Historia del Descubrimiento de las Vitaminas y Propiedades



Historia del Descubrimiento de las Vitaminas y Propiedades

Las vitaminas han sido uno de los hallazgos más sorprendentes del comienzo de este siglo. Casimir Funk abrió el camino por donde transitaron otros investigadores que aislaron otras vitaminas indispensables para el metabolismo orgánico. En 1911 pudo determinar el principio activo proveniente de la cáscara del arroz, bloqueaba una grave enfermedad, el beríberi. Esta desde entonces, la vitamina B. El estudio de este compuesto se constituyó en un polo de atracción para científicos, quienes descubrieron nuevas vitaminas, qui fueron sintetizadas y purificadas.

Vitaminas y hormonas:

La diabetes es una enfermedad tan antigua como la humanidad. En muchos casos, los síntomas son leves e incluso pasan inadvertidos; pero en los casos graves, la mayor predisposición a contraer diversas infecciones, el adelgazamiento progresivo y la paulatina pérdida de las funciones del organismo pueden conducir a la muerte. El descubrimiento de un tratamiento eficaz para esta extendida enfermedad fue uno de los principales triunfos logrados por la medicina en el transcurso de los años 20.

Para entonces, la investigación desarrollada en varios países había permitido establecer la naturaleza de la enfermedad. Su causa esencial consiste en que unos grupos celulares del páncreas, los islotes de Larigerhans, dejan de secretar una sustancia que regula el metabolismo del azúcar.

En 1920, Frederick Grant Banting, un joven cirujano ortopédico, abrió su consulta en la dudad canadiense de Toronto y obtuvo un puesto de auxiliar de fisiología en la Universidad del Este de Ontario, en el laboratorio de John James Richard Macleod. Interesado por la diabetes, solicitó la colaboración de un joven estudiante de medicina, C.H. Best. Tras haber repasado exhaustivamente la bibliografía existente, concibió la idea de que si cerraba los conductos del páncreas, la glándula se atrofiaría con la única excepción de los islotes de Langerhans, residuo que le permitiría extraer la sustancia activa, denominada insulina.

El método resultó adecuado y en enero de 1922 se llevó a cabo con todo éxito la primera prueba clínica de administración del extracto. A partir de entonces, quedaban dos problemas básicos: en primer lugar, el de preparar la insulina en cantidades suficientes y, en segundo lugar, el de idear medios para administrar a los pacientes dosis controladas.

Vitaminas y Hormonas Historia de su DescubrimientoEl problema del suministro quedó parcialmente resuelto mediante el proceso de extracción desarrollado por el joven bioquímico canadiense James Bertram Colhp, que utilizaba como fuente de insulina las glándulas pancreáticas del ganado sacrificado en un matadero próximo.

En 1926, era posible conseguir insulina en forma de cristales puros, lo cual reducía en gran medida las dificultades de la dosificación exacta. A partir de ese momento, la sustancia estuvo al alcance de todos los que la necesitaban.

En 1923, Banting y Macleod compartieron el premio Nobel de fisiología o medicina, honor doblemente importante, ya que es poco frecuente obtener el galardón tan inmediatamente después de realizar el descubrimiento premiado.

Aunque la diabetes se reconocía ya como tal en el siglo u de nuestra era, sólo fue posible controlarla eficazmente gracias al descubrimiento de la insulina, realizado por Banting y Best en 1922. En esta trágica fotografía aparece un niño de 3 años, de apenas 7kg de peso, afectado ese mismo año por la enfermedad.

El descubrimiento de la insulina fue importante en si mismo, porque hizo posible el control eficaz (aunque no la curación) de una grave enfermedad. Pero fue fundamental además como una de las facetas del creciente conocimiento de la fisiología humana y del progreso en e] tratamiento de otras diversas enfermedades similares.



Muchas de las glándulas del organismo secretan sustancias a través de conductos claramente definidos y con una acción más o menos localizada. Pero no todas las glándulas poseen, estos conductos. Las denominadas glándulas endocrinas secretan sustancias fisiológicamente activas que pasan al torrente sanguíneo y ejercen su influencia sobre todo el organismo.

Las sustancias activas producidas por las glándulas endocrinas reciben el nombre de hormonas, término empleado por primera vez en 1905. Las hormonas son esencialmente mensajeros químicos que contribuyen a mantener en equilibrio el complejo metabolismo del organismo.

