El Monte Everest

El Tratado Antartico Objetivos Fundamentales Que establece? Sistema

El Tratado Antártico
El Tratado Antártico consta de un preámbulo, que reconoce el interés de toda la comunidad en que la Antártida se utilice con fines pacíficos y que no llegue a ser escenario u objeto de discordia internacional. Reconoce la importancia de las contribuciones aportadas al conocimiento científico como resultado de la cooperación internacional en el campo cíe la investigación referida a la Antártida.

Ocho puntos fundamentales abordados en el Tratado son:

1. Soberanía
El Tratado no soluciona la cuestión de la soberanía territorial. Aunque la Conferencia no había sido convocada para tratar la cuestión de las reclamaciones territoriales, este era uno de los puntos más importantes. El artículo IV dispone que ninguna disposición de aquel momento se interpretará:

a) como una renuncia, por cualquiera de las partes contratantes, a sus derechos de soberanía territorial o a las reclamaciones territoriales en la Antártida, que hubiere hecho valer precedentemente;

b) como una renuncia o menoscabo, por cualquiera de las partes contratantes, a cualquier fundamento de reclamación de soberanía territorial en la Antártida que  pudiera tener, ya sea como resultado de sus actividades o de las de sus nacionales en la Antártida, o por cualquier otro motivo

c) como perjudicial a la posición de cualquiera de las partes contratantes, en lo concerniente a su reconocimiento o no reconocimiento del derecho de soberanía territorial, de una reclamación de soberanía territorial, de una reclamación o de un fundamento de reclamación de soberanía territorial de cualquier Estado en la Antártida.

Ningún acto o actividad que se lleve a cabo mientras el presente Tratado se halle en vigencia constituirá fundamento para hacer valer, apoyar o negar una reclamación de soberanía territorial en la Antártida, ni para crear derechos de soberanía en esta región. No se harán nuevas reclamaciones de soberanía territorial en la Antártida, ni se ampliarán las reclamaciones anteriormente hechas valer, mientras e presente Tratado se halle en vigencia.

El Tratado establece un statu quo, un principio de no innovar en la Antártida. Entre los países contratantes se presentan tres situaciones distintas: a) la de los países que habían hecho proclamaciones de soberanía o formulado reclamaciones territoriales; b) la de los que no habían hecho ni una cosa ni la otra, pero se reservaban el derecho de hacerlo en el futuro y mientras tanto no reconocían derechos de ningún país; c) la de los que ni reclamaban ni reconocían derechos.

La situación jurídica de la Antártida respecto de las reclamaciones territoriales ha sido antes y después del Tratado (puesto que no ha variado), la siguiente:

o la Argentina reclama derechos de soberanía desde los 25 hasta los 74 grados de longitud oeste;

o Chile reclama derechos de soberanía desde los 53 hasta los 90 grados oeste (no se cierra en el paralelo de 60 grados sur);

o el Reino Unido reclama derechos de soberanía desde los 20 hasta los 80 grados de longitud oeste;

o Australia reclama derechos de soberanía desde los 45 hasta los 136 grados de longitud este y desde los 142 grados este hasta los 160 grados este.

o Francia reclama derechos de soberanía desde los 136 hasta los 142 grados de longitud este;

o Noruega reclama derechos de soberanía desde los 20 grados de longitud oeste hasta los 45 grados de longitud este (el sector costero);

o Nueva Zelandia reclama derechos de soberanía desde los 160 grados de longitud este hasta los 150 grados de longitud oeste;

o los Estados Unidos no hacen ninguna reclamación territorial, pero se reservan el derecho de formular reclamaciones territoriales sin especificar el territorio;

o todas las reclamaciones territoriales, con excepción de la de Noruega, tienen forma de triángulo con el vértice en el Polo Sur;

o en el sector comprendido entre los 150 y los 90 grados de longitud oeste, no hay reclamaciones de soberanía;
en el sector argentino existe una superposición cíe reclamos de soberanía por parte de Chile y el Reino Unido. Respecto de este punto cabe señalar que hay una declaración de reconocimiento de mutuos derechos entre la Argentina y Chile;

o hay también reconocimientos recíprocos de derechos de soberanía entre Australia, el Reino Unido, Nueva Zelandia, Noruega y Francia.

