El Oro Como Elemento Químico

Plata Propiedades, Usos y Yacimientos del Metal

Plata Propiedades, Usos y Yacimientos del Metal

Junto al oro, la plata ha sido apreciada y buscada desde la Antigüedad, ha tenido utilidad continuada como metal monetario, y su utilidad como ornamento, antiguamente muy difundido, se ha visto reducida hoy en día, pero encuentra ahora creciente aplicación en las artes y las industrias. La fotografía (ya no tanto en la actualidad)  y la electricidad consumen la mayor parte de una producción que no puede ser ampliada fácilmente para satisfacer la demanda.

Se llaman también metales nobles o blancos  porque no se oxidan al aire, o en el agua, y sólo los atacan ácidos fuertes. Debido a esto se usaron durante mucho tiempo para hacer monedas. Ambos metales se conocen desde hace miles de años, y en excavaciones hechas en lugares de las primitivas civilizaciones, particularmente Egipto, se han encontrado objetos fabricados con estos metales.

En contraste con muchos metales, que sólo se presentan en la Naturaleza en forma de compuestos químicos, tanto el oro como la plata se presentan como elementos, por lo que estos metales se conocen desde hace mucho tiempo.

Aunque el oro y la plata se pueden encontrar en estado casi puro, lo más frecuente es que formen aleaciones de plata, oro y cobre. La presencia del cobre, plata y oro juntos no es de extrañar, puesto que los tres están íntimamente ligados, y todos pertenecen a la misma familia del sistema periódico.

La producción de plata ha seguido unas fluctuaciones paralelas a las del oro. Fue extraída primitivamente en la Europa mediterránea, pero con el descubrimiento de América irrumpieron en Europa enormes cantidades de plata procedente de Perú, Bolivia y México. Los yacimientos de la cadena montañosa que se extiende desde Alaska hasta la Tierra del Fuego han sido, hasta hoy, las fuentes más Importantes de los abastecimientos mundiales de plata. La mayor parte del resto procede de Australia y de la Unión Soviética.

La plata se encuentra en yacimientos de diversos tipos, pero los más importantes son aquellos constituidos por filones de tipo hidrotermal, formados a mediana o baja temperatura. En ellos han depositado los minerales de plata las aguas calientes que arrastraban las sustancias en disolución, y siempre van aquéllos acompañados por minerales de plomo, cinc y cobre. Son especialmente ricos los situados en las cordilleras sudamericanas, que se encuentran en relación con actividades intrusivas o volcánicas de la era Terciaria.

El yacimiento argentífero más célebre del mundo es, sin lugar a dudas, el cerro Potosí (Bolivia), pico volcánico que eleva su cumbre a 4.890 metros sobre el nivel del mar. Desde su descubrimiento en 1544 hasta la actualidad ha producido más de 2.000 millones de onzas de plata.

Sin embargo, sólo un pequeño porcentaje de yacimientos argentíferos son lo suficientemente ricos como para ser explotados por la plata solamente: la mayor parte de la plata se produce como un subproducto valioso en la minería del cobre, del plomo y del cinc, y su ritmo de producción está regido estrictamente por los ritmos de producción de sus metales asociados, y la producción total no ha podido ser ampliada lo suficiente para cubrir la demanda creciente.

El tenor de los minerales de plata varía con el precio de ésta: los minerales directos de plata necesitan, en general, contener unas 15 onzas por tonelada. Los minerales mexicanos poseen un porcentaje menor. Los minerales de los grandes depósitos de plomo-plata del mundo tienen por término medio una onza de plata por tonelada. El empleo de plata con fines monetarios se ha reducido mucho, pero sigue utilizándose en grandes proporciones en orfebrería.

Mineral Plata

PRODUCCIÓN
La plata se obtiene, principalmente, como subproducto cuando se retinan los minerales de cinc y cobre. Sin embargo, también se obtiene de minerales ricos en plata, siendo el más común la argentita, un sulfuro de plata. Éste y otros minerales de plata se encuentran ampliamente distribuidos en el continente americano, aunque en ninguna parte se halla en grandes cantidades.

El principal productor mundial de plata es México, con un 35 % de la producción mundial (alrededor de 6.000 toneladas al año). De los muchos procesos desarrollados en el tiempo, el normalmente usado hoy en día para beneficio de la plata, a partir de la argentita, es el proceso del cianuro. Después de triturar el mineral, se muele finamente en un molino de bolas que contiene una solución diluida de cianuro sódico.

Al registrar en 2014 su mayor producción de plata en la historia, México sumó su quinto año consecutivo como el mayor productor de este metal precioso en el mundo, apuntó el Instituto Mundial de la Plata. En su informe anual indicó que México produjo en 2014 un total de 192.9 millones de onzas de plata, equivalentes a 6,000 toneladas, lo que representa un alza de 5.8 millones de onzas respecto de la producción nacional de 2013.

El sulfuro de plata, y también la plata libre, reaccionan con la solución de cianuro sódico para dar argento-cianuro sódico, Na [Ag(CN);] que es soluble en agua.

La suspensión se agita durante varios días con aire comprimido. Así se oxida el sulfuro sódico formado por la reacción entre el sulfuro de plata y el cianuro sódico. La solución de argento-cianuro sódicu se filtra, y se separa el aire disuelto haciendo el vacío. Finalmente, la plata se separa de la solución añadiendo una suspensión de cinc finamente pulverizada.

La plata precipitada se filtra y se seca. Este producto contiene, como mínimo, 75 % de plata, pero aún existen impurezas, especialmente, exceso de polvo de cinc. Por tanto, es necesario una purificación ulterior.

Puesto que el 75 % de la producción mundial de plomo se obtiene de minerales que también contienen plata, es evidente que interesa la recuperación de la plata en la etapa del refinado del plomo, par sus beneficiosos resultados. Un sistema para recuperar la plata es el proceso Parkes.

Después de separar otras impurezas dé la aleación plomo-plata, especialmente cobre, antimonio, arsénico y estaño, se añade cinc al baño. La plata es mucho más soluble que el plomo en el cinc, por lo que después de mezclar el contenido del baño la mayor parte de la plata pasa a la capa del cinc fundido, que flota sobre el plomo. Cuando desciende la temperatura del baño se separa la aleación cinc-plata de la superficie, a medida que va solidificando. A continuación se destila el cinc, y queda finalmente la plata, que tiene un punto de fusión más alto.

La plata es un metal blanco que tiene una buena resistencia a la acción de la mayoría de las sustancias. No la atacan el oxígeno ni el aire, pero se ennegrece fácilmente si el aire tiene trazas de ácido sulfhídrico, que forma una capa negra de sulfuro de plata en la superficie.

