Grandes Médico Argentinos

Biografia de Giorgio Vasari Arquitecto, Pintor y Escritor

Biografia de Giorgio Vasari

GIORGIO VASARI (1511-1574): Se creyó y le creyeron uno de los artistas más importantes del siglo XVI. En realidad, el Vasari reunió en su persona una serie de cualidades poco corrientes: viveza de ingenio, aptitud para cualquier técnica artística, vastísima cultura, aparatosidad intelectual.

Sin embargo, como pintor no fue más que un manierista mediocre, empeñado en reproducir la línea y la distribución gigantesca de un Miguel Ángel.

Manierismo es la denominación historiográfica del período y estilo artístico que se sitúa convencionalmente en las décadas centrales y finales del siglo XVI, como parte última del Renacimiento

Giorgio Vasari
Giorgio Vasari

Mas se destacó como arquitecto, en cuyo arte trabajo con mayor sinceridad y más libre de preocupaciones: el palacio de los Oficios de Florencia es una buena prueba de su éxito en este aspecto.

Pero donde, en verdad, se labró un lugar de primerísima categoría fue en la historiografía y crítica de arte. Sus Vidas de los grandes maestros del Renacimiento constituyen el punto de apoyo básico para la comprensión de aquellos genios.

Escritas con estilo muy personal y animado, salpicado de anécdotas, ofrecen en el enjuiciamiento de las obras de arte un golpe de vista certero y profundo, como se revela en la comprensión de los frescos de Giotto, aunque alguna vez sus comentarios se resientan de determinados partidismos de escuela.

Según nos cuenta él mismo, nació en Arezzo el 30 de julio de 1511. Desde sus primeros años mostró gran afición a las artes, por lo que, después de recibir las enseñanzas de Guillermo de Marcillat, pintor de vidrio, pasó a Florencia, meta todavía refulgente.

Tenía entonces trece años. Por poco tiempo estudió en el taller de Miguel Ángel, y al partir éste para Roma, en los de Andrea del Sarto y Bandinelli, sucesivamente. Después de una estancia de dos años en su ciudad natal (1527-1529) y de un período de práctica de orfebrería en Florencia, pasó a Roma con el cardenal Hipólito de Médicis (1531).

En la Ciudad Eterna se aplicó en el estudio de Rafael, Miguel Ángel y Polidoro, adoptando desde este momento el estilo manierista que ya no habría de abandonar.

Su fama fue creciendo, y recibió encargos en Florencia, Roma, Bolonia y Venecia, que fue ejecutando en el transcurso del decenio subsiguiente. El único que vio claro en su porvenir fue Miguel Ángel, maestro y amigo, quien le aconsejó que se dedicara exclusivamente a la arquitectura (1543)

Infatigable viajero, Vasari va de un lado para otro, a Perugia, a Rímini, a Nápoles, ejecutando los encargos con que le honraban los príncipes y las comunidades religiosas.

En 1549 establece su domicilio en Florencia, y aunque pasa largas temporadas fuera de la ciudad, ésta se convierte en su segunda patria. Aquí ven la luz las Vidas («marzo de 1550), y aquí empieza la transformación del Palacio Viejo (1554) y la erección de la fábrica de los Oficios (1560), además de intervenir en muchos otros problemas de urbanismo y edificación.

Desde luego, a pesar de la recomendación de Miguel Ángel, no ha abandonado la pintura. De 1563 a 1565, en medio de una actividad desbordante, pinta la decoración de la bóveda de la gran sala del Palacio Viejo, quizá su mejor obra.

Al año siguiente (1566) emprende un viaje por toda Italia para recoger nuevos materiales para la segunda edición de las Vidas, que han tenido un éxito clamoroso.

Esta ve la luz en 1568. Sus últimos años registran una oleada de actividad, que se desborda en Florencia, Roma y Arezzo…
Murió en Florencia el 27 de junio de 1574..

fuente

La Educación Pública en Buenos Aires Colonial

Primeras Escuelas en Buenos Aires Colonial Educación Pública

Saber leer y escribir era en la época colonial un privilegio del que gozaba una pequeña minoría de la población, ya que había muy pocos colegios, la enseñanza se pagaba y las familias de recursos suficientes como para contratar un maestro particular tampoco abundaban.

Francisco de VitoriaLa primera escuela que conoció Buenos Aires fue fundada en 1605 por Francisco de Vitoria, que recibió el apoyo de Hernandarias de Saavedra y la anuencia de las autoridades, Don Francisco cobraba dos pesos mensuales por enseñar a escribir y un peso por iniciar a sus alumnos en los senderos de la lectura.

A pesar de que con posterioridad el Cabildo autorizó a varias personas a impartir enseñanza fijándoles la suma que debían cobrar por sus servicios, el primer colegio estable que tuvo la ciudad fue el que fundó en 1622 la Compañía de Jesús en el convento de San Ignacio.

En realidad, casi todas las escuelas importantes de esa época fueron obra de los jesuítas, y a ello se debió que la enseñanza se perjudicara cuando la Corona expulsó de España y sus colonias a la Compañía en 1767.

Cuatro   años  y  algunos   meses después de la expulsión, el entonces gobernador Vértiz consultó a los cabildos eclesiástico y seculai sobre el  destino que se daría al dinero y a los edificios confiscados, a la orden jesuítica.

Asimismo, inquiría acerca de «los  medios do establecer escuelas y estudio, generales para la enseñanza y educación de la juventud».

Se le respondió que debían crearse un internado y una universidad, proyecto que desde entonces ocupó a don Manuel de Basavilbaso, procurador general de la ciudad, quien debía formular el plan de estudios, estimar el costo anual  de las tan educativas y otros pormenores relacionados con la proyectada universidad.

Según   su   parecer,   era necesario nombrar un preceptor de gramática,   otro  de   «mínimos» (alumnos principiantes de gramática) y dos maestros de filosofía, y establecer cátedras de teología escolástica, teología dogmática, teologia moral, derecho canónico, de recho civil y derecho de Castilla, entre otras.

En la nómina brillaban por su ausencia las ciencias exactas, pero es bastante comprensible; ya que programas, materias y presupuestos debían ser aprobados por la Corona española, y si algo caracterizaba la educación en la península ibérica era el énfasis dado a las disciplinas teologales y la escasa atención dispensada a las tiendas naturales.

De todos modos, había clara conciencia de la necesidad de difundir los conocimientos científicos, y esto se trasluce en el informe elevado al gobernador: se recalcaba en él la conveniencia de que los hijos de Buenos Aires y otras comarcas del futuro virreinato tuvieran oportunidad de aprender al menos rudimentos de matemática, geometría « náutica, «ciencias que prescriben al hombre reglas para arribar al grado de ser útil en los combates y para vencer con el arte las resistencias de la naturaleza».

Pero la aspiración porteña de temer una universidad quedó trunca; a pesar de que en 1778 se dictó una  real   orden  que   disponía su creación,  el   marqués   de   Loreto, sucesor de Vértiz, no la cumplió y el   proyecto quedó paralizado.

El principal  establecimiento  educativo de la ciudad siguió siendo por argos años el Real Colegio de San Carlos, fundado el 3 de noviembre de 1783 merced al apoyo entusiasta del virrey Vértiz.

 Contaba con cátedras   de   latinidad,   filosofía  y eología, y aunque el  nivel  de  la enseñanza era excelente, para obtener un doctorado en derecho o para ordenarse sacerdote era preciso viajar a Santiago de Chile, charcas —en lo que es hoy Bolina— o Córdoba, en cuya universidad se autorizó la enseñanza del Berecho sólo en 1796.

La de Buenos Aires, por su parte, durmió en-fcarpetada en los despachos del gobierno hasta mayo de 1819, cuando Juan Martín de Pueyrredón envió al Congreso Constituyente un proyecto de creación de la universidad, que fue aprobado de inmediato.

Como por esos días las tempestades políticas barrían el país de un extremo al otro, y la inestabilidad de las autoridades dificultaba todas las tareas, el nacimiento de la institución demoró casi dos años más. Se concretó recién el 14 de febrero de 1821, cuando el presbítero Antonio Sáenz comunicó a las autoridades que, en virtud de los poderes conferidos a su persona en 1816, había negociado un concordato con el obispado para la creación de esa casa de altos estudios.

Sáenz —cuya gestión fructificó muy pronto— acompañaba su notificación con un reglamento universitario provisional.

El gobierno lo autorizó a formar la «corporar ción» de acuerdo con esas reglas y a encarar la creación de los distintos departamentos universitarios.

En el plan de Sáenz se proyectaban los departamentos (luego llamados facultades) de ciencias sagradas, jurisprudencia, medicina, matemáticas y estudios preparatorios.

Su capacidad y el esfuerzo que desplegó en todo momento le valieron ser nombrado rector del flamante establecimiento, inaugurado el 12 de agosto de 1821 con un acto celebrado en el templo de San Ignacio.

La crónica de la ceremonia fue relatada prolijamente por el periódico Argos, que en su edición del 18 de agosto dijo:

«El pueblo se hallaba verdaderamente exaltado de alegría, y ha dado a conocer hasta qué grado es entusiasta por las letras». Se concretaron así una aspiración en la que el sacerdote había estado, curiosamente, acompañado por un político liberal: Bernardino Rivadavia.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la República Argentina Editorial Abril

La Doctrina Drago Origen y Objetivo del Principio Historia

Origen y Objetivos De La Doctrina Drago

luis maria drago

Luis María Drago (1859-1921), jurista, político y escritor argentino. Nació en Buenos Aires y estudió la carrera de Derecho. Entre 1902 y 1903 fue ministro de Relaciones Exteriores de su país, y más tarde pasó a ser miembro del Tribunal Permanente de Arbitraje de La Haya (Países Bajos). Drago es principalmente conocido como autor de la denominada Doctrina Drago, cuyo propósito era servir de corolario a la Doctrina Monroe de 1823.

A principios de siglo Venezuela le halló ante la imposibilidad de saldar las deudas contraídas tiempo atrás con las principales potencias europeas; por este motivo fue seriamente advertida por Inglaterra, Italia y Alemania en 1902: si no pagaba, se exponía a graves represalias.

En realidad, la intervención Estaba prácticamente en marcha, pues antes de lanzar sus a menazas, Alemania e Inglaterra consul-taron la opinión de los Estados Unidos, que fue resumida en un memorándum dirigido a Alemania por el secretario de Estado, Hay, el 16 de diciembre de 1901: «No garantizamos a ningún Estado contra la represión que su mala conducta pudiera acarrearle…».

En los últimos días de 1902 el ministro argentino en Washington, García Merou, comunicó a su gobierno la agresión que se estaba urdiendo contra Venezuela, y el Ministro de Relaciones Exteriores argentino, Luis María Drago, fijó entonces una posición clara.

Luego de una serie de consideraciones icerca de las relaciones entre prestamistas y prestatario,  afirmó que nuestro gobierno se había sentido alarmado «al saber que la falta de pago de los servicios de la deuda pública de Venezuela se indica como una de las causas determinantes del apresamiento de su flota, del bombardeo de uno de sus puertos y del bloqueo de guerra rigurosamente establecido para sus costas. Si estos procedimientos fueran definitivamente adoptados, establecerían un precedente peligroso para la seguridad y la paz de las naciones de esta parte de América. El cobro militar de los empréstitos supone la ocupación territorial para hacerlo efectivo, y la ocupación territorial significa la supresión o subordinación de los gobiernos locales en los países a que se extiende».

Las consideraciones de Drago cayeron como un baldazo de agua fría sobre los acreedores de Venezuela, y su tesis fue debatida en todos los círculos diplomáticos. Cuatro años más tarde el derecho internacional la consagraba en La Haya como un precepto que debía regir las relaciones entre todos los pueblos de la Tierra.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la República Argentina Editorial Abril

 

Italia No Reconoce la Independencia de Argentina Incidentes

Incidente Con Italia Por No Reconocer la Independencia de Argentina

INCIDENTE ENTRE ITALIA Y LA ARGENTINA: A mediados de 1834 Buenos Aires recibió la visita de varios oficiales de la fragata de guerra sarda Ammiraglio de Geneys, que había conducido a Río de Janeiro al representante diplomático del reino de Cerdeña, uno de los estados más importantes del entonces fraccionado territorio italiano.

Los viajeros fueron muy bien recibidos, y su presencia alentó las inquietudes tendientes a incentivar el intercambio entre Cerdeña y las Provincias Unidas, Ante el pedido de algunos vecinos y comerciantes, el embajador sardo en Brasil, conde Palma, nombró agente consular a don Pedro Plomer, un fuerte comerciante de plaza.

Manuel Vicente Maza

Sin embargo, una medida dictada por el gobernador Manuel Vicente Maza malogró el intento diplomático, puesto que un decreto firmado por él en octubre de 1834 estableció que no se admitiría «cónsul alguno general, ni particular, ni ninguna otra clase de Agente de Comercio, de cualesquiera de los Estados o Naciones que no hayan reconocido la independencia de la República».

Las relaciones diplomáticas formales se establecerían recién dos años más tarde, cuando llegó a Buenos Aires el barón Enrique Picolet d’Hermillon, enviado del rey de Cerdeña, quien no tardó en firmar un protocolo por el cual Su Majestad reconocía la independencia argentina.

El documento, firmado el 12 de mayo de 1836 y ratificado el 18 de septiembre, hizo de Cerdeña el primer Estado italiano que estableció relaciones oficiales con nuestro país y el quinto que reconoció su independencia. Nombrado cónsul general de Cerdeña en el Plata, el barón Picolet d’Hermillon  entabló   muy  cordiales   relaciones con las autoridades, pero hacia 1840-45, cuando se cernía el bloqueo anglo-francés sobre el país, tomó posición en favor de la agresión europea.

