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El Utilitarismo y La Felicidad General Mayor Placer y Bienestar Social

El Utilitarismo y La Felicidad General
El Mayor Placer y Bienestar Social

¿Cómo puede obtenerse la mayor felicidad para la comunidad? ¿Puede ser feliz una sociedad  en la que cada uno persigue sus propios intereses? He aquí unos puntos de vista objeto de polémicas.

La motivación que hay tras las acciones del hombre es su deseo de experimentar placer y evitar el dolor. En esta tesis se apoya una importante teoría del siglo XIX que se denomina principio de la utilidad: el mayor bien del mayor número de personas.

Según ella, todas las acciones humanas tienen su explicación en la forma en que asocian los hombres el placer y el dolor con las diversas formas de conducta; su objetivo consiste siempre en obtener la mayor cantidad posible del primero y evitar la mayor cantidad posible del segundo. Debe juzgarse la rectitud de conducta según la cantidad de felicidad obtenida en términos de placer, entendiendo el concepto de placer en su sentido más amplio.

A partir del siglo XVII se había ido desarrollando gradualmente una nueva aproximación empírica a las cuestiones humanas, por la que empezaba a reconocerse la importancia de principios psicológicos tales como la asociación de ideas. Sin ella, nunca habría sido posible formular el principio de la utilidad. En ética, política y derecho se manifestaba una actitud acorde con la aproximación empírica general. Ya no se podían atribuir los conceptos del bien y del mal a una especie de adecuación intrínseca a la naturaleza de las cosas: era preciso abandonar la vieja teoría de la ley natural.

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Jeremy Bentham

El utilitarismo es la concepción para la cual las acciones deben juzgarse como buenas o malas en atención a su capacidad para incrementar o reducir el bienestar humano o la «utilidad». Desde Bentham se han propuesto múltiples interpretaciones de la utilidad, pero para él consistía en la felicidad y el placer humanos, y su teoría de las acciones correctas se resume en ocasiones como el fomento de «la mayor felicidad del mayor número posible».

Francis Hurcheson (1694-1747) fue uno de los primeros en formular la nueva teoría. Claude Helvetius, en su obra De l’esprit (1758), la propugnó en Francia como instrumento para la reforma social. Partiendo del hecho de que el hombre actuará básicamente según su propia conveniencia, infiere que el único criterio general para juzgar los actos
es el principio del mayor bien para el mayor número de personas.

Sobre esta base se hace posible reformar la sociedad mediante una legislación, haciendo que el obedecerla sea ventajoso y conveniente para todos. Para ello se disponen diversas penas como castigo a los actos que vayan en contra del bien común.

Al evaluar las posibilidades de sufrimiento los hombres se sienten incitados a la obediencia. Debemos notar en este punto que la nueva perspectiva utilitarista se basa en ciertos supuestos propios no examinados.

En primer lugar se da por sentado que el mayor bienestar posible de la comunidad es consecuencia de la persecución por parte de cada cual, adecuadamente motivada, de los propios intereses. Se presupone que la igualdad de los intereses individuales y la armonía entre ellos reside en cierto modo en la naturaleza de las cosas.

La negación de la libertad
Los escritos de Paul Holbach (1723-89) subrayan la misma fuerza utilitarista, especialmente en lo que concierne a la naturaleza del gobierno. El bien de la humanidad se ve frustrado precisamente cuando los gobiernos se apartan del principio de la utilidad. La clase dirigente explota entonces al resto de la sociedad, negándole esa libertad a la que tienen derecho todos los hombres como único medio para realizar su propia felicidad y el bien común.

Lo único que se necesita para remediar los defectos del mal gobierno es la educación: una vez que los hombres hayan descubierto dónde reside su verdadera conveniencia, no tardarán en adoptar el principio adecuado.

El movimiento fisiocrático, nacido en la Francia del siglo XVIII, adoptó también el principio de la utilidad, pero combinándolo con la opinión de que el gobierno no debe intervenir en la esfera de la economía: se sirve mejor al bien común dejando que ésta siga su curso natural sin impedimentos.

La doctrina del laissez-faire del liberalismo económico habría de influir a su vez sobre los economistas británicos: queda bien evidente en esa especie de fatalismo económico de David Ricardo (1772-1823) o Thomas Malthus (1766-1834).

Jeremy Bentham se halla todavía entre nosotros: en su testamento legaba su cuerpo 2 la ciencia, pero dispuso que el esqueleto, vestido con sus ropas, se exhibiese en una urna para servir de inspiración a sus discípulos y a la  posteridad.

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David Hume señaló que los hombres actúan con frecuencia siguiendo sus impulsos y sin considerar previamente los resultados de sus  actos.

En el movimiento de reforma
liberal surgido durante el siglo XIX causaría cierta tensión, puesto que’se vio claramente que no era tan sencillo conciliar los ideales de la Revolución Francesa: libertad e igualdad parecían en cierto sentido antagónicas. Es en esta dificultad donde hallaría una de sus fuentes de inspiración el movimiento revolucionario de Marx y Engels.

En la obra de David Hume (1711-76) hallamos una aplicación directa del principio de la utilidad. Hume sostuvo que, de hecho, los hombres decidían el distinto curso de sus actos evaluando el equilibrio entre el bien y el mal que podría resultar. Al mismo tiempo estableció un punto muy importante al observar que, por lo general, no se calcula la acción en sentido estricto, sino que los hombres actúan según sus impulsos a la luz de lo que en ese momento consideran como más adecuado a sus mejores intereses.

Cesare Beccaria (1738-94), seguidor italiano de Helvetius, propuso la reforma del derecho penal sobre la base del principio de la utilidad. Con un espíritu muy propio de la Ilustración, pretendió abolir la tortura judicial y la pena de muerte, insistiendo en que ercastigo no debería ser más de lo necesario para hacer al crimen poco atractivo en comparación. Además debería suprimirse todo aplazamiento y, sobre todo, toda duda respecto a cual sería tal castigo.

Aumento de la felicidad
En tanto que el fermento de la Ilustración conducía en Francia a la revolución de 1798, en Inglaterra tomó un sesgo mucho menos violento. La reforma se fue operando gradualmente, gracias a los esfuerzos de los radicales filosóficos, en línea directa con los grandes filósofos empiristas. Uno de los más influyentes fue Jeremy Bentham (1748-1832). Pese a no ser un pensador verdaderamente original, dio notable impulso a la causa de la reforma con sus detallados estudios, especialmente en el campo de las leyes. Siguió a Helvetius y Beccaria y, al igual que ellos, adoptó el principio de la utilidad como dogma básico.

El criterio para juzgar si una acción es buena o mala es el aumento de la felicidad o la disminución de la infelicidad. Lo que produce la felicidad es el placer o la ausencia de dolor; se supone que lo único que persigue el hombre por su propia causa es el placer y la evitación del dolor. Naturalmente, hay que tomar el concepto de placer en un sentido adecuadamente general. Pero nunca se explica con claridad cómo debe entenderse. Bentham va más allá y afirma que se puede atribuir a cada placer y a cada dolor una especie de valor numérico en una escala general, no sólo para una persona, sino para diferentes personas.

Evidentemente, este método de los equilibrios de placer no es un principio ético muy útil para servir de guía y norma de conducta. De hecho, el cálculo de Bentham es la parte más endeble de todo su método: incluso sus propios seguidores pudieron verlo. Por otra parte, no está nada claro cómo debe efectuarse la reducción de todas las cosas a una sola escala, ni tan siquiera si ello es posible.

Sin embargo, y como guía para la reforma legal, el principio de la utilidad tiene indudablemente cierto mérito. Con arreglo a él, Bentham examina todo el campo de la ley y de los procedimientos legales. En vez de las viejas justificaciones teóricas que acompañaban a la teoría de la ley natural, Bentham valoraba todas las disposiciones legales por medio del principió de la utilidad.

En tanto que los teóricos de la ley natural condenarían el robo, por ejemplo, por ir contra el derecho de propiedad, los utilitaristas lo condenan porque la inseguridad que crea menoscaba la felicidad humana. En derecho penal especialmente establecieron un sistema de sanciones cuya finalidad consistía en hacer que al hombre le resultase desagradable cometer un delito.

La proporción de la pena es tal, que sólo las consideraciones utilitaristas pueden disuadir al criminal. Bentham sostuvo que la bárbara severidad de los castigos entonces al uso era un error, no tanto a causa de su crueldad como porque no se ajustaba al principio de la utilidad. Con todo, trabajó seriamente en favor de la reforma penitenciaria, propugnando mejores condiciones para los presos y un trato más humano; por desgracia, sus esfuerzos para que el gobierno adoptase el nuevo tipo de prisión que él mismo había diseñado resultaron infructuosos.

Aún estaba muy lejana la reforma penal: a finales del siglo XVIII, el niño que fuese descubierto robando un pan porque tenía hambre, corría el riesgo de morir ahorcado.

Uno de los aspectos legales que hoy día vuelven a atraer una vez más la atención de los reformadores es el campo de los procedimientos. En él formuló Bentham importantes sugerencias que se hallan entre sus proposiciones más originales y, al mismo tiempo, menos afortunadas en la práctica. También aquí se hallaba demasiado adelantado a su tiempo, pues argüyó que los tediosos procedimientos y la oscuridad del lenguaje legal eran un obstáculo para la auténtica jurisprudencia.

Las actuaciones legales resultaban así indebidamente largas, costosas e inciertas. Lo que él proponía a cambio era un sistema en el que los litigantes pudiesen reunirse en una especie de ambiente de comité, con el juez como presidente y arbitro de la causa.

Lo mejor para la comunidad
En la esfera de la economía, el principio utilitarista negó toda intervención del gobierno. Ello se debió en parte a la creencia de que el libre intercambio de los intereses propios de cada individuo conduciría al mejor resultado posible para la comunidad en conjunto.

Otro concepto que respaldaba dicha actitud era la convicción de que las leyes económicas actuaban, en términos generales, como las leyes físicas de Newton, por lo que resultaba sencillamente inútil intervenir. Esto pone de relieve uno de los aspectos más débiles de la teoría utilitarista, no sólo en la esfera de la economía, sino también en los campos legal y político: los utilitaristas omitieron por completo toda consideración de la fuerza de las tradiciones e instituciones que se han desarrollado a lo largo de la historia.

La tarea de los primeros utilitaristas en el campo político era, en cierto modo, limitada. La función del gobierno quedaba para ellos muy restringida, ya que no incluía los asuntos económicos. Tanto Bentham como James Mill (1773-1836) eran partidarios de la ampliación del derecho político sobre la base del principio de la utilidad: al conceder el voto a mayor número de personas, y al reducir el período de mandato de los representantes elegidos, el gobierno podría hallarse más directamente relacionado con la mayor felicidad del mayor número  de seres.

Thomas Malthus fue, junto con Ricardo, una importante figura en el desarrollo de la teoría económica en la Gran Bretaña, si bien es mucho más conocido por su teoría sobre la expansión de la población, teoría que no ha  perdido vigencia.

Según el filósofo inglés de finales del siglo XYIII Jeremy Bentham: «La mayor felicidad del mayor número es la medida de lo que es correcto o equivocado». Este principio creaba una ciencia de la toma de decisiones ética, un medio de resolver controversias por métodos prácticos y contrastables que, llevados al extremo, podían llegar a ser cuantitativos y estadísticos. Con este objetivo, Bentham inventó un método para «calcular la felicidad») que abarcaba siete dimensiones del placer y del dolor: la intensidad (¿cómo de intenso es el placer o el dolor?), la duración (¿cuánto tiempo dura?), la certeza (¿qué probabilidades hay de que el resultado final sea ese tipo de sensación?), la propincuidad (¿con qué prontitud se producirán los resultados?), la fecundidad (si el resultado es placentero, ¿puede ser seguido por sensaciones del mismo tipo?), la pureza (¿es probable que el resultado sea seguido por sensaciones del tipo contrario?) y la extensión (¿a cuántas personas afectará?). Alguien que contemple la posibilidad de empezar a fumar puede hacer un cálculo de este tipo al plantearse: «¿Merece la pena?». En la esfera pública, esta es la estrategia de los economistas para realizar el análisis coste-beneficio, en el que se sopesan, por ejemplo, los costes de los sistemas de seguridad ferroviarios frente al número de vidas que salvarán.

El abandono de un principio
Sin embargo, pronto se hicieron evidentes los fallos del primer programa utilitarista en el campo económico. Lejos de mejorar la suerte de la humanidad en conjunto, el crecimiento no regulado del industrialismo sumió a vastos contingentes de población en las condiciones más abyectas de sordidez y miseria. Tenía que haber algún error básico en los viejos supuestos.

Así supo reconocerlo John Stuart Mill (1806-1873), que fue descubriendo gradualmente la necesidad de modificar la filosofía utilitarista. Sufrió en parte la influencia de la filosofía idealista germánica, y en parte de la de Auguste Comte (1798-1857).

Como resultado, el utilitarismo de John Stuart Mill representa en ciertos aspectos un abandono total del antiguo principio de la utilidad. Si bien lo establece explícitamente, en la práctica está muy lejos de aplicarlo, cosa que por otra parte resulta imposible dado sus nuevos puntos de vista, puesto que introduce distinciones entre los placeres, y ello impide el tipo de comparaciones que requerían los cálculos de Bentham.

Además, al definir el placer simplemente como lo que el hombre desea, y al admitir que algunos de esos placeres son buenos como fines en sí mismos, independientemente de las consecuencias, lo que realmente hace es abandonar el utilitarismo. Sigue prodigando alabanzas a la vieja doctrina, pero ya no se adhiere a ella. Al mismo tiempo, es incapaz de desarrollar una doctrina nueva coherente: Mill tiene conciencia de los problemas, pero no sabe hacerles frente. Su actitud es más contemplativa que de acción.

En su famoso ensayo Sobre la libertad describe la libertad de pensamiento y de discusión como acordes con el principio de la utilidad, puesto que permite difundir las nuevas ideas y estimula la inventiva; pero también dice que la negativa de esta libertad perjudica a la naturaleza moral del hombre. Evidentemente, considera la libertad como una cosa buena en sí misma.

En la época de Mill, las amenazas a la libertad no estaban ya en las restricciones impuestas por una mayoría invasora que trataba de suprimir las opiniones de la minoría. No creía que la tarea del gobierno consistiese en intervenir para ayudar al pueblo; era mejor dejarle defenderse por sí mismo, a fin de fortalecer su propio sentido de autoconfianza.

Sin embargo. Mill empezaba a comprender al mismo tiempo la necesidad de que el Estado introdujese una legislación protectora en el orden económico —legislación que, de hecho, llevaba ya algún tiempo en vigor. Ella contribuía a evitar la explotación de las mujeres y los niños, y garantizaba unos niveles adecuados en las condiciones de trabajo, aspecto en el que habían resultado totalmente inoperantes los motivos utilitaristas privados.

Ciertamente, y a pesar de las tradicionales sospechas liberales contra la interferencia, Mill era partidario de varias actuaciones gubernativas; pero fue incapaz de establecer un criterio general respecto a qué legislación era deseable y cuál no.

La doctrina del utilitarismo sigue siendo importante en la única esfera donde puede resultar hasta cierto punto plausible, esto es, como una especie de guía aproximada para la legislación. Cuando se establecen, por ejemplo, unas disposiciones para el tráfico, el objetivo es promover el bien general.

Que la evaluación del problema sea correcta y la finalidad conseguida es ya, naturalmente, otra cosa. Además, hay ciertas ocasiones en las que el legislador confunde el bien general con sus propias conveniencias administrativas. Gran parte de la legislación social se basa en el supuesto de que habrá de proporcionar el mayor bien a la mayoría de personas. Sin embargo, el principio utilitarista puede degenerar en tiranía.

Una de las mayores dificultades de Mill fue reconciliar la utilidad con la libertad. Pero para este problema no existe una solución general.

Primeras Líneas de Ferrocarril en Europa: Resumen Historico

Resumen de la Primeras Líneas de Ferrocarril en Europa

El primer medio de transporte a vapor que se desarrolló fue el barco.

Pero entrado ya el siglo XLX se potenció uno terrestre, el ferrocarril, que pasó a ser decisivo para el crecimiento económico de las naciones.

En 1829 se terminó de imponer la locomotora con el modelo construido por George Stephenson (la «Rocket», el cohete), que fue la primera en transportar pasajeros.

El despegue de la industria ferroviaria trajo consigo, en forma casi inmediata, la demanda de productos siderúrgicos.

Y la necesidad del trazado de vías requirió la ocupación masiva de obreros que, en un primer momento itinerantes, pasaron después a formar parte de la planta fija en la administración o en el mantenimiento de los coches.

Al comienzo de su invención los trenes no pasaban de una velocidad máxima de 10 km/h, pero ya en 1850 estaban en condiciones de recorrer las vías a 100 km/h: toda una revolución para la época.

Cuando losferrocarriles se instalaron en las colonias, fueron utilizados por los gobiernos dominantes como medio de transporte para sus tropas, lo que les permitió ejercer un mayor control sobre aquellos países.

La construcción de las primeras redes ferroviarias europeas se remonta a 1830 en Gran Bretaña y Francia, y pronto se extendió por todo el viejo continente.

En Gran Bretaña el crecimiento fue rápido y la longitud total de la red pasó de 800 km en 1837 a 12.000 en 1852.

En Francia el gobierno tomó la decisión de extender la red por todo su territorio adoptando la forma de una estrella cuyo centro fue, naturalmente, la ciudad de París.

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• ►INTRODUCCIÓN A LA ÉPOCA:

El innegable progreso industrial europeo que ha posibilitado la era del vapor (la producción se dobló entre 1815 y 1848) tuvo también profundas crisis, cuyas causas sería necesario buscar en un desequilibrio persistente entre la oferta creciente da los productos y una demanda que la situación precaria de la mayoría de los hombres no permitía extender.

Para detener este desequilibrio y evitar la competencia de los productos extranjeros, todas las naciones establecieron barreras aduaneras.

Economistas como Ricardo, J. B. Say, Stuart Mill, discípulos de Adam Smith, criticaron violentamente a estas políticas proteccionistas en nombre del liberalismo económico.

«El progreso económico —afirmaban— no puede resultar más que de la libertad más absoluta; si no hay ninguna traba, la producción se ajustará siempre a la demanda por medio de las fluctuaciones de los precios.».

Incluso era de interés general que cada nación se especializase en aquellas producciones para las que era más apta, y que las mercancías circulasen libremente entre los países.

El transporte por ferrocarril revolucionó el comercio, llevando productos más rápidamente que nunca.

Vastas regiones del interior, antes demasiado aisladas para ser pobladas en gran escala, eran ahora accesibles al comercio, a la agricultura comercial y a la construcción de ciudades, a medida que surgían comunidades enteramente nuevas a lo largo de las vías férreas.

• ►LA REVOLUCIÓN DE LOS TRANSPORTES.
EL FERROCARRIL

Aunque la aparición del ferrocarril debía revolucionar los transportes tradicionales, estos últimos no fueron por ello menos importantes en su época.

Los progresos en la construcción de carreteras, gracias a  la  infraestructura  de   grava   ideada  por Mac Adam, permitieron a la diligencia reinar sobre sus competidores; estos pesados coches transportaban hasta 20 viajeros, alcanzaban los 23 Km. por hora y proporcionaban trabajo a miles de cocheros y posaderos.

Las mercancías pesadas se mandaban por vía marítima.

Sin embargo, el ferrocarril las condenó rápidamente a un papel secundario.

La introducción del ferrocarril no iba a producirse sin múltiples resistencias.

En la primera locomotora construida por el inglés Stephenson en 1814, y que recorrió 7 Km. por hora, los más avisados no vieron más que un medio de activar el transporte de carbón en las minas, y, efectivamente, las primeras líneas, como la de Darlington-Stockton en Inglaterra (1828), tenían como única misión la evacuación del mineral.

Pero los rápidos progresos conseguidos por Stephenson, que en 1830 realizó una segunda locomotora, «el cohete», que recorría 22 Km. por hora, y los alcanzados por Seguin y Crampton inventores de los raíles de acero, de los frenos automáticos, de vagones mucho más perfeccionados, hicieron comprender a los ingenieros y a los capitalistas más clarividentes el partido que podrían sacar de aquel invento.

En Inglaterra, la opinión pública se mostró, desde el primer instante entusiasta, y las compañías privadas pudieron construir libremente una red que en 1850 se afirmó como la primera del mundo.

ferrocarill en europa

En los otros países de Europa, la desconfianza psicológica y la oposición de una multitud de intereses fueron un poderoso freno para el desarrollo ferroviario.

La creencia de que la velocidad volvía ciegos o locos a los viajeros, se unía a la hostilidad de los carreteros, de los mesoneros, de los granjeros que temían por su ganado, a la falta de capital, a la desconfianza de los accionistas que preferían permanecer fieles a las sólidas rentas del Estado a lanzarse a la ventura, al conservadurismo de los nobles y de los parlamentarios.

Estos hechos explican por que, a pesar de las campañas de hombres como Pereire o Chevalier, apoyados por grandes industriales o financieros, la red francesa no se puso en marcha sino a partir de 1837.

Francia debe al barón James de Rothschild su primera línea París-Saint Germain.

La inauguración fue grandiosa, y el ejemplo pronto imitado en todo el territorio.

Pero, en  1848, los pequeños trayectos no cubrían aún más que 3.000 Km Italia, Bélgica y Alemania se lanzaron tambien a la construcción de líneas férreas.

En este último país, constituían un factor de terminante para la formación del «Zollverein» (unión aduanera); obtuvo también el apoyo de los liberales como el economista Federico List que redactó una gran carta de ferrocarriles y que inició una suscripción para la construcción de la línea Leipzig-Dresde.

En 1850, Alemania tenía 5.000 Km. de vías y contaba con uno de los grandes ejes europeos en la transversal Aquisgrán-Hannover-Berlín.

Había comenzado el reinado de las grandes compañías de ferrocarriles.

Al principio, las vías eran de hierro fundido, pero pronto fueron sustituidas por hierro forjado, más duradero, y luego por vías de acero.

A partir de ese momento, la expansión del ferrocarril fue rápida, y al cabo de cincuenta años cubría vastas extensiones en todos los continentes.

La llegada del ferrocarril fue muy significativa para la apertura de grandes mercados para los productos manufacturados de la Revolución industrial, así como para abastecer de materias primas a las hambrientas fábricas del Oeste.

No se puede subestimar la importancia de la apertura del oeste norteamericano con la expansión del ferrocarril.

En la primera mitad del siglo, se vio también la aparición de los primeros barcos a vapor accionados por medio de carbón y dotados de hélice.

Aunque atravesaban el Atlántico en 17 días, en lugar de los 40 tradicionales que empleaban los veleros, presentaban aún muchos inconvenientes y no lograron suplantar a sus competidores a vela, que fueron objeto de constantes, mejoras, como el «clipper» americano.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

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Luis VI el Gordo Rey de Francia:Biografía y Reinado

Luis VI el Gordo Rey de Francia Biografía y Reinado

En Francia, Luis VI el Gordo (1081-1137) había sucedido en 1108 a su padre Felipe I, y reinó por 29 años, hasta su muerte.