La capa negra que aparece en los cubiertos de plata se debe a la acción de los compuestos orgánicos de azufre. Los halógenos (cloro, bromo, yodo) atacan a la plata, pero no la afectan los álcalis y sólo reacciona con muy pocos ácidos: ácido sulfúrico concentrado en caliente y ácido nítrico diluido. La plata es el mejor conductor del calor y de la electricidad, aunque corrientemente se usa el cobre, porque es más económico.

Sin embargo, también se usa la plata en plantas químicas, debido a su resistencia a la corrosión y su punto de fusión relativamente alto (960° C), además de su alta conductividad. Así, las vasijas de reacción, hervidores en columnas de destilación, se recubren a veces de plata. Los tubos de los intercambiadores de caler se hacen de plata.

La plata se utiliza en varios tipos de aparatos eléctricos. Es de particular valor en contactos eléctricos, como en las unidades de control de los semáforos. Numerosas aleaciones de plata son de importancia industrial, como las de plata-cobre-cinc y plata-fósforo-cobre, que se usan para soldar el latón. Sin embargo, la mayor cantidad se usa en materiales fotográficos.

Esquema básico del proceso con cianuro

El platino forma parte de un grupo de metales relacionados entre sí, integrado por osmio, iridio, paladio, rodio y rutenio. No sólo están asociados en la naturaleza, sino que en la industria se les alea frecuentemente, por lo que se denominan «metales del platino».

El platino y el paladio son los más abundantes del grupo, pero su abundancia dentro de las rocas máficas no permite considerarlas como recursos potencíales de ellos, a no ser que hayan intervenido procesos de concentración especiales. Son metales muy pesados, insoluoles, maleables y de dureza elevada. El iridio es el más pesado y el osmio el más duro.

El platino se origina en las rocas ígneas ultrabásicas, donde fue concentrado por procesos magmáticos. La intrusión máfica más grande descubierta hasta ahora en el mundo, el complejo Bushveldt, de África del Sur, contiene una zona denominada Merensky Reef, con platino enriquecido, que por sí sola es suficiente para satisfacer las necesidades mundiales durante muchos siglos.

El proceso de erosión y sedimentación, al ser los metales del grupo resistentes a la meteorización y de densidad elevada, originan placeres; son importantes los de los montes Urales, en la Unión Soviética. Las arenas productivas llegan a tener 1,5 metros de espesor, y los centros más importantes están en las vertientes orientales de las cuencas de los ríos Iss y Tura.

Fuente Consultada:
TECNIRAMA Enciclopedia del la Ciencia y la Tecnología (CODEX) Fasc. N°50
NATURA Las Reservas Económicas Ediciones JOVER

España y el Oro Americano Carlos V y Felipe Oro de America Europa

España y el Oro Americano
Carlos V y Felipe de España

historia sobre el oro

Cabría pensar que hacia mediados del siglo XVI España tuvo que ser, con mucho, la nación más rica de Europa. Sin embargo, no lo fue.

La repercusión de esta incorporación inmensa y súbita a la riqueza monetaria fue sentida en el resto de Europa e incluso en el Extremo Oriente, pero en España no subsistieron beneficios duraderos de las hazañas espectaculares de los conquistadores y de los ríos de sangre que fluyeron de blancos e indios.

El oro entraba por un lado y desaparecía por otro, sin dejar rastro. ¿Cómo fueron los españoles capaces de desbaratar estas riquezas? ¿Por qué tan gran porción de los frutos de esa primera fiebre del oro acabó en manos de otros?.

Parte de las respuestas a estas preguntas radica en las peculiaridades del carácter de la España del siglo XVI.

Carlos V reinó junto con su madre en todos los reinos y territorios de España con el nombre de Carlos I (1516-1556)

Otra, y quizá mayor, fue resultado del entorno dinámico e incansable de la época, en donde la sociedad española estaba mal preparada para intervenir.  Una vez que el oro comenzó a llegar en cantidad, los españoles se mostraron mucho más activos en el gasto que en la producción. Las enormes importaciones de oro y de plata estimularon las inclinaciones al gasto al mismo tiempo que ahogaban el incentivo hispano para la producción.

España se comportó como un individuo pobre que gana una fortuna en la mesa de juego, pero llega a creer que el dinero es su destino y no un acontecimiento aislado. Y desde luego no volvió a repetirse: por copiosos que fueran durante el siglo XVI los envíos de oro a España, alcanzaron un punto máximo hacia la mitad del siglo y cayeron en picado a partir de 1610; los envíos de plata lograron su cenit hacia el ario 1600 e iniciaron un marcado declive a partir de 1630.

Durante el siglo XVI , cinco sextas partes de las mercancías salidas de España, sobre todo a las colonias, eran bienes cultivados o manufacturados en otros países. A finales de ese siglo, las Cortes declaraban:

«Cuanto más [oro] llega, menos tiene el reino […]. Aunque nuestros reinos deberían ser los más ricos del mundo […] son los más pobres, porque sirven sólo como puente para que [el oro y la plata] vayan a los reinos de nuestros enemigos.» Un observador español, Pedro de Valencia, escribió en 1608: «Tanta plata y tanto dinero …] han sido siempre un veneno fatal para las repúblicas y ciudades. Creen que las mantendrá el dinero y no es cierto; lo que proporciona sustento son los campos arados, los pastos y las pesquerías.» Otro se quejaba: «La agricultura abandonó el arado y se vistió de seda, ablandando sus manos encallecidas E…]. Los oficios adquirieron aire de nobleza y se lucieron por las calles.»

En vez de transformar el oro y la plata en nueva riqueza productiva, los españoles pagaron a otros países con los metales preciosos y gastaron tanto que las deudas a países extranjeros se incrementaron en gran medida. En fecha tan temprana como la década de 1550, una sentencia popular afirmaba que «España es las Indias de los extranjeros» porque harto buen dinero español era pagado a los foráneos a cambio de «puerilidades»: fruslerías como ajorcas, cristalería barata y naipes.

España había cometido un costoso error económico en 1492, el año de Colón, aunque la decisión produjo alegría y orgullo en el tiempo en que fue tomada. Tanto los judíos como los musulmanes fueron expulsados en 1492. Luego de su conversión al cristianismo, permanecieron algunos judíos, pero rápidamente se desintegró la vibrante comunidad intelectual que tan gran contribución habla hecho a España durante centenares de años. La mayoría de los españoles cristianos de la época eran campesinos o soldados, analfabetos y sin conocimiento alguno de la aritmética elemental. Los nobles se mostraban ociosos o se consagraban a la guerra.

