Filipo de Macedonia Guerra Con Atenas Batalla de Queronea Causas



Filipo de Macedonia Guerra Con Atenas Batalla de Queronea

Al Norte de Tesalia, detrás del Olimpo, se extiende una llanura mayor todavía que Tesalia, rodeada de montañas que no le dejan más que una salida al mar.

La recorren dos ríos bastante caudalosos que desembocan en el mar en terrenos pantanosos. Al oriente de esta llanura, al otro lado de una cadena de montañas abruptas, se extiende otra, por la que corre un río que los antiguos llamaban Estrimón.

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Esta región formaba el reino de Macedonia, país continental, con una costa muy reducida y casi desprovista de puertos, país de trigo y de pastos, de aldeanos y de jinetes, como Tesalia.

Esta región formaba el reino de Macedonia, país continental, con una costa muy reducida y casi desprovista de puertos, país de trigo y de pastos, de aldeanos y de jinetes, como Tesalia. Los habitantes apenas se les consideraba helenos. Pero habían adoptado poco a poco los usos de los colonos griegos establecidos en la costa y hablaban una lengua griega.

FILIPO DE MACEDONIA: El año 359 a.C. subió al trono de Macedonia un rey de veintidós años, Filipo. Había pasado tres años en Tebas, a donde Pelópidas le había llevado en calidad de rehén, y allí había estudiado de cerca los ejércitos y la política de los griegos.

Como un griego, era aficionado a las cosas bellas, y como un macedonlo, tenía pasión, por la caza, los caballos y el vino.

Filipo II de Macedonia
Filipo II de Macedonia

En la guerra se hacía admirar por su sobriedad y su vigor, era excelente jinete, intrépido nadador, valiente en la pelea y sufrido en campaña.

En tiempo de paz encantaba por sus maneras afables y su conversación animada, gustando de los prolongados festines y de las conversaciones.

En cuanto subió al trono, trabajó en la organización de un buen ejército.

EJERCITO MACEDONIO: Fillpo formó su ejército, no con mercenarios, sino con sus subditos de Macedonia; la caballería con los nobles, la infantería con la masa del pueblo.



Los hombres más robustos formaban la falange. El rey les proporcionaba las armas. Todos iban equipados lo mismo, casco (kausia), coraza de cuero, escudo pequeño y redondo, espada corta y lanza de seis metros y medio de larga (la sarisa).

En el campo de batalla se colocaban en falange, es decir, en masa regular. -La falange macedónica tenía dieciséis filas de fondo, todas armadas con la sarisa.

Las seis primeras filas sostenían con ambas manos la lanza tendida en dirección del enemigo, de modo que el hombre de la primera fila tenía por delante seis lanza, la suya, que avanzaba seis metros, la del soldado de segunda fila, que le pasaba cinco metros, la del de la tercera, que pasaba cuatro, la del de la cuarta, que pasaba tres, la del de la quinta, dos, y la del de la sexta, uno.

Las últimas filas tenían la lanza derecha, apoyaban a sus compañeros y cubrían bajas.

En caso necesario, las ocho últimas filas hacían frente del lado opuesto, volviendo la espalda a sus compañeros. La falange presentaba entonces por todos lados una línea impenetrable. Se la comparaba con una bestia monstruosa, erizada de hierro, a la que no era posible aproximarse.

Era la falange una masa pesada, de movimientos lentos, que no podía maniobrar más que en terreno llano. Para movimientos rápidos, para acometer alturas, para escalar atrincheramientos, Filipo tenía infantes provistos de un escudo pequeño y armas ligeras.

Los reyes de Macedonia tenían ya una tropa de jinetes, nobles que vivían al lado del rey y formaban su escolta. Se les llamaba hetaires compañeros). Filipo organizó aquella caballería dando a todos las mismas armas, coraza metálica, jabalina y sable. Los hetaires formaban un cuerpo de 800 hombres.

