Erik el Rojo

Las Hordas Mongoles Vida , Costumbres y Conquistas

VIDA Y COSTUMBRES DE LAS HORDAS MONGOLES

Los mongoles han representado un importante papel en la historia de Asia. Son nómadas, y su vida está hecha, por tanto, de continuos desplazamientos forzados por la necesidad de encontrar la hierba necesaria para la alimentación de sus grandes rebaños de corderos y cabras. Estos animales les proporcionan carne, leche, mantequilla y queso. Como animales de carga, los mongoles utilizan el camello y un caballo de pequeña estatura, pero de gran resistencia.

los mongolesLa extensión de la estepa, y su pobreza, los obligan a desplazarse de estación en estación. Desde este punto de vista se les puede comparar con los lapones y otras poblaciones de Eurasia septentrional.

Viven en tiendas en forma de quesera, que levantan formando un enrejado de sólidas tablas, y cubriéndolo después con mantas de lana burda. Estos campamentos de tiendas deben considerarse pueblos ambulantes.

Ningún extranjero podría decir con exactitud dónde se encuentran esas aglomeraciones. Sólo los mongoles saben en qué lugar se hallan sus vecinos. Nadie debe aventurarse solo por esas inmensas extensiones, pues quien lo hiciera correría el riesgo de no encontrar un alma viviente, ya que los mongoles  vagan   a  la   aventura.

La vida de este pueblo ha estado siempre envuelta en el misterio. El extranjero se siente poseído de una inexplicable inseguridad, de una continua amenaza… Los actuales mongoles no difieren mucho en usos y costumbres de aquellos antepasados suyos que surcaban las estepas hace centenares de años. Su pasado se pierde en la noche de los tiempos. Su fuerza era legendaria.

Uno de esos mongoles, Temudjin, a fines del siglo XII, reunió las tribus nómadas turco-mongolas. Eran grandes jinetes, de cráneo redondo, pómulos salientes, ojos rasgados, piel amarilla, cabello lacio y negro y piernas arqueadas. Temudjin sometió a cierto número de tribus y durante una primera asamblea solemne celebrada en 1206, se otorgó a sí mismo el título de Djingiz Khan o Gengis Kan, es decir, el más poderoso de todos los jefes, o también, el emperador inflexible. Conquistó la ciudad, de Karakorum e instaló en ella su residencia.

viajes de los mongoles

Caravanas  Mongoles

Hasta entonces no había visto nunca una ciudad y no sabía leer ni escribir, pero su ejército de 100.000 hombres le permitió franquear la Gran Muralla de China, tomar la capital Yen-King, que se convertiría en Pekín, al norte de China y conquistar Corea. Yen-King fue saqueada e incendiada.

Cuando estalló una rebelión en el Lurquestán, Gengis Kan conquistó el país, incluida Samarcanda, una de las ciudades comerciales más importantes de la época, y exterminó sin piedad a la población, que había cometido la audacia de rebelarse.

Mientras sus lugartenientes realizaban incursiones por Rusia meridional, Gengis Kan marchó sobre el Irán y llegó hasta el Dniéper. Su imperio fue el mayor que conoció el mundo hasta entonces. Admitía todas las religiones, pero hacía que reinaran, por el terror, la autoridad y el orden.

Murió en 1227 durante los preparativos de una nueva campaña. En vida repartió este imperio entre sus cuatro hijos, pero esto no impidió que Ogotai fuera designado Gran Kan, a pesar de que no era el primogénito.

Lo primero que hizo Ogotai fue lanzarse al ataque de la China meridional, luego de Rusia meridional y, por último, de Occidente. Veinticinco mil jinetes arrasaron Vladimir, Moscú y Kiev, derrotaron a los caballeros de la Orden Teutónica’ y asolaron Hungría, para llegar finalmente a la costa adriática.

Ogotai murió en 1241, y los jefes mongoles se retiraron a Rusia meridional donde fundaron el reino de la Horda de Oro con Serai como capital. Serai estaba situada en un afluente del Volga. Desde 1240 hasta 1450, Rusia vivió bajo el dominio mongol. El kan permitió que subsistieran los principados rusos, pero les designó jefes e instaló guarniciones en las ciudades a fin de mantener el orden.

Kublai, el sucesor de Ogotai, conquistó toda China. Fue el fundador de la dinastía Yan y se adaptó fácilmente a la civilización ya muy evolucionada de sus nuevos subditos. Los soberanos de Annam y Birmania tuvieron que reconocer, asimismo, su soberanía. En cambio, la flota que envió para conquistar el Japón sufrió una decisiva derrota. Marco Polo dijo con razón que este kan era el hombre más poderoso desde Adán.

Trasladó su capital de Karakorum a Pekín, y éste fue, sin duda, su mayor error político, pues se rompió la unidad del imperio mongol.

En Rusia el reino de la Horda de Oro se vino abajo, en 1502. En el siglo XIX se encontraron los vestigios de Karakorum. Seis siglos antes, esta ciudad había poseído una docena de templos, dos mezquitas y una iglesia cristiana nestoriana.

No se puede hablar de cultura mongol. Una figurilla del siglo vn, el jinete azul de Astrana, hallada al norte del Turquestán, testimonia un esplendoroso pasado y recuerda a los grandes jefes mongoles. Éstos tuvieron el mérito de poner a Europa en contacto con la civilización china, que en aquel momento mostraba un indudable adelanto sobre la cultura occidental.

Por este motivo no se puede achacar al azar el hecho de que el desarrollo de la técnica, que aceleró el fin de la Edad Media, se produjera inmediatamente después de las conquistas mongolas. El compás, la pólvora y el papel se deben, en efecto, al ingenio chino.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil Tomo I AZeta – Editorial Credsa

Eduardo El Confesor Rey de Inglaterra Biografía y Reinado

Reinado de Eduardo El Confesor, Rey de Inglaterra

Eduardo era hijo del soberano inglés Ethelredo II el Iletrado, Eduardo el Confesor (1002-1066) fue rey de Inglaterra desde 1042 hasta 1066.

Comenzó la construcción de la abadía de Westminster en 1050, pero su delicado estado de salud le impediría asistir a la consagración de la iglesia.

En la imagen de abajo , Eduardo el Confesor en un detalle del tapiz de Bayeux (siglo XI), que se encuentra en el Centro Guillermo el Conquistador (Bayeux, Francia).

Eduardo el Confesor

Una Idea de la Época: El orden en Europa, derrumbado tras las irrupciones del Islam y los vikingos, se restauró lentamente a partir del siglo X.  Los castillos poblaban el paisaje, como  amos y señores del campo, desde donde los terratenientes defendían a sus pueblos de ataques externos y dirimían disputas internas. Los caballeros andantes juraban lealtad a los señores feudales, al honor de sus damas y a Dios. La iglesia y sus obispos gobernaron en lo referente a la moral, y desde las parroquias se oficiaban los ritos de nacimiento, matrimonio y muerte. Las catedrales se elevaban al cielo, y nuevos monasterios reemplazaron los que hab ían sido abandonados o quemados por los invasores. Estos edificios surgieron y fueron reparados por todos lados, conforme aumentaban la destreza y la tecnología de la albañilería. Un nuevo espíritu de confianza alentó a nobles y plebeyos, e incluso a los niños, a iniciar peregrinaciones hacia los santuarios de los mártires, y a enrolarse en las Cruzadas para rescatara la Tierra Santa de las manos del Islam.

La conquista normanda: Como vimos en otra página de este sitio, a comienzos del siglo V, los sajones y los anglos se establecieron en Inglaterra y unieron sus siete reinos en una confederación llamada Heptarquia. La debilidad de los monarcas favoreció la invasión de los daneses, que vencieron y se radicaron en las islas.

El primer rey danés en Inglaterra fue Canuto el Grande (1017-1035), quien también gobernaba Dinamarca, Suecia y Noruega. Este monarca trató bien a sus subditos, eliminó los rencores entre vencedores y vencidos y logró fusionar a los anglosajones con los daneses.

Cuando murieron los hijos del rey danés, los anglosajones recuperaron nuevamente el poder, al ocupar el trono Eduardo III, el Confesor (1041-1066), muy inclinado a las costumbres francesas, pues había residido muchos años en Normandía. A su muerte, los anglosajones coronaron a Haroldo, pero Guillermo duque de Normandía —que contaba con el apoyo del Pontífice Alejandro II— reclamó el trono de Inglaterra.

Historia: Después de la muerte de Canuto (1035), dos de sus hijos se sucedieron en el trono. El último de éstos, Hardicanuto, que no tenía hijos, designó como sucesor a su hermanastro Eduardo, hijo de Emma y de Ethelredo.

La dinastía danesa se extinguía en provecho de los sajones, a los que había destronado.

En 1043, Eduardo subía al trono de Inglaterra. Educado en la corte de Normandía, había traído consigo nobles normandos, a los que distribuyó tierras y funciones, desposeyendo a la aristocracia danesa.

De temperamento generoso y dulce, muy piadoso, Eduardo, llamado el Con fesor, tenía una personalidad atrayente, pero carecía de autoridad, y su reinado fue teatro de luchas intestinas entre los señores, que no cesaban en sus combates para arrancar al rey nuevos favores.

Esta nobleza asumía cada vez mayor independencia, y los pequeños campesinos libres fueron a buscar, junto a ella, la protección que el rey no estaba en condiciones de asegurarles.

Esta protección les era concedida mediante una recomendación, es decir, un juramento de fidelidad que los ligaba al señor.

Los señores se atribuyeron, poco a poco, el derecho de hacer justicia, efectuar la policía, reclutar ejércitos y recaudar los impuestos.

Algunos de ellos adquirieron un  poderío  desmesurado,  como  Godwin, conde de Wessex, que, habiendo casado a su hija con Eduardo, se aprovechaba de la debilidad de su yerno para reinar como verdadero dueño de Inglaterra.

Así se insinuaba un principio de feudalización, que Guillermo el Conquistador sabría canalizar en provecho propio.

En 1065 una rebelión popular por los excesos en el gobierno del Conde de Northumbria, obligó a Eduardo a exiliarse. Después de esto, el Monarca cayó enfermo y no pudo asistir a la consagración de la abadía de Westminster que él había fundado.

Le sucedió Harold II, el último rey sajón que gobernó Inglaterra. Menos de un siglo después de su muerte fue canonizado.

Canuto I El Grande Rey de Inglaterra Biografía Resumida

BIOGRAFÍA DE CANUTO I EL GRANDE REY DE INGLATERRA

Canuto I el Grande o Canuto II nació en 994 y murió en 1035, sucedió a su padre en la corona como rey de Inglaterra (1016-1035), al morir su hermano mayor se convirtió en rey de  Dinamarca (1018-1035) y finalmente de Noruega (1028-1035). Era hijo de Sven I Barba de Horquilla, rey de los daneses, conquistó Inglaterra en 1013.

Un órgano que asesoraba a los reyes anglosajones, conocido como Witenagemot reinstauró en Inglaterra al rey Elteredo II, y Canuto se retiró. Regresó en 1015 y pronto sometió toda Inglaterra, excepto Londres. Después de la muerte de Etelredo en 1016, los londinenses nombraron rey a su hijo Edmundo II.

Canuto el Grande rey de Inglaterra

Canuto, hijo del rey danés Sven I, se convierte en rey de Inglaterra tras el fallecimiento casi consecutivo del monarca anglosajón Etelredo II y del hijo de éste, Edmundo II. Canuto reinará asimismo hasta el año de su muerte (1035) en Dinamarca y en Noruega.

ANTECEDENTES: En Inglaterra ocurrió un grave hecho en el siglo XI: la invasión de los daneses. Así fue como Canuto el Grande (1017-1035) se coronó rey de Inglaterra y Dinamarca.

Los sajones recuperaron luego el poder, pero su vinculación con Normandía derivó en la coronación de su duque, Guillermo I, como rey de Inglaterra. Es decir que, en forma simultánea, Guillermo terminó reinando sobre ingleses y normandos (1066).

Como el ducado de Normandía estaba en territorio francés, la coronación de Guillermo generó muchos conflictos entre ingleses y franceses. La situación se agravó con el casamiento de la hija de Enrique I con Godofredo de Plantagenet, conde de Anjou.

El hijo de ambos, Enrique II, terminó heredando la corona inglesa (1154), a la que además de Normandía se le sumó Anjou, también en territorio francés. En Francia, la dinastía de los Carolingios fue perdiendo poder, hasta que el último de ellos, Luis V, murió en un accidente de caza. Los señores feudales no eligieron a su hijo como nuevo rey, sino que designaron a uno de ellos, el duque de París: Hugo Capeto. En un principio, Hugo gobernaba sobre un pequeño territorio: París y Orleáns.

En el resto mandaban los señores. Pero con el tiempo, la monarquía fue extendiendo sus dominios. Con Luis VI, el gordo (1108-1137), Francia consiguió la poseción de todos los territorios del sudoeste del país. Y con Felipe Augusto (1180) logró apoderarse de Normandía y Anjou.

BIOGRAFIA: Al finalizar el siglo X, las invasiones danesas se renuevan bajo la forma de incursiones y piraterías, a las que el rey sajón Ethelredo intentó poner dique pagando pesados tributos a los invasores; pero este medio se reveló tan inútil como costoso, y, en 1013, el rey de Dinamarca, Sweyn, decidido a someter a todo el reino anglosajón, lanzó una ofensiva general; necesitó menos de un año para conseguir sus fines y obligar a Ethelredo a refugiarse en la corte del duque de Normandía.

Pero el rey danés  murió brutalmente,  y  su hijo Canuto, que lo había secundado en todas sus campañas, prefirió retirarse momentáneamente a Dinamarca, donde su hermano mayor acababa de ser  nombrado rey, con el objeto de reforzar su ejército.

En 1017, a la cabeza de tropas frescas, sólidamente armadas, volvió a hacerse a la mar y, tras una serie de victoriosas campañas, expulsó al hijo de Ethelredo del trono de Inglaterra y se hizo coronar rey; se casó casi inmediatamente con Emma, viuda entonces de Ethelredo, descartando así eventuales oposiciones a su usurpación.

La muerte de su hermano mayor lo puso a la cabeza del reino de Dinamarca, y una guerra victoriosa, dirigida diez años después contra el rey Haraldo de Noruega, le aseguró la corona de este país.

Así, Canuto el Grande reunió bajo su cetro un inmenso reino, promoviendo un notable incremento de los intercambios marítimos en el mar del Norte; pero este reino, demasiado disperso para ser sólidamente unificado y bien defendido, no debía sobrevivir a su creador.

En lo que se refiere a Inglaterra, Canuto fue un prudente administrador, conservando las costumbres y la organización que los anglosajones le habían legado, haciendo establecer los primeros códigos ingleses, consolidando el ejército y la marina, sosteniendo a los clérigos.

Solamente fue cambiado el personal dirigente, y los daneses ocuparon desde entonces todos los altos puestos, de los que se había separado a la nobleza anglosajona.

 

Biografía de Guillermo El Conquistador Rey de Inglaterra

BIOGRAFÍA DE GUILLERMO EL CONQUISTADOR
LA BATALLA DE HASTINGS

Guillermo I, El Conquistador (1027-1087). Rey de Inglaterra y duque de Normandía, nacido en Saint Gervais.

Era hijo natural de Roberto el Magnífico, duque de Normandía y de su concubina Arletta, hija de un artesano lo que no fue impedimento para que se lo reconociera como heredero del ducado cuando su padre partió para Tierra Santa.

Fallecido Roberto en Nicea, en 1035, lo sucedió Guillermo con el apoyo de algunos de los barones vasallos quienes constituyeron una regencia que debíó enfrentarse a las pretensiones de Guido de Borgoña.

Llegado Guillermo a la mayoría de edad decidió defender su ducado contra el pretendiente, al que derrotó en Val de Dunes, a las cercanías de Caen, en 1047, con la ayuda del rey de Francia. Tiempo después se enemistó con éste, al que derrotó en la Batalla de Mortemer (1054) y nuevamente en Varavillc cuatro años después.

En 1087, durante una campaña militar contra el rey Felipe I de Francia, el caballo de Guillermo sufrió una caída en las proximidades de la ciudad de Mantes, como consecuencia de las lesiones sufridas, falleció el 7 de septiembre en Ruán.

Fue sucedido por su tercer hijo, Guillermo II.

guillermo el conquistador

Guillermo I fue rey de Inglaterra desde 1066 hasta 1087. Durante su reinado, reestructuró el sistema feudal, obligando a todos los terratenientes a jurar lealtad al rey en lugar de a los distintos señores. Ordenó realizar un censo de las tierras de su reino. El resultado de este estudio, conocido como el Domesday Book, ayudó a determinar los impuestos que sus súbditos debían entregarle.