Rey enérgico, intentó también fortalecer la autoridad monárquica en su reino; pero la tarea era más ardua allí que en el otro lado del Canal de la Mancha.

Casado con con Adelaida de Saboya. Pasó casi todo su reinado sojuzgando incursiones de señores feudales que saqueaban los alrededores de París, hasta que finalmente fueran sometidos a la autoridad real.

Durante el período comprendido entre 1109 y 1135, Luis estuvo en guerra contra Enrique I, rey de Inglaterra y duque de Normandía y con el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, y yerno del anterior, Enrique V.

Luis VI rey de Francia el gordo

El feudalismo tenía en Francia raíces mucho más profundas que en Inglaterra.

Bajo los últimos reyes carolingios, los grandes señores habían adquirido un poderío territorial y una independencia tales, que fueron precisos siglos para acabar con ellos. Luis VI, bien aconsejado por Suger, abad de Saint-Denis, consagró su reinado a intentar imponer su autoridad sobre sus vasallos, reduciendo sus poderes.

Erigiéndose en arbitro dondequiera que estallase un conflicto, exigiendo tierras y derechos en recompensa de sus servicios, guerreando contra sus vasallos más débiles, apropiándose de los feudos que no tenían herederos, confiscando los de los desobedientes, amplió considerablemente los límites del dominio real y se fue imponiendo poco a poco.

Así, cuando Enrique Beauclerc, en 1124, cerró una alianza con su yerno el emperador Enrique V, para llevar la guerra al reino de Francia, todos los señores feudales franceses se agruparon tras el pendón de Saínt-Denis, al lado de su rey.

El rey de Francia había adquirido tal autoridad al final de su reinado, que el duque de Aquitania ofreció al joven delfín Luis, su hija única, Leonor.

Algún tiempo después de celebrado el matrimonio, morían el duque de Aquitania y el rey de Francia.

Todas las esperanzas le estaban permitidas al joven Luis VII, que a los diecisiete años se convertiría en el dueño de los reinos de Francia y Aquitania, y asistía al debilitamiento de Inglaterra, provocado por la sucesión de Enrique I.

Pero Luis VII, personaje mediocre y sin autoridad, no había de aprovecharse de las ocasiones que la suerte le brindaba.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura dell Hombre Edit. CODEX Tomo III

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Enlace Externo:Luis VI de Francia

Tomas Becket Asesinato del Arzobispo de Canterbury

TOMAS BECKET O EL ASESINATO EN LA CATEDRAL

Enrique II de Inglaterra (familia Plantagenet), todavía con más violencia que con la nobleza, tuvo que enfrentarse con el clero. La Iglesia constituía entonces una fuerza muy bien organizada, con inmensas riquezas, y cuyos miembros, los personajes más cultivados de la época, alcanzaban las más altas funciones políticas. Favorable a una concepción de realeza electiva, en la que el soberano debe, ante todo, hacer respetar la voluntad divina, constituía un importante foco de resistencia a la monarquía, tal como la concebía Enrique II.

En 1162, moría el arzobispo de Canterbury. Decidido a imponer su intervención sobre la Iglesia, Enrique designó a Tomás Becket para reemplazarlo; éste, tras algunas vacilaciones, aceptó el honor que se le hacía. Pero, tan pronto como fue investido de su nuevo cargo, se operó en él un gran cambio; renunciando a todos los placeres que el dinero y sus funciones le habían procurado hasta el momento, se convirtió en un hombre austero, y llevó una vida muy sencilla, repartida entre las plegarias y la administración de su diócesis.

Pero, sobre todo, se convirtió en el acérrimo defensor de los derechos de la Iglesia, oponiéndose a toda nueva ingerencia del soberano en los asuntos del clero. Ahora bien, Enrique exigía que los tribunales eclesiásticos, que eran, hasta aquel entonces, los únicos habilitados para juzgar los crímenes, robos o actos de bandolerismo de los clérigos, compartiesen esta prerrogativa con los tribunales reales, que podrían juzgar en segunda instancia a los clérigos por estos mismos actos.

Tomás rehusó categóricamente la posibilidad de una doble sentencia. Pasando por encima de esta negativa, Enrique publicó, el 30 de enero de 1164, los célebres estatutos de Clarendon, que aseguraban una intervención permanente del rey sobre el clero. El artículo 8 concedía exclusivamente al soberano el derecho de decidir si un caso era de la competencia de los tribunales eclesiásticos o de los reales, y no podía tener lugar ninguna excomunión sin su conformidad; fueron suprimidas las apelaciones a la Corte de Roma; el rey era dueño de las elecciones episcopales, y, en caso de vacante de una iglesia, la  administración  real  sustituía  a  la  del clero hasta que se nombraba un nuevo titular.

asesinato de tomas becket

Tras haber sido el amigo y confidente  de Enrique II, Tomás Becket, convertido en arzobispo de Canterbury,  se  opuso a las intenciones del rey, que quería apropiarse de los privilegios de la Iglesia. Pensando que hacían un servicio al soberano, unos caballeros asesinaron al arzobispo en su catedral. Enrique II tuvo que pedir perdón en público por este crimen. Asesinato de Tomás  Becket. Manuscrito. París, Biblioteca Nacional.

Ante un acto tal de autoridad, Becket pensó, en un primer momento, en doblegarse, pero la violencia con que el Papado condenó los estatutos le dictó su actitud: huyó de Londres y se refugió en la Corte de Luis VII; desde allí, marchó a Roma, donde el papa Alejandro lo desligó de sus compromisos y le permitió retirarse a un monasterio francés. Durante seis años, vivió en el monasterio de Pontigny, gozando de la protección del rey de Francia. En 1170, Enrique II, enfermo, le propuso una entrevista, pues había conservado una profunda amistad hacía Tomás, a pesar de las diferencias que los habían separado durante aquellos años.

La entrevista tuvo lugar en una playa de la Mancha, donde los dos viejos amigos se encontraron con emoción. Enrique, borrando el pasado, propuso a Tomás que se hiciera cargo nuevamente de sus funciones de primado de la Iglesia de Inglaterra, y éste, persuadido de la posibilidad de un entendimiento, aceptó. Pero la reconciliación fue breve, porque el sentimiento del deber y del honor en Becket, y el de la autoridad absoluta en Enrique, eran más fuertes que su profunda amistad. Cuando el rey se convenció, de forma evidente, de que Becket no transigiría sobre los privilegios de la Iglesia más de lo que había transigido seis años antes, Enrique fue presa de una cólera sorda y pensó en desembarazarse de su arzobispo.

El 29 de diciembre de 1170, cuatro de sus barones hicieron irrupción en la catedral de Canterbury, donde Tomás Becket celebraba un oficio, y lo asesinaron al pie del altar. La indignación en Inglaterra, donde Becket era tenido por santo, fue tal, que Enrique II se vio obligado, dos años después, a hacer penitencia sobre la tumba de su viejo amigo, haciéndose azotar por los monjes, hasta que brotase sangre. Sin embargo, aunque tuvo que renunciar al artículo 8 de Clarendon, consiguió que los restantes quedaran en vigor. La autoridad monárquica se había impuesto, y el rey seguía siendo el dueño del clero.

El final de su reinado (1189) fue trágico, a consecuencia de la muerte de sus dos hijos mayores y de la rebelión del tercero, Ricardo Corazón de León, instigado por el rey de Francia, Felipe Augusto. Viejo, cansado y abandonado por todos, Enrique tuvo que reconocer humildemente que era vasallo de Francia y aceptar en el futuro, cumplir fielmente sus obligaciones. Pero su sucesor, Ricardo Corazón de León, no respetaría los compromisos de su padre.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura dell Hombre Edit. CODEX Tomo III
HISTORIA I  José Ibañez Edit. Troquel

Vida de los Señores Feudales: Comida, Caza, Religión y Fiestas

VIDA DE LA NOBLEZA EN LA EDAD MEDIA

La vida de la nobleza feudal no era tan idílica como se la describe con frecuencia en las novelas románticas.

Aunque, indudablemente, no le faltaba la agitación, era muy fatigosa y la muerte cobraba su tributo a edad temprana.

Tras un estudio cuidadoso de los esqueletos medievales, un científico moderno ha calculado que en los tiempos feudales el porcentaje de mortalidad alcanzaba su nivel más alto a la edad de cuarenta y dos años, en tanto que al presente lo alcanza alrededor de los sesenta y dos.

Además, las condiciones de vida eran relativamente pobres hasta para los nobles más ricos.

vida de los señores feudales en la edad media

Casi hasta fines del siglo XI el castillo feudal no era sino una fortaleza tosca de madera.

Y los grandes castillos de piedra posteriores estaban lejos de ser modelos de comodidad.

Las habitaciones eran oscuras y húmedas y las paredes de piedra sin revestimiento resultaban frías y tristes.

Hasta que se reanudó el comercio con el Oriente, cuya consecuencia fue la importación de tapices y alfombras, los pisos estaban generalmente cubiertos con juncos o paja, que se renovaban cuando los anteriores eran ya insoportables a causa de la inmundicia dejada por los perros de caza.

La comida del noble y su familia, si bien abundante y sustanciosa, no era muy variada ni apetitosa.

Sus componentes principales eran la carne, el pescado, el queso, las coles, los nabos, las zanahorias, las cebollas, los porotos y las arvejas.

Las únicas frutas que se podían obtener en abundancia, eran las manzanas y las peras.

No se conocían el café y el , como tampoco las especies hasta que se intensificó el comercio con el Oriente.

También se importaba azúcar, pero durante mucho tiempo siguió siendo rara y costosa y hasta se vendía como droga.

Aunque los nobles no trabajaban para ganarse la vida, no pasaban el tiempo en la ociosidad.

Los convencionalismos de su sociedad les exigían gran actividad bélica, aventurera y deportiva.

No sólo luchaban con pretextos baladíes para apoderarse de los feudos vecinos, sino también por puro amor a la lucha como aventura excitante.

Eran tan frecuentes los actos de violencia, que la Iglesia tuvo que intervenir con la Paz de Dios en el siglo X y luego con la Tregua de Dios en el siglo XI.

Mediante la Paz de Dios la Iglesia pronunciaba anatemas solemnes contra quienes realizaban actos de violencia en los lugares destinados al culto, robaban a los pobres o agraviaban a los sacerdotes.

Más tarde se extendió esta protección a los comerciantes.

La Tregua de Dios prohibía toda clase de lucha desde «la víspera del miércoles hasta el amanecer del lunes» y también desde la Navidad hasta la Epifanía (6 de enero) y durante la mayor parte de la primavera, fines del verano y comienzos del otoño.

El propósito de esta última regulación era, evidentemente, proteger a los labradores durante las estaciones de la siembra y la cosecha. La pena que se imponía al noble que violaba esa tregua,  era la excomunión.

Hasta muy entrada la Edad Media, los modales de la aristocracia feudal eran todos menos refinados y suaves.

La glotonería constituía un vicio común y las cantidades de vino y cerveza que se consumían en los castillos medievales durante las fiestas causarían vértigo a un bebedor moderno.

En las comidas cada cual cortaba la carne con su propio cuchillo y la comía con los dedos. Los huesos y las sobras eran arrojados al suelo, donde se los disputaban los perros siempre presentes.

A las mujeres se las trataba con indiferencia y a veces con desprecio y brutalidad, pues aquél era un mundo masculino.

En los siglos XII y XIII, sin embargo, se suavizaron y mejoraron considerablemente los modales de las clases aristocráticas gracias a la aparición de la llamada caballería andante.

La caballería era el código social y moral del feudalismo, la encarnación de sus ideales más altos y la expresión de sus virtudes. Los orígenes de este código eran principalmente germanos y cristianos, pero en su desarrollo también desempeñó algún papel la influencia sarracena.

El caballero ideal debía ser, no sólo valiente y leal, sino también generoso verídico, respetuoso, bueno con los pobres y desvalidos y desdeñoso de las ventajas injustas y las ganancias sórdidas.

El ideal caballeresco hacía del amor a las mujeres un verdadero culto, con un   ceremonial   complicado   que   el noble debía observar escrupulosamente.

Por ello, las mujeres alcanzaron en la última Edad Media una posición social mucho más elevada que en el período anterior.

La caballería imponía también a sus miembros la obligación de luchar en defensa de causas nobles.

Era su deber especial actuar como campeón de la Iglesia y defender sus intereses con la espada y la lanza.

McNali Burns, Edward. Civilizaciones de Occidente. Buenos Aires, 1968.

Fuente Consultada:
HISTORIA 1  José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel

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Biografía de Fernando VII Rey de España y El Motín de Aranjuez

Biografía de Fernando VII Rey de España y El Motín de Aranjuez

Fernando VII (1784-1833), rey de España (1808-1833), llamado El Deseado, este rey disfrutó ínicialmente de la confianza y el entusiasmo del pueblo español, pero pronto revelaría su carácter absolutista y vengativo.

Con él finalizó el Antiguo régimen y se dio comienzo a una nueva forma de hacer política.

Fue el último monarca representante del absolutismo en ese país. Hijo de Carlos IV y de María Luisa de Parma, nació el 14 de octubre de 1784, en El Escorial (Madrid).

En 1806, se casó con María Antonia de Borbón (o de Nápoles), hija del rey de Nápoles Fernando I de Borbón.

La infancia y juventud de Fernando VII no fueron fáciles.

La corte donde creció estaba dominada por el poderoso primer ministro Manuel Godoy, cuya influencia sobrepasaba a la que alguna vez ostentó el rey Carlos IV, padre de Fernando.

Desde joven como príncipe de Asturias tuvo una mala relación con su padre, llegando a formar un grupo de seguidores, conocidos como fernandistas que conspiraron contra Carlos IV, quien era manejado por el primer ministro Manuel Godoy.

Descubierto fueron condenados por el proceso de El Escorial (1807), aunque enseguida pidió y obtuvo el perdón de su padre(aunque al año siguiente  provocaría el Motín de Aranjuez)

Debido a las ambiciones de Godoy y al poco apoyo de sus progenitores, el acceso de Fernando al trono español no parecía claro.

En su condición de príncipe de Asturias, aceptó que Napoleón Bonaparte fuese el árbitro de los destinos de España.

A comienzos de 1808, el ejército francés iniciaba las primeras escaramuzas en la península Ibérica, desencadenando el Motín de Aranjuez, que provocó la destitución del ministro Godoy; para detener a los amotinados, Carlos IV tomó el control del ejército y de la marina, pero el 19 de marzo debió abdicar en favor de su hijo Fernando, entonces considerado por el pueblo como la solución a la crisis imperial.

El Motín de Aranjuez, fue complot de la aristocracia española, dirigida por Fernando VII en marzo de 1808 en el Real Sitio de Aranjuez.

Los revolucionarios atacaron el palacio de Carlos IV, padre de Fernando, y pidieron su renuncia, al igual que su favorito Manuel Godoy, principal responsable de los manejos del gobierno español.

El 19 de marzo Carlo IV abdicó en beneficio de Fernando y toda España celebró la caída del monarca y su favorito.

Aclamado por el pueblo de Madrid, Fernando Vil llega a ser rey, pero pronto
debe ceder la corona a su padre, a instancias de Napoleón.

 La Familia Carlos IV de España

Óleo La Familia Carlos IV de España

Este óleo que actualemente se encuentra en el Museo del Prado , en Madrid, fue  pintado por Francisco de Goya  en 1800 y muestra, de izquierda a derecha, entre otros, a: Carlos María Isidro (vestido de rojo), el propio autor, el príncipe Fernando (futuro Fernando VII, de azul), la reina María Luisa de Parma (en el centro) y el rey Carlos IV (situado a la derecha de su mujer, separado de ella por el infante Francisco de Paula, de rojo).

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA:

En mayo de 1804, el Senado otorgó a Napoleón el título de emperador de los franceses y dispuso que la dignidad fuera hereditaria.

El 2 de diciembre de 1804, Napoleón fue coronado en Notre-Dame de París por el papa Pío VII.

El Imperio duró diez años (1804-1814).

En ese lapso, Napoleón ejerció una autoridad sin trabas, con un absolutismo creciente, y ayudó a sus hermanos a convertirse en príncipes imperiales.

Desde el tratado ae Basilea (1795), España y Francia eran aliadas y habían luchado juntas contra Inglaterra.

A pesar de esto, algunos manejos de Manuel Godoy, favorito de la corte española, insinuaban la voluntad de cambiar de política, temiendo que el creciente poderío de Napoleón le llevase a prescindir de los intereses españoles.

Cuando el emperador se informó de ciertos contactos que se habían entablado con Prusia, decidió invadir y ocupar España.

Este propósito fue favorecido por la situación interna, en la cual los intereses del heredero Fernando chocaban con las maniobras de Godoy, que tenía en la corte gran predicamento por sus inteligencias con la reina María Luisa.

En torno del príncipe se agruparon todos los descontentos, y así estalló el motín de Aranjuez, que obligó al rey a destituir a Godoy.

Lo difícil de la situación movió a Carlos IV a abdicar en favor de su hijo, que tomó el nombre de Fernando VII Las maniobras de Napoleón se pondrían de manifiesto en Bayona, ciudad francesa de la frontera, adonde fue la familia real española para entrevistarse con el emperador.

Allí, éste instó a Fernando VII a devolver la corona a su padre, pero como el anciano rey se negara a tomarla, Napoleón la transfirió a su hermano José, que asumió el trono de España y de los dominios ultramarinos.

Jose I Bonaparte

Caricatura de José I. José Bonaparte era ridiculizado por los españoles: se lo llamaba Pepino,en lugar de José, y se destacaba su gusto por la bebida.

Carlos IV y Fernando VII quedaron mientras tanto internados en Francia.

Para dar visos de legalidad a lo actuado, Napoleón convocó el 19 de mayo de 1808, en la misma Bayona, un congreso general al que asistieron 65 diputados españoles favorables a la causa francesa; después de deliberar aprobaron una constitución, jurada el 7 de julio, en la que se reconocía rey de España e Indias a José I, hermano de aquél.

Estos hechos no contaban con la adhesión del pueblo español, que se había levantado en armas el 2 de mayo de 1808.

Pronto la sublevación contra los invasores se extendió a toda España y dió comienzo una intensa guerra de guerrillas.

A mediados de ese año las tropas españolas derrotaron a los franceses en Bailen, viéndose obligado José I a evacuar Madrid.

napoelon ataca españa

Cuando Napoleón se volvió contra su aliada España en 1808, desencadenando la guerra de la Independencia española, los acontecimientos tomaron un rumbo desastroso para el país.

Con el rey Carlos VI y su hijo Fernando tomados como rehenes por Napoleón, los rebeldes empeñados en la independencia aprovecharon el vacío de poder para lomar las riendas por toda Hispanoamérica.

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CRÓNICA DE LA ÉPOCA:

Las noticias internacionales son inquietantes: España se encuentra bajo las garras de Napoleón, que ingresó a la península como consecuencia del Tratado de Fontainebleau.

Cabe recordar que, tras el motín de Aranjuez, cayó Carlos IV y el ministro Godoy debió abandonar su cargo.

La asunción de Fernando VII no aquietó al reinoy el mejor ejemplo de ello tue la farsa de Bayona, dos años atrás, cuando Fernando entregó la coronaaCarlos, Carlos a Napoleón y este a José, su hermano.

Los españoles intentan resistir al gobierno francés mediante guerras de guerrillas v juntas de gobierno en nombre de Fernando.

La principal, la junta central de Sevilla, que gobernaba en nombre del rey, acaba de ser disuelta y reemplazada por un Consejo de Regencia que actuará hasta la celebración de las Cortes, que determinarán la clase de gobierno que habrán de sustituir.

Entre los principales temas de discusión está la representación de las colonias en estos órganos, pero las noticias llegan a estastierras con meses de retraso y crece el debate entre reconocer o no a las juntas españolas y al Consejo como autoridades representativas de la corona de la metrópoli.

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Fernando recuperó el Trono por el Tratado de Valencay (1813); tan pronto como llegó a España se apresuró a seguir la invitación de un grupo de reaccionarios (Manifiesto de los Persas) y restablecer la monarquía absoluta del siglo anterior, eliminando la Constitución y la obra reformadora realizada en su ausencia por las Cortes (1814).

Al recuperar su trono Fernando VII, las tropas realistas marcharon a reestablecer la autoridad en Chile.

El líder militar que había surgido de la confusión republicana para enfrentar a los españoles se llamaba Bernardo O’Higgins

Los realistas expulsaron a O’Higgins de Chile, pero la lucha no había terminado, pues Chile conseguría ser libre a partir del avance del ejército dirigido por San Martín, cuando realizó la gesta magna de cruzar los andes en 1817.

El reinado de Fernando VII se caracterizó por la continua represión ejercida por el soberano sobre el naciente movimiento liberal.

Defensor a ultranza del absolutismo monárquico como forma de gobierno y como pilar básico del Estado.

Fueron años de represión política.

La situación general se veía afectada además por la pérdida de la inmensa mayoría de las colonias americanas, después del proceso conocido como la emancipación latinoamericana.

El 18 de mayo de 1829, el soberano perdió a su tercera esposa, María Josefa Amalia, la cual, al igual que las dos primeras, murió sin dejar descendencia.

Surgió entonces la posibilidad de volver a contraer matrimonio y de conseguir un sucesor al trono.

La elegida fue su sobrina María Cristina de Borbón, de 23 años, con la que tuvo cuatro hijas.

Su primogénita se convertiría en la futura reina Isabel II, cuyo ascenso al poder fue garantizado por sus padres mediante la publicación de una Pragmática sanción, que derogó la ley sálica, terminando así con las ambiciones del infante don Carlos, hermano de Fernando y realista.

Paradójicamente, los antiguos liberales acercaron posiciones con Fernando VII y su esposa, prefigurando el viraje político hacia el liberalismo.

El Deseado falleció el 29 de septiembre de 1833, apoyando un pacto de hecho entre los liberales y los estertores del Antiguo régimen.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1784 Nacimiento de Fernando, el 14 de octubre.

1788 Carlos IV, rey de España.

1792 Ascenso al poder de Manuel Godoy.

1804 España declara la guerra a Inglaterra. Napoleón Bonaparte es coronado emperador de Francia.

1808 Comienza la ocupación napoleónica en la península Ibérica. Motín de Aranjuez.Abdicación de Carlos IV y nombramiento de Fernando VII. José Bonaparte asume como rey de España.

1808-1826 Período del proceso de emancipación  en América hispana.