Los trastornos por exceso o por defecto en la producción de las glándulas endocrinas producen una variedad de síntomas específicos. Así pues, una tiroides hiperactiva, que produce un exceso de tiroxina, causa bocio exoftálmico, mientras que el hipotiroidismo produce alopecia, metabolismo lento y mixedema, una ralentización de las facultades intelectuales. Estos efectos comenzaron a comprenderse a principios de siglo y generaron una nueva rama de la medicina que, en 1909, el médico italiano Nicola Pende denominó endocrinología.

Los progresos en el ámbito de la ciencia médica siguieron dos líneas básicas. En primer lugar, aumentó de forma considerable el conocimiento de cada una de las glándulas endocrinas y de las hormonas que secretan. En segundo lugar, y no menos importante, se llegó a la conclusión de que estas glándulas no actúan individualmente sino de forma coordinada. Desentrañar sus complejas interacciones era, y sigue siendo, una tarea de enorme dificultad.

Uno de los precursores en este campo fue el fisiólogo argentino Bernardo Houssay, que desarrolló las investigaciones de Banting y descubrió que las hormonas secretadas por la glándula hipófisis, un órgano diminuto situado en la base del cráneo, están estrechamente vinculadas con la producción de insulina.

Las hormonas sexuales, producidas por los testículos y los ovarios, ejercen una profunda influencia sobre la actividad sexual y la fertilidad, al mismo tiempo que determinan las características sexuales secundarias, como la presencia de vello facial.

Las hormonas son sustancias químicas notables por su extremado poder fisiológico: cantidades nimias producen efectos considerables, las hay de muy diferente estructura.

La insulina, por ejemplo, es una proteína compleja, mientras que la tiroxina es relativamente simple y destaca por su elevado contenido en yodo. En la pequeña glándula tiroides se puede encontrar hasta un tercio del yodo presente en el organismo. Esta hormona fue sintetizada en 1927.

Una segunda enfermedad de origen hormonal comenzó a ceder ante el tratamiento a fines de los años 20. Era la enfermedad de Addison, un flagelo muy antiguo que sin embargo sólo fue identificado claramente en 1849 por el británico Thomas Addison. Lo único que pudo hacer este médico fue describir el síndrome, pero, de hecho, la enfermedad está causada por la atrofia de las glándulas suprarrenales. Los síntomas más evidentes son debilidad, pérdida de peso y pigmentación de la piel en manchas marrones. En ausencia de tratamiento, el desenlace suele ser la muerte.

En 1929, en Estados Unidos, W.W. Swingte y J.J. Pfiffuer prepararon extractos activos de la glándula y, un año más tarde, comprobaron su eficacia en el tratamiento de la enfermedad de Addison. En 1934, F.C. Kendall consiguió aislar la hormona. En la actualidad, el mal se puede controlar mediante la administración regular de corticosteroides.



Las hormonas se producen en el propio organismo, pero otra clase de productos naturales esenciales, las vitaminas, forman parte de la dieta. Como las hormonas, las vitaminas son notables por una actividad fisiológica extremadamente poderosa. Aunque en muy poca cantidad obran efectos considerables, su carencia puede tener consecuencias con frecuencia graves e incluso mortales.

Al igual que en el caso de las hormonas, los efectos de las deficiencias vitamínicas eran de sobra conocidos mucho antes de que se llegaran a establecer sus causas.

El escorbuto, por ejemplo, se conocía como el mal que afectaba a los marinos, sobre todo en largas travesías sin provisiones frescas. En el siglo XVIII, James Lind (1716-1794) recomendó el uso de zumo de limón para su prevención y tratamiento. Los resultados fueron espectaculares; cuando sus recomendaciones fueron aceptadas (bastante tardíamente, por cierto), el escorbuto prácticamente desapareció de la marina real británica. Una relación similar entre dieta y enfermedad fue descubierta por Christiaan Eijkman en 1890.

En 1909, el bioquímico alemán W.U. Stepp demostró que las grasas químicamente puras carecen de un factor alimentario esencial, identificado más adelante como la vitamina A (1913).

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, se había establecido ya que existía una relación entre la dieta y ciertas enfermedades (algunas muy difundidas y graves), pero todavía no había sido posible determinar la naturaleza de la relación. Para la salud, era importante mantener un equilibrio adecuado de los nutrientes básicos (proteínas, hidratos de carbono y grasas), pero resultaba evidente que había otros factores esenciales, necesarios en cantidades mínimas.