ANTECEDENTES E HISTORIA DE GUILLERMO:

Mientras el reino de Inglaterra entraba en decadencia, el ducado de Normandía conocía un auge sin precedentes, bajo la dirección de su joven jefe, Guillermo.

Este era hijo natural de Roberto el Diablo y de Arlette, hija de un burgués de Falaise. Cuando Roberto partió para Tierra Santa, en 1035, hizo que los barones normandos reconocieran a este hijo—a quien adoraba—como heredero.

Guillermo no tenía aún diez años; de forma que, cuando Roberto murió, unos meses después, a la vuelta de Jerusalén, los nobles se aprovecharon de la inexperiencia de su joven señor para aumentar sus poderes, agrandar sus dominios y entregarse a verdaderas guerras civiles.

En 1047, ante tal anarquía, Guillermo recurrió a su soberano, el rey de Francia, para aplastar la rebelión de sus vasallos.

Aquél respondió a su llamada, y las tropas de Enrique I y del joven duque infligieron una gran derrota a los barones felones en la batalla de Val-les-Dunes.

Despues de esta victoria, Guillermo se convirtió en el jefe indiscutible de su ducado. En veinte años, consiguió hacer de Normandía una temible potencia militar y económica.

Este ducado había tomado, ya hacía dos siglos, un gran adelanto sobre el reino de Francia, del que dependía.

Las instituciones feudales estaban allí fuertemente arraigadas, y la autoridad ducal bien asentada. Cada vasallo debía a su señor el servicio militar y las prestaciones correspondientes.

En compensación, aquél le concedía su apoyo. Cada señor aseguraba el orden y la justicia en su dominio. Sin embargo, estos poderes estaban limitados por los vizcondes, administradores de distrito que dependían directamente del duque.

En la cima de esta sociedad, fuertemente jerarquizada, se encontraba el duque, único señor que no dependía de nadie en su dominio, sin otras obligaciones que las de vasallaje hacia su soberano, el rey de Francia.

Guillermo no hizo más que reforzar este orden establecido.

Exilió a los jefes rebeldes, se rodeó de hombres capaces y entregados enteramente a su causa. Intervino directamente en los asuntos de la Iglesia, colocando a miembros de su familia en los cargos importantes, e hizo cubrir de monasterios la Normandía, asegurándose así el apoyo de los clérigos.

En todas las provincias se emprendieron labores de roturación, y las ciudades, como Caen, conocieron un auge económico considerable.

Para reconstituir el tesoro ducal, Guillermo obligó a sus vizcondes a llevar una contabilidad exacta de las personas de cada distrito. Por último, su ejército era el más moderno de Europa.

Además de una larga tradición de hazañas guerreras, los caballeros normandos estaban avezados al combate, gracias a todas las campañas de anexión que emprendió Guillermo para ensanchar sus fronteras; a través de esas campañas, se precisó la táctica del ejército normando—extrema movilidad, construcción de fortificaciones—y su composición —arqueros de a pie y caballería pesada—.

Frente a este ducado, que prosperaba bajo una mano autoritaria, se extendía una Inglaterra en plena decadencia, que no tenía para defenderse más que un ejército de campesinos mal dirigidos y poco adiestrados.

Así, cuando Guillermo emprendió en 1066 la conquista de aquel reino, todas las ventajas estaban claramente de su parte.

El mandatario más famoso de los normandos fue Guillermo de Normandía, formó un ejército basado en los lazos medievales, los caballos y los estribos. Confiando en los conocimientos marítimos heredados de sus antepasados vikingos, Guillermo inició su conquista de Inglaterra en la batalla de Hastings del año 1066.

El feudalismo fue ganando terreno con cada nueva conquista. Los reyes otorgaban las tierras recién invadidas a sus caballeros y nobles, que a cambio le proporcionaban ejércitos para continuar con las conquistas y la guerra.

En un intento de reafirmar su autoridad en Inglaterra y de determinar las riquezas que acababa de adquirir, Guillermo el Conquistador, como se le conoció a partir de entonces, ordenó que se realizara el registro exhaustivo de las propiedades de su nuevo reino: el resultado fue el célebre Domesday Book del año 1086.

GUILLERMO, EL CONQUISTADOR
En 1051, Eduardo, que no tenía hijos, escogió por heredero a Guillermo, duque de Normandía. Su elección fue violentamente impugnada por su suegro, Godwin, deseoso de que la corona recayera en su hijo Haroldo.

Sin embargo, mientras efectuaba un viaje por el continente, Haroldo cayó en las manos de Guillermo.

El duque de Normandía lo obligó a jurar, sobre un velo que recubría unas sagradas reliquias, que no pretendería jamás la corona de Inglaterra.

Haroldo juró, pero cuando en 1066 Eduardo exhaló su último suspiro, Haroldo ignoró deliberadamente su antiguo juramento, reunió al consejo de los señores y se hizo proclamar rey. Guillermo no estaba dispuesto a aceptar este golpe de fuerza.

Reunió la asamblea de los barones normandos y pidió que se le proporcionaran 700 naves y los mejores guerreros.

Algunos meses después, tras haber confiado la regencia a su mujer, Matilde, se embarcó a la cabeza de 10.000 hombres, llegados de todas las provincias: Flandes, Picardía, Bretaña y Normandía.

Desembarcó en Inglaterra sin encontrar obstáculos, e hizo construir un campamento fortificado en la pequeña ciudad de Hastings. Mientras tanto, Haroldo guerreaba en el norte contra el rey de Noruega, que había intentado una invasión, unos meses antes.

Derrotó rápidamente al ejército noruego en Stamfortbridge y, sin tomarse el tiempo de reunir un ejército, más numeroso, acudió a Hastings.

En la mañana del 14 de octubre de 1066, ambos ejércitos se encontraron frente a frente. Sus fuerzas no estaban igualadas; el ejército normando llevaba una fila de arqueros y de ballesteros muy bien equipados, seguida por una fila de infantes, encuadrados por la caballería.

El ejército anglosajón no disponía de ningún cuerpo de arqueros, y se batíacon armas muy dispares, como jabalinas y venablos.

Sin embargo, el ejército sajón tuvo mayores ventajas, al principio de la batalla, porque disponía de mejor posición desde el punto de vista estratégico.

Pero la táctica normanda, que consistía en aislar al enemigo en pequeños grupos y aniquilar a éstos, terminó debilitando la resistencia inglesa.

Por último, ante el anuncio de¡a muerte de Haroldo, a consecuencia de un flechazo en un ojo, se produjo una verdadera desbandada en el ejército sajón.

Guillermo ya tenía su victoria, y Hastings le abría las puertas del poder. Sin embargo, tuvo que esperar aún dos meses para someter a la aristocracia sajona.

El día de Navidad de 1066, el arzobispo de Canterbury coronó al nuevo Rey de Inglaterra.

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EL REINO NORMANDO DE INGLATERRA: Guillermo, al distribuir entre los caballeros normandos las tierras confiscasdas, no les había hecho propietarios de ellas, sino que se las había dado en feudo, (ver Cap. Descomposición del Imperio Franco).

El poseedor debía en cambio ir a la guerra cuando el rey le llamaba. Estos dones eran de valor muy distinto.

A sus parientes o a sus amigos, Guillermo había dado gran número de tierras en todas partes de Inglaterra, a su hermano Roberto (793), a Alano de Bretaña (442).

Los que tenían muchas tierras habían de ir a la guerra con una tropa de caballeros, algunos con 40 ó 50. Los más, que no habían recibido sino una sola posesión, no estaban obligados más que al servicio de un caballero.

Guillermo había destituido a la mayor parte de los obispos y de los abades ingleses y puesto en su lugar eclesiásticos franceses.

El arzobispo de Canterbury fue un italiano, Lanfrac, que había sido abad en un convento de Normandía. Aquellos obispos y abades franceses obligaron a los sacerdotes y a los monjes ingleses a adoptar los usos de Francia.

Los sacerdotes ingleses eran casi todos casados y se les dejaron sus mujeres; pero se prohibió a los sacerdotes casarse en lo sucesivo. Un abad normando quiso obligar a los monjes a cantar los oficios a la manera francesa, y como ios monjes se hubieran negado, el abad mandó venir arqueros normandos.

Los monjes se refugiaron en la iglesia y fueron muertos a flechazos en las mismas gradas del altar.

Guillermo era apasionado por la caza. Creó, cerca de su finca favorita de Winchester, un enorme coto (lo que se llamaba bosque).

Era un terreno poco fértil, casi por entero cubierto de árboles, pero a lo largo de un riachuelo había casas. Guillermo las mandó derribar, hizo que fueran expulsados los habitantes, luego prohibió cazar allí.

El que matara un venado o una cierva perdería los ojos. El «nuevo bosque» fue odioso para los ingleses, que le llamaban maldito. Un hijo y un nieto de Guillermo fueron asesinados en él, quizá por algunos de los antiguos habitantes.

Al final de su reinado, Guillermo quiso saber lo que por impuesto pagaban por subditos del rey antes de la conquista (1085) y mandó gente a todos los condados de Inglaterra para hacer un inventario general.

Sus enviados hicieron presentarse a los propietarios, y en cada aldea, al cura, al intendente y a seis campesinos.

Les preguntaban quién era el propietario en tiempos del rey Eduardo, quién lo era entonces, cuánta tierra tenía, cuántos arados, gentes de labor, bosques, prados, criaderos de peces, cuánto valía la posesión.

Todos estos datos fueron resumidos en un registro general que se depositó en el tesoro de su castillo de Winchester.

Se le llamó primeramente el «El libro del tesoro», más tarde el Domesday book, es decir, el libro del día del juicio. Existe todavía hoy, y permite ver cómo estaba habitada Inglaterra en aquella época.

Acerca de ningún otro país de Europa estamos tan bien informados.

Inmediatamente después (1086), Guillermo convocó una asamblea como jamás se había visto otra. Hizo acudir a ella a todos los que habían recibido de él una tierra y a cuantos sus vasallos habían dado una tierra, es decir, a todos los propietarios de Inglaterra.

Todos hicieron la ceremonia de homenaje y le juraron fidelidad.

El año siguiente (1087), Guillermo murió en Francia de una caída de caballo y fue enterrado en Caen.

Ver: La Invasión Normanda a Inglaterra

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo III Guillermo el Conquistador Edit. CODEX
TODO SOBRE NUESTRO MUNDO Christopher LLoyd Edit. Ariel

Primeros Conocimientos en Europa de Oriente o China

Primeros Conocimientos en Europa de Oriente o China

Luego de un largo y penoso viaje hacia oriente y despúes de haber sufrido los horrores del desierto, los Polo llegaron, al fin, a la primera ciudad china de su viaje: Su Cheu. Los venecianos permanecieron luego un año en Ku Chué, realizando excursiones por el centro de Asia, a Erzina y Karakorum. El viaje siguió, por último, hacia el este, y el Gran Khan les envió una escolta de honor. Kublai los recibió en persona, en su residencia de Shang Tu, al nordeste de Pekín (1275).

Los hermanos Polo dejan Venecia llevando consigo a Marco—Miniatura del «Libro de las Maravillas»—París, Biblioteca Nacional.

Marco Polo, que durante el viaje había aprendido las lenguas habladas en el Imperio mongol, supo impresionar, seria y favorablemente, al emperador, que hizo de él su amigo y su auxiliar, empleándole en calidad de administrador y diplomático, mientras su padre y su tío trataban de múltiples asuntos comerciales. Así comenzó una estancia que debía prolongarse hasta 1292.

Kublai Khan

Marco Polo, como administrador de Kublai y rodeado del respeto que le valía la amistad del Gran Khan, recorrió China en dos itinerarios. Gracias a los relatos que Marco Polo hizo en «El Libro de las Maravillas», por primera vez Europa poseía una descripción  sintética de  las  regiones de Oriente.

Pese a los errores de apreciación que llenan su relato, la narración de las aventuras vividas por el veneciano, la descripción de lugares y gentes que visitó y encontró, renovaron los puntos de vista humanos y científicos que Europa poseía de Oriente; así, Occidente escuchaba por vez primera el nombre de Cipango (Japón).

Marco Polo llega a Oriente

Marco Polo (15 de septiembre de 1254 – 8 de enero de 1324) fue un mercader y explorador veneciano que, junto con su padre y su tío, estuvo entre los primeros occidentales que viajaron por la ruta de la seda a China. Se dice que introdujo la pólvora en Europa, aunque la primera vez que se utilizó en Occidente acaeció en la batalla de Niebla (Huelva) en 1262.

El Imperio mongol de China, que visitó Marco Polo, estaba entonces en su apogeo y no pudo menos que maravillar al joven italiano, que fue sorprendido por la inmensidad del país y la diferencia que ofrecían las provincias del norte y las del sur con sus grandes ciudades superpobladas.

Como buen mercader veneciano y buen administrador, Marco Polo fue atraído, sobre todo por lo que representaba la economía le China; se extrañó de la sucesión de pueblos y el número de ciudades importante. Pekín tenía seis millas de lado, no corr prendidos sus 12 arrabales, y su población desafiaba toda evaluación: Nankín, Shinng Kiong Fu y Hang-Cheu, con sus millones de habitantes, así como más de dos mi grandes ciudades, entre ellas los inertes Je Fu Cheu y de Hong Chué (Quinsay) «Venecia china».

La formación del Imperio mongol permitió el restablecimiento de las relaciones directas entre Europa y el Extremo Oriente. Pekín, la nueva capital mongola, atrajo de inmediato a los mercaderes de la India y del Golfo Pérsico, y en seguida a unos audaces venecianos, los Polo. Pekín, antigua ciudad de los Kin y ciudad mongola—Miniatura del «Libro de las Maravillas»—París, Biblioteca Nacional.

Hong Chué era en efecto, una ciudad construida sobre una lagua y estaba recorrida por centenares de canales que pasaban, según Marco Polo, bajo 12.000 puentes. Las calles estabam adoquinadas con piedra y ladrillo, no servicio de guardias urbanos asegurara le orden día y noche. La ciudad recibía muchos extranjeros que se dedicaran al comercio y a la navegación. El puerto de Hang-Cheu contaba con casi 18.000 boques, entre los cuales, algunos, los graades correos del Mar de China, aforaban 500 toneladas y eran maniobrados por 20C a veces, 300 hombres de tripulación.

EL ORO, LA SEDA, EL CARBÓN
El Estado sacaba gran provecho de esta actividad comercial, porque sólo los derechos de aduana de la ciudad de Hang Cheu se elevaban anualmente a 14.700 sacos de oro y representaban la novena parte de los ingresos de toda la China del Sur.

La circulación de una moneda fiduciaria, fabricada con delgadas hojas de pasta de madera de morera, y, a veces, para billetes de gran valor, con seda, siempre garantizada con la firma y el sello de los oficiales de moneda, extrañó a Marco Polo, que vio la ventaja de este sistema para el Tesoro Imperial: «El Emperador puede hacer cada año tal cantidad de monedas, sin que le cueste nada, que iguale a todos los tesoros del mundo»… Parece, sin embargo, que Marco Polo no tenía conciencia del desastre a que podían conducir tales excesos.

En los campos, Marco Polo se interesó por todas las actividades agrícolas y anotó la riqueza de las explotaciones, las terrazas de cultivos que se escalonan sobre las pendientes más abruptas de las montañas y la abundancia de productos de la tierra.

El viajero veneciano nos enseña igualmente que Kublai Khan, recogiendo la tradición de los grandes emperadores chinos, hacía adquirir y almacenar el sobrante de las cosechas, que, en caso de penuria, era redistribuido a los hambrientos.

Marco Polo visitó igualmente sederías e hilaturas, pero lo que le extraño más aún fue el empleo que los chinos hacían del carbón: «Una especie de piedra negra que se extrae de los flancos de las montañas de Catay (China del Norte) y que quema como el carbón de madera, e incluso mejor que él, porque si se le enciende por la tarde, se le encuentra aún con juego a la mañana siguiente».

Pero ya el poderío de Kublai declinaba, y los favores de que rodeaba a la persona de Marco Polo despertaban celos contra el veneciano y sus dos parientes, los cuales aprovecharon una expedición destinada a acompañar a una princesa mongola, prometida en matrimonio, a la Corte de Per-sia, para embarcarse con ella (1292).

