Vida de Galeno

Biografia de Galvani Luis Experimentos Cientificos Vida y Obra

Biografía de Galvani Luis
Experimentos Científicos – Vida y Obra

Nacido en Italia, Galvani se formó como médico en la universidad de Bolonia, pero es más conocido por sus teorías sobre la electricidad animal y por su descubrimiento accidental de que la electricidad podía hacer que se moviera la pata de una rana muerta (fenómeno que inspiró el Frankenstein de Mary Shelley). En 1762 fue nombrado profesor de anatomía de la universidad de Bolonia y, en 1772, rector de la misma.

Por lo general, los científicos más conocidos son aquellos que descubren leyes naturales de cierta importancia, tales como Newton, Darwin, Einstein, etc. La misma consideración, sin embargo, hemos de prestar a aquellos otros investigadores —tales como Luis Galvani— dedicados a acumular hechos experimentales, sobre los cuales ha de basarse toda conclusión de tipo general, con alguna significación en el progreso de la ciencia.

Galvani y la electricidad

Galvani dedicó su vida a la experimentación. Fue un investigador extremadamente cuidadoso, a la par que un agudo observador. Es probable, sin embargo, que hoy día resultara completamente desconocido, si en el curso de sus investigaciones no hubiera realizado una observación que abriría el camino a un mejor entendimiento de la electricidad y a su utilización como fuente de energía. Galvani nació en Bolonia, en el norte de Italia, en 1737.

Comenzó estudiando la carrera de teología, para abandonarla al cabo de cierto tiempo y dedicarse a la medicina. Permaneció toda su vida en Bolonia, primero practicando la medicina y más adelante dando clases en la Universidad.

En 1775 fue nombrado catedrático de anatomía. Sus primeras investigaciones estaban dirigidas al estudio de diferencias estructurales de los animales. En 1780, a la edad de 43 años, inició una serie de experimentos para estudiar los efectos de la electricidad sobre los músculos; estos experimentos se prolongaron durante más de once años, y los efectuó en animales, generalmente en patas de rana.

En el curso de sus cuidadosas investigaciones, Galvani previo unos cuantos fenómenos eléctricos de gran importancia, tales como ondas eléctricas, inducción magnética, oscilaciones eléctricas, etc. Sin embargo, nunca profundizó en el estudio de estos fenómenos, cuya total explicación habría de venir mucho después.

UNA  NUEVA FUENTE  DE ELECTRICIDAD
Como fuente de energía eléctrica Galvani utilizaba las simples máquinas electrostáticas existentes en su tiempo, aparatos muy primitivos que se cargaban por fricción. En otras ocasiones empleó las perturbaciones eléctricas producidas por las tormentas, por lo que tenía que realizar sus experimentos al aire libre, en plena tempestad. Cada relámpago producía una contracción en la pata de la rana.

Para conducir la corriente eléctrica, Galvani utilizaba grandes objetos metálicos. Por ejemplo, solía colocar el músculo de la pata de la rana haciendo contacto con una verja metálica, mientras que unía el nervio a un anzuelo de bronce.

En 1786 Galvani observó un fenómeno que habría de reportarle su fama futura: notó que si utilizaba como conductores dos metales distintos, se producía la contracción del músculo aun cuando el cielo estuviese despejado. En este sentido, Galvani llevó a cabo una serie de experimentos adicionales, pudiendo confirmar que la intensidad de la contracción dependía de la naturaleza de los metales que utilizaba.

Con esta observación quedaban sentadas las bases para el desarrollo de una nueva fuente de electricidad, distinta por completo de las máquinas de fricción y de los relámpagos. Desgraciadamente, Galvani nunca tuvo conciencia de la importancia de su descubrimiento, ya que pensaba que la electricidad provenía del propio animal.

La explicación del fenómeno iba a ser establecida, años después, por un compatriota suyo, Alejandro Volta, quien demostró que la corriente eléctrica producida se originaba al poner en contacto  dos  metales  distintos.

SOBRE SU VIDA: También Galvani, al igual que muchos otros que luego se convirtieron en famosos estudiosos, en su adolescencia había iniciado la carrera sacerdotal; pero prevaleció su afición por las ciencias naturales y se alejó del seminario. Se dedicó a la medicina y, en particular, a las investigaciones anatómicas; obtuvo su graduación a los 22 años, y a los 25 había sido nombrado ya profesor de anatomía en la célebre Universidad ele Bolonia.

Durante los años de desempeño de su profesión demos: verdadera pasión por el trabajo y por la ciencia, así como prudencia, seriedad y responsabilidad en el control de los resultados de sus investigaciones antes de darlas a publicidad.

Sus primeras observaciones sobre las contracciones musculares de las ranas debidas a la acción de estímulos el eléctricos llevan, en sus cuadernos de apuntes, la fecha del 6 de noviembre de 1780; pero no las hizo públicas hasta 1791.

Un día Galvani, en compañía de algunos alumnos, realizaba experimentos en su laboratorio relativos a los nervios de las ranas. Durante el trabajo una rana descuartizada sobre una mesa, en donde se hallaba también un aparato de electricidad. Uno de los alumnos estaba hurgando con un bisturí de hierro entre los nervios de la rana cuando percibió que el animal, no obstante estar muerto, se movía con enérgicas contracciones.

El interés de Galvani ante el singular fenómeno lo llevó a abandonar toda otra investigación para dedicarse, con febril curiosidad, al análisis de este suceso. La prueba, llevada a cabo repetidas veces, proporcionó siempre el mismo resultado. Se estableció, sin lugar a dudas, que para provocar las contracciones era indispensable tocar el nervio con un cuerpo conductor. Se podía ejercer, incluso, sin la máquina eléctrica: bastaba con tocar los nervios y los músculos con las dos puntas de un compás construido con dos metales distintos para producir las mismas contracciones.

Galvani se convenció de que el cuerpo de la rana (lo mismo, por supuesto, que el de cualquier otro animal) debía contener una carga eléctrica, y llamó a esta fuerza «electricidad animal».

Durante años y años continuó con sus investigaciones, hasta que se decidió a publicar sus conclusiones en un libro intitulado «Sobre las fuerzas de la electricidad en los movimientos musculares».

El libro suscitó mucho interés en cuantos se ocupaban de este tipo de fenómenos y, sobre todo, en su colega Alejandro Volta, profesor de la Universidad de Pavía, quien dejó consignado en sus escritos el entusiasmo con que había acogido el suceso: «Desde hace unos ocho o diez días me hallo consagrado al estudio de la electricidad animal, de acuerdo con las revelaciones que pone de manifiesto el estupendo descubrimiento del señor Galvani».

Pero, mientras repetía él mismo la experiencia, una duda comenzó a preocuparle. Notó que, para la verificación del fenómeno, se requería la presencia de dos metales distintos. Se inclinó, entonces, a pensar que el cuerpo de la rana, en el fenómeno, tenía sólo la función de reaccionar ante la pequeña descarga eléctrica producida por el compás bimetálico.

También Volta expuso su opinión en diversas publicaciones, y nació así entre los dos una polémica que se hizo famosa en la crónica de las ciencias. Por momentos merecía prevalecer la tesis de Galvani, y poco después aparecían como justas las aserciones de Volta. La prueba definitiva de la exactitud de su posición sólo Volta la logró en 1799 cuando, con su pila eléctrica, demostró que metales diversos en contacto con un ácido producen energía eléctrica.

Galvani había sufrido en aquellos años muchas graves amarguras. En 1797 se había proclamado la República Cisalpina, y él, debido a sus íntimas convicciones religiosas, se negó a prestar juramento a un Estado cuyos principios se manifestaban contrarios a los suyos. Esta negativa le costó la pérdida de la cátedra de anatomía que durante tanto tiempo dictara en la Universidad de Bolonia. Se vio obligado a refugiarse en casa de un hermano y vivió en la pobreza sus últimos años.

Las autoridades rectificaron su anterior decisión y dispusieron que Galvani fuera repuesto en sus funciones docentes. Pero la muerte de éste se produjo el 4 de diciembre de 1798, antes de que la feliz nueva pudiera serle comunicada.

La Higiene en la Alimentacion El Cuidado de la Salud Personal

La Higiene en la Alimentación
El Cuidado de la Salud Personal

la higiene en el pasado

Imagen de 1870 cuando anciana en Venecia despioja a una joven que vivían a sus anchas en ropas y cabellos.

  Las Pestes en la Historia
  La Medicina en Grecia y Roma
  Vivir en la Edad Media
  Malas Noticias en el Mundo

LA HIGIENE DE LA ALIMENTACIÓN.
Toda persona en condiciones normales suele orientarse por sí misma, sea por el apetito, sea por la costumbre, hacia una dieta conveniente para su salud. De todos modos, hoy se cometen en el campo de la alimentación muchos abusos, los cuales pueden desembocar en diversos trastornos del organismo.

La nutrición de un hombre normal será suficiente si toma al día un litro de leche, una ensalada y dos platos complementarios de verduras tiernas, un plato de carne y dos huevos, a lo cual puede añadirse pan, mantequilla y fruta.

La dieta vegetariana pura contiene únicamente verduras y frutas, y si no se le adicionan otros alimentos, prácticamente no puede proporcionar una nutrición suficiente, puesto que el intestino humano no está acondicionado para contener la cantidad de alimentos que serían necesarios para un régimen a base de verduras solamente. La dieta lactoovo-vegetariana, constituida por leche, huevos y verduras, es más normal y con ella no se sobrecarga el tubo digestivo y, en cambio, se proporcionan al organismo suficientes calorías.

Es importante mantenerse en un término medio, pues la ingestión de carne no envilece, como creen algunas personas, sino que constituye un medio normal de adquirir proteínas y otras sustancias de tipo vitamínico, pero no debe abusarse de comidas muy sobrecargagas de proteínas y grasas, defecto muy extendido entre las clases sociales pudientes, pues ello ocasiona no pocos trastornos, como la arteriesclerosis, la obesidad, lesiones cardíacas, etc. La alimentación será, pues, sencilla, proporcionada, con suficiente, pero no excesiva, cantidad de proteínas y con un claro predominio de alimentos frescos y naturales (frutas, verduras, etc.).

La leche de vaca posee la mayoría de los elementos nutritivos necesarios: proteínas, azúcar, grasas, sales minerales, etc. La calidad de proteínas que contiene es parecida a la de las carnes y muy superior a la de las gramíneas y verduras. El azúcar de la leche se denomina lactosa e interviene activamente en el proceso de la agnación de la leche, pues fermenta y da lugar a ácido láctico.

La grasa de la leche contiene gran cantidad de vitamina A. Entre sus sales, la más abundante es el calcio. También es rica en vitaminas B, E y D. La leche es el alimento más fácilmente digerible, puesto que se aprovecha con suma facilidad todo su contenido. Entre los productos lácteos destacan por su gran poder alimenticio la mantequilla y el queso.

La carne es muy rica en proteínas, mientras que su contenido en grasa varía según su naturaleza. Posee escasas vitaminas, aunque el valor alimenticio de algunos productos animales (hígado, por ejemplo) es bastante elevado. El inconveniente que presenta la ingestión de carnes son sus residuos, ya que a veces cuestan de eliminar y predisponen para diversas enfermedades. En la dieta normal no debe incluirse un plato de carne y pescado en la misma comida.

El pescado no difiere en cuanto a su valor nutritivo de las carnes en general, pero se ha de prestar gran atención a su conservación, pues se deteriora con facilidad.

Los huevos poseen gran valor nutritivo. Sus proteínas son de excepcional calidad y su grasa se asimila por el organismo con suma facilidad. Contienen vitaminas en cantidad apreciable y diversos minerales (calcio, fósforo, hierro). Después de la leche, el huevo es el mejor alimento para un organismo en crecimiento.

El trigo contiene almidón, proteínas, vitaminas y minerales en abundancia. La harina corriente obtenida a partir del mismo, a pesar de habérsele separado gran parte del salvado, retiene muchas de sus sustancias nutritivas. El centeno es parecido en su composición al trigo, pero el pan que se obtiene con él, resulta más oscuro. La cebada suele utilizarse para ser añadida a la sopa, papillas, etc.

El maíz se emplea sobre todo en la nutrición del ganado, pero también constituye un buen alimento para el hombre. Contiene más grasa que otros granos. La avena posee también mucha grasa y se emplea, principalmente, para los desayunos. Es laxante. El arroz es el alimento básico de diversos pueblos orientales.

El contenido en azúcares de las gramíneas es casi constante. Sus proteínas no son de gran calidad y suelen carecer de algún que otro elemento imprescindible para la dieta del hombre.

Entre los azúcares, el que corrientemente se consume es la sacarosa, que se desdobla en el organismo en dos partes: glucosa y levulosa. La primera es la que se asimila. Hay muchas sustancias alimenticias que contienen gran cantidad de azúcar: jarabes, miel, frutas en conserva, mermeladas, compota, jaleas, confituras, etc.

El azúcar se asimila con facilidad y ofrece al organismo los hidratos de carbono en forma pura, produce una rápida recuperación de energías y es conocido el hecho de que muchos individuos sometidos a intensas pruebas físicas (deportistas, etc.) resisten mejor si toman azúcar durante las mismas. Otra gran ventaja de este alimento es la sensación de saciedad que proporciona.

Es útil que las personas sometidas a dietas de adelgazamiento o escasas por cualquier otra razón, tomen siempre un postre azucarado, ya que con ello queda satisfecho su apetito. No hay que abusar, por otra parte, de este alimento, puesto que, ingerido en gran cantidad, puede producir una irritación del tubo digestivo, así como coadyuvar a la obesidad.

Las verduras son muy útiles por su gran contenido en vitaminas, minerales (hierro), pero carecen casi por completo de valor calórico, Sirven, además, para regularizar el régimen intestinal, pues la gran cantidad de residuos (sobre todo celulosa), favorece la marcha de las deposiciones. Su cocción destruye muchas de sus vitaminas.

Las Guerras Médicas Causas y Desarrollo Cronologia

Causas de las Guerras Médicas – Grecia Contra los Persas

Este enfrentamiento entre el poderoso imperio persa y las polis griegas encabezadas por Atenas y Esparta señala el comienzo del periodo clásico en Grecia.

Los griegos designaron a los persas con el nombre demedos, término que, en pluridad, correspondía a un pueblo emparentado con ellos y que formaba parte de su imperio

Aunque generalmente se habla de las guerras médicas con referencia a los dos intentos de invasión de la Grecia continental por los persas (490-478 a.C.), el conflicto entre ambos pueblos fue más prolongado, y las tensiones continuaron hasta la conquista del imperio persa por Alejandro Magno, en 330 a. C.

Introducción y Causas:

Al llegar al siglo V a.C., en el mundo antiguo sobresalían el inmenso imperio persa, gobernado por Darío, y las repúblicas griegas, independientes entre sí, que prosperaban materialmente y habían alcanzado un notable desarrollo cultural.

Entre ambos se encontraban las colonias griegas emplazadas en el Asia Menor que se empeñaban en conservar su tradición helena, aunque sometidas a la dominación persa que las ahogaba en sus posibilidades de desarrollo y les impedía el normal abastecimiento de trigo desde el mar Negro.

Fue en estas circunstancias que, en el año 499 a.C., la colonia griega de Mileto, situada en la Jonia, se rebeló contra los persas y con la ayuda de Atenas emprendió la lucha contra Sardes, sede de la satrapía más próxima, que fue saqueada e incendiada.

El rey Darío juró vengar esta afrenta y para no olvidar su juramento ordenó a uno de sus esclavos que todos los días le repitiera tres veces que debía acordarse de los atenienses.

En poco tiempo los persas recuperaron la iniciativa y vencieron a los jonios —que habían quedado solos— en Efeso y luego destruyeron sus naves en las proximidades de la isla de Lade.

De esta manera Mileto, que fue arrasada, quedó nuevamente sometida y todas las colonias griegas del Asia Menor prometieron acatamiento a los persas.

Seguidamente, Darío envió emisarios a todas las ciudades de la Helade, para exigirles la sumisión, como represalia por la ayuda prestada por Atenas a la colonia sublevada. Todas, las ciudades griegas, con excepción de Esparta y Atenas, se sometieron ante el rey persa.

Tal actitud asumida por los espartanos y atenienses, significó el comienzo de las guerras médicas, así denominadas, porque los griegos llamaban medos a los persas.

La revuelta de Jonia

En 545 a. C. Ciro el Grande había extendido la soberanía persa sobre Asia Menor, incluyendo las polis griegas de la costa y las islas próximas (Jonia).

Éstas soportaban cada vez peor la pérdida de su autonomía, la imposición de gobiernos tiránicos y la competencia comercial de los fenicios, favorecidos por los persas. Por ello, en 499 a. C. estalló una revuelta encabezada por Aristágoras de Mileto contra el dominio de los persas aqueménidas.

Los rebeldes lograron tomar y destruir Sardes (498), sede del sátrapa—gobernador provincial— persa, y la rebelión se extendió desde el Bósforo hasta Chipre; se enviaron embajadores a la península Helénica para pedir ayuda, pero sólo las ciudades de Atenas y Eretria enviaron algunos barcos.

Mientras tanto, los persas recuperaron la iniciativa. Aprovechando la desunión entre los sublevados fueron imponiendo de nuevo su autoridad sobre ellos. La vic­toria naval de Lades (495) y la destrucción de Mileto, cuyos habitantes fueron deportados a Mesopotamia, señalaron el restablecimiento del poderío persa.

Los disturbios habían convencido al rey persa Darío de que para asegurar su dominio en Asia Menor debía controlar todo el Egeo, incluyendo las polis de Europa. La expedición dirigida por Mardonio, yerno de Darío, sometió Tracia y Macedonia (492), pero la destrucción de su flota junto al monte Athos le impidió avanzar más allá.

Maratón: En 490 una gran expedición con 50.000 hombres al mando de Datis y Artafernes salió de Cilicia para castigar a Atenas y Eretria por su participación en los sucesos de Jonia.

Les acompañaba Hipias, antiguo tirano ateniense, hijo de Pisístrato, que todavía contaba con partidarios en la ciudad, a pesar de la reciente instauración de la democracia por Clístenes (507). Tras someter las Cícladas y tomar Eretria, este ejército desembarcó en la llanura de Maratón, al nordeste de Atenas.

