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El Utilitarismo y La Felicidad General Mayor Placer y Bienestar Social

El Utilitarismo y La Felicidad General
El Mayor Placer y Bienestar Social

¿Cómo puede obtenerse la mayor felicidad para la comunidad? ¿Puede ser feliz una sociedad  en la que cada uno persigue sus propios intereses? He aquí unos puntos de vista objeto de polémicas.

La motivación que hay tras las acciones del hombre es su deseo de experimentar placer y evitar el dolor. En esta tesis se apoya una importante teoría del siglo XIX que se denomina principio de la utilidad: el mayor bien del mayor número de personas.

Según ella, todas las acciones humanas tienen su explicación en la forma en que asocian los hombres el placer y el dolor con las diversas formas de conducta; su objetivo consiste siempre en obtener la mayor cantidad posible del primero y evitar la mayor cantidad posible del segundo. Debe juzgarse la rectitud de conducta según la cantidad de felicidad obtenida en términos de placer, entendiendo el concepto de placer en su sentido más amplio.

A partir del siglo XVII se había ido desarrollando gradualmente una nueva aproximación empírica a las cuestiones humanas, por la que empezaba a reconocerse la importancia de principios psicológicos tales como la asociación de ideas. Sin ella, nunca habría sido posible formular el principio de la utilidad. En ética, política y derecho se manifestaba una actitud acorde con la aproximación empírica general. Ya no se podían atribuir los conceptos del bien y del mal a una especie de adecuación intrínseca a la naturaleza de las cosas: era preciso abandonar la vieja teoría de la ley natural.

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Jeremy Bentham

El utilitarismo es la concepción para la cual las acciones deben juzgarse como buenas o malas en atención a su capacidad para incrementar o reducir el bienestar humano o la «utilidad». Desde Bentham se han propuesto múltiples interpretaciones de la utilidad, pero para él consistía en la felicidad y el placer humanos, y su teoría de las acciones correctas se resume en ocasiones como el fomento de «la mayor felicidad del mayor número posible».

Francis Hurcheson (1694-1747) fue uno de los primeros en formular la nueva teoría. Claude Helvetius, en su obra De l’esprit (1758), la propugnó en Francia como instrumento para la reforma social. Partiendo del hecho de que el hombre actuará básicamente según su propia conveniencia, infiere que el único criterio general para juzgar los actos
es el principio del mayor bien para el mayor número de personas.

Sobre esta base se hace posible reformar la sociedad mediante una legislación, haciendo que el obedecerla sea ventajoso y conveniente para todos. Para ello se disponen diversas penas como castigo a los actos que vayan en contra del bien común.

Al evaluar las posibilidades de sufrimiento los hombres se sienten incitados a la obediencia. Debemos notar en este punto que la nueva perspectiva utilitarista se basa en ciertos supuestos propios no examinados.

En primer lugar se da por sentado que el mayor bienestar posible de la comunidad es consecuencia de la persecución por parte de cada cual, adecuadamente motivada, de los propios intereses. Se presupone que la igualdad de los intereses individuales y la armonía entre ellos reside en cierto modo en la naturaleza de las cosas.

La negación de la libertad
Los escritos de Paul Holbach (1723-89) subrayan la misma fuerza utilitarista, especialmente en lo que concierne a la naturaleza del gobierno. El bien de la humanidad se ve frustrado precisamente cuando los gobiernos se apartan del principio de la utilidad. La clase dirigente explota entonces al resto de la sociedad, negándole esa libertad a la que tienen derecho todos los hombres como único medio para realizar su propia felicidad y el bien común.

Lo único que se necesita para remediar los defectos del mal gobierno es la educación: una vez que los hombres hayan descubierto dónde reside su verdadera conveniencia, no tardarán en adoptar el principio adecuado.

El movimiento fisiocrático, nacido en la Francia del siglo XVIII, adoptó también el principio de la utilidad, pero combinándolo con la opinión de que el gobierno no debe intervenir en la esfera de la economía: se sirve mejor al bien común dejando que ésta siga su curso natural sin impedimentos.

La doctrina del laissez-faire del liberalismo económico habría de influir a su vez sobre los economistas británicos: queda bien evidente en esa especie de fatalismo económico de David Ricardo (1772-1823) o Thomas Malthus (1766-1834).

Jeremy Bentham se halla todavía entre nosotros: en su testamento legaba su cuerpo 2 la ciencia, pero dispuso que el esqueleto, vestido con sus ropas, se exhibiese en una urna para servir de inspiración a sus discípulos y a la  posteridad.

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David Hume señaló que los hombres actúan con frecuencia siguiendo sus impulsos y sin considerar previamente los resultados de sus  actos.

En el movimiento de reforma
liberal surgido durante el siglo XIX causaría cierta tensión, puesto que’se vio claramente que no era tan sencillo conciliar los ideales de la Revolución Francesa: libertad e igualdad parecían en cierto sentido antagónicas. Es en esta dificultad donde hallaría una de sus fuentes de inspiración el movimiento revolucionario de Marx y Engels.

En la obra de David Hume (1711-76) hallamos una aplicación directa del principio de la utilidad. Hume sostuvo que, de hecho, los hombres decidían el distinto curso de sus actos evaluando el equilibrio entre el bien y el mal que podría resultar. Al mismo tiempo estableció un punto muy importante al observar que, por lo general, no se calcula la acción en sentido estricto, sino que los hombres actúan según sus impulsos a la luz de lo que en ese momento consideran como más adecuado a sus mejores intereses.

Cesare Beccaria (1738-94), seguidor italiano de Helvetius, propuso la reforma del derecho penal sobre la base del principio de la utilidad. Con un espíritu muy propio de la Ilustración, pretendió abolir la tortura judicial y la pena de muerte, insistiendo en que ercastigo no debería ser más de lo necesario para hacer al crimen poco atractivo en comparación. Además debería suprimirse todo aplazamiento y, sobre todo, toda duda respecto a cual sería tal castigo.

Aumento de la felicidad
En tanto que el fermento de la Ilustración conducía en Francia a la revolución de 1798, en Inglaterra tomó un sesgo mucho menos violento. La reforma se fue operando gradualmente, gracias a los esfuerzos de los radicales filosóficos, en línea directa con los grandes filósofos empiristas. Uno de los más influyentes fue Jeremy Bentham (1748-1832). Pese a no ser un pensador verdaderamente original, dio notable impulso a la causa de la reforma con sus detallados estudios, especialmente en el campo de las leyes. Siguió a Helvetius y Beccaria y, al igual que ellos, adoptó el principio de la utilidad como dogma básico.

El criterio para juzgar si una acción es buena o mala es el aumento de la felicidad o la disminución de la infelicidad. Lo que produce la felicidad es el placer o la ausencia de dolor; se supone que lo único que persigue el hombre por su propia causa es el placer y la evitación del dolor. Naturalmente, hay que tomar el concepto de placer en un sentido adecuadamente general. Pero nunca se explica con claridad cómo debe entenderse. Bentham va más allá y afirma que se puede atribuir a cada placer y a cada dolor una especie de valor numérico en una escala general, no sólo para una persona, sino para diferentes personas.

Evidentemente, este método de los equilibrios de placer no es un principio ético muy útil para servir de guía y norma de conducta. De hecho, el cálculo de Bentham es la parte más endeble de todo su método: incluso sus propios seguidores pudieron verlo. Por otra parte, no está nada claro cómo debe efectuarse la reducción de todas las cosas a una sola escala, ni tan siquiera si ello es posible.

Sin embargo, y como guía para la reforma legal, el principio de la utilidad tiene indudablemente cierto mérito. Con arreglo a él, Bentham examina todo el campo de la ley y de los procedimientos legales. En vez de las viejas justificaciones teóricas que acompañaban a la teoría de la ley natural, Bentham valoraba todas las disposiciones legales por medio del principió de la utilidad.

En tanto que los teóricos de la ley natural condenarían el robo, por ejemplo, por ir contra el derecho de propiedad, los utilitaristas lo condenan porque la inseguridad que crea menoscaba la felicidad humana. En derecho penal especialmente establecieron un sistema de sanciones cuya finalidad consistía en hacer que al hombre le resultase desagradable cometer un delito.

La proporción de la pena es tal, que sólo las consideraciones utilitaristas pueden disuadir al criminal. Bentham sostuvo que la bárbara severidad de los castigos entonces al uso era un error, no tanto a causa de su crueldad como porque no se ajustaba al principio de la utilidad. Con todo, trabajó seriamente en favor de la reforma penitenciaria, propugnando mejores condiciones para los presos y un trato más humano; por desgracia, sus esfuerzos para que el gobierno adoptase el nuevo tipo de prisión que él mismo había diseñado resultaron infructuosos.

Aún estaba muy lejana la reforma penal: a finales del siglo XVIII, el niño que fuese descubierto robando un pan porque tenía hambre, corría el riesgo de morir ahorcado.

Uno de los aspectos legales que hoy día vuelven a atraer una vez más la atención de los reformadores es el campo de los procedimientos. En él formuló Bentham importantes sugerencias que se hallan entre sus proposiciones más originales y, al mismo tiempo, menos afortunadas en la práctica. También aquí se hallaba demasiado adelantado a su tiempo, pues argüyó que los tediosos procedimientos y la oscuridad del lenguaje legal eran un obstáculo para la auténtica jurisprudencia.

Las actuaciones legales resultaban así indebidamente largas, costosas e inciertas. Lo que él proponía a cambio era un sistema en el que los litigantes pudiesen reunirse en una especie de ambiente de comité, con el juez como presidente y arbitro de la causa.

Lo mejor para la comunidad
En la esfera de la economía, el principio utilitarista negó toda intervención del gobierno. Ello se debió en parte a la creencia de que el libre intercambio de los intereses propios de cada individuo conduciría al mejor resultado posible para la comunidad en conjunto.

Otro concepto que respaldaba dicha actitud era la convicción de que las leyes económicas actuaban, en términos generales, como las leyes físicas de Newton, por lo que resultaba sencillamente inútil intervenir. Esto pone de relieve uno de los aspectos más débiles de la teoría utilitarista, no sólo en la esfera de la economía, sino también en los campos legal y político: los utilitaristas omitieron por completo toda consideración de la fuerza de las tradiciones e instituciones que se han desarrollado a lo largo de la historia.

La tarea de los primeros utilitaristas en el campo político era, en cierto modo, limitada. La función del gobierno quedaba para ellos muy restringida, ya que no incluía los asuntos económicos. Tanto Bentham como James Mill (1773-1836) eran partidarios de la ampliación del derecho político sobre la base del principio de la utilidad: al conceder el voto a mayor número de personas, y al reducir el período de mandato de los representantes elegidos, el gobierno podría hallarse más directamente relacionado con la mayor felicidad del mayor número  de seres.

Thomas Malthus fue, junto con Ricardo, una importante figura en el desarrollo de la teoría económica en la Gran Bretaña, si bien es mucho más conocido por su teoría sobre la expansión de la población, teoría que no ha  perdido vigencia.

Según el filósofo inglés de finales del siglo XYIII Jeremy Bentham: «La mayor felicidad del mayor número es la medida de lo que es correcto o equivocado». Este principio creaba una ciencia de la toma de decisiones ética, un medio de resolver controversias por métodos prácticos y contrastables que, llevados al extremo, podían llegar a ser cuantitativos y estadísticos. Con este objetivo, Bentham inventó un método para «calcular la felicidad») que abarcaba siete dimensiones del placer y del dolor: la intensidad (¿cómo de intenso es el placer o el dolor?), la duración (¿cuánto tiempo dura?), la certeza (¿qué probabilidades hay de que el resultado final sea ese tipo de sensación?), la propincuidad (¿con qué prontitud se producirán los resultados?), la fecundidad (si el resultado es placentero, ¿puede ser seguido por sensaciones del mismo tipo?), la pureza (¿es probable que el resultado sea seguido por sensaciones del tipo contrario?) y la extensión (¿a cuántas personas afectará?). Alguien que contemple la posibilidad de empezar a fumar puede hacer un cálculo de este tipo al plantearse: «¿Merece la pena?». En la esfera pública, esta es la estrategia de los economistas para realizar el análisis coste-beneficio, en el que se sopesan, por ejemplo, los costes de los sistemas de seguridad ferroviarios frente al número de vidas que salvarán.

El abandono de un principio
Sin embargo, pronto se hicieron evidentes los fallos del primer programa utilitarista en el campo económico. Lejos de mejorar la suerte de la humanidad en conjunto, el crecimiento no regulado del industrialismo sumió a vastos contingentes de población en las condiciones más abyectas de sordidez y miseria. Tenía que haber algún error básico en los viejos supuestos.

Así supo reconocerlo John Stuart Mill (1806-1873), que fue descubriendo gradualmente la necesidad de modificar la filosofía utilitarista. Sufrió en parte la influencia de la filosofía idealista germánica, y en parte de la de Auguste Comte (1798-1857).

Como resultado, el utilitarismo de John Stuart Mill representa en ciertos aspectos un abandono total del antiguo principio de la utilidad. Si bien lo establece explícitamente, en la práctica está muy lejos de aplicarlo, cosa que por otra parte resulta imposible dado sus nuevos puntos de vista, puesto que introduce distinciones entre los placeres, y ello impide el tipo de comparaciones que requerían los cálculos de Bentham.

Además, al definir el placer simplemente como lo que el hombre desea, y al admitir que algunos de esos placeres son buenos como fines en sí mismos, independientemente de las consecuencias, lo que realmente hace es abandonar el utilitarismo. Sigue prodigando alabanzas a la vieja doctrina, pero ya no se adhiere a ella. Al mismo tiempo, es incapaz de desarrollar una doctrina nueva coherente: Mill tiene conciencia de los problemas, pero no sabe hacerles frente. Su actitud es más contemplativa que de acción.

En su famoso ensayo Sobre la libertad describe la libertad de pensamiento y de discusión como acordes con el principio de la utilidad, puesto que permite difundir las nuevas ideas y estimula la inventiva; pero también dice que la negativa de esta libertad perjudica a la naturaleza moral del hombre. Evidentemente, considera la libertad como una cosa buena en sí misma.

En la época de Mill, las amenazas a la libertad no estaban ya en las restricciones impuestas por una mayoría invasora que trataba de suprimir las opiniones de la minoría. No creía que la tarea del gobierno consistiese en intervenir para ayudar al pueblo; era mejor dejarle defenderse por sí mismo, a fin de fortalecer su propio sentido de autoconfianza.

Sin embargo. Mill empezaba a comprender al mismo tiempo la necesidad de que el Estado introdujese una legislación protectora en el orden económico —legislación que, de hecho, llevaba ya algún tiempo en vigor. Ella contribuía a evitar la explotación de las mujeres y los niños, y garantizaba unos niveles adecuados en las condiciones de trabajo, aspecto en el que habían resultado totalmente inoperantes los motivos utilitaristas privados.

Ciertamente, y a pesar de las tradicionales sospechas liberales contra la interferencia, Mill era partidario de varias actuaciones gubernativas; pero fue incapaz de establecer un criterio general respecto a qué legislación era deseable y cuál no.

La doctrina del utilitarismo sigue siendo importante en la única esfera donde puede resultar hasta cierto punto plausible, esto es, como una especie de guía aproximada para la legislación. Cuando se establecen, por ejemplo, unas disposiciones para el tráfico, el objetivo es promover el bien general.

Que la evaluación del problema sea correcta y la finalidad conseguida es ya, naturalmente, otra cosa. Además, hay ciertas ocasiones en las que el legislador confunde el bien general con sus propias conveniencias administrativas. Gran parte de la legislación social se basa en el supuesto de que habrá de proporcionar el mayor bien a la mayoría de personas. Sin embargo, el principio utilitarista puede degenerar en tiranía.

Una de las mayores dificultades de Mill fue reconciliar la utilidad con la libertad. Pero para este problema no existe una solución general.

Vida de la Burguesía Industrial en Europa Sociedad Capitalista

SOCIEDAD CAPITALISTA: VIDA DE LOS BURGUESES

El siglo XVIII significó el final del proceso de transición del feudalismo al capitalismo en Europa occidental. Se produjeron cambios sociales, económicos, políticos e ideológicos que transformaron profundamente la organización social europea e iniciaron los tiempos del capitalismo. El surgimiento de la burguesía, lo mismo que el del proletariado en la era industrial, es un proceso histórico sujeto a determinadas leyes. En el periodo precapitalista, en la época del feudalismo, la palabra burguesía o burgués, se aplicaba a todos los habitantes libres de la ciudad que comercializaban diversos productos. Los ciudadanos, habitantes de las localidades libres, procedían de los campesinos siervos. Constituyeron la población de las primeras ciudades.

Burguesía, en un principio este término servía para designar a los habitantes libres de las ciudades europeas durante la edad media. Más tarde, el término se convirtió en sinónimo de clase media-alta. En sentido etimológico proviene del latín burgus y del alemán brug, designando a aldeas pequeñas que dependen de otra ciudad. La burguesía designaría, pues, a quienes habitaban los burgos.

Debido al desarrollo de los talleres artesanles y del comercio nació la diferenciación de la población urbana. A fines de la Edad Media, desde aproximadamenhte fines del siglo XV, la palabra «burguesía» significaba ya las capas altas de los ciudadanos: los mercaderes, los banqueros, los dueños de los talleres artesanales y, posteriormente, de las manufacturas.

burguesia financiera en la edad media

Con la ascensión del capitalismo, la burguesía se enriqueció considerablemente y se alzó hasta los primeros puestos de la sociedad, al lado de los grandes terratenientes. El objetivo principal de la burguesía, en particular desde el momento en que apareció la clase de los obreros asalariados, consistió en concentrar en sus manos un gran capital.

A medida que se fue incrementando su poder económico, la burguesía conquistó o adquirió con su dinero numerosos derechos políticos de sus dueños, los señores feudales. El rápido desarrollo de la burguesía se remonta a los comienzos del siglo XVI. El descubrimiento de América en 1492 y el aprovechamiento de sus riquezas, el descubrimiento en 1498 de la ruta marítima a la India, circundando África, la ampliación de las relaciones comerciales con las colonias, impulsaron el desenvolvimiento del comercio, la navegación y la industria y coadyuvaron al incremento de la burguesía. El objetivo principal de la burguesía, en particular desde el momento en que apareció la clase de los obreros asalariados, consistió en concentrar en sus manos un gran capital.

El protagonismo de la burguesía creció incesantemente desde la segunda mitad del siglo XVIII, época en la que tuvo lugar una doble revolución: una revolución económica —la Revolución Industrial— que se inició en Inglaterra y que fue tal vez el proceso transformador más importante que vivió la humanidad hasta ese momento, y una revolución social y política —la Revolución Francesa— que marcó el principio del fin del antiguo régimen.

Con la ascensión del capitalismo, la burguesía se enriqueció considerablemente y se alzó hasta los primeros puestos de la sociedad, al lado de los grandes terratenientes. En el otro extremo de la escala social, campesinos pobres y obreros veían frecuentemente empeorar su situación. En los países donde existían grandes propiedades, como en el sur de Italia, Prusia o Rusia, la nobleza terrateniente, por su dinero y su poder político, conservaba el primer puesto en la sociedad.

Para pertenecer a la burguesía era suficiente con tener una acreditada valía, ya fuese por fortuna personal, por dotes y capacidad de mando en los negocios o por las influencias que se tuviesen. Existían desde los grandes burgueses, con influencia nacional e internacional, a los es trictamente locales.

Tolstoi ha redactado en su «Guerra y Paz» un notable estudio de esta aristocracia terrateniente, que reinaba sobre miles de almas y que prefería a la monotonía de sus propiedades, la vida fácil y brillante de San Petersburgo o de Moscú, en la que gastaba sus rentas. Estos señores feudales, indiferentes a la marcha de sus tierras, contrastaban con los «land-lords» ingleses, preocupados, ante todo, por la técnica agrícola y la mejora de sus rendimientos.

La burguesía inglesa invertía su dinero de buen grado en la tierra y rivalizaba con la nobleza en la construcción de suntuosas mansiones rodeadas de parques magníficos, con un estilo de vida en el que la caza y las frivolidades tenían lugar preponderante. Contrariamente a la aristocracia inglesa, a la que gustaba vivir en sus tierras, los grandes terratenientes franceses preferían arrendar sus fincas y vivir en París. Aquéllos a quienes su fortuna no permitía practicar tal absentismo vivían confortablemente de las rentas de sus tierras y, por su representación mayoritaria en las asambleas de la nación, hacían triunfar una política favorable a la agricultura.

El advenimiento de la burguesía iba a poner término a su predominio. Lejos de ser homogénea, esta burguesía conquistadora tenía sus propias categorías: en la cima se encontraba la oligarquía financiera, cuyas operaciones se limitaban a la compra y venta de letras de cambio y de metales preciosos, a la garantía de transacciones comerciales importantes, a los empréstitos del Estado. La escasez de la moneda (la producción de metales preciosos aflojó durante este primer medio siglo), la debilidad de las inversiones, del movimiento de capitales, de los créditos, no concedían aún más que un papel secundario a los bancos de negocios.

Todas las operaciones importantes dependían, pues, de estas grandes familias financieras, reclinadas en los medios protestantes o israelitas, entre los cuales los Baring en Inglaterra, los Hope en Amsterdam, los Rothschild en todas las grandes plazas europeas, eran los principales representantes. La ascensión de Rothschild merece ser considerada: el padre, Amschel, se había enriquecido administrando los bienes del elector de Hesse-Cassel; sus cinco hijos se establecieron en Viena, Londres, París, Nápoles y Francfort, se convirtieron en los banqueros de la coalición, lanzaron los grandes empréstitos, colocaron su capital en las minas y en los ferrocarriles y amasaron fortunas colosales. Ennoblecidos y acogidos en la más alta sociedad, llevaron un gran tren de vida, coleccionando obras de arte, protegiendo a los artistas y haciendo construir lujosas propiedades donde daban grandes bailes y banquetes.