La escuadra siguió la ruta tradicional, llevando a los tres latinos al reino de Shampa, a Sumatra, a las islas Nicobar, a Ceilán, a Malabar, para alcanzar el puerto de Ormuz y llegar, por tierra, a Trebisonda, sobre el Mar Negro. Llegado a Venecia en 1295, Marco Polo debía caer en manos de los genoveses, al año siguiente. En el curso de sus dos años de cautiverio, pudo redactar su fabuloso viaje.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Conquista Normanda en Inglaterra Invasion de Guillermo I

Conquista Normanda en Inglaterra
La Batalla de Hasting

Es uno de los momentos mas importantes en la historia de Inglaterra y quizas (para algunos historiadores) de la historia del mundo, ya que marca el momento en que Guillermo, duque de Normandía, se apoderó del trono inglés, en el año 1066.

En enero de ese año había muerto el monarca inglés Eduardo el Confesor y el pueblo eligió para sucederlo al joven Haroldo, hijo del conde Godwinson.

El nuevo rey era fuerte y prudente y el pueblo se manifestó satisfecho con él, con la sola excepción del duque Guillermo de Normandía, que protestó, alegando que Eduardo le había prometido la corona.

LA HISTORIA: Gradualmente los anglosajones habían conquistado Inglaterra, avanzando en lenta marea hacia el oeste del país.

Las guerras que se habían prolongado durante un siglo, habían determinado su reemplazo parcial por inmigrantes daneses en algunas zonas.

En contraste con ellos, su derrota decisiva habría de ser sorprendentemente repentina.

Aunque la masa de la población seguía siendo de raza sajona y danesa, el poder paso a los normandos en una campaña de una sola estación, casi podría decirse de un solo día.

En 1066 al morir el rey Eduardo el Confesor , tres prominentes guerreros se disputaron el trono inglés. El noble sajón mas poderoso de Inglaterra, Harold Godwinson , fue elegidlo por sus pares.

Al otro lado del canal, Guillermo, duque de Normandía, un líder notablemente fuerte y sagaz, sostuvo que esto quebrantaba juramentos de Eduardo y de Harold, en el sentido de que él, Guillermo, heredaría el trono. Y más allá del mar del Norte “el último de los vikingos”, Harald Hardraada, rey de Noruega, conspiraba para obtener el triunfo con la ayuda de Tostig, el hermano desterrado de Godwinson.

Los ingleses y los normandos se odiaban y d duque pudo fácilmente argumentar que Haroldo había violado una promesa de vasallaje que le hiciera. Contaba también con el apoyo del monje Hildebrando, futuro papa Gregorio VII, y había prometido a sus barones dinero tierras en Inglaterra.

El ejército nórdico llegó antes; desembarcó en el Humber en septiembre y batió a las primeras fuerzas locales alistadas para resistirlo.

Harold Godwinson marchó hacia el norte con un ejército sajón, y venció decisivamente a los vikingos en Stamford Bridge, cerca de York, el 25 de septiembre de 1066.

Tostig y Hardraada, de más de d9s metros de altura y héroe de las guerras vikingas, murieron en la batalla, y pocos fueron los vikingos que sobrevivieron.

Mientras descansaba en York, Harold tuvo noticias de que Guillermo había desembarcado en Pevensey el 28 de septiembre, con un ejército de normandos.

El fatigado ejército sajón volvió entonces a partir en marchas forzadas hacia el sur. Si bien no se sabe con exactitud cuál era la fuerza de los dos ejércitos, se cree que cuando el 14 de octubre se enfrentaron en Senlac Hill, cerca de Hastings, eran casi iguales en número.

Un tercio de los hombres de Harold eran housecarls, veteranos a sueldo muy bien armados con lanzas, espadas y grandes hachas.

El resto era el fyrd, la milicia local, muy inferior en armas y pericia. Harold condujo su infantería a lo largo de una colina en apretada muralla protectora”, dispuesto a librar una batalla defensiva.

Es posible que hayan levantado rápidamente un cerco de arbustos y matorrales. Guillermo hizo subir a sus hombres a través del pequeño valle, con los arqueros al frente, detrás de los lanceros acorazados a pie, y los caballeros montados —alrededor de un tercio de su fuerza— en última línea.

Tenían que atravesar terrenos pantanosos y atacar subiendo la colina para poder alcanzar a los sajones. La ofensiva normanda se produjo a la mañana temprano, pero fue fácilmente rechazada y el combate siguió todo el día.

El rey y el duque conducían personalmente sus tropas, demostrando gran bravura. Oleada tras oleada de infantería y caballería normanda cargaban colina arriba, pero una y otra vez caían, dejando pilas de muertos y heridos a lo largo de la inconmovible muralla protectora.

Hacia el final de la tarde la batalla podía tomar cualquier rumbo: los normandos estaban cansados, los sajones agotados y tan estrechamente comprimidos que mantenían a sus muertos de pie en medio del apiñamiento.

Por dos veces, los indisciplinados hombres del fyrd habían abandonado sus posiciones para dar caza a los normandos colina abajo a medida que retrocedían —bien fuera derrotados de verdad o pretendiendo estarlo— y habían sido derribados al descubierto, pero los housecarls se mantenían como una roca en el centro.

Por fin, cuando el sol descendía en el cielo, Guillermo intentó el último esfuerzo.

Envió a sus arqueros adelante y ordenó disparar en ángulo elevado, arrojando las flechas casi verticalmente sobre las filas sajonas.

A medida que las murallas protectoras se tambaleaban, sus caballeros volvieron a la carga por última vez. La muralla se quebró, los sajones, batidos en pequeños grupos, fueron hechos trizas.

Harold murió combatiendo al pie de sus estandartes gemelos, y con él murieron muchos de sus housecarls. A la caída de la noche, Guillermo era, efectivamente, dueño de Inglaterra.

La Batalla de Hasting

batalla de hasting

La movilización fue lenta, pues era preciso preparar la flota para trasportar 15.000 hombres, de los cuales unos 6.000 eran jinetes. Los barcos estuvieron listos en septiembre de 1066, pero durante 15 días los vientos desfavorables retuvieron a Guillermo en el mar.

Este retardo le valió una fácil victoria, pues en el intervalo había llegado a las costas de la isla el rey Haroldo, de Noruega, quien pretendía también la corona de Inglaterra. Haroldo de Inglaterra consiguió derrotarlo, pero a costa de la disminución de su ejército.

Cuando supo al día siguiente que Guillermo había desembarcado en Pevensey, marchó a su encuentro, y la batalla tuvo lugar en Hastings, condado de Sussex, el 14 de octubre.

Los sajones formaban una infantería montada—se movilizaban a caballo pero combatían a pie—, los normandos, en cambio, atacaban a caballo, reforzados por los arqueros. Simulando batirse en retirada, Guillermo atrajo a las tropas de Haroldo a una trampa y las deshizo. En la lucha pereció el rey Haroldo, y Guillermo pudo después ceñir la corona de Inglaterra.

El reinado de Guillermo fue un continuo saqueo y un despojo para los nobles y propietarios de la Gran Bretaña, pues todos los normandos que participaron en la expedición fueron recompensados con tierras y títulos nobiliarios, y aun los que no habían intervenido en la invasión se encaminaban hacia Inglaterra en la seguridad de obtener de inmediato un feudo y hacer trabajar, en su beneficio, a los sajones despojados.

Afianzado en su dominio de Inglaterra, sobre la base de un absoluto feudalismo y en amplia ndependencia religiosa con respecto al papado, debió soportar los ataques de su hijo Roberto, que reclamaba el ducado de Norrnandía apoyado por el rey de Francia. Guillermo le presentó batalla en Gerberoi, donde fue derrotado y herido.

Falleció poco después a consecuencia de una caída de caballo y mientras dirigía una nueva expedición contra Felipe de Francia.

LA CONQUISTA NORMANDA:

Una vez destruido todo el ejército sajón, nadie podía detener a las tropas de Guillermo. Pero no atacó en un principio la ciudad de Londres que estaba fortificada. Llegóse a quemar un arrabal, luego dio vuelta todo alrededor y se dirigió al oeste, talando los árboles y las mieses, incendiando las casas.

Por último, los habitantes de Londres, temiendo quedarse sin provisiones, prometieron reconocerle como rey.

El día de Navidad (1066), Guillermo fue a la iglesia de Westminster, cercana a Londres, con el arzobispo de York y los principales personajes del Mediodía de Inglaterra. Le reconocieron rey, y, según la costumbre, le aclamaron.

Los guerreros normandos que se habían quedado fuera de la iglesia, al oír aquel estrépito, creyeron que los ingleses se sublevaban, prendieron fuego a las casas que rodeaban el templo y los ingleses salieron inmediatamente para apagar el fuego.

Guillermo permaneció solo en la iglesia con los sacerdotes y el arzobispo que le coronó rey de Inglaterra. Juró respetar los derechos de la Iglesia y las costumbres del pueblo inglés.

Una vez que se hizo reconocer rey, Guillermo declaró a Haroldo usurpador, a todos los que por él habían combatido culpables del delito de traición a su rey y despojados de sus derechos de propiedad. Guillermo confiscó, por tanto, sus posesiones y las distribuyó entre los guerreros que le habían acompañado.

Las huérfanas o las viudas de los propietarios sajones muertos en el ejército de Haroldo conservaron sus propiedades, pero Guillermo las obligó a casarse con caballeros normandos.

Así los antiguos propietarios sajones fueron casi todos sustituidos por caballeros normandos y los campesinos sajones que cultivaban las tierras tuvieron por dueños a extranjeros.

No dominaba todavía Guillermo más que la parte meridional de Inglaterra. Los jefes que gobernaban el norte le habían reconocido rey, pero continuaban conduciéndose como príncipes independientes.

Durante cuatro años hubo revueltas en varias comarcas de Inglaterra, los sublevados proclamaron rey a un príncipe de la familia de Eduardo. Los jefes del norte acabaron también por sublevarse, el rey de Dinamarca les envió una flota, y los daneses y los ingleses reunidos saquearon e incendiaron la ciudad de York.

Los daneses volvieron a su país con el botín y los ingleses se dispersaron. Guillermo, que había acudido con su ejército, no encontró a nadie. Para impedir que otra vez hubiera sublevación, hizo del país un desierto. Mandó cortar la cabeza a todos los sublevados, quemar las mieses, los arados, los carros, los bueyes y los carneros.

Las mujeres y los niños murieron de hambre y sus cadáveres quedaron tendidos en los campos devastados (1070).

Inglaterra fue entonces definitivamente conquistada. Guillermo hizo en el norte lo que había en el sur, confiscó los bienes de los sublevados y los dio a los normandos.

Mandó edificar en todas las ciudades un castillo en el que puso guarnición de guerreros franceses. Entonces fue construida la famosa torre de Londres, que debía servir durante siglos a los reyes de Inglaterra como fortaleza, tesoro y prisión.

Ver: Biografía de Guillermo El Conquistador

Fuente Consultada:
Los Invasores – El Pasado Viviente –
Enciclopedia Universal BARSA (Consulta Fácil)
HISTORAMA Tomo III Edit. CODEX

El Fin de la Esclavitud Willberforce Su Lucha Contra la Esclavitud

Historia: El Fin de la Esclavitud
Willberforce Su Lucha Contra la Esclavitud

El fin de la esclavitud Willians Willberforce Historia de la Esclavitud

Las colonias de América dependían del trabajo de los esclavos. Pero a mediados del siglo XVIII muchas personas se empezaban a cuestionar la moralidad de la esclavitud.

Durante todo el siglo XVIII, Gran Bretaña, Francia y España se enriquecieron gracias a los impuestos y a los beneficios obtenidos en las colonias. Gran parte de su riqueza se debía al trabajo de los esclavos. Dinamarca, Suecia, Prusia, Holanda y Génova (Piamonte) comerciaban también con esclavos.

Los europeos compraban africanos a los traficantes de esclavos y a los líderes locales, que veían en el tráfico de esclavos un medio de castigar a los criminales, deshacerse de los enemigos, librarse de los cautivos y enriquecerse con ello. No se sabe cuántos se vendieron en total, pero los historiadores han estimado que 45 millones de esclavos partieron de Africa entre 1450 y 1870, aunque sólo 15 millones sobrevivieron.

Muchos europeos estaban en desacuerdo con el tráfico de esclavos, pero creían que era la única manera de lograr mano de obra para las plantaciones.

Algunos esclavos escaparon de las plantaciones y fundaron sus propios pueblos en zonas remotas. En 1739, un grupo de esclavos jamaicanos cimarrones se rebelaron contra los británicos.

Afortunadamente, algunas personas  comenzaron a protestar, sosteniendo que la esclavitud iba en contra de la ley de Dios y de la decencia humana. El filósofo francés Rousseau, en su obra El contrato social, escribió en 1764: «El hombre ha nacido libre, pero en todas partes está encadenado».

Sus escritos  inspiraron la revolución en Francia y en América del Norte, y la libertad individual comenzó a considerarse como un derecho social, no ya como un don otorgado por el rey. Las ideas de Rousseau también animaron a ciertas personas a luchar en nombre de otras que no podían defenderse por sí mismas. Políticos, hombres de la Iglesia y gente corriente comenzaron a pensar en cómo podían ayudar a los esclavos. Pero los argumentos morales no tenían tanta fuerza como los beneficios que generaba la esclavitud. (ver La Ilustración)

EL FIN DEL COMERCIO DE ESCLAVOS

Entre 1777 y 1804, la esclavitud fue ilegalizada en el norte de Estados Unidos. Dinamarca abandonó del comercio de esclavos en 1792 y Gran Bretaña, en 1807. Pero el tráfico de esclavos continuaba. La marina británica tomó drásticas medidas contra el comercio de esclavos desde 1815, pero la esclavitud seguía siendo legal en casi todas partes.

Una revuelta de esclavos en la colonia francesa de Santo Domingo en 1791-1793 condujo a la abolición en Francia, aunque en 1803 se volvió a legalizar la esclavitud. En 1831, un levantamiento de esclavos en Virginia provocó el endurecimiento de las leyes y el incremento de la defensa de la esclavitud entre los blancos del sur de Estados Unidos.

El fin de la esclavitud Willians Willberforce Historia de la EsclavitudAntes de la abolición, los barcos de esclavos seguían una ruta de navegación triangular por el Atlántico, llevando artículos manufacturados de Europa a África, esclavos a América y productos como el azúcar de regreso a Europa.

William Wilberforce (1759-1833) era miembro del Parlamento por Hull, un concurrido puerto esclavista, pero le horrorizaba el comercio de esclavos. Junto a otros cristianos humanitarios empezó en 1784 una campaña contra el comercio de esclavos, que acabó prohibiéndose en todo el Imperio británico en 1807.

Las condiciones de vida en los barcos esclavistas eran terribles e insalubres. Los esclavos, amontonados en las bodegas del barco, apenas podían moverse.

El fin de la esclavitud Willians Willberforce Historia de la Esclavitud

FILANTROPÍA: En Gran Bretaña, Thomas Clarkson (1760-1846) y William Wilberforce dirigieron una campaña antiesclavitud y, en 1807, su país abolió el comercio de esclavos. Sin embargo, pasaba el tiempo y no se liberaba a los esclavos. Wilberforce murió justo antes de que todos los esclavos en manos británicas fueran liberados. Los europeos empezaban a sentirse incómodos con la esclavitud y la armada británica bloqueó el comercio deteniendo algunos barcos esclavistas.

Pero la esclavitud continuaba en Cuba, Costa Rica, Brasil y el sur de Estados Unidos. Las grandes plantaciones se habían levantado sobre la base del trabajo esclavo y sus propietarios eran reacios a cambiar. Además, Europa disfrutaba de algodón y tabaco muy baratos procedentes de los estados sureños de Estados Unidos. En este país, los habitantes del norte apoyaban la emancipación, pero los sureños querían conservar a sus esclavos. Finalmente, la esclavitud acabaría siendo prohibida en Estados Unidos en 1863; en Cuba, en 1886; y en Brasil, en 1888. El comercio de esclavos de los árabes en Africa acabó en 1873.

FECHAS CLAVES

1592 Empieza el tráfico de esclavos británico.

1739 Revuelta de esclavos en Jamaica.

década de 1760 Auge del tráfico de esclavos.

1791—1801 Revuelta de esclavos en Santo Domingo.