Las tropas atenienses, integradas por 10.000 hoplitas (infantería pesada) y algunos aliados de Platea, dirigido por Milcíades, decidió atacar y cargó inesperadamente contra los persas, rechazándolos hasta el mar(490).

El soldado Filípides, que había vuelto de Esparta justo a tiempo para la batalla, corrió los 42 kilómetros que separaban Maratón de Atenas para dar la noticia de la victoria; el esfuerzo le costó la vida.

El rápido regreso de las tropas a Atenas impidió un nuevo desembarco del ejército persa, que se retira finalmente a Asia. Los espartanos llegaron demasiado tarde para servir de ayuda, y la gloria de Maratón correspondió por entero a la democracia ateniense.

La muerte de Milcíades (488) llevó al poder a Temístocles, que emprendió una importante reforma de la flota, aprovechando los ingresos extraídos de los nuevos filones de plata de las minas del Laurión (483).

La segunda guerra médica: Las revueltas en el imperio y la muerte de Darlo (486) impidieron a los persas. Gran parte de las polis griegas (con algunas excepciones importantes) se unieron para su defensa en la Liga Helénica, fundada en el congreso panhelénico del Istmo (481), a pesar de las recomendaciones de neutralidad o sumisión del oráculo de Delfos.

Esparta, la mayor potencia militar griega y líder de la Liga del Peloponeso, encabezaría sus fuerzas. realizar una nueva expedición de castigo. Pero en 484 el nuevo rey Jerjes, hijo de Darío, comenzó los preparativos de una gran campaña para invadir Grecia.

Las cifras proporcionadas por el historiador griego Herodoto son seguramente exageradas, pero es probable que la expedición contase al menos con 300.000 hombres y 600 navíos, además de una espectacular logística.

CRONOLOGÍA
546a.C.  Los persas conquistan el reino de Lidia y las ciudades y colonias griegas de Asia.
500 a.C. Las ciudades jonias se rebelan contra el dominio persa. Incendio de Sardes.
493 a. C. Darío I destruye la flota y el ejército de los rebeldes jonios. Mileto, que inició la revuelta, es saqueada.
492 a. C. El general persa Mardonio toma con su ejército Tracia y Macedonia.
490 a.C.  Primera guerra médica. Los persas conquistan las Cicladas occidentales y arrasan Eretria. Victoria ateniense en Maratón.
480 a. C.  Segunda guerra médica. Jerjes, sucesor de Darío I, invade Grecia. Fracasa el intento de detener a los persas en el paso de las Termpilas. Victoria naval griega en Salamina.
479 a. C.  Victoria de los hoplitas espartanos en Platea y de la flota ateniense en Micala (Jonia). Fin de la segunda guerra médica.
478 a.C.  Atenas funda, junto con muchas polis costeras e insulares del Egeo, la liga de Délos,
477 a.C. Pausanias, rey de Esparta y héroe en Micala, es destronado por su despotismo.
471 a.C. En Atenas, el gran estratega de Salamina, Temístocles, es condenado al destierro. Comienza su gobierno Cimón.
465 a. C. Atenas pasa a la ofensiva contra Persia. Vence en la doble batalla del Eurimedonte
448 a. C. Paz de Calías, ya en el período clásico. El Imperio persa reconoce la hegemonía ateniense en el Egeo.

En junio de 480 el inmenso ejército de Jerjes, con el Gran Rey al frente, cruzó los Dardanelos por un doble puente de barcas.

Avanzó fácilmente a través de Macedonia y Tesalia, y no se encontró con la primera línea de defensa griega hasta llegar al desfiladero de las Termópilas en tierra y el cabo Artemisión en el mar.

Los 7.000 hombres mandados por el rey espartano Leónidas rechazaron durante dos días al ejército persa, hasta que una traición permitió a éste cruzar por un paso secreto y rodearlos.

Ante la inevitable derrota, Leónidas envió a sus tropas al sur, permaneciendo él con 300 hoplitas espartanos y 700 hombres de Tespis y Tebas. Todos perecieron en defensa de la posición. Esta resistencia desesperada permitió a la flota griega, encabezada por los atenienses, replegarse ordenadamente y conservar sus efectivos.

El ejército de Jerjes avanzó entonces por Grecia central, con el apoyo de algunas polis. La nueva estrategia griega era plantear la defensa del istmo de Corinto, cerrando el paso al Peloponeso.

Atenas fue evacuada por sus habitantes y ocupa­da por los persas, que incendiaron la acrópolis como represalia por la destrucción de Sardes dieciocho años antes.

Pero Temístocles convenció al estado mayor griego para presentar batalla a la flota persa en la bahía de Salamina, cerca de Atenas.

Se sirvió de una estratagema para atraer a la numerosa escuadra enemiga hacia un angosto paso y privarla de capacidad de maniobra; al cabo de unas horas era vencida por las trescientas naves griegas, ante los ojos de Jerjes (septiembre de 480).

El dominio del mar había pasado a los griegos, y Jerjes regresó a Asia para orga­nizar refuerzos, aunque una nueva insurrección en Babilonia le impidió renovar sus campañas en Europa.

Dejó en Grecia un importante ejército al mando de Mardonio, reforzado con aliados griegos (tesalios, macedonios, beocios).

Mientras éste invernaba en Beocia surgieron disputas en el seno de la Liga Helénica sobre la estrategia a seguir. Esparta y las ciudades del Peloponeso pretendían mantenerse a la defensiva en el istmo, mientras que Atenas, Megara y Egina querían expulsar al enemigo de sus puertas.

Tras graves tensiones y una nueva invasión persa del Ática, al fin se decidió el envío de un ejército aliado a Beocia, al mando del espartano Pausanias.

Sus 40.000 hoplitas y 7.000 auxiliares (el mayor ejército nunca reunido por los griegos) se enfrentaron al superior ejército persa en la llanura de Platea (primavera de 479).

A pesar de su ventaja inicial, Mardonio fue vencido y muerto, y gran parte de su ejército destruido.

Su lugarteniente Artabazo condujo a los supervivientes de vuelta a Asia. Al mismo tiempo, una flota griega mandada por el rey espartano Leotiquidas destruía una base naval persa y las naves fondeadas en Mícala, frente a la isla de Samos.

No sólo se había salvado la in­dependencia de las polis de Grecia, sino que éstas controlaban ahora el Egeo. La flota mandada por Pausanias tomó Bizancio, abriendo el paso al mar Negro, y las islas de Quíos, Lesbos y Samos se unieron a la Liga (478).Sin embargo, una vez conjurado el peligro persa la unidad griega resultó efímera, por los intereses contrapuestos de las diferentes ciudades.

La Liga de Delos: Esparta, poco amiga de aventuras fuera del Peloponeso, se desinteresó de los asuntos del Egeo oriental, arrastrando consigo al resto de la Liga del Peloponeso.

Fue Atenas, apoyada en su potente flota, la que tomó la iniciativa y formó la Liga de Delos (476) con numerosas polis de las Cícladas, Asia Menor y la zona de los estrechos.

La alianza, comprometida en la lucha por la liberación de las ciudades griegas de la dominación persa, fue diseñada por el ateniense Arístides el Justo. É

ste compartió el poder en Atenas con Cimón, hijo de Milcíades, partidario de la lucha a ultranza contra los persas. Temístocles, que veía en el poder de Esparta la verdadera amenaza para la grandeza ateniense (como se demostraría poco después en las guerras del Peloponeso), fue des­plazado del poder (471).

En 468 Cimón venció a la escuadra persa en el Eurimedonte.

El fracaso de una expedición a Egipto y los sobornos persas lograron expulsarlo del poder, y la facción popular encabezada por Efialtes rompió las relaciones con Esparta, disolviendo la Liga Helénica (460).

Sin embargo, Cimón recuperó el poder y dirigió una nueva campaña en Chipre, donde murió (450).

Sus victorias permitieron a su cuñado Calias firmar con los persas la paz que lleva su nombre (449), que aseguró la libertad de las ciudades griegas y frenó a los persas en el Egeo.

Atenas, con la ayuda de sus aliados, se había convertido en la potencia hegemónica del mundo griego, desarrollando un poderoso imperio marítimo y comercial. Sus abusos y la oposición de Esparta conducirían posteriormente a la guerra del Peloponeso.

Temístocles
General y político (525-460 a. C.)

Estadista ateniense nacido en el seno de una familia modesta, no obstante lo cual pudo convertirse en una relevante figura en su ciudad y asumir la jefatura del partido democrático cuya divisa era: Guerra contra los persas.

Convencido de la necesidad que tenía Atenas de contar con un puerto y una flota, dedicó todos sus esfuerzos a procurarle ambas cosas.

Así, durante su arcontado (493 a. C.) hizo votar la construcción del puerto del Pireo, si bien al año siguiente una expedición persa paralizó las obras que sólo pudieron ser retomadas en tiempos de Pericles.

Luego se propuso la construcción de doscientas galeras, para lo cual derivó los recursos obtenidos en la explotación de las minas de Laurión, que antes eran repartidas entre los ciudadanos, a las arcas del Estado.

Temístocles pudo realizar sus planes luego del destierro de Arístides y venció a los persas en la batalla de Salamina (480 a. C.); pero luego fue víctima de intrigas y calumnias y condenado al ostracismo. Se refugió junto a Artajerjes, pero cuando éste quiso convencerlo de traicionar a su patria, se negó terminantemente y se suicidó con veneno.

Principales Investigadores de la Medicina en Argentina Historia

Principales Investigadores de la Medicina-Primeras Cirugias-

GUILLERMO RAWSON, FUNDADOR DE LA CRUZ ROJA ARGENTINA

Principales Investigadores de la Medicina

LOS ESTUDIOS DE LA ANATOMÍA Y FISIOLOGÍA HUMANAS EN ARGENTINA

El estudio de la anatomía en nuestro país está íntimamente ligado con la historia de la medicina. Los primeros antecedentes se remontan al año 1779, en que fue creado por el Virrey Vértiz el Real Protomedicato de Buenos Aires. Esta institución, inaugurada el 17 de agosto de 1780, tenía por objeto controlar el ejercicio de la medicina y la venta de medicamentos.

El Protomedicato comenzó a funcionar bajo la dirección del médico irlandés Miguel O’Gorman, secundado por el Licenciado José Alberto de Capdevilla y el Dr. Francisco Cosme Argerich.

Paralelamente a la obra realizada por esta institución, comenzaron los verdaderos estudios médicos en nuestro país. En 1793 se facultó al Tribunal para enseñar oficialmente la cirugía y la medicina, y el Protomedicato se instaló en el Colegio de San Carlos, teniendo como anexo la Escuela de Medicina, cuyos planes de estudio tenían una duración de 6 años. Los cursos comenzaron en 1801 con 13 alumnos.

En el año 1802 el Dr. O’ Gorman fue remplazado en el dictado de sus cátedras por el Dr. Cosme Argerich.

En 1812, la Escuela tuvo que interrumpir su marcha por los acontecimientos revolucionarios, hasta que se nombró una comisión integrada por los doctores Cosme Argerich, Luis Chorroarín y Diego Zabaleta para reorganizar la enseñanza de la medicina. Es así como en 1813 se creó el Instituto Médico, integrado por seis catedráticos, con un plan de estudios de seis años y con enseñanza gratuita.

Este instituto funcionó hasta 1821, año en que fue fundada la Universidad de Buenos Aires. El 17 de abril de 1822, Rivadavia fundó la Academia de Medicina cuya misión era propender al desarrollo de la medicina y fomentar las investigaciones científicas.

A partir de esa época comenzó una situación desfavorable para los estudios de medicina, que entraron en un período de completa decadencia hasta 1852. En ese año, con la creación de la Facultad de Medicina de Buenos Aires, se reanudó el progreso de esta ciencia. Fue nombrado presidente el Dr. Juan Antonio Fernández, continuándole en el cargo, de 1862 a 1873, el eminente cirujano y primer profesor de cirugía, Dr. Juan José Montes de Oca.

El 27 de setiembre de 1877 fue criada en Córdoba la Facultad de Ciencias Médicas, siendo su primer decano el médico holandés Dr. Herry Weyenberg, quien redactó el plan de estudios.

En la actualidad el movimiento científico argentino es extraordinario en sus diversos órdenes, ya que nuestros hombres de ciencia ocupan un lugar de privilegio por sus adelantos e investigaciones científicas en los centros médicos mundiales.

Investigadores argentinos
Cosme Argerich (1758-1820). Médico argentino muy destacado por su actuación en la historia de la medicina en nuestro país. Durante varios años presidió el Instituto Médico Argentino. También se destacó como patriota al actuar en la guerra de la Independencia. El Hospital Militar Central de Buenos Aires lleva su nombre.

Principales Investigadores de la Medicina Guillermo Rawson (1821-1890). Eminente médico e higienista argentino nacido en San Juan. Sus obras trascienden al extranjero, siendo muy elogiadas. Orientó la ciencia medien hacia la medicina preventiva y la medicina social.(imagen)

Ignacio Pirovano (1842-1895). Médico argentino que se destacó notablemente en cirugía, llegando a ser considerado el mejor cirujano de Sudamérica. Introdujo e! uso del microscopio en histología patológica. Uno de los hospitales de Buenos Aires lleva su nombre.

Pedro Lagleyze (1855-1916). Médico y cirujano argentino que se destacó por sin notables estudios como oculista, siendo considerado corno el precursor de la oftalmología argentina.

Juan B. Justo (1865-1928). Destacado médico y cirujano argentino que también sobresalió como sociólogo, político y economista. Se perfeccionó en las mejores clínicas europeas, innovando la técnica operatoria en nuestro país. Inició en la Argentina la cirugía abdominal.

Luis Agote (1869-1954). Médico y catedrático argentino, autor de numerosos trabajos. Intervino en congresos internacionales representando a nuestro país. Se destacó mundialmente por su método de trasfusión de sangre citratada.

Pedro Chutro (1880-1937). Médico y cirujano argentino. Se destacó en esta última especialidad sobre la que realizó numerosos trabajos. Intervino como médico en la primera Guerra Mundial, actuando en la sanidad militar francesa.

Principales Investigadores de la Medicina Enrique Finocchieto(1881-1948). Médico y cirujano argentino, creador de numeroso instrumental quirúrgico y de nuevas técnicas operatorias. Fue profesor universitario y sus técnicas fueron continuadas por sus discípulos y por su propio hermano Ricardo, que también se distinguió en la misma especialidad. Fue miembro de la Academia Nacional do Medicina.(imagen)

Bernardo Alberto Houssay (1887-1972). Investigador, médico y fisiólogo argentino, que en 1947 recibió el Premio Nobel de Medicina y Fisiología por sus trabajos de investigación realizados sobre la relación entre el páncreas y la hipófisis.

LA MEDICINA Y LA CIRUGIA EN ARGENTINA:

Los estudios de medicina. — En el ambiente creado por la tiranía —donde no existía libertad e imperaba el temor, el servilismo y la sumisión— no podría prosperar ninguna manifestación científica.

Esta situación desfavorable para las ciencias, fue más grave aun para la ciencia médica, pues por la influencia que los médicos ejercían en las familias —donde sus opiniones eran escuchadas—, el tirano les temía. De ahí que el primer ataque a la ciencia médica consistiera en la eliminación de los profesores que no evidenciaran su incondicionalismo a la dictadura.

Prueba terminante al respecto la constituye el texto del decreto de 20 de abril de 1835, que, basándose en que «en los preceptores de nuestra juventud deben resaltar además de la virtud, moralidad y suficiencia, una fidelidad y decidida adhesión a la causa de la Federación, a fin de que impriman en sus alumnos esos religiosos sentimientos», dispuso separar de sus cátedras a los doctores Juan Antonio Fernández y Juan José Montes de Oca, porque —dice— «no hay otro arbitrio para salvar al país de los males que le amenazan, sino depurar todo lo que no sea en consonancia con la opinión general del país, alejando definitivamente de los cargos públicos a aquellos que abiertamente lo han contrariado». El texto es tan elocuente que no es preciso agregar ningún comentario.

A la destitución de profesores, Rosas añadió la reunión de varias cátedras en una. Así los estudios de medicina entraron en un período de completa decadencia. De 1835 a 1852, anota Eliseo Cantón, «sólo llegaron a recibirse de médicos algunos curanderos».

Caído el tirano, el gobierno de la provincia de Buenos Aires se preocupó de reorganizar la escuela de medicina.

Atendiendo a la necesidad impostergable de reanimar los estudios, dictó el decreto de 15 de abril de 1852 que abordó y solucionó en forma transitoria todas las cuestiones vinculadas con la enseñanza de la medicina.

Reintegró a sus cátedras a los profesores que habían sido destituidos.

Estableció un plan de estudios que, siguiendo las tendencias dominantes en las universidades europeas, dio preferencia a las materias fundamentales, determinando que patología interna y externa debían enseñarse teóricamente, mientras clínica médica y quirúrgica debía dictarse en la sala de los hospitales y en la cabecera de los enfermos.

Finalmente, separó los estudios de medicina de la universidad, dejándolos a cargo de una comisión integrada por los doctores Juan Antonio Fernández, Juan José Montes de Oca y Teodoro Alvarez.

En octubre de 1852 los estudios volvieron a incorporarse a la universidad, dándose a la escuela de medicina la categoría de facultad, y se creó el Consejo de Higiene Pública y la Academia de Medicina.

El Consejo, que fue presidido por el doctor Irineo Portela, tenía la misión de velar por el mejoramiento de todo lo vinculado con la salud pública. Debía, en consecuencia, adoptar medidas para impedir la introducción de enfermedades infecciosas y epidémicas, difundir la vacuna, inspeccionar las farmacias, vigilar la introducción de drogas y perseguir al curanderismo.

En cuanto a la Academia de Medicina no fue, en realidad, una nueva creación, pues el gobierno se limitó a hacer resurgir la creación de Rivadavia. El objetivo concreto que se le señaló fue contribuir al «adelantamiento de la medicina y sus ciencias auxiliares».

Estas medidas encauzaron los estudios de medicina y permitieron el progreso de la ciencia de curar.

