El Psicoanálisis

Biografia de Jung Carl Gustav Medico Psiquiatra Resumen de su Obra

Biografía de Jung Carl Gustav, Médico Psíquiatra-Obra Cientñifica

Jung Carl Gustav (1875-1961)-Fue un psicólogo, médico psiquiatra, y ensayista suizo, figura clave en la etapa inicial del psicoanálisis; posteriormente, fundador de la escuela de psicología analítica, también llamada psicología de los complejos y psicología profunda.

El filósofo del siglo XVIII Immanuel Kant introdujo la idea deque la mente humana creaba activamente nuestra percepción del mundo, más que ser un mero receptor pasivo de las experiencias.

Basándose en esto, Carl Jung creó una teoría de una mente tripartita, que consistía en el ego, el inconsciente personal y un inconsciente colectivo.

Afirmaba que las personas se podían dividir en introvertidas y extrovertidas y creía que el inconsciente colectivo estaba construido de arquetipos que heredamos, y que se satisface con actividades como la religión y las relaciones espaciales.

En los últimos años su trabajo ha formado la base de evaluaciones como el test de personalidad Myers-Briggs.

Jung Carl Gustav Psicologo

(Kesswil, 1875-Küsnacht, 1961.) Psiquiatra suizo. Estudió en las Universidades de Basilea y Zurich y trabajó en el hospital psiquiátrico Burgholzli de Zurich (1900), donde colaboró con Bleuler.

Fue profesor en las Universidades de Zurich (1933) y Basilea (1943). Junto con Freud y Adler, es uno de los tres grandes creadores del psicoanálisis, en el que formó su propia escuela (la psicología analítica), bastante diferente de la de Freud, del que se apartó después de haber sido discípulo y colaborador (1907-12), pues no estaba de acuerdo con la importancia que daba a la sexualidad, considerando más poderoso el impulso creador.

SU BIOGRAFIA Y OBRA CIENTIFICA

Carl Gustav Jung nació el 26 de julio de 1875 en Kesswil, una pequeña ciudad suiza en el cantón de Turgovia, al borde del lago de Constanza.

Era hijo de un pastor de la Iglesia Reformista, apasionado por los estudios clásicos y orientales, que había perdido su fe.

El abuelo y el bisabuelo habían sido médicos. Jung atribuyó muchas de sus creencias a su familia y a su educación inicial.

Su madre decía que tenía una personalidad dual. Decía que durante el día era «campechana y de entusiasmo animal«, mientras que por la noche era mucho más consciente de lo sobrenatural.

En su libro autobiográfico Memorias, Sueños y Reflexiones, Jung escribió que él también compartía esta doble vida, y que tenía lo que llamaba su personalidad racional número uno interesada en el éxito en lo académico y en el mundo; y su personalidad inconsciente número dos que él sentía que era irracional y que estaba en sintonía con lo paranormal.

Cuando contaba cuatro años, la familia se trasladó a Kelinhüningen, donde realizará los primeros estudios.

Con una formación religiosa muy esmerada a cargo de su padre; con una madre solícita e inteligente, permaneció en dicha villa hasta los once años, y entonces se trasladó a Basilea —él dirá siempre su «ciudad de origen— para completar la formación intelectual.

En 1895 entró en la universidad, y aunque sus tempranas aficiones eran la antropología y la egiptología, se decidió por el estudio de las ciencias naturales, que más tarde y de un modo definitivo cambió por la medicina.

No se tienen muchos detalles sobre su época de estudiante. Sabemos, empero, que en tanto estuvo en la escuela se sintió interesado por el espiritismo y el mesmerismo, entonces ya totalmente desacreditado, y que asistió a varias sesiones espiritistas.

En su búsqueda por dar sentido a sus dos personalidades, Jung fue a la escuela médica y se especializó en Psiquiatría.

Después de graduarse, fue el ayudante de Eugen Bleuler, quien trabajó en la clínica en Zurich, una autoridad de renombre en la esquizofrenia y conoció a la psicoanalista Emma Rauschenbach.

Ambos encajaron tan bien intelectualmente y personalmente que se casaron, matrimonio del cual nacieron cinco hijos y en el que Jung encontró el definitivo equilibrio de su vida. En efecto, el matrimonio significó la consolidación profesional y científica de Jung, si tenemos en cuenta que a continuación ya redactó la teoría de los complejos contenida en su Diagnóstico y estudio de las asociaciones.

En 1902 presentó una tesis sobre un tema ya característico, Contribución a la psicología y patología de los llamados fenómenos ocultos. En esta tesis, de acuerdo con uno de los párrafos del propio autor, «la disociación de la personalidad de un medio espiritista tiene relación con las tendencias durante la infancia, y en las raíces de los sistemas de la fantasía se descubren ilusorios deseos sexuales».

La nueva publicación, producto de sus conclusiones, Estudios sobre la asociación de palabras, con el subtítulo Contribuciones a la psicopatología experimental, es ya una etapa a subrayar. Jung introdujo la asociación de palabras en el hospital Burghólzli, usando la técnica de manera amplia como un medio eficaz para la descripción y clasificación. Jung reconoció la gran importancia de dichas asociaciones como método que permitía un eficaz diagnóstico de los problemas emocionales, ya que reflejan ideas cargadas emocionalmente.

