, ni nada. Las tazas de estaño servían para todo; para lavarse, comer y beber.

Sin luz, sin apoyo, luchando contra celos y rencores, ella pudo más y cambió todo. Cuando el embajador inglés se negó a pagar los salarios de los obreros turcos contratados para reparar los edificios, fue el dinero de Florence y de las colectas organizadas por The Times el que saldó la deuda.

Los médicos seguían hostigándola -por ser mujer y jefa de enorme eficiencia práctica y técnica a los 34 años-; algunas enfermeras creándole obstáculos; las rivalidades personales y religiosas entorpeciéndolo todo; pero Florence supo imponerse aun a sus propias dolencias físicas.

En Scutari los enfermos besaban su sombra y en Londres el pueblo le rendía fervorosos homenajes. La propia reina Victoria le regaló un broche diseñado por su esposo el príncipe Alberto: una cruz de San Jorge en esmalte rojo, con una corona de diamantes arriba y la palabra Crimea rodeada de la frase «Bienaventurados los misericordiosos».

A su regreso a Inglaterra el ministerio de Guerra la consagró como «la Enfermera del Ejército Británico», y se dijo de ella que era la única persona del Imperio cuyo prestigio se había acrecentado en la guerra.

Un día fue invitada a dar un informe personal a la Reina sobre todo lo ocurrido en Crimea. Victoria y Alberto la recibieron en el palacio de Balmoral y después comió con ellos en varias ocasiones, sin ceremonia alguna.

Llegó a recibir visitas de la propia Reina que a veces la invitaba a acompañarla en calesa.

Para entonces Florence se hallaba ya semi inválida, pero no tanto como para no fundar en 1860, con el dinero de la colecta popular, una escuela de enfermeras en el hospital de Santo Tomás.

Puede decirse que desde esa fecha comienza a practicarse en el mundo la enfermería moderna.

Pero, además, siguió asesorando a los organismos militares –incluso en relación con la guerra de Secesión norteamericana-, y supervisando todo informe sanitario oficial: proyectaba reglamentos, sugería normas, estudiaba planes de cuarteles y hospitales.

A pesar de la fragilidad de su salud, trabajó sin pausa hasta que en 1872 sus males se agravaron.

A partir de entonces se acentuó su interés por el misticismo, aunque sin descuidar sus relaciones personales, especialmente con jóvenes, a quienes infundió su optimismo y sabiduría no obstante haber ido perdiendo gradualmente la vista.
Falleció a los 90 años el 13 de agosto de 1910.

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe

Biografía de Coco Chanel Historia de su Vida, su Trabajo y Amores

Biografía de Coco Chanel

Una joven y desconocida francessta llamada Gabrielle Chanel ha hecho irrupción en la gran moda francesa. Su diseño de un nuevo tipo de blusa, que imita la de los marineros, ha sido aceptado con entusiasmo por las elegantes aristócratas de la Costa Vasca Francesa.

Se dice que la joven diseñadora se propone acabar con las ropas que acentúan las formas femeninas y en cambio ofrecerá vestidos sueltos que, según ella, resultarán finalmente más sensuales y alegres que los trajes acinturados y los polizones. ¿Tendrá éxito en su loca aventura? En todo caso, a la nueva diseñadora sus amigos la llaman «Coco», aludiendo precisamente a la locura, la picardía y cierto descaro que parece estar fascinando al gran mundo europeo.

Gabrielle «Coco» Chanel vivió una larga y muy fructífera vida, pero nadie jamás adivinó en  ella, desde que comenzó, muy jovencita, a ser Coco Chanel, su triste infancia de orfelinato, la pobreza de su origen, la desgracia que la acompañó durante tantos años. Los primeros años, los años más sensibles, aquellos que dejan huellas imborrables. Los mitos nacen en torno del Olimpo, no en el monte mismo.

Biografia de Coco ChannellEl apuesto y esquivo Albert Chanel se enreda, allá en la provincia, con Jeanne Devolle. Albert apareció por la campiña como los fantasmas. Las pisadas de su caballo anunciaban su llegada; jamás se las oía cuando partía.

Jeanne se estremeció con sólo verlo. También él vio a la joven auvernés de grandes ojos negros. Surgió el idilio, sigilosamente, como eran las llegadas de Albert. Luego nació Julia. Cuando Gabrielle comenzó a anunciarse en el vientre de la madre, los amantes formalizaron el matrimonio. La pequeña Gabrielle fue llamada «Coco» desde el primer día y así se la llamó hasta la hora de su muerte.

De los amoríos de Albert y Jeanne nacieron otros hijos: Alphone, el primer barón. En seguida, y sin perder el tiempo, Antoinette, Lucien y Agustín, para el nacimiento deCoco el padre no» estuvo presente, esto hizo de sus relaciones posteriores una cuestión pose siva. Coco adivinaba la llegada del padre aún antes que su madre, y se lo acaparaba tanto como podía. Era una relación estacionaria, ya que su padre aparecía por el lugar sólo en invierno, cuando no había vinos ni caballos que vender.

La infancia de Coco fue típicamente provinciana. Suelta como una cabra, la vida era un juego rutinario en el que cada uno tenía deberes que cumplir, inclusive los menores. Y esta infancia estuvo marcada por el sino de la sangre: su madre tosía. Todos sabían lo que eso significaba. Luego Coco veía las manchas de sangre en los pañuelos de su madre, que se fue poniendo más delgada y transparente, como se ponen las tísicas.

Coco tenía nueve años cuando su madre murió en un espasmo. A partir de ese año su padre no regresó regularmente por la campiña. Coco jamás se lo perdonó, y a la niña le resultaba difícil discernir a cuál de los dos echaba más de menos, a su madre o a su padre.

Y aunque todo el mundo en la provincia sabía que ella tenía padre, comenzaron a llamarla huérfana. Un día, inesperadamente, su padre apareció. Las flores del funeral estaban marchitas hacía ya tiempo. No dijo nada. No se le vio llorar, pero Coco lo conocía bien y le vio sufrir. Y ese sufrimiento los unió más, porque era un sufrimiento silencioso, verdadero.

Albert Chanel tomó a tres de sus hijas, las mayores, Coco, Julia y Antoinette y las llevo a casa de sus padres. El abuelo puso el grito en el cielo. ¿Qué iba a hacer con tres niños más? Sus magros ahorros se le iban a ir de entre los dedos. Y concibió una idea:

Su hermana, casada con un Notario, era íntima amiga de la Superiora de la Congregación del Sagrado Corazón de María, que dirigía un orfelinato en el antiguo monasterio de Obazine. Pese a las lágrimas de la abuela, las niñas ingresaron en el Hospicio y luego, el propio Albert las traslado al orfelinato. Coco sintió que al cerrarse las puertas del orfelinato, en el viejo monasterio romano, la luz había quedado afuera. Nunca más volvió a ver a la persona que más amaba en el mundo, su padre.

Ella siempre iba a recordar su vestido blanco de la primera comunión. Se lo había mandado su padre quién sabe desde donde; ella decía que él se había marchado a América. Albert hablaba inglés, en la provincia eso era diabólico.

Claude Delay, autora de Coco Chanel: Solitaria, nos entrega una versión destilada de ese recuerdo, del vestido blanco de las comulgantes:

«Coco no se cansó nunca de resucitar su organdí, sus tules, sus encajes, su velo que llegaba hasta el suelo, el rosario de perlas en el bolso, las medias de seda y, suprema elegía, la corona de rosas: todo lo que la separaba de las pequeñas campesinas, sus compañeras, tocadas con un gorrito.