La cirugía. Hasta ese momento la cirugía que se practicaba entre nosotros era rudimentaria y limitadísima: se reducía a ligaduras, amputaciones, desarticulaciones, tallas pe-rienales y tumores externos.

Pero, a partir de 1852 comenzaron a destacarse en el campo de la cirugía diversos profesionales que, inspirados por deseos de mejoramiento y renovación, adoptaron y difundieron las técnicas operatorias impuestas pollos grandes maestros de Europa. Tal, por ejemplo, el caso de Teodoro Alvarez (1818-1889), cuyas intervenciones fueron las primeras que alcanzaron numerosos éxitos.

Un progreso sensible experimentó la cirugía argentina con Manuel Augusto Montes de Oca (1831-1882), que fue un eximio maestro y un cirujano eminente. Hasta entonces las heridas eran lavadas con una esponja empapada en una infusión de eucaliptus, conservada generalmente en una palangana cnlozada.

Cualquiera fuese el carácter o las complicaciones de las heridas, en cada sala de cirugía siempre se usaba una esponja y la misma palangana para todos los enfermos. Montes de Oca advirtió la presencia de un peligro, pero no llegó a descubrirlo.

«Hay algo que nos rodea o que está en nuestras mismas manos —decía— y que causa tan terribles complicadones en las heridas. Una vez que lo hayamos descubierto y evitemos esta complicación, la cirugía realizará enormes progresos». De ahí que al conocer el sistema de Lister —la antisepsia— lo implantara y se preocupara por difundirlo.

Montes de Oca fue un creador en cirugía, pues ideó procedimientos operatorios verdaderamente originales —amputación de la pierna a «colgajo rotuliano» y amputación con el term.ocauterio— que ampliaron el campo de la cirugía y mere-1 cieron elogios de los especialistas extranjeros.

Su semblanza como cirujano ha sido trazado por Eliseo Cantón de la manera siguiente:. «Examinaba a fondo sus enfermos, establecía razonando el diagnóstico, y si de él surgía el tratamiento quirúrgico hacía preparar al paciente para intervenir, previa explicación y elección del método operatorio a aplicar. . . Profundo conocedor del terreno en que operaba, y seguro de su arte, era un audaz en cirugía, pero no un impulsivo. Tenía la visión clara para salvar las dificultades del momento; improvisaba sobre el terreno, y no había aparato ni órgano que detuviera su cuchillo, cuando creía salvar con él a sus operados».

Después de Montes de Oca el ejercicio de la cirugía fue monopolizado, durante casi una década, por Ignacio Pirovano (1844-1895).

Su mérito radicó en haber sistematizado, en forma práctica y efectiva, la antisepsia que, al evitar las infecciones que producían un elevado índice de mortandad entre los operados, revolucionó la cirugía. En elogio de Pirovano se ha dicho que «fue siempre un cirujano de conciencia, que jamás abusó de su arte incomparable ni entre la clientela hospitalaria».

El progreso decisivo de la cirugía argentina se debió a Juan B. Justo, personalidad que ocupa un lugar prominente en la historia de nuestra ciencia médica.

PARA SABER MAS…
CRÓNICA DE LA ÉPOCA
El Bicentenario Fasc. N° 4 Período 1870-1889 Rawson, El Fundador de la Cruz Roja

El doctor Guillermo Rawson, junto con Toribio Ayerza, fundó la Cruz Roja Argentina el pasado 10 de junio. Rawson pertenece a una familia de médicos y su padre es un importante doctor estadounidense, Aman Rawson.

Nació el 27 de junio de 1821 en San Juan, donde realizó sus primeros estudios. A los 18 años se mudó a Buenos Aires donde, en colegios jesuitas, se distinguió en las áreas científicas. Egresó de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires en 1844, con mención de honor.

Regresó a San Juan ya como un médico de renombre y comenzó a militar en política. Se lo designó para ocupar una banca en la legislatura, desde la cual se opuso con vehemencia al gobernador de facto de la provincia, el caudillo Naza-rio Banavídez. Esta postura política le valió la cárcel en 1853, pero siguió defendiendo el valor de la democracia. Mantuvo esa postura mientras ocupó los cargos de senador, ministro del Interior y presidente interino, siempre defendiendo la legalidad y las libertades cívicas.

Como diputado, en el Congreso de Paraná, se destacó por su oposición a Justo José de Urquiza.

En 1862, el presidente Bartolomé Mitre lo nombró Ministro de Interior y desde so ministerio asistió a Marcos Paz cuando Mitre dejó el gobierno para encabezar los ejércitos de la Triple Alianza. Durante unos meses de 1868, quedó solo al frente de la primera magistratura, tras la muerte de Paz.

Por la ley de amnistía general, tratada en 1875, sostuvo una fuerte polémica con Domingo Sarmiento desde sus respectivas bancas del Senado. Pero su intensa actividad pública no lo hizo desatender el ejercicio de la medicina.

Se convirtió en el primer catedrático de Higiene Pública en el país, luego se lo nombró miembro de la Academia de Medicina y en 1876 representó a la Argentina en el Congreso de Filadelfia, con un destacado estudio sobre la higiene pública de la ciudad, que fue el más completo que se realizó sobre el tema.

La importancia de este trabajo es que despierta el interés por los estudios de higiene y su carácter social y vinculado con el aspecto demográfico.

Rawson redactó proyectos para modificar la urbanización de Buenos Aires para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. También planificó medidas variadas para el control de los alimentos y la higiene urbana. Ese año fue nombrado Académico de Honor de la Facultad de Medicina. Gracias a que el presidente Nicolás Avellaneda ratificó el Convenio de Ginebra, recientemente se dio lugar a la fundación de la Cruz Roja Argentina.

CRÓNICA II: Primera Operación Abdominal en Argentina

El día 22 de abril de este año se practicó la primera operación abdominal en Buenos Aires. El cirujano que la realizó es el escocés John A, Alston. Se trató de unaovariotomía.eneldomiciliode la enferma, y se usó el éter como anestésico. Esta operación se viene realizando desde hace poco en Inglaterra, Francia y los Estados Unidos con la misma anestesia.

Laactividadquirúrgicayelusode la anestesia en nuestro medio se vienen desarrollandodesde hace unos añostantoen el Hospital General de Hombres como en el de Mujeres. El Hospital de Hombres cuenta ya con 400 camas, aunque susantiguos pabellones están en pésimas condiciones de higiene. Se han comenzado las gestiones para la adquisición de terrenos adecuados donde se pueda construir nuevos edificios para el nosocomio destinado a los varones, como lo disponen las leyes pertinentes.

Cabe recordar que tras la expulsión de los jesuítas en 1767, los betlehemitasaprovecharon para solicitar la construcción de un hospital más amplio y moderno en los terrenos que aquellos poseían. Fue llamado Hospital General de Hombres y es el que todavía hoyestáen uso en las condiciones descriptas. En 1863 se creó en ese hospital una sala para oficiales del ejército, que luego se transformó en el primerhospital militar y,en laparte noroeste de la convalecencia, se abren las puertas para el Hospital para Hombres Dementes.

A fines deesemismoañose logró habilitar una sección de la nueva Casa de Dementes, con capacidad provisoria para 123 enfermos Se trasladaron allílos alienados más peligrosos e incómodos, quedando en el cuadro del hospital los demás, incesantemente aumentados. Su aspecto y su hacinamiento hacen imprescindiblelaagilizacíón délos trámites y laconstrucción del nuevo Hospital General de Hombres.

Medicamentos Antiguos Medicinas Milagrosas Primeras Civilizaciones

Medicamentos Antiguos Medicinas Milagrosas

Desde la época cavernaria el hombre sintió la necesidad y procuró la forma de obtener remedios para combatir las enfermedades que lo aquejaban. En un comienzo esos logros fueron resultado de una «medicina sobrenatural»; conformada por extraños y muchas veces inhumanos rituales, “Pases mágicos” y maniobras tramposas, hasta que se llegó a los productos naturales, que casi siempre eran mas peligrosos e insoportables que el propio padecimiento.

INTRODUCCIÓN: Existieron incontables tribus primitivas que además de la necesidad de la aplicación de emplastos y sustancias curativas acompañaron la medicación con palabras mágicas, «pases de manos» y hasta danzas en ofrenda a los dioses, quienes creían , eran los que tenían la última palabra acerca de los efectos de la medicina y, por lo tanto, del destino de los enfermos.

Medicamentos Antiguos Medicinas Milagrosas Prueba de lo antedicho fue el hallazgo de textos de los babilonios datados en el siglo l a. de C. y asentados en la biblioteca de Asurbanipal (669-627) (imagen) en Nínive.

Allí se recogieron infinidad de recetas en manuales” escritas sobre tablillas de barro y que, seguramente, muchas datan del II milenio a de C. En dichos documentos se pueden leer los síntomas de la enfermedad, el remedio para tratarla y el procedimiento para la elaboración del medicamento y hasta la diferenciación por usos internos y externos.

Para uso interno los babilonios tenían como vehículo de sus medicinas vino, cerveza, leche, aceite o agua. Hasta aquí los pacientes babilonios no presentaban mayores problemas para la ingerirlos, pero el sacrificio comenzaba cuando a esas bases se les agregaban semillas, raíces, hojas, tallos, frutos y hasta materias minerales y animales, que solían ir desde una frágil paloma hasta un repugnante roedor o reptil.

Por suerte, para los pacientes de la época sus contemporáneos habían inventado las píldoras, evitando con su ingesta si no una posible muerte por la enfermedad misma, al menos una más segura por la repulsa digestiva de las pretendidas panaceas.

Para el uso externo, los babilonios se valían, fundamentalmente, de emplastos y vendajes que se aplicaban sobre pomadas elaboradas en base a grasas de cualquier animal que anduviera sobre la tierra y debajo de ella: sebo, aceite a mantequilla, con la adición de drogas machacadas. Dicho menjunje, después de un tiempo de tratamiento y teniendo en cuenta el clima de la región, proporcionaba al enfermo ambulatorio un hedor insoportable, creándose de esa manera una especie de cuarentena desodorante.

También los médicos del Asia Menor —sobre todo en Egipto— no sólo utilizaron el “excremento oficinal” del hombre y animales, sino que también agregaron a sus pócimas los excrementos de las moscas depositados sobre las paredes. Por su parte, los chinos también hicieron uso de lo que la historia ha denominado “farmacia inmunda”, tanto que para combatir las psicosis recomendaban un remedio compuesto por excrementos humanos, dejados reposar en un recipiente encerrado en la tierra durante tres años.

Para combatir la pulmonía utilizaban el regalíz (raíz o palo dulce) mezclado con amoníaco, luego se introducía la mezcla en una caña de bambú y se guardaba en un retrete durante tres años, cubierto por heces. A pesar de las medicinas descriptas (algunas tan insoportables como la propia enfermedad) los babilonios estaban de tal manera adelantados que conocían el uso de tampones, supositorios, la extracción de sangre mediante sanguijuelas, vomitivos (a veces constituidos por los mismos específicos con que trataban algunas enfermedades) y los baños de vapor.

Fuente Consultada: Revista «Todo es Historia» Nota de Juan Ángel del Bono

Historia del Descubrimiento de las Vitaminas y Propiedades

Historia del Descubrimiento de las Vitaminas y Propiedades

Las vitaminas han sido uno de los hallazgos más sorprendentes del comienzo de este siglo. Casimir Funk abrió el camino por donde transitaron otros investigadores que aislaron otras vitaminas indispensables para el metabolismo orgánico. En 1911 pudo determinar el principio activo proveniente de la cáscara del arroz, bloqueaba una grave enfermedad, el beríberi. Esta desde entonces, la vitamina B. El estudio de este compuesto se constituyó en un polo de atracción para científicos, quienes descubrieron nuevas vitaminas, qui fueron sintetizadas y purificadas.

Vitaminas y hormonas:

La diabetes es una enfermedad tan antigua como la humanidad. En muchos casos, los síntomas son leves e incluso pasan inadvertidos; pero en los casos graves, la mayor predisposición a contraer diversas infecciones, el adelgazamiento progresivo y la paulatina pérdida de las funciones del organismo pueden conducir a la muerte. El descubrimiento de un tratamiento eficaz para esta extendida enfermedad fue uno de los principales triunfos logrados por la medicina en el transcurso de los años 20.

Para entonces, la investigación desarrollada en varios países había permitido establecer la naturaleza de la enfermedad. Su causa esencial consiste en que unos grupos celulares del páncreas, los islotes de Larigerhans, dejan de secretar una sustancia que regula el metabolismo del azúcar.

En 1920, Frederick Grant Banting, un joven cirujano ortopédico, abrió su consulta en la dudad canadiense de Toronto y obtuvo un puesto de auxiliar de fisiología en la Universidad del Este de Ontario, en el laboratorio de John James Richard Macleod. Interesado por la diabetes, solicitó la colaboración de un joven estudiante de medicina, C.H. Best. Tras haber repasado exhaustivamente la bibliografía existente, concibió la idea de que si cerraba los conductos del páncreas, la glándula se atrofiaría con la única excepción de los islotes de Langerhans, residuo que le permitiría extraer la sustancia activa, denominada insulina.

El método resultó adecuado y en enero de 1922 se llevó a cabo con todo éxito la primera prueba clínica de administración del extracto. A partir de entonces, quedaban dos problemas básicos: en primer lugar, el de preparar la insulina en cantidades suficientes y, en segundo lugar, el de idear medios para administrar a los pacientes dosis controladas.

Vitaminas y Hormonas Historia de su DescubrimientoEl problema del suministro quedó parcialmente resuelto mediante el proceso de extracción desarrollado por el joven bioquímico canadiense James Bertram Colhp, que utilizaba como fuente de insulina las glándulas pancreáticas del ganado sacrificado en un matadero próximo.

En 1926, era posible conseguir insulina en forma de cristales puros, lo cual reducía en gran medida las dificultades de la dosificación exacta. A partir de ese momento, la sustancia estuvo al alcance de todos los que la necesitaban.

En 1923, Banting y Macleod compartieron el premio Nobel de fisiología o medicina, honor doblemente importante, ya que es poco frecuente obtener el galardón tan inmediatamente después de realizar el descubrimiento premiado.

Aunque la diabetes se reconocía ya como tal en el siglo u de nuestra era, sólo fue posible controlarla eficazmente gracias al descubrimiento de la insulina, realizado por Banting y Best en 1922. En esta trágica fotografía aparece un niño de 3 años, de apenas 7kg de peso, afectado ese mismo año por la enfermedad.

El descubrimiento de la insulina fue importante en si mismo, porque hizo posible el control eficaz (aunque no la curación) de una grave enfermedad. Pero fue fundamental además como una de las facetas del creciente conocimiento de la fisiología humana y del progreso en e] tratamiento de otras diversas enfermedades similares.

Muchas de las glándulas del organismo secretan sustancias a través de conductos claramente definidos y con una acción más o menos localizada. Pero no todas las glándulas poseen, estos conductos. Las denominadas glándulas endocrinas secretan sustancias fisiológicamente activas que pasan al torrente sanguíneo y ejercen su influencia sobre todo el organismo.

Las sustancias activas producidas por las glándulas endocrinas reciben el nombre de hormonas, término empleado por primera vez en 1905. Las hormonas son esencialmente mensajeros químicos que contribuyen a mantener en equilibrio el complejo metabolismo del organismo.

Los trastornos por exceso o por defecto en la producción de las glándulas endocrinas producen una variedad de síntomas específicos. Así pues, una tiroides hiperactiva, que produce un exceso de tiroxina, causa bocio exoftálmico, mientras que el hipotiroidismo produce alopecia, metabolismo lento y mixedema, una ralentización de las facultades intelectuales. Estos efectos comenzaron a comprenderse a principios de siglo y generaron una nueva rama de la medicina que, en 1909, el médico italiano Nicola Pende denominó endocrinología.

Los progresos en el ámbito de la ciencia médica siguieron dos líneas básicas. En primer lugar, aumentó de forma considerable el conocimiento de cada una de las glándulas endocrinas y de las hormonas que secretan. En segundo lugar, y no menos importante, se llegó a la conclusión de que estas glándulas no actúan individualmente sino de forma coordinada. Desentrañar sus complejas interacciones era, y sigue siendo, una tarea de enorme dificultad.

Uno de los precursores en este campo fue el fisiólogo argentino Bernardo Houssay, que desarrolló las investigaciones de Banting y descubrió que las hormonas secretadas por la glándula hipófisis, un órgano diminuto situado en la base del cráneo, están estrechamente vinculadas con la producción de insulina.

Las hormonas sexuales, producidas por los testículos y los ovarios, ejercen una profunda influencia sobre la actividad sexual y la fertilidad, al mismo tiempo que determinan las características sexuales secundarias, como la presencia de vello facial.

Las hormonas son sustancias químicas notables por su extremado poder fisiológico: cantidades nimias producen efectos considerables, las hay de muy diferente estructura.

La insulina, por ejemplo, es una proteína compleja, mientras que la tiroxina es relativamente simple y destaca por su elevado contenido en yodo. En la pequeña glándula tiroides se puede encontrar hasta un tercio del yodo presente en el organismo. Esta hormona fue sintetizada en 1927.

Una segunda enfermedad de origen hormonal comenzó a ceder ante el tratamiento a fines de los años 20. Era la enfermedad de Addison, un flagelo muy antiguo que sin embargo sólo fue identificado claramente en 1849 por el británico Thomas Addison. Lo único que pudo hacer este médico fue describir el síndrome, pero, de hecho, la enfermedad está causada por la atrofia de las glándulas suprarrenales. Los síntomas más evidentes son debilidad, pérdida de peso y pigmentación de la piel en manchas marrones. En ausencia de tratamiento, el desenlace suele ser la muerte.

En 1929, en Estados Unidos, W.W. Swingte y J.J. Pfiffuer prepararon extractos activos de la glándula y, un año más tarde, comprobaron su eficacia en el tratamiento de la enfermedad de Addison. En 1934, F.C. Kendall consiguió aislar la hormona. En la actualidad, el mal se puede controlar mediante la administración regular de corticosteroides.

