El eslabón perdido?

El Error Humano Que Provoco Un Incendio Con Decenas de Muertes

El Error Humano Que Provoco Un Incendio Con Decenas de Muertes

Imprevisible crimen:

El día 7 de agosto de 1979, entre las nueve y las diez de la mañana, estalló un incendio en un bosque de unas mil hectáreas, en el término municipal de Blanes, donde empieza la Costa Brava catalana.

Era un fuego intencional: había empezado simultáneamente en unos tres kilómetros de ancho. Agosto, calor y viento y el fuego voraz empezó a devorar árboles y mas árboles a una increíble velocidad.

No lo pudieron dominar ni dos aviones de Icona ni las dotaciones de bomberos de Barcelona y Girona, más las de otras dos poblaciones próximas, que sumaron unos quince coches-bomba.

Se habían añadido un equipo de extinción cien soldados, más numerosos miembros de la guardia civil y la policía nacional y los equipos de salvamento de la Cruz Roja, amén del elevado número de personas civiles. (A las nueve de la noche todavía quedarían rescoldos.).

El incendio de un bosque genera decena de muertes El fuego, iniciado en el Camp d´en Figues, ahora avanzaba hacia Lloret Mar.

Ya había alcanzado varias casas de campo y ahora se acercaba peligrosamente a una urbanización, llena de veraneantes.

La gente huyo despavorida.

No se ha podido saber por qué ocultas razones, en vez de dirigirse a la carretera de Vidreres, mucho más próxima y segura, optaron por adentrarse en una vaguada.

El viento, encajonado, llevó hasta allí las implacables llamas.

Perecieron alrededor de unas cuarenta personas, entre ellas cinco mujeres y cuatro niños, cuyos restos calcinados hacían imposible su identificación.

Esta vez el fallo humano había adquirido proporciones dantescas.

El presidente de la Diputación gerundense manifestó no tener duda alguna acerca de la intencionalidad del incendio forestal.

Los motivos yacen, aún no revelados, en algún recóndito archivo.

Se supone, con toda lógica, que los incendiarios trataban de eliminar el bosque, para edificar allí, pasado un tiempo prudencial una nueva urbanización.

No habría sido el primer caso.

Pero los expedientes permanecerán sepultados —e inconclusos—, para siempre jamás.

Pero si era la primera vez que esa voracidad humana, rayana en lo inconcebible, ocasionara tan elevado número de muertes inocentes.

Era un error grave incendiar el bosque, y fue un grave error que aquellas personas enloquecidas, en vez de buscar la salvación en la próxima carretera, se hubiesen adentrado en la cañada que les mataría.

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Historia de la Fuga de Cuba Como Polizones en un Avion Comercial

Historia de la Fuga de Cuba Como Polizones en un Avion Comercial

El terror de los polizones aéreos:

Nadie  los vio correr hacia el avión, los dos jóvenes, que habían permanecido ocultos detrás de una rampa en el aeropuerto de La Habana, corrieron a través de la abrasadora pista de aterrizaje hasta que estuvieron a la sombra de una de las enormes alas del avión de pasajeros.

La nave estaba detenida al final de la pista principal, esperando turno para despegar.

Los dos hombres gatearon hacia las ruedas y treparon en el hueco del tren de aterrizaje.

Luego se acomodaron en el hueco que deja la rueda, en el espacio que, dentro del ala, alberga el mecanismo de aterrizaje mientras dura el vuelo.

En pocos minutos, Armando Ramírez y Jorge Blanco fueron transportados por el aire.

El DC8 de la compañía Iberia rugió en la pista y se elevó hacia el cielo azul del Caribe para comenzar su viaje hacia Madrid a través del Atlántico.

El tren de aterrizaje se contrajo y los dos hombres se apretaron contra los costados de la cavidad destinada h la rueda, para no ser aplastados por el engranaje.

Escape de la Isla de Cuba Fuga de jovenes

La puerta de la cavidad se cerró debajo de ellos y todo fue desde entonces oscuridad, máquinas atronadoras y viento silbante.