Ya empezaba a verse distinta, sola en su especia, irresistible. En el atardecer de su vida me hablaba todavía de aquel vestido demasiado llamativo, ‘elegido evidentemente por una puta’. La puta que le robaba a su padre, la mujer que le había arrebatado la mitad vida de su ser».

Biografia de Coco ChannellCoco decía: «¡Mi más tierna infancia!… Esta frase hecha me hace estremecer. Ninguna infancia fue menos tierna».

Aparte del interior del convento, Coco no conocerá otras vacaciones que la estancia en Varennes, en casa de su tía Louise Costier, hermana de su padre. Louise se llevaba a su hija Marthe e invitaba a las huérfanas.

En la casa de veraneo Coco encontró un desván con libros, y se lanza a la aventura de leerlos todos. Más tarde recordará: «No sabes los estragos que pueden causar en la imaginación los desvanes de provincias…»

Más tarde hará su primera escapada y viaja a Vichy. Esa fue una escapada «hacia el exterior», donde conoció extranjeros. Y donde les vio cómo se vestían, en el centro mismo de la extravagancia.

Además, por todas partes se oía hablar «extranjero» y las lenguas extranjeras la fascinaban; le parecía que eran el santo y seña de una gran sociedad secreta.

Coco regresa de Vichy con sus dieciocho años más rebeldes que nunca. Allí la han fotografiado ya tenía el perfil que la haría famosa y puede verse con los de los demás. Julia, que la acompaña en la foto, se ve torpe a su lado. Allí va a conocer a Étienne Balsan, es su destino.

Balsan es caballero de caballos. Es heredero de una gran fortuna y se extasía ante el hecho de que Coco sabe montar en pelo y bajarse deslizándose por la grupa, por atrás, agarrada de la cola. Y Étienne Balsan será el primer hombre que le dé a Coco el bien que más va a apreciar en el resto de su vida: la libertad.

Étiene tiene un hermano, Jacques, que en lugar de caballos adora los aparatos voladores: globos aerostáticos, aviones. Cualquier aparato que lo transporte por el aire, se convertirá en su pasión. Pero este hombre, igual que su hermano Étienne, no tiene preocupaciones de dinero, salvo que sea encontrar una nueva forma de gastarlo.

Durante una temporada en Londres, donde los Balsan también tienen negocios, conoció al gran amor de su vida, la norteamericana Consuelo Vanderbilt, ex duquesa de Marloborough. Su ex cuñado, Winston Churchill, será íntimo de la joven pareja y por ese lado, Coco traba amistad con el gran político inglés, una amistad que se prolongará por el resto de sus vidas.

La entretela del destino se teje de muchas maneras. Coco no sólo es huérfana ella teje una novela en torno a la desaparición de su padre, sino muy pobre. Padece de esa enfermedad vergonzante que puede hacerle a algunas personas la vida muy difícil. Y si se ha cruzado el umbral social, si se ha dado un paso en los grandes salones alfombrados, la pobreza puede ser destructiva.

Étienne Balsan reconoce en Coco a una igual: ambos aman por igual la libertad. El dirá más tarde que «ayudó a Gabrielle a poner un pie en el estribo», y dirá toda la verdad.

En su casa de Royallieu, ella no presume de nada; viste con pantalones. No va a caer en la torpeza de dárselas de gran dama, pero tampoco es una fregona. No es una chica sacada del arroyo que algunas veces se viste para estar a tono con sus invitados, y ambos, casi simultáneamente, descubren la razón de ser de cada prenda.

Le tiene un temor animal a los gendarmes, entonces decide escribirle a su joven tía Adrienne para pedirle dinero para un boleto de tren. Cuál no sería su asombro cuando su tía le responde: «Debes esconderte muy bien, si no te encerrarán en una correccional». Todavía es menor de edad y de hecho se ha fugado del orfelinato.

Entonces Coco tiene un mejor pretexto para quedarse en Royallieu. Allí vive y viste a su manera, y visita a un modesto sastre de la localidad para hacerse copiar unos pantalones de montar prestados por un palafrenero inglés. Ella entiende que no está hecho para lucir sino para servir. Entretanto, Etienne la deja sola. Acude a todos los concursos, a los saltos de obstáculo; a ganar la última partida al cronómetro es su deporte favorito y a él se entrega con cuerpo y alma.

En este ambiente Gabrielle Chanel encontrará su primer e inolvidable refugio, y hará el aprendizaje de la libertad. Las necesidades materiales han desaparecido como por encanto. La nobleza de Royaillieu la rodea. Y la generosidad de Etienne, que es su propio dueño, la sitúa de pronto en la categoría de invitada permanente. El viene de los brazos de una mujer que le hacía temblar las cuentas bancadas; la espontaneidad de Coco, su modestia bien mesurada, le entusiasma.

Pero Coco tiene mucho que aprender de la ex amante de Etienne, Emilienne d’Alenc.on. Ella llega en calesa, haciendo crujir la grava de Royallieu, y los potros sacaban la cabeza de los boxes para saludarla. Pero, por sobre todo, Coco se da cuenta que Emilienne huele maravillosamente. El olfato de Coco se impregna para siempre de la gran lección de la mujer galante. Su olfato cambia por completo su código de la seducción. Un jabón con olor a aguas de rosas regalado por un primo hacía años, la había embriagado.

Coco descubre que Etienne tiene una casa en París, en el bulevar Malesherbes. Vence la resitencia de Etienne cuando éste se entera que ella piensa instalarse allí para convertirse entre sus bellas amigas se le ha subido a la cabeza. Ella sólo cuenta con su coquetería, y si se piensa que es todo lo que tiene, resulta trágico. Ella, en cambio, confía en que con su coquetería hará fortuna, porque descubrirá bastante más que una manera de vestir: descubrirá un estilo.

En París descubre verdaderamente al mundo. En Royallieu no era más que una muestra que lo llegaba hasta allí, y disminuida en su ímpetu porque «se iba a la campiña». En los paseos de los caballos en París, descubre ese horror que haría exclamar a Sem. el célebre caricaturista: «¡Ah, las locas! ¡Ah, qué sombreros! Todo se admite, transformado apenas: cubretiestos, pantallas, cacerolas, tapaderas a grabel. Lo han intentado todo y se han atrevido a todo». El verdadero atrevimiento es la sencillez y Coco la adopta.

Pero con la partida de Coco a París, Etienne descubre que la ama y trata de disuadirla. Ella tiene los argumentos del demonio; podrán continuar viéndose, ¿Acaso no podría venir de visita? Etienne sospecha que otro hombre se ha cruzado por su camino, un amigo, pero eso vendrá más tarde. Coco defiende, antes que nada, su libertad.

Finalmente se instala en el bulevar Malesherbes con sus exiguos medios. Pide la ayuda de su hermana más pequeña, Antoinette, que tiene la belleza y la prestancia Chanel. Julia, la mayor de las pensionistas de Obazine, está casada y tiene un niño. Coco aún no conoce los trucos del oficio, pero no se deja abatir. Conquista, sobornándola, , a una modista muy bien dotada, Lucienne Rabaté. Ella viene de la casa Lewis, lo que también es importante.

Por curiosidad o por instinto, las bellas amigas de los caballeros desfilan por el taller. El éxito está a la vuelta de la esquina.
Modas Chanel inaugura la célebre calle de la que Coco hará su feudo. Es el número 21 de la rué Cambon. No lo abandonará hasta la noche de su muerte.

Para armar el taller no tiene reparos ni vergüenza en recurrir a dos amigos, dos amantes, uno que se retira de la escena y otro que recién entra a escena: Étienne Balsan y Boy Capel, que será el gran amor de su vida.