Las hormonas se producen en el propio organismo, pero otra clase de productos naturales esenciales, las vitaminas, forman parte de la dieta. Como las hormonas, las vitaminas son notables por una actividad fisiológica extremadamente poderosa. Aunque en muy poca cantidad obran efectos considerables, su carencia puede tener consecuencias con frecuencia graves e incluso mortales.

Al igual que en el caso de las hormonas, los efectos de las deficiencias vitamínicas eran de sobra conocidos mucho antes de que se llegaran a establecer sus causas.

El escorbuto, por ejemplo, se conocía como el mal que afectaba a los marinos, sobre todo en largas travesías sin provisiones frescas. En el siglo XVIII, James Lind (1716-1794) recomendó el uso de zumo de limón para su prevención y tratamiento. Los resultados fueron espectaculares; cuando sus recomendaciones fueron aceptadas (bastante tardíamente, por cierto), el escorbuto prácticamente desapareció de la marina real británica. Una relación similar entre dieta y enfermedad fue descubierta por Christiaan Eijkman en 1890.

En 1909, el bioquímico alemán W.U. Stepp demostró que las grasas químicamente puras carecen de un factor alimentario esencial, identificado más adelante como la vitamina A (1913).

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, se había establecido ya que existía una relación entre la dieta y ciertas enfermedades (algunas muy difundidas y graves), pero todavía no había sido posible determinar la naturaleza de la relación. Para la salud, era importante mantener un equilibrio adecuado de los nutrientes básicos (proteínas, hidratos de carbono y grasas), pero resultaba evidente que había otros factores esenciales, necesarios en cantidades mínimas.

En 1912, el bioquímico polaco Casimir Funk acuñó el término «vitaminas» para designar estos factores esenciales le la dieta, en la errónea creencia de que todos pertenecían a una clase de sustancias químicas llamada aminas. Uno de los pioneros en el estudio de las vitaminas fue Frederick Gowland Hopkins, de la Universidad le Cambridge, que en 1929 compartió el premio Nobel con Eijkman.

Si bien se conocía su función, las vitaminas, no obstante, sólo fueron una abstracción hasta 1926, cuando se aisló la vitamina B1 (cuya carencia produce la enfermedad del beriberi) en forma cristalina pura. Dos años más tarde, también fue aislada la vitamina C (eficaz contra el escorbuto) y en 1933 fue posible sintetizarla. En 1929 se aisló la vitamina K, seguida de la vitamina D en 1931.

El descubrimiento de las vitaminas fue uno de los grandes acontecimientos médicos de los años 20. En la actualidad multitud de vitaminas han encontrado un sitio en la farmacopea mundial. Más aún, ha llegado a ser práctica habitual en la industria alimentaria el refuerzo de ciertos productos, como la margarina y la leche en polvo, con dosis extraordinarias de vitaminas, para asegurarse de que la población las consuma en cantidad suficiente: una medida muy importante de salud pública.

Como las vitaminas difieren enormemente unas de otras en su composición química, no existe una única técnica que permita aislarlas a todas, lo cual se complica por el hecho de que están presentes en muy pequeñas concentraciones (a veces de unas pocas partes por millón), mezcladas con multitud de sustancias diferentes y a menudo irrelevantes. Hay sin embargo dos consideraciones fundamentales.

La primera es encontrar una fuente relativamente abundante: para la vitamina C, Szent-Gyórgyi utilizaba el pimentón húngaro (paprika). La segunda consiste en hallar un organismo adecuado para las pruebas (por lo general un animal pequeño de laboratorio), que permita estudiar la vitamina a través de sucesivas fases de creciente pureza.

ALGO MAS SOBRE LA HISTORIA DE SU DESCUBRIMIENTO:

Los estragos que producía el beríberi en los ejércitos holandeses que operaban en las Indias Orientales, exigían el permanente estudio de los médicos, quienes no encontraban las causas determinantes de la terrible enfermedad, que no atacaba a los indígenas. Durante muchos años se buscó, aunque sin éxito, el microbio que producía el mal y los esfuerzos se reduplicaron en tal sentido. Había que hallarlo. Pero las investigaciones no daban resultado.

Un día, el doctor Christian Eijkman, llegado al lugar con una misión de médicos por recomendación de Koch, como se dedicaba a la cría de pollos, tuvo que dar a sus animales, por falta de otro alimento, arroz blanco, limpio, completamente descascarillado, tal como lo comían los hombres. Un mes después de haber iniciado ese régimen de alimentación, Eijkman advirtió con desagradable sorpresa que sus pollos, antes robustos, eran ahora aves enfermas que apenas podían mantenerse en pie. De pronto el cocinero se negó a seguir suministrando para los pollos el alimento que tenía destinado para los enfermos que se atendían en el hospital allí Instalado.

Las aves volvieron al alimento ordinario y barato: el sucio y oscuro arroz sin descascarillar. Con sorprendente rapidez recuperaron sus fuerzas. Se hicieron investigaciones sobre los hombres.

Los casos de beríberi eran mucho más frecuentes entre los que comían arroz limpio. Eijkman había encontrado por tan fortuitos medios, que la cascarilla de arroz prevenía o curaba el beriberi. Cuando dejó las Indias, el encargado de continuar las investigaciones fue el joven doctor Gerrit Grijns, quien lanzó la teoría de que el beriberi se originaba en la carencia de alguna sustancia que el cuerpo necesitaba.

La causa no estaba en lo que se comía, sino en lo que no se comía. Un día, invitado por el Instituto Lister de Londres, comenzó sus estudios otro joven facultativo, el doctor Casimir Funk, hijo de un dermatólogo polaco. Esto ocurría en 1911 y ese mismo año, Casimir Funk, que siguió investigando las causas determinantes del beriberi y los análisis de la cascarilla de arroz, dio la nota sensacional.

De 312 kilogramos de cascarilla de arroz, extrajo 186 gramos de cristales impuros, pero muy activos. «Aquí está la sustancia que cura el beriberi —anunció—. Un milésimo de onza puede curar en tres horas a una paloma paralítica». Era un compuesto de tipo amina. (Luego se supo que no). Podría llamarse Vital-amina, que para simplificar, sería «vitamina». Y agregó con tono sentencioso: «Creo que debe haber otras vitaminas capaces de curar otras enfermedades, como el escorbuto, el raquitismo y la pelagra».

Se había dado el primer paso realmente importante en la fecunda investigación. Puede decirse que ése fue el punto de partida que llevó finalmente a los más importantes descubrimientos en la lucha contra la muerte por medio de los alimentos. Comprobado que ciertas sustancias indispensables para el organismo se hallaban en los alimentos, había que llegar al régimen dietético adecuado. Se lograría por medio de las combinaciones químicas. Centenares de estudiosos se dedicaron a la investigación.

Así se encontró que la manteca y algunas grasas contienen la sustancia que se llamó Vitamina A, pasando a ser B la descubierta por Casimiro Funk. Una de las últimas vitaminas descubiertas es la llamada biotina, la vitamina H.

Su molécula forma un sistema cíclico de dos anillos pentagonales. Se la suele encontrar en la yema de los huevos, en la sangre y en varios tejidos humanos. Varias enfermedades cuyos orígenes se desconocen tuvieron su génesis en disturbios ocasionados por esta vitamina. Ciertos trastornos cutáneos, la caída del cabello, manifestaciones de cansancio, dolores musculares, la carencia de apetito, son motivados muchas veces por deficiencias vitamínicas de este tipo.

La vitamina K —filoquinona— es una vitamina antihemorrágicos un derivado de la naftoquinona. Puede ser extraída de la harina de pescado y también se la localiza en algunos vegetales como la alfalfa, y en los intestinos se sintetiza Su acción más intensa es su intervención en la síntesis de la protrombina y facilita la coagulación de la sangre Posteriormente se aisló la vitamina E, el tocoferol, la que es muy común hallarla en los vegetales frescos, pero también se la aisla de los aceites de las semillas de algodón. y del maíz, y también de la leche y los huevos.

 Las deficiencias vitamínicas de este tipo ocasionan alteraciones en la reproducción o degeneración de los conductos espermáticos, esterilidad y cambios de la espermatogénesis de las ratas macho, así como alteraciones musculares. En el hombre no se manifiesta su carencia en forma ostensible, pero se la relaciona con los procesos de oxirreducción de los citocromos.

Es necesario destacar el esfuerzo realizado por los bioquímicos en el hallazgo de nuevas vitaminas y en un conocimiento más amplio de las ya descubiertas. Sobre las vitaminas D y D1 se hicieron notables progresos; la primera de origen animal hallada en el aceite de hígado de bacalao, en la yema de los huevos de las aves y, entre los vegetales, en los hongos. La D1 también es aislada de vegetales, aunque no siempre frecuentemente.

Se pudo determinar que su presencia es muy importante en el individuo porque interviene en el metabolismo del fósforo y del calcio, para facilitar la absorción de estos elementos en el intestino. Las deficiencias en la administración de la vitamina D ocasionan osteomalacia, transformaciones en los huesos y el raquitismo con todas las secuelas en las criaturas. Mientras las investigaciones sobre el descubrimiento de nuevas vitaminas se acrecientan en todos los centros de estudio dedicados a este apasionante tema, ya no existe la premiosa necesidad de extraerlas de los animales y vegetales para suplir el déficit parcial o carencial de estas sustancias en el organismo.

La química ha ido conociendo su composición molecular y las pudo reemplazar a tal punto que, elaboradas convenientemente en grageas, o píldoras, o en soluciones, representan una vía muy útil y rápida para combatir las enfermedades ocasionadas por deficiencias en su formación en el organismo humano. He ahí el invalorable aporte que la ciencia presta para lograr generaciones liberadas de dolencias físicas.

Ver: Historia Descubrimiento del ADN

Ver: Historia de la Anestesia

Ver: Historia de las Cirugias

Fuente Consultada:
El estallido científico de Trevor I. Williams
LA RAZÓN 75 AÑOS – 1905-1980 Historia Viva – Las Vitaminas

Los Microorganismos y La Medicina en el Siglo XIX Historia Resumen

Los Microorganismos y La Medicina en el Siglo XIX

Una enfermedad puede aniquilar poblaciones enteras. Desde la Antigüedad se ha intentado entender cómo se propaga y por qué afecta a unas personas y a otras no. Este es el campo de la epidemiología, cuyos hallazgos de los últimos 150 años han tenido un gran impacto en la salud pública.

En 1864, Louis Pasteur demostró que los microorganismos no surgen de forma espontánea (como se creía), sino que su presencia provocaba la infección. Robert Koch aplicó esta idea para explicar la causa de las enfermedades infecciosas y, en 1890, enunció una serie de criterios, los postulados de Koch, que determinan si una enfermedad es causad; por microbios. Estos microorganismos pueder ser aislados a partir de individuos infectados y cultivarse en laboratorio para su identificación a fin de establecer un tratamiento adecuado. En la actualidad han sido identificados numerosos microbios patógenos.

A principios del s. XIX, muchos médicos suscribían la teoría miasmática, que consideraba a los miasmas (los efluvios o los aires malsanos) como causa de enfermedad. Florence Nightingale abogaba por un régimen de aire fresco en sus salas de hospital. Algunos médicos aconsejaron mejorar la higiene, pero fueron ignorados en general. Así, en 1864, el microbiólogo francés Louis Pasteur demostró que unos organismos presentes en el aire provocaban la fermentación de nutrientes líquidos, y el médico alemán Robert Koch halló bacterias en animales que sufrían carbunco.

Esto dio un nuevo enfoque al control de la infección  Si las bacterias -y otros «gérmenes» (microbios patógenos)- podían propagarse de una persona a otra, con la misma facilidad invadirían tina herida abierta, pero podían eliminarse mediante sustancias químicas y no se desarrollabaí en un entorno libre de ellos (estéril).

Jospeh Lister fue el abanderado de la campaña por la eliminación química de los microbios. Lister trató tanto las heridas como el instrumental quirúrgico con ácido carbólico o fénico (también conocido como fenol, usado para desodorizar las aguas residuales), estableciendo así una técnica antiséptica que redujo las infecciones de forma considerable.

El estudio de los microorganismos: Ya en la antigua Roma se redujo la propagación de enfermedades gracias a la construcción de un avanzado sistema de cloacas, pero los estudiosos de la época no sabían el porqué.La respuesta tuvo que esperar al s. XIX y al surgimiento de un nuevo tipo de científico: el epidemiólogo. Fue durante el s. XIX cuando la vaga noción de que las enfermedades infecciosas eran causadas por vapores nocivos, heredada de la Grecia clásica, fue por fin abandonada. Este avance procedía en parte de la obra de científicos como Louis Pasteur y de otros epidemiólogos.

Ignaz Semmelweis fue un médico húngaro que aplicó con éxito uno de los primeros métodos higiénicos para atajar el contagio de enfermedades. En 1847, mientras trabajaba en una meternidad de Viena, instruyó al personal para que se lavara las manos con desinfectante antes de atender a las entes si antes había realizado una autopsia. El resultado fue un drástico descenso de la mortalidad por fiebre puerperal, causada por infecciones contraídas durante el parto. Pese a ello, la teoría de Semmelweis fue ridiculizada, y él despedido. No se recuperó nunca y murió en un manicomio.

Cuando se observaron por primera vez las bacterias, se extendió la idea de que debían ser los más pequeños de los organismos vivos. Sin embargo, poco después, mientras los físicos descubrían que los átomos no eran después de todo las unidades más pequeñas de la materia, se hizo evidente que existían otras formas de vida más pequeñas que las bacterias.

A principios de siglo se descubrió que una serie de enfermedades graves, como la poliomielitis, la liebre aftosa del ganado y el mosaico del tabaco, eran producidas por agentes infecciosos tan pequeños que pasaban a través de los filtros que atrapaban a las bacterias. A diferencia de éstas, no era posible cultivarlos en medios inanimados sino en células vivas como, por ejemplo, en yema de huevo.

En 1915, trabajando en Londres, F.W. Twort descubrió que algunos virus, a los que dio el nombre de bacteriófagos, pueden infectar y destruir bacterias. El servicio militar durante la guerra le impidió proseguir sus investigaciones, que fueron desarrolladas por Félix d’Hérelle, en Francia.

Un microorganismo, también llamado microbio u organismo microscópico, es un ser vivo que sólo puede visualizarse con el microscopio. La ciencia que estudia a los microorganismos es la microbiología. Los microorganismos son formas de vida muy pequeñas que sólo pueden ser observados a través del microscopio. En este grupo están incluidas las bacterias, los virus, los mohos y las levaduras. Algunos microorganismos pueden causar el deterioro de los alimentos entre los cuales se encuentran los microorganismos patógenos, que a su vez pueden ocasionar enfermedades debido al consumo de alimentos contaminados. Adicionalmente, existen ciertos microorganismos patógenos que no causan un deterioro visible en el alimento. Sin embargo, por otro lado existen también algunos microorganismos que son beneficiosos y que pueden ser usados en el procesamiento de los alimentos con la finalidad de prolongar su tiempo de vida o de cambiar las propiedades de los mismos (por ejemplo, para la fermentación llevada a cabo para la elaboración de las salchichas, el yogur y los quesos).
Fuente Consultada: Wikipedia

Los Microorganismos La Medicina en el Siglo XIX

Hasta 1927, año en que Albert Calmette  y Camlile Guerin  del Instituto Pasteur de París, elaboraron la vacuna BCG, no había una protección eficaz contra la tuberculosis. Sin embargo, le vacuna no era una solución para los que ya estaban afectados por el mal, para quienes el único tratamiento conocido era el reposo, el aire puro y los baños de sol.

Según se suponía, este régimen aumentaba el suministro sanguíneo a los pulmones y favorecía la resistencia contra la infección. Los sanatorios de Suiza atraían a muchos enfermos, pero los que no podían pagarlos tenían que recurrir a los establecimientos públicos. En la fotografía, tratamiento de un grupo de nidos afectados de tuberculosis, mediante exposición a rayos ultravioleta (Londres, 1930).

Hasta la llegada de las sulfamidas y los antibióticos, la principal arma contra las enfermedades infecciosas era la inmunización, un sistema de prevención más que un tratamiento. En los años 20, la más mortal de las infecciones endémicas seguía siendo la tuberculosis por lo que la elaboración de una vacuna adecuada, en 1927, constituyó un importante progreso. Sus inventores fueron los biólogos franceses L.C.A. Calmette y Camille Guérin, de ahí el nombre de la vacuna (BCG, «bacilo de Calmette-Guérin»). La vacuna era un derivado de bacilos de la tuberculosis bovina, cuya virulencia había sido reducida mediante cultivo en bilis de buey.

 Uno de los aspectos básicos del tratamiento convencional de la tuberculosis era la luz del sol, y no se regateaban esfuerzos para proporcionárselas a quienes tenían medios para pagarla. Este sanatorio en Aix-les-Bains, al sureste de Francia, constaba de una planta giratoria para que los pacientes estuvieran al sol todo el día. También se creía que las aguas minerales podían tener un efecto benéfico. Sin duda, la localización de este sanatorio se escogió para que tos enfermos pudieran disfrutar de ambos tratamientos.

La tuberculosis puede atacar a diferentes órganos, pero especialmente a los pulmones. Esta enfermedad estaba considerada como uno de los grandes flagelos de la humanidad desde los albores de la historia; sin embargo, hasta la aparición de las vacunas y de fármacos como la isoniacida, muy poco podía hacerse por los afectados.

Los médicos resaltaban los méritos del aire puro y los baños de sol, pero los sanatorios antituberculosos no hacían más que retrasar el desenlace de la enfermedad.

Descubrimiento de la vacunación
Los experimentos del médico británico Edward Jenner indujeron la inmunización de la viruela, no con un activador de la viruela humana, sino de la viruela bovina , y por esta razón se llamó vacunación al proceso. Hasta finales del s. XIX, cuando Louis Pasteur, químico francés, y Robert Koch, médico alemán, demostraron que las causantes de la enfermedad son partículas vivas, se creía que la provocaban miasmas (efluvios o gases malignos) o imprecisos conceptos similares.

Pasteur comenzó sus experimentos para desarrollar activadores inmunitarios, a los que llamó vacunas, y así descubrió en su laboratorio que las bacterias del cólera de un cultivo abandonado se habían debilitado porque el medio en que se estaban cultivando había sido «rechazado»: ya no producían la enfermedad, pero aún activaban la inmunidad.