1812 Constitución de Cádiz.

1814 Fernando VIIretoma el poder. Napoleón I es depuesto. Asume  Luis XVIII como rey de Francia.

1820 Reunión solemne de las Cortes. Comienza el Trienio liberal.

1823 Comienza el último período del Antiguo régimen en España.

1829 Fernando VII se casa con María Cristina de Borbón.

1830 Firma de la Pragmática sanción. Nacimiento de Isabel II, futura reina de España.

1833 Muerte de Fernando VII el 29 de septiembre.

Fuente Consultada:
HISTORIA UNIVERSAL Tomo 16 Editorial SALVAT El Impacto de la Revolución Francesa
HICIERON HISTORIA Biografías Fernando VII de España Editorial Kapelusz
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo II Editorial Ateneo

Biografía de Luis Felipe I de Francia:Historia de su Gobierno

Biografía de Luis Felipe I de Francia:Historia de su Gobierno

Luis Felipe I de Orleans, (1773-1850) fue el rey de los franceses de 1830 a 1848, también conocido como el Rey Ciudadano (1773-1850).

Era hijo de Luis Felipe José de Orleans (llamado Felipe Igualdad) y nació en París.

Inicialmente llevó un reinado marcado por la prosperidad nacional, la estabilidad, y la fecundidad intelectual, pero finalmente fue destituído por sus tendencias autoritarias.

Pertenecía a la Casa de Borbón-Orleans, su padre era hermano del rey de Francia Luis XIV.

Luis Felipe fue duque de Valois desde su nacimiento hasta 1785 y desde entonces el de duque de Chartres hasta 1793, año en el que su padre fue guillotinado y heredó el título de duque de Orleans.

Políticamente predicaba con los ideales de fraternidad, libertad e igualdad de la Revolución Francesa de 1789.

Luis Felipe I Rey de Francia

Proclamado «rey de los franceses» por la gracia de Dios y la voluntad nacional, Luis Felipe I sería también el úitimo rey de Francia, cuando la misma voluntad nacional optó por la República. Llegó al poder tras una revolución y fue derrocado por otra. Durante los dieciocho años de su reinado proyectó la imagen de un soberano triste y sin grandeza en una Francia desgarrada.

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• ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA:

Tras la derrota de Napoleón, asumió el trono de Francia Luis XVIII. Este rey respetó muchos de los derechos conquistados por la burguesía y, al mismo tiempo, le hizo concesiones políticas y económicas pues necesitaba de su apoyo para impedir nuevas demandas y el estallido de revoluciones más radicalizadas.

Por ejemplo, respetó la igualdad de todos los franceses ante la ley y las libertades de pensamiento, prensa y culto.

Cuando murió Luis XVIII lo sucedió Carlos X.

Este rey intentó restaurar la monarquía absoluta tal como era durante el Antiguo Régimen.

Abolió la libertad de prensa y declaró el estado de emergencia por el cual quedaban suspendidas las garantías individuales.

Pero cuando suprimió la Cámara de diputados, estalló en París un movimiento popular en el que participaron sectores de la burguesía, obreros y estudiantes en defensa de las libertades.

Tres días después la lucha de los liberales había conseguido la renuncia de Carlos X.

La restauración monárquica impuesta por las potencias vencedoras en el Congreso de Viena no abolir las principales ideas difundidas en la revolución.

Como vimos hubo una reacción bajo Carlos X, que terminó renunciando, y ahora su reemplazo en Luis Felipe, quien no sería un rey «a la antigua»: establecería una monarquía constitucional donde la influencia política de la burguesía —y de las finanzas— sería cada vez más sensible.

A partir de este momento la vieja nobleza jamás reconquistaría sus privilegios.

Las restricciones impuestas a las libertades y las privaciones materiales de la población, terminarían por reencender la llama de la revolución.

En tres oportunidades sucesivas (1830, 1848 y 1870) el pueblo de París saldría a las calles.

Y restablecería la República en las dos últimas.

Luis Felipe había acido en París el 06 de octubre 1773, hijo Felipe Igualdad (apodo) , duque de Orleans.

Desde 1785 hasta la ejecución de su padre, el 06 de noviembre 1793, era conocido como el duque de Chartres, a partir de entonces como el duque de Orleans y fue líder de la rama más joven de la familia Borbón.

En 1790, en pleno desarrollo de la revolución francesa el duque se unió al Club de los Jacobinos y como militar estuvo al servicio de la Convención; pero mas tarde, decidió escapar de Francia y buscar la protección austríaca en 1793 para evitar caer él también víctima del Terror.

Permaneció en Suiza y Estados Unidos hasta su regreso a Francia en 1817, convirtiéndose enseguida en una figura apreciada por las clases medias liberales, por su postura a medio camino entre los excesos de la revolución popular y la reacción ultrarrealista que se impuso desde finales del reinado de Luis XVIII.

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luis felipe i de francia

Restauró el Palacio de Versalles, abandonado desde la salida de Luis XVI en octubre de 1789, y estableció un museo de la historia de Francia, con una inscripción en su frontón: «a todas las glorias de Francia». También organizó el regreso de las cenizas de Napoleón (15 de diciembre de 1840) y erigidas al este de la ciudad de París.

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Durante el inicio de su gobierno intento apoyar al sector republicano que lo había entronizado, pero con el tiempo su postura democrática fue cambiando, tomando alguna serie de medidas autoritarias , que se contradecían a su compromiso de mantener una monarquía constitucional.

Acordó el matrimonio de su hija Luisa con Leopoldo I de Bélgica.

A partir de 1831, Luis Felipe I, que deseaba ejercer el poder por su cuenta, prefirió a los conservadores de la «Resistencia», encabezados por Guízot, en lugar de los partidarios del «movimiento» de La Fayette.

Frente a las miserias, como el cólera de 1832, o las rebeliones, como las de los tejedores de seda de Lyon en 1831 y 1834, el rey respondió con indiferencia o por la fuerza.

Aunque el censo electoral se extendió a más personas, sólo un 9% de los electores podía votar.

Esta clase dirigente que confiscó el poder en nombre de la razón fue muy corrupta, como lo revelaron una serie de escándalos financieros.

En política exterior, Luis Felipe I apoyó la gestión pacifista de Guizot, fundada en la alianza con Inglaterra, y en 1830 se lanzó con mesura en la colonización de Argelia, emprendida con ligereza tras un incidente diplomático en que el rey de Argelia le asestó un golpe de abanico al cónsul de Francia.

Esta imprudencia alimentó su creciente impopularidad.

Finalmente, la crisis de subsistencia de 1846-1847 fue la que volcó a las calles de París las muchedumbres hambrientas y encolerizadas.

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Luis Felipe I y la Reina Victoria

La revolución de 1830 había llevado al poder a los sectores más ricos de la alta burguesía. Pero la pequeña burguesía y los sectores populares habían sido excluidos del sistema político autoritario, elitista y de sufragio censitario de Luis Felipe.

La búsqueda de mayor participación política, así como el reclamo de mejores condiciones de trabajo y el derecho al voto, hicieron confluir en similares objetivos a sectores de la burguesía, intelectuales, estudiantes universitarios y trabajadores urbanos.

Al mismo tiempo que las ideas liberales y democráticas se radicalizaban, comenzaron a tomar fuerza en Europa nuevas ideologías que reclamaban cambios en la organización de la sociedad y mejoras en la calidad y las condiciones de vida de los sectores obreros.

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El 24 de febrero de 1848, el pueblo tomó el ayuntamiento gritando «viva la República» y Luis Felipe I abdicó en favor de su nieto.

Al día siguiente, Francia ya era una República, al tiempo que el rey derrocado se refugiaba en Inglaterra, donde murió el 26 de agosto de 1850.

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• CRONOLOGÍA DE SU VIDA •

1773 Nace el duque de Valois, el 6 de octubre.

1774 Luis XVI es entronizado.

1785 El duque de Valois se convierte en duque de Chartres.

1789 Toma de la Bastilla.

1791 Huida del rey, que es arrestado en Varennes.

1792 Condena y ejecución de Luis XVI. Ejecución de Felipe Igualdad; el duque de Chartres toma el título de duque de Orleans.

1795 Muerte de Luis XVII. El conde de Provenza toma el título de Luis XVIII. Inicio del Directorio.

1799 Golpe de Estado de Bonaparte.

1804 Napoleón es coronado emperador.

1814 El Senado proclama la deposición de Napoleón I y llama a Luis XVIII. Luis Felipe toma posesión de una parte de sus bienes.

1815 Los Cien Días y la segunda Restauración.

1824 Muerte de Luis XVIII; Carlos X se convierte en rey.

1830 Revolución (las Tres jornadas gloriosas); Carlos X abdica. Luis Felipe I, rey de los franceses.

1831 Ministerio de Casimir Perier. Rebelión de los tejedores de seda de Lyon.

1832 Cólera en París.

1833 Ley Guizot para la enseñanza primaria.

1834 Disturbios republicanos en París. Segunda rebelión de los tejedores de seda de Lyon.

1848 Primera revolución (febrero) y proclamación 1 de la República. Abdicación de Luis Felipe I que se refugia en Inglaterra. Segunda revolución (junio).

1850 Muerte de Luis Felipe I, el 26 de agosto.

Fuente Consultada:
Los Por Qué de la Historia de Stéohane Bern Editorial El Ateneo
Historia Universal Tomo IV de Charles Seignobos Editorial Publinter Buenos Aires

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Torquemada: Crueldad de la Inquisidor Contra Los Herejes en España

Torquemada Crueldad del Fray Contra Los Herejes

Torquemada, el terrible inquisidor: A finales del siglo XV, los reyes Católicos, en su afán de construir un Estado unitario y acorde con su apelativo, necesitaban erradicar de España a las otras religiones monoteístas.

La reconquista ya tenía acorralados a los moros, que morían en combate, se replegaban a fincas o se convertían.

El gran problema eran entonces los judíos, arraigados desde hacia siglos en toda la Península.

Gran Inquisidor Tormquemada

La solución fue el dominico fray Tomás de Torquemada, confesor de la reina Isabel, que en 1483 fue nombrado inquisidor general de Castilla y Aragón.

Poco después, el tremendo fraile reorganizó la inquisición española y fue el mayor inspirador del decreto de expulsión de los judíos en 1492.

Dictó entonces nuevas ordenanzas que le daban carta blanca, y actuó con feroz ensañamiento y crueldad contra aquellos que no aceptaban convertirse o contra los «marranos», como se llamaba a los que seguían practicando su credo en secreto.

La Santa Sede lo llamó varias veces al orden, pero los cónyuges reinante siempre lo defendieron en su cargo y su forma de actuar.

Se calcula que Torquemada condenó a unas 1011000 personas de ambos sexos a distintas penas, de las cuales alrededor de 4.000 fueron condenas de muerte?.

Murió en 1498 sin haber mostrado un signo de arrepentimiento, quizá porque él mismo era hijo de un judío converso.

La historia señala a Fray Tomás Torquemada como el símbolo de la intransigencia del catolicismo cristiano, un adelantado de las leyes racistas y de limpieza de sangre, que aparecieron después de él.

En el inconsciente colectivo, su nombre permanecerá ligado al de hoguera y Auto de Fe, y a una fecha particular: 1492.

En ese año Torquemada estuvo a cargo de la expulsión de los judíos españoles, los cuales no pudieron regresar.

Además, en esa misma fecha, se sucedieron dos hechos cruciales, la conquista de Granada y el “descubrimiento” de América.

Incluso, el papel de Torquemada seria trascendental en el Tribunal de la Inquisición.

En este actor se conjugaban su pasión por ejercer el poder, incluso sobre los monarcas a los que repetidas veces sobrepasó, y su desapego a los mandatos del evangelio.

Torquemada impulsó la gran purga que empobrecería y arruinaría los reinos de España recién reunificada.

Tomás de Torquemada nació en Valladolid y se convirtió en el primer Gran Inquisidor español después de su nombramiento en 1483.

Este fraile dominico realizó una carrera política brillante: era confesor de los Reyes Católicos y a la vez, miembro del Consejo Real de ambos monarcas.

A los 14 años ingresó al convento de los dominicos de San Pablo en su ciudad natal, obtuvo allí el titulo de bachiller en Teología y a la edad de 22 años se convirtió en prior del convento de Santa Cruz en Segovia.

Estos primeros pasos en su formación, lo convirtieron en responsable del Tribunal de la Inquisición o Santo Oficio, establecido en 1478, que hasta ese momento llevaba a cabo actividades de fiscalización de judíos.

Con la asunción de Torquemada (en sustitución de los dominicos Juan de San Martín y Miguel de Morillo) la gama de actividades y de perseguidos de la inquisición se amplió considerablemente, siendo procesados todos los herejes y gentes de fe dudosa en general.

Para poder evidenciar las atrocidades cometidas bajo la Inquisición, se transcribe el formulario de la parte dispositiva de las sentencias de tortura dictadas por la Inquisición bajo el mandato de fray Tomas de Torquemada:

Christi nomine invocato. Fallamos atentos los autos y méritos del dicho proceso, indicios y sospechas que del resultan contra el dicho…, que le debemos condenar y condenamos a que sea puesto a cuestión de tormento, en el cual mandamos esté y persevere por tanto tiempo cuanto a nos bien visto fuere, para que en él diga la verdad de lo que esté testificado y acusado; con protestación que le hacemos, que si en el dicho tormento muriere, o fuese lisiado, o se siguiere efusión de sangre, o mutilación de miembros, sea a su culpa y cargo y no a la nuestra, por no haber querido decir la verdad. Y por esta nuestra sentencia, así lo pronunciamos y mandamos.

Presidido por Torquemada, el Santo Oficio extendería su jurisdicción por los reinos peninsulares desde Castilla.

La situación de los reinos peninsulares se agravó porque en ellos no había tradición inquisitorial anterior, a diferencia de Europa, no habían implantado la anterior Inquisición Papal, de manera que a la brutal represión se le añadía el “factor sorpresa”.

No obstante, la acción de la Inquisición en otros reinos peninsulares estuvo expuesta a problemas: en Aragón se opusieron a las medidas, obligando al Gran Inquisidor a enviar a Zaragoza el canónigo Pedro Arbués, que antes de poder actuar fue apuñalado misteriosamente (se estima que a manos de conversos) en la catedral de la Seo mientras realizaba sus oraciones.

Este asesinato no impidió expandir el control de la Inquisición, imponiendo el reino del terror por toda España.

Al mismo momento se produjo una reacción que resaltaba las bondades de la Inquisición, intentando justificar su presencia, igualándola con el poder de Dios de la Biblia:

“La Inquisición —afirmaba un monje llamado Macedo— se fundó en el Cielo. Dios ejerce la función de primer inquisidor, y, como tal, castigó con el fuego celeste a los ángeles rebeldes». Esta teoría justificaría las acciones del Santo Oficio.

Fray Tomás fue un déspota, evitó e ignoró la ayuda que, legalmente, debía prestarle el Consejo Supremo o de la Inquisición (conocido como la Suprema), dependiente de Fernando e Isabel.

Así, Torquemada dictó sus Instrucciones Antiguas a su libérrimo albedrío, sin consultar con nadie y según su parecer obsesivo para con los no puros en materia de religión.

En algunas ocasiones, solía asistir a los autos de fe, y a la terrible puesta en escena de los mismos, se sumaba la figura angulosa y espectral de Torquemada, asegurándose de que, a los que él había condenado, fenecieran efectivamente en la hoguera.

Envestido de plenos poderes por los Reyes Católicos, Torquemada se propuso conseguir la unidad religiosa de una España recién “inventada y conformada”, para lo cual aconsejó la expulsión de los judíos en 1492.

Esta petición se realizo en la emblemática ciudad de Granada, con cuya conquista se había culminado la unidad peninsular, y en la cual residían por entonces Fernando e Isabel.

Su proyecto de expulsión podía considerarse hasta absurdo, porque según algunos historiadores, él mismo y el propio rey Fernando de Aragón, pertenecían al pueblo hebreo a través de sus antepasados.

Sin embargo, como todos los puros (más si son conversos), el dominico no dejaba de enviar al brazo secular para el cumplimiento de las penas a toda clase de víctimas, tocadas con el sambenito negro, camino de la hoguera purificadora.

Esta cuestión se puede observar al comienzo de la parte preceptiva del edicto dado en Granada por los Reyes Catolicos el 31 de marzo de 1492, expulsando de sus reinos a los judíos:

Por ende, Nos en consejo e parecer de algunos prelados e grandes caballeros de nuestros reynos o de otras personas de ciencia e conciencia de nuestro Consejo, aviendo ávido sobre ello mucha deliberación, acordamos de mandar salir a todos los judíos de todos nuestros reinos, que jamás tornen ni vuelvan a ellos, ni alguno delios; e sobre ello mandamos dar esta nuestra carta, por la qual mandamos a todos los judíos e judías de cualquier edad que seyan, que viven e moran e están en los dichos nuestros reynos e señoríos, ansí los naturales delios como los non naturales (….) salgan con sus fijos e fijas, e  criados e criadas e familiares judíos, ansí grandes como pequeños, de quaiquier edad que seyan, e que no seyan osados de tornar a ellos (…) so pena incurran en pena de muerte e confiscación de todos sus bienes para la nuestra cámara e fisco…

Este inquisidor actuó como un déspota en estado puro, evitó dar cuenta de la expulsión a las Cortes, como era preceptivo, trabajando desde la impunidad de los hechos ya consumados.

Fueron expulsados unos 165.000 judíos, se bautizaron a la fuerza 50.000 y murieron en el éxodo más de 20.000.

Sin embargo, no todo el mundo estaba de acuerdo con las medidas adoptadas, porque el más perjudicado, después de los propios expulsados, era el reino de España que se veía empobrecido por aquella sangría humana.

No obstante, la decisión era inclaudicable sobretodo por la ceguera y la inflexibilidad de fray Tomás.

Esta ceguera se extendía hasta sobrepasar la voluntad de los propios monarcas.

En este sentido, una vez conocido el expediente de expulsión, algunos judíos habían ofrecido a los reyes hasta 30.000 ducados, por lo menos para prolongar el plaza de expulsión y morigerar el transito hacia el exilio.

Cuando Torquemada se enteró de esta propuesta, irrumpió en la audiencia portando un enorme crucifijo que había extraído de los pliegues de su habito de dominico, y amenazó a los monarcas:

«Judas Iscariote vendió a su Maestro por treinta dineros de plata; vuestras altezas le van a vender por treinta mil…! ¡Ahí le tenéis; tomadle y vendedle!».

Fray Tomás, de inmediato se retiro de la estancia, dejando a todos los presentes sorprendidos ante aquella interpelación.

La acción de Torquemada fue efectiva ya que los reyes desestimaron el pago de esa suma de dinero y la posibilidad de minimizar los efectos de la expulsión.

Sobre España recién unificada se abría una era de horrores, que sólo finalizarían en 1834, en la ciudad de Cádiz, y en el enunciado de su Constitución, que abolía el tribunal inquisitorial.

Sin embargo, esto se produciría tres siglos después, en 1492 los obligados a marcharse debieron sufrir el exilio, mientras que los que se quedaron no tuvieron mejor suerte, pues fray Tomás exigía obsesiva y tajantemente la limpieza de sangre, una aberración que, cinco siglos después, retomaría el nazismo.

Las purgas inquisitoriales afectaron a más de 150.000 personas.

Para comprender el alcance de esta medida, se transcribe un segmento del estatuto de la Inquisición:

Los hijos y los nietos de tales condenados no tengan ni usen oficios públicos, ni honras, ni sean promovidos a sacros órdenes, ni sean Jueces, Alcaldes, Alguaciles, Regidores, Mercaderes, Notarios, Escribanos públicos, Abogados, Procuradores, Secretarios, Contadores, Chancilleres, Tesoreros, Médicos, Cirujanos, Sangradores, Boticarios, Corredores, Cambiadores, Fieles, Cogedores, Arrendadores de rentas algunas, ni otros semejantes oficios que públicos sean.

Incluso Torquemada propició otras medidas, adelantándose al edicto del Papa de 1521 que imponía que todos los libros prohibidos debían ser entregados a la Inquisición y quemados públicamente.

Fray Tomás, ya en 1490, había entregado a las llamas más de 600 volúmenes repletos, se dijo, de ideas heréticas y judaizantes.

Por otro lado, personalmente fray Tomás fue un asceta que vivía modestamente y presumía de incorruptible.

Pero si la parte del león en la represión correspondía a herejes y falsos conversos, el largo brazo del inquisidor llegaba también a la de los delitos comunes, aunque él los justificaba y bautizaba como herejías implícitas.

En estas figuras confusas entraban los bígamos, los curas que se casaban, los que se acostaban con mujeres haciéndoles ver que eso no era pecado, los que preparaban filtros de amor, los guardianes que violaban a sus prisioneras, los místicos y los embaucadores, entre otros muchos.

De esta forma, Torquemada pasó a la Historia por su acción al frente de esta institución macabra, conjugando frente a él el odio de muchos siglos y de muchas personas.

No obstante, su vida privada es casi desconocida, no se sabe si en ella prolongaba el dominico aquel sadismo frío e inhumano que utilizaba en lo público.

Algunos historiadores rescataron una curiosa historia, según aquéllos parece que fray Tomás, un hombre al fin y al cabo, sintió una gran pasión por una joven llamada Concepción Saavedra.

De tal manera que ordenó a sus agentes que la buscaran allá donde viviera y la llevaran a su presencia.

Cumplida la orden y estando la joven frente a él, el frío e insensible monstruo intentó seducirla, pero antes solicitó los servicios de una matrona para ver si, como creía, era virgen.

La matrona asintió tras examinarla.

Al día siguiente, y tras una noche de pesadilla, la joven fue trasladada a una estancia ricamente adornada en la que, además, aparecieron ante su vista ricos vestidos y costosas joyas.

En un primer momento,  se ilusionó frente a aquellos presentes, pero enseguida se dio cuenta en qué situación y en qué lugar se hallaba, y se puso a temblar.

Concepción era una bellísima joven andaluza, morena, de cuerpo grácil y atractivos innatos.

Su padre había muerto en una emboscada tendida por las tropas castellanas a los moriscos, con los que su progenitor se hallaba.

Entonces, comprendió que la habían llevado a la sede de la Inquisición y que se hallaba a merced del Gran Inquisidor.

Sin embargo, a la mañana siguiente la despertó el roce de unos labios y el olor penetrante de un perfume.

Al abrir los ojos, vio junto a ella a Torquemada. Muy asustada, se tiró del lecho y se arrodilló ante el dominico, besándole el anillo que adornada su huesuda mano.

La joven preguntó cuál era el motivo por el cual se encontraba allí.

Al instante, le respondió con sentidas alabanzas a su belleza y a su cuello nacarado, a esos ojos turbadores y otras lindezas de enamorados.

La víctima intentó huir, pero el inquisidor la persiguió y acorraló.

Entonces llamó a sus criados y les ordenó que la desnudaran y ataran al lecho.

Allí mismo acabó con la doncellez de Concepción.

Tras aquel atentado al pudor de la joven, el monje pudo asegurarle que le había hecho feliz y que, sin duda, ella también lo había sido con él. Poco tiempo después, Concepción Saavedra moría achicharrada en una hoguera levantada en una céntrica plaza de Sevilla.

Fray Tomas de Torquemada, fue uno de los ocho inquisidores nombrados por el Papa Sixto IV en 1482.

Durante sus quince años de mandato hizo funcionar con fiereza al Tribunal de la Inquisición.