Judíos y musulmanes, en contraste, eran instruidos, encabezaban e progreso científico y eran inmunes a las estrictas reglas cristianas contra la usura Fueron diestros administradores públicos y hombres de negocios. Los musulmanes, en particular, poseían una larga tradición en el comercio, la importación y la exportación. Con su partida, España perdió casi toda su clase comercian autóctona, que resultaba esencial en una época de dinámico desarrollo económico en toda Europa.

Cádiz y Sevilla, por el contrario, rebosaban de extranjeros: mercaderes y banqueros genoveses, prestamistas alemanes, fabricantes holandeses y suministradores de cualquier género de bienes, servicios y finanzas di toda Europa, incluso bretones y gentes de áreas tan lejanas como las costas dé mar del Norte. Casi todos los cuantiosos préstamos que recibió España durante el siglo XVI tuvieron financiados por extranjeros. La salida de judíos y musulmanes constituyó una pérdida en otro sentido.

En razón de su situación geográfica, España no se hallaba en la ruta que seguían comerciantes y viajeros para ir de un lugar a otro. La línea de países desde Francia hacia el este y la proyección de Italia y de Grecia hacia el Mediterráneo se encontraban en la encrucijada este-oeste de viajes y comercio a través de Europa. No había necesidad de cruzar España a no ser que se viniera de África y, aun así, la península no constituía la única posibilidad. Como resultado, el país tendió a quedarse más encerrado en sí mismo.

Sólo Sevilla, Barcelona y Bilbao mantenían conexiones significativas con el resto de Europa. El ambiente cosmopolita procedía de judíos y musulmanes, quienes durante siglos habían mantenido contactos con otros países. Su partida cortó el vínculo con el mundo exterior, dejando a España dependiente de forkeos leales a otras potencias.

Un estudio autorizado ha resumido la situación de España como una terrible paradoja:

El oro y la plata adquirían simplemente su rango internacional en España sin hallarse en modo alguno vinculados a la economía española…] Existían una abundancia de metales sin ninguna evolución productiva y un alza de los precios sin alteración monetaria. En suma, la España del siglo XVI se caracterizaba por una separación entre el dinero y las mercancías.

El gran despilfarro inspirado por el oro de España no radicó en el afán de lujo o en la pérdida de una complejidad comercial y financiera. Se centraba en los sueños de gloria de los monarcas españoles. El oro había estado siempre vinculado al poder.  Una vez que los reyes de España comprendieron cuánto les proporcionaría la nueva riqueza de los descubrimientos en las colonias americanas, se convencieron de que su fortuna era lo bastante grande pasa imponer al mundo su voluntad, especialmente en la candente cuestión del catolicismo frente al protestantismo.

Hacia mediados de ese siglo, la mitad de todos los negocios en España se llevaban a cabo por cuenta del rey. Carlos V, que ascendió al trono en 1516 tras la muerte de su abuelo Fernando, estaba resuelto a hacer de España la potencia dominante en Europa. Pero no le bastaba el poder de España. También deseaba seguir los pasos de su otro abuelo y convertirse en emperador del Sacro Imperio Romano. A ese puesto no se llegaba por vía hereditaria; sólo era posible convertirse en emperador a partir de la elección de un grupo de alemanes designados por el Papa, los electores. Francisco I de Francia poseía ambiciones idénticas. Estalló una intensa guerra de pujas por la compra de votos, en un ilimitado certamen de sobornos. Francisco se hallaba respaldado por los banqueros genoveses y Carlos por los Fugger, la gran familia de banqueros de Augsburgo.

El Oro de los Incas Tesoros Usurpados Por Los Españoles

El Oro de los Incas
Tesoros Usurpados En Su Conquista

historia sobre el oro

Antes de la llegada de los conquistadores españoles a Perú, así como a toda América central y del Sur, los incas constituían un potente imperio que puede colocarse entre los grandes edificadores de la historia universal.

En la época en que llegaron los conquistadores españoles, en la primera mitad del siglo XVI, los incas se encontraban divididos; el trono y el poder estaban siendo disputados por dos pretendientes: Huáscar y Atahualpa, que contaban con el apoyo de parte de la aristocracia.

Es en este momento cuando los españoles, conducidos por Francisco Pizarro, irrumpen en escena y comienzan sus campañas de conquistas en el año 1532.

En principio se enfrentaron a las fuerzas de Atahualpa, mucho más numerosas que las españolas, pero muy impresionadas por el armamento y en especial por los caballos y trabucos de éstas.

Los españoles lograron ganar la confianza de Atahualpa y atraerle a su campamento de Cajamarca, donde mataron a sus acompañantes y le hicieron pasionero, veamos como fue la historia…

LA HISTORIA DE LA CONQUISTA ESPAÑOLA: Pizarro entró en la ciudad capital el 15 de noviembre de 1532 y, en una breve entrevista con Atahualpa, éste les instó a que le devolvieran las tierras tomadas y aplazaran la entrevista para el día siguiente. Aquella noche los españoles se escondieron alrededor de la plaza.

Cuando al otro día llego el Inca con su escolta y se empezó a impacientar, cayeron sobre ellos sin previo aviso, ahuyentándoles y apresando a Atahualpa; al amanecer siguiente saquearon el campamento de la ciudad.

El clérigo que acompañaba a Pizarro corrió hacia donde se hallaba el conquistador y le previno: «Actúa al instante. Yo te absuelvo.»

Pizarro agitó un pañuelo blanco, tronó un cañón desde la fortaleza y sus hombres, algunos montados y otros a pie, se precipitaron hacia la plaza, lanzando su grito de batalla que invocaba a Santiago, patrón de España: «Santiago y a ellos!»

Los indios fueron presa del pánico. Sorprendidos por el estruendo de la artillería y los mosquetes, y cegados por la humareda sulfurosa, no ofrecieron resistencia cuando los españoles los arrollaron con sus caballos y los acuchillaron indefensos.

La matanza de los indios continuó durante largo tiempo hasta que cayeron miles de ellos.

Es discutible el número de  muertos, pero los prisioneros fueron incontables.

Algunos de los soldados de Pizarro deseaban ejecutar a los prisioneros o al menos incapacitarles, cortándoles las manos. Pizarro se negó y liberó a todos con la acepción de un pequeño número de ellos que quedaron para atender las necesidades de los españoles.

Por su parte, Atahualpa observaba atentamente a los españoles. Pronto descubrió que sentían un deseo aún más poderoso que el de convertirle al cristianismo: su amor al oro. Un día Atahualpa propuso un trato.

Si Pizarro le dejaba en libertad, el Inca dispondría que en el plazo de dos meses la estancia por él ocupada fuese colmada de oro hasta la altura donde alcanzara su mano; el oro procedería del palacio real, los templos y los edificios públicos.