Esas reclamaciones sólo rigen para las partes entre sí, no obligan a terceros países. El Tratado Antártico no reconoce derechos de soberanía, aunque en la práctica los países reclamantes los ejerzan, pero el ejercicio de esos derechos no es reconocido por la comunidad internacional.

2. Uso pacífico. No militarización

El artículo I dispone que la Antártida se utilizará exclusivamente para fines pacíficos. Prohibe toda medida de carácter militar, como el establecimiento de bases y fortificaciones militares. El Tratado no impide el empleo de personal o equipos militares para investigaciones científicas o para cualquier otro fin pacífico. Por tal motivo, las bases no pueden ser consideradas como bases militares aunque en algunos países, como el nuestro, sean en su mayoría establecidas y mantenidas por las Fuerzas Armadas.

3. Libertad de investigación y cooperación científica
El artículo II dispone la libertad de investigación científica en la Antártida y la cooperación para ese fin.

4. Explosiones nucleares. Desechos radiactivos
El artículo V prohibe toda explosión nuclear y la eliminación de desechos radiactivos.

5. Reuniones consultivas y especiales
Se establece en el artículo IX que las partes contratantes se reunirán en intervalos y en lugares apropiados con el fin de intercambiar informaciones, efectuar consultas, formular, considerar y recomendar a sus gobiernos, medidas para promover los principios y objetivos del Tratado.

Los países miembros plenos son los que resuelven los distintos aspectos que hacen al total de las actividades en la Antártida y lo hacen a través de las reuniones consultivas. A partir de 1976 comenzó otro tipo de reuniones, llamadas reuniones consultivas especiales, que se realizan para tratar cuestiones de gran trascendencia, cuyas resoluciones no re-quieren de posterior ratificación y son obligatorias para las partes contratantes.

6. Observadores
Con el fin de promover los objetivos y asegurar la aplicación de las disposiciones del Tratado, el artículo VII establece un sistema de inspección, mediante observadores designados por las partes contratantes, cuyos representantes estén facultados a participar en las reuniones consultivas.

7. Área de aplicación
El artículo VI dispone que las disposiciones del Tratado se aplicarán a la región situada al sur de los 60 grados de latitud sur, incluidas todas las barreras de hielo, dejando dispuesto que nada de lo establecido en el Tratado afectará en modo alguno los derechos de cualquier Estado, en lo relativo al alta mar, conforme al Derecho Internacional dentro de esa región.

8. Participación
Ratificaron doce Estados parte (la Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Francia, el Japón, Nueva Zelandia, Noruega, Sudáfrica, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, el Reino Unido y los Estados Unidos). Hay catorce países adherentes, que son aquellos que a pesar de no haber actuado en la Antártida, reconocen al Tratado Antartico como el instrumento legal regulador de la actividad en el continente blanco.

El Tratado Antártico posibilita que cualquiera de los países adherentes pueda pasar a la categoría de miembro pleno o miembro consultivo, con derecho a participar en las reuniones consultivas, con la condición de que establezca una base en la Antártida o envíe una expedición científica importante a cualquier parte de ella.

sintesis tratado antártico

Fuente Consultadas:
Espacios y Sociedades del Mundo
Política, Economía y Ambiente
La Argentina en el Mundo
C.V. Betone de Daguerre – S.M. Sassone

Trabajo realizado por: [email protected]

Vuelo Transpolar Argentina Nueva Zelandia Vuelo Comercial Directo

Vuelo Transpolar Argentina Nueva Zelandia

El vuelo transpolar argentino: Antaño la factibilidad de comunicación aerocomercial de la Argentina con Australia y Nueva Zelanda estaba limitada a una ruta que, básicamente, debía cumplir el itinerario Buenos Aires-Los Angeles-Honolulú-Auckland-Sydney. Como era necesario utilizar los servicios de varias compañías, con los trasbordos y esperas del caso, el viaje duraba varias decenas de horas.

El vuelo directo desde el aeropuerto internacional de Ezeiza y Auckland (con escala técnica de reaprovisionamiento en Río Gallegos) insume aproximadamente trece horas de vuelo efectivo (tiempo de vueloblock, o sea, en tanto funcionen los motores); desde Auckland a Sydney el tiempo de vuelo es de tres horas. En el regreso no es necesaria la escala técnica en Río Gallegos —por cuanto los vientos favorables permiten ahorrar combustible— y por ello la duración del vuelo se reduce considerablemente.