Incluso, fue relevado del cargo por el propio Pontífice, ya que Torquemada, con el consentimiento de los Reyes Católicos, hicieron funcionar la Inquisición de manera autónoma respecto al papado y en su exclusivo beneficio político.

Es necesario destacar que Torquemada, atiborrado de poder, había traspasado ciertos límites al procesar a dos obispos, que según él, tenían contacto con los protestantes.

Ante tanta arbitrariedad, y aunque fuesen voces en el desierto y se jugaran la vida, algunas, como las de fray Hernando de Talavera (confesor de la reina) y Hernando del Pulgar (secretado real), resonaron con fuerza denunciando los abusos del dominico.

Es así que el Papa decidió poner fin a los abusos cometidos por este dominico.

Como compensación por su defenestración, le fueron ofrecidos los arzobispados de Sevilla y Toledo, que rechazó.

Torquemada era un hombre contradictorio, combinaba su sed de sangre y de pureza por el fuego con una vida oficialmente “ejemplar”: vivía la vida conventual de manera similar a la del último lego, durmiendo sobre una tarima desnuda.

Además, nunca comía carne y sus signos exteriores de riqueza eran inexistentes.

Su retiro se produjo al convento de Santo Tomás de Avila, donde murió en 1498.

Su sucesor fue fray Diego de Deza, de su misma orden dominica, que siguió los pasos despiadados de su antecesor y hermano de orden fray Tomás.

Al morir, Torquemada, dejaba como herencia un abultado número de víctimas entre un desgraciado pueblo español: más de 100.000 procesados y cerca de 3.000 condenados a muerte y ejecutados en 15 años de actuación despiadada contra cualquier desviación de la más absoluta ortodoxia religiosa y política.

Las acciones del Santo Oficio nunca alcanzaron la crueldad y el desprecio por la vida humana como las que se cometieron en la época del dominico Torquemada, quien impulso la política de mano férrea.

Los documentos demuestran que en sus primeros veinte años de existencia, el Santo Tribunal de la Inquisición, conminó a la muerte a las tres cuartas partes del total de víctimas en toda su historia de tres siglos.

Quizás estas cifras representaban para Torquemada, el aval a las puertas de un Cielo que, seguramente, creyó merecer.

La Segunda Internacional Obrera:Objetivos,Fecha y Logros

Objetivos de la Segunda Internacional Obrera
Asociaciones de Trabajadores

Antecedentes de la I y II Internacional: La etapa que cubre el siglo XIX, particularmente en su segunda mitad, presenta la creciente organización del proletariado como clase con intereses propios.

El 28 de septiembre de 1864 se constituye en Londres la Asociación internacional de los Trabajadores, más conocida posteriormente con el nombre de Primera Internacional o I Internacional.

Su creación fue precedida por veinte años de intensa actividad teórica y política de Marx y Engels.

Con ella se sientan las bases para la elaboración de los ejes políticos centrales del marxismo que luego se mantendrán como una constante del movimiento obrero revolucionario: la constitución del proletariado en partido político independiente y contrapuesto a los de la burguesía; la necesidad de articular las luchas reivindicativas inmediatas de los obreros con las políticas generales; la perspectiva necesariamente internacionalista del proletariado internacional, etc.

La I Internacional nunca pudo constituirse como una organización unificada establemente, pero la participación en las luchas obreras de la época fue intensa.

Particularmente en el apoyo decidido a la Comuna de París de 1871.

Justamente, la gran represión que sigue a su derrota fue decisiva para el debilitamiento de la I Internacional, lo que unido a la creciente división entre marxistas y anarquistas precipitó su división final y su desaparición entre 1872 y 1877.

El fracaso de la Comuna de París y la disolución de la Primera Internacional no pusieron un freno al movimiento obrero, sino que, por el contrario, éste vio incrementadas sus fuerzas, en todos los países de Europa se organizaron partidos socialistas.

Estos partidos continuaban aspirando a la misma meta que el socialismo originario: sustituir la sociedad capitalista por una organización social más justa, donde hubiese desaparecido la explotación del hombre por el hombre.

• CUADRO SINTESIS

cuadro sobre la primera internacional

Sin embargo, los métodos cambiaron.

Los primeros pensadores socialistas consideraban que era necesaria la revolución para que la clase obrera llegase al poder; en cambio ahora, al haberse extendido el sufragio universal por casi todos los países, el socialismo se orientó hacia formas más pacíficas, participando en las elecciones y consiguiendo situar diputados obreros en los distintos Parlamentos.

Era lógico, por otra parte, que los numerosos partidos y sindicatos de trabajadores que aparecieron por todas partes, al tener una misma ideología y utilizar unos mismos métodos, se unieran.

Objetivos de la Segunda Internacional Obrera Asociaciones de Trabajadores

Y así, en 1889 se fundó en París la llamada Segunda Internacional.

Dos importantes diferencias presentaba esta organización con respecto a la primera: por lo pronto, sólo formaban parte de ella los grupos socialistas, por cuanto se había excluido a los anarquistas; en segundo lugar, frente al centralismo de la AIT , el nuevo organismo tenía una estructura descentralizada y flexible, de tal manera que, en la práctica, se limitaba a orientar y a mantener informados a sus adheridos.

La Segunda Internacional llevó a cabo una labor eficaz y su influencia se extendió rápidamente por toda Europa.

A ella se debió el establecimiento del 1º de mayo como jornada reivindicativa de los trabajadores de todo el mundo.

Igualmente, a partir de su Fundación comenzó a notarse una mejora en el nivel de vida de la clase obrera, que consiguió, entre otras conquistas, la reducción de la jornada laboral y subidas en los salarios.

Las continuas luchas de los obreros por sus reivindicaciones obligaron a los gobiernos a reconocer las libertades de organización y reunión, y el derecho a la huelga.

En 1889 se fundó en París la I Internacional.

A la vez, los partidos socialistas europeos crecieron de forma espectacular.

El más importante de ellos, el alemán, en 1912 tenía ya 110 representantes en el Parlamento, periódicos en todas las ciudades, cooperativas, agrupaciones deportivas y círculos culturales obreros.

En Francia, a principios del siglo XX, el socialismo contaba con cerca de un millón y medio de electores.

En el Reino Unido, el Partido Laborista atraía no sólo a los obreros, sino también a los intelectuales y filósofos más destacados.

En España, el Partido Socialista Obrero Español, fundado en 1879 por Pablo Iglesias (1850-1925), creaba por odas partes, en unión con la UGT, las llamadas Casas del Pueblo.

Junto con la expansión surgió una nueva generación de pensadores socialistas.

Entre ellos hay que citar al alemán Bernstein (1850-1932), discípulo de Marx, del que discrepaba al señalar que el capitalismo no podía ser destruido por una revolución y que, en consecuencia, la estrategia correcta para llegar al socialismo era la de luchar por conseguir reformas que fuesen poco a poco acabando con las injusticias.

También alemán, aunque de origen checo, fue Karl Kautsky (1854-1938), quien insistió sobre todo en el respeto a las libertades democráticas y en la necesidad de que los partidos socialistas llegasen al poder a través de elecciones parlamentarias.

Rosa de Luxemburgo Liga Espartaquista Golpe a la Republica de Weimar –  BIOGRAFÍAS e HISTORIA UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

Por último hay que nombrar también el francés Jean Jaurés (1858-1914), cuya obra como político y escritor se orientó especialmente a resaltar el caracter humanista y pacífico del socialismo; y a la polaca Rosa Luxemburg 1871-1919), opuesta al revisionismo le Bernstein, defensora de la acción le masas y participante activa en los sucesos que desembocaron en la revolución rusa de 1905.

Congreso de la 2° Internacional

El 1º de mayo: En diciembre de 1888 el Congreso de Sindicatos de EE. UU., reunido en Saint Louis, decidió organizar manifestaciones el 1º de mayo en favor de la jornada de ocho horas y para recordar la sangrienta jornada de represión ocurrida en Chicago dos años antes, por motivos similares.

En las reuniones de la Segunda Internacional (1889) se aprobó una resolución en la que se llamaba a los obreros para que manifestasen su solidaridad en todos los países en una fecha determinada.

De esta forma, el 1º de mayo de 1890 se produjeron huelgas y manifestaciones en numerosos lugares de Francia, Italia, Bélgica, Suecia, Gran Bretaña, Portugal y España.

En el Congreso de la Internacional celebrado en Bruselas en 1891 se institucionalizó la fecha del 1º de mayo como día para celebrar huelgas y manifestaciones solidarias, «siempre que las condiciones de los países lo permitan».

Aunque la interpretación de esta cláusula dio lugar a algunas disensiones, sobre todo en la zona germánica, desde esa fecha el 1º de mayo se convirtió en la jornada reivindicativa por excelencia.

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Biografia Reina Leonor de Aquitania Madre Ricardo Corazon de Leon

Biografía Reina Leonor de Aquitania

Esposa de dos de los más poderosos soberanos del siglo XII, Leonor de Aquitania desempeñó un papel político al que no parecía estar predestinada debido a su condición de mujer. Esta mujer poderosa contribuyó a la difusión de la cultura cortesana.

Biografia Reina Leonor de Aquitania Leonor nació en 1122, en un castillo de Bordelais. Era nieta del primer trovador conocido, el duque de Aquitania, Guillermo IX, cuyas posesiones abarcaban todo el sudoeste de Francia, desde los Pirineos hasta el Poitou; en la zona se hablaban todas las variedades de la lengua de oc.

En el seno de su familia, la niña desarrolló el gusto por las letras y la poesía, al igual que una gran sensibilidad por el refinamiento del amor cortés que apenas empezaba a nacer. Como primogénita del duque de Aquitania, Guillermo X, heredó a su muerte este extenso territorio, rico y reacio a toda autoridad extranjera. Poderosa, bella y cultivada,

Leonor era un excelente partido que el rey de Francia se apresuró en codiciar para su hijo de dieciséis años. Luis VI el Gordo, sintiendo la muerte cercana, adelantó el matrimonio: el 25 de julio de 1137, el joven Luis VII y Leonor se casaron y luego fueron coronados en Burdeos. A los quince años, Leonor se convirtió en la reina de Francia.

Los primeros meses en la corte de Francia fueron sin duda difíciles. Acostumbrada al sol, las fiestas y el refinamiento meridionales, debió habituarse a vivir al lado de un marido muy piadoso, formado en una educación austera, y alimentado por los textos religiosos e históricos.

Sin embargo, la pareja parecía entenderse bien y Luis estaba muy enamorado de su joven esposa. Leonor, cuya personalidad estaba bien asentada, ejercía una clara influencia sobre su marido: se dedicó a preservar los intereses de su familia y se preocupó por participar en los asuntos del reino.

Cuando en 1146 resonó el llamado a la segunda cruzada, naturalmente Leonor entusiasta, decidió acompañar a Luis. La aventura fue un fiasco. El humillante fracaso militar fue rápidamente atribuido por la presencia de la reina y su séquito. La empresa terminó con graves tensiones y la pareja real, ya que la reina regresó de la cruzada mancillada por una sospecha de adulterio.

A pesar de los esfuerzos de los círculos allegados a los reyes, preocupado por la idea de ver Aquitania -que Leonor poseía en propiedad-  sustraerse al poder los Capetos, ambos esposos pronto solicitaron el divorcio, que solamente la Iglesia podía conceder. Un concilio reunido rápidamente consta: el 18 de marzo de 1152 la consanguinidad de ambos esposos, quienes efectivamente eran primos lejanos.

En realidad, fueron otras las razones que llevaron a la discusión del matrimonio. Más que la consaguinidad, reconocida y frecuente en reuniones reales, fueron el presunto adulterio, las diferencias culturales entre ambos esposos y sobre todo la falta de un heredero varón después de quince años de matrimonio los que acabaron con esta unión.

La historia de la reina Leonor podría haberse detenido con este divorcio. Sin embargo, apenas unas semanas más tarde, la duquesa de Aquitania, en la plenitud de la treintena. se casó con Enrique Plantagenet, de dieciocho años, futuro rey de Inglaterra. Enamorada de este joven que había conocido el año anterior, Leonor dejó a Luis sus dos hijas, María y Alix, para viajar hacia su nuevo destino.

En 1154, cuando Enrique sucedió a su padre Godofredo Plantagenet, el rey de Inglaterra devino señor feudal de Aquitania. Además, Enrique II Plantagenet obligó al conde de Nantes a entregarle sus posesiones, lo que le permitió ser más poderoso que el rey de Francia: los dominios del reino eran mucho más extensos que los del primer esposo de su mujer y formaran una franja continua desde Aquitania hasta Normandía.

La situación generada por el segundo matrimonio de Leonor fueron de los orígenes de la trágica rivalidad franco-inglesa, que ensangrentó ambos países hasta finales de la guerra de los Cien Años.

La vida de la reina de Inglaterra fue muy distinta a la de la reina de Francia. Su marido exigió que desempeñara las funciones de una soberana feudal. Lo acompañó en sus largas peregrinaciones, ya que su presencia era necesaria para asentar el poder de su marido frente a los aquitanos, siempre listos a la rebelión. Además, tuvo ocho hijos, de los cuales cuatro fueron varones, ella que sólo había tenido con Luis VII dos hijas en quince años de matrimonio.

A pesar de su gran actividad, Leonor no olvidó su gusto por el arte y la cultura. Estableció una espléndida corte en Poitiers donde acogió a trovadores y escritores, los que en muchos casos le dedicaron sus obras. La reina apoyó e inspiró a numerosos artistas, entre los cuales uno de los más famosos fue Bernardo de Ventadour.

LOS PLANTAGENET: La dinastía de los Plantagenet debe el nombre que le otorgaron los historiadores a Godofredo V, conde deAnjou, que debido a su afición por la caza, ¡había multiplicado las tierras y plantado retamas (genéts)! Tras recibir en herencia los condados de Anjou, Turena y Maine, Godofredo Plantagenet desposó en 1128 a Matilde, hija del último rey normando de Inglaterra, Enrique I Beauclerc. Aunque Godofredo no pudo hacer valer los derechos de su esposa sobre la corona, logró recuperar el ducado de Normandía en 1144.

Su hijo, Enrique II, añadió Aquitania gracias a su matrimonio con Leonor y obligó en I 154 al rey de Inglaterra, Esteban de Blois, a reconocerlo como sucesor. De esta manera, nació el «imperio Plantagenet», que creció aún más durante el reinado de Enrique II, con Irlanda, el condado de Nantes, e incluso, Bretaña. Aunque los Plantagenet perdieron durante el siglo XIII la parte continental de este gigantesco territorio, a excepción de Aquitania, se mantuvieron en el trono de Inglaterra hasta la llegada de los Tudor en 1485.


UNA MUJER PODEROSA: La pasión de Leonor por las letras no la desvió de los asuntos políticos. Siempre deseosa de desempeñar un papel en los asuntos del reino, obtuvo el derecho de reinar formalmente sobre el ducado de Aquitania al lado de su joven hijo Ricardo, mientras su marido residía principalmente en Inglaterra.

En este contexto escribió una nueva página en la vida de Leonor. | Enrique II no era un muy buen marido. -Mientras más pasaba el tiempo, más parecía que la había desposado por sus tierra: Distaba mucho de ser un modelo de virtud, ya que frecuentaba numerosas amantes y se enamoró de una cierta Rosamunda Clifford.

El sentimiento de traición se sumó a las veleidades del gobierno de Leonor. En 1173, la reina decidió vengase sublevando a sus hijos contra su padre,  Enrique el Joven, luego Ricardo Corazón de León y Godofredo lideraron la revuelta en Aquitania, con el apoyo del rey Francia, Luis VII, quien parecía haber olvidado la amargura de su divorcio y sólo consideraba la oportunidad política de una alianza con su antigua esposa. Sin embargo, Enrique II tomó prisionera a Leonor y puso como condición para liberarla la rendición de sus hijos. Las armas fueron rápidamente depuestas, sobre todeo después que Luis VII demostró ser un apoyo  de poco valor, igual al marido mediocre que había sido.

Leonor sin embargo fue liberada, y la fiera aquitana pasó más de quince años en «libertad vigilada», rajo el ojo atento de Enrique II. Éste no aceptó ninguna petición de gracia y Leonor logró recuperar su libertad solamente en 1189, cuando su marido murió. Aunque ya tenía sesenta y siete años, le esperaba una nueva prueba.

Su hijo Ricardo, a partir de entonces rey de Inglaterra, planeaba partir a la tercera cruzada. Durante su ausencia, ella administró el reino: Leonor tenía finalmente el poder y debía hacer frente a las intrigas de su hijo menor, Juan «sin Tierra», pero no sin ambición, este hijo, poco amado, intentó en efectivamente  aprovechar la ausencia de su hermano rara apoderarse del trono: el complot fracasó, en parte gracias a la energía despicada por la reina, cuando Ricardo recuperó finalmente el reino, ella decidió, a la edad de setenta y dos años, retirarse a la abadía de Fonterault. Su retiro sin embargo sólo fue relativo, ya que siguió atenta a los asuntos del reino y al conflicto que lo oponía a Francia.

Salía de las sombras cada vez que su opinión o intervención eran necesarias. Destrozada por la muerte accidental de Ricardo Corazón de León en 1199, que recibió una flecha mortal durante el asedio a un castillo lemosín, Leonor encontró sus fuerzas para ayudar en la coronación Juan sin Tierra, pensando así proteger a Inglaterra de la codicia del nuevo rey de Francia, Felipe Augusto. Tenía ochenta y dos años cuando falleció en la tranquilidad de su retiro. Enterrada en Fontevrault al lado de Enrique II y de Ricardo Corazón de León, sigue siendo, nueve siglos más tarde, una de las figuras femeninas más destacadas de la Edad Media.

FONTEVRAULT: La abadía donde se retiró Leonor de Aquitania al final de su vida fue fundada hacia 1101 por Roberto de Arbrissel, en compañía de un grupo heteróclita de discípulos que compartían el mismo ideal de vida ascética y evangélica. Este lugar frecuentado por nobles damas y leprosos, hombres y mujeres, era motivo de gran escándalo para los prelados y también para el abuelo de Leonor, Guillermo IX de Aquitania, que había visto cómo este apasionado predicador se había llevado sus dos esposas y su amante. Aunque su funcionamiento se reglamentó, Fontevrault siguió siendo una abadía donde las mujeres mandaban a los monjes.

Expedicion de Gaboto Sebastian: El Descubrimiento del Rio Paraná

Expedición de Gaboto Sebastián : Descubrimiento del Rio Paraná

Sebastián Gaboto y el descubrimiento del Río Paraná — El monarca español, ante la certeza de que la Especiería estaba comprendida dentro de la jurisdicción de Castilla, organizó la Casa de Contratación de la Especiería en la Coruña, para el tráfico con las Molucas.

Sebastián Gaboto

Se preparó una expedición que debía seguir la ruta de Magallanes y El Cano y que fijaría exactamente la jurisdicción castellana.

Se puso al frente de ella a García Jofré de Loaysa y El Cano iba como guía, pero la empresa fracasó; cruzado el estrecho de Magallanes, murieron en alta mar primero Loaysa y más tarde El Cano.

Algunos sobrevivientes establecieron una fortaleza en Tidore, para defender los derechos de Castilla ante Portugal, y otros llegaron a la costa mejicana.

Una de las naves tocó costa de Brasil y algunos hombres quedaron allí, deslumbrados por los relatos de riquezas que habría más al norte.

Cuando ocurrían estos acontecimientos, ya había salido de España Sebastián Gaboto, hijo de Juan Gaboto, que había realizado viajes por cuenta de la corona inglesa.

Establecido en España se lo nombró piloto mayor en reemplazo de Solís, que había muerto.

Firmó capitulación para recorrer la ruta de El Cano y llevar mercaderías valiosas de lasMolucas, Cipango y Cathay.

Zarparon de San Lúcar de Barrameda en cuatro naves.

Tocaron las Canarias; después se negó a hacer conocer a sus capitanes la ruta que pensaba seguir y en vez de enfilar hacia el sur para cruzar el Estrecho, ordenó poner rumbo a las costas del Brasil, que avistaron a la altura del cabo de San Agustín.

Esto indujo a algunos investigadores a pensar que al salir de España ya tenía la intención de cambiar de ruta, seducido por las riquezas de que hablaban los náufragos y desertores que vivían en la costa del Brasil.

Ellos les indicaron en conversaciones directas que el camino a seguir era el río de Solís, que llamaban de la Plata.

Gaboto reunió a los capitanes de su armada para deliberar y decidieron explorar el Río de la Plata en vez de cumplir lo capitulado.

En el puerto de los Patos (sobre el continente, frente a Santa Catalina) se construyó una nave de poco fondo para recorrer los ríos y se levantó la primera iglesia de estas regiones.

Ya en el Río de la Plata Gaboto fundó el puerto de San Lázaro.

Cerca de la isla San Gabriel encontró a Francisco del Puerto que le confirmó las noticias sobre la Sierra de la Plata, en cuya búsqueda decidieron lanzarse.

Al llegar a la confluencia del Coronda con el Carcarañá fundó el fuerte de Sancti Spiritus (9 de junio de 1527).

Alrededor del fuerte cada conquistador construyó su casa de paja y adobe.

Era esta la primera población española del Río de la Plata, adonde llevaron a los españoles de San Lázaro.

En diciembre Gaboto salió en busca de la Sierra de la Plata, remontando el Paraná hasta el Paraguay donde tuvo noticias de que naves desconocidas habían penetrado en el Paraná; esto unido a una emboscada de los indios en la que murieron varios españoles, decidió a Gaboto a regresar.

En el camino se encontró con las naves de Diego García de Moguer.

Este marino había venido en la expedición de Solís y regresó a España deslumbrado por las noticias que había recibido sobre una región rica en metales preciosos.

Consiguió armar una expedición y firmó la capitulación correspondiente, por la que se comprometía a ir a las Molucas.

Era una expedición modesta, integrada por dos naves y un bergantín que se encontró con la de Gaboto en la isla de Palma, donde García terminaba de prepararse y por donde Gaboto pasaba en viaje a América.

También en busca de las tierras del Rey Blanco penetró en el Río de la Plata y entró al Paraná llegando a Sancti Spiritus.

Como fracasó en su intento de apoderarse del fuerte salió en busca de Gaboto.

Después de veintisiete días se encontraron, disputando sobre sus derechos, pero como no se pusieron de acuerdo decidieron regresar a Sancti Spiritus para reacondicionarse, emprendiendo juntos la conquista del Imperio del Rey Blanco.

Salieron con siete naves hacia el norte, pero tuvieron noticias de la hostilidad de los indígenas y regresaron por ello aSancti Spiritus.

En esos días llegó al fuerte Francisco César, el capitán que había sido enviado hacia el oeste por Gaboto, quien confirmó los datos sobre una región llena de riquezas, de metales y piedras preciosas, que ellos decían haber visto.

García y Gaboto, más interesados que nunca en alcanzarla, salieron nuevamente llegando hasta el Paraguay y quizás hasta el Pilcomayo.

Supieron que los  indios de toda la zona preparaban un gran levantamiento, por lo que regresaron a Sancti Spiritusdesde donde salió Gaboto para pacificar la región.