Para sitiar las ciudades, Filipo tuvo cuidado de tener dispuestas máquinas de guerra, catapultas que podían lanzar grandes piedras y tizones encendidos, torres movibles para llegar a lo alto de las murallas.

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El ejército macedónico fue provisto de esta suerte de infantería pesada, de infantería ligera, de caballería y de la maquinaria de guerra más completa que se había visto en Grecia.

Formado al principio por 10.000 hombres solamente, aumentó a medida que Filipo se hizo más poderoso, hasta 30.000 hombres.



Era superior a los demás ejércitos griegos, no solamente por el número y la organización, sino también por la disciplina.

Los soldados griegos temían las largas marchas, no se ponían en campaña sino en primavera, con una cantidad de carros y una muchedumbre de sirvientes tal que llenaban el campamento y retrasaban las marchas.

Filipo obligaba a hacer a sus soldados, con armas y bagajes, marchas de más de 50 kilómetros diarios.

Les prohibía llevar vehículos, no les permitía más que un sirviente por cada diez hombres para los hoplitas, uno para cada jinete en la caballería. Los tenía también en campaña durante el Invierno.

RIVALIDAD ENTRE FILIPO Y LOS ATENIENSES
Atenas se había rehecho poco a poco de los desastres de la guerra del Peloponeso. Desde la caída de los Treinta tiranos, ya no había partido oligárquico enemigo de la constitución, ni más tentativas revolucionarias.

La Asamblea del pueblo gobernaba realmente el Estado, los magistrados eran gentes oscuras y de escasa valía que obedecían a la Asamblea más que la guiaban, y el pueblo desconfiaba de los generales cuya ambición temía y escuchaba con preferencia a los oradores.

Atenas había seguido siendo gran ciudad comercial, había renovado su flota guerrera y trataba de dominar a las ciudades griegas del mar Egeo. No se trataba de dominar a las ciudades griegas del mar Egeo.

No se trataba ya, como en otro tiempo, del Asia Menor, sino del Helesponto y de la Calcídica.

El principal comercio de Atenas era el del trigo. Los atenienses querían dominar el Helesponto, por donde venían los trigos del mar Negro, y la Calcídica, donde se hacía el comercio de Macedonia y la Tracia.

Habían ocupado la mayor parte de las ciudades de la Calcídica (364 a.C), luego el Quersoneso, que les aseguraba el camino del mar Negro (357 a.C).



Aquellas expediciones costaban caras, porque la guerra se hacía a la zazón con mercenarios y había que pagar soldados y marinos.

Atenas no tenía, como en otro tiempo, el tributo de los aliados, y para cubrir los gastos estableció un Impuesto permanente bastante considerable.

Cualquier guerra representaba, por tanto, para los atenienses un colmo de gastos. Se hallaban presos entre el deseo de mantener su dominación, necesaria para su comercio, y el temor de aumentar los impuestos.

La Asamblea dudaba, tan pronto demandaba la guerra como deseaba una política de paz y de economía.

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Filipo trató en un principio de ser aliado de Atenas. Habiendo hecho prisioneros a algunos atenienses en un combate, les dio libertad y regalos y escribió al pueblo una carta amistosa.

Pero sus proyectos eran contrarios a los Intereses de Atenas.

Quería extender su reino hasta la costa, necesitaba ciudades griegas de la Calcídica, y Atenas quería conservarlas.

Comenzaron las desavenencias a propósito de la ciudad griega de Anfípolis.

Los habitantes no querían obedecer a Atenas, los atenienses pidieron a Filipo que les ayudara. Filipo aceptó, sitió a Anfípolis, se apoderó de ella y la conservó en su poder.

Luego se dirigió al territorio de las minas de oro del monte Pangeo, lo tomó para explotar las minas y fundó una ciudad fortificada que llamó Filipos (356 a.C). Estas minas le producían, dícese, 10.000 talentos anuales.

Irritados los atenienses le declararon la guerra. Pero las grandes ciudades mercantiles de Asia, aliadas de Atenas, Bizancio, Chíos, Rodas, se negaron a ayudarla.

Estaban cansadas de aquellas alianza que no les servía de nada desde que Esparta ya no era de temer.

Atenas envió una armada para impedir que se separasen. Fue derrotada, y, después de tres años de guerra, se vio obligada a hacer la paz (355 a.C), quedando deshecha la liga del año 377 a.C.

Los atenienses procesaron a sus generales. Perdieron la afición a la guerra, y por espacio de algunos años, sin hacer la paz formalmente, escucharon los consejos de los partidarios de ella y no enviaron más barcos.

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DEMÓSTENES: Entonces un orador, Demóstenes, trató de convencer a sus conciudadanos para que enérgicamente hicieran la guerra a Filipo.
Era aquel orador hijo de un ciudadano acomodado que poseía una fábrica de armas.

a, que ascendía a 14 talentos y de los que sólo le quedó uno. Pero aprendió el arte de hablar con Iseo, orador célebre, que hacía oraciones de defensa para los tribunales.

GUERRA SAGRADA: Durante más de diez años, Atenas guerreó contra Filipo en las costas de Macedonia sin hacer nada notable. Mientras tanto, los tebanos emprendieron una guerra que llegó a ser general.

Para vengarse de sus vecinos los tocios, ¡es acusaron ante el Consejo de los anflctiones, encargado del patronato del santuario de Apolo en Delfos, de haber labrado un campo sagrado. El Consejo de los anflctiones estaba dominado por los tebanos y condenó a los focidios a pagar fuerte multa (356 a.C).

Un noble focidio, Filomelos, persuadió a sus conciudadanos de que sería vergonzoso someterse a tan injusta sentencia.

Citó un verso de Homero que probaba que los focidios habían tenido en otro tiempo la guarda de «la rocosa Pytho», es decir, del santuario de Delfos, y les indujo a recuperarla. Los focidios le nombraron general y se negaron a pagar la multa.

Filómelos fue a Esparta, se entendió con el rey Arquidamos, recibió 15 talentos y volvió a la Fócida. Allí alistó soldados y se apoderó de Delfos.

Mató a los guardianes del templo e hizo borrar de las actas el decreto contra los focidios.

Rodeó el templo con una muralla y envió a decir a todas las ciudades griegas que los focidios reclamaban solamente la custodia del templo.

El Consejo de los anfictiones decretó la guerra contra los sacrilegos y se la llamó guerra sagrada. Casi todos los pueblos griegos se unieron contra los focidios, excepto Esparta que les envió 1.000 hombres, y Atenas que mandó salir a su flota para auxiliarles.

Para luchar contra aquella liga, los focidios se decidieron a tomar el dinero de Apolo depositado en el templo de Delfos, y de él se sirvieron para alistar un ejército de 10.000 soldados.

Fócida es una región de la Grecia Central que se corresponde con una región histórica de la Antigua Grecia que incluía la ciudad de Delfos y que se situaba entre la Lócrida, la Dórida y la Beocia

Entonces comenzó una lucha salvaje, en que se degollaba a los prisioneros como sacrilegos, y después de los combates, los vencedores, contra lo que se acostumbrara entre los griegos, se negaban a entregar los muertos para enterrarlos.

Los focidios rechazaron a los locrios y a los tesalios, pero los beocios Invadieron la comarca. Filomelos, para no caer vivo en sua manos, se arrojó desde lo alto de una roca del Parnaso y se mató (354 a.C).

Onomarcos, que fue su sustituto, se apoderó de lo que quedaba de los tesoros de Delfos y con ello hizo monedas de plata. Pudo comprar aliados en las ciudades griegas y rehizo un ejército que condujo a Beocia.

Los anfictiones pidieron auxilio a Filipo de Macedonia. Onomarcos fue a su encuentro en Tesalia y le rechazó.

Pero volvió Filipo con 20.000 infantes y 3.000 jinetes. Sus soldados entraron en batalla con una corona de laurel en el casco, indicando que combatían en favor de Apolo.

Aquella vez el ejército focidio fue derrotado. Seis mil hombres perecieron, 3.000 quedaron prisioneros y fueron arrojados al mar como sacrilegos.

El cadáver de Onomarcos fue crucificado (352 a.C).

Quiso Filipo aprovechar la ocasión para apoderarse de las Termopilas, pero Atenas envió en su flota 4.000 hoplitas que se establecieron en el desfiladero, y ello bastó para que el macedonio retrocediera (352 a.C).

FILIPO ENTRA EN EL CONSEJO DE LOS ANFICTIONES: Había en Atenas un partido numeroso que deseaba la paz, y en este partido figuraban hombres de talento, oradores, Eubulo, Esquines, Demades, Isócrates, y un general, Foción Isócrates había compuesto un discurso acerca de la paz.

Le afligía ver pelearse a los griegos en vez de unirse contra los bárbaros. Habría deseado que el rey de Macedonia, el más poderoso de los griegos, se pusiera al frente de una liga de todos los helenos para combatir al rey de Persla.

Foción, a la vez general y orador, respetado por su probidad y su vida austera, juzgaba la situación como hombre práctico.

Creía que Atenas no era bastante fuerte para luchar contra Filipo y que se exponía Inútilmente declarándose enemiga del macedonio. «Atenienses, decía, os aconsejaré hacer la guerra cuando estéis en disposición de hacerla».

El principal adversario de Demóstenes en la Asamblea era otro orador, Esquines. Era de rancio abolengo pero estaba arruinado. Su padre había servido como soldado.

El mismo, en su juventud, fue escribano, copista y actor. Luego llegó a ser uno de los oradores más influyentes de Atenas. Sus enemigos le acusaban de haberse dejado corromper por Filipo. Poseía fincas en Macedonia, diciéndose que el rey se las había regalado.

Después de la ruina de Olinto, los atenienses, Inquietos, enviaron una embajada de diez ciudadanos a Filipo.

Entre ellos iban Demóstenes y Esquines. Entonces se indispusieron y se acusaron mutuamente de haber traicionado los intereses de la patria.

Filipo recibió graciosamente a los enviados, y hasta se decía que les hizo ricos presentes. Se declaró dispuesto a concertar la paz. La Asamblea ateniense aceptó sus proposiciones y la paz fue concertada.

La guerra de Fócida seguía siempre. Con los objetos de oro y plata consagrados a Apolo en el templo de Delfos, los focidios habían alistado nuevo ejército de mercenarios.

Tebas llamó contra ellos a Filipo, que llegó con su ejército. El general focidio no intentó combatir, sino que capituló con 8.000 soldados, a condición de poder retirarse libremente.

Filipo pasó las Termopilas y reunió el Consejo de los anfictiones, que sentenció que las 22 ciudades de Focidia habían de ser destruidas, los focidios no tendrían derecho a habitar más que en aldeas, sus ejércitos serían licenciados y sus caballos vendidos, y que pagarían cada año 50 talentos al templo de Delfos.

Los dos votos que los focidios tenían hasta entonces en el Consejo se les quitaron y se dieron al rey de Macedonia (346 a.C). Filipo presidió ese año los juegos Píticos, en Delfos.

BATALLA DE QUERONEA
Filipo siguió conquistando las costas de Tracia y de Tesalia que tocaban a su reino. Llegó así hasta ei mar Negro.

Mientras tanto, Demóstenes iba por todos lados en embajada, buscando enemigos contra Filipo. Logró la alianza de las grandes ciudades mercantiles: Blzancio, Chíos, Rodas. El pueblo, agradecido, le concedió una corona de oro.