El servicio se cumple con aviones “Jumbo” (técnicamente: Boeing 747-287 B, serie 200, de cabina ancha), dotados de cuatro turbinas, con velocidad de crucero de 990 Km./hora (0,85 match, es decir, el 85% de la velocidad del sonido), a una altura promedio de 14.000 m.

El combustible es kerosene homogeneizado de gran pureza, con tanques que alojan aproximadamente 200.000 litros al despegue, lo que reporta una autonomía de vuelo de doce horas. La capacidad de carga incluye 334 pasajeros (25.000 Kg.), 7.000kg de equipajes y 20.000 Kg. de carga adicional en bodegas.

El avión tiene un largo total de 70,60 m, una envergadura de 59,64 m y una altura de 19,58 m. El instrumental de vuelo es complejo: tres equipos de navegación inercial (que lo liberan de los apoyos terrestres), tres pilotos automáticos que le permiten aterrizar “a ciegas”, computadoras para controlar rumbos, etc. En suma, un alarde de la actual tecnología.

Vuelo Transpolar

Un inconveniente es que  la tripulación de los vuelos transpolares están expuestos a niveles de radiación cósmica y solar inusualmente altos. El físico estadounidense Robert Barish asegura que el nivel de radiación recibido por cada uno de estos viajes equivale al de tres radiografías, una cantidad muy por encima del umbral aconsejado por la directiva europea y otras regulaciones internacionales.  Según los expertos, el motivo por el que estas radiaciones son especialmente altas en estos vuelos está en la atracción magnética que las regiones polares ejercen sobre las partículas procedentes del espacio. Además, el alarmante adelgazamiento de la atmósfera en ambos polos contribuye a agravar el efecto.

Estas dosis de radiación ya son especialmente altas en los vuelos convencionales. De hecho, determinados tipos de cáncer son estadísticamente más frecuentes en pilotos y azafatas que entre el personal de tierra. Y algunas compañías europeas han adoptado como política la permanencia en tierra de sus empleadas embarazadas.

De momento, las compañías con vuelos transpolares no informan a los pasajeros de este tipo de riesgos pero afirman que toman medidas como la medición constante de las radiaciones solares. Algunas empresas como la Continental o la United Airlines han empezado a desviar los aviones por zonas menos expuestas a la radiación, y cada vez son más los pilotos y expertos que exigen que se tomen medidas sobre el tema.(fuente:www.fogonazos.es)

El Impacto Ambiental de la Erupcion de los Volcanes Activos Clima

El Impacto Ambiental de la Erupción de los Volcanes Activos

La influencia de los volcanes en el clima es estudiada desde el siglo pasado por los científicos, quienes observaron variaciones en la temperatura en relación con los fenómenos volcánicos.

En 1784, Benjamin Franklin (1706-1790), en una conferencia en Manchester, relató sus observaciones sobre la disminución de la radiación solar en el verano de 1783 a causa de la erupción del volcán Laki, en Islandia. Franklin suponía que las cenizas expulsadas por el volcán habían provocado una niebla seca a gran altura que causo los fríos glaciales registrados en el este de Europa y en América del Norte por ese entonces.

El hecho científico comprobado es que los volcanes explosivos (del tipo peleano) se caracterizan por experimentar periódicamente erupciones súbitas y violentas, con suficiente energía como para impulsar polvo y compuestos químicos directamente hasta la estratosfera.

La intensidad de las erupciones se mide mediante un índice de explosividad volcánica (IEV), basado en factores como el volumen de ceniza y de fragmentos de roca expulsados, la altura de la nube de gas y las características de la explosión. Al parecer, durante los últimos diez mil años no se ha producido ninguna erupción que alcanzara el nivel 8; además, se afirma que un IEV 4 puede afectar al clima global.

Pero los impactos sobre el clima no se ven limitados al polvo volcánico. En 1991, la erupción del Pinatubo, en las islas Filipinas, provocó la expulsión no sólo de inmensas cantidades de polvo volcánico, sino también de grandes volúmenes de gases sulfúricos.

