Tikal la ciudad sagrada maya Patrimonio Humanidad de Guatemala



Tikal la Ciudad Sagrada Maya
Patrimonio Humanidad de Guatemala

En la ciudad maya de Tikal, la Gran Plaza, que dominaba la selva guatemalteca, era una de las más imponentes, y tenía unos 9.000 m2 de pavimento. Como otros grandes centros mayas del período clásico, era tanto una ciudad densamente poblada como un centro religioso ceremonial para las aldeas y poblaciones circundantes. 

Tikal es el complejo-ciudad maya más famoso y es sede de la pirámide más alta: el Templo IV de la Serpiente Bicéfala con más 65 metros de altura. Este templo es superado solo por «La Danta», al norte de Guatemala en El Mirador (aún bajo trabajos de excavación).

Tikal la ciudad sagrada maya Patrimonio Humanidad de Guatemala
Tikal es la más grande de las antiguas ciudades de los mayas.
Está situada en la región de El Petén, en Guatemala.
Templo de la Serpiente Bicéfala

Es la ciudad antigua más grande descubierta hasta ahora en el Hemisferio Occidental. Predominan sus muchos templos y santuarios, donde se realizaban los cultos de la religión que dominaba la vida maya hasta un extremo difícil de imaginar. El pueblo vivía en casas de madera, con techo de paja y barro, estrechamente agrupadas en torno de templos y palacios de piedra, donde residían los sacerdotes y nobles.

Los sacerdotes-astrónomos pasaban el tiempo escudriñando el cielo y consultando calendarios y manuscritos —tres de los cuales parcialmente descifrados subsisten todavía— en busca de momentos propicios para obtener el favor divino. Los sacerdotes del culto estelar medían el tiempo con varias unidades cronológicas entrelazadas, comparables a nuestros días, semanas, meses y años.

Los mayas descubrieron por sí mismos todas las bases matemáticas necesarias para las ciencias aplicadas, pero nunca pasaron de ahí.

Se ha inferido que una de las marcas cronológicas de Quiriguá marca el día y el mes de un acontecimiento ocurrido 90 millones de años antes, y otra representa un cálculo de 400 millones de años atrás, tan difícil como calcular la fecha en que cayó la Pascua hace 400 millones de años.

La vida de los mayas se ajustaba rígidamente a las alegrías y tristezas de sus alternativas, ya predestinadas. Algunos dioses regían por un día, un mes, un año o algún tiempo más. Si no eran propicios, deidades más favorables entraban de turno. El sacerdote podía aconsejar a la tribu si era oportuno plantar o vender maíz, o celebrar una boda.

Lo único que se sabe de estas centurias del período clásico es que la paz y la estabilidad que reinaron sugieren que allí imperó un régimen teocrático. Hay indicios, como tronos destruidos y tallas mutiladas, de que el pueblo se rebeló contra los sacerdotes. Pero todavía veneraban a las antiguas deidades.

gran plaza de tikal



 Gran Plaza de Tikal, con sus templos dedicados a los primeros gobernadores.

templo de las mascaras tikal

Templo de las Máscaras, también conocido como Templo de la Luna.

templos tapados de malezas

Muchas de las pirámides están por descubrir, y de algunas sólo emerge el templo que se encuentra en la parte superior, donde los sacerdotes celebraban el ritual. Merece la pena ascender entre los árboles y descubrir el horizonte selvático que rodea el lugar. Algunos templos se encuentran aún cubiertos de maleza y árboles.

Calakmul, la ciudad de los montículos, fue ¡a gran rival de Tikal.
Se halla en una reserva biológica en Campeche, México a 30 Km. de la frontera
con Guatemala

Ampliación: Una ciudad maya revelada
Cuando Tikal fue redescubierta por primera vez había estado en las garras de la selva durante unos novecientos años. Méndez y Tut dejaron el lugar más o menos como lo habían encontrado; y otros visitantes ulteriores, tales como el botánico suizo Gustave Bernouilli en 1877, Alfred Maudslay en 1881 y 1882, y Teobert Maler en 1904, dejaron poca huella en los monumentos cubiertos de vegetación.