En su ausencia los indios atacaron y destruyeron el fuerte. Los pocos españoles que lograron salvarse se refugiaron en San Salvador, donde estaba Gaboto.

Este y García ál comprobar el desastre decidieron regresar a España, haciéndolo primero García. Llega con a la península con seis días de diferencia, en julio de 1530.

Gaboto recorrió los ríos hasta el paralelo 25, punto máximo que logró llegar por el norte.

LOS INDIOS QUE LLEVO CABOTO A ESPAÑA

Según el historiador De Gandía, Caboto volvió a España en 1530, después de haber navegado por primera vez el Paraná, descubierto el interior de Argentina y Paraguay, fundado el primer establecimiento español en estas tierras y plantado el primer trigo.

Llevaba a bordo una pequeñísima muestra de plata, enloquecedores rumores sobre la supuesta abundancia de tesoros (que no se daban en realidad en el Río de la Plata, sino en el Alto Perú, en Potosí) y cinco indios.

Sabemos los nombres de tres: Curupao, Carapucá y Chocoví; los nombres de un indio y una india, probablemente marido y mujer, quedaron ignorados para la historia.

Diego García, que partió para España a fines de 1529, llevó seis indios capturados en las costas de Brasil. Los reyes de España se preocuparon mucho de estos indios.

El 1 de setiembre de 1530 ordenaron a la Casa de Contratación de Sevilla que los tres indios Curupao, Carapucá y Chocoví’ que Caboto había entregado a Hernando de Andrada, fuesen vestidos, en caso de no estarlo y llevados a la corte, para verlos y luego alojarlos en un convento.

Parece que esta orden no se cumplió, pues el 27 de octubre del mismo año los reyes pidieron noticias de los indios.

El 10 de diciembre vuelven a pedir noticias y solicitan que los indios fuesen adoctrinados en monasterios.

En cuanto a los seis indios que trajo Diego García de Moguer, sabemos que fueron embarcados y que el 4 de abril de 1531 los reyes pedían noticias de ellos a la Casa de Contratación.

Los indios seguían embarcados y el 22 de junio de 1531 los reyes dispusieron fuesen devueltos a su propietario.

Por una noticia del 20 de mayo de 1532, sabemos que un indio y una india traídos por Caboto de la isla de Santa Catalina se habían hecho cristianos, pero se ignoraba su paradero.

El 22 de agosto de 1534 los reyes disponen que los indios sean devueltos a sus tierras en la armada que estaba preparando Pedro de Mendoza.

Como ya hablaban español podían servir de intérpretes; los llamaban ladinos (o sea, latinos). El 9 de enero de 1535 los reyes ordenan que si los indios estaban en conventos y deseaban embarcar con Pedro de Mendoza, lo podían hacer.

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

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Enlace Externo:• La expedición de Sebastián Gaboto

Colonizacion Española en America Bartolome de las Casas

Colonizacion Española en América
Bartolomé de las Casas y los Aborígenes

La reina Isabel de Castilla declaró a los aborígenes americanos súbditos de la corona e instituyó la encomienda, un sistema que permitía a los españoles cobrarles tributos, usarlos para trabajar , pero a cambio los protegerían a los indígenas y les pagarían salarios.

Además supervisarían sus necesidades espirítales evangelizándolos. Lamentablemente en  la práctica, esto significaba que los colonizadores eran libres de llevar a cabo, como mejor les pareciera, abusando de su poder y en muchos casos torturándolos laboralmente.

 Bartolomé de las Casas y los AborígenesBartolomé de Las Casas (1474-1566) participó en la conquista de Cuba y recibió tierra e indios en recompensa por sus esfuerzos.

Sin embargo, en 1514 sufrió una transformación radical y empezó a creer que los indios habían sido cruelmente maltratados por sus compatriotas españoles. Se hizo monje Dominico y pasó los años restantes de su vida (vivió hasta los 92 años) luchando por los indios.

Esta selección se tomó de su obra de mayor influencia, Brevísima relación de la destrucción de las Indias, origen de la «leyenda negra» que denunciaba a los españoles Como «fanáticos, crueles y asesinos».

Bartolomé de Las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las Indias
«No hay nada más detestable o cruel que la tiranía que los españoles emplean con los indios para obtener perlas. Seguramente los tormentos infernales no pueden exceder en mucho las aflicciones que soportan, por razón de esa forma de crueldad, pues los ponen bajo el agua a cuatro o cinco varas de profundidad, a donde son forzados a bajar sin libertad de respiración, para recoger las conchas donde están las perlas; a veces salen de nuevo con redes llenas de conchas para tomar aliento, pero si están un momento más para descansar, inmediatamente viene un verdugo remando en un pequeño bote, quien, tan pronto les ha dado una buena paliza, los hace ir de nuevo a su labor.

Su comida no es más que basura, consiste en lo mismo que contiene la perla, con una pequeña porción de ese pan que da el país; en lo primero de esto hay poco nutrimento; y de lo último se hace con gran dificultad, a más de que no tienen suficiente de eso ni para sustento; yacen en el piso encadenados, para que no huyan; y muchas veces se ahogan en esta labor, y nunca se les ve de nuevo hasta que nadan sobre la cresta de las olas: suelen ser devorados también por ciertos monstruos del mar, que frecuentan estos mares.

Considérese si este duro uso de las pobres criaturas puede ser congruente con los preceptos que Dios manda sobre la caridad hacia nuestro prójimo, por esos que los arrojan tan inmerecidamente a los peligros de una cruel muerte, haciéndolos perecer sin remordimiento ni compasión, no permitiéndoles el beneficio de los sacramentos, ni el conocimiento de la religión; siendo imposible para ellos vivir algún tiempo bajo el agua; y esta muerte es de lo más dolorosa, por razón de que, por la constricción del pecho, mientras los pulmones luchan por hacer su función, las partes vitales sufren de tal manera, que mueren vomitando sangre por sus bocas.

Asimismo, su cabello, que por naturaleza es negro, cambia por ello y se vuelve del color de los lobos marinos; sus cuerpos también están tan salpicados por la espuma del mar, que parecen monstruos más que hombres.»

Biografia de Francis Bacon:Filosofo Empirista Renacentista

Biografia deFrancis Bacon:Filosofo Empirista Renacentista

 Francis BaconFrancis Bacon (Londres 1561-1626) es el filósofo de la ciencia original, el primero que describió no sólo las ambiciones intelectuales características de la ciencia moderna, sino también las organizaciones donde ésta se desarrolla.

Hombre brillante, socialmente ambicioso y arrogante, en su prolongada carrera pública Bacon ostentó altos cargos en la administración y escribió extensamente sobre los beneficios públicos de lo que ahora se calificaría como ciencia aplicada.

Hombre político sinuoso, pero extraordinario lógico, el autor del Novum organum no sólo se sublevó contra la dictadura de Aristóteles y de Santo Tomás, sino que, contraviniendo el método tradicional, propuso que hay que partir de los hechos para establecer principios generales, en lugar de pasar de los principios a los hechos.

Con una soberana claridad, denuncia las cuatro fuentes de errores que pueden desviar al científico, y, mediante sus tablas de ausencia, de presencia y de grados, indica la forma de clasificar los fenómenos que se presentan al observador.

Este método lo empleó más tarde Stuart Mill, aunque ya desde el siglo XVII fue adoptado más o menos conscientemente por todos los investigadores.

En 1573 ingresó en el Trinity College de Cambridge.

En 1576 comenzó a estudiar leyes en el Grays de Londres, estudios que suspendió para irse al extranjero como agregado del embajador sir Amyas Paulet.

Regresa de Francia al saber de la muerte de su padre y reanuda sus estudios en derecho, literatura y diplomacia.

En 1582 ejércela abogacía y llega a ser magistrado.

Obtuvo, en 1584, un lugar en la Cámara de los Comunes, que mantuvo por treinta y seis años.

Jacobo I lo nombró procurador general en 1607, fiscal de la Corona en 1613 y lord canciller en 1618, además, barón de Verulam y vizconde de Saint Albans.

Fue de los primeros en desechar la escolástica medieval como método de investigación, y propuso el propio.

Como su contemporáneo Descartes, Bacon describió un método científico que puso en suspenso la mayoría de las creencias tradicionales en favor del proyecto de establecer una comprensión del mundo nueva y más amplia.

A diferencia de Descartes, la ciencia de Bacon se basaba en meticulosas observaciones y experimentos e implicaba la cooperación con numerosos científicos.

La primera etapa del proyecto de Bacon consistía en reunir grandes cantidades de datos mediante la observación directa y sin prejuicios de todo tipo de cuestiones.

A continuación, se filtraban los datos para evitar errores y absurdos, pese a lo que aún continuarían estando poco elaborados.

El siguiente paso consistía en formular hipótesis de leyes generales que explicaran los datos obtenidos.

Bacon pensó que se debería buscar un número limitado de características básicas, de modo que las leyes hipotéticas cubrieran todas las combinaciones posibles de dichas características.

En este punto se corría el riesgo de que uno se dejara influir por creencias irracionales, de modo que era preciso protegerse de ellas.

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En Cambridge, sus estudios de las diversas ciencias le llevaron a la conclusión de que los métodos empleados y los resultados obtenidos eran erróneos. Su reverencia por Aristóteles, del que, a pesar de todo, no parecía tener excesivo conocimiento, contrastaba con su desapego por la filosofía aristotélica.

A su juicio, la filosofía precisaba de un verdadero propósito y nuevos métodos para alcanzar ese propósito. Con el primer germen de la idea que le consagraría, Bacon abandonó la universidad.

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Bacon agrupó estas influencias en las cuatro clases de ídolos: ídolos de la tribu (errores e ilusiones naturales para el ser humano); ídolos del cuarto de trabajo (énfasis exagerado en las propias experiencias); ídolos del mercado (asumir que distintas personas usan las mismas palabras para describir las mismas cosas); e ídolos del teatro (ideas que desorientan presentadas por los sistemas filosóficos).

En cuanto se tuviera la hipótesis, se debería contrastar con los datos existentes.

Si los datos no permitieron encontrar pruebas determinantes, podrían obtenerse realizando un «experimento crucial».

Esto permitiría comprobar directamente las implicaciones de las hipótesis competidoras, lo que indicaría cuál es correcta.

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La observación es la base de las ciencias experimentales; abre el camino a inducciones fecundas que determinan la formación de las grandes leyes científicas. Eso no obstante, las experiencias no se hacen al azar y los científicos actuaban en conformidad con un código de la investigación. Este código, que vale tanto para la física como para las demás disciplinas, fue formulado por el canciller Francis Bacon (1561-1626).

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Muchos aspectos de esta metodología encajan perfectamente con la estructura de las ciencias biológica y física, que luego hicieron uso de ella.

En concreto, la idea de manipular la naturaleza para producir pruebas que no podrían obtenerse por simple observación es crucial para el método científico.

Otros de los elementos propuestos por Bacon parecen hoy bastante inocentes, en particular la idea de que es posible formular un con junto de hipótesis suficientemente rico para cubrir todas las posibles leyes reales, y bastante simple para descubrir la verdad por una sencilla eliminación le las hipótesis propuestas que no encajen con los datos.

Los científicos deben de ser ante todo escépticos y no aceptar explicaciones que no se puedan probar por la observación y la experiencia sensible (empirismo).

La más sabia de las sugerencias de Bacon acaso sea la de que, para entender la naturaleza, es preciso coordinar el trabajo de muchos investigadores, algunos de los cuales reunirán información y otros se dedicarán a sistematizarla.

Bacon se daba cuenta de que éste era un empeño costoso, por lo que trató de interesar a las autoridades de su época para que sufragasen los gastos de lo que hoy se denominan asociaciones científicas e institutos de investigación.

Al fracasar trató de financiarlos él mismo.

Cuando murió en 1626, Bacon había caído en desgracia por aceptar un soborno en su cargo de juez; desde el principio de la historia de la ciencia, la necesidad de apoyo económico llevó a quienes la practicaban a adoptar medidas desesperadas.

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Para saber mas…

• AMPLIACIÓN DE SU BIOGRAFÍA…

Francisco Bacon.Barón de Verulam, vivió de 1561 a 1626.

Nació en Londres y estudió en el Colegio de la Trinidad de Cambridge.

Combatió el método aristotélico, cuya filosofía sólo la estimaba apta para las disputas y estéril para la producción de obras prácticas.

Según él, el verdadero camino para encontrar la verdad estaba en la experimentación, seguida de la inducción.

Negó el valor de la conjetura y de la hipótesis.

Consideró la Matemática como ciencia auxiliar de la Física y a la Astronomía como dependiente de las dos citadas ciencias.

Según su criterio, la religión no debe mezclarse con la Ciencia, ni ésta inmiscuirse en aquélla. Escribió varias obras sobre diversos temas, exponiendo en ellas sus doctrinas.

Citaremos sólo las tituladas Novum Organum Scientiarum (Nuevo órgano de las ciencias), De dignitate el augmentis scientiarum (Adelantamiento de las Ciencias), que forman parte de su gran tratado Instauratio Magna (Magna Restauración), en las que propugnaba el método inductivo.

Fue uno de los detractores de la concepción astronómica de Copérnico.

Ni los altos puestos desempeñados, ni la publicación de los Ensayos le proporcionaron bienestar económico; hallóse siempre en una situación financiera precaria y contraía deudas usurarias para satisfacer su sed de lujo y grandeza.

En 1598, Bacon, no pudiendo hacer frente a una deuda contraída, fue arrestado a raíz de un juicio iniciado por un usurero; el asunto se arregló pronto, y Bacon, reintegrado a su puesto, volvió a la Cámara de los Comunes.

Un nuevo adelanto en su carrera política fue influido por un hecho que tuvo gran resonancia: el proceso del joven y célebre conde de Essex tuvo que comparecer ante la Cámara de los Comunes bajo la inculpación de complotar contra la reina.

Entre los acusadores más encarnizados del conde, que fue condenado a muerte, figuró Bacon, a pesar de haber tenido en él un verdadero amigo y un mecenas generoso.

Esta actitud, que a muchos les pareció incalificable, le valió en cambio la estima y buena voluntad de la reina, quien le encargó que hiciera la apología de esa condena.

Evidentemente, esta apología no fue acogida en forma favorable por todo el mundo y la mayoría condenaba al autor, que había traicionado a un viejo amigo.

La buena voluntad de la corte, que Bacon había conseguido en esta ocasión, no le faltó ni aun cuando falleció la reina Isabel en 1603; su sucesor, Jacobo I, lo colmó con grandes honores, y al año siguiente, como era lógico, llegó al más alto puesto del Estado.

No sólo fue Guardián de los Sellos, como su padre, sino también lord canciller.

En 1618 recibió el título de lord barón de Verulam, y en 1621 fue nombrado vizconde de Saint-Alban.

Había sabido adoptar una actitud obsequiosa hacia el nuevo soberano y comprendido que era necesario aprobar los planes de Jacobo I y defender fielmente su programa de política interna contra la oposición continua de la Cámara de los Lores.

En la política extranjera del rey le aconsejaba imitar los métodos empleados por la reina Isabel, pero sin contradecir nunca las decisiones del monarca.

Jacobo I y Bacon habían, por lo pronto, comprendido que el gobierno absoluto no serviría para resolver la crisis interna del reino y que agravaría elconflicto entre el pueblo y el soberano.

En el año 1621 el Parlamento, colocado del lado del pueblo, le demostró claramente su descontento al rey, denunciando al mismo tiempo un gran número de abusos de parte del tribunal de la corte, que parecía actuar bajo la influencia de elementos corrompidos.

Se llevó a cabo una investigación ordenada por los Comunes y se estableció la culpabilidad de Bacon, quien fue acusado de corrupción y abuso del poder.

Francisco Bacon estaba en cama enfermo cuando se enteró del resultado de la encuesta; la notificación contenía también la nómina de los jefes de la acusación y se otorgaba un plazo de cinco días para presentar su defensa. Bacon no podía defenderse contra una acusación tan precisa y se reconoció culpable, confirmando las conclusiones de la comisión acusadora y sometiéndose a la clemencia de los jueces.

Las sanciones contra él fueron graves: …se le impuso una multa de 40.000 libras y se lo condenó a ser encerrado en la Torre de Londres; además, durante cierto tiempo quedaba interdicto para ocupar cargos públicos.

Jacobo I fue muy generoso con él: su multa le fue condonada y no permaneció en la prisión más que unos días. Recuperó su libertad con la autorización de residir en Londres, beneficiándose también con una pensión.

Obligado a abandonar la política, Bacon se consagró de nuevo a sus estudios, a los cuales había dedicado tanto tiempo en su juventud, y aplicó todo su tiempo a las Ciencias de la Naturaleza.

Esta afición fue justamente la causante de su muerte.

Un día que excursionaba por las afueras de Londres, tratando de comprobar si la nieve podía preservar aun cuerpo de la putrefacción, se expuso a una temperatura rigurosa y contrajo una neumonía, muriendo algunas semanas más tarde, el 9 de abril de 1626.

Si bien en el transcurso de los siglos su conducta moral ha sido con derecho muy discutida, su fama como filósofo, empero, ha permanecido inalterada.

Esto constituye la confirmación de un hecho: ciencia y moral no coinciden forzosamente en una conciencia.

Se había propuesto escribir una vasta enciclopedia científica, tratada y expuesta según su nuevo método.

Esta obra, de acuerdo con su plan primitivo, debía tener seis volúmenes.

Escribió sin embargo sólo dos de ellos, de los cuales uno, el Novum organum, no es otra cosa que la exposición comentada de su método.

La palabra novum manifiesta claramente la intención hostil respecto del Organon, que tiene por base la lógica silogística aristoteliana.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Francisco Bacon –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

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Las Republicas Francesas:Resumen e Historia de su Formación

Las Repúblicas Francesas
Resumen e Historia de su Formación

revolucion francesa

EL REINO DE FRANCIA

rey de los francos carlomagnoA la muerte de Carlomagno (año 814), el vasto territorio del imperio fue dividido entre sus tres hijos.

Mas no duró largo tiempo esa división; en el año 843 los descendientes de Carlomagno decidieron rehacer la distribución de territorios, que delineó los que habían de ser, posteriormente, los reinos de Francia, Italia y Alemania.

Una nueva época se inició en la historia de Francia en el año 987, con la ascensión al trono de Hugo Capeto.

Con él comenzaba la lucha contra los grandes feudatarios que pretendían restringir el poder real. Esta lucha, que duró casi tres siglos, pudo considerarse terminada alrededor del año 1300 bajo el reinado de Felipe el Hermoso.

Una larga y dura guerra contra Inglaterra puso en serio peligro al reino de Francia; la capital y casi la mitad del territorio fueron ocupados por los ingleses.

Si los franceses consiguieron, finalmente, arrojar a los invasores (hacia 1453), fue gracias a la intervención de una joven: Juana de Arco.

Obtenida la venia del rey para marchar a la cabeza de las tropas en traje de guerrero, la valiente doncella arrastró con su ejemplo a millares de voluntarios.

Esta joven singular, desde entonces el símbolo del pueblo francés, con su heroísmo superó innumerables dificultades y obtuvo las primeras victorias que levantaron el ánimo público.

Entregada a los ingleses, fue condenada a la hoguera cuando solamente contaba diecinueve años de edad.

DINASTÍAS QUE REINARON EN FRANCIA


LOS MER0VINGI0S:

Meroveo, elegido rey de los francos en el siglo V de la era cristiana, fue el fundador de la dinastía. El último rey merovingio fue Childerico III, destronado por Pipino el Breve en 752.

LOS CAR0LINGI0S:

Esta dinastía tomó su nombre de Carlomagno, su más afamado soberano. Se inició con Pipino el Breve y terminó en 987.

LOS CAPETOS:

Hugo Capeto, elegido rey de Francia en 987, fue el fundador de está dinastía que, en sus diversas ramas, reinó hasta el año 1848 (con excepción de la Primera República y del imperio napoleónico: 1804-1814). Se divide en tres ramas: los Capetas directos, hasta Carlos IV (1328); los Valois, hasta Enrique III (1589); los Borbones, hasta Luis XVI (1792) y, después de la Revolución, hasta Luis Felipe (1848).

LA MONARQUÍA ABSOLUTA

LUIS XIV de franciaDurante más de doscientos años, desde mediados del siglo XV y casi hasta fines del siglo XVII, Francia hallóse empeñada en contiendas contra España y Austria.

Ya en él siglo XVI, al conflicto exterior se agregó el religioso, que en Francia llegó hasta la guerra civil.

El rey Enrique IV de Borbón (1589-1610) resolvió el problema: dio plena libertad religiosa, firmó la paz con España y fundó el imperio colonial.

A su muerte, y merced a la acción de dos hábiles ministros, los cardenales Richelieu y Julio Mazarino, Francia logró mantener una posición de primer orden entre las potencias europeas.

A la muerte de Mazarino en el año 1661, Luis XIV tomó con resolución la dirección del gobierno y Francia pudo considerarse la nación más poderosa de Europa.

El reinado de Luis XIV, uno de los más largos en la historia de Europa, se cuenta, sin duda, entre las épocas más importantes de la historia francesa. Con él comenzó en Francia la monarquía absoluta.

Luis XIV fue, en efecto, el rey absoluto por excelencia. En cierta oportunidad afirmó: «El Estado soy yo».

Para lograr el acatamiento de los nobles, que no habrían tolerado un poder real tan absoluto, Luis XIV los hospedó en la inmensa y suntuosa casa real de Versalles, permitiéndoles llevar vida ociosa y dispendiosa, a cargo, por supuesto, del Estado.

Pero los gastos excesivos originados para sufragar las fastuosas fiestas de la corte y para satisfacer las crecidas pensiones de los nobles, condujeron a Francia a condiciones económicas gravísimas.

LA REVOLUCIÓN FRANCESA

Luis XIV murió en 1715, decepcionado del fruto de las guerras que había provocado o en las que había intervenido.

La situación de Francia se agravaba día a día por el desorden siempre creciente. Luis XV, el sucesor, decía: «La buena máquina durará tanto como nos».

Luis XVI, ascendido al trono en el año 1774, era un hombre bueno, poco inteligente y sin ningún carácter; aunque bien intencionado, no hubiera podido, frente a la nobleza y el clero, acostumbrados a sus enormes privilegios, subsanar con simples decretos un estado de cosas que venía arrastrándose desde mucho tiempo atrás.

Nombró a un buen ministro, Turgot, pero éste, que era de la escuela de los economistas del siglo XVIII , tuvo que renunciar frente a la hostilidad de los privilegiados.

Convocados los Estados Generales, en 1789, para remediar la situación económica, los acontecimientos se precipitaron.

El 20 de junio de 1789, los representantes del «tercer estado», burgueses, profesionales, comerciantes, industriales y campesinos, que eran en realidad las víctimas de la desigualdad social, pronunciaron el famoso juramento de la Cancha del Juego de Pelota: «No separarse hasta haber dado a Francia una Constitución».

Días después se reunió la Asamblea Constituyente y ante el peligro que ella corría, por la concentración de tropas, el pueblo se levantó.