El dióxido de azufre (SO2) reacciona con el vapor de agua y produce ácido sulfúrico (S04H2), que queda en suspensión en la estratosfera como máximo hasta dos años, en forma de pequeñas gotas llamadas aerosoles. Éstos dieron lugar a la formación de nubes que se fueron extendiendo por la Tierra, especialmente en latitudes cercanas al ecuador, zona en que se halla el Pinatubo. Como consecuencia de ello, la radiación solar recibida por el planeta no sólo descendió entre 2 y 4 %, sino que los gases se condensaron y formaron la lluvia ácida. Se calcula que por efecto de esta erupción explosiva, la temperatura descendió entre 0,5 y 5 ºC, según la zona, en los dos años siguientes.

El hecho es que la densidad de los aerosoles y el dióxido de azufre en la atmósfera afectan no sólo la temperatura, sino también el régimen de lluvias. Con largos períodos de actividad volcánica, al reducirse la cantidad de radiación solar, se produce una disminución de las precipitaciones.

Por otra parte, actualmente se acepta que el fenómeno de la corriente de El Niño (que se analiza en otro documento) y el fenómeno natural conocido como oscilación del sur (OS), que consiste en anomalías de la presión atmosférica, constituyen los componentes oceánico y atmosférico de un mismo proceso relacionado con ciclos de erupciones volcánicas. Los modelos explicativos de los cambios climáticos permitieron predecir El Niño en 1993. Como consecuencia de la explosión del Pinatubo, se produjo un “Niño” con sequías en la Amazonia y en el nordeste de Brasil, y un exceso de lluvias en el sur y sudeste de Brasil y la Argentina.

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PRINCIPALES ERUPCIONES VOLCÁNICAS

SANTORIN (THERA)
Altura: 584 m
Lugar: Cicladas, Grecia
Fecha: h. 1550 a.C.
Una explosión inmensa, que prácticamente destruyó la isla. Hay quienes opinan que esto contribuyó a la desaparición de la civilización minoíca, en la cercana Creta. Puede que este desastre diera también origen a la leyenda de la ciudad perdida de la Atlántida.

VESUBIO
Altura: 1.280 m
Lugar: Bahia de Napóles, Italia
Fecha: 79 d.C
Las ciudades de Pompeya, Herculano y Stabia quedaron completamente sepultadas y murieron miles de personas. En 1631, murieron otras 3.000; desde entonces se han producido alrededor de 20 erupciones importantes, la última en 1944.

ANÓNIMO
Altura: desconocida
Lugar: Isla del Norte, Nueva Zelanda
Fecha: h. 130 a.C.
Saltaron por los aires alrededor de 30 millones de toneladas de pumitas, creando la amplia caldera que actualmente ocupa el lago Taupo. Una superficie de alrededor de 16.000 km2 quedó devastada; fue el más violento de todos los sucesos volcánicos documentados.

ETNA
Altura: 3.308 m
Lugar: Sicilia. Italia
Fecha: 1669
Murieron 20.000 personas y la lava arrasó la parte occidental de la ciudad de Catania, a 28 km de la cima.

KELUT
Altura: 1.731 m Lugar: Java, Indonesia Fecha: 1586
Murieron 10.000 personas. Otra erupción, en 1919. acabó con la vida de otras 5.000.

TAMBORA
Altura: 2.850 m
Lugar: Sumbava, Indonesia
Fecha: 1815
Se estima que explotaron entre 150 y 180 km3 del cono, que: redujo su altura de 4.100 m a 2.850 en cuestión de minutos. Perecieron un total de 90.000 personas, aproximadamente, como consecuencia de la explosión y de la gigantesca ola posterior, aparte de las victimas de la hambruna que sobrevino a la catástrofe.

KRAKATOA
Altura: 813 m
Lugar: Krakatoa, Indonesia
Fecha: 1883
Desaparecieron 163 aldeas y murieron 36.380 personas, como consecuencia de la ola gigantesca provocada por la mayor explosión volcánica jamás registrada, aunque posiblemente apenas tuvo una quinta parte de la intensidad de la que destruyó Santorín. Las rocas volaron 55 km por los aires y, diez dias más tarde, cayó polvo proveniente de la erupción a 5.330 ftn de distancia. La explosión se oyó en el 8% de la superficie terrestre.