Coco Chanel se hace dibujar un monograma en que las dos C se encuentran entrelazadas. Será su marca de fábrica. Ningún otro símbolo competirá jamás con ella en este siglo XX. Cuando apareció Christian Dior, hubo gente que se alarmó. Amigos de Coco estaban más asustados que ella. Coco permaneció impasible: «Cuando veamos la colección, sabré qué hay que hacer».

Cuando apareció la colección de Dior, Gabrielle Chanel ni se inmutó y apenas hizo un comentario: «Recorta la falda, alarga la falda. ¡Esas son tonterías! El cuerpo humano no tiene un punto más feo que el reverso de la rodilla. Ninguna mujer inteligente querrá mostrarlo. Además, la gente se viste para trabajar, no para estar parada en una vitrina».

Dior no fue el único que le salió al camino. La tecnología que producía el prétaporter en cadena, no podía competir con la alta costura, como no pudieron competir los jeans.

El mundo que Coco Chanel crea para la mujer elegante es sencillo, en cierta forma. Debe ser una mujer elegante e inteligente, que el vestido no es más que una pieza de ropa que cubre el cuerpo, pero que debe «verse» en él el cuerpo de quien la lleva. La prenda que lleva su nombre hasta hoy es un simple traje de dos piezas, con una blusa como complemento. La falda es sencilla, la chaqueta no tiene vueltas en el cuello y es lo que en el lenguaje de la moda se llama «una chaqueta de tope».

No tienen botones ni ojales y no los debe tener. La mujer que use esa chaqueta se sentirá libre en sus movimientos; como la prenda está bien ajustada a su cuerpo, podrá exhibir lo que su cuerpo tenga para exhibir. Después de tantos años de desaparecida Coco Chanel, cualquier buen modisto o modista puede «hacer un Chanel», que se lleva hasta nuestros días con mucha elegancia.

Coco Chanel pensó en la mujer elegante, de mundo, no en una princesita china, sentada en su trono. Esa mujer no trabaja para ganarse la vida aunque también puede hacerlo, pero está en continuo movimiento, se desplaza de una fiesta a otra, concurre a las exposiciones, al hipódromo, a los conciertos, y no puede desplazarse con gracia si lleva en los pies unos tacones enormes de alto, terminados en punta, casi como una aguja. Y contra todo lo que decían los zapateros, Coco Chanel logró imponer un zapato de taco medio, elegante, pero que no exige esfuerzos para equilibrarse en ellos, ni cansa.

Con el transcurso de muy pocos años, y gracias a las amistades personales que iba haciendo en el gran mundo, ya le bastaba llevar un pañuelo anudado a la garganta, para que ello fuese «chic», de buen gusto, y ella sé lo había puesto porque le dolía la garganta. Muchas de las famosas prendas Chanel surgieron de la espontaneidad, de la necesidad de agregar un «toque de distinción», jamás de la extravagancia. Como modista Chanel fue más bien conservadora. Quería que la mujer de mundo se distinguiera perfectamente de la amante envuelta en ropas caras.

Se la llamó «la solitaria» pese a que se le conocieron amores, la mayoría de los cuales le duraban años. Pero no tuvo hijos. Tal vez el único hombre con quiense hubiera casado, Boy Capel, no pensó nunca en el matrimonio. Después vinieron importantes personalidades, el Príncipe Dimitri, de la Rusia zarista; el duque de Westminster; el magnate del cine Cecil B. de Mille, el vasco Paul Iribe, que era pelotari.

En fin, no tiene sentido enumerar los hombres que pasaron por su vida, tan rica en vivencias y emociones. Ella es un mito en vida, un mito en el cual el amor tiene un lugar secundario. El primer lugar lo representa la propia Coco, que nunca se dio cuenta que era un fenómeno pocas veces visto, aunque si tenía consciencia de que era observada por sus semejantes, así no fuera más que para imitarla. ¡Que va! Imitarla era imposible; hay un problema de personalidad entre medio, además de mucha, muchísima sensibilidad.

Porque Coco Chanel no sabía coser. Trabajaba con modelos, con maniquíes vivas y con una tijera, iba cortando aquí y allí, dándole forma a sus creaciones. Su tijera fue un instrumento infaltable; siempre la tenía a su lado, en todas partes. No sólo en el taller, también en su casa. Y la utilizó hasta para su muerte.

Gabrielle Coco Chanel tuvo un reinado sin competencia y tan largo como lo hubiese deseado cualquiera. Esta niña provinciana, pobrísima, llegó a amasar una enorme fortuna. Sólo los derechos para la fabricación del perfume Chanel N° 5 en los Estados Unidos le producía dos millones de dólares al año. El éxito del perfume estuvo garantizado desde que apareció bajo la marca Chanel. Marilyn Monroe lo puso en órbita universal cuando declaró que para dormir sólo «usaba Chanel N° 5», lo que constituyó una ayuda, no cabe duda.

Coco Chanel murió sola, rodeada de misterio. Ella lo quiso así; pero su muerte no ha dado lugar a especulaciones políticas ni de ninguna otra especie. Se marchó de este mundo dejando una herencia de gran personalidad y un mensaje a sus amigas mujeres:

«El cuerpo hay que vestirlo, jamás envolverlo. Y cuando una prenda te limite en tus movimientos, cambiarla por otra. Los movimientos de la mujer son una de las cosas bellas de la vida».

Fuente Consultada: HECHO N°37 Sucesos que Estremecen Al Siglo

Resumen De la Vida de Cleopatra Reina de Egipto (301)

Cleopatra Reina de Egipto

Resumen Biografía de Cleopatra
Atractiva y talentosa, Cleopatra fue también una hábil política que -como se estilaba en aquellas épocas-vinculó estrechamente sus amores con las razones de Estado. No fue un desengaño sentimental lo que la llevó al suicidio, sino la derrota de Marco Antonio a manos del futuro emperador Augusto, que frustraba su aspiración de preservar a Egipto independiente.cleopatra

Entre las mujeres famosas de la historia, Cleopatra ocupa un lugar destacado.

Ello es tanto más notable si se piensa que los vencidos rara vez tienen oportunidad de contar su versión de cómo sucedieron las cosas, y por eso la imagen conocida hasta hace poco de la reina de Egipto se hallaba fuertemente influida por los prejuicios y las pasiones de sus enemigos victoriosos.

Cleopatra VII, hija de Ptolomeo XIII, nació en 69 a. C. y era descendiente de un antiguo linaje de monarcas de origen helénico, lo cual no obstaba para que su pueblo la saludase con los mismos epítetos con que había honrado a los faraones de la época de las pirámides «hija del Sol» y «encarnación de Isis», entre otros.

En los muros de los templos se grababa su imagen ataviada con insignias iguales a las que habían llevado los antiguos faraones: la doble corona del Alto y del Bajo Egipto, los cuernos y las plumas de Amón y la serpiente real sobre la frente.

Y sin embargo la historia tiende a recordarla como una empedernida seductora, una Circe alejandrina, que enredó en. sus dulces lazos a hombres como Julio César y Marco Antonio y los perdió.

RAZÓN DE AMOR Y RAZÓN DE ESTADO
La realidad no es, desde luego, tan simple como esta fábula erudita pretende hacerlo creer.

En primer lugar, ni César ni Antonio eran precisamente inexpertos en lides amorosas: por el contrario, ambos eran, cada uno a su manera, consumados amadores tan conocidos en Roma por sus conquistas femeninas como por sus hazañas militares.

César, especialmente, adúltero recalcitrante, era apodado «el marido de todas las mujeres».