La asociación de palabras de Jung impresionó a Freud y ambos empezaron a relacionarse a través de cartas en abril de 1906. La correspondencia crecía y en marzo de 1907 Jung viajó a Viena para encontrarse con Freud. En su primer encuentro hablaron sin parar durante 13 horas y Jung comentó después que «nadie perteneciente a su propia área de experiencia podía medirse con Freud«.

Por su parte, Freud quedó igualmente impresionado con Jung y lo vio como el sucesor natural en el liderazgo del creciente movimiento del psicoanálisis. Como consecuencia del patrocinio de Freud, Jung se convirtió en el primer presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional en marzo de 1909, pero la amistad no duró mucho.

Luego de una gran etapa experimental con los pacientes del hospital Burghólzli, edita la primera parte de la Psicología de la dementia praecox, Jung obtuvo uno de los resúmenes más claros y convincentes sobre la literatura científica existente sobre el problema. Su propio punto de vista estaba basado en los conceptos de muchos investigadores previos, de manera especial en Kraepelin, Janet y Bleuler, aunque reconocía que su principal deuda, así como también los esclarecimientos sobre la cuestión, provenían de los estudios de Freud.

La evolución científica de Jung le apartó resueltamente de las líneas originarias. Se había independizado y, a la vez, se convertía en un psiquiatra con voz propia y más allá de las disidencias en curso. Como tal expuso sus ideas en unas conferencias dictadas en la Fordham University de Nueva York, a mediados del año 1912. Jung especialmente se refirió a la «teoría psicoanalítica», tema que desarrolló con amplitud en otro libro titulado Metamorfosis y símbolos de la libido, afirmación final de sus discusiones con Freud.

La afirmación de Freud de que esta sexualidad comenzaba en la infancia fue la gota que colmó el vaso.
Rompieron su relación con una disputa pública que duró desde 1912 hasta 1914.

En 1913 decidió abandonar la enseñanza universitaria, a la que volvió después de veinte años. Pero el propio Jung lo explica en sus Recuerdos, puntualizando que, privado de la guía de Freud, atravesó una serie de desorientaciones, de angustias que le obligaron a eludir esta responsabilidad.

En algunos momentos confiesa que se sintió afectado por la psicosis; curiosamente lo expone cuando expresa que le falta denuedo para enfrentarse con el inconsciente.

Al estallar la primera guerra mundial Jung regresaba a su patria después de unas conferencias pronunciadas en el Bedford College de Londres, tras haber participado en un congreso celebrado en Escocía. Ante la declaración bélica tuvo que entrar por Suiza y fue incorporado al ejército con el grado de capitán.

En 1917 y 1918 fue nombrado comandante de un campo de prisioneros ingleses, en la parte sudoeste de Alemania, pero esto no le haría mermar sus estudios e investigaciones , que recogerá en el escrito titulado Tipos psicológicos, publicado en 1920; con independencia de haber profundizado sobre el inconsciente colectivo que, según los comentaristas, constituirá otra de sus aportaciones capitales.

Del mismo modo que el psicoanálisis de Freud, Jung basó su psicología analítica en la idea de que la mente de una persona tiene elementos inconscientes y conscientes. Continuó dividiendo a la gente en dos grupos que dependían de la evaluación de sus tipos de personalidad: extrovertidos e introvertidos. Trabajó en esta idea durante un período intenso de cuatro o cinco años posteriores a su ruptura con Freud.

Éstos eran momentos de profunda angustia mental para Jung, a los que no ayudaba el hecho de tener un romance con una paciente y discutir con su mujer. Tratando de resolver su conflicto interno haciéndole frente a su subconsciente, Jung estudió sus sueños intensamente y estableció un diálogo con sus «figuras internas» o arquetipos.

Según Jung, los arquetipos son partes instintivas de todos los seres humanos. Estos arquetipos se expresan a través del arte, la religión, la mitología, la astrología y el folclore y a veces Jung se refería a ellos como imágenes dominantes, mitológicas o primordiales.

Jung afirmaba que hay tantos arquetipos como situaciones típicas en la vida. Los veía en algunos puntos como marcos vacíos que necesitaban rellenarse con contenido. El contenido entraba en el marco al igual que una persona tiene una experiencia que se refiere a un arquetipo específico.

Como consecuencia, el contenido exacto puede variar de una persona a otra, de cultura a cultura; pero el mismo conjunto de arquetipos está presente en todo ser humano.

Para Jung, estos arquetipos forman un inconsciente colectivo, una herencia psíquica que es en efecto una reserva de nuestras experiencias como especie. Es un «conocimiento» con el que nace cada persona, pero nunca podemos ser directamente conscientes de que es parte de nuestro inconsciente. Jung pensaba que este inconsciente colectivo influencia todas nuestras experiencias y comportamiento, especialmente en lo relativo a nuestras emociones. Pensaba que experiencias previas inexplicables como el déjá vu, o el amor a primera vista eran muestras de la presencia de esta característica.

Un ejemplo clave es el arquetipo de madre. Todos nuestros ancestros tienen que haber tenido madres. Jung dijo que nuestro desarrollo evolutivo nos ha aportado una capacidad intrínseca para reconocer una relación maternal.