La alta burguesía comprendía, además de los banqueros, a los grandes industriales metalúrgicos y textiles, a los miembros de profesiones liberales, de la administración, del ejército y de la diplomacia. Poseedores todos ellos de grandes rentas, se hacían construir confortables mansiones en los llamados «barrios burgueses», recibían a sus amigos, lanzaban las modas, tenían sus palcos en el teatro, frecuentaban las estaciones termales, ahorraban para los estudios del hijo y para la dote de la hija.

A este estilo de vida aspiraban todos los pequeños burgueses, patrones de empresas particulares que no empleaban más que un número muy reducido de obreros (forma de empresa muy utilizada entonces), comerciantes, hombres de negocios… Muy embrionaria aún en la Europa Oriental, la clase burguesa tendía a triunfar, económica y políticamente, en los países más avanzados, acabando con la dominación de los terratenientes: el advenimiento de Luis Felipe en Francia y la abolición de las «cornlaws» en Inglaterra dan testimonio de ello.

La burguesía fue básicamente liberal, no tanto en su adscripción a un partido, sino mediante un senti-do más amplio relativo a cómo entender la sociedad. Creía en el valor del dinero y la fuerza del trabajo personal, en la empresa privada y en la competitividad, todo dentro de un mundo en el que los progresos técnicos y científicos eran acogidos como muestras de una superioridad innegable, al tiempo que como algo plenamente necesario y asumido.

En un principio, la burguesía estuvo excluida del gobierno de la nación-estado, en buena medida por su falta de interés por los asuntos públicos. Pero el desarrollo histórico del siglo XI supuso la emancipación política de la burguesía. La burguesía había conseguido el poder económico y éste trajo consigo la ocupación del poder político.

En nombre del liberalismo: El movimiento liberal fue el primero que arremetió contra el orden absolutista europeo. El liberalismo es una filosofía global subordinada completamente a la idea de libertad individual. El interés del individuo tiene prioridad ante el de la colectividad, ante el grupo. Este sistema de pensamiento tiene en política consecuencias considerables. Los liberales desconfían del Estado y del poder que, según ellos, debe estar dividido y distribuido entre varias instituciones independientes y soberanas. En el contexto político de los años 1820, esto consiste en reivindicar una constitución escrita que limite la autoridad del soberano y que cree contrapoderes eficaces. El liberalismo no cuestiona la idea monárquica, sino la fórmula absolutista, contra la cual no existe un arma más eficaz que la separación de poderes.

La Alimentación y Los Nuevos Gustos: En Europa comienza una mejora real de la alimentación y que sigue basándose en el pan y en la carne, pero con el agregado de nuevos productos. El azúcar, empieza a extenderse de forma considerable y su exportación, de América hacia Europa, conocerá un progresivo aumento, ya que el único azúcar que se conoce proviene de la caña de azúcar que sólo puede cultivarse en países cálidos. Obviamente la posición acomodada de la burguesía le permite consumir a diario este tipo de alimentos novedosos.

El Alcohol: El alcohol resultante de la destilación de las frutas, que aparece en el s. XII, sigue siendo durante largo tiempo propiedad exclusiva de los boticarios, pues no logra introducirse en el consumo cotidiano hasta el s. XVIII, en que empiezan a instalarse numerosas destilerías en las proximidades de los viñedos. También se extiende por entonces el uso de los licores, vendidos en un principio como remedios y que más tarde servirán de sustitutos del vino y de «evasivos» de las miserias de la vida.

Café: El café llega a Venecia desde Oriente en el s. XVII, y se va implantando en Europa a partir de Francia. En 1670 se vendía por las calles de París, y es entonces cuando se abren esos establecimientos, conocidos con el nombre de «cafés», que desempeñarán un gran papel a lo largo del s. XVIII, porque en ellos nacerá la tertulia y conocerá una verdadera expansión la palabra humana. El café, lugar civilizado y acogedor, desplazará también en España otros establecimientos.

El tabaco: El tabaco, como el café, es uno de los estimulantes que precisa la sociedad para evadirse de sus propias angustias. Pronto va a difundirse por el mundo entero gracias a una rápida comercialización que multiplicará sus usos, puesto que puede tomarse, masticarse o fumarse. El tabaco, que en un principio había sido prohibido por muchos gobiernos, se verá poco a poco incluido entre los bienes reservados al monopolio estatal.

La moda: La búsqueda del confort y de una vida más lujosa propicia el que la moda conquiste en la sociedad de los nobles y burgueses un lugar hasta entonces desconocido. Las modas dependen estrechamente de las mutaciones de la industria textil. Así, en el s.XVIII, se introducen en el mercado las cotonadas estampadas, llamadas «indianas», que tendrán mucho éxito entre las mujeres europeas.

La belleza: Gracias a los progresos de la higiene que se dan en los Países Bajos primero, y después en Italia, los cuidados dedicados a la belleza del cuerpo y a la preservación de la salud cambian ligeramente de naturaleza. El llevar barba o pelo largo parece estar ligado a cambios de sensibilidad casi inexplicables, pero el gusto por la cosmética y los perfumes depende en gran medida de la influencia de los productos exóticos. Poco a poco se abren de nuevo los baños públicos, tan populares en la Edad Media y que habían desaparecido completamente en el s.XV, salvo en Rusia y en los países escandinavos.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

Primeras Líneas de Ferrocarril en Europa Resumen

Resumen de la Primeras Líneas de Ferrocarril en Europa

El primer medio de transporte a vapor que se desarrolló fue el barco. Pero entrado ya el siglo XLX se potenció uno terrestre, el ferrocarril, que pasó a ser decisivo para el crecimiento económico de las naciones. En 1829 se terminó de imponer la locomotora con el modelo construido por George Stephenson (la «Rocket», el cohete), que fue la primera en transportar pasajeros.

El despegue de la industria ferroviaria trajo consigo, en forma casi inmediata, la demanda de productos siderúrgicos. Y la necesidad del trazado de vías requirió la ocupación masiva de obreros que, en un primer momento itinerantes, pasaron después a formar parte de la planta fija en la administración o en el mantenimiento de los coches.

Al comienzo de su invención los trenes no pasaban de una velocidad máxima de 10 km/h, pero ya en 1850 estaban en condiciones de recorrer las vías a 10C km/h: toda una revolución para la época.

Cuando losferrocarriles se instalaron en las colonias, fueron utilizados por los gobiernos dominantes como medio de transporte para sus tropas, lo que les permitió ejercer un mayor control sobre aquellos países.

La construcción de las primeras redes ferroviarias europeas se remonta a 1830 en Gran Bretaña y Francia, y pronto se extendió por todo el viejo continente.  En Gran Bretaña el crecimiento fue rápido y la longitud total de la red pasó de 800 km en 1837 a 12.000 en 1852.

En Francia el gobierno tomó la decisión de extender la red por todo su territorio adoptando la forma de una estrella cuyo centro fue, naturalmente, la ciudad de París.

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INTRODUCCIÓN A LA ÉPOCA: El innegable progreso industrial europeo que ha posibilitado la era del vapor (la producción se dobló entre 1815 y 1848) tuvo también profundas crisis, cuyas causas sería necesario buscar en un desequilibrio persistente entre la oferta creciente da los productos y una demanda que la situación precaria de la mayoría de los hombres no permitía extender.

Para detener este desequilibrio y evitar la competencia de los productos extranjeros, todas las naciones establecieron barreras aduaneras. Economistas como Ricardo, J. B. Say, Stuart Mill, discípulos de Adam Smith, criticaron violentamente a estas políticas proteccionistas en nombre del liberalismo económico.

«El progreso económico —afirmaban— no puede resultar más que de la libertad más absoluta; si no hay ninguna traba, la producción se ajustará siempre a la demanda por medio de las fluctuaciones de los precios.» Incluso era de interés general que cada nación se especializase en aquellas producciones para las que era más apta, y que las mercancías circulasen libremente entre los países.

El transporte por ferrocarril revolucionó el comercio, llevando productos más rápidamente que nunca. Vastas regiones del interior, antes demasiado aisladas para ser pobladas en gran escala, eran ahora accesibles al comercio, a la agricultura comercial y a la construcción de ciudades, a medida que surgían comunidades enteramente nuevas a lo largo de las vías férreas.

LA REVOLUCIÓN DE LOS TRANSPORTES.
EL FERROCARRIL
Aunque la aparición del ferrocarril debía revolucionar los transportes tradicionales, estos últimos no fueron por ello menos importantes en su época.

Los progresos en la construcción de carreteras, gracias a  la  infraestructura  de   grava   ideada  por Mac Adam, permitieron a la diligencia reinar sobre sus competidores; estos pesados coches transportaban hasta 20 viajeros, alcanzaban los 23 Km. por hora y proporcionaban trabajo a miles de cocheros y posaderos. Las mercancías pesadas se mandaban por vía marítima. Sin embargo, el ferrocarril las condenó rápidamente a un papel secundario.

La introducción del ferrocarril no iba a producirse sin múltiples resistencias. En la primera locomotora construida por el inglés Stephenson en 1814, y que recorrió 7 Km. por hora, los más avisados no vieron más que un medio de activar el transporte de carbón en las minas, y, efectivamente, las primeras líneas, como la de Darlington-Stockton en Inglaterra (1828), tenían como única misión la evacuación del mineral.

Pero los rápidos progresos conseguidos por Stephenson, que en 1830 realizó una segunda locomotora, «el cohete», que recorría 22 Km. por hora, y los alcanzados por Seguin y Crampton inventores de los raíles de acero, de los frenos automáticos, de vagones mucho más perfeccionados, hicieron comprender a los ingenieros y a los capitalistas más clarividentes el partido que podrían sacar de aquel invento.

En Inglaterra, la opinión pública se mostró, desde el primer instante entusiasta, y las compañías privadas pudieron construir libremente una red que en 1850 se afirmó como la primera del mundo.

ferrocarill en europa

En los otros países de Europa, la desconfianza psicológica y la oposición de una multitud de intereses fueron un poderoso freno para el desarrollo ferroviario. La creencia de que la velocidad volvía ciegos o locos a los viajeros, se unía a la hostilidad de los carreteros, de los mesoneros, de los granjeros que temían por su ganado, a la falta de capital, a la desconfianza de los accionistas que preferían permanecer fieles a las sólidas rentas del Estado a lanzarse a la ventura, al conservadurismo de los nobles y de los parlamentarios.

Estos hechos explican por qué, a pesar de las campañas de hombres como Pereire o Chevalier, apoyados por grandes industriales o financieros, la red francesa no se puso en marcha sino a partir de 1837. Francia debe al barón James de Rothschild su primera línea París-Saint Germain. La inauguración fue grandiosa, y el ejemplo pronto imitado en todo el territorio. Pero, en  1848, los pequeños trayectos no cubrían aún más que 3.000 Km Italia, Bélgica y Alemania se lanzaron tambien a la construcción de líneas férreas.

En este último país, constituían un factor de terminante para la formación del «Zollverein» (unión aduanera); obtuvo también el apoyo de los liberales como el economista Federico List que redactó una gran carta de ferrocarriles y que inició una suscripción para la construcción de la línea Leipzig-Dresde.

En 1850, Alemania tenía 5.000 Km. de vías y contaba con uno de los grandes ejes europeos en la transversal Aquisgrán-Hannover-Berlín. Había comenzado el reinado de las grandes compañías de ferrocarriles.

Al principio, las vías eran de hierro fundido, pero pronto fueron sustituidas por hierro forjado, más duradero, y luego por vías de acero. A partir de ese momento, la expansión del ferrocarril fue rápida, y al cabo de cincuenta años cubría vastas extensiones en todos los continentes. La llegada del ferrocarril fue muy significativa para la apertura de grandes mercados para los productos manufacturados de la Revolución industrial, así como para abastecer de materias primas a las hambrientas fábricas del Oeste. No se puede subestimar la importancia de la apertura del oeste norteamericano con la expansión del ferrocarril.

En la primera mitad del siglo, se vio también la aparición de los primeros barcos a vapor accionados por medio de carbón y dotados de hélice. Aunque atravesaban el Atlántico en 17 días, en lugar de los 40 tradicionales que empleaban los veleros, presentaban aún muchos inconvenientes y no lograron suplantar a sus competidores a vela, que fueron objeto de constantes, mejoras, como el «clipper» americano.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
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Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
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Luis VI el Gordo Rey de Francia Biografía y Reinado

REINO DE LUÍS VI EL GORDO, REY DE FRANCIA

En Francia, Luis VI el Gordo (1081-1137) había sucedido en 1108 a su padre Felipe I, y reinó por 29 años, hasta su muerte. Rey enérgico, intentó también fortalecer la autoridad monárquica en su reino; pero la tarea era más ardua allí que en el otro lado del Canal de la Mancha. Casado con con Adelaida de Saboya. Pasó casi todo su reinado sojuzgando incursiones de señores feudales que saqueaban los alrededores de París, hasta que finalmente fueran sometidos a la autoridad real. Durante el período comprendido entre 1109 y 1135, Luis estuvo en guerra contra Enrique I, rey de Inglaterra y duque de Normandía y con el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, y yerno del anterior, Enrique V.

Luis VI rey de Francia el gordo

El feudalismo tenía en Francia raíces mucho más profundas que en Inglaterra. Bajo los últimos reyes carolingios, los grandes señores habían adquirido un poderío territorial y una independencia tales, que fueron precisos siglos para acabar con ellos. Luis VI, bien aconsejado por Suger, abad de Saint-Denis, consagró su reinado a intentar imponer su autoridad sobre sus vasallos, reduciendo sus poderes.

Erigiéndose en arbitro dondequiera que estallase un conflicto, exigiendo tierras y derechos en recompensa de sus servicios, guerreando contra sus vasallos más débiles, apropiándose de los feudos que no tenían herederos, confiscando los de los desobedientes, amplió considerablemente los límites del dominio real y se fue imponiendo poco a poco.

Así, cuando Enrique Beauclerc, en 1124, cerró una alianza con su yerno el emperador Enrique V, para llevar la guerra al reino de Francia, todos los señores feudales franceses se agruparon tras el pendón de Saínt-Denis, al lado de su rey. El rey de Francia había adquirido tal autoridad al final de su reinado, que el duque de Aquitania ofreció al joven delfín Luis, su hija única, Leonor.

Algún tiempo después de celebrado el matrimonio, morían el duque de Aquitania y el rey de Francia. Todas las esperanzas le estaban permitidas al joven Luis VII, que a los diecisiete años se convertiría en el dueño de los reinos de Francia y Aquitania, y asistía al debilitamiento de Inglaterra, provocado por la sucesión de Enrique I. Pero Luis VII, personaje mediocre y sin autoridad, no había de aprovecharse de las ocasiones que la suerte le brindaba.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura dell Hombre Edit. CODEX Tomo III

Biografia de Enrique I Rey de Inglaterra Historia de su Reinado

REINADO DE ENRIQUE I DE INGLATERRA

Enrique I rey de Inglaterra nació en 1068, vivió 67 años, una larga vida para su época, era el cuarto hijo de Guillermo el Conquistador.  Reinó durante 35 años, como el tercer rey normando de Inglaterra (1100-1135). Cuando en 1087 fallece su padre, no recibe ninguna posesión y comenzó una política de expansión territorial en el continente, pero que fracasaron en sus objetivos. A la muerte de su hermano Guillermo II en 1100, Enrique aprovechó la ausencia de su otro hermano, Roberto, que había reclamado con anterioridad el trono para apoderarse del tesoro real, y se autocoronó rey en Westminster.

enrique I de inglaterra

HISTORIA: Como hemos visto en otra página Guillermo duque de Normandía, llamado el Conquistador (que contaba con el apoyo del Papa Alejandro II) , equipó una poderosa flota y, luego de desembarcar en el sur de Inglaterra, derrotó en la Batalla de Hastings (1066) a los sajones mandados por Haroldo.

Este pereció en la batalla y el vencedor marchó a Londres, donde fue reconocido rey con el nombre de Guillermo I. A Guillermo I le sucedió su hijo Guillermo II, El Rojo, que luego de un gobierno mediocre pereció asesinado (año 1100); entonces ocupó el trono su hermano Enrique I, soberano que logró el favor popular, eliminando rencores entre anglosajones y normandos.

Guillermo el Conquistador, hombre de estado autoritario y enérgico, gran soldado, murió dejando el reino en manos de dos incapaces. El mayor, Roberto Courte-heuse, recibió la Normandía; poco hábil, embrollón, incapaz de hacerse obedecer, fue en seguida presa de sus barones, los cuales, aprovechando su debilidad, se otorgaron una independencia que Guillermo les había negado siempre.

El hijo menor, Guillermo el Rojo, heredó el reino de Inglaterra; verdadero déspota, no consiguió imponer su autoridad más que con medidas de terror, siendo odiado rápidamente por la población y abandonado por sus vasallos, que se revolvieron en varias ocasiones confra él. Su asesinato, en 1100, fue un verdadero alivio para el reino. Diez años de anarquía no habían dañado gravemente la obra del gran Guillermo, y su tercer hijo sabrá borrar estos tristes años y restaurar la autoridad monárquica.

A la muerte de Guillermo el Rojo, su hermano menor Enrique I sube al trono; era muy diferente de los dos hermanos mayores; había recibido una instrucción más completa y se interesaba por las artes y la literatura, lo que le valió el sobrenombre de Beauclerc, y, desde luego, poseía una autoridad y una inteligencia superiores a las de sus hermanos. El mismo año de su coronación (1100), se casó con la hija de Malcom, rey de Escocia; la «buena reina Matilde», dulce y valerosa, muy versada en el arte musical y en la poesía, alcanzó rápidamente una gran popularidad en el reino.

El primer acto de Enrique fue restablecer la unidad entre Inglaterra y el ducado de Normandía, que había sellado Guillermo; aprovechando la debilidad de su hermano mayor, se apoderó, poco a poco, de todas las grandes ciudades de Normandía, y en 1106 obtuvo una gran victoria sobre el ejército de Courteheuse, en Tinchebray. Esta victoria le entregaba definitivamente la Normandía; no contento con haber recogido toda la herencia paterna, se encarnizó con su hermano, desgraciado por naturaleza, y lo hizo encerrar en una prisión de Inglaterra, donde el pobre ex-rey permaneció cautivo hasta su muerte.

Enrique I pretendió imponer en todo su reino su propósito de no compartir el poder con nadie. Siguiendo la política cen-tralizadora de su padre, comenzó debilitando el poderío de los señores que habían tomado partido por el duque de Normandía, confiscando sus feudos y arrasando sus castillos; después, pacientemente, aumentó los poderes de quienes dependían directamente de él, como los sheriffs, que fueron desde entonces los únicos habilitados para juzgar en los procesos entre señores y arrendatarios. Creó jueces itinerantes, encargados de hacer justicia en cada uno de los condados; de esta manera, se debilitaron progresivamente las justicias feudales, en provecho de la justicia real, lo que permitió una cierta uniformidad de procedimiento   y   de   jurisprudencia.

Rodeándose de hombres capaces y abnegados, favoreció la constitución de servicios administrativos especializados, asegurándose la entrada de los ingresos. Hizo valer sin descanso sus derechos de soberanía sobre sus vasallos, de los que obtuvo consejos, recursos y asistencia militar, tanto más necesaria cuanto que la querella entre las casas de Francia e Inglaterra se proseguía bajo la forma de guerras y escaramuzas, interrumpidas por largas treguas.

A su muerte, al no tener un sucesor varón, heredó la corona su hija Matilde, quien casóse con el conde francés Godofredo Plantagenet, representante de la Casa de Anjou. Sin embargo, Matilde no pudo gobernar porque las ambiciones de su primo Esteban de Blois originaron diversas luchas.  Esteban I usurpó el trono hundiendo al país en una prolongada guerra civil que sólo llegó a su término con la ascensión al trono, en 1154, del hijo de Matilde, Enrique II.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura dell Hombre Edit. CODEX Tomo III
HISTORIA I  José Ibañez Edit. Troquel

Tomas Becket Asesinato del Arzobispo de Canterbury

TOMAS BECKET O EL ASESINATO EN LA CATEDRAL

Enrique II de Inglaterra (familia Plantagenet), todavía con más violencia que con la nobleza, tuvo que enfrentarse con el clero. La Iglesia constituía entonces una fuerza muy bien organizada, con inmensas riquezas, y cuyos miembros, los personajes más cultivados de la época, alcanzaban las más altas funciones políticas. Favorable a una concepción de realeza electiva, en la que el soberano debe, ante todo, hacer respetar la voluntad divina, constituía un importante foco de resistencia a la monarquía, tal como la concebía Enrique II.

En 1162, moría el arzobispo de Canterbury. Decidido a imponer su intervención sobre la Iglesia, Enrique designó a Tomás Becket para reemplazarlo; éste, tras algunas vacilaciones, aceptó el honor que se le hacía. Pero, tan pronto como fue investido de su nuevo cargo, se operó en él un gran cambio; renunciando a todos los placeres que el dinero y sus funciones le habían procurado hasta el momento, se convirtió en un hombre austero, y llevó una vida muy sencilla, repartida entre las plegarias y la administración de su diócesis.