1792 Abolición del comercio de esclavos en Dinamarca.

1807 Abolición del comercio de esclavos en Gran Bretaña.

1834 Abolición de la esclavitud en las colonias británicas.

1865 Abolición de la esclavitud en Estados Unidos.

1880 Abolición de la esclavitud en España.

1888 Abolición de la esclavitud en Brasil.

LA REVUELTA DE LOS ESCLAVOS EN SANTO DOMINGO

El fin de la esclavitud Willians Willberforce Historia de la EsclavitudLa Revolución francesa se extendió a todas las colonias francesas de ultramar En 1791, la Asamblea Nacional de Paris decidió conceder el voto a los esclavos de Santo Domingo (hoy Haití, en el mar Caribe). Los propietarios de plantaciones se opusieron y entonces cien mil esclavos se rebelaron. Muchos propietarios de esclavos fueron asesinados, se destruyeron casas y se quemaron las plantaciones de café y azúcar.

Napoleón envió tropas a la isla y estalló una larga guerra civil encabezada por Toussaint l`Ouverture (imagen-1746-1803), un antiguo esclavo que se declaró a sí mismo gobernante de la isla en 1801. La economía de los estados sureños de Estados Unidos dependía de la mano de obra esclava. La recogida del algodón era uno de los principales trabajos de los esclavos. El algodón se exportaba para abastecer los telares de la Europa industrial.

El líder de la revuelta de esclavos de 1831 en Virginia, Nat Turner (1800-1831), mató a su amo y a 57 blancos, y animó a 60 esclavos a sublevarse. Su revuelta duró varios meses, pero finalmente él y sus seguidores fueron capturados y ahorcados.

Ver: Vida de Espartaco, el Esclavo Romano

Ver: Historia de la Esclavitud En Estados Unidos

La burguesia Industrial Nacimiento Origen y Evolución Resumen

La Burguesía Industrial: Origen y Evolución

La Comuna de París

Revoluciones Liberales

El Cartismo

Revolución de 1830

Esta clase social, cuyo origen se remonta a la Europa feudal, se convirtió en germen de un nuevo mundo con el desarrollo del capitalismo. Dicha transformación culminó entre los siglos XVII Y XIX, por medio de las revoluciones burguesas.

En el mundo moderno de los siglos XVII y XVIII fue cada vez más evidente la relación entre los cambios en la organización económica de una sociedad y los cambios en su organización política.

A lo largo de su historia, cada sociedad va realizando diferentes actividades económicas y el trabajo de los hombres se va organizando en forma también distinta. Siempre, en las sociedades antiguas y también —aunque por medios distintos— en las del mundo moderno, fue necesario que la autoridad política asegurase la realización de las actividades económicas, la producción de un excedente y la acumulación de una parte de las riquezas producidas.

Por esto mismo, los grupos sociales que tienen el poder económico en cada sociedad se proponen asegurar que la autoridad política garantice sus intereses.

A partir del siglo XVII, con el desarrollo de las nuevas actividades económicas, como el comercio y la industria, los burgueses adquirieron poder económico y acumularon riquezas. Por primera vez, tuvo poder económico un grupo social —los burgueses— diferente del que durante siglos ejerció el poder político: la aristocracia terrateniente. Desde entonces, para los burgueses quedó planteada la necesidad de producir cambios en la organización política de la sociedad para asegurar sus intereses económicos.

ORIGEN , FORMACIÓN Y CONSOLIDACIÓN DE LA BURGUESÍA EN EL SIGLO XIX

Su Formación

Originalmente, el término burguesía calificaba tan sólo a los habitantes de las ciudades (burgos) de la plena Edad Media, derivando más tarde hasta englobar a una clase social caracterizada por su actividad económica no agrícola. Para los marxistas, esta clase social era la dominante en el modo de producción capitalista, poseedora de los medios de producción, gracias a lo cual podía acumular las plusvalías generadas por el trabajo asalariado de los proletarios.

La teoría sociológica, desde M. Weber y W. Sombart, contempla a la burguesía como la clase social que, animada de un espíritu nuevo, donde priman el individualismo, el esfuerzo personal, la innovación y el afán de lucro, transforma el mundo feudal en el que nace, hasta lograr la plena implantación del capitalismo y el estado liberal.

De todas formas, esta clase social no constituye un grupo homogéneo, sino se dan grandes diferencias entre una alta burguesía, compuesta por los capitalismo dueños de los medios de producción, que rigen la vida política y económica en estados liberales, y una pequeña burguesía de profesionales liberales, funciona empleados medios y pequeños propietarios y comerciantes que, aunque como muchos rasgos ideológicos y culturales con la anterior, se encuentra mas cerca proletariado por su renta y su posición social y política.

El hecho es que el cono de burguesía es muy amplio, y ha tenido distintos significados y matices a lo largo de la historia, y según las perspectivas desde las que se ha analizado.

Nacimiento y consolidación de la burguesía

Aunque ya en la Antigüedad existieron hombres de negocios dedicados a las, actividades mercantiles y manufactureras y vinculados al mundo urbano, el importante papel de los aparatos públicos en las actividades económicas no solía mucho margen para la iniciativa privada, por lo que no podemos hablar de burguesía propiamente dicha. En Europa occidental, el crecimiento económico y demográfico experimentado a partir del siglo XI permite el asentamiento de una población cada vez más numerosa en las ciudades, tanto antiguas como de reciente fundación (burgos).

Estos burgueses se especializan en actividades artesanas y, cantiles, que pronto les proporcionan una fuerza económica suficiente para presionar sobre los señores feudales, de los que obtuvieron libertades jurídicas, autonomía administrativa y protección para sus actividades. Sin embargo, no consiguieron distinguirse jurídicamente de la mayoría campesina de la población, y el esquema social feudal, basado en la división en tres órdenes o estamentos (nobles, eclesiásticos y trabajadores o estado llano) se mantuvo inalterado.

Esto no impidió que dentro del mismo grupo burgués se produjera una creciente estratificación, sobre todo Partir del siglo XIII, diferenciándose las oligarquías de grandes comerciantes y banqueros que normalmente controlaban los gobiernos municipales, del «común», integrado por artesanos, sirvientes y pequeños comerciantes.

La oposición de intereses entre ambos grupos dio lugar a la aparición de conflictos durante la baja Edad Media. Además, esa oligarquía burguesa se asimila progresivamente a la nobleza terrateniente, cuyo estilo de vida copia y cuyo estatus social codicia.

Desde fines de la Edad Media y durante toda la Edad Moderna, muchas familias burguesas entroncan con la nobleza (mediante matrimonios con familias aristocráticas empobrecidas), o acceden a esa condición mediante la compra de cargos o tierras vinculadas a títulos, convirtiéndose en rentistas y asumiendo los valores conservadores de la clase noble.

otra forma de ascender socialmente era mediante el servicio en la creciente burocracia estatal que las monarquías autoritarias de la Edad Moderna estaban desarrollando Los monarcas preferían emplear en su administración a letrados procedentes de la clase media burguesa, en lugar de a los miembros de la alta nobleza, susceptibles de desafiar su poder.

De todas formas, los burgueses no ennoblecidos siguieron perteneciendo estado llano, y normalmente eran ellos los que acaparaban su representación Cortes y otras instituciones representativas de origen medieval, a las que los rey Antiguo Régimen recurrían lo menos posible, sólo cuando estaban necesitados financiación extraordinaria.

La expansión mercantil europea desarrollada a partir del siglo XVI, con el descubrimiento y colonización de nuevos y vastos territorios ultramarinos y la apertura nuevos mercados, proporcionó unas inmensas posibilidades de enriquecimiento burguesía. Pero el mantenimiento de las estructuras tradicionales le impedía un papel social y político acorde con su poder económico.

A partir del siglo XVI sé produjo también un cambio de mentalidad, con la difusión de nuevas ideas: el humanismo, el racionalismo e incluso la ética protestante (especialmente en su versión calvinista), transformaciones ideológicas, filosóficas y culturales que encuentra culminación en la Ilustración, que tuvo en la burguesía a su principal valedora beneficiaria. Se santificó el afán de lucro y el éxito en los negocios, como signo del divino y como contribución a la prosperidad general. El individualismo y la igualdad entre los hombres se elevaron a la categoría de dogmas, contradiciendo el si de privilegios estamentales que impedía a la burguesía desempeñar un pape destacado en la vida pública.

Por último, el apoyo al progreso científico y técnicas a la mentalidad racionalista, también en la economía, se oponían a las viejas estructuras productivas (gremios) y comerciales (mercantilismo), que constituían una para el pleno desarrollo del capitalismo, el nuevo sistema socioeconómico que ido gestando con las actividades de la burguesía.

EL ASCENSO SOCIAL: Uno de los resultados más importantes de la doble revolución de fines del siglo XVIII fue abrir las carreras al talento. Había cuatro caminos (para nada fáciles) para desarrollar estas carreras.

• El estudio universitario permitía iniciar un ascenso en la sociedad de la época. Sin embargo, la educación no era generalizada y, por lo tanto, no estaba al alcance de todos y no generó la sociedad abierta que todos esperaban. Al contrario, surgió una sociedad cerrada en la cual se conformó una élite intelectual y profesional. Pero para aquellos que alcanzaban la educación universitaria -médicos, abogados, ingenieros, arquitectos, profesores, funcionarios de carrera, sacerdotes y pastores religiosos- estaba garantizada cierta reputación social, bienestar económico e incluso la posibilidad de acceder al poder político.

• La carrera de los negocios era el camino de ascenso social por excelencia en una economía abierta y en rápida expansión. Era también la vía más limitada y minoritaria, pues no cualquiera podía acceder al mundo de los negocios: exigía condición mental, sentido de la oportunidad y, por supuesto, recursos económicos, requisitos que la mayoría no poseía. No todos podían seguir el camino de Robert Peel.

• El ejército ofrecía la más vieja de las carreras abiertas al talento. En sus filas habían progresado socialmente muchos hijos de campesinos y pobres urbanos que obtuvieron -cuando sobrevivieron a las guerras- un prestigio social y una posición económica que de otra manera habría sido impensable. Esta vía de ascenso social se había potenciado después de la Revolución Francesa y durante las guerras napoleónicas, pero se redujo sensiblemente durante el período de paz.

• El arte era el cuarto camino de reconocimiento social. Escritores, pintores, actores, músicos y cantantes gozaban -en un mundo de valores burgueses- del prestigio que otorgaba el solo hecho de poseer talento, un atributo que en las sociedades nobiliarias y aristocráticas era escasamente tenido en cuenta.

Las revoluciones burguesas (más en este sitio)

Todas esas estructuras económicas y sociales anticuadas encontraban su mar expresión en el sistema político de las monarquías absolutistas. La burguesía utilizaba, en su beneficio el descontento de gran parte del estado llano, el estamento no privilegiado, que incluía desde los más pobres jornaleros hasta los banqueros o comerciantes más ricos.

La serie de revoluciones iniciada en Inglaterra (1642-48 y 1688) Norteamérica (1773-83) y Francia (1789), y extendida durante el siglo XIX al re Europa, significó la abolición del Antiguo Régimen y la instauración del estado General burgués, la sociedad de clases y el capitalismo industrial.

Esta transformación social, económica y política sirvió especialmente a los intereses de la gran burguesía capitalista, convertida en clase dominante. En efecto, la revolución Industrial iniciada en la segunda mitad del siglo XVIII en Inglaterra había lugar al desarrollo de un nuevo sector económico.

Los capitales acumulados por el comercio fueron invertidos en las nuevas fábricas, donde se empleaba a la mano de obra que una transformación agraria orientada al mercado había dejado sin tierras y si bajo. La nueva economía industrial, cuyos medios de producción están en manos de la burguesía capitalista, se transforma en el motor del desarrollo de los estados occidentales.

El poder económico se convierte en la pauta que marca las divisiones y jerarquías de la nueva sociedad de clases. Se produce entonces la clara separación la burguesía y las clases trabajadoras, que no tienen acceso a los bienes de producción ni al reparto de la riqueza generada por su trabajo. La recompensa que obtiene el proletariado por haber apoyado las revoluciones burguesas es el pago de un salario por su trabajo, privado de voz en los mecanismos económicos y políticos.

El fin de la burguesía revolucionaria

A partir de ese momento, la antigua burguesía revolucionaria se convierte en una clase conservadora. Se priman los valores del orden (además de los de la familia, el trabajo y el ahorro), se defiende a ultranza la propiedad privada, y se intenta restringí acceso de las clases populares al poder político (sufragio censatario).

De vez en cuando, la presión popular en los movimientos revolucionarios (Babeuf en 1797, las revoluciones de 1848, la Comuna de París de 1871), y corrientes como el socialismo intentan despertar la conciencia de clase del proletariado y organizarlo para luchar por mejorar su posición.

Ante esto, la burguesía responde con concesiones que intentan integrar a las clases populares en el sistema, instaurando el sufragio universal, extendiendo su ideología mediante la educación nacional, y creando el mito según el cual, en una sociedad de clases «abierta», cualquier individuo es capaz, por mérito esfuerzo, de mejorar su condición.

En el siglo XX, la evolución económica y social de los países más desarrollados ha dominado la aparición de una amplia clase media o pequeña burguesía, que no está definida tanto por la propiedad de los medios de producción como por su formación cultural y técnica, que le permite desempeñar los puestos intermedios de la administración pública y empresarial. Por otro lado, se ha producido también una elevación del nivel de vida y formación de las clases trabajadoras, cuyos miembros más cualificados se confunden con los estratos inferiores de la clase media («aburguesamiento» de la clase obrera).

Al mismo tiempo, la difusión de unos hábitos culturales y de consumo homogéneos por parte de los medios de comunicación ha propiciado aparición de una «sociedad de masas» o de consumidores, que pretende desdibujar las fronteras entre clases.

El Antiguo Régimen

Crisis del Antiguo Régimen

 

Caida del Imperio Carolingio Las Invasiones Barbaras

Caída del Imperio Carolingio – Las Invasiones Barbaras

 Luis el Piadoso (314-840)

DESINTEGRACIÓN DEL IMPERIO CAROLINGIO
Tras la muerte de Carlomagno el imperio empezó a desintegrarse con rapidez. Le sobrevivió su hijo Luis el Piadoso (314-840) (imagen).

Pese a ser éste un hombre honesto, no fue un gobernante enérgico y no fue capaz de controlar ni a la aristocracia franca ni a ninguno de sus cuatro hijos, quienes luchaban constantemente.

En el año 843, tras la muerte de su padre, los tres hermanos sobrevivientes firmaron el Tratado de Verdún.

Este acuerdo dividió el Imperio Carolingio entre ellos, en tres partes principales: Carlos el Calvo (843-877) obtuvo las tierras francas del oeste, que formaron el núcleo del que sería reino de Francia; Luis el Germánico (843-876) tomó las tierras del este, las cuales se convertirían en Alemania; y Lotario (840-855) recibió el titulo de emperador de un “Reino medio” que se extendía desde el mar del Norte hasta Italia, e incluía los Países Bajos, la tierra del Rin y el norte de Italia.

Los territorios del Reino medio serían fuente de incesantes luchas entre los otros dos gobernantes francos y sus herederos. De hecho, Francia y Alemania disputarían por siglos los territorios de este Reino medio. 

Aunque esta división del Imperio Carolingio se llevó a cabo razones políticas y no nacionalistas (la división de un reino entre herederos varones era una costumbre tradicional franca), comenzaron a surgir dos culturas diferentes.

Alrededor del siglo IX, los habitantes del área occidental franca hablaban una lengua romana derivada del latín, que llegaría a convertirse en el francés. Los francos orientales hablaban dialectos germanos. No obstante, todavía no existían los que, a la postre, serían los reinos de Francia y Alemania.

En el siglo IX las frecuentes luchas entre los numerosos herederos de los hijos de Luis el Piadoso provocaron una mayor desintegración del Imperio Carolingio. Mientras tanto, a la vez poderosos aristócratas obtenían más poder aún en sus propias ir locales a expensas de los pendencieros gobernantes carolingios, proceso de desintegración se aceleró debido a ataques externos de diferentes partes del viejo mundo carolingio.

Las invasiones de los siglos IX y X

En los siglos IX y X Europa occidental se vio asolada por una nueva ola de invasiones de distintos pueblos no cristianos: un viejo ene migo (los musulmanes) y dos nuevos pueblos (los vikingos y los magiares) (véase el mapa 8.2 de la página 203). Aunque golpeada por estas embestidas, la Europa cristiana se mantuvo y terminó por asimilar a los otros dos pueblos dentro de la civilización europea cristiana, excepto a los musulmanes.

MUSULMANES Y MAGIARES

MUSULMANES Y MAGIARESLa primera gran oleada de la invasión musulmana terminó a comienzos del siglo VIII. Poco a poco, los musulmanes construyeron una serie de bases navales en los territorios ocupados del norte de África, España y sur de la Galia, y en el siglo IX comenzaron una nueva serie de ataques en el Mediterráneo.