La toma de la fortaleza de la Bastilla abatió un símbolo de la arbitrariedad despótica y enardeció la voluntad popular.

La Asamblea promulgó la Declaración de los Derechos del Hombre.

La huida del rey indignó al pueblo de París, que sospechaba sobre todo de la reina María Antonieta.

Luis XVI, condenado a muerte, fue ejecutado en 1793. Una era de terror surgió en Francia, y fueron muchos los aristócratas y sospechosos que fueron llevados ante la justicia y en muchos casos guillotinados.

La Revolución Francesa fue una revolución social de fundamental trascendencia en el mundo occidental.

LA PRIMERA REPÚBLICA

El 22 de setiembre de 1792 surgió la República Francesa, cuya Constitución daba al pueblo aquello por lo cual luchara: libertad e igualdad. Austria y Prusia, temerosas de que ese incendio llegara hasta sus dominios, declararon la guerra a Francia.

Poco después (1793), intervinieron también Inglaterra, Holanda, España y Cerdeña. La energía del gobierno revolucionario y el espíritu admirable del pueblo, decididos a defender sus derechos, levantaron un ejército que, después de su primera victoria en Valmy, no se conformó ya con defenderse, sino que pasó a la ofensiva llevando por Europa las ideas de la Revolución.

Surgió entonces un joven general, que bien puede llamarse un genio de la guerra: Napoleón Bonaparte. Después de una campaña fulminante en Italia, llevada directamente contra el emperador de Austria, fue venciendo poco a poco a todos los enemigos de Francia, con excepción de Inglaterra.

EL IMPERIO

NAPOLEON INapoleón obtuvo en 1799 el cargo de primer cónsul, luego fue cónsul vitalicio (1802) y en 1804 emperador de los franceses.

Las coaliciones contra él se sucedieron y las batallas que libró se tradujeron casi invariablemente en victorias. Pero después de sufrir grandes descalabros en España y tras la desastrosa campaña de Rusia, fue vencido en Leipzig (1813).

Confinado en la isla de Elba, pudo aún reconquistar el poder por un breve período de cien días.

Derrotado definitivamente en Waterloo (18 de junio de 1815), fue desterrado a Santa Elena, pequeña isla del Atlántico, donde murió en el año 1821.

LA SEGUNDA REPÚBLICA (1848) Y EL SEGUNDO IMPERIO (1852)

napoleon III de FranciaLuis XVIII, que había sucedido a Napoleón, dejó como heredero a su hermano Carlos X, quien cayó en la revolución de 1830.

Luis Felipe de Orleáns le sucedió, y gobernó hasta 1848 como monarca constitucional, en medio de la oposición de los «legitimistas», «republicanos», «bonapartistas» y «socialistas», no obstante el tono algo liberal de su gobierno.

En 1848, un movimiento revolucionario derribó a Luis Felipe. Surgió entonces la Segunda República y con ella la magia del nombre de Bonaparte: para unos, promesa, para otros amenaza.

Luis Napoleón Bonaparte, sobrino de Napoleón I, antiguo afiliado a las sociedades carbonarias italianas, fue elegido presidente de la Segunda República en 1848, por el voto de cinco millones y medio de franceses; en 1852 fue designado presidente por diez años y, en el mismo año, emperador hereditario. Asumió el poder con el nombre de Napoleón III.

Ampliar: Segunda Republica Francesa

LA TERCERA REPÚBLICA

El segundo imperio duró menos de dieciocho años. Después de haber logrado preponderancia en Europa, Napoleón III, envuelto en las maniobras de Bismarck, ministro de Prusia, declaró a ésta la guerra, que fue desastrosa para Francia.

Cercado en Sedán, el emperador debió rendirse v esto fue como la señal para un levantamiento de los republicanos franceses, que proclamaron la Tercera República (4 de septiembre de 1870).

El régimen republicano provocó los ataques de monárquicos y bonapartistas. La prosperidad de Francia avanzó, y consiguió formar el segundo imperio colonial del mundo, después de Inglaterra.

En la primera Guerra Mundial, Francia fue aliada de Inglaterra, Rusia, Italia, Estados Unidos y Bélgica, en contra de Alemania y del imperio austro-húngaro. Alemania fue derrotada.

Al estallar la segunda Guerra Mundial, Francia estaba otra vez en primera línea, aliada con Inglaterra y posteriormente (1941), con Estados Unidos, en contra de Alemania, Italia y el Japón.

A un año apenas del comienzo de la guerra, ocupada Francia en sus tres cuartas partes por el ejército alemán, firmó un armisticio.

El general De Gaulle no lo aceptó, y decidió continuar la lucha junto a los aliados; huyó al extranjero y fundó el gobierno de «Francia Libre».

Muchos militares se le adhirieron y, en 1944, al desembarcar los aliados en Francia para expulsar a los alemanes, figuraban entre aquellos las tropas de «Francia Libre», al mando del general De Gaulle.

En 1945 terminó la guerra y Francia integró el conjunto de las naciones vencedoras.

LA CUARTA REPÚBLICA

de gaulle francia Apenas terminada la guerra, los franceses encomendaron a De Gaulle la formación de un nuevo gobierno.

Se proclamó así la Cuarta República, que luego eligió autoridades con una nueva constitución. Pero un nuevo problema surgió para Francia.

Dos colonias africanas: Túnez y Marruecos, exigieron su independencia.

La Cuarta República, que estaba enfrentando el complejo problema, ofreció el poder al general De Gaulle, ya retirado de la vida pública.

El 31 de mayo de 1958 se le concedieron plenos poderes, y su gobierno enfrentó una política de decidida reorganización.

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Biografia Isabel La Catolica: Vida, Educacion y Politica de su Reinado

Biografía Isabel «la Católica»
Resumen de su Vida y Política de su Reinado

ISABEL LA CATÓLICA esta soberana absoluta se caracterizaba por su  energía implacable y su fino talento, propio de una rica cultura renacentista.

Su visión de estadista le permitió echar los cimientos del poderío ibérico, y durante su reinado orientó los futuros cauces de la vida política y cultural de España, al culminar la Reconquista e impulsar el descubrimiento de América.

biografia de isabel la catolina reina de españa

Isabel la Católica es el fruto excepcional de una triste herencia, un eslabón de genio en una cadena de miserias dinásticas.

Dueña de una sensatez, un equilibrio y una cordura de que carecieron sus mayores, vivió obsesionada por una idea fija: España.

Y cuando los azares del derecho de sucesión le impusieron la corona de Castilla, esa idea fija, esa España aún inexistente como Estado nacional, se constituyó en el gran objetivo de su gestión de gobierno: durante treinta años, con implacable voluntad, con ilustrado despotismo, bregó para unificar a la península ibérica, desmembrada desde hacía siglos por obra de la invasión de los árabes y de las guerras dinásticas.

EDUCACIÓN DE PRINCESA

El 22 de abril de 1451, día de Jueves Santo, llegó al mundo el segundo hijo de Juan II de Castilla en Madrigal de las Altas Torres (Ávila).

Era una niña y se le dio el nombre de la madre: Isabel.

Biografia Isabel la Catolica Resumen de su Vida Reyes CatolicosEn su anterior matrimonio el monarca había engendrado un varón que para ese entonces contaba veinticinco años y que pasaría a la historia como Enrique IV el Impotente.

La línea sucesoria se completó en 1453 con el nacimiento de otro infante: Alfonso.

Cuando murió Juan II en 1454, y Enrique IV ascendió al trono, sus dos hermanos pequeños y la reina viuda se trasladatambién, a llevar una casa y bordar en bastidor.

En 1462, después del nacimiento de la primogénita del rey, Isabel pasó a vivir en la Corte.

Desde ese momento el intrigante quehacer de los nobles le sirvió de escuela política, donde pudo apreciar la falta de visión de muchos hombres de Estado y el empeño con que casi todos ellos procuraban hacer prevalecer sobre el interés colectivo y las convivencias del reino sus particulares ambiciones y apetitos de poder.

Hacia 1457, cuando Isabel cumplió dieciséis años (edad que entonces la habilitaba para gobernar o para casarse), las discordias entre la nobleza y el rey se agudizaron.

Alfonso, candidato de los descontentos que pretendían reemplazar al monarca, murió misteriosamente: según decires, envenenado.

Las circunstancias impulsaron a Enrique IV a negar la paternidad de su hija (a la que el pueblo apodaba «la Beltraneja» por suponer que su verdadero padre era Beltrán de la Cueva, un favorito del soberano) y a proclamar como sucesor a su hermanastra.

Pero el rey no deseaba tampoco cumplir su palabra, y pensó que darle marido a Isabel sería la mejor manera de apartarla del trono.

Ella, que había aprendido a leer detrás de las sonrisas cortesanas en el ajetreo de palacio, buscó por su cuenta una solución:invitó sigilosamente a Fernando, hijo del rey de Aragón, a casarse con ella.

Entremetiera en la política castellana, dispuso el arresto de Isabel.

Pero antes de que tal orden se cumpliera, ella logró huir a Valladolíd.

La futura reina de España había elegido acertadamente: no obstante su juventud, a los diecisiete años Fernando era tenido ya por hombre perspicaz, prudente en las decisiones, voluntarioso en el cumplimiento de los propósitos que emprendía y diestro en el arte de la, guerra.

En la convicción de que la fuerza de los hechos sería irrebatible marchó, disfrazado de arriero, sin perder tiempo y a sabiendas de que lo seguían espías castellanos, a reunirse con Isabel.

La boda se celebró el 18 de noviembre de 1469.

Cinco años después murió Enrique IV.

Al día siguiente, exactamente el 12 de diciembre de 1474, Isabel fue coronada en Segovia reina de Castilla.

VIDA DE REINA

La nueva soberana no tardó en enfrentar al enemigo más peligroso para los gobernantes: la guerra.

En 1475 el rey de Portugal, tras anunciar que había concertado su boda con Juana la Beltraneja, ordenó a sus tropas penetrar en territorio castellano por considerarlo patrimonio de su futura esposa.

La derrota que el ejército capitaneado por Fernando infligió a los invasores el 1° de febrero, en Toro, señaló el fin de la contienda.

Con esa prepotencia nobiliaria y el virtual caos imperante en sus dominios.

En el logro de tal propósito no reparó en medio ni ahorró severidad.

Católica fervorosa, no veía con buenos ojos que sus muchos subditos judíos y musulmanes practicaran religiones ajenas a la cristiandad; para juzgar a los falsos conversos y castigar «delitos de pensamiento», instituyó en 1478 el Tribunal de la Inquisición.

Al año siguiente, el más ambicioso de sus sueños, el de la unidad territorial de España, comenzó a hacerse realidad: Fernando heredó el trono de su padre y Aragón y Castilla formaron en adelante un solo reino.

Pero la realización total de ese sueño exigía recuperar la parte de suelo ibérico aún ocupada por los musulmanes.

A culminar la Reconquista dedicó sus afanes la real pareja; para ello emprendió, en 1482, una guerra que había de durar diez años y en la que Fernando asumió la capitanía general de los ejércitos e Isabel tuvo a su cargo la tarea de obtener los recursos y administrar el reino.

Durante esa década la reina recorrió los polvorientos caminos recaudando fondos, administrando justicia, alentando a la tropa, estableciendo el primer hospital militar que registra la historia y erigiendo templos en las ciudades conquistadas.

El 1° de enero de 1492, al rendirse Granada, último reducto moro la Reconquista quedaba concluida.

Ese mismo año tres naves españolas, fletadas merced a la confianza que la reina dispensó a los proyectos de un visionario marino genovés llamado Cristóbal Colón, fueron a parar, buscando una nueva ruta a la India, a un continente hasta entonces desconocido: América.

Las empresas políticas, militares y expansionistas de Isabel se ajustaron siempre al espíritu, la moral y las normas de su profunda religiosidad: tal el motivo por el cual, en 1494, el Papa le otorgó a ella y a Fernando el título de Reyes Católicos.

También la cultura se contó entre las preocupaciones de Isabel; se le debe la introducción de la imprenta en España.

Sus inquietudes intelectuales la llevaron asimismo a formar una corte literaria que reunió a sobresalientes poetas y escritores (entre ellos Jorge Manrique, el célebre autor de las Coplasa) favorecer el desarrollo de las universidades y a patrocinar de su peculio muchas invenciones e investigaciones científicas.

POLÍTICA Y AMOR

La razón de Estado que decidió a Isabel a casarse con Fernando, se transformó, apenas celebrada la boda, en razón de amor.

La solidez del vínculo conyugal fue la base de toda la acción política que cumplieron ambos monarcas.

Celosa en extremo, la reina se mostró, sin embargo, tolerante, implacable con las consecuencias de las aventuras extramaritales de su regio esposo: las dos hijas de Fernando nacidas de estas correrías, acabaron como monjas en el convento de Madrigal, por orden de Isabel.

La pareja tuvo cinco hijos: Isabel (1470), Juan (1478), Juana «la loca» (1479), María (1482) y Catalina (1485).

Excepción hecha de María, que casó con un infante portugués, todos los demás, con sus dolencias y tempranas muertes, causaron infinitos padecimientos a Isabel.

Quebrantada por las tensiones conyugales y las desgracias de familia, poco tiempo después de haber cumplido los cincuenta y tres años Isabel cayó gravemente enferma.

Las fuertes fiebres que la atacaron no le impidieron sin embargo, mantenerse lúcida y redactar, antes de morir el 26 de noviembre de 1504, un testamento que es modelo de prudencia política.

En ese documento, en el que proclamó una vez más su ferviente adhesión a la religión católica, y dio precisas normas sobre el gobierno de sus flamantes dominios en América, ordenó, tratar a los indios con benevolencia, prohibiendo su reducción a la esclavitud, y expresó también su ultimo deseo: que a la muerte de Fernando este fuese sepultado junto a ella, «para que el ayuntamiento que tuvimos viviendo, y que nuestras almas tendrán en el Cielo, lo representen nuestros cuerpos en el suelo».

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Resumen del Idealismo Aleman y Sus Caracteristicas

El siglo XIX: RESUMEN DEL IDEALISMO ALEMÁN

En la segunda mitad del siglo XVIII hasta el Romanticismo, alrededor de 1800, la ciencia y el arte culminan unas transformaciones que se pueden resumir con los términos temporalización y humanización.

Temporalización significa en la biología y la cosmología la apertura de nuevas dimensiones de la historia de la naturaleza mediante puntos de vista evolucionistas.

Así, p. ej., la teoría kantiana del nacimiento de los sistemas solares a partir de una niebla de gases, y con ella también la teoría del nacimiento de la tierra, exigen la suposición de un espacio de tiempo para el nacimiento que no se encuentra en relación ninguna con la idea que se tenía entonces de la antigüedad de la tierra.

Biografía de Kant Immanuel

También la variedad biológica de géneros (mucho antes de Darwin) es lentamente historizada, es decir, frente a la suposición de una cantidad en principio idéntica de especies y de géneros, es entendida como el resultado de transformaciones a largo plazo.

El mundo pasa a ser el producto de un proceso que se remonta hasta tiempos inmemoriales.

En las teorías del lenguaje, de los signos y del arte, esta temporalización se muestra en la suposición de que los significados se forman en un proceso de concesión de sentido concreto que está determinado por síntesis temporales de la multiplicidad y que, además, tiene distintos aspectos en diferentes épocas.

Según esto, los significados no son atemporales en un doble sentido.

La idea barroca de que el mundo se podría representar a sí mismo de modo objetivo, por así decir, en una enorme tabla de signos, desaparece completamente.

Una humanización, no entendida aquí como la creación de condiciones humanas, se muestra en el crecimiento de la antropología, de la ciencia del ser humano, en la medicina y en una incipiente sociología.

El idealismo alemán, recoge una preocupación por la libertad y la unidad frente al extranjero, esa pasión por la nación alemana, por analizar el concepto de pueblo (volkgesit).

Los movimientos nacionalistas coinciden con este clima intelectual.

Los temas principales de los filósofos idealistas serán entonces:

1. Desarrollo de la doctrina kantiana: Kant fue, en efecto, el punto de partida. Iniciador y maestro, no escapó a la crítica ni fue seguido fielmente. Pero no todo se redujo a él.

2. Preocupaciones religiosas: aparece un espíritu heterodoxo de carácter místico o panteísta. En el idealismo se plantea el problema de la relación entre lo finito y lo infinito, la relación entre filosofía y religión.

3. Interés por el mundo clásico: en la madurez de Goethe y en la mayoría de los romántico. Es un referente permanente para Hegel.

4. La estética: Lo bello, adquiere como categoría, una importancia relevante, ya Kano se había ocupado de estudiarla. Schiller habría dicho: «Para resolver en la experiencia el problema político es preciso tomar el camino de lo estético, porque a la libertad se llega por la belleza».

5. La dimensión histórica

6. El romanticismo: La pasión por el infinito, la fusión con la Naturaleza, la identificación de filosofía, poesía y religión, la fuerza creativa del hombre, da a lugar una interesante cooperación en la cual los poetas se inspiran en los filósofos.

7. Carácter teórico: los desarrollos teóricos del idealismo no conducen a revoluciones sociales o políticas.

Fuente Consultada: Historia de la Filosofia -Desde la antiguedad hasta nuestro dias –

El Feudalismo en la Edad Media: Caracteristicas,Origen y Organizacion

El Feudalismo en la Edad Media: Caracteristicas,Origen y Organizacion

INTRODUCCIÓN :

La ruralización de la vida y la desaparición de un poder central unificador durante la Edad Media dieron origen a un nuevo sistema económico-social denominado «feudalismo».

La interpretación más común de esta palabra, que deriva de «feudo» o propiedad, es explicar los distintos tipos de relaciones que se establecen entre los señores o el rey con sus vasallos.

Fue un sistema contractual de relaciones políticas y militares entre los miembros de la nobleza de Europa occidental durante la alta edad media. 

El feudalismo se caracterizó por la concesión de feudos (casi siempre en forma de tierras y trabajo) a cambio de una prestación política y militar, contrato sellado por un juramento de homenaje y fidelidad.

Pero tanto el señor como el vasallo eran hombres libres, por lo que no debe ser confundido con el régimen señorial, sistema contemporáneo de aquél, que regulaba las relaciones entre los señores y sus campesinos.

El feudalismo unía la prestación política y militar a la posesión de tierras con el propósito de preservar a la Europa medieval de su desintegración en innumerables señoríos independientes tras el hundimiento del Imperio Carolingio.

caracteristicas del feudalismo

Hay dos tipos de vasallos. Los principales o más poderosos son los mismos señores, quienes hacen un pacto con el rey: se comprometen a pelear bajo sus órdenes siempre que el monarca les ceda tierras a cambio.

Casi siempre son vastos dominios en los cuales el señor gobierna y establece sus propias leyes. El rey, de este modo, puede hacer la guerra con un ejército más importante. Un segundo tipo de vasallo es el campesino: le da sus tierras al señor y obtiene a cambio su protección militar.

La sociedad feudal, entonces, se va estructurando como una pirámide en la cual, arriba de todo, está el rey y, en la base, muy ancha, la masa campesina que mantiene a todos con su trabajo rural. Otro tipo de relaciones surge con los campesinos libres, pero sin tierras.

Lo único que tienen para dar a cambio de la protección del señor es su fuerza de trabajo. Con el tiempo, quedan vinculados a la tierra de por vida, perdiendo su capacidad de movilidad. Cuando esto ocurre, el campesino se transforma en un «siervo».

Ya no es dueño de su destino y apenas se mantiene con una pequeña parte de lo que produce.

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 ►Antecedentes…

Cuando los pueblos germanos conquistaron en el siglo V el Imperio romano de Occidente pusieron también fin al ejército profesional romano y lo sustituyeron por los suyos propios, formados con guerreros que servían a sus caudillos por razones de honor y obtención de un botín. Vivían de la tierra y combatían a pie ya que, como luchaban cuerpo a cuerpo, no necesitaban emplear la caballería.

Pero cuando los musulmanes, vikingos y magiares invadieron Europa en los siglos VIII, IX y X, los germanos se vieron incapaces de enfrentarse con unos ejércitos que se desplazaban con suma rapidez.

Primero Carlos Martel en la Galia, después el rey Alfredo el Grande en Inglaterra y por último Enrique el Pajarero de Germania, cedieron caballos a algunos de sus soldados para repeler las incursiones sobre sus tierras.

No parece que estas tropas combatieran a caballo; más bien tenían la posibilidad de perseguir a sus enemigos con mayor rapidez que a pie.

No obstante, es probable que se produjeran acciones de caballería en este mismo periodo, al introducirse el uso de los estribos.

Con total seguridad esto ocurrió en el siglo XI.

►Primeras Prácticas

Los caballos de guerra eran costosos y su adiestramiento para emplearlos militarmente exigía años de práctica.

Carlos Martel, con el fin de ayudar a su tropa de caballería, le otorgó fincas (explotadas por braceros) que tomó de las posesiones de la Iglesia.

Estas tierras, denominadas ‘beneficios’, eran cedidas mientras durara la prestación de los soldados.

Éstos, a su vez, fueron llamados ‘vasallos’ (término derivado de una palabra gaélica que significaba sirviente).

Sin embargo, los vasallos, soldados selectos de los que los gobernantes Carolingios se rodeaban, se convirtieron en modelos para aquellos nobles que seguían a la corte.

sociedad feudalCon la desintegración del Imperio Carolingio en el siglo IX muchos personajes poderosos se esforzaron por constituir sus propios grupos de vasallos dotados de montura, a los que ofrecían beneficios a cambio de su servicio.

Algunos de los hacendados más pobres se vieron obligados a aceptar el vasallaje y ceder sus tierras al señorío de los más poderosos, recibiendo a cambio los beneficios feudales.

Se esperaba que los grandes señores protegieran a los vasallos de la misma forma que se esperaba que los vasallos sirvieran a sus señores.

Feudalismo clásico Esta relación de carácter militar que se estableció en los siglos VIII y IX a veces es denominada feudalismo Carolingio, pero carecía aún de uno de los rasgos esenciales del feudalismo clásico desarrollado plenamente desde el siglo X.

Fue sólo hacia el año 1000 cuando el término ‘feudo’ comenzó a emplearse en sustitución de ‘beneficio’ este cambio de términos refleja una evolución en la institución.

A partir de este momento se aceptaba de forma unánime que las tierras entregadas al vasallo eran hereditarias, con tal de que el heredero que las recibiera fuera grato al señor y pagara un impuesto de herencia llamado ‘socorro’.

El vasallo no sólo prestaba el obligado juramento de fidelidad a su señor, sino también un juramento especial de homenaje al señor feudal, el cual, a su vez, le investía con un feudo.

De este modo, el feudalismo se convirtió en una institución tanto política como militar, basada en una relación contractual entre dos personas individuales, las cuales mantenían sus respectivos derechos sobre el feudo.

Causas de la aparición del sistema feudal

La guerra fue endémica durante toda la época feudal, pero el feudalismo no provocó esta situación; al contrario, la guerra originó el feudalismo.