Pero, sobre todo, se convirtió en el acérrimo defensor de los derechos de la Iglesia, oponiéndose a toda nueva ingerencia del soberano en los asuntos del clero. Ahora bien, Enrique exigía que los tribunales eclesiásticos, que eran, hasta aquel entonces, los únicos habilitados para juzgar los crímenes, robos o actos de bandolerismo de los clérigos, compartiesen esta prerrogativa con los tribunales reales, que podrían juzgar en segunda instancia a los clérigos por estos mismos actos.

Tomás rehusó categóricamente la posibilidad de una doble sentencia. Pasando por encima de esta negativa, Enrique publicó, el 30 de enero de 1164, los célebres estatutos de Clarendon, que aseguraban una intervención permanente del rey sobre el clero. El artículo 8 concedía exclusivamente al soberano el derecho de decidir si un caso era de la competencia de los tribunales eclesiásticos o de los reales, y no podía tener lugar ninguna excomunión sin su conformidad; fueron suprimidas las apelaciones a la Corte de Roma; el rey era dueño de las elecciones episcopales, y, en caso de vacante de una iglesia, la  administración  real  sustituía  a  la  del clero hasta que se nombraba un nuevo titular.

asesinato de tomas becket

Tras haber sido el amigo y confidente  de Enrique II, Tomás Becket, convertido en arzobispo de Canterbury,  se  opuso a las intenciones del rey, que quería apropiarse de los privilegios de la Iglesia. Pensando que hacían un servicio al soberano, unos caballeros asesinaron al arzobispo en su catedral. Enrique II tuvo que pedir perdón en público por este crimen. Asesinato de Tomás  Becket. Manuscrito. París, Biblioteca Nacional.

Ante un acto tal de autoridad, Becket pensó, en un primer momento, en doblegarse, pero la violencia con que el Papado condenó los estatutos le dictó su actitud: huyó de Londres y se refugió en la Corte de Luis VII; desde allí, marchó a Roma, donde el papa Alejandro lo desligó de sus compromisos y le permitió retirarse a un monasterio francés. Durante seis años, vivió en el monasterio de Pontigny, gozando de la protección del rey de Francia. En 1170, Enrique II, enfermo, le propuso una entrevista, pues había conservado una profunda amistad hacía Tomás, a pesar de las diferencias que los habían separado durante aquellos años.

La entrevista tuvo lugar en una playa de la Mancha, donde los dos viejos amigos se encontraron con emoción. Enrique, borrando el pasado, propuso a Tomás que se hiciera cargo nuevamente de sus funciones de primado de la Iglesia de Inglaterra, y éste, persuadido de la posibilidad de un entendimiento, aceptó. Pero la reconciliación fue breve, porque el sentimiento del deber y del honor en Becket, y el de la autoridad absoluta en Enrique, eran más fuertes que su profunda amistad. Cuando el rey se convenció, de forma evidente, de que Becket no transigiría sobre los privilegios de la Iglesia más de lo que había transigido seis años antes, Enrique fue presa de una cólera sorda y pensó en desembarazarse de su arzobispo.

El 29 de diciembre de 1170, cuatro de sus barones hicieron irrupción en la catedral de Canterbury, donde Tomás Becket celebraba un oficio, y lo asesinaron al pie del altar. La indignación en Inglaterra, donde Becket era tenido por santo, fue tal, que Enrique II se vio obligado, dos años después, a hacer penitencia sobre la tumba de su viejo amigo, haciéndose azotar por los monjes, hasta que brotase sangre. Sin embargo, aunque tuvo que renunciar al artículo 8 de Clarendon, consiguió que los restantes quedaran en vigor. La autoridad monárquica se había impuesto, y el rey seguía siendo el dueño del clero.

El final de su reinado (1189) fue trágico, a consecuencia de la muerte de sus dos hijos mayores y de la rebelión del tercero, Ricardo Corazón de León, instigado por el rey de Francia, Felipe Augusto. Viejo, cansado y abandonado por todos, Enrique tuvo que reconocer humildemente que era vasallo de Francia y aceptar en el futuro, cumplir fielmente sus obligaciones. Pero su sucesor, Ricardo Corazón de León, no respetaría los compromisos de su padre.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura dell Hombre Edit. CODEX Tomo III
HISTORIA I  José Ibañez Edit. Troquel

Enrique II Plantagenet Biografía Rey de Inglaterra

BIOGRAFÍA Y REINADO DE ENRIQUE II
INGLATERRA LA PRIMERA POTENCIA DE OCCIDENTE

Enrique II (de Inglaterra) (1133-1189), rey de Inglaterra (1154-1189) uno de los soberanos más poderosos de su tiempo, fue el primer monarca inglés perteneciente a la dinastía Plantagenet. Reinó entre los años 1154 y 1189. Fue el primer monarca de la Casa de Anjou o Plantagenet, fue un importante reformador de la administración y uno de los soberanos europeos más poderosos de su época. Nació en Francia, ciudad de Le Mans el 5 de marzo de 1133, fue duque de Normandía en 1151.

Cuando fallece su padre  heredó los territorios franceses que pertenecían a los Angevinos (miembros de la casa de Anjou). Mediante su matrimonio en 1152 con Leonor de Aquitania, añadió a sus posesiones una serie de extensos territorios del suroeste de Francia.

Enrique II de Inglaterra Plantagenets

El gobierno de los Plantagenet: Al rey Guillermo El Conquistador I le sucedió su hijo Guillermo II, llamado El Rojo, que luego de un gobierno mediocre pereció asesinado (año 1100); entonces ocupó el trono su hermano Enrique I, soberano que logró el favor popular, eliminando rencores entre anglosajones y normandos. A su muerte, heredó la corona su hija Matilde, quien casóse con el conde francés Godofredo Plantagenet, representante de la Casa de Anjou. Sin embargo, Matilde no pudo gobernar porque las ambiciones de su primo Esteban de Blois originaron diversas luchas.

Finalmente ocupó el trono de Inglaterra el hijo de Matilde, llamado Enrique II, Plantagenet, conde de Anjou (año 1154). La nueva dinastía se mantuvo en el poder cerca de trescientos años. Además del territorio inglés, Enrique II dominaba toda la región occidental de Francia hasta los Pirineos.

ENRIQUE II PLANTAGENET Y SUS POSESIONES FRANCESAS

mapa dominio de enrique plantagenets

Enrique II, buen mozo, pelirrojo, de apariencia muy sencilla, inclinado a terribles furores, pero encarnizado trabajador, dotado de una gran inteligencia y habiendo recibido una buena educación, Enrique II fue uno de los reyes más grandes que tuvo Inglaterra. No se entendía bien con Leonor, y profesó una verdadera hostilidad a los hijos que ella le dio, atrayéndose así el odio de toda su familia. Fue, sin embargo, capaz de una gran amistad, como la que le unió, durante muchos años, con Tomás Becket.

Continuando con la política centralizadora de su abuelo, pasó gran parte de su reinado recorriendo sus dominios y reorganizándolos. Si no pensó nunca en la unificación de sus posesiones francesas, que era irrealizable, intentó, sin embargo, atenuar las diferencias que había entre ellas. Realizó una obra considerable en el ducado de Normandía, donde introdujo el Excbequer que tuvo lugar dos veces al año en Caen, ciudad en la que estaba depositado el tesoro del ducado; reemplazó los vizcondes por bailes, encargados de hacer justicia y de percibir los impuestos en cada bailía (tierras bajo su juridicción) ; hizo fructificar los ingresos de sus dominios, creó derechos sobre el comercio y sobre la pesca, acumulando así un tesoro considerable. Supo aliarse hábilmente con el clero, cubriéndolo de oro, y obtuvo el apoyo de la burguesía de las ciudades, concediéndole ciertas libertades municipales, a cambio de estrictas obligaciones militares.

Sus estados de Anjou, Turena y Maine estaban mucho más retrasados que Normandía, y Enrique tuvo que recurrir a un virrey para imponer su autoridad en ellos.

Leonor, que seguía siendo la soberana de Aquitania, fue una excelente administradora; ella estimuló la promulgación del Código de Oloron, que fue durante siglos la base del derecho marítimo. Sin embargo, la nobleza, el clero e incluso las ciudades de esta provincia estaban muy indisciplinadas, y no esperaban más que una ocasión pata sublevarse y reclamar su independencia.

A causa de todas estas posesiones, los Plantagenet eran vasallos del rey de Francia, a quien debían homenaje y asistencia. Pero Enrique II, vasallo mucho más poderoso que su soberano, omitió el cumplimiento de las obligaciones que los lazos de vasallaje exigían, ocasionando así conflictos permanentes entre los dos reinos.

Además de las posesiones que había recibido por herencia, Enrique II intentó conquistar más, por alianzas o por guerras: así, el Vexin francés, aportado como dote por Margarita de Francia, hija de Luis VII, a su hijo y heredero Enrique Court Mantel igualmente, Enrique se apoderó de la Bretaña, casando a su cuarto hijo Godofredo con la heredera de este ducado; tomó por la fuerza el Quercy, y obligó al conde Raimundo de Toulouse a rendirle homenaje.

INGLATERRA, PRIMERA POTENCIA DE OCCIDENTE
Prosiguió esta política hegemóníca en Irlanda, donde, en 1170, llevó a cabo una expedición e instaló a numerosos señores ingleses en el país de Gales, imponiendo ro soberanía, y también en Escocia, a cují rey. Guillermo el León, obligó a prestarle juramento y a rendirle homenaje despues de haberle infligido una terrible derrota en 1174, en la batalla de Alnwick. Escocia se convirtió en un feudo de la corona de Inglaterra, su clero fue sometido al clero inglés, y se instalaron guarniciones en todas sus plazas fuertes.

En 20 años, Enrique II había hecho de Inglaterra la primera potencia de Occidente. En la propia Inglaterra, supo rodearse de excelentes consejeros, adictos a la idea del absolutismo real; tres de ellos desempeñaron funciones muy importantes: el Canciller, guardián del sello real y consejero jurídico y político del soberano. Este cargo adquirió un gran relieve cuando Enrique II lo confió a un hombre cuya personalidad igualaba a la suya, y que, después de haber sido su más fiel servidor, se convirtió en su irreductible enemigo: Tomás Becket.

Hijo de un noble inglés consagrado a la causa de los Plantagenet, y de la hija de un emir de Palestina, Tomás Becket fue, desde muy joven, el amigo y confidente de Enrique II. Ambos eran jóvenes, brillantes y despreocupados, y tenían la misma pasión por los festines, la caza y las mujeres. Enrique quiso hacer Canciller a su amigo más querido, y Tomás probó rápidamente sus cualidades de hábil político.

En materia de finanzas, el Tesorero del Exchequer tenía un papel coordinador tanto más considerable cuanto que Enrique había separado la Tesorería o Bajo-Exchequer de la Cámara de Cuentas o Alto-Exchequer, encargada de registrar los gastos y los ingresos. Por último, el Consejo del rey, presidido por el Justicia Mayor, se convirtió en un tribunal permanente, que enviaba, todos los años, a provincias, delegaciones encargadas de hacer justicia en nombre del rey y de constituir jurys, nueva institución creada por Enrique II.

LA REBELIÓN DE LEONOR Y DE SUS HIJOS
Enrique II intentó disminuir el poderío de los nobles, reforzando los órganos que dependían directamente de él; revocó todas las concesiones que les había otorgado Esteban de Blois, confiscó sus dominios, destruyó los castillos. Disminuyó la importancia de los ejércitos feudales instituyendo una tasa mediante la cual se podía sustituir la obligación del servicio militar. Los ingresos derivados de esta tasa permitieron la formación de un ejército profesional, mucho más dócil que el feudal. Gracias aél, pudo vencer Enrique II la rebelión de ¡os señores que estalló en el continente.

En 1173, Enrique desembarcó en Guyena, acompañado de su esposa y sus hijos, para recibir el homenaje de sus vasallos. Pero la rebelión se estaba incubando hacía largo tiempo, y el joven delfín, Enrique Court Mantel, la hizo estallar poniéndose a la cabeza de ios rebeldes; Luis VII, aprovechándose de estas querellas internas, apoyó a su yerno. Muy pronto, los dos hijos menores, Godofredo y Ricardo, instigados por Leonor, traicionaron también a su padre y levantaron contra él a los barones de la Marca del Perigord y de Angulema. Enrique derrotó al ejército de sus hijos y al del rey de Francia, primero en Verneuil y luego en Ruán. Entonces, Enrique Court Mantel y Ricardo imploraron su perdón y se firmó la paz, en Mont-Louis, en septiembre de 1174.

Si Enrique se mostró clemente con sus hijos, no perdonó, en cambio, a su esposa, a quien hizo encerrar durante dieciséis años, no dejándola aparecer en la Corte más que en raras ocasiones. En Guyena y en Poitiers se produjo un gran descontento, pues el pueblo reclamaba a su soberana. Para mantener a raya toda nueva rebelión, Enrique impuso un nuevo juramento de fidelidad a sus vasallos, por una disposición del año 1176.

TOMAS BECKET O EL ASESINATO EN LA CATEDRAL
Todavía con más violencia que con la nobleza, tuvo que enfrentarse con el clero. La Iglesia constituía entonces una fuerza muy bien organizada, con inmensas riquezas, y cuyos miembros, los personajes más cultivados de la época, alcanzaban las más altas funciones políticas. Favorable a una concepción de realeza electiva, en la que el soberano debe, ante todo, hacer respetar la voluntad divina, constituía un importante foco de resistencia a la monarquía, tal como la concebía Enrique II.

En 1162, moría el arzobispo de Canterbury. Decidido a imponer su intervención sobre la Iglesia, Enrique designó a Tomás Becket para reemplazarlo; éste, tras algunas vacilaciones, aceptó el honor que se le hacía. Pero, tan pronto como fue investido de su nuevo cargo, se operó en él un gran cambio; renunciando a todos los placeres que el dinero y sus funciones le habían procurado hasta el momento, se convirtió en un hombre austero, y llevó una vida muy sencilla, repartida entre las plegarias y la administración de su diócesis. (continuar: Asesinato de Tomas Becket)

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura dell Hombre Edit. CODEX Tomo III
HISTORIA I  José Ibañez Edit. Troquel

Vida de los Señores Feudales Comida, Caza, Religión y Fiestas

VIDA DE LA NOBLEZA EN LA EDAD MEDIA

La vida de la nobleza feudal no era tan idílica como se la describe con frecuencia en las novelas románticas. Aunque, indudablemente, no le faltaba la agitación, era muy fatigosa y la muerte cobraba su tributo a edad temprana. Tras un estudio cuidadoso de los esqueletos medievales, un científico moderno ha calculado que en los tiempos feudales el porcentaje de mortalidad alcanzaba su nivel más alto a la edad de cuarenta y dos años, en tanto que al presente lo alcanza alrededor de los sesenta y dos. Además, las condiciones de vida eran relativamente pobres hasta para los nobles más ricos.

vida de los señores feudales en la edad media

Casi hasta fines del siglo XI el castillo feudal no era sino una fortaleza tosca de madera. Y los grandes castillos de piedra posteriores estaban lejos de ser modelos de comodidad. Las habitaciones eran oscuras y húmedas y las paredes de piedra sin revestimiento resultaban frías y tristes. Hasta que se reanudó el comercio con el Oriente, cuya consecuencia fue la importación de tapices y alfombras, los pisos estaban generalmente cubiertos con juncos o paja, que se renovaban cuando los anteriores eran ya insoportables a causa de la inmundicia dejada por los perros de caza.

La comida del noble y su familia, si bien abundante y sustanciosa, no era muy variada ni apetitosa. Sus componentes principales eran la carne, el pescado, el queso, las coles, los nabos, las zanahorias, las cebollas, los porotos y las arvejas. Las únicas frutas que se podían obtener en abundancia, eran las manzanas y las peras. No se conocían el café y el té, como tampoco las especies hasta que se intensificó el comercio con el Oriente. También se importaba azúcar, pero durante mucho tiempo siguió siendo rara y costosa y hasta se vendía como droga.

Aunque los nobles no trabajaban para ganarse la vida, no pasaban el tiempo en la ociosidad. Los convencionalismos de su sociedad les exigían gran actividad bélica, aventurera y deportiva. No sólo luchaban con pretextos baladíes para apoderarse de los feudos vecinos, sino también por puro amor a la lucha como aventura excitante. Eran tan frecuentes los actos de violencia, que la Iglesia tuvo que intervenir con la Paz de Dios en el siglo X y luego con la Tregua de Dios en el siglo XI.

Mediante la Paz de Dios la Iglesia pronunciaba anatemas solemnes contra quienes realizaban actos de violencia en los lugares destinados al culto, robaban a los pobres o agraviaban a los sacerdotes. Más tarde se extendió esta protección a los comerciantes. La Tregua de Dios prohibía toda clase de lucha desde «la víspera del miércoles hasta el amanecer del lunes» y también desde la Navidad hasta la Epifanía (6 de enero) y durante la mayor parte de la primavera, fines del verano y comienzos del otoño. El propósito de esta última regulación era, evidentemente, proteger a los labradores durante las estaciones de la siembra y la cosecha. La pena que se imponía al noble que violaba esa tregua,  era la excomunión.

Hasta muy entrada la Edad Media, los modales de la aristocracia feudal eran todos menos refinados y suaves. La glotonería constituía un vicio común y las cantidades de vino y cerveza que se consumían en los castillos medievales durante las fiestas causarían vértigo a un bebedor moderno. En las comidas cada cual cortaba la carne con su propio cuchillo y la comía con los dedos. Los huesos y las sobras eran arrojados al suelo, donde se los disputaban los perros siempre presentes. A las mujeres se las trataba con indiferencia y a veces con desprecio y brutalidad, pues aquél era un mundo masculino.

En los siglos XII y XIII, sin embargo, se suavizaron y mejoraron considerablemente los modales de las clases aristocráticas gracias a la aparición de la llamada caballería andante. La caballería era el código social y moral del feudalismo, la encarnación de sus ideales más altos y la expresión de sus virtudes. Los orígenes de este código eran principalmente germanos y cristianos, pero en su desarrollo también desempeñó algún papel la influencia sarracena. El caballero ideal debía ser, no sólo valiente y leal, sino también generoso verídico, respetuoso, bueno con los pobres y desvalidos y desdeñoso de las ventajas injustas y las ganancias sórdidas.

El ideal caballeresco hacía del amor a las mujeres un verdadero culto, con un   ceremonial   complicado   que   el noble debía observar escrupulosamente. Por ello, las mujeres alcanzaron en la última Edad Media una posición social mucho más elevada que en el período anterior. La caballería imponía también a sus miembros la obligación de luchar en defensa de causas nobles. Era su deber especial actuar como campeón de la Iglesia y defender sus intereses con la espada y la lanza.

McNali Burns, Edward. Civilizaciones de Occidente. Buenos Aires, 1968.

Fuente Consultada:
HISTORIA 1  José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel

Biografía de Fernando VII Rey de España Motín de Aranjuez

RESUMEN DE LA VIDA Y GOBIERNO DEL REY FERNANDO VII DE ESPAÑA

Fernando VII (1784-1833), rey de España (1808-1833), llamado El Deseado, este rey disfrutó ínicialmente de la confianza y el entusiasmo del pueblo español, pero pronto revelaría su carácter absolutista y vengativo. Con él finalizó el Antiguo régimen y se dio comienzo a una nueva forma de hacer política.

Fue el último monarca representante del absolutismo en ese país. Hijo de Carlos IV y de María Luisa de Parma, nació el 14 de octubre de 1784, en El Escorial (Madrid). En 1806, se casó con María Antonia de Borbón (o de Nápoles), hija del rey de Nápoles Fernando I de Borbón.

La infancia y juventud de Fernando VII no fueron fáciles. La corte donde creció estaba dominada por el poderoso primer ministro Manuel Godoy, cuya influencia sobrepasaba a la que alguna vez ostentó el rey Carlos IV, padre de Fernando.

Desde joven como príncipe de Asturias tuvo una mala relación con su padre, llegando a formar un grupo de seguidores, conocidos como fernandistas que conspiraron contra Carlos IV, quien era manejado por el primer ministro Manuel Godoy. Descubierto fueron condenados por el proceso de El Escorial (1807), aunque enseguida pidió y obtuvo el perdón de su padre.(aunque al año siguiente  provocaría el Motín de Aranjuez)

Debido a las ambiciones de Godoy y al poco apoyo de sus progenitores, el acceso de Fernando al trono español no parecía claro. En su condición de príncipe de Asturias, aceptó que Napoleón Bonaparte fuese el árbitro de los destinos de España.

A comienzos de 1808, el ejército francés iniciaba las primeras escaramuzas en la península Ibérica, desencadenando el Motín de Aranjuez, que provocó la destitución del ministro Godoy; para detener a los amotinados, Carlos IV tomó el control del ejército y de la marina, pero el 19 de marzo debió abdicar en favor de su hijo Fernando, entonces considerado por el pueblo como la solución a la crisis imperial.

El Motín de Aranjuez, fue complot de la aristocracia española, dirigida por Fernando VII en marzo de 1808 en el Real Sitio de Aranjuez. Los revolucionarios atacaron el palacio de Carlos IV, padre de Fernando, y pidieron su renuncia, al igual que su favorito Manuel Godoy, principal responsable de los manejos del gobierno español. El 19 de marzo Carlo IV abdicó en beneficio de Fernando y toda España celebró la caída del monarca y su favorito.

Fernando VII de España

Rey Fernando VII de España

Aclamado por el pueblo de Madrid, Fernando Vil llega a ser rey, pero pronto
debe ceder la corona a su padre, a instancias de Napoleón.