Hicieron incursiones en las costas del sur de Europa, sobre todos Italia, e incluso amenazaron Roma en el año 843. Su invasión de Sicilia, en el año 827, a la larga condujo a una exitosa ocupación de la totalidad de la isla. Fuerzas musulmanas destruyeron también las defensas carolingias del norte de España e hicieron correrías en el de Francia.

Los magiares eran un pueblo procedente de Asia occidental. Cuando los emperadores bizantinos los alentaron a atacar a los modos búlgaros, éstos, a su vez, instigaron a un pueblo conocido o los pecheneques para que atacaran a los magiares. Consecuentemente, a finales del siglo IX los magiares, bajo la severa presión de los pecheneques, emigraron hacia Europa occidental, oriental central.

Se establecieron en las planicies de Hungría, y desde ahí hacían correrías a Europa Occidental. En el año 955, los magiares ron finalmente derrotados en la batalla de Lechfeld, en Alemania. final del siglo x se convirtieron al cristianismo, echaron raíces y se establecieron en el reino de Hungría.

LOS VIKINGOS

LOS VIKINGOSPor mucho, los ataques más devastadores y de mayor alcance de época fueron los perpetrados por los hombres del norte, los northmen o norsemen de Escandinavia, también conocidos por otros como vikingos. Eran un pueblo germano con base en Escandinavia y constituyen, en cierto sentido, la ola final de la emigración humana.

La razón de su desplazamiento no es muy clara para los historiadores. Una explicación común es la sobrepoblación, pero las investigaciones recientes señalan que esto sería válido sólo para el occidente de Noruega. Otras razones incluirían el gran amor de los vikingos por la aventura y la búsqueda de botín y nuevas rutas comerciales.

Dos características de esta sociedad ayudan a explicar lo que los ‘ngos lograron. En primer lugar, eran guerreros. En segundo, soberbios constructores de naves y marinos; sus naves fueron las mejores de la época. Largas y estrechas, con hermosas proas talladas y arqueadas, las naves dragón vikingas transportaban alrededor de cincuenta hombres. Tenían bancos de remos y una sola y enorme vela. Su calado poco profundo permitía navegar los ríos europeos y atacar lugares a cierta distancia tierra adentro.

Aunque las incursiones vikingas del siglo VIII tendían a ser de breve escala y esporádicas, en el siglo IX fueron más regulares y devastadoras. Los vikingos saquearon villas y ciudades, destruyeron iglesias y derrotaron con facilidad a los pequeños ejércitos locales. Los ataques de los vikingos atemorizaban a los pobladores y ocasionaba que los clérigos exhortaran a sus feligreses a modificar su conducta para apaciguar la ir a del Señor, como en este sermón de un arzobispo de 1014:

Desde hace tiempo, las cosas no han ido muy bien en casa, ni fuera de ella; ha habido devastación y persecución por todos lados, una y otra vez, y los ingleses han sido vencidos por completo y están grandemente descorazonados por la ira del Señor; y los piratas [los vikingos] son tan fuertes con la aquiescencia del Señor que a menudo en batalla uno pone en fuga a diez y otras veces a menos o a más, todo por nuestros pecados…

Siempre les estamos pagando, y ellos todos los días nos humillan, aparte de destruir, quemar, saquear y despojar, y ;he aquí! ¿Quién está ahí en todos estos hechos aparte de la ira del Señor, clara y visible sobre este pueblo?

En el supuesto de que había distintos grupos de escandinavos, la expansión vikinga varió mucho. Los vikingos noruegos se trasladaron a Irlanda y al occidente de Inglaterra, en tanto que los daneses atacaron el este de Inglaterra, Frisia y las comarcas del Rin; asimismo, navegaron ríos para incursionar en los dominios occidentales francos. Los vikingos suecos dominaron el mar Báltico y se adentraron en las áreas eslavas del este.

Al trasladarse hacia el noroeste de Rusia, fueron río abajo por los ríos rusos hacia Novgorod y Kiev, fundando puertos fortificados a lo largo de esos territorios. Establecieron contacto con el Imperio Bizantino, como comerciantes o como invasores. También contactaron con los comerciantes árabes en el río Volga y en el mar de Azov.

Las primeras incursiones vikingas se llevaban a cabo, por lo general, en el verano; sin embargo, a mediados del siglo IX los hombres del norte comenzaron a establecer en Europa asentamientos invernales desde donde podían llevar a cabo expediciones de conquista y asentarse en nuevas tierras.

En el año 850, grupos de norsemen se habían establecido en Irlanda, en tanto que los daneses ocuparon en el 878 un área conocida como el Danelaw, en el nordeste de Inglaterra. Dispuestos a aceptar el cristianismo, los daneses a la larga fueron asimilados por un reino anglosajón más amplio. A comienzos del año 911, el gobernador de los territorios francos del oeste cedió a los vikingos una franja de territorio ubicado en la desembocadura del río Sena, el cual formó parte de Francia y, a la larga, llegó a conocerse como Normandía.

Esta política de asentamiento y de conversión al cristianismo practicada con los vikingos se llevó a cabo en forma deliberada, en vista de que los nuevos habitantes servían de protectores contra ataques adicionales de los hombres del norte.

Los vikingos también fueron intrépidos exploradores. Después del año 860, zarparon en sus largas naves rumbo al oeste, cruzando por el norte del océano Atlántico, alcanzando Islandia en el año 874. Eric el Rojo, vikingo desterrado de Islandia, viajó más al occidente y descubrió Groenlandia en el año 985. El único lugar vikingo conocido en América del Norte se encontró en Terranova,

Sin embargo, por el siglo décimo la expansión vikinga ya estaba llegando a su fin. Un mayor control ejercido por los monarcas de Noruega, Suecia y Dinamarca sobre sus súbditos, y una creciente cristianización tanto de los reyes como de los pueblos escandinavos tendieron a inhibir la expansión vikinga, pero después de que los vikingos ya se habían establecido por muchas partes de Europa.

Al igual que los magiares los vikingos también asimilaron la civilización europea. Una vez mas el cristianismo resultó ser un a poderosa fuerza civilizadora de la civilización occidental en su forma europea y el cristianismo se estaban convirtiendo virtualmente en sinónimos.

Las incursiones y los asentamientos vikingos también tuvieron significativas repercusiones políticas. La incapacidad de las autoridades reales para proteger a sus pueblos en contra de estas expediciones provocó que las poblaciones locales acudieran entonces a losa aristócratas locales para que les brindaran seguridad.

En este proceso la aristocracia terrateniente no solo incrementó su fuerza y su prestigio, sino que asumió mas funciones de gobierno local que previamente había pertenecido al rey, con el tiempo estos procesos provocaron un nuevo orden político y económico, conocido por feudalismo.

Las Invasiones Barbaras y la Caida del Imperio Romano de Occidente

Las Invasiones Barbaras y la Caída del Imperio Romano

Durante decadencia del Imperio Romano, fueron muchos los pueblos bárbaros (extranjeros) que, aprovechando las disidencias internas, se aproximaron a sus fronteras y se establecieron en ellas, presionando en forma permanente para entrar. Si bien las legiones romanas contuvieron todos los intentos realizados, los bárbaros lograron penetrar lentamente entre los siglos I y IV, y establecerse en el interior, hasta que, finalmente, empujados por otros pueblos, lo hicieron en forma violenta.

pueblos barbaros

Estos pueblos fueron:

Los germanos, de raza blanca, establecidos desde el río Rin hasta el Oder, entre los cuales se encontraban los trancos, anglos, alamanes, suevos, borgoñones, daneses, sajones, lombardos, hérulos, vándalos y visigodos, estos últimos divididos en ostrogodos, o godos del Este; y visigodos, o godos del Oeste.

Los eslavos, también de raza blanca, que se ubicaron en el valle inferior del Danubio, en Bohemia y a orillas del rio Vístula, integrados por los venetos, polacos, eslavones, servios, moravos, bosníacos y croatas

Y, por ultimo, los tártaros o mogoles, en su mayoría de raza amarilla, entre los cuales sobresalían los hunos (hiung-un), y quienes derivaron de la mezcla de razas, como loS fineses, lapones, avaros, búlgaros y húngaros o magiares.

Los primeros que penetraron fueron los mogoles, que ya eran dueños del Asia y se convirtieron en el azote de los europeos. De costumbres primitivas, eran hábiles jinetes y temibles combatientes, sin escrúpulos de ninguna naturaleza. Vivían prácticamente a caballo y se alimentaban casi exclusivamente de carne.

Luego lo hicieron los eslavos, en tanto que los germanos renovaron con su aporte las poblaciones de Occidente y contribuyeron a su defensa contra el ataque de los primeros. La gran diferencia entre unos y otros consistió en que los mogoles no buscaban tierras para establecerse, sino pastos para su ganado y ciudades para saquear.

Las Invasiones Bárbaras: Los germanos

Los germanos constituían un pueblo de raza blanca, de ojos azules y cabellos rubios, que sobresalían por su alta estatura y su físico robusto. No vivían agrupados en ciudades, sino en chozas que se encontraban dispersas por el campo aunque distribuidas según las tribus a que pertenecían. Sus actividades principales eran el pastoreo y la agricultura. Elegían sus jefes entre los guerreros más valientes y los obedecían ciegamente. Muchos germanos militaron en las legiones romanas.

En el aspecto social, cultivaban el amor a la familia y guardaban cierta consideración a las mujeres; no tenían leyes escritas y se basaban en la tradición y las costumbres. El padre ejercía un poder absoluto sobre la familia.

Las cuestiones conflictivas eran sometidas al fallo de los jefes en los casos de menor importancia, pero cuando se trataba de asuntos de mayor interés eran considerados por la asamblea de la tribu.

Los germanos teman arraigados los sentimientos de libertad, justicia y dignidad personal. Creían en Odín o Wotan, padre de los dioses, de carácter guerrero, que vivía en el paraíso o Walhala, acompañado por dioses menores, como Freijo, esposa de 0dm, señora del amor y de la muerte, y Donar, hijo de ambos, dios del trueno y la tempestad. El Walhala era un lugar de eternas delicias al que iban aquéllos que en vida habían tenido un buen comportamiento y los que morían en el curso de la guerra, conducidos por las valkirias, diosas también guerreras.

Cuando los hunos atravesaron los montes Urales y empujaron con su presencia a los pueblos radicados en la zona adyacente, provocaron un desbande general de todos los pueblos situados entre los ríos Rin y Danubio.

A partir del siglo I comenzaron a cruzar las fronteras del Imperio Romano, en busca de tierras y botín. No perseguían con ello la destrucción del imperio, ya que consideraban al Estado romano como una admirable organización política, en la que pretendían obtener un lugar. Antes de su caída, el imperio fue incorporando numerosos grupos de germanos como soldados o como colonos. Ellos se comprometían a defender las fronteras, a cultivar las tierras y a reconocer la autoridad del emperador.

Pero en el siglo V este avance pacífico se convirtió en incontrolable para los romanos. Esta irrupción violenta se debió, entre otras cosas, al ataque de un pueblo de Europa oriental, los hunos, que empujó a los germanos hacia el Oeste. Las invasiones germanos al Imperio Romano fueron entonces emigraciones en masa para huir de un terrible enemigo, pero esta vez saquearon las zonas recorridas y respetaron solamente la autoridad de sus jefes; contribuyeron, quizá sin quererlo, al derrumbe de la organización imperial.

Los invasores más importantes se asentaron en el antiguo territorio romano y formaron diversos reinos. Los principales pueblos germanos que se asentaron en el imperio fueron: los ostrogodos, los visigodos y los francos.

 Las Invasiones Bárbaras: Los Ostrogodos

En el año 493, Teodorico, jefe de los ostrogodos, venció luego de encarnizados combates a las fuerzas de Odoacro, rey de los hérulos, que había destituido al último emperador romano.

Instaló entonces en Italia un reino ostrogodo independiente, con capital en Ravena, que duró 60 años. En este período Teodorico mantuvo una política amistosa con la corte imperial de Constantinopla.

En el orden económico, los ostrogodos mantuvieron la administración de impuestos y el sistema burocrático de los romanos.

En el aspecto religioso, los ostrogodos adhirieron al “arrianismo, herejía de origen cristiano, que fue sustentada por un obispo de Alejandría, Arrío (280-336), quien negaba la eternidad de Jesús y no reconocía a la Santísima Trinidad.

Teodorico basó su gobierno en la idea de una convivencia pacífica entre godos y romanos, por lo que respetó la tradición y la cultura del pueblo dominado.

Esta política favoreció un florecimiento cultural en la Italia ostrogoda. Se destacaron las figuras de Boecío, comentador filosófico que tradujo e interpretó a Aristóteles, y Benito de Nursía, quien fundó su propio monasterio en Monte Cassino, al Norte de Nápoles. Allí impuso normas para la vida en los monasterios, que se convirtieron en el acta de fundación” del monacato latino.

La regla benedictina combinaba la oración y el trabajo. En adelante, los monasterios serán focos de ciencia y literatura. La actividad desarrollada por Benito de Nursia fue el acontecimiento más importante de la Italia de los ostrogodos.

Las Invasiones Bárbaras: Los visigodos

Los ostrogodos, sorprendidos por el ataque, no atinaron a defenderse y se sometieron, acompañando a los hunos en su sangrienta marcha hasta el centro de Europa. En cambio, los visigodos huyeron hacia la cuenca del Danubio, se instalaron en la Tracia y, como vimos, vencieron al emperador Valente en la batalla de Andrinópolis (378).

Luego fueron contenidos por el emperador Teodosio, que les pagó un tributo, pero a su muerte, durante el reinado de Honorio en Occidente, continuaron su avance a las órdenes de Alarico, quien invadió Grecia, y aunque respeté a Atenas, saqueé a Eleusis e incendié Olimpia. Luego intentó penetrar en Italia, pero fue derrotado en dos oportunidades por Estilicón, uno de los generales de Honorio.

tiempo después, Honorio desplazó a Estilicón, que fue asesinado 108), lo que fue aprovechado por Alarico, que se dirigió directamente a Roma, que se entregó sin combatir. Honorio se refugió en Ravena.

Más tarde los romanos se sublevaron, por lo cual Alarico regresó y sometió a la ciudad a un implacable saqueo (410), durante tres días. Alarico se dirigió luego hacia el centro de Italia, donde falleció. Sus soldados sepultaron su cadáver en un lugar oculto para que no fuera profanado. Su Sucesor, Ataúlfo, pacté con el emperador y se caso con su hermana (412). De esta manera, Honorio logró desplazar a los visigodos hacia la Galia y España, donde fundaron un reino cuya capital fue Tolosa.

Al llegar a la Gália, los visigodos se encontraron con los alanos, suevos, vándalos y burgundios, que habían devastado las ciudades de la región. Solamente los burgundios habían erigido un reino en el Jura y en el valle del Saona. Estos pueblos se dirigieron a la península ibérica y tras ellos fueron los visigodos, que obligaron a los suevos a dirigirse hacia el Norte y a los vándalos hacia el Sur.

En el centro quedaron los alanos. Los vándalos se establecieron en el valle del Guadalquivir, que recibió el nombre de Vandalucía o Andalucía, y luego se dirigieron al Norte de Africa, donde se apoderaron de la ciudad de Hipona y de la región de Numidia, actual Argelia (429). Con ambas regiones fundaron un reino. Por la misma época, los francos comenzaron su establecimiento en el Norte de la Galia.

Los Francos:

Los francos aparecieron por primera vez en la historia en el año 258 cuando el emperador Aureliano libró batalla contra ellos en las cercanías de la actual Mangucia, a orillas del Rin en la región germana occidental. Mas tarde los francos ribereños (porque vivían sobre las orillas del Rin, hacia la mitad del curso) y los francos «salios» (así llamados porque toman sus campamentos en las riberas del río Sala, actualmente Jissel, en Holanda) emigraron hacia el sur y hacia el oeste e invadieron el actual territorio francés, donde habrían de permanecer definitivamente. Esta migración no fue de ningún modo una de las tradicionales invasiones bárbaras, sino, por el contrario, una especie de pacífica emigración.

Se dice que, en algunos casos, fueron los mismos romanos quienes invitaron a algunas tribus para que se establecieran en ciertas tierras escasamente pobladas. El caso es que los francos, además de valientes y temibles guerreros, eran hombres inteligentes, buenos agricultores y laboriosos artesanos.

