Civilizaciones de América

Tikal la ciudad sagrada maya Patrimonio Humanidad de Guatemala

Tikal la Ciudad Sagrada Maya
Patrimonio Humanidad de Guatemala

En la ciudad maya de Tikal, la Gran Plaza, que dominaba la selva guatemalteca, era una de las más imponentes, y tenía unos 9.000 m2 de pavimento. Como otros grandes centros mayas del período clásico, era tanto una ciudad densamente poblada como un centro religioso ceremonial para las aldeas y poblaciones circundantes. 

Tikal es el complejo-ciudad maya más famoso y es sede de la pirámide más alta: el Templo IV de la Serpiente Bicéfala con más 65 metros de altura. Este templo es superado solo por «La Danta», al norte de Guatemala en El Mirador (aún bajo trabajos de excavación).

Tikal la ciudad sagrada maya Patrimonio Humanidad de Guatemala
Tikal es la más grande de las antiguas ciudades de los mayas.
Está situada en la región de El Petén, en Guatemala.
Templo de la Serpiente Bicéfala

Es la ciudad antigua más grande descubierta hasta ahora en el Hemisferio Occidental. Predominan sus muchos templos y santuarios, donde se realizaban los cultos de la religión que dominaba la vida maya hasta un extremo difícil de imaginar. El pueblo vivía en casas de madera, con techo de paja y barro, estrechamente agrupadas en torno de templos y palacios de piedra, donde residían los sacerdotes y nobles.

Los sacerdotes-astrónomos pasaban el tiempo escudriñando el cielo y consultando calendarios y manuscritos —tres de los cuales parcialmente descifrados subsisten todavía— en busca de momentos propicios para obtener el favor divino. Los sacerdotes del culto estelar medían el tiempo con varias unidades cronológicas entrelazadas, comparables a nuestros días, semanas, meses y años.

Los mayas descubrieron por sí mismos todas las bases matemáticas necesarias para las ciencias aplicadas, pero nunca pasaron de ahí.

Se ha inferido que una de las marcas cronológicas de Quiriguá marca el día y el mes de un acontecimiento ocurrido 90 millones de años antes, y otra representa un cálculo de 400 millones de años atrás, tan difícil como calcular la fecha en que cayó la Pascua hace 400 millones de años.

La vida de los mayas se ajustaba rígidamente a las alegrías y tristezas de sus alternativas, ya predestinadas. Algunos dioses regían por un día, un mes, un año o algún tiempo más. Si no eran propicios, deidades más favorables entraban de turno. El sacerdote podía aconsejar a la tribu si era oportuno plantar o vender maíz, o celebrar una boda.

Lo único que se sabe de estas centurias del período clásico es que la paz y la estabilidad que reinaron sugieren que allí imperó un régimen teocrático. Hay indicios, como tronos destruidos y tallas mutiladas, de que el pueblo se rebeló contra los sacerdotes. Pero todavía veneraban a las antiguas deidades.

gran plaza de tikal

 Gran Plaza de Tikal, con sus templos dedicados a los primeros gobernadores.

templo de las mascaras tikal

Templo de las Máscaras, también conocido como Templo de la Luna.

templos tapados de malezas

Muchas de las pirámides están por descubrir, y de algunas sólo emerge el templo que se encuentra en la parte superior, donde los sacerdotes celebraban el ritual. Merece la pena ascender entre los árboles y descubrir el horizonte selvático que rodea el lugar. Algunos templos se encuentran aún cubiertos de maleza y árboles.

Calakmul, la ciudad de los montículos, fue ¡a gran rival de Tikal.
Se halla en una reserva biológica en Campeche, México a 30 Km. de la frontera
con Guatemala

Ampliación: Una ciudad maya revelada
Cuando Tikal fue redescubierta por primera vez había estado en las garras de la selva durante unos novecientos años. Méndez y Tut dejaron el lugar más o menos como lo habían encontrado; y otros visitantes ulteriores, tales como el botánico suizo Gustave Bernouilli en 1877, Alfred Maudslay en 1881 y 1882, y Teobert Maler en 1904, dejaron poca huella en los monumentos cubiertos de vegetación.

No fue sino hasta 1956 cuando el Museo de la Universidad de Pensilvania inició un proyecto de catorce años para excavar y restaurar 16 kilómetros cuadrados de la ciudad.

De hecho, el área real ocupada por Tikal era de 64 kilómetros cuadrados o más. Hasta hace poco se creía que la ciudad era simplemente un vasto centro religioso, pero ahora los estudiosos piensan que se trataba de una metrópoli densamente poblada que abarcaba los diferentes aspectos de una cultura desarrollada. En el apogeo de la ciudad, la población debió ser de unos 50.000 habitantes, que consumían maíz,  calabaza y frijoles.

La clase dominante de Tikal vivía en casas y centros oficiales, denominados ahora «palacios», arracimados en torno a la Gran Plaza central. Eran largos edificios de piedra, a veces de tres pisos, que dominaban unos patios comunicados por escaleras y pasadizos. Vestidos con túnicas tejidas y teñidas, o con simples taparrabos, luciendo en el pelo tocados y joyas de jade, los nobles trabajaban y descansaban en un entorno relativamente lujoso. Las habitaciones estaban enlucidas y pintadas, y tal vez adornadas con una máscara multicolor colgada de la pared. Se utilizaban cortinas, y probablemente pieles de jaguar cubrían el suelo y adornaban los asientos de piedra tallada.

La Gran Plaza y sus templos
Las escenas de mayor colorido y actividad debieron tener lugar en la Gran Plaza y en el mercado público, donde alfarería, tejidos, pieles de animales, hierbas, plumas, hojas de cuchillo hechas de obsidiana, jade, conchas y alimentos se vendían y compraban mediante la moneda constituida por semillas de cacao. La plaza era el núcleo de las grandes concentraciones ceremoniales. Consistía en un área abierta que cubría unos diez mil metros cuadrados, construida en cuatro niveles superpuestos, cuya superficie era alisada mediante yeso blanco, ahora cubierto de hierba, y rodeada de pirámides y otros edificios.

Dominando aún la plaza al este y al oeste, se encuentran respectivamente el Templo del Jaguar Gigante, el más famoso monumento de Tikal, y el Templo de las Máscaras. El primero, llamado así por el relieve de un jaguar en el dintel de la puerta, se eleva a más de 43 metros sobre nueve terrazas superpuestas. En la cima, el templo sustenta una erosionada cresta que antaño representaba la enorme figura de un gobernante sentado, quizá pintada de rojo, crema, verde y azul. De hecho, toda la fachada del templo, como en los demás de Tikal, probablemente relucía de pintura roja, como un faro elevándose muy por encima del silvestre verdor tropical.

Los templos-pirámide fueron la suprema realización arquitectónica de los mayas, que trabajaban sin la ayuda de cuchillos de metal, hachas, ruedas ni bestias de carga. Grupos de trabajadores tenían que arrastrar enormes cantidades de piedras y rocas para la construcción de cada pirámide. Cada nivel se construía elevando unos muros de piedra que formaban entre sí un espacio rectangular, rellenándoselo con piedras, y luego cubriéndoselo de yeso para formar un acabado liso y plano.

Se iniciaba entonces la obra del siguiente nivel. Conforme se elevaba la estructura, los albañiles utilizaban piedra caliza cuidadosamente cortada para las caras exteriores de los muros. Otros calentaban la piedra en hornos para obtener cal con que fabricaban yeso, mortero y estuco, que se extendían sobre el exterior de la pirámide.