Esto le impulsó a desarrollar una vacuna contra el cólera en 1879, y en 1881 contra el carbunco, pero su mayor logro fue la de la rabia. Creó una vacuna junto con el médico Émile Roux, pero solamente la habían probado en animales. Entonces Pasteur se arriesgó a un proceso judicial al inocularla a un niño que había sido mordido por un perro rabioso. El niño no desarrolló enfermedad, por lo que Pasteur fue considerado un héroe en su época.

Fuente Consultada: El estallido científico de Trevor I. Williams

La Medicina a Principios del Siglo XX Primera Guerra Mundial Resumen

La Medicina a Principios del Siglo XX

Cirugía y transplantes: Durante el siglo XIX, dos adelantos fundamentales en el ámbito de la cirugía habían contribuido al bienestar del paciente, aumentando además sus probabilidades de supervivencia.

Por un lado, la anestesia permitía que los cirujanos realizaran operaciones mucho más largas y complejas que las posibles con el paciente consciente.

Por otro, la aplicación de técnicas asépticas y, en general, un mayor cuidado de la higiene redujeron en gran medida el riesgo de infecciones postoperatorias, que con demasiada frecuencia resultaban mortales.

A principios del siglo XX, las técnicas eran todavía primitivas y el futuro reservaba grandes progresos, pero estos dos importantes principios ya habían sido establecidos. Aun así, todavía quedaban áreas en las que las intervenciones quirúrgicas resultaban arriesgadas.

Los mayores problemas eran los planteados por los órganos cuya actividad debía mantenerse ininterrumpidamente para conservar la vida del paciente. Un ejemplo básico era la cirugía de tórax, ya que la apertura de la cavidad torácica provocaba el colapso de los pulmones.

Un importante adelanto en este campo fue el logrado por Ferdinand Sauerbruch, nombrado catedrático de cirugía en Zurich en 1910. Sauerbruch diseñó una cámara operatoria especial que dejaba fuera la cabeza del paciente, al cuidado del anestesista.  (Ver: Descubrimiento de las Vitaminas)

El cuerpo del enfermo y el cirujano se situaban en el interior de la cámara, que se mantenía a baja presi6n para evitar el colapso pulmonar.

La técnica fue rápidamente adoptada, pues en Zurich abundaban los afectados de trastornos pulmonares que acudían a los sanatorios de las montañas.

muestra de una cirugia

El trasplante d. órganos sólo se convirtió en una práctica relativamente segura a fines del siglo XX, poro gran parte de su éxito se debio al trabajo del cirujano y fisiólogo francés Alexls Carral. Aparte de los problemas del rechazo una do las principales dificultades consistía en suturar los pequeños vasos sanguíneos para restablecer la circulación. Carrel resolvió este problema y obtuvo por ello el premio Nobel en 1912. A partir de entonces, se trasladó al Instituto Rockefeller de Nueva York, donde desarrolló, durante la guerra, una técnica para tratar heridas profundas mediante Irrigación constante. En la fotografía aparece haciendo una demostración de su técnica, hacia el final de la guerra.

En 1908, F. Trendelenburg intentó tratar quirúrgicamente una embolia pulmonar (obstrucción de los tejidos pulmonares), pero la técnica no llegó a dominarse hasta 1924. Para los pacientes con los músculos respiratorios gravemente afectados (por ejemplo, a consecuencia de una poliomielitis), el «pulmón de acero» inventado por P. Drinker en 1929 constituyó un gran progreso.

Sin embargo, para los afectados de trastornos cardiacos era muy poco lo que podía ofrecer un cirujano.

La bibliografía médica contenía referencias ocasionales de operaciones con éxito en pacientes que habían sufrido heridas de arma blanca o accidentes similares, pero los enfermos crónicos tenían pocas esperanzas.

La introducción de la simpatectomía (extirpación de parte del sistema nervioso simpático) como tratamiento para la angina, intentada por el cirujano rumano Thoma lonescu en 1916, fue un paso pequeño pero muy significativo.

Aunque la cirugía intracraneana se practicaba desde los tiempos más remotos (algunos cráneos hallados en yacimientos prehistóricos revelan trepanaciones con supervivencia del paciente, tal vez como tratamiento para fracturas de la caja craneana, incluso en el siglo XIX el índice de mortalidad de los pacientes seguía siendo muy elevado.

En la mayoría de los casos, esto se debía a que se aplicaban los métodos de la cirugía general. Los progresos sólo comenzaron cuando se desarrollaron técnicas más especializadas, sobre todo gracias a los trabajos de Harvey Cushing en Estados Unidos.

La Medicina a Principios del Siglo XX

La fabricación de miembros artificiales se convirtió en una importante industria. Aparecieron algunas empresas especializadas y otras diversificaron sus producción para abarcar el sector ortopédico. La gran demanda determino progresos en el diseño sobre todo de articulaciones

El secreto de su éxito residía en un diagnóstico previo excepcionalmente completo, con métodos especializados, y en unas operaciones meticulosamente cuidadosas, en las que a menudo invertía muchas horas.

Obtuvo resultados especialmente buenos en el tratamiento de tumores cerebrales y de los nervios acústico y óptico.

Realizó además un detenido estudio de la glándula hipófisis, localizada en la base del encéfalo, que es tal vez la más importante de las glándulas endocrinas (secretoras de hormonas), ya que influye sobre todas las demás.

La reputación de Cushing atrajo discípulos de todo el mundo, que luego regresaban a sus países para fundar clínicas donde aplicaban sus métodos.

Mientras se desarrollaban técnicas de neurocirugía para tratar las perturbaciones patológicas del cerebro y el sistema nervioso, otros investigadores ensayaban métodos más sutiles para diagnosticar y tratar los trastornos de la mente.

En París, J.M. Charcot (1825-1893) había desviado su atención de las enfermedades del sistema nervioso para concentrarse en los problemas de la conducta humana, en especial, la histeria.

Entre sus discípulos, a fines del siglo XIX, figuraba el austriaco Sigmund Freud, padre del psicoanálisis.

Ridiculizado al principio, su concepto del psicoanálisis, desarrollado con CG. Jung, A. Adler y otros, obtuvo finalmente amplia aceptación, y en 1910 se fundó la Asociación Psicoanalítica Internacional. Freud fue nombrado miembro extranjero de la Royal Society inglesa en 1936.

Durante muchos años prosiguió la enseñanza y las investigaciones, hasta que en 1938 se vio obligado a abandonar Viena como consecuencia de la ocupación nazi de su país, instalándose en Londres, donde siguió trabajando hasta su muerte.

En este campo, los enfoques experimentales convencionales revestían escasa validez, por lo que se hacía necesario encontrar otros nuevos.

Entre ellos estaba el famoso test de manchas de tinta, que permitía el estudio de la inteligencia, las emociones y la personalidad, ideado por el psiquiatra suizo Hermann Rorschach en 1921.

Durante el siglo XX, las operaciones de trasplante de órganos se convirtieron en un aspecto normal, aunque altamente especializado, de la práctica médica.

Durante los primeros años del siglo se realizaron importantes contribuciones a este campo. Uno de los precursores fue Alexis Carrel, que trabajó en el Instituto Rockefeller de Nueva York.

Allí suscitó un considerable interés por los trasplantes de órganos que, entre otros problemas, planteaban la dificultad de restablecer una corriente sanguínea hacia el órgano trasplantado; el desenlace más frecuente de las operaciones anteriores había sido la trombosis (formación de coágulos) o la estenosis (estrechamiento de los vasos sanguíneos).

Carrel superó estos problemas mediante el desarrollo de nuevas técnicas de sutura de los vasos sanguíneos, que le permitieron extirpar órganos de animales y volver a colocarlos en su posición original.

Al trabajar con un solo animal, evitaba el rechazo, uno de los principales problemas del trasplante en pacientes humanos.

Carrel realizó además trabajos innovadores en el campo del cultivo de tejidos. Consiguió mantener células vivas en una solución nutriente, mucho después de que muriera el animal del que habían sido extraídas.

Bastante más adelante, en 1935, inventó un corazón mecánico, capaz de mantener la circulación durante la Cirugía cardiaca.

En el tratamiento de las enfermedades infecciosas, la opinión médica de la época favorecía el uso de vacunas, terreno en el que ya se había registrado una serie de éxitos y que todavía reservaba algunos más.

Un adelanto fundamental fue la introducción de la vacuna BCG en 1927 para la protección contra la tuberculosis. Por el contrario, la experiencia con los agentes químicos había sido decepcionante.

El salvarsán y el neosalvarsán habían demostrado ser eficaces Contra la sífilis, pero los efectos secundarios eran graves y en numerosas ocasiones mortales. En 1924, los químicos alemanes produjeron la plasmoquina, una alternativa sintética a la quinina, sustancia antipalúdica largamente utilizada.

 Así pues, la historia de los agentes químicos no resultaba demasiado impresionante; pero con la ventaja que da la perspectiva del tiempo, es posible apreciar que la situación estaba empezando a cambiar. En 1927,

G. Dornagk, director de los laboratorios de patología y bacteriología experimental de la gran empresa química alemana LG. Farben, tuvo el suficiente optimismo para emprender una búsqueda sistemática de agentes químicos que pudieran controlar algunas de las enfermedades más graves del género humano, como la meningitis, la tuberculosis y la neumonía, siendo esta última particularmente temida como «el capitán de las huestes de la muerte».

Los progresos fueron lentos, pero la confianza y la paciencia encontraron su recompensa en 1932, con el descubrimiento del primer fármaco del grupo de las sulfamidas, un acontecimiento auténticamente revolucionario. En 1928 se hizo otro descubrimiento que, aunque en ese momento pasó prácticamente inadvertido, estaba destinado a ser todavía más revolucionario. Ese año, el bacteriólogo británico Alexander Fleming descubrió la penicilina.

Historia de la Vacuna Contra Poliomielitis

Ver: Historia Descubrimiento del ADN

Fuente Consultada: El estallido científico de Trevor I. Williams

Medicina en el Imperio Romano Medicos en Roma Antigua

LA MEDICINA EN EL IMPERIO ROMANO

(SIGLOS III A.C. a VI D.C.) 

INTRODUCCIÓN:

EN EL año 332 a.C., después de la conquista de Egipto, cuando Alejandro Magno buscaba un sitio para fundar una de las 17 Alejandrías que estableció durante sus campañas de conquista en Oriente, tuvo un sueño en el que un hombre viejo recitaba unos versos sobre una isla llamada Faros. Convencido de que el viejo de su sueño había sido Homero, que le aconsejaba el mejor sitio para su nueva ciudad, Alejandro visitó la isla, situada cerca de la orilla del Mediterráneo, al oeste del delta del Nilo, pero resultó demasiado pequeña para sus planes.

Entonces escogió la costa de Egipto que estaba frente a la isla y ahí fundó su ciudad, que creció rápidamente. Alejandro nunca la vio, porque unos tres meses después inició su viaje a la India y sólo regresó después de su muerte, a ocupar su mausoleo.

Cuando murió Alejandro, en el año 323 a.C., tres de sus generales macedonios fundaron dinastías importantes para el desarrollo ulterior de la cultura helenística: Antígono I, en Asia Menor y Macedonia, Seleuco I, en Mesopotamia, y Ptolomeo Soter, en Egipto.

Este último estableció la XXXI Dinastía de los Ptolomeos, se proclamó faraón y tomó residencia en Alejandría; la ciudad se hizo rica gracias al intenso comercio marítimo que sostenía con el resto de las poblaciones mediterráneas, y por la misma razón era cosmopolita. En sus calles se mezclaban griegos, macedonios, sirios, persas, romanos, judíos, árabes y hasta algunos egipcios; a pesar de su localización geográfica, Alejandría tuvo muy poco que ver con el resto de Egipto.

Durante el reinado de Ptolomeo I, que duró casi 50 años, se establecieron las tres instituciones que harían a esa ciudad tan importante como Roma en los siglos III-I a.C., y que le darían un sitio privilegiado en la historia de la cultura occidental: el faro, el museo y la biblioteca.

El faro de Alejandría, que se dice alcanzaba casi 150 m de altura  terminaba con una estatua de Ptolomeo I de más de 7 m de altura que se movía con el viento, o sea que funcionaba como veleta; considerado como una de las siete maravillas del mundo, se derrumbó con un temblor en el siglo XIV. La casa de las Musas o Museo, construido y sostenido en su totalidad con fondos reales, funcionaba como un instituto de investigación humanística, artística y científica, abierto a los estudiosos de prestigio y a sus alumnos sin restricciones ni geográficas ni raciales.

La Biblioteca se inició adquiriendo colecciones famosas y se enriqueció gracias a ciertas leyes arbitrarias; por ejemplo todos los viajeros que llegaban a la ciudad debían declarar y entregar los libros que poseían, el Estado los copiaba, devolvía las copias a los propietarios y se quedaba con los originales.

De esta manera, la biblioteca alcanzó dimensiones legendarias; se dice que llegó a tener más de 700 000 libros (o rollos de papiro).

Esto, junto con las espléndidas instalaciones del Museo, atrajo a literatos, filósofos, artistas y científicos, entre los que estuvieron Calímaco, Apolonio de Rodas, Teócrito de Siracusa, Erastótenes de Cirena, Euclides y su alumno Arquímedes de Siracusa, y para nuestro interés, que es la historia de la medicina, Herofilo de Calcedonia y Erasístrato de Chios.

HERÓFILO Y ERASÍSTRATO

Según Galeno, Herófilo fue el primero en disecar tanto animales como seres humanos, lo que seguramente se refiere a disecciones públicas, ya que Diocles de Caristo probablemente ya lo había hecho un siglo antes en Atenas. Herófilo era un profesor muy popular que escribió libros acerca de anatomía, ojos y los partos, pero sus escritos se perdieron; de todos modos, sus contribuciones fueron numerosas.

Reconoció que el cerebro es el sitio de la inteligencia (en lugar del corazón, como creía Aristóteles ) distinguió entre los nervios motores y los sensoriales, describió las meninge y dejó su nombre en la presa de Herófilo, separó al cerebro del cerebelo, identificó el cuarto ventrículo y bautizó al calamus scriptorius porque le recordó a la pluma con que escribían los griegos de entonces. También les dio su nombre a la próstata y al duodeno, distinguió entre arterias y venas, y describió los vasos quilíferos.

Erasistrato era más joven pero contemporáneo de Herófilo y sus obras también se perdieron; lo que se sabe de él se debe a Galeno, quien escribió dos libros en su contra. Erasístrato profesaba la medicina racionalista y se oponía a todo tipo de misticismo, aunque concebía que la naturaleza actuaba en forma externa para configurar las funciones del organismo; en esto se oponía al concepto de «esencia» de Aristóteles, que actuaba como una fuerza interna o innata Erasístrato concebía que los tejidos estaban formados por una malla fina de arterias, venas y nervios, pero pensó que en algunos los intersticios se llenaban con elparénquima.

Trazó el origen de los nervios primero a la dura madre, pero posteriormente se corrigió e identificó al cerebro como su terminación; consideró que los ventrículos cerebrales contenían un espíritu animal y que los nervios lo conducían a los tejidos. Pensó que, en el corazón, el ventrículo derecho contenía sangre y el izquierdo espíritu vital o pneurna; durante la diástole llegaría sangre al ventrículo derecho y pneuma al izquierdo, que se expulsarían en la sístole.

Erasístrato nombró a la válvula tricúspide y señaló con claridad la función de las dos válvulas aurículo-ventriculares y de las semilunares; según Singer, también imaginó la comunicación entre venas y arterias para explicar por qué las arterias aparecen vacías en el cadáver y sin embargo sangran cuando se cortan en el vivo. Por eso ciertos historiadores concluyen que Erasístrato estuvo a punto de descubrir la circulación sanguínea, lo que no ocurrió sino hasta 1628.

Celso (ca. 30 a.C.), Tertuliano (155-222 d.C.) y san Agustín (354-430 d.C.) acusaron a Herófilo y a Erasístrato de haber disecado hombres vivos, criminales condenados a muerte que les fueron facilitados por el faraón; Tertuliano dice que Herófilo era «un carnicero que disecó a 600 personas vivas». Tales acusaciones son poco probables, si consideramos que:

1) siempre ha habido prejuicios, especialmente religiosos, en contra de las disecciones y a través de la historia se han hecho acusaciones semejantes a otros anatomistas, como Carpi, Vesalio y Falopio;

2) ninguno de los acusadores era médico y dos de ellos eran religiosos,

3) nadie más repitió la acusación, incluyendo a Galeno, quien criticó a los anatomistas alejandrinos por otras muchas razones.

Al cabo de un siglo de gran productividad humanística y científica, la energía alejandrina empezó a agotarse. En el año 95 d.C., durante una revuelta entre griegos y judíos el Museo fue destruido. Aunque se cambió a un templo cercano, en el año 391 una turba cristiana saqueó el templo, quemó la biblioteca y convirtió los restos en una iglesia. Del museo y de la biblioteca no quedó nada.

ROMA

Desde hacía un par de siglos la vida cultural se había mudado a Roma. Al librarse de la dominación etrusca, a fines del siglo V a.C., Roma inició una serie de cambios políticos y legislativos que llevaron a los plebeyos a alcanzar la igualdad con los patricios en el laño 287 a.C. El último bastión etrusco, la ciudad de Veii, muy cercana a Roma, fue conquistado en 392 a.C., con lo que Roma casi duplicó su tamaño. En el año 387 a.C. los galos derrotaron al ejército romano, invadieron e incendiaron Roma, pero ésta se recuperó y para el año 338 a.C., no sólo había expulsado a los galos sino que dominaba todo el territorio central de Italia.

El enfrentamiento con Pirro, rey de Epiro, terminó con su fainosa victoria «pírrica», que lo obligó a retirarse a Sicilia en el año 275 a.C., con lo que Roma dominó desde el río Po en el norte hasta la punta de la bota italiana. Las tres guerras púnicas, que con intervalos ocuparon a Roma durante más de 100 años (264-146 a.C.) y terminaron con la destrucción de Cartago, así como las tres guerras macedonias y la campaña de España, que ocurrieron en el mismo lapso (215-134 a.C.) tuvieron como consecuencia la expansión de Roma fuera de la península de Italia.