 La Familia Carlos IV de España

Óleo La Familia Carlos IV de España

Este óleo que actualemente se encuentra en el Museo del Prado , en Madrid, fue  pintado por Francisco de Goya  en 1800 y muestra, de izquierda a derecha, entre otros, a: Carlos María Isidro (vestido de rojo), el propio autor, el príncipe Fernando (futuro Fernando VII, de azul), la reina María Luisa de Parma (en el centro) y el rey Carlos IV (situado a la derecha de su mujer, separado de ella por el infante Francisco de Paula, de rojo).

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: En mayo de 1804, el Senado otorgó a Napoleón el título de emperador de los franceses y dispuso que la dignidad fuera hereditaria. El 2 de diciembre de 1804, Napoleón fue coronado en Notre-Dame de París por el papa Pío VII. El Imperio duró diez años (1804-1814). En ese lapso, Napoleón ejerció una autoridad sin trabas, con un absolutismo creciente, y ayudó a sus hermanos a convertirse en príncipes imperiales.

Desde el tratado ae Basilea (1795), España y Francia eran aliadas y habían luchado juntas contra Inglaterra. A pesar de esto, algunos manejos de Manuel Godoy, favorito de la corte española, insinuaban la voluntad de cambiar de política, temiendo que el creciente poderío de Napoleón le llevase a prescindir de los intereses españoles.

Cuando el emperador se informó de ciertos contactos que se habían entablado con Prusia, decidió invadir y ocupar España. Este propósito fue favorecido por la situación interna, en la cual los intereses del heredero Fernando chocaban con las maniobras de Godoy, que tenía en la corte gran predicamento por sus inteligencias con la reina María Luisa. En torno del príncipe se agruparon todos los descontentos, y así estalló el motín de Aranjuez, que obligó al rey a destituir a Godoy.

Lo difícil de la situación movió a Carlos IV a abdicar en favor de su hijo, que tomó el nombre de Fernando VII Las maniobras de Napoleón se pondrían de manifiesto en Bayona, ciudad francesa de la frontera, adonde fue la familia real española para entrevistarse con el emperador. Allí, éste instó a Fernando VII a devolver la corona a su padre, pero como el anciano rey se negara a tomarla, Napoleón la transfirió a su hermano José, que asumió el trono de España y de los dominios ultramarinos.

Jose I Bonaparte

Jose I Bonaparte

Caricatura de José I. José Bonaparte era ridiculizado por los españoles: se lo llamaba Pepino,
en lugar de José, y se destacaba su gusto por la bebida.

Carlos IV y Fernando VII quedaron mientras tanto internados en Francia. Para dar visos de legalidad a lo actuado, Napoleón convocó el 19 de mayo de 1808, en la misma Bayona, un congreso general al que asistieron 65 diputados españoles favorables a la causa francesa; después de deliberar aprobaron una constitución, jurada el 7 de julio, en la que se reconocía rey de España e Indias a José I, hermano de aquél.

Estos hechos no contaban con la adhesión del pueblo español, que se había levantado en armas el 2 de mayo de 1808. Pronto la sublevación contra los invasores se extendió a toda España y dió comienzo una intensa guerra de guerrillas. A mediados de ese año las tropas españolas derrotaron a los franceses en Bailen, viéndose obligado José I a evacuar Madrid.

napoelon ataca españa

Cuando Napoleón se volvió contra su aliada España en 1808, desencadenando la guerra de la Independencia española, los acontecimientos tomaron un rumbo desastroso para el país. Con el rey Carlos VI y su hijo Fernando tomados como rehenes por Napoleón, los rebeldes empeñados en la independencia aprovecharon el vacío de poder para lomar las riendas por toda Hispanoamérica.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA: Las noticias internacionales son inquietantes: España se encuentra bajo las garras de Napoleón, que ingresó a la península como consecuencia del Tratado de Fontainebleau. Cabe recordar que, tras el motín de Aranjuez, cayó Carlos IV y el ministro Godoy debió abandonar su cargo.

La asunción de Fernando Vil no aquietó al reinoy el mejor ejemplo de ello tue la farsa de Bayona, dos años atrás, cuando Fernando entregó la coronaaCarlos, Carlos a Napoleón y este a José, su hermano. Los españoles intentan resistir al gobierno francés mediante guerras de guerrillas v juntas de gobierno en nombre de Fernando.

La principal, la junta central de Sevilla, que gobernaba en nombre del rey, acaba de ser disuelta y reemplazada por un Consejo de Regencia que actuará hasta la celebración de las Cortes, que determinarán la clase de gobierno que habrán de sustituir.

Entre los principales temas de discusión está la representación de las colonias en estos órganos, pero las noticias llegan a estastierras con meses de retraso y crece el debate entre reconocer o no a las juntas españolas y al Consejo como autoridades representativas de la corona de la metrópoli.

Fernando recuperó el Trono por el Tratado de Valencay (1813); tan pronto como llegó a España se apresuró a seguir la invitación de un grupo de reaccionarios (Manifiesto de los Persas) y restablecer la monarquía absoluta del siglo anterior, eliminando la Constitución y la obra reformadora realizada en su ausencia por las Cortes (1814).

Al recuperar su trono Fernando VII, las tropas realistas marcharon a reestablecer la autoridad en Chile. El líder militar que había surgido de la confusión republicana para enfrentar a los españoles se llamaba Bernardo O’Higgins  Los realistas expulsaron a O’Higgins de Chile, pero la lucha no había terminado, pues Chile conseguría ser libre a partir del avance del ejército dirigido por San Martín, cuando realizó la gesta magna de cruzar los andes en 1817.

El reinado de Fernando VII se caracterizó por la continua represión ejercida por el soberano sobre el naciente movimiento liberal. Defensor a ultranza del absolutismo monárquico como forma de gobierno y como pilar básico del Estado. Fueron años de represión política. La situación general se veía afectada además por la pérdida de la inmensa mayoría de las colonias americanas, después del proceso conocido como la emancipación latinoamericana.

El 18 de mayo de 1829, el soberano perdió a su tercera esposa, María Josefa Amalia, la cual, al igual que las dos primeras, murió sin dejar descendencia. Surgió entonces la posibilidad de volver a contraer matrimonio y de conseguir un sucesor al trono.

La elegida fue su sobrina María Cristina de Borbón, de 23 años, con la que tuvo cuatro hijas. Su primogénita se convertiría en la futura reina Isabel II, cuyo ascenso al poder fue garantizado por sus padres mediante la publicación de una Pragmática sanción, que derogó la ley sálica, terminando así con las ambiciones del infante don Carlos, hermano de Fernando y realista.

Paradójicamente, los antiguos liberales acercaron posiciones con Fernando VII y su esposa, prefigurando el viraje político hacia el liberalismo. El Deseado falleció el 29 de septiembre de 1833, apoyando un pacto de hecho entre los liberales y los estertores del Antiguo régimen.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1784 Nacimiento de Fernando, el 14 de octubre.

1788 Carlos IV, rey de España.

1792 Ascenso al poder de Manuel Godoy.

1804 España declara la guerra a Inglaterra. Napoleón Bonaparte es coronado emperador de Francia.

1808 Comienza la ocupación napoleónica en la península Ibérica. Motín de Aranjuez.Abdicación de Carlos IV y nombramiento de Fernando VII. José Bonaparte asume como rey de España.

1808-1826 Período del proceso de emancipación  en América hispana.

1812 Constitución de Cádiz.

1814 Fernando VIIretoma el poder. Napoleón I es depuesto. Asume  Luis XVIII como rey de Francia.

1820 Reunión solemne de las Cortes. Comienza el Trienio liberal.

1823 Comienza el último período del Antiguo régimen en España.

1829 Fernando VII se casa con María Cristina de Borbón.

1830 Firma de la Pragmática sanción. Nacimiento de Isabel II, futura reina de España.

1833 Muerte de Fernando VII el 29 de septiembre.

Fuente Consultada:
HISTORIA UNIVERSAL Tomo 16 Editorial SALVAT El Impacto de la Revolución Francesa
HICIERON HISTORIA Biografías Fernando VII de España Editorial Kapelusz
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo II Editorial Ateneo

 

Biografia de Leopoldo I Rey de Bélgica Política y Gobierno

RESUMEN DE LA VIDA Y GOBIERNO DE LEOPOLDO I , REY DE BÉLGICA

Leopoldo de Sajonia-Coburgo-Gotha nació en Alemania el 16 de diciembre de 1790. Hijo del duque reinante de Sajonia-Coburgo, realizó una carrera militar y fue un gran diplomático. Fue un aristócrata internacional de origen alemán, Leopoldo combatió en el ejército ruso en 1813 durante las Guerras Napoleónicas.

Vivió en Inglaterra a partir de 1846 y desposó a una princesa francesa en 1832, la princesa Carlota, hija del príncipe regente que más tarde sería Jorge IV de Gran Bretaña. Llegó a ser rey de los belgas casi por casualidad en 1834, supo proteger a la joven nación de la codicia de sus poderosos vecinos, e hizo que Bélgica desempeñara un papel importante en la escena europea.

Leopoldo I de Bélgica

Leopoldo I de Bélgica

Cuando tenía apenas 5 años, el zar de Rusia lo nombró coronel de la Guardia Imperial y a la edad de 12, él será general. La lucha contra Napoleónle llevó a servir como oficial en el ejército ruso (1805-10). Acabada la guerra, pasó a vivir en Inglaterra, donde adquirió la nacionalidad británica y contrajo matrimonio con la heredera del trono (1816), la princesa Charlotte, muerta al año siguiente cuando dá a luz.

Las dos primeras revoluciones europeas que dieron lugar a alteraciones en el orden del Congreso de Viena le ofrecieron la Corona de los respectivos Estados independientes que crearon: Leopoldo rechazó la de Grecia (1830), pero aceptó la de Bélgica, que acababa de rebelarse contra el dominio holandés (1831).

La independencia belga:  Bélgica, que formaba con Provincias Unidas una federación de estados, y no se sentía representada por la constitución otorgada por Guillermo I (1815-1840), rey de los Países Bajos. El holandés era el único idioma oficial, y las decisiones legales y administrativas quedaban en manos de los funcionarios holandeses. A esta situación se sumaba la persecución de que era objeto la religión católica, credo que profesaba la mayoría de los belgas.

Durante el Congreso de Viena, luego de caída del imperio napoleonico, se formó esa federación de países para evitar la influencia de Francia en esa zona. La unión de esos países le convenía económicamente a Bélgica, pero el descontento social igual reinaba, pues no sopórtaban la persecución religiosas de los belgas. Francia quizo aprovechar este malestra para recuperar su influencia en Bruselas.

En 1830, año de muchas revoluciones liberales en Europa, tambien estalla en Bélgica, Guillermo I envió al ejército para reprimir a los belgas, pero sus tropas fueron batidas en la lucha callejera. Convocado a elecciones, el pueblo eligió un congreso que proclamó la independencia de Bélgica, instauró la creación de una monarquía constitucional hereditaria y excluyó a la casa de Orange de la sucesión al trono belga.

El 4 de noviembre de 1830, las grandes potencias aceptaron la separación de Provincias Unidas y Bélgica, y reconocieron la independencia de este último país, a condición de que se proclamase neutral.

Convocados a nuevas elecciones, los belgas eligieron rey a Leopoldo de Sajonia, o Leopoldo I de Bélgica. Las fronteras establecidas por las grandes potencias desencadenaron choques armados entre Provincias Unidas y Bélgica, que Francia quiso aprovechar, pero la crisis se apaciguó ante la amenaza de una intervención militar por parte de Prusia, Rusia, Austria y Gran Bretaña.

El 21 de julio de 1831 juró solemnemente sobre la Constitución: Bélgica se convirtió de este modo en una monarquía constitucional y comenzaba una vida independiente. Desde un principio, el rey se esforzó por proteger esta independencia. Apenas subió al trono debió enfrentar una invasión de Guillermo I, que no aceptaba el tratado de 1831. Leopoldo I en persona defendió en Lovaina la ruta de Bruselas, ayudado por el general francés Étienne Maurice Gérard. Finalmente, Holanda dejó de ser una amenaza con la firma del tratado de Londres, el 19 de abril de 1839.

Casamiento con Luisa María de Orleans

1832: Casamiento con Luisa María de Orleans

Durante todo ese período, Leopoldo I desplegaría su habilidad diplomática para asegurar la frágil existencia del nuevo Estado. En 1832 desposó a Luisa María de Orleans, hija de Luis Felipe I, con la que tuvo cuatro hijos, a los que casó de la manera más ventajosa para Bélgica.

El rey sexagenario, más triste que nunca, se pliega de Laeken, conoce el final de una vida dolorosa y muere el 10 de diciembre 1865.Su funeral se celebró el 16 de diciembre. A pesar de las dificultades externas y tragedias personales, dejó un reino próspero que casi nadie cuestiona la legitimidad.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA:

1790 Nacimiento de Leopoldo, cuarto hijo del  duque de Sajonia-Coburgo, el 16 de diciembre.

1813-1814  Leopoldo combate en el ejército ruso  contra Napoleón.

1815 Congreso de Viena: Bélgica es anexada   a Holanda,   Leopoldo de Sajonia-Coburgo desposa a  Carlota de Inglaterra, hija única del   futuro rey Jorge IV.

1817 Muerte de Carlota.

1828 Pacto de alianza entre los católicos y los  liberales belgas. Inicio del unionismo.

1830 Revoluciones en Europa. Levantamiento en  Bruselas. El ejército holandés deja la ciudad. Constitución de un gobierno provisional. Elección de un Congreso nacional. Conferencia de Londres que reconoce la independencia de Bélgica.

1831 Protocolo que establece la neutralidad de   Bélgica. Constitución belga. Leopoldo I, rey de los belgas. Guerra llamada de los diez días «contra Bélgica por Guillermo I, rey de Holanda».

1832 Leopoldo I se casa con Luisa María de    Orleans, hija mayor de Luis Felipe I.   Tienen cuatro hijos.

1839 Tratado de Londres. Guillermo I de  Orange, rey de Holanda, reconoce la   independencia de Bélgica.

1846 Fundación del Partido liberal.

1847 Primer ministro liberal.  Fin del unionismo.

1865 Muerte de Leopoldo I; lo sucede su hijo Leopoldo II, el 10 de diciembre.

Fuentes Consultadas:
Historia Universal ESPASA Siglo XXI Independencia de México
SOCIEDADES 8° Año Vicens Vives de M. González y M. Massone
Hicieron Historia Biografia de Leopoldo I de Bélgica Kapelusz
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo II Editorial ATENEO

Biografía de Luis Felipe I de Francia Historia de su Gobierno

VIDA Y GOBIERNO DE LUIS FELIPE I, EL REY DE FRANCIA

Luis Felipe I de Orleans, (1773-1850) fue el rey de los franceses de 1830 a 1848, también conocido como el Rey Ciudadano (1773-1850). Era hijo de Luis Felipe José de Orleans (llamado Felipe Igualdad) y nació en París. Inicialmente llevó un reinado marcado por la prosperidad nacional, la estabilidad, y la fecundidad intelectual, pero finalmente fue destituído por sus tendencias autoritarias.

Pertenecía a la Casa de Borbón-Orleans, su padre era hermano del rey de Francia Luis XIV. Luis Felipe fue duque de Valois desde su nacimiento hasta 1785 y desde entonces el de duque de Chartres hasta 1793, año en el que su padre fue guillotinado y heredó el título de duque de Orleans. Políticamente predicaba con los ideales de fraternidad, libertad e igualdad de la Revolución Francesa de 1789.

Luis Felipe I Rey de Francia

Luis Felipe I Rey de Francia

Proclamado «rey de los franceses» por la gracia de Dios y la voluntad nacional, Luis Felipe I sería también el úitimo rey de Francia, cuando la misma voluntad nacional optó por la República. Llegó al poder tras una revolución y fue derrocado por otra. Durante los dieciocho años de su reinado proyectó la imagen de un soberano triste y sin grandeza en una Francia desgarrada.

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA:

Tras la derrota de napoleón, asumió el trono de Francia Luis XVIII. Este rey respetó muchos de los derechos conquistados por la burguesía y, al mismo tiempo, le hizo concesiones políticas y económicas pues necesitaba de su apoyo para impedir nuevas demandas y el estallido de revoluciones más radicalizadas. Por ejemplo, respetó la igualdad de todos los franceses ante la ley y las libertades de pensamiento, prensa y culto.

Cuando murió Luis XVIII lo sucedió Carlos X. Este rey intentó restaurar la monarquía absoluta tal como era durante el Antiguo Régimen. Abolió la libertad de prensa y declaró el estado de emergencia por el cual quedaban suspendidas las garantías individuales. Pero cuando suprimió la Cámara de diputados, estalló en París un movimiento popular en el que participaron sectores de la burguesía, obreros y estudiantes en defensa de las libertades. Tres días después la lucha de los liberales había conseguido la renuncia de Carlos X.

La restauración monárquica impuesta por las potencias vencedoras en el Congreso de Viena no abolir las principales ideas difundidas en la revolución. Como vimos hubo una reacción bajo Carlos X, que terminó renunciando, y ahora su reemplazo en Luis Felipe, quien no sería un rey «a la antigua»: establecería una monarquía constitucional donde la influencia política de la burguesía —y de las finanzas— sería cada vez más sensible. A partir de este momento la vieja nobleza jamás reconquistaría sus privilegios.

Las restricciones impuestas a las libertades y las privaciones materiales de la población, terminarían por reencender la llama de la revolución. En tres oportunidades sucesivas (1830, 1848 y 1870) el pueblo de París saldría a las calles. Y restablecería la República en las dos últimas.

Luis Felipe había acido en París el 06 de octubre 1773, hijo Felipe Igualdad (apodo) , duque de Orleans. Desde 1785 hasta la ejecución de su padre, el 06 de noviembre 1793, era conocido como el duque de Chartres, a partir de entonces como el duque de Orleans y fue líder de la rama más joven de la familia Borbón.

En 1790, en pleno desarrollo de la revolución francesa el duque se unió al Club de los Jacobinos y como militar estuvo al servicio de la Convención; pero mas tarde, decidió escapar de Francia y buscar la protección austríaca en 1793 para evitar caer él también víctima del Terror. Permaneció en Suiza y Estados Unidos hasta su regreso a Francia en 1817, convirtiéndose enseguida en una figura apreciada por las clases medias liberales, por su postura a medio camino entre los excesos de la revolución popular y la reacción ultrarrealista que se impuso desde finales del reinado de Luis XVIII.

luis felipe i de francia

Restauró el Palacio de Versalles, abandonado desde la salida de Luis XVI en octubre de 1789, y estableció un museo de la historia de Francia, con una inscripción en su frontón: «a todas las glorias de Francia». También organizó el regreso de las cenizas de Napoleón (15 de diciembre de 1840) y erigidas al este de la ciudad de París.

Durante el inicio de su gobierno intento apoyar al sector republicano que lo había entronizado, pero con el tiempo su postura democrática fue cambiando, tomando alguna serie de medidas autoritarias , que se contradecían a su compromiso de mantener una monarquía constitucional. Acordó el matrimonio de su hija Luisa con Leopoldo I de Bélgica.

A partir de 1831, Luis Felipe I, que deseaba ejercer el poder por su cuenta, prefirió a los conservadores de la «Resistencia», encabezados por Guízot, en lugar de los partidarios del «movimiento» de La Fayette. Frente a las miserias, como el cólera de 1832, o las rebeliones, como las de los tejedores de seda de Lyon en 1831 y 1834, el rey respondió con indiferencia o por la fuerza.

Aunque el censo electoral se extendió a más personas, sólo un 9% de los electores podía votar. Esta clase dirigente que confiscó el poder en nombre de la razón fue muy corrupta, como lo revelaron una serie de escándalos financieros.

En política exterior, Luis Felipe I apoyó la gestión pacifista de Guizot, fundada en la alianza con Inglaterra, y en 1830 se lanzó con mesura en la colonización de Argelia, emprendida con ligereza tras un incidente diplomático en que el rey de Argelia le asestó un golpe de abanico al cónsul de Francia. Esta imprudencia alimentó su creciente impopularidad. Finalmente, la crisis de subsistencia de 1846-1847 fue la que volcó a las calles de París las muchedumbres hambrientas y encolerizadas.

Luis Felipe I y la Reina Victoria

La revolución de 1830 había llevado al poder a los sectores más ricos de la alta burguesía. Pero la pequeña burguesía y los sectores populares habían sido excluidos del sistema político autoritario, elitista y de sufragio censitario de Luis Felipe. La búsqueda de mayor participación política, así como el reclamo de mejores condiciones de trabajo y el derecho al voto, hicieron confluir en similares objetivos a sectores de la burguesía, intelectuales, estudiantes universitarios y trabajadores urbanos. Al mismo tiempo que las ideas liberales y democráticas se radicalizaban, comenzaron a tomar fuerza en Europa nuevas ideologías que reclamaban cambios en la organización de la sociedad y mejoras en la calidad y las condiciones de vida de los sectores obreros.

El 24 de febrero de 1848, el pueblo tomó el ayuntamiento gritando «viva la República» y Luis Felipe I abdicó en favor de su nieto. Al día siguiente, Francia ya era una República, al tiempo que el rey derrocado se refugiaba en Inglaterra, donde murió el 26 de agosto de 1850.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1773 Nace el duque de Valois, el 6 de octubre.

1774 Luis XVI es entronizado.

1785 El duque de Valois se convierte en duque de Chartres.

1789 Toma de la Bastilla.

1791 Huida del rey, que es arrestado en Varennes.

1792 Condena y ejecución de Luis XVI. Ejecución de Felipe Igualdad; el duque de Chartres toma el título de duque de Orleans.