Ramírez y Blanco se relajaron por primera vez desde que comenzaron a poner en práctica su atrevido plan para escapar del régimen comunista de Fidel Castro, en Cuba.

Huían de su patria sin ninguna clase de pertenencias: nada que pudiera retardar esa vital carrera a través de la pista de aterrizaje en La Habana.

Por la misma razón, iban vestidos con ropas livianas: delgados pantalones y camisas de mangas cortas.

A medida que el aeropuerto se alejaba del DC8, Blanco se apretó aún más en su estrecho espacio. Ahora se daba cuenta de que éste iba a ser un largo y frío viaje.

Blanco avanzó poco a poco, de costado, alrededor del replegado tren de aterrizaje, buscando una posición un poco más cómoda en la cual pasar su primer vuelo.

Terminó por encogerse sobre las ruedas.

En ese momento, destelló una luz de alarma en el panel del instrumental de vuelo.

Algo andaba mal en el tren de aterrizaje; tal vez no había cerrado bien.

El primer oficial accionó un interruptor y el tren de aterrizaje comenzó a descender nuevamente. Blanco fue tomado de sorpresa cuando las ruedas se sacudieron hacia abajo.

Con un grito que fue apagado por el viento de la turbina, se soltó y cayó fuera de la cavidad de la rueda, hacia la muerte.

Destelló una luz roja en los controles.

El piloto se sintió tranquilizado.

Para Ramírez, entra tanto, el viaje comenzaba a convertirse en una pesadilla.

No había podido hacer nada para ayudar a su amigo, y ahora que el avión estaba alcanzando su altitud de crucero, unos 40.000 metros, el frío se hacía intolerable en la cavidad que ocupaba.

Sentía también una creciente dificultad para respirar.

Finalmente se desmayó.

Durante los 7.200 km. que duró el vuelo de la aeronave española, la temperatura en la cavidad de la rueda descendió a 400 centígrados bajo cero, y la atmósfera enrarecida llegó casi a carecer por completo de oxigeno.

Pero el joven cubano era fuerte.

Al aterrizar en Madrid el DC8, recuperó brevemente el conocimiento, y el asombrado personal de tierra lo vio descender de la cavidad de la rueda hasta el asfalto.

Ramírez se recuperó en el hospital, para empezar su voluntario exilio.

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Historia de la Extraña Venta de un Yacimiento de Oro en Sudafrica

La Ridicula Venta de Una Minera en Sudáfrica

El mayor yacimiento de oro del mundo, vendido por 10 libras

Un día no precisado de Julio de 1886 George Harrison un explorador sin dinero, tuvo a sus pies el mayor tesoro del mundo.

Cogió un trozo de metal amarillo del suelo: estaba completamente seguro de que ese metal era oro.

Miles de hombres habían desgastado innumerables picos y palas, y muchos de ellos habían dejado el pellejo, durante esa década, en Sudáfrica, escenario de la más frenética fiebre del oro de todos los tiempos.

Sin embargo, Harrison había cogido simplemente una pepita de oro del suelo.

Por casualidad, había tropezado nada menos que con la veta de oro más importante de Sudáfrica, que cubría toda la superficie de la fractura de Witwatersrand.

Harrison, un veterano de la fiebre del oro en Australia, llevó la pepita a Gert Oosthuizen, el dueño del terreno en que había hecho el hallazgo.

Oosthuizen escribió inmediatamente al presidente, Paul Kruger.-

La carta que transcribe el apellido Harrison en la versión africans (dialecto boers) decía:

Señor J.P. Kruger

Estimado señor:
Por la presente, le hago saber que el señor Sors Hariezon ha venido a yerme y me ha dicho que la quebrada que él sabe es rentable. Lo envío, pues, a usted, señor Kruger, para que puedan hablar del asunto.