La estancia tenía de 5 m. de ancho, 7 m. de largo y 3 m de alto. Ansioso de tantas riquezas, Pizarro aceptó la oferta. Cuando Atahualpa se puso de puntillas, trazaron una línea roja en el punto hasta donde llegó; un escribano redactó las cláusulas del acuerdo y Atahualpa despaché correos para la ejecución de la tarea.

Pizarro también envió a la capital, Cuzco, emisarios que hubieron de recorrer 900 Km. por un escarpado camino entre las montañas. Allí encontraron el gran templo del Sol cubierto de planchas de oro yen su interior momias reales, cada una sentada en un trono áureo.

Los españoles arrancaron de los muros del templo setecientas planchas del tamaño de la tapa de un cofre y un peso de algo más de dos kilos. Así constituyeron doscientas cargas de oro que serían trasladadas a Cajamarca sobre los hombros de los humillados indios. Esta fue simplemente una incursión preliminar; más tarde se llevaría a cabo una mayor y más rapaz expedición a Cuzco.

Mientras tanto llegaba oro de todo Perú, de los templos y palacios del Inca y de otros edificios públicos, para cumplir su pacto con Pizarro. El metal revestía muchas formas: copas, aguamaniles, bandejas, vasos de variedades múltiples, ornamentos y utensilios, baldosas y planchas, curiosas imitaciones de distintos animales y plantas y una fuente que alzaba un deslumbrante surtidor de oro.

Pizarro seleccionó una pequeña muestra de esos objetos para remitirlos al emperador, Carlos V nieto de Isabel. Éste había heredado de su madre, Juana la Loca, los reinos de España y era además emperador del Sacro Imperio Romano, cuyo trono ocupé su abuelo paterno. Sólo Napoleón y Hitler Hitler en la cumbre de su poderío gobernaron una superficie mayor de Europa.

Excepto la reducida muestra que Pizarro enviéó a España, ni una sola pieza de aquel tesoro de la estancia de Atahualpa ha sobrevivido en su forma original, pero resulta asombrosa la menguada cantidad de obras áureas peruanas que escapó de las manos de los españoles y ha llegado hasta nosotros.

Con tal facilidad se obtenía oro de gran pureza de los depósitos fluviales de Perú que muy pronto surgió la orfebrería. Hacia 500 a.C. se hacían ya diademas, pendientes, brazaletes y placas. Existen incluso objetos más antiguos con claras influencias chinas y vietnamitas, que sugieren que los marinos asiáticos cruzaban el Pacífico cuando los europeos apenas conseguían atravesar el Mediterráneo.

Bien es cierto que ignoramos si consiguieron regresar. Los peruanos de la época de la conquista recubrían con finos panes de oro vasijas y máscaras de gran variedad, complejidad y opulencia. Entre sus logros más espectaculares figuraron enormes copas de boca ancha con la forma de una efigie humana, difícil obra técnica con un efecto sorprendente en quien tas contemplaba.

Algunas de ellas muestran la cabeza en una posición invertida; se bebía así del cuello, indicio de que tales recipientes representaban quizá cabezas de enemigos derrotados. Quien las utilizaba bebía simbólicamente en el cráneo de un adversario, al igual que los lombardos.

Se ha encontrado una túnica de lana que contenía 30.000 minúsculas placas de pan de oro. En el otro extremo de la escala, los orfebres crearon planchas de oro con dibujos repujados y destinadas a cubrir las paredes, como las que los españoles arrancaron de los muros del templo de Cuzco.

A excepción de la pequeña muestra reservada a Carlos V, todo el tesoro acumulado en forma de ornamentos fue convertido en dinero. Un objeto tras otro desapareció en los crisoles para ser transformado en lingotes de un tamaño uniforme. Pizarro asigné esta tarea a los orfebres indios, los mismos hombres que habían creado esas maravillosas obras. La tarea duré un mes entero, pero produjo 1.326.539 pesos de oro, cuyo valor fue calculado por Prescott en 15 millones de dólares cuando escribió su libro, durante la década de 1840.

En dinero actual equivaldrían a 270 millones de dólares, que en cualquier circunstancia representarían una espléndida retribución por los esfuerzos acometidos. Mas esta cifra no puede revelar la repercusión de tal tesoro en las economías mucho más menguadas del siglo XVI.

El cálculo no incluye el trono en el cual el Inca hizo su tumultuosa llegada: 86 Kg. de oro de 16 quilates o el equivalente de la producción anual de las minas peruanas. Pizarro se reservé este botín. El tesoro que llenó la estancia de Atahualpa superaba el total de la producción anual en Europa en aquel momento o, dato todavía más impresionante, era comparable a veinte años de producción de las minas peruanas.

En contraste, vale la pena recordar que Justiniano empleó el doble de oro en Santa Sofía y que los tres millones de coronas del rescate de Juan II suponían más del doble de la masa de oro en la estancia de Atahualpa. ¡No es extraño que Justiniano creyera haber superado a Salomón y que los franceses se rebelaran ante los gravámenes que soportaron!.

Biografia de Vasco Nuñez de Balboa Descubrimiento del Oceano Pacifico

Biografía de Vasco Nuñez de Balboa Descubre el Océano Pacífico

historia sobre el oro

La vida extraordinaria de este conquistador español en la primera época del descubrimiento de América  está reflejada cabalmente en Vasco Núñez de Balboa, el descubridor  del mar del Sur, actual Océano Pacífico.

Su personalidad está vinculada a la colonización del golfo de Darién y del istmo de Panamá, en cuyos parajes, en el transcurso de ocho años de vida frenética, fue soldado, alcalde mayor, jefe militar, adelantado del mar del Sur y gobernador de namá y Coiba, para acabar miserablemente sus días en el patíbulo.

Fue un adelantado, explorador, gobernante y conquistador español. Fue el primer europeo en divisar el océano Pacífico desde su costa oriental y el primer europeo en fundar una ciudad permanente en tierras continentales americanas. 

Vasco Nuñez de Balboa

Aventurero genial, organizador de temple y de bravura sin par, Balboa es una figura de la que irradia una irresistible simpatía, pese a su temperamento levantisco y ambicioso y a su dureza para los indígenas.

Fecha de nacimiento: 1475, Jerez de los Caballeros, España
Fallecimiento: 15 de enero de 1519, Acla
Ocupación: Militar y gobernante colonial
Cónyuge: María de Peñalosa (m. 1516–1519)
Padres: Álvaro Núñez de Balboa

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BIOGRAFIA DE VASCO NUÑEZ DE BALBOA: Este personaje de la conquista española del Nuevo Mundo, nacido en 1475 en Extremadura, España, inició su carrera como polizón.