Era realmente difícil sustraerse al encanto de la personalidad de César, a la gracia displicente y aristocrática de sus maneras, a su seguridad y aplomo imperturbables de hombre de mundo.

Por su parte, Antonio atraía poderosamente por su carácter jovial, franco, generoso, su trato familiar y abierto, y por su estatuaria belleza varonil.

Entre cada uno de ellos y Cleopatra se desarrolló el clásico juego del intento de seducción recíproca, pero en ningún caso las razones subyacentes fueron puramente eróticas.

Los tres protagonistas eran por sobre todo personalidades políticas, en los tres poderosas razones de Estado se agregaban a la atracción física, y cada uno perseguía en la relación sus propios objetivos.

Los móviles de Cleopatra no podían ser más claros, y a ellos respondió a lo largo de su vida con una tenacidad que asombra y una habilidad que suscita admiración.

Presintiendo que el apogeo de Roma marcaba la hora final del reinado de los Ptolomeos sobre Egipto -el último Estado independiente en las costas del Mediterráneo-, apoyó a quienes propiciaban el fin de la República romana y aspiraban a establecer el Imperio.

En efecto, bajo la República, Egipto hubiera sido conquistado y reducido a provincia, con un pretor al frente, más temprano que tarde.

En cambio, si obtenían la supremacía quienes, como César, consideraban que «la República no es ya más que una palabra» y proyectaban hacer de Roma una monarquía, Cleopatra podía especular esperanzadamente con el juego de las alianzas matrimoniales y las dinastías, cuyos hilos manejaba con maestría.

En realidad, sus planes no se limitaban a mantener la autonomía egipcia. Aspiraba a instalar en Roma una dinastía de estirpe tolemaica y solo la derrota sufrida en Actio frustró definitivamente sus ambiciones.

UNA GRIEGA EN EGIPTO
Podría creerse que, por tratarse de una reina de Egipto, Cleopatra fuese de ascendencia semítica o camita. Empero, por sus venas corría la más pura sangre griega, que se remontaba hasta Ptolomeo I Soter, ex lugarteniente de Alejandro Magno y fundador de la dinastía, a través de una larga cadena de matrimonios reales entre hermanos, según la costumbre egipcia.

Por otra parte, su residencia estaba en Alejandría, una de las ciudades más hermosas y brillantes de la Antigüedad.

La mayor parte de su vida transcurrió en el lujosísimo palacio que desde el promontorio de Loquias se reflejaba en las aguas del Mediterráneo, frente al colosal faro de 180 metros de alto, todo de mármol blanco -una de las siete maravillas del mundo antiguo- y junto a la famosa biblioteca que fue durante siglos el centro del saber más importante de Occidente. De allí salió en el año 45 a. C. el astrónomo Sosígenes, contratado por César -a sugerencia de la reina- para establecer el calendario juliano, base del que se utiliza todavía hoy en día.

En un marco deslumbrante como el de Alejandría, de clima tan agradable, Cleopatra nunca experimentó muchos deseos de conocer sus posesiones más tórridas, que se extendían hacia el sur.

De hecho, fue a instancias de César cómo en lujosas embarcaciones remontaron ambos el Nilo hasta la Primera Catarata, en el año 47 a. C.

Poco había de común entre ella, nacida y criada en la refinada atmósfera helenística de Alejandría, y esos humildes subditos de piel oscura y raza diferente que trabajaban con paciencia y resignación la franja fértil entre el río y el desierto, bajo un calor abrasador, como habían hecho y seguirían haciéndolo durante milenios.

Cleopatra tenía piel blanca, como sus antepasados macedónicos, y una cabeza corta de nariz aguileña y prominente subrayaba su estirpe balcánica. La boca, de exquisito dibujo, y sus grandes ojos bajo cejas bien delineadas completaban una fisonomía cuyo interés y encanto eran acaso mayores, en rigor, que su belleza.

EL PODER Y LA GRACIA
El magnetismo de la reina de Egipto no residía tanto en su hermosura como en la gracia espontánea y seductora de su trato, y sobre todo en su voz, dulce, cautivante y persuasiva.

Mujer inteligente y talentosa, era rápida para la respuesta aguda y para el diálogo jocoso.

A diferencia de sus antecesores en el trono, que no hablaban más que el griego, ella podía entenderse, sin necesidad de intérpretes, no solo con sus subditos egipcios, sino con los visitantes y mensajeros etíopes, hebreos, árabes, sirios, medos y partos.

La seriedad y la pasión, con que se entregaba a los asuntos de gobierno no le impedían mostrarse en otros momentos alegre, amiga de las bromas y juguetona como una muchacha. Con Antonio –de parecido temperamento– gustaba de pasear de noche por la ciudad, disfrazados ambos, golpeando las puertas de las casas y escondiéndose cuando los dueños o los criados salían a ver qué ocurría.

No obstante, la historia la hizo a su vez víctima de una terrible jugarreta. Su objetivo de mantener a Egipto como reino independiente, aunque fuese como satélite de una monarquía imperial romana, se cumplió, pero ninguno de sus descendientes ocupó el trono.

Fue Octavio Augusto, su rival implacable, desprovisto tanto del genio militar de César como de los instintos generosos de Antonio, quien ciñó finalmente la corona del milenario reino del Nilo y la transmitió a sus sucesores. Todos los emperadores romanos fueron aclamados, en efecto, «reyes de Egipto».

Cleopatra no quiso presenciar esa humillación: el 29 de agosto del año 30 a. C. se hizo morder por un áspid para morir «con la majestad que convenía -como se dijo ante su cadáver aún tibio- a la descendiente de tantos reyes», y también por el significado que esa muerte podía tener frente a los ojos de sus subditos, puesto que una antigua creencia sostenía que la serpiente era el ministro de Amón-Ra, es decir, el dios – sol de la religión egipcia.

Su imagen característica, que la historia recogiera es la que ofreció aquel día del año 48 ante los ojos atónitos de César, cuando la vio salir riendo de un rollo de mantas dentro del cual había atravesado las líneas del ejército de su hermano Ptolomeo, que competía con ella por la corona, para presentarse al futuro dueño del mundo.

Culminó ese acto de osadía y alta política, como tantos otros de su vida, con el gesto pícaro y la expresión risueña de una colegiala. En esa mezcla de tenaz ambición y juvenil frescura residió la verdadera seducción de Cleopatra.

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Amores Trágicos: Marco Antonio y Cleopatra

Amores Trágicos: Cleopatra y Antonio

Cleopatra gobernó con su padre durante un corto período de tiempo, hasta que éste murió en el año 51 a.C. Para conservar el poder, y siguiendo la tradición familiar, se casó con su hermano Ptolomeo XIV (de 12 años).

Los ptolomeos no podían casarse con alguien de rango inferior, y es por ello por lo que se unían entre hermanos.

amor tragico de cleopatra y antonioCon tan sólo 18 años, Cleopatra quería reinar sola, pues consideraba que su hermano era demasiado joven para gobernar Egipto.

Aunque se encontraba con el problema de que muchos funcionarios y nobles apoyaban a su hermano. Además, el general Pompeyo, poderoso aliado de su padre, planeaba anexionar Egipto al Imperio Romano.

Tendría que superar muchos obstáculos.

Desde niña estudió muchísimo (literatura, aritmética y geometría, astronomía, medicina) y aprendió varios idiomas, como el egipcio (su familia sólo hablaba griego), lo que le sirvió de mucho a la hora de gobernar Egipto. Para ello, intentó ganarse el favor de los cortesanos poderosos.