La organización administrativa y política de la República romana había surgido de las necesidades y aspiraciones de Roma como Ciudad-Estado, pero el crecimiento desmesurado requería otra estructura, que no tardó en imponerse en forma del Imperio romano.

La medicina en Roma también tuvo un desarrollo inicial esencialmente religioso. En los altos del Quirinal había un templo a Dea Salus, la deidad que reinaba sobre todas las otras relacionadas con la enfermedad, entre las que estaban Febris, la diosa de la fiebre, Uterina, que cuidaba de la ginecología, Lucina, encargada de los partos, Fessonia, señora de la debilidad y de la abstenía, etc. Plinio el Viejo, dice con orgullo que la antigua Roma era sine medicis… nec tamen sine medicina, o sea «saludable sin médicos pero no sin medicina».

El estado de la práctica médica en esos tiempos puede apreciarse por la recomendación de Catón para reducir luxaciones: recitar huant hanat huat ista pista sista domiabo damnaustra, lo que no quiere decir absolutamente nada, y por su panacea para las heridas: aplicar col molida. Como en otras culturas, la medicina sobrenatural romana conservó su vigencia y su popularidad hasta mucho después de la caída del Imperio romano; su naturaleza esencialmente religiosa le permitió integrarse con las teorías médicas que surgieron en el Imperio bizantino y que prevalecieron durante toda la Edad Media.

En el año 293 a.C. una terrible plaga asoló Roma. Alarmados por su gravedad e indecisos sobre la solución, los ancianos consultaron los libros sibilinos; la respuesta fue que buscaran la ayuda del dios griego Asclepios, en Epidauro. La leyenda dice que se envió un navío especial, que el dios aceptó la solicitud y viajó a Roma en forma de serpiente, que cuando llegó se instaló en una isla del Tíber, y que la plaga terminó. Los romanos agradecidos le construyeron un templo al dios y lo conocieron con el nombre de Esculapio.

El primer médico griego que llegó a Roma en el año 219 a.C. se llamaba Archágathus y al principio tuvo mucho éxito, pero como se inclinaba a usar el bisturí y el cauterio con excesiva frecuencia, su popularidad decayó. Casi un siglo más tarde otro médico griego, Asclepíades de Prusa (124-50 a.C.) conquistó a la sociedad romana con su oratoria brillante, su parsimonia terapéutica y su oposición a las sangrías.

Asclepíades adoptó la teoría atomista de Demócrito, que Lucrecio había puesto de moda en esa época con su poema De re natura, pero no insistía en los aspectos más teóricos de la medicina griega sino más bien en el manejo práctico de cada paciente; de todos modos, sus sucesores lo consideraron como el iniciador de una escuela opuesta al humoralismo hipocrático, que se conoció como el metodismo (vide infra).

Asclepíades manejaba una terapéutica mucho menos agresiva que la de los otros médicos griegos: sus dietas siempre coincidían con los gustos de los pacientes, evitaba purgantes y eméticos, recomendaba reposo y masajes, recetaba vino y música para la fiebre y sus remedios eran tan simples que le llamaban el «dador de agua fría». E

s interesante que Asclepíades no llegó a Roma como médico sino como profesor de retórica, pero como no tuvo éxito en esta ocupación decidió probar su suerte con la medicina, o sea que no tenía ninguna educación como médico antes de empezar a ejercer como tal. Su éxito revela el carácter eminentemente práctico de la medicina romana, lo que también explica que otro lego en la profesión, Aulio Cornelio Celso (ca. 30 a.C. 50 d.C.) haya escrito De Medicina, el mejor libro sobre la materia de toda la antigüedad.

Este libro formaba parte de una enciclopedia, De Artibus, que también trataba de agricultura, jurisprudencia, retórica, filosofía, artes de la guerra y quizá otras cosas más, pero que se perdieron. Por fortuna, en 1426 (!13 siglos después!) se encontraron dos copias completas de De Medicina, que fue el primer libro médico que se imprimió con el invento de Gutenberg, en 1478, y el único texto completo de medicina que nos llegó de la antigüedad, porque (según Majno) el papiro de Smith se detiene en la cintura y el Corpus Hipocráticum es una mezcla caótica de textos de muy distinto valor.

CELSO

El libro de Celso es hipocrático pero está enriquecido con conceptos alejandrinos y también hindúes. Está dividido en tres partes, según la terapéutica utilizada: dietética, farmacéutica y quirúrgica. Celso describe y critica a los empiristas y a los metodistas, porque los primeros pretenden curar todas las enfermedades con drogas, mientras los segundos se limitan a dieta y ejercicios. De Medicina contiene suficiente anatomía para convencernos de que Celso estaba al día en esta materia, pero no demasiada porque el libro estaba dirigido al médico práctico.

Entre las causas de las enfermedades menciona las estaciones, el clima, la edad del paciente y su constitución física. Los síntomas discutidos, como fiebre, sudoración, salivación, fatiga, hemorragia, aumento o pérdida de peso, dolor de cabeza, orina espesa, y muchos otros, se analizan conforme a la tradición hipocrática; la descripción de los distintos tipos de paludismo es magistral.

En otras páginas se encuentran el lethargus, enfermedad caracterizada por sueño invencible que progresa rápidamente hacia la muerte, la tabes, que seguramente incluye a la tuberculosis y otras formas de caquexia, las jaquecas de distintos tipos, el asma, la disnea, la neumonía, las enfermedades renales, las gástricas, las hepáticas, las diarreas, etc.

Las medidas dietéticas e higiénicas que recomienda Celso para estos padecimientos son hipocráticas: ejercicio moderado, viajes frecuentes estancias en el campo, abstención de ejercicios violentos, de relaciones sexuales y de bebidas embriagantes. Deben evitarse los cambios bruscos de dieta o de clima, y preferirse las medidas para bajar de peso (una comida al día, purgas frecuentes, baños en agua salada, menos horas de sueño, gimnasia y masajes); las recomendaciones dietéticas ocupan la mitad del segundo libro y la hidroterapia se discute extensamente. Celso divide las drogas conocidas según sus efectos en purgantes, diaforéticas, diuréticas, eméticas, narcóticas, etc.; la acción anestésica del opio y la mandrágora (que con, tiene escopolamina y hioscianina) ya era bien conocida. La mejor parte del libro de Celso es la quirúrgica, que ocupa los libros VII y VIII, en ella dice: 

La tercera parte del arte de la medicina es la que cura con las manos […] no omite medicamentos y dietas reguladas, pero hace la mayor parte con las manos […] El cirujano debe ser joven o más o menos, con una mano fuerte y firme que no tiemble, listo para usar la izquierda igual que la derecha, con visión aguda y clara, y con espíritu impávido. Lleno de piedad y de deseos de curar a su paciente, pero sin conmoverse por sus quejas o sus exigencias de que vaya más aprisa o corte menos de lo necesario; debe hacer todo como silos gritos de dolor no le importaran.

Celso discute el manejo de las heridas y señala que las dos complicaciones más importantes son la hemorragia y la inflamación, lo que era realmente infección. Para la hemorragia recomienda compresas secas de lino, que deben cambiarse varias veces si es necesario, y si la hemorragia no cesa, entonces mojarlas en vinagre antes de aplicarlas. Pero si todo esto falla, hay que identificar la vena que está sangrando, ligarla en dos sitios y seccionaría entre las ligaduras. Celso recomienda aplicar a la herida distintos medicamentos compuestos de acetato de cobre, óxido de plomo, alumbre, mercurio, sulfuro de antimonio, carbón seco, cera y resma de pino seca, mezclados en aceite y vinagre; otros componentes recomendados (Celso propone 34 fórmulas diferentes) son sal, pimienta, cantáridas, vino blanco, clara de huevo, ceniza de salamandra, heces de lagartija, de pichón, de golondrina y de oveja.

LA MEDICINA ROMANA

La medicina romana era esencialmente griega, pero los romanos hicieron tres contribuciones fundamentales:

1) los hospitales militares,

2) el saneamiento ambiental, y

3) la legislación de la práctica y de la enseñanza médica.

1) Los hospitales militares o valetudinaria se desarrollaron como respuesta a una necesidad impuesta por el crecimiento progresivo de la República y del Imperio. Al principio, cuando las batallas se libraban en las cercanías de Roma, los enfermos y heridos se transportaban a la ciudad y ahí eran atendidos en las casas de los patricios; cuando las acciones empezaron a ocurrir más lejos, sobre todo cuando la expansión territorial sacó a las legiones romanas de Italia, el problema de la atención a los heridos se resolvió creando un espacio especialmente dedicado a ellos dentro del campo militar. La arquitectura de los valetudinaria era siempre la misma: un corredor central e hileras a ambos lados de pequeñas salas, cada una con capacidad para 4 o 5 personas Estos hospitales fueron las primeras instituciones diseñadas para atender heridos y enfermos; los hospitales civiles se desarrollaron hasta el siglo IV d.C., y fueron producto de la piedad cristiana.

2) El saneamiento ambiental se desarrolló muy temprano en Roma, gracias a las obras de la cloaca máxima, un sistema de drenaje que se vaciaba en el río Tíber y que data del siglo VI a.C. En la Ley de las Doce Tablas  (450 a.C.) se prohiben los entierros dentro de los límites de la ciudad, se recuerda a los ediles su responsabilidad en la limpieza de las calles y en la distribución del agua. El aporte de agua se hacía por medio de 14 grandes acueductos que proporcionaban más de 1 000 millones de litros de agua al día, y la distribución a fuentes, cisternas y a casas particulares era excelente, pero en los barrios menos opulentos no tan buena.

El agua se usaba para beber y para los baños, una institución pública muy popular y casi gratuita; también se colectaba el agua de la lluvia, que se usaba para preparar medicinas. En general, las condiciones de higiene ambiental en Roma eran tan buenas como podía esperarse de un pueblo que desconocía por completo la existencia de los microbios.

3) Durante la República la mayoría de los médicos eran esclavos o griegos, o sea, sujetos en una posición subordinada, pero en el Imperio (ca. 120 d.C.) Julio César concedió la ciudadanía a todos lo que ejercieran la medicina en Roma.

Reconstrucción de un hospital militar romano, valetudinaria, que forma parte de un campamento en la frontera (tomado de Majno). 

Además, se estableció un servicio médico público, en el que la ciudad contrataba a uno o más médicos (archiatri) y les proporcionaba local e instrumentos para que atendieran en forma gratuita a cualquier persona que solicitara su ayuda. Los salarios de estos profesionales los fijaban los consejeros municipales. También se organizó el servicio médico de la casa imperial, y muchos de los patricios retenían en forma particular a uno o más médicos para que atendieran a sus familias. Con el tiempo también se legisló que la elección de un médico al servicio público debería ser aprobada por otros siete miembros de ese servicio. Las plazas eran muy solicitadas porque los titulares estaban exentos de pagar impuestos y de servir en el ejército. El gobierno los estimulaba a que tomaran estudiantes, por lo que podían recibir ingresos adicionales.

Entre los médicos griegos y romanos que ejercían en el Imperio se distinguían cuatro sectas o escuelas, basadas en sus diferentes posturas filosóficas, teóricas y prácticas: 1) Los dogmáticos reconocían como su fundador a Herófilo, aprobaban el estudio de la anatomía por medio de las disecciones, consideraban que las teorías sobre las causas de la enfermedad eran la esencia del la medicina (desequilibrio de los elementos, de los humores del pneuma; migración de la sangre a los vasos que llevan el pneuma; bloqueo de los canales del cuerpo por «átomos»‘ etc.).

Sus enemigos los caracterizaban como más «habladores» que «hacedores», y decían que pasaban más tiempo discutiendo que viendo al paciente. Los dogmáticos decían que la confirmación de sus doctrinas se encontraba en el Corpus Hipocraticum y que el mismo Hipócrates había sido un dogmático. 2) Los empíricos nombraban a Erasístrato como su antecesor y se oponían a las disecciones porque rechazaban la importancia de la anatomía en la medicina. Su postura era que no deberían buscarse las causas de las enfermedades, porque las inmediatas eran obvias y las oscuras eran imposibles de establecer; por lo tanto, la comprensión de cosas como el pulso, la digestión o la respiración era inútil.

Lo más importante en medicina era la experiencia personal del médico con su paciente, y lo que debía hacer es recoger los síntomas y tratarlos uno a uno usando los remedios que ya se habían demostrado efectivos en el pasado. Al igual que los dogmáticos, los empíricos alegaban que Hipócrates y el Corpus Hipocraticum estaban de su lado. 3) Los metodistas también rechazaban todas las hipótesis y teorías sobre las causas de la enfermedad, pero en cambio sostenían que sólo había unas cuantas circunstancias que eran comunes a muchas enfermedades, que debían ser manejadas principalmente por medio de dietas. Naturalmente, estaban convencidos de que Hipócrates y toda su escuela habían sido esencialmente metodistas. 4) Los neumatistaseran inicialmente dogmáticos pero se separaron de esa secta porque consideraron que la sustancia fundamental de la vida era el pneuma y que la causa única de las enfermedades eran sus trastornos en el organismo, desencadenados por un desequilibrio de los humores. Éste era el panorama del ejercicio de la medicina en Roma cuando apareció Galeno.

Los Medicos en Grecia Antigua Sintesis La Medicina Helenica

LA MEDICINA Y MÉDICOS EN GRECIA ANTIGUA

INTRODUCCIÓN

LA CIVILIZACIÓN griega se extiende desde los siglos XI o X a.C., hasta el siglo a. C., o sea un total de aproximadamente 10 siglos o 1.000 años. Lo que se conoce como la cultura griega antigua ocupa la primera mitad de ese lapso, mientras que la cultura griega clásica se desarrolló en la segunda mitad, a partir del siglo V a.C. (el llamado siglo de Pericles), y hasta el siglo I a.C.

Durante la época antigua el pueblo griego integró su identidad étnica y social a partir de grupos aqueos, jonios, dorios y orientales.

pericles antigua grecia

Durante ese prolongado lapso los griegos recibieron múltiples y profundas influencias de culturas más antiguas, como las mesopotámicas (asiria, caldea, babilónica y persa), las de Medio Oriente (siria, israelí) y las africanas (libia, egipcia).

El llamado «milagro griego», o sea el surgimiento casi explosivo en Grecia, durante el siglo V a.C., de una cultura que sentó las bases del pensamiento característico de la civilización occidental, debe gran parte de su existencia y de su estructura a las tradiciones, a las experiencias y a las ideas que los pueblos griegos recibieron y adoptaron de sus antecesores y vecinos.

El conocimiento sobre los astros, los principios de la arquitectura, el manejo de la geometría y de las matemáticas, las artes de la navegación y de la guerra, los secretos de la medicina, y muchas otras cosas más, las tomaron los griegos en gran parte de sus contactos con otras culturas y procedieron a cambiarlas y a mejorarlas por medio de su genio incomparable. Pero buena parte del trabajo pionero ya estaba hecho.

LA MEDICINA EN LA GRECIA ANTIGUA

La medicina de la Grecia antigua tenía una sólida base mágico-religiosa, como puede verse en los poemas épicos La Ilíada y La Odisea, que datan de antes del siglo XI a.C.

En ambos relatos los dioses no sólo están siempre presentes sino que conviven con los humanos, compiten con ellos en el amor y pelean con ellos en la guerra y hasta son heridos pero (claro) se curan automáticamente.

No así los guerreros mortales, cuyas heridas requieren los tratamientos de la medicina primitiva, aunque ocasionalmente también se benefician de la participación de los dioses.

El dios griego de la medicina era Asclepíades. Según la leyenda, Asclepíades fue hijo de Apolo, quien originalmente era el dios de la medicina, y de Coronis, una virgen bella pero mortal.

Un día, Apolo la sorprendió bañándose en el bosque, se enamoró de ella y la conquistó, pero cuando Coronis ya estaba embarazada su padre le exigió que cumpliera su palabra de matrimonio con su primo Isquión. La noticia de la próxima boda de Coronis se la llevó a Apolo el cuervo, que en esos tiempos era un pájaro blanco.

Enfurecido, Apolo primero maldijo al cuervo, que desde entonces es negro, y después disparó sus flechas y, con la ayuda de su hermana Artemisa, mató a Coronis junto con toda su familia, sus amigas y su prometido Isquión.

Sin embargo, al contemplar el cadáver de su amante, Apolo sintió pena por su hijo aún no nacido y procedió a extraerlo del vientre de su madre muerta por medio de una operación cesárea.

Así nació Asclepíades, a quien su padre llevó al monte Pelión, en donde vivía el centauro Quirón, quien era sabio en las artes de la magia antigua, de la música y de la medicina, para que se encargara de su educación.

Asclepíades aprendió todo lo que Quirón sabía y mucho más, y se fue a ejercer sus artes a las ciudades griegas, con tal éxito que su fama como médico se difundió por todos lados.

La leyenda señala que con el tiempo Apolo abdicó su papel como dios de la medicina en favor de su hijo Asclepíades, pero que éste fue víctima de hubris y empezó a abusar de sus poderes reviviendo muertos, lo que violaba las leyes del universo. Además, Plutón, el rey del Hades, lo acusó con Zeus de que estaba despoblando su reino, por lo que el rey del Olimpo destruyó a Asclepíades con un rayo.

 

  Estatua de Asclepíades, copia romana de un original griego. Museo Capitolino, Roma.

Una parte de la medicina de la Grecia antigua giraba alrededor del culto a Asclepíades. Entre las ruinas griegas que todavía pueden visitarse hoy, algunas de las mejor conservadas y más majestuosas se relacionan con este culto.

En Pérgamo, Efeso, en Epidauro, en Delfos, en Atenas y en otros muchos sitios más, existen calzadas, recintos y templos así como estatuas, lápidas y museos enteros que atestiguan la gran importancia de la medicina mágico- religiosa entre los griegos antiguos.

Los pacientes acudían a los centros religiosos dedicados al culto de Aslepíades, en donde eran recibidos por médicos sacerdotes que aceptaban las ofrendas y otros obsequios que traían, anticipando su curación o por lo menos alivio para sus males.