El arquetipo de madre es abstracto y necesita una representación física en la forma de una persona en particular, en general la madre de la persona.

Vio este arquetipo simbolizado en la madre terrenal primigenia de la mitología, o en Eva y María en el Cristianismo, así como en símbolos menos personales como la Iglesia, la nación o incluso un océano.

Jung pensaba que una persona que hubiera tenido una mala relación con su madre, satisfaría la necesidad de completar este arquetipo buscando consuelo en la Iglesia o identificándose con una «patria»; también sugirió que algunos podían buscar este cumplimiento pasando sus vidas en el mar.

En 1921, se desplazó a África, donde estudió los árabes del desierto.

Más tarde, entre 1924 y 1925, llevó a cabo una excursión para estudiar a los indios pueblos, el Arizona y Nuevo México.

Al año siguiente trabó contacto con los pieles rojas y, en un nuevo viaje al África, con los negros de Kenya.

En consecuencia, concluyó que el «inconsciente colectivo» era la humanidad arcaica; ambos campos se corroboraban el uno con el otro, dando a sus conclusiones una coherencia que creyó resistía a toda clase de pruebas.

En el año 1933 reanudó la enseñanza mediante conferencias semanales en la Eidgenóssische Technische Hochschule de Zurich, que presentaron su punto culminante, tanto en contenido como por su resonancia, en las sesiones continuadas en Basilea.

Debido a sus presentaciones públicas empezó a tener enemigos tan abundantes como peligrosos. Le acusaron de nazismo, racismo y de antisemitismo.

Poco hábil ante esta situación, algunas declaraciones favorecieron las confusiones, haciéndole más difíciles sus actuaciones; además de despertar cosas enterradas que pueden relacionarse con la actitud digna, sin reproches, que en este caso tomó Freud.

En 1944 la universidad de Basilea creó para Jung una cátedra de psicología médica, que no obstante tuvo que dejar al poco tiempo debido a unos achaques, que presagiaron el fin de una resistencia física hasta entonces a prueba de hierro. Ya con una situación sólida en el mundo de la ciencia, recibió toda clase de honores y homenajes.

Así, por ejemplo, con motivo de su sesenta aniversario fue obsequiado con un voluminoso Festschrif y con uno todavía mejor con motivo de su ochenta y cinco aniversario, cuando la pequeña ciudad de Küsnacht, donde instaló su hogar por espacio de cincuenta años, le eligió Ehrenbürger, esto es, ciudadano del municipio, distinción que, según parece, Jung apreció mucho más que las múltiples que le fueron otorgadas.

A pesar de que, sólo por citar algunas, llegó a ser miembro de la Real Sociedad de Medicina de Londres, doctor honorario en Ciencias de la universidad de Oxford y miembro honorario de la Academia Suiza de Medicina, además de distinciones honoríficas por parte de las universidades de Harvard, Calcuta, etc.Solamente unas semanas antes de su muerte tuvo que dejar la lectura, aunque no cesó de dictar, pedir que le leyeran, enfrentarse con sus recuerdos, etcétera.

Una tarde de la primavera del año 1961, el día 6 de junio, al final de la misma, decidiendo que se encontraba muy fatigado, se puso a dormir y en este sueño encontró el de la muerte; Carl Gustav Jung contaba ochenta y seis años de edad.

Cumpliendo sus últimas voluntades, las ceremonias religiosas se celebraron en la pequeña iglesia de Küsnacht, donde asistió una auténtica representación internacional; testimonios presenciales señalan la música de Bach y de Haendel como un homenaje postumo, en el que nosotros desearíamos ver lo bueno del espíritu alemán, a pesar de ser suizo, que presidió la obra antropológica del primer disidente del dogma freudiano.

En conjunto la obra jungiana, sin querer restarle méritos, ha encontrado más adeptos entre filósofos especulativos, poetas y aficionados a las religiones que entre psiquiatras.

En parte porque los centros didácticos de psicología analítica jungianos, aunque ofrecen un programa tan largo como los institutos freudianos, aceptan candidatos no médicos.

La gran ruptura de Jung con el sistema freudiano puede acercarse a la interpretación del sueño limitándose a las relevantes variaciones del tema «edípico», que en realidad es lo único que hace el psicoanálisis, al fallar ante la incapacidad que muestra por reconocer la creatividad futura que posee el sueño.

Y entre varios motivos porque, el propio Jung, de acuerdo con el empirismo señalado se vio muy influenciado precisamente por los sueños y, por añadidura, se inspiró en los mismos para cambiar la dirección de su vida, como si los sueños fueran un oráculo espléndido.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Carl Gustav Jung “el disidente en el método psicoanalitico” – Editorial Planeta
E=MC² Grandes Ideas Que Formaron Nuestro Mundo de Pete Moore – Editorial Lisma
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

 

Historia del Descubrimiento de las Vitaminas y Propiedades

Historia del Descubrimiento de las Vitaminas y Propiedades

Las vitaminas han sido uno de los hallazgos más sorprendentes del comienzo de este siglo. Casimir Funk abrió el camino por donde transitaron otros investigadores que aislaron otras vitaminas indispensables para el metabolismo orgánico. En 1911 pudo determinar el principio activo proveniente de la cáscara del arroz, bloqueaba una grave enfermedad, el beríberi. Esta desde entonces, la vitamina B. El estudio de este compuesto se constituyó en un polo de atracción para científicos, quienes descubrieron nuevas vitaminas, qui fueron sintetizadas y purificadas.