Eric Thompson, estudioso de los mayas, pudo admirar el arte de los enlucidores mayas asombrosamente preservado en una pirámide excavada bajo el armazón de otra que había sido construida encima —una práctica maya común—:«Toda la superficie de la pirámide está cubierta de una espesa capa de estuco color crema claro, deslumbrantemente luminosa… Una de las visiones más impresionantes y conmovedoras que jamás he tenido fue esa pirámide, bañada en la luz de la luna llena…»

 El Arte Maya

Fuente Consultada: Enciclopedia de Historia Argentina Fascículo I

Tiahuanaco Ciudad Sagrada de Bolivia Lago Titicaca Cultura Aymará

Tiahuanaco Ciudad Sagrada de Bolivia

BOLIVIA: TIAWANACU ó TIAHUANACO Específicamente entre el 600 y el 1200 a.C. se desarrolló la civilización de Tiahuanaco, considerada el eje principal de irradiación cultural de esta región del mundo. Estos restos monumentales yacen a 22 km. al sur de la ciudad de La Paz y del Lago Titicaca, a 4000 metros de altitud. Era un complejo ceremonial, un santuario construido con una técnica megalítica, refinada y poderosa. Sirvió, según las leyendas, de modelo para los humanos, el Dios Supremo: Viracocha

La actual aldea boliviana y los indígenas que pastan llamas en sus alrededores, no conservan vestigios de la pasada grandeza de la civilización de Tiahuanaco. Pero algo por el estilo podríamos decir de las espléndidas culturas de súmeros o caldeos, que desde la imponente Torre de Babel, quisieron esculpir la necesidad de alcanzar un conocimiento astrológico a través de los pisos de sus zigurat.

Lo mismo cabe decir del esplendor egipcio de los tiempos faraónicos, en comparación con la nación actual y algo similar sucede con la Grecia de hoy respecto de las glorias esplendentes de la era de Pericles o del Partenón. No hallamos casi ni rastros de aquel pasado magnífico de la Edad de Oro Antigua. Sólo apáticos pobladores rondan sus ciudades y muchas de ellas son verdaderos semilleros de guerras, confusión y desorden total.

“El mismo nombre de Tiawanacu es un nombre prestado (…), es un nombre quechua, Tie huanacu. Se recupero este nombre hacia principios de la época colonial. El nombre original de esta área es Taypikala, taypi, centro kala, piedra, la piedra del centro, la piedra del medio. Pero (…) a partir de la colonia que se utiliza ese nombre.

Tiawanacu ha sido importante, no solamente para esta área del altiplano: su importancia también va a radicar en la influencia que ha tenido en el desarrollo cultural prehispánico en gran parte de América. Tiawanacu tiene una vigencia de casi tres milenios donde ha habido el fomento de una gran industria en cuanto a la lítica, en cuanto a la cerámica, la producción de la papa. Hoy en día contamos con más de 400 vaciedades de papa producto, justamente, de Tiawanacu.

Hay tres fases que entender en la historia de Tiawanacu, tres grandes períodos: la primera es el período aldeano que se inicia aproximadamente hacia el año 1500, 1600 a.C. Este período aldeano va a perdurar hasta principios de nuestra era cuando, gracias a la consolidación del territorio, el aumento de la población, la diversificación en la producción, los nuevos sistemas agrícolas que se van realizando en Tiawanacu, el intercambio de productos, y los excedentes, entre otros, Tiawanacu se transforma en un estado (…) de carácter teocrático, con un predominio religioso.

Se ve la representación de estos grandes dignatarios en estas estelas (lo que llamamos monolitos), donde se ven una especie de reyes-sacerdotes, que llevan el “kero”, el vaso sagrado, el vaso ceremonial, y el báculo, el bastón de mando, como una representación de reyes-sacerdotes.

La época de esplendor de Tiawanacu, la época clásica de Tiawanacu es a principios de nuestra era, aproximadamente desde el año 50 o 60 hasta aproximadamente el año 700. Es la época de las grandes construcciones, donde hay ese predominio religioso.

Más tarde Tiawanacu empieza a sufrir un cambio, se empieza a militarizar. Hay un período donde hasta esas estelas, esos monolitos van cambiando, y aparecen los chachapumas, los chachapondoris (“chacha” es hombre). Los hombres cóndor o los hombres puma ya llevan cabezas trofeo, hachas en la mano: se muestra un cambio y un abandono en los templos de Tiawanacu.

Se va formando una casta más de carácter militarista, expansionista. Tiawanacu va a abrir sus fronteras, en gran parte de América del Sur, va a penetrar todo el norte de la Argentina, norte de Chile, gran parte del Perú.”

LA ARQUITECTURA: Las ruinas de Tiahuanaco ponen de manifiesto la maestría de sus arquitectos originales. Los monumentos y los templos fueron diseñados con trazo sencillo y majestuoso y la inclinación de los muros calculada al milímetro. Contaban todos co redes de aguas, tanto de superficie como subterráneas, y la propia ciudad poseía un gran red central. La orientación estelar de edificios es absolutamente precisa, lo cual resulta aún más notable dadas sus enormes dimensiones.

Entre las construcciones más destacadas se encuentra la Kalasasaya, o Templo de las Piedras Paradas, de dos hectáreas de extensión, que registra el paso del sol durante los 365 días del año. Asimismo, destaca laKantayita, o templo de la Luz del Amanecer, decorada con ricos repujados que en su día estuvieron cubiertos por completo de oro.

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El «Templo de las Piedras Paradas cubre aproximadamente 2 hectáreas y su estructura está basada en columnas de arenisca y sillares cortados, dispuestos entre estos, sobresalen gárgolas o goteros de desagüe para las aguas pluviales.

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El monumento imponente que en su día la Pirámide de Akapana, de 18 m. de altura y 8.000 m de perímetro, que fue excavada por los conquistadores en busca de tesoros. Los arqueólogos la están desenterrando de nuevo en la actualidad.

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Los arqueólogos calculan que, en su esplendor, la metrópolis aymara llegó a albergar más de 100.000 habitantes. Algunos afirman que cayó en decadencia a causa de un descenso en el nivel del Titicaca. Las investigaciones de Posnanky sugieren un final más traumático.

En el sector sacramental de Puma Punka, el arqueólogo halló enormes bloques de piedra arrumbados en el suelo. Los más grandes pesaban más de cien toneladas y ni siquiera habría podido moverlos un terremoto. Posnansky concluyó que, al igual que el resto de Tiahuanaco, habían sido abandonados ante un cataclismo sin precedentes. Este último sería lo que conocemos como el diluvio universal.

(imagen: Monolito del Fraile)

Las conclusiones de Posniansky han tenido tantos partidarios como críticos. Ya en tiempos de la conquista, los incas atribuían a Tiahuanaco una antigüedad extraordinaria y la memoria de sus pobladores se había fundido con la leyenda de la inundación de Viracocha. Sin embargo, para haber sido arrasada por el diluvio, la ciudad tendría que ser más vieja que Sumeria y Babilonia. De hecho, habría sido el puerto más antiguo del mundo.

Los dioses de la Atlántida: Tiahuanaco y el Titicaca contienen otros indicios inquietantes que respaldan las conjeturas de Posnansky. En los templos de la ciudad se han encontrado dibujos de animales del pleistoceno, extinguidos hace 14.000 años en la última glaciación. En las aguas del lago se han hallado especies de fauna oceánica, cuya presencia a 4.000 m de altura desafía la imaginación. Algunos investigadores señalan que sólo pudo traerlas hasta allí una marejada de escala planetaria, probablemente ocasionada por el final de esa última glaciación.

El misterioso final de Tianuahaco ha llevado también a identificarla con el mítico reino de la Atlántida. En las tradiciones de los aymara, Viracocha y los dioses que lo acompañaron en la fundación de la ciudad se describen como seres venidos del mar, de alta estatura, barba dorada y ojos de color esmeralda.

El monolito más imponente de Tiahuanaco representaba a un hombre con el rostro de Viracocha y el cuerpo cubierto de escamas de la cintura para abajo. Por sus mejillas corren las lágrimas que el dios derramó por la maldad de los hombres. Según reza el mito, estas mismas lágrimas se convirtieron en torrentes y, en un tiempo remoto, inundaron el mundo. Los aymara invadieron el lugar a partir del siglo XII y se produjo el colapso definitivo de la ciudad.

Para llegar al complejo arqueológico de Tiahuanaco lo más recomendable es tomar una plaza en un coche privado en el cementerio de La Paz. Desde el paso de lo frontera con Perú, en Desaguadero, puede tomarse un transporte público y descender en la encrucijada de Tiahuanaco. De allí al complejo hay quince minutos o pie Sin embargo, los temperaturas son bajos durante todo el año a causa de la altitud,, que puede provocar «mal de altura La visita puede tomar fácilmente un da entero. Entre los hitos arqueológicos imprescindibles, están los altorrelieves de a Puerta del Sol y los curiosas puertas corredizas» del Palacio de los Sarcófagos Vale la pena recorrer el «Museo Región de Tiahuanaco», que alberga una amplia colección de piezas halladas en las excavaciones. Para explorar el lago Titicaca, lo más aconsejable es regresar a La Paz y dirigirse desde allí al pueblo de Copacabana.