1795 Muerte de Luis XVII. El conde de Provenza toma el título de Luis XVIII. Inicio del Directorio.

1799 Golpe de Estado de Bonaparte.

1804 Napoleón es coronado emperador.

1814 El Senado proclama la deposición de Napoleón I y llama a Luis XVIII. Luis Felipe toma posesión de una parte de sus bienes.

1815 Los Cien Días y la segunda Restauración.

1824 Muerte de Luis XVIII; Carlos X se convierte en rey.

1830 Revolución (las Tres jornadas gloriosas); Carlos X abdica. Luis Felipe I, rey de los franceses.

1831 Ministerio de Casimir Perier. Rebelión de los tejedores de seda de Lyon.

1832 Cólera en París.

1833 Ley Guizot para la enseñanza primaria.

1834 Disturbios republicanos en París. Segunda rebelión de los tejedores de seda de Lyon.

1848 Primera revolución (febrero) y proclamación 1 de la República. Abdicación de Luis Felipe I que se refugia en Inglaterra. Segunda revolución (junio).

1850 Muerte de Luis Felipe I, el 26 de agosto.

 

 

Torquemada Crueldad del Fray Contra Los Herejes en España Inquisicion

Torquemada Crueldad del Fray Contra Los Herejes

Torquemada, el terrible inquisidor A finales del siglo XV, los reyes Católicos, en su afán de construir un Estado unitario y acorde con su apelativo, necesitaban erradicar de España a las otras religiones monoteístas. La reconquista ya tenía acorralados a los moros, que morían en combate, se replegaban a fincas o se convertían.

El gran problema eran entonces los judíos, arraigados desde hacia siglos en toda la Península. La solución fue el dominico fray Tomás de Torquemada, confesor de la reina Isabel, que en 1483 fue nombrado inquisidor general de Castilla y Aragón. Poco después, el tremendo fraile reorganizó la inquisición española y fue el mayor inspirador del decreto de expulsión de los judíos en 1492.

Dictó entonces nuevas ordenanzas que le daban carta blanca, y actué con feroz ensañamiento y crueldad contra aquellos que no aceptaban convertirse o contra los «marranos», como se llamaba a los que seguían practicando su credo en secreto.

La Santa Sede lo llamó varias veces a! orden, pero los cónyuges reinante siempre lo defendieron en su cargo y su forma de actuar. Se calcula que Torquemada condenó a unas 1011000 personas de ambos sexos a distintas penas, de las cuales alrededor de 4.000 fueron condenas de muerte? Murió en 1498 sin haber mostrado un signo de arrepentimiento, quizá porque él mismo era hijo de un judío converso.

La historia señala a Fray Tomás Torquemada como el símbolo de la intransigencia del catolicismo cristiano, un adelantado de las leyes racistas y de limpieza de sangre, que aparecieron después de él.

En el inconsciente colectivo, su nombre permanecerá ligado al de hoguera y Auto de Fe, y a una fecha particular: 1492. En ese año Torquemada estuvo a cargo de la expulsión de los judíos españoles, los cuales no pudieron regresar. Además, en esa misma fecha, se sucedieron dos hechos cruciales, la conquista de Granada y el “descubrimiento” de América.

Incluso, el papel de Torquemada seria trascendental en el Tribunal de la Inquisición. En este actor se conjugaban su pasión por ejercer el poder, incluso sobre los monarcas a los que repetidas veces sobrepasó, y su desapego a los mandatos del evangelio. Torquemada impulsó la gran purga que empobrecería y arruinaría los reinos de España recién reunificada.

Tomás de Torquemada nació en Valladolid y se convirtió en el primer Gran Inquisidor español después de su nombramiento en 1483. Este fraile dominico realizó una carrera política brillante: era confesor de los Reyes Católicos y a la vez, miembro del Consejo Real de ambos monarcas. A los 14 años ingresó al convento de los dominicos de San Pablo en su ciudad natal, obtuvo allí el titulo de bachiller en Teología y a la edad de 22 años se convirtió en prior del convento de Santa Cruz en Segovia. Estos primeros pasos en su formación, lo convirtieron en responsable del Tribunal de la Inquisición o Santo Oficio, establecido en 1478, que hasta ese momento llevaba a cabo actividades de fiscalización de judíos. Con la asunción de Torquemada (en sustitución de los dominicos Juan de San Martín y Miguel de Morillo) la gama de actividades y de perseguidos de la inquisición se amplió considerablemente, siendo procesados todos los herejes y gentes de fe dudosa en general.

Para poder evidenciar las atrocidades cometidas bajo la Inquisición, se transcribe el formulario de la parte dispositiva de las sentencias de tortura dictadas por la Inquisición bajo el mandato de fray Tomas de Torquemada:

Christi nomine invocato. Fallamos atentos los autos y méritos del dicho proceso, indicios y sospechas que del resultan contra el dicho…, que le debemos condenar y condenamos a que sea puesto a cuestión de tormento, en el cual mandamos esté y persevere por tanto tiempo cuanto a Nos bien visto fuere, para que en él diga la verdad de lo que esté testificado y acusado; con protestación que le hacemos, que si en el dicho tormento muriere, o fuese lisiado, o se siguiere efusión de sangre, o mutilación de miembros, sea a su culpa y cargo y no a la nuestra, por no haber querido decir la verdad. Y por esta nuestra sentencia, así lo pronunciamos y mandamos.

Presidido por Torquemada, el Santo Oficio extendería su jurisdicción por los reinos peninsulares desde Castilla. La situación de los reinos peninsulares se agravó porque en ellos no había tradición inquisitorial anterior, a diferencia de Europa, no habían implantado la anterior Inquisición Papal, de manera que a la brutal represión se le añadía el “factor sorpresa”.

No obstante, la acción de la Inquisición en otros reinos peninsulares estuvo expuesta a problemas: en Aragón se opusieron a las medidas, obligando al Gran Inquisidor a enviar a Zaragoza el canónigo Pedro Arbués, que antes de poder actuar fue apuñalado misteriosamente (se estima que a manos de conversos) en la catedral de la Seo mientras realizaba sus oraciones.

Este asesinato no impidió expandir el control de la Inquisición, imponiendo el reino del terror por toda España. Al mismo momento se produjo una reacción que resaltaba las bondades de la Inquisición, intentando justificar su presencia, igualándola con el poder de Dios de la Biblia: “La Inquisición —afirmaba un monje llamado Macedo— se fundó en el Cielo. Dios ejerce la función de primer inquisidor, y, como tal, castigó con el fuego celeste a los ángeles rebeldes». Esta teoría justificaría las acciones del Santo Oficio.

Fray Tomás fue un déspota, evitó e ignoró la ayuda que, legalmente, debía prestarle el Consejo Supremo o de la Inquisición (conocido como la Suprema), dependiente de Fernando e Isabel. Así, Torquemada dictó sus Instrucciones Antiguas a su libérrimo albedrío, sin consultar con nadie y según su parecer obsesivo para con los no puros en materia de religión. En algunas ocasiones, solía asistir a los autos de fe, y a la terrible puesta en escena de los mismos, se sumaba la figura angulosa y espectral de Torquemada, asegurándose de que, a los que él había condenado, fenecieran efectivamente en la hoguera.

Envestido de plenos poderes por los Reyes Católicos, Torquemada se propuso conseguir la unidad religiosa de una España recién “inventada y conformada”, para lo cual aconsejó la expulsión de los judíos en 1492. Esta petición se realizo en la emblemática ciudad de Granada, con cuya conquista se había culminado la unidad peninsular, y en la cual residían por entonces Femando e Isabel.

Su proyecto de expulsión podía considerarse hasta absurdo, porque según algunos historiadores, él mismo y el propio rey Fernando de Aragón, pertenecían al pueblo hebreo a través de sus antepasados. Sin embargo, como todos los puros (más si son conversos), el dominico no dejaba de enviar al brazo secular para el cumplimiento de las penas a toda clase de víctimas, tocadas con el sambenito negro, camino de la hoguera purificadora. Esta cuestión se puede observar al comienzo de la parte preceptiva del edicto dado en Granada por los Reyes Catolicos el 31 de marzo de 1492, expulsando de sus reinos a los judíos: Por ende, Nos en consejo e parecer de algunos prelados e grandes caballeros de nuestros reynos o de otras personas de ciencia e conciencia de nuestro Consejo, aviendo ávido sobre ello mucha deliberación, acordamos de mandar salir a todos los judíos de todos nuestros reinos, que jamás tornen ni vuelvan a ellos, ni alguno delios; e sobre ello mandamos dar esta nuestra carta, por la qual mandamos a todos los judíos e judías de cualquier edad que seyan, que viven e moran e están en los dichos nuestros reynos e señoríos, ansí los naturales delios como los non naturales (….) salgan con sus fijos e fijas, e  criados e criadas e familiares judíos, ansí grandes como pequeños, de quaiquier edad que seyan, e que no seyan osados de tornar a ellos (…) so pena incurran en pena de muerte e confiscación de todos sus bienes para la nuestra cámara e fisco…

Este inquisidor actuó como un déspota en estado puro, evitó dar cuenta de la expulsión a las Cortes, como era preceptivo, trabajando desde la impunidad de los hechos ya consumados. Fueron expulsados unos 165.000 judíos, se bautizaron a la fuerza 50.000 y murieron en el éxodo más de 20.000. Sin embargo, no todo el mundo estaba de acuerdo con las medidas adoptadas, porque el más perjudicado, después de los propios expulsados, era el reino de España que se veía empobrecido por aquella sangría humana. No obstante, la decisión era inclaudicable sobretodo por la ceguera y la inflexibilidad de fray Tomás. Esta ceguera se extendía hasta sobrepasar la voluntad de los propios monarcas.

En este sentido, una vez conocido el expediente de expulsión, algunos judíos habían ofrecido a los reyes hasta 30.000 ducados, por lo menos para prolongar el plaza de expulsión y morigerar el transito hacia el exilio.  Cuando Torquemada se enteró de esta propuesta, irrumpió en la audiencia portando un enorme crucifijo que había extraído de los pliegues de su habito de dominico, y amenazó a los monarcas: «Judas Iscariote vendió a su Maestro por treinta dineros de plata; vuestras altezas le van a vender por treinta mil…! ¡Ahí le tenéis; tomadle y vendedle!». Fray Tomás, de inmediato se retiro de la estancia, dejando a todos los presentes sorprendidos ante aquella interpelación.

La acción de Torquemada fue efectiva ya que los reyes desestimaron el pago de esa suma de dinero y la posibilidad de minimizar los efectos de la expulsión. Sobre España recién unificada se abría una era de horrores, que sólo finalizarían en 1834, en la ciudad de Cádiz, y en el enunciado de su Constitución, que abolía el tribunal inquisitorial. Sin embargo, esto se produciría tres siglos después, en 1492 los obligados a marcharse debieron sufrir el exilio, mientras que los que se quedaron no tuvieron mejor suerte, pues fray Tomás exigía obsesiva y tajantemente la limpieza de sangre, una aberración que, cinco siglos después, retomaría el nazismo.

Las purgas inquisitoriales afectaron a más de 150.000 personas. Para comprender el alcance de esta medida, se transcribe un segmento del estatuto de la Inquisición:

Los hijos y los nietos de tales condenados no tengan ni usen oficios públicos, ni honras, ni sean promovidos a sacros órdenes, ni sean Jueces, Alcaldes, Alguaciles, Regidores, Mercaderes, Notarios, Escribanos públicos, Abogados, Procuradores, Secretarios, Contadores, Chancilleres, Tesoreros, Médicos, Cirujanos, Sangradores, Boticarios, Corredores, Cambiadores, Fieles, Cogedores, Arrendadores de rentas algunas, ni otros semejantes oficios que públicos sean.

 Incluso Torquemada propició otras medidas, adelantándose al edicto del Papa de 1521 que imponía que todos los libros prohibidos debían ser entregados a la Inquisición y quemados públicamente. Fray Tomás, ya en 1490, había entregado a las llamas más de 600 volúmenes repletos, se dijo, de ideas heréticas y judaizantes. Por otro lado, personalmente fray Tomás fue un asceta que vivía modestamente y presumía de incorruptible. Pero si la parte del león en la represión correspondía a herejes y falsos conversos, el largo brazo del inquisidor llegaba también a la de los delitos comunes, aunque él los justificaba y bautizaba como herejías implícitas. En estas figuras confusas entraban los bígamos, los curas que se casaban, los que se acostaban con mujeres haciéndoles ver que eso no era pecado, los que preparaban filtros de amor, los guardianes que violaban a sus prisioneras, los místicos y los embaucadores, entre otros muchos.

De esta forma, Torquemada pasó a la Historia por su acción al frente de esta institución macabra, conjugando frente a él el odio de muchos siglos y de muchas personas.

No obstante, su vida privada es casi desconocida, no se sabe si en ella prolongaba el dominico aquel sadismo frío e inhumano que utilizaba en lo público. Algunos historiadores rescataron una curiosa historia, según aquéllos parece que fray Tomás, un hombre al fin y al cabo, sintió una gran pasión por una joven llamada Concepción Saavedra. De tal manera que ordenó a sus agentes que la buscaran allá donde viviera y la llevaran a su presencia. Cumplida la orden y estando la joven frente a él, el frío e insensible monstruo intentó seducirla, pero antes solicitó los servicios de una matrona para ver si, como creía, era virgen. La matrona asintió tras examinarla. Al día siguiente, y tras una noche de pesadilla, la joven fue trasladada a una estancia ricamente adornada en la que, además, aparecieron ante su vista ricos vestidos y costosas joyas. En un primer momento,  se ilusionó frente a aquellos presentes, pero enseguida se dio cuenta en qué situación y en qué lugar se hallaba, y se puso a temblar. Concepción era una bellísima joven andaluza, morena, de cuerpo grácil y atractivos innatos. Su padre había muerto en una emboscada tendida por las tropas castellanas a los moriscos, con los que su progenitor se hallaba. Entonces, comprendió que la habían llevado a la sede de la Inquisición y que se hallaba a merced del Gran Inquisidor.

Sin embargo, a la mañana siguiente la despertó el roce de unos labios y el olor penetrante de un perfume. Al abrir los ojos, vio junto a ella a Torquemada. Muy asustada, se tiró del lecho y se arrodilló ante el dominico, besándole el anillo que adornada su huesuda mano. La joven preguntó cuál era el motivo por el cual se encontraba allí. Al instante, le respondió con sentidas alabanzas a su belleza y a su cuello nacarado, a esos ojos turbadores y otras lindezas de enamorados. La víctima intentó huir, pero el inquisidor la persiguió y acorraló. Entonces llamó a sus criados y les ordenó que la desnudaran y ataran al lecho. Allí mismo acabó con la doncellez de Concepción. Tras aquel atentado al pudor de la joven, el monje pudo asegurarle que le había hecho feliz y que, sin duda, ella también lo había sido con él. Poco tiempo después, Concepción Saavedra moría achicharrada en una hoguera levantada en una céntrica plaza de Sevilla.

Fray Tomas de Torquemada, fue uno de los ocho inquisidores nombrados por el Papa Sixto IV en 1482. Durante sus quince años de mandato hizo funcionar con fiereza al Tribunal de la Inquisición. Incluso, fue relevado del cargo por el propio Pontífice, ya que Torquemada, con el consentimiento de los Reyes Católicos, hicieron funcionar la Inquisición de manera autónoma respecto al papado y en su exclusivo beneficio político. Es necesario destacar que Torquemada, atiborrado de poder, había traspasado ciertos límites al procesar a dos obispos, que según él, tenían contacto con los protestantes. Ante tanta arbitrariedad, y aunque fuesen voces en el desierto y se jugaran la vida, algunas, como las de fray Hernando de Talavera (confesor de la reina) y Hernando del Pulgar (secretado real), resonaron con fuerza denunciando los abusos del dominico. Es así que el Papa decidió poner fin a los abusos cometidos por este dominico.

Como compensación por su defenestración, le fueron ofrecidos los arzobispados de Sevilla y Toledo, que rechazó. Torquemada era un hombre contradictorio, combinaba su sed de sangre y de pureza por el fuego con una vida oficialmente “ejemplar”: vivía la vida conventual de manera similar a la del último lego, durmiendo sobre una tarima desnuda. Además, nunca comía carne y sus signos exteriores de riqueza eran inexistentes.

Su retiro se produjo al convento de Santo Tomás de Avila, donde murió en 1498. Su sucesor fue fray Diego de Deza, de su misma orden dominica, que siguió los pasos despiadados de su antecesor y hermano de orden fray Tomás.

Al morir, Torquemada, dejaba como herencia un abultado número de víctimas entre un desgraciado pueblo español: más de 100.000 procesados y cerca de 3.000 condenados a muerte y ejecutados en 15 años de actuación despiadada contra cualquier desviación de la más absoluta ortodoxia religiosa y política.

Las acciones del Santo Oficio nunca alcanzaron la crueldad y el desprecio por la vida humana como las que se cometieron en la época del dominico Torquemada, quien impulso la política de mano férrea. Los documentos demuestran que en sus primeros veinte años de existencia, el Santo Tribunal de la Inquisición, conminó a la muerte a las tres cuartas partes del total de víctimas en toda su historia de tres siglos. Quizás estas cifras representaban para Torquemada, el aval a las puertas de un Cielo que, seguramente, creyó merecer.

Guerra de Sucesion Española Carlos II Habsburgos-Borbones

Guerra de Sucesión Española
Carlos II Habsburgos-Borbones

GUERRA SUCESIÓN ESPAÑOLA: Al morir Carlos II de España en 1700, no dejó heredero. La cuestión de quién debería ser su sucesor dio lugar a la guerra de Sucesión, que implicó a medía Europa.

Los conflictos entre Inglaterra y España se veían complicados por otra larga disputa entre Inglaterra y Francia, que comenzó en 1688, cuando Jacobo II, el último rey Estuardo de Inglaterra, fue destronado por la «Gloriosa Revolución». Le sucedió Guillermo «el Holandés» (Guillermo de Orange), casado con María Estuardo, lo cual proporcionó a los ingleses el apoyo de los holandeses (acérrimos enemigos tan sólo unos años antes) contra Luis XIV de Francia.

La disputa se extendía a ultramar, existiendo un fuerte enfrentamiento entre ingleses y franceses en Norteamérica. Pero la más importante de las guerras que estallaron en este período fue la llamada «Guerra de la Sucesión Española», porque uno de los premios en disputa era el imperio español en América, que Francia reclamó cuando el rey de España murió sin dejar heredero en 1701.

John Churchill, duque de Malborough (1650-1722) fue designado comandante de la fuerzas aliadas en 1702. Consiguió la victoria en grandes batallas en Blenheim, Ramillies, Oudenaarde y Malplaquet.

Tanto los Borbones franceses como los Habsburgo austriacos pretendían el trono de España y, antes de que Carlos II muriera en 1700, habían firmado un acuerdo repartiéndose el Imperio español. Pero Carlos II había hecho un testamento en el que dejaba sus territorios a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia, quien decidió entonces ignorar su primer acuerdo con los Habsburgo y respaldar a su nieto.

Pero esta alianza entre Francia y España no fue bien aceptada por todos los países de Europa: en 1701, Europa occidental estaba en guerra. Organizados por Guillermo III de Inglaterra, Inglaterra, las Provincias Unidas, la mayoría de los estados alemanes y Austria formaron una gran alianza contra Francia. En 1704, un ejército francés fue aplastado en Blenheim por una fuerza combinada al mando del duque de Malborough, quien consiguió tres victorias sobre los franceses en los Paises Bajos españoles. En 1706, un ejército austriaco comandado por el príncipe Eugenio de Saboya expulsó a los franceses de Italia.

BATALLA DE BLENHEIM: En 1704, tuvo lugar en Baviera la batalla de Blenheim, que enfrenti cuatro ejércitos y varias naciones. Cuando los franceses y los bávarosmarchaban sobre Viena, los ejércitos de Marlborough y Eugenio los interceptaron en Blenheim; en la batalla murieron 12000 aliados y 30000 franceses y bávaros. Fue una victoria para Marlborough y Eugenio de Saboya, que salvaron Viena.

Los aliados entonces invadieron España, pero las fuerzas francesas los expulsaron de nuevo, permitiendo que el nieto de Luis XIV, Felipe V, conservara el trono español. La larga guerra había agotado a ambos bandos y en 1713 se firmó la paz en Utrecht.

Con el Tratado de Utrecht de 1713, Francia mantenía sus fronteras; Austria se quedaba con los Paises Bajos españoles y con Nápoles; Inglaterra conseguía Gibraltar y Menorca. Felipe y siguió siendo rey de España.

En 1713, la paz de Utrecht, que puso fin a la guerra, dividió el patrimonio español; los Países Bajos pasaron a manos de los Habsburgo de Austria, y se permitió que un príncipe francés se convirtiera en rey de España y su imperio, a condición de que nunca se unieran la Corona de España y la de Francia.

El mismo tratado concedió al Reino Unido grandes posesiones coloniales, entre ellas muchas de las islas francesas del Caribe (Inglaterra había empezado a apoderarse de estas islas hacia 1650, cuando las tropas de Cromwell arrebataron Jamaica a los españoles) y una zona poco atractiva, pero estratégicamente importante, de Norteamérica: Acadia (rebautizada como Nueva Escocia).

Los británicos obtuvieron además el derecho a comerciar con las colonias españolas, enviando cada año un barco a Portobello; los ingleses utilizaron esta concesión como cuña con la que abrir aún más la puerta, lo cual acabó conduciendo a la guerra de 1739.