Rindió culto a los dioses egipcios proclamándose “hija del dios sol”, y entregó generosos regalos a los templos más importantes, ganándose el apoyo de los sacerdotes.

Asimismo se interesó por la política internacional, sobre todo para evitar conflictos con Roma, y por la economía, facilitando las exportaciones necesarias para el bienestar de su país.

En el año 40 a. de C., con la ayuda de Julio César, destituyó a su hermano-esposo, con quien compartía el trono.

Los matrimonios entre hermanos en el Antiguo Egipto eran costumbre en las castas reales pues procuraban mantener el poder encerrado en los clanes familiares.  Cleopatra, luego de quedar como exclusiva soberana, se convirtió en la amante de Julio César.

Lo siguió a Roma y tuvo un hijo con él: Cesáreo.  Después de que julio César fuera asesinado en el 44 a. de C., Cleopatra huyó de Roma.

Ganó entonces los afectos de Marco Antonio y con él regresó triunfante a Egipto en el 42 a. de C. En el 36 se casaron.

Esto enfureció a Octavio,(pues Antonio había rechazado a su hermana) que entonces regía los destinos de Roma y decidió destruirlos.

En el año 31 una flota conjunta de Antonio y Cleopatra fue totalmente aplastada por las fuerzas de Octavio.

La pareja huyó a Alejandría, donde Antonio se mató y Cleopatra se hizo morder por un áspid, una serpiente venenosa de Egipto de cuello extensible.  Una vez más el destino trágico de los amantes famosos.

Se cuentan cientos de historias sobre Cleopatra como aquella en la que durante una fastuosa cena que ofrecía a Marco Antonio, éste se expresó asombrado de la maravillosa presentación.

Cleopatra, decidida a impresionarlo aún más, tomó una perla y la disolvió en una copa de vino, lo que incremento el desconcierto del conquistador ahora conquistado.

El país quedó bajo el gobierno de Roma, lo que supuso el fin de la civilización egipcia. Octavio se proclamó nuevo faraón y ordenó la destrucción de muchos monumentos egipcios y documentos oficiales.

Alejandría continuó siendo un gran centro cultural y comercial, pero la prosperidad de Egipto fue decayendo.

Blaise Pascal (1623-1662), el científico y filósofo francés, escribió en su obra Pensées, que si la nariz de Cleopatra hubiese sido más corta, la historia del mundo habría cambiado, con alusión a que su belleza y encanto no hubiesen sido los mismos frente a julio César y Marco Antonio.

PARA SABER MAS…

Marco Antonio (Roma, 82 a. C. – Alejandría, 30 a. C.)

Nació en el seno de una de las familias más ilustres –la gens Antonia- su madre estaba emparentada con Julio César, quien siempre sintió especial cariño por él.

Su carrera militar comienza en la campaña de Palestina y Egipto – 58 a 56 a.C. – como oficial de caballería.

Acompaña a César en la conquista de la Galia, donde es uno los generales de confianza.

Al iniciarse la guerra civil entre César y Pompeyo Magno, aquél le nombra su comandante en Italia. Tras la victoria, ocupa diversos cargos políticos. El fatídico año 44 a.C. él y su protector son nombrados cónsules.

Era fuerte, jovial, apuesto, mujeriego y bebedor.

En la batalla, arrojado en extremo; amaba a la tropa y los legionarios lo adoraban.

Cuentan que César no tenía en gran estima sus dotes de estratega, mas contaba entre sus generales más distinguidos por su valentía, don de mando y fidelidad, que resistió todas las pruebas

Estaba presente en el Senado en el momento que César accede por última vez.

La primera maniobra de los conjurados consiste en distraerlo, apartándolo de la víctima, seguros de que acudiría en su defensa.

¿Influyo en su posterior trayectoria no haber podido ayudar a su protector? No hemos encontrado testimonio histórico en cualquier sentido.

El romance con mas detalles!

Las relaciones transcurrieron durante trece años, desde el año 42 hasta el 30 a.C. en que se suicida Antonio.

Aceptan, sin exageración, el calificativo de tempestuosas, alternando largos periodos de total entrega con otros de separación física.

Ambos enamorados nunca abandonaron del todo sus respectivas responsabilidades políticas.

En este sentido, la situación era muy desigual; el romano contaba con un poderoso ejército, pero, además de mantener la hegemonía en Oriente, tenia que atender al flanco interior; por el contrario, la egipcia, sin huestes que poder enfrentar a las legiones de uno u otro triunviro, para mantener su corona solo tenia las armas de la astucia y seducción personal.

Estando Marco Antonio en Tarso, importante ciudad de Cilicia, en Asia Menor, convocó a Cleopatra para un encuentro personal.

Ella, que ya no contaba con validos en Roma, para deslumbrar al nuevo poder, preparó le reunión con todo lujo de detalles: arribó a la cita en un majestuoso barco escoltado por una solemne flotilla ataviada con todo lujo.

El extraordinario atractivo de la reina impresionó a Antonio quien, ganado por su personalidad y encanto, le concedió algunas de sus peticiones: parece que entre ellas eliminar a su propia hermana Arsinoe.

Ambos eran conscientes de que su alianza podía ser de mutuo beneficio: Cleopatra deseaba hacer de Alejandría una nueva Roma y Marco Antonio necesitaba contar con Egipto para controlar el Imperio Romano.

Se despidieron concertando una nueva entrevista

La cita tuvo lugar en el invierno del año 41 a.C. El romano pasó toda la estación olvidando sus responsabilidades, malgastando el tiempo en todo tipo de derroches y ociosidades.

Mientras, en Roma, Octavio sentaba las bases para la inminente pugna contra Marco Antonio, desacreditándolo ante el Senado y acusándolo de dedicarse a pasar los días de bacanal en bacanal con su «furcia «egipcia.

monedas romanasEn la primavera del año 40 a.C. y muy a su pesar, Antonio hubo de abandonar Alejandría y embarcarse hacia Tiro, desde donde sofocó una nueva revuelta parta.

Luego marchó a Éfeso y desde allí a Atenas, donde se encontró con su esposa Fulvia, dispuesta a no perdonar su abandono y entrega a Cleopatra. Reunidas naves y tropas, Marco Antonio fue a Italia para enfrentarse contra Octavio.

Mas, en lugar de combatir, los rivales optan por negociar, consolidando las zonas de influencia del triunvirato en vigor legal.

Aprovechando que Antonio había enviudado de Fulvia, el acuerdo es sellado mediante el matrimonio con Octavia, la hermana de su rival. Por aquel entonces -otoño del 40 a.C.- Cleopatra daba a luz los gemelos Alejandro Helios y Cleopatra Selene, hijos de su compañero romano.

Los tres años siguientes, suministran escasa información sobre Cleopatra, con supuesto enfado por la boda de Marco Antonio.

Éste, atiende en Roma sus obligaciones: prepara una campaña para rechazar a los partos y reorganiza algunos territorios como Judea. En el año 36 a.C. parte a la guerra de Oriente, que en los primeros combates se muestra desfavorable a las legiones.

No es de extrañar que, desalentado, decide reposar en compañía de Cleopatra, con la que se reúne en Antioquia, pasan luego a Alejandría donde se casan.

La derrota, seguida del aparente abandono del teatro de operaciones; la boda pública, en realidad bigamia pues ya estaba casado con una romana; el cambio de aspecto y costumbres, cada vez más orientales, son pretextos que aprovecha con éxito Octavio para ahondar el descrédito de su rival.

Nace un tercer hijo y Cleopatra es acusada de embrujar a Antonio, quien termina siendo declarado “enemigo de la República”

Mientras, la situación en la frontera parta sigue deteriorándose.