Para peor los navíos sardos intervinieron en la expedición franco-inglesa que remontó el Paraná, y un subdito del reino —José Garibaldi— saqueó la ciudad de Gualeguaychú.

Garibaldi en Argentina

Obviamente, por ese tiempo las funciones del barón sufrieron una brusca interrupción —Rosas lo tildó de «enemigo perverso y sanguinario», pero una vez pasada la tormenta volvió a su tarea diplomática. El 11 de agosto de 1848 anunció al ministro argentino de Relaciones Exteriores, Felipe Arana, que el rey Carlos Alberto había abrazado la causa de la unidad italiana, y que a partir de entonces la nueva bandera de su reino sería la tricolor.

Arana respondió de inmediato comunicándole que no bien la goleta de guerra Fama enarbolara el nuevo símbolo, éste sería saludado con los 21 cañonazos de estilo. De esta manera Buenos Aires vio flamear por primera vez la bandera tricolor de Italia el 13 de agosto de 1848, y los sardos que vivían en la ciudad celebraron con júbilo el acontecimiento.

Sin embargo, pocos días después un entredicho derivado precisamente de esos festejos tuvo serias consecuencias: Picolet increpó en público al jefe de policía porteño por no haber permitido que los subditos sardos colocaran la bandera en sus casas sin autorización del gobierno —como entonces prescribían las reglamentaciones— a causa del incidente, el diplomático fue expulsado del país. Dos años más tarde Víctor Manuel II procedió a designar un nuevo representante, que fue reconocido en 1850.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la República Argentina Editorial Abril

Zabala Juan Maratonista Argentino El Ñandú Criollo Medallo Oro

Zabala Juan Maratonista Argentino
Medalla de Oro Juegos Olímpicos de Londres

Zabala Juan Carlos Maratonista Medalla Oro

El maratonista rosarino Juan Carlos Zabala brilló en los Juegos Olímpicos por su hazaña atlética.Fue tan agotadora que debió estar los siguientes dos días sin apoyar los pies y postrado en una cama durante 24 horas,. El atleta estadounidense, Jesse Owens, lo invitó a la ciudad del cine americano y le presentó a la famosa actriz Ginger Rogers. Aunque su corazón estaba guardado para alguien más.

El apodo se lo puso un periodista   del   diario  porteño  Crítica, que como todo el periodismo de la década del treinta comenzó a relatar con entusiasmo los resonantes triunfos que obtenía Juan Carlos Zabala en las pistas del Viejo Mundo.

En  realidad,  la campaña europea  del  maratonista  rosarino había sido precedida por una sucesión   de   victorias   locales   que culminaron cuando ganó el campeonato sudamericano correspondiente a los diez mil metros llanos.

Prestigiado  por esas  victorias,  a mediados de 1931 partió a Francia junto con el entrenador Alejandro Stirling, y poco después corrió en Berlín una carrera con el finlandés Paavo Nurmi, que era entonces la estrella máxima en pruebas de largo aliento.

De físico esmirriado y baja estatura, Zabala fue pronto objeto de chanzas e ironías para los cronistas deportivos germanos, pero su actuación pronto las trocó en admiración: llegó segundo, apenas unos metros detrás del gran Nurmi, que lo pasó en los últimos tramos.

Desde  entonces  todo  el mundo siguió con interés su campaña: de 36 carreras sólo perdió dos y empató una, y además tuvo la satisfacción de batir el récord mundial de los treinta kilómetros. Estas actuaciones lo conviritieron en una firme esperanza argentina en   los juegos  olímpicos de  Los Angeles, adonde partió a mediados de 1932.

El 7 de agosto los 75.000 espectadores que colmaban el estadio olímpico de esa ciudad contemplaron con escepticismo a ese delgado muchacho de veinte años que llevaba puesta una gorra blanca y que encabezó el pelotón a la salida del estadio. Dos horas, 31 minutos y 36 segundos más tarde el argentino regresaba primero al punto de partida luego de pasar en el último tramo al inglés Wright.

En  la Argentina de  1932, agobiada   por   una   aguda   depresión económica,   el  triunfo  de Zabala fue una de las noticias más festejadas del año, y el «Ñandú» criollo pasó   a   integrar   la   galería   de grandes  valores  del  deporte  nacional.

zabala medalla de oro en Londres

En 1931 en os Juegos Olímpicos de Los Ángeles , Juan Carlos Zabala rompió con la tradición en que siempre las maratones eran  ganadas por los europeos y lo hizo en un tiempo único:2h 31′ 36”. Siendo muy joven , con apenas  20 años y arrancando por delante de sus rivales, el «ñandú» argentino llegó con una ventaja de 20” sobre el británico Samuel Ferris y obtuvo el oro.

Antes de los siguientes Juegos Olípicos de 1936 a realizarse en Berlín, debió dejar de correr debido a una lesión física, se casó con una dinamarqués radicada en Buenos Aires llamda Elsa, se traslandan a Alemania donde trabajó como profesor de educación física, pero siempre con su corazón en la amada Argentina.

Falleción el 24 de enero de 1984, sus incansables piernas dejaron de correr para siempre, pero ssus pasos quedaron marcados en la eternidad del atletismo argentino.

Biografia de Hudson Guillermo Obra Científica

Guillermo Hudson nació en Quilmes , el 4 de agosto de 1841 ( fallece en 1922), hijo de padres norteamericanos. Fue escritor y un destacado naturalista argentino que vivió en Inglaterra, gran amante de la naturaleza. Realizó extensos viajes, en los cuales pudo estudiar el interior de Argentina, Uruguay y Brasil. En 1874 viajó a Inglaterra, donde luego residiría. Allí se casó con Emily Wingrave.

Guillermo Hudson

Los padres de Hudson eran norteamericanos: Daniel Hudson, nació en Massachusetts y Carolina Augusta Kimble, en Maine. Como las familias de ambos no querían autorizar el noviazgo, los jóvenes se marcharon a Boston, donde se casaron y, desde allí, seis años después, emprendieron viaje hacia América del Sur.

El Río de la Plata los atrajo y, con el pequeño capital que tenían, compraron ovejas y un terreno, en el partido de Quilines, provincia de Buenos Aires, República Argentina. Una pequeña estancia, llamada «Veinticinco ombúes» -hoy museo-, fue el lugar donde nació, el 4 de agosto de 1841, Guillermo Enrique Hudson.

Hijo de aquellos puritanos emigrados, que hicieron suya la historia de capuletos y mónteseos, el niño fue creciendo junto a otros cinco hermanos (tres varones y dos mujeres), en medio de una vida libre y natural..

Más adelante, la familia se trasladó a Chascomús, donde el padre, junto a las tareas del campo, para aumentar sus magros ingresos, atendía también un comercio. La madre, mientras tanto, seguía educando a los hijos y les inculcaba su amor por los pájaros y las flores, por los árboles y las plantas. Se detenía con ellos, muchas veces, para contemplar la belleza de un paisaje o, simplemente, la clara limpidez del cielo.

Cuando Guillermo, apenas adolescente, cayó gravemente enfermo, este acercamiento con su madre se acentuó. Ella lo atendía y lo cuidaba; dialogaban a toda hora y, en tales conversaciones, prevalecía siempre un tema: el de la Naturaleza. Carolina Augusta Kimble murió cuando Guillermo ya tenía 31 años.

Fue, para él, una pérdida irreparable. La familia volvió a «Veinticinco ombúes» y Guillermo Enrique Hudson -un hombre con alma de adolescente- se alistó en el ejército, como soldado de caballería. Pero su vocación, su firme, su indeclinable vocación, era la de naturalista: zoólogo, ornitólogo, botánico. ..

Trató de organizar un museo de pájaros y, tras estudiarlos con todo detalle, se puso en contacto con Burmeister, que dirigía el Museo de Historia Natural, en Buenos Aires. Este destacado investigador lo orientó en su afición y, al poco tiempo, ya enviaba trabajos y colecciones al Instituto Smithsoniano de Washington y a la Sociedad Zoológica de Londres.

Viajero infatigable, Hudson recorrió el Uruguay y el Brasil, el Chaco y la Patagonia, lugares donde recogió abundantísimo material que luego utilizaría en sus futuros trabajos. Estos pueden ser clasificados en dos categorías: Io) los libros literarios, como «Allá lejos y hace tiempo» (recuerdos de su primera infancia), «La tierra purpúrea» (maravillosa novela descriptiva sobre el Uruguay) y «El ombú (estampa del campo argentino donde se incluye un cuento perfecto: el del overo); 2o) los libros científicos, como «Pájaros de Río Negro, en la Patagonia» (su primera publicación, realizada, en inglés, por la Sociedad Zoológica de Londres), los dos tomos de «Ornitología argentina», «El libro de un naturalista» y «Pájaros del Plata», por no citar sino algunos, entre sus múltiples aportes.

Todos ellos fueron editados en Inglaterra, país al cual Hudson se trasladó a los 46 años, ya formado, y donde, al año siguiente, se casó con Emily Wingrave, fueña de la pensión donde vivía y que, pese a ser mayor que él, lo acompañó durante toda su vida y lo admiró y comprendió como nadie.

Ella murió en marzo de 1921 y Hudson, a los 81 años, el 18 de agosto de 1922.

Nuestras especies de pájaros, que absorvieron el interes científico de Hudson.

especies de pajaron de rio de la plata

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Fasc. N°42 Guillermo Hudson Edit. Cuántica

Biografia de Quinquela Martín,Artista Plástico Argentino:Vida y Obra

Biografia de Quinquela Martín
Artista Plástico Argentino

El 20 de Marzo de 1890 fue dejando en la Casa de Expósitos un niño que se suponía había nacido tres semanas antes, es por eso que el día de nacimiento de Benito ha sido consignado como el 1º de marzo.

Fue bautizado con los nombres de Benito Juan y se le asignó el apellido Martín.

Su primer nombre fue en razón de ser bautizado el día de San Benito Abad, el 21 de marzo.

Casi ocho años después, el 16 de noviembre de 1897 es adoptado por el matrimonio formado por Manuel Chinchella y Justina Molina, quienes vivían en la Boca del Riachuelo, donde vivió toda su vida el maestro.

Cursó tan solo los dos primeros grados de la primaria, y luego se dedicó a repartir el carbón que sus padres vendían a los vecinos del barrio.

Cuando cumplió 15 años su padre que descargaba carbón en el puerto, lo convocó a trabajar con él, pese a su físico poco adecuado para la tarea, pero su empeño y rapidez le hicieron ganar el apodo de «EL MOSQUITO».

Biografia de Quinquela Martín,Artista Plástico Argentino:Vida y Obra

Al poco tiempo, cuando cuenta 17 años, se inscribió en una academia para cursar dibujo y pintura, con le maestro italiano Alfredo Lázzari, quien fue su único maestro.

Completó su formación autodidacta a través de lecturas en la biblioteca del Sindicato de Caldereros, y allí descubrió el libro «El Arte» del escultor francés, Auguste Rodin, que lo llevó a dedicar su vida a la creación artística.

Cuando cumple 20 años expone por primera vez sus trabajos en la Sociedad Ligure de Mutuo Socorro.

En 1912 se le diagnostica un principio de tuberculosis y busca los purificadores aires de Córdoba para curar su enfermedad.

Allí realiza una serie de paisajes acompañado al maestro Walter de Navazio.

Retorna a los seis meses milagrosamente curado y convencido que debe reflejar, como decía Rodin, únicamente su vida y su ambiente, es decir pintar su aldea: La Boca del Riachuelo.

Miembro Honorario de la Universidad

El 14 de enero de 1972 se firmó en el Consejo Superior de la UBA la resolución por la cual se designaba a Benito Quinquela como miembro honorario de esa alta casa de estudios.

En los considerandos de la resolución se expresa que el artista ha honrado y honra con su obra a la cultura argentina y al hombre de nuestro país, y que a ello se agrega «el ejemplo de toda una vida dedicada al arte, a la promoción de la cultura y a la misión de servicio por su generosidad para la comunidad y a través del fomento de la educación».

«Pero la resolución de la Universidad de Buenos Aires no es meramente eso, sino una expresión vocacional de reconocer públicamente, y sobre todo ante los jóvenes, lo que constituye un ejemplo capaz de alentar una meta.

Cuando reciba usted el diploma y la medalla que lo acompaña, podrá apreciar todo esto y su aceptación será un bien para la Universidad».

Por último expresa:

«Con el tiempo, maestro, la herrumbre cubrirá esa medalla produciendo el más antiguo de los pigmentos: ese mismo que crustifica los hierros de los barcos envejecidos o moribundos, que podrán desaparecer de la boca del Riachuelo, pero nunca de la imagen de sus cuadros».

LOS PRIMEROS AÑOS DE BENITO:

Al viejo Manuel [padre de Benito] lo que menos le gustaba era la decisión de su hijo de dedicarse intensamente a la actividad artística, porque estaba descuidando su trabajo en el puerto.

Las discusiones eran constantes y tantos fueron los enfrentamientos entre Benito y su padre que un día, contra la voluntad de Justina, que apoyaba al joven en todos su proyectos, el joven pintor empacó sus bártulos y abandonó el hogar paterno.

No fue Justina la única en lamentar ese alejamiento.

El estómago de Benito también lo sufrió bastante.

Aunque siguió trabajando en el puerto para ganarse el sustento, ya libre de la tiranía paterna dedicaba muchas más horas a la pintura que al carbón, y vivía de mate cocido y galletas marineras.