Vitaminas y hormonas:

La diabetes es una enfermedad tan antigua como la humanidad. En muchos casos, los síntomas son leves e incluso pasan inadvertidos; pero en los casos graves, la mayor predisposición a contraer diversas infecciones, el adelgazamiento progresivo y la paulatina pérdida de las funciones del organismo pueden conducir a la muerte. El descubrimiento de un tratamiento eficaz para esta extendida enfermedad fue uno de los principales triunfos logrados por la medicina en el transcurso de los años 20.

Para entonces, la investigación desarrollada en varios países había permitido establecer la naturaleza de la enfermedad. Su causa esencial consiste en que unos grupos celulares del páncreas, los islotes de Larigerhans, dejan de secretar una sustancia que regula el metabolismo del azúcar.

En 1920, Frederick Grant Banting, un joven cirujano ortopédico, abrió su consulta en la dudad canadiense de Toronto y obtuvo un puesto de auxiliar de fisiología en la Universidad del Este de Ontario, en el laboratorio de John James Richard Macleod. Interesado por la diabetes, solicitó la colaboración de un joven estudiante de medicina, C.H. Best. Tras haber repasado exhaustivamente la bibliografía existente, concibió la idea de que si cerraba los conductos del páncreas, la glándula se atrofiaría con la única excepción de los islotes de Langerhans, residuo que le permitiría extraer la sustancia activa, denominada insulina.

El método resultó adecuado y en enero de 1922 se llevó a cabo con todo éxito la primera prueba clínica de administración del extracto. A partir de entonces, quedaban dos problemas básicos: en primer lugar, el de preparar la insulina en cantidades suficientes y, en segundo lugar, el de idear medios para administrar a los pacientes dosis controladas.

Vitaminas y Hormonas Historia de su DescubrimientoEl problema del suministro quedó parcialmente resuelto mediante el proceso de extracción desarrollado por el joven bioquímico canadiense James Bertram Colhp, que utilizaba como fuente de insulina las glándulas pancreáticas del ganado sacrificado en un matadero próximo.

En 1926, era posible conseguir insulina en forma de cristales puros, lo cual reducía en gran medida las dificultades de la dosificación exacta. A partir de ese momento, la sustancia estuvo al alcance de todos los que la necesitaban.

En 1923, Banting y Macleod compartieron el premio Nobel de fisiología o medicina, honor doblemente importante, ya que es poco frecuente obtener el galardón tan inmediatamente después de realizar el descubrimiento premiado.

Aunque la diabetes se reconocía ya como tal en el siglo u de nuestra era, sólo fue posible controlarla eficazmente gracias al descubrimiento de la insulina, realizado por Banting y Best en 1922. En esta trágica fotografía aparece un niño de 3 años, de apenas 7kg de peso, afectado ese mismo año por la enfermedad.

El descubrimiento de la insulina fue importante en si mismo, porque hizo posible el control eficaz (aunque no la curación) de una grave enfermedad. Pero fue fundamental además como una de las facetas del creciente conocimiento de la fisiología humana y del progreso en e] tratamiento de otras diversas enfermedades similares.

Muchas de las glándulas del organismo secretan sustancias a través de conductos claramente definidos y con una acción más o menos localizada. Pero no todas las glándulas poseen, estos conductos. Las denominadas glándulas endocrinas secretan sustancias fisiológicamente activas que pasan al torrente sanguíneo y ejercen su influencia sobre todo el organismo.

Las sustancias activas producidas por las glándulas endocrinas reciben el nombre de hormonas, término empleado por primera vez en 1905. Las hormonas son esencialmente mensajeros químicos que contribuyen a mantener en equilibrio el complejo metabolismo del organismo.

Los trastornos por exceso o por defecto en la producción de las glándulas endocrinas producen una variedad de síntomas específicos. Así pues, una tiroides hiperactiva, que produce un exceso de tiroxina, causa bocio exoftálmico, mientras que el hipotiroidismo produce alopecia, metabolismo lento y mixedema, una ralentización de las facultades intelectuales. Estos efectos comenzaron a comprenderse a principios de siglo y generaron una nueva rama de la medicina que, en 1909, el médico italiano Nicola Pende denominó endocrinología.

Los progresos en el ámbito de la ciencia médica siguieron dos líneas básicas. En primer lugar, aumentó de forma considerable el conocimiento de cada una de las glándulas endocrinas y de las hormonas que secretan. En segundo lugar, y no menos importante, se llegó a la conclusión de que estas glándulas no actúan individualmente sino de forma coordinada. Desentrañar sus complejas interacciones era, y sigue siendo, una tarea de enorme dificultad.

Uno de los precursores en este campo fue el fisiólogo argentino Bernardo Houssay, que desarrolló las investigaciones de Banting y descubrió que las hormonas secretadas por la glándula hipófisis, un órgano diminuto situado en la base del cráneo, están estrechamente vinculadas con la producción de insulina.