En el 34 a.C., se hace imprescindible una nueva intervención militar; esta vez la fortuna sonríe a Marco Antonio, quien, en lugar de ir a explotarla a Roma, retorna a los brazos de Cleopatra, quien organiza en su honor un ostentoso simulacro del “triunfo” (desfile de entrada en Roma del general vencedor, que era aclamado por el pueblo) romano.

La pareja continúa su fastuosa vida oriental, ajenos al entorno, cada vez más hostil.

Un dicho popular afirma “el diablo, cuando quiere perder a alguien, primero lo envanece”.

Esta es la única explicación a que, con su demostrada sabiduría y experiencia, cometiesen el error que Roma jamás ¡jamás! podía tolerar: reparten el territorio bajo su control entre Cleopatra, Cesarión – el hijo de César- y los hijos que había tenido con Cleopatra, entre ellos, Ptolomeo Filadelfo, de tan sólo 2 años.

La guerra es inevitable, una guerra “a la romana”, esto es: total sometimiento del enemigo, cuando no, su exterminio.

mapa de roma antiguaTras algunas escaramuzas, el ejército combinado de Cleopatra y Antonio es bloqueado en Actium (Grecia). Para romper el cerco, deciden plantear una batalla naval, que se adivina decisiva.

El 2 de Septiembre del 31 a.C. tiene lugar el enfrentamiento de la flota combinada, mandada por el propio Antonio y con la presencia de Cleopatra, contra la romana comandada por el prestigioso almirante Agripa.

En pleno fragor del combate, por razones aún no aclaradas, Cleopatra ordena a los 60 barcos de la flota egipcia que sigan a su bajel abandonando la lucha.

Al ver esta maniobra, Antonio, desentendiéndose de la batalla, ordena a su trirreme dar alcance a la reina fugitiva.

La derrota fue total, perdiendo más de la mitad de las naves y la defección de gran parte de las legiones acuarteladas en tierra. Cuentan las crónicas que el general pasó “tres días, sentado en la proa, sin moverse y con la cabeza entre los brazos”.

Cleopatra puso rumbo a Alejandría. Ante el temor de que sus súbditos reaccionasen a la derrota de manera negativa, la reina no dudó en engalanar las naves al arribar al puerto, convirtiendo así el estrepitoso fracaso en una fingida victoria.

Por su parte, Marco Antonio, marcho a Cirenaica, donde había dejado tropas acantonadas, con las que pretendía hacer frente a la previsible ofensiva final de su rival, pero le retiraron su fidelidad, pasando de bando en masa. Abandonado, regresa a Alejandría, donde se sume en una profunda depresión.

Octavio, tras superar una resistencia testimonial, entraron en la ciudad en agosto del año 30 a.C. Marco Antonio, aislado, recibe la falsa noticia de la muerte de Cleopatra; desesperado, se clavó su propia espada. No murió de inmediato, sus sirvientes le trasladaron al mausoleo donde ella se había encerrado. Allí expira, en los brazos de su amada.

Aunque algunos de sus ex-generales solicitaron de Octavio el honor de enterrarlo, Cleopatra recibió del vencedor esta última distinción.

Epílogo

Tras sepultar a Antonio, Cleopatra decide morir. Las heridas que se hizo en el pecho, llorando ante el cuerpo del amante moribundo, se habían infectado.

La fiebre y la privación voluntara de alimentos la estaban consumiendo. Octavio – quien no podía consentir que la reina muriera, tenía que desfilar en su “triunfo”- la amenazó con la muerte de sus hijos si persistía en su actitud, Cleopatra cedió y volvió a alimentarse.

Octavio quiso asegurarse del cambio de actitud y la visitó en persona.

La entrevista ha inspirado la leyenda más conocida sobre la reina del Nilo; intenta repetir la maniobra que tanto éxito había tenido en el pasado: seducir a Octavio. Pero el victorioso general no se dejó impresionar por la reina, al parecer concentra su rechazo en la nariz, demasiado grande a su gusto:

Si la nariz de Cleopatra hubiese sido más corta, la historia del mundo habría cambiado”

Vuelta al mausoleo, los espías le informan que marcharía, junto a sus hijos, hacia Roma dentro de tres días.

Era el fin, negándose a la humillación de caminar prisionera en el “triunfo” de Octavio, elige la única salida posible: Se hizo bañar, maquillar y vestir como reina por sus dos fieles servidoras, Iras y Carmión.

A continuación envió una carta a Octavio en la que pedía que su cuerpo fuese sepultado junto al de Antonio.

Cuando Octavio abrió la carta, sospechó que la reina iba a quitarse la vida. Con urgencia, envió emisarios para evitarlo, pero ya era demasiado tarde. Los esbirros abrieron las puertas y…

Vieron ya a Cleopatra muerta en un lecho de oro, regiamente adornada. De las dos siervas, la que se llamaba Iras, estaba muerta a sus pies, y Carmión, ya vacilante y torpe, le estaba poniendo bien la diadema que tenía en la cabeza. Díjole uno con enfado: «Bellamente, Carmión», y ella respondió: «Bellísimamente, y como convenía a quien era de tantos reyes descendientes», y sin hablar más palabras, cayó también muerta junto al lecho. (Plutarco)

Encontraron dos tenues punzadas en un brazo de la fallecida reina, lo que hizo pensar que se había dejado morder por un áspid.

Alguien dijo que un campesino había traído una cesta llena de higos en la que se ocultaba el reptil.

Era el 12 de agosto del año 30 a. de C. La reina había vivido 39 intensos años.

Octavio continúa la cruel eliminación de los hijos “romanos” de sus antecesores, que podrían ser obstáculos en su camino: El primogénito de Marco Antonio y Fulvia ya había sido asesinado en Alejandría, le sigue Cesarión, quien podría pretenderse heredero de Julio César.

Otros hijos de Cleopatra, Alejandro Helios y Ptolomeo Filadelfo por el momento corrieron mejor suerte: fueron enviados a Roma bajo el cuidado de Octavia, aunque mas adelante desaparecieron en circunstancias misteriosas. Se dijo que fueron asesinados por Herodes.

La única sobreviviente fue Cleopatra Selene a quien casaron con Juba II de Mauritania.

José Andrés Martínez

Collado Villalba, verano 2005

Biografía de Cleopatra Reina de Egipto: Historia de su Amores

Biografía de Cleopatra Reina de Egipto

Entre las mujeres famosas de la historia, Cleopatra ocupa un lugar destacado. Aunque parezca mentira, por las venas de Cleopatra no corría ni una gota de sangre egipcia.

La última reina de Egipto era descendiente de Ptolomeo Lagos, el general de Alejandro Magno que fundó la dinastía Lágida -o Ptolomea- de Egipto, la más duradera de su milenaria historia.

En el 69 a.C, cuando nació Cleopatra VII, hacía más de dos siglos que su familia reinaba en Alejandría.

BREVE FICHA BIOGRAFICA

• Nació en Alejandría (capital del antiguo Egipto) en el año 69 a.C.

• Tras la muerte de su padre, Tolomeo XII, rey de Egipto, heredó el trono junto a su hermano Tolomeo XIII de Egipto. Cleopatra tenía entonces diecisiete años y su hermano, doce.

• Intentó adueñarse del poder, pero los consejeros de su hermano la obligaron a exiliarse en Siria.

• En el año 47 a.C. Julio César, el gobernante de Roma, llegó a Alejandría y la ayudó a recuperar el trono. Tolomeo XIII fue asesinado y Julio César proclamó a Cleopatra Reina de Egipto.

• Se trasladó a Roma, donde vivió junto a Julio César, con quien tuvo un hijo, Cesarión.