• Tiempos Vagabundos

La vida de Benito se convirtió casi en un vagabundeo.

Vivió un tiempo en la Isla Maciel; allí frecuentó ladrones y malandras, entre los cuales se sentía perfectamente cómodo, según contaría años después.

Quinquela Martín

En sus memorias dice que llegó a conocer una «academia del punguismo» con base en esa isla y que le ofrecieron formar parte de ella, pero no le interesó.

En cambio, llenó varias telas con imágenes de la Isla Maciel y aprendió mucho de los punguistas; porque, además del arte del robo disimulado, cultivaban una serie de códigos de honor y hermandad que despertaron mucha admiración en el joven artista.

Todas estas experiencias abrieron su mente y enriquecieron su pintura. Pasaron meses de errancia en los que Benito montó su taller en los lugares menos pensados, desde altillos hasta barcos (tuvo un estudio de pintura a bordo del «Hércules», un navío anclado que descansaba en el cementerio de embarcaciones de la Vuelta de Rocha).

Sin embargo, este peregrinaje no duró mucho.

Podría decirse que la ley familiar fue más fuerte que la ley de la calle; pero, en realidad, no fue el respeto al padre lo que indujo a Benito a retornar al hogar, sino la nostalgia de la caricia materna y los ruegos de Justina que no vivía en paz sin él.

Fue ella quien le dio un sabio consejo: «Si no te gusta el carbón, búscate un empleo del gobierno».

Siguiendo la recomendación materna, Benito consiguió un trabajo como ordenanza en la Oficina de Muestras y Encomiendas de la Aduana, en la Dársena Sur, no tan lejos de su querido puerto.

Allí desarrollaba funciones «fundamentales» para el buen desempeño de cualquier oficina, como limpiar las ventanas y cebar mate; pero lo importante era que le quedaba tiempo para pintar a gusto.

De todos modos no duró mucho como empleado estatal.

Comenzaron a pedirle labores de mensajero, y debía andar de aquí para allá transportando caudales.

Un día pensó lo que podría pasar si le robaban una encomienda —había aprendido bastante de punguismo— y presentó su renuncia indeclinable.

Pero ese tiempo de poco trabajo y mucha pintura dio sus frutos.

A los pocos meses el pintor del puerto participó por primera vez de una exposición.

Se trató de una muestra colectiva de todos los alumnos del taller de Alfredo Lazzari, y tuvo lugar en la Sociedad Ligur de Socorro Mutuo de La Boca.

Esta sociedad celebraba su aniversario número veinticinco, y qué mejor forma de conmemorar el nacimiento de una mutual boquense que con la exhibición de las creaciones de sus hijos, los artistas de La Boca.

Participaron Santiago Stagnaro, Arturo Maresca, Vicente Vento y Leónidas Magnolo, todos principiantes y aficionados.

Para cada uno de ellos fue un evento bello y memorable, pero para Chinchella fue especial: se trataba de su debut.

Expuso cinco obras: un óleo titulado Vista de Venecia, dos dibujos a pluma que formaban parte de su Estudio de cabezas y dos coloridos paisajes pintados con tempera.

Las obras oran algo torpes, las manos del artista no habían adquierido ido aún la maestría que las caracterizaría mas adelante.

Lamentablemente las mayor parte de estas primeras obras ed Quinquella se han perdido y es imposible recuperarlas.

padres de quinquella

• ►UN TESTIMONIO DE LA ÉPOCA:

Un pintor en la lluvia

Una mañana opaca en que la lluvia estaba al caer, peregrinando por La Boca nos detuvimos a contemplar a un pintor que, sentado en la proa de un velero, indiferente al mercante ir y venir de un barco en descarga, pintaba.

Es decir, aquello no era pintar, era un afiebrado arrojar colores y más colores sobre el cartón.

En manos de nuestro hombre el pincel iba, venía, describía giros, volvía y revolvía con amplitud majestuosa y segura; a su paso, dejaba gruesas huellas que parecían desordenadas e incongruentes en un principio, pero que bien pronto adquirían forma y cierta concordancia inarmónica, grotesca casi, para formar enseguida un cuadro de una belleza sorprendente; insospechable en un rincón gris y sucio del Riachuelo.

Cuando hubo terminado su tarea, abordamos al raro pintor y fácilmente entablamos charla.

Se trataba de un buen muchacho, dulce y humilde, que pinta de pura afición, como siente la pintura, instintivamente.

Avanzando en nuestra conversación, no nos costó obtener que nos invitara a ir hasta su casa, una de esas modestas casas típicas de La Boca.

Allí nos contó su historia, triste como pocas.

Quinquela Martín es huérfano, pero aun es inclusero: hijo del amor, como él mismo se llama.

Adoptado a los cinco años por sus actuales padres, un matrimonio de sencillos hijos de Italia, su infancia fue dura.

Hasta los veinte años fue descargador y repartidor de carbón.

Aún recuerda riendo sus primeros pujos en el diseño, carbón en mano, y haciendo víctima de sus inclinaciones a cuanta pared halló a su paso.

A los veintiún años sintió la necesidad de instruirse sólo, sin ayudas externas, empezó febrilmente a aprender, comenzando casi por las primeras letras.

Con tanto ardor se inició en esa nueva fase de su vida, que su físico, hecho a las rudas tareas materiales, fue incapaz de resistir, y el bravo muchacho se enfermó.

Pasó una temporada en Córdoba y San Luis y de regreso adoptó la resolución definitiva que habría de cambiar fundamentalmente su vida.

Atacó la pintura abandonándolo todo.

Solo, sin apoyo moral ninguno; sin un maestro que guiara sus primeros pasos, se dedicó por entero a la pintura.

Cruenta fue la lucha que sostuvo. […] Desde su iniciación, supo comprender que lo que convenía a su modo de ver la pintura era hacerse solo, sin aceptar las restricciones y las pautas que para los temperamentos fuertes significan las academias, los procedimientos de «receta» y las normas inmutables.

Libre como el potro, que si nunca saboreó los sibaritismos del box mullido, jamás conoció la esclavitud del freno que al guiar anula e inferioriza; así se hizo este pintor, íntegro, sincero y fuerte.

J. Márchese ( Fray Mocho, 1918)

Fuente Consultada: Benito Quinquela El Maestro del Color Protagonistas de la Cultura Argentina – La Nación –

Conocer el Estilo de sus obras:

Libro Online Sobre Quinquela: Paradojas del Sur

Enlace Externo:Sitio Oficial de Quinquela Martin

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VITO DUMAS:El Gran Navegante Argentino Dio la Vuelta al Mundo Legh II

VITO DUMAS:El Gran Navegante Argentino Dio la Vuelta al Mundo en el Legh II

El 12 de marzo de 1932 el puerto de   Buenos   Aires  se   estremeció largo rato con el aullido de cientos de sirenas.

Era la bienvenida que dispensaba la gente de mar a Vito Dumas, que cuatro meses atrás se había lanzado a cruzar el Atlántico desde Arcachon (Francia) en el Lehg I, un barquichuelo de ocho metros de eslora, 2,15 metros de manga y un solo palo.

La ruidosa recepción marcaba el final de una larga  expectativa,   por  momentos angustiosa,   acerca   del   intrépido navegante   solitario,   un    porteño nacido en el barrio de Palermo el 26 de septiembre de 1900.

Dos   años   después   de   aquel triunfal   arribo   hizo   construir   en San Isidro un velero de 9,95 metros de eslora y 3,30 de manga, con quilla de hierro y dos mástiles: el Lehg II, con el que daria la vuelta al mundo.

Vito Dumas Navegante Argentino

VITO DUMAS: «El navegante solitario»:

Nació con el siglo XX, el 26 de septiembre de 1900, en el barrio de Palermo, en la Capital Federal.

Pasó su infancia en un campo de Trenque Lauquen, provincia de Buenos Aires.

Fue boxeador, nadador, aviador y navegante solitario siendo esta última su especialidad.También se destaco como artista plástico, y fue el protagonista de una de las más grandes hazañas mundiales.

Hijo de clase media acomodada, sus padres perdieron la fortuna y el joven Vito tuvo que salir a trabajar cuando estudiaba el secundario. Dijo:«(…) Tuve que limpiar pisos, hacer mandados, lustrar chapas de bronce de algún negocio (…)».

Su amor a la navegación le vino desde jovencito porque tenía un sexto sentido desarrollado de marino auténtico, desde captar los vientos, llevar el rumbo, hasta convivir con el agua.

Así hizo la hazaña de viajar solitario en un barquichuelo de nueve metros sin instrumentos, desde El Havre (Francia) hasta Buenos Aires, lo que fue, desde ya una hazaña que había quedado grabada para siempre en las multitudes que lo esperaban en los puertos, con la emoción de ver a un verdadero héroe moderno.

(Fuente Consultada: La Nación)

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El 1º de julio de 1942, cuando se lanzó a la más grande aventura náutica jamás intentada por un solo hombre: dar la vuelta del planeta en un pequeño velero atravesando la terrible zona de “Los Cuarenta Bramadores”, ubicada al sur del paralelo de 40 grados y azotado permanentemente por vendavales que soplan desde el oeste.

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Tenía veintitrés años cuando probó cruzar a nado el Río de la Plata.

No pudo. Y no falló esa única vez ni dos ni tres, sino cinco veces.

Al tiempo viajó a Francia para intentar la hazaña nadando de una orilla a la otra del Canal de la Mancha. También fracasó. Pero todo eso no hizo más que fortalecerlo.

En 1932, a bordo de su pequeño velero Lehg, de 8 metros de eslora (largo) por 2,15 metros de manga (ancho), fracasó la primera hazaña.

En un pueblo francés llamadoArcachón, Vito Dumas entró a rezar a la iglesia de Saint Ferdinad durante no menos de una hora.

Era profundamente católico y se estaba encomendando para lo que seguiría.

Salió del templo y se lanzó a la aventura con su pequeño velero Lehg.

Ciento veintidós días más tarde, luego de haber cruzado el océano Atlántico sin otros acompañantes que su fe, su coraje y su esperanza, llegó a Buenos Aires.

Pero eso fue solo el comienzo.

barco de vito dumas
Legh I

La travesía había sido tan dura que dijo públicamente que no volvería a navegar esas distancias.

Acorralado por la situación económica, compró un campito barato y cambió su barco por un tractor.

El se hacía agricultor para vivir y, así, se auto convenció, pero mientras pasaba el tiempo y trabajaba la tierra, iba creciendo otra vez en su ánimo la necesidad de navegar.

Un día se decidió y se fue del campo. Dijo: «No quise mirar para atrás. Bajé la tranquera».

plano del legh II de Vito Dumas

Recuperó el barco con la ayuda económica de los amigos, era el Lehg II, de nueve metros de eslora y dos mástiles, construido en Francia en 1918 con el que se disponía a dar la vuelta al mundo!.

Partió de Buenos Aires con su velero Lehg II (9,50 de eslora por 3,20 de manga; apenas un poco más grande que el anterior) el 27 de junio de 1942, en pleno conflicto bélico mundial.

Su destino final era Buenos Aires. La idea era dar la vuelta al mundo Eran 20.420 millas marinas haciendo escala en algunos puertos.

Legh II de Vito Dumas
Legh II

Fue el viaje más importante de Dumas. Más adelante realizó otras hazañas, uniendo Buenos Aires y Nueva York, pero fue la vuelta al mundo fue lo que lo consagró como el navegante solitario más importante de la historia.

Escribió 4 libros, «Mis viajes», «Solo, rumbo a la Cruz del Sur», «Los cuarenta bramadores» y «El crucero de lo imprevisto». Sus restos descansan en el Panteón Naval de Chacarita, Buenos Aires.

La travesía no fue simple, él ya lo sabía, se enfrentó con duras tormentas, fuertes olas y vientos implacables, en un océano plagado de barcos de guerra que disparaban ante cualquier desconocido.

Era una mala época para navegar (sin motor) y sin otra compañía que sus sueños y sus pesadillas.

Vito recibió una importante herida en su brazo y no tenia muchas medicina para curarlo, además en aquella época (1942) aun no existía el antibiótico.

Pasaban los días y su brazo empeoraba, se hinchaba e infectaba, tenía fiebre y andaba perdido en medio del mar,…se encomendó a Santa Teresita y se dejó dormir preso de la alucinación, la fiebre y el frío.

Pasaron 20 horas y despertó, el siempre dijo que fue un milagro, pero su brazo estaba mejorando y casi totalmente deshinchado.

Cuando llegó el momento de la partida, su amigo Bruzzi le preguntó en confianza: «¿Cuánto dinero lleva?».

Miró el bolsillo: tenía solamente diez pesos. Entonces le preguntó: «¿Y con eso quiere dar la vuelta al mundo?».

 El 7 de septiembre de 1943 llegó a Buenos Aires, de donde había zarpado 437 días antes.

Había hecho una hazaña irrepetible.

Maltrecho, golpeado, con la ropa hecha jirones pero con una sonrisa impecable de triunfador, se mostró ante miles de personas que lo aguardaban en el puerto.

Después de otras hazañas, como llegar con una sola escala a Nueva York en un velero aún más pequeño, le tocó el turno de un viaje mayor: el 28 de marzo de 1965 tuvo un derrame cerebral que no pudo ser controlado. Sus restos mortales, están en el Panteón Naval de Chacarita. (Cementerio de la Ciudad de Buenos Aires)

Vito Dumas, arquetipo de habilidad, de coraje increíble, de tenacidad y, sobre todo, de idealismo. Fue el ejemplo en procurar vencer las contingencias de la naturaleza, para obtener con su voluntad los más nobles propósitos. Hoy está olvidado.