MONT PELEE
Altura: 1.397 m Lugar: Martinica, Antillas Fecha: 1902
En tres minutos, una nube ardiente (ver texto principal) destruyó la ciudad de Saint-Picrre, matando a la totalidad de sus 26.000 habitantes, menos uno: un preso que sobrevivió protegido por los gruesos muros de la prisión.

MOUNT STHELENS
Altura: 2.549 m
Lugar: Estado de Washington, EUA
Fecha: 1980
Se dieron por muertas 66 personas y se destruyeron 260 km de bosques. El humo y las cenizas se elevaron hasta una altura de 6.000 m. Días después, se detectaron cenizas a 800 km de distancia.

Fuentes:
“Los volcanes afectan al clima del planeta”, Ciencia Hoy, vol. 7, NP 38, 1997.
“Polvo atmosférico y lluvia ácida”, Investigación y Ciencia, NP 245, febrero de 1997.

Prediccion de la Actividad de un Volcan Erupciones Volcanicas

Predicción de la Actividad de un Volcán
Erupciones Volcánicas

La América Central es una región de gran actividad volcánica, donde suele registrarse, por lo menos, una erupción todos los años y una gran explosión dentro del lapso regular de una vida humana.

El inventario de las formaciones volcánicas de Nicaragua surgidas en el último millón de años asciende a 28, sin contar lagunas cráteres y otras depresiones semejantes. Todas están ubicadas junto a una fractura de 290 kilómetros de largo que corta los dos grandes lagos del país, cuyas islas y penínsulas están cuajadas de volcanes activos y apagados.

Una distribución similar se percibe en el eje volcánico del istmo, que corre paralelo al litoral del océano Pacífico, con conos y cráteres uno junto a otro desde México hasta Panamá. El agua y el fuego han creado, en combinaciones caprichosas, los paisajes más admirados de la América Central.

interior de un volcan, corte esquematico

Raro es el año en que no se registra una erupción volcánica en el istmo. Entre los de mayor actividad se cuentan los volcanes Pacaya, Santiaguito y Fuego, en Guatemala; lzalco y San Miguel, en El Salvador; Telica, Masaya y Concepción, en Nicaragua, Poás e Irazú, en Costa Rica. En los últimos cuatro siglos se ha registrado actividad en unos 25 volcanes centroamericanos por lo menos, incluso el surgimiento de volcanes nuevos, como el Izalco y el Cerro Negro, que aparecieron en forma inesperada en 1770 y 1850 en El Salvador y Nicaragua, respectivamente. También se produjeron erupciones de magnitud sorprendente en conos que se consideraban extintos, como el caso del Cosigüina en 1835; el Santa María, en Guatemala, en 1902, y el Arenal, en Costa Rica, en 1968. Tres erupciones violentas en menos de 150 años.

La historia de las manifestaciones volcánicas en la región permite conjeturar la probabilidad de que se produzca al menos una gran erupción en algún lugar del istmo dentro del lapso regular de una vida humana. Esta eventualidad merece tomarse en serio, si se considera que el 60% de la población centroamericana vive dentro del área de alcance de algún volcán, a menos de 40 kilómetros. Los habitantes de San José de Costa Rica todavía recuerdan los meses de aflicción en 1963 cuando el volcán Irazú hizo llover cenizas sobre la ciudad. Y en León, Nicaragua, los vecinos barrían constantemente los tejados para evitar que las cenizas despedidas por el Cerro Negro en 1968 y 1971 causaran el derrumbe de los techos coloniales.

Además de lanzar materiales pulverizados, los volcanes también suelen arrojar lava incandescente que baja por las laderas calcinando todo lo que toca. En 1772, la gran corriente de lava del volcán Masaya recorrió unos 15 kilómetros como un río de fuego, sembrando pánico en los pueblos vecinos. Un brazo del río  se desvió y llegó a una laguna cercana, donde se apagó en medio de una gran humareda causada por la vaporización del agua. Otros volcanes como el Pacaya, Fuego, San Miguel y Momotombo tienen las laderas revestidas de negras coladas de aya, que recuerdan erupciones del pasado.