Primero marchó de España para instalarse en la isla La Española, de donde huiría por deudas, y en 1510, cuando Martín Fernández de Enciso preparaba una expedición al poblado de San Sebastián, en el golfo de Lirabá, costa oriental de la actual Panamá, Balboa se escondió en un barril a bordo.

Llevaba consigo a su perro mastín, Leoncico. Cuando la nave estaba en alta mar, Vasco se presentó ante la furia del capitán.

Pero fue perdonado, especialmente, porque ya había estado en esas tierras y su experiencia podría ser útil.

Al llegar a San Sebastián comprobaron que todos los colonos habían sido muertos tras un encuentro con los nativos. Uno de los pocos sobrevivientes era Francisco Pizarro, el futuro conquistador de Perú.

Balboa escondía un secreto sueño: quería llegar a la costa occidental porque había logrado informarse de que allí la tierra que supuestamente lo separaba del “otro mar» era escasa y angosta.

En 1511 partió con 100 hombres. En Careta trabó relación con los indios e incluso el cacique se convirtió al cristianismo y entregó a su joven hija a Balboa.

Siguió la avanzada por tierras cada vez más tropicales y complejas. Toparon con otra aldea donde el jefe los recibió amablemente, luciendo corona de oro, rodeado de sus hijos y los atendió con manjares y bebidas fermentadas.

Uno de los hijos del cacique advirtió la extraña mirada de los visitantes a todo lo que relucía y les regaló adornos de oro, lo que provocó la pérdida total de la compostura de los españoles que se trenzaron en furiosa pelea.

El cacique entonces —como ocurriría muchas otras veces— les señaló a lo lejos, lo más lejos posible, una tierra colmada de oro. Y les aseguró que detrás de las montañas, hacia el sur del istmo, yacía un inmenso mar quieto, donde desembocaban ríos de oro y sus playas estaban cubiertas de perlas.

Vasco Núñez de Balboa regresó a la base y se reorganizó. Reemprendió la búsqueda. Cruzó selvas intrincadas, espesura entramada, humedad permanente, tropezó con alimañas, insectos, pájaros gritones, todo siempre en la casi permanente oscuridad verde de la jungla tropical. Pero a medida que avanzaban la vegetación era menos densa.

Comenzaron a trepar. La tierra se elevaba y hacía más claro el día. Cuando Vasco vio la cima de la montaña, ordenó que sus 66 hombres lo esperaran. Subió solo. Allí arriba finalmente, con sus ojos desmesurados, la boca entreabierta y las manos crispadas, divisó el Mar del Sur.

Quieto. Inmenso. Infinito. Era septiembre de 1513. Había llegado a lo que luego Magallanes llamada con más precisión Océano Pacífico.

Vasco había escuchado por primera vez el nombre de un mágico imperio, llamado Pirá. Encontrarían las islas de las perlas.

Esta hazaña rindió una fortuna para el contingente que naturalmente repartió Balboa, separando la parte de la Corona y luego la del capitán y finalmente, la de los miembros de la delegación, por panes iguales, aunque una parte fue para Leoncico, el perro más rico del Nuevo Mundo, cuyos caninos bienes administraría el propio Núñez de Balboa.

La aventura de Balboa terminada con acusaciones de traición, crímenes contra los indios y conspiración contra la Corona.

El 15 de enero de 1517 Vasco Núñez de Balboa fue decapitado en la plaza pública. Cuando su cabeza comenzó a rodar, sus ojos permanecieron abiertos, enormes, desmesurados, incrédulos, angustiados. Otra vez estaban viendo el infinito.

EL FIN DE BALBOA: Dos días más tarde (de descubrir el océano) , Balboa penetró en el Pacífico con la espada desenvainada y reivindicó para el rey de España «el gran Mar del Sur con todo que contiene». Luego, fijando la medida de crueldad con los indios que emularían muchos otros españoles, Nuñez de Balboa y sus hombres saquearon sin piedad el copioso tesoro de objetos de oro que encontraron en las aldeas indígenas de la zona.

A todas luces carecían de significado para ellos la elegancia la complejidad deslumbrante de esos objetos semi-abstractos. Se mostraron mucho más fascinados por los rastros de mineral áureo que descubrieron en las costas arenosas del mar.

Este deslumbrante acontecimiento no resolvió las dificultades de Balboa quien parece haberse hallado en constantes apuros frente a las autoridades.

Poco tiempo después del descubrimiento del Pacífico y cuando hacía planes para navegar hacia el sur por su mar recién descubierto, camino de Perú y en busca de más oro, el gobernador de Darién le acusó de traición y ordenó que lo decapitasen.

Este gobernador que había sido enviado por el rey de España con 1.500 hombres tras conocer la espléndida noticia del descubrimiento de Balboa, era en realidad el suegro de éste. El ejecutor designado para la tarea por el gobernador fue nada menos que Francisco Pizarro.

El Gran Pago del Rescate del Delfin de Francia Juan II Rey Francés

El Gran Pago del Rescate del Delfín de Francia

historia sobre el oro

El delfín, hijo de Juan el Bueno (y también duque de Normandía) traicionó a su padre. En abril de 1356 celebró en su castillo de Rouen una cena en honor de su primo y vecino Carlos el Malo, rey de Navarra, confiando en organizar una conspiración para conseguir el trono de Francia.

Carlos era tan malvado que cualquiera comparado con él, como el propio Juan II, habría sido calificado de bueno.

Previamente enterado de la reunión entre Carlos y el delfín, Juan II irrumpió allí armado hasta los dientes. Ordenó la muerte de los partidarios de Carlos, encarceló a éste y confiscó sus propiedades normandas.

El hermano de Carlos el Malo y los seguidores que habían sobrevivido solicitaron ayuda inglesa para recobrar sus posesiones.

Los ingleses respondieron sin demora y bajo el mando del duque de Lancaster desembarcaron en Cherburgo y penetraron tierra adentro y secuestraron a Juan II.

Así el rey de Francia se convirtió en prisionero de guerra.

El monarca no fue en modo alguno la única persona distinguida capturada aquel día. En la lista figuraban los más altos jefes militares franceses y más de 2.000 miembros de la nobleza.

Siete meses después de la batalla, el Príncipe Negro condujo al rey francés a Inglaterra y le acomodó por todo lo alto en el palacio de Savoy hasta percibir el rescate. ¿Pero cuál sería su cuantía?.

Cuando los franceses rechazaron una oferta preliminar en 1358, los ingleses respondieron elevando sus exigencias. Mientras tanto se agotaba el tiempo.