El príncipe Eugenio de Saboya (1663-1739) luchó contra los turcos en el asedio de Viena en 1683. En 1701, era comandante en jefe de las fuerzas austriacas y luchóò en las batallas de Blenheim y Oudenaarde

En dicha guerra participaron Francia y Prusia, por una parte, y Austria y Gran Bretaña por la otra. Los británicos y los franceses se enfrentaron en la India, donde la Compañía Francesa de las Indias Orientales intervenía todo lo que podía en la política local, con el fin de aventajar a sus rivales. Además, los franceses habían extendido considerablemente su zona de influencia en Norteamérica.

Durante la Guerra de Sucesión Española, y después de ella, habían instalado puestos cerca de la desembocadura del Mississippi, controlando la entrada al gran sistema fluvial que dominaba el centro del continente. A principios del siglo XVIII, varias expediciones habían explorado el río, subiendo desde la desembocadura, mientras que otras exploraban río abajo, desde la región de los Grandes Lagos.

Para los colonos británicos de la llanura costera, esto presentaba todo el aspecto de una operación-tenaza, que les cortaba el paso a la expansión tierra adentro. En realidad, los franceses no llegaron a colonizar el valle del Mississippi, y ni siquiera poseían una franja estable de territorio interior. No obstante, construyeron fuertes en posiciones estratégicas (donde más tarde se fundarían varias ciudades: San Luis y Memphis en 1682, Detroit en 1701, y Nueva Orleans en 1718) y además armaron a los indios, soliviantándolos contra los ingleses. Estaba claro que Francia no iba a renunciar sin lucha a sus pretensiones de asentarse en el interior.

Aunque en Europa se firmó una paz oficial en 1748, en la India y en América nunca se interrumpieron las hostilidades, hasta que en 1756 se declaró otra guerra entre Inglaterra y Francia. Para entonces, España tenía sólo una importancia secundaria, y lo que estaba en juego era la India y Canadá. En esta «Guerra de los Siete Años» (la paz se firmó en 1763), se decidió el destino de estas tierras, además del de los territorios alemanes por los que disputaban Prusia y Austria (aijadas, respectivamente, de Gran Bretaña y Francia).

El momento culminante de la guerra coincidió en Inglaterra con el gobierno de William Pitt, posiblemente el primer estadista británico que llegó a captar plenamente las posibilidades del poder imperial. Se propuso ganar Canadá en Alemania, consiguiendo que sus aliados inmovilizaran allí a los franceses, y lo logró.

Con el tratado de paz, menos riguroso que lo que habrían deseado algunos ingleses, Canadá pasó a poder de Gran Bretaña y la India quedó a disposición de la Compañía Británica de las Indias Orientales. El Caribe quedó cerrado por un rosario de islas británicas, de reciente adquisición, que protegía las colonias británicas de Jamaica, Honduras y la costa de Belice.

Paz de Utrecht
Este tratado, firmado en 1713, lo mismo que el de Rastadt de 1714, constituyen la culminación de la guerra por la sucesión del trono dé España (1701-1714); por ambos tratados, Felipe V fue reconocido rey de España y sus colonias, a cambio de lo cual debía renunciar al trono de Francia, ceder a Austria los Países Bajos, el Milanesado y Ñapóles, y a Inglaterra, Gibraltar y Menorca. Francia debió, a su vez, ceder a Inglaterra, Accadia, Terranova y otros territorios americanos; Holanda obtuvo algunas ventajas de índole comercial; el país más favorecido por estos tratados fue Inglaterra por su adquisición de Gibraltar y las posesiones canadienses.

rís; era hijo natural de la pintora francesa Susana Valadon y de un tal Boissy; pero en 1891 fue reconocido por el pintor español Miguel Utrillo, quien le dio su nombre. Su vocación pictórica nació a instancias de su madre que se esforzaba por apartarlo del vicio de la bebida. Desde ese momento se dedicará a pintar con éxito, salvo en los períodos en que recae en él vicio y debe ser internado para su recuperación.

Su pintura ha pasado por diversas etapas: expresionismo, impresionismo, y sobre todo una marcada influencia de la pintura de su madre; retratos y figuras no aparecen en sus cuadros, que son esencialmente paisajes, sobre todo los suburbios de París y los cafés de Montmartre, cuya sordidez aparece ennoblecida por la mirada solidaria del artista.
Obras: Calle de Mont-Cenis, Un paisaje en Saint-Leu Taverny, Notre Dame, El cabaret de Lapin Agüe, Las piscinas de Lourdes, El molino de la Galette, entre otras.

PARA SABER MAS…

La gran lucha que se originó, duró doce años (1702-1714) y tuvo por teatro Mandes, Alemania, Italia y España, en diversas campañas que, sucintamente, se reseñan.

a) La guerra en Flandes. Las fuerzas aliadas en Flandes estaban mandadas Por el general Marlborough, quien obtuvo grandes victorias y, tras conquistar muchas plazas fuertes, derrotó a los franceses y a los bávaros, mandados por el mariscal Villeroy, en Ramillies (1706). En 1708, en unión del príncipe Eugenio de Saboya, Marlborough venció en Oudenarde a los franceses, capitaneados por el duque de Vendóme, expulsándolos totalmente de Flandes. En 1709 se libró la gran batalla de Malplaquet, entre los aliados, a las órdenes de sus caudillos Marlborough y Eugenio de Saboya, y los franceses, dirigidos por los mariscales Villars y Boufflers, que fueron completamente derrotados. Finalmente, en 1710, Douai y otras plazas fuertes cayeron en poder de los aliados.

b)    La guerra en Alemania. La guerra en Alemania había seguido curso tan favorable para las armas francesas en sus principios, que el emperador Leopoldo llegó a verse en situación apurada.

El elector de Baviera se había adherido a la causa de Luis XIV, y las fuerzas francesas, acaudilladas por el duque de Villars y los mariscales Tallard y Marsin, habían entrado victoriosamente en Alemania en las campañas de 1702 y 1703, tomando las ciudades de Augsburgo y Passau y la de Landau a fines de 1703. En 1704 estalló una rebelión en Hungría contra Leopoldo, que fue apoyada por Luis XIV, quien proyectaba distraer la atención del emperador, con el fin de efectuar con todos sus ejércitos una maniobra convergente sobre Viena con la que pretendía obtener la victoria decisiva.

Tan ambiciosa aspiración de Luis XIV fue desvanecida por la actuación del duque de Marlborough y de su colaborador Eugenio de Saboya, quienes presintiendo la maniobra proyectada por los franceses, salieron de Flandes en 1704 y, maniobrando hábilmente, marcharon hacia el Danubio. En sus orillas se libró, el 13 de agosto de aquel año, la batalla de Blenheim, en la que ambos caudillos aliados derrotaron completamente a los mariscales Tallard y Marsin, poniendo en lo sucesivo a las fuerzas francesas a la defensiva. De 1705 a 1707, los franceses, acaudillados por Villars, consiguieron algunas ventajas sobre las tropas imperiales en Alemania, pero los éxitos de Marlborough en Flandes les obligaron a trasladarse allí, donde fueron derrotados en Malplaquet. Con la batalla de Blenheim se disiparon las esperanzas de dominio universal que acariciaba Luis XIV.

c)  La guerra en Italia. La guerra en Italia presentó alternativas favorables y adversas para cada uno de los contendientes. Fue una de sus principales figuras el príncipe Eugenio, hijo del duque de Saboya, que ya estaba considerado como un excelente general por sus victorias contra los turcos al mando de los ejércitos austríacos. En esta guerra de Sucesión consiguió atravesar el Tirol, luchando contra el general francés Catinat, venció a Villeroy cerca de Cremona, en 1702, junto con Marlborough ganó la batalla de Blenheim, en 1704, y volvió a Italia en 1705. En agosto del propio año, su ejército fue derrotado en Bassano por el duque de Vendóme, después de abandonar el campo a causa de las heridas sufridas en el combate, pero cuando Vendóme dejó el mando del ejército, Eugenio asaltó las líneas francesas en Turín y en un mes expulsó al enemigo de Italia.

d)    La guerra en España. La guerra en España siguió fluctuaciones diversas. El país se dividió en facciones, quedando Cataluña y Levante partidarias del archiduque Carlos. La guerra la dirigió Felipe V, teniendo por general de sus tropas al duque de Berwick y al de Vendóme; los ingleses y los aliados estaban acaudillados por el conde de Peterborough, el de Golwany y el general Stanhope. Madrid, Zaragoza y otras capitales estuvieron en poder de uno y otro bando alternativamente.

En 1707 se libró la batalla de Almansa y en 1710 las de Brihuega y Villaviciosa, todas ellas victoriosas para Felipe V. En agosto de 1704 una flota angloholandesa al mando del almirante Rooke, desembarcó un cuerpo de ejército de 1.800 soldados ingleses a las órdenes del príncipe Jorge de Hesse-Darmstadt.

La plaza de Gibraltar que estaba guarnecida por un corto número de soldados adictos a Felipe V, fue ocupada tras breve y heroica resistencia el 30 del citado mes, en nombre del pretendiente Carlos de Austria, pero a los tres días, los ocupantes izaron la bandera inglesa, desentendiéndose de toda clase de compromisos y miramientos e implantando   la   soberanía  de   Inglaterra.

Fuente Consultada:
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

La Segunda Internacional Obrera Asociaciones de Trabajadores

La Segunda Internacional Obrera
Asociaciones de Trabajadores

El fracaso de la Comuna de París  la disolución de la Primera Internacional no pusieron un al movimiento obrero, sino que, por el contrario, éste vio incrementadas sus fuerzas, en todos los países de Europa se organizaron partidos socialistas. Estos partidos continuaban aspirando a la misma meta que el socialismo originario: sustituir la sociedad capitalista por una organización social más justa, donde hubiese desaparecido la explotación del hombre por el hombre.

CUADRO SINTESIS

cuadro sobre la primera internacional

Sin embargo, los métodos cambiaron. Los primeros pensadores socialistas consideraban que era necesaria la revolución para que la clase obrera llegase al poder; en cambio ahora, al haberse extendido el sufragio universal por casi todos los países, el socialismo se orientó hacia formas más pacíficas, participando en las elecciones y consiguiendo situar diputados obreros en los distintos Parlamentos.

Era lógico, por otra parte, que los numerosos partidos y sindicatos de trabajadores que aparecieron por todas partes, al tener una misma ideología y utilizar unos mismos métodos, se unieran. Y así, en 1889 se fundó en París la llamada Segunda Internacional. Dos importantes diferencias presentaba esta organización con respecto a la primera: por lo pronto, sólo formaban parte de ella los grupos socialistas, por cuanto se había excluido a los anarquistas; en segundo lugar, frente al centralismo de la AlT , el nuevo organismo tenía una estructura descentralizada y flexible, de tal manera que, en la práctica, se limitaba a orientar y a mantener informados a sus adheridos.

La Segunda Internacional llevó a cabo una labor eficaz y su influencia se extendió rápidamente por toda Europa. A ella se debió el establecimiento del 1 de mayo como jornada reivindicativa de los trabajadores de todo el mundo. Igualmente, a partir de su Fundación comenzó a notarse una mejora en el nivel de vida de la clase obrera, que consiguió, entre otras conquistas, la reducción de la jornada laboral y subidas en los salarios.

Las continuas luchas de los obreros por sus reivindicaciones obligaron a los gobiernos a reconocer las libertades de organización y reunión, y el derecho a la huelga. En 1889 se fundó en París la I Internacional.

A la vez, los partidos socialistas europeos crecieron de forma espectacular. El más importante de ellos, el alemán, en 1912 tenía ya 110 representantes en el Parlamento, periódicos en todas las ciudades, cooperativas, agrupaciones deportivas y círculos culturales obreros. En Francia, a principios del siglo XX, el socialismo contaba con cerca de un millón y medio de electores. En el Reino Unido, el Partido Laborista atraía no sólo a los obreros, sino también a los intelectuales y filósofos más destacados. En España, el Partido Socialista Obrero Español, fundado en 1879 por Pablo Iglesias (1850-1925), creaba por odas partes, en unión con la UGT, las llamadas Casas del Pueblo.

Junto con la expansión surgió una nueva generación de pensadores socialistas. Entre ellos hay que citar al alemán Bernstein (1850-1932), discípulo de Marx, del que discrepaba al señalar que el capitalismo no podía ser destruido por una revolución y que, en consecuencia, la estrategia correcta para llegar al socialismo era la de luchar por conseguir reformas que fuesen poco a poco acabando con las injusticias.

También alemán, aunque de origen checo, fue Karl Kautsky (1854-1938), quien insistió sobre todo en el respeto a las libertades democráticas y en la necesidad de que los partidos socialistas llegasen al poder a través de elecciones parlamentarias. Por último hay que nombrar también el francés Jean Jaurés (1858-1914), cuya obra como político y escritor se orientó especialmente a resaltar el caracter humanista y pacífico del socialismo; y a la polaca Rosa Luxemburg 1871-1919), opuesta al revisionismo le Bernstein, defensora de la acción le masas y participante activa en los Sucesos que desembocaron en la revolución rusa de 1905.

Congreso de la 2° Internacional

El 1 de mayo: En diciembre de 1888 el Congreso de Sindicatos de EE. UU., reunido en Saint Louis, decidió organizar manifestaciones el 1 de mayo en favor de la jornada de ocho horas y para recordar la sangrienta jornada de represión ocurrida en Chicago dos años antes, por motivos similares. En las reuniones de la Segunda Internacional (1889) se aprobó una resolución en la que se llamaba a los obreros para que manifestasen su solidaridad en todos los países en una fecha determinada.

De esta forma, el 1 de mayo de 1890 se produjeron huelgas y manifestaciones en numerosos lugares de Francia, Italia, Bélgica, Suecia, Gran Bretaña, Portugal y España. En el Congreso de la Internacional celebrado en Bruselas en 1891 se institucionalizó la fecha del 1 de mayo como día para celebrar huelgas y manifestaciones solidarias, «siempre que las condiciones de los países lo permitan». Aunque la interpretación de esta cláusula dio lugar a algunas disensiones, sobre todo en la zona germánica, desde esa fecha el 1 de mayo se convirtió en la jornada reivindicativa por excelencia.

Biografia Reina Leonor de Aquitania Madre Ricardo Corazon de Leon

Biografía Reina Leonor de Aquitania

Esposa de dos de los más poderosos soberanos del siglo XII, Leonor de Aquitania desempeñó un papel político al que no parecía estar predestinada debido a su condición de mujer. Esta mujer poderosa contribuyó a la difusión de la cultura cortesana.

Biografia Reina Leonor de Aquitania Leonor nació en 1122, en un castillo de Bordelais. Era nieta del primer trovador conocido, el duque de Aquitania, Guillermo IX, cuyas posesiones abarcaban todo el sudoeste de Francia, desde los Pirineos hasta el Poitou; en la zona se hablaban todas las variedades de la lengua de oc.

En el seno de su familia, la niña desarrolló el gusto por las letras y la poesía, al igual que una gran sensibilidad por el refinamiento del amor cortés que apenas empezaba a nacer. Como primogénita del duque de Aquitania, Guillermo X, heredó a su muerte este extenso territorio, rico y reacio a toda autoridad extranjera. Poderosa, bella y cultivada,

Leonor era un excelente partido que el rey de Francia se apresuró en codiciar para su hijo de dieciséis años. Luis VI el Gordo, sintiendo la muerte cercana, adelantó el matrimonio: el 25 de julio de 1137, el joven Luis VII y Leonor se casaron y luego fueron coronados en Burdeos. A los quince años, Leonor se convirtió en la reina de Francia.

Los primeros meses en la corte de Francia fueron sin duda difíciles. Acostumbrada al sol, las fiestas y el refinamiento meridionales, debió habituarse a vivir al lado de un marido muy piadoso, formado en una educación austera, y alimentado por los textos religiosos e históricos.

Sin embargo, la pareja parecía entenderse bien y Luis estaba muy enamorado de su joven esposa. Leonor, cuya personalidad estaba bien asentada, ejercía una clara influencia sobre su marido: se dedicó a preservar los intereses de su familia y se preocupó por participar en los asuntos del reino.

Cuando en 1146 resonó el llamado a la segunda cruzada, naturalmente Leonor entusiasta, decidió acompañar a Luis. La aventura fue un fiasco. El humillante fracaso militar fue rápidamente atribuido por la presencia de la reina y su séquito. La empresa terminó con graves tensiones y la pareja real, ya que la reina regresó de la cruzada mancillada por una sospecha de adulterio.

A pesar de los esfuerzos de los círculos allegados a los reyes, preocupado por la idea de ver Aquitania -que Leonor poseía en propiedad-  sustraerse al poder los Capetos, ambos esposos pronto solicitaron el divorcio, que solamente la Iglesia podía conceder. Un concilio reunido rápidamente consta: el 18 de marzo de 1152 la consanguinidad de ambos esposos, quienes efectivamente eran primos lejanos.

En realidad, fueron otras las razones que llevaron a la discusión del matrimonio. Más que la consaguinidad, reconocida y frecuente en reuniones reales, fueron el presunto adulterio, las diferencias culturales entre ambos esposos y sobre todo la falta de un heredero varón después de quince años de matrimonio los que acabaron con esta unión.

La historia de la reina Leonor podría haberse detenido con este divorcio. Sin embargo, apenas unas semanas más tarde, la duquesa de Aquitania, en la plenitud de la treintena. se casó con Enrique Plantagenet, de dieciocho años, futuro rey de Inglaterra. Enamorada de este joven que había conocido el año anterior, Leonor dejó a Luis sus dos hijas, María y Alix, para viajar hacia su nuevo destino.

En 1154, cuando Enrique sucedió a su padre Godofredo Plantagenet, el rey de Inglaterra devino señor feudal de Aquitania. Además, Enrique II Plantagenet obligó al conde de Nantes a entregarle sus posesiones, lo que le permitió ser más poderoso que el rey de Francia: los dominios del reino eran mucho más extensos que los del primer esposo de su mujer y formaran una franja continua desde Aquitania hasta Normandía.

La situación generada por el segundo matrimonio de Leonor fueron de los orígenes de la trágica rivalidad franco-inglesa, que ensangrentó ambos países hasta finales de la guerra de los Cien Años.

La vida de la reina de Inglaterra fue muy distinta a la de la reina de Francia. Su marido exigió que desempeñara las funciones de una soberana feudal. Lo acompañó en sus largas peregrinaciones, ya que su presencia era necesaria para asentar el poder de su marido frente a los aquitanos, siempre listos a la rebelión. Además, tuvo ocho hijos, de los cuales cuatro fueron varones, ella que sólo había tenido con Luis VII dos hijas en quince años de matrimonio.

A pesar de su gran actividad, Leonor no olvidó su gusto por el arte y la cultura. Estableció una espléndida corte en Poitiers donde acogió a trovadores y escritores, los que en muchos casos le dedicaron sus obras. La reina apoyó e inspiró a numerosos artistas, entre los cuales uno de los más famosos fue Bernardo de Ventadour.

LOS PLANTAGENET: La dinastía de los Plantagenet debe el nombre que le otorgaron los historiadores a Godofredo V, conde deAnjou, que debido a su afición por la caza, ¡había multiplicado las tierras y plantado retamas (genéts)! Tras recibir en herencia los condados de Anjou, Turena y Maine, Godofredo Plantagenet desposó en 1128 a Matilde, hija del último rey normando de Inglaterra, Enrique I Beauclerc. Aunque Godofredo no pudo hacer valer los derechos de su esposa sobre la corona, logró recuperar el ducado de Normandía en 1144.

Su hijo, Enrique II, añadió Aquitania gracias a su matrimonio con Leonor y obligó en I 154 al rey de Inglaterra, Esteban de Blois, a reconocerlo como sucesor. De esta manera, nació el «imperio Plantagenet», que creció aún más durante el reinado de Enrique II, con Irlanda, el condado de Nantes, e incluso, Bretaña. Aunque los Plantagenet perdieron durante el siglo XIII la parte continental de este gigantesco territorio, a excepción de Aquitania, se mantuvieron en el trono de Inglaterra hasta la llegada de los Tudor en 1485.


UNA MUJER PODEROSA: La pasión de Leonor por las letras no la desvió de los asuntos políticos. Siempre deseosa de desempeñar un papel en los asuntos del reino, obtuvo el derecho de reinar formalmente sobre el ducado de Aquitania al lado de su joven hijo Ricardo, mientras su marido residía principalmente en Inglaterra.

En este contexto escribió una nueva página en la vida de Leonor. | Enrique II no era un muy buen marido. -Mientras más pasaba el tiempo, más parecía que la había desposado por sus tierra: Distaba mucho de ser un modelo de virtud, ya que frecuentaba numerosas amantes y se enamoró de una cierta Rosamunda Clifford.

El sentimiento de traición se sumó a las veleidades del gobierno de Leonor. En 1173, la reina decidió vengase sublevando a sus hijos contra su padre,  Enrique el Joven, luego Ricardo Corazón de León y Godofredo lideraron la revuelta en Aquitania, con el apoyo del rey Francia, Luis VII, quien parecía haber olvidado la amargura de su divorcio y sólo consideraba la oportunidad política de una alianza con su antigua esposa. Sin embargo, Enrique II tomó prisionera a Leonor y puso como condición para liberarla la rendición de sus hijos. Las armas fueron rápidamente depuestas, sobre todeo después que Luis VII demostró ser un apoyo  de poco valor, igual al marido mediocre que había sido.

Leonor sin embargo fue liberada, y la fiera aquitana pasó más de quince años en «libertad vigilada», rajo el ojo atento de Enrique II. Éste no aceptó ninguna petición de gracia y Leonor logró recuperar su libertad solamente en 1189, cuando su marido murió. Aunque ya tenía sesenta y siete años, le esperaba una nueva prueba.