Las hormonas sexuales, producidas por los testículos y los ovarios, ejercen una profunda influencia sobre la actividad sexual y la fertilidad, al mismo tiempo que determinan las características sexuales secundarias, como la presencia de vello facial.

Las hormonas son sustancias químicas notables por su extremado poder fisiológico: cantidades nimias producen efectos considerables, las hay de muy diferente estructura.

La insulina, por ejemplo, es una proteína compleja, mientras que la tiroxina es relativamente simple y destaca por su elevado contenido en yodo. En la pequeña glándula tiroides se puede encontrar hasta un tercio del yodo presente en el organismo. Esta hormona fue sintetizada en 1927.

Una segunda enfermedad de origen hormonal comenzó a ceder ante el tratamiento a fines de los años 20. Era la enfermedad de Addison, un flagelo muy antiguo que sin embargo sólo fue identificado claramente en 1849 por el británico Thomas Addison. Lo único que pudo hacer este médico fue describir el síndrome, pero, de hecho, la enfermedad está causada por la atrofia de las glándulas suprarrenales. Los síntomas más evidentes son debilidad, pérdida de peso y pigmentación de la piel en manchas marrones. En ausencia de tratamiento, el desenlace suele ser la muerte.

En 1929, en Estados Unidos, W.W. Swingte y J.J. Pfiffuer prepararon extractos activos de la glándula y, un año más tarde, comprobaron su eficacia en el tratamiento de la enfermedad de Addison. En 1934, F.C. Kendall consiguió aislar la hormona. En la actualidad, el mal se puede controlar mediante la administración regular de corticosteroides.

Las hormonas se producen en el propio organismo, pero otra clase de productos naturales esenciales, las vitaminas, forman parte de la dieta. Como las hormonas, las vitaminas son notables por una actividad fisiológica extremadamente poderosa. Aunque en muy poca cantidad obran efectos considerables, su carencia puede tener consecuencias con frecuencia graves e incluso mortales.

Al igual que en el caso de las hormonas, los efectos de las deficiencias vitamínicas eran de sobra conocidos mucho antes de que se llegaran a establecer sus causas.

El escorbuto, por ejemplo, se conocía como el mal que afectaba a los marinos, sobre todo en largas travesías sin provisiones frescas. En el siglo XVIII, James Lind (1716-1794) recomendó el uso de zumo de limón para su prevención y tratamiento. Los resultados fueron espectaculares; cuando sus recomendaciones fueron aceptadas (bastante tardíamente, por cierto), el escorbuto prácticamente desapareció de la marina real británica. Una relación similar entre dieta y enfermedad fue descubierta por Christiaan Eijkman en 1890.

En 1909, el bioquímico alemán W.U. Stepp demostró que las grasas químicamente puras carecen de un factor alimentario esencial, identificado más adelante como la vitamina A (1913).

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, se había establecido ya que existía una relación entre la dieta y ciertas enfermedades (algunas muy difundidas y graves), pero todavía no había sido posible determinar la naturaleza de la relación. Para la salud, era importante mantener un equilibrio adecuado de los nutrientes básicos (proteínas, hidratos de carbono y grasas), pero resultaba evidente que había otros factores esenciales, necesarios en cantidades mínimas.

En 1912, el bioquímico polaco Casimir Funk acuñó el término «vitaminas» para designar estos factores esenciales le la dieta, en la errónea creencia de que todos pertenecían a una clase de sustancias químicas llamada aminas. Uno de los pioneros en el estudio de las vitaminas fue Frederick Gowland Hopkins, de la Universidad le Cambridge, que en 1929 compartió el premio Nobel con Eijkman.

Si bien se conocía su función, las vitaminas, no obstante, sólo fueron una abstracción hasta 1926, cuando se aisló la vitamina B1 (cuya carencia produce la enfermedad del beriberi) en forma cristalina pura. Dos años más tarde, también fue aislada la vitamina C (eficaz contra el escorbuto) y en 1933 fue posible sintetizarla. En 1929 se aisló la vitamina K, seguida de la vitamina D en 1931.

El descubrimiento de las vitaminas fue uno de los grandes acontecimientos médicos de los años 20. En la actualidad multitud de vitaminas han encontrado un sitio en la farmacopea mundial. Más aún, ha llegado a ser práctica habitual en la industria alimentaria el refuerzo de ciertos productos, como la margarina y la leche en polvo, con dosis extraordinarias de vitaminas, para asegurarse de que la población las consuma en cantidad suficiente: una medida muy importante de salud pública.

Como las vitaminas difieren enormemente unas de otras en su composición química, no existe una única técnica que permita aislarlas a todas, lo cual se complica por el hecho de que están presentes en muy pequeñas concentraciones (a veces de unas pocas partes por millón), mezcladas con multitud de sustancias diferentes y a menudo irrelevantes. Hay sin embargo dos consideraciones fundamentales.

La primera es encontrar una fuente relativamente abundante: para la vitamina C, Szent-Gyórgyi utilizaba el pimentón húngaro (paprika). La segunda consiste en hallar un organismo adecuado para las pruebas (por lo general un animal pequeño de laboratorio), que permita estudiar la vitamina a través de sucesivas fases de creciente pureza.