En marzo de 1359, cuando sólo quedaban seis meses para que concluyese la tregua negociada en Poitiers, Juan II firmó el tratado de Londres.

Su desesperación se tornó evidente en las condiciones que aceptó: a cambio de abandonar la cautividad, había de entregar Francia desde Calais hasta los Pirineos, amén de pagar un rescate de cuatro millones de ecus de oro (coronas de oro, el equivalente demás de 600.000 libras).

El pago del rescate estaría garantizado por la entrega de cuarenta rehenes nobles y reales.

Si los franceses impedían de cualquier modo la ejecución de ese tratado, Eduardo tendría derecho a volver a enviar sus ejércitos a Francia, a expensas del rey francés.

Eduardo sabía lo que hacia cargando el peso económico sobre el enemigo, porque sus guerras en Francia resultaban altamente costosas.

Sólo en un año obtuvo doscientos mil florines de oro de sus banqueros italianos (no cumplió luego las condiciones del préstamo).

Cuando el delfín, que actuaba como regente en ausencia de su padre, recibió noticia de su capitulación total, convocó a los Estados Generales para que le ayudasen a tomar la dificilísima decisión de elegir entre la paz y la reanudación de la guerra.

La respuesta fue inmediata y unánime: el tratado era inaceptable y habìa que declarar la guerra a Inglaterra.

Los ingleses pronto acometieron otra prolongada campaña en Francia septentrional, pero esta vez los franceses rehuyeron la batalla campal y recurrieron a la estrategia de tierra quemada.

El 13 de abril, cuando el diezmado y ya harapiento ejército inglés acampó cerca de Chartres, cayó un granizo extraordinariamente intenso, acompañado por vientos huracanados y chubascos de agua gélida.

Según Tuchman, «en media hora el ejército de Eduardo sufrió una acometida que no hubieran podido infligirle manos humanas y que difícilmente podía ser considerada algo distinto de una advertencia celestial».

Es raro el jefe militar que en algún momento no haya atendido a los mensajes de fuentes sobrenaturales. Eduardo III, por duro que friese en muchos otros aspectos, resolvió en este punto que la discreción constituía la mejor parte del valor En cualquier caso, retenía un considerable poder negociador porque Juan II seguía siendo su prisionero.

Aceptó reanudar las negociaciones, que concluyeron por fin el 8 de mayo de 1360 en la cercana localidad de Brétigny. El rescate de Juan quedó reducido a tres millones de coronas de oro. También menguaron las concesiones territoriales, pero todavía representaban cerca de una tercera parte de Francia.

El tratado señalaba de forma explicita que los cuarenta rehenes serían retenidos como medida de seguridad del pago del rescate. En las estipulaciones se incluyeron a dos de los hijos menores del rey, a su hermano, al cuñado del delfin ya nueve grandes condes.

Los ingleses aceptaron que Juan pasara de Londres a Calais tras el paco del primer plazo del rescate constituido por 600.000 coronas de oro.

En ese punto quedarían también en libertad diez de los nobles prisioneros, pero habían de ser reemplazados por cuarenta miembros adinerados del Tercer Estamento, la burguesía; como Willie Sutton, Eduardo III sabía muy bien dónde estaba el dinero. El resto del rescate de Juan II tendría que ser abonado en seis plazos trimestrales de 400.000 coronas. El pago de cada plazo determinaría la liberación de una quinta parte de los rehenes.

En cualquier circunstancia, ese rescate habría representado una carga terrible para los franceses, pero resultaba especialmente gravoso tras las depredaciones de la Peste Negra y los estragos y destrucciones de la guerra.

La situación fue tan difícil en un determinado momento que los franceses invitaron a regresar a los judíos, a quienes habían expulsado en 1306, ofreciéndoles residencia durante veinte años mediante la entrega de veinte florines por cada individuo que volviera y siete florines anuales a partir de entonces»

El propio Juan contribuyó con la espléndida dote obtenida por casar a su hija de once años con el rico tirano de Milán, Galeazzo Visconti. El cronista Matteo Villani describió la unión como «subasta de la propia carne del rey». El primer plazo del rescate fue abonado en octubre de 1360. Eduardo se reunió entonces con Juan en Calais y los dos monarcas juraron mantener una paz perpetua.

Después de cuatro años de cautividad, el rey de Francia era al fin un hombre libre. Difícilmente cabría considerar la ocasión como jubilosa. Juan II retornaba a un país que Petrarca, por entonces embajador de los Visconti, describió como «un montón de ruinas. ..» Por doquier reinan el vacío, la desolación y la miseria»: Tampoco fue éste el final de la historia de los pagos del rescate de Juan II.

Algunos rehenes murieron en Inglaterra a causa de la peste, que seguía reapareciendo periódicamente. Otros miembros del grupo trataron de utilizar sus propios recursos para comprar su libertad. Los pagos del rescate pronto sufrieron retrasos.

En 1563, convencido de que su honor estaba en entredicho, Juan cruzó el canal de la Mancha una semana después de Navidad y se impuso la cautividad en Londres, desoyendo los apremios de su Consejo, sus prelados y barones. Fue recibido por los ingleses con gran ceremonia y fasto, pero enseguida cayó enfermo y murió en abril de 1564.

Sólo tenía cuarenta y cinco años. Aún restaba por pagar de su rescate un millón de coronas de oro. En definitiva se abonó menos de la mitad del rescate, pero incluso 1,5 millones de coronas de oro constituían una cantidad colosal de dinero.

Equivalían a todo un año de jornales de unos seis braceros, a trescientas mil ovejas, a unos seis millones de linos de cerveza o a más de cuatro veces el total de los impuestos de capitación que casi veinte años después provocarían una violenta rebelión?.

Crisografia Escribir con Oro Técnica

Crisografía Escribir con Oro

historia sobre el oro

Los europeos imitaron a los bizantinos en el uso delicado de este metal (oro) , conocido como crisografia , en donde una pequeña cantidad de oro en polvo queda suspendida en la clara del huevo o goma.

De esta forma , el metal entonces aplicado a la ilustración de libros como caligrafía, que los europeos desarrollaron hasta constituir un arte de belleza excepcional. La propia técnica había llegado en el siglo II d.C., a través de Egipto y Grecia, para satisfacer la manda romana de artículos de lujo, pero fue Carlomagno quien apoyé el que tomé cuerno en los manuscritos iluminados.

escritura con oro

Carlomagno insistió en que los libros elaborados durante su reinado tuviesen una mejor calidad y asignó la responsabilidad principal de ello a un eclesiástico inglés,Alcuino de York. Los mas famosos entre los volúmenes logrados la supervisión de Alcuino fueron dos evangeliarios: el de Godescalc, escrito para Carlomagno en 783, y el de Saint-Méthard, ambos conservados ahora la Biblioteca Nacional de París.