En Pérgamo y en otros templos los enfermos dejaban sus ropas y se vestían con túnicas blancas, para pasar al siguiente recinto, que era una especie de hotel, con facilidades para que los pacientes pasaran ahí un tiempo.

En Epidauro las paredes estaban decoradas con esculturas y grabados en piedra, en donde se relataban muchas de las curas milagrosas que había realizado el dios; los pacientes aumentaban sus expectativas de recuperar su salud con la ayuda de Asclepíades.

Cuando les llegaba su turno eran conducidos a la parte más sagrada del templo, el abatón, en donde estaba la estatua del dios, esculpida en mármol y oro.

Ahí se hacían las donaciones y los sacrificios, y llegada la noche los enfermos se dormían, sumidos en plegarias a Asclepíades en favor de su salud; en otros Santuarios los enfermos llegaban directamente al recinto sagrado y ahí pasaban la noche.

En este lapso, conocido como incubatio por los romanos, se aparecían Asclepíades y sus colaboradores (sus hermanas divinas, Higiene y Panacea, así como los animales sagrados, el perro y la serpiente) se acercaban al paciente en su sueño y procedían a examinarlo y a darle el tratamiento adecuado para su enfermedad.

En los orígenes del culto prevalecían los encantamientos y las curas milagrosas, pero con el tiempo las medidas terapéuticas se hicieron cada vez más naturales: las úlceras cutáneas cerraban cuando las lamía el perro, las fracturas óseas se consolidaban cuando el dios aplicaba férulas y recomendaba reposo, los reumatismos se aliviaban con baños de aguas termales y sulfurosas, y muchos casos de esterilidad femenina se resolvieron favorablemente gracias a los consejos prácticos de Higiene.

En la Grecia antigua, el médico o iatros era un sacerdote del culto al dios Asclepíades, y su actividad profesional se limitaba a vigilar que en los santuarios se recogieran las ofrendas y los donativos de los pacientes, se cumplieran los rituales religiosos prescritos, y quizá a ayudar a algún enfermo incapacitado a sumergirse en el baño recomendado, o a aconsejar a una madre atribulada sobre lo que debía hacerse para controlar las crisis convulsivas de su hijo.

Aunque el iatros era el equivalente del brujo o chamán de la medicina primitiva, del asuasirio, del snw egipcio y del tícitl azteca, sus funciones estaban mucho más restringidas que las de sus mencionados colegas, porque él pertenecía a una sociedad mucho más estratificada y a una disciplina profesional mucho más rigurosa.

En los museos de Éfeso, Pérgamo, Epidauro y Atenas (y en muchos otros museos griegos), y también en el Museo del Louvre, en París, en el Museo Británico, en Londres, en el Museo Alemán, en Munich, en el Museo de San Carlos, en México, y seguramente en muchos otros museos de otros piases del hemisferio occidental, hay hermosas estatuas de Asclepíades, el antiguo dios griego de la medicina, que se conoció comoEsculapio entre los romanos.

En mi efigie favorita aparece como un hombre atlético y maduro, con pelo y barba rizados, apenas cubierto por su túnica y recargado en un caduceo en el que se enrosca una gruesa serpiente.

Su imagen es claramente primitiva y no hay duda de que pertenece a un mundo ya desaparecido desde hace muchísimo tiempo.

Sin embargo, su influencia en el ejercicio de la medicina duró más de 1 000 años, en vista de que se inició en el mundo antiguo y se prolongó en la Grecia clásica, se mantuvo en la época de Alejandro Magno, siguió durante Imperio romano y con él llegó hasta el Medio Oriente, en donde persistió hasta los principios de la Edad Media, después de la caída del Imperio bizantino y con la conquista de Constantinopla por los árabes.

Durante todo este prolongado lapso las ideas médicas mágico-religiosas de los asclepíades y las práctica asociadas con ellas prevalecieron en el mundo occidental, o por lo menos coexistieron con otros conceptos y manejos diferentes de las enfermedades, que fueron surgiendo con el tiempo pero que no tuvieron la misma fuerza para sobrevivir. Uno de ellos fue el sistema médico asociado con el nombre de Hipócrates de Cos, quien vivió a principios del siglo V a.C.

LA MEDICINA EN LA GRECIA CLÁSICA

Platón se refiere a Hipócrates como un médico perteneciente a los seguidores de Asclepíades, y aparte de otras breves referencias por otros autores contemporáneos, eso es todo lo que se sabe de él.

Pero aunque su figura es casi legendaria, su nombre se asocia Con uno de los descubrimientos más importantes en toda la historia de la medicina: que la enfermedad es un fenómeno natural.

Como hemos mencionado, la medicina primitiva se basa en el postulado de que la enfermedad es un castigo divino, o una hechicería, o la posesión del cuerpo del paciente por un espíritu maligno, o la pérdida del alma, o varias otras cosas mas, que tienen todas un elemento común: se trata de fenómenos sobrenaturales.

De hecho, ésa es la razón por la que 105 antropólogos la conocen como medicina primitiva.

Pues bien, la tradición ha consagradas a Hipócrates como el defensor del concepto de que las enfermedades no tienen origen divino sino que sus causas se encuentran en el ámbito de la naturaleza, como por ejemplo el clima, el aire, la dieta, el sitio geográfico, etc. En el tratado sobre La enfermedad sagrada, o sea la epilepsia, que data del siglo V a.C., el autor dice:

Voy a discutir la enfermedad llamada «sagrada». En mi opinión, no es más divina o más sagrada que otras enfermedades, sino que tiene una causa natural, y su supuesto origen divino se debe a la inexperiencia de los hombres, y a su asombro ante su carácter peculiar. Mientras siguen creyendo en su origen divino porque son incapaces de entenderla, realmente rechazan su divinidad al emplear el método sencillo para su curación que adoptan, que consiste en purificaciones y encantamientos. Pero si va a considerarse divina nada más porque es asombrosa, entonces no habrá una enfermedad sagrada sino muchas, porque demostraré que otras enfermedades no son menos asombrosas y portentosas, y sin embargo nadie las considera sagradas. 

La postura de la escuela hipocrática, de renunciar a explicaciones sobrenaturales sobre las enfermedades y de buscar sus causas en la naturaleza, no ocurrió en el vacío.

Desde un siglo antes algunos filósofos del mundo griego habían empezado a intentar responder preguntas fundamentales sobre la naturaleza sin tomar recurso en los dioses; como precedieron a Sócrates se les conoce en su conjunto como los filósofos presocráticos.

Los primeros surgieron en Mileto, un próspero puerto en el Egeo (hoy en Turquía), que entonces poseía una población internacional en la que comerciaban e intercambiaban ideas griegos, egipcios, persas, libios y otros habitantes del Mediterráneo.

Los filósofos eran hombres libres, estudiosos de la astronomía, la geografía y la navegación, e interesados también en la política.

Miraban al mundo que los rodeaba y se preguntaban por su naturaleza, por sus causas y por su esencia. Las respuestas que formulaban eran especulativas pero excluían a la mitología, no aceptaban explicaciones sobrenaturales.

El primero de ellos fue Thales, quien predijo el eclipse del año 585 a.C., por lo que sabemos que estaba vivo en el siglo VI a.C. A la pregunta: «¿De qué está formado el Universo?», Tales respondió: «De agua.»

Era una respuesta basada en su experiencia, pues había estado en Egipto y observado la forma como el ciclo anual del Nilo se asocia con la agricultura y el florecimiento del desierto.

Thales asoció el agua con la vida y le pareció que era el elemento que podía dar origen a todo lo demás.

Una generación más tarde, Anaximandro contestó a la misma pregunta señalando que el elemento primario no era el agua sino el apeiron, una sustancia más primitiva y no perceptible por nuestros sentidos, lo que daba origen tanto al agua como al aire, al fuego y a la tierra, que son las sustancias que forman el Universo.

Otro filósofo contemporáneo, su discípulo Anaxímenes, opinó que la sustancia que forma todas las demás del Universo es el aire, y que lo hace a través de los procesos de condensación y rarefacción.

Había otras muchas teorías para explicar varios fenómenos naturales, como los truenos y los rayos, los temblores, los cometas, el arco iris, etc., varias contradictorias entre sí pero todas coincidiendo en buscar las causas y los mecanismos dentro de la misma naturaleza y sin la participación de los dioses.

De modo que cuando los médicos hipocráticos empezaron a rechazar la existencia de enfermedades divinas lo hicieron en un ambiente en donde tales ideas ya no eran extrañas.

Pero hay otro antecedente histórico del concepto natural de las enfermedades, que probablemente también influyó en la postura opuesta a lo sobrenatural de los médicos hipocráticos.

Se trata de una idea originada en Egipto por lo menos 1000 años antes para explicar algunas enfermedades; los snw imaginaron que en el contenido intestinal se generaba un principio patológico, un agente capaz de pasar al resto del organismo a través de los metu o canales que comunicaban a los distintos aparatos y sistemas entre sí, y de producir trastornos más o menos graves en ellos.

Este principio se conoció como wdhw y quizá representa el primer intento en la historia de la cultura occidental de explicar varios síntomas y hasta ciertas enfermedades sin la ayuda de los dioses o de fuerzas sobrenaturales. Naturalmente, el whdw era totalmente imaginario, pero en este caso la imaginación se mantuvo dentro de lo posible en el mundo de la realidad.

La idea del whdw tuvo consecuencias importantes entre los snw, quienes basaron gran parte de sus medidas profilácticas y terapéuticas en ella: los snw recomendaban a los sujetos sanos que se hicieran 2 o 3 enemas al mes, para evitar la aparición de whdw, y desde luego los enfermos eran sometidos a este tratamiento con mucha mayor frecuencia.

El concepto del whdw pasó de Egipto a la Grecia antigua, y sus resonancias influyeron a los médicos hipocráticos.

hipocrates

HIPÓCRATES

Tradicionalmente se considera a Hipócrates de Cos el «padre de la medicina» y se le atribuye la autoría del llamado Juramento hipocrático, de un popular libro sobreAforismas, de cierto número de los textos que forman el Corpus Hipocraticum, así como el hecho de insistir en la observación como base de la práctica clínica, o sea el método hipocrático.

Pero la verdad es que se sabe muy poco del Hipócrates histórico, excepto que vivió en el siglo V a.C., que era originario de Cos, que era un médico reconocido y miembro de los asclepíades, que tomaba alumnos y les enseñaba el arte de la medicina; todo lo demás que se dice de Hipócrates es leyenda.

Desde luego, el Juramento hipocrático es un documento de origen pitagórico, los Aforismas son una colección de consejos y observaciones médicas que se han ido acumulando a lo largo de siglos, y elCorpus Hipocraticum es una colección de cerca de 100 libros sobre medicina que se escribieron en forma anónima durante los siglos V y IV a.C., algunos hasta probablemente después.

El contenido de estos textos es muy variable, algunos son teóricos y muy generales, otros tratan de distintos aspectos especializados de la práctica médica, otros de cirugía, y otros más son series de casos clínicos breves sin conexión alguna entre sí.

Como era de esperarse en una colección tan heterogénea, hay distintas teorías para explicar los mismos fenómenos y numerosas contradicciones, no sólo entre distintos libros sino hasta en un mismo texto.

Hasta el siglo pasado se creía que varios de ellos (los más antiguos) habían sido escritos por el propio Hipócrates o sus discípulos directos, pero investigaciones más recientes han demostrado que tal creencia es infundada.

Lo que el Corpus Hipocraticum sí representa es un resumen del ejercicio entre los griegos de un tipo de medicina, que puede llamarse racional, a partir del siglo V a.C. y hasta el ocaso del helenismo.

Al mismo tiempo que la medicina racional, en la Grecia clásica persistió la práctica de la medicina primitiva o sobrenatural, ejercida por los iatros especializados en los templos de Asclepíades, y al mismo tiempo otra medicina todavía más primitiva, a cargo de magos y charlatanes itinerantes, demiurgos que iban de ciudad en ciudad anunciando sus pócimas maravillosas y prometiendo toda clase de curaciones y milagros.

De hecho, algunos de los libros del Corpus Hipocraticum fueron escritos para combatir a los que practicaban esa forma de medicina, ya que en Grecia no había reglamentación alguna del ejercicio profesional.

Tampoco había escuelas de medicina, de modo que si un joven deseaba hacerse médico buscaba a un miembro distinguido de la profesión que lo aceptara como aprendiz; la regla era que fuera admitido a cambio de una remuneración, con lo que el maestro quedaba obligado a impartirle su ciencia y su arte al alumno durante el tiempo que fuera necesario.

 

 Representación de Hipócrates en un manuscrito bizantino; el libro que sostiene dice:
» La vida es corta, el arte es largo «
.

DE LA MAGIA PRIMITIVA
A LA MEDICINA MODERNA
Ruy Pérez Tamayo  1997

Historia de la Medicina Resumen Evolucion Cronologia e Hitos Medicos

Historia de la Medicina Resumen de su Evolución, Cronología e Hitos Principales

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9-Historia de las Cirugías

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INTRODUCCIÓN:
PRIMEROS TIEMPOS DE LA MEDICINA:
La medicina actual es esa ciencia aplicada mediante la cual intervenimos, directa o indirectamente, sobre los procesos que se desarrollan en el cuerpo humano.

Es un saber transformado en poder. La medicina teórica (biofísica, bioquímica, fisiología, fisiopatología, microbiología, farmacología, etc.) establece las bases experimentales y racionales de una técnica cuya aplicación está confiada al «práctico».

Mas una medicina realmente completa no se limita a este aspecto técnico; si cumple plenamente con su cometido, el médico establece con su paciente una relación que satisfará las necesidades afectivas de este último.

medicina antigua galeno

La actuación del médico abarca un doble aspecto: por una parte, los problemas del cuerpo y de la enfermedad son objeto de un conocimiento que no difiere del que aplicamos al resto de la naturaleza —y el organismo del paciente es considerado como una cosa viva capaz de reaccionar conforme a leyes generales; por otra parte, la relación terapéutica se establece entre dos personas, dentro del contexto de una historia personal —y la medicina se convierte ahora en un arte del diálogo, en el que el paciente se ofrece como un interlocutor y como una conciencia alarmada (medicina psicosomática).

Si bien es evidente que las técnicas del diagnóstico y de la terapéutica se han modificado con el correr de los siglos, podría pensarse que la relación personal del médico y del paciente se ha establecido siempre conforme a los presupuestos inmutables de la psicología humana.

De hecho, las condiciones de este diálogo están sujetas a una serie de transformaciones que son las mismas de la cultura y de las sociedades.

Lo que cambia en el curso de los siglos no es sólo el arsenal de los medios de que dispone el médico, sino la figura misma del médico y la naturaleza del vínculo que le une a su paciente.

Porque no es indiferente que el médico sea unas veces un sacerdote que dispensa gratuitamente sus cuidados en nombre de las exigencias de la caridad, otras un particular deseoso de hacer valer su habilidad profesional y otras un funcionario adscrito a una organización estatal.

Nuestros conocimientos, basados en la observación y la experiencia, tienden a un máximo de exactitud compatible con las fluctuaciones de los fenómenos de la vida.

No siempre ha sido así; el hombre ha experimentado el asalto de la enfermedad y del temor a la muerte aun antes de haber podido hacerse una imagen racional de ellas; la intervención terapéutica, en lugar de estar basada en la ciencia, se hallaba inmersa en un sistema de creencias, de mitos y de ritos.

La medicina mágico-religiosa es la que se ha practicado durante más tiempo y en un área geográfica más extensa, y no ha desaparecido del todo en nuestro mundo contemporáneo: el éxito actual de los curanderos, de los charlatanes, de los astrólogos —por no decir nada de las oraciones y de las peregrinaciones—, es un buen indicio de la precariedad de esa fe en la ciencia, de la que ciertos pensadores han creído poder hacer —para felicitarse por ello o para alarmarse— una característica del mundo moderno.

La actitud mágica ante la enfermedad no cambia en el curso de los siglos. No hay diferencia fundamental entre un hombre civilizado de nuestra época que pide consejo a la vidente, un papú que acude al hechicero y el egipcio del segundo milenio que consulta a un sacerdote.

Por variadas que sean las prácticas mágicas, se reducen a unos rasgos generales fáciles de precisar.

El desarrollo histórico de la medicina no puede comprenderse más que como el efecto de una actitud negativa opuesta al pensamiento mágico-religioso y a todos los prestigios ligados a la tradición.

Las conquistas en la medicina sólo han sido posibles al precio de una lucha constante contra los errores convertidos en dogmas y al precio de una constante revisión de los métodos y de los principios filosóficos de la investigación fundamental.

Aunque la enfermedad es tan vieja como la vida, la medicina es una ciencia joven. Segura ya de sus progresos en el plano del conocimiento, necesita ser impulsada hacia nuevos descubrimientos, descubrimientos, logros e hitos que iremos explicando en este post….

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El progreso de la medicina a través de la historia simboliza el carácter de la especie humana en su anhelo de perpetuarse más allá de la enfermedad y de la propia muerte.

La escasez de datos sobre los conocimientos médicos de las sociedades prehistóricas no permite establecer un conjunto de rasgos concretos sobre el desarrollo de esta ciencia en sus inicios.

Sin embargo, la perfección anatómica de algunas de sus pinturas rupestres o el hallazgo de cráneos trepanados con fines terapéuticos muestran un nivel apreciable de comprensión y aprendizaje en las técnicas de la medicina.

Las grandes civilizaciones de la antigüedad combinaron aparentemente prácticas estrictamente médicas con ceremonias mágicas rituales cuyo objeto era expulsar por medios sobrenaturales al espíritu destructor que se había alojado en el alma del enfermo.

medicina egipcia

En consecuencia, el indudable saber demostrado por los cirujanos y embalsamadores egipcios o la extendida fama en el mundo antiguo de los médicos mesopotámicos quedaron parcialmente oscurecidos a la luz de la historia por su relación, no siempre cierta, con algunos aspectos de la magia, la superstición y la nigromancia.

Bálsamos, pomadas, lociones, ungüentos, masajes y limitadas prácticas quirúrgicas constituían buena parte del bagaje curativo de los practicantes de la medicina en las culturas prehelénicas.