El más grande navegante de todos los tiempos, reconocido como tal por las naciones marineras como Portugal, Noruega, Suecia, Inglaterra, Estados Unidos y otras, y orgullo de nuestro país, que lo vio nacer, merece tener una estatua y reconocimiento público en Buenos Aires. Porque los pueblos que olvidan a sus grandes hombres no tienen destino.

(Fuente Consultada: Juan José Cresto – La Nación)

Fuente Consultada:
Crónica Loca de Víctor Sueiro y Diario Clarín – Artículo de Juan José Cresto

Ver: Grandes Deportistas Argentinos

 • ►ALGO MAS SOBRE SU HAZAÑA…

El 1° de junio de 1942 Dumas inició oficialmente su viaje desde Montevideo, ya que las autoridades argentinas no le facilitaban la documentación necesaria para realizar travesía tan insólita.

Poco después de dejar el puerto uruguayo fue zarandeado por un pampero que hizo bailar varios días su embarcación, que para colmo sufrió un rumbo en el casco.

Navegante solitario argentino

Apenas superado este trance, una peligrosa infección en el brazo derecho dificultó las tareas de a bordo y lo deprimió mucho; al cabo de unos días, dolorido y devorado por una fiebre abrasadora, trabó el timón y se dejó caer en la cucheta, ya sin fuerza.

Pero la suerte se puso entonces de su lado y cuatro jornadas después el mal comenzó a ceder.

A los 55 días de su partida llegó a Ciudad de Cabo, en el extremo sur de África, y tras unas semanas de descanso emprendió el cruce del Indico.

Durante 104 días el mundo no tuvo noticias suyas, pero, a pesar de que se lo dio por muerto o por perdido infinidad de veces, Dumas ganó la batalla.

Su pericia y su increíble resistencia física le permitieron vencer las terribles borrascas del Indico, que castigaron al Lehg II por días y noches enteros, con olas hasta de 18 metros de altura y vientos de más de cien kilómetros por hora.

Por eso, a su arribo a Welíington, Nueva Zelandia, fue recibido como un héroe: había navegado durante más de tres meses recorriendo 7.400 millas marinas y atravesando el nudo de los monzones.

De Wellington a Valparaíso la travesía fue menos agitada, como si el tercer océano que cruzaba quisiera hacer honor a su nombre: a la furia de los temporales sucedieron tranquilas jornadas de mar calmo y brisa suave bajo el azul intenso de la inmensidad; al cabo de 72 días y 5.200 millas de navegación avistó Valparaíso, donde su embarcación fue llevada a tierra para repararla: aún le faltaba doblar el Cabo de Hornos, secular escenario de centenares de naufragios.

Cuando zarpó, Dumas llevaba ya once meses de viaje y el invierno estaba avanzado.

Sus rigores se hacían sentir aún más en las soledades australes, donde el viento aullaba al cortarse contra los témpanos, silenciosas moles que contemplaron al marino y su cascara de nuez internarse en el corazón de las tormentas.

El 25 de junio Dumas dejó atrás el Cabo de Hornos y entró por fin en el Atlántico.

Doce días después recaló en Mar del Plata, luego en Montevideo —meta oficial de su periplo—, y el 7 de agosto de 1943 a las diez de la mañana amarró el Lehg II en el mismo sitio donde había fondeado el día de su partida.

Culminaba así una de las grandes hazañas náuticas de todos los tiempos, y su protagonista contemplaba a la muchedumbre que le brindaba un recibimiento apoteótico con una sonrisa cordial y el mismo aire retraído con que más de un año atrás había explicado:

«Voy, en esta época materialista., a realizar una empresa romántica».

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Susan Boyle Nuevo Talento Musical 2009 del Gran Concurso Britanico

Susan Boyle Nuevo Talento Musical 2009

Susan Boyle El Día Que Conmovió al Público

Los tres miembros del jurado y las 3.000 personas que estaban en el teatro donde se grabó la gala la recibieron con escepticismo e incluso risas, dado su aspecto desaliñado, pero bastaron 3 minutos de canción para que Boyle se convirtiera en una sensación.

Susan Boyle invierte buena parte de su tiempo como voluntaria en una iglesia de Blackburn, una pequeña localidad próxima a Edimburgo, y vive sola junto a su gato Peebles, es una trabajadora social en paro cuyas aptitudes artísticas hasta ahora sólo eran conocidas por los parroquianos que frecuentaban el karaoke local.

A su voz excepcional, se unen una timidez y sencillez que han cautivado al público de todo el mundo y que le han convertido en la gran favorita para el triunfo final en «Britain’s got talent», uno de los shows televisivos con más audiencia en este país.

En la gala que le ha hecho famosa, manifestó que nunca ha sido besada y que su sueño siempre fue dedicarse a la canción, pero que nunca había encontrado la oportunidad para hacerlo. «Me apunté a la competición, porque quería darle una oportunidad a la canción. Al principio me resultó desquiciante para los nervios, pero una vez que me tranquilicé y empecé a cantar, pensé que la audiencia me aceptaba un poco más. A partir de ahí, me relajé y empecé a disfrutarlo», declaró.

Los tres miembros del jurado y las 3.000 personas que estaban en el teatro donde se grabó la gala la recibieron con escepticismo e incluso risas, dado su aspecto desaliñado, pero bastaron 3 minutos de canción para que Boyle se convirtiera en una sensación.

Más de 26 millones de personas han visto en YouTube la interpretación de la canción «I dreamed a dream» (Soñé un sueño) del musical Los Miserables, con la que Boyle también sorprendió a los 11,3 millones de personas que la vieron cantar en directo el pasado sábado a través de la cadena de televisión británica ITV.
Otras 2,3 millones de personas han pinchado la página de «Britain’s got talent» para verla y Susan Boyle ha sido el tema más tratado en la red social de internet Twitter, donde actores de Hollywood como Demi Moore y Ashton Kutcher -con 1,6 millones de seguidores- han expresado su admiración por esta escocesa

Fuente Consultada:ABC.es

8 de Marzo:Dia Internacional de la Mujer

8 DE MARZO: DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

dia internacional de la mujer

LA MUJER EN LA HISTORIA:

Antes del siglo XVIII, incluso en Europa era evidente que, aunque tal vez las mujeres tenían una posición legal más favorable, que tiempos anteriores, por ejemplo en sus derechos de propiedad, contaban con escasas oportunidades para librarse de unos patrones de vida muy estrechos.

La única profesión a la que podían dedicarse era la de monja, o bien como ama de llaves, o criada en alguna casa de familia. Otra posibilidad, pero muy dura esa trabajar codo a codo con su marido en tareas de cultivo y labranzas.

En la medida que fueron logrando algunos reconocimientos en la sociedad, respecto al trato igualitario de sus derechos, fueron sumando su lucha, muchas veces  pacíficamente y otras veces no tanto,  quiérase o no, a partir de 1879 con la Revolución Francesa se inicia  un proceso que pone en marcha las fuerzas que llevaban a las mujeres hacia una igualdad y libertad mayores.

Entre 1800 y 1914, la difusión de la idea de que las mujeres podían ser correctamente educadas igual que los hombres revolucionó la vida de muchas familias pudientes.

En 1914 las mujeres ingresaron en universidades de los principales países europeos y ya se había creado una amplia estructura de escuelas para señoritas.

Las mujeres empezaron a dejar huella en las ciencias. Marie Curie, científica de origen polaco que en 1903 compartió el Premio Nobel de Física, sucedió en 1906 a su marido como profesor de la Sorbona y cinco años más tarde obtuvo otro Premio Nobel en Química por sus investigaciones sobre el radio.

(Conviene recordar que, en Francia —país de adopción de Marie Curie—, las mujeres no conquistaron el voto hasta 1946.).

La educación —desde luego, al más alto nivel sólo era accesible para una reducida minoría de muchachas— contribuyó a cambiar las opciones profesionales de las mujeres.

En 1914 había médicas, abogadas, profesoras universitarias y asistentas sociales.

El acceso a dichas profesiones se obtuvo superando no sólo las barreras impuestas por la falta de medios educativos sino los obstáculos planteados por la mojigatería y los temores respecto del pudor de las mujeres.

En este sentido, la principal valedora de su sexo fue Florence Nightingale, la inglesa públicamente conocida gracias a la creación, casi sin ayuda, de servicios hospitalarios adecuados para los soldados británicos que combatieron en la guerra de Crimea y sus posteriores esfuerzos constantes (y básicamente exitosos) por mejorar el destino del soldado raso.

Sin embargo, no sólo se beneficiaron las tropas sino, a largo plazo, las mujeres: Florence Nightingale volvió respetable la profesión de enfermera.

Hasta su época, las únicas mujeres respetables que atendían a los enfermos eran algunas comunidades de monjas católicas y algunos grupos de mujeres protestantes alemanas.

Si exceptuamos a estas religiosas, en líneas generales la atención de los enfermos no sólo había quedado en manos de ignorantes e inexpertos, sino de personas inescrupulosas y en ocasiones directamente criminales, ya que se consideraba que las escenas de la vida hospitalaria eran demasiado horribles para una muchacha de buena cuna, a menos que tuviera vocación religiosa y se hiciera monja.

Florence Nightingale no sólo reclamó a sus enfermeras un alto nivel de higiene y disciplina (para no hablar de su respetabilidad), sino que les dio una nueva formación para que pudieran contribuir seria y sistemáticamente al proceso de recuperación de los enfermos.

Obviamente, también proporcionó una contribución significativa a los progresos médicos del siglo.

En ciertos sentidos, los cambios más importantes en las vidas de las mujeres —importantes porque afectaron a un mayor número de mujeres— tuvieron lugar sin que nadie se detuviera a pensar en lo que significaban para el sexo femenino.

Entre ellos figura el crecimiento en tamaño y complejidad de la economía de las sociedades adelantadas.

En 1914 se habían creado veintenas de ocupaciones nuevas y millones de nuevos puestos de trabajo para mujeres como mecanógrafas, secretarias, telefonistas, dependientas y trabajadoras manuales.

Al ganarse la vida, las mujeres tenían mucha más libertad que en el viejo mundo de principios del siglo XIX, dominado por los hombres.

La mayoría de esos trabajos no existía un siglo antes (algunos estaban vinculados a adelantos tecnológicos como la máquina de escribir, que tenía muy pocos años de vida).

Otros, por ejemplo en la industria textil, poseían una historia más prolongada, pero su cantidad había aumentado enormemente.

En consecuencia, en 1900 un puesto de trabajo en la industria o el comercio dio a millones de mujeres la primera oportunidad de escapar de la supervisión paterna (que a menudo duraba hasta bien entrada la vida adulta) o de los trabajos pesados del matrimonio.

En otros sentidos, la tecnología también dio mayor libertad a las mujeres. Una enorme cantidad de inventos e innovaciones correspondientes a todos los aspectos de la vida simplificó deprisa las labores domésticas de las mujeres y redujo los trabajos pesados.

Hubo cosas tan sencillas como la llegada del gas para el alumbrado y para cocinar, lo que disminuyó la suciedad y los inconvenientes de las lámparas de aceite y las cocinas económicas.

El abaratamiento del jabón y de la sosa fueron logros de la industria química del siglo XIX y en 1914 ya habían aparecido los primeros electrodomésticos: aspiradoras y lavadoras para los ricos, máquinas de planchar para los pobres.

A menudo los historiadores han pasado por alto los cambios acelerados y generalizados que este tipo de humildes innovaciones llevaron a la vida de millones de mujeres.

Casi nunca se habla abiertamente de la fuerza más profunda y trascendental que cambió la vida de las mujeres (y de los hombres) antes de 1914, si bien sólo tuvo lugar en los países avanzados: la contracepción.

Consiste en el empleo de técnicas para evitar el embarazo luego de una relación sexual.

La contracepción (llamada también control de la natalidad o anticoncepción) se tornó mucho más viable a finales del siglo XIX, pues la tecnología la dotó de nuevos medios.

Simultáneamente, la gente estuvo más dispuesta a rechazar la secular idea de que estaba mal interferir de este modo en los designios de la naturaleza.

Respecto a la Mujer en Argentina, la Dra. en Letras , Beatriz Sarlo comenta:

«Las últimas fotografías de Alicia Moreau de Justo la muestran con su vestidito gris y su cabello peinado hacia atrás, sentada contra una pared de libros.

Tenía cien años cuando murió. Fue una testigo y una protagonista del siglo. Formó parte del puñado de pioneras que ingresó a la Facultad de Medicina, a pesar del prejuicio y la desconfianza de muchos hombres.

Luego ocupó un lugar en la política antes de que la mujer pudiera votar y fuera considerada una ciudadana de pleno derecho.

El siglo empezó también de otras maneras, Por ejemplo, con una joven Victoria Ocampo prisionera en la jaula dorada de su familia aristocrática que pensaba que una mujer no podía ser ni escritora, ni actriz, ni cantante.

El siglo empezó con las mujeres obreras cuyas hijas e hijos creyeron, en 1945, que Perón y, sobre todo, Evita, los representaban.

Evita y las madres de desaparecidos son las mujeres que, en todo el mundo, se reconocen como las más famosas de Argentina, Evita tuvo su ópera y su película, sus novelas, su año aniversario donde decenas de libros volvieron a contar una historia hecha de resentimiento y pasión.

Las madres y abuelas de Plaza de Mayo sostuvieron una idea de justicia cuando esa idea parecía liquidada para siempre.