Los libros de Saint-Méthard guardan toda caligrafía en oro y están ilustrados con miniaturas en oro y plata sobre fondo púrpura. Las letras están diseñadas con gran cuidado, en buena parte adap de la escritura romana de la época de Virgilio, con un trazado peculiar e invariable.

La letra cursiva que hoy se enseña en la escuela es descendiente directo de las letras doradas de Alcuino, con mil doscientos años de antigüedad. hoy escribimos con más rapidez; mediante la crisografía, la ejecución de sola inicial requería más de un día, lo que convirtió esta actividad en una de plena dedicación para los monjes encargados de realizarla.

El Oro Propiedades Caracteristica Historia del Hombre y el Oro

El Oro: Propiedades y Característica

historia sobre el oro

El Oro ha constituido una de las grandes fuerzas propulsoras de las grandes empresas militares. Ha sido brújula y estrella polar para muchos descubridores y exploradores.

Y ha servido, también, como fuerza impulsora en los estudios e investigaciones de la Química, pues nada estimuló tanto la industria química de los alquimistas de la Edad Media como la esperanza de descubrir la piedra filosofal que, según ellos, había de convertir en oro todos los metales.

Aunque no encontraron la piedra filosofal, hicieron importantes y numerosos descubrimientos.

Respecto a sus propiedades, como el platino, el oro es inatacable por los ácidos simples, excepto por el ácido selénico, y sólo es atacado por la mezcla de ácidos nítrico y clorhídrico, y algunas otras mezclas que desprenden cloro, iodo o bromo. Se presenta en forma de un metal más blando que la plata, casi tanto como el plomo; pero si se encuentra aleado con una pequeña cantidad de plomo, cadmio o plata, se vuelve agrio y quebradizo. Su punto de fusión es 1.063 ºC.

Es muy maleable y muy dúctil; puede batirse en hojas que sólo tengan un espesor menor que una cienmilésima de milímetro, y medio decigramo de oro puede estirarse en forma de un alambre que tenga 150 metros de longitud. Su maleabilidad y ductilidad lo han hecho muy adecuado para trabajos finos de ornamentación, así que en épocas de fausto y de pompa no ha faltado nunca el empleo de tejidos de oro.

En 1875, el economista británico Stanley Jevons observó que los 20 millones de libras esterlinas de las transacciones que pasaban cada día por la Cámara de Compensación Bancaria de Londres pesarían unas 157 toneladas si fueran pagadas en monedas de oro «y se necesitarían ochenta caballos para transportarlas». La densidad del oro supone la posibilidad de utilizar cantidades muy pequeñas para monedas de gran cuantía. El oro es casi tan blando como la masilla.

El del cristal veneciano era reducido a un grosor de 0,0000125 cm. tras un proceso conocido como sobredorado. El rey Ptolomeo II de Egipto (285-246 a.C.) ordenó que un oso polar de su zoo encabezara un desfile festivo, seguido de un grupo de hombres portadores de un falo bañado de oro y de 55 m. de altura.

Usted podría estirar una onza de oro (28,4 g) hasta convertirla en un alambre de 80 Km. de longitud o, silo prefiere, batirla para que se transformara en un pan de oro de 9,3 m2. A diferencia de cualquier otro elemento de la Tierra, perdura casi todo el oro extraído, ahora en gran parte en museos, embelleciendo estatuas de antiguos dioses y sus ornamentos o en exposiciones numismáticas; resta una porción en las páginas iluminadas de manuscritos, otra en relucientes lingotes sumidos en los sótanos oscuros de los bancos centrales y bastante en dedos, orejas y dientes.

Hay un residuo que permanece callado en los barcos hundidos en el fondo del mar. Si se formase con todo ese oro un cubo macizo, sería equiparable a cualquiera de los grandes petroleros de hoy en día; su peso total sería de unas 125.000 toneladas, lo que significa un volumen inapreciable si se compara con el acero producido por Estados Unidos en pocas horas; el conjunto de esas empresas posee una capacidad de 120 millones de toneladas anuales.

La tonelada de acero cuesta 550 dólares —2 centavos la onza—, pero esas 125.000 t de oro valdrían un billón de dólares a los precios actuales. ¿No es extraño?. Con acero podemos construir edificios de oficinas, barcos, coches, contenedores y máquinas de todos los tipos; con oro no es posible construir nada. Sin embargo es al oro al que llamamos metal precioso. Nos sobrecoge el oro y bostezamos ante el acero.

Cuando todo el acero se halle enmohecido y podrido y mucho tiempo después de eso, el gran cubo de oro permanecerá idéntico. El oro goza de esa clase de longevidad con la que todos soñamos. Su resistencia tenaz a la oxidación, su anómala densidad y su maleabilidad inmediata, esos atributos naturales y simples, explican todo lo que hay tras el romance del oro (incluso la elección de la palabra inglesa gold no es caprichosa; procede de gelo, en el inglés antiguo, y ese término significaba «amarillo»).

En joyería fina se denomina oro alto o de 18k aquél que tiene 18 partes de oro por 6 de otro metal o metales (75% en oro), oro medio o de 14k al que tiene 14 partes de oro por 10 de otros metales (58,33% en oro) y oro bajo o de 10k al que tiene 10 partes de oro por 14 de otros metales (41,67% en oro). El oro de 24k es muy brillante, pero es caro y poco resistente; el oro alto es el de más amplio uso en joyería, ya que es menos caro que el oro puro o de 24k y más resistente, y el oro medio es el más simple en joyería.

Debido a su buena conductividad eléctrica y resistencia a la corrosión, así como una buena combinación de propiedades químicas y físicas, se comenzó a emplear a finales del siglo XX como metal en la industria. En joyería se utilizan diferentes aleaciones para obtener diferentes colores, a saber:

Oro amarillo = 1000 g de oro amarillo tienen 750 g de oro, 125 g de plata y 125 g de cobre.
Oro rojo = 1000 g de oro rojo contienen 750 g de oro y 250 g de cobre.
Oro rosa = 1000 g de oro rosa contienen 750 g de oro, 50 g de plata y 200 g de cobre.
Oro blanco = 1000 g de oro blanco tienen 750 g de oro y 160 g de paladio y 90 g de plata.
Oro gris = 1000 g de oro gris tienen 750 g de oro, alrededor de 150 g de níquel y 100 g de cobre.
Oro verde = 1000 g de oro verde contienen 750 g de oro y 250 g de plata.