Una de las manifestaciones más temidas de la furia de los volcanes es la proyección de las llamadas nubes ardientes, mezcla sofocante de gases densos y partículas semifluidas que baja velozmente por las laderas arrollando con todo lo que encuentra a su paso. Una de esas nubes ardientes, lanzada por el monte Pelée en 1902, destruyó la capital de la isla de Martinica y sofocó de manera letal e instantánea a sus 30.000 habitantes. El mismo fenómeno se produjo en Costa Rica en 1968, cuando el volcán Arenal asoló dos aldeas en las cercanías de la montaña.

La persistencia de la alta densidad demográfica en las peligrosas regiones volcánicas del istmo centroamericano, que se remonta a los tiempos precolombinos, se debe simplemente a la gran feracidad de los suelos de procedencia volcánica, en los que se puede cultivar una amplia variedad de productos tropicales. Los pobladores precolombinos solían cultivar maíz, frijoles, cacao y otros productos en los mismos lugares donde hoy se cultivan algodón, café, caña de azúcar y donde hay buen pasto para la cría de ganado, actividades que constituyen el principal sustento económico de las repúblicas del istmo.

Algunos países, como El Salvador y Nicaragua, aprendieron también en los últimos años a utilizar la rica energía geotérmica que encierran los volcanes y a depender cada vez menos de la importación de combustibles derivados del petróleo. Los abundantes materiales expulsados por los volcanes también se aprovechan para la construcción de edificios y carreteras, mientras que el turismo se inspira en el paisaje para mostrar la visión espectacular de los conos que reflejan sus figuras imponentes en las plácidas aguas de los lagos.

Vivir junto a los volcanes es un riesgo que los centro americanos conocen y aceptan. Las corrientes de lava, las lluvias de cenizas, las avalanchas, los sordos ruidos subterráneos y otras manifestaciones telúricas no lograron desalentar ni distraer el interés de los habitantes centroamericanos actuales para seguir poblando y explotando sus vulnerables pero fértiles áreas.

Entre los hombres y las montañas existe una dependencia estrecha de raíces muy antiguas. Los pueblos aborígenes de la América Central rendían culto y veneración a los montes de fuego y humo, donde creían que moraban seres legendarios o dioses tutelares cuya ira se manifestaba en las erupciones, terremotos, sequías y otras calamidades. Entre los indígenas que todavía viven al pie de los volcanes y los campesinos que cultivan sus laderas perduran las supersticiones y los relatos de seres fabulosos que moran en sus entrañas, resabios de temores ancestrales.

No obstante los descubrimientos hechos por la ciencia y particularmente los adelantos prodigiosos del siglo XX, los volcanes de la América Central todavía guardan celosos sus secretos.

Predicción de las Erupciones por Actividad de un Volcán:
Todos los volcanes son diferentes, por lo que no puede considerarse que exista una serie de síntomas, en forma de normas de aplicación general, que nos permita determinar la amenaza de una erupción. La observación en particular de cada uno de los volcanes se ha confirmado, en cambio, como un medio muy útil en la predicción de erupciones, por lo que desde el comienzo de este siglo se han establecido observatorios en muchos volcanes.

El observatorio de Monte Etna,  a un kilómetro y medio de su cima, se vio invadido por la lava en la erupción de 1971. Los pequeños temblores de tierra, originados por el movimiento del magma en el interior del volcán, y que preceden a las erupciones, pueden ser detectados mediante sismómetros.

Aunque existen una serie de observatorios dedicados continuamente a la detección de terremotos, se utilizan preferentemente sismómetros portátiles como el representado en la figura 96, para la predicción de las erupciones y de la localización exacta de los nuevos cráteres o salideros de lava. La primera comprobación de la existencia de pequeños temblores de tierra coincidentes con las erupciones se realizó de forma inintencionada, al observar las fotografías de surtidores de lava, como el de la figura 97, hechas con un determinado tiempo de exposición.

Los chorros de lava al rojo no se veían afectados por los temblores de tierra, pero el terreno, y la cámara fotográfica dispuesta sobre él, sí sufrían sacudidas: en consecuencia los trazos de las trayectorias de las partículas de lava al rojo parecían movidas en la fotografía. Algunas erupciones en las Islas Hawai están precedidas por un peculiar ruido rítmico de sonidos graves en forma de tarareo.