Se sabe de la existencia de escuelas médicas a las que acudían los aspirantes para iniciarse en las técnicas allí impartidas, con un grado de rigor probablemente superior al que se les atribuyó en la historiografía posterior.

Ambas tradiciones, la mágica y la empírica, fueron recogidas por los habitantes de la península helénica.

medicina antigua

Crisol de pueblos y de conocimientos, la cultura griega antigua supo aprovechar las ventajas de su situación geográfica y política para desarrollar un pensamiento filosófico original en el que la civilización occidental reconoce sus primeros rasgos de identidad.

Aunque imbuida de un acendrado sentimiento maravilloso de la vida que compaginaba el remedio con las ceremonias votivas a la divinidad cósmica, la medicina griega evolucionó paulatinamente hacia una mayor racionalidad.

La figura de Hipócrates, sabio griego del siglo IV anterior a la era cristiana, dominó el panorama de la medicina helénica durante su período clásico.

Compilador de la experiencia de sus antecesores griegos y medio orientales, defendió el origen puramente natural de las enfermedades y entendió la salud corporal como una armonía entre los elementos del cuerpo, el ambiente y el cosmos.

Esta actitud de equilibrio de fuerzas fue también característica esencial de las medicinas china e indostánica.

historia de la medicina hipocrates

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HITOS: Cronología de los Adelantos en Cirugía y Farmacología

1545 El drujano francés Ambroise Paré establece los principios básicos de la cirugía.

1666 El médico inglés Thomas Sydenham populariza el uso de la quinina (bajo la forma de corteza de quino) para tratar la malaria.

quinina

1785 El médico británico William Wihering describe por primera vez el uso de la planta llamada digital, o dedalera, para tratar la insuficiencia cardíaca.

1805 El farmacólogo alemán Friedrich Sertürner usa por primera vez como analgésico la morfina, extraída del opio.

1842 El cirujano estadounidense Crawford Long realiza la primera operación con anestesia general, usando éter. En 1845, el dentista Horace Wells utiliza óxido nitroso (gas hilarante) como anestésico. En 1847, el obstetra británico James Simpson introduce el cloroformo.

historia de la anestesia

1870 El cirujano británico Joseph Lister promueve la antisepsia quirúrgica mediante la pulverización de ácido carbólico (fenol) para evitar infecciones.

1878 El químico estadounidense Harmon Morse descubre el paracetamol; su utilidad no se comprendió hasta setenta años después.

1899 La empresa alemana Bayer produce la primera aspirina.

bayer medicina

1901 El patólogo austríaco Karl Landsteiner descubre los grupos sanguíneos ABO, estableciendo las bases para las transfusiones seguras.

1911 El bacteriólogo alemán Paul Ehrlich introduce la arsfenamina para tratar la sífilis.

1920 Mientras trabaja para Johnson & Johnson, Earle Dickson inventa las vendas adhesivas, o tiritas.

1928 El bacteriólogo británico Alexander Fleming reconoce la acción antibacteriana de la penicilina.

alexander fleming

1935 El farmacólogo alemán Cerhard Domagk descubre la acción antibacteriana de la sulfanilamida.

1943 El cirujano holandés Willem Kolff desarrolla la máquina de diálisis renal.

1951 Los médicos estadounidenses Gregory Pincus y John Rock y el químico de origen austríaco Carl Djerassi desarrollan la pildora anticonceptiva.

1955 Primer trasplante de riñon con éxito (entre gemelos), realizado por un equipo de cirujanos dirigido por Joseph Murray, de la Escuela Médica de Harvard.

1962 Los científicos de Imperial Chemical Industries (RU) desarrollan nethalide (pronethalol), el primer fármaco betabloqueante.

1967 El cirujano argentino Rene Gerónimo Favaloro realiza en Cleveland (Ohio) el primer bypass aorto-coronario.

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1967 El cirujano sudafricano Christiaan Barnard realiza el primer trasplante de corazón humano en el hospital Groóte Schur de Ciudad del Cabo.

1969 El científico escocés David Jack descubre el salbutamol, para tratar el asma.

1976 El cirujano suizo Andreas Grüntzig, del Hospital Universitario de Zurich, introduce la angioplastia coronaria.

1978 Nace en Gran Bretaña Louise Brown, la primera «bebé probeta» resultado de fecundación in vitro (FIV). El ginecólogo Patrick Steptoe y el embriólogo Robert Edwards desarrollan las técnicas de FIV.

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1980 El ginecólogo alemán Kurt Semm realiza la primera operación laparoscópica.

1982 En Genentech (California) se sintetiza la insulina humana, primer fármaco producido por ingeniería genética.

1986 Científicos de los laboratorios Burroughs Wellcome, en Carolina del Norte, desarrollan la zidovudina (originalmente llamada AZT) para tratar el sida.

1998 Pfizer Corporation (EE UU) introduce la viagra (sildenafil) para el tratamiento de la disfunción eréctil.

2005 Primer trasplante de cara, realizado por el equipo francés de Bernard Devauchelle y Jean-Michel Dubernard sobre la paciente Isabelle Dinoire, de 38 años.

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HITOS: Cronologia de los Adelantos en Diagnosis y Prevención de Enfermedades

400 a.c. El médico griego Hipócrates introduce el concepto de enfermedad.

1666 El naturalista holandés Antonie van Leeuwenhoek descubre los microorganismos con un microscopio óptico simple desarrollado por él.

leeuwenhoek

1725 Daniel Gabriel Fahrenheit diseña el termómetro médico con medida.

1796 El médico inglés Edward Jenner hace las primeras vacunaciones contra la viruela. La primera vacuna auténtica (compuesta por microorganismos debilitados) contra el cólera aviar fue desarrollada en 1880 por el francés Louis Pasteur.

medico jenner vacuna

1816 El médico francés Rene Laénnec inventa el estetoscopio.

1850-1900 La teoría microbiana de la enfermedad es planteada por el científico francés Louis Pasteur y desarrollada por el bacteriólogo alemán Robert Koch.

louis pasteur

1851 El científico alemán Hermán von Helmholtz inventa el oftalmoscopio.

1881 El médico checo-austríaco Samuel von Basch inventa el esfigmomanómetro para medir la tensión arterial.

1887 El fisiólogo británico Augustus Waller, del hospital St. Mary de Londres, describe el primer electrocardiógrafo (ECG). El fisiólogo holandés Willem Einthoven desarrollará sus cinco fases y ganará el premio Nobel en 1924.

1891 El médico francés Alexandre Lion introduce la incubadora neonatal.

1895 El físico alemán Wilhelm Roentgen descubre los rayos X.

conrad roentgen

1898 El médico británico Ronald Ross prueba que la malaria es transmitida por mosquitos.

1901 El inventor estadounidense Miller Reese Hutchinson desarrolla el audífono (eléctrico).

1932 Los científicos alemanes Max Knoll y Emst Ruska construyen el microscopio electrónico de transmisión (MET).

1938 George Peter Robb e Israel Steinberg realizan en Nueva York el primer cateterismo cardíaco.

1946 Después de sufrir serias quemaduras solares en la ascensión al Piz Buin (montaña en la frontera austro-suiza), Franz Greiter desarrolla un protector solar.

1950 El médico británico Douglas Bevis desarrolla la amniocentesis para detectar enfermedades fetales; se reconoce su importancia diez años después.

1951 El vínculo descubierto entre tabaquismo y cáncer de pulmón es demostrado por los científicos británicos Richard Dolí y Austin Bradford Hill.

1957 El doctor de origen sudafricano Basil Hirschowitz es el primero en aplicar el endoscopio de fibra óptica, en la universidad de Michigan.

1958 En Escocia, el obstetra y ginecólogo lan Donald usa ultrasonidos para examinar el feto de una mujer embarazada: la primera embarazada.

1972 El ingeniero británico Godfrey Hounsfield y el físico de origen sudafricano Alan Cormack inventan el escáner de tomografía computarizada en Massachusetts.

1976 Ginecólogos chinos desarrollan el análisis de vellosidades coriónicas, que ayuda a la detección precoz de trastornos genéticos.

1977 Raymond Damadian y su equipo desarrollan en EE UU el primer escáner de RM.

1979 Tras una campaña intensiva lanzada en 1967 por la Organización Mundial de la Salud, se certifica formalmente la erradicación total de la viruela.

1985 Kary Mullis, de la Cetus Corporation de California, desarrolla la copia rápida de secuencias de ADN usando la reacción en cadena de la polimerasa.

1995 Identificada la secuencia cromosómica de Haemophiluus influenzae. Es la primera secuenciación del genoma de un organismo no parasitario.

2003 Queda completado el Proyecto Genoma Humano, a partir del primer borrador publicado por el Consorcio Internacional Genoma Humano en 2001.

proyecto genoma humano

2006 El médico de origen escocés lan Frazer y el virólogo molecular chino Jian Zhou, de la universidad de Queensland (Australia), desarrollan la vacuna contra el cáncer cervical.

LOS ESTUDIOS DE LA ANATOMÍA Y FISIOLOGÍA HUMANAS A TRAVÉS DE LAS DISTINTAS ÉPOCAS

ANTECEDENTES: El comienzo de estos estudios se remonta a la prehistoria, ya que encontramos verdaderas observaciones y curaciones realizadas por el hombre de las cavernas, según testimonios obtenidos de esa época en dibujos, pinturas o restos fósiles humanos hallados en las grutas o enterrados.

El material óseo encontrado evidencia que ya en esa época se realizaban trepanaciones con fines curativos y ejecutadas con verdadera técnica, amputaciones de miembros tal vez para prevenir envenenamientos a causa de mordeduras de serpientes o por gangrena de heridas, intervenciones realizadas para extraer puntas de flechas, etc.

historia de la medicina egipto

Las curaciones eran efectuadas por el hechicero, quien cumplía las funciones de farmacéutico, médico, cirujano y sacerdote, según dibujos encontrados en las cuevas junto con punzones de hueso, que quizá utilizaría en las intervenciones quirúrgicas.

Tenemos noticias de los conocimientos anatómicos de la edad antigua gracias al embalsamamiento (que consistía en envolver los cadáveres con varias tiras de vendas empapadas en sustancias pegajosas) realizado por los antiguos egipcios y a los textos científicos (papiros) que contienen datos valiosos sobre distintas clases de enfermedades, fisiología, consejos higiénicos, heridas y fracturas, curaciones, etcétera.

También nos demuestran el avance de estas ciencias a través de las épocas los escritos dejados por los babilonios, los cretenses y los griegos, entre los que se destaca Hipócrates (médico griego, 460 a 357a. de C. En esta época se estudia la verdadera anatomía y fisiología humanas separándolas de la superstición.

A partir de Hipócrates se advierte un verdadero avance en el campo de las ciencias biológicas hasta llegar al perfeccionamiento científico del siglo XX, en que se realizan auténticos trabajos de investigación y se perfeccionan los materiales empleados para el mejor logro de éstos.

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HISTORIA DE LA MEDICINA:
Los Médicos Prcursores

Hipócrates, el Grande (460-357 a. de C). Famoso médico griego considerado el «padre de la Medicina». Hijo de un médico, Heráclides, estudió medicina bajo la guía de su padre y de los colegas de éste. Fue médico ambulante, por lo qu,e viajó mucho.

Fue el primero en separar la medicina de la filosofía y basar su aprendizaje en la experimentación, con lo qui1 logró separar la medicina de la superstición, tan común en esa época. Es decir que fue d primero que trató de eliminar de la medicina todo lo que no fuera ciencia pura y auténtica.

Hipócrates dejó 53 obras o tratados: Sobre las epidemias. Sobre el morbo sagrado (se denominaba así a la epilepsia porque se creía que era obra de demonios), Sobre los aires. Sobre las aguas, etcétera.

Los principios fundamentales de la escuela de Hipócrates fundada en la observación y en la experimentación fue continuada por Erasístrato y Herófilo, que lograron resultados maravillosos en los estudios de anatomía, anatomía patológica y de fisiología, realizados sobre organismos humanos.

Alcmeón. Médico griego que vivió hacia el año 500 a de C. Fue el primero que practicó la disección de cadáveres, haciendo excepcionales descubrimientos en la anatomía y la fisiología humanas. Dejó muy pocos fragmentos, por lo que no se conocen muy bien sus actuaciones.

Aristóteles (384 a 322 a. de C). Filósofo griego. Realizó investigaciones en distinto campos del saber, distinguiéndose en todos. Como biólogo fue organizador de investigaciones científicas que aportaron gran cantidad de datos. Es una de las cumbres máximas de la humanidad.

 aristoteles

Galeno (131-201). Médico y filósofo griego. En el año 164 pasó a Roma donde alcanzó gran fama. Fue el médico personal de Marco Aurelio (emperador y filósofo romano). Escribió cerca de 400 obras, aunque actualmente se conserva muy poco. Adoptó la medicina experimental poniendo el experimento como base de sus afirmaciones; aceptó la vivisección utilizando para sus estudios cabritos, monos y otros animales vivos.

Fue uno de los mejores anatomistas y experimentadores. Con Galeno culminó la antigua medicina y se detuvieron los estudios médicos por varios siglos después.

Avicena (980-1037). Médico árabe cuyo verdadero nombre era Ibn Sina. Además de médico fue astrónomo, matemático y filósofo. Toda su ciencia medien está contenida en una obra en cinco tomos llamada Canon e inspirada en Aristóteles, Galeno e Hipócrates, exponentes máximos de la ciencia griega. E

l Canon fue traducido a varios idiomas y se utilizó hasta el siglo XVI para el estudio de la medicina en Europa. Junto a Avicena se destacó otro médico árabe, Albucasis, autor de 30 obras sobra medicina, siendo la más importante Cirugía.

Leonardo Da Vinci (1425-1519). Artista y hombre de ciencia florentino. Con él comienza el Renacimiento en el arte, la técnica y la ciencia. Contribuyó enormemente al estudio de la anatomía realizando dibujos realmente maravillosos y perfectos tomados directamente del natural, ya que en esa época fue permitida la disección de cadáveres con fines de estudio. Siempre trató de relacionar la estructura con la función.

leonardo da vinci

Andrés Vesalio. (1514-1564). Anatomista y médico belga cuyo verdadero apellido era van Wesele. Se considera como el reformador de la anatomía y de los estudios anatómicos, por la innovación que produjeron sus enseñanzas y publicaciones en el campo científico.

Su obra monumental Humani corpori fabrica (Sobre la fábrica del cuerpo humano), publicada en 1543, marcó la iniciación de la anatomía moderna. Los dibujos que ilustran esta obra aparecen siempre en posiciones vivas.

Gabriel Falopio (1523-1562). Anatomista y médico italiano, que continuó la obra de Vesalio. En 1561 publicó las Observaciones Anatómicas, obra que no descuida ningún órgano, aunque sus más importantes descubrimientos son los relacionados con el aparato genital y el oído.

William Harvey (1578-1657). Médico y fisiólogo inglés que reunió y organizó las observaciones y descubrimientos realizados por sus predecesores. En 1628 publicó una obra revolucionaria sobre la circulación de la sangre llamada Práctica anatómica sobre el movimiento del corazón y de la sangre.

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Marcelo Malpighi (1628-1694). Médico y anatomista italiano fundador de la anatomía microscópica, ya que fue uno de los primeros científicos que utilizó el microscopio para estudiar los tejidos, demostrando por primera vez U estructura interna particular de los órganos.

Descubrió la estructura membranosa-vesicular del pulmón, y los capilares sanguíneos al comprobar su existencia y comunicación en los pulmones (arteriolas y vénulas), las papilas gustativas de la lengua, los glóbulos rojos de la sangre, etc. Se distinguió también en embriologia al estudiar la formación del pollo en el huevo, en botánica y en zoología.

Antón van Leewenhoek (1632-1723). Minucioso y modesto naturalista holandés. Fue un habilísimo preparador de lentes, lo que le permitió realizar observaciones de gran valor, siendo considerado uno de los fundadores de la microscopía. Observó la circulación de la sangre en la cola de un renacuajo, los glóbulos rojos, los músculos estriados, los espermatozoides, protozoos en aguas estancadas, bacterias, etcétera.

María Francisco Javier Bichat (1771-1802). Médico francés, autor de varios tratados (Tratado de las membranas. Tratado de Anatomía Descriptiva, etc.). Fue un investigador infatigable, considerado el fundador de la histología y la anatomía general.

Claudio Bernard (1813-1878). Médico y fisiólogo francés, autor de libros sobre medicina experimental. Realizó investigaciones sobre la formación de azúcar en el hígado, las funciones del páncreas y de las glándulas salivales, el gran simpático, etcétera.

Camilo Golgi (1843-1926). Eminente médico italiano. Se-distinguió por sus investigaciones sobre el tejido nervioso. En 1906 obtuvo, junto con Ramón y Cajal, el Premio Nobel de Medicina y Fisiología.

Juan León Testut (1849-1925). Anatomista y médico francés. Es autor de un tratado de anatomía humana que se ha hecho clásico mundialmente.

Juan Petrovich Pavlov (1849-1936). Notable investigador, médico y fisiólogo ruso. Sus investigaciones y descubrimientos sobre digestión, secreciones, reflejos cerebrales, etc., causaron sensación. En 1905 obtuvo el Premio Nobel de Medicina y Fisiología.

Santiago Ramón y Cajal (1852-1934). Ilustre histólogo español. Fue mundialmente famoso por sus estudios sobre tejidos nerviosos. En 1906 obtuvo el Premio Nobel de Medicina y Fisiología junto con Camilo Golgi. Publicó notables trabajos sobre histología.

 Santiago Ramón y Cajal

Pedro Belou (1884-1955). Médico uruguayo de gran actuación en nuestro país, en el que organizó la Facultad de Medicina de La Plata. Mereció el Premio Testut de 1922, otorgado por Francia, como consecuencia de sus trabajos realizados sobre la anatomía del órgano del oído.

Gregorio Marañón (1887-1960). Médico y ensayista español. Se distinguió por sus estudios sobre endocrinología (glándulas de secreción interna), y recibió honrosas distinciones. Su destacó como ensayista por sus notables trabajos de interpretación historica de algunos personajes históricos y literarios.