ALGO MAS SOBRE EL TEMA…
Según Belisario Díaz Romero, destacado investigador boliviano, la palabra Tihuanaco procede de dos voces aymarás: Thia – huañacu, que significan borde o ribera desecada. Esto coincidiría con la tradición que nos cuenta que el lago Titicaca llegaba hasta las llanuras del Tiahuanaco y al retirarse sus aguas, dejaron desecada la región. Otros especialistas no menos veraces nos cuentan que la palabra tiah vendría de una expresión que el Inca May te Kjupaj le habría hecho a un veloz chasqui que le traía un recado: «Tiai, huanacu», lo que significa: «Siéntate, guanaco», aludiendo a ese animal original de los Andes que corre velozmente.

En el libro «Pensamiento político en Bolivia» del escritor Alipio Valencio Vega, se establecen las discrepancias acerca de la edad de Tiahuanaco. Algunos antropólogos le asignaron una antigüedad de 20.000 años a.C, mientras que el investigador A. Posmansky le atribuyó unos 12.000.

La prueba del Carbono 14 determina que los restos analizados de esta civilización no superan los 3000 años a.C. De todas maneras, cualquiera fuera de las tres edades la correcta, lo cierto es que la cultura Tiahuanaco es la más antigua de América y se la atribuye a la cultura colla o aymará. Esta región fue conquistado por los incas del Perú, y a la llegada de los españoles en 1538 ya la cultura incaica había puesto su sello en la región del altiplano.

Lo cierto es que hace mucho tiempo, 600 d.C, Tiahuanaco fue un centro ceremonial al que acudían millares de peregrinos desde todas las regiones.

En la actualidad sólo quedan restos de establecimientos metalúrgicos, calles empedradas, gigantescas estatuas volcadas, monolitos destruidos, bases de pirámides, apenas un poco más pequeñas que la gran pirámide de Gizeh.
Tenía unos 200.000 habitantes, con el desarrollo de un gran comercio, ya que parecía que otro era el clima de esta región en aquellos años.

Este imperio, entre aymará y collantay, se extendía hasta Perú y el Norte Argentino. Cuando se observa la majestad que emana, aún hoy de las ruinas de Tiahuanaco, se llega a la conclusión de que el pueblo que levantó estos monumentos era de una elevada jerarquía cultural al igual que los egipcios constructores de las pirámides o los súmeros que erigieron los zigurat.

Estos magníficos monolitos que desafían el tiempo con su gran contenido de conocimiento astrológico y cosmológico, nos hablan de una civilización con un alto grado de organización. Esta se había elevado desde lo tribal hasta la constitución de una nación-estado con poder para movilizar grandes recursos en las monumentales obras de Tiahuanaco.

Tal vez este pueblo con vocación de ciclope se sintió unido en el esfuerzo por la sacralidad de los monumentos-símbolos que levantaba, tallaba y decoraba. Por otra parte se vio fortalecido por el sistema colectivista de los ayllu, comunidades agrícolas de trabajo de la tierra, válidas casi hasta el día de hoy, sin contar con el sistema comunal de los suyus de la civilización incaica.

Así fue posible para estos pueblos levantar monumentos, caminos, templos, palacios, calzadas, puentes, acequias, terraplenes y monumentos como los de Tiahuanaco o posteriormente los de Tahuantinsuyu. (Fuente: Huellas del Cielo de Norma Palma)

Historia de América Latina
Javier Escalante:Arquitecto y licenciado en Arqueología de la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz, Bolivia. Docente en la carrera de la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz, Bolivia.
Lugares Sagrados de América Juan Tafur

Ver:Período Preincaico Civilizaciones Chavin, Paraca y Mochica

Sonda Voyager Disco de Oro Con Informacion del Planeta y Humanos

Sonda Voyager Disco de Oro
Con Información del Planeta y Humanos

Las dos naves espaciales interestelares Voyager, las máquinas más rápidas que se hayan lanzado nunca desde la Tierra, se están desplazando ahora a una diez milésima parte de la velocidad de la luz.  Necesitarían 40.000 años para situarse a la distancia de la estrella más próxima. ¿Tenemos alguna esperanza de abandonar la Tierra y de atravesar distancias inmensas para llegar aunque sólo sea a Próxima Centauri al cabo de períodos convenientes de tiempo? ¿Podemos hacer algo para aproximarnos a la velocidad de la luz? ¿Estaremos algún día en disposición de ir a velocidad superior a ella?

«…las dos naves espaciales Voyager van camino de las estrellas. Llevan cada una un disco fonográfico de cobre con un cartucho, una aguja y en una cubierta de aluminio del disco instrucciones para su uso. Enviamos algo sobre nuestros genes, algo sobre nuestros cerebros, y algo sobre nuestras bibliotecas a otros seres que podrían estar surcando el mar del espacio interestelar. Pero no quisimos enviar primariamente información científica. Cualquier civilización capaz de interceptar al Voyager en las profundidades del espacio interestelar, con sus transmisores muertos hace mucho tiempo, sabrá mucha más ciencia que nosotros.

Quisimos en cambio decir a todos estos seres algo sobre lo que parece ser exclusivo de nosotros. Los intereses de la corteza cerebral y del sistema límbico están bien representados; el complejo R menos. Aunque los receptores quizás no sepan ninguno de los lenguajes de la Tierra, incluimos saludos en sesenta idiomas humanos, y además saludos de las ballenas yubartas. Enviamos fotografías de hombres de todas las partes del mundo que cuidan de sus semejantes, que aprenden, que fabrican herramientas y arte, y que se enfrentan con problemas.

Hay una hora y media de música exquisita procedente de muchas culturas, música que expresa nuestra sensación de soledad cósmica, nuestro deseo de acabar con nuestro aislamiento, nuestras ansias de entrar en contacto con otros seres del Cosmos. Y hemos enviado grabaciones de los sonidos que se habrían oído en nuestro planeta desde los primeros días, antes del origen de la vida, hasta la evolución de la especie humana y de nuestra más reciente tecnología, en pleno crecimiento. Es, como los sonidos de cualquier ballena yubarta, una especie de canción de amor lanzada a la vastitud de las profundidades. Muchas partes de nuestro mensaje, quizás la mayoría, serán indescifrables. Pero lo hemos enviado porque era importante intentarlo.

De acuerdo con este espíritu incluimos en la nave espacial Voyager los pensamientos y sensaciones de una persona, la actividad eléctrica de su cerebro, corazón, ojos y músculos, que se grabaron durante una hora, se transcribieron en sonido, se comprimieron en el tiempo y se incorporaron al disco. En cierto sentido hemos lanzado al Cosmos una transcripción directa de los pensamientos y sensaciones de un ser humano en el mes de junio del año 1977 en el planeta Tierra.

Quizás los receptores no sacarán nada de él, o pensarán que es una grabación de un pulsar, porque se parece a ella de un modo superficial. 0 quizás una civilización increíblemente más avanzada que nosotros será capaz de descifrar estos pensamientos y sensaciones grabadas y de apreciar nuestros esfuerzos por compartirnos con ellos.

La información de nuestros genes es muy vieja: la edad de gran parte de ella es de millones de años, algunas partes tienen miles de millones de años. En cambio la información de nuestros libros tiene como máximo unos miles de años de edad, y la de nuestros cerebros es de sólo unas décadas. La información de más larga vida no es la información característicamente humana. Debido a la erosión de la Tierra nuestros monumentos y artefactos no sobrevivirán, en el curso natural de los acontecimientos, hasta un futuro distante. Pero el disco Voyager está viajando hacia el exterior del sistema solar.

La erosión en el espacio interestelar debida principalmente a rayos cósmicos y a los impactos de granos de polvo es tan lenta que la información en el disco durará mil millones de años. Los genes, los cerebros y los libros codifican la información de modo distinto y persisten a través del tiempo a un ritmo diferente. Pero la persistencia de la memoria de la especie humana será mucho más larga que los surcos metálicos impresos del disco interestelar Voyager.

El mensaje Voyager se desplaza a una lentitud desesperante. Es el objeto más rápido lanzado nunca por la especie humana, pero tardará decenas de miles de años en recorrer la distancia que nos separa de la estrella más próxima. Cualquier programa de televisión atraviesa en horas la distancia que el Voyager ha cubierto en años. Una transmisión de televisión que acaba de estar ahora mismo en el aire, en unas cuantas horas dará alcance a la nave espacial Voyager en la región de Saturno, y más allá, y continuará su carrera hacia las estrellas. Si va en la correspondiente dirección alcanzará Alpha Centauri en algo más de cuatro años.

Si dentro de unas décadas o de unos siglos alguien en el espacio exterior oye nuestras emisiones de televisión, espero que piense bien de nosotros, porque somos el producto de quince mil millones de años de evolución cósmica, la metamorfosis local de la materia en consciencia. Nuestra inteligencia nos ha dotado recientemente de poderes terribles. No está todavía claro que tengamos la sabiduría necesaria para evitar nuestra propia destrucción. Pero muchos, de nosotros están luchando duro por conseguirlo.

Confiamos que muy pronto, en la perspectiva del tiempo cósmico, habremos unificado pacíficamente nuestro planeta con una organización que respete la vida de todo ser vivo que lo habita, y que esté dispuesta a dar el siguiente gran paso, convertirse en parte de una sociedad galáctica de civilizaciones en comunicación.»…

Fuente: COSMOS de Carl Sagan                                                                                                          PARTE I

Primeros Aviones de Guerra en Argentina

Primeras Civilizaciones Precolombinas Aztecas Mayas Incas Evolucion

PRIMERAS Y GRANDES CIVILIZACIONES PRECOLOMBINAS

Los exploradores europeos lo llamaron Nuevo Mundo, porque el continente americano era “nuevo” para ellos, cuando lo descubrieron, hace cinco siglos. Llamaron indios a sus habitantes, porque pensaron que habían arribado a la India, al Oriente fabuloso de las especias tan deseadas. Para los españoles siguieron siendo las “Indias” durante siglos. En realidad, las Américas son tan antiguas como los demás continentes. Los científicos van encontrando antecedentes cada vez más remotos de la existencia del hombre en tierra americana.

civilizaciones precolombinas

Halas de obsidiana de hechura humana fueron halladas en Tule Springs, Nevada, junto con gigantescos huesos de bisonte de 24.000 años de antigüedad. La mayoría de los especialistas cree hoy que el hombre emigró del Vieja Mundo al Nuevo, a través del Estrecho de Bering hace miles de años y que, persiguiendo la caza, atravesó el continente, llegando al remoto Estrecho de Magallanes, donde se han hallado vestigios de campamentos de más de 10.000 años.

Para el año 2000 antes de la Era Cristiana, los habitantes de Meso y Sudamérica habían dado un paso decisivo al trocar la caza, como medio principal de vida, por el cultivo de una planta aborigen llamada maíz. Sobre la economía agrícola así desarrollada, la sociedad se organizó en aldeas comparables a las de los pueblos neolíticos del Viejo Mundo. De estas raíces sociales brotaron tres civilizaciones de gran poderío y esplendor: la maya y la azteca, en Mesoamérica, y la inca, en la América del Sur.

Los adelantos de estas civilizaciones, hace ya tiempo desaparecidas, permiten compararlas, con justicia, con las más antiguas del Viejo Mundo. Los incas nunca aprendieron a escribir, pero con su genio organizador equiparable al de la antigua Roma, formaron y gobernaron un vasto imperio. Los mayas no pensaron, al parecer, en el arco perfecto, pero utilizando el arco “falso” alzaron templos techados de piedra y mortero de proporciones tan nobles, como los edificios del mundo antiguo.

Entre estas civilizaciones de América, la primera en adquirir brillo y poderío fue la maya, que floreció en las intrincadas selvas de Centro América, y en la península de Yucatán. Alrededor del siglo III de nuestra era, el pueblo maya, ya muy avanzado, alzaba inmensos y esplendorosos templos y pirámides de piedra y mortero junto a sus sembradíos de maíz, en la selva empapada de lluvia de lo que es hoy Honduras, Guatemala y México, y los adornaba con elegantes esculturas y pinturas murales.

Inventaron una escritura pictográfica conservada en piedra y toda v,’a no completamente descifrada hasta hoy. Crearon un calendario más exacto que el de Europa en su tiempo, y llegaron, por evolución, al concepto del cero durante los siglos III o IV d. de C. En astronomía y matemática alcanzaron altísimos niveles.

En una época en que todavía fabricaban bellas estelas (o pilares decorados) y otros monumentos típicos de su edad clásica, los centros de cultura maya comenzaron a decaer uno a uno, hasta el año 900 d. de C. Poco a poco sus bellas ciudades ceremoniales quedaron abandonadas y desiertas. Más tarde hubo un renacimiento maya en la zona más septentrional de Yucatán.

Nuevas ciudades y templos se irguieron entre los plantíos de maíz en el período llamado posclásico, entre los años 900 y 1450 d. de C., cuando se crearon nuevos portentos de arte y arquitectura. En cierta época se produjo una fusión entre los mayas y los invasores toltecas, pueblo bárbaro, pero de talento, que emigró desde su suelo nativo en el México Central hasta Yucatán. Pero a su tiempo, este florecimiento maya en tierras del norte cayó en una decadencia tan completa, como la de las ciudades de la era clásica. Cuando el conquistador español arribó en 1527, los más bellos edificios del renacimiento ya habían sido abandonados, y la estructura política consistía en pequeñas ciudades-estados, situados en Yucatán y en el norte de Guatemala, en incesante guerra entre sí.

¿Por qué la civilización maya, con todo su esplendor, cayó en la decadencia? Agotamiento del suelo, cambios climáticos, enfermedades, revoluciones sociales, conquista extranjera y la simple corrupción de los gobernantes, han sido aducidas como posibles explicaciones por los eruditos. Pero la decadencia de la civilización maya, como su apogeo, es uno de los más profundos misterios, y de las mayores maravillas, del antiquísimo Nuevo Mundo.

Las ciudades más importantes de América, antes de la conquista hispánica, se encontraban en la parte central del continente: desde México, hacia el este y hacia el sur, hasta llegar al norte de Chile y de la Argentina, con centro en el Perú.

En Mesoamérica se destacan por su importancia arquitectónica y cultural:

•  Teotihuacán: fundada por un pueblo desconocido, en el año 300 a.C.
•   Monte Albán: fundada un siglo más tarde; residencia de los zapotecas, oriundos del estado de Oaxaca.
•   Uaxactún y Tikal: ciudades mayas, fundadas en la actual Guatemala, durante el siglo IV a.C.
•   Palenque: ciudad del estado mexicano de Chiapas, fundada durante el Antiguo Imperio de los mayas.
•  Tula: capital del reino de los toltecas, que fue destruida en el año 1116.
•  Chichen-ltzá, Uxmal y Mayapán: antiguas ciudades mayas, fundadas en el siglo IX de nuestra era, al norte de Yucatán y que se unieron-en el año 987- en una Confederación que les proporcionó dos siglos de paz y prosperidad.
•   Texcoco: capital del’reino de los chichimecas, hacia el año 1000 d.C.
•   Tenochtitián: actual ciudad de México, fundada en 1325 por los aztecas.
•   Tlacopán: ciudad que firmó, con Tenochtitián y Texcoco una triple alianza, en 1431, que resultó útil para todas ellas. En la zona Andina sobresalen como centros urbanos de importancia;
•   Chavin de Huántar: importante centro de cultura preincaica, en la región peruana de la Cordillera de los Andes.
•   Huila: antiquísima ciudad, en Colombia, correspondiente al período megalítico.
•   Chicama, MocheyVirú: ciudades de la cultura mochica, en el norte del Perú, cuyas ruinas se conservan.
•  lca y Río Grande: ciudades del sur del Perú, cuyas ruinas son famosas.
•  Tiahuanaco: importante centro de la cultura que lleva su nombre y cuya expansión se registró hacia el año 1300 de nuestra era.
•   Cuzco: capital del imperio incaico, fundada en el S. XI por Manco Capac, y que cayó en poder de Pizarra en 1533.
•   Machu-Pichu: ciudad sagrada, cerca de Cuzco, descubierta en 1911.
•   Ollantay-Tambo: ciudad incaica, cerca de Cuzco, actualmente en ruinas.
•   Chanchán: capital del imperio chimú, con sede en el Perú, que fue tomada por Tupac Yu-panqui a fines del siglo XV.
•   Bacatá (hoy Bogotá) y Hunsa (hoy Tunja): ciudades de Colombia, que se disputaron la hegemonía, en el altiplano de la Cordillera Oriental.