Para determinar los cambios producidos en la forma del volcán durante las erupciones, se utilizan inclinómetros y medidores electrónicos de distancias. El registro gráfico, tomado en Hawai desde 1956 a 1969, muestra elevaciones progresivas correspondientes a las erupciones, y bruscas caídas al final de las mismas. Los movimientos del magma se reflejan a veces en cambios de potencial eléctrico o de las características magnéticas de las rocas. (Al calentarse éstas por encima de los 600° C pierden sus características magnéticas naturales.)

El análisis de la composición y la temperatura de los gases emitidos por las fumarolas en los períodos comprendidos entre las erupciones ha resultado ser una guía muy útil del comportamiento de algunos volcanes. Todas estas observaciones y mediciones se suplementan actualmente con la vigilancia continua por medio de satélites especiales. Es de esperar que en un plazo corto se pueda desarrollar un sistema automático de vigilancia global.

Fuente Consultada: Revista América Vol. 39, Nº1

El protoloco de Madrid Objetivos Causas Proteccion Fauna Antartida

El protoloco de Madrid – Objetivos

El Protocolo de Madrid de 1991: clave geopolítica internacional Al entrar en vigencia el Tratado Antártico (1961), una de las principales preocupaciones de los científicos e investigadores fue la de establecer pautas para evitar que la presencia del hombre en la Antártida produjera un impacto tal que esta perdiera sus condiciones de pureza, que la constituían en el único laboratorio natural del planeta.

sintesis protocolo de madrid

Ya en la década de los sesenta estas inquietudes se reflejaron en una gran cantidad de recomendaciones, pautas de comportamiento acordadas entre los países miembros del Tratado, que al ser ratificadas por sus respectivos gobiernos se convierten en leyes. Todas estas recomendaciones quedaron plasmadas en la Convención para la Flora y la Fauna Antártica (1964), habiéndose logrado en este texto definir a la zona del Tratado Antártico como una «zona especial de conservación».

La IX reunión consultiva especial, reunida en noviembre de 1990 en Viña del Mar, negoció un régimen de protección del medio ambiente antártico y disposiciones relativas a actividades mineras y las relacionadas con hidrocarburos. Se realizaron cuatro ruedas de negociaciones, las cuatro últimas en Madrid, que concluyeron el 3 de octubre de 1991.

Este acuerdo complementa al Tratado Antártico y refuerza su sistema para garantizar que la Antártida siga utilizándose exclusivamente con fines pacíficos y no se convierta en escenario u objeto de discordia internacional. Los objetivos del Protocolo están contenidos en el preámbulo y en el artículo II.

En el preámbulo dice: «Convencidos de la necesidad de reforzar el sistema Antártico para garantizar que la Antártida siga utilizándose siempre exclusivamente para fines pacíficos y no se convierta en escenario u objeto de discordia internacional. Teniendo en cuenta la especial situación jurídica y política de la Antártida y la especial responsabilidad de las partes consultivas del Tratado Antártico de garantizar que todas las actividades que se desarrollen en la Antártida sean compatibles con los propósitos y principios del Tratado Antártico».

En el artículo II dice «Las partes se comprometen a la protección del medio ambiente y los ecosistemas de-pendientes y asociados y, mediante el presente Protocolo, designan a la Antártida como reserva natural, consagrada a la paz y a la ciencia».

El artículo III establece los principios a los que deberán ajustarse todas las actividades humanas en la Antártida disponiendo que «las actividades en el área del Tratado Antártico serán planificadas y realizadas de tal manera que se eviten:
1. efectos perjudiciales sobre las características climáticas y meteorológicas;
2. efectos perjudiciales significativos en la calidad del agua y del aire;
3. cambios significativos en el medio ambiente atmosférico terrestre incluyendo el acuático, glacial y marino;
4. cambios perjudiciales en la distribución, cantidad o capacidad de reproducción de las especies o poblaciones de especies de la fauna y flora;
5. peligros adicionales para las especies o poblaciones de tales especies en peligro de extinción o amenazadas, y 6. degradación o el riesgo sustancial de degradación de áreas de importancia biológica, científicas, estéticas o de vida silvestre…».

