Grecia marítima

Filipo de Macedonia Guerra Con Atenas Batalla de Queronea Causas

Filipo de Macedonia Guerra Con Atenas Batalla de Queronea

Al Norte de Tesalia, detrás del Olimpo, se extiende una llanura mayor todavía que Tesalia, rodeada de montañas que no le dejan más que una salida al mar.

La recorren dos ríos bastante caudalosos que desembocan en el mar en terrenos pantanosos. Al oriente de esta llanura, al otro lado de una cadena de montañas abruptas, se extiende otra, por la que corre un río que los antiguos llamaban Estrimón.

mapa macedonia norte de grecia

Esta región formaba el reino de Macedonia, país continental, con una costa muy reducida y casi desprovista de puertos, país de trigo y de pastos, de aldeanos y de jinetes, como Tesalia.

Esta región formaba el reino de Macedonia, país continental, con una costa muy reducida y casi desprovista de puertos, país de trigo y de pastos, de aldeanos y de jinetes, como Tesalia. Los habitantes apenas se les consideraba helenos. Pero habían adoptado poco a poco los usos de los colonos griegos establecidos en la costa y hablaban una lengua griega.

FILIPO DE MACEDONIA: El año 359 a.C. subió al trono de Macedonia un rey de veintidós años, Filipo. Había pasado tres años en Tebas, a donde Pelópidas le había llevado en calidad de rehén, y allí había estudiado de cerca los ejércitos y la política de los griegos.

Como un griego, era aficionado a las cosas bellas, y como un macedonlo, tenía pasión, por la caza, los caballos y el vino.

Filipo II de Macedonia
Filipo II de Macedonia

En la guerra se hacía admirar por su sobriedad y su vigor, era excelente jinete, intrépido nadador, valiente en la pelea y sufrido en campaña.

En tiempo de paz encantaba por sus maneras afables y su conversación animada, gustando de los prolongados festines y de las conversaciones.

En cuanto subió al trono, trabajó en la organización de un buen ejército.

EJERCITO MACEDONIO: Fillpo formó su ejército, no con mercenarios, sino con sus subditos de Macedonia; la caballería con los nobles, la infantería con la masa del pueblo.

Los hombres más robustos formaban la falange. El rey les proporcionaba las armas. Todos iban equipados lo mismo, casco (kausia), coraza de cuero, escudo pequeño y redondo, espada corta y lanza de seis metros y medio de larga (la sarisa).

En el campo de batalla se colocaban en falange, es decir, en masa regular. -La falange macedónica tenía dieciséis filas de fondo, todas armadas con la sarisa.

Las seis primeras filas sostenían con ambas manos la lanza tendida en dirección del enemigo, de modo que el hombre de la primera fila tenía por delante seis lanza, la suya, que avanzaba seis metros, la del soldado de segunda fila, que le pasaba cinco metros, la del de la tercera, que pasaba cuatro, la del de la cuarta, que pasaba tres, la del de la quinta, dos, y la del de la sexta, uno.

Las últimas filas tenían la lanza derecha, apoyaban a sus compañeros y cubrían bajas.

En caso necesario, las ocho últimas filas hacían frente del lado opuesto, volviendo la espalda a sus compañeros. La falange presentaba entonces por todos lados una línea impenetrable. Se la comparaba con una bestia monstruosa, erizada de hierro, a la que no era posible aproximarse.

Era la falange una masa pesada, de movimientos lentos, que no podía maniobrar más que en terreno llano. Para movimientos rápidos, para acometer alturas, para escalar atrincheramientos, Filipo tenía infantes provistos de un escudo pequeño y armas ligeras.

Los reyes de Macedonia tenían ya una tropa de jinetes, nobles que vivían al lado del rey y formaban su escolta. Se les llamaba hetaires compañeros). Filipo organizó aquella caballería dando a todos las mismas armas, coraza metálica, jabalina y sable. Los hetaires formaban un cuerpo de 800 hombres.

Para sitiar las ciudades, Filipo tuvo cuidado de tener dispuestas máquinas de guerra, catapultas que podían lanzar grandes piedras y tizones encendidos, torres movibles para llegar a lo alto de las murallas.

soldados griegos

El ejército macedónico fue provisto de esta suerte de infantería pesada, de infantería ligera, de caballería y de la maquinaria de guerra más completa que se había visto en Grecia.

Formado al principio por 10.000 hombres solamente, aumentó a medida que Filipo se hizo más poderoso, hasta 30.000 hombres.

Era superior a los demás ejércitos griegos, no solamente por el número y la organización, sino también por la disciplina.

Los soldados griegos temían las largas marchas, no se ponían en campaña sino en primavera, con una cantidad de carros y una muchedumbre de sirvientes tal que llenaban el campamento y retrasaban las marchas.

Filipo obligaba a hacer a sus soldados, con armas y bagajes, marchas de más de 50 kilómetros diarios.

Les prohibía llevar vehículos, no les permitía más que un sirviente por cada diez hombres para los hoplitas, uno para cada jinete en la caballería. Los tenía también en campaña durante el Invierno.

RIVALIDAD ENTRE FILIPO Y LOS ATENIENSES
Atenas se había rehecho poco a poco de los desastres de la guerra del Peloponeso. Desde la caída de los Treinta tiranos, ya no había partido oligárquico enemigo de la constitución, ni más tentativas revolucionarias.

La Asamblea del pueblo gobernaba realmente el Estado, los magistrados eran gentes oscuras y de escasa valía que obedecían a la Asamblea más que la guiaban, y el pueblo desconfiaba de los generales cuya ambición temía y escuchaba con preferencia a los oradores.

Atenas había seguido siendo gran ciudad comercial, había renovado su flota guerrera y trataba de dominar a las ciudades griegas del mar Egeo. No se trataba de dominar a las ciudades griegas del mar Egeo.

No se trataba ya, como en otro tiempo, del Asia Menor, sino del Helesponto y de la Calcídica.

El principal comercio de Atenas era el del trigo. Los atenienses querían dominar el Helesponto, por donde venían los trigos del mar Negro, y la Calcídica, donde se hacía el comercio de Macedonia y la Tracia.

Habían ocupado la mayor parte de las ciudades de la Calcídica (364 a.C), luego el Quersoneso, que les aseguraba el camino del mar Negro (357 a.C).

Aquellas expediciones costaban caras, porque la guerra se hacía a la zazón con mercenarios y había que pagar soldados y marinos.

Atenas no tenía, como en otro tiempo, el tributo de los aliados, y para cubrir los gastos estableció un Impuesto permanente bastante considerable.

Cualquier guerra representaba, por tanto, para los atenienses un colmo de gastos. Se hallaban presos entre el deseo de mantener su dominación, necesaria para su comercio, y el temor de aumentar los impuestos.

La Asamblea dudaba, tan pronto demandaba la guerra como deseaba una política de paz y de economía.

Filipo trató en un principio de ser aliado de Atenas. Habiendo hecho prisioneros a algunos atenienses en un combate, les dio libertad y regalos y escribió al pueblo una carta amistosa.

Pero sus proyectos eran contrarios a los Intereses de Atenas.

Quería extender su reino hasta la costa, necesitaba ciudades griegas de la Calcídica, y Atenas quería conservarlas.

Comenzaron las desavenencias a propósito de la ciudad griega de Anfípolis.

Los habitantes no querían obedecer a Atenas, los atenienses pidieron a Filipo que les ayudara. Filipo aceptó, sitió a Anfípolis, se apoderó de ella y la conservó en su poder.

Luego se dirigió al territorio de las minas de oro del monte Pangeo, lo tomó para explotar las minas y fundó una ciudad fortificada que llamó Filipos (356 a.C). Estas minas le producían, dícese, 10.000 talentos anuales.

Irritados los atenienses le declararon la guerra. Pero las grandes ciudades mercantiles de Asia, aliadas de Atenas, Bizancio, Chíos, Rodas, se negaron a ayudarla.

Estaban cansadas de aquellas alianza que no les servía de nada desde que Esparta ya no era de temer.

Atenas envió una armada para impedir que se separasen. Fue derrotada, y, después de tres años de guerra, se vio obligada a hacer la paz (355 a.C), quedando deshecha la liga del año 377 a.C.

Los atenienses procesaron a sus generales. Perdieron la afición a la guerra, y por espacio de algunos años, sin hacer la paz formalmente, escucharon los consejos de los partidarios de ella y no enviaron más barcos.

demostenes

DEMÓSTENES: Entonces un orador, Demóstenes, trató de convencer a sus conciudadanos para que enérgicamente hicieran la guerra a Filipo.
Era aquel orador hijo de un ciudadano acomodado que poseía una fábrica de armas.

a, que ascendía a 14 talentos y de los que sólo le quedó uno. Pero aprendió el arte de hablar con Iseo, orador célebre, que hacía oraciones de defensa para los tribunales.

GUERRA SAGRADA: Durante más de diez años, Atenas guerreó contra Filipo en las costas de Macedonia sin hacer nada notable. Mientras tanto, los tebanos emprendieron una guerra que llegó a ser general.

Para vengarse de sus vecinos los tocios, ¡es acusaron ante el Consejo de los anflctiones, encargado del patronato del santuario de Apolo en Delfos, de haber labrado un campo sagrado. El Consejo de los anflctiones estaba dominado por los tebanos y condenó a los focidios a pagar fuerte multa (356 a.C).

Un noble focidio, Filomelos, persuadió a sus conciudadanos de que sería vergonzoso someterse a tan injusta sentencia.

Citó un verso de Homero que probaba que los focidios habían tenido en otro tiempo la guarda de «la rocosa Pytho», es decir, del santuario de Delfos, y les indujo a recuperarla. Los focidios le nombraron general y se negaron a pagar la multa.

Filómelos fue a Esparta, se entendió con el rey Arquidamos, recibió 15 talentos y volvió a la Fócida. Allí alistó soldados y se apoderó de Delfos.

Mató a los guardianes del templo e hizo borrar de las actas el decreto contra los focidios.

Rodeó el templo con una muralla y envió a decir a todas las ciudades griegas que los focidios reclamaban solamente la custodia del templo.

El Consejo de los anfictiones decretó la guerra contra los sacrilegos y se la llamó guerra sagrada. Casi todos los pueblos griegos se unieron contra los focidios, excepto Esparta que les envió 1.000 hombres, y Atenas que mandó salir a su flota para auxiliarles.

Para luchar contra aquella liga, los focidios se decidieron a tomar el dinero de Apolo depositado en el templo de Delfos, y de él se sirvieron para alistar un ejército de 10.000 soldados.

Fócida es una región de la Grecia Central que se corresponde con una región histórica de la Antigua Grecia que incluía la ciudad de Delfos y que se situaba entre la Lócrida, la Dórida y la Beocia

Entonces comenzó una lucha salvaje, en que se degollaba a los prisioneros como sacrilegos, y después de los combates, los vencedores, contra lo que se acostumbrara entre los griegos, se negaban a entregar los muertos para enterrarlos.

Los focidios rechazaron a los locrios y a los tesalios, pero los beocios Invadieron la comarca. Filomelos, para no caer vivo en sua manos, se arrojó desde lo alto de una roca del Parnaso y se mató (354 a.C).

Onomarcos, que fue su sustituto, se apoderó de lo que quedaba de los tesoros de Delfos y con ello hizo monedas de plata. Pudo comprar aliados en las ciudades griegas y rehizo un ejército que condujo a Beocia.

Los anfictiones pidieron auxilio a Filipo de Macedonia. Onomarcos fue a su encuentro en Tesalia y le rechazó.

Pero volvió Filipo con 20.000 infantes y 3.000 jinetes. Sus soldados entraron en batalla con una corona de laurel en el casco, indicando que combatían en favor de Apolo.

Aquella vez el ejército focidio fue derrotado. Seis mil hombres perecieron, 3.000 quedaron prisioneros y fueron arrojados al mar como sacrilegos.

El cadáver de Onomarcos fue crucificado (352 a.C).

Quiso Filipo aprovechar la ocasión para apoderarse de las Termopilas, pero Atenas envió en su flota 4.000 hoplitas que se establecieron en el desfiladero, y ello bastó para que el macedonio retrocediera (352 a.C).

FILIPO ENTRA EN EL CONSEJO DE LOS ANFICTIONES: Había en Atenas un partido numeroso que deseaba la paz, y en este partido figuraban hombres de talento, oradores, Eubulo, Esquines, Demades, Isócrates, y un general, Foción Isócrates había compuesto un discurso acerca de la paz.

Le afligía ver pelearse a los griegos en vez de unirse contra los bárbaros. Habría deseado que el rey de Macedonia, el más poderoso de los griegos, se pusiera al frente de una liga de todos los helenos para combatir al rey de Persla.

Foción, a la vez general y orador, respetado por su probidad y su vida austera, juzgaba la situación como hombre práctico.

Creía que Atenas no era bastante fuerte para luchar contra Filipo y que se exponía Inútilmente declarándose enemiga del macedonio. «Atenienses, decía, os aconsejaré hacer la guerra cuando estéis en disposición de hacerla».

El principal adversario de Demóstenes en la Asamblea era otro orador, Esquines. Era de rancio abolengo pero estaba arruinado. Su padre había servido como soldado.

El mismo, en su juventud, fue escribano, copista y actor. Luego llegó a ser uno de los oradores más influyentes de Atenas. Sus enemigos le acusaban de haberse dejado corromper por Filipo. Poseía fincas en Macedonia, diciéndose que el rey se las había regalado.

Después de la ruina de Olinto, los atenienses, Inquietos, enviaron una embajada de diez ciudadanos a Filipo.

Entre ellos iban Demóstenes y Esquines. Entonces se indispusieron y se acusaron mutuamente de haber traicionado los intereses de la patria.

Filipo recibió graciosamente a los enviados, y hasta se decía que les hizo ricos presentes. Se declaró dispuesto a concertar la paz. La Asamblea ateniense aceptó sus proposiciones y la paz fue concertada.

La guerra de Fócida seguía siempre. Con los objetos de oro y plata consagrados a Apolo en el templo de Delfos, los focidios habían alistado nuevo ejército de mercenarios.

Tebas llamó contra ellos a Filipo, que llegó con su ejército. El general focidio no intentó combatir, sino que capituló con 8.000 soldados, a condición de poder retirarse libremente.

Filipo pasó las Termopilas y reunió el Consejo de los anfictiones, que sentenció que las 22 ciudades de Focidia habían de ser destruidas, los focidios no tendrían derecho a habitar más que en aldeas, sus ejércitos serían licenciados y sus caballos vendidos, y que pagarían cada año 50 talentos al templo de Delfos.

Los dos votos que los focidios tenían hasta entonces en el Consejo se les quitaron y se dieron al rey de Macedonia (346 a.C). Filipo presidió ese año los juegos Píticos, en Delfos.

BATALLA DE QUERONEA
Filipo siguió conquistando las costas de Tracia y de Tesalia que tocaban a su reino. Llegó así hasta ei mar Negro.

Mientras tanto, Demóstenes iba por todos lados en embajada, buscando enemigos contra Filipo. Logró la alianza de las grandes ciudades mercantiles: Blzancio, Chíos, Rodas. El pueblo, agradecido, le concedió una corona de oro.

Filipo puso entonces sitio a Bizancio. Los atenienses enviaron 120 naves en auxilio de la ciudad (340 a.C.) Filipo hubo de levantar el cerco y regresó a Macedonia (339 a.C).

Pero otra guerra sagrada le proporcionó ocasión de volver a Grecia. Las gentes de Anflsa se preparaban a acusar ante los anfictiones al pueblo de Atenas. Esquines, delegado de Atenas en aquel consejo religioso, respondió acusando a los de Anfisa de haber cultivado un campo consagrado a Apolo y les hizo declarar la guerra.

Los anfictiones nombraron a Filipo general en jefe. Filipo entró en la Fócida, como para marchar sobre Anfisa, y luego, volviéndose bruscamente, se estableció en Elatea, en lo alto del valle del Ceflso. Desde allí dominaba el camino de Tebas (339 a.C).

Llegó la noticia al oscurecer a Atenas. Inmediatamente se encendieron hogueras en el Acrópolis para avisar a las gentes del campo, y los heraldos recorrieron las calles tocando la trompeta.

Al despuntar el día, la Asamblea se reunió en el Pnyx. Los magistrados mandaron referir la toma de Elatea. Luego el heraldo, según costumbre, pronunció las palabras de ritual: «¿Quien quiere tomar la palabra? » Todos los asistentes callaban.

Demóstenes subió a la tribuna y propuso ir contra Filipo. La Asamblea aprovó y votó el decreto que el orador habría redactado. Se decidió que todos los ciudadanos se armasen y ofrecer a los tebanos la alianza para contener a Filipo.

Demóstenes fue enviado a Tebas. Allí encontró a los enviados de Felipo, que ofrecía a los tebanos repartirse el botín si querían dejarle pasar.

Fue tan elocuente que decidió a los tebanos a aliarse con los de Atenas, pero hubo que prometerles el mando en jefe del ejército aliado y la dominación de Beoda. Los ejércitos de Atenas y de Tebas se reunieron y Filipo se detuvo.

Pero, al año siguiente, habiendo destacado los aliados 10.000 hombres sobre Anfisa, Filipo los sorprendió en los desfiladeros de la montaña, cayó sobre Anfisa, la tomó y destruyó, «odavía ofreció la paz, que Foción quería fuese aceptada. Demóstenes le dijo: «Ten cuidado, no se enfaden los atenienses».

Foción respondió: «Ten cuidado tú, si recobran el juicio».

Los atenienses escucharon a Demóstenes y le concedieron una corona.
De pronto Filipo, valiéndose de una estratagema, descendió a las llanuras de Beoda. Los aliados fueron a su encuentro y se peleó cerca de Queronea.

Filipo tenía 30.000 infantes y 2.000 jinetes, el ejército de los aliados era al menos igual en número. Los atenienses formaban el ala izquierda, los tebanos el ala derecha.

En el centro se había puesto a los mercenarios. El hijo de Filipo, Alejandro, estaba frente a los tebanos, Filipo frente a los atenienses. Alejandro atacó a los tebanos y los derrotó, el batallón sagrado se hizo matar en su puesto. Los atenienses, vencedores al principio, se desbandaron persiguiendo al enemigo.

Filipo los sorprendió en aquel momento, 1.000 fueron muertos, 2.000 hechos prisioneros, los demás huyeron. Entre los fugitivos estaba Demóstenes, que servía como hoplita a pesar de sus cuarenta y ocho años (338 a.C).

En el campo de batalla se erigió un león de piedra para recordar el valor de los guerreros caídos en la derrota y Demóstenes fue encargado de pronunciar la oración fúnebre de los soldados atenienses.

FILIPO GENERAL EN JEFE OE LOS GRIEGOS: La noche de la batalla de Queronea, Filipo ofreció un sacrificio gratulatorio a los dioses, y en el banquete que vino después, se embriagó.

Llegó, dícese, con la cabeza coronada de flores, donde estaban los prisioneros para burlarse de ellos.

El orador ateniense Demades se encontraba entre ellos: » ¡Y bien, dijo a Filipo, la fortuna te ha dado el papel de Agamenón y desempeñas el de Tersito! » (Agamenón, en la Ufada, es el jefe de los griegos.

Tersito es un bufón por todos despreciado). El rey se avergonzó y tiró al suelo las coronas.

Filipo se condujo generosamente con los atenienses, a los que siempre había estimado. Dio libertad a todos los prisioneros sin rescate y hasta les dio ropas. Mandó recoger las cenizas de los muertos y las envió a Atenas con una embajada que iba a ofrecer la paz.

Las condiciones eran mejores de las que se hubiera podido esperar. No quitaba a Atenas más que el Quersoneso, le dejaba sus restantes posesiones y le daba Oropos, que quitaba a los tebanos. Atenas seguía siendo independiente y quedaba como aliada de Filipo.

La Asamblea aceptó la proposición con alegría. Para dar fe de su agradecimiento, dio a Filipo el título de ciudadano de Atenas y decidió colocar su estatua en la plaza del Mercado con la inscripción: «Al bienhechor de la patria».

Filipo fue más duro para Tebas. No le entregó sus prisioneros sino mediante rescate, le quitó su dominio sobre las demás ciudades de Beocia, la obligó a recibir una guarnición macedonia en la cludadela (la Cadmea) y a llamar a los desterrados.

Aquellos desterrados, al volver, se apoderaron del gobierno y se vengaron condenando a muerte a los jefes del partido vencido.

Ya no detenía nada a Filipo, que entró en el Peloponeso. Sus aliadas. Argos Mesena, la Arcadia, le recibieron con alegría. Llegó hasta la Laconia, saqueó el país y quitó a Esparta todos los territorios que había conquistado en otro tiempo.

En honor a Filipo se edificó en Olimpia un monumento en forma de rotonda, el Fillipelón, en el que se colocó su estatua hecho de oro y marfil.

Filipo convocó en Corinto a los enviados de las ciudades griegas. Todas enviaron representantes, excepto Esparta.

Se concertó una alianza entre todos los helenos y el rey de Macedonia, Todas las ciudades griegas habían de permanecer autónomas, todas tenían derecho a navegar por los mares.

Se reunirían en Corinto para la resolución de los asuntos comunes y el Consejo de los anfictiones resolvería las competencias.

Se decidió que los aliados harían en común la guerra contra los persas, que en la época de las guerras médicas habían violado los santuarios griegos. Filipo fue nombrado general en jefe de los helenos.

La hegemonía, disputada entre Esparta, Atenas y Tebas, había pasado al rey de Macedonia. El Iba a reanudar las guerras médicas.

MUERTE DE FILIPO:  Filipo había situado guarniciones en los puestos importantes, en Tebas, en Calcis, en Corinto. Volvió a Macedonia para preparar su expedición a Asia.

Estaban los preparativos casi terminados y Filipo daba grandes fiestas para celebrar el matrimonio de su hija Cleopatra con su cuñado el rey de Epiro.

Una mañana, después de un gran banquete, la multitud se reunió en el teatro.

Desde el amanecer, se vieron avanzar en procesión las estatuas de los doce grandes dioses sentados en tronos magníficamente adornados. Seguía una décima tercera estatua, la de Filipo, igualmente en un trono. Llegó el mismo Filipo vestido de blanco.

Entonces un asesino, oculto en los pasillos con una espada bajo las ropas, se arrojó sobre él, le hirió entre los costados y le dio muerte. No tenía más que cuarenta y siete años:
El asesino era un macedonio noble y joven, Pausanias, que había sido insultado por Átalo, suegro del rey, y no había podido obtener justicia de Filipo (336 a.C).

Los Arcontes y el Areopago en Atenas Funciones

Los Arcontes y el Areopago en Atenas

LOS ARCONTES: En un principio los atenienses fueron gobernados por reyes y más tarde tuvieron una lista de aquéllos reyes antiguos, pero varios de los nombres que contiene son probablemente imaginarios, y acerca de ninguno de ellos se sabe nada cierto.

La leyenda más célebre es la de Codro, inventada muchos siglos después.

Dice así: Los dorios, que habían conquistado el Peloponeso, invadieron el Ática. El oráculo les dijo que si mataban al rey de Atenas serían probablemente vencidos, y por ello se dio orden a los guerreros de que cuidasen mucho de no herirle.

El rey Codro resolvió sacrificar su vida para salvar la patria. Se disfrazó de aldeano y, con una guadaña al hombro, se presentó ante un puesto de guerreros dorios que no pudieron conocerle.

Disputó con ellos, hirió a uno con la guadaña y se dejó matar. Pronto supieron los dorios a quién habían matado y renunciaron a la conquista de Atenas.

A partir de una época desconocida, los reyes de Atenas dejaron de ostentar este título y se llamaron arcontes.

Luego los arcontes no gobernaron más que durante diez años.

Más tarde las familias principales exigieron la participación en el poder con la familia real. Por último, a partir del año 682 a.C, se resolvió que habría a la vez nueve gobernadores o arcontes, que dejarían el cargo al cabo de un año solamente para ceder el puesto a otros.

Procedían siempre los arcontes de las familias nobles que se llamaban eupátridas o bien nacidos. Habían de regir los asuntos públicos y se los repartían del modo siguiente:

El primer arconte era llamado epónimo, porque daba su nombre al año.

Presidía el Gobierno y el Consejo y representaba a la ciudad. El arconte-rey tenía a su cargo las ceremonias religiosas, los sacrificios que celebraban los antiguos reyes y que sólo un rey podía celebrar.

El polemarca estaba encargado de los asuntos guerreros. Los otros seis arcontes, llamados tesmotetes, presidían los tribunales.

Se cree que los arcontes habían de gobernar de acuerdo con un Consejo formado por nobles, pero no sabemos cómo funcionaba aquel Gobierno.

EL AREOPAGO

Sobre una colina llamada el Areópago, frente a la Acrópolis, se alzaba un viejo santuario muy venerado. Allí se reunía el Consejo encargado de juzgar a las personas acusadas de asesinato. Se le llamaba «Consejo del Areópago».

El arconte-rey presidía. Abría la sesión inmolando un toro, una cabra y un cordero. Los jueces se sentaban ai aire libre.

cima del areopago
Colina del areopago en la actualidad

El acusado y el acusador se mantenían de pie, cada uno en una de las dos grandes piedras consagradas. Asistían a un sacrificio y juraban decir verdad, declarando que si mentían consentirían morir ellos y toda su familia.

Cuando habían concluido de hablar, los jueces cogían una piedra de encima del altar y la depositaban en una de las dos urnas.

Eran precisos juicios semejantes para todos los casos en que se había derramado sangre, porque se pensaba que los dioses se sentirían irritados con el pueblo si el asesinato no era expiado.

Pero los jueces se reunían en cuatro sitios diferentes, según el caso:

En el Paladión, cuando el asesinato no era premeditado;
En el Delfinion, cuando el asesino declaraba haber tenido derecho a herir;
En el Freato, cerca del mar, cuando el asesino estaba desterrado y no tenía derecho a poner el pie en el suelo del Ática.

El acusado no salía entonces de una barca y hablaba a los jueces colocados en la orilla.

En el Pritaneo, cuando se trataba de un objeto que había causado la muerte de un hombre. Si una pidra o una viga había matado a alguien al caer, era juzgada y condenada a ser arrojada por encima de la frontera del Ática.

Contaban que el Areópago había sido instituido por los dioses del modo siguiente:

El hijo de Agamenón, Orestes, había matado a su madre para vengar a su padre.

Inmediatamente se habían lanzado a perseguirle las diosas encargadas de castigar a los criminales, las Erinnias de terrible rostro, de cabellera de serpientes, armadas con látigos y que lanzaban salvajes gritos. Orestes, loco de terror, se había refugiado en el santuario de Apolo.

El dios le había tomado bajo su protección y había ofrecido a las Erinnias hacerle juzgar. Formaron el tribunal los notables de Atenas y se reunieron en el Areópago, presididos por la diosa Atenea.

No atreviéndose los jueces a decidirse, votaron la mitad en favor de Orestes, la mitad en contra, y Atenea decidió el empate votando en favor de Orestes.

Para calmar a las Erinnias, descontentas de haber perdido su presa, los atenienses establecieron en su honor un santuario y sacrificios, y, en lo sucesivo, las llamaron Euménides (buenas diosas).

Epoca Arcaica Vida y Costumbres en Grecia Antigua

Epoca Arcaica Vida y Costumbres de los Griegos

COSTUMBRES DE LOS GRIEGOS EN TIEMPO DE HOMERO: Las aventuras de los héroes griegos, Aquiles, Agamenón, Ulises, referidas en los poemas homéricos, son leyendas, y no tenemos medio alguno de comprobar la parte de verdad que pueda haber en estos relatos.

Pero la iliada y la Odisea nos permiten al menos ver cómo vivían los griegos de los tiempos antiguos.

Los griegos vivían en casas muy sencillas, algunas aisladas en el campo, la mayor parte agrupadas de modo que formaban pequeñas ciudades rodeadas de murallas.

vida en grecia

Aun en estas ciudades, no había nada masque propietarios o labradores. Poseían en los alrededores campos que eran labrados con arados pequeños y sin ruedas, y sembraban trigo y cebada. Tenían también viñas que les daban un vino muy rico en alcohol.

En las praderas y en los pastos de las montañas pacían grandes rebaños de bueyes, de carneros, de cabras, guardados por pastores que dormían al aire libre.

En aquel tiempo el propietario más importante de la comarca era el rey. El conducía el pueblo a la guerra y presidía las asambleas.

Se le respetaba como a personaje sagrado y era obedecido, porque se pensaba que descendía de un héroe y que Zeus mismo le había trasmitido su poder. Pero había otros grandes propietarios, los príncipes, que eran casi tan respetados como el rey.

Cuando había que tomar una resolución que interesaba al pueblo, el rey invitaba a los príncipes a un banquete. Se comía y se bebía, luego se deliberaba.

Después de esto, el rey mandaba convocar a los habitantes en la plaza pública. Se presentaba en persona, llevando en la mano un bastón encorvado, el cetro.

Explicaba a la asamblea lo que se había resuelto. Uno de los príncipes tomaba la palabra, y el heraldo le pasaba entonces el cetro. Los asistentes aprobaban con aclamaciones. Si lo decidido no les parecía bien, permanecían silenciosos.

Los príncipes se reunían asimismo para sentenciar las causas. Se sentaban en piedras pulimentadas colocadas en círculo, el rey presidía el tribunal y dictaba sentencia.

La vida de aquellos reyes y de aquellos príncipes era muy sencilla. Iban vestidos con larga túnica de lino y un gran trozo de tela de lana puesto en forma de manto.

Calzaban sandalias y comunmente llevaban la cabeza descubierta. Sus mujeres no llevaban más que larga túnica de lana o de hilo, sostenida por ancho cinturón y, a veces, un velo de tela fina a la cabeza.

El palacio de un rey como Ulises se componía de edificaciones dispuestas alrededor de una especie de patio de casa de labor en que había montones de estiércol.

Frente a la puerta de entrada, al otro lado del patio, estaba la casa principal que servía de punto de reunión. El centro de la sala estaba ocupado por el hogar donde ardía un fuego que jamás se dejaba extinguir.

No había chimenea y el humo se escapaba por el techo. No había ventanas y la luz entraba por aberturas dispuestas en lo alto. De noche, la sata no estaba alumbrada más que por la llama del hogar o por receptáculos llenos de madera resinosa.

A guisa de antorchas, no se usaban más que pedazos de esta misma madera, que dan una llama vacilante acompañada de humo espeso. Las otras habitaciones no eran más que celdas mal iluminadas, casi sin muebles, sólo utilizadas para dormir.

Las mujeres vivían en departamentos completamente separados, donde los hombres no entraban. La esposa del rey pasaba los días rodeada de sus sirvientes, cuya principal ocupación era hilar la lana y tejer las telas con que se hacían los vestidos.

Ella misma se ocupaba en tejer y bordar. La Odisea representa a Nausicáa, la hija del rey de los feacios, yendo al río a lavar la ropa de la casa. Los reyes y los príncipes se dedicaban también a labores manuales.

Ulises se había hecho su cama, y, al volver, halla a su padre Laertes vestido con túnica remendada y polainas, a la cabeza un gorro viejo de piel, ocupado en sacar el cepellón de un árbol.

Las fiestas más =;andes eran los banquetes. Aquel día el rey degollaba, ante el altar de un dios, bueyes o carneros. Se ponían aparte las entrañas, la grasa y los huesos que en honor del dios se consumían en el ara. Se asaba la carne con sal, y luego los invitados se sentaban.

Llevábanles pan, queso y trozos de carne que comían sirviéndose de las manos, y se les daba para beber una mezcla de agua y vino preparada en grandes vasos.

Pan y carne, en esto consistían las comidas de los reyes. La familia era a modo de un pequeño reino en que el padre era dueño.

El varón que quería casarse se dirigía al padre de la joven elegida y le ofrecía a cambio de su hija cierto número de bueyes. La moneda no existía aún, en lugar de dinero, se daban cabezas de ganado.

El padre era el encargado de resolver, la hija no tenía derecho a negarse. Cuando los dos hombres se habían puesto de acuerdo, se celebraba el casamiento. El marido venía con lucido cortejo a buscar a su mujer a casa del padre y la llevaba a la suya.

La mujer casada era dueña en la casa, ocupaba en la sala principal un asiente alto al lado del de su marido.

Dirigía a las sirvientas y les distribuía el trabajo. Pero había de obedecer y mantenerse en su puesto.

En la Odisea, cuando Penélope quiere manifestar su opinión, su hijo Telémaco le dice: «Vuelve a tus habitaciones, ocúpate de las labores, del huso, de la tela, haz que tus sirvientas terminen su trabajo, porque esas son las ocupaciones que convienen a las mujeres».

Las jóvenes permanecían en casa al lado de sus madres. No obstante, no estaban encerradas y podían salir y llevar el rostro tapado con el velo.

La iliada cuenta prolijamente los combates habidos bajo los muros de Troya. Se ve cómo iban armados los guerreros griegos y cómo combatían.

Cada individuo se equipaba a sus expensas como le parecía. Los más ricos tenían caballo o carro de guerra, los demás combatían a pie.

El guerrero griego trataba de preservarse todo lo posible de las heridas. Para defender la cabeza llevaba casco de bronce que le tapaba la frente, las sienes, los carrillos, de modo que no dejaba al descubierto más que los ojos y la barbilla.

El casco se sujetaba debajo de la barbilla con una correa.Coronábalo la cimera que flotaba al viento y tenía por objeto asustar al enemigo. Para defender las piernas, el guerrero llevaba largas perñeras guarnecidas de metal, que llegaban desde la rodilla al tobillo.

Para protección del cuerpo, cubríase con una coraza hecha con dos láminas de bronce, una a la espalda, otra sobre el pecho, tan amplia que podía meterse todo el cuerpo dentro para evitar una herida, tan larga que cubría el vientre, tan rígida que era preciso ponerse las perneras antes de revestirla, porque después hubiera sido imposible bajarse.

Y para parai los golpes, el guerrero disponía de un escudo hecho con varias pieles de buey muy apretadas y guarnecidas de bronce, con una correa para echárselo al hombro y una abrazadera para tenerlo en la mano durante el combate. Había escudos de dos tamaños, alcanzando los mayores desde la barbilla al tobillo.

La mayor parte de los guerreros iban armados con espada y lanza. La espada era de bronce, bastante larga, de dos filos.

Se sujetaba al lado izquierdo con una correa suspendida del hombro derecho. La lanza era de madera de fresno, terminada por un lado en una punta de bronce para herir al enemigo y por el lado del mango en otra punta que servía para clavarla en tierra. Era muy larga, a veces tenía cinco metros.

Los reyes y los jefes tenían armas más fuertes que los demás. Por lo común iban hacia el lugar del combate en carro guiado por un cochero. Este carro, muy ligero, de dos ruedas, era tirado por dos caballos atalajados con correas.

Unas veces combatía el jefe desde el carro, otras se bajaba para combatir a pie con otro jefe. En ocasiones, antes de combatir, se injuriaban.

Con frecuencia, cuando uno de los jefes había resultado muerto, sus guerreros huían, y el jefe vencedor se lanzaba a perseguirlos en su carro, degollando a los que alcanzaba.

Por lo demás se combatía desordenadamente, sin dirección, cada uno de por sí.

Fuente Consultada: Tomo I Historia Antigua – Enciclopedia Historia Universal ILustrada de Charles Seignobos – Editorial Publinter Bs.As.

Biografia Hieron II de Siracusa

Biografia Hieron II de Siracusa

La figura de Hierón II, uno de los últimos tiranos de Siracusa, se sitúa en uno de los momentos más importantes de la historia de Sicilia y de la pugna general entre los pueblos itálicos y los africanos u orientales por el dominio de las aguas del Mediterráneo.

Cabe recordar aquí los hechos de su homónimo y predecesor en el gobierno de Siracusa, Hierón I (478-467), el cual, aprovechando el famoso triunfo obtenido por su hermano Gelón sobre los cartagineses en Himera (480), logró restaurar el poder de Siracusa, salvar a los griegos de la Campania de la amenaza etrusca y acabar con la hegemonía de Etruria en aguas del Mediterráneo (batalla de Cumas, 474).

hieron de siracusa

Pero así como Hierón I representa un instante álgido de la vida de la Magna Grecia, Hierón II vive en una época de decadencia y transición, en un puente tendido desde la amenaza de ocupación cartaginesa de la isla a la efectiva incorporación de Sicilia al Estado romano.

Es el hombre de la primera guerra púnica, el contemporáneo de la lucha entre Roma y Cártago por la isla del trigo.

Hijo ilegítimo de un aristócrata siracusano, denominado Hierocles, quien se reputaba descendiente del vencedor de Himera, Hierón demostró muy pronto sus excepcionales dotes de organizador y guerrero.

Todavía en plena juventud, pues acababa de cumplir veinte años, mereció la confianza del pueblo y del ejército siracusano, quienes lo elevaron a la dignidad de comandante en jefe de aquellas armas (275).

En efecto, habíase distinguido sirviendo a las órdenes de Pirro de Epiro, cuando este caudillo pasó a Sicilia para reclamar la herencia de su suegro Agatocles, tirano de Siracusa, asesinado en 289.

Las campañas de Pirro en Sicilia (279-276) habíanse caracterizado por los rasgos habituales en el epirota: grandes victorias sin resultados prácticos. Al abandonar la isla, Pirro dejaba desamparados a los de Siracusa, en particular frente a los mamertinos de Sicilia, sus odiados rivales.

En tan apurado trance, Hierón reveló sus altas dotes militares. Al cabo de algunas operaciones, conducidas con mano maestra, el joven general siracusano logró deshacer a los ma-mertinos en la disputada batalla de Mylae (271).

Este triunfo le habría proporcionado la conquista de Mesina, si los cartagineses no se hubieran opuesto al excesivo engrandecimiento de Siracusa. No obstante, el éxito fue recompensado debidamente, ya que el pueblo siracusano confirió a Hierón el título de rey.

Desde entonces gobernó con generosidad, tacto y suma prudencia, a pesar de las dificultades y complicaciones de la situación internacional. Roma acababa de conquistar Tarento (272) y se aproximaba a Sicilia con la ocupación de Reggio.

Los cartagineses contra-restaban la ofensiva romana apoderándose de la ciudadela de Mesina, llave de la isla frente a Italia. Esto bastaba para provocar la lucha entre el elefante romano y la ballena cartaginesa, cuyos antagonismos procedían de una discrepancia secular en el Mediterráneo.

En la primera fase de la contienda, que se inició en 264, Hierón fue aliado de los cartagineses, sus amigos recientes, a causa de la mutua animadversión contra los mamertinos de Sicilia. Sus tropas participaron en el asedio de Mesina, que fue levantado por el cónsul Apio Claudio.

Entonces, Hierón tuvo que refugiarse en Siracusa, en donde tomó la resolución de abandonar la causa de Cartago por la de Roma. Su sagacidad política no le engañaba en la previsión de quién sería el futuro vencedor.

Así pues, firmó un tratado de alianza con Roma, por el que esta potencia le reservaba su dominio en el ángulo sudoriental de Sicilia y en la costa oriental hasta Tauromenio (263).

Desde entonces fue un fiel aliado de Roma, a cuyos ejércitos ayudó con material y abastecimientos. En la paz de 241, que confirmaba la victoria obtenida por Roma en la primera guerra púnica, se hacía constar explícitamente que los cartagineses no harían la guerra a Hierón y que respetarían las posesiones del reino siracusano.

Hasta su muerte, Hierón rigió pacíficamente los destinos de Siracusa. Dio a sus Estados gran prosperidad material, que ha sido cantada por el gran poeta Teócrito.

Reforzó la marina de guerra e impulsó los trabajos de Arquímedes para la construcción de aparatos y reductos defensivos. ¿Temía una próxima agresión de Roma? . No es probable, aunque después de su muerte, acaecida en 216, las imprudencias de sus sucesores la hicieron inevitable. Siracusa cayó en poder de Roma en 212, después de un asedio memorable.

fuente

OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia de Juan Knox
Biografia de Lutero
Biografia de Calvino
Biografia de Pirro de Piro
Biografia de Epicuro
Biografia de Aristofanes
Biografia de Tucidides
Biografia de Juliano El Apostata

Resumen Historia de Grecia Antigua Periodos Historicos Los Griegos

Resumen de Historia de Grecia Antigua

Introducción: Desde el neolítico, la península griega está culturalmente ligada a las islas del Egeo y las costas occidentales de Asia Menor. Sus numerosos puertos naturales a lo largo de las costas y la gran cantidad de islas cercanas han contribuido al desarrollo de una civilización marítima homogénea. Pero su homogeneidad cultural no implicaba la política.  Los sistemas montañosos y los profundos valles dividieron la península en pequeñas unidades políticas y económicas, ligeramente mayores en extensión que una ciudad y su territorio circundante. Para una información más detallada sobre estas ciudades-estado, Atenas; Corinto; Esparta; Tebas.

Resultado de imagen para historiaybiografias.com grecia

Prehistoria: Las planicies fértiles y lo valles regados por el Tigris y el Eúfrates (la media luna fértil) constituían en la antigüedad la región con el mayor potencial agrícola junto con los del Indo y los del Nilo.

Los restos arqueológicos indican que algunos primitivos pueblos del Mediterráneo, estrechamente ligados a las culturas del norte de África, habitaron las regiones meridionales del Egeo hasta bien entrado el periodo neolítico, antes del 4000 a. C. Estas pruebas muestran la evolución cultural desde la edad de piedra hasta la edad del bronce, que en Grecia empezó en el 3000 a. C.

Las primeras comunidades agrícolas del mundo se desarrollaron ahí: En Jericó se cultivaron cereales desde el 8000 a. C. Sin embargo, era una tierra que mantenía un delicado y frágil equilibrio necesitando una defensa constante, tanto de la naturaleza como de los predadores humanos del desierto por el Oeste y de las montañas a Norte y al Este.

A diferencia de las crecidas regulares y benévolas del Nilo, el flujo de estos ríos gemelos al subir por los montes Tauro al Este era irregular he imprescindible, con lo cual se producían casi condiciones de sequía un año y al otro violentas y destructivas inundaciones. Para tener algún tipo de control se necesitan diques, canales y una organización más compleja. Fue enfrentando estos desafíos como evolucionaron muchos de los logros más significativos de los inicios de la civilización.

A principios del III milenio a. C., la denominada civilización del Egeo evolucionó hasta niveles extremadamente altos. La civilización de la edad del bronce en el Egeo se dividía en dos culturas, cada una de ellas con sus propias etapas y subdivisiones cronológicas. Una, la civilización de Creta o minoica, ubicada en el centro de la isla de Creta, a sólo 660 Km al noroeste de Egipto y directamente relacionada con las rutas marinas hacia los antiguos países del Oriente Próximo.

La otra civilización, la Heládica (micénica, en su periodo más reciente), florecía al mismo tiempo en la porción continental de Grecia, concretamente en el Peloponeso. Sus grandes centros estaban en Micenas, Tirinto (cerca del actual Návplion) y Pilos. La cultura y el comercio cretense dominaron el Mediterráneo hasta después del año 1500 a. C., cuando Micenas tomó el relevo.

La cultura griega tiene sus orígenes en la civilización cretense, cuyos principios se remontan al tercer milenio a. C. los cretenses fueron los primeros en recorrer el Mediterráneo y llegaron a tener una flota poderosa, comerciaron con otros pueblos ubicados en tierras de los actuales países de Italia y España, produjeron vino, aceite, artículos de cerámica, etc. Que vendían al extranjero; la intensidad de su comercio le hizo adquirir la hegemonía en todo el Mediterráneo Oriental. Esta hegemonía fue marítima por esto se llama talstocracia (gobierno de mar).

Este poderío marítimo se extendió desde Roda y Chipre hasta los puertos fenicios de Biblos y Gadir hacia el 2000 a. C.C.

Los habitantes de la isla de Creta copiaron de los fenicios su escritura lineal, imitaron de los arquitectos babilonicos la construcción de sus palacios de Cnosos, Festos, Mallia, Faistos y Hagia Triada. Estas ciudades fueron erigidas durante la ultima época de Creta también denominada el apogeo de la civilización de Creta. En esta civilización la mujer jugo un papel muy importante pues adoraban a una diosa madre, a un dios de la luz y parece que también veneraban a sus reyes.

Cultivaron los deportes iniciando los grandes juegos que después se llamaron las olimpiadas en Grecia Continental. Se dedicaron especialmente al box, las carreras y las corridas de toros, que eran demostraciones de acrobacia donde estaba prohibido matar al toro. Estos pobladores adoraban a sus dioses en cavernas o pequeñas capillas no tenían el culto a los muertos pero creían en un más halla semejante al mundo.

Los habitantes de Creta provenían de la tribu de los Egeos quienes subsistieron en le continente europeo en Micenas y Tirinto y en el Asia Menor en Troya.

Troya estaba edificada casi en la entrada del estrecho de los Dardanedos en una colina que domina la llanura inferior del río Escandro denominada la roca de Pérgamo.

A finales del III milenio a. C.C. comenzaron una serie de invasiones de tribus del norte que hablaban una lengua indoeuropea. Existen pruebas de que estos pueblos del norte vivieron en la cuenca del río Danubio, al sudeste de Europa. De los primeros pueblos invasores, los más destacados, los aqueos, se habían visto con toda probabilidad obligados a emigrar presionados a su vez por otros invasores.

Los aqueos invadieron el sur de Grecia y se establecieron en el Peloponeso. Según algunos especialistas, un segundo pueblo, los jónios, se asentó principalmente en Ática, la zona central del este de Grecia y en las islas Cícladas, donde asimilaron la cultura de los pueblos heládicos. Los eolios, un tercer pueblo de características poco definidas, se asentaron en principio en Tesalia.

Grecia antigua: Los griegos daban el nombre de pelasgos a los primeros habitantes de su país. Estos labraban la tierra y se les atribuyo la fundación de las más antiguas poblaciones.

A fines del siglo XV se produce una civilización de pueblos más civilizados que hablan un dialecto indoeuropeo, es decir emparentado con los idiomas que hoy se hablan en Europa. Las inscripciones egipcias y los poemas homericos llaman a estos pueblos aqueos y son antecesores de los Helenos.

En el último periodo de la edad del bronce en Grecia (1500-1200 a. C.C.), el continente fue absorbiendo paulatinamente la civilización cretense. Hacia el 1400 a. C.C., los aqueos conquistaron y controlaron las islas y poco después también dominaron el continente, en especial la región de Micenas. Debido a las exhaustivas investigaciones de sus ruinas, la ciudad da su nombre a los antecesores aqueos, aunque también destacaron en importancia otras ciudades-estado. La guerra de Troya, descrita por Homero en la Iliada, comenzó alrededor del 1200 a. C.C. y probablemente fue uno de los conflictos bélicos que tuvieron lugar entre los siglos XIII y XII a. C.C. cuando la civilización micénica estaba en su apogeo. Puede que tuviera relación con la última y más importante invasión del norte, que ocurrió en aquel tiempo e introdujo la edad del hierro en Grecia.

La guerra de Troya fue generada por los pueblos de Asia quienes cometieron actos de piratería, entonces los griegos formaron una coalición para tomar venganza.

Antecedentes de la guerra de Troya: París hijo de Príamo rey de Troya robo Elena mujer de Menelao rey de Esparta y hermano de Agamenón rey de Micenas. Agamenón, para vengar el ultraje hecho a su hermano convoca a los príncipes griegos y fue elegido jefe de una flota confederada, que destruyo a Troya al cabo de diez años de sitio.

Después llegaron otros pueblos del norte que más tarde se llamaron los Helenos y conquistaron Grecia, luego se dividieron en otros cuatro grupos que son: Aqueos, Eolios, Dorios y Jonios. Con la invasión de los helenos termina la prehistoria griega y comienza su verdadera historia de este hecho el pueblo griego es denominado helénico.

Los dorios abandonaron las montañas del Epiro y descendieron al Peloponeso y a Creta, utilizando armas de hierro para conquistar y expulsar a los anteriores habitantes de estas regiones. Los dorios derrocaron a los monarcas aqueos y se asentaron sobre todo en las regiones meridionales y orientales de la península. Esparta y Corinto se transformaron en las principales ciudades dóricas. Muchos aqueos buscaron refugio al norte del Peloponeso, zona que más tarde se llamó Aquea. Otros resistieron duramente a los dorios, y tras ser sometidos, fueron reducidos a servidumbre y denominados ‘ilotas’. Los que lograron huir se refugiaron en el Peloponeso, se reunieron con sus parientes en Ática y en la isla de Eubea, pero después emigraron al igual que los eolios a las costas de Asia Menor.

En los siglos posteriores al 1200 a. C.C. la progresiva colonización de las costas de Asia Menor, primero por los refugiados procedentes de zonas ocupadas por los dorios y más tarde por los mismos dorios, convirtió la región en parte política y cultural de Grecia. Por cada una de las tres divisiones étnicas griegas se creó una gran confederación. La parte norte de la costa de Asia Menor y la isla de Lesbos formaban la Confederación Eólica. La Confederación Jónica ocupaba el distrito medio, llamado Jonia, y las islas de Quíos y Samos. Al sur de las islas de Rodas y Cos se estableció una Confederación Dórica. Varios siglos después (750-550 a. C.), el rápido aumento de la población, la escasez de alimentos, el florecimiento de la artesanía y el comercio y otros factores conllevaron una nueva oleada colonizadora. Se fundaron colonias en lugares tan lejanos como la costa oriental del mar Negro y Massilia (actual Marsella, Francia), y tuvieron lugar asentimientos en Sicilia y la parte meridional de la península Itálica. Esta última tenía tal densidad de población griega que se la conocía como laMagna Grecia.

A lo largo de al formación de Grecia se distinguen una Continental y otra Marítima.

Grecia Continental

También denominada Hélade, comprendía la parte inferior de la península de los Balcanes región caracterizada por ser la más montañosa de las tres penínsulas mediterráneas de Europa esta se unía con la península del Peloponeso (hoy Morea) por el istmo de Corinto. El territorio griego se hallaba entre los mares Egeo y Jonico, hacia el norte no se conocía una frontera natural pero según Estrabon (geógrafo griego), esta podía marcarse con una línea que iba desde el golfo de Arta hasta el golfo de Salónica.

El territorio de Grecia se caracterizo por presentar un conglomerado de montañas de rocas calcáreas y frecuentemente desnudas, las cuales se hallan separadas por valles estrechos y profundos o por llanuras, verdaderas cuencas de antiguos lagos donde abundan los olivares; entre tales llanuras podemos nombrar las de Tesalia, Tebas, Atenas, Argos y la Esparta.

Entre las montañas más celebres podemos nombrar el Pindo, el Olimpo, el Osa, el Pelión, el Parnasó, el Helicón, el Himeto y el Pentélico.

En Peloponeso se alza la alta planicie de Arcadio terminada hacia el sur por la poderosa cadena del Taigeto.

Grecia marítima  

Grecia tenia una posición marítima privilegiada pues presentaba posibilidades de comunicación marítima a lo largo de todo el territorio gracias a sus golfos, entre los cuales los más relevantes son de Corinto y de Egina, que apenas estaban separados por una lengua de tierra de 5 Km. Grecia poseía mas de 2000 Km de costa, de manera que no existía cantón o república que no tuviese bahías y promontorios bañados por el mediterráneo.

Grecia estaba envuelta por las islas algunas tan próximas del continente que parecen su prolongación, lo cual sucede con la Eubea, y las Cícladas esparcidas por el mar Egeo lasque señalaban el paso entre Europa y la Costa de Asia, donde otros griegos poblaban las grandes islas de Lesbos, Quío, Samos, y Rodas.

El mar formo marinos y comerciantes poniendo a los griegos en contacto con todos los pueblos de oriente de quienes tomo los primeros elementos de civilización. El mar fue el que les dio riquezas e hizo que estados de muy corta extensión, reducidos casi a una ciudad, fueran el centro de verdaderos imperios mediterráneos.

  La época arcaica

Hacia el año 1100 a. C.C. penetraron en el territorio Griego los Dorio llegando a constituir la cultura centromiceníca. . es en esta época cuando empieza la llamada «edad media griega» y fue una larga etapa de formación que se prolongo hasta el siglo VIII.

Uno de los procesos más importantes que se dieron fue el de la formación de los estados griegos, surgidos de la fusión entre la población indígena y los invasores.

Abarcaban pequeñas comarcas con una ciudad como centro, la Polis. En general, todos ellos pasaron por etapas parecidas en cuanto a la evolución de su forma de gobierno. Al comienzo de esta época eran monarquías, a las que sucedió un gobierno aristocrático que en buen parte de ellos derivo hacia la democracia.

La expansión comercial, el crecimiento demográfico y el endeudamiento del campesinado, entre otros motivos, obligaron a los griegos a abandonar sus lugares de origen, se instalaron tanto en Oriente como en Occidente y fundaron colonias; hubo dos clases de colonias: las plazas comerciales y las agrarias, mantenían fuertes lazos culturales con la metrópoli, pero disfrutaban de una total independencia político administrativa.

La expansión por Oriente la realizaron en dos etapas. En la primera colonizaron las islas del Egeo y las costas del Asia menor. En la segunda, tras conquistar el norte del Egeo y el Helesponto, llegaron hasta Crimea y el mar de Asov. Los griegos llegaron incluso hasta el país del Nilo, en cuyo delta instalaron también una factoría. Seguidamente se dirigieron hasta Occidente. Fundaron colonias en Sicilia y en el sur de Italia, en un área que fue conocida con el nombre de Magna Grecia. Llegaron hasta las costas del Mediterráneo español donde entraron en contacto con Tartesos, y las del sur de Francia.

Estas colonias en parte de poblamiento y en parte puramente comerciales, difundieron la tecnica y el arte Helénicos

  Periodo helénico

Una vez finalizadas las grandes migraciones al Egeo, los griegos desarrollaron una orgullosa conciencia racial. Se llamaban a sí mismos ‘helenos’, nombre derivado, según Homero, de una pequeña tribu del sur de Tesalia. El término griegos, empleado por posteriores pueblos extranjeros, provenía nominalmente de Grecia, nombre en latín de una pequeña tribu helénica del Epiro con la que los romanos tuvieron contactos. Al margen de la mitología, que era la base de una compleja religión, los helenos desarrollaron una genealogía que remontaba sus orígenes a héroes con carácter semidivino.

A pesar de que los pequeños estados helénicos mantenían su autonomía, seguían un desarrollo similar en su evolución política. En el periodo pre-helénico los jefes de las tribus invasoras se proclamaron monarcas de los territorios conquistados. Entre el 800 y el 650 a. C.C. estas monarquías se fueron sustituyendo por oligarquías de aristócratas, ya que las familias nobles compraban las tierras y éstas eran la base de todo su poder y riqueza. Cerca del año 650 a. C.C., muchas de estas oligarquías helénicas fueron sustituidas por plebeyos enriquecidos o aristócratas desafectos, llamados tiranos. La aparición de las tiranías se debió sobre todo a un factor económico. El descontento popular surgido frente a las aristocracias se había convertido en un importante factor político a causa del aumento de la esclavitud de los campesinos sin tierras; la colonización y comercio en los siglos VIII y VII a. C.C. aceleró el desarrollo de una próspera clase de comerciantes, que supieron aprovecharse del gran descontento para reclamar el reparto del poder con los aristócratas de las ciudades-estado.

Estructura Económica

  Se constata una clara especialización del trabajo que favorece la acumulación de excedentes y el intercambio. La base económica era la agricultura siendo la propiedad de la tierra la base del poder. Cultivaban la trilogía mediterránea (cereales, olivo, vid). Con arados y utensilios similares a los actuales. Poseían huertas y plantas industriales (lino, esparto).

La agricultura se completaba con la ganadería: ovejas, cabras, cerdos, bueyes, de los que obtenían carne, leche, lana, fuerza de trabajo. A destacar los caballos símbolo de prestigio para la aristocracia y de cara a la guerra. Las actividades depredatorias (caza, recolección, pesca) continuaron. La arqueología y restos cerámicas dan también importancia a la pesca. Conocían la metalurgia y las minas proporcionaron las materias primas con las que comercian con los colonizadores. Eran excelentes orfebres y fabricantes de armas, entre los que destaca la Farcata (espada corta).

La cerámica era muy importante para el transporte y el almacenamiento siendo decorado con motivos geométricos o figuras.

Los objetos de alfarería comunes que en enorme cantidad salieron de las necrópolis griegas así como las pinturas de los vasos provenientes de Troya, Micenas, Tirinto y Creta así como de las necrópolis de Atica, Beosia, Tesalia y las de las Ciclades, construidos con materias muy distintas como los vasos barnizados y esmaltados, los vasos de cristal, los vasos de mármol y los grandes vasos decorativos así como los de oro y plata sirvieron para comerciar con los pueblos bárbaros que rodeaban esta civilización. A parte de las demás industrias griegas como ser la agricultura, el tejido, y otras la alfarería era la más importante de la época.

Durante la época de Solón este tuvo la idea de suplir la insuficiencia de los recursos agrícolas favoreciendo el desarrollo de los oficios. Por eso la ciudad, primero pequeña y pobre, llega alcanzar una gran prosperidad. Sus habitantes sacaron del Laurium, montaña inmediata ha Atenas grandes cantidades de plata esa pequeña riqueza les permitió crear industria, comercio y marina. La población buscó en estas vías nuevas la fortuna que la esterilidad del suelo les negaba. Los extranjeros llegaron a ser ciudadanos a condición de llevar al Atica una industria que fuese desconocida allí. En todas partes se fundaron fábricas de muebles, armas, tejidos, y sobre todo alfarería. Atenas llegó hacer desde entonces una población marítima manufacturera renombrada por el buen gusto y la elegancia de sus productos.

Los griegos para mejorar su comercio marítimo mejoraron extraordinariamente los antiguos y lentos barcos que iban a través del Egeo fondeando en cada isla, se construyeron mejores puertos, se los protegió con diques, se construyo el Diolcos, cuyos restos todavía existen, este permitía cruzar el istmo de Corinto, rodando los barcos sobre cilindros de manera, etc. En el siglo octavo los puertos griegos están en todo el mediterráneo. Allí acuden los colonos a comprar y vender. Compran lo que después revenderán a los bárbaros de alrededor y venden lo que les han comprado así se completo la obra de la moneda.

  Acuñación de moneda

Del latín moneta, apodo de la diosa Juno, cuyo templo en Roma se utilizaba para acuñar monedas.

La idea de moneda pertenecía a los babilonios y a los hititas, pero éstos no dividían el metal en secciones de valor determinado ni pensaron en controlar el valor intrínseco del metal.

Los griegos son los primeros que reemplazan las marcas groseras que certifican el valor con sellos de valor artístico. Como vimos, la moneda facilito los cambios y los prestamos. Convertida pronto en otra mercancía, sufre todas las alternativas de una mercancía. Termina por ser la mercancía por excelencia: ya la posesión de la tierra no es el signo de la riqueza lo es la posesión de metal amonedado.

Entonces los nobles abandonan el campo para especular, como vimos, con la moneda, para formar capitales que realizan empresas antes imposibles: crear talleres explotar minas, equipa flotas. El campo

Abandonado por el capital es abandonado por sus victimas, obligadas a serlo ahora en la ciudad.

Las ciudades crecen en especial las que tienen las condiciones que exige la nueva economía: posibilidades industriales y comerciales. Por esto progresan los puertos. Ya las ciudades son mucho más que los caseríos mas o menos pobres. Los nobles que gobiernan ahora las ciudades quieren tener seguridad y vivir con gusto: construyen monumentos y murallas de defensa. Pero las calles se llenan de una multitud de desheredados, obreros o que esperan serlo, que miran con creciente rencor lo que para ellos es injusta diferencia.

Entre tanto en los campos aparece una nueva clase la de los labradores enriquecidos. Estos aplicaran casi toda la tecnica de los que tenían tierras heredadas: compraran otras y buscaran todos los modos acrecer su capital.

La Casa de la Moneda es el lugar donde se diseñan, graban y fabrican las monedas, que son medios de pago de curso legal, es decir, dinero. Antes de la aparición de las monedas, el comercio se llevaba a cabo mediante el intercambio de bienes (trueque) o utilizando lingotes de oro y plata. Este sistema resultaba poco práctico porque era necesario pesar y evaluar la calidad del metal, en cada intercambio se establecía el valor de los lingotes, por lo que se dificultaba el crecimiento del comercio y la industria. La invención del sistema de acuñación de monedas, cuyo valor era siempre el mismo, resolvió los inconvenientes anteriores.

Historia de la acuñación

Se cree que las primeras monedas acuñadas con carácter oficial aparecieron durante el siglo VI a. C.C. en la zona de Lidia (en Asia Menor) y en China. A partir de entonces empezaron a surgir monedas en Grecia y en otras ciudades-estado. Sin embargo, con el Imperio romano se empezó a acuñar una única moneda, homogeneizando los tamaños, pesos y valores de todas las monedas existentes, y prohibiendo la acuñación de monedas por parte de individuos particulares, pues era monopolio del Estado. China conservó su sistema de acuñación homogénea centralizada durante su época imperial, pero con la desintegración del imperio empezaron a surgir distintas monedas en los diferentes principados.

Los genos

Más parecidos a la familia son verdaderos clanes. Dentro de ellos, en efecto, el padre tenia autoridad absoluta puesto que era el interprete de los dioses; la propiedad, por otra parte, era colectiva. La unidad del clan conducía a curiosas consecuencias: la ofensa hecha a un individuo se consideraba hecha al clan.

Varios clanes se reunían fratrias y estas en tribus, pero los genos mantenían su autonomía dentro de esas confederaciones.

Las ciudades-estado

Poco a poco comienzan sin embargo a agruparse las chozas de los genos; los caseríos aumentan, pero, sobre ser poco importantes no están suficientemente adheridos al suelo.

Grecia estaba formada por una serie de ciudades estado independientes, gobernadas por oligarquías aristocráticas, el aislamiento geográfico impuesto por el territorio que ocupaban y la necesidad de agruparse para defenderse de las invasiones explicaba la formación por los griegos de estas ciudades estado. Aunque eran independientes, a menudo se unían en una liga dentro de la cual la más importante acababa por imponerse. Las dos polis más importantes fueron Atenas y Esparta. Esparta cuido por encima de todo su poderío militar descuidando el arte y las actividades económicas, redujeron a los vencidos a la esclavitud (ilotas) la población se componía de Dorios, Periecos e Ilotas; los primeros conservaron supremacía mediante las armas.

Esparta contó con dos reyes de poder ilimitado y veintiocho ancianos guiados por cinco Eforos, que formaban el senado, el cual monopolizaba todo el poder volviéndose verdaderos amos del estado.

La guerra era el único móvil de la educación, Esparta quiso imponer su fuerza desde un principio, Mesenia le resistió heroicamente, pero fue vencida, después organizó una liga en Peloponeso, de la cual fue jefe.

Los ciudadanos espartanos gozaban de enormes privilegios sobre los indígenas sometidos (iliotas y periecos). Estaban gobernados por reyes de familias diferentes, que se transmitían el cargo por herencia, la monarquía se mantuvo en Esparta hasta la total decadencia de la polis.

Atenas la capital del Atica careciendo de militarismo se convirtió en el motor del mundo Griego. Desarrolló el modelo más perfeccionado democracia limitada y puso las bases de la sociedad Occidental. Sus habitantes proclamaron la independencia, la libertad y la igualdad.

El gobierno comprendió: los Arcontes, el Areopago y el consejo de los cuatrocientos, dividió el pueblo en cuatro clases según su fortuna. Las leyes de Solón suavizaron las costumbres i aseguraron la libertad

En los primeros siglos del primer milenio, Atenas tuvo un papel secundario con una economía basada en la agricultura y el pastoreo. A partir del siglo VI el desarrollo del comercio hizo posible su futura importancia. Cuando Atenas inicio su decadencia, Esparta no pudo sustituirla.

Junto a estas dos grandes ciudades destacaron también Samos, Mileto, Delos, Argos Epiduro, Corinto, Egina, Calcis, Eritrea y Tebas.

El gobierno de los mejores

Los reyes perdieron el poder a favor de la aristocracia que eran los más capacitados para dirigir, poseían tierras y podían adquirir las armas imprescindibles para defender la ciudad, los que ostentaban el poder se llamaban Arcontes, al principio el cargo era vitalicio, hasta que en el siglo VIII a. C.C. su gobierno se limitó a una década. Antiguos Arcontes de conducta irreprochable formaban el Areópago, un tribunal que juzgaba causas civiles y militares; las otras dos instituciones eran la Bulé, de carácter legislativo formada por 400 ciudadanos elegidos anual mente, y la ecclesia constituida por todos los ciudadanos y que votaba las leyes presentadas por la Bulé.

A finales del siglo sexto se promulgó la primera legislación de la ciudad de Atenas, el código de Dracón. Solón realizó una serie de reformas que podían considerarse como un intento de organizar una democracia, suprimió la esclavitud por deudas y terminó la lucha entre los grandes propietarios y la burguesía. Estas reformas no fueron duraderas.

Atenas, al igual que otras muchas ciudades griegas, vivió bajo el gobierno de un tirano que por el empuje de las clases populares facilitó su ascensión al gobierno; paradójicamente estos abrieron el paso hacia la democracia, el tirano más importante fue Pisístrato (560-527 a. C.C.) quien hizo posible el poderío posterior de esta polis

Democracia ateniense

La reforma de Clistenes (510) fue un paso decisivo para la democratización, distribuyó los demos del Atica en diez tribus eliminando la división anterior entre el campo, la costa y la montaña; creo el consejo de los 500 que proponían las leyes y era la suprema autoridad administrativa, la democracia griega llego a su máxima expresión con Pericles (443-430)

Pero la democracia griega era restringida de los 400000 habitantes que tenia Atenas en el siglo V a. C.C. solo la décima parte gozaba de los derechos civiles y políticos, los organismos de la democracia Ateniense era la ecclesia y el Bulé, Pericles logro que las decisiones políticas y las concesiones de derechos pasaran por estas instituciones y por el tribunal popular de los heliastas. Por primera vez los miembros de setos dos tribunales cobraron dietas, que eran pagadas con los tributos federales; la evolución democrática concluyó con la admisión de los miembros de la tercera clase, los zeugitas entre los Arcontes. La responsabilidad política había pasado de la aristocracia a los ciudadanos.

Las tiranías

La era de los tiranos griegos (650-500 a. C.) destaca por los avances logrados en la civilización helénica. El título de tirano implicaba el acceso ilegal al poder, no el abuso del mismo. En general, tiranos como Periandro de Corinto, Gelón de Siracusa y Polícrates de Samos (reinó entre 535 a. C.-522 a. C.) fueron gobernantes sabios y populares. El comercio y la artesanía prosperaron. Con el nacimiento de la fuerza política y económica llegó el florecimiento de la cultura helénica, de un modo especial en Jonia, donde empezaba a surgir la filosofía griega con Tales de Mileto, Anaximandro y Anaxímenes. El desarrollo de objetivos culturales comunes a todas las ciudades helénicas fue uno de los factores que dieron cierta cohesión a la antigua Grecia a pesar de la división política existente. En este sentido contribuyó la lengua griega, cuyos muchos dialectos se entendían en cualquier parte del país o en cualquier colonia. El tercer aspecto a tener en cuenta fue la religión griega que todos los helenos compartían: el santuario de Delfos fue el mayor y más respetado. En torno a la religión, los griegos también tenían cuatro festivales nacionales, llamados juegos (los olímpicos, los ístmicos, los pitios y nemeos).

Los Juegos Olímpicos eran tan importantes que muchos griegos remontan sus cálculos históricos a la Primera Olimpiada (el periodo de cuatro años entre la celebración de los Juegos Olímpicos) celebrada en el año 776 a. C. Relacionada con la religión, en origen al menos, estaba la Liga de Anfictionía, organización de tribus helenas que se creó para la protección y administración de los santuarios.

De la democracia a la monarquía

Las ciudades-estado se unificaron en cierta medida. Entre los siglos VIII y VI a. C., Atenas y Esparta se habían convertido en las dos ciudades hegemónicas de Grecia. Cada uno de estos grandes estados absorbió a sus débiles vecinos en una liga o confederación dirigida bajo su control. Esparta, estado militarizado y aristocrático, estableció su poder a base de conquistas y gobernó sus estados súbditos con un control muy estricto. La unificación del Ática, por el contrario, se realizó de forma pacífica y de mutuo acuerdo bajo la dirección de Atenas; se otorgó la ciudadanía ateniense a los habitantes de las pequeñas ciudades. Los nobles, o eupátridas, abolieron en el 638 a. C. la monarquía hereditaria y gobernaron Atenas hasta mediados del siglo VI a. C.

Los eupátridas retuvieron autoridad plena gracias a su poder supremo para disponer de la justicia, a menudo de forma arbitraria. En el 621 a. C. el político Dracón (finales del siglo VII a. C.) codificó la ley ateniense, por la que el poder judicial de los nobles quedaba limitado. Un segundo revés para el poder hereditario de los eupátridas fue el código del político y legislador ateniense Solón de 594 a. C., que no era sino una reforma del código draconiano y que otorgaba la ciudadanía a las clases bajas. Durante el brillante y prudente mando del tirano Pisístrato, las formas de gobierno empezaron a adoptar elementos democráticos. Hipias e Hiparco, hijos de Pisístrato, heredaron el poder de su padre pero fueron más déspotas. Hipias, que murió después que su hermano, fue expulsado por una insurrección popular en el 510 a. C. Durante el consiguiente conflicto político, los partidarios de la democracia obtuvieron, bajo el mando del político Clístenes de Sición, la victoria total y, alrededor del 502 a. C., comenzaba una nueva etapa política, basada en principios democráticos.

El comienzo del gobierno democrático supuso el más brillante periodo de la historia de Atenas. Florecieron el comercio y la agricultura. Más aún, el centro de las artes y la cultura intelectual, que entonces estaba en las ciudades de la costa de Asia Menor, pronto se trasladó a Atenas.

Estados en guerra

Hacia el siglo V los políticos de las ciudades estado se habían polarizado hasta llegar a la confrontación entre Esparta y Atenas a comienzos de este siglo, Atenas y Esparta dejaron de lado sus diferencias para enfrentar la invasión de la Persia Aqueménida. Una fuerza expedicionaria Persa fue derrotada por Atenas en Maratón en el año 490 a. Dies años después, una confederación encabezada por Atenas y Esparta derrotó a una invasión mucho mayor en la batalla naval de Salamina y en la batalla terrestre de Platea, al año siguiente las decadas posteriores a esta espectacular victoria fueron testigo del poder economico y naval de Atenas para edificar una supremacía sobre algunos de sus antiguos aliados maritimos, esto llevo inevitablemente, a una ultima prueba de fuerza con Esparta y sus aliados.

 

La encarecida guerra del Peloponeso, que duró 27 años (431 – 404 a. C.) es relatada con suma maestria por el historiador Tucídides, esta guerra finalizó con la derrota de Atenas sí bien esta fue la época de oro para Atenas (siglo XV a. C.) las tragedias de Esquilo, Sófocles, la arquitectura del Partenón, etc. Que florecieron en este siglo, es por estas extraordinarias obras que la civilización griega a trascendido en el tiempo.

El siglo IV se inició con intrigas entre las ciudades estado griegas, Tebas arrebató la supremacía a Esparta en la batalla de Leuctra 371 a. C.; sin embargo a pesar del surgimiento i caida de estados individuales no existía una egemonia duradera, la cual fue impuesta por el poder de Macedonia, su poder aumentó progresivamente durante el siglo IV hasta que el año 338 a. C. en la batalla de Queronea Filipo de Macedonia puso fin a la libertad griega.

Las Guerras Médicas

Creso, rey de Lidia, conquistó las colonias griegas de Asia Menor en el 560 a. C., en la primera parte de su reinado (560 a. C.- 546 a. C.). Creso fue un gobernador moderado, respetuoso con los helenos y aliado de Esparta; el gobierno lidio estimuló la vida económica, política e intelectual de las colonias. En el 546 a. C., Creso fue expulsado del trono por Ciro II el Grande, rey de Persia. A excepción de la isla de Samos, que se defendió con tenacidad, las ciudades griegas de Asia y las islas costeras pasaron a formar parte del Imperio persa.

En el 499 a. C., Jonia, ayudada por Atenas y Eretria, se volvió contra Persia. Los rebeldes tuvieron éxito, en principio, y el rey Darío I el Grande de Persia juró vengarse. Sofocó la revuelta en el 493 a. C. y, tras saquear Mileto, restableció su control absoluto sobre Jonia. Un año después, Mardonio, yerno del rey, condujo una gran flota persa para conquistar Grecia, pero casi todas sus naves fueron hundidas en el cabo de Athos. Al mismo tiempo, Darío envió emisarios a Grecia para pedir muestras de sumisión a todas las ciudades-estado.

Aunque la mayoría de los pequeños reinos consintieron, Esparta y Atenas se negaron y mataron a los emisarios persas en señal de desafío. Darío, encolerizado por tal ofensa, así como por la pérdida de su flota, preparó una segunda expedición que partió en el 490 a. C. Después de destruir Eretria, el ejército persa avanzó hacia la llanura de Maratón, cerca de Atenas. Los dirigentes atenienses pidieron ayuda a Esparta, pero el mensaje llegó durante la celebración de un festival religioso que prohibía a los espartanos abandonar la ciudad. Sin embargo, el ejército ateniense, bajo el mando de Milcíades el Joven, obtuvo una increíble victoria sobre una fuerza persa tres veces mayor que la suya.

Inmediatamente Darío dispuso una tercera expedición; su hijo, Jerjes I, quien le sucedió en el 486 a. C., reunió uno de los mayores ejércitos de toda la época antigua. En el 481 a. C., los persas cruzaron sobre un puente de naves el estrecho del Helesponto y marcharon en dirección al sur. La primera batalla tuvo lugar en el paso de las Termópilas, en el 480 a. C., donde el rey espartano Leónidas I y varios miles de soldados defendieron heroicamente el estrecho paso. Un traidor griego condujo a los persas a otro paso que permitía a los invasores acceder al primero por la retaguardia espartana.

Leónidas permitió a la mayoría de sus hombres retirarse, pero él y una fuerza de 300 espartanos y 700 téspidas resistieron hasta el final y fueron aniquilados. Los persas marcharon entonces sobre Atenas e incendiaron la ciudad abandonada. Mientras, la flota persa persiguió a la griega hasta Salamina, isla situada en el golfo de Egina (hoy, golfo Sarónico), cerca de Atenas. En la contienda naval que siguió, menos de 400 barcos griegos, al mando del político y general ateniense Temístocles, derrotaron a 1.200 embarcaciones persas. Jerjes I, que había presenciado la batalla desde su trono de oro en una colina sobre el puerto de Salamina, huyó a Asia. Al año siguiente, 479 a. C., el resto de las fuerzas persas fueron destruidas en Platea y los invasores fueron expulsados definitivamente.

Hegemonía de Atenas

Como resultado de su brillante liderazgo durante las guerras médicas, Atenas se convirtió en el estado más influyente de Grecia. Más aún, las guerras demostraron la creciente importancia de su poder naval, especialmente tras la batalla de Salamina. Esparta, hasta entonces el mayor poder militar de Grecia, perdió su prestigio en favor de la flota ateniense. En el 478 a. C., un gran número de estados griegos formaron una alianza voluntaria, la Liga de Delos, para expulsar a los persas de las ciudades griegas de Asia Menor. Atenas encabezó la alianza. Las victorias de la Liga, al mando del general Cimón, liberaron las costas de Asia Menor del dominio persa. No obstante, Atenas extendió su poder sobre otros miembros de la Liga de tal manera que, más que en sus aliados, se convirtieron en sus súbditos. Los atenienses exigieron un tributo a sus antiguos confederados y cuando Naxos intentó retirarse de la Liga, las fuerzas atenienses arrasaron la ciudad.

El periodo de hegemonía ateniense durante el siglo V a. C. es denominado como la ‘Edad de Oro de Atenas’. Bajo el mando de Pericles, la ciudad alcanzó su máximo esplendor. La Constitución, reformada hacia una democracia interna, contenía cláusulas tales como el pago por los servicios del jurado, lo que permitía a los ciudadanos más pobres ser parte de tal institución. Pericles se propuso hacer de Atenas la ciudad más bella del mundo.

Se construyeron el Partenón, el Erecteion y otros grandes edificios. El teatro griego alcanzó su máxima expresión con las obras trágicas de hombres como Esquilo, Sófocles y Eurípides, y el autor de comedias Aristófanes. Tucídides y Heródoto fueron famosos historiadores, y el filósofo Sócrates fue otra figura de la Atenas de Pericles quien hizo de la ciudad un centro artístico y cultural sin rival.

La edad de oro de Grecia

Grecia, pese a sus continuas guerras, fue la cuna de una extraordinaria cultura. Los escultores griegos Fidias y Praxiteles nunca fueron superados. El que sube a la Acropolis ciudad alta descubre la armonía perfecta de las líneas puras en la esbeltez de las columnas que, a pesar de estar semiderruidas aun ofrecen un espectáculo de maravilla

Las letras y las artes brillaron durante el siglo de Pericles, Esquilo primer gran poeta dramático de Atenas dio a conocer sus ultimas producciones en el preciso instante en que Pericles empezaba a imponerce; se destacaron también Sófocle, Aristófanes, Herodoto (padre de la historia).

Hipócritas fundó la ciencia medica basada en principios que aun hoy permanecen en vigor

Las artes del siglo de Pericles fue labrada más que por una simple administración, por el resplandor de las letras y las artes, cuyas ruinas aun dan la impresión de que jamas mortal alguno estuvo tan próximo a la perfección de la belleza, con la ayuda de Fidias ilustre artista elevó magníficos templos como el Partenón, los Propíleos y el Odeón. En ciertos pórticos de Atenas y de Delfos, podían contemplarse maravillosas pinturas de Polignoto, Zeuxis y Apeles considerados como los pintores más celebres de Grecia.

Guerra del Peloponeso

 A pesar de la excelente situación interna de la ciudad, la política exterior de Atenas no era buena. Surgieron fricciones entre los descontentos miembros de la Liga de Delos, supervisada por Atenas; Esparta además envidiaba tal esplendor. Desde el 550 a. C. se había fundado otra liga entre las ciudades del Peloponeso dominada por Esparta. Esta Liga del Peloponeso empezó a oponerse a Atenas activamente. En el 431 a. C., se produjo el enfrentamiento entre Atenas y Esparta con motivo de la ayuda ateniense a Corcyra (hoy Corfú) durante la disputa que ésta mantenía con Corinto, aliado de Esparta.

La Guerra del Peloponeso, sostenida entre las dos grandes confederaciones, duró hasta el 404 a. C. y concluyó con el establecimiento de la hegemonía espartana sobre Grecia. Al final de la guerra, Esparta promovió la oligarquía llamada de los Treinta Tiranos para gobernar Atenas. Se crearon similares cuerpos regentes en las ciudades e islas de Asia Menor. Pronto el dominio espartano se mostró más duro y opresivo que el de Atenas. En el 403 a. C., los atenienses, bajo Trasíbulo, se sublevaron y expulsaron a la guarnición espartana que había apoyado a los oligarcas, y restauraron la democracia y la independencia. Otras ciudades griegas también se rebelaron contra la hegemonía espartana.

Predominio de Esparta y Tebas

Esparta : Logrado el triunfo, Lisandro apareció como todo poderoso y estableció por doquier gobiernos aristocráticos iguales a los de Esparta entregó el poder en Atenas a los treinta tiranos. Los proyectos revolucionarios internos causaron la ruina de Lisandro que fue destituido por los Éforos y luego los treinta tiranos no tardaron en volverse odiosos por sus crueldades y proscripciones. Trasíbulo desterrado ateniense recuperó la ciudad y restableció la democracia.

Tebas : Esparta no disfrutó mucho de su predominio; Tebas ciudad que hasta entonces desempeñaba un papel secundario en Grecia se levantó contra Esparta.

Dos hombres de talento Pelópidas y Epaminondas se encargaron de esta lucha desigual y le dieron a su patria un momento de inmortal grandeza. En el año 371 Esparta fue vencida en Leuctra y mientras Pelópidas invadía tres veces consecutivas el Peloponeso, Epaminondas hacia sentir su potencia en Tesalia y Macedonia.

Pelopidas fue muerto el 364 y Epaminondas que había invadido por cuarta ves el Peloponeso logrando otra resonante victoria en Mantinea encontró también la muerte en el escenario del triunfo. Con la desaparición de estos ilustres jefes Tebas perdió su grandeza luego sobrevino una especie de acuerdo entre Esparta, Tebas y Atenas que les permitió disfrutar de la paz.

Nuevas alianzas

Los estados griegos empezaron a buscar por separado la ayuda de su tradicional enemigo, Persia. En el 399 a. C., los ejércitos persas saquearon la costa de Asia Menor, provocando que Esparta enviara un ejército. Aunque éste tuvo cierto éxito, se vio obligado a regresar en el 395 a. C. para hacer frente a la coalición de Argos, Atenas, Corinto y Tebas. El conflicto que siguió, las Guerras Corintias, continuó por medio de pequeñas contiendas y escaramuzas hasta el 387 a. C., cuando Esparta, aliada de Persia, impuso la Paz de Antálcidas sobre sus discrepantes estados súbditos. Según las condiciones del asentamiento persa-lacedemonio, se cedía toda la costa oeste de Asia Menor a Persia y se otorgaba la autonomía a las ciudades-estado de Grecia. A pesar del acuerdo, Esparta invadió Tebas en el 382 a. C. y tomó la ciudad de Olinto, al norte.

El general de Tebas Pelópidas, respaldado por Atenas, dirigió tres años después un levantamiento que expulsó a las fuerzas de ocupación espartanas. La guerra entre Esparta y Atenas, aliada con Tebas, continuó y llegó a su fin con la batalla de Leuctra, en el 371 a. C., en la que los tebanos, al mando de Epaminondas, derrotaron por completo a sus enemigos y pusieron fin definitivamente a la dominación espartana. Tebas, en virtud de su victoria, se convirtió en el primer estado de Grecia, e inauguró un periodo de malestar civil y miseria económica resultado de las luchas previas. Atenas, en concreto, se negó a someterse a la supremacía de Tebas y, en el 369 a. C., se alió con Esparta. Para mayor inseguridad, la hegemonía de Tebas dependía principalmente de la brillante regencia de Epaminondas y cuando éste murió, en la batalla de Mantinea (362 a. C.), Tebas se vio privada de su breve hegemonía.

Supremacía de Macedonia

  Durante este periodo de luchas por la hegemonía en Grecia, Macedonia, al norte de Tesalia, comenzaba su política de expansión. Filipo II, rey de Macedonia en el 359 a. C., gran admirador de la civilización griega, era consciente de su gran debilidad y la falta de unidad política macedonia. Inmediatamente después de subir al trono, Filipo anexionó las colonias del sur de Grecia, en la costa de Macedonia y Tracia, y se propuso convertirse en el dueño de la península. Su astucia en las artes políticas y el apoyo de las fuerzas macedonias contribuyeron al logro de sus ambiciones, a pesar de la oposición de muchos políticos griegos, liderados por el ateniense Demóstenes. En el 338 a. C. Filipo derrota al ejercito griego en Queronea era lo suficientemente poderoso como para convocar un congreso de todos los estados griegos, en el que reconocieron la superioridad de Macedonia en la península y nombraron a Filipo comandante en jefe de las fuerzas griegas. Un año después, un segundo congreso declaraba la guerra a Persia, su enemigo tradicional. Filipo empezó a preparar la campaña en Asia, pero fue asesinado en el 336 a. C. Su hijo, Alejandro III el Magno, de veinte años, se convirtió en su sucesor.

Alejandro III el Magno (356-323 a. C.), rey de Macedonia (336-323 a. C.), conquistador del Imperio persa, y uno de los líderes militares más importantes del mundo antiguo.

Su nacimiento coincidió con extraños sucesos. Ese día mientras Eróstrato, un loca, incendiaba uno de los más celebres santuarios, una de las maravillas del mundo. El templo de Diana en Efeso, Filipo II recibía la noticia de tres victorias en los juegos olímpicos.

Las primeras conquistas

Alejandro nació en Pela, la antigua capital de Macedonia; era hijo de Filipo II, rey de Macedonia, y de Olimpia, princesa de Epiro. Aristóteles fue su tutor, enseñándole retórica y literatura, y estimuló su interés por la ciencia, la medicina y la filosofía. En el verano del año 336 a. C. Filipo fue asesinado y Alejandro ascendió al trono de Macedonia. Se encontró rodeado de enemigos y se vio amenazado por una rebelión en el extranjero. Alejandro ordenó la ejecución de todos los conspiradores y enemigos nacionales. Marchó sobre Tesalia, donde los partidarios de la independencia habían obtenido el control, y restauró el dominio macedónico. Hacia finales del verano del 336 a. C. había restablecido su posición en Grecia y un congreso de estados en Corinto lo eligió comandante del Ejército griego para la guerra contra Persia. En el 335 a. C. dirigió una campaña brillante contra los rebeldes tracios cerca del río Danubio. A su regreso a Macedonia, reprimió en una sola semana a los hostiles ilirios y dardanelos cerca del lago Pequeño Prespa y después se dirigió hacia Tebas, que se había sublevado. Tomó la ciudad por asalto y arrasó sus edificios, respetando sólo los templos y la casa del poeta lírico Píndaro, esclavizando a unos treinta mil habitantes capturados. La rapidez de Alejandro en reprimir la sublevación de Tebas facilitó la inmediata sumisión de los otros estados griegos.

La creación de un imperio

Alejandro comenzó su guerra contra Persia la primavera del 334 a. C. al cruzar el Helesponto (actualmente Dardanelos) con un ejército de unos 365.000 hombres de Macedonia y de toda Grecia; sus oficiales jefes eran todos macedonios, incluidos Antígono (más tarde Antígono Monoftalmos), Tolomeo (más tarde Tolomeo I) y Seleuco (más tarde Seleuco I). En el río Gránico, cerca de la antigua ciudad de Troya (en la actual Turquía), atacó a un ejército de 40.000 persas y griegos hoplitas (mercenarios). Sus fuerzas derrotaron al enemigo y, según la tradición, sólo perdió 110 hombres; después de esta batalla, toda Asia se rindió. Al parecer, en su camino a través de Frigia cortó con su espada el nudo gordiano. Continuó avanzando hacia el sur y se encontró con el ejército principal persa, bajo el mando de Darío III, en Isos, en el noroeste de Siria. Según la tradición, el ejército de Darío se estimaba en 500.000 soldados, cifra que hoy es considerada exagerada. La batalla de Isos, en el año 333 a. C., terminó con una gran victoria de Alejandro. Aunque cortó la retirada, Darío huyó, abandonando a su madre, esposa e hijos a Alejandro, quien les trató con respeto debido a su condición de familia real. Tiro, un puerto marítimo muy fortificado, ofreció una resistencia obstinada, pero Alejandro lo tomó por asalto en el 332 a. C. después de un asedio de siete meses. Seguidamente, Alejandro capturó Gaza y después pasó a Egipto, donde fue recibido como libertador. Estos acontecimientos facilitaron el control de toda la línea costera del Mediterráneo. Más tarde, en el 332 a. C., fundó en la desembocadura del río Nilo la ciudad de Alejandría, que se convirtió en el centro literario, científico y comercial del mundo griego. Cirene, la capital del antiguo reino de Cirenaica, en el norte de África, se rindió a Alejandro en el 331 a. C., extendiendo sus dominios a todo el territorio de Cartago.

En la primavera del 331 a. C. Alejandro hizo una peregrinación al gran templo y oráculo de Amón-Ra, el dios egipcio del Sol a quien los griegos identificaron con Zeus. Se creía que los primeros faraones egipcios eran hijos de Amón-Ra, y Alejandro, el nuevo dirigente de Egipto, quería que el dios le reconociera como su hijo. La peregrinación tuvo éxito, y quizá confirmara la creencia de Alejandro en su propio origen divino. Dirigiéndose de nuevo hacia el norte, reorganizó sus fuerzas en Tiro y salió hacia Babilonia con un ejército de 40.000 infantes y 7.000 jinetes. Cruzó los ríos Éufrates y Tigris y se encontró con Darío al frente del ejército persa, el cual, según informes exagerados, llevaba un millón de hombres, cantidad que no impidió que sufriera una derrota devastadora en la batalla de Arbela (Gaugamela) el 1 de octubre del 331 a. C. Darío huyó al igual que hizo en Isos y un año más tarde fue asesinado por uno de sus propios colaboradores. Babilonia se rindió después de Gaugamela, y la ciudad de Susa, con sus enormes tesoros, fue igualmente conquistada. Más tarde, hacia mitad del invierno, se dirigió a Persépolis, la capital de Persia. Después de robar los tesoros reales y apropiarse de un rico botín, quemó la ciudad, lo cual completó la destrucción del antiguo Imperio persa. El dominio de Alejandro se extendía a lo largo y ancho de la orilla sur del mar Caspio, incluyendo las actuales Afganistán y Beluchistán, y hacia el norte a Bactriana y Sogdiana, el actual Turkestán ruso, también conocido como Asia central. Sólo le llevó tres años, desde la primavera del 330 a. C. hasta la primavera del 327 a. C., dominar esta vasta zona.

Para completar la conquista del resto del Imperio persa, que en tiempos había incluido parte de la India occidental, Alejandro cruzó el río Indo en el 326 a. C. e invadió el Punjab, alcanzando el río Hifasis (actual Bias); en este punto los macedonios se rebelaron, negándose a continuar. Entonces Alejandro construyó una flota y bajó navegando el Hidaspo (llamado Hydaspes por los griegos, donde derrotó al dirigente indio Poros en el 326 a. C.) hacia el Indo, alcanzando su delta en septiembre del 325 a. C. La flota continuó hacia el golfo Pérsico. Con su ejército, Alejandro cruzó el desierto de Susa en el 324 a. C. La escasez de comida y agua durante la marcha había causado varias pérdidas y desacuerdos entre sus tropas. Alejandro pasó aproximadamente un año organizando sus dominios e inspeccionando territorios del golfo Pérsico donde conseguir nuevas conquistas. Llegó a Babilonia en la primavera del 323 a. C., pero en junio contrajo fiebres y murió. Dejó su Imperio, según sus propias palabras, «a los más fuertes» este ambiguo testamento provocó terribles luchas internas durante medio siglo.  

El legado de Alejandro

Alejandro fue uno de los mayores conquistadores de la historia, destacó por su brillantez táctica y por la velocidad con la que cruzó grandes extensiones de terreno. Aunque fue valiente y generoso, supo ser cruel y despiadado cuando la situación política lo requería, aunque cometió algunos actos de los que luego se arrepintió, caso del asesinato de su amigo Clito en un momento de embriaguez. Como político y dirigente tuvo planes grandiosos; según muchos historiadores abrigó el proyecto de unificar Oriente y Occidente en un imperio mundial, una nueva e ilustrada hermandad mundial de todos los hombres. Hizo que unos 30.000 jóvenes persas fueran educados en el habla griega y en tácticas militares macedónicas y les alistó en su Ejército. Él mismo adoptó costumbres persas y se casó con mujeres orientales: con Estatira (o Stateira; que murió hacia el 323 a. C.), la hija mayor de Darío III, y con Roxana (que murió hacia el 311 a. C.), hija del sátrapa de Bactriana Oxiartes; además animó y sobornó a sus oficiales para que tomaran esposas persas. Poco después murió. Alejandro ordenó que las ciudades griegas le adoraran como a un dios. Aunque probablemente dio la orden por razones políticas, según su propia opinión y la de sus contemporáneos, se le consideraba de origen divino. Tras su muerte, la orden fue en gran parte anulada.

Para unificar sus conquistas, Alejandro fundó varias ciudades a lo largo de su marcha, muchas se llamaron Alejandría en honor a su persona; estas ciudades estaban bien situadas, bien pavimentadas y contaban con buenos suministros de agua. Eran autónomas pero sujetas a los edictos del rey. Los veteranos griegos de su Ejército al igual que soldados jóvenes, negociantes, comerciantes y eruditos se instalaron en ellas y se introdujo la cultura y la lengua griega. Así, Alejandro extendió ampliamente la influencia de la civilización griega y preparó el camino para los reinos del periodo helenístico y la posterior expansión de Roma.

Periodo helenístico

Cuando Alejandro murió, los generales macedonios iniciaron entre ellos el reparto de su vasto imperio. Los desacuerdos surgidos por esta división provocaron una serie de guerras entre los años 322 a. C. y 275 a. C., muchas de las cuales tuvieron lugar en Grecia. Por ello, una de las características de este periodo que abarca desde la muerte de Alejandro hasta la conversión de Grecia en provincia romana en el 146 a. C., fue el deterioro como entidades políticas de las ciudades-estado griegas, además del progresivo declive de la independencia política en conjunto.

 

No obstante, el periodo helenístico estuvo marcado por el triunfo de Grecia como fuente de cultura y, como resultado de las conquistas de Alejandro, se adoptó su estilo de vida en todo el mundo antiguo.

Los diádocos

De los reinos establecidos por los generales de Alejandro, llamados ‘diádocos’ (en griego, diadochos, ‘sucesor’), los más importantes eran los de Siria, bajo la dinastía Seléucida, y Egipto, bajo la Tolemaica. La capital del Egipto tolemaico, Alejandría, fundada por Alejandro en el 332 a. C., se convirtió en foco de rivalidades culturales, a veces superando la importancia de Atenas en ese campo. Cada rincón del mundo heleno se dedicó al cultivo de las artes y las actividades intelectuales. Algunos sabios, como los matemáticos Euclides y Arquímedes, los filósofos Epicuro y Zenón de Citio y los poetas Apolonio de Rodas y Teócrito, pertenecen a esta época.

En el 290 a. C., las ciudades-estado de Grecia central se unieron en la Liga Etolia, una poderosa confederación militar que había sido inicialmente organizada bajo el reinado de Filipo II por las ciudades de Etolia para su mutua protección. Una segunda organización de similares características, la Liga Aquea, se convirtió en el 280 a. C. en la confederación suprema de las ciudades al norte del Peloponeso. Más tarde se unieron otras ciudades. Sendas alianzas estaban destinadas a proteger al resto de los estados griegos del dominio del reino de Macedonia. La Liga Aquea se hizo mucho más poderosa que su rival e intentó conseguir el control de toda Grecia. Encabezada por el general y político Arato de Sición, inició un conflicto con Esparta que no se había aliado con ninguna de las dos. La Liga fue inicialmente vencida, pero, contradiciendo su primera intención, pidió ayuda militar a Macedonia; la Liga consiguió vencer entonces a Esparta, pero a costa de caer bajo el dominio de Macedonia.

Dominación romana

En el 215 a. C. Roma empezó a interferir en los asuntos de Grecia. Filipo V de Macedonia se alió con Cartago contra Roma, pero los romanos, con el apoyo de la Liga Etolia, vencieron a las fuerzas macedonias en el 206 a. C., y consiguieron importantes posiciones en Grecia. Roma, apoyada por ambas ligas, derrotó nuevamente a Filipo V en el 197 a. C. en la batalla de Cinoscéfalos, y Macedonia, totalmente sometida, aceptó pactar la paz con Roma y reconocer la independencia de los estados griegos, los cuales, sin embargo, sólo cambiaron un dominador por otro. En un último intento desesperado por liberarse, los miembros de la Liga Aquea resistieron a las demandas de Roma en el 149 a. C. Hubo una nueva guerra que terminó con la destrucción de Corinto a manos de las legiones romanas en el 146 a. C. Las Ligas Etolia y Aquea fueron disueltas y Grecia fue anexionada en su totalidad por Roma, que creó la provincia romana de Macedonia, cuyo procónsul extendía su autoridad al resto de Grecia. Sólo Atenas, Esparta y Delfos escaparon a esta situación, convirtiéndose en ciudades federadas.

Grecia romana

Durante los sesenta años posteriores al 146 a. C., Roma administró Grecia. En el 88 a. C., cuando Mitrídates VI Eupátor, rey del Ponto, empezó su campaña para conquistar los territorios controlados por los romanos, se encontró con que muchas ciudades griegas apoyaban a un monarca asiático que les había prometido ayudarles a recuperar su independencia. Las legiones romanas, bajo el mando de Lucio Cornelio Sila expulsaron a Mitrídates de Grecia y sofocaron la rebelión saqueando Atenas, en el 86 a. C., y Tebas un año después. Roma castigó duramente a las ciudades rebeldes y las campañas realizadas en suelo griego dejaron el centro de Grecia en ruinas. Atenas seguía siendo foco intelectual y de la filosofía, pero su comerio prácticamente desapareció. En el 22 a. C., el primer emperador romano, Augusto, separó Grecia de Macedonia e hizo de la primera la provincia de Aquea.

Esto es una completa monografia de:Aldo Vasquez Para Planeta Sedna