Este siglo termina con mujeres que trabajan cuando sus maridos están desocupados; con chicas de la calle que son explotadas y prostituidas a los once o doce años; con maestras todavía ayunando, junto a sus compañeros, en la carpa que se ha instalado como un monumento más de la Plaza frente al Congreso; con las abuelas de desaparecidos marcando el equilibrio siempre difícil entre la cólera por el hijo o la hija asesinados, que llama a la venganza, y el principio de que allí donde hubo violencia haya solamente justicia.

Las mujeres enfrentaron las prohibiciones y los límites.

Aprendieron a moverse solas por las ciudades, lejos de la vigilancia o la protección de los hombres. Aprendieron a ejercer derechos y a conocer su propio cuerpo.

Aprendieron el precio y la responsabilidad de la independencia.

Las mujeres son malabaristas: mantienen un equilibrio complicado entre el espacio de la familia, que sostienen, y la vocación pública que eligen.

Muchas veces padecen el conflicto de esos dos mundos, dudan ante los dilemas inevitables. Pero se mueven con el deseo de estar a ambos lados de la línea.

Casi todos aceptan hoy que esa línea, entre familia y vida pública, puede cruzarse libremente de ida y vuelta.»

Fuente Consultada:
Historia Universal Ilustrada John M. Roberts Tomo 2 -La Otra Mitad del Mundo-
Mujeres Inolvidables Libro 2 Gente Testigo del Siglo

Leyenda del Cine Argentino: Vida de Mirtha Legrand, Actriz (301)

Leyenda del Cine Argentino: Mirtha Legrand Gran Actriz Argentina

PRODUCCIÓN CINEMATOGRÁFICA DE MIRTHA LEGRAND

Mirtha Legrang, actriz argentinaMirtha Legrand: La diva de los almuerzos

Mirtha Legrand es sin dudas uno de esos personajes públicos que despiertan sentimientos encontrados entre los miembros de la sociedad, ya sea por su popularidad masiva acumulada durante décadas en la pantalla televisiva y cinematográfica, como así también por su influencia en la opinión pública y sus críticas en diversos ámbitos.

Ella misma ha reconocido en alguna oportunidad: «Hay mucha gente que me quiere, y otros, un poco menos. Son las reglas del juego. Pero en los momentos más difíciles la gente me ha respondido, y siempre con afecto».

Más allá de los sentimientos que despierta, la diva de los almuerzos argentinos ha sabido a lo largo de los años cosechar una trayectoria que perdurará aún después de su muerte, y que en definitiva es la meta que persiguen los artistas: ser recordados eternamente.

Un caluroso 23 de febrero de 1927 llegaba a este mundo la pequeña Rosa María Juana Martínez Suárez, en el seno de una familia de clase media que residía en la localidad santafecina de Villa Cañás, pueblo ubicado a 200 kilómetros de Rosario.

Pero aquel nacimiento no fue sencillo, ya que en realidad durante el parto tanto su padre, José Martínez, como la partera y su asistente notaron con sorpresa que la española Rosa Suárez, estaban dando a luz a dos pequeñas criaturas.

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SUS PELICULAS
1940: Hay que educar a Niní
1941: Novios para las muchachas
1941: Los martes, orquídeas
1941: Soñar no cuesta nada
1942: Adolescencia
1942: El viaje
1942: Claro de luna
1943: El espejo
1943: Safo, historia de una pasión
1944: La pequeña señora de Pérez
1944: Mi novia es un fantasma
1944: La casta Susana
1945: María Celeste
1945: La señora de Pérez se divorcia
1945: Cinco besos
1946: Un beso en la nuca
1947: Treinta segundos de amor
1947: El retrato
1947: Como tú lo soñaste
1948: Pasaporte a Río
1948: Vidalita
1949: La doctora quiere tangos
1950: La vendedora de fantasías
1950: Esposa último modelo
1951: El pendiente
1952: La de los ojos color del tiempo
1954: Tren internacional
1955: El amor nunca muere
1956: La pícara soñadora
1959: En la ardiente oscuridad
1960: La patota
1960: Sábado a la noche, cine
1962: Bajo un mismo rostro
1963: La cigarra no es un bicho
1965: Con gusto a rabia

Importantes Artistas del Cine Argentino:Roberto Sanchez (301)

Importantes Artistas del Cine Argentino: Roberto Sanchez – Sandro de América

Sandro: El Elvis argentino:

Un caluroso 4 de enero de 2010 una terrible noticia invadía los hogares de la Argentina a través de los medios de comunicación del país, los cuales se hicieron eco de la tragedia y anunciaban: «A los 64 años ha muerto Sandro, el Gitano».

Pocas horas pasaron para que la muerte de Roberto Sánchez concitara la atención de todos los medios de comunicación, incluso trascendiendo las fronteras del Plata, ya que su figura dentro del mundo de la música había logrado derribar los límites de su país natal.

Durante la despedida final, sus «nenas», como solía llamar a sus fanáticas el ídolo, se mostraron ante las cámaras de televisión en medio de un luto incontenible que despertó el llanto incluso de aquellos ciudadanos que  jamás cultivaron la música de Sandro.

Es que este hombre, de fuerte figura masculina, cabello oscuro y profundos ojos, ya había dejado de ser un simple músico, para convertirse en un verdadero icono que representaba la idiosincrasia del argentino.

Para despedirlo, sus fanáticas decidieron emprender un último homenaje, el cual consistió en la creación de una página web titulada “Tu bombacha para Sandro”, en la que participaban todas las seguidoras del cantante, enviando fotografías de su ropa íntima favorita para obsequiarle al ídolo.   [Seguir Leyendo Esta Biografía]

http://www.tubombachaparasandro.com/

Biografia de Isabel Sarli: El Cine Erotico Argentino-Obras Cinematograficas

Biografía de Isabel Sarli: Cine Erótico Argentino Notables Artistas

Isabel Sarli: La inocencia y voluptuosidad al servicio del cine

Su exuberancia y sensualidad, sumada a una belleza que representaba lo que muchos llaman la “morocha argentina”, fueron los principales atributos que le abrieron las puertas de la fama a Isabel Sarli, conocida por todos como La Coca.

Isabel Sarli

Fue sin lugar a dudas el ícono sexual del cine argentino de las décadas del sesenta y setenta, y muchos aún recuerdan las largas filas que se producían en las salas ante el estreno de un nuevo filme protagonizado por ella.

Isabel había nacido un 9 de julio del año 1935 en la ciudad de Concordia, Entre Ríos, y desde muy pequeña fue notable su belleza, que con el paso de los años la convirtió en una joven que captaba las miradas de todos los hombres que se cruzaban en su camino; sin embargo, ella era extremadamente tímida.

Sus dotes físicas la llevaron a comenzar una carrera en el mundo del modelaje, lo que en 1955 le permitió participar y ganar el concurso de Miss Argentina, consagrándose definitivamente como la más hermosa.

Y aquella fue la vidriera ideal para que distintos productores de cine del momento se fijaran en esta jovencita que embelesaba las miradas masculinas.

No obstante, a pesar de recibir distintas propuestas, Isabel decidió su futuro inmediatamente, cuando conoció a Armando Bo, el director de cine que fue el único y gran amor de su vida.

Incluso, años después ella misma diría: “Mi relación con Armando se caracteriza así: fue el padre que no tuve, el hermano que perdí porque murió siendo chico, el compañero, el amante… Todo”.

Se conocieron en 1956 y a partir de allí no se separaron jamás, y vivieron una historia de amor como pocas.

Juntos comenzaron el camino de la creación de un nuevo tipo de cine erótico en la Argentina, que fue también furor fuera del país.

Armando dirigía las películas y la Coca las protagonizaba y las producía, y de esta manera, convirtiéndose en un binomio perfecto, llegaron a rodar un total de 29 películas que en cierto modo puede observárselas como un resumen de la historia de amor que vivían.

Para la pareja, sus películas eran sus hijos.

El primer largometraje que hicieron juntos fue “El trueno entre las hojas”, protagonizada por la pareja, y donde Isabel realizó su primer desnudo ante las cámaras, iniciando además una de las escenas que se repetirían a lo largo de todos sus filmes, donde la actriz aparecía nadando en el agua.

“Me habían bautizado ‘la higiénica’ porque siempre aparecía bañándome”, confesó en varias oportunidades.

El éxito obtenido con aquella primera película hizo que Isabel Sarli saltara al estrellato inmediatamente, convirtiéndose en el objeto de deseo de todos los hombres argentinos de aquella época, y convirtiéndola así en un símbolo sexual de su generación.

A partir de allí, la pareja no se detuvo y comenzó a realizar una producción constantes de filmes, cuyas particularidades eróticas también los llevaron a triunfar fuera del país.

Con argumentos similares en cada una de las películas, lo que en realidad buscaba el público al asistir a las salas de cine a “ver una de la coca” no era otra cosa que entregarse a las fantasías sexuales que despertaba la actriz.

Allí llegaron películas que hoy son consideradas clásicos del cine erótico internacional, y pioneras en el cine argentino de su estilo, como “La diosa impura”, “La mujer del zapatero”, “La mujer de mi padre”, “Carne”, “Fuego”, “Desnuda en la arena”, “Embrujada”, “Fiebre”, “Intimidades de una cualquiera”, “Último amor en Tierra del Fuego”, entre otras, culminado con la última realización de Armando Bo titulada “Una viuda descocada”, estrenada en 1980 y en la que La Coca comparte el protagónico junto al gran José Marrone.

La muerte de su gran amor en 1981, provocó una fuerte depresión en la actriz, quien durante un largo período decidió recluirse, retirándose de la escena pública por 15 años, volviendo a brillar en 1996 en el filme “La dama regresa” de Jorge Polaco, largometraje que significó un homenaje a la pareja de Bo.

Hoy, a sus 76 años, Isabel lucha por su salud mientras rememora aquellos años felices junto a su amado Armando, con quien logró tocar el cielo con las manos.

Mientras tanto, sus filmes se han convertido en películas de culto en todo el mundo, y muchos jóvenes que no vivieron la época de esplendor de La Coca, se han vuelto fervorosos fanáticos suyos. “Recuerdo que Armando decía que mis películas seguirían viéndose aunque pasaran 100 años”, dijo en una ocasión Sarli, y no se equivoca.

Anécdota: La presencia cercana de Armando Bo no intimidaba al fervor que provocaba la tremenda belleza de Isabel. Francisco Paco Rabal, quien filmó con ella Setenta veces siete, le pedía al maquillador de la morocha que le entregara cartas perfumadas en las que el español proponía encuentros fuera del set.

El Presidente de Panamá, Ornar Torrijos, le agarraba la mano y decía: «Ay, Isabelita, yo te quiero mucho».

Entonces Armando cortó por lo sano: «No vamos más a Panamá, porque ése está tan bobo con vos que cualquier día me achura».

También estaba ese japonés, presidente del Nippon Credit Bank, al que conoció en un avión y la pretendía.

O el cartero que atendía la casa en Martínez que Isabel todavía habita: «Comentó que yo salía desnuda a recibirle las cartas».

Pero lo más grave fue lo que ocurrió en México, durante la filmación de La diosa impura, con la dirección y proximidad de Armando Bo.

Isabel tenía 28 años y era tan linda que producía dolor mirarla.

Tiene la palabra ella: «Había una toma en que Julio Alemán, el galán más famoso de ellos. tenía que darme un beso.

Llegado el momento, puse la cara para fingir ese beso, y él me metió la lengua en la boca.

Por supuesto, no me la aguanté y le crucé la cara de un cachetazo.

Fue un sinvergüenza y poco profesional».

Ampliación del Tema:

Explica «Gogo» Safigueroa en su libro «Secretos y Anécdotas del Cine Argentino y Sus Protagonistas»:

«Una de las personas más amables que he conocido entre las mujeres del ambiente artístico es la señora Isabel Sarli.

Educadísima, a pesar de que muchas veces recibió críticas muy duras y algunas un tanto agresivas, podría haber adoptado algunas actitudes de diva, tal como lo fue por muchos años, y lo sigue siendo, a pesar de la poca actividad que hoy día desarrolla.

Fue y es una mujer de una sencillez incuestionable e incapaz de un exabrupto.

Realmente la admiro y la respeto. Pero tengo que confesar, sin embargo, que nunca vi una película completa de la dupla Sarli-Bo, ni aún en momentos de apogeo y teniendo en cuenta la profusión de sus incontables trabajos, con excepción de una, que se llamó Carne.

Era un filme que tenía la particularidad, además del protagonismo de Isabel Sarli, de que participaban actores relevantes del género cómico como Juan Carlos Altavista y Vicente Rubino.

Como la mayor parte de las películas de Armando Bo, la víctima siempre era Isabel, a partir de sus encantos, y las reacciones que éstos provocaban en los hombres.

Fui a ver esta película en estreno al cine Iguazú (hoy convertido en un recinto religioso). Llego a la sala, y en ese momento los periodistas que cubríamos cine éramos conocidos por casi todos los acomodadores, así es que casi no pasábamos por boletería.

Cuando llego, un rato antes del inicio, un amable acomodador me saluda y me lleva a elegir el lugar desde donde vería la película. Me acomodo en la anteúltima fila y dejo un asiento libre, la ‘punta de banco’ (como se le llama en la jerga cinematográfica a la primera butaca).

Al rato de comenzar la película un hombre de sobretodo con el cuello levantado se sienta a mi lado, en la butaca que había quedado vacía. Lo miré de solaz pero no registré quién era.