ALGO MAS SOBRE LA HISTORIA DE SU DESCUBRIMIENTO:

Los estragos que producía el beríberi en los ejércitos holandeses que operaban en las Indias Orientales, exigían el permanente estudio de los médicos, quienes no encontraban las causas determinantes de la terrible enfermedad, que no atacaba a los indígenas. Durante muchos años se buscó, aunque sin éxito, el microbio que producía el mal y los esfuerzos se reduplicaron en tal sentido. Había que hallarlo. Pero las investigaciones no daban resultado.

Un día, el doctor Christian Eijkman, llegado al lugar con una misión de médicos por recomendación de Koch, como se dedicaba a la cría de pollos, tuvo que dar a sus animales, por falta de otro alimento, arroz blanco, limpio, completamente descascarillado, tal como lo comían los hombres. Un mes después de haber iniciado ese régimen de alimentación, Eijkman advirtió con desagradable sorpresa que sus pollos, antes robustos, eran ahora aves enfermas que apenas podían mantenerse en pie. De pronto el cocinero se negó a seguir suministrando para los pollos el alimento que tenía destinado para los enfermos que se atendían en el hospital allí Instalado.

Las aves volvieron al alimento ordinario y barato: el sucio y oscuro arroz sin descascarillar. Con sorprendente rapidez recuperaron sus fuerzas. Se hicieron investigaciones sobre los hombres.

Los casos de beríberi eran mucho más frecuentes entre los que comían arroz limpio. Eijkman había encontrado por tan fortuitos medios, que la cascarilla de arroz prevenía o curaba el beriberi. Cuando dejó las Indias, el encargado de continuar las investigaciones fue el joven doctor Gerrit Grijns, quien lanzó la teoría de que el beriberi se originaba en la carencia de alguna sustancia que el cuerpo necesitaba.

La causa no estaba en lo que se comía, sino en lo que no se comía. Un día, invitado por el Instituto Lister de Londres, comenzó sus estudios otro joven facultativo, el doctor Casimir Funk, hijo de un dermatólogo polaco. Esto ocurría en 1911 y ese mismo año, Casimir Funk, que siguió investigando las causas determinantes del beriberi y los análisis de la cascarilla de arroz, dio la nota sensacional.

De 312 kilogramos de cascarilla de arroz, extrajo 186 gramos de cristales impuros, pero muy activos. «Aquí está la sustancia que cura el beriberi —anunció—. Un milésimo de onza puede curar en tres horas a una paloma paralítica». Era un compuesto de tipo amina. (Luego se supo que no). Podría llamarse Vital-amina, que para simplificar, sería «vitamina». Y agregó con tono sentencioso: «Creo que debe haber otras vitaminas capaces de curar otras enfermedades, como el escorbuto, el raquitismo y la pelagra».

Se había dado el primer paso realmente importante en la fecunda investigación. Puede decirse que ése fue el punto de partida que llevó finalmente a los más importantes descubrimientos en la lucha contra la muerte por medio de los alimentos. Comprobado que ciertas sustancias indispensables para el organismo se hallaban en los alimentos, había que llegar al régimen dietético adecuado. Se lograría por medio de las combinaciones químicas. Centenares de estudiosos se dedicaron a la investigación.

Así se encontró que la manteca y algunas grasas contienen la sustancia que se llamó Vitamina A, pasando a ser B la descubierta por Casimiro Funk. Una de las últimas vitaminas descubiertas es la llamada biotina, la vitamina H.

Su molécula forma un sistema cíclico de dos anillos pentagonales. Se la suele encontrar en la yema de los huevos, en la sangre y en varios tejidos humanos. Varias enfermedades cuyos orígenes se desconocen tuvieron su génesis en disturbios ocasionados por esta vitamina. Ciertos trastornos cutáneos, la caída del cabello, manifestaciones de cansancio, dolores musculares, la carencia de apetito, son motivados muchas veces por deficiencias vitamínicas de este tipo.

La vitamina K —filoquinona— es una vitamina antihemorrágicos un derivado de la naftoquinona. Puede ser extraída de la harina de pescado y también se la localiza en algunos vegetales como la alfalfa, y en los intestinos se sintetiza Su acción más intensa es su intervención en la síntesis de la protrombina y facilita la coagulación de la sangre Posteriormente se aisló la vitamina E, el tocoferol, la que es muy común hallarla en los vegetales frescos, pero también se la aisla de los aceites de las semillas de algodón. y del maíz, y también de la leche y los huevos.

 Las deficiencias vitamínicas de este tipo ocasionan alteraciones en la reproducción o degeneración de los conductos espermáticos, esterilidad y cambios de la espermatogénesis de las ratas macho, así como alteraciones musculares. En el hombre no se manifiesta su carencia en forma ostensible, pero se la relaciona con los procesos de oxirreducción de los citocromos.

Es necesario destacar el esfuerzo realizado por los bioquímicos en el hallazgo de nuevas vitaminas y en un conocimiento más amplio de las ya descubiertas. Sobre las vitaminas D y D1 se hicieron notables progresos; la primera de origen animal hallada en el aceite de hígado de bacalao, en la yema de los huevos de las aves y, entre los vegetales, en los hongos. La D1 también es aislada de vegetales, aunque no siempre frecuentemente.