Su fiel amigo y servidor
G.C. Oosthuizen

Es poco probable que George Harrison haya logrado entrevistarse con el presidente

Pero en cambio encontró a un funcionario que le sugirió que registrara su descubrimiento en una declaración jurada.

Lo hizo así: Mi nombre es George Harrison y vengo de los yacimientos de oro recientemente descubiertos en Kliprivier, y especialmente del que está en la hacienda que pertenece a un tal Gert Oosthuizen.

Industria Minera en Sudafrica

Tengo una larga experiencia como buscador de oro en Australia, y creo que este yacimiento es rentable.

Esta simple declaración registró el descubrimiento dela reserva de oro más importante del mundo.

Durante los siguientes 90 años, la cadena de minas de oro afincadas en la quebrada descubierta por Harrison produjo hasta un millón de kilogramos de oro por año, aproximadamente el 70 por ciento de la producción aurífera del mundo occidental.

En el término de dos días, plazo durante el cual Harrison firmó su declaración jurada, se redactó una petición para que las tierras de Oosthuizeri y una amplia zona de los alrededores fuesen declaradas «yacimiento aurífero fiscal».

Los peticionarios estaban convencidos de que allí se descubriría oro en proporciones importantes.

Los magistrados concedieron la petición ya Harrison se le reconoció la «Parcela Nro.  19»; a causa de estos hechos, se creó en las cercanías del yacimiento una aldea que más tarde se llamaría Johannesburgo

A pesar de esta frenética actividad, parece que Harrison tenía poca fe en las nuevas excavaciones.

Vendió su declaración jurada por 10 libras y le dio la espalda a Witwatersrand.

Lo más probable es que haya buscado su fortuna en Barberton por entonces la mayor ciudad del Transvaal Nadie sabe qué fue luego de él.

Se rumoreó que había sido comido por un león.

La parcela número 19, que había vendida en noviembre de 1886 por 10 libras, cambió de manos tres meses después, por 50 libras.

Alfred Happle la vendió luego a la compañía minera Little Treosure por 1.500 libras en acciones de 150.

El 30 de septiembre de 1887, la compañía Little Treasure vendió a la compañía minera y explotadora Northey, por 2.000 libras más otras 8.000 en acciones.

La reclamación de Harrison continuó ganando valor y, en su momento, se constituyó -en el núcleo de toda la industria minera del oro en Sudáfrica.

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Errores de la Medicina:En Busqueda del Calculo Renal

Errores de la Medicina:En Busqueda del Calculo Renal

¿Dónde está la piedrecita?

Los médicos especialistas de la Residencia Sanitaria del Valle de Hebrón, en Barcelona, habían descubierto un cálculo renal, en camino de taponar el uréter, en las radiografías tomadas N.R., un gitano.

La «piedra» era de considerable proporción y se preveía que su evacuación a través de los conductos urinarios era prácticamente imposible.

Los cólicos nefríticos atenazaban al gitano, y la única alternativa posible era la quirúrgica: operar el riñón derecho de NR. y extraer el temible cálculo.

Así le fue notificado a N.R. y el hombre accedió al expeditivo camino, puesto que el dolor producido por el corpúsculo extraño era cada vez más intenso y, en consecuencia, insoportable.

Convinieron con el paciente en efectuar la operación al día siguiente.

Tendría que llegar en ayunas a la Residencia, a las ocho de la mañana, y pasaría al quirófano inmediatamente. N. R. llegó puntualmente, acompañado de todo su clan, una muchedumbre gitana: hombres, mujeres e inclusive algún crío.

Dejaron a la solidaria multitud calé en una sala de espera contigua al quirófano, y N.R. entró en el recinto, sancta sanctorum de la cirugía.

Anestesia apertura.., e inútil búsqueda del cálculo.

Los estupefactos médicos no hallaban nada.

Consultaban una y otra vez las radiografía que mostraban la incontrovertible presencia del intruso objeto.

¿Estaría alojado en el riñón izquierdo?.

¿No habría la posibilidad —por otra parte remotísima— de haber confundido las radiografías?.

