Los Microorganismos y La Medicina en el Siglo XIX Historia Resumen



Los Microorganismos y La Medicina en el Siglo XIX

Una enfermedad puede aniquilar poblaciones enteras. Desde la Antigüedad se ha intentado entender cómo se propaga y por qué afecta a unas personas y a otras no. Este es el campo de la epidemiología, cuyos hallazgos de los últimos 150 años han tenido un gran impacto en la salud pública.

En 1864, Louis Pasteur demostró que los microorganismos no surgen de forma espontánea (como se creía), sino que su presencia provocaba la infección. Robert Koch aplicó esta idea para explicar la causa de las enfermedades infecciosas y, en 1890, enunció una serie de criterios, los postulados de Koch, que determinan si una enfermedad es causad; por microbios. Estos microorganismos pueder ser aislados a partir de individuos infectados y cultivarse en laboratorio para su identificación a fin de establecer un tratamiento adecuado. En la actualidad han sido identificados numerosos microbios patógenos.

A principios del s. XIX, muchos médicos suscribían la teoría miasmática, que consideraba a los miasmas (los efluvios o los aires malsanos) como causa de enfermedad. Florence Nightingale abogaba por un régimen de aire fresco en sus salas de hospital. Algunos médicos aconsejaron mejorar la higiene, pero fueron ignorados en general. Así, en 1864, el microbiólogo francés Louis Pasteur demostró que unos organismos presentes en el aire provocaban la fermentación de nutrientes líquidos, y el médico alemán Robert Koch halló bacterias en animales que sufrían carbunco.

Esto dio un nuevo enfoque al control de la infección  Si las bacterias -y otros «gérmenes» (microbios patógenos)- podían propagarse de una persona a otra, con la misma facilidad invadirían tina herida abierta, pero podían eliminarse mediante sustancias químicas y no se desarrollabaí en un entorno libre de ellos (estéril).

Jospeh Lister fue el abanderado de la campaña por la eliminación química de los microbios. Lister trató tanto las heridas como el instrumental quirúrgico con ácido carbólico o fénico (también conocido como fenol, usado para desodorizar las aguas residuales), estableciendo así una técnica antiséptica que redujo las infecciones de forma considerable.

El estudio de los microorganismos: Ya en la antigua Roma se redujo la propagación de enfermedades gracias a la construcción de un avanzado sistema de cloacas, pero los estudiosos de la época no sabían el porqué.La respuesta tuvo que esperar al s. XIX y al surgimiento de un nuevo tipo de científico: el epidemiólogo. Fue durante el s. XIX cuando la vaga noción de que las enfermedades infecciosas eran causadas por vapores nocivos, heredada de la Grecia clásica, fue por fin abandonada. Este avance procedía en parte de la obra de científicos como Louis Pasteur y de otros epidemiólogos.

Ignaz Semmelweis fue un médico húngaro que aplicó con éxito uno de los primeros métodos higiénicos para atajar el contagio de enfermedades. En 1847, mientras trabajaba en una meternidad de Viena, instruyó al personal para que se lavara las manos con desinfectante antes de atender a las entes si antes había realizado una autopsia. El resultado fue un drástico descenso de la mortalidad por fiebre puerperal, causada por infecciones contraídas durante el parto. Pese a ello, la teoría de Semmelweis fue ridiculizada, y él despedido. No se recuperó nunca y murió en un manicomio.

Cuando se observaron por primera vez las bacterias, se extendió la idea de que debían ser los más pequeños de los organismos vivos. Sin embargo, poco después, mientras los físicos descubrían que los átomos no eran después de todo las unidades más pequeñas de la materia, se hizo evidente que existían otras formas de vida más pequeñas que las bacterias.

A principios de siglo se descubrió que una serie de enfermedades graves, como la poliomielitis, la liebre aftosa del ganado y el mosaico del tabaco, eran producidas por agentes infecciosos tan pequeños que pasaban a través de los filtros que atrapaban a las bacterias. A diferencia de éstas, no era posible cultivarlos en medios inanimados sino en células vivas como, por ejemplo, en yema de huevo.

En 1915, trabajando en Londres, F.W. Twort descubrió que algunos virus, a los que dio el nombre de bacteriófagos, pueden infectar y destruir bacterias. El servicio militar durante la guerra le impidió proseguir sus investigaciones, que fueron desarrolladas por Félix d’Hérelle, en Francia.