Se pudo determinar que su presencia es muy importante en el individuo porque interviene en el metabolismo del fósforo y del calcio, para facilitar la absorción de estos elementos en el intestino. Las deficiencias en la administración de la vitamina D ocasionan osteomalacia, transformaciones en los huesos y el raquitismo con todas las secuelas en las criaturas. Mientras las investigaciones sobre el descubrimiento de nuevas vitaminas se acrecientan en todos los centros de estudio dedicados a este apasionante tema, ya no existe la premiosa necesidad de extraerlas de los animales y vegetales para suplir el déficit parcial o carencial de estas sustancias en el organismo.

La química ha ido conociendo su composición molecular y las pudo reemplazar a tal punto que, elaboradas convenientemente en grageas, o píldoras, o en soluciones, representan una vía muy útil y rápida para combatir las enfermedades ocasionadas por deficiencias en su formación en el organismo humano. He ahí el invalorable aporte que la ciencia presta para lograr generaciones liberadas de dolencias físicas.

Ver: Historia Descubrimiento del ADN

Ver: Historia de la Anestesia

Ver: Historia de las Cirugias

Fuente Consultada:
El estallido científico de Trevor I. Williams
LA RAZÓN 75 AÑOS – 1905-1980 Historia Viva – Las Vitaminas

Los Microorganismos y La Medicina en el Siglo XIX Historia Resumen

Los Microorganismos y La Medicina en el Siglo XIX

Una enfermedad puede aniquilar poblaciones enteras. Desde la Antigüedad se ha intentado entender cómo se propaga y por qué afecta a unas personas y a otras no. Este es el campo de la epidemiología, cuyos hallazgos de los últimos 150 años han tenido un gran impacto en la salud pública.

En 1864, Louis Pasteur demostró que los microorganismos no surgen de forma espontánea (como se creía), sino que su presencia provocaba la infección. Robert Koch aplicó esta idea para explicar la causa de las enfermedades infecciosas y, en 1890, enunció una serie de criterios, los postulados de Koch, que determinan si una enfermedad es causad; por microbios. Estos microorganismos pueder ser aislados a partir de individuos infectados y cultivarse en laboratorio para su identificación a fin de establecer un tratamiento adecuado. En la actualidad han sido identificados numerosos microbios patógenos.

A principios del s. XIX, muchos médicos suscribían la teoría miasmática, que consideraba a los miasmas (los efluvios o los aires malsanos) como causa de enfermedad. Florence Nightingale abogaba por un régimen de aire fresco en sus salas de hospital. Algunos médicos aconsejaron mejorar la higiene, pero fueron ignorados en general. Así, en 1864, el microbiólogo francés Louis Pasteur demostró que unos organismos presentes en el aire provocaban la fermentación de nutrientes líquidos, y el médico alemán Robert Koch halló bacterias en animales que sufrían carbunco.

Esto dio un nuevo enfoque al control de la infección  Si las bacterias -y otros «gérmenes» (microbios patógenos)- podían propagarse de una persona a otra, con la misma facilidad invadirían tina herida abierta, pero podían eliminarse mediante sustancias químicas y no se desarrollabaí en un entorno libre de ellos (estéril).

Jospeh Lister fue el abanderado de la campaña por la eliminación química de los microbios. Lister trató tanto las heridas como el instrumental quirúrgico con ácido carbólico o fénico (también conocido como fenol, usado para desodorizar las aguas residuales), estableciendo así una técnica antiséptica que redujo las infecciones de forma considerable.

El estudio de los microorganismos: Ya en la antigua Roma se redujo la propagación de enfermedades gracias a la construcción de un avanzado sistema de cloacas, pero los estudiosos de la época no sabían el porqué.La respuesta tuvo que esperar al s. XIX y al surgimiento de un nuevo tipo de científico: el epidemiólogo. Fue durante el s. XIX cuando la vaga noción de que las enfermedades infecciosas eran causadas por vapores nocivos, heredada de la Grecia clásica, fue por fin abandonada. Este avance procedía en parte de la obra de científicos como Louis Pasteur y de otros epidemiólogos.

Ignaz Semmelweis fue un médico húngaro que aplicó con éxito uno de los primeros métodos higiénicos para atajar el contagio de enfermedades. En 1847, mientras trabajaba en una meternidad de Viena, instruyó al personal para que se lavara las manos con desinfectante antes de atender a las entes si antes había realizado una autopsia. El resultado fue un drástico descenso de la mortalidad por fiebre puerperal, causada por infecciones contraídas durante el parto. Pese a ello, la teoría de Semmelweis fue ridiculizada, y él despedido. No se recuperó nunca y murió en un manicomio.

Cuando se observaron por primera vez las bacterias, se extendió la idea de que debían ser los más pequeños de los organismos vivos. Sin embargo, poco después, mientras los físicos descubrían que los átomos no eran después de todo las unidades más pequeñas de la materia, se hizo evidente que existían otras formas de vida más pequeñas que las bacterias.

A principios de siglo se descubrió que una serie de enfermedades graves, como la poliomielitis, la liebre aftosa del ganado y el mosaico del tabaco, eran producidas por agentes infecciosos tan pequeños que pasaban a través de los filtros que atrapaban a las bacterias. A diferencia de éstas, no era posible cultivarlos en medios inanimados sino en células vivas como, por ejemplo, en yema de huevo.