¿O —aún mi lejana la probabilidad— de que las radiografías que examinaban una otra vez no estuvieran invertidas?.

Angustiados, no daban con la respuesta la lógica.

Pero no, no existía duda alguna: el cálculo estaba en el riñón derecho en el que no había ni asomo de corpúsculo ajeno.

Nuevos exámenes radiográficos, siguiendo milímetro a milímetro todo el trayecto urinario con el mismo resultado negativo: no había tal «piedra».

Ya sólo quedaba la oportunidad de cerrar y coser.

Ya en la sala de recuperación, el paciente, el cirujano jefe salió a comunicar su estupefacción al clan gitano.

—Inexplicable, señores, pero no hemos encontrado el cálculo renal.

El paciente está perfectamente bien, recuperándose en estos momentos.

El jefe preguntó al médico:

—Qué es, eso del cálculo?

—La piedra que tenía alojada en el riñón, rastreada en las radiografías. Pero no la hemos hallado. El gitano metió su mano en el pequeño bolsillo delantero del pantalón y sacó un diminuto envoltorio hecho con papel de fumar.

En él estaba el cálculo. Preguntó:

—Será esto lo que buscaban?. El atónito médico, que había reconocido inmediatamente el inhallable ridículo, respondió:

—Si, claro: esto es lo que tratábamos de encontrar?

—Pues lo orinó anoche.

—Pero, ¿por qué no lo dijeron?

El jefe gitano, con una sonrisa picaresca, contestó De habérselo dicho, ya no lo hubiesen operado, ¿no es cierto?.

Una una manifestación de desconfianza enraizada en la convicción de que  lo menos que debe hacer el Seguro Social es operar a quien lo merece.

Una errónea interpretación humana, en resumidas cuentas, que hubiese podido entrañar grave peligro para N.R., mucho mayor que el de sus cólicos nefríticos.

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5-La Medicina en la Edad Media
6-La Medica en el Renacimiento
7-La Medicina en la Época Colonial Americana
8-Los Microorganismos
9-Historia de las Cirugías
10-Historia de la Medicina

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Desastres Diplomáticos en Washington Grandes Errores de la Humanidad

GRANDES ERRORES:DESASTRES DIPLOMÁTICOS

Desastres diplomáticos en Washington Lo que el asistente de la Casa Blanca le dijo a la esposa del embajador El montaje era magnífico: una recepción diplomática en Washington; estaban invitados VIPs (esas Very Jmportant People, esas Personas Muy Importantes) de todas partes del mundo. Los hombres resplandecían en sus smohings, las mujeres chorreaban joyas.

Fue entonces cuando un joven bien parecido y elegante, uno de los más antiguos asistentes del presidente Carter, perpetró una de las planchas diplomáticas más comentadas del siglo. Aparentemente, le sentó algo mal el delicado vino que se servía.

Se desabrochó el primer botón de la camisa y se aflojé la corbata; luego, según los invitados, sus ojos encendidos se clavaron en el insinuante escote que lucía la señora Ashraf Ghorbal, esposa del embajador egipcio y uno de los huéspedes de honor. El joven asistente estiró la mano hacia el escote, como si estuviera dispuesto a arrancar el sujetador de la dama, diciendo: «Siempre he querido ver las pirámides». Parece que muchos invitados observaron la situación.

Ejemplo de la Diplomacia entre Paises

Poco después, el asistente se levantó y anunció a toda la reunión que se iba al lavabo, «para echarse un pis». La historia se difundió por todo el mundo, y el abochornado pudo leer todos sus detalles en la prensa internacional, cuando se despertó al día siguiente. Pero no fue el primer diplomático que intentó fomentar las relaciones internacionales de una manera poco convencional y fracasó en el intento.

De un famoso estadista, conocido por su inclinación a las mujeres, se cuenta que hizo proposiciones «deshonestas» a la esposa de un embajador francés, en el curso de un importante banquete. Ella demostró ser más diplomática que él. Su respuesta fue: «Por favor, no antes de la sopa, monsieur». Un diplomático británico, mientras pronunciaba un discurso frente a un líder latinoamericano, en un acto público, gesticulaba enérgicamente para subrayar sus palabras.

Desgraciadamente, uno de sus movimientos arrancó la peluca de la esposa de su anfitrión. La señora era completamente calva. Otro británico, que asistía al funeral de un dignatario africano, fue afectado súbitamente por un ataque de hipo. Tras unos instantes de embarazo, hallé la forma de resolver el problema: se esforzó por alzar su espalda, por arrugar la cara y por derramar lágrimas.

El hipo se convirtió en sollozos diplomáticos. El duque de Edimburgo es un experto en protocolo, pero prefiere la charla informal a los cotilleos diplomáticos. Sin embargo, cometió un grave desliz cuando visitó Kenia para asistir a la ceremonia de su independencia.

La Union Jach, la bandera del imperio británico, estaba a punto de ser arriada por última vez, cuando el príncipe Felipe se inclinó hacia el presidente Jomo Kenyatta y le dijo: «Está seguro de que quiere seguir adelante con esto?». Por desgracia, en la tribuna oficial los micrófonos estaban todavía conectados y la multitud escuchó cada palabra.

Un hecho similar le sucedió al presidente norteamericano Jimmy Carter cuando visitó la India. Después de una larga reunión con su anfitrión, el primer ministro Morarji Desai, los dos hombres aparecieron ante los periodistas y, sonrientes, coincidieron en afirmar que las conversaciones habían sido extremadamente amistosas. En realidad, los dos líderes habían discutido airadamente acerca de los planes de ayuda nuclear norteamericana para el subcontinente.

Después de las diplomáticas declaraciones conjuntas, Carter susurró al secretario de Estado, Cyrus Vance, que estaba a su lado, algunos comentarios muy desfavorables respecto a Desai. Lo que Carter olvidó es que cada palabra que dijo era grabada por el equipo de televisión invitado por la Casa Blanca.

Más tarde, la grabación fue trasmitida ante un anonadado cuerpo de prensa. Los periodistas oyeron al presidente susurrar que había «tratado de impresionar» al líder indio. Y agregaba: «Cuando regresemos a casa, deberíamos enviarle otra carta, una carta fría y áspera». Pero quizá la mayor plancho diplomática pública fue cometida unos pocos días antes, cuando el presidente de Estados Unidos visitó Polonia.

Carter descendió de su avión en el aeropuerto de Varsovia, y pronuncio un discurso para un grupo de 500 altos funcionarios y oficiales que lo estaban esperando. En inglés, el discurso del presidente era bastante amistoso. Pero, a medida que el intérprete traducía para los concurrentes, éstos se mostraron al principio divertidos, luego insultados y finalmente furiosos.

Porque el intérprete del Departamento de Estado hablaba una extraña mezcla de polaco arcaico, incorrecto, salpicado de expresiones rusas. El colmo fue que tradujo los cálidos y afectuosos saludos del presidente como si fueran una insinuación sexual. Carter abrió su discurso diciendo: «Cuando partí de los Estados Unidos….», lo que fue traducido por el intérprete como «Cuando me divorcié de Estados Unidos». El intérprete dijo que Carter, al referirse a la constitución polaca, había dicho que era «un motivo de ridículo». «Nuestra nación fue fundada» se convirtió en «Nuestra nación fue tejida».

Carter trató de decir a los polacos: «Comprendo vuestras esperanzas para el futuro», pero el intérprete les dijo: «Comprendo vuestra codicia por el futuro». La última gota que colmó el vaso fue cuando Carter dijo: «He venido para estudiar vuestras opiniones y comprender vuestros deseos», que el intérprete transformó en «Deseo a los polacos carnalmente». En ese momento, mientras los polacos se encolerizaban, se esforzaban por contener la risa o se rescaban la cabeza, la prometedora carrera diplomática de un intérprete parecía haber llegado a un abrupto final.