En 1912, el bioquímico polaco Casimir Funk acuñó el término «vitaminas» para designar estos factores esenciales le la dieta, en la errónea creencia de que todos pertenecían a una clase de sustancias químicas llamada aminas. Uno de los pioneros en el estudio de las vitaminas fue Frederick Gowland Hopkins, de la Universidad le Cambridge, que en 1929 compartió el premio Nobel con Eijkman.

Si bien se conocía su función, las vitaminas, no obstante, sólo fueron una abstracción hasta 1926, cuando se aisló la vitamina B1 (cuya carencia produce la enfermedad del beriberi) en forma cristalina pura. Dos años más tarde, también fue aislada la vitamina C (eficaz contra el escorbuto) y en 1933 fue posible sintetizarla. En 1929 se aisló la vitamina K, seguida de la vitamina D en 1931.

El descubrimiento de las vitaminas fue uno de los grandes acontecimientos médicos de los años 20. En la actualidad multitud de vitaminas han encontrado un sitio en la farmacopea mundial. Más aún, ha llegado a ser práctica habitual en la industria alimentaria el refuerzo de ciertos productos, como la margarina y la leche en polvo, con dosis extraordinarias de vitaminas, para asegurarse de que la población las consuma en cantidad suficiente: una medida muy importante de salud pública.

Como las vitaminas difieren enormemente unas de otras en su composición química, no existe una única técnica que permita aislarlas a todas, lo cual se complica por el hecho de que están presentes en muy pequeñas concentraciones (a veces de unas pocas partes por millón), mezcladas con multitud de sustancias diferentes y a menudo irrelevantes. Hay sin embargo dos consideraciones fundamentales.

La primera es encontrar una fuente relativamente abundante: para la vitamina C, Szent-Gyórgyi utilizaba el pimentón húngaro (paprika). La segunda consiste en hallar un organismo adecuado para las pruebas (por lo general un animal pequeño de laboratorio), que permita estudiar la vitamina a través de sucesivas fases de creciente pureza.



ALGO MAS SOBRE LA HISTORIA DE SU DESCUBRIMIENTO:

Los estragos que producía el beríberi en los ejércitos holandeses que operaban en las Indias Orientales, exigían el permanente estudio de los médicos, quienes no encontraban las causas determinantes de la terrible enfermedad, que no atacaba a los indígenas. Durante muchos años se buscó, aunque sin éxito, el microbio que producía el mal y los esfuerzos se reduplicaron en tal sentido. Había que hallarlo. Pero las investigaciones no daban resultado.

Un día, el doctor Christian Eijkman, llegado al lugar con una misión de médicos por recomendación de Koch, como se dedicaba a la cría de pollos, tuvo que dar a sus animales, por falta de otro alimento, arroz blanco, limpio, completamente descascarillado, tal como lo comían los hombres. Un mes después de haber iniciado ese régimen de alimentación, Eijkman advirtió con desagradable sorpresa que sus pollos, antes robustos, eran ahora aves enfermas que apenas podían mantenerse en pie. De pronto el cocinero se negó a seguir suministrando para los pollos el alimento que tenía destinado para los enfermos que se atendían en el hospital allí Instalado.

Las aves volvieron al alimento ordinario y barato: el sucio y oscuro arroz sin descascarillar. Con sorprendente rapidez recuperaron sus fuerzas. Se hicieron investigaciones sobre los hombres.

Los casos de beríberi eran mucho más frecuentes entre los que comían arroz limpio. Eijkman había encontrado por tan fortuitos medios, que la cascarilla de arroz prevenía o curaba el beriberi. Cuando dejó las Indias, el encargado de continuar las investigaciones fue el joven doctor Gerrit Grijns, quien lanzó la teoría de que el beriberi se originaba en la carencia de alguna sustancia que el cuerpo necesitaba.

La causa no estaba en lo que se comía, sino en lo que no se comía. Un día, invitado por el Instituto Lister de Londres, comenzó sus estudios otro joven facultativo, el doctor Casimir Funk, hijo de un dermatólogo polaco. Esto ocurría en 1911 y ese mismo año, Casimir Funk, que siguió investigando las causas determinantes del beriberi y los análisis de la cascarilla de arroz, dio la nota sensacional.