En 1915, trabajando en Londres, F.W. Twort descubrió que algunos virus, a los que dio el nombre de bacteriófagos, pueden infectar y destruir bacterias. El servicio militar durante la guerra le impidió proseguir sus investigaciones, que fueron desarrolladas por Félix d’Hérelle, en Francia.

Un microorganismo, también llamado microbio u organismo microscópico, es un ser vivo que sólo puede visualizarse con el microscopio. La ciencia que estudia a los microorganismos es la microbiología. Los microorganismos son formas de vida muy pequeñas que sólo pueden ser observados a través del microscopio. En este grupo están incluidas las bacterias, los virus, los mohos y las levaduras. Algunos microorganismos pueden causar el deterioro de los alimentos entre los cuales se encuentran los microorganismos patógenos, que a su vez pueden ocasionar enfermedades debido al consumo de alimentos contaminados. Adicionalmente, existen ciertos microorganismos patógenos que no causan un deterioro visible en el alimento. Sin embargo, por otro lado existen también algunos microorganismos que son beneficiosos y que pueden ser usados en el procesamiento de los alimentos con la finalidad de prolongar su tiempo de vida o de cambiar las propiedades de los mismos (por ejemplo, para la fermentación llevada a cabo para la elaboración de las salchichas, el yogur y los quesos).
Fuente Consultada: Wikipedia

Los Microorganismos La Medicina en el Siglo XIX

Hasta 1927, año en que Albert Calmette  y Camlile Guerin  del Instituto Pasteur de París, elaboraron la vacuna BCG, no había una protección eficaz contra la tuberculosis. Sin embargo, le vacuna no era una solución para los que ya estaban afectados por el mal, para quienes el único tratamiento conocido era el reposo, el aire puro y los baños de sol.

Según se suponía, este régimen aumentaba el suministro sanguíneo a los pulmones y favorecía la resistencia contra la infección. Los sanatorios de Suiza atraían a muchos enfermos, pero los que no podían pagarlos tenían que recurrir a los establecimientos públicos. En la fotografía, tratamiento de un grupo de nidos afectados de tuberculosis, mediante exposición a rayos ultravioleta (Londres, 1930).

Hasta la llegada de las sulfamidas y los antibióticos, la principal arma contra las enfermedades infecciosas era la inmunización, un sistema de prevención más que un tratamiento. En los años 20, la más mortal de las infecciones endémicas seguía siendo la tuberculosis por lo que la elaboración de una vacuna adecuada, en 1927, constituyó un importante progreso. Sus inventores fueron los biólogos franceses L.C.A. Calmette y Camille Guérin, de ahí el nombre de la vacuna (BCG, «bacilo de Calmette-Guérin»). La vacuna era un derivado de bacilos de la tuberculosis bovina, cuya virulencia había sido reducida mediante cultivo en bilis de buey.

 Uno de los aspectos básicos del tratamiento convencional de la tuberculosis era la luz del sol, y no se regateaban esfuerzos para proporcionárselas a quienes tenían medios para pagarla. Este sanatorio en Aix-les-Bains, al sureste de Francia, constaba de una planta giratoria para que los pacientes estuvieran al sol todo el día. También se creía que las aguas minerales podían tener un efecto benéfico. Sin duda, la localización de este sanatorio se escogió para que tos enfermos pudieran disfrutar de ambos tratamientos.

La tuberculosis puede atacar a diferentes órganos, pero especialmente a los pulmones. Esta enfermedad estaba considerada como uno de los grandes flagelos de la humanidad desde los albores de la historia; sin embargo, hasta la aparición de las vacunas y de fármacos como la isoniacida, muy poco podía hacerse por los afectados.

Los médicos resaltaban los méritos del aire puro y los baños de sol, pero los sanatorios antituberculosos no hacían más que retrasar el desenlace de la enfermedad.

Descubrimiento de la vacunación
Los experimentos del médico británico Edward Jenner indujeron la inmunización de la viruela, no con un activador de la viruela humana, sino de la viruela bovina , y por esta razón se llamó vacunación al proceso. Hasta finales del s. XIX, cuando Louis Pasteur, químico francés, y Robert Koch, médico alemán, demostraron que las causantes de la enfermedad son partículas vivas, se creía que la provocaban miasmas (efluvios o gases malignos) o imprecisos conceptos similares.

Pasteur comenzó sus experimentos para desarrollar activadores inmunitarios, a los que llamó vacunas, y así descubrió en su laboratorio que las bacterias del cólera de un cultivo abandonado se habían debilitado porque el medio en que se estaban cultivando había sido «rechazado»: ya no producían la enfermedad, pero aún activaban la inmunidad.

Esto le impulsó a desarrollar una vacuna contra el cólera en 1879, y en 1881 contra el carbunco, pero su mayor logro fue la de la rabia. Creó una vacuna junto con el médico Émile Roux, pero solamente la habían probado en animales. Entonces Pasteur se arriesgó a un proceso judicial al inocularla a un niño que había sido mordido por un perro rabioso. El niño no desarrolló enfermedad, por lo que Pasteur fue considerado un héroe en su época.

Fuente Consultada: El estallido científico de Trevor I. Williams