HISTORIA DEL HOMBRE Y EL ORO: Los reyes de Asiría vestían túnicas entretejidas de oro; las momias de Egipto aparecen, en ocasiones, doradas con el precioso metal; Darío, rey de Persia, usaba un manto que tenía dos halcones bordados en oro. Aun hoy mismo, las vestiduras sacerdotales y los trajes de gala del ejército y de la armada se encuentran galoneados y adornados con oro. Cuando en el s. V a.C. Píndaro describió el oro como «hijo de Zeus, al que no devoran ni la polilla ni la herrumbre, pero cuya suprema posesión devora la mente del hombre», expresó en pocas palabras toda su historia.

John Stuart Mill parafraseó espléndidamente estos versos en 1848: «Puedes tocar sin temor el oro / pero si se adhiere a tus manos, te herirá presto.» El oro constituye desde luego un cúmulo de contradicciones. Los hombres creen que representa un refugio hasta que, de tanto tomarlo en serio, se convierte en una maldición.

Quizás desde la primera vez que el hombre primitivo vio unos granos dorados brillar en el lecho de un río, se sintió atraído de inmediato por ellos dando inicio a lo que sería la base de las jerarquías: la importancia de los tesoros que posee. Hoy en día, la complejidad del mundo moderno ha llevado a los pueblos a juzgar la salud de su economía según la cantidad del metal que guardan en reserva.

Los pueblos y las personas han luchado a lo largo de la historia por apropiarse del oro de sus vecinos. Los conquistadores españoles, bajo un disfraz ideológico, estaban totalmente obsesionados con la idea de apropiarse de los tesoros dé oro que poseían los incas o los aztecas. Y cuando la flota de corsarios ingleses obtuvo el respaldo de sus soberanos para atacar a los galeones españoles, lo hizo con la ¡dea de apropiarse de los cargamentos de oro que llevaban a las tierras españolas después de haber saqueado a los pueblos americanos. Nadie ha olvidado estas batallas navales, especialmente los buzos modernos, algunos de los cuales dedican su vida a rescatar restos de naufragios del fondo del mar. Es raro que los motive la arqueología submarina; lo que buscan es el oro que se llevaron los navios.

Parece que el ser humano nunca ha cesado de ser un cazador de oro. Utilizando los medios industriales más modernos o las técnica artesanales más rudimentarias, busca el metal. Animado por el sueño de un filón milagroso, o por el fantasma de una pepita grande como una roca, excava el suelo con la firmeza de una termita horadando una pared.

Las naciones lo han buscado por toda la Tierra con el fin de dominar a otras, pero al cabo descubrieron que el oro controlaba su propio destino. Al final del arco iris el oro constituye la felicidad suprema, pero emerge del infierno cuando se encuentra en e fondo de la mina.

Ha colaborado con algunos de los más grandes logros de la humanidad, pero también suscitado algunos de sus peores crímenes. Cuando lo empleamos para simbolizar la eternidad, eleva a las personas a la dignidad suprema, la realeza, la religión, la ceremonia. Sin embargo, el oro, vida perdurable, impulsa a los hombres hacia la muerte. Su más misteriosa incongruencia radica en sí mismo. Es tan maleable que puede adoptar prácticamente cualquier forma; incluso los pueblos menos refinados son capaces de crear con él bellos objetos.

Más aún, es imperecedero. Cabe convertir el mineral de hierro, la leche de vaca, la arena e incluso los puntos luminosos de un ordenador en algo tan diferente de su estado originario que los vuelva irreconocibles. No sucede así con el oro. Cada trozo de este metal refleja las mismas cualidades: el de los pendientes, el aplicado al halo de un fresco, el de la cúpula de la Cámara Legislativa de Massachusetts, el salpicado en los cascos del equipo de fútbol americano de Notre Dame y el de los lingotes guardados en la «hucha» oficial de Estados Unidos en Fort Knox.

El oro se encuentra en pepitas en los depósitos aluviales de los ríos o en filones que la erosión se ha encargado de descubrir. Los depósitos son fáciles de explotar con pocos recursos técnicos, aunque contienen poca cantidad de oro. La explotación de los filones es más problemática, requiere de una maquinaria poderosa que permita extraer y moler el mineral, y de complicados procesos para obtener el metal puro.

La producción de oro fue modesta hasta el siglo XVIII, cuando se descubrieron grandes depósitos en Brasil y Rusia que aceleraron la búsqueda del metal en el mundo. En el siglo XIX se iniciaron las explotaciones de ios grandes depósitos descubiertos sucesivamente en California, Australia, Su-dáfrica y Canadá, expandiendo la extracción, que cayó una vez que se agotaron los depósitos. Tres cuartas partes del oro obtenido en el mundo desde la anti güedad han sido producidas durante los últimos 50 años.

Antes de 1940, Sudáfrica y la URSS dominaban la producción, aunque existían otros tres productores importantes: Canadá, Estados Unidos y Australia, y otros medianos productores como: Chana, Rodesia, el Congo Belga (Zaire), México, Colombia, Japón y las Filipinas. Hoy en día, la situación es más simple. Sudáfrica produce 4/5 partes del total de los países occidentales. Los Estados Unidos y Canadá son ahora medianos productores, y se ha reducido el número de los otros países. Ghana es el único país que ha aumentado su producción, y para la Unión Soviética no existen estadísticas confiables.

El ser humano, claramente preocupado por la reacción de los dioses por su forma de vida en la Tierra, no ha negado parte de sus tesoros a los dioses que adora. Los practicantes de todas las religiones, en cuanto poseen un poco de oro, han ofrecido una parte a su amo celestial. Templos cubiertos de hojas de oro, iconos dorados o cruces de oro puro son testigos por doquier de los deseos de piedad del hombre, donde muestra el deseo de adorar a su Dios con el metal más preciado.

Tal vez el humano sea culpable, pero un vistazo más de cerca nos dice que el hombre no se atreve a protestar. A pesar de todos los siglos de rezos y advertencias que han debido purificar todas las almas, Fort Knox y la magia de la imagen del oro continúan con su fascinación.

Pese a las complicadas obsesiones que ha generado, el oro es en su esencia maravillosamente simple. Su símbolo químico (Au) procede de aurora. Sin embargo, pese a esta fascinante evocación de un cambio, el oro es químicamente inerte, lo que explica, entre otras cosas, que su brillo sea perpetuo. En un museo de El Cairo se exhibe un puente dental hecho de oro de casi 4.500 años de antigüedad: cualquier persona podría utilizarlo en la actualidad. El oro es extremadamente denso. Un volumen de 0,028 m3 pesa media tonelada.

Ver: Propiedades de la Plata