Colonizacion Española en America Bartolome de las Casas



Colonizacion Española en América
Bartolomé de las Casas y los Aborígenes

La reina Isabel de Castilla declaró a los aborígenes americanos súbditos de la corona e instituyó la encomienda, un sistema que permitía a los españoles cobrarles tributos, usarlos para trabajar , pero a cambio los protegerían a los indígenas y les pagarían salarios. Además supervisarían sus necesidades espirítales evangelizándolos. Lamentablemente en  la práctica, esto significaba que los colonizadores eran libres de llevar a cabo, como mejor les pareciera, abusando de su poder y en muchos casos torturándolos laboralmente.

 Bartolomé de las Casas y los AborígenesBartolomé de Las Casas (1474-1566) participó en la conquista de Cuba y recibió tierra e indios en recompensa por sus esfuerzos. Sin embargo, en 1514 sufrió una transformación radical y empezó a creer que los indios habían sido cruelmente maltratados por sus compatriotas españoles. Se hizo monje Dominico y pasó los años restantes de su vida (vivió hasta los 92 años) luchando por los indios.

Esta selección se tomó de su obra de mayor influencia, Brevísima relación de la destrucción de las Indias, origen de la «leyenda negra» que denunciaba a los españoles Como «fanáticos, crueles y asesinos».

Bartolomé de Las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las Indias
«No hay nada más detestable o cruel que la tiranía que los españoles emplean con los indios para obtener perlas. Seguramente los tormentos infernales no pueden exceder en mucho las aflicciones que soportan, por razón de esa forma de crueldad, pues los ponen bajo el agua a cuatro o cinco varas de profundidad, a donde son forzados a bajar sin libertad de respiración, para recoger las conchas donde están las perlas; a veces salen de nuevo con redes llenas de conchas para tomar aliento, pero si están un momento más para descansar, inmediatamente viene un verdugo remando en un pequeño bote, quien, tan pronto les ha dado una buena paliza, los hace ir de nuevo a su labor.

Su comida no es más que basura, consiste en lo mismo que contiene la perla, con una pequeña porción de ese pan que da el país; en lo primero de esto hay poco nutrimento; y de lo último se hace con gran dificultad, a más de que no tienen suficiente de eso ni para sustento; yacen en el piso encadenados, para que no huyan; y muchas veces se ahogan en esta labor, y nunca se les ve de nuevo hasta que nadan sobre la cresta de las olas: suelen ser devorados también por ciertos monstruos del mar, que frecuentan estos mares.

Considérese si este duro uso de las pobres criaturas puede ser congruente con los preceptos que Dios manda sobre la caridad hacia nuestro prójimo, por esos que los arrojan tan inmerecidamente a los peligros de una cruel muerte, haciéndolos perecer sin remordimiento ni compasión, no permitiéndoles el beneficio de los sacramentos, ni el conocimiento de la religión; siendo imposible para ellos vivir algún tiempo bajo el agua; y esta muerte es de lo más dolorosa, por razón de que, por la constricción del pecho, mientras los pulmones luchan por hacer su función, las partes vitales sufren de tal manera, que mueren vomitando sangre por sus bocas.

Asimismo, su cabello, que por naturaleza es negro, cambia por ello y se vuelve del color de los lobos marinos; sus cuerpos también están tan salpicados por la espuma del mar, que parecen monstruos más que hombres.»

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