El artículo III dispone que las actividades en el área del Tratado Antártico deberán ser planificadas y realizadas sobre la base de una información suficiente, que permita evaluaciones previas y un juicio razonado sobre su posible impacto en el medio ambiente antártico y en sus ecosistemas dependientes y asociados, así como sobre el valor de la Antártida para la realización de tales investigaciones, incluyendo las investigaciones esenciales para la comprensión del medio ambiente global.

En suma, desde la entrada en vigencia del Tratado Antártico, ha sido constante la preocupación de las partes por lograr la protección del medio ambiente y de sus recursos.

El Protocolo ha generado un conjunto de normas creativas para ser aplicadas en un medio ambiente singular. En un documento elaborado por la Dirección Nacional del Antártico y el Instituto Antártico Argentino, del año 1996, se sostiene: «El Protocolo es un nuevo desafío para sus países miembros puesto que no todos cuentan con los medios económicos para su efectivo cumplimiento, por lo que confiamos en que el espíritu de cooperación que ha animado esto por más de treinta años continuará y dará sus resultados».

Fuente Consultadas:
Espacios y Sociedades del Mundo
Política, Economía y Ambiente
La Argentina en el Mundo
C.V. Betone de Daguerre – S.M. Sassone

Trabajo realizado por: [email protected]

El Tratado Antartico Que establece? Objetivos Hielos Continentales

El Tratado Antartico Que establece?
Objetivos – Hielos Continentales

En la década del noventa, la opinión pública tomó conocimiento de que los problemas limítrofes con Chile aún no habían terminado, tal como se creía después de la firma del Tratado de Paz y Amistad por la denominada «cuestión del Beagle», en 1984.

Mapa De La Antártida

Persistían sin solución veinticuatro cuestiones limítrofes, desde Salta (mina La Julia) hasta Santa Cruz (campo de Hielo Continental). En poco tiempo, veintidós de ellas se resolvieron de común acuerdo pues sólo se trataba de cuestiones técnicas vinculadas a la demarcación o a la identificación de los puntos que sirven de apoyo a los hitos demarcatorios.

La penúltima cuestión, en la zona de la «Laguna del Desierto» (de aproximadamente 500 km2), se resolvió en 1994 previo sometimiento al arbitraje de un jurado integrado por juristas latinoamericanos. Así, por mayoría de votos, se reconoció que el área en disputa pertenecía a nuestro país.

De esta forma, sólo queda sin resolución un último punto: el Campo de Hielo Patagónico, mal llamado Hielo Continental Patagónico. Esta última expresión se utiliza cuando las masas de hielo ocupan una superficie superior a los 50.000 km2 y fluyen independientemente del sustrato rocoso. Estas dos condiciones no se cumplen en la zona en litigio, donde la superficie cubierta por el hielo es de 22.000 km2 y fluye bajo el fuerte control de la topografía del lugar.

Como relictos de las glaciaciones cuaternarias, la región patagónica conserva dos campos de hielo, de los cuales el más austral es compartido por la Argentina y Chile, motivo de las actuales discrepancias limítrofes. El principio que rige el límite entre estos dos países es el de las altas cumbres que dividen aguas, acordado en 1881 en el Tratado de Límites y en el Protocolo de 1893-Las características geográficas del área determinaron una demora en la demarcación del límite que dio lugar a los nuevos reclamos territoriales de Chile, que no respetan lo acordado a fines del siglo pasado.

Después de la falta de acuerdo entre las dos comisiones de límites, se buscó una solución «política»: el acuerdo Menem-Alwin de 1991 creó una línea poligonal que divide la zona argentina en dos partes. Esta es una demarcación arbitraria que cede a Chile 1.057 km2 de hielos con los afluentes de los tres principales glaciares argentinos: Viedma, Upsala y Moreno.

Queda comprometida además la cabecera del río Santa Cruz y también parte del Parque Nacional Los Glaciares, área que ha sido declarada patrimonio mundial por la UNESCO. Para que el acuerdo entrase en vigor era necesaria la ratificación de ambos Parlamentos, ya que las cuestiones de límites se deciden en el Congreso. Pero no se logró quorum, por lo que sigue pendiente de definición. A fines de 1998 se anuló la poligonal y se reiniciaron las tratativas, aunque Chile sigue pretendiendo territorio argentino al este de las altas cumbres divisorias de aguas.

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PANORÁMICA DE LOS HIELOS CONTINENTALES