Tampoco el feudalismo fue responsable del colapso del Imperio Carolingio, más bien el fracaso de éste hizo necesaria la existencia del régimen feudal.

El Imperio Carolingio se hundió porque estaba basado en la autoridad de una sola persona y no estaba dotado de instituciones lo suficientemente desarrolladas.

La desaparición del Imperio amenazó con sumir a Europa en una situación de anarquía: cientos de señores individuales gobernaban a sus pueblos con completa independencia respecto de cualquier autoridad soberana.

Los vínculos feudales devolvieron cierta unidad, dentro de la cual los señores renunciaban a parte de su libertad, lo que era necesario para lograr una cooperación eficaz.

Bajo la dirección de sus señores feudales, los vasallos pudieron defenderse de sus enemigos, y más tarde crear principados feudales de cierta importancia y complejidad.

Una vez que el feudalismo demostró su utilidad local reyes y emperadores lo adoptaron para fortalecer sus monarquías.

►La Madurez

El feudalismo alcanzó su madurez en el siglo XI y tuvo su máximo apogeo en los siglos XII y XIII.

Su cuna fue la región comprendida entre los ríos Rin y Loira, dominada por el ducado de Normandía.

Al conquistar sus soberanos, a fines del siglo XI, el sur de Italia, Sicilia e Inglaterra y ocupar Tierra Santa en la primera Cruzada, establecieron en todas estas zonas las instituciones feudales.

España también adoptó un cierto tipo de feudalismo en el siglo XII, al igual que el sur de Francia, el norte de Italia y los territorios alemanes.

Incluso Europa central y oriental conoció el sistema feudal durante un cierto tiempo y en grado limitado, sobre todo cuando el Imperio bizantino se feudalizó tras la cuarta Cruzada.

Los llamados feudalismos del antiguo Egipto y de Persia, o de China y Japón, no guardan relación alguna con el feudalismo europeo, y sólo son superficialmente similares.

Quizá fueran los samurais japoneses los que más se asemejaron a los caballeros medievales, en particular los sogunes de la familia Ashikaga; pero las relaciones entre señores y vasallos en Japón eran diferentes a las del feudalismo de Europa occidental.

► Características:

En su forma más clásica, el feudalismo occidental asumía que casi toda la tierra pertenecía al príncipe soberano -bien el rey, el duque, el marqués o el conde- que la recibía «de nadie sino de Dios».

El príncipe cedía los feudos a sus barones, los cuales le rendían el obligado juramento de homenaje y fidelidad por el que prestaban su ayuda política y militar, según los términos de la cesión.

Los nobles podían ceder parte de sus feudos a caballeros que le rindieran, a su vez, homenaje y fidelidad y les sirvieran de acuerdo a la extensión de las tierras concedidas.

De este modo si un monarca otorgaba un feudo de doce señoríos a un noble y a cambio exigía el servicio de diez caballeros, el noble podía ceder a su vez diez de los señoríos recibidos a otros tantos caballeros, con lo que podía cumplir la prestación requerida por el rey.

Un noble podía conservar la totalidad de sus feudos bajo su dominio trabajo feudal edad mediapersonal y mantener a sus caballeros en su señorío, alimentados y armados, todo ello a costa de sufragar las prestaciones debidas a su señor a partir de su propio patrimonio y sin establecer relaciones feudales con inferiores, pero esto era raro que sucediera ya que los caballeros deseaban tener sus propios señoríos.

Los caballeros podían adquirir dos o más feudos y eran proclives a ceder, a su vez, parte de esas posesiones en la medida necesaria para obtener el servicio al que estaban obligados con su superior.

Mediante este subenfeudamiento se creó una pirámide feudal, con el monarca en la cúspide, unos señores intermedios por debajo y un grupo de caballeros feudales para servir a la convocatoria real.

Los problemas surgían cuando un caballero aceptaba feudos de más de un señor, para lo cual se creó la institución del homenaje feudatario, que permitía al caballero proclamar a uno de sus señores como su señor feudal, al que serviría personalmente, en tanto que enviaría a sus vasallos a servir a sus otros señores.

Esto quedaba reflejado en la máxima francesa de que «el señor de mi señor no es mi señor» de ahí que no se considerara rebelde al subvasallo que combatía contra el señor de su señor.

Sin embargo, en Inglaterra, Guillermo I el Conquistador y sus sucesores exigieron a los vasallos de sus vasallos que les prestaran juramento de fidelidad.

Obligaciones del Vasallo:

La prestación militar era fundamental en el feudalismo, pero estaba lejos de ser la única obligación del vasallo para con su señor.

Cuando el señor era propietario de un castillo, podía exigir a sus vasallos que lo guarnecieran, en una prestación denominada ‘custodia del castillo’.

El señor también esperaba de sus vasallos que le atendieran en su corte, con objeto de aconsejarle y de participar en juicios que afectaban a otros vasallos.

Si el señor necesitaba dinero, podía esperar que sus vasallos le ofrecieran ayuda financiera.

A lo largo de los siglos XII y XIII estallaron muchos conflictos entre los señores y sus vasallos por los servicios que estos últimos debían prestar.

En Inglaterra, la Carta Magna definió las obligaciones de los vasallos del rey; por ejemplo, no era obligatorio procurar ayuda económica al monarca salvo en tres ocasiones: en el matrimonio de su hija mayor, en el nombramiento como caballero de su primogénito y para el pago del rescate del propio rey.

En Francia fue frecuente un cuarto motivo para este tipo de ayuda extraordinaria: la financiación de una Cruzada organizada por el monarca.

El hecho de actuar como consejeros condujo a los vasallos a exigir que se obtuviera su beneplácito en las decisiones del señor que les afectaran en cuestiones militares, alianzas matrimoniales, creación de impuestos o juicios legales.

Herencia y Tutela:

Otro aspecto del feudalismo que requirió una regulación fue la sucesión de los feudos.

Cuando éstos se hicieron hereditarios, el señor estableció un impuesto de herencia llamado ‘socorro’.

Su cuantía fue en ocasiones motivo de conflictos. La Carta Magna estableció el socorro en 100 libras por barón y 5 libras por caballero; en todo caso, la tasa varió según el feudo.

Los señores se reservaron el derecho de asegurarse que el propietario del feudo fuese leal y cumplidor de sus obligaciones.

Si un vasallo moría y dejaba a un heredero mayor de edad y buen caballero, el señor no tenía por qué objetar su sucesión.

Sin embargo, si el hijo era menor de edad o si el heredero era mujer, el señor podía asumir el control del feudo hasta que el heredero alcanzara la mayoría de edad o la heredera se casara con un hombre que tuviera su aprobación.

De este modo surgió el derecho señorial de tutela de los herederos menores de edad o de las herederas y el derecho de vigilar sobre el matrimonio de éstas, lo que en ciertos casos supuso que el señor se eligiera a sí mismo como marido.

La viuda de un vasallo tenía derecho a una pensión de por vida sobre el feudo de su marido (por lo general un tercio de su valor) lo que también llevaba a provocar el interés del señor por que la viuda contrajera nuevas nupcias.

En algunos feudos el señor tenía pleno derecho para controlar estas segundas nupcias.

En el caso de muerte de un vasallo sin sucesores directos, la relación de los herederos con el señor variaban: los hermanos fueron normalmente aceptados como herederos, no así los primos.

Si los herederos no eran aceptados por el señor, la propiedad del feudo revertía en éste, que así recuperaba el pleno control sobre el feudo; entonces podía quedárselo para su dominio directo o cederlo a cualquier caballero en un nuevo vasallaje.

Ruptura del Contrato:

Dado el carácter contractual de las relaciones feudales cualquier acción irregular cometida por las partes podía originar la ruptura del contrato.

Cuando el vasallo no llevaba a cabo las prestaciones exigidas, el señor podía acusarle, en su corte, ante sus otros vasallos y si éstos encontraban culpable a su par, entonces el señor tenía la facultad de confiscar su feudo, que pasaba de nuevo a su control directo. Si el vasallo intentaba defender su tierra, el señor podía declararle la guerra para recuperar el control del feudo confiscado.

El hecho de que los pares del vasallo le declararan culpable implicaba que moral y legalmente estaban obligados a cumplir su juramento y pocos vasallos podían mantener una guerra contra su señor y todos sus pares.

En el caso contrario, si el vasallo consideraba que su señor no cumplía con sus obligaciones, podía desafiarle -esto es, romper formalmente su confianza– y declarar que no le consideraría por más tiempo como su señor, si bien podía seguir conservando el feudo como dominio propio o convertirse en vasallo de otro señor.

Puesto que en ocasiones el señor consideraba el desafío como una rebelión, los vasallos desafiantes debían contar con fuertes apoyos o estar preparados para una guerra que podían perder.

Autoridad real

Los monarcas, durante toda la época feudal, tenían otras fuentes de autoridad además de su señorío feudal.

El renacimiento del saber clásico supuso el resurgimiento del Derecho romano, con su tradición de poderosos gobernantes y de la administración territorial.

La Iglesia consideraba que los gobernantes lo eran por la gracia de Dios y estaban revestidos de un derecho sagrado.

El florecimiento del comercio y de la industria dio lugar al desarrollo de las ciudades y a la aparición de una incipiente burguesía, la cual exigió a los príncipes que mantuvieran la libertad y el orden necesarios para el desarrollo de la actividad comercial.

Esa población urbana también demandó un papel en el gobierno de las ciudades para mantener su riqueza.

En Italia se organizaron comunidades que arrebataron el control del país a la nobleza feudal que incluso fue forzada a residir en algunas de las urbes.

Las ciudades situadas al norte de los Alpes enviaron representantes a los consejos reales y desarrollaron instituciones parlamentarias para conseguir voz en las cuestiones de gobierno, al igual que la nobleza feudal.

Con los impuestos que obtuvieron de las ciudades, los príncipes pudieron contratar sirvientes civiles y soldados profesionales.

De este modo pudieron imponer su voluntad sobre el feudo y hacerse más independientes del servicio de sus vasallos.

Decadencia:

El feudalismo alcanzó el punto culminante de su desarrollo en el siglo XIII; a partir de entonces inició su decadencia.

El subenfeudamiento llegó a tal punto que los señores tuvieron problemas para obtener las prestaciones que debían recibir.

Los vasallos prefirieron realizar pagos en metálico (scutagium, ‘tasas por escudo’) a cambio de la ayuda militar debida a sus señores; a su vez éstos tendieron a preferir el dinero, que les permitía contratar tropas profesionales que en muchas ocasiones estaban mejor entrenadas y eran más disciplinadas que los vasallos.

Además, el resurgimiento de las tácticas de infantería y la introducción de nuevas armas, como el arco y la pica, hicieron que la caballería no fuera ya un factor decisivo para la guerra. La decadencia del feudalismo se aceleró en los siglos XIV y XV.

Durante la guerra de los Cien Años, las caballerías francesa e inglesa combatieron duramente, pero las batallas se ganaron en gran medida por los soldados profesionales y en especial por los arqueros de a pie.

Los soldados profesionales combatieron en unidades cuyos jefes habían prestado juramento de homenaje y fidelidad a un príncipe, pero con contratos no hereditarios y que normalmente tenían una duración de meses o años.

Este ‘feudalismo bastardo’ estaba a un paso del sistema de mercenarios, que ya había triunfado en la Italia de los condotieros renacentistas.

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PARA SABER MAS…
La Era Feudal

Desde el siglo IX hasta el siglo XI, circunstancias externas e internas contribuyeron a crear en Europa una nueva organización económica, política y social, institucionalizándose cierto sistema de relaciones que de hecho habían comenzado a establecerse.

Ese período es el que estrictamente puede ser llamado era feudal.

La disolución del Imperio Carolingio.

Carlomagno no logró dar solidez y estabilidad a su ambiciosa obra política.

A su muerte, ocurrida en 814, se comprobó que la sostenían solamente su autoridad personal y su capacidad militar, condiciones que no heredó su hijo Luis el Piadoso.

Ciertamente, el Imperio era una creación estimulada por la tradición, pero inadecuada a las condiciones reales: no había vías de comunicación ni medios de transporte para asegurar la centralización política, ni organización administrativa para afianzar la eficacia de la política imperial.

Pero, además, las regiones seguían diversificándose, como había ocurrido desde la época romana, y cada vez tenían más intereses peculiares.

Estos intereses se encarnaron en los tres hijos de Luis el Piadoso, que comenzaron a exigir el reparto de los Estados de Carlomagno.

Sólo el mayor, Lotario, pretendía la conservación de la unidad imperial, pero fue derrotado en Fontanet en 841, y aceptó la división territorial que se convino mediante el tratado de Verdún, en 843.

A grandes rasgos, quedaron entonces diferenciadas la Francia y la Alemania actuales, más una región intermedia, que se llamó Lotaringia y comprendía Italia y los valles de los ríos Ródano, Saona, Mosa y Rin.

Las Segundas Invasiones.

Ninguno de esos reinos pudo constituirse sólidamente por entonces.

Dentro de ellos, los distintos señores tenían los mismos anhelos de autonomía que habían demostrado los nietos de Carlomagno, en parte por razones personales y en parte porque sus distintas comarcas se consideraban como entidades autónomas.

No poseyeron, pues, vigor suficiente para rechazar los ataques de los pueblos extraños que se lanzaron por entonces sobre las fronteras de la Europa cristiana.

Instalados en la península ibérica y en el norte de África, los musulmanes asolaban las orillas del Mediterráneo, en expediciones de saqueo, que a veces les permitían instalarse durante largo tiempo en regiones costeras.

Por el océano Atlántico, en cambio, las costas fueron castigadas reiteradamente por los normandos, pueblos de origen germánico que habitaban las regiones del Báltico; desde allí se lanzaron hacia Inglaterra, Francia, los Países Bajos y Alemania, penetrando por los valles de los ríos y saqueando aldeas y monasterios.

Al fin lograron establecerse en Inglaterra y en Francia, donde constituyeron Estados vigorotera del Este, los eslavos y los magiares penetraron reiteradamente en la Europa cristiana; los primeros, cruzando el Elba hacia el interior de la Germania, y los segundos, por el valle del Danubio.

La Organización del Régimen Feudal.

El peligro en que se hallaban permanentemente las regiones fronterizas, las obligó a mantenerse en constante estado de alerta.

Los señores capaces de combatir aceptaron la responsabilidad de la defensa de todos, y los débiles buscaron su protección.

Así nació, de manera paulatina, un sistema de relaciones personales que configuró una nueva organización económica, social y política: el sistema feudal.

Interrumpidas las comunicaciones en el Mediterráneo por la presencia de los piratas musulmanes, el tráfico comercial había disminuido considerablemente; y tanto el abandono de las carreteras y puentes como la situación de inseguridad que predominaba en todas partes contribuyeron a que se restringiera el intercambio.

El resultado fue que la circulación de la moneda comenzó a disminuir y las transacciones se hicieron más frecuentemente en forma de trueque.

Con el debilitamiento de la vida económica, la tierra adquirió una significación cada vez mayor.

Era no sólo el signo de la riqueza, sino también el del poder. Los señores la poseían generalmente en feudo, esto es, por cesión del rey o de otro señor que la entregaba en usufructo a cambio de ayuda militar.

Poco a poco, los pequeños propietarios libres fueron cediendo también sus tierras a los señores, en pago de protección que solicitaban de éstos, de modo que entraban en relación de dependencia.

Los colonos libres y los siervos vivían en la tierra que el señor les asignaba, trabajaban aquella de cuyos frutos debían vivir, y, además del señor, a quien tenían que servir, asimismo reparando las defensas, fabricando utensilios y limpiando los fosos.

A cambio de eso, el señor les ofrecía protección, no sólo contra los eventuales invasores extranjeros, sino también contri la prepotencia de los otros señores, que por pertenecer a la clase que poseía todos los privilegios, no tenían para sus cabalgadas de saque; otro límite que el impuesto por el poder de otro señor.

Este sistema de protección había reemplazado, pues, al derecho público.

Las relaciones entre señores eran de otro tipo. Quien pertenecía a la clase privilegiada podía poseer tierras y llevar armas.

Su oficio era la guerra, y, en pago del servicio que prestara, otro señor más poderoso —o el rey mismo— le ofrecía tierras para que asegurara su subsistencia y adquiriera los recursos dignos de su posición social.

Entre el señor que otorgaba la tierra y el que la recibía se establecía un contrato de beneficio, nombre con que se conocía la tierra así cedida. Pero entre el caballero que ofrecía su ayuda militar y el que la aceptaba establecíase otro contrato, por el que se fijaba la relación de vasallaje.

El vasallo también recibía protección y ayuda de su señor, pero debía estar listo para combatir a sus órdenes cierto número de días al año, guardarle fidelidad y prestarle consejo.

Los señores más poderosos obtuvieron con el tiempo que el rey les reconociera una soberanía casi completa dentro del señorío.

Si se le concedía a un señor el derecho de alta justicia, la autorización para acuñar moneda, y, además, la seguridad de que no entrarían en su señorío los oficiales reales, éste gozaba prácticamente de plena autonomía, y la dependencia del señor frente al monarca se reducía a cierta forma de solidaridad en relación con los problemas de interés común.

El señorío o dominio llegó a ser, pues, un mundo casi cerrado.

El señor era a la vez jefe político y militar, y además tenía el control de la riqueza.

La fuente de ésta era casi exclusivamente la tierra.

Excepto los escasos objetos de lujo llegados ocasionalmente de las regiones orientales, los productos manufacturados comentes se producían en el dominio, gracias a la habilidad de algunos siervos que conocían las viejas técnicas de la artesanía.

Pero lo más importante eran los animales y los productos de cultivo, pues con ellos se aseguraban las subsistencias.

Tratábase de una economía casi cerrada, cuyo desarrollo correspondía al aislamiento de los señoríos.

Una existencia monótona, sólo interrumpida por los episodios militares, caracterizaba la vida rural, en la cual se arraigaban las tradiciones locales y se fortalecían las situaciones sociales de dependencia.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Encarta 2000
La Historia de la Humanidad H.W. Van Loon
Historia Medieval Tomo II Editorial Kapelusz
Wikipedia
Historia Universal Tomo I Navarro-Gargari-Gonzalez-Lopez-PAstoriza
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I
Trabajo Enviado Por: Pedro J. Jacoby Para Planeta Sedna    (10-12-2002)

Ver:Concordato de Worms Reformas Eclesiasticas

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El Congreso de Viena de 1815:Principios de la Restauracion

El Congreso de Viena de 1815:Principios de la Restauracion

Después de la derrota definitiva de Napoleón, los monarcas absolutos del continente europeo buscaron regresar a la etapa anterior a la Revolución Francesa, lo que significó la supresión de las medidas sociales, políticas y económicas dictadas por los ideales revolucionarios del siglo XVIII, principalmente las referentes a las constituciones y al postulado de la soberanía nacional, para dar paso otra vez al poder ilimitado de los reyes, devolver a la nobleza y al clero sus privilegios, reconstruir el mapa de Europa que había sido desfigurado por las conquistas y anexiones ocasionadas por la guerra, y replantear la vida internacional con base en un sistema de seguridad conjunta y equilibrada que no permitiera más revoluciones ni intentos de cualquier país por lograr la hegemonía continental.

El conjunto de estas medidas conocido con el nombre de Restauración, fue un ideario que afectó a la mayoría de los países europeos durante más de 20 años y cuyos principios fueron aprobados en el Congreso de Viena.

Ver: Matternich en el Congreso de Viena

La Restauración y la lucha entre liberales y monarquistas:

Entre 1814 y 1815, los representantes de las potencias europeas que habían vencido a Napoleón, pretendieron terminar con la situación creada por la Revolución francesa y el Imperio napoleónico, mediante la Restauración de los principios monárquicos del Antiguo Régimen, es decir, del absolutismo.

Reunión del Congreso de Viena donde los representantes de las potencia europeas que vencieron a Napoleón decidieron como ordenar el continente europeo

Estos principios que trataron de implantar por la fuerza y con dificultades, no lograron erradicar los ideales de la Revolución francesa ni frenar los cambios ocasionados por la Revolución Industrial, ya que habían impregnado profundamente la mente y forma de vida de gran parte de la población europea.

Principalmente la burguesía no aceptó la vuelta al Antiguo Régimen y en muchos países seguían manteniendo sus reivindicaciones liberales, basadas en el constitucionalismo y la soberanía nacional, en la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, y en la división del Estado en tres poderes independientes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

Así, el enfrentamiento de estas dos posturas, la monarquista y la liberal, aunado a la arbitraria división geopolítica de los Estados europeos y la imposición de gobernantes sobre distintos pueblos, ocasionó el resurgimiento de movimientos nacionalistas con tendencias independentistas o unificadoras que, junto con el auge del liberalismo con sus diferentes tendencias moderada y democrática, llevó a Europa a una nueva etapa revolucionaria, la cual comenzó en 1820 y fue adquiriendo más fuerza en los movimientos de 1830 y 1848.

La Restauración

Después de la derrota definitiva de Napoleón, los monarcas absolutos del continente europeo buscaron regresar a la etapa anterior a la Revolución francesa, lo que significó la supresión de las medidas sociales, políticas y económicas dictadas por los ideales revolucionarios del siglo XVIII, principalmente las referentes a las constituciones y al postulado de la soberanía nacional, para dar paso otra vez al poder ilimitado de los reyes, devolver a la nobleza y al clero sus privilegios, reconstruir el mapa de Europa que había sido desfigurado por las conquistas y anexiones ocasionadas por la guerra, y replantear la vida internacional con base en un sistema de seguridad conjunta y equilibrada que no permitiera más revoluciones ni intentos de cualquier país por lograr la hegemonía continental.

El conjunto de estas medidas conocido con el nombre de Restauración, fue un ideario que afectó a la mayoría de los países europeos durante más de 20 años y cuyos principios fueron aprobados en el Congreso de Viena.

congreso de viena 1815

El Congreso de Viena

Después de todos los trastornos causados por las guerras napoleónicas, los principales monarcas de Europa se reunieron en Viena bajo la dirección de las potencias vencedoras: Austria, Gran Bretaña, Prusia y Rusia, donde se celebró un Congreso para liquidar los innumerables problemas internacionales.

Estuvieron en el Congreso soberanos reinantes y representantes plenipotenciarios de príncipes o Estados desposeídos que reclamaban la restitución de sus dominios.

El Congreso se inauguró en octubre de 1814, y entre fiestas y recepciones duró hasta el 8 de junio de 1815, cuando se firmó el acta final.

Además del zar Alejandro I de Rusia, los personajes más importantes fueron el canciller austriaco Metternich y el ministro de Asuntos Exteriores francés Talleyrand.

 Metternich
Metternich

Talleyrand
Talleyrand

Alejandro I
Alejandro I

Durante las reuniones del Congreso, hubo largas discusiones sobre diferentes temas, entre ellos dos aspectos fueron los más relevantes:

  • Establecer los principios teóricos que rigieron el periodo de la Restauración.
  • Reorganizar el mapa de Europa.

Principios teóricos de La Restauración

Las grandes potencias definieron en el ámbito de la teoría política los principios para definir el verdadero orden que debía prevalecer en Europa frente a los excesos y desviaciones producidas por la etapa revolucionaria de finales del siglo XVIII y principios del XIX.