Su hijo Ricardo, a partir de entonces rey de Inglaterra, planeaba partir a la tercera cruzada. Durante su ausencia, ella administró el reino: Leonor tenía finalmente el poder y debía hacer frente a las intrigas de su hijo menor, Juan «sin Tierra», pero no sin ambición, este hijo, poco amado, intentó en efectivamente  aprovechar la ausencia de su hermano rara apoderarse del trono: el complot fracasó, en parte gracias a la energía despicada por la reina, cuando Ricardo recuperó finalmente el reino, ella decidió, a la edad de setenta y dos años, retirarse a la abadía de Fonterault. Su retiro sin embargo sólo fue relativo, ya que siguió atenta a los asuntos del reino y al conflicto que lo oponía a Francia.

Salía de las sombras cada vez que su opinión o intervención eran necesarias. Destrozada por la muerte accidental de Ricardo Corazón de León en 1199, que recibió una flecha mortal durante el asedio a un castillo lemosín, Leonor encontró sus fuerzas para ayudar en la coronación Juan sin Tierra, pensando así proteger a Inglaterra de la codicia del nuevo rey de Francia, Felipe Augusto. Tenía ochenta y dos años cuando falleció en la tranquilidad de su retiro. Enterrada en Fontevrault al lado de Enrique II y de Ricardo Corazón de León, sigue siendo, nueve siglos más tarde, una de las figuras femeninas más destacadas de la Edad Media.

FONTEVRAULT: La abadía donde se retiró Leonor de Aquitania al final de su vida fue fundada hacia 1101 por Roberto de Arbrissel, en compañía de un grupo heteróclita de discípulos que compartían el mismo ideal de vida ascética y evangélica. Este lugar frecuentado por nobles damas y leprosos, hombres y mujeres, era motivo de gran escándalo para los prelados y también para el abuelo de Leonor, Guillermo IX de Aquitania, que había visto cómo este apasionado predicador se había llevado sus dos esposas y su amante. Aunque su funcionamiento se reglamentó, Fontevrault siguió siendo una abadía donde las mujeres mandaban a los monjes.

Expedicion de Gaboto Sebastian Descubrimiento del Rio Paraná

Expedición de Gaboto Sebastián
Descubrimiento del Rio Paraná

Sebastián Gaboto y el descubrimiento del Río Paraná — El monarca español, ante la certeza de que la Especiería estaba comprendida Sebastián Gabotodentro de la jurisdicción de Castilla, organizó la Casa de Contratación de la Especiería en la Coruña, para el tráfico con las Molucas.

Se preparó una expedición que debía seguir la ruta de Magallanes y El Cano y que fijaría exactamente la jurisdicción castellana. Se puso al frente de ella a García Jofré de Loaysa y El Cano iba como guía, pero la empresa fracasó; cruzado el estrecho de Magallanes, murieron en alta mar primero Loaysa y más tarde El Cano.

Algunos sobrevivientes establecieron una fortaleza en Tidore, para defender los derechos de Castilla ante Portugal, y otros llegaron a la costa mejicana. Una de las naves tocó costa de Brasil y algunos hombres quedaron allí, deslumbrados por los relatos de riquezas que habría más al norte.

Cuando ocurrían estos acontecimientos, ya había salido de España Sebastián Gaboto, hijo de Juan Gaboto, que había realizado viajes por cuenta de la corona inglesa. Establecido en España se lo nombró piloto mayor en reemplazo de Solís, que había muerto. Firmó capitulación para recorrer la ruta de El Cano y llevar mercaderías valiosas de lasMolucas, Cipango y Cathay.

Zarparon de San Lúcar de Barrameda en cuatro naves. Tocaron las Canarias; después se negó a hacer conocer a sus capitanes la ruta que pensaba seguir y en vez de enfilar hacia el sur para cruzar el Estrecho, ordenó poner rumbo a las costas del Brasil, que avistaron a la altura del cabo de San Agustín.

Esto indujo a algunos investigadores a pensar que al salir de España ya tenía la intención de cambiar de ruta, seducido por las riquezas de que hablaban los náufragos y desertores que vivían en la costa del Brasil. Ellos les indicaron en conversaciones directas que el camino a seguir era el río de Solís, que llamaban de la Plata.

Gaboto reunió a los capitanes de su armada para deliberar y decidieron explorar el Río de la Plata en vez de cumplir lo capitulado. En el puerto de los Patos (sobre el continente, frente a Santa Catalina) se construyó una nave de poco fondo para recorrer los ríos y se levantó la primera iglesia de estas regiones.

Ya en el Río de la Plata Gaboto fundó el puerto de San Lázaro. Cerca de la isla San Gabriel encontró a Francisco del Puerto que le confirmó las noticias sobre la Sierra de la Plata, en cuya búsqueda decidieron lanzarse. Al llegar a la confluencia del Coronda con el Carcarañá fundó el fuerte de Sancti Spiritus (9 de junio de 1527). Alrededor del fuerte cada conquistador construyó su casa de paja y adobe. Era esta la primera población española del Río de la Plata, adonde llevaron a los españoles de San Lázaro.

En diciembre Gaboto salió en busca de la Sierra de la Plata, remontando el Paraná hasta el Paraguay donde tuvo noticias de que naves desconocidas habían penetrado en el Paraná; esto unido a una emboscada de los indios en la que murieron varios españoles, decidió a Gaboto a regresar. En el camino se encontró con las naves de Diego García de Moguer.

Este marino había venido en la expedición de Solís y regresó a España deslumbrado por las noticias que había recibido sobre una región rica en metales preciosos. Consiguió armar una expedición y firmó la capitulación correspondiente, por la que se comprometía a ir a las Molucas. Era una expedición modesta, integrada por dos naves y un bergantín que se encontró con la de Gaboto en la isla de Palma, donde García terminaba de prepararse y por donde Gaboto pasaba en viaje a América.

También en busca de las tierras del Rey Blanco penetró en el Río de la Plata y entró al Paraná llegando a Sancti Spiritus. Como fracasó en su intento de apoderarse del fuerte salió en busca de Gaboto. Después de veintisiete días se encontraron, disputando sobre sus derechos, pero como no se pusieron de acuerdo decidieron regresar a Sancti Spiritus para reacondicionarse, emprendiendo juntos la conquista del Imperio del Rey Blanco.

Salieron con siete naves hacia el norte, pero tuvieron noticias de la hostilidad de los indígenas y regresaron por ello aSancti Spiritus. En esos días llegó al fuerte Francisco César, el capitán que había sido enviado hacia el oeste por Gaboto, quien confirmó los datos sobre una región llena de riquezas, de metales y piedras preciosas, que ellos decían haber visto. García y Gaboto, más interesados que nunca en alcanzarla, salieron nuevamente llegando hasta el Paraguay y quizás hasta el Pilcomayo.

Supieron que los  indios de toda la zona preparaban un gran levantamiento, por lo que regresaron a Sancti Spiritusdesde donde salió Gaboto para pacificar la región. En su ausencia los indios atacaron y destruyeron el fuerte. Los pocos españoles que lograron salvarse se refugiaron en San Salvador, donde estaba Gaboto. Este y García ál comprobar el desastre decidieron regresar a España, haciéndolo primero García. Llega con a la península con seis días de diferencia, en julio de 1530.

Gaboto recorrió los ríos hasta el paralelo 25, punto máximo que logró llegar por el norte.

LOS INDIOS QUE LLEVO CABOTO A ESPAÑA
Según el historiador De Gandía, Caboto volvió a España en 1530, después de haber navegado por primera vez el Paraná, descubierto el interior de Argentina y Paraguay, fundado el primer establecimiento español en estas tierras y plantado el primer trigo. Llevaba a bordo una pequeñísima muestra de plata, enloquecedores rumores sobre la supuesta abundancia de tesoros (que no se daban en realidad en el Río de la Plata, sino en el Alto Perú, en Potosí) y cinco indios.

Sabemos los nombres de tres: Curupao, Carapucá y Chocoví; los nombres de un indio y una india, probablemente marido y mujer, quedaron ignorados para la historia. Diego García, que partió para España a fines de 1529, llevó seis indios capturados en las costas de Brasil. Los reyes de España se preocuparon mucho de estos indios.

El 1 de setiembre de 1530 ordenaron a la Casa de Contratación de Sevilla que los tres indios Curupao, Carapucá y Chocoví’ que Caboto había entregado a Hernando de Andrada, fuesen vestidos, en caso de no estarlo y llevados a la corte, para verlos y luego alojarlos en un convento. Parece que esta orden no se cumplió, pues el 27 de octubre del mismo año los reyes pidieron noticias de los indios.

El 10 de diciembre vuelven a pedir noticias y solicitan que los indios fuesen adoctrinados en monasterios. En cuanto a los seis indios que trajo Diego García de Moguer, sabemos que fueron embarcados y que el 4 de abril de 1531 los reyes pedían noticias de ellos a la Casa de Contratación.

Los indios seguían embarcados y el 22 de junio de 1531 los reyes dispusieron fuesen devueltos a su propietario. Por una noticia del 20 de mayo de 1532, sabemos que un indio y una india traídos por Caboto de la isla de Santa Catalina se habían hecho cristianos, pero se ignoraba su paradero.

El 22 de agosto de 1534 los reyes disponen que los indios sean devueltos a sus tierras en la armada que estaba preparando Pedro de Mendoza. Como ya hablaban español podían servir de intérpretes; los llamaban ladinos (o sea, latinos^ El 9 de enero de 1535 los reyes ordenan que si los indios estaban en conventos y deseaban embarcar con Pedro de Mendoza, lo podían hacer.

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

Colonizacion Española en America Bartolome de las Casas

Colonizacion Española en América
Bartolomé de las Casas y los Aborígenes

La reina Isabel de Castilla declaró a los aborígenes americanos súbditos de la corona e instituyó la encomienda, un sistema que permitía a los españoles cobrarles tributos, usarlos para trabajar , pero a cambio los protegerían a los indígenas y les pagarían salarios. Además supervisarían sus necesidades espirítales evangelizándolos. Lamentablemente en  la práctica, esto significaba que los colonizadores eran libres de llevar a cabo, como mejor les pareciera, abusando de su poder y en muchos casos torturándolos laboralmente.

 Bartolomé de las Casas y los AborígenesBartolomé de Las Casas (1474-1566) participó en la conquista de Cuba y recibió tierra e indios en recompensa por sus esfuerzos. Sin embargo, en 1514 sufrió una transformación radical y empezó a creer que los indios habían sido cruelmente maltratados por sus compatriotas españoles. Se hizo monje Dominico y pasó los años restantes de su vida (vivió hasta los 92 años) luchando por los indios.

Esta selección se tomó de su obra de mayor influencia, Brevísima relación de la destrucción de las Indias, origen de la «leyenda negra» que denunciaba a los españoles Como «fanáticos, crueles y asesinos».

Bartolomé de Las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las Indias
«No hay nada más detestable o cruel que la tiranía que los españoles emplean con los indios para obtener perlas. Seguramente los tormentos infernales no pueden exceder en mucho las aflicciones que soportan, por razón de esa forma de crueldad, pues los ponen bajo el agua a cuatro o cinco varas de profundidad, a donde son forzados a bajar sin libertad de respiración, para recoger las conchas donde están las perlas; a veces salen de nuevo con redes llenas de conchas para tomar aliento, pero si están un momento más para descansar, inmediatamente viene un verdugo remando en un pequeño bote, quien, tan pronto les ha dado una buena paliza, los hace ir de nuevo a su labor.

Su comida no es más que basura, consiste en lo mismo que contiene la perla, con una pequeña porción de ese pan que da el país; en lo primero de esto hay poco nutrimento; y de lo último se hace con gran dificultad, a más de que no tienen suficiente de eso ni para sustento; yacen en el piso encadenados, para que no huyan; y muchas veces se ahogan en esta labor, y nunca se les ve de nuevo hasta que nadan sobre la cresta de las olas: suelen ser devorados también por ciertos monstruos del mar, que frecuentan estos mares.

Considérese si este duro uso de las pobres criaturas puede ser congruente con los preceptos que Dios manda sobre la caridad hacia nuestro prójimo, por esos que los arrojan tan inmerecidamente a los peligros de una cruel muerte, haciéndolos perecer sin remordimiento ni compasión, no permitiéndoles el beneficio de los sacramentos, ni el conocimiento de la religión; siendo imposible para ellos vivir algún tiempo bajo el agua; y esta muerte es de lo más dolorosa, por razón de que, por la constricción del pecho, mientras los pulmones luchan por hacer su función, las partes vitales sufren de tal manera, que mueren vomitando sangre por sus bocas.

Asimismo, su cabello, que por naturaleza es negro, cambia por ello y se vuelve del color de los lobos marinos; sus cuerpos también están tan salpicados por la espuma del mar, que parecen monstruos más que hombres.»

Francis Bacon Biografia del Filosofo Empirista Filosofo Renacentista

Biografía de Francis Bacon
Filósofo Renacentista Empirista

 Francis BaconFrancis Bacon (Londres 1561-1626) es el filósofo de la ciencia original, el primero que describió no sólo las ambiciones intelectuales características de la ciencia moderna, sino también las organizaciones donde ésta se desarrolla. Hombre brillante, socialmente ambicioso y arrogante, en su prolongada carrera pública Bacon ostentó altos cargos en la administración y escribió extensamente sobre los beneficios públicos de lo que ahora se calificaría como ciencia aplicada.

Hombre político sinuoso, pero extraordinario lógico, el autor del Novum organum no sólo se sublevó contra la dictadura de Aristóteles y de Santo Tomás, sino que, contraviniendo el método tradicional, propuso que hay que partir de los hechos para establecer principios generales, en lugar de pasar de los principios a los hechos.

Con una soberana claridad, denuncia las cuatro fuentes de errores que pueden desviar al científico, y, mediante sus tablas de ausencia, de presencia y de grados, indica la forma de clasificar los fenómenos que se presentan al observador. Este método lo empleó más tarde Stuart Mill, aunque ya desde el siglo XVII fue adoptado más o menos conscientemente por todos los investigadores.

En 1573 ingresó en el Trinity College de Cambridge. En 1576 comenzó a estudiar leyes en el Grays de Londres, estudios que suspendió para irse al extranjero como agregado del embajador sir Amyas Paulet. Regresa de Francia al saber de la muerte de su padre y reanuda sus estudios en derecho, literatura y diplomacia. En 1582 ejércela abogacía y llega a ser magistrado. Obtuvo, en 1584, un lugar en la Cámara de los Comunes, que mantuvo por treinta y seis años. Jacobo I lo nombró procurador general en 1607, fiscal de la Corona en 1613 y lord canciller en 1618, además, barón de Verulam y vizconde de Saint Albans.

Fue de los primeros en desechar la escolástica medieval como método de investigación, y propuso el propio.

Como su contemporáneo Descartes, Bacon describió un método científico que puso en suspenso la mayoría de las creencias tradicionales en favor del proyecto de establecer una comprensión del mundo nueva y más amplia.

A diferencia de Descartes, la ciencia de Bacon se basaba en meticulosas observaciones y experimentos e implicaba la cooperación con numerosos científicos. La primera etapa del proyecto de Bacon consistía en reunir grandes cantidades de datos mediante la observación directa y sin prejuicios de todo tipo de cuestiones.

A continuación, se filtraban los datos para evitar errores y absurdos, pese a lo que aún continuarían estando poco elaborados. El siguiente paso consistía en formular hipótesis de leyes generales que explicaran los datos obtenidos. Bacon pensó que se debería buscar un número limitado de características básicas, de modo que las leyes hipotéticas cubrieran todas las combinaciones posibles de dichas características. En este punto se corría el riesgo de que uno se dejara influir por creencias irracionales, de modo que era preciso protegerse de ellas.

En Cambridge, sus estudios de las diversas ciencias le llevaron a la conclusión de que los métodos empleados y los resultados obtenidos eran erróneos. Su reverencia por Aristóteles, del que, a pesar de todo, no parecía tener excesivo conocimiento, contrastaba con su desapego por la filosofía aristotélica. A su juicio, la filosofía precisaba de un verdadero propósito y nuevos métodos para alcanzar ese propósito. Con el primer germen de la idea que le consagraría, Bacon abandonó la universidad.

Bacon agrupó estas influencias en las cuatro clases de ídolos: ídolos de la tribu (errores e ilusiones naturales para el ser humano); ídolos del cuarto de trabajo (énfasis exagerado en las propias experiencias); ídolos del mercado (asumir que distintas personas usan las mismas palabras para describir las mismas cosas); e ídolos del teatro (ideas que desorientan presentadas por los sistemas filosóficos). En cuanto se tuviera la hipótesis, se debería contrastar con los datos existentes. Silos datos no permitieron encontrar pruebas determinantes, podrían obtenerse realizando un «experimento crucial». Esto permitiría comprobar directamente las implicaciones de las hipótesis competidoras, lo que indicaría cuál es correcta.

La observación es la base de las ciencias experimentales; abre el camino a inducciones fecundas que determinan la formación de las grandes leyes científicas. Eso no obstante, las experiencias no se hacen al azar y los científicos actuaban en conformidad con un código de la investigación. Este código, que vale tanto para la física como para las demás disciplinas, fue formulado por el canciller Francis Bacon (1561-1626).

Muchos aspectos de esta metodología encajan perfectamente con la estructura de las ciencias biológica y física, que luego hicieron uso de ella. En concreto, la idea de manipular la naturaleza para producir pruebas que no podrían obtenerse por simple observación es crucial para el método científico. Otros de los elementos propuestos por Bacon parecen hoy bastante inocentes, en particular la idea de que es posible formular un con junto de hipótesis suficientemente rico para cubrir todas las posibles leyes reales, y bastante simple para descubrir la verdad por una sencilla eliminación le las hipótesis propuestas que no encajen con los datos.

Los científicos deben de ser ante todo escépticos y no aceptar explicaciones que no se puedan probar por la observación y la experiencia sensible (empirismo).

La más sabia de las sugerencias de Bacon acaso sea la de que, para entender la naturaleza, es preciso coordinar el trabajo de muchos investigadores, algunos de los cuales reunirán información y otros se dedicarán a sistematizarla. Bacon se daba cuenta de que éste era un empeño costoso, por lo que trató de interesar a las autoridades de su época para que sufragasen los gastos de lo que hoy se denominan asociaciones científicas e institutos de investigación. Al fracasar trató de financiarlos él mismo.

Cuando murió en 1626, Bacon había caído en desgracia por aceptar un soborno en su cargo de juez; desde el principio de la historia de la ciencia, la necesidad de apoyo económico llevó a quienes la practicaban a adoptar medidas desesperadas.

AMPLIACIÓN DE SU BIOGRAFÍA…

Francisco Bacon. — Barón de Verulam, vivió de 1561 a 1626. Nació en Londres y estudió en el Colegio de la Trinidad de Cambridge. Combatió el método aristotélico, cuya filosofía sólo la estimaba apta para las disputas y estéril para la producción de obras prácticas.

Según él, el verdadero camino para encontrar la verdad estaba en la experimentación, seguida de la inducción. Negó el valor de la conjetura y de la hipótesis. Consideró la Matemática como ciencia auxiliar de la Física y a la Astronomía como dependiente de las dos citadas ciencias. Según su criterio, la religión no debe mezclarse con la Ciencia, ni ésta inmiscuirse en aquélla. Escribió varias obras sobre diversos temas, exponiendo en ellas sus doctrinas.

Citaremos sólo las tituladas Novum Organum Scientiarum (Nuevo órgano de las ciencias), De dignitate el augmentis scientiarum (Adelantamiento de las Ciencias), que forman parte de su gran tratado Instauratio Magna (Magna Restauración), en las que propugnaba el método inductivo. Fue uno de los detractores de la concepción astronómica de Copérnico.

Ni los altos puestos desempeñados, ni la publicación de los Ensayos le proporcionaron bienestar económico; hallóse siempre en una situación financiera precaria y contraía deudas usurarias para satisfacer su sed de lujo y grandeza.

En 1598, Bacon, no pudiendo hacer frente a una deuda contraída, fue arrestado a raíz de un juicio iniciado por un usurero; el asunto se arregló pronto, y Bacon, reintegrado a su puesto, volvió a la Cámara de los Comunes. Un nuevo adelanto en su carrera política fue influido por un hecho que tuvo gran resonancia: el proceso del joven y célebre conde de Essex tuvo que comparecer ante la Cámara de los Comunes bajo la inculpación de complotar contra la reina.

Entre los acusadores más encarnizados del conde, que fue condenado a muerte, figuró Bacon, a pesar de haber tenido en él un verdadero amigo y un mecenas generoso. Esta actitud, que a muchos les pareció incalificable, le valió en cambio la estima y buena voluntad de la reina, quien le encargó que hiciera la apología de esa condena. Evidentemente, esta apología no fue acogida en forma favorable por todo el mundo y la mayoría condenaba al autor, que había traicionado a un viejo amigo.

La buena voluntad de la corte, que Bacon había conseguido en esta ocasión, no le faltó ni aun cuando falleció la reina Isabel en 1603; su sucesor, Jacobo I, lo colmó con grandes honores, y al año siguiente, como era lógico, llegó al más alto puesto del Estado. No sólo fue Guardián de los Sellos, como su padre, sino también lord canciller. En 1618 recibió el título de lord barón de Verulam, y en 1621 fue nombrado vizconde de Saint-Alban.

Había sabido adoptar una actitud obsequiosa hacia el nuevo soberano y comprendido que era necesario aprobar los planes de Jacobo I y defender fielmente su programa de política interna contra la oposición continua de la Cámara de los Lores.