No fue sino hasta 1956 cuando el Museo de la Universidad de Pensilvania inició un proyecto de catorce años para excavar y restaurar 16 kilómetros cuadrados de la ciudad.

De hecho, el área real ocupada por Tikal era de 64 kilómetros cuadrados o más. Hasta hace poco se creía que la ciudad era simplemente un vasto centro religioso, pero ahora los estudiosos piensan que se trataba de una metrópoli densamente poblada que abarcaba los diferentes aspectos de una cultura desarrollada. En el apogeo de la ciudad, la población debió ser de unos 50.000 habitantes, que consumían maíz,  calabaza y frijoles.



La clase dominante de Tikal vivía en casas y centros oficiales, denominados ahora «palacios», arracimados en torno a la Gran Plaza central. Eran largos edificios de piedra, a veces de tres pisos, que dominaban unos patios comunicados por escaleras y pasadizos. Vestidos con túnicas tejidas y teñidas, o con simples taparrabos, luciendo en el pelo tocados y joyas de jade, los nobles trabajaban y descansaban en un entorno relativamente lujoso. Las habitaciones estaban enlucidas y pintadas, y tal vez adornadas con una máscara multicolor colgada de la pared. Se utilizaban cortinas, y probablemente pieles de jaguar cubrían el suelo y adornaban los asientos de piedra tallada.

La Gran Plaza y sus templos
Las escenas de mayor colorido y actividad debieron tener lugar en la Gran Plaza y en el mercado público, donde alfarería, tejidos, pieles de animales, hierbas, plumas, hojas de cuchillo hechas de obsidiana, jade, conchas y alimentos se vendían y compraban mediante la moneda constituida por semillas de cacao. La plaza era el núcleo de las grandes concentraciones ceremoniales. Consistía en un área abierta que cubría unos diez mil metros cuadrados, construida en cuatro niveles superpuestos, cuya superficie era alisada mediante yeso blanco, ahora cubierto de hierba, y rodeada de pirámides y otros edificios.

Dominando aún la plaza al este y al oeste, se encuentran respectivamente el Templo del Jaguar Gigante, el más famoso monumento de Tikal, y el Templo de las Máscaras. El primero, llamado así por el relieve de un jaguar en el dintel de la puerta, se eleva a más de 43 metros sobre nueve terrazas superpuestas. En la cima, el templo sustenta una erosionada cresta que antaño representaba la enorme figura de un gobernante sentado, quizá pintada de rojo, crema, verde y azul. De hecho, toda la fachada del templo, como en los demás de Tikal, probablemente relucía de pintura roja, como un faro elevándose muy por encima del silvestre verdor tropical.

Los templos-pirámide fueron la suprema realización arquitectónica de los mayas, que trabajaban sin la ayuda de cuchillos de metal, hachas, ruedas ni bestias de carga. Grupos de trabajadores tenían que arrastrar enormes cantidades de piedras y rocas para la construcción de cada pirámide. Cada nivel se construía elevando unos muros de piedra que formaban entre sí un espacio rectangular, rellenándoselo con piedras, y luego cubriéndoselo de yeso para formar un acabado liso y plano.

Se iniciaba entonces la obra del siguiente nivel. Conforme se elevaba la estructura, los albañiles utilizaban piedra caliza cuidadosamente cortada para las caras exteriores de los muros. Otros calentaban la piedra en hornos para obtener cal con que fabricaban yeso, mortero y estuco, que se extendían sobre el exterior de la pirámide.

Eric Thompson, estudioso de los mayas, pudo admirar el arte de los enlucidores mayas asombrosamente preservado en una pirámide excavada bajo el armazón de otra que había sido construida encima —una práctica maya común—:«Toda la superficie de la pirámide está cubierta de una espesa capa de estuco color crema claro, deslumbrantemente luminosa… Una de las visiones más impresionantes y conmovedoras que jamás he tenido fue esa pirámide, bañada en la luz de la luna llena…»

 El Arte Maya

Fuente Consultada: Enciclopedia de Historia Argentina Fascículo I

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/estrella1_bullet.png

ocio total

juegos siete diferencias

noparece

fotos

creencias

anticonceptivos

mujeres

actitudes

actitudes


puzzles


------------- 000 -----------

imagen-index

------------- 000 -----------