Estos principios fueron:

Legitimidad:

Sólo tenían derecho a estar en el poder aquellos a los que Dios había elegido por su herencia real, por lo que no importaba si eL gobernante no fuera de La misma nacionalidad que sus súbditos.

Esta legitimidad monárquica llevó de regreso al trono a las dinastías reinantes antes de 1789 especialmente a tos Borbones en Francia.

Absolutismo:

Al obtener el. monarca su poder de Dios, no debía ser frenado por ninguna Constitución ni el principio de soberanía nacional.

Equilibrio: Fue un principio de inspiración británica que impedía la expansión de una potencia a costa de otros Estados, con la finalidad de evitar conflictos en Europa.

Intervensionismo:

Las potencias se comprometían a intervenir en aquellos territorios que, perteneciendo a otra potencia, surgieran movimientos populares que pusieran en peligro los otros principios señalados. Esto condujo a un sistema de alianzas y la realización de congresos.

Congresos:

Fueron foros donde se discutieron las formas de resolver los conflictos internacionales y evitar que se empleara el recurso de la guerra para resolver disputas entre naciones. Éste fue un principio que tuvo una enorme repercusión en la diplomacia internacional.

Asistieron al Congreso quince miembros de las familias reales, doscientos príncipes y doscientos dieciséis representantes de misiones oficiales.

Durante su celebración se realizaron numerosos festejos, recepciones, bailes, conciertos y banquetes, creando un ambiente frívolo en el que se desarrollaron intrigas políticas y de espionaje.

Los representantes de las pequeñas potencias solo conocieron esta faceta del Congreso, porque las decisiones importantes eran tomadas por exclusivamente por Gran Bretaña, Austria, Rusia y Prusia. Francia pudo influir gracias a la habilidad política de su representante Talleyrand.

El nuevo mapa de Europa

En el aspecto geográfico, las potencias centraron su atención en conformar Estados nacionales más fuertes, con un territorio más extenso y de mayor volumen demográfico, para prevenir cualquier intento expansionista como el que habían experimentado con Francia, que tratara de dominar otra vez Europa.

El mapa continental europeo fue reconstruido como un gran rompecabezas que benefició particularmente a los países antinapoleónicos:

Austria y Rusia se configuraron como las grandes potencias continentales, al lado de Gran Bretaña que consolidó su expansión oceánica, y Prusia que, aun con su territorio dividido, aumentó su poder en la zona del mar Báltico y dentro de la Confederación Germánica recién formada.

Otros aspectos relevantes del mapa geopolítico de 1815 fueron la formación de una barrera para mantener el control de Francia y la creación de naciones artificiales mediante la unión de pueblos diferentes, como por ejemplo los belgas con Holanda, lo cual terminó drásticamente con sus expectativas nacionalistas.

Gran Bretaña

Fue la primera beneficiaria, ya que se le reconoció su rango de primera potencia marítima al asegurar su hegemonía sobre el mar Mediterráneo, mediante el dominio de las posiciones de Malta, las islas Jónicas y Gibraltar, así como de otras bases fuera de Europa, como El Cabo y Ceilán para controlar la ruta de la India y el refuerzo de sus posesiones en las Antillas, para favorecer el comercio americano.

Austria

Logró concentrar su poder en el norte de La Península Itálica al obtener el reino Lombardo-Veneto e imponer príncipes austriacos en los tronos de los ducados de Parma, Módena y Toscana; también consiguió una salida al mar Mediterráneo al iricorporarsé las provincias llíricas.

Con las posesiones en Alemania garantizó la intervención de su emperador en tos asuntos de la recién creada Confederación Germánica.

Prusia

Quedó dividida y formó parte de la Confederación Germánica. Recuperó la orilla izquierda del Rin con la anexión de Renania, una zona fronteriza con Francia.

Confederación Germánica

Quedó formada por 39 Estados, de los cuales Prusia y Austria fueron los más poderosos

Rusia

Obtuvo Finlandia antigua posesión sueca, Besarabia y una gran parte de Polonia

Suecia

Perdió Finlandia, pero fue compensada con Noruega. Lo anterior para evitar que Dinamarca controlara tos accesos al mar Báltico.

Francia

Redujeron su territorio y se estableció una barrera con Estados tapón en torno a ella: aL norte el Reino Unido de Los Países Bajos con la incorporación de Bélgica a Holanda; al este con la anexión de Renania a Prusia y la Confederación Suiza, y al sur el reino Piamonte-Cerdeña.

Península Itálica

Quedó dividida en siete Estados: al norte los reinos de Piamonte – Lombardía-Veneto; al centro tos ducados de Parma, Módena y Toscana, y Los Estados Pontificios; al sur, el reino de Dos Sicilias que devolvieron a los Borbones de Francia.}

Este trabajo de reorganización geopolítica provocó una serie de problemas que mantuvieron un clima de fuerte tensión en la vida de los europeos durante la mayor parte del siglo XIX, entre ellos:

Rivalidades cada vez más acentuadas entre las potencias.

Sometimiento de algunos pueblos como: Irlanda a Inglaterra, Bélgica a

Holanda, Noruega a Suecia, y Polonia a Austria, Prusia y en su mayor parte

a Rusia, sin tomar en cuenta sus intereses y características étnicas y culturales. Esta situación impulsó el desarrollo del sentimiento nacionalista.

Conformación plurinacional de dos imperios:

– Austriaco, donde convivían alemanes, italianos, checos, croatas, eslovenos, y húngaros, entre otros.

– Otomano, integrado por turcos, griegos, búlgaros, servios y albaneses, entre otros.

  • División política de los territorios de los pueblos italiano y alemán, los cuales serían las semillas de los futuros movimientos nacionalistas con carácter de unificación.

El acta definitiva del Congreso fue acompañada de otros decretos como los que garantizaban la neutralidad de Suiza y la libre navegación de los ríos de Europa.

Los aliados, satisfechos de su labor en los aspectos político y geográfico, establecieron el compromiso de reunirse periódicamente para decidir las medidas necesarias para mantener la paz europea, en caso de que las corrientes revolucionarias volvieran a alterar a Francia y amenazaran la paz de los demás Estados.

En conclusión, el Congreso de Viena fue la primera conferencia de paz moderna; un intento no sólo de resolver todas las cuestiones pendientes en el continente europeo, sino también de preservar la paz sobre una base permanente.

Sus procedimientos fijaron la pauta de las futuras conferencias internacionales, que todavía en la actualidad se conservan como medio para establecer acuerdos entre las naciones.

Los monarcas se habían asustado ante el violento proceso que había amenazado su poder absoluto. La Revolución se había mostrado como un enemigo para todos ellos y las ideas e intereses sociales que la impulsaron seguían latentes. En consecuencia, mediante los acuerdos entre los Estados vencedores y las resoluciones del Congreso de Viena intentaron consolidar un orden basado en dos principios fundamentales: el equilibrio entre las principales potencias y la legitimidad como sustento común del orden interno e internacional.

El primero era un principio práctico y comprensible: ninguna de las grandes potencias debía ser una amenaza para las otras. El segundo era más aleatorio y manipulable: las potencias reconocerían como legítimos a los gobiernos sobrevivientes del orden antiguo, constituidos por la herencia dinástica, a aquellos que no derivaran de un hecho revolucionario.

La Santa Alianza

Las reuniones del Congreso de Viena fueron interrumpidas por el regreso de Napoleón a Francia y su Imperio de los Cien Días, y se reanudaron hasta la derrota definitiva de éste en Waterloo.

Fue entonces, en el contexto de la Segunda Paz de París, en noviembre de 1815, y antes de que se disolviese el Congreso de Viena, que el zar Alejandro 1 realizó una propuesta particular, crear una Santa Alianza para prevenirse de otra amenaza revolucionaria.

Ésta fue pensada como una fuerza solidaria de intervención integrada por tropas de Austria, Prusia y Rusia, con el compromiso de:

  • Mantener el orden absolutista en Europa.
  • Defender de los principios cristianos.
  • Reprimir por medio de la intervención armada, los movimientos liberales y revolucionarios que en cualquier país podían alterar la situación política de la Restauración.

La Santa Alianza fue un acuerdo que principalmente llevó a la práctica el ministro austriaco Metternich.

Otro pacto fue la Cuádruple Alianza, que firmaron Austria, Prusia, Rusia e Inglaterra para vigilar a Francia, durante veinte años, y sostener en el poder al rey francés de la casa de los Borbones, Luis XVIII.

Con estas alianzas, se concretó un sistema de relaciones internacionales que resultó eficaz, al basarse en la llamada “práctica de los Congresos”, mismos que llevaron a cabo periódicamente para vigilar que se respetaran los intereses comunes de la Europa de la Restauración.

Durante los Congresos que se desarrollaron entre 1818 y 1822, las discusiones giraron en torno a las medidas a emprender ante las inquietudes y desórdenes de tipo liberal o nacionalista que surgieron y fueron extendiéndose rápidamente.

De esta forma se ensayó por primera vez un sistema de ordenación internacional, con base en el acuerdo de las potencias, el cual, modificado, ha llegado hasta nuestros días.

Un sistema basado en el principio de que los problemas que afecten mundialmente serían analizados y las soluciones decididas en forma colectiva por los países más poderosos.

Las potencias de la Restauración

El nuevo orden fue definido por cinco potencias, cuatro de ellas vencedoras de Napoleón: Gran Bretaña, Rusia, Austria y Prusia, y la misma Francia integrada

en esta alianza internacional por las acciones diplomáticas de su ministro de Asuntos Exteriores, Telleyrand.

Entre las potencias persistieron profundas diferencias en cuanto a los modelos políticos que representaban y a los proyectos internacionales que tenían.

Entre ellos se distinguieron tres:

  • Parlamentario inglés: El monarca estaba limitado por una cámara representativa.
  • Absolutista ruso y austriaco: El monarca no tenía ninguna limitación.
  • Carta Otorgada francés: El monarca se auto limitó voluntariamente en el ejercicio de sus funciones, sin abdicar a la plenitud de su soberanía divina. Fue un régimen que pretendió combinar los dos modelos anteriores al mantener el poder real sin debilitarlo y aceptar la consulta a la nación, mediante convocatorias electorales restringidas a los ciudadanos que pudieran pagar las rentas establecidas para ser considerados como candidatos a las Cámaras o como votantes.

En suma la Restauración no fue integral ya que algunos soberanos se vieron obligados a conceder Constituciones, que aunque confirmaban la soberanía real, ésta quedaba limitada a la ley.

Además por su eficiencia se mantuvo la administración napoleónica y tampoco fue posible suprimir algunas transformaciones jurídicas, y sociales como la igualdad ante la ley y los impuestos universales con lo que no permitió el regreso de los privilegios de los nobles.

congreso de viena

Los vencedores de Napoleón decidieron la suerte de numerosos territorios europeos en el llamado Congreso de Viena (septiembre 1814-junio 1815).

El Congreso se desarrolló en una atmósfera de fiestas suntuosas y en presencia de los principales soberanos de Europa.

Las cuestiones diplomáticas fueron tratadas de manera secreta por los ministros de las grandes potencias: Castlereagh por Gran Bretaña, Nesselrode por Rusia, Hendenberg por Prusia y Metternich por Austria.

A pesar de la derrota, Francia también estuvo representada por el ministro Talleyrand.

El protagonismo de Metternich en la política internacional de esta época hizo que el período histórico que va de 1814 a 1839 fuese calificado como «la era Metternich». En el grabado se puede observar cómo los diferentes monarcas se reparten los territorios europeos.

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Enlace Externo:Congreso de Viena – ¿Qué fue?

Carlos XII de Suecia y La Batalla de Poltava Guerra de Norte de Europa

Carlos XII de Suecia – La Batalla de Poltava

Hijo de Cuando un arrogante y mimado joven heredó el trono de Suecia, tres poderosas naciones se unieron para robar sus tierras.

Carlos XII aplastó a las tres, pero no pudo perseguir a sus adversarios rusos hasta Moscú.

Sus éxitos  fueron comentados en toda Europa. 

Aclamado como héroe y genio, Carlos XII tenía un medallón con la imagen de Pedro huyendo, lloroso.

Los enemigos de Suecia se intimidaron y nació la leyenda del rey invencible.

Carlos, de 19 años, llegó a creer en esta leyenda, pero ése fue su error.

CARLOS XII (Estocolmo, 1682 – Fredrikshald, 1718)

Carlos XI, a los 16 años entró en campaña contra los dinamarqueses y a los 18 infligió una sangrienta derrota a los rusos y después a los polacos y sajones, aliados de aquéllos.

En 1708-09 llevó a cabo en Rusia una campaña memorable, en la que obtuvo grandes triunfos, pero fue derrotado en Poltava (1709).

Huyó a Turquía, donde permaneció tres años.

En una atrevida fuga volvió a Suecia e inició una campaña contra Noruega, pero murió destrozado por una granada.

ANTECEDENTES A LA GUERRA DEL NORTE:

Cuando Pedro «El Grande» de Rusia llega al poder inicia una serie de reformas internas con el objetivo fundamental de hacer de su país un gran estado moderno y una potencia militar.

Carlos XII de Suecia

Su principal meta era abrir una ventana hacia el Occidente, lo cual significaba contar con un puerto libre de hielo con fácil acceso a Europa.

Esto sólo podía hacerse en el Báltico, pero en aquella época la costa báltica estaba controlada por Suecia, la potencia más importante del norte de Europa.

Deseoso de obtener esas tierras, Pedro —con la ayuda ir Polonia y Dinamarca— atacó a Suecia en el verano de 1700 creído que el joven rey de Suecia, Carlos XII, podía ser derrotado con facilidad.

Sin embargo, Carlos resultó ser un brillante general.

Aplastó a los daneses, destrozó a los polacos y, con una disciplinada fuerza de de 8000 hombres hizo huir al ejército ruso de 40.000 efectivos en la Batalla de Narva (1700).

La Gran Guerra del Norte (1701-1721) había comenzado.

Carlos se autocoronó públicamente a los 15 años.

Se dio a excesos como beber hasta el estupor o cercenar cabezas de ovejas vivas hasta que los pasillos del palacio se empaparan de sangre. «¡Ay de vos si vuestro rey es un niño!», predicaron tres pastores en un mismo domingo.

Parece que os rumores de este turbulento rey niño despertaron la codicia de los líderes de Dinamarca, Sajonia-Polonia y Rusia, que conspiraron para sacar ventaja de la situación.

Las tres naciones decidieron invadir Suecia y repartirse el botín y Carlos XII , ya mas encaminado en su vida como rey, tomó la resolución de iniciar una guerra justa hasta exterminar sus enemigos.

El 13 de abril de ese año partió rumbo a Dinamarca, con una audaz maniobra que atemorizó a sus consejeros, pudo unir su flota con los barcos aliados de Inglaterra y Holanda, enviados por Guillermo III de Inglaterra.

Dos semanas después Copenhague ya estaba sitiada y la marina danesa inservible.

El rey Federico de Dinamarca se vio obligado a firmar un pacto que restauraba el orden que imperaba antes de la invasión.

Luego Carlos comandó su ejército, equipado con los novedosos trabucos de chispa y bayonetas circulares, hacia las fuerzas rusas emplazadas en el Báltico.

Las ventiscas de invierno, la táctica de las fuerzas del zar, de quemar la tierra a su retirada, y la escasez de provisiones hicieron que los comandantes del joven rey pugnaran por no continuar con la campaña de invierno.

Esto mismo convenció al zar de que los suecos no lo alcanzarían en Narva.

Pero no conocía la sobrehumana determinación de su joven enemigo.

El 13 de noviembre Carlos marchó con sus 10.500 soldados hacia el pueblo fortificado, donde esperaban casi 40.000 soldados rusos.

Cuando corrió la voz de que se acercaba el ejército sueco, Pedro hizo algo que aún confunde a los historiadores.

¿Eligió este momento para hablar con su único aliado, Augusto de Sajonia-Polonia?

¿O más bien huyó, aterrado?.

Como haya sido, dejó a sus soldados en manos de un comandante que ni siquiera hablaba su idioma.

En la helada mañana del 20 de noviembre Carlos tenía a sus fuerzas emplazadas.

Cuando a mediodía sopló una ventisca, los suecos preferían esperar para prevenir cualquier sorpresa, pero Carlos advirtió que era un golpe de suerte.

La nieve cegadora soplaba hacia los rusos, lo que era perfecto para ocultar un ataque sueco.

Alas 14:00 el jubiloso y joven rey lanzó un ataque que ahora es de los más famosos de la Historia.

Superado por cuatro a uno, su ejército marchó a velocidad vertiginosa sobre numerosos obstáculos y aplastó la defensa rusa.

Tal vez 10.000 soldados del zar se ahogaron en el río al huir, y otros murieron cuando dos puentes se derrumbaron.

Carlos consideró un ataque inmediato contra Moscú, pues Rusia parecía indefensa, pero no aprovechó la oportunidad.

Si bien el hambre y la enfermedad mermaban su ejército, tomó una decisión con base en un motivo personal.

El líder sajón Augusto, aún invicto en esta guerra, era primo hermano del rey y su participación en la invasión de Suecia era una imperdonable traición, y resolvió atacarlo hasta el final.

Fue un grave error pues dejó liberado a Pedro de Rusia para que rearmara su ejército.

La guerra «personal» contra su primo terminó en el otoño de 1706 cuando Augusto forzado a renunciar a Polonia.

Carlos muy confiado de su destino marcado de triunfos decide ahora marchar hacia Moscú para castigar definitivamente al zar.

Con un ejercito de 70.000 hombres iniciaron un interminable viaje de 1.600 Km.

Los soldados estaban muy bien uniformados y alimentados, pero de todas maneras debieron enfrentar a un poderoso ejército en medio de un clima inhóspito, que hizo día a día mas difícil el control de las tropas suecas, que iban siendo enfrentadas y diezmadas a medida que avanzaban hacia Moscú.

En toda Europa se consideró el invierno de 1708 como el peor en la Historia.

Unos 3.000 soldados suecos sucumbieron al clima, pero el rey se obstinó en mantener reunido a su andrajoso ejército, compartiendo con ellos las escasas raciones.

En abril asedió a los rusos emplazados en Poltava, una aldea en la cima de un risco, unos 320 Km. al sureste de Kiev.

Carlos tenía sólo 19 000 hombres para atacar a 42.000 rusos.

Los consejeros del rey querían replegarse y regresar a casa. Sólo la fortaleza y soberbia de Carlos pudieron convencer a los desmoralizados reclutas de que la victoria era aún posible.

batalla de poltava

Mientras que Carlos perdía un tiempo valioso en una guerra inconclusa con Polonia, Pedro aprovechó la oportunidad para reorganizar su ejército a lo largo de las líneas occidentales.

En julio de 1709, en la batalla de Poltava, las fuerzas de Pedro derrotaron al ejército de Carlos en forma definitiva.

A pesar de que la guerra se prolongó por otros doce años, la Paz de Nystadt, firmada en 1721, dio el cocimiento formal a lo que Pedro ya había logrado: la adquisición de Estonia, Letonia y Karelia.

  Suecia se convirtió en una potencia de segundo orden, en tanto que Rusia ahora el gran estado europeo que Pedro deseaba.

Con esta victoria, Rusia tomó el lugar de Suecia como coloso de Europa del norte.

Durante años, Carlos tuvo que vivir como huésped prisionero de los turcos, cuya hospitalidad se vio estimulada por un botín de guerra. En 1714 escapó y regresó a Suecia a caballo, haciéndose pasar por un tal «capitán Frisk».

El 30 de noviembre de  1718, mientras estaba observando las trincheras en Fredrikssten ,Noruega, es atravesado por una bala de mosquete que penetra su cabeza por la sien izquierda.

Murió instantáneamente, muerte que alimentó la teoría de la conspiración pues parece haber habido intereses para que Carlos XII deje la corona a su sucesor y modifique su política bélica.

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PARA SABER MAS…

Durante los cinco años que siguieron a Poltava, Carlos XII languideció en Bender.

Pedro aprovechó este respiro: acabó la conquista de Estonia y de Livonia y emprendió la de Finlandia.

No pudo conquistar Curlandia, vasalla de Polonia, pero preparó su reunión casando a su duque con una princesa rusa, hija de Iván IV.

Sin embargo, los agentes de Carlos XII, sostenidos por la diplomacia francesa, empujaron al sultán Ahmed III a la guerra contra Rusia.

Este reunió un inmenso ejército en las llanuras de Andrinópolis y derrotó al ejército ruso, que había avanzado  imprudentemente hasta los bordes del Pruth (1711). Pedro corrió peligro de caer prisionero.

Su mujer, Catalina, le dio ánimos y le aconsejó firmar la paz. Hubo que entregar Azov a los turcos.

El mar Negro volvería a ser, durante medio siglo, un mar turco.

Carlos XII pudo volver a sus Estados.

La muerte de Carlos XII, ocurrida durante el sitio de una fortaleza noruega (1718), provocó un período de anarquía, que el zar aprovechó para desembarcar tropas en Suecia (1719-1720).

La paz de Nystadt, firmada en 1721, puso fin a lo que los rusos llaman «la gran guerra del norte»: Livonia, Estonia, Ingria, Carelia y la mitad oriental de Finlandia, disputadas a Suecia desde los tiempos de Alejandro Nevski, pasaron a poder de Rusia.

Pedro el Grande había fundado así un imperio que iba del Báltico al Pacífico.

La nación tomó entonces conciencia de su fuerza y de las perspectivas que le  abría este  poderío.

UNA NUEVA ETAPA PARA RUSIA

Pedro el Grande murió en 1725, a la edad de cincuenta y dos años, a consecuencia de un baño de agua helada que se dio para salvar a un marinero de las olas desencadenadas.

Ultimo gesto paradójico de un monarca por encima de los prejuicios, por encima de las reglas, por encima de los hombres.

Lo que se puede reprochar a la reforma de Pedro el Grande es haber sido artificial y fragmentaria.

Artificial, porque la técnica no podía engendrar la civilización: la imitación del extranjero sólo podía ser un medio.

Fragmentaria, porque la reforma había modificado las costumbres de una pequeña minoría, mientras que apenas había rozado a la enorme masa de las clases populares.

El abismo que separaba a Rusia de Europa era demasiado grande.

El empleo del terror y el aspecto de esbozo de la obra de Pedro el Grande se debieron a su aislamiento, a la incomprensión que encontró.

Más que la hostilidad activa de los que protestaban, le estorbó la resistencia pasiva de todas las clases de la nación, incapaces, por inexperiencia política, de hacer una verdadera elección.

Sin embargo, fustigando la indolencia rusa, Pedro el Grande realizó su ambición: hacer de su país una potencia económica y militar que ocupara un puesto en el concierto europeo.

San Petersburgo continúa siendo el testimonio dé una revolución que apartó a Rusia de su camino tradicional.

Fuente Consultada:
Secretos y Misterios de la Historia Reader´s Digest
La Cultura de Dietrich Swanittz
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre