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Escape de la Isla de Cuba -Fuga en un Avión

El terror de los polizones aéreos: Nadie  los vio correr hacia el avión Los dos jóvenes, que habían permanecido ocultos detrás de una rampa en el aeropuerto de La Habana, corrieron a través de la abrasadora pista de aterrizaje hasta que estuvieron a la sombra de una de las enormes alas del avión de pasajeros Des. La nave estaba detenida al final de la pista principal, esperando turno para despegar.

Los dos hombres gatearon hacia las ruedas y treparon en el hueco del tren de aterrizaje. Luego se acomodaron en el hueco que deja la rueda, en el espacio que, dentro del ala, alberga el mecanismo de aterrizaje mientras dura el vuelo.

En pocos minutos, Armando Ramírez y Jorge Blanco fueron transportados por el aire. El DC8 de la compañía Iberia rugió en la pista y se elevó hacia el cielo azul del Caribe para comenzar su viaje hacia Madrid a través del Atlántico. El tren de aterrizaje se contrajo y los dos hombres se apretaron contra los costados de la cavidad destinada h la rueda, para no ser aplastados por el engranaje.

Escape de la Isla de Cuba Fuga de jovenes

La puerta de la cavidad se cerró debajo de ellos y todo fue desde entonces oscuridad, máquinas atronadoras y viento silbante. Ramírez y Blanco se relajaron por primera vez desde que comenzaron a poner en práctica su atrevido plan para escapar del régimen comunista de Fidel Castro, en Cuba.

Huían de su patria sin ninguna clase de pertenencias: nada que pudiera retardar esa vital carrera a través de la pista de aterrizaje en La Habana.

Por la misma razón, iban vestidos con ropas livianas: delgados pantalones y camisas de mangas cortas. A medida que el aeropuerto se alejaba del DC8, Blanco se apretó aún más en su estrecho espacio. Ahora se daba cuenta de que éste iba a ser un largo y frío viaje. Blanco avanzó poco a poco, de costado, alrededor del replegado tren de aterrizaje, buscando una posición un poco más cómoda en la cual pasar su primer vuelo. Terminó por encogerse sobre las ruedas.

En ese momento, destelló una luz de alarma en el panel del instrumental de vuelo. Algo andaba mal en el tren de aterrizaje; tal vez no había cerrado bien. El primer oficial accionó un interruptor y el tren de aterrizaje comenzó a descender nuevamente. Blanco fue tomado de sorpresa cuando las ruedas se sacudieron hacia abajo. Con un grito que fue apagado por el viento de la turbina, se soltó y cayó fuera de la cavidad de la rueda, hacia la muerte. Destelló una luz roja en los controles. El piloto se sintió tranquilizado.

Para Ramírez, entra tanto, el viaje comenzaba a convertirse en una pesadilla. No había podido hacer nada para ayudar a su amigo, y ahora que el avión estaba alcanzando su altitud de crucero, unos 40.000 metros, el frío se hacía intolerable en la cavidad que ocupaba. Sentía también una creciente dificultad para respirar. Finalmente se desmayó.



Durante los 7.200 km. que duró el vuelo de la aeronave española, la temperatura en la cavidad de la rueda descendió a 400 centígrados bajo cero, y la atmósfera enrarecida llegó casi a carecer por completo de oxigeno. Pero el joven cubano era fuerte. Al aterrizar en Madrid el DC8, recuperó brevemente el conocimiento, y el asombrado personal de tierra lo vio descender de la cavidad de la rueda hasta el asfalto. Ramírez se recuperó en el hospital, para empezar su voluntario exilio.

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