Filipo puso entonces sitio a Bizancio. Los atenienses enviaron 120 naves en auxilio de la ciudad (340 a.C.) Filipo hubo de levantar el cerco y regresó a Macedonia (339 a.C).

Pero otra guerra sagrada le proporcionó ocasión de volver a Grecia. Las gentes de Anflsa se preparaban a acusar ante los anfictiones al pueblo de Atenas. Esquines, delegado de Atenas en aquel consejo religioso, respondió acusando a los de Anfisa de haber cultivado un campo consagrado a Apolo y les hizo declarar la guerra.

Los anfictiones nombraron a Filipo general en jefe. Filipo entró en la Fócida, como para marchar sobre Anfisa, y luego, volviéndose bruscamente, se estableció en Elatea, en lo alto del valle del Ceflso. Desde allí dominaba el camino de Tebas (339 a.C).

Llegó la noticia al oscurecer a Atenas. Inmediatamente se encendieron hogueras en el Acrópolis para avisar a las gentes del campo, y los heraldos recorrieron las calles tocando la trompeta.

Al despuntar el día, la Asamblea se reunió en el Pnyx. Los magistrados mandaron referir la toma de Elatea. Luego el heraldo, según costumbre, pronunció las palabras de ritual: «¿Quien quiere tomar la palabra? » Todos los asistentes callaban.

Demóstenes subió a la tribuna y propuso ir contra Filipo. La Asamblea aprovó y votó el decreto que el orador habría redactado. Se decidió que todos los ciudadanos se armasen y ofrecer a los tebanos la alianza para contener a Filipo.

Demóstenes fue enviado a Tebas. Allí encontró a los enviados de Felipo, que ofrecía a los tebanos repartirse el botín si querían dejarle pasar.

Fue tan elocuente que decidió a los tebanos a aliarse con los de Atenas, pero hubo que prometerles el mando en jefe del ejército aliado y la dominación de Beoda. Los ejércitos de Atenas y de Tebas se reunieron y Filipo se detuvo.

Pero, al año siguiente, habiendo destacado los aliados 10.000 hombres sobre Anfisa, Filipo los sorprendió en los desfiladeros de la montaña, cayó sobre Anfisa, la tomó y destruyó, «odavía ofreció la paz, que Foción quería fuese aceptada. Demóstenes le dijo: «Ten cuidado, no se enfaden los atenienses».

Foción respondió: «Ten cuidado tú, si recobran el juicio».

Los atenienses escucharon a Demóstenes y le concedieron una corona.
De pronto Filipo, valiéndose de una estratagema, descendió a las llanuras de Beoda. Los aliados fueron a su encuentro y se peleó cerca de Queronea.

Filipo tenía 30.000 infantes y 2.000 jinetes, el ejército de los aliados era al menos igual en número. Los atenienses formaban el ala izquierda, los tebanos el ala derecha.

En el centro se había puesto a los mercenarios. El hijo de Filipo, Alejandro, estaba frente a los tebanos, Filipo frente a los atenienses. Alejandro atacó a los tebanos y los derrotó, el batallón sagrado se hizo matar en su puesto. Los atenienses, vencedores al principio, se desbandaron persiguiendo al enemigo.

Filipo los sorprendió en aquel momento, 1.000 fueron muertos, 2.000 hechos prisioneros, los demás huyeron. Entre los fugitivos estaba Demóstenes, que servía como hoplita a pesar de sus cuarenta y ocho años (338 a.C).

En el campo de batalla se erigió un león de piedra para recordar el valor de los guerreros caídos en la derrota y Demóstenes fue encargado de pronunciar la oración fúnebre de los soldados atenienses.

FILIPO GENERAL EN JEFE OE LOS GRIEGOS: La noche de la batalla de Queronea, Filipo ofreció un sacrificio gratulatorio a los dioses, y en el banquete que vino después, se embriagó.