Ésta circunstancia los distinguía notablemente de las restantes tribus bárbaras, poco cultas y poco inclinadas a las artesanías y oficios, propios de seres más civilizados. Los francos, aunque paganos al llegar a los territorios del oeste del Rin, pronto fueron accesibles a la evangelizaron de los pastores cristianos y adoptaron la religión de Cristo. Su rey Clodoveo fue bautizado en 496.

SU APARIENCIA
Los francos, como correspondía a su condición de germanos, eran altos y rubios; en un principio recogían sus largos cabellos en un mechón atado en la parte superior de la cabeza, que luego dejaban caer como una cola de caballo. Usaban bigote, pero no barba, y sujetaban la túnica a los costados con un ancho cinturón de cuero adornado con piezas de metal (generalmente hierro) esmaltado.

De su cinturón colgaban diversas armas y adminículos que indicaban la índole de ciertas preocupaciones de esa gente:, por una parte la espada, el hacha de guerra o una maza de combate; por otra, objetos destinados a su cuidado personal. Hombres y mujeres, sin distinción, llevaban joyas y usaban anillos y brazaletes confeccionados por ellos mismos.

CÓMO VIVÍAN
No obstante ser considerablemente más cultos que los restantes pueblos que participaron en las grandes migraciones de los primeros siglos de nuestra era, la peligrosa vecindad con los romanos (con quienes debieron combatir durante muchos años), así como con otras tribus belicosas, les impuso una vida guerrera. Por consiguiente, no obstante su cultura, eran gentes de carácter vivo y propensas a la violencia.

Por ello, cada joven aprendía, desde muy niño, a montar a caballo, a practicar la carrón el salto, la natación, a arrojar la lanza y el hacha y a manejarlas con eficiencia; ejercicios físicos qui tendían a colocarlos en las mejores condiciones par; el previsible caso de tener que participar en un¡ guerra.

Por otra parte, el estado de espíritu era también el propio de un pueblo guerrero: la mejor cualidad que podían atribuir a un hombre era el valor físico, por el cual se apreciaba en alto grado a cual quiera de los miembros de la tribu.

Pero no debe suponerse que los francos fuesen sólo guerreros. Existía entre ellos un espíritu igualitario que sin duda chocaba a los romanos, encerrados durante siglos en su sistema de clases. Los francos desconocían originariamente la esclavitud, y más tarde, no obstante la corrupción que produjo a este respecto el ejemplo de la sociedad romana con la que entraron en contacto, adoptaron sólo en forma muy atenuada esa infame institución social que constituye el oprobio de los Estados de la antigüedad.

Una sociedad igualitaria difícilmente podía ser agresiva con sus vecinos; así, los francos preferían siempre consagrarse a sus labores agrícolas y artesanales. El trabajo de ese admirable pueblo, que enorgullece a su descendencia —los franceses—, transformó la Galia en una próspera región.

NORMAS PENALES
Entre las numerosas leyes destinadas a regular las relaciones entre los francos, merecen citarse aquellas que integraron su sistema penal. Fueron redactadas tomando en cuenta las necesidades concretas de esa sociedad y evidenciaron ser prácticas y ajustadas a los fines perseguidos. He aquí algunas de las más usadas dentro del sistema penal vigente.

LA COMPURGACIÓN. — Mediante, la compurgación (del latín «cum«, con, y «purgare«, purificar), un número determinado de testigos bien calificados (los «compurgadores») daban razón y apoyaban el juramento del acusado respecto al, delito que se le imputaba; abonaban el buen nombre y la veracidad del acusado, con lo cual venían a apoyar su inocencia, en los casos, se entiende, en que éste no era visiblemente culpable.

El número de testimonios necesarios variaba de acuerdo con la gravedad de la acusación: una decena de testigos excusaba a un acusado de hurto; setenta y dos, a un acusado de homicidio; para delitos considerados gravísimos, tales como traición, asesinato de nobles o príncipes, podían ser necesarios hasta trescientos testigos.

LAS ORDALÍAS. — Si, no obstante todos los testimonios, el resultado era todavía dudoso, solía recurrirse a las ordalías. En antiguo alemán significaba «sentencia, juicio», y fueron llamadas también «juicio de Dios». El acusado, con las manos y los pies atados, era arrojado a un río: en caso de ser inocente, iría hasta el fondo; en caso de ser culpable permanecería a flote, pues las aguas, oportunamente exorcizadas con una ceremonia religiosa, rechazarían al pecador.

Otras veces, el acusado debía caminar con los pies desnudos sobre carbones encendidos o sobre hierros al rojo, o bien sostener en una mano un hierro enrojecido, o ya sumergir el brazo en agua hirviente. La prueba de su inocencia consistía en que lograra atravesar sin daños irreparables las terribles pruebas. Otras veces, el acusado era obligado a recibir una hostia administrada por un sacerdote, en la creencia de que, de ser culpable, caería fulminado. Se presumía que Dios protegería el inocente; de ahí el nombre de «juicio de Dios».

EL DUELO. — También el duelo era muy Usado entre los francos para decidir las controversias judiciales. Acusado y acusador se enfrentaban armados en duelo, y la victoria (se presumía) no podía corresponder sino al inocente.

EL GUIDRIGUILDO. — Se podían compensar los delitos abonando una suma en dinero, llamada «guidriguildo» (del antiguo alemán «wider«, contra, y «geld«, oro, dinero). De esta suma, un tercio era para el gobierno y los dos tercios restantes para la parte damnificada. Naturalmente, la suma variaba de acuerdo con la gravedad del delito y el rango social del ofendido: un romano que hubiera atacado y robado a un franco pagaba 2.500 dineros, mientras que un franco que hubiera cometido el mismo delito contra un romano pagaba 1.400 dineros; el asesinato de un franco se compensaba con un pago dé 8.500 dineros, mientras que el de un romano, en cambio, sólo con 4.000.

LA LEY SÁLICA
No puede extrañar que un pueblo tan laborioso como los francos se diese prudentes leyes destinadas a regir su convivencia. Una de dichas leyes fue la llamada «ley sálica», que adquirió singular notoriedad por hallarse vinculada a enojosas cuestiones dinásticas. Esta disposición, que integraba el sistema legal de los francos salios, determinaba que la transmisión del poder real debía realizarse por vía masculina, dando preferencia a los hermanos varones del monarca fallecido, cuando éste tuviera sólo hijas.

Esta cuestión originó las llamadas «guerras carlistas», que por tres veces llevaron a millares de hombres a la, lucha armada en el territorio peninsular. Esa ley, tan conocida por su vinculación con la historia española, comprendía también muchas otras disposiciones que regulaban las relaciones entre los integrantes del pueblo de los francos.

Fue redactada a comienzos del siglo VI y aprobada después de haber sido cuidadosamente examinada por tres asambleas populares que la analizaron democráticamente; sólo entonces entró en vigor en el reino, como regla normativa que todos estaban obligados a cumplir.

los francos
Reconstrucción de un aspecto de la vida cotidiana en una aldea franca: dos artesanos realizan un trabajo de forja de metales, en la cual eran sumamente hábiles.

Las Invasiones Bárbaras: Los hunos

Entretanto, los hunos habían proseguido su marcha y llegado a las orillas del Danubio y del Rin, donde a las órdenes de Atila  amenazaron a los pueblos germanos. Este jefe fue famoso) por su intrepidez y su crueldad, a tal punto que un ermitaño lo llamó el azote de Dios, mote que Atila   aceptó, ufanándose de que donde pisaba su caballo no volvía a crecer la hierba.

En principio Atila , aceptó tierras y tributos de Roma, a cambio de si inercia, pero luego exigió que se le entregara la mitad del Imperio y se k concediera por esposa a la hermana del emperador. Como tales pretensiones fueron rechazadas, Atila invadió la Galia (451) y arrasó varias ciudades hasta llegar a París, cuyos habitantes, aterrorizados estaban resueltos a huir, cuando una joven llamada Genoveva (más tarde venerada por la Iglesia católica como Santa Genoveva) los convenció de que organizaran la resistencia e hicieran penitencia y oración.

En esas circunstancias, Atila, respondiendo al llamado del rey de los alanos, se dirigió a sitiar la ciudad de Orleáns, donde pensaba establecer su base de operaciones en la Galia. Aunque los habitantes de Orleáns, alentados por su obispo San Aiñan, resistieron denodadamente, finalmente fueron abatidos y se vieron obligados a entregar la plaza.

Poco después llegó un ejército integrado por visigodos, burgundios y francos, comandado por el general Aecio, prefecto de la Galia, —llamado el ultimo de los romanos—, ante lo cual Atila abandonó la ciudad y retrocedió con sus tropas hasta los Campos Cataláunicos, en la Champaña, donde se libró una memorable batalla en la que se enfrentaron las fuerzas que conducía, integradas por una infinidad de pueblos de distinto origen, con el ejercito romano de Aecio, en el que militaban entre otros, los francos, sajones, galos, visigodos, borgoñones y alanos. El encuentro fue encarnizado y muy cruento, finalizando con el triunfo de Aecio, quien permitió que Atila se retirara.

Este se dirigió entonces a Italia, donde sitio y arrasó la ciudad de Aquilea. Desde allí emprendió la marcha hacia Roma, pero la intercesión del papa San León, que tuvo la valentía de ir a su campamento para concertar la paz, obtuvo su alejamiento a cambio de un tributo. Atila retrocedió hasta el Danubio y al año siguiente murió repentinamente (453), con lo cual sus seguidores se dividieron.

Las catacumbas en Roma Origen Cementerios Cristianos Roma Subterraneas

Las Catacumbas en Roma: Origen Cementerios Cristianos

Las catacumbas son los antiguos cementerios subterráneos usados durante algún tiempo por las comunidades cristianas y hebreas, sobre todo en Roma. Las catacumbas cristianas, que son las más numerosas, tuvieron sus comienzos en el siglo segundo y sus ampliaciones continuaron hasta la primera mitad del quinto.

En su origen fueron sólo lugar de sepultura, pero mas tarde se utilizaron para protegerse de las persecuciones de algunos emperadores romanos que los consideraban enemigos del imperio. Los cristianos se reunían en ellas para practicar su culto, celebrar los ritos de los funerales y los aniversarios de los mártires y de los difuntos.

LOS CRISTIANOS CONSIDERADOS ENEMIGOS DEL IMPERIO ROMANO: «Como me han perseguido a Mí, os perseguirán a vosotros», así lo había anunciado Cristo a los primeros adeptos de su religión, y efectivamente, los primeros cristianos se encontraron frente a la hostilidad del Imperio Romano. Tal actitud hostil de parte de las autoridades del Imperio se debía al hecho de que el cristianismo se oponía en pleno a las concepciones paganas sobre las cuales se basaba el Imperio Romano.

Para los miembros de la sociedad romana, política y religión eran una sola cosa: el emperador, cabeza del Estado, era divinizado y consiguientemente adorado como un dios.

Para los cristianos, en cambio, el único Ser digno de adoración era el verdadero Dios que está en los cielos, y por lo tanto ellos se negaban de modo absoluto a participar del culto al emperador.

«Dad al César (o sea, al emperador) lo que es del César y a Dios lo que es de Dios», había dicho Jesús; es decir, una cosa era el respeto y obediencia y pago de tributos al emperador, y otra distinta la adoración a Dios. Era entonces inevitable que los cristianos, puesto que se negaban a seguir lo principios de la religión romana, viniesen a ser considerados enemigos del Imperio y, como tales, sancionados con severísimas penas.

catacumbas romanasLas catacumbas están formadas por galerías subterráneas, que parecen verdaderos laberintos y que en conjunto alcanzan a medir muchos kilómetros.

En las paredes de toba de este intrincado sistema de galerías se excavaron filas de nichos rectangulares, llamados lóculos, de diferentes dimensiones, capaces de albergar un solo cadáver, aunque no era raro que contuviesen dos o más.

En Roma, los cristianos celebraban sus ritos en condiciones de clandestinidad. Su condición de religión monoteísta, que no reconocía los dioses tradicionales romanos ni aceptaba el culto al emperador, le supuso la hostilidad tanto del pueblo como de las autoridades políticas. La sencillez de sus ritos y ceremonias, a su vez, fue vista con desdén por los sectores intelectuales romanos.

Las catacumbas fueron primeros lugares de culto, y en la antigüedad el principal lugar de culto de un santo era su tumba. Los creyentes se esmeraban en recoger sus restos —huesos, cenizas calcinadas, cadáver, objetos, elementos de su tortura, ropa e incluso sangre que había caído y se mezclaba con tierra—, los guardaban en recipientes sellados y los depositaban en las catacumbas o en tumbas secretas.

Se habían construido complicados laberintos bajo el suelo de Roma de la misma forma que en mejor escala se construyeron en Paris y fueron conocidos con el nombre de catacumbas.

Así, las catacumbas, fueron construidas presuntamente por los primeros cristianos para depositar sus muertos, celebrar su culto y procurarse un asilo temporal en los tiempos de persecución.

Cuando fallecía un santo o mártir  no sólo se recogía y guardaban los restos  y su sangre, sino también toda una serie de objetos que pertenecían a él y se convertían en reliquias, como podían ser los mismos instrumentos que habían servido para torturarle. También fueron reliquias la cruz en la que murió Jesucristo, los clavos con los que se le clavó, la corona de espinos que se le impuso, etc.

En Roma existen algo más que sesenta, con los nombres de los santos enterrados en ellas. Otras han adquirido su nombre de las localidades donde se ubican o de los poseedores de los terrenos o de los fundadores de ellas, por lo que algunos nombres son completamente desconocidos.

Para descender a las catacumbas se utilizaban escaleras que, en algunos casos se podían retirar. Sus entradas estaban cerca de templos o en lugares de difícil acceso. Incluso había algunas que se entraba por cementerios a través de falsas tumbas. Algunas de estas catacumbas tenían varios pisos con largos pasillos angostos. Los nichos estaban instalados a lo largo de las paredes, y en algunos casos los pasillos se ensanchaban para albergar cámaras sepulcrales.

Algunas llegaban a disponer de pozos y cisternas. En realidad, las catacumbas se convertían en auténticos laberintos y aún hoy se considera peligroso adentrarse en ellas sin la compañía de un guía experimentado. Es de suponer que las tropas romanas no tenían mucho interés en realizar incursiones en estos laberintos, donde se exponían a perderse, moverse con dificultad y atravesar muchos riesgos por la detención de unos cuantos cristianos.

Durante las persecuciones sirvieron, en casos excepcionales, como lugar de refugio momentáneo para la celebración de la Eucaristía. Los cristianos no las usaron como lugar para esconderse; esto es pura leyenda y una ficción en novelas y películas. Terminadas las persecuciones, las catacumbas se convirtieron, sobre todo en tiempo del papa San Dámaso I ( 366-384), en verdaderos santuarios de los mártires, centros de devoción y de peregrinación desde todas las partes del imperio romano.

En las catacumbas existían criptas en las que se reunían los fieles. En algunos casos no lo hacían sólo por motivos religiosos, sino que también realizaban asambleas en las que discutían otros temas. Todo ello se realizaba iluminándose con lámparas de arcillas colocadas sobre repisas.

Los amigos y los familiares de los fallecidos celebraban reuniones en el aniversario de la muerte del mártir o el santo en torno a sus restos, ya depositados en la catacumba. Incluso se realizaban inscripciones en la tumba para precisar el lugar donde se encontraban los restos del martirizado o santo.

catacumbas romanas

Las catacumbas: Eran cementerios subterráneos excavados en antiguas canteras, que gozaban de protección legal. Pronto sirvieron de refugio durante las persecuciones  adquirieron un valor religioso consagrado por los restos de los muertos. En ellas se desarrolló el primer arte cristiano, con murales y relieves en sarcófagos de estilo tardorromano. Imagen Catacumbas de San Genaro, Nápoles

Cuando terminó la persecución los santos empezaron a ser enterrados en iglesias, ermitas u otros lugares, muchos fueron sacados de las catacumbas y llevados a lugares de más fácil acceso para permitir la peregrinación. En muchas tumbas de santos construidas en descampados se producían importantes peregrinaciones, especialmente, en la fecha de su muerte. En esas fechas se celebraban fiestas y poco a poco se fueron construyendo iglesias sobre las tumbas para albergar las reliquias y asegurar una celebración más digna de los santos patrones de la localidad.

TRIUNFO DEL CRISTIANISMO
Las atroces persecuciones no alcanzaron en modo alguno la finalidad que se había prefijado el gobierno romano, es decir, la de impedir la difusión del cristianismo. En realidad, los cristianos fueron cada vez más.

Hacia el siglo IV, la décima parte de la población del Imperio se había convertido al cristianismo: había cristianos en el ejército, en la administración del Estado, y hasta en la propia familia imperial.

El emperador Galerio debió reconocer que el Imperio Romano había salido plenamente derrotado de la larga lucha contra el cristianismo: en el año 311 publicó un edicto por el cual daba fin a las persecuciones y acordaba a los cristianos la libertad de reunión. Dos años más tarde, los emperadores Constantino y Licinio promulgaban en Milán un edicto que concedía a los cristianos la más completa libertad para practicar su religión.

Y después de transcurridos unos pocos años más, he aquí el gran triunfo de la religión de Jesús: en el año 380, el emperador Teodosio I declaró que la única religión oficial del Imperio debía ser la cristiana.

ALGO MAS…

La excavación de las catacumbas, proceso que se prolongó durante varios siglos, fue obra de un colectivo de fossores o cavadores. Todavía se pueden apreciar las señales de los picos que utilizaban para excavar los pasadizos en la roca blanda.

A mediados del siglo III, cuando la Iglesia sufrió una fuerte persecución, debió incrementarse el número de fossores, con el fin de ampliar el laberinto de túneles. Se conocen unos 40 conjuntos diferentes de catacumbas, la mayoría de ellos muy cerca de las principales vías de acceso a la ciudad.

Resulta difícil calcular la longitud total de los túneles, ya que se ramifican y desvían por varios niveles, formando un verdadero laberinto, pero desde luego es considerable.

Los fossores que construyeron las catacumbas llevaban una vida triste y lúgubre, recluidos en estrechos túneles sin más compañía que los muertos. No era trabajo para pusilánimes. En ocasiones, se les pedía que excavaran cámaras subterráneas, de 3 metros o más de lado, que servían como criptas para familias enteras. Es muy probable que algunos de ellos obtuvieran ingresos complementarios robando cualquier objeto de valor que hubiera en las tumbas más antiguas y abandonadas.

Más adelante, cuando Roma fue ocupada por sucesivas oleadas de invasores, la existencia de las catacumbas cayó en el olvido, y nadie las visitó durante cientos de años. El responsable de su redescubrimiento, a principios del siglo XVII, fue un entusiasta llamado Antonio Bosio, que, al parecer, había dedicado la mayor parte de su vida, desde los 20 años de edad, a la búsqueda de las catacumbas.

Salía a pie por el centro de Roma y dedicaba días enteros a buscar entradas a las catacumbas. Descubrió unas 30, y publicó sus hallazgos en el libro Roma Sotterranea (Roma subterránea). Hasta el siglo XIX no se realizaron estudios arqueológicos rigurosos.

En 1854, cuando el arqueólogo G. B. de Rossi comunicó al papa Pío IX que se habían encontrado las tumbas de varios antiguos papas, el pontífice al principio se negó a creerlo. Pero las inscripciones no dejaban lugar a dudas: aquéllas eran, efectivamente, las sepulturas de cinco papas del siglo III.

Fuente Consultada: 
www.catacombe.roma.it – Los santos que nos protegen de Bornos y Prim
Atlas de los Extraordinario Construcciones Fabulosas Tomo II

ATILA Rey de los Hunos Los Barbaros Invasiones a Occidente

Atila Rey de los Hunos: Los Bárbaros – Invasiones a Occidente

Atila, el gran caudillo de los hung-ni o de los hunos, es la encarnación de ese alud mongólico que, expandiondosé desde las profundidades de Asia, iba a arrastrar en su incontenible movimiento a los pueblos germánicos establecidos en los linderos del Imperio romano y a precipitarlos como bandas de destrucción sobre el Oriente y el Occidente.

Para los coetáneos y para la posteridad, Atila es el prototipo del bárbaro, sediento de sangre y de pillaje, sin otra preocupación que la guerra y la conquista, la muerte y el exterminio.

Sin cultura ni formación religiosa, sin otras dotes que su sagacidad natural y su innegable bravura en el combate, el que debía ser llamado «el azote de Dios», fue capaz de crear un imperio bárbaro que se dilataba desde el Danubio al Rin y de amenazar seriamente la subsistencia de la latinidad en la Europa mediterránea.

atila rey de los hunos

Caudillo de los hunos. Sucedió a su tío Rúa, junto con Bleda, que fue asesinado. Atila logró extender el dominio de este pueblo mongol, terror de Europa y azote de la Cristiandad, llevando sus fronteras del Danubio al Báltico y del Rin a los Urales. Tenía su corte en Panonia, desde donde amenazaba de modo constante al Imperio remano de Oriente. En 451 pasó el Kin y llegó hasta el Loira. Atacado en Mauriaco por Aecio, con el ejército romano, franco’y visigodo, pudo retirarse. Al año siguiente invadió Italia, pero gracias al papa. León I no entró en Roma y firmó la paz con el Imperio.

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ANTECEDENTES: La árida Meseta de Mongolia, ahora escasamente habitada, en el Asia centrooriental, fue durante cientos de años un punto de dinámica actividad humana.

Desde esta vasta región del frío desierto de Gobi, y por razones aún en gran parte desconocidas, surgieron oleadas y oleadas de enérgicos nómadas, contra cuyos despiadados ataques ningún estado en un radio de más de 6.000 kilómetros de Mongolia, por muy fuerte y civilizado que fuera, podía considerarse inmune.

Mucho antes de que el emperador Ch’in construyera su Gran Muralla para defender China en el siglo II a. de J. C, otros gobernantes chinos se habían visto obligados a construir defensas contra los Hsiung Nu.

Este pueblo mongol, más tarde llamado los hunos, extendió su terror por el corazón de Europa en los siglos IV y V de la era cristiana, llegando hasta Francia e Italia.

Hacia el año 1300 después de J. C. el imperio mongol era el más grande que el mundo había conocido. Su construcción y caída es una de las grandes maravillas de la historia.

ESTA ES LA HISTORIA DE ATILA…

En el año 434 heredó junto con su hermano, de su padre Rúa, el Imperio de los hunos, que se extendía desde el Caúcaso hasta el Danubio y el Save.

Atila y Bleda compartieron el reinado durante ocho años. En ese tiempo extendieron el Imperio bárbaro de los hunos en Asia, llegando a asediar Constantinopla. Las grandes migraciones empezaron en el siglo V.

Toda Europa estaba amenazada por los hunos de Atila. Estos temibles jinetes rechazaron hacia el oeste a los pueblos germánicos que se habían extendido por Europa.

El Imperio de Occidente sucumbió, por último, a los ataques e incursiones de los bárbaros.

Atila era un astuto guerrero, orgulloso y combativo, apodado el «azote de Dios», era el prototipo del cabecilla que sabía entusiasmar a las masas de guerreros.

También cruzó el Rin e invadió la Galia. Se apoderó de Tréveris, Metz y Reims y sitió París, que se salvó gracias a la intervención de santa Genoveva. Entonces marchó sobre Orleáns.

Pero en Troyes chocó, en el año 451, con Aecio, el último gran estratego de la Antigüedad, que mandaba un ejército en el que se habían unido romanos y germanos, especialmente los visigodos, francos y burgundios, para luchar contra su enemigo común.

El papa León I salvó la ciudad de Roma al pactar con Atila el pago de un tributo a cambio de su retirada. Poco después de este hecho Atila murió y su Imperio quedó dividido entre sus tres hijos, que se disputarían el trono.

mapa territorios atila

Quedó en la Historia como el conquistador más implacable, incluso con sus ocasionales aliados. Líder de un pueblo de feroces soldados y jinetes de destreza asombrosa, Atila gobernó algo menos de dos décadas, expandió sus dominios y murió violentamente. La leyenda que él mismo contribuyó a construir, atravesó intacta los siglos y perdura hoy.

LA HISTORIA: Los Hunos pertenecían a la raza mongólica, procedían de las estepas de Asia y llevaban una vida nómada. Estas tribus, que en un principio habían estado sometidas a unos príncipes del Asia central, constituyeron más tarde un gran imperio que se extendía desde el Cáucaso hasta el Elba.

Parece ser que alverse empujados por la expansión china, los hunos se retiraronhacia el Oeste y cayeron sobre los alanos y demás pueblosgodos, los cuales, a su vez, huyeron hacia el Oeste. Unhistoriador antiguo los describe así: «Los hunos son de bajaestatura, anchos de hombros, robustos los miembros y grande lacabeza.

Atila, rey de los HunosViven como animales. Se alimentan de raíces, plantassilvestres y de carne que maceran entre sus muslos y el lomode sus caballos. Una túnica de lino o de pieles de rata es suvestidura, que no se quitan hasta que se les pudre sobre elcuerpo. Se diría que están clavados sobre sus feos peroresistentes caballos. Son crueles y feroces.»

El caudillo de los hunos fue un guerrero legendario que vivióa mediados del siglo V, llamado Atila. De él secuenta que sedirigió hacia Occidente y atravesó el Rin al frente de mediomillón de guerreros, mientras los pueblos huían ante élaterrorizados. Sin hallar apenas resistencia, llegó a Orleans,donde el «magister militum» Aecio, en unión del rey visigodo Teodorico, habían reunido bajo su mando a las legiones galoromanas, a los visigodos, burgundios y francos.

Librase unagran batalla en los Campos Cataláunicos (o Campos Máuricos),donde los hunos fueron vencidos en la jornada más sangrientaque

 registran los anales antiguos. Sobre el campo de batallaquedaron más de 180.000 hunos. Atila volvió a Germania y alaño siguiente invadió Italia, llegando hasta las puertas deRoma. El papa León salió a su encuentro, le instó a querespetara la ciudad y Atila se retiró, aunque se cree que fue debido a unaplaga mortal que asolaba toda esa zona.

La muerte le sorprendió cuando intentaba realizar un nuevoataque contra Bizancio (453). No es cierto que Atila fuera unabestia salvaje ni tampoco el «azote de Dios», ni que dondepisaba su caballo no volvía a crecer lahierba. Talesapelativos le fueron aplicados por el pánico que producían susavances. La capital de su imperio fue Panonia (cerca de lamoderna Tokai). En esta ciudad se desplegaba tanto lujo ymagnificencia como en Roma, Constantinopla y Ravena.

En los Campos Cataláunicos se libró una corta pero violenta batalla. Tras dos días de lucha, Atila tuvo que batirse en retirada. Pero al año siguiente volvió a ponerse en marcha, esta vez en dirección al norte de Italia y Roma, que se salvó gracias a la intervención del papa. En el año 453 murió este guerrero que en pocos años había roto el equilibrio europeo. Y con él murió también su reino.

Las esposas de los poderosos usaban joyas de gran valor hasta elpunto que era cosa corriente llevar incrustadas perlas en loszapatos. Atila, sin embargo, vestía como un pastor y comía envasija de madera. Su imperio, basado en la energía y elprestigio de su persona, se disgregó a raíz de su muerte.

Casi al mismo tiempo, desaparecía el Imperio Romano deOccidente. En el año 476, Odoacro, rey de los hérulos,destronó al último emperador de Occidente, Rómulo (conocidopor el apodo de «Augústulus«). Desde este momento los reyes bárbaros se convirtieron en soberanos de los romanos.

Se supone que Atila haya propiciado, y se haya esforzado no poco en construir, la imagen feroz que lo ha enmarcado: siempre resulta más barato asustar al que se va a invadir, o al que quiere invadir, que guerrear. El huno parece haber sido una especie de adelantado en el arte del marketing militar.

La mayoría de los pueblos prefirieron huir de Atila y sus hunos, o someterse a ellos y pagar tributo. Roma, la decadente Roma de Occidente, fue alta tributaria de Atila; en palabras menos diplomáticas: pagó mucho. La Roma debilitada hacía equilibrios como podía; los hunos cobraban por no atacarla, o como circunstanciales aliados contra otros pueblos, cada vez más poderosos y organizados… copiando en mucho las costumbres romanas.
Así fue con los visigodos, por ejemplo. Los hunos fueron contra ellos por influencia (se supone que bien paga) romana. Luego los visigodos resultaron aliados de Roma, porque ya no había quien pudiera parar a los hunos. Parece bastante natural que, así, mito y realidad se mezclen vivamente.

Diecinueve años gobernó a los revoltosos hunos: fueron suficientes para pasar a ser una figura central de la Historia. En el 450 de nuestra era, los hunos eran tanto o más fuertes que los godos, los alanos, los vándalos. ¿Eran realmente los más crueles y más fuertes? Piadoso no fue ninguno. Y más fuerte: es cuestión difícil de dirimir por esas coaliciones inestables. La pintura de los hunos es tan feroz como la de Atila (¿podía ser de otro modo?). Tenían rasgos orientales, más bien mongoles; hay quienes los suponen provenientes de las fronteras de China.

Los pintan como vehementes centauros de caballos de no mucha alzada. Casi todo lo hacían sobre los caballos: deliberaban, comían, bebían, celebraran acuerdos, hasta dormían siempre montados. Manejaron la espada y la lanza con destreza, tal como otros pueblos, pero en algo fueron formidables especialistas: fueron los mejores arqueros de su tiempo. En esta condición pesó una simpleza, podría decirse, tecnológica. Fue bastante decisiva.

ATILA, EL AZOTE DE DIOS!…

«Son compactos y de constitución fuerte, de cuello ancho y repugnantemente feos, como bestias de dos piernas.» Así describió un historiador romano del siglo IV a los hunos, quienes irrumpieron desde sus estepas asiáticas para tomar un enorme territorio al norte del río Danubio. La amenaza que estos invasores representaron para los romanos fue inicialmente contenida con pagos anuales de oro.

En 433, el mando de los hunos pasó a Atila, un nombre que significa «pequeño padre», y a su hermano Bleda. Luego de asesinar a su hermano, Atila comandó a la horda asiática a sus mayores victorias, en campañas que le ganaron el sobrenombre Flagellum Dei, «Azote de Dios». Insatisfecho ya con los sobornos, Aula atacó la región oriental del imperio, pero fue rechazado antes de llegar a Constantinopla.

Luego se concentró en el oeste, invadiendo las Galias en 451. Aunque fue derrotado por el general Aecio en la batalla de Chálons, Atila marchó hacia el sur hasta Italia, donde conquistó Milán al año siguiente. El papa León I —según la leyenda apoyado por San Pedro y San Pablo— visitó el campamento huno y persuadió a Atila de replegarse al norte.

El «Azote de Dios» murió en 453, seguramente asesinado, aunque se cuenta la romántica historia de que se le reventó una vena en su noche de bodas con una hermosa joven gótica llamada Hilda. Sin su liderazgo, el reino huno se desintegró rápidamente.

Con su nombre germánico Etzel, Atila aparece en el Nibelungenlied, o Cantar de los Nibelungos. Se cree que el poeta anónimo tal vez combinó a Atila el huno con Esteban, santo patrón y primer rey de Hungría, quien reinó en la primera mitad del siglo XI.

PARA SABER MAS…
LA PESTE LLEGA EN COMPAÑÍA DEL OBISPO DE ROMA

Cuentan que Máximo, obispo de Turín, afirmó que los bárbaros serían derrotados y que, de acuerdo con las Escrituras, la ciudad donde hubiese diez justos se salvaría. Turín no se salvó. Aquilea fue destruida. Diez años más tarde era imposible reconocer, en sus ruinas, a aquella que fuera una de las más poderosas ciudades de Italia. Padua cayó a continuación, fue saqueada e incendiada, y sus habitantes convertidos en esclavos. Siguieron Vicenza, Verona, Brescia, Pavía y Milán. Roma, sin embargo, se salvó.

Cuando, en el verano del 452, los hunos se detuvieron cerca de Mantua, tres representantes de la sociedad romana fueron enviados al encuentro de Atila. Uno de ellos era el obispo de la ciudad, el Papa León I. Se ignora el resultado de las conversaciones sostenidas entre el soberano huno y el papa. Empero, después de esa entrevista, Atila resolvió abandonar Italia.

Los cristianos, maravillados, afirmaron que Atila se doblegó ante las palabras de León I. Otras razones, sin embargo, obligaron a Atila a retirarse: la peste devastaba a la península y amenazaba destruir también a su pueblo. Además, Aecio constituía una amenaza permanente. Y Marciano, el emperador de Oriente, había organizado una expedición militar que derrotó a las reservas hunas de Panonia.

Atila regresó a sus tierras sin haber conquistado una victoria definitiva. Volvía dispuesto a reiniciar su política de intimidación con respecto al Imperio de Oriente, política que había cimentado las bases del poderío huno. En 453 mandó un ultimátum a Marciano, advirtiéndole que si los tributos atrasados no eran pagados, todo el Oriente sería devastado. Los hunos, no obstante, estaban debilitados y no fueron capaces de cumplir su amenaza.

Atila no consiguió destruir los dominios visigodos en Galia, y fue derrotado por la alianza entre éstos y las tropas romanas comandadas por Aecio. Combatidos siempre por la Iglesia Católica, a causa de su arrianismo, los visigodos permanecieron al frente del reino de Tolosa hasta 507, cuando, en la batalla de Vouillé, el rey franco Clodoveo derrotó a los soldados de Alarico II, y puso fin al Estado visigodo en Aquitania.

TRES FÉRETROS ENTIERRAN LOS SUEÑOS DE LAS TRIBUS HUNAS
Siguiendo la costumbre de su pueblo, Atila se unió a incontables mujeres. Su último casamiento fue con una joven bellísima, llamada Ildico.

La fiesta de esponsales duró toda la noche. A la mañana no se oía ruido alguno en la tienda del jefe. Las rudas diversiones de los soldados fueron reemplazadas por una inquietud creciente. Finalmente forzaron la puerta, y encontraron a Atila en el suelo, bañado en sangre. Junto al cuerpo, su joven esposa lloraba.

La muerte de un guerrero no- era lamentada a través de las lágrimas, sino a través de la sangre de otros guerreros. Fieles a esa tradición, los hunos se raparon sus cabelleras y se infligieron en los rostros profundas incisiones, de las que brotaba la sangre.

El cadáver de Atila fue colocado sobre una plataforma y bajo una tienda hecha con seda de la China. Allí se lo expuso a la vista de todos. Jinetes escogidos montaban guardia y, según Jordanes, cantaban en su honor:

«El más grande de los reyes hunos, Adía, hijo de Mundziuch, señor de los pueblos más valientes, quien, solo, con un poderío nunca visto, poseyó la realeza sobre los escitas y germanos, amedrentó al doble Imperio Universal tomando sus ciudades y, para que el resto no fuese saqueado, atendiendo a las súplicas, pidió solamente un tributo anual. Habiendo hecho todo esto con ayuda de la suerte, murió sin dolor, no de una herida de sus enemigos, ni de la traición de sus amigos. ¿Quién podría llamar a esto muerte, allá donde nadie puede reclamar venganza?»

Después, sobre la sepultura, se celebró el «Strava» —ritual huno de despedida—, en que se mezclaba la tristeza y la alegría. El soberano fue enterrado secretamente durante la noche. Tres féretros —de oro, de plata y de hierro, simbolizando su fuerza y los tributos pagados por las naciones vencidas—, guardaron su cuerpo. Armas capturadas en combates fueron colocadas a su lado, junto con la silla de montar, sus insignias y máscaras.

Con la muerte de Atila desapareció la unidad que transformó a las tribus aisladas en una fuerza superior a la de dos imperios mundiales. Después de la batalla de los Campos Cataláunicos, los hunos habían perdido su aura de invencibilidad. Los ostrogodos, percibiendo esa debilidad, resolvieron reconquistar su libertad y las tierras que los hunos les habían arrebatado, superponiéndose a ellos. Los gépidos —pueblo germano que había sido dominado y asimilado por los hunos— se unieron a los rebeldes, y lucharon por la libertad de las tribus germánicas sometidas.
La última batalla (454) marcó el fin del poderío de los antiguos señores del mundo. Los hunos perdieron 30.000 hombres, entre los cuales estaba Ernac, el hijo mayor de Atila. Los restos de las tribus retornaron a su sede anterior, junto al Mar Negro.

Ernac, el hijo menor de Atila y su preferido, procuró establecerse en la boca del Danubio, y los hunos bajo su mando formaron una unidad al servicio del Imperio Romano de Oriente. El mismo Ernac fue investido con el mando de esa tropa. Debían defender al Imperio que Atila tantas veces amenazó con sus guerreros.

Con el correr de los años, los arqueros nómades se transformaron en pastores y agricultores. Los últimos remanentes del pueblo huno, los kutigures y utigures, que habitaban en las cercanías de los ríos Danubio y Don, fueron exterminados por los avaros en 560, durante el reinado del emperador Justiniano.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Consultora  – Tomo 7 – los Hunos

ASOKA Rey de la India Pilares de Asoka Ashoka Unificador India

Asoka Rey de la India: Pilares de Asoka Unificador de la India

Amo del primer gran imperio de la India, Asoka quiso forjar su unidad espiritual adoptando los principios budistas. Aunque inauguró la expansión del budismo en Asia, no pudo impedir el desmembramiento de su reino tras su muerte.

LA CONVERSIÓN DE UN PRÍNCIPE CRUEL: ciento cincuenta mil personas fueron deportadas y unas cien mil asesinadas; además esta cifra de muertos se repito varias veces». Con estas palabras, el rey Asoka describió la conquista de Kalinga (actual Orissa), en la costa oriental de la India, ocurrida durante el octavo año de su reinado. No las pronunció con orgullo, sino con un profundo sentimiento de aflicción.

En efecto, las atrocidades cometidas durante la campaña fueron el punto de partida de la conversión de un príncipe que hasta ese momento había sido despiadado. Tercer monarca de la dinastía Maurya, que dominaba la India septentrional, Asoka no dudó en eliminar a sus hermanos para suceder en el trono a su padre Bindusara (268 a.C.), siendo coronado sólo después de cuatro años de guerra civil.

Aplicó los mismos métodos durante la conquista de Kalinga, pero hastiado por la experiencia, decidió abrazar el budismo. Si bien e brahmanismo, panteísta y politeísta, era la religión dominante en la India, su estanca miento había generado varios movimientos reformistas.

El budismo, que surgió durante el siglo VI a.C., proponía un mensaje de paz y amor, que dio una respuesta a la crisis de conciencia de Asoka. Desde ese momento, el príncipe transfigurado mandó emplazar numerosos pilares monolíticos con inscripciones que relataban su conversión y proclamaban los principios del budismo. A menudo ubicadas en los límites del imperio, estas inscripciones convirtieron la frontera política en frontera espiritual.

ASCENSIÓN DEL REINO MAURYA: Este vuelco espiritual consolidó el reino Maumya en la India. A fines del siglo IV a.C., dos generaciones antes de Asoka, el valle del Ganges estaba dividido en una serie de reinos, siendo el más poderoso Magadha.

Por otro lado, los principados de las regiones occidentales, valle del Indo y Panjab, gravitaban en torno a la órbita del Imperio persa. Los rajá (reyes), continuamente en combate, utilizaban el arma predilecta de las batallas indias: el elefante acorazado.

La expedición de Alejandro Magno desestabilizó por completo el equilibrio de la región (326 a.C.). Cuando terminó de conquistar el Imperio persa, Alejandro llegó hasta el Panjab, donde tras una ardua batalla venció a los elefantes del rey Poros. Sin embargo, la revuelta de sus soldados detuvo al conquistador en las puertas del valle del Ganges y lo obligó a emprender la retirada.

Este repliegue fue aprovechado por un aventurero. Chandragupta, un guerrero venido a menos y respaldado por un audaz brahmán (sacerdote), reclutó a los pastores de las montañas para formar un ejército.

En quince años (320-305 a.C) se apropió del trono de Magadha, unificó la India gangética y se apoderó del Panjab. Convirtió Pataliputra, antigua capital de Magadha, en su residencia. De esta manera, la dinastía Maurya extendió su dominio sobre toda la India septentrional, de costa a costa.

Cuando los griegos, conducidos por Seleuco I Nicátor, heredero de Alejandro en Persia, intentaron atacar nuevamente, Chandragupta terminó con la amenaza mediante un acuerdo. Seleuco reconoció su reino a cambio de quinientos elefantes de guerra, «arma» muy codiciada por los griegos (305 a.C.).

Sin embargo, los Maurya aspiraban dominar toda la India. Chandragupta y su hijo Bindusara (hacia 293-268 a.C.) se asentaron en el Decán, meseta central de la India. Esta lógica imperialista fue la que impulsó a Asoka a invadir Kalinga, episodio que cambió su vida y su imperio.

EL «CONSTANTINO» DEL BUDISMO?: Al regresar de la guerra en Kalinga, Asoka convocó a un gran «concilio» budista en su capital, Pátaliputra (258 a.C.), en el que declaró públicamente su conversión. Mandó publicar cuatro «edictos de la ley sagrada», difundidos por medio de inscripciones talladas en piedra.

Éstos recomendaban a los súbditos adoptar los principios inspirados en el budismo y prohibían prácticas contrarias a esta doctrina, como el consumo de carne (257 a.C.).

Dichos textos propugnaban el derecho, la no violencia y el amor. Asoka se presentaba como el padre de sus súbditos y consideraba que toda EL PILAR DE ASOKA muerte violenta era una desgracia para el imperio. Su compromiso fue reforzado por una peregrinación a los lugares santos del budismo en la India septentrional (256 a.C.).

Algunos han comparado su accionar con el de Constantino, cuando abandonó el paganismo para abrazar el cristianismo.

En realidad, el paganismo y el cristianismo son opuestos, mientras que el brahmanismo y el budismo están relacionados, ya que el segundo nació del primero.

Una vez convertido, Asoka mantuvo excelentes relaciones con los brahmanes y los asoció a su obra de pacificación. Además, la nueva doctrina del imperio, aunque inspirada en Buda, no se presentó en forma explícita como budista. Si bien el soberano era budista, oficialmente el Imperio Maurya no lo era.

Asimismo, el emperador mostraba un autoritarismo poco compatible con las enseñanzas de Buda.

EL PILAR DE ASOKA EMBLEMA DE LA INDIA MODERNA: Asoka mandó erigir pilares monolíticos, que medían alrededor de doce metros, como soporte para sus inscripciones. Estaban coronados por un capitel en forma de loto invertido rematado con figuras de león. El estilo estaba  inspirado en la decoración de los palacios persas de la dinastía aquemenída.

El texto, que proclamaba los principios budista , estaba grabado en el fuste cónico. Sé han encontrado seis pilares en las fronteras del imperio. Tras la independencia del país, este pilar fue escogido como emblema de la Unión India.

Irritado por la desobediencia de su pueblo ante los edictos, nombró altos oficiales, los dhamma-mahamatras, encargados de quebrantar la resistencia, enseñar los principios del derecho y mantener informado al soberano (253 a.C.). Su llamado a la fraternidad entre los hombres tampoco lo llevó a suprimir el sistema de castas. Por lo tanto, la población permaneció dividida en siete grupos funcionales, desde los brahmanes hasta los artesanos.

¿EL UNIFICADOR DE LA INDIA?: A pesar de que lamentaba las atrocidades cometidas durante la conquista, Asoka no renunció a Kalinga. Nunca un Estado indio alcanzó tal poderío como el Imperio Maurya bajo su reinado. En la memoria colectiva, este soberano prevalece como el primer unificador de la India. Sin embargo, estaba lejos de gobernar todo el subcontinente. El sur del país no estaba bajo su dominio.

En cuanto a los territorios oficialmente bajo su poder, había extensas zonas no sometidas, en particular los bosques del oriente del país. Fue más bien su obra administrativa la que convirtió a Asoka en el primer unificador de la India. El imperio estaba dividido en cinco grandes regiones.

Contiguo al núcleo del Imperio, correspondiente a Magadha y directamente administrada por el soberano, existían otros cuatro distritos gobernados por virreyes desde sus respectivas capitales: Takshasila (noroeste), Ujjain (oeste), Tasali (este) y Suvamagiri (sur). Sin embargo, no era un Estado fuertemente centralizado. Los virreyes gozaban de gran autonomía, y esta organización sólo se aplicaba al corazón del imperio.

Para asegurar la unidad, Asoka contaba ante todo con los principios espirituales difundidos por sus edictos. Su conversión al budismo tanto política como religiosa: la legitimidad moral y no la fuerza bruta fue la que aseguró la continuidad de la dominación de la dinastía Maurya y la acción religiosa debió reforzar la influencia política. Los dhamma-mahamatras figuraban al mismo tiempo como «misioneros» y como espías al servicio del soberano: podían solicitar audiencia con Asoka en su palacio de Pátaliputra a cualquier hora del día la noche.

EL INICIADOR DE LA EXPANSIÓN BUDIST: Asoka no se limitó a difundir la doctrina budista en sus estados. Como un hecho sin precedentes en la historia antigua patrocinó una actividad misionera a escala mundial de su época. Las inscripción emplazadas en las fronteras del imperio revelaron primero las enseñanzas budistas a los reinos vecinos, como el dé Chola y Pandya en la India meridional, y a loa griegos apostados en el noroeste del su continente. Además, Asoka envió embajadores-misioneros a todas las grandes potencias conocidas por la India.

En 25 a. C., una embajada partió hacia el oeste para visitar a los principales soberanos helenísticos: Antíoco II Teos de Siria, Tolomeo II de Egipto y Antígono I Gonatas de Macedonia. Hacia el sur, el propio  hijo de Asoka, Mahinda, liberó una misión a Ceilán.

El budismo inició una expansión que lo catapultó hasta el Extremo Oriente. Asoka envió a sus «superintendentes de fronteras» con la esperanza de que los soberanos extranjeros aceptaran su ley, hecho que le valió posteriormente el apelativo de «Constantino del budismo». Sin embargo, el balance político fue negativo. Contrariamente a los deseos del príncipe, la reforma religiosa no reforzó la solidez del imperio. Los últimos años del soberano fueron oscuros y, al parecer, algunas legiones se liberaron de su yugo durante esa época. Tras su muerte, que sobrevino hacia 233 s C., el imperio se fragmentó y quedó reducido sólo a Magadha.

Posiblemente, la división del Estado entre los hijos de Asoka aceleró este desmembramiento. El último miembro de la dinastía Mauiya sucumbió en 185 a.C. muriendo a manos de un general, durante un desfile de sus tropas. No obstante, el reinado de Asoka dejó a los indios el recuerdo de la primera unificación de la península, lograda por medio del derecho y no mediante la fuerza.

PÁTALIPUTRA, CAPITAL DE ASOKA: Ubicada en la confluencia del Ganges y del Sone, Pataliputra, actual Patna, tenía una extensión de quince kilómetros de largo por tres de ancho; representaba el doble de la superficie de Roma en el apogeo imperial. Sin duda, fue la ciudad más grande de la Antigüedad. El griego Megástenes, embajador del rey Seleuco I Nicátor ante Chandragupta, legó una descripción de Pataliputra (hacia 300 a.C.), completada posteriormente gracias a las excavaciones arqueológicas. La ciudad estaba rodeada por una muralla de adobe, provista de 570 torres y 64 puertas monumentales.

El palacio real estaba compuesto por edificios de dos pisos, con bóvedas de cañón o cúpulas, que se abrían hacia el exterior a través de balaustradas y verandas hipóstilas, que daban a un jardín poblado de aves y peces. Mientras la estructura de la construcción era típicamente india, la decoración estaba inspirada en el palacio de Darío en Persépolis. Su esplendor no tenía nada que envidiar al de las residencias de los reyes aqueménidas de Persia.

PASA SABER MAS…

CUANDO ASOKA se convierte al budismo, en el 262 a.C., éste se halla extendido por todo el sureste asiático.
LA CONVERSIÓN DEL REY Asoka (muerto hacia el 232 a.C.) empieza a visitar los lugares más remotos de su imperio para hablar a sus subditos del budismo. En la capital, Pataliputra (act. Patna), Asoka organiza una gran asamblea de líderes budistas para promover la unidad dentro del movimiento y organizar misiones budistas.

MISIONEROS BUDISTAS
Asoka pagó para que monjes misioneros budistas viajaran por toda la India e incluso fuera de sus fronteras. Se dice que envió mensajeros a todo el mundo oriental, incluido Egipto, Libia y Épiro (en Grecia), con la pretensión de que los gobernantes de aquellos países abandonaran la violencia. Según la tradición, el propio hijo de Asoka, Mahinda, encabezó una misión a Sri Lanka. Mahinda murió alrededor del 204 a.C., pero todavía se conservan algunos monumentos conmemorativos en aquel país.

EXPANSIÓN DEL BUDISMO
Desde Sri Lanka los misioneros budistas se trasladaron a Burma, Tailandia, Japón y el Tíbet, pero en estas zonas su mensaje no tuvo la misma aceptación que en la India. El budismo llegó a China en el s. I d.C. y de allí se extendió a Corea y Japón. Hacia el s. VIH arraigó en el Tíbet, donde se transformó en una forma de budismo llamada lamaísmo. En este país el Dalai Lama, la reencarnación de Buda, es al mismo tiempo rey y máximo jefe religioso.

Fuente Consultada: Hicieron Historia Tomo I Larousse – La Nación