De 312 kilogramos de cascarilla de arroz, extrajo 186 gramos de cristales impuros, pero muy activos. «Aquí está la sustancia que cura el beriberi —anunció—. Un milésimo de onza puede curar en tres horas a una paloma paralítica». Era un compuesto de tipo amina. (Luego se supo que no). Podría llamarse Vital-amina, que para simplificar, sería «vitamina». Y agregó con tono sentencioso: «Creo que debe haber otras vitaminas capaces de curar otras enfermedades, como el escorbuto, el raquitismo y la pelagra».

Se había dado el primer paso realmente importante en la fecunda investigación. Puede decirse que ése fue el punto de partida que llevó finalmente a los más importantes descubrimientos en la lucha contra la muerte por medio de los alimentos. Comprobado que ciertas sustancias indispensables para el organismo se hallaban en los alimentos, había que llegar al régimen dietético adecuado. Se lograría por medio de las combinaciones químicas. Centenares de estudiosos se dedicaron a la investigación.

Así se encontró que la manteca y algunas grasas contienen la sustancia que se llamó Vitamina A, pasando a ser B la descubierta por Casimiro Funk. Una de las últimas vitaminas descubiertas es la llamada biotina, la vitamina H.

Su molécula forma un sistema cíclico de dos anillos pentagonales. Se la suele encontrar en la yema de los huevos, en la sangre y en varios tejidos humanos. Varias enfermedades cuyos orígenes se desconocen tuvieron su génesis en disturbios ocasionados por esta vitamina. Ciertos trastornos cutáneos, la caída del cabello, manifestaciones de cansancio, dolores musculares, la carencia de apetito, son motivados muchas veces por deficiencias vitamínicas de este tipo.

La vitamina K —filoquinona— es una vitamina antihemorrágicos un derivado de la naftoquinona. Puede ser extraída de la harina de pescado y también se la localiza en algunos vegetales como la alfalfa, y en los intestinos se sintetiza Su acción más intensa es su intervención en la síntesis de la protrombina y facilita la coagulación de la sangre Posteriormente se aisló la vitamina E, el tocoferol, la que es muy común hallarla en los vegetales frescos, pero también se la aisla de los aceites de las semillas de algodón. y del maíz, y también de la leche y los huevos.

 Las deficiencias vitamínicas de este tipo ocasionan alteraciones en la reproducción o degeneración de los conductos espermáticos, esterilidad y cambios de la espermatogénesis de las ratas macho, así como alteraciones musculares. En el hombre no se manifiesta su carencia en forma ostensible, pero se la relaciona con los procesos de oxirreducción de los citocromos.

Es necesario destacar el esfuerzo realizado por los bioquímicos en el hallazgo de nuevas vitaminas y en un conocimiento más amplio de las ya descubiertas. Sobre las vitaminas D y D1 se hicieron notables progresos; la primera de origen animal hallada en el aceite de hígado de bacalao, en la yema de los huevos de las aves y, entre los vegetales, en los hongos. La D1 también es aislada de vegetales, aunque no siempre frecuentemente.

Se pudo determinar que su presencia es muy importante en el individuo porque interviene en el metabolismo del fósforo y del calcio, para facilitar la absorción de estos elementos en el intestino. Las deficiencias en la administración de la vitamina D ocasionan osteomalacia, transformaciones en los huesos y el raquitismo con todas las secuelas en las criaturas. Mientras las investigaciones sobre el descubrimiento de nuevas vitaminas se acrecientan en todos los centros de estudio dedicados a este apasionante tema, ya no existe la premiosa necesidad de extraerlas de los animales y vegetales para suplir el déficit parcial o carencial de estas sustancias en el organismo.

La química ha ido conociendo su composición molecular y las pudo reemplazar a tal punto que, elaboradas convenientemente en grageas, o píldoras, o en soluciones, representan una vía muy útil y rápida para combatir las enfermedades ocasionadas por deficiencias en su formación en el organismo humano. He ahí el invalorable aporte que la ciencia presta para lograr generaciones liberadas de dolencias físicas.

Ver: Historia Descubrimiento del ADN

Ver: Historia de la Anestesia

Ver: Historia de las Cirugias

Fuente Consultada:
El estallido científico de Trevor I. Williams
LA RAZÓN 75 AÑOS – 1905-1980 Historia Viva – Las Vitaminas

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