En cuanto a las características generales de la arquitectura americana precolombina tuvo ciertos puntos de contacto con los que, en la Antigüedad, se registraron en Egipto, en la Mesopotamia y en la India. Especialmente el tipo de construcciones realizadas en Teotihuacán, Te-nochtitlán, las tres ciudades yucatecas (Chichen-Itzá, Uzmal y Mayapán) y las de Tiahuanaco, Cuzco y Machu-Pichu. Los materiales empleados fueron la piedra volcánica, de color rojizo, que los mexicanos llaman «tezontle», los bloques de piedra, los adobes de arcilla y la madera, usada para hacer terrazas y voladizos. También se encontraron pisos de mica, de seis centímetros de espesor, que cubren un total de veintinueve metros cuadrados, en edificios aledaños de Teotihuacán.

El trazado arquitectónico se apoyaba en las leyes de la goe-metría y observaba módulos aritméticos. Se destacaron los templos -que tenían como base enormes pirámides escalonadas llamados «teocali» (entre ellos el más importante fue el de Cholula, ciudad del estado de Puebla)- y los palacios, construcciones alargadas que -según explicó J. C. Moreux- se hallaban «extendidas sobre terrazas y unidas por numerosas escalinatas».

Todas las salas eran dobles, en profundidad -agrega-; las primeras se iluminaban directamente; las últimas, indirectamente: por ejemplo, en Palenque y Uxmal. Los incas -en cambio- no iluminaban sus habitaciones, que se imbricaban en un laberinto inextricable y misterioso».

Usaron, como motivos de decoración, baldosines geométricos y multicolores; esculturas y bajo relieves sobre motivos simbólicos (la serpiente emplumada que representaba a Quetzacoátl y el dios de la lluvia: Tláloc), naturales (flores, hojas, plantas, frutos, árboles, etc.); zoomorfos (aves, jaguares, pumas, coyotes, mariposas, peces, saurios y caracoles) y antropomorfos; estructuras de materiales sólidos, entretejidos como si fueran lianas; pinturas murales de vivísimas tonalidades; enlucidos y estucos (pasta de cal y mármol) brillantes y policromados, con que recubrían, por fuera, los edificios y hasta las pirámides; piedras de obsidiana -en forma de disco— que insertaban en las paredes y con las cuales hicieron trabajos de mosaico; molduras achaflanadas o rectas; revestimientos con piedras matizadas; monumentales escaleras y pórticos, con dinteles pétreos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Argentina Fascículo I
Enciclopedia Ciencia Joven Tomo II Fasc. N°28 Edit. Cuántica – Ciudades Precolombinas –

Ruinas de Palenque Tumba Sagrada Maya del Rey Pakal Restos Mayas

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Las ruinas de Palenque, rodeadas de una densa jungla tropical, representan el núcleo central de una amplia ciudad cuya superficie se acercaba a los ocho kilómetros cuadrados, cuyo origen exacto se desconoce es un lugar de una belleza hechizadora. Durante cientos de años, el verde de la selva, húmeda y tropical, cubrió sus magníficos e increíblemente bellos monumentos de piedra.

En la espesura de las selvas chiapanecas, las ruinas de Palenque rinden tributo al esplendor de la civilización maya. Aunque la ciudad no fue tan grande como Tikal o Copán, ni tan decisiva en la historia maya como Chichén Itza, el legado arquitectónico y artístico que alberga no tiene igual en la arqueología mesoamericana.

La ciudad, que comenzó a construirse entre los siglos III y V de nuestra era, está atravesada por un afluente del río Usumacinta. Tuvo su máximo esplendor entre los años 500 y 700, época en la que se construyeron los principales monumentos. Hacia finales de siglo X una invasión de pueblos ribereños procedentes del golfo de México determinó su ruina y abandono.

Ruinas de Palenque Restos de la Civilizacion Maya Observatorio

Templo de las Inscripciones, el mas importante de los monumentos de Palenque, se encuentra sobre una pirámide escalonada. Desde el interior del templo se puede descender a una cripta  funeraria de Pakal

Según los historiadores, fue fundada como aldea agrícola alrededor del año 100 a.C. con el nombre de Lakam Ha, que significa «aguas grandes», en alusión a las cascadas de los alrededores. Entre los siglos II y VI se convirtió en una ciudad y, en el curso del siglo VII, en la capital de Bakaal, uno de los estados mayas más prósperos.

Sus gobernantes se jactaban de pertenecer a un linaje tan antiguo como la Creación, que los calendarios mayas fechaban en el año 3114 a. C. Abandonada misteriosamente, esta ciudad poblada por los fantasmas de su esplendoroso pasado se mantuvo oculta y el increíble y selvático paisaje cubrió con su vegetación la piedra tallada, los templos y la magia secreta de los mayas.

Ruinas de Palenque Tumba Sagrada Maya del Rey Pakal Perdida en la SelvaLa zona central está dominada por el Palacio, que se alza sobre una inmensa colina artificial en forma detronco de pirámide. Sus dependencias se organizan alrededor de cuatro patios dominados desde el ángulo suroeste por la torre de vigilancia u observatorio astronómico, una construcción en tres niveles cuya estructura es única en la arquitectura maya.

Hoy se presenta ante nuestros ojos explorada en cada milímetro por arqueólogos, investigadores y curiosos, pero su misterio sigue siendo impenetrable. Esta joya une la generosidad de la naturaleza y el fértil verdor de la selva con la magia de sus pirámides escalonadas, en el estado mexicano de Chiapas, donde todavía habitan los descendientes de la sabia y desaparecida civilización maya.

Un viajero estadounidense John Lloyd Stephens (1805—1852)  relató sus experiencias en Palenque en el año 1841 , y atrajo las miradas de aventureros y arqueólogos hacia la ciudad escondida. Desde entonces, Palenque no ha dejado de ser visitada y estudiada, sus escalones de piedra, gastados por los siglos, ascendidos y descendidos en la búsqueda de cada huella y de cada indicio que sirva para acercarnos a una cultura desaparecida.

El enigma de la tumba de Palenque:

En el año 1947, un arqueólogo mexicano, Alberto Ruz L’Huillier (1906-1979), observó una piedra de gran tamaño en el llamado Templo de las Inscripciones. Estaba atravesada por doce agujeros tapiados con tapones perfectamente encastrados. El arqueólogo sospechó que algo se escondía tras la piedra y ordenó levantar la Josa. Asombrado, vislumbró a la pálida luz del templo una escalera que descendía interminablemente. ¿Hacia dónde conduciría?

Hasta entonces, no se habían hallado sepulturas en las pirámides mayas y se creía que su función era sólo contener los templos construidos en sus cimas. Pero este nuevo descubrimiento desconcerté al arqueólogo. La escalera estaba repleta de escombros, que comenzaron a ser retirados en lo que resultó ser un esfuerzo continuado durante años, ya que la galería era increíble-mente larga y estaba cubierta de piedra y maleza que hacían imposible avanzar por ella.

Tras varios años de trabajo y habiendo desprendido las piedras de cincuenta y nueve escalones, en 1952 fue posible descender. La escalera terminaba en una pared. Hubo que abrir un hueco allí para descubrir un segundo muro, y tras él se encontró una caja de material que contenía tres pequeñas fuentes de cerámica, tres conchas marinas y adornos de jade: se trataba sin lugar a dudas de una ofrenda, pero ¿a quién estaba destinada?

Las ofrendas halladas daban esperanza después del duro trabajo realizado. Ruz L’Huillier y sus ayudantes sentían que por fin estaban por hallar algo realmente importante. Pero todavía faltaba la prueba mayor. Frente a ellos cerraba completamente el paso una nueva pared, un obstáculo más grande que las anteriores porque tenía nada menos que tres metros de espesor. El pasadizo era estrecho, el calor, sofocante, demoraron días extenuantes en poder abrir un pequeño paso en el muro.

Tras él, había una cavidad. En ella hallaron por fin lo largamente esperado: la explicación de la galería misteriosa y un hallazgo conmovedor. Seis osamentas, los restos de cinco hombres y una mujer. Amontonados en la estrecha sepultura, no cabían dudas de que habían sido víctimas inmoladas a algún dios sanguinario. Los restos eran de personas jóvenes, asesinadas, pero ¿,por qué?.

Luego se conocería que era una más de las muchas ofrendas realizadas y que este misterioso pueblo tenía corno costumbre inmolar a personas cuya sangre se ofrecía para aplacar a los dioses. Un nuevo bloque de piedra impedía el paso a los investigadores, pero no era ocasión de dejarse vencer por el desaliento cuando se estaba tan cerca del éxito. El arqueólogo logró abrir un nuevo paso en la piedra monolítica y antiquísima. Al mirar por la abertura, el explorador no podía creer lo que veía.

Como Carter frente a la tumba de Tutankamón, hubiera podido exclamar: “Veo cosas maravillosas”, ya que también él observó un espectáculo fantástico: una gran cripta con muros cubiertos completamente por bajorrelieves, cuyo centro estaba ocupado por un monumento de piedra esculpida. El arqueólogo mexicano expresó: “…Se podría decir que era una gran gruta mágica esculpida en el hielo, con paredes brillantes que centelleaban como los cristales de la nieve. Delicados festones de estalactitas colgaban como los cordones de las cortinas y las estalagmitas en el suelo parecían como oscilaciones de luz de un gran cirio».

Ruinas de Palenque Tumba Sagrada Maya del Rey Pakal Perdida en la SelvaLas formaciones calcáreas, conformadas durante el transcurso de los siglos, por encima de la gruta, daban al conjunto un aspecto mágico e irreal.
Realizando un gran esfuerzo, lograron que el monolito girara sobre si mismo. En ese instante en que pudieron penetrar; al fin, en el santuario, la emoción llegó a su punto máximo.

La habitación medía nueve metros por tres, en ella estaban representados nueve personajes de estuco: los Nueve Señores de la Noche, reyes del mundo infernal de los antiguos mayas. dispersas, había. numerosas ofrendas, además de dos maravillosas cabezas de estuco, cubiertas por abundantes cabelleras, atadas con cintas y adornadas por flores secas de nenúfares.

Sin dudas, lo más extraordinario era el gran monumento que ocupaba todo el centro del lugar, un enorme bloque de piedra que debía pesar cerca de veinte toneladas y cuya superficie estaba recubierta por una losa finamente esculpida.

En esta cripta funeraria se encontró una lápida de piedra de 5 t con magníficas tallas, colocada sobre un sarcófago; en todas las paredes había relieves escultóricos que representaban a los nueve Señores de la Noche venerados por los mayas. Dentro del sarcófago, Huillier descubrió los restos de un hombre alto, fallecido hacia sus 40 años. Su cuerpo y su rostro permanecían cubiertos de joyas de jade, que contrastaban con el revestimiento rojo de la tumba. Enormemente lujosa era la máscara funeraria, de mosaico de jade, con curiosas incrustaciones de obsidiana y nácar en los ojos. Las tallas de la lápida del sarcófago no representan un astronauta en una cápsula espacial como asegura Erich von Daniken en su obra Recuerdos del futuro, sino que constituyen un valioso símbolo del tránsito del alma al reino de los muertos. Y más concretamente, describen la trasformación de un jefe maya en un dios

En el medio de la losa había una pintura de un hombre joven, adornado con gran riqueza, a quien rodeaba un exuberante decorado (le signos sagrados y jeroglíficos que eran por sí solos un enigma suficiente para desvelar al descubridor. ¿Cómo desplazarlo? Trabajaban en muy poco espacio bajo un calor insoportable, en una cripta de aire enrarecido y sofocante. Lograron moverlo con gatos de automóvil fijados sobre tacos de madera. Y ante sus ojos, descubrieron una nueva losa, un nuevo obstáculo de piedra.

Está de más decir que los mayas guardaban celosamente sus secretos. Pero Ruz L’Huillier  era pertinaz y no cejaría hasta develar la última incógnita. Así que levantaron esta nueva loza para encontrar, por fin, el motivo central de tanto misterio: un esqueleto adornado prolijamente con ricas joyas. No habían subsistido los ropajes con que había sido enterrado, sólo quedaban hilos sueltos de ellos, pero estaba cubierto de hermosos adornos de jade que refulgían en las sombras de la bóveda.

El rostro del muerto estaba cubierto con una máscara funeraria de jade, una obra maestra del arte maya, con los ojos realizados en conchillas y el iris de obsidiana. La expresión del rostro es tan realista que se puede suponer que era un retrato, una representación

Fuente Consultada: Lugares Misteriosos Paula Ruggeri

Los Olmecas Cultura Arte Primeros Pueblos de Mesoamerica Mayas

Los Olmecas Cultura Arte
Primeros Pueblos de Mesoamérica

La región antropológica de Mesoamérica se extiende por el centro y sur del actual México y por los países de América central hasta Costa Rica. Abarca una gran variedad de zonas climáticas y ecológicas.

En general, puede afirmarse que toda ella estuvo muy poblada desde tiempos prehistóricos, aunque fueron los valles de México, Oaxaca, Jalisco y Guatemala los que concentraron en mayor medida la población.

Los pueblos que habitaron Mesoamérica presentaban caracteres muy diversos, y hablaban centenares de idiomas, pero todos ellos poseyeron un conjunto de elementos culturales comunes: constantes arquitectónicas —canchas para juegos rituales de pelota, pirámides escalonadas—, calendario, registros históricos, religión compleja en la que aparecían casi siempre un dios de la lluvia y un héroe civilizador, urbanismo notablemente desarrollado, rígida estratificación social y cultivo agrícola fundamentado en el complejo maíz-frijol-pimiento-calabaza.

La revolución neolítica se inició en Mesoamérica entre el 5000 y el 4000 a.C, pero fue hacia el 3500 cuando, coincidiendo con cierto enfriamiento del clima y un aumento de las precipitaciones en el área, empezaron a cultivarse las especies que han seguido siendo el fundamento de la alimentación del hombre mesoamericano hasta nuestros días.

LOS MISTERIOSOS OLMECAS: Parece ser que la primera civilización importante de Mesoamérica fue la de los olmecas, que ya en el año 1000 antes de Cristo habitaban en las selvas de la costa del golfo de México, en las cálidas tierras de Veracruz y Tabasco. El nombre de los olmecas deriva de la palabra oh (caucho).

Al parecer, el poderoso olmeca tuvo su cuna en el sudoeste de México, de donde se extendió hacia el Este y. el Sur hasta alcanzar su máximo esplendor en las regiones próximas al golfo de México.

La mitología olmeca hizo del jaguar el símbolo supremo de los espíritus de la naturaleza, dotados de ominosos poderes.

Existen numerosos ejemplares de tallas olmecas que representan la figura del jaguar humanizado y en algunas ocasiones alcanzan un alto grado de estilización.

Los olmecas fueron maestros insuperables en la talla de la piedra, ya se tratara de una pieza de jade del tamaño de una uña o de una enorme cabeza de basalto de más de dos metros de altura.

Por resistente que fuera el material, sus artistas hallaban medios de modelarlo, comunicándole expresivos matices.

Valiéndose de brocas tubulares y macizas, los lapidarios horadaban las sutiles láminas y cuentas de jade, perforando agujeros de varios centímetros de longitud, a menudo tan angostos, que hacían casi imposible la tarea de ensartarlas.

El jade, representado por una diosa, simbolizaba el cielo y el agua, y sólo a nobles y personas de alto rango se les permitía usarlo en el adorno personal.

Como símbolo de vida eterna introducían una pieza de jade en la boca de sus muertos.

El material preferido en la talla de figurillas era la jade, piedra translúcida de tonalidades azules, grises y verdes, que los lapidarios cortaban y redondeaban con piedras pulidoras y abrasivos Los Olmecas Cultura Arte Primeros Pueblos de Mesoamerica Mayaspulverizados, antes de proceder a su modelado, en el que empleaban sierras de piedra (con una de estas herramientas esculpían finas estrías que sugerían los cabellos).

Para señalar los detalles de las vestiduras, ornamentos y tatuajes, se valían de herramientas de cuarzo o jade y, por último, pulían la estatuilla con un instrumento de gran dureza.

Algunas de las esculturas más imponentes de la cultura olmeca fueron creadas en la exuberante selva que cubre el istmo de Tehuantepec; son colosales cabezas de basalto, que debieron transportarse por agua, puesto que la cantera más cercana se hallaba a más de 100 Km. de distancia, hasta el lugar de su emplazamiento, donde recibía probablemente los últimos retoques.

Una de las imágenes más repetidas es la del varón rechoncho, corto de extremidades, de manos y pies pequeños, cabeza piriforme artificialmente deformada y completamente afeitada, ojos mongoloides, y boca grande, con las comisuras que se curvan hacia abajo y el labio superior prominente.

Las enormes cabezas de piedra de la cultura olmeca, de dos a tres metros de altura, un peso de 15 toneladas, nariz chata, labios gruesos, halladas en La Venta y Tres Zapotes, constituyen sorprendentes vestigios de esta misteriosa cultura americana que desapareció hacia el 600 de nuestra era.

AMPLIACIÓN DEL TEMA

EN el 900 a.C, los centros religiosos olmecas de San Lorenzo, en el territorio del actual México, fueron violentamente destruidos. Lo mismo sucedió quinientos años después con La Venta. Pero los olmecas no murieron con sus monumentos. Sus tradiciones —el culto al jaguar, el trabajo del jade y la piedra, la agricultura, la escritura y las convenciones sociales— se propagaron por América Central y por las sociedades de Sudamérica.

CLASES SOCIALES
Los olmecas se organizaban en clases estrictamente separadas: agricultores, comerciantes, artesanos y jefes-sacerdotes. Esta última era la clase privilegiada y vivía en los grandes centros religiosos, que estaban construidos por una civilización inteligente y próspera. Los enormes bloques de basalto de La Venta debieron remontarse por vía fluvial, probablemente en balsas, desde las lejanas montañas de Tuxla.

ORÍGENES CULTURALES
No se sabe cómo se relacionaban los olmecas con las civilizaciones vecinas. No han sobrevivido suficientes muestras de escritura como para que pueda intentarse una reconstrucción, pero no cabe duda de que los olmecas contribuyeron al sistema jeroglífico de los mayas (h. 300 d.C.-900). También es probable que los pueblos chavín fueran el resultado de migraciones olmecas.

INFLUENCIA OLMECA
Los escultores olmecas fueron los primeros artistas americanos. Su estilo característico, de líneas sencillas y volúmenes monumentales, se puede ver reflejado en la cultura de Oaxaca (sur de México) y otras. Como otras culturas americanas, la de Oaxaca estuvo influida también por las creencias religiosas de los olmecas. De todos modos, no se sabe si esta difusión de una «cultura madre» se hizo por la conquista, el comercio o la emigración, o se debió a una combinación de los tres factores. No sabemos qué nombre se daban los olmecas.

ALGO MAS…
Los olmecas, la primera gran cultura mesoamericana

El pueblo olmeca se estableció en la zona sur del estado de Veracruz y al oeste del de Tabasco, sobre el Golfo de México, donde ocupó un área de 18 000 kilómetros cuadrados en la que se han encontrado más de treinta sitios arqueológicos.

La región, limitada por los ríos Coatza-coalcos y Papaloapan, se halla a una altitud inferior a los 100 metros, a excepción de las montañas Tuxtlas, que superan los 500 metros.

Esta zona está sometida a un alto régimen anual de precipitaciones, y su paisaje alterna el bosque tropical y la sabana. En época de lluvias, estas extensiones se transforman en pantanos, que en el pasado fueron muy útiles al convertirse en vías que facilitaban las comunicaciones.

Se han dado numerosas interpretaciones acerca del origen de los olmecas y cómo se desarrolló su cultura. Las distintas versiones van desde las que los consideran un imperio que se extendió por toda Mesoamérica, a aquellas otras que estiman que formaron un Estado teocrático e, incluso, un humilde cacicazgo.

En la actualidad, los estudiosos todavía discuten si la olmeca fue la cultura-madre de la civilización mesoamericana, o si, por el contrario, las primitivas sociedades de Mesoamérica evolucionaron simultáneamente a ella, aunque de forma autónoma. Otros estiman que este pueblo tuvo un desarrollo más avanzado que el resto de sus contemporáneos.

Si se tiene en cuenta esta última teoría, los cambios posteriores que se habrían dado en esta cultura responderían a condiciones y procesos locales que, por otra parte, son muy diferentes en el altiplano y en las tierras bajas.

Ver: Primeros Pueblos de México

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Argentina Fascículo I
El Mundo Precolombino Editorial Océano

El Monasterio de Arcadien Historia Matanza de Griegos Por Los Turcos

 MASACRE DE GRIEGOS EN EL MONASTERIO DE ARCADIEN

EL MONASTERIO DE ARCADIEN: Protagonizando uno de los episodios más heroicos de la historia reciente de Grecia, el 9 de noviembre de 1866, hombres, mujeres y niños cretenses, asediados por los turcos en el monasterio de Arcadien, se reunieron en una antigua bodega. La situación era desesperada.

Las alborozadas tropas turcas habían irrumpido en el recinto del monasterio y se apiñaban tras la puerta de la bodega. El grito de guerra de los cretenses era «Libertad o Muerte», y estaba a punto de ser puesto en práctica. Ya que los barriles entre los que se hallaban estaban llenos no de vino, sino de pólvora.

Una litografía que describe ese trágico momento evoca la semipenumbra de la bodega: hombres, mujeres y niños arracimados en torno a su líder, Constantino Giaboudakis, quien, a horcajadas sobre los barriles de pólvora, empuña la pistola que iba a mandarlos a todos a la eternidad. Para los cretenses, hoy como entonces, ese simple disparo transformó a Arcadien en un símbolo de heroísmo, sacrificio y libertad.

masacres de griegos

El  monasterio de Arcadien, junto a Rezimón, en la costa norte de Creta, es el más sagrado de la isla. En 1866 fue centro de una insurrección cretense contra el dominio de los turcos. Ante un número mucho mayor de oponentes, los cretenses prefirieron perecer en una explosión antes que rendirse al enemigo. Pero su acción sirvió de inspiración para sus compatriotas y le granjeó a Creta el apoyo de las principales potencias occidentales. La capilla del monasterio (arriba y derecha), una heterogénea mezcla de estilos, data del siglo XVI.

En 1866 el monasterio de Arcadien se había convertido en el núcleo de una insurrección contra los turcos, que habían gobernado en Grecia desde hacía 200 años. El comisionado turco local, Mustafá Pacha, había amenazado con arrasar el edificio si los líderes revolucionarios cretenses no lo abandonaban. Desafiando esa amenaza, 960 frailes, resistentes, mujeres y niños que se habían concentrado en el monasterio en busca de protección, se prepararon para el inevitable desenlace.

Un sacrificio por la libertad
Los defensores, en número inferior, combatieron con bravura, pero el 9 de noviembre los turcos penetraron en el monasterio. Tal como lo habían planeado, los cretenses que pudieron se precipitaron al cuarto de la pólvora. Allí, mientras los turcos, sin sospechar nada, se agrupaban tras la puerta de la bodega, Giaboudakis apuntó con su pistola hacia los barriles de pólvora e hizo fuego.

Una balada popular ulterior relata que la poderosa explosión hizo temblar la tierra y en las montañas de Creta repercutió su eco. La masacre fue espantosa: más de 800 cretenses murieron; las pérdidas turcas fueron mucho más cuantiosas.

Este acto supremo de valentía y sacrificio tuvo profundas repercusiones más allá de la isla y de sus gentes, que siguen señalando el acontecimiento con un día de fiesta nacional. Por primera vez los poderes internacionales tomaron en cuenta lo que se dio en llamar «la cuestión cretense». Donativos y víveres llegaron desde la Grecia continental, desde Rusia, y los británicos fletaron un barco, el Arkadi, para transportar víveres y voluntarios. En Estados Unidos, el senado manifestó públicamente su apoyo a los cretenses.

También recibieron muestras de simpatía por parte de figuras internacionalmente relevantes, tales como Garibaldi y Víctor Hugo. El poeta Algernon Swinburne escribió un poema sobre el suceso. Aunque pasarían otros treinta años hasta que los turcos abandonaran definitivamente la isla, Arcadien hizo que Creta y su lucha por la libertad irrumpieran en el mapa político.

Un tranquilo refugio: En el silencio y la serenidad que emanan del monasterio aún pueden verse las cicatrices: agujeros de bala en la puerta del refectorio; un obús turco incrustado en un alto ciprés venerable en el recinto del monasterio; muros derruidos por el intenso fuego de la artillería. El recordatorio más patente de la tragedia es el molino de viento que está junto a la puerta del lado oeste: ha sido convertido en «osario», y encierra las calaveras de los cretenses que murieron en el holocausto.

Fundado este monasterio, según la tradición, en el siglo V de nuestra era por el emperador bizantino Arcadio, la mayoría de sus edificios datan del siglo XVI. El emplazamiento que eligieron los monjes para su retiro sería difícil de superar. Asentado en una meseta entre colinas de suaves pendientes, el monasterio está rodeado de olivos, robles y naranjos.

La primera impresión que da Arcadien es la de un largo muro color arena horadado por pequeñas ventanas oscuras. La entrada se efectúa por la puerta occidental, reconstruida, desde la cual la ornamentada fachada color ámbar de la iglesia surge a la luz como una salida del sol.

La disposición del monasterio es simple. Enmarcando el patio se encuentra la estructura principal, que forma prácticamente un cuadrilátero, una colmena de pequeñas celdas austeras y oscuras: celdas de los monjes, despensas, bodegas. Éstas, junto con los claustros y las pérgolas cubiertas de viña verde, proporcionan una apreciable sombra a los escasos monjes que aún residen allí.

Los gatos, las gallinas, las colmenas y una antigua prensa para el vino recuerdan que la vocación espiritual del monasterio siempre estuvo compaginada con sus necesidades materiales y su hospitalidad para con los visitantes. El escritor Edward Lear pudo experimentar esto último por sí mismo cuando visitó Arcadien en 1864. Fue cálidamente acogido y se le sirvió una suntuosa cena con pichón estofado y ensalada, cerezas, alubias, queso y miel; para beber le sirvieron vino y después café.

Arcadien es muchas cosas a la vez: es ante todo un lugar para la contemplación espiritual y el aprendizaje, un monasterio vivo de la iglesia ortodoxa griega. Para los visitantes, es un oasis de tranquilidad y un sitio impregnado de historia. Para los cretenses, Arcadien es todo eso y, además, un símbolo de su determinación inquebrantable por gobernar su propio destino.

Fuente Consultada: Enciclopedia de Historia Argentina Fascículo I

Civilizaciones de Mesoamerica Olmecas Primeros Pueblos Cultura

Civilizaciones de Mesoamérica

Cuando hablamos de Mesoamérica nos referimos a la zona comprendida entre los paralelos 17 y 22, que encierra una gran parte de México, Guatemala, Honduras y parte de Nicaragua. Es decir desde las ruinas de La Quemada, en el norte de México, hasta Copán, en Honduras, en el sur.

En este vasto territorio florecieron las “altas culturas» que, no obstante sus diversas características étnicas, lingüísticas y artísticas, reunieron, a través de los siglos anteriores a la conquista española, una serie de factores básicos que permite englobarlas dentro de un marco común.

Entre estos factores comunes figura, en primer lugar, la agricultura, con el maíz como cultivo principal; el conocimiento de la astronomía que les permitió fijar las épocas de cultivo y las cosechas por medio de un calendario tan perfecto, que funcionaba con mayor precisión que los calendarios europeos.

En todas estas culturas la agricultura, que aseguraba crecientes reservas de alimentos, sentó las bases del florecimiento de centros poblados, fomentando a la vez las nuevas artes de la cestería, alfarería y confección de tejidos y la formación de una casta sacerdotal, inseparable de la clase gobernante, cuyo poder se puso de manifiesto en la construcción de grandes monumentos de ladrillo y piedra.

Miles de hombres trabajaron en la edificación de imponentes construcciones piramidales, rematadas por amplias plataformas ceremoniales, donde se realizaban sacrificios humanos a los dioses. Los sacerdotes ascendían solemnemente por amplias y empinadísimas escalinatas a estas plataformas, para oficiar los sacrificios.

Para levantar la Pirámide del Sol en Teotihuacán, cerca de la ciudad de México, que data de hace dos mil años, dedicaron su tiempo libre, durante 20 años, tinos 10.000 campesinos. Ella tiene 224 metros de lado por 60 metros de altura.

primeras civilizaciones de mesoamerica
Pirámide del Sol

La Pirámide de Cholula cubre casi 16 hectáreas de superficie y alcanza los 54 metros de altura, es más grande que la de Keops, en Egipto, pero a diferencia de las pirámides egipcias en general las mexicanas son siempre truncadas. Cuando llegaron los españoles ya estaba abandonada y cubierta de malezas; los conquistadores, creyendo que era un monte, construyeron una iglesia en la cima.

Estos centros teocráticos (teocracia: gobierno ejercido por sacerdotes), tenían una organización social rígidamente conducida por príncipes-sacerdotes que formaban una casta especial. El resto del pueblo eran campesinos, artesanos y soldados, sometidos a ese pequeño grupo rector, o minoría ilustrada.


Pirámide Cholula

En las extensas y variadas tierras de la América precolombina vivió una gran diversidad de pueblos, cada uno de los cuales tenía su propia personalidad y modo de vivir. Las culturas  de los aztecas y los mayas no son sino dos entre las muchas de Mesoamérica, cuyos límites cronológicos no se han podido determinar aún.

Se conocen por lo menos tres grandes centros que compartieron con los de los mayas la economía basada en el cultivo del maíz, así como la arquitectura, el calendario y la religión, aunque diferían de aquéllos en idioma, costumbres, habilidad y estilo artístico. Esas tres civilizaciones surgieron en la zona que hoy ocupa México. Eran la de Teotihuacán; la de los zapotecas y más tarde la de los mixtecas, ambos de Oaxaca; y la de los Olmecas, de Veracruz y Tabasco.

Los Olmecas tallaban magistralmente la piedra y, en especial, el jade. Algunos monumentos Olmecas llevan inscripciones de calendario, que se consideran más antiguas que la civilización maya del primer período, lo que indujo a unos científicos mexicanos a sostener que las civilizaciones mesoamericanas tuvieron su origen en la cultura Olmeca. Dos civilizaciones mexicanas mencionadas —las de los zapotecas y el pueblo de Teotihuacán— continuaron floreciendo durante los siglos de preponderancia maya.

El Valle de México es una de las regiones que primero habitó el hombre americano. Fósiles humanos a los que se atribuyen 11.000 años de antigüedad, se han encontrado en Tepexpán. No se sabe exactamente quienes fueron los creadores de la civilización de Teotihuacán, pero se supone que tienen un parentesco con los Olmecas. Los aztecas últimos en surgir en el Valle de México, constituyeron una pequeña tribu nómada, que se formé en el extremo septentrional de este

mundo mesoamericano intensamente desarrollado. Se establecieron en una isla del Lago Texcoco, en el centro del valle. En la época en que llegaron los españoles, ya habían comenzado a practicar las artes de la fundición y la elaboración de metales blandos. Cortés y sus huestes sólo vieron que los palacios de Moctezuma estaban llenos de oro, y eso es lo que la posteridad ha recordado.

Primeros Humanos en América