• Luego de morir César, enamoró a su sucesor, Marco Antonio, y juntos se trasladaron a Egipto, donde más tarde fueron padres de mellizos.

• En el 36 a.C. se casó con Marco Antonio y nació su cuarto hijo.

• En el año 31 a.C. Octavio, emperador de Roma, le declaró la guerra a Egipto y atacó Alejandría. Las tropas de Marco Antonio se unieron al invasor y abandonaron a su general, que se refugió en el mausoleo de Cleopatra, donde murió.

• Ella fue hecha prisionera de Roma, pero antes de ser humillada eligió
suicidarse, dejándose morder por una cobra.

Cleopatra no sólo despertó la admiración de quienes la rodearon, sino que además cautivó a escritores y cineastas de todas las épocas. Inspirados en ella varios autores
recrearon algunos momentos de su vida en obras de teatro como «Antonio y Cleopatra», de William Shakespeare; «Todo por el amor», de John Dryden y «César y Cleopatra», de George Bernard Shaw. También numerosas actrices la interpretaron en el cine: entre ellas se destacó la británica Elizabeth Taylor, en 1963.

BIOGRAFIA DE CLEOPATRA

Atractiva y talentosa, Cleopatra fue también una hábil política que -como se estilaba en aquellas épocas-vinculó estrechamente sus amores con las razones de Estado.

No fue un desengaño sentimental lo que la llevó al suicidio, sino la derrota de Marco Antonio a manos del futuro emperador Augusto, que frustraba su aspiración de preservar a Egipto independiente.

Biografia de Cleopatra Reina de Egipto Sus Amores Historia MuerteLA HEREDERA DE LOS PTOLOMEOS Debido a sus orígenes familiares, Cleopatra VII, comúnmente llamada Cleopatra, no era realmente egipcia, ya que pertenecía a una dinastía de origen griego, los Lágidas, fundada por Tolomeo, hijo de Lagos, y por uno de los generales de Alejandro, que se dividieron el imperio del conquistador tras su muerte en 323 a.C.

Por su bisabuela, la primera Cleopatra, también tenía sangre persa y bactriana.

Cuando nació, Egipto ya se encontraba bajo la influencia de Roma.

Su padre, Tolomeo XII, apodado Auletes fue expulsado por un levantamiento de los alejandrinos en 58 a.C., pero tres años más tarde fue restablecido en el trono gracias al procónsul de Siria, Aulo Gabinio, y contrajo deudas colosales con varios romanos adinerados.

A su muerte en 51 a.C., Cleopatra accedió al trono a la edad de 18 años y desposó a su hermano Tolomeo XIII, ocho años menor, con el que debió compartir el poder, como lo estipulaba el testamento de su padre.

Sin embargo, los conflictos entre la joven reina y el círculo de su hermano no se hicieron esperar.

Cleopatra trató entonces de asegurarse el apoyo de Roma y tomó partido por Pompeyo durante la guerra que enfrentó por entonces a éste contra César.

Esta elección se explica por sí sola, ya que, otrora, Pompeyo había ayudado a Tolomeo Auletes. El papel preponderante que desempeñó Cleopatra en la conducción de la política exterior no contribuyó a mejorar las relaciones con los partidarios de su hermano, que la acusaban de conspirar contra él.

La reina debió emprender la huida a fin de reunir un ejército. Pompeyo, que había sido derrotado en Farsalia (48 a.C.), apareció de improviso en medio de estas delicadas circunstancias, para reunirse con su aliado y recuperar sus fuerzas.

Sin embargo, Tolomeo XIII siguió la opinión de sus consejeros y decidió eliminarlo para congraciarse con César: Pompeyo fue asesinado ante los ojos de su esposa.

EL PODER DE SEDUCCIÓN DE LA REINA: Como se dijo antes,la lucha por el trono de Egipto volvió a repetirse tras la muerte del padre de Cleopatra (51 a.C.), Ptolomeo XII. De un lado, estaban los partidarios de Ptolomeo XIII, su hermano de 10 años. Del otro, ella que, con 17 años, era regente.

Sin embargo, los acontecimientos de la guerra civil romana, provocada por el enfrentamiento entre César y Pompeyo, se mezclaron en la pugna dinástica. En ese momento de la historia, Cleopatra mostró su talla de reina. Supo combinar la impericia de sus enemigos con su audacia para salir victoriosa en la lucha por el trono de Alejandría. Derrotado en Farsalia (48 a.C.), Pompeyo acudió a Egipto a buscar el auxilio de sus aliados. Pero Potino, ministro de Ptolomeo XIII, lo mandó asesinar para atraer de este modo las simpatías de César para su causa. El cálculo resultó erróneo porque César era magnánimo con sus enemigos y porque Pompeyo había sido marido de su hija Julia.

Los primeros años del reinado de Cleopatra, que llegó al trono a los 18 años, fueron difíciles. Las cosechas fueron perjudicadas por las inundaciones del Nilo y hubo conflictos con Siria. Luego Julio César llegó a Egipto y Cleopatra se fue a Roma.

A su regreso, volvió a encontrarse con serios problemas: el trono había sido usurpado por un falso Ptolomeo XIII, había crisis económica y epidemias. La reina tomó medidas drásticas.

Distribuyó los granos que guardaba el Estado entre el pueblo, reconstruyó la armada, impulsó la libertad de comercio y reintegró a Egipto a la economía internacional. El reino se recuperó.

Entonces, Cleopatra entró en la leyenda. Envuelta en una alfombra, según la tradición, se infiltró clandestinamente en los aposentos de César para poder exponerle sus demandas.

Durante el encuentro, la reina consiguió seducir al general romano: el escritor griego Plutarco asegura que esa misma noche durmieron juntos. Pese a ello, César intentó aproximar las dos facciones. Pero, poco después, los partidarios de Ptolomeo XIII iniciaron una guerra en la que César y Cleopatra resultarían victoriosos.

LA HOSTILIDAD ROMANA: Para sellar su alianza política y sentimental, César y Cleopatra emprendieron un fastuoso crucero por el Nilo que utilizaron para demostrar su poder por todo Egipto. Poco después, Cleopatra daba a luz a Ptolomeo César, hijo de Julio y más conocido como Cesarión.

Después de vencer a Farnaces, el rey del Ponto, en una campaña que por su facilidad provocó la frase «vini, vidi, vid» («vine, vi y vencí»), César regresó a Roma, desde donde reclamó la presencia de Cleopatra a su lado.

La triunfadora de Egipto, acompañada de Cesarión y su nuevo hermano-marido, Ptolomeo XIV, de 3 años, ofreció a los romanos la imagen de una joven soberana rebosante de poder, riquezas y orgullo.

Pero en Roma se inició la «leyenda negra» de Cleopatra. Como se creía que César y Cleopatra serían reyes de Roma, los patricios –la clase alta– encendieron el odio contra ella. Cicerón, el gran orador, fue especialmente rencoroso.

En su correspondencia, se refería a Cleopatra como la «Serpiente del Nilo» y como un peligro para la República romana. Todo el mal procede de Alejandría», aseguraba.

Cuando César erigió una estatua irücada a Cleopatra-Venus, Roma relacionó las ansias monárquicas de César con su influencia.

Los romanos no estaban dispuestos a rendir pleitesía a la reina de un Estado al consideraban vasallo. El asesinato de César en el Senado (44 a.C.) marcó el final de esta campaña de desprestigio hacia Cleopatra.