Llegó, dícese, con la cabeza coronada de flores, donde estaban los prisioneros para burlarse de ellos.

El orador ateniense Demades se encontraba entre ellos: » ¡Y bien, dijo a Filipo, la fortuna te ha dado el papel de Agamenón y desempeñas el de Tersito! » (Agamenón, en la Ufada, es el jefe de los griegos.

Tersito es un bufón por todos despreciado). El rey se avergonzó y tiró al suelo las coronas.

Filipo se condujo generosamente con los atenienses, a los que siempre había estimado. Dio libertad a todos los prisioneros sin rescate y hasta les dio ropas. Mandó recoger las cenizas de los muertos y las envió a Atenas con una embajada que iba a ofrecer la paz.

Las condiciones eran mejores de las que se hubiera podido esperar. No quitaba a Atenas más que el Quersoneso, le dejaba sus restantes posesiones y le daba Oropos, que quitaba a los tebanos. Atenas seguía siendo independiente y quedaba como aliada de Filipo.

La Asamblea aceptó la proposición con alegría. Para dar fe de su agradecimiento, dio a Filipo el título de ciudadano de Atenas y decidió colocar su estatua en la plaza del Mercado con la inscripción: «Al bienhechor de la patria».

Filipo fue más duro para Tebas. No le entregó sus prisioneros sino mediante rescate, le quitó su dominio sobre las demás ciudades de Beocia, la obligó a recibir una guarnición macedonia en la cludadela (la Cadmea) y a llamar a los desterrados.

Aquellos desterrados, al volver, se apoderaron del gobierno y se vengaron condenando a muerte a los jefes del partido vencido.

Ya no detenía nada a Filipo, que entró en el Peloponeso. Sus aliadas. Argos Mesena, la Arcadia, le recibieron con alegría. Llegó hasta la Laconia, saqueó el país y quitó a Esparta todos los territorios que había conquistado en otro tiempo.

En honor a Filipo se edificó en Olimpia un monumento en forma de rotonda, el Fillipelón, en el que se colocó su estatua hecho de oro y marfil.

Filipo convocó en Corinto a los enviados de las ciudades griegas. Todas enviaron representantes, excepto Esparta.

Se concertó una alianza entre todos los helenos y el rey de Macedonia, Todas las ciudades griegas habían de permanecer autónomas, todas tenían derecho a navegar por los mares.

Se reunirían en Corinto para la resolución de los asuntos comunes y el Consejo de los anfictiones resolvería las competencias.

Se decidió que los aliados harían en común la guerra contra los persas, que en la época de las guerras médicas habían violado los santuarios griegos. Filipo fue nombrado general en jefe de los helenos.

La hegemonía, disputada entre Esparta, Atenas y Tebas, había pasado al rey de Macedonia. El Iba a reanudar las guerras médicas.

MUERTE DE FILIPO:  Filipo había situado guarniciones en los puestos importantes, en Tebas, en Calcis, en Corinto. Volvió a Macedonia para preparar su expedición a Asia.

Estaban los preparativos casi terminados y Filipo daba grandes fiestas para celebrar el matrimonio de su hija Cleopatra con su cuñado el rey de Epiro.

Una mañana, después de un gran banquete, la multitud se reunió en el teatro.

Desde el amanecer, se vieron avanzar en procesión las estatuas de los doce grandes dioses sentados en tronos magníficamente adornados. Seguía una décima tercera estatua, la de Filipo, igualmente en un trono. Llegó el mismo Filipo vestido de blanco.

Entonces un asesino, oculto en los pasillos con una espada bajo las ropas, se arrojó sobre él, le hirió entre los costados y le dio muerte. No tenía más que cuarenta y siete años:
El asesino era un macedonio noble y joven, Pausanias, que había sido insultado por Átalo, suegro del rey, y no había podido obtener justicia de Filipo (336 a.C).

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