Seguí unos minutos más mirando, digamos unos fotogramas (pues ni siquiera fueron muchas secuencias), cuando me decidí a levantarme para irme, pues tenía ya una imagen formada de la película. Pero al girar mi cabeza para pedirle permiso para salir, cuál no fue mi sorpresa: esa persona sentada a mi lado era Armando Bo.

Sentí que le iba a hacer un desaire si dejaba la sala en ese momento, así es que me quedé hasta finalizar. Esa fue la única película que vi completa.»

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Zully Moreno: La Greta Garbo argentina

Cuando uno recorre el cine argentino dentro de su época de oro, es posible hallar una gran cantidad de nombres de actrices y actores que le dieron forma a aquel período de producción nacional que llegó a ser un éxito rotundo más allá de las fronteras de nuestro país.

Zully Moreno

Pero lo cierto es que son pocos los nombres de actores que dejaron de ser precisamente eso para convertirse en verdaderos mitos del séptimo arte. Tal es el caso de Zully Moreno.

Las causas son variadas. Por un lado su talento, porque como muchos expertos aseguran, Zully había nacido para el cine, pero además su figura deslumbrante, en la que se entremezclaba la inocencia y la sexualidad en dosis justa para los cánones de la época, hicieron que aquella morocha se convirtiera en una de las actrices más requeridas de su tiempo.

Había nacido el 17 de octubre de 1920 en Villa Ballester, Provincia de Buenos Aires, siendo hija del suburbio y la realeza al mismo tiempo, punto que ha quedado demostrado en su verdadero nombre: Zulema Esther González Borbón.

Tuvo una infancia feliz, pero que lamentablemente fue interrumpida por la tragedia, cuando a sus diez años debió enfrentar la muerte de su padre, y la realidad de una situación económica que empeoraba con el paso de los días.

Pero a pesar de ello, Zully seguí soñando con aquel anhelo que al final de su vida la convertiría en mito.

Sabía que quería ser actriz, y también sabía que nada podría detenerla.

Así fue que en el año 1938 se presentó en un casting para conseguir un papel de extra en la película “Cándida” de Luis Bayón Herrera, protagonizada por Niní Marshall.

Lo cierto, según cuentan los biógrafos de la actriz, es que el director quedó fascinado con la belleza de la joven, por lo que le ofreció hacer un pequeño papel dentro del filme.

A partir de allí comenzó a surgir el trabajo constante, por lo que Zully Moreno participó con pequeños papeles en renombradas películas del momento, junto a figuras de primer nivel.

Basta citar como ejemplo sólo algunas de ellas, como “Bartolo tenía una flauta”, junto a Luis Sandrini, “Orquesta de señoritas”, protagonizada por Niní Marshall, “Los martes, orquídeas”, junto a Mirtha Legrand, “Historia de crímenes”, con un elenco encabezado por el recordado Narciso Ibánez Menta, entre muchas otras.

Paralelamente a su labor en el cine, en el año 1940 Zully debutó en teatro, acompañando a un elenco integrado por Tito Lusiardo, Carlos Morganti y Alberto Anchart.

No obstante, la fama y el éxito que darán lugar al nacimiento del mito de nuestro cine se sucedió en el año 1943, cuando Zully Moreno dejó de ser la intérprete de pequeños roles opacados por las grandes estrellas del momento a convertirse en la encarnación de su primer protagónico en el filme “Stella”, dirigida por Benito Perojo.

El glamour sumado al talento de la actriz fue la carta de presentación para conquistar los corazones de los espectadores.

Como puede notarse en cada una de sus películas, Zully aparecía casi siempre rodeada por escenografías suntuosas, que según contaban sus compañeros, ella misma se encargaba de supervisar.

Ese era el marco adecuado para la mujer que rápidamente alcanzó el lugar que merecía dentro del cine nacional. Mientras tanto su esbelta figura se mostraba envuelta en costosos vestuarios, confeccionados por diseñadores de alta costura de renombre, tales como Horace Lannes, Paco Jamandreu o Jorge de las Longas.

De esta manera, Zully Moreno se convirtió en una de las preferidas del público, lo que provocó el comienzo de una inigualable carrera, con un total de más de setenta películas en su haber, de las cuales sólo basta con citar algunas para demostrar el efecto que había causado la actriz en el cine nacional.

Algunas de ellas fueron “Celos”, “Nunca te diré adiós”, “La gata”, “La trampa”, “La indeseable”, “Cosas de mujer”, “La dama del mar”, “La calle del pecado”, entre otras.

Una mención al margen merece la película “Dios se lo pague”, largometraje que tiene el honor de ser una de los primeros filmes extranjeros seleccionados para participar de los premios Oscar, cuando todavía no había sido creada la categoría a mejor película en un idioma que no fuera el inglés.

A pesar de que el filme fue estrenado en 1948, la historia real de esta película comienza en el año 1947, cuando Zully Moreno contrae matrimonio con el prestigioso cineasta Luis César Amadori, quien dirigió el mencionado largometraje, donde la actriz protagoniza la cinta junto a Arturo de Córdova.

Para la concreción de “Dios se lo pague”, Amadori se asoció a la productora Sono Film, surgiendo de aquella unión una extensa lista de películas que se convirtieron en referentes de la época de oro del cine argentino.

Era la época de Perón, y tanto Amadori como Zully eran peronistas.

Con la caída del gobierno del General, el cineasta premiado debió enfrentar la cárcel, y posteriormente debió exiliarse en España junto a su mujer y su hijo.

Después de aquel doloroso exilio, al regresar al país Zully Moreno abandonó la actuación pero se mantuvo activa en relación al teatro, convirtiéndose en la directora del Teatro Maipo y presidente de la productora Argentina Sono Film.

Un tiempo después se alejó de todo, y ya nadie volvió a verla.

Años después, precisamente el 25 de diciembre de 1999 la noticia de la muerte de Zully Moreno impactaba a todos.

Había muerto el gran mito del cine nacional.

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Biografía de Alberto Olmedo: Artista del Cine Cómico Argentino

GRAN ARTISTA CÓMICO

Alberto Olmedo: De Capitán a Capocómico

La muerte de Olmedo sorprendió a todos, y nos dejó pensando en lo finito de esta existencia ante la realidad de que ni el dinero, ni la fama, ni el éxito son armas que pueden luchar contra el inevitable destino que nos aguarda.

Su vida estuvo signada por la contradicción.

Conoció la pobreza y el poder que da la riqueza.

Conoció el desprecio y el éxito.

Y como una estrella de rock, vivió rápido y murió cuando aún tenía mucho para dar.

Pasan los años y a pesar de que sus películas y sus sketches televisivos ya han pasado a ser testimonio de la historia argentina, y se han convertido en un verdadero material “retro”, lo cierto es que al ver a Rucucu, a Chiquito Reyes, al Manosanta, a José Luis Borges, a Rogelio Roldán y a tantos otros personajes se despierta en nosotros la alegría y a la vez la nostalgia.

Biografia de Alberto Olmedo Artista del Cine Comico Argentino

Alberto Olmedo nació pobre, en el humilde barrio Pichincha de la ciudad de Rosario, Provincia de Santa Fe, el 24 de agosto de 1933.

Lo crió su madre, Matilde Olmedo, quien abandonada por su pareja pasó a ocupar los roles de madre y padre al mismo tiempo, trabajando incansablemente para que su hijo pudiera tener techo, comida y educación.

Fue en el año 1947 cuando aún muy joven Alberto realiza su primer acercamiento a la actuación, participando en algunas obras del teatro La Comedia, de su ciudad natal, a la vez que se suma a la agrupación artística vocacional La Troupe Juvenil Asturiana.

En el año 1954 toma una decisión que cambiaría por completo el rumbo de su vida, ya que decide viajar a Buenos Aires para probar suerte.

Una vez allí, se incorpora como switcher en Canal 7, mientras intenta generar contactos para lograr la posibilidad que tanto ansiaba.

Fue precisamente en la fiesta de fin de año de 1955 que Olmedo consigue tener una oportunidad para demostrar su talento, realizando una improvisación cómica ante todos los asistentes al evento.

El entonces interventor del canal, Julio Bringuer Ayala, quedó sorprendido por el joven humorista, por lo que lo incorporó inmediatamente al programa “La Troupe de TV”.

De pequeños monólogos y participaciones en sketches, surge poco a poco el gran Olmedo, que en principio logró su primer rol importante en un ciclo infantil, que luego sería un éxito sin igual en la pantalla de Canal 9: “El Capitán Piluso”.

Sketch del Capitán Piluso”

El Capitán Piluso”.

Poco después, y notando el interés que Alberto había despertado en el público, fue incorporado al programa “Operación Ja-Já” de Gerardo y Hugo Sofovich, en el que nacen Rucucu y el Géneral González, personajes inolvidables de su repertorio actoral.

La figura de Olmedo en la televisión argentina crece de tal manera, que en 1981 comienza el ciclo “No toca botón”, que se emitía por Canal 11, y contaba con la dirección del desaparecido Hugo Sofovich.

Clásico Skecht de Borge y Alvarez

Clásico Skecht de Borge y Alvarez

Fue en aquel ciclo en el cual Olmedo explotó por completo su talento y creatividad, dando origen a inolvidables personajes como Chiquito Reyes, el Dictador de Costa Pobre, El Pitufo, El Psicoanalista, el Manosanta, José Luis Borges y el mucamo Perkins y Rogelio Roldán, entre otros.

Durante su trayectoria, también el cine fue uno de los lugares que supo conquistar, alcanzando a filmar más de 40 películas, que se inician en 1959 con su debut en el filme “Gringalet”, y culmina en 1988 con “Atracción Fatal”.

Su dueto con Jorge Porcel lo llevó a lugares inimaginables, lográndose convertir en un binomio que sin dudas era sinónimo de comicidad. Junto al “Gordo” hizo cine, televisión y teatro, además de compartir una amistad que trascendió el ambiente laboral.

El público lo amaba y en dos oportunidades debió enfrentarse a la noticia de su muerte, ya que el 4 de mayo de 1976 todos los medios del país anunciaban la desaparición física de Alberto Olmedo, luego de que la noticia surgiera durante el estreno de su ciclo televisivo “El Chupete”, por Canal 13.

Y mientras el locutor leía el texto de condolencias por el fallecimiento del capocómico, las cámaras mostraban al elenco del programa probándose la ropa del actor.

El manosanta

olmedo el manosanta

El gag había comenzado, y no podía ser rematado de otra manera que con la llegada de Alberto Olmedo, quien inocentemente dijo en complicidad con su público: “¿Qué pasa?, ¿acaso no se puede llegar tarde?”.

Aquello fue una farsa, una broma que habían pergeñado el Negro Olmedo junto a director del programa.

Pero la muerte lo alcanzó como a todos los seres de este planeta, cuando en el verano de 1988, por un accidente absurdo, Olmedo cayó del balcón de su departamento en el piso 11, en la ciudad de Mar del Plata.

Como presagio de su final, Alberto Olmedo había dicho: “¿Qué quiero que quede de mí? Una estatua a mis manos en la calle Corrientes para que miren y digan: ‘Chau negro’. Nada más”.

Hoy podemos decir “Chau Negro” a sus manos, en la Avenida Corrientes 1753, donde se encuentra emplazada la obra de José Martínez.

PARA SABER MAS…:

Como ampliación del tema publicamos una nota en El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010.-

Crónica de la Época: De forma trágica, murió el cómico argentino Alberto Olmedo. Cayó desde el balcón de un departamento del piso 11 del edificio Maral, en Mar del Plata, durante la madrugada del 5 de marzo.

La reacción inmediata de la gente fue de una tremenda tristeza. Las primeras versiones apuntaban a que estaba bajo los efectos de las drogas al momento del accidente.

Su pareja, Nancy Herrera, se encontraba con él y dijo que estaban brindando porque le anunció que estaba embarazada. El «Negro» había nacido el 24 de agosto de 1933 en Rosario, Santa Fe. Su casa era pobre y la mantenía su madre, soltera.

Por eso tuvo que trabajar desde chico. Ya en la adolescencia participó de una agrupación artística del Centro Asturiano y, a los 21, decidió probar suerte en Buenos Aires.

Su primer trabajo en el negocio de la televisión fue como switcher, en Canal 7. Aprovechó la fiesta de fin de año de la emisora para mostrarse en una improvisación que impresionó al interventor, Julio Bringuer Ayala, quien le ofreció un lugar como actor.

En 1960 descolló con el inolvidable ciclo infantil Capitán Piluso, donde interpretaba a un chico que hacía travesuras junto a su amigo Coquito.

El ciclo empezó en Canal 9 pero a lo largo de los años pasó por diferentes emisoras. Operación Ja Ja, un programa de Gerardo y Hugo Sofovich, le sirvió para conquistar a los adultos.

Allí trabajó por primera vez con Javier Portales, quien se convertiría en su gran partenaire televisivo. Descollaron en su siguiente gran éxito: No toca botón. Serán inolvidables las improvisaciones del sketch de «Álvarez y Borges».

Además filmó 45 películas y trabajó esporádicamente en teatro.

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Jorge Porcel: El Gordo de América

Desde la lejana ciudad de Miami, el otoñal 16 de marzo de 2006 nos llegaba la noticia de la muerte de uno de los más grandes cómicos que tuvo la Argentina.

A los 69 años moría Jorge Porcel, después de que su salud fuera deteriorándose poco a poco.

Jorge Porcel, actor de comedia picara argentina

La causa de su muerte fue determinada por los especialistas como el resultado del postoperatorio de una simple operación de vesícula, aunque en realidad el “Gordo”, como le decían todos, había pasado sus últimos años con algunos problemas personales que hicieron mella en su salud.

Cuando lo recordamos, miles de imágenes visuales surgen en nuestra mente, como destellos de una estrella que brilló en el firmamento del espectáculo, y que luego parece haberse apagado debido a los problemas personales que opacaron a una figura pública que todo el mundo quería.

Hoy algunos aseguran que Porcel no tenía buena fama en el ambiente artístico, que era criticado por sus compañeros, repudiado por la gente cuando se supo que tenía un hijo al cual no le daba la manutención, y en muchos casos fue odiado por aquellas mujeres del ambiente que supuestamente habían sido acosadas sexualmente por él.

No obstante, debemos separar las aguas y diferenciar al hombre del artista.

Por lo menos esa es nuestra intención, para lo cual guiaremos la redacción de este artículo a través de aquellas imágenes que se suceden en nuestra mente, que nos muestran a un Jorge Porcel alegre y divertido, haciendo sketches humorísticos con Moria Casan o Jorge Luz, componiendo el dúo inigualable que logró junto a Alberto Olmedo, y recordando su talento de actor dramático, que pudo demostrar en el filme “Carlito´s Way” de Brian De Palma, en la que participó junto a un elenco de lujo, encabezado por Al Pacino.

Jorge Porcel nació el 7 de septiembre de 1936 bajo el nombre de Jorge Raúl Porcel de Peralta, y a partir de su adolescencia comenzó a demostrar un gran interés en la actuación, lo que lo llevó a dedicarse de lleno a la corriente humorística, en primer lugar en la recordada audición de radio “La Revista Dislocada”, junto a Carlitos Balá, Mario Sapag, Nelly Beltrán y Raúl Rossi.

Su llegada al cine fue en el año 1962 cuando participó en la película “Disloque en Mar Del Plata” interpretando un papel de poca importancia, pero que le serviría como puntapié inicial hacia una carrera realmente exitosa.

Así fue que dos años después consiguió su primer protagónico en el largometraje titulado “El gordo Villanueva”.

No obstante, su consagración total, tanto en la Argentina como en el mundo, llegaría en las década de los setenta, cuando se consolida el binomio Olmedo-Porcel.

El dueto comienza a realizar una serie de películas que apenas se estrenaban en las salas de cine se convertían de manera inmediata en éxitos indiscutibles.

Solo basta nombrar algunas, como “Los colimbas se divierten”, “Rambito y Rambón”, “Los reyes del sablazo”, “Los fierecillos indomables”, “Expertos en pinchazos”, entre otras, para que una sonrisa se dibuje en nuestro rostro, recordando los gags de aquellos filmes.

Tal era el éxito del dúo cómico que incluso se volvieron habituales las colaboraciones mutuas en aquellas películas que sólo eran protagonizadas por uno de ellos.

De esta manera, cuando se trataba de una “película de Porcel” no podía faltar la aparición sorpresa de Olmedo, y viceversa.

En televisión también brilló en ciclos como “Operación Ja-Ja”, “El botón” y “Polémica en el bar”, para terminar convirtiéndose en el peluquero que atendía sin demasiada seriedad a Rolo Puentes en la “Peluquería de Don Mateo”.

Allí llegó también el exitoso programa “Las gatitas y ratones de Porcel”, en el que se desarrollaba un intenso desfile de los más diversos personajes, algunos realmente memorables como el carnicero, el canillita Rofo y la Tota.

Mientras tanto, a la par que se desenvolvía en el cine y en la televisión, Jorge Porcel siempre se dio tiempo para sus dos grandes pasiones: el teatro y la música.

Mientras que el teatro era en realidad una extensión de su éxito en la pantalla grande, por lo que protagonizaba obras catalogadas como de “revista”, en el año 1980 logró concretar su máximo ambición, publicando un disco de boleros titulado “Puro Corazón”.

Pero la fama y el éxito comenzarían a decaer, siendo el principal detonante la inesperada muerte trágica de su amigo y compañero Alberto Olmedo.

Eso lo llevó a exiliarse del país y radicarse en Estados Unidos, donde a pesar de continuar trabajando en el mundo del espectáculo, su vida daría un giro total, cuando decidió convertirse al evangelismo.

El deterioro de su salud comenzó en la década del noventa, con la aparición del mal de Parkinson y problemas en la columna que lo postraron a una silla de ruedas.

De allí en más su vida ya no fue igual, y en definitiva allí había comenzado el proceso que lo llevó a la muerte.

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Sin lugar a dudas, dentro de los talentos que nos brinda el teatro nacional, Ricardo Darín es uno de esos pocos actores que nos sorprende cada vez que nos deleitamos con algunas de sus interpretaciones.

Su versatilidad, que durante toda su trayectoria le ha permitido ir desde el drama más profundo, hasta llegar a la comedia más ingeniosa es precisamente la característica que lo ha convertido en el favorito de todos.

Porque en definitiva, Darín es sin dudas un favorito de los directores de cine, de los compañeros de elenco, de la prensa, pero sobre todo del público, ese que ha sabido conquistar con su talento y su simpatía.

No por nada, en alguna oportunidad el actor confesó: “Yo con la gente siento identificación.

Una cosa que me pasa es que a mí la gente nunca me molestó. Nunca.

Aun cuando estoy apurado y voy caminando y alguien me detiene, paro. Son 25 segundos, que seguro que los tengo.

Me hago cargo de lo que se genera, porque si después lo que vuelve te molesta y sos una diva que decís ay, ‘no’, bueno, jodete”.

Su personalidad extrovertida, su modo de ser barrial y su optimismo permanente son seguramente las facetas de su personalidad que han logrado conquistar el corazón no sólo del público argentino, sino también latinoamericano y español.

Por ello, cada una de las películas en las que participa Ricardo Darín se convierte inmediatamente en un éxito de taquilla inigualable, porque el actor tiene esa magia que hace que todo lo que toca cobre notoriedad.

Sin embrago, a pesar de su fama, Ricardo Darín asegura que continúa siendo un hombre simple, sencillo, que lucha día a día para superarse, e incluso está convencido de que “Si te la creés perdiste, fuiste”, según sus propias palabras.

Nacido el 16 de enero de 1957 en Buenos Aires, Ricardo fue criado dentro de una familia que desde siempre estuvo realmente ligada al teatro, siendo sus padres Ricardo Darín y Renée Roxana, actores reconocidos de la época. Fue precisamente con ellos que el pequeño Ricardo de tan sólo 10 años de edad debutó por primera vez en un escenario.

A pesar de su pasión por la actuación, y sus innegables dotes naturales, Ricardo Darín jamás estudio teatro, sino que forjó su vocación en la experiencia constante.

En este sentido, el propio actor confesó en una ocasión: “Yo no asistí nunca a ningún taller, seminario ni escuela de teatro.

No tuve un aprendizaje basado en lo formal ni en lo técnico, sino a partir de la observación de aquellos que, con mayor o menor generosidad, me participaron del oficio.

Por eso siento como maestros a todos aquellos que alguna vez me permitieron aprender, aunque más no sea mostrándome algo o hablándome de lo que les pasaba”.

Fue a sus 16 años que Darín comenzó a ser un rostro conocido por la masa de público argentino, cuando realizó participaciones para televisión, en ficciones tales como “Alta Comedia” y “Estación Retiro”, ambas dirigidas por el gran Alberto Migré.

La fama no tardaría en llegar, y en la década de los ochenta Ricardo se convierte en una de las caras más reconocidas de la televisión argentina, cuando comienza a ser uno de los galanes jóvenes de moda.

Una década después, y luego de demostrar que detrás del galán siempre hubo un actor dúctil y con carácter, Ricardo incursiona en la comedia, como protagonista de la recordada serie televisiva “Mi Cuñado”, junto a Luis Brandoni.

En lo que respecta al cine, si bien su primera incursión en el séptimo arte se remonta a finales de la década del sesenta, cuando interpretó un pequeño papel en la película “La culpa”, con los años fue convirtiéndose en uno de los actores más taquilleros, y por ende más demandados por prestigiosos cineastas como Adolfo Aristarain, Eduardo Mignogna, Juan José Campanella, Marcelo Piñeyro, Sebastián Borensztein y Pablo Trapero.

De esta manera llegaron películas como “El mismo amor, la misma lluvia”, “Nueve reinas”, “El hijo de la novia”, “Luna de Avellaneda”, “El aura”, “XXY”, “Carancho” y la galardonada “El secreto de sus ojos”, que obtuvo un premio Oscar como mejor película extranjera.

Asimismo, en el año 2007 se dio el gusto no sólo actuar, sino también de dirigir un filme: “La Señal”.

En reconocimiento a su talento, Ricardo Darín ha sido premiado en varias oportunidades, con galardones como el Sant Jordi, el Sur, los Premios Clarín y un reciente Martín Fierro por su participación en la ficción televisiva “Para vestir santos”.

Su última película, ha sido estrenada hace pocos días con un éxito único, llamada «Rekatos Salvajes»

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Héctor Alterio

Hector Alterio: “La puta que vale la pena estar vivo”

Héctor Alterio es sin dudas uno de los grandes referentes del cine argentino, con un total que supera las 80 películas en su haber, y siendo el actor que participó en la mayor cantidad de films nominados al Oscar y premiados en distintas oportunidades con los más diversos galardones, para nosotros sigue siendo aquel hombre que en la década de los noventa nos gritaba en plena cara, a través de la pantalla del cine: “La puta que vale la pena estar vivo”.

Repasando su vida y sus trabajos, Alterio reflexionó durante una reciente entrevista: “Me gustaría tener una continuidad de trabajo seguro y dosificado, que me permita respirar tranquilo.

Filmar cosas con más tiempo y mejor; pero ésta es una profesión tan inesperada, tan poco segura que de pronto filmo y luego me quedo a esperar.

Los actores no tenemos nuestro trabajo programado como los tenores.

Yo tengo programado sólo hasta ahora. Los actores somos materiales descartables.

En general los directores tienen una lista de actores que van llamando y si uno no puede llaman al que sigue.

De pronto se agotó ese actor y se vuelve a recuperar otra vez, como el reciclaje que se hace de las cosas descartables”.

Nacido en Buenos Aires el 21 de septiembre de 1929 bajo el nombre de Héctor Benjamín Alterio, desde muy pequeño se sintió atraído por el arte, ámbito que poco a poco le permitió descubrir su verdadera vocación, la de actor.

Eso fue precisamente lo que lo llevó en su juventud a realizar estudios en diversas instituciones dedicadas a la disciplina del arte dramático, para perfeccionar un talento innato que muy pronto lo llevaría hasta sus sueños.

Antes de cumplir los 20 años, Héctor hizo su debut en el escenario, protagonizando la obra “Prohibido suicidarse”, escrita por Alejandro Casona, que se estrenó en el año 1948.

Poco después, sintió la necesidad de profundizar aún más en las posibilidades que le brindaba la actuación, lo que lo llevó en la década del cincuenta a fundar la compañía Nuevo Teatro, que representó durante una década el espíritu artístico del país de aquel momento.

Aquella compañía finalizó su labor en 1968.

No obstante, la fama de Héctor Alterio desembarcó de la mano del cine, cuando en 1965 participó en el filme “Todo sol es amargo” de Alfredo Mathé.

A partir de aquel momento, y una vez que el actor había podido demostrar su capacidad, comenzó a ser requerido por los más importantes directores argentinos de la nueva generación, por lo que Alterio fue parte fundamental de algunos de los mejores largometrajes nacionales de la época.

De esta forma, durante los principios de la década del setenta, Alterio le puso su sello a películas como “La Patagonia rebelde”, “El santo de la espada”, “La tregua”, “Los siete locos”, “Quebracho”, “Don Segundo Sombra” y “La Maffia”, entre otros.

En el año 1975 Héctor Alterio fue invitado a España, y mientras se encontraba en aquel país europeo recibió una serie de amenazas de muerte enviadas por la Triple A, lo que motivo su exilio de Argentina.

En este sentido, el actor recuerda: “El tiempo es muy sabio.

De pronto ahora lo cuento con cierta distancia, como si le hubiese pasado a otro.

Y eso es producto del tiempo, como sucedió en una escuela: le preguntaron a los chicos qué significaba la Triple A y los chicos respondieron que era una vacuna.

No sé si la respuesta estaba condicionada a la necesidad de algunos sectores para borrar nuestro pasado o verdaderamente es producto del tiempo.

Hay una necesidad imperiosa de no borrar la memoria, no se trata de venganza. Es la única cosa que intento no olvidar.

Si me retrotraigo a veintisiete años atrás, lo pasé muy mal, especialmente los primeros tres años. En un país que no conocía ni él me conocía a mí.

Un español desconocido me ayudaba materialmente con dinero, con trabajo, con cosas concretas.

La sensación de estar solo en el mundo, desamparado como en el desierto, no teniendo de dónde agarrarme y de pronto me tienden una mano amiga.

Esa solidaridad me conmocionó y me hizo amar a España y a su gente, en circunstancias en las que todavía vivía Franco y no era tan fácil todo”.

Viviendo en España, Alterio participó de una gran cantidad de películas producidas en dicho país, tales como “A un dios desconocido”, “El crimen de Cuenca”, “El nido”, “Don Juan en los infiernos”, entre otras.

Actualmente, Héctor Alterio siente que su corazón no sólo le pertenece a Argentina, sino también a España, por lo que sigue trabajando en producciones de ambos países.

En los últimos años, en relación a su trabajo, se destacan filmes nacionales como “Kamchatka”, “Vidas privadas”, “El hijo de la novia”, “Cenizas del paraíso” y “Caballos Salvajes”, entre una larga lista.

Premiado en varias oportunidades, cada vez que puede Alterio bromea diciendo: “Parece que doy suerte”, en clara referencia a que fue protagonista en cuatro de las primeras películas argentinas que llegaron a ser candidatas en los premios Oscar, como fue el caso de “La tregua” (1974), “Camila” (1984), la ganadora del Oscar “La historia oficial” (1985), y “El hijo de la novia” (2001).

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Norma Aleandro, actriz argentinaNorma Aleandro: Al teatro con amor

Al mencionar a Norma Aleandro, a la mayoría de los argentinos les sucede que las imágenes dramáticas de la película “La Historia Oficial” se presentan en sus mentes una tras otras, hasta aquella tan fuerte y poderosa en que la actriz sufría la violencia física de manos de su marido en la ficción, encarnado por Héctor Alterio.

Aquella película que logró alcanzar uno de los máximos galardones del cine internacional, recordemos que obtuvo el Oscar a Mejor Película Extranjera en 1985, ha hecho también que Norma se convirtiera en sinónimo de Argentina para los habitantes de países lejanos al nuestro.

«No me la creo, me parece bueno respetarnos los unos a los otros, y no eso de que se me respete sólo a mí… Además de eso me gustan las miradas frescas; a mí cuando me hablan del temor de trabajar conmigo y qué sé yo cuánto me empiezo a poner mal.

Yo soy tan insegura como cualquier persona que comienza un trabajo»,jura la actriz que le puso el rostro a más de cuarenta películas, la única argentina que estuvo nominada a un Oscar fue en 1987 por su rol en Gaby, película con Liv Ullman y protagonista de La historia oficial, filme de Luis Puenzo que en 1986 se llevó el Osear a la mejor película extranjera, lo que sucedía por primera vez en la historia del cine argentino.

No obstante, a pesar de que muchas veces se cita dicho film de Luis Puenzo como uno de los trabajos más destacados de la actriz, no podemos eludir su imponente interpretación en roles protagónicos dentro de películas tales como “El hijo de la novia”, “Sol de otoño”, “Cien veces no debo”, “La tregua”, entre la larga lista, que al analizarla podemos comprobar que Norma es una verdadera actriz de raza.

Totalmente polifacética, a lo largo de su carrera, que aún no se detiene, Aleandro ha logrado trasladar su talento entre los más diversos personajes, pudiendo en cada uno concretar el principal sueño del actor: transmitir el mensaje y el sentimiento.

Es que Norma ha podido pasar del drama más profundo, al personaje cómico y ocurrente que nos roba sonrisa tras sonrisa.

En este sentido, en una oportunidad Norma Aleandro comentó: “He sido coherente con mi trabajo; lo he seleccionado siempre mucho.

Con el riesgo de pasarla muy mal económicamente, he hecho cosas que me parecían dignas, y de las indignas he tratado de no hacer nada. He respetado mi trabajo, mi vida y también la de los demás, y eso termina teniendo un peso”.

Considerada un verdadero ícono cultural de la Argentina, Norma Aleandro nació en Buenos Aires el 2 de mayo de 1936, en el seno de una familia de actores, siendo su padre Pedro Aleandro, y su madre María Luisa Robledo.

Posiblemente el entorno familiar haya influido fuertemente en la elección de su futuro, pero lo cierto es que quienes conocieron a Norma desde siempre aseguran que nació con la vocación de actriz, al igual que le sucedió a su hermana, conocida con el nombre artístico de María Vaner.

Su amor por la actuación y su talento innato no tardaron en brindarle la primera oportunidad de demostrar que había llegado a este mundo con una misión muy clara.

Así fue que con sólo 9 años de edad comenzó a incursionar en el teatro, obteniendo su primer papel en una obra que interpretó junto a sus padres en el recordado Teatro Smart.

A los nueve años, Normita hizo sus primeros papeles en teatro y enseguida se perfiló como una gran revelación.

«En general he hecho lo que he querido hacer», reflexiona tantos años después. Ya juzgar por otras anécdotas, así ha sido siempre.

Con tan sólo trece años se negó a una propuesta indecente que le hacían diferentes directores de cine: operarse la nariz.

«Estaba de moda porque en el cine americano todas las actrices tenían la nariz pequeña y respingada… Yo sabía que perdía muchísimos trabajos importantes pero jamás lo hubiera hecho; para mí era como sacarme un brazo», sonríe a la distancia.

Posteriormente, y a medida que los años pasaban, Norma iba perfeccionando su talento a través de una capacitación constante, incluso una vez que logró su consagración.

Es que como ella misma mencionó en una ocasión:

“Lo que sirve no son los años, sino las técnicas, para ayudar a crear con más libertad y menos angustia”.

Luego de aquel debut, años más tarde la joven actriz despertó el interés de la mayoría de los productores teatrales, quienes no dudaron que convertirla en protagonista de una gran cantidad de piezas clásicas y contemporáneas del teatro.

De esta forma llegó con su talento a las salas de importantes teatros nacionales.

El interés y cariño que Norma había logrado despertar en el público le permitió integrar el elenco de “Las dos carátulas”, que se emitía por Radio Nacional. Poco después llegaría su debut en la pantalla grande, siendo parte de la película “La muerte en las calles” de Leo Fleider, en 1957.

Aquel fue el comienzo de los más grandes éxitos populares de su vida, que la llevaron en 1985 a protagonizar la premiada “La Historia Oficial”, por la que la actriz ganó el premio del Festival de Cannes a la mejor actuación femenina.

También la televisión tendría un lugar para Norma, debutando en la pantalla chica en 1959, dentro del ciclo “Historias de jóvenes”.

En este ámbito, también participó en ficciones tales como “Romeo y Julieta”, “El amor tiene cara de mujer”, “Cuatro mujeres para Adán”, “La casa de los Medina”, “Alias Buen Mozo”, “Cosa juzgada”, “La mujer en la multitud”, entre otros. No obstante, a pesar de ser tan demandada, Aleandro siempre se hizo tiempo para su más grande amor: el teatro.

El exilio en 1976 la llevó a vivir en España, donde también desarrolló una intensa labor cinematográfica y teatral.

Al regresar al país, con la llegada de la democracia, todo volvió a su orden natural, y Norma continúo actuando.

Su consagración internacional por su labor en “La Historia Oficial”, le posibilitó convertirse en una de las pocas actrices argentinas requeridas para filmar en Hollywood.

Hasta el momento, Norma Aleandro ha filmado más de 40 películas, siempre acompañada por elencos de primer nivel, y aún continúa en carrera.

En una oportunidad, Norma reflexionó:

“La vida es una aventura donde te pasan cosas buenas, malas, regulares. Cómo manejarse en esas aguas es lo importante. Qué hacer en las tormentas, qué en la calma chicha.El asunto es cómo pilotear el barco. Pero todos estamos navegando”.

Norma parece una señora que rinde culto al hedonismo de las cosas simples, cuando su cerebro libera endorfinas de placer que se expresan en su boca, al sacudir enérgicamente el pelaje de su perra ovejera alemán, Lola.

O cuando resignifica el valor de una nube pasajera con exquisito aroma a cedrón.

«¿Sentís?.

Plantar todos estos árboles y verlos crecer es una de las más bellas peripecias», confiesa, y le agradece a la casa, su casa, que le dio esa posibilidad.

Ahora uno puede imaginarla en el living con techos de doble altura, descalza bailando en círculos con los brazos en alto, al son del sitar de Ravi Shankar, como suele hacer cuando nadie lave.

«El amor lo encontré en él, habla de Eduardo Le Poole, que sonríe desde una foto y hace muchos años que lo disfrutamos juntos», dice, y se sabe afortunada.

Es que según una frase que ahora rescata, encontrar pareja «es tan difícil como ir nadando por el océano y hallar una pulsera, que al pasar, encastre justo en la muñeca».

¿Y cómo es estar casada con un psicoanalista?

Mi marido es un médico terapeuta que utiliza las neurociencias.

Somos amigos hace cuarenta y pico de años, y pareja desde hace treinta y pico de años.

Bueno, en casa él no hace de terapeuta y yo tampoco hago de actriz.

Biografia de Angel Magaña: Grandes Artistas Argentinos

Biografía de Ángel Magaña: Grandes Artistas Argentinos – Cine Argentino

ángel magaña, actor argentino

Angel Magaña: Un esposo último modelo

Cuando su rostro se dibujó por primera vez en la pantalla gigante de los cines de barrio donde proyectaban la película “El caballo del pueblo” de Manuel Romero, allá por el año 1935, nadie imaginaba que aquel jovencito de tan sólo 20 años llegaría a convertirse en uno de los referentes más destacados de la época del cine de oro argentino.

Allí Angel Magaña era sólo un extra sin parlamento, que veía desde lejos a las grandes estrellas del séptimo arte nacional, como Olinda Bozán, Irma Córdoba, Enrique Serrano y Pedro Quartucci, que protagonizaban el mencionado largometraje. Pero el éxito a su vida no tardaría en llegar.

La vida de este grande del cine nacional comenzó el 24 de agosto de 1915, cuando llegó a este mundo en el seno de una familia trabajadora de Buenos Aires.

Como era habitual en aquella época, en los primeros años de su adolescencia Miguel veía truncados sus sueños de actor, debido a que tenía que enfrentar la responsabilidad de trabajar para ayudar económicamente a su familia. Sin embargo, él continuaría conservando sus sueños.

Fue a mediados de la década del treinta que comenzó a perfilar su vocación, cuando tuvo la oportunidad de participar como extra en el film “El caballo del pueblo” de Manuel Romero.

El dinero que ganó por su breve actuación, sin parlamento, no representó una ayuda importante para la familia, pero fue suficiente incentivo para que Angel deseara continuar su camino.

Pero lo mejor estaría por venir, ya que gracias a su aparición en la mencionada película, se generó un contacto que le serviría para actuar y demostrar su talento.

Según cuentan, el director Mario Soficci lo descubrió dentro del rodaje en el que Angel era extra, y decidió ofrecerle un papel en su próximo largometraje.

Así fue que Magaña obtuvo un pequeño papel, esta vez con parlamento, en la película “Cadetes de San Martín”, dirigida por Soficci, protagonizada por Enrique Muiño, y que fue estrenada en el año 1937.

A partir de aquel momento, poco a poco Angel vio cómo su figura cobraba cada vez más importancia en el terreno de la cinematografía nacional, esto dado por dos motivos fundamentales; por un lado, debido al talento indiscutible del actor; por otro lado a causa del interés que Magaña despertó en las espectadoras femeninas, que cada vez solicitaban más la intervención del actor en las películas del momento.

De esta forma, Angel Magaña se convirtió rápidamente en uno de los actores más taquilleros de la década del cuarenta.

Fue así que aquel muchacho que comenzó siendo un simple extra, se transformó en uno de los actores más importantes de la escena argentina. Su participación en películas del cine nacional fue a través de papeles disimiles, ya que su formación actoral era tan dúctil, que podía pasar de drama a la comedia, y viceversa, sin inconvenientes.

Así lo demostró, siendo protagonistas de destacadas piezas dramáticas, tales como “Kilómetro 111”, “Prisioneros de la tierra” y “La Guerra Gaucha”, como aquellas comedias románticas blancas como “Los ojos llenos de amor”, “Cosas de mujer” y “Esposa último modelo”, entre otras.

Dentro de su trayectoria cinematográfica, debemos destacar su participación en el film policial “No abras nunca esa puerta”, de Carlos Hugo Christensen, en la que Angel Magaña interpreta el personaje protagónico del episodio titulado “Alguien en el teléfono”.

Pero además del cine, Magaña llevó su talento a las tablas, destacándose como uno de los más importantes actores teatrales del momento, participando en obras tales como el clásico “Así es la vida”, junto a Luis Sandrini y Mecha Ortiz.

El amor por el teatro lo llevó también a dedicarse a la producción de espectáculos, fundando en la década del cincuenta la Compañía Teatral de Ángel Magaña y Nury Montsé.

Con la llegada de la televisión a la Argentina, como sucedía con la mayoría de los actores más importantes del ámbito cinematográfico de la época, Angel Magaña fue participe de la pantalla chica, conduciendo en la década del sesenta el programa “La boite de Angelito”, un ciclo dedicado a la difusión del tango que se emitía por Canal 9.

En esa misma señal televisiva, el actor protagonizó el ciclo “Los argentinos somos así ¿o no?”, con guiones de Rodolfo M. Tabeoda, que había debutado en radio convirtiéndose en un éxito.

Su filmografía se resume en un total de 49 películas, que son en realidad la representación de cada una de las épocas del séptimo arte en nuestro país, culminando con el film “Hotel de Señoritas” de Enrique Dawi en 1979.

Su familia había sido perfecta. Angel se había casado con la actriz Nury Montse, con quien tuvo dos hijas, una de ellas la famosa Julieta Magaña, que siguió los pasos de sus padres.

Pero a pesar de que su vida parecía ser todo lo que había soñado, la tragedia lo condujo a la desesperación y luego a la muerte.

Todo comenzó cuando su hija mayor se puso de novia con un productor de discos, el cual se cuenta que en realidad estaba enamorado de su hermana Julieta.

Al descubrir la verdad, la hija mayor de Angel cayó en una depresión tan grande que la llevó a la muerte.

Su padre, jamás pudo reponerse de aquel giro inesperado del destino, y finalmente falleció el 12 de noviembre de 1982, y actualmente su tumba, que se encuentra en el Cementerio de Olivos en el Gran Buenos Aires, es asiduamente visitada por quienes admiraron en vida a uno de los más grandes actores argentinos.

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