Un microorganismo, también llamado microbio u organismo microscópico, es un ser vivo que sólo puede visualizarse con el microscopio. La ciencia que estudia a los microorganismos es la microbiología. Los microorganismos son formas de vida muy pequeñas que sólo pueden ser observados a través del microscopio. En este grupo están incluidas las bacterias, los virus, los mohos y las levaduras. Algunos microorganismos pueden causar el deterioro de los alimentos entre los cuales se encuentran los microorganismos patógenos, que a su vez pueden ocasionar enfermedades debido al consumo de alimentos contaminados. Adicionalmente, existen ciertos microorganismos patógenos que no causan un deterioro visible en el alimento. Sin embargo, por otro lado existen también algunos microorganismos que son beneficiosos y que pueden ser usados en el procesamiento de los alimentos con la finalidad de prolongar su tiempo de vida o de cambiar las propiedades de los mismos (por ejemplo, para la fermentación llevada a cabo para la elaboración de las salchichas, el yogur y los quesos).
Fuente Consultada: Wikipedia

Los Microorganismos La Medicina en el Siglo XIX

Hasta 1927, año en que Albert Calmette  y Camlile Guerin  del Instituto Pasteur de París, elaboraron la vacuna BCG, no había una protección eficaz contra la tuberculosis. Sin embargo, le vacuna no era una solución para los que ya estaban afectados por el mal, para quienes el único tratamiento conocido era el reposo, el aire puro y los baños de sol.

Según se suponía, este régimen aumentaba el suministro sanguíneo a los pulmones y favorecía la resistencia contra la infección. Los sanatorios de Suiza atraían a muchos enfermos, pero los que no podían pagarlos tenían que recurrir a los establecimientos públicos. En la fotografía, tratamiento de un grupo de nidos afectados de tuberculosis, mediante exposición a rayos ultravioleta (Londres, 1930).

Hasta la llegada de las sulfamidas y los antibióticos, la principal arma contra las enfermedades infecciosas era la inmunización, un sistema de prevención más que un tratamiento. En los años 20, la más mortal de las infecciones endémicas seguía siendo la tuberculosis por lo que la elaboración de una vacuna adecuada, en 1927, constituyó un importante progreso. Sus inventores fueron los biólogos franceses L.C.A. Calmette y Camille Guérin, de ahí el nombre de la vacuna (BCG, «bacilo de Calmette-Guérin»). La vacuna era un derivado de bacilos de la tuberculosis bovina, cuya virulencia había sido reducida mediante cultivo en bilis de buey.



 Uno de los aspectos básicos del tratamiento convencional de la tuberculosis era la luz del sol, y no se regateaban esfuerzos para proporcionárselas a quienes tenían medios para pagarla. Este sanatorio en Aix-les-Bains, al sureste de Francia, constaba de una planta giratoria para que los pacientes estuvieran al sol todo el día. También se creía que las aguas minerales podían tener un efecto benéfico. Sin duda, la localización de este sanatorio se escogió para que tos enfermos pudieran disfrutar de ambos tratamientos.

La tuberculosis puede atacar a diferentes órganos, pero especialmente a los pulmones. Esta enfermedad estaba considerada como uno de los grandes flagelos de la humanidad desde los albores de la historia; sin embargo, hasta la aparición de las vacunas y de fármacos como la isoniacida, muy poco podía hacerse por los afectados.

Los médicos resaltaban los méritos del aire puro y los baños de sol, pero los sanatorios antituberculosos no hacían más que retrasar el desenlace de la enfermedad.

Descubrimiento de la vacunación
Los experimentos del médico británico Edward Jenner indujeron la inmunización de la viruela, no con un activador de la viruela humana, sino de la viruela bovina , y por esta razón se llamó vacunación al proceso. Hasta finales del s. XIX, cuando Louis Pasteur, químico francés, y Robert Koch, médico alemán, demostraron que las causantes de la enfermedad son partículas vivas, se creía que la provocaban miasmas (efluvios o gases malignos) o imprecisos conceptos similares.

Pasteur comenzó sus experimentos para desarrollar activadores inmunitarios, a los que llamó vacunas, y así descubrió en su laboratorio que las bacterias del cólera de un cultivo abandonado se habían debilitado porque el medio en que se estaban cultivando había sido «rechazado»: ya no producían la enfermedad, pero aún activaban la inmunidad.

Esto le impulsó a desarrollar una vacuna contra el cólera en 1879, y en 1881 contra el carbunco, pero su mayor logro fue la de la rabia. Creó una vacuna junto con el médico Émile Roux, pero solamente la habían probado en animales. Entonces Pasteur se arriesgó a un proceso judicial al inocularla a un niño que había sido mordido por un perro rabioso. El niño no desarrolló enfermedad, por lo que Pasteur fue considerado un héroe en su época.

Fuente Consultada: El estallido científico de Trevor I. Williams





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