MARCO ANTONIO PRENDADO POR CLEOPATRA: La reacción de Cleopatra ante el asesinato no se hizo esperar. Había perdido a su aliado en Roma y decidió volver a Alejandría. Una vez allí, para evitar nuevos conflictos dinásticos, mandó ejecutar a Ptolomeo XIV. Esta vez, su hijo Cesarión, de sólo tres años, accedió al trono al lado de Cleopatra como Ptolomeo XV. Sería el último Ptolomeo Lágida.

A la muerte de César se entabló una nueva guerra civil. De un lado, se encontraban los republicanos, asesinos de César -encabezados por Casio y Bruto-, y en el otro los partidarios del general -Marco Antonio, Lépido y Octavio.

Además, en este campo se estaba labrando una carrera por el poder entre el veterano Marco Antonio, designado como cónsul, y el hijo adoptivo y sobrino nieto del fallecido y heredero legal de César, Octavio.

Derrotados los partidarios de Casio y Bruto, Marco Antonio inició un viaje por Oriente que lo llevaría a conocer a Cleopatra.

El encuentro fue en la dudad Siria de Tarso. Marco Antonio, que aspiraba a vencer a los partos, dueños de un imperio, establecido en el 250 a.C., y rivales de Roma en la lucha por Armenia y la Mesopotamia mandó llamar a Cleopatra para saber si podía contar con su apoyo.

La entrada de Cleopatra en una suntuosa y lujosa nave y los agasajos que le ofreció -entre ellos un banquete que habría durado cuatro días- conquistaron la voluntad del romano. Ella tenía 28 años y él, 42.

El romance floreció inevitablemente.

De aquel primer contacto, Cleopatra consiguió la condena a muerte para su hermana Arsinoe quien, incluso presa en Roma por su alianza con Ptolomeo XIII, le había creado situaciones comprometidas en el reino.

Marco Antonio abandonó a su esposa Fulvia y ganó, a cambio, una aliada que le permitiría ser el hombre más poderoso entre sus contemporáneos durante una década.

El segundo encuentro se produjo en Alejandría, donde Marco Antonio pasó un año disfrutando de los placeres y privilegios que le gustaban y que le ofrecía la ciudad helenística: gimnasios, conferencias, banquetes, fiestas, juergas, santuarios… Plutarco asegura que fue finalmente la propia Cleopatra quien lo arrancó de la indolencia de esta «vida inimitable» o «amimétobien» -como ellos mismos llamaban a su grupo, que llevaba una vida desenfrenada-.

Pero, mientras Cleopatra daba a luz a los gemelos Cleopatra Selene (luna) y Alejandro Helios (sol), hijos de Marco Antonio, éste se iba a Grecia a negociar con Octavio, su rival. El motivo: Fulvia, la abandonada esposa, había promovido una rebelión contra Octavio.

Los dos gobernantes pactarían en la ciudad de Brindisi una nueva paz junto a Lépido a fines del 40 a.C. y se repartirían las zonas de influencia.

El Oriente correspondió a Marco Antonio, Occidente a Octavio y África a Lépido. Viudo de Fulvia, Marco Antonio se casó con Octavia, hermana de su oponente, con la que también tendría descendencia.

MARCO ANTONIO CLEOPATRA EL IMPERIO LÁGIDA: Después que la intervención de Octavia calmó las tensiones entre su marido y su hermano, en el verano de 37 a.C, Marco Antonio partió inesperadamente hacia Antioquía, en Siria, donde se volvió a reunir con Cleopatra.

¿Fue amor o la necesidad, más perentoria para su prestigio, de iniciar una campaña contra los amenazantes partos que ocupaban parte del Asia romana lo que llevó al reencuentro?.

Sea lo que fuere, lo primero que hizo la pareja fue casarse, según el ritual egipcio que, al contrario del romano, permitía la poligamia.

Esposa del dueño de Oriente, Cleopatra empezó a mostrar sus ambiciones.

Marco Antonio le dio el reino de Calcis, la costa siria, Chipre y territorios de Cilicia, Creta y Judea La guerra con los partos ocupó las vidas de los nuevos esposos durante los dos años siguientes.

Asistido por su esposa durante la campaña, Marco Antonio cedió públicamente las nuevas conquistas a sus hijos -mientras estuvo en el frente nació el tercer hijo de la pareja, Ptolomeo Filadelfo- a los que dió los títulos de reyes. Egipto recuperaba así el esplendor de los primeros lágidas.

En Roma, un Octavio temeroso del poder de Marco Antonio, empezó a desprestigiarlos, máxime cuando éste cambió a su hermana por Cleopatra. Enardeció al Senado con la lectura del testamento de Marco Antonio en el que legaba territorios romanos a los reyes de Egipto.

La guerra, que se hizo inevitable, terminó con los sueños imperiales de Cleopatra y consolidó los ¿e Octavio en la batalla naval de Accio (31 a.C.), frente a las costas griegas y ganada por Roma. Tiempo después, todo terminaría: Marco Antonio y se suicidaron.

Una batalla que cambió el mundo: En la época romana hay dos batallas que estuvieron a punto de cambiar la historia.

Una fue Cannas (216 a.C), donde los romanos enfrentaron al general cartaginés Aníbal; la otra, ocurrió frente a las costas de Accio (31 a.C.), y fue contra Cleopatra y Marco Antonio.

A pesar de que la primera se libró a las puertas de Roma, el enfrentamiento naval fue descripto por los historiadores romanos como la batalla donde se decidía la «suerte del mundo». El triunfo de Octavio dio origen del imperio más duradero de la Antigüedad -cuatro siglos- y a la consolidación del Mediterráneo como el «Mare Nostrum» romano.

EL PODER DE SEDUCCIÓN:
HAN PASADO MÁS DE 20 SIGLOS desde que la reina del Nilo decidió terminar con su vida, pero su poder de fascinación permanece intacto entre los que la consideran el paradigma por excelencia de «la mujer fatal».

¿Tanta era la belleza de Cleopatra? ¿Era tan arrebatador su atractivo como para que los hombres más poderosos de su tiempo quedaran subyugados? Los avatares de su vida, el exotismo que rodea a su figura, los amores contrariados que pautaron su biografía fueron los ingredientes que utilizaron los guionistas de Hollywood para agrandar su figura.

Actrices de gran belleza, como Liz Taylor, Sophia Loren o Vivien Leigh, redondearon la leyenda. El mito de Cleopatra se constituía como verdad casi irrebatible.

Sin embargo, hasta el propio Plutarco, escritor romano, riguroso biógrafo de vidas paralelas que se pierden en el tiempo, puso las cosas en su lugar al señalar la verdadera esencia del encanto de la reina egipcia: «Su belleza no era tal que deslumbrase o que dejase parados a los que la veían; pero su trato tenía un atractivo inevitable, y su figura, ayudada de su labia y de una gracia inherente a su conversación, parecía que dejaba clavado un aguijón en el ánimo».

Según la descripción del autor clásico, la proverbial belleza de Cleopatra no habría residido tanto en su físico como en su carácter. Más aún, en 2001 hubo una polémica entre expertos británicos y egipcios luego que los primeros aseguraron que Cleopatra fue petisa, fea y gorda…

Pero para entonces, otras mujeres habían esgrimido sus encantos para alcanzar sus fines. Por ejemplo, Mata Hari, la seductora bailarina y espía, que durante la Primera Guerra Mundial se ganó la confianza de los poderosos y que fue fusilada por ello. Pero el mito de una Cleopatra bella y seductora permanece más allá de las últimas suposiciones realizadas en Londres.

Fuente Consultada: Hombres y Mujeres Que Cambiaron al Mundo Cuadernillo N°. 12 – Biografías Imprescindibles

grandes amantes