En la política extranjera del rey le aconsejaba imitar los métodos empleados por la reina Isabel, pero sin contradecir nunca las decisiones del monarca. Jacobo I y Bacon habían, por lo pronto, comprendido que el gobierno absoluto no serviría para resolver la crisis interna del reino y que agravaría elconflicto entre el pueblo y el soberano.

En el año 1621 el Parlamento, colocado del lado del pueblo, le demostró claramente su descontento al rey, denunciando al mismo tiempo un gran número de abusos de parte del tribunal de la corte, que parecía actuar bajo la influencia de elementos corrompidos.

Se llevó a cabo una investigación ordenada por los Comunes y se estableció la culpabilidad de Bacon, quien fue acusado de corrupción y abuso del poder. Francisco Bacon estaba en cama enfermo cuando se enteró del resultado de la encuesta; la notificación contenía también la nómina de los jefes de la acusación y se otorgaba un plazo de cinco días para presentar su defensa. Bacon no podía defenderse contra una acusación tan precisa y se reconoció culpable, confirmando las conclusiones de la comisión acusadora y sometiéndose a la clemencia de los jueces.

Las sanciones contra él fueron graves: …se le impuso una multa de 40.000 libras y se lo condenó a ser encerrado en la Torre de Londres; además, durante cierto tiempo quedaba interdicto para ocupar cargos públicos.

Jacobo I fue muy generoso con él: su multa le fue condonada y no permaneció en la prisión más que unos días. Recuperó su libertad con la autorización de residir en Londres, beneficiándose también con una pensión.

Obligado a abandonar la política, Bacon se consagró de nuevo a sus estudios, a los cuales había dedicado tanto tiempo en su juventud, y aplicó todo su tiempo a las Ciencias de la Naturaleza. Esta afición fue justamente la causante de su muerte. Un día que excursionaba por las afueras de Londres, tratando de comprobar si la nieve podía preservar aun cuerpo de la putrefacción, se expuso a^una temperatura rigurosa y contrajo una neumonía, muriendo algunas semanas más tarde, el 9 de abril de 1626.

Si bien en el transcurso de los siglos su conducta moral ha sido con derecho muy discutida, su fama como filósofo, empero, ha permanecido inalterada. Esto constituye la confirmación de un hecho: ciencia y moral no coinciden forzosamente en una conciencia.

Se había propuesto escribir una vasta enciclopedia científica, tratada y expuesta según su nuevo método. Esta obra, de acuerdo con su plan primitivo, debía tener seis volúmenes. Escribió sin embargo sólo dos de ellos, de los cuales uno, el Novum organum, no es otra cosa que la exposición comentada de su método. La palabra novum manifiesta claramente la intención hostil respecto del Organon, que tiene por base la lógica silogística aristoteliana.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Francisco Bacon –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

Las Republicas Francesas Resumen e Historia de su Formación

Las Repúblicas Francesas
Resumen e Historia de su Formación

revolucion francesa

EL REINO DE FRANCIA

rey de los francos carlomagnoA la muerte de Carlomagno (año 814), el vasto territorio del imperio fue dividido entre sus tres hijos. Mas no duró largo tiempo esa división; en el año 843 los descendientes de Carlomagno decidieron rehacer la distribución de territorios, que delineó los que habían de ser, posteriormente, los reinos de Francia, Italia y Alemania.

Una nueva época se inició en la historia de Francia en el año 987, con la ascensión al trono de Hugo Capeto. Con él comenzaba la lucha contra los grandes feudatarios que pretendían restringir el poder real. Esta lucha, que duró casi tres siglos, pudo considerarse terminada alrededor del año 1300 bajo el reinado de Felipe el Hermoso.

Una larga y dura guerra contra Inglaterra puso en serio peligro al reino de Francia; la capital y casi la mitad del territorio fueron ocupados por los ingleses.

Si los franceses consiguieron, finalmente, arrojar a los invasores (hacia 1453), fue gracias a la intervención de una joven: Juana de Arco. Obtenida la venia del rey para marchar a la cabeza de las tropas en traje de guerrero, la valiente doncella arrastró con su ejemplo a millares de voluntarios.

Esta joven singular, desde entonces el símbolo del pueblo francés, con su heroísmo superó innumerables dificultades y obtuvo las primeras victorias que levantaron el ánimo público. Entregada a los ingleses, fue condenada a la hoguera cuando solamente contaba diecinueve años de edad.

DINASTÍAS QUE REINARON EN FRANCIA
LOS MER0VINGI0S: Meroveo, elegido rey de los francos en e! siglo V de la era cristiana, fue el fundador de la dinastía. El último rey merovingio fue Childerico III, destronado por Pipino el Breve en 752.

LOS CAR0LINGI0S: Esta dinastía tomó su nombre de Carlomagno, su más afamado soberano. Se inició con Pipino el Breve y terminó en 987.

LOS CAPETOS: Hugo Capeto, elegido rey de Francia en 987, fue e¡ fundador de está dinastía que, en sus diversas ramas, reinó hasta el año 1848 (con excepción de la Primera República y de! imperio napoleónico: 1804-1814). Se divide en tres ramas: los Capetas directos, hasta Carlos IV (1328); los Valois, hasta Enrique III (1589); los Borbones, hasta Luis XVI (1792) y, después de la Revolución, hasta Luis Felipe (1848).

LA MONARQUÍA ABSOLUTA

LUIS XIV de franciaDurante más de doscientos años, desde mediados del siglo XV y casi hasta fines del siglo XVII, Francia hallóse empeñada en contiendas contra España y Austria. Ya en él siglo XVI, al conflicto exterior se agregó el religioso, que en Francia llegó hasta la guerra civil.

El rey Enrique IV de Borbón (1589-1610) resolvió el problema: dio plena libertad religiosa, firmó la paz con España y fundó el imperio colonial. A su muerte, y merced a la acción de dos hábiles ministros, los cardenales Richelieu y Julio Mazarino, Francia logró mantener una posición de primer orden entre las potencias europeas. A la muerte de Mazarino en el año 1661, Luis XIV tomó con resolución la dirección del gobierno y Francia pudo considerarse la nación más poderosa de Europa.

El reinado de Luis XIV, uno de los más largos en la historia de Europa, se cuenta, sin duda, entre las épocas más importantes de la historia francesa. Con él comenzó en Francia la monarquía absoluta. Luis XIV fue, en efecto, el rey absoluto por excelencia. En cierta oportunidad afirmó: «El Estado soy yo».

Para lograr el acatamiento de los nobles, que no habrían tolerado un poder real tan absoluto, Luis XIV los hospedó en la inmensa y suntuosa casa real de Versalles, permitiéndoles llevar vida ociosa y dispendiosa, a cargo, por supuesto, del Estado. Pero los gastos excesivos originados para sufragar las fastuosas fiestas de la corte y para satisfacer las crecidas pensiones de los nobles, condujeron a Francia a condiciones económicas gravísimas.

LA REVOLUCIÓN FRANCESA
Luis XIV murió en 1715, decepcionado del fruto de las guerras que había provocado o en las que había intervenido. La situación de Francia se agravaba día a día por el desorden siempre creciente. Luis XV, el sucesor, decía: «La buena máquina durará tanto como nos». Luis XVI, ascendido al trono en el año 1774, era un hombre bueno, poco inteligente y sin ningún carácter; aunque bien intencionado, no hubiera podido, frente a la nobleza y el clero, acostumbrados a sus enormes privilegios, subsanar con simples decretos un estado de cosas que venía arrastrándose desde mucho tiempo atrás.

Nombró a un buen ministro, Turgot, pero éste, que era de la escuela de los economistas del siglo XVIII , tuvo que renunciar frente a la hostilidad de los privilegiados.

Convocados los Estados Generales, en 1789, para remediar la situación económica, los acontecimientos se precipitaron.

El 20 de junio de 1789, los representantes del «tercer estado», burgueses, profesionales, comerciantes, industriales y campesinos, que eran en realidad las víctimas de la desigualdad social, pronunciaron el famoso juramento de la Cancha del Juego de Pelota: «No separarse hasta haber dado a Francia una Constitución». Días después se reunió la Asamblea Constituyente y ante el peligro que ella corría, por la concentración de tropas, el pueblo se levantó. La toma de la fortaleza de la Bastilla abatió un símbolo de la arbitrariedad despótica y enardeció la voluntad popular.

La Asamblea promulgó la Declaración de los Derechos del Hombre. La huida del rey indignó al pueblo de París, que sospechaba sobre todo de la reina María Antonieta.

Luis XVI, condenado a muerte, fue ejecutado en 1793. Una era de terror surgió en Francia, y fueron muchos los aristócratas y sospechosos que fueron llevados ante la justicia y en muchos casos guillotinados. La Revolución Francesa fue una revolución social de fundamental trascendencia en el mundo occidental.

LA PRIMERA REPÚBLICA
El 22 de setiembre de 1792 surgió la República Francesa, cuya Constitución daba al pueblo aquello por lo cual luchara: libertad e igualdad. Austria y Prusia, temerosas de que ese incendio llegara hasta sus dominios, declararon la guerra a Francia.

Poco después (1793), intervinieron también Inglaterra, Holanda, España y Cerdeña. La energía del gobierno revolucionario y el espíritu admirable del pueblo, decididos a defender sus derechos, levantaron un ejército que, después de su primera victoria en Valmy, no se conformó ya con defenderse, sino que pasó a la ofensiva llevando por Europa las ideas de la Revolución.

Surgió entonces un joven general, que bien puede llamarse un genio de la guerra: Napoleón Bonaparte. Después de una campaña fulminante en Italia, llevada directamente contra el emperador de Austria, fue venciendo poco a poco a todos los enemigos de Francia, con excepción de Inglaterra.

EL IMPERIO

NAPOLEON INapoleón obtuvo en 1799 el cargo de primer cónsul, luego fue cónsul vitalicio (1802) y en 1804 emperador de los franceses. Las coaliciones contra él se sucedieron y las batallas que libró se tradujeron casi invariablemente en victorias. Pero después de sufrir grandes descalabros en España y tras la desastrosa campaña de Rusia, fue vencido en Leipzig (1813).

Confinado en la isla de Elba, pudo aún reconquistar el poder por un breve período de cien días. Derrotado definitivamente en Waterloo (18 de junio de 1815), fue desterrado a Santa Elena, pequeña isla del Atlántico, donde murió en el año 1821.

LA SEGUNDA REPÚBLICA (1848) Y EL SEGUNDO IMPERIO (1852)

napoleon III de FranciaLuis XVIII, que había sucedido a Napoleón, dejó como heredero a su hermano Carlos X, quien cayó en la revolución de 1830.Luis Felipe de Orleáns le sucedió, y gobernó hasta 1848 como monarca constitucional, en medio de la oposición de los «legitimistas», «republicanos», «bonapartistas» y «socialistas», no obstante el tono algo liberal de su gobierno.

En 1848, un movimiento revolucionario derribó a Luis Felipe. Surgió entonces la Segunda República y con ella la magia del nombre de Bonaparte: para unos, promesa, para otros amenaza.

Luis Napoleón Bonaparte, sobrino de Napoleón I, antiguo afiliado a las sociedades carbonarias italianas, fue elegido presidente de la Segunda República en 1848, por el voto de cinco millones y medio de franceses; en 1852 fue designado presidente por diez años y, en el mismo año, emperador hereditario. Asumió el poder con el nombre de Napoleón III.

Ampliar: Segunda Republica Francesa

LA TERCERA REPÚBLICA
El segundo imperio duró menos de dieciocho años. Después de haber logrado preponderancia en Europa, Napoleón III, envuelto en las maniobras de Bismarck, ministro de Prusia, declaró a ésta la guerra, que fue desastrosa para Francia. Cercado en Sedán, el emperador debió rendirse v esto fue como la señal para un levantamiento de los republicanos franceses, que proclamaron la Tercera República (4 de septiembre de 1870).

El régimen republicano provocó los ataques de monárquicos y bonapartistas. La prosperidad de Francia avanzó, y consiguió formar el segundo imperio colonial del mundo, después de Inglaterra.

En la primera Guerra Mundial, Francia fue aliada de Inglaterra, Rusia, Italia, Estados Unidos y Bélgica, en contra de Alemania y del imperio austro-húngaro. Alemania fue derrotada. Al estallar la segunda Guerra Mundial, Francia estaba otra vez en primera línea, aliada con Inglaterra y posteriormente (1941), con Estados Unidos, en contra de Alemania, Italia y el Japón. A un año apenas del comienzo de la guerra, ocupada Francia en sus tres cuartas partes por el ejército alemán, firmó un armisticio.

El general De Gaulle no lo aceptó, y decidió continuar la lucha junto a los aliados; huyó al extranjero y fundó el gobierno de «Francia Libre». Muchos militares se le adhirieron y, en 1944, al desembarcar los aliados en Francia para expulsar a los alemanes, figuraban entre aquellos las tropas de «Francia Libre», al mando del general De Gaulle.En 1945 terminó la guerra y Francia integró el conjunto de las naciones vencedoras.

LA CUARTA REPÚBLICA

de gaulle francia Apenas terminada la guerra, los franceses encomendaron a De Gaulle la formación de un nuevo gobierno. Se proclamó así la Cuarta República, que luego eligió autoridades con una nueva constitución. Pero un nuevo problema surgió para Francia.

Dos colonias africanas: Túnez y Marruecos, exigieron su independencia.

La Cuarta República, que estaba enfrentando el complejo problema, ofreció el poder al general De Gaulle, ya retirado de la vida pública. El 31 de mayo de 1958 se le concedieron plenos poderes, y su gobierno enfrentó una política de decidida reorganización.

 

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Resumen de su Vida – Reyes Católicos

ISABEL LA CATÓLICA esta soberana absoluta se caracterizaba por su  energía implacable y su fino talento, propio de una rica cultura renacentista. Su visión de estadista le permitió echar los cimientos del poderío ibérico, y durante su reinado orientó los futuros cauces de la vida política y cultural de España, al culminar la Reconquista e impulsar el descubrimiento de América.Biografia Isabel la Catolica Resumen de su Vida Reyes Catolicos

Isabel la Católica es el fruto excepcional de una triste herencia, un eslabón de genio en una cadena de miserias dinásticas. Dueña de una sensatez, un equilibrio y una cordura de que carecieron sus mayores, vivió obsesionada por una idea fija: España.

Y cuando los azares del derecho de sucesión le impusieron la corona de Castilla, esa idea fija, esa España aún inexistente como Estado nacional, se constituyó en el gran objetivo de su gestión de gobierno: durante treinta años, con implacable voluntad, con ilustrado despotismo, bregó para unificar a la península ibérica, desmembrada desde hacía siglos por obra de la invasión de los árabes y de las guerras dinásticas.


EDUCACIÓN DE PRINCESA
El 22 de abril de 1451, día de Jueves Santo, llegó al mundo el segundo hijo de Juan II de Castilla en Madrigal de las Altas Torres (Ávila). Era una niña y se le dio el nombre de la madre: Isabel. En su anterior matrimonio el monarca había engendrado un varón que para ese entonces contaba veinticinco años y que pasaría a la historia como Enrique IV el Impotente. La línea sucesoria se completó en 1453 con el nacimiento de otro infante: Alfonso.


Cuando murió Juan II en 1454, y Enrique IV ascendió al trono, sus dos hermanos pequeños y la reina viuda se trasladatambién, a llevar una casa y bordar en bastidor. En 1462, después del nacimiento de la primogénita del rey, Isabel pasó a vivir en la Corte. Desde ese momento el intrigante quehacer de los nobles le sirvió de escuela política, donde pudo apreciar la falta de visión de muchos hombres de Estado y el empeño con que casi todos ellos procuraban hacer prevalecer sobre el interés colectivo y las convivencias del reino sus particulares ambiciones y apetitos de poder.

Hacia 1457, cuando Isabel cumplió dieciséis años (edad que entonces la habilitaba para gobernar o para casarse), las discordias entre la nobleza y el rey se agudizaron. Alfonso, candidato de los descontentos que pretendían reemplazar al monarca, murió misteriosamente: según decires, envenenado.

Las circunstancias impulsaron a Enrique IV a negar la paternidad de su hija (a la que el pueblo apodaba «laBeltraneja» por suponer que su verdadero padre era Beltrán de la Cueva, un favorito del soberano) y a proclamar como sucesor a su hermanastra. Pero el rey no deseaba tampoco cumplir su palabra, y pensó que darle marido a Isabel sería la mejor manera de apartarla del trono. Ella, que había aprendido a leer detrás de las sonrisas cortesanas en el ajetreo de palacio, buscó por su cuenta una solución: invitó sigilosamente a Fernando, hijo del rey de Aragón, a casarse con ella.

Entremetiera en la política castellana, dispuso el arresto de Isabel. Pero antes de que tal orden se cumpliera, ella logró huir a Valladolíd.

La futura reina de España había elegido acertadamente: no obstante su juventud, a los diecisiete años Fernando era tenido ya por hombre perspicaz, prudente en las decisiones, voluntarioso en el cumplimiento de los propósitos que emprendía y diestro en el arte de la, guerra. En la convicción de que la fuerza de los hechos sería irrebatible marchó, disfrazado de arriero, sin perder tiempo y a sabiendas de que lo seguían espías castellanos, a reunirse con Isabel. La boda se celebró el 18 de noviembre de 1469.

Cinco años después murió Enrique IV. Al día siguiente, exactamente el 12 de diciembre de 1474, Isabel fue coronada en Segovia reina de Castilla.

VIDA DE REINA
La nueva soberana no tardó en enfrentar al enemigo más peligroso para los gobernantes: la guerra. En 1475 el rey de Portugal, tras anunciar que había concertado su boda con Juana la Beltraneja, ordenó a sus tropas penetrar en territorio castellano por considerarlo patrimonio de su futura esposa. La derrota que el ejército capitaneado por Fernando infligió a los invasores el 1° de febrero, en Toro, señaló el fin de la contienda. Con esa prepotencia nobiliaria y el virtual caos imperante en sus dominios.

En el logro de tal propósito no reparó en medio ni ahorró severidad. Católica fervorosa, no veía con buenos ojos que sus muchos subditos judíos y musulmanes practicaran religiones ajenas a la cristiandad; para juzgar a los falsos conversos y castigar «delitos de pensamiento», instituyó en 1478 el Tribunal de la Inquisición.

Al año siguiente, el más ambicioso de sus sueños, el de la unidad territorial de España, comenzó a hacerse realidad: Fernando heredó el trono de su padre y Aragón y Castilla formaron en adelante un solo reino. Pero la realización total de ese sueño exigía recuperar la parte de suelo ibérico aún ocupada por los musulmanes. A culminar la Reconquista dedicó sus afanes la real pareja; para ello emprendió, en 1482, una guerra que había de durar diez años y en la que Fernando asumió la capitanía general de los ejércitos e Isabel tuvo a su cargo la tarea de obtener los recursos y administrar el reino.

Durante esa década la reina recorrió los polvorientos caminos recaudando fondos, administrando justicia, alentando a la tropa, estableciendo el primer hospital militar que registra la historia y erigiendo templos en las ciudades conquistadas. El 1° de enero de 1492, al rendirse Granada, último reducto moro la Reconquista quedaba concluida.

Ese mismo año tres naves españolas, fletadas merced a la confianza que la reina dispensó a los proyectos de un visionario marino genovés llamado Cristóbal Colón, fueron a parar, buscando una nueva ruta a la India, a un continente hasta entonces desconocido: América.

Las empresas políticas, militares y expansionistas de Isabel se ajustaron siempre al espíritu, la moral y las normas de su profunda religiosidad: tal el motivo por el cual, en 1494, el Papa le otorgó a ella y a Fernando el título de Reyes Católicos.

También la cultura se contó entre las preocupaciones de Isabel; se le debe la introducción de la imprenta en España. Sus inquietudes intelectuales la llevaron asimismo a formar una corte literaria que reunió a sobresalientes poetas y escritores (entre ellos Jorge Manrique, el célebre autor de las Coplasa) favorecer el desarrollo de las universidades y a patrocinar de su peculio muchas invenciones e investigaciones científicas.

POLÍTICA Y AMOR
La razón de Estado que decidió a Isabel a casarse con Fernando, se transformó, apenas celebrada la boda, en razón de amor. La solidez del vínculo conyugal fue la base de toda la acción política que cumplieron ambos monarcas.

Celosa en extremo, la reina se mostró, sin embargo, tolerante, implacable con las consecuencias de las aventuras extramaritales de su regio esposo: las dos hijas de Fernando nacidas de estas correrías, acabaron como monjas en el convento de Madrigal, por orden de Isabel.

La pareja tuvo cinco hijos: Isabel (1470), Juan (1478), Juana «la loca» (1479), María (1482) y Catalina (1485). Excepción hecha de María, que casó con un infante portugués, todos los demás, con sus dolencias y tempranas muertes, causaron infinitos padecimientos a Isabel. Quebrantada por las tensiones conyugales y las desgracias de familia, poco tiempo después de haber cumplido los cincuenta y tres años Isabel cayó gravemente enferma. Las fuertes fiebres que la atacaron no le impidieron sin embargo, mantenerse lúcida y redactar, antes de morir el 26 de noviembre de 1504, un testamento que es modelo de prudencia política.

En ese documento, en el que proclamó una vez más su ferviente adhesión a la religión católica, y dio precisas normas sobre el gobierno de sus flamantes dominios en América, ordenó, tratar a los indios con benevolencia, prohibiendo su reducción a la esclavitud, y expresó también su ultimo deseo: que a la muerte de Fernando este fuese sepultado junto a ella, «para que el ayuntamiento que tuvimos viviendo, y que nuestras almas tendrán en el Cielo, lo representen nuestros cuerpos en el suelo».

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia