El Monasterio de Arcadien Historia Matanza de Griegos Por Los Turcos



 MASACRE DE GRIEGOS EN EL MONASTERIO DE ARCADIEN

EL MONASTERIO DE ARCADIEN: Protagonizando uno de los episodios más heroicos de la historia reciente de Grecia, el 9 de noviembre de 1866, hombres, mujeres y niños cretenses, asediados por los turcos en el monasterio de Arcadien, se reunieron en una antigua bodega. La situación era desesperada.

Las alborozadas tropas turcas habían irrumpido en el recinto del monasterio y se apiñaban tras la puerta de la bodega. El grito de guerra de los cretenses era «Libertad o Muerte», y estaba a punto de ser puesto en práctica. Ya que los barriles entre los que se hallaban estaban llenos no de vino, sino de pólvora.

Una litografía que describe ese trágico momento evoca la semipenumbra de la bodega: hombres, mujeres y niños arracimados en torno a su líder, Constantino Giaboudakis, quien, a horcajadas sobre los barriles de pólvora, empuña la pistola que iba a mandarlos a todos a la eternidad. Para los cretenses, hoy como entonces, ese simple disparo transformó a Arcadien en un símbolo de heroísmo, sacrificio y libertad.

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El  monasterio de Arcadien, junto a Rezimón, en la costa norte de Creta, es el más sagrado de la isla. En 1866 fue centro de una insurrección cretense contra el dominio de los turcos. Ante un número mucho mayor de oponentes, los cretenses prefirieron perecer en una explosión antes que rendirse al enemigo. Pero su acción sirvió de inspiración para sus compatriotas y le granjeó a Creta el apoyo de las principales potencias occidentales. La capilla del monasterio (arriba y derecha), una heterogénea mezcla de estilos, data del siglo XVI.

En 1866 el monasterio de Arcadien se había convertido en el núcleo de una insurrección contra los turcos, que habían gobernado en Grecia desde hacía 200 años. El comisionado turco local, Mustafá Pacha, había amenazado con arrasar el edificio si los líderes revolucionarios cretenses no lo abandonaban. Desafiando esa amenaza, 960 frailes, resistentes, mujeres y niños que se habían concentrado en el monasterio en busca de protección, se prepararon para el inevitable desenlace.

Un sacrificio por la libertad
Los defensores, en número inferior, combatieron con bravura, pero el 9 de noviembre los turcos penetraron en el monasterio. Tal como lo habían planeado, los cretenses que pudieron se precipitaron al cuarto de la pólvora. Allí, mientras los turcos, sin sospechar nada, se agrupaban tras la puerta de la bodega, Giaboudakis apuntó con su pistola hacia los barriles de pólvora e hizo fuego.

Una balada popular ulterior relata que la poderosa explosión hizo temblar la tierra y en las montañas de Creta repercutió su eco. La masacre fue espantosa: más de 800 cretenses murieron; las pérdidas turcas fueron mucho más cuantiosas.

Este acto supremo de valentía y sacrificio tuvo profundas repercusiones más allá de la isla y de sus gentes, que siguen señalando el acontecimiento con un día de fiesta nacional. Por primera vez los poderes internacionales tomaron en cuenta lo que se dio en llamar «la cuestión cretense». Donativos y víveres llegaron desde la Grecia continental, desde Rusia, y los británicos fletaron un barco, el Arkadi, para transportar víveres y voluntarios. En Estados Unidos, el senado manifestó públicamente su apoyo a los cretenses.



También recibieron muestras de simpatía por parte de figuras internacionalmente relevantes, tales como Garibaldi y Víctor Hugo. El poeta Algernon Swinburne escribió un poema sobre el suceso. Aunque pasarían otros treinta años hasta que los turcos abandonaran definitivamente la isla, Arcadien hizo que Creta y su lucha por la libertad irrumpieran en el mapa político.

Un tranquilo refugio: En el silencio y la serenidad que emanan del monasterio aún pueden verse las cicatrices: agujeros de bala en la puerta del refectorio; un obús turco incrustado en un alto ciprés venerable en el recinto del monasterio; muros derruidos por el intenso fuego de la artillería. El recordatorio más patente de la tragedia es el molino de viento que está junto a la puerta del lado oeste: ha sido convertido en «osario», y encierra las calaveras de los cretenses que murieron en el holocausto.

Fundado este monasterio, según la tradición, en el siglo V de nuestra era por el emperador bizantino Arcadio, la mayoría de sus edificios datan del siglo XVI. El emplazamiento que eligieron los monjes para su retiro sería difícil de superar. Asentado en una meseta entre colinas de suaves pendientes, el monasterio está rodeado de olivos, robles y naranjos.

La primera impresión que da Arcadien es la de un largo muro color arena horadado por pequeñas ventanas oscuras. La entrada se efectúa por la puerta occidental, reconstruida, desde la cual la ornamentada fachada color ámbar de la iglesia surge a la luz como una salida del sol.

La disposición del monasterio es simple. Enmarcando el patio se encuentra la estructura principal, que forma prácticamente un cuadrilátero, una colmena de pequeñas celdas austeras y oscuras: celdas de los monjes, despensas, bodegas. Éstas, junto con los claustros y las pérgolas cubiertas de viña verde, proporcionan una apreciable sombra a los escasos monjes que aún residen allí.

Los gatos, las gallinas, las colmenas y una antigua prensa para el vino recuerdan que la vocación espiritual del monasterio siempre estuvo compaginada con sus necesidades materiales y su hospitalidad para con los visitantes. El escritor Edward Lear pudo experimentar esto último por sí mismo cuando visitó Arcadien en 1864. Fue cálidamente acogido y se le sirvió una suntuosa cena con pichón estofado y ensalada, cerezas, alubias, queso y miel; para beber le sirvieron vino y después café.

Arcadien es muchas cosas a la vez: es ante todo un lugar para la contemplación espiritual y el aprendizaje, un monasterio vivo de la iglesia ortodoxa griega. Para los visitantes, es un oasis de tranquilidad y un sitio impregnado de historia. Para los cretenses, Arcadien es todo eso y, además, un símbolo de su determinación inquebrantable por gobernar su propio destino.

Fuente Consultada: Enciclopedia de